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All Night. I will make you mine

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─¿Estás segura de esto? ─Cuestiona Michiko, su mirada debatía entre la contraria y aquella correa en manos. Si bien había sido su idea intentarlo, aunque ahora podía sentir como sus palmas sudaban al igual que le costaba ver a los ojos a la joven enfrente.

 

─Por supuesto, además será interesante ver más este lado tuyo. ─Mary contestó a la vez que ajustaba el collar en su cuello, teniendo cuidado de no tocar las costuras que sostenían su cabeza. Sería vergonzoso que su testa saliera volando en el acto. Tan solo pensarlo un escalofrío pasó por su espina.

 

─Está bien, igual ya sabes que hacer. ─ Volvió a recalcar observando a la contraria con ojos entrecerrados.

 

─Digo “Pastel”, tranquila. ─ Reafirmando sus palabras calló a la azabache con un corto beso.

 

─Bien, entonces. . . Siéntate. ─Ordenó, la geisha, sentándose en la orilla de la cama. Su semblante de duda cambió a uno de orgullo y arrogancia.

 

El corazón de la reina se agitó dos veces antes de sacudir levemente su tes siguiendo las órdenes dichas anteriormente. Con cuidado se sentó enfrente de la fémina sin nada que la cubriera.

 

─Sé lo que quieres, pero primero debo considerar si lo mereces. ─ Dichas estas palabras fue que inició el juego. 

 

No se necesitó mucho para emocionar a su majestad. La voz dominante de su amada si que hacía maravillas y no solo hablamos en su corazón. 

 

─Haré lo que dig-. . . ─Un suave tirón recibió de la correa.

 

─No he dicho que puedas hablar, ya has empezado mal. ─Mano libre posó en su propio mentón fingiendo meditar sobre qué hacer con los malos modales de la adversa.

 

─Bien, te daré una tarea sencilla si puedes hacerlo sin emocionarte te dare un premio, ¿Esta bien? ─Testa inclinó, recibiendo un suave asentimiento por parte de Mary.

 

─Desvísteme. ─Ordenó de forma firme, profunda y manteniendo contacto visual con la reina. Por lo cual prontamente la fémina comenzó a alzar las manos con tal de soltar el kimono adverso, pero un tirón de la correa la detuvo en seco.

 

─Espera, no he dicho que puedas con tus manos. . . Hazlo con tu boca. ─Una sonrisa adorno los labios de la mujer de solo ver la cara de sorpresa de su amante. No obstante, la misma se recuperó de su transe. De estar viva sin duda aquello hubiera sido demasiado para su pobre corazón.

 

Su majestad se alzó despacio con el objetivo de acercarse a la figura de la dama. No tardó en comenzar con los dientes e ir soltando las prendas de una en una. Al tirar de las piezas tardaba un poco en hacer caer la tela, era su forma de torturar a la misma. Solo quedaba la  ropa íntima. Estaba tan cerca, pero a la vez tan lejos de aquel tan deseado premio. Rozó con sus colmillos la delicada piel provocando un fuerte respirar en la geisha. Por su parte estaba usando la poca fuerza de voluntad en no besar y morder la piel con la que tocaba.

 

Tras cumplir su orden tuvo que volver a sentarse frente a Michiko, esperando con cierta expectación cuál sería su siguiente deber.

 

─Eso, buena chica. ─Acarició de suave forma la mejilla de la reina. 

 

Solo que aquel cálido gesto se vio descartado con el repentino tirar del collar. Consiguiendo una mirada intensa en sí misma.

 

─Te permito recibir tu premio. ─ Aún con aquella sonrisa en sus labios siguió tirando de la correa con tal de tener a la contraria entremedio de sus piernas.

 

Mary por su parte decidió empezar por sus muslos. Morder aquella sensible piel. Con una mano apoyándose en el muslo mientras la otra apartaba el otro con tal de hacer más espacio. 

 

Poco a poco se acercaba más a lo que ambas querían.

 

Sin pensarlo demasiado procedió a dar lamidas a lo largo, logrando recibir como respuesta un jadeo.

 

La geisha temblaba con cada administración. Pero sus manos necesitan algo de donde aguantarse, a este punto cualquier cosa que la sostuviera de colapsar. Lo único que pudo apretar a gusto eran las capas de ropa que se habían formado a su alrededor.

 

La noble continuó abusando de su clítoris.

 

—Mary. —

 

—¿Si?— Contestaba por encima de su vagina transmitiendo el calor de sus palabras.

 

La joven no tuvo ningún tiempo de contestar cuando sentía como la lengua de su querida entraba y salía de su interior dejando un choque de placer.

 

La acción fue detenida con el tirón del collar. Así la geisha tenía los ojos de la reina en los suyos.

 

─Mary. ─ Llamó con una voz agitada acompañados de leves respiros.

 

La mencionada se levantó para así atrapar los labios de la misma en un beso descuidado.

 

La reina la recostó lentamente. Al lograrlo sus manos volvieron a jugar con su entrada. Metió dos dedos con facilidad aunque esto provocó que riera un poco en el beso. Sin embargo, también calló los gemidos de su amada con su lengua.

 

Dejó su boca para refugiarse en su cuello. Mordió al igual que respiraba su esencia. Pero para la contraria era como empujarla más al límite. Solo podía jadear en el oído de la contraria.

 

Movía los dedos con más rapidez en cuanto escuchaba los sonidos deliciosos que salían de los labios de su amor.

 

Saco sus dedos sin aviso ganándose una pequeña queja de la adversa. Cosa que no duró mucho cuando empezó a besar su clavícula, sus senos, su abdomen y finalmente volver a su objetivo principal.

 

Volvió a lamer su entrada terminando por concentrarse en su clítoris y sus dedos volviendo a entrar y salir de su entrada.

 

Con su única mano libre decidió darse placer propio.

 

Pero fue regañada por su pareja nada más de poner presión en el lugar donde más quería.

 

─Mary, no he dicho. . . Ah, que puedas. . . ─ La reina sin levantar la mirada de la intimidad de la contraria pidió perdón dejando que su aliento caliente hiciera temblar a la misma.

 

Tales acciones pasaron a ser bienvenidas, a pesar de que podía sentir el querer vengarse de la otra, y la sonrisa fue inevitable de ver en sus labios mientras seguía con aquellas atenciones. 

 

Su majestad no tardó en introducir otro dedo recibiendo un sobresalto como compensación. 

 

La geisha se tapaba la boca con tal de disminuir los sonidos tortuosos que salían de su garganta pero aún así terminó en vano.

 

Los sonidos húmedos resonaban por la habitación al igual que aquellos jadeos ahogados y suspiros.

 

Faltaba poco, lo sabía muy bien al ver cómo el cuerpo de su amada se retorcía de vez en cuando, agarrando cualquier cosa que tuviera a su alcance para sostenerse además de cómo su piel estaba ardiendo.

 

El grito de su nombre vibró por toda la habitación. Su espina se arqueó pero cayó entumecido.

 

Mary solo podía ver una grandiosa obra de arte ante sus ojos.

 

─M. . . Ma, ah, Mary. ─

 

—¿Si?— Palabras que tardó en sacar gracias al poco aire que tenía en sus pulmones.

 

─Ven aquí. . . ─ La joven se levantó lentamente intentando sostener su cuerpo como podía. Aunque esto no le impidió abrir sus brazos a su amor.

 

Sin dudarlo demasiado la reina procedió a perderse en el hueco de su cuello. Pegando su cuerpo con el de ella y quitando cualquier espacio que hubiera.

 

─¿Todo bien, mon amour? ─Pequeños besos repartió por su cuello y hombros al mismo tiempo que preguntaba.

 

─Hmn, sí, pero falta algo. ─Despego a la fémina de su cuerpo recostandola en la cama para así posarse encima de ella. Ambas manos recorrieron por cualquier espacio de piel que pudieran encontrar. Sustituyó esas manos por sus labios. Ganándose unos suspiros.

 

—Es hora de liberarte de esta presión, ¿no crees?— Manos fuera a deslizar por muslos ajenos, de forma lenta casi tortuosa, en lo que con delicadeza buscará piernas de ambas entrecruzar. De inmediato es que su majestad con cuidado pasó a ayudarle, deslizando piernas propias entre las adversas, dejando escapar un jadeo cuando finalmente ambas entrepiernas se vieron juntas en último y rápido movimiento.

 

─¿Es. . . Estás bien?─ Cuestionó la geisha mientras fuera a tocar mejilla adversa. Prontamente recibió su respuesta, en forma del movimiento de caderas ajenas que buscará aumentar aquella fricción y placentera sensación. 

 

Ante aquello Michiko soltó un suave gemido. Posando manos en la cintura ajena, buscando guiar a la adversa en un buen ritmo para ambas.

 

Mary fuera a centrar su atención en labios adversos, devorando cada sonido que de ahí escapará. Eran solamente suyos. Sin detener aquel movimiento de caderas que a cada instante pareciera ir en aumento. 

 

Era notorio que ambas buscarían aquel deseado orgasmo. 

 

No iba a pasar demasiado hasta que ambas mujeres llegaran finalmente a aquel maravilloso clímax. 

 

El nombre de la otra escapará de labios ajenos y gemidos inundaban la habitación, hasta que de a poco sola aquella agitada respiración fuera a ser escuchada.

 

─Wow. . . ─ Fuera a soltar la reina por sobre el pecho adverso, tras recuperarse de la sensación.

 

─Lo sé. ─ Suave risa soltó Michiko, en lo que pasaba a dejar caricias por sobre el blanquecino cabello ajeno.

 

─Michiko. . . ¿Podemos hacerlo una vez más?─ La reina intentará con ojos de cachorro convencer a su amada. Aún tenía la estamina después de todo.

 

─Vaya, sin duda tienes aguante. ─ Otra risa dejara escapar de sus labios la geisha para volver a tomar la correa en manos. 

 

─Podemos seguir todo lo que quieras, mi lindo perrito. ─Pícara sonrisa adornó su faz. Volvería a tirar correa hasta que beso lograra depositar en labios ajenos. Algo intenso pero lleno de amor como aquello que estuvieran realizando.

 

Sería una larga noche, pero que bien la pasarían.