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Lirio

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La decimotercera generación de héroes tenía ya un año entero de haberse reunido.

Ciertamente han pasado... Muchas cosas en el transcurso del año; rieron y lloraron juntos más veces de las que puede contar, eso es seguro.

Como su comandante, había supervisado personalmente el crecimiento de los novatos al lado de sus diversos mentores... Y ella.

Lily McQueen.

La mujer más fuerte y hermosa que ha tenido la fortuna de conocer.

Su historia juntos comenzó en la Academia, sorprendentemente pertenecían a la misma generación... Aunque fuera un año más joven que ella.

¿Quizás por eso nunca lo vio como un posible prospecto amoroso?

Puede que en aquel entonces fuera un verdadero tonto, torpe y pedazo de basura, pero han pasado años desde esa época, consiguió demostrar su valía de algún modo y ahora es comandante.

Ya no era ese indefenso niño al que ella tuvo que salvar, por más patético que suene.

Pero, había un problema incluso más grande que su casi nula confianza.

Lily McQueen era una mujer casada.

Sabe exactamente cuando sucedió, estuvo allí, pero eso no lo hace menos doloroso.

Recordar la cara de felicidad de la dulce Lily dirigida hacia otro hombre fue desgarrador.

Pero no es que se haya casado lo que más le duele. O sea, claro que le duele.

Lo que más le duele años después, es que ese ser que se atrevió a desposar a la mujer de su vida, la esté haciendo sufrir.

—¡No lo entiendo! ¿¡Por qué siguen juntos si claramente no se soportan!? —exclamó el Comandante con la cabeza enterrada en sus brazos, su voz amortiguada por la infantil posición— Dímelo, Brad.

Brad Beams, líder de todos los mentores y Héroe Mayor a cargo del Sector Sur, sintió como lentamente comenzaba a perder la cordura ante el disparate que acababa de decir su jefe, él solo quería entregar el informe de su última misión e irse.

Pero la suerte claramente no estaba de su lado.

La mirada gélida que le era dedicada por no responder era verdaderamente intimidante, no es que él estuviera asustado.

—Bueno... Supongo que se debe a la hija que tienen en común, es normal que un matrimonio siga unido por el bien de los hijos.

—Ver a sus padres discutir todo el tiempo no es la situación más ideal, créeme, sé de esas cosas. —soltó un suspiro— ¿Por qué no solo terminar de una vez por todas?

Brad pudo ver el "Yo las trataría mucho mejor" implícito en esa declaración, el Comandante solía desvariar algunas veces acerca de su amor no correspondido hacia la Instructora Lily, honestamente se preguntaba cuántas personas en la torre lo sabían, de ser el caso ¿Ella sería una de ellas? Lo dudaba.

"Dino, ¿Dónde estás? Te compraré Pizza si me sacas de aquí"

Como si de un ángel se tratara, alguien llamó a la puerta.

—¿Comandate? ¿Se encuentra allí? —Esa... Ciertamente no era la voz de Dino, pero incluso él serviría— Voy a entrar...

Keith Max, Héroe Mayor a cargo del Sector Oeste. Usualmente no lo quiere ver aunque es uno de sus mejores amigos, sin embargo, solo por esta ocasión está muy agradecido con su interrupción.

—¿Qué se te ofrece, Keith? —preguntó el Comandante, regresando a su postura habitual, aquella que debe tener alguien con su posición.

—Vine a entregar este informe... ¿Estoy interrumpiendo algo?

"Demonios"

—Le estaba relatando a Brad lo injusta que es la vida... Para la mujer que amo no soy más que un simple amigo y eso no va a cambiar pronto.

Keith pareció pensarlo un poco, hasta que una sonrisa se posó en sus labios. Brad tuvo un terrible presentimiento al respecto.

—¿Y si vamos a beber algo esta noche? Dicen que las penas con un trago se vuelven menos.

—Así no es como va el dicho, es "las penas con pan son menos" —Brad frunció el ceño, pero Keith seguía sonriendo como si no hubiera escuchado absolutamente nada.

—Pan, trago, es lo mismo. —el acusado solo se encogió de hombros restandole importancia, para consternación del líder mentor.

—Está bien. —habló el Comandante, que se había mantenido al margen del intercambio de los otros dos hombres— Acepto su invitación.

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Si tuviera una moneda por cada mal presentimiento que tuvo resultó en un verdadero desastre, sería millonario, de hecho, ya lo es.

U-Uh... Es natural que ella no me vea de otro modo... S-Soy solo un tipo muy tonto... Y normal... En comparación con semejante Diosa...

"Que lo diga el sujeto con más poder en todo Helios parece un chiste" era el pensamiento compartido que tenían Keith y Brad al ver la masa llorosa en la que se había convertido su jefe luego de 3 copas de licor.

—¿Oh? ¡Pero si son Brad y Keith! —hablando del Diablo, ella apareció en el peor momento posible.— ¿Están acompañando al Comandante? Es inusual.

—Eso es...

—Buenas noches para usted también, Instructora Lily. —saludó el Comandante, como si hace apenas 3 minutos no estuviera llorando como un niño todo gracias a la mujer de rubia cabellera.— ¿También vino a tomar una copa?

—Oh no, vine a entregarle algo al dueño, me quedaba de camino a casa. Bueno, los dejaré para que puedan continuar. —y sin esperar ninguna otra contestación, desapareció entre la multitud tan rápido como había aparecido.

El Comandante apenas notó que ella se había ido, volvió a desplomarse sobre la mesa, siguiendo su incesante lamento.

¡Ella es tan dulce y considerada!

Keith y Brad compartieron miradas, confundidos y claramente sin saber qué hacer a continuación.

Para el Comandante, la Instructora Lily era la persona más dulce de todas, eso les había quedado totalmente claro a ambos.

La verdadera pregunta era ¿Por qué estaba tan seguro de ello?

Sea cual sea la respuesta, ninguno de los dos piensa preguntar.