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Campamento de verano

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-Has madurado... Más de lo que creí. -comentó Cristian, sonriéndole tímidamente, y luego desviando nuevamente su mirada hacia el cielo a su alrededor. Sólo podía percibirse allí la inmensa masa azul oscuro salpicada de destellos plateados. Ningún sonido más que el del viento soplando de a ratos y el lejano sonido del mar, allá muy lejos por debajo. Tomó aire, suspiró y volvió a acercarse a su compañero. Puso la mano en su hombro y le empujó suavemente un poco hacia atrás, indicándole que debía sentarse nuevamente donde antes había estado armando su cubo Rubik; en el suelo sobre su manta y con la espalda apoyada en la pared. Elías cedió obedientemente, aunque algo confundido aún. Cristian volvió a instalarse sobre él, como lo había hecho anteriormente, con una pierna a cada lado. Apoyó sus brazos en los hombros de Elías y entrelazó sus manos tras su cuello, mirándolo directamente a su rostro de chico inocente. Sentía una mezcla de cariño y misterio, pero un deseo insaciable por querer descubiri ese misterio. ¿Qué era esa sensación en su estómago, nuevamente? ¿Excitación? Sin duda, y ese sentimiento era lo que confundía su mene. Pero había algo, además de eso. Era la sensación que había tenido en la ducha, cuando ya no pudo soportar mas sus cuestionamientos acerca de sus reales sentimientos hacia su amigo. ¿Amor?

-¿Qué hora ha de ser? -preguntó Elías, para romper el silencio, y con evidente timidez en su tono de voz.

-Las 4, supongo... ¿Debes regresar a tu casa?

-No.

-¿Tienes sueño?

-No: dormí la ciesta en la tarde. Pero... pero... -Elías no supo cómo acabar la frase.

-Ahora es mi turno. -ordenó Cristian. Elías guardó silencio; ya no tenía nada por decir. Su corazón comenzó a acelerarse.

Cristian se levantó un poco, apoyando las rodillas en el suelo, pero sin apartar sus brazos rodeando su cuello. Elías comprendió lo que Cristian le ordenada. Tomó el borde de su pantalón jean y fue quitándoselo con rápidos movimientos. Lo mismo hizo con sus boxers, que empujó con la punta de sus pies una vez que los hubo deslizado del todo. Cristian volvió a sentarse sobre el regazo de Elías. Ahora el roce de la piel era pleno, la sensación era más cálida, más real. Sus ojos se cruzaron nuevamente, pero ya no había tensión entre ambos. Sus labios se reunieron rápidamente. La mente cedía. Olvidando por momentos lo que podría suceder a continuación, Elías deseaba quedarse así para siempre, pero sus labios se despegaron debido a los graduales movimientos de Cristian; de arriba a abajo. Una estrechés entre los sexos cada vez más intensa. Elías cerró fuertemente sus ojos, pero en un momento en que los entreabrió, notó que Cristian acababa de estirar su mano y buscaba algo en su bolso, que estaba en el suelo junto a ellos.

-¿Qué buscas? -preguntó Elías, parpadeando rápidamente, para despabilarse.

Cristian no respondió. Sacó algo de su bolso y apartó su cadera hacia atrás, sólo un poco.

Elías observó el objeto que Cristian manipulaba, aunque en la oscuridad de las 4 de la madrugada no pudo distinguir mucho. ¿Una pequeña botella de agua mineral, quizás? No. Un envase más pequeño que eso, que refulgía a la luz de la luna. Parecía ser un envase de crema para las manos, o de gel para el cabello. Sí, eso parecía ser: Gel... ¡¿Gel?! Elías se sonrojó intensamente al darse cuenta, al tiempo que se le escapaba un infantil gemido de sorpresa. Cristian, que permanecía con la mirada baja, sonrió en secreto al oírlo, pero prosiguió cuidadosamente con su tarea. Elías tragó saliva y contuvo la respiración al sentir los deditos de Cristian en su pene, colocándole el lubricante. Elías estaba tan tímido que desvió la mirada y decidió pensar en algo. Entonces lo recordó, y comprendió: era eso lo que Cristian había ido a comprar, en la tarde. Cristian siempre tenía un plan. Elías sonrió. "Así es Cristian" pensó.

-Ya está. -dijo Cristian alegremente, dándole los últimos toques. Volvió a acercarse más a Elías y a rodearle el cuello con sus brazos.

-Eres increíble. -dijo Elías, en un suspiro. Cristian no supo a qué se refería él, exactamente. Levantó una ceja, en señal de duda, pero Elías sonrió y negó con la cabeza, como quitándole importancia a las palabras. Acto seguido, rodeó la cintura de Cristian con sus brazos, atrayéndolo más a sí, y lo besó tiernamente en los labios. Cristian se sorprendió un poco ante ese acto repentino; realmente Elías estaba tomándolo como algo suyo. Al fin. Cristian siempre se había sentido, en algún sentido, y en gran medida, propiedad de Elías. También sabía que Elías sabía lo que poseía. Pero nunca en la amistad que compartieron, por supuesto, ninguno de los dos había hecho alusión a ese lazo invisible, esa correa de propiedad...

Cristian ya no podía esperar a más; supo que ya era el momento de llevar a la realidad su entrega total. Sus labios se despegaron de los de Elías, pues levantó un poco el cuerpo, y fue acomodándose en la posición deseada. La respiración de Elías se aceleró al sentir su propio miembro introduciéndose en el culo de Cristian, mientras este se acomodaba lentamente. Cristian también estaba algo agitado debido a la fuerte y extraña sensación en su interior, pero su audacia persistía incluso a pesar del dolor singular de aquella nueva experiencia.

-¿Estás... estás bien? -preguntó Elías, con voz temblorosa y entrecortada.

Luego de exhalar unos suspiros, pero sin abrir los ojos aún, Cristian respondió:

-Sí... Sí...

-¿Seguro? No- no parece. -replicó Elías, el mismo tono. Preocupado, y tremendamente tímido.

-Se supone que un poco de dolor es normal al principio. -Respondió Cristian, intentando sonar despreocupado. Abrió los ojos lentamente, y añadió, con una media sonrisa: -Vamos, Elías: Ya es tarde para ponerse tímido.

Elías se paralizó ante esa sonrisa orgullosa y esa mirada directamente hacia él. Esa mirada que siempre le daba impulso y le transmitía seguridad. No una seguridad de que lo que fueran a hacer fuera lo correcto. Sino la seguridad de que aquello que Cristian le indicaba con su sola mirada, era precisamente aquello que él, Elías, estaba buscando.

Elías abrazó cuidadosamente a su compañero, y lo besó en la mejilla. Fue lo único que se le ocurrió para apaciguar el dolor que podía estar persistiendo en él. Cristian soltó una risita. Apoyo la cabeza en el hombro de Elías, y retomó sus movimientos, que antes sólo eran insinuantes.

Con seguridad, su cadera se movía en un lento vaivén, de arriba a abajo. Las caricias de Elías sobre su espalda se detenían de a ratos, al tiempo que la respiración de éste se aceleraba, aunque de una forma muy reservada. Cristian, que podía percibir la aceleración de las exhalaciones de su compañero, se sintió más animado a acelerarse un poco. Pensando en esto, el dolor, por añadidura, empezaba a ser olvidado. Se aferró un poco más fuertemente al cuello de Elías, y se entregó, impaciente, a la tarea de complacerlo. Complacerlo realmente.

Elías, que aún se sentía algo egoísta, deseaba proporcionar algo de placer, o al menos algún gesto de ternura a Cristian. Pero ya no podía pensar en nada. La magnífica sensación de saberse en el interior de Cristian, la resolución de sus movimientos. Las graduales contracciones y relajaciones del interior de Cristian, el calor envolvente en su pene, la calidez cada vez más profunda... Y sus leves suspiros que se conertían en gemidos, ya, evidentemente, no sólo ocasionados por el dolor...

Las manos de Elías, quietas sobre los hombros de Cristian, temblaban un poco. En parte involuntariamente, sus finos dedos se deslizaron hacia abajo, recorriendo la espalda hasta la cadera de Cristian, pero se detuvieron al llegar hasta allí. Elías no iba a tener la impertinencia de marcarle el ritmo. Cristian soltó una risita al notarlo. Sin apartar su cabeza del hombro de Elías, bajó sus manos y tomó en ellas las manos de su tímido compañero, acomodándoselas nuevamente a cada lado de su propia cadera. Dándole el permiso que Elías necesitaba.

Elías lo tomó cuidadosamente, debido no sólo a su timidez. Sabía que Cristian era un pequeño chico, aún tierno. Pero Cristian aceleraba. La presión en su pene era ya más fuerte. El vaivén se le escapaba de sus tímidas manos. La calidez, el calor... La presión. El líquido... Cristian...

-¡Cristian...! -dijo Elías, al fin. Su voz entremezclada con aquél agudo gemido de placer.

Al oír y sentir la sensación máxima de Elías, Cristian se aferró más fuertemente al rededor de su cuello. Uno, dos movimietos más de su cadera, y su cuerpo se tensó, al tiempo que su líquido se derramó cálidamente sobre el estómago de ambos. Un instante más, y sobrevino la relajación.

Tímidos suspiros de cansancio exhalaba el uno en el hombro del otro.

Las 5 de la mañana. La brisa fresca del amanecer refrescaba sus cuerpos. El aire puro de la cima del silo les devolvía el aire faltante a sus pulmones. El cansancio dominó a Cristian, por lo que fue cayendo, adormecido, a un costado. Elías lo atrapó en sus brazos y juntos se recostaron sobre las mantas. Algunos pájaros empezaba a despertar y cantar, a los lejos. Algunas pequeñas embarcaciones comenzaban su actividad ya muy temprano abajo en el puerto. Las estrellas eran ya menos visibles. El sol de la mañana se abría paso en la terraza de la torre.

-.-.-.-.-

Ambos bajaron rápidamente, pues debían regresar pronto a la casa de Cristian. Cristian había dejado en el patio de su casa, previamente, una tienda de campaña armada. Si no regresaban antes de que su familia se despertara, la escapa sería descubierta.

Mientras regresaban, velozmente en bicicleta por las tranquilas calles del pueblo a las 6 de la mañana, se toparon de repente con unos chicos, que salieron al encuentro de ellos y los rociaron con unos aerosoles de nieve artificial. Pronto, Elías y Cristian reconocieron a los atacantes: eran compañeros del colegio. Rápidamente, Elías y Cristian recordaron que había habido una fiesta de cumpleaños de un compañero de clases. Fiesta a la que ambos habían evitado asistir, pues ya tenían planes.

-¿Cómo puede ser? ¿No viene a la fiesta, pero andan deambulando por la calle a estas horas de la madrugada? -les reprochó uno de los chicos, aunque no molesto.

-Perdón. Hicimos un campamento, pero fue realmente aburrido, por eso decidimos regresar. -respondió Elías, sonriendo mientras les enseñaba sus bolsos, en evidencia de que, efectivamente, habían tenido un campamento.

-Sí. Fue un coñazo, por eso recordamos la fiesta y vinimos para aquí tan pronto como pudimos. -se apresuró Cristian a añadir. -Pero parece que llegamos algo tarde...

-¿Tarde? -dijo uno de los chicos, soltando una carcajada. -Son las 6 de la mañana. Ya se están regresando todos a sus casas. Todas las chicas ya se fueron.

Los chicos se despidieron amistosamente de sus amigos, y retomaron el trayecto de regreso.

-Es curioso... -dijo Elías, mientras pedaleaban rápidamente en la soleada mañana de verano.

-¿El qué?

-Cuando nos rociaron de pintura roja, en el fin de clases en el parque, te molestaste. Ahora estamos manchados de nieve artificial. Tu familia puede notarlo, y te preguntarán dónde has estado en la noche. Pero ahora estás muy sonriente, a pesar de todo.

-Ah, sí.-dijo Cristian, ruborizándose de repente. -Ahora estoy mucho mejor.

Elías sonrió para sus adentros.

El teléfono celular de Elías sonó, entonces detuvieron las bicicletas en la vereda. Era Marianne. Debía regresar pronto y ayudar en los preparativos para el viaje, pues se marcharían esa misma tarde. Mientras Elías hablaba, Cristian no podía creerlo: se había olvidado del viaje de vacaciones de la familia de Elías. Había olvidado que tenía por delante todas las vacaciones sin Elías. Había logrado olvidarlo, pero sólo lo había logrado estando con Elías. Una incipiente melancolía le oprimía el pecho. Al terminar de hablar, Elías se acercó a él.

-Quería darte esto. -dijo tímidamente, mientras le ofrecía su cubo Rubik resuelto.

-No... Es tu juguete favorito. -dijo Cristian, sorprendido.

-Yo ya lo he resuelto.

-Podrías olvidarte de cómo lo lograste. Es mejor que lo conserves. -replicó Cristian, aún sorprendido.

-Por favor. Es lo mejor, lo único que tengo por ahora, para compensarte por...Por el favor. -dijo Elías, sonrojándose un poco.

Cristian abrió un poco más los ojos, sorprendido. Luego soltó una risita.

-Ok. Pero en cuanto lo resuelva, te lo devuelvo.-dijo sonriendo, mientras lo tomaba. Comenzó a mezclar nuevamente los colores del cubo Rubik. No sabía qué hacer para hacer tiempo y no despedirse de Elías. Pero debía irse ya. Un breve silencio entre ambos.

-Quizás, el viaje a Nysted sólo dure una semana, aún no se sabe... -comentó Elías, sin poder ocultar la misma leve melancolía. Cristian asintió.

-Ve, diviértete. -dijo Cristian, sonriendo. -No veremos pronto.

Elías asintió y le devolvió la sonrisa. Cristian se acercó a su amigo, tan cerca que sus flequillos se rozaban. Deseaba besarlo, pero ya había gente circulando por las calles. La gente comenzaba sus actividades muy tempano en verano (gente trotando, gente regando sus plantas, gente que iba al trabajo) Cristian, entonces, se limitó a abrazarlo fuerte y afectuosamente durante largos instantes. Elías también lo abrazó, pero antes de despegarse, Cristian recibió un rápido beso en los labios. El corazón de Cristian se aceleró, sorprendido. A Elías no le importó si alguien pudo haber visto su propio acto. Sólo así podía irse semi-conforme.

Cristian se quedó mirándolo hasta que lo perdió de vista, a lo lejos. Luego miró el cubo Rubik en sus manos. "Me pasaré las vacaciones feliz con sólo acordarme de este campamento." pensó, sonriendo.

Fin.

-.-.-.-.-

Mi primer fic con contenido lemon (explícito). ¿Se nota? Quiero decirles que acepto tomatazos virtuales. Quizás me fui demasiado en detalles y explicaciones, y quizás un lemon deba sentirse, y no sólo comprenderse. Haré lo que pueda para mejorar mi forma de escribir.

En fin, espero que les haya gustado y entretenido esta historia. Yo me he divertido escribiéndola, a pesar de que la parte lemon me ha resultado una auténtica partida de coco xD. Como sea, escribir sobre esta pareja es siempre un placer :)