Actions

Work Header

He Was Made For Untidy Rooms and Rumpled Beds

Chapter Text

Capítulo 11

Después de la caída de Luo Binghe... No, no fue una caída, fue un empujón. Shen Qingqiu sabía mejor que nadie. Después de que Luo Binghe... ya no estuviera a su lado y la secta lo considerara muerto, a Shen Qingqiu solo le quedó vivir su vida tranquila en la cabaña de bambú vacía.

El lugar le parecía mucho más grande ahora que Luo Binghe ya no lo llenaba con su presencia. A menudo, acababa llamando a un discípulo que... ya no vendría. Que algún día saldría del Abismo para matarlo por lo que le había hecho.

Sus días estaban contados y lo sabía. Aun así, quería que Binghe estuviera a salvo. Nunca lo habría empujado en ese agujero si el Sistema no le hubiera asegurado que su discípulo saldría de él con vida. Al tiempo que trazaba el borde de su taza de té con los dedos, consideró por qué prueba estaría pasando su discípulo en este momento.

¿Enredaderas Chupasangre del Infierno? ¿Una Horda de Lobos Hipopotámicos de Lava de Tres Cuernos? ¿Un miasma tan denso que ahogaría a Binghe y le quemaría los pulmones como ceniza volcánica hasta que su resistente cuerpo no diera más de sí?

Binghe no lo tendría fácil. Su ascenso iría precedido de un gran tormento, como les pasaba a todos los protagonistas de novelas xianxia, para crear el estúpido suspense que mantuviera a los lectores con el alma en vilo mientras esperaban la victoria que sabían que llegaría.

Después de tanto tiempo, Shen Qingqiu no podía seguir considerándolo un personaje de novela. Había criado a ese chico. A ese loto blanco tan generoso y afable que le sonreía cada mañana en su hogar compartido y le hacía té y le preparaba el desayuno y lo llamaba "shizun". Se preguntó si algún día volvería a escuchar esa voz hablarle con tal cariño.

Tras echarse el té entre pecho y espalda como un chupito de alcohol, Shen Qingqiu se levantó de la mesita baja y se dirigió al Monte de Espada que erigió. Después del Abismo, recogió los restos de Zheng Yang con manos de nudillos pálidos.

Liu Qingge intentó quitarle los fragmentos y, a día de hoy, Shen Qingqiu sigue sin saber qué le dijo al otro pero, fuera lo que fuese, evitó que su shidi volviera a intentar arrebatarle esas piezas. Ni siquiera intervino cuando los fragmentos empezaron a cortarle las palmas por la fuerza con las que los aferraba. Ese acero templado por la magia se clavó en su carne.

Que así sea, juró en aquel momento.

Que el dolor físico le sirva de distracción de la criatura que desechó como si fuera un trapo usado y él fuera alguien con derecho a tomar tales decisiones.

Le llevó un rato despegar la lengua de donde se le quedó paralizada en la boca después de todo lo ocurrido, negándose a funcionar, para calmar a sus discípulos y explicarles que Luo Binghe se cayó de un acantilado. La mentira le supo amarga, pero ¿qué más les podía decir?

"Queridos miembros sectarios, yo, Shen Qingqiu, empujé a mi propio discípulo al Abismo Infinito. ¡Pero que no cunda el pánico! Pues él volverá dentro de cinco años como un Señor de los Demonios todopoderoso, quemará las sectas virtuosas hasta los cimientos, más o menos, y destruirá con su poder el mundo tal y como lo conocéis."

Como lector, la unión de los dos reinos le pareció un tropo guay. Ahora que tenía que vivir en este mundo, comprendía las consecuencias que acarrearía para los débiles la eliminación de la barrera. Sobre todo, si las sectas ya no estuvieran.

No serían los apoderados los que sufrirían, sino los incontables mercaderes y campesinos cuyo modo de vida resultaba completamente incompatible con el Reino de los Demonios. Era la gran cantidad de humanos, como pasaba en muchas novelas xianxia, lo que los mantenía en perpetuo conflicto con el Reino de los Demonios. A pesar de que, en general, los demonios eran la especie más fuerte, los humanos los superaban en número. Por cada Señor de los Demonios, tenían diez Inmortales. Por cada Santo, tenían quince Yuanying.

Arrodillado frente a lo que restaba de Zheng Yang, Shen Qingqiu lloró la pérdida. No por la inevitable pérdida de su propia vida, sino por la posible pérdida del joven que educó. Nunca quería ver a Luo Binghe convertido en alguien que tratara con tanta desidia las vidas de los que dependían de él. El Luo Binghe original era un personaje interesante... pero roto de muchas maneras diferentes.

Jamás quería mirar a su discípulo a los ojos, ver esa arrogancia, esa locura, y saber al mismo tiempo que su muchacho ya no existía.

Se envolvió un mala budista en la muñeca hace unos días para tener algo que hacer con las manos cuando estaba a solas.

Girando las cuentas entre los dedos, rezó. "Por favor", pensó él. "Por favor, ya he muerto una vez. Dime que no he matado a mi discípulo. Dime que no he matado al Luo Binghe que conocía. Es un buen chico, sé que lo es. No se merecía nada de esto. Si existe algún poder superior, por favor, por favor... que vuelva con buen corazón. Que vuelva con buen corazón... por su propio bien.

Reprimió un sollozo, la espalda encorvada. Le temblaban las manos a medida que iba soltando cuenta tras cuenta, rodándolas en las palmas. De rodillas entre todo el bambú, permitió las lágrimas correr por sus mejillas.

***

Escondido otra vez como un pervertido entre algunas plantas de bambú convenientemente colocadas, Liu Qingge se removía inquieto mientras sujetaba una pequeña criatura peluda de raza desconocida y observaba a Shen Qingqiu llorar. La criatura peluda intentó morderlo, pero la sacudió una vez y la dejó en un estado de estupor inconsciente.

Objetivamente, sabía que tenía que ir a reconfortar a su shixiong tras la pérdida de su tan amado discípulo. Independientemente de lo irritante que le pareciera Luo Binghe en vida. Lo que pasaba era que Shen Qingqiu había salido de su cabaña vestido no de blanco de luto, sino de negro, de pies a cabeza. El cinturón que había escogido, atado con fuerza, marcaba su cintura de avispa y su figura esbelta. Un sombrero douli negro, con un velo transparente igual de negro, descansaba sobre su cabeza, mientras que su cabello se derramaba sobre el suelo forestal.

Liu Qingge vio una sola lágrima caer por una mejilla sedosa. Shen Qingqiu dejó que las cuentas colgaran de su delgada muñeca, sacó un pañuelo de seda de la manga y se enjugó las comisuras de los ojos... como una viuda joven que se había quedado con dos hijos en brazos y una madre enfermiza.

Liu Qingge tuvo que hacer frente al impulso rarísimo de ofrecerse como segundo esposo y daba igual que Shen Qingqiu jamás hubiera estado casado... que ellos supieran.

Dejó la bestia caer al suelo, tan suave como podía, y huyó del bosque con la cara encendida. Su mente no paraba de lanzarle imágenes de labios rojos y carnosos apresados por dientes blancos, ojos llorosos y un cuerpo que parecía hasta más esbelto con el cambio de ropa.

¿Tal... tal vez, para variar, seguiría el consejo de su hermana y mandaría flores?

***

Shen Qingqiu había quedado para tomar té con Yue Qingyuan en un pabellón detrás del hogar del Líder de Secta. Sufría de irritación generalizada por el hecho de tener que pasar aquí dos horas enteras discutiendo sobre, supuestamente, política intersectaria. Esa discusión se volverá incómoda cuando el Líder de secta empiece a lanzarle propuestas de amistad, las cuales tendrá que ignorar, y después intentará tentarlo con comida y bebida increíblemente caras.

A Shen Qingqiu le llevó su tiempo descubrir el precio de las cosas que Yue Qingyuan ordenaba servir en la mesa, pero cuando lo hizo la mandíbula se le cayó al suelo.

Pez Dragón de Escamas Argentadas, que habita en los Manantiales de Mu y solo se puede encontrar en dos ocasiones por medio milenio cuando su extraña migración de las nubes (pues eran peces voladores) a los manantiales los dejaba vulnerables a captura. Los peces celestiales, al parecer, eran como la niebla: podías atrapar uno, pero se disolverá en tus manos. Le sirvieron eso, entre otras mierdas igual de caras. Peces celestiales... hay que joderse. Hasta brillaban con luz plateada. Al menos estaban buenos.

Shen Qingqiu nunca había experimentado en su mundo de origen la sensación de estar comiendo dinero, pero ese fue definitivamente un momento en el que sintió que estaba comiendo dinero.

El pescado brillante te costaba en subasta el equivalente al presupuesto anual de dos Picos de Cang Qiong. Y aquí estaba Yue Qingyuan, sirviéndole otra porción. Al parecer, era muy eficaz para reforzar el cultivo dañado. En verdad, Shen Qingqiu probablemente necesitara la ayuda, dado que el problemilla del Veneno Sin Cura no se había esfumado. El pescado este no era para él, sino para el dueño original, así que le dejaba sintiéndose... sucio.

Yue Qingyuan esbozó esa sonrisa suya, amable y rarita, que siempre echaba a Shen Qingqiu para atrás porque no sabía qué estaba escondiendo el hombre. Tardó un buen rato en descubrir que el dueño original era un personaje mucho más complejo de lo que parecía a primera vista, pero eso dificultó sobremanera su interacción con Yue Qingyuan.

El aire entre ellos estaba tan cargado de bagaje emocional que Shen Qingqiu ni sabía por dónde empezar. Shen Yuan no era Shen Jiu, no podía arreglar esta relación. Lo único que podía hacer era acudir a estas incómodas cenas en las que Yue Qingyuan le hacía ojitos como si él fuera el último trozo de tarta de chocolate en frente de un niño con obesidad mórbida, el cual no paraba de hacer movimientos abortivos hacia la tarta, taparse la boca en plan "oh, no, no puedo comerme esta tarta" mientras la miraba con anhelo, como si no quedara más tarta en el universo y, si no se comía esa, nunca probaría bocado.

Todo eso se repetía como un disco rallado y dicho niño nunca se comía la tarta. Por si no había quedado claro: Shen Qingqiu era el trozo de tarta y Yue Qingyuan era el niño gordo.

Shen Qingqiu no quería comer con Yue Qingyuan ni ahora ni nunca.

Fuera lo que fuera lo que hubiera pasado entre Shen Jiu y Yue Qingyuan para que el Líder de Secta lo mirara con esa cara y siguiera manteniendo un terco silencio sobre el asunto, no era de su incumbencia, independientemente del cuerpo en el que se encontrara.

Todo este asunto apestaba a ser una tragedia que Avión Disparado al Cielo nunca se había molestado en explicar. Shen Qingqiu estaba empezando a sospechar que Shen Jiu era algún tipo de personaje sacado de una tragedia griega, muerto a causa de su propia arrogancia y los malentendidos de los demás. Como ese tipo que tenía una profecía en la que su hijo lo iba a matar, así que le dio la patada al hijo y, al hacerlo, aseguró su propia muerte. En su conjunto, le apestaba a malentendidos y conexiones perdidas.

¿Tenía planeado esclarecer esos malentendidos en algún momento? No. Joder, no.

No quería ni acercarse a la mina con patas que era Yue Qingyuan. Ni siquiera sabría qué era lo que le había explotado en la cara. Si había aprendido algo del anime, era que no te podías fiar de alguien que sonriera tanto y, a pesar de que esto no fuera un anime, le parecía que la moraleja era aplicable.

Estaba sentado en un banco del pabellón, empeñado en mantener su mejor cara de póker mientras se tomaba una sopa hecha de una tortura dorada (o algo por el estilo) e intentaba evitar el contacto visual mientras proyectaba fortaleza austera.

En algún momento de su lucha por mantener la mente fría, se le aflojó el agarre al cuenco y acabó haciendo algo que milagrosamente no había hecho desde hace años: se echó sopa encima como una cascada caliente olorosa a tomillo.

Yue Qingyuan pegó un respingo y se le acercó.

—Xiao-Jiu.

Shen Qingqiu iba a ignorar ese nombre. ¿Qué era un Xiao-Jiu? Él no, desde luego. Se desató el cinturón con prisa, se lo quitó y lo colocó sobre el banco de piedra. Después se quitó la túnica manchada y la siguiente también. Las depositó ambas sobre el cinturón.

Yue Qingyuan tragó saliva, tenía la boca reseca, y se quedó con las manos extendidas, impotente. Debido a que nunca bajaba la guardia, hasta cuando estaba distraído, escuchó los pasos de un sirviente que se estaba aproximando.

La visión de Xiao-Jiu, quien se recogió el pelo en un moño desarreglado y usó el zan de su corona como horquilla en su recogido improvisado, se grabó a fuego en su mente. No podía permitir que nadie, y mucho menos un sirviente, viera a Xiao-Jiu en ese estado.

Yue Qingyuan se quitó una túnica a toda pastilla y voló al lado opuesto de la mesa de piedra. Sentó a Shen Qingqiu sobre su regazo y cubrió su expuesto cuerpo con su gruesa túnica negra. Arrebujó a Xiao-Jiu, cuidando que tuviera el rostro escondido en su hombro. Él, por su parte, mantuvo una expresión imperturbable cuando los sirvientes entraron con bandejas, ignorando la figura quieta de Shen Qingqiu en su regazo. Yue Qingyuan no podía verlo deshonrado.

Yue Qingyuan, con los ojos entrecerrados, fulminó con la mirada a los sirvientes mientras estos depositaban el té con manos temblorosas. Mientras los miraba marcharse se le ocurrió que tenía que tomarse el tiempo de educarlos sobre lo que se podía y no se podía contar a los demás. Xiao-Jiu le metió un codazo en el estómago, pero no usó fuerza marcial. Ese hecho tal vez fuera señal de que Shen Qingqiu le perdonaba su comportamiento inapropiado.

Tras volver a depositar a Shen Qingqiu en el banco, suspiró con exasperación.

—¿Por qué eres siempre tan descuidado, Qingqiu-shidi?

Shen Qingqiu se erizó como un gato ofendido.

—Solo son unas túnicas. Tampoco se merece tal reacción, Líder de Secta Yue.

Yue Qingyuan quería frotarse las sienes. Shen Jiu siempre había sido así, tan descuidado con su propio cuerpo. Un día, temía que algún bruto llegara e intentara aprovecharse de su sorprendentemente inocente shidi.

—Xiao-Jiu —le suplicó. El nombre cortaba como un cuchillo—. No puedes quitarte la ropa en el exterior.

No era la primera vez que se lo decía, ni tampoco sería la última, eso ni lo dudaba, dado el temperamento terco de Shen Jiu.

Xiao-Jiu, como siempre, entrecerró los ojos y lo ignoró olímpicamente, como si las palabras de Qi-ge fueran aire.

Yue Qingyuan ya había pillado a Liu Qingge esnifando tras Shen Jiu. Y su querido shidi, ablandado por la amnesia, no lo había notado todavía. Aunque tampoco es como si lo hubiera notado antes de la pérdida de memoria. Su Xiao-Jiu siempre se negaba a creer que pudiera interesarle a alguien en ese sentido. No cesaba de ser exasperante.

Yue Qingyuan a menudo tenía que actuar de mediador entre su shidi y los pretendientes que este no sabía que tenía. Era consciente de que, después de todo lo que había pasado, no se merecía a su Xiao-Jiu, pero tampoco iba a dárselo a un cultivador cualquiera, más interesado en el prestigio de un Señor de Pico que en Xiao-Jiu como persona. Había tenido que espantar a mucha chusma del Pico Quing Jing para proteger la virtud de Xiao-Jiu.

Y, aun así, Xiao-Jiu nunca notaba lo encantadora que podía resultar su actitud despreocupada. Sus discípulos perdieron el juicio cuando Shen Qingqiu empezó a vestir de negro, en una muestra de luto contraria, y a arrodillarse ante el túmulo de la espada de Luo Binghe, escondido en el bosque de bambú.

Hace apenas unas semanas, Ning Yingying había acudido a él y le había suplicado que reforzara las barreras protectoras alrededor de Qing Jing, pues temía que alguien raptara a su shizun.

Ming Fan, detrás de ella, había asentido con la cabeza en respuesta a la petición de Ning Yingying, mientras ella seguía contándole sus miedos de que "un cultivador poderoso podría raptar a un Shen Qingqiu desavisado de su bosque si lo viera en toda su belleza, dado el estado delicado en el que se encontraba".

Yue Qingyuan habría dudado de si la muchacha estaba en su sano juicio si no hubiera visto a Xiao-Jiu, por primera vez en décadas, perder en público un poco del decoro que con tanto esmero mantenía. Lo que hacía en privado era un asunto completamente diferente, que los dioses no quieran que Shen Qingqiu lleve algo más que ropa interior, pensó con sarcasmo.

En público, sin embargo, Shen Qingqiu portaba sus modales como una armadura y los usaba para mantener a todos a un mínimo de medio metro de distancia de él.

Este Shen Qingqiu tan triste parecía... vulnerable. Despertaba el instinto depredador en los hombres. Yue Qingyuan lo sabía por experiencia propia.

Reforzó las barreras tras la petición e hizo a Qing Jing invisible para el mundo exterior. Los discípulos de Qing Jing todavía le daban las gracias cuando pasaban por su lado y le hacían reverencias marciales por su asistencia.

Como si fuera a permitir que otros se aprovecharan de Xiao-Jiu si estaba en su poder prevenirlo.

***

Shen Qingqiu acarició a Ning Yingying en la coronilla y luego le hizo lo mismo a Ming Fan. No era lo mismo. No eran igual de esponjosos.

Echaba mucho de menos a Binghe. Su ovejita tenía los mejores rizos, siempre tan suaves.

—Shi... shizun. —Ning Yingying estaba encantada por la atención y se inclinó hacia la caricia en busca de más. Ming Fan batallaba consigo mismo para no seguir su ejemplo.

—¿Sí, Yingying?

—¿Podría shizun ayudarnos con nuestro cultivo musical? Algunas shimei y yo tenemos problemas con el ritmo de una de las canciones, "Hacia la luna".

Contemplando esos ojos brillantes y esperanzados, Shen Qingqiu accedió con una ligera inclinación de cabeza.

***

La noche lo encontró, por alguna razón, cercado en la residencia de las discípulas, tocando su guqin rodeado por estudiantes contentas. Las chicas se limitaron a escucharlo tocar y luego intentaron seguirlo. Hasta las discípulas que no estaban practicando se les unieron para escucharlos tocar.

Las chicas se desvistieron hasta quedar en unas pocas túnicas interiores y se quitaros sus elaboradas horquillas. Shen Qingqiu hizo lo mismo: se desprendió de varias capas y se soltó el pelo para recogérselo del todo. Estaba mucho más cómodo cuando no había riesgo de que los mechones se le enredaran con las cuerdas. Eso dolía. No sabía cómo lo hacía esta gente, sobre todo cuando empezaban a tocar con fervor.

Las caras de las chicas estaban rojas y sudorosas por el esfuerzo. Reconfortaba el corazoncito de Shen Qingqiu verlas tan interesadas. Se acercaban a él para ver con mayor claridad el movimiento de sus dedos.

De la nada, como una explosión en la oscuridad, Ning Yingying gritó. Shen Qingqiu se volvió hacia ella rápidamente e intentó averiguar qué estaba pasando. Ning Yingying se quedó con ojos como platos y con los dedos teñidos de rojo después de tocarse la ingle. Shen Qingqiu les proporcionó educación básica sobre las funciones del cuerpo, pero el equivalente xianxia de la regla era una burrada monumental. La menstruación podía desestabilizar tu chi, especialmente la primera.

—Meimei, llévate a Yingying y ayúdale con el aseo. Yo le ayudaré con el chi. Li Ling, tú llama a Mu Qingfang. Dile que traiga Té de Perla Estival de Jazmín, creo que no nos queda por aquí. La última discípula en necesitarlo alcanzó la fase de Formación de Núcleo hace décadas.

Li Ling, una chica bajita con ojos avispados y el pelo recogido en un moño alto y austero, asintió con la cabeza y salió corriendo, preocupada por su hermana marcial.

Meimei, sin más dilación, se llevó a Yingying a los baños. La expresión de Ning Yingying, quien se aferraba el vientre, era una máscara de dolor. Shen Qingqiu ya había apartado el guquin para dejar su regazo libre. Meimei acostó a la chica en su regazo y Shen Qingqiu colocó una mano sobre su vientre y se dispuso a circular chi a través de sus meridianos, desatascando las obstrucciones que se habían formado.

El Luo Binghe original tuvo que lidiar con esto también y practicó cultivo dual con Ning Yingying para solventar la obstrucción. En la novela, ella experimentó un año antes los síntomas sin toda la sangre que acompaña a las reglas de verdad, lo cual le otorgó a Luo Binghe la noble excusa de tomar su virginidad en un campo de flores para salvarle la vida. Su control era demasiado tenue para realizar una purificación.

Mu Qingfang estaba a un Pico de distancia y había un té fácil de encontrar que podía resolver el problema, pero qué le importaba a la parejita.

Las sectas, como era de esperar, tenían acceso a una variación superior de ese té, pero a la mierda la lógica cuando había papapá en el horizonte. Una vez Ning Yingying alcanzara la fase de Formación del Núcleo, ya no tendría que lidiar con nada de esto, pero por ahora Shen Qingqiu podía hacerle la experiencia más llevadera.

Al escuchar acercarse a su médico residente, Shen Qingqiu se volvió para recibirlo.

***

A Mu Qingfang se le cayó el alma a los pies cuando una de las discípulas de Shen Qingqiu le suplicó que acudiera a la residencia femenina en medio de la noche.

A medida que se acercaba a su destino, notó la presencia de Shen Qingqiu y se temió lo peor. ¿Qué estaba haciendo su shixiong en la residencia de las discípulas? De noche. Rodeado de muchachas. Tenía que haber una explicación plausible. Lo más probable era que hubieran llamado a Shen Qingqiu antes de llamarlo a él, pero aun así le olía a chamusquina.

Con una inspiración profunda, abrió la puerta corrediza y le ardieron los ojos.

Lo que vio Mu Qingfang al abrir la puerta fue lo siguiente: una horda de discípulas jovencitas sentadas sobre el suelo que se acercaban todo lo posible hacia Shen-shixiong. Todas ellas iban a juego en ropa interior blanca, el pelo suelo o recogido de cualquier manera. Era un aspecto que rara vez se veía en doncellas sin desposar.

Shen Qingqiu no parecía fuera de lugar con su melena suelta y sus pestañas espesas, que batieron cuando bajo su mirada preocupada a Ning Yingying. Mu Qingfang nunca antes había notado lo pálido que era su shixiong o lo negro que era su cabello.

Él era la flor más grande del campo, que brillaba con suave luz verde iluminando la noche. Partículas de chi flotaban a su alrededor como luciérnagas mientras Shen Qingqiu servía de Árbol Espiritual para sus discípulas y repartía su chi en forma de una llovizna fácilmente transferible. El control que se requería tenía que ser extraordinario. Todas las discípulas estaban inclinadas hacia el centro del círculo, con los rostros alzados hacia el cielo en meditación.

Mu Qingfang tosió. Un sonrojo le salpicó el puente de la nariz.

Shen Qingqiu acarició la mejilla de Ning Yingying, como una madre a su niña.

—Qingfang-shidi, nuestra discípula más joven está creciendo. ¿Podrías revisarla?

Volvió a toser. ¿Por qué hacía tanto calor aquí?

La voz suave de Shen Qingqiu y sus gestos cariñosos eran... eran demasiado. Mu Qingfang asintió e intentó abrirse camino a través de las discípulas, quienes, como una, se volvieron para taladrarlo con la mirada como una manada de ñus.

Sus ojos seguían cada movimiento suyo. Hasta tuvo que empujar a algunas con los pies para alcanzar a Ning Yingying.

El ambiente en la estancia era francamente hostil, pero estaba empezando a comprender su actitud protectora. Shen Qingqiu era, al parecer, un tesoro oculto para aquellos que no formaban parte de Qing Jing.

Absorbiendo a hurtadillas un poco del chi calmante de su shixiong, Mu Qingfang revisó los meridianos de Ning Yingying.

—Está bien, Shen-shixiong. Has llegado a tiempo. No hay nada que curar. Aunque he traído un poco de té y puedo preparar una taza...

Li Ling lo agarró de la manga y lo arrastró hacia atrás para empujarlo fuera de la habitación. Las chicas detrás de ella cerraron filas, algunas de ellas estaban de rodillas para tapar con el cuerpo a su shizun, fulminándolo con la mirada mientras le daban la patada.

—Apreciamos enormemente su asistencia, shishu —sacó Li Ling entre dientes apretados y le hizo una reverencia.

Mu Qingfang la había visto con cortes, moratones y hasta una vez con quemaduras causadas por un Lobo Hipopotámico de Lava, pero nunca la había visto ponerse tan beligerante.

—¿Lo hace a menudo? —pregunta él.

Había visto los peines y los aceites dispuestos junto a los instrumentos musicales y le dio la impresión de que los iban a usar tarde o temprano. ¿No era adorable? Su shixiong les trenzaba el cabello a sus discípulas antes de dormir. Se preguntó si Shen Qingqiu también las arrullaba con una nana. A juzgar por la escena que presenció las probabilidades de que lo hiciera eran altas.

—En ocasiones, se le puede convencer —admitió Li Ling de mala hostia—. Sin embargo, eso no le concierne a shishu. Nosotras podemos preparar el té. La cama lo estará esperando.

—Oh, no sé yo... —Se hizo el difícil para tomarles el pelo.

—Shishu... —lo advirtió Meimei. La chica empezó a concentrar chi en las palmas.

La discípula de Shen Qingqiu estaba por enfrentarse con él para defender el honor de su shizun.

Mu Qingfang alzó las manos en rendición y dijo:

—Paz. Me marcharé y no mencionaré lo que he visto esta noche. —Todavía le ardía la cara por haber visto a su shixiong portarse de forma tan vulnerable.

Nunca había considerado a Shen Qingqiu como nada más que un amigo, aunque lo que presenció había alimentado su imaginación de una forma increíble. Lo peor era que no podía contarle a nadie lo que había visto sin arruinar la reputación de su shixiong. ¿Cómo le explicabas a alguien que un Señor de Pico pasaba las noches con sus discípulas y todo permanecía platónico? Y para Mu Qingfang no había duda de que era platónico.

Mientras se iba, el médico pensó en Liu Qingge y en Yue Qingyuan. Las bellezas calamitosas eran un verdadero peligro. Nunca lo había creído hasta este momento.

Sería años más tarde, después de que Luo Binghe raptara a su shizun por última vez, cuando Mu Qingfang se encerraría en sus aposentos con una botella de vino y reiría como si le faltara un tornillo. De veras, esa no la había visto venir. Todos ellos habían perdido la apuesta. Tan solo dos semanas después de eso, durante la boda que Mu Qingfang todavía no sospechaba que estuviesen preparando, Luo Binghe extendería su energía demoníaca como una manta, su versión de una advertencia. Su presencia llenaría todos los rincones de su palacio al tiempo que guiaba a Shen Qingqiu, vestido de rojo, hacia el altar.

En esa estancia, todas las miradas estarían posadas sobre Shen Qingqiu, a pesar del poder de Luo Binghe. Las manos de Yue Qingyuan estarían cerradas en puños, su expresión tranquila, y el rostro de Liu Qingge sería una máscara de honor falso. Le enseñaría los colmillos a Luo Binghe después de que el Señor de los Demonios le lanzara una sonrisita satisfecha, una mano posada en la cintura Shen Qingqiu como si le perteneciera.

El hada inmortal, raptado de los cielos por un demonio que se había enamorado de él. Menuda historia.

***

Shang Qinghua se encontraba sentado frente a su recién encontrado Hermano Pepino, etéreo y extraordinario dios del sexo. No era así como se lo había imaginado cuando creó a Shen Qingqiu, pero eso era lo que había recibido... al parecer.

Su primer encuentro procedió más o menos de la siguiente manera:

A Shang Qinghua se le escapó un "puta madre" al ver el modelito de viuda negra de Shen Qingqiu y se le cayeron pipas de melón de la boca. "Puta madre" no era algo que decían en la China antigua. En esa época se empleaba una versión más florida, "tu madre era una furcia", y, aun así, solo si se era parte del campesinado.

Shen Qingqiu se volvió hacia él como un tiburón que había olido sangre. Se le acercó como un depredador y lo cogió de las solapas mientras le gruñía:

—¿El camino de un orgulloso demonio inmortal?

Shang Qinghua asintió con la cabeza, preguntándose quién había tenido la mala suerte de transmigrar en el cuerpo de Shen Jiu. Luego le empezaron a dar con el abanico en una mejilla mientras lo seguían sosteniendo por una solapa. En serio, todo el rollo ese de la esposa inconsolable que seguramente mató a su primer esposo no estaba ayudando en esta interacción. Shang Qinghua no quería ser el tercer difunto esposo de nadie. Gracias, pero no, gracias.

—S... sí —contestó tartamudeando—. Tú... eh... ¿eres un... fan?

Ojos verdes se entrecerraron.

—¿Avión Disparado al Cielo? —Algo tuvo que haberse revelado en su cara, tal vez culpa, porque su cotransmigrador le soltó—: Maldito... autor... de mierda. Deja que te explique todos los problemas que tiene tu bazofia. Ven, vamos a mi cabaña de bambú, miserable literato de pacotilla.

Va... vale.

Shang Qinghua acabó tragando la mitad del tipo de rapapolvo que su madre soñaba con poder dispensar antes de averiguar que Shen Qingqiu era en realidad Hermano Pepino. Su extrañamente involucrado antifan... o verdadero fan... Era difícil de saber a veces.

Hermano Pepino era intenso y su boca estaba hecha de papel de lija. Podía llevarse una capa de tu piel sin usar más que la lengua. Y eso mismo solía hacer mientras señalaba en la sección de comentarios cada una de las meteduras de pata que Shang Qinghua había cometido. En persona, era aún peor, dadas las facciones imperiosas de Shen Qingqiu, quien lo miraba como si fuera una rata de alcantarilla que se hubiera metido en su bonita casa.

La mejor parte de la conversación llegó cuando Shen Qingqiu lo miró, golpeó la mesa con el abanico y dijo:

—Escucha, entiendo que necesitabas el dinero. Es que quería que fuera mejor, porque me gustaba la historia, en serio. Podría haber sido mucho más que lo que es y eso es muy frustrante.

Shang Qinghua se conmiseró con él y se encogió de hombros.

—Tenía un huevo de notas, hermano. Ni te imaginas la de cosas que tuve que archivar. El papapá vendía. Deja que te cuente toda la historia entre Yue Qingyuan y tú...

Shen Qingqiu alzó una mano para callarlo.

—No me la cuentes. Lo único que necesito sabes es esto: en una escala de uno a diez, ¿cuán probable es que me encierre en algún sótano?

Shang Qinghua se paró a considerarlo. Por desgracia, Shen Qingqiu tenía razón.

—Mira, que no cunda el pánico, pero en realidad es como un siete. ¡Pero! ...Tal vez nunca vaya a ocurrir debido a su complejo de culpa en esteroides. Así que, mientras no resuelvas los asuntos del pasado, no acabarás siendo la esposa del Líder de Secta.

Shen Qingqiu se le quedó mirando con cara de no entender.

—¿La esposa del Líder de Secta?

Shang Qinghua gesticuló de forma rara.

—Shen Jiu y Yue Qingyuan podrían haber sido... ¿almas gemelas?

Shen Qingqiu estampó su abanico sobre la mesa.

—Ese concepto no existe aquí. ¡Las almas gemelas no existen en tu estúpido libro!

—Lo sé, lo sé. —Shang Qinghua no sabía dónde meterse—. ¿Pero como que podrían existir? ¿Tal vez? Porque las notas que tomé pero no incluí en la historia han estado apareciendo en formas raras.

Shen Qingqiu colapsó en el suelo, al lado de la almohada en la que estaba sentado antes, y se frotó la cara.

—¿Es una puta broma?

Por raro que sonara, era un gran alivio tener a Hermano Pepino aquí. Era un tío gracioso. A pesar de que se había llevado a Luo Binghe a la otra acera.

***

Shang Qinghua gesticuló hacia Shang Qinghua, quien estaba recostado de lado sobre su diván, vestido de lencería, posando rollo "píntame como una de tus chicas francesas" y picando lichis. Le habló despacio, como si le preocupara que no lo entendieran:

—Tienes que ser consciente de que tus pintas son muy inapropiadas. Esta gente se pone más para dormir que lo que llevas puesto ahora. Se supone que debemos llevar todas las túnicas en todo momento y luego ponernos una o dos túnicas más gruesas para dormir. No vamos en ropa interior. No es lo mismo.

Nunca había querido saber cómo eran los pezones de Hermano Pepino.

Hermano Pepino se quedó congelado como si lo hubieran pillado con las manos en la masa y escupió el lichi que estaba comiendo en un gesto sorprendentemente elegante. Shang Qinghua nunca había visto a nadie escupir con elegancia.

—¿Cómo? —se atragantó Shen Qingqiu—. ¿Quieres decir que estos masoquistas nunca se sueltan? Llevo siete putas túnicas. ¿Qué más quieren de mí?

¿Quién no se quitaba alguna que otra capa cuando estaba en el refugio de su propio hogar? ¿Le estaba diciendo Shang Qinghua que tenía que ir completamente vestido las veinticuatro horas? ¿Hasta cuando estaba a solas? Ya le jodería. Va a ser que no. Sí que vio unas túnicas interiores más gruesas que otras. Asumió que eran para el invierno y las volvió a guardar. No iba a sacarlas. Eran menos cómodas que su aparente ropa interior.

Shang Qinghua se encogió de hombros.

—Yo no he creado las reglas.

Shen Qingqiu le tiró un lichi a la cabeza y dijo:

—Con cada día que pasa estoy más convencido de que tuve que haber cometido un crimen espantoso en una vida anterior y que, debido a ello, el universo te ha dejado caer en mi estratosfera como el águila que vuelve cada amanecer para comerse mi hígado.

De acuerdo, Shang Qinghua no se esperaba eso. ¿Qué se contestaba a algo así? ¿...Lo siento?

Antes de que pudiera aportar su granito, Shen Qingqiu continuó:

—En segundo lugar, sí que has creado las reglas. En tercer lugar, te voy a decir lo que va a pasar: nunca te he escuchado hablar. Nunca he escuchado esas palabras provenir de tu boca. Nunca has pronunciado las palabras que han salido de tu boca. ¿Me entiendes, A-Hua?

Shang Qinghua intentó hablar:

—Pero...

—¿Me entiendes, Shang Qinghua? —preguntó Shen Qingqiu plácidamente. Parecía que su cordura pendía de un hilo.

Shang Qinghua asintió con la cabeza.

—Bien —dijo Shen Qingqiu con una sonrisa aterradora—. Toma, cómete un lichi.

Shang Qinghua cogió el lichi que Shen Qingqiu le estaba ofreciendo y se lo comió. A pesar de que hizo que se sintiera como una mascota. Hay que joderse, Hermano Pepino era aterrador. Era como un fuerte protagonista icónico: yendo por la vida como el puto amo, aniquilando a sus enemigos, juntando un harén y metiendo el miedo en el cuerpo a los personajes débiles sin sudar una gota.

Shen Qingqiu se recostó sobre sus almohadas con la mirada perdida en la distancia y decidió firmemente que la única solución era hacer como que no sabía nada hasta que llegara a creer que no sabía nada. Si alguien intentara decirle algo, no lo entendería. Tendría la cabeza más dura que una montaña. No escuches el mal, no veas el mal y no menciones el maldito mal.

Oh, ¿qué decís? ¿Que su comportamiento era inapropiado? No tenía ni idea. ¿De qué estaban hablando estos? Él siempre hacía lo mismo y no pasaba nada, en serio. No era para nada inapropiado. El interrogador imaginario se estaba inventando cosas. Shen Qingqiu no era el que se portaba de forma inapropiada aquí. Eran ellos los que se portaban de forma inapropiada. Toda su familia se portaba de forma inapropiada. Estás tú que Shen Qingqiu va a renunciar a su vida cómoda a estas alturas.

En todo caso, nada de esto tenía importancia, iba a morir pronto igualmente. Podía ponerse lo que le saliera de los huevos. Hasta si lo que se ponía podría considerarse el equivalente de la lencería en la China antigua.