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Cum Game (Tokyo Revengers9

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Los trucos de magia eran su especialidad, ya que, siempre que añoraba algo desaparecía de la faz de la tierra. Al igual que su autoestima.

Hablando en serio, debería haber un límite para la mala suerte que afectaba su vida. Nada era igual que antes. Antes al menos tenía a su esposa e hija a su lado. De no ser porque la vida de mierda fue tan injusta cómo para hacerle perder cinco millones de yenes en apuestas, esto no habría pasado.

Claro, los ricos podían apostar y apostar, nada les pasaría, ya que seguramente luego robaban o malversaban fondos frente a las narices de todos. Nadie diría nada. Y quien se atreviera, sería suicidado. En fin, los ricos podían morirse.

Regresando a lo injusta que es la vida con él, ahora mismo se encontraba solo en el mundo viviendo en un cuarto de dudosa higiene que a penas y alcanzaba a pagar con el seguro de cesantía. ¿Debería cobrar el seguro dental sacándose otras muelas? No, ya se había sacado dos. Aunque siempre estaba el seguro médico. Ah, ese está cancelado. Qué vida de mierda.

Debía dinero a todo el mundo, bancos, personas, amigos, vecinos e incluso matones del bajo mundo que fueron lo suficientemente estúpidos para creerle que les pagaría en una semana. Jamás se saldrían con la suya, era un tipo escurridizo (por no decir cobarde). Sin embargo, su tiempo poco a poco se iba acabando, lo pudo confirmar la noche anterior.
Luego de otra apuesta de gallos, alguien debió de haber avisado a sus acreedores que se encontraba nuevamente en ese lugar, pues el encargado de cobrar, un tipo llamado Kokonoi, se acercó a cobrarle de forma nada amigable los millones que le debía.

A penas lo vio, salió corriendo por los callejones de ese barrio de mala muerte. ¿Creía que podía atraparlo? ¿A él? ¿El cliente mas duro de cobrar? No. Eso no iba a pasar, debían pasar años para que eso siquiera se hiciera realidad.

Mientras corría miró hacia atrás y podía ver como los perdía de vista, hasta que chocó con algo o alguien que se interpuso en su camino. Cuando levantó la vista, supo que se trataba de un hombre enorme y corpulento, quien con solo un brazo lo arrastró hasta un callejón oscuro y con poca luz, que fuera de noche no ayudaba para nada a su débil corazón.

-¿Cómo has estado? Hanagaki Takemichi – preguntó con una sonrisa Kokonoi, quien apareció a los minutos acercándose a él, invadiendo su espacio personal acorralándolo contra la pared hasta hacerlo caer.

-Kokonoi, yo… aún no tengo el dinero. Últimamente estoy pasando por un momento de necesidad, verás, mi madre… - empezó a susurrar, despojado totalmente de la seguridad que sentía hace unos minutos. La mentira de la madre siempre funcionaba, intentaría apelar a ese lado amable.

-No me interesa tu madre Hanagaki – espetó fuertemente sacando una daga de su bolsillo para acercarla a su cuello – Solo me interesa el dinero que pueda sacar de la venta de órganos. Últimamente he estado en busca de postulantes, y creo que tú cumples con todos los requisitos ¿sabes? Ni aunque venda tu piel podrá cubrir la deuda que tienes pendiente– dijo acariciando el rostro asustado, mirando los grandes ojos azules.

-Yo de verdad lo siento mucho. Juro que te pagaré el próximo mes, estoy juntando dinero… y… - precisamente en ese momento las lágrimas empezaron a salir a borbotones, casi podía sentir como sus pantalones empezaban a humedecerse del miedo.

Se podía decir muchas cosas de este muchacho, pero algo que no se podía decir es que era alguien poco atractivo. Sus grandes ojos azules acompañado de su cabello azabache daban un contraste con la piel que, aunque algo magullada, se podía apreciar una atracción insana a querer tocarlo. Y cuando este acompañaba estas características con una actitud sumisa como la suya, quien lleno de lágrimas suplicaba un perdón, simplemente no se podía negar a él.

“¡Demasiado lindo!” pensaron todos los presentes al unísono.

Pero Kokonoi tenía una reputación que mantener, no podía dejarse llevar. Así que, tragando saliva, pronunció las siguientes palabras.

-Tan patético como siempre – comentó mientras acercaba su rostro - Te daré una última oportunidad Hanagaki Takemichi. – dijo apartando la vista de la escena frente suyo. Los hombres que lo acompañaban le siguieron. – El próximo mes, nos volveremos a ver – finalizó para irse con un evidente sonrojo que sus secuaces fingieron no ver.

Takemichi se estremeció ante el recuerdo de esa situación. Aunque ahora se merecía un descanso, el susto lo hacía estresarse y no podía pensar bien mientras sus recuerdos lo atormentaban.

“¿Cómo diablos conseguiré el dinero? Si lo pienso cuerdamente es totalmente imposible ¿Debería prostituirme? No, nadie compraría a alguien como yo…” pensaba. Claramente él mismo no era consciente de su atractivo oculto.

Ante el último pensamiento decidió que iría por la calle a hacer una visita a su hija, si no mal recordaba su cumpleaños se acercaba, así que no sería mala idea comprar algo bonito. Pero él no tenía dinero, es decir, podía pedir prestado algo a Yamagishi y luego devolverlo… no, eso tampoco serviría.

-Tch. Una visita bastará, de seguro se alegrará de verme — dijo al aire mientras se levantaba del futón tendido en el piso.

Caminó hasta el metro, pero cuando se dio cuenta su tren ya había partido, justo en frente de sus ojos.

-¡Diablos! — maldijo. Hoy no era su día.

No le quedaba de otra que esperar al próximo tren para ir a visitar a su casa, sería un irresponsable, pero nunca un mal padre. Mientras se creía lo anterior fue a sentarse al asiento más cercano.

Divagando en sus pensamientos no se dio cuenta cuando alguien se sentó a su lado, era un hombre casi de su misma edad.

-Disculpa pedazo de basura – dijo alguien a su lado - ¡Ejem!, digo, disculpe señor, ¿Le gustaría jugar un juego conmigo? –

Takemichi naturalmente estaba desconcertado ante la voz que lo asustó un poco, cuando miró a su lado se trataba de un hombre de traje de cabello negro con mechones rubios. Aunque parecía un hombre decente, el tatuaje sobresaliente de su camisa le daba pintas de un matón de clase. Además, ¿Él lo había llamado pedazo de basura?

-Uh… lo siento, no me van las estafas piramidales – dijo Takemichi sintiendo que ocupó el 99% de la capacidad de cerebro al darse cuenta de lo que sucedería.

-Antes de que se vaya, por favor, al menos escuche mi propuesta –

-¿Eh? Ya te dije que no tengo interés en lo que sea que estés tramando – respondió para darse la vuelta e irse del lugar. Podía ir a otra estación para tomar el tren.

Pero antes de que siquiera diera tres pasos, un fuerte apretón en su hombro lo hizo voltearse. El estafador piramidal estaba mirándolo con una expresión de muerte mientras sonreía.

-Te dije que al menos me escucharas, así que ahora te sentarás y me escucharás claramente pedazo de idiota – dijo mientras apretaba aún más su agarre.

-Sí, señor – respondió con miedo.

Luego de un silencio incómodo, ambos se fueron a sentar al asiento de antes.

-¡Ejem!, disculpe mis modales, ahora mismo le enseño en que consiste el juego. Este juego se llama DDAKJI, seguramente lo conoce muy bien, si logra voltear mi papel entonces usted conseguirá una recompensa.

-¿Una recompensa?

-Claro, por favor observe – a continuación, sacó un maletín que contenía más dinero que sus propios órganos, lo cual lo dejó completamente estupefacto – Le daré un fajo de dólares por cada vez que gane –

Takemichi tragó saliva ante la tentadora oferta, pero de repente le surgió una duda. Se sentía muy inteligente el día de hoy.

-Entonces… ¿Qué sucede si yo pierdo? –

-Bueno, si usted pierde tendrá que pagarme un fajo de estos dólares – dijo con una sonrisa nerviosa.

Takemichi lo volvió a pensar. Si perdía entonces sería un extraño más al que le debería dinero, por otro lado, si gana podría al menos comprar algo para su hija. No importa que, ¡Debía mostrarse como un padre ejemplar para ella y lo demostraría apostando en esto!

-Acepto el trato –

-Bien, entonces empecemos a jugar –

Se apartaron un poco del lugar en el que estaban, y Takemichi escogió el papel azul para jugar. Con toda la fuerza que tenía arrojó el papel azul contra el rojo que estaba en el piso para darle vuelta, sin embargo, no tenía nada de fuerza. Fue un fracaso.

Por el contrario, su contrincante con solo un poco de su fuerza logró hacer que la estación retumbara por el golpe contra el papel azul en el piso, dándole vuelta. Ese chico con un tatuaje de león había ganado. Otra vez, debía a alguien. Que mal día.

Mirando hacia su papel dado vuelta, las lágrimas de frustración empezarían a brotar si no se iba rápidamente de ese lugar.

- Sé que no tiene como pagarme señor – dijo con una sonrisa espeluznante.

- ¿Qué? – respondió

- Usted puede pagarme con su cuerpo – dijo mirándolo de arriba abajo mientras se relamía los labios.

- Un momento, que estás haciendo… - susurró asustado antes de que ese chico le diera un beso acorralándolo contra la pared.

- Por cada vez que pierdas tendrás que chuparme el pene Hanagaki Takemichi – dijo el chico del tatuaje.

Takemichi completamente sorprendido, pero no asqueado, estaba demasiado confundido. ¿Cómo pretendía que lo haga aquí?

Al ver la cara de confundida de su cliente, el contrincante procedió a decir

- Takemichi Hanagaki, 26 años, divorciado de Tachibana Hinata, tiene una hija de 4 años, la última vez que trabajó fue hace 4 años, actualmente vive en un departamento de mierda que apenas alcanza a pagar –

- ¡EHHH! ¡¿Cómo rayos sabes todo eso!?, lo sabía, eres un estafador o un extorsionador.

- No se preocupe, usted no se encuentra en peligro. Como dije anteriormente, hasta que usted gane tendrá la recompensa, puede repetir el juego todas las veces que quiera –

El cruce entre lo moral y su dignidad se puso en juego como nunca antes en su vida, pero pensó fríamente ¿Alguna vez te pagarían tanto por orales? Definitivamente no. Si tenía que chupar penes para conseguir fajos de dólares entonces chuparía los que fueran necesarios.

 

He vuelto con un nuevo fic que ya había publicado en Wattpad, dependiendo de como le vaya entonces lo seguiré publicando. Los amo, bai