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Reinventando la historia

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Howard.

Las ambiciones, aquella pequeña parte de uno mismo que lo empujan hacia adelante, pequeños trozos de deseo, que se trabaja incansablemente hasta alcanzarlos. Ese pequeño trozo de avaricia, fue el que me motivó, seduciéndome hasta este momento.

Caminaba atento, grabando en mi pupila cada parte de lugar gobernado por mis pies, el lugar era frío, el aire denso; lleno de feromonas alfas y soldados cubiertos completamente por trajes negros; despiadados, silenciosos y muy, muy sádicos. Mi sangre helaba, era un inventor, uno bueno; un alfa, un genio innato, con un imperio armamentista en auge, lo tenía todo, para ganar y para perder, por eso, adelantando a los futuros sucesos y cómo el gran visionario que era, busque una solución ante los problemas aún no materializados, pero bastante predecibles. S.H.I.E.L.D, esta era mi carta escondida bajo la manga, una organización de gobierno, a la cual podría inventar armamento, insumos, nueva tecnología, todo lo que requería para crecer, sin embargo, tuve una epifanía. Cuando atacara a Shield -porque lo harán- ¿quién pondrá el arma en la mano de esos atacantes? ¿qué inventor dotado de increíble inteligencia podrá armarlos para combatir fuego con fuego?¿había un mejor inventor que yo en él campo armamentista?¿ se podría robar mis inventos? o por el contrario ¿me podría yo robar los suyos?.

Esas preguntas, constantemente rondaban mi cabeza, tenía como objetivo de vida ser el mejor, amasar una increíble fortuna, ser el alfa más venerado y alabado por todas la industrias; envidiado, amado, adorado, justo eso quería, por ello, no podía quedarme de un sólo bando, no podía sólo tener una carta bajo la manga, necesitaba toda la baraja, tener plan para todas las futuras variantes. Sí, justo eso necesitaba. Por eso, empecé a jugar con fuego, yendo más allá de lo permitido, expurgando en los secretos de Shield, escarbando al igual que un topo, hasta dar por fin con la luz. H.Y.D.R.A, esta sería mi carta maestra, aquella que me llevaría a la cima, dejando mi nombre en alto, quizás llena de un par de muertos, o unos cuantos litros de sangre, pero, qué genio, no tenía las manos manchadas.

Entre en las gigantescas instalaciones , una pequeña y tenue luz a los lados, era la única que alumbraba los interminables pasillos, nuestros pasos resonaban contra el frío piso de cerámica, haciendo un ego casi terrorífico, pero los alfas a mis lados, no se inmutaban, siempre serios, siempre alertas. Esperando un cambio en mis pasos, para disparar una bala en mi cabeza. Pero no era idiota, no les daría esta satisfacción. Pase saliva muy lentamente, totalmente tenso, repitiendo en mi cabeza, que esto, era lo correcto. La culminación de mi carrera y esfuerzo, una luz de bengala en medio de basto océano, eso era la gran organización, sería no sólo el investigador, inventor y jefe de armamento, no, también sería un comandante; infiltrado en ambos bandos, tendría a mis pies tanto al gobierno, como al enemigo. Sonreí, mí alfa se relajo en mi cuerpo, totalmente confiado.

Al llegar, fui recibido por cráneo rojo, cómo se le solía conocer en el bajo mundo de Hydra, al comandante; me sonrió ampliamente y con un gesto me invitó a tomar asiento frente a él. Acepte, el alfa pulcramente vestido, preparaba un trago para ambos.

-Así que mi estimado Howard, vas a jugar a los soldaditos con nosotros... - Empezó su discurso, sin borrar la sonrisa, asentí con la cabeza- ... Entonces, sabes lo qué tienes qué hacer para poder entrar... ¿No es así?- Volví a asentir, ya tenía más que claro lo qué debía hacer, después de todo, la organización no sólo estaba conformada por convicciones.

Al salir de ese despacho, supe en un minuto, qué mi suerte y la de mi familia; iba a cambiar, sólo había pagado un pequeño precio en realidad, ni siquiera lo pensé dos veces antes de aceptar. Un niño, de hecho, sólo era un feto; uno sin género, identidad, sexo o casta, sólo un minúsculo cúmulo de sangre y células, me había abierto las puertas del paraíso. Dicho feto podía, nacer muerto, no nacer, morir con el paso de los años; accidentarse, enfermarse, lesionarse; nacer alfa, omega, beta, lo que fuese, pero el trato seguirá vigente, así se había pactado el trato. Sólo debía entregarlo cuando fuese necesario, después de eso, Hydra decidiría qué hacer con él. Ese había sido mi boleto de entrada a H.Y.D.R.A, S.H.I.E.L.D y todo el mundo, con ese pequeño aporte y mega ingenio, el nombre de Howard Stark, sería escuchado en todo el mundo. Sólo por entregar a aquel bebé aún en gestación en el vientre de maría. No había sido tan grande aportación, pero sí iba a ser inmensa mí ganancia. Qué hombre, no hubiese cedido ante una propuesta tan magnífica. Por fin mis deseos y ambiciones, crecieron tanto como mí ingenio.

Los días pasaron, mientras el pequeño feto se convierte en un bebé; mí poder crecía con cada uno de sus latidos. María lo cuidaba tan fervientemente que por un momento dudé, un minúsculo momento, no era que odiara a mí hijo, sólo que su sacrificio sería mi gloria, así como la mía, había sido de mí padre, y la de mi padre, la de mi abuelo. Pronto los días se hicieron semanas, y estas se convirtieron en meses, hasta que un día, el llanto de un niño se escuchó en medio de una sala de partos, mientras yo afuera, esperaba fumando un cigarro, aunque no se pudiera, hacía lo que quisiera, era el gran Howard Stark.

Ya pasado la medianoche y con una María totalmente sedada, Hydra hizo su aparición, bien camuflado y serios, siempre alertas. Al ver la pequeña bola de mantas, se acercaron cautelosos. Era un omega, un hermoso varoncito omega. Los comandantes a mí lado, lo analizaron con escrutinio, examinando cada pequeña parte de su cuerpo, viendo si era apto, aunque el trato ya estaba hecho, querían saber qué habían ganado con este. Los deje hacer a gusto, la sonrisa amplia de uno de los comandantes apareció para mí satisfacción.

-Es perfecto- Pronunció cráneo rojo con un acento bastante marcado. Asentí dándole la razón, el niño era una hermosa composición de los mejores genes de María y los míos. Con un especial olor a leche materna y talco de bebé. Era un ángel, uno caído entre los dedos de cráneo rojo.

Un perfecto omega que saldría con mi ingenio. Su destino por otro lado, esperaba que también fuese perfecto, aunque aquella pequeña fantasía se esfumó al ver la fotografía en blanco y negro que reposaba en mi mano; mi niño, acaba de nacer, pero ya tenía un vida planeada. Asentí con la cabeza antes las intrusiones de cráneo rojo, memorizando al pie de la letra cómo debía de criar a Tony, sólo esperaba que todo saliera tal cual lo planeaba; mí pequeño omega debía ser dócil, manejable, manipulable, sí, en eso debía convertir a Tony, con gusto lo haría, por Shield, por Hydra.

-Tony... Tony...Tony, tu nombre... llevará a la gloria a Hydra y a mí con ella- Canturreé feliz una vez la sala fue despejada. No tenía idea de cuándo vendrían por Tony, pero una cosa era segura, cuando lo hiciera, mí perfecto omega, sería un más perfecto adoctrinado bajo mi mando.

¡Hail Hydra!

 

 

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    Muerdo mis labios aguantando mejor lo que puedo el dolor, alguien debió decirme que esto dolía tanto, bueno, alguien debió decirme que no me metiera con un alfa idiota y enamoradizo, pero, son cosas que la gente siempre calla. Muerdo mis labios intentando que las lágrimas que estaban aglomeradas en mis ojos, no caigan en las mejillas; me prometí no llorar y si no lo hacía por tristeza, no lo haría por dolor, no, ese no es Tony Stark.

Tony Stark, es fuerte, muy fuerte; mi fortaleza empieza a quebrarse con otro pinchazo, maldigo a mis ancestros, a mí padre por meterme la idea en la cabeza que el capitán América era genial, maldigo a Bucky por ser su amigo de la infancia, pero sobre todo, maldigo a Rogers. Al acabar, la zona que antes debió ser una sana y apenas rojiza marca de colmillos, hecha por un alfa, ahora es un manto ensangrentado, con vendas cruzando mi hombro y nuca, con la premisa, de que se pondrá peor; lo siguiente era una costra gris, luego, nada, un par de líneas blancas por lo mucho. A pesar de todo sonreí, amplio y radiante, por fin era libre. Pepper se lanzó a mis brazos anegada en lágrimas, susurrando en mi oído que todo iba a estar bien, aunque eso yo ya lo sabía. Rhodey me palmeó el hombro, su rostro radiante de felicidad, sus ojos con una idea clara, celebrar. Asentí gustoso, debíamos celebrar.

Cuando conocí a Rogers, ya tenía una especie de chip implantado por mí padre en la cabeza; un hombre valeroso, caballeroso, buena persona, de un corazón amable y que le gustaba pintar. Una buena descripción, sólo le faltó en ella, que era un cabronazo en algunas ocasiones, que a veces era muy mojigato o sentimental, no aceptaba palabras malsonantes y prefería la calma y un buen libro. Sí, debió decirme todo eso también, quizás así, yo no tuviese qué descubrirlo por mí propia cuenta, con una mordida en la nuca y muchas tardes con poca emoción, no era para crear malentendidos, el problema no era el capitán, era yo. Me idealice tanto con el alfa, qué lo creí perfecto; un alfa modelo para un omega perfecto como yo, un sueño idílico. Sin embargo, había crecido y aunque aquel sueño de la infancia de conocer a fondo al alfa todavía persisten, mi personalidad y todo lo que representaba, habían cambiado radicalmente.

Ya no quería salidas al parque, ni pintura, comidas caseras, sentimentalismos de tarde o noches junto a ese caballero que te abre la puerta, no quería a alguien que se sacrifica por todos, no; yo quería emoción, libertad, pasión, fuerza, fuego, eso quería y después de años, sabía que Steve, no iba a brindarme aquello. A pesar de ser omega y ser criado para comportarme como tal, aquello no sucedió; siempre había sido obstinado, rebelde, algo promiscuo, revoltoso, directo, mal hablado y un completo cabrón; cuando estaba enojado, sabía pelear perfectamente, con un imperio por amasar, un genio. Lo tenía todo, incluso pasaba más cómo alfa qué cómo un tierno y bien portado omega malditos estereotipos, en mí caso, se rompían con facilidad; por eso cuando mis padres murieron, a pesar de ser omega, dejaron todo a mí cargo, aunque esa no fuese la última voluntad del viejo Howard. Sin embargo, eso sólo fue el principio, arme un imperio por mi cuenta, del cual me vanagloriaba admirando los frutos, siempre desde lo alto de mí torre de cristal, sonriendo altivo ¿quién podrá contra mí?, nadie, esa es la respuesta.

Hasta que llegó él, Steve después de ser descongelado y aceptado como mí alfa destinado, había menguado mí alma libre, convirtiéndola en domingo de risas, sábados de cenas y días luchando como héroes; al principio fue maravilloso, un respiro a mí desgastada alma, sin embargo, el suspiro -que duró un par de años- llegó a su última exhalación. Intentamos que funcionara, con nuestros pros y contras, lo intentamos, no obstante, tan sólo fue descubrir que su amigo estaba vivo, para salir corriendo como un perro detrás de un hueso, dejando nuestros intentos, en el olvido. Una semana después de su partida, la marca ardió en mí cuello sumiendo mi cuerpo casi en la locura, el alfa había marcado a otro omega, que no era yo. El dolor explotó mis venas, y el odio gobernó mí sistema, más aún, al saber que su queridísimo amigo, amante y ahora omega, fue el culpable de la muerte del viejo Howard, dolió sí, pero saber que mi hermosa María, también cayó en sus malditos dedos, no dolió, quemo. El odio se extendió como un bicho, royendo todo lo bueno que quedaba en mí, no obstante, después de una larga depresión y un resurgimiento como el poderoso omega que era, aquel odio, sólo se convirtió en molestia, ira, pero nada más; aquel alfa de buen corazón e increíbles modales, padeció, y junto a él, lo poco que conservaba mí omega de amor por su persona, por eso mismo, había decidido, extirpar su recuerdo de mi mente, el toque de sus dedos de mi piel y sobre todo, su marca de mí nuca. Nunca más el recuerdo de Steve, podría dañarme. Por ello, había aguantado el dolor de una aguja removiendo la esencia de Steve en mí, por ello no llore; estaba libre.

 

Al salir de la clínica y aunque era una recomendación, no ingerir alcohol o cualquier alucinógeno, no me importo y salí a divertirme como hace mucho no lo hacía; esta vez al lado de mí dos grandes amigos, Pepper y Rhodey, el marine alfa, reía y dejaba libres sus hormonas, marcándome en silencio, todos los alfas salían despavoridos, al menos los fuertes, toda una felicidad para mi, no necesitaba egocéntricos alfas queriendo doblegarme, no, esta noche, yo sería quién los doblegaría. La llegada a la mansión -del placer- cómo la había nombrado Rhodey fue todo un caos; divertido y picante. Alcohol, sexo, feromonas, locura. Todo el cóctel se me fue servido y como buen invitado, no dude en dejarme llevar por el espectáculo.

De eso, hacía un par de horas, ahora, estaba hasta la cabeza de alcohol, con alguna droga extraña entre las venas -prometía diversión al ser combinada con un afrodisiaco- y sumamente eufórico. Necesitaba un poco de agua, algún mínimo descanso, al menos. Me arrastre al baño, subiendo las escaleras hasta el segundo piso, tambaleando un poco sobre el balcón antes de cruzar los pasillos y entrar en los sanitarios entre tumbos. Empecinado en echar un poco de agua en mi rostro para seguir la fiesta. Mí excitado organismo ya buscaba un alfa con el cual pasar la noche, después de un celibato autoimpuesto de demasiados meses -desde la partida del capitán-, gracias a ello, mis feromonas corrían libres por todo el lugar qué pasaba, doblegando a los alfas a mis pies, que esperaban hambrientos dar una mordida a mí redondo y buen trabajado trasero, pero no lo permitiría, sólo el mejor alfa; un verdadero alfa, podría tomarme, con eso, el último trozo de Steve, saldría de mí organismo.

Al ingresar al lavabo, el potente olor a alfa, lleno mis pulmones, hice una mueca cubriendo mi nariz con la manga del traje; corrí al lavamanos, echando agua en mi rostro y cuello, sentía como en mí cuerpo se reanudaba el sistema, al menos un poco.

- Anthony Stark, eres mucho más hermoso, descuidado y peligroso de lo que me comentaron - Pronunció una potente voz a mis espaldas, me gire en el acto. Alcance a ver su vehemente mirada rojiza sobre mí, antes que la penumbra nos cubriera.

Un alfa -lo reconocí por el olor y la presencia- me miraba en la oscuridad que de repente nos cubría, pegué mi espalda al lavabo sin saber qué demonios pasaba. El alfa dio un paso seguro al frente. Sus densas feromonas a pólvora y acero, penetraron las aletas de mis fosas nasales. Aspire -aunque no debía- su potente olor, reconociendo enseguida, que no era ningún alfa de pacotilla, este era un verdadero alfa. Uno que hizo temblar mis rodillas y encoger mí estomago al acercarse un par de pasos más. Supe enseguida que mi plan de dominar esta noche, había quedado en el olvido.

Mi omega sintió el peligro, mí cuerpo lo sintió; mí mente por otro lado, se durmió. Sus densas feromonas gritaban lo peligroso que era, pero también qué ese peligro, podía calmar la sed que tenía de fuego en mis venas; escogí al alfa que borraría definitivamente el recuerdo de cierto rubio de mí cuerpo -de una parte en específico de mí anatomía-, sonreí ampliamente, quizás, bajaría al infierno, pero lo haría con el mayor de los gustos; deje libres mis feromonas con más ahínco, el alfa chistó la lengua y largó un risa. Había aceptado mí muda propuesta. Palmé el reactor hecho de nanopartículas en mí pecho, sin desplegar mí traje, sólo, para iluminar un poco, quería ver al menos un poco, a mí nuevo captor.

La escasa luz en medio de la penumbra me mostró, un cuerpo fornido y alto, embutido en un fino traje que marcaba a la perfección los músculos debajo de la tela, músculos anchos, una sonrisa de dientes perfectos y en fila, dispuestos a desgarrar mi piel; mí omega tembló de gusto al imaginarlo. Nuestros cuerpos chocaron, su caliente aliento chocó con mi rostro, el olor a whisky cosquilleo mis labios; su mirada abrasadora y candente, me detallo. Sus labios chocaron con los míos. Un ágil y fuerte beso, un choque de dos universos, su lengua escurridiza no perdió tiempo en hacer aparición separando mis labios, qué le brinde gustoso. Mordí su labio inferior al sentir la piel de mi labio superior ser atrapada, sus manos se adentraron en mí cuerpo, su lengua penetró mi boca abierta y húmeda, cerré los ojos alargando el primer jadeo. Le gusto, su gruñido me lo dejó saber. Complacido, enrede mis dedos en su cabello, tirando de él hacia abajo, acercándolo mucho más, meciendo mi cuerpo contra el suyo, sonrió en medio del beso, llevando mi cuerpo entre tropezones hasta que el frío mármol del lavamanos se pegó a mí coxis.

Sus manos revolotean mi cuerpo aún encima de la ropa, delineando todo el cuerpo a su antojo, descubriendo la isla prohibida en la que estaba por naufragar, empuje mi cadera contra la suya, cuando su inspección me pareció sosa; mis ánimos se desinflaron un poco y el sentimiento de que el alfa me haría ver las nubes, se frenó un escaso minuto, sólo un pequeño y momentáneo segundo. Una de sus manos tomó las mías y las desato de dónde estaban ancladas, llevándose ambas detrás de mí espalda, dejando en claro una cosa, él mandaba. Todos mis anhelos se renovaron. Sus feromonas saltaron en el aire, humedeciendo mis ojos por lo fuerte que eran, sus dientes dieron una última probada a la piel de mis labios y su lengua recorrió mi cavidad a conciencia, aprendiendo de memoria mí boca, yo hice lo propio por memorizar en mí turbada mente el sabor de su boca y lo rasposa de su lengua.

Su mano libre buscó nuevos horizontes, colándose bajo mi camisa, arrancando de un tirón esta desde dentro de los pantalones, rompiendo con mí increíble perfección empezando a desordenar tanto mi cabeza cómo mi cuerpo; los primeros mililitros del lubricante natural salieron mojando mi entrada, mis feromonas inundaron el aire enloqueciendo al alfa frente a mí, queriendo que al igual que yo, perdiera la cabeza; necesitaba enloquecer junto a él. Mis manos fueron liberadas y con la nueva libertad tantee el terreno de la única manera que sabía, directo, zafé la camisa de su pantalón, topándome con unos perfectos y duros músculos para recibirme; los delinee mordiendo mis labios de gusto, me volvían loco los cuerpos masculinos como este, un secreto compartido a voces y que el alfa entre mis dedos, conocía a la perfección ya que me incito moviendo la cadera para seguir la exploración, mis dedos picaban entre más subía por su cuerpo, jadeando de gusto y tensando mí propio abdomen ante las primeras descargas de placer, sólo por tocar su cuerpo caliente. El afrodisiaco en mi sistema, actuaba de maravilla. Me atreví a dar el siguiente paso, me separe de su cuerpo y en un acto totalmente efusivo, mordí su piel, sin amedrentar mí fuerza, sin ser delicado; duro y con saña, delineando con la lengua el ombligo al encontrarlo de camino, disfrutando del jadeo qué se le escapó al alfa lleno de gusto. Triunfante mis feromonas se volvieron más espesas, intoxicando mi propio sistema, mí piel quemaba.

El alfa aprovecho mi posición, inclinado, probando el néctar lleno de fuego de su ombligo, con una agilidad basta, lo escuche desabotonar mi pantalón y cinturón; una vez flojos, se adentro en mi cuerpo, yendo directamente a mí trasero. El cual se contrajo aún sin ser profanado, tanteo el mundo en medio de mis nalgas, disfrutando sin duda de lo húmedo que empezaba a estar, sin dilatación alguna, metió dos de sus gruesos dedos; lo áspero de estos, chocaron con mí interior de manera deliciosa, gemí contra uno de sus abdominales qué había atacado entre mis dientes, me enderece, también había un latigazo de dolor. El alfa no se detuvo, empezando un vaivén desesperantemente rápido que nubla mis sentidos y logra que lubrique cada vez más, incluso podía sentir lo duro que tenía mi entrepierna, con toda la sangre de mi sistema concentrada en este lugar. No me quede atrás. Mis manos se morían por sentir al otro.

Mis manos buscaron su cremallera, sin molestarme en buscar algo más. Después de una pelea con su ropa interior ardientemente ajustada, su erección por fin golpeó contra mis dígitos, mordí la pared interna de mi mejilla y sentí la boca salivar aún más. Lo que tenía entre los dedos, me ofreció tocar el cielo y el infierno al mismo tiempo; ancha, hinchada, caliente y de un considerable tamaño; su erección palpitaba en mi mano húmeda. Totalmente húmeda. Un calambre de placer me atizo con furia al sentir un nuevo dedo ingresar en mí, haciéndose espacio en mí cerrada cavidad, qué inutilizada para estos menesteres por tanto tiempo, se apretaba estrecha entre sus dedos, cediendo apenas para lo que venia, a pesar que sentía la ropa interior completamente húmeda . El alfa frente a mí, se desespero, y de un impulso bruto saco los dedos de mí interior, gemí con fuerza, antes de ser consciente de mí cuerpo siendo empujado contra la fría encimera dónde se encontraban los lavabos.

Separe mis piernas aún sin soltar la erección que empezaba a derretirse entre mis dedos al ser masturbada con vehemencia. El animal en qué se estaba convirtiendo el alfa frente a mí, gruñendo y maldiciendo, se encargó de mí ropa y antes de que pudiera prestar atención a algo que no fuera el placer que me acalambra de los pies a la cabeza, cada que sus dientes tiran de uno de mis pezones húmedo por su saliva; ya no tenía ropa de cintura para abajo y mis piernas se abrían a antojo de mí receptor. Los dedos hábiles hurgaron nuevamente en mí interior esta vez, totalmente expuesto; disfrute más de este juego insano e intoxicante que danzamos entre ambos, siempre con la consigna de qué se podía aumentar el delirio que cabalgaba mi ardiente interior. Sus dedos hábiles y perfectamente largos tocaban cada centímetro de mí cadera hacia abajo, aflojando a su antojo mi cuerpo, yo restregaba con ánimo la punta de su hinchada erección lamiendo de cuando en cuando su sabor, probando el mismo cielo en el sabor salado y amargo que gobernaba mis dedos húmedos.

El olor a whisky y pólvora cada vez era menos insoportable, y ya las lágrimas corrían a raudales en mis ojos; con la boca abierta jadeaba al igual que un perro, que se removía como loco disfrutando las delicias que le ofrecía su amo. Su hábil amo, de dedos ásperos y feromonas llenas de peligro y adrenalina, en mis oídos sólo se escuchan pitidos. Se inclina hacia mí cuerpo, sus dedos se aferran a mis mejillas, me tiene chorreando, dilatado y esperándolo, lo sabe. No sé cómo lo sé, pero me sonríe en medio de la oscuridad, su jodida sonrisa de superioridad me derrite, sabe cómo dominar cada parte de mí hasta convertir mi cuerpo en una gelatina de feromonas y fluidos viscosos.

- Abre la boca y saca tu rosada lengua - Me pide, lo obedezco. Abro la boca un poco mas, sacando toda la extensión de mí lengua y tuerzo una sonrisa, al escuchar el sucio sonido de su boca lubricar mas, llenando de saliva su paladar; gimo fuerte y largo al sentir el tibio sabor de su saliva caer en mí lengua.

Su precisión me asombra, aún en medio de la oscuridad, el hilo de su caliente salvia cayó con perfección en mí lengua, la saboreo ante de tragarla; sabe a deseo, agua y whisky, algo tremendamente sucio. La lujuria dura y pura. Mi erección salta encantada.

- Ahora cariño, abre bien las piernas... Conocerás el paraíso - Su voz suena profunda, grave y algo ronca por la excitación; obedecí sin rechistar. No usó su voz, pero lo sentí como tal.

Pegue mi trasero desnudo al filo del bife de granito, mis piernas colgaban; mis muslos fueron atrapados por sus largos dedos, abriendo un poco más mis piernas; a su antojo. Su calor me invade, su cuerpo quema contra el mío a pesar de la ropa, siento cómo me llama y al igual que una polilla a la luz, me dejó embriagar por ella, rodeando su cadera, este toma impulso con la cadera, saca los tres dedos de mí interior de un tajo y los reemplaza por su grueso falo, en un movimiento rápido, rudo, preciso; golpea mi interior con furia, grito y cierro los ojos, muerdo mi labio con fuerza, mí lubricación escurre ahora.

No fue tierno, no espero que mi cuerpo respondiera, no me acostumbre por completo; empezó el tamborileo en mí carne caliente, llegando profundo, atizando con fuerza, sin medirse, dominando cada célula de mí interior que se removía, humedece y pedía a gritos por más. Los talones de mis pies lo impulsan dentro con fuerza cada vez que se aleja, mis dedos se clavaron en la sudada piel de su cuello tenso, qué mide con exactitud cada embiste, muero con cada uno de ellos, derritiéndome al igual que el hielo al fuego, eso soy yo, un pedazo de hielo hecho humano, tan frío que quema y el; el fuego que hierve mi interior desde las entrañas proclamándose dueño de mí sistema; de mí frío sistema, hasta descongelarlo con su gran verga, bombeante e hinchada, profanando mi estrecha cavidad, que aún dilatada siente la dolorosa fricción de acaparar toda su longitud. El alfa frente a mí, gruñe, maldice en varios idiomas qué no me molesto en averiguar, encaja sus dedos en la piel desnuda de mi cadera, se impulsa hacia atrás y entra nuevamente con fuerza. Pero no le basta, no me basta. Quiero más, él quiere más.

Deja mi cadera, una de sus manos agarra mis cabellos tirando de ellos de manera perfectamente deliciosa y dolorosa, un equilibrio que me enloquece y chillo como un demente; lleno de placer hasta la médula, le gusta, tira con más ahínco, llevando su lengua hasta la manzana de Adán en mí garganta, la muerde con sus filosos dientes aún sobre la tela de los vendajes, me remuevo; la marca de otro alfa en mi nuca arde y ahora sé, qué Steve notó el cambio, ya no le pertenezco; me llena de una insana satisfacción. Empujó las caderas agradecido y este me devuelve a mi lugar, empuja más mi cabeza saboreando todo el sudor de mi mentón; su lengua se hace espacio en mi piel, marcándola sin marcar realmente, mordiendo despacio a pesar de lo alocado de sus embestidas; suelta mi cadera por completo, su dedo penetra mí boca al ritmo que me folla, muerdo, lubrico y humedezco sus dos dedos, imitando el desastre que su miembro hace en mí interior; el ritmo y el sonido de nuestro fluidos mezclados es enternecedor, delicioso, oscuro e increíble. Estoy por correrme y este lo siente. Lo sujetó con fuerza en mí interior y este, maldijo nuevamente para mí gusto.

Deja mí boca, sacando sus dedos pringados de mi saliva, me sujeta el cuello con cuatro dedos, dejando el pulgar vagar por mí sudada mejilla, se detiene y aguanto la respiración, un escalofrío me recorre la columna, se supone que debo tener miedo, un desconocido que tiene el peligro impregnado en su sistema me corta la respiración, tiemblo de nuevo, sólo soy temblores en sus manos.

- ¿Me tienes miedo? - Pregunta burlón tirando de mí cabello nuevamente, el sudor se escurría en mis hebras y llenaba sus dedos impregnados de mí olor.

Niego para mí sorpresa, aunque debería; no tengo miedo. Empujo mi cadera auto penetrándome, esperando que con esto, siga, porque demonios, quiero que siga; que me corte la respiración, me bombee con fuerza y me llene de su esencia, regando mis entrañas del dulce sabor del infierno. El cuerpo del alfa se pega aún más al mío, y la parte que mi cabeza que no es sujetada por sus dedos, se pega al vidrio del lavabo; el alfa deja un beso sobre mi mejilla, húmedo, caliente y lento; me descuela por completo, no alcanzó a protestar, reanuda su labor, esta vez con mucho más ahínco, con la misión de hacerme perder la cabeza y lo logra. Sus embestidas son erráticas y en diferentes ángulos, busca algo lo se, le ayudo a encontrarlo, me muevo en el poco espacio que me deja, hasta que la punta hinchada de su verga, se hunde en mi próstata logrando que encoja todo mi cuerpo y grité ido, rabioso, exaltado; totalmente fuera de mí, pongo los ojos en blanco saboreando la deliciosa explosión en mi vientre bajo, el semen baña su traje, pero no le importa, no se detiene en mí interior hasta correrse con un par de embestidas después, tan en lo profundo de mí interior, que le permiten sus testículos chocando contra mis nalgas. Cae encima de mí sin molestarse y soporto todo su peso mientras se adueña una última vez de mí boca, arañando con la misma fogosidad mis dientes, lamiendo apresurado los últimos suspiros de su orgasmo que mueren en mis labios.

Pasan unos pocos segundos nada más, siento su nudo empezar a formarse y antes de protestar, el alfa sale de mí interior de un calculado y preciso movimiento, grito esta vez de dolor, ya comenzaba a hincharse en mi interior. Soy recompensado con un último beso en la comisura de los labios. No hay despedidas cariñosas, se aleja de mí cuerpo tomando unos prudentes centímetros, cierro los ojos y puedo escuchar el sonido de su ropa puesta en su lugar y sus manos alisando su traje, me tiende mis pantalones y ropa interior -más bien los lanza a mí regazo- los atrapo y con los sentidos a flor de piel, me visto, mi cuerpo sensible protesta adolorido pero sumamente satisfecho. Logro ponerme el pantalón y encajar mí camisa nuevamente en mis pantalones cuando su voz resuena nuevamente, escuchó los gritos y murmullos a las afuera del baño.

- Señor Stark, ha sido todo un placer - Su voz, suena como al inicio, calmada, grave y atrayente. Me tira un beso, lo puedo escuchar. Luego sólo sale a la oscuridad, al cerrar la puerta, la luz vuelve.

Parpadeo un par de segundos, mis ojos lastimados se irritan fácilmente pero logró enfocar un poco, sin pensarlo, ato mí cinturón con rapidez, tomando el saco sobre el lavabo y corro detrás de él, con la esperanza de poder verlo por completo; la curiosidad innata de mi sistema me empuja a buscar respuestas. Salgo en un par de pasos al pasillo que lleva a los sanitarios, lo busco a lo largo de estos e incluso desde mí posición en el balcón, mis ojos recorren los palcos abarrotados de personas que siguen gozando después del repentino apagón, en toda la mansión. No aparece, sus feromonas ya no están en el aire. Unos dedos tocan mi hombro y vuelvo en mí.

Pepper me mira inquisitiva, a su lado Rhodey sonríe cómplice. Le devuelvo la sonrisa acomodando mejor mi camisa, evitando la pregunta qué escala por su garganta y de la que apenas escuchó las primeras letras, le resto importancia con un gesto de manos y penetró el silencioso sanitario nuevamente, voy hasta el lavamanos doble y le sonrió a mí reflejo, terminando de vestirme. Al terminar, empujo con mi lengua la pastilla anticonceptiva, me ayudo con el agua del grifo, es un poco asqueroso, pero le resto importancia. Mi reflejo vuelve a proyectarse en el espejo, mi ropa está perfectamente pulcra, mí cabello ordenado por completo en su lugar, parece que nada sucedió y yo no puedo evitar ensanchar la sonrisa que me recorre el rostro después de la increíble follada. Los últimos rastros de Steve fueron incinerado bajo un fuego abrasador que consumió todo mi sistema desde el interior, haciendo cenizas años de caricias frescas y abrazos protectores, evaporando sonrisas tontas y sobre todo, corroyendo al igual que el ácido el alfa de Steve en mí cuerpo. Oficialmente ahora sí, era libre. 

 

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  Un mes había pasado desde aquella magnífica noche en esa peculiar mansión llena de depravación, orgasmos y alcohol. Un largo mes donde fui monitoreado por una insistente y preocupada Pepper, la cual monitorea cada día todo mí cuerpo como si de un mismo hámster en un laboratorio se tratase. Todo había estado bien, hasta enterarse por boca de Rhodey, qué había follado sin alguna protección, su sermón fue poco comparado con los miles de exámenes que me obligó a tomar, me sentí de nuevo como aquel omega de veinte años regañado. Maldije al marine que ungía como mi mejor amigo, su jugarreta sólo encendió las alarmas dormidas de una alterada beta, ninguno de esos treinta días había dejado de reñirme sobre mí descuidado comportamiento, sólo hasta estar satisfecha con los resultado y haber estudiado mí cuerpo milímetro por milímetro según ella, por precaución, una que en momentos como estos, me exasperaba. La beta se preocupaba por cada mínima cosa. Esta cualidad era buena en el trabajo, por ello, le había cedido el mando de la empresa, pero cuando la maternal y arrebatadora melena rubia, se preocupaba por mí, era un cuento distinto. La sobreprotección se quedaba corta a la hora de definir a la rubia.

Cómo fuese, después de eso, ya tenía su permiso nuevamente para salir a divertirme, no es que lo necesitara en realidad, pero para su paz mental y la mía, fingí que le obedecía. Necesitaba recuperar el tiempo perdido y que mejor que pasándola a lo grande. Era un vengador, un héroe, millonario, playboy; no sabía cómo era qué había perdido el horizonte detrás de un alfa. Toda una deshonra para el apellido Stark.

Afortunadamente, después de ese largo mes, todo estaba en su lugar. Miles de prueba restaban importancia a las preocupaciones de Pepper, nada de mocosos, ni enfermedades. Sólo un omega sano, fuerte y libre. Dispuesto a buscar a su caballero de oscura armadura, porque aquel alfa de traje ajustado y monocromático seguía en mí pensamiento, no sólo por ayudarme con el problema de Rogers, sino, por regalarme el mejor orgasmo de la vida, eso sin contar la indescriptible sesión de sexo, fue revitalizante. Por eso, embelesado al igual que una abeja a un panal intente encontrarlo, usar todo mi poder e inteligencia para hallar una minúscula pizca que me llevara hasta su paradero, para repetir cómo no, aquel fantástico encuentro. Podía tener a cualquier alfa a los pies, pero mí omega precisamente quería estar a los pies de ese alfa, por primera vez y en mucho tiempo, sentía la imperiosa necesidad de postrarme en medio de las piernas de ese alfa, aunque suene jodidamente sumiso y poco vaya con mi personalidad, ese maldito alfa inundado de peligro y pólvora, había hecho vibrar a mí omega hasta el punto de la introspección, sólo necesitaba encontrarlo para desintoxicar mi alma en una buena jodida. La tarea fue como buscar una aguja en un pajar, ni siquiera con la mejor tecnología de mundo -la mía- pude hallar un sólo vestigio de aquel alfa, estúpidamente ni había preguntado su nombre; había hecho cosas estúpidas en la vida, pero esto había sido la culminación de mi carrera.

Frente al gran espejo de mí recamara en la sede central de los vengadores, me patee mentalmente por no haber preguntado el nombre de tal exquisito alfa, pero sobre todo, me patee por no dejar de pensar en él, aunque adjudicaba el atontamiento persistente gracias a lo orgásmico qué había sido nuestro encuentro, sin embargo, era hora detenerme. Ya podía sentir como mi ropa interior amenazaba con humedecerse, lo cual era un lujo que no me podía permitir ahora, tenía un grupo de alfas mandones y viejos esperándome, tenía que estar a la altura, sí seguía tan febril, seguramente los alfas tuvieran la osadía de querer dominar a mí omega, limitando mi opinión a cumplir sus malditas órdenes, cosa que ni muerto haría. Yo no seguía órdenes de ningún alfa con medio cerebro y el ego por las nubes lleno de superioridad propio de su casta, para poder controlarme se requería mucho, nunca mas dejare que un alfa, me dijera qué hacer.

Termine de acomodar mi camisa negra, abriendo un par de botones de esta, ya sin la marca de un alfa, podía darme los pequeños lujos de ir mostrando este trozo de piel; mí cuello apetecible para cualquier alfa, beta y omega, mentiría si no dijera qué me agradaba la necesidad que se reflejaba en aquellos miles de ojos que se posaban en mí cuello canela, esperando darle una buena mordida, marcar al gran Tony Stark; una necesidad de por mas divertida, pero que sabía cómo manejarla, era una botella de agua en el desierto ardiente. Después del gran monólogo y empujar el rostro lleno de oscuridad de aquel escurridizo alfa hasta mi subconsciente, abandoné mi habitación, tenía un día largo por delante.

Como líder de los vengadores ahora que el capi había decidido jugar al prófugo enamorado, tenía que cuidar, entrenar y guiar a los nuevos reclutas, fortalecer los pocos vengadores que quedaban en pie e intentar que todo el universo no se resquebraje con un nuevo villano al acecho, eso sin contar la ardua tarea de hablar con los superiores y buscar al capitán y su grupo de fugitivos altamente peligrosos y armados. Al menos en lo último, había avances significativos; teníamos un gran perímetro por buscar, pero ya había algo a lo que aferrarnos, el grupo debía leer y aceptar los nuevos acuerdos o sus traseros serían encarcelados, más de ciento diecisiete naciones habían firmado el tratado para judicializarlos como terroristas si no siguen nuestras órdenes, mentiría si dijera que aquella idea de ver reducido al gran Capitán América tras una reja no me encendía hasta lo más oscuro de mí cuerpo, más, sí arrastraba al idiota de Barnes con él. Pero debía al menos, darle una opción al héroe de América, algo así cómo camaradería y compañerismo, a pesar de todo.

Mis pies devoraban con maestría la base de los vengadores, yendo de un pasillo a otro, rozando con maestría la baldosa, mentalizándome desde ya ver a los altos mandos de S.H.I.E.LD intentando con todas mis fuerzas, no parecer fastidiado con el asunto del nuevo mando que tendría la organización. Me detuve en seco antes de siquiera pisar el pasillo que iba a la sala de reuniones, en medio del solitario corredor; una alarma comenzó a taladrar mis tímpanos de manera exagerada, los pies de los soldados empezaron a retumbar por todos los lados y los gritos no se hicieron esperar, cerré los ojos cuando la luz rojiza que indicaba un intruso en la base cegó mis pupilas, desenfocando la vista, siendo imposible definir lo que tenía a más de dos palmos del rostro. Revise el reactor en mí pecho, confirmando que sí traía el traje, aún sin desplegarlo avance a paso rápido hasta dónde se supone debían estar los altos mandos de S.H.I.E.L.D, un mal presentimiento taladro mis costillas, logrando que el corazón en el pecho retumbara hasta mis oídos.

- V.I.E.R.N.E.S Nena... ¿Qué demonios pasa?- Pregunté a mí IA, su voz apenas se escuchaba y los gritos a mí alrededor, sólo contaminaban más nuestra comunicación.

- Jefe... Hay un intruso no identificado en la base, cuyo paradero se desconoce... Todas las cámaras han sido desactivas...y-y...J-jefe... - Mí IA se desconecto, maldije intentando enfocar entre la luz rojiza que había diluido toda luz del recinto.

Él o los malditos que están infiltrados en la base, debían ser unos putos genios, nadie podía entrar en mí sistema de seguridad y desactivarlo, a menos que se tratase del mismísimo Einstein, sin embargo estos tipos habían desactivado mí sistema de seguridad como si de un juego de consola se tratase, estaba enojado, demasiado enojado. Nadie podía entrar en mi base y salir ileso de eso, haría pagar a los culpables, no tenía duda de esto. Avance en medio del caos hasta la torre de control de la base, seguramente allí se encontraban los malditos desgraciados, no obstante, frene en seco por segunda vez en los últimos cinco minutos; frente a mí la imponente figura de un alfa se atravesó en mí camino, sus feromonas me golpearon de frente, el tipo las dejaba libres por el aire incitando con el olor a cualquier omega demasiado despistado para ir de frente contra la masa de feromonas que representaba. Era un estúpido, no percatarme de tal cosa, podía costarme la integridad, sin embargo, el olor de acero, la pólvora y un peligroso whisky tapono mis sentidos, era él. El alfa que buscaba con ahínco estaba frente a mí a menos de un par de metros.

Mi cuerpo ardió en combustión instantánea, las feromonas salieron libres antes de que siquiera pudiera entender qué pasaba. El alfa tiró de mí brazo, rodeándome con unos de sus anchos antebrazos, mi piel quemó a su contacto, mientras intentaba enfocar sus facciones entre mis ojos acuosos por tanta feromona alfa atacándome al mismo tiempo, mí boca segregó aún más saliva de la que podía contener los labios cerrados, el alfa pareció complacido con mi reacción, con apenas unos pocos roces ya estaba a su merced; me maldije por ser tan débil a su olor. Nuevamente, intente buscar su rostro, era una necesidad imperiosa, pero nuevamente el alfa me estrujó contra su cuerpo, ahogando mi necesidad entre su camiseta ajustada, irritado, mordí uno de sus pectorales bajo la camiseta, empapando de saliva la tela, sintiendo el sabor del algodón mezclarse con mis fluidos. Me aferre a sus brazos, buscando algún soporte; las temblorosas piernas habían dejado a la deriva mí cuerpo. Mí salvavidas sólo se dedicaba a analizar cada una de mis reacciones, como si esto fuese lo más entretenido del mundo.

Por uno largos minutos nos quedamos en esa posición, yo jadeando con el cuerpo caliente hasta la médula, aferrado a la camiseta de un alfa, con el rostro escondido entre su cuello y este rodeando mi cuerpo con uno de sus antebrazos, dejando su otra mano enguantada vagar libre por mí columna vertebral, le entretenía de sobremanera. Era tan íntima nuestra comunión, que casi me olvidó que estábamos bajo ataque, con algún intruso corriendo por nuestros pasillos desprotegidos, casi.

Me separe del alfa aún con el peligro de irme contra el piso, sentía mi piel caliente empezar un celo qué ni siquiera sabía qué podía tener aún, faltaban meses para dicho evento. Me reduje a separar lo más que pude mi piel de la masa de ropa negra y músculos, era obvio que él era el culpable de mi actual estado, sin embargo el alfa, tenía otra idea en la cabeza y antes que pudiera protestar, mis pies resonaban con fuerza contra el piso al correr, mi brazo era tironeado por el alfa quién guiaba nuestra carrera sin destino conocido.

- ¿Qué te pareció mí gran entrada?... Jugar con tu sistema de seguridad, de verdad fue complicado...Tuve que pedir ayuda - Hablo en medio de los pasillo rojizos el alfa, mi boca que hasta ahora sólo se dedicaba a intentar meter aire a mis pulmones se abrió de más, con una jodida mierda, él era el intruso.

Intente soltarme aún en mi estado, sí este era el intruso debía descubrir sus razones para entrar en un torre llena de héroes, aunque al alfa frente a mí, este detalle parecía no importarle en lo más mínimo. Nuestra carrera fue detenida abruptamente, el alfa freno contra una gran puerta de cristal, mandando mí cuerpo tras su ancha espalda, mi nariz se atrevió a aspirar el olor de acero una vez más. Mis entrañas se tornan más calientes, mí mente con este alfa se nublaba a niveles insospechables.

- Cariño, aunque quisiera dejarte empapar de mis feromonas hasta que te sacies de ellas, te recuerdo... Que están detrás de mí culo... ¿Me haces el honor? -Preguntó con lo que parecía ser diversión; su voz, su jodida voz era enviarme de cabeza nuevamente a la inconsciencia llena de hormonas. Bastante distorsionada y grave hacía estragos en mi maldita mente y por algún motivo me era sumamente conocida. El sentimiento era extraño.

Me separe de su espalda, sintiendo mí omega resentirse por ese acto. Avance saliendo de mí escondite, viendo con sorpresa la entrada a mí taller, el cristal cromado y blindado se alzaba imponente, el alfa esperó paciente a que tomara una decisión, dependía de mí su destino, sí lo atrapaban o salía invicto de esta incursión sería completamente gracias a mí juicio, tenía un alfa en la mano y me sentía poderoso por ello. Decidí que por esta vez, le salvaría el culo, sólo por confiarme su vida, la lealtad la pagaba con lealtad, después le cobraría el favor, este alfa, no sabía en dónde carajos se estaba metiendo.

Coloque la clave de mí taller, esperando en silencio, con el sistema caído y la IA desconectada, la posibilidad de entrar eran reducidas, sin embargo, funcionó. Mi clave fue aceptaba abriendo la puerta del taller. El alfa me empujo dentro antes de entrar él también, nuestros cuerpos chocaron contra la puerta cerrada, detrás de esta, se escucharon los pasos de al menos un batallón corriendo de un lado para el otro, apenas había sido consciente de que nos seguían. Sin saber cuánto tiempo tendría con el alfa, fui directo a mi objetivo, me separe unos cuantos pasos de su cuerpo, que contra la puerta, parecía hasta cómodo; sus brazos cruzados sobre el pecho, las piernas apenas abiertas, totalmente vestido de negro y una ridícula máscara cubría todo su rostro, amoldando la tela a sus facciones, casi como una doble piel, al menos esto resolvía la incógnita de su voz distorsionada, el material de la máscara amortiguaba sus palabras.

- ¿Cómo te llamó, el caballero de la noche o Dark Vader?... - Comente sin evitar que la risa floja me embriagara -... Si quieres jugar al misterio, te digo que me va más el suspenso - Mis labios tiraban de una enorme sonrisa, analizando a conciencia al espécimen frente a mí, nunca antes me había topado con tal cosa, mí omega se excitaba ante el misterio que aquel hombre representaba, necesitaba descubrirlo por completo. Sólo cuando la risa por la ridícula máscara cesará.

- Se perfectamente lo qué te va Tony, lo se todo de ti - Murmuro despacio, un escalofrío recorrió mi espalda sudada después de nuestra carrera, estrangulando mí risa. El sentimiento de peligro regreso.

- ¿Debería temer? - Pregunté levantando una ceja ya sin una pizca de diversión, mí cuerpo alerta repasaba a paso rápido, con qué podía defenderme en mi taller y cómo podía lastimar al alfa frente a mí sin tener que hacerle frente. El alfa se rio, al menos eso me pareció el leve estremecimiento que sufrió su garganta.

- Te conozco tanto Anthony, qué se qué ahora estás buscando la forma de defenderte si llegó a atacarte... - El alfa avanzó un par de pasos e instintivamente retrocedí, comenzaba a tomarme en serio sus malditas palabras, casi leía mi mente. Escuche su carcajada con nueva fuerza, me irrite al saber que yo era la causa de su risa -... Tranquilo Tony, como te dije en nuestro último encuentro, no tienes que temerme... No me interesa herir a mí omega - Promulgó a unos cuantos centímetros de mí, boquee al igual que un pez fuera del agua, el tipo me debía estar jodiendo. Iba a protestar, claro que lo haría. Pero este me callo de la mejor manera que su retorcidamente creyó conveniente.

En un movimiento casi poético, levantó su máscara lo justo, logrando que sus afilados colmillos y su lengua traviesa quedarán a la vista, lo próximo que sentí fueron sus labios conectados con los míos, activando todas mis terminaciones nerviosas olvidadas por la irritación y la desconfianza; al igual que una torre de control, encendió todos los sensores de sensibilidad en mi cuerpo, nuevamente uno de sus brazos rodeó mi cadera, acercando su cuerpo al mío, compartiendo aquel calor que empezaba a afiebrarme nuevamente. Mordió con hambre los labios, hasta beber toda aquella saliva que mí boca contenía, fue un beso húmedo, dónde las lenguas danzaron lo poco que su locura me permite; mi cuerpo aún en vilo fue expulsado hacia adelante cuando una explosión a mis espaldas rompió con nuestro intercambio de fluidos. Su cuerpo sostuve el mío ante la inminente onda expansiva que nos mandó a ambos al suelo, unos segundos después mi cuerpo descansaba sobre los escombros del taller, el piso y sus brazos.

- Ya nos veremos de nuevo cariño... Fue un gusto visitarte en tu torre de cristal - Murmuro despacio depositando un beso sobre mi mejilla, al más puro estilo romántico, aunque dudaba que este estilo le fuera a un tipo tan duro como él. Me recompuse mucho más rápido de lo que espere, mi cuerpo incitado por la curiosidad, la adrenalina del momento y la osadía, lo sostuvo de su maldita camiseta negra. Era ahora o nunca.

- Dime tu nombre - Ordene con los labios a escasos centímetros de los suyos mordiendo descaradamente su labio superior, el alfa dudo un segundo sin inmutarse por mí mordida, luego su incesante sonrisa volvió a aparecer.

- Puedes llamarme H - Dijo rompiendo nuestro contacto, quise creer que era una jodida broma, pero cuando el alfa se zafó de mí agarre huyendo por el boquerón qué había hecho en mí pared, supuse que era todo lo que obtendría de él.

Lo vi saltar fuera del taller con una gran maestría, como si hiciera esto todo los días. Mis ansias por saber más de él místico H aumentaron considerablemente. Me quede sobre el suelo aún pasmado por todo lo que acaba de pasar, de no haberlo visto con mis propios ojos, hubiese jurado que era mentira, pero lo tibio de mi carne y lo sudado de mi piel, me recordaron que todo había sido realidad, que el loco alfa acaba de saltar de un segundo piso y que su rubio cabello engominado se había movido con el viento. Aún estático sobre el piso lleno de escombros y polvo, escuche cómo los mercenarios de S.H.I.E.L.D intentaban abrir la puerta de mi taller entre gritos, sin dudas alarmados por la gran explosión, una que comenzaba a creer estaba premeditada, ni un sólo rasguño sufrí a pesar de la magnitud del explosivo que se llevó casi toda la pared de mí taller. Los agentes detrás de la puerta blindada aún seguían en su labor, una misión imposible, aproveche su estupidez para levantarme por fin -había un maldito hueco en mí pared, podrían entrar por ahí-, sacudiendo el polvo de mí elegante ropa llena de polvo y sudor, más abajo la prueba más fehaciente de que el alfa estuvo cerca se alzaba enérgico entre mis piernas, chocando contra el cierre de mis pantalones, necesitaba un baño de agua helada con urgencia. Una sonrisa ladina escapó de mis labios, le daría un rostro aquel H después de la ducha, sin el alfa cerca, podía pensar con claridad. Ya le cobraría esas malditas descargas de feromonas qué me dejaban tan idiota, sólo era cuestión de tiempo. 

 

Chapter Text

- Repítelo de nuevo Anthony, quizás así te des cuenta que no somos tan idiotas para creer algo como eso - La voz de uno de esos viejos alfas comenzaba a crear un mar turbado en mi interior, el cual sólo quería desembocar en alguna isla tranquila para no matar a nadie. Tomé aire, pidiendo aún más paciencia a mí subconsciente.

- Entre en mi taller, el intruso removía las cosas de los estantes y cuando quise detenerlo, hizo explotar la jodida pared, quede noqueado por el impacto hasta que los bastardos de sus agentes entraron por la pared rota... ¿Lo repito otra vez?... Quizás sus precoces mentes, aún no entienden del todo mis palabras - Mi boca se movía con agilidad, mientras resistía las ganas de masajear mis sienes para despejar el dolor de cabeza qué me atizaba.

- ¿Cómo entro en tu taller, no se supone que tienes la tecnología mas avanzada del siglo?... No terminó de creer, que un grupo de idiotas se infiltraron en nuestra base y causaron un revuelo y qué tú, no pudieses hacer nada... Ni siquiera una imagen clara de los malditos intrusos poseemos - Replicó un nuevo presidente de SHIELD, estaba a poco de golpearlo.

- Alfa... Yo creo que debería calmarse ahora... - Intervino Fury cuando ya estaba afilando mi lengua para responder -...El agente Stark, ya ha explicado los hechos, ya no veo la necesidad de su presencia en este sala - Claudico señalando la puerta de no muy buena manera, logrando que los alterados alfas, salieran refunfuñando enrabietados. Sin creerme una sola palabra.

Había preparado una hábil mentira, lo cual no fue muy laborioso, tenía un don especial para poder con mí oratoria, incluso vender viento embotellado; toda una vida en el mercado armamentista te ayuda a librar pequeñas batallas como estas, dónde el objetivo, aunque duro de roer termina por caer, con las palabras adecuadas y las feromonas bien usadas. Sin embargo los jodidos alfas seguían insistiendo en una verdad, creyendo a medias mí mentira, claro que no tuve mucho tiempo para preparar algo, pero nombrar qué me sentía inútil al no saber qué carajos pasó, incrementó el humor de la mayoría; no había cosa que les gustara más, que denigrar o humillar al pobre diablo que cometiera un error -en este caso yo era el pobre diablo- así eran los carroñeros que tenía por jefes; aunque las malditas instalaciones, el equipo y la seguridad de todo el maldito lugar, fuesen míos. Cómo sea, sólo unos pocos rezagados quedaron con la duda de mí relato, mismos qué Fury había echado, pero no por compañerismo, sólo para que uno de esos alfas idiotas no terminaran con un propulsor en la garganta.

-Stark, busca qué demonios pasó... Necesitamos saber qué se llevaron, sobre todo si estaba en tu taller... Algo de esto, me huele muy mal - Ordenó el alfa moreno y yo asentí, restando atención a su orden, ya vería con qué nueva mentira calmaría al desconfiado alfa.

Habían pasado unos pocos días desde que el alfa rubio había roto mí maldita pared, cargándose mí ventana y muchos prototipos de armamento qué tendría que empezar a diseñar desde cero. Más que enojado, estaba irritado, el idiota no sabía qué era la sutileza, sí tanto quería tener un tiempo a solas conmigo, un mensaje de texto o incluso un e-mail bastaba; sí conocía todo de mí, debía saber que aunque halagado por todo el trabajo que se tomaba para verme, prefería la clase, el estilo y la elegancia; romper una pared, desconectar mi sistema, inhabilitar a mí IA y bombardearme con sus feromonas hasta hacerme llorar, no era la definición de clase; aunque le daba puntos por el estilo con el que hacía las cosas, tendría que discutir este asunto, la próxima vez que nos viéramos, porque gracias a sus palabras, sabía que había un nuevo encuentro, y cuando esto sucediera, estaría preparado. Ya no mas Tony idiotizado por sus fuertes feromonas, necesitaba respuestas de misterioso alfa y las obtendría a como dé lugar, la sensación de estar desnudo ante el, aunque excitante, comenzaba a ser disgustante.

Espere paciente su nuevo encuentro; una llamada, una pared rota, un apagón de la nada. Espere todo esto por unas largas dos semanas, pero nada sucedió, por lo que supuse que el alfa, de verdad se estaba esforzando para el siguiente espectáculo, al igual que yo; después de una sofocada semana, en la cual mi cuerpo inquieto requería mucha más atención de la que pensé, por fin había podido bajar el inicio del celo que amenaza con atizar mí cuerpo en una fuerte descarga de calentura. Unos pocos días más pasaron para que tomara una decisión, inhibidores, sólo así podía estar cerca del alfa sin tener que sucumbir a sus feromonas, sintiendo cómo estas encendían todos los comandos correctos en la aparentemente fácil tarea de convertir a mí omega en una masa jadeante, ansiosa y enfermo por sexo. Gracias a ello, cada vez que salía de mi habitación cargaba con un par de inhibidores encima, un pequeño bote de lubricante y muchos anticonceptivos, esta era mi sagrada trinidad para evitar problemas. Habían sido muchas ya las veces que puse a prueba el conjunto y funcionaba a la perfección, más de un alfa satisfecho lo contrastaba, volvía a mis días de gloria. Aunque estos estuviesen un poco nublados por la presencia de cierto alfa en mí cabeza, una estupidez, nunca habíamos pactado algo como la exclusividad, de hecho, ni siquiera sabía su nombre, era obvio que estos encuentros esporádicos, sólo eran diversión para ambos; una sucia y excitante diversión, estaba bien con ello y mí omega, debía acostumbrarse. Aferrarse a las palabras del alfa -mí omega-, era sólo una pérdida de tiempo, no caería en el mismo error que cometí con Rogers, este aunque para mal y después de mucho dolor, me había enseñado una lección, mí labor era aprender de ella.

Disfrutando de mis pensamientos, ajuste mejor la pajarita del traje, estirando los lados hacia afuera hasta quedar satisfecho con lo prolija que se veía esta, repase mí camisa; quitando las arrugas apenas visibles que se hacían sobre la tela al ajustarse a mí torso, por último abotone la chaqueta. El siguiente objetivo fue mi cabello, que ya engominado con cera estaba en su lugar; pulcro pero al mismo tiempo rebelde, con algunos pequeños mechones fuera de su lugar, logrando unas perfectas y ordenadas ondas, que reflejan un pequeño trozo de mí personalidad; elegante pero rebelde, reservado pero todo un playboy, amable pero cruel, sarcástico y con un buen humor negro. Todo un conjunto de contrastes que luchaban en mí interior y que dependiendo de la persona, podían salir unos más que otros. Un perfecto reloj engrasado qué se movía al compas de mis pies.

Al terminar y satisfecho en sobremanera con mí aspecto, decidí que era hora de partir, tome la máscara de cuero negro de la encimera, ajustándola a mis facciones, la tela algo raposa alineo la lujuria en mí cuerpo, misma que desataría con algún otro alfa de paso; mordí mis labios en un gesto más que morboso, juguetón. No había como una fiesta de máscara en la alta sociedad, para despertar los más bajos y pasionales comportamientos en los seres racionales. Por eso, me encantaban estas clase de invitaciones, sólo los verdaderos dioses en la tierra podrían asistir, para dejar sus deseos y perversiones libres sin tapujos, compartiendo un poco de ese sucio juego que los mortales humanos tanto disfrutaban. Subí al auto, un Audi completamente negro rugió despacio al encenderlo, una rubia despampanante se sentó a mi lado, mientras Rhodes, había informado que llegaría por su propio pie -armadura-. La rubia me dio un par de besos de sus pomposos labios rojos antes de ajustarse el cinturón, el auto se perdió entre las tumultuosas calles de New York.

Llegamos un par de minutos tarde, pero las grandes sensaciones siempre se hacían esperar, después de ayudar a Pepper a bajar ingresamos en la gigantesca mansión; adornada de las paredes de granito más blancas que haya visto jamás, una alfombra ridículamente roja se extendía desde el interior hasta la entrada, bajando escalón por escalón; incitando a los invitados a perderse entre la multitud de personas que empezaban a llegar por parejas, todos vestidos de rojo, negro y blanco; llenos de diamantes, perlas, cuero, máscaras, terciopelo y lujuria. Definitivamente, este era mi lugar, en la élite de todo, siendo el rey de lo prohibido y lo oscuro.

Sólo fue cuestión de tiempo para que las copas de champagne y las risas discretas, se hicieran presentes en medio de los trozos que se iban hilando hasta completar una conversación decente, que decente sólo era un eufemismo, la decencia parecía haberse quedado junto a los autos en el estacionamiento. Las personas eran unos hábiles pescadores en busca de una presa, la cual atrapar y exhibir para diversión de los demás, marcando territorio de manera burda a pesar de la elegancia y clase de sus trajes en bicolor; las máscaras sólo agregan más misterio a la fantasiosa pesca, pujando entre un par de hechizantes ojos a otros, analizando y valorando las perfectas líneas de perlas blancas, probando qué tan afilada era la lengua que modulaba contra un fuerte paladar las palabras. Así me encontré a mí mismo, disfrutando de la habladuría de un buen alfa, que para conseguir mi atención, comenzó la charla contando un poco de los miles de millones que guardaba en el banco, de lo buen mozo qué era y lo alto qué podría ser su IQ, falacia tras falacia, sólo era un alfa adulador, con el ego tan grande como la mansión que pisaba, claro que eso no le restaba puntos a su imponente presencia y su exquisita voz modulada y profunda; por fin había encontrado mí pececillo qué vestido de tiburón, no se había dado cuenta aún, que él era la presa. Una apetitosa presa, que después de un mordisco, le enseñaría qué era ser dominante, potente y buen mozo. Luego cómo los demás, sería desechado al igual que el pescado en mal estado, dejando que sus restos se fusionaran con las olas en la marea alta.

Acepte en medio de halagos repetitivos, una invitación para mover mi cuerpo; no sólo el espíritu se iba a divertir hoy, un pequeño preliminar de todo el ejercicio qué iba a tener. Sólo hasta acabar la sexta copa de champagne -que entraba en mí sistema como agua- y aprovechando la perfecta intervención de jazz gracias al gran Sinatra, me dispuse a bailar, siendo arrastrado por el mismo alfa arrogante qué había hecho la velada más amena entre sus parloteos incesantes. Sus pasos armoniosos se entremezclaban con los míos, New York New York, resonaba en mí cabeza embriagada de alegría; una sonrisa se escapó por debajo de mí máscara, una que el alfa frente a mí absorbió con premura, complacido de haber logrado una sonrisa en mi, su cuerpo se pegó mucho más a pesar de que la canción era todo menos íntima, pero este denomino creyó qué aquel espacio que nos separaba era un acantilado. Una vez acortado el espacio, sus manos se afianzaron en mi cadera, mi cuerpo giró con elegancia siguiendo su vaivén, mis manos se posaron en su cuello, la diferencia de estaturas era mínima, por ello no tuve que estirar mucho mi cuerpo para juntar nuestros labios en un beso superficial, sonreí en medio de este; ya te tenía pececito.

Pero, nadie me dijo que las altas mareas también son parte del ínfimo arte de pescar, qué los pececitos pequeños como el que tenía entre mis manos, sólo eran una pequeña parte del vasto océano y que allá afuera, existían especies mucho más feroces; con sus fauces abiertas y lista para encajar los dientes en un experimentado, pero despistado pescador. En el momento que sus densas feromonas penetraron mi nariz, agradecí tener al menos dos inhibidores encima, de no ser así, su aromas no sólo hubiese cosquilleado la punta de mi nariz, ahora mismo, estaría absorto en otra realidad llena de cuero, whisky, acero y mucha... Pólvora, la cual acaba de explotar contra mí presa, misma que aniquiló todos mis siguientes movimientos, sólo le bastó acercarse a mí cuerpo unos cuantos metros para gritar game over a mí juego, declarándose ganador de la partida y sin mover un sólo dedo, sólo sonriendo y dejando que su imponente presencia se notara.

- Señor Stark... Qué sorpresa y placer encontrarlo por aquí - Pronuncio amablemente y yo quise rechistar por lo falso qué sonaba eso, sabía de sobra que esta sorpresa, era una farsa. Apostaría mi apellido, qué todo esto ya estaba planeado, al menos su entrada; lo del alfa pegado cómo pulpo a mí cuerpo, era mérito propio.

Mis pies se detuvieron, justo a tiempo para el final de la canción, las manos del alfa sobre mí cuerpo se afianzaron aún más sobre mí ropa al sentir la inminente competencia cerca, quise intervenir antes de que empezara el maratón por quién tenía más testosterona en los huevos e intentarán marcarme con sus feromonas sólo, para tener cómo humillar al otro; a veces los alfas resultaban tan cavernícolas qué agradecía haber nacido omega. Me prepare para la acción, pero nada de esto pasó; no hubieron palabras malsonantes o gruñidos iracundos, sólo una mirada; una fuerte y determinada mirada, cargada de una promesa de dolor y sufrimiento, dejando sobre la mesa, todo el daño que se le podía causar a una persona. El alfa sobre mi, me soltó instantáneamente. Se disculpó de mi impresionado cuerpo y se retiró en silencio, aceptando la derrota incluso antes de empezar a pelear. Unas nuevas manos sostuvieron mí cadera.

Mis manos a nueva cuenta se anclaron a un cuello, esté mucho más perfumado que el anterior, con un único aroma, la ira. Sonreí a pesar de la situación, después de dos semanas por fin lo veía de nuevo, esta vez, unos ojos azules me devolvieron la mirada detrás de una extensa máscara veneciana; calmo y divertido contra iracundo y fastidiado, todo un contraste, de esos que me alegraban la vida. Sin canción de por medio, sólo éramos dos idiotas en medio de una pista, estáticos, sólo apreciándose en silencio. Jugando entre sus dedos con el nuevo movimiento, planificando los siguientes pasos a dar. Fui más rápido, me separe lo justo cuando sus labios quisieron atacar los míos, su boca terminó en mí quijada y de ahí, a mí oído, su aliento tibio chocó contra mi sensible piel, sólo me tense; agradeciendo nuevamente los inhibidores en mí sangre. Sus feromonas entraron en juego al no tener la respuesta que quería, mis feromonas esta vez, no salieron a su encuentro; imposibilitadas, sólo vagaban dentro de mí, frustradas por no encontrarse con aquel alfa que las alborota a su antojo.

- Somos dos idiotas en medio de la pista sin melodía... Ya están murmurando - Puntualice despacio, ignorando sus labios muy cerca de mí cuello, concentrándome en los murmullos tenues a nuestro alrededor.

- No diría que sin melodía, sólo estás un poco ansioso... Como siempre, Cariño - Coquetas sus palabras se derramaban una detrás de la otra sobre mi piel; su nariz olfatea mi cuello, intentando buscar las feromonas que los inhibidores escondían. Abrí los labios para protestar, su atrevimiento no conocía límites. La palabras murieron en mí garganta.

Una tenue melodía comenzó a sonar, los músicos se habían puesto en marcha nuevamente, las luces del salón bajaron unos decibeles, hasta que una atmósfera íntima y privada nos rodeó, mi cuerpo se erizó ante la melodía; debía estarme jodiendo. Qué cliché, pero increíble momento. Sonreí, grande y radiante, enarcando una de mis cejas bajo la máscara, riéndome un poco del alfa que me daba giros despacio, tomando una de mis manos en la suya, mientras la otra descansaba con menos fuerza sobre mi cadera; nuestros pies se movían al unísono, mientras su cuerpo envolvía al mío por completo.

 

...Something in your eyes, was so inviting... Something in your smile, was so exciting... Something in my heart, told me i must have you... Stranger in the night...

 

La letra de la canción era cantada por sus labios sobre mí oído, despacio, al compás de sus pies arrastrando los míos. Mi corazón empezó a latir demasiado de prisa; no, maldición no, conocía ese tamborileo desbocado. Me maldije por dejarme seducir tan vilmente, ya sólo quedaba hacer cómo que el corazón no quería salir de mí pecho y las mejillas se me habían coloreado debajo de la máscara, tornando mí piel canela mucho más oscura. Esperaba que el señor lo conozco todo de ti, no se diera cuenta de mí jugarreta, de ser así, sabría qué me tenía comiendo sobre su mano, danzando al compás de buen jazz murmurado en mí oído.

- Qué cliché señor H... Bastante predecible y poco original... Buscar el romance en esta noche y en una mansión como esta...  No se sí es ingenuo o muy confiado de sí mismo- Comente cuando precisamente esta estrofa de la canción fue murmurada sobre la piel de mi cuello, audible apenas. El alfa sólo se limitó a sonreír, sus labios se posaron sobre mí piel sensible.

- Ignoremos el golpeteo de tu corazón y puede que crea tu discurso barato, Anthony, a mí no me puedes engañar... Lo-se-todo-de-ti - Murmuró tan despacio que mí omega salto de su lugar excitado, los malditos inhibidores dejarían de funcionar si seguía tentando mi suerte de esta manera, sus feromonas me abrazaban impidiendo respirar correctamente, eso y la jodida canción, qué en estos momentos me parecía sumamente larga.

Los escalofríos que desde hace poco me atacaban ahora pululan nuevamente mi organismo lleno de feromonas contenidas, pero esta vez no de gusto, más bien era un estremecimiento lleno de alteración, en otro momento quizás, hubiese echado en saco roto las palabras del alfa, total sólo era un idiota tratando de impresionar a un omega, pero en este caso, sabía a la perfección que no era así. no intentaba impresionar, él sabía perfectamente cómo hacerlo, este no estaba jugando para llevarme a la cama, él tenía la certeza de que eso iba a pasar; la seguridad del alfa era abrumadora y sabía bien el porque, cada reacción y paso qué diera, este ya tenía la contraparte; en estos momentos esa verdad, era más escalofriante qué excitante, rogaba al cielo porque no fuera uno de esos locos obsesionados con Iron Man o Tony Stark, de ser así, mi culo estaba jodido y en la forma más literal de esto.

El último paso fue dado en nuestra íntima muestra de afecto, la mejor que había recibido nunca; muchos habían sido los que lo habían intentado, pero ninguno había logrado dejar al gran Anthony Stark sin palabras, ni siquiera Steve había logrado tal hazaña, aún así, no había podido disfrutar plenamente de esta muestra de cariño y ridículo romanticismo; cualquier alfa, beta u omega, caería ante tal cosa, pero mí omega, ese que comenzaba a ser racional por primera vez desde que conocía al alfa, opaco su emoción inicial, dispuesto a acabar con el misterio de H, de una vez por todas. La determinación brillaba en mis pupilas cafés al acabar la canción; en mí contraparte brillaba la absoluta picardía y la más candente propuesta sin palabras qué me propusieron jamás. Sus iris gritaban que quería ir a otro lado, mucho mas intimo y mucho más a solas. Nuevamente espero paciente mí respuesta, poniendo otra vez en mis manos la decisión final. Me acerqué todo lo que pude a su cuerpo sin tener que subirme sobre él, pegando su torso con el mío, su cadera con la mía y su pelvis con la mía. Incitándolo en silencio al subir sobre la punta de mis pies, restregando descaradamente toda mi anatomía con la suya, seduciendo con maestría su mente, jugando con su libido y atontando a su alfa.

-Vámonos - Murmure sumamente despacio, pasando con atrevimiento la punta de mi lengua por toda la extensión externa de su oído, escuchando su gruñido de satisfacción, lo tenía dónde lo quería, pero no me confiaría.

El alfa soltó mis cadera, tomando mi mano, emprendiendo camino hacia la salida; sin embargo lo jale señalando con la cabeza la azotea, mordiendo mis labios con descaro, dejándole en claro lo qué quería, este accedió casi enseguida, empinando sus pies ahora hacia la parte superior de la mansión, su respiración se volvió errática en algún lugar entre el segundo y quinto piso; la mía le siguió, más por el esfuerzo titánico de seguirle el ritmo que por excitación propia, aquella se encontraba controlada bajo el peso duro de la racionalidad. Sin que lo notara saque un nuevo inhibidor -aunque sabía que esto tendría efectos secundarios- y sin tener agua al alcance lo mordí con rapidez, ignorando el sabor amargo de la pastilla; tenía que endulzar esa mierda, casi me ahogo en mi propia saliva y el sabor de la dichosa pastilla. Ya más recompuesto me di cuenta que habíamos llegado a nuestro destino, una puerta nos separaba de la azotea, esta tenía un considerable candado recubierto por cadenas; sin duda al dueño no le gustaban intrusos en su azotea. Compuse el gesto más apesadumbrado que pude personificar, mirando sobre mis pestañas al alfa, ese no se resistió en absoluto, de una potente patada, el candado cedió ante la fuerza animal que se cargaba el rubio a mí lado; tome nota de su fuerza.

Unos segundos después me encontraba en aquel Edén prohibido, con el alfa pegado a mí cuello jadeando como un perro, olfateando con desespero, queriendo encontrar una minúscula triza de olor en mi piel que solamente era adornada por el perfume de mi costosa colonia. Frustrado, intento por su propia cuenta hacer presente el olor; mordió mi cuello, empezando a lamerlo con vehemencia, agarrando a dos manos mi trasero, apretando al mismo tiempo que su cadera azotaba la mía, todo el conjunto puso en jaque mí resistencia, quería volverlo loco, no qué este lo hiciera conmigo.

- ¿Dónde está tu maldito olor?... Ya no hueles a la miel y el café qué tanto intoxica mis sentidos... Deja tu aroma libre para mí, para tu alfa - Y una mierda pensé al sentir mi omega deshacerse entre quejidos frustrado, el malnacido había utilizado su voz alfa, ordenándole al omega en mí interior obedecer, mala suerte para el malnacido; tres inhibidores no se podía contrarrestar con nada, ni siquiera con su jodida voz perforando mis entrañas.

Decidí que era hora de terminar con el juego, mí cuerpo respondería tarde o temprano al incesante golpeteo contra mí pelvis, si no era que sus dedos traviesos hurgando en la ropa me hacían jadear primero, era una carrera contra el reloj y pensaba ganar. Al estar mis manos libres, no fue complicado pulsar mí reactor, llamando a mí traje, el cual empezó a encajarse en mí cuerpo gracias a las nanopartículas, devorando el traje monocromático que portaba en cuestión de segundos, reemplazándolo por el acero rojo y dorado, cuando el alfa se quiso dar cuenta de qué pasaba, mi traje ya estaba en su lugar y nuestros pies, abandonaron el suelo.

Volé varios metros en línea recta y sólo cuando la mansión parecía una pequeña mancha en el firmamento me detuve, el alfa qué no había dejado de moverse y maldecir aferrado a mis caderas, se detuvo. Su mirada azulada intensa y siempre relajada en mí presencia mutó a una oscura, inyectada en algo denso y perturbador que no quise saber, sus labios que siempre sonreía para mí estaban contraídos en una línea recta, su quijada estaba tan tensa que me preguntaba cómo no se rompía los jodidos dientes, su alfa estaba cabreado, pero en estos momentos, poco me importo; yo tenía el control ahora. Al menos eso creía.

- Baja ahora Anthony, te podrías lastimar - Su maldita voz alfa nuevamente atacó mis sentidos adormecidos por fármacos. Fruncí el ceño.

- ¡Deja de hacer eso con un demonio, no puedes sólo ordenarme con esa voz y esperar que obedezca ciegamente a tus ordenes!... - Reñí con irritación, aún sabiendo lo estúpido que sonaba, precisamente para eso era que los alfas usaban su voz de mando -... Y ya que estamos también deja de dopar mis sentidos con tus densas feromonas, soy un omega, no tu maldito muñeco inflable, jadeante y listo para tus sucios deseos- Aspecte cruzándome de brazos, a pesar de ser el único soporte de ambos en el cielo.

El alfa frente a mí, analizó mí gesto irritado por unos segundos, maldiciendo en lo que creía era ruso o alemán y luego, como si sólo hubiese sido una mera ilusión, aquel tinte casi demoníaco desapareció de su semblante y una cruda carcajada resonó en medio del cielo, el maldito se reía nuevamente. Este tipo definitivamente estaba loco, yo tenía episodios de bipolaridad, pero este sujeto, se llevaba el premio a los estados de ánimo más cambiantes.

- Mensaje recibido Cariño... Ahora, en serio baja Tony, podrías lastimarte si nos caemos - Intento nuevamente persuadirme, esta vez, con un tono más amable y sin su jodida voz alfa, pero por algo nos había subido hasta el cielo a ambos.

-No... - Claudique sin des cruzarme de brazos, el alfa suspiro mordiendo su labio inferior para no maldecir nuevamente, me dio algo de risa su reacción, pero me limite a no sonreír, no podía perder mi papel de seriedad -... No bajaré hasta que respondas mis preguntas... Y quiero la verdad H, porque sí no, te tiro desde aquí y sólo quedará para el recuerdo tu bonito rostro estampado contra el piso de la azotea - Mí amenaza aunque iba con todo el odio del mundo, no caló en el alfa, este sólo me enfrento con una de sus perfectas sonrisas. Quise romperle los dientes.

Para que supiera qué no estaba jugando, subí más arriba, poniendo en jaque nuevamente su autocontrol, sus dedos se aferraron con demasiada fuerza a mis caderas, hasta que sentí los huesos de esta resentirse y un dolor lacerante me atravesó al desaparecer mí traje en esta parte, pero no frene, no hasta que el alfa empezó a gritar que sí respondería mis preguntas; con una sonrisa triunfante, descendí un par de metros, los justos para situarnos en nuestra altura inicial. No sabía por dónde empezar, las preguntas se aglomeraban bajo mi paladar, pero ninguna al parecer tenía el valor de enfrentarse al alfa. Agarre la primera que se me ocurrió al vuelo. Eso debía servir para empezar.

- ¿Cómo es qué sabes tanto de mí? - Pregunté en un tono que no dejaba espacios a dudas o risas, era todo por el todo.

- Naciste para mí, así como yo lo hice para ti... Es normal que te conozca tanto... Eres mí omega - Respondió con lo que parecía ser seriedad, pero no le creía una pizca de sus palabras, su sonrisa delataba que esta no era toda la verdad.

- Qué romántico señor Romeo... Ahora, la verdad H - Este suspiro sin cambiar su sonrisa.

- Te conozco porque así lo quise, busque todo lo que pudiera llevarme a ti, a entender y comprender cada uno de los difíciles comandos que hay en tu castaña cabeza - Respondió esta vez con algo más de verdad, pero el puzle que comenzaba a armarse necesitaba más fichas. Asentí complacido. Ignorando el hecho de que era un acosador. Al menos, no era obsesivo.

- ¿Cómo estás tan seguro qué me conoces por completo después de la supondré, ardua labor de entenderme? - Esta vez, la pregunta salió con algo más de rencor del que quise, la sensación de el tipo leía mis pensamientos comenzó a embriagarme y no de buen modo. Esta vez pensó mucho mejor su respuesta, incluso soltó una de sus manos del firme agarre, sólo para tocar mi rostro.

- Creí que te conocía, me jactaba de hacerlo; prevenir tus pasos, comprender tus reacciones, adelantarme a tus siguientes movimientos... Creí, que en verdad te había conocido por completo, pero olvide tus mayores cualidades... Eres sumamente impredecible, peligroso, inteligente y un seductor nato, gracias por recordármelo, Tony - Su respuesta combinada con halagos me descolocó por completo, este tipo, definitivamente me desarmaba por completo y sin poder hacer nada para evitarlo.

- ¿Cómo te llamas? - Lance una nueva pregunta esperanzando, había sido bastante comunicativo en la noche de hoy, debía probar suerte, más el alfa, sólo se carcajeo en verdad divertido. Junto nuestras frentes y hablo sobre mis labios.

- Acabó el interrogatorio Señor Stark - Su tono malicioso, me anticipó que algo planeaba, demasiado tarde reaccione hipnotizado en sus malditos ojos. Me había confiado.

H, me giró entre sus brazos en un movimiento limpio, abrazándose a mí cintura con ambos antebrazos, pateando con fuerza justa uno de mis talones, el propulsor de este se desintegró por el golpe; las nanopartículas empezaron a regenerarse, pero el maldito lunático pateo mí otro talón rompiendo en pedazos esta parte del traje también, maldiciendo active los propulsores de ambas manos, sentía como me azotaba el viento el rostro al caer. Pero el alfa, tenía otro planes para ambos, como siempre. Soltó una de sus manos y con un movimiento rápido rompió las nanopartículas de una de mis manos, sus uñas apenas me arañaron la palma de la mano; empezamos a caer nuevamente, el traje intentaba recuperarse al mismo tiempo logrando que disminuyera la velocidad de reacción, inevitablemente caímos hacia el cada vez más cercano suelo.

La adrenalina baño mí sistema, el corazón en mí pecho golpeaba a todo lo que daban las pobres arterias, la sangre helada parecía coagulada en mis venas; el maldito a mí lado, sólo se reía, era oficial, el tipo tenía mal un tornillo. Y en medio de todo eso, me deshice de la máscara de mí armadura para poder gritarle al alfa, pero este se limitó a estampar sus labios con los míos, increíblemente le respondí después de darle una mordida como reprimenda, una que sólo lo encendió, Moví los labios por inercia, cerrando incluso los ojos, mí omega había saltado al acantilado antes de que pudiera detenerlo, el sonido del viento mientras caía adormece mis sentidos y justo aquí y ahora, lo único que podía sentir mi cuerpo era el alfa qué me robaba el aire en cada uno de sus besos, su lengua entro en mí cavidad la cual lo recibió gustoso, una de mis manos le atizó el cabello, tirando de este hacia al frente, para tener más cerca sus labios, el alfa rio en medio del beso.

- ¡Tony... Estamos cayendo! - Grito sacándome del letargo en el que me había hundido, su grito cargado mas de euforia que de miedo, inevitablemente me reí, el miedo quedó en segundo plano.

La adrenalina aún presente en mí sistema, empujo la risa por mi garganta, cómo no me había reído nunca en la vida, saboreando el peligro en todas sus fases y al mismo tiempo, no sabía porqué demonios me reía, pero era liberador, quizás era el miedo adjudique, había perdido la cabeza. El alfa dio un nuevo giró y yo vi demasiado cerca el agua de la piscina dónde íbamos a caer ¿cuando habíamos acabado aquí?, extendí mi mano libre hacia el agua, aunque fuese simplemente el líquido vital, una caída de esta magnitud haría añicos varios de nuestros huesos, el propulsor repelió el agua, nuestro cuerpos gravitan entre la fina línea de la muerte segura y el agua helada de la piscina. Sostuve con más fuerza el cabello entre mis dedos, eso había sido lo más estúpidamente loco qué había hecho en toda mí vida. No sabía cómo manejar la excitación qué la adrenalina había producido en mí. Jadeaba como un animal sediento, con los labios brillantes de saliva -gracias al alfa- y las mejillas rojas por tanto jaleo. El alfa no estaba muy diferente, con el cabello engominado hecho un desastre, la máscara veneciana -qué le cubría los ojos y parte de la quijada- un poco chueca y una sonrisa maliciosa en el rostro, el cabrón tenía todo planeado y no había nadie que me convenciera de lo contrario.

- Se acabaron los alfas aburridos y las emociones planas, eres tan grande como el firmamento... Brilla y vive como la estrella que eres... Empápate de mi locura, mi seductor omega - Capte en un segundo sus segundas intenciones al terminar la frase, un no murió en mí garganta, inaudible e ignorado.

Sus piernas rodearon mi cadera, su mano empujó a nueva cuenta sus labios contra los míos, la otra empujo mis omoplatos; el agua nos recibió gustosa ya sin propulsor de por medio, este había cedido en algún lugar en medio de la emociones y la locura. Me rendí bastante cansado de luchar contra el agua y los labios del alfa qué no me daban tregua convirtiéndose en mí único oxígeno en medio del helado lugar, tire de su cabello casi como un tic nervioso, aunque ya no nos podíamos unir mas; mi mano libre rodeo su mejilla, encajando los dedos en su fuerte quijada, mis dedos rozaron la tela de la máscara que me impedía ver el rostro por completo del alfa; la necesidad de arrancarla fue casi primitiva, mis dedos sólo alcanzaron a rozar la tela una vez más antes de que el alfa decidiera que era hora de ascender, ambos cuerpos flotaron en medio de la piscina. Mis pulmones agradecieron el empujón de aire fresco que me baño. El alfa frente a mí desapareció del alcance de mis dedos; nuestra velada había terminado, sin besos de despedidas, palabras cursi o la seguridad del mañana. Me sentí satisfecho, limitando a ver al alfa salir de la piscina, acomodarse la maldita máscara que apenas arañe y sacudirse al igual que un perro para mí diversión.

- ¡Hasta la próxima señor Stark! - Grito el idiota sin duda divertido de cómo había acabado todo.

Quería decir algo épico, digno de recordar, ingenioso. Pero mi mente muy dopada de sensaciones apenas podía hilar algo coherente que no fuese mirar la espalda ancha del alfa que se alejaba a paso rápido de mí, escuchando sin duda el jolgorio de pasos que se aproximaban a la piscina; seguramente curiosos del idiota que se había caído a la piscina en pleno otoño.

- ¡Intenta buscar una manera menos dramática de obtener mi atención, Señor misterio! - Grité cuando el alfa estaba a unos considerables metros de la piscina, me patee mentalmente en cuanto las palabras escaparon de mis labios.

Era oficial, Tony Stark volvió a ser un idiota encaprichado. Escondí el rostro entre mis brazos intentando ocultar la sonrisa que tenía en este; ya sin el traje, el agua me calaba hasta el alma, pero ni aún así la sonrisa desaparecía, de hecho, parecía bastante tranquilo con la mitad de mí cuerpo sumergido en la piscina. Un carraspeo me sacó de la burbuja de felicidad y hormonas. Me giré despacio, Pepper me miraba de pie en el umbral de la puerta, su miraba me recriminaba por una respuesta coherente, James a su lado sólo se reía a carcajada limpia con el teléfono en la mano. Mañana sería la portada de alguna revista de chismes. Nade despacio hasta la otra orilla, tomando el tiempo de hilar alguna mentira coherente ¿qué tan difícil sería explicarle a ambos qué un alfa estúpidamente temerario y jodidamente sexy era el culpable de esto? esperaba que no mucho. Ninguna mentira creíble había sido pensada en mí idiotizada mente, sólo la imagen del alfa en máscara rondaba mi cabeza, era oficial, la próxima vez, le quitaría esa jodida cosa. 

Chapter Text

 

- Nena, coteja esta nariz con esos ojos azules... - Ordene a mi IA, la cual movió a voluntad la pantalla interactiva frente a mí.

- Resultados incongruentes jefe... El retrato no concuerda con la imagen que hemos creado - La voz de V.I.E.R.N.E.S resonó por los parlantes del taller; frustrado separe las partes del retrato que llevábamos rato intentando lograr.

Deslice las manos por el holograma que hacia las partes de mí pantalla, en ella la imagen de un borroso hombre rubio, vestido totalmente de negro, cuero y con los músculos tallados en mármol, me devolvieron la mirada. Sonreí recordando cuando después de tres semanas de la sutil visita del hombre misterio, la IA había extraído la imagen de las cámaras de seguridad frente a mí taller, al parecer el señor H, no era tan listo cómo quería parecer, incluso con ayuda, no había podido desactivar a la IA por completo, sólo momentáneamente. Por ello, la muy lista había estado todo el tiempo conmigo, en silencio. Recolectando la información que mi dopada mente no había conseguido poder estudiar, recreando un retrato vivido ante mí, con un par de características esenciales para componer el boceto del hombre frente a mí; todo un adonis enmascarado, misterioso y rubio como lo recordaba, la escena de la piscina todavía seguía muy vivida en mí, por lo cual pude extraer los rasgos que recordaba de mi subconsciente, sintetizando al hombre misterio.

Quijada cuadrada, rasgos definidos, una nariz perfilada, una gran sonrisa llena de perlas blancas y alineadas; colmillos un pocos sobresalientes y una mirada qué te carcomía desde el interior; domando a toda alma con sólo posar ese par de pozos azules sobre ti, quizás en otro tono, esas dos pupilas fueran incluso terroríficas; quizás en un negro o rojo, definitivamente daría miedo, pero en ese calmo azul, el peligro que representaban quedaba menguado tras el misterio de un vasto océano por descubrir y sumergirse por completo, hasta que fuese ese mar calmo, el que comandara todos tus pasos. Sus malditos ojos, tan familiares y a la vez tan diferentes. El sentimiento que ese rostro me era conocido, por momentos me hacía perder la calma, mi subconsciente me empujaba a descubrir ese misterio, sí sólo así, la maldita imagen de Rogers, no aparecía en mi cabeza titilando. Era imposible, el perdido soldado, ahora estaba en algún lugar en medio de un selva africana, bastante lejos, eso sin contar que mi omega reconocería su olor desde kilómetros, y aquel peligroso alfa, olía totalmente diferente, incluso el dorado de su cabello o el tono de su piel, eran totalmente diferentes, me reí de mi propia estupidez. Rogers a pesar de estar superado, seguía pululando en ocasiones en mí cabeza.

- ¿Cuántos malditos rubios con el cabello engominado hay en el mundo? - La pregunta salió de mis labios antes de recordar que estaba acompañado.

 -Aún nos faltan por descubrir dos millones más, señor - Intervino mi IA respondiendo la pregunta retórica. Me reí despacio, escuchando el silencio que se formó del otro lado de la línea.

Agradecía tener a mí lado a la IA, todo era más fácil gracias a ella, de dos mil millones de resultados para hombres rubios, con buena complexión y con nombres empezados en H, ya sólo quedaba un pequeño porcentaje de la búsqueda; eso sin contar que la IA era la única con la que podía discutir el misterio del hombre H. Pepper me mataría por descuidado, Happy se pegaría mí como una lapa para averiguar el nombre del intruso y Rhodes me jugaría bromas todo lo que quedaba de mi existencia. De verdad había intentado explicarles la situación, cuando mojado hasta los huesos había salido de esa piscina con la mejor de mis sonrisas y la adrenalina aún fluyendo libre por mis venas, pero sólo ver el rostro ofuscado de Pepper y las carcajadas incesantes de Rhodes, supuse que no era momento; me rendí, después de todo, tampoco sabía cómo explicarles qué me había enredado con el qué creía el alfa más peligroso de todo New York y esas palabras desde un omega temerario como yo, significaban que el tipo, en verdad era peligroso. Aún retumbaba la mirada que le dedico al otro alfa; esa jodida mirada era de un demonio. Uno que hasta que no fuera necesario no nombraría. Mí conciencia me dejó tranquilo, después de todo, tenía cosas más importantes qué hacer qué estar pensando en un alfa, cuyo paradero no sabía desde hace seis días -los había contando-. Me preguntaba qué planeaba ahora para una de sus dramáticas entradas; mis pensamientos se reflejaron en una gran sonrisa, mentiría si dijera que no me llenaba de curiosidad. ¡Basta Tony!.

- Señor, Fury intenta llamarlo... - Comunicó mí IA. Resople, al menos el trabajo me mantenía con la mente centrada. Después de un asentimiento, la IA conectó la llamada.

- Fury... - Respondí con alegría fingida, el hombre de un sólo ojo, sólo se limitó a asentir.

- Tipos peligroso Stark, es una base abandonada de Hydra... Pero nunca se sabe... Iras con Visión, Rhodes y Peter... Si algo sucede, dejas a los tres alfas actuar y te largas - Dictó el maldito tuerto, subestimándome como siempre; resople inflando las mejillas, hoy mataría a más idiotas que los tres alfas juntos.

- Qué bien, por fin algo de diversión... Empezaba a aburrirme - Pronuncie con una mueca, el alfa frente a mí rodó su único ojo. Sabía que estaba a punto de retirarme de la misión, lo malo de estar rodeado de alfas, era que muy pocos te tratan igual que ellos.

Corte comunicación con el alfa, evitando cabrearme, debía centrarme en lo importante, sí era una misión de reconocimiento; poco era lo que se debía hacer. El plan era sencillo, llegar, robar información y volver, intente recomponer mi sonrisa perdida, al menos eso me mantendrá ocupado un par de horas; rogaba en el interior porque hubiesen rezagados en la sede, sólo así podía dejar un poco de la rabia que llevaba dentro por los cabrones alfas que me rodeaban. Me puse el traje en cuestión de minutos, activando los propulsores para llegar más rápido al Quinjet, a mí lado los alfas me siguieron. Ya le enseñaría a Fury quién carajos se iba a retirar. La necesidad de sangre ahora, era casi implícita, mí omega quería demostrar cuánto valía, no importaba cuantos del enemigo tendrían que caer.

La necesidad, bendita necesidad. Aquel sentimiento agonizante que recorre la piel, la mente y el cuerpo, corroyendo los buenos pensamientos, la lógica y el raciocinio, dejando detrás de sí, una capa inconsistente de delirios, deseos y hambre. Una hambre voraz que mastica tu autocontrol y escupe las sobras de lo que alguna vez fue un ser consciente de sus acciones. Esta misma necesidad que sentía a diario por nuevos inventos, nuevas mejoras para mis trajes; la ciencia, aritmética, matemáticas, química y física, esta misma necesidad ácida y corroyente, fue la que guio toda la misión.

Al llegar e ir directo por la información fuimos descubiertos, casi, como si nos estuviesen esperando. La base no sólo no estaba abandonada si no que estaba llena de malditos soldados, dando un panorama de cuatro contra cientos; una misión suicida qué logramos ganar con dientes y uñas, el uso adecuado de mis feromonas -usadas a conveniencia- y el gran poder de los alfas cuidando mi espalda. Fury seguramente enloquecería si supiera qué los alfas no sólo no habían desobedecido sus órdenes de resguardarme sí las cosas se ponían mal, sí no que también habían incitado a que saliera del traje y esparciera mis feromonas por toda la base, hasta marear a todos los alfas presentes; logrando que débiles y desarmados, fuera más fácil lograr ganar en una verdadera carnicería; era poco ortodoxo y para nada moral, pero en el amor y la guerra todo se valía, y eso incluye usar la mejor de mis armas, la seducción. Misma que no estaba en mí traje, pero sí codificada en mí sistema. Pocos alfas se podían resistir a una exposición tan grande de feromonas, las cuales al estar contenidas por los inhibidores por más de tres días, lograron salir con fuerza, al igual qué una ráfaga de balas. Conocía los efectos secundarios de utilizar mis feromonas así, pero todo valió la pena cuando mi equipo -aunque un poco herido- salió triunfante de la misión, los tres alfas, incitados por mis feromonas y el poder de protección para con mí omega, habían acabado cómo sí de una fiesta se tratase toda la batalla, al acabar; aún llenos de sangre, los tres se me lanzaron encima y después de ver que no tenía más heridas que ellos, elogiaron mí destreza para solucionar una batalla que se creía perdida, esto inflo el pecho de mí omega, sólo estos tres me trataban como igual, y eso se sentía jodidamente bien. Después de tediosos registros y entregar informes de la misión, todos pudimos ir a descansar. Dando fin a mí necesidad, al menos por unas horas. Otra necesidad aún más grande y problemática atizó mi cuerpo al día siguiente.

Me levanté cuando el sol se alzaba sobre la calurosa tarde de domingo; bañado en sudor y la temperatura arriba de la media. Sofocado hasta la médula, supuse que era uno de los efectos secundarios de los inhibidores y todo el uso de feromonas del día anterior, por lo que sólo lo ignore tomando una ducha fría. Después del desayuno y cual inventor loco, me desaparecí de la realidad centrándome sólo en mis grandes prototipos; uno detrás de otro era modificado, reemplazado y creado de nuevo gracias a la necesidad de mí sistema de siempre hallar la esquiva perfección. Casi me sentía como un inventor loco ¿no lo era ya?, porque juraba que cuando tenía un prototipo perfectamente funcional entre mis manos, casi podía sentir la insana satisfacción rayando en la locura. Le sonreí a babas, la máquina limpiaba todo mí desastre; incluso el que casi sale de mí boca unos pocos minutos después. La caja de donas glaseadas y los dos vasos grandes de café casi quedan sobre mí preciada máquina, mí estomago se revolvió furioso y para mí desgracia, la temperatura empezaba a subir. Ya me esperaba este efecto secundario, aunque viendo el episodio en la mañana, pensé tenerlo todo bajo control, sin embargo mí omega me enseñaba a las malas porque no debía utilizar mis feromonas cómo rociador y tomar inhibidores como si fueran pastillas para la tos.

Corrí a mí estante, tomando irónicamente otro inhibidor, necesitaba que el calor que me empezaba a escalar el cuerpo, se bajará al menos hasta poder llegar a mí habitación. Al empujar la pastilla por mí garganta, ya sentía mi cuerpo humedecido no sólo por el calor. Me maldije viendo a tres pares de ojos verme desde el umbral del taller, con sus ojos nublados y las pupilas dilatadas. Mordí el interior de mí mejilla a sabiendas que tenía que abrir o los alfas tumbarían la puerta -aunque esta fuera blindada- active el botón de mando y en pocos segundos, era sostenido por los brazos de Rhodes, mí mejor amigo me cargaba igual que a una princesa corriendo conmigo en brazos por toda la sede. Me reí de semejante ironía, si fuese una princesa, seguramente mí príncipe azul, no fuera mi mejor amigo. Quizás, tuviese el cabello rubio, como el prototipo cliché en los cuentos de hadas; me volví a descojonar para extrañeza de mí amigo, seguramente debía pensar qué ya estaba delirando, aunque yo mismo creía que así era, al imaginar tan bizarra idea, sin príncipes en brillante armadura, mí vida estaba bien.

Un par de horas después, un alfa custodiando la puerta y el calor rociando apenas mis entrañas me daba el panorama del celo próximo, el caluroso domingo me daba las seis de la tarde. La sede se encontraba en un sepulcral silencio, al ser domingo casi nadie se encontraba en la sede y los pobres diablos que se habían quedado, fueron corridos entre gruñidos por parte de mis tres cuidadores personales; ni Pepper resultaba tan eficaz a la hora de espantar personas. Un nuevo espasmo me obligó a empujar las caderas hacia el aire, al igual que corrí esos pensamientos en una parte de mi subconsciente alejado. Mis necesidades básicas habían renacido con mi golpe de calor y la obligación de sentirme lleno en el sentido más morboso de la palabra me atizaba cual fuego a las brasas, mí omega libre quería disfrutar de la sensación de cada una de sus terminaciones nerviosas siendo derretidas por un gran orgasmo ¡Oh exquisita necesidad!. No obstante con Rhodes en la puerta, no podía simplemente deslizar las manos dentro de mis piernas y encargarme yo mismo, sin embargo tampoco se me concede la indulgencia de traer a un alfa para ayudarme, estaba condenado al sufrimiento, sólo hasta que Rhodes se apiade de mí y se largue de mi puerta para poder tocar el cielo gracias a mis propios medios. Saque mi camisa frustrado, el pantalón y casi toda mi ropa ya descansaba fuera de mí cuerpo, sólo conservaba la ropa interior que ajustada, presionaba bien mi erección logrando mitigar un poco la necesidad de frotarme contra algo. Cerré los ojos, antes de echarle un vistazo a la puerta, no podía seguir esperando la indulgencia de Rhodes. De todos modos, sí no hacía mucho ruido, no tenía porque enterarse.

Adentre las manos en la húmeda tela, rozando directamente mí piel caliente, un aliviado gemido escapó de mí garganta, un silbido se sumó a este; mordí mi labio inferior con las mejillas rojas, qué sonidos mas raros hacia mí cuerpo en crisis. Volví a tantear terreno, esta vez mucho más abajo, arañando débilmente mí perineo logrando un estremecimiento peor, el aire escapó por mis labios en modo de otro silbido. Me reí esta vez ¿qué carajos le pasaba a mí cuerpo?, mi dedo tanteo la húmeda entrada mientras mordía un cojín. Un silbido más resonó por sobre el silencio reinante, abrí los ojos extrañado, ese no había sido yo, mí boca estaba ocupada. Espere un tortuoso minuto, esperando que aquel extraño sonido se repitiera nuevamente, pero no sucedió nada; mí omega desesperado quería continuar. Enredo los dedos en mi ropa interior despacio, bajando la centímetro por centímetro, la temperatura había aumentado considerablemente hasta casi ahogarme; el deseo era mucho. Aspire el aire buscando oxígeno, dejando incluso el cojín a un lado, mis manos casi desgarran la ropa interior al bajarla por mis piernas, masturbando con vehemencia mí entrepierna ¡Carajo! me grité al sentir tal desesperación golpearme; aspire el aire a bocanadas ahogadas, no fue hasta una tercera vez de oxigenación que lo sentí, el fuerte olor a acero, pólvora y delicioso whisky. Impactado mis fosas nasales, abrí los ojos pensando qué debía ser una jugarreta de mi cabeza necesitada, pero el silbido volvió a inundar el silencio de la tarde y con el una nueva ráfaga de feromonas.

Me incorpore sobre la cama, moviendo la cabeza como un poseso, buscando un indicio de aquel dueño de las feromonas que tanto alteraban a mí omega, pero en mi habitación no estaba más que mí omega caliente y en la puerta, las densas feromonas de Rhodes me indican que el moreno, no se había movido ni un centímetro. Ahora con la curiosidad innata de mi cuerpo activada; la desesperante sensación caliente del golpe de calor se dispersó en el aire. Ahora alerta, no de inminente peligro, pero sí al pendiente de aquel que me podía ayudar con mi problema; después de todo, tenía algo de culpa el alfa. Espere paciente otro silbido, pero este no apareció, en cambio, un potente grito rompió el aire a mí alrededor. Corrí hacia mí ventana, incrédulo de lo que mi cabeza había recreado que pasaba, sin embargo cuando abrí mi gran ventanal y el viento me golpeó de lleno; este traía mas que olor a árboles, agua o cualquier cosa que mí omega reconocía como elemento de la base, el aroma de las feromonas alfas bailaban de una forma poco sutil en la ventisca de la tarde.

- ¿Tony comienzo a llamarte Rapunzel o vas a abrir la ventana dejando mi orgullo intacto? - El alfa rugió, aún sin ser consciente que había abierto la ventana.

- Qué interesante sería que un gran caballero de su calibre, ose llamar a mi ventana... ¿Qué pasa apuesto caballero, perdió el camino a su castillo? - Me burlé en toda regla captando la atención del encapuchado H.

El alfa estaba cuatro pisos debajo de mi, con un traje completamente en negro; una casaca abotonada hacia un lado, botas hasta la rodilla, guantes y una gran gabardina, eso sin contar su fiel máscara, sólo sabía qué era él, gracias a su gran sonrisa de colmillos afilados y perlas blancas; mi estómago dio un vuelco al verlo, en realidad se veían muy bien. Nuestros encuentros habían sido tan esporádicos y fugaces que apenas me acordaba de lo que llevaba encima más allá de trajes costosos. Ahora que lo podía aprecia a cabalidad se veía bastante bien, el negro definitivamente le lucia.

- ¿Qué haces aquí rubio? - Pregunté sabiendo la respuesta pero queriendo escucharla, me acerque más al alféizar de la ventana, dejando que el viento azote mi torso desnudo. Fue en cierto modo refrescante, mi piel ardía.

- ¿Qué haces desnudo? - Preguntó el alfa ignorando olímpicamente mis preguntas; mas al pendiente de mí torso sin ropa y mi piel canela tenuemente rojiza y sudada. Quise rodar los ojos de puro fastidio, pagaría millones el día que no tuviera que amenazar al alfa para que conteste mis preguntas, pero bueno, está vez sería otra vez a las malas.

- Soy un omega muy deseable sabes... Ahora mismo tengo a un gran alfa, con músculos de acero esperándome, así que sí no requiere mí presencia ¡oh gran caballero! con dolor en el alma debo partir en post de mí diversión - Dramáticamente lleve una de mis manos hasta mi frente, imitando un gesto lleno de pesar con el dorso de la mano.

Me reí en mi cabeza de la estupidez que había dicho, ya quería ver la cara de James al contarle sobre mí juego de palabras con su armadura, seguramente el marine, se reiría tanto como yo. El rostro del alfa unos pisos más abajo se crispo, lo supuse por la manera en que su mandíbula se tenso y aunque no los viera, sus ojos me torturaban logrando un espasmo en mi cuerpo; mi omega quería seguir sintiendo esos escalofríos cada vez que me miraba con ese fuego, quizás hasta me estaba convirtiendo en un masoquista, una persona que disfrutara de tales miradas llenas de peligro, no tenía cabida en otra categoría. Un denso silencio nos abordo y cuando ya estaba por molestarlo nuevamente el alfa hablo.

- ¿Qué se supone que debo decir?... ¿Rapunzel, Rapunzel deja caer tu cabello? - Siseo irritado, sin duda por la mención de otro alfa y esta vez, no pude evitar reír sin algún respeto y que este lo notara. Hablando de príncipes y princesas.

- Ahora es el momento dónde tiras tu negro cabello y puedo subir a tu torre de cristal - Puntualizó el alfa en medio de mí risa, le dedique una mirada retadora, mí omega nuevamente se volvía a sentir poderoso al ver a ceder.

- Rapunzel, quiere que le respondas las preguntas, luego... Quizás te tire una sábana o una cuerda para que ingreses en mí para nada humilde morada - Totalmente divertido, me atreví incluso a sacar la mitad de mí cuerpo fuera del gran ventanal, siempre teniendo cuidado de no caer. Mis ojos siempre fijos en el alfa.

- Pediste que consiguiera una forma menos dramática de buscar tu atención... Eso hago, aunque puedo destruir la maldita pared e ingresar en tu habitación por mis medios - Amenazó el alfa y dichas palabras, me supieron a una buena promesa, no estaba jugando con lo de romper mí pared.

Satisfecho con el resultado, ingrese nuevamente con una estúpida sonrisa orgullosa; el juego de tira y afloja con el alfa era increíblemente placentero. Aparte de los tres alfas de mi confianza no conocía a otro alfa qué me tratara con aquella misma fortaleza, llena de un cuidado encantador, pero siempre sabiendo que sí me caía, me levantaba sólo. Mis pies resonaron por todo el piso alfombrado buscando qué lanzarle al alfa para subir, la idea que trepara a mí ventana me parecía terriblemente divertida. Mis ojos recorrían de un lugar al otro, abriendo cajones y moviendo cosas de los estantes, pero no pude hallar nada; frustrado tome las sábanas y rogué que estas alcanzaran hasta las manos del alfa; sostuve la sabana de seda y tire de ella con fuerza desarreglando la cama, arrancando la pieza de su lugar; el reactor que activaba mi traje voló por los aires al estar enredado entre ella. Solté la sabana en un segundo corriendo para atrapar el aparato, lo alcance en el aire cuando éste impactó contra mí pecho armando el traje. Mí cuerpo fue recibido por el piso.

- Tony... - Llamo Rhodes mientras yo en el traje intentaba respirar por el tirón de energía en mí estado, la armadura fría era contraproducente contra la piel hirviendo. Solté un gemido ahogado por mi traje.

- Estoy bien, Rhodey - Grazne aún dentro del traje intentando respirar con el repentino calor que sentía, el celo se había intensificado por las hormonas del alfa y apenas lo sentía

Aún en medio de gemidos quedos me levanté, yendo a pasos meditados hasta la ventana, volando fuera de la habitación. Localice al alfa a punto de trepar por los ventanales de la sede como un mono y me reí a pesar de que un vaho de mi propia respiración chocó contra el casco. Bajando unos metros y planeando me deslicé con el viento hasta sostener al alfa contra mí pecho, pase un brazo debajo de sus rodillas sintiendo sus fuertes brazos en mi cuello; la analogía de la princesa atacó en mi mente y dejé escapar una tenue risa. Ingrese a mí habitación por la ventana abierta en un santiamén, orgulloso de mí heroica hazaña. Solté al alfa que rebotó de un salto contra la cama donde lo deje. No pasó un sólo minuto antes de que el alfa tirara de la armadura, azotando de manera exquisitamente dolorosa mí espalda contra el mullido colchón, enjaulando mí cuerpo entre la cama y su cuerpo.

- No recordaba que el cuento de Rapunzel fuese así... ¿no se supone que tienes que ser un abnegado príncipe enamorado y caballeroso?... ¿ Dónde quedó el romanticismo amigo? - La última palabra la pronuncie con sorna, sabiendo que el hombre sobre mí, era todo menos mi amigo. Repliegue el traje dando paso nuevamente a la desnudez de mi carne sudada.

El alfa apartó la vista de mis ojos -dónde me retaba- al resto del cuerpo subiendo y bajando su cabeza, analizando con ojo lentamente crítico mí desnudez; haciendo memoria era la primera vez que me veía a cabalidad completamente desnudo. Hinche el pecho de orgullo bastante seguro de mí cuerpo; al ser omega se suponía que debía retroceder con las mejillas arreboladas en rojo y una mirada penosa, pero aunque mí mejillas estaban algo calientes, no retrocedí como un puberto virgen. Era un hombre, en toda la extensión de la palabra, esos misticismos de omegas, no tenían cabida en mí. Amaba mi cuerpo todo lo que se podía sin parecer un narcisista consumado; cada mancha, vello, músculo, lunar o cicatriz me hacían lo que era, incluso aquella horrorosa cicatriz dónde antes descansaba el reactor dentro de mí pecho. El alfa terminó su escrutinio demasiado rápido y aún vagando en mis pensamientos de autocomplacencia, no note que el alfa me giró furioso y ahora me sostenía de la cadera con firmeza, sosteniendo mis muñecas en la otra mano contra mi espalda baja. Me removí retando con la mirada por encima del hombro.

- No creí lo del alfa... pero supongo que el bastardo que está detrás de la puerta no sólo está ahí por casualidad... Dile que se vaya Anthony - Rugió contra mí cuello, seduciéndome vilmente, mandando al trasto mí intento de jugueteo sano, este maldito cavernícola no conocía de humor. Tendría que rebajarme a su cavernario juego, porque Tony Stark, nunca se rendía sin pelear.

- ¿Qué pasa hombre misterio... acaso no te gusta compartir? - Me burlé sintiendo su mirada matarme detrás de la máscara, lo que no espere fue su fuerte mordida en unos de mis hombros.

Grité por puro instinto y dolor, eso ya no había sido sexy o deliciosamente excitante; era dolor puro y lacerante recorriendo mis terminaciones nerviosas, martillando mi sensible piel, inundando de lágrimas sin caer los ojos; el maldito idiota había encajado los colmillos con fuerza cerca del cuello, aprovechando la facilidad que le permitía la máscara.

- ¿Tony estás bien? - Escuche la voz tensa de mi mejor amigo tras la puerta y largue un pequeño sí ahogado.

Patalee removiendo mí cuerpo convulsionado por el dolor, intentando apartar al alfa encima de mí, me las iba a cobrar; de eso no había duda. Empuje mí cabeza con fuerza hacia atrás y pude escuchar un glorioso crack, el alfa se resintió soltando mis manos, ahogándose con su propia lengua al abandonar el aire sus pulmones, me jacte al ver que se deslizó por la cama separándose de mí. Me di la vuelta corriendo fuera de la cama llevando la mano a la herida, viendo el tono carmín bañar mis dedos. El alfa furioso y con un hilito de sangre corriendo desde la nariz hasta sus labios -dónde los empapo hasta volverlo rojizos- se apresuró a mí a paso rápido. Corrí por toda la habitación huyendo del animal que quería casarme; solté otro grito cuando el idiota me hizo zancadilla y caí sobre la alfombra con su cuerpo encima. Esta vez las manos fueron apresadas sobre mí cabeza con el alfa anclado de rodillas sobre mi cuerpo, mis piernas eran retenidas en medio de las suyas.

- ¿Tony maldición en verdad estás bien?... Siento algo agitado tu omega... ¿Es tu celo?... Puedo buscar a algún alfa para que te eche un par de dedos... O una mano - Bromeó él marine medio tenso logrando que a pesar del dolor, una risa ahogada escapara de mis labios -... Si quieres te puedo ayudar yo, ya sabes tengo los buenos centímetros que te gustan - Siguió su broma, deslizando la mano hacia la manija de la puerta cifrada. Oh... mal momento para bromear sobre follarme.

Mis ojos se desviaron de la puerta hasta el alfa sobre mí, qué ahora movía sus caderas contra las mías; no sabía en qué momento pero mi cuerpo con el celo próximo encima, había reaccionado entre tanto jugueteo y correteada, el alfa encima también parecía contento con la caza que había tenido. Aún bajo su ropa su pene, se alzaba contra mí cadera con cada uno de los movimientos del alfa. Me reí como un verdadero demente ante las palabras de James, y la detenida en seco de las fuertes embestidas del alfa; el cual dejó escapar un gruñido animal lleno de advertencia, pero no contra mi no no, el alfa le advertía al otro alfa. Sentí la brizna de sus feromonas comenzar a rodearme y sin pensarlo mucho, empuje la rodilla con saña contra su entrepierna dura, dando un pequeño golpecito nada verdaderamente doloroso pero era una advertencia muda, el alfa dejó de ver la puerta para mirarme y gruñirme devolviendo la advertencia, compuse la mejor de mis sonrisa de superioridad.

-Te mueves y te puedes despedir de tu descendencia... - Amenace, el alfa se tensó sobre mí, quietecito -... Ahora, no esparsas tus feromonas, sí Rhodes las siente romperá la puerta y no podremos hacer nada... Ahora, sé un buen cachorrito y compórtate - Me burlé al sentirlo soltar mis manos, me incorpore sobre los codos, aumentando la presión de mi rodilla contra su entrepierna.

- Gracias Rhodes, pero bien sabes qué me van menos idiotas... - Respondí al juguetón alfa detrás de la puerta que no se imaginaba el caos que se fraguaba dentro de la habitación sólo por su comentario -... Y no te preocupes, sí es mí celo... se adelantó y mi agujero esta tan chorreante qué me toca meter los dedos con fuerza, pero estaré bien soldadito - Pasó un segundo antes de percibir la reacción de Rhodes a través de la puerta cerrada.

El marine se separó de la puerta donde suponía estaba pegado como lapa, hasta podía recrear en mí cabeza su rostro contrariado por el asco; me reí a carcajada limpia. Mi mejor amigo era de los que les asqueaba en sobremanera enterarse de mis ligues, escuchar cómo estos me jodian y los detalles íntimos que sólo podía compartir con él, en el fondo se intimidaba de mis repugnantes detalles cómo los llamaba, sabía que esta era una arma infalible a la hora de apartarlo. Aunque le encantará gastarme bromitas y me impulsaba a buscar diversión, siempre se cohibía a la hora de escuchar mis relatos poco pudorosos, mis guiños de ojos o en este caso mi sensualidad terriblemente explícita y abrumadora.

- Me largo con Keener... No pienso escucharte pajear cuando lo puedo hacer con mí omega... disfrútalo maldita perra - Agitado y casi seguramente abochornado el alfa se retiró a grandes pasos maldiciendo en el caminó, un bastardo resonó en medio del pasillo para mí insana diversión.

Una vez los pasos del alfa se detuvieron en el corredor, el señor H intentó moverse aún con mi rodilla haciendo presión en su sensible virilidad, le sonreí con complicidad cuando el alfa retuvo el aire al moverse mí rodilla por toda su extensión; carajo, ahora yo lo deseaba y no tenía nada que ver con sus feromonas o mí celo, simplemente lo deseaba. Una de mis manos se dirigió a sus labios dónde la sangre ahora seca creaba costras en sus finos labios.

- F.R.I.D.A.Y... Nena, activa el modo blindaje en mi habitación... Qué nadie me pueda interrumpir, voy a estar ocupado los próximos cuatro días... Diles a los demás qué empezó mí celo - La voz de mí IA resonó por toda la habitación al aceptar mis órdenes.

Sentí enseguida mí alrededor consumirse en un apenas chirriante tintineo mientras la gruesa capa de acero que recubre mi habitación y la blindaba descendía desde el techo. Al llegar la gruesa lámina al suelo, se cerró al igual que lo haría una válvula. Esta lámina era mi boleto de gracia cuando tenía mis celos, sólo así me aseguraba que ningún alfa me pusiera las manos encima; era el pase de tranquilidad de mí omega cuando más desprotegido y sumiso me sentía. Baje la rodilla lentamente apartando su contacto del alfa, este subió un poco mas su mascara hasta que su nariz apareció en el cuadro, dio un fuerte suspiro antes de absorber mi olor; mis feromonas bailaban en el aire y apenas era consciente de estos hasta ahora. Ya entendía la dureza bajo su pantalón.

- Tu Tony Stark, eres el omega más rebelde, inteligente, increíble y poderoso que he conocido en mi vida... - Pronunció el alfa separándose de las primeras prendas de su ropa, mí omega se removió en mí interior terriblemente despierto, ya estaba salivando -... Ahora te voy a demostrar porque soy el único alfa que puede tenerte... Desde hoy, yo seré el único alfa en tu jodida vida y en tus malditas piernas - Prometió aunque aquella promesa parecía mucho más amenaza, pero esta vez fue bien recibida, mí omega aulló complacido. Definitivamente esa lengua filosa prometía la mejor temporada de celo que tuviera nunca.

Mí conciencia se perdió cuando me abrió de manera brusca las piernas, haciéndose espacio entre estas; alzando mí caderas hasta su aún despierta entrepierna, jodiendo con embestidas furiosas mí agujero húmedo con su falo aún enjaulado. Sólo dándome un pequeño pasabocas de lo que venía. Todo dejó de funcionar luego de eso, ni siquiera los restos de dolor en mi hombro pudieron sacarme de la inconsciencia cuando sus potentes feromonas cortaron el aire a mí alrededor, qué gracias a la fuerte capa de acero qué nos recubría, eran mucho más potentes. La misma necesidad que me movía de un lugar a otro, qué me obligaba a inventar, que me pedía sangre en algunos momentos y donas en otro; ahora empujaba mi curiosidad y el libido arraigada a esta cuando dos dedos penetraron mí chorreante entrada; mi nuevo capricho, aquel orgásmico paraíso rodeado de acero, pólvora y feromonas, volvió a envolverme como la primera vez que lo sentí en aquel baño, pero con la diferencia que ahora todo era más intenso y sin necesidad de alguna droga, quizás aquel capricho pasó a necesidad y esta muto a algo más que recién descubría. Un gusto casi enfermizo comenzaba a nacer y no tenía ni mínima intención de frenarlo, sí iba a bajar al infierno. Lo haría con honores. 

 

Chapter Text

 

    El sonido de mis dedos resonaban contra la mesa, mientras que esperando en un impaciente y denso silencio, intentaba no volverme loco y tomarla contra el minutero del reloj, que para mí estabilidad mental, iba demasiado lento. Mire por la ventana maldiciendo que el sol aún peleaba por extinguirse detrás de los árboles; dando un tono anaranjado casi rojizo, en vez del morado casi azulado que necesitaba; aunque las estrellas rebeldes ya salían llenando el firmamento, aunque la luna traviesa ya daba sus primeros vestigios blancos, adornando todo de un frío y romántico atardecer -justo los atardeceres de invierno qué las personas solían amar y que yo no podía disfrutar en estos instantes- el jodido sol se negaba a meterse de una vez.

Respire intentando calmar mis ansias, tenía la certeza que en cuando el digno sol se resignara al fin morir, la voz que había estado esperando casi todo el día como un perturbado, resonara clara y alta desde el primer piso, sólo así mi alma tendría la paz que la ansiedad le había robado. Qué patético era, lo sabía, pero en estos momentos ni siquiera eso me importaba, sólo quería ver en el gran cielo cambiar y que el color azul colmara todo. Necesitaba la oscuridad cernida sobre el mundo, sólo así el demonio que gobernaba lo prohibido saldría de su desconocido infierno para visitarme. La oscuridad era como su campo de diversiones, sólo en el podía gozar de aquella inmunidad que le daba la mascara de paso y una escasa iluminación; sólo así podía seguir conservando su misterio que aunque quería con todas mis fuerzas resolver, el alfa seguía manteniendo. Algún día, algún día, me repetí el monólogo gastado de siempre, el cual había gobernado los últimos meses. Tenía que esperar sólo una mínima y pequeña oportunidad y juraba por mí apellido, qué le quitaría esa máscara y no sólo eso, resolvería ese misterio desde la raíz, ya estaba cerca, sólo faltaba ese minúscula oportunidad. Algún día, algún día, me volví a repetir.

Saboree los últimos trazos del atardecer y al ver el último destello de sol morir, me precipite a la ventana abierta, sin acercarme por completo dejando unos cuantiosos centímetros entre el alféizar y yo; sólo para conservar mi dignidad intacta, sobre todo para no confirmarle lo que el alfa que esperaba ya sabía; me traía loco, bailando en su mano sin ningún tipo de remordimiento. Habían pasado cerca de cuatro meses, desde que pasé mi primer celo con un alfa que no fuera Steve y nuevamente volví a nacer ese día; cuando mi cuerpo empalado por el potente alfa toco el cielo supe que había nacido de nuevo, que la vida me había dado otra oportunidad y aún no tenía claro el para qué o el porqué, más importante, para quién. Esas preguntas constantemente rondaban mi cabeza buscando alguna explicación, obviamente lógica de porqué sucedió lo que estaba pasando; incluso la respuesta más racional del mundo, la situación era una reacción en cadena gracias a mis decisiones, quedaba corta al intentar explicar todo el espectro de emociones, sensaciones y cosas raras y viscosas, que sucedían en mi cuerpo cada vez que estaba cerca del alfa desde ese día.

El sentimiento enloquecedor que sentí cuando acabó el celo, supuso para mí una gran incógnita, ya que adjudicaba el tormentoso sentimiento al celo naciente en mis entrañas, pero incluso después de eso, todas las semanas me mantenía en vilo el domingo, pegado a esa estúpida ventana cómo un idiota, esperando la señal que entre ambos refinamos; nuestro pequeño y confidencial lenguaje. Detestaba en cierta manera el sentimiento agobiante de ansiedad y espera, sin embargo todo valía la pena cuando sin falta todos los domingos a las seis en punto, el alfa gritaba algo estúpido a cuatro pisos de mí, logrando que todo malestar, ansiedad, tristeza o algún asunto similar, se drenara de mí cuerpo al igual que el agua sucia por un canal, dejando sólo lo bueno - lo que yo consideraba bueno-; era alarmante el alcance del alfa en mí, pero cuando quise percatarme de este detalle ya era demasiado tarde y yo demasiado viejo para pelear con hormonas, libidos y cosas raras y viscosas. No era idiota me hacía una idea de qué pasaba, pero sin querer involucrarme más -sí es que eso se podía- prefería simplemente apartar la verdad explícita cuando esta aparece.

- Rapunzel... Rapunzel... Deja caer tu cabello - Silbó con fuerza la voz que ya podía reconocer a kilómetros. Espabile un par de veces. Estaba tan concentrado en mis pensamientos y cavilaciones, qué poco había sido la atención que le había prestado al tipo que gritaba como loco. Irónicamente.

Adelante los pocos centímetros que me separaban de mí caballero en oscura armadura, dejando ver el rostro apenas, analizando si de verdad el alfa estaba ahí y yo no estaba alucinando en medio de mí crisis mental y la pelea contra el sol. Al divisar sus ropajes finos y negros, asegure que sí era él. Avance lo suficiente para dejar mi pecho pegado al marco de la ventana. Dedicando una pícara sonrisa antes de descansar mi cabeza sobre mis nudillos, mí codo descansaba sobre la fría ventana. Casi de puntitas, el alfa pareció complacido al ver mi rostro. Extendió los brazos con galantería dando la bienvenida muda a qué me entregara a ellos, cómo sí desde hace mucho tiempo no quisiera otra cosa que no fuera eso y más de una vez a la semana; el pensamiento peligroso rondó mi mente y recordé porque la ansia de hoy, después de la increíble sesión de sexo que me esperaba tener; le iba a proponer a H, vernos al menos dos veces más en la semana. Además del calmó domingo quería, podía y crearía más espacios para poder ver al rubio, sólo una vez a la semana, se podría considerar casi celibato. No importaba si tenía que vaciar la sede completamente, algo se me ocurriría para poder perderme en mi nirvana personal.

- Oh lo siento mí templario y audaz caballero, no tengo el cabello tan largo para estos menesteres... Pero sí así lo quisiese le podría tirar una de las sabanas de mi cama... Dicen que son en verdad resistentes - Recite sabiendo mi papel de memoria dejando mi propia coquetería adueñarse de las palabras.

El alfa rio, como pocas veces lo había hecho, pero que sin duda, iluminaba todo cuando lo hacía, el maldito podría ser la competencia del sol, ambos brillaban de la misma forma. Fuerte, fiero e indomable.

- ¿Cómo se supone que podré entonces ver a mí princesa? - Recito con un tinte divertido aunque sabía, odiaba el apodo, rodé las ojos sin inmutar la radiante sonrisa.

- Algo se te ocurrirá queridísimo H, eres un caballero bastante listo - Pronuncie separando mi eufórico cuerpo de la ventana. Empezando de una vez por todas nuestro juego. Sin perder tiempo en más banalidades.

Me reí a conciencia cuando sus gritos aumentaron llamándome, me mordí el labio inferior divertido, el alfa sabía -o eso esperaba- que sólo estaba jugando con él; sabía perfectamente que lo dejaría entrar a mí morada, saquear mí tesoro, derrumbar mis torretas, conquistar mi reino o cualquiera de las analogías absurdas qué tantas veces había mencionado, sin embargo no podía negar que me gustaba jugar con él, le daba cierto poder a mí omega con el cual equilibraba la balanza de poder entre el rubio y yo; porque tenía plena conciencia de que cuando el mercenario -cómo había descubierto que era- entrara en mi habitación se iba a apropiar por completo de la situación, logrando guiarme a mí y mi omega al son que se le antoje a sus dedos; no me molestaba en sobremanera, yo tenía el control en otros aspectos, como por ejemplo tener siempre la razón- cómo adoraba-, porque Tony Stark siempre debía tener la última palabra. Cuando los ruidos extraños tomaron protagonismo bajo un par de pies de la ventana supe que era mi momento de regresar.

Active los nanobots de mi traje, esperando en silencio hasta que estos cubrieran incluso el último centímetro de mis dedos, salí volando por la ventana cuando finalizó el proceso. Abajo el alfa se preparaba para lanzar piedras a la ventana abierta, con su fuerza no era una muy buena idea. Baje a ras del suelo, tomando al impaciente alfa por el abdomen, antes de lanzarlo sobre mi hombro. El rubio pataleo y me amenazó con demasiadas cosas como para retener una en concreto, esto solo provocó mi risa mientras ingresaba en la habitación; la ventana fue cerrada a la vez que dejaba el alfa de pie frente a mí, me dedicó una mirada con ceño fruncido incluido; me carcajeo al salir del traje y avanzar seguro hasta chocar su cuerpo con el mío, sus manos instintivamente bajan a mi cadera, pasando sus dos antebrazos por esta, sin posibilidad de escape -tampoco deseaba hacerlo-, mis manos se enredan en su nuca, empujando su cabeza hacia abajo hasta encontrar su boca con la mía.

- Se acabaron los cuentos para niños... Murmure a escasos centímetros de sus labios, lamiendo descaradamente estos sobre la máscara -... Ahora quiero la programación para adultos- Escuche cómo gruñía bajo la máscara y afianzaba su agarre.

Con agilidad, busque la base de su máscara tirando del cuero con los dientes. Agradecía qué esta vez fuera cuero y no los estrambóticos materiales que tenía para sus mascaras, recordaba lo nada sexy que fue intentar subirle la máscara de látex y que esta hiciera fricción contra mis dientes. Al subir lo suficiente para alcanzar sus labios deje la tela empapada de mi saliva de lado, su sonrisa apareció seductora y ladeada, sin duda encantado con mi iniciativa. Ataque sus labios sin darle tiempo de respirar, metiendo en un sólo movimiento la lengua a su boca, probando aquel néctar prohibido que se me negaba por seis días completos, pero qué justo ahora parecía una gran recompensa por mi titánica espera. El alfa me respondió en segundos enredando su lengua con la mía, danzando al compás nada lento que marcaba, encajando sus dedos en mi piel deslizando arriba y abajo, disfrutando de los estremecimientos de mi cuerpo agitado, reaccionando ante su tacto. Tire aún más de su cabello; mis pies en puntas alzaban mi cuerpo para buscar una nueva profundidad que me fue entregada inmediatamente, bebí de su saliva a mi antojo, entregando por voluntad el nuevo rumbo de la danza que interpretamos.

No fue la falta aire lo que nos separa, sino sus fuertes succiones sobre mis labios hasta dejarlos hinchados y rojizos bajo su escrutinio, busqué sus ojos sintiendo cómo estos se encienden en fuego al ver el estropicio en que estaba convertida esta parte de mi cuerpo. No podía ver directamente sus ojos, pero definitivamente ya podía interpretar sus miradas, sus silencios mudos y todas aquellas expresiones de las que me privaba por el jodido pedazo de tela. Hice un puchero hinchando los labios, un poco más irritado de lo que quería, sólo deseaba arrancar la maldita máscara. Algún día algún día, recordé. Hasta ahora las cosas habían ido bien, no podía echarlas a la basura por la curiosidad; era bien sabido el dicho aquel la curiosidad mato al gato y este gato no iba a morir, ni menos matar esto que se había formado entre ambos sólo por curiosidad, aunque esta se hubiese convertido casi en una necesidad. Paciencia Tony, paciencia me repetí el nuevo monólogo aún más gastado que el anterior

Un apretón en mi nalga derecha con saña, me advirtió que llevaba mucho tiempo en mis dispersos pensamientos, sacudí los mismos a un rincón de mi cabeza, centrándome con energía en el espécimen que tenía a mí lado; como siempre, empujando mis dudas hacia un lado hasta que fueran requeridas en la soledad, o el alfa a mí lado me ayudará a entender, claro, que por cómo estaba masajeando mi nalga lastimada, juraba que hablar sería lo último qué haríamos en un buen rato, y para qué mentir, lo añoraba. Su boca bajo tentativa por mí mentón, lamiendo con descaro, mordiendo con saña y succionando con malicia, sin dejar una sola pequeña marca, siempre tan seguro de cómo hacerlo. Mis manos sin la posibilidad de quedarse estáticas vagaron con parsimonia por su pecho, bajando de los fuertes hombros para encontrar el cielo en sus fuertes pectorales, tire con perversidad de uno de sus pezones sintiendo cómo este reaccionaba endureciéndose entre mis dedos, mientras H, me gruñía en advertencia nuevamente. Dos strikes, pensé divertido. Uno más y estaría con el culo en popa y la cara enterrada entre las almohadas sin ningún reparo, tente mí suerte, me seducía la idea y agradecí que mi especialidad recién descubierta, fuese enloquecer al alfa.

Separe mis manos de su piel cubierta, empujando su cuerpo un par de centímetros, recuperando el aire succionado de mis labios, le dedique una de mis arrebatadoras sonrisas marca Stark que ponía a los alfas a temblar, sabía que este no era inmune a ellas. El alfa hizo el amago de acercarse al verse desprovisto de mi cuerpo caliente; con mi radiante sonrisa negué, llevando las manos hasta mi camisa, desabotonando esta despacio, sin dejar de mirar su rostro en ningún momento, ya había encontrado la manera en mi escabrosa mente de jugar con el alfa hoy, de convertirlo en el animal salvaje que sabía podía llegar a ser, aquel depredador hambriento por su presa. Al terminar con la camisa, la prenda cayó sin pena ni gloria sobre el suelo, donde la patee hasta deshacerme de ella por completo. Dueño de toda la atención del alfa de brazos cruzados frente a mí, delinee con fuerza mi torso desnudo, bajando al ritmo de una sensual canción en mí cabeza, siendo un espectáculo andante, sostuve mis pezones entre los dedos, acariciándolos con el pulgar, mordiendo mis labios cuando un torrente de electricidad bajó por mi piel, tire de ellos con fuerza logrando un gemido que no me molesté en ocultar, frente a mí, el alfa jadeo ahogado, su respiración errática me daba alas para seguir con mi juego, volví a repetir el tortuoso juego, esta vez sintiendo las sensaciones a flor de piel mis pezones se endurecieron en cuestión de segundos.

La piel de mis pezones ardió con un regusto de dolor que me pasmaba todos los sentidos, mis manos delinearon cada uno de mis abdominales arañando la piel en el proceso, creando surcos rojizos en mi piel canela, las manos de mí receptor picaban por acercarse y ser él quién marcará mi piel, incluso sus pies dieron un par de pasos tentativos, retrocedí respondiendo con la sonrisa más perversa, negando con la cabeza, riéndome en su cara del poco control que tenía, mis feromonas saltaron ante él en cada uno de los gestos del más alto. Con maestría desabotoné mi pantalón, bajando sumamente despacio el zipper, enloqueciendo a mi alfa que moría por tener a la vista un poco más de piel; metí los dedos debajo de la ajustada ropa de mi pantalón bajando la prenda hasta que este dio con mis caderas, jugué de manera vulgar con mi entrepierna despierta y atrapada por la tela, siempre con los ojos fijos en el rostro cubierto del alfa, incitándolo a acercarse con la mirada y la lengua juguetona brincando fuera de mí boca, delineando mí labio, sólo para retroceder cuando el alfa caía en la trampa, en un juego bien formado que ya tenía su polla bien despierta dentro de los ajustados pantalones de cuero.

Me acerque con el paso de los minutos, cuando mi cuerpo también temblaba febril por una caricia de sus dedos, cediendo un poco ante el alfa, al menos esta era la idea. Sólo necesitaba que lo creyera, tarde se daría cuenta de la trampa. Mis pasos gatunos resonaron sobre la alfombra, danzando con tanto ritmo que más que un improvisado baile parecía una coreografía de una stripper profesional. Me gire con unos centímetros de distancia, dándole la espalda a conciencia, moviendo el trasero de un lado al otro despacio sin tocar su erección, que al filo de mi trasero dio un salto encantada; me saque los zapatos desde los talones, maniobrando para seguir moviendo el culo de arriba a abajo sin detener mi efusiva muestra de sensualidad, al estar libre mis pies, pateé con fuerza los zapatos dejando que se perdieran en la nada, al igual que mi conciencia.

Gire en su órbita muy despacio, moviendo la cadera de un lado para el otro dándome el lujo de acercar los centímetros que me separaban del alfa, pegando con descaro mí culo a su pelvis, rozando el límite de la perversión al seguir con el movimiento circular, encogiendo el abdomen para luego sacar la cadera hacia atrás, con el fuego danzando entre mis venas, siendo este el motor que me movía a bailar de manera tan vulgar para el alfa, ofreciendo todo mí cuerpo en bandeja de plata por completo, dando un show de cinco estrellas con el cual cualquier stripper se sentiría amenazada. El alfa trepó sus manos por mi cuerpo, descansando sus dígitos en mis caderas imitando leves embestidas contra mi cuerpo, y supe que debía acabar con mi juego o yo terminare pidiendo por ser follado. Le gruñí en advertencia y como si quemara, el alfa retiro sus manos de la piel desnuda de mis caderas.

Baje el pecho, balanceando el cuerpo hacia delante, dejando en alto mi trasero pegado a la erección del alfa, deshaciéndome de los calcetines, sacando estos uno por uno, riendo al ver lo que sólo este movimiento causaba en el alfa; una vez había escuchado que no se podía hacer un baile con esta sensualidad con calcetines, según disminuye el placer, idiotas, ellos no conocían el demente atrevimiento qué me cargaba. Al terminar con los calcetines, el alfa me dio una fuerte embestida a pesar de la advertencia; me enderece de golpe, dándole un manotazo a sus traviesas manos, gruñó en respuesta perdiendo la paciencia. Controlando la saliva qué se acumulaba en mis labios, desvié la mirada sobre mí hombro hasta el alfa, viendo por el rabillo del ojo cómo enterraba las uñas en la palma de sus manos intentando en vano controlarse; satisfecho fui bajando despacio nuevamente, aprovechando el compás instalado en mi cabeza, abriendo las piernas de forma descarada al sentir mi trasero al ras del piso; sabía qué tenía toda la atención del alfa, podía asegurar que no tenía nada más en la cabeza que mi trasero, mala idea, eso sólo lograba que bajara la guardia.

Le sonreí sobre el hombro antes de levantarme despacio, alzando primero el trasero hasta lograr frotarlo con saña sobre su dura erección. Frotando mi cuerpo en totalidad al estar completamente de pie, mordí mis labios y le dedique un guiño marca Stark. Baile pegado a su cuerpo, rodeando el mismo al dar vueltas a su alrededor, empujando mis manos por su gran espalda, arrancando de su piel la gran gabardina negra que siempre portaba, sabiendo que esto sería lo único de lo cual se desprendía el alfa. Mis manos bajaron por sus caderas al estar en su espalda, rodeando con la punta de los dedos su abdomen lleno de músculos definidos, un suspiro escapó de sus labios abiertos. Mis ojos se desviaron a su trasero, fuerte y proporcionado que se alzaba bajo los entallados pantalones, me relamí con malicia aprovechando que el alfa no me podía ver. Di un nuevo giro, dejando caer mi pantalón con malicia al suelo, el alfa movió su cabeza hasta mi ajustada ropa interior, relamiéndose al ver mi erección, antes de que sus manos pudieran alcanzarme, gire a su espalda.

Dando la que sería la última vuelta en mi rutina, masajee su nuca, arrancando la tediosa bufanda que cubría su delicioso cuello, qué a pesar de la diferencia de estaturas me esforcé por morder y succionar sobre el cuello alto de su jersey. El alfa como las anteriores veces alzó el pecho y tenso los músculos de la espalda para qué aún con la ropa pudiera arañarlo con malicia, cerró los ojos con un suspiro cuando una de mis traviesas manos empujaron con burda fuerza su erección, machacando todo sus sentidos en el acto. Sonreí satisfecho cuando lo tenía bailando en mi mano. Sin esperar más, lleve a cabo el tercer strike, por el que sabía me iba a joder cómo tanto lo estaba pidiendo a gritos; sin duda esperaba que su bestialidad saliera a flote, sería un hipócrita si dijera que no lo ansiaba con ganas. Ese pequeño dolor al caminar todos los días, era mi único acompañante cuando la soledad se llevaba la tibieza del cuerpo del alfa.

Deslice mis dedos como una serpiente por la arena, bailando sobre su cadera, ajustando mí otra mano para el ataque, sin que se lo esperara, sin indicios ni advertencias. Estampe la mano con bastante fuerza sobre su duro trasero, el alfa, se tenso de pies a cabeza resistiendo el golpe, un segundo manotazo llegó antes que el alfa entendiera a cabalidad lo que sucedía, esta vez no perdí detalle cómo su buen ejercitado culo salto contra mí mano, la cual ardía por la fuerza empleada; una cucharada de su propia medicina, eso sentía cuando me nalgueaba el demente en un ataque de desenfreno. Me separe juguetón y con una sonrisa triunfante, brincando lejos de alfa; sus feromonas oxidadas y corrosivas me dieron el preámbulo de la rabia que comenzaba a burbujear en el alfa rubio, puse un par de pasos de distancia cuando lo vi moverse. El Alfa dio un giro brusco y avanzó dos pasos sin siquiera detenerse a atender su maltrecho trasero azotado. Sus ojos refugian veneno y su sádica sonrisa me prometían una pila de buenos orgasmos y un castigo ejemplar, la idea que quizás no debí darle tan duro, murió al ver esos perfectos colmillos. Retrocedí por puro instinto, guiñando nuevamente un ojo, esta vez, fue mucho más divertido. Qué empiece el show.

Salí corriendo cuando vi su cuerpo aproximarse con demasiada rapidez. ¡Home run! ¡Stark ha anotado!. Agradecí mí inmensa habitación cuando empecé a correr con rapidez escapando del furioso predador que me perseguía. El alfa tronaba con fuerza los pies al avanzar con rapidez detrás de mí, en una carrera que sabía desde el inicio estaba perdida, pero que disfrutaba al participar en ella, sintiendo mi pene duro entre la escasa ropa interior, escuchando los gritos del alfa con mí nombre. Agradecí que la habitación fuera insonora. El agitado alfa rugió frustrado cuando esquive su pie intentando hacerme caer, no, los errores no los cometía dos veces. Me atreví a retarlo con la mirada al emprender nuevo rumbo mucho más furioso, agradeciendo el increíble físico como superhéroe, eso y la falta de celo, sin duda le daba pelea al alfa, o bueno, al menos se intentaba. El maldito demente me tacleo con fuerza, mandando mi cuerpo hacia un lado, sacando el aire de mis pulmones de paso, me sostuve de su cuerpo para no terminar contra la maldita pared, el alfa recibió el impacto contra el suelo por ambos y enredó mi cuerpo con el suyo, jadee descontrolado por la falta de aire y la adrenalina recorriendo mis venas.

Sin inmutarse por el potente golpe, se levantó al igual que un trampolín sin siquiera trastabillar, echando mi cuerpo sobre su hombro, atando con fuerza mis piernas al pasar uno de sus antebrazos bajo mis rodillas, inmovilizando todo mi cuerpo en un solo movimiento; sus jadeos erráticos golpearon mis muslos desnudos, antes de sentir sus dientes cernirse sobre estos, gemí gracias a la demoledora sensación. No me moleste en patalear, ser revoltoso sólo me traería un castigo mas sádico, de cual sabía mi trasero no saldría victorioso y aunque me seducía aquella premisa, no quería decir que mí cuerpo no se resintiera por eso. No era idiota, conocía los límites en situaciones como estas. El alfa dio otra mordida a mí piel, hundiendo sus dientes hasta que la piel se resintió, chupando de manera obscena después, aliviando gran parte del dolor, dándole paso a algo más caliente.

- Anthony... Mí encantador Tony, siempre recordándome porque no puedo bajar la guardia contigo; me encanta cómo me arrastras a tus pies y luego me pateas lejos... Pero cariño, esta vez, ni la astucia te va a salvar del castigo que daré, ese por el cual trabajaste tan duro - Sus palabras una tras otra, me erizaban la piel. Joder, estaba jodido, en todos los aspectos.

El alfa se sentó al borde de la cama manteniendo el maltrecho trasero al filo del colchón y las largas piernas estiradas sin emoción, abiertas vulgarmente de par en par; me bajo de su hombro con un ágil movimiento y me tumbo sobre uno de sus muslos, dejando mi abdomen sobre este y las piernas revueltas entre las suyas, tomó con una de sus manos mis brazos, conteniendo las muñecas sobre mis omoplatos, impidiendo que me moviera, su pierna libre se impuso sobre las mías, evitando por completo el movimiento de mi cuerpo, tragué saliva con dificultad sin poder mover ni un músculo; el primer carajo escapó de mí boca abierta al sentir la potente nalgada que me dio, podía jurar que incluso su mano picaba por ejercer tanta fuerza en la palma de la mano. Sentí mi trasero rebotar obscenamente contra su mano y una risita se escapó de sus jodidos labios, sardónica y medio furiosa; aunque no lo planee me removí inquieto con la segunda nalgada, en la otra nalga apenas cubierta. A la quinta nalgada y aunque había entendido su compás de tortura, no podía prever con qué fuerza iba a azotarme el culo, por lo cual las lágrimas corrían con libertad por mis mejillas, deslizándose por el mentón hasta caer sobre las sábanas. Su rutina era espléndida, siempre manejando mi ansiedad por otro golpe, siempre sabiendo cuándo golpear y en dónde, no sólo eran nalgadas sin orden, el alfa sabía cómo jugar con mi libido que a pesar del llanto, no había disminuido ni un poco, era oficial, era un masoquista.

Después de la doceava nalgada, el alfa pareció satisfecho con el tono rojizo que había optado mí piel y lo hipersensible que se sentía, era un hecho, no podría sentarme adecuadamente. Mí cuerpo fue liberado y el alfa me giró incorporándome en medio de sus piernas. Su sonrisa espléndida brillaba satisfecha, mientras yo cruzado de brazos no me moleste en limpiar las lágrimas, sólo llevé las manos al trasero masajeando aún sobre la tela qué pobremente me había cubierto de tal asalto. El alfa llevo una de sus manos a mis mejillas retirando con sus dedos cualquier rastro de lágrimas qué hubiese en estas, su otra mano descanso en mí cadera, empujando mi cuerpo hacia delante, hasta casi fundir nuestros torsos.

- Vamos Tony, no llores... - Compuse la peor de mis muecas, construyendo una máscara de aparente, no tuve que fingir mucho dolor, cruzando los brazos sobre mí pecho, rescatando un poco de mí orgullo -... Sabes qué disfrutaste tu castigo, tanto como yo disfrute azotarte - Sus palabras enrojecieron mis mejillas en una traición de mí cuerpo que no entendía mí papel.

Me dejé llevar por sus manos que me sujetaron firme contra su cuerpo, sintiendo lo agitado de este aún por encima de la estorbosa ropa, su mano en mi cadera desciende por mí maltrecha piel, rozando con deliberada suavidad, supuse para disminuir el dolor que sentía por tanto maltrato, sin embargo su mano sólo logró un escozor que erizo mi piel, junto a un jadeo involuntario que fue la última gota de agua que colmó el vaso, aquel que yo mismo me había encargado de llenar. Tenía al alfa a punto. Su mano en mi mejilla recorrió mi espalda desnuda en surcos inconexos sin ningún orden aparente, sólo delineando mis vértebras de vez en cuando, dando el siguiente paso más necesitado que nunca, junte nuestras bocas. Ambas chocaron en un basto beso, mordí sus labios por pura malicia, rompiendo la débil piel de estos, probando de su boca aquel elixir oxidado que me daba nueva vida y al igual que un vampiro succione todo el líquido carmesí antes de dejar la lengua libre vagar en dentro de la furiosa cavidad llena de saliva y dientes.

Su lengua entro a mi encuentro, avasallando mis labios, intentando dominar. Mordí nuevamente, sus manos atraparon mi trasero empujando su cadera con la mía, su despierto pene me recibió diluyendo mí norte para seguir, siendo guiado desde allí por la necesidad y el furioso fuego que quemaba nuestros cuerpos desde adentro. Me separe por breves segundos apartando su cuerpo para tirarlo sobre el mullido colchón, este entendió mí indirecta subiendo por completo sobre la cama, me trepe sobre su cuerpo, reptando al igual que un depredador, ahora él era la presa. Me subí a sus caderas a pesar del picor en mi trasero, moviendo con descaro la lastimada piel contra su dureza arrancando un par de jadeos en ambos, sus manos se anclaron en mí cintura marcando el ritmo desenfrenado con el cual quería seguir, no necesitaba mucho, yo estaba tan necesitado como él. Acerque mi boca a su mentón, succionando sus jadeos, bebiendo del sudor que le perlaba la piel, acechando su oído cuando estaba a mí alcance.

- Ya que baje al purgatorio y pase por el infierno... ¿Podrías darme mí ansiado paraíso? - Pregunté con toda la lujuria implícita en mis palabras, sin dejar de frotar el cuerpo con el suyo, siendo la acuosa humedad de mi ropa empapada la que lo convenciera. El alfa asintió manso, con la mente seguramente tan intoxicada como la mía.

Nos giró cambiando nuestro lugares, posicionándose en medio de mis piernas que con gusto abrí para su morbo, el alfa se relamió los labios alzando ambas piernas uniéndolas antes de sacarme la empapada ropa interior y lanzarla lejos, abrió a nueva cuenta mis piernas con fuerza dejando totalmente expuesto mí cuerpo ante su incendiaria mirada, su mano repto por mis piernas yendo sin rechistar hasta mi agujero abierto y listo para ser atacado, jugó con la entrada húmeda sin llegar a penetrar en absoluto, torturando mi cuerpo con la vorágine de emociones que atacaban mi cuerpo al mismo tiempo. Enredo las piernas en su cadera pateando su trasero con el talón para qué se diera prisa, el malnacido me obedeció demasiado de prisa metiendo dos de sus dedos de un limpio movimiento, sacando un gemido de lo más profundo de mí sistema. Gemí con más fuerza al escuchar el movimiento de su mano libre bajando el zipper del pantalón. Desde mi posición vi el momento exacto en la que su verga chorreante e hinchada entró en juego, con tres dedos dentro ya no necesitaba ningún tipo de preparación, ya estaba listo para recibirlo. El alfa asintió a mí ruego mudo sacando los dedos, volviendo a juntar mis piernas en su pecho, llevándolas sobre uno de sus hombros; alzando mi trasero hasta que este se unió a su entrepierna, embistiendo mi cuerpo sin entrar todavía, me dio un beso sobre las pantorrillas antes de hundirse con lentitud. No pude estar en plenitud hasta que no entro por completo, mi cuerpo vibró de pies a cabeza y un fuerte gemido escapo de mis labios abiertos.

La embestidas empezaron rápidas y certeras, sin siquiera inmutarse por su tamaño y lo estrecho que se sentía mi interior, el alfa había sido despojado de todo raciocinio para este momento, al igual que mí cuerpo, el cual había sido reducido a gemidos y maldiciones, con la posición lo podía sentir por completo golpeando mi próstata demasiado sensible para mí gusto, que con cada embestida lograba contraer mi estómago y empujar las caderas en su encuentro a medio camino de su dura embestida. Lo único que fastidiaba la increíble faena era el maldito zipper arañando la piel hipersensible de mis muslos, causando más dolor que placer, logrando que no pudiera perderme por completo en el éxtasis del momento. Entendía que el alfa, en silencio me dejó saber que su ropa era terreno prohibido, en todos los cuatro meses que llevábamos no se la había quitado una sola vez por completo. Además de los zapatos y calcetines, el alfa se iba igual de vestido a cómo llegaba, frustrándome en cierta manera, mordí mi labio superior cuando una nueva y potente embestida casi me hace perder el hilo de mis escasas cavilaciones, la valentía de la que era acreedor rugió en mi interior cuando mis ojos conectaron con su boca abierta soltando gruñidos. Si me iba a lanzar de cabeza al precipicio al pedirle más tiempo juntos, el alfa al menos debía ceder en esto, no importaba si tenía alguna absurda cicatriz o problemas en la piel, me daba igual; justo ahora necesitaba que ese maldito zipper dejara de torturar mi carne desnuda y lastimada. Separe las piernas que eran apenas sostenidas por sus manos, colocando cada una al lado de su cabeza, atrapando su cuello para llamar su atención, el alfa alzó el rostro.

- Señor H, quítese ahora esos malditos pantalones o juro que romperé el zipper yo mismo... - Casi ordene en medio de la excitación, el alfa se detuvo aún dentro de mí, sus labios se separaron, pero antes de que continuara y me diera una excusa, seguí -... Por favor alfa, se siente muy incómodo contra la piel sensible - Aunque mis palabras eran de ruego absoluto, mí tono impositivo seguía latente.

El alfa aún quieto me miraba, aunque no pudiera ver sus ojos lo sabía. Mordió con una fuerza desmedida su labio inferior, qué ya maltratado sangraba hinchado, moví las caderas sacando su palpitante polla para volver a penetrarme, influenciando en su decisión, el alfa sin decir mas, se separo de mí cuerpo alejándose unos cuantos centímetros hasta salir de la cama. Dispuesto a protestar por el alejamiento me incorpore sobre los codos, listo para arrastrar al rubio de nuevo con o sin pantalones. Pero como siempre, el alfa tenía la cualidad de dejarme sin palabras y en un simple movimiento arrancó los pantalones junto a su ropa interior, tirando la tela bajo sus pies, deshaciéndose de ella sin cuidado. Boquee al ver lo bien trabajados que estaban sus muslos, lo marcado de los músculos y lo bien que resaltan contra su piel blanca a pesar de la escasez de luz, gemí extasiado. El alfa trepó con premura nuevamente, desesperado por tenerme a nueva cuenta entre los brazos, complacido abrí las piernas lo mas que podía, sintiendo su cuerpo chocar nuevamente con el mío, barriendo todo atontamiento fugaz al ver por fin este parte de su cuerpo desnuda y entregada a mi, el alfa disfruto de cada una de mis miradas, liberándose por completo, explayándose en la misma perversidad y rudeza de siempre, retomando el mando de la situación después de ceder; una de sus manos tomo mi cintura fuerza, clavándose en mi piel hasta sentirlo tomar mis músculos, su otra mano fue directo a mi cuello apretando este, la falta de aire me golpeo el pecho y largue un gemido fuerte al sentir esta parte comenzar a picar por la fuerza en la que era sometido. Sus bestiales embestidas tomaron nueva fuerza, entrando y saliendo como un poseso en mi húmedo interior, cortando cualquier pensamientos apenas coherente, dejando mi mente en un satisfactorio blanco, mis ojos empezaron a humedecerse y la saliva a escapar de mí boca abierta.

Con ayuda de mis piernas empuje su cuerpo contra el mío hasta estar torso con torso, lamiendo con descaro su mentón dispuesto a mi alcance, incapaz de pensar en algo que no fuera lo encendido que se sentía mi interior tire las manos dentro de su única prenda faltante, su gruñido me advirtió en silencio, pero decidí ignorarlo. Con el orgasmo en la puerta de mis entrañas y el alfa empujando con demasiada fuerza hacia el inminente final, sólo me entregaba a las sensaciones, los caprichos y la lujuria, las tres estaban decididos a no querer esa jodida prenda cubriendo su piel, era arriesgado; demasiado, pero poco me importaba, me desharía de ese jersey hoy mismo. Tire de la tela con más fuerza intentando zafarla y el alfa se volvió a incorporar, ajustando la mano aún más a mí cuello cortando casi por completo el flujo de aire, mis ojos llenos de lágrimas sin derramar me nublaban la vista, mis manos temblaban contra su piel, marcando su blanca piel con mis dedos.

 Lo vi removerse cuando no desistí de desnudarlo y aún en mí estado de desesperación completa, vi al alfa girar hacia la ventana de cortinas corridas, con el sol oculto, poca era la iluminación que teníamos, casi consumidos en la oscuridad; el alfa pareció pensarlo aún sin detener sus arremetidas furiosas y por fin, después de debatirse y perderse en mis ojos, se zafó de la prenda quedando completamente desnudo ante mí, sus fuertes músculos contraídos por el esfuerzo de sus embestidas lograron que la saliva escapara de mis labios a raudales, aumente el movimiento de mis caderas contra el alfa, bailando en una perfecta sincronía que pudo conmigo. El alfa noto el precipicio por el cual estaba por lanzarme y soltó mi cuello, tome aire cómo pude removiendo el cuerpo entre temblores, su mano ahora libre busco la mía, enlazando nuestros dedos sobre mi cabeza, penetrándome con demencia, llegando tan profundo que comenzaba a doler. Lo tire nuevamente contra mí cuerpo fundiendo nuestros labios en una última pelea de lenguas y succiones, consciente de todo el calor que emanaba de su cuerpo, sentí cómo los chorros de su espeso semen bañó mis entrañas mientras sus uñas se clavaban en el dorso de mi mano. Encojo el cuerpo superado por el fuerte orgasmo que me cruzo la columna vertebral y acabó en la punta de mi polla demasiado húmeda, rociado de esperma tanto el abdomen del alfa como el mío. Cerré los ojos consumido de pies a cabeza, el alfa se mantuvo impasible sobre mí aún con su lengua enredada en la mía.

- Quédate hoy... - Pedí con la voz ronca y las emociones dispersas bailando entre mis costillas, el alfa asintió pegando su frente con la mía, al igual que las pocas veces que le pedía que se quedará. Sabía que se iría antes de que pudiera levantarme, pero apagaría yo mismo el sol para alargar la noche. Sus labios volvieron a la carga.

Retome mi labor con menos fuerza y más pasión, aspirando el denso aroma a sexo y sus feromonas, que justo ahora, me arrullaban como la mejor canción de cuna, dejando manso y satisfecho a mí omega que con sus feromonas salía a su encuentro. Entre respiraciones aceleradas fui consciente de la verdad que por tanto tiempo había dejado a un lado, el maldito alfa sobre mí, había derrumbado con absurda facilidad todas las barreras que el corazón blindado que tenía había creado; ya no había porque mentirme después de cuatro largos meses, estaba más que idiotizado por el alfa, consumido hasta los huesos por tenerlo sólo para mi y poseerlo con la misma intensidad con los que nuestros encuentros furtivos terminaban.

No quería creer que me había enamorado, pero todos los puntos apuntaban a dicha conclusión, succiono una última vez sus labios, con la espeluznante y fuerte revelación, cómo carajos había caído me regañe por sólo un segundo, siendo este todo el tiempo que mi conciencia más que dormida podía torturarme, empuje todas las dudas y remordimientos al fondo de mí cabeza, teniendo la certeza absoluta que en este mismo instante, nada podía lograr que me alejara del alfa. Un nuevo movimiento de caderas requirió toda mi atención, el alfa anudado en su interior bailaba la pelvis contra mí, sabiendo que no podía moverse siquiera un centímetro, pero sin duda recordándome, que no podía perderme en mis pensamientos, la noche aún era larga. 

 

Chapter Text

 

      Mi mente despertó antes que mí cuerpo, lo cual sólo produjo que vagara en el limbo de mis pensamientos y el sueño por muchos minutos, sin querer moverme siquiera un poco; abrir los ojos sonaba a la idea más absurda que había tenido jamás. No era por cansancio, mí cuerpo extremadamente tibio, parecía cómodo; tanto, que la pereza de la cual había huido toda mi vida, embriagaba cada una de mis terminaciones nerviosas, convirtiendo en una tarea titánica el querer moverme. Eso además del hecho que mi cuerpo aún no despertaba del todo, apenas los primeros y pequeños estímulos daban resultado. Primero despertaron mis brazos logrando que mis manos se aferren al cuerpo de calor frente a mi; la almohada era estrujada con fuerza. Lo siguiente en despertar fue mi torso, dónde sentía las costillas apelar el arduo trabajo de mantener el corazón en el pecho; justo ahí mi mente comenzó a recordar lo vivido la noche anterior, todas las marcas, las mordidas, los arañazos; todo comenzaba a despertar y con cierto grado de dolor, no lacerante pero sí molesto, al menos eso fue hasta llegar a mi parte baja, al despertar las caderas, el abdomen, las piernas y hasta los pies; el dolor se multiplicó sobre todo en mis caderas y trasero, el cual no sólo ardió, sí no qué dolió en verdad. Un dolor tan molesto que me impidió moverme, al menos lo poco que intente hacerlo. Maldito H, nunca se controlaba, más bien, nunca lo controlaba; ambos perdíamos tanto los estribos qué aún era toda una novedad que no haya sufrido un desgarre, o un embarazo, las dos cosas sonaban igual de fatal y en todo caso, prefería el desgarre.

Sacudí la cabeza, sintiendo mi cuerpo perlado por el sudor removerse incómodo, ante el rumbo qué habían tomado mis pensamientos muy temprano en la mañana -quería creer que aún era temprano en la mañana-. Desperezando el cuerpo, mi cabeza revolvió entre los pensamientos constantes en ella, buscando algo más en que perder los pocos minutos que me quedaban en cama, inevitablemente el nombre del rubio apareció casi como magia en mi adormilada cabeza, bueno, eso sin duda era algo mejor en lo que perder el tiempo. Los recuerdos de la noche y casi madrugada de ayer pasaron por mi cabeza en cámara rápida, creando casi una película de nuestra velada, mordí el interior de mí mejilla recordando lo sensible y peligrosamente sumiso que había estado, lo malditamente dominante y agresivo que había estado el alfa y nuestro jugueteo para nada sano, eso conecto directo al dolor punzante en mi trasero; necesitaría más que un par de pastillas para la zona, quizás un par de caricias y unos cuantos besos, sofocado vire otra vez el rumbo de mis pensamientos, no quería ir por ese lado tampoco, sabía qué el alfa había dejado mi cama en medio de la madrugada -como siempre hacía cuando le pedía quedarse-, así qué estaba completamente sólo y eso no sería divertido a la hora de tener que complacerme. Me centre mejor en el rubio y el día de ayer, había hecho mi jugada magistral en medio del cuarto o quinto round dónde demasiados intoxicados por las feromonas de otro y el cansancio, el alfa asintió ante mí idea, no habíamos concretado que día sería, pero sólo le reste importancia; el alfa ya aparecería con tambores y bombos derribando paredes para poder captar mi atención, sonreí ante esto. A pesar de mí debilidad y el gran espectáculo de mis sentimientos, nuestra noche había sido magnífica.

Dispuesto a levantarme por fin después del grato recuerdo, me removí en la prisión de cobijas y mantas sintiéndome mucho más sofocado que de costumbre, lo que sólo me demostraba que no era tan temprano si el sol estaba tan fuerte y mi cuerpo tan sudado; abrí primero un ojo intentando alcanzar el reloj sobre la mesa de noche, incorporándome apenas en la cama; presione el botón en la parte superior del reloj despertador, el holograma de la pantalla del dispositivo se proyectó sobre el aparato marcando las once de la mañana en punto, bueno, no era en exceso tarde sólo media o a lo mucho, una hora desde que me debía levantar. Ya le echaría la culpa al profundo sol que me impedía despertarme, sucumbiendo mi cuerpo al coma. Abrí el otro ojo dispuesto maldecir al sol antes de ir a tomar una ducha, sin embargo sucedieron dos cosas diametralmente opuestas a mi plan, primero, las cortinas estaban echadas sobre la ventana así que el sol no podía escapar por estas, segundo, no había sol, estábamos en pleno invierno. El sol sólo aparecía sobre el cielo al atardecer para terminar el día. Más que extrañado toque mi frente perlada por el sudor tomando mí temperatura rápidamente, repasando una nota mental sí el celo no estaba cerca, el sudor sólo se manifestaba en las mañanas cuando estaba entrando en el celo, no me sorprendería si fuese esto, mis celos eran tan irregulares que muchas veces no tenía ni idea de cuando llegarían, toda una vida de supresores y anticonceptivos, pasaban factura; para mí sorpresa, mis niveles de temperatura eran bastante normales, sólo estaba sudando, tenía calor, bochorno.

Olfatee el aire sólo para asegurarme que mis feromonas estuvieran estables, mi olor seguía igual, claro que entremezclado con el olor de las feromonas que reconocía como alfas. Mis mejillas se tiñeron relativamente. Mí alfa, qué fantasioso sonaba. Me removí otro poco con una sonrisa, dispuesto a levantarme de la cama, sin embargo, un gruñido a mí lado me detuvo, eso y el brazo sobre la cintura qué tiró de mí nuevamente sobre la cama. Mí cuerpo se congeló ante esto ¡alguien había entrado en mí habitación! olfatee el aire intentando encontrar algún indicio de quién era, mi cuerpo sudo frío; era un maldito alfa, rápidamente me separe con el suficiente cuidado, para no despertar a él allanador de moradas que dormía profundo en mi maldita cama. ¿Quién tenía los suficientes huevos para entrar en mí habitación? Todo alfa, beta u omega de la sede sabía que no podía ni acercarse al ala donde estaba mi habitación. Mataría a quién se había atrevido a entrar, y para peor, se había quedado dormido pegado a mi ¿Acaso no sabía quién demonios era? Era Tony el omega más peligroso del mundo Stark, literalmente podría rebanar su garganta con uno de mis propulsores y no me costaría ni un remordimiento. Una vez lejos me agazapo contra el borde de la cama, siendo mis ojos lo único sobresaliente desde el lateral dónde me encontraba, mis caderas se resintieron y el trasero me arde, pero eso no impidió que me posicione de rodillas, estudiando a mi presa. Mí sorpresa fue tal, que juró, había dejado de respirar.

Sobre mí cama dormía bastante tranquilo mi alfa, bueno, el alfa ¡con un demonio! ¡H! ¡H estaba durmiendo en mi cama!. Me acerque ahora curioso, subiendo el pecho sobre el colchón aún tibio, el alfa respiraba acompasado y despacio, casi sin sentirse en absoluto, todavía tenía su máscara y volvía a tener su inmenso jersey negro, pero ni eso me importo, ¡el alfa estaba en mi cama...Por primera vez!, todas las otras veces que le había pedido quedarse -qué eran pocas- despertaba completamente solo y de paso con un sentimiento de abandono bastante difícil de digerir, pero esta vez ahí estaba, durmiendo lo más de plácido respirando entre los labios un poco abiertos. ¿Qué demonios hacía H en mí cama? digo, no me molestaba pero no podía pensar en lo que eso implicaba ¿el alfa me tenía la suficiente confianza o era por mis palabras de ayer? ¿acaso pretendía quedarse todo el día? el corazón en mi pecho latía desbocado gracias a eso, no, seguramente se iría apenas despertara o quizás no intervino mi omega bastante esperanzado de ver a su alfa durmiendo sobre su cama, marcando la habitación con sus feromonas y brindándole calma, llevándose consigo el sentimiento de abandono. Maldición, mí omega era tan astuto como cursi. Dónde yo veía opciones, estrategias y oportunidades, él veía muestras de afecto y delirios románticos; oportunidades...¡Carajo oportunidades!. Mis ojos se detuvieron nuevamente sobre el rostro oculto de alfa, mi oportunidad había llegado, mi pequeña ventana de posibilidades por fin había sido mostrada ante mí, sin dudas debía aprovechar.

Me subí sobre el colchón por completo, tomando la mano del alfa que aún dormido tanteaba las cobijas intentando buscar mi calor seguramente, desplegué mis feromonas intentando calmarlo cuando se removió entrelazando mis dedos, después de unos minutos, el alfa quedó manso sobre la cama, durmiendo profundo nuevamente; sonreí ante esto, sabía que yo era terriblemente sensible y receptivo antes las feromonas del alfa, no sabía qué este también lo era igual a mis feromonas, orgulloso deje salir un poco más de ellas. No quería que el alfa despertara. Debía pensar cómo llevar mi plan a cabo, no tenía uno en mente aún, no pensé que mi oportunidad llegaría tan rápido, pero aquí estaba y no la iba a desperdiciar. ¿Qué podía hacer con un alfa dormido? un mundo de posibilidades se abrió ante mí, todas ellas mucho más increíbles que las otras, sonreí con más fuerza antes de declinar por una. Barrí los pensamientos de mí omega angustiado de lado, sabía qué reconocía al alfa cómo su alfa y qué le perturbaba el hecho de cómo este reaccionaría al verse sin máscara, quizás sí era traicionar su confianza, pero yo no podía esperar más a que el alfa se decidiera, tenía una idea que quería exterminar de mí mente y no perdería oportunidad sólo porque mí omega se sentía demasiado aterrado con la idea del alfa descubriéndonos. No perdería mi oportunidad, además, como tenía planeado despertar al alfa, lo mínimo que le iba a importar era sí tenía la máscara o no. No todas las mañanas encontrabas a tu omega entre las piernas regalándote la mejor felación de tu vida. Sí, sin duda, la traición era el menor de mis problemas ahora.

Ya tenía el plan y el paso a paso, ahora sólo no debía desviar mis movimientos en el proceso. Deje salir una última tanda de feromonas, lo que menos quería era despertar al alfa por tanto movimiento, adicionalmente solté su mano muy despacio; necesitaba mis dos manos. El alfa se removió buscando la fuente de calor, pero al sentir mis feromonas volvió a su calma; primer paso, listo. Me incorporé sobre las rodillas alzando y empujando el gran jersey hacia arriba, tratando de descubrir la piel del alfa. Inclinando los labios hasta su costado, besando sus costillas despacio, subiendo por la poca piel que iba dejando libre, sería más fácil sólo colarme dentro de gran jersey, pero quería tenerlo completamente desnudo ante mí, primero se iría su jersey, luego su máscara; así cuando estuviera entre sus piernas y el alfa despertara, lo primero que conectarán mis ojos sería los suyos, aunque pensándolo bien, lo de jersey era sólo un capricho, nunca lo había tenía por completo desnudo -mascara incluida- y sí habíamos dado el siguiente paso cómo creía, deseaba tenerlo completamente desnudo en todas las secciones, para mis adentros reconocí que el cuerpo de alfa me ponía y mucho, los trabajados músculos de su torso, lo bien torneada de sus piernas, el ancho de sus brazos, incluso su fuerte espalda qué no había alcanzado a apreciar, sabía qué este sería tan perfecta como el resto de su cuerpo; no entendería nunca porque el misticismo del alfa con su cuerpo, desde mi punto de vista, era perfecto. Y sólo había pensado eso de mí cuerpo antes.

Entre desvaríos y desvaríos había logrado levantar el jersey del alfa hasta sus axilas; al menos por la parte de adelante, su posición de lado me complicaba las cosas un poco, pero una vez me deshiciera de la prenda, lo echaría sobre su espalda y que empezara la función. Me baje de la cama, rodeando el colchón, siempre midiendo mis movimientos para evitar despertarlo. Me subí nuevamente sobre la mullida cama, abrazando su espalda, viendo para mí satisfacción qué había logrado subir unos milímetros el gigantesco jersey por este lado también, subí otros pocos centímetros descubriendo más de su piel , deteniendo mi progreso sobre sus lumbares al ver la presencia de la tinta sobre su piel; reí mirando el rostro apacible del alfa sobre su hombro, así qué por esto no quería mostrarme su cuerpo ¡tenía un tatuaje! uno grande según lo que podía calcular. Reí nuevamente, de saber que este era el verdadero motivo por el cual no me permitía ver su piel, yo mismo le hubiese arrancado la ropa; sí me conocía tanto como ya me había demostrado, debía saber qué me gustaban los cuerpos tatuados, eran tremendamente sexys y muy atrayentes; en el alfa, lo hacía ver cómo todo un tipo malo, peligroso y extremadamente caliente. Mordí mi labio inferior sintiendo mí erección dormida dar un brinco ante este detalle, ahora más interesado en desnudarlo y despertarlo. Movido por mí curiosidad comencé a subir cada vez más llevando la tela hasta la mitad de su espalda deteniendo mis manos abruptamente.

Lo que parecían ser tentáculos en tinta negra aparecieron marcando los lumbares, rodeándolos en un círculo de tinta roja; todo estaba bien hasta allí, el problema eran los tentáculos, su forma y la manera en que estaban tatuados me era sumamente conocida; a mí mente atontada por las feromonas del alfa y mi reciente excitación, le había tomado un par se segundos recordar dónde había visto unos tentáculos parecidos. Había combatido en muchas de sus bases como para no aprenderme su maldito logo, mí cuerpo se tenso e instintivamente salte fuera de la cama mirando paranoicamente al alfa un dormido, el miedo me paralizó por un minuto completo, mi omega igual de perplejo tensó aún más mi cuerpo, hasta que los músculos dolieron y la piel se erizó sin saber porque. No, mierda, no...Esto no podía estar pasando. No ahora, no hoy. ¡Era un maldito agente de Hydra!. Mí mente al escuchar esas palabras tembló de pies a cabeza retrocediendo otro paso, en completa negación de lo que veían mis ojos traicioneros. Debía ser una jodida broma.

- V-V.I.E.R.N.E.S... Haz un análisis completo del cuerpo de H, incluye todo tipo de cicatrices, perforaciones, marcas y...Tatuajes - Mí voz temblorosa salió de los labios moviéndose casi con vida propia, mis ojos nunca dejaron de mirar el cuerpo tendido sobre la cama.

- ¿Señor, incluyo las marcas que le proporcionó al alfa la noche anterior? - Preguntó la IA sobresaltando mí cuerpo en crisis, olvidando por un segundo que yo mismo la había llamado.

- No, no incluyas esas... - Hable con apenas un hilo de voz mientras todas las imágenes de los últimos meses iban pasando a cámara rápida por mí cabeza, todavía en negación de lo qué veía, esto no podía estarme pasando ¿cómo era qué no me había dado cuenta? otro estremecimiento azoto mi cuerpo.

- Señor, el alfa sólo tiene dos cicatrices que son importantes resaltar... Una sobre la espalda y sugiero que esta es la razón por la cual el gran tatuaje, según su grosor y profundidad, puedo deducir qué fue echa por un cuchillo de punta curveada... - La IA tomo aire como si verdaderamente lo necesitara antes de seguir hablando -... La otra cicatriz se encuentra en su muslo derecho, sobre la cara interna del mismo, deduzco que fue hecha... - La voz de la IA se perdía en el aire mientras mis pensamientos solo giraban una y otra vez sobre el alfa en la cama, sin embargo, algo de su informe llamó mi atención.

- ¿En su muslo derecho?... - Fruncí el ceño -... ¿Cómo es que no la vi? - Me pregunté en voz alta, sin duda había recorrido esta parte con mis ojos a lo largo de la noche, quizás fue la luz deliberadamente baja, quizás fue la excitación o quizás...Simplemente no la quise ver, mi estomago se removió ante esta última posibilidad.

- No la vio señor porque estaba muy concentrado en las feromonas del señor y en una posición poco favorecedora... Incluso, podía jurar que...- La IA seguía su informe rompiendo mí negación con cada palabra.

- Pero tú sí la viste - Concluí, la IA no había tomado mucho tiempo para comenzar su reporte sobre el rubio-...Y no me avisaste en absoluto- Ahora la bomba de sentimientos fue enfocada en la IA, me sentía traicionado nuevamente.

-Sí señor las vi...Todo en realidad....Pero usted me programo para ayudarlo con sus necesidades, cumplir sus caprichos y ser su mano derecha, no para inmiscuirme en su privacidad a menos que fuese requerido...Además, usted se veía bastante...Feliz- Pronunció la IA y yo sólo quise que poseyera un cuerpo para poder estrangularle yo mismo-... Señor, le aconsejo que se calme... Sus feromonas llenas de estrés están despertando al señor H - Comunicó mí creación, reaccione del limbo dónde fui consumido, era cierto, se removía aún dormido mientras hacía muecas con la boca. Desplegué mis feromonas calmándolo en el acto, lo que menos necesitaba ahora era que el alfa despertara.

-... Cómo seguía diciendo Señor, el alfa no posee perforaciones... -Siguió con su detallado informe y con cada palabra me desesperaba más, necesitaba saber si ese maldito tatuaje era de verdad, sí significaba todo lo que pasaba por mí mente.

-...También tiene un tatuaje en bicolor, rojo y negro... - Desde ese punto perdí la noción del tiempo, del espacio y de cada minúscula mierda a mí alrededor.

La IA había proyectado para mí la imagen aún medio oculta en la espalda del alfa, el gran logo del pulpo de hydra brillaba malignamente sobre la piel blanquecina, cada uno de sus tentáculos brillaba en negro, mientras era rodeado por un círculo con apenas grosor en tinta roja. Solté el aire que retenía en los pulmones mientras sentía al omega dentro de mí pecho removerse inquieto, queriendo salir y lloriquear, mis propios ojos estaban llenos de lágrimas contenidas, pero no era tristeza-al menos una parte-. Era una refulgente rabia al ver lo idiota que fui, todas las señales que tuve y las cuales había ignorado deliberadamente ¿y todo porque? ¿por amor? ¿por instinto? ¿por sexo? al diablo todas esas respuestas, con un demonio. Había sido un completo idiota enamoradizo, había bajado cada una de las barreras, me había aferrado al calor del alfa, su manera de llamar mi atención y su sonrisa brillante, ahora entendía qué nada de eso existía, sólo era mí patético omega intentando encontrar una pareja, cariño, estabilidad, amor. Me sentía igual de enfermo por dónde lo viera, el hombre sobre la cama no sólo me había mentido, sino que lo había hecho con tanta facilidad qué era abrumadora, me sentía humillado y estúpido ¡un omega de mi edad, debía reconocer las trampas! debía ser astuto y capaz, no sólo un enamoradizo omega hormonal. Mi cuerpo temblaba de pies a cabeza. Avance a paso rápido, importando una mierda ahora la confianza del alfa, privacidad, el misticismo o su jodida reacción, yo le había entregado todo eso y lo había pisoteado.

Rodeé la cama midiendo mí fuerza antes de jalar la máscara, con la suficiente fuerza para no romper el cuero o despertar al alfa, pero si lo suficiente para qué un par de mechones rubios saltarán de su lugar cubriendo sus facciones e incluso así, reconocí ese rostro en su totalidad, la máscara cayó al suelo y retrocedí con furia desmedida; no podía calmarme, de verdad no podía. Sí esto era el karma, prefería descender de una vez al infierno. Mis ojos se abrieron con fuerza, repitiendo que esto era imposible, sólo una jodida broma. La quijada definida, los labios finos, los ojos de tamaño promedio, las largas pestañas castañas e incluso ese maldito cabello rubio que le suavizan las facciones, conocía todo de ese maldito hombre. Rogers. Mordí mi lengua evitando que aquel apellido saliera de mis labios, debía ser imposible. El hombre frente a mí, aún dormido, era aquel maldito super soldado qué tantas veces me había jodido la vida, pero esta sin duda era para festejarla por una semana completa. La negación, la confusión, el miedo, el pánico y hasta el shock inicial habían sido reemplazados por furia; el cabronazo había jugado conmigo y yo ni siquiera había notado una triza de sus feromonas diferentes. Mis ojos se llenaron más de lágrimas gracias a mí omega que aullaba descontrolado, el alfa se removió a nueva cuenta, mucho más furioso respondiendo sin duda al llamado del omega estresado y sufriendo, pero no dejaría que se acercara. Este mal nacido, se enteraría quién era Anthony Stark.

- V.I.E.R.N.E.S... Activa el protocolo omegas en el poder... Utiliza mis propias feromonas para qué el alfa siga durmiendo...No lo dopes mucho, lo necesito despierto en una media hora... -Ordene moviéndome por la habitación, buscando algo qué ponerme, obviando la ropa que olía al alfa.

-Señor, no creo que eso sea...- Empezó la IA pero la corte a los pocos segundos

-También calcula la ruta más rápido y menos congestionada hacia mí taller- Declare ya con la ropa en su lugar.

Al minuto sentí las feromonas aumentar considerablemente, empapando la habitación hasta ser doloroso , las lágrimas saltaron nuevamente a mis ojos; sólo un efecto secundario a tanta exposición aunque las feromonas fuesen mías. Bendito sea yo, cuando había creado el protocolo omegas en el poder, era riesgoso utilizarlo, podía enloquecer a todos los alfas a mí alrededor y empujarlos a que estos sólo quisieran copular con mí omega, pero correría los riesgos. Era la única manera en la cual podía drogar al alfa hasta el punto donde ni siquiera pudiera despertar hasta que yo lo decidiera, sin duda habían sido los mejores millones invertidos y las mejores feromonas gastadas. Aún mareado, deslumbre detrás de mis gafas, el plano de la sede titilando con una línea en rojo que marcaba el camino de mi habitación hasta el taller, la ruta menos congestionada y mas rápida, definitivamente mí YA era eficiente; mire al rubio sobre la cama, formulando cómo lo llevaría, ni bajo tortura lo tocaría, mí omega no lo quería y yo lo aborrecía; el maldito Capitán América sólo aparecía para jodernos la vida y esta vez, lo había hecho como todo un ganador. Al final colocando su máscara de nuevo, llame a un par de alfas para qué lo arrastran al taller. Los alfas no se habían acercado de más, el repulsor activado en mí mano izquierda sin duda les había bajado los huevos en un segundo. Los alfas no preguntaron, sólo dejaron al alfa sentado sobre una de las sillas del taller, poco después le até las muñecas contra el espaldar de la silla. Ahora sí empezaba el verdadero show, mí omega estaba demasiado lastimado como para hacer algo que no fuera lamentarse; pero yo...Yo sin duda podría dar pelea por ambos, decidido a encontrar mis respuestas, le hice la señal a babas, la máquina, arrojó un balde completo de agua con hielo incluido sobre el alfa, el cual dio un respingo con fuerza sobre la silla, reí con malicia completamente roto y traicionado, no podían hacerme mas daño.

- Bienvenido Señor o ¿debería llamarte Rogers?... Aún no me decido... - Hable lleno de amargura a unos considerables metros captando la atención del alfa.

Rogers se incorporó sobre la silla jadeando como un perro, ya sin máscara y con sólo la ropa interior puesta, no se veía tan poderoso; sólo un inútil alfa mojado, no debía ser competencia para mí. El alfa intento estirar los brazos, cayendo por fin en cuenta que estaba atado y con los tobillos dolorosamente pegados a las patas de la silla, una que me asegure, soportará la fuerza que sin duda el super soldado utilizaría para zafarse. Tarde, el rubio se dio cuenta que no llevaba la máscara, los mechones de pelo húmedo se le pegaron al rostro y sólo por fin, alzó sus ojos azules, mirándome con desdén; era un completo cínico.

- ¿Qué demonios te pasa Tony? - Gruñó moviendo los brazos con fuerza intentando romper la cadena. Mala idea. Eran de jodido vibranium. No correría riesgos, por mí podía romperse las muñecas intentando romperlas.

- Qué bonito juego armaste Rogers, debo decirte qué estoy impresionado de tu poder de convencimiento... Incluso con el coqueteo, no conocía esta faceta tuya- No escucharía sus razones, estaba muy dolido para ello, sólo necesitaba mis respuestas y luego, el alfa se largaría de mí vida y esta vez para siempre.

El alfa siguió intentando romper las cadenas, las cuales al tintinear se clavaban en sus muñecas sacando un par de gruñidos y jadeos de dolor, los cuales disfrute sin poder evitarlo; todo el dolor qué llevaba por dentro y las heridas que creía cerradas volvieron a escocer al ver su rostro. Por cerca de media hora lo había analizado, cada puto centímetro de piel, cada pestaña, cada uno de sus cabellos, intentando encontrar en cada uno de ellos una razón para estar equivocado, para salir de la negación dónde me encontraba. Pero aquella razón, nunca apareció, el alfa era el mismísimo Steve Rogers, aquel mismo alfa qué me había dejado tirado en medio de la nada con el frío calando entre los huesos por defender a su mejor amigo; aquel que me había mentido, reemplazado y destrozado. Mí omega volvía a llorar recordando todo, cómo era tan poco que no pudo conservar a un alfa, cómo no pudo cumplir sus expectativas al ser tan diametralmente opuesto a sus gustos, cómo había encontrado algo mucho mejor. ¿Para qué volvía? ¿acaso quería volver a sumergir mí omega en la miseria? ¿quería recordarme qué había preferido a otro? ¡¿Que jodida cosa quería?!

-Tony...Desátame, las cosas no son como te las imaginas- Su voz me sacó de torrente de emociones incontrolables que me azotaban, respire un par de veces intentando calmarme, recordarme todo lo que había logrado desde ese día; quién era. No podía retroceder. Aunque mí omega lo hiciera, no podía sólo lanzarme al llanto. Sólo debía soportar un poco, sólo eso.

-¿A qué se debe todo esto...Acaso fue una apuesta?¿un juego?...- Tantee ignorando su voz, no podía enfocarme en ella-...¿El espléndido juego de tirarte a tu ex?...- No pude evitar el resentimiento en mis palabras, comenzando a descartar las que creían podían ser las opciones-...¿Quién apostó más? ¿Clint? ¿Falcón?¿Natasha?...Estoy seguro que pagaron bien por el espectáculo- Resentimiento y más resentimiento, sí tuviera feromonas el alfa podría sentir mí omega sufriendo, llorando hasta ahogarme por dentro.

-Tony, esto no tiene que ver nada con los ex vengadores- Declara seguro el alfa descartando muchas de las posibilidades, sus manos habían dejado de intentar zafarse. Ahora sólo me miraba con el ceño fruncido y el labio entre sus dientes, intentando mantener la calma que se iba de mis manos con los segundos, esto estaba siendo más difícil de lo que creía. Su postura recta y segura, ponía de punta mis pocas reservas de calma.

-¿Entonces quién fue?¿ Hydra?¿ el pentágono? ¿Alguna organización?¿SHIELD?¿Fury?... Se que fue alguno de esos hijos de puta...- Respire nuevamente entre cortado, repitiendo en mi cabeza que debía mantener la calma, recordando que no debía caer en un ataque de pánico o histeria de nuevo, no antes de obtener respuestas -...Nadie fuera de ellos te daría tanta información mía para qué crearás este teatro, ni siquiera tú sabías todo de mí- Acuse, recordando todos los detalles que el alfa conocía a la perfección de mí persona, Rogers; el Rogers qué conocía no sabía ni la mitad de las cosas que el alfa frente a mí dominaba.

-Tony, no debiste quitar la máscara, esto no debería estar pasando así- Refunfuñó irritado el alfa tirando levemente de sus tobillos contra la silla, midiendo la fuerza. Sin apartar los ojos acusadores de mí-...Pero no pudiste esperar unas jodidas horas más- Acusó casi decepcionado de mí impetuosa necesidad de la verdad, el omega lloró angustiado y completamente roto, recordé levemente su temor por ser descubierto y empuje el sentimiento lejos, el alfa es el qué debería sentirse mal; no yo, él había mentido; no yo.

-No Rogers, en eso tienes razón no debió estar pasando esto así... Debí alejarme de ti desde el mismo segundo en que te vi en ese baño, ahora; quizás...-Mordí mi lengua a tiempo antes de seguir la frase, no podía mostrarle más debilidad; no podía quedarme mucho, sentía flaquear cada vez que esos ojos azules me pedían que los liberara, cómo sí se mereciera la menor de las indulgencias. Cerré los ojos para no verlo. Cruzando ambos brazos contra mi pecho, intentando consolar a mí omega al menos un poco -...Esto nunca debió pasar- Afirme para más mí que para el alfa, intentando convencerme que así debía ser.

-Tony, déjame explicarte...No soy el maldito capitán- El alfa sonaba desesperado ahora que ya no podía verme a los ojos y yo mordí el interior de mí mejilla, sintiendo la furia olvidada renacer, ¿acaso el alfa creía que era idiota? había pasado los suficientes años juntos para saber cómo se veía. El alfa exhalo un suspiro intentando calmarse-...Al menos no el capitán qué crees- Intento explicar pero su tono sarcástico me descolocó por completo, abrí los ojos furibundo, el maldito animal se atrevía a reírse, a ser sarcástico cuando yo estaba a la puerta de un colapso mental.

-Ya me habías jodido la armadura, el orgullo, el maldito corazón.. Acaso no te basto con eso? ¡¿tenias y volver y joderme nuevamente la vida?!... - Explote sin poder detener el huracán que arrasó con lo poco que quedaba de corazón en mí pecho, las lágrimas contenidas volvieron al ataque y esta vez las deje libres sin poder contenerme mucho más-... ¿ Qué fue? ¡¿acaso no pudiste soportar el hecho de que fuera feliz sin ti?!... - Grité dejando un pedazo de mí en cada palabra-... ¡Responde! ¡¿Qué mierda fue lo que te hizo volver?! ¡Qué fue lo que te hizo volver a enamorarme para romperme en pedazos nuevamente!- Me rompí por completo, otra vez.

Me gire furioso y llorando como un demente, limpiando mis mejillas abarrotadas de lágrimas que ya no podía ni quería seguir conteniendo. Los dorsos de mis manos volaban a mis mejillas eliminando por segundos todo el rastro de lágrimas para que éstas se volvieran a inundar al segundo. Odiaba llorar, odiaba hacerlo en verdad, no estaba acostumbrado a hacerlo. Yo era fuerte, era seguro, era un jodido playboy con el ego en las nubes; no tenía porque llorar o sufrir por amor ¡era el omega más cotizado de todo el mundo! pero todo eso parecía ser poco para el destino cuando colocaba a Rogers en la ecuación de mí vida. Sólo quería irme y cerrar este capítulo, sin respuestas, porque no podía encontrar una coherente para esto, simplemente mí mente racional estaba nublada por el lacerante sufrimiento. Casi corrí hasta la salida, no me interesaban ya las respuestas, al menos por ahora, el alfa podía quedarse atado, cuando pudiera no ahogarme con mis propios quejidos, volvería. Avance a paso tembloroso.

Desátame ahora Tony... Me vas a escuchar! - La voz de mando del alfa sonó fuerte y claro en medio del taller inundado de mis lastimeros sollozos. La furia inundó mis venas con nitro, esto era crueldad pura. Ya ni siquiera alcanzaba a cinismo. Lo había sobrepasado con creces.

Totalmente envalentonado, dejando a mí omega dolido rebajarse a sus más puros instintos, vire de dirección dando un giro furioso sobre los talones avanzando con agilidad contra el alfa, agradeciendo los inhibidores de feromonas que había tomado; una de mis más sensatas decisiones. Con la mente sin una pizca de racionalidad, tome al alfa por el cabello corto, tirando de esta hacia atrás de manera dolorosa, alzando su rostro con brusquedad y antes que el rubio pudiera protestar, estampe la rodilla contra su rostro. Un golpe limpio. La sangre brotó a igual que un manantial manchando su piel y mi ropa. Ni siquiera el líquido rojizo pudo controlar la rabia casi enfermiza que me recorría y lograba que apretara los dientes con tanta fuerza, que me rompería uno.

-No intentes manejarme nuevamente Rogers, ya me humillaste bastante...- Sisee furibundo soltando su cuerpo, alejándome de este lo suficiente para que ni una salpicadura mas de sangre me tocara -...Lo próximo no sólo será tu nariz- Amenace retrocediendo aún más, con la necesidad de escapar aún latente en mis sistema. Di un paso más directo a la salida sin dejar de ver al alfa desangrándose sobre la silla.

Enterré las uñas en la palma de mis manos intentando controlar la furia, mataría al alfa de no ser así y aunque mis enemigos lo creyeran, no acostumbraba a matar personas por diversión. Sólo a menos que fuera necesario y claro, que no fueran el maldito alfa del que estaba enamorado ¿cómo siquiera era posible que me enamorara del mismo alfa?. Detestaba a Rogers incluso aunque este fuese mí alfa destinado, simplemente el mojigato capitán ya no calaba en mi sistema, entonces porque el rubio frente a mi parecía ser todo lo que quería mí omega y por lo cual lloraba; no quería alejarse por completo, no quería matarlo, ni hacerlo sufrir, sólo devolverle un poco de daño que estaba cargando; los sentimientos casi homicidas eran de mi parte racional, mí parte humana que no entendía y ni quería entender en estos momentos de necesidades, feromonas o destinados. De verdad necesitaba escapar, ya no estaba intacto, pero aún podía salir sin menores daños de aquí. Sólo un corazón roto, si mí corazón había podía sobrevivir a un pedazo de metralla queriendo matarme, esto no me destruiría por completo.

-Señor tiene una llamada de Fury- Comunicó la IA en medio de mi crisis mental. Justo lo que necesitaba. Rechace la llamada mirando al alfa, tenía que escapar.

- Tony, debes callarte y dejarme hablar, nada de lo que te dije fue un juego; tú eres mí omega y yo tu alfa, naciste para mí así cómo yo vivo por ti... Sólo desátame, podemos arreglar las cosas... Nada de esto fue planeado o una apuesta... De verdad te a...- Corte las palabras levantando la mano, no quería escucharlas, sabía lo que venía y no podía escucharlo. Mi mente racional empujaba mis pies a la salida pero mí omega sólo se mantenía en la habitación, esperando a ver cuánto daño podría causarle su alfa; aún roto, los pedazos se podían hacer más pequeños.

-No te creo una mierda Rogers- Declaré seguro, los surcos de lágrimas en mis ojos seguramente me daban una vista patética, eso sin contar mí tono demasiado ronco. No entendía la necesidad de mí omega de humillarse más. Sólo por unas estúpidas palabras de un alfa. Había caído bajo.

-¡Deja de llamarme por ese jodido apellido!...- Gritó colérico el alfa, retrocedí por puro instinto, comprobando el rector en mí pecho, sabiendo que estaba allí pero sólo para darme seguridad-...¿En serio crees que yo cometería sus estúpidos errores?... - Silencio, sólo eso podía gobernar de mí lado, simplemente nunca había escuchado a Rogers con tanto odio en las palabras. El alfa levantó la mirada hacia mí y aunque quise desviar mis ojos, sostuve la mirada contra la suya-...Nunca te dejaría sólo Tony, mucho menos por un omega que está por debajo de ti...Nunca podría hacerte daño...No soy tan idiota como ese bastardo para dejarte ir - Mi mente ahora se arrinconaba confundida por cómo hablaba ¿acaso tenía doble personalidad o estaba sufriendo de una enfermedad mental? ¿era normal su monólogo? ¿era su estrategia de soldado entrenado para qué le creyera su sarta de mentiras? Más calmado, decidí que lo descubriría y luego me iría.

-Claro, porque utilizarme fue por mí bien, mentirme y hacer que cayera en tu estúpido juego era parte del plan para hacerme sentir mejor... - Acuse con un dedo a su pecho, el alfa contuvo el aire con cada una de mis palabras. Recibiendo cada bala como un buen soldado-...Confíe en ti, no me importa un carajo quién creas que eres...La lógica no miente y es lo único a lo que aún me aferro para no matarte- Aclare para que supiera su posición y dejara el juego de la múltiple personalidad para después. No quería tentar mi suerte estando mucho tiempo cerca del alfa.

-Señor, Fury insiste... dice que es urgente- Ignore nuevamente el llamado, dejando todo el dolor de lado, poniendo en marcha nuevamente mi cerebro, las palabras de Rogers atraparon mi atención, sobre todo al darle las migajas de respeto y aceptación que necesitaba mí omega. Me patee mentalmente.

Suspire en intervalos de tiempo medidos, intentando no dejarme seducir por las palabras de seda del alfa, era obvio que tramaba algo. Me concentré en sus palabras para averiguar cómo demonios proseguir, el capitán le había dado la vuelta por completo a la situación, incluso cuando lo golpee sólo quería que lo escuchara; claro que eso haría cualquiera en su posición de desventaja, sin embargo mí omega casi se arrancaba el cabello empujándome hacia la silla, gritando en mí oído que el alfa todavía tenía algo que brindarnos, qué no sólo me fuera y lo dejara ahí atado; el estúpido omega todavía confiaba en él. En sus palabras de amor, en sus gestos de cariño, la forma cómo nos prometía la luna y nos hacía sentir especiales con sólo un par de sonrisas; volví a enterrar las uñas en las palmas de mis manos heridas, debía ser más sensato pero mi cuerpo sólo se entregaba al extremismo de las emociones en la situación tan bizarra en la que estaba metido. Alce la mirada al alfa, este me miraba en silencio, esperando que me largara o me quedara, pero que sin duda lo escuchara, mis pies dieron media vuelta; mí omega me había traído hasta aquí, no debía confiar mucho en su toma de decisiones, menos con respecto al alfa. Sin embargo, el alfa ya había visto mi duda.

-Tengo cómo probarte que no miento, que lo que digo es verdad... sólo debes desatarme...- Le dedique una mirada burlona. Estaba loco si creía que lo desataría -... Mis feromonas no funcionan, puedes confiar en mí...- Rechiste ante la ironía de sus palabras y el alfa mordió su labio inferior maltrecho evitando atacar nuevamente-...Por favor Tony, soy tu alfa cariño, nunca podría dañarte- Y ahí estaba la manipulación que sabía Rogers no era capaz de ejercer, el capitán con su corazón de pollo, jamás podría llegar a ese nivel. Quizás; sólo quizás, él hombre frente a mí, no fuese Rogers y sólo yo tenía el poder para descifrar el acertijo, nunca una decisión me peso tanto.

Me erguí por completo, analizando mis opciones. Había llegado hasta aquí por respuesta a un enigma qué me tenía con el corazón en la mano y la lógica en la otra, odiaba el hecho de no poder entender nada y sólo tener dudas y mas dudas a mí respuestas; me patee mentalmente otra vez por dejarme caer tan bajo, por no preguntar más, por no ver las señales que me estaba dando la vida, por confiar mas en los instintos de mí omega que en los propios; por no ver que eso de príncipe azul sólo pasaba en los cuentos de hadas. Pero ahora nada de eso importaba, estaba aquí, frente al alfa con todas las respuestas en sus manos - al menos eso quería creer- y la llave que abría la caja de pandora sobre mis dedos y no sabía si de verdad quería abrirla, me moría por hacerlo pero no sabría qué encontraría en ella; los ojos del supuesto Rogers no dejaban de analizarme poniendo en vilo mí poco raciocinio en pie, necesitaba esto para cerrar el ciclo. Acabar con esto de una vez por todas. Esta era la oportunidad, tenía el misterio resultó, sólo necesitaba un pequeño paso. Pero costaba tanto; suspire derrotado, sólo esperaba que el soldado sólo estuviera mintiendo, entonces así, podía reírme a gusto en mi propia cara de la ingenuidad qué se me había pegado de mí omega. Reírme en mi propia cara de lo estúpido que había sido.

-V.I.E.R.N.E.S desactiva...- Tome aire cerrando los ojos, mí omega aún quería confiar y yo me reía cruelmente por su estupidez, cediendo al final, seguía siendo un idiota pero necesitaba esto, era la última oportunidad para demostrarme a mí mismo, que seguía escogiendo mal a los estúpidos alfas-... Las ataduras de Rogers- Mí voz sonó lenta, casi me dolía hablar, las palabras se atragantan en mí garganta, impidiendo a mis cuerdas vocales funcionar correctamente.

Escuche el click de todas las ataduras abrirse al unísono, el alfa al verse liberado no me salto encima como espere, sólo se limitó a frotarse las muñecas dónde unas densas líneas rojas marcaban su piel ensangrentada por el esfuerzo de intentar soltarse. Mi cuerpo se había puesto en modo automático, dejando el protocolo de alerta encendido, aunque parecía calmado, estaba listo para atacar y el alfa lo sabía. El rubio se tomó unos cuantos minutos para mentalizarse qué decir, trazando un plan en su cabeza. Empezaba con tanta fuerza que hasta podía jurar que escuchaba sus ideas bailar en su mente. Me separé unos centímetros más, dispuesto a irme, esto había sido una pérdida de tiempo, al moverse los ojos de alfa volvieron a mí cuerpo, estaba vez levantándose de un salto, alzando las manos en son de paz, intentando brindarle verdadera calma a mí omega sin utilizar sus feromonas.

El alfa avanzó lo suficiente para no entrar en mi espacio personal pero sí para acortar los varios metros que nos separaban, su esencia me pegó de lleno y quise retroceder nuevamente, pero me mantuve erguido, esperando que algo mágico pasaba porque necesitaría de todo Hogwarts para que le creyera algo. El alfa llevó las manos hasta sus ojos sin dejar de verme, llevando un par de dedos hacia su pupila, arrancando de ella lo que parecía ser un lente de contacto; una fina capa semitransparente pero sin color en la pupila, me quedé sin habla al ver el color del ojo sin el lente, era de un rojo intenso; casi borgoña. En él, podía ver toda la sangre que podía derramar sin pestañear; un escalofrío me recorrió por completo, esa era la misma mirada que le había dedicado a aquel alfa; ese era el plus que faltaba para hacer huir lejos a mí omega. Su otro ojo también fue despojado de su armazón transparente dejando frente a mí dos pupilas rojizas, escudriñando mi reacción; frunciendo el ceño cuando retrocedí ante uno de sus pasos, el miedo que había sentido pocas veces en mí vida había aparecido cómo una ráfaga de viento; azotando mí débil cuerpo contra la realidad qué no quise ver y no estaba preparado para ver. El alfa desordenó aún más su cabello echando todos sus mechones hacia un lado, remarcando con su cabello sus facciones ahora mucho más fuertes y duras, aquel rostro apacible y casi inocente que alguna vez proyecto Rogers, ahora era un rostro maduro, duro y fuerte, demasiado peligroso para cualquiera; la vivida imagen del mal. Retrocedí otro pasó a ser mi lógica rota en pedazos, este hombre de aquí, no era Rogers. Aunque mi mente seguía negándose a esta posibilidad, cada vez era más difícil crear coincidencias entre estos dos sujetos.

-Tony...- No soy sólo un espía, un soldado o un mercenario como crees...Soy un capitán, un comandante, un líder... - Empezó su discurso con la voz mucho más grave de lo que alguna vez la escuche. Cómo sí al retirar aquella coraza transparente de sus ojos, su voz también hubiese sufrido cambio-...Yo soy Hydra...Y Hydra representa todo lo que soy...- Mi nombre es Capitán Hydra- Murmuró con dureza, intentando acercarse a nueva cuenta, en shock se lo permití. Hydra, maldita mierda, ahora sí estaba jodido.

Fueron muchas veces las que había escuchado aquel nombre de los labios de Fury, un comandante que era el dueño, presidente y líder de toda la organización de Hydra, aquel ser con la fuerza -tanto mental como física- para destruir a todas las naciones del mundo con sólo un dedo, un ser tan despiadado que podía matar países enteros que no se acogieron a su dominio. El ser con el armamento industrial más fuerte de todo el planeta y los planetas colindantes, poseedor de una gema -según los registros-, con armas nucleares y Shitauris, un completo demonio sobre la tierra, y yo lo había tenido en mi cama, durmiendo apaciblemente. Lo había visto sonreír, enfurecerse, gemir cómo un animal y jadear como un lunático; simplemente no podía creer lo que mis sentidos escuchaban, debía ser una mala broma; sí eso debía ser, porque ese hombre que tantas veces Fury nombro, no era ni la mitad de la persona que yo había conocido en pocos meses; eso sólo significaba una cosa, no conocía al hombre que ahora me sostenía de las manos y me rogaba con la mirada que lo dejara continuar ¿de verdad llegaría a conocerlo?. No, un hombre como él, no se dejaba conocer, sólo causaba sufrimiento y dolor, mi propio dolor.

-Señor, Fury insiste... - Interrumpió la IA mis autodestructivos pensamientos sin orden, todos bailando en el shock en el que todavía me encontraba.

No pude responder a la IA. No podía siquiera hablar, las palabras habían muerto al igual que un par de mis neuronas en el proceso de entender todo el caos que me había consumido; sabía qué no debí haber abierto la caja de pandora, esto era mucho peor de lo que creí en un principio; este robot, clon malvado o lo que sea, era muy parecido a Rogers, pero diferente por completo, era una amalgama de cualidades que habían logrado llevar al jaque a mi conciencia y emociones; ya podía entender a mí omega respondiendo a él, a sus feromonas ¿acaso también utilizaba algún instrumento para modificarlas? ¿ese era su verdadero color de ojos o también era una ilusión? ¿Todo lo que habíamos vivido también había sido una ilusión? ¿sólo un teatro para que cayera en su trampa? ¿ahora que seguía? ¿me entregaría a Hydra?. No me impresiona sí mañana despertaba muerto o secuestrado, el maldito destino siempre me jodia la existencia; la furia baño nuevamente mi sistema al pensar que aquellos recuerdos que tanto atesoraba, sólo podían ser una invención de mí omega enamorado y que en realidad para el alfa, sólo habían sido una serie de protocolos para llegar a un objetivo, yo. Qué idiota había sido. Nuevamente me habían traicionado y lo había consentido, nunca aprendería.

-No soy Rogers, pero tampoco un robot, clon o lo que sea que pase por tu cabeza - Susurro el rubio con simpleza, al parecer también podía leer los pensamientos -... Simplemente soy yo, un nuevo ser mejorado, hecho de la materia de un idiota... Soy, una nueva especie; un nuevo ser humano- Finalizó su discurso llevando una de mis manos hasta su pecho, donde su corazón latía con fuerza.

-Señor, Fury está amenazando con correr al taller y destruir la puerta sí no descuelga la llamada- Intervino mí IA y agradecí, mi cerebro era como un huevo frito en estos momentos, fundido hasta la médula sin poder o querer entender qué carajos pasaba. Tenía miedo que todo lo que había vivido era una mentira, pero nunca imaginé hasta qué punto esto podría ser realidad.

-Conecta la llamada- Claudique por fin con un hilo de voz, separe la mano de su cuerpo retrocediendo un par de pasos. La cabeza me iba a estallar intentando absorber todo lo que se me había dado de golpe.

-Stark, tenemos problemas...El equipo de Rogers se movió y entró en batalla...Salieron de su agujero, debemos ir a cazarlos- Ordenó sin tapujos Fury yendo directo al punto con demasiado mal humor por no haber atendido antes.

-¿Estás seguro de que son ellos Fury?- Pregunté dudoso sin despegar los ojos del rubio frente a mí, aún en negación de lo que había visto y escuchado. Mi omega deseaba creer, lanzarme nuevamente al abismo en el que aún estaba hundido; era un idiota enamorado. Agradecería un poco de lógica en estos momentos.

-Claro que estoy seguro Stark, por qué novato me tomas... En cinco minutos en la pista de aterrizaje- El alfa frunció el ceño como si mis palabras hubiesen sido un insulto y sin ningún decoro o respuesta, colgó la videollamada. Dejando mi cuerpo nuevamente a la deriva con el alfa frente a mí.

Me tomé un par de segundos para saber qué hacer ahora, tenía una misión y con ella de una vez por todas podía asegurarme si de verdad todo lo que me decía él sujeto frente a mí era real o sólo un mero invento desesperado para obtener mi perdón, sí qué podía aspirar a tanto. Sin embargo estaba dolido, depresivo, confundido, traicionado y con una ira que apenas disminuye por minutos para darle espacio a las demás emociones; era Tony Stark e incluso para mí esto estaba siendo demasiado. Por segunda vez en mi vida estaba sin norte, sin saber qué hacer o cómo responder, sin un plan de contingencia o un escape por el cual salir de esta locura. Mí omega quería confiar a pesar de sentirse utilizado y traicionado, pero simplemente mi parte racional que apenas salía de su escondite, no se lo permitiría. Tenía que absorber todo como una esponja antes de poder tomar la decisión de creer o no y sabía que no lo haría con el alfa frente a mí, impaciente y certero, sin darme tregua para elegir un camino que no fuese hacia él.

-V.I.E.R.N.E.S saca a Hydra, Rogers o lo que sea de aquí- Ordene sin dudar, aparentando una entereza que no tenía. Debía ir a esa misión, era una necesidad palpable.

-Amor...Anthony necesito que me creas, te estoy diciendo la verdad...- Volvió al ataque el alfa y sólo con esta pequeña muestra de cariño, mi omega ya quería lanzarse sobre sí y llorar sobre su cuello; reclamarle, pero no separarse de su alfa. Qué patético. Una nueva oleada de furia me atacó sin saber si el alfa era consciente de su manipulación, aunque bueno, era Hydra, era obvio que sabía cómo manejar las palabras.

-¡Cállate!...- Rugí con fuerza apartando la mano que el alfa aproximo a mí cuerpo intentando detenerme -...No me llames así - Susurre apenas calmado, era imperativo que saliera de aquí, ahora.

Dolido, furioso, utilizado. Debía irme de aquí o de verdad iba a terminar cediendo al alfa antes de hacerle daño. Las manos me picaban queriendo destrozar todo a mí alrededor, porque el malnacido tenía que haber aparecido en mí vida, porque tenía que ser tan bueno con las palabras, porque tenía que haberme enamorado perdidamente del alfa. La idea que quería embriagarme hasta la médula me azotó; quizás así, no tuviera la imperiosa necesidad de tirarme en sus brazos y entregarme al llanto. Me encogí contra mí mismo, sintiendo los temblores adueñarse de mi cuerpo, a la vez que la armadura me comenzaba a cubrir el mismo. Me gire mordiendo mis labios, sentía las lágrimas querer a inundar mis ojos. Aproveche que no veía al alfa para dejarlas correr libres, sus feromonas comenzaban a sentirse en el aire y cerré los ojos con fuerza, mis propias feromonas danzaban en el aire. El efecto de los inhibidores dejaba de funcionar. Debía irme de inmediato.

-No te quiero ver al volver...Desaparece de mi vida- Amenace, aunque era más un ruego entre jadeos temblorosos. El alfa intentó hablar, pero sólo salir volando sin importarme estar aún dentro de la sede. Sólo quería alejarme del alfa. Quizás así, no doliera tanto todo.

Al salir, los alfas ya me esperaban y aunque notaron mis feromonas deprimentes, no los deje hablar tomando la delantera hacia la misión, no estaba en condiciones para encerrarme con más alfas en un espacio estrecho como el Quinjet. Las lágrimas nublaban el visor de mi máscara, pero al menos podía ver por dónde iba en el aire. Aumente la potencia de los propulsores, entre más rápido llegará a la base dónde nos esperaba el equipo de Rogers, más rápido podía deshacerme de ese bicho carroñero en mí interior que rogaba porque le creyera al alfa. Nubla mis sentidos, no necesitaba parecer aún más débil ahora. Debía ser un héroe. Un vengador. El gran Iron Man. 

 

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          Intentaba recordar cómo se respiraba, sin sentir que moría en cada pequeño suspiro que daba, intentaba recordar que debía vivir; intentaba con todos mis medios no morir. Aunque era una exageración desde el punto de vista crítico y racional; sólo era una respuesta intuitiva a mí cuerpo completamente dramático. Las heridas ya estaban regeneradas casi por completo y justo como dijo la doctora Cho, no notaba la diferencia. En realidad sí lo hacía, pero me daba lo mismo; un pedazo de metralla, un pedazo de metal, un pedazo de piel, un par de células que me regeneran los órganos, todo era lo mismo. Todo había estaba en mí sistema ayudándome a vivir, impulsando mí cuerpo moribundo y cansando hacia adelante, bueno; en el caso de la metralla me recordaba porque debía vivir, qué tenía qué ser fuerte, qué cada segundo de vida contaba, pero era lo mismo; todo sólo me empujaba hacia adelante. Un camino qué justo hoy, no quería recorrer. Sólo quería que la doctora terminara, en realidad su máquina lo hiciera para largarme rumbo al hoyo que me recibiría en mi habitación, sólo allí podía morirme de una vez, ahogándome en mi propia miseria, porque justo ahora era lo qué más quería; desaparecer.

Maldije por primera vez a mí suerte, sólo necesitaba unos segundos más, las heridas un poco más a la derecha o izquierda en cualquiera de los casos y sería historia, una buena sí me preguntan; con un increíble final en batalla. Esa sería una historia digna de contar, no el patético remiendo alcoholizado en el que pensaba morir en cuánto pudiera levantarme y andar, en cuánto los ojos de los alfas no estuvieran sobre mí, me perdería en mí propia adicción, hasta morir si era necesario, sólo, si así dejaba de sentir; porque podía jurar que sí seguía respirando por mucho tiempo iba a morir; las venas que bombean sangre a mi corazón sólo se romperían debido al inmenso esfuerzo de mantener a flote, mi corazón se pararía y luego de un doloroso paro cardiaco, el gran Tony Stark moriría de un jodido corazón roto, tanto metafórica como literalmente. Aquel que dijo que no se podía morir de un corazón roto, era el mismo idiota al cual nunca lo habían traicionado; hasta el punto de querer y ansiar la muerte.

Era el mismo idiota que no podía saber cómo carajos se sentían los mortales cuando todo es tan oscuro que te ahogas en tu propio hoyo, porque justo así me sentía yo, a punto de permitirle al corazón dejar de bombear sangre y que todos los malditos vasos y venas que lo conectaban a mí cuerpo, simplemente se rindieran. Porque el dolor era tal qué ni siquiera tres balas lo pudieron igualar, ni de cerca. Quizás dramatizo sólo un poco, pero no se me antojaba nada más que sólo perderme en mí dolor y dejar qué fuese este, el que cegara mí cuerpo demasiado despierto. Maldición, me había prometido no caer en esta clase de sufrimiento nuevamente y aquí estaba, auto despreciándome en una camilla, con tres agujeros en el cuerpo y un montón de lágrimas sin derramar, maldito Hydra.

- Señor Stark... ¿Seguro que no le duele? - Preguntó por millonésima vez un demasiado nervioso Peter, qué con una chispa de culpabilidad no deja de removerse apunto de un colapso mental, era tan tierno, que por poco olvido que era un alfa. Uno bastante letal.

- Sí Peter, seguro - Respondí con paciencia, no podía desquitar mi pena con el tierno alfa.

- Déjalo Peter, sólo se está haciendo el valiente para impresionar - Un poco más lejos, Rhodes aunque preocupado intentaba mantenerse firme, conmigo fuera de combate, él tenía que brindarle calma a los demás. Agradecí en estos momentos la templanza que tenía como militar.

- Señor Stark, ya se puede levantar... La cirugía ha terminado y todo esta en perfecto estado - Comunicó la asiática que fungía como doctora de emergencia de la sede.

Agradecí el hecho de que por fin era libre; me erguí fuera de la camilla sintiendo el tirón en mi abdomen vendado y cubierto de un manchón minúsculo de sangre, compuse mi mejor mueca para no preocupar a los alfas que al igual que una mamá gallina estaban al pendiente de cada uno de mis movimientos; tome aire cuando el tirón en mi hombro intensificó el dolor, después de todo el aparatito de la doctora creaba células inexistentes, no mitigaba el dolor de crearlas; pero estaría bien. Me enderece cómo pude, aguantando con fortaleza el dolor, componiendo la mejor de mis sonrisas para los presentes, que casi aguantaban la respiración con cada uno de mis tentativos pasos, al estar por completo de pie, me sentí orgulloso por primera vez en el día. Bien hecho Stark una cosa buena terminada, ahora sólo falta corregir las mil qué hiciste mal; mi mente que no me daba tregua martirizaba mis esfuerzos titánicos por mostrar soltura, cuando no sabía sí me dolían más las heridas o el corazón.

- Para llegar casi muerto, te ves bien Tony - Murmuró Happy intentando mantenerse firme, a pesar de esparcir sus feromonas histéricas por el aire, agradecía que los demás alfas no las pudieran notar, de ser así, la templanza de James no funcionaria y el niño estuviera en un estado peor de alteración.

- Sólo quiero ir a descansar... - Casi rogué por clemencia, viendo los rostros en negación completa de los alfas -... Por favor, ahora sólo quiero dormir en mi habitación - Murmure con pesar, sólo así podía convencer a los alfas de llevarme hasta mi guarida, dónde podría consumirme en paz.

Antes de que los alfas se pudieran negar, fue el mismo Peter qué decidió cumplir mi capricho, Visión lo secundo y entre ambos me arrastraron a paso lento hasta la habitación; casi cargándome sobre los hombros de ambos, sabía qué ambos tenían la suficiente fuerza para hacerlo, pero ciertamente tenía su pizca humillante que aún no pudiera moverme por mí mismo, sin tener que hacer una mueca ante el dolor lacerante y la amenaza qué alguna de las heridas se abrieran. Maldije nuevamente a Hydra, todo esto será su jodida culpa, era su maldita organización. Respire un par de veces intentando calmarme, sabiendo que pensar en el rubio sólo conseguiría que entrara en un estado más catatónico y deprimente. Al llegar a mí habitación los alfas desfilaron uno detrás de otro, dando un par de recomendaciones, exclamando un par de disculpas -aunque ni por error era su culpa- y los más osados -Happy- dándome un sermón de lo que debía hacer, tomar y comer mientras estaba en la habitación, mí jefe de seguridad también me recordó los números de emergencia al igual que un niño pequeño y luego partió con el resto, dejándome por fin a solas con mi pena; por fin.

Respire hondo una vez sólo, repasando cómo era que había terminado en una cama, lleno de vendajes y casi a punto de morir hacía unas horas, todo era retórico por supuesto, sabía perfectamente cómo había acabado así, por mí santa estupidez. Me encamine derecho hasta el bife donde solía guardar desde herramientas hasta planos, regalos, cachivaches; de todo un poco y en ese perfecto caos, rebusque aquel pecado mortal que se me tenía prohibido, saque la botella de contrabando que guardaba celosamente para días como estos; el color ámbar del whisky me recibió y sin pensarlo mucho, destape la botella con una mano y me empine el líquido hasta que esté quemó mi garganta. No lo estaba disfrutando, no estaba siendo aquel bebedor audaz que disfrutaba cada gota del buen whisky que siempre tenía a la mano, nada de eso, estaba siendo un maldito borracho empinando la botella entre furiosos tragos, ahogando con ellos cada parte de mí integridad aún intacta, terminando de hundir mi corazón ya humillado; así yacía el gran genio de siglo, el vengador, el filántropo y playboy, así acaba Tony Stark. Al menos por hoy, mañana ya sería nuevamente Iron man, ya sería el grandioso genio, ahora sólo quería ser el idiota omega qué no podía diferenciar entre feromonas y alfas.

Di un sonoro quejido al sentir el tirón en mí abdomen, se me había advertido, no consumir nada que deshidrate las células o el tejido recién operado podía resentirse y abrirse, lo sabía y aún así seguía dándole chupitos a la botella. Sí de comportamientos autodestructivos se trataba, yo era el campeón con honores. Me tire sobre la cama, sin querer recordar, pero haciéndolo al final cuando el ensordecedor silencio de la habitación era llenado sólo por mis respiraciones ruidosas, cerré los ojos con fuerza negando a hundirme en recuerdos, pero al igual que un huracán, la vorágine de sentimientos dispersos, me revolvió hasta consumirme.

 

-Tres horas antes-

 

Con el visor empapado en lágrimas, los ojos irritados y una furia demoledora cegando mis sentidos aterrice de golpe, totalmente erguido; totalmente imponente. Todo una pantomima de lo que en verdad pasaba con mi cabeza dentro de la armadura. No espere a los demás alfas que me gritaban por el radio comunicador, simplemente no podía; no al ver el gigantesco logo de Hydra moverse de aquí para allá mientras los soldados en la aparatosa batalla iban de un lado para el otro. Perfecto, justo lo que me había recetado mi consumida cabeza, que la batalla fuera en una de las bases de Hydra; el destino siempre había sido un hijo de puta rencoroso conmigo, pero en estos momentos demostraba todo su desprecio con creces. Todo era caos, sangre y polvo, el escenario ideal para dejar libre a la bestia que dormía en mi interior y que gracias a un pulpo en tinta negra, había revivido para devorar a todo idiota que se le acercara; tenía una misión, encontrar al capitán y su equipo y arrastrar su maldito trasero devuelta a la sede, sin embargo tenía una misión aún más importante qué esta; desahogarme sin tener que incurrir en el alcohol, por primera vez en mucho tiempo, sería aquel descuidado Iron man, que arrastraría todo a su paso. Incluso a mí mismo de ser necesario, sólo quería que la llama en mi interior, se extinguiera.

Empecé la cruda batalla pateando huesos hasta hacerlos crujir, esta base como cualquier otra estaba rodeada de grandes torres, corredores y pasadizos descubiertos; dónde para mi desgracia o gracia, dependiendo cómo se viera, estaba lleno de idiotas en trajes de cuero hasta el cuello, con armas bastante mortíferas y máscaras que le cubrían por completo el rostro, la ironía abundaba, cómo era que no me había dado cuenta de estos detalles cuando lo único que le había faltado al alfa era golpearme en la cara con la verdad. Mordí con fuerza mis labios cuando un idiota con los cachivaches hechos por Hydra, expulsó un rayo de luz que impactó directo con mí armadura, incinerando un poco la capa superior, quemando apenas el dorado de oro en ella. Patee su cuerpo, sintiendo sus huesos crujir y sus gritos ensordecer el caos de su alrededor, sólo me detuve al ver la sangre manchar la fría nieve; mire la imponente fortaleza y el caos que venía de ella, avance a pesar del ejercito que se aglomeraba en la salida impidiendo que los alfas -que ya habían aterrizado- derribaran aún mas su defensa.

Vi a Rhodes volar dentro de la fortaleza y me apresure a seguirlo, por el flujo de bastardos que siempre nos encontrábamos, era fácil intuir que la mayoría de soldados aún debían estar dentro de la base y eso sólo significaba que don capitán y su grupito, deben estar dentro, llevándose toda la diversión. Apure mis repulsores y balas de mis manos, viendo cómo ambos impactaron en los cuerpos debajo de mí, creando así una nueva tanda de gritos histéricos y desgarradores, ver el pulpo de Hydra caer en su uniformes y mancharse de un seductor rojo, era el paraíso. Mi mente dopada por la adrenalina se vanagloriaba en los gritos y el sufrimiento que los demás sentían, dejando ir un poco de mi dolor directamente sobre los hombres de aquel maldito alfa, vengándome en gran medida con ellos, para ver si con ello seguía viéndome cómo aquel idiota omega al cual le podía mentir, utilizar y humillar; al cual le podía romper el corazón de un tajo. Mis mortíferas armas entraron aún más en juego al derribar una de las torretas con soldados incluidos, la explosión captó mi atención abrumado por el dolor, Rhodes a mi lado gritaba por el comunicador algo de contenerme, pero nuevamente lo ignore, echando hacia adelante; como siempre.

Aterrice dentro del patio de la base, siendo rodeado casi enseguida por un conjunto de bastardos, todos con las armas arriba e incluso un maldito tanque. Esto definitivamente mejoraba, con un misil, el tanque voló por los lados al igual que un par de soldados. Causando tal destrucción que incluso mi cuerpo fue mandado hacia atrás gracias a la onda expansiva, me levanté del suelo donde fui a dar; respirando entrecortado dentro de la armadura, todo un golpe de realidad. Estaba perdiendo la cabeza y no era momento para eso. Rhodes aterrizó a mi lado aún estando en el suelo, y sin decir más, me pateó los costados de un furioso golpe. Mandando nuevamente hacia el suelo, maldito marine y su jodida fuerza. Aún dentro de la armadura el dolor golpeó mi cuerpo. Despertando mis sentidos aún medio abrumados por la venganza.

- ¿¡Qué demonios haces Tony!?… - Gritó Rhodes sacando la máscara de su armadura sin detenerse, pateando huesos y perforando órganos con su indumentaria asesina -... Tenemos una jodida misión y no es hacer una masacre - Rugió con furia, conectando sus ojos casi negros con los míos, su mirada encogió al omega que había en mí interior.

Maldije su maldita aura alfa que ponía en Jaque a mí omega hiper estresado, reduciendo en gran medida la sed de venganza; pero no la ira ni la tristeza siendo ahora estos, el motor que llevará mí cuerpo, me separe varios metros dispuesto a no caer en sus malditas feromonas, que por primera vez en la vida, buscaban apaciguar a mí omega hasta dejarlo como un manso corderito. Me asquee ante el poder que el alfa ejercía sobre mí, a pesar de ser mí mejor amigo, a pesar de qué este tuviese pareja, a pesar de todo mí omega ahora lo trataba como un enemigo, al igual que todos los de su maldita especie; me saque la mascara plantándole cara nuevamente, dejando a la vista mi rostro enjuagado por rastros de lágrimas secas y ojos irritados, odiándolo por un escaso segundo, sólo por ser un jodido alfa. El moreno reaccionó, intentando acercarse olvidando por un minuto que seguimos en batalla y con una misión importante sobre nuestras espaldas. Negué cuando el alfa preguntó sin palabras, qué demonios me pasaba, pero no pude contestarle, de hacerlo me echaría a llorar como un niño de nuevo, todo por un corazón roto. Le di la espalda, huyendo cuando una nueva tanda de cabrones armados nos arribo, lo curioso; estos se detenían al ver mi brillante armadura, algunos retrocedieron y otros por completo decidieron atacar a Rhodes antes que dirigir sus armas a mí, igualmente los quite del camino acuñando su patético comportamiento al miedo que les producía el nombre de Iron Man.

- ¡Steve! - Grité entrando de lleno a la base, escuchando el jolgorio en lo que supuse era el salón del castillo que fungía como cuartel de Hydra.

Avancé los largos pasillos abarrotados de soldados, los cuales aunque intentaban apartarse de mi camino, terminaban en el suelo sangrantes y quejumbrosos, al menos ya no los mataba, al menos no a todos. Al llegar al salón el caos se intensificó por mil, el olor a pólvora era intoxicante y el olor a sangre, reinaba en todo el lugar. Busqué al equipo de Rogers, viendo por primera vez en varios meses a la mortífera espía rusa dando patadas y saltos a lo lejos, bien, sí ella estaba aquí Steve estaba cerca, ahora sólo debía encontrarlo para poder largarme de aquí. Ver el logo de Hydra por todos lados sólo avivaba los sentimientos autodestructivos en mi, que el golpe de realidad de Rhodes apenas había podido contener.

-¡Steve!- Grité bajando la careta de la armadura nuevamente, esperando que con esto mi voz sonara mucho más fluida y menos ahogada, quizás así, el alfa la escuchara.

Nada funcionó, la batalla seguía viva y la sangre seguía saliendo, mi omega frustrado dejaba ir balas a diestra y siniestra a todos los malditos alfas que se acercaban demasiado a mi; no había previsto que al salir de la armadura el olor a alfa impregnado en todo el salón sería contraproducente para mi omega resentido. La feromonas me golpearon todas al mismo tiempo y mi omega entró en un estado aún mayor de alteración, sintiéndose acorralado por tanto alfa alrededor, mis golpes fueron más contundentes y los cartuchos se vaciaron con más rapidez, no me detenía a ver a quién impactaron o dónde; ni siquiera ver volar sangre y vísceras por los aires me detuvo. Aún así, el alfa qué quería no daba señales de aparecer, empezaba a frustrarme, incluso había visto a la brujita de Steve; Clint, Natasha, Falcón, Antman, todos estaban, sólo faltaba el líder de la jodida manada. Frustrado, desesperado, mortificado y furioso decidí acabar con una vez por todas el circo de gruñidos y huesos rotos a mi alrededor. Salí por completo de la armadura, estando seguro que no era tan peligroso, aunque algunos soldados de Hydra parecían querer rodearme, mi armadura perfectamente funcional seguía atacando sin discriminar si matar o no. En modo asesino, todos eran objetivos, más los alfas qué alteraban a mi omega, V.I.E.R.N.E.S sabía qué hacer perfectamente. Grité una vez más el nombre del alfa de América, pero como las otras veces, este no respondió a mi llamado aunque su equipo si lo hizo. Dejé escapar mis feromonas con furia, la cual impactó en todos los presentes al igual que una bala, todos los ojos se posaron en mi, perfecto, ahora todos sabían de mí existencia.

Nadie me dijo, que las feromonas estresadas, tristes y furiosas eran el peor detonante para un alfa, su instinto sobreprotector les cegaba los sentidos y los hacía querer calmar al omega; todos los malditos ojos en la sala se posaron en mí, ahora sí definitivamente toda la sede sabía de mi existencia. Todos giraron sus ojos, incluso los que no eran alfas. Todos viendo a un omega estresado al cual calmar, retrocedí por puro instinto al verlos acercarse, mierda, esto no era lo que necesitaba. Mi omega no quería un jodido alfa que lo calmara, quería que la furia lo bañara, no necesitaba paz ahora. Retrocedí buscando con los ojos al alfa rubio, pero el cabrón aún no aparecía y sentía demasiado cerca a los demás en la sala. El estrés de antes no era comparado ni mínimamente con el de ahora, mí omega se sentía aún más encerrado y casi aterrado al ver tanta feromona cernirse sobre él. Desesperado busqué a Steve, nada. Cómo siempre en el capitán, nunca llegaba cuando se necesitaba.

- ¡Steve! - Grité una última vez, armando mí mano de un guantelete disparando sin discriminar a todo alfa que se acercara mucho, nadie me dijo nuevamente que el rechazo, era la peor estrategia que podía tener contra los alfas que sólo siguen su instinto de protección.

Las personas se multiplicaron en el salón como abejas en un panal, todos con el único objetivo de contener y poner de rodillas al omega rebelde que osaba rechazar sus instintos de protección, mierda, ahora sí estaba en problemas. El miedo me recorrió la espina dorsal al verme completamente rodeado por todos los flancos. No podía volver a mí armadura, sólo gracias a ella tenía toda la sangre en mis venas, era mejor tener dos puntos desde dónde atacar qué sólo tener uno, me sobre pasarían en segundos ¿dónde mierdas estaba mi equipo? ¿dónde carajos estaba Hydra?. Me patee mentalmente, justo ahora que mi omega moría de miedo, ese era el primer nombre que se le ocurrió pronunciar. Tenía que despertar, Hydra sólo me había utilizado y no estaba muy seguro sí en una situación de esta magnitud dónde tendría que escoger entre su gente y el omega con el cual jugó, yo saldría victorioso en esta ecuación. Al igual que Steve, estaba seguro que el alfa escogería a su equipo, a su gente, a su amigo. Maldición ahora lo estaba comparando, el jodido miedo estaba haciendo demasiados estragos en mí. Pero antes de qué todo se fuera al demonio y estuviera por completo rodeado, un rugido se escuchó al fondo del salón.

Todos giramos en automático, Steve estaba parado en medio del salón totalmente furioso, rugiendo al sentir mis feromonas descontroladas. El rubio dejó salir sus feromonas llamando a mí omega, el cual, no respondió a su llamado retrocediendo aún más. Sus feromonas que pretendían darme calma me alteraron aún más, mi omega no lo quería cerca; si estaba resentido con Hydra, con el alfa era aún peor. Misión cumplida, había encontrado al alfa, ahora debía llevarlo conmigo e irme, sin embargo, el alfa era idiota como todos los de su especie y en medio de querer proteger a un omega que ya no era suyo, se acercó en medio de golpes y huesos rotos hasta mi omega, desatando una verdadera batalla campal en el salón, debía llamar a mí equipo y salir de aquí; todos mis sentimientos quedaron eclipsados en medio del instinto de supervivencia. Grité por el interlocutor mi ubicación, comunicando que ya había encontrado al fugitivo equipo, no espere la contestación y corrí hasta la armadura, necesitaba al menos sentirme un poco seguro o caería en un colapso nervioso, nunca había tenido un ataque de histeria o pánico en medio de una batalla, no comenzaría ahora.

La situación se había salido de mis manos y esperaba al menos terminar en una sola pieza, no obstante, el destino qué nunca me daba tregua atacó nuevamente. Lo primero que note fue el grito de Steve, girando mi cuerpo en un pestañeo por puro instinto, lo siguiente, las dos balas impactando contra mi carne descubierta; una detrás de la otra perforando mi piel en un solo segundo. Lo último que vi fue la sangre bañando mi mano, enrojeciendo toda mi piel, el frío azotarme la columna vertebral y mis oídos taponados por un denso silencio, a pesar de que el caos estalló a mi alrededor. No grité, estaba demasiado pasmado para tal cosa; busque mi agresor, un idiota alfa con uno de los cachivaches láser de Hydra, no vi su rostro, pero sí su sonrisa; una retorcida y gran sonrisa, él sí que había logrado devolver la ofensa que significaba rechazar y escupir sobre su sobreprotección, había devuelto la bala. Le di la espalda sintiendo mi cuerpo empapado, estaba cerca de mi armadura; corrí con toda la fuerza que el miedo y la preservación me pudieron brindar, sentí las nanopartículas pegarse a la piel dañada, pero antes de completarse mi escudo, otra bala más impactó mi cuerpo; el proyectil viajó por los músculos y tendones de mi hombro, llevando consigo todo lo que encontró a su paso, saliendo de mi cuerpo en un santiamén, la sangre brotó aún más deprisa convirtiendo mi cuerpo en un mar de sangre. La armadura cubrió por completo este, aislando mis sentidos del mundo exterior. Largue un suspiro intentando no ahogarme en mi propia saliva o sangre, no sabía cual de los dos líquidos me llenaba la boca.

La armadura se tambaleo conmigo dentro y al igual que la torre que había destruido antes, me desplome en un suspiro; cerré los ojos sintiendo mis sentidos adormecidos conectarse. Dando paso al dolor lacerante de la carne recién cercenada, respire cómo pude sintiendo el sudor aglomerarse en mi cuello y espalda, mientras el corazón bombeaba cómo podía sangre a mi cerebro intentando no entrar en shock debido al dolor, sentí lejana la voz de mí IA y me preguntaba cómo podía perder el sentido con tanta prisa. Los brazos de alguien me sostuvieron y me obligue a abrir los ojos, encontrándolos humedecidos, supuse que debido al malestar generalizado de mi cuerpo al empaparse de su propia sangre; los brazos que me sostenían temblaban como gelatina y la voz de Steve llegó lejana hasta mis oídos.

-Tony... ¿Me escuchas?... ¡Tony! - Juraba que el alfa estaba llorando o estaba apunto de hacerlo. Me reí ante mi propia incredulidad. Tantas veces desee ver al alfa llorando de dolor y ahora que lo veía, el sonido me parecía estridente.

Sus brazos tiraban de mí, intentando mantenerme despierto mientras la inconsciencia reclamaba mi alma, levanté una de mis manos intentando apartarlo, aún medio moribundo mi omega no lo quería tener cerca, sin embargo mi mano sólo resbaló por su cuerpo hasta volver a caer contra mi cuerpo con aplomo. El alfa, malinterpretó mis acciones y sostuvo mi mano con nueva fuerza entre las suyas, rendido, no me moleste en apartarlo, necesitaba mis fuerzas para poder respirar; me deje hacer por las manos a su antojo, dejando que mis oídos se llenen de sus palabras lejanas, no le preste verdadera atención, mi cuerpo sólo podía ver mi vida pasar en cámara rápida desde los primeros años que tuve conciencia. Mi primer prototipo, el primer invento, mi primer amor llamado ciencia, la época de escuela, la primera manifestación de mi casta, el primer celo, la entrada en el MIT, el primer alfa en mi vida; todos los demás, la primera armadura. Iron man, Steve, Rhodes, Happy, Pepper, Peter, Visión, Ultron, Hydra. Todos ellos desfilaron por mis ojos entrecerrados llenos de lágrimas, sobre todo el último nombre.

Su maldito nombre; en un arranque de locura, con el último suspiro, me dedique a darle la rendición qué tanto quería, para este momento ninguna sensación, sentimiento o emoción era tan potente como el dolor, el resto de cosas, habían quedado nubladas. Enfoque mejor a Rogers, su abundante barba que lo hacía ver mucho mayor de lo que en realidad era; los pequeños ojos llorosos, los labios finos, el cabello ahora mucho más castaño que en antaño. Todo él gritaba cambios, unos cambios que lo hacían totalmente diferente a Hydra, incluso los poderosos brazos que me sacudían impidiendo que me desmayara, eran tan diferentes; entonces lo supe, este hombre que me sostenía con miedo, nunca podría ser Hydra. Él era mucho más fuerte, valiente, impredecible, divertido, poderoso, dominante y protector; con una sonrisa podía llevarse todos mis males, sus palabras me dopaban de la realidad, podría reducir el cansancio y definitivamente, en esta situación, no estaría llorando como un maldito idiota, él hubiese hecho algo para preservar mi vida, aunque eso le costará la suya, porque así era Hydra, un maldito idiota listo que hubiese encontrado la forma de no dejar morir su omega. Al menos, eso era lo que creía de él hasta esta mañana, ahora, al igual que en el limbo dónde vagaba mi alma. No sabía nada, ni quería entender nada. Sólo me quería entregar a los brazos de la nada y morir por fin, quizás así, el dolor se esfumara con mi último suspiro. Por lo pronto, el alfa tendría su rendición, aunque eso no disipaba el dolor de la traición.

Un potente golpe, cortó el hilo de mis pensamientos, mandando el cuerpo que me sostenía con tanto terror, al otro lado de la sala. Visión había impactado de lleno contra el cuerpo del super soldado, mientras una gran telaraña mandaba lejos a los alfas que intentaban acercarse. Rhodes entró en mi campo de visión, tan pálido como nunca lo olvidaría. Sus labios se movían pero yo simplemente había perdido el sentido auditivo así como el del habla, cerré los ojos entregándome por fin a la inconsciencia mientras mi mejor amigo gritaba a la lejanía, lo último que sentí fue el viento acariciar mi rostro descubierto y Rhodes gritarme maldito bastardo, no te mueras.

Di otro trago a la botella medio vacía en mí mano, no sabía cuánto tiempo había pasado y en realidad carecía de sentido, no había muerto cómo era obvio; el bastardo de Rhodes al final me había salvado la vida. Sólo para que ahora me consumiera en alcohol mientras sentía las heridas resentidas abrirse de poco, llenando las vendas que me cruzaban el cuerpo de pequeños manchones vinotintos de sangre. Ni siquiera eso tenía sentido para mí, sólo estaba cómo en esos últimos minutos de mi vida, en un limbo constante que giraba y giraba en mi cabeza, dónde el único protagonista era Hydra. El bastardo Capitán Hydra. En la oscuridad de mi habitación sólo podía preguntarme, qué tanto de lo que me había dicho aquel alfa era real y qué, una mentira bien formulada para hacerme caer en su trampa, para enamorarme hasta la locura como en estos momentos.

El sonido de mi ventana siendo abierta me atrajo a la -semi- realidad dónde me encontraba debido al alcohol. Decidí deliberadamente ignorarlo, quién sea que fuese, sentiría mis feromonas en pena y se largaría. Di un nuevo trago furioso, dispuesto a acabar el contenido de toda la botella, no obstante el ambarino líquido quedó trepado por mi garganta cortando el flujo del aire, cuando el olor a pólvora y acero, llegó hasta mi nariz. Gire el rostro ahogado hasta la ventana, esperando que fuese sólo una ilusión de mi cabeza borracha, pero para mi mala suerte, no fue así. El alfa estaba de pie, con sus temibles ojos rojos mirándome desde la oscuridad; estaba tan borracho, que lo único que pasó por mí cabeza era cómo había subido, me reí ante mi estupidez dejando mi espalda nuevamente sobre la cama. Quería ignorarlo, pero mi lengua filosa, sólo quería retarlo hasta el punto que se largara de la habitación.

- ¿El término desaparece de mi vida, es demasiado difícil para ti? - Pregunté con sorna, sintiendo para mi desgracia cómo arrastraba algunas palabras.

- Tony ¿estás bebiendo?... - Preguntó y aunque no podía verlo, sabía que había fruncido el ceño -... ¿Qué carajos haces bebiendo? - Sus palabras no sonaban del todo molestas, al menos eso quería creer, poco me importaba de todos modos.

- Lárgate Hydra... - Pronuncie con mucho menos desdén del que quería debido a mi lengua pastosa -... No sé qué demonios quieres aquí, pero lárgate... No te quiero ver - La amargura en mis palabras sólo fue rota por una destellante ironía con la última frase, como si en algún momento, lo hubiese visto de verdad; prefería que tuviera la jodida máscara en estos momentos.

- Tu IA me comunico que me necesitabas... - Habló con un tono confundido que me hizo gracia a pesar de la situación, el señor nunca dudo de nada, estaba dudando. La sátira abundaba -... Tony... - Llamó despacio, inundando de feromonas la habitación, intentando darle calma a mí omega, que esta vez, aceptó de buena gana para mi malestar. No me moleste en responder.

- V.I.E.R.N.E.S enciende las luces  - Ordeno y quise rechistar, la IA sólo me obedecía a mi, no obstante cualquier burla quedó atascada en mi garganta al sentir los focos quemar mis pupilas por escasos segundos. Traidora, ahora conspiraba con el enemigo, ya la programaría mejor.

Tome un sorbo más de la botella, combatiendo las náuseas repentinas al intentar incorporarme por completo, consiguiendo una ráfaga de mareos mal gestionados que me mandaron de vuelta contra el colchón entre risas, aunque me sentía verdaderamente estúpido por no poder incorporar por completo el torso, me sostuve de mis codos, arrugando el entrecejo cuando el dolor de mi hombro me atacó. Mordí mis labios con fuerza evitando jadear debido al dolor, tome un sorbo mas de whisky intentando humedecer mi garganta repentinamente seca. Definitivamente no podía ser más patético, sólo esperaba que el casete se borrara para mañana, así olvidaba la tormentosa noche.

- Estás herido - La voz de alfa logró que todo a mí alrededor cobrará vida, fue apenas un susurro. Sonaba sorprendido, casi preocupado, casi. Ya no creía nada que saliera de su mentirosa boca.

-Gracias señor obvio... - Con molestia conteste a su absurda afirmación, era obvio que estaba herido, el fastidioso bicho de la rabia comenzaba a pedir atención -... Esto no es nada, tu me heriste peor... Mira que cercenar mi maldito corazón era difícil y tu, lo lograste con honores... - Compuse con ira, tomando un furioso sorbo, despertando mi lengua muerta, hidratándome para la pelea que se aproximaba, porque no me mordería la lengua a la hora de insultar -... Felicidades, Capitán Hydra- Con fingida alegría me incorporé lo mejor que pude, descansando mi espalda sobre la pared, aplaudiendo aún con la botella en la mano. Demostrándole todo el veneno que podía destilar.

- ¡Deja de beber con un demonio! - Rugió con furia el alfa, igualando mi rabia.

El rubio dejó la esquina de la ventana para avanzar decidido hasta llegar a la cama, analizando en un pestañeo cada parte de cuerpo, sin detenerse por mucho tiempo en ningún lugar. El alfa tomó la botella de mis manos y después de un escueto forcejeo donde la sangre salió de mi hombro por el esfuerzo, la botella se estrelló contra una de las paredes, los cristales se esparcieron por todo el lugar y sardónicamente quise que uno se le incrustara en un ojo al alfa por ser tan animal, sin embargo, mi maldita suerte seguía sin mejorar. Al saberse sin botella de intermediario el alfa sostuvo mis brazos, apretando de manera dolorosa las manos sobre los músculos de mis antebrazos, inmovilizando la parte superior de mí cuerpo en un segundo, forcejee a pesar de los tirones dolorosos que me hacían casi encoger y la sangre aflojar desde mis entrañas. Logre liberar uno de mis brazos golpeando con fuerza al rubio, jadeando a causa de la borrachera y el inmenso esfuerzo de forcejear con el lunático que tenía al frente.

- ¡Suéltame maldición, suéltame! - Demande furioso, siendo mis quejas recibidas por los ojos rojizos iracundos del alfa, que lograron un estremecimiento en mi cuerpo ante tanta intensidad. Pero sin tener el menor interés de responder mis demandas.

- Estas siendo un dramático - Afirmó con bastante soltura, siendo él la principal estrella de mi drama, mi rabia se multiplicó carcomiendo el buen sentido en mi intoxicada cabeza. Enterré las uñas en su ropa, frustrándome al no ser su blanca piel.

Totalmente histérico a pesar de estar rodeado de sus feromonas, pate su estómago con bastante fuerza, anotando un punto al no haber fallado en el intento; el alfa me soltó el brazo aún capturado y retrocedió un par de pasos, los que aproveche para alejarme hasta el otro extremo de la cama; el alfa volvió al ataque después de recomponerse demasiado rápido de mí golpe, se subió sobre el colchón intentando sostener nuevamente mis brazos, frunciendo el ceño con demasiada ira al ver la sangre bañar las vendas de mis heridas. Su labio inferior fue destrozado bajo la demoledora fuerza que ponía en no gritar.

- Cómo eres tan idiota para dejarte herir así... - Más exaltado que antes, intentaba alcanzar mis manos, mientras esquivaba mis patadas sin pena ni gloria -... Por un jodido equipo de inadaptados - Profirió sin duda refiriéndose a Steve y su equipo, me reí en su cara dejando que capturara mis manos. Qué creyera que me dejaría herir por Steve dos veces, era insultante.

Aprovechando sus manos casi fundidas con las mías; las lleve a las heridas en mi abdomen dejando que sus dedos se mancharon de la sangre tibia, hasta que estos se tornaron con una leve capa de sangre, manchando su blanca piel; dándole un toque mucho más dramático al asunto, sus dedos no dudaron en ir en el encuentro de mi piel, tanteando despacio la densidad y la cantidad de las heridas. Aproveché su descuido para darle la estocada maestra de mi mente, para hacerle sentir un poco del dolor qué yo sentía, que sintiera cómo a pesar de ser un alfa, no había protegido al que acunaba como su omega, cómo había fracaso en algo tan mínimo. Cómo al contrario, todo era su maldita culpa, sin duda me iba a regocijar al ver su alfa llorar herido ante mí crueldad, necesitaba equilibrar la balanza a cómo diera lugar.

Sostuve con más fuerza sus manos en mis heridas, casi hundiendo los dedos en ellas a pesar del ardor que esto me procuraba, el alfa fue el encargado de retirar las manos cuando estas estaban a rebosar de tinte rojo; compuse mi mejor cara de odio y una satisfacción inigualable se formó en mi rostro al ver cómo el rubio trastabillaba intentando separar las manos de mi cuerpo, tenía la suficiente fuerza para hacerlo, pero repentinamente la fuerza se había drenado de su cuerpo al ver mi expresión. La fugaz culpa le cruzó la mirada bordo.

- Fuiste tu Hydra... - Acuse sin soltar sus manos, escogiendo perfectamente las palabras para dar una sola y mortal estocada, el alfa intentó tirar del firme agarre; como si mi sangre fuera ácido y le quemara la piel -...¡Tócame maldito idiota, siente los jodidos vendajes!... - Mi grito salió más herido de lo previsto y mi fachada de odio tambaleo apenas, el alfa, por fin se soltó del agarre, retrocediendo con la peor mueca de dolor y furia que vi jamás -... Ahora, mi sangre está en tus manos - Le sostuve la mirada, apreciando en silencio, cómo los engranajes de su cabeza se ponían en marcha antes mis palabras, empujando lejos el dolor.

-¿Quién?- Su pregunta mediática escalo mi oído aturdido por el alcohol y el dolor; antes de pararme a pensar lo que decía, las palabras salían de mí boca con rencor.

- Tus subordinados... En una de tus increíbles bases me cercenaron el hígado y el estómago con dos disparos; el hombro recibió con otro más - Su expresión mutó a una casi asesina, pero sus jodidas feromonas, demostraban el dolor la verme herido; patee a mí omega por dejarse llevar entre lastimeros quejidos por intentar calmar a su alfa. Ahora en mi cabeza peleaba el odio que me generaban sus mentiras y las ganas de terminar con su dolor.

- ¡Te dije que no te fueras así, que me dejaras explicarte!...- Repuso apretando los labios, gritando por segunda vez en la noche -... ¡Estos son los resultados por no escucharme!...- Tenía que ser cabrón ahora me gritaba por sus errores, mí omega pataleo ante el tono furibundo del rubio, pero yo no me dejaría amedrentar-... ¡No tenías que ir a derramar sangre para sentirte bien! ¡yo te haría sentir bien!- Sus gritos no cesaban, pero aún borracho estaba dispuesto a hacerle frente.

-¿Como?¿ engañándome?...- Repuse alzándome sobre las rodillas en la cama, haciéndole frente al alfa, intentando no caerme debido al mareo que me atacaba cada vez que hinchaba el pecho para verme más amenazante-... ¡Cómo tu maldito alfa puede hacerme sentir bien, sí desde que te conozco sólo me has mentido y ocultado cosas!...- Le eche en cara, dejando salir un poco de frustración apenas contenida, el dolor carcomía mi pecho al no tener certeza hasta dónde el alfa me había mentido-... ¡¿Dime cuánto de todo eso fue real?¡ ¡cuánto!- Estaba en el punto de no retorno, el alcohol había escalado con demasiada prisa las terminaciones nerviosas, haciendo de mí un ser meramente instintivo, y dichos instintos me empujaban a sacar toda la rabia, dolor y las dudas que me hundían en el pozo negro en el que me encontraba.

-¡Todo...Te amo!...- Rugió el huracán que tenía sobre el colchón frente a mí, el corazón en mi pecho dio un salto furioso, pero me negué a escucharlo-...Eres mí omega y no se cómo hacer para meterlo en tu terca cabeza- Su tono furioso descendió varios decibeles al ver que sus sentimientos eran ignorados; sin mostrar ningún estremecimiento, aunque por dentro todo era diferente-... Sabía que me confundirás con el bastardo de Rogers, pero al menos esperé que tuvieras la suficiente inteligencia para ver que no era él, que era diferente...- Murmuró frustrado corriendo su mirada negándose a mirarme, su alfa estaba bastante abatido al ver su muestra de amor, ignorada-...Soy tu alfa con un carajo- Repuso herido, tan bajo que apenas lo había escuchado. En estos momentos, ni él podía sostener esa afirmación.

-¿Acaso eres idiota, con quién querías que te comparara? ¿Mickey Mouse ?...- Ya no había odio en mis palabras, no quedaba nada. Sólo el desasosiego del dolor palpitante, ahora más fuerte que nunca, sobre todo al entremezclado con el propio dolor del alfa-...Eres igual a él- Susurre con más pesadumbre de la que creía ser capaz, las lágrimas amenazaban con brotar y tenía miedo de no poder detenerlas. La frase tenía más de un significado y ambos lo sabíamos.

-¡No soy Rogers!- Un último grito casi maníaco salió de sus labios, el alfa estaba a punto de estampar su rostro contra la pared para hacerme ver la diferencia entre ambos alfas, una que ya sabía de sobra. Pero me negaba a aceptar en mi terquedad. Al menos en voz alta.

-¡Me importa una mierda!- Era oficial, las lágrimas habían aparecido.

Sin tener más fuerzas ni físicas ni mentales, me tiré nuevamente sobre la cama, dejándome ir de nueva cuenta por las lágrimas que habían empañado mi visión durante todo el maldito día. Pegué mi espalda contra la cabecera de la cama, encogiéndome con dolor, abrazando las piernas flexionadas intentando en vano, darme algo de consuelo. Sabía que el único que podía consolarme y calmarme era el mismo que había provocado todo este lío. Me obligue a confirmarme con mis propias manos y no arrastrarme al alfa; lloré con fuerza, sacando toda la mierda que llevaba dentro ahora que ya no tenía alcohol al cual acudir; me encogí en mí mismo totalmente agotado.

La cama a mi lado se movió después de unos minutos en completa quietud, no quería levantar el rostro pero sabía que el alfa se acercaba a mi cuerpo; quise tensarme, rechazarlo, empujarlo, maldecirlo; pero nada salió de mi boca demasiado temblorosa para hablar, las cuerdas vocales simplemente no cedían. Sentí su mano sobre el hombro, y sus labios pegados a mi cabello; su calor me envolvió y cómo si de magia se tratase, mi omega se dopó de su íntima y desesperada caricia cesando de llorar; su boca susurraba al igual que una nana, pequeñas promesas y súplicas para que recobrara el aliento y lo mirara, no me moví de mi sitio.

-No me toques...-Pedí ya completamente sin fuerzas, retirando mi hombro del toque de sus dedos -...Vete al maldito infierno- Mi insulto era más una súplica, sólo quería que me dejara solo. Ya siquiera tenía fuerzas para odiarlo.

El alfa me ignoró olímpicamente siguiendo con su mantra personal, hasta que esta dio resultado y ni siquiera un pequeño sollozo escapaba de los labios, sólo quedaba mi cuerpo relajado y laxo sobre la cama, con los surcos de lágrimas tiñendo las mejillas. El alfa no se molestó en limpiarlos, sólo recostó mi cuerpo por completo sobre la cama, sin dejar de acariciar la piel desnuda de mí pecho, ignorando con maestría los vendajes, sabiendo que ante el mínimo toque la sangre volvería a brotar. El patrón siguió por lo que creí era un siglo y con mi omega fuera de combate, alcoholizado y muerto en la tristeza, el alfa pudo hacer con mi cuerpo lo que quiso; limpiando mis heridas, cambiando los vendajes y tirándose a mi lado a una prudencial distancia, sin dejar en ningún momento de hablarme, hipnotizando todos mis sentidos. Parpadee más de la cuenta obligándome a mantenerme despierto; el alfa se acercó una última vez, besando el vendaje recién hecho en mi abdomen, no pude contener el débil jadeo. El alfa me regaló una sonrisa cansada.

-Te prometo, que arreglaré esto- Comunico cuando mi cuerpo ya empezaba a entrar en el mundo de los sueños. No dije nada, manteniéndome inmóvil; cuando el seguro de la ventana se cerró, mi cuerpo cayó completamente rendido.

A la mañana siguiente, el dolor de cabeza debido a la resaca y el llanto me despertó, maldiciendo las estúpidas decisiones que tome el día anterior, el dolor en las heridas era lacerante y agradecí que fueran cambiados los vendajes, lo que menos necesitaba era una infección debido a la sangre seca en las heridas abiertas; el dolor ya era tanto que lograba que me doblara en plena agonía. Aún así, cuando un pálido Fury entró en mi habitación con el terror pintado en el rostro, deje que me arrastrará fuera de la base y aún con todos mis problemas, hice mi mejor esfuerzo para seguirle el paso; el tipo era un alfa que difícilmente se alteraba con facilidad, si algo era tan retorcido para generarle terror, definitivamente tenía que verlo. Nada me preparó para la tétrica, inhumana y sanguinolenta escena. Mi jardín estaba adornado por cuerpos mutilados, charcos de sangre y un olor a putrefacción tal, que casi devuelvo todo lo ingerido en el día de ayer. Lo bizarro, los uniformes completamente en cuero negro que les adornaba el cuerpo; lo macabro, la bandera de Hydra ondeando sobre la pila de cuerpos desmembrados. 

Chapter Text

 

 

        Mis ojos no se podían apartar de la tétrica escena, recorriendo pedazo por pedazo de lo poco que quedaba de aquellos mercenarios, aún no tenía certeza de quienes eran, pero una minúscula idea pasaba por mí cabeza demasiado rápido, provocando un dolor tal que todo quedó eclipsado entre el dolor y el olor podrido de la sangre coagulada, las aves de rapiña sobrevolaban el jardín dando una imagen aún más macabra. Sin poder evitarlo mis tripas se resintieron y el hígado que apenas había podido con todo el alcohol renunció, el estómago en huelga lo siguió e inevitablemente termine corriendo a uno de los pilares cercanos, vomitando contra una de las paredes de vidrio; el denso olor del vómito combinado con whisky fue peor y al igual que una fuente saque todo lo que mí cuerpo no quería dentro, eso incluía la bilis. Las lágrimas se aglomeraron en mis ojos cayendo en densas cataratas por las mejillas. Los alfas a mí alrededor me llamaban, pero yo sólo podía seguir vomitando, maldiciéndome por ser tan estúpido y tomar en esas cantidades, mi cuerpo mal herido se resintió y por primera vez desde la operación sentí todo el cuerpo arder de dolor, las heridas no sólo se habían abierto por el forcejeo de la noche anterior, si no que mi estómago, una parte directamente jodida, empezó a sangrar; escupí la última onza de bilis, sostenido del vidrio frente a mí para no colapsar en mis propios desperdicios.

Una botella de agua se me fue tendida y un pálido Rhodes entró en mi campo visual, sus ojos destellaban rabia al detectar el olor a alcohol en mis secreciones, sin embargo el marine parecía más afectado por los cuerpos cercenados en nuestro jardín. Lo agradecí en silencio, lavando mi boca con la botella de agua, sacando el sabor ácido y poco agradable de las papilas gustativas. Me tambalee levemente con una mano en el abdomen en medio de una contracción de dolor; la sangre seguía bañando mis entrañas, me separe lo más lejos que podía del charco con mi vómito, dando unos tambaleantes pasos hacia adelante antes de sentir cómo la botella en mi mano flaqueaba aún abierta estampándose contra el piso; Rhodes que había dejado de reñirme por un segundo con la mirada, volvió a posar sus irises sobre mí, en el momento justo en que mi cuerpo perdía bastante rápido el conocimiento, todo mi mundo se puso negro en un par se segundos, los siguientes escuchaba a lo lejos la voz de Rhodes. Eres un bastardo idiota. Delinee entre sus dientes apretados.

Lo poco que recordaba, era ser llevado en los brazos por Rhodes; el alfa gritaba ordenes qué se cumplían ipso facto. Lo siguiente fue la mirada reprochadora de la doctora Cho y lo último que percibí fue, la máquina regenerando los tejidos dañados con mucha más minuciosidad al estar abierta la herida, rodeada de vendas y sangre seca. Desperté a los pocos minutos, o eso quería creer. Me habían suministrado alguna mierda que me había hecho saltar de la jodida camilla al igual que un caballo dopado al correr. Sentía el corazón galopar en los odios, pero esto era todo; el pitido ensordecedor que vino después era prueba fehaciente que ya estaba despierto. Mí cuerpo furioso se tambaleo y antes de poder evitarlo, el vómito escalaba nuevamente la lastimada garganta; con un demonio, este día no mejoraba en absoluto, antes de llegar a ser tan patético como para vomitarme la ropa, un bastante cansado Rhodes me tendió una papelera, dejando que lo poco que no había huido del maltrecho cuerpo más temprano saliera de mi organismo. Aún con la cabeza metida en la papelera escuche la voz de Fury.

- Veo que ya estas despierto - Siseó serio pero hoy no estaba para sus regaños, simplemente quería encerrarme en la habitación e intentar no morir de resaca. Al menos las heridas estaban cerradas y esta vez, permanecerán así.

Escupí en la papelera llena de fluidos, los cuales fueron apartados lejos de mí por uno de los asistentes de la doctora Cho, tendiendo una nueva botella de agua para quitar el mal sabor de boca e hidratarme; me sentía al igual que un desierto y sin oasis cercano. Cerré los ojos un escaso momento para mentalizarme que tan idiota había sido, jurándome que no volvería a tomar de esta manera ni en esta cantidad, no importaba cuantos ex locos y mercenarios aparecieran. Suspire totalmente agitado hasta la médula, necesitaba un baño con urgencia, lavarme los dientes y algo de ropa limpia. Quizás un par de pastillas y supresores.

- Cómo ya estas despierto, es hora de trabajar Stark... - Rugió Fury y lo maldije internamente, apenas estaba haciendo una lista de mis necesidades próximas y el trabajo no estaba entre mis opciones. Le dedique la peor de las miradas, cayendo por primera vez en cuenta de la carpeta negra que llevaba entre las manos. Con curiosidad la mire, sobre todo la sangre en ella.

- Ya que te diste cuenta, no tengo porque dar detalles tediosos de lo que es... El problema aquí Stark es que esta carpeta está codificada con huella dactilar y aunque intente con la mía, no dio resultado... Su majestad en toda su sabiduría, se que podrá resolver el problema - Ignore el insulto, también intente hacerlo con la curiosidad por lo desconocido que se cernía sobre mí, hoy no quería ser un genio curioso, sin embargo mi cabeza estaba en desacuerdo. Me incorporé mejor sobre la camilla, analizando con ojo crítico la carpeta electrónica.

- ¿Qué esperas que encuentre en el interior? - Pregunté sin dejar de recorrer el aparato, analizando cual de mis herramientas podría abrirla y desenterrar el misterio que guardaba dentro la carpetita.

- No lo se, tal vez una respuesta del porque los malditos jardines están llenos de cuerpos cercenados... La encontré entre los cuerpos, bajo la bandera- Explicó el alfa y esta vez recorrí con mayor detenimiento el aparato, tenía toda mi atención. Estire la mano esperando que Fury me acercara al objeto, por el próximo minuto no esperaba levantarme de la mullida camilla.

Fury se acercó, tendiendo la carpeta mucho más grande y liviana de lo que a simple vista se veía; estaba hecha de un cromado negro, con gruesas tuercas en cada uno de sus extremos y sólo un detector de huellas. Pase la lengua por mi labio inferior despejando la sangre de todo el aparato, ignorando el olor a sangre coagulada. El dorso de mi mano se llenó del rojizo líquido, sostuve la respiración cuando las letras en una fina calcomanía opaca aparecieron ante mi; intente no convulsionar pero fue demasiado tarde cuando quise aparentar que nada pasaba, la realidad golpeó nuevamente la puerta en mi cabeza. Las feromonas se alzaron un poco sin poder evitarlo, en la carpeta cromada se alzaba un "C.H." entre trizas de sangre. No era tan estúpido para no saber lo que significan esas iniciales dadas las circunstancias.

- ¿Conoces las iniciales? - Preguntó cauteloso Fury y sólo ahí recordé dónde estaba y con quién. Solté un escueto carraspeo logrando vibrar la garganta; concentrándome, bajando mis niveles de feromonas.

Despejando la cabeza como nunca antes, me aferre al documento con más ahínco, parpadeando un par de veces para volver a repasar las iniciales, esperando que fuese un error; descubrí que no era un maldito error, las iniciales de Hydra se alzaban delante de mí, orgullosas en ese papel adhesivo y pulcro. Aparte hábilmente mis dedos del detector de huellas, lo que menos quería era activar la maldita cosa. Si tenía razón en mis suposiciones, la huella que abriría el cacharro, sería la mía. Compuse una mirada aburrida, negando la pregunta de Fury, una natural y esperaba creíble mentira.

- Bien... Necesito que descubras cómo abrir el aparatito y sacar lo que sea que haya dentro... Necesito respuesta Stark, contundentes respuestas - Enfatizó en contundentes y supuse que no se había tragado del todo la mentira, sin embargo seguí firme en ella, no sabía nada de las iniciales, al menos eso era lo que ellos tenían que saber; era muy temprano en la mañana para relatar mis fallos amorosos.

Un tenso silencio se cierne sobre todos los demás después de eso, nadie movió un músculo a excepción de mí, que recorría todos los bordes del aparato intentando descubrir algo más que las imponentes iniciales que remueven cosas no muy agradables en mi; la noche anterior llegó a mí cabeza cómo una ráfaga de recuerdos que no me moleste en analizar, ignorando dichos recuerdos en una parte oscura de mi mente aún no espabilada al cien por ciento. Todo se puso en movimiento después de unos trémulos minutos de total silencio, afiance el agarre sobre el aparato, dispuesto a levantarme e ir por una ducha y un café cargado; desentendido de la carpeta electrónica en mis dedos, no necesitaba mi ingenio para resolver la ecuación del objeto misterioso, lo que no hacía las cosas mejores, ahora me carcomía la curiosidad sobre que podría contener la carpeta, no obstante lo mantenía a raya. Simplemente quería posponer el asunto por el momento.

- Bien, resuelto en parte esto... Les informo a todos, que hay reunión de emergencia en tres horas - Comunicó serio Fury antes de largarse de la enfermería, dejando al resto de alfas y mi propio cuerpo mudo. Una reunión sólo significaba problemas.

Los alfas salieron detrás del moreno, todos ellos. Salí después de los minutos aún aturdido, sin detenerme en el camino hasta la habitación, ignorando el hecho de que mis manos picaban y los recuerdos azotaban con más fuerza mi cabeza, al haber tenido la osadía de ignorarlos por un momento. Tire la carpeta sobre la cama deshecha y me sumergí de lleno en los recuerdos al ver el desorden de vidrios rotos que era el piso de la habitación, jadee con fuerza con el dolor palpitante de cabeza y corrí a la ducha, dejándome embriagar por las malas decisiones y las palabras tristes de Hydra.

Apenas un par de horas después del macabro hallazgo y la carpeta electrónica; ya estaba perfectamente funcional, al menos en gran medida. Después de dos tazas grandes de café, muchos recuerdos y el desasosiego de no saber que seguía me encamine hacia la sala de reuniones encontrándolos a todos ya en sus sillas. Ignore el hecho de que todos se giraron a mis manos, pero no, no traía el misterio resuelto, este descansaba en mi taller; lejos de mis manos curiosas. Me genera demasiada ansiedad ir a descubrir que había en el interior de esa carpeta, tenía certeza que cuando la abriera, la débil coraza que había construido alrededor del nombre de Hydra, caería a pedazos entre mis dedos. Y no estaba preparado para ello, por lo cual la opción más factible sería fingir demencia y hacerme el desentendido sobre el asunto hasta que esté fuera de vida o muerte, lo cual esperaba estuviese bastante lejos, así mis tibias mentiras podrían endulzar el oído de Fury por algún tiempo.

- ¿Aún no tenemos indicios de quién hizo esto? - Preguntó Fury a modo de saludo, apenas alcance a colocar el trasero sobre la silla antes de tensar el cuerpo de pies a cabeza. Comenzaban las dulces mentiras.

- No, no lo tenemos Fury... Gobiernos, organizaciones criminales, organizaciones con un tipo de justicia extraña, Los illuminatis, los aliens... Cualquiera pudo ser - Respondí con gesto serio, esperando que fuese lo suficientemente creíble, así no sabrían que de hecho ya había reconstruido todo lo que había sucedido. Lo que no le daba mucha paz a mis nervios deshechos.

- ¿Tenemos un aliado entonces? - Intervino Peter con una mueca incrédula, siendo más una pregunta qué afirmación. Al menos el chico no era estúpido.

- No, quiere decir que Hydra tiene un enemigo, que no es ni por equivocación lo mismo - Aclare siguiendo el monólogo que sabía de memoria, dónde tenía que mentirle a mi equipo para no ponerlo en peligro con el sádico Hydra. Sería como chocar dos mundos, un caos de proporciones cataclísmicas. 

- ¿Qué pasó con la carpeta electrónica... Pudiste conseguir algo? - La voz de Fury fue directo a mi yugular, convirtiendo en cenizas los esfuerzos por llevar la conversación por otra vertiente.

- La identidad de los desmembrados en el jardín... En efecto, son de la base de Hydra que atacamos - Con todo convencimiento, hable despacio. Una más de mis mentiras, eso había sido sólo mera intuición, pero suponía que debía ser así. No había otro motivo por el cual Hydra desmembraba a sus subordinados; sobre todo recordaba haber visto la cabeza del idiota alfa que me disparó antes de desmayarme. Le habían fallado al jefe.

El silencio se cierne sobre nosotros, mientras todos planeaban una nueva ruta de escape, esta situación tenía a los alfas con los pelos de punta ante tanta crueldad y sadismo, lo que también debería pasar con mi omega, sin embargo, el sentimiento era diferente. No tenía ni una pizca de miedo, sólo era horror debido al impacto de la noticia con mi mente aún medio dormida y resacosa; por lo demás, no temía. Extrañamente tenía la certeza que Hydra, no podría hacerme daño, al menos el omega en mi interior pensaba de esta forma y no tenía ni tiempo, ni ganas para cuestionarlo. A pesar de todos los fallos en su intuición. Recordar las palabras suaves, los arrullos y los besos de Hydra, no ayudaba tampoco a que el sentimiento de pavor se instalará en mí.

- Debemos reunir al equipo Stark y lo tenemos que hacer ahora... - Pronuncio con una seriedad casi tétrica Fury con el paso de los minutos -... Un nuevo enemigo se está alzando y no podemos vernos fragmentados - Repuso intentando darle peso a sus palabras, pero la idea me pareció la peor mierda que había visto y escuchado en meses. Una cosa era reunir el equipo para SHIELD y que no lloraran de temor por no poder controlarlos, otra era crear nuevamente al equipo; Rogers, no simplemente era una pésima idea.

- Puedo... Podemos con esto Fury, no necesitas reunir ningún equipo - Intente persuadirlo, la idea de verdad era una pésima idea. Natasha, Clint, Wanda... Todos eran unos traidores.

- No podemos con esto Stark, lo has visto... ¿Qué será lo siguiente... Una legión de los nuestros partidos a la mitad como en una maldita cacería?... No permitiré ver a los míos caer, sólo por una vieja enemistad entre los vengadores - El alfa intentaba imponerse sobre mí y reducirme; olí un poco de sus feromonas terrosas y arrugué la nariz, mostrándole los dientes, estaba irritado.

- Confío en los alfas a mí lado... No puedo decir lo mismo de ellos - Me levanté del asiento, estampando las manos sobre la mesa, desafiando al alfa. No me dejaría amedrentar en esto; mi equipo también se levantó, acercándose sutilmente a mí lado. Dispuestos a atacar al tuerto frente a mí.

- No te estoy preguntando Stark, se hará - El alfa dio unos cuantos pasos hacia atrás, cómo mero instinto de preservación. Los alfas a mí lado me envolvían con su olor, y aunque mareante este me daba la fuerza para plantarle la cara a Fury, no había mejor sentimiento que sentirse respaldado por tu equipo.

Fury inflexible siguió con sus estúpidas excusas del porque debíamos reunir al equipo en este preciso segundo, sin embargo cuando rugió que era un omega y el incidente con Hydra y la pared rota de hace meses, perdí el control; era el omega más fuerte e inteligente de todo el maldito país y los países aledaños. No permitiría que se me rebajara a menos, apenas pude contenerme de lanzarme directo contra el alfa, cuando mi sedosa lengua llamó a la armadura y Fury me apuntaba a la cabeza con una pistola, la caótica charla acabó con todos exaltados. Los alfas tiraban de mí para alejarme del furioso Fury, el alfa aún no creía que le hubiese apuntado con una manopla de la armadura; ni yo entendía muy bien el desparpajo de emociones, sólo sabía que mí omega no quería cerca al equipo de Rogers, mucho menos que lo llamaran para protegerme cuando nunca lo había hecho en realidad.

- ¡El equipo volverá Stark, te guste o no... Era la misión desde el principio! - Gritó Fury dejando la sala, quede con la protesta entre los labios antes de que el alfa diera un portazo con fuerza. Resignado mordí mi mejilla, manteniendo al filo los pensamientos de querer echar su maldito equipo, a los fugitivos y a Fury de mi jodida sede.

Una semana después me encontraba en la sala de juntas, con varios pares de ojos sobre mí, algunos conocidos, otros no tanto; unos amigables, unos llenos de añoranza y los más osados, llenos de resentimiento o irritación. No había podido evitar lo inevitable y ahora este era el resultado. El equipo del capitán que había sido capturado por mí equipo, fue llevado por SHIELD y puesto en la cárcel como prevención mientras todo el caos con los muertos en el jardín se arreglaba; unos días después habían sido liberados, vestidos y atendidos con la mejor de las indulgencias, luego, fueron traídos a la sede por Fury. Sólo los alfas habían ido a recogerlos, al menos Visión, Peter e incluso un Banner bastante irritado fue obligado, después de haberlo traído de la misión dónde se había resguardado. El omega fue puesto al tanto de todos los sucesos sin evitar los escabrosos detalles, los cuales casi logran que el otro sujeto salga enfurecido, para el omega era igual de innecesaria la presencia del resto de seudos vengadores. No obstante, sus quejas también fueron ignoradas y peor en su caso, fue forzado a ir a recogerlos; al menos para mí mínima suerte la jodida sede era mía, podía hacer lo que quisiera, aunque esto no fue suficiente para escaparme del calvario de todas las miradas sobre mí, una vez entre a la sala.

Rodé los ojos cansado, bastante seguro que esto podía esperar y que tenía cosas más importante que hacer que seguirle el juego a Fury; aunque no lo aceptaría nunca esto ayudaba a darle un respiro a mi cabeza, no porque nos hiciese falta el Capitán y su liderazgo o porque ahora quisiera jugar a la familia unida; era necesario para tachar un problema menos de la lista, para centrarme en mis propios asuntos. Sólo estaba presente para ser testigo de este inminente desastre y para culpar a Fury cuando el equipo fallara como tenía previsto; esta vez él sería el culpable de este problema, no siempre mí apellido debía ser nombrado a la hora de echar culpas. Aunque fueran recuerdos removidos por los recientes eventos en mi vida, eran su ansias por tenernos juntos y en el mismo lugar, lo que al final le designaría la culpa al alfa y nos llevaría al desastre.

- Quiero empezar siendo lo más obvio y realista - Tome la palabra viendo cómo todos se lanzaban la bola sin querer comenzar a hablar; y yo, tenía bastante por decir.

- Iluminanos Stark - Ironizó Clint, ganándose un gruñido por parte de más de uno de mi equipo, incluso el alegre y calmado Peter, gruño contra el arquero. Banner lo recorrió con la mirada, al estúpido que alguna vez fungió como su alfa. Ahora, había más resentimiento en él que en mí, el abandono para irse con su esposa e hijos lo destrozó.

- Están jodidos... Son fugitivos y los buscan todas las naciones que puedan llegar a contar, un paso en falso y serán encerrados de por vida... - Aclare, esperando que supieran su situación y esa aura de superioridad de todos saliera de su pecho, aquí los importantes éramos Banner, Peter, Visión, Rhodes y yo... Nadie más. Surtió efecto, Clint se enderezó en la silla -... Esto es lo único que les puede salvar el trasero y dejarlos convivir en sociedad sin que tengan un jodido dispositivo en su muñeca o cuello que los hará volar por los cielos sí cometen un error - Amenace con sorna, logrando que al menos Wanda y Falcón perdieran el color del rostro; el capitán seguía impasible, con una maldita sonrisa en los labios que quería arrancar, no me daba buena espina.

- Gracias Stark, siempre poniendo el contexto - Intervino Fury con cara de pocos amigos, sin duda en contra de la cruda introducción. Eso sin contar, la rabia que todavía pulula en él por nuestra reciente pelea, incluso ignore que su arma esta vez estaba más a su alcance, quizás por si acaso.

- Es lo que hay y deben acoplarse a la idea, leer estos nuevos acuerdos y terminar con esta farsa de una vez - Visión les repartió de no muy buena manera los documentos, en especial a Wanda; él era el más cualificado, los demás sin duda saltaríamos sobre los idiotas.

Les di unos largos minutos mientras todos leían los acuerdos que yo mismo había redactado y conocía de memoria, sólo esperaba que aceptaran todas las condiciones, sólo así esta reunión se acabaría y los nuevos vengadores se irían al ala que les correspondía, de esta manera no tendría que oler las feromonas que pretendían tentarme de Rogers, las furiosas de Clint, o las resentidas de Wanda; no era lo más adecuado en estos momentos dónde vivía en un constante pico emocional, sin contar que debía resolver el problema con Hydra, el cual había dilatado mucho tiempo ya; las dulces mentiras ya no eran creíbles y el asunto de la carpeta me estaba comenzando a desbordar, un pequeño estímulo más y sin duda estallaría en un caos de feromonas y golpes. Esperaba no llegar a tanto y perder mi apreciada compostura.

- Cual es el truco Stark, se que no confías en nosotros para darnos tanta libertad y menos tan buenos tratos - Intervino Natasha, dejando de lados los papeles cruzando los dedos, con los codos sobre la mesa; su mirada fija en mí, la alfa portaba una sonrisa tan espléndida cómo la de Rogers, algo se traían esos dos.

- Tienes razón Romanoff no confío en traidores... Pero, esta decisión viene desde arriba así que aunque me opuse con rotundidad, aquí están... Según la exageración de Fury, es una situación de emergencia- Resumí lo mejor que pude de la situación, aunque un tanto extraño; se suponía que Fury ya debía haberles dicho la situación para convencerlos de formar el equipo nuevamente, por sus seños fruncidos, supuse que no tenían idea de que hablaba.

- Así que aún le guardas secretos a tu adorado equipo, que mal Fury... Qué mal - Repuse burlón al ver el desconcierto en los traidores y el bufido de advertencia del moreno.

- ¿Qué situación? - Intervino por primera vez el Capitán, su rostro se deformaba ante la confusión. Esta vez pidiendo respuesta a Fury, sin duda era divertida la situación.

-Cállate Stark y ustedes lean los acuerdos... La situación es esa - Las tensas palabras no dejaron conforme al Capitán y al contrario de lo que Fury esperaba, el valeroso héroe de América tiró su acuerdo a las manos de Fury cruzándose de brazos, dirigiendo su azulada mirada a mí, sus feromonas furiosas llegaron hasta mis fosas nasales; tan diferentes a la pólvora y el peligro que ya estaba acostumbrado. Di unos pasos hacia atrás, sin querer que sus feromonas me empapen.

- ¿Qué situación Tony? - Preguntó directamente y por puro reflejo busque la mirada de Fury, su entrecejo fruncido me lleno de malicia el alma; sí el alfa quería a Steve y a su equipo aquí, eso tendría. Una espléndida manera de cobrar todas sus afrentas y cabezonería.

- Después de ser atacado en la base donde los encontramos, alguien desmembró a los subordinados de dicha base y los dejó en nuestro jardín... Aún no sabemos cómo ni porqué... Sólo sucedió - Explique lo mejor que pude, agregando la duda al final para hacer mucho más dramático y exagerado el asunto de lo que en verdad era; teniendo en cuenta que creía conocer el motivo del porque el desmembramiento desmedido. El horror cruzó la mirada azulada frente a mí, la palidez baño los cuerpos a su espalda.

Lo que pasó a continuación, no me lo espere; en realidad no esperaba tanta desfachatez. El Capitán se levantó de su silla mirando todo mí cuerpo de arriba a abajo, recordando de golpe el momento donde por poco me desangro entre sus manos, o eso supuse por el óxido olor a miedo que nos envolvió a todos los presentes. Me aleje con mucho más ahínco, llevando la manga del carísimo traje a mi nariz, rehuyendo del olor de sus feromonas, los alfas a mí lado se tensaron y en un deja vu casi irónico, Fury ajustó las manos a su pistola; el llamado de la armadura se deslizaba por mi lengua con prematura rapidez, mordí la misma justo a tiempo para no hacer una estupidez. Los compañeros del Capitán lo intentaron calmar, pero este seguía llamando a mí omega, el cual rehuía con más determinación del alfa; encaprichado totalmente con la idea de otro alfa, aunque este fuese Hydra. Con los minutos y luego de muchas amenazas y gruñidos, el Capitán volvió a su puesto y yo al mío, Fury alzó las manos en son de paz y la charla pudo continuar, estaba por tomar la palabra cuando la voz del Capitán rompió el aire.

- Acepto - Murmuró el capitán con seguridad en su voz, descolocando por completo a todos en la sala. El grupo tardó unos largos minutos en poder conectar las palabras de Steve con nuestra realidad; ahora la sorpresa era para mi equipo. Se suponía que debía haber mucha más resistencia, casi como la primera vez. Eso era lo esperado, entre cerré los ojos viendo la nueva sonrisa del Capitán; definitivamente algo tramaba.

- Pensaba persuadir más, pero ya que todo será tan fácil, firmen y nos vamos - Comunique con un amago de sonrisa ignorando mi cuerpo alerta. Buscando en las irises azules la trampa, sin creer una sola palabra de la boca de Rogers, fruncí el ceño esperando alguna estupidez por su parte.

- Tenemos algunas peticiones no prorrogables - Advirtió el Capitán mutando un poco su sonrisa segura, componiendo la mejor de las auras tranquilas pero firme, aquella que no aceptaba réplicas. Encarnando una ceja ante mí resoplido incómodo. Ahora estaba seguro que tramaba algo junto a Romanoff que le secundaba en todo.

- No estas entendiendo Capitán, son unos malditos fugitivos, les estamos haciendo un favor- Intente cortar por lo sano con sus estupideces, al parecer a pesar de mis palabras no eran conscientes de dónde estaban y en qué situación. Su expresión me ponía incomodo. Su alfa intentado llamar mi atención, mucho más. Sólo esperaba que no saliera con alguna intención romántica con mí omega, sería un verdadero idiota de ser así.

- Stark - Intervino Fury en un tono amenazante, quise mandarlo a tomar por culo. Pero no podía tirarme los acuerdos. Simplemente no podía. Respire intentando suprimir el instinto asesino. El maldito alfa volvía a tener los dedos sobre la pistola cromada; estuve a punto de gritarle que jalara el gatillo si tenía cojones. Me mordí la lengua por segunda vez en la tarde, componiendo la sonrisa más falsa que pude. No me molestaría en aparentar.

- Qué quieres entonces Capitán... Di tus reglas; ya que ahora que lo propones, también tengo algunas - Comunique con sorna, sí todos nos íbamos a poner a exigir idioteces, yo no me quedaría fuera de la diversión.

- Quiero ser nuevamente el líder, somos los vengadores unidos... Los quiero mantener así... - rechiste ante tanta ironía, pero no me moleste en detenerlo, esperando en silencio con qué desfachatez más seguiría -... Quiero que se me comuniquen las misiones con anticipación y con todos los detalles; nada de ocultarme información, quiero las mismas comodidades, armamento y misiones de campo para mí equipo así cómo tu equipo las tiene - Estaba loco, definitivamente Steve estaba loco, no pretendía cumplir ni la mitad de sus peticiones, no es que pretendiera hacerle la vida -tan- imposible a su equipo, pero esto era desfachatez rayendo con cinismo. El maldito Capitán quería la vida que dejó atrás, una que al parecer no caía en cuenta que ya no existía. Ni siquiera las migajas.

- Acepto - El alfa moreno que fungía como mediador habló antes que pudiera negarme, logrando una sonrisa en el Capitán ¿es qué acaso no podía ser tomado en cuenta por una maldita vez?

- Aún no he acabado Fury - Dictó el rubio y esta vez, incluso el tuerto quiso estrangular al Capitán América.

- Qué más quieres Capitán... ¿La luna, un marciano, Marte, a Tony? - Ironizó Rhodes, logrando una sonrisa en mí y una mala mirada del team Rogers.

- Quiero que mi equipo se quede en el ala con los demás, que Bucky pueda entrar al complejo y mi habitación esté en la misma ala que la de Tony - Esta vez, sí que no pude controlar la carcajada que escaló por mí garganta y llenó el aire tenso de la sala. Había dado en el clavo con lo que pretendía el Capitán, que iluso era si pensaba que eso pasaría.

- Te voy a explicar esto de la mejor manera capipaleta, para ver si ese vejestorio de cabeza puede captarlo mejor - Esparcí un poco de veneno, sintiendo las aletas de la nariz expandirse con fuerza. Estaba en la jodida cuerda floja.

- Stark - Amenazó Fury, pero simplemente lo ignore, esto había sobrepasado mis límites.

-Es mi jodido complejo, instalaciones y mi maldita tecnología, así que puedo hacer con ello lo que quiera y ni siquiera Fury, la ONU, el presidente o los extraterrestres van a lograr que ceda ante esas demandas, yo elijo en cuales puedo ceder, pero esta vez bateaste muy lejos... - Tome aire intentando en un infructífero intento calmarme -... Tu equipo se quedará en la misma ala de siempre y si mis chicos quieren irse de ahí no es mí problema, al menos ellos tienen todo un complejo para habitar... - Seguí furioso, ignorando el pecho inflado de orgullo de Rhodes y la sonrisa cómplice de Happy -... Tu te quedaras con ellos en esa ala ya que quiero tu culo lo más lejos de mí habitación y en cuanto a tu queridísimo amigo, mejor que se quede en Wakanda con su alfa... Aquí sigue siendo indeseable número uno y no me amedrentare si le meten un bala en la cabeza - Mi enojo había escalado niveles estratosféricos y sabía que si no me retiraba en estos momentos, le partiría la boca a Rogers, a Fury y todos los malditos alfas, betas y omegas que secundaban al Capitán, por primera vez en meses me di cuenta de la influencia de Hydra sobre mí. Sentía que podía matar con sólo una mirada.

- Tony... - Quiso hablar Rogers nuevamente, pero yo ya había tenido suficiente.

- Esas son mis reglas Fury, esas y que no se acerquen a mí taller ni por causas de vida o muerte... Acepta o déjalas, pero no cederé en nada- Advertí al ver el ceño fruncido del alfa, acompañado de todos los fugitivos de la nación que no estaban tan contentos con lo mucho que había conseguido su alfa.

Me levanté de la silla, ignorando los rugidos furiosos de Fury, los llamados desesperado del representante de la ONU o los malditos gritos de Rogers, nada para mí tenía sentido ya, debía gastar mi tiempo en mejores cosas que escuchar exigencias absurdas de un estúpido alfa altanero que debería estar besando mis pies al haberle dado una solución al precio sobre su cabeza, debía agradecer pero como siempre, el alfa no sabía que era los agradecimientos, las disculpas o los arrepentimientos. Fui directo al taller, encendiendo las bocinas hasta el tope de la estruendosa guitarra de Angus Young, deshaciéndome de la corbata, el saco y hasta la camisa, cambiando a una camiseta de Led Zeppelin mucho más cómoda y unos simples jeans; respire entrecortado lleno de rabia, resintiendo la necesidad de explotar. Mordí el interior de mi mejilla buscando control y calma, llamando a la escasa paciencia de mi mente a aparecer. Sólo con cerca de media hora pude controlarme tentativamente, analizando el siguiente paso a dar, una idea fugaz recorrió mi cabeza y demasiado tibio de mente, me deje seducir por ella, en el mejor de los casos era otra cosa tachada mi lista y no una nueva incógnita por la cual discrepar; ya había extendido demasiado el asunto.

Corrí al estante donde escondía celosamente la carpeta metálica, sacando el objeto negro de un sólo empujón, dejándolo caer sobre la encimera. Lo mire unos escasos segundos, las iniciales de Hydra me detuvieron un momento, preguntándome si había extrapolado un poco las cosas y quizás no era mi huella la que habría el objeto, sólo quizás la carpeta iba para otra persona, quizás quizás. Tantas posibilidades y tantas variables en la esquina de mis dedos, literalmente. Analice una última vez la quebradura más grande de cabeza que he tenido en toda mí vida.

La impasible e imponente carpeta electrónica con huella, brillaba calma sobre la mesa de metal, esperando que nuevamente me consumiera en mi propia mierda, hasta saber qué hacer con lo que encontrase dentro. Tomé un gran sorbo del café que había pedido en el camino, la sensación caliente contra mi lengua, me dio nuevas fuerzas y sabiendo que tenía que ponerle fin a la situación, coloque el pulgar en el lector de huellas, aguante la respiración en el escaso segundo que le tomó al lector brillar, rogué una última vez, pero sabía que era iluso. El click de la cerradura, consumió el silencio a mí alrededor llevando cada una de mis opciones para salir libre de esta situación y me reí ante el sentido de humor de la vida; sólo un dedo y se había abierto la cerradura, pero esta vez sería valiente. Todo lo jodidamente valiente que se podía ser ante un alfa así de psicópata y sus misterios.

Abrí los ojos que estúpidamente había cerrado, pestañeando un momento al no poder entender lo que veían mis ojos, sintiendo cómo mi mente hacia syntax error; fruncí el ceño al tomar el sobre del interior de la carpeta con sumo cuidado, como si de una bomba se tratase y de cierta manera era así, el contenido de ese sobre podía destruir todo a su alrededor. El liviano sobre en rojo, contenía el gigantesco logo de Hydra en el respaldo, sin remitente o destinatario; dadas las circunstancias sabía que era para mí. Lo abrí sin titubear, había una hoja de papel blanco y en el fino papel un par de letras en una perfecta caligrafía que no reconocí pero intuí a quién pertenecía, la tinta negra rayando con la pureza del papel, la oscuridad corrompiendo la pureza; mi cuerpo convulsionó de manera furiosa y el aire en mis pulmones escapó al igual que una báscula.

 

Está arreglado, ahora por favor... Ven. Tengo todas las respuestas a tus preguntas, solo debes confiar en mí. 

 

Releí varias veces las letras impresas en el virginal papel, sin poder creer lo que leía más bien, sin poder entender a cabalidad las palabras, la siempre presumida capacidad de entendimiento rápido había desaparecido de mi sistema, para darle paso a la ignorancia e iletraridad que conllevaba la bruma densa de pensamientos revueltos, todos intentando encajar las letras una detrás de otra y formar las palabras; no era que de un momento a otro había dejado de leer, era más bien que no podía hallar los significados de las palabras en negro. Era demasiado surrealista y por primera vez desde que había conocido al alfa, no supe cómo seguir respirando, incluso su sarta de mentiras y dulces arrullos, no tenían equivalente a este momento. Sus mentiras dolían, el engaño y la traición carcomía mi interior llevándose lo bueno de mí cuerpo; los arrullos calmaban casi drogadictamente mis angustias, sin embargo esta vez el sentimiento era mucho más peligroso. Tan extremo y banal, que pocas veces me había saciado de él; la tristeza, la rabia, la traición, la angustia, el deseo, la ternura, la locura, el miedo, la tortuosa desesperación. Todo eso lo había experimentado en menor o mayor medida a lo largo de mi vida, no obstante, la esquiva felicidad infinita, explosiva y sofocante, pocas veces había hecho gala en mis días. La euforia era el santo grial de mis emociones, tan poco reconocida que cuando llegaba eclipsaba todo a su alrededor. Consumiendo cómo el fuego a la madera mi estabilidad y poder de razonamiento, en escasos segundos.

Un infinita y desbordante euforia azoto mi cuerpo con vehemencia, una descarga detrás de otra, incluso podía sentir la humedad alojada en la comisura de los párpados, amenazando con nublar mis ojos y regarse por las mejillas en cualquier momento; me aferré al papel casi estrujándolo, parpadeando más veces de las que debía intentando no dejar ir las lágrimas traicioneras, mis feromonas se alzaron sobre la agitada respiración intermitente. Sabía que no debí abrir la carta y mucho menos el sobre dentro de ella, ahora veía el error; la escueta coraza que había forjado con odio y resentimiento sobre el nombre del alfa se había roto entre mis dedos con alarmante facilidad, sólo un par de palabras y había caído, menos que eso, ni siquiera había escuchado su voz y todos los muros se habían ido al piso, ese por favor había sido el último movimiento astuto del alfa contra mi pobre alma en jaque, bailando en el tablero creado por sus dedos, danzando juntos por salir de la oscura niebla en la cual sus mentiras nos habían metido.

Ahora la niebla se despejaba en silencio, con fuerza, al igual que un ventarrón en medio de un día lluvioso; al final, erguido y sonriente me esperaba Hydra. Me maldije, a él, a mí omega y su alfa. Me había mentido y traicionado y aquí estaba delirando por un par de palabras en una perfecta caligrafía, era ciertamente patético, y sin embargo me tenía sin cuidado alguno. Hydra lo sabía, lo seductor y jodidamente bien que se sentía igualarnos en el mismo nivel; se sentía bien la debilidad del otro, así sabía que era no era el único aquí que tenía el corazón en un puño y la estabilidad por los suelos, esa pequeña frase compuesta por dos simples palabras por favor, demostraba que no era el único confundido, ansioso y desequilibrado. Me maldije nuevamente por haber esperado una semana por esto, esta pequeña y eufórica paz, el otro también estaba sufriendo al punto de rogarme en un por favor que fuera por él, que lo escuchara, me rindiera y dejara volar a mí omega junto a su alfa, su debilidad era mi euforia y aunque debería removerme por satisfacerme del sufrimiento del alfa, simplemente no lo hice. Me vanaglorie de él, Hydra estaba rendido y postrado a mis decisiones, a mi; un omega que poco o nada se tomaba en cuenta, uno que acababa de ser excluido a un lado. Mí omega se volvió a sentir imponente, fuerte y confiado. El corazón roto palpitó y una escueta sonrisa cruzó mis labios, momentánea pero visible, que irónico era que el mismo alfa que había provocado mi deceso ahora se alzaba para mi resurrección.

Deje con sumo cuidado el sobre dentro de la carpeta, conservando el escueto papel blanco, doblándolo con una delicadeza rayando en la locura, dejándolo en uno de los bolsillos delanteros del pantalón; aparte la mirada de la carpeta ya cerrada con aún la euforia pululando en el pecho, me separe de la plancha de metal, dándole la espalda, intentando con todas las fuerzas minimizar la euforia, esta no me dejaba pensar y necesitaba pensar fríamente mis movimientos al menos un segundo, que mi omega tirara de mi cuerpo para ir por su alfa, no me ayudaba en nada. Era casi una necesidad liderada por el omega, argumentada por el poco raciocinio y apoyada por mi curiosidad de ir por el alfa, necesitaba respuestas y las tenía en la punta de los dedos. Me mordí el interior de la mejilla, era un idiota por dejarme seducir por la tormentosa debilidad de otro ser, por la necesidad y fragilidad de mi alfa. No me moleste en sentir remordimiento ante tanta oscuridad, era un héroe debía sentir algo, sin embargo, patee lejos de mi ser inconsciente esa gris idea entre los coloridos matices de euforia y desenfreno. Esa pequeña y pura hoja sin vida, era una bandera blanca en medio de la guerra y estaba dispuesto a seguirla, al menos mientras la sangre siguiera caliente en mis venas. Mientras no pensara con claridad, era fácil dejarme guiar por las apresuradas emociones, en el pico emocional en el que me encontraba cualquier migaja de sentimientos era suficiente para mí, al igual que un perro apaleado me arrastraba por algo de humanidad y justamente eso era lo que me había brindado el alfa.

Corrí lejos de las planchas metálicas, yendo directamente dónde había dejado mi ropa elegante con anterioridad, tomando sólo el saco de la misma; echándolo sobre la ajustada camiseta de Led Zeppelin, sin molestarme en arreglarme más que eso; no había tiempo. Había pasado una semana desde que la bandera blanca había sido izada y sólo ahora tenía respuesta, me detuve un momento con los dedos enredados en el cabello. Sopesando la idea, apartándola con frívola rapidez, era Tony Stark, todos me esperaban; mucho más mí alfa. Me di aún más prisa, como si esto compensará toda una semana de incómoda desesperación y tormentosa tristeza. Salí corriendo fuera del taller deteniéndome de súbito en medio del pasillo, llamando a mi IA, tomando por primera vez en el día una decisión sensata, no sabía cómo llegar hasta dónde Hydra, pero sabía que VIERNES, tenía la absoluta certeza de cómo llegar.

- V.I.E.R.N.E.S necesito la ubicación del Capitán Hydra y la ruta más rápida... - La voz de la IA se instaló en mis oídos antes de poder completar la frase, exponiendo lo que ya sabía, conocía a la perfección dónde encontrar a Hydra. Su voz sólo fue eclipsada por la armadura adueñándose de mi piel.

Salí volando en la próxima ventana con el corazón desbocado en el pecho, la necesidad sólo crecía casi como si el alfa me estuviera llamando. Cómo si un lazo invisible me estuviera tirando hacia él, por primera vez en la vida, experimente la necesidad agobiante de encontrar a otra persona, de gastar mis propulsores hasta la saciedad, sólo sí así cortaba un segundo mí llegada. Por primera vez, sentí cómo un corazón roto se reparaba mágicamente, por primera vez sentí eso llamado amor; no puro y delicado como lo había experimentado. No, esta era una mezcla de locura y necesidad, casi una enfermiza obsesión; lo más dulce y fuerte que había experimentado en toda la vida. Estaba enamorado, jodida mierda.

No me llevó mucho tiempo acercarme al lugar, la IA era eficiente con cada trabajo y este en especial puso real empeño, casi como si tuviese conciencia y esta quisiese unirme al alfa; mí propia hada madrina. Al llegar al perímetro de la tétrica y apagada base, está cobró vida. Volando aún a alta velocidad y con el olor quemado en mis propulsores, me adentre en el cielo del recinto; como si se tratase de una pared invisible una fuerza me pegó de lleno logrando que frenase en mi arduo acercamiento, dicha pared invisible fue rota por mi reactor mientras intentaba quitarme la sensación fría y desagradable de haber irrumpido contra algo desconocido, a lo cual ni siquiera podía apuntarle pero que se deshizo frente a mí, supuse que había sido un campo invisible de protección, esto sólo demostraba cuán resguardada estaba la sede. Definitivamente Hydra estaba aquí.

El aterrizaje en suelo firme fue más tormentoso de lo que espere fuera, las botas tronando contra la tierra y el granito retumbaban como un rayo al unísono; las alarmas saltaron sobre mi cabeza, las luces titilaban en colores diferentes y a lo lejos podía escuchar las voces amortiguadas en una bocina, no tenía que usar mi ingenio para deducir que no era bienvenido, aunque en el bolsillo del pantalón guardaba la carta de invitación por el dueño del circo. Ataque sin contemplación planteándome en cada uno de los gritos desgarrados y las gotas de sangre, sí había sido una de mis ideas más brillantes; la euforia había cedido para ser llenada por la adrenalina al intentar defender mi vida. Quizás me había apresurado un poco, pero Tony Stark, no lloraba por sus actos; buscaba soluciones. En este caso con más ahínco al sentir cómo el gran batallón me rodearme por todos lados, muchos más hombres de los que podía matar.

Levanté las manos dejando de escupir balas. Los cañones de varias armas me apuntaron y la sensación de desasosiego se instaló en mí estomago, que aunque ya curado recordaba la sensación de los agujeros desgarrando la piel. Al menos esta vez no podrían dañarme con la armadura puesta. No obstante la tormentosa sensación no se iba, lo adjudicaba al hecho qué aún dentro de mí prisión de metal y nanotecnología, podía sentir el olor de los furiosos alfas rodearme. Mordí el interior de mí mejilla buscando soluciones, los gritos de los soldados no llegaban a mis oídos, estos estaban absortos al igual que todo mí cuerpo en hallar una salida al lío en el que me había metido sin pensar; suponía que sería bienvenido a la base, estúpida deducción. Hydra ni siquiera había aparecido.

Los pensamientos se cortaron de súbito al sentir el cañón de un arma en medio de los ojos, a escasos centímetros de mi cuerpo, el alfa aún no me tocaba pero la magnitud de su amenaza me deshabilitó; no podría herirme, la armadura resiste más que cualquiera de las balas que pudieran dispararme, sin embargo ahí seguía la sensación de peligro y mí omega estresado sólo aumentaba las ganas de escaparme de esta encrucijada. Sí mataba al hombre, no dudaba que llovería una ráfaga de balas encima de mí, pero si no lo hacía igual me iban a disparar. Apunte a su cabeza con uno de los guanteletes, manteniendo firme mí postura sin dejar que me amedrentaran, demasiados alfas insolentes por un sólo día. La tensión se cierne sobre todos los presentes, esperando quién da el siguiente paso, los soldados impresionados con mi entereza, y yo sorteando todavía la idea de dispararles a todos, sólo así me abriría paso hasta Hydra, necesitaba mis respuesta y no me iría sin ellas.

El sonido de un cañón rugió en medio de la oscurecida tarde, todos sin excepción aguantamos el aire y me obligue a no cerrar los ojos, aunque la impresión dictara lo contrario. La bala atravesó con determinación y limpieza la carne, un grito se escuchó para luego morir en un solo jadeo, al final todo se sumió en silencio nuevamente. El alfa que me apuntaba cayó a mis pies mientras su sangre salpicaba a todos alrededor, con algo de asco y terror me aleje. La sangre salpicó mi armadura. Al caer el cuerpo, detrás de él apareció su asesino. Hydra imponente en sus ropajes negros apuntaba un arma al frente, el humo después de salir el proyectil aún salía de la boca del cañon. El alfa mantenía el ceño fruncido, pero eso era todo. No hay ni una pizca de algún sentimiento más. Sus rojizos ojos paralizaron todo el lugar a sus anchas, los alfas a mí alrededor retrocedieron, seguí su ejemplo. Un leve terror acompañado de una extraña calma azoto mi espina dorsal y trague aún dentro de la armadura. Los ojos de Hydra dictaban locura y furia.