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Perdóname

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El perdón... Es la cosa más difícil que he tenido que aprender en mi vida, ni siquiera el Aire control. Nada, no se compara con esto. Perdonar no es solamente pensar que el daño ya está resarcido, o resignación. No... ni para empezar. Aceptar lo que mis enemigos me han hecho y todas su consecuencias y ramificaciones, fue terrible. Al empezar a aceptarlo, a afrontarlo sin ningún pretexto, fue el punto en el que pude empezar de nuevo. El perdón no fue para ellos, fue para mí. Para sanarme a mí y poder volver a ser la persona que soy, el Avatar que el mundo merece. Para ya no estar rota. Sólo el perdón fue capaz de darme paz, cuando las peleas, mis excusas pateticas, e incluso el apoyo de mis padres no bastó.

Hubiera jurado sobre la tumba de todos los avatares del pasado que perdonar a Zaheer iba a ser lo más difícil que tuviera que haber hecho en mi vida. Pero no. Lo más doloroso y terrible, fue soportar ver a Asami alejándose de mí. Yo no podía evitar mis responsabilidades con el mundo, y ella no puede dejar de lado las suyas con el legado de su padre y la propia Ciudad Republica, un lugar que yo también adoro y llegué a considerar mi segundo hogar. Quisiera poder dejar de lado estas inseguridades, que no me permitieron darle el espacio que necesitaba. Cada hora que no pasaba conmigo, solamente motivaron a pensar que es qué era que no quería estar conmigo. El tiempo que pasábamos juntas era maravilloso, pero no era suficiente para mí y acallar mis miedos. Al final las dos fallamos... Fueron tres años maravillosos que, como todo, llegaron a su fin... Prematuro o no, no lo sé. La sigo amando profundamente, y como mi mejor amiga, nunca dejaré de hacerlo.

Ya una vez me rompí, y sé que hay una nueva orilla del otro lado de esta océano que por ahora se me hace interminable. Debo seguir... solo seguir. Dar un paso después del otro y no preocuparme por los siguientes dos. No aislarme y dejarme caer sola. Tengo muchos amigos y perdonarme a mí misma haber perdido tres años con ellos, también fue duro. Ahora no pienso alejarme tanto tiempo, por lo menos Mako entiende que necesite unas semanas para despejarme y concentrarme en otras cosas. Decidí regresar con mis padres, pocos lugares hay para mí en el mundo como estar entre sus brazos. Y mi madre me consiente tanto que me siento culpable de haberla alejado tanto de mí la última vez que vine en busca de sanación, aunque las circunstancias sean tan diferentes. Perdonar... parece que es lo único que hago últimamente. No lo veo tan mal... solo quisiera que no hubiera tantas cosas qué perdonar.

A Asami por dejarme de lado, al menos así lo sentía, a mí misma por no sentirme digna de ella y no encontrar la fuerza suficiente para reconocer sus mejores puntos, y que nada tenían que ver conmigo sus razones para estar tan ocupada todo el tiempo. Solo ahora que veo a través del dolor, y no con él, puedo darme cuenta de todas las lecciones que tengo que seguir aprendiendo.

Y no solo cuento con Mako como apoyo, Bolin es increíble, Opal también... Todos lo son, incluida Kuvira. Es la persona que menos pensé algún día que sería una de mis amigas más cercanas. Ha pasado por mucho también y justo ahora cubre su condena en Saofu. Ella hace mucho más que solo estar encerrada. Da conferencias mientras está encadenada y es custodiada por una guardia del Loto Blanco, da seguimiento a diversos asuntos que todavía quedan pendientes del Imperio Tierra y atiende personas que creen que les debe algo por sus crímenes y ellas les restituye de los mejores modos que puede.

Cartearme con ella se volvió en una costumbre que poco a poco me emocionaba más. Y a la distancia y sin darme cuenta se convirtió en algo necesario. No estoy segura de en qué momento las cosas cambiaron... cuando dejo de ser sólo mi amiga. Estoy segura qué después de que mi etapa con Asami terminara. No debe de tener muchos meses... ¿Por qué siempre soy la última que se da cuenta de las cosas?

Estoy en el Polo Sur, como desde hace algunos meses, pero tengo que hacer viajes regularmente para cumplir con mi papel de Avatar. Uno de esos viajes me llevó cerca de Saofu, hace ya dos meses, y aproveché para pasar a saludar y estar un par de días. Kuvira insistió en que practicaramos la rutina de danza metal que me ha enseñado a lo largo de los meses, así que fui con ella. De pronto, la gracia de sus movimientos, la exactitud militar de su empuje, la destreza del control de su cuerpo y el propio metal me dejaron embelesada, no importaba que yo estuviera girando en el aire, siguiendo su estela, mi descuido provocó que nos enrredaramos y terminamos chocando, quedé unos segundos frente a ella, me miró a los ojos, yo también, y después a sus labios y ella a los míos. No supe qué hacer. Deshice el lío de cables, me disculpe y lo volvimos a hacer, hasta que salió bien, pero fue tanta mi concentración, repasando una y otra vez lo que nos pasó, que no pude emular su ligereza.

Ahora estoy analizando tanto las cosas... Recordando. Sin ninguna duda, había mucho más desde hace meses, pero yo no lo había notado, todavía obnubilada por lo que siento por Asami, y por todo lo que todavía creo sentir por ella. Ahora entiendo que Kuvira no me ve como una amiga. Y yo empiezo a hacer lo mismo con ella. Estoy emocionada. Así como todo termina... Así como el invierno da pie a la primavera... Siempre hay algo nuevo iniciando. Solo quisiera... que ésta vez no haya que perdonar tantas cosas.

Dentro de dos días salgo a Saofu para atender asuntos oficiales con Su y con el rey Wu, que después de cuatro largos años, sigue luchando para el cambio de estilo de gobierno de todo el Reino Tierra. Estaré una semana completa. Los asuntos de política me aburren sobremanera, pero por las tardes estaré libre y Kuvira ya ha programado toda la semana para las dos. Intenté fuertemente no dejar entrever mi verdadera emoción ante nuestros planes.

El viaje es largo desde casa a Saofu. El dirigible que Industrias Futuro siempre pone a mi disposición es de lo más lujoso, y Asami puso todo su empeño en el diseño exterior e interior. Por fuera es una nave ominosa y elegante, que pretende anunciar que el Avatar está aquí, y por dentro es todo confort, elegancia y practicidad, donde predomina el negro, el blanco y el diferentes tonos de azul. Estoy un poco confundida, Asami sigue siendo genial y me sigue dando todo su apoyo, ahora que estamos separadas puedo apreciar mucho mejor todo lo que hace por mí y las personas en general. Pero la emoción que siento ahora en lo bajo de mi estómago, hace que cuando llego a tierra, me ponga nerviosa con Kuvira. Se ve tan hermosa y relajada con su ropa tradicional del Clan de Metal, emulando el estilo de Su, solo con un poco de más de adornos de metal.

Me sonríe y pierdo un poco del nerviosismo. La timidez me toma por sorpresa, pero su sonrisa corresponde a la mía en más de un modo y es cuando confirmo que mis conclusiones no son erróneas. Le devuelvo la sonrisa mientras Su nos mira intensamente. Cuando la abrazo, la estrecho más fuerte de lo que debería, y mi mirada refleja la suya cuando nos separamos.