Work Text:
- ¿Qué tan confiable soy como narrador? - Preguntó Trey a su compañero eterno, quien, con pluma en mano, solo alcanzó a reír.
- Bueno, eso es lo que pretendemos averiguar en estos momentos ¿Cómo te considerarías a ti mismo en ese aspecto?
- No esperaba que me devolvieras la pregunta… Pero supongo que soy bueno documentando hechos y esas cosas, aunque no sé qué tan bueno podría ser dando opiniones objetivas, pienso que se me hace imposible no meter un poco de mis sentimientos en ello, jamás pensé que podría ser periodista o, en este caso, entrevistado.
- Eso está bien, jamás esperé una opinión 100% objetiva y si eso fuese lo que buscaba, tendría mi fuente en otro lugar. Quisiera saber cómo viviste los hechos que te preguntaré, tus sentimientos… Eso es lo que me interesa saber.
- Perfecto, en ese caso, puedes preguntarme lo que quieras.
- Muchas gracias - Riddle pensaba que esta era una buena manera de empezar… Había pasado años leyendo los escritos de otras personas, realistas o no, así que ahora que gozaba de una vida eterna, ¿Por qué no podía hacerlo él también? No sabía si permitiría que alguien leyese lo que pretendía escribir algún día, de todas formas, cualquier humano que leyese las memorias de ambos como vampiros, seguro que no le darían demasiada importancia, pues pensarían en ellas como algo basado en ficción ¿No? - Entonces, tu primera víctima, ¿Cómo fue?
- Empezamos fuerte - Trey rió de forma nerviosa, pero realmente no quería dejarlo con la duda - Veamos, fue un hombre, un vagabundo para ser más exactos. Pese a lo que puedas imaginar, me sentí pésimo al respecto, porque fue la primera persona que vi luego de mi transformación. Todo me ardía, y tenía una sed descomunal. El pobre tipo pensó que quería robarle su espacio o el montón de basura que tenía en la esquina de la calle donde lo vi y… Actué de forma automática: me abalancé sobre él, fue puro instinto, nadie me instruyó. Cuando fui consciente de nuevo había un desastre a mi alrededor, ambos estábamos empapados de sangre y la calle quedó oliendo a demonios… Salí corriendo, allí me di cuenta de que era muy veloz, fue todo un espectáculo dantesco, si me lo preguntas.
- Ya veo… ¿Te sentiste mal?
- No sé si mal, pero sí extraño… Bebía, pero no me sentía satisfecho, aun así la culpa no me golpeó en ese momento. Creo que lo hizo un rato después, cuando todo finalmente se calmó. Sé que ataqué a tres personas más en la ciudad, pero no estaba seguro de quienes se trataban. Estaba cegado por el hambre y por el instinto, todo parecía muy ajeno, como si no fuera yo de alguna manera.
- ¿Cómo si no fueras tú? - Inquirió el menor con curiosidad.
- Si… Creo que me despersonalicé, fue algo que hacía sin saber, no recordaba cómo me llamaba o cómo llegaba allí, pero sin duda así era. Tenía hambre y comía, comía, y comía… Sin parar. No me detenía a pensar, solo satisfacía mi deseo del momento. Muchas veces terminé embriagado, hecho un desastre. Puedo decir que en algún punto me veía como una especie de Gollum, con ropa rota y la piel manchada de rojo… Luego me ponía a llorar, sin motivo aparente. Pase un par de años siendo una criatura deleznable. Luego, a medida que el hambre se volvió más controlable, empecé a recobrar mi consciencia. Mi punto de quiebre llegó al pasar frente a una panadería un día… Y verme en su vitral, tan limpio, que parecía un espejo. Vi una cosa que no reconocí, una sombra lejana de lo que solía ser, ya no era humano, sí, pero de verdad esa cosa allí que me miraba de vuelta era un monstruo… Y era yo - Trey contuvo la respiración por unos segundos, parecía que aún era un tema sensible para él, dada la naturaleza de su relato, Riddle podía entenderlo.
- No… No eres un monstruo, Trey.
- Gracias, querido - Las palabras de su compañero en esta senda eran como un bálsamo a su corazón, incluso si había sido él quien “lo creó” - Ya no me importa demasiado serlo o no, pero en ese momento el sentimiento fue demasiado fuerte, así que… Decidí morir.
- ¿Eh? - Riddle no conocía esa parte del relato, así que sintió como si su pecho saltara un poco.
- Qué desagradable ¿Verdad? Pero ver la cosa en la que me convertí, me hizo no querer verla más. Por instinto durante todo ese tiempo, me oculté del sol ante lo mucho que quemaba, pero ahora… Sabía que si lo hacía, podría desaparecer para siempre.
Hubo una pausa en su relato, Riddle deseaba saber más… Después de todo, ahora se encontraba sano y salvo frente a él ¿No?
- Pero no lo lograste…
- No, esa es una buena forma de verlo, ahora que lo mencionas. Sí lo intenté, pero fue horrible: así debió sentirse la gente que fue quemada en hogueras. Rasgaba mi piel, mis órganos, era un dolor insoportable… Y más considerando que llevaba mucho tiempo ya sin saber qué era sentir dolor. Me terminé escondiendo del sol, notando que mucha de mi piel se hizo cenizas. En partes de mi cuerpo podías ver huesos - Los ojos de Riddle se abrieron como platos, luego Trey empezó a negar con ambos brazos - Lo siento… He sido muy explícito.
- No, no. Está bien que me lo digas, yo he preguntado y quería saberlo… ¿Qué pasó entonces?
- Me escondí debajo de la tierra, en una cueva. Pensé: quizás no pude morir con el sol… Pero si no salgo de aquí, podría dejar tener consciencia… Y quizás sea capaz de irme al fin - Trey jamás había hablado sobre esto, y pensaba que era bastante… Terrible de exteriorizar, pero Riddle no lo detenía, además, su mano sobre la suya ahora se sentía como un refugio - Fíjate que lo único que ocurrió es que mis heridas sanaron, luego salí de allí de nuevo. Incluso si intenté apagar mi mente, lo cierto es que solo tener tierra a tu alrededor no fue capaz de borrarme por completo.
- ¿Si dejaste de pensar?
- De hecho… Sí, estando allí no me hizo falta nada del mundo terrenal. Ni siquiera la sangre. De esa forma me di cuenta de que matar no era del todo una necesidad, sino una adicción. Claro que requiero sangre para seguir existiendo, pero… Un poco está bien. No necesitaba matar a diestra y siniestra. Podía recuperar un porcentaje del humano que fui si eso quería. Aunque mi familia ya no existiera, y el mundo fuese ya muy diferente.
- ¿Cuánto tiempo estuviste en esa cueva?
- Datando mi fecha de nacimiento y el lugar del que salí… Unos 27 años diría yo, quizás un poco más - Riddle abrió los ojos como platos, pero Trey solo rió - Suena como un montón ¿No? Pero si me lo preguntas, se sintió como un parpadeo. Fue como si mi mente hubiese sido liberada de un suplicio eterno… Y empecé a ver las cosas de una forma distinta. Quería volver a ser yo, era obvio que jamás recuperaría mi humanidad, pero al menos puedo controlar lo que hago con esta existencia ¿No?
- Sí, creo que lo has hecho de forma estupenda, para alguien que fue lanzado a este mundo sin ningún tipo de enseñanza - Trey había sido su creador, y le había ofrecido una experiencia completamente diferente… Siempre demasiado personal, cercana. Enseñándole todo aquello que necesitaba para sobrevivir, cuidando que hiciera las cosas bien… Quizás eso es lo que quería para sí mismo.
- En verdad son muy dulces tus palabras. No quiero venir aquí a hablar de moral cuando aun así necesito sangre humana para vivir, no puedo detener quién soy. Tan solo… Me agrada pensar que quizás esta vida no tiene por qué ser tan repugnante. Desde que llegaste, eso sí, ha cambiado mucho mi perspectiva. Tu compañía trajo una calma a mi corazón… Que jamás pensé que podría sentir o merecer. Ni siquiera siendo humano recuerdo haberme sentido de esa forma. Y te lo agradezco grandemente.
Riddle se quedó pausado por unos segundos, siendo incapaz de hablar. Así que así se sentía… Eso le daba una calidez imposible de expresar con palabras. Realmente estaba agradecido, por sus enseñanzas, su cariño, su confianza… Cuando le pidió que lo convirtiera, se mostró renuente ante la idea de convertirle en un “monstruo”.
¿Pero no era un monstruo alguien quien hacía daño? Puede que ellos mataran personas, lo que es una realidad. Pero había humanos que mataban a otros por deseos egoístas, como la venganza, el odio, entre muchos más.
Trey no pidió ser convertido, había navegado todo este tiempo por su cuenta, descubriendo cosas sin ayuda… Y aun así, elegía el no lastimar sin motivo. Le había conocido gracias a su bondad, en la cual, jamás pudo imaginarlo siquiera como un monstruo… Porque no lo era.
Riddle dejó de lado el bolígrafo con el que escribía sobre su cuaderno, todo acomodado en una mesa, haciendo que su compañero se extrañase ¿Ya no iba a hacer más preguntas? Todavía podía responder a más de sus inquietudes…
Sin embargo, y para su sorpresa, pronto le vio sentarse sobre sus piernas, rodeando su cuello con ambos brazos, haciendo que se sorprendiera de inmediato.
- ¿Riddle?
- Shh, quiero purificarte - La mención de algo como eso dejó atónito al mayor, quien solo llegó a asentir con su cabeza - Mi madre jamás creyó en cosas así, y por ende yo tampoco ¿Pero, sabes? Estamos en un mundo donde los vampiros existen… Ya podrían existir más cosas impensables - Aquel comentario le hizo gracia a Trey, quien solo acabó por asentir.
- Ya veo ¿Y cómo lo harás?
- Hmmm… Creo que se me ocurre una manera.
Riddle inicio acercando sus labios a su cuello, del cual sorpresivamente acabó por morder para si beber un poco de su sangre. Trey no esperaba eso… Pero se lo permitió, sabía que no podía ocasionarle ningún daño con eso.
Pero el menor no se limitó a beber, sino que se untó los labios con ella, dejándolos más rojos que de costumbre. Así, empezó a dejar besos sobre su rostro, marcándolo en rojo dónde pasaba… Hasta formar una especie de cruz.
Trey pudo averiguar la forma elegida gracias al rumbo de sus besos, lo cual le hizo reír - ¿Me estás bautizando, acaso? ¿Es mi sangre agua bendita?
- Más o menos, sí. A mí me salvaste al traerme a esta vida… Así que, mínimamente, deseaba hacer lo mismo - Las palabras de Riddle dejaron en él un profundo impacto, aferrándose entonces a su cintura en lo que, sin duda, era un abrazo. Cálido, certero, anhelado… No sabía de dónde sacaba esas ideas, pero realmente se sentían como una bendición.
- Créeme, ya los has hecho… Más de una vez. Si algo traerá salvación a mi alma, es seguir compartiendo esta nueva oportunidad de vivir a tu lado. Gracias… Por estar aquí.
- No, yo te agradezco por ver en mí lo que ni siquiera yo era capaz de ver. Siempre que tú también lo estés, yo estaré.
