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Flor de Loto

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Hay un par de huecos en su memoria.

No recuerda con exactitud cómo llegó a ser parte de la servidumbre de la familia real.

Tampoco recuerda cuál fue la familia a la que aparentemente sirvió antes de sus actuales maestros.

Yuzuru tiene aproximadamente 3 años de su vida en blanco, un hecho bastante preocupante, pero no mortificante.

Intuye que el motivo detrás de su aparente amnesia es su propio don, pero no consigue entender porqué ocurrió en primer lugar.

Si bien Yuzuru desconoce muchas cosas, hay algo que sabe y que debe cumplir a toda costa: Proteger la pureza de Himemiya Tori, su joven maestro.

Su primer encuentro fue algo... Poco usual, por llamarlo de algún modo.

Yuzuru había salido del hospital, no recuerda quién lo llevó a ese sitio, pero según los doctores, así salvaron su vida. Gracias a la visita de la reina Momoka, se enteró de su posición como uno de los sirvientes reales, entonces, sin otro lugar al cuál ir, decidió acompañarla.

Al parecer, la anterior familia real había sido asesinada y por ende los Himemiya, como la única otra familia más cercana en la sucesión del trono, habían tomado el mando de Zahri.

Había... Varias cosas cuestionables en su historia, pero de nuevo, no tenía otro lugar al que regresar (el campo militar no era siquiera una opción) por lo que solo se resignó y la acompañó.

El palacio era tal y como se lo imaginaba (¿O más bien recordaba?) era algo confuso, pero supo desde que puso un pie dentro que ya conocía el lugar. Había decoraciones de rosas por todos lados y, sorprendentemente, ningún cuadro adornando las paredes.

No quiso hacer preguntas. Sería una insolencia de su parte hacer algo como eso.

En cambio, siguió caminando justo detrás de la nueva reina.

Ella lo condujo hasta los jardines, recordando dónde estaba, ni siquiera se sorprendió con los exuberantes rosales de todos colores, tampoco con que fueran rojos en su mayoría.

En el centro del jardín, a la sombra de un frondoso árbol había un niño menor que él, con un cuerpo pequeño y aparentemente delicado, cabello rosa brillante y ojos verdes que miraban en su dirección con curiosidad.

—Yuzuru, este es mi hijo mayor, Tori. —los presentó la reina, el pequeño infante no se veía muy sorprendido de verlo... ¿Quizás ya lo conocía de antes?— A partir de hoy, serás su sirviente personal, espero que puedan llevarse bien... Los dejaré solos para que se conozcan mejor.

Hizo una reverencia para despedir a su majestad y posteriormente mirar de nuevo en la dirección del pequeño niño que estaba de pie, pero apoyado contra el árbol.

—Soy Fushimi Yuzuru, es un honor conocerlo.

Tori seguía en silencio escudriñandolo con la mirada, se acercó un poco hacia donde estaba Yuzuru sin decir una palabra... ¿Había hecho algo malo?

Hasta que, sin previo aviso, Tori comenzó a llorar, bajando la cabeza para no.seguir viendo al de cabello índigo.

Eso preocupó a Yuzuru ¿Qué debía hacer en esta situación? ¿Cómo calmas a un niño que llora cuando tú mismo eres un niño igual que él?

—¿Se encuentra bien? ¿Le duele algo?

El de cabellos rosados negó con la cabeza, solo soltando sonidos lastimeros de sus delicados labios.

—¿Hice algo para molestarlo...?

Tori volvió a negar, desconcertando todavía más a Yuzuru. El menor finamente levantó la cabeza, mostrando sus bellos luceros bañados en lágrimas en dirección al sirviente.

—E-Es cierto... —susurró el pequeño entre jadeos— Ellos... ¡Él se ha ido...!

Yuzuru no podía comprenderlo si pensaba de forma lógica, pero vagamente... Tenía el presentimiento de que lo que había olvidado estaba relacionado con el llanto de su joven maestro.

Algo cálido como el sol y reconfortante como un abrazo de alguien especial...

Sin saber que hacer y dejando a su corazón actuar, decidió rodear al pequeño Tori entre sus brazos, con la esperanza de así apaciguar su llanto.

—Alguien... Me dijo una vez que llorar ayuda a las personas a soltar todo el dolor que tienen acumulado... Llore hasta sentirse satisfecho, Bocchama.

Y así lo hizo, lloró hasta quedarse dormido, tuvo que pedir muchas direcciones hasta poder llevarlo hasta sus aposentos.

"Ah" recuerda pensar en aquel momento "No quiero verlo llorar nunca más"

Lo recuerda demasiado bien, incluso ahora, desea poder seguir protegiendo a su joven maestro, para nunca volver a ver esa cara llorosa, para poder seguir viendo esa risa pura.

Lo juró aquella tarde, en ese jardín desierto. Todavía hoy, varios años después sigue haciendo lo posible por cumplir su juramento.