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No sabes lo que estás pidiendo

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Lo se, deberia estar terminando el capitulo de mi otro fanfic de Charlastor, pero es que no pude, cuando terminó la primera parte de la temporada de SpyxFamily, me vi aqui escribiendo, la canción es de Kamisama Hajimemashita de la cantante Hanae.

 


No sabes lo que estás pidiendo

 

One shot


 

Onna no ko hajimemashita

tameiki wa bioron no shirabe ni nite

akai mi hajikechatta

mada anata wo shiranai

Una chica inició su día

con un suspiro parecido a la melodía de un violín

Una cereza reventó en su boca

Aún no sé nada de ti

 

 

Yor trató inútilmente de fusionarse en su escritorio, pero no hubo éxito.

Suspiró pesadamente.

Definitivamente prefería asesinar a un cartel completo de traidores, que estar en medio de una de las charlas subidas de tono de sus compañeras de trabajo.

Odiaba el hecho de que hablaran de sus vidas maritales, o de sus parejas.

Pasar desapercibida es una cosa, otra es tener que bancarse las varias indirectas, no era su estilo.

Además, ¿Por que tenían que hacer eso tan seguido?.

A ella no le importaba cuantas veces lo hacían, o que si hacían una posición u otra.

Si el sexo era duro, suave o salvaje.

Sin embargo cuando dejaba de escucharlas no podía dejar de pensar cómo sería su esposo en ese aspecto.

Y ahí era cuando un escalofrío la recorría y la vergüenza de imaginarlo.

Es decir, no pudo ver ese lado, solo algunas veces imagino cómo hubiera sido con su difunta esposa. Quizás era cariñoso.

Al menos sabía que era atento.

Pero debajo de ese traje que generalmente portaba, ¿que cuerpo habría?.

Su jefe se había dado unas vueltas para bajar los chismes, e internamente le agradeció. Pero el hombre mayor no podía estar de punto fijo todo el día, sería sospechoso.

- Yor-san - dijo el hombre cano ajustando sus lentes.

 

- Si, señor. - colocando aún más alerta.

 

- Hay veces en que tienes que imponerte también.

 

- Pero...

 

El hombre vio a la joven que lo miró con timidez, ciertamente estar casada repentinamente le había hecho bien, la veía mucho más relajada y a pesar de que a veces se retrasaba con sus trabajos, no podía quejarse. Había considerado un aumento notable en los asesinatos.

A Yor le hacía bien el papel de madre y esposa concluyó, eso la ponía nerviosa con los chismes, incluso había pedido a otro asesino espiar a las compañeras de Yor, solo para descartar que alguna fuera una espía, lo único que encontró fue que eran entrometidas y querían saber más del esposo de la pelinegra.

- Supongo que los trabajos que te he dado son muy duros, pero que puedo decir. - aclaró sus garganta - hay cosas peores, como los chismes - tomó aire y la miró mientras le entregaba algunos recibos - y aun peor, los chismes de las mujeres que quieren menospreciar a otras.

 

- Usted...

 

Eso no se lo esperaba. Así que suponía que eso querían hacer con ella. Menospreciarla, no era algo que le preocupaba después de todo su vida no rondaba alrededor de la vida social de las mujeres comunes.

Un fastidio.

No lograba entender a sus compañeras, especialmente a Camilla después de la fiesta, ella quiso ponerla mal con Loid-san por hacer masajes, algo de su instinto asesino le acarició la nuca, por primera vez se tomó la libertad de saborear el desagrado de ello. Eso la había enojado, sin duda, ¿lo supo ocultar bien?. Eso le pareció.

Pero Loid, dio vuelta la situación de una manera tan dulce que ella olvidó rápidamente aquello.

Loid-san.

Definitivamente no era celosa, o por lo menos no quería admitirlo aún, pero su falso esposo robaba miradas donde iba.

Era un hombre ciertamente apuesto, pero lo que más admiraba, era su profunda determinación, trabajar por su hija. Hacer lo posible para que ella, siendo una esposa de tapadera, se sintiera cómoda en su casa. Y bueno su mirada a veces parecía más seria y fría de lo que aparentaba.

Pero con todo, un caballero sin duda. Desde la cabeza a los pies.

Y ella solo quería recompensar la confianza de ello. La confianza de pedirle ser su esposa para poder cumplir el sueño de la madre de su hija.

Porque a pesar de toda la situación se sentía de una u otra manera bendecida de estar en esa casa.

Misteriosamente a salvo.

Pensar que las chismosas en especial lo miraban con ojos lascivos, hacía que sus manos quisieran tomar sus cuchillas.

- Yor, tu eres buena en todo lo que te propones, no dudes de ello. - mencionó el hombre de edad sacándola de sus pensamientos.

 

Ella asintió y llevó los papeles a su escritorio, al ver hacia la ventana vio las peligrosas nubes en el cielo. Que raro, había revisado el tiempo y no había pronóstico de lluvia.

El tiempo cambiaba, como ella.

Antes ni siquiera hubiera pensado en un hombre, menos con fines románticos. O solo acariciar el pensamiento de amar a alguien más que su hermano.

Incluso se preguntó si le atraían las mujeres, pero creía que no, suponía que ya lo había comprobado.

Había algo que la había estado rondando hace unas semanas en su mente. Porque era algo que se había demorado un poco en aceptar.

Él le gustaba.

Loid le gustaba. Le atraía.

¿Lo quería?

Más de lo que quisiera aceptar en primer lugar. Pero, aun así, no solo lo veía como un compañero. Quería un poco más, un roce de manos quizás, su cuerpo más cerca. El hecho de que día tras día un poco más de afecto crecía en su corazón.

Suspiro pesadamente, desviando sus pensamientos, le tocaría mojarse. Y ella quería pasar a la tienda para comprar algunas cosas y practicar cocina. Ese era su objetivo, mejorar y poder cocinar unas galletas a Loid y Anya. Y en un futuro cercano, realizarles sabrosos platillos.

Quería sorprenderlos con una buena taza de té, chocolate caliente y galletas. Sintió con amargura como la presencia de sus compañeras de trabajo se acercaban luego de llegar a su escritorio. Y sus planes se empañaron.

¿No podían simplemente desaparecer?. No, ella no podía tocarlas.

No podía hacer el baño de sangre en la oficina, aunque de verdad lo estaba pensando con más ansias.

 

- Y bueno, ¿cómo ha estado tu esposo, Yor? - pregunto de forma maliciosa Camilla.

 

- Bien -respondió, estaba ya un poco molesta después de revivir lo de la fiesta pasada. Sumado a que Camilla no tiró por accidente la comida caliente.

 

- Pues no suenas bien. - Acotó Millie, peinando su corto cabello.

 

- Exactamente, no suena como que está todo bien. ¿verdad?. - atizo Camilla, peinando su cabello hacia atrás.

 

Sharon ajustó los lentes, se dio cuenta inmediatamente del aura molesta de la pelinegra, la joven era generalmente distraída y hasta indiferente, pero últimamente estaba mostrando más emociones.

Y para Sharon aquella mirada le estaba dando un escalofrío a través de la nuca, incluso podría jurar de que los vellos se erizaron. Nunca pensó que aquella joven le daría miedo, necesitaba mantenerse al margen para observar un poco más. Quizás era su imaginación. ¿cierto?. Necesitaba desesperadamente un cigarrillo.

Yor liberó un poco de su aura asesina, y empezó a juntar los papeles mientras colocaba la máquina de escribir y se preparaba para terminar la última parte de su informe. Quería llegar pronto a casa y que una taza de té, le devolviera la calma. Aunque la voz de su esposo no sonaba mal.

La voz del psiquiatra tenía esa particularidad en ella, relajarla.

- Estoy tratando de escribir la última parte del informe Camilla. Si quieres saber sobre la vida marital de alguien compra una revista y solucionado.

 

La mujer de lentes abrió la boca y miró a su otra compañera, eso fue un golpe bajo.

¿Qué había pasado con la tímida Yor?.

La respuesta sonó suave y mordaz. El tipeo rápido de la máquina marcó aún más el profundo silencio de las dos mujeres que pretendían sacarle información a la señora Forger.

- No te creas solo porque tu esposo es guapo. - dijo con un poco de enojo.

 

- Lo que digas - respondió con tono aburrido, saco la hoja finalizada, colocando una nueva con rapidez.

 

- No deberías seguir Camilla - susurro Sharon.

 

- De que estas hablando Sharon. - dijo Camilla mirándola sobre el hombro.

 

- Nuestra pequeña Yor ya está creciendo. - Millie se detuvo un poco al ver por un segundo los ojos rojizos de la pelinegra.

 

Sharon se sentó, en un escritorio cercano y solo bufo molesta.

Pero no pudo seguir ya que la puerta de la oficina se abrió y dejó pasar a varios empleados empapados, pero las últimas dos figuras llamaron la atención, en especial Yor que supo inmediatamente reconocer la presencia del último hombre en entrar a la oficina

 


 

Konna koto hajimete" tte

manazashi wa aku no hana sakimidarete

ie e to tsuzuku basu sutoppu

demo anata wa tsurenai

"Es la primera vez que me siento así"

En tu mirada floreció la flor de la maldad

seguí hacia mi casa en la parada del autobús

pero tu me ignoraste

 

 

Loid observó a su esposa y sintió el ambiente tenso a su alrededor. De seguro la estaban molestando.

Después de espiarla, (sintiéndose un poco culpable al final) pudo concluir el calibre de compañeras que tenía.

Camilla era la que más le disgustaba. El tono con que quería hacer sentir mal a la

Pelinegra en la fiesta no lo dejo pasar y lo peor eran las miradas de coquetería que le lanzaba.

Realmente era desagradable.

Agradecía no tener misiones en las que tenía que seducir a mujeres como ella. Realmente era un alivio, de verdad. Yor era un bálsamo respecto a las mujeres con las que había tenido que tratar por misiones. Y a pesar de sus defectos, no podía negar que le agradaba mucho su compañía. Era de su completo agrado, aunque no lo admitiría con nadie.

Eso era algo que lo dejaría fuera de ser espía.

- ¿Loid?. - la sorpresa en Yor era notoria, sumando que no había usado ningún honorífico.

 

- Hola querida, pensé en venir a buscarte. - Sacándose el sombrero para saludar, viendo el suave sonrojo de Yor por decir querida - Justamente Sagara-san me comentó que saldrías antes, cuando nos encontramos en el correo. Con esta lluvia me cancelaron un par de citas y vine a buscarte, no quería que te empararas. - dijo atentamente.

 

- Gracias.- Yor sonrió amablemente hacia el rubio. Dando una mirada a la hora.

 

El joven Sagara camino por la entrada dejando su paraguas a un costado. Miró cómplice a Yor, era uno de los aprendices que estaba en la empresa.

Ella lo vio y agradeció su presencia, empezó a guardar el informe en la carpeta.

- El jefe me lo dijo antes de salir a entregar una encomienda, pero no le pude decir a esta sección ya que necesitaba llegar antes de que cerraran por la lluvia. Pueden retirarse en unos momentos. - una pausa mientras se sacaba el abrigo - Que bueno encontrarlo señor Forger, asi Yor-san llegará cálida y seca a casa.

 

- ¿Se irán tan pronto? - comenzó Camilla.

 

Sharon suspiro, y se cruzó otra vez de brazos . Iba a ver de primera fila como la mujer cavaba su tumba.

Si había algo de lo que podía vanagloriarse era de ser observadora con las expresiones, y el esposo de Yor estaba un poco molesto al escuchar el tono de voz de Camille.

Claro que era un caballero, lograba disimularlo bien, pero ella pudo verlo, así que aprovecho de sacar su cartera para arreglar las cosas.

- Pues claro, no veo porque no - Loid dijo después de dejar su paraguas junto con el del joven y caminar al escritorio de Yor.

 

- Podrían dar una vuelta por la oficina antes de salir, siempre hay algunas oficinas desocupadas para ponerse cariñosos.

 

Yor sintió que sus mejillas se teñían de rojo, no podía creer que estuviera insinuando esto. El rubio tomó aire pacientemente mientras le colocaba sobre los hombros el abrigo que compró a su esposa de camino. Ella se dejó envolver en sus manos hábiles que la abrigaron, y bajo la mirada pensando en que responder, pero se silenció cuando él le dio un suave apretón a sus hombros.

- Me parece fuera de contexto ese comentario - tomo la mano de la pelinegro girando su dorso - llevarla a un lugar así, que se dice desocupado, me parece vulgar - recalcando la última palabra- Yor merece el mayor de los cuidados y mi atención plena. - Depositando un suave beso en la mano.

 

Yor estuvo a punto de echar humo por las orejas. Loid estaba apostando a que no se colocara nerviosa y lo golpeara con su fuerza extraordinaria. Por suerte estaba demasiado avergonzada para moverse.

Camilla abría y cerraba la boca sin palabras.

Las otras quedaron sorprendidas.

Sharon sonrió con sorna, menudo esposo se gastaba la joven. Con esto las otras dos se calmaron un buen tiempo para tratar de interrogarla.

- Genial Yor-san, el informe está terminado, lo llevaré con el jefe ya que debo entregar el recibo del correo. - dijo Sagara, tratando de romper el congelamiento de la escena, ya que era vista por otros empleados que no entendieron porque las mujeres más parlanchinas del ayuntamiento se quedaron en silencio.

 

La pelinegra solo atinó a asentir, y sintió que el rubio apoyaba su mano en su brazo y le indicaba la salida con suavidad, mientras ella acomodaba su bolso al hombro.

- Que tengan una buena velada, estimadas damas. - Hizo un gesto con su sombrero y luego se lo puso para encaminarse a la salida.

 

Cuando la puerta sonó, Sharon se colocó de pie y busco un teléfono para llamar a su casa para asegurarse de que todo funcionaba. Menudo chapuzón se iba a dar y no contaba con un esposo tan considerado que le trajera un abrigo tan bonito y la cuidara de mojarse.

- Se los advertí. - les dijo - Tienen que aprender a cerrar la boca, además de tener suerte de que él es un caballero.

 

- De seguro no es tan caballero - bufo molesta Camille.

- Imaginate si se desordena - dijo soñadormente Millie

 

- La lluvia les enfriara el cerebro. - gruño la de lentes.

 


 

Yor miraba el suelo apenada mientras caminaba del brazo de Loid, el calor del abrigo era reconfortante y el gran paraguas de su esposo hacía que caminar por las calles fuese agradable.

No pasó desapercibido el sonrojo de la pelinegra para el agente, incluso le parecía bastante fácil de molestar si se lo propone, pero no era la ocasión.

- Siento lo que pasó Loid-san. - se disculpó.

 

- Puedo imaginar que te molestan mucho - hizo una pausa - Podrías denunciarlas.

 

- N-no creo que sea necesario, además eso podría causarnos problemas y Anya-san necesita que su madre sea una empleada ejemplar. ¿Verdad?. - preguntó con seguridad.

 

El rubio alabo el razonamiento de la ojos rojizos, ella tenía razón, podía quedar en la mirada por conflictiva y eso podía llegar a oídos de Eden. Las noticias así eran las primeras en propagarse.

El chisme era peligroso.

- Agradezco tu preocupación Yor, pero no quiero que te sientas mal y aguantes todo sola.

 

- Bueno, hoy les respondí. - sonrió más confiada, colocando un dedo en su mejilla.

 

- Eso es bueno. - sonrió.

 

- Aunque me gustaría tener más experiencia. -confesó- Fuera de estar contigo, yo no he tenido una pareja y eso es un poco vergonzoso... Para mi edad. Es decir, podría responderles mejor, pero no quiero mentir.

 

Una punzada de amargura quedó en el paladar del agente. Ella podría encontrar una pareja de verdad y experimentar todo eso, pero maldición se dijo Twilight. Eso le causaba una gran molestia, ella en brazos de otro hombre era algo que hacía su humor empeorar.

- Lo siento, debí pensar mejor antes de proponerte ser mi...

 

Ella se apoyó y abrazó su brazo con confianza. Detuvo lo que dijo.

- No digas eso, estoy feliz con Anya-san y contigo. Por ahora estoy satisfecha y pienso disfrutarlo el mayor tiempo posible, cuidar de ella me hace feliz.

 

El se sonrojo cuando la miro y ella le dedicó una genuina sonrisa.

Tenía que controlarse, no era un adolescente.

- Además - dijo para luego mirar hacia adelante - me gusta pasar tiempo contigo.

 

- A mi también, me agrada tu compañía.

 

Karameta hada ni myaku utsu

koi no shiruetto

karui mahou

usotsuki na kichibiru sou kasaneteru dake no

La silueta del amor

late en los cuerpos juntos

con una tenue magia

Los labios mentirosos, así es, solo se unen

 

 

Cuando llegaron a casa ambos se cambiaron, con una ducha rápida entremedio, aún quedaban unas horas antes que el autobús trajera a la pequeña.

Loid observó algunos de los papeles sentado en el sillón. Tenía que ver cómo mejorar las calificaciones de la pequeña.

Escuchó a su esposa moverse en la cocina y se volvió a preguntar porque a veces la presencia de ella era tan difícil de detectar.

¿Sería el entrenamiento de defensa personal?.

Si era así, debía encontrar a esa persona que la entreno, era demasiado bueno.

Se sentó y alcanzó a ver su suéter rojo, la suave espalda se veía desde su posición, eso era algo que le gustaba ver.

El color de su piel, incluso podría reconocer el suave perfume que ella usaba. Esa sinuosa curvatura al final de su espalda.

Despejo su mente de una frase de Franky, él ya le había hecho el comentario más de una vez sobre la forma de vestir de Yor, que si bien no era extremadamente sexy, ella si podía ser una mujer muy sensual si se lo propone.

En qué diablos pensaba, debía centrarse en otras cosas.

 

- ¿Quieres algo para beber?, prepararé chocolate caliente.

 

- Esta vez tomaré un poco. - respondió tomando su cuello y acariciándolo para tratar de sacar la repentina tensión ahí.

 

La señora Forger colocó con rapidez los tazones, tarareando algo para distraerse, estaba nerviosa porque estaban solos, y si bien extrañaba la revoltosa presencia de la pequeña de la familia, estar así no era del todo malo.

Se sentía relajada, definitivamente había cierta satisfacción después de que sus compañeras se callaran no solo por lo que les contestó, sino, por lo que Loid les dijo.

Se sonrojo.

Pero aún rondaba en su mente acercarse un poco más al hombre en la sala de estar.

Tenía que darse confianza. Ella podía.

Si besarlo era solo un paso, si él se disgustaba podría disculparse y hacer como si nada pasara

Pero necesitaba hacerlo, salir de dudas respecto a que era lo que sentía.

 

 

Nee kamisama

warui ko ni naritai yo

ii ko ni shiteru kara onegai da yo

zurui koto sasetoite

ii koto shitai nara

sukaato hirugaeshite

sugu kaeru yo

doyoubi wa haresou da

Oye, Dios

Quiero ser una chica mala

Por favor, he sido una chica buena

Déjame ser maliciosa

Si quieres hacer algo bueno

agita mi falda

y regresaré inmediatamente

Parece que el sábado estará soleado

 

 

- ¿Si hay algo que hago y te moleste, me lo dirás? - preguntó la pelinegra caminando al sillón con suavidad.

 

- Claro que sí Yor. Pero, no creo que...

 

Observó que ella dejó ambos tazones en la mesa. Se sentó a su lado. Lo miró y colocó suavemente sus manos en su rostro, antes de reaccionar ella presionó suavemente sus labios contra el.

Cuando Loid entendió lo que estaba pasando se sintió extrañamente ansioso. Y pasó la lengua suavemente para abrir sus labios y terminar lo que quería su cuñado.

Suponía que era una de las primeras veces que ella besaba. Después de todo, se lo había dicho. No había tenido pareja.

Y sin embargo su lengua lo recibió con calidez.

Ella suspiro dentro del beso, mientras él la acercaba.

Se sentía relajado y saboreó con antelación un poco del chocolate caliente que ella preparó.

Un beso con sabor a chocolate casero, era algo así como Yor.

Algo cálido, sutil que iba de a poco tomando un sabor más permanente en su paladar.

Y de pronto Loid sintió que su cuerpo reaccionaba a los labios de la joven.

No...

Deseaba más de ella.

Peligroso.

La acercó provocando que la joven reaccionara a lo que había estado pensando desde que preparó la bebida caliente.

Como si una burbuja se hubiera roto. Ella se alejó y tartamudeó mientras miraba al piso.

Probablemente él se molestó, pensó.

 

- L-lo siento, no debí. - se colocó de pie. - Y-yo solo...

 

En silencio el rubio la observó.

- Pero, ¿querías hacerlo? - se colocó de pie.

 

- Si, yo quería.

 

¿Iría muy rápido? Esto sería por su capricho, no como espía. No por la misión.

Se acercó y la tomó del rostro y la besó.

Ella se sorprendió y empezó a responderle con rapidez, el baile de lenguas la asfixiaba. Sentía incluso las piernas débiles.

Un temblor la sacudía.

¿Esto era besar?.

Cálido, las manos de él la acercaron, desde la espalda.

Manos cálidas.

Había observado las manos del psiquiatra: grandes, suaves y cálidas.

Loid se lo dijo ese suéter sería su perdición, la espalda descubierta de su esposa era suave, tenía que controlarse, no quería asustarla.

Era probablemente la primera vez que la joven experimentaba este tipo de acercamiento.

Y era posible que él fuera el primero en besarla.

Maldita sea.

El como ella se estremecía solo lo alentaba.

¿Que la haría perder el aliento?

¿Sus labios estarían hinchados si los mordía un poco?

Solo un poco, se dijo.

Tomó el labio inferior y lo mordió con suavidad.

La recompensa brotó de la garganta de Yor.

Un bajo gemido.

El y su maldito tren de pensamientos, no tenía que seguir, debía enfriar la cabeza y el resto del cuerpo.

Se alejó un poco, agitado.

- Lo siento, yo no debí. - dijo el rubio tomándola de los hombros.

 

Aa koi wo hajimetakute

agezome shi maegami no sono nagasa to

ringo ni kakete chikau yo

ima anata wo shiritai

Ah, al querer iniciar el amor

juro que levantaré mi fleco

tanto como esa manzana colgando

Ahora quiero saber más de ti

 

Tabaneta hana ni muragaru

chou no piruetto

kurai akari

namaiki na kuchibiru de tooikakeru "ano ne"

Mariposas haciendo piruetas

se reúnen en este ramo de flores

con una luz oscura

Con mis labios insolentes te empiezo a preguntar "oye"

 

 

Yor estaba tratando de recuperar el aliento. Había apoyado las manos en su polera.

Se sentía mareada.

Y el calor se arremolinaba en su pecho hacía sus muslos.

Ni siquiera la había tocado, y aún así su cuerpo parecía quemarse por sus labios.

Sabía cómo estaba reaccionando.

Era una asesina que estudió muy bien el cuerpo humano.

Estaba excitada, y no por el filo de sus armas. Sino por el toque de su falso esposo, queriendo más que ese beso.

Y ahora que veía en él la agitación. El calor, el oscurecimiento de sus pupilas.

El tono ronco de su voz por la lujuria.

Se sentía osada.

Él había reaccionado.

Algo había seguro, el cuerpo no puede mentir.

Tocó con sus dedos su mejilla tratando de recomponerse, de que su pulso bajara, de nivelar la respiración agitada.

Cuán equivocada estaba, el tocarlo solo había abierto la puerta a algo que no pensaba que estaba ahí.

¿Y si por esta vez dejaba de pensar en que pasaría?.

Por esta vez solo quería ser una joven cualquiera besando al hombre que le gustaba.

Sin pensar en los próximos asesinatos. Sin pensar en nada más.

 

Nee kamisama

warui ko wa iranai no?

ii ko de itai kedo ima sara da yo

konna koto sasetoite

iu koto kikenai wa

sukaato wa kirenai shi

anmari da yo

Oye, Dios

¿No necesitas a una chica mala?

Quiero ser una chica buena pero ahora ya es tarde

Déjame hacer esto

No te voy a escuchar

Voy a recortar mi falda

es muy larga

Kamisama warui kota iwanai yo

yasunderu dake nanja

nichiyoubi wa kawatte wa kurenai ka

enryo wa iranai sa

yukkuri shitete yo ne

kore kara da yo

sugoi koto dekisou da

Dios, no digas que soy una chica mala

Solo estoy descansando

¿No puedes hacer que hoy sea domingo?

No te contengas

Tómalo con calma

De ahora en adelante

haré cosas increíbles

 

Kamisama, hajimemashita

Dios, encantada de conocerte

 

 

- Perdóname - susurró Yor.

 

El Sr. Forger lo pensó, ella debía irse a su habitación, cómo las generales reacciones que tenía ante un acercamiento social. Ella debía correr a su habitación avergonzada, no mirarlo con esa mirada cargada de deseo.

Con la respiración superficial, el sonrojo en las mejillas y los labios hinchados.

No provocarlo como ninguna otra mujer lo había hecho.

Porque Yor se había inmiscuido debajo del traje de espía. En su piel, día a día y esto había logrado que llegara más allá.

Y él estaba en alerta. Cada vez que la miraba sentía esa atracción magnética que lo impulsaba a besarla nuevamente.

Y después de que ella suplicara volvió a probarla.

Otra vez, presionando contra su cuerpo.

Era adictivo.

¿Por qué ella aprendía tan rápido?.

Las manos de ella rodeándolo por los hombros, tratando de agarrarse.

Tomando aire para respirar, porque cada vez costaba más.

Solo una leve separación, en que la respiración se escuchó y los párpados se levantaron para encontrar la mirada cargada de deseo.

Loid busco el último pedazo de cordura para con la misión.

Yor encontró el valor y dijo lo que realmente sentía.

- Por favor. No te detengas. - susurró con ojos nublados la joven.

 

Todo ardía en la piel, él desató su cintillo en un rápido movimiento y el cabello cayó como una cascada de ébano a su espalda.

 

- No sabes lo que estás pidiendo. - respondió con voz ronca.

 

Cuando el silencio se elevó llenó la excitación de ambos. Solo jadeos y manos tocando, rozando, acariciando y haciendo estremecer.

 

No quería aceptar pero él sabía que quería, lo que ella pedía.

 


Agradezco todo su apoyo de antemano muchas gracias.

§The Girl Magic and Mystic of the anime§