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El aroma correcto

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Título: El aroma correcto

Autor: Lady chibineko
(Miembro de la Orden Sirusiana y alumna de Hufflepuf en Media Noche en la Torre de Astronomía, Miembro de la Mazmorra del Snarry)

Disclaimer: Todos los personajes de este fanfic pertenecientes a la serie de películas de Ice Age son propiedad exclusiva de Blue Sky Studios y 20th Century Fox. Yo solo escribo sin fines de lucro y por diversión.

Advertencias: Este es un fanfic del tipo slash, lo que quiere decir relaciones chico-chico (en este caso más bien seria tigre-tigre xD, por lo que también es medio zoofílico); si no es de agrado este tipo de lectura, por favor no sigan. Incluye las películas de la primera a la tercera.

Y ahora al fic, enjoy the chapter.

Capítulo II

Se sentía cansado, abrir los ojos costaba demasiado; sin embargo algo en su mente lo obligaba a abrirlos y ver alrededor, había algo que necesitaba hacer, algo que tenía que chequear.

- "¿Mamá Daniel?."- una voz lo llamó como guiándolo al mundo real... una voz infantil... ¿Helena?. ¡Los niños!.

Con mucho esfuerzo abrió los ojos y para su tranquilidad, sus tres cachorros estaban a la vista. Helena a un costado suyo, Fernando tras su lomo y el pequeño bebé entre sus patas delanteras... gorjeando. El pequeñito tenía hambre pero él no tenía nada para darle.

Un ruido al lado donde se encontraba Helena lo hizo voltear, aunque con dificultad. Era la cachorra de mamut. Fernando se escondió hasta hacerse casi invisible.

-"¡YAY! ¡Tú mamá Daniel ya despertó Helena!."- dijo sin embargo la niña con júbilo a su amiga, la cual a diferencia del machito no solo no se escondió sino que alzó una patita y la chocó con la trompa de la mamutsita en señal de triunfo.

- "¿Verdad que es genial?... tú mamá sabe mucho de curaciones."- felicitó la niña emocionadísima a Morita (bueno, en realidad a Ellie) haciendo que la mamutsita sacase pecho de orgullo ante lo dicho.

- "Si. Como mis tíos Eddie y Crash se lastiman haciendo 'cosas extremas' a veces, tiene práctica."- explicó la niña y y volteó presurosa- "Le voy a decir a mis papás y tíos, nos vemos."

Daniel se quedó observando a su cachorra, era la primera vez que la veía tan desenvuelta. Trató entonces de acomodarse un poco pero el dolor le impidió tener un movimiento fluido de su propio cuerpo. Se observó entonces la herida, estaba cubierta de algún barro de olor extraño con hojas encima... acercó el hocico pensando en sacarse aquello; tomó entre sus dientes la primera hoja.

- "Yo de ti no haría eso, no te lo puedes quitar si quieres que tus heridas cicatricen."

El tigre herido se detuvo como si lo hubiesen congelado. Esa voz...

Un enorme pescado cayó a la altura de sus patas delanteras y aunque en ningún momento estuvo cerca de caerle al tigresito bebé, Daniel le envió a Diego una mirada cargada de molestia que hizo al tigre proveedor sentirse un tanto incómodo, sensación que se acrecentó aún más cuando los otros dos cachorros se escondieron atemorizados tras de su protector ¿Que le pasaba a esa manada? ¡Encima que se esforzaba en traerles el sustento!

- "Cómanlo antes de que huela, no quiero mi cueva con olor a pescado descompuesto."- gruñó Diego antes de salir del lugar echando humo por las orejas mientras murmuraba algo sobre dientes de sable locos.

Ni bien el tigre más grande abandonó la cueva los cachorritos, bastante hambrientos, salieron de detrás de su 'madre' a echarle diente al almuerzo y aunque Daniel se estaba hambriento, señal de su mejoría dicho sea de paso, se enfocó primero en la alimentación del bebé que se movía apenas entre sus patas, algo preocupado sobre todo al no saber cuánto tiempo durmió.

- "En serio creo que lo que haces alimentando a ese bebé es increíble. Ya dime donde lo aprendiste."- llegó de pronto la voz del perezoso a interrumpir a los comensales, aunque esta vez Helena no se movió y Daniel no reaccionó como la última vez, tan solo el pequeño Fernando buscó esconderse tras su protector de nuevo- "¿Molesto?."- preguntó el recién llegado con voz soñadora mientras se echaba de panza junto al tigre adulto para ver mejor el accionar de la 'madre sustituta'.

Daniel evaluó la situación por un momento antes de contestar con un escueto 'No' y continuar con su tarea de alimentar al bebe, Helena continuó comiendo y Fernando, al no presentir peligro en las acciones de Daniel, volvió a acercarse hasta el pescado, al cual le robó otro bocadito.

- "¡Qué delicado eres con el bebé!."- comentó Sid maravillado y se atrevió a hacerle cosquillas en una patita al bebé con una de sus garras y Daniel medio sonrió- "Se nota que lo quieres mucho, me alegro que lo encontraras. Creo que todos merecemos tener a alguien que luche por nosotros."

El bebé al parecer se llenó y no quiso aceptar más alimento, Daniel procedió a acomodarlo para sacarle el aire antes de lamerlo para limpiarlo y arrullarlo para que duerma.

- "Eres un poco extraño."- le comentó el tigre al perezoso sin doble intención en la voz, solo por decirlo.

Y por supuesto Sid no lo tomó a mal en lo absoluto.

- "Si, ya se. Me lo han dicho antes, sobre todo Manny y Diego. Ellos son mis mejores amigos en todo el mundo ¿sabes?."- comentó todo risueño mientras se daba el gusto de volver a hacer cosquillas en la patita al bebé solo porque si, y que este estaba casi dormido.

- "Un mamut y un dientes de sable mejores amigos de un perezoso... supongo que ya lo he visto todo entonces."- opinó Daniel mientras le daba un vistazo a lo poco que quedaba del pescado, por no decir ya que era nada. Y él que aún tenía hambre, pero sus cachorros eran primero.

Sid por su lado se puso todo mimoso y mientras volteaba en el suelo sobre su espalda y veía al enorme gato en forma juguetona, proclamó:

- "No creo, te falta mucho por ver y conocer... ¡Como a mis hijos adoptivos! ¿A que no sabes? ¡Yo también fui madre!. Fue cuando encontré tres huevos y los hice mis hijos, se llaman Yoko, Eggbert y Shelly y son una monadita de reptiles."

- "¿Reptiles? ¿Y donde están? ¿Los tienes contigo?."- preguntó el tigre más que nada por no pensar en comida... hablar le hacía olvidar que moría de hambre y que no había comido nada pues sus niños ya lamian las espinas de lo que antes fue el almuerzo.

- "Oh, no."- exclamó el perezoso con una sonrisa- "No cabrían conmigo, son mucho más grandes que Manny para este momento. Regresaron con su verdadera madre, Momma que es amiga mía por cierto. Viven en un mundo subterráneo lleno de reptiles que son varias veces más grandes que Manny, otros que vuelas y otros que son más rápidos que Diego. En realidad mis niños son reptiles carnívoros gigantes, pero si les quitas ese pequeño detallito, son los niños maaaaas tiernos del mundo."- terminó de decir el perezoso mientras pestañeaba coqueto a los tres tigres que lo miraban boquiabiertos (bueno, en realidad Fernando no lo miraba, pero se entiende que estaba sorprendido).

- "¿Y pueden venir a comernos?."- preguntó la pequeña Helena con la voz en un hilo.

- "No creo. La entrada a su mundo se selló hace años... en realidad fue justo el día que nació Morita. Además yo les enseñé a no comernos ni a mí ni al resto de la manada, así que aunque vengan de visita, si les explico que son parte del grupo no sucede nada." terminó su explicación el perezoso como siempre, con un gesto dulce y cómico a la vez.

Aunque esa aseveración pareció tranquilizar a los más pequeños, no lo hizo con el adulto quien se preguntaba a si mismo ¿donde rayos había ido a parar?... aunque sin lugar a dudas se sentía más seguro allí con sus niños de lo que nunca se había sentido antes.

Un ruidito interrumpió el tren de sus pensamientos, un sonido hecho por su mismo estómago traicionero.

- "¡Uy! alguien tiene hambre."- Sid señaló juguetón- "Como que necesitarás otro pescado porque ese ya se acabo... Hmm, le diré a Diego para que te traiga otro, después de todo estuviste todo un día sin comer... necesitas alimentarte."-

- "No es necesario, no quiero molestarlo."- gruñó el tigre ante lo dicho, mientras se acomodaba con algo de dificultad para dormir. Moriría de hambre antes de pedirle nada a ese sujeto malhumorado y es que la antipatía entre ellos parecía natural... y pensar que antes. No, mejor olvidarlo. ¿Así que solo un día? Eso lo tranquilizaba.

- "Nah, Diego es muy buen cazador y pescador. No creo que le tome mucho, además no te fíes de su cara de malgenio pues la verdad es que es un cachorrote grandote nada más ¡Puro corazón! Te lo digo yo que soy su amigo, luego se pone juguetón."

El tigre permaneció en silencio un momento, perdido en sus pensamientos. Y justo cuando estaba por decir algo, el antes mencionado entró con otro pescado en las fauces, esta vez mucho más pequeño que el anterior y volvió a tirarlo a la altura de las patas del herido, quien lo miró con el ceño absolutamente fruncido.

- "¡Te lo dije!."- se alegró sin embargo Sid, quien apapachó al tigre recién llegado antes de decir en dirección al enfermo- "¡Puro corazón!... hasta creo que está rellenito de dulce ¿verdad cachorrote?."

- "¿A quién llamas así?. Tarado."- gruñó el tigre mayor antes de agazaparse en un rincón y enrrollarse sobre su sitio para dormir, aunque la verdad lo único que hacía era hacer hígado.

Sid solo sonrió y luego se despidió tras lo cual comenzó a tararear una melodía un tanto pegajosa mientras se retiraba.

- "¿Mamá?."- preguntó Helena tras unos minutos de silencio en los cuales Daniel evaluaba si dormirse con hambre o comerse lo que le trajeron.

- "Necesito recuperarme rápido."- se recordó a si mismo en voz baja antes de suspirar y empezar con el alimento. Si que tenía hambre, la verdad que no le tomó mucho acabar con el pescado, tras lo cual le entró sueño y acurrucado con sus cachorros entró al mundo de los sueños, donde en estos se mezclaban escenas de un pasado bastante lejano.

Por su parte Diego esperó hasta escuchar los ligeros ronquidos del otro macho y una vez que aparecieron estos, se acercó a retirar los restos de alimento fuera de su cueva. En realidad le molestaba mucho el olor a descompuesto.

El tal Daniel había caído profundamente dormido bastante rápido, al igual que la cachorrita quien estaba pancita arriba y durmiendo a patita suelta; del machito no estaba seguro... había notado que incluso despierto se mantenía casi inmóvil y en cuanto al bebé, bueno este se removía ligeramente buscando algo en sueños. Diego no pudo evitar acercar una pata y hacerle cariños en la nariz al último, tras lo cual el benjamín de la manada pareció tranquilizarse. Notó que la oreja izquierda del otro crispó ante aquello ¿así que el niño continuaba despierto?. Diego suspiró, le sabía mal tanta desconfianza.

Tomó por fin los restos del alimento y lo sacó fuera de la cueva, volvió a su sitio y se acurrucó para dormir aunque esta vez mirando a los inquilinos. Pronto el sueño lo alcanzó.

~.~.~.~.~.~

Al día siguiente no hubo fuerza animal que obligase a Daniel a permanecer dentro de la cueva, así que con bebé en el hocico y a pasito lento salió seguido de sus dos cachorros mayores. Dio algunas vueltas frente a la cueva, luego se arriesgó a ir un poco más allá en donde por fin se acostó bajo la sombra de un árbol, dejó al bebé a un lado y aspiró aire profundamente cansado.

- "Esto no está bien, necesito recuperarme pero apenas puedo andar unos pasos antes de agotarme."- comentó a nadie en particular, aunque sus cachorros le prestaban total atención así como los otros adultos aunque de manera disimulada.

Bueno, no todos...

Daniel había sacado una garra y marcaba líneas contra la corteza del árbol bajo el cual se encontraba cuando Sid acompañado de Morita, Eddie y Crash se acercaron.

En cuanto a la niña, ni bien localizó a su nueva amiga la instó a ir a jugar.

- "Ve Helena, diviértete."- animó Daniel a la niña mientras que Sid, con toda la desfachatez del mundo, revisaba lo que el enorme gato había hecho.

- "¿Por qué hay 4 líneas allí?."- preguntó el perezoso curioso.

El tigre, que a aquellas alturas ya se había acostumbrado a la actitud de Sid, no dudó en responder aunque al parecer lo hizo eligiendo sus palabras.

- "Son los días que llevo herido, desde un día antes de conocerlos hasta hoy."- le dio una mirada a la zarigüeya que le hacía cariños en las patitas al bebé y determinó que no era un peligro- "Necesito sanar pronto."- volvió a repetir para si mismo. Parecía ser un asunto que le preocupaba sobre manera.

Misteriosamente las zarigüeyas se miraron el uno al otro y uno de estos, Crash, preguntó.

- "Pareces algo apurado en eso de sanar. ¿Tan importante es el asunto que te traes entre patas?."

El tigre esta vez no tardó en responder.

- "Lo es. Muy importante."

- "Y estarías dispuesto a lo que sea?."

Una vez más la respuesta vino rápida y con total seriedad.

- "A lo que sea."

Ambas zarigüeyas se miraron de nuevo antes de sonreírse la una a la otra.

- "Ya rugiste amigo. Volvemos luego."- dijo emocionado uno de los gemelos antes de que ambos se perdieran hacia el oeste del valle.

Sid por su lado había tomado el lugar de Eddie y ahora le hacía morisquetas al bebé, el cual movía las patitas alegremente, cuando como en un deja vu un pescado fresco cayó a la altura de las patas del joven padre. Diego miró al herido de manera severa.

- "Sea lo que sea en que hayas quedado con esos dos, recházalo. Si viene de los gemelos solo significa problemas."

Daniel no tomó a bien aquellas palabras y en respuesta tan solo le gruñó al otro tigre.

- "¡Te lo digo por tu propio bien!."- insistió el tigre mayor.

- "Pues yo no recuerdo haberte pedido tu consejo."- respondió frio el otro.

- "Ya, ya. Haya paz."- intercedió Sid entonces- "Diego, Eddie y Crash solo tratan de ayudar."

- "Y hasta donde yo sé todos sus ofrecimientos siempre terminan en desastre."- gruñó este mirando al otro que ahora desviaba la mirada de manera testaruda- "Hmmph... escucha lo que te digo mocoso, tus heridas curarán en 20 días aproximadamente, tan solo quédate tranquilo por ese tiempo y deja de hacer rabietas estúpidas."- y el tigre se alejó gruñendo sobre mocosos estúpidos y cabeza dura y otras cosas más.

- "¡¿20 días?!."- preguntó preocupado el tigre. 20 días eran demasiados, él sabía cuánto era y superaba con creces el tiempo que le quedaba.

- "Tranquilo Dani, Diego sabe mucho de esto porque se ha recuperado de muchísimas lesiones. Si él dice que son solo 20 días pues solo eso serás, pero no te preocupes que tienes comida y refugio asegurados. ¡Ah! este bebé me está chupando la garra, creo que tiene hambre."- exclamó alegre el perezoso.

El tigre solo asintió con un terrible peso en el pecho, aunque lo único que podía hacer por el momento era preocuparse del más pequeño.

Más tarde ese día...

Aún cuando había sido un día bastante tranquilo, el aura de pesadez alrededor del joven padre no se marchaba, más bien aumentaba cada vez que miraba hacia las cuatro marcas en el árbol o hacia su herida.

De pronto uno de los gemelos apareció bastante animado y se plantó frente a Daniel.

- "Ey allí amigo, traemos la solución a todos tus problemas de salud."- empezó en una especie de presentación, tras lo cual hizo una venia hacia donde se podía ver al otro gemelo en compañía de otro animal. Una vieja comadreja para ser más precisos, llena de hojas y flores secas, lianas y otras cosas irreconocibles alrededor enrolladas en hojas cerradas.

- "¿Donde está el paciente?."- exclamó la anciana apenas a unos pasos del tigre herido, quien alzó una ceja en señal de pregunta.

- "Está un poco ciega pero es 100% efectiva."- aseguró Eddie mientras Crash llevaba a la anciana hasta Daniel y le hacia tocar el hocico del tigre.

- "¿Que hace ese vejestorio en nuestro campamento?."- pregunto de pronto Manny, quien al ver la conmoción de lejos se había acercado para ver lo que pasaba.

- "Manny, ten más respeto por la anciana."- le instó Ellie y el mamut bufó- "Manny, te sanó el invierno pasado cuando lo necesitaste ¿o no?."

Manny no cambió mucho su expresión, tan solo desvió la mirada. Darma, que era el nombre de la anciana y sabia comadreja, había llegado dos inviernos atrás al valle y en opinión no solo de Manny sino también de Diego, era la prueba junto a Butch (la comadreja domadora de lagartijas gigantes) de que a todas las comadrejas les faltaba algo allí arriba en la sesera. Si bien era cierto que Darma no había fallado en una sola curación acelerada, también era cierto que la cura era tan mala o incluso peor que la enfermedad cuando ella se encontraba de por medio.

- "¿Es realmente efectiva? ¿Puede sanarme en menos tiempo?."- preguntó sin embargo el tigre herido mostrando una luz de esperanza en su mirada.

Manny lo dudó un poco, al final decidió responder.

- "Bueno si, pero..."

- "Entonces comencemos, haré lo que sea."- cortó el tigre al mamut.

La comadreja sonrió complacida y descolgó una de las lianas de sus brazos, la cual encerraba de forma curiosa, casi hecha un ovillo una hoja cerrada, la cual al abrirla mostró algún tipo de lodo verdoso de olor repugnante. Daniel crispó un poco ante aquello, pero era necesario.

- "Esto es todo lo que necesitas para sanar."- contestó ella y Daniel se estremeció un poco al pensar que le pondrían eso sobre la herida. De seguro el olor no se le quitaría en días. Pero bueno...

- "N-no hay problema. Me quito las hojas de la herida para que me lo pon..."- pero sus palabras se quedaron en el camino. La vieja Darma lo tomó del hocico, lo volteó hacia ella y en un movimiento rápido metió aquello dentro de la boca del pobre animal herido quien apenas pudo sorprenderse un par de segundos antes de caer noqueado, por completo inconsciente.

La vieja comadreja palpó entonces todo el rostro del enorme gato, su lomo y finalmente su herida, la cual dejó al descubierto de las hojas que la cubrían para palparla igualmente.

- "Mmmm... en diez días con sus noches esta herida estará curada por completo, quizás un día menos si este macho se cuida adecuadamente. Bien, bien... otro buen trabajo."- se felicitó a si misma la extraña anciana mientras daba media vuelta y emprendía el camino a su madriguera murmurando extrañas palabras.

- "¿Mamá?."- preguntó por su parte asustada la pequeña felina, preocupándose aún más al no conseguir respuesta.

- "Tranquila, solo se está curando. Dormirá mucho, tal vez hasta mañana."- trató de tranquilizarla Ellie en su papel de madre, la niña solo asintió y se acurrucó bien junto al tigre inconsciente al igual que el otro cachorro. De suerte el bebé acababa de comer y se encontraba dormido. Esperanzadoramente dormiría hasta el día siguiente y se despertaría al igual que su 'madre' por la mañana.

Y por la mañana...

Menos mal que la noche había sido cálida y fresca a la vez, porque Diego se la había pasado fuera de su cueva vigilando a aquella pequeña extraña manada de dientes de sable pue el adulto había permanecido inconsciente toda la noche en el mismo lugar donde había quedado la tarde anterior y por ende los pequeños se habían negado a moverse. Por supuesto nadie lo había obligado a aquello, pero no hubiese podido dormir tranquilo dentro de su cueva con los otros afuera... y no quería siquiera preguntarse el porqué.

Por fin decidió levantarse y dar un buen estirón a sus músculos cuando Ellie, Manny y Sid aparecieron en escena. Por supuesto Morita y los gemelos por lo general dormían un poco más así que no era muy común verlos con los primeros rayos del sol, por lo cual Diego ni se molestó en preguntar por ellos, tan solo saludó.

- "Buenos días."- fue el intercambio que dio ante los saludos gemelos de los mamuts y el 'Despierta que ya amaneció' de Sid.

- "Dormiste afuera ¿eh?."- observó el mamut ante lo cual Diego solo se encogió de hombros mientras Manny le daba un vistazo a los otros dientes de sable.

- "De vez en cuando no mata."- respondió el enorme felino con tranquilidad.

- "Veo. Y como estuvo todo ¿bien?."

- "Bastante tranquilo."- respondió el otro suprimiendo un bostezo.

Manny estuvo a punto de comentar algo más cuando Ellie lo cortó para saludar a la pequeña felina que algo tímida se acercaba en su lento y rengueante andar.

- "Esto... hola."- saludó algo insegura puesto que con quien más comunicación había tenido en ese grupo era quien justo se encontraba ausente, pero igual tenía una importante misión ahora que mamá Daniel estaba aún dormido y...

- "Buenos días Helena. ¿Necesitas algo cielo?."- preguntó Ellie con la dulzura que la caracterizaba.

La cachorrita bajó la mirada hacia el suelo y sus patitas delanteras se movieron nerviosas, pero nuevamente: ella tenía una misión.

- "Dieguito tiene hambre."- soltó de sopetón ante los adultos, que la miraron confundidos.

- "Uy, Diego. No sabía que ya te habían agarrado tanta confianza."- comentó Sid alegre- "Dieguito suena lindo."

- "Sid, no opines. Mira mocosa, no creo que me guste que me llamen así."- comenzó a decir algo mosqueado el tigre adulto, pero la cachorrita solo negó y sacando coraje de muy adentro replicó.

- "Usted no, mi hermanito."

- "Creí escuchar que se llamaba Fernando."- comentó confundido Manny.

- "Mi otro hermanito."- replicó la tigresita con carita de circunstancias.

- "¿El bebé se llama Diego? Wow, dos tigres con el mismo nombre ¡Vaya coincidencia!."- comentó animado el perezoso- "Ah, pero tu madre está dormido ¿Cómo hacemos?."

La tigresita se puso aún más seria y contestó.

- "He visto a mamá dar de comer a mi hermanito muchas veces. Sé que puedo hacerlo también, pero necesito algo para darle de comer."- y diciendo esto miró a Diego, pero este parecía a miles de kilómetros de distancia mientras observaba alelado al tigre durmiente.

Helena... Fernando... Esos nombres junto al suyo propio pertenecían a una época bastante lejana en su vida, de la cual solo quedaba él... o por lo menos eso creyó. Un tigre más joven que él, hubo uno en ese pasado, definitivamente lo hubo... pero se suponía muerto hacia tanto que ni le pasó por la cabeza ¿Era entonces posible?.

- "Señor."- la voz infantil lo sacó de sus propios pensamientos. Diego miró a la niña e inspiró hondo.

- "Diego ¿sucede algo?."- lo interrogó Manny.

- "Yo..."- entonces un recuerdo vino a su mente e ignorando al resto, pasó raudo al lado de la tigresita y no paró hasta llegar a donde el enfermo se encontraba.

Levantó una pata y la llevó directamente a la oreja izquierda del durmiente, palpó la textura de la piel en la parte externa de la oreja y efectivamente encontró el indicio de un feo rasguño cicatrizado años atrás. La respiración se le cortó. Era él, no había dudas. Voces del pasado inundaron su cabeza.

***Flash Back***

- "¡Colita!."-gritó una vocecita infantil con emoción.

- "¡Maldición niño! ¡Deja de molestar!."

Un zarpazo en el aire, el sonido de piel rasgándose y un llanto asustado tras un grito de profundo dolor.

- "¡Sale mucha sangre!."

- "¡Tranquilo Fernando! Es tan solo la oreja. Ayúdame a lamer para parar el sangrado."- sonó una preocupada voz femenina mientras un gruñido molesto se daba al mismo tiempo.

*** ***

- "¿Diego?."- volvió a interrogar Manny y el felino lo miró pero decidió tratar el tema luego, primero tenía que digerirlo él mismo.

Puso su atención en el bebé que se removía inquieto, en le cachorro que aún en su inmovilidad parecía estar siguiendo sus movimientos con cuidado y por último en la cachorrita que lo miraba confundida.

- "¿Estás segura de que puedes alimentar al pequeño?."- la niña asintió- "Entonces voy por el desayuno, espérame aquí."

- "Diego..."- volvió a llamar Manny, esta vez en un tono de voz que urgía una explicación si o si.

El tigre dientes de sable suspiró.

- "Luego Manny, una vez que... Daniel despierte hablaremos."- comenzó a alejarse- "Yo también quiero algunas respuestas."- se dijo entonces a si mismo en voz baja una vez que corría como loco al riachuelo para cumplir con su objetivo de conseguir el desayuno.

Y más tarde ese día...

Ya todos habían tomado sus alimentos y se encontraban haciendo otras cosas ese día. Ellie por el momento se encontraba vigilando a las dos cachorras mientras éstas jugaban cerca del riachuelo en tanto que los gemelos brillaban por su ausencia, seguro y metidos en algún nuevo lío. En tanto que Diego junto a Manny y Sid vigilaban al paciente. Los dos cachorritos machos habían sido llevados al interior de la cueva para que descansaran lejos del sol del mediodía, el cual podría luego enfermarlos de alguna manera.

Y desde esa mañana Diego se había negado a hablar de aquello que tanto lo había conmocionado por lo que sus a dos mejores amigos solo esperar para obtener respuestas.

Hasta que finalmente el tigre adulto más joven por fin dio señales de comenzar a despertar. Sid presuroso se acercó con una cascara de fruto hueca llena de agua pues Manny había mencionado que lo primero que sintió al recuperarse de la 'medicina' de aquella vieja había sido la lengua en extremo pastosa y mucha sed y en efecto lo primero que hizo Daniel al levantar la cabeza fue chasquear la lengua.

- "Toma, bebe un poco Dani. Seguro te sentirás mejor."- ofreció el perezoso al aún aturdido felino que al sentir el líquido fresco en el hocico comenzó a beber como pudo, hasta efectivamente terminar con toda el agua del recipiente.

- "¿Mejor?."- preguntó Sid y su alivio fue grande al ver al otro asentir lentamente.

Por fin Daniel se sintió lo suficientemente fuerte como para por lo menos abrir los ojos y enfocarlos bien. Buscó lentamente algo alrededor y Manny, adivinando en su corazón del padre los pensamientos del macho joven, no tardó en anunciar.

- "Tu niña está junto a Morita jugando, mi mujer las vigila. Tus otros cachorros descansan dentro de la cueva."

Daniel asintió lento, agradeciendo la información. Trató de hablar pero las palabras se le trababan. Esperó un poco, pasó algo de saliva e intentó de nuevo.

- "¿Cuanto... tiempo?."- preguntó con voz medio pesada.

- "Dormiste todo un día."- respondió Sid recordando la preocupación sobre el tiempo que transcurría, que estaba siempre en la mente del felino.

Las orejas del tigre se movieron nerviosas. Un día...

- "Mi bebé... debo... alimentar..."

- "Diego ya comió."- habló por fin el tigre mayor, las orejas de Daniel se aplastaron nerviosas contra su cráneo- "Helena resultó ser una niña muy observadora, me solicitó el alimento esta mañana y luego alimentó al pequeño tal y como lo haces tú."

- "Helena..."- susurró el enfermo con una ligera sonrisa, su mente yendo por rumbos por los que Diego no deseaba que se perdiera puesto que el quería respuestas.

Diego continuó.

- "Así es. Helena, Fernando... Diego. Por alguna razón hasta que escuché a la niña llamar por mi nombre al cachorro no me di cuenta, tal vez porque esos son nombres que pertenecen a un pasado que en verdad me esforcé por olvidar."- dijo dolido el tigre ante el asombro de Manny y Sid mientras que el otro volvió a aplastar las orejas cambiando su expresión a una de pura tristeza. Diego siguió- "¿Eres tú, verdad? Pero ¿Como puede ser? Se supone que estás muerto, él nos lo dijo."

- "Él..."- repitió el otro con un tono de voz que demostraba saber de quien hablaba el tigre mayor- "Claro que él lo dijo."- Daniel suspiró.

- "¿Quién es 'él' Diego?."

Manny y Sid se miraron confundidos. En lugar de preguntas solo estaban obteniendo más interrogantes.

- "Diego."- una vez más intervino el mamut, esta vez con voz más autoritaria al preguntar- "¿Quién es 'él'?."

Diego miró de reojo a su amigo antes de responder renuente.

- "Soto, el padre de Daniel. O debería decir más bien de Alejandro, que hasta donde recuerdo fue el nombre que le puso Helena, su madre."

- "Alejandro..."- repitió el tigre más joven el nombre, como saboreándolo- "Si, Alejandro debe de ser entonces... Alejandro..."- pareció perderse en sus pensamientos con una sonrisa triste en sus labios.

Bien, eso no ayudaba a Diego, quien quería respuestas y las quería ya.

- "¡Ey niño!."- llamó la atención del otro con el sobrenombre por el que casi todos en su antigua y mucho más extensa manada en aquellos tiempo, utilizaba en el tigre que ahora años después lo miraba de aquella manera indescifrable- "Aún no has respondido ¿Dónde has estado todo este tiempo? ¿Tienes idea de lo que sufrieron Helena y Fernando con tu desaparición? ¿Por qué no volviste? ¿Por qué Soto dijo que habías muerto? ¿POR QUE no me dijiste antes quien eras? Ya que puedo decir con toda la seguridad del mundo que tú me recuerdas."

Daniel suspiró, al parecer era hora de dar explicaciones que no deseaba dar pero no le quedaba de otra si de esa manera podía continuar en aquel lugar seguro para él y sus cachorros. Su mirada rehuyó la inquisitiva mirada del otro tigre y las curiosas miradas de los otros dos. Abrió la boca por fin dispuesto a hablar.

 

Fin del segundo capítulo

 

Notas de la autora

Que tal gente! Un saludo de esta autora. Espero que la estén pasando bien y que el fic les esté gustando. Muchas gracias a todos los reviews por el primer capítulo, son un sol. Por lo pronto estoy dejando a nuestros personajes con una noticia bomba sobre las cabezas y Daniel tendrá mucho que explicar en el siguiente capítulo, así que nos veremos allí.

Un apapacho gatuno para todos ustedes y una vez más gracias por seguirme.

Un beso con mucho miaulove,

 

chibineko chan

(Miembro de la Orden Sirusiana)
(Miembro de la Mazmorra del Snarry)
(Alumna de la casa de Hufflepuff en Media Noche en la Torre de Astronomía)

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