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Sickness

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"Y su aliento se contuvo al interior de su boca, la madrugada reinaba en la habitación y no quería despertar a sus compañeros pero se sentía demasiado bien y controlarlo era casi imposible. En ese momento, el control no tenía presencia en su sangre..."

 

...

 

Y ahí estaba de nuevo ese rostro suyo.

 

Katsuki lo había estado observando, no es que fuera de su incumbencia saber exactamente lo que hacía el nerd fuera de sus entrenamientos pero últimamente había estado demasiado ausente. Era normal perder el control de la fuerza y la  concentración en algunos entrenamientos. Sentir el flujo de las feromonas en ambos era usual, después de todo Izuku era "Omega" aunque toda la UA entendiera que había nacido como un beta. 

Bakugō sabía que la razón de sus ausencias entre clases y la forma en que se cubría el cuello con nerviosismo cuando la bufanda se le corría un poco era más allá de un simple resfriado estacional. Solo sus más cercanos tenían conocimiento de su secreto y también él mas Izuku le había pedido explícitamente en primer año que no le dijera a nadie acerca de su verdadero género secundario, que ahora sería un misterio. A Katsuki no le importaba, él estaba en la UA para centrarse en ser el mejor héroe. Que el nerd quisiera ocultarle a sus propios compañeros su naturaleza era su jodido problema. Sin embargo, ya habían pasado tres años y la situación era muy diferente. Ambos habían cambiado y ambos tenían nuevas preocupaciones. 

 

Entre ellas los exámenes finales para obtener la licencia profesional permanente, que estaban muy cerca. Pero el nerd lucía cada día más disperso. Sus "resfriados" pasaron de ser tres al año a ser más de cinco en los últimos meses. Se perdía los entrenamientos y Allmight ya estaba preguntándose porque no asistía a su junta semanal sobre el OFA. Allmight lo sabía pero el ex símbolo de la paz no dimensionaba por sí mismo lo que realmente se sufría detrás de esa naturaleza. 

De ser un Omega.

 

No es que Katsuki fuera una persona súper tolerante o receptiva con las omegas que se le ofrecían entre recesos en la UA. Porque lo hallaba una pérdida de tiempo y energía, el sexo nunca había sido algo importante en su vida, ni siquiera sus celos eran destacables. Ya que al ser hijo de dos betas, que fuera alfa era casi un milagro de la naturaleza. Aún así, Mina era su mejor amiga y sabía lo que ella sufría al carecer de un compañero para esos infernales calores. Un alfa que estuviera dispuesto a tomarla en celo sin faltarle el respeto a su libertad, sin marcarla en contra de su voluntad. La veía tomar un montón de pastillas todos los días, ocultar sus enormes ojeras con maquillaje y usar collares incómodos que presionaban con crueldad su glándula de Omega. Y la cúspide, como en ocasiones se rompía de vergüenza en frente de su habitación al pedirle un poco de ropa usada para que no doliera tanto durante esos momentos. Katsuki se la entregaba, él nunca había sentido su propia esencia pero a ella parecía calmarle el olor que desprendía y si la podía ayudar sin necesidad de involucrarse demasiado emocionalmente, lo haría. 

 

Después de todo, ella siempre había estado ahí para él y más cuando se trataba de escuchar cosas. 

 

Y ahora veía ese comportamiento errático en Izuku, como cada mes parecía más delgado por culpa del montón de pastillas en su garganta, como se perdía por hasta una semana en su habitación, perdiendo clases importantes para su futuro como héroe. Katsuki no quería un rival enfermo, quería al Izuku sano de segundo año que le estampaba la cara en el pavimento con las piernas y después le pedía disculpas por lo fuerte que había sido la patada. Quería a ese Izuku, no al enfermo que se quedaba en la biblioteca hasta tarde tratando de ponerse al día. Y lo sabía bien, algo estaba mal, podía verlo en su mirada. En la forma que miraba su plato de comida favorito, siempre le sonreía al katsudon y ahora apenas estaba comiendo. En pleno septiembre, con el calor mermando e Izuku con un poco de suerte comía y bebía lo suficiente para cubrir sus necesidades diarias. Estaba cansando de ese comportamiento tan descuidado. Y más de quedarse de brazos cruzados mientras su rival sufría.

 

Porque conocía muy bien esa mirada que poseían esos ojos.

 

Lamentablemente la había visto decenas de veces en el pasado, Katsuki no estaba nada orgulloso de su pasado como bully. Y cada vez que podía trataba de ayudar a Izuku. Entregando consejos, ayudándolo a estudiar y en ocasiones hasta dándole atajos para alcanzar el máximo potencial de su particularidad mas viéndolo ahora, a punto de llorar a mares por algo que ocultaba de todos. Era frustrante. Y quería saber qué era lo que estaba sucediendo. ¿Qué exactamente lo tenía así?, apenas comiendo, apenas durmiendo, apenas pensando en sí mismo. Y el problema era que no podía descifrarlo por sí mismo, Izuku tomaba supresores hasta en el té y su aroma estaba adormecido en ello. Podía leer a todos a la perfección en la clase pero él...Era como una perfecta hoja en blanco, buscándole con lupa una imperfección para entender dónde estaba el problema. 

 

—Bro, me ayudas aliñando la ensalada—y como todos los fines de semanas, la clase se juntaba para comer en grupo. Por medio de una votación hecha por los delegados a principio de año, se cocinaban los platos favoritos de todos a mediados de semestre. A veces había hamburguesas con queso, otras carne asada y hasta soba frío. Hoy era el turno de Izuku, todos estaban disfrutando un Katsudon cocinado por Katsuki, Iida, Kaminari y Shinso. Kirishima poco después de empezar se había unido a cocinar porque no quería estar solo ya que Mina de nuevo se había encerrado en su habitación y Sero estaba con Hatsume quién sabe dónde. Después de acabar en la cocina, ahí estaban todos, devorando como animales pero él... Desde que se había sentado al lado de Ochako, apenas había tocado sus palillos y Katsuki había preparado a la perfección su plato. ¿Por qué no estaba comiendo?—. ¿Me estás escuchando, Bakubro?

 

Katsuki dejó de pensar para ver a Kirishima a su lado mostrándole un recipiente lleno de varios tipos de lechuga, tomates Cherry, rúcula y algunas almendras fileteadas. Tomó algunos limones y los exprimió sin decir nada, su cabeza ya estaba a punto de explotar. No era de su agrado no entender una situación y más si esa situación involucraba a su rival, se suponía que el nerd iba a ser el mejor. ¿Cómo se supone que conseguiría aquello? Si se mantenía así, ni siquiera conseguiría la licencia profesional permanente y nunca podrían graduarse juntos. Ya estaba molesto imaginando la situación. Cuando terminó de aliñar la ensalada que Kirishima le había traído, fue desde la cocina hasta el comedor donde todos estaban casi gritando su día y en completo silencio la dejo en la mesa justo en frente de Izuku, sabiendo bien que a Izuku le gustaban los tomates Cherry con limón. Todos quedaron en silencio ante la mirada atenta de Katsuki a Izuku. El Omega observó los ojos rojos preguntándose qué estaba pasando hasta que Kirishima entró al comedor ofreciendo un poco de jugo, desviando la atención de la situación.

 

¿Qué ocurre, Kacchan?—Izuku tragó duro. 

 

—Come un poco, ese plato de Katsudon no se va a comer solo—Izuku se sorprendió, no se había dado cuenta que era Katsudon, estaba tan absorto en sus pensamientos negativos que no había visto el contenido de su platillo. Tomó los palillos con su mano izquierda y probó el primer bocado, como era de esperarse hizo esa expresión que a Katsuki le gustaba. Lo estaba disfrutando, estaba comiendo.

 

La cena transcurrió sin mayores incidencias, todos felicitaron a Katsuki por el excelente puerco pero a la hora de lavar los platos, casi nadie se quedó para ayudarlo. Como siempre. Momo ayudó porque ella era muy educada y si lo hacía, Jirou y Todoroki también estaban ahí para hacerlo, aunque fueran un poco torpes. Al acabar, todos se fueron a descansar pero él no podía hacerlo aún. Secó el servicio con un paño en silencio mientras escuchaba música de los ochenta. Con el pasar de los años, tomó el desagradable hábito de dormirse tarde o casi no dormir nada en los días difíciles. Antes solía quedarse dormido a las ocho y media, después de unos meses viendo el mundo real de los héroes a través de sus ojos... El descanso no parecía ser la mejor idea, la mayoría de los sueños terminaban en horrendas pesadillas.

 

El reloj de la cocina marcó las tres de la mañana, apagó las luces y cuando pensaba en irse a dormir, escuchó pasos. Se escondió detrás de un sillón y vio a Izuku salir por la puerta principal. Vestía ropa deportiva pero no llevaba agua o su celular para escuchar música, no estaba preparado para nada.  

 

—¿Para dónde vas tan tarde, maldito nerd?—tomó su chaqueta y lo siguió, Izuku estaba corriendo como si alguien lo estuviera persiguiendo, ni siquiera estaba usando su particularidad, solo corría. Los pulmones de Katsuki se quemaron al cuarto kilómetro, cuando Izuku recién se digno a parar para respirar un poco de aire. Aún no se había dado cuenta de que lo estaban siguiendo así que soltó sus feromonas, todas las que había acumulado alrededor del día. El olor llegó hasta las fosas nasales de Katsuki... Él apestaba tan fuerte que arrugó su nariz y se cubrió con la tela del antebrazo. Olía demasiado mal, como si estuviera pudriéndose desde adentro—. Que mierda, ¿por qué apestas tanto?

 

—¡Kacchan!, ¿qué estás haciendo aquí?—Katsuki soltó sus feromonas para tratar de calmar el fuerte olor, por suerte la brisa nocturna se llevó la mayoría del hedor. Izuku se alejó ruborizado, la mayoría del rubor era por culpa de la vergüenza. Alguien lo había descubierto y para peor, esa persona había sido Katsuki.

 

—Te seguí porqué te estás comportando como un retraído, ¿qué te está pasando? Joder, ¿y por qué apestas a un jodido muerto?—Izuku se detuvo en seco. La última palabra hizo eco en su cabeza y con ella, la ansiedad en su estómago creció. No podía oler tan mal, ¿verdad?

 

—¿Huelen tan mal?—el tono de su voz evidenció todo. Katsuki se mordió la lengua, él y su estúpida boca. 

 

—No. Quiero decir, sí. ¿Por qué? ¿has ido al doctor para que vean que te ocurre? No es normal oler así—Izuku tragó. Esto no era nada bueno. 

 

Caminó unos pasos hasta sentarse en un pequeño borde de concreto que en sus mejores días había sido parte de una casa forestal. El árbol que ahora era más follaje que ramas, se sostenía por un grueso tronco que hundido en la tierra se manifestaba con enormes raíces saliendo de la superficie húmeda por la lluvia veraniega y en algunos huecos de las mismas crecían flores pequeñas que no alcanzaban a tener olor. Izuku salía a correr todas las noches por el bosque aledaño a los departamentos de la UA, solía hacerlo siempre que sus feromonas fueran demasiado molestas. No quería soltarlas en la privacidad de los departamentos y provocar un escándalo hormonal, y más ahora que todos tenían certeza que era un beta. Nunca imaginó que en esos paseos nocturnos Katsuki fuera la persona que lo descubriera. Hubiera sido más fácil explicarle a otra persona lo que estaba ocurriendo. Suspiró profundamente y el aire puro llenó sus pulmones al mismo tiempo que Katsuki se sentaba a su lado, analizando todo con su mirada.

 

—¿Me vas a decir que mierda te está pasando o qué?—El calor que su cuerpo emanó era un como un tópico en sus heridas internas. Le molestaban tanto sus ovarios que se quejó al mismo tiempo que la mano ajena se posó en su espalda al encogerse tratando de asimilar el dolor, sería más fácil si los analgésicos hicieran algún tipo de efecto pero el doctor había sido tan claro que odiaba ser un Omega. Todo sería perfecto si no fuera por su complicado y estúpido útero—. Oi, ¿estás bien? 

 

—Si, solo dame un momento, por favor...—para Katsuki no fue difícil identificar el dolor en sus palabras, con la mano en su espalda fue formando círculos suaves. Como si estuviera acariciando un objeto delicado, tanto que Izuku cerró los ojos con tranquilidad por un momento. La gentileza en su tacto, las feromonas leves en el ambiente y el calor que emanaba... Hizo que su hambriento Omega interno fuera saciando su hambre con lentitud. Necesitaba más de ello pero lo actual era un buen placebo para empezar a sentir el ausente cansancio de las noches en vela. 

 

—¿Me vas a decir qué mierda está pasando?—su voz fue tan suave que Izuku, aún con los ojos cerrados, comenzó a llorar. Asintió dándose cuenta de lo lejos que habían llegado en tan poco tiempo, unos dos años atrás y nada de lo que estaba ocurriendo sería posible. Estaba feliz, muy feliz y cuando se enderezó para tratar de hallar un poco de fuerza para hablar, la mano siguió ahí.

 

—Estoy enfermo, eso es todo—la brisa fresca los abrazo a ambos al mismo tiempo, Katsuki vio las lágrimas de Izuku irse con el viento. Su cabello se alborotó más con el movimiento y pudo ver esa expresión llena de dolor en sus facciones. Como odiaba verlo así, quería matar todos sus dolores y verlo fuerte, como era. Pero al oír la palabra enfermo, se formó un hueco en su estómago. Uno que caló más profundo de lo que esperaba—. Mis feromonas huelen mal porque me estoy reteniendo en mi propia naturaleza y al hacerlo, se acumulan en las glándulas. Se pudren en mi cuerpo, mi desequilibrio hormonal es tan fuerte que mis ovarios me duelen cada día con más fuerza. Ojalá los analgésicos sirvieran para el dolor pero ninguna droga podría con el dolor... 

 

—¿Por qué ocurre tan así? ¿es algún defecto de familia? ¿cómo puedes sanar?—Izuku lo observó, vaya... Nunca lo había visto de esa manera, en sus ojos faltaba algo que siempre solía haber. ¿Podía confiar en él? No lo dudaba, años conociendo el secreto de Allmight y seguía siendo un secreto de los tres, la confidencia de Katsuki era una de sus más hermosas cualidades. Esa fidelidad a las promesas, muy admirable. 

 

—Mi Omega interno odia la retención que estoy haciendo con mi naturaleza, mi doctor dice que ni siquiera con hormonas me sanaré del todo. Tengo que hacer otras cosas para sanarme pero... No confío en nadie para hacerlo—junto sus manos, jugó con sus dedos unos momentos antes de seguir. Katsuki era inteligente, su cabeza ya estaba en la pregunta con respuesta—. Cómo mi primer celo se manifestó un poco más tarde de lo común, ciertas partes de mi cuerpo necesitan estímulos para desarrollarse correctamente. Mi madre intentó contratar el servicio especial de alfas del gobierno pero como aún no tengo veintiún años, la edad mínima para solicitar el servicio, ninguno de los acompañantes profesionales aceptó venir a ayudarme. Mi madre habló con el doctor sobre una solución más pronta para calmar el dolor y adelantar el desarrollo, él fue tajante y recomendó que iniciara mi vida sexual pero antes de hacerlo, tendría que hacerme unos masajes con feromonas. Mi mamá me compró unas muestras de feromonas para probar... Sin embargo, al ser artificiales, mi Omega las rechazó. En este momento no hay nadie con quien quiera iniciar mi vida sexual, todos aquí saben que soy beta y conocer alguien fuera de la UA... Muy complicado, no confío lo suficiente.

 

—¿Y qué tipo de masajes tienes que hacerte con feromonas?—Izuku se rascó la nuca con incomodidad. Era raro hablar con Katsuki sobre su cuerpo, sobretodo porque era un alfa y usualmente los alfas siempre se quejaban de ello. «Son problemas de omegas, no son temas que un alfa deba discutir y mucho menos preocuparse.»

 

—Bueno, es un masaje anal con un lubricante especial pero no puedo hacerlo solo, el tema es que mientras lo hago, tengo que recibir una carga de feromonas directas en mi glándula del cuello, solo así mi cuerpo soltará las hormonas de desarrollo. 

 

—Básicamente, necesitas que un alfa te mire masturbarte mientras tienes su cuello cerca. 

 

—¡No lo digas de esa forma, suena horrible!—Izuku se cubrió con ambas manos la cara—. Pero, sí. Es algo así. 

 

—Y no confías en nadie... Tienes amigos que podrían guardar el secreto, ¿qué hay de dulce de navidad?—Izuku se encogió aún más en su puesto. No dudaba que sus amigos fueran capaces de guardar su secreto pero... No sabía qué expresión pondrían a la hora de decirles que hace años les mentía, además Todoroki... Él era un alfa extraño, había sido una opción en un principio pero no parecía estar interesado en nadie más que Momo. Y sus feromonas no le atraían del todo. Eran como un perfume demasiado sutil, hacerlo con él sería como estar haciéndolo con nadie. 

 

—No parece estar interesado en ese tema, además, siempre está detrás de Momo como si fuera su sombra. 

 

—¿Y qué pasa con cuatro ojos? Siempre andas por ahí con él, podría hacerlo. ¿No?

 

—No lo llames así, su nombre es Iida Tenya, llevamos tres años siendo compañeros, ya deberías recordar su nombre...—Katsuki rodó los ojos. 

 

—Como sea—Izuku prosiguió. 

 

—Y él está completamente descartado. Un día estábamos recibiendo charlas sobre los métodos anticonceptivos en clase y Ochako lo escuchó hablar entre dientes diciendo que lo mejor era esperar. Que la virginidad era un regalo para la persona especial, para el matrimonio y que los métodos anticonceptivos eran antinaturales que el sexo solo era para la concepción. Y siendo honesto, no estoy preparado para estar en una relación con alguien que quiere casarse y tener un montón de hijos. Yo no quiero tener hijos, al menos no en un futuro cercano—Katsuki ni se sorprendió que fuera así, Iida siempre había parecido ser un alfa reservado. Y en cuanto a la declaración de Izuku, lo entendía. Cada día había más villanos en las calles, los héroes caían como moscas en un basurero y los derechos de los Omegas parecían ser un ruido sordo para los políticos. No lo culpaba en nada que prefiriera pasar como beta ante los medios y sus amigos. 

 

—Es complicado...—Izuku junto sus rodillas y las abrazó, la mano de Katsuki seguía en su espalda. El calor que emanaba era tan agradable que no quería que se fuera nunca de ahí. El alfa notó lo que su tacto provocaba, era como si sus feromonas estuvieran ronroneando alrededor de su cuerpo. Era agradable, como un cosquilleo en su glándula.

 

Y con ello, no podía imaginar lo horrible que debía ser soportar todo eso en la soledad de su propio género, desde que había ido a terapia gracias a los consejos de Aizawa, había ganado mucha empatía y sabía que Izuku lo estaba pasando mal. Todo su lenguaje corporal lo decía, se acercó un poco más a su lado, tratando de corroborar una teoría que se formuló en su cabeza al verlo más tranquilo con su mano en la espalda. Al hacerlo, Izuku se agarró un poco más fuerte de sus rodillas pero el olor de las feromonas que soltaba se fue suavizando de a poco, pasando desde el horrible hedor hasta uno que era una molestia soportable. Katsuki soltó sus feromonas con fuerza e Izuku suspiró profundamente. El olor de Katsuki siempre había sido un poco molesto en su nariz. Las explosiones no siempre olían bien y la mayoría del tiempo se sentía como un desagradable rechazo pero cuando se abría con una persona... Eran tan placenteras y calmadas que su Omega interno estaba comenzando a distenderse y el dolor parecía abandonar sus ovarios.

 

—Cuando Mina está en celo, ella me pide ropa para ya sabes, masturbarse y calmarse—Katsuki lo soltó sin más. Izuku se ahogó con su propia saliva ante la repentina información. 

 

—¿Ella te pide su ropa? ¿Ustedes están juntos? Eso es una señal de cortejo bastante íntima...—¿Katsuki y Mina?, la cabeza de Izuku cayó hasta unos niños rubios con piel rosa. Por unos instantes se lo imaginó y después se sintió mal por la situación. ¡Se estaba sintiendo bien con las feromonas de un alfa con dueña!

 

—Nah, no estamos en cortejo ni nada de esa mierda tradicionalista. Ella sabe que yo no estoy en etapa de conejos y mucho menos interesado en relaciones. Contrario a lo que muchos creen, no estoy muy envuelto en el sexo. Me parece una pérdida de tiempo y energía. 

 

—Es verdad, tu no estabas muy enfocado en ello durante la secundaria—los recuerdos de Izuku relacionado al Katsuki de la secundaria se remontaban a encerrones en casilleros, segregación en las actividades físicas y unas cuantas miradas que eran muy intimidantes para un chico que no confiaba ni en su sombra. Sin dejar fuera que el alfa en esos tiempos era muy cruel cuando se lo proponía. 

 

—En secundaria era un asco, Deku—las palabras hicieron a Izuku esbozar una sonrisa aliviada, él había cambiado tanto que sorprendería a cualquiera que lo hubiera conocido en esos tiempos. 

 

—Eso es verdad... Pero, ¿cómo lo haces con tus celos? ¿No te molesta no tener sexo  con alguien? Dicen que los alfas tienen más necesidades sexuales que los omegas durante las fiebres—Katsuki chasqueo la lengua.  

 

—La verdad no lo sé, no es la gran cosa para mí. Mi cuerpo no me pide sexo, puedo tomar algunos supresores y es como si nada estuviera pasando.

 

—Que envidia, tienes mucha suerte de tener un cuerpo que te quiere—Izuku hizo un puchero con sus labios. Katsuki se aclaró la garganta. 

 

—A lo que voy, es que parece que disfrutas mis feromonas. O al menos tu omega interno lo hace—Izuku se congeló y comenzó a murmurar muy rápido. 

 

—¡No, no, no! ¡Es decir, son agradables porque de cierta manera resguardan! Pero no es como si disfrutara de esa manera en la que piensas...—Katsuki lo tomó por los hombros, mirándolo fijamente.

 

—Cálmate nerd, no es algo de suma importancia para mí. ¿es algo muy importante para ti?—Izuku tragó duro, viendo a Katsuki tomarlo así, se dió cuenta que el alfa había cambiado mucho en esos años. Parecía un adulto hablando del tema, en realidad era bastante maduro si lo veía desde un punto de vista más frío al que solían verlo los omegas más tradicionales—. Deku, somos rivales serios, tu desempeño debería eclipsar el mío, no hacerlo ver bien. E incluso, este problema de tus feromonas ha llamado la atención de Allmight. Él no debería preocuparse, ya sabes que está viejo y una preocupación más no sería sana...

 

—Kacchan, ¿cuando te volviste tan comprensivo?—Katsuki refutó inmediatamente.

 

—¡Yo siempre he sido muy comprensible, cabeza de brócoli mal cocido!—el alfa se hizo el ofendido por unos instantes, Izuku sintió sus feromonas amigables rozar su piel. Era tan agradable que relajó la postura y se disculpó aunque notara que él no estaba ofendido en lo absoluto.

 

—Entiendo, perdón. 

 

—Entonces, ¿quieres o no?—Izuku lo observó con atención. 

 

—¿Qué cosa?—Katsuki no podía creer que su rival fuera tan denso. 

 

—¡Qué cosa va ser! ¡¿Quieres que te ayude con tus masajes anales o no?!—un segundo después de la palabra masajes, las mejillas de Izuku se tornaron igual de rojas que el jugo de Granada recién exprimido, se encogió al lado de Katsuki. No es que se sintiera intimidado por sus palabras, es solo que no esperaba que de verdad estuviera dispuesto a ayudarlo con algo tan íntimo, sobretodo porque parecía molestarle un poco el aroma de sus feromonas. Katsuki lo movió un poco al notar que se estaba perdiendo en sus pensamientos, fue solo un roce de hombros para que Izuku tuviera toda su atención en él—. Escúchame, nerd, quiero un rival apropiado a mis expectativas y mi nivel. No quiero un zombie. Pero sí, lo haría, después de todo no tiene que ser algo emocional. Solo feromonas y ya. 

 

—Me impresionas, Kacchan. 

 

—Yo siempre soy impresionante—Katsuki se puso de pie limpiando la tierra de sus pantalones, miró a Izuku y le tendió la mano. Izuku la tomó y fue impulsado con facilidad, a veces olvidaba lo fuerte que era el alfa en comparación con él. Izuku sin duda era fuerte, y podía superarlo en fuerza pero solo cuando el OFA estaba activado en su cuerpo, por sí solo no podía darle pelea. De cierta manera sentía que era como un estado delator de su naturaleza, después de todo los celos no eran del todo amables. Sobre todo porque perdía de tal manera su fuerza que ni siquiera el OFA podía obedecer sus deseos, la biología del celo era un desastre doloroso—. ¿Entonces? ¿Cuando empezamos?

 

Izuku pestañeo. 

 

—¿Empezar qué...? ¡¿Ahora mismo?!, pero ni siquiera me he lavado para bloquear mis feromonas y es muy tarde. Por Allmight... ¡Tu hora de sueño ha pasado! Oh, cuánto lo siento. Deberíamos irnos a acostar... ¡No! Quiero decir, acostarnos separados, no en la misma cama—Katsuki se mofo, era demasiado evidente que aún no estaba listo. Lo soltó y comenzó a caminar hasta los departamentos, Izuku lo siguió. Viéndolo de reojo. El alfa metió las manos en sus bolsillos. 

 

—Cálmate, cuando te sientas cómodo con el tema, háblame. No te fuerces a nada, así que cuando realmente quieras... Solo habla.. Ahora vámonos, es muy tarde para que un nerd mitad brócoli como tú esté merodeando—Izuku se detuvo un momento. 

 

Nunca pensó que la madurez sobre el tema le hiciera tan bien. Se alegró, finalmente tenía alguien con quién hablar sin sentir que estaba faltando a la verdad.

 

...

 

Llegando a los dormitorios, el alba ya se estaba presentando en el horizonte. Izuku suspiró cansado, ya era el segundo fin de semana consecutivo donde no dormía nada. La frustración se disipó cuando Katsuki dejó caer en sus hombros su chaqueta deportiva, el Omega lo vió pero el alfa ni siquiera hizo un gesto. 

 

—Es para que puedas dormir, devuélvelo cuando lo hayas lavado—poco después abrió la puerta principal y se perdió en las escaleras de los pisos superiores. 

 

Izuku quedó asombrado pero al mismo tiempo tomó entre sus manos la chaqueta, el aroma era tan agradable. No podría describirlo como un olor característico, era agradable, calmado y al mismo tiempo poseía una fuerza que no tenía comparativa a nada. Aspiro la fragancia y el cansancio rompió su cuerpo, tenía tanto sueño que llegó a tropezar de vez en cuando de camino a su dormitorio. Una vez ahí, sin siquiera importarle el sudor pegado en su espalda, cayó rendido en las sábanas. El leve ronquido saliendo de sus labios y la chaqueta de Katsuki alrededor de su cuello fue el cómodo inicio de un buen descanso. 

 

Al mediodía siguiente, el aroma de Katsuki mezclado con el suyo lo despertó. La sensación agradable del descanso bien merecido en sus músculos fue nueva, sus ovarios dolían pero no era una novedad. Después de todo el olor solo estaba influyendo en su cansancio, no en la manera en que funcionaban sus feromonas. Se levantó sintiendo el hambre arraigada en su estómago, habían pasado más de doce horas desde que había comido algo. Se internó en el baño y lo primero que notó fue la falta de ojeras bajo sus ojos, fue nuevo. Al bañarse con agua caliente, el dolor que aquejaba sus ovarios poco a poco se fue atenuando. Cuando salió de su habitación, con el pelo mojado después de tratar de ordenarla, el pasillo estaba vacío. Fue lo mejor, no quería encontrarse con nadie de camino a la cocina. Al bajar las escaleras, escuchó varios gimoteos. Cómo era de esperarse, algunos estaban haciendo de las suyas en el armario. Era sorprendente que Aizawa no se hubiera dado cuenta de ello, el sitio de dos por dos apestaba a sexo. Ya en la cocina se preparó un sándwich de huevo con un batido de proteína cargado en supresores de olor. Aunque no apestaba mucho, no deseaba arriesgarse a ser notado. 

 

—Buenos días, Midoriya, pareces que dormiste bien—Iida apareció en la entrada de la cocina moviendo sus brazos con energía. Detrás suyo venía Ochako con una bolsa llena de mercadería. 

 

—Sí, fue una noche extraña pero pude descansar al fin—Ochako lo observó por unos instantes antes de bajar la mirada, no entendió nada hasta que notó que estaba usando la chaqueta de Katsuki. Trató de no entrar en pánico, podrían confundirla con una suya de no ser por el evidente olor a sudor ajeno. Se tomó su batido, antes de siquiera tragarlo todo fue hasta el lavadero. Tenía que quitársela antes de que alguien lo notara. 

 

—Izuku... ¿estás realmente bien?—Ochako estaba a menos de un metro, mirándolo a los ojos. 

 

—Sí, ¿por qué lo preguntas?—ella bajó la mirada hasta la chaqueta. 

 

—Por nada, es solo que me pareció verte anoche salir con Katsuki al bosque. ¿Peleó contigo? ¿Te hizo algo?—suspiró, no estaba hablando de la chaqueta. 

 

—Tranquila, solo salimos a entrenar, Kacchan no pelea conmigo hace un buen tiempo—la explicación no fue suficiente para ella. 

 

—Si te hace algo, me lo dices y yo lo envió al espacio—Izuku asintió. En ese momento entraron Kirishima, Denki, Sero y Mina a la cocina. Los cuatro apestaban a sudor y feromonas de entrenamiento. Parecían una manada ruidosa y hambrienta, Izuku aprovechó el momento de distracción de Ochako para irse a su cuarto a cambiarse. Sin embargo, Denki notó la diferencia de ropa. 

 

—¿Vieron eso?—Kirishima mascó un sándwich dejándolo a la mitad. 

 

—¿Qué cosa?—Mina sirvió un poco de jugo en unos vasos mientras Sero sacaba del refrigerador fruta picada. 

 

—A Midoriya usando la ropa que usa Ashido en sus celos, es decir, la ropa de Bakubro—Mina se ahogó al mismo tiempo que Kirishima y Sero. Los cuatro se miraron fijamente por unos instantes antes de entrecerrar los ojos. 

 

—No creerás que Bakubro es de esos alfas defectuosos que follan betas, ¿verdad?—Sero negó divertido. 

 

—Lo sabía, no podía ser tan perfecto, algo malo debía tener—Kirishima guardó silencio mientras veía a Mina. No es que fuera un secreto que ella pidiera ropa de Katsuki para sus celos pero... ¿Por qué Midoriya? ¿Por qué molestarse con alguien que nunca le daría el placer adecuado? 

 

No entendía nada.

 

... 

 

Las mejillas de Izuku explotaron en un rojo brillante cuando se encerró en su habitación. Arreglo todo tan rápido que no se había dado cuenta de la chaqueta. Dios, su corazón estaba palpitando tan rápido que lo escuchaba hasta en sus oídos. Cuando comenzó a caminar hasta su cama, notó algo peculiar... Tenía una erección en los pantalones. Nunca antes se había excitado fuera de un celo, usualmente sus precelo eran tan dolorosos que no había momentos donde su cuerpo fuera capaz de producir excitación. Tragando duro, tomó el cuello de la chaqueta y lo apegó a su nariz. Dios, el aroma de Katsuki olía mucho mejor ahora. Estaba tan impregnado en la tela que no era ni coherente. Se acostó en la cama mientras descubría su erección, hacía calor pero la brisa veraniega envolvió su pene dándole frío. Temblando lo tomó antes de morder el cuello de la chaqueta, cerró los ojos y la fricción de sus dedos alrededor de a poco fue volviéndose disfrutable. ¡Estaba masturbandose por primera vez! Con los ojos cerrados guardó sus gemidos mientras ignoraba la evidente humedad cayendo de su culo. 

 

Se sentía tan bien. 

 

Siguió con el movimiento mientras trataba de no pensar en nada pero mientras más lo intentaba, más penetraba el aroma de Katsuki sus pulmones. Era intoxicante, tanto que su mano derecha fue directo a su ano. No se lo tocaba porque dolía mucho durante sus celos, apenas lograba dilatarse para recibir un pequeño juguete, así que no esperaba que pudiera hacerlo. Solo masajeo su entrada mientras su mano seguía masajeando con desespero su erección. Pasaron los minutos y no podía alcanzar el orgasmo, algo faltaba, algo le estaba pidiendo su cuerpo. Se aventuró y dejó que el primer dedo buscará fricción en su interior, no se sintió mal, al contrario, muy bien, tanto que el segundo entregó un mejor resultado. Estaba tan confiado que erró al pensar que un tercer dedo no provocaría nada. El dolor lo encorvó, suprimió el grito al mismo tiempo que su erección bajaba de golpe. Las lágrimas cayeron por sus mejillas. Las feromonas de dolor se extendieron, mas no lo suficiente para salir de la habitación. Presionó con rabia su cabeza contra la cama al ver sus dedos ensangrentados. Ahora entendía, solo las feromona frescas de una alfa lo prepararía mejor para la penetración. Para un masaje. No una chaqueta con feromonas viejas. 

 

No debió confiar, no debió hacerlo. Odiaba su cuerpo. La única forma era aceptando el trato de Katsuki, sólo así el dolor dejaría de ser un problema en su vida. 

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"Los ojos rojos lo miraron, las líneas húmedas cayendo por sus ojos fueron una respuesta amable al sentimiento. Sonrió de la misma forma que lo hacía en aquellos años dónde no sabía nada acerca del dolor."

 

 

Luz y oscuridad, sol y luna, fuerza y bondad. Un Omega emparejado con un alfa es aquello que todo el mundo consideraba perfecto, la forma en que la naturaleza estaba manifestándose a través de ello era la prueba que a veces la perfección provenía de ella. Kirishima como alfa entendía lo mismo que sus compañeros de clase, la unión y el lazo era una cuestión de biología, así mismo lo era el sexo y los celos. La comunicación física resumida en muchas acciones, en una fracción de tiempo continúa que solo destacaba aquello por lo que nacían cada uno; instinto sobre razón. Los mayores daños irreparables ocurrían cuando solo hablaba el instinto, cuando hablaba lo interno. Y con ello en mente, muchas ocasiones se había asombrado por lo calmado que era su amigo con ello, cómo podía gritarle a medio mundo, demostrando una inestabilidad increíble pero cuando una Omega se le acercaba con las feromonas dulces y apetitosas… Él no reaccionaba en lo absoluto. Se negaba a ello, a veces incluso con un simple movimiento de cabeza. Kirishima lo encontraba admirable, era impresionante verlo caminar como si nada después de ver a la chica más deseada de la UA ofreciéndose. Pensó que las rechazaba porque tenía muchas cosas en la cabeza, pero luego vio a Mina escabullirse de su habitación hasta la suya. No era difícil notarlo, después de todo sus habitaciones estaban juntas. Fue una noche cualquiera dónde la vio ahí, al pie de la puerta pidiéndole ropa para pasar sus celos con más normalidad, solo para aplacar el abrumador dolor en sus entrañas.

 

Pensó que estaban saliendo y el sentimiento lo aterró. 

 

No obstante, la parte más racional de su cabeza lo asimiló bien, alfa y Omega se pertenencían. Entonces porque le dolió pensar que ambos estarían al otro lado de su pared, amándose solos como una pareja podía hacer. Él también era alfa, también pertenencía a un Omega y por meses gracias al instinto pensó que esa persona sería Mina. Ella era tan abrumadora, feliz, siempre tan enérgica tratando de dar lo mejor de sí misma. Muchas veces se halló dolido por la forma en que su pecho se apretaba al pensar en ella, al pensar en lo mucho que le gustaría perderse en ella. En sus muslos, pechos y cuello. Se detuvo muchas veces a sí mismo al escucharla decir amigo. Sabía que obedecer su instinto no era bueno, pero ahí estaba peleando con Setsusetsu para calmar la ira y el dolor que su propio corazón e instinto le creaban al imaginarlos juntos en una cama. No se dio cuenta de lo que provocaba hasta que Shinso lo detuvo en mitad de los entrenamientos. Setsusetsu estaba en el suelo, sangrando mientras sus nudillos blancos sangraban por culpa de la nariz rota. No se reconoció a sí mismo, nunca había sido así hasta que su instinto creció ante una situación que creyó asegurada. Al verse así de patético, lentamente comenzó a entender porqué ella no lo había visto de esa manera, hasta que el mismo Katsuki dejó en claro que no había nadie en su vida. Que todo el romance era sólo era una pérdida de tiempo. 

 

—¿Qué hay de Mina? La he visto llegar a tu cuarto en busca de ropa. ¿Esa no se supone que es una señal de cortejo?—Katsuki solía pedirle que fueran juntos a escalar, el aire de las montañas lo hacía sentirse más revitalizado. Más libre de las cadenas de las pesadillas que con lentitud comenzaban a cobrarle factura. Kirishima siempre lo encontró curioso, mientras iban de camino hasta la cima de la montaña no hablaban de nada. Solo el viento se manifestaba por ambos, nada más que eso. Y cuando la noche los pillaba, hablaban de las clases alrededor de una pequeña hoguera al lado de un buen árbol. Siempre hablando pero nunca llegando a una conversación profunda de sus sentimientos. Hasta esa vez dónde le dejó en claro que nunca nadie podría entrar a su corazón. 

 

—Solo la ayudo cuando nadie más lo hace, no me voy a acostar con ella y mucho menos me sentiré responsable de ello. Mapache rosa lo sabe muy bien porque lo deje claro la primera vez que me pidió ropa—Kirishima no lo entendía, ¿cómo podía controlarse a sí mismo viéndola en ese estado? Tan ansiosa por un poco de placer. 

 

—Pero, ¿no te sientes ni un poco atraído a ella?—Katsuki observó la noche sobre sus hombros, dejando que las voces murieran con las estrellas. 

 

—No soy imbécil, podría enumerar con todos mis dedos, incluidos los de los pies, todas las cosas hermosas que tiene y creeme ninguna sería sobre su cuerpo. Es solo que no me gustaría arruinar nuestra amistad de esa forma, los sentimientos demasiado intensos siempre arruinan las cosas—Kirishima en eso estaba de acuerdo, los sentimientos siempre de alguna forma terminaban arruinando las cosas. Pero eso solo ocurría cuando una de las personas no estaba lista o no había entendido el acuerdo de la relación. Aún así, no lo entendía. Cómo no caía rendido ante ella, Katsuki notó como la confusión cegaba los ojos de su mejor amigo. Todos a su alrededor eran tan fáciles de leer—. Pelos de mierda, aunque lo quisiera, ella no quiere ese trato de mi parte. Si fuera así, me lo habría pedido la primera vez que se pudo dar la situación. Y eso fue en la navidad del primer año, así que no te preocupes. Además, no es como si el sexo fuera una de mis prioridades. 

 

—Entonces, ¿no sientes atracción por nadie?—Katsuki negó. 

 

—Quiero ser el mejor héroe, follarme a todo el mundo que me atrae no me llevará hasta esa cima. Tener relaciones es malditamente agotador, es una ocupación más en una agenda, que personalmente tengo jodidamente llena, así que no. No lo veo hasta en unos años, cuando me hayan nombrado número uno y vea a Deku desde el primer puesto. Ahí me desquitare con ganas. Tendré una relación y quizás una familia también—la sonrisa en sus labios fue delatora al nombrar el puesto de héroe. El reflejo de sus ojos sobre la cima era brillante, cegador. 

 

—¿Y quién en este momento te atrae? Vamos hombre, no puedes ser una masa de hielo. Alguien debe estar en tu mente—Katsuki lo pensó por un momento y luego sonrió, la hoguera iluminó sus ojos al verla. Era casi mágico ver cómo su rojo se complementaba bien con el fuego vivo. 

 

—Si te dijera que tipo de personas me atraen… Bueno, la verdad es que Mirko entraría en esa categoría. Alguien fuerte, con buena determinación, arriesgando su pellejo por lo que desea. Ese tipo de persona que daría la vida por su sueño—era increíble, no estaba describiendo un físico, sino más bien una actitud. Y ahí Kirishima se dió cuenta que Katsuki no estaba interesado en el físico, la atracción que sentía hacía las personas era más emocional que física. Había cierto tipo de alfa que era así, su atracción no provenía del físico sino de la fiereza de la pareja. En la sociedad no eran muy conocidos, los alfas que no poseen debilidad por un cuerpo son los más fuertes en cuanto a reconocimiento. Alfa sensitivo, sensible en latín. Alfas que dependían de sus instintos al mínimo para seguir con sus propias convicciones.

 

En ese momento, Kirishima quedó embelesado con su mejor amigo. El tipo de amor y admiración que sentía por él en ese momento no era normal. Se imaginó que si siguieran las modalidades antiguas, con familias de manadas, hubiera sacrificado su lado alfa con tal de ser un beta en la manada de Katsuki Bakugō. Y lentamente comenzó a ponerlo en un pedestal, esperando con ansías el día que mostrará al mundo su pareja y con ella, ver el enorme potencial genético de su familia. Sin embargo, ese pedestal solo era un reflejo de su propio anhelo. Sin darse cuenta, Kirishima comenzó a idealizarlo por esas ambiciones que su padre le había fomentado cuando tenía cinco años y se dieron cuenta que no era un alfa pura sangre. Eijirou de ese día recuerda la ira de su padre, un alfa puro que solo se dejaba llevar por los instintos. Su piel tan dura como una roca en esos tiempos no soportaba los puños firmes y recios de un hombre que le superaba con creces la altura. Dolió, pero más le dolió ver a su madre en el piso con la vista pegada al suelo. Ella era una Omega, los Omegas al ser la parte oscura del alfa, la luz, solo se inclinaban con bondad ante la fuerza. Un solo uso de la voz y todo lo que podía hacer era rezar para que su esposo no dejará inconsciente una tercera vez a su hijo. Vivieron momentos duros hasta que su padre murió, durante el invierno de sus doce años. Los hematomas seguían manchando su piel pero parecían ya formar parte de ella, nadie le decía nada porque siempre usaba ropa cubierta y el señor Kirishima no era una persona estúpida, sabía dónde dar el golpe para que no se notara. El automóvil donde iba para el trabajo patino sobre el pavimento húmedo después de una torrencial lluvia y el alfa de cuarenta años quedó estampado en un árbol. Eijirou nunca podría olvidar la alegría que los ojos rojos de su madre reflejaron al escuchar la llamada del hospital. 

 

El funeral fue tan rápido, tan lleno de personas que no conocía que no fue relevante. Sin embargo, las hamburguesas de carne que comió con su madre después de que todos se fueron, sin duda hicieron que todos esos moretones valieran de alguna forma la pena. Aún así, no cambió mucho su comportamiento. Siguió estando con amigos pero fuera del foco principal, su particularidad no era la gran cosa así que lo mejor era no destacar aunque en su corazón quisiera ser un héroe para que su madre no llorara todas las noches, aterrada por si algún momento todo lo que había vivido después de la muerte de su esposo fuera un sueño. Anhelaba ser como Crimson Riot un héroe y alfa que no fuera capaz de arrepentirse de nada. Solo le faltaba coraje, uno que no creía poseer, hasta que vio a Mina hablarle de frente a un villano. Una omega, con el collar anti feromonas presionando su glándula, dió frente a ese enorme monstruo. La oscuridad formó parte de la luz y la luz la miró a los ojos sin dejarla ciega. Fue alucinante, fue inspirador. Comenzó a entrenar todos los días, la sangre corrió por su piel y no se rindió pero una vez en la UA… Se dió cuenta que quizás su sueño no sería tan grande cómo lo imaginaba. Escuchó detrás de puertas cerradas como sus profesores solo lo limitaban a ser un compañero, un Sidekick de alguien más grande. De alguien como Katsuki.

 

Si Katsuki era perfecto tal y como él lo veía, formando parte íntegra de la luz, quizás un poco de esa luz se reflejaría en su luz rota. Solo siendo su amigo, su bro, su compañero; podría ser feliz. Y ese pequeño sentimiento lo hizo despreocuparse de toda la bruma espesa que estaba formando su cabeza desde el primer golpe de su padre hasta el último ataque de pánico de su madre en casa. Todo era tan bueno, tan perfecto…

 

Hasta que vio a Izuku con la chaqueta de Katsuki. No fue difícil reconocer que algo había entre ellos, eran los que peleaban por nada en primer año. Los que estaban castigados por una pelea fuera del horario de clases en segundo. Aún así, era extraño. Izuku al ser un beta, era una bruma intermedia en la luz y oscuridad del mundo. ¿Necesaria? Absolutamente, era solo que Katsuki no parecía encajar al lado de Izuku. Ambos eran tan diferentes, desde la perspectiva de Kirishima ellos dos no pegaban ni con pegamento. Lo único que los mantenía unidos era ese deseo de heroísmo, al igual que todos en la clase A. Era solo que ellos parecían estar en un plano distinto que nadie podía perturbar. Ambos tenían su propio grupo de amigos, con sus propios gustos y preferencias en las mesas de la cafetería. Aún así, cuando Katsuki se perdía en la imagen de Izuku algunas veces al día, se mimetizaba a la perfección con él. Kirishima trataba de entenderlo. ¿Qué había ahí? 

 

"Somos rivales"

 

En cierto momento también escuchó a Ochako decir que era una pelea de hombres predestinada por el puesto número uno. Pero, ¿qué podría hacer una bruma contra la luz? Y lo observó y se dio cuenta que esa bruma era alucinante, Izuku era una extraña prueba de que los betas también podían destacar en el campo de los alfas. La bruma haciéndose luz. De cierta manera imaginó que esa luz que desprendía atraería a Katsuki. No obstante, nunca imaginó que de esa forma. 

 

Los alfas defectuosos eran una mancha de la sociedad, personas con tal egoísmo que no se mezclaban con la oscuridad y solo se dejaban fluir en la bruma masculina. Era un tema complicado, existían unas cuantas demandas de parte de omegas insatisfechos porque sus alfas destinados habían huido con un beta. Más de algún alfa había tenido que indemnizar a sus omegas por ello. Los raros, los que no cuadraban en la sociedad… Los imperfectos. Katsuki era imperfecto porque estaba acostándose con Izuku, un beta iluminado por la luz. 

 

¿Por qué no Mina? Fue lo primero que pensó. Fue la primera Omega que trató con un poco de cuidado, ¿cómo se sentía ella al saber que el alfa que le prestaba ropa estaba con un beta? ¿Alguien más sabía? Kirishima quedó ahí, visualizando las golpizas de su padre. ¿Cómo algo así podía hacerlo sentir tan mal si ni siquiera era su propia vida? Hizo algo que mantendría su cabeza ocupada, estudió historia heroica en su habitación, Katsuki había dicho que quería escalar con él pero prefería estar solo. Honestamente, no quería verlo a cara e imaginarlo con Izuku, su estómago no podría soportarlo. Mientras veía las hojas llenas de palabras, su cabeza vaciló un poco hasta que el borde de la cama fue su almohada. Soñó con Katsuki siendo su jefe, su alfa, siendo perfecto. Cómo debía ser. Hasta que la puerta sonó e irremediablemente tuvo que despertar. El entrenamiento que había tenido ese día en la mañana lo había dejado fuera de serie pero pensar en Izuku y Katsuki lo dejó casi K.O.

 

—Kirishima, es tarde… ¿Por qué no bajas a comer algo?—la suave voz de Mina lo hizo esbozar una sonrisa. La tarde fresca de otoño estaba alumbrando su habitación con un color entre naranja y rosa. Un color que le hacía recordar el cereal que comía antes de ser un defecto para su padre, un cereal que tintaba la leche. 

 

—No tengo hambre, lo siento Mina. Pasaré por hoy—tenía mucha hambre, pero no quería comer recalentado de Katsudon y ver a Katsuki ahí, probablemente hablando con Izuku. Tenía que superarlo pero por el momento, solo quería tiempo para asimilar que el pedestal de su mente estaba completamente vacío. 

 

—Te olvidaste de algo muy importante—Kirishima frunció su ceño, camino hasta la puerta y la abrió para ver a Mina con una bolsa de almuerzo—. Somos Horn Buddies, porque no me hablas de lo que te está aquejando. 

 

Kirishima sonrió y la dejó entrar. 

 

—En realidad, es una estupidez. 

 

—Debe ser una estupidez muy grande para que te haga encerrarte en tu habitación después de un entrenamiento sin comer nada. Denki y Shinso estaban esperándote para bailar Just Dance en la sala común. Según ellos, habías apostado carne o algo así. Al final bailaron solos hasta que ojeras se fue a la cama, no me quise unir porque hubiera sido injusto para ellos—ambos se sentaron al borde la cama, las pesas a un lado de la misma estaban frías. Mina las observó por unos instantes antes de ver a Kirishima darle el primer mordisco al sándwich de carne con tomate y salsa—. ¿Me vas a decir? No me iré hasta que me lo digas.

 

Kirishima tragó el pan, Mina siempre hacía los mejores sándwiches y era irónico decirlo porque era lo que siempre decía Monoma sobre las omegas. Que solo sabían cocinar, era aún más irónico pensar que él era un Omega.

 

—Es sobre Bakugō y Midoriya, ellos… Bueno, ya sabes. Están saliendo o algo así—Mina frunció el entrecejo, dejó a un lado una botella de agua mientras trataba de entender la situación. 

 

—El comentario de Sero te afectó, ¿verdad? Eso de alfa "defectuosos". No deberías preocuparte por algo así, estamos avanzando y somos héroes. Lo que hagan en sus tiempos libres no debería ser de nuestra incumbencia y más aún cuando Bakubro hace caso omiso a las omegas… Aunque viéndolo de esa manera lo entiendo, se conocen de hace años, hay confianza y entre ellos dos no tendrían que preocuparse por un accidente innecesario—la palabra accidente hizo eco en la mente de Kirishima. ¿Y si solo estaba con él para un desaire físico? Katsuki había dejado en claro que no deseaba tener una relación. Con él sería mucho más fácil, porque no tendría que establecer una relación, ya existía la relación. Aunque aún quedaba el hecho que Bakugō encontraba el sexo una pérdida de tiempo y las personas que le atraían eran… Básicamente la descripción de Izuku. 

 

Era imposible, mientras más pensaba en ellos, más le dolía la cabeza.

 

—Me duele la cabeza. 

 

—Es por tu padre, ¿verdad?—Kirishima dejó de comer, Mina tragó duro antes de hablar—. No te lo dije nunca porque no quería indagar en algo tan delicado de tu vida pero tu madre muchas veces me pidió ayuda. Decía que tu padre había dejado muchas huellas en tu corazón y cuerpo. Siempre tratando de alcanzar la perfección, que ese era su propio deseo proyectado en ti. 

 

—No sabes de lo que hablas—Kirishima se puso de pie, si Mina fuera una Omega regida por las leyes sociales, hubiera bajado la cabeza ante la brillante mirada roja. No lo hizo, al contrario, se mostró a su altura. Desafiando su ego—. Yo no soy como él...

 

—Deja de mentirte a tí mismo, solo te dañaras. Cómo siempre lo haces cuando no entiendes algo, y créeme he visto bastante mierda para saber qué se siente no ser suficiente—Mina no era un ser de luz, ella era la parte oscura del trato biológico. ¿Por qué brillaba tanto? ¿Por qué se sentía cegado e intimidado por ella? No entendía nada. Mina al verlo tan confundido, se alejó unos centímetros para sentir cómo las feromonas la envolvían. Por mucho que quisiera obedecer, salió antes que aquella tormenta la envolviera con más fuerza. 

Kirishima se quedó solo. Pensando en qué casi la hizo arrodillarse, como lo hacía su padre con su madre.

 

Las lágrimas cayeron ardientes por sus mejillas. 

 

 

Katsuki estaba sentado en un taburete mientras veía sus dedos golpear repetidamente la superficie de la isla en la cocina. Había ido a escalar en la mañana para despejarse pero a mitad de camino se arrepintió porque había olvidado la pantalla solar. No es que fuera quisquilloso con el sol, es que tenía algo en la cabeza que lo estaba molestando y no sabía realmente qué era. Entrenó durante horas y al final, con la toalla secando su sudor, se dió cuenta que Izuku no había dado señales en todo el día. Tomó su celular para mensajear y nunca llegaron sus mensajes. Él no estaba disponible, le preguntó a Ochako pero lo único que obtuvo fue una sacudida de cabeza. No la entendía y tampoco tenía tiempo suficiente para perder. Y así dieron las ocho de la tarde, todos ya se estaban amontonando para comer pero ninguno de ellos era Izuku o Kirishima. Por parte de su amigo podía ser cualquier tontería pero por parte de Izuku, estaba preocupado. Enojado hizo dos grandes sándwiches, pelo fruta que le pudiera gustar a Izuku y con bandeja en mano, se dirigió a las escaleras. Denki a mitad de camino lo siguió, mirando con hambre los sándwiches. 

 

—¿Qué quieres? No tienes a alguien más que molestar—Denki lo observó rascándose la barba de su mentón, a pesar de que era Omega, desde hace unos meses había comenzado a emerger vello en su mentón. Era ridícula la cantidad pero lo presumía.

 

—Shinso está durmiendo y si consigue dormir un poco, no voy a molestarlo, tiene más ojeras que verga y eso es mucho, créeme. Kirishima y Mina andan no sé dónde. Sero, bueno, ya sabes cómo es, está probando los bebés con Hatsume. No me sorprendería nada que saliera con uno en las manos antes de ser héroe—Katsuki suspiró. 

 

—Así que soy al único que tienes que molestar porque no tienes más compañeros—Denki le guiñó un ojo. 

 

—Ya me conoces, ¿A dónde vas con esos sándwiches? ¿Tienes alguna persona por ahí que alimentar?—el movimiento de cejas hizo a Katsuki enojar. No, tenía que calmar sus sentimientos. No debía caer en la ira. 

 

—No es de tu incumbencia, así que hazme un favor y ve a darle a Iida el discurso del aborto. A ver si así se le rompe una vena en la frente—terminó de subir las escaleras hasta que llegó al piso de Izuku. Aoyama estaba merodeando por ahí, hablando en francés por teléfono con una mascarilla seca en la cara. Lo ignoró y se presentó delante de la puerta de Izuku, con una mano ocupada en la bandeja y la otra sobre la madera, se empeñó en tocar. Al hacerlo, Aoyama inmediatamente cortó la llamada y se acercó a Katsuki. Era un Omega tan dulce, que la nariz de Bakugō cosquelleaba. Su olor era un poco desagradable. 

 

—Mon ami, Midoriya no está muy receptivo hoy. Le dejé el mejor queso en la puerta y no quiso comerlo, ni siquiera me dió las gracias, llegó Ochako con un enorme almuerzo y tampoco abrió la puerta. Dijo que se sentía mal y que lo mejor era dejarlo solo, así que no creo que esté despierto. Pero si pudiera agregar algo, su voz. Estaba muy apagada, casi enojada—Katsuki lo miró con la cara arrugada en molestia, Aoyama hizo una pirueta y se alejó—. Bueno, adieu. 

 

—Finalmente—golpeó tres veces antes de escuchar como alguien se movía al interior de la habitación. Su olfato le permitió sentir las feromonas de Izuku, y fue inevitable oler el dolor en ellas. Tragó y con los nudillos ya puestos sobre la madera, golpeó tres veces más. No hubo respuesta—. Deku, soy yo. Ábreme. 

 

La puerta se abrió, Izuku se asomó para verlo. El interior de la habitación olía a dolor y sudor, las cortinas estaban corridas y la iluminación nula no le ayudaba a Katsuki ver. Pero podía divisar algo en sus ojos, el jade estaba roto por un sentimiento que no podía negar. No faltaron palabras, el alfa entró y lo tercero que pudo oler fue la sangre en una esquina de la habitación. La ropa sucia estaba ahí, y por la forma en que la cama estaba hecha, asumió inmediatamente que algo malo había pasado. Izuku se sentó de medio lado en la cama, tenía la vista pegada en sus dedos. Que imposible de creer, estaban tan blancos que solo las pecas le añadían un poco de color. Sin preguntar, Katsuki corrió las cortinas para abrir las ventanas. Y dejando ir el olor de las feromonas, mezcló el dolor con alguna de las suyas. La brisa, muy amiga de la situación, se llevó lentamente el dolor. El viento acarició las mejillas de Izuku al mismo tiempo que Katsuki le tendía un contundente sandwich. Su estómago rugió y su boca estaba tan seca que apenas pudo tragar, comió al mismo tiempo que el alfa. Solo que un metro los separaba. El ruido de los árboles bailando con el viento hizo que todo fuera más cómodo. Al cabo de unos minutos, la noche llegó y la habitación, aún a oscuras, los guardó. Izuku se acostó en silencio después de comer todo lo que le habían traído, era evidente que no quería hablar así que lo único que pudo hacer Katsuki en respuesta a ello, fue acostarse a su lado. Quizá sus labios no querían decir nada, pero sus feromonas se comunicaban entre sí de forma muy clara. 

 

Izuku miró la pared al lado de su cama antes de sentir como el colchón se hundía a su lado, poco después el suave aroma de las feromonas lo envolvió al mismo tiempo que una manta cálida. Las lágrimas cayeron al mismo tiempo que su cuerpo se abrazaba al sueño, Katsuki no sabía qué hacer así que dejó que su instinto se moviera por él. Fue agradable escuchar como sus gimoteos lentamente se convertían en una respiración suave. No sabía nada de lo que estaba viviendo detrás de esa horrible armadura, pero las lágrimas no la iban a oxidar. Si de alguna manera podía ayudarlo, rompiendo esa armadura que retenía todo su potencial, lo iba hacer. Antes de siquiera pensar en escabullirse, sus ojos se cerraron. De espaldas a Izuku, con un poco menos de cama de lo que solía acostumbrar a usar, se durmió. 

 

En la madrugada, antes que el sol quisiera tocar las montañas, Izuku se despertó con Katsuki durmiendo a su lado. La luz del lugar era pobre pero podía ver su rostro. Su cabello apenas tocando su frente, sus largas pestañas casi albinas y las pecas solares que había ganado escalando por años. Que calmada era su respiración y mucho más agradable era verlo así. Se acomodó nuevamente a su lado, sólo viendo el mínimo movimiento que hacía su cuerpo para respirar. 

 

Katsuki era realmente desafiante la mayoría del tiempo pero cuando cerraba sus ojos, podía ver aquello que de todo el mundo ocultaba. El calmado alfa que se quedaba dormido y que en ocasiones roncaba. De cierta manera le recordaba a cuando eran niños, cuando hacían pijamadas y la única preocupación que tenía era limpiarse bien los pies al entrar en casa. Se quedó dormido dejando descansar una mano sobre el brazo de Katsuki, era un tacto pequeño pero halló algo mágico en ello. Su corazón no dolió y la sensación quemando su trasero, desapareció. Era increíble lo que algo así podía provocar. 

 

Era increíble lo que él, solo estando ahí, podía hacer.  

 

Chapter Text

"Cuando se suponía que fuéramos amigos, no lo fuimos. Cuando se suponía que fuéramos rivales, nos convertimos en algo más. Siempre nos convertimos en aquello que no queremos ser"

 

 

Izuku siempre se sintió incómodo perteneciendo al grupo de omegas en su escuela primaria. En los primeros años de enseñanza, separaban alfas/betas de omegas. Ambos grupos recibían educación diferencial, acorde a sus necesidades y a la etiqueta que el gobierno dejaba enseñar en los establecimientos educacionales. Los omegas aprendían costura, bailes entretenidos y maternidad mientras que los alfas potenciaban su físico y feromonas para poseer un control perfecto en su sistema, para ser maestros en el control de los más débiles. No era extraño decir que un alfa de diez años aprendiera a cómo controlar un Omega de su misma edad, la sociedad lo hallaba normal. Incluso en esas mismas clases, aprendían a como morder un cuello virgen, porque el concepto de pureza era lo más importante en un Omega. Un Omega usado era similar a un bote desechable, si el alfa anterior había decidido no marcarlo como suyo, algo malo tenía el Omega, algo que lo volvía sin valor. Izuku no estaba de acuerdo con todo ese constructo social que le daban en clases y durante una de las clases de presentación a un alfa que no conocía de nada, donde le enseñaban a los omegas mostrar su cuello, entró en pánico y huyó. La sola idea de pertenecer a otra persona le afectaba de una manera incalculable. Inko llegó al colegio para buscarlo pero la profesora le dejó en claro que Izuku a sus cinco años sería un Omega desagradable. Que se hiciera a la idea de que él sería un Omega desechable, un Omega que solo usarían para el placer.

 

Cuando llegaron a casa, Izuku se encerró en su habitación viendo a Allmight porque su madre le repetía constantemente que fuera más sumiso, que hiciera caso. Que fuera como ella, cuando en realidad era ella el concepto de Omega desechable. Su padre los había abandonado, aunque nunca estuvo realmente ahí, porque estaba casado y en muchas ocasiones había recurrido al control de feromonas para usar a Inko. Recibían dinero de él pero nunca quiso a Izuku, nunca deseo conocerlo y apenas al saber que Inko estaba embarazada, pidió que lo abortara. Porque ese nunca sería su hijo legítimo, sólo un bastardo producto de una aventura. Izuku nació con el rencor en su interior, nació siendo no deseado por su padre. Inko era una mujer ingenua, ella amaba tanto a Hisashi que pensó que con Izuku a su lado, podría obtener un poco de amor mas nunca imaginó que él propio Izuku la tomaría como ejemplo para no ser alguien. A sus cinco años, con un montón de suspensiones por ser "incorregible" no deseaba ser padre como el resto de los omegas de su clase, él anhelaba con todo su corazón ser héroe. El mejor de todos los tiempos, como Allmight. Sin embargo, cuando esperaba que el destino le dijera que era su momento, su particularidad nunca se manifestó. Ahí conoció a Katsuki, el alfa que todo el mundo consideraba perfecto. Buena particularidad, y un milagro de la biología al ser alfa hijo de dos betas. 

 

Los amigos de Katsuki fueron el puente cuando empujaron a Izuku en uno de los patios mixtos de juegos, porque él era el extraño de la clase. El Omega, contra todos sus instintos, levantó sus brazos para pelear. Los omegas eran sensibles, sentían mucho más e Izuku sintió cada uno de los golpes que recibió. Aunque fueran pequeños, en su piel se sentían gigantes. El raro, el mal Omega, el quirkless… Comenzó a odiar todos esos sobrenombres pero al mismo tiempo vió en Katsuki uno de sus mayores deseos. Ser perfecto, ser intocable. 

 

Y después de un verano, cuando todos se fueron de viaje, Izuku y Katsuki se hicieron amigos. Jugaron compitiendo por quién era el que más sabía sobre Allmight, sobre quién reaccionaba antes y sobre quién atrapaba más insectos. Medio mes siendo solo ellos dos y parecía que necesitaban agua para despegarse, Izuku estaba feliz pero sabía que solo sería así cuando estuvieran solos. Porque una vez volvieron los amigos de Katsuki, el infierno siguió. El alfa ya no participaba en el bullying pero tampoco lo detenía, se volvió un confidente de los agresores. ¿Por qué? Porque Izuku era el Omega miserable que no aprendía nada sobre etiqueta, el Omega que vivía con una venda en los ojos al pensar en ser un héroe sobre ser padre, el Omega que apestaba, el Omega que no había nacido completo al no tener vulva como los demás. Los años pasaron frente a sus ojos, ambos extremos de la biología se alejaron aún más y cuando Izuku se volvió el sucesor de Allmight. El mundo creado por la sociedad en la mente de Katsuki, se rompió. Decir que no se resistió al cambio sería mentir pero ahí estaba, años después siendo su rival. Hallándolo un modelo a seguir, uno a combatir. Ya no estaba ese miserable confidente que no decía nada cuando tres alfas encerraban a un pequeño Omega en los baños para gritarle inútil, para tenerlo de rodillas mirando el piso porque supuestamente ahí pertenecía. Porque debía aprender su lugar.

 

Aunque nunca se lo había dicho a nadie, él realmente admiraba a Izuku. Lo había visto crecer hasta convertirse en el huracán de fuerza que era ahora. Por eso cuando dejó de serlo, lo primero que se le vino a la cabeza fue ayudarlo y si eso requería tener sexo con él, no le importaría en lo absoluto porque quería al huracán Izuku. Lo quería sano y enfocado en superarlo, acaparando toda su atención. Cómo debía ser. Y esa mañana ahí estaba, las feromonas de celo flotando en su nariz. Ningún Omega le provocaba algo, pero Izuku… Era diferente.

Cómo debió haberlo anticipado cuando lo vió convertirse en el sucesor del símbolo de la paz.

 

—Kacchan, deberías irte—las feromonas lo estaban ahogando, aún así, lo más importante para él en ese momento fue ver la sangre en su ropa. Luchando con el instinto que rugía en su interior, con el fuego quemando sus entrañas y la erección rascando dolorosamente su pantalón preguntó:

 

—¿Por qué mierda estás en celo? ¿Yo… yo lo provoqué? Y lo más importante, ¿por qué estás sangrando? ¿Te dice daño de alguna manera?—Izuku negó. Quería decirle que estaba todo bien, que su celo estaba en fecha y que la sangre era normal pero no era así. Su cuerpo había reaccionado de forma favorable a las feromonas alfa mientras dormían. Aceptando el deseo más profundo de su Omega interno, aparearse con él para desarrollar feromonas sanas. Pero debido a que estaba herido y las contracciones de su cuerpo eran demasiado fuertes porque no había tenido un celo decente en años, la herida se abrió aún más y lo que más le preocupaba era que no sentía dolor en la herida, solo en su estómago al no ser atendido como su omega lo estaba exigiendo. Su propio cuerpo lo estaba dopando contra su voluntad. 

 

—No, no es tu culpa. Tome supresores apenas desperté y realmente no están funcionando. Kacchan me duele y no sé qué hacer—Izuku estaba ocultando su rostro enrojecido entre sus manos. Aunque estuviera vestido, sus feromonas estaban al desnudo, exigiendo al alfa que hiciera lo que debía, que hiciera caso a esa fuerza rugiendo en su estómago, a esa enfermedad llamada instinto que regía a todo el mundo en un eterno baile lleno de desastres amorosos. 

 

—Pero, ¿por qué sangras? ¿También tienes menstruación o qué?—Izuku negó, Katsuki tomó una distancia prudente, estaba temblando, en realidad, ambos lo estaban. Apretó sus puños mientras Izuku tartamudeaba la respuesta. El olor lo estaba volviendo loco, no era dulce y mucho menos similar al suyo; canela, azúcar, petrico y tantos otros que no se parecían en nada pero que podía tener una pequeña semejanza en su cabeza. 

 

—Me hice daño ayer con los dedos, la herida está dentro, ayer la trate pero hoy de nuevo se abrió. No me duele pero debe estar peor que ayer. No había sangrado tanto—una voz en su interior le dijo que tenía que ver el lugar de la herida, que era la única forma de saber el verdadero daño pero no quería sonar autoritario sobre él en un momento en dónde no podía siquiera usar su particularidad, la naturaleza no estaba de su lado. Los omegas y los alfas no podían usar sus particularidades cuando las feromonas de celo llegaban a sus cuerpos, la fuerza no se los permitía. Ambos estaban en problemas, porque la desintoxicación se producía en unas siete horas. No estarían en sus sentidos para el inicio de semana, ¿cómo explicarlo a los profesores? Izuku estaba ocultando su verdadera naturaleza. Además, los colmillos en su mandíbula estaban dañando sus labios, deseando la invitación en las feromonas. Pero sabía que ese era el menor de sus problemas a pesar de que el veneno estuviera filtrándose en su lengua. 

 

—Debemos ver esa herida, lo más lógico sería ir con Recovery Girl—Izuku negó antes de que Katsuki terminará. 

 

—¡No! Yo ya me he hecho heridas así antes, tengo que limpiarme y ponerme una crema especial pero ese es problema, no puedo hacerlo si mi cuerpo no me acompaña. Ayer hice un gran esfuerzo poniéndola y ahora... Joder, nada está bien...—estaba cansándose de verlo llorar, una persona como Izuku no merecía sufrir por su biología, sobretodo porque él había vivido un horrible infierno por ella, por pensar diferente. A las narices de Izuku llegaron las feromonas de frustración, levantó la vista. Estaba al borde de su cama, retorciéndose de dolor mientras el alfa se hallaba en un rincón de la habitación, temblando con los nudillos blancos de tanto apretar sus manos, el sudor corría por sus cuerpos y apenas estaba comenzando el día. Izuku apretó las mantas de su cama al darse cuenta de lo que podían hacer—. Kacchan, ¿me ayudarías incluso si te pidiera una locura?

 

—Joder, sí. ¿Qué hay que hacer?—Izuku salió de la cama y al momento de pisar firme, sus piernas perdieron las fuerzas si no fuera porque el alfa lo ayudó, su cuerpo estaría pegado al suelo. Con sus brazos alrededor, el calor estaba fluctuante en su cuerpo, quemándolo con agonía placentera. Lo único que deseaba en ese momento era que perdiera su balance y lo tomara; negó. Alcanzó una caja con estampado de bandera de Estados Unidos en donde escondía sus cosas personales. Se sentaron juntos en la cama, la sangre ya estaba manchando las mantas pero no importaba, en ese momento solo quería dejar de desearlo. Dejar de tener la horrible fiebre.

 

—Hacerme un masaje con esta crema es la única forma. Solo así bajará la fiebre, se me dormirán las feromonas y la herida se cerrará para mañana. El problema, quedaremos intoxicados con nuestras feromonas y quizá sea problemático explicarlo mañana pero es la única forma que se me ocurre sin recurrir a salir del cuarto… ¿Quieres hacerlo?—Katsuki ya se lo había propuesto antes así que no era un problema. Tomó la crema y asintió con la mirada en sus pies descalzos, Izuku aprovechó el momento para quitarse los pantalones. Todo era tan íntimo y a la vez tan incómodo que no sabía dónde posar su mirada, se acostó mirando la pared y a la vez presentándose a él. Era irónico pensar que alguna de las clases que tanto evitaba le habrían servido de algo en ese momento—. Ya puedes hacerlo, como te lo dije la otra noche. 

 

Katsuki nunca lo había notado hasta ese momento, Izuku era realmente muy bonito físicamente. Caderas musculosas, glúteos generosos y pecas pintando su cuerpo con una desprolijidad increíble, como si un pequeño gorrión con sus garras tintadas en negro se hubiera posado en su piel. Tragó duro, recordó sus palabras y se acercó, la sangre estaba corriendo junto a su lubricante natural, quizás por eso no le dolía tanto, porque el lubricante lo estaba limpiando pero de alguna forma debían detener las contracciones. Puso una almohada entre ellos para no obviar su evidente erección ante las feromonas y la vista, acercó su cuello al suyo y su boca se secó al momento de oler. Temblando más que nunca untó sus dedos en la crema, era ligera en su piel pero lo más increíble era que adormecía su sensibilidad al tacto. Liberó sus feromonas y masajeó su entrada, la sangre se escurría entre sus dedos igual que el brillante lubricante, sabía que no le dolía. Sus feromonas eran demasiado claras. Izuku se aferró a una almohada, casi rompiendo la tela, mordió mientras las feromonas cosquilleaban con entusiasmo su cuello. Nunca en su vida se había sentido tan bien y a la vez tan mal.

 

—Deku, no te quedes callado y dime si en algún momento te molesta o si soy muy brusco—cuando terminó sus palabras, sus colmillos volvieron a presionar sus labios. Estaba realmente admirando su autocontrol. 

 

—Continúa, por favor. Tomará un tiempo que haga efecto—el primer dedo entró, su trasero inconscientemente trató de buscar más tacto. Gimió contra la almohada al mismo tiempo que Katsuki buscaba roce en contra de la suya en la entrepierna, estaba babeando de tal manera que hasta el aroma a sudor de Izuku le provocaba una oleada de excitación. Nunca se había sentido así de avaro con una persona, se suponía que ningún tipo de feromonas le provocaba algo, todas eran tan insoportables en su nariz, siempre picando con desagrado y ahora solo quería lamer el sudor de su rival, estaba sediento. Nadie le había dicho nunca que su rival olería tan exquisito; se dejó llevar y con el segundo dedo masajeando más a fondo gimió en su oído. Izuku reaccionó al instante—. Sí, presiona con más fuerza ahí. Se siente...

 

—¿Cómo? Dime cómo se siente—Izuku tenía los ojos cerrados, gracias a dios, porque sino vería como Katsuki lo estaba mirando directamente, con sus mejillas compitiendo contra sus ojos rojos. El alfa presionó contra la zona que Izuku le indicó, ahí estaba la herida podía sentirla en contra de sus dedos. Y estaba atento a cualquier cambio de feromonas, pero por el momento, él estaba aceptando muy bien sus dedos.

 

—Es vergonzoso Kacchan...—era verdad, porque los dedos de Katsuki eran más gruesos que los suyos, decir que se sentía a punto de gritar sería dejar de lado todo el placer que estaba surfeando en su cuerpo. Olas peligrosas de feromonas directas en su glándula, su interior vuelto loco quería más, mucho más que dos dedos suyos. 

 

—Por favor, dímelo nerd—dios, su voz estaba raspando su garganta. No quería imaginar lo que estaba sintiendo para tener la voz así porque sería peor, mordió su labio y se retorció en contra. 

 

—Se siente bien, como un abrasador fuego en mis entrañas que no quiero que se apague. Nunca—Katsuki cerró sus ojos, pegó su nariz en contra de la nuca de Izuku al mismo tiempo que dejaba ir una nueva carga de feromonas. Las ganas que tenía en ese momento de lamer su sudor eran anormales pero se conformó llenando sus pulmones con el aroma de su sudor. Que intoxicante era, que precaria y extraña la confianza que tenían en ese momento, a punto de follar de no ser porque aún había una voz en su interior que les gritaba por su raciocinio. 

 

—Dime cuánto deseas el siguiente dedo, Deku por favor—Izuku comenzaba a odiar la palabra por favor en sus labios, se oía demasiado bien sobretodo porque su voz se escuchaba necesitada. Y eso hacía que su respiración y corazón fueran más rápido que él. 

 

—Desesperadamente, por favor Kacchan, por favor, por favor—lamió, no podía soportarlo, le estaba costando hasta pensar, su cabeza solo quería follarlo. Izuku dejó que su mano derecha abandonara la almohada para ajustarse en la cabeza contraria. No sabía si podía hacerlo, aún así, jaló del cabello al mismo tiempo que el tercer dedo entró. Fue agradable sentir que no le dolía y  que el sangrado había cesado. Lo mejor de todo ese momento, era la sola sensación de su palma contra sus nalgas, sus gemidos, la lengua pegada a su cuello y las feromonas… Estaba a poco de explotar. 

 

—Hueles tan jodidamente bien, te ves tan bien retorciéndote en placer solo por mi… Joder, quiero probarte, premiarte solo por ser un buen Omega—Izuku sintió como el orgasmo acababa con su voz, dejando sus gemidos mudos. La voz contraría saboreando el juego de sus palabras, los tres dedos sin piedad masajeando su interior y la forma en que se le pegaba el vaho de sus labios a su piel. No pudo más y dejó ir todo. Era la primera vez que tenía un orgasmo en ese año, y era la primera vez que no le dolía tener uno. Katsuki retiró sus dedos, anonadado por todo pero inmediatamente inspeccionando la zona. Izuku se quedó ahí, aún asimilando su orgasmo. El alfa aprovechó y buscó con la mirada unas toallitas húmedas para limpiar los muslos húmedos de Izuku. Al momento de moverse de la cama, Izuku lo buscó con la mirada.

 

—¿Qué estás haciendo?—Katsuki volvió a su lado con un envase de toallitas húmedas, Izuku se sentía mucho mejor. La fiebre había bajado y sus entrañas ya no dolían, al contrario, estaba consciente y sin dolencias. Se sentía calmado y, tal vez, un poco avergonzado. 

 

—Tengo que limpiarte, no te muevas mucho. No queremos abrir esa herida aún más—Izuku asintió mirándolo sacar las toallitas húmedas. Entonces notó la mancha blanca en los pantalones de Katsuki, ¿él se había excitado? No era posible, Katsuki no se excitaba con nada ni con nadie. Quizás era una mancha de su lubricante, no lo sabía pero el solo pensamiento hizo que su estómago se retorciera con nerviosismo. Establecieron la misma posición que antes, solo que ahora no estaban excitados. Katsuki lo limpió con tanto cuidado que Izuku dió vuelta su cabeza y lo observó. Ahí se quedaron, mirándose fijamente. Joder, ¿qué mierda habían hecho? El alfa fue el primero en romper contacto visual—. ¿Cómo te sientes?

 

Izuku guió la vista hasta sus dedos pegados a la almohada.  

 

—Me siento mucho mejor, gracias por ayudarme—Katsuki se detuvo, suspiró profundamente y se acomodó frente a él. La seriedad en su rostro era plena, Izuku se acomodó mejor en la cama, por los lugares donde no había tanto lubricante ni sangre. 

 

—¿Esto es lo que necesitas para regularizar tus hormonas? Si hacemos esto todos los días, ¿se acabarán los dolores para ti?—Izuku asintió. 

 

—Sí… Después tendríamos que tener sexo. Pero no estás en obligación de hacerlo—Katsuki frunció el ceño. 

 

—¿Por qué no?

 

—No quiero incomodarte. 

 

—Deku… ¿me ves incómodo?—Izuku bajo la mirada, estaba temblando porque su mente había viajado tan rápido cuando él lo tocó que no reparó en preguntar si él se sentía bien o mal. Katsuki carraspeó—. Si soy honesto, no me molestó. Al contrario… Me gustó, solo un poco. 

 

—¿Qué?—Izuku estaba sorprendido, observó a Katsuki y este tenía las mejillas rojas y sus labios fruncidos—. No lo entiendo, ¿te gustó? ¿Cómo?

 

—Mira, lo mejor es no pensar. Si te ayuda con tu enfermedad y hace que estés enfocado en superarme, no hay necesidad de pensar demasiado… Tener sexo sin sentimientos amorosos es normal, fingir que sientes algo por una persona para tener sexo con él o ella está jodidamente mal. Lo que hicimos ahora, no es malo. Te sientes mejor, ¿no?—Izuku asintió—. Entonces no hay problemas, ambos ganamos. Claro, si no te molesta que sea yo. 

 

Izuku sonrió, dejando que sus pecas fueran por las líneas de alegría y calma. 

 

—Kacchan, en este momento eres la persona que más confianza me da—eso fue más que suficiente para el alfa. 

 

—Entonces, problema superado. Ahora solo necesitamos hacernos un horario entre los entrenamientos, las clases y los ensayos, Allmight no debe saberlo. No necesitamos darle más problemas—Izuku asintió mientras Katsuki buscaba en su celular el calendario. 

 

—Nuestros compañeros tampoco deben saberlo, lo toman todo demasiado personal—Katsuki despegó la vista del dispositivo y levantó su mano derecha. 

 

—Exacto, nuestro secreto. Entonces… ¿Tenemos un trato para que finalmente seas decente y me superes?—Izuku miró su meñique alzado y con los ojos secos en alegría, selló la promesa. 

 

—Trato hecho.

 

...

 

Katsuki no volvió a su habitación. Lo sabía porque estuvo toda la noche pegado a la puerta, esperándolo porque quería respuestas. Sus manos estaban duras, sus destruidos puños sangraban porque no pudo controlarse cuando casi rompió la pared. Al despertar, ahí estaba esa sensación de inestabilidad en su pecho. Su espalda dolía por dormir esperando pero lo que más le preocupaba era que no estaba ahí, había pasado toda la noche con otra persona y no tenía que buscar respuestas para saber que esa persona era Izuku. Sus puños se suavizaron al momento de saber que un beta estaba corrompiendo a un amigo. Poco conocía de la historia detrás de ellos, solo rumores porque Katsuki no hablaba con nadie sobre su pasado. Solo con su terapeuta. A veces desearía ser la persona que Katsuki tomaría como confianza pero no era así. Un alfa que confía en otro es lo ideal… Un alfa que confía en un beta es como traicionar la jerarquía que la naturaleza le había dado. Él, un alfa de milagro, uno sensitivo. Uno perfecto que estaba manchando su propio futuro con la presencia de él. 

 

"Estás obsesionado"

 

—No, no lo estoy—se dijo a sí mismo. Pero fue imposible callar la voz en su cabeza. Necesitaba distraerse, necesitaba despertar, tomó su bolso de entrenamiento y bajó por las escaleras. El aroma agridulce de alguien que no podía identificar lo embriagó, quizás alguien había entrado en celo. Suspirando con rabia tomó de su bolso un supresor de olor, con evidente furia se lo pegó en la glándula del cuello. Pasaron unos segundos antes de no poder sentir más el aroma. Ya en los baños se cepillo los dientes, su mirada en el espejo le reflejó una mirada de Shinso entrando por la puerta. Su rostro lucía descansando pero lo que más le llamaba la atención de Kirishima era el olor. Sabía que Denki jugaba con él en su habitación, pero nunca imaginó que sería de esa manera. Aunque ellos lo negaran, era bastante evidente. 

 

—Buenos días—saludó con la cabeza, Shinso con sus cosas comenzó su rutina diaria. Pastillas en la boca, supresores en las glándulas, lavado de dientes y a la ducha con jabones especiales y shampoo en mano. Kirishima se estaba peinando cuando Shinso salió mostrando las marcas de uñas en su espalda. De cierta manera, sentía envidia. Él tenía alguien con quien descargar sus celos. Pero, ¿cómo lo hacía para no marcarlo? ¿Acaso no sabía que si no formalizaban luego Denki comenzaría a ser desechable? Eijirou tenía tantas cosas en la cabeza que siguió con su rutina sin darse cuenta. 

 

Llegando a la cocina vio a Mina hablando con Todoroki, ambos estaban trabajando en sus desayunos pero la risa estridente de ella y el leve movimiento labial de Shoto lo sorprendieron, ¿desde cuándo se llevaban tan bien? 

 

—Entonces, ¿sólo tengo que ponerme un bozal para no desear morder a nadie?—Mina se acercó a Todoroki, sonrió de medio lado mientras tocaba su cuello. El alfa de ojos heterocromáticos la observó atento, ¿estaba ruborizado? Kirishima se quedó viendo, molesto por la cercanía de ambos. 

 

—Solo basta con que uses unos cuantos parches supresores, aunque si crees que no puedes controlarlo, lo mejor sería usar un bozal—luego de eso, ella siguió con lo suyo. El alfa quedó mirándola unos segundos antes de seguir también. Kirishima sintió el sabor metálico en sus labios, sus colmillos habían salido sin que se diera cuenta. ¿Qué le estaba pasando? ¿Por qué seguía perdiendo el control de sí mismo? 

 

—¿Alguien ha visto a Midoriya? En la semana me dijo que hoy íbamos a estudiar muy temprano, pero no se presentó en la biblioteca—Ochako entró a la cocina, el collar en su cuello se veía incómodo. Pero no tanto como Kirishima al escuchar a Midoriya. 

 

—Oh, amie, él está en su habitación. Es mejor dejarlo solo, después de todo está bien acompañado—Ochako frunció el ceño al mismo tiempo que Kirishima tomaba su desayuno. Agradecía haber usado supresores, sino se sentirían sus feromonas de ira. Mina lo vio desde un extremo de la cocina. Esperando que saliera de control para reprimir lo que casi le había hecho en su habitación la noche anterior. 

 

—¿A qué te refieres, Aoyama?—Ochako lo quedó viendo, Aoyama feliz le guiñó un ojo al mismo tiempo que pronunciaba sus palabras. 

 

—Tiene a señor explosiones con él, y han estado juntos toda la noche. Y esta mañana se escucharon muy animados. 

 

—Pero, Midoriya es beta. ¿Qué podrían hacer juntos?—dijo Ochako, completamente ajena al ambiente que se estaba formando. Mina interrumpió la respuesta de Aoyama antes de siquiera pensar. 

 

—Vamos chicos, qué importa lo que haga Midoriya con Bakubro, no son nuestros asuntos.

 

—Pero existen reglas biológicas—Ochako observó a Mina, la evidente molestia en sus ojos castaños era sublime. Le habían tocado algo que pensaba era suyo, pensaba que ella e Izuku en algún momento quedarían juntos. Que ingenua fue. 

 

—Y yo digo que esas reglas valen una mierda. ¡Que importa con quién se acueste, lo importante es la persona en sí no lo que hace en una habitación cerrada!

 

Kirishima explotó. 

 

—¡¡¡Bakugō como alfa debería honrar su género secundario, no menospreciarlo de la forma que lo hace!!!—todos en la cocina quedaron viendo a Kirishima, tan callado que estaba en la conversación y ahora hasta su voz estaba temblando por lo fuerte que había gritado—. Eso, él debería respetar su propio género secundario. Las personas ahí afuera lo harán menos si saben que durante sus últimos meses en la UA estuvo con un beta. No está bien, los dos están mal. Muy mal. 

 

"—Estás obsesionado con tu padre—la señora Kirishima vio cómo su hijo seguía buscando entre las cosas de su padre para hallar respuestas. El alfa había dejado huellas en su corazón pera nada comparado con la sed de poder en su pecho, esa sed que solo buscaba la perfección para poder protegerse a sí mismo de esos gritos incesantes. 

 

—No es así, mamá, solo quiero saber un poco más de él. Nada más—su madre, una Omega con cicatrices que la hacían voltear el espejo, lo dejó solo en el ático. Nunca lo había visto así con nada, su padre a pesar de no ser el ejemplo perfecto, era una persona muy fuerte. Nadie en físico podía ganarle, y abusaba tanto de ese poder que la naturaleza le había dado que en más de una ocasión los usó para su conveniencia sin importar lo egoísta que fuera. Después de todo, lo importante era la reputación y lo que los demás proyectaban en él. "Un buen padre que siempre sustenta a su familia. Una esposa hermosa y sumisa, como debe ser. Y lamentablemente un niño que nunca podría superarlo." Palabras de sus familiares, palabras de sus profesores, palabras de sus vecinos. Cualquier persona que viera por fuera lo que era su familia, diría aquello. Fingir que todo estaba bien en las fiestas, fingir que su padre era fuerte y un ejemplo era lo más increíble que podía hacer Kirishima cuando temblaba por culpa de los dolores en sus nervios. Tenía miedo, mucho. Tanto que la burbuja de su ego lo estaba ahogando. Todo tenía que ser perfecto, todo a su alrededor debía ser así. Excepto él, que solo era un alfa imperfecto."

 

—Eso es una mierda, y hasta una persona como tú lo sabe. Solo no quieres aceptarlo—Kirishima vio a Mina tomar sus cosas e irse. Todoroki y Aoyama hicieron lo mismo, los tres se veían bastante molestos. Solo quedaron en la cocina Kirishima y Ochako. ¿Se había molestado con él? ¿Por qué? ¿Por decir la verdad? No lo entendía. Últimamente su cabeza solo dolía en la completa ignorancia de los sentimientos de sus amigos. 

 

….

Chapter Text

"¿Qué diría tu madre si te viera aspirando esa línea blanca hecha con la tarjeta de crédito de tu padre? ¿Qué dirían tus hermanos si vieran todo aquello que me haces cuando cierras la puerta de tu habitación...? Mi gran y problemático ángel perfecto"

 

...

 

Para nadie era un secreto que el mundo de los héroes no solo era parte de los alfas, sino también, en una proporción muy pequeña, de los Omegas y betas que mantenían una imagen de médicos y administradores. Ellos no salían a las calles para combatir con los villanos, se quedaban como adorno en las agencias. Siempre sonriendo, dando el balance en la actitud salvaje que los alfas dejaban en las calles. Sin embargo, esa imagen perfecta era una farsa bien maquillada. El fuerte rumor que los medios siempre desmentían con encuestas fraudulentas, era que vendían a los omegas a aquellos que poseían las influencias suficientes para comprarlos. Un solo fin de semana con la heroína médica omega de moda y la agencia ya cubría todos sus gastos del año. En la UA no se practicaba esa actividad pero más de un egresado de la academia terminaba en moteles de amor fingiendo lo mucho que disfrutaban estar con los "contribuyentes". Mina conocía muy bien ese concepto, más de una vez en secreto le habían ofrecido cuantiosas cantidades de dinero por su primera vez, ella siempre rechazaba las ofertas pero cada uno de ellos les decía que cambiaría de opinión cuando fuera profesional. Que sus meses siendo "pura" estaban contados, Mina cada vez que se veía al espejo observaba el contador sobre su cabeza, cada vez más cerca del cero. Porque eso era lo que ellos querían de ella, nada más. Sin importar lo mucho que estuviera trabajando en tratar de ser la mejor, al momento de decir que era omega, la reducían a ser la perfecta mercancía de los alfas. La imagen sensual de una agencia que buscaba más ingresos a través de la prostitución de sus mismas heroínas, de aquellas que en ningún momento lo desearon pero que conocían las consecuencias de la negación constante. Muchas omegas desaparecían, muchas omegas terminaban en sitios que nunca podrían llamar hogar y muchas otras terminaban sin vida. 

 

Y era aterrador pensarlo. 

 

Mina sabía que Izuku era un Omega. Su olfato estaba por encima de la media superior de alfas, llegando incluso a rivalizar con alfas como Katsuki. No tenía conocimiento si Katsuki lo sabía pero lo intuyó cuando lo vio irse a su habitación y aún más cuando Izuku apareció vistiendo su chaqueta. No le importaba que mintiera sobre su género secundario, lo entendía. Izuku no tenía las proporciones físicas de Aoyama, que en secreto ya había aceptado muchos tratos con alfas que le ofrecían cosas brillantes; él era mucho más alto. Sus músculos eran casi similares a los de un beta de no ser por la leve curva de sus caderas que escondía bien con un cinturón en su traje holgado. Más de alguna vez lo había visto entrar último en los baños de varones alfa/beta, lo había visto esconder su collar porque conocía las expresiones que un Omega podría formular con un collar presionando su glándula para suprimirla. Y cuando lo vio en televisión pelear contra Shigaraki, entendió porqué lo hacía. Todas las noticias decían solo una cosa, un increíble beta envío al villano más infame de los últimos tiempos al Tartarus. También salieron noticias de como Katsuki lo había ayudado con esa ardua tarea que lo dejó en coma por más de dos semanas a finales del segundo año. Pero Katsuki era alfa, todo el mundo lo sabía. La novedad era Izuku que con solo ser un beta, había logrado escapar del concepto estereotipado de los betas; muchos lo llamaban irresponsable por enfrentarse a un alfa más grande que él, otros decían que debió darle el trabajo a Katsuki... Las opiniones estaban divididas, y más aún porque era un beta. Si desde un inicio los medios hubieran sabido sobre su estado de Omega, nadie estaría hablando de él y si fuera así, sólo serían faltas de respeto. 

 

Porque a nadie le importaba que fuera fuerte, solo que fuera alfa. 

 

De cierta manera estaba sorprendida. Luchar contra un alfa podría ser lo más aterrador del mundo y más cuando ese ser era capaz de desintegrar ciudades enteras. Pero él siempre estaba ahí, tratando de dar lo mejor de sí mismo a pesar de que sus rodillas dolían por los temblores de su instinto, ese que siempre le decía con claridad que debía estar arrodillado ante un alfa. Siempre pensó que era un Omega invencible, hasta que su propio cuerpo lo comenzó a frenar. Los meses pasaron ante sus ojos, deseó ayudarlo pero cuando lo intentó... Alguien más había llegado, la noche que Katsuki salió detrás de Izuku, Mina también lo hizo. Los vio sentados en la orilla de concreto y lo único que pudo hacer fue sonreír feliz. Si alguien podía ayudarlo ahí, solo podía hacerlo él. 

 

No es que sus demás compañeros fueran malos alfas, sino que él sabía sobre su género secundario y comprendía el dolor detrás del mismo.

 

Pero después de esa alegría, el chico que le gustaba comenzó a comportarse como un idiota. La señora Kirishima en muchas ocasiones le había dicho que su hijo seguía viviendo bajo la sombra de su padre, pero nunca lo había visto así hasta que Sero, en una broma bastante evidente, le dijo a Katsuki alfa defectuoso. Él siempre tan amable y enérgico alfa que sonreía con el alma ahora estaba convertido en una réplica pequeña de los anhelos de su padre, si era honesta, tenía mucho miedo. Su pecho dolía cada vez que él suyo lo hacía, no sabía sí él se había dado cuenta de lo que compartían pero esperaba que esos ojos rojos pronto estuvieran abiertos porque sus sentimientos poco a poco iban por otro chico que nunca imaginó sentir en su radar. Todos sabían que Todoroki era un joven con problemas paternos, que en más de una ocasión caía en completa inocencia porque no era muy afinado con las personas y su humor. La primera vez que hablaron solos, fue cuando Momo se fue con Jirou a una cita las dos solas. Mina estaba a las afueras de los dormitorios, escondida entre los arbustos buscando su encendedor para fumar. 

 

Él llegó a su lado, con su típica cara de poker.

 

—¿Qué estás buscando?—preguntó él, Mina tenía el cigarrillo en sus manos, no podían fumar en los dormitorios. Una vez Aizawa había hallado los porros y vapers de Sero, todo el dinero de un mes de trabajo a la basura. Además de trabajo comunitario en los dormitorios por dos meses. No, Mina no quería que Aizawa la castigara por mucho que quisiera lo mejor para ella. Pero realmente necesitaba fumar, su celo estaba cerca y ese día había recibido una oferta que casi bordeaba el millón de dólares. El temor que sintió al saber lo que valía para ellos la paralizó, un poco de nicotina sería más que suficiente para hacerla ir en línea. 

 

—Mi encendedor—Mina con su largo cabello trenzado lo observó, el alfa encendió uno de sus dedos y se ofreció a encender su cigarrillo—. Por favor, no le digas a Aizawa. 

 

—Tranquila, es solo un cigarro. Si supieras lo que hago con la tarjeta de crédito de mi viejo, estarías sorprendida—Shoto metió sus manos en los bolsillos, observándola aspirar el humo. Sí, tal vez no era la omega más hermosa de la UA pero sabía cuándo alguien la estaba mirando con atención y Shoto no era muy recatado—. ¿Solo el tabaco, o alguna vez has probado algo más fuerte?

 

—¿Cómo qué?—Mina se acercó, era amigable contra el alfa que medía poco más de un metro noventa, delgado y con esa taciturna expresión en su rostro. 

 

—Meth—la metanfetamina en los betas podía producir adicción y una serie de efectos negativos. Para los alfas y los omegas, era un potente estimulante sexual que no provocaba los indeseables olores del celo, ¿sensaciones similares al celo sin necesidad de perder la conciencia? Estaba sorprendida. 

 

—Honestamente, no. Lo siento—Todoroki sacó de sus pantalones un cigarro de hierba, era increíble que él se viera como un niño inocente fumando un porro.

 

—Bueno, Sero no es la única persona que tiene buenas sustancias. Si algún día tienes deseos de algo más fuerte que el tabaco, eres bienvenida a mi dormitorio. 

 

Ambos terminaron sus cigarrillos y se fueron a los departamentos, después de ese momento comenzaron a hablar más a menudo, Mina comenzó a guardarle secretos. Cómo que Momo en realidad estaba con Jirou mientras que él era la tapadera heterosexual para los Yaoyorozu, el alfa también le contó que había estado con Inasa. Otro alfa de su categoría, uno puro. Que su bisexualidad era aceptada por Endeavor y que por mucho que quisiera estar con Momo, había aceptado hace años que ella era una amiga y que nada sobre la tierra llegaría a cambiar eso por sus sentimientos. Pero para él estaba todo separado, su corazón era de Momo mientras que su cuerpo había sido de unos cuantos a lo largo de dos años. Mina estaba sorprendida, sobretodo cuando el alfa le hizo una pregunta con referencia a sus celos. "¿Estás con Bakugō?" Cuando le respondió un no, fue la primera vez que Mina vio una sonrisa en los labios de Shoto, aunque ligera, era bastante para un personaje como él. 

 

Las cosas cambiaron cuando empezaron a entrenar juntos, dieciocho años cada uno y la tensión podía cortarse con tijeras. Pero Mina tenía en su corazón al chico que la seguía mirando con un sumo respeto que ahora no sabía cómo interpretar, era por su amistad o solo la veía como una Omega más, ella quería saber pero al mismo tiempo el miedo la consumía al darse cuenta que casi perdió el sentido por culpa de sus feromonas agresivas. Su corazón ya no sabía qué hacer, los celos cada vez eran más irregulares y lo que alguna vez le pareció increíble, ahora era una tortura. Hubiera acudido donde Kirishima, pero él todavía estaba perdido en su discurso anticuado. La única persona que parecía saber lo que estaba pensando era Shoto, que ese mismo día donde Kirishima explotó en la cocina por culpa de sus inseguridades, la encontró entrenando. El sparring no era el fuerte de Mina, porque su fuerza siempre la traicionaba pero ese día lo necesitaba más que a la nicotina. Quería el dolor en sus músculos. 

 

La UA contaba con gimnasios increíbles separados por los géneros secundarios, los mixtos poseían un sistema de ventilación sofisticado que suprimía las feromonas a través de ventilaciones automáticas ubicadas en los suelos. Usualmente cuando los alfas y los omegas comenzaban con una actividad física copiosa, sus feromonas adquirían una tonalidad más fuerte a las del descanso, las probabilidades de que un alfa indujera un celo era del sesenta por ciento. Muy alto para un establecimiento mixto donde las reglas no permitían la automedicación por parte de los estudiantes. Mina acostumbraba a ir al de los Omegas, ese día escogió uno mixto, si tenía un poco de suerte podría pelear con un beta a lo mucho. Una hora practicando posturas, haciendo carreras hiit y al acabar, las gotas de sudor ya estaban corriendo por su frente. Ahora venía lo difícil, pelear. Los sacos de box siempre estaba en la zona de los alfas, pero en los mixtos, ahí podía golpear sacos el triple de su peso. 

 

—Si sigues así, vas a romper el saco. No creo que te guste limpiar la arena, la última vez Midoriya rompió uno. Aizawa lo obligó a recoger cada grano de arena. Fue una pesadilla, tuve que ayudarlo con Iida. Los sermones de que debía controlarse a sí mismo fueron la guinda del pastel—Todoroki apareció comiendo un chicle, Mina se detuvo. Sus mejillas estaban tan rojas que hasta en su piel rosa se podía ver ese tono. Su boca estaba seca, mientras Todoroki seguía caminando hasta ella, fue hasta una mesa donde había varias botellas de agua. Bebió mientras el alfa masticaba suavemente. 

 

—No creo tener la fuerza suficiente para hacerlo—se mofo, el agua bajó por su garganta. Fue agradable sentir un poco de aire frío mientras un purificador tomaba todas sus feromonas exaltadas. 

 

—Yo creo que sí, sólo tienes que enfocar tu instinto. Todos aquí se llenan la boca con que nosotros los alfas somos seres superiores. Pero la verdad es que tienen miedo—Mina se detuvo. Todoroki siguió—. Los omegas tienen un instinto llamado súplica. Es algo primitivo pero es lo mismo que la voz del alfa, la única diferencia es que radica en la fuerza de voluntad. El sábado en la noche, cuando fuiste a la habitación de Kirishima, sentí la ira de sus feromonas en tu piel. Podría apostar a que no sabías cómo habías desobedecido la orden que te dió. 

 

—¿Cómo lo sabes?—Todoroki se acercó a la mesa, el calor que emanaba era tan fuerte que podía sentirlo en su piel. Todoroki era alto pero no intimidaba con ello, al contrario, se sentía segura. Y mucho más por su olor, suave para ser de un alfa. A Mina, le recordaba cuando ella y su madre iban a la playa. El olor del océano, de la arena y las brisas que movían con gentileza su cabello. 

 

—Mi nariz es demasiado sensible, siempre siento los olores de las personas más que los demás. Y en la mañana, cuando te hablé sobre los bozales y las marcas, él estaba ahí. Enojado, podía sentirlo aunque en su cuello usará un supresor—Mina no se había dado cuenta de ello—. Le gustas mucho pero está obsesionado con Bakugō, y eso lo hace un poco peligroso. Más porque siente la obligación de llevarlo por el "buen camino". Sin saber bien que Midoriya está en un punto muy complejo. 

 

—Sabes sobre él, ¿no es así?

 

—Me enteré cuando una vez fueron él y Bakugō a mi casa, en la cena uno de sus supresores se venció. Nadie dijo nada, incluso mi viejo se dio cuenta. Para nadie es relevante que sea omega, más que para los medios de comunicación que no saben cuando parar—Mina no sabía que decir, que Endeavor lo supiera y no dijera nada, era un atisbo de esperanza. Demostrando que no todas las personas de ahí afuera la veían como un producto—. Ashido, no quiero molestar, pero me gustas mucho, y Kirishima también siente lo mismo. Pero la diferencia es que él está obsesionado con las éticas sociales mientras que a mí me dan lo mismo.

 

Tan directo. 

 

—Pero, ¿estarías con una persona que no es virgen?—Mina nunca había estado con alguien, pero deseaba probar la respuesta física de Todoroki a ello. 

 

—La virginidad no existe—Shoto se acercó, los cabellos de Mina estaban desordenados en su rostro, en sus mejillas rojas. Los ojos heterocromáticos la vieron de una manera tan gentil que sintió su pecho paralizarse de la emoción—. La virginidad es solo una limitación social para mantener controlados a los omegas con temor, pero controlar a las personas con miedo es un arma de doble filo... Ellos querrán morder la mano que les hace daño y una vez descubran cómo hacerlo, nada realmente podrá detenerlos. Mina eres una Omega que podría tener al mundo en la palma de su mano si lo quisiera. 

 

—¿A qué te refieres?—Shoto se acercó aún más, la diferencia de altura los atraía como imanes. 

 

—Eres fuerte y carismática. No necesitas nada más para demostrar lo que realmente vales—Mina había visto sonreír a Shoto pero lo que estaba viendo en ese momento era una sonrisa única. No muy pronunciada, ni mucho menos llena de entusiasmo. Una leve curva que solo evocaba una sensación de calma, ahora entendía porque le recordaba a la playa sus feromonas. Eran calmadas, como si estuviera descansando segura en sus brazos. Quiso abrazarlo, solo para sentirse segura. Y lo hizo, su metro sesenta contra el metro noventa y dos de Shoto. Enterró su rostro en el pecho contrario, se sentía un poco culpable pero la seguridad que le entregaba Shoto era increíble, impagable. Se alejaron, Mina se distanció unos centímetros y siguió con su entrenamiento. Shoto se sumó y la ayudó con el box, ambos lo disfrutaron mucho. Ensimismados en solo los dos, nadie más. Mucho menos en Kirishima que estaba viéndolos entrenar y jugar entre ellos. Si no fuera por el purificador de feromonas, ambos hubieran terminado en celo. 

 

Y Kirishima lo sabía, porque sus feromonas eran compatibles. 

 

...

 

"¿Los amigos pueden follar sin involucrar sentimientos? Por supuesto. Entonces, ¿por qué unos rivales no podrían hacer lo mismo? ¿Cuál es la maldita diferencia? Ninguna" 

 

Katsuki pensó así, Izuku tenía mejor semblante mientras le mostraba en el calendario cuando serían sus próximos celos. Aunque estuviera con el trasero al aire, la confianza que había entre ambos era tanta que no era importante verlo semidesnudo. Lo más importante era cuadrar todo, seguían estando en la carrera de ser héroes, aún tenían mucho por delante. Relajarse porque se habían masturbado mutuamente, no era relevante. Ambos se habían sentido bien, ambos estaban tomando nota de los horarios y los días que podía ocupar, de los lugares que usarían y lo más importante de lo que estaban dispuestos a hacer. Los dos tenían claro que el amor no era parte de esto, el amor para un héroe era sinónimo de debilidades innecesarias. Y más cuando ambos eran héroes, el amor estaba prohibido antes de hacer el trato y seguiría siendo así. Era un secreto de los dos, debía ser así aunque las personas de su alrededor sospecharan algo. Y lo más importante, el secreto de que Izuku era Omega debía seguir siendo un secreto. Eso era lo más importante para ambos, para Izuku porque no quería ser reducido a una incubadora y a Katsuki porque sabía que las personas de su alrededor no tomarían en cuenta nada de lo que su rival había hecho a lo largo de los años. Solo se enfocarían en que era un Omega. 

 

Ese domingo después de organizar el horario y mientras todos estaban fuera, Katsuki fue el primero en salir de la habitación de Izuku. Con celular en mano corrió hasta su habitación, tenían que bañarse y quitarse el olor a sexo que ambos exudaban. Al tomar sus cosas, fue hasta el baño de los alfas, se aseguró de que no hubiera nadie y le envió un mensaje a Izuku. El Omega se demoró solo tres minutos en llegar con sus cosas, al hacerlo, Katsuki cerró la puerta del baño con un trozo de cartón doblado. Se lavaron los dientes al mismo tiempo, hicieron lo mismo en las duchas solo que lejos. El agua poco a poco se fue llevando la evidencia de que ambos habían estado juntos en su habitación, el primero en terminar con su rutina de limpieza fue el alfa. Para ellos era mucho más fácil, los omegas tenían que usar implementos en su piel para no secarla con los cambios bruscos de temperatura y feromonas. El jabón que barría con sus feromonas tomaba un tiempo en hacer efecto, así que cuando Izuku salió con la toalla en su cintura, Katsuki estaba poniéndose en su cuello un parche supresor. La única intención era que los demás no sintieran la intoxicación de feromonas en su cuerpo, porque lamentablemente aunque estuviera usando ese parche en su cuello, seguía oliendo el suave aroma de Izuku, mezclado con el suyo. Al pensar en ello, sus mejillas se tornaron rojas. 

 

Fue suerte que su cuerpo no reaccionara al celo de Izuku, mucha suerte. Porque nunca en sus dieciocho años, con sus noventa y dos kilos de músculos encima, había sentido tal sensación recorriendo su cuerpo. Ni siquiera un celo lo había hecho jadear sobre el cuello de alguien, Izuku tampoco lo había puesto así antes. Incluso cuando en secundaria más de una vez estuvieron en situaciones comprometedoras, nunca. Quizá la madurez de su cuerpo había llegado, quizás tenía que ver su linaje lleno de betas siendo el primer alfa de la familia. No lo sabía, pero perder el control de una situación era desesperante y le dió mucho miedo. Por eso había acordado que usaría bozal la próxima vez, solo tenía que solicitar uno en la enfermería.

El gobierno siempre estaba dando su imagen positivista sobre la educación sexual en los establecimientos educativos, entregando todo tipos de implementos para asegurar una convivencia saludable y una relación sana con el desenvolvimiento sexual de los jóvenes. Recovery girl siempre estaba entregando condones, pastillas anticonceptivas, supresores de parches, supresores en pastillas, supresores en supositorios, condones femeninos, copas menstruales, toallas higiénicas, tampones, bozales, collares antimordida, collares supresores y pastillas abortivas; aunque las últimas requerían un permiso en conjunto con exámenes médicos, todo en caso que el aborto fuera imposible con pastillas. 

 

Katsuki nunca había ido a dónde la mujer de mediana edad pero Sero siempre hablaba sobre ella. Después de todo, tenía experiencia pidiendo condones y bozales.

 

Izuku se vistió y para cuando salieron de los baños, Kaminari estaba en la sala común con Koda, hablando de una nueva ley de reinserción criminal. Katsuki escuchó en silencio mientras iba de lleno a la cocina con su bolso en el hombro, Izuku hizo lo mismo que él, se preparó un buen desayuno, aunque ya era más de medio día. Mientras lo hacían, poco después llegó Hatsume preguntando por Sero. Era increíble lo rápido que corría Hanta cuando se trataba de la chica de cabellos rosa. 

 

—Kacchan, ¿quieres la salsa picante para tu sandwich de carne?—Katsuki asintió mientras Izuku le arrojaba la botella de cristal, prometieron actuar normal y eso es lo que iban a hacer. 

 

Izuku preparó para él cuatro sándwiches de aguacate con un batido de proteínas y fruta. En cambio Katsuki preparó dos sándwiches de carne con una ensalada de rúcula y brócoli crudo. Ambos estaban hambrientos. Mientras comían, hablaron sobre el estilo de las explosiones localizadas, Katsuki tenía en mente un poco de material de apoyo. Las granadas eran una muy buena idea pero después de que casi se quebró las muñecas tratando de controlar una explosión muy grande, decidió que sus granadas estaban fuera hasta que pudiera controlar mejor la fuerza. Izuku tenía en mente unos guantes similares a los suyos, que fueran capaces de guardar solo la fórmula de nitroglicerina en los guantes, haciéndolos más fuertes en las palmas sin necesidad de guardar todo el sudor de sus manos en los antebrazos. Todos estaban muy tranquilos en sus asuntos hasta que llegó Kirishima, la evidente molestia en su rostro hizo que Katsuki dejará de prestarle atención al cuaderno de Izuku. Las feromonas de ira en su cuerpo eran increíblemente agresivas. 

 

Kirishima comenzó a caminar hasta la cocina, ignoró a Katsuki e Izuku para tomar un poco de agua, el golpe que le dió al refrigerador enojó al alfa rubio. 

 

—¡Ten más cuidado a la otra, pelos de mierda!—Kirishima se detuvo, Katsuki pudo ver sus colmillos afilados saliendo de sus labios. Definitivamente no estaba bien. 

 

—¡Qué sabes tú de cuidado!—gruñó, fue un gruñido de desafío. Katsuki no solía responder a los desafíos que sus contrapartes le desafiaban, porque era una pérdida de tiempo. Pero algo en los ojos rojos de su amigo le decía que debía aceptarlo. 

 

—Hey, ya basta chicos. No es momento de pelear—Kaminari trato de intervenir, tomó el brazo de Kirishima para sacudirlo levemente y hacerlo entrar en razón pero el alfa lo empujó tan fuerte que Shinso, que estaba descansando en la sala común observando todo en silencio, intervino evitando que Kaminari cayera al suelo. El rugido de Shinso desvío la atención, Kirishima observó los ojos índigo. Sin embargo, un momento después, Shinso usó la voz de alfa. 

 

—Suficiente, arrodíllate y mira el suelo hasta que calmes tu ira. 

 

La voz de alfa de Shinso era potente, no solo porque era un alfa puro, sino que combinaba su voz de alfa con su particularidad para hacerla poderosa contra villanos, que en su mayoría eran alfas. Kirishima se cayó de rodillas y pegó su mirada en la cerámica del piso de la cocina. Comenzó a temblar cuando su mente evocó todas esas veces dónde su padre obligaba a su madre a hacer lo mismo, a mantenerse sumisa. No sabía cómo lo sentían los omegas pero en sus huesos era como perder la noción de caminar, saber hacerlo bien pero no poder porque una fuerza injusta y superior no se lo permitía.

 

Era aterrador. 

 

Katsuki siempre consideró a Kirishima una parte importante de su grupo de amigos, no estaba al nivel de Mina, pero le gustaba mucho estar con él. Verlo así, no era de su agrado y más por el hecho que estuvo a poco de iniciar un desafío*. Él no era así. Izuku se acercó hasta Kirishima, todos quedaron mirando la situación mientras que el "beta" dejaba caer su preocupación en los ojos rojos. El alfa levantó la vista hasta alcanzar los ojos verdes, no lo entendía pero que Izuku no fuera agresivo después de pensar cosas horribles sobre él... Lo hacía sentir enfermo. Shinso rompió el comando de voz y sacó a Denki de ahí, el Omega rubio estaba temblando mucho. 

 

—¿Estás bien?—Izuku fingió que no podía oler la ira por parte de Kirishima, el alfa bajó la vista y sin decir una palabra salió de la cocina. Katsuki lo siguió, tomándolo del hombro. 

 

—Hey, ¿qué mierda te está pasando hoy?—Kirishima hubiera deseado decirle muchas cosas, pero todos estaban ahí, mirándolos. No podía hacerlo, trató de sonreír mientras retenía sus feromonas. El alfa de cabellos rubios le creyó, era un mentiroso. E Izuku se dio cuenta de ello, algo estaba mal y tenía que ver con Katsuki. No es que fuera de su incumbencia pero le preocupaba. 

 

Katsuki más que nada. 

 

....

 

...

 

*Desafío: Pelea de alfas que culmina con una mordida en el cuello, sobre la glándula de feromonas. Las mordidas entre alfas son peligrosas, el veneno de los colmillos de los alfas solo es para los omegas. Si un alfa llega a marcar a otro alfa, podría llegar hasta matarlo.

Chapter Text

"Hazlo… ¿Por qué no hacerlo? ¿Por qué no controlar a alguien más cuando tienes el increíble poder de hacerlo? Tienes el regalo de la naturaleza en tus venas, deberías agradecerle a ella siguiendo el comportamiento que esperan de ti."

 

 

El alfa sucio que consiguió ser parte de la realeza. El alfa que nunca debió tener el poder en sus manos, un esclavo nacido para ser príncipe. Un alfa que aunque nunca estuvo en sus genes serlo, se convirtió en algo más grande que sus compañeros de casta. 

 

Sus padres cuando lo tuvieron en sus brazos por primera vez, se sorprendieron por lo grande que era, pero más allá de eso… Fueron los exámenes que le hicieron para identificar su género secundario lo que realmente los sorprendió. Todos esperaban a un beta, mas en la hoja al lado de su nombre estaba clara la α de alfa y junto a ella, un prime perfecto. ¿Cómo un bebé nacido de dos betas podía ser un alfa prime si solo los progenitores de puros nacían así? Nadie lo sabía pero lo mejor era mirar de cerca la anomalía porque los alfas prime eran una parte muy reducida de la población pero con su enorme destreza y fuerza destacaban aún más que los de su casta. Masaru y Mitsuki temían que el pequeño Katsuki fuera alguien inestable.

 

Lamentablemente, todos sus temores fueron acertados. 

 

El pequeño idolatrado por todos era tan inestable que sus colmillos salieron antes que la media común. Con cinco años apenas aprendiendo de qué iba la vida y un parche en su cuello, las explosiones salieron de sus manos en pequeñas proporciones. Inestable y destructivo como lo decía su particularidad, pero el problema era que por mucho que fuera superior a los demás de su clase, detestaba lo que debía hacer.

Su primer examen final era morder a una niña que no conocía de nada, era seguro, decían. Todavía en sus colmillos no estaba presente el veneno que fuera capaz de formular el enlace de emparejamiento. Pero Katsuki, con cinco años y una particularidad llamativa y el apoyo de todos a su alrededor, tenía miedo de hacerlo. 

 

La niña que estaba frente a él, una Omega que estaba presentando con orgullo su cuello sano, le sonreía a la vida sin saber que el ritual que estaban aprendiendo en algún momento de su madurez la iba a atar de manos a una persona que quizás no la querría tanto como esperaba. Con sus rodillas pegadas al suelo, y la boca seca en la sensación asfixiante de posar sus labios en el cuello contrario. Se sintió ahogado. Todos lo habían hecho con éxito, los omegas sangraban mientras que los alfa saboreaban la sangre de la casta más débil. 

 

Katsuki estaba aterrado, ¿por qué tenía que hacerlo? ¿Por qué todos lo encontraban tan normal cuando era algo sumamente aterrador? No lo sabía, pero le tenía más miedo a la idea de perder así que con sus entrañas revueltas en el peor de los sentimientos, se inclinó sobre su cuerpo, junto saliva suficiente en su boca como le habían enseñado y abrió la boca para morder con fuerza. Ella se quejó al mismo que se puso a llorar, gritando de dolor, como todos los omegas al momento de recibir su primera mordida. Katsuki la sintió temblar, la sintió llorar y más aún… Llamarlo una bestia insensible.

 

Si, se sentía bien tener todo el poder de su lado y más ser lo que nadie esperaba de su parte, pero también podía verlos a ellos como nadie más lo hacía. Los omegas a su alrededor eran tan insoportables, todos apestando a una dolencia que no podía dejar ir. Siempre quedándose en su cabeza, acallando las alabanzas que lo hacían sentir increíble. Los comenzó a odiar, los débiles que no luchaban en contra y que solo se quejaban a través de las feromonas. Así fue hasta que Izuku apareció en su radar, el Omega incompleto que apestaba a mierda seca. Estaba sorprendido, iba en contra de todo aunque fuera más débil. Era un omega tan increíble que también comenzó a temerle. Y ese miedo, lo consumió de una manera que no esperó.

 

El tiempo los acompañó, pasó un verano con él siendo su amigo, sorprendido por ser fanático de Allmight. Ninguno de sus compañeros alfas quería tanto a Allmight como el Omega que apestaba. Pero nadie podía verlo con él, no cuando todos lo odiaban por ir en contra. Todo el tiempo después fue como un ruido sordo, todos a su alrededor sufrían tanto que les tenía un poco de lastima. Todos en un tren hacia la ruina. Hasta que un día se dio cuenta que ellos eran una mierda. Los alfas, a aquellos que nunca sería capaz de perdonar.

 

...

 

"¿Por qué peleas si vas a sufrir de esta forma?"

 

Eso fue lo que dijo. Como era costumbre, Izuku estaba encerrado en el baño de los varones omegas, era un baño privado donde los alfas no podían entrar porque estaba prohibido por reglamento. Algunos de ellos no sabían conocer los límites a la hora de molestar, sobretodo los conocidos de Katsuki. Fue una tarde de viernes, y cuando entró... Ahí estaba Izuku, pegado al suelo del baño, mojado hasta los huesos con agua de lo que seguramente era el inodoro. Sus manos temblaban tanto como el frío del invierno a las afueras del establecimiento, lo primero que hizo Katsuki al entrar fue buscar algo blanco en sus ropajes, cualquier olor extraño. Pero sus compañeros de clase aún no lo consideraban digno de abusar sexualmente. Solo lo tenían así, contra su voluntad en el piso mientras le decían lo inútil que era por ser un Omega quirkless y aún así desear ser un héroe sin obedecer las reglas de ética. Fueron minutos horribles donde Izuku alcanzó a verlo, verde en agonía contra el rojo fuego de sus ojos. Al ver que Midoriya no miraba el suelo, uno de ellos fue desabrochándose el pantalón. Apenas tocó su miembro, Katsuki usó la voz por primera vez en su vida.

 

—Suficiente de esta mierda—Todos se detuvieron, el líder del grupo observó a Katsuki, en su expresión había evidente diversión. Era burlesca, siendo lo único que le quedaba. Abusar de su poder biológico porque debajo de su uniforme negro habían montones de hematomas, perfectamente hechos por los puños de su padre abusador. 

 

—¿Qué? ¿Lo harás tú? Si está tan sucio como un inodoro, lo mínimo sería darle lo que quiere, ¿No? Vamos, hazlo tu Katsuki. Orina toda su puta cara—el comando de voz se rompió, Izuku pudo moverse y comenzó a llorar. Tan fuerte que el silencio que había provocado Katsuki con su propio comando se vio interrumpido por su llanto. Era asqueroso el olor que desprendía, tanto que Izuku con sus trece años, parecía de setenta años. A un paso de morir de la vergüenza—. ¡Vamos, orina encima de él! ¡¡¡Es lo que se merece por ser un Omega quirkless!!!

 

El asco que sentía Katsuki por la escena estaba carcomiendo su poca paciencia. Con las ganas de acabar con él en el fondo de sus nudillos, se acercó y tomó a Izuku del brazo sacándolo del baño. La pared de feromonas que cruzaron al salir hicieron que Izuku se sintiera cerca de su primer celo. Mojado, odiando su cuerpo por rendirse a los pies de sus abusadores y con una mano caliente tomando su brazo, casi tan grande que podía rodear su extremidad con facilidad. Se quería morir y no es como si Katsuki no se lo hubiera dicho antes. ¿Por qué lo estaba ayudando? No tenía sentido. Katsuki, sintiendo todos sus sentimientos a flor de piel, lo arrojó contra una pared en el pasillo. Cómo era el final de la jornada, no había nadie en los alrededores. Solo unos cuantos alumnos que poseían talleres, mas a nadie le importaba que un alfa tocara a un Omega de esa forma. 

 

—¿Por qué peleas si vas a sufrir de esta forma? Eh, responde Deku de mierda—el Omega juntó las pocas fuerzas que le quedaban y levantó su mirada, Katsuki no estaba desafiándolo de ninguna manera pero había algo en su postura que le decía que debía ser precavido. Que no debía confiar en el confidente de sus abusadores. 

 

—Yo quiero ser un héroe, si no me defiendo aquí y ahora. ¿Cómo se supone que salvaré a otra persona el día de mañana?—aunque estuviera temblando por verlo a los ojos, deseando no sentirse inferior, Izuku tenía la valentía de responder. Katsuki le tenía miedo a esa fuerza pero al mismo tiempo la admiraba. Chasqueando su lengua, dejó a Izuku ahí. Solo. El Omega cayó sobre sus rodillas y se puso a llorar apenas el alfa dió vuelta en uno de los pasillos para bajar por las escaleras. 

 

Katsuki sabía que ellos irían de nuevo por él, porque el alfa que iba a orinar a Izuku era así. Nunca dejaba un asunto sin resolver. Esa tarde mientras Izuku iba a casa con la espalda mojada y las mejillas regordetas llenas de sus lágrimas, hizo algo por él. Amenazó a Shiseo, el alfa que siempre hacía a Izuku arrodillarse los viernes por la tarde en los baños. Siempre avanzando hasta alcanzar los peores límites. Izuku nunca entendió porque Shiseo ya no lo veía a la cara después de ese día, pero si Katsuki no hubiera intervenido, la próxima vez el Omega no habría podido recuperarse, el alfa habría traspasado el último límite posible del abuso.

 

Los meses pasaron y Katsuki fue atacado por el villano de lodo, Izuku no pudo evitar sentir ese deseo de heroísmo en su interior y lo trató de salvar aunque fuera omega y un quirkless en una sociedad que lo hacía ver cómo invisible, solo fiel a los alfa para ser una máquina de sumisión. Allmight lo vio cometiendo tal hazaña, y quedó anonadado por la fuerza abismal del chico. Si el chico siendo solo un Omega quirkless podía luchar con sus mínimas fuerzas en contra de alguien que evidentemente le ganaba, las hazañas que haría con el OFA serían memorables y quedarían grabadas en el tiempo.

 

En un principio no le tuvo mucha fe al muchacho delgado que siempre lloraba por todo, pero los meses de entrenamiento se dieron con grandes frutos. Había escuchado una vez de su maestra Nana, que los omegas hacían cosas increíbles por sus sueños, entre ellos ignorar con suma fuerza de voluntad su género secundario. Toshinori nunca lo había visto, pero el muchacho que limpió la playa en solitario era más que un Omega común. Era su heredero. 

 

La UA le dió golpes que nunca pudo anticipar, la poca fe y el constante ataque de los villanos casi lo derriban. Pero salió adelante, fingiendo ser beta y cometiendo enormes sacrificios para lograrlo, cuestionando todo a su alrededor. Como debía ser. Aún así, Katsuki Bakugō estaba alrededor suyo, como un submarino en el radar, cada vez más cerca sin llegar realmente a colisionar. Un alfa con gran particularidad, brillante por su enorme inteligencia pero con un ego que iba más allá de sí mismo. Toshinori los vio pelear, y se dió cuenta que Katsuki había sido la única persona que realmente le temía a la fuerza de Izuku porque en el fondo de su alma sabía que él sería capaz de conseguir todo lo que se proponía.

 

Alucinante de no ser por ese sentimiento de inferioridad marcado. 

 

Pensó que su amistad quedaría ahí, estancada hasta que los vió progresar juntos, luchar para conseguir lo que ambos deseaban. El joven Midoriya vio en el joven Bakugō lo que muchos querrían en el bando opuesto, un rival. Sin embargo, su rivalidad no era como muchos la esperarían. Comenzaron a progresar de tal manera que ambos se mantuvieron orbitando, tan cerca que en más de una ocasión Allmight pensó que quizás el símbolo de la paz debía tener dos puntos de enfoque. Formulando una alianza que el tiempo no podría romper, solo los sentimientos. Pero no los veía capaz de cruzar esa barrera tan delicada como lo había hecho su maestra y Gran Torino. Le quedaba poco tiempo y al menos antes de partir, esperaba que Katsuki e Izuku fueran héroes. Deseaba ver a sus herederos brillar, nada más. 

 

 

Arreglándose la corbata frente al espejo notó que sus ojeras ya no estaban bajo sus ojos. El moño mal arreglado destacó en su cuello al mismo tiempo que la sensación fantasma de la lengua húmeda y caliente de Katsuki llegando hasta sus nervios. Presentar su cuello en el pasado siempre había sido una experiencia traumática, nunca imaginó que la misma con una persona que le había hecho daño se sintiera bien. Se sentía tan afortunado de tener a Katsuki de su lado, ayudándolo con su género secundario. "Son cosas que hacen los rivales, ayudarte con tu cuerpo no tiene porqué ser algo romántico o de cortejo. Solo somos dos rivales que decidieron ignorar las reglas comunes de nuestros géneros secundarios. No hay mucha ciencia en ello, Deku." Los ojos de Katsuki siempre estaban tan apagados cuando una Omega o una persona le hablaba sobre sexo y ahora parecían arder. Izuku se sentía un poco mal sabiendo que lo estaba usando para mejorar pero si él se sentía bien, lo disfrutaba y estaba de acuerdo con ello…

 

¿Qué tan mal podía salir todo?

 

Después de todo los dolores y el mal olor comenzaron poco a poco por no obedecer a los niños alfas de su alrededor, pero sin duda empeoraron después de enfrentarse a Shigaraki. Lo que había estado negando desde años, se presentó frente a sus ojos. En su cabeza solo estaba la imagen de Gran Torino muriendo por culpa de esos puños crueles y llenos de sangre, el OFA en su cuerpo no le obedeció y lo siguiente que pudo recordar fue a Katsuki encima suyo en el hospital, gritándole un montón de insultos para que abriera sus ojos de una vez por todas mientras las enfermeras trataban de retenerlo. Por supuesto, los abrió y con ellos la verdad lo abrumó. Había derrotado a Tomura de una forma increíble… Sin embargo, estuvo dos semanas en coma por culpa de las costillas rotas, de sus órganos reventados y la sensación de hundimiento en su pecho. De alguna forma nadie se había enterado que era Omega pero lo que más le sorprendió fue que en las noticias estaba él, junto a Katsuki, derrotando a Shigaraki sin siquiera pestañear. Su cabeza no podía evocar recuerdos de esa pelea, solo la sensación de perder por completo el control del OFA. De sus sentidos, de la manera en que su Omega interno se escondió dentro de su cuerpo aterrado por algo que no podía recordar. 

 

Toda su vida retuvo su lado Omega y después de ese momento, los dolores comenzaron a ser mucho más intensos. Comenzó a apestar, a deambular en el perfecto estado de dolencia. Su madre, aunque no estuviera de acuerdo con que fuera héroe, respetaba sus decisiones y lo llevó a un médico especialista en padecimientos de omegas. El doctor fue tajante, tanto que la propia voluntad de Izuku lo abandonó cuando más la necesitaba. Dolores, celos intensos que eran una pesadilla real en sus músculos y la constante miseria de no poder mejorar por sí mismo. Dios, cómo deseaba ser un beta de verdad. Tanto tiempo perdido por negar lo evidente. 

 

Por negarse a sí mismo ser un Omega. 

 

Katsuki estaba ahora con él, de alguna forma increíble habían llegado al lugar donde podían confiarse hasta sus cuerpos... El alfa sin sentimientos que lo miraba desde una esquina en los baños mientras sus "amigos" le hacían comandos de voz para que quedara con la vista pegada al suelo. Nunca involucrado en ello, nunca tocándolo y siempre quedándose hasta el final. Hasta ese día que lo salvó de Shiseo. Callado en un sentimiento que nunca pudo descifrar y aunque lo hiciera, tenía miedo de que fuera odio. Aún después de todos los abusos que había sufrido de su parte, la sola idea de que Katsuki lo odiara le incomodaba. Podía enfrentar la idea que le poseyera asco por ser un quirkless y un Omega, pero odiarlo por ello. No. Aún recordaba al pequeño alfa que se sorprendía por lo mucho que sabía sobre Allmight, el alfa nacido de dos betas. El alfa que a veces se perdía entre clases porque algunas omegas ofrecían sus cuellos. Izuku en secundaria pensaba que él se perdía entre ellas, como todos los alfas de su clase. Apestando a sexo. Pero no era así, se les quedaba mirando mientras se retorcían en el piso pidiendo su nudo. Izuku lo vio algunas veces detrás del gimnasio, diciéndole a las omegas que lo dejaran en paz. Ellas arrodillándose en frente suyo, casi tocando hasta que él las miraba con ese tinte intimidante que ellas deseaban aún más. Minutos ahí, viéndolas suplicar. Siempre las abandonaba, sin ninguna reacción en su cuerpo. Cualquier alfa mínimamente sentiría sus colmillos secretando veneno. 

 

Nada, Katsuki no sentía nada. 

 

Por eso cuando le ofreció ayuda, Izuku pensó que sería algo frío y sin alma. Que solo estarían pegados por unos minutos intercambiando feromonas antes de separarse y ser perfectos extraños. Que sus feromonas se sentirían falsas, pero eran genuinas y se sentía tan bien que por primera vez en mucho tiempo olvidó todo el dolor. Con su aliento en el cuello y las feromonas dándole justo en su glándula, se sintió como un dios adorado. Pero solo fue por ese instante, una fracción de tiempo completamente eufórica que lo hizo ser solo un Omega. Sin miedo, sin héroes, sin peligro. Él tenía el talento y la confidencia de rivales. Era perfecto, lo que necesitaba para creer que podría con todo referente a su molesto género secundario. No existía palabra existente en la vida para describir lo feliz que se sentía al saber que otra persona podría ayudarlo con ello. 

 

Y aún más, que esa persona fuera Katsuki. 

 

Ahora seguían intoxicados por las feromonas pero encontrarse de camino a las clases fue diferente, en los ojos rojos de Katsuki había un sentimiento de preocupación y al mismo tiempo de desafío y gusto. Podía saber lo que estaba pensando con sólo el gesto de sus manos al pasarle las guías de evaluación para la siguiente prueba. Algo que solo ellos dos compartían, algo que como rivales habían aprendido con el pasar de los meses. Sin palabras que fueran intermediarias, solo ese gesto y era momento de verse después de clases para entrenar los movimientos conjuntos de ataque. Debido a que su estado no había sido el más adecuado en los últimos meses, tenían una agenda muy ocupada. El tiempo que iban a pasar juntos era mucho más que antes, y la verdad, no le molestaba en lo más mínimo. 

 

Las clases pasaron desde la teórica hasta una visita en el taller del departamento de apoyo, Katsuki hizo unos ajustes en su traje mientras que Izuku no cambió nada. Hatsume les hizo una charla sobre los costos de los trajes en el futuro, que una vez la UA los dejara de avalar económicamente, los arreglos de los trajes no serían gratis. Igualmente dejó en claro también que los alfas tenían una subvención del gobierno, mientras que los omegas no. 

 

No era un misterio, los alfas ganaban mucho más dinero que los omegas. Usualmente era mal visto que un Omega fuera demasiado exitoso, porque eso solo decía que había hecho favores sexuales para obtener la comodidad económica. Izuku cómo beta ante los ojos de la mayoría de los héroes y gran parte de los documentos oficiales, recibía la misma cantidad de dinero que los alfas. Después de todo, en tercer año las pasantías eran pagadas por el superior a cargo. Endeavor lo había mantenido bajo su yugo desde segundo año, y seguiría siendo así. 

 

Enji quería a Izuku, Katsuki, Shoto y Shinso en su agencia. Los primeros tres por el buen potencial que poseían y Shinso por lo versátil que era su particularidad para atrapar villanos en extremo peligrosos. Shoto no estaba seguro de aceptar la oferta de su padre, Katsuki la había aceptado porque el dinero era bueno e Izuku, deseaba tener su departamento antes de los veinticinco años. Trabajando unos años con Endeavor lo podría lograr; y después finalmente lograría independizarse. No quería estar mintiendo para siempre sobre su género secundario, sabía que en algún momento tendría que decir la verdad. Solo esperaba que cuando ese momento llegara, las personas lo quisieran lo suficiente para perdonarlo por mentir.

 

...

 

Katsuki observó el bosquejo del arreglo que Hatsume le haría a sus guanteletes, no era muy partidario del negro con cruces naranjas neón pero si ella lo consideraba mejor, lo aceptaba. Después de todo la Omega era talentosa hasta para crear una cafetera lo suficientemente inteligente para hacer café al mismo tiempo que hielo de leche para enfriarlo y en un formato compacto de sólo trescientos gramos. Mientras esperaba, observó a Izuku en una esquina del taller anotando ociosamente en su cuaderno. Le había pedido que se vieran después de clases porque tenía ganas de entrenar. Deseaba ver qué tan oxidado estaba. 

 

—Muy bien, estos bebés serán una pasada cuando estén listos. En la semana los tendré operativos para tu nuevo traje—Katsuki asintió desinteresadamente mientras su celular vibraba en su bolsillo, con el ceño fruncido leyó el mensaje de la enfermería. "Estudiante: Katsuki Bakugō, alfa/dieciocho años de la clase 3A, su solicitud de los artefactos: bozal de cuero, condones para alfas y collares antimordidas, fue aprobada por Recovery Girl y el profesor Yagi Toshinori. Recuerde buscar los implementos durante los recesos del medio día o al finalizar las clases en un plazo de tres días a partir de este mensaje. Atentamente, Chiyo Shūzenji, jefa de enfermería en la UA."

 

Mierda, Katsuki casi rompe su celular al leer el nombre. Se le había olvidado que los profesores también aprobaban las solicitudes, Aizawa hubiera sido la persona ideal porque no sabía sobre Izuku y tampoco hacía preguntas incómodas sobre sus relaciones… Si Allmight lo sabía, malinterpretaria todo y no quería la típica charla de padre preocupado. No había nada de lo que preocuparse, nada. Solo estaban ayudándose mutuamente. 

 

La campana del receso de medio día sonó al mismo tiempo que todos dejaban sus avances en el taller. Como era costumbre, Sero, Kaminari, Mina y Kirishima se le pegaron para ir a almorzar al casino. Tenía cuarenta y cinco minutos para ir en busca de las cosas a la enfermería. El problema, despegarse de los idiotas que no lo dejaban en paz. 

 

Cuando iban de camino, Kirishima lo observó dubitativo, podía sentir la mirada roja pegada en su cuello, estaba a un segundo de decirle algo pero parecía retenerse a sí mismo. No entendía lo que le estaba pasando pero era como haber perdido una parte importante del ruido sordo que acostumbraba oír. Detuvo sus pasos, todos se dieron la vuelta para mirarlo pero él solo observó los ojos de Kirishima. 

 

—No te guardes la mierda y dime qué te está pasando. Desde hace unos días estás jodidamente raro—los aromas de ambos se mezclaron en las palabras, la estabilidad de Katsuki siempre había sido perfecta hasta que pudo ver las dudas en los ojos de su oponente. "Es un alfa sensitivo, alfas superiores que no se dejan llevar por feromonas. Que siguen sus sueños y convicciones sin considerar las emociones destructivas." Pensaba Kirishima mientras lo veía, y se preguntó porque tenía el miedo calando hasta sus huesos. Porque los ojos rojos que siempre fueron amigables ahora eran tan afilados que su lado alfa clamaba por un desafío en honor a su orgullo pisoteado. Y su aroma… ¿Por qué era tan diferente?

 

—No sé de lo que estás hablando, bro—Las manos de Katsuki estaban en los bolsillos de sus pantalones, la nitroglicerina de sus palmas pululaba en su piel. Mina al conocer bien a sus amigos y el alcance de sus orgullos, se acercó hasta Katsuki para desviar la atención de los ojos de Kirishima, porque en el pasillo estaban ya acumulándose varios alumnos, curiosos por lo evidente. 

 

—¿Estás bien? ¿Quieres hablar de algo?—Kirishima observó como Katsuki se perdía en los ojos ámbar de Mina, una extraña bondad acompañando su típica molestia. El alfa de cabellos rubios ignoró sus pregunta, se hizo a un lado y dobló su camino hasta la enfermería. Nadie lo siguió. Era obvio que quería estar solo. 

 

Kirishima lo observó irse, entendía que debía hablar con él, que si no lo hacía, seguiría odiandose por fomentar la extraña brecha entre ambos. Esa que en cualquier momento podría explotar. Pero, ahora tenía miedo de la extraña fuerza en sus ojos.

 

 

La caja con condones, el bozal y los collares anti mordidas que le entregaron en la enfermería la guardó apenas pudo en su habitación, nadie lo siguió y nadie lo vio con ella en las manos. Lo más importante era que ya podían juntarse en la noche, solo un tiempo mientras Izuku recibía toda la carga de feromonas. 

 

Cuando fue a almorzar, habían pocas personas pero Shoto estaba hablando animadamente con Izuku en una de las mesas del casino. "Animadamente" era una palabra grande para el rostro del alfa de ojos heterocromáticos pero en él era impresionante no ver una expresión de póker. Quizás era por su plato semilleno de soba o porque Iida estaba comiendo en silencio mientras Ochako complementaba la escena con tranquilidad. Lo ignoró, no era su problema. Para comer, optó por una ensalada de fideos y un muslo largo de pavo, comió solo hasta que Izuku y Shoto se le acercaron sin preguntar a su lado. 

 

—¿Qué mierda quieren?—Shoto ofreció su mochi de matcha. Katsuki se lo negó. 

 

—No deberías comer solo, aunque hablar mucho también puede contraproducente para la digestión pero compañía es compañía. Y así se disfruta mejor la comida, además Iida y Ochako están actuando extraño, no sabría decir qué les ocurre—Izuku observó a Katsuki, solo dos segundos antes de recordar la mañana anterior. Ambos movieron sus cabezas con las mejillas un poco sonrosadas. Se tenían que acostumbrar, pero iban bien encaminados. Y más cuando Izuku movió ligeramente su zapatilla roja para alcanzar el pie de Katsuki, y él le respondió suavemente. Moviéndolo sin ser brusco, solo un movimiento frágil por debajo de la mesa mientras los tres comían. 

 

Y Shoto no dejaba de hablar sobre lo bueno y sano que era comer regularmente soba.

 

...

Chapter Text

"Tengo esta droga en mi cabeza, recorriendo mis venas como si ella tuviera un lugar a cual ir. Ella espera llorando que vuelva, que la envuelva con mis brazos, como cuando la naturaleza la deseaba."

 

 

Pelearse entre ellos siempre había sido una forma de canalizar su relación. Catarsis en sus venas. Comunicación física cuando las palabras no parecían fluir con sus emociones. Parte de pelear también significaba mantener confianza entre los involucrados, la confianza que pesaba en sus puños envueltos en vendas, lisos contra la tela por culpa de los golpes constantes. Listos para embarcarse en lo que sería su futuro. Preparándose al hecho de que compartían una misión en la vida aparte de ser héroes. 

 

Cada vez que enlazaban sus ideas en los entrenamientos para mejorar los movimientos lo hacían por ellos mismos pero al mismo tiempo por el sentimiento intenso de enorgullecer a Allmight. El hombre que los había guiado hasta lo que eran hoy, dos aspirantes a ser héroes en una de las mejores agencias en pie después de la masacre de hace unos meses. Con sus consejos haciendo eco en sus acciones, que cada día parecían ir más en curso, haciéndolos más humanos. Y más propensos a aceptar sus propios errores. 

 

Lo cual, era realmente increíble para ellos dos. 

 

Cuando eran niños, siempre lo habían visto como un hombre que podía con todos a su alrededor, que si él vivía para siempre, Japón nunca tendría que preocuparse en las noches por los invasores. Qué frágil era ese sueño. Su caída ante AFO dejó en evidencia lo inestable que eran las personas alrededor de sus figuras públicas. "Nunca consideres al ser humano un dios, ellos se equivocarán y serán tan frágiles como una hoja seca. En cualquier momento se podrían caer y quebrar hasta el polvo." Katsuki lo sabía, entendía que los héroes solo eran reflejos de los mayores miedos de las personas, ramificados en individuos con un sueño en común. Así mismo los villanos, en su mayoría siendo un producto de lo que algunas vez fue una irresponsabilidad. 

 

Izuku no pensaba tan así. 

 

Katsuki había sido una de las pocas personas que había visto el enorme potencial de Izuku al mismo tiempo lo increíblemente fuerte que era cuando se volvía feroz. No sabía con exactitud lo que le había dicho o hecho Shigaraki durante esa pelea hace unos meses, pero fueron unos mínimos segundos antes de que todo el OFA saliera en todo su esplendor, iluminando la piel de Izuku como si la recubriera, como si estuviera ahí para protegerlo del implacable villano. Nunca lo había visto así, ni siquiera respondía a su voz, solo atacaba como si su alma dependiera de matar a Shigaraki. La versión oficial de la policía y los medios de comunicación era que Tomura se había entregado, pero en realidad Izuku lo había dejado al borde la muerte. Katsuki lo detuvo de ese enorme arranque de furia, perdido sin plenitud de sus heridas fatales. Con los ojos hambrientos de sangre, Katsuki nunca en sus dieciocho años había sentido a su alfa temer hasta que Izuku se desplomó en sus brazos. Despojado de la típica energía, casi frío contra su traje. 

 

Estuvo pegado a la habitación del hospital cada día de su internado, mirando en silencio mientras Allmight le decía que debía ser fuerte. Que tan pronto como Izuku saliera de cuidados intensivos, podría cuidarlo. Katsuki nunca se había dado cuenta hasta ese momento que su mayor temor era perder a su rival, nadie lo conocía tanto como él. Nadie lo había visto ser la peor persona sobre la tierra hasta convertirse en alguien competente, siempre a su lado, siempre viéndolo con sus ojos, siempre hallándolo como su imagen de victoria. Katsuki no sabría cómo llamar al sentimiento pero caló en su estómago, llevando su corazón hasta donde se suponía no debía haber latido. Con esa imagen suya, con los tubos en su cuerpo. Con el respirador artificial, y con la certeza de que en cualquier momento podría morir si alguna de esas máquinas fallaba. 

 

Un día, después de semanas esperando verlo abrir sus ojos, Inko llegó con un hombre que nunca había visto pero que era imposible ignorar su procedencia por las pecas en sus mejillas. Era un alfa, apenas más bajo que él pero que en su mirada moraba la muerte como una mujer muy caprichosa. Una parte de sí mismo rugió con él al momento de escucharlo hablar en inglés. Solo fueron dos minutos, ni siquiera, quizás menos que eso antes de que el hombre se fuera con decepción. 

 

"He will never wake up, i'm sorry Inko. I can't do anything for him."

 

Katsuki sabía el inglés suficiente para enojarse con el hombre. Ni siquiera se había tomado dos minutos de su vida antes de rendirse con él, se enojó tanto que al momento de dar pie para irse, le gritó a Izuku un montón de insultos. Y ahí lo vio abrir sus ojos mientras más de cinco enfermeras lo trataban de sacar de la habitación, fue un momento decisivo en su vida. Él era el Omega más fuerte sobre la tierra, literalmente podría ganarle a cualquier alfa con una jodida particularidad llamativa. Katsuki no podría ganarle nunca, solo si estuvieran ambos en una situación biológica pero eso era imposible en una situación de vida o muerte. Katsuki en su cabeza vislumbró con claridad las palabras de Allmight, que ambos serían pilares de la sociedad. Pero Katsuki no se imaginó a sí mismo a la par de Izuku, se imaginó protegiéndolo física y mentalmente. Y no necesariamente tenía que ser el más fuerte para hacerlo. 

 

Solo tenía que estar ahí, siempre para él. 

 

...

 

Cuando entrenan después de clases, debido a la fuerte cantidad de feromonas que dejaban ir ambos, Allmight siempre usaba sus pocas influencias y les solicitaba solo para ellos dos un gimnasio mixto, ahora con las feromonas de Izuku un poco más sanas, podía dejarlas ir sin que la habitación llena de implementos y máquinas para hacer ejercicios, se repletara de aire pesado y fétido. Ambos a las cinco en punto, Katsuki con su uniforme deportivo de la UA e Izuku con unos leggins negros con estribos para entrenar su tren inferior y la polera deportiva institucional. Dado a que los brazos de Izuku estaban demasiados sobrecargados debido a los daños posteriores en sus ligamentos, sus piernas eran la fuente principal de su poder. Concentraba tanto OFA en ellas, que sus muslos tenían un proporción justa entre músculo y grasa. Trabajar la potencia de los mismos era primordial a la hora del entrenamiento por separado, que inicialmente era de una hora o poco menos. Al entrar en el gimnasio con sus cosas, ambos descalzos para mayor impacto muscular, comenzaron a trabajar por separado. Izuku aportó con la música, era una playlist colaborativa que ambos modificaban a su gusto. The Score por parte de Izuku y Rihanna destacando el gusto de Katsuki por la alfa de barbados. Love in The Brain resonó fuerte en el gimnasio, ya estaban terminando su rutina cuando la melodía los acompañó. 

 

Izuku estaba dejando ir todas sus feromonas. 

 

Con una toalla secando su sudor, Katsuki le indicó a Izuku que ya era hora de que ambos fueran al centro de las colchonetas. Un buen espacio para ahondar en el combate cuerpo a cuerpo, Izuku sabía que por la altura de la situación, Katsuki querría el combate con un porcentaje mínimo de particularidades. Calentando sus manos, juntándolas al mismo tiempo que extendía sus piernas, activo el OFA a un veinte por ciento. El suficiente para darle frente a Katsuki en fuerza de explosiones. Su respiración se tensó cuando S&M resonó, no sabía que Katsuki tenía inclinación por esa canción pero su corazón bombeó el ritmo, con el tiempo en el temporizador, media hora y ya estaban chocando los puños. Rayos verdes se veían bien interrumpidos por explosiones cortas, controladas en las palmas sudorosas. No había cambiado nada entre ambos, los dos estaban controlando sus cuerpos al límite, sintiendo la fatiga muscular de las pesas. Con las piernas encontrando siempre un costado del cuerpo más alto, y con el OFA ayudándolo a verlo derrotado en el piso, apretando las colchonetas y claramente pidiendo más a través de los ojos rojos. Izuku sonrió mientras no perdía el tiempo, su lado Omega lo había oxidado porque el alfa nunca estaba pidiendo más cuando tocaba el suelo. Siempre se marchaba rechazado y con la consternación en su mirada rojiza. Las pastillas que se había tomado en el almuerzo estaban haciendo efecto, todos los dolores tenues ya no eran nada. Y con la brisa del gimnasio limpiando sus feromonas, apenas podía percibir las de Katsuki y eso era decir mucho. Considerando que el mecanismo estaba diseñado para dejar el aire virgen de feromonas. 

 

—Vamos Deku, sé que puedes hacerlo mejor—era claramente un desafío. Izuku no quería perder así que activó el OFA al cincuenta por ciento. Con los rayos verdes iluminando su piel, comenzó a pelar con más intensidad, casi dejando ir todo su aliento en ello. Katsuki le entregó unas cuantas explosiones antes de perder el control de las mismas, ambos consiguieron llevar un ritmo desigual. Los puños iban por las mejillas y las patadas se alojaban cada vez más arriba hasta que Izuku alcanzó la mejilla contraria de un salto con su pie. Katsuki salió disparado, solo unos metros antes de que se quedara ahí. Estático contra lo acolchado. 

 

—¿Kacchan?—no respondió, Izuku corrió hasta su lado dando vuelta su cuerpo. Sus ojos estaban fuertemente cerrados y una gota de sudor caía perfectamente mezclada con sangre por sus labios entreabiertos. Entró en pánico y apagó el OFA en su cuerpo antes de ser reducido contra el suelo, la sonrisa altiva en los labios contrarios fue el gran alivio antes de sentir el calor fluir entre ambos. 

 

—¡Te gané, nerd de mierda!—Katsuki estaba reteniéndolo contra las colchonetas, no era la primera vez que ambos estaban así. Pero por alguna razón ahora se sentía muy diferente, Izuku lo sentía diferente. El valor de sus feromonas recorriendo con la gota de sudor por su piel se sentía febril en contra de sus leggins, la vergüenza subió por su pecho hasta sus mejillas al notar que la fricción de ambos lo estaba provocando más de lo habitual. Katsuki se dió cuenta. Se alejó con la mirada baja, el temporizador resonó al mismo tiempo que la música se detuvo—. Ya tengo las cosas que pedí. Puedes venir a mi habitación esta noche, dejaré la puerta de mi balcón abierta, si lo haces, ven con ropa ligera. 

 

Izuku asintió, Katsuki no lo vió hacerlo pero por sus feromonas pudo saber que estaba de acuerdo, lo ayudó a levantarse pero en ningún momento volvió a ver sus ojos. Cuando entraron a los baños conjuntos, Iida estaba allí, cepillando sus dientes copiosamente después de cenar pavo al horno. Por suerte en su cuello había un perfecto supresor de aromas, así no podría oler el desastre en sus pieles. Cuando ambos entraron a sus respectivas duchas fue inevitable pensar en que tal vez estaban demasiado ansiosos por tocarse mutuamente. No era algo malo, solo diferente. Más relajado que pelear por ser el mejor entre los dos. 

 

 

Shoto revisó su celular un par de veces más antes de caer en la cuenta de que el mensaje era real. 

 

Estaba como la mayoría del tiempo, solo en su habitación. Momo y Jirou se hallaban en su habitación. Cuando eso sucedía, siempre necesitaba dopar su nariz. La fragancia de ambas teniendo relaciones calaba fuerte en sus pulmones, recordándole que aunque estaba seguro de que era medianamente más feliz que hace unos años, nunca sería capaz de decir que lo era completamente. Y más ahora que Dabi se había ido del país. Realmente ese no era el problema, no es como si "Touya" fuera alguien persistente en sus vidas. Solo dolía pensar lo que había hecho, el mensaje era de Enji. Geten, el villano de hielo, había dejado en la puerta de la casa solitaria de Endeavor y Hawks, una pequeña bebé de no más de un mes. El aroma desolado de la pequeña, pululando en su ropa sucia y llanto seco con tierra en sus mejillas, gritando ante la evidente falta de sus padres hizo llorar a Enji por horas. Takami Keigo, el retirado héroe alado, apenas soltaba a la niña y por mucho que quisieran hacer algo para buscar a Geten, sabían que el pequeño acto de dejarle a la niña en la puerta, probablemente había sido el más humano que había hecho en mucho tiempo. 

 

"No puedo cuidarla, Dabi se fue lejos y no quiero ser padre. Me obligó a tenerla y al ver que tenía tus ojos, decidió que no sería más suya. Lo siento, pero tendrás que hacerte cargo. Se muere o la cuidas. No me importa, es un estorbo para mí."

 

Poco después de avisarle a todo el mundo, había llegado Natsuo, una vez se aseguró que la bebé de ojos celestes estuviera bien, le echó la culpa de todo a Enji. Los gritos llenaron la casa por más de una hora, Enji ya no respondía pero el evidente rencor en Natsuo nunca parecía dimitir en su alma. Aunque Rei estuviera feliz y Shoto ya no sintiera la presión enorme de ser mejor que Allmight sobre sus hombros, Natsuo era un caso muy diferente. Shoto no quería perdonar a Enji, de hecho no lo haría nunca pero ya no le gritaba, ya no lo veía con odio y en algunas ocasiones había disfrutado a su lado unas hamburguesas en un restaurante del centro, donde la carne era sabrosa y los refrescos de té verde variaban en colores. Natsuo podría estar toda su vida por delante sacándole en cara a Enji todo lo que había hecho, desde los abusos que todos sufrieron en su niñez hasta Hawks, el Omega que había elegido después de un matrimonio desastroso. Cuarenta y ocho años contra los veinticinco de Hawks. 

 

La palabra depravado quedaba pequeña alrededor de todos los insultos que Natsuo le decía. 

 

Shoto estaba cansado, amaba a su hermano pero los gritos por audio de voz ya estaban superando sus nervios. Y más porque su celo estaba muy cerca, Recovery Girl ya le había entregado el permiso especial para ausentarse de clase por un día, sería interesante por una vez si solo estuviera con alguien disfrutando de sus "ventajas biológicas". Negó con la cabeza al sentir una erección en sus pantalones, con la sensación quemando su cuerpo y el aroma de Momo y Jirou por ahí, jodiendo su mente, inclinó su cabeza en la mesa de té y aspiró la línea blanca que posteriormente había hecho con una tarjeta negra. La tarjeta que su padre le había dado para las cosas "necesarias". Y las metanfetaminas eran muy importantes. Poco a poco habían dañado su olfato, después de todo eso era lo que buscaba. Dañar lo único que lo hacía más miserable que los demás. El problema era que siempre se regeneraba, una semana después de dañarse su nariz, todo volvía a la normalidad. 

 

La meth quemó su nariz al mismo tiempo que su cabeza se nublo por la sensación recorriendo sus venas. La noche sería larga si no se detenía, pero era mejor así. Era mejor recordarlo todo antes de perderse en la completa inconsciencia del celo. Calando en sus huesos y quitándole la voluntad de tomar sus propias decisiones. Después de unas cinco líneas, el olor poco a poco fue cesando, hasta quedar completamente apagado en su pecho. Solo respiraba aire sin olor y quemó hacerlo. 

 

Se desplomó en su habitación, el tatami era cálido al igual que la brisa de otoño contra su mosquitero. Trató de cerrar los ojos y dormir pero la sensación quemó aún más fuerte, su mano izquierda bajo por su pecho hasta alcanzar sus pantalones holgados. Cerró sus ojos e imaginó la piel rosada tomando su extensión, la contracción hizo efecto. No mentía cuando decía que le gustaba Mina, era tan abrumadora y fuerte que su mente podría estar horas usándola de placebo para el dolor del celo. Mordió su labio inferior, aprendió que con los años, las horas siempre menguaban su dolor y olor. Solo tenía que soportarlo mejor. 

 

Tres golpes en su puerta. 

 

Lo ignoró, era tarde y estaba drogado. No quería a nadie viéndolo así, con una erección en sus pantalones mientras su particularidad estaba anulada en sus venas. Tres golpes más, la ira comenzó lentamente a fluir en su estómago. No era una persona que cayera con facilidad en el enojo pero si alguien lo ponía sobre el límite y más cuando la meth lo estaba dejando medianamente ciego, todos sabían que si no salía, era tiempo perdido. No obtendrían nada más que silencio. Cerró los ojos y luego escuchó el "por favor, soy yo Todoroki" en palabras suaves. La rapidez con que abrió la puerta casi rivalizó con la de su padre mientras peleaba, Mina estaba ahí, bien vestida. Con una pijama de seda rosa, su maquillaje estaba corrido por culpa de lágrimas delatoras y su cabello ondulado y limpio caía cubriendo con generosidad sus pechos. 

 

—¿Qué pasó?—Ella entró, por primera vez en años deseo que la meth no le quitara el olfato para saber cómo estaban sus feromonas de olor. Mina traía una pequeña caja con ella, sus delgados dedos la abrieron con cuidado y Todoroki pudo ver lubricante y condones—. Ashido…

 

—¿Puedo pedirte un favor muy importante?—Shoto asintió, preocupado por la forma en que sus ojos se marcaban alrededor de una profunda tristeza. Rompiéndola por completo en frente suyo—. ¿Podrías hacerme impura?

 

...

 

Izuku estaba de camino a su habitación, con las mejillas rojas por culpa del baño caliente hasta que un profundo dolor en los ovarios lo atrapó en frío. Solo una puntada lo hizo temblar agarrándose de la pared, Aoyama estaba saliendo de su habitación cuando lo vio encogerse, el Omega estaba vistiendo un traje color coral y su cabello liso contra sus mejillas brillaba al igual que su maquillaje de lágrimas doradas. Simulando nostalgia en su alegría. 

 

—¿Estás bien, mon ami?—Aoyama apestaba a perfume estimulante. Izuku más de una vez había oído conversaciones suyas en francés, hablando cómodamente en el balcón de al lado. El tono que usaba con su madre era diferente al que usualmente ocupaba en las noches. A él no parecía importarle pasar su tardes con múltiples alfas a la semana. Era libre de escoger lo que deseaba y la pobreza no era una opción para él, su madre estaba enferma en Francia, los tratamientos para los omegas eran más costosos que la media así que los diamantes recorrían su piel cada noche. Había un alfa que era constante en su vida pero el amor… No era posible cuando solo había una media de sexualidad entre los dos. Aoyama no amaba a nadie más que a sí mismo, Izuku lo admiraba. Era admirable la forma en que convertía cada situación horrible de su vida en su mundo, con sus propias reglas. 

 

"El Omega que brilla, el Omega que solo pide diamantes a cambio del paraíso entre sus piernas. El Omega que puede estar con tres alfas a la vez y seguir con la mirada intacta. Un roble atrapado en una estrella inestable."

 

—Estoy bien, solo es un dolor por culpa de los entrenamientos. Ya sabes, los músculos se fatigan más rápido ahora que los nervios están de puta por culpa de los exámenes—Aoyama sonrió, le guiñó un ojo mientras sacaba de su bolso con brillos una pequeña caja. 

 

—Es Brie de Meaux, huele a almendras tostadas y sabe al cielo en la tierra. Come un poco y te sentirás mucho mejor, mon ami—Con el queso en la mano, Aoyama se marchó. 

 

La noche estaba reinando para todos, comió y se internó en su habitación. El sabor realmente era agradable comparado con otros que le había dado en el pasado; para una persona que no sabía nada de quesos, Aoyama siempre lo sorprendía con uno sabroso para levantarle el ánimo. Se cambió de ropa y cuando el reloj de Allmight marcó las siete y media en la pared de su habitación, abrió la puerta de su balcón. Y con el aire acompañándolo con la crema en un pequeño bolso en su cadera, activo el OFA. El dolor estaba en sus ovarios, pidiendo atención del alfa que hace poco le había tentado de forma inconsciente. Unos saltos por los balcones, silencioso y ligero y ya había llegado a la habitación de Katsuki. No entró inmediatamente, se escondió en el balcón porque Kirishima había salido a tomar el aire. Golpeó suavemente la ventana. Katsuki corrió las cortinas con ira, viendo a Izuku en el suelo. 

 

—¿Qué mierda? Entra de una vez por todas—Katsuki casi grita pero Izuku le pidió que guardara silencio. Le apuntó al otro balcón, no le tomó mucho tiempo al alfa entender. Disimuladamente abrió la puerta, salió permitiéndole a Izuku entrar. Kirishima estaba al otro lado, observó a Katsuki estirarse despreocupadamente y lo ignoró. No quería hablarle y Katsuki tampoco quería perder mucho tiempo. Ambos tenían sus propios asuntos.

 

Izuku ya adentro se quedó estático, nunca había estado en la habitación de Katsuki. El estilo occidental de la habitación hacía que el aroma a papel fuera persistente con el montón de libros en una biblioteca, probablemente hecha por el mismo. Los libros se mezclaban entre sí, formando una enorme fila uniforme, con diferentes tamaños y colores. La cama era individual, con una manta gruesa que probablemente la había puesto hace poco para la ocasión. El algodón era suave al tacto, una alfombra roja estaba sobre la madera, probablemente solo decoración porque era delicada al tacto. El closet estaba entreabierto, mostrando su ropa con una pulcritud digna del alfa. El aroma estaba siendo neutralizado por un ventilador especial, Izuku había oído de esos ventiladores que eran capaces de aminorar el aroma de las feromonas. Él lo había pensado en todo y cada parte de la habitación estaba tan bien organizada que Izuku se sentía mal por haberlo dejado entrar en su habitación posteriormente, con sus cosas de Allmight todas desordenadas. Incluso sus cortinas eran neutras en comparación con las suyas de estrellas americanas. 

 

Sonrió un poco, tomando su polera con vergüenza. Se sentía extraño estar ahí, nunca podía acceder porque Katsuki no dejaba entrar a nadie. Y ahora era para masturbarse en frente suyo. ¡Qué estaba pensando! ¡Prefería morir de dolor! Mientras no podía con su vergüenza, Katsuki entró y cerró la puerta del balcón. Encontró a Izuku en medio de la habitación con ambas manos sobre su rostro. No estaba usando supresores así que podía sentir toda la vergüenza saliendo de su cuerpo. Suspiró y se sentó en el la silla de su escritorio, esperando tranquilo mientras salía de su trance. Si Katsuki pudiera decir cómo se sentía estar en la misma habitación con él, se sentía como estar robándole algo a una persona que no podía ver. Desde el gimnasio hasta las duchas, una extraña sensación colapso en su corazón. 

 

No había sido como ese día, era diferente. Como si otra persona estuviera ahí, viéndolos desde una perspectiva alejada. Esperando el momento exacto para tomar su cuello y pulverizar su alma. Su instinto le decía con tanta claridad que algo estaba mal que si seguía caminando hasta el fondo, ni sus más agudas intenciones lo salvarían. La extraña inseguridad estaba provocando una sensación salvaje en sus entrañas, nunca había sentido a su instinto hablarle. Era nuevo, como las sensaciones que lo embargaban cada vez que deseaba ganarle a Izuku. Antes era un tema de superación mutua, ahora era extraño. No iba a pretender que no le gustaba, lo estaba haciendo también porque deseaba saber más de su cuerpo. De cómo se sentiría ver a su rival de una forma extasiante, de ver al chico que vio evolucionar convertirse en algo más sin necesidad de involucrar emociones innecesarias. 

 

El amor y el enamoramiento era tan cansador como debilitante. Así que nunca podría verlo de esa manera, él lo hacía más fuerte. No más débil. 

 

—Kacchan, ¿crees que esto esté bien? Que seamos íntimos de esta manera—Izuku se dio vuelta, sus mejillas estaban tan rojas que parecían que en cualquier momento iban a explotar. Vistiendo con su ropa, polera ancha que tenía escrito "polera de cuello redondo" en el pecho, con sus shorts deportivos y apenas usando unas zapatillas de descanso. Izuku era lo contrario a erótico y aún así, de alguna forma se las arreglaba para ser lindo. Se puso de pie, sintiendo que la diferencia de altura era ridícula cuando todo el poder de la situación lo tenía él en sus manos. Con sus delgados músculos encarnando con fuerza sus sesenta y cinco kilos.

 

El purificador de feromonas no pudo neutralizar lo dulce que se volvió el aroma de Katsuki, mezclado con solidez con el amargo de Izuku. 

 

—Si no quieres hacerlo, no lo haremos Deku. Si no estás listo, no es sano que te fuerces a ti mismo—Izuku sintió como su pecho lo anhelaba, con tanta fuerza que comenzó a llorar. El alfa con su pulgar quitó esas lágrimas, con un extraño deseo egoísta de llamarlas suyas. El dolor de sus ovarios se volvió tan insignificante que no pudo evitar pensar que él, con sus feromonas y acciones, era como un nuevo analgésico—. Haremos lo que tú desees hacer. 

 

—¿Y qué quieres hacer tú, Kacchan?—era una buena pregunta, a simple vista deseaba ayudarlo, quitarle esa enfermedad de su interior y presenciar con sus ojos lo increíble que era. Pero una parte muy recóndita, brutalmente honesta de su interior, deseaba tomar cada pieza de él y follarlo. No sabía cómo nombrar la sensación pero quería saber más sobre ella. Llegar al límite de la misma hasta embriagarse. 

 

—Follarte. 

 

Izuku casi perdió el aliento, lentamente su vergüenza comenzó a transformarse. ¿Qué sensación era? ¿Por qué sentía que alguien más los estaba viendo? Y más preocupante, ¿por qué quería ser visto por ese tercero? No lo sabía pero tomó la mano de Katsuki entre la suya, la diferencia era un poco extraña. La del más grande era suave al tacto, mientras que la suya llena de cicatrices que consideraba asquerosas era rugosa, casi incómoda. A Katsuki no parecía importarle y eso lo hizo sentir bien. Perdido en sus manos, preguntó. 

 

—¿Por qué?—Katsuki se encogió de hombros. 

 

—No lo sé, supongo que lo averiguaremos juntos, algún día. 

 

Se alejó de Izuku antes de que ambos fueran por el camino equivocado. Se acercó hasta su escritorio y de la caja que Recovery Girl le había dado, sacó el bozal de cuero. Lo mágico del bozal es que una persona por sí misma no podía ponérselo, alguien más debía hacer el trabajo. Una mascarilla negra que cubría desde el puente de su nariz hasta su mentón, con correas que se amarraban en la parte posterior del cuello y la cabeza; con orificios para respirar. Al momento de Katsuki usarlo, el olor del cuero lo impactó. Temblando, Izuku se lo abrochó, preguntando hasta dónde estaba bien. Si estaba muy apretado o le molestaba, al momento de dar vuelta para ver sus ojos, las luces de su habitación se apagaron. El apagado automático le dijo que ya era hora de dormir, pero Katsuki no tenía sueño. La adrenalina estaba tan persistente en su cuerpo, que ni siquiera la sensación de extrañeza en su boca lo hizo detenerse. Izuku estaba embelesado. A Katsuki le quedaba muy bien el cuero negro. 

 

Honestamente, no quería detenerse por un poco de vergüenza. 

 

...

Chapter Text

"Un reflejo en el espejo. Una flexión en el tiempo y las palabras dejaron de existir, ¿a dónde has ido y por qué nunca volviste a casa?"

 

 

Una sensación mortalmente abrumadora, hasta el extraño acontecimiento de perder la respiración. El instinto diseñado únicamente para la procreación y la lucha puesto en purga. Con la supremacía marcando los movimientos, anatomía en perfecta sincronía con el deseo colapsando cada orden. Vergüenza consumida por ello, por lo que se suponía sería lo único real en un individuo.

 

Aún así, Katsuki nunca en su vida había visto los colmillos de un Omega.

 

Puntiagudos sobre el labio inferior, casi llamando recelosos a la sangre de los mismos a través de la delicada piel pálida, tan blancos como los demás y que dejaban ir un poco de veneno. Lo suficiente para que una mordida se convirtiera rápidamente en una droga, sin dolor y con éxtasis durmiendo la piel afectada. Se sentía singularmente desprotegido en frente del Omega, la sensación iba ascendente desde la punta de sus pies hasta su cuello, como manos alrededor quitando el aire necesario en su sistema para subsistir. Era una sensación eufórica, digna de una sobredosis drogadicta con la única diferencia de que su cuerpo estaba lúcido, más que nunca. Respondiendo a él, a su cuerpo arruinado por las feromonas, escalando cada vez más alto. Con el efímero calor del otoño poco mermado por el ventilador, provocando más sudores que los de hace algunas horas en entrenamientos. Quizá no era del todo el calor efímero de septiembre. Tal vez, era su instinto… Que lejos de desear dominar, deseaba ver más. Casi grabando en el dominio de su ADN el comportamiento errante del Omega frente a sus ojos. 

 

Como una pequeña muerte para volver a renacer entre sus brazos.

 

Izuku se quitó su polera, revelando su pecho y pezones casi irritados por el calor, hizo lo mismo con Katsuki. Ayudándolo torpemente con la tela. La liberación de feromonas llegó a su cuello al dejar ir la prenda al piso, un choque eléctrico perfectamente hecho colisionó con su glándula. Gimió contra sus colmillos y labios, era un aroma dulce a azúcar quemada. Ningún alfa en la UA olía así, todos eran tan abrumadores o insípidos que por un instante, su boca casi seca por los nerviosismos, se llenó de saliva ante la expectativa del sabor de su piel. ¿Caramelo agrio como su personalidad? No lo sabía bien, pero no podía evitar desear con todo su pecho averiguarlo. El sabor flotando con vida sobre su lengua. 

 

Katsuki respiró con dificultad, su nariz anhelo el aroma puro de Izuku, no la sombra brumosa que el bozal de cuero le permitía percibir, pero se retuvo a sí mismo de romper el cuero de las ataduras. Se recordó que aunque deseara su cuerpo hasta el límite de sus impulsos, aún apestaba un poco por culpa de su enfermedad. No estaban jugando, necesitaba de sus feromonas para sanar. 

 

Sin tocarse y casi formando un baile con sus pasos torpes alrededor de la alfombra, cayeron a la cama. Otro par de ojos los estaba viendo, pero no estaba haciendo acto de presencia ahí. Ni siquiera a cinco kilómetros. El otro par de ojos que los contemplaba sin siquiera estar ahí, estaba en la cama de un hospital para villanos. Luchando por su vida después de recibir la ira de su propio destinado, que ahora según la naturaleza que los unió, lo estaba traicionando a sangre y fuego. Quizás la misma enfermedad de su cuerpo era ese rechazo iracundo a la predestinación de pertenecer a alguien más. Su sistema luchando contra la voluntad repleta de esa entropía emocional. Con la profundidad de los rojos en su verde eterno.

 

En un movimiento lleno de deseo, Izuku deslizó su lengua por el cuello de su rival. Solo los años sabían que en su interior siempre había estado la incertidumbre extraña a ese deseo de abrazarlo, de hablar normalmente con él, de ser algo para él… Aunque la palabra rivales era pesada en su pecho, las heridas del pasado poco servían a la hora de verlo. Su cuerpo, la forma en que poseía cada parte de sí mismo en perfecta armonía con las demás. Tan atractivo, tan inteligente, tan fuerte. Su imagen de victoria, su compañero. 

 

Más que todos los demás.

 

—Kacchan...—una sonrisa satisfecha en sus labios eclipsó el deseo de sus ojos, Katsuki que estaba encima suyo a poco de dejar ir sus feromonas se detuvo en seco al verlo. Una voz de su interior le dijo claro y fuerte: "Algo está mal." Pero los labios de Katsuki nunca pronunciaron las palabras, su pecho dolió y el temor de algo extraño se arraigó con recelo en su cabeza al contemplar la idea—. Katsuki… 

 

Su nombre se volvió eco en sus oídos. Y olvidó todo. 

 

—¿Qué quieres, nerd? ¿Te duele algo? Podemos detenernos si no estás listo—Izuku no dejó de sonreír y se acercó más, hasta que sus ojos estuvieron solo a unos centímetros, por los orificios del bozal se sentía el vaho de los labios del alfa. El olor del cuero y el calor hicieron que una parte de su cabeza le pidiera a gritos un beso. Izuku quería besarlo con tantas ganas que lo hizo a través del bozal. Besando el cuero negro y sorprendiendo al alfa. 

 

—Deja ir todas tus feromonas, embriágame con ellas. Sáname—una sonrisa se ocultó detrás del bozal de cuero. Apegó la espalda de Izuku al colchón al mismo tiempo que su frente descansaba en su pecho, sonriendo dejó ir sus feromonas.

 

Era hora. 

 

Acomodó su cuerpo encima suyo, sentándose en su regazo mientras buscaba en su pequeño bolso la crema. Izuku lo observó anonadado, conocía mejor el cuerpo de Katsuki que el suyo, aún así, esta faceta suya era tan enigmática y nueva que no sabía cómo sentirse al respecto, más que el evidente deseo por saberlo todo. 

 

Katsuki al encontrar la crema salió de su regazo y fue por un condón a la caja, Izuku entendió la señal y se quitó el bolso de sus caderas, los zapatos, sus pantalones cortos y la ropa interior. El alfa cubrió sus dedos con el condón rosado y luego los untó en la crema. Izuku se presentó a él, extendió sus piernas demostrando la increíble flexibilidad que poseía y con dos dedos dejó entrever su entrada algo húmeda. El alfa comenzó a babear, el escalofrío que cubrió su espina dorsal fue muy similar a la sensación que fue apoderándose de su miembro. Poco a poco llenándose de sangre. Y no podía culpar a su instinto, Izuku no era precisamente delicado pero tampoco un ser imperfecto. Sus dedos estaban llenos de cicatrices dispersas de guerra, sus piernas eran gruesas y con firmes líneas de operaciones por múltiples heridas graves del pasado. La base de su generoso y delicado  miembro estaba coronada con vellos desordenados, tanto como los de su cabeza, las múltiples pecas manchaban su piel íntima, ligeramente más que la demás. Aún así… Era todo lo que podía desear, conocía partes de él tan increíbles que todo en el plano cobraba sentido. Un sentido tan enorme que todo su cuerpo lo estaba llamando con locura.

 

La misma boca que lo maldijo hace años, ahora solo quería probar más allá de sus piernas. Los mismos dedos que se curvaron en un puño para atacarlo, ahora estaban acariciándolo con deseo. Las feromonas que en algún momento lo hicieron llorar de dolor, ahora lo hacían de placer. 

 

Izuku sintió los dedos acariciar su entrada, la delicadeza del condón se envolvió cuando el primer dedo entró. Katsuki con la otra mano, empujó sus piernas para que sus rodillas estuvieran contra su pecho, la piel lechosa de los muslos lo volvió loco. Estaba evitando mirar porque su nudo dolía, ardía contra la tela del pantalón. El Omega gimió. 

 

—Guarda silencio nerd, no quieres tener a la jodida mitad del departamento de extras aquí—Izuku trató de responder pero sabía que sería inútil. Contuvo su aliento en la boca, acallando las sensaciones que carcomían sus entrañas. La oscuridad de la noche lo hizo ver la figura de Katsuki dispersa, mirando la pared blanca de su habitación mientras acariciaba el interior de su cuerpo. Tenía razón, la mayoría de sus compañeros estaban en sus habitaciones, algunos quizá durmiendo. No los quería despertar pero se sentía demasiado bien. Si pudiera controlarlo, ni siquiera exhalaria con tal de hacerlo en silencio… Sus ojos se abrieron, las feromonas.

 

—Kacchan… Tus feromonas, por favor—mordió sus nudillos, Katsuki hizo lo mismo pero con su labio inferior, probando su propia sangre. Separó sus piernas y con dos dedos en su interior, acercó su cuello al suyo. La frecuencia de su respiración y el evidente bulto entre sus nalgas hizo a Izuku gemir nuevamente, la carga de feromonas llegó sin retraso. Las oleadas de placer lo hicieron cerrar sus ojos, su pene erecto bailó sobre su estómago. Quería tocarlo pero su vergüenza aún estaba ahí, y más ahora que podía sentir el peso de Katsuki encima suyo y la longitud a través de la tela. Un leve balanceo de caderas para dar mejor apoyo e Izuku lo sintió por completo, lo grande y grueso que encajaba en su culo. Tembló ante la sensación, su cuerpo quería más que solo los dedos. Empujó sus propias caderas para hallar un mejor roce, respiración a respiración —. Maldición, no es suficiente…

 

Era desesperante. 

 

Katsuki se dió cuenta, de pronto y sin ninguna explicación, dos dedos no eran suficientes. Tres y cuatro, y todavía no parecían ser suficientes. Ambos se alejaron, sus cuellos quedaron fríos ante el anhelante toque repetitivo de feromonas. Profundas exhalaciones y una mirada que parecía desnudar la propia alma debido al deseo. Sabían que tarde o temprano tendrían que dar el paso, pero el cuerpo de Izuku parecía ir más rápido que su mente. Corriendo por la piel como las gotas de sudor, calor ascendiendo, deseo quemando e hirviendo todo. Izuku se sentó, su propio cuerpo manchando la propiedad de Katsuki, casi marcando territorio. Con los ojos ajenos listos para pestañear, tres alma y solo dos en participación. 

 

—¿Qué deberíamos hacer?—Katsuki, frustrado se restregó la cara con ambas manos. El condón manchado había caído en la cama, Izuku lo vió y lo tomó con cuidado. Anudandolo para arrojarlo al tacho de basura. Sus manos temblaron pero su sistema al igual que su mente pensaron en ello. Estaba nervioso, por supuesto, pero no podía negarlo. Su propio deseo lo estaba haciendo valiente, sinvergüenza tomó entre sus manos el rostro de Katsuki. Sin hablar, y con el secretismo de la habitación volviéndolo un confidente de sus emociones, lo besó por encima del bozal. Sin temor de enfrentarlo, dándose cuenta que lo necesitaba más de lo que imaginaba. Teniéndolo entre sus dedos cicatrizados, tan grande y a la vez tan pequeño. Katsuki lloró, por las emociones de su interior haciéndolo ebullir en ello. "Se ve tan bien llorando por mí…"

 

Izuku lo pensó y lo deseó aún más. Hacer llorar a Katsuki de placer hizo que algo en su interior se sintiera tan satisfactorio que no pudo pensar en nada más. Quería más. 

 

Lo empujó contra la cama, casi cayendo ambos por el borde. El bozal de cuero no podía ocultar lo que sus ojos decían, sorprendido por la fuerza, por sus ojos llenos de egoísmo y deseo. Casi hambriento por la sensación, Katsuki no tenía miedo como debería pero por un instante, entregó su cuello, dejando ir sus feromonas llenas de euforia. Importándole una mierda que solo una pared los separara del mundo. E Izuku se dio cuenta de algo que nunca creyó posible, estaba celoso. Estaba tan celoso de los amigos de Katsuki, de cada uno de ellos. Tenerlo solo para él ahora, era más importante y placentero que imaginarse siendo el número uno. Palidecía toda su vida en comparación. El alfa que siempre deseo bajo suyo, solo para él por una fracción de tiempo. 

 

Que poderosa era la sensación. 

 

Se sintió mareado de solo estar así. Sobre su regazo, desnudo y con solo dos prendas separándolos. Y prendas que ni siquiera molestarían si movía un poco la tela. 

 

—¿Qué vas hacer, nerd de mierda?—grave, tanto que sus caderas respondieron con un leve balanceo. Un pequeño silbido se escapó de los labios de Katsuki, tomó sus caderas en una acción completamente nacida del instinto. Tantos planes de ir despacio tirados a la basura, todo porque Izuku siempre parecía ir demasiado rápido, tan frenético e inalcanzable. Aunque, era la primera vez que a Katsuki no le molestaba, en lo absoluto. 

 

La habitación se convirtió en un pequeño espacio para escupir la verdad. Izuku delineó los músculos de su cuerpo, tan definido; las lágrimas rodeando el rostro de Katsuki lucían tan bellas, penetrando amablemente su orgullo y convirtiéndolo en pasión pura. Se movió un poco, sabiendo que el movimiento dejaría una mancha en los pantalones oscuros de Katsuki. Con su dedo fue bajando por sus abdominales hasta llegar a la pretina de su boxer. 

 

Siempre usando ropa holgada, siempre escondiendo del mundo lo que muchos y muchas anhelaban tener entre sus piernas. Y solo para él en ese momento. ¿Por qué Katsuki lo hacía sentir tan poderoso siendo un miserable Omega necesitado de ayuda? No sabía cómo responder la pregunta pero quería dejar de ser tan imbécil con ello.

 

—Quiero ser obsceno contigo; sucio, indecente. Cualquier sinónimo que se te venga a la cabeza en este momento—Katsuki se rió, fue algo suave comparado contra lo que comúnmente se oía de sus labios. Se enderezó en la cama, con la palma cubriendo toda la espalda baja de Izuku, se acomodó con él en contra de la pared. No podía verlo pero podía adivinar que estaba sonriendo, y de cierta manera, a Izuku también le gustaba mucho hacerlo reír. Todas las emociones que podía sentir solo por él eran bienvenidas. Se estaba volviendo egoísta…

 

Aunque realmente quería serlo. 

 

Un extraño interruptor se activó en su interior, por un instante cerró los ojos y pudo ver el cabello blanco y los ojos rojos ondear con ira por lo que estaba haciendo. 

Nadie pudo quitarle la sonrisa, no podía explicarlo, pero que su mente evocara a Tomura enojado mientras estaba excitado en el regazo de Katsuki lo hacía feliz de una manera eufórica. 

 

"Eres mi Omega. Solo mío. Ni siquiera él puede cambiar eso."

 

"¿De verdad? Nunca me importó lo suficiente ser Omega. Así que haré lo que tu haces, convertir todo en polvo."

 

Las palabras flotaron en su mente con imágenes borrosas de él y Tomura peleando a muerte. No podía identificarlas bien ni menos asimilarlas a una escena de su vida porque Katsuki lo estaba distrayendo con la punta de sus dedos, flotando desde su coxis hasta su cuello, suave, perfilando su espalda y formando una línea fluida por su columna. ¿Cómo un solo movimiento de manos podría ponerlo de esa manera? No lo podía entender más que aceptar que le gustaba más que su mercancía limitada de Allmight. 

 

Se balanceó lo suficiente para mover la pretina del pantalón de Katsuki, el alfa alzó las caderas y dejó ir su ropa, solo un poco por debajo de sus rodillas. Izuku quedó asombrado, no se imaginaba que su polla fuera tan rosada. Incluso la suya era más pálida en comparación. Gruesa y tan pesada que no podía mantenerse erguida sin caer sobre su abdomen. Apenas podía rodearla con su mano, era tan grande. No circuncidado, con la punta redonda, brillante, dura y rosa. Un nudo en la base apenas perceptible que probablemente doblaría su tamaño en unos minutos, unos testículos redondos, claros y lampiños. El único vello que se podía percibir era el rasurado en la base. Se había depilado… ¿Lo había hecho solo por él? El pensamiento llenó con lujuria el pecho de Izuku. Comenzó a masturbarlo, solo por curiosidad. Para saber cómo se sentiría contra su mano. Katsuki gruñó en respuesta.

 

—Si sigues así yo… Joder—Izuku tragó duro, era verdad. Ambos sin experiencia en ello, la sensación sería demasiado. Solo podrían durar unos minutos, si era sincero estaba igual. A poco de sentir el orgasmo fluir en sus entrañas. 

 

—Entonces ayúdame, Kacchan—Izuku alzó sus caderas, Katsuki negó empujándolo un poco. 

 

—Con condón, no nos vamos a arriesgar—Izuku negó, se sentó en sus muslos jugando con la polla de Katsuki, no quería aceptarlo pero le gustaba lo cálida que era. Lo caliente, pesada y bien que se sentía contra su mano. 

 

—No te preocupes, soy estéril gracias a esta enfermedad. En unas semanas deberíamos preocuparnos por un condón. Cuando mi cuerpo vaya evolucionando a tus feromonas y la crema—Katsuki encarnó una ceja.

 

—Entonces, ¿por qué me dejaste usar el condón antes?—Izuku sonrió, sonrojado y rascándose su mejilla izquierda con la mano libre. Katsuki sabía que cuando hacía ese gesto era para admitir algo que le incomodaba. 

 

—Era erótico verte con él en la mano. Lo siento—Katsuki estuvo tentado en darle un cabezazo, pero no lo hizo, al contrario levantó las caderas de Izuku, acercándolo a su pecho. Sintiendo la euforia cobrar vida en sus venas, haciéndolas vibrar en la oscuridad de la habitación.

 

—Maldito nerd, eres todo un pervertido de mierda—realmente quería besarlo pero se conformó con dejar ir sus feromonas. La oleada de feromonas hizo a Izuku gemir, con las manos de Katsuki un poco más calientes de lo normal, poco a poco fue ayudándose de él para alinearse en su centro. La humedad envolvió el miembro erecto de Katsuki al mismo tiempo que Izuku moría por dentro al sentirlo. Encorvando su pecho, desgarrando la piel con sus uñas... La forma de su polla, el calor que irradiaba y cada vena bombeando sangre… Su frente cayó en el hombro contrario al tratar de obtener aire. 

 

—Dios… Se siente tan bien, Katsuki...—contra él, sintiendo cada pulgada sagrada internarse en su interior por primera vez, se rindió al placer y con mucha torpeza se aguantó por orgasmo. Poco a poco fue moviéndose. Ambos lo hicieron, explorando juntos el terreno que nunca se interesaron en buscar. Tejiendo emociones que los volvieron reyes en los brazos del otro, atrapados en una habitación oscura, solo el sonido de sus pieles húmedas creando un eco disperso. Incómodos en la posición pero que no importaba lo suficiente, no había tiempo para cambiarla. El sentimiento se estaba aproximando, motivado por los movimientos exasperados—. ¡Ah! Ahí, más fuerte ahí. 

 

El glande de Katsuki recibió la oleada de calor, delicioso en su cabeza, con las manos apretadas en sus glúteos, lo fue ayudando a seguir. Ambos estaban gruñendo, sin conciencia del sonido que emitían. Nubes de exhalaciones pegadas en su piel igual que los sudores, cada vez más caliente y cada vez más intenso. Katsuki se estaba volviendo loco, su cuello estaba tan cerca que las feromonas que apestaban poco a poco fueron cambiando a una fragancia fuerte, atractiva en su nariz. Abrasiva en sus sentidos, sus colmillos y boca estaban salivando tanto veneno que se sentía agrio tragar. Izuku, con el capricho marcando sus acciones y sentidos; mordió con fuerza el cuello de Katsuki. El alfa se corrió al mismo tiempo que la sangre nadó por impulso en la lengua de Izuku. El nudo volvió loco a Izuku. 

 

Gritó de placer, encorvando su espalda en sus brazos, arañando su pecho por culpa de la sensación. El orgasmo manchó los abdominales de Katsuki y con ellos, una gota de sangre hirviente serpenteo por los músculos, ayudándose del sudor. Se quedaron unidos, las respiraciones mezclándose con éxito, haciéndoles sentir el calor y lo abrumador del momento. Izuku estaba ciego en las sensaciones, se sentía como si el cielo le hubiera hecho un espacio al mal. Y ellos dos fueran la encarnación del mal, porque en las lejanías de su mente había un rostro llorando sangre, ese rostro era el de su enemigo y lloraba por su traición. Se sentía tan bien, que no se dió cuenta cuando con su propia lengua fue limpiando la sangre de la herida de Katsuki. El veneno de los colmillos de Izuku adormeciendo los dolores de Katsuki. Haciéndolo un adicto a ello, a la droga de sus labios.

 

Realmente no dimensionaron cuánto tiempo se iban a quedar así, pero siguieron descansando en los brazos del otro sin decir nada. Se movieron un poco para estar más cómodos en la cama, ahora no estaban contra la pared, que había quedado manchada con el sudor, ahora estaban en contra de unas almohadas. Descansando mientras el nudo de Katsuki se deshinchaba por completo. Si era honesto, nunca antes había tenido un nudo. Creyó que nunca tendría uno, porque cada vez que se masturbaba en la ducha, apenas se venía y nunca se llegaba a hinchar del todo. Pensó que era culpa de su ascendencia pero ahora que lo veía, no era tan grande en comparación de los puros pero por la expresión celestial de Izuku, era más que suficiente para ayudarlo. De hecho, demasiado. Unos diez minutos después, el nudo finalmente se deshinchó. Izuku gimió al mismo tiempo que se levantaba del regazo, Katsuki tragó duro. La imagen de ver su semen caliente cayendo por los muslos rojos de Izuku era realmente excitante. Pero eso no era tan importante. Izuku lucía realmente cansado, como si hubiese estado días sin dormir.

 

—¿Cómo te sientes?—Izuku apenas podía sostenerse en sus brazos, tenía en mente irse a su dormitorio pero realmente no podía moverse mucho. 

 

—Como en una nube, realmente fue excelente Kacchan—sonrió, sus mejillas aún estaban rosadas. 

 

—Fueron apenas cinco minutos, será mejor la próxima vez. Lo prometo, nerd—Izuku tomó las manos de Katsuki entre las suyas, el calor que emanaron fue bien recibido en su piel. Una mirada y ya podía ver la alegría en sus ojos verdes. 

 

—Muchas gracias por ayudarme. Siempre siendo increíble—Izuku se quedó dormido encima suyo, aún había semen en la cama y el sudor estaba secándose, Katsuki con las energías que le quedaban tomó a Izuku en sus brazos y lo ayudó a sentarse. Sacó el cubrecamas que había previsto para la ocasión, lo dejó en el bote de la ropa sucia junto a la ropa que habían usado porque todas las prendas realmente apestaban. Purificó las feromonas más pesadas en el ambiente con un aerosol, limpió a Izuku con toallas tibias y lo vistió con ropa suya. Abrió las ventanas para ventilar el olor a sexo, como apenas pudo se sacó el bozal de cuero. Después se lavó los dientes, liberando el veneno, y notando la enorme mordida en su cuello. Por suerte, podía ocultarla con un parche de feromonas. Para finalizar, verificó que todo estaba limpio. Se acostó a su lado y lo abrazó fuertemente. Izuku se acopló con gusto en sus brazos. 

 

Katsuki tenía miedo, porque él también había sentido los ojos mirándolo. Con recelo y odio, no sería mucho si no sintiera que esa persona era un peligro latente. Su instinto le gritaba con tantas fuerzas que si no se deshacía de esa amenaza que desconocía, la amenaza los iba a consumir a ambos. Y nunca en su vida su instinto había considerado una persona un peligro. Nunca.

 

 

Material Girl, María. 

 

El nombre de su madre era María. María creció en una familia llevada por una mujer que se prostituía en las calles más elegantes de Japón, visitada por muchos sin posibilidades de hacerla entrar en razón. Maneater, así siempre le decían cuando los hombres venían a casa de María en busca de su madre, los años pasaron y María estudió para ser una gran arquitecta. Con ideas innovadoras fue escalando hasta que cayó rendida en los brazos de un alfa que no tuvo piedad a la hora de degradarla para mantenerla bajo su poder. María sabía que una vez todos vieran el vídeo que había grabado con ese alfa, nadie sería capaz de contratarla y respetarla. La confianza que puso en él al principio de una relación brillante, se convirtió en un infierno que apagó antes de siquiera arder. Con el libro rojo de su madre guardado en la parte más oculta del closet en su habitación llena de terciopelo rosado, comenzó a llamarlos a ellos. María tomó sus propias decisiones, tomó caminos que la llevaron a usar cuero con diamantes en habitaciones más costosas que su propio corazón. Al igual que su madre, su piel rosada fue buscada por todos. Nadie podía con ellas, con el ácido entre sus piernas, eran capaces de matar a cualquiera que fuera capaz de forzarlas.

 

Hubo una ocasión en donde un beta intentó poseer a María, la vagina de María derritió el miembro del hombre hasta que sus gritos cesaron. María sabía bien que aunque estuviera en la cima, en cualquier momento podría caer tan fuerte que ni siquiera sentiría el impacto. Y esa caída, fue Mina. Embarazada de un alfa italiano con cuernos de diablo, su aliento de fuego la abandonó antes que ella le dijera que estaba en cinta.

 

Con el espejo lleno de diamantes en mano, María no quería que su pequeña Omega de piel rosa y ojos negros fuera parte de ese mundo así que desde pequeña le enseñó todo lo que hacía. Todo lo que había hecho a lo largo de sus treinta años. Nunca le mintió, nunca le dijo que todos los alfas eran malos pero sí la mayoría de ellos lo eran. Mina creció viendo hombres llevar diamantes y rosas a su madre, hombres que más de una vez la habían llamado hija. Hombres que eran herramientas para su madre, para María "la del coño húmedo y rosado." 

 

Mina no quería ser como su madre, quería ser la heroína más fuerte del gremio. La Omega que iba en contra de su propia naturaleza, María la apoyó. Le entregó todo lo suficiente para poder emerger pero hasta una persona como María sabía que su hija sería blanco de los depredadores. De los alfa que solo veían a las omegas como jueguetes sexuales con números para comprar. Las aspiraciones de Mina eran ser una heroína, María la veía en ese puesto si no fuera porque vivían en un mundo injusto. Y tal como ella lo temió, Mina llegó sin desearlo al número más alto de la prostitución heroica. 

 

Diamantes por cada kilo de su cuerpo.

 

El problema no era valer mucho dinero, el problema era que cuando una mujer valía demasiado para su propia suerte, desaparecía en extrañas circunstancias. Para las autoridades no era un gran problema, no indagaban en ello, solo hacían pequeñas declaraciones a la prensa, demasiado ambiguas para una generación que siempre estaba rezándole a algún Dios por su vida. Mina estaba aterrada, la sola idea de desaparecer algún día y sufrir por aquellos que le pusieron un precio en su cabeza, era repugnante. Prefería entregarse a Todoroki. Nadie lo sabía con exactitud, pero no hacía falta decirlo, de alguna manera ellos siempre se enteraban.

 

De cuando alguien perdía su pureza. 

 

Las palabras estaban atrapadas en su garganta, su madre la había llamado aterrada ese día. Diciéndole que muchos de sus clientes habían hablado de la preocupación sobre ella, sobre la hija de una prostituta famosa que deseaba ser heroína y que era costosa para los importantes. María rezó en silencio mientras escuchaba los llantos de su hija. Era obvio que sería así, no había mucho que desconocer de ello. Tenía sus días contados si no hacía algo rápido. Trató de explicarle a Todoroki pero sus palabras quedaron expuestas al llanto. Él solo la abrazo mientras trataba de calmarla con palabras suaves. Ni siquiera sus brazos cálidos pudieron con la exasperante necesidad de dejar de ser pura. 

 

Y comenzó con un beso lleno de sal por sus lágrimas, el aliento de Todoroki cálido en sus labios la hizo dejar de llorar. Calmarse. Cuando finalmente pudo respirar bien, le explicó la situación. Todoroki frunció sus labios con ira, era evidente que estaba enojado pero más allá de eso, estaba muy preocupado. Mina nunca imaginó que sería estar con una persona, que sería sentir las manos de otra persona en su cabello o rostro. Pero cuando él la llamó con confianza y le pidió permiso, pudo olvidar la verdadera razón de porque estaba en su habitación, desnuda contra su tatami, respirando irregularmente mientras la boca del alfa estaba entre sus piernas, besando y lamiendo su sexo. La habitación oscura se volvió una cueva de confidencialidad para ambos, de cierta manera se alegraba haberlo escogido. Que fuera un besador lento, de caderas tranquilas y manos suaves. 

 

Esperaba sangrar y llorar, no sentirse amada. Y mucho menos desear hacerlo una vez más. 

 

...

Chapter Text

"No jodas conmigo, no soy una persona que puedas pasar a llevar con tus malas intenciones. Si quieres comenzar a jugar conmigo, espera con el corazón abierto porque te voy a romper hasta que no quede nada de ti."

 

 

Izuku se despertó antes que Katsuki. 

 

Parecía su nueva rutina de sueño, despertar para contemplar aquello que nadie más que él podía ver. Su nuevo cómplice, su nuevo vigía… Su nuevo amante. 

 

Su Katsuki. 

 

Solo la luz tenue de la mañana le hacía justicia a lo tranquila que era la expresión de Katsuki al dormir, desnudo sobre la cama y con la respiración calmada moviendo suavemente su pecho. Oxigenando su cuerpo con tanta suavidad que hasta el rocío de la mañana le tenía envidia a esa imagen. Las cicatrices en su hombro izquierdo lo hicieron mover los dedos sobre ella, con calma hasta la que marcaba sus abdominales. Las que le había hecho Shigaraki hace unos meses, esa vez que colmó su boca con palabras egoístas, diciendo que el esfuerzo de Katsuki había sido en vano. Izuku se sentía culpable por ese sacrificio, pero el alfa nunca decía nada malo sobre ello. Al contrario, estaba ahí cada vez que debía entrenar. Enseñándole maneras para ejecutar su técnica de forma más limpia. 

 

En esos momentos, donde solo ellos dos estaban al lado del otro, los guardaba con sumo amor en su corazón. Recordando cada uno de ellos con claridad, dando todo de sí mismo para demostrar que aunque no fueran del todo amigos, habían llegado muy lejos. Demasiado lejos; y la noche anterior lo demostraba. 

 

Katsuki suspiró profundamente. Aún con sus ojos cerrados, ese pequeño sonido se le hizo tan familiar a Izuku que no pudo evitar sonreír… Lo  que habían hecho, no lo golpeó tan fuerte como esperaba. Se sintió increíble, el inicio de su vida sexual no era una gran cosa de la que pensaba mucho. Para Izuku era algún tipo de milagro encontrar una persona que le gustara compartir cama con él y mucho más, ayudarlo a superar sus falencias. Pensó que estar con él le daría nerviosismo en cada fibra de su sistema por los años detrás de sus espaldas pero se sintió bien, tan bien que soñó con ello. De alguna manera, sin ser destinados, sus cuerpos respondieron tan perfecto que todo se resumió a una euforia incontrolable. No quería decirlo en alto pero se sentía confortable estar así, después de una noche juntos, con la mañana fría envolviendo la habitación igual que la luz. A dos horas de entrar a clases.

 

Dejó ir su mirada hasta aquel lugar, su mordida estaba oculta con un parche de feromonas, pero no le fue difícil sacarlo y ver el resultado de uno de sus primeros estímulos que no pudo controlar. Los colmillos afilados estaban rosados en la piel, no sangraba pero había rastro de sangre seca y la asombrosa capacidad de los alfas para sanar estaba haciendo presencia en la imagen. Casi no se notaba de no ser porque Izuku sabía que su boca había estado ahí. Que sus propios colmillos le habían hecho esa marca, que incluso el sabor del líquido escarlata aún seguía memorizado en su lengua. Tocó sus labios con delicadeza, rompiendo un poco la barrera del conocimiento y recordando lo bien que se sintió. Las manos calientes en sus caderas, la piel casi siendo quemada por el nulo control durante el momento. No iba a mentir, se sentía avergonzado por lo que Kirishima podría haber escuchado pero en el momento, no pudo pensar en nada más que él. Katsuki se removió incómodo, su expresión se arrugó. Izuku se dio cuenta que la manta delgada estaba marcando su cuerpo con cada movimiento que hacía, y el montículo en su entrepierna era el más destacable. 

 

Su boca se humedeció, sus manos se movieron solas y a mitad de camino Katsuki abrió los ojos. Izuku no estaba haciendo nada aún, pero era más que evidente lo que deseaba por el aroma que desprendía. Las feromonas excitadas saliendo de su cuello, casi inflamando su glándula por él. 

 

—Kacchan yo…

 

—Estás flotando, nerd—Katsuki se burló de su autocontrol. Se enderezó en la cama, apoyando su espalda en el respaldo. Izuku no se había dado cuenta que estaba flotando, pero al momento de hacerlo, cayó de lleno en la cama. Sabía que el ambiente era extraño pero no de una forma incómoda, todo lo contrario. Al levantar la cara del colchón, la mano de Katsuki tomó su mentón con cariño, observando sus ojos y labios, y viceversa. Anhelando su cuerpo con los ojos y comiéndose con la mente su boca—. Aunque, podrías usar ese quirk de mierda justamente aquí, dónde no tienes control suficiente. 

 

Izuku tragó duro, no pensó en nada más que acercarse. Sintiendo el temblor en sus piernas, Katsuki lo ayudó a apoyarse en su regazo, la gota perlada ya estaba recorriendo uno de sus muslos. El alfa la vió, sus colmillos se marcaron al mismo tiempo que la carga de feromonas aumentaba. Izuku no sabía si se estaba acostumbrando pero su cuerpo respondió con un golpeteo en su pecho, se sentó con cuidado en su regazo.

 

Su mano tembló cuando fue en busca del condón, no fue necesario dar una explicación de porque lo quería usar. El olor de la semilla de Katsuki seguía persistente entre sus nalgas, como si el alfa hubiera marcado territorio sin querer. Y aunque amaba la sensación caliente del semen llenando su interior, limpiar era demasiado trabajoso para algo rápido en la mañana.

 

Mientras, los ojos de Katsuki se reflejaron en el deseo de su interior, formando un caleidoscopio de energía en los verdes. Nunca se habían besado, no lo habían hecho anoche ni con nadie antes. La adrenalina de hacerlo los cegó un poco al dejarse llevar. Manos ásperas en las caderas pecosas yendo hasta el centro de su amante, labios semiabiertos por la intromisión de dos dedos fugitivos, gruñidos por dos manos temblorosas tratando de vestir su miembro. Izuku estaba temblando tanto que se olvidó de bajar el prepucio y del espacio en el condón, Katsuki se dió cuenta inmediatamente. 

 

—¿No prestaste atención a las clases de educación sexual o qué? Recuerdo haber visto que sabías poner bien un condón en una polla no circuncidada—Izuku escondió su rostro en el hombro contrario. Las clases de educación casi lo mataron de vergüenza cuando Aizawa vió que era el único que sabía poner un condón a la primera. Fue mera suerte pero sentir como todos lo veían con atención mientras vestía un pene de goma; lo más vergonzoso que había hecho delante de muchas personas. Y ni siquiera era algo malo. Sin embargo, Katsuki no lo había observado directamente, el único de la clase que no lo había hecho. ¿Cómo se dio cuenta que sabía hacerlo?

 

—Yo no recuerdo que me vieras hacerlo—Katsuki utilizó su mano libre, la que no estaba metida en su culo, levantó el rostro contrario con cuidado. El desafío en los ojos rojos era perpetuo, siempre tratando de ser el invicto de la situación. Inclusive en el sexo.

 

—Quizás pienses que no lo hago, pero siempre estoy mirando a mi jodido rival—las palabras hicieron eco en la mente de Izuku, pensó en todas esas veces que Katsuki lo estaba ignorando. Tanto tiempo había pasado desde esos días grises y ahora era todo tan diferente... 

 

Una sensación intrigante se alojó en su estómago. No se dio cuenta que estaba haciendo hasta que sus propios ojos se cerraron a la par de los labios presionando contra los suyos. Todo iba tan rápido... No, perdieron al momento de aceptar que sería algo con tiempo. Con horarios, ¿dos jóvenes experimentando su propia sexualidad después de años con malos entendidos? Era extraño pensar que habrían reglas, y mucho más que Katsuki fuera el primero en romperlas. 

 

Y guardando el secreto de aquello que pocos conocían, comenzaron a besarse. 

 

La falta de experiencia se vio mermada por el deseo, era desesperante pero mientras más faltaba el aire, más excitante se volvía hacerlo. Mientras lo hacían, la lengua de Katsuki probó su boca y sus manos se movieron hasta otro condón. Los años de entrenamiento de precisión sirvieron para sacar el condón y vestir con éxito su propio miembro. Izuku flotó mientras se estaban besando, Katsuki lo tomó con alevosía de las caderas, acercándolo con desesperación. Tratando de alinear su cuerpo en contra de su erección, era tan complicado hacerlo, que mientras maldecía, mordió el labio inferior de Izuku. El sabor a sangre envolvió el beso. 

 

—Cuidado Kacchan, mi boca es más delicada de lo que parece.  

 

—Joder, deja de flotar un poco entonces. Cómo quieres que te lo meta si no puedo alcanzar tu jodido culo—Izuku dejó de flotar. 

 

—Verdad, Ground Zero no sabe cómo flotar, es una pena... El sexo sin gravedad podría ser algo interesante—Izuku se rió al mismo tiempo que Katsuki lo empujaba contra la cama. 

 

—Ya verás pequeña mierda—la sensación de ser oprimido contra la cama, con sus brazos grandes y torso definido, con su cintura estrecha y sus envidiables oblicuos, formando una especie de cobra que estaba listo para comerlo vivo… Izuku quería estar así para siempre, perder el tiempo y la noción de que era el portador del Ofa. El heredero de Allmight, solo él y Kacchan. Nada más y nadie más. Abrió sus piernas, aceptando su cuerpo. Su miembro, golpeando con lentitud su interior.

 

No lo había visto anoche por culpa del bozal, pero esa sonrisa, la inclinación burlesca mientras tomaba sus piernas para ajustarse mejor, era bastante interesante para sus nervios hambrientos de más. Invitando a su expresión a más que lo arisco. A la lengua cruzando sus labios para humedecer, al sudor cayendo por su perfil. Y su olor, dulce en principio hasta alcanzar la química perfecta para envolverlo con fuerza. Volviéndolo loco por más. Perdió la voz, la oscilación contra sus caderas incipientes se sintió diferente a su vez anterior, se sintió mucho más pasional. Como si todo en su vida estuviera cobrando un sentido exquisito y vehemente, solo por tenerlo a su lado, respirando agotado y agitado, gimiendo y gruñendo cuando cada vez era más fuerte, adivinando como le gustaba porque conocía sus técnicas, como deseaba siempre ir más allá de lo humanamente posible. 

 

Lo conocía tan bien, que se dejó caer contra su pecho, olisqueando con su nariz de alfa las feromonas en su cuello. Lamiendo el almizcle de su piel, susurrando entre dientes su nombre de héroe. 

 

Deku, Deku, Deku, Deku…

 

Tantas veces antes dicho. Ninguna de ellas podría siquiera alcanzar el poder que ahora su tono lograba al interior de su cuerpo, mente y alma. Ni siquiera el sofocante calor de su contrario podía hacerlo negar lo mucho que estaba disfrutando tenerlo entre sus piernas, moviéndose en contra. Llegando cada vez más adentro, rebotando contra su ingle y testículos sensibles de Omega. 

 

Se aferró a sus brazos, luego se volvió incómodo hacerlo y dejó ir su fuerza en su espalda. Apretando fuertemente, cada vez más presión hasta alcanzar la enajenación de sus adentros, sintiendo algo romperse. No físico, algo que lo estaba atando. Liberando su mente. Pronto, el esfuerzo físico gatilló los sonidos casi mudos llenando la habitación, solo ellos dos los podían oír pero se escuchaban tan íntimos y obscenos que Izuku comenzó a llorar de la excitación y emoción, sus mejillas calientes se humedecieron llegando con pequeñas gotas a sus orejas. Estaba haciendo mucho calor, pero el calor lo estaba consumiendo. Se sentía tan bien que su voz poco a poco comenzó a ser más alta. A salir sin medida de sus labios. 

 

—Baja la voz deku, es demasiado temprano para estar gritando—aunque escuchó su voz desgastada, su boca no estaba haciéndole caso a su mente. Era demasiado el placer, y lo único que podía hacer para aplacar sus gemidos era morder algo…—. Joder, si no puedes controlarlo, muérdeme. Después de todo, me gusta cuando lo haces. 

 

"Me excita lo que haces con tus colmillos, con el veneno quemando el dolor de mi piel."

 

Con esas palabras, su cuerpo se derritió alrededor del placer. El miembro de Katsuki fue apretado, el cuerpo de Izuku se curvó y alcanzó a morder el hombro derecho del alfa antes de gritar. La palpitación del miembro del alfa en su interior extendió sus manos en su espalda, llorándole, su mente divago entre la consciencia y el cansancio. Tener sexo con el estómago vacío era terrible pero se sentía demasiado bien para siquiera pensar en detenerse, sobretodo porque el aún no cesaba sus movimientos. El interior de sus muslos ardió por las estocadas, cada vez más rápido. Cada vez más pesado e implacable, si fuera capaz de usar la poca fuerza que le quedaba, la ocuparía para tenerlo más cerca, escuchándolo hasta en sus adentros. Con su cabeza batiéndose a la par de las embestidas, el cielo era una mierda comparado con aquella sensación. Resbalando en su estrechez, cada vez más húmedo y su polla flácida sobre su estómago bajo. Volviendo a ganar sangre con cada estocada. 

 

Sus dedos se crisparon y la oleada del segundo orgasmo nubló su vista y mente. Su respiración se cortó, su corazón se detuvo por un instante y el calor en sus interiores se propagó como fuego. 

 

Joder, joder, joder. 

 

Izuku lo escuchó mientras dejaba descansar su cabeza en el hueco de su cuello. El control que había obtenido para no marcarlo ahí mismo era increíble.

 

Poco a poco las feromonas que alguna vez le provocaron angustia, revolotearon extasiadas alrededor del Omega. Sin embargo, aún podía sentirlo erecto en su interior, Katsuki se alejó después de unos segundos y se retiró. Su polla estaba igual de dura, había confusión en su cabeza, se había venido, no había anudado pero el semen estaba ahí, retenido. Izuku se enderezó, aún temblando por culpa de los dos orgasmos... Cómo no se dió cuenta antes. Algunos alfas poseían dos cargas de semen antes de anudar, solo debían seguir. Se acercó, notando el nerviosismo en los ojos rojos. 

 

—Deku… Es la primera vez que me ocurre—Izuku negó tratando de calmarlo, se acostó y quedó entre sus piernas. Su boca estaba salivando y no quería aceptar que le agradaba mucho la idea de probarlo—. No lo hagas, no me he bañado y está lleno de semen. Es asqueroso.

 

Aunque lo dijera de esa manera, era bastante obvio que inconscientemente estaba buscando el calor de su boca.

 

—No te preocupes, Kacchan, en este momento lo que menos siento es asco. Solo quiero probar y devolverte el favor—antes de que Katsuki pudiera refutar, Izuku quitó con cuidado el condón.

 

Quedando bañada en semen la polla del alfa, acercó su boca y lamió. Vibró en su lengua el sabor, no sabía bien pero tampoco mal. De una extraña forma, tenía hambre de más. Fue prolijo al limpiar el semen restante, Katsuki explotó sus sábanas al mismo tiempo que Izuku besaba la punta. Era claro que la sensibilidad en su miembro era mayor y más porque, los labios de Izuku lo estaban volviendo loco desde que lo besó. 

 

Delgados, rosados y húmedos. 

 

No quería aceptarlo pero soñó toda la noche con él, de tantas formas que nunca creyó ser capaz de verlo así. Su rival, la persona con quién debía competir por ser el mejor y tenerle respeto por su pasado, la persona que se había propuesto cuidar para tratar de enmendar sus errores, las veces que lo ignoró cuando evidentemente necesitaba ayuda. Ahora esa persona, le estaba mamando la polla como si fuera algo agradable. Sus ojos cerrados mientras ahuecaba sus mejillas con lujuria, con sus labios húmedos, sin hacer garganta profunda, solo siendo más que suficiente el interior caliente de su boca. Y dios, su lengua no se detenía por nada del mundo.

 

Katsuki estaba en el borde, tratando de guardar sus gemidos. Y es que era jodidamente temprano, todos sus compañeros seguramente debían estar a punto de despertar. Y las alarmas de sus celulares deberían hacer eso, no los gemidos de un alfa excitado. Apretó su almohada cuando Izuku tragó hasta el nudo de su polla, no estaba preparado para ello. 

 

—Deku, joder creo que voy ah—segunda vez e Izuku comenzó a prestar atención con sus manos al nudo, recién llenándose de sangre. Su mano alrededor, sacudiéndose al mismo ritmo que su cabeza. Katsuki no sabía dónde poner sus manos sin dañar algo de su alrededor, sus explosiones eran más ruidosas que los sonidos de la boca de Izuku y los suyos en conjunto. Sin embargo, era más fácil explicar una activación involuntaria de quirk durante el sueño que esos quejidos que no podían dejarlo tranquilo.

 

Se ahogó en su gemido, la boca contraria no le dió piedad. Izuku apretó con fuerza su nudo al mismo que succionaba su erección como si estuviera listo para chupar todo. Se corrió en su garganta, tomando con ambas manos su propia cabeza, casi quemando su cabello. Cerró los ojos y dejó fluir sus feromonas, el sonido de los gemidos satisfactorios de Izuku llenaron sus oídos. ¿Se había corrido solo por chuparle la polla? Katsuki no lo entendía, pero quizás era mejor así. Mientras menos entendía, mejor. Porque esa mañana, aquella presencia que los había atormentando la noche anterior y que le había dado tanto miedo, no estuvo presente. 

 

Todo era tan confuso que realmente lo mejor… Era no pensar demasiado. 

 

...

 

La primera clase se presentó con cierta fricción entre todos. Jirou parecía querer decirle algo importante a Momo, pero mantenía su mirada baja mientras la alfa hablaba con Todoroki sobre unas calificaciones, Iida también hacía acto de presencia pero estaba sumido en un silencio casi sepulcral, analizando a todo el mundo con la mirada. Kirishima ni siquiera se había peinado, solo un moño descuidado en su cabello sedoso y rojo; su rostro estaba ido con enormes ojeras. Mina, que estaba usando doce supresores en su cuerpo, trató de mirarlo a los ojos para saber cómo estaba pero los rubíes solo la miraron por unos instantes antes de caer en el suelo. Katsuki no hizo mayor escándalo, como todos los días se sentó en su puesto listo para estudiar. 

 

El aroma que desprendía era un poco delator para la persona que fuera demasiado entrometida. Y esa persona fue Sero, que lo observó anonadado más no hizo ninguna pregunta. Izuku entró al salón con Ochako al mismo tiempo, se habían encontrado en el pasillo y ella estaba demasiado entusiasmada con un nuevo estilo de pelea que había descubierto la noche anterior. Kaminari tenía ojeras en sus ojos, lucía cansado y adolorido. Shinso estaba detrás suyo, como una sombra. Aizawa, por parte, muy cansado cerró la puerta detrás de sí después del sonido del timbre, las clases comenzaron y con ellas, la concentración casi vacía de los alumnos. 

 

Al primer receso, Katsuki quería caminar unos momentos solo. Después de la mañana, Izuku le pidió que no fuera demasiado evidente ante los demás. No le molestaba en lo absoluto, mientras su tiempo de entrenamiento y a solas estuviera intacto, poco y nada le importaba lo que Izuku hiciera con sus amigos. Entró al lavado de los alfas y al salir ahí estaba Allmight con su típica ropa demasiado grande para su cuerpo desnutrido. 

 

—Joven Bakugō, ¿podemos hablar unos momentos a solas?—Katsuki asintió y siguió al docente por los pasillos de la UA, anticipando el sermón por su parte. Después de unas vueltas llegaron a la azotea del edificio. El viento del invierno era frío y lo nublado de los cielos dejaba en evidencia que nevaría en la noche—. Supongo que ahora las cosas están mejor entre ustedes dos, ¿no es así?

 

—Allmight, no es como lo piensas, nosotros no estamos saliendo o algo así, solo lo estoy ayudando.

 

El ex símbolo de la paz lo observó directamente. 

 

—Lo sé—las palabras sorprendieron a Katsuki, los ojos azules del hombre vieron directamente a los rojos. Parte de ellos estaban preocupados pero otra parte muy importante, de cierta manera, se sentían liberados por una gran carga—. Sé que cuidarás del joven Midoriya cuando yo no esté aquí, pero el mundo de allá afuera es un lugar horrible para un Omega fuerte. Las personas buscarán hacerle daño porque se sentirán amenazadas. Temerán por su pequeña zona de confort… Morirá si no puede contra él. 

 

Enfatizó "él".

 

—¿De qué mierda hablas?—Katsuki pudo sentir el escalofrío subir por su espalda, llegando hasta las dos mordidas. 

 

—El joven Midoriya es el noveno sucesor, después de él no habrán más sucesores. El Ofa debe morir con él… Y eso es casi imposible si uno de los dos se mantiene con vida—Katsuki estaba a segundo de preguntar cuando Allmight se respondió a sí mismo—. Afo y Ofa son parte de una misma línea de sangre, de una estirpe sangrienta que dió nacimiento al mayor conflicto visto en estos últimos años. Ambos están unidos por un hilo invisible llamado destino, el joven Midoriya estaba destinado a ser parte del Ofa, así mismo Tomura a ser el sucesor de Afo. Ser parte de ese enorme deseo de Afo de someter a su hermano pequeño, al que nunca ha podido dominar por muy poderoso que sea, es una carga inmensa. Ambos deben morir para que la masacre sea completamente extinta. 

 

Katsuki enfureció con cada palabra que dijo. 

 

—¡Debes estar loco si crees que dejaré que Deku muera por ese hijo de puta!—Allmight volvió a sonreír, el viento corrió cada uno de sus cabellos color oro. Demostrando la vulnerabilidad de su corazón en su expresión flexible y dolorida. 

 

—Por eso tengo mucha fe en tí, joven Bakugō. Deseo con todo mi corazón que algún día puedas hallar la forma de salvarlo de este ciclo sin fin. Porque por sí mismo no lo hará, se arrojará al peligro sin pensarlo dos veces y ya sabemos que la última vez casi no lo logra.

 

—Si le dices que no lo haga, tal vez no lo hará. Eres su ídolo después de todo, te respeta—Katsuki se apoyó en contra de una de las barandillas, era casi paradójico pensar que en algún momento de su vida incitó a Izuku a saltar de un lugar así. Su corazón dolía de imaginar la profunda rabia que sintió al verlo decir esas palabras. Y ahora estaban en un plano tan diferente, deseando salvarlo de las caprichosas garras de la muerte. Allmight notó las trabas en su mente, enredándose alrededor de su pecho hasta provocar ese aroma tan nostálgico que la brisa fría de invierno congelaba en viaje a aquellos lugares que no podían visitar tan a menudo como antes. 

 

—No joven Bakugō, tal vez yo sea su ídolo pero… Yo no soy su imagen de victoria—Katsuki perdió el aliento. Allmight se acercó, tocando con sutileza el hombro de Katsuki, se sentía tan nostálgico verlo a su altura, siendo todo un adulto. Listo para entrar en las grandes ligas y proteger aquello—. Tu eres su imagen de victoria, joven Bakugō. Yo lo he visto en sus ojos, como te ve cuando entrenas a su lado. Y sé que te escucha, la única persona que puede detener al joven Midoriya de acercarse peligrosamente a la muerte eres tú. Protegerlo de Tomura no será fácil, pero tengo fe. Mucha fe. 

 

Y Katsuki tenía miedo de esa fe, de defraudar la confianza que le había dado. Porque por mucho que allmight quisiera ocultarlo, no veía en Izuku un sucesor; él veía a su hijo. 

 

...

 

Izuku pudo concentrarse en clases pero apenas salía del salón, todos los recuerdos de la noche anterior lo azotaron con furia. Tenía exactamente diez supresores bajo su ropa, algunos de ellos estaban tan pegados a su cuerpo que se sentían demasiado tirantes. Bañarse en la mañana fue toda una aventura. 

 

Después de terminar. Katsuki e Izuku fueron a los baños, se tallaron las espalda mutuamente pero el silencio era casi sepulcral. Izuku mientras ajustaba sus parches supresores en las zonas problemáticas le dijo a Katsuki que tomaran cierta distancia en el día a día, no solo porque era demasiado evidente que olía a él, sino también porque sabía que Ochako lo analizaría bien temprano en la mañana. No quería miradas extrañas así que después de bañarse y limpiarse cada centímetro íntimo, tomó un desayuno ligero en la sala común. No volvió a ver a Katsuki hasta las clases, donde apenas cruzaron miradas. Se sentía surrealista pero era lo mejor. 

 

A la hora de almuerzo, el alfa estaba distraído en sus cosas. Izuku sabía que estaba preocupado por la forma que comía su curry, Mina le estaba hablando pero apenas aportaba algo a la conversación. No iban a reunirse hasta el fin de semana, pero estaba preocupado. Y más porque cuando levantó la vista para verlo, él desvió su mirada. 

 

Al finalizar las clases, se fue a la biblioteca. Los exámenes de la licencia permanente estaban muy cerca y el teórico sería en apenas una semana. Tenía que estar enfocado en sus cosas, no podía seguir perdiendo el tiempo ahora que estaba mucho mejor. 

 

Mientras se internaba en sus cuadernos y libros, sintió el desagradable aroma de un alfa enojado. Levantó la vista pero no había nadie en la biblioteca. Pensó que eran imaginaciones suyas hasta que el sonido de algo rompiéndose lo alertó, el Ofa brillo en su piel listo para atacar cuando los ojos rojos lo miraron directamente. Kirishima estaba ahí, su mirada repleta de ira no podía con la furia inaudita de su expresión. 

 

Izuku se calmó, nunca imaginó que él lo estaría mirando de esa manera. Un alfa tan alegre y ejemplar usando sus colmillos fuera de la habitación y con un "beta" que no podía sentir sus feromonas. Si no fuera por los supresores y la fuerza de voluntad, Izuku estaría temblando en el suelo. 

 

—¿Ocurre algo, Kirishima?—el alfa se acercó hasta su escritorio, Izuku tragó duro. Sus rodillas no estaban temblando debajo de la mesa pero querían hacerlo, así mismo sus nudillos deseaban acabar con la amenaza en los ojos contrarios. 

 

—Sí… ¿Hasta cuándo piensas mancillar el honor de Bakugō?—Izuku quedó perplejo, su corazón se detuvo un momento—. Follando en su habitación, fingiendo que es normal hacerlo cuando eres un beta. Ni siquiera deberías estar en la UA, los betas antes ni siquiera podían ser héroes. Si no hubieras entrado aquí, todo sería tan perfecto. Sin defectos, sin errores, sin manchas. 

 

—¿De qué estás hablando, Kirishima? No entiendo nada—Kirishima no sonrió, pero su boca evocó una curva muy similar a la misma. Izuku no pudo moverse ni un centímetro de su asiento. 

 

—¿Qué harás si un día Bakugō encuentra a su destinada? ¿Seguirás manteniendo relaciones a escondidas con él aún sabiendo que podrías arruinarlo…?—golpeó la mesa casi rompiéndola con su particularidad—. ¡LOS OÍ ANOCHE Y ESTA MAÑANA TAMBIÉN! ¡FINGIENDO SER NORMAL CUANDO NO LO ERES MIDORIYA! ¡NO ESTÁ BIEN, ÉL ES UN ALFA Y TU SOLO UN MISERABLE BETA!

 

Era obvio, los había escuchado, habían sido escandalosos. Pero lejos de sorprenderse por ello, más le sorprendía su reacción. De cierta manera estaba aliviado, seguía pensando que era un beta. Pero por otra parte, su Omega interno estaba ansioso. Tanto que no sabía qué pensar acerca de la enorme necesidad que sentía de silenciar a Kirishima, de golpear su cara hasta hacer ceder su quirk. Tenía miedo porque no entendió como lo hizo, pero se levantó rápidamente y se acercó hasta Kirishima, sonriendo con una gentileza fría. 

 

—¿Qué te importa? Ahora mismo tu problema no es lo que yo haga con Katsuki en la habitación, SU HABITACIÓN, lo único que debería importarte en este momento es destacar como héroe porque eres un alfa miserable que está más interesado en su amigo que en sí mismo—los ojos de Kirishima se abrieron con sorpresa, incluso Izuku estaba sorprendido de sí mismo. No podía controlar su boca o cuerpo, al contrario su cuerpo se sentía pesado. 

 

En paralelo, con la diferencia de altura mancillando su orgullo. 

 

—¿¡Quién te crees que eres miserable mierda!?—Kirishima sintió su sangre hervir, usar la voz en un beta era casi inútil, pero Izuku levantó su puño derecho y lo estampó en contra de su mejilla izquierda. El alfa alcanzó a endurecer su piel pero igualmente salió eyectado fuera de la biblioteca rompiendo con su cuerpo la pared de concreto, montones de hojas y libros de juntaron con los restos de concreto. Izuku tomó sus cosas de la mesa y se acercó hasta él, su pulso golpeaba sus sienes. No se sentía bien pero al mismo tiempo su cuerpo estaba repleto de adrenalina. Algunos estudiantes se acercaron hasta Eijirou. Preocupados por el desastre. 

 

Izuku lo observó desde sus pies, Kirishima estaba asustado, temblando por su vida. 

 

—Déjanos en paz, Kirishima. La próxima no será con cariño, la próxima vez lo haré con fuerza—sonrió y se fue.

 

Izuku tembló al llegar hasta su habitación, no entendía nada pero su mente y cuerpo estaban repletos de adrenalina. Entendía que podría tener problemas por lo que había hecho pero no pudo controlarse. 

 

Se sintió muy bien silenciarlo, se sintió increíble hacerle daño. 

 

...

Chapter Text

"Prometimos muchas cosas en las puertas del abismo, quizás debimos mantenerlo simple para no hacerlo más complicado de lo que era. Pero no quería oír las alarmas de mi cabeza, eras irresistible y yo te quería aunque fuéramos perfectamente malos para el otro."

 

...

 

El momentáneo frío del viento llegó hasta sus mejillas, usar bufandas en otoño no era realmente lo suyo pero la luna llena estaba trayendo más gelidez de la común. Las hojas rojas de los árboles a su alrededor se corrieron con el viento por sus pies, arrancando del piso y emprendiendo vuelo hacia lugares lejanos de su vista. La cosecha siempre traía festivales, la mayoría de sus compañeros se escapaban por las noches para comer y celebrar en ellos pero Katsuki prefería ver la luna llena en lo alto de una de las montañas aledañas a la UA, caminar un poco mientras su cabeza profundizaba en las palabras de Allmight. Aunque él no se lo hubiera dicho de forma explícita, quería tratar de alejar a Izuku de esos momentos donde no parecía humano. Dónde el Ofa hacía más que evidente el legado en sus venas. 

 

Donde lo convertía en un monstruo sediento de venganza por aquellos que dejó atrás. 

 

Negó tratando de evitar esa imagen en su cabeza, una rama se rompió bajo la pisada firme de un alfa. Al darse vuelta Katsuki pudo ver la mirada rojiza de Kirishima, una de sus mejillas estaba tan roja como sus ojos. Había oído medianamente lo que había ocurrido hace unos días, las palabras en los pasillos hablaban sobre una trifulca entre dos alfas en la biblioteca, Katsuki sospechaba cuál era la verdad. Izuku limpiando los dormitorios por cinco días decía mucho más que lo demás. Por no decir que el comportamiento extraño de Kirishima dejaba demasiado que desear. De cierta manera se sentía mal amigo por no haberlo visto antes. Kirishima era demasiado recto en sus relaciones aunque sus labios vistieran una sonrisa amable, y todos a su alrededor creían que Izuku era beta. Solo un sordo no habría oído lo que hizo con Izuku esa noche y mañana. 

 

—Kirishima—la palabra pesó en sus labios, los ojos de Kirishima hicieron eco en los suyos. Habían tantos sentimientos entre ambos que no pudo evitar acercarse. La proximidad hizo que el alfa pelirrojo cayera de rodillas al suelo, llorando tan fuerte que Katsuki pudo oír hasta como sus dientes chocaban entre sí. 

 

—No sé qué hacer, no sé qué hacer, nunca sé qué hacer. Hago todo para que él deje de atormentarme para que deje de marcar cada paso que doy pero siempre estoy siendo como él... Realmente no sé qué hacer con mi vida.

 

Kirishima era honesto, no sabía qué hacer, porque todo el mundo siempre estaba dejándose llevar por los dichos. "Los alfas son la luz de la sociedad..." Cuando en realidad eran seres tan oscuros y solitarios como los omegas. Kirishima no sabía qué sentir después de ese día en la biblioteca dónde pensó que estaba haciendo lo correcto por su mejor amigo. Recibir en su rostro el puño de Izuku, tan frío que su propia sangre tuvo que calentar su rostro... No durmió durante días. Incluso buscó a Mina para hablar sobre ello pero al momento de tocar la puerta de su habitación, el profundo perfume de Todoroki mezclado con el suyo lo invadió. Llamó a su madre preguntándole cómo había estado su día, cada palabra que salió de sus labios solo le confirmó que ella era feliz con su taller de florería, que aunque la soledad de no verlo por la casa a veces la abrumaba, sabía que cada día era un mejor hombre. 

 

Alejado de la imagen de su padre. 

 

¿Cómo decirle que lo único que recordaba de esos días eran los golpes y esas palabras que no podía enterrar? Kirishima no sabía hacerlo solo y sus amigos ya no estaban del todo ahí; y lo entendía. Había atacado a Mina con un poder mayor al suyo, le gritó a Katsuki palabras hirientes, atacó a Midoriya e ignoró a Denki por estar de forma "inmoral" con Hitoshi. Él tampoco había estado ahí para sus amigos pero las paredes emocionales de su cabeza seguían ahí. No quería decepcionar a su madre, mas ¿cómo hacerlo sin sentirse amenazado cada vez que piensa fuera de lo que su padre le enseñó? Todo era tan abrumador que salió a caminar, respirar el aire de otoño parecía ser una buena idea. Olvidó por completo que había sido una actividad adquirida de él... Porque dios, también se había dado cuenta de algo impactante y es que amaba a Katsuki. No era de una forma sexual pero cada vez que lo veía, su pecho palpitaba tan fuerte que pensó por muchos meses que era la admiración por ser un alfa ejemplar, alguien dueño de la luz pero no. No pensaba así de Todoroki, o de Iida, o Hitoshi, Aizawa... Solo él, afectando sus sentimientos y siempre luciendo varonil e increíble en los peores momentos. Gritando tan fuerte que los golpes de su padre atormentando su cabeza ya no eran tan profundos. Joder, lo amaba tanto que no podía siquiera alcanzar a imaginarse lejos de él.

 

Pero no era ciego. 

 

Nunca realmente hubo una conexión tan fuerte como para considerarla inseparable, no como la que poseía con Izuku. Aunque fuera un simple beta, siempre estaba con él, entrenando, estudiando, aprendiendo... Y ahora en su cama. Al único lugar que realmente no podía ir. Desearía tener esos sentimientos por él, chuparle la polla entre sueños y querer estar sobre él para darle placer. Pero lo único que podía imaginar era besarlo y estar a su lado como dúo heroico. Nada más, todo lo demás lucía tan complicado y erróneo. Y aunque Mina fuera todo lo que deseaba... Katsuki de cierta manera era especial, quizá se había imprimado de la peor manera. No lo sabía del todo pero tampoco quería conocer la base de todo, porque era demasiado abrumador. 

 

—Kirishima... Joder, ¿estás bien?—el alfa negó tratando de ocultar sus lágrimas en su antebrazo semiduro, Katsuki se arrodillo a su lado. No había señales en su expresión pero estaba preocupado, sus ojos lo decían todo porque ellos eran los únicos sinceros. Era tan fácil inclinarse y obtener un beso. Pero no podía hacerlo, no era correcto. Se mantuvo en su puesto. Mirando la maleza entre sus dedos, húmeda y con un aroma a invierno. Un aroma que de cierta manera le recordaba el cabello de su madre, suave y sedoso cuando le hacía pequeñas trenzas. Hasta que llegaba su padre y le decía que era un descarrilado por hacerlo, que fuera mejor a jugar con autos y tierra, como un buen hombre. 

 

Cómo lo odiaba, como deseaba erradicarlo de su cabeza. 

 

—No sé qué hacer pero... Estaré mejor, eventualmente se irá—quería convencerse de que sería así, que su mente y corazón en algún momento dejarían de doler. Pero muy en el fondo sabía que no sería del todo así. Era tan cobarde que ni siquiera podía besarlo, y realmente quería hacerlo. ¿Qué tanto podrían complicarse las cosas entre ambos si lo intentaba? Podía imaginarse su rostro, sus manos alrededor de su rostro. Con amabilidad. 

 

Diciéndole que todo iba a estar bien. 

 

—Joder...Déjame ayudarte—el aroma de sus feromonas trató de reconfortarlo, era tan extraño sentirlo de esa manera. Y ahí, él lo abrazó. Fue tosco, se notaba que estaba esforzándose por ayudarlo y no pudo con ello. El llanto que Kirishima estaba tratando de guardar en sus adentros se desplomó en sus brazos, aferrándose. No quería mostrarse débil pero no podía controlarlo, no con él. No sabía si se estaba equivocando o no pero, se alejó de sus brazos unos momentos. Mostrándose como la miseria lo hacía pedazos pero en vez de evitarlo, acercó su rostro y lo besó con timidez. Y era obvio que lo alejaría pero tenía que intentarlo. Solo fue un tacto mas no sabía que dolería tanto ver el rechazo reflejado en sus ojos—. Mierda, Kirishima yo...

 

—Lo sé, es porque estás con Midoriya. Lo entiendo—musitó.

 

Katsuki negó, algo hastiado. 

 

—No, no es así. Es solo que no puedo verte de esa manera y no es porque seas alfa... Es solo que eres como un hermano para mí. 

 

Un hermano...

 

Si, dolía. Pero era mejor que nada, y aunque lo siguiente que recibió fue solo un abrazo. Durante ese breve instante, el doloroso fantasma de su padre dejó de gritarle lo nena que era por no ser capaz de devolver sus golpes. Por no poder endurecer su piel lo suficientemente a tiempo. Aprovecho y lloró desconsoladamente, aunque su piel quisiese quemarse viva por mostrarse débil ante otro alfa que fácilmente podría desgarrar su garganta, lo apreciaba. Estaba luchando contra todos esos sentimientos; era bueno. Duraron así unos minutos antes de que la noche fuera más fría y congelara los sentidos. Llegaron a los dormitorios y ahí estaban todos, siguiendo con sus vidas con normalidad. Katsuki como de costumbre se sentó en el sillón al lado de Momo, seguramente esperando a Izuku. El alfa de cabellos rojos lo miro por unos instantes antes de subir a su habitación, de alguna forma se había quitado un buen peso de encima. Quería pedir disculpas a todo el mundo pero las voces de su padre seguían ahí, y quizá lo harían por un tiempo. Así que prefería dormir. Después de todo, Izuku tenía razón. 

 

Debía enfocarse en ser mejor héroe y la tentadora oferta de Toyomitsu Taishirō para irse al norte del país con él seguía estando en su cabeza. 

 

...

 

Izuku no se sentía arrepentido de haberlo atacado, desde ese día en la biblioteca Eijirou apenas le había hablado así que era mejor. El problema fue cuando otras personas comenzaron a hacer preguntas, Ochako estaba demasiado interesada en sus tiempos libres. No sabía qué responder más que evitar sus preguntas con excusas. No era hábil haciéndolo, no sabía mentir y mucho menos ver en sus ojos la confusión. El problema real fue su madre, después de su citación para informarle sobre su comportamiento. Comenzó a llamarlo todos los días a la misma hora, contándole sobre sus días. Era utópico escucharla decir que hablaba con los alfas que estaban interesados en hallar un Omega, sabiendo perfectamente que prefería quedarse ante el ojo público como beta. Poco a poco diciéndole que debía tomar las riendas de su vida, que ser héroe era peligroso y aún más, una carrera corta. Que antes de morir debía hallar el amor, tener una familia, encontrar respuestas. No resistirse al deseo de su naturaleza. Intentó decirle algo sobre lo que poseía con Katsuki pero se detuvo a sí mismo, conocía bien su percepción del alfa. 

 

A Inko no le gustaba Katsuki. 

 

Y para evitar problemas, solo le preguntó cuándo sería su próxima visita con el doctor. Se alegró saber que sería su próximo fin de semana, necesitaba saber sobre su estado y encargar otra crema de feromonas. 

 

Cuando terminó con la basura de todos, se bañó para ir a dormir. No tenía mucha hambre, su estómago estaba revuelto desde hace unos días así que omitió su visita a la cocina. Cuando volvió a los dormitorios, en la sala común se hallaba Katsuki y Momo sentados juntos. El alfa la estaba evitando, solo seguía ahí porque era el único lugar libre. Era raro no ver a Kyōka con Momo, ignoró el hecho y siguió a su habitación. Katsuki fue tras él poco después, caminaron en paralelo por las escaleras hasta que llegaron al segundo piso, donde Izuku dormía. El alfa apenas rozó su mano para decirle:

 

—Hoy ven a mi habitación—Izuku asintió, se sentía cansado pero podía ver que las intenciones de Katsuki no era estar sobre su cuerpo, su expresión era clara, lo necesitaba a él. Al subir al tercer nivel, el alfa se detuvo en seco. 

 

—Kacchan, ¿qué pasa?—su expresión se arrugó. 

 

—¿No lo sientes?—Izuku estaba usando supresores, su nariz estaba casi dopada. No podía oler mucho, nada más allá de su cuerpo.

 

—No, no puedo sentir nada. 

 

—Huele a sangre—Katsuki se encaminó siguiendo el fuerte aroma hasta detenerse en la puerta de la habitación de Kyōka. Golpeó tres veces con fuerza antes de gritar—. ¡Audífonos, ¿estás ahí?!—no hubo respuestas y no había nadie más en el piso, Katsuki le entregó una sola mirada a Izuku y el Omega entendió. Se acercó a la puerta y con Ofa activado, rompió la cerradura. La puerta se abrió y el aroma a sangre penetró la nariz de Izuku. Era demasiada sangre, Katsuki entró claramente preocupado. Casi estresado por el olor—. ¡¿Kyōka?! ¿¡Dónde estás!?

 

—Baterista, por aquí—la voz era débil, Izuku tembló al oírla. Provenía de la puerta del baño, Katsuki no dudó y abrió la puerta para encontrarse con el complicado panorama: Kyōka estaba desnuda en la ducha y la sangre salía de su interior hasta parar en sus pies, era tanta sangre que el suelo poseía pequeños charcos de la misma. 

 

—¿Qué ocurrió?—se acercó a ella tomando su pulso, era demasiado débil. Había perdido mucha sangre, debían actuar rápido—. Deku, una manta—Izuku asintió al escucharlo, estaba temblando tanto que apenas podía buscar cosas en la habitación de Kyōka. Nunca había visto a Katsuki así, de hecho sí... Una vez, cuando él estuvo al borde de la muerte hace unos meses. El alfa estaba perturbado por el hedor asqueroso de la muerte, no lo culpaba, Izuku aún con supresores podía sentir el escalofrío subir por sus piernas. Serpenteando con ganas de avivar el miedo, no podía imaginar cómo sería sentir sus feromonas en plena forma. Los ojos de Katsuki siguieron los de Kyōka cuando la tomó en brazos. 

Ella estaba asustada, temblaba de frío. 

 

—Me equivoqué de persona, me equivoqué en todo. Yo no quería ser heroína, quería ser cantante y tú lo sabes. Tú mejor que nadie. 

 

Ella estaba llorando en su pecho. 

 

—Tranquila Kyōka, saldrás de esta—y Katsuki no sabía cómo sentirse. El dolor que estaba sintiendo en su pecho no era normal. 

 

Las feromonas de la Omega eran desesperantes, sus manos llenas de sangre evocaban con mínima lo terrible que era sentir la desesperación en sus entrañas, el dolor en sus adentros, hasta acabar en su espalda y rodillas. La sangre cayendo con fuerza y sin detenerse, el alfa deseaba detenerla por ese dolor y por esa voz que escuchó cuando el bombeo de la música cegó sus sentidos; cubrió su rostro con cuidado y la acercó a su pecho de forma posesiva. Salieron de la habitación, Izuku los siguió a grandes pasos. Katsuki la tenía aferrada con tanta fuerza a su pecho que apenas vió a Momo, sus colmillos se marcaron. 

 

Izuku por conciencia no sabía lo que estaba pasando pero su Omega interno sí lo sabía. Momo se acercó sintiendo el peso de las feromonas de su Omega, Katsuki no la escuchó y salió corriendo hasta la enfermería de la UA. La angustia acumulándose en el ambiente lo hizo ahogarse, había olvidado su nula forma de lidiar con las feromonas de los demás. Fue detrás de Katsuki porque le preocupaba él, ese peso en su pecho no podía ser solo unilateral. 

 

El color rojizo de la sangre seguía en su cabeza, oscilando entre el asco y el miedo. Sus entrañas estaban revueltas, apenas podía sentir el dolor de su cabeza por el nerviosismo dándole náuseas, tan intensas que comenzaba a probar la bilis en su boca; su propia lengua quemándose por ello. Podía verlo en la distancia, con las pequeñas manos repletas de sangre aferrándose a su espalda como si Katsuki fuera su propia vida. Momo venía detrás, corriendo con la mente en blanco. Los cuatro apenas podían sentir el escalofrío de la noche oscura. Con el absoluto universo mirándolos fijamente, esperando sus propios movimientos. 

 

Llegaron a la enfermería de la UA y todo se volvió difuso para Izuku. Los doctores comenzaron a correr, Katsuki gritó a Recovery Girl, Momo llamó a sus padres pidiendo un traslado para Kyōka a una clínica de omegas. La sangre estaba en todos lados, y el olor seguía penetrando su nariz. Hasta las palabras llegaron difusas a sus oídos, había sido un aborto. Una pérdida y por la mirada preocupada de Recovery Girl, ella misma se lo había provocado. Katsuki estuvo gritándole a Momo por horas antes de que ambos estuvieran llorando por algo que Izuku no entendía. 

 

Y es que los Yaoyorozu estaban obsesionados con la pureza de sangre, ellos no aprobaban el noviazgo de Momo y Kyōka, durante una celebración del té la Omega se enteró que estaba embarazada de Momo. La señora Yaoyorozu estalló en cólera al saber, dejando en claro que Momo solo podría ser feliz si estaba con un alfa y que su "aventura juvenil" debía cesar si ella todavía deseaba ser una heroína. Amenazaron a Momo con enviarla al extranjero y a Kyōka con quitarle el capital a sus padres. Momo no les hizo caso porque estaba feliz con la idea de ser madre pero Kyōka, no quería serlo y la presión de la familia Yaoyorozu la hizo tomar una decisión a solas. Se equivocó con la dosis del medicamento provocando una hemorragia interna severa y una lesión grave en su útero. Los doctores no estaban muy seguros de si pasaría la noche, no estaba marcada para hacer un ancla emocional* y había perdido mucha sangre. Llamaron a sus padres y le dijeron a Momo que esperara lo peor. 

 

Katsuki después de casi perder los estribos se dejó caer al lado de Izuku, en una pared contigua al pasillo de la enfermería. Estaba comenzando a amanecer y para nadie pasó desapercibido el momento. 

 

—¿Estás bien?—Katsuki, aún con la sangre seca de Kyōka en sus manos y ropa, le preguntó a Izuku en un susurro. Por su expresión, profundamente dolida y sus ojos completamente rojos, era obvio que estaba haciéndose la pregunta a él también. Izuku lo abrazó, no esperando que correspondiera su acto pero el alfa se aferró tan fuerte, que por un instante Izuku pensó que se quedaría sin aire en los pulmones. 

 

—No lo estoy y no sé porque—musitó.

 

—Yo tampoco, no tengo fuerza en el cuerpo. No puedo más—Izuku quería besarlo con tantas ansías para que olvidara ese dolor en el pecho... Solo se detuvo porque su trato era estar separados durante clases, aunque en ese momento, le importaba una mierda su trato, solo quería estar bien—. Si hubiera llegado antes, quizás estaría despierta, quizá no dolería tanto. 

 

—Kacchan, no te culpes, no lo sabías.

 

—Se supone que en unos meses seremos héroes, ¿cómo se supone que sea uno si no puedo oler el aroma de la muerte?—Izuku lo alejó, tomando entre sus manos su rostro, observándolo fijamente. 

 

—Hiciste lo que pudiste, ahora solo hay que esperar. Ella estará bien, Jirou es fuerte. Tengamos fe en que podrá hacerlo—Katsuki asintió y volvió a sus brazos con ese temor marcando su expresión. 

 

Pasaron unos minutos y Recovery Girl dejó en claro que había que esperar, que había hablado con Aizawa y que por el momento los tres debían dormir y limpiarse, que las clases comenzarían pronto y que el aroma a sangre podría desencadenar una ola de feromonas angustiantes. Los tres salieron del edificio, y cuando lo hicieron ahí estaba Todoroki y Mina juntos, esperando a los tres. El alfa con Momo y Mina solo dándole una mirada a Katsuki, más que suficiente para saber que estaba en las manos correctas. Llegaron a los baños, y apenas podían moverse. 

 

Katsuki quería decirlo pero no sabía cómo llamarle. 

 

—De alguna manera la sentía tan desesperadamente en mi pecho que arañó mi espalda, ella estaba susurrando tan suave que prefería morir antes de tener un bebé de Momo que no quería vivir con su equivocación. Que no se sentía digna... Y lo único que pude pensar fue en ese dolor que me provocaba y que no quiero que tú sufras así—Izuku se detuvo a sí mismo, observando a Katsuki, cómo apenas podía lavarse la sangre de sus manos bajo un chorro de agua fría en el lavamanos—. Los omegas tienen que soportar tanto y no sé cómo realmente lo hacen... ¿Cómo lo haces para seguir siendo tan fuerte?

 

Los omegas...

 

—Tengo a la gente correcta a mi lado—Izuku lo ayudó, observando cómo sus manos poco a poco se iban aclarando. Katsuki lo había ayudado tanto que hacer lo mismo por él era casi un acto de inercia. Lo ayudó a desvestirse e hizo lo mismo al bañarlo, tallando con cuidado su espalda en la ducha sin importarle su desnudes. Algunos estudiantes pasaron por ahí pero no hicieron preguntas, todos guardaron silencio. Hasta Kirishima que pudo identificar bien el dolor en su amigo. 

 

Las noticias corrían tan rápido que cuando Katsuki e Izuku salieron de los baños, ya todos sabían lo que había ocurrido. Ochako se acercó a hablarles pero Izuku le pidió silencio, que ahora no era el momento. Aizawa les dejo el día para descansar. Y eso hicieron, no tenían hambre así que se fueron a la habitación de Izuku. Se quedaron dormidos viendo una vieja película de Allmight en la laptop del Omega. Ambos al lado de otro, usando la ropa del contrario, tratando de recuperar las fuerzas que no llegaron con las horas de sueño. 

 

...

 

"Es hora de que dejes de ignorarme, pequeño hermano."

 

Izuku sintió el frío impactando su piel, provocando quemaduras. Gritó pero no pudo escucharse a sí mismo, hasta que sintió una mano cálida acunando su rostro en ese lugar oscuro. Levantó la vista de dónde estaba encogido por el dolor y vió unos profundos ojos rojos. Los siguió hasta alcanzar su boca, las cicatrices de los labios lo alertaron para alejarse, horrorizado pudo vislumbrar entre toda la oscuridad una sonrisa maquiavélica. No era Katsuki pero su Omega interno estaba ansioso con él ahí, feliz, enojado y excitado. Eran tantas emociones que no sabía cómo interpretar la escena, ni siquiera sabía dónde estaba. Todo era tan oscuro y frío que apenas podía ver más allá de unos centímetros. Todo estaba cubierto con cenizas y caían del cielo como nieve, acariciando su piel fría. 

 

Los labios volvieron a besarlo, y esta vez no pudo negarse. Su Omega interno había tomado fuerza en su cuerpo, aún sin ver a quien estaba besando, su cuerpo estaba tenso y anhelante. Lo hacía y a la vez no podía negarse, no entendía nada más que la sensación de miedo llenando sus entrañas. Estaba mojándose, estaba delatando su estado de Omega y no sabía cómo detenerse. No reconocía a la persona y solo deseaba huir lejos. 

 

—No tengas miedo, mi pequeño Omega. Él no está aquí para ver lo fácil que eres con solo un beso de mierda—la voz, la pudo reconocer apenas escuchó la primera palabra. Activo su Ofa y golpeó el rostro. Todo a su alrededor se aclaró, Tomura con su rostro lleno de cicatrices le sonrió altivo. Limpiándose la saliva restante de su beso. Izuku estaba tan confundido que no podía moverse ni controlar su cuerpo—. ¿Por qué tan sorprendido? Déjame adivinar, no sabías que yo era tu alfa. 

 

Izuku dejó de respirar. 

 

—¿Dónde estamos? Necesito salir de aquí—comenzó a hiperventilar, su pecho no podía registrar el oxígeno que sus pulmones estaban tratando de guardar. Las lágrimas volvieron a sus ojos, Tomura se acercó tratando de calmarlo pero cada vez más cerca estaba, más penetrante era la sensación de calma y rabia. 

 

—Tranquilo, no hay de qué preocuparse. Estamos juntos aquí, siempre estaremos los dos aquí—finalmente a su lado, le mostró el mundo que había construido. Roto y hecho cenizas, Izuku pudo reconocer los cuerpos a su alrededor, destruidos y desmembrados. Eran sus compañeros de clase, y algunos héroes que lo ayudaron en el pasado. Por el patrón de sus heridas, sabía que lo había hecho él. Observó sus puños y estaban repletos de sangre. Negó tratando de entender, no era posible. Debía ser un sueño, él nunca le haría daño a sus amigos. 

 

"Pero ya lo hiciste con Kirishima."

 

—¿Dónde está Kacchan?—Tomura apenas escuchó el nombre comenzó a reírse con fuerza, dejando ir saliva de sus labios mientras lo hacía. Izuku trató de alejarse pero tropezó con algo, cayendo de lleno en el concreto hecho añicos. Aguantó el grito en su garganta al ver el rostro frente suyo. 

 

—Sabía que te gustaba su rostro de niño bonito, así que fui considerado con él—su cuerpo no estaba ahí, pero era reciente porque aún la sangre salía de sus labios y cuello. Decapitado y mirándolo como si estuviera tratando de calmarlo, sin vida en sus ojos. Ahora su llanto alcanzó su propio corazón. Tomura tomó con cuidado la cabeza y la acercó a Izuku—. No te pongas triste, él está aquí para tí. Vamos, dile hola y dale un beso, no soy egoísta. No tengo miedo de compartir.

 

Deku, Deku, Deku. 

 

No era real, nada lo era. Pero la risa de Tomura estaba llegando hasta su oídos con tanta fuerza que se fue contra él, golpeándolo con el Ofa. Mientras estaba destruyendo su rostro, él seguía riendo, riéndose de él..."

 

—¡Deku!—despertó viendo a Katsuki a su lado, lo primero que hizo fue tocar su rostro, brazos y pulso. Estaba llorando y apenas pudo cerciorarse de su estado, lo abrazó con fuerza, pegando su oreja a su pecho, escuchando su pulso. Bum, bum, bum. Con vida—. Tranquilo, ya estoy aquí. Solo fue una jodida pesadilla, tranquilo. 

 

Lo sabía, entendía que había sido solo una pesadilla pero no podía dejar de sentir los labios de Tomura sobre su boca, el miedo inundando su pecho. La sensación atemorizante de verlos a todos destruidos, y la más dolorosa de todas... Su corazón no podía con el dolor que le había provocado ver a Katsuki decapitado. Tenerlo entre sus brazos y sentir su calor, el pulso de su corazón vivo era mucho más reconfortante que saber que era un sueño, un mentira de su mente. Tanto miedo que sintió y no pudo escuchar más que su llanto. Ahora entre sus brazos, sus susurros y el beso en su cabeza. Se sentía tan afortunado. Tanto que por un momento olvidó aquello. 

 

Que Tomura le había mostrado su futuro. 

 

...

 

Cuando abrió sus ojos, lo primero que vio fue el cabello blanco, la piel morena, las orejas de conejo y los rojos ojos desafortunados. Su silueta contra la ventana que evocaba la estación próxima, el frío y las hojas cayendo para ser recogidas por el viento. Tomura no estaba feliz siendo un títere pero no conocía otra vida, su maestro lo había acogido en su peor momento, igual que ella. Cada día yendo a verlo después de que perdió sus extremidades, susurrándole al oído lo mucho que lo odiaba por quitarle su estado de héroe, su sueño, su vida. Lo mucho que esperaba que algún día muriera y que ella iba a estar ahí, arrojándole una rosa en su funeral. Una rosa podrida. Tomura no conocía el sentimiento de la persistencia y el odio pero ella le entregaba cierta tranquilidad. Mirko, la heroína conejo, lamentablemente retirada después de perder un brazo y una pierna. Sus prótesis eran las más avanzadas del mercado, simulando su brazo y pierna normales. Casi idénticas a su piel de no ser por el tono más claro en sus prótesis por el desgaste del tiempo. Tomura nunca la había visto en persona más allá de esas veces que lo fue a visitar mientras estaba en coma. 

 

La veía y podía decir con claridad que su belleza no tenía límites.

 

Pero el sentimiento en su pecho era repugnante, tenía una misión. No había podido arrebatarle el Ofa al pequeño estudiante, Afo le dijo que la razón de porque lo había escogido no solo era por su linaje. Sino más bien porque entre sueños, en las pesadillas de las víctimas de sus robos, pudo ver con claridad la supremacía destructiva del verde junto al rojo y blanco. Él ya sabía que Tomura tendría de destinado a un Omega resentido con la sociedad, sin particularidad. Sin embargo, nunca imaginó que ese pequeño sería el pupilo de Allmight, no estaba en sus planes pero el destino estaba de su lado. No podía robarle el Ofa por voluntad propia, pero Tomura siendo el alfa del pequeño, podría usar su voz. Y los problemas de voluntad estarían zanjados. 

 

El Ofa sería de Tomura y al final suyo. 

 

Y esa voluntad era la de Tomura. Esperando cada día el momento exacto en dónde su plan surtiera efecto. Aún así, no contó con la presencia de Mirko. La Omega más fuerte de todo el mundo. 

 

—Ya veo, despertaste pedazo de mierda—la heroína lo observó con desdén. 

 

—¿Qué haces aquí si me odias tanto? Solo eres un estorbo para mí—el rubor de Tomura se ocultó detrás de su mascarilla. 

 

—Contrario a mis deseos, debo cuidarte, de otra manera el poco dinero y reputación que me quedan serán historia. La comisión cree que puedo hacer que recapacites. Honestamente, solo quieren tu quirk de mierda para sus trabajos de mierda. Así que no te hagas el listo porque apenas te vayas de aquí te mato si haces un paso en falso—Tomura tragó con cuidado. La verdad, no se lo esperaba. 

 

Estar cerca de ella quizá podría asegurar la credibilidad que necesitaba para tener un poco de libertad. Solo sería cosa de tiempo, podría estar cerca de Izuku y marcarlo para finalmente hacer suyo al Ofa sin necesidad de llamar la atención de los héroes innecesarios. 

 

...

 

 

...

 

 

...

 

Ancla emocional: situación médica en donde Omega/alfa en estado crítico se le induce un tratamiento de feromonas a través del lazo para acelerar el metabolismo del afectado y la sanación. Posee una tasa de éxito del sesenta por ciento.

Chapter Text

"Es una adicción, parte de la enfermedad es ser adicto a ella. Desear sanar, vivir por ella y morir algún día por esa misma razón. Con la esperanza marcando cada día, hasta ese día en cuando la enfermedad finalmente acabe con todo a su alrededor. Quizás el amor es eso… Una miserable enfermedad de la cual no se puede escapar porque vive como un parásito dentro de tu cuerpo."

 

...

 

Kyōka no lo pudo superar. Katsuki estuvo en silencio una semana y a Momo, no le ocurrió nada en lo absoluto. 

 

Izuku no lo podía tolerar, desde la mañana en que confirmaron que Kyōka había fallecido, Katsuki no parecía siquiera desear comer. Entrenaba, estudiaba en clases y todo lo normal pero nada más, las tardes de ellos juntos se habían esfumaron y con ellas… Las pesadillas cada vez se volvieron más vividas. Las primeras veces eran solo besos, manos efímeras en el cuerpo y sonrisas torcidas del psicópata de Tomura. Con los días los besos fueron a otras partes de su cuerpo, hasta alcanzar su intimidad, las manos penetraron lugares que nunca pensó en dar a conocer a otra persona que no fuera Katsuki y poco a poco llegaron hasta el sexo. El problema no era excitarse por esos sueños, sino porque muy en el fondo de su corazón, su Omega interno lo deseaba. Sin los tactos de Katsuki, su cuerpo iba en picada hasta el más puro instinto de su Omega interno. Presentarse a su alfa destinado era todo lo que deseaba hacer. Antes, cada día luchaba para que no doliera su cuerpo por resistirse al castigo de la naturaleza, pero ahora luchaba todas las mañanas en su ducha personal para no presentarse a clase con una pre rutina por culpa de un sueño húmedo con su enemigo. Sus dedos no eran suficientes así que poco a poco los juguetes se volvieron su mejor herramienta para soportar las ansias. Pero lo que más llamaba su atención era…

 

¿Por qué él? ¿Por qué se sentía así si con Kyōka nunca tuvieron una relación más allá del compañerismo? ¿Katsuki le había ocultado algo? 

 

Buscó información hasta que halló la remota posibilidad que una Omega femenina pudiera tener hasta tres destinados. Si Katsuki era uno de los destinados de Kyōka, tendría sentido su mirada perdida y la falta de apetito. Sin embargo, Izuku tenía miedo, un alfa podía fallecer por ello. Por pena al perder su destinada. Y después que viajaron hasta el centro de Tokio para rendir los exámenes escritos finales, trató de hablar con él pero Mina, Sero, Kaminari y Kirishima se le adelantaron. Trataron de hablar antes y él solo les respondió mostrando sus colmillos y usando la voz para que lo dejaran en paz. Él nunca en sus cinco sentidos habría usado la voz en contra de sus amigos. Realmente estaba mal. Así que Izuku se sentó al lado de Aoyama de vuelta a la UA en el autobús y pensó, ¿cómo hacer sentir mejor a Katsuki? ¿Cómo hacerlo evitar la pena? Su mente pensó inmediatamente en el sexo pero sabía que eso no sería suficiente para Katsuki, tenía que hacer algo realmente significativo. Dónde pudieran hablar con honestidad de sus sentimientos, y ahí su mente solo pudo evocar el ground beta. Dónde ambos mostraron sus sentimientos a través de los puños porque no sabían cómo interpretarlos a través de las palabras. Cuando llegaron, Izuku lo primero que hizo fue ir a solicitar el permiso para que fuera lo antes posible. Al llegar, Todoroki estaba saliendo de la enfermería con una caja. Probablemente la que debía tener condones y otros implementos. 

 

—Oh, Midoriya. ¿Qué estás haciendo aquí?—Izuku no le había dicho a ninguno de sus amigos sobre su estancia extracurricular con Katsuki. No creía que fuera necesario hasta que el alfa comenzó a comportarse de esa manera, dejándolo solo. Pero hacerlo también sería confesar su secreto a otra persona y no sabía si Katsuki estaría de acuerdo en confiar su estado sexual con Shoto. Aunque el alfa, honestamente, era una persona bastante confiable. Solo sus ojos habían visto lo peor y aún así podía seguir sonriendo a los niños que salvaba. 

 

—Estaba pidiéndole permiso a la encargada de los gimnasios. Quiero entrenar con Kacchan en el ground beta… Y me gustaría también que pudiéramos hablar como amigos sobre algo muy importante. ¿Puedes?—Todoroki asintió apenas escuchó la pregunta. Lo espero afuera de la oficina de administración con su caja de la enfermería, algunas Omega lo quedaron mirando atónitas. Shoto no tenía complejos sobre su vida sexual, como era alfa poseía una especie de ventaja. Si hubiera sido Omega, sería insultado por tomar libertades mientras que si fuera beta, realmente no importaría. A pocas personas realmente le importaba lo que hacía un beta con su vida.

 

Cuando salió Izuku, Shoto dijo que lo mejor era que hablaran en su habitación ya que estar con la caja era un poco molesto. Al llegar, Momo estaba fuera de su habitación, abriendo la puerta con una caja de cigarrillos en las manos. Todos estaban impresionados por su pérdida pero aún más por su nula expresión ante ello. Izuku lo sabía, la destinación de las omegas femeninas que tenían más de un destinado era similar a una manada. El alfa superior de la manada se estaba llevando todo el dolor por los demás, por eso parecía dopada en un sentido insensible. Caminaron hasta que llegaron a la habitación de Shoto, Sero estaba despidiendo a Mei pero no parecían estar bien. Izuku lo ignoró y se adentro al lugar, el estilo japonés era un poco abrumador pero lucía bastante cómodo. Se quitaron los zapatos y fueron hasta el kotatsu. Ya había té verde y un poco de polvo blanco en la mesa. Metanfetaminas.

 

—¿Estás sobrio, limpio o cómo se dice?—Shoto asintió escondiendo la caja en uno de los armarios. 

 

—Limpio, y sí. Eso es de anoche. Mi sistema se limpia cada seis horas, el súper metabolismo de los alfas es un poco aguafiestas en ese sentido. Mina quería algo interesante antes de rendir el examen, está preocupada. Su madre no ha parado de llamarla y pedirle que no tome ofertas. 

 

—¿Ya ha recibido ofertas?—Izuku lo sabía, Mina había estado más nerviosa de lo común últimamente, aunque eso no había influido demasiado en su rendimiento. 

 

—Muchas, su peso en diamantes en bruto. Es un poco complicado la verdad, pero le pedí a mi viejo que usara sus influencias para ayudarla y alejarla de los más obsesivos. Ella no lo sabe pero quiero ayudarla de una forma u otra—Shoto comenzó a preparar más té, Izuku se sentó en paralelo a él en el kotatsu. La ventana recién abierta dejaba entrar una brisa fría. 

 

—¿Cómo está él? Después de todo lo que ha pasado con Dabi y eso de tu madre. 

 

—Bueno, la verdad mi mamá está bien. Sigue con su vida aunque debe tomar pastillas para el estrés, Dabi… Bueno, hace lo que siempre ha estado haciendo, esconderse y huir. Pero ya como familia y hermano lo tengo asumido. Y en cuanto a mi viejo, sigue yendo a firmar diariamente a la cárcel. Le quedan unos cuantos meses de servicio comunitario pero la gente ya realmente no lo ve como antes. En realidad, a ninguno de nosotros. No nos quieren en las calles—era verdad, los estándares de los héroes seguían subiendo como espuma. Ganaban buen dinero y las encuestas de popularidad seguían siendo importantes pero las personas ya no le decían a sus hijos que los héroes los salvarían. Todo lo contrario, decían que lo mejor era hacerlo ellos mismos. Y era peor cada día, la tasa de criminalidad subía y nadie quería culpar a nadie. Todo era un tema muy delicado por no decir que a punto de ser peor para los héroes—. Pero bueno, mi familia siempre ha sido extraña y problemática, nada nuevo. Así que, ¿de qué querías hablar Midoriya?

 

Izuku recibió una taza de té verde en sus manos. La delicada porcelana aún no estaba cálida por el líquido pero era agradable al tacto, vio su reflejo en el líquido amarillento y suspiró. Realmente no sabía por dónde empezar mas viendo sus ojos y la forma en que buscaba su confianza… No podía evitar preguntar. 

 

—¿Puedo confiar en ti? Lo que voy a decirte es muy delicado, no solo para mí sino también para la otra persona—Shoto se acercó, siempre había poseído el sentimiento de desear cuidar a Izuku aunque los poderes entre ambos fueran abismalmente diferentes, y el fuera el más poderoso de ambos. Podía estar seguro que Katsuki se sentía de la misma manera, el Omega hacía sentir así a los alfas de su alrededor, sobretodo a aquellos que le tenían cierto cariño. 

 

—Puedes hacerlo, prometo ser la persona más discreta que hayas conocido. 

 

Izuku comenzó con su estado, como era Omega y se escondía detrás del manto de un beta para estar más seguro frente a la sociedad. Con cada palabra pensó por un momento que se estaba ahogando hasta que Shoto tocaba su mano con cariño, dejando ir esas feromonas que no le podían provocar nada pero que estando la intención ahí, se sentía más tranquilo. Llegó hasta donde Katsuki le había ofrecido ayuda a las afueras de la UA y por unos instantes dudó en decirle pero ya era demasiado tarde, le confesó todo. Hasta esos sueños que ya no le dejaban ser normal, aunque no específico que fuera Shigaraki el protagonista. Le habló hasta de su visita al doctor que le confirmó que estaba mejor. Que siguiera así, pero sin Katsuki ahí… Realmente no había otro alfa sobre la tierra que le diera ese tipo de confianza física. Cuando terminó, la noche ya estaba sobre la UA y todos estaban preparándose para ir a dormir, mientras que ellos seguían hablando. 

 

—Debes hablar con él, no sabrás que está ocurriendo realmente si no te comunicas con él. Sí ya sus amigos no surtieron efecto, hazlo tú. Si no puedes solo, me llamas y lo congelamos hasta que hable—Izuku trató de reír pero no pudo, ante ello Todoroki se acercó y lo abrazó. Fue tan agradable que Izuku se estrechó con fuerza contra él—. Bakugō te escucha, él aunque no lo demuestre lo hace. Si Kyōka era su destinada y él no lo sabía, necesita apoyo. Cualquier cosa, sabes que siempre estaré aquí. Para ambos. 

 

—Muchas gracias por escucharme—se alejaron, ya era demasiado tarde y el cansancio estaba mermando en ambos. 

 

—Y no te preocupes, tus secretos son solo míos y tal vez de las cosas que hay aquí—Izuku sonrió, se puso de pie y suspiró con alivio.

 

—Debo irme, mañana será un día agitado y debo descansar. Nos vemos mañana, Todoroki—el alfa despidió a Izuku en la puerta, una vez que la cerró solo faltaron unos minutos para que tres golpes característicos hicieran eco en su cabeza. Eran casi las doce de la noche, sin duda era Mina. 

 

Visitarlo en las noches se había vuelto una rutina con el pasar de las semanas, algo reconfortante sobretodo ahora que Momo parecía ignorar a todo el mundo. Con un suspiro en los labios, ella le dijo todo lo que debía saber. No iban a tener sexo y Todoroki estaba de acuerdo, su cansancio ya era demasiado. 

 

Ambos se acostaron en el futón. Apenas tocando sus dedos de los pies, mirándose a los ojos de vez en cuando para ver quién se dormía primero. Faltaron unos cuantos movimientos para que sus bocas se hicieran una. Y así se quedaron, tan cerca del otro que la respiración se sentía cálida contra el frío a flor de piel. Como un beso pequeño con cada exhalación. Uno suave y terso que contrarrestaba todas las preocupaciones que los próximos exámenes podían provocar, y aquellas preocupaciones que no se podían expresar con claridad pero hacían ruido en sus cabezas. Media hora después y Mina estaba durmiendo sobre el pecho de Todoroki, por el lado izquierdo para calentar sus manos del frío de diciembre.

 

 

"Las manos se apoderaron de sus caderas, el ritmo era exhaustivo. Su corazón golpeaba con fuerza en su cabeza, y sus propios labios no podían con la sensación espumante subiendo por sus piernas hasta alcanzar su centro. Los gemidos poco a poco comenzaron a llenar la habitación oscura, que poseía muebles viejos y una cañería que tenía una gotera que llegaba hasta un piso lleno de moho. No había amor, solo sensaciones nacidas del instinto de su Omega interno. Las gotas de sudor viajaban por su cuerpo, demostrando todas sus calores; él parecía disfrutar de la debilidad de su cuerpo aún más que la sensación de su polla llegando hasta el fondo, Izuku no sabía que hacer más que esperar a que terminara pronto. Su cuerpo lo deseaba con tantas fuerzas pero su cabeza no podía con ello, así que al momento que Tomura anudó en su interior, vómito la cama vieja, ahogándose un poco en la bilis restante en su boca. 

 

—Puedes seguir convenciendo a tu cabeza que no quieres estar así conmigo, pero mientras más estés en negación, tu culo me absorbe con más fuerza. Esto es obviamente un sueño, pero visitame en la vida real y te daré todo aquello que él no puede. Después de todo, tu alfa destinado aquí soy yo—él se acercó por detrás y mordió cerca de su glándula como advertencia, el terror de esa acción hizo a Izuku casi desear morir ahí mismo."

 

Izuku se ahogó en su propia saliva, comenzó a toser hasta que su pecho se quemó por la falta de aire. Cada vez eran más fuertes los sueños, cada vez eran más desesperantes. Su cama nuevamente estaba húmeda en su mancha y verlo era tan desconcertante que poco a poco sus lágrimas comenzaron a llenar sus mejillas. Estaba cansado, necesitaba estar con Katsuki. Lo necesitaba más que nada. Si seguía así, estaba seguro que podría volverse loco. 

 

 

Katsuki lo sintió incluso antes que ellos se lo dijeran.

 

Fue como si una parte de su cuerpo hubiera sido arrebatada. Quemó hasta que no pudo ahogarse en su propia saliva porque era un alivio y sentirse así se percibía tan egoísta en su pecho que no sabía cómo realmente expresarlo. Izuku lo buscó durante días con la mirada, preocupado y tratando de ayudarlo pero no pudo hacerlo. No podía escucharlo, simplemente no se sentía bien. Ni siquiera sus palabras salían sin que su boca se secara. Sus colmillos inevitablemente se llenaban de veneno para impregnar en la carne. Su cuerpo estaba tan a la defensiva, que un solo empujón de un chico de primero en los pasillos lo hizo casi ahorcarlo hasta la muerte de no ser por la voz de Aizawa tratando de hacerlo entrar en razón. No pudo pero fue suficiente para calmarlo por el momento. Fue a su habitación y trató de buscar las respuestas y no podía creer que lo que encontró fue más desconcertante que sus sentimientos. Era uno de los destinados de Kyōka y se estaba llevando la peor parte por ser el más fuerte de la supuesta manada a la que pertenecía. Cada mañana que despertaba era una lucha, el cansancio en sus músculos, el frío en sus huesos y la pesadez de sus labios lo hacían tan difícil que apenas se miraba al espejo y las náuseas subían por su garganta. 

 

Así que quitó el espejo de su habitación. 

 

Izuku siempre estaba en la vuelta de los pasillos buscándolo para que pudieran hablar pero era mejor evitarlo, no creía que ser capaz de mirarlo a los ojos y decirle que odiaba cada parte de sí mismo por una chica que encontraba amigable sin siquiera conocerla bien. Una chica que lo miró a los ojos en sus últimos momentos y le dijo que no se arrepentía de nada, que prefería morir antes de ser madre de una criatura que podía odiar si seguía creciendo en su estómago. Era tan injusto, Kyōka hubiera sobrevivido con un buen plan médico, con el dinero de los Yaoyorozu hubiera sido más que fácil para ella tener un aborto seguro. Todas las noches veía sus manos llenas de sangre y ella ahí, acompañándolo con una sonrisa amable. Cantándole y pidiéndole perdón por no haberle dicho que sentía algo "especial" por él. 

 

"Lo siento, la vez que tocaste la batería lo supe. Por eso te rogué que lo hicieras, nuestro lazo era a través de la música. Fluía entre nosotros pero siempre estabas mirando a Izuku que nunca lo notaste. No te culpo, lo nuestro nunca hubiera funcionado realmente. Es solo, que realmente se sentía como si fueras mi guardian. Cómo si fueras el ideal para cuidarme. Nunca lo dije y no me arrepiento de ello porque sabía que de alguna forma te hubieras entregado por completo a ese concepto." 

 

Katsuki no sabía si era su mente pasándole una mala pasada, o si era realmente ella. Pero cada vez que despertaba sus lágrimas estaban regadas por la almohada, y no eran lágrimas normales. Eran de sangre. No sabía qué hacer, intentó hablar con Momo sobre ello pero no podía evitar querer sacarle la cabeza por haber descuidado a Kyōka de esa manera. 

 

Aún así, ella era el otro extremo del dolor, no estaba sintiendo nada. Mientras que Katsuki era un remolino intenso de dolor, Momo apenas podía sentir sus labios secos en la mañana. De cierta manera ignoraba los problemas de su familia, la presión de ser perfecta, y las preguntas que todos le hacían acerca de Kyōka, porque si pensaba por un momento en ello toda su mente daba vueltas alrededor de los ojos de su Omega. Cómo estaba decepcionada de sí misma. 

Pensar en ello era desesperante y no estaba lista para afrontar los problemas. 

 

Cuando Katsuki se retiraba de ver la penumbra mental de Momo, seguía su vida como apenas podía. Todos los días iba a clase y se esforzaba por dar lo mejor de sí mismo, mentía delante de todos por un poco de espacio. Buscó todo tipo de información para saber cómo detener el dolor y poco antes de los exámenes finales escritos, halló la respuesta. Para detener el vínculo que lo unía hasta la muerte a Kyōka, debía enlazarse a otra persona. Iniciar una nueva vida y marcar a un Omega para dejar de sentir el dolor de su pecho, para dejar de soñar con ella cantándole mientras trataba de limpiarse las manos con sangre infinita en un baño oscuro, para dejar de sentir las náuseas mañaneras cada vez que veía su rostro lleno de lágrimas de sangre. Repleto de vida mientras que Kyōka estaba en una urna en un altar en el hogar de sus padres. Siempre amada pero sin vida.

 

Dolía, ardía y quemaba por dentro pero… ¿Marcar a otra persona para salirse de su penumbra mental por culpa de un lazo que no sabía que existía? No era tan egoísta. Y luego estaba él… Izuku le sonreía para tener un poco de charla pero lo evitaba, mirando más allá de él, pasando a su lado sin decirle nada. Ignorando sus palabras. Llegaron a un punto dónde ninguno de los dos sabía cómo continuar sin pensar que se estaban equivocando. 

 

Los exámenes escritos llegaron y mientras iban de camino al autobús para volver a la UA, Kirishima, Sero, Mina y Denki lo presionaron para hablar pero no controló sus instintos depredadores y mostró sus colmillos con veneno usando la voz para alejarlos. No lo creía posible, apenas se podía controlar, así que cuando volvieron a la UA, se encerró en su habitación. No sabía en  lo que se estaba convirtiendo, pero era muy similar a su antiguo yo. Con las inseguridades mermando su comportamiento, e Izuku se merecía alguien mejor que un alfa gruñón que apenas podía controlar sus propias emociones por el fantasma de una amiga. Así que durmió, esperando por un momento que ella dejara de cantar esas agonías que solo ambos podían sufrir. 

 

...

 

"Hacía frío, sus manos temblaron por el fresco hielo formándose en ellas. Estaba sobre el suelo, húmedo y desnudo con las cicatrices de su cuerpo brillando alrededor de la oscuridad, se atrevió a ponerse de pie porque ella ya no estaba ahí. Seguía sangrando por los ojos pero el dolor de su pecho estaba poco a poco cesando. Los ruidos de dos cuerpos encontrándose y el llanto lastimero de un Omega lo alertaron inmediatamente pudo escuchar. Comenzó a correr por el espacio, una capa de nieve se acumuló en cada paso que dió por su cuenta. Cada vez más cerca del sonido podía reconocer el sonido del llanto, alguien llamando su nombre mientras pedía auxilio. Era Izuku, y cada vez que creía encontrar algo en medio de la nada, parecía retroceder. Su pecho quemó de tanto correr, sus manos sangraron cuando cayó de rodillas en la nieve y golpeó el suelo por la frustración comiéndose su corazón. Sus huellas eran tan rojas como la piel viva de sus pies pero lo más que dolía en su cuerpo era el sonido de Izuku llamándolo, pidiéndole ayuda y a su agresor que se detuviera. Que dolía, que se sentía como si estuviera muriendo. 

 

—Están conectados—escucho la voz de Kyōka, su cuerpo estaba junto al suyo, en la nieve desnuda mientras le extendía una mano para ayudarlo a ponerse de pie—. El dolor que estás sintiendo es el mismo que él siente en los sueños. 

 

—¿De qué estás hablando?—Kyoka lo ayudó a ponerse de pie y tomó con cuidado su cabeza, tratando de hacerlo ver algo en la inmensa nada. 

 

—No quieres verlo, pero tienes que hacerlo—Katsuki no entendió hasta que poco a poco su cuerpo fue vistiéndose con su ropa de héroe, sus pies ya no sangraban por las quemaduras del frío, y la desolación del clima a su alrededor se convirtió en el calor de una batalla. Estaba con Izuku en medio de una ciudad, destruída con sus compañeros inconscientes regados a su alrededor. Apenas estaba asimilando la escena cuando Shigaraki comenzó a bajar de un montón de escombros—. Ten cuidado, este sitio no parece ser parte de tu conciencia, es un sueño pero alguien te lo está haciendo y puede provocarte daños reales si te descuidas. Haré un esfuerzo por ambos porque el lazo se está debilitando, pero cuídalo, él te necesita más que yo. 

 

Después de eso, Kyōka se marchó. Los sentimientos biólogos del lazo entre ambos se borraron de la misma forma que llegaron, la única respuesta a ello es que alguno de la manada debió apagar su humanidad* o marcó a otro omega. Katsuki lo ignoró porque sus oídos ardían pero podía ver cómo Izuku se acercaba a Shigaraki sin intenciones de atacar, al contrario, su cuerpo se arrodilló ante él. Cuando el alfa llegó a su lado, acarició su cabeza con cuidado, el propio Izuku se entregó a esas caricias. Soltando feromonas de placer al sentir el calor de su alfa. 

 

—No es increíble lo fácil que es con solo un tacto, aunque supongo que sabes lo que significa, después de todo también lo usaste—Shigaraki golpeó a Izuku, Katsuki intentó moverse para ayudarlo porque el Omega no parecía estar en sus sentidos. Al momento de recibir el golpe, en vez de quejarse y atacar, gimió y su traje de héroe se humedeció justamente dónde estaba su trasero. Demostrando que en vez de molestarse por su golpe, al contrario, se estaba excitando. Shigaraki comenzó a reírse con más euforia, casi llorando al dar cada golpe en el cuerpo de Izuku. Katsuki intentó por todos sus medios moverse para proteger a Izuku pero lo único que obtuvo fue caer al suelo, justamente a su lado, viendo los labios que alguna vez besó llenos de sangre y con las mejillas rosadas y las feromonas excitadas saliendo de su cuello. 

 

—¡Detente pedazo de mierda!—alcanzó a escupir entre dientes, Shigaraki se acercó a su lado, jalando de su cabello para que pudiera ver cómo Izuku se desvestía y se presentaba ante Shigaraki, separando sus nalgas y mostrando su entrada rosada y húmeda. Katsuki no pudo ver. No podía verlo así. 

 

—Vamos alfa, lléname con tus cachorros—la voz de Izuku, esa voz llena de deseo y placer, la podía reconocer tan bien que su pecho dolía con la idea de no poder despertar, porque era un sueño, ¿verdad?

 

—Presta atención, héroe. Voy a llenarlo como lo solías hacer tú pero no te preocupes. No seré gentil para que no pueda olvidarte—Shigaraki soltó a Katsuki para bajarse los pantalones, con una mano masturbó su polla. Quejándose en extremo y llamando a Izuku Omega sucio. Cada vez que lo denigraba, él parecía excitarse más. Cerró los ojos y pegó su frente al suelo sucio, odiando los sonidos que ambos cuerpos encontrándose provocaban. Las súplicas exactas de Izuku y los quejidos que Tomura hacía cada vez que se encontraban. No podía hacerlo, no podía. Tenía que despertar, debía hacerlo…"

 

Finalmente despertó en la mañana, con dolor de cabeza y mareos repentinos. Se había dormido con la ventana abierta y afuera ya se estaba asentando el frío. Su frente se encontraba caliente y sudando, tenía fiebre pero sus cojines afortunadamente no estaban manchados con sangre. De alguna forma el dolor que el fantasma de Kyōka le había estado provocando por semanas se fue como había llegado, en un parpadeo. Sin embargo, estaba la nueva situación, no sabía si su "sueño" era premonitorio o alguna bajeza de alguien más pero tenía que alejar a Shigaraki de Izuku sin importar la forma. Shigaraki debía estar cinco metros bajo tierra. Personas como él, con deseos tan oscuros y terribles, no podían vivir. No dudaba que Izuku pudiera con él, pero si su sueño tenía cierta influencia en la realidad, quizá no era del todo buena idea que ellos dos estuvieran solos en mitad de una batalla. Si tan solo fuera más fuerte… Podría matar a Shigaraki fácilmente. 

 

Su mente hizo un click, nunca antes en su vida había deseado tanto matar a alguien. Era nuevo sentir ese deseo, la sed de sangre palpitando con fuerza en sus venas. No sabía si era bueno o malo pero… 

 

Realmente no le importaba, era mejor que sentir dolor. 

 

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Apagar humanidad: Cuando alfa/Omega para renunciar al dolor de una pérdida, se rinden ante lo instintos de su alfa/Omega interno. Pueden volverse en extremo violentos y su comportamiento puede variar dependiendo del dolor, nunca recuperan su consciencia. Y usualmente son llevados a clínicas psiquiátricas para tratar su locura emergente.

Chapter Text

"La poesía de la destinación es hallar en el otro lo que falta en el corazón propio; seguridad, amor, felicidad, piedad, maldad... Partes equitativas entre luz y oscuridad, manteniendo el gris para formar un equilibrio. Cuando no existe el equilibrio entre ambas almas, el alma más débil contaminara a la más fuerte. Con la sola intención de corromper el diseño natural de un modelo que estaba destinado a fracasar."

 

....

 

La pérdida de Kyōka dividió a la clase entre las personas que todavía la recordaban con cariño, y las personas que deseaban dejarla ir para que no doliera más su ausencia. Denki era una de las personas más afectadas aparte de Katsuki y los padres de ella. En ocasiones se dormía en la habitación de ella, en el suelo frío porque los padres de Kyōka se habían llevado todo y no querían nada que ver con la Academia. Denki pasaba horas ahí, mirando las manchas personales de la habitación y apreciando el leve aroma a canela hasta que el frío lo hacía temblar. Shinsou siempre lo iba a buscar a altas horas de la noche, lo tomaba en brazos, acunando su cuerpo y le repetía mil veces que estaría a su lado para siempre. Porque ahora el rubio le tenía un profundo terror a perder más personas importantes de su alrededor. Pasó de estar en compañía de sus amigos a tener siempre de la mano al alfa de cabellos índigo, apretando tanto su mano que le dejaba roja la piel. 

 

Aizawa no decía nada sobre el cambio repentino de comportamiento, él también estaba de alguna forma de luto. Guardando silencio, dando consejos emocionales y alertando a cada uno de sus alumnos sobre lo que el futuro podía quitarles. Porque si todos debían ser honestos con ellos, el ser héroes era sinónimo de una diana en la cabeza. Todos y cada uno de ellos se aseguraban de cierta manera una estancia en el purgatorio, con la muerte caminando a su lado. Arrebatándoles hasta lo más mínimo si la ocasión se daba. 

 

Debían ser más fuertes, debían convertirse en sus propios pilares. 

 

Y el día que Allmight fue a entregar una charla sobre el costo emocional de las pérdidas humanas, Katsuki no estaba ahí para escucharlo. No había explicaciones del porqué. Izuku estaba preocupado por ello pero a mitad de la clase, recibió un trozo de papel donde decía que Katsuki estaba en cama, con fiebre y teniendo alucinaciones sobre Tomura y Kyōka. Kirishima fue la persona que se lo arrojó, honestamente, estaba un poco sorprendido que quisiera hablarle después de lo ocurrido en la biblioteca. 

 

La clase terminó con más de alguno llorando por las palabras de Allmight, Izuku aunque estuviera frente al hombre que más admiraba no podía parar de pensar en el papel entre sus manos. En cómo pesaban las palabras, sobretodo la de Tomura en ella. No había ninguna razón de porqué Katsuki tendría alucinaciones con Tomura. No tenía sentido pero el solo hecho lo tenía ansioso. El timbre sonó y salió rápidamente ignorando a Ochako y sus deseos de hablar. Kirishima lo siguió hasta que ambos se hallaron frente al pasillo de los baños. Lejos de todos los ojos inquisitivos de sus compañeros. 

 

—¿Qué pasó exactamente?—Izuku fue el primero en hablar, no tenía tiempo para preocupaciones banales sobre su conflicto pasado. Kirishima se acercó, un poco dubitativo de hablarle tan directamente. Parecía tenerle cierto resentimiento mezclado a la perfección con un miedo justificado. La grieta que poseía en su mejilla al endurecerse era preocupante pero nadie debía saberlo. Sobre todo él. 

 

—No lo sé, últimamente no es el mismo. Siempre gritando entre sueños, llamando a alguien... Pero hoy fue diferente, nunca había sentido ese tipo de feromonas proveniente de él. Era como si estuviera listo para matar a alguien con ellas, era asfixiante estar en el mismo pasillo que él. Trate de hablarle pero antes de siquiera ser capaz de tocar su puerta, escuché sus gritos. Como amenazaba a Tomura, alegando que debía alejarlo de ti antes que te hiciera más daño, como debía desgarrar su garganta caliente. Poco después llegó Recovery Girl con Aizawa para calmarlo, le pregunté qué le pasaba pero ella también estaba confundida. ¿La conclusión más lógica? probablemente sea víctima de un celo tan agresivo que le dió fiebre con alucinaciones. Estuve averiguando un poco y es muy probable que sea por una distracción externa que amenace su dominio... Ustedes, ¿pelearon o algo por el estilo? Honestamente eres la única persona lo suficientemente importante para ponerlo de esa manera—Izuku no sabía cómo procesar toda la información. Lo único que podía ver en los ojos de Eijirou después de su relato eran celos y preocupación, no los había visto así antes pero ahora eran una revelación importante. Antes siempre se veía el rojo sangre curvado en una admiración casi ciega, ahora era más que un anhelo. Era demasiado claro que estaba enamorado de él. Y el solo pensamiento hizo que Izuku se pusiera más nervioso aún. 

 

Pero como pudo, lo ignoró. 

 

—Creo que es mejor que vaya a verlo y le pregunte directamente que le ocurrió—Kirishima lo detuvo, estaba serio. Su lenguaje corporal era casi defensivo. Para él, la idea de Izuku pasando un celo con Katsuki era... Casi insoportable, así que recurrió a lo evidente. 

 

La biología. 

 

—Sé que ustedes dos están teniendo "algo", pero si lo ves en el estado que está actualmente, no podrá controlarse a sí mismo y te hará daño. Eres un beta, tu cuerpo no está preparado para recibir un celo de alfa, y menos uno tan agresivo como este—Izuku se soltó. ¿Quién se creía al hablarle así? Sus feromonas lo estaban dominando al verse a sí mismo en esa situación. Él no tenía ningún poder sobre él, pero que quisiera dominarlo de esa manera, lo mantenía nervioso y más aún con algo referente a Katsuki. Y mucho más por esos sentimientos que no sabía guardar para sí mismo. Kirishima realmente le estaba provocando una molestia que no sabía controlar. 

 

—No es tu problema si yo me hago daño, haré lo necesario para ayudarlo.

 

Kirishima tragó duro. 

 

—En ese caso, deberías buscar a una Omega. Tu no podrás satisfacerlo, querrá algo real no una sensación pasajera—espetó. Izuku no lo podía soportar más, quería que Kirishima se callara en ese mismo momento. Él era real, era un Omega. Lo necesitaba, él nunca podría entenderlo. Nadie podría hacerlo, ellos se necesitaban mutuamente. Izuku lo necesitaba para alejar a Shigaraki y sus malestares, y mientras Katsuki lo hacía para satisfacer sus necesidades.

 

No había pérdidas. 

 

—No lo entiendes y nunca lo harás, yo puedo ayudarlo así que déjame hacerlo—estaba tan enojado con él que no pudo controlar sus propios colmillos, Kirishima lo soltó inmediatamente al ver las afiladas puntas salir de sus labios rosados, asomándose de forma amenazante para atacar su cuello. No podía oler feromonas, pero ningún beta sobre la tierra podría tener colmillos tan blancos y alargados. Se bloqueó instintivamente y lo dejó ir. 

 

¿Por qué todo era tan complicado?

 

...

 

Dolía, era el tipo de dolor desesperante que cruzaba por sus músculos tendiendole una trampa a los nervios más sensibles de su carne. Apretando aquellos que buscaban un poco de descanso, desgarrando cada uno al mismo tiempo que pensaba siquiera en moverse. Se suponía que sus celos eran casi imperceptibles. No dolían, no eran un gran problema. Nunca sintió la sensación de buscar cualquier cosa para calmarse porque su carne estaba desgarrándose en pequeños trozos, y estaba cansando de tanta tortura. Pensó que solo sería una fiebre, pero después llegó la necesidad y con ella la evidente desesperación. 

 

Su cabeza bombeaba sangre por todos lados, cada parte de su cuerpo quemaba. Estaba hirviendo, se le habían acabado los tres litros de agua que Recovery Girl le había traído con medicamentos que inhibirían su instinto. No funcionaba, cada pastillas que había tratado de tragar estaba fuera de su sistema, su metabolismo se sentía excitado. Su polla, cada vez que la tocaba con las mantas, aunque fuera solo para aliviarse un poco, era como una puñalada en sus testículos. Dolía tanto que ya no podía siquiera llorar, todo eran gritos, dolor y fiebre. Cómo si su cuerpo estuviera cobrando venganza por cada año que perdió sin el celo. Sin el instinto que lo estaría guiando hacía un poco de alivio sexual. 

 

Cuando el dolor lo volvía loco, lo único que podía pensar era en el odio que Tomura le provocaba, en lo mucho que sus manos deseaban desgarrar su carne, sentir el calor de la sangre, la piel de su asquerosa boca seca torcida en una mueca mortal. Disfrutar el brío de sus feromonas buscando ayuda, no sabía porqué pero la sola idea de acabar con la vida de Shigaraki le provocaba un placer casi desolador. Luego de pensar en las mil maneras de hacer a Tomura sufrir, venía a su mente una sonrisa amable. Piel manchada por pecas, piel rosácea con color en ellas. Con un latido constante bajo la piel, pulsando su corazón lleno de vida. Ojos tan hermosos que el turquesa se veía reflejado en sus ojos rojos. 

 

Y bueno... El celo lo estaba volviendo un sediento por los muslos de Izuku, por el líquido saliendo de sus interiores, por el olor de su intimidad, por su polla semi erecta. Podría comérselo durante todo el día y nunca sería suficiente. Nada podría serlo cuando el dolor por unos instantes cesaba y lo dejaba dormir por diez minutos, todo lo que podía soñar antes que el dolor lo volviera a despertar era en su boca. Recordando ese día cuando lo chupó con ansias.

 

Su mente era un lío por ello, su cuerpo dolía cada milímetro y sentía decenas de puñaladas en sus testículos cada vez que pensaba. No podía ser peor.

 

Excepto que si, podía ser peor. 

 

Su nariz lo llevó directamente a la parte posterior de su cama, en un rincón que difícilmente podría acceder con la boquilla de la aspiradora. No lo había sentido antes porque su nariz estaba dañada desde que Kyōka se quedó en su cabeza. Era una prenda de ropa, un boxer de Izuku, uno usado y que probablemente apestaba a sudor. Sin duda cuestionable de no ser porque su polla estaba buscando esa suciedad. 

 

Extendió la mano y cuando tocó la tela, la piel de su extremidades tembló. Cobró vida, sudo frío de solo sentir las feromonas viejas de Izuku contra su epidermis. Sus ojos se volvieron blancos, apenas pudo conectar su boca contra la tela sucia, apestando al culo de Izuku, su polla goteo, el líquido preseminal estaba hirviendo. Echaba vapores al tocar la tela de su cama, encorvado en ella, semidesnudo de rodillas con solo una sudadera, apenas pensando por sí mismo porque tenía la mitad de la cara metida en la ropa interior de su amigo de infancia, uno que estaba considerando irresistible. 

 

—Joder, Deku sería tan ideal que estuvieras aquí mismo—su voz estaba grave contra su garganta, sus cuerdas vocales sufrían por un poco de agua, o la mancha de Deku. Se conformaba con cualquiera de ellas. 

 

Su respiración se volvió irregular, de solo olerlo su cuerpo estaba respondiendo. ¿Podía correrse sin tocarse la polla? No lo sabía pero sería algo muy interesante de contarle a Kaminari cuando esté muy ebrio. Solo un poco, solo si pudiera tocarse sin sentir sus malditos testículos arder con pequeñas cuchillas al hacerlo. Necesitaba solo un poco de Deku. Solo un poco, si tuviera una foto mínimamente subida de tono podría correrse. 

 

El celular. 

 

Tomó el boxer de Izuku y se lo metió a la boca, el sabor de la tela casi lo hizo masticarlo. Estaba como loco, cuando apenas tocó el celular su puerta resonó con tres simples toques de unos nudillos que tenía una leve inclinación por culpa de cinco cicatrices en su mano. Iba a tomar el pomo cuando lo escuchó:

 

-Kacchan, ¿puedo entrar?-su cuerpo lo traicionó, cayó de rodillas al suelo quejándose por el orgasmo arrollador que su sola voz le provocó-. ¿Kacchan? 

 

Izuku abrió la puerta, la imagen de Katsuki encogido en su alfombra con un rastro de semen entre sus piernas y con un nudo a medio hinchar; sin mencionar la cara roja con el sudor complementando el escenario... Izuku lo consideraría gracioso de no ser por la sensación creciendo en la boca de su estómago al verlo, bajando lentamente hasta sus entrañas y a ese lugar que sus juguetes tocaron con premura horas antes cuando no había podido pensar en nada más que el asco que le provocaba soñar con Tomura tomando cada parte de sí mismo como si fuera de él. Katsuki ahí, levantando la vista, suplicando por ello, lo hizo dar el paso y cerrar la puerta detrás de sí mismo. El alfa apenas se sentó, y esperando por él, escupió el boxer sin que el otro se diera cuenta. Aún con el celo mermando sus sentidos comunes, su cuerpo seguía estando a las órdenes de Izuku. 

 

El Omega se adentró, comenzó a sudar por las feromonas en el ambiente, acariciando constantemente su piel, sacando a flor de piel todas esas pasiones reprimidas durante semanas. Sacó de su mochila amarilla el collar anti mordidas de cuero blanco, lo suficientemente grueso para ser incómodo y apenas flexible para tenerlo erguido en todo momento. Levantando su mentón lo apretó alrededor de su cuello, cubriendo la glándula de feromonas que comenzaba a excitarse. Era incómodo, Katsuki se levantó inmediatamente negando con la cabeza. Por ese instante, su desnudes, la evidente e incómoda erección y la molestia en cada centímetro de su cuerpo no le importó. Con sus manos le quitó el collar, lo arrojó a la cama y fue en busca de su bozal de cuero entre el montón de condones y lubricante que tenía. 

 

—No te dejaré usar eso—los ojos de Katsuki lo miraron por unos instantes, quemándolo vivo antes de continuar con su bozal. Izuku negó, tomando el collar de la cama, se lo puso sin siquiera pensar. Sentando ahí, con la puerta cerrada y la ventana de igual manera, el alfa se veía imponente. No eran tantos centímetros los que los separaban pero agradecía cada unos de ellos. 

 

—No, quiero besarte—Katsuki se acercó con su ceño fruncido, Izuku se estremeció. En completo silencio porque sabía que sí se quejaba, sería escandaloso y nadie sabía que estaba ahí. Excepto Kirishima, pero no le importaba su opinión. 

 

—Con una condición—el alfa se arrodilló en frente suyo, separando ligeramente sus rodillas. 

 

—¿Cuál?—tembló, tenía un poco de miedo por la respuesta de Katsuki pero al mismo se sentía excitado de solo pensar en lo que podría pedirle. 

 

—Siéntate en mi cara, ahogame con tus muslos. Que valga la pena no usar bozal—con cada palabra se acercó más hasta Izuku, hasta que ambos estaban a solo dos centímetros de concretar un beso—. ¿Harías eso por mí, nerd de mierda?

 

Brillaron sus labios alrededor de los otros, respirando el aliento que salía de sus bocas al finalizar un breve beso. Izuku asintió apenas pudo pero fue más que suficiente para el alfa, que se alejó sonriendo con suficiencia. La sola presencia de Izuku en la habitación lo tenía tranquilo, sin la sensación de despedazar vivo a Shigaraki. Esas ansías cambiaron radicalmente por el deseo, ahora solo quería comerlo. Tragar más de lo que podría interpretar en palabras.

 

Mientras se quitaba la ropa, lo observó anonadado en un lado de la habitación. Estaba ansioso, su boca era un desierto comparado contra el estado de su polla. Húmeda y dura, lista para enterrarse en los confines de un trasero por el cual comprometería su alma, pero Katsuki quería sufrir un poco. Le quedaban unas horas de celo, pensar en las excusas era casi paradójico. Se acostó en la cama, justamente al lado de Izuku. El Omega no necesitaba más confirmación, cuando iba quitándose el boxer de Allmight que Katsuki noto pero ignoró por el calor del momento, el líquido de su mancha se escurrió generoso por sus muslos. Gateó con vergüenza por la cama hasta acabar en frente del rostro de Katsuki, estaba nervioso y avergonzado pero los ojos rojos lo anhelaban por completo. No había nada que hacer más que intentarlo. Con la boca ocupada en su labio inferior, el cuello un poco incómodo y las mejillas tan rojas como sus orejas, se fue acomodando alrededor de la cabeza de Katsuki. El alfa lo acercó, volviéndose loco con la aprehensión de los muslos alrededor de su cráneo, con la sensación profunda en su estómago, escalando hasta su polla. 

 

¿Por qué no lo pensó antes? Era el jodido paraíso. 

 

Comenzó a lamer como si fuera su única forma de escapar, tomando con fuerza los muslos alrededor de su cabeza, quejándose por la falta de aire y disfrutando el sabor del lubricante natural en su lengua. Nunca en su vida había probado alguna droga o psicotrópico, al contrario, el diario de su vida era más limpio que la hostia del papa. El destino no lo tenía preparado para el sabor de su culo, poco a poco consumiendo la cordura de su interior hasta que el exterior de su cuerpo. Que era sudores y una erección cada vez más lista para dar la lucha. 

 

Sin saber dónde poner sus manos, Izuku las dejó caer en la cabeza rubia, apretando fuertemente el cuero cabelludo cada vez que la lengua enérgica de su intenso amante lo comía profusamente. Con la palabra "más" brotando tímida de sus labios, bajó al mismo tiempo que el mentón contrario lo acariciaba hasta obtener el suspiro suave, la respiración agitada, el movimiento arriba y abajo de su pecho; como se mecía con sus caderas. Montando su cara. Ante ello, Katsuki ascendió hasta sus testículos buscando aire, sus ojos estaban manchados con la lujuria al igual que su rostro. No parecía un héroe, pero realmente no eran héroes cuando estaban solos, Izuku podía decir con facilidad que podría ser alguien más. Solo un omega, nada de fingir siendo beta. Nada de preocupaciones por un futuro incierto, por la presencia de Shigaraki en sus sueños, convirtiéndolo en un manojo de necesidad. Si, podía ir más allá por él.

 

Porque lo hacía olvidar todo. 

 

Con las embestidas de las caderas de Izuku, la consciencia de Katsuki pendía de un hilo cada vez más delgado. El olor lo estaba volviendo loco, no podía oír sus gemidos pero estaba hasta llorando por el placer explotando su cabeza y cuerpo. Usó sus dientes para rozar la piel del peroné pero ante eso, Izuku apretó más sus rodillas y pelo. Apenas podía oírlo quejarse, pero era más que suficiente sentirlo vibrar sobre su cara. Sus testículos temblaban y el semen caliente se estaba preparando para salir eyectado. Solo una vez más Izuku apretando sus muslos y estaría viendo las estrellas en lo alto del éxtasis. Entonces más lejos iba, más podía saber que su lengua estaba en el lugar correcto. Con una mano escurridiza, fue hasta sus nalgas y con solo una nalgada, Izuku encorvó su espalda formando la suficiente presión entre sus piernas para que Katsuki se viniera sin siquiera tocarse. Gritó entre los testículos de Izuku, fue una liberación. El dolor ya no estaba, solo la necesidad de seguir adelante. 

 

Pasaron unos minutos, Izuku se alejó de su rostro para dejarlo respirar y por primera vez en esos minutos que estuvo con los ojos cerrados pudo ver perfectamente al Omega delante suyo. Lágrimas cayendo por sus ojos nublados por la euforia, la saliva al borde de su mentón, piel roja. Perfecto cuerpo y sudor brillante en los lugares exactos. Todo un adonis. 

 

—Kacchan, eso fue...—intenso. Izuku ni siquiera podía terminar la frase. Katsuki se ayudó con los dedos a limpiarse el orgasmo de su labios. Era una tarea perdida porque la mitad de su rostro estaba húmedo y cubierto por semen, y no hacía nada para esconder su gusto por ello. 

 

—Vamos Deku, esto es solo el comienzo—Izuku lo sabía y no podía esperar a sentir por completo la experiencia de Katsuki en celo, sobretodo por la falta de inhibición en sus ojos. No parecía ser él, pero por alguna razón nunca antes lo había sentido tan genuino. Y Katsuki podía decir lo mismo, nunca en su vida se había sentido tan vivo, tan real. Cómo si todo fuera destinado a ser así. 

 

A ser el compañero sexual del símbolo de la paz.

 

... 

 

Katsuki era un fetichista que tenía una fijación oral que Izuku no podía soportar porque lo estaba volviendo loco. 

 

Si no estaba besando cada parte de su espalda mientras lo estaba llenando por detrás, estaba comiendo su polla hasta los testículos, lamiendo cada gota de lubricante como si fuera agua. Tomando sus caderas y chocando contra él mientras le repetía de diferentes maneras lo bien que se sentía tenerlo entre sus piernas, estrujando su polla a la perfección. Izuku a la hora no podía pensar con claridad, era un manojo de deseo y balbuceos. A veces sentía que estaba en presencia del mejor orgasmo de su corta vida, hasta que Katsuki lo tomaba contra la pared mientras mordía su hombro y se intercalaba lamiendo sus pezones, sintiendo el latido de su corazón en la punta de su polla venosa, pulsando con fuerza el glande. 

 

Aparte de gritar y gemir, rasguñaba cada parte donde apoyaba sus manos. Antebrazos cuando lo hicieron contra la pared, espalda mientras lo tenía contra la marquesa de la cama, sus muslos cuando lo extendió, gracias a dios Izuku era flexible porque si no, estaría muriendo del dolor. Y por último, sus nalgas cuando agarro ambas al casi caer por el borde del escritorio, uno que tenía de todo menos papeles limpios. 

 

El mismo basurero de la habitación estaba lleno de toallitas húmedas y condones usados. Después de unas rondas, los condones fueron tema secundario. Tener el nudo en su interior era más imperioso que respirar. Ambos se convirtieron en un desastre lujurioso. Hasta que llegó la hora en la que la fiebre de Katsuki cesó.

 

Los dos estaban lánguidos en la cama, débiles por la falta de alimento y con una sonrisa marcada en los labios. Era tarde y hacía frío, el sudor estaba enfriando aún más la situación pero estaban tan calmados que ninguno de los dos realmente quería moverse. Si alguno de los dos se movía, perdía el juego. Sin embargo, en ese momento, cuando el celo lo abandonó, Katsuki comenzó a pensar con más claridad. Pensó en todas esas veces que lo estuvo evitando, ignorándolo en los entrenamientos, en los pasillos, en el comedor; faltando a clases cuando no podía siquiera pensar en esforzarse por socializar. Si, le dolió más que nada todo el tema de Kyōka pero Izuku era mil veces más importante que ella. Debió esforzarse, debió hacer más que suficiente. Era su rival, parte de él, parte de la promesa que le hizo a Allmight. Dios ahora no podría ni verlo a la cara sin sentirse culpable. 

 

Suspiró y se movió para verlo, él estaba mirando el techo. Tenía en su rostro una sonrisa serena, como si alguien le hubiera quitado un gran peso de encima. Era tranquilizador de cierta manera. 

 

—Lo siento—su voz estaba rota de tanto gruñir, su piel ardía dónde Izuku había dejado marcas con sus uñas y dientes. Ante la mención de las palabras, Izuku se movió para verlo directamente a los ojos. Su ceño estaba fruncido, con un puchero en los labios. Honestamente, Katsuki solo quería besarlo. 

 

—¿Por qué?—se acercó, de a poco sabiendo que ambos apestaban pero sólo teniendo conciencia de su propio olor porque Izuku para él olía a paraíso. 

 

—Te estuve evitando estas semanas, todo fue tan extraño y dolió tanto que no quería que me vieras así. Tan apegado al instinto que odias, no soportaría saber que me odias más—Izuku se enderezó, el collar brilló en su cuello. 

 

—Kacchan, yo no te odio, nunca podría hacerlo. Sé que estuviste así por Kyōka—Katsuki también se enderezó, apoyándose contra la pared en paralelo a la cama. No tenían las luces encendidas y hacía un poco de calor porque no querían abrir las ventanas, no aún. Mantuvieron unos momentos el silencio, Izuku suspiró profundamente y también se sentó a su lado. Realmente tener sexo con él había cambiado todo, se sentía con más confianza, la suficiente para tomar una de sus manos. Las mismas que horas antes lo estaban dilatando.

 

Katsuki tomó las fuerzas suficientes para hablar.

 

—Yo no sabía que se podía tener más de un destinado, nunca la sentí realmente. Fue como un jodido balde de agua fría pero anoche dejó de doler. Despertaba mal, despertaba deseando morirme. Era desesperante—Izuku lo abrazó, estaban desnudos, pegajosos, apestaban pero Katsuki, la persona que tenía en ocasiones temas con el olor a feromonas, correspondió el abrazo con fuerza y sin dudarlo. 

 

—Te deje solo...—lo abrazó más fuerte al sentir que su voz se cortaba. 

 

—No, no es así. Una horrible visión de ti con Tomura me salvó. Anoche soñé que tú y él... No puedo ni siquiera decirlo, fue jodidamente molesto. Me odie por verlo y no poder hacer nada.

 

Izuku quería consolarlo pero también quería explicarle que estaba ocurriendo. 

 

—Yo también he estado soñando con él—se alejaron, Izuku tomó con cuidado sus manos. Notando el daño de las explosiones en su piel, la textura rugosa contra las cicatrices de años por culpa del primer festival deportivo. Le tomó un tiempo pero Katsuki lo espero—. En los sueños me dice que somos destinados, me toca y no puedo controlar lo que mi cuerpo siente. Es asqueroso, me estaba volviendo loco. Quería verte, quería tocarte a ti y no soñar con él... Sin embargo era imposible, parecía una maldición. 

 

Katsuki lo sentía tanto. 

 

—Yo...—Izuku tomó sus mejillas, su pulso estaba corriendo y lo único que deseaba era cuidarlo, hacerlo llorar era su fetiche pero tenerlo sano y feliz era su objetivo de vida. 

 

—Kacchan, lo sé. Ninguno de los dos sabía bien lo mal que estábamos. Solo sigamos adelante, porque realmente tenemos mucho por delante. El exámen físico será en menos de un mes y quiero que ambos estemos en plena forma, no sabremos de qué se tratará este año. Aunque tengo la leve teoría que será en la nieve, el año pasado fue en un desierto y sería demasiado predecible que fuera nuevamente en el mismo lugar. Entonces, si la prueba es en el frío, sufrirás más que nadie. Necesitas entrenar, estar sano. ¿Prometes estar enfocado? Recuerda que debes ganarme—Izuku lo observó con esos ojos suaves, brillantes y expectantes de más. Nadie en el mundo sabía que esa era una de las debilidades más grandes de Katsuki, ni siquiera él. 

 

—No necesitas decirlo, jodidamente te ganaré. Y si, lo prometo nerd—Izuku sonrió de esa forma que se llevaba todo a su camino, dejando con hambre a las bellezas que alguna vez lo vieron en menos. Tratándolo mal por su estado de Omega. Detrás de esa sonrisa y la enfermedad que poco a poco lo hacía más honesto con sus deseos más oscuros. Se levantó un poco, acomodándose pero el líquido caliente saliendo de su interior lo hizo gemir. La sobre estimulación hizo de sus nervios unos eufóricos por el deseo—. ¿Qué te ocurre?

 

Izuku disfrazó su deseo con vergüenza. 

 

—Está saliendo, es mucho...—gota a gota, mezclado con sus propios fluidos. Perfectamente cálido. Katsuki lo vió, memorando el sabor perfectamente grabado en sus labios. Pero su cabeza estaba en zona racional, por el momento, así que se preocupó por lo evidente. 

 

—Anude y me vine adentro muchas veces, Deku esto podría ser peligroso.

 

Izuku no lo dejó terminar, con sus dedos cicatrizados cubrió sus labios. Dejando en silencio su preocupación, se acercó y la cama crujió más fuerte que antes, gastada por todo lo que habían hecho en ese pequeño lugar. 

 

—Se siente bien—Katsuki era fuerte, frunció el ceño, así que lo detuvo por unos instantes. Izuku lo dejó claro—. No te preocupes, fui a ver al doctor. Dice que estoy mucho mejor y que debo seguir así. Todavía soy estéril así que no te preocupes por un poco de semen caliente, aún puedes hacerme un creampie sin preocupaciones. 

 

Katsuki no era fan del porno pero sabía bien lo que era un creampie. Y ese era el límite de su racionalidad. 

 

—Maldito nerd de mierda, diciendo esas cosas así como así. Te daré una buena lección para que aprendas tu lugar—Izuku sonrió restregando sus caderas. 

 

—¿Será con la lengua? Me gusta mucho cuando lo limpias todo y después me lo vuelves a poner dentro con tu nudo rosadito—lo dijo mientras media las pulgadas de la semi erección frente a sus ojos. Era un hecho, Katsuki estaba muerto. Si un villano algún día no lo terminaba matando, Izuku lo haría de un ataque al corazón. Debería ser ilegal la dulzura de su boca. La misma que tomó con fuerza para reafirmar su deseo. 

 

Al diablo todo, quería follarlo toda la noche.

 

...

 

Shigaraki, estaba muy desesperado. 

 

Su alfa interno estaba ansioso buscando una razón para moverlo hasta el culo de Izuku, pero él tenía otros planes antes de poseer el pequeño estudiante. Sería muy fácil morderlo y hacerlo su marioneta... El verdadero problema era ella. 

 

La mujer era provocativa y sabía hacerlo sin que se sintiera una verdadera provocación. Tenía que vivir con ella en su perfecto departamento, probablemente obsequio de un poderoso alfa de azúcar o Suggar alfa, porque era obvio que la Omega no ganaba lo suficiente para costearse algo así. Rumi tenía la difícil misión de asegurarle a la comisión que era seguro estar con el alfa en una habitación. Tomura no podía hacer mucho, al más mínimo intento de usar su particularidad, un dispositivo en su cuello lo dejaba inconsciente por horas. La primera vez ocurrió cuando Rumi le dijo que debía limpiar todo su apartamento, él no estaba fuera del hospital para ser un niñero y más aún de una heroína, mínimamente debería estar en la cárcel. Pero la comisión estaba segura, gracias a la intervención de Yagi Toshinori, que podía ser normal nuevamente. Shigaraki no quería ser normal, tenía que obedecer a la voluntad de su maestro de poseer el Ofa. Así que intentó destruir la aspiradora antes de siquiera tocar el interruptor, estuvo horas inconsciente en la alfombra. Cuando despertó ella estaba en su sillón, comiendo palitos de zanahoria tranquilamente mientras veía un drama coreano. 

 

La Omega lo ignoraba mientras Tomura trataba de usar algo que apenas conocía. 

 

A la segunda semana ella comenzó a comportarse como lo haría sola, andaba por la casa en ropa interior y a veces sin ella. Le restaba tal importancia a la presencia de una de las amenazas más grandes del país que podría andar desnuda y le daría lo mismo. Sí, podía fingir que no le provocaba nada la mujer siete años mayor. El verdadero problema vino cuando un día despertó en la habitación de huéspedes y sintió las feromonas de ella, tan escandalosas como ella. Llamándolo entre nieblas de consciencia, Tomura hubiera tomado a la heroína de no ser porque llegó un encargado del gobierno a tomarla y la policía a llevárselo a él a una celda hasta que ella estuviera en sus cinco sentidos. Los tres días que estuvo encerrado, pensó en Rumi, en lo que él encargado del gobierno le estaría haciendo. Estaba sorprendido, estaba celoso de un miserable rubio de ojos azules. Pero al mismo tiempo también sorprendido, no sabía lo mucho que su alfa deseaba a la Omega. Era desesperante el deseo. 

 

Luego las pesadillas que le provocaba a propósito a Midoriya, se volvieron sus pesadillas. Cada día despertaba con la sensación corriendo por sus venas. 

 

No quería soñar con el mocoso, quería soñar con la heroína que había destruido a sus juguetes, a sus nomus. La misma heroína que estaba fuera de línea por su culpa. Y la verdad, es que la culpa y la rabia en conjunto no podían comerse al deseo.

 

Comenzó a hacer todo lo que ella le pedía, sólo por el leve cambio en sus feromonas, por ese agrado casi mínimo. Shigaraki tenía miedo de dormir, porque todos sus deseos estarían reflejados en su subconsciente, y en vez de hacerlo con su verdadero anhelo, lo haría con el estúpido destinado que el mundo le entregó. No quería ser destinado de Izuku, prefería tomar por sí mismo el Ofa antes que soñar cada noche con lo mismo. 

 

Todos los días despertaba con una erección y la necesidad de arrancarse la polla. Y como no podía hacerlo, comenzó a robarle ropa a Rumi para encontrar un poco de alivio. Como ella no le tomaba la atención suficiente para notar los leves cambios, y mucho menos entraba en su habitación, así que perfectamente podría esconder unas bragas bajo su colchón. Se sentía miserable con algo así, pero qué podía hacer. No escogió ser destinado de Midoriya y tampoco que Rumi fuera una mujer desinhibida. Sin embargo, se conocía lo suficiente para saber que ninguna prenda sería suficiente para calmar su deseo. Y a eso le tenía miedo, a lo que podía hacer cuando su celo estuviera cerca. No quería hacerle daño a la mujer. Al menos no de esa forma.

 

Estaba perdido en el hogar de una perfecta extraña que deseaba. No había nada peor.

 

...

Chapter Text

"Nadie dijo que sería fácil estar juntos, nadie dijo que nuestro camino sería un sendero agradable. Deberías saber desde el primer momento que me conociste en aquellos años que no sabías de mì, que nosotros seríamos una carrera exhaustiva. Pero podríamos valer la pena, podríamos ser aquello que el mundo necesita para creer en el amor."

 

....

 

Izuku había estado pensando...

 

Y lo había pensado mucho, ¿realmente conocía a Katsuki Bakugō? ¿Realmente sabía qué esperar de él fuera del concepto heróico? Nunca imaginó que recibiría su ayuda porque lo que conocía de él, eran montones de páginas en un cuaderno viejo. Ese cuaderno tenía sus técnicas, el enorme alcance de sus explosiones, las debilidades de su personalidad a la hora de tratar con víctimas y lo mucho que le costaba trabajar en equipo cuando era más joven. Pero, no había ningún encabezado con la pregunta, ¿qué tipo de actitud interpersonal poseía Katsuki Bakugō? ¿Sería el tipo de persona que llamaría a su madre los fines de semana, o lo haría entre semana en necesidad de un consejo? ¿Era el tipo de amigo que tendría tiempo para hacer locuras en la ciudad o solo tiempo para cultivar el estudio? No sabía mucho sobre las relaciones que Katsuki mantenía con sus amigos, los envidiaba por el tipo de relación que poseían pero solo entendía lo que sus ojos alcanzaban a ver. No sabía que Katsuki era capaz de darle su ropa a Mina para que fuera más fácil para ella pasar sus celos. No sabía mucho y eso le preocupaba, tenía todas sus estadísticas y los análisis suficientes para afirmar que sería un gran héroe. Sin embargo, detrás de los héroes también hay personas e Izuku no conocía a esa persona. Sabía todo de Ground Zero, pero...

 

"¿Quién era realmente, Kacchan?"

 

En su cabeza estaba la imagen del niño pequeño que lo veía en las esquinas mientras los otros alfas abusaban de él, veía al niño que a veces jugaba con él en un pequeño parque, donde solían clasificar insectos para llenar libros con notas. Porque ambos eran nerds y querían saber mucho más de su entorno. En esos años, dónde no lo conocía bien y solo veía al niño que se dejaba llevar por los comentarios, por la presión social... Era más fácil clasificarlo. Después estaba el Katsuki adolescente que no hacía mucho por él, brillante y con amigos que sonreían ante sus desgracias; un Katsuki aspirante a ser héroe con una sombra lúgubre en los hombros. El Katsuki de la UA era diferente, tenía verdaderos amigos. Ellos se le acercaban y él, en cambio, le entregaba consejos como muestra de gratitud. Pero Izuku no lo conocía, no sabía qué significaba ser su amigo. Era extraño decir que conocía los lunares que tenía su polla, pero no era capaz de responder correctamente si lo conocía realmente. Se sentía un poco triste imaginar que lo único que tenían en común era la carrera de héroe y el sexo. Porque son rivales, Izuku si conoce al Katsuki rival. Al alfa que lo orilla hasta el límite, siempre esperando lo mejor de sí mismo. Era por eso que lo estaba ayudando, no lo estaba ayudando porque fueran amigos, como lo solían ser los veranos de antes. Lo estaba ayudando porque si Izuku no rendía lo suficientemente bien, Katsuki se quedaría sin rival. Y quedarse sin algo que probara su fuerza, era sinónimo de debilidad y el alfa le tenía terror a la debilidad, a que la gente siquiera fuera capaz de formular una oración con Katsuki y débil juntos. 

 

No le gustaba pensar mucho, pero ya lo estaba haciendo y era una mierda. 

 

Sacaba a relucir todas esas inseguridades que no quería mostrar. Las inseguridades de un joven de dieciocho años, las inseguridades del Izuku que lloraba a veces en las noches por ser omega. Las inseguridades de Deku no tenían nada que ver con Katsuki, al contrario, Deku estaba muy agradecido con Ground Zero por ayudarlo. Por tener el suficiente autocontrol, a pesar de su naturaleza de alfa, de ayudarlo. De gastar tiempo para atender su llamada de auxilio, aunque fuera a través de entrenamiento, consejos y caricias. Pero luego estaba Izuku, siempre preguntándose ¿Qué eran realmente? ¿Rivales? Pero los rivales no serían capaces de pasar horas teniendo sexo, de reír porque el nudo de Katsuki era más rosado que sus pezones. Y se sentía tan extraño siquiera considerar la palabra amantes, porque ellos no lo eran. ¿Amigos? Menos. Al final, parecían estar en un limbo eterno. Un limbo que era más grande gracias al hecho que Izuku no conocía al Katsuki persona. 

 

¿Por qué pensaba así?

 

Porque sabía que su madre no era una mujer estúpida. Sabía que ella tenía dudas sobre su repentina mejora de salud, sobre aquellas palabras que le dijo al doctor en su última consulta. Cuando le dijo que tenía una sola pareja sexual y que eran únicos. Que no era serio pero sí lo suficiente para saber que él estaría ahí hasta el final del tratamiento. Porque lo primero que su madre le preguntó fue: "¿Es el joven Todoroki? Vas a la agencia de su padre, ¿no? Es él, ¿verdad? Es un buen alfa, tiene dinero y es apuesto. Sus cachorros serían increíbles." 

 

No sabía que sería capaz de hacer su madre si le decía que el alfa era Katsuki, porque sabía que ella no era partidaria de él, que lo odiaba por no haberlo ayudado años atrás cuando eran más pequeños. Porque sabía que su madre le preguntaría.

 

¿Estás seguro de que lo conoces bien?

 

E Izuku no le quería mentir. No lo conocía bien pero quería conocerlo más que a nadie en la vida. Y estaba un poco emocionado con la idea de conocerlo pero tampoco quería perderlo por sus deseos personales, no quería aburrir con sus preguntas molestas, aquellas que nadie parecía preguntarle. "Kacchan, ¿te gusta más el ramen o prefieres el curry con arroz al vapor? ¿Te gusta más el Allmight de la era dorada o prefieres su era más antigua? ¿Naranja o verde? ¿Por qué usas crema hidratante si tu rostro es terso?" Tantas preguntas y solo podía pensar en su rostro de fastidio al preguntar cada una de ellas. No era una actitud sana pero no sabía qué hacer. Estaba en un espiral que manejaba bien detrás de una sonrisa confiada después del sexo... Sin embargo, de alguna manera él parecía conocerlo más de lo que podía llegar a dimensionar.

 

—¿Qué tienes en la cabeza que te molesta tanto? Puedo saber que estás haciéndote un jodido caldo de cabeza con solo mirarte—Izuku sonrió, un poco sobrio de la impresión que le provocó la pregunta. Estaban en el borde de la cama, comiendo unos sandwiches que Katsuki había hecho en la madrugada en la cocina de los departamentos. La ducha estaba fresca en sus cabellos húmedos, las bebidas isotónicas y la fruta picada en los platos plásticos daban una imagen de confidencia. Confidentes... Izuku sabía tan bien que no existían etiquetas. Que eran demasiado complicados para darle una etiqueta. 

 

Pero necesitaba una en su relación. 

 

—No es nada, es solo que... No sé cómo decirlo—Katsuki tomó su botella de agua isotónica y lo observó arrugando el entrecejo. 

 

—Siempre eres bueno con las palabras, a veces jodidamente excesivo, pero, ¿qué ocurre? ¿Es sobre Allmight? ¿Es sobre tu madre?—Izuku negó, terminó su sándwich y comenzó a tomar sus cosas, su mochila, su collar y todo lo que había traído a la habitación de Katsuki. El alfa parecía un poco sorprendido—. ¿Te vas?

 

—Sí, si continúo aquí tus feromonas seguirán contaminando mi sistema y quiero entrenar un poco por la tarde—Katsuki se puso de pie, a pesar de que estaba usando solo unos bóxers, Izuku no podía evitar pensar en todas las marcas que había dejado en su piel. No parecía molesto en lo absoluto pero Izuku por su parte, solo tenía sus nalgas y muslos rojos por la fricción y el choque. No lo marcaba, lo tomaba de maneras increíbles, lo besaba y ahí quedaba. Izuku sabía que deseaba más, lo podía ver en sus ojos cada vez que lo estaba embistiendo. Él mismo alfa lo ignoraba y seguía sobre su cuerpo, tomándolo con firmeza y euforia. Era increíble pero de alguna manera, después de casi un mes haciéndolo juntos, se sentía como si estuviera persiguiendo solo el placer que podía entregar. No el propio. 

 

—Deku, si hay algo de lo que necesites hablar, solo dímelo—y ahí estaba, naturalmente podía saber lo que estaba pensando, él sabía que poseía un problema en su cabeza al cual le estaba dando vueltas intermitentes. Mientras que Izuku lo veía y no sabía qué pensar más allá de lo que sus feromonas decían. Y eso era superficial, un instinto bajo que se le enseñaba a los niños en los primeros años de la infancia para poder comunicarse mejor. 

 

Del hecho que Katsuki estuviera tomando tanto y entregando tanto sin realmente hacerlo lo estaba molestando. Se limitó a sonreír y se fue. Sin etiquetas, sin etiquetas. 

 

Katsuki había estado en celo, no él, pero cada vez que podía evocar un recuerdo del día y noche anterior veía los ojos rojos de Katsuki y todas esas veces que le preguntaba si podían seguir con algo en específico, porque el consentimiento era muy sexy para él y su polla. Y su opinión y consentimiento era más importante que el fulminante deseo natural ebullendo en su interior. 

 

Izuku sabía que eran irracionales todos esos pensamientos, porque ellos mismos habían acordado que no tendrían etiquetas, pero no podía evitar molestarse. Estaban teniendo sexo como amantes desenfrenados y no sabía casi nada de él. Nada, solo cuadernos llenos del grandioso héroe Ground Zero, el increíble alfa que tenía a más de media UA detrás de su nudo. Y solo él lo había obtenido... ¿por qué se sentía tan miserable por ello? Entonces recordó las palabras de su profesora del kinder, esas que la mujer le entregó a su madre durante una de las tantas citas en consecuencia de su comportamiento.

 

"Su hijo será un Omega desagradable, un Omega que no será marcado de ninguna manera. Un Omega que solo estará destinado a fracasar, a ser usado para mero placer por una seguidilla de Alfas irresponsables. Nunca tendrá un real vínculo emocional con ningún alfa. Ese es el destino de su hijo si sigue comportándose de esa manera." 

 

Siempre había pensado que su madre era el tipo de Omega desechable, que su padre la había usado para su propio placer. ¿Estaba usando a Katsuki para su propio bien? ¿Katsuki era un ser desechable en su vida al no poseer las etiquetas necesarias? Su cabeza dolió al pensar en ello, era estresante porque muy en el fondo sabía que se estaba ahogando en un vaso de agua. Uno tan pequeño que no sabía cómo ignorarlo porque se sentía demasiado grande flotando alrededor de él. Y tenía más cosas en las que pensar porque lo primero que acordaron antes de las etiquetas fue nada de amor. El amor era sinónimo de debilidad en la vida de los héroes, y las etiquetas llevaban a ello. Al amor mutuo que ambos rivales podrían llegar a desarrollar si vestían una etiqueta. Una molesta etiqueta que podría evitar si no fuera tan sensible. Comenzó a enojarse e inevitablemente soltó feromonas de ira y sus colmillos afilados sobresalieron de sus labios. Pudo probar el veneno en ellos. ¡Qué frustrante!

 

—Vaya, si sigues así alguien podría sacar malas conclusiones sobre tu género secundario. Hueles a omega lleno de frustración e ira—Todoroki estaba detrás suyo, con el uniforme bien puesto. Se le había pasado tan rápido la hora que su mente olvidó por completo que debía ir a clases. Y Todoroki parecía listo para ir, con una bufanda roja alrededor de su cuello. Una que ocultaba unos cuantos chupetones que no le molestaban pero ardían con la sensación del frío. 

 

—Todoroki, lo siento. Es solo que estoy un poco estresado, nada más—el alfa se acercó, olisqueando su espacio personal. 

 

—Es mucho estrés si tienes las feromonas fuera de control de esa manera. Créeme, porque anoche aspire unas dos líneas y aún así puedo sentirte a la perfección—Izuku le iba a argumentar que no se había tomado sus supresores pero tenía razón, no lo estaba controlando bien—. ¿Quieres hablar sobre ello? Creo que te haría mejor que guardarlo en tu mente tan turbulenta. 

 

—No tengo una mente turbulenta, es que... No lo entenderías, eres alfa y los alfas son un poco más insensibles con ciertas cosas.

 

—¿Problemas con Bakugō, no? Parecía ir todo bien, después de todo pasaste un celo con él—Todoroki vió los ojos de Izuku abrirse con sorpresa—. Tranquilo, nadie sabe que estuviste con él. Yo, Mina y tal vez Kirishima que parecía claramente perturbado por tu insistencia a pasar el celo con Katsuki siendo un beta. Pero, supongo que tiene su manera de pensarlo. 

 

Comenzaron a caminar por los pasillos, Izuku tenía tantas cosas que decir que su esófago estaba atascado con montones de preguntas sin responder. ¿Mina sabía sobre ellos? No era importante, tenía consciencia que ella era una persona tranquila a pesar de su personalidad fuerte. Los meses que Katsuki le estuvo dando su propia ropa fueron bastantes y nadie en la UA se enteró, y si alguien lo hizo, no fue capaz de divulgarlo. Kirishima... Era un problema manejable, su verdadero problema y pregunta era porque su cabeza no le estaba dando un pequeño respiro. Simplemente disfrutar de su pequeña zona de confort donde él y Katsuki podían disfrutar de su vida sexual sin sentimientos, sin nada. Solo deseo y compañerismo para alcanzar la cima de su carrera heroica. Nada más, pero no, su cabeza lo estaba castigando por estar nervioso y recordar a su madre y las palabras de todos los superiores que alguna vez lo despreciaron por su género secundario. 

 

Inútil.

Omega destinado al placer.

Omega desechable.

Omega sucio. 

Omega que nadie querría marcar. 

Omega destinado al fracaso. 

 

—Midoriya, puedo faltar a clases y ser tu pseudo psicólogo temporal si quieres—Izuku lo observó, una leve sonrisa dibujaba sus labios, se notaba que tampoco quería ir a clases y que estaba buscando una excusa. Aunque nadie podía culpar su elección, estuvo toda la noche con Mina. Y la Omega era una mujer bastante exigente. 

 

—Está bien, vamos a la ciudad, no quiero estar en la UA. No hoy—habló decidido. 

 

"No quiero ver a Kacchan."

 

....

 

Shoto e Izuku salieron de la UA a las nueve en punto, ninguno de los dos fue a clase pero en último año y con el examen final físico muy cerca, era normal ver algunas aulas semi vacías, con profesores haciendo guías de comportamiento sobre el futuro heroico de sus pupilos. Explicando como todos y cada uno de ellos tendrían una parte importante en la historia del país. La mayoría de los pasillos eran un caos silencioso para no molestar a los de primero. Izuku lo encontraba casi romántico como desde pequeño solía imaginar esos mismos pasillos, pero ahora estaba más feliz fuera de la UA, respirando aire fresco y sintiendo el suave olor de la crepes de frutilla en su nariz. No es que fuera un fan de los dulces, prefería lo salado pero Todoroki estaba empedernido en comer algo dulce porque Mina siempre le estaba hablando sobre pasteles, crepes, mochis de fresa, chocolates y panqueques de matcha; y de alguna manera se le había contagiado el gusto. Al llegar a un parque, con parejas en los banquillos, Izuku se dió cuenta que por mucho que quisiera una vida de héroe de alguna manera también quería un romance para divertirse. Era débil, era patético. Y no sabía qué hacer. Quizás era su lado Omega emergiendo después de muchos años reprimido. 

 

—Si no comes, me comeré tu crepe—Shoto lo sorprendió al hablar, estaba demasiado ido. Así que lo observó para distraerse... Su apetito era mayor al de antes pero aún así no engordaba nada. Katsuki siendo un poco más bajo era más corpulento que él, Izuku cada vez que lo veía siendo un joven normal, se sentía nostálgico, las cicatrices en sus manos eran una prueba de que todos poseían un pasado problemático... Y realmente no podía dejar de pensar en Katsuki. ¡Fantástico!—. Bueno, me vas a hablar de ello o tendré que comprarte una figura de Allmight. Aunque no creo que sea posible, las tienes casi todas. 

 

—No todas, solo las que pude comprar cuando estuvieron en internet—probó el primer bocado y se quedó viendo las hojas de arce caer cerca de sus pies mientras degustaba la frutilla fresca con la salsa de chocolates y avellana. Todoroki lo quedo viendo, esperando atentamente. Porque sabía que su amigo necesitaba alguien con quién hablar, con los años había aprendido a leer sus feromonas casi inexistentes—. Verás, mi cabeza me ha estado castigando desde hace unas horas y es más que suficiente para sentirme miserable. Me di cuenta que no conozco a Kacchan de una manera que esperaría conocer, solo conozco al héroe pero la persona en realidad es totalmente desconocida para mí y no quiero agobiarlo con preguntas incómodas sobre mis dudas banales. La sexualidad, es fantástica, no voy a mentir, pero hoy después de que pasamos un celo juntos... Llegué a la conclusión de que no me dejó ninguna marca en mi. Ninguna mordida, solo besos y lamidas... Sé que nuestro acuerdo hizo que sacrificara horas de su sueño y tiempo, sé que está dando lo mejor pero algo falta...Y realmente estoy sintiendo vergüenza por hablar de esto contigo.

 

Le faltó el aire y Todoroki siguió con su expresión taciturna. Cómo si nada de lo que había dicho fuera grave o relevante. 

 

—No tiene nada de malo hablar de sexualidad, es natural que dos jóvenes que pasan mucho tiempo juntos tengan sexo. Yo y Mina tenemos mucho últimamente y nos ha funcionado. 

 

Ahí, al nombrarla sonrió. Y a Izuku le llamó la atención. Nunca lo había visto así. Era una sonrisa amable y evocando buenos recuerdos de noches que nunca podría olvidar. 

 

—Pero, ¿qué son ustedes? ¿Cómo se supone que puedes estar tranquilo si algún día aparece tu destinada y arruina todo? ¿Qué pasa si pierdes el control de tu vida por ello? ¿Qué ocurre si Mina encuentra a su alfa?—Todoroki lo pensó por unos instantes antes de levantar los hombros con indiferencia.

 

—Primero, somos amantes. Y yo y Mina hablamos sobre el tema, ella siente cosas por Kirishima y por mi. El sexo no marca una diferencia, es bueno y nos ayuda a estar enfocados en otra cosas, nos queremos y ya. No hay más ciencia, yo amo a Momo pero entiendo bien que si algún día aparece mi destinada, no significara nada. He amado a Momo y no la quiero a mi lado porque entiendo que ella no me ama y quiero mucho a Mina a pesar de que ella tiene unos sentimientos muy profundos por Kirishima. Eso es todo, no hay necesidad de complicar las cosas. Nos hemos estado conociendo, y eso se obtiene con el tiempo... Honestamente, solo tienes que hablarlo con él. 

 

—Todoroki, ¿Realmente qué pasaría si algún día aparece tu destinada? ¿No sería todo el tiempo que vivieron juntos en vano...?—Todoroki negó.

 

—No, porque no puedo vivir en alguna expectativa de lo que podría pasarme. Los destinados solo son biología, pero tu corazón y mente son los que mandan. Tu mismo deseo de ser héroe contra todo es el que te mueve, ¿por qué negarlo? Más allá de lo físico, somos deseos y ya. 

 

Izuku no lo entendía. Su cabeza estaba llena de ideas irracionales pero que ahora le parecían coherentes. 

 

—Pero el amor te hace más débil, las etiquetas llevan al amor y eso te hace más propenso a ser dañado. Quizá solo estoy muy confundido y necesito probar algo diferente, no lo sé... Quizás deba tener sexo con un extraño para entenderlo. 

 

—Entonces, ten sexo conmigo—Shoto lo soltó con simpleza, detrás de sus ojos había cierta negación, solo esperando la reacción de Izuku para ver cuan realmente estaba comprometido con el alfa de cabellos rubios. 

 

—Todoroki yo no sé si pueda...—y ahí estaba la duda. Todoroki ya lo sabía. Lo entendía pero quería presionar más fuerte, quizás así Izuku entendería su propio corazón. 

 

—Entiendo, ustedes son exclusivos.

 

—No, no lo creo, no lo sé. No hablamos sobre ello—era la primera vez que Izuku se planteaba el tema. 

 

—Entonces, ¿cuál es el problema? No son nada, no hay que preocuparse. Ten sexo conmigo y después dices si sientes algo diferente, no hay forma de probarlo si no lo sabes.

 

—Pero... ¿Cómo se sentiría Kacchan con ello?—Todoroki llegó al punto.

 

—Más importante, ¿cómo te sentirías tú si Bakugō hiciera lo mismo? ¿Qué sentirías si un día te dice que quiere tener sexo con Uraraka para probar cómo se siente estar con otra persona? No sé, imaginalo. 

 

—Kacchan no es así, el sexo para él es irrelevante.

 

—Y si es un interruptor, si algo dentro de él se activó al estar contigo. Al principio solo era masturbación, ¿no?—Izuku tenía miedo de dónde estaba yendo—. Y ahora es sexo, qué pasaría si mañana quiere estar con otra persona porque ustedes dos no tienen las etiquetas suficientes para proporcionar un poco de seguridad a la relación. ¿Cómo te sentirías?

 

—Yo...

 

En realidad se sentiría devastado, la sola imagen de Katsuki con otra persona y más con Uraraka le entregaba una sensación tan desagradable que no sabría cómo asociarla a un dolor específico. Porque nunca antes lo había sentido, un ardor tan fuerte que sentía sus intestinos escocer. Retorcerse de dolor con la cruel imagen que su cabeza le estaba entregando, Ochako encima suyo, gimiendo, Katsuki mordiendo su piel, marcando cada parte de su cuerpo porque realmente quería estar con ella. Encontrando sus confines más bonitos porque era más fina, con caderas más redondas y no un pecho plano con músculos masculinos y pecas arruinando todo. La realidad, es que podrían hacer una bonita pareja. Sus hijos tendrían un potencial genético increíble y la verdad, su pecho dolía con la sola idea. Porque la posibilidad era mínima pero tampoco de cero. Trató de esconder su molestia y dolor pero Todoroki se acercó, tomando sus manos llenas de cicatrices, con una de ellas en su mentón para verlo directamente a sus ojos. 

 

A pesar de que no sentía nada con sus feromonas, del hecho que estuviera tratando de calmarlo, era tranquilizador. 

 

—Si siempre tienes miedo de que te dañen, ¿realmente te estás cuidando o estás siendo egoísta contigo mismo al no darte la posibilidad? No conocer a Bakugō es algo que debes aprender, háblalo con él y el tiempo lo hará posible. Se ha estado esforzando mucho, mínimo hablarlo sería lo mejor. 

 

Y es como si Izuku hubiera olvidado como respirar. 

 

—¿De qué hablas?—una fuerte brisa corrió sus cabellos, las hojas rojas de su alrededor acariciaron sus zapatos. Como una leve advertencia. 

 

—¿Realmente no lo has notado?—Todoroki acarició su mejilla, había cierta amabilidad en su rostro. Cómo si lo entendiera mejor que nadie, como si solamente los que realmente le prestaban atención lo hubieran visto—. Katsuki desde primer año ha estado tratando de ayudarte lo mejor que puede, no lo habla directamente con nadie pero ha estado tratando de redimirse por todo lo que te ha hecho en el pasado. Yo me di cuenta porque era como ver a mi viejo... Y ese día que te enfrentaste a Tomura se hizo más evidente, no creo que lo haya hecho pensando en sobrevivir. Por eso, no creo que para él sea un problema el amor y mucho menos las etiquetas. Yo creo que no se siente merecedor del sentimiento, por eso lo dejo en claro desde un principio. Se siente culpable por todo, porque honestamente si fuera solo por el amor, no amaría la idea de ser el número uno y créeme, Katsuki está lleno de amor por las cosas que todo el mundo ignora. 

 

Izuku no sabía qué decir, estaba en shock. Toda la información tan repentina en su cabeza lo hizo darse cuenta que realmente no lo conocía y quería hacerlo. Tener miedo por algo así era irracional considerando todas las palabras que ambos se habían dicho a lo largo de los años. Sobre todo con el Ofa, porque él era lo suficientemente confiable para guardar el secreto y si eso no significaba que de alguna forma estaba comprometido con él, no conocía otro motivo. 

 

Y además, porque muy en el fondo de su corazón, quería hacer al alfa suyo, solo que aún no lo sabía bien. Y es que Katsuki lo hacía sentir como si estuviera en otra galaxia y que él no sintiera lo mismo era realmente injusto por eso su Omega interno estaba obsesionado con tomar el control de su psique. Para salvarse a sí mismo del destino incierto que su retorcida destinación le deparaba. 

 

...

Chapter Text

"Estoy tratando de resistirme pero aún así, lo quiero todo. ¿Él entenderá lo mucho que lo amo?, lo mucho que deseo estar para siempre a su lado. Sin embargo, incluso una persona tan ilusa como yo, entiende que solo los tontos desearían pertenecer y amar a un ser tan indomable como él. " 

 

 

Cuando volvió con Todoroki a la UA, se sintió mucho más aliviado. Hablar con él alfa le dejó en claro que sólo debían darse tiempo, hablarlo y todos esos pensamientos nocivos dejarían de ser importantes en su cabeza. Comenzaría a conocer a Katsuki y lo mucho que había estado sufriendo sería solo un recuerdo agrio en su corazón. 

 

Sin embargo, a la mañana siguiente después de pasar un celo a su lado y de hablar con Shoto, le escribió a Katsuki para que pudieran juntarse y hablar pero él le respondió que estaba entrenando con Kirishima en un gimnasio mixto, que el día de ayer cuando faltó a las clases Aizawa había dado la mañana libre para entrenamientos en grupo. Izuku quería hablar con él y con el alfa de cabellos bermejos ahí, no podría hacerlo. Sin mencionar el ardor que sentía en su estómago al saber que estaban entrenando solos. Después de una noche tranquila, con un buen sueño y sin poseer pesadillas acerca de Tomura, lo mejor era pensar en frío. Se vistió con su uniforme de entrenamiento, y con un mensaje sutil de dominio, se abrigó con la chaqueta de Katsuki. Aún no se presentaba la primera nevada del otoño pero el frío le llegaba hasta los huesos. Después de un batido de proteínas y unas cuantas uvas rojas, se fue trotando hasta los gimnasios mixtos. Todas las clases de tercero estaban usando los gimnasios y era bastante raro no ver a los alumnos ahí, entrenando hasta el cansancio. Pudo ver a Todoroki con Mina y Momo en un rincón del gimnasio, los tres estaban fusionando sus movimientos especiales para afinar una respuesta inmediata a ellos. Todoroki no tenía consideración con ninguna de las dos. Mina se veía poderosa derritiendo el hielo con su manto de ácido y Momo se las arreglaba preparando escudos y armas defensivas. 

 

Los tres eran bastantes rápidos, era impresionante ver como Mina siendo solo una Omega pudiera darle tan buena pelea a dos alfas puros. 

 

Al final del gimnasio, dónde estaban los mejores purificadores de aire, se hallaban los alfas. Los cuadriláteros del sparring eran especiales para sus particularidades, el inquebrantable de Kirishima siempre terminaba rompiendo las colchonetas de yoga normales y las explosiones de Katsuki terminaban quemando todo el caucho y plástico a su paso; un verdadero desastre para los profesionales que se encargaban de mantener los gimnasios intactos. Después de unas exhaustivas semanas arreglando las colchonetas, llegaron a la conclusión que debían crear una nueva estrategia. Ante ello, Mei se presentó con un material especial que absorbía el daño de las particularidades. Ella solo se demoró dos días en hacer cuadriláteros para las actividades extracurriculares, gracias a su descubrimiento la Omega recibía una subvención especial cada mes por parte de una empresa internacional de daños que se especializaba en los daños provocados por héroes. El gobierno no estuvo de acuerdo pero como insistieron que era un material vanguardista para el futuro de los héroes, tuvieron que aceptar a regañadientes el arreglo económico. Izuku la admiraba mucho, aún siendo Omega, seguía destacando gracias a su maravilloso ingenio. 

 

Al estar más cerca, pudo percibir las fuertes feromonas provenientes de ambos. Kirishima estaba receloso y lo demostraba a través del profundo aroma que desprendía de su glándula, la sudoración y el veneno de su colmillos lo hacía ver atractivo de no ser porque su atención la obtenía solamente Katsuki. El alfa de cabellos bermejos se esforzaba por no parecer interesado en él pero las personas a su alrededor lo estaban notando, solo que no tenían el tiempo suficiente para hacer un escándalo sobre ello. Cómo Katsuki estaba usando un supresor de olor en su cuello, no podía sentir las feromonas de su compañero pero las suyas no estaban lejos de ser iguales. Algo en él se sentía diferente, casi distante de no ser porque estaba cerca. 

 

Al ver a Izuku, sus feromonas comenzaron a tratar de comunicarse con el estado del omega. Izuku no se había puesto un parche pero sabía que algo no estaba bien. Lo ignoro momentáneamente porque tendrían tiempo para hablar después del entrenamiento, además, hacer un poco de ejercicio le haría bien para quitarse el estrés innecesario de su sistema. 

 

—Haré un poco de calentamiento, no terminen sin mi—lo dijo de forma amigable, Katsuki asintió pero Kirishima apenas lo miro porque estaba más enfocado en atacar a su oponente. Ambos con sus sudaderas apegadas a la piel, apestando a sudor y soltando todas las feromonas posibles. Parecía casi un enfrentamiento de no ser porque ambos tenían sus colmillos ocultos detrás de sus muecas por el esfuerzo. 

 

Izuku comenzó con cardio y hiit para calentar sus músculos, después de unos minutos intensos se perdió entre las pesas del fondo del gimnasio y al cabo de una hora ya estaba listo para dar lo mejor de sí mismo. Se les unió en el sparring y al principio acordaron que serían Katsuki e Izuku contra Kirishima para probar la potencia del inquebrantable pero la evidente diferencia de poderes los hizo cambiar de estrategia. Ahora usando sus particularidades, Kirishima e Izuku intentaron ir en contra de Katsuki. El primero en atacar fue él, con sus explosiones se acercó para noquearlos a ambos. Kirishima era rápido bloqueando cada explosión que se generaban en las manos del alfa rubio. El Omega estaba expectante, esperando el momento adecuado para atacar. Con su full cowl, y los rayos verdes iluminando su piel pecosa, comenzó a acercarse con cuidado. Su sola intención hizo que Kirishima perdiera el control y saliera eyectado lejos, hasta una pared acolchada. Ahora era él contra Katsuki. Sería emocionante de no ser porque los ojos rojos tenían cierta emoción que Izuku no podía reconocer bien. Tan marcada que lo distrajo de su verdadero objetivo. Con los años, aprendió a usar más del cincuenta por ciento de la fuerza del ofa, ser el rival de Katsuki lo requería ya que sus explosiones pasaron de ser grandes y poderosas a masivas y peligrosas.

 

—Vamos Kacchan, sé que quieres atacarme—una leve provocación verbal junto con una sonrisa sería más que suficiente para que el alfa fuera tras él, solo que no funcionó. Katsuki lo siguió rodeando, como si fuera un animal peligroso esperando la oportunidad para arrancarle su cuello. Izuku al ver que no hacía efecto su provocación se acercó tan rápido como pudo, parecía un relámpago en mitad de la noche pero escuchó la explosión como un trueno en mitad de la nada, pudo esquivar gracias a que flotó pero se podía ver que los movimientos del alfa estaban siendo bien controlados. Izuku lo sabía, su autocontrol era increíble y digno de admiración. Una sonrisa se formó en sus labios y contraatacó con unas patadas, sabiendo que el alfa tendría mejores reflejos en su derecha que en la izquierda. Estuvieron unos minutos así, casi bailando porque se conocían tan bien físicamente que ambos sabían exactamente lo qué haría el otro para atacar. Era divertido, ambos se entretuvieron con ello, hasta Kirishima se rindió al seguir entrenando ya que no parecía haber nadie más en el gimnasio más que ellos dos. 

 

Todos los demás alrededor de ellos se sentían como un ruido sordo, los golpes limpios, las feromonas llenas de ira y frustración y la amenaza de las mismas… No eran nada. Solo Izuku y Katsuki.

 

Katsuki se rindió porque sabía que si seguían así, estarían toda la tarde peleando. Al segundo de hacerlo sintió el cosquilleo de las manos de Izuku alrededor de sus hombros, empujándolo contra la colchoneta y marcando la victoria sobre su regazo con una sonrisa cegadora en los labios. El sudor brillante cayó por su mentón hasta la ropa deportiva, que también estaba cubierta del líquido caliente. Ambos estaban tan pegados que se podía percibir la tensión, estaban comunicándose con la mirada y era más que evidente que Katsuki sentía que algo no estaba correcto con su rival. Y un pequeño segundo hizo que toda esa magia comunicativa se fuera por el ducto de ventilación. La alarma del medio día sonó y con eso todos los estudiantes comenzaron a marcharse hasta las duchas. Kirishima los dejo porque era evidente que la pareja de entrenamiento necesitaba conversar. Después de una despedida algo incómoda, Izuku salió de su regazo, sentándose a un lado en la colchoneta. Su boca se sentía tan seca y traicionera que no sabía lo que estaba pensando, toda la conversación de ayer con Todoroki lo golpeó tan sorpresivamente que necesitaba tomar un poco de aire fresco. Sin embargo, ya estaban ahí, solos en un gimnasio demasiado grande para ambos. Era el momento ideal.

 

—Deku, sé que algo te está perturbado. Puedo olerlo, solo dímelo—Izuku se mordió el labio inferior con fuerza, casi saboreando la sangre de ellos. Era injusto, Katsuki lo sabía todo pero Izuku no podía siquiera saber qué había detrás de sus ojos. Detrás de su mirada roja que en cualquier momento podría explotar con un sentimiento que no sabía cómo descifrar porque no lo conocía lo suficiente—. Desde ayer que estás así, será mejor que me hables.

 

Ayer… "Entonces ten sexo conmigo." Las palabras de Todoroki resonaron peligrosamente en su cabeza, y no sabía bien qué sentir con ello pero por alguna razón quería saber de qué forma reaccionaría Katsuki con ello. Cómo se sentiría verlo celoso, si es que llegaba a estarlo.

 

—Kacchan—el pulso de Izuku rugió en sus venas, se sentía como fuego y lava en ellas. Estaba tan ansioso y nervioso por el sentimiento que casi podría vomitar, fue suerte que su desayuno no fuera más contundente porque de haberlo sido, estaría desparramado sobre las colchonetas—. ¿Qué pensarías si quiero tener sexo con Todoroki?

 

Su lengua se quemó al momento pero lo que más le dolió fue la mirada de Katsuki. ¿Qué era eso brillante saliendo sorpresivamente por sus ojos? ¿Lágrimas? ¿Katsuki estaba llorando por sus palabras? Su aliento se cortó al ver cómo una de ellas caía por sus mejillas, casi errática y completamente traidora. El alfa se la limpió rápidamente mientras trataba de ocultar el dolor en su mirada. Izuku se quiso arrancar la lengua ahí mismo porque hasta sus feromonas cambiaron abismalmente de un momento a otro, toda la excitación del entrenamiento se resumió a un olor fuerte. Entre dolor, pena y desesperación. Antes de siquiera intentar decir algo, el alfa se puso de pie, caminando por el gimnasio con hastío hasta llegar a sus cosas. Izuku comenzó a entrar en pánico. No sabía qué decir, todos sus argumentos, esos que había pensado durante horas, se quedaron atascados en su lengua. Casi ahogandolo.

 

—No me importa—apenas se escuchó su voz en mitad del gimnasio, estaba casi rota. Después de unos momentos observando sus cosas, casi tratando de respirar con más delicadeza para no perder el control, el alfa rubio se dio vuelta. Observando con intensidad los ojos de Izuku, el Omega temió. Porque sabía bien que lo había arruinado—. No me importaría, puedes hacer lo que quieras con tu tiempo libre y cuerpo, es tu problema no el mío. Pero si lo haces… No quiero verte a media noche en mi habitación. Con él, se acaba nuestro trato.

 

Cállate Omega, le dijo una voz a Izuku, pero no podía hacerle caso. Su corazón no podía más y su cabeza no estaba pensando de forma racional.

 

—Pero, si no somos nada, ¿porque deberíamos ser exclusivos? Si no te importa, ¿qué tiene de malo tener un segundo alfa para cuando no estés disponible?—la palabra "nada" resonó en sus labios de tal manera que hizo que todo el dolor de Katsuki se convirtiera en ira, tan rápido que sus feromonas se transformaron en olas cálidas del sentimiento. Sus ojos eran claros, era una palabra imperdonable para lo que ellos tenían. E Izuku lo sabía.

 

Lo había arruinado pero no sabía cómo detener la discusión.

 

—¡¿Nada?! ¡Pues bien, ve con el bastardo mitad mitad a hacer lo que quieras, después de todo, como no somos nada, no tienes de qué preocuparte! ¡Me largo de aquí!—Katsuki apretó su mandíbula mientras salía del gimnasio, caliente y dolido hasta la médula. Izuku se puso de pie olvidando sus cosas y fue detrás de él, agarró su brazo con fuerza, tanta que le hizo daño. Un moretón que le recordaría por días su pelea.

 

—¡Kacchan, espera, no seas injusto conmigo! ¡Tienes que escucharme!—el Alfa se dió vuelta, el desafío era claro y estaba dolido. No solo por su comportamiento, sino porque Izuku no parecía entender el verdadero trasfondo de su enojo.

 

—¿¡Injusto?! ¡Injusto es pensar que después de que pasaste un celo conmigo lo único que quieras tener es sexo con el bastardo mitad mitad! ¡Eso es injusto!—"y que después de todo lo que hemos pasado juntos te atrevas a decir que no somos nada, eso es lo que realmente me dolió, maldito Deku." Aunque quería decirlo a toda voz, no podía, su orgullo era mucho más grande que el dolor de la tensión en su corazón. Después de calmar un poco su pulso y el inevitable y profundo dolor en su pecho, susurró:—. Pero está bien, si no somos nada, qué importa, se acabó y ya. No me vuelvas a hablar a menos que sea de entrenamiento. 

 

Y no hubo peor temor. 

 

—¿¡Eso es todo?! ¿No te importa que yo vaya y tenga sexo con él?—quería callar y llorar como ya lo estaba haciendo pero no podía, su boca era tan traidora como su corazón. Dolido profundamente, porque en su cabeza resonaron todas esas risas que compartieron durante las noches. Cómo durmieron juntos sin tocarse y como eso lo había ayudado cuando el dolor era insoportable, quería retroceder el tiempo y decirle que lo quería conocer y empezar a tener una etiqueta juntos. Pero no, era demasiado tarde. Y los ojos rojos mirándolo con ese dolor resentido se lo decían bien, esos ojos… No los había visto desde el Ground beta hace algunos años. Cuando aún ni siquiera pensaban en avanzar. En ser rivales y confidentes del Ofa, en ser ellos mismos. 

 

—No, no me importa. Ahora déjame en paz jodido nerd de mierda—y no pudo más, explotó como un adolescente resentido. Sintiendo vivamente el sabor del veneno en su lengua traidora. 

 

—¡Pues bien, iré a tener sexo con Todoroki! ¡Se acabó lo nuestro, pero sé que también lo disfrutaste! ¡Y lo hiciste mucho!—el alfa lo observó una última vez, Izuku temió antes que dijera las palabras.

 

—Sabes, también lo puedo disfrutar con otra persona—y ahí estaba. Las palabras le hicieron perder la fuerza de sus piernas; temblando se desplomó sobre sus rodillas. Pero lejos de sentirse dolido, se enojó consigo mismo. No podía creer lo que cinco miserables minutos le habían hecho a su vida. Pero ya no había vuelta atrás.

 

Ya no más. 

 

 

Más tarde esa noche, después de sentir que lo había arruinado todo con Katsuki y que probablemente no podría arruinarlo más, se halló frente a la puerta de Todoroki. Estaba perdido, su corazón también lo estaba, su boca seca y fugitiva en el sabor del dolor y la amargura… Calando hasta donde no había más. ¿Por qué estaba ahí cuando podía estar tocando la puerta del alfa rubio? Porque tenía miedo, miedo de que lo único que lo conectaba a él se esfumara. Rivales… Por supuesto que lo eran pero no siempre sería así si seguía haciendo preguntas estúpidas. Sin embargo, necesitaba saber porque le había afectado tanto el rechazo de Katsuki, si era por su intento fallido de conocerlo o si era por algo más. Solo quería saberlo para que su corazón se sintiera un poco más aliviado, para hallar un poco de paz. Porque siendo honesto, el dolor en su pecho no era normal, nunca antes lo había sentido así. Nunca, ni siquiera cuando su madre lo obligaba a usar ropa que no le gustaba para agradar en las celebraciones familiares. 

 

Tragando firmé dejó ir sus nudillos encima de la madera vieja, la puerta resonó tres veces ante el movimiento de sus manos. Se escucharon unos pasos antes de que Shoto apareciera en la puerta, despeinado y con un bolígrafo azul en las manos. No lucía bien pero tampoco estaba tan ido como como Izuku, con sus ojos hinchados y rojos. 

 

—Midoriya...—el Omega sonrió, tratando de ocultar un poco su dolor y disgusto detrás de dos supresores de olor estratégicamente ubicados en su cuerpo. Una de sus manos sostenía su típica mochila amarilla, dónde estaba su collar anti mordidas y un montón de condones que no había alcanzado a usar con Katsuki.

 

—¿Lo que me ofreciste ayer sigue en pie?—a Todoroki no le costó entender que algo no estaba bien, por la forma de sus ojos y el tono errático de su voz. Pero quizá, lo necesitaba para darse cuenta de aquello que era claro en sus ojos heterocromáticos. Lejos de ser un problema su encuentro, quizá podría ser de gran ayuda. Asintió suavemente sin decir nada y lo dejó entrar sin mirar el pasillo… Pero debió haberlo hecho.

 

Katsuki los vio, él no podía creer lo que Izuku había dicho así que siguió al Omega por unos minutos esperando equivocarse pero no, no lo hizo. La mochila con las cosas y la ropa cómoda… Era verdad, Izuku ya no lo necesitaba. Pensó que el dolor de su corazón cesaría una vez que sus ojos vieran la verdad pero fue más difícil, fue más doloroso que imaginarlo. Porque su imaginación no era real, pero el acto de verlo a escondidas entrar a la habitación de Todoroki si. Eso sí era real, y le dolía como no podía siquiera imaginar fuera posible. Se adentro en el ascensor, notando las lágrimas cayendo por sus mejillas en el reflejo. No, nada había cambiado, podía seguir protegiéndolo cómo se lo había prometido a Allmight pero el sexo… Ya no sería parte de su relación, solo eso. Se suponía que los sentimientos estarían lejos del trato pero se sentía como si hubiera perdido todo, a su amante, a su vigía, a su confidente. Se sentía totalmente devastado, como si su alfa interno hubiera perdido a su Omega. Su Omega…

 

Se rió ante el pensamiento. 

 

Si Izuku fue con Todoroki, eso le dejó en claro que él también sabía sobre su estado. Y sin darse cuenta, no se volvió el único que podía ayudarlo. Ya no era su único… Su pecho ardió de tal manera que su respiración se cortó a mitad del camino, las puertas del ascensor se abrieron de par en par en la sala común, caminó con cuidado hasta apoyarse en una pared. Le tomó unos minutos recobrar el sentido, pero su corazón lo sabía porque reconocía bien ese dolor. Él ya no estaba ahí. "Debió consumar con Todoroki, debió dejarme ir." Herido caminó por la sala común hasta llegar a la cocina, donde Denki estaba solo y mirando con recelo su celular. Resignado y tratando de no demostrar angustia en sus ojos ámbar, la sensación del Omega angustiado hizo a Katsuki acercarse, midiendo con cautela el lenguaje corporal de Kaminari.

 

Una mirada fugaz y el aliento perdido de algo robado, y su amigo ya lo estaba abrazando, llorando con fuerza por algo que quería decir con sus labios para tratar de sentirse mejor.

 

—Puedes imaginarte que Shinsou fue a ayudar con su celo a Monoma. ¿Cómo se atreve a hacerlo? Y lo dijo con tanta naturalidad, no puedo creerlo. ¡Ni siquiera se inmutó cuando comencé a llorar!—Denki lloró desconsolado en sus brazos, gimiendo con dolor por la supuesta traición. 

 

Los brazos de Katsuki lo abrazaron con fuerza, sintiendo la empatía de ese dolor en sus entrañas. ¿Terapia? La terapia no le había dicho nada de lo que debía hacer cuando su corazón ardiera de esa manera mientras tenía en sus brazos a un amigo que estaba sufriendo de la misma forma. Cerró los ojos pero hacerlo le costó lo que su imaginación le entregó, a Izuku con Todoroki, juntos en su habitación teniendo sexo. Podría odiarlos tan solo si su cabeza los hiciera burlándose de él, pero no, los veía tan ensimismados en ellos mismos que sabía que sus miradas solo podrían significar amor. Quizás se amaban y solo necesitaban un tercero entre los dos para saberlo, para entender que solamente podrían ser ellos dos contra la naturaleza.

 

Katsuki apretó más fuerte a Denki, no pudo evitarlo, se sintió usado porque aunque al principio ambos dejaron en claro que no sería nada sentimental, el final para Katsuki se sintió como un todo. Cómo si finalmente después de años, cada pieza de su corazón cobrara sentido. Por eso cuando Izuku faltó a clases con Todoroki, se preocupó. Se dijo a sí mismo que era un imbécil, porque ellos dos eran amigos y sería estúpido de su parte pensar en algo más. Y entonces Izuku le hizo la pregunta y su corazón se hundió profundamente en sus entrañas. Se cuestionó porqué no lo vio venir antes, Todoroki era bonito y fuerte, más calmado en personalidad y no lo había ignorado en su dolor. Desde primero siendo amigos, solo era cosa de tiempo para que ambos cayeran. Y siendo honesto consigo mismo, él era más merecedor de Izuku.

 

Y con todo el dolor del mundo opacando su corazón, no podía culpar a Izuku por escogerlo.

 

Mientras Katsuki lo único que podía pensar era en Izuku, Kaminari se alejó, dándose cuenta de lo normal y cálido que se veía el alfa sufriendo; tan tranquilo y con un dolor específico en su rostro que su mente estaba corriendo como un pura sangre indomable. Nunca había estado así con él, nunca lo había visto de esa manera, tranquilo sin gritarle por ser un estúpido obstinado con cara de imbécil. No, lo estaba abrazando con cariño y la empatía de sus feromonas eran acogedoras… Era estúpido y peligroso lo que tenía en mente pero el egoísmo de su corazón al recordar las palabras de Shinsou eran más fuertes que su lado racional. Se inclinó ligeramente, de puntas por culpa de la diferencia de altura y cuando el alfa se halló desprevenido, lo besó. Fue un tacto suave y fugaz que inmediatamente sintió como un error por las consecuencias, pero Katsuki lo observó anonadado. Realizando algo en su cabeza.

 

—Lo siento, no te enojes. Solo fue un impulso, ni siquiera sé porque lo hice, perdón—esperando el grito cerró los ojos. No obstante, Katsuki no le gritó, al contrario, lo alzó con sus dos manos, sentándolo en una de las encimeras de la cocina para tenerlo a su altura, para ver sus ojos ámbar destellar con el sentimiento.

 

—Hazlo de nuevo—que erótico era Katsuki, que bien se veía entre sus piernas. Imponente, fuerte y dándole órdenes; se sentía solo y era un Omega débil así que con sus dos manos, casi sintiendo la energía de su particularidad fluir por la punta de sus dedos, lo volvió a besar, solo que esta vez no lo hizo con recato. Lo hizo tratando de consumir hasta el último aliento del alfa, casi emergiendo con pasión de sus labios, moviéndose lánguido para tenerlo más cerca y quemar todo ese dolor. Katsuki se sentía tan abrumado con la energía de Denki; entregado al fervor de sus labios y la energía emergente de sus dedos al tocarlo, todo tan alucinante…Pero aún con todo eso en su cuerpo, se sintió vacío. Porque aunque sabía que el Omega de cabellos rubios sabía besar bien, faltaba el sabor de Izuku. Sus gemidos y risas tímidas."Cómo podemos ser nada, si tengo presente tu sabor en mi boca." 

 

Le dolió pero halló cierto consuelo en la forma que Denki lo buscaba con desespero.

 

Siempre sintió que las feromonas eran una molestia en su nariz pero el paso de Izuku por su cuerpo lo hizo un adicto, y probablemente el Omega de mirada ámbar podría entregarle un poco de alivio a ese dolor. Algo pasajero y sumamente breve que sólo podría durar mientras lo tenía entre sus piernas. 

 

Rápidamente las manos de Denki se movieron por su pecho hasta la pretina del buzo deportivo del alfa, bajando los bóxers para liberar su erección. Él lo detuvo y antes de siquiera decir algo, Denki apuntó a un especiero en la encimera contraria. Katsuki se alejó y abrió el frasco para ver al interior dos cajas intactas de condones, no eran de su talle pero no le importaba si le apretaba un poco. El dolor podría despertarlo un poco más de ese sentimiento tan fuerte. Al darse vuelta Denki sacó de sus pantalones una bolsita transparente y dejó caer sobre su pecho un poco de polvo blanco, una fina línea que parecía azúcar. Katsuki no era fan de las drogas pero sabía que era cocaína, y sabía que eso lo volvería loco.

 

—Vamos, si la aspiras te sentirás mucho mejor. Yo también quiero un poco pero necesito estar de rodillas para hacerlo bien—Katsuki estaba pensando, ¿qué tan estúpido podría ser esnifar un poco de cocaína del pecho de Denki? Si tenía condones en las manos, realmente no había nada malo excepto que podría descontrolarse y quizá hacerle daño.

 

—Podría perder el control y hacerte daño—advirtió, Denki movió su pecho tentativo, sonriendo casi como un idiota. Esperando la intromisión para detener el dolor y obtener una leve venganza. Por el fantasma doloroso de Kyōka y las mentiras piadosas de Shinsou. 

 

—Solo se vive una vez, Kacchan—Y con esa sola palabra, lo perdió todo. Denki tenía toda razón, solo se podía vivir una vez. 

 

Se acercó al Omega tomándolo por la cintura y posó su nariz cerca de la línea blanca, con cuidado la aspiró sintiendo el ardor adentrarse en su nariz. Fueron solo segundos antes de que su torrente sanguíneo se volviera loco con la sensación, enviando sangre suficiente a su centro. Denki sonrió bajándose de la encimera, y de rodillas en el suelo, con el paquete de plástico en sus manos, sacó la polla de Katsuki. Si alguien los encontraba, estarían perdidos, drogados y teniendo sexo en la cocina. Pero todos estaban fuera, quizás entrenando. Además, Katsuki tenía un plan, la despensa de la cocina era bastante grande. Nada realmente podría detenerlos, solo su voz… Pero él ya no lo estaba llamando.

 

Cuando Denki tomó con sus manos la polla semi erecta del alfa, su interior se mojó por el olor a almizcle. Latió con fuerza ante la expectativa del nudo rosado en su interior pero necesitaba saborear la piel primero, la tomó con cuidado y dejó caer una línea desprolija de polvo sobre el tronco de su polla, con su nariz esnifó todo el polvo, gimiendo en éxtasis al sentir las venas chocar contra su mejilla y nariz. Era un paraíso del dolor y luego de sentir en su torrente el calor, chupó con avidez para no dejar ningún miligramo en su piel. La mirada oscura de Denki era casi mágica, erótica y dolida por el desamor. Tan profunda que Katsuki se sentía reflejado en ella, como un espejo. 

 

Después de vestir su polla con el condón, Kaminari se alineó a sí mismo contra el alfa. Usando sus manos sobre la encimera y suspirando fuertemente por las vibraciones en su piel.

 

Katsuki lo sintió palpitar contra su polla, y después todo se volvió borroso. Fue desesperado y salvaje, lloraron juntos, anudaron con un condón goteante y terminaron besándose en la despensa, drogados hasta el cielo mientras Iida buscaba la fuente del olor a sexo. 

Se sintió mal y ninguno de los dos sabía bien lo que estaba haciendo, pero en las caricias había cierto alivio casi irracional. Lo suficiente para que las lágrimas y gimoteos sordos valieran la pena, pero solo por una vez. Porque dos veces significaría doblar ese sentimiento que ambos protagonizaron en la oscura despensa de los dormitorios. Y la verdad, no eran tan fuertes para sufrir y cometer el mismo error dos veces.

 

 

Izuku hubiera deseado que fuera diferente, que Todoroki fuera lo que estaba buscando en los brazos de otro alfa para que no doliera tanto pero no fue así. 

 

Aunque no podía sentir perfectamente sus feromonas por lo insípidas que eran, sus tactos si los sentía latiendo sobre su piel. La delicadeza de su toque encapuchado con un deseo casi amigable en sus ojos heterocromáticos lo hizo darse cuenta que Katsuki era un ser muy apasionado en la cama. No se estaba quejando pero, cuando se puso el collar anti mordidas Todoroki se puso duro inmediatamente, casi como un acto mecánico. Poco a poco lo fue desvistiendo en el el futón, una de sus manos era fría y la otra cálida. La verdad, extrañaba el tacto firme y cálido de dos manos levemente más grandes que las de su amante actual. Todoroki cuando lo desnudo tomó su mano derecha y besó las cicatrices, fue tierno y por alguna razón Izuku solo pudo reír para no llorar. Se sentía tan extraño, pero no era desagradable. Así que dejó de pensar por unos momentos para apreciar el momento, para ver cuál era realmente la diferencia entre dos alfas que lo conocían. Al momento que Shoto se posó entre sus piernas, nada se sintió real. Estaba viviendo un sueño lejano, no estaba realmente ahí. Se presentó a él pero en su mente estaba la mirada roja, esa que solo los años detrás de sus pasos le podían entregar y la última vez que la vio, llena de dolor y rencor... Su corazón no pudo evitar sentirse miserable, no estaba húmedo y Todoroki lo podía ver. Así que con lubricante en mano fue abriéndolo, con dos dedos que al pasar de unos minutos se convirtieron en tres.

 

Con un beso suave en sien derecha, todo se convirtió en lágrimas. Lo tomó con ambas manos, las caderas de ambos se encontraron e Izuku comenzó a llorar con más ganas pero no le pidió que se detuviera; no era lo mismo. No se sentía igual, no había comparación y no solo por las feromonas, su cuerpo extrañaba los toques del alfa de mirada roja y cabellos cenizas. ¿Cómo se suponía que debía haber comparación cuando ambos eran dos mundos diferentes? ¿Cuánto más debía tomar de Katsuki para darse cuenta que no podría nunca encontrar a una persona que fuera capaz de reemplazarlo? Lo encontró y lo perdió como arena entre sus dedos, y antes de darse cuenta Todoroki estaba a poco de anudar y sin darse cuenta usó el Ofa para alejarlo. No quería, no así y mucho menos con Todoroki porque sus olores se mezclarian y la sola idea de estar mucho tiempo unido a su cuerpo le dió asco. El alfa de ojos heterocromáticos quedó estampado en una pared de la habitación, Izuku al darse cuenta de lo había hecho fue inmediatamente tras su cuerpo.

 

—Dios mío, Todoroki lo siento tanto—el alfa comenzó a reírse y antes de siquiera ponerse de pie, lo observó, tomando entre sus manos su rostro. Se sentía tan ajeno al toque de sus manos que era realmente increíble que hubieran podido concretar penetración durante el acto, que a medias dejaba claro el asunto: Dos amigos dándose cuenta de algo realmente importante. Lo suyo, aunque los dos estuvieran más que dispuestos, nunca iba a funcionar. 

 

Ambos fueron hechos para romper lo que nunca podrían iniciar, perfectamente imperfectos para el otro. Y ambos agradecieron que sus corazones pertenecieran a otra personas, porque realmente hubiera dolido de no ser así. Y en la soledad de la habitación, Izuku se dio cuenta que lo quería. Sin conocerlo ya lo quería más que a nadie en su vida.

 

No amaba a Katsuki, pero estaba seguro que lo quería y si ese sentimiento seguía persistiendo con tanta fuerza en su corazón, pronto se convertiría en amor. Y tenía miedo, tanto miedo que no sabía qué hacer. Porque lo había arruinado todo.

 

...

Chapter Text

"¿Fue venganza hacerlo llorar? ¿Te sentiste mejor ahora que realmente sabes lo que deseas? ¿Me odias por ser tu parte más débil o por ser tu parte más honesta? Aquella que no reconoce la medida, que le da igual las reglas y el pensar de los demás. Esa parte de tu interior que desea absolutamente todo, hasta la sangre de ese hombre que te busca controlar."

 

….

 

El delicado sol del otoño irritó sus ojos, la vagancia en sus movimientos lo hizo botar sin querer su despertador. Algo cálido estaba a su lado y el suave aroma a feromonas mantenía su cuerpo crispado, listo para anudar a quien fuera la persona a su lado. El dolor de cabeza y la sensación floja en su nariz lo volvieron torpe; nunca debió haber esnifado cocaína del cuerpo de Denki. Su cuerpo estaba tan sensible por culpa de la droga que seguramente una mano sobre su polla sería más que suficiente para un rápido mañanero… No era posible, el sabor dulce en sus labios se había quedado grabado, los recuerdos de la mano de Denki en su cabeza lo hicieron estabilizarse con terror en su propia cama. El Omega rubio estaba ahí, durmiendo con una expresión taciturna, entre sus ropajes con su piel tan blanca y lechosa que se sentía traicionado cuando sus propios ojos buscaron las manchas suaves del fantasma en su cabeza. Su cuerpo desarrollado por su género secundario era suave y con la grasa adecuada en los lugares correctos. Las marcas de sus mordidas y los chupetones de dos amantes diferentes en su piel lo mantenían como un lienzo que cada siete días volvía a ser blanco. 

 

Si era honesto, Denki siempre había sido el idiota del grupo pero en la habitación era un ángel dispuesto a ser el sueño de todo alfa. Inteligente, leyendo el lenguaje corporal de los demás, con excelentes reflejos y una voz que podría grabarse en su cabeza para siempre si no fuera por el leve susurro de los recuerdos. Los mismos que su habitación guardaba debajo de las mantas sucias, de la ropa ajena en su closet, de la caja semi vacía de condones y el bozal de cuero escondido en una caja especial. Al recordar el bozal, se preguntó porque en ningún momento deseó morder el cuello aterciopelado de Denki, aunque ya conocía la respuesta. ¿Había sido egoísta al acostarse varias veces con él? Cada vez que su mente prestaba atención a los detalles, estaba el deseo acompañado del dolor.

 

Y ambos eran adictivos pero no lo suficiente para hacerlo doblegarse.

 

—Pikachu, es hora de irte a tu habitación. Tendremos clases en unas horas—observó el despertador en el suelo para verificar bien la hora. Al intentar tomarlo, la sensación de que algo no estaba bien lo hizo ponerse de pie olvidando el aparato. Se vistió y caminó con cuidado hasta llegar a la ventana. El destello de algo masivo a lo lejos lo hizo tomar con fuerza el pomo entre sus manos. Al abrir la ventana, el instinto que sintió cuando salvó a Izuku hace meses, se activó nuevamente. Con sus explosiones salió de su propio balcón hasta llegar a lo alto de los árboles más frondosos de los alrededores, entre troncos torcidos viajó hasta que se dejó caer en uno para observar un espacio ubicado cerca de los grounds. 

 

Era un enorme portal, diseñado y activado con tecnología que nunca antes había visto, el frío que salía de la estructura metálica solo le pudo recordar que Izuku tenía razón. La prueba final sería en la nieve, pero ¿para qué era necesario un portal tan grande? Japón poseía varios lugares llenos de nieve. No lo entendía, lo que sí entendía era el descontento de Aizawa al hallarse en las cercanías del lugar. El hombre estaba debatiendo con el director Nezu, el animal estaba tranquilo y sereno. Katsuki siempre le tuvo cierto respeto a la especie de oso por haber sido parte de experimentos, pero después de los sucesos de la guerra, la forma en que evadió la demanda legal lo hizo tener miedo. Un hombre que no podía enfrentar sus errores era peor que un hombre deshonesto. Al pensar en ello, su corazón se apretó por lo cerca que sintió el dicho. 

 

Si, era deshonesto porque tenía miedo de ver a Izuku, ver sus ojos y ser capaz de contemplar su alma. Porque todo lo que conocía de él, era más que suficiente para saber más que los demás. Todo era más fácil cuando podía tenerle miedo, cuando lo único que sentía por él eran los golpes. No los besos y la forma en que decía su nombre, mirando su alma mientras se quedaba ahí, anudado. Trataba de convencerse a sí mismo que ahora seguían siendo rivales, pero hasta la sombra azul de su cabeza que solía verlo real, estaba desmotivada por lo que sentía. No se iba a mentir a sí mismo, el dolor no era similar a nada pero debía seguir adelante, luchando por todos esos sueños que comprometieron su corazón en los veranos de su niñez. Cuando por primera vez escuchó esas palabras de la boca de un niño que ahora era un adulto.

 

—Nezu, no puedes enviar a los niños hasta ese lugar para un examen final. Morirán, han visto demasiado para soportar más. Déjalos descansar, Eri no está lista para traer personas a la vida. Solo tiene ocho años—Katsuki los escuchó de lejos, sorprendido porque nunca antes había podido tener un alcance tan bueno y lejano de audición. No perdió tiempo y se enfocó en ello para no perder información sobre el examen final—. Los omegas del curso no merecen ser tratados de esa forma y los alfas... Hay algunos alfas que aún están formando su respeto por el instinto. No les hagas algo que los deje para siempre fuera de su sueño, te lo ruego. 

 

El animal observó fríamente al profesor, Katsuki pudo notar cierta ira en su mirada. A pesar de que era un animal y parecía un peluche delicado y tierno, no había nada de amable en su mirada y movimientos. Siempre viendo a los estudiantes como marionetas para la comisión de héroes, que lejos de haber sido menospreciada después de la exposición de Endeavor, se volvió más estricta. Más rígida en cuanto a los omegas, vendiendo cada uno de ellos como incubadoras perfectas para nuevas generaciones de héroes. Katsuki le tenía tanto asco y una profunda pena que no podía evitar pensar en ellos, en Izuku, en Kyōka, en Mina, en Denki que estaba en su habitación con el dolor de la falta de tacto de un alfa. ¿Por qué debía ser así? Katsuki no quería imaginar todo el dolor, por eso siempre estaba pensando en él. En esos días oscuros y en la forma de ayudarlo, con quién se acostara no eran sus asuntos. De hecho, ahora que lo pensaba en frío, nunca debió enojarse por su pregunta. 

 

"Kacchan, ¿qué pensarías si quiero tener sexo con Todoroki?"

 

La pregunta era casi frívola, en su corazón podían existir mil maneras que no podría siquiera explicar de lo que significaba sentir. Izuku, era mucho más que un poco de celos. Cada vez que lo pensaba, veía la dedicación en sus notas, el dolor de cada lesión reflejado en su rostro, la magnitud de las cicatrices, el sacrificio, la sangre de mártir corriendo con fuego por sus venas. Katsuki más allá de verlo con alguien más, tenía miedo de perderlo para siempre. Ese siempre había sido su mayor temor después de la debilidad que veían en él las personas, perder a Izuku sería perderse a sí mismo en esos veranos de antaño. Izuku era más que un Omega fuerte, era más que la fachada de beta, era más que el Omega que estaría en esos momentos en la habitación de Todoroki. Sí, tal vez él podría ser su nuevo amante, el confidente de sus noches y la persona especial en su corazón. 

 

Pero Katsuki, era mucho más que un novio o un alfa destinado o cualquier cosa que la sociedad espera de una pareja alfa/Omega, era la llama del poder en el desafío más íntimo. Era la necesidad de la autosuperación en el corazón de Izuku, el fuego de sus venas al pensar en su imagen de victoria. Honestamente, solo quería que fuera feliz con quien fuera. Igualmente lo iba a proteger, incluso si ese sentimiento que su pecho estaba sintiendo fuera más que cariño y deseo, lo aceptaba. 

 

Desde ese día que casi murió a manos de Shigaraki, lo aceptó. Aceptó con dolor ser su sombra protectora. 

 

—Aizawa, ya no son niños. Los niños no van a guerras y vuelven esnifando cocaína, no son mentirosos por sus géneros secundarios, no están hasta tarde teniendo relaciones sexuales. Ya no son niños—Katsuki apretó su mandíbula, Aizawa poco a poco fue realizando las palabras en su cabeza.

 

—Los has estado espiando...—Nezu parecía orgulloso de sí mismo. 

 

—Todos los dormitorios poseen micrófonos, no hay imagen y su privacidad será respetada ante las autoridades pero si no enfrentan sus verdades, no serán lo suficientemente fuertes para afrontar el mundo real. Esta prueba no es solo para ponerlos al límite, es para que puedan verse a sí mismos como lo que realmente son. Las cargas de feromonas de los centinelas son relativas, y están preparadas para ser manejables. En cualquier momento si existe un peligro real de abuso, se intervendrá para garantizar la salud mental de los participantes. Incluso si llega a existir la breve oportunidad de que mis centinelas los dañen de gravedad, ellos se detendrán y el alumno en cuestión tendrá que repetir la prueba. Hasta que sea capaz de fundamentar sus miedos y acabar con ellos—Aizawa tragó duro, no podía siquiera respirar con normalidad. Parecía consternado. Katsuki no tenía más tiempo que perder, se fue tratando de no hacer mucho ruido.

 

Llegó hasta su balcón y antes de entrar, notó como Denki estaba buscando su ropa. Al verlo, no evitó cubrirse aunque después de unos momentos lo dejó de hacer. 

 

—Perdón, es que nunca me fui en fuga después de una noche casual. Se siente un poco raro la verdad, como si fuera una especie de criminal de un videojuego—Denki se rió y después de unos momentos tomó el pomo de la puerta, Katsuki no sabía qué decir. Incluso se sentía ajeno a la situación, como si el olor de las feromonas no estuviera en su piel, casi ahogándolo de no ser por la ventana abierta—. Bakugō, de verdad no eres malo o algo por el estilo, no está mal querer a un beta. Incluso si las personas de tu alrededor te dicen que está mal hacerlo por todo ese embrollo social y judicial que nunca he entendido. 

 

—Kaminari, ¿de qué estás hablando?—Katsuki casi tuvo miedo de preguntar. 

 

—Aoyama lo dijo durante un desayuno, que tú e Izuku eran especiales o algo así. Pero sabes, aunque ese día me reí, ahora creo que es un verdadero dolor hacerlo. De verdad, solo espero que el alfa que anoche me besó como si quisiera borrar el dolor de mi vida y la suya, encuentre la paz que necesita para no llorar mientras duerme—las lágrimas de Denki poco a poco fueron mojando sus mejillas, Katsuki no pudo más y lo abrazó. Otra vez sintió ese instinto de proteger a otro omega sin necesidad de amarlo; se sentía tan cálido y reconfortante hacerlo. Su alfa interno lo agradecia porque estaba hambriento por proteger a las personas de su alrededor, a aquellas personas que aunque no fueran tan importantes, formaban parte íntegra de su vida. Se quedaron así hasta que Denki se alejó sonriendo, secando sus lágrimas y tratando de reír un poco—. Si hicieras esto más seguido, tendrías más fans que Todoroki. Pero me alegra mucho ser tu amigo, porque somos amigos, el sexo no cambio nada ¿verdad? Realmente no quiero perder esto.

 

—Joder, siempre seguirás siendo el cara de idiota con complejo de Pikachu. Y créeme, que aunque creas que Shinsou es el único, siempre habrá alguien más que estará ahí para ti. Quizás no un alfa, pero amigos no te faltarán—Denki sonrió genuinamente y se fué. 

 

Aunque el instinto de Katsuki estaba saciado, su mente seguía a la defensiva por las palabras de Denki sobre las declaraciones de Aoyama y el portal a unos pocos metros de los dormitorios donde seguramente estarían habitando sus peores miedos. Tenía que hablar con Izuku y advertirle pero no quería interrumpir algo con Shoto. Así que pensó gastar tiempo bañándose, quitándose el aroma de Denki y lavar la evidencia de las sábanas sucias que apestaban a sexo. Lo primero que hizo fue correr rápidamente por los dormitorios hasta la lavandería, mientras dejaba la ropa de cama lavando, fue al baño y cuando se estaba limpiando los dientes, se enojó al ver la cara de Iida. El disgusto en su expresión era grande pero no lo suficiente para hacer que a Katsuki le preocupara. Se bañó bien y se quedó unos veinte minutos en la bañera, relajando los músculos antes de ir a clase. Aunque llamar clases a sus entrenamientos era casi divertido. Para cuando terminó, todos ya estaban levantándose para comer el desayuno. Al adentrarse en la cocina, sintió las feromonas de Shoto suavemente en su nariz, pero Izuku no estaba con él, Mina sonreía a su lado mientras le tomaba el brazo y Todoroki la miraba de vuelta. Al llegar a la cocina, los dos lo saludaron antes de comer avena con frutos secos y frutos rojos. 

 

Katsuki realmente no entendía nada. 

 

—Icyhot, ¿sabes dónde está Deku?—Shoto levantó la vista y le respondió con indiferencia. 

 

—Supongo que en su habitación, no hemos hablado así que no lo sé, lo siento—la indiferencia de Shoto levantó los nervios de Katsuki, pudo sentir como su pulso se aceleraba repentinamente. 

 

—¿Cómo que no sabes? Anoche lo ví entrar en tu habitación después de que me dijera que iba a tener sexo contigo, ¿cómo se supone que no has hablado con él si dormiste con él?—Mina se retuvo unos momentos, aunque su expresión no fue de sorpresa al escuchar las palabras, casi había algo de dolor al borde de sus labios. Shoto suspiró, claramente no era algo que le había confiado a ella. 

 

—Bakugō, creo que deberías hablar con él. Está en su habitación o en la sala de entrenamientos, de verdad que no lo sé—Katsuki no lo soporto más y se fue hecho una furia hasta la habitación de Izuku. 

 

Mina se quedó echándole arándanos a su cuenco de avena, Todoroki la miró por unos instantes antes que ella fuera por la leche de soya en el refrigerador ignorándolo, en ese instante entró a la sala Kaminari con Kirishima, el alfa de cabellos rojos le estaba regañando porque traía su cabello mojado, Shinsou iba a decirle algo pero el Omega lo ignoró. Mina abrazó fuertemente a Denki después de que él le dijera unas cuantas palabras al oído, Kirishima también reaccionó pero se contuvo. Todoroki los observó y luego su mirada recayó en Iida y Ochako. Recordó lo que había hablado con Izuku después de su fallido intento de tener relaciones, él sabía que no podría funcionar, casi tres años siendo amigos y las cosas ya se hubieran dado de estar predispuestas a ser. El sexo fue una prueba más de que las cosas entre ambos son como amigos, y realmente Todoroki lo quería mucho. No podía imaginar un mundo donde Izuku fuera infeliz, él deseaba hacerlo muy felíz. 

 

Y honestamente, prefería tener que encerrar a Izuku y Katsuki en una habitación antes de verlos sufrir. Pero ellos debían tomarse su tiempo, forzar las cosas sería terrible si ellos no estaban listos para dar el siguiente paso. Antes de levantar la mirada, se dió cuenta que Momo parecía llevarse mucho mejor con todos. Aunque ocasionalmente miraba su celular y a veces sonreía, dejando ir sus mejillas en rojo, todo era más calmado de hace algunos días.  A veces se preguntaba si veía a un Omega. 

 

Y eso lo extrañó. 

 

Antes hubiera sido doloroso imaginarla con otra persona pero ahora solo le preocupaba la mirada ida de Mina en el rostro de Denki. ¿En qué momento dejó de sentir a Momo para ver a Mina con dolor? No sabía que su amor por ella fuera un sentimiento tan sensible o susceptible a cambios, pasó casi tres años amándola y ahora podía imaginarla con otro omega o alfa, formando una familia y siendo la mejor heroína alfa. No podía decir lo mismo de Mina, que se hallaba casi llorando mientras comía su desayuno junto a sus amigos. 

 

Se comió su cuenco de avena con calma, esperando que el ruido sordo de su corazón poco a poco fuera haciéndose más pequeño. No obstante, cuando terminó sintió algo extraño en su plenitud al ver cómo Mina se le arrojaba juguetona en la espalda a Kirishima. Él tomándola con fuerza, tocando sus muslos con cuidado. No era intencional provocarle molestia, estaban jugando pero aún así, el pecho de Shoto no lo concebía igual. De alguna forma se sentía mal por Katsuki, porque si él se había sentido así ayer… Era un sentimiento bastante peligroso. 

 

Sin embargo, la diferencia era que Shoto lejos de poseer un doloroso pesar, sentía una necesidad imperativa de marcar territorio con ella. 

 

 

Con quince años lo vió por primera vez hallando bella la forma en que se sonrojaba por sus cercanías, sin embargo, durante la guerra algo cambió que no podía identificar.

 

Su amigo y el chico que le gustaba poco a poco fue alejándose de ese sentimiento que alguna vez compartieron a principios de la UA. Al principio se echó la culpa por el repentino cambio pero después lo vio con más claridad; una camisa fuera del pantalón, la falta de la corbata reglamentaria y la perfección de la genética corriendo en sus venas con una sonrisa altiva. Katsuki Bakugō no conocía los propios límites de su naturaleza, no había mesura en su alma cuando algo le gustaba. Todo lo que deseaba, lo conseguía. Ochako sabía que Katsuki le tenía miedo a Izuku, lo podía ver en la forma que sus ojos rojos recaían en su imagen… Pero después de la guerra, después de que se sacrificó por salvar a Izuku, todo ese temor se volvió un deseo casi imperceptible. Excepto para ella, que lo podía leer con facilidad. 

 

Ochako odiaba a Katsuki, porque era la única persona sobre la tierra que podría ganarle el corazón de Izuku. No había nadie más capaz de hacer algo así. 

 

Y es verdad, al principio le dolió que Izuku no fuera un alfa cuando su complexión, aunque un poco más delgada que la media, declaraba que fácilmente podría ser uno. Incluso su particularidad era equivalente a un buen alfa, en un mundo donde los genes lo eran todo, las mejores particularidades siempre las poseían los alfas de buenas familias. Eran muy pocas las excepciones, y si un Omega llegaba a tener una buena particularidad, usualmente la misma le atraía alguna consecuencia física que con el tiempo sería casi irremediable. Entonces, ¿por qué era un beta? Super fuerza, flotar, látigos negros y un buen físico. No lo entendía, era casi como Todoroki, el único alfa prime de clase y hasta él poseía un límite. Sus feromonas no eran compatibles con todos los omegas. 

 

Sin embargo, lo aceptó. 

 

A Ochako le costó mucho aceptar que estaba enamorada de un beta siendo Omega. En su cabeza estaba la constante de que el sexo entre ellos nunca sería suficiente, que las probabilidades de formar una familia serían casi nulas por la ineficiencia genética entre ambos y que los celos nunca serían un paraíso porque era muy difícil que los betas tuvieran más de tres erecciones en una noche. Aunque su Omega interna deseaba un nudo, su corazón quería un romance pleno con Izuku. Sin embargo, sabía que era un amor casi imposible, ambos luchando contra la naturaleza… Aún así, estaba lista y sabía que Izuku no sería capaz de rechazarla.

 

Por eso deseó confesarse después de la guerra, cuando no podía más con la angustia. Y el día que Izuku despertó después de semanas en coma y cuidados intensivos, la única persona que estuvo ahí para verlo abrir sus ojos, fue Katsuki. 

 

Nadie más en su habitación, solo él. Y aunque lo intentó, Izuku le dejó en claro que estaba cansado para ver más visitas. Mas no estaba cansado para él. Y cuando la salud de Izuku fue empeorando a pesar de ser un beta, solo lo dejó entrar a él. Era frustrante ver cómo la persona que amaba a pesar de todas las circunstancias, solo veía a un hombre que no era para él. 

 

Y todo en su cabeza cayó en picada cuando vió el poleron de Katsuki en Izuku. Al ser un beta no lo notaba, pero el alfa lo estaba marcando. Con sus asquerosas feromonas en su piel. 

 

Había silencio entre ellos y se estaban perdiendo demasiado rápido. Por eso cuando vio a Katsuki salir llorando de los gimnasios fue como un rayo de alivio y esperanza. La mañana siguiente lo buscó pensando en hablar con él y sacar de su pecho los días angustiantes del pasado, aunque sabía que Izuku no sería capaz de rechazarla porque era una buena persona, seguía nerviosa. 

 

Después de media hora tratando de hallar la cabellera verde entre todos a su alrededor, lo halló a las afueras de la UA en uno de los gimnasios al aire libre. Solo y con una chaqueta que era suya, tenía buen presentimiento. 

 

—¡Deku!—lo llamó feliz y él cordialmente le respondió con una sonrisa genuina. El corazón de Ochako golpeó su pecho con fuerza, se acercó casi tropezando por culpa de la exaltación en sus venas. Su Omega interna siempre se sentía relajada con él a su alrededor, como si fuera un buen compañero de manada. "Más no el líder, como se esperaría. No como el alfa que mereces."

 

Pero aparte de la separación evidente, Ochako quería confesarse por otra razón. 

 

—Buenos días, Uraraka—sus ojos estaban hinchados, seguramente después de una noche llorando. El corazón de Ochako se encogió. 

 

—¿Qué pasó? ¿Te sientes mal? Tus ojos están hinchados... Si lo deseas, podemos hablar.

 

—No te preocupes, es solo que me dió alergia una loción del baño, no es nada. Lo prometo—la sonrisa amable estaba mal disfrazada, Ochako se acercó y lo abrazó fuertemente. Izuku no pudo soportarlo y gimoteo, ella no sabía porqué estaba así pero un destello de su corazón le decía que debía hacerlo, que entregarle apoyo romántico sería más acertado que tomarlo amigablemente entre sus brazos. 

 

Ambos cayeron en el gimnasio, sus rodillas tocando con un poco de fuerza el suelo rugoso, la sensación fría del viento casi invernal en sus mejillas, el sol no apaciguando nada de aquella sensación. Izuku se estaba ahogando en sus pensamientos nocivos y Ochako solo quería entregarle su amor honesto. Desde lejos parecían dos amantes, confiando sus temores en la firmeza del otro, buscando un poco de paz. Sin embargo, dentro de sus corazones los sentimientos eran ambivalentes. Ninguno de los dos sentía lo mismo, mientras el corazón de Izuku estaba buscando solo un poco de amistad, Ochako quería más. Siempre más. 

 

"Algún día esa ambición te hará daño, Ochako."

 

Su madre siempre se lo repitió cuando veía las facturas llegar a su hogar, cada una de ellas como balas calientes en su espalda. Puñales de la economía que no podía sostener la compañía de su familia. Ochako no quería solo migajas, ella lo quería todo por eso antes de entregarse a un alfa heredero de Tokio, deseaba mínimamente un poco de amor real. Esa era su razón. Aceptar con amabilidad lo que su corazón deseaba por encima del instinto rugiendo en sus venas. ¿Luchar contra todo o perecer en la desolación de un amor frío? Ochako desde pequeña lo había decidido pero ahora, en las puertas de su momento más importante, lo sabía, valdría la pena tener un amor fugaz y prohibido con un beta. Ella lo quería tanto, como el amor tan puro y honesto de sus padres, pero sus padres eran pobres y aunque amara la idea de pertenecer a una persona que amaba, la sola idea de pasar hambre una vez más la consumía. 

 

Amar una sola vez, sin control de lo que podría pasar. 

 

Se alejó observando las lágrimas cayendo por las mejillas redondas de Izuku y antes de siquiera pensarlo, lo besó. La sensación comenzó a emerger en sus manos apoyadas en sus antebrazos, musculosos y cálidos. En sus labios suaves y el sabor salado del dolor. Y por un instante que fue infinito en su corazón, el beso lo fue todo. No obstante, Izuku la alejó desesperado. Más asustado que antes y casi temblando por algo que su cabeza no le dejaba pensar con claridad. 

 

—¿Esa es la imagen que le entregó a las personas de mi alrededor? ¿Parezco una persona que necesita ser amada? ¿Solo tendré lástima de ellos?—su expresión era una fiel interpretación de la locura angustiante en su corazón, con ambas manos en los antebrazos de Ochako, comenzó a apretar tan fuerte que la Omega temió por su vida. Sus ojos poseían un destello rojo, uno pequeño pero que lentamente iba consumiendo el turquesa de sus orbes, con pausas llegando hasta el centro de su alma. De pronto la nariz de Ochako sintió un profundo olor a fuego, estaba quemando sus glándulas en las muñecas y su cuello… Ardía como si estuviera en frente de un alfa salvaje—. ¡Dímelo, Uraraka! ¿¡Parezco una persona necesitada!?

 

Su voz, no era la voz de un buen beta. 

 

—Deku, detente me estás haciendo daño—fue apenas un susurro antes de que Izuku se detuviera en seco, moviendo su vista hasta la entrada del gimnasio dónde Katsuki trataba de calmar la situación con sus feromonas. Su expresión poco a poco cambió, la locura anterior fue suavizando hasta encontrarse con un profundo deseo. La fragancia de las feromonas y sus intenciones descendió hasta una sensación agradable pero igualmente posesiva. Ochako no lo pudo evitar, vió los colmillos en los labios contrarios, apenas asomándose en una sonrisa calmada—. Deku, ¿Acaso eres un alfa?

 

Izuku dejó de mirar a Katsuki para ver a Ochako, algo en su mirada era desconocido. Pero si ella pudiera compararlo con algo, sería locura. 

 

—Por favor, vete, necesito hablar con Kacchan—la entonación que usó para referirse a Katsuki le dejó en claro que debía irse antes que fuera demasiado tarde. Antes de hacerlo, Ochako pudo ver perfectamente la comunicación de ambos. Alfa por alfa, no era un desafío, era mucho más fuerte que eso. Honestamente tenía miedo por la fuerza de sus miradas, Izuku no parecía ser él mismo, al contrario, era como si alguien más estuviera en su cuerpo. Alguien fuertemente obsesionado con Katsuki. 

 

Con la ida de Ochako, Katsuki pudo acercarse hasta Izuku. Lo había estado buscando por todos lados, con una sensación poco agradable tomando su corazón. No sabía que iba a decirle sobre ellos, pero tenía claro que debía advertirle sobre la prueba. Y como un perfecto extraño que no entendía las palabras en el alma de su rival, se acercó con simpleza. No alcanzó a ver su beso, lo que alcanzó a ver fue mucho más que suficiente. 

 

Él estaba roto y perdido. 

 

—Deku yo...—Izuku lo calló con cuidado antes que siguiera, fue suave cuando dejó caer su índice entre sus labios cálidos. Estaba temblando por tocarlo, el hambre bajando por su garganta y calando en el poco autocontrol en sus manos. Poco a poco su dedo fue cayendo hasta la glándula en el cuello contraria, el olor de otra persona lo hizo apretar la pequeña glándula. Él lo noto, fueron solo unos segundos antes de siquiera pensar, activó el Ofa inconscientemente y lo empujó al suelo haciendo que ambos cayeran de lleno. Katsuki no pudo reaccionar, la mordida de Izuku encima de su glándula ardió con fuerza. Los propios colmillos del Omega, repletos del veneno de su biología, se calaron con fuerza.

 

El Omega lo marcó.*

 

—De verdad que me haces perder mi autocontrol, eres mío alfa. Nadie más debe tocarte—Izuku se alejó, sus ojos por completo rojos, extasiados por la sangre cayendo de sus labios, los colmillos afilados rojos al vivo, con un poco de saliva cubriendo las pecas de su mentón. No parecía ser él, no era él—. Yo lo decidí hace años, y nadie arruinará mi plan de volverte mi propiedad. 

 

—¿Quién mierda eres?—Izuku se rió con locura, encima de su regazo moviéndose lánguido para darle esa sensación que ambos compartían por el otro. El alfa interno de Katsuki estaba saciado por el comportamiento del Omega en frente suyo, pero él sabía que no era el pequeño Izuku quien estaba enfrente. Con los dedos cicatrizados, el Omega trazó la herida de sus colmillos en el cuello y poco a poco apretó el cuello de Katsuki. Suavemente en advertencia. 

 

—¿No lo sabes aún? Soy su Omega interno, ambos separados por su odio hacia nuestro género secundario. Soy el deseo sin el recato de su personalidad, soy la contaminación en su alma. Soy su personalidad en el estado más puro—Katsuki había escuchado que en ocasiones los destinados se iban contagiando con las aptitudes del más fuerte, el Omega de Izuku estaba contaminado con la personalidad de Shigaraki. 

 

—¡No eres tú quien habla!—la mano presionó más fuerte, Katsuki no quería decirlo pero la presión en su regazo y la falta de aire lo estaban volviendo loco, su cuerpo lo estaba traicionando—. ¡Shigaraki te contagió, debes luchar contra ello!

 

Izuku sonrió. 

 

—¿Y quién dice que no fuí yo el que contaminó el buen corazón del asqueroso Shigaraki?—se inclinó más cerca de sus labios, casi aspirando su respiración, por suerte no había nadie cerca porque si no fuera por la ropa, el movimiento de Izuku revelaría por completo sus intenciones—. Si quieres de vuelta al idiota que prefiere llorar antes que decirte la verdad, debes dejarme inconsciente. Pero, este es solo el comienzo. Poco a poco iré ganando más importancia en su voluntad… Y sé que te gusto más que él. Puedo sentirte contra mi trasero. 

 

Katsuki estaba duro contra él, era obvio que tenía un límite pero este no era el suyo. Tomó con fuerza el antebrazo de Izuku, y en los ojos del Omega hubo un leve adiós antes de que fuera capaz de noquearlo. Su puño ardió al mismo tiempo que su cuello, esperaba que la marca que le había hecho el Omega interno de Izuku no fuera legal en su sistema, fuera solo una normal, porque no quería sentir a Shigaraki a través de Izuku. Y mucho menos pertenecer a una persona que conscientemente no lo quería. 

 

¿En qué momento se complicó tanto su relación? 

 

...

 

 

Mordida de Omega: al igual que la mordida de alfa, esta puede formar una alianza física y mental entre dos individuos. Solo que al no ser lo suficientemente fuerte como para complementar físicamente como lo haría una de alfa, esta se destaca por ser comunicativa. Comunicando emociones, sensaciones y en ocasiones muy extremas, pensamientos ambiguos en situaciones de peligro.

Chapter Text

"Hay un espacio vacío entre nosotros, es un pequeño pedacito de lo que hubiera sido nuestro corazón. Nadie nunca podría haberlo sabido, pero lentamente dejaron caer esa sensación entre ambos. Ahí nos dimos cuenta, que aunque estuviéramos listos para amar, nunca sería posible y suficiente para nosotros."

 

 

"Será lo último que haré, lucharé demostrando los sentimientos que nadie más pudo interpretar. Cambiaré al mundo y lo pondré de cabeza, le daré orgullo a mi maestro y seré libre de la sensación asfixiante en mi corazón. Esperando cada día por aquel mundo donde todo es destrucción y polvo."

 

Tomura siempre pensó que su nombre, Tenko Shimura, era solo una página vacía de su existencia. Odiaba a su familia y a los héroes por todo ese daño, por hacerlo temer y dañar sus propios ideales, incluso antes de tenerlos. Esas dos palabras eran un peso en su corazón y cuando pudo despertar, todo esa sensación simplemente fluyó como el aire a su alrededor. Desde un atardecer despertando hasta la noche donde Izuku lo destruyó para dejarlo confinado en una habitación vacía, con sonidos vitales de su cuerpo. Fue lo peor, fue como perder la posibilidad de caminar después de haber aprendido a correr. Todo a su alrededor perdió sentido hasta que ella se presentó con su actitud pedante, no fue agradable pero inclusive una persona como ella podía conmover su destructivo corazón. Cuando su celo se presentó de imprevisto, y se desmayó en mitad de la preparación de un desayuno, ella lo llamó por su nombre. Su voz fue como un silbido suave en una mañana tranquila, fue un llamado a su corazón, a ese músculo errático que había perdido sensación hace años. 

 

Le gustaba, nadie en su sano juicio no lo haría, una Omega como ella… No era común, sin embargo, cuando repetía Tenko con tanto dolor, recordó brevemente algo que nunca pudo entender. Un sueño, donde era un depredador pero la presa lo cazaba. En ese momento se sintió así, siendo cazado por un bello conejo blanco. No le hacía daño pero lo arrinconaba en contra de algo que no podía escapar.

 

Después de eso, apenas pudo recordar todo lo que pasó en el hospital porque su cuerpo lo estaba castigando por renegar al Omega que le pertenecía por naturaleza. Apenas abrió sus ojos en el hospital, y Mirko estaba mirando la ventana de su habitación. Vistiendo un abrigo blanco con una bufanda negra, la misma tela le hacía ver más morena, más hermosa de lo que ya era. ¿De verdad quería dejarla atrás? Si fuera por él, no estaría detrás del Omega de dieciocho años, porque sabía que aunque lo quisiera intentar, para ganar esa lucha tenía que matar a la bestia Katsuki Bakugō, el héroe que se negó a ser villano y aunque fuera partidario de la idea de quitar vidas… Brevemente se preguntó, ¿qué podría sentir ella al respecto? Un corazón como el suyo, seguramente no sería capaz de perdonar algo así, y no es como si estuviera perdonado por todo el daño que hizo. Solo estaba viviendo con ella porque era un peligro pero quería saber más de esa sensación, dejar que todos esos sentimientos fueran por su cuerpo como una sombra curvando su forma por la luz. Sin pensar, cada día perteneciendo a la sensación, esperando acabar pronto con todo por ella. Porque si pudiera cometer un error o un pecado, esperaba que fuera ella.

 

—Finalmente despertaste, tenemos que irnos. Te llevaré al norte apenas salgamos de aquí, tengo trabajo y serás mi compañero de asignación—ella estaba llorando, el aroma de sus feromonas era una sensación nostálgica en su nariz, hormigueando dolor por cada centímetro de pulmón. Para Shigaraki era molesto sentirla de esa manera, quería destruir su razón de estar triste. Pero no podía ser posesivo con ella, no aún, así que se limitó a responder de mala manera. 

 

—Vaya, nunca pensé que sería un héroe de mierda, que asco da todo esto—ella se molestó aún más ante la mención de la palabra "héroe".

 

—No es en estricto rigor un trabajo de héroe, porque tendré que matar a alguien así que solo serás el plan de respaldo por si algo me ocurre a mí—detrás de sus palabras estaba la razón de porque su corazón dolía. Y  Shigaraki lo entendió. Ella estaba lista para salvar personas, acabar con villanos y ser la mejor heroína de Japón solo siendo una Omega. No sé suponía que terminaría así, seduciendo a un alfa alemán que buscaba comprar acciones en la comisión de héroes. Se sentía asqueada de solo imaginarlo, años de entrenamiento para nada. Para ser una asesina y niñera del creador de las criaturas que la dejaron obsoleta en el mundo de héroes.

 

Sin embargo, muy en el fondo, no podía enojarse con Tomura por ello. Conocía la historia de su vida y aunque sabía que cada paso que había dado el chico en contra de la justicia era repugnante, lo que vio en esas semanas a su lado no fue al terrible villano asesino, fue a un joven que esperaba cocinar mejor para no quemarse las manos que en ocasiones destruía cosas. Que se ataba su cabello en una coleta extensa para no dejar caer esas hebras plateadas que el estrés no le dejaba en su cabeza, solo para ser mejor en las cosas más simples de la vida. Quizá la comisión tenía razón, aún había un pequeño halo de esperanza en su corazón, y su alma de heroína le decía que no podía ignorar ese pequeño lugar. Que debía luchar por salvarlo.

 

¿Cómo hacerlo? Aunque su instinto tenía una breve idea, tenía miedo de caer. Todo el mundo tendría miedo de siquiera pensar e intentar estar cerca de él. Y mientras los dos iban de camino al norte de Japón en un tren, se preguntó si sería suficiente. Si alguna vez para alguien fue suficiente amar para dejar de ser una mala persona, para dejar de ser un villano. Mirko lo sabía, ella nunca podría ser un centro de rehabilitación, ¿cambiarlo? No, así no funcionaban las personas… Pero la sola idea de tenerlo para ella misma, de dominarlo aunque fuera un poco, le entregaba cierta tranquilidad que se sentía enferma con solo imaginar el poder. Iba a salir terriblemente mal pero, ¿qué podría salir bien ahora en su vida? Estaba retirada y a las órdenes de un montón de alfas que no podían ver más allá de su propia nariz. Si era honesta, le tenía más miedo al trabajo actual que a matar nomus. Incluso sus propias prótesis, una en su pierna y la otra en su brazo, se sentían heladas.  Como si el norte fuera a cambiar para siempre su vida. Quizás era el poder de Shigaraki, o mejor, el poder del alfa de Tenko. 

 

Ese abrasivo y atrayente poder de hacerla perder su propia responsabilidad por el bienestar personal y solo seguir, y por un mínimo instante, ser la persona que nunca pudo ser. Solo una Omega. 

 

"Mirko, debes ser perfecta. Debes ser más fuerte que los alfas, porque ellos solo querrán destruirte. Tienes que luchar con todo tu poder, ser mejor que todos ellos."

 

Las palabras de su madre seguían haciendo mella en su corazón y cabeza, sin duda había sido una influencia espantosa en cada aspecto de su vida. Por eso seguía soltera, tomando supresores y la amabilidad de extraños que no conocía más que de una hoja de clasificación. Ser una heroína era cansador, tanto que luchar cada día contra todos los demonios de las calles y los propios la mataban hasta el punto que sentir sus propios ojos era imposible. Algunas veces solo quería ser Mirko y nada más. Solo una Omega más en el montón de Omegas que había en el mundo. 

 

Se dejó caer en el asiento mientras Shigaraki podía sentir el dolor en cada exhalación que hacía. Era casi mágica la forma en que se acercó y con la culpa casi extinta en sus nervios, le tomó una mano, cálida contra sus dedos enguantados. Que maravilloso fue el instante en donde Shigaraki se dió cuenta que la única persona que deseaba salvar en la inmensidad del universo no era él, sino ella. La mujer que había destruido su futuro por proteger a las personas de su alrededor, por proteger el futuro de los niños que aún no conocían el dolor de la peligrosidad en las calles. Tomura por un instante se preguntó qué hubiera sido de su vida, si ese día que vagó por las calles, ella lo hubiera encontrado. Qué tan diferente sería su mundo. Sonrió apretando fuertemente su mano, sin hacerle daño. Solo un toque firme. 

 

Se sentía tan humano que era repugnante pensar que algo así podría ser parte de su vida. 

 

 

Cuando despertó, el flujo de energía que sintió fue como volver a respirar después de morir ahogado. Su corazón por un instante se detuvo como si lo común fuera hacerlo y al siguiente, pulsó con fuerza en su pecho; la taquicardia lo hizo percibir el calor de la chaqueta sobre su pecho, el leve toque en sus dedos y la forma en que la brisa figuró gentilmente cada centímetro de su rostro. Sus pulmones no respondieron y todo se quemó, absolutamente todo a su alrededor dejó de funcionar. Se sintió vacío hasta que todo comenzó a llenarse de energía, cada fibra vibró como si fuera natural hacerlo. Solo el sexo de Katsuki lo podía poner de esa manera, la manera en que todo a su alrededor dejaba de tener sentido común. Solo ellos dos contra la crueldad inmersa en cada centímetro del mundo. Sus ojos vieron la luz del sol y ahí estaba él, mirando el horizonte como si fuera posible encontrar una respuesta en esa simple imagen de su entorno. Y al primer pestañeo que sus ojos pudieron emitir, la mordida en su cuello ardió al mismo tiempo que la sangre fantasma en su lengua y labios. La realización llegó con la culpa como compañera. ¿Qué mierda había hecho? 

 

Sin embargo, un segundo después sintió el calor proveniente en sus venas, la preocupación calando en su corazón, el mismo palpitando como si fueran uno solo, la agravante sensación del alfa cambiando su mundo porque él lo veía de una manera diferente. Su cabeza ardió y con ello se quejó, él se dio vuelta para verlo a los ojos. 

Dios, su alma, podía verse a sí mismo a través de él. Podía sentirlo, como si sus cuerpos estuvieran sincronizados para ser uno solo. Dolió verlo a la cara, ver el rojo de sus ojos tan apacible que carecían de la energía común. Emergente en sus labios al decir su nombre, que acabó provocándole lo que siempre había querido negar delante de todos los alfas. 

 

—Deku, ¿cómo te sientes?—tan gentil, tan fuerte que su propia naturaleza luchaba contra un corazón débil. Intentó ponerse de pie pero sus brazos carecían de la fuerza que comúnmente poseían, algo le estaba absorbiendo toda su energía vital. Y quizás era él, porque su propia naturaleza le decía que el olor del veneno de la mordida en su cuello era suyo. Se sentía como un descuido pero en realidad era un victimario. El pulso del destino invirtió los papeles—. Hey, te estoy hablando. 

 

Izuku no pudo verlo más a los ojos, no tenía el coraje para hacerlo. 

 

—Me duele la cabeza y mis brazos no tienen fuerzas. ¿Qué ocurrió?—la mención de la pregunta provocó en Katsuki un poco de incomodidad, ahora Izuku sabía que estaba sintiendo aunque también podía percibir como el alfa postraba un muro entre ambos. Cuidando su propio corazón de la nueva sensibilidad adquirida, de cierta manera se sentía como un rechazo. Aunque no podía. Era extraño, pero era culpa. Eso sentía profundamente al percibirse bajo su piel. 

 

—Joder, por favor, no hagas eso, no te sigas culpando por cosas que no hiciste tú—Katsuki lo ayudó a ponerse de pie, perdió el equilibrio pero él tomó su cadera con firmeza. No sé merecía tanta consideración, quería huir por todo pero él lo estaba reteniendo, cerca de su pecho para saber que al menos estaba ahí. Izuku lo intentó alejar pero era débil contra el calor de su carne, se sentía como un pulso en su interior, dañando con cada segundo la integridad de su fuerza de voluntad. 

 

—¡Pero yo lo hice, te marqué sin consentimiento! No es muy diferente a una violación, soy un abusador—eso enfureció a Katsuki de una manera que pudo identificar con claridad al calor de sus venas, el alfa tomó con fuerza su mandíbula y lo obligó a verlo a los ojos. Oh, era tan adictivo ese fulgor en su mirada que Izuku se sentía enfermo de sólo mirar sus ojos. Quería más que eso, quería todo del alfa. Incluso esas palabras que podrían herir su corazón. 

 

—¡No te atrevas a decir eso de ti mismo, maldito nerd de mierda!—la violencia en sus palabras era tan diferente a la de antaño que casi se sentía como un llamado de calor. El Omega interno de Izuku estaba feliz, pero al igual que Izuku, siempre quería más. Y eso significaba saber que sentía, porque aunque hubiera un lazo entre ellos, este era demasiado débil para decirle algo de sus emociones más profundas. Tomó un poco de aire antes de calar hondo con sus frustraciones. 

 

—¡¡¡Entonces deja de pretender que todo lo que te hago no significa nada para ti, solo dime cómo te sientes realmente!!! Maldita sea—apretó con fuerza sus brazos, la angustia flotó entre ambos—. No puedo dormir pensando en todo lo que te he hecho. ¿Realmente tan poco importa lo que yo te haga? No dejas marcas y te vas, te esfumas entre mis dedos. ¡No puedo soportarlo!

 

Y ahí ante sus agudas palabras, lo sintió, un vestigio pequeño de lo que él estaba sintiendo. Katsuki era una extraña mezcla perfecta entre la culpa y el dolor. Era tan desolador sentirlo y era solo una probada de lo que ocurría en su turbulento corazón. 

 

—Izuku… Yo soy la persona que debería decir eso. Tu deberías dejar de pretender que todo lo que te hice en el pasado no significa nada, que nosotros no somos nada cuando claramente no es así. Que todo este tiempo yo…. Joder, ¿cómo decirlo sin cagarla?—su voz suave fue acompañada de la sensación de su mano alrededor de la suya, Izuku no entendía el peso de la pequeña acción detrás de su leve momento. Estaba estrechando su mano pero ¿por qué se sentía como si estuviera tratando de tocar su corazón?, estando tan cerca y se sentía tan lejos. Solo quería saberlo, que lo dijera y dejar todo claro. 

 

—Kacchan, dilo—y deja de poner esta barrera entre ambos. 

 

—Te quiero… ¡Joder, no puedo negarlo! Ni quiero hacerlo, te quiero y no me importa que ahora estés con Todoroki, yo siempre estaré ahí porque hasta el día de mi muerte te deberé siempre los mejores años de mi vida por esos años en dónde te deje solo. Y lucharé con las manos que la naturaleza me dió para tenerte con vida, para cuidarte—los ojos de Izuku comenzaron a quemar y picar, la noche anterior golpeó con fuerza su corazón y todos los errores que cometió… Quería borrar cada uno de ellos hasta dejar una hoja en blanco pero con Katsuki nunca nada sería lo suficientemente blanco, y realmente no quería que fuera así. La imperfección de su relación era lo perfecto de la misma—. ¿Lo entiendes? Me duele cuando dices que no somos nada, podría acostumbrarme a verlo a tu lado pero siempre te quiero aquí, conmigo ganando todas las mierdas necesarias para ser los mejores héroes del puto mundo, como lo prometimos durante ese verano. 

 

Y eso lo rompió. Ese verano. 

 

—Kacchan, yo...—Izuku comenzó a llorar, el alfa estaba cerca de hacer lo mismo pero antes de que él dijera algo, lo detuvo. 

 

—No tienes que decir nada, lo entiendo. ¿Quién querría estar con su abusador de la secundaria? No te preocupes por eso. Somos rivales, fuimos más que eso y ahora seremos más de lo que fuimos… Solo, déjame cuidarte. Maldición, quiero cuidarte hasta de tus propias palabras. ¿Qué me has hecho, nerd?—la forma en que estaba tomando sus brazos, casi rogándole al tiempo un poco más de ese pequeño instante para presumir las fuerzas que la naturaleza en ese momento le estaban arrebatando. Izuku… Cada palabra se fundió en su cuerpo, con la mirada roja complementando la unión, con cada pulso de su corazón ganando una batalla que podría ser indiferente en el futuro más traicionero. 

 

Se acercó, Katsuki temió por un instante pero conocía sus propias debilidades y él era la mayor de su mente. Si Izuku quería besarlo, no le iba a negar ninguno de sus besos. Incluso si llegaba a pertenecer a otra persona, Katsuki siempre sería capaz de romper la barrera de lo moral con tal de hacerlo feliz. Porque joder, quería besarlo hasta quitarle el aliento. Hacerlo suyo incluso si eso sonaba como una historia egoísta de engaño. ¿Ser amigos? A la mierda eso, quería más que unos momentos inocentes. Si, se sentía culpable pero lo anhelaba hasta el último de sus anteriores alientos. 

 

Que tonto fue por no aceptar esa mano, si lo hubiera hecho… Quizás no estaría sufriendo por la culpa del pasado, y la misma por desearlo como suyo. 

 

—¡Mocosos!—el olor tranquilo e inesperado de Aizawa detuvo la deriva de sus acciones antes de que ambos cayeran en los labios del otro. Izuku se alejó rápidamente y Katsuki escondió sus colmillos detrás de una mueca, por ese instante en donde ambos se dejaron llevar, olvidaron por completo dónde estaban—. Reunión en la sala común, ahora. 

 

Ambos caminaron detrás de Aizawa, poco a poco más estudiantes fueron detrás del alfa mayor. Izuku en más de un momento se acercó hasta Katsuki para rozar su hombro, el alfa le devolvía el gesto tratando de alcanzar su mano. Había culpa en la acción y por un momento el Omega olvidó decirle que no estaba con Todoroki. 

 

Una vez en la sala común, todos se reunieron alrededor de una extraña mesa que poseía sus uniformes de héroes. El alfa rubio al ver a Nezu en el centro de la mesa, sobre el mueble, tragó en seco. Se le había olvidado decirle a Izuku sobre el examen final. Maldijo sus sentimientos, levantando nuevamente la barrera entre ambos. El lazo que el Omega interno de Izuku le había hecho era débil pero iba a manejarlo para ayudarlo, incluso si eso significaba que tendría que dejarlo entrar a su pequeño mundo. Ese que solo provocaba dolor.

 

—Bienvenidos jóvenes promesas, seguramente se estarán preguntando qué es todo esto pero no se preocupen, solo son los uniformes que usarán para su examen final. Nuestra directiva junto a la de la comisión llegamos a la conclusión que sería mucho más positivo adelantar el examen final. ¡Y afortunadamente será hoy!—Toda la sala común quedó en silencio, cada uno de ellos en shock, en especial Mina, que sintió las feromonas provenientes de los ropajes. Eran supresores que tenían la especialidad de atraer más feromonas. Su madre los usaba en ocasiones especiales. Y cada uno de los que sabía la verdadera función de esas feromonas supresoras, temió—. La prueba será en un lugar aislado que preparamos exclusivamente para ustedes. Tundra con extensos bosques de pino. En este enorme lugar tendrán treinta cabañas repartidas que los ayudarán a sobrevivir por un breve periodo de tiempo, están diseñadas para albergarlos solamente durante doce horas. Luego las mismas estarán inhabilitadas por más de cinco horas para asegurar que cada uno de ustedes esté a prueba con mis hermosas creaciones.

 

En ese momento Nezu apuntó a la puerta de los dormitorios donde dos enormes criaturas con apariencia metálica oscura aparecieron. Altos, hechos de un material que se asemejaba al metal pero en un oscuro que parecía engullir la luz de la habitación; con su apariencia humanoide dejaban en claro que serían los enemigos de la prueba final. El par de ojos rojos que adornaban su cara eran alargados, casi pareciendo dos búmeran en su cabeza. No tenían boca pero Nezu apenas pudo, demostró que la criatura poseía un núcleo de calor en su centro que subía hasta su mandíbula, uno que brillaba al momento que movía su cuello para mirar.

 

—Estos increíbles biorobots son los centinelas que les harán la vida imposible durante la prueba final. Desarrollados con tecnología de punta, les demostrarán sus verdaderos demonios...—en ese momento uno de ellos tocó a Shoto que estaba cerca de ellos, el alfa no se inmutó pero si lo hizo cuando una de las criaturas replicó su hielo y fuego a la perfección—. Es decir, ustedes mismos. Estas hermosas criaturas tendrán sus habilidades una vez establezcan contacto con su piel, pero no solo están diseñados para atacarlos sino también para dejarles en claro su principal debilidad, su género secundario. Cada una de ellas tiene una carga de feromonas que los hará entrar en un precelo, en cuanto a los betas de la clase, ellos tendrán una carga especial que los hará más débiles. La finalidad de esto es ponerlos al límite que las calles los pondrán. Todos en la directiva estuvimos de acuerdo en que cada día los villanos irán haciéndose más y más fuertes. Y tendrán que estar preparados para el infierno, no solo de manera mental, sino también de manera física. Sus géneros secundarios son una limitación, háganlo su mayor fuerza. ¿Preguntas?

 

Todos tenían una pero el miedo los volvió mudos. Excepto a él.  

 

—Sí, yo—Katsuki estaba cansando de escuchar tantas palabras, él solo quería saber una cosa—. ¿Se podrán hacer equipos?

 

—No es conveniente ya que es una evaluación individual...—Katsuki lo interrumpió antes que siguiera con su discurso, la tensión se implantó entre el animal y el alfa. 

 

—¿Se puede o no?—toda la clase A quedó observando la reacción de Nezu, el animal conservo la compostura ante las feromonas amenazantes de Katsuki, Kirishima se trató de acercar para aplacar la situación pero Izuku lo detuvo con uno de sus látigos, toda la situación era desalentadora. Hacer equipos podría darle ventajas a los omegas, pero al mismo tiempo quitárselas, no sabía lo que estaba pensando Katsuki pero tenía una idea. Todos en la clase tenían cierta experiencia con alguien, excepto Iida y Ochako, pero ambos tenían un buen concepto del control. El problema era él mismo, todos sabían que era un beta. Esa era la idea. Que los centinelas tuvieran feromonas era un problema, uno grande. 

 

—Sí, se puede. Pero seguirán siendo evaluaciones individuales.

 

Eso fue más que suficiente para que Katsuki diera un paso atrás, hasta donde se hallaba Izuku. Tomando su mano con suavidad, se acercó hasta su oído y su aliento acarició su piel al mismo tiempo que le decía dos palabras: "prometo protegerte". Solo esas dos palabras quemaron su corazón, se sentía como si estuviera tratando de tocar el corazón al mirarlo a los ojos después de eso. Su tacto siempre había sido abrasador, ahora se sentía una probada de ese dolor tan adictivo. Le pidió perdón a su madre pero no quería dejar de sentirlo, quería más que los demás. Lo quería todo, hasta el dolor en sus lágrimas. Apretó más fuerte su mano y ambos se quedaron junto mientras los otros estudiantes estaban planificando sus equipos, Todoroki ni siquiera se acercó a Izuku. Al contrario, apenas Nezu dijo que podrían hacerse equipos, fue hasta las cosas de Mina para entregárselas a ella misma bajo la atenta mirada del oso. Kirishima se acercó a la Omega también, ambos lo hicieron y formularon un equipo de tres. Kirishima no confiaba en Shoto y Shoto no quería que ella estuviera sola con el chico de ojos rojos. Momo se ofreció cuidar a Tsuyu y Ochako, Iida se unió a su grupo. Kaminari se quedó con Sero y Shinsou, aunque el Omega de ojos ámbar no estaba muy feliz de que Shinsou estuviera en su grupo mas no tenía otra opción. El sentimiento que pudiera fallar en la prueba final le daba tanto miedo como las ofertas que cada noche le llegaban a su celular. Siempre ignorando pero seguían ahí, solo que no podía pensar en nada cuando las veía. 

 

Perder tantas cosas lo tenía muy mal, sobretodo por la extraña sensación en su cabeza. No sabría cómo llamarla pero lo conectaba de una forma extraña con su cuerpo, como si estuviera alimentando todos sus miedos y al mismo tiempo levantando su ánimo para afrontarlos. Estaba aterrado pero a veces lo mejor era olvidar. 

 

Después de las explicaciones, todos y cada uno de los presentes tomaron sus uniformes especializados en climas fríos. Pasó alrededor de una hora y todos los alumnos de la clase A estaban a las afueras del portal, que poseía un halo de energía violeta. Los alfas vestían en la mitad de sus rostros unos bozales especiales hechos con tela oscura y una estructura que se sostenía con metal del mismo color. En la oscuridad el metal se iluminaba con el color característico de cada aspirante a héroe. Eran hechos a medida y aseguraban un perfecto control de feromonas para que solo las feromonas de los centinelas fueran las presentes en el examen. Los Omega por su parte no poseían un bozal en los rostros, ellos tenían sus cuellos perfectamente cubiertos con collares flexibles, que al poseer la misma tecnología de los bozales, brillaban y solo se podían sacar con las huellas digitales de los dueños. No estaban permitidos los supresores de parche e Izuku estaba nervioso por ello, la marca amoratada en el cuello de Katsuki, sobre su glándula, lo estaba llamando. Se sentía ahogado estar separado de él, solo por unos centímetros, cada uno de ellos quemando su piel. Era enfermizo pensar que él lo veía de esa manera, con tanto dolor. Como una hoja cortando su piel.

 

Tenía miedo pero quizá su Omega interno entendía mejor lo que necesitaba así que al saltar por el portal para entrar en la tundra, cerró los ojos y se dejó caer. Como nunca pudo hacerlo cuando solo era un niño en casa, en una esquina llorando porque no entendía a su madre. Porque no entendía las lágrimas en sus mejillas. 

 

"Ser un Omega es una bendición. Puedes traer vida al mundo, formar una familia y ser feliz." 

 

No, no lo era. Pero Izuku aceptaba que debía hacer las paces con su Omega interno. 

 

...

Chapter Text

Un veneno, una enfermedad, una promesa de aquellos corazones hermosos que poco a poco fueron adquiriendo la oscuridad de las calles. Dos héroes, dos muertes prematuras que renacieron como ironía y crueldad. 

 

 

Tenía apenas cuatro años cuando empezó a creer que el mundo era un lugar injusto para los omegas, su madre estaba en la puerta de su departamento con su típica trenza al lado de su hombro. La sonrisa en sus labios era suave en comparación al apretón que sus manos ejecutaban para soportar el dolor; esa fue la primera vez en su vida que realmente pudo interpretar las sensaciones de las feromonas. Y lo primero que sintió fue dolor, su madre solía cantarle entre sueños que los omegas eran afortunados por tener la suerte de traer vida al mundo, pero Izuku al verla en la puerta de su casa esperando al hombre que juró llegar, no lo entendía bien pero no quería sentir ese dolor y antes de siquiera entender cuál era el calor en sus entrañas, ese calor agradable y reconfortante, lo apagó. Le dijo adiós a su Omega interno incluso antes de saber quién era realmente esa parte de su vida. 

 

Cuando conoció a Katsuki, ese Omega interno que durmió esperando una señal, se despertó con violencia. Izuku jugó con Katsuki durante ese verano, escuchando sus palabras sobre ser héroes y sobre cómo algún día ambos serían compañeros heroicos. Izuku creía en esas palabras con su vida, porque después de todo, ¿Cómo no confiar en un ángel tan bonito? Pero al acabar ese verano, todo volvió a ser gris y su Omega interno sangró. Y luego todo lo que pudo ver fueron injusticias. Ellos le tenían miedo por ser diferente a los demás omegas, pero Izuku les tenía repulsión y odio. 

 

Cuando conoció a Allmight, vio un halo de esperanza en su vida. Y luego todo fue cayendo en picada, a su alrededor todo se sintió como un sueño hasta que el dolor insoportable se hizo presente, sacándolo de ese camino que veía con tanta claridad. Odiaba a su Omega, pero lo odiaba más por necesitar de alguien para estar completo. ¿Feromonas sintéticas? No, necesitaba alguien cálido… Alguien que podría quemarlo con un solo tacto. Katsuki, era esa persona que quería conocer pero tenía miedo de hacerlo. No quería alejarlo pero mientras intentaban hacer aquello, más lo hacía. Se sentía como un idiota tratando de hacer cosas que solo podían hacer más daño, y entonces cuando entró en pánico, su Omega interno tomó el control después de años sintiendo la frustración de la ignorancia y se adueñó de lo que siempre creyó suyo, de lo que eligió cuando era apenas un Omega joven e inocente. El lazo que formó lo hizo darse cuenta de ese dolor que se escondía detrás del fuego en sus ojos, pequeñas gotas de dolor que no podía dimensionar porque Katsuki casi nunca hablaba de sus problemas.

 

Dios, tenía miedo pero quería entregarse. Así que se dejó caer en ese enorme portal y vió a través de los ojos de su Omega interno, haciendo una breve tregua con él para entender un poco lo que el mundo le estaba escondiendo detrás de las injusticias. Lo primero que vio a través de sus ojos fue que no le tenía miedo a nada, usaba su poder sin siquiera pensar en su cuerpo. Era imprudente y por sus venas corría el fulgor de la juventud. Izuku estaba en su cuerpo pero al mismo tiempo, todo lo que hacía era ver y sentirlo. Y su Omega interno, dios, estaba desesperado por Katsuki. El frío y la desolación de la tundra y los bosques enormes de pinos a su alrededor en ningún momento lo desmotivaron por encontrar al alfa. Era increíble ver cómo el Omega interno amaba la idea de estar con Katsuki y con cada minuto que pasaban corriendo por los bosques, cada vez se hacía más grande ese deseo.

 

Era alucinante. 

 

Y así, todos los estudiantes entraron casi al mismo tiempo pero ninguno de ellos cayó en el mismo lugar. Estaban separados por kilómetros de nieve. Si no fuera por las enormes planicies de blancura, todo el lugar parecería taiga gélida, infectada con la oscuridad de una noche impaciente por la luz del amanecer. Izuku en algunos momentos sintió que sus pulmones ya no podían más con la brisa helada.  Y con la frustración alimentando sus manos, de un solo smash, formó una onda expansiva de nieve y restos de pinos destruidos. El frío golpeó sus mejillas al mismo tiempo que la sensación desoladora del ambiente, mas no fue la única persona que pensó de esa manera. La noche fue iluminada por un enorme rayo, uno que fácilmente podría matar a un grupo de personas pero era un aviso de ubicación. Denki estaba avisándole a su grupo. Y con el cielo iluminadose cada dos minutos por los poderosos rayos de Denki, el Omega interno de Izuku comenzó a flotar desesperado.

 

Tarde o temprano iba a encontrar las explosiones si viajaba por los cielos como un águila. 

 

Mientras iba por los cielos, surcando los enormes pinos bañados en nieve fresca, comenzó a sentir una leve conexión en su interior. Una brava fuente de energía que poco a poco comenzó también a afectar a Izuku, su Omega interno se asustó y volvió a su reconfortante lugar donde nada más que Izuku podría dañarlo. Al hacer el cambio, perdió las fuerzas de la flotación y cayó estrepitosamente en la nieve, por suerte la capa era gruesa y no le hizo ningún daño más que un dolor intermitente en su espalda. Al levantar la vista y ver la mañana presentándose poco a poco, pudo ver un enorme centinela que estaba tratando de tocarlo. Antes de reaccionar, una enorme capa de hielo se interpuso entre él y la criatura. A los lejos Todoroki, con la pre fiebre azotando su cuerpo, se presentó con Mina en su espalda. Kirishima no estaba con ellos, solo eran ellos dos pero estaban gravemente afectados por las feromonas del centinela que venía detrás de ellos echando enormes cantidades de ácido.

 

—¡Deku, aléjate!—antes de que Izuku pudiera siquiera concretar pensamientos, una enorme explosión azotó al centinela que venía detrás de Todoroki y Mina. La criatura perdió el interés en el cansado alfa de cabellos bicolor y enfocó su atención en Katsuki, que tenía sangre cayendo por su cabeza hasta el bozal que dejaba filtrar el fluido caliente hasta su cuello—. ¡Bastardo mitad mitad, sácalos de aquí, ahora! 

 

Todoroki no preguntó dos veces, salió corriendo con Mina y con unos trozos de hielo formándose de su pie derecho. Izuku poco a poco fue sintiendo la enorme carga de feromonas que los centinelas estaban emanando a través de sus cuellos metálicos. No eran cargas normales, su centro dolió y poco a poco su mancha fue presentándose en su trasero. Perdió el equilibrio al tratar de correr pero sus látigos negros salieron eyectados de sus manos, ayudándolo a correr. No fue capaz de pensar mucho, más que escuchar las explosiones y verlas brillar con fuerza a lo lejos mientras se iban alejando. Una voz en su interior le dijo que no huyera del lugar, que Katsuki lo necesitaba. Antes de que la voz se hiciera más fuerte, salió de los hielos de Todoroki y con sus látigos se fue acercando apenas podía. Mina pudo verlo irse pero no se podía mover con la quemadura en su pierna derecha. El dolor no la dejaba siquiera respirar y sus feromonas la estaban matando, necesitaba descansar. Solo llevaban unas dos horas de examen y ya no podía más. Poco después de alejarse del centro de la pelea, Todoroki afortunadamente encontró una cabaña. Entró, y cuando pensó en ir ayudar a Izuku y Katsuki, el inmueble no lo dejó salir. El contador en la puerta era claro, en diez horas podrían salir. Antes no, era un ultimátum y con la frustración alimentando su corazón, golpeó la puerta con ambas manos. Lo sentía mucho por ellos dos.

 

Katsuki al momento de caer en la tundra, lo primero que recibió fue un ataque de una explosión en su cara. Las reglas de Nezu no eran reales y solo eran palabras a jóvenes que le creyeron con esperanza de hallar algo, o quizás solo el animal estaba realmente enojado con él. No lo sabía pero el centinela tenía sus mismas capacidades y derrotarlo significaba sobreexplotar sus propios brazos. En una ocasión falló y recibió golpes duros en su cuerpo. Se dislocó un hombro que volvió a poner en su lugar contra un árbol que le hirió la piel del deltoide, también cayó en contra de un enorme lago congelado y la contusión en la cabeza casi lo deja inconsciente de no ser por la constante en su cabeza; Izuku, Izuku, Izuku. 

 

Estaba como un perro rabioso peleando contra el centinela hasta que en un momento de debilidad se dio cuenta que el centro de los robots era semirrígido y que al moverse algo brillaba. Sin siquiera pensar en lo que podría pasarle a su mano, atacó sin piedad. Dos explosiones certeras en lo que serían los ojos y apenas tuvo la oportunidad, dejó caer su puño en el centro. Algo vibró contra su mano y lo estrujó un segundo después. Al hacerlo, toda la criatura perdió sus fuerzas y se apagó. 

 

Intentó sonreír pero todo su cuerpo le ardía por culpa de los golpes así que solo comenzó a vagar por la tundra, tratando de usar su lazo con Izuku para entablar una señal certera. Estaba tan mal que todas las fuerzas de su alfa se hallaban mermadas por la enorme carga de feromonas del centinela muerto, solo quería masturbarse pero el dolor era mucho mayor que cualquier deseo en el interior de sus dañadas entrañas. Las cicatrices viejas de su piel poco a poco comenzaron a quemarse. Se quejó a cada paso que dió hasta que sintió las feromonas de Mina, se suponía que los bozales servían para no sentir las feromonas de los demás, pero no era así, sus feromonas eran persistentes en el ambiente. Lo molestaron tanto que su nariz fue detrás del rastro de olor, cada vez más rápido hasta que comenzó a correr y cuando pensó que podría hacer un golpe frontal a lo que la estaba afectando, el aroma emergente de Izuku picó en su nariz, contaminando sus pulmones. Su instinto rugió y la promesa que le hizo en la antesala del examen cobró todas las fuerzas suficientes. Antes de respirar, le pidió que se alejara por seguridad. Dos centinelas, podría con ellos pero tenía que estar solo. Sus explosiones no debían ser controladas, debían poseer el fulgor de la fuerza cercana a la muerte. 

 

Con la adrenalina y el dolor marcando cada movimiento de su cuerpo, expulso todos sus sentimientos a través de sus explosiones. No tardó en dañar la estructura metálica de los centinelas, sobretodo porque solo uno de ellos estaba atacando con una particularidad. Había visto muchas veces el estilo de ataque de Mina, así que un poco de ácido no lo iba a detener. Se mantuvo un silencio al momento que el sol tocó la superficie de la nieve, reflejando la luz. Izuku llegó a la escena y notó cómo un costado de Katsuki estaba sangrando, dejando entrever por el dañado del traje un enorme hematoma rojo, era enorme y se veía en los ojos del alfa que era grave. Izuku tenía miedo de que una de sus costillas estuviera rota, así que flotando alrededor de la pelea lanzó una patada. El torbellino de nieve que se formó por unos momentos inmovilizo a uno de los centinelas, el otro arrojó una gran cantidad de ácido. Izuku con sus látigos ayudó con la huida de Katsuki ante el chorro. Con el tacto firme alrededor de su piel, se presentó en su cuerpo la enorme necesidad que había estado ignorando. Estaban en un problema. 

 

—El centro de los centinelas, esa mierda que brilla en su pecho, es el mecanismo que lo mantiene en movimiento—fue apenas un susurro mas Izuku lo sintió retumbando en su cabeza. Su voz… Apenas podía controlarse porque su cuello picaba de una manera que se sentía como si un par de manos lo estuviera ahorcando. Tragó duro y asintió sin abrir la boca, sus feromonas también estaban cegandolo así que corrió detrás de los centinelas, un golpe certero y con su látigos negros apretó ambos robots. Sintiéndose desfallecer en el calor doloroso de su estómago, los estrujó. 

 

Las explosiones de Katsuki dañaron lo suficiente el cuerpo de las criaturas para hacer fácil la tarea de buscar el centro. Quemó el ácido que salió emergente hasta quemar sus látigos pero antes de que pudieran huir, Katsuki con una explosión los retuvo contra el suelo, aprovechando la ocasión, el alfa arrancó uno de los mecanismos. El otro fue cosa de Izuku que con su brazo iluminado, estrujó la estructura bajo su mano. Los centinelas dejaron de moverse y ambos pudieron finalmente respirar con normalidad… Pero hacerlo los hizo darse cuenta de lo evidente. 

 

Izuku fue el que primero que lo sintió, su jugosa mancha cayó por sus piernas, provocándole el dolor de la necesidad en su interior, pulsando con firmeza en sus carnes. Antes había tenido un precelo, pero nunca uno en dónde realmente sintiera esa necesidad imperiosa, como si estar encima de una polla fuera más necesario que respirar. Sus colmillos salieron emergentes de sus labios, el veneno ya no era tolerable, ahora era agrio y quemaba su boca. Se arrastró por la nieve en busca de alguna manera de aplacar el calor en la nieve, que poco a poco iba quemando sus pulmones, pero el rugido de Katsuki lo hizo darse vuelta. Cuando lo vió, entendió que incluso en su celo, él nunca había estado de esa manera. Sus ojos parecían resplandecer en su propia luz, su olor era tan penetrante que cada exhalación era una brisa espesa de vaho a través del bozal. Katsuki estaba luchando en contra de la bestia que quería hacerse cargo de su cuerpo, probablemente si pudiera ver a través del bozal, toda su dentadura estaría destilando veneno; preparado para incrustarse en la carne de un Omega. 

 

—Vete Deku, no puedo controlarme. ¡Me estoy volviendo loco y no quiero hacerte daño!—su voz estaba raspando su garganta, era un grito agonizante que a medias se podía dimensionar como una exigencia amenazante. Izuku lo ignoró, no podía siquiera pensar en una forma de huir. Se arrastró, sintiendo el olor de la sangre fresca en el ambiente. Katsuki estaba tan rabioso que las garras de sus manos estaban dañando seriamente sus guantes, atravesando la tela especial y dañando sus dedos. El alfa levantó la vista hasta el Omega que estaba acercándose, la agonía entre ambos lo hizo tratar de alejarse a pesar de la lucha de su alfa interno por tener el control. El interno estaba insaciable, quería marcar a cada Omega que había a la redonda. Cogerse a cada uno de ellos y dejar que su semilla hiciera el trabajo. Y no podía entregarse a ese enorme abismo porque sabía que nada sería realmente suficiente. 

 

Pero, ¿por qué se sentía así?

 

Las feromonas eran fuertes pero siempre pudo controlar esa parte de su vida, ahora cada acción del pasado era inútil. Se estaba quemando en vida y cada gota de sudor bajo su traje de héroe era un intento fallido por apaciguar el fuego. Sintió la mano cerca, el ruido de los intentos fallidos, la respiración agitada y el corazón con su pulso corriendo como un loco. Levantó la vista y vió a Izuku tan cerca que su propio aliento podía acariciar su piel fría y brillante por la nieve, el tirón trémulo en su polla ardió pero se contuvo manteniendo la respiración en sus pulmones, quemando su garganta ya apretada. ¿Por qué no lo entendía? Podría hacerle daño si por un mínimo segundo llegaba a descuidarse. ¡No podía seguir haciéndole daño!

 

—Kacchan, no me importa. Dañame si es necesario. Utiliza cada parte de mí si eso puede llegar a apaciguar el dolor pero por favor, no ignores mi ayuda. De verdad, quiero ayudarte—los ojos rojos vieron profundamente el verde que lo estaba llamando, en ese momento olvidó todas las inhibiciones que su madre le enseñó en el salón de su casa, siendo ella una beta, siempre diciéndole que fuera mejor que los demás. Ir hacia el futuro sin frenos pero con cuidado, sin dañar a los que no lo merecían pero acabar con los que los que hacían el mal. Katsuki era un héroe hecho y derecho, tenía las mismas falencias que cualquier otro pero en sus venas corría el fuego de la justicia. Su justicia, y si esa justicia era matar, dañar y acabar con los que se lo merecían, lo iba hacer sin temblar. Pero dios, le pedía perdón a su madre, porque lo que iba a hacer no tenía nombre. Si algún día obtenía lo que se merecía, con el corazón al descubierto lo iba a aceptar.

 

Porque en su cabeza estaba el hecho de que Izuku era novio de Todoroki.

 

Con renovadas fuerzas abrió ese enorme portal que su alma siempre había mantenido cerrado por el bien del pequeño niño que vivía en su interior, el adulto que Katsuki quería mantener para siempre encerrado salió y asesinó a sangre fría al niño de rojizos ojos asustados por su propia naturaleza. El adulto ya no tenía miedo de su propia naturaleza, la aceptaba y acortaba el camino hasta la cima de esa furia que solo la ciudad conocía. La oscuridad de esa alma que por mucho que deseara correr, nunca podría salir del cuerpo, una liberación completa de su espíritu. 

 

Levantó la vista hasta donde Izuku poco a poco iba presentándose ante él, en medio de la nada con el peligro escondiéndose en los bosques blancos y los centinelas de los alrededores oliendo las feromonas de sus compañeros. Aún así siendo ambos completamente irracionales por el deseo. La vista del Omega era una imagen hermosa. Izuku como Omega era un ser completamente etéreo, cada parte de su cuerpo era perfectamente imperfecta y Katsuki estaba cada día más y más adicto a cada una de ellas. No sabía cuál era el límite de lo que estaban haciendo pero la locura se hallaba ahí, tomando el control de sus movimientos como si fueran sólo dos seres entregados al más puro de sus instintos. Obedeciendo a ese llamado que solo sus géneros secundarios sabían responder. Con las garras sintiendo el frío de la nieve en sus carnes vivas, se acercó a Izuku chocando contra su rostro, apenas un segundo después sacando de su mandíbula el brillante bozal, arrojándolo lejos, besó sus labios. 

 

La fuente principal de lo que podría considerar sagrado en la plenitud de la tierra. 

 

Izuku mordió y después de años ignorando su propia naturaleza, abrió sus piernas anhelando una marca, la profundidad de la dolorosa herida del enlace y el anhelo de pertenecer a otra persona, a un alfa que todavía tenía que conocer pero que no tenía miedo de hacerlo. 

 

—Kacchan, ¿puedes sentirlo?—fue un gemido con algo de reconocimiento, Katsuki se alejó unos momentos preguntándose qué era eso que se estaba quemando en su estómago. Se sintió como un sueño perdido, percibiendo cada segundo del momento en sus carnes, en sus vísceras y en cada vena de su cuerpo. Había sido tan solitario todos esos años solamente tomando en cuenta el daño. "Ser un alfa prime es un castigo, solo le harás daño a las personas que amas. Porque la perfección solo existe en los nacidos de ella." No quería hacerle daño a Izuku, no quería ver la sangre de sus dedos en su piel… Pero al mismo tiempo, el rojo quedaba perfecto en su piel llenas de estrellas. 

 

—Eres tan jodidamente bueno—respondió e Izuku tomó con ambas manos su rostro, apretando sus caderas, ignorando el dolor de las heridas y aprovechando la fricción que sus nalgas hacía a través de la ropa. Mordió antes de siquiera intentar hablar y Katsuki gruñó. Con sus dos manos apretó sus caderas sintiendo la carne ceder bajo sus garras. El Omega no se quejó, simplemente siguió moviéndose lánguido sobre el bulto entre sus piernas, apoyando su pecho en cada centímetro ganado, apreciando el olor que desprendía la glándula liberada del alfa. Su boca se secó y pronto la ropa estaba estorbando—. Joder, te voy a follar tan fuerte que no recordarás quien eres. Pero no lo haré aquí, no soy un imbécil.

 

Katsuki lo tomó en brazos, fue firme al momento de correr y no parecía perdido entre todos los pinos que se alzaban a sus alrededores. Antes de que Izuku se animara a ayudarlo para buscar más rápido un refugio, una cabaña con bloques de piedra con una chimenea que se erguía de la misma manera, se presentó ante su vista. No había olor de nadie en los alrededores pero Katsuki quería asegurarse, soltando a Izuku en la entrada, rodeó la cabaña, cuando estuvo satisfecho finalmente abrió la puerta. El interior era acogedor y tenía varias cajas con etiquetas: comida fresca, farmacia y ropas nuevas. Hubo un leve suspiró de alivio y se cerró la puerta detrás de ellos. Katsuki se movió antes de que Izuku fuera por su espalda, el Omega entendió lo que estaba haciendo así que mientras el alfa prendía la chimenea para calentar el ambiente, Izuku se fue a la caja de farmacia. Condones, shampoo, jabón, pasta de dientes, cepillos, vendas, pasta para las heridas, etc. Era una buena caja. Tomó los condones y se dio vuelta donde Katsuki tenía listo un kotatsu semi improvisado frente al fuego. Una punzada de necesidad se implantó en su estómago al ver cómo el alfa se quitaba su chaqueta de invierno, dejando entre ver los moretones y la sangre de los enfrentamientos. Había marcas de uñas en sus antebrazos y pecho, no eran marcas suyas ni de los centinelas, eran marcas de otro omega. La gota de inseguridad se presentó con el dolor de los celos en sus entrañas. 

 

—¿Quién te dejó esas marcas?—Katsuki sonrió genuinamente, notando la malicia en su voz. 

 

—¿Qué harás si te lo digo? Los celos son malos para alguien tan peligroso como tú. Aún me duele la marca que dejaste en mi cuello—Katsuki abrió las puertas de su cuerpo en ese momento, dejando pasar las sensaciones compartidas. Una enorme cantidad de lujuria bañó el cuerpo de Izuku. El Omega tuvo que detenerse a sí mismo de gemir con la caja de condones en mano, pero se acercó hasta donde Katsuki marcaba ese dominio del lazo que él mismo había establecido, y al hacerlo sintió el leve aroma en su cuerpo. 

 

Kaminari Denki. 

 

Ahora entendía a su Omega interno y esa eufórica necesidad de marcar a Katsuki. El Omega rubio lo había hecho suyo en menos de un día, solo unas horas lo dejó enfocándose en el dolor que provocó, era peligroso. Pensó por un breve instante en lo que hubiera pasado si el Omega realmente sintiera cosas por Katsuki o viceversa; lo hubiera perdido todo por un capricho sádico de su interior. No se iba a equivocar más, tenía que enamorar a Katsuki, hacerlo suyo. Que se joda Tomura, que se joda el mundo entero, quería a Katsuki para sí mismo. Se desnudó frente a él, no tenía marcas que presumir ni nada, solo su humanidad dañada y al más puro deseo. Poco a poco se acercó hasta acabar arrodillado en frente del alfa, presionando su nariz en contra de sus pantalones de invierno, absorbiendo con vehemencia su olor. El bulto golpeando su mejilla, pulsando con suavidad en cada exhalación pura, prácticamente saboreando su aroma. Formuló un camino suave por sus piernas con sus manos hasta acabar en la pretina de su pantalón, lo arrancó con fuerza, rompiendo la tela. 

 

—Tan necesitado...—sus palabras eran mezquinas en su orgullo, sin embargo, su cuerpo estaba reflejado en cada gota transparente que caía al suelo de la cabaña, formando un leve charco que solo bailaba al son de las llamas de la chimenea. Al ver cómo su polla buscaba la humedad, pudo sentir un breve dulzor ajeno. Por supuesto que Denki le había hecho una mamada. Maldito Omega. 

 

—¿Qué se sintió follar con tu amigo?—Katsuki entrecerró los ojos, se quitó un guante con los labios y con sus garras acarició levantando el rostro de Izuku, no pudo sonreír altivo o mentir con sus palabras. En ese momento, quería ser honesto. 

 

—Fue triste, me sentía bien pero no era suficiente porque no eras tú—una leve culpa se instaló en el estómago de Izuku. Pequeñas lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas, Katsuki no pudo más y se arrodilló. Tomando su rostro, temblando al sentir tan cerca su cuello y la implacable necesidad de marcarlo. Se mordió los labios pero igualmente poseyó sus labios. Su lengua acarició la calidez de su boca y los gemidos que poco a poco fueron apoderándose de sus labios. Comiendo cada uno de ellos, con partes de sus ropajes a su alrededor, se acomodaron en el suelo incómodo. Poco no fue suficiente, Katsuki gruñía e Izuku sabía bien porque. El aroma de su mancha lo estaba volviendo loco. En un movimiento rápido, alejó a Katsuki y se dió la vuelta alzando solamente sus caderas, dejando entrever su entrada y la humedad de la misma. Por un instante Izuku se imaginó cómo sería el coño de Denki, si sería más bonito su cuerpo al ser un Omega completo. Al tener una vulva lista para recibir un nudo—. Eres tan jodidamente sexy, me vas a volver putamente loco. 

 

Las palabras de Katsuki lo hicieron morder su mano, sus elogios, quería más de ellos.

 

Katsuki se acercó hasta la curva de sus glúteos, beso las marcas que sus garras habían hecho hace poco. La sensación aterciopelada, cálida y húmeda de su lengua limpió cada gota de sangre seca. Pronto esas lamidas fueron más al centro de su cuerpo, cuando Katsuki lo besó nuevamente en su intimidad, en ese momento tan íntimo y finito, cerró los ojos y olvidó todo. Entonces, en el éxtasis del momento, vió a un niño cubierto con una sábana en su subconsciente. Lo descubrió y pudo ver al Omega que tanto se había perdido por negarlo. Ese Omega comenzó a crecer hasta ser él, solo que sus ojos tenían un tinte rojo. Una contaminación horrible que parecía solo disiparse cuando los sonidos húmedos de los labios en su culo lo sacaban de ese dolor. La libertad que el placer le estaba entregando en ese momento lo hizo ver las verdaderas intenciones de su Omega interno. Un asesino que disfrutaba de la sangre, un hombre dispuesto a romper las reglas con tal de poseer el poder en sus manos, un hombre ambicioso y enamorado de la victoria, de Katsuki Bakugō sin siquiera conocerlo bien. Ese era su Omega interno. 

 

Y solo era el exacto reflejo de lo que alguna vez Izuku siempre quiso. 

 

Sonrió mordiendo su brazo, el pulgar de Katsuki fue subiendo desde su coxis hasta su cuello donde apretó levemente su glándula, gimió fuerte cuando la boca del mayor se alejó. Extraño la sensación pero la punta del bulboso glande de Katsuki acarició su entrada, guardó silencio ante la expectativa y esperó. El condón le estropeaba la sensación de la penetración pero asumiendo la forma en que las feromonas de Katsuki por poco lo estaban asfixiando, era necesario usarlo. No quería problemas en la perfección que tenía con el alfa. 

 

Katsuki gruñó al momento que las deliciosas y apretadas paredes de Izuku lo tomaron, tomó sus caderas y observó la hermosa curva que el fuego le estaba haciendo a su cuerpo, a la espalda llenas de pecas y marcas que estaba haciéndole mentalmente. Pero al diablo con todo, quería marcarlo hasta obtener el sabor de su sangre. Se inclinó ligeramente, moviéndose lánguido y castigando a ambos con el vaivén suave de su caderas. Besó uno de sus hombros y sin reparo mordió, ganando uno de los mejores gemidos ahogados que había oído en su vida. Dios, y el sabor de su sangre… Casi lo hizo anudar. Ojalá el destino salve la piel de Izuku Midoriya, porque Katsuki Bakugō iba a arruinarla hasta saciarse. Hasta que sus labios se fueran transformando en rojo sangre. 

 

Y así lentamente, Izuku fue pidiendo más y más hasta que su boca no pudo pronunciar palabras coherentes, solo un nombre. El nombre del hombre que hasta el anochecer lo tomó como si fuera suyo. 

 

 

Cada movimiento fue más exquisito que el anterior, Izuku ahora estaba sobre su regazo, Katsuki lo estaba ayudando con ambas manos a mover sus caderas pero era una última vez. El dolor estaba instalado en sus músculos y el éxtasis poco a poco iba perdiendo el control. El cansancio era una realidad pero durante esa última vez, entregando sus pulmones a la sensación de su interior, sintiendo palpitar la polla de Katsuki en su interior, lleno de gozo por ello, realmente no importaba si sus músculos pedían una gota de piedad. Un susurro en su oreja y la carga del nudo explotó al mismo tiempo que dejaba en el pecho de Katsuki su esperma infertil. Sin palabras y solamente con el crepitar de la chimenea y sus respiraciones entrecortadas, se quedaron ahí. Estaba en un lado de la cabaña, cerca del kotatsu. Apenas habían comido y estaban llenos de semen, sudor y un poco de sangre. Era lujurioso y pesado el aroma en el ambiente, pero gracias a esas horas llenas de sexo pudieron calmar las sensaciones de  las feromonas de los centinelas. Sin embargo, ahora estaban ahí, mirándose como si fueran una pieza faltante. Katsuki se rió cuando Izuku se movió y una gota blanca se deslizó por sus piernas. Iba apestar a él por semanas. 

 

—No te rías—golpeó suavemente uno de sus pectorales, no tan cerca de la mordida que había dejado unos minutos atrás. No era su culpa, Katsuki la tenía por ser jodidamente atractivo. Además, Izuku también estaba lleno de moretones, chupetones y mordidas. Era como si el alfa hubiera estado esperando marcarlo de esa manera tan personal y salvaje. Aunque el veneno de su saliva estaba ayudando con el dolor y la cicatrización. 

 

—Cállate, es mi forma de calmar la culpa—Izuku frunció el ceño, viendo la mirada ida de Katsuki. En ese momento recordó que no le había podido decir que Todoroki no era su novio. 

 

—Kacchan yo… 

 

—Sí, lo sé. Todoroki es tu novio, pero no me importa, prefiero sentirme una mierda que dejar de estar contigo. 

 

—Kacchan, Todoroki no es mi novio ni nada. Solo fue algo de una noche, y ni siquiera se concretó bien. No fue suficiente, porque a la única persona que quería entre mis piernas, era a ti—Katsuki lo observó por unos minutos, incómodos minutos en que Izuku realmente pensó que todo se iría a la mierda hasta que el alfa comenzó a reírse, casi liberando la tensión en sus hombros. Al finalizar, abrazó más fuerte a Izuku y besó su cuello, mandíbula y labios. Agradeciendo en cada uno de ellos la enorme oportunidad. 

 

—Dios, pensé que tendría que ser el amante para siempre. 

 

—Kacchan, no hay nadie como tú. Eres especial para mí, y quiero que seas mi persona especial—el alfa se alejó rápidamente de sus labios, ahora él estaba frunciendo su ceño. No era nada nuevo en él, pero lucía casi aterrado. 

 

—¿Qué quieres decir?—Izuku se mordió la lengua, pero si no lo decía en ese momento, la oportunidad nunca podría llegar. 

 

—Ser novios es lo que hacemos, estamos juntos, entrenamos juntos, peleamos juntos, hemos crecido juntos. No necesito a nadie más, solo a tí—tragó, el poder del lazo lo estaba volviendo loco—. Por eso, pensé que tal vez, sería mejor que en vez de rivales, fuéramos novios. 

 

—Deku…

 

—Sí, lo sé. Al principio de esto dijimos que nada de amor o sentimientos, que eso nos haría más débiles. Pero, te quiero, te necesito y no solo en mi cama… Te quiero aquí, conmigo. Y realmente entendería que no quisieras estar conmigo, es solo que, estaba pensando que cuando nos graduemos de la UA… Nos mudaremos cerca de la agencia de Endeavor. Y, cuando salga a hacer mi primera ronda como héroe profesional, quiero hacerlo contigo, no como mi compañero, sino como mi pareja—se tomó una pausa porque ya estaba llorando al pensar en las posibilidades. Tantas que su corazón estaba desbocado en cada una de ellas—. Y honestamente, a tu lado, de la forma que sea, sé qué podría conquistar al mundo. Y no debes responder nada sino quieres. Lo entendería de todas formas. 

 

Tenía baja la mirada porque no quería levantarla y ver en los ojos rojos la burla. Fue el peor momento mientras tenía su nudo cálido estancado en su culo, pero no había otro momento. Esperó por unos instantes viendo su pecho sudado hasta que unas gotas transparentes comenzaron a caer, y esta vez no eran las suyas. Alzó la vista para contemplar la verdad al desnudo; la mirada cariñosa de Katsuki lo envolvió con calidez, el frío del dolor se disipó al momento que el alfa susurró: "con cada paso que des, ahí estaré". Y sin tiempo de darle a reaccionar, lo volvió a besar, solo que ahora no era necesitado, era suave y terso. Cómo una balada en mitad de la enorme tormenta, el nudo de deshinchó pero el calor seguía ahí con renovadas fuerzas. Suavemente Izuku sacó la polla de su trasero, alcanzó con la mano el último condón de las dos cajas y lo colocó en la polla todavía dura de su novio. El alfa trató de decir algo, pero Izuku lo calló con un beso. Con ello, no hubieron palabras, solo caricias suaves después de un día tormentoso, movimientos de caderas suaves y besos calmados. Fue como bailar un vals al son de las llamas del fuego de la chimenea. Fue mágico. 

 

Cuando acabaron, fueron al baño, se asearon y sanaron sus heridas. Al salir, comieron un poco de comida que venía ya preparada en las cajas y que solo debían calentarla. Al finalizar todo el proceso, se acomodaron en el kotatsu, abrazados con las ropas limpias y cómodas que les habían dejado los organizadores. Ahí durmieron, tranquilos y preparados para lo que viniera a futuro. No tenían idea, pero quizá juntos podrían vencer todo. 

 

 

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Veneno de mordida: Debido a que las mordidas de alfa suelen ser más profundas que las de Omega, su veneno secreta un sedante que estimula el metabolismo del Omega para sanar más rápido la herida y así no estar expuestos a posibles ataque de depredadores. (Actitud primitiva por parte de los antepasados de los alfas y omegas)

 

Omegas completos e incompletos: Los Omegas completos o "perfectos" son los que derechamente poseen vulva, sin penes y sin testículos. Son omegas de alta gama especializados en reproducción por su alto nivel de fertilidad y supremacía genética. (Viéndose el ejemplo de Denki que a pesar de ser un Omega, tiene un quirk muy llamativo y poderoso). Esta condición física no afecta su género primario, entiéndase masculino. 

 

Sin embargo, no todos los omegas son tan afortunados. Hay otros casos, como el de Izuku, que no nacen así y tiene aparatos reproductores masculinos con su útero malformado al interior. Teniendo como consecuencia un bajo porcentaje de fertilidad, celos muy dolorosos y embarazos peligrosos.

Chapter Text

Sonrisas enormes, a pesar de que son personas con corazones pequeños. Solo números en una cuenta internacional, algo sin nombre ni apellido. Algo desuso. Llenos de corrupción, cometiendo la injusticia de marcarlos como mercancía en la piel. La sangre inocente volviéndose turbia, siendo un resultado de sus bajezas. De sus espíritus avaros y vacíos.

 

 

Las cadenas resonaron cuando uno de ellos intentó moverse al interior de la diminuta jaula de cristal, apenas un metro cuadrado para dormir, cagar y comer. Tomura podía reconocer a la perfección el sentimiento en sus ojos. Ojos inocentes que con cada visitante se volvían más distantes y con menos brillo, porque las intenciones de los inversionistas eran muy claras para cualquier alma ingenua. Shigaraki estando en las calles había visto el mal de sus alrededores, la figura villana del alfa común mostrando sus habilidades a pobres omegas que realmente nunca le importaron porque no eran parte de su plan para ser el líder de la nueva sociedad. Pero ver niños, niños que eran vendidos como mercancía… Era un plano diferente porque nunca los había visto sufrir así, de cierta forma cada uno de ellos le recordaba lo que había sido y lo que había perdido.

 

Sin embargo, nunca pensó con seriedad que los héroes fueran así. Pero, realmente no eran ellos los culpables del problema, eran solo marionetas con enormes capas coloridas y detrás de ellos, con sonrisas enormes, habitaban los titiriteros. Al fin y al cabo, los héroes eran una mercancía que se podía vender al mejor postor. Rumi misma parecía sorprendida de lo que sus ojos captaban a través del cristal. La comisión le designó la misión de acabar con el inversionista alemán, mas nunca le dijeron que era realmente lo que estaba en juego al hacerlo. Era como un festival… Todos y cada uno de los héroes tenía un precio, hasta los alfas más fuertes de la sociedad. Y entre todos esos rostros con sed de justicia, también estaba el de Izuku, inocente e impoluto. No solo el suyo, todos los estudiantes sin egresar de la UA formaban parte de un enorme cuadro con información y fotografías. Llamados la nueva generación genética, o la red roja. Roja por la sangre que iba a correr por sus manos en algún momento de sus carreras. 

 

Izuku Midoriya, quirk de super fuerza con levitación y látigos. Omega incompleto de nacimiento, rango SS+. Precio de mercado por sus genes: seiscientos millones de yenes. Expectativa de vida: menos de veinticinco años.

 

Katsuki Bakugō, quirk explosivo. Alfa prime de nacimiento, rango SS. Precio de mercado por sus genes: novecientos millones de yenes. Imperativo replicar su ADN. Expectativa de vida: treinta años. 

 

Kirishima Eijirou, quirk endurecimiento. Alfa de nacimiento, rango A. Precio de mercado por sus genes: quinientos millones de yenes. Expectativa de vida: cincuenta años. 

 

Kaminari Denki, quirk electrificación. Omega completo de nacimiento, rango SS. Precio de mercado por sus genes: ochocientos millones de yenes. Imperativo replicar sus genes. Expectativa de vida, veinticinco años. 

 

Shoto Todoroki, hijo del número uno con una fusión de dos dones, fuego y hielo. Alfa prime de nacimiento, rango SS+. Precio de mercado por sus genes: mil millones de yenes. Imperativo replicar sus genes. Expectativa de vida, treinta años. 

 

Mina Ashido, quirk ácido. Omega de nacimiento, rango A. Precio de mercado por sus genes: quinientos millones de yenes. Expectativa de vida, veinticinco años. 

 

El salón de dónde se suponía estarían los próximos inversionistas de la comisión de héroes, era un lugar lleno de fotografías de promesas heroicas, con niños en jaulas en un extremo mientras que en el otro se hallaba su futuro si llegaban a sobrevivir para convertirse en aquello que muchos llamaban esperanzador. Era un paraje que ninguno de los dos había visto antes, pero Rumi era la más afectada del entorno. Ella se suponía que debía embelesar al alemán, pero nadie le dijo lo que habría en la celebración, nadie le habló sobre los niños que serían vendidos durante la celebración, ni de la información de los estudiantes que había instruido en algún momento para integrarse en ese enorme universo.

 

Ella tomó la mano de Tomura al momento de entrar en las instalaciones del gobierno, fue un tacto firme aunque todos los presentes llevaban bozales para no sentir la desesperación de los niños. Sin embargo, era imposible no hacerlo, excepto que solamente ellos dos parecían estar percatados de ello. Todos los demás presentes, con sus estrafalarios trajes y adornos brillantes, ninguno de ellos siquiera se inmutaba por el evidente crimen llevado a cabo delante de sus ojos. Nada, simplemente veían la mercancía y se entretenían con sus conversaciones acerca del futuro de Japón bajo una comisión de héroes en decadencia. Solo eran negocios para ellos. Un valor monetario contra la carne. 

 

Las náuseas subieron por la garganta de Tomura, su maestro tenía razón, los héroes debían desaparecer… Sin embargo, los héroes eran la mercancía. Claramente si ellos desaparecían, por un tiempo iba a haber relativa calma en el sistema pero volverían a haber otras personas dispuestas a venderse y ser la carne de cañón del gobierno por un poco de paz, gloria o dinero. Porque el problema no eran los héroes, sino la estructura detrás de ellos, y se sentía como una estafa. Era una estafa, los volvían imágenes públicas mientras que ellos detrás movían los hilos como si fueran sólo juguetes. 

 

Aunque realmente solo eran eso, unos juguetes modernos los cuales manipulaban a antojo. 

 

—¡Rumi, realmente no pensé que vendrías después de tu retiro!—el hombre que llamó a Miruko era corpulento, sus ojos parecían de fuego y su piel era tan oscura como el carbón. Tomura, con su coleta blanca, se hizo a un lado de la Omega, evitando contacto visual con ella porque su alfa interno estaba ansioso por saber más acerca de la información que tenían sobre Midoriya. Era extraño, como si todos a su alrededor fueran sus enemigos excepto por ella. Sin embargo, ella lo tomó por el brazo y el solo tacto hizo que olvidara por completo que su destinado estaba siendo vendido como un trozo de mercancía.

 

—La verdad es que fue muy difícil hacerlo, llegar a esta isla es toda una osadía—ella rió suavemente contra su mano, era una evidente tapadera porque Tomura sabía bien qué sus risas eran desbocadas y energéticas. Siempre cuando observaba la televisión era así, expresiva y desordenada. Una mujer con cero delicadeza de no ser por su belleza sobrenatural, y Shigaraki estaba guardando cada momento de esos días con cautela en su cabeza. Acostumbrándose a ella sin siquiera saber bien el porqué. 

 

—Bueno, es una instalación que debe estar protegida, si la prensa llegara a saber sobre lo que hacemos aquí, todos nos pudriríamos en la cárcel—el alfa se tomó una leve pausa para ver a Tomura del brazo de Rumi, se veía un poco molesto por el hecho—. Ya veo que este muchacho es tu nueva asignación, Hawks se suponía que debía cuidarlo pero como está bajo el manto de Endeavor como su nuevo omega, es muy difícil darle un trabajo nuevo. Más bien, es imposible darle un trabajo porque algunos dicen que está retirado. ¡Blasfemias! Ese hombre debería morir si no fuera porque aún hay personas que creen en él… No obstante, la carne vieja solo es parte del pasado, para el futuro tenemos estas bellezas de aquí. 

 

El hombre los guió a ambos por la sala, llegaron hasta unos enormes tableros con información más detallada sobre sus "productos destacados". Entre ellos, la información personal de los chicos de la UA.

 

—Este año egresan muchas promesas, entre ellas este hermoso Omega. Su nombre es Denki Kaminari, el mejor Omega de la UA, uno de la comisión ya tiene un ojo sobre él. Según Nezu, es medio promiscuo pero sin duda con una gran suma de dinero su útero será dueño de uno de los genes más privilegiados de la comisión. Luego tenemos a Mina Ashido, es una bendición de Omega pero está un poco manchada, es una pena. Además endeavor la está protegiendo aunque eso podría ser influencia de su hijo, Shoto Todoroki... Ese muchacho, que buen futuro tenía, ahora solo es un adicto a las drogas. Aunque no lo culparía, su familia es muy delicada—las imágenes de los movimientos de pelea de los muchachos pasaron delante de sus ojos, cada vídeo poseía un análisis detallado de sus quirks y debilidades. Ambos estaban en silencio mientras el alfa de piel oscura se maravillaba con cada uno de los estudiantes hasta que llegó el turno de Izuku. En ese momento, Tomura comenzó a gruñir involuntariamente. El bozal amortiguó el sonido pero Rumi se dio cuenta de ello—. Y este muchacho, un mentiroso por regla pero es entendible debido a su condición. Midoriya Izuku, un Omega incompleto. La verdad es que sus genes siguen siendo muy costosos a pesar de que un embarazo podría matarlo. Lo hemos estado observando por meses, estuvo enfermo hasta que Nezu nos confirmó lo que muchos de nuestros investigadores privados venían teorizando. Actualmente está en una relación física con el alfa Katsuki Bakugō, un alfa prime, evidentemente desperdiciado en el Omega. Sin embargo, con el pasar de las semanas, el Omega habría estado sanando de un estado de negación absoluta. Tenemos mucha fe que esta relación entregue frutos para que el vientre de Izuku sea propenso a dejar descendencia.

 

—¿Qué ocurrirá con todas estas jóvenes promesas si llegan a fallar con sus "descendencias"?—espetó Rumi. El alfa soltó un gemido al ver que Rumi estaba interesada en el proyecto, mientras que Tomura estaba guardando toda la furia en el interior de su boca. Saboreando su propia sangre con disgusto. 

 

—Bueno, todos tienen agentes del gobierno tras sus pasos. Cada uno de ellos tiene un agente especial que hará todo lo posible por conseguir evidencia genética. Por ejemplo, el alfa Katsuki Bakugō si no engendra antes de los veinte años, a su agencia llegará Nora, una hermosa omega de ojos azules y cabello oscuro. Ella será sutil en un principio, pero si no funciona la conquista básica, se recurrirá a una celebración de aniversario en donde ella tendrá la potestad legal de drogarlo para conseguir embarazarse de él. Después de eso desaparecerá y ese niño o niña llegará aquí, para servir a la comisión como lo hizo su madre. 

 

Rumi no tenía palabras, por eso, Tomura fue quien preguntó. 

 

—¿Qué ocurre si el alfa tiene un mocoso antes de los veinte?—emocionado, el alfa respondió. 

 

—Excelente pregunta, es evidente la influencia de Rumi en tu comportamiento—se tomó una pausa y continuó como un niño en una dulcería. Feliz por cada palabra que salía de su boca—. Bueno, si llegase a darse el tema de que alguno de nuestros seleccionados tenga descendencia antes de nuestra estimación, esa criatura por todos los medios será de la comisión. Después de todo, siempre puede haber un accidente o un ataque de algún villano desequilibrado. Cualquier persona es peligrosa con la información correcta, es cosa de ver a Dabi y a Hawks. Dabi creció con un héroe y Hawks con la comisión. ¿Quién terminó mejor?

 

Eran despreciables, no les importaba violar o tratarlos como productos a sus propios héroes, para ellos era válido si la gloria del país estaba en juego. Tomura estaba impresionado y asqueado al mismo tiempo, no dudaba que Rumi estaba de la misma manera. Asqueada de estar en esa habitación sin posibilidades de ayudar a los pequeños niños y a los futuros héroes. Y por un instante, Tomura pudo ver a un pequeño niño de ojos rojos y cabello verde, un cachorro de Midoriya… Fue una visión retorcida pero le dolió como si hubiera sido real. Su maestro estaba obsesionado con los héroes, pero estando ahí y viendo la realidad, solo les tenía lástima. Los minutos pasaron entre ellos mientras Yami les explicaba el número de agentes de campo que estaban predispuestos a entregar su vida por la comisión y por la línea genética de la misma. Eran numerosos y todos los estudiantes de la UA tenían al menos dos personas tras sus pasos. Tomura vio soslayo los alfas que Izuku tenía detrás suyo. 

 

Eran hombres muertos si Katsuki llegaba a verlos, no tenían particularidades llamativas, solo eran lindos. Si Tomura llegaba a verlos en persona, serían polvo… Y en ese momento de extraña lucidez, se preguntó vagamente si cuando secuestró a Katsuki para convertirlo en villano, usó realmente la estrategia correcta. Porque ya lo sabía, la debilidad de Izuku era Katsuki y la de Katsuki, Izuku. Así eran ellos, sus debilidades mutuas, morirían por el otro. Por eso eran terriblemente poderosos juntos. Pudo haberlos matado pero su alfa interno no lo quería así, estaba obsesivo con Izuku, con someterlo y poseerlo. Con usarlo como su puta y dejar que Katsuki viera aquello para darle celos, ahora solo les tenía lástima. Porque si los planes de la comisión salían a la perfección, solo serían bolsas genéticas con muertes preparadas. Un recuerdo más para las personas en las calles. Lamentable. 

 

Al final de la noche, ningún niño quedó en las jaulas y Rumi dejó correr la sangre del inversionista alemán entre sus dedos. 

 

Era una gran pérdida su muerte, porque el hombre quería comprar acciones en la comisión para cambiarla. Para hacerla un poco más amigable con las siguientes generaciones de héroes. Sin embargo, para la comisión solo fue un estorbo para sus planes y así como llegó se fue del país, solo que esta vez sin vida. De alguna manera la comisión iba a arreglar el asunto con el gobierno para dejarlo en el anonimato aún así... Rumi estaba devastada. De camino a casa no dijo ninguna palabra. El dolor en su postura era evidente, estaba sufriendo por cada muchacho que sus ojos habían visto. Era desalentador, pero Tomura iba a ayudarla porque no soportaba verla así, tomando una botella de alcohol para olvidar todo el dolor. Solo tenía que ver a su destinado en algún momento y juntos establecer un punto medio donde ninguno de los dos fuera un estorbo para el otro. Dónde podrían hasta ser aliados. 

 

...

 

Ella sabía que Todoroki era una persona de mente libre, que su corazón no estaba atado a nadie más que el fantasma de Momo. Una alfa en luto que mantenía en ocasiones una sonrisa cálida en los labios, una efímera sonrisa que cualquiera pudiera interpretar como felicidad cuando solo era pena y remordimiento. Sin embargo, nunca imaginó que estaría con Izuku... Aunque si era honesta, no le sorprendió del todo. Él era un Omega bonito, fuerte y admirable. Solo estaba insegura, y ese día, cuando Katsuki se lo dijo, el día antes del examen final, Kirishima se acercó a ella. Fue sutil con su sonrisa amable, una leve que ocultaba más de lo que demostraba. Entrenaron juntos, fue química extraña entre ellos hasta que llegaron los demás para hacer un entrenamiento en grupo. En los vestuarios las cosas fueron más lejos, fue solo un beso en la mejilla. Algo suave con los labios rugosos pero que contenía una extrañeza alojada en su estómago, ¿incomodidad? No lo sabía bien, y al verse a sí misma en el espejo después de ese pequeño beso, fue como ver a una mujer con las marcas de un amante que no la hacía sentir segura.

 

Después de ese momento, Nezu se presentó y pudo percibir el sudor frío en su nuca. Algo suave comparado contra la sensación que le provocaba los mensajes nocturnos. El examen era sorpresivo, estaba nerviosa y no lista pero Todoroki con una mano amiga posándose sobre su piel, le extendió su ayuda. Se sentía extraña por todas esas atenciones. Y más cuando saltó a la tundra y su cuerpo fue envuelto por el frío de un invierno cruel. Lo primero que sintió fueron las feromonas flotando sobre su cuerpo, la suerte le dió un centinela justamente delante de sus ojos. Luchó, gritó y huyó cuando no pudo más. 

 

Estaba exhausta y solo estaban empezando con el examen final.

 

Mientras corría del centinela, la criatura la tomó por el cuello en un descuido y la estampó contra un árbol que hizo que su espalda crujiera al mismo tiempo que se destruía su collar anti mordidas. Las feromonas la consumieron con la misma fuerza del impacto y después de años sufriendo en silencio con las feromonas de Katsuki en su mano, se dió cuenta que nadie podía contra las de los centinelas. Eran tan fuertes que su centro pulsó hasta sus piernas. No pudo moverse bien pero atacó con todo, litros y litros de ácido salieron de su cuerpo. Fue desesperante ver a la criatura ilesa tratando de matarla sin descanso, porque en más de una ocasión casi la mató. No estaban preparadas para detenerse, iban a ir hasta el final si era necesario. Entonces cuando pensó que toda su vida sería una visita al cementerio, Shoto apareció con una enorme montaña de hielo y con su lado izquierdo levemente dejando ir llamas para calentar su cuerpo. En ese momento, simplemente desfalleció de la tranquilidad. Él la tomó entre sus brazos, con cautela y perfumando con la glándula de su muñeca su cuello y hombros. Fue un leve alivio después de tanto dolor físico. Después de la pelea y el encuentro con Katsuki e Izuku, llegaron a la cabaña. Estaba semi consciente cuando despertó. Pero ahí estaba él. Su fuente de inseguridad se hallaba curando sus heridas con una cara de poker, sin su bozal y dejando ir sus feromonas suaves para calmarla de la inmensa necesidad. Con un poco de sudor corriendo por sus mejillas.

 

Realmente, no tenían nada en común pero cada vez que estaba a su lado, siempre tenía esa sensación de que lo que tenían juntos era lo más real de su mundo. Sonrió agradeciendo el gesto, tratando de calmar un poco la ansiedad en su propio corazón pero lo único que logró fue que él la viera a través, con esos ojos que solo ellos podían hacerla sentirse así. No quería escoger porque realmente su cuerpo no lo haría, ya tenía una decisión incluso antes de plantearse el escenario. Las mariposas en su estómago no estaban felices siendo solo amigos con beneficios, así que se acercó justamente donde sus labios parecían temblar y mordió ligeramente antes de sentir como el par de manos la atraía hasta algo más profundo que una simple mordida. Realmente nunca le gustó ir suave hasta que sus manos la tocaron como si fuera el ser más preciado del universo. Entonces ahí, cuando su ropa estaba sobrando porque ya era evidente el calor en sus venas, y el dolor no era importante, recordó lo que alguna vez le prometió a su madre. Una vez durante una de sus fiestas de cumpleaños con sus amigas, su madre le hizo prometer que nunca caería enamorada de un alfa. Primero tenía que morir antes de sentir su corazón latir por uno de ellos. 

 

"Mina, bebé mía, ellos lo quitan todo como si fuera suyo. Te toman y hacen que tu corazón pierda absolutamente todas las fuerzas. Por eso nunca debes enamorarte de un alfa. Prometelo, por lo que más quieras, no lo hagas."

 

La voz de su madre seguía ahí, haciendo eco hasta que una de sus manos amasó su pecho desnudo. En muchas ocasiones él nunca decía nada, hasta ese momento dónde comenzó a repetir su nombre entre lamidas y besos. Cuando su boca estaba bastante ocupada entre sus muslos, con una sus manos en sus caderas y su lengua recorriendo todo como si fuera para lo que estaba diseñada, para probarla. No sentía que fuera un lugar vacío, no lo era. "Sabes a frutilla, sabes a lo que siempre quise tener en mis labios." "Eres hermosa, la mujer más hermosa y fuerte que he conocido." Sus palabras siempre eran tan amables y dios, no quería hacerlo, no quería enamorarse pero ya lo había hecho. Lloró desconsoladamente ante las sensaciones, Todoroki se detuvo en seco, observando anonadado la situación. Rememorando las lágrimas de Izuku en su mente. Y ahí se preguntó si todos en su familia estaban predestinados a dañar a sus más cercanos. 

 

—¿Qué te duele Mina? ¿Fue algo que hice? ¿Fui muy rápido?—ella asintió, pero tomó su mano izquierda antes de que el alfa la apartara. Entrelazo sus dedos y sonrió cuando pudo notar el camino de montones de lágrimas por sus mejillas. 

 

—Deja de ser tan amable conmigo, como si realmente fuera importante para ti y no solo el plan de emergencia.

 

Todoroki expresó ese rostro que nunca había visto, estaba tratando de entenderla y al mismo tiempo captando su dolor como algo que había vivido. Porque probablemente eso le entregó en su momento Momo. 

 

—Mina, no eres el plan de emergencia de nadie. Eres mucho más que eso, si es por lo de Midoriya, sé que debí haberlo dicho antes pero tenía miedo de que no quisieras hablarme más. Porque realmente para mí no fue nada importante, fue algo que él debía vivir para saber qué es realmente lo que deseaba—el alfa acercó la palma rosada a su quemadura—. Yo realmente te aprecio, te quiero siempre cerca, todo el tiempo. Solo no quiero ahogarte con todo lo que deseo hacerte. Me puse celoso hasta de Kirishima cuando no debería ser así. Solo, no quiero ser la razón por la cual lloras. 

 

Mina comenzó a reírse con fuerza mientras con una de las manos intentaba ocultar sus lágrimas. 

 

—Dios, creo que realmente me enamoré de ti. 

 

"Todo lo que tocas con tus manos, algún día lo arruinaras, hermanito. Incluso lo hiciste con nuestra familia, solo mírame. Me arruinaste solo naciendo y es lo único que harás con todos a tu alrededor."

 

Shoto recordó las palabras de Dabi, trató de apartarlas de su cabeza mientras abrazaba con cariño a Mina pero no pudo hacerlo, se quedaron ahí como todos esos momentos que su cabeza masoquista parecía apreciar más que los buenos momentos. Estaba aterrado. Nunca nadie le había dicho algo así, la única mujer que lo amaba era su madre y tal vez no era del todo así. Y la verdad, su adicción a las drogas tenía mucho que ver con ello. Con silenciar las palabras y el olor de los demás, drogarse con Mina mientras tenían sexo era una forma de olvidarse de todo. De Momo, de su familia, de sus obligaciones, de ser héroe, de la guerra, de ese dolor en sus músculos y manos. Solo era un cuerpo sobre otro, el sexo siempre era así. Euforia gravitando sobre su plenitud desnuda y avergonzada de los recuerdos. El orgullo y el ego siempre estaban rondando en su cabeza con esas palabras que tanto quería silenciar. ¿Enamorarse? Ya lo hizo, y lo hizo de una mujer equivocada. Mina se había equivocado de hombre, era un problema andante que no quería ir a terapia porque su ego era más grande que sus problemas. Solo tenía que conseguir un poco de polvo blanco, solo un poco. ¡Quería silencio!

 

—¿Todoroki?—se detuvo en seco al notar que su pulso se había acelerado, sus manos quemando y congelando el suelo bajo sus cuerpo sudados. ¿Cuando empezaron a tener sexo? No lo recordaba pero estaba ahí, anudando en su interior. Atrapado entre sus piernas. ¿Podía confiar en ella? ¿La iba a arruinar como todo lo demás? No quería hacerlo pero mientras más veía sus ojos ámbar, más podía ver en ellos lo que nunca había tenido de los demás. ¿Así es como se ve el amor? ¿Así es de cálido el calor de las manos de un amante que ama? Estaba llorando, por supuesto que lo estaba haciendo. Ella sonrió con dolor porque lo sentía en su interior, como si sus cuerpos fueran hechos para el otro, aunque fuera una mentira biológica. Lo dió vuelta para quedar encima dijo, la piel rozó justamente el lugar preciso—. Si duele, haré que ese dolor desaparezca. 

 

El nudo se deshizo tan pronto como ella dejó caer con más fuerza sus caderas. Mina no era una japonesa normal, no era plana y sus caderas estaban cubiertas con una generosa carga de músculos, a contra luz se podían ver las huellas de las estrías, brillantes y que se movían con su piel. Todoroki guardó silencio y no pudo dejar de verla. Moviéndose dentro y afuera, envolviendo su longitud con ese calor que hacía tartamudear sus caderas. Sí, amaba que le dieran por detrás pero el peso de ella sobre su cuerpo, el rebote suave de sus pechos y la sonrisa dulce y altiva al mismo tiempo… Era un escape dulce. Sus manos pasaron desde sus caderas hasta su espalda llena de moretones, ella se aferró a sus hombros y se movieron en sincronía. Arañó la espalda de Mina cuando el movimiento se volvió una desesperación del alma por olvidar. Cada vez más fuerte, más drogado por el cargo de sus feromonas. Ese dulzor a frutillas frescas que nunca dejaría de converger bien con su sudor alfa. Acompañado con esa sonrisa llena de confianza y el sabor de sus labios llenos de maldiciones. Inestables y moviéndose sin perder el tiempo, vibrando y cobrando al placer absoluto ese tiempo que nunca se podría recuperar. Y de pronto todo ese dolor que lo hizo llorar y quejarse, se convirtió en placer que lo hizo usar sin desearlo su fuego en ella. Una leve quemadura en sus nalgas al apretarlas cuando ella lo absorbió con tanta vehemencia, viéndola perder el poco control en sus movimientos. 

 

Ella era un caleidoscopio y siendo honesto consigo mismo, era mucho más intensa que las metanfetaminas. Era como agua del santo Grial. Dios, y ni siquiera estaban saliendo, no quería imaginarla cuando ella tuviera su marca, la perfecta fórmula de su cuerpo adaptándose a sus hormonas, sintiéndola desde su interior hasta el fondo de su corazón. 

 

Mina gritó y pudo sentirla desfallecer en el placer. Cayó rendida en sus brazos, gotas de sangre descendieron por sus deltoides porque las uñas de ella lo habían arañado de tal manera que el dolor físico se convirtió en una parte importante del momento de placer. Tampoco le molestaba, en unos minutos solo serían media lunas rosadas. Y al pensar en eso, noto que su cuello estaba muy cerca, su cabello húmedo contra su piel rosada, de un tono tan suave que los años la hacían ver cada vez más hermosa. Todavía podía recordar cómo bailaba durante el concierto, como solo ella había podido destacar por encima de todos los demás. Protagonista de una coreografía en grupo. Fue la primera vez que la pudo ver cómo lo que era realmente, una mujer hermosa, fuerte y feliz. Y después, cuando la vió llorando cerca de su cama en el hospital, apenas le pudo agradecer porque su voz no salía clara. Ese día quizá la vio más, aunque estaba al lado de él. Del alfa más cercano a ella. 

 

"Si él no existiera, podrías tenerla en tu mano. Podría ser tuya y tú de ella. Sería perfecto" 

 

Una voz salió de su interior, casi se ahogó al oírla en su cabeza. ¿Ese era su alfa interno? Siempre había estado en armonía con él, ¿por qué ahora parecía tan posesivo? No se había dado cuenta hasta que sintió sus colmillos afilados contra sus labios. El veneno agrio contra su lengua. Sonaba raro pero la energía que irradiaba su alfa interno era increíble, se sentía tan vigorizado que podía apostar a que ella también lo estaba sintiendo, como nuevamente se estaba poniendo duro contra su intimidad húmeda. 

 

—Lo siento, Mina—alcanzó a susurrar antes de sentir como Mina lamía su mandíbula en respuesta, ella se alejó sonrojada y con la mirada llena de lujuria. No había control en sus ojos. 

 

—No lo hagas, pero esta vez no uses tus manos en mi trasero, ya sabes dónde ponerlas. Dónde me gusta más sentirlas—Mina tomó ambas manos del alfa y las dejó en su cuello con gusto, Shoto tragó duro. 

 

Estaba perdido en ella y no tenía vuelta atrás, aunque tampoco quería volver.

 

...

 

Los datos recopilados durante el examen final fueron enviados a la base de la isla, donde cada uno de los nombres brillaba con información. Los ojos azules de Lev vieron reluciente a sus oponentes, sus dos oponentes. Para nadie era un misterio que la generación de héroes estaba pendiendo frágil de un hilo con la caída del símbolo de la paz, en sí la existencia del poder de Afo era una aberración y las calles cada vez eran más un desorden mediático de ciudadanos cansados. Sin embargo, la belleza de la juventud estaba en frente, reflejada en las pantallas. Jóvenes dotados de fuerza, belleza y genética favorecedora. El único error que tenían era esa voluntad que corría por sus venas. Lev tenía veintiocho años y la tecnología de los nomus podía hacer mucho por tres estudiantes que no eran del todo excepcionales. Katsuki Bakugō una vez rechazó la oferta de la liga de villanos, pero con cada dia haciéndose más invisible la línea que separaba a los villanos, de los héroes y los ciudadanos… ¿Realmente cuál era el límite? Muchos eran débiles comparados con Midoriya, un joven Omega que no podía engañar a nadie. Pero la comisión le tenía especial cuidado a él, por eso era su objetivo. Los planes de la comisión eran claros. Crear las máquinas perfectas para que la población sin fe viera que la perfección de Allmight era una versión defectuosa del concepto de la paz.

 

Someter a Todoroki Shoto, Katsuki Bakugō y a Momo Yaoyorozu a la tecnología que había creado la perfección de Shigaraki era un error quien lo viera con la cabeza fría. Pero estaban desesperados y la bomba humana necesitaba velocidad y fuerza, el fuego y el hielo de Shoto eran fuertes pero algo faltaba. Momo era una máquina humana que podía hacerlo todo, solo necesitaba una armadura perfecta para protegerse de ataques. Tantos talentos que necesitaban dejar su huella genética antes de someterse. Conseguir especímenes de ellos no sería difícil. Shoto Todoroki era un promiscuo, Katsuki no era muy cuidadoso y Momo solo era una mujer. Lo único que tenía en contra era él, Izuku Midoriya, el Omega podría sospechar de los planes de la comisión. Sabía que no podía ganarse la confianza del Omega con su estado de alfa pero cualquier tipo de error era capaz de fracturar años de confianza. 

 

Envidia.

Nula comunicación.

Celos.

Inseguridad. 

Malentendidos.

Tiempo perdido.  

 

La base perfecta para el fracaso. Sin embargo, mientras Lev sonreía como un hombre ganándose la lotería, Shigaraki estaba sosteniendo gentilmente el cabello de Rumi, trazando un plan en su cabeza para acabar con todos y cada uno de sus enemigos; la comisión de héroes. 

 

...

Chapter Text

"Somos existencias hechas de piel, huesos y agua. Nacimos para morir; en algún momento nuestros corazones nunca sabrán lo que vendrá después del último latido ante esa temerosa oscuridad llamada muerte... ¿Que nos hace diferente a un montón de hormigas que solo nacen para servir y morir ante su reina? Ellas no desean, ellas no tienen sueños que cumplir en sus corazones. Sí, somos piel, huesos y agua. Pero también somos un mar de sueños sin realizar. "

 

...

 

Al principio del final de la prueba, no todos estaban en condiciones de seguir adelante con el procedimiento. Tsuyu apenas pudo terminar la prueba porque su cuerpo no podía tolerar las bajas temperaturas, fue internada de emergencia por principio de hipotermia incluso antes de siquiera poder intentar luchar contra un centinela. La misma suerte corrió Harakuge por el acondicionamiento de su traje. Ojiro quedó inconsciente antes del final y el resultado fueron varias costillas rotas durante el combate contra dos centinelas. Aoyama, Shoji, Sato, Koda, Ochako y Iida también estuvieron varios días internados por no poder terminar sus pruebas conscientes. Fumikage y Mineta formaron una estrategia que los llevó a la final pero Dark Shadow pasó días sin manifestarse por el miedo de pelear en la oscuridad contra otro igual a él. Momo y Kirishima formularon una alianza para buscar a los demás pero eso no fue posible y el tiempo los llevó ilesos a la final, el alfa estuvo unos días bajo reposo por una dislocación de hombro y varios músculos lesionados. Momo no quería decir nada acerca de su tiempo en la tundra. Estaba devastada y quizás tenía algo que ver con la mirada que Kirishima le dió antes de irse con los paramédicos. Todoroki y Mina llegaron hasta el final, se veían normales y no tenían grandes daños excepto por unos cuantos hematomas bajo sus trajes de héroe. Algo entre ellos había cambiado, pero Izuku no tuvo tiempo de pensar en ellos. Al poco tiempo que él y Katsuki dejaron la arena del examen final, Katsuki se desplomó en sus brazos. Los doctores llegaron tan rápido que lo único que pudo escuchar fue varias costillas rotas. Estuvo a su lado todos esas horas que lo mantuvieron en el hospital. 

 

Todos los tutores fueron avisados sobre los alumnos dañados pero como era común, los padres de Katsuki no se presentaron porque estaban demasiado ocupados en sus asuntos personales. Y también, cómo era costumbre que Izuku saliera siempre herido de todos los eventos, Inko se presentó en el hospital donde el Omega estaba esperando por su novio a las afueras de su habitación, vistiendo ropa de civil. La Omega de casi cuarenta llegó asustada preguntando por su hijo pero al verlo frente a una ventana, suspiró aliviada. Se acercó hasta él, las enfermeras de turno ya la conocían así que no dijeron nada por su presencia en el establecimiento, porque la mujer era amable y no causaba ningún tipo de problema. Inko vió a Katsuki inconsciente en la cama del hospital luego sin demora vió a su hijo de perfil, verlo sin notar la presencia de ella a su lado fue un detonante, él siempre la notaba. Solo le tomó dos segundos entender la situación y ante ello, toda la situación que aún vivía con Hisashi la golpeó con fuerza. 

 

Años esperando migajas de amor para ver a su niño esperando lo mismo de un hombre que no le iba a entregar mucho más que desagrados. ¿Qué podía esperar de él? El muchacho no era amable, era violento y sus acciones y palabras siempre parecían ser un reflejo de su corazón poco agradecido. Inko no estaba feliz y no se iba a quedar viendo cómo le rompían el corazón a su pequeño Omega.

 

—Izuku...—alcanzó a susurrar antes de ver cómo su hijo se daba la vuelta para verla, los grandes ojos verdes le dirigieron la mirada con terror. Ese mismo que muchos años atrás le dió su padre a la Omega mayor. Ojos que no sabían mentir, ojos que no podían ocultar el daño y la deshonestidad. Se acercó tratando de comunicarse físicamente con él pero le fue imposible, sus feromonas no podían llegar hasta su glándula, ni siquiera a la de su mano. Le vió el cuello pero no había mordida. Volvió a respirar, aún había tiempo para dar un paso atrás—. ¿Qué haces aquí? Veo que estás bien.

 

Izuku por unos instantes dudó en contestar. Si no fuera porque era evidente que estaba viendo a Katsuki, le hubiera metido. Su madre era en extremo nerviosa y ella conocía bien la historia detrás de ambos. Solo el pasado porque su presente era muy diferente, realmente nunca imaginó convertirse en su novio. Su corazón aún se sentía cálido por ello y las caricias en su cuerpo, el vaho cálido aún sorprendía la plenitud de su cuello. Se sentía bien decirlo para sí mismo: era el novio de Bakugō Katsuki. Pero para el mundo la historia debía ser diferente, y más para su madre. Ella carraspeó e Izuku se despertó de su mente. 

 

—Estaba esperando que Kacchan despertara—Inko suspiró con fuerza al escuchar el sobrenombre del alfa en los labios de su hijo. Izuku se reprimió a sí mismo pero no podía cambiar ese hábito de su corazón, su boca estaba sellada con ese nombre. 

 

—¿Él no tiene sus padres que lo cuiden? ¿Amigos o novia? Siempre ha sido popular con las chicas, debe tener una novia o alguien que quiera cuidarlo—la palabra novia hizo temblar a Izuku. Era tan fácil saber lo que ella pensaba con sólo ver el tremor en sus ojos. Incluso se acercó a él, la diferencia de cuerpos y altura siempre eran una mención tangible del enorme abismo que los separaba. Razonar con ella era imposible por eso había entendido desde el momento que comenzó su aventura con Katsuki, que decirle sobre ellos dos no era tema. No era falta de confianza, solo que la conocía tan bien que sabía el resultado.

 

—Mamá, fui su compañero en el examen final. Me cuido ahí afuera, esperar a que despierte es lo mínimo que puedo hacer—trató de razonar. Inko negó con su cabeza, ella estaba a punto de perder la paciencia. No podía ver al niño que llegaba a casa con las rodillas sangrando, llorando por sus compañeros crueles, ahora clamar por un alfa que nunca hizo nada por protegerlo cuando era correcto hacerlo. 

 

—Estoy segura que lo hizo por sus notas, dudo que haga algo por alguien más...—Izuku se alejó, claramente dolido por las palabras. No podía evitarlo—. De todas formas, no me gusta él. Es un mal alfa, muchas personas pueden dar fe de ello. 

 

Izuku lo entendía, claro que lo hacía, si estuviera en su lugar sería casi igual. Pero debía entender que la gente no siempre era igual, y un alfa que había ido a terapia era un milagro. Sobre todo porque las enfermedades mentales y la terapia en su país eran muy mal vistas. Un alfa pidiéndole un consejo a otra persona sobre su comportamiento... Se consideraba degradante. Pedir ayuda para un alfa era sinónimo de debilidad y estaba seguro que Katsuki en alguna parte de su vida lo consideró así. Ahora verlo tan abierto a hablarlo, era asombroso. Ayudar y pedir ayuda, cosas tan normales y a la vez tan anormales. 

 

—Mamá... Kacchan ya no es como antes. Él cambió—siguió tratando de razonar con ella, al menos esa parte de la historia. Y era verdad, Katsuki no era igual a su yo de hace años. La Omega se alejó por completo, el pasillo del hospital se sentía tan frío como el exterior. La mujer estaba tratando de calmar sus nervios, pero le fue imposible.

 

—Los alfas no cambian con los años, siguen siendo lo mismo. Así que no quiero que te juntes más con él, te hará daño—ella solo estaba preocupada por su hijo, no quería verlo sufrir por alguien que no podría darle lo necesario pero también estaba cegada por su dolor. 

 

—Mamá, yo puedo elegir con quién estar. Soy un adulto después de todo—Inko quería explotar—. Además, yo y Kacchan nos iremos a vivir juntos después de la graduación. Trabajaremos con el papá de Todoroki unos meses antes de decidir qué hacer bien. Seguramente ni siquiera estaremos en el país en unos años. Me proyecto con él. 

 

Eso fue más que suficiente para hacerla perder la poca tranquilidad que le quedaba en la sangre y realmente se arrepintió de hacerlo pero no había vuelta atrás, su boca se movió sola. 

 

—¡No puedes hacerlo!—al ver que su hijo no estaba bromeando, sus pulmones dolieron y su garganta se apretó. Debía salir del hospital, no se sentía bien estando tan encerrada. Agarró a Izuku de la mano y lo jaló para irse con él—. Sabes, mejor vámonos a casa y hablemos ahí con más calma. 

 

—Mamá tengo que verlo...—él no usó excesiva fuerza para soltarse pero cuando usó la mínima, se sintió tan culpable por hacerlo. Si tan solo ella entendiera no tendría que ser el malo de la historia. 

 

—¡No me discutas, Izuku! ¡Sé lo que es mejor para ti y ese alfa no lo es!—ella lo volvió a tomar de la mano, el escándalo que estaba haciendo ya había llamado la atención de dos enfermeras que seguramente estaban comunicándose con unos guardias. 

 

—Pero...—Izuku notó las miradas, no quería irse. No así, debían hablar bien las cosas. Entonces en ese momento sintió las cálidas feromonas de Katsuki, fue un tacto suave. Se sintió bien sentirlo después de verlo desplomarse en el suelo por culpa del dolor de las fracturas. 

 

—No te preocupes Deku. Estoy bien, ve con tu madre—sus ojos... Tenía la mirada baja y al verlo a los ojos pudo ver un poco de dolor. Por supuesto que era incómodo y doloroso para él tener que presenciar algo así. Quería ir a sus brazos y decirle que lo que decía su madre no era así. 

 

—Kacchan...

 

—De verdad, estoy bien—fue un leve asentimiento que se sintió como un abrazo, le costó respirar pero para su madre fue fácil. Ella no entendía lo mucho que había detrás de eso. 

 

—Ves, vámonos a casa—ella no alcanzó a leer el ambiente entre el Omega y el alfa porque no pertenecía al círculo íntimo de los dos. Izuku mientras se iba con su madre al ascensor al final del pasillo, observó de soslayo a Katsuki. Entró encorvado a su habitación, la expresión de su rostro era de profundo dolor físico. Había fingido estar bien para no preocuparlo, iba a volver por él después de calmar a su madre. Solo tenía que decir las palabras correctas pero no sabía si su Omega interno estaría de acuerdo con eso. Parecía no estar feliz con la situación. Muchos años bajando la cabeza para escuchar a los demás le estaban pasando factura, él se estaba revelando y parecía ir por más que solo unas palabras tranquilizadoras. 

 

Al salir por la puerta principal del hospital, a las afueras del enorme establecimiento, había unos cuantos manifestantes con pancartas que hablaban sobre la abolición de la profesión heroica. Después de que las personas se enteraran que los estudiantes de la UA seguían con sus clases normales, todos enfurecieron. Pocas personas realmente querían héroes en las calles pero siempre parecía haber alguien que necesitaba una mano. 

 

Gritos en las noches, explosiones por manifestaciones y deseos oscuros por todos lados. No había forma de arreglar lo que estaba roto en los corazones de esas personas, y a veces Izuku realmente se preguntaba si su sueño de ser héroe valía la pena al ver todos esos rostros enojados. Sin embargo, lo hacía por aquellos que alguna vez fueron él. Aquellos que no podían levantar sus manos porque tenían miedo o simplemente su género secundario no se los permitía. Solo siendo joven podría hacerlo. Porque sabía lo que la vejez le haría a su cuerpo. Lo veía todos los días en Allmight. Y no es como si su cuerpo ya no lo sintiera, le dolían las articulaciones de los brazos y a veces su cuello sufría las consecuencias de las montañas de estrés que vivía cada día pensando en su futuro. 

 

Caminaron unas cuantas calles, el uniforme de la UA se sentía pesado en su bolso al ver tantas miradas. Pero era una de las pocas veces que se sentía discriminado por ser algo que realmente quería vivir. Era diferente a ser discriminado por ser Omega, realmente se sentía bien mentirle a todo el mundo y al mismo tiempo era un desastre por ello; porque sabía que era una bomba de tiempo. 

 

Su madre se detuvo delante de una tienda de alimentos, viendo lo que estaba comprando, dedujo inmediatamente que haría Katsudon. Esa era su forma de disculparse por algo, porque su boca estaba cubierta con ego para hacerlo a través de las palabras. Izuku se detuvo, ella estaba esperando aquello. Desde que salieron del hospital quería escuchar sus excusas. Solo quería apelar a lo que realmente encontraba correcto, los dos lo hacían. Y por un momento, Izuku pensó en todas esas veces que su madre le había hablado de su padre. De lo que él hacía y cómo la hacía sentir querida y al mismo tiempo atrapada. Después recordó lo suave que se sentía su piel al tacto del alfa, como sus manos cálidas lo recorrían como si fuera una pieza delicada, como se sentía feliz y único. No quería decirle que eran novios pero hablarle desde la verdad de su corazón se sentía bien, se sentía correcto. Se detuvo, ella también lo hizo y espero. 

 

Como todos esos años que esperó a Hisashi en la puerta de su hogar. 

 

—Mamá, no tienes que ser así con Kacchan. Él ha sido el alfa que me ha estado ayudando a mejorar mi salud. Gracias a él no he estado con cólicos y celos largos, me he sentido mejor. Casi sano...—ella lo detuvo antes de terminar, no tenía las fuerzas suficientes para escuchar el resto de las excusas. 

 

—No quiero oírlo Izuku, ese alfa te romperá el corazón. Puedo verlo en la forma que te mira, como si te quisiera comer. 

 

Izuku tragó duro. 

 

—Mamá, entiendo que creas que es así pero Kacchan no es Hisashi. Él no me dejara solo, es un alfa diferente—las cebollas cayeron ante la mención de Hisashi, Izuku solía tenerle un poco de resentimiento a la palabra padre, por eso siempre usaba su nombre. Ella deseó tener las fuerzas para alzar la mano y pegarle pero no podía, de cierta manera, le tenía miedo. Sus ojos eran iguales a los de su padre. 

 

—¡Todos los alfas son iguales, Izuku! ¡Todos te hacen daño, te preñan y se van!—Algunas personas en la tienda guardaron silencio, otras siguieron comprando como si nada. No era extraño ver omegas perder el control y más si no estaban emparejados—. Por lo menos tu padre era un hombre de familia con dinero. Bakugō no podrá proveer lo necesario, él no tiene nada. Nunca podrás hacerlo solo, porque estar con él será como estar solo. 

 

Izuku casi explotó. 

 

—¡Yo también puedo proveerme de mis propias cosas! No soy una persona indefensa, he luchado por estar aquí, puedo mantenerme bien. 

 

Inko recogió sus cosas y antes de ir a pagar, observó con dolor a Izuku. 

 

—Hijo, te has destruido para estar aquí. Tus huesos ya no pueden más, tus músculos están fatigados de tanto trabajar. Has estado tantas veces al borde de la muerte que siempre que suena el teléfono en casa, creo que es para que me digan que estás muerto. No estás diseñado para ser un héroe, estás diseñado para formar una familia. Para tener hijos—y esa era una gran mentira. Izuku no podía tener hijos sin correr el riesgo de morir. E Inko lo sabía, hasta lo profundo de sus huesos. Lo había dicho para dañarlo. 

 

Y lo consiguió. 

 

—¡Yo no puedo hacer eso! ¡Podría morir, mi cuerpo tampoco está diseñado para albergar vida! ¡Soy defectuoso y lo sabes bien, mamá!—las lágrimas cegaron la vista de Izuku pero ella no quería tenerle más piedad. 

 

—¡Dar la vida por los que amas es lo más noble que puedes hacer!—Izuku no podía más. 

 

—¡Es lo que hago!—su pecho se hinchó con aire sucio, lleno de resentimiento y dolor—. Doy cada día mis pulmones para ser un héroe, porque es mi sueño. 

 

—Solo estás siendo suicida. 

 

—¡Cada persona puede elegir cómo morir! ¡Tener hijos también es algo suicida para mí!—ella se alejó al sentir como la voz de su hijo a cada momento se hacía más alta, como si fuera una persona diferente. Pero no iba a dar paso atrás. Tenía un punto y lo iba defender. 

 

—La única diferencia hijo, es que siendo héroe dejaras una estatua fría que algún día romperán porque no ha cumplido con sus expectativas. Siendo padre, dejarás atrás un cuerpo caliente que te irá a visitar al cementerio cada vez que se sienta solo. Alguien que siempre te recordará con amor—cada palabra era una cuchilla en el corazón de Izuku. Siempre se odio por ser Omega, pero más por no serlo completamente. Por no ser anormal hasta en su propio género—. Eres un Omega, no puedes negar lo que realmente eres. Te quiero, siempre te he querido por lo que eres realmente... Y ser héroe no es algo que debas ser. Solo mírate al espejo, cada cicatriz es un trazo más cercano a la muerte. 

 

¿Muerte? Ella no sabía, no la había visto a los ojos. Era verdad, no estaba diseñado para ser héroe pero tampoco para ser padre. Y no quería serlo, era egoísmo siquiera pensarlo. 

 

Sin decir una palabra, se fue. Su madre no lo detuvo, aunque se alegró por ello. Por lo menos así tendría la oportunidad de llorar con más calma, sin responder preguntas incómodas. Caminó hasta que volvió al hospital, la recepcionista lo reconoció y con cuidado de no llamar demasiado la atención, se fue hasta la habitación de Katsuki. Ahí estaba el doctor dándole la pauta sobre sus descansos y medicamentos, deseó acercarse y abrazarlo pero tenía que mantener la imagen de compañero de clase. Todavía era un beta delante de ellos, y un beta abrazando a un alfa era algo extraño por no decir inapropiado. Se quedó fuera de la habitación, cuando el alfa se liberó de las indicaciones del doctor, Izuku lo ayudó. Caminaron sin decir una palabra, en silencio se encaminaron a la UA. A Izuku le dolían los pies de tanto caminar, o quizás no eran los pies. Era un poco el silencio que hacía el ambiente entre él y Katsuki. Antes de llegar a la UA, Katsuki lo tomó de la mano y lo hizo correr por unos callejones hasta que llegaron a uno dónde la noche no parecía dar tregua. 

 

Era oscuro y hacía frío pero en los brazos del alfa todo se sentía tan cálido que se dejó envolver por el abrazo. 

 

—Joder, quería hacer esto desde que te sentí a través del puto cristal de esa asquerosa habitación—Izuku restregó su rostro en el pecho del alfa, sintiendo el calor y su aroma a través de las vendas y sus ropajes de invierno. Su chaleco negro con cuello de tortuga ocultaba bien el pequeño círculo que sus dientes había dejado. Se sentía tan íntimo compartir el enlace, aunque era débil por su mínimo poder de Omega, se sentía adecuado, perfecto. Con la mente en blanco, se quedó ahí. Entumecido por los círculos que las manos del alfa formaban en su espalda baja, abrazándolo con tanta delicadeza que se sentía envuelto por nubes. Tan querido, tan amado. 

 

—Perdón por todo lo que dijo mi madre, ella... Bueno, es un poco cerrada de mente la verdad.

 

—No tienes porqué disculparte, es lo mínimo que esperaba de ella. Después de todo, aún sigo siendo el chico que te ignoró por mucho años, eso no es algo fácil de borrar—Izuku negó, tratando de hablar pero su boca se sentía seca—. Ahora, porque no mejor me dices porque estuviste llorando. 

 

—¿Se nota tanto cuando lloro?—Katsuki se alejó tomando sus manos heladas por el frío, las besó y luego lo observó directamente. El cielo estaba casi naranja, estaba helado, parecía que iba a llover en cualquier momento. 

 

—Tus ojos cambian de color y tus mejillas forman ese pequeño rubor que no es suficiente para llamarlo calor—después, con ambas manos frotó suavemente el rostro de Izuku—. No llores, nadie merece tus lágrimas.

 

Izuku río, amando el contacto de sus rugosas manos, solo un poco más que las suyas. 

 

—Solo tú—el alfa negó, se acercó hasta sus labios, solo un centímetro. 

 

—Y mucho menos yo—y luego lo besó, fue poco a poco por sus labios. Hasta cubrir por completo su deseo en ellos. Izuku se acercó más, sintiendo la textura de la barba de Katsuki. El aroma del ungüento que le echaban a la piel después del tratamiento de sanación y el almizcle de su piel. Se alejaron, Izuku solo necesitaba algo así. Después de unos minutos besándose, comenzó a llover. Se alejaron riendo y corriendo fueron por unos paraguas. Se fueron felices a la UA, y a Izuku se le olvidó decirle porque estaba llorando. Katsuki no insistió y al llegar a los dormitorios, Todoroki los estaba esperando para pedir perdón. Mina también estaba ahí, un poco más nerviosa de lo normal. 

 

Izuku no sabía qué decir, Katsuki solo se mofo y se fue a dormir porque estaba agotado por el tratamiento que le habían dado en el hospital, por mucho que sus costillas parecían estar sanas, el cansancio era casi mortal. 

 

Ahora todo estaba más tranquilo así que no había nada más que hacer, solo esperar por aquellas palabras. Mina invitó a Deku y Todoroki a jugar en la sala común. Los tres jugaron hasta que los demás se unieron en un cooperativo, era los últimos momentos antes de saber los resultados finales y el arreglo para los estudiantes que no pudieron terminar bien el examen final. Izuku olvidó las palabras de su madre y cuando no pudo más con el cansancio en sus huesos, se coló en la habitación de Katsuki. Recibió un beso en la frente y un "buenas noches nerd" antes de dormir profundamente en el pecho de alfa. 

 

Todo se sentía bien, todo estaba en su lugar y por alguna razón, su mente también se sentía así. Aunque en el fondo, sabía que en algún momento todo lo que se estaba guardando en el corazón, explotaría. 

 

...

 

Mirko estaba destruida. 

 

Bebía hasta que su estómago devolvía todo en el baño que Shigaraki religiosamente limpiaba cada día hasta que el suelo reflejaba su rostro lleno de cicatrices. Solía sostener su larga cabellera plateada en un moño, pero ella se lo cortó al tercer día después de ver todas las atrocidades de su mundo resumidas en vómito con sangre. A veces incluso se dormía ahí, en el borde del baño con la boca saboreando el dolor de sus entrañas, con la acidez quemando su lengua y garganta. Fueron días difíciles hasta que al quinto día, se bañó, maquilló su rostro y le pidió a Shigaraki que la acompañara hasta la central para dar el informe mensual sobre su estadía en casa. El alfa no sabía qué esperar, su cabeza estaba entumecida en la sensación de querer ayudarla pero seguía teniendo la débil voz de su maestro en la cabeza. El hombre seguía ahí afuera, seguramente creando un ejército más grande que el anterior. Porque la grandeza aún no era suficiente para él. Shigaraki no podía usar su particularidad pero lo sentía todo a su alrededor, como incluso la comisión de héroes cada día se parecía más a ese hogar que albergó su corazón por años. 

 

Eran iguales desde lejos, ambas facciones querían controlar y descontrolar una parte de las personas. Sin importar el costo de sus soldados, de niños y almas sin resolución. ¿Justicia? No, eso no existía. Había villanos asquerosos como héroes del mismo tipo. ¿Alguno realmente cambió? Pocos podían presumir ese cambio. 

 

Al caminar por las calles, viendo a su alrededor todas las personas caminar con dudas y dolor, siendo retenida pero no del todo porque detrás de sus ojos había algo... La noche ocultaba ese algo, esa libertad bajo el manto de la destrucción y el resentimiento. Sería tan fácil convertir todo el polvo, pero cuando Mirko lo miraba con esa desesperación casi invisible, todas sus ganas de destruir se convertían en champagne. Burbujeando en una copa fina. Poco a poco perdiendo el sabor y la textura. No sabía cómo sentirse respecto a ello, nunca deseó a una mujer. Izuku no era un deseo personal como el que ella le provocaba. Quería destruir a Izuku y a Mirko... La anhelaba cuidar con sus manos. Si tan solo supiera como destruir el dolor en las personas, todo sería más fácil. 

 

—Tenko.. Espérame aquí—su voz lo llamó cuando estuvieron a punto de entrar al enorme edificio de la comisión. Ella tenía la tarea de informar si Shigaraki ahora era más humano para dejar de ser una amenaza inminente. La verdad, es que sí. El alfa ya no tenía actitudes violentas como al principio. Era un avance pero ella sabía lo que eso significaba, volverlo una herramienta más de la comisión. Así que mintió. 

 

Shigaraki se quedó afuera de la enorme sala de reuniones, esperándola como ella se lo pidió. Todo estaba tranquilo, apenas podía escuchar lo que ocurría al interior y así pasaron unas horas que alcanzó a usar para tratar de establecer una conexión espiritual con Izuku. Era increíble lo difícil que era comunicarse con él, si fuera para hacerle daño, lo harían sin siquiera ser consciente. Su cuello ardía cada vez que intentaba fomentar una conexión, se sentía vacío cada vez que lo intentaba y tenía una leve sospecha del porqué. Izuku había marcado a alguien y estaba seguro que esa persona era Katsuki, era lo único que tenía coherencia en su cabeza. Porque si el alfa lo hubiera hecho, se sentiría diferente. Como si estuviera tratando de alcanzar una cuerda rota. Sin rumbo, sin retorno.

 

Un lugar que le dolería aunque no estuvieran destinados a amarse. 

 

Pasó el tiempo y ella salió, con una sonrisa triunfal. Una que se degradó al salir de la comisión, Rumi siguió tomándole la mano. Un apretón firme que Tomura no sabía cómo responder, caminaron en silencio por mucho tiempo hasta que se detuvieron delante de un parque lleno de nieve. El frío acompañó sus cuerpos cuando ella decidió que era momento de hablar. Shigaraki no quería hablar, no quería mostrar preocupación hasta que ella lo miró. Ojos rojos directos en su alma, tan intensos y divergentes al mismo tiempo. Una mirada intensa y al mismo tiempo fría. Como una reina del hielo. 

 

—Ellos... Quieren que trabajemos juntos, que formemos una agencia. Pero que nadie en los medios lo sepa. Ser anónimos, unos dos años trabajando sin errores y luego serás libre. Aunque no del todo, porque seguirás trabajando con ellos. Pero ya no tendrás que soportarme a mi.

 

Tomura tragó duro. Por descuido se convirtió en una víctima al llegar a su vida, fue algo tan imperceptible pero al mismo tiempo tan frágil que no tenía tiempo. No podía impedirse, su corazón no encontraba a Izuku y extrañamente su alfa quería tacto. Algo que las llagas de sus manos pudieran sentir, algo que sus labios pudieran percibir. Ella estaba grabada tan fuerte en cada uno de ellos que siquiera pensar en el tiempo que podrían estar juntos y luego separados... Era aterrador. Se detuvo a sí mismo de gritar porque ella continuó hablando. Pero había algo diferente en su voz. Ya no estaba la luchadora, solo había súplica. 

 

—Por favor, ayúdame a volver. A ayudar a esos niños aunque sea un poco, sé que para tí quizás no sea la gran cosa por todo lo que has visto pero... Te dejaré ir si me ayudas. Volverás a tu maestro, solo quiero salvarlos... Por favor—y ella no era una persona que fuera por la vida implorando. Tomura tomó su mano con fuerza y una extraña sensación se alojó en su estómago. ¿Qué sensación era la que estaba consumiendo su cuerpo? Hasta su alma se sentía tocada por ese sentimiento. Rumi lo observó, el alfa fue con su otra lágrimas por esas gotas que estaba cayendo por sus mejillas. En ese lugar, cuando ella restregó su rostro contra su mano, que en pocos segundos podría esa palma convertirla en polvo, con total confianza y devoción... Tomura dejó caer su corazón justo al lado de sus pies. 

 

Omega dura.

Alfa destructivo. 

Sin tiempo. 

Sin oportunidad. 

Absolutamente solos.

 

Entendió a Izuku porque había escogido a la bestia de la UA. Si él se sentía así con él, sólo Dios podía detener ese sentimiento. Si pudiera, le entregaría el mundo. Todo sería de ella. 

 

—Te ayudaré—casi se ahoga al decirlo pero fue casi liberador hacerlo—. Haré todo lo posible por hacerlo. 

 

Ella sollozó, fue un llanto fuerte pero a nadie le llamó la atención porque era una Omega llorandole a un alfa. Tomura hubiera deseado llorar con ella, trató pero no pudo. Su corazón recién estaba empezando a sentir sensaciones positivas. Era un mundo nuevo, uno que su maestro no le había enseñado y era extrañamente maravilloso. 

 

Cuando llegaron a casa, comieron helado en el sillón mientras veían una serie. Hablaron sobre tantas cosas triviales que al final de todo, por primera vez en su vida, Tomura dejó ir sus feromonas tranquilizadoras. Rumi durmió en su regazo, Shigaraki tembló pero su muslo se acostumbró demasiado rápido a la sensación de su peso. A sus orejas suaves y los ronquidos que sus labios dejaban ir. Cuando ella se acomodó y empezó a babear, Tomura tomó el teléfono de la mesita de noche al lado del sillón, marcó un teléfono que conocía bien y esperó. Solo esperaba que ella todavía tuviera el celular en su poder. Espero y espero...

 

—Estaba esperando tu llamada—la música al otro lado de la línea era ensordecedora, también había un pequeño gemido que Shigaraki podía registrar como una Omega. Toga siempre había sido débil por ellas, ahora lo entendía. 

 

Los omegas eran seres mágicos. 

 

—Tenemos algo que hacer—Toga, sosteniendo con fuerza las caderas de su amante, sonrió. Era una alfa aventurera y había estado esperando esas palabras desde hace meses. Su mente había sido prisionera de una penumbra mental con las sombras de Jin, Izuku y Ochako en ella pero ahora, después de todos esos meses, había algo para olvidar el sabor amargo. Porque aún estando con una Omega muy dulce, su corazón seguía persiguiendo lo imposible—. Se trata de mi destinado. 

 

Toga río, increíble pensar que alguien tan frío y cruel como Shigaraki tuviera un destinado. 

 

—¿Destinado? ¿Tienes algún Omega que no conocíamos o qué? ¿Es alguien de la liga? ¿Es una enfermera del hospital donde te mantuvieron encerrado? ¿O es la heroína conejo que te tiene en custodia?—Shigaraki no dudo porque no tenía miedo de decir la verdad. 

 

—Es el mocoso de la UA—Toga casi deja caer su celular—. Pero eso no es lo importante ahora. Te daré los detalles en unos días, por ahora prepárate, esto será difícil. 

 

Y luego cortó. Fueron unos simples segundos, la mente de Toga se bloqueó y con la mano temblando ante las palabras, sacó un cuchillo de su muslo y lo enterró en la espalda de la Omega. Antes de que ella pudiera gritar, Toga ya le había cortado el cuello. Salió del baño con las manos ensangrentadas, pero las luces bajas del club le ayudaron a ocultar el rastro. Se fue tal como llegó, sola y con el corazón en una entropía. Siempre volviendo al mismo lugar porque no había nadie para ella, solo para los demás. Sin destinado, sin amor, sin compañero y con amigos que tenían su propio camino. Hasta Dabi se había ido con otra persona. 

 

Antes habría hecho algo, pero ahora solo le dolía. 

 

...

Chapter Text

Silencio, eso es todo lo que puedo escuchar. Estoy lleno de vida, de enormes deseos y solo puedo escuchar el silencio en el más grande tormento. No hay poder, no hay nada. Sólo silencio."

 

….

 

Nunca antes había sentido tal energía llenar su corazón, Denki estaba sorprendido consigo mismo por la forma en que podía dejar fluir su poder a través de sus venas. La electricidad por su sangre roja, con calor y poder. Caer en la tundra y pelear contra criaturas que superaban su tamaño fue como verse a sí mismo convertido en una pesadilla y al mismo tiempo en un sueño. Los centinelas ciertamente eran seres impresionantes que dotados con la copia de quirks podían imponer presencia sobre cualquier alumno que no estaba acostumbrado a conocer sus puntos débiles pero el Omega por mucho que estaba asustado por la expectativa de las feromonas, las había sentido como un peligro hasta que su cuerpo aprendió que ellas no podían hacerle más daño. Una fuerza superior se acomodó en su interior y lo hizo moverse para pelear, una fuerza tan explosiva que Denki nunca en su vida había sentido algo así. Cómo una droga consumiendo todo su temor y haciéndolo invencible. Por momentos cerró sus ojos y visualizó a Shinso en la distancia, tratando de buscarlo para ayudarlo pero lo único que pudo encontrar en su cabeza fue verlo a él con Monoma. Las lágrimas cayeron frescas pero un segundo después vio unos ojos rojos mirándolo con atención. Se detuvo con sorpresa al reconocerlos. 

 

Bakugō. 

 

El tono de su voz lo hizo correr más fuerte, lo hizo apuntar y acabar con uno de los centinelas. Las señales que había hecho durante el examen no eran para sus compañeros, eran para llamar la atención de los centinelas. Probó la sangre en sus labios pero quemó más centinelas que nadie, con las feromonas bajo control las criaturas no eran tan fuertes como se veían. Solo computadoras que tenían un límite de calentamiento, y Denki rompió cada uno de ellos. El eco de su dolor se quemó con fuego, era un poco aterrador que solo la voz de su amigo le provocara eso pero no se contuvo a pensar un porqué, quería acabar con todos los que pudiera para marcar una diferencia. El tiempo para él pasó rápido y fue el único de la clase A que superó el examen final en solitario. Para todos era una sorpresa ver a Denki llegando donde los paramédicos con heridas pequeñas y una sonrisa triunfal en su rostro. Pero esa fuerza no se limitó a los eventos de la prueba final, cuando volvieron a la UA, esa misma fuerza se presentó día a día. Hasta el día en que Shinso pidió perdón para volver con él. 

 

Las lágrimas de Shinso eran silenciosas pero sus palabras crecían como gritos profundos en la sala común. Era tan tarde que solo eran ellos dos, Shinso y Denki. Pero aún así, el Omega no podía llegar a empatizar con su dolor porque muy en el fondo sabía que Shinso estaba mintiendo. El alfa de casi un metro noventa tenía cierta tendencia a cortar las palabras cuando mentía, y ahora lo estaba haciendo tan bien que Denki por mucho que quisiera cerrar sus ojos y ver las estrellas detrás de sus párpados, sabía que solo sería caer nuevamente en el ciclo sin fin que ambos habían estado viviendo desde el primer año. Ahora, en la antesala de su salida de la UA, los años se llevaron de Denki ese revoloteo en su estómago cada vez que los ojos índigo le hablaban. Palabras que ahora no podía entender porque ya no era tan joven en ese amor, era un veterano en reconocer sus mentiras. 

 

Pidió perdón pero tampoco sintió que esas palabras salieran de su corazón, solo las había dicho para que fuera más fácil salir de la situación pero las feromonas de dolor auténtico lo envolvieron. Por un instante, subiendo por las escaleras e ignorando sus palabras, se dio la vuelta con valor para verlo a esos ojos. 

 

Tan mentirosos. 

 

—¿Por qué me sigues mintiendo?—preguntó, la oscuridad hizo que la piel de Shinso se viera más pálida que antes. Solo era un alfa que no sabía cómo controlarse pero a los ojos de Denki, en sus labios nunca estuvo seguro su nombre. Era un lugar tan inseguro que solo quería huir de esa piel. Sobre todo ahora que sentía que podía tener un poco de autocontrol con los deseos de su cuerpo y corazón. El alfa tomó con fuerza su brazo, su mano rodeaba su piel con facilidad pero la energía que ejercía era mínima. Se sentía como una caricia, una traicionera y que dolía tener sobre la piel.  

 

—No te estoy mintiendo, es la verdad. No sé lo que pasó, desperté cuando estaba entre sus piernas. Pensé que eras tú pero era él—parecía honesto pero su especialidad era fingir para tener el poder de una situación. Pretender ante los demás que tenía todo bajo control cuando todo lo que hacía por las noches era contar los segundos por culpa del insomnio. 

 

—Me lo dijiste, te lloré y me arrodille. Olvidé mi orgullo por tí, ¿crees que te creeré? Ya no puedo, ya no puedo sentirte como antes—Shinso se detuvo en seco, tragó duro y buscó en su interior si era verdad. Y lo era... 

 

Ya no podía sentir a Denki, siempre lo había hecho desde el día que se conocieron pero después de años, solo había un vacío en lo que muchos llamarían conexión emocional. Parecía como si ambos, que solo estaban a unos centímetros, estuvieran separados por años. Porque incluso una unidad métrica no podría dimensionar la separación. Ese enorme vacío que ahora solo Shinso podía sentir porque la vida crecía con fuerza al interior de Denki. Una fuerza tan penetrante que hasta su alma se vio afectada. ¿Quién le dejó esa marca en su cuerpo que ahora los había alejado tanto?

 

Shinso se detuvo, observó sus zapatos y la forma en que su cuerpo estaba buscando una respuesta. Los ojos ámbar de Denki ni siquiera poseían esa emoción que rápidamente se convertía en amor. Años detrás de su corazón, sintiéndose insuficiente y ahora alguien superior a él le había arrebatado lo único bueno de su vida. 

Denki se alejó de su lado, dejando ir la calidez traidora de su mano. Una pequeña brisa recorrió su rostro cuando entró en su habitación pero por primera vez en años, su corazón no quería llorar. Se sentía lleno, repleto de vida. Se acostó, cerró sus ojos y se dejó envolver por los años de dolor solo para recibir con cariño sueños agradables de esos recuerdos dulces que poseyó con todos sus amigos y en especial con Jirou. La persona que nunca pudo amar porque nunca fue correspondido por la naturaleza. 

 

Al despertarse corrió con energía por las escaleras, encontrando en la cocina a Katsuki con Izuku, ambos estaban desayunando. Parecían felices así que no dijo nada porque estaba igual que ellos, muy feliz. Bailando por la cocina se hizo un desayuno que terminó quemando pero estaba bien, nada lo iba a derrotar. El alfa rubio se enojó con él pero le preparó algo para que comiera, "porque alguien idiota como él moriría de hambre si no fuera por la comida preparada". Se sentó con Izuku y conversaron sobre muchas cosas que nunca antes habían hablado, y al final los tres hablaron sobre el examen… Denki se sorprendió cuando se enteró que fue el único que no le afectaron las feromonas. 

 

—No puede ser, ¿de verdad las feromonas los afectaron tanto?—Izuku por un instante tragó duro pero Denki estaba pensando en sí mismo para notar el detalle de las palabras de su compañero—. Yo apenas las sentí. 

 

Katsuki habló para calmar un poco los nervios de su novio. 

 

—Bueno, yo tuve una especie de precelo involuntario. Deku me ayudó a llegar a una de las cabañas para tomar pastillas supresoras, tuve fiebre por horas de otra forma hubiera sido jodidamente peor para mí que unas costillas rotas, ¿no es así, Deku?—Izuku asintió. Pero Denki no pudo concentrarse en los movimientos de los demás porque su mente estaba en ese momento, cuando superó con facilidad las feromonas. Toda la energía que había sentido en ese momento había salido directo de su estómago bajo, extendiéndose hasta el resto de su cuerpo. Como un tren pesado pero al mismo vigorizante. 

 

La conversación terminó cuando Sero bajo con Ochako y Iida. Izuku trató de hablar con ella por lo que había pasado hace unos días pero ella alegó que no había sido nada, un error mas nada de lo que preocuparse. Iida, sin embargo, veía a Izuku y a Katsuki con cautela. El alfa de lentes era un ser reservado por los valores de su familia religiosa, vivía cada día en un letargo social que lo hacía cansino cuando los "temas" tabú tocaban la mesa. 

 

—Hablar de feromonas en la mesa es de muy mala educación—su voz siempre era despectiva cuando se trataba de algo supuestamente inapropiado para su educación. 

 

Era increíble, siempre estaba gritando e imponiendo a los demás. Pero cuando vestía el traje de su hermano, se convertía en una persona llena de amor y comprensión. A Denki no le gustaba, era hipócrita siquiera pensar en su comportamiento pero para mantener las apariencias siempre guardaba silencio. Porque su padre así lo hubiera deseado. Su padre, un hombre ágil, un héroe Omega que había mentido por años para protegerse de las sombras del gobierno. Sin embargo, cuando Iida lo miró directamente a los ojos, con ese desdén tan marcado, se sintió ofendido y la energía de su estómago nuevamente lo hizo moverse.

 

—Bueno, si tanto te molestan nuestros modales que a tus ojos parecen ser una reverenda mierda, deberías comer encerrado en tu habitación. Hombre, no puedes controlar a todo el mundo, ser alfa no te da derecho a nada y mucho menos a mirar en menos—todos en la cocina guardaron silencio, hasta Sero que temió por las feromonas fuertes que comenzaron a salir de las glándulas de Iida. El alfa de cabellos azabache dejó ir todas sus feromonas agresivas, dirigiéndolas con fuerza exclusiva hacia Denki, que con el ceño fruncido hizo caso omiso al evidente ataque. Sin embargo, los omegas presentes dejaron caer su cabeza al suelo. Izuku que estaba en contacto con las feroces feromonas de Katsuki, no bajó su cabeza pero su estómago dolió ante el ataque. El lazo de omega que compartía con su novio le envió la información necesaria al alfa rubio.

 

—Cuatro ojos, bájale a tu mierda si no quieres que use mi voz de alfa en ti—Sero estaba de igual manera que Katsuki, a un paso de ir corriendo tras Iida. Pero él no hizo caso a las palabras de nadie, con una velocidad propia de su particularidad se acercó a Denki para atacar pero el Omega con relativa velocidad lo noqueó con un ataque certero de sus rayos. Todos quedaron estupefactos cuando Iida cayó de lleno al suelo, como si fuera un peso muerto pero Denki había calculado bien la energía de sus dedos. 

 

—¿Estás bien?—Sero se acercó hasta Denki, pero el Omega rubio era la única persona de la cocina que no parecía afectada por los ataque de Iida. Ochako cuando pudo levantar la mirada de sus zapatos, verificó el pulso de Iida. Estaba bien. Al poco tiempo se apareció Aizawa preguntando por la situación, Izuku le explicó mientras veía con dolor a Denki pero el Omega de cabellos dorados no estaba asustado en lo absoluto. Solo enojado. Alimentándose con hambre de esa abrumadora fuerza en su estómago. 

 

Al poco tiempo bajaron de los dormitorios Todoroki con Mina, ambos lo hicieron de la mano y no pasaron desapercibidos bajo la mirada rojiza de Kirishima pero él no parecía querer decir nada, algo había detrás de su silencio. Shoto y ella observaron la situación con sorpresa, desde la habitación del alfa poco y nada se había escuchado del estruendo en la cocina. Aunque, eso era culpa de lo que habían estado haciendo. Sin embargo, el alfa de cabellos bicolor percibió un cambio en el aroma de Denki, todo el dolor por la muerte de Kyoka se marchó y fue cambiado por uno dulce, muy parecido al que tenía la leche de frutilla. Era extraño, pero le hizo caso omiso porque Mina le estaba ayudando con su desayuno y ella olía mucho mejor, a gloria, una que su nariz apreciaba mucho porque no había estado drogándose para tener la nariz sana. Ya no necesitaba tener dopado su cuerpo, ella parecía más real que todo lo demás. Incluso más que la llamada perdida de Touya, dónde sabía que solo lo estaba llamando para pedirle dinero. No es que no quisiera ayudarlo, solo que a veces desearía oír más que un: Necesito dinero del viejo de mierda. Dame dinero, tengo que drogarme. No seas sentimental, y dame un poco de lo mucho que tienes. No debería importarte, nunca te importó mi vida de todas formas. Eres la ruina de la familia, ahora déjame arruinarme a mí. 

 

—Shoto, ¿qué ocurre? ¿está todo bien?—Mina tocó su mano con cuidado para sacarlo de su dolor, Shoto no pudo evitarlo y se acercó a ella besando su frente con una sonrisa cálida en sus labios. Fue un acto suave pero que estuvieran mostrando afecto en público era un gran paso para ambos. Después de todo habían jurado fidelidad y seguir juntos hasta donde sus sentimientos fueran dónde quisieran, sin etiquetas y con suma honestidad por si en algún momento alguno de los dos dejaba de quererse.

 

Parecía ir todo bien, de alguna manera todo a su alrededor estaba encajando de la manera correcta. Cómo debía ser, como todos estaban predeterminados a esperar ser. Aizawa más tarde ese día, durante una de las clases complementarias, entregó los resultados de los exámenes. Increíblemente todos habían finalizado sus exámenes y no había necesidad de repetir ninguno. El más destacado y con mayor puntuación fue Denki, su puntaje estaba casi cincuenta puntos por encima del segundo. El Omega estaba saltando de felicidad en los brazos de Mina, Kirishima, Bakugō y Sero. Él nunca había sacado una calificación tan alta y más en un examen tan importante como el que le daría la salida de tres años muy importantes en su vida. Siendo Omega y rechazando cada oferta que hacía vibrar su celular durante las noches, ahora solo tenía que destacar como lo había hecho su padre… Solo que sin mentirle al mundo sobre su género secundario. Izuku miraba con asombro la tabla, había quedado segundo después de Denki. Era casi imposible que se diera esa situación.

 

Pero él es un Omega completo, hasta sedujo a Katsuki. Tu novio. 

 

Su Omega interno estaba molestando su psique cada vez más, pero tenía razón. La forma en que Denki abrazaba a Katsuki para mostrar alegría era diferente a la de los demás, el alfa rubio no lo notaba porque parecía molesto excepto por el pequeño rubor en sus orejas, estaba orgulloso de su amigo. Lo normal considerando todo lo que habían vivido juntos pero había algo entre los dos que Izuku no quería aceptar y es que ambos, si fueran una pareja formal, se verían muy bien. Intentó calmarse por el lazo que compartía con su novio, porque sería demasiado fácil para el alfa leerlo y en ese momento no quería algo así. 

 

Sin embargo, cuando cerró sus ojos para relajarse, los ojos rojos lo vieron directamente. Y su sensor de peligro se activó, pero no por mucho tiempo al ver otra persona ahí. Porque aunque era Tomura y la heroína Mirko, él se veía muy diferente a lo que recordaba. El propio lazo natural le decía que había algo en sus ojos que no parecía propio. Cómo si ese dolor y esa sensación cálida no fueran de su corazón, era extraño porque de cierta manera lucía más sano, aunque no lo suficiente para verse completamente recuperado. Divagando en la imagen, escuchó su voz.  

 

Necesito hablar contigo, mocoso. Y estoy seguro que sabes a lo que me refiero. 

 

Izuku abrió los ojos casi asustado por la repentina energía que recibió su cuerpo al oírlo, casi cayó al suelo de no ser por la mano cálida de Shoto que lo detuvo. Katsuki lo vió de reojo pero no pudo reaccionar más allá de la cara de preocupación, porque Izuku ya estaba rodeado de sus amigos. Ochako, Iida, Todoroki y Tsuyu estaban listos para darle conversación y eso era más que suficiente para no demostrar más afecto. Después del pequeño incidente en la hora del desayuno era mejor pasar más que desapercibidos. Pasaron las horas pero la sensación siguió fluctuando en su sangre, los ojos de Tomura parecían grabados en sus párpados. Nadie lo encontró extraño porque Izuku tenía la increíble habilidad de fingir muy bien sus estados de ánimo. Pero Katsuki podía leerlo muy bien y sabía que algo extraño le estaba pasando, no era común que su novio suprimiera tanto el lazo. Al acabar las clases, Katsuki e Izuku tenían entrenamiento de sparring junto a Allmight pero el hombre nunca llegó. 

 

—Será mejor que entrenemos juntos, no sería gracia perder la tarde—Katsuki tenía razón. Ambos se levantaron con sus cosas y comenzaron a calentar, el alfa se quitó su poleron de la UA para revelar una camiseta negra con cuello de tortuga sin hombros, era como una segunda piel. El pantalón deportivo azul alrededor de sus caderas era ajustado en los lugares correctos, no lo había notado antes pero la espalda de su novio ahora se veía un poco más amplia. Ahora lo podía ver porque antes había usado esa camiseta pero le quedaba un poco más holgada. Se detuvo a sí mismo de seguirlo viendo porque ya podía sentir sus mejillas arder—. Oi, ayúdame a estirar. 

 

Katsuki lo llamó, Izuku fue antes de darse cuenta que lo estaba haciendo. Con ambas manos empujó sus hombros hacia abajo, los músculos bajo sus manos eran tan cálidos que ligeramente apretó para sentirlos un poco más. El alfa se dió cuenta de las intenciones de su Omega pero no hizo nada, quería jugar un poco más con él. Siguieron estirando hasta que fue suficiente y casi innecesario, los nudillos dolieron cuando comenzaron a entrenar. Sus cuerpos estaban sincronizados de una forma que solo el lazo suprimido podía complementar, el alfa interno de Katsuki estaba insatisfecho y el Omega interno de Izuku solo quería más y más. Nunca satisfecho, nunca listo para dejarlo ir. Eran iguales, querían tanto que sus manos dolían por acaparar. 

 

De un momento a otro, el tiempo se desvaneció junto a las preocupaciones entre ellos. Sus alrededores dejaron de ser una importancia y se volvieron una realidad errante, solo colores brumosos. Sus feromonas comenzaron a salir por culpa del sudor, las gotas como una constante. Entre miedos y pasiones, como un baile lleno de cuervos. Blancos y negros, refugiados en el viento. Una espera casi maldita. 

 

Izuku de un momento a otro perdió su equilibrio y cayó, Katsuki lo levantó tan fácilmente que dió un salto en sus brazos. No podía hacer otra cosa más que caer en sus brazos, era un crimen de la naturaleza lo que estaban haciendo. Los ojos verdes dejaron de ver por unos instantes y la forma brumosa de Shigaraki se implementó bajo sus párpados, pero esta vez Katsuki se hallaba ahí. Al lado del alfa de cabellos blancos, ambos de alguna manera le estaban tendiendo la mano. La naturaleza contra el querer de su corazón. Las órdenes de su cuerpo contra el Omega interno que anhelaba dolor y pasión. Una guerra casi maldita que obviamente era ganada por él, por Katsuki. 

 

—Te tengo—el tono de voz que emitió Katsuki era tan suave que el Omega interno de Izuku tocó la superficie al mismo tiempo que Izuku. Algo extraño en su corazón se movió hasta su alma, con solo palabras lo tenía presente. Y ahí, abrió los ojos para ver los rojos color sangre. Brillantes sin ninguna duda, entregado por completo al acto. Un solo abrazo, uno y se sentía como si estuvieran bailando con la muerte. Peligroso, emocionante y de alguna manera liberador. 

 

—Alfa...—un solo susurro, sin mentiras y lleno de recuerdos. Siempre quiso tenerlo así, en sus brazos. Sostenido pero teniendo el poder de su cuerpo. 

 

Izuku delineó su mandíbula, la fuerza del calor emanado hasta sus dedos. El vaho tranquilo hasta colmarse de ansia, no debería estar haciendo esto en un gimnasio que en cualquier momento podría ser invadido por un alumno pero nada de su alrededor era real. No había nadie más que ellos dos, todos los demás eran solo señuelos de su realidad. El primero en moverse hasta el crimen de la naturaleza, que muchas veces antes habían cometido, fue Katsuki. Siempre queriendo acaparar la victoria, incluso en pequeñas cosas como sus pasiones. Traidoras cada una de ellas pero al mismo tiempo una víctima de la fragilidad. Y como un pulso del destino, los besos fueron solo tacto hasta una necesidad. Los sonidos de sus bocas se volvieron una clave íntima de su seguridad, abrazados en medio de un gimnasio enorme con el sudor recorriendo sus pieles, ruborizados hasta el interior de sus océanos de euforia. Las manos de Katsuki bajaron de su espalda hasta posarse con confianza en su culo, con ambas manos en cada glúteo. Una presión fuerte que sacó de los labios de Izuku un fuerte gemido. Provocativo y al mismo tiempo dulce como el azúcar. 

 

—No tan alto, no querrás que alguien más nos encuentre así—una sonrisa altiva dibujó los labios de Katsuki, Izuku quería un desafío así que sus látigos salieron recorriendo la camiseta negra de su alfa hasta rasgarla. Las cicatrices de las guerras pasadas y el dolor se convirtieron en un lenguaje cifrado. La mirada profunda roja era un desafío, ambos eran iguales. Cosa divertida decir que no estaban pensando en ganar el siguiente paso. Absolutamente todo para ellos era una competencia y ninguno de los dos quería perder. 

 

Pero a veces hasta el jugador más experimentado puede perder la partida frente a un iluso ingenioso. 

 

Katsuki los empujó a ambos contra una pared, los látigos de Izuku retuvieron al alfa antes de poder concretar bien la acción. Cayeron al suelo, desordenados. El Omega retuvo las manos de su novio por encima de su cabeza, admirando su cuerpo y el sudor dulce de los surcos de sus músculos. 

 

—Me tienes, nerd de mierda. ¿Ahora que harás?—a pesar de que Katsuki era prisionero de las manos de Izuku, la sonrisa en su rostro y el bulto generoso en sus pantalones era palpable. 

 

—Solo espera, idiota—la polla de Katsuki dió un pequeño salto en sus pantalones, Izuku no se dió cuenta y el alfa lo agradeció. Sin embargo, la lengua del Omega se deleitó con el sudor que quitó de su pecho. Los increíbles músculos de Katsuki deberían ser ilegales, sobre todo por sus pectorales. Se había sentado unas cuantas veces sobre ellos pero lo mejor era tenerlo entre sus manos. Con el pulgar bajo ligeramente la ropa del alfa, liberando la hermosa y gruesa polla de su novio—. De verdad, no puedo creer que sea tan perfecta. Gruesa en los lugares perfectos, pero a veces realmente no te la mereces. Porque eres un bastardo que me engañó con otro omega. Un mal alfa que debería arrepentirse. 

 

Katsuki no pudo ocultarlo, su estómago se contrajo e Izuku sonrió acercándose hasta el glande. Dando solo una lamida pequeña, llenándose del sabor. Si, a Katsuki le gustaba la degradación pero a Izuku también. 

 

—¿Y qué? ¿La polla tibia del bastardo mitad mitad te dejo el culo frívolo? Si vas a hacer algo por haberme acostado con Pikachu—Katsuki se levantó hasta estar a la misma altura que Izuku—. Más vale que te prepares, porque voy a follarte hasta que no puedas pensar en nada más que mi polla. 

 

Izuku no pudo soportarlo más. Se levantó aún reteniendo a Katsuki con sus látigos contra el suelo acolchado, se quitó solo una pierna del pantalón para que después fuera más fácil vestirse. En ese momento tenía puestos sus calcetines largos, aquellos que llegaban más arriba de sus rodillas, hasta sus muslos y lo ayudaban con el impacto de sus articulaciones. Katsuki amaba esos calcetines de apoyo, siempre que podían follar con ropa, le pedía que usara esa prenda. Desde ahí Izuku comenzó a usarlos todos los días, esperando cada día con ansia el momento íntimo de ambos. Se sentó manchando el pantalón deportivo de Katsuki, el alfa siseo algo que Izuku no alcanzó a escuchar. Con sus látigos fuertes alrededor de la carne, alzó sus caderas y alineó la polla de Katsuki en su entrada ya húmeda. Todo el cuerpo del alfa tembló al momento que su intimidad fue enfundada por el agradable calor. 

 

El Omega interno de Izuku se deleitó con esa reacción. Solo quería hacerlo llorar de placer. 

 

Con ambas manos amasó los pectorales de Katsuki sabiendo que era sensible, y se balanceó con sus caderas. El alfa no pudo soportar lo bien que se sentía tenerlo encima suyo, percibiendo su peso, su humedad contra su piel, su trasero impactando su cadera con fuerza, los rayos verdes dibujando estelas hermosas en el ambiente y la piel de su novio brillando. Quería tocarlo, amasar con sus manos su culo y ayudarlo a ir más rápido pero sabía lo fuertes que eran los látigos de Izuku. Esa particularidad era una de las más fuertes del lote de los antecesores del Ofa, aunque usará sus explosiones, no podría hacer nada. Así que sólo usó sus caderas, ayudándolo con el movimiento. Izuku casi se ahogó en el movimiento pero eso lo hizo moverse más rápido, con más locura. No iba a perder, tenía que venirse junto con él. El gimnasio que usualmente estaba lleno de voces cansadas y sonidos de metal chocando; ahora solo era eco de gemidos, sonidos húmedos y maldiciones ahogadas por culpa del placer. 

 

—Mierda, quiero tocarte—Izuku sonrió, el sudor cayendo por el contorno de su rostro, pegando su cabello a su frente. Sus ojos estaban sumidos en una lujuria oscura y silenciosa, como el universo mismo. Fue cruel al negarlo, se apegó al pecho de su alfa, con su nariz perfilo la mandíbula cuadrada. Su barba apenas emergente le hizo cosquillas, el olor de su sudor perfectamente mezclado con su feromonas lo hizo moverse más rápido, fue profundo y Katsuki solo apretó sus dientes por la deliciosa sensación. Izuku cuando quería tomar el mando, podía ser cruel y eso se sentía como ser bendecido. Tenía al ángel más bonito de todos siendo malo con él. No había ningún tipo de perdida en ello—. Joder, Deku voy a…

 

Izuku lo silenció, un leve shhh contra sus labios.

 

Después Izuku dejó ir sus brazos guardando sus látigos. Lo primero que hizo Katsuki fue atraparlo contra su pecho. Izuku apenas tuvo la oportunidad gimió en su oído. Susurrando lo bien que se sentía y pidiéndole más.

 

Más profundo. Tan grande. Tan bueno para mí. Oh, dios ahí. Alfa, alfa, alfa. 

 

Katsuki estaba a punto de volverse loco, tenía expuesto su cuello. La extensión más dulce de las feromonas de su cuerpo, solo siendo ganada por sus muslos. Sus colmillos salieron y lamió su glándula, Izuku apretó la piel de su alfa al mismo tiempo que llegó su orgasmo por esa pequeña acción. En ese momento deseaba tanto que los colmillos de Katsuki le hicieran la tan anhelada marca pero sus labios no pudieron formular el pedido. Simplemente rodó sus ojos y se dejó llevar, Katsuki chupó su marca y apretó hasta sus dientes. No podía pensar en nada más, solo en él. Estaba drogado con su piel, cada vez más fuertes las estocadas, cada vez yendo más profundo. Se sentía como un animal que solo tenía el objetivo de conseguir quedarse embarazado. Solo quería eso. Más y más semilla. Antes que Katsuki perdiera la noción de sus movimientos, se corrió anudando en su culo. Casi dolió por lo apretado que estaba Izuku, de no ser porque estaban en perfecta sincronía. Gracias a la sobreestimulación Izuku no pudo más, se corrió nuevamente en sus ropajes y los del alfa. Una gran cantidad de líquido transparente y cálido manchó todo. 

 

Izuku mordió el hombro de Katsuki al sentir toda la semilla en su interior. Se sentía bendecido porque era estéril y podía disfrutar de los placeres más profundos que el sexo le podía dar. Y en ese momento, todo el dolor que pasó por tomar de forma descuidada sus supresores, se convirtió en una extraña suerte. Así que simplemente cerró sus ojos mientras su estómago se hinchaba con una semilla que nunca le iba a dar problemas. Katsuki sintió la cabeza de Izuku desfallecer en su hombro, se preocupó así que lo miro para ver solo una sonrisa satisfecha. No pudo evitar inflar su pecho con orgullo. Era inevitable, su alfa interno después de todo solo quería eso. Marcar y engendrar...

 

—¡Deku, no usamos condón!—Izuku se alejó un poco aturdido por todo, los ojos de Katsuki eran puro temor. Hasta su nudo se había deshinchado por arte de magia. 

 

—Tranquilo, todavía soy estéril. No creas que mi útero repentinamente va a ser fértil. A veces insisto en que usemos condón porque vamos a hacerlo muchas veces. Solo eso—Katsuki volvió a respirar, apoyó su cabeza en el pecho de su Omega, aliviado y feliz. Izuku sonrió satisfecho y acarició el cabello húmedo de su novio. Su cuello aún tenía la sensación vaga del chupetón. Se sentía tan intrépido con la marca pero al ver la situación, se dio cuenta que toda su ropa estaba mojada. Pero el alfa tenía en mente ese momento. 

 

—Oi, ¿qué te pasó hoy?—Izuku tragó duro. No quería arruinar el momento, pero tampoco mentirle. 

 

—Al parecer Shigaraki quiere hablar… La verdad no lo sé, a veces sigo teniendo estas visiones extrañas. Solo quiero que paren...—Katsuki apretó más fuerte a Izuku, era verdad. Las malditas visiones—. Si resulta que de verdad es mi destinado, tengo miedo de perder el control cuando esté con él. Kacchan, tengo miedo de mi mismo. 

 

Omitió los celos que tenía de Denki porque ese era su problema con su Omega interno. Katsuki, sin saber de ello, siguió. 

 

—Tranquilo Deku, eso no va a pasar. Haré lo que sea necesario para ayudarte, lo prometo—Izuku sonrió muy feliz, con unas cuantas lágrimas en sus mejillas. Se sentía tan afortunado. 

 

—Gracias, Kacchan—Después de unos besos suaves, ambos se levantaron buscando ropa de repuesto por los casilleros del gimnasio. 

 

Katsuki era una persona precavida así que siempre tenía ropa guardada por si explotaba parte de la suya en algunos entrenamientos. Con la bolsa en mano de ropa húmeda y llena de fluidos, fueron a sus habitaciones para buscar más ropa. Después de un baño relajante, se sentaron en el sillón de la sala común. Muchos llegaron de sus entrenamientos y otros ya estaban ahí así que se sentaron juntos sin realmente tocarse. Pero bajo la manta que compartían por culpa del frío que hacía, sus pies descalzos se estaban acariciando. Todo estaba en relativa tranquilidad hasta que llegó Aizawa a la sala común pidiendo reunirse con Deku a solas. El Omega siguió a su profesor dejando a Katsuki con una extraña sensación en el corazón. Solo fueron cinco minutos fuera de los dormitorios antes de que el lazo doliera. No le tomó mucho a Katsuki entender la situación. Fue solo un pensamiento antes de ver los ojos de Izuku, ardiendo en dolor. Un susurro y ya lo entendía. 

 

Allmight había fallecido. 

 

...

Chapter Text

"Huesos hechos polvo, sonrisa detrás de un cristal helado, enmarcada la fotografía perfecta de lo que alguna vez fue. Abrazos que no conocen el calor humano del amor, palabras que nunca harán eco. Una celebración del último aliento, de algo que nunca podría evitarse porque el tiempo es así. Sangra de la misma forma para todos pero duele de distinta manera."

 

 

El piano fue lo único que pudo escuchar cuando la noticia llegó a sus oídos. Como un traidor que solo hacía eco cuando sus huesos estaban listos para dormir en la eternidad. ¿La muerte era verdaderamente el final? Izuku muchas veces se lo había preguntado, estar en primera línea después de una guerra tan rápida solo dejaba secuelas que su corazón no era capaz de olvidar. Lo cálida que era la sangre en sus ropajes, lenta enfriándose por el movimiento de la naturaleza al chocar contra el viento. Gritos a lo lejos, llenos de angustia sobre almas que nunca podrían hallar el descanso porque sus últimos alientos solo fueron gritos hechos desde un corazón desesperado. Sonrisas de villanos que lograron su cometido, amigos cayendo y personas queridas inconscientes. 

 

Por supuesto, tenía miedo de lo plena y fría que era la muerte pero no era ni de cerca el final de una persona. 

 

Un camino tan arriesgado cómo era ser un héroe solo dejaba huellas dispersas detrás. Huellas con lágrimas, con sangre, con esfuerzo, sudor y mucho dolor que por mucho nunca se podría olvidar. Porque la sensación del dolor era tan amiga del corazón que él mismo se perdía cuando no podía hallar nuevamente ese ardor tan característico. La muerte… Que efímera y tan dolorosa sensación para muchos. 

 

Lo sabía, estaba predestinado a sufrir por sus seres queridos y era hora de que Allmight tocara esa puerta tan desagradable en su corazón. El adiós eterno con un eco doloroso en su cabeza. ¿Qué podría hacer? La habitación que siempre parecía estar vacía en su cabeza cuando pensaba en una persona muriendo ahora tenía un huésped indeseado. Su mentor, la persona que le haría llegar hasta la cima y lo vería desde el primer puesto. Porque así debía ser… O debería haber sido. Siempre pensó en el día que él tendría que irse pero nunca lo imaginó así. Seguía usando su uniforme estudiantil arrugado por el descuido, seguía sin tener la licencia que le daría libertad en las calles, seguía llorando por esos capítulos especiales que había visto millones de veces. Seguía estando donde mismo, seguía siendo un aspirante a héroe. Y aunque intentó hablar con él en el interior del ofa, no había nada. Solo silencio, uno tan eterno que casi pierde el sentido al pensar que estaba sordo. Y así cayó, pero solo dormía en los brazos de alguien… Katsuki. Él estaba llorando, quizás no por Allmight sino por alguien más. 

 

...

 

Se levantó, era de noche y aún no se aproximaba el sol en el horizonte. Después de enterarse que Allmight había fallecido, recibió decenas de llamadas que no pudo contestar porque su voz no salía clara. Sabía que muchas de esas personas poseían buenas intenciones pero no tenía en ese momento la energía para aclarar nada. Todos sabían que Allmight tenía un trato diferente con él, todos entendían que Allmight era como un padre para él por eso esas palabras estaban alrededor de sus bocas. Muchos tenían tantas buenas palabras que se sentía culpable por no tener las fuerzas suficientes para escucharlas, para entender sus deseos. Pero no podía, simplemente no. 

 

Se movió hasta el baño y se miró al espejo, estaba llorando pero realmente no se había dado cuenta porque su boca no se movía en lo absoluto. Con una cara tan quieta que solo sus ojos parecían moverse. Era extraño porque por mucho que quisiera sentir el dolor de sus lágrimas, solo sentía cansancio. Era tanto que sus piernas perdieron la fuerza y lentamente cayó contra la pared del baño. Se quedó ahí aunque el frío fuera suficiente para hacer tintinear sus dientes, no podía moverse, no podía sentir, no podía hacer nada. Solo quería hablar para decirle a Katsuki que lo llevara a la cama porque el frío lo estaba haciendo sentir solo. Lo intentó pero no pudo, ni siquiera su Omega interno parecía tener las fuerzas. Al contrario, estaba tan ausente que sentía un vacío en su pecho. Y ahí se quedó, durante horas sin poder dormir, sin moverse y sin sentir nada. Solo llorando tantas lágrimas que su ropa se humedeció alrededor de su cuello, donde todas ellas llegaban a secar. La noche se fue y llegó a parar con la mañana donde un fuerte "Deku" se pudo escuchar desde la habitación. Izuku realmente lo intentó pero no pudo evocar palabras. La puerta se movió y ahí estaba él, casi inconsciente. 

 

—¡Deku!—corrió hasta su lado y miró sus ojos, tocó sus extremidades y pudo ver cómo seguían cayendo las lágrimas. Siguiendo su camino, ¿por qué no le dolía? ¿Por qué simplemente no podía siquiera sentir sus propias lágrimas caer? ¿Por qué no podía hablar? ¿Por qué todo era tan complicado? ¿Por qué tenía que ser así?—. Deku, por favor dime algo, cualquier cosa. No has hablado nada desde ayer. 

 

Movió su cabeza, y Katsuki lo entendió. No podía hablar, él siempre lo entendía mejor que nadie y se sentía culpable por arrastrarlo a algo así. A algo tan patético de sí mismo. 

 

Katsuki no dijo nada por la mirada en sus ojos, y era lo que necesitaba Izuku. No tenía las fuerzas para responder, solo quería alguien con quién compartir el calor que parecía lentamente abandonar su cuerpo. El alfa se quedó a su lado, lo tomó en brazos y lo llevó a la cama donde compartieron parte de la mañana hasta que Izuku nuevamente pudo dormir un poco. Era tan extraño, que hasta la voz de Tomura y los celos que sentía por Kaminari se habían esfumado. Solo quedó ese enorme piano con el silencio, nada más que eso. Extendió sus manos hasta que acaparó parte del cuerpo de Katsuki, la palabra "mío" resonó en su corazón pero hasta ese sentimiento se agotó a mitad de camino. Quizás solo necesitaba estar así, estático hasta que sus músculos decidieran dejarlo mover.

 

Pasaron horas eternas hasta que sus ojos se movieron lentamente al despertar, no soñó con nada. Todo se volvió blanco en su cabeza. Katsuki no estaba ahí, y la noche nuevamente había llegado a la UA. Se removió en la cama y halló la ropa del alfa a un lado de las mantas, su poleron con el cual se abrigo. Las cosas se sentían tan extrañas que hasta su cuerpo se sentía ajeno. Solo quería que todo fuera como…

 

¿Antes? 

 

Antes no tenía nada más que una habitación vacía. Realmente todo era igual, solo que ahora no podía sentir mucho porque su mente estaba decidida a que fuera así. Aunque tal vez también era culpa de que siempre tenía la manía de evitar sentir porque en su corazón estaba esa vaga sensación de que nada podía ser lo suficientemente bueno para durar. Suspiró, las pocas cosas buenas que tenía en su vida eran Katsuki y la gran mentira que le decía al mundo al proclamarse como beta. Y ambas cosas eran delicadas, como pequeñas hojas en otoño bajo sus pies. Porque solo eran una silueta brumosa en su vida. 

 

¿Realmente piensas eso de tu relación con Katsuki? 

 

El piano se detuvo en seco. Era extraño, porque después de no sentir absolutamente nada lo primero que pudo percibir en su pequeño corazón fue miedo. Su mente sabía jugar juegos que él mismo no tenía idea de cómo resolver, incluso sus manos no parecían dejar de temblar. ¿Podía perder a Katsuki? ¿Allmight era el primero en esa lista de decesos? ¿La muerte también le iba a arrebatar a su compañero? ¿Era su culpa? No, no podía ser así. No podía perder más… Se levantó de la cama y al poner pie fuera sus músculos fallaron, el dolor de la caída llegó con la abrumadora sensación de perder el equilibrio. Su cuerpo azotó el suelo y apenas pudo usar sus manos para detener el golpe en su cabeza, su mejilla derecha se dañó y las lágrimas mojaron la alfombra. La rugosa sensación de la alfombra casi lo hace estornudar al arrastrarse, lloró por ello pero más porque todo ese dolor que contuvo durante la noche y el día se acumuló en su corazón. Cómo si su alma hubiera estado dormida. No, no había forma. Tenía que moverse, buscar la fuerza en sus músculos y llegar hasta donde sus manos se sentían como en casa. Dónde había plenitud para ese dolor. Algo le dijo eso, algo estaba mal. Allmight solo era el inicio. 

 

Kacchan. Kacchan. Kacchan. Kacchan… No quiero perderte.

 

Repitió su nombre muchas veces en su cabeza hasta que sus labios pudieron emitir un pequeño ruido, algo muy similar a un balbuceo. Estaba fallando, estaba perdiendo. Se arrastró hasta la puerta y ahí la golpeó con sus manos, las cicatrices dolieron al impacto de sus puños. Parecía como si el dolor hubiera acaparado cada parte de su cuerpo, hasta su cabeza y mente. Su cerebro le estaba doliendo, tanto que su estómago se revolvió, las náuseas, la vista borrosa. No, no estaba bien. Sus pulmones comenzaron a quemarse, dolió y el aire dejó de fluir. No podía ser, se estaba ahogando. No, nada de esto estaba pasando. No, simplemente no. Apretó con su mano su pecho y ni siquiera el dolor de los dedos enterrados en su carne lo hicieron olvidar la falta de aire. La desesperación de llamarlo consumió todo, no, no podía morir así. Tenía muchas cosas que hacer, tenía que seguir adelante. Allmight había muerto, su padre había muerto, no podía seguirle los pasos. No así, tenía que ser de manera diferente. Cerró los ojos y el frío le hizo sentir esa sensación que muchas veces antes había poseído su cuerpo, solo que ahora no podía respirar. Iba a morir. 

 

La puerta se movió y lo hizo caerse al suelo. 

 

—¿Deku? ¿Estás ahí?—la voz de Katsuki lo hizo abrir los ojos, buscó las palabras pero su garganta estaba cerrada. Golpeó la puerta y trató con todas sus fuerzas de pedirle ayuda pero solo fueron gritos extraños. 

 

Katsuki escuchó esos alaridos de dolor, empujó el cuerpo de Izuku con la puerta y dejó la bandeja de comida en la cama antes de ir a revisar a su novio, inmediatamente notó la falta de aire. Lo abrazó mientras lo tomaba en brazos para llevarlo a la enfermería. El calor de Katsuki lo tranquilizó hasta el punto que sus músculos dejaron de doler pero seguía sin poder respirar. El alfa lo llevó corriendo a la enfermería donde Recovery girl identificó de inmediato el problema. Lo dejaron en una camilla, sintió la aguja y poco a poco su garganta dejó de contraerse y pudo sentir oxígeno en sus pulmones, mientras lo hacía la mano de Katsuki estuvo sobre la suya, con los ojos rojos mirando los suyos, llenos de preocupación y dolor. Estaba llorando, su novio estaba llorando. Solo le estaba provocando daño a su alfa…

 

Siempre le haces daño a los que quieres. 

 

Poco a poco se quedó dormido y la habitación blanca de su mente ya no tenía a nadie. Ahora estaba vacía. Solo para él, porque quería estar solo. 

 

 

Katsuki estaba frustrado, no podía siquiera soportar verlo así. No sabía que hacer más que estar a su lado y abrazarlo. Sí, la muerte de Allmight le dolía bastante porque también había sido su héroe de la infancia y la mayor inspiración para convertirse en héroe pero sabía que Izuku se sentía más apegado al héroe con estilo americano. Porque muy en el fondo lo entendía, él lo veía como a un padre, una figura que se convirtió en su amigo después de años de soledad y dolor por parte de todos a su alrededor. Allmight era como una gota de esperanza que lentamente se transformó en un río de sueños y enseñanzas para el Omega. Aunque Katsuki discrepaba en muchos aspectos de los entrenamientos con el hombre mayor… Aún así, no podía evitar saber que su novio le tenía muchísimo aprecio. 

 

Había estado todo el tiempo a su lado, Izuku se lo pidió porque tenía miedo de quedarse solo mientras su celular se encendía a cada rato por mensajes y llamadas de extraños. Él parecía dormir bien hasta que despertó solo en la mañana y lo vió en el baño, llorando como si no pudiera dejar de sentir. Sin emitir palabras se durmió de nuevo en sus brazos porque lucía tan cansado que entendía que no quisiera enfrentar a nadie durante clases. A medio día se levantó para informar a sus profesores sobre el estado de Izuku, ninguno se opuso. Muchos entendían, todos estaban abatidos con la muerte del héroe. Un símbolo que en los últimos tiempos había dejado una huella en el corazón de las personas, después de su retiro muchos no pudieron soportarlo y después de la caída de los héroes todo el mundo perdió la cabeza. Ahora con su muerte definitiva, sería un desastre. Aún no lo habían anunciado porque era obvio que las personas perderían lo poco y nada que tenían en su cordura. 

 

Pero Izuku era un tema aparte. Después de que lo encontró en el suelo con un ataque de pánico, alejarse de su lado no era una opción. No podía siquiera pensar en comer o ir al baño porque en algún instante podría despertar y no quería que estuviera al borde de otro ataque y no saberlo. Así que ahí se quedó, a un lado de la cama mientras el sol poco a poco iba saliendo. Los rayos solares del invierno, fríos y casi blancos iluminaron la cama donde Izuku estaba acostado, sus cabellos se veían tan claros contra esa luz. Así que lentamente fue corriendo cada uno de ellos hasta que la luz pudo tocar su frente, un poco pecosa pero no lo suficiente como sus mejillas. Sus pestañas parecían besar sus ojos, y su perfilada nariz se veía más bonita por el pequeño rubor. Fue inevitable para él acercarse y besar su frente, un cálido toque. Algo tan corto pero tan íntimo que nadie a su alrededor podría siquiera pensar en interrumpir. Porque no estaban solos ahí, Inko estaba en el umbral de la entrada de la enfermería. Katsuki no podía verla porque estaba de espaldas a ella, con su mano bien arraigada a la de Izuku. 

 

—¿Por qué?—Inko susurró al llegar a su lado, Katsuki apretó la mano con más fuerza—. ¿Por qué insistes tanto en hacerle daño?

 

Katsuki negó. 

 

—No lo haga, por favor, no lo aleje de mi—Katsuki soltó la mano de Izuku para arrodillarse, su frente tocó el suelo sucio de la enfermería e Inko casi cae de rodillas al verlo. Un alfa se estaba inclinando con todo su cuerpo en el suelo, un alfa humillado ante una Omega mayor sin marca. Era muy extraño que los alfas siquiera pensaran en pedir disculpas, de hecho, los alfas no tenían permitido hacer un dogeza ante nadie, ni siquiera su propia raza. Para ellos era faltar a su propia naturaleza al hacer aquello. Katsuki sabía bien su pasado y los errores que había cometido, no quería el perdón de Inko porque no lo merecía y lo sabía. Solo quería su permiso. Porque estaba consciente de que no merecía el perdón de nadie—. Por favor, déjeme estar a su lado. Déjenos ir lo más lejos posible, prometo no hacerle daño. Lo prometo. 

 

—Si no quieres hacerle daño, déjalo ir—Katsuki tembló, el corazón de Inko no estaba listo para perdonar nada. Sus ojos estaban cegados por los años detrás de una espalda que conocía más que el rostro que alguna vez besó—. Porque si te quedas a su lado, él te amará y eso solo le hará daño. Sé que Yagi te pidió que lo cuidaras, pero no lo harás bien siendo su novio, porque no te mereces estar a su lado después de todos esos años dónde le hiciste daño. ¿Crees que todo lo que hiciste desaparecerá con ser su novio? Él nunca lo diría, pero esos años le dolieron más de lo que algún día podría llegar a admitir. Y ninguna medida de tiempo podría remediar o enmendar todo el daño. 

 

Katsuki escuchó cada palabra de la mujer y grabó cada una de ellas en su cabeza. Déjalo ir…

 

Ella tenía razón, no se merecía el hermoso corazón de Izuku pero no conocía una manera de tenerlo lejos. No sabía cómo estar lejos de él, no podía estar lejos de él. Y sí, probablemente iba en contra de todos esos años en terapia pero era egoísta. No podía alejarse, no ahora cuando él estaba casi al borde de la locura por el dolor. También tenía un orgullo y parte de ese orgullo era estar a su lado. La única forma de dejarlo ir, era Izuku yéndose de su lado y eso era imposible. Entonces se levantó delante de ella, la miró a los ojos sabiendo que su diferencia de altura podía llegar a intimidarla y se sentó nuevamente al lado de Izuku, ignoró las palabras de Inko pero siguieron ahí con el silencio de su cabeza. Cómo el latido de su corazón. 

 

Pum, pum, pum. Lo odiaba. 

 

Inko no dijo nada, simplemente suspiró mientras veía la escena. Creía firmemente que Katsuki haría sufrir el pequeño corazón de su hijo, no podía siquiera imaginar un mundo donde el rubio fuera capaz de cuidar con responsabilidad la estabilidad de Izuku. Desprotegido por la sociedad, ocultando su género secundario, débil con sus sentimientos y con la bondad haciendo de él una persona ingenua. No podía cambiar el futuro de la situación pero si algo malo pasaba iba a estar ahí, a pesar de que nunca estaría de acuerdo con su método de vida, con quién la pasaba y cómo iba a terminar. Solo quería que su hijo fuera feliz, su mente y corazón hecho a la antigua le decía con claridad que un alfa amable y una familia lo harían. Sin embargo, no iba a involucrarse más allá. 

 

Se marchó antes de que Izuku abriera sus ojos, las palabras de su boca no eran mentiras así que cuando llegó a casa, se sentó sola en un sillón de tres. Sin su hijo, sin su alfa y con un bote de helado a su lado. Al alcance de su mano, ahí, siempre calmando el agujero en su estómago al pensar en su vida. 

 

 

Cuando despertó ya sabía dónde estaba, en su hogar. En los brazos más cálidos que el mundo podría entregarle. Era mucho más fácil ahora que podía sentir el dolor, porque las lágrimas ya no caían como si no fueran nada, eran libres en su dolor. Y con sus manos apretó ese cuerpo cálido, temiendo perderlo y al mismo tiempo usar demasiada fuerza para destruirlo. Katsuki se dio cuenta que había despertado y llamó a Recovery girl para darle el alta de la enfermería. Las palabras ataque de pánico y ansiedad llegaron con las pastillas que debía tomar por al menos unas semanas. Sabía que algunos de sus compañeros tomaban ansiolíticos, era parte del trabajo de un héroe tener una caja de cigarrillos, condones y un pastillero en el bolsillo. El sexo rápido, el cigarrillo para después y antes de irse de la habitación rentada de un hotel, las pastillas que no harían pensar a nadie en cosas innecesarias. Muchos héroes profesionales lo hacían, una vez escuchó de Hawks, uno de sus mentores después de la guerra, que lo más común para un Omega era tener las inyecciones anticonceptivas. Que el sexo en un bar con la gente equivocada era incluso más duro que los moretones de los villanos. La fe por el mañana se perdía entre placer vacío, así lo vivió el Omega alado hasta que conoció a Enji. Un alfa con un pasado oscuro que estaba listo para emprender un enorme camino. Hawks no era parte de los planes de Enji, pero Keigo no tenía autocontrol cuando algo le gustaba. Y no tuvo ningún tipo de control con Endeavor.

 

"Porque la soledad es mejor cuando alguien te dice al oído que eres su todo." 

 

Esas habían sido las palabras de Hawks cuando estuvieron en la cornisa de un edificio, vigilando de noche la hermosa ciudad que se iluminaba sola con los neones de los callejones. Izuku en ese momento no lo entendió porque lo único que su cabeza podía procesar era el dolor de sus ovarios. Ahora, cuando estaba tomando su ansiolítico con comida hecha por su novio, lo entendía. La irrevocable necesidad de acaparar con todo a una persona, ser egoísta en la oscuridad de los demás. Quererlo todo. La muerte de Allmight era una advertencia, todas las personas de su alrededor se iban a marchar en algún momento. Dolía, pero con la cabeza limpia por las pastillas, podía pensarlo mejor. No quería estar solo, quería que Katsuki fuera su alfa. Suyo y de nadie más. 

 

Pero eres un peligro para los demás.—Silenció la voz que vino con el dolor. 

 

Los días pasaron delante de sus ojos con relativa cautela gracias a las pastillas. Antes de poder pestañear, ya estaba con su traje negro caminando con otras personas que estaban rindiendo un homenaje al héroe dorado. Estaba ahí, viendo una fotografía hermosa de los mejores años de Allmight, con una sonrisa eclipsada por el vidrio que solamente reflejaba el cielo de invierno. Gris, opaco, frío y las flores blancas por todos lados. Suspiró y el aroma profundo de todas las flores llegó a sus pulmones. Fue una celebración memorable, algo digno de recordar. Porque su muerte natural era un acontecimiento que todos estaban esperando sin emoción. Las personas siguieron hablando e Izuku solo estaba ahí, viendo la fotografía de su héroe favorito. Sin poder llorarle porque en su sistema estaba la droga que lo hacía sentir menos. Le dolía, mas no lo suficiente para llorar por ello. No le había dicho adiós, porque fue algo fortuito. Un ataque al corazón, rápido y que ni siquiera le dio tiempo a los doctores de hacer algo. Sí así debía ser, Izuku lo aceptaba.

 

Presentó sus respetos y sintió la mirada roja entre las demás. Katsuki no había tenido un permiso especial como él, para que no se levantaran sospechas, por eso después de terminar las clases en la UA se presentó ahí. Media vuelta y lo vió, bien peinado y en su rostro el enorme dolor. Solo quería abrazarlo pero todos los ojos de las mujeres y omegas en la habitación fueron directamente a él. No fue una sorpresa, porque el olor de Katsuki había cambiado. Ahora era más atrayente, peligroso y al mismo tiempo protector. Lo que cualquier mujer y Omega deseaba entre sus piernas.

 

Su relación era un secreto pero se acercó con el corazón dolido por darle la espalda a su héroe. Llegó hasta donde Katsuki que con solo una mirada le entregó todo el confort que necesitaba para tolerar la situación. Fue justo antes que ambos fueran por caminos diferentes en la celebración, Katsuki prestando sus respetos e Izuku hablando con las personas que estaban ahí para hablar maravillas sobre el héroe, sobre lo enorme que era la sombra que estaba tratando de alcanzar. Pasó el tiempo y cuando todos se estaban yendo para sus hogares, Tsukauchi se presentó delante de Izuku con una carpeta amarilla. El detective tenía una sombra en sus ojos, era difícil saber qué era realmente lo que estaba habitando en su cabeza, los años durante servicio lo habían hecho un alfa recto y sin olor. Alguien realmente difícil de persuadir, alguien listo para matar sin siquiera pestañear. Izuku le tenía miedo, porque muy en el fondo de su corazón anhelaba ser así. Alguien frío pero al mismo tiempo inteligente.

 

—Midoriya, es bueno saber que saliste de tu habitación. Allmight no hubiera deseado que sufrieras tanto—su voz era diferente, no hizo mayor teatro y le entregó la carpeta a Izuku. Al tener la carpeta en las manos no dudó en abrirla, había muchos papeles en inglés, un pasaporte, una visa, mucho dinero en una cuenta bancaria y dos títulos de propiedad, uno en Nueva York, y otro muy cerca de la agencia de Endeavor, ambas propiedades a su nombre. 

 

—No entiendo nada...—Tsukauchi lo observó con dolor y al mismo tiempo determinación. 

 

—Él quería que fueras a América al terminar la UA y que cuando volvieras tuvieras un lugar estable para compartir con alguien. Incluso en los papeles está la beca para la agencia de América. Solo tienes que firmar y en unos dos meses estarías allá, combatiendo y aprendiendo de los héroes americanos más experimentados. 

 

—¿Por qué? No lo entiendo, nunca me lo dijo antes...—Izuku apretó los papeles, tenía miedo. Ahora que Katsuki estaba a su lado, no quería dejarlo en Japón mientras él estaba en América. No quería estar lejos de él, pero sabía que si iba a América podría ganar mucha experiencia que nunca ganaría en Japón. Y finalmente acabar con Afo y ser libre de ese enorme pesar. No sabía qué hacer, realmente no lo sabía. 

 

Vete. 

 

—Sé que Yagi tenía muchas cosas que ocultaba de todas las personas, pero sé que lo único que él quería para ti, era lo mejor. Entiendo que es confuso, pero América podría ser un gran salto y es difícil tener una oportunidad así de grande. Su última voluntad era que conocieras el lugar donde él alcanzó su mayor impulso—Izuku tragó duro, su última voluntad…

 

Simplemente vete. 

 

—¿Hasta cuándo tengo tiempo para pensarlo?—Tsukauchi sacó de su pantalón una tarjeta, en ella había una fecha límite y el número del agente que arreglaría todas sus cosas para ir a América. Solo tenía unos días para confirmar o negarse a la propuesta. 

 

Déjalo ir. 

 

El amigo de Allmight se fue, al poco todos los demás también lo hicieron, y ahí se quedó. Estático con una enorme carpeta que tenía dos propiedades a su nombre, una herencia de su mentor y decenas de problemas... Su última voluntad, no sabía qué hacer. Su cabeza ardía y lo último que quería era elegir entre Japón y un lugar desconocido pero lleno de conocimientos. Y ahí estaba esa voz… Maldita voz.

 

"Si te vas a América, dejarías solo a Katsuki, Izuku. Es lo mejor y lo sabes."

 

—Podríamos comunicarnos, Kacchan lo haría por mi.

 

"Las relaciones a distancia no funcionan, todos saben eso. Déjalo ir."

 

—Confío en él. 

 

"Pero no confías en Denki y lo sabes, si ya te lo arrebato una vez, podría hacerlo una segunda vez. Él es mejor para Katsuki."

 

—Pero mi sueño siempre fue ser héroe, el mejor para enorgullecer a las personas de mi alrededor, para enorgullecer a Kacchan. Y que fuera mi alfa…

 

"Es verdad, América es conocimiento y Japón rutina. Pero, ¿qué crees que pensaría Katsuki sobre irte?"

 

—Kacchan… Él, lo entendería. 

 

"Es verdad, te diría que está bien pero solo por un tiempo, es un alfa pero seguramente su instinto te quiere ahí, ¿podrían ustedes dos soportar otra pelea como la de ese día pero esta vez a través de un celular?" 

 

—No lo sé...

 

"Además, solo piensas en él porque es bueno en la cama, ni siquiera sabes si lo amas. Lo quieres hacer tuyo porque eres egoísta y él es el único alfa que conoces desde pequeño. Solo es un capricho. Tampoco sabes si te ama, solo te quiere pero eso lo ha hecho el sexo. Sin el sexo… Todos sabemos que no sería suficiente. Sin mencionar que serían diferentes horarios, ya sabes lo que hace la falta de sueño a Katsuki… Solo tienes que irte y dejarlo ir."

 

—No sé… ¿Qué hago entonces? Hay una marca en su cuello que podría hacerle daño. 

 

"Las marcas de Omega se desvanecen sin hacer daño."

 

—Pero...

 

"¡Ya basta con esto! No le digas, aprovéchalo hasta que tengas que irte."

 

—Eso le haría daño… Quizá nunca conseguiría su perdón. 

 

"Pero sería mucho mejor que verlo enojado y amargado antes de irte, sin poder disfrutar de su calor. De lo que pudo haber sido."

 

—No sé...

 

"Confía en mí, Izuku. Soy tu Omega interno, por una vez en la vida hazme caso. Sé lo que hago. Miéntele. No hay daño si no lo ves en sus ojos."

 

—…

 

"Solo confía."

 

—¿Deku?—La voz de Katsuki resonó en su cabeza hasta callar su Omega interno. La incertidumbre se quedó en su interior al recibir el abrazo cálido de sus brazos. No pudo decir nada porque su boca era un sello. Vagamente su novio le preguntó qué había en la carpeta pero no dijo nada, no tenía nada que decir. ¿Qué era lo mejor? ¿Qué era lo peor? Camino a la UA pasaron por una cafetería en dónde comieron un almuerzo ligero pero la comida le sentó mal y lo único que pudo hacer fue vomitar en el baño de la cafetería. No estaba listo para decirle adiós a Katsuki pero tampoco estaba listo para dejar ir una oportunidad así. 

 

"Déjalo ir."

 

Al salir Katsuki estaba ahí, esperándolo con una expresión preocupada. Antes de que pudiera preguntar Izuku lo calmó. Un beso en la mejilla a escondidas en un pasillo oscuro y la expresión del alfa se suavizó. Izuku tenía que ser convincente, Izuku debía engañar a la persona que más lo conocía. Tenía miedo, tenía ganas de tirar todo por la borda pero conocía sus responsabilidades, conocía las consecuencias de no perseguir su instinto, de no acatar las órdenes de su Omega interno... Solo esperaba que algún día Katsuki pudiera perdonarlo.

 

 

Izuku estaba escondiendo algo y Katsuki lo sabía. Cada vez que estaba solo, algo parecía perturbar su cabeza. Era normal, la muerte de Allmight había sido chocante para todos, inclusive los alumnos que lo conocían poco estaban más distraídos de lo común. Su novio con sus ansiolíticos apenas pensaba bien, apenas lo notaba ahí hasta que un abrazo suave lo hacía perder la concentración. Las clases poco a poco fueron haciéndose menos hasta que enero se fue como llegó, rápido. 

 

Todos esos días entrenaron juntos, como rutina siempre se besaban en los vestuarios cuando nadie estaba viendo, y comenzaron a planear arrendar juntos un apartamento cerca de la agencia de endeavor donde ambos iban a trabajar después de la graduación de finales de marzo. Katsuki estaba feliz, el tiempo que tenían disponible era solo para ellos. Poco a poco fueron dejando de lado el uniforme de la UA para usar sus trajes de héroe a tiempo completo, el verde de los ojos de Izuku se veía tan brillante cuando veía el horizonte y vestía el traje que era alucinante. Katsuki se sentía esperanzado cada vez que lo veía en la cornisa de un edificio, viendo la ciudad que poco a poco confiaba un poquito más en los héroes antes de perder ese sentimiento por completo. Pero estaba bien, si Izuku estaba ahí, nada podía salir mal. 

 

Si bien le prometió a Allmight cumplir la misión de cuidarlo, Katsuki lo sentía al revés. Él se sentía cuidado por el Omega cuando salían de patrullas por la ciudad. 

 

Siendo internos de la agencia de endeavor antes de trabajar formalmente con él, debían vivir en los dormitorios del edificio. Estrechos como nunca y con una ducha diminuta para bañarse. Katsuki siempre tenía problemas para hacerlo pero ahí estaba Izuku, riéndose sentado en el inodoro, mirándolo como si quisiera unirse pero sin realmente poder hacerlo porque era imposible. Sin embargo, la cama de una plaza era más que suficiente. Ahí Katsuki podía ver las lágrimas de su Omega, esas que nadie más podía ver porque solo le pertenecían a él. Sus gemidos ahogados en sus boxers, sin gritar por la compañía de al lado que era Shoto. Aunque con la presencia de Mina en la agencia, Katsuki podía apostar que él también hacía lo mismo con ella. Y cada ahogo de su novio se sentía como una hermosa melodía. Sus manos en las caderas pecosas, preciosas a la luz tenue de la pequeña lámpara de una cómoda personal. Era perfecto, se sentía perfecto aunque Katsuki se sentía ingenuo por ignorar ese picor en su cabeza cada vez que Izuku lloraba al terminar. 

 

—¿Qué ocurre Deku? ¿Te hice daño?

 

—No, es solo que se sintió demasiado bien Kacchan. Me siento tan bien cuando estoy contigo.

 

Había cierta falta de poder en sus declaraciones pero no quería presionarlo y la extrañeza de sus lágrimas se volvió una rutina. Una extraña que siempre tenía a Katsuki con la pregunta en la punta de la lengua. Lo ignoro porque estaban bien, ¿verdad? Tenían sexo, comían bien, patrullaban y pateaban traseros de villanos como si fuera lo más fácil del mundo. El paradero de Tomura y Afo era desconocido para ellos, pero Izuku siempre estaba llevándose a sí mismo hasta el límite en los entrenamientos. Y Katsuki celebraba con él en su habitación cuando lo hacía con éxito sin llegar a la enfermería de la agencia de Endeavor. 

 

Después de unas semanas hubieron rumores en la agencia de que ellos dos eran pareja, pero Enji y Hawks siempre estaban ahí para acallar los rumores diciendo que el lugar de trabajo no era centro de bingo. Katsuki se sentía afortunado de saber que podían guardar ese secreto pero Izuku al saber que alguien más estaba hablando de ellos… Se volvió aún más nervioso y el picor en la cabeza del alfa se convirtió en un dolor de cabeza persistente. 

 

—Kacchan, los rumores… Un alfa y un beta, no son buenos. 

 

—Me importan una mierda esos jodidos rumores. 

 

—Kacchan… Esos rumores podrían arruinar tu carrera de héroe. Sería el final de tu carrera si algún día alguien decide demandarte.

 

—Da igual Deku, no tienen nada de nosotros. Además, parece que tenemos el apoyo del pollo frito y el viejo.

 

—Kacchan yo… No lo sé. 

 

—¿Qué pasa? Estás raro. 

 

—Nada, solo que es increíble cómo quieres estar conmigo. Me siento afortunado. 

 

—Nerd, somos novios. Es normal, ahora ven aquí. Quiero besar cada parte de ti. 

 

Izuku siempre parecía querer decir algo pero con los besos de Katsuki, esas palabras se volvían dulces gemidos y balbuceos llenos de necesidad. Necios, ignorantes y palabras rotas al final de caricias eufóricas. Se sentía como un sueño, uno que siempre tenía a Katsuki sonriendo cuando veía la mota de pelo verde a su lado al despertar en un cuarto asquerosamente estrecho. Unos besos, unas manos alrededor de un cuello marcado y el parche perfecto para las feromonas engañosas. Una noche antes de que fuera demasiado tarde para llorar, Izuku le sacó un montón de fotografías a Katsuki. 

 

—Joder, ¿por qué tantas fotos? Me siento como un puto florero en una clase de arte. 

 

—Jaja, solo estoy tomando fotos del Kacchan juvenil antes de que te conviertas en un adulto con una hermosa licencia de héroe profesional.

 

—Nerd, eso es lo que eres y un cursi de mierda. Pero no te preocupes, el día de nuestra graduación nos tomaremos un montón de fotografías en la UA. Claro, y después iremos a un motel para romper una jodida cama elegante. Solo para recordar y tener una anécdota para los malditos extras. 

 

—Por supuesto Kacchan.

 

Las noches fueron pasionales hasta que se convirtieron en noches de sueño tranquilo. Muy cansados para siquiera tener sexo, felices por un día exitoso. Con nuevas cicatrices en la piel pero una sonrisa triunfal en los labios. Un día, Izuku volvió del doctor y le sonrió a Katsuki al decirle que ahora estaba sano. Con una cara llena de tristeza fingida le dijo que ahora no podía dejarle su semilla dentro, que eso sería igual a un pequeño renacuajo en el interior. Katsuki estaba feliz de que estuviera sano así que simplemente hizo la broma de lanzarle sus "hijos" a la cara. Fue perfecto, un sueño perfecto. La carpeta amarilla se convirtió en un olvido en la mente del alfa y el dolor de cabeza fue poco a poco un vago recuerdo que a veces era demasiado paranoico. Que Izuku ya no le mentía. Que después de promesas, ahora estaban juntos. Y al finalizar febrero, él ya lo sabía. Algo se había tejido de a poco en su corazón, un sentimiento que le daba mucho temor pero que debía confesar a sí mismo. 

 

El alfa amaba al Omega.

 

En secreto juntó sus ahorros y compró un departamento, no muy grande pero lo suficiente para que ellos dos estuvieran viviendo unos años ahí hasta ganar lo suficiente para comprarse algo lujoso. Ese día de la compra, después de días averiguando y con vergüenza pidiéndole ayuda a su padre, pidió permiso en el trabajo. Izuku trabajó solo pero Katsuki estaba feliz de saber que iba a ser una noche perfecta. Aunque no le iba a decir aún, el día de su graduación le daría la llave y el código de su puerta. Por ese nuevo inicio. 

 

Masaru estaba feliz por su hijo, tanto que él y Mitsuki le regalaron los muebles para que el pequeño lugar no luciera tan vacío. Mitsuki nunca había visto a su hijo tan feliz, y Katsuki nunca se había sentido tan feliz. Era un sentimiento enorme. Algo que sin duda quería vivir al lado del Omega. Al volver a la agencia, ahí estaba Izuku, preocupado pero unos besos a escondidas y una mentira piadosa fueron más que suficientes para calmar la ansiedad de su novio. Katsuki lo adoraba y cada vez que podía se acercaba a él y le susurraba que era su Omega. Que lo quería mucho porque su boca deseaba decirle te amo pero quería hacerlo especial. Así que preparó un discurso para su noche de graduación. 

 

"Te amo Izuku, te amo tanto que quiero iniciar una vida a tu lado. Joder, vivamos juntos, seamos aquello que el mundo odia. Seamos todo."

 

Katsuki siempre fantaseaba con la noche de graduación. Incluso llegaba a soñar con ello, con la reacción de Izuku, con sus labios y como en unos años podría llegar a marcarlo. Tener hijos no era posible pero era un sueño, ¿no? Podía soñar con él, porque era lo único que hacía al cerrar los ojos. Lo adoraba, lo amaba y haría cualquier cosa por él. Por eso siempre se dormía sobre el cuello de Izuku, atontado por sus feromonas felices, extasiado por su lazo y completamente enamorado de cada parte. Incluso esas oscuras que nadie más parecía ver. Izuku las ocultaba bien, pero Katsuki las podía ver y las aceptaba. Nadie era perfecto, hasta él tenía sus días malos donde lo único que quería era gritar pero ahí estaba él, sonriendo con culpa. ¿Por qué lo hacía? No debía, la culpa era completamente suya por desear cosas que no eran propias de un héroe. Esos días así, terminaban abrazados. Noches frías de invierno en una pequeña habitación. 

 

Y una noche, Izuku le preguntó sobre Nueva York. 

 

—Asquerosamente lejos—respondió Katsuki. Él era honesto, eso pensaba de Nueva York. Izuku sonrió recto, casi rígido. 

 

—Ya veo…

 

—¿Por qué preguntas eso?

 

—Nada, es solo que a veces pienso en ciudades del mundo. Un ejercicio mental para estar alerta al día siguiente. 

 

Esa era una mentira, pero Katsuki la ignoró y simplemente abrazó a su Omega olisqueando su cuello. Sintiendo los colmillos acercarse a sus labios, listo para morder la piel pecosa. Izuku sonrió con melancolía ante el tacto, se sentía como una caricia rota, una que vagaría por siempre en su cabeza. Se dio media vuelta para ver los ojos rojos, la mirada profunda lo emborrachó en ese amor que no podía corresponder. Se besaron y con las caricias las manos llegaron hasta el pulso de sus corazones, fue como bailar en un espacio donde solamente ellos dos podían moverse. Demasiado idiota para darse cuenta, demasiado inseguro para decir la verdad. Un perfecto fantasma de lo que podría haber sido, una perfecta mentira de ambos.

 

Katsuki lamió dónde no podía morder y anudó en un cuerpo que le haría daño. Izuku reclamó con clamor algo que solo le provocaría más dolor, beso y anhelo un cuerpo que había decidido abandonar. Extraños en una cama pequeña, enrollados con una sonrisa satisfecha hasta que las lágrimas quemaron. 

 

Izuku se marchó dos horas después de que Katsuki se durmió, fue a la habitación que tenía sus cosas y tomó todo. La carpeta amarilla quemó en sus manos y trató de contener sus lágrimas. No quería, no quería hacerlo pero tenía que crecer y lograr lo que su corazón de niño deseaba. Convertirse en el mejor héroe, solo cinco años y volvería a sus brazos. Si es que ellos aún estaban ahí para recibirlo. Afuera de la agencia de endeavor, con la noche fría y oscura, lo estaba esperando Tsukauchi. El automóvil que lo llevó al aeropuerto era blanco, mientras caminaba hasta su avión que salía un cuarto para las cinco, escuchó cómo su celular vibraba. Era su madre, ella ya sabía que se iba. Solo tenía que enviarle un mensaje al subir y uno al bajar en el Aeropuerto Internacional John F. Kennedy de Nueva York. Dos mensajes. y luego tres al día. Su dedo tembló cuando pasó junto al chat de Katsuki. Sus últimos mensajes eran tiernos, los iba atesorar para siempre. 

 

Katsuki: Te quiero nerd. Estoy pensando en ti hoy, quiero ya estar contigo porque estoy más duro que una roca.

 

Deku: ( ꈍᴗꈍ)

Yo también te quiero Kacchan, nos vemos en la noche.

 

No pudo dejar otro mensaje, simplemente no pudo. Apagó su celular y mientras el avión salía del aeropuerto internacional de Tokio, se encogió y lloró las doce horas que tendría hasta la escala en España. No quiso prender el celular, simplemente se quedó al lado del detective Tsukauchi durante todo el viaje. En silencio y comiendo un aperitivo de cafetería. Al subirse al avión que lo llevaría hasta a América, le pidió al detective el celular para hablar con su madre. Ella estaba aún resentida pero no tanto, quizá la razón era porque había dejado atrás a Katsuki. Y finalmente, cuando abordó el avión en el Aeropuerto de Madrid—Barajas Adolfo Suárez, sintió la ansiedad de no saber. Ya habían pasado más de quince horas desde que se había ido de Japón, Katsuki de seguro ya se había dado cuenta de su ausencia. Pero al mismo tiempo tenía miedo de saber cuál sería su reacción. Tsukauchi le dió unas pastillas para dormir porque lo vió decaído. Las aceptó porque no quería pensar en nada más. No pudo soñar nada pero lo agradecia, estaba al menos feliz por eso hasta que pisó tierra Americana y obligadamente tenía que prender su celular. Su mano tembló al enviarle el mensaje a su madre… Y finalmente abrió el chat de Katsuki para preguntar cómo estaba porque se había ido de noche y seguramente allá era de mañana. 

 

Pero…

 

No puedes responder a esta conversación. Más información.

 

Katsuki lo había bloqueado, buscó en otras redes sociales pero nada. En cada una de ellas lo había hecho, intentó llamarlo pero no pudo. Estaba tan ansioso por su reacción que nunca imaginó que sentiría al tener ninguna. Era diferente, era peor y antes de darse cuenta ya estaba en el suelo, lo primero que vio cuando llegó a América fue su celular y la oscuridad de sus decisiones. 

 

...

Chapter Text

"Déjame caer en lo profundo del abismo, ámame en mis peores momentos. Quiéreme cuando no sea más ese héroe en el cual pusiste tu confianza, no me dejes ir cuando sea el prisionero de los demás. No me abandones si yo algún día caigo del pedestal en que ellos me pusieron… Tengo miedo de ser el ángel, porque siempre he sido el monstruo."

 

….

 

Hacía frío, su cuello ardía y el aroma de Izuku no estaba abrazando con feromonas sus narices. Reclamó con sus manos lo que creyó suyo y lo único que encontró fue una pared fría y rugosa. El miedo se apoderó de su corazón y el lado izquierdo de su cuerpo se heló, gélido fue en su búsqueda al baño pero no había nada, solo una ausencia que lo estaba preocupando. La alarma sonó y se sobresaltó porque solo la suya estaba sonando, la canción de Allmight que Izuku había escogido no estaba ahí. Y aunque la suya fuera perfecta, parecía ser silenciosa en sus oídos. La marca en su cuello quemó y lo primero que notó fueron las gotas de sangre cayendo por su pecho. Gotas tan rojas como sus ojos. No, no había forma de que fuera así. Forzó el lazo pero no hubo nada, la distancia era demasiada. La soledad lo embargó al mismo tiempo que sus miedos y pesadillas lo hicieron correr por la agencia. Con una polera delgada, descalzo y con un pantalón plomo. Corrió por todo el enorme edificio buscando su olor pero no había nada, fue hasta la cornisa pensando en lo peor. 

 

No era posible. 

 

Al menos en la cima no había nada de su aroma, la desesperación de no saber lo hizo bajar de nuevo. Agotado, con las gotas de sudor cayendo por su mentón y espalda. No sabía dónde ir, así que tomó una motocicleta de la agencia y viajó por la ciudad. Estaba amaneciendo y las luces se sentían como brisas brumosas en sus ojos. Viento en su piel y agudizando sus sentidos para luchar contra los límites. ¿Dónde estás? Preguntó al viento sin obtener respuesta alguna, solo un silbido errante. 

 

Con el alma en vilo fue a cada sitio que sintió importante para Izukuz la UA, un puente cercano a ella, todos los lugares. Hasta su hogar donde Inko le dijo que él no estaba ahí, era verdad, él no estaba ahí… No había ningún lugar donde pudiera estar. Inko no le dijo nada, pero su relativa tranquilidad le explicó que algo no le había pasado así que descarto el suicidio con un gran alivio. La mañana iluminó su piel fría, era invierno y sus brazos se sentían más pesados que de costumbre. Había robado una motocicleta de velocidad para misiones secretas, estaba tan desesperado que no le importó nada. ¿Dónde estaba Izuku? No estaba en su habitación de la agencia, de hecho no vio nada en ella, no había ni rastro de aroma en los alrededores, no había nada de la esencia tan perfecta que no parecía tener fin en sus pulmones. En la UA tampoco lo había visto, en su hogar con su madre menos. No estaba en ningún lugar, no había forma de que se hubiera suicidado porque su madre lucía en extremo tranquila. Ni siquiera sorprendida por su ausencia, entonces había algo que se le estaba escapando. Se sentó en la motocicleta y espero que el viento de la mañana y los sonidos de una ciudad despertando le fueran de ayuda para aclarar su mente. No pudo hacerlo, su mente era tan blanca que le daba asco. De un momento a otro su celular cobró vida en su pantalón. La pantalla parpadeó con la palabra viejo. 

 

¿Por qué Endeavor lo estaba llamando? Contestó, después de todo ya se veía venir la reprimenda por su parte después de robar herramientas de la agencia. Acercó el aparato frío a su mejilla y la voz no fue exactamente la del alfa, el dolor estaba tejido en la voz de Hawks. 

 

—Necesitamos hablar, es sobre Deku. Ven inmediatamente a la agencia—luego de eso cortó, Hawks no era una persona que fuera muy comunicativa con sus subordinados. Era simpático y carismático pero no hablaba de cosas personales de ningún tipo, Enji se encargaba de aquello. Con el casco en la cabeza volvió a la ciudad, se sentía derrotado pero no quería sacar conclusiones porque su cabeza se sentía demasiada pesada en sus hombros, el blanco en su mente era demasiado brillante. La llave de su nuevo departamento en su habitación se sentía como una palanca de dolor en su corazón. Apenas respirando porque si lo hacía más fuerte sentía que en cualquier momento podría romperse en mil pedazos. Dejando caer cada parte de sí mismo. 

 

Al entrar al garage de la agencia, ahí solamente estaba Hawks. Aunque no estaba con su típico traje de héroe, vestía de forma muy formal para ser un día común en su vida. Katsuki se bajó de la motocicleta, guardó el casco en el vehículo y bajó la cabeza con vergüenza. El Omega se acercó hasta el alfa, la diferencia de altura era un poco más con él que con Izuku, pero aún así, Katsuki se sentía pequeño al lado del héroe mayor. Siete años de diferencia se sentían como cientos de milenios. Keigo con pesar le entregó a Katsuki una carpeta blanca, sin palabras y solo con un silencio que volvió más ansioso al alfa. Abrió la carpeta y pudo ver el perfecto inglés marcado con la tinta de una impresora. Parecía un proyecto de protección a víctimas de la guerra, estaba realizado para omegas que fueron gravemente afectados por las consecuencias del enfrentamiento a Shigaraki. Había varios planes para muchos omegas y betas femeninas, Katsuki no conocía a nadie en particular hasta que llegó a un archivo que poseía una fotografía con un rostro que reconocía bien. Su Omega… Izuku Midoriya. 

 

El plan era bueno por dónde lo vieran, planes de salud que cubrían todas las aéreas, un aumento de sueldo sustancioso y ventajas en otras áreas. Pero lo que más le aterró del documento era el archivo médico que especificaba que él era un Omega. Ellos sabían que él era un Omega, el secreto de Izuku estaba comprometido por un montón de personas que no sabían bien su idioma. Personas que podrían ser peligrosas. Miró a Hawks en busca de una respuesta pero el Omega le indicó que leyera más. La persona que estaba detrás de la postulación de Izuku para el proyecto era…

 

Yagi Toshinori. 

 

¿Por qué? No lo entendía, si desde un principio el héroe dorado quería que Izuku fuera a otro país, porque le pidió que cuidara de él en primer lugar. El archivo estaba lleno de indicaciones para un agente secreto que no estaba revelado en los archivos. El objetivo era que Izuku se recuperara de su trauma en la guerra y fuera capaz de formar una familia fuera de Japón para que cuando volviera al país después de cinco años, no fuera necesario terapia. La palabra familia se volvió un mareo fuerte en la cabeza de Katsuki, el alfa secreta que estaba en América iba a conquistar a Izuku para hacerlo olvidar Japón y los estragos de la guerra. ¿Izuku lo sabía? ¿Se había ido sabiendo que entregaría su corazón en un país que no lo conocería por sus logros? No entendía, ¿para qué fueron todas esas noches? ¿todo fue una mentira? Mientras más leía, más entendía el comportamiento de Izuku de las últimas semanas como lógico. Se sentía traicionado pero más que eso, dolido. Al terminar, había una carta que tenía su nombre. Esa carta tenía la hermosa letra de Allmight. Suspiró sintiendo sus piernas sin fuerzas, se sentó sobre el asfalto mientras Hawks seguía viéndolo con lástima. No quería aquello pero no tenía las fuerzas suficientes para pelear. Ya no más. 

 

Joven Bakugō, le pedí al joven Keigo que te entregara los archivos sobre el proyecto del gobierno Americano unos meses después de mi muerte, cuando el joven Midoriya ya no estuviera en Japón. Debes estar muy confundido, lo entiendo pero debes saber que todo lo que hay en los papeles es por el bien del joven Midoriya. Japón ya no es seguro para él, nunca lo será mientras la comisión siga estando en pie. Ellos saben que él es Omega, e irán tras él con el poder de sus soldados. He estado investigando los últimos meses a la comisión y es muy probable que ellos decidan usar a un héroe para tratar de enderezar a Shigaraki, pero tú y yo, joven Bakugō, sabemos que eso es imposible. A mis manos llegó este proyecto que estaba destinado a civiles. Pero me fue muy fácil pensar en el joven Midoriya viviendo en América, con una persona que fuera ajena a esta guerra. Alguien no involucrado en esta vida tan peligrosa. Con un poco de suerte, quizá se quede allí y forme una familia. Por eso, esta carta es para tí. Sé cómo observas al joven Midoriya, pero él debe desprenderse de Japón. Debe seguir su vida en América, todo sea por su seguridad. ¿Por qué? Sé que harás lo necesario para acabar con las amenazas que sean latentes para el joven Midoriya, por eso debes acabar con la comisión mientras él está en América. Cinco años serán suficientes para ello. Pero él no debe volver a Japón durante ese tiempo, por eso, te lo imploro joven Bakugō. Corta todo tipo de lazos con él, haz que no vuelva más a Japón. 

 

Sé que lo que te estoy pidiendo, joven Bakugō, debe doler mucho y ser rudo. Pero ambos queremos lo mismo. El bienestar del joven Midoriya es lo esencial de ahora en adelante. Esperando que lo entiendas, me despido. 

—Yagi Toshinori. 

 

“Debes dejarlo ir…" La madre de Izuku lo había dicho, Allmight lo había escrito en una carta solo para él. Incluso la naturaleza lo había decidido… Solo eran amigos pero hasta eso se había arruinado. Inko tenía razón, siendo su novio no iba a arreglar los años que ignoró todo ese dolor, las angustias de su corazón y lo desesperante que debe haber sido luchar contra todos por sus sueños. Unos que iba a cumplir lejos de su lado, en América con alguien que lo vería sonreír, que lo iba a amar. No como él. Meses de ayuda no eran suficientes para borrar años de dolor. Hasta él con todo su egoísmo lo entendía. Entonces sí, tenía que dejarlo ir aunque lo amara hasta sentirse sangrando por dentro. Incluso la sangre de su ropa por culpa de la marca rechazada, todo el dolor que tendría por delante por algo así. Incluso si no tenía sentido que Izuku no le dijera nada sobre su beca en América, lo iba a dejar ir. Por su bien, por su felicidad, por todos esos años. Antes lo había ignorado porque era demasiado difícil lidiar con su espíritu joven y hambriento de salvar. Ahora lo iba a ignorar por su bien, por esos momentos que su corazón los tenía bien grabados. 

 

Por esa sonrisa de invierno en su corazón. 

 

—Hawks, ¿esto es real? ¿Izuku se fue a América para ser libre, para ser feliz?—el héroe de ojos afiliados lo miró con ternura. Había algo en su mirada que lo hacía sentir casi querido. 

 

—Sí, parte del plan era alejarlo lo más posible de la comisión de héroes. Supongo que sabes que la comisión no es tan amigable con los omegas, sin mencionar que hay varios cabos sueltos que no tienen sentido con la empresa. ¿Sexo con omegas por dinero para una agencia? Son cosas que Midoriya no debería pasar, y realmente ningún Omega. Enji ha estado investigando la agencia y después de la ayuda inesperada de Mirko con Shigaraki… Tenemos que luchar, con él aquí, sería imposible. Está cegado por los héroes, mejor que sea ciego en América donde no pueden hacerle daño—Katsuki liberó sus feromonas. ¿Shigaraki? ¿Él estaba ayudando? No, Hawks debió haberse equivocado de palabra, era imposible que ese imbécil fuera a ser de ayuda. Sin mencionar que era probable que él fuera el destinado de Izuku, no. Izuku siempre tenía pesadillas por su culpa, no había forma que él fuera una ayuda. Simplemente no. Hasta Allmight lo pensaba así. 

 

—¿Shigaraki? Es imposible, ese bastardo es un villano, nunca ha tenido intenciones de ayudar a nadie más que a sí mismo—Hawks suspiró. 

 

—Bakugō, Enji lo sabe, Mirko lo sabe. Él es solo una herramienta, la comisión lo ha estado usando como a todos nosotros. Solo quiere ayudar y la razón creo que es ella… La influencia de Mirko en él ha hecho que cambie. Incluso Mirko asegura que puede controlarlo con ese sentimiento—Katsuki quería reír. ¿Mirko que estaba pensando al involucrarse con alguien así?

 

—Una follada no va hacer cambiar de opinión a nadie—argumentó pero en ese momento Katsuki sintió las feromonas suaves de Mirko llegar hasta sus narices. Dio vuelta para ver a la heroína conejo, ella estaba con su traje de heroína modificado para tener las extremidades en su lugar. Se acercó hasta Katsuki, el alfa al lado de los dos omegas era enorme y ella no bajaba la mirada por nadie pero en ese momento miro los ojos rojos de Katsuki como si estuviera suplicando ayuda. Hawks se hizo a un lado, las feromonas de ella eran demasiado fuertes. Nunca había sentido tanta angustia proveniente de una omega, ni siquiera en los rescates que había hecho años atrás. 

 

—Katsuki…—el alfa inmediatamente lo entendió, ella estaba haciendo el llamado de Omega. Un enorme intento y desesperado de ayuda, ¿una Omega como ella pidiendo ayuda? No era solo por el villano, había mucho más. Ahora tenía miedo de preguntar pero si ella se estaba doblegando ante él, Katsuki iba a doblegar todo su orgullo por el esfuerzo. Tomó con cuidado su llamada, soltó feromonas protectoras e impregnó su olor en ella y Hawks. Sabía que a Enji le daría lo mismo el olor de un mocoso en su Omega, no sabía la situación de ella así que no tuvo recato. Los perfumo a ambos. 

 

—Esto no es solo por Shigaraki, ¿no es así?—ella se aferró al brazo del alfa, arañando su piel, Katsuki la tomó con sus manos. Ella se estaba quebrando, Hawks que estaba más calmado asintió. Había más, ahora realmente Katsuki estaba sudando frio—. Hay más de lo que debo saber, no es solo Deku… ¿verdad?

 

Finalmente, Mirko no pudo más. Dejó ir todo entre lágrimas.

 

—Todos tenemos un precio, él, tú, los otros alumnos de la UA. Todos somos mercancía, somos simplemente eso para ellos. Cuando dejamos de ser útiles, nos matan a sangre fría sin siquiera dudarlo. Nuestros genes los venden entre ellos como snacks en una fiesta, nos hacen tener hijos como si fuéramos sólo células para un cambio. Que el héroe Deku se fuera de aquí hasta donde ellos no tienen poder es una bendición, escapó por eso no debe volver. Allmight lo sabía, Enji lo sabe, Hawks lo sabe, todos los que están cada día más fuera de la comisión, lo saben. Pero todos tenemos una diana en la cabeza, tienen alfas y omegas detrás de nuestros pasos… Ellos te ven, por eso debimos hacerlo aquí. Donde ellos no tienen poder, Enji no pudo venir a la reunión pero le está informando a Shoto. Tenemos que ser cuidadosos, tenemos que olvidar nuestros corazones y egos—Katsuki sostuvo a Mirko y pudo ver lo que ellos le había hecho a ella, no sabía como ella tenía conocimiento de tal información pero si era real, tenía que hacerlo creíble. Tenía que hacer que Deku se fuera para siempre, le dolía pensarlo, le dolía siquiera imaginar lo que Izuku podría haber sufrido quedándose a su lado. Inko tenía razón. 

 

Debía dejarlo ir. 

 

—Los ayudaré, díganme lo que tengo que hacer y lo haré—Mirko se desplomó en llanto mientras agradecía. Katsuki la tomó en brazos y con Hawks fueron hasta la enfermería para que le dieran un calmante a la Omega. Mientras ella estaba en una camilla, Katsuki leyó con más detalle la información que había traído Miruko. 

 

Eran asquerosos, las fotografías de niños en jaulas de cristal mientras sus ojos poco a poco iban perdiendo la luz lo hizo casi vomitar. Los precios en sus cabezas, el gobierno no teniendo ningún poder ni queriendo hacer nada, los omegas expuestos a tanto dolor y odio. Katsuki se sentía enfermo de solo leer, Izuku había hecho lo correcto al irse. Aunque no le hubiera dicho, aunque le mintiera por ello, no podía estar enojado con él. Al contrario, solo quería lo mejor para él. Ignorando el rencor que su alfa interno le tomó a la idea de dejar a su novio en otras manos, agarró su celular y casi temblando bloqueo al chico de todas sus redes sociales. Leyó sus últimos mensajes con dolor. 

 

"Tienes que dejarlo ir, tienes que dejarlo ir, tienes que dejarlo ir." 

 

Se lo repitió mientras escuchaba sus risas, veía sus ojos verdes completamente intoxicados por el placer, por las caricias que le hacía en su espalda al terminar, como su piel se sentía cálida y erizada. Dios, al cerrar sus ojos lo veía ahí, a su lado mientras sostenía su mano. Ya lo extrañaba y no habían pasado ni siquiera diez horas desde que se marchó. Iba a ser duro. Lo más duro que hubiera hecho en su vida. 

 

—Ground Zero—Hawks más calmado por sus feromonas le entregó un pequeño sobre, fue fácil reconocer que al interior había un pendrive—. Aquí tienes la información que necesitas para entender mejor, Enji está agradecido. Miruko también, solo tienes que esperar por el momento. Es mucho más que procesar muchacho, descansa por hoy y duerme. Quizá los próximos días no puedas hacerlo bien… La marca que tienes en el cuello, sangrara por semanas. Solo feromonas mas fuertes la hará desaparecer, supongo que entiendes a lo que le refiero. 

 

Katsuki lo sabía pero el dolor que le estaba provocando era una prueba de que lo estaba haciendo por él, y por los omegas. 

 

—Lo sé pero no tienes que preocuparte por mi, entiendo a lo que me estoy enfrentando—Hawks negó casi dolido. 

 

—Oh, muchacho. No lo sabes—después de eso, Hawks se fue.

 

Katsuki vio por última vez a Miruko en la cama de la enfermería y luego subió por las escaleras que antes había corrido con desesperación. Algunos trabajadores de Endeavor lo vieron con cierto rencor por no tener un castigo, el alfa ignoró cada una de sus miradas. No tenía tiempo para extras, quería llegar luego a su habitación y ver lo que había en el maldito pendrive que pesaba más que su cuerpo cansado. Revuelto en tantos pensamientos, en tanta mierda que no podía procesar bien pero que se estaba obligando a tragar. La puerta de su habitación, le hizo recordar que estaba vacía. Al cerrarla detrás de sí, los recuerdos de las últimas semanas lo hicieron caer de rodillas. Izuku, él ya no estaba ahí y seguramente ya estaba de camino a una escala en Europa. Lo quería imaginar feliz, lo quería imaginar cómo si fuera un alma libre que solo necesitaba de sí mismo para seguir adelante. No quería imaginarlo triste, llorando por sus decisiones, quería verlo feliz, muy feliz. Estuvo tentado en tomar su celular y enviarle un mensaje pero no quería confundirlo y hacerlo volver, él debía quedarse allá. 

 

Pero habrá alguien que te lo quitara, ya no será tu Omega. 

 

—Nunca fue mío...—le respondió a su alfa interno. La sub consciencia de lo que eran sus deseos más profundos se calló al instante, no produjo ninguna palabra y menos una sensación. Simplemente se quedó ahí, viendo una habitación llena de recuerdos agridulces. Katsuki tomó las fuerzas restantes que le quedaban y fue hasta su cama, las mantas impregnadas del dulce aroma de Izuku. Al recordar todos esos momentos y como las lágrimas de sus ojos parecían ser de tristeza, todo en su cabeza comenzó a encajar. Si estaba triste por irse a América, ¿por qué no le dijo?

 

Quizá tenía miedo de tu reacción, después de todo, la mayoría de sus recuerdos son de tu ignorando su dolor y en otros aumentando ese sentimiento. 

 

Su alfa interno tenía razón, normal que no le dijera. Le dolía, por supuesto que le dolía pero lo entendía. Su relación no había sido duradera, apenas dos meses y un poco más. Izuku todavía no le tenía la suficiente confianza para decirle sus cosas o sus grandes proyectos, su corazón le ardía por la realización de ello pero no podía evitar sentir que era su culpa. Tomó entre sus manos las mantas y las llevó hasta su rostro, las lágrimas cayeron junto con las gotas de sangre. Se sentía como si la piel de su cuello fuera a desprenderse, era un dolor horrible pero se lo merecía. Hawks tenía razón, podía anular la marca pidiéndole a otro Omega feromonas de poder pero no quería, el dolor tenía que ser el recordatorio innato de que le había fallado al hombre que amaba.

 

Ante eso, fue hasta una caja debajo de su cama, Izuku no tocaba sus cosas, era respetuoso con las cosas personales que no tenían que ver con el sexo. En esa caja de zapatos tenía fotos de sus padres, fotografías de su cumpleaños número dieciocho cuando Kaminari, Kirishima y Mina decidieron que era buena idea hacer una fiesta. Había varias de sus compañeros, pero ahí estaba Deku en algunas. Delgado y con una expresión de dolor pero que para las fotografías sonreía con honestidad. Katsuki las acercó a su pecho, y ahí sus ojos vieron el brillo de la llave. El departamento que había comprado no tenía llaves antiguas, pero compró una como símbolo. Un símbolo de lo que pudieron haber tenido. Guardo todo con dolor… Era momento de ver la crueldad del mundo de los héroes. Si así podía salvar a Deku de un destino cruel, entregaría sus guantes y vida por ello. Porque su corazón ya lo había entregado. 

 

 

Katsuki no tenía palabras para dimensionar lo asqueado que se sentía al leer toda la información que Hawks le había entregado en sus manos. Cómo algo tan pequeño e inofensivo podía contener tanto dolor y crueldad. Sus ojos rojos veían temblorosos niños, pequeños bebés en incubadoras, las cuales limitaban sus signos vitales para fortalecer el gen que los hacía más fuertes. Muchos niños no sobrevivían pero los que lo hacían, parecían querer morir. Ojos hundidos, marcas en su cuerpo que fácilmente parecían hechas con maquinarias médicas. Agujeros en sus cabezas que nunca parecían cerrar, tatuajes hechos con tinta rastreadora. Soldados en cuerpos de niños, sin vida, sin voluntad. Katsuki cada vez que leía un párrafo escrito por el líder de la comisión, a cada segundo se sentía más asqueado de estar cerca de forma parte íntegra de ese mundo. Pero lo peor vino en el apartado "información sobre omegas y metodologías de formación". Los hacían abrirse de piernas para mostrarse, presentarse a hombres mayores para conquistar con la dulzura. Ellos no buscaban placer, ellos buscaban poder. Katsuki más de una vez se detuvo para ir al baño donde dejó nada más que lágrimas y bilis. Por momentos miró hacia el cielo y pudo escuchar como un dios, si es que existía uno, se reía en su cara. Él era un producto de ese orden social, él era un alfa. Nacido desde un privilegio que no podía entender. Sus manos más grandes que las de los omegas, su cuerpo con músculos más fuertes, su propia biología de dominar… Todo era repugnante. 

 

Izuku había hecho muy bien en huir, a cada momento aunque le doliera dejarlo ir, se convencía de que debía ser así. América era para él. 

 

Cuando volvió a su habitación después de unos cuantos momentos de agonía en su retrete, sus ojos estaban cansados pero ahí se mantuvo. Leyendo lo que hacían con niños, cómo trataban sus cuerpos. Antes de acabar con los archivos de los Omegas, vió las ofertas que sus compañeras de curso había recibido a lo largo del año. Ochako, Harakuge, Tsuyu, Jirou, todas ellas… Pero le llamó la atención que Mina estuviera fuera de ese grupo hasta que leyó la palabra impura. Era obvio que ellos iban a tomar la virginidad como algo de valor. Mientras más leía, más se convencía que ellos eran la parte más oscura de Japón. Los villanos mataban, pero la comisión condenaba de por vida. Ambos eran grises oscuros, pero la comisión era peor porque se dejaba entrever ante los demás como una causa llena de esperanza, cuando era lo oscuro del corazón de los omega. Dolor, miedo, culpa, desvalorización, todo en uno. No eran hombres, eran bestias que solo usaban traje como caracterización. 

 

"Héroes y próximas promesas."

 

Y ahí comenzó lo peor. Mirko no mentía, todos tenían un precio sobre sus cabezas. Katsuki sintió cómo su mundo se venía abajo al ver cómo todos eran nada más que una porción de muchos más. Genes, expectativa de vida y valores de genética para una generación próxima. Sabía que su mundo estaba al borde del abismo, pero nunca lo imaginó así. Lo que había en las calles solo era un reflejo tácito del corazón de los líderes. Y su corazón se rompió al ver cómo Denki y Deku eran parte de esos planes. Cómo Denki tenía un útero prodigioso y muchos alfas estaban detrás de él por ello, como la comisión preparaba a sus trabajadores para drogarlos y obtener con dolor esos genes. Katsuki tenía miedo por sus amigos, por los omegas de su alrededor pero tenía que ser fuerte. Terminó de leer muy entrada la mañana siguiente, su celular vibró con la alarma. Izuku en ese momento debería estar llegando a Nueva York. Encomendó su corazón en ello y le deseó lo mejor antes de ir al baño. 

 

Cubrió su marca con vendas, un supresor bajo de ellas y con su traje de héroe de invierno y cabello húmedo por su reciente baño, se fue a la oficina de Endeavor por una asignación de trabajo. No estaba preparado para el dolor pero el mundo tampoco estaba preparado para su poder. Para lo que podría ocasionar con sus manos a través del pesar. 

 

 

"Con cada paso que des, estaré ahí."

Solo tenía que estar ahí, siempre para él. Por la promesa que le había hecho a Allmight. 

 

Con eso en mente entró al despacho de endeavor en dónde sintió el horrible aroma de Shigaraki, antes de entrar ya lo había sentido en el pasillo pero en ese momento no estaba pensando con su alfa interno que se sentía amenazado por el alfa de cabellos blancos, en ese momento él estaba para Izuku en mente y alma, con él en América y soñando con el increíble momento donde él fuera feliz, sin él. Si Izuku podía dormir en la luz del mundo, Katsuki feliz podía maquinar con fuerza en las sombras para hacer su sueño reparador. Convertirse en un monstruo para él, pecar por él, asesinar para que viviera con sus grandes sueños y memorias agradables. Cerró los ojos y ahí estaba Shigaraki solo que no parecía él, al lado de Miruko no era él. No parecía ser el mismo alfa que combatió meses atrás. El hombre frente suyo no tenía malas intenciones, y por ese instante sintió que podía bajar la guardia. Solo un momento antes de pararse al lado suyo con brío para recibir instrucciones. Endeavor no estaba cómodo con ambos ahí, no conocía la historia completa pero por lo que Hawks le había dicho, habían cosas que no tenían respuesta y era mejor así. 

 

Se aclaró la garganta y comenzó con las instrucciones, lo básico fue hablar sobre el control de las calles. Cómo algunos de los cuidados habían tomado acciones que la comisión encontraba ventajosas para mantener a los pocos héroes que quedaban ocupados mientras seguían con su comercio de niños al norte. Miruko se veía realmente afectada por las palabras de Enji pero la mano de Shigaraki fue hasta la suya, apretándole completamente la piel. Había control en su particularidad porque ella no estaba asustada en lo absoluto, al contrario, había confianza en sus feromonas. Katsuki sintió su corazón doler pero levantó su vista, no había que dudar en nada. La situación era compleja.

 

Enji informó que todos los servidores de Japón estaban comprometidos por la comisión. No había seguridad en los suyos, por eso la implementación de Izuku en América era clave. El héroe sería una especie de salida de información, con el expediente de Izuku en servidores americanos, Endeavor podría guardar información sobre la investigación a través de una copia de seguridad que serviría como fuente de información. Gracias a cierta tecnología militar que consiguió hace unos años en el extranjero, todos los involucrados podrían conectarse sin necesidad de involucrarse en servidores japoneses. La idea era parecer que estaban entregados con el trabajo de la comisión para no levantar sospechas. De otra forma, toda la operación sería un fracaso. 

 

Había una fotografía de Izuku en la mesa, en ella estaba sonriendo tímidamente a la cámara con su corbata mal amarrada. Aún sin estar ahí, seguía siendo un pilar fundamental. Katsuki no se arrepintió de nada, no se arrepintió de haberlo bloqueado en todas sus redes sociales. Porque al final del día Inko tenía razón, para amarlo debía dejarlo ir. Y si tenía que hacerlo lo haría bien, lo dejaría ir para siempre. Con un último suspiro puso su alma en esa habitación esperando que el destino no fuera tan cruel con las consecuencias de lo que iba a hacer. En esa habitación dejó de ser el alfa enamorado de su amigo de la infancia, del hombre que amó en la UA y en su pequeña habitación en esa misma agencia. Simplemente se volvió un soldado de la felicidad de Izuku. Alguien solitario. Dolía, pero debía ser así. 

 

Ser el monstruo, el pecador, el asesino. La oscuridad de su alma, solo por él y aquellos que no podía proteger en sus brazos. 

 

...

Chapter Text

"Nos enamoramos en octubre, justo cuando no sabíamos que era el dolor, perdimos la fe en nosotros en diciembre y dejamos ir todos nuestros sentimientos en enero. Febrero fue la separación y marzo nunca pudo ser nada por culpa de nuestro rencor, si hubiéramos seguido juntos, ¿esas lágrimas de abril hubieran sido mías?"

 

 

Las calles de Nueva York se vistieron de blanco por culpa del invierno hasta que la primavera se presentó sin siquiera moderar el cambio en el entorno, era extraño como todos a su alrededor parecían ir más rápido que el tiempo y la propia ciudad a sus espaldas, era abrumador y lleno de una variedad incalculable. Izuku podría mantener la respiración y ya todos a su alrededor estarían lejos una vez hecho un suspiro. Siempre nuevas personas, siempre un entorno que cambia y nadie como él. Millones de dólares en su departamento que no tenía lo suficiente para ser llamado hogar, se sentía tan miserable que su cuerpo estaba fatigado de lo que siempre hacía. Algunas semanas y los entrenamientos estaban tan avanzados que su entrenador alfa no podía con la sorpresa e impresión. Un hombre joven, unos veinticinco años, de piel morena y una mirada tan amable que Izuku sentía asco de verlo a los ojos. Fornido y con un aroma apetecible y de vez en cuando coqueto, siempre que podía alabando el aroma de la piel de su subordinado. Tratando de hacerlo sentir cómodo a la fuerza, como si supiera que detrás de la b de beta en su informe médico había una o de Omega. Izuku la mayoría del tiempo quería matarlo, era divertido pensar en las cientos de maneras para dejarlo unas semanas en el hospital y librarse de su presencia. Sin embargo, él era parte del plan de estudio, "una parte integral y fundamental" según sus superiores americanos. Jake Peters era un alfa voluntario, un alfa ejemplar, alguien a quien admirar que después de un accidente en la marina su única forma de servir al país era ayudando a los héroes nacionales. Su particularidad era una especie de súper fuerza que estaba fuertemente ligada a sus emociones. Según los informes que leyó Izuku, era un poder inestable pero que bajo una medicación lo tenía bajo control. No podía confiar en él, era demasiado difícil hacerlo cuando podía oler demasiado claro el interés que tenía. 

 

Izuku no había ido a América a follar con extranjeros, quería aprender para volver a Japón siendo una versión más madura de sí mismo. Alguien que las personas que más amaba podrían confiar, alguien que podría proteger sin necesidad de encogerse de dolor por feromonas y un destino ligado a un hombre impredecible.

 

Y cómo siempre que era lunes, Izuku llegó y ahí estaba Jake con su ropa deportiva, apestando a alfa y dejando ir con confianza sus feromonas. El Omega con sus supresores bajo la ropa, dejó ir un suspiro de cansancio. Con el poco descanso que tenía en el cuerpo no quería tolerar a nadie pero era mejor callar que dar explicaciones que podrían alertar al encargado del código disciplinario. Extendió sus piernas y comenzó a estirar sus músculos, en menos de un mes había bajado de peso y sus caderas parecían más fuertes. Su doctor le dejó en claro que ahora sus hormonas estaban en orden y que tarde o temprano en su cuerpo se presentarían los vestigios de su género secundario. Mientras eso no fuera más que evidente, Izuku iba a ir más allá de sus límites. Incluso pospuso su propio celo para dar lo mejor de sí en todos los entrenamientos, sabía que recurrir a las pastillas después de unos meses con las caricias de Katsuki era un error. Pero no podía, no había forma de que ahora su cuerpo fuera capaz de traicionarlo. Y aunque su Omega interno no había dicho nada desde que había llegado a suelo americano, se sentía aliviado por ello. Ya no tenía a nadie que seguir, solo a sí mismo. 

 

Sintió la mirada de Jake sobre su cuerpo, las feromonas llegaron a sus glándulas y fue un poco inevitable sentirse atraído. Le tenía asco a ese dominio pero como siempre, y gracias a la tecnología americana, los parches de feromonas hicieron su trabajo y pudo seguir adelante con sus entrenamientos. Siempre era así, el alfa lo miraba entrenar y dejaba ir sus feromonas más fuertes y seductoras. Izuku cerraba los ojos y a veces podía ver los ojos rojos, la sensación que Katsuki solo le podía entregar con una mirada. Y cuando hacía eso, sus ojos inevitablemente se volvían borrosos. Muchas veces Jake lo atrapó llorando mientras hacía sparring, una pregunta y la sonrisa de Izuku era más que suficiente para calmar la curiosidad del alfa. 

 

Algunas veces después de los entrenamientos de fuerza, cuando Izuku dejaba ir todas sus particularidades, podía oír las palabras del alfa en sus oídos. Esas noches en la agencia de Endeavor y como rezaba por los segundos, como le dolió mentirle y ocultarle todo lo que estaba sintiendo bajo besos, sexo y lágrimas efusivas por culpa del placer y el dolor. Estuvo así mucho tiempo hasta que abril se presentó y cada día hasta el diecinueve fue una tortura. 

 

"Kacchan se había graduado, Kacchan le había dado a alguien más su sonrisa, Kacchan también había cumplido diecinueve, Kacchan debe ser feliz… Kacchan debe odiarme."

 

El diecinueve de abril Izuku pidió el día libre para quedarse en casa. Jake y su superior lo permitieron, Tsukauchi lo acompañó hasta el complejo departamental como cada fin de semana, una breve pregunta y el investigador privado ya sabía lo que estaba pasando. Izuku lo dejó pasar a su departamento porque aparte de sentirlo como un apoyo, quería hablar con él. Habían pasado más de un mes y estaba preocupado por sus compañeros. El alfa lo observó con una mirada fría antes de quitarse el gorro y su abrigo color crema, habían unos cuantos archivos bajo su brazo derecho. Eran noticias de Japón porque Izuku no tenía las fuerzas suficientes para buscar en internet a sus propios amigos. No quería llevarse nada por sorpresa. Tsukauchi comenzó con la graduación, fotografías de la fiesta llenaron la mesa de su cocina mientras preparaba té. Todos sus compañeros se veían felices celebrando, todos estaban con un rostro libre de preocupación. No obstante, Katsuki no estaba en ninguna de las fotografías. 

 

—¿Por qué Kacchan no está en las fotografías?—Tsukauchi frunció su rostro y dejó caer un informe en la mesa. "El norte y su supuesta conexión con el terrorismo internacional de particularidades en niños." Después de ver varias hojas del informe se dió cuenta que eran misiones de alto riesgo que Katsuki había hecho en solitario. Sus manos temblaron cuando vio las heridas que él había recibido por culpa de una particularidad peligrosa involucrada con armas. Por suerte el alfa estaba bien, y así siguió trabajando, cómo si la cicatriz en su mejilla no fuera nada. 

 

—La comisión lo está usando hasta donde no puede más, no tiene problemas con nadie más que su comportamiento de siempre. Sus compañeros de trabajo se acostumbraron a su mal humor y su desempeño se destaca, la opinión popular es buena entre los pequeños grupos que aún creen en los héroes—Izuku suspiró con orgullo, sabía que Katsuki sería un increíble héroe. Nunca tuvo dudas sobre ello y ahora verlo en acción, aunque le gustaría estar ahí, se sentía como una victoria—. Por lo que sé, él seguirá trabajando con Endeavor. Solo que trabaja en solitario, es el único alfa de la compañía que trabaja solo para la comisión sin tener años de antigüedad. Enji está feliz con su desempeño y le ha estado apoyando mucho, igual que Shoto y Pinky. Él no está solo. 

 

Las palabras de Tsukauchi lo tranquilizaron bastante. Saber que Katsuki tenía amigos que estaban ahí para ayudarlo era lo mejor que podía saber. Sin embargo, todavía tenía preguntas, algunas de ellas demasiado emocionales. 

 

—¿Cómo tomó mi huída?—Tsukauchi negó con suavidad. 

 

—Saberlo no cambiará nada, Midoriya.

 

—Solo dime, por favor—le suplicó al alfa como amigo, el hombre mayor solo asintió mientras sacaba de su chaqueta un sobre más pequeño. Izuku no sabía que esperar, la verdad muy en el fondo de su corazón no quería saber nada pero el dolor en su estómago tenía que ser saciado con noticias, aunque fueran malas. Tsukauchi poco a poco fue sacando fotografías que parecían ser sacadas desde una distancia bastante generosa, reconoció inmediatamente a las dos personas y el complejo departamental. 

 

—Estas las sacaron anoche y hoy, las recibí por sorpresa esta mañana. Aparentemente no se sabe mucho que está pasando entre ellos, pero… Creo que se entiende el contexto—Izuku todavía podía recordar cómo Katsuki tomaba su mano en la pequeña habitación de la agencia. Ese diminuto espacio servía para esconderlos, aunque siempre estaba presente ese miedo por los comentarios de sus compañeros de trabajo, él siempre le dedicaba un baile aunque su cuerpo doliera, con ello lo calmaba. A veces cuando su cuerpo se sentía frío por el invierno, sus brazos estaban ahí, alrededor de sus hombros. Un beso en su mejilla y podría ver esos ojos que nunca podrían hacerle daño. Su tacto… Tan cálido y delicado en los momentos indicados, hecho para él. 

 

El precio de la perfección era demasiado alto. 

 

Cerró los ojos y pudo ver la sonrisa, sus palabras y ese clamor en su voz. Cuando los abrió para ver la verdad, las fotografías seguían en la mesa, Denki al lado de Katsuki riendo mientras el alfa le ponía una bufanda alrededor de su cuello. El alfa no estaba sonriendo de la misma forma, pero podía asegurar que había cierta felicidad y preocupación en su expresión. Lo conocía tan bien que podía asegurar que las ojeras bajo sus ojos eran por su culpa, se dio cuenta que la fina línea que había hecho con los años, ya no estaba ahí. Solo había un bonito alfa que estaba vistiendo a un Omega feliz, él también era Omega pero no era feliz en su piel como lo era Denki. Las únicas veces que disfrutaba ser omega era cuando Katsuki estaba a su lado y lo hacía sentir único. Suspiró dolido y le sonrió a las imágenes, era extraño pero había tenido razón; ellos dos eran una pareja perfecta. Era así, lo que había vivido al lado de Katsuki era una ilusión del pequeño niño que seguía creyendo que Katsuki era suyo. 

 

Del Omega interno que ya no podía escuchar ni sentir para nada. 

 

Tsukauchi le explicó más sobre sus compañeros y como su huída a América los había afectado. Muchos preguntaron por él, muchos le habían enviado cartas de suerte y otros dulces para recordar a Japón en un sitio extranjero. Kirishima le dejó una linda carta donde le pedía perdón y que con ayuda de Momo se iría a Australia para recordar algunas cosas sobre ser héroe antes de volver. Ver las palabras de Kirishima en el papel mientras veía la lluvia de Nueva York en su departamento solitario se sentía injusto, Kirishima había encontrado en Momo alguien en quién confiar, incluso él, una persona cruel que representaba bien esa parte insegura de su corazón. Cuando Tsukauchi se fue, el día veinte de presentó en Nueva York. Se metió en su Spotify para escuchar la playlist que él y Katsuki solían compartir para entrenar, cerró los ojos y se dejó llevar por los recuerdos. Mientras indagaba, encontró una playlist que Katsuki tenía entre todas las demás. Esta solo tenía una letra, solo la I en mayúscula. Al abrirla pudo ver un montón de canciones que nunca esperó que fueran del gusto de Katsuki. 

 

The Night we meet. Slow dancing in the dark. I love You. Heather. Supermarket Flowers. Let me down slowly. Call out my name. Drugs. Hold me while You wait. Run. Unintended. When the party's over.

 

Y la que más le llamó la atención… 

 

Beautiful thing

 

Crees que conoces mi corazón,

You think that you know my heart,

 

Y probablemente lo hagas,

And you probably do,

 

Por eso siempre estoy contigo.

That's why I'm always with you.

 

Podría quedarme contigo por horas.

I could stay with you for hours.

 

En una habitación vacía.

In an empty room.

 

Y nunca me aburriría.

And never get bored.

 

Sin nunca tener nada que hacer,

Never have nothing to do,

Eres mi otra mitad.

You're my other half.

 

Me hace ser quien soy.

You're what makes me me.

 

Lo que me hace sonreír.

What makes me smile.

 

Cuando me caigo y no puedo levantarme, levantarme, no puedo levantarme,

When I fall down and can't get back, get back, get back up,

 

En mis pies.

On my feet.

 

Sin ti aquí estoy aburrido.

Without you here, I am boring.

 

Algo dentro de ti es desencadenante.

Something inside you is triggering.

 

Y me hace ser yo mismo.

It makes me myself.

 

Me hace divertido.

Makes me funny.

Eres una cosa hermosa.

You're a beautiful thing

 

Somos una cosa hermosa juntos.

We're a beautiful thing together.

 

Incluso cuando el clima es malo.

Even when the weather is low.

 

Eres una cosa hermosa.

You're a beautiful thing.

 

Somos una cosa hermosa juntos.

We're a beautiful thing together.

 

Incluso cuando el clima es malo.

Even when the weather is low.

 

Podemos encontrar el arcoíris,

We find the rainbow,

 

Arriba en el cielo,

Up in the sky,

 

Dirías: "No llores, todo va a estar bien".

You'd say, "Don't you cry, it's all gonna be alright".

Si alguna vez peleamos, eso sería malo,

If we ever gone through a fight or war that would be bad,

 

Porque sabes todos mis secretos,

'Cause you know all of my secrets,

 

Pero yo conozco todos los tuyos.

But I know all of yours.

 

Juntos hacemos que las horas se conviertan en segundos,

We make hours turn into seconds together,

 

El peso del mundo se siente como una pluma,

The weight of the world feel like a feather,

 

Porque lo mantenemos en nuestras manos.

'Cause we're holding it right in our hands.

 

Eres mi otra mitad.

You're my other half.

 

Me haces ser quien soy.

You're what makes me me.

 

Lo que me hace sonreír.

What makes me smile.

 

Cuando me caigo y no puedo volver a levantarme, volver, volver a levantarme,

When I fall down and can't get back up, get back, get back up,

 

En mis pies.

On my feet.

 

Sin ti aquí estoy aburrido.

Without you here, I am boring.

 

Algo dentro de ti es desencadenante.

Something inside you is triggering.

 

Y me hacer ser yo mismo.

It makes me myself.

 

Me hace divertido.

Makes me funny.

 

Eres una cosa hermosa.

You're a beautiful thing.

 

Somos una cosa hermosa juntos.

We're a beautiful thing together.

 

Incluso cuando el clima es malo.

Even when the weather is low.

 

Eres una cosa hermosa.

You're a beautiful thing.

 

Somos una cosa hermosa juntos.

We're a beautiful thing together.

 

Incluso cuando el clima es malo.

Even when the weather is low.

 

Tú y yo, juntos,

You and me together,

 

Olvidaremos lo que nos han dicho,

We'll forget what we have been told,

 

Viviremos en nuestro propio mundo de sueños.

We'll live in our own dream world.

 

Tú y yo para siempre,

You and me, forever,

 

Olvidaremos lo que nos han dicho,

We'll forget what we have been told,

 

Tomaremos el mundo entero.

We will take on the whole world.

 

Sin ti aquí, estoy aburrido.

Without you here, I am boring.

 

Algo dentro de ti es desencadenante.

Something inside you is triggering.

 

Me hace ser yo mismo, me hace ser gracioso.

It makes me myself, makes me funny.

 

Eres una cosa hermosa.

You're a beautiful thing.

 

Somos una cosa hermosa juntos.

We're a beautiful thing together.

 

Incluso cuando el clima es malo.

Even when the weather is low.

 

Y eso es algo hermoso.

And that's a beautiful thing.

 

Izuku no pudo dejar de escuchar la canción, toda la noche se quedó ahí en su enorme ventana viendo la lluvia y esperando que algún día la herida de su corazón sanase. Había ido a América para ser mejor, tenía que enfocarse en ello. No podía pensar en lo que Denki y Katsuki estarían haciendo juntos en las noches, porque más le dolía ver las enormes probabilidades de ambos. Porque quizás así era mejor, para ser honesto nunca sería suficiente para él, lo increíble que era Katsuki… Él se merecía alguien de su nivel. No un Omega que nunca podría darle aquello que algún día todos quieren tener. Se puso de pie y fue en busca de la caja donde tenía las fotografías que le había sacado a Katsuki, todas ellas flotaron en sus ojos como los recuerdos en su mente. Tomó su celular y con dolor borró el contacto de Katsuki y con ello, todas las redes sociales del héroe Deku se esfumaron. Era mejor así, aunque sus ojos fueran honestos al dejar ir sus lágrimas y su corazón sintiera su latido como un martillo, tenía que ser mejor que eso. Tenía que volverse fuerte, lo suficiente para volver a la oscuridad una fuente de luz. Por aquello que pudieron haber sido. 

 

No obstante, era humano. Dolía incluso pensar en ello. Fue hasta el baño y limpio su rostro y con unas tijeras cortó su cabello hasta que solo quedaron unos mechones que podrían ser rapados. Al final, lo que vio delante del espejo no fue un Omega, fue un soldado listo para ser el mejor del mundo, para enfrentar al diablo de la naturaleza.

 

...

 

Jake Peters tenía mucho que decir sobre las misiones que le daban a lo largo de su vida, siempre cortas y con una probabilidad alta de mortalidad. Siempre estaba en incertidumbre por ello, por si algún día volvería a ver la ciudad que lo enamoró desde que era un niño. Sin embargo, cuando le dijeron que tendría que enamorar a un japonés para mantenerlo alejado de su peligroso país, se imaginó cualquier persona, alguien lindo o un Omega coqueto. No se imaginó un Omega triste, una persona que se escondía detrás de sus sentimientos como si fuera un escudo. Jake lo veía entrenar y su corazón se sentía cálido al ver cómo esa persona ponía su corazón en ello. Su alma, aunque era joven, ya tenía un recorrido por las crueldades del mundo. Por eso era fácil reconocer cuando una persona sufría por amor y desde el momento que lo vió, inmediatamente se dió cuenta que nunca podría ser posible enamorar ese corazón. Por eso probó otra estrategia, hacerlo sucumbir a los instintos de su naturaleza. Sabía que era un Omega, sabía que todos ellos tenían un punto de quiebre pero hasta eso se sentía como una pérdida. Solo unas semanas y ya lo sentía como un fracaso, Izuku Midoriya no era cualquier Omega. 

 

El veintiuno de abril, como siempre Jake llegó temprano a la agencia donde todo el equipo médico preparaba las máquinas para medir el rendimiento de los involucrados, entre ellos, Izuku. Cada día, Jake veía los resultados de Izuku para los informes, y como siempre, iba en ascendencia. Era muy difícil que un adulto pudiera desarrollar más su particularidad, pero el Omega parecía ser una excepción a la regla. No tenía mucho que decir porque todo lo que sus labios dirían no serían de ayuda, Izuku se conocía a sí mismo lo suficiente para comprender sus límites. Sobre todo ahora, dónde la mayoría de los héroes americanos estaban luchando por una subvención del gobierno para sus agencias. Ese día, Izuku llegó a entrenar con los ojos hinchados, los cuales carecían de brillo y unas ojeras moradas, ni hablar de su cabeza rapada. Para Jake no fue difícil deducir lo que moraba por su corazón, el dolor de la ruptura se veía fresco en su rostro. Era duro pero hasta una persona como él tenía que entender que el dolor es parte de los pasos de un héroe. 

 

—Jake—Izuku se acercó hasta el alfa, la decisión en los ojos verdes casi dejó ciego al americano—. Quiero el entrenamiento más difícil que hayas hecho hasta ahora, quiero sufrir. Estoy listo para ir más allá. 

 

A Jake le temblaron las piernas, había leído sobre Izuku y sus increíbles hazañas en los informes pero nunca espero ver de frente a esa persona que no le tenía miedo a jugar con fuego. Tragó duro y le pidió a los encargados del entrenamiento prime que solo los de resultados avanzados podían acceder. Algunos de ellos negaron con la cabeza al saber que Izuku era un Omega a pesar de que seguía manteniendo en alto la mentira de su género secundario. Los ojos de Jake no dudaron en ningún momento, al contrario, de cierta manera le tenía miedo a esa mirada verde. No se sentía seguro cerca y nadie en su vida lo había hecho sentir así, tan inseguro en su propia piel que el sudor que caía por su espalda era frío. Después de aprobar el entrenamiento, se sentó en la zona segura y vio como Izuku se sentía seguro confidente en medio de un desastre que casi lo hace sangrar, no sabía en lo absoluto lo que había pasado el día que pidió libre pero lo agradecia, la bestia delante de sus ojos era irreconocible contra el Omega que estuvo unos días en la enfermería de la agencia al principio de su estadía en Nueva York, preocupando a todo el mundo. Poniendo en riesgo la operación. Pero ahora todo era diferente, incluso hasta para él, un alfa que no sabía lo que podía esperar de ese espíritu hambriento. 

 

De hecho, el gimnasio era resultado de un experimento que ponía a todas las personas en condiciones atmosféricas crueles para hacerlos sufrir mientras peleaban contra autómatas fuertes, hechos de los mejores materiales del mundo. Izuku estaba peleando contra sus miedos, contra el frío, la lluvia, la nieve, la falta de oxígeno y todo el dolor que eso podría provocarle. Era un luchador y mientras más lo veía, Jake más entendía al alfa de Japón. A Katsuki Bakugō, el hombre que entregó todo su cuerpo a la organización, tal como él lo había hecho hace años. Solo que la diferencia era que Bakugō no tenía miedo, lo podía ver en los informes porque toda la información que obtenía Tsukauchi pasaba por él, incluso aquellas fotografías. Y en ese momento recordó las fotografías del alfa con el Omega de cabellos rubios. A su cabeza inevitablemente se le vino la posibilidad de que Izuku haya pensado en algo amoroso entre ellos dos. Porque quizás Izuku no observó bien las fotografías y omitió el pequeño detalle del estómago abultado del Omega. Y Jake al pensar en ello vio que todo tenía sentido, sonrió y tomó su celular para pedirle al beta que sacaba las fotografías en Japón más de Katsuki y Denki. Si Izuku se había puesto así por pensar que Katsuki estaba románticamente con el Omega Denki y no por otra razón, tenía que explotar ese pensamiento y así lentamente, quizás, llegar a ganar su confianza y finalmente su corazón. 

 

Jake sonrió con suficiencia, solo era cosa de tiempo que el Omega cayera por él.

 

 

Los huesos de Katsuki estaban cansados y solo había pasado un mes. Desde su graduación, la comisión lo había hecho trabajar hasta horas extras. Tanta era la intención de la comisión de hacerlo trabajar en campo que hasta le habían enviado una asistente para sus problemas burocráticos, ella era un sol pero Katsuki la conocía por los archivos de Endeavor. La adorable Nora, una Omega con figura generosa que sonreía como si quisiera arreglar el mundo, con sus ojos oscuros y su piel blanca. Era increíble pensar que la chica era experta en hacer hablar a los hombres a través de su increíble capacidad de tortura, antes rubia y ahora con un cabello oscuro y corto, una pequeña melena que la hacía ver como un ángel. Katsuki no iba a mentir, los de la comisión conocían bien sus gustos. Nora era la combinación perfecta entre Izuku y Jirou. Inclusive hasta su alfa se sentía de cierta manera atraído por sus ojos y métodos de tortura. De cierta forma, le importaba más la Nora de la comisión que la chica que estaba tratando de ser. Pero eso no era todo, usualmente los alumnos recién egresados de la UA recibían trabajos fáciles de hacer. Con él, la comisión siempre lo necesitaba en el norte. Su primer trabajo era secreto, escoltar una niña que producía oxígeno por sus poros, una organización extranjera la estaba buscando para volverla una salvación al "cambio climático". Sin embargo, no era difícil darse cuenta que entre la comisión y la organización criminal, solo cambiaba el nombre.

 

Mientras la llevaba contra su pecho, su instinto alfa rugió para protegerla. Por hacer algo para liberarla de las manos que pronto iban a convertirla en un recurso, y esa fue la primera vez que realmente le tomó el peso al instinto paterno de su alfa interno. Y cuando la entregó al encargado de la comisión, su delineado negro se corrió con lágrimas.  

 

Y esa pequeña niña no fue la primera, no sabía si la comisión lo estaba haciendo a propósito pero siempre parecía ser igual. Una dirección al norte donde Rusia estaba más cerca, dónde el tráfico de niños era cada vez más preocupante. Y había una gran organización detrás de ello y siempre Katsuki llegaba demasiado tarde para hacer algo, encontrando cuerpos de niños y omegas embarazadas sin vida. Lo único que sus ojos habían podido ver las primeras dos semanas de trabajo había sido solo sangre y muerte de personas inocentes. Y cada vez que lo veía, su instinto se volvía más agresivo. Cuando la tercera dirección llegó a sus manos, no espero las instrucciones de la comisión y fue solo al sur. Delante de sus ojos pudo ver a la líder de la organización, una alfa que engendraba a todas las omegas con sus hijos, y a los niños que secuestraba los enviaba a Rusia porque desde ahí se distribuían hasta el resto de Europa y Asia. La mujer era particularmente poderosa, cuando Katsuki se infiltró en su edificio de operaciones, ella quedó maravillada con él; llamándolo productor de prodigios. Pelearon mientras Katsuki veía a niños intentar ayudarla, ella solo reía. Todos estaban bajo su voz y en ese momento, cuando los niños intentaron hacerle daño en un lugar donde no podía ser considerado hogar, lo entendió. Qué es lo debía hacer para ganar. 

 

Rugió tan fuerte que sus colmillos se llenaron con la propia sangre de sus labios, ordenó a todo el mundo que se arrodillara y cuando todos lo hicieron, incluso la alfa delante suyo, pudo sentirlo. La miseria de ser la cúspide de la pirámide biológica, ni siquiera quería usar su particularidad para acabar con ella así que con cuchillo en mano y la vista completamente perdida en la realización, apuñaló a la alfa justo encima de su corazón, pero la mujer sonrió y mostró en ese instante el increíble alcance de su particularidad, con la mano puesta en el hombro de Katsuki, dejó ir los rayos que salían de sus uñas, rojos y que dejaron en el rostro de Katsuki una cicatriz que ardió hasta su mandíbula, pero ese dolor no se podía siquiera asimilar contra lo demás, porque la ingeniosa mujer antes de morir los había matado a todos. Con todo el mundo arrodillado en el piso, Katsuki los había condenado a todos, eran un objetivo fácil para ella.

 

—Alfa idiota, nunca podrás salvarlos a todos. Todo lo que alguna vez toques será maldito, porque eres igual a mí. Hijos de la nueva biología—y ahí, en los brazos de Katsuki, con las costillas rotas y crujiendo por culpa del apretón que le dió el alfa al escuchar sus palabras, ella murió. 

 

Cuando Nora llegó con los demás de la comisión, Katsuki estaba encima del cuerpo de la alfa, lleno de sangre que no era suya. La Omega se cubrió la nariz por culpa de las apestosas feromonas del alfa, los ojos rojos la miraron y ella pudo sentir como sus piernas temblaban ante esa mirada intensa. La misión había sido un éxito, Katsuki había acabado con la terrorista que distribuía niños a Europa y Asia. La comisión quedó impresionada pero Katsuki pidió una semana para despejarse, y sin darse cuenta esa misma semana sería la de su cumpleaños. Él solo quería descansar y poder dormir aunque sabía que sus sueños serían iguales, los niños y las omegas embarazadas muriendo antes de poder hacer algo. Al salir del edificio de la comisión pudo reconocer el cabello rojo en punta, Kirishima.

 

—Hola, vaya te ves...—el alfa de cabellos bermejo omitió la palabra que vendría a sus labios porque Katsuki no parecía tener mucha paciencia en ese momento—. Bueno, cansado. 

 

—Lo estoy, pelos de mierda. Solo quiero dormir—Katsuki no tenía tiempo para discutir algo. Solo quería llegar a su casa, incluso Nora se lo había recomendado. 

 

—Entonces no te quitaré mucho tiempo—el alfa lucía nervioso, incluso tomó aire antes de hablar—. Lo siento, arruine muchas cosas entre los dos por mi boca. Incluso le hice daño a Midoriya por ello, y él se fue a América antes de siquiera darle una disculpa apropiada. Debió ser difícil para ti, sé que ustedes dos eran muy cercanos. 

 

—Corta el rollo, Kirishima—Katsuki estaba cansado de recibir palabras de aliento por la estancia de Izuku en América. Todo el mundo le tenía lástima por ello, pero ninguno de ellos sabía la verdad. Incluso sus padres le habían dado sus palabras de apoyo, Katsuki no quería más. Solo enfocarse en ser mejor para darle a Izuku un lugar más apropiado para vivir. 

 

—Sí, lo siento. La cosa es que durante el examen final yo y Yaoyorozu…

 

—Te acostaste con ella—a Katsuki no le sorprendía. 

 

—¡No! Al contrario, me dió muchos consejos que ella había estado afrontando después de la muerte de Jirou—el pecho de Katsuki dolió ante la mención de ella—. Y gracias a ello me iré unos años a Australia con ella, será un tiempo para realmente conocerme, saber sobre mis ventajas y estado de alfa. Solo quiero ser mejor y ella me prometió ayuda—el alfa suspiró y miró directamente al hombre que amaba—. Solo quiero ser una persona de la cual sentirme orgullosa. 

 

Katsuki pudo ver en sus ojos algo intenso, no era bueno con las palabras así que simplemente le dió un apretón de hombro. Kirishima se rió ante ello pero lo agradeció, lo necesitaba porque tenía mucho miedo de enfrentar al fantasma de su padre. Pero sentía que era una buena señal, así que antes de que las lágrimas fueran evidentes, se despidió y Katsuki se quedó pensando en cómo todos seguían adelante sin saber lo que sus pies tocaban. Y se sentía feliz por ello, sacrificando parte de su alma por ellos, por Kirishima, Hawks, Miruko, y especialmente Izuku. Se sentía muy bien pero al mismo su corazón anhelaba parte del calor de la compañía. Se sentía solo en el departamento que había comprado, tanto que hasta podía escuchar el eco de sus pasos. No era fuerte como se veía, sus brazos tenían las fuerzas suficientes pero su mente era tan débil como el toque de una mariposa. 

 

Caminando a casa pasó por una tienda para comprar algo que preparar porque no tenía ganas de cocinar algo decente. Y cuando estaba subiendo por el ascensor sintió algo extraño en su corazón, un olor lechoso que le recordaba a la leche de frutilla que consumía cuando era pequeño en el jardín de niños. Evocó algo lindo de ese momento al recordar cómo Izuku siempre se bebía demasiado rápido su leche, y con una sonrisa en el rostro se encaminó por el pasillo hasta encontrar una figura fuera de la puerta de su departamento. El olor provenía de ese Omega y casi deja caer sus bolsas cuando ve el cabello rubio. 

 

Denki. 

 

—Hola, Bakubro—la expresión en su rostro no era buena, había muchas lágrimas en sus mejillas e incluso tenía un manchón púrpura en una de ellas. Katsuki apretó sus nudillos al notar el perfecto puño de un alfa por la forma que se hinchó—. Tenemos que hablar de algo importante, es sobre esa noche que estuvimos juntos en la UA. 

 

Y en ese momento sí, Katsuki dejó caer su bolsa de compras.

 

 

De un día para otro, Shigaraki se entregó por completo al concepto de luchar contra sus compañeros. Había hallado muchos villanos en las calles, muchos de ellos en algún momento se inclinaron ante su imagen de poder, pero no podían seguir con vida. Así que se volvió en un traidor, uno a uno los convirtió en polvo mientras veía con indiferencia como muchos de ellos lo contemplaban con resentimiento, muchos jurando venganza en sus últimas. ¿Qué venganza podía efectuar una persona muerta sin conexiones importantes, sin nadie ahí para convertirlo en un recuerdo? Shigaraki lo sabía, todos ellos no eran más que palabras y muy en su interior, se sentía de cierta manera aliviado al acabar con algunos de ellos. De todas formas, muchos de ellos no eran de su agrado. Varios, incluso detrás de sus espaldas, en su momento habían negado su poder. Ahora, cuando veía el polvo viajar con el viento, se sentía satisfecho de una manera increíble, porque justo después de eso, ella venía a su lado y lo abrazaba por detrás para consolarlo. 

 

Y así comenzaron con pequeños gestos, apretones de manos y abrazos en los callejones oscuros de Japón. Cuando iban en tren hacía su próximo destino, ella siempre se dejaba llevar y las manos de Shigaraki con sus guantes especiales terminaban en algunos de sus muslos. Un suave tacto en la piel y el nerviosismo del cuerpo sin experiencia de Shigaraki rugía por reclamar. Rumi no lo decía con mucha claridad porque ella aún le era fiel a la confidencia de sus labios. Sin embargo, cuando nadie estaba ahí para verlos, se hundían en las mantas de una cama en un hotel viejo, compartiendo besos suaves y algunos que se sentían como oxígeno. Shigaraki siempre terminaba con una erección dolorosa y Miruko con la sensación de excitación en su cuerpo, mas no iban más allá. Si ambos eran honestos en ese sentido, tenían miedo. Estaban en contra de todos en ese momento, Shigaraki en contra de su maestro, provocándole para ver si así de una vez por todas salía de las sombras para enfrentarse a la verdad. Para ver si era capaz de poder explicarle porque lo había entregado a la comisión de héroes, de porqué lo hizo volverse una herramienta del gobierno sin hacer nada. Y Miruko tenía miedo de entregar su aliento a ese hombre, que aunque la hacía sentir de cierta manera segura, seguía siendo un asesino. Parte de la organización que le arrebató partes de su cuerpo y la hizo perder su licencia de héroe. 

 

Sin embargo, besarlo y saber todo lo que había detrás de él… No se sentía del todo una miseria. 

 

Ambos estaban ahí, bailando un sueño que ninguno de los dos podía decir si era real o mentira. ¿Lo suyo? Complicado, Shigaraki quería hacerla feliz y tenía en su cabeza la idea de que él también era parte de su dolor. ¿cómo hacerlo si era parte del problema? Miruko se sentía mal porque su mente y cuerpo iban alejándose de lo que debería hacer, estaba luchando por esos niños y al mismo tiempo disfrutando en la oscuridad la mirada de esos ojos rojos. Casi tan humanos que se sentían buenos. Y así lentamente, lo que muchos hallarían estúpido se volvió una simpleza en su vida. Por las noches asesinando y sintiendo la sangre de decenas de hombres malignos, aún así, humanos al tacto. Miruko no estaba acostumbrada a sentir la sangre en sus manos, no podía hacerlo sin sentirse nauseabunda al final de la noche cuando el sol bañaba todos los edificios con caricias que no apelaban al dolor de su piel morena. 

 

Nada era justo, y así, llegó frente a una niña. 

 

Solo diez años y la forma en que deseaba la destrucción del mundo no era ni normal. ¿Qué hacía una niña así en la calle durante la noche? Miruko no podía hacerlo, no sabía si era una prueba de la comisión para probar su lealtad pero antes de poder pie atrás, la niña extendió sus brazos y comenzó a atacar.

 

—¡Rumi!—gritó Shigaraki mientras veía a Miruko congelarse, sin poder hacer nada más que apretar los dientes. Tomura también sentía que era un tipo de prueba pero la niña era letal, de sus brazos extendidos salían cuchillas que pronto serían mortales para ambos. Con su velocidad tratando de mermar los ataques de la pequeña trato de golpearla para noquearla, sin embargo, había una voz en su cabeza que le gritaba tan claro… 

 

Mátala. Mátala. Mátala. Mátala. Mátala. 

 

—¡Tenko, por favor no lo hagas!—ahora era la voz de Rumi, de pronto los ojos de Tomura se volvieron borrosos y durante ese instante sintió el ardor en su estómago, había sido apuñalado por una de las cuchillas de la niña. Con diez años y la risa estridente que salía de sus labios por haberlo dañado, era un paraje que lo hacía sentir enfermo. Miró unos instantes a Rumi y pudo verla llorar. 

 

Ella lo entendió. 

 

—Lo siento—fue un susurro antes de agarrar el brazo extendido de la niña con ambas manos, la niña gritó de dolor al ver cómo lentamente su brazo se volvía polvo pero antes de que uno de los dos pudiera lamentarse por ello, la niña con una de las cuchillas de su otro brazo lo cortó antes de que la destrucción de Shigaraki llegará a su cuerpo. Para Tomura le fue inevitable pensar en Kai, como había hecho lo mismo con él, como había visto la muerte en sus ojos al hacerlo. La demencia tomando parte de su alma. Una niña de apenas diez años lo había hecho, solo que a sí misma. Se sentía enfermo. Rumi estaba de rodillas en el suelo viendo la escena, una vez libre se intentó acercar para tratar de detener la hemorragia de la pequeña. 

 

—¡No te me acerques!—el cabello lacio y oscuro de la niña ocultó sus ojos llenos de dolor. Era solo una niña pero había tanto dolor en ella que no se sentía así al verla. 

 

—Déjame ayudarte, si no lo hago, morirás—Rumi estaba herida por las cuchillas de la niña y Tomura aún estaba apretándose el estómago, justo donde la niña había rasgado su piel. Si no fuera porque tenía ventaja de sanación sobre los demás, ya habría muerto. 

 

—¡No! ¡No me toques, si lo haces, te mataré!—era evidente que la niña estaba sufriendo así que Rumi se acercó de igual forma pero antes de siquiera concertar un tacto, la niña tomó otra vez la cuchilla y rasgó de forma muy desprolija su garganta. La sangre cayó grotesca por sus ropajes, pequeños comparados contra los de Shigaraki y Rumi. Ambos, alfa y Omega, sorprendidos completamente por la acción. 

 

Mudos y con la mente oscurecida por completo.

 

—¡Alto ahí!—Rumi no escuchó a la policía pero sí sintió el brazo de Shigaraki cuando la sacó del callejón, y como el viento corría sus cabellos blancos y sus mejillas frías ante el líquido transparente de sus ojos. Llorando, estaba llorando pero no era la única. El pecho de Shigaraki temblaba contra sus oídos, al igual que sus manos. De edificio en edificio huyeron de la escena hasta acabar en un helipuerto tan alto que todo el distrito financiero se veía a sus pies. La vista era mágica pero la sensación era miserable, Shigaraki se acercó pidiendo perdón por haber hecho daño a la niña. 

 

—Rumi, yo no sabía que se mataría de esa manera—ella levantó la vista, completamente vacía, nada de vida en ella y se abalanzó en contra de Shigaraki, tratando de golpearlo. Tomura luchó pero no había fuerzas en los golpes de Rumi, incluso sollozaba. Ambos terminaron uno sobre el otro, ella llorando y Tomura tratando de contenerla en sus manos. Ambos lo dejaron, cansados y doloridos. ¿A qué se estaban enfrentando? ¿Por qué tenía que ser así? No valía la pena, porque todo era miedo, miseria y dolor.

 

Y ella solo quería huir de ese sentimiento, aunque fuera solo por unos instantes. 

 

—¿Puedes controlar bien tu particularidad?—Shigaraki asintió sin saber a qué se debía esa pregunta, sus ojos completamente enfocados en ella y su mirada. ¿Qué era eso?—. Bien, no me falles ahora. 

 

Rumi se quitó la chaqueta negra que la hacía pasar por civil, bajo ella había un leotardo negro brillante que la hacía ver aún más sensual. La polla de Shigaraki pulsó en sus pantalones al verla, las manos de Rumi fueron por las de Tomura, las hizo delinear sus caderas, su cintura y sus pechos. Y ahí ambos se quedaron mirando mientras la respiración de ella se hacía cada vez más acelerada al sentir la curva contra su intimidad. Los dedos de Shigaraki amasaron con suavidad sus pechos, en poco tiempo los pezones de ella se presentaron contra la tela del leotardo. La boca de Tomura se hizo agua y sus manos lentamente desintegraron la tela del leotardo, Rumi gimió algo preocupada. 

 

—Tranquila, eso fue a propósito—un segundo después de decirlo, su boca fue directo a sus pezones. Rumi dejó ir su cabeza y con ambas manos jaló el cabello de Tomura. Su boca era tan cálida sobre sus pechos, el frío era terrible pero su lengua se sentía aterciopelada. Quería más y más. Lo que fuera para borrar el dolor. El movimiento involuntario de Rumi hizo que las caderas de Shigaraki fueran por más, buscando la humedad que estaba mojando su pantalón. Ella lo sintió y cerró sus ojos. Todas las voces en su cabeza se esfumaron cuando la mano del alfa se fue introduciendo lentamente en su pantalón, con masajes hasta llegar al leotardo para liberar su coño húmedo. 

 

—Tenko...—susurró contra el oído del alfa y un pulgar acarició con cuidado su clítoris, mordió su labio y dejó que las caricias de su boca y dedos fueran hasta su cabeza, viajando por su cuerpo hasta adormecer cada músculo. La palabra Tenko hizo a Tomura entrar en un trance sin fin, chupo más fuerte y pulso más rápido, sus dedos estaban empapados y lo único que quería era probar la mancha de los mismos pero en ese momento no podían, así que con el poco raciocinio que le quedaba, se sacó su abrigo y lo dejó en el suelo, con un movimiento rápido, Rumi estaba contra el suelo y el encima suyo, la prótesis no dió problemas así que corrió su pantalón para ver su culo. Se ahogó al ver sus pliegues brillando, llamándolo, invitándolo a entrar con su pequeña y blanca cola. Quería inclinarse y probarla pero su polla dolía como un infierno y ella temblaba por más—. Tenko, no me hagas esperar o me tocare sin tí, como lo hacías tú con mi ropa interior. 

 

Sus ojos rubí brillaron tan fuerte que ninguna de las luces de la ciudad se le podía comparar.

 

Tragó duro, bajó sus pantalones y liberó su polla, pulsó la punta roma y se introdujo lentamente, la calidez de ella y sus gemidos lo hicieron entender porque su maestro nunca le había permitido tener algo emocional con un Omega. Solo Izuku, la persona que estaba destinada a sus carnes. Pero en su cabeza en ese momento no había nada verde, solo piel morena, cabellos blancos y ojos rojos. Los únicos colores que necesitaba para sentirse como el alfa más afortunado de la ciudad. Con ambas manos tomó las caderas de Rumi, la sensación lo envolvió y embobado por la vista vió como sus caderas se conectaban produciendo ese sonido húmedo que retumbaba en su pecho, haciéndolo sentir más demente, más alfa. Era caliente, ella era así, con su voz, su boca, sus piernas firmes, su pecho generoso, el movimiento de su espalda, hasta la pequeña cola temblando. Rumi merecía el mundo solo por nacer, por tenerlo en la cima de edificio, perdiendo la timidez por su falta de experiencia sobre un helipuerto. Casi drogado, dios, no había forma de aceptar que hubiera alguien más. Ella era suya, solo suya. 

 

Con cada embestida, Rumi sonrió aún más fuerte que la vez anterior. El nudo de Tomura era grande, lo sentía cobrar vida en los pliegues dulces de su interior, tocando con facilidad su punto, sin experiencia pero diseñado para hacerla sentir placer. De un momento a otro, Shigaraki la apegó a su pecho, una mano de ellas fue alisando sus caderas hasta acabar sobre sus labios, saboreo los dedos mientras más hondo llegaba, sintiendo por completo el nudo tomar forma contra su culo. No podía más quería correrse, y cuando ya estaba en el límite, la otra mano de Shigaraki pulsó sobre su clítoris, suaves movimientos y apretó sus piernas reteniendo el orgasmo, no pudo y apretó la polla de Shigaraki con su interior. El alfa sonrió y lamió su cuello, justo donde estaba la glándula. Rumi lo pidió, lo pidió tan fuerte que su voz se secó contra sus labios. Los colmillos de Tomura salieron y cuando su nudo explotó dentro de ella, exhaló antes de hundirlos por completo en la carne. La mano de Rumi jaló el cabello de Shigaraki y agradeció al universo por hacerla ver todos esos colores y sentir tan dichosa sensación en sus entrañas. 

 

Dios, Tenko la había marcado y todo el dolor de ver a la pequeña morir sin hacer algo se esfumó de su piel. Y no había sensación más pacífica y magnífica que esa. 

Chapter Text

"Solo dios sabe lo mucho que te he amado, lo mucho que he esperado verte todos estos días. Cada uno de ellos pensando en el sentimiento de que si no hago lo suficiente, te perderé en la oscuridad. Las puertas del cielo están abiertas, pero sería demasiado fácil ir y dejar todos a mis seres amados solos, de dejarte solo."

 

….

 

Bajo el eco de las palabras de Denki, hubo una oscuridad que se formó en sus expresiones. Tenía miedo, era normal considerando que su cuerpo estaba albergando un problema, no, no era un problema. Pero eran tantas palabras que Katsuki lo único que pudo hacer frente a ellas fue dejarlas ahí y abrazar el pequeño cuerpo del omega. Las manos de Denki se aferraron y pidió perdón, sus labios lo dijeron tantas veces que lentamente se volvió un eco en los pasillos del departamento. Dios, Denki estaba embarazado. 

 

Nunca en su vida imaginó que las consecuencias de esa noche serían tan graves, habían muchas soluciones pero las lágrimas de Denki eran claras cuando dijo: "No puedo abortarlo, no quiero pasar por lo que pasó Jirou, no puedo, perdóname pero no puedo. Simplemente no, preferiría dejar de trabajar antes que sufrir lo que ella sufrió. Sé que en una clínica me atenderían bien, pero no puedo hacerlo. Tengo miedo, mucho miedo. Así que, por favor no me obligues a hacerlo." Y Katsuki no se lo hubiera pedido tampoco, después de las imágenes tan vívidas de Kyoka en sus memorias, ver a Denki pasar por lo mismo no era algo concebible. Así que simplemente apretó más fuerte a Denki, sintiendo el bulto de cuatro meses contra su estómago. 

 

La noticia fue dura para el Omega, de hecho llegó a sus oídos durante unos de sus exámenes mensuales. La agencia que lo había contratado era buena pero tenía una política muy estricta con los omegas no marcados. Cada mes Denki tenía que hacer un chequeo físico, pero ese mes le hicieron uno de sangre más específico. Varios salieron alterados y se los hicieron nuevamente, Denki tembló al ver cómo nuevamente los exámenes salían alterados y la beta encargada de su ficha médica le felicitaba irónica y con una cara llena de burla. Era un Omega sin marca, un Omega embarazado sin alfa, estaba perdido. Al llegar a la agencia su jefe le pidió que fuera hasta su oficina, el hombre tenía puesto en el Omega muchas esperanzas pero estar embarazado era como una plaga por el aroma que desprendería en unas semanas. Kaminari no sabía qué hacer, y simplemente se calló frente a su jefe mientras escuchaba los insultos junto a la carta de renuncia que llegó a sus pies. Para no dejarlo a la deriva, su jefe llamó a su contacto de emergencia, Denki no había cambiado su ficha personal, por lo tanto su contacto de emergencia seguía siendo Shinso. En la puerta de la agencia apareció el alfa de cabellos índigo y a su lado estaba Monoma, no le sorprendía la verdad. No tenía dónde quedarse así que le pidió un poco de asilo a Shinso mientras buscaba algo. Pero el alfa solo le hizo una pregunta antes de siquiera dejarlo respirar. 

 

—¿Es mío?—el silencio hizo que Monoma quisiera silbar, pero en ese momento Shinso no estaba jugando. Quería la verdad. 

 

—No lo sé—Shinso lo tomó de la mano, fuerte y con una expresión seria formada en su rostro. Denki no podía reconocer al hombre que lo estaba tomando con tanta violencia. Apenas podía respirar bien por culpa de sus feromonas llenas de odio. 

 

Los tres fueron a un laboratorio que efectuaba pruebas ambulatorias sobre los omegas embarazados. Algo simple y se sabría su información genética, con ello toda la información necesaria para complementar la alimentación del Omega gestante y el feto. Solo se necesitaba una gota de sangre, una del alfa y la otra del Omega. Era una prueba costosa pero Shinso quería saber, el dinero lo valía. Mientras esperaban, Denki jugó nervioso con sus dedos, solo se había acostado con dos personas en su vida y si Shinso no era el padre, la otra persona era clara. Pasaron alrededor unos treinta minutos antes de que la enfermera encargada de las pruebas entregara el sobre con la información, Denki no tomó el papel y Shinso no espero formalidades para saber la verdad, junto a Monoma leyeron en voz baja. La risa estridente del Omega rubio fue más que suficiente para hacer que las pocas fuerzas que le quedaban a Denki se fueran escurriendo por sus músculos cansados, levantó la vista y Shinso, quién no pudo dimensionar bien la información, golpeó con fuerza la mejilla de Kaminari. Todo el pasillo de la clínica quedó en silencio, hasta Monoma había quedado en blanco con la acción de su novio, su piel estaba casi tan blanca como las luces. El alfa no dijo nada más y se fue, Monoma se quedó unos momentos viendo la expresión de Denki y le entregó el papel con suavidad. Él también era un Omega, entendía un poco lo que estaba pasando el otro a pesar de su personalidad complicada. 

 

—Lo siento mucho—susurró, parecía preocupado mas no entendía bien el dolor de Denki, no le importaba lo que pensara Shinso. Había terminado con él hace tiempo y no necesitaba más de su aprobación o tiempo, sin embargo, la clínica estaba llena y nadie hizo nada cuando lo golpearon. Hasta la enfermera encargada de la entrega de información parecía decepcionada de él, un héroe en ascenso con un hijo no nato, no había vergüenza más grande en el mundo de los héroes. Tomó el papel y lo leyó tratando de contener las lágrimas. Dieciséis semanas de gestación, su género aún no estaba bien definido pero su formación era sana a pesar de que había recibido mucho golpes mientras trabajaba, así que no le sorprendería que fuera un alfa y más sabiendo que era de Katsuki. Solo él le podría engendrar un feto sano y fuerte. 

 

Cuando salió de la clínica, el frío lo envolvió y no fue capaz de llamar a su padre a pesar de que él había vivido lo mismo. Con pocas ganas de hacer algo fue hasta el departamento de Katsuki, ese que se había comprado para no molestar a nadie en la agencia de Endeavor, según las palabras de Shoto cuando cenaron hace un tiempo durante una emergencia. No quería molestar pero hacía frío y su estómago, que hace unos días pensaba que era gordura, pesaba más de lo común. Y ahora estaba entre los brazos del alfa, no lo había golpeado como Shinso y tampoco sus feromonas sostenían una esencia de burla u odio. Se sentía bien, y ahí lloró amargamente. Los sentimientos eran una mierda pero ahora podía dejarlos ir y gritar por ellos.  Los minutos pasaron y ambos se quedaron mirando las manos mientras el tiempo parecía ir más lento, la mente de Katsuki estaba en Nueva York con un pequeño bebé en sus brazos, los pensamientos de Denki seguían en su cuerpo y las probabilidades. 

 

—¿Qué haremos? No quiero hacer un escándalo en los medios—y ahí, Katsuki pudo recordar los precios que tenían sus genes y los de Denki, apretó sus labios y su pulso se aceleró. Maldijo por lo bajo, eso llamó la atención de Denki que no estaba en condiciones de recibir ese tipo de información sobre la comisión. Demasiado cruel—. ¿Qué pasa? Por favor, si tienes algo que decirme, solo dímelo. 

 

—No, joder. No podrías asimilarlo bien, es demasiado—Denki tomó con fuerza los hombros de Katsuki. 

 

—Somos amigos, ahora tenemos esto entre nosotros, ninguna palabra que salga de tu boca podría hacerme caer, he visto cosas Bakugō, he visto muchísimas cosas en las calles… Ya nada realmente me sorprende. Por eso, confía en mí—Denki estaba en lo correcto, durante las semanas que trabajó en la agencia, sus ojos habían sido testigos de niños, de adultos y tantas drogas que el degradado de la sociedad seguía marcado en sus ojos. Era increíble que lo que su padre decía sobre ser un héroe no tenía nada que ver con lo que sus ojos habían visto. Incluso siendo Omega, cada crimen, se sentía como un tatuaje hecho con tinta roja en su piel. Así que nada de lo que Katsuki podría decir realmente le haría perder la compostura. Katsuki estaba entre la espada y la pared, el aroma de Denki era demandante y su alfa interno estaba como un loco buscando cumplir con todas las expectativas del Omega, incluso su marca en el cuello no ardía en lo absoluto. Era como si todo rastro de Izuku solo estuviera en su cabeza—. Por favor, Kacchan. 

 

Ese maldito sobrenombre. 

 

No podía decirle que no a ese sobrenombre a pesar de que fue la razón del porqué Denki estaba ahí con un embarazo de cuatro meses. Entraron y dejo que Denki se pusiera cómodo, igual ocultarle información sería más peligroso que dejarlo en la ignorancia. Después de todo ese niño tenía genes que llamarían demasiado la atención, tenía que ser cuidadoso. Tenían que ser cuidadosos. 

 

Mientras comían platillos preparados hablaron sobre todo, Katsuki le dijo todo lo que tenía en su corazón sobre las cosas que había estado haciendo el último tiempo, hasta la razón de porque Izuku se había ido a Nueva York. Denki quedó sorprendido con toda la información, era verdad, ahora tenía miedo por la pequeña criatura que vivía en su vientre. Pero, de cierta manera se sentía culpable por haber arruinado la relación de Izuku y Katsuki, si esa noche hubiera usado un condón adecuado al talle de Katsuki, no estaría imaginando millones de escenarios dónde le quitaban al pequeño para venderlo a unos criminales. Trató muchas veces de tragar la comida, todo era tan complicado. Katsuki se abstuvo de mostrarle las fotografías y los vídeos, y Kaminari lo agradeció. Con su estómago tan delicado, no hubiera soportado las contracciones de su mente. Se hizo tarde, ambos estuvieron horas y horas hablando sobre la comisión y sus andanzas en el bajo mundo.

 

—Realmente pensé que Izuku se encargaría de Afo, supongo que ahora es mejor que este en Nueva York… ¿Estás bien con eso? Porque lo amas, ¿no? Por como hablas de él, es muy fácil suponerlo—Katsuki se detuvo en mitad de su pastel de mochi, la mirada de Denki era comprensiva. Y es que, en realidad no había hablado de esto con nadie, ni siquiera sus padres sabían las verdaderas razones de porque se había ido y Todoroki era demasiado estreñido emocionalmente cómo para entenderlo bien. Suspiró y observó la enorme ventana que daba justo a la ciudad, las luces iluminaban todo. A veces, cuando llegaba y no podía ir hasta su cama, se preguntaba si Izuku se sentía igual de solo. Si él también anhelaba su calor, momentos después recordaba que Izuku probablemente estaría con un Americano atractivo, alguien que podría darle lo que nunca pudo. Alguien digno. 

 

—Me duele, no voy a mentir con ello. Me duele mucho y es cansino hacer tanto y no poder ver sus ojos. Sé que está bien, sé que está dando lo mejor de sí y yo estoy haciendo lo mismo. Tengo que hacer lo mismo, lo amo, por eso lo hago. No podría imaginar un mundo donde él no sea feliz, y si tengo que sacrificar mi felicidad por él, lo haré—Katsuki no pudo ver a Denki moverse pero sintió sus brazos alrededor de su cuerpo, Katsuki río cuando vio la cara de Denki desfigurada en un llanto horrible.

 

—Dios, eres tan tierno cuando hablas así que no puedo evitar llorar, ojalá Mina pudiera verte así de bonito—Katsuki lo insultó y Denki le devolvió el insulto. Y así pasaron horas antes de que ambos cayeran dormidos en el sillón, sobraba tanto espacio en su departamento que con Denki ahí, Katsuki no se sentía tan solo. No había tanto silencio, sería incómodo acostumbrarse a la presencia del Omega porque seguramente era un alma desordenada pero era mejor que sentirse solo. Cualquier cosa era mejor que ese frío de la soledad. 

 

Al llegar la mañana, Katsuki llamó a Endeavor para informarle sobre su situación, el alfa lo felicitó y le ofreció a Denki un trabajo para que no estuviera cesante mientras se desarrollaba su embarazo. La idea de Katsuki era fingir que él y Denki tenían algo para que los medios se desviarán del evidente problema en su vientre, después de la lumbre, el Omega tenía la intención de trabajar para endeavor y conseguir un trabajo en el extranjero, tal como lo había hecho Izuku. La idea era un poco alejada del plan inicial pero mientras más ayuda tuviera Denki con su embarazo, más fácil sería afrontar a la comisión y sus consecuencias. Para cuando terminó la llamada, Enji lo felicitó por segunda vez. Katsuki no lo entendió hasta que su reloj analógico de la cocina le entregó la fecha. Diecinueve años, diecinueve y sería papá dentro de cinco meses que seguramente pasarían más rápido que un suspiro. Su madre lo iba a matar, su padre estaría feliz y probablemente la mitad de la clase A lo felicitaría para reírse a su espalda, sin embargo, Izuku… Era inevitable que se enterara sobre su supuesta relación con Denki y ni hablar de que en unos meses va a tener un bebé entre sus brazos. No quería imaginar su reacción, o lo que podría hacer. Aunque una parte de su corazón le decía que no le importaría, que él estaba feliz siendo ajeno a su vida. Y con esa pequeña parte tan dolorosa de su corazón se quedó cuando despertó a Denki para ir a comprar cosas para el bebé. 

 

—Gracias—dijo Denki mientras se ponía sus zapatos para salir, aún hacía un poco de frío a pesar de que ya era abril y era inminente la llegada del verano. 

 

—¿De nuevo alucinando Pikachu? Empiezo a creer que esos pasteles tenían algo más que matcha—el Omega levantó la vista, había cariño en su mirada. El alfa interno de Katsuki lo entendió. Hablaba sobre el bebé. 

 

—Hablo enserio cuando digo que, aunque probablemente de muchos problemas, lo quiero tener. Tengo miedo del aborto, tengo miedo de mi padre, tengo miedo hasta de las cosas que podrían pasar pero es realmente muy agradable cuando alguien que nunca pensaste que te podría ayudar… Te tiende una mano. 

 

—Fue un error mío también, esa noche nos drogamos y usamos mal los condones. Anudé un par de veces en tí, por extraño que parezca, de hecho hubiera sido un milagro que no hubiera pasado nada. Además, no soy un alfa que no se hace cargo de sus cagadas, tendremos a este… Bebé, suena extraño aún, pero saldremos adelante. Cómo amigos, aunque te quieras ir, yo nunca te detendría—Ambos bajaron por el ascensor, Katsuki llevaba una bufanda alrededor de su cuello, Denki comenzó a verla sin parar, la tela olía a protección. 

 

—Seremos padres, suena ya surrealista hombre. Nunca pensé que tendría un cachorro con el alfa más malhumorado de la clase, aunque si soy honesto, eres bueno en la cama. Tienes una buena polla, una buena técnica de cadera y una lengua espectacular—estaban saliendo del edificio cuando Denki dijo las palabras, Katsuki se enrojeció ante el comentario y para callar la risa de Denki le apretó la bufanda alrededor de su cuello.

 

—¡Deja de decir cosas tan vergonzosas, maldito Pikachu!—Denki se rió más fuerte ante ello, incluso tomó su estómago con fuerza. Definitivamente iba a ser muy extraño ir de compras con él y fingir tener una relación. 

 

Mientras iban hasta el centro comercial, los cerezos hicieron recordar a Katsuki lo mucho que le gustaba a Izuku verlos caer. Sintió aire de primavera abrazar sus mejillas y cerró los ojos para ver a Izuku mirando el cielo, sus mejillas llenas de pecas sonrosadas por culpa del calor, sus ojos verdes siguiendo suave la caída inevitable de los pétalos pálidos, la sonrisa leve en sus labios y su cabello brillando. Katsuki podía ver cada día esa imagen, soñaba con ello, con Izuku siendo feliz y estando tranquilo. Lo amaba y se sentía dichoso por haber estado cada segundo a su lado, compartiendo esos momentos que lo marcaron, que lo hicieron ser mejor persona. Sin Izuku ahí para recordarle lo frágil que era, lo mal que estaba su comportamiento, seguramente nunca hubiera cambiado, nunca habría dado ese gran paso de amar a alguien más. Si, los sentimientos eran una carga en el corazón, lo hacían débil y una persona necesitada por más pero sin ellos, no estaría salvando a nadie. Solo estaría obsesionado con ser el mejor, y no, ya no quería ser el mejor. Ahora solo quería salvar a más personas, salvarlo a él. 

 

Cuando llegaron al centro comercial, Denki se volvió loco buscando cosas para el bebé. Todo iba tan rápido que Katsuki solo se quedó viéndolo, imaginando cómo serían las cosas si todo fuera normal. ¿Izuku estaría ahí también? ¿Habría aprobado esto? No lo sabía, tampoco se hacía muchas ilusiones por sus aspiraciones. Sin embargo, era divertido ver cómo Denki hablaba sobre cosas que seguramente le habían enseñado en sus primeros años de escuela, cuando preparaban a los niños omegas para ser padres. Katsuki no sabía nada de eso, porque ellos solo eran enseñados para proveer, para ser fuertes, protectores y dominantes. Inevitablemente fue tras Denki y preguntó, quería saber tanto. Era molesto aprender cosas nuevas, pero esta se sentía como un favor. Su hijo lo necesitaría pronto…

 

Su hijo.

 

Una palabra fuerte, una palabra que lo hacía sentir cálido y al mismo tiempo temeroso de todas esas sombras que podrían estar acechando. Los iba a matar a todos, uno a uno iban a caer antes sus pies sin importar nada. Y cuando Afo decidiera que era hora de salir de su sombra, ayudaría a Tomura a acabar con el cobarde. 

 

La sonrisa de Denki llegó hasta sus oídos cuando intentó mudar a un bebé de plástico, frunció el ceño y lo intentó de nuevo. Algo así no podría ganarle, estuvieron unos minutos ahí tratando de lidiar con el talco, el aceite para bebé y las toallitas húmedas, Denki casi se muere de la risa con la orina falsa y Katsuki casi le explota la cara por eso. Lo único que lo detuvo fue porque Denki le gritó que era el padre de su hijo. Los encargados de la tienda no sabían mucho cómo intervenir, solo anotaron todo lo que el alfa decía mientras el Omega se seguía riendo de su falta de experiencia. Al finalizar el día, los dos acabaron en uno de los sillones, con cajas llenas de compras detrás suyo. 

 

—Feliz cumpleaños, Bakubro. Eres un viejo ahora—Denki dijo mientras veía sus pies hinchados. 

 

—Callate, solo son diecinueve años idiota—Katsuki le arrojó un cojín, Kaminari lo agarró lo tomó entre sus manos, apreciando el olor. El olor de Katsuki era tranquilizante, así que se acercó, el alfa lo observó con una cara inquieta pero noto sus intenciones, suspirando abrazo al Omega mientras tomaba el control de la televisión en sus manos—. No nos hará bien dormir aquí por dos noches seguidas. Además, recuerda que mañana tenemos que ir donde mi vieja, claro, si salimos con vida de eso. 

 

—No prometo nada, también le tengo miedo a tu madre. Si tengo que dejarte atrás, lo haré sin siquiera mirar tu muerte. 

 

—Eres un pokémon traidor—Kaminari casi se ahogó con su propia saliva, pero tenía razón. Katsuki tenía miedo de lo que su madre podría decir, Masaru era más comprensivo pero ella… No lo era. 

 

A la mañana siguiente, Denki se escondió en el baño mientras Katsuki salía a correr. El Omega estaba con su celular en las manos, temblando porque su padre lo había llamado decenas de veces durante la noche. Suspiró mientras lo llamaba, tenía miedo de su reacción. Tenía de su lado a Katsuki y él era una persona increíblemente comprensiva, de hecho, se sentía sorprendido y dichoso por eso. Sin embargo, su padre también era importante. Él era la única persona en todo el mundo que podía hacerlo sentir al desnudo de sus sentimientos. Su padre contestó la llamada pero hubo un silencio, lo conocía tan bien que hasta a kilómetros de distancia sabía lo que estaba pasando. 

 

—Bebé… ¿qué ocurre?—Denki tragó duro. 

 

—Papá, bueno, lo siento por no haberte contestado un poco antes. Estaba atareado con un problema más o menos grande—jugó con los dedos de sus pies mientras veía la lujosa bañera a su lado. Una que usaría para relajarse mientras llegaba Katsuki. Pensaba en eso porque quería divagar un poco de la conversación, restarle importancia. 

 

—Lo entiendo, Shinso me llamó diciendo cosas horribles—Denki se puso de pie, su sangre hervía en sus venas. 

 

—¡Nada de lo que te haya dicho es verdad!

 

—Lo sé, por eso estoy esperando que me digas qué está pasando. Bebé, no me voy a enojar, todo tiene solución en la vida—ante ello, el Omega volvió a sentarse. 

 

—Quizás esto no sea tan fácil de arreglar—su padre guardó silencio, a la memoria de Denki vivieron muchas noches donde las cosas eran difíciles porque su padre siempre había estado solo. Las noches de cuentos, de palabras de aliento y lágrimas por el futuro. Los juguetes nuevos bajo un papel de regalo colorido, comida en las noches que parecía un manjar. Sandía en las tarde de verano e incertidumbre por el tiempo. Denki lo sabía, sabía que su padre no sería un hombre cruel como Shinso por eso abrió sus labios y dijo la verdad—. Estoy embarazado. 

 

—Entiendo… ¿Estás bien? Sé que te despidieron, ¿dónde pasaste la noche? ¿Comiste bien?—hubo una pausa—. Dios, ni siquiera pregunté si quieres tenerlo. 

 

Las lágrimas cayeron por las mejillas de Denki, rió del alivio. Se sentía tan agradecido. 

 

—Sí, Bakugō y yo lo tendremos. No seremos pareja, pero seremos una especie de familia hasta que el tiempo diga cómo vamos a seguir. 

 

—¿Ground Zero?  He escuchado que es un alfa irascible, ¿te obligó? Recuerda que puedes decirme de todo. Yo lo mato si te hizo algo malo. 

 

—No, para nada. De hecho, ayer fuimos a comprar cosas para el bebé, nos reímos incluso cuando no podía ponerle un pañal a un bebé de mentira. Fue divertido. 

 

—Hijo… ¿Lo amas?—Denki se detuvo unos instantes. ¿Amarlo románticamente? No, la verdad es que no podía hacerlo sin sentir cierta incomodidad. Sin embargo, amarlo a secas era algo que el tiempo debía decir. Le tenía mucho aprecio por todo lo que había pasado y, a veces, cuando cerraba sus ojos y sentía que no podía hacer su trabajo de héroe… Bakugō venía a su cabeza, su imagen. Quizás era una inspiración, quizás era ese tipo de amigos que no se pueden reemplazar. Katsuki era especial, pronto iba a ser el padre de su bebé y eso era algo importante. Aún así...

 

—No lo sé, pero espero que nunca sea romántico porque su corazón ya pertenece a otra persona. 

 

El padre de Denki guardó silencio, después de unos minutos ambos siguieron hablando sobre el bebé, sobre su desarrollo y las vitaminas que Katsuki le había comprado para que los síntomas del embarazo fueran más leves. El tiempo hizo de las suyas y a medio día Katsuki ya estaba volviendo a casa con el cuerpo cansado, había aprovechado de ir a la agencia para presentar todos los documentos médicos de Denki para que obtuviera un seguro médico más amplio. Como Katsuki era alfa y estaba bajo el manto de Endeavor, el gobierno le daría un dinero extra en su salario para la mantención de Denki, ese dinero iría directamente a la cuenta bancaria del omega. Era una paga buena considerando el costo de vida para un Omega en Japón, Nora le preguntó qué estaba haciendo ahí en su semana libre. El alfa mintió, Enji le prometió que mantendría en secreto el embarazo de Denki, solo el gobierno tendría acceso a esos archivos. Sin embargo, era cosa de tiempo para que la comisión lo supiera, pero mientras Enji le estaba preparando una casa segura fuera de Japón. Cuando volvió, Denki estaba jugando Just dance, feliz con unas pantuflas de Pikachu. Katsuki tomó un batido de proteínas con huevos y preparó todo para ir con su madre. Tomaron un Uber, y cuando llegaron a la casa de sus padres, Denki temblaba de los nervios. Al parecer al Omega le daba miedo la reacción de los padres de Katsuki. 

 

—Relájate Pikachu, mis viejos no muerden. Bueno, eso creo—la voz de Katsuki no era confiable a los oídos de Denki. 

 

—Hombre, eso no ayuda en nada—el omega tomó la mano de Katsuki con fuerza y ambos caminaron hasta llegar al enorme pórtico de la casa, el alfa tocó y esperó unos minutos. Su madre se apareció detrás del pórtico, luciendo perpleja por la apariencia de ambos. 

 

—Dios… Por favor dime que no lo dejaste embarazado—cuando Katsuki guardó silencio y Denki se encogió en su puesto, Mitsuki suspiró y abrió la puerta—. Joder, entren antes que alguien los vea. ¡Masaru, prepara té, tenemos que hablar!

 

Los cuatro compartieron un té mientras hablaban sobre el bebé y la situación complicada que tenían por delante, Mitsuki se le quedó viendo todo el tiempo a Katsuki, en ningún momento dirigió su mirada hacia Denki. No porque no quisiera al Omega, sino porque conocía mejor que nadie a su hijo. Al terminar de conversar, Masaru le mostró a Denki una colección de videojuegos antiguos que el beta tenía. En ese momento aprovechó Mitsuki para hablar con su hijo.

 

—Katsuki, aunque tengan nuestro apoyo, no será fácil, lo entiendes ¿verdad?—Katsuki se apoyó contra la encimera de la cocina mientras miraba unas fotografías de él cuando era pequeño sobre el refrigerador. Tragó en seco al recordar esos años dónde no conocía el dolor, su madre solo lo observó—. Todavía pueden abortar, o dar en adopción. Son jóvenes, tener un hijo es cosa seria. 

 

Katsuki se restregó el rostro. 

 

—Lo sé, pero no puedo ponerlo en esa situación cuando hace unos meses tuve a Kyoka en mis brazos, estaba moribunda por culpa de un aborto. Entiendo que en una clínica podría hacerse de forma profesional y que no correría ningún riesgo real pero no puedo obligarlo, simplemente no puedo siquiera imaginarlo. Tampoco puedo dejar que lo adopten, fue mi error estar con Denki y me haré cargo de ese error—Mitsuki suspiró. 

 

—Algo me dice que no es solo eso, no seas terco y dime la verdad. Soy tu madre, lo entenderé—Katsuki miró a su madre, luego sus manos y jugó con ellas mientras tragaba duro. 

 

—Si algo me llega a pasar quiero que ese niño tenga todos los beneficios que mi apellido le podría dar, quiero salvarlo y me estoy jugando el cuello por ello. No puedo decir mucho pero la mierda esta jodida y no quiero estar solo, tampoco dejarlos solos a ellos… Hasta que Deku se haya ido a América fue un halo de luz. Solo quiero que todos en este jodido país estén bien—su madre se acercó, comprensiva tomó sus manos. 

 

—No los puedes salvar a todos, tus manos serán grandes pero son pequeñas en comparación de los demás. No sé realmente lo que está pasando pero no dudes en pedir ayuda. Siempre nos tendrás… Incluso Midoriya podría ayudarte—Katsuki negó. 

 

—Deku está mejor sin mí, lo que hubo entre nosotros fue… Una ayuda. 

 

—Katsuki, no puedes mentirme. Puedo ver, sé que lo amas y algún día tendrás que decírselo—Mitsuki tomó entre sus manos la cara de Katsuki, el alfa corrió la mirada. 

 

—Él necesita alguien que le dé confianza, yo me cree expectativas solo y por eso no pude darle la confianza necesaria para que me dijera que se iba a ir. No es su culpa que yo haya malentendido las señales—Katsuki no quería llorar así que se corrió del lado de su madre, suspirando trató de tragar ese bulto en su garganta al pensar en Izuku y su tema de confianza mutua—. Cómo sea, ¿dónde está ese Pikachu de mierda? Tenemos que volver antes de que sea demasiado tarde y alguien nos vea por ahí. 

 

—Katsuki…—el alfa se dio vuelta claramente enojado, no quería hablar de esto. No ahora, todavía no podía manejarlo bien. El dolor seguía reciente en sus heridas. 

 

—¿¡Qué quieres?!—Mitsuki sonrió amable, sus cabellos se acumularon alrededor de sus mejillas pálidas, sus ojos rojo sangre se mostraron gentiles, Katsuki se detuvo y esperó por las palabras de su madre. 

 

—Feliz cumpleaños hijo. 

 

Los ojos de Katsuki se humedecieron, Denki apareció y se mostró juguetón cuando Mitsuki le dijo que era un Omega muy bello con sus ojos ámbar. Al cabo de unos minutos abandonaron la residencia Bakugō para ir a su departamento, mientras iban de camino Katsuki se fijó en los rostros inexpresivos de las personas. Cómo la noche teñía con inseguridad las calles, como muchos se jactaban de las supuestas libertades para tomar rienda violenta en sus pequeños mundos. Luego sintió la cabeza de Denki caer sobre su hombro, cansado. Al ver su expresión tranquila pudo sentir el temor de perder algo. Izuku se podía proteger por sí mismo, era un Omega fuerte y decidido, en su vida había conocido alguien tan terco con sus propias ambiciones, le tenía plena confianza en sus habilidades y mentalidad. Sin embargo, Kaminari no era así. Juguetón, sonriente, fácil de quebrar y ahora embarazado. 

 

Tenía que protegerlo. 

 

 

Después de su semana libre, volvió a la agencia. La primera persona que lo recibió fue Nora. Con su hermosa sonrisa le dió un montón de papeles que resumía la semana que estuvo en casa, la Omega ahora vestía un traje de héroe apegado a su figura curvilínea. Se notaba el enorme intento de la Omega por seducirlo, ignoró su cuerpo y caminó hasta la oficina de Endeavor. Al llegar ahí, Hawks se estaba vistiendo y el alfa mayor carraspeó por la evidente intromisión, Katsuki no dijo nada e informo seriamente sobre el estado de Denki y todo lo demás. Nora no pudo entrar porque en ese momento Hawks la hizo ir por café, poco después también entró Todoroki diciendo que Shinso estaba haciendo un escándalo a las afueras de la agencia. La sangre de Katsuki se volvió lava en sus venas al oírlo, todavía podía ver la mancha rojiza en la mejilla de Denki. Sin escuchar las palabras de Enji al decirle que debía estar bajo control, bajo corriendo por las escaleras hasta la recepción del edificio, Shinso estaba ahí, dos guardias betas lo estaban reteniendo para que no entrara al edificio donde decenas de omegas trabajaban, apestaba a furia y sus pupilas estaban tan pequeñas que el índigo de sus ojos consumía todo. El alfa al ver a Katsuki rugió, sus colmillos afilados se encarnaron en sus labios dejando caer líneas rojas hasta su cuello. Escupió un poco al gritar y se liberó de los guardias, Todoroki trató de alcanzar a Katsuki pero el alfa rubio ya se había quitado su guante derecho, y en menos de un segundo golpeó la mejilla de Shinso.

 

El alfa de cabellos indigo probó el suelo con fuerza, su propia voz rota. Katsuki no le dió tregua y lo tomó entre sus manos con un fuerte agarre en su traje de héroe negro. 

 

—Escúchame hijo de perra, no me importa lo que sientas, no me importa lo que pienses pero si te acercas a Denki un solo metro te mataré. Y si dices algo que llegue a hacerle daño a su carrera, te enterrare vivo, ¿me oíste?—de los colmillos de Katsuki goteaba un veneno tan fuerte que algunas gotas cayeron en la piel del cuello de Shinso, formando una quemadura que parecía carne viva—. ¿¡Me oíste?! ¿¡ME OÍSTE HIJO DE PERRA?!

 

Shinso no pudo decir nada, solo asintió mientras su cuello cada vez se veía más quemado. Todoroki quedó estupefacto, Katsuki no tenía tanta fuerza antes. Algo en él había cambiado y era aterrador, incluso un alfa como Shinso tenía miedo de esa fuerza. En ese momento Nora se acercó a la conmoción de la agencia, Hawks detrás de ella también. Tragó en duro cuando ella sonrió ante la imagen, Katsuki vió como Shinso se iba sin decir nada. Luego se dio vuelta, al hacerlo solo miró a Nora y le hizo un gesto para que volvieran al trabajo. En realidad, la distrajo para que no averiguara sobre Denki, la Omega estaba complacida. Patrullar con Ground Zero era un privilegio. 

 

Porque para Nora patrullar con Katsuki era como un sueño frustrado. Por momentos se sentía como una heroína, y no una agente secreta de la comisión que tenía como meta quedar embarazada del héroe. Había estado con muchos alfas en su vida pero este era diferente, le atraía física y mentalmente. Aunque era cinco años mayor que él, se sentía completamente sumisa ante sus ojos rojos. No culpaba al Omega Midoriya por huir, porque si fuera por ella, ya le habría dado un bebé incluso si moría en el intento. La sensación le dió un escalofrío, su traje de héroe era más escotado ahora, todo para atraerlo a él. Sin embargo, los ojos rojos siempre estaban sobre la ciudad, sobre los villanos y sus acciones. Era implacable, Ground Zero respiraba pólvora pero cada vez era más fuerte, más potente, Nora estaba desesperada. No porque no tuviera tiempo para estar con él, la razón era porque su cuerpo lo anhelaba de esa forma. Por eso, no usó supresores y dejó que su celo fluyera como normalmente lo haría, sabía que su cuerpo y piel eran una perdición para todos los alfas sobre la tierra. 

 

Su particularidad secreta era replicar las feromonas que los alfas más anhelaban, ella no sabía cómo olían sus propias feromonas pero para los alfas… Era el aroma de la persona que más amaban o anhelaban. 

 

Mientras estaban en las calles, muchos villanos se acercaron a ella por el aroma dulce que desprendía. Ground Zero acabó con todos y cada uno de ellos. La policía acabó saturada por culpa del esfuerzo de Katsuki, parecía disperso con la cabeza en otra parte excepto su propia ubicación. Nora sabía que ella era la razón de porqué él se sentía así. Solo tenía que empujar un poco más para obtener todo, cuando llegaron al final de la jornada, la oficina de Endeavor estaba casi vacía. Los trabajadores de turnos nocturnos se mantenían en sus escritorios mientras los héroes recién salían a las calles por el cambio de turno. Katsuki vio de soslayo salir a Mina con Todoroki a su patrulla. Ella feliz y él siguiéndola como un perro detrás de su ama. Estaba feliz por ellos, por lo que tenían entre sus ojos. Esa mirada repleta de promesas que nadie podía convertir en algo corrupto. 

 

Cuando llegó a los casilleros se sentía muy mal. No sabía porqué pero el aroma de Izuku había estado todo el día en su nariz, se sentía iluso. Pensaba que su mente lo odiaba y no que su ayudante de la comisión le estaba manipulando las feromonas. La misma que lo estaba mirando con deseo desde la puerta de los casilleros. Ella no debería estar ahí, pero no le importaba porque lo único que deseaba era estar con él. 

 

—Vaya, es increíble, diez villanos para la cárcel. ¿Cómo se siente ser tan exitoso en atrapar a esas bestias?—Katsuki se sobresaltó, estaba semidesnudo y ella tenía un escote generoso, un poco más abajo su zip y sus senos estarían libres de la presión de la tela. 

 

—Nora, no deberías estar aquí. Este es el casillero de los alfas, hay muchas feromonas aquí. Pueden ser peligrosas para ti—la Omega no le hizo caso, al contrario liberó todas sus feromonas sabiendo el efecto que tendrían en él. Katsuki tragó duro, ese era el aroma de Izuku. Le recordó inmediatamente esos días en la UA, su corazón dolió y su polla pulsó. ¿Por qué ella olía igual a Deku?—. Aléjate… ¡No deberías estar aquí!

 

—¿Por qué? Debe doler, puedo reconocer el dolor en las personas. Oí que uno de tus compañeros se fue, el tal Izuku Midoriya ¿No? ¿Lo amabas a pesar de que era un beta?—Nora se acercó más a Katsuki, el alfa instintivamente se acercó pero con su mente al borde se alejó a cada paso hasta que su espalda tocó la pared. 

 

—Joder, de verdad. Deberías irte, ahora. 

 

—Los betas nunca podrían entender el poder de un Omega, la perfección que hay entre un Omega y un alfa. Yo puedo hacerte feliz, calmar el dolor de esa persona que se fue. Asumo que tuviste sexo con él, nada de lo que él te haya hecho sera remoto a lo yo te haré sentir—Katsuki la veía acercarse, bajandose el zip de su traje para mostrar unos pechos perfectos, un detalle lo volvió loco. Ella era pecosa, sus pecas eran perfectas. Sus ojos se humedecieron, las lágrimas lentamente cayeron por sus mejillas. No, ella no podía controlarlo. Es lo que quería la comisión, nada más. Bajo la vista y observó sus pantalones, su polla quería estar dentro de ella y su corazón se sentía un prófugo—. Ground Zero, yo podría hacerte sentir querido. Sé que prefieres estar solo pero esto no tiene que significar algo. Solo follar y ya. 

 

—No, ya basta Nora. 

 

—Vamos, solo un poco—La Omega se arrodilló, sus labios se veían húmedos. Acercó sus manos hasta las piernas de Katsuki, ella sonrió. No podía moverse, no podía pero quería hacerlo. Una parte de su cuerpo quería estar con Nora, impregnarla y olvidar a Izuku pero la otra parte sabía que solo sería un problema.

 

Kacchan, seamos rivales. 

 

—¡Nora ya basta!—ella se detuvo, esa era la voz del alfa. Katsuki tomó sus cosas y se marchó, eso era más que suficiente. No quería más. Ella se quedó ahí sin respirar hasta que el alfa estuvo a cierta distancia. Fue tan potente el llamado que su celo se cortó, incluso sus feromonas se cortaron. Tuvo miedo pero ahora se sentía triste y enojada. No salió como quería pero era mejor que nada. Solo era cosa de tiempo. Ese alfa iba a estar en su cama, no iba a fallar como Lev. Ella nunca se rendiría.

Chapter Text

"Ella vive conmigo en mis sueños, estoy pensando en ella cuando estoy contigo y cuando estoy con ella, pienso en ti. ¿Es posible amar a dos personas? Solo el dolor podría hacerlo, ella es lo peor de mí pero vive ahí, en mi cabeza mientras me dices que me amas."

 

…..

 

"Imágenes captadas por paparazzis nos mostrarían que los héroes Ground Zero y Chargebolt estarían en problemas en su reciente relación, según fuentes anónimas y cercanas a los héroes profesionales, la joven pareja el pasado veinte de septiembre habría dado la bienvenida a su primer cachorro. Una bendición sin duda, pero no para ellos aparentemente. El Omega, Kaminari Denki se habría visto abandonar indignado el país. La incertidumbre llegaría a sus fans después de olas de felicitaciones por Twitter, no se sabe exactamente qué es lo que habría pasado entre ambos pero rumores dirían fuertemente que problemas de compatibilidad habrían desencadenado esta dolorosa ruptura. Temporal o no, esperamos que al alfa le vaya bien en su nueva vida como padre soltero."

 

Izuku no podía dimensionar lo horrible que se veía Katsuki en las fotos del noticiario farandulero de Usa, estaba en su hora de almuerzo cuando salió un programa especial que daba información sobre rumores amorosos internacionales de héroes. Ese fue el mismo noticiario que para el día de su cumpleaños le había dado la noticia de que Katsuki sería padre junto a Denki. Jake tenía la extraña manía de siempre ponerlo en la cafetería de la agencia. Izuku desde un principio sentía que no podía confiar en él, y más el día de su cumpleaños que hizo el comentario al aire: "No perdió el tiempo." Izuku no era estúpido, sabía que las intenciones de Jake eran claras. No disimulaba en nada sus feromonas y su actitud hablaba por sí mismo cuando entrenaban. Pero ese comentario le dejó un eco en la cabeza, un eco lo suficientemente grande para que cuando estuviera en casa, fuera por su computadora y buscará como loco el nombre de Katsuki Bakugō en Twitter. Las teorías, las fotografías, el emparejamiento de los fans, los rumores, la prensa rosa, todo lo mantuvo al filo de la locura. Estuvo horas delante de la pantalla negra buscando cualquier atisbo de mentira para esas imágenes, que crueles le partían el alma. Por un instante pensó que Jake tenía razón, que Katsuki había seguido adelante con Denki y que lo había olvidado. E incluso habían tenido tiempo suficiente para elegir ser padres a una edad tan ridícula… Pero los tiempos no encajaban en su cabeza. Para cuando Izuku se enteró sobre el embarazo de Denki, el Omega ya tenía siete meses de gestación. Era imposible que fuera algo planeado, algo definitivamente había detrás de eso y después de horas a su mente vino esa vez. 

 

La noche que estuvo con Todoroki y que Katsuki había estado con Denki. 

 

Y con ello en mente todo encajó a la perfección. La primera sensación que sintió después del terror y el dolor de ver a Katsuki con Denki, fue culpa. Automáticamente la pelea que tuvieron ese día en el gimnasio vino a su cabeza como un eco interminable, los ojos llorosos de Katsuki, el miedo, la soledad, el dolor físico y mental. Todas esas sensaciones lo inundaron tan rápido que no pudo siquiera respirar bien. Se aferró a sus piernas y no durmió nada la noche de su cumpleaños. Diecinueve años y lo único que podía pensar era en esa noche, en ese error tan grave. Jake lo llamó en la madrugada preguntándole si quería comer algo especial por su cumpleaños, celebrar con amigos de la agencia, cualquier cosa. Izuku se limitó a agradecer y pedir el día libre para hablar con sus amigos de Japón, cosa que no hizo aunque le llegaron notificaciones para hacerlo. 

Después de meses entrenando en la agencia, quería respirar un poco de aire libre. Jake no se interpuso, al contrario, le dio toda la semana para que descansara. Y durante toda esa semana Izuku salió a correr a Central Park, sentir que sus pulmones quemaban mientras su cabeza y corazón eran una turbulenta tormenta, era bueno. Todo el cansancio se sentía casi canalizador de no ser por su soledad. En Nueva York había tantas estrellas que a nadie le importaba él, nadie lo reconocía, nadie podía ver sus lágrimas cayendo de rodillas en mitad de un parque. Antes de volver a la agencia le pidió a Tsukauchi que se quedara en Japón, que quería centrarse en los entrenamientos y con él ahí no podía. El investigador privado aceptó sin preguntar un por qué mientras Izuku confirmaba su cuenta falsa en Twitter. Iba a saber todo sobre sus amigos por su cuenta, no más filtros de un hombre que no conocía bien. Si iba a dañarse, quería hacerlo solo.

 

Las semanas pasaron y alimentó su pena con varias imágenes de Denki y Katsuki, ellos siendo una pareja hermosa y armoniosa para los medios. Se sentaba horas en frente de su computador y podía estar atento todo ese tiempo frente al hashtag de la pareja, viendo los comentarios, las imágenes y esos ojos rojos que parecían enamorados del rubio. Se apretaba las rodillas contra su pecho al sentirse desolado, una noche pobre detrás de su espalda, apenas durmiendo pero sintiéndose más humano que nunca. A veces se quedaba en su sillón, con su manta de Allmight, mirando la hermosa ciudad e imaginando qué hubiera pasado si Japón siguiera siendo su lugar de descanso. ¿Habría aceptado que Katsuki tuviera un hijo con otro Omega? ¿La verdad?, siempre fue diferente a los demás omegas. Cualquier Omega habría despechado al cachorro y marcaría su territorio con el alfa al ser el pequeño una competencia por la atención del líder. Sin embargo, Izuku nunca se había regido por esas reglas. Su cuerpo era diferente y también su actitud, habría amado cualquier parte de Katsuki, incluso si esa parte no era completamente suya. Porque si, esos días dónde se quedó en su habitación viendo la pantalla iluminada de su computador realizó algo en su pecho. Algo con lo cual no podía pelear, algo inevitable y doloroso. 

 

Amaba a Katsuki. 

 

Había terminado julio cuando su corazón cayó en la cuenta que sin Katsuki se sentía completamente vacío. Se hizo daño, mucho daño al ir una noche a un bar de la gran manzana. No quería amar a una persona que estaba a miles de kilómetros de distancia, no quería amar a un alfa que pronto tendría familia, no quería amar a alguien con otro Omega. Su cabeza era cruel, las imágenes de Katsuki y Denki haciendo el amor en una cama lo castigaban cada noche, entre esos pequeños lapsos de tiempo donde podía cerrar los ojos y creer que podía descansar. Las pesadillas lo despertaban con fiebre y sudor en cada parte de su cuerpo, lo odiaba y se sentía miserable por necesitar calor humano. Lloraba hasta dormirse pero ya no más, por eso fue a ese lugar, uno agradable donde el aire olía a caramelo. Con muchos omegas sentados esperando por un alfa que los invitara a bailar, muchos de ellos tan hermosos que Izuku se sintió fuera de lugar. Pero si no podía terminar en la cama de un extraño, al menos quería borrar su dolor con alcohol. 

 

Se sentó en la barra, esperó por su cerveza negra y miró los diseños del bar. El barman era un amable beta, con una sonrisa deslumbrante que casi contagiaba la buena vibra con su actitud. Izuku casi se convenció de que se sentía mejor pero al bar entró un alfa rubio, cabello rubio como el de Katsuki, un tatuaje en el cuello en forma de serpiente y un traje de marine. Pretendió que no lo había observado al entrar pero su pecho se entregó por un poco de calor. Pasaron minutos donde la cerveza se volvió un suave mareo, y como si el destino quisiera castigarlo él llegó a su lado y le habló sobre una guerra de la cual Izuku no puso atención. Se llamaba Daniel, tenía veinticuatro años y era soltero porque las guerras solo le traían desgracias a su vida y con eso era suficiente. Izuku le sonrió, de esa manera que era falsa y que dolía en los músculos de su rostro. Daniel lo tomó de la mano con suavidad, una suavidad que Izuku no quería pero que de todas formas aceptó. Los baños estaban limpios, había un suave aroma a supresor en las ventilaciones pero Izuku solo pudo sentir los labios fríos del alfa sobre los suyos. Cerró los ojos ante la suavidad y agarró más fuerte, queriendo borrar las imágenes que se le venían a la cabeza bajo sus párpados. Esas manos y los ojos rojos, la voz y ese aroma a protección, desafío y sensualidad.  

 

—¡Más rápido, más fuerte!

 

Gritó contra el pecho de Daniel. El alfa no dijo nada, solo sonrió y lo dio vuelta con fuerza contra la pared del cubículo, bajó sus pantalones y abrió su culo para hallar su entrada, su lengua humedeció lo que el cuerpo de Izuku no quería hacer. El Omega lloró, era tan diferente pero obligó a su mente a visualizarlo, a pensar que era un mal día, que no era Katsuki. Pero estaba cansado del dolor en su corazón y en cambio se imaginó que de alguna manera una particularidad lo había afectado por eso era más pequeño, por eso sus manos no eran tan cálidas como antes y por eso su polla no era más grande y que el hombre detrás suyo era él. Que Daniel era Katsuki. Las lágrimas cayeron por sus mejillas mientras el placer se cernía en su estómago ante la imagen de Katsuki. Las manos lo tomaron de las caderas para hacerlo más fuerte, para perseguir su propio placer y culminación. Daniel lo tomó y gimió palabras en su cuello, Izuku no dijo nada cuando el alfa anudó y su polla se hizo blanda por culpa de la voz incorrecta. Se odiaba a sí mismo. 

 

Tenía hasta asco. 

 

—Dios mío, ¿estás bien?—después de unos momentos muy incómodos para Izuku, Daniel pudo salir de su interior. Él no entendía su preocupación hasta que vio las gotas en el piso, rojas mezcladas con semen. Asqueroso—. Estás sangrando. 

 

El nudo de Daniel era más pequeño que el de Katsuki, pero su cuerpo no lo quería, eso era evidente. El alfa se sintió tan culpable por algo que no era su culpa que lo invitó a una cita, Izuku aceptó porque no tenía las fuerzas suficientes para negarse. Además, el dolor era un buen tópico en su cabeza, lo distraía de lo verdadero. Al día siguiente, se vio delante del espejo en su baño. Marcas que lo hubieran hecho sentirse orgulloso, ahora eran una molestia. Mientras se estaba bañando, sintió la semilla del alfa caer por sus piernas. Tan incómodo, tan inadecuado. Al salir, Daniel lo llamó pidiéndole una hora para almorzar juntos en un lindo restaurante. Izuku dudó pero solo unos minutos en Twitter lo hicieron aceptar. Y así, Daniel lentamente se transformó en un número dentro de su celular para llamar cuando se sentía solo, en algo sin importancia y que dejaba su cuerpo cansado. El alfa se iba a quedar unos meses antes de volver a medio oriente, y era el tiempo suficiente para que el dolor físico le ganará la batalla al dolor mental. 

 

Jake estaba preocupado por su estado, siempre le preguntaba porque olía tan diferente, Izuku no respondía y simplemente se limitaba a cambiar el tema. Después de los hoteles baratos, conoció las sábanas del pequeño departamento de Daniel, unas costosas telas que se sentían suaves al tacto de sus pezones. Con las semanas el alfa le confesó cosas tan lindas que se sentía ajeno a todas ellas. Mereces el mundo. Te quiero conocer más. ¿Tenías alguien en Japón? ¿Tu familia es numerosa? ¿Cuál es tu comida favorita? ¿Katsudon? Muchas grasas para mí, lo siento. Prefiero otras cosas pero por ti lo probaría. 

 

Todo iba relativo hasta que Daniel antes de irse dijo las palabras prohibidas. 

 

—Izuku, creo que te amo—ambos estaban en el borde de la cama en la habitación de Daniel, después de unas horas de sexo, Izuku solo quería irse a su departamento y lavarse para dormir. El dolor de sus caderas lo distraería lo suficiente para dormir más de cinco horas. Pero ante las repentinas palabras se detuvo, sus zapatos se sintieron pesados—. Podríamos formar una familia, sé que eres Omega y no tendrías que preocuparte por mi. Yo nunca se lo diría a nadie. Seríamos felices, seríamos solo nosotros contra el mundo. Sería nuestro secreto. 

 

Izuku sintió asco.  

 

—Ciertamente podríamos ser felices, pero tendría que esperar años para que volvieras. Yo no podría hacerlo, no podría amar a una persona que está a cientos de kilómetros—los hermosos ojos de Daniel lo miraron, una mirada tan bonita y llena de adoración. 

 

—Izuku, amar a ese hombre no te hará bien. Ese tal Katsuki no te ama, si lo hiciera, estaría aquí. Pero no, yo estoy aquí contigo, yo te amo—Izuku lo empujó cuando el alfa se acercó suplicando. Daniel lo observó con sorpresa. 

 

—¡¿Cómo sabes de él?!—Daniel tragó duro mirando sus manos, era el momento de decir la verdad. El tatuaje de serpiente en su cuello se movió con sus palabras, sin dimensionar bien el dolor. 

 

—Lo llamabas entre sueños cuando a veces te quedabas dormido, sé que siempre me pedías que te despertara pero no podía hacerlo. Te veía en mi cama y mis ojos podían ver un futuro a tu lado. Además, es difícil no saber su nombre cuando a veces lo llamas entre gemidos cuando estamos juntos. Lo he ignorado porque te amo, porque haría cualquier cosa por tí—la sonrisa de Daniel era honesta. "Él no te ama." Izuku lo sabía, dios, todos los días lo buscaba en su celular, a veces no veía actualizaciones porque sabía que el alfa estaba en alguna misión de la comisión pero a veces lo veía junto a Denki y llamaba a Daniel para distraerse. Pero el alfa americano era una entretención, una distracción del dolor real, un placebo para su cuerpo necesitado de un calor real. Tenía cicatrices que Daniel nunca podría entender, podría abrirle el corazón al marine pero conocía el resultado de ese sentimiento. Nunca podría ser real. 

 

—Si me amas tanto como dices, entonces déjame ir. Yo nunca podría amarte, porque siempre será él la primera persona. Katsuki siempre será el número uno en mi corazón aunque él esté a kilómetros de distancia, siempre será él. Esa noche que te conocí, solo quería dejar de amarlo pero aquí estamos, tiempo después y es más fuerte lo que siento por él. Lo siento Daniel, pero no puedo amarte y no voy a hacerte más daño mintiéndote. Esto termina aquí. 

 

Daniel se quedó en silencio mientras Izuku se terminaba de vestir, su mirada estaba pegada en el suelo de la habitación. Con las feromonas que desprendía, fue más que evidente el dolor. El Omega ni siquiera le dijo adiós porque no quería hacerle más daño del que ya le había hecho. Cuando salió de la casa de Daniel, hacía tanto calor que las avenidas estaban repletas de personas con helados y batidos en las manos. Algunos al lado de sus parejas, con la felicidad marcada en sus expresiones. No podía siquiera imaginarse siendo feliz al lado de una persona diferente, porque aunque el tiempo había sido efímero, lo que ocurrió con Katsuki fue felicidad. Su Omega interno que le había aconsejado irse ahora solo era silencio. No quería mentir, siempre estaba pensando en la marca que le dejó a Katsuki, en cómo el lazo ya ni siquiera existía.  Mediados de septiembre en América y no podía pensar en nada más que el otoño llegando a Japón. Su cuerpo estaba en Nueva York pero su alma y corazón seguían en Japón.

 

Cuando volvió a su departamento, estuvo horas en la bañera, lavando todos los vestigios de unas horas pasionales que nunca podrían dejar huella en su memoria. Al acabar, se hizo una trenza con su cabello largo. Todo alborotado y suave, recordó como Katsuki siempre le decía que su cabello era hermoso y que alguna vez quería verlo largo. Durante los entrenamientos era una verdadera molestia, pero ya no le molestaba tanto al recordar, además pronto iba a ser ascendido. Ya tenía la suficiente confianza para entregarse a las calles de Nueva York, sin embargo, no iba a usar el traje común de Deku, ahora poseía una variante más adecuada para la ciudad. Un traje negro con líneas en neón verde, solo se vería por la ciudad un rayo verde con su velocidad. Estaba feliz, su cuerpo había soportado el entrenamiento y follar con Daniel le había distraído lo suficiente para no fallar. Era ganar… Aún así, se sentía mal por Daniel. A la mañana siguiente, le envío un mensaje de disculpa por su comportamiento, diciendo que nunca deseó que las cosas fueran así. El alfa no respondió, solo se limitó a leer su mensaje sin dejar nada en el chat. Izuku se sentía culpable, y para no sobrecargar más su corazón, entrenó solo ese día. Jake le hizo bromas y como siempre, ignoró cada una de ellas hasta que durante el almuerzo en la cafetería salió de la noticia de que Katsuki se había separado de Denki.

 

—Vaya, ¿quién lo diría? No le queda ser padre soltero, esa pobre criatura estará muerta en menos de unos días—después de las palabras de Jake, muchos en la cafetería se largaron a reír. Izuku perdió los estribos. 

 

—¡Podrías callarte! No es una broma, Bakugō se está esforzando—la lengua de Izuku quemó al nombrar el apellido de Katsuki, pero no podía demostrar mucha familiaridad con él, sobre todo porque Jake de alguna forma lo haría sentirse incómodo por ello, como con todo lo demás. Jake levantó los brazos fingiendo inocencia y luego apuntó la televisión. 

 

—Vamos, siempre que sale en televisión parece una especie de bestia. Los alfas no estamos preparados para cuidar bebés. Para eso están los omegas. La pobre bebé morirá de hambre, aunque si Katsuki fuera Omega, podría alimentar a un ejército de bebés. ¿Han visto esos pectorales? Parecen tetas—los demás en la cafetería comenzaron a reírse de nuevo, Izuku se puso de pie y fue hasta Jake, lo envió lejos de un derechazo. Todos guardaron silencio ante el impacto del alfa en el suelo, Izuku no dudó al mirarlo con rabia. Ya no podía más, no le molestaba la ciudad pero si tenía que soportar un día más las bromas desagradables de Jake, moriría. 

 

Antes de salir de la cafetería, se mostró en el programa un vídeo de Katsuki saliendo del aeropuerto con su bebé en brazos. Se veía tan cansado y decaído que su corazón se apretó. Debía ayudarlo de alguna manera, no podía quedarse de brazos cruzados mientras el hombre que amaba se caía a pedazos. Después de todo, si no podían ser novios, seguían siendo amigos. Lo había echado a perder, pero los besos seguían en su cabeza, las caricias se mantenían grabadas en su piel, las palabras resonaban con fuerza en sus oídos. Daniel no había podido hacer nada en contra de esos recuerdos. Estuvo meses con él, muchas ocasiones y ninguna de ellas podían ser remotas. Katsuki seguía siendo el primero. Solo esperaba que las cosas no estuvieran del todo arruinadas. 

 

Se fue a la oficina de administración para pedir su dimisión, el rostro de la jefa de recursos humanos fue un poema. Tantas promesas que juró cumplir en un país al que no le debía más que la voz, no podía siquiera sentir empatía por ellos. Solo lo había hecho por Allmight, por esos años de nostalgia. Pero, ¿de qué le había servido si había perdido al hombre que amaba y cada día se sentía morir al engañar su cuerpo con mentiras? Lo sentía mucho por él pero no podía más, estaba solo, intentó olvidarlo pero no pudo, intentó probar otra piel y solo se sintió usado por su mente cruel. Miserable de también usar a otra persona que había sacado la peor parte, porque lo entendía bien, el amor unilateral era complicado y doloroso. 

 

Mientras estaba preparando los papeles para volver a Japón en su ex oficina, Jake se presentó delante suyo. Su rostro estaba contraído en una expresión llena de arrepentimiento. Intentó detenerlo pero al ver que era imposible, tomó la mano de Izuku. El Omega se detuvo, la calidez de su mano era diferente a la de esos días donde se pasaba de listo. Esto era diferente, por alguna razón sintió miedo de escucharlo. 

 

—Izuku yo… No quise ofender, solo quería llamar tu atención. 

 

—¿De qué hablas? Eso es estúpido hasta para ti, no somos niños—Jake apretó sus puños. Sus labios eran una fina línea blanca, el alfa apenas podía mirarlo bien porque se sentía culpable, no solo por las bromas. Había más—. Además, no es momento para estupideces. Por favor, déjame en paz, tengo que tomar un vuelo mañana. 

 

Ante ello, Jake lo soltó todo. 

 

—Mi misión era enamorarte para que no volvieras a Japón, para que no volvieras con él. Para que estuvieras a salvo de la comisión de héroes japonesa.  

 

Izuku se detuvo en seco. 

 

—No estoy entendiendo nada, Jake—su pecho comenzó a apretarse, de pronto todo a su alrededor se sintió pesado. ¿Qué? ¿La comisión? ¿Misión? 

 

Jake tomó aire y continúo sin detenerse a pensar en lo que estaba haciendo. 

 

—Katsuki lo primero que hizo al ver que te mudaste a Usa fue buscarte, lo hizo por todos lados. De hecho, todo esto fue idea de Allmight para que estuvieras alejado de todo lo que la comisión deseaba. Ellos saben que eres Omega, ellos incluso sabían que tú estabas con Katsuki. Él… Ha estado jugando su cuello para que cuando volvieras cinco años después todo fuera más seguro para tí, incluso tuvo que aliarse con Shigaraki, el alfa que dejaste en la clínica hace tiempo—Izuku quedó mudo, ¿qué estaba pasando?—. Yo trabajo para una empresa internacional que interviene cuando la situación en algún país es incontrolable. Fui enviado para hacerte cambiar de opinión, para hacer que fueras feliz aquí. Pero eras tan impredecible con todo que no sabía qué táctica usar, las usé todas. Fui amable, no pude acercarme. Fui bromista, te enojaste. Fui seductor, lo ignoraste. Fui desafiante y no me prestaste ni la más mínima atención. No había forma de hacer que me notaras más allá de esto, y cuando comenzaste a llegar con el aroma de otro alfa… Me enoje y ni siquiera tenía derecho de hacerlo porque era mejor así, tú te estabas aferrando a otra persona. A una persona que podría hacerte cambiar de opinión. Pero cada vez que volvías con ese olor en tu piel, solo quería que fuera algo sin importancia. Y hoy fue la gota que colmó mi paciencia, la forma en que lo mirabas. Desearía que a veces me vieras con la mitad de esa devoción. Dios, ni yo me entiendo. 

 

Jake terminó, su pulso estaba por los cielos y su rostro era más rojo que otro tono. Sin embargo, Izuku solo pudo pensar en la comisión. ¿Katsuki se estaba jugando la vida por él? ¿Lo había bloqueado por eso? ¿Él lo buscó? ¿Él sabía de Daniel? ¿Él…? Y así muchas preguntas comenzaron a azotar su cabeza y corazón, no pudo escuchar a Jake, no pudo siquiera sentir las lágrimas cayendo por sus mejillas, tampoco podía oír la voz de Jake tratando de detenerlo; nada de eso. Corrió y corrió, chocó con tantas personas que saltó por los edificios para no frenar, el calor hizo que su cuerpo se sintiera fatigado pero eso solo lo motivó más. Quería huir, quería volar hasta Japón y pedir explicaciones, quería todo y al mismo tiempo nada. Sintió gotas en sus rodillas y vió la sangre caer manchando sus pantalones, había caído pero no le importaba porque su vida estaba lejos de ser justa. Llegó hasta el puente de Manhattan y el mar lo miró directamente a los ojos, los autos pasaban y todo era oscuro. Implacable el mar azotaba el puente, el olor y como su pecho quemaba lo hizo gritar. Grito y grito tan fuerte que su garganta ardió y su pecho dolió, se sentía abrumado que sin importar las personas que lo estaban viendo, se sentó en lo alto y lloró amargamente. No sabía qué pensar, no sabía bien cómo sentirse. Todo era tan confuso. Si tan solo alguien pudiera darle un consejo…

 

—Mi chico, Midoriya...—levantó la vista pero no vio a nadie, solo era una voz. Entonces cerró los ojos y los pudo ver a todos, ahí estaban los antiguos portadores del Ofa. Cada unos alrededor de él, sentados. Todos tenían en su rostro una expresión suave, Izuku vió que ahí estaba Allmight. Lloró pero él lo abrazó con fuerza, no pudo sentir sus brazos pero sí sintió un agradable calor envolviendo su cuerpo. 

 

—Allmight… Yo lo siento, sé qué querías que me quedara aquí pero no puedo. No puedo dejar que Kacchan pelee solo, lo amo y creo que eso es lo más real que he sentido en muchos años de dolor—Allmight y los demás portadores del Ofa lo miraron con calidez. El hombre escuálido se sentó a su lado, observaron las sombras del Ofa, oscuras y a veces más claras. 

 

—Eres fuerte, honestamente no pensé que te quedarías más de un mes en América pero me has sorprendido. Todos te hemos visto sufrir, y el corazón es una debilidad. De hecho, es la debilidad de todos aquí. Muchos de nosotros hemos peleado por proteger a nuestros seres queridos, a nuestros hermanos, amigos, hijos, nietos, amantes. El joven Katsuki ha hecho mucho, incluso después de la carta que le dejé, él es realmente sorprendente. Ahora puedo ver a través de tus ojos lo que realmente has admirado de él. Pero, debes tener en cuenta que volver a Japón sería volver a los problemas—Izuku suspiró profundamente. 

 

—Estoy listo para pelear, pero no estoy listo para volver a verlo. No cuando he hecho tantas cosas que me avergüenzan. 

 

—Entonces vuelve pero no lo veas hasta que estés listo—era una posibilidad pero se sentía como escapar, pero eso de cierta manera calmaba su corazón. Un poco de paciencia para su pecho era bueno, un poco de calma ante la tempestad. 

 

—Allmight… No quiero perderlo—Sobaron su espalda—. Puedo luchar, podría Incluso morir pero le tengo más miedo a perderlo. 

 

—¡No temas!—uno de los portadores le gritó, otro le sonrió—. ¡Ve muchacho, enfrenta tus demonios y si lo pierdes, recuperalo!

 

Eran palabras que sonaban tan fáciles de seguir, pero el corazón era más complicado que unas palabras simples. Suspiró sintiendo el aire de la ciudad golpear sus mejillas húmedas, tenía miedo y su corazón no quería colisionar contra la mirada roja pero quería luchar, entrenar en Nueva York había sido para ser más fuerte, para protegerlo y al final ambos lo estaban haciendo por el otro. Que idiotas eran, pero se sentía como si siempre hubiera sido así. Nunca diferente, siempre caminando caminos que tarde o temprano serían eternos en sus vidas. Como pareja, como amigos, como rivales, como héroes o como un simple recuerdo de lo bello que fue tener aquello que los hacía sonreír en esas tardes de invierno mientras cuidaban una ciudad decadente. Se decidió y su corazón pudo sentir un leve alivio, los portadores del Ofa se marcharon al sentir que el corazón del joven ya estaba en una relativa estabilidad. Y cuando se formó un silencio, esa voz volvió. 

 

"Vaya, después de follarte al americano, finalmente entendiste lo verdadero. Sigo pensando que lo de nosotros con Katsuki era sexo pero veamos cómo van a ir las cosas ahora que has sido infiel. Aunque, quién te dice que no volvió a probar la dulce intimidad de Denki. Quizá ni siquiera quiera volverte a ver."

 

Izuku sonrió, esa voz ya no tenía poder. 

 

—Solo cállate, eres molesto e inútil—y se lanzó al mar, el mar lo despertó de todo ese dolor y nado libre hasta el fondo antes de alcanzarlo y presionar con su pie dominante el suelo para salir disparado, tenía muchas cosas que guardar y el tiempo no estaba de su lado. Era hora de volver a Japón, a su hogar. Había decidido qué hacer, solo esperaba que fuera lo correcto. 

 

 

Katsuki estaba exhausto, su cuerpo no podía más.

 

Después de su semana libre en abril, la comisión no le dio ningún tipo de descanso. Las cosas estaban difíciles, llegar a casa se sentía cada día como un sueño en vez de algo común. La primera misión después de llegar a la comisión con su traje de héroe se trató de investigar a una mujer desconocida, la única pista que tenía era su cabellera rosa y sus ojos violetas. Una hermosa alfa que detrás de su encanto que ponía a cualquier hombre de rodillas, había una asesina a sueldo que no tenía escrúpulos. Katsuki fue encubierto, tenía que ganarse la confianza porque no debía matarla, debía llevarla con vida a la comisión. Sin embargo, lo primero que sintió al verla cuando entró en el elegante pub, fue una extraña sensación de simpatía. Ella no lucía como en las fotografías de los informes de la comisión, debía desconfiar de ella y al mismo tiempo atraerla pero en sus ojos violetas había tanto dolor que no pudo evitar evocar los verdes en ese tono. Se sentó a su lado, compartieron unas cuantas bebidas en silencio y ella rió cuando el alfa escupió un trago demasiado fuerte. 

 

—Se nota que no tomas demasiado, tu tolerancia al sabor del alcohol es bajísima—su voz era suave pero estaba trémula por culpa del alcohol, Katsuki formó una mueca y pidió mejor una cerveza. 

 

—Joder, podría comerme un plato del curry más picante del mundo y aún así no podría soportar esta mierda—ella se abrió físicamente a él. Nora estaba a unas cuantas mesas de distancia por si ella se ponía violenta, pero Katsuki realmente no creía que llegara a ser así. 

 

—Entonces, ¿por qué bebes si odias su sabor?—Katsuki se ajustó su costoso traje, parecía un hombre de negocios, con su cabello hacía atrás y el perfume caro. Ella no vestía mal tampoco, ropa casual pero tan elegante que encajaba a la perfección en el pub. 

 

—Supongo que es una manía que adquirí de mis odiosos amigos. Y tú, ¿por qué bebes?—ella sonrió, ese tipo de sonrisa que solo se evoca por un recuerdo. 

 

—A mi marido le gustaba beber mucho, era un alcohólico empedernido. Pero siempre estaba erguido, ningún tipo de alcohol lo hacía caerse. Era realmente increíble—después de sus palabras, sus ojos miraron sus uñas largas y rojas. Su piel blanca contrastaba bien con el color de la sangre—. Hablemos de otro tema, por cierto, soy Dorothea. 

 

Ella extendió su mano, Katsuki se la estrechó. 

 

—Dai Fujimoto—Katsuki no sonrió pero sintió algo cuando su mano se estrechó con la de ella. 

 

—Un gusto, Dai. 

 

La misión era ganarse su confianza y eso debía hacerse con tiempo, pero mientras lo hacía, Katsuki debía seguir trabajando de héroe las horas que no iría a verla al pub. Durante el día luchaba hasta que sus brazos no podían más, y de vez en cuando le enviaba un mensaje a Denki preguntando cómo estaba. El Omega siempre le enviaba una foto de su estómago con una cara dibujada. Eso era más que suficiente para tenerlo tranquilo unas horas, pero después lo llamaba Hawks para informarle sobre todo lo que la comisión estaba haciendo mientras él seguía lejos, Shoto había sido apuñalado y Mina estaba como loca. Mirko y Shigaraki estaban más activos que nunca y consiguiendo tanta información que Enji estaba impresionado. Katsuki no preguntaba por Izuku, aunque sabía que Hawks siempre tenía algo para él. Sabía que si pensaba en él, su mente estaría mucho más lejos y no quería pensar en él, no ahora que su corazón estaba enfocado en ser útil para el viejo. 

 

Sin embargo, cuando los meses pasaron y le dispararon, la primera persona que vino a su cabeza fue él. Como seguía encubierto, no podía llamar a nadie, la única persona que estuvo en el hospital cuando salió fue Dorothea. Ahora eran amigos, Katsuki ya sabía casi la mitad de su vida. Cómo que sus padres eran coreanos pero había nacido en Inglaterra, como sus mentores eran japoneses por eso sabía a la perfección el idioma y la cultura. Cómo sus padres la habían abandonado porque a eso se dedicaban, tenían hijos y luego los vendían a familias ricas y estériles que solo quería un bebé interracial. Sin embargo, su familia, aquella que la había comprado, no la quería para seguir un linaje. Dorothea estaba para proteger a William, el hijo mayor. Ese hombre que protegió por años, a los diecisiete años se convirtió en su esposo. Lo amo, pero él nunca la amó de vuelta y la engañó tantas veces que Dorothea simplemente se fue porque no podía soportar el dolor. Pero cuando William la mandó a matar, todo ese amor se convirtió en un extraño sentimiento. Nunca pudo odiarlo pero al matar a cada uno de los soldados que mandaba a por su cabeza… Se convirtió en algo lleno de catarsis, lo amaba y así comenzó a ofrecer sus servicio de protectora pero eso muy rápido se convirtió en algo más. Asesina a sueldo, conocida en Europa por su eficiencia, temida en Asia por aquellos que no podían controlarla. 

 

Dorothea tenía veintisiete años pero en sus ojos había mucho más, ella era fértil y sin hijos. Katsuki podía ver bien lo que la comisión quería, sus genes, solo eran sus genes. Nora le aconsejo que no se involucrara demasiado con ella y la atrapara luego pero Katsuki no podía. La admiraba, años corriendo de su esposo, matando a nombres en una libreta. No lo entendía, ella no parecía ser un buen concepto para la comisión, hasta era quirkless, definitivamente había algo mal. Algo no se sentía bien, y cuando lo halló, lo entendió. Dorothea había matado a alguien de la comisión, un activo muy importante, ella no lo sabía pero lo hizo porque le pagaron mucho por ello. Estaba impresionado, ella seguía avanzando a pesar de que siempre después de diez tragos de ron lloraba por ese hombre, por el recuerdo de esa noche de casados, como William la había tomado con pasión. Y ese día que despertó en el hospital con ella al lado, sus labios sintieron el frío de la ignorancia. Quería saber de Izuku. Llamó a Hawks, y le preguntó cómo estaba. 

 

Daniel…

 

Eso fue lo que supo, Izuku había estado saliendo con un americano, con un marine. El miedo que sintió su corazón casi lo hizo perder las fuerzas para respirar, las fotografías que le había enviado Hawks eran bellas. Izuku saliendo de una cafetería con un americano, luego saliendo de un hotel horas después de entrar, sonrisas y mejillas sonrosadas. Eran finales de julio y el Omega que estaba en las fotografías ya no se sentía como Deku, su alfa interno sufrió y por primera vez en años solo deseo no amarlo de la manera en que lo hacía. Después se enteró que Hawks y endeavor estaban haciendo fotomontajes con Denki para hacer su supuesta relación más pública, Katsuki veía las fotografías dónde salía con Denki hacía algún lugar y no se reconocía. Se sentía como un extraño en su vida, sabía de Denki, sabía que él estaba bien, tenía montones de fotografías de su estómago creciendo con diversas caritas dibujadas, eran tantas que fácilmente podría hacer un vídeo del desarrollo del embarazo si las ponía todas juntas. Sabía que tendría una niña, y realmente quería estar ahí con Denki pero no podía, la comisión nunca lo dejaría ir. Era prisionero y lo más real era el dolor de su corazón al ver que Izuku era feliz, joder, estaba contento pero aún así, seguía doliendo. 

 

Y se odio a sí mismo por ello. 

 

A principios de agosto, Dorothea lo invitó a su departamento para una fiesta. Llevó un vino costoso y Nora se quedó a las afueras del departamento por si intentaba algo que pusiera en peligro a Katsuki y la misión. Katsuki pudo sentir que algo estaba mal cuando llamó a la puerta y todo estaba en silencio, tocó el timbre y ella le abrió. Todo estaba oscuro excepto por unas velas que hacían que todo el lugar se viera como una escena romántica de alguna película olvidada de Hollywood. Ella estaba llorando, estaba sobria pero parecía ebria por el dolor. Sus curvas perfectas estaban cubiertas con un vestido rojo sangre, su cabello suelto la hacía ver más joven. No parecía una fiesta, Katsuki pudo ver las intenciones en los pétalos de rosas regados por el piso y la cama a lo lejos. Se sintió mal saber que Nora estaba escuchando y viéndolo todo así que apagó el intercomunicador y la cámara en su traje, esto debía ser personal. 

 

—Llegaste Dai, me alegro que hayas llegado justo a la hora que te dije… O mejor debería decir, llegastes Katsuki Bakugō—Katsuki dejó sobre la mesa de centro el vino, se quitó su corbata y se sentó al lado de ella en el sillón de cuero. 

 

—¿Desde cuándo lo sabes?—ella se acercó, Katsuki notó que el vestido tenía un diseño con espalda descubierta y con ello pudo ver un hermoso tatuaje que nacía de su espalda baja, un dragón de muchos colores, un dragón llorando. Cómo ella, un ser hermoso y triste. 

 

—Desde el principio, esos ojos rojos podría reconocerlos donde fuera. Después de todo, eres un poco inolvidable—ella ajustó el cabello de Katsuki y se extendió para tomar la botella, el aroma de su piel estaba al descubierto, Katsuki pudo sentir el aroma fluir por sus pulmones. Dulce, amable, seductor y triste—. Pero no me importa, quería conocerte y aunque lo único que escuche fueron mentiras, podía ver que eras realmente así, un mentiroso que hace que todo el mundo vea lo que quiere. Sé que estás sufriendo, estoy entrenada para leer a las personas y cuando entraste a ese pub, pude reconocer el dolor, sufrimos lo mismo. Amando y nunca correspondidos. ¿Cómo se llama esa persona?

 

Dorothea sirvió vino en las copas, ella le extendió una copa y Katsuki bebió un poco. 

 

—Izuku, es un Omega. 

 

—Lindo nombre, dime más—ella bebió toda su copa. Luego su mano se fue por los botones del traje de Katsuki, Dorothea sonrió y el alfa no pudo moverse. ¿Estaba mal querer hacer esto? ¿Estaba mal al desear solo por un instante no ser nadie con ella?—. ¿Cómo era él?

 

Katsuki sonrió. 

 

—Izuku, joder, era mi fantasía sobre la tierra. Fuerte, decidido, con una mentalidad tan fuerte que podías quedarte absorto en esa energía radiante de sus labios. Un espíritu heroico que podría matar a los villanos más intrépidos—Dorothea corrió su manos hasta que acabó sobre la entrepierna, Katsuki sintió el tacto y su cuerpo respondió. 

 

—¿Cómo era su cuerpo?—ella bajo el zip, después de un ajuste de caderas, liberó la polla de Katsuki. La masajeo mientras el alfa evocaba las caderas de Izuku, su pecho, sus brazos, su cuello lleno de sudor, sus piernas alrededor de sus caderas, su polla, sus nalgas, sus gemidos, sus labios… Sus ojos llenos de anhelo y pasión.

 

Antes de poder pensar más, Dorothea estaba encima suyo. Era obvio, no llevaba ropa interior. Katsuki pudo sentir la humedad contra su polla, y antes de poder decir algo, ella lo beso. Se perdió en sus labios mientras sus manos rasgaban su espalda, un movimiento de caderas y ella lo comenzó a montar, gemidos, silencio, lágrimas, alcohol en los labios, deseos de más. De un momento a otro, Katsuki la tomó en brazos y la azotó contra la cama. Dorothea era la mujer más hermosa que sus ojos habían visto, todo en ella era perfección. Sus pechos, sus caderas, su cintura, su cuello, su boca. Todo su cuerpo era perfecto pero… No era Izuku. 

 

Su alfa se centró y fue violento, fue todo lo que no había podido ser esos meses, un alfa libre de ataduras. Horas de éxtasis se extendieron en sus cuerpos hasta que el sol comenzó a salir y Katsuki pudo sentir que Dorothea sacaba de entre sus cosas personales un arma. Ella se la entregó y Katsuki no pudo ver bien las intenciones. 

 

—Sé lo que tenías que hacer, pero por lo que ocurrió aquí, por favor, mátame. No quiero más, si estoy un día más huyendo de mi esposo, de ellos, y de ti, no podría más. Me entregué, dejé aquí todo lo que quería hacerte desde que te ví, ahora puedo irme tranquila. Así que por favor, hazlo—Katsuki vio el arma, una Glock personalizada con rosas en el puente. Era pesada en sus manos, tragó y se puso de pie. Estaba desnudo y ella también, en sus cuerpos seguían los vestigios de una noche llena de dolor y pasión. Ella se arrodilló ante él como muchas veces en esas horas y cerró los ojos. Katsuki también cerró los ojos y disparó. Se convenció a sí mismo de que había sido piedad. 

 

Porque así se sintió en su corazón. 

 

Nora llegó al poco rato, Katsuki estaba a los pies del cuerpo desnudo de Dorothea. Ella le gritó, habló sobre la comisión pero no podía escuchar nada, solo se vistió y se fue sin esperar. Quería ver a Denki, quería saber sobre su hija y descansar de todo. Volvió a casa a mediados de agosto después de escuchar cátedras de los jefes de la comisión por haber matado a Dorothea, muchos de ellos no estaban contentos pero habían aceptado su trabajo porque la información que ella había entregado era fidedigna y muy valiosa, además de que Nora sabía bien lo que pronto iba a pasar así que había predecido todo cuando Katsuki desconectó sus dispositivos, logró sacarle al cuerpo de Dorothea una muestra de sangre. Katsuki sabía lo que harían con esa muestra de sangre pero al menos el alma de ella era libre. 

 

Al salir de la agencia, ahí estaba Hawks para informarle sobre todo lo que había estado ocurriendo. Su sacrificio de quedarse tanto tiempo en el sur no había sido en vano, la comisión estaba asustada porque uno de sus activos más importantes seguía desaparecido. Shigaraki lo había hecho polvo a petición de Mirko, todavía no se sabía nada de Afo pero había que tener cuidado. La actitud despreocupada de Afo era preocupante, sobre todo porque Shigaraki estaba convirtiendo a medio mundo en polvo y el ejército del hombre cada vez se veía más reducido. En cuanto a la comisión, la cautela tenía que ser el segundo nombre de todos. Podían volverse más agresivos que antes si llegaban a sospechar de ellos. Aún así, por el momento todo estaba relativamente bien. Una sonrisa en los labios de Hawks y se encaminó a su departamento para descansar. 

 

Al abrir la puerta, ahí estaba Denki, con un estómago enorme mientras observaba películas de acción. Suspiró suavemente ante el desorden y se sentó a su lado, el Omega le habló sobre todo lo que había hecho en esos meses, como su beba había crecido, las fotos de las ecografías, todo. Katsuki escuchó pacientemente incluso esa idea de Denki de irse al extranjero por trabajo. Él ya lo sabía por las llamadas y las fotografías que había recibido en el sur, tenía conocimiento de que Denki no quería encargarse de la bebé. Lo entendía, no le molestaba, al contrario, le parecía excelente. Sabía que necesitaría ayuda pero tenía a su madre, algunos amigos y podía contratar niñeras especiales. Su bebé no le preocupaba, de hecho, le preocupaba Dorothea. Como ella se había rendido, Katsuki no quería eso. No quería rendirse pero estaba exhausto, si tan solo pudiera abrazar a Izuku por un instante y sentir su cabello en la punta de su nariz, todo el cansancio se esfumaría. Pero no era tan afortunado y se obligó a recordar que Izuku estaba con un chico americano, uno que en palabras de Hawks era ejemplar y podía hacerlo quedarse en el país occidental. 

 

Esa noche cerró los ojos y todo lo que ocurrió después fue un suspiro de su tiempo. Llegó septiembre y Denki fue hospitalizado por dolores lumbares y ahí se quedó, mirando lentamente como todos a su alrededor se movían sin descanso para atender al Omega. Los días pasaron, trabajaba y la comisión apenas le hablaba, los días fueron detrás de sus pies al ver cómo pronto el otoño se acercaba. Y un día, mientras estaba detrás de un villano que tenía cuchillas en sus antebrazos, fue apuñalado. No dolió, la sangre cayó y Nora fue detrás de su cuerpo pero no hubo dolor. Nada de eso, solo cayó al suelo y las luces de sus ojos se extinguieron.

 

"Eran diez para las ocho, sus ojos se abrieron y lo primero que sintió fue el aroma del café recién hecho. Se levantó y notó un cuerpo cálido a su lado, era un Omega pero no lo reconocía, no era Izuku pero estaba marcado y lo podía sentir bajo su piel. Su habitación era enorme, no estaba en Japón, eso era seguro y los rasgos de su Omega eran suaves pero no orientales, de hecho, no era él, sino ella. Suspiró y se bajó de su cama, su celular vibró y pudo ver montones de mensajes de extraños. No entendía nada pero todos ellos estaban en inglés. Fue hasta el baño y se reconoció, pero las marcas en su rostro eran de un hombre de más de veinticinco años. Estaba preocupado, ¿qué estaba pasando? Luego sintió un aroma suave, una niña rubia y de ojos castaños se acercó hasta él, rodeándolo y con sus pequeños brazos pidió que la levantaran, lo hizo y sonrió porque inmediatamente reconoció que era suya. Su hija, luego sintió un beso en la mejilla. Su Omega se había levantado, pudo ver el destello de una argolla que ahora veía en su mano izquierda. 

 

—Hay que apurarse papi, hoy viene James—Katsuki frunció el ceño. 

 

—¿Quién es James?—ella puso una expresión de extrañeza. 

 

—¡Papi, ¿qué te está pasando hoy?!

 

—Cariño, ¿estás bien?—su esposa le preguntó amablemente pero no pudo hacer nada, se bañó y lavó sus dientes, cuando fue a la elegante cocina de su hogar, sintió un aroma familiar. Su hija estaba ahí, con otro niño, se veía más joven pero su cabello verde y sus ojos castaños como los de su abuelo decían mucho más. Y antes de poder caer en la cuenta de su procedencia, ahí estaba Izuku en la cocina, hablando animadamente con su esposa hasta que lo notó ahí. 

 

Con esa imagen, algo encajó en el panorama. 

 

—Katsuki, apúrate que nos está esperando el jefe. No tenemos todo el día—su esposa asintió, Izuku fue hasta la puerta esperándolo y mientras eso pasaba, ella lo besó con suavidad, su hija le pidió un abrazo y se fue. Antes de irse, Izuku le dio las gracias a su esposa por cuidar a su hijo, y luego se marcharon. Surcaron los cielos con sus trajes de héroes hasta que llegaron a lo alto del Empire States, ahí recién Katsuki pudo reconocer dónde estaban. Nueva York, la ciudad donde estaba su corazón. 

 

—Es hermoso como esta ciudad te transforma, mira, en ese restaurante cené por primera vez con Daniel, ya han pasado siete años desde eso—Izuku se veía tan falsamente feliz hablando de ese hombre que Katsuki simplemente no dijo nada—. Lo amo tanto, no sé qué hubiera hecho sin él. Y es increíble lo bien que te llevas con él, nunca pensé que vendrías aquí después de que te lo pedí, pensé que me mandarías al carajo pero aquí llegaste, y te dije que me quería casar y dios, lloraste. Muchas gracias Katsuki, sin ti ese día, no habría podido hacerlo. Que fueras mi padrino fue lo mejor del mundo, además, en el matrimonio conociste a Jane, y mira ahora, están casados. 

 

Entonces los labios de Katsuki se movieron solos. 

 

—Sabes que aún te amo—Izuku no despegó su mirada del horizonte pero su mentira cayó. 

 

—Lo sé, me lo dices siempre que vamos de "viaje de negocios". Yo también te amo Kacchan, pero es demasiado tarde para nosotros—Izuku se acercó y tomó el rostro de Katsuki con recelo, había cierta felicidad en sus ojos. Hasta un poco de envidia si se notaba bien—. La odio, sabes, pero aquí estamos. 

 

—Algún día deberías decirle sobre James a Daniel. 

 

—Eso le rompería el corazón, cree que es lo único después del matrimonio que nos mantiene unidos. Además, tú tampoco le has dicho a Jane que te esterilizaste después de James por lo que sé, ella quiere más hijos—"la esterilización". Una mentira. 

 

—Nos hemos enfriado, ya no hay sexo entre nosotros—otra mentira. 

 

—Bueno, en eso nos parecemos, Daniel tampoco quiere tocarme. A veces espero que me engañe pero nunca lo hace, por eso lo "amo" tanto—Katsuki sonrió atrayendo su cuerpo más cerca. 

 

—Repitelo hasta que te lo creas, nerd de mierda—Izuku sonrió. 

 

Después funcionaron sus labios, fueron esos tipos de besos que solo la verdadera pasión podía envidiar, no estaba bien, sería fácil separarse y ser pareja pero no, era demasiado tarde para que ellos tomaran la iniciativa. Katsuki lo tomó en brazos y ambos se escondieron en un almacén, semidesnudos, con el alma a un vilo y como siempre diciendo que sería la última vez cuando nunca era así porque siempre había una siguiente vez. Porque Nueva York estaba llena de errores y ellos eran uno de ellos, casados con otras personas y teniendo hijos que eran medio hermanos. 

 

Pero estaba bien, compartir no era del todo malo para Katsuki y más cuando hacía sentir a Izuku que realmente no sentía nada por su esposa. Que tampoco sería padre por tercera vez porque ya le había mentido muchas veces, porque él lo había vuelto un mentiroso al invitarlo a esa boda con mentiras. Porque esta era su venganza, esta era la forma en que le promulgaba te amo pero también "mi corazón tiene espacio para ella". Porque realmente estaba dolido por lo de Daniel, porque Izuku le había dicho a través de una carta que estaba soltero en Nueva York, que quería verlo para empezar de nuevo en un país extranjero. Y que cuando aterrizó en Nueva York, ahí estaba el americano tomado de su mano con una invitación muy linda. Él lo hizo así, ya no existía la vuelta atrás. El dolor de verlo decir acepto lo transformó en esa bestia que se follo a la mujer más hermosa de la fiesta por puro rencor, que ahora podía dormir bien porque ella le succionaba con su hermosa boca y lindos pechos todas las noches su polla. Y que después se la follaba con odio y pasión, marcando su piel para que algún día él lo notara pero sabía que eso nunca sería así, Jane era una dama. 

 

Sí, Izuku era suyo pero Jane también era suya. Era un alfa después de todo, tenía espacio en su cama para todo el mundo si así lo quería."

 

Despertó asustado, el sudor cubría todo su cuerpo y el centro de su estómago dolía a fuego vivo. Era de noche y estaba solo, pensó por un instante que realmente estaba en Nueva York, pero afortunadamente no era así. Sin embargo, todo ese sueño, no se sintió bien, fue tan vívido como si todo lo malo de su alfa interno fuera sacado a la luz con solo un chasquido. Esa maldad que por años había querido enterrar. Por suerte solo fue eso, un sueño. Suspiró aliviado y se quitó la intravenosa, caminar al menos limpiaria su cabeza de esos pensamientos. Y cuando salió de su habitación, ahí estaba su madre. Ella sonrió e inmediatamente lo supo, su bebé había nacido. Himawari se hallaba sana y fuerte pero algo estaba mal, la bebé rechazaba a Denki. Katsuki llegó en bata hasta la habitación de Denki, el Omega trataba de tomar en brazos a su bebé pero ella gritaba y lloraba desconsolada, solo cuando Mitsuki la tomaba parecía calmarse, pero no del todo porque algo faltaba. Katsuki se acercó, y la bebé se calmó pero casi se cae de rodillas cuando la ve. Ella era igual a la pequeña niña de su sueño, ojos castaños y cabellera rubia. Lloró amargamente al tomarla y verla dormir plácidamente. Denki estaba sin palabras, nueve meses con la bebé y ella no quería saber nada. Era doloroso pero era mejor así. 

 

—Himawari no quiere nada conmigo, mejor así, me iré antes del país sin necesitar nada—Katsuki no tenía tiempo para esto. Su mente no podía más. 

 

—Pikachu, tienes que darle de comer. No puedes irte así como así—Denki explotó.

 

—¡Ella no quiere nada conmigo y yo lo acepto, tampoco quiero nada con ella! ¡Fue lindo y todo pero es mejor así!—Katsuki apretó más fuerte a su bebé, no quería gritar pero estaba a punto de hacerlo, sin embargo, Denki no parecía a la defensiva, parecía más dolido que otra cosa—. Ahora déjame, me siento cansado y quiero dormir. Pero me alegro que estés bien y no hayas muerto por culpa de ese villano. ¡Ahora quiero que se vayan los tres!

 

Mitsuki y Katsuki salieron, el alfa observó a su pequeña bebé y la abrazó contra su pecho. Podían salir adelante, podían hacerlo. Mitsuki le pidió paciencia con el omega pero el alfa conocía bien a Denki, él no estaba mintiendo. 

 

Las semanas pasaron y cuando salieron del hospital, fue a dejar a Denki hasta el aeropuerto, fue con Himawari para ver si el Omega cambiaba de opinión o al menos se despedía de su hija pero no hubo cambios, él simplemente se fue sin decirle nada a la pequeña. La prensa los siguió pero Katsuki estaba agotado física y mentalmente para hacer algo porque la paternidad era muy difícil, lo estaba afrontando solo. Sin embargo, en ese momento solo deseaba descansar y ya, apagar todas las alarmas en su cabeza y dormir plácidamente al lado de su bebé. Solo eso. Cuando llegó a casa dió un profundo suspiro, limpio a su bebé y la alimentó para dejarla en su cuna. Mientras la veía conciliar el sueño, pensó en Izuku, en cómo su sueño quizás poseía sus peores miedos. El de convertirse en una bestia mentirosa, en Izuku casado y con otro hombre. Cerró sus ojos y lloró amargamente, malditas largas noches que vienen por delante. Maldito destino. Salió de la habitación de su hija y apagó la luz, al dar un paso supo que algo estaba mal. 

 

La puerta de su departamento estaba abierta, un golpe en la cabeza y todo se volvió negro.  

 

...

Chapter Text

"Mudo, ciego y desnudo ante el mundo que lo vió crecer, convertirse en lo que su piel vestía con poco orgullo. Con los número sintiéndose fríos en su interior, lo quemaron vivo asesinando su piedad. El cielo cayó ante sus pies y aunque pudieron robarle su nombre y amor, ellos nunca lo hicieron con su corazón."

 

 

Katsuki estaba enojado, escuchaba el llanto de su bebé y lo único que podía hacer era mirar impotente. Debió estar más atento, debió darse cuenta que la perra de Nora anhelaba moverse lo antes posible después del incidente con Dorothea, pero algo debió cambiar para que ella lo hiciera antes del tiempo estimado. No sabía que era pero tenía el leve presentimiento de que Shigaraki estaba involucrado en algo sumamente importante, estaba feliz por eso pero su hija no tenía nada que ver con los planes de Enji. Ella era inocente, sin embargo, ahí estaba, 

 

Nora le estaba dando de comer mientras la mecía cantándole una suave canción de cuna, la beba no quería comer pero la Omega no se rendía y la hacía beber de todas formas, en algunas ocasiones ahogándola. 

 

Katsuki intentó moverse en varias ocasiones o gruñir pero tenía un bozal sobre su boca que lo obligaba a morder un trozo de metal que suprimía el veneno de sus colmillos y su voz de mando. Sus manos estaban separadas con guantes especiales que anulaban su particularidad, lo tenían incapacitado con ellos, con cadenas colgando de lo alto de una viga metálica en el cielo, con el pecho descubierto en una habitación que parecía la más insalubre del edificio subterráneo. Ningún ruido, solo el llanto desconsolado de Himawari y la ridícula canción de cuna de Nora. 

 

Intentó luchar cuando le golpearon la cabeza hace unas horas en su departamento pero su vista se volvió oscura antes de siquiera poder mover un músculo. Cuando despertó lo tenían inmovilizado en un helicóptero militar, no reconocía ningún rostro porque todos eran jóvenes y parecían más asustados que otra cosa, aún así, guardó cada una de sus miradas en el fondo de su cabeza. Cada uno de ellos iba a morir por atreverse a tocar la paz de su bebé, lo que le habían hecho no tenía perdón, todos conocerían la miseria. Aunque no le sorprendía del todo, todos en la comisión eran así. Cuando no podían controlar algo, lo mataban y si les servía, los traían aquí, a la prisión Aoi. 

 

Un establecimiento ubicado en una isla en mitad del océano, entre Corea del Sur y Japón. 

 

Katsuki había estudiado con Shoto el establecimiento, era enorme y tenía cuatro enormes torres que estaban ubicadas en los puntos cardinales exactos. Lo impresionante no era lo que estaba a la vista a pesar de ser formidable, sino lo profunda que era la isla. Treinta pisos de profundidad que entregaban la mayor seguridad para los especialistas y sus prisioneros. La prisión no estaba diseñada para villanos, era para albergar héroes rebeldes. 

 

Katsuki estaba semi consciente cuando lo llevaron hasta el ala sur, donde estaban los héroes más fuertes y peligrosos para la comisión. Mientras iban de camino a lo que sería su "celda", Nora, que estaba con Himawari en brazos decidió que la sala de torturas debía ser la primera parada. Arrastraron a Katsuki por los laboratorios poniéndole todas las ataduras para que no pudiera luchar en contra y le entregaron a Nora todas las comodidades para torturar al héroe profesional. Detrás de la puerta donde estaban, dos guardias resguardaban la seguridad de la habitación. No llevaban armas letales pero los somníferos de las balas eran más que suficientes para dejar a alguien en coma por unos meses. No había forma de salir, excepto por los ductos de ventilación que daban a un tubo especial que poseía una salida directa al mar. Katsuki podría huir, ya que los ductos eran anchos pero su hija no podría hacerlo por la frialdad del agua. Y no se iba a ir sin ella. Existía otra manera pero era imposible. No podría salir de la isla por helicóptero porque sabía que sólo llegaban doce al año para las provisiones mensuales y en casos excepcionales, como el suyo, cada cierto tiempo aleatorio. Si era honesto, estaba muy jodido.

 

Sabía que Nora querría sacarle información, por suerte no tenía claro que es lo que había pasado pero estaba preocupado por su hija. 

 

Las feromonas que se expulsan durante las torturas son fuertes, tanto así que podrían matar a un niño y ella era solo una bebé. Nora estaba loca si quería torturarlo en frente de ella. Sin embargo, cuando Katsuki pensó que lo haría, una enfermera llegó con una incubadora especial. Limpió a Himawari y la dejó ahí mientras la enfermera le inyectaba algo que hizo dormir a la beba. Al poco tiempo, y por acto reflejo, ella comenzó a mamar del biberón que Nora tenía en sus manos. Katsuki intentó emitir algunos gruñidos pero ella lo ignoró, su cabeza ardía y estaba seguro que sus manos sangraban por culpa de los apretones de los guantes. No podía hacer mucho más que gruñir. Al finalizar, Nora dejó que Himawari durmiera plácidamente en la incubadora. 

 

—Es muy hermosa, se parece a su abuela pero con rasgos más delicados. Su cabello es sedoso y no puntiagudo como el tuyo y sus ojos son igual de lindos que los de tu padre. Es perfectamente delicada pero, según el examen de sangre que le hicimos al nacer, su particularidad es de rango S +. Imagínate, quedamos sorprendidos porque no sabíamos qué pensar aunque con tus genes y los de Denki… Sin duda algo esperable. Tendríamos dos prodigios de no ser porque mataste a Dorothea—Katsuki frunció el ceño, no lo entendía—. La comisión sabía que caerías ante ella, porque yo lo sabía, ví la química entre ustedes el primer día en ese pub. Pensamos que esa noche la dejarías ir pero no… ¡La mataste! Dios, ahora tengo que arreglar esto, arruinaste todo, lo tenía todo bajo control. ¡Te tenía en la palma de mi mano!—la mujer parecía enloquecida, mas unos momentos después se calmó arreglando sus cabellos sueltos—. Pero no importa, se puede arreglar, pronto tendré mi celo y me darás el cachorro más fuerte que jamás haya tenido la comisión. 

 

Katsuki quería responderle pero no podía, el maldito bozal lo estaba volviendo loco. 

 

—No te preocupes, sé que poseo las feromonas del ser que más amas, esa es la forma en que torturó a las personas, les doy lo que nunca podrán tener a cambio de información—Nora se acercó hasta Katsuki, ella estaba a la altura de su pecho. La mujer parecía extasiada con la imagen delante de sus ojos. Con sus manos recorrió el pecho saboreando sus labios—. Imagínate lo que podríamos hacer nosotros dos. De solo imaginarlo me excito mucho, me imagino lo bueno que debes ser en la cama. A veces, en las noches me masturbo con los audios de tu habitación en la UA, cuando todavía podías follar a Midoriya. 

 

Katsuki entró en pánico. Nora se quitó su blusa desvelando sus pechos turgentes, con ambas manos fue tras el pantalón de Katsuki y liberó su flácida polla. El alfa se intentó alejar pero no pudo, las ataduras lo tenían estático y ella era demasiado rápida con las manos. Ella lo observó y se agachó un poco mientras ponía su boca en la punta roma de su polla, Katsuki quería vomitar sangre al sentir el calor de su boca alrededor. Cerró los ojos y apretó con más fuerza el bozal. Ella comenzó a mamar con más vehemencia pero era imposible que se pusiera duro y ante eso, sacó una pequeña navaja del bolsillo de sus pantalones. Katsuki intentó luchar pero la hoja cayó recta en su pecho, gritó contra el metal mientras ella seguía succionando su polla al mismo tiempo que le dibujaba con el cuchillo marcas no letales en su pecho. 

 

Nora rió fuerte cuando el dolor logró sacarle una erección, Katsuki tenía la vista borrosa y se sentía enfermo, tuvo que tragarse su propio vómito. El dolor de su pecho, el dolor de su garganta, el dolor de su cabeza por culpa del golpe, su pequeña hija más allá y Nora chupando su polla. Todo se sentía surrealista, pero ella no le iba a ganar, esta situación no lo iba a debilitar. Tenía que luchar. Debía hacerlo por todos, por Izuku y Himawari. Por ellos dos, no era una persona que se rendía fácilmente y esta era solo una prueba más. Nora siguió chupando y poco a poco la sangre del pecho llegó hasta su boca pero no se detuvo, eso la motivó más. Y mientras más sabor metálico tenía la polla de Katsuki, más placentero era para ella, pasaron unos minutos antes de que Nora se corriera en sus pantalones. Manchones de líquido cayeron por la tela. Katsuki seguía erecto pero ya se estaba volviendo flácido, a ella no le importaba en lo absoluto, ese acto no había sido por una prueba genética, solo placer para ella. Se limpió la sangre de su boca y se abrochó la blusa. Se alejó de Katsuki mientras tomaba el carrito donde estaba la incubadora con Himawari. 

 

—Fue un placer Katsuki, como era de esperarse tienes una polla sensacional. En tres días vendré a verte con una cama para que tengamos algo más apropiado, no mueras mientras tanto—Katsuki intentó decir algo pero la pérdida de sangre era suficiente para hacerlo sentir mareado, quedó viendo cómo Nora se llevaba a su hija. Y maldijo cada día que Nora estuvo en su vida, pero la iba a matar y dios, sería lento, tan lento que la Omega pediría piedad a la comisión por haberla puesto en su camino. 

 

•••

 

La siguiente vez que Katsuki pudo abrir sus ojos no fue en el basural dónde Nora lo había dejado, al contrario, estaba en una habitación limpia y cómoda, el aroma que desprendían los ductos de ventilación era suave pero con un supresor bastante fuerte si se inhalaba profundamente. Estaba retenido contra una cama con cinturones de seguridad como si fuera una bestia y en su brazo izquierdo poseía el goteo constante de un calmante que dormía sus músculos lo suficiente para percibir su cuerpo como gelatina. Era una mierda pero a su lado estaba Himawari, durmiendo en una incubadora mientras apretaba con su mano un juguete de Ground Zero, uno que le había comprado hace meses en el sur.

 

Aunque su pecho todavía ardiera por culpa de los cortes de la cuchilla de Nora, su bebé estaba bien y eso era lo importante. 

 

Cerró los ojos y descansó su cabeza contra la almohada, estaba cansado y apenas podía respirar bien. Después de ese día cada parte de su cuerpo estaba en alerta, sin embargo, la respiración de su bebé era tranquila y eso de cierta manera también lo tranquilizaba. Y poco antes de poder pegar sus ojos para dormir la puerta de la habitación se movió, entró una enfermera que se dirigió inmediatamente en dirección de Himawari. Katsuki intentó hablar pero sus labios no se movieron en lo absoluto, solo observó como la mujer preparaba un biberón con los suplementos y la fórmula que tomaba su hija. La bebé apenas despertó y se tomó todo el líquido. Después de eso, la misma enfermera la mudo y le cambió de ropa por una que Katsuki reconocía. Era ropa de su departamento, era normal que Himawari estuviera tan tranquila, esa ropa estaba impregnada con sus feromonas paternas. Al finalizar con la beba, la enfermera se acercó a su gotero y cambió la bolsa por una nueva, después le quitó los cinturones. Katsuki pensó en moverse pero no pudo, no tenía fuerzas en sus piernas. La mujer, que ahora podía analizar bien, era una alfa con supresores en sus muñecas y cuello. Y no poseía ninguna emoción particular sobre su rostro. 

 

—Ground Zero, no entre en pánico, lo lavaré y le haré un cambio de vendas—Katsuki por obviedad no respondió pero ella espero su respuesta visual, al final de unos cinco minutos no le quedó más que aceptar. La mujer asintió y trajo con ella tijeras, toallas húmedas, una esponja con líquidos especiales y ungüentos. Lo primero que hizo fue desnudarlo y limpiar sus piernas, después sus partes íntimas con un respeto no típico comparado con lo que Nora le había hecho, pero se sintió tranquilo al saberlo, la mujer no le hizo nada fuera de lugar. Después se acercó a su pecho dónde cortó las vendas viejas, Katsuki pudo ver las heridas de su pecho y estómago, eran más de treinta cortes rectos y algunos curvos. No eran tan profundos pero si hubiera poseído menos masa muscular, algunos habrían llegado al hueso de las costillas. 

 

Después de limpiar las heridas, las cubrió todas con un ungüento que de a poco calmó el dolor. Unos minutos después cubrió todas las heridas con gasas esterilizadas y finalizó cubriendo su cuerpo con mantas limpias, y nuevamente le aprisionó con los cinturones de seguridad. Sin embargo, antes de irse, la mujer le preparó un batido con proteínas que Katsuki reconocía porque durante la UA tomaba varias de ellas para tener un crecimiento más considerable de su musculatura—. Debido a sus heridas, no tiene permitido consumir alimentos sólidos, beba, le puedo asegurar que no tiene nada que podría hacerle daño. Puede elegir no beber pero su recuperación será más lenta por ello. 

 

Katsuki no tenía hambre, su garganta ardía pero bebió cada mililitro de la bebida porque anhelaba salir luego de la habitación, o mínimo poder caminar sin sentir cuchillas en su pecho y estómago. 

 

Después de que acabó con el batido, la alfa se marchó dejándolo solo con su hija, poco a poco volvió a sentir sueño y ahí pudo percibir en sus glándulas las primeras feromonas de su hija. Abrió sus ojos sorprendido, vislumbró de soslayo a su hija y ella estaba todavía durmiendo pero con el juguete de Ground Zero en sus manos, fuertemente arraigado mientras liberaba sus primera feromonas, el acto más importante para un alfa y un Omega. Un acto que unía a la familia para dar paso al tan anhelado y formidable lazo familiar. Con las pocas fuerzas que le quedaban, Katsuki liberó sus feromonas de calma y como un milagro, su hija las aceptó respondiendo con más feromonas. Un acto hecho bajo inconsciencia. Una sonrisa dibujó el rostro de Katsuki, su hija era más fuerte que la media común de los bebés. Aunque su aroma era dulce como las manzanas, ella era fuerte. Su bebé, su hermosa bebé. Y con la vista de su hija durmiendo, poco a poco sus ojos fueron cerrándose hasta que cayó rendido al sueño. 

 

•••

 

Un mes. 

 

La última rutina se había repetido por al menos dos semanas hasta que los separaron con una pared de vidrio. Katsuki estaba fingiendo no tener las fuerzas suficientes para ponerse de pie porque quería entender más, hasta ahora sabía que la enfermera se llamaba Ruth y era extranjera, alemana de hecho, y que pertenecía a una rama de profesionales especializados en alfas con especímenes diferentes, él y su hija estaban bajo la lupa de la comisión. Pero para Katsuki no era nada fácil, desde hace dos semanas (donde sus heridas se convirtieron en cicatrices) todos los días lo acostaban en una camilla especial que le entregaba choques eléctricos en lugares exactos de su cuerpo mientras monitoreaban sus órganos. Cada vez era más difícil soportarlo porque ya tenía quemaduras en los lugares donde llegaban los choques. En sus hombros, en su espalda alta y baja, su pecho sano, sus piernas, su estómago bajo y muslos. Las marcas ya estaban moradas por culpa del constante abuso pero por lo que se veía, no se iban a detener hasta obtener lo que querían. Katsuki no sabía lo que ellos deseaban y más cuando su hija también estaba en juego, debía ser inteligente o pronto sería nada más que un montón de carne frita sobre una mesa fría. La comisión solo lo veía como un activo importante, nada más. Y por lo que había averiguado escuchando a hurtadillas en el laboratorio, Nora no había estado en sus cabales cuando lo secuestró, lo hizo sola y tomando toda la influencia que poseía en la comisión. Cómo Katsuki ya sabía lo suficiente no estaba en los planes de la comisión soltarlo, al contrario, estaban haciendo lo imposible para convertirlo en un activo más. El más valioso hasta el momento.

 

Pronto iba a terminar octubre y no quería pasar más tiempo en esa prisión, sus opciones eran nulas y debía pensar en algo rápido. 

 

No obstante, sí podía afirmar algo, era que ellos estaban desesperados y no saber bien el porqué también lo tenía de esa manera. ¿Qué había orillado a Nora para secuestrarlo de forma tan imprudente? ¿Por qué estaban tan empedernidos a hacerlo más fuerte? ¿Contra qué o quién estaban peleando que los tenía así? ¿Shigaraki había acabado con alguien importante? ¿Afo había salido de su escondite para dar la cara y no estaba ahí con sus amigos para ayudarles? Eran tantas preguntas que no podía soportarlo, quería saber, quería sacar a su hija de la prisión y quería ser libre. No le servía a sus amigos encerrado en una prisión. Y ahí estaba, encadenado en una habitación limpia. Una de las paredes era transparente y al otro lado estaba su beba, Katsuki se preguntó cuántos omegas habían estado en su misma situación, con sus bebés al otro lado del vidrio mientras lo único que podían hacer era mirar gracias a los calmantes. Sin embargo, Enji era más agudo que la comisión. 

 

Durante sus pasantías en el primer año los había hecho consumir tranquilizantes todos los días para crear una resistencia mayor a los supuestos venenos que los villanos les darían. Desde ese tiempo Endeavor ya tenía sus sospechas sobre la comisión. Si tan solo hubiera tenido ese mínimo sentido habría anticipado las acciones de Nora. Pero no, no era bueno leyendo a las personas más cercanas. 

 

Izuku era un ejemplo. 

 

Durante esos días donde la comisión solo le recordaba que podía ser mejor a través del dolor, recordó a Izuku. En lo bella que era su sonrisa, sus ojos y sus pecas que siempre lo sorprendían cuando las contaba con la punta de sus dedos. En esos momentos solo cerraba sus ojos y esperaba que el tiempo fuera más rápido, cuando terminaba el experimento y apenas podía caminar por el dolor, recordaba la realidad en la que estaba. Encerrado con su bebé en una enorme prisión y dios, cada día rezaba porque Izuku nunca supiera que estaba ahí, solo quería que él fuera feliz. Si Daniel lo hacía, joder, besaría al hombre en los labios por ser la persona más afortunada del mundo, pero si algún día Izuku llegaba a su puerta llorando, mataría al hombre con sus propias manos. Y era miserable, porque a veces deseaba que eso sucediera, salir de ahí que Izuku volviera a su lado para salvarlo de la soledad que lo seguía embriagando de la peor forma. Pero era imposible, Hawks no se equivocaba y las últimas fotografías que había visto eran perfectas. 

 

—Por lo menos uno de nosotros está feliz y a salvo—sonrió para sí mismo al sentir cómo las cadenas en sus brazos pesaban. Cerró los ojos en ese largo mes, a veces temiendo encontrar al día siguiente nada más que la enfermera de siempre, a su bebé sin sonreír y con los ojos cerrados, sin moverse. Y él, sin poder hacer nada para cambiarlo. Totalmente imponente porque tenía las fuerzas suficientes para salir por sus pies pero no la oportunidad de hacerlo. Y así, poco a poco se durmió. 

 

Sin embargo, esa mañana algo cambió.

 

No llegó la enfermera con su desayuno líquido y cuando abrió los ojos Himawari estaba en una enorme incubadora, y a su alrededor se hallaban los mismos tubos que le enviaban choques eléctricos, su bebé no seguía sedada y lloraba desesperada, buscando con la mirada un rostro conocido. Algunos científicos estaban a su alrededor tomando notas de su pulso, presión arterial, oxigenación en sangre, estrés, entre otros detalles. Katsuki rápidamente vio lo que estaban tratando de hacer. 

 

—Oi, ¿qué están haciendo?—se golpeó internamente, ellos no podían oírlo. Miro para todos lados al ver que traían el tablero de control para empezar con los choques, no lo iban hacer, eso la mataría. Katsuki lo sentía en su piel cada día, podría morir del dolor antes de siquiera empezar a llorar. Con los brazos trató de liberarse de los guantes con las cadenas, no podía usar su particularidad pero aún tenía su fuerza. Empujó y empujó pero no se movían, no había forma, comenzó a sudar y sus brazos ardieron por el jalón constante. Siguió y siguió hasta que pudo ver el primer destello. Sus ojos se dirigieron inmediatamente hacia su bebé, la sala se iluminó con las energías que liberaron de los tubos, Katsuki quedó estático cuando su hija gritó—. ¡BASTA HIJOS DE PERRA! ¡ELLA MORIRÁ!

 

No hubo respuesta, los científicos solo anotaron mientras Himawari gritaba con todos sus pulmones, Katsuki podía oírla, era desgarrador y las lágrimas se salieron por sí solas por sus ojos. No, si seguían así la iban a matar. No podían, no eran asesinos, no. Pero ellos no se detenían, y su hija seguía gritando y brillando, moviéndose involuntariamente por culpa de los rayos. Observó a todos los científicos, trató de dialogar, les gritó y suplicó lo más que pudo pero nada. Ninguno de ellos hizo nada para parar, y de un momento a otro su hija se dejó de mover. Los ojos de Katsuki estaban borrosos cuando ocurrió pero podía ver la línea recta, lo detestable que se veía en la pantalla. No, no era posible. No. Y ahí, con sus ojos llenos de lágrimas y labios partidos, sus colmillos salieron con sangre, gruñó y el gruñido se sintió al otro lado de la sala. Muchos científicos quedaron mirando horrorizados a Katsuki mientras tomaba con ambas manos las ataduras y corría empujándose con los pies para liberarse. Las pupilas dilatadas, sus ojos oscurecidos y su mandíbula llena de sangre mientras empujaba tan fuerte que el estuco de las paredes se resquebrajó. Sin embargo, mientras Katsuki entraba en un trance, la línea del pulsó obtuvo una curva. Toda la atención volvió a la niña, un científico ambicioso aprovechó el momento y con todos sus sentidos en un estado demencial, dejó fluir la carga máxima. La bebé debía morir y así quebrar el espíritu de Ground Zero para hacerlo un activo más, era imposible que sobreviviera. Ya tenían el ADN del alfa, la niña ya no era necesaria. Pero al liberar la energía, la bebé solo se iluminó como anteriormente lo había hecho. Y ahí, cuando su padre finalmente rompió la pared con sus fuerzas, ella abrió sus ojos y lloró amargamente. 

 

—Es el lazo, detén la descarga, es el lazo—Dijo uno mientras el otro negaba, en la piel de la niña ya se estaban formando quemaduras que se iluminaban al rojo vivo. Katsuki golpeó el vidrio con sus puños libres, la toxina de los guantes duraría unos minutos pero el alfa no estaba dispuesto a perder el tiempo y con sus puños golpeó sin cesar. Los científicos llamaron a los guardias cuando el vidrio se agrieto bajo los nudillos sangrientos. Pero nada detenía al alfa, que una vez logró romper el vidrio que lo separaba de su hija, se comportó como una bestia. Corrió rápido sin sentir la fatiga de las quemaduras en su piel y fue hasta el científico en el tablero de control, con ambas manos lo sostuvo mientras con su boca le arrancaba un trozo de carne de su cuello. La sangre cayó por el mentón de Katsuki mientras apagaba la maquinaria—. ¡Ground Zero, cálmese, miré bien, su hija está con vida! ¡Ella sigue con vida!

 

Lo siguiente que pudo sentir el científico fueron los colmillos en su cuello desgarrando su carne, la sangre en su garganta, escurriendo por la herida y la fuerza de los ojos rojos. La sangre en su boca y como la saboreaba, como disfrutaba tragarla. Lo había matado una bestia, no más Ground Zero. Él cayó tratando de retener la sangre y el dolor que se extendió por todo su torso y cabeza, pero mientras lo hacía pudo sentir en su cabeza su tráquea silbar. Katsuki descalzo apretó su cabeza contra el suelo, todos los demás científicos quedaron expectantes mientras se oía claramente el crujido del cráneo de uno de sus compañeros. Katsuki se quedó mirando lentamente hasta que su mirada fue desde el suelo lleno de sangre, trozos de hueso, cerebro y ojos hasta ellos. Los tres últimos que quedaban. Uno de ellos se arrodilló para implorar perdón, los otros miraron la puerta esperando ayuda pero no había nadie al otro lado. Katsuki se acercó lentamente hasta el mayor, un beta con ojos castaños y facciones suaves, con su mano derecha llena de sangre y el hueso de sus nudillos al descubierto, apretó su cuello. El hombre intentó luchar con todas sus fuerzas, Katsuki solo sonrió al ver el nulo intento de sus manos. Solo pudo efectuar rasguños en su piel antes de que el crack se produjera bajo los dedos. Cayó al suelo como una muñeca de trapo. Los últimos dos estaban temblando. 

 

—Ellos nos pidieron que lo hiciéramos, no queríamos—Katsuki se acercó hasta él, lo arrinconó en la pared. 

 

—No te veías muy arrepentido mientras lo hacías, al contrario, anotabas como un jodido enfermo. Dime, ¿para qué tantos experimentos? ¿Por qué yo? ¿Por qué mi bebé?—el científico miró al otro en el suelo, Katsuki negó chasqueando su lengua y con su mano derecha empuñada, golpeó el estómago del beta, pero como no tenía suficiente con eso, sintió que su particularidad poco a poco volvía a sus manos así que calentó sus palmas y la estampó en la cara del hombre, el grito resonó en toda la habitación. Katsuki agradeció al cielo que los científicos eran betas, de otra manera, no habría podido matarlos—. ¡Es por los genes de usted! ¡Las explosiones son una especie de gen progresivo que se puede expandir con dolor y choques predeterminados de electricidad! ¡Nuestra misión era hacerlo más fuerte para que pudiera ser un activo de la comisión pero su cuerpo se acostumbró rápidamente al dolor! ¡Su hija era la respuesta pero luego la comisión decidió que lo mejor que se podía hacer con ella ahora que teníamos su línea de ADN grabada era matarla! ¡Quieren centinelas con su ADN para controlar a la población! 

 

—¿Se puede eliminar ese ADN?—el hombre asintió repetidamente, después Katsuki miro al beta arrodillado en el suelo—. ¿Tu sabes hacerlo?

 

El hombre asintió y eso fue más que suficiente, Katsuki tomó la nariz y la boca del hombre y le quemó la piel mientras lo ahogaba con el humo que desprendían sus manos. Unos segundos después el hombre cayó al suelo muerto y con la mitad de su cara quemada. El alfa observó al hombre, la sangre de sus venas corría fría y sin piedad. No hubo palabras, el científico se puso de pie mientras Katsuki se limpiaba la boca y sus manos, tomó a su bebé en brazos y con una sonrisa atípica de sus actos anteriores le habló suave. Al abrirse la puerta de la habitación, el pasillo estaba vacío. No había guardias, nadie que pudiera detenerlo de irse, estaba feliz pero era extraño. Sus ojos no lo engañaron, uno de los científicos alarmó a la oficina central de la prisión, el pasillo debería estar lleno. Estaba listo para luchar pero nadie ahí, hasta el científico a su lado estaba sorprendido. Con un grito el hombre caminó delante de Katsuki como un escudo en caso de algún ataque, sin embargo, mientras pasaban por los pasillos vacíos, varias veces se escucharon explosiones de gas. El alfa no podía imaginar quién podría estar haciendo algo así pero se le venía a la mente solo una persona, esperaba equivocarse o que fuera Todoroki con los demás. 

 

Al salir del ala de las habitaciones compartidas, unos cuantos guardias los notaron. Katsuki usó la voz de alfa en el científico para que tuviera unos segundos a su hija en sus brazos. Solo un minuto y todos los soldados de la comisión murieron por un gran agujero en sus estómagos, el alfa los había atravesado con una explosión concentrada. Con el pasillo de los ascensores vacío, los tres fueron hasta el laboratorio, todos los científicos se sorprendieron cuando vieron a Katsuki ahí, la imagen del alfa era deplorable. Sangre seca en sus uñas largas, cicatrices y quemaduras, sangre en su barba de un mes, su cabello más encanecido por culpa del estrés de los choques eléctricos, con su figura más definida y piel con brotes oscuros. Irreconocible si alguien lo hubiera visto hace un mes. 

 

—¡Todos abajo, ahora!—al gritar, todos los científicos salieron de sus puestos de trabajo y descendieron hasta el suelo. Katsuki miro al beta a su lado, el hombre fue corriendo hasta una enorme computadora. Algunos datos se reflejaron en pantalla, los vídeos de las sesiones de choques, su desempeño en la UA, algunos con Dorothea, otros con Izuku, incluso hasta con Denki. Ellos lo tenían todo—. Bórralo todo lo tenga que ver conmigo y los de la UA. 

 

—Pero… Ellos me matarán si lo hago, ya estoy arriesgando mi vida con esto—Katsuki suspiró. No podía borrar todo, pero también quería hacerlo y huir de todo. Imposible, mucha gente estaba en esto, si escapaba, no podría vivir normalmente. Sería un criminal, al otro lado de la línea. Su hija misma, podría dejarla con sus padres pero no conocería su rostro, no lo recordaría, no entendería su ausencia. 

 

—Borra los datos que podrían poner en peligro nuestras vidas y mi ADN para los centinelas—el científico asintió, Katsuki sintió el calor de su bebé mientras veía todos esos archivos ser borrados. Su hija, su pequeño rayito de sol.

 

Al finalizar, el científico solo bajó la cabeza, las instalaciones siguieron crujiendo, de aquí en allá se podía ver polvo caer del cielo y las paredes. Katsuki temió y con su hija se fue del lugar, no sin antes ordenarle a todo el mundo que se quedara ahí sin importar nada. Si alguno moría, realmente no le importaba, ya era un asesino, unos más a la lista no haría la diferencia. Cuando salió de los laboratorios, sintió la brisa frío del océano, como el aire de la zona sur le hacía cosquillas en las cicatrices, como su hija dormida en sus brazos temblaba y sus pies dolían al pisar tierra llena de escombros. Tenía miedo de mirar al cielo y ver una pesadilla, porque era eso lo que veía a su alrededor. Solo una pesadilla, cuerpos desmembrados, cuerpos moribundos, armas y el aroma de la sangre, la dulce sangre que alimentó su cuerpo cuando no tenía más fuerzas. Sangre de hombres muertos. Tragó duro y con la última esperanza mermando sus sentidos miró el cielo, y ahí estaba su vida. 

 

Pero la vida estaba lejos de ser justa. 

 

Izuku estaba cubierto de sangre, su traje de héroe ya no era el de uno, ahora parecía un villano, desesperado con sus látigos elevándose en lo alto. Mostrándose al mundo como un dictador, como alguien con quien no se debía negociar porque seguro te quitaría el alma. Katsuki tomó con fuerza a su hija, gritó pero no hubo respuesta. Izuku no respondía. Entonces, su hija ante sus gritos, comenzó a llorar. Un llanto desgarrador, casi mutando a un alarido. Izuku se detuvo y pudo oír la voz de Katsuki, sus llamados. Una mirada, y todo ese dolor en su postura se suavizó. Todos quedaron atónitos, un solo golpe al suelo y aquellos soldados que osaron proteger a la comisión cayeron muertos. Una sonrisa, una lágrima y un llanto. 

 

Solo ellos tres, sin tiempo y sin nada más que sus cuerpos.

 

Fue algo perfecto hasta que el helicóptero los iluminó, Katsuki no pudo ver mucho porque sus ojos no estaban muy acostumbrados a la luz constante, Izuku corrió su cabello largo y gritó una frase que al alfa lo hizo tomar con más fuerza a su bebé. "Baja por aquí, Daniel." Por un instante su corazón sintió el gozo de verlo ahí, hecho una bestia, quizá salvandolo, volviendo a Japón… Pero él no había vuelto solo y dios, sonreía tan bonito al verlo que Katsuki solo miro los hermosos ojos de su hija sintiéndose completamente ajeno a la escena. Dejando ir sus feromonas, tomando el calor de la pequeña como suyo. Por un instante sintió la ilusión, y al instante, la realidad como siempre lo golpeó. 

 

—Kacchan, vamos—Izuku sonrió, una sonrisa mesurada extendiendo su mano para ayudarlo a subir al helicóptero. ¿Por qué volvió? Se preguntó Katsuki, quizás no lo hizo, quizá solo volvió para salvarlo y luego irse. Ver a Daniel ahí, lo hizo rechazar la mano y subir en silencio, sin mirar esos ojos verdes y sentirse morir porque no podía hacer lo que deseaba. Dios, se sentía hasta inmundo. Con sangre, cicatrices, sucio, asesino, una bestia… Daniel debía llevárselo, Japón no era el lugar de Izuku. Se sentó, su cinturón cubrió su cintura y no soltó a su hija. La puerta del helicóptero se cerró y todo lo que pudo ver fue hacerse más pequeña la isla, que después de unas explosiones se convirtió en nada. 

 

Había pasado un tiempo, aunque su cuello ardió, y probablemente sangró, no miró en ningún momento el cuerpo a su lado. Le dolía, hasta podía sentir las lágrimas caer pero enfrentarse a él era más complicado que ignorarlo. Le habían quitado tanto en la prisión, solo quería cerrar los ojos y volver a esos años en dónde no conocía el dolor. A ser un niño nuevamente. 

 

Llegaron a la agencia de Endeavor, ahí estaban todos esperando por Katsuki y su pequeña bebé. Al bajar del helicóptero, Katsuki se desplomó en sus pies, no tenían las fuerzas, era demasiado. No podía ser fuerte por siempre, solo quería descansar. Lo llamaron pero no pudo ver nada más que su pequeña, solo su pequeña. Un pedacito de su alma, un pedazo de cielo hecho una hermosa persona. Solo eso, porque todo lo demás dolía. Porque pensar en Izuku le dolía, sentía su corazón quemar. Y por un instante antes de perder todo, reconoció que la pérdida de Jirou lo había preparado. Solo había sido una prueba, algo pequeño comparado con ver a la persona que amaba volviendo a su hogar con otra persona. Si era honesto, lo prefería lejos. Muy lejos, feliz pero lejos. No tenía fuerza para verlo todos los días y fingir que estaba bien, que era feliz con eso, porque no, no se sentía bien. Tenerlo lejos era una cosa. Verlo cada día…

 

Prefería tenerlo a un continente de distancia.

 

...

Chapter Text

"Estoy cansado de despertar todos los días y saber que no eres mío. Pero soy feliz, joder, podría verte durante horas siendo feliz con él. Pero apenas puedo soportarlo, me temo que lo que teníamos se ha ido. Recuerdo esos días mágicos con alegría, pensando que tal vez… Podría guardarte para siempre en mi corazón."

 

 

Cuando Izuku puso un pie en el aeropuerto internacional John F. Kennedy, otra persona estaba ahí para acompañarlo a Japón. Daniel se erguía orgulloso frente a los demás, una mirada de sus ojos e Izuku supo que no era buena idea. Sin embargo, él era tan terco que no podía ir en contra; sobrevivir al medio oriente no era algo que una mente débil podía hacer. Él era eso, una maleta a su lado y esa moda que solo Nueva York le podía entregar a un hombre introvertido. Atractivo, una mandíbula marcada y el tatuaje de serpiente bailando en su cuello al hablar. Alguien que destacaba por encima de la media, alguien que podría enamorar a cualquier Omega. Menos a Izuku. El Omega se detuvo frente a él, Daniel se acercó como un esclavo ante su amo y lo observó con amor. Los ojos verdes no pudieron velar por la bondad, habitante común en su corazón que siempre lo confundía. Quería alejarse y así lo hizo pero esa mano lo detuvo. Tenía todo lo necesario para irse a Japón, solo debía hacerlo lo antes posible, sus amigos lo necesitaban, Katsuki lo necesitaba y quería verlo. Ser su amigo al menos, ser alguien más en su vida y no solo un borrón en sus memorias. 

 

La mano de Daniel fue por su brazo hasta acabar en su mano derecha, el apretón fue suave e Izuku no pudo seguir caminando. Se dio vuelta y su mano viajó rápidamente hasta el rostro contrario, Daniel se veía tan devoto a su tacto que dolía no poder tener algún sentimiento por esa mirada. Sería tan fácil caer por alguien así, por una ilusión y simplemente hacerlo. Enamorarse, seguir en la ignorancia y clamar por paz en la oscuridad. Daniel era una lección que debía aprender, que aunque su mente seguía siendo una parte importante de su cuerpo, su corazón era el que comandaba sus acciones y futuro. 

 

—Quería sentir tu aroma, así que fui a la agencia para pedir perdón por lo de hace unos días. No quería que fuéramos solo extraños, además, aparentemente soy demasiado viejo para volverme un ser orgulloso. Así que ahí estaba tu compañero de trabajo, sus ojos se iluminaron cuando me vio. Me dijo que necesitarías un poco de ayuda en Japón, que debía ir contigo—Izuku negó, maldijo a Jake por lo bajo. No había alfa que odiara más que ese hombre. Daniel sonrió herido—. Desde que dijiste esas palabras, ese nombre, quise saber qué significaba. Muy ingenuo de mi parte pensar que sería algo bonito. Katsuki no era una señal de placer, era un nombre. Yo quería decirte cosas agradables en japonés, aprendí un poco. Puedo entender, no sé todos los kanjis del dialecto pero seré útil, lo prometo. No me alejes de tu vida como si fuera basura, no me hagas sentir así. Sé que no eres una persona desagradable, por eso empaque todo, porque sabía que no serías capaz de negarte. 

 

Izuku no sabía qué decir, porque Daniel tenía razón. No podría decirle que no. Así que caminó sin decir nada y él lo siguió como una sombra. No podía controlarlo pero ya no era su preocupación, Daniel iba por su cuenta. 

 

El viaje a Japón fue suave, como una bruma agradable donde podía dormir y sentirse querido por sus alrededores. Tragó duro cuando pisó el suelo japonés, Daniel estaba detrás suyo, tratando de hablar con alguien sobre su pasaporte porque aparentemente tenía algunos problemas pero no podía importarle menos. Izuku solo quería correr e ir hasta la agencia de Endeavor, ver a Katsuki y pedirle explicaciones sobre las cosas que había dicho Jake, hablar y hacer las paces, volver a ser lo de antes. Esperó a Daniel porque no quería ser descortés y ambos fueron al hotel del americano, Izuku solo lo dejó ahí mientras trataba de decidirse entre llamar o sorprender a Katsuki. Decidió que sería mejor una sorpresa en persona, algo íntimo por si las cosas se salían de control. 

 

—No te preocupes por mí, te llamaré. De verdad quiero ayudar en lo que sea—Daniel se lo dijo mientras Izuku veía su celular, cualquier signo de la actividad de Katsuki en Twitter. Estaba extrañado, nada de nada, ninguna novedad. Ni siquiera en su cuenta oficial había dicho algo, y eso que siempre ponía algo en la mañana diciendo: Buenos días, extras. O, es buen día para ser menos extra. Ahora, nada de nada. Izuku tenía un mal presentimiento—. ¿Hola? Izuku, ¿me estás escuchando?

 

—Sí, es solo—Izuku no quería hablar de eso con Daniel—. No importa, mira, sé que Jake te dijo que necesitaba ayuda, pero quizás no sea así. Sin embargo, si quieres algún dato sobre turismo, estaré atento a mi celular. 

 

Daniel sonrió. 

 

—Izuku, realmente digo que he venido aquí para ayudarte. Si quieres un polvo sin compromiso, algo de calor humano, cualquier cosa… Estaré aquí—Izuku se acercó, tomó las manos de Daniel y lo admiró. 

 

—No sé cómo decir esto pero el sexo… Solo fue una distracción física, cómo hacer ejercicio después de una gran maratón. Algo para castigarme si soy honesto…—Inevitablemente la mente de Izuku iba de vuelta a él. 

 

—Lo entiendo. Pero al menos, ¿los orgasmos fueron reales? Parecían bastante reales la verdad—Izuku no lo negó pero no quería hablar de eso con Daniel, se sentía tan incorrecto. Así que simplemente negó con la cabeza y se marchó, el alfa rió bajo y se sentó en la cama con una cara llena de consternación—. Bueno, es realmente agradable saber que apestas en la cama. De todas formas, soy muy bueno escuchando. 

 

—Llámame si quieres algo Daniel, estaré ahí si puedo.

 

—Okey, ya entendí. Nos veremos algunos de estos días si las cosas se ponen aburridas por mi cuenta—Izuku tenía su mano en la puerta cuando Daniel se aventuró hasta la puerta y le susurro cerca de su oído—. Pero no lo olvides, estoy aquí para ti. 

 

El omega solo sonrió. 

 

—Adiós Daniel. 

 

E Izuku corrió con sus cosas por las calles de Japón, feliz y rebosante de energía aunque su estómago sintiera un extraño dolor. Después de dejar sus cosas en el departamento que Allmight le había dejado, salió por la ventana directamente hasta la agencia de Endeavor, su rostro dolía de tanto evocar esa sonrisa, que sola llegaba a sus labios al pensar que podría verlo nuevamente. No quería esperar ningún segundo, sus emociones no lo dejaban respirar y se sentía tan bien conocer la zona sin tener el miedo de caerse. Era bueno estar en casa, era bueno respirar el aroma de su ciudad, sentir esa libertad en sus brazos casi desnudos. Se sentía libre como un pequeño gorrión, uno rojo que podía ir libre desde Rusia hasta Japón, volver y entregar su corazón. En este caso, desde Usa hasta Japón, viendo las estaciones cambiar, llorar y nada durando para siempre. 

 

Aterrizó en el helipuerto de la agencia de Endeavor, viviendo en un sueño bajó por las escaleras y llegó hasta la zona de control y después de la misma hasta la del personal de aseo. Antes de estar frente a la puerta del personal heroico, sus piernas temblaron. Tenía mucho miedo pero no quería huir para siempre, así que con decisión tomó el pomo y se congeló al verse en un espejo al final del pasillo. Se veía horrible pero muchos de ellos lo habían visto peor. Así que camino viendo la cara sorprendida de decensst de sus ex compañeros, no le importo ninguna de ellas hasta que vio a Shoto fuera de la puerta de la oficina de Endeavor. Una mirada de los ojos heterocromáticos y su ánimo cayó al suelo. 

 

¿Qué? ¿Por qué estaban tan tristes? ¿Qué había pasado? No escucho nada, solo buscaba la voz de Katsuki pero era silencio lo único que sus oídos podían captar. Caminó lentamente, Shoto se acercó con Mina a su lado, preguntando tantas cosas que lo abrumaron y no pudo escuchar nada. "Katsuki, Katsuki, Katsuki." Susurró para sí mismo. Con su mano llena de la fuerza del Ofa abrió la puerta, azotándola y sacándola de sus bisagras. Ahí estaba Endeavor con Hawks, Miruko y Shigaraki. Su destinado se hallaba solo a metros de distancia pero no le importaba, solo los ojos azules de Enji. Ahogados en preocupación. 

 

—¿Qué?—Shigaraki volvió su vista a la puerta, Miruko casi por acto reflejo se llevó su mano hasta su cuello cubierto. Ni ella sabía el porqué, pero Izuku hizo caso omiso al dolor en sus entrañas, simplemente se acercó hasta endeavor y Hawks. Todos estaban sorprendidos de verlo, pero nadie lo estaba felicitando por volver. Solo rostros llenos de tristeza. Que colores tan grises para rostros que alguna vez estuvieron tan llenos de vida—. ¿Qué sucedió? 

 

Preguntó de nuevo y el silencio se formó por minutos hasta que una voz liberó a la verdad prisionera.

 

—La comisión se llevó a Katsuki, lo secuestraron junto a su hija. Nora, la asistente que lo ayudaba con el papeleo y trabajo de campo se lo llevó con ayuda de algunos integrantes activos de la comisión. No se sabe nada de él, hasta quemaron su departamento para no dejar rastros—Hawks fue la única persona que realmente lo miró a los ojos y le dijo la verdad. Izuku no tenía las fuerzas para apreciar su honestidad, solo pudo mirar a Endeavor. Como el hombre mayor tenía dibujado en líneas profundas de expresión su arrepentimiento. 

 

—¿Hace cuánto desapareció?—no había tono en su voz, era plano. Shigaraki se acercó pero no pudo verlo a los ojos. Muy rojos, muy parecidos a él. 

 

—Cuatro días—Su destinado respondió, la voz ronca se extinguió cuando Izuku explotó. 

 

—¡Es imposible, él hace cuatro días estaba saliendo del aeropuerto de Tokio, lo ví en televisión! ¡Es imposible! ¿¡Por qué ella lo hizo?! ¿Por qué justo ahora?—todos se miraron unos a otros, Hawks no tenía miedo de responder pero esta vez Endeavor respondió por él. Sabiendo bien el peso de sus palabras. 

 

—Ella estaba obsesionada con Bakugō, después de su última misión ella se volvió muy errática. No hablaba mucho y siempre estaba murmurando cosas sin sentido. Nosotros no pensamos que sería importante hasta que recibimos una llamada de emergencia, el departamento del héroe Ground Zero estaba en llamas. Hawks fue el primero en llegar, no había nadie, solo su hogar en llamas pero la comisión nos dejó una nota escrita por ella. Que se lo habían llevado junto a la bebé y que no fueran por él porque ahora formaba parte del personal de la comisión. 

 

—¿Por qué no han dado la noticia a los medios? ¿Por qué ninguno ha reportado su desaparición? ¿Su familia sabe? ¿Denki sabe?—Izuku tragó duro, culpándose por haber huido. Ahora se sentía peor que antes, si hubiera estado ahí… Quizás Katsuki estaría bien, quizá todo sería diferente. 

 

—No alertamos a los medios. Su familia tampoco sabe y esperamos que siga así. Y Denki, bueno el muchacho no tiene deseos de volver a Japón por un buen tiempo. Así que por el momento solo se sabe que Katsuki está en una misión lejos y que su hija está bajo nuestros cuidados—Enji suspiró, el cansancio se veía tan marcado en su rostro que su barba roja ahora tenía unos pequeños mechones blancos—. Lo siento mucho Midoriya, no sabíamos que vendrías al país tan pronto. 

 

—¿Me hubieran avisado? ¿Habrían enviado un comunicado hasta América para solicitar mi ayuda?—Izuku sabía la respuesta, solo quería oírlo. 

 

—No, realmente no lo hubiéramos hecho. 

 

Izuku se sentó, miró sus dedos llenos de cicatrices y se arrepintió de todo. América solo era una ilusión, algo que Allmight había hecho para protegerlo, pero… ¿Por qué se sentía tan traicionado? ¿Por qué le dolía tanto pensar en que había traicionado a la persona que más amaba? Katsuki estaba perdido ahí afuera con una mujer obsesionada, quizá sufriendo un infierno y no quería pensar en ello porque no deseaba perder sus últimas fuerzas al pecar con su imaginación. Había caído en una mentira, ninguna de las personas que estaba ahí lo miraba con honestidad, Hawks era la única que tenía el valor de mirarlo a la cara y decirle la verdad pero incluso él tenía sus juegos, ésos que nadie sabía maquinar mejor que él. 

 

Levantó la mirada y pidió la verdad a cada uno de ellos, les gritó sintiendo su corazón doler cuando Tomura le ordenó que guardara silencio, que no le gritara a Miruko. Los veía a ambos y sentía tanta envidia, él debería estar así con Katsuki. Pero le quitaron eso, su Omega interno se lo quitó, Allmight se lo quitó, todos en esa habitación se lo quitaron. Hasta Katsuki lo hizo. Sin embargo lo sabía, él mismo lo había hecho primero. Había quemado a fuego lento con sus dedos esa confianza, incluso lo había dejado cuando aún eran novios. Si alguien había dado el primer paso a la mentira, había sido él mismo. Pero estaba dispuesto a enmendarlo, a luchar. 

 

—Quiero toda la verdad, ahora mismo—sus labios temblaron. Hawks se acercó y le tendió un cigarrillo, Izuku lo recibió y fumó mientras escuchaba todo. Muchas de sus lágrimas escaparon de sus ojos al oír, al ver que Katsuki se estaba llevando todo lo malo. Incluso lo hizo cuando supo sobre Dorothea, sobre la relación falsa con Denki, sobre cómo luchó en solitario durante meses y recibió tantas puñaladas. Cómo lo buscó después de que se fue, cómo lo dejó ir por su bien. Era demasiado joven para todo esto, para todo el dolor que se le presentaba en sus manos; el cigarrillo cayó consumido en la alfombra y esa fue señal suficiente para saber que era hora de irse. Al salir de la oficina, ellos le pidieron que esperara, que lo iban a encontrar y que tuviera paciencia. Izuku no quería pensar. Shoto le habló, Mina lo abrazó pero no podía sentir nada. Absolutamente nada de nada. 

 

Sus pies los traicionaron y se encontró frente al departamento de Daniel. No sabía que estaba haciendo ahí, pero quería sufrir. El alfa le abrió la puerta e Izuku se lanzó a sus labios, sintiendo éxtasis en el dolor. Él lo tomó con fuerza, lo llevó a la cama y sin desperdiciar la oportunidad sintió sus brazos, lo cálidos que eran y los fríos que se sentían en su alma. Y ahí lloró, gritó con dolor mientras su pecho se apretaba sin dejarlo respirar. Daniel lo miró atónito mientras Izuku no podía seguir, mientras el dolor lo consumía por completo porque la culpa no era suficiente. Ya no podía más. Y en ese momento de profunda agonía y confusión, Daniel lo entendió, lo había perdido para siempre. 

 

—Izuku, dime qué tengo que hacer para hacer que el dolor se detenga—Izuku se estaba ahogando, tomando con fuerzas sus piernas y rasgando la piel, la sangre saliendo de sus uñas. Daniel lo detuvo, pero él no lo hacía, seguía gritando, seguía sintiéndose como si la habitación estuviera llena de agua—. ¡Izuku basta!

 

Izuku levantó la vista, sus ojos completamente rojos, todo salió por sus labios como si fuera una avalancha. 

 

—Daniel lo deje solo, lo traicione, lo he hecho tantas veces contigo y aún así... No quiero esto, no lo quiero. Lo quiero en mis brazos, lo quiero besar, quiero hacerle el amor y decirle que estoy aquí, que todo estará bien. Pero no está aquí, no está, no está. Me lo quitaron, me lo arrebataron—Daniel tragó duro, abrazó a Izuku y espero que él estuviera más tranquilo. Daniel lo aceptaba, Katsuki Bakugō debía ser increíble para tenerlo a él, lo odiaba, quería matarlo y quedarse con Izuku pero no quería ver así al Omega que amaba. No de esa manera tan amarga, se rió y esperó por la somnolencia del Omega. Horas pasaron hasta que Izuku se quedó profundamente dormido. El alfa se puso de pie y tomó su teléfono con fuerza, le pedía perdón de antemano a Izuku por mentirle pero así eran las cosas y el mundo no era tan bueno y simple como él se lo imaginaba. Llamó y esperó por la voz. 

 

Y cuando le contestaron, solo pidió una cosa. 

 

—Quiero saber dónde está Katsuki Bakugō, alfa japonés nacido el veinte de abril. Ex miembro de la UA. 

 

—¿A petición de quién sería esta orden?—La voz al otro lado preguntó, Daniel observó a Izuku, el delgado Omega dormitaba, lágrimas caían por sus mejillas. El mundo era un sitio cruel y aunque la verdad fuera algo que no se podía oír, tenía que hacerlo, por ese sentimiento complicado de explicar que lo hizo replantearse todo. 

 

—Para el agente británico, Dante Evans—era un pecado enamorarse, pero así lo había hecho Daniel, o mejor nombrado por su padre, Dante. Un agente secreto de la unidad británica que estaba investigando los asuntos de la comisión japonesa. Su misión era simple, sacarle información a Izuku, no enamorarse de él e involucrarse en la vida del objetivo para obtener líneas directas con la asociación de héroes, por eso su identidad era algo que debía cuidar. Sin embargo, entendía a Katsuki Bakugō, Izuku era el tipo de persona por el cual entregaría su vida. 

 

Se sentó al lado del Omega y acarició sus cabellos, iba a disfrutar de la imagen del Omega en su cama. Por lo menos por un instante. Y ahí, con una sonrisa enorme pensó que era suyo en cuerpo. Aunque su alma nunca podría estar al alcance de sus manos. 

 

 

Los días pasaron y la paciencia de Izuku con cada amanecer se hacía más pequeña, Daniel lo había estado ayudando a buscar información, nunca se cuestionó el porque, no quería saber más de nadie más. En su mente solo estaba Katsuki y con cada hora que pasaba frente a un computador lleno de información, más y más se hacía a la idea que la comisión era una institución asquerosa y que sus compañeros le estaban mintiendo, aunque todos le habían mentido ya. Hasta Daniel, que siempre estaba hablando por teléfono mientras Izuku tecleaba sobre su computador en busca de cualquier vestigio que pudiera comprometer información importante. Daniel le dijo que se calmara, que debía distraerse y dormir, que lo iban a encontrar. 

 

Dos semanas e Izuku no podía más, fue donde su madre para hablar y ella solo le conversó sobre el americano atractivo que viajaba tanto con él. Izuku le contó sobre Katsuki y ella parecía más feliz que preocupada, lo sentía por la niña pero las palabras que usó con Katsuki fueron: "Todos obtienen lo que merecen tarde o temprano". Entonces Izuku le respondió que lo amaba, que amaba tanto a Katsuki que podría morir por él. Inko lo echó de casa diciéndole que debía replantearse su vida si pensaba entregarse a un hombre que durante tantos años le había hecho daño. Que no era sano. Pensó que su madre lo comprendería pero no, solo hizo lo de siempre. Despreciar a Katsuki y dejarlo en la posición de siempre, como el abusador. 

 

Izuku no quería más conflictos.  

 

Pasaba el tiempo y cada vez era más evidente que algo le estaban ocultando. Ellos sabían tanto que no querían decirle, se sentía mal, se sentía inútil, apenas comía y todo lo que comía lo dejaba ir por el baño. Por un instante temió lo peor y se compró uno de los mejores test de embarazo, esperó en su baño por minutos mientras veía el pequeño dispositivo. Nervioso, temblando. Espero y espero, nada, no estaba en cinta. Se hizo un chequeo sanguíneo solo para saber bien y no tener dudas, el resultado fue peor de lo que imaginó. "Su cuerpo no está en condiciones para albergar algún tipo de vida". Era estéril. Y la verdad, no sabía cómo sentirse al respecto. Era lo que quería, ¿no? No tener hijos era su plan inicial, no sabía porqué le dolía tanto el pecho. 

 

Había tanto en su cabeza, era tan molesto tener que abrir sus ojos y pensar sobre todos los problemas y no poder hacer nada. Sin poder sentirse cómodo vistiendo su traje de héroe, se imaginó al lado de Katsuki siendo héroe. Cómo lo tomaría entre sus brazos y lo haría bailar lento en las horas de descanso, y ahí se quedaba, mirando la nada y escuchando las canciones de la playlist de Katsuki. Cerraba sus ojos y se dejaba llevar hasta que llegaba a los sueños dónde era valiente y su teléfono seguía teniendo las llamadas de él, los mensajes de voz y los mensajes de texto. Cosas simples que ahora se sentían inalcanzables. 

 

—Te extraño tanto, Kacchan. Te extraño tanto y prometo nunca irme otra vez. Lo prometo, me quedaré aquí y lucharemos juntos. Aunque no me quieras, siempre te ayudaré. 

 

"Quizás él no te quiera aquí, quizás ya te superó y tengas que volver con el americano mediocre ese. Es increíble no, tenías al segundo hombre más codiciado de Japón y ahora no tienes nada."

 

—Es tu culpa. 

 

"No lo es, solo escuchaste una ridícula voz interior que te hizo revelar todas esas inseguridades que siempre quisiste ocultar bajo la sonrisa santurrona. ¿Qué crees que Katsuki dirá cuándo vea a Daniel? Obviamente preguntará por él. ¿Qué le dirás?"

 

—Un amigo, porque solo es eso. 

 

"Pero no fue solo eso. Quizás lo hayas olvidado pero hace menos de unos días querías saltarle encima de la polla para hacerte daño. No seas hipócrita, solo lo usas como trapo sucio al pobre idiota."

 

—Callate. 

 

"Eres un idiota. ¿La recuerdas a ella? Dorothea era su nombre, joder, ella si que era hermosa. Fue una pena que Katsuki le diera el golpe de gracia, al menos ella le hubiera podido dar un hijo. No como tú, que tienes un útero y ni siquiera puedes ponerlo en movimiento. Hasta como omega de incógnito fallas." 

 

—¡Cállate!—Izuku se golpeó contra una pared para acallar esa voz, se sentía enfermo al oírla tan fuerte en sus oídos. 

 

"Jaja, eres patético. Una pregunta, ¿quién engañó primero a quien? Por lo que sabemos, el supuesto noviazgo con Denki era una farsa. Así que técnicamente la persona que lo engañó fuiste tú, imagínate cómo se sintió. Por eso fue tras Dorothea. Que miserable, imagínate cómo se siente ahora. Su novio lo abandonó para irse a otro país, lo engañó con otro hombre, ahora ese novio volvió, y adivina qué… Volvió con el idiota que le metió el nudo tantas veces que su cuerpo se acostumbró a ese ardor y olvidó lo bien que se sentía el sexo."

 

—Por favor, cállate—Izuku nuevamente lloró amargamente, era una enfermedad. Era una maldita enfermedad su Omega interno. Solo quería callarlo, sacarlo de su cabeza. 

 

"Solo digo la verdad, cariño. ¿Te duele que lo diga? Si te duele, por algo será." 

 

No.

 

No quería oír nada más, aunque fuera una verdad relatada de una manera muy cruda, no quería oír nada. Solo deseaba quedarse en ese momento donde aceptó por primera vez a Katsuki en su patética habitación de la UA, donde había calor y las gotas del sudor contrario caían por su piel, acariciándolo y mezclados. Durante esa noche, durante esos cinco minutos donde todo fue absolutamente perfecto. Donde no había deudas en su corazón, y dónde no se sentía como un traidor. Como el que se fue y engañó primero. 

 

...

 

Un mes, Katsuki había estado perdido durante un mes cuando Endeavor llamó a Izuku con información, llegó tan rápido que sus pies ardieron y su corazón alcanzó el límite. Lo primero que sintió cuando entró en la gran oficina fue sorpresa. Daniel estaba ahí, pero no vestía su ropa común. Al contrario, su cabello estaba peinado y su gusto por la moda se reducía a un traje negro con moño, elegante y con un supresor que limitaba todas sus feromonas. Endeavor lo presentó como Dante Evans, Izuku sonrió con suficiencia al oír ese nombre. Todos le mentían, todos a su alrededor eran unos mentirosos, nadie le había dicho la verdad. Y la única persona que le había mentido por su bien… Era la persona más perjudicada del asunto. Agradeció nunca haber caído por él. 

 

Escuchó paciente las instrucciones, el plan y todo lo relacionado a la invasión. Muchos de ellos parecían asustados, con las manos temblando por involucrarse. No, ninguno de ellos sería capaz de salvar a alguien así. La única persona que no parecía en absoluto sorprendida era él, Dante. Antes que todos salieran de la oficina, Izuku susurró y fue fácil encontrar la exigencia en su voz. 

 

—Lo siento por todos, pero iré solo con Daniel, perdón, el señor Evans. Puedo acabar con esas personas por mí mismo, puedo destruir ese lugar hasta los cimientos en menos de una hora y no fallar en ningún momento. La comisión no sabría quién lo hizo porque no tendrían pruebas, solo nosotros dos y yo no estoy precisamente en labores heroicas por lo tanto no tienen nada contra mí—Daniel tragó duro y afirmó siendo incapaz de ver sus ojos.

 

—Tiene razón, debo volver a Inglaterra mañana. Tengo una cortada bastante sólida, todos deberían tener una por si la comisión decide hacer algo en contra—todos llegaron a la conclusión que era lo mejor, Shoto quiso decir algo pero Izuku lo tranquilizó con un abrazo y una sonrisa que todos podrían creer. Dante se subió al helicóptero mientras Izuku se despedía de los demás. Cada uno de ellos deseándole suerte porque la prisión no estaba diseñada para ser invadida pero nadie ahí tenía el poder de Izuku, nadie era más fuerte que él.

 

—Así que Dante Evans, supongo que ahora entiendo algo. Y pensar que me mentiste en la cara. Tantas palabras bonitas, y todas mentiras. Solo fui un trabajo para tí, ¿no es así?

 

Dante agarró con fuerza los cascos de vuelo. 

 

—Sí, lo eras. Tenía que averiguar sobre la comisión de héroes, pero no pude hacerlo bien. Me enamoré y eso para un agente es la muerte… No mentí Izuku, te amo y nos imaginé juntos con una familia—Izuku se rió tan fuerte que le salieron lágrimas mientras sostenía los cascos, Dante observó enojado el paraje de Japón sobre sus pies. Apretó su mandíbula y dejó que el helicóptero fluyera por los aires. 

 

—Es una pena Dante, en esa hermosa ilusión que creaste en tu cabeza no tomaste en cuenta la verdad. No te amo, nunca viviría una vida tranquila y soy estéril—la última palabra la trago con dureza—. Te enamoraste de una mentira Dante, la persona que conociste en América era solo una ilusión. Algo que tu mente creo y lo siento, no es tu culpa, fue mía por fingirlo todo de tal manera que parecía real. Agradezco que hagas esto, que me ayudes con Katsuki pero eres y siempre serás un error en mi vida. 

 

Dante aceleró y cuando solo el negro del mar envolvió la vista del horizonte, Izuku se preparó con un paracaídas. Iba a descender un poco lejos para impactar la isla, no lo verían llegar y acabaría con todo por eso llevaba una mochila con explosivos que simplemente dejaría caer. Varias muertes y no podía pensar en nada porque era una de las cuatro prisiones de la comisión y solo la estaban usando para Katsuki y su bebé. Solo esperaba que Katsuki no tuviera muchas heridas porque se negaba a aceptar que él estuviera muerto. Y antes de descender, Dante lo llamó. 

 

—Izuku, debes saber algo antes de bajar. Quizá no haga que las cosas vayan mejor pero necesitas saberlo porque soy una persona muy egoísta… Ellos nunca tuvieron mi corazón en todos los años que serví. Te mentí, y lo hice hasta con mi edad. Te dije que tenía veinticinco años cuando en realidad estoy rozando los treinta y uno, te dije que era un marine cuando en realidad me entrené en el ejército británico bajo una rama secreta. Y quizás hasta tenga una esposa a la cual abrazar cuando llegue a Londres, y dos hijos—Izuku no podía creer lo que estaba escuchando—. Pero me enamoré, no pude evitarlo. Hay cosas que no se pueden reemplazar, podría haber sido una pérdida de tiempo para ti pero fue lo más real en años para mí. Y… Honestamente lo envidio por tenerte pero si pudiera pedirte algo por lo que hubo, sería que me siguieras llamando Daniel. Dante… Ese hombre son solo letras en una identificación y realmente no fui esa persona cuando te conocí. 

 

Izuku sonrió, apreciaba el gesto de la verdad. 

 

—Me alegra que me hayas dicho la verdad, Daniel. Pero no soy esa persona que estás buscando, no puedo darte nada más que esos recuerdos, de verdad lo siento por tu corazón. Nunca estuvo realmente en discusión ese tema—Dante asintió y suspiró tratando de guardar sus lágrimas—. Ahora, por favor, desciende un poco más. Necesito menos altura. 

 

El británico asintió y todo lo que siguió después de ese momento fue épico a los ojos de Dante, Izuku era el maldito ángel de la muerte y nunca vio eso en América. Nunca había sido testigo de la supremacía del poder porque era una persona capaz de adaptarse a los demás. Con él siempre había sido honesto, pensó que era recíproco ese sentimiento pero al verlo en acción se sentía como un idiota. Él era exactamente el tipo de persona que quería evadir porque le recordaba todos esos años que pasó odiando el mundo, las reseñas débiles del alma humana que alguna vez poseyó, cuando lloró por los entrenamientos y no se enorgulleció por sus logros bajo el gobierno británico, todas esas medallas llenas de polvo y sangre. Dante solo era una persona secundaria en la vida de Izuku. Sin embargo, tenía razón, se iba a quedar con los recuerdos porque esa persona que maquinaba sus látigos y fuerza para matar no era más que un demonio. 

 

Después de unos treinta largos minutos de matanza y destrucción, Dante pudo ver a un hombre salir de las instalaciones. Un hombre alto, fornido y atractivo. Izuku no se detuvo aunque el hombre le estaba gritando su nombre, hasta que el llanto del bebé se proclamó por encima de todo lo demás. Izuku recién se detuvo ahí, lo llamó por su nombre con una última sonrisa y actuó. Era hora de irse y decir adiós. 

 

Camino a la agencia de Endeavor pudo sentir la extraña sensación entre ambos y como de cierta manera se sintió un extraño entre ellos. Al llegar, el alfa se desplomó y pudo verlo. Izuku cayó con el alfa, tomó a la bebé con una mano y al alfa con la otra, le gritó y desesperado lloró mientras trataba de hacerlo despertar. Era la imagen perfecta de una familia trágica y no encajaba ahí, eso le dañó el ego y el corazón. Después de entregarle toda la información a Endeavor y formar una alianza sólida con un grupo de héroes diligentes, llamó a su superior con buenas noticias, era hora de volver a casa y entregar su informe para seguir adelante. Al menos el Izuku que conoció en América era un lindo recuerdo y no una bestia sedienta de sangre y justicia. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Datos:

 

Dante nació para servir al servicio secreto británico, su abuelo lo hizo, su padre lo hizo y sus hijos también lo harán. Aunque es el único de su línea familiar que realmente no deseó servir a la reina y al primer ministro. Su particularidad es dominio, las probablemente a su alrededor siempre caen a su favor, excepto que no es una particularidad que afecte sus relaciones interpersonales porque no estarían dentro de una probabilidad diplomática. Su esposa Elvira también formó parte del servicio secreto pero se lesionó a una edad muy temprana, su unión fue arreglada por el primer ministro para asegurar la línea genética de los Evans.

Si se hubiera decidido por seguir adelante con su plan inicial de investigar a fondo la comisión a través de Izuku, el Omega lo hubiera matado sin piedad y habría perdido la misma humanidad que perdió Katsuki en la prisión al probar la sangre humana. 

 

Lazo familiar: Es un lazo que se forma las primeras semanas de vida del infante, en algunas ocasiones este lazo no se forma precisamente con integrantes familiares directos, parte del proceso es la predisposición de ambas partes. Y lo primordial del lazo es la voluntad de cuidar y ser cuidado. Y aunque el alfa/Omega desee formar una lazo, el infante es el que determina por sí mismo la finalización del proceso. Estos lazos se pueden formar hasta diez años después del nacimiento.

Chapter Text

"Una pequeña mano extendiendo sus cariños, una sonrisa que solo los sueños podrían imitar. El tiempo tardando en curar las heridas, momentos felices que mantienen a flote esos corazones que viajaron alguna vez en ese camino donde solo el odio podría prosperar."

 

….

 

Su rostro se veía tan calmado que le recordaba a esos días en la UA, cuando despertaba primero y era dueño de la suerte de verlo abrir sus ojos, suave al movimiento de las hojas. 

 

Sin embargo, ahora lo único calmado de él, eran sus cejas y expresión porque todo lo demás había cambiado radicalmente en cosa de meses. Su cabello estaba más claro en las puntas y en las raíces comenzaba a asomarse un castaño lejano al rubio. Sus cejas eran más oscuras y múltiples pecas solares se remarcaban en sus mejillas, de lejos apenas se veían pero de cerca contaban una historia diferente. Sus colmillos afilados sobresalían de sus labios rosados, su barba limpia lo hacía ver más masculino, todo en él lo hacía ver como si fuera una versión adulta y cansada de sí mismo. Su pecho descubierto poseía las cicatrices de su sacrificio y las que Nora le había proporcionado, las quemaduras de tortura ahora eran unas marcas negras. De alguna manera todas sus venas se remarcaban negras en su cuerpo, parecía cubierto de rayos negros desde los pies hasta su cuello dónde se aclaraban hasta su mandíbula y de ahí se volvían de una tonalidad normal. 

 

Una semana después de salvarlo, el resultado de los exámenes llegó a todos. Sus hormonas estaban revueltas, todo lo demás estaba bien pero sus hormonas eran un desastre. El doctor tragó duro cuando dejó en claro que la inanición que le habían provocado en la prisión lo orillo a comer carne humana pero el cuerpo de Katsuki decía lo contrario, estaba más fornido que antes y se notaba claro que los entrenamientos le habían dado un tono muscular exacto. Sea cual sea la razón de porque comió carne humana, eso lo había cambiado. Bajo juramento estaba prohibido consumir carne humana por la simple razón de que el proceso de digestión provocaba una redención de los genes animales. El alfa y el Omega interno se fusionaban con el alfa y Omega externo, provocando una pérdida notable de humanidad. Y quizás esa era razón de porque seguía inconsciente, el proceso lo estaba volviendo más fuerte, menos humano. 

 

Izuku apretó con fuerza la mano de Katsuki, sintiéndolo anormalmente caliente. Él no era así, era cálido pero no marcaba una fiebre de casi cuarenta grados. Más no parecía tenerla, dormía plácidamente en la cama del hospital sin siquiera transpirar. Sus feromonas también, eran tan fuertes que las enfermeras omegas y alfas pidieron alejarse de él, solo betas lo estaban custodiando, Izuku permanecía a su lado pero cada vez era más difícil controlarse. Lo único que deseaba era quitarle la manta y restregarse en contra de sus glándulas aromáticas. Era un infierno, sin embargo, con supresores podía llevarlo mejor que los demás, sin mencionar que sus feromonas eran compatibles y ninguna de ellas le provocaba dolor físico como a los demás. No iba a abandonarlo, sobre todo después de oír a los doctores hablar de lo fuerte que era el alfa y de lo llamativo que sería para las farmacéuticas un sujeto así, un sujeto casi inmortal. 

 

Katsuki corría peligro, si lo dejaba, tenía miedo de no volverlo a ver. Por eso seguía ahí, tomando su mano y rogando cada hora para que despertara, no dormía, no comía y Mitsuki ya le estaba implorando que se fuera a casa, que ella también podía cuidarlo. Izuku confiaba en ellos, era solo que si no estaba ahí para cuando él abriera sus ojos… Temía nunca tener oportunidad de hablar. Conocía a Katsuki, no mirarlo a la cara, no tomar su mano cuando necesitaba ayuda y no dirigirle la palabra en ningún momento… Solo le decían una cosa, y el alfa no lo quería ahí. Se marcharía si él no corriera peligro. 

 

Cómo no era el caso, Katsuki tendría que aguantarlo. 

 

—Midoriya, ten un poco de café—Dejó la mano de Katsuki para tomar el café que Todoroki le estaba tendiendo. El sabor dulce de la leche y la canela penetró sus pupilas, agradeció sentir el calor y como su estómago apreciaba un poco de comida—. Deberías… Olvídalo, ya eres adulto, sabes lo que haces. Pero como amigo debería recordarte que Bakugō también es mi amigo y también estuve preocupado por él. 

 

Izuku apretó su café. 

 

—Lo sé, es solo que ellos no me tienen tranquilo. Hablan de Kacchan como si fuera alguna especie de animal. No quiero dejarlo solo por si deciden hacer algo estúpido—Todoroki también había notado el comportamiento de los doctores. Iba a decir algo pero de pronto comenzó a llorar Himawari, Izuku se levantó rápidamente y acunó a la pequeña en sus brazos. Los llantos próximos en sus pulmones se calmaron tan pronto como una de las manos de ella se enredó en el cabello de Izuku, a Himawari le gustaba jugar con él mientras tomaba su fórmula. Todoroki quedó estupefacto cuando vió que la niña sonreía con Izuku. Sonrió, algunas cosas estaban predestinadas a ser. 

 

—No pensé que te llevarías tan bien con ella, sobre todo después de que rechazó a su propio padre. Esa fue la razón de porque Denki se fue, Himawari no quería nada con él, ni siquiera alimento. 

 

Izuku no lo sabía, su corazón se contrajo ante la sensación cálida. No sabía la verdadera razón pero la pequeña después de que Katsuki entró al hospital, no dejaba de llorar. Se le partió el corazón al verla así que no la dejó en ningún momento, aunque sintiera un pequeño dolor en su pecho. Ella era adorable, sonreía a sus jugarretas, le seguía los dedos con sus ojos castaños y se veía sana y salva. Incluso los doctores estaban sorprendidos por la recuperación de ella, las cicatrices eran solo un recuerdo en su piel. La primera vez que se separó de la niña cuando la revisaron, ella solo lo vio y siguió con sus ojos. No podía dejarla a ella tampoco, quería sostenerla en sus brazos y alimentarla se sentía tan calmante que no podía considerarse una responsabilidad, inclusive, cambiarles los pañales y limpiarla se sentía calmante, como si estuviera hecho para hacerlo, ningún bebé le había provocado esa sensación antes y en América muchas omegas paseaban con sus bebés en la agencia. Su Omega interno estaba relativamente silencioso ante ello y lo apreciaba porque al primer comentario era capaz de sacarse la cabeza. Sin embargo, su mente poseía una teoría de porque Himawari era especial, ella era de Katsuki. No podía ver nada de Denki en ella, solo la textura de su cabello porque hasta la tonalidad de su piel era de Katsuki, un poco más clara, como la de Mitsuki. 

 

—Ella es de Kacchan, Himachan sabe que quiero lo mejor para él, por eso me acepta—Todoroki se acercó y pudo sentir la esencia de Himawari en Izuku, quizás él no lo estaba notando, pero la niña estaba marcando territorio con Izuku e incluso ignoró el hecho que Izuku desprendía un suave aroma a leche. Himawari lo quería a él y por cómo se veía, pronto sería real. No se iba a involucrar en ello porque no era su problema pero le preocupaba Katsuki, algo no andaba bien con él—. ¿No es así, Himachan?

 

La bebé balbuceó en aprobación, parecía un momento feliz hasta que Katsuki comenzó a convulsionar, Izuku tomó con más fuerza a Himawari mientras Todoroki llamaba a los doctores, aterrado Izuku trato de acercarse pero el aroma de la sangre llenó la habitación, el alfa se estaba ahogando en su propia sangre. Dejó a la bebé en la cuna y fue tras el alfa, tomó las intravenosas y las sacó para enderezarlo, al hacerlo una gran cantidad de sangre salió de sus labios mientras el reflejo del cuerpo era toser. Él seguía inconsciente y apenas abría sus ojos pero seguía ahogándose, las lágrimas comenzaron a caer por las mejillas pecosas. No podía hacerlo respirar, estaba entrando en pánico cuando el doctor entró junto a otros enfermeros. En cosa de minutos lo estabilizaron, el Omega se quedó con Himawari en sus brazos mientras veía a doctores tratar de ayudarlo. Al salir, el hombre le explicó a Izuku y Todoroki lo que estaba pasando. Comer carne humana lo había hecho más animal, pero él estaba luchando contra ese instinto. Por eso seguía inconsciente, por eso cada día parecía estar más muerto que vivo. Todoroki habló con el doctor, pidiéndole una cura o algo, que debían existir opciones para él, que el dinero no era un problema. El doctor dejó en claro que los casos de alfas carnívoros eran tan pocos en el mundo que básicamente era una ciencia desconocida, y que lo poco que se sabía era en base a teorías pero gran parte del proceso era una aceptación personal. Si el alfa rechazaba el cambio… Sus probabilidades de morir eran del cien por ciento. 

 

—Lo siento mucho, pero yo solo le daría días. Ayer falló su hígado, hoy fueron sus pulmones, mañana será su corazón y ahí no podremos hacer mucho. Si él no acepta el cambio, no podemos nada más que mirar—Izuku lloró, su frente estaba en contra del cristal de la habitación, su mirada estaba en él y sus brazos alrededor de Himawari dormida. No estaba gimoteando, no quería despertarla pero se sentía tan frustrado, el hombre que amaba estaba muriendo y no podía hacer nada. No, las cosas no podían acabar así. 

 

—Eres egoísta...—susurró, su respiración se aceleró y dejó en los brazos de Todoroki a Himawari, el doctor lo observó mientras entraba a la habitación—. ¡Eres un jodido egoísta! ¡No puedes morir así! ¡Tienes a tu bebé aquí esperando por tí, ME TIENES A MÍ AQUÍ! ¡NO PUEDES DEJARME CUANDO TE AMO! ¡¿ME OÍSTE, NO PUEDES?!

 

Los guardias de seguridad del piso tuvieron que sacarlo a la fuerza porque estaba alborotando al personal con sus gritos y feromonas llenas de angustia. Todoroki quedó con la pequeña en brazos mientras se quedaba viendo a Katsuki, poco a poco comenzó a anochecer, hubieron minutos de silencio y después todo volvió a la normalidad, Shoto pensó que tal vez los gritos de Izuku tendrían efecto en Katsuki pero nada, quizás era demasiado tarde para él y lo lamentaba. 

 

La luna se postró en la habitación oscura de Katsuki, Mitsuki llegó al hospital y se llevó a Himawari después de escuchar las palabras del doctor, ella lloró en el hombro de Masaru mientras el beta la calmaba. Se despidieron de él esperando lo peor para esa noche, Mina se llevó a Todoroki para su hogar e Izuku se quedó ahí. No le dejaron entrar más por culpa de su escándalo pero estaba viendo su ventana en un edificio contiguo. No sabía qué hacer así que cuando la enfermera de turno apagó la luz de la habitación de Katsuki, saltó hasta la cornisa de esa ventana y la abrió. Entró con calma y ahora que lo veía con su corazón frío, tenían razón, su piel lentamente iba perdiendo el color. Las lágrimas cayeron por sus ojos, le habían puesto oxígeno y su pecho emitía un pequeño silbido al respirar. Era aterrador. 

 

Se tomó unos segundos y cerró los ojos cuando besó su frente. 

 

—Por favor, no me dejes, no te vayas así. Aún te necesito, no luches, déjalo entrar. Deja que él te posea—observó sus ojos esperando un cambio pero no hubo nada, Izuku tragó duro y se acostó a su lado—. No te preocupes, yo la cuidaré. Pero no te vayas, no me dejes.

 

Izuku tomó la mano de Katsuki y la estrechó en contra de su rostro, se encogió a su lado percibiendo el calor, menos agradable que el día de ayer. Hubo una pausa en su respiración, formando silencio en la habitación y solo el silbido del pecho contrario se hizo notar. No le gustaba ese sonido, no era bueno, así que habló sobre sus días en Usa. Cómo las calles estaban llenas de cultura, como los americanos eran enérgicos y siempre había alguna novedad. Modelos, extranjeros y artistas, todo una historia sobre calles sucias y pavimento húmedo. También le habló sobre Central Park, lo enorme que era y como lo recorría cada vez que podía porque siempre encontraba algo diferente. Vegetación y fauna, todo en ello. Al poco tiempo Izuku sintió sus ojos pesados, y se durmió con la mano de Katsuki entre la suya. Las horas pasaron, no pudo soñar nada, solo hubo una nube blanca en su cabeza durante todo ese tiempo. Cómo si estuviera diseñado para no sentir nada, solo que estaba sintiendo absolutamente todo. La falta de calor lo despertó y cuando abrió sus ojos, Katsuki no estaba ahí.

 

—¿Kacchan?—levantó la vista y ahí estaba Katsuki, siendo bañado generosamente por la luz de la luna, Izuku se enderezó en la cama sin poder creerlo. El alfa estaba respirando bien, sus pulmones ya no emitían el molesto silbido y su piel poseía un color más agradable a la vista, Izuku se movió rápido pero cayó de rodillas al suelo, sus fuerzas no estaban en su cuerpo pero las manos de Katsuki lo tomaron. Pudo ver sus ojos rojos, su expresión suave y una leve sonrisa. Izuku quería besarlo, abrazarlo pero el alfa lo hizo tomar asiento en la camilla. Una sonrisa suave y luego unas palabras simples. 

 

—Gracias por salvarme, Deku. Pero no me busques más, es mejor que las cosas se queden así—Izuku quería decir algo pero el alfa saltó por la ventana antes de poder siquiera procesar sus palabras, Izuku corrió hasta el marco de la ventana viéndolo saltar de edificio en edificio. Lo único que pudo reconocer era que Katsuki lo había escuchado, se había unido a su parte animal. Ahora era menos humano que ayer y su aroma ya no tenía nada dulce de la azúcar quemada de antaño. Apretó sus manos y también saltó buscándolo, no iba a esperar más. El alfa no tenía por qué darle más órdenes, mientras su cuerpo se movilizaba por los edificios agudizó sus sentidos inhalando profundo, sus sentidos se abrumaron cuando pudo percibir tanto olores y ninguno de ellos provenientes del alfa. Para empeorar la situación, poco a poco comenzaron a caer gotas de lluvia. Perdería cualquier rastro si seguía estando quieto, se movió y cayó de edificio en edificio en radio de un kilómetro, dando vueltas y a cada momento frustrandose más por no hallar nada. La lluvia cayó torrencial cuando los minutos se quedaron estancados en el tiempo. 

 

—¡Pues bien, sigue corriendo! ¡Maldito bastardo!—Izuku se tropezó con sus zapatillas, cayó contra un basurero, la lluvia limpió la basura de sus ropajes mientras trataba de ponerse en pie. Se sentía tan extraño, ¿Por qué no quería que fuera tras él? ¿Por qué seguía alejándose? ¿Cuál era el objetivo?—. ¡Cobarde! 

 

Y se quedó ahí, mostrándose como lo que realmente era, un Omega débil con sus emociones, con brazos y cuerpo fuertes que no eran lo suficiente para hacerlo romo en el interior. No notó la sombra detrás de él, una mano que quería alcanzarlo pero no lo hizo porque no era lo correcto, Katsuki estaba ahí suprimiendo su propio aroma por voluntad, algo que no se podía hacer por cuenta propia. Pero él ya no era humano, ahora era una bestia. Tenía sed, pero el agua ya no le servía para saciar. Tenía hambre, pero la comida lo hacía sentir vacío, como si su cuerpo estuviera suplicando por algo más. Cuando vió que estaban tratando de matar a su hija, se doblegó ante los instintos, se entregó a ellos y se convirtió en algo más. Por eso no podía estar con Izuku, no podía respirar cerca de él porque todo lo que podía oler era el aroma difuso de otro hombre con su aroma suave y eso lo volvía loco; lo único que deseaba era marcar cada parte de su cuerpo y no dejar nada más que suficiente para que los demás lo reconocieran donde fuera como suyo. Dió un paso atrás y corrió mientras Izuku aún gritaba, no podía quedarse ahí. 

 

Unos minutos más y no habría podido controlarse.

 

Como su departamento estaba en ruinas, no sabía a dónde ir así que se quedó en un callejón mientras pensaba en algo, en la mañana llamaría a Todoroki por sus documentos para poder alquilar una habitación mientras planeaba algo más apropiado. No quería ir con su madre, porque temía dañar a su bebé. Y así, pensó como todo lo que sabía percibir en el hospital era el aroma de Izuku, la dulzura que provocaba mariposas en su estómago. Mariposas asesinas que solo deseaban confesar sus intenciones a través de acciones, su alfa interno ya no estaba en su interior, ahora corría por su piel, vivo y lleno de ilusiones de controlar. No solo a Izuku, en más de una ocasión tuvo que controlarse porque una de las enfermeras omegas estaba embarazada y su aroma era exquisito en sus pulmones, tanto que sus feromonas solo querían doblegar a la mujer. Ante la negación de ese instinto, su cuerpo se ensañó con él y lo dañó. Era prisionero de sus propias acciones, si se negaba a algo, sangraba. Y cuando sintió a Izuku ahí, tomando su mano, su alfa solo deseaba follarlo. Recordó sus ojos durante la secundaria, esos ojos llenos de dolor y se retuvo. Sus pulmones fallaron y después todo lo que hubo fue silencio. Horas pasaron y su alfa se rindió, se entregó a él por unos momentos y al despertar entendió porqué. Izuku estaba ahí, sosteniendo su mano con tanta fuerza que dolía su piel. En más de un momento se retuvo de tomarlo en la cama del hospital, abrió la ventana y respiró aire puro. El aroma de Izuku lo estaba asfixiando. 

 

¿Kacchan? 

 

Dios, ese nombre. Su voz, su boca, su lengua, su rostro, su cuello… Le agradeció y le advirtió, saltar fue por su propio bien y cuando aterrizó bien en sus propios pies descalzos sin necesidad de usar su particularidad, lo entendió bastante. Era menos humano que ayer y más que mañana, ahora era una bestia. Vió como Izuku lo buscaba y sus pies fueron detrás, lo escucho llamarlo cobarde y su boca se secó. Pero no podía, solo le haría daño. Porque el deseo en sus venas era tan puro que se sentía como una necesidad, hasta respirar pasaba a segundo plano. Comenzó a sentir frío pero estaba bien, era mejor que sentir la irremediable necesidad de follar con alguien o comer carne humana. Poco a poco el sueño fue llegando a su cuerpo, cerró sus ojos y las gotas de lluvia siguieron cayendo cuando la mañana llegó a la ciudad. Katsuki estaba profundamente dormido cuando su nariz fue capaz de captar un aroma dulce como las fresas, tragó duro y su garganta se contrajo ante la resequedad. Se puso de pie, sus colmillos llenos de veneno y tratando de mantener la calma. Caminó hasta encontrar la fuente del aroma, su vista se volvió borrosa y su estómago rugió. 

 

Era un Omega entre unas bolsas de basura, estaba cálido al tacto y el aroma de dos alfas más estaba grabado a tinta en su piel, la sangre manchaba la piel de sus muslos y cuello ante múltiples mordidas. La violación no lo mató, los dos venenos diferentes de mordidas le provocaron el shock séptico. Katsuki se sentía enfermo, solo había podido percibir su aroma dulce, su cuerpo había ignorado por completo la sangre y la desesperación en sus feromonas. Y lo que más le enfermaba era que su boca aún estaba seca. Necesitaba alejarse de otra forma, se arrepentiría de seguir ahí. De un salto llegó a lo alto de un edificio, al hacerlo sus pies desearon volver. Negó golpeándose contra una pared de concreto, su estómago lo castigó y vómito hasta que vio gotas de sangre en su saliva. 

 

Se sentía tan enfermo, no era normal. 

 

Se apretó su garganta con ambas manos, el dolor de sus garras lo hizo despertar, la sed seguía ahí tomando control de su mente pero el ardor lo distraía lo suficiente para caminar. De alguna forma terminó en la agencia de Endeavor, todos al verlo respiraron con alivio. Le hicieron análisis y preguntas, Todoroki fue el último en insistir ante la falta de respuesta y cuando los análisis dieron los resultados, siguieron las alarmas. Era lo mismo que en el hospital, todo normal excepto por sus hormonas. Le dieron comida y ropa, pero la comida se sentía insoportable. Ni siquiera el curry picante se sentía agradable en sus pupilas. Lo más apetecible del plato era el aroma de la Omega que había cocinado. Incluso el cuello de Todoroki lucía apetitoso. 

 

—Me alegra que estés bien, Midoriya nos llamó bastante afectado anoche, te habías fugado y temíamos lo peor. Te preparamos un celular con tus antiguos contactos, una tarjeta de crédito con tus datos y cuenta bancaria, entre otras cosas. Incluso mi padre habló con el seguro de tu departamento, te darán uno en unos días. Los muebles irán por cuenta de la agencia, así que no te preocupes—Todoroki estaba a su lado en la enorme cafetería de la agencia, su mirada era reconfortante y sus feromonas cumplían la misma misión. Ser una persona reconfortante, pero nada se sentía así. 

 

—No me siento bien, idiota. Tengo hambre y esta mierda no me hace nada. Seguramente les dijeron que estaba pasando por cambios por mi actitud caníbal en la prisión, pues es así, tengo sed y el agua no me hace mi mierda. Lo único que quiero es beber sangre, es asqueroso. Hubiera preferido morir—pasaron unos segundos antes de sentir un puño en su mejilla derecha, Katsuki estaba listo para dar el golpe de vuelta cuando el antebrazo de Todoroki llegó a su boca. Ambos estaban en el suelo, el alfa de ojos heterocromáticos lo empujó en contra provocando una herida. La lengua de Katsuki probó la sangre e intentó sacarse al alfa de encima pero sus músculos se rindieron ante el agradable sabor metálico. 

 

—Traga imbécil, no me arriesgaré de ver a Mina llorando nuevamente porque eres un egoísta, así que traga—Katsuki podía ver más allá de esas palabras, los ojos de Todoroki estaban rojos. Negó suavemente y tomó con ambas manos el brazo de Shoto, tragó y tragó sintiendo el éxtasis en su cuerpo al hacerlo, como la sed se saciaba y el hambre desaparecía. La expresión de Shoto pronto se volvió extraña, como si estuviera disfrutando de la sensación y Katsuki también lo sentía en sus entrañas. Era una acción hipnótica, una acción destinada a doblegar y todo lo estaba haciendo el veneno de sus colmillos. Al acabar, la lengua raspó la piel de Shoto y ambos alfas se sintieron decepcionados. Había acabado, Shoto se levantó evitando su mirada—. Vaya, eso fue extraño. ¿Cómo te sientes, Bakugō? 

 

—Mucho mejor, ¿cómo está tu herida?—Shoto notó como ya no le salía sangre de la herida y pronto sería solo una cicatriz, el veneno de Katsuki era realmente potente. El veneno servía para inhibir el dolor y sanar la piel, usualmente la herida de los colmillos de un alfa sano duraba alrededor de unas horas, Shoto notó que su herida sólo duraría minutos, era impresionante—. Hey, mitad-mitad, ¿estás bien? ¿Te hice daño? ¿Se me fue la mano con la chupada?

 

Shoto negó, ahora que lo sentía bien, estaba semiduro en sus pantalones. Agradeció que su ropa de héroe fuera más holgada en la entrepierna porque no soportaría explicar lo bien que se había sentido verlo chupar su sangre y el veneno penetrando sus carnes abiertas. Al finalizar de curar sus heridas con un botiquín de emergencia que poseía en su cinturón, se despidió del alfa y fue con Mina que estaba patrullando acompañada de Burnin esa mañana, necesitaba un momento a solas con ella. Al salir de la agencia, se le olvidó decirle a Katsuki que Izuku volvería a trabajar con ellos y que quizá los harían trabajar juntos. Detalles, nada importante.

 

—Por aquí, Shoto—la voz de Mina lo alertó, dio la vuelta y ahí estaba ella. Con su traje haciéndole juego al suyo, con su reciente cambio de look, con su cabellera rosa lisa en una trenza rebelde que dejaba vestigios de su cabellera ondulada. Shoto se acercó a ella y la abrazó sintiendo el aroma de su glándula en el cuello, Burnin se despidió caminando hacia la agencia—. Shoto, ¿estás bien? 

 

Ella era tan dulce. 

 

—No, te necesito—un susurro que cambió inmediatamente el aroma de Mina. El dulce llenó las fosas nasales de Shoto, una sonrisa de los labios de la Omega y la mano de Shoto bajo contra la suya. 

 

—Okey, pero aquí no. Vamos a un lugar más privado, además solo lo hago porque la ciudad está relativamente tranquila. De otra forma no lo haría, ¿entiendes?—caminaron por las calles saludando a los niños que se acercaban a Shoto y Mina, a todos ellos con una sonrisa. 

 

—Alto y claro, Pinky—Shoto musitó cuando los niños se fueron al lado de sus madres para mostrar sus nuevos juguetes autografiados. Mina apretó su labio inferior, cada vez que Shoto hablaba así se le olvidaba todas las preocupaciones, todos los mensajes en su celular que siempre ocultaba de él, las amenazas de muerte por si no obedecía una orden. Estaba cansada de ser el centro de atención por no estar marcada, los últimos meses con Shoto habían sido maravillosos. La palabra desconocidos se volvió un fantasma lejano y cada vez era más común la palabra novia, novio. Cuando alguien les preguntaba sobre ellos, Shoto era el primer en decir que eran novios, y que pronto Mina sería una Todoroki. Mina se sentía tan llena de orgullo cuando esas palabras salían de sus labios—. Por aquí.

 

Una sonrisa traviesa, un callejón oscuro y las llamas suaves envolviendo sus cuerpos, iluminados por ellas. Las manos de Shoto siempre iban a sus caderas cuando su lengua acariciaba su glándula, sus besos y las manos de Mina no se hacían esperar, la ansiedad de tocarlo la hacía abrir su traje de héroe hasta donde su polla se asomaba rosada, con su punta roma roja, ansiosa de ser envuelta entre sus pliegues brillantes y cálidos. Media vuelta y su trasero estaba contra su entrepierna, el pequeño cierre que no estaba a la vista lentamente descendió mostrando el desastre que ella era con unas palabras simples de sus labios. Shoto tragó duro y se arrodilló, sus labios fueron directamente hasta la fuente dulce de Mina, los dedos de la Omega rasparon la pared, las cálidas llamas fueron hasta sus brazos, acariciando su piel. No quemaba pero la lengua de Shoto si lo hacía. Los colmillos de Shoto rozaron con suavidad el capuchón del clítoris de Mina antes de chuparlo por completo. La voz de Mina se extinguió en sus labios mientras sus mejillas se humedecían con sus lágrimas gruesas. La respiración cálida de Shoto contra sus labios le advirtió que el alfa aún no terminaba con ella y que solo estaba aspirando su esencia, el aroma dulce de sus glándulas. 

 

—Maldición Mina, eres jodidamente deliciosa, deberías saberlo. Quiero comerte todo el día—luego Shoto se hundió lamiendo su clítoris y abusando de él, el cuerpo de Mina tembló y su vista se nubló. 

 

La sensación de la boca de Shoto, caliente y el vapor saliendo de sus labios la hizo maldecir. Pertenecía a esto, no le importaba morir el día de mañana si todo lo que sentía eran esos labios de él alrededor de su clítoris, su lengua abusando y su aliento acariciando. Poco a poco su estómago lo percibió como segunda piel, la necesidad la cambió y lo sintió, como la boca de Shoto se abrió y bebió todo su orgasmo, el líquido cayendo por su mentón, tragando bien y su polla crispandose por eso, el sabor de su Omega. Se enderezó y la dio vuelta, con ambas manos tomó sus caderas y antes de que Mina pudiera decir algo, la penetró. Shoto gimió y Mina se ahogó, ambos compartieron miradas. El primero en besar fue él, Mina lo siguió moviendo sus caderas ansiosas, saboreando su propio dulzor en los labios ajenos, enajenada por ello. El calor se envolvió en ello, perdieron el control y se concentraron en el otro, en las expresiones, en su sudor, en la piel, el cuerpo y la vehemencia de los movimientos. La polla de Shoto tembló y Mina lo apretó cuando el glande abusó de su punto dulce, el líquido mojó toda la polla, dejando un rastro brillante que volvió loco al alfa. Mina quemó la ropa del alfa y él quemó parte de los pantalones de Mina. Al cabo de unos minutos, ambos estaban cansados, con el nudo caliente de Shoto uniendo sus cuerpos por unos minutos. Besos y lamidas llenaron la piel del cuello de Mina, Shoto parecía que solo quería marcarla. Y así era, él quería marcarla pero no lo haría hasta que ella se lo pidiera. 

 

—Dios, te amo, no necesitas decir nada Mina. Pero, deberías saberlo—Mina se ahogó y observó la expresión de Shoto, él no estaba mintiendo. 

 

—Pero, ¿qué hay de Momo? Tu la amabas—Shoto le robó un beso y sonrió contra sus labios. 

 

—Solo me importas tú, nadie más. Eres mi todo—la sensación dulce embargó a Mina de forma directa, estaba a punto de decir algo cuando el teléfono de Shoto resonó en su cinturón. La expresión de Todoroki cambió radicalmente ante el tono, incluso su nudo se deshinchó, bajó con cuidado a Mina para no hacerle daño y le entregó toallitas húmedas para que se limpiara la semilla que estaba bajando por sus pliegues. Al desbloquear el celular, el pulso de Shoto se detuvo por un instante. Era un mensaje de Touya y solo decía una cosa. 

 

"Conozco tu debilidad, ella es hermosa. Cuídala, puede que algún día la pierdas." 

 

...

 

Las calles por la noche eran un encanto que no necesitaba dimensionar, los villanos salían de sus escondites y podía ver el cielo de la medianoche y romper su límite al mismo tiempo. Pensaba en lo mucho que había extrañado la sensación del viento cálido en sus mejillas, de los Alerces cayendo con sus hojas rojas y la sangre complementando el color. Estaba cobrando venganza, sabía que la comisión deseaba ponerle una diana encima de la cabeza a Katsuki, por eso, no dejaba que tuvieran la oportunidad de culpar por algo. Los cuerpos se ponían fríos cuando el sol los tocaba en las mañanas, él solo era un rayo verde por la ciudad. A Enji no le gustaba lo que sus manos hacían, pero no se había mudado a Japón para seguir soñando con hacer cosas, ya no las soñaba, ahora las hacía. Sobre todo ahora que sabía que Katsuki lo estaba evitando, era extraño encontrar su aroma en los vestuarios y no hallar nada más que un casillero cerrado. Tragaba y se convencía que el alfa necesitaba tiempo, que las cosas seguirían así hasta que él estuviera preparado pero las cosas no cambiaron y la primera nevada de diciembre se presentó antes que el alfa delante de él. 

 

Lo llamaron sus amigos para ponerse al día, visitó a Ochako en su nuevo departamento con un alfa que parecía un hombre que le doblaba la edad. Ella lucía tan feliz con su estómago abultado que sentía un poco de envidia, no quería hacerlo pero se veía tan afortunada. A veces se preguntaba muchas cosas que no terminaban en nada porque había tomado el mal hábito de beber. Y todos los viernes los pasaba hablando por celular con uno de sus ex compañeros y con un vaso de sake les sacaba conversación. No tenía muebles nuevos en su departamento, apenas un futón y lo suficiente para sobrevivir. Y así se quedaba, viendo la nieve caer mientras hablaba y hablaba, a veces le era inevitable llorar y reía con los comentarios. Todos ellos eran tan amables a pesar de que se fue sin decirle adiós a nadie. 

 

Shigaraki no le hablaba mucho a pesar de que siempre lo veía merodeando en la agencia, con su pecho hinchado de orgullo al presumir a Mirko. Izuku le quería hablar sobre Afo pero cuando lo intentó una vez, él lo interrumpió y le dejó en claro que era su problema, que no se metiera en dónde no lo llamaban. No era fácil, su destinado le hablaba mal y se sentía repugnante por sentir dolor ante esa pequeña acción. Luego Endeavor lo llamaba para darle misiones pequeñas, perseguir criminales, investigar personas, hablar con testigos, acompañar personas de gran importancia de un lugar para otro. Pelear en una zona conflictiva, no matar a los villanos. Cosas tan insignificantes pero al mismo tiempo que no desearía hacer solo. A veces veía a Shoto con una venda en el antebrazo que olía a Katsuki y le preguntaba, sus palabras eran claras. 

 

"Hay cosas que es mejor evitar, Midoriya. Quizá Bakugō está haciendo lo mejor para ti." 

 

¿Lo mejor? Se sentía mal por entender que lo mejor lo hacía sentir enfermo, solo quería verlo y abrazarlo sin que él estuviera inconsciente, tomar su mano y recibir una fuerza a cambio. Hablar y pedir perdón pero nada, el alfa había decidido que lo mejor era mantener las distancias.

 

Un día, antes del fin de semana de la segunda semana de diciembre, vió a Mitsuki con Himawari en la agencia. Se acercó para saludar, Mitsuki se mostró amable con cierta limitación en su sonrisa y Himawari, extendió sus brazos para ser tomada en brazos. La beta pensó que la estaba llamando a ella, pero cuando la beba la rechazó y pidió por Izuku, el Omega no pudo resistirse y la tomó. Sus ojos castaños se estaban oscureciendo, tomando un tono más cercano al rojizo. Su cabello seguía siendo sedoso, solo que ahora no parecía una mota de pelusa, era más consistente y sus mejillas blancas y regordetas solo reflejaban dulzura. Sus ojos se volvieron borrosos cuando sintió una pequeña mano en su mejilla, la niña era tan hermosa, tan cálida, se sentía tan afortunado de poder abrazarla y sentirse así de lleno. Un balbuceo alegre e Izuku solo podía reír a pesar de que sus mejillas estaban húmedas. 

 

—Ella no se da con nadie, excepto Katsuki, yo y Masaru. Ni siquiera se dio con Denki—Mitsuki estaba sorprendida, pero más lo estaba el alfa a unos metros, oculto y sintiéndose una mierda. Las lágrimas de Izuku lo conmovieron pero ver a su hija darse con Izuku se sentía como un mensaje que quería esconder de sus ojos—. Eres realmente afortunado, Midoriya. 

 

—Y lo agradezco, es la única bebé que tendré en mis brazos—después de decir las palabras, Izuku se arrepintió, Mitsuki entendió inmediatamente las implicaciones de ese comentario, era una mujer inteligente. Sabía lo que los omegas como Izuku sufrían. 

 

—Lo siento. 

 

—No importa, tengo que trabajar—dejó a una Himawari muy confundida en su carriola—. Fue un gusto verla, señora Bakugō. 

 

Una leve reverencia y se marchó. Las lágrimas cayeron por sus mejillas, se sentía tan banal por llorar y sentirse así. No podía tener hijos, ya lo había aceptado. Estaba mal así que se dejó llevar por las cosas en las calles, terminó con un brazo roto al tratar de ayudar a una mujer a salir de un edificio en ruinas después de un ataque explosivo terrorista. La enfermera de la agencia le dio una pegatina bonita del héroe Ground Zero en el yeso, Izuku la quitó y la arrojó al basurero de la enfermería delante de ella. 

 

No quería ser descortés era solo que cualquier cosa que le recordara a Katsuki lo hacía sentir mal, se iba a quedar porque lo había prometido pero no tener oportunidad de hablarle a pesar de que siempre llegaba temprano y se iba tarde de la agencia solo para ello, se sentía mal, sobretodo después de que escuchó de Enji y Hawks que Katsuki estaba pidiendo los trabajos más alejados de él para no cruzar palabras. Se sentía como si estuviera tratando de luchar contra una pared que nunca dejaba de hacerse más gruesa, se sentía asfixiado y cansado. Cuando salió de la agencia sus pies lo llevaron hasta un bar en en centro, con su parche supresor en el cuello podía pasar por beta fácilmente, no tenía ganas de acostarse con nadie, al contrario, se sentía como si estuviera hecho de hielo. Eran las once pero el bar estaba en su apogeo. Se sentó y pidió sake, algo para empezar. 

 

La botella se vació en menos de una hora. 

 

Su vista se volvió borrosa, le ofrecieron un trago y aceptó. El sabor dulce lo hizo esbozar una sonrisa honesta, una mano subió por su cuello y sus brazos se sintieron sin fuerzas, cuando el trago que le habían ofrecido ya estaba a la mitad vio las pastillas deshaciéndose en el fondo. Maldijo cuando escucho una voz suave que le decía que todo estaría bien, que solo debía cerrar los ojos y dejarse llevar. El barman estaba lejos cuando el alfa que Izuku no podía ver bien, porque su vista estaba borrosa, se lo llevó hasta el baño. Su brazo enyesado le dolía por la exorbitante fuerza que estaba usando el hombre y sus piernas apenas podían sostenerlo. Al entrar en un cubículo escuchó un zip y trató de luchar, sus feromonas salieron eyectadas con dolor y dios, dolió cuando el alfa golpeó su brazo herido. 

 

—¿Quién lo diría? El héroe Deku es un omega y una zorra necesitada, puedes negarte pero estás todo húmedo aquí abajo—El alfa tocó su trasero, sintió las náuseas en su cabeza pero tenía razón, el calor en su estómago era delator. Trató de pedir ayuda pero su boca no se movía, se sentía impotente porque hasta su particularidad era una pérdida total. Estaba expuesto a todo y tenía miedo, estaba temblando—. Oh, no tengas miedo, después de anudarte aquí, te llevaré a casa. Después de todo, necesitarás un nudo todo el fin de semana pequeño Omega. 

 

Y ahí, Izuku lo entendió, las drogas aceleraron su celo y bloquearon sus fuerzas. No podía quedarse ahí, observó por todos lados algo que hacer así que simplemente se movió con brusquedad, cayó al suelo sintiendo su brazo roto rebotar en el piso. Se tragó sus lágrimas mientras el hombre maldecía, se arrastró por el suelo, si alguien más estaba en los baños sería su salvación, pediría ayuda y podría llamar a Shoto o Katsuki. Su corazón dolió cuando pensó en Katsuki, el alfa se rió al verlo llorar con más fuerza. Lo tomó del pie y lo acercó hasta él nuevamente, negó mientras con esperanza veía la puerta abrirse del baño. Alguien entró, pero hizo caso omiso, orinó en un cubículo mientras silbaba desinteresadamente. Izuku balbuceo algunas palabras de ayuda, lo ignoraron, su vista poco a poco se fue aclarando mientras lloraba. Lo habían dejado solo, no le importaba a los demás, así era el mundo con los omegas. 

 

—Tranquilo, te haré pasar un buen momento. Mejor vámonos a casa, Deku—el alfa usó su nombre de héroe, se sentía tan sucio escuchándolo. No pudo luchar cuando lo tomaron en brazos, al salir del baño, su boca se sentía un poco más suelta, trató de decir algo como "ayuda, por favor". Pero nada salió de sus labios—. Te voy a hacer unos cachorros muy lindos, ya verás y ahí, ya no pedirás ayuda porque serás mío. 

 

Izuku vió la puerta del bar y no pudo más, quiso luchar pero su cuerpo estaba demasiado débil. Las palabras del hombre, el olor nauseabundo del alfa y su cuerpo ardiendo por el dolor de estómago, la necesidad pululando en sus venas. Estaban caminando, él era fuerte y enorme, acumuló fuerza en su brazo sano y lo golpeó, cayó al suelo húmedo y escuchó el rugido. Sus pantalones fueron rasgados y el frío de la noche lo envolvió, escuchó la voz y como la mano tomaba su cintura y la otra oprimía su cabeza contra el pavimento. Cerró los ojos e imploro que fuera rápido, que no doliera y que perdiera la consciencia antes de sentir la penetración, prefería ser abusado dormido. Y mientras lo hacía escuchó un gruñido y después como el aroma de Katsuki envolvía la zona, se dió la vuelta y pudo ver a Katsuki tomando al hombre del cuello, arrinconando contra la pared con solo una mano, los colmillos del alfa rubio en menos de un momento se hundieron en la carne del cuello del hombre, el trozo de carne se perdió en la boca contraria y parecía justicia divina, Izuku vió como la sangre corría por la ropa y el hombre lentamente perdía la vida. Parecía una bestia pero era el ángel de la guarda de Izuku, y por primera vez en semanas, lloró de felicidad ante su nombre. Después de unos segundos donde Katsuki tragó duro, se dio media vuelta y se quitó su abrigo para cubrir a Izuku. El Omega trató de hablar, de agradecer. 

 

—Tranquilo Deku, te tengo, no digas nada, te tengo—los ojos rojos lo vieron con pena, Katsuki lo abrazó con fuerza, casi llorando. Izuku levantó su mano derecha, tocó la mejilla del alfa, llena de sangre y lo acarició. 

 

—Gracias, Kacchan—su voz fue un hilo pero fue suficiente para el alfa, Katsuki besó con fuerza su frente y caminó con el Omega por las calles, antes de llegar a su nuevo departamento, Izuku se quedó profundamente dormido en sus brazos. 

 

Katsuki tembló, había estado siguiendo a Deku porque el idiota no había sido recatado en el trabajo y se había roto un brazo, no quería darle el sermón porque sabría que no tendría las fuerzas de irse después de verlo llorando con su hija, así que lo siguió. Cuando lo vio entrar en un bar, pensó que tal vez Izuku necesitaba relajarse, no lo culpaba, lo estaba evitando y cómo no hacerlo cuando se había convertido en una bestia que cada tres día necesitaba un poco de sangre sino la comida y el agua no le hacían nada. Esperó en la cornisa de un edificio mientras comía un sándwich de carne cruda, cosa que le estaba haciendo mejor de lo que creía. Y a la hora, cuando el sueño no lo dejaba mirar tranquilo, lo vió salir con un hombre. Su pecho se hundió por un instante, hasta que lo vio luchar, no esperó y la sangre rugió por sus venas. 

 

Aún podía sentir el sabor de la carne en su lengua y se odiaba por sentirse saciado. Pero no le molestaba tanto, había matado al tipo que intentó abusar de Izuku, sabía lo que se sentía así que hizo lo que hubiera deseado hacer con Nora. Cuando llegó a las puertas de su nuevo y lujoso complejo departamental, Izuku estaba temblando por culpa de la fiebre. Llamó a un doctor tan pronto como pudo y esperó mientras le quitaba la ropa y lo limpiaba. Al terminar el doctor llegó y lo revisó completamente, dejó en claro que le dieron drogas y le recetó unas medicinas para curar su celo provocado y las demás molestias, que por el momento lo mejor era dejar que el cuerpo expulsara las drogas por sí solo. Muchas agua y una dieta alta en carbohidratos. Katsuki despidió al doctor y le inyectó con una jeringa especial los medicamentos a Izuku, fue más fácil ya que el Omega no podría comer por unas horas. Mientras cocinaba algo, se regañó a sí mismo por dejarlo solo. Ya no lo haría, le daba igual si Izuku tenía novio. 

 

—¿Kacchan?—Unas horas después, cuando ya estaba terminando de cocinar, Izuku se acercó a la encimera de la cocina vistiendo su ropa. Se veía cansado y su rostro era un poema de miseria pero al menos podía mantenerse en sus dos pies. Katsuki le extendió un plato e Izuku empezó a comer sin decir nada. Había cierta comodidad en el silencio, Katsuki no dijo nada mientras veía al omega comer e Izuku no quiso abrir sus labios para decir cosas que podrían dañar el ambiente entre ambos. Al finalizar, bostezo y sintió el cansancio. Había sido una larga noche y se estaba acercando la mañana pero el departamento seguía oscuro gracias a las enormes cortinas que cubrían las ventanas.

 

—Ve a dormir, lo necesitarás más tarde cuando tengas que tomarte tus medicinas—Katsuki le dio la espalda a Izuku mientras tomaba los platos para lavarlos. 

 

—¿No me vas a preguntar porqué estaba ahí?—Katsuki se detuvo, Izuku se sintió intrépido por unos momentos, ahora se arrepentía. Katsuki no quería preguntar porque conocía la respuesta, era su culpa que Izuku quisiera ahogarse porque Shoto se lo había dicho muchas veces, no quería hacer caso porque las cosas eran mejores así. Izuku estaba con alguien que podía darle alegría, pero cada vez que lo veía solo, deseaba quedarse y abrazarlo, como ahora que lo sentía desmoronarse sin necesidad de verlo, solo de escuchar su voz. Maldijo a Daniel, el hombre no se lo merecía por dejarlo solo. 

 

—Puedes usar mi cama, yo usaré el sillón—ignoró su pregunta. Le dolía ser así, sin embargo, solo así podría protegerlo de la bestia que era ahora. Izuku asintió tratando de ocultar las lágrimas que se aproximaban en sus ojos.

 

Las luces se apagaron pronto, e Izuku se quedó en la cama de Katsuki, sintiendo su olor puro y llorando entre las sábanas por esos recuerdos tan amorosos. Todo era de cierta manera cómodo excepto que no podía dormir, vueltas y vueltas en la cama y sin poder dormir a pesar de que su cuerpo pedía a gritos un poco de descanso y su mente solo era un desastre con las últimas veinticuatro horas mermando lo poco que consiguió de tranquilidad con los años. No podía dormir así, lo necesitaba a él y si tenía que rogar, lo iba a hacer. Al salir de la habitación vió todas las luces apagadas y a Katsuki en el sillón, sentado leyendo un libro con sus lentes de lectura. Parecía tranquilo y a punto de irse a dormir pero bajo sus ojos había cansancio con sus oscuras e hinchadas ojeras, se notaba que él tampoco podía dormir, lo conocía bien para saberlo. Tomó las agallas suficientes apretando su mano libre, si lo perdía en el intento, lo perdería luchando y no dándose por vencido con él. Iba a imponer su voluntad, ya no era un cobarde, prefería pedir disculpas antes que preguntar. Caminó rápido, el alfa lo noto dejando el libro en la mesita de noche, sus lentes se cayeron cuando Izuku se acercó y se sentó en su regazo. Fue un movimiento tan natural que Katsuki dejó sus manos a los lados, sin moverse un centímetro porque si lo hacía, no podría controlarse. Y es que era tan cálido y familiar sentirlo encima suyo, ¿cuántas veces habían estado así? Demasiadas para contar y Katsuki solo quería llorar.

 

—Deku, nosotros no deberíamos hacer esto, tú tienes...—Izuku niega posando un dedo sobre los labios de Katsuki, respiración compartida, boca seca y una mirada llena de anhelo, ambos por igual. 

 

—No digas nada Kacchan, solo déjalo ser. Cómo solíamos hacerlo—Izuku suspiró, su mano libre fue por el pecho contrario hasta su cuello, palpando con gracia su piel, la forma en que se movía su cuerpo al tacto, con su pulso acelerándose en sus venas. Tragó duro y olisqueó su cuello al mismo tiempo que mecía sus caderas, ambos gimieron con ese pequeño movimiento. Tocó con anhelo mientras sus mejillas se llenaban de lágrimas, besó su clavícula y el alfa se extendió agarrando con fuerza la tela del sillón, Izuku vió sus manos apretadas, con sus nudillos blancos. Él se estaba conteniendo, él quería luchar en contra pero Izuku no lo iba a dejar. Fue por sus hombros lentamente bajando a sus manos, las tomó, una por una, y apreció el tacto de ellas. Katsuki al tocarlo también comenzó a llorar, la desesperanza en ambos era tan lúcida que dolía tratar de ignorarla. Se miraron a los ojos y fue inevitable, se abrazaron. Fue algo intenso, la mano de Izuku apretó tan fuerte que Katsuki pudo sentir su piel arder, y las manos del alfa estaban tan aferradas que a ambos les faltaba el aliento, demasiado oprimidos. No había pensamientos, solo cuerpos. 

 

Solo ellos. 

 

Izuku se alejó con la mirada baja, quería quedarse ahí para siempre, nunca salir de los brazos de Katsuki. La textura de su ropa, su respiración, el peso, la piel, el aroma, el calor, incluso la forma en que movía su pecho al respirar, todo era perfecto, se sentía perfecto y adecuado para él. Katsuki tomó con cuidado su mentón, los callos de la mano cálida lo hizo estremecerse en el tacto. No hubieron palabras cuando Izuku se inclinó y lo beso, un tacto suave comparado con la presión que sintió en su espalda al dar el beso. El alfa chupo su labio inferior y después de eso todo se sintió como un hormigueo en su boca, sus bocas se abrieron, sus respiraciones se volvieron dificultosas y una lengua acarició la otra. Fue como un efecto dominó que tomó dominio de sus cuerpos, en un instante ambos estaban caminando torpemente por el pasillo, locos por besarse, por probar su sabores mientras su ropa caía al suelo. La puerta de la habitación rebotó en su marco cuando Katsuki la cerró, fue un acto reflejo de Izuku abrir sus piernas cuando el alfa se cernió sobre él, con sus brazos más fornidos que antes al desnudo, con sus cicatrices nuevas y viejas brillando. Fue un segundo de lucidez antes que Izuku volviera a tomarlo gentil de su cuello para volver a besarlo. 

 

No quería detenerse y Katsuki no lo hizo aunque la culpa y el instinto estuvieran carcomiendo sus entrañas. 

 

Chapter Text

"Quizá soy demasiado joven para entenderlo, te necesito. Quién lo hubiera dicho conociéndome antes cuando era una persona solitaria, ahora estoy sanando mis heridas con hermosas y pequeñas lágrimas, lavando toda la suciedad que ellos dejaron en mi alma."

 

….

 

Cuenta la historia que al inicio del conocimiento sobre las razas, un grupo de humanos llamados Betus llegaron a las faldas de una montaña nevada en busca de alimentos y albergue, para mala suerte la montaña estaba habitada por una raza especial de lobos, lobos que en momentos precisos del mes bajo la luz de la luna se transformaban en humanos más grandes y fuertes, las mujeres tentadas por las bestias cayeron rendidas ante la supremacía del poder y el instinto. En un principio lograron coexistir gracias a tratos de paz y limitaciones, pero después de unos meses una de las mujeres Betus quedó embarazada dando a luz un pequeño que era humano, más no era igual a ellos por sus actitudes y cambios físicos. Los Betus asustados por la pequeña criatura, dieron guerra a la raza de lobos. La pérdida de los humanos fue evidente, y ante tal traición, los lobos dejaron con vida solo a las mujeres, las cuales violaron y le quitaron a sus hijos para finalizar comiendo su carne en frente de sus familiares. El rencor quedó y la ruptura en la raza de los lobos se estableció para siempre. Con la mezcla genética, los lobos se subdividieron primeramente en dos razas apartadas de sus géneros secundarios. Los alfas prime como la raza más cercana a la estirpe lobuna y los "betas" apodados así por los vestigios en su genética de los Betus. Con los siglos nació una tercera raza, debido a la evolución de la alimentación (los alfas pasando de ser caníbales a comer cereales y carne animal), los omegas se presentaron como una raza altamente fértil que saciaba las necesidades de los violentos alfas. Y en complementación, ambas razas, alfas y omegas, fueron formando una alianza genética. Formulando lazos, uniones y fortalezas genéticas al pertenecer, aún así, los instintos violentos de la raza lobuna prevalecieron. Sin embargo, una regla se estableció durante ese lapso de tiempo antes de Cristo, estaba prohibido consumir carne humana. No importaba si provenía de los Betus, omegas o alfas, no se permitía porque el cuerpo recordaba sus inicios dónde la maldad prevalecía en la genética de los lobos. Los betas estaban descartados en esta regla porque sus genes pertenecían a los humanos más puros, pero los omegas y los alfas no corrían esa misma suerte. Debido a su directa conexión con sus antepasados, más fuerte despertaba el instinto de matar y beber sangre.

 

No era su culpa, era una señal de sus antepasados pero ese instinto los volvía extremadamente peligrosos y territoriales. Unas verdaderas bestias que eran capaces de hasta matar a sus parejas destinadas. 

 

Los alfas y omegas que consumían carne humana fueron encerrados y con el tiempo murieron de hambre, porque era la única forma de matarlos. Al estar cercanos de la transformación física, podían controlar manadas de lobos y jaurías de perros. Sin mencionar su evidente supremacía física ante los demás, más fuertes, más resistentes, casi inmortales de no ser por su edad. Criaturas hechas para sobrevivir que aunque una flecha impactara en su corazón, podían seguir viviendo. La típica dieta humana no los alimentaba, mientras menos carne y sangre humana consumían, más débiles se hacían porque su propio cuerpo comenzaba a buscar carne humana, llegando a consumir la energía de sus propios órganos y músculos. Un proceso extremadamente doloroso y rápido que llegaba a provocar locura. La raza caníbal con los siglos se fue extinguiendo y la civilización llegó a transformarse en una pirámide biológica. 

 

Los alfas como la cúspide debido a sus ventajas biológicas, los omegas después como la respuesta ante los alfas y los betas como el recordatorio de lo que alguna vez fueron sus antepasados. No obstante, la maldad en los alfas era fuerte y comenzaron a aprovecharse de esas ventajas biológicas, en vez de proteger a los omegas, los abusaron hasta el punto de que algunos omegas prefirieron emparejarse con betas por seguridad. Así dando paso a los omegas imperfectos, omegas que no estaban físicamente preparados para la gestación debido a los vestigios de los Betus, omegas que morían por dar vida. Y debido a la nula atención de los Omegas antes los alfas, muchos prefirieron emparejarse con otros alfas dando a luz los llamados alfas prime. Alfas supremos, que poseían las capacidades de sus antepasados sin llegar a ser muy violentos. Debido a la genética de los prime, cuando ellos mismo se emparejaron dieron a luz los llamados alfas sensitivos. Sensibles y fuertes que podían escoger a sus parejas, que eran inmunes a las feromonas y sus consecuencias, alfas perfectos. Los alfas sensitivos respetaban a los omegas y sus capacidades, si un alfa sensitivo tenía un cachorro con un Omega puro. Ese cachorro podría retroalimentar a sus progenitores y protegerlos incluso de la muerte durante la gestación. Cachorros tan potentes que con sus feromonas podrían establecer lazos genéticos, adoptando fisonomías de sus cuidadores con el fin de mimetizar sus cuerpos y así protegerlos y protegerse a sí mismos, verdaderos camaleones de la genética.

 

Cachorros que abogaban a la perfección y ganaban el debate. 

 

 

Sin palabras, no habían intercambiado palabras desde hace meses. Solo sentencias vagas, algo que podrían decirle a un extraño en sus vidas. Ellos no eran extraños, conocían cada parte de sus personas incluso aquello que había cambiado con el tiempo, porque era lo que ellos habían previsto. Katsuki conocía esa curva en la espalda de Izuku, una curva hermosa que se remarcaba con su musculatura perfecta y su piel salpicada de pecas, como si las lágrimas de su dolor estuvieran grabadas ahí. También conocía el pensamiento de Izuku antes de mover sus labios para concretar un beso, ese pensamiento tensado en sus músculos y en esa pequeña expresión de deseo que a veces se mezclaba perfectamente con pena y amor, homogéneo en el más puro suspiro. Sus manos cálidas, que no habían cambiado el ritmo, recorriendo su piel como si fuera un escultor. Alguien profesional en hacerlo sentir el mismo, las sensaciones más puras que alguna vez haya experimentado. Katsuki incluso podría decir que el Omega tenía miedo de tocarlo mucho más, su voz apenas salía y cuando su mirada se posaba con cuidado sobre sus ojos, veía esa sensación de temor. No era hacía su persona, sino que el momento lo aterraba. Y se sintió culpable porque lo era, él había puesto su corazón en ese abismo que a sí mismo se sentía traicionado, porque una parte de su corazón le decía con fuerza que para eso servían, para el contacto físico porque sus mentes no estaban en la misma situación. Ambos perdidos en lo que podrían desear. Katsuki era padre, Katsuki sabía que Izuku no quería familia porque su alma estaba predispuesta a ser héroe, a romperse en ello y aunque le doliera no podía detenerlo. Lo intentó muchas veces, y no había personaje sobre la tierra que pudiera realmente parar ese corazón tan valiente que incluso sangrando a cuenta gotas, nunca dejaría su camino. 

 

Izuku se detuvo al ver la expresión del alfa, su dolor remarcado. Detuvo el movimiento de su mano sana, estaba loco y no quería perderlo pero se sentía como si estuviera caminando sobre hielo fino. Lo suyo no fue perfecto, nada nunca lo había sido en su vida pero la relación que mantuvo con Katsuki era lo más honesto en su mente, corazón y alma. Era prisionero de esa sensación, de sus manos, de sus palabras, de sus brazos, de su calor, se esa sensación, de su cuerpo, de la seguridad que le transmitía con solo tenerlo a su lado en las noches. Lo quería de vuelta, aunque estuviera huyendo toda su vida y cayendo de cama en cama con extraños, ese recuerdo de esas noches de invierno, lejanas y queridas, nunca lo dejarían ir. Lo intentó, solo dios sabía lo mucho que intentó buscar en los brazos de Daniel lo que algunas vez había tenido con Katsuki, lo mucho que cerraba los ojos para desaparecer y ser otra persona en los brazos de un extraño, de seguir adelante. Miraba el cielo de las habitaciones aleatorias, lloraba y siempre pensaba en esas noches y aunque fuera egoísta, quería tenerlo cerca. Y ahora que lo tenía entre sus brazos, desnudo con el alma expuesta y sin siquiera hacer algo porque estaban confundidos, dios hasta dolía respirar, no podía siquiera entender porque se sentía tan inseguro. 

 

Quería apelar a la inocencia pero lo sabía, no era inocente en esa situación, los dos eran culpables y ahora estaban en una habitación rompiéndose cada vez más. Dañando esos recuerdos porque sus palabras no sabían salir, sus labios eran buenos besando pero no para curar lo que algunas echaron a perder. Izuku se detuvo respondiendo a su propio corazón. 

 

—Esto no tiene sentido, tu no me amas y aunque luche, nunca voy a poder alcanzarte—Izuku sobre el regazo de Katsuki comenzó a llorar, sintiendo su espalda arder y su estómago caer cuando los brazos de Katsuki lo tomaron para ver esa expresión cruda de su corazón—. No me mires así, sabes que tengo razón. 

 

Katsuki no sabía qué responder, solo dejó que su cuerpo se moviera solo. Que su boca tradujera el dolor. 

 

—Te fuiste, me dejaste, ¿cómo se supone que debería sentirme?—era verdad, Izuku no quería sonar mal pero tenía tanto en su corazón, tanto dolor y para él era tan igual que no sabía cómo hacerlo. Nadie le enseñó algo así, nadie le enseñó a hacer las paces con su corazón. 

 

—Pero tampoco me fuiste a buscar—Katsuki apretó sus labios. 

 

—No podía hacerlo, no podía quitarte la oportunidad de crecer—Izuku se enojo, respondió alzando su voz, tanto que su corazón retumbó en su pecho. 

 

—Mentira, lo hiciste porque aún después de todo crees que no puedo manejar la verdad, lo sé todo. Sé lo que la comisión ha hecho, sé que ellos mantienen registros de mí y los demás. Sé que incluso Allmight te pidió que no fueras por mí, pero igual… Después de todo este tiempo juntos, creí al menos que serías honesto en lo que había en tu corazón. Sé que no debió ser fácil pero...—Katsuki negó, cada palabra que decía Izuku era una puñalada en su corazón. Cuchillas frías y venenosas. 

 

—¿Fácil? Joder, la mañana que no te encontré a mi lado pensé que te habías suicidado. Te busqué como un idiota durante horas, incluso tu madre me mintió y después qué… Me enteré que te habías ido, que incluso habría otra persona en América para ti. Tuve que obligarme a pensar que sería lo mejor para ti porque lo ví, porque cada vez que veía las imágenes de lo que la comisión hacía, mi mente emulaba tu cuerpo en esas situaciones y era demasiado, simplemente demasiado siquiera pensarlo... Además, que podría hacer, todos me lo decían… Debía dejarte ir aunque me doliera porque era lo mejor, aún me tenías miedo—Izuku se alejó, la desnudes no se podía comparar con la forma en que estaba abriendo su corazón. 

 

—Sí, tenía miedo de la expresión que pondrías en tu rostro al saber que me iría a Nueva York porque en ese momento no pensé bien las cosas. Me dolió dejarte solo. Me dolió como un infierno pero sabes lo que me dolió más, que estuvieras con alguien más, con Denki. Por un instante me lo imaginé, a ambos y dolió. 

 

—Pero eso era una mentira—Katsuki frunció el ceño, Izuku parecía que estaba sacando tanto de sí mismo que no parecía el mismo. 

 

—¡Pero no lo fue para mí!—la voz de Izuku se cortó a mitad, estaba temblando. 

 

—¡Pero lo era! Ahora lo que no era una mentira era Daniel, ¿¡qué se supone que debía hacer si estabas con él?!—ambos estaban en la habitación, gritando y temblando. Los vecinos podrían en cualquier momento tocar sus puertas para preguntar pero a Katsuki no le importaba e Izuku quería sacar todo el dolor. 

 

—¡Y se sintió como una mierda estar con otra persona porque todo lo que podía sentir era el tacto fantasma de tu maldito cuerpo! ¡Estaba jodidamente molesto, quería olvidarte pero eso solo lo hizo más difícil! Además, ¿qué hay de Dorothea? Sé que te acostaste con ella—Katsuki tragó duro y escupió con dolor. 

 

—Sí, y lo disfruté como un condenado cada segundo que me la folle—Izuku dió la vuelta tratando de contener el sollozo, dolía y no podía detener el dolor. Katsuki solo miro el suelo sintiéndose una mierda—. Ella era una mujer fantástica pero aún así, tenía un solo defecto que no podía ser ignorado. 

 

—¿Que era una asesina?—Katsuki tomó el hombro de Izuku, dio vuelta al Omega y se acercó con cuidado y con sus manos tomó su rostro. Con ambos pulgares corrió las lágrimas, Izuku no podía moverse. Anhelaba tanto su tacto que incluso si le estuviera dando un puñetazo, lo apreciaría. 

 

—No, ella no era la persona que amo, la persona por la cual daría mi vida y que aún después de todo lo que ha pasado, sigo amando como si fuera el primer día—Izuku sollozó más fuerte, sintiendo su corazón hacerse más pequeño—. Podríamos estar todo el día peleando y nunca terminaríamos de hacerlo, porque somos así, nunca dejaremos de pelear por lo que hicimos pero yo no quiero pelear más. Lo siento Izuku, lo siento tanto pero todo lo que he hecho es porque te amo. 

 

Izuku casi cae de rodillas. 

 

—¿Qué?—Katsuki se rió de él, se acercó hasta sus labios y a cada beso susurró contra sus labios que lo amaba. Izuku con cada beso se derritió en sus labios y brazos, Katsuki lo tomó en brazos dejándolo caer en la cama y teniendo cuidado con su brazo dañado, Izuku se ahogó cuando sintió los labios de alfa sobre su mandíbula, yendo de lleno de su glándula—. Ah, Kacchan yo también te amo. Dios, lo he hecho quizás desde que éramos niños. Yo tengo la culpa de todo esto, si no me hubiera ido, quizás nada de esto habría pasado. Soy tan imbécil. 

 

—Silencio, no tienes permitido sentir culpa de ninguna manera—la orden resonó en los oídos de Izuku como una explosión. Cerró sus ojos mientras sus piernas se abrían por acto de reflejo, la sonrisa de Katsuki se extendió por su rostro, Izuku lo amaba y dios, su cabeza era un desastre pero uno bueno que lo hacía sentir enajenada, ebrio en esa sensación. Katsuki se alejó viéndolo a los ojos—. ¿Qué quieres hacer? ¿Quieres pelear o hacer algo más?

 

Izuku se deleitó.

 

—Kacchan… Sabes que me gusta pelear contigo pero ha pasado un buen tiempo desde que te tuve aquí—Izuku señaló con su mano libre su estómago bajo, Katsuki tragó duro por lo lascivo que se veía el Omega retorciéndose en sus sábanas—. Y créeme, te necesito más que nunca. Creo que me volveré loco si no me tocas. 

 

El alfa sonrió y volvió al cuello, chupó la glándula de Izuku y se embriagó con el gemido que salió de sus labios y como con su mano sana apretaba las mantas de su cama, toda la cama desordenada e impregnada en tantas feromonas. Deseo, dolor, anhelo, amor, lujuria, odio, resentimiento, tantas emociones, tanto que recorrer y provocar. 

 

Katsuki fue bajando a poco a poco por su pecho, notando el leve y agradable dulzor en sus pezones, besó con fuerza y espero que esos sonidos tan dulces que solo alimentaban la sangre que iba con fuerza a su sur, fueran aumentando. Entre besos, Izuku, tembló cuando la nariz del alfa perfiló la piel de ingle, apretó sus labios en una fina línea blanca y percibió cómo se alejaba. No quería abrir sus ojos pero sus piernas fueron levantadas mostrando su culo y la sensación caliente lo impactó. Katsuki escupió su culo, cerró las piernas pero él las abrió de par en par para lamerlo. Pequeñas vueltas ociosas sobre su anillo y no pudo, empezó a moverse como loco al sentirlo después de meses. Tan cálida, tan tersa, tan fuerte y esa voz gimiendo y diciendo lo sabroso que era su mancha, el líquido cayendo hasta la cama. Poco a poco sintiendo la culminación en sus piernas y antes de sentirlo por completo, el alfa alejó su boca. Izuku abrió los ojos buscando la razón y antes de poder decir algo, tres dedos lo penetraron. Se ahogó y su espalda se encorvó en la cama al mismo tiempo que Katsuki veía caer las gotas blancas por todo su torso. 

 

—¿Solo por eso? Tendrás que prepararte, nerd de mierda—Izuku escuchó y no pudo evitar evocar una leve maldición hasta que sintió la lengua del alfa en su pecho, sobre sus abdominales y luego sobre sus pectorales, quitándole cada mililitro de su semen—. Tan dulce, tan sabroso, eres jodidamente mío. 

 

—Ah, Kacchan, repítelo—Katsuki sonrió. 

 

Mío, mío, mío, mío, mío, mío, mío, mío, mío.

 

El cuerpo de Izuku hormigueo, cada terminación nerviosa se volvió recelosa con esa palabra, la quería oír tantas veces. Pero ahora quería otra cosa, acarició con su mano el rostro del alfa y sonrió, Katsuki no necesitaba oír lo que el Omega deseaba porque ya lo sabía. Fue tras sus labios, ambos saboreando el sabor dulce, desesperados por ese tacto. Katsuki tomó con cuidado su polla, Izuku sintió la punta en su culo y cerró los ojos dejando ir sus primeras lágrimas de placer, sintiéndola abrirse camino, centímetro a centímetros, tomando lugar en su cuerpo, formando uno. El sudor brilló mientras Katsuki empezaba a moverse, comiéndose los gemidos y su nombre en los labios de Izuku, sintiendo la mano rasgar su piel y como su culo lo recibía a la perfección, y con ambas manos sobre los muslos para abrirlo, para ver cómo su cuerpo lo chupaba, con hambre y tanta desesperación que el movimiento lento de sus caderas parecía una tortura. Y lo era, Izuku estaba volviendo cada parte de su cuerpo una fiebre de necesidad, 

 

—Izuku—Katsuki lo llamó con su voz cansada, más su cuerpo estaba recién calentándose. El Omega abrió sus ojos y lo miró, la bruma del éxtasis tomando todo el dolor—. Mírame, no dejes de mirarme. 

 

Izuku sonrió y lo miró mientras las gotas de sudor caían a su pecho y el alfa aumentaba el ritmo, recorriendo todo su interior y llegando a golpear con fuerza sus testículos contra su trasero, dejándolos brillantes por culpa de la humedad, toda la intimidad de Izuku formando una gran mancha húmeda en la cama. El núcleo de Izuku temblando con cada intromisión, sus piernas inevitablemente cerrándose pero ahí estaban sus manos calientes, abriéndolo para ver su polla brillante enfundada, como su estómago se abultaba porque el Omega estaba un poco más delgado y ahora podía ver el alcance de su cuerpo. Izuku se dio cuenta y abandonó la espalda del alfa y fue hasta el estómago y pulsó el montículo en su piel, evocando una sonrisa ladina mientras sus ojos seguían desprendiendo lágrimas de placer y su pecho brillaba por culpa del sudor acumulándose en los surcos de sus músculos. Katsuki se detuvo tratando de contener sus labios, sonrió como un animal e Izuku comenzó a sentir como sus caderas ahora se encontraban a ritmo más rápido, un vaivén brutal. Rodó los ojos y los cerró sin querer, su mente no pudo formular nada más que gemidos, Katsuki no lo dejó y se tragó cada gemido en sus labios percibiendo la vibración de su voz contra su lengua. De pronto el beso necesitado se volvió salado, la sonrisa del alfa era animal y entonces sintió la enorme necesidad de probarlo. Su sangre, su carne, todo su ser. 

 

Comerlo por completo. 

 

El instinto lo golpeó con fuerza, se alejó de Izuku, el Omega abrió los ojos preocupado y pudo ver la esclerótica de Katsuki negra. El alfa mordió sus labios mientras gruñía y seguía embistiendo, estaba luchando contra su instinto pero para Izuku era tan irresistible verlo así. En menos de un segundo el alfa lo dio vuelta en la cama, tomó ambos brazos del Omega aunque uno de ellos estuviera con yeso los tomó igualmente con una mano, reteniendo sus movimientos, mientras ajustaba la altura de sus caderas. Izuku se corrió dejando gruesos hilos blancos y desordenados en la cama al sentirlo más profundamente pero el alfa no estaba ahí para notarlo, estaba luchando contra la saliva y el veneno en sus labios, contra el deseo de morderlo, de marcarlo como suyo. Izuku mordió su boca y trató de soportarlo pero no podía, se sentía demasiado bien. Ni siquiera el dolor en su brazo lo podía hacer olvidar la sensación de sobre estimulación en su culo, los nervios de Izuku explotaron cuando la mano libre del alfa lo golpeó en una de sus nalgas. 

 

—¡Ah, Kacchan! ¡Más!—Otra palmada volvió a impactar, el dolor, el delicioso dolor junto a su polla llegando las profundo, no estaba en sus cabales. Sonrió dejando la cabeza caer a un lado, sabiendo que Katsuki podría verlo y deletreó con lentitud: más, más y más. 

 

Las nalgas de Izuku estaban rojas cuando el nudo del alfa comenzó a hincharse, aún podía sentir su boca seca pero el placer le ganó a la necesidad y el hambre por el momento, sin embargo, las feromonas del Omega lo estaban volviendo loco e Izuku lo sabía. Sabía lo que le estaba pasando al alfa, apenas podía verlo pero sus gruñidos eran de hambre pura y quería ser comido por él, quería sentirlo en su piel mientras anudaba, mientras su culo explotaba por la semillas del alfa y sus nervios lo castigaban con más éxtasis. Katsuki vió su cuello y la forma en que brillaba, tan lúcido para él, como un faro de luz en mitad de la oscuridad. 

 

El alfa se inclinó percibiendo el aroma del sexo en su piel, Izuku se quejo cuando una mordida superficial quedó marcada en su espalda, justo por debajo de su omóplato derecho. Sonrió insatisfecho, moviéndose más y más contra la polla de su alfa. La sensación abrumadora de la lengua de Katsuki lo hizo llorar nuevamente, gotas de veneno impactaron su piel haciéndole sentir cosquillas. El sudor quemó y lo único que podía pensar en ese momento era en el querer ser mordido, en pertenecer. La marca que le había hecho hace meses era un recuerdo, pero sus colmillos ya estaban fuera de sus labios, su sonrisa era potente y Katsuki aún no la había visto porque con sus ojos cerrados seguía apreciando el aroma volátil en sus pulmones. 

 

—Joder, Izuku hueles como si quisieras ser follado por mi hasta la muerte—Izuku gimió y levantó más sus caderas, sintiendo el nudo distender su culo, enviando tantas sensaciones que era abrumador, Katsuki mordió su labio inferior, su polla estaba a punto de explotar. Varias gotas de sangre cayeron en la espalda de Izuku, la sangre se veía tan bien en su piel, era una locura considerar que él podría verse así. 

 

—Quizás, ah, quizá quiero que sea así. Quiero que me folles por todos esos meses que perdimos por la estupidez—Katsuki soltó sus brazos, dejándolos caer y tomó con ambas manos sus caderas. Golpeó más y más fuerte, Izuku cerró sus ojos mientras el nudo a cada momento se hacía más grande, frotando los lugares correctos, sintiendo gotas y gotas caer por su espalda imaginando que era sudor pero sorprendido cuando vió gotas rojas. Se estaba conteniendo y eso era realmente sexy pero lo quería fuera de control, lo quería puro. Antes de que pudiera exigir algo, Katsuki golpeó con fuerza sus caderas antes de quedar atrapado. La carga caliente hizo que Izuku rompiera las mantas húmedas, Katsuki anudó en su interior pero la semilla se alojó dónde sus nervios lo deseaban. Grito ahogado en la cama mientras Katsuki caía de lleno en su espalda pegajosa, el peso sobre sus caderas lo hizo ceder y su polla pulsó contra la cama, nuevamente tembló y esta vez no pudo decir nada. Pudo ver de soslayo los brazos de Katsuki, con sus venas remarcadas y sus dedos con sangre y sudor. Antes no lo había visto bien, pero sus brazos ahora estaban cubiertos con un vello rubio, que parecía que con el tiempo se iba a ir oscureciendo. Fue inevitable imaginar esas manos ahorcandolo, su respiración se volvió más pesada con solo imaginarlo. Su boca se secó y se movió sintiendo el nudo rozar con su punto dulce, gimió fuerte mientras Katsuki lo empujaba suavemente. 

 

—No te muevas, te harás daño—Izuku tentó al destino y se movió en círculos. Katsuki apretó su mandíbula y las mantas bajo sus palmas. Izuku pudo ver cómo su respiración y voz se volvían más densas. Era divertido molestarlo por haberse contenido, y así lentamente el nudo se fue deshinchando hasta que Katsuki salió de forma inmediata. Izuku se dio media vuelta dejando entrever cómo caía la semilla por su culo, Katsuki estaba sudando frío, no pudo apartar la mirada de esa escena, el líquido lentamente cayendo, llamándolo a probar. 

 

—¿Qué ocurre, Kacchan? ¿Querías morderme, no? ¿Querías probar mi sangre? ¿Querías marcarme?—Izuku se acercó gateando hasta el borde de la cama. Su brazo dolía pero en ese momento le importaba una mierda el dolor punzante—. ¿Quieres comerme? 

 

—Deku, cállate, por favor—Izuku salió de la cama y tomó ambas manos del alfa y las dejó en su cuello, Katsuki lo vió con sorpresa, se estaba ahogando en la necesidad de probar. 

 

—Yo quiero que lo hagas, Kacchan. Cómeme, márcame, hazme tuyo, por favor—Katsuki apretó sus dientes y acercó su nariz hasta la piel donde temblaba su pulso. Izuku gimió cuando sintió los colmillos rozar su piel, justo sobre su glándula. Estaba sensible, todavía podía sentir la semilla de Katsuki cayendo caliente por el interior de sus piernas, había olvidado lo bien que se sentía tener sexo y no podía estar conforme, quería más y más. Los ojos de Katsuki estaban consumidos, gruñó y lamió, la piel dulce del Omega lo tenía ebrio. Empujó a Izuku contra una de las paredes, alzando sus caderas para que pudiera ver por completo su trasero, lo rojo que estaba por sus palmadas y como caía su semilla. Izuku gimió cuando sus pezones rozaron contra la superficie fría, trago duro y sintió las manos del alfa acariciar con delicadeza su espina. 

 

—Eres tan molesto cuando te lo propones, podría hacerte daño pero no, tú quieres que sea así contigo. Joder, tengo tanto miedo. Deberías tenerme miedo y huir con alguien—Katsiki apoyó su frente contra uno de los hombros de Izuku, el Omega aprovechó para acariciar los cabellos rubios—. Podrías huir con tu novio americano y no volver, a veces la gente deja de amar después de algunos meses. 

 

Izuku se rió. 

 

—Daniel no era mi novio, solo follábamos y nada más. Nunca desarrollé algún sentimiento por él, créeme que realmente intenté que me gustara, que fuera más allá que solo unas horas en la cama pero no pude. No podía sacarte de mi cabeza, y siempre que follabamos pensaba en ti, joder era realmente ridículo. Incluso te llamaba a ti—la sonrisa de Katsuki disipó un poco esos temores que estaban mermando sus ganas de dominar, de probar. Había luchado tanto tiempo, asustado creció alrededor de un dogma que siempre le parecía estúpido. Izuku podía sentirlo, como en la mente de Katsuki se tejía algo nuevo, algo emocionante que solo su mirada rubí lo hacía sentir así. Cerró los ojos y sintió la lengua en su hombro, las marcas que nunca le dejó en el pasado ahora estarían en su piel, el alfa mordió con gusto y el veneno penetró la carne la Izuku. 

 

Oh, dios. 

 

Pensó Izuku mientras su cuerpo se crispaba con la sensación anestésica del veneno, como sus nervios se enredaban alrededor de una sensación enajenada. Tragó duro porque perdió la fuerza de sus piernas y su humedad corrió rauda por sus piernas, como un chorro brillante que reflejaba a la perfección todo. Antes de poder caerse, Izuku sintió ambas manos en sus caderas, con los pulgares presionando en su espalda, enviando escalofríos en todo su esqueleto. Las lágrimas cayeron por sus ojos y deseo sentirlo, con su mano libre bajo lentamente y tomó entre sus manos la polla palpitante, las venas rozando las yemas de sus dedos y haciendo que la presión de los colmillos en su piel fuera más fuerte, pero dios, no le importaba porque se sentía increíble. Katsuki chupo con vehemencia, la sangre de Izuku no se podía comparar a la de nadie, lo estaba saciando de una manera que se estaba quejando, llorando incluso por el sabor que dejaba en su lengua. Debió haberlo previsto, que todo lo que Izuku podía ofrecerle era tan delicioso que se alejó viendo la marca viva de sus colmillos en la piel, lamió y acarició con sus labios. Izuku se quejó mientras trataba de penetrarse a sí mismo con su polla. La herida cerró ante los ojos de Katsuki, y la sensación imperativa de morder y comerlo desapareció por completo, ahora solo quería follarlo hasta dejarlo sin sentido. 

 

—Extiende tus piernas para mí—Izuku apenas pudo hacerlo porque las fuerzas no estaban en sus músculos pero obedeció, Katsuki amasó su trasero deleitándose por la vista de su piel rosada, las abrió y pudo ver el brillante líquido caer hasta manchar su piso, no se iba a preocupar por esa mierda ahora. Tomó la mano sana de Izuku y le ordenó que abriera una de sus nalgas mientras que con su mano tomaba su polla, roja y ansiosa por sentirlo. Cuando beso con el glande su culo, fue centímetro por centímetro entrando, viendo como el cuerpo de Izuku temblaba, era tan sexy ver cómo su culo lo absorbía. Antes de penetrarlo por completo, salió solo dejando la punta adentro y vio su piel brillante, dios, Izuku lo estaba volviendo loco. Izuku soltó su culo para apretar la pared, el veneno de Katsuki estaba en su sistema haciéndolo cien veces más sensible, una leve oscilación y ya podía sentir el orgasmo en su núcleo, fuerte, como una bomba a poco de explotar en su cara. La primera intromisión dura hasta la empuñadura e Izuku gritó crudo el nombre de Katsuki. Su polla se frotó contra la pared y pudo sentir, como salía de su interior y se entendía por todos lados. La pared quedó manchada con los hilos blancos y su trasero expulsó al mismo tiempo líquido transparente batido por las embestidas, blanco y cremoso. 

 

La risa grave de Katsuki lo hizo divagar. 

 

Sus caderas temblaron y las manos lo guiaron mientras poco a poco fue perdiendo la noción, la sobre estimulación lo volvió una masa de placer que lo único que podía procesar era el movimiento. Adentro y afuera, golpe fuerte y profundo. Estaba extasiado en la pasión, no había forma de que fuera coherente lo que sus labios emitían, y no lo eran, solo gemidos y gimoteos. Katsuki era duro, rudo y rápido, el glande de su polla golpeaba rápido y fuertemente su interior, rozando descarado su punto dulce, Izuku no podía más. Quería venirse nuevamente, anhelaba esos dientes en su cuello, deseaba más que solo los actos de pasión, quería alcanzar con sus dedos más allá del cielo desconocido. Katsuki observó las reacciones de su cuerpo, él también estaba en el borde, preparó sus colmillos y antes de sentir como el nudo caliente se formaba de golpe, marcó a Izuku justo por encima de la glándula. Izuku tomó con fuerza la cabeza de Katsuki, jaló su cabello al mismo tiempo que el nudo explotaba en su interior. Se ahogó en la sensación y reaccionó al percibir como todo a su alrededor se volvía extremadamente grande. Se sentía pequeño, cuidado y extasiado. Era la sensación más increíble del mundo, pacífica y al mismo tiempo turbulenta. No sabía cómo traducirlo, estaba totalmente perdido en la enajenación. 

 

—Ahora eres completamente mío—fue un leve susurro al aire, aún así, Izuku pudo escucharlo crepitar en su cabeza, como una oración a un Dios Todopoderoso que removió todas las piezas de su cuerpo y las ajustó a su manera. Izuku se desplomó en los brazos de Katsuki, apenas podía respirar bien sin sentir la sensación en su cuerpo, todo pulsando, su interior tan sensible que aún con el nudo caliente casi deshinchando, pudo ser capaz de correrse nuevamente, solamente que ahora dolía hacerlo. Las medicinas estaban haciendo efecto, lo último que sus ojos vieron antes de perder por completo la consciencia fue una sonrisa, ladina y animalesca. Propia de un depredador. 

 

Ahora Katsuki era suyo, un alfa caníbal. 

 

 

La vista de Izuku en su cama era todo lo que podía contemplar con sus ojos, meses renegando y ahora poseía lo que su corazón egoísta más deseaba. El Omega se veía bien, entre las sábanas limpias, con su espalda al descubierto dejando entrever marcas que su boca y manos hicieron, con su cabello largo ondulado alrededor de su piel. La verdad es que, ahora lo tenía todo. En su cuerpo podía sentirlo todo, tenía a su bella hija Himawari, y ahora a su bello omega, Izuku. No le importaba si el Omega seguía diciéndole al mundo que era un beta, no le importaba absolutamente nada. Ahora que por sus venas corría su sangre, podía entenderlo con más claridad. Nació para protegerlo, para hacerlo suyo, para mantenerlo bajo su yugo y alimentar todas esas ambiciones. Después de todas esas horas, Izuku apenas podía mantenerse de pie y despierto, Katsuki lo bañó y mientras el Omega relajaba su cuerpo en la bañera, limpió la habitación y cambió las mantas. La habitación olía a ellos, pero eso era lo que más le gustaba. Como las esencias se mezclaban entre sí formando una nueva fragancia tan agradable que su pecho se hinchaba con la sola sensación en la punta de su nariz, tantos meses huyendo sin saber porque su corazón se sentía tan traicionado y ahora a flor de piel con los sentimientos, podía entenderlo bien. Después de bañar a Izuku y secarlo, adorar su cuerpo con lociones corporales y otras cosas, dejó que durmiera plácidamente en su lado de la cama. Sacó una cámara de fotos, que Izuku le compró como regalo de Navidad, según en sus palabras para hacer "recuerdos bonitos" así que le sacó una fotografía. 

 

Desnudo en su cama, enredado en sus sábanas, con su cabello, con esa expresión tan suave en sus labios y la marca orgullosa en su piel. Rosada y brillante, tan suya, tan correcta.

 

Se acercó más y captó el momento exacto cuando Izuku abrió sus ojos, suavemente con sus pestañas abanicando la belleza de sus cuenca esmeraldas. Katsuki suprimió el deseo de follar esa boca porque en ese momento estaba desnudo y no quería tener la polla erecta por sacarle una foto a su Omega. Aunque… ¿A quién le importaba si estaba disfrutando lo que ahora le pertenecía? Sonrió con suficiencia, Izuku pestañeo unas veces antes de caer nuevamente rendido en las mantas. Katsuki tragó, debía dejarlo dormir. Salió de la habitación con su cámara en las manos y vestido solo con un pantalón deportivo, uno con tela suave que no sería capaz de irritar su erección. Arregló el aire acondicionado y comenzó a cocinar pescado con verduras hervidas y arroz blanco. Un poco de música, la que compartían para entrenar y estaba relajado, por primera vez en años podía decir con claridad que se sentía alegre y tranquilo, lo suficiente para hacer un postre. No tenía ganas de salir y mucho menos de pedir comida y que un repartidor oliera la esencia de su hogar, con las manos ocupadas en comida de a poco el enorme departamento a las afueras de Tokio comenzó a oler bien. El pastel horneado estaba listo cuando la crema batida se mezcló con las frutillas. Gentilmente Katsuki dejó en el refrigerador su pastel y viendo el tiempo y que Izuku parecía estar profundamente dormido, se ejercitó. Repetición tras repetición, el dolor y la fatiga en sus músculos era bienvenido. Aunque ahora, parecía que su cuerpo estaba más adaptado a los pesos mayores, seguía siendo un poco quisquilloso con sus entrenamientos. No tan largo, intenso, corto y duro. 

 

Lo distraía lo suficiente de los problemas, aunque ahora estuvieran enlazados y que su corazón fuera dueño de confidencia, eso no quitaba los problemas entre sus manos. Himawari, la comisión y el hielo fino en sus pies. Cerró los ojos y las gotas cayeron por su mentón, el sudor era refrescante hasta que sintió dos manos en su espalda, delineando sus músculos con suavidad. No lo había sentido porque no estaba acostumbrado, pero podía decir con claridad que estaba desnudo, excitado y que su sudor era el mayor culpable de ello. Izuku lo dió vuelta, el alfa pudo ver la llama en sus ojos, como la verdad de su corazón se entrelazaba con firmeza en sus cuencas hasta acabar en su estómago, un movimiento rápido y Katsuki cayó de lleno en la colchoneta que todavía tenía las pesas rusas de cuarenta y cinco kilos a los lados. Izuku estaba aún de pie, pisando con fuerza el pecho de Katsuki. Había cierta felicidad en su expresión, se lamió sus labios y con el pie fue bajando hasta la pretina del pantalón. Katsuki tomó el pie de Izuku y en movimiento rápido lo hizo caer, ahora estaba encima de él, pero el Omega no iba a perder. Comenzaron a forcejear, Izuku estrechó sus caderas contra las del alfa y Katsuki le abrió las piernas para ver cómo su intimidad comenzaba a gotear. 

 

—No, no me despertaste así no tienes derecho de comerme. Además quiero algo rápido—Izuku susurro suave, entonando las palabras, Katsuki se descuidó un segundo y el Omega quedó a horcajadas encima suyo, con sus látigos negros oprimio a Katsuki contra el suelo, mordiéndose el labio inferior fue bajando el pantalón, apenas para liberar la polla erecta de su alfa. Katsuki apretó los dientes cuando Izuku se sentó de lleno en su polla, la expresión del Omega llena de éxtasis casi lo hizo anudar ahí mismo. Izuku rió tan fuerte que poco a poco la respiración de Katsuki se fue haciendo más pesada por el movimiento—. Luces tan bien así, tan bueno para mí, tan obediente, no pensando en nada más que yo. Vamos, Kacchan, no tienes permitido pensar en nada más que yo de ahora en adelante. 

 

—Eso no es muy sano de tu parte, Deku—Katsuki levantó las caderas haciendo que Izuku perdiera por un segundo su aliento dejando salir un gemido fuerte de sus labios, su cabello se desparramó por enfrente de su rostro. Izuku arañó los pectorales de Katsuki, con una sonrisa sádica en sus labios comenzó a moverse. Fue suave al principio, lo suficiente para que Katsuki solo apretara los dientes, hasta que las caderas de Izuku comenzaron a chocar en contra de Katsuki. Follandose a sí mismo con la polla de su alfa, usándolo y poco a poco siendo más fuerte, choques que seguramente dejarían moretones en sus nalgas y en las caderas de Katsuki. 

 

—Me importa una mierda lo sano en este momento, tú eres mi Katsuki. Nadie en el mundo puede decir lo contrario, eres mío. Esta enorme polla es mía, este pecho es mío, esta boca es mía—después de decirlo, besó a Katsuki quitándole de sus labios todos esos gruñidos que hicieron en más de una ocasión a Izuku perder el aliento. Ambos estaban tan cerca—. Tu corazón es mío también, eres todo mío. Así como yo soy todo tuyo, este culo, Kacchan, es tuyo.

 

Un movimiento de caderas y Katsuki intentó pelear contra los látigos.

 

—Holy fuck, Deku te juro que voy a explotar en tu trasero—Izuku escuchó la maldición en inglés y no pudo soportarlo, se vino ahí mismo, temblando encima del alfa mientras Katsuki no perdió el tiempo y con sus caderas siguió embistiendo su interior, cada vez más fuerte, cada vez más sucio. El Omega lo estaba disfrutando, el nudo poco a poco fue haciéndose más grande en su interior hasta que explotó, Izuku se agarró de Katsuki cuando el alfa lo anudó. Katsuki apretó sus dientes y gritó. Fue tan rápido, tan rudo que no pudo pensar en nada más que disfrutar la enorme carga de sensibilidad en su polla. Ambos estaban pegados, con el sudor mezclado y lo único que podía pensar Katsuki es que había venido un montón de veces en Izuku—. Oi, Deku no es por ser un aguafiestas, pero ahora estamos enlazados, deberías usar condón. 

 

De pronto Izuku se movió, aún con el nudo en su interior y con los látigos sobre Katsuki, se estabilizó, mordiéndose los labios por la sensibilidad. Tenía que contarle a Katsuki aunque fuera un momento inadecuado para hacerlo.

 

—Bueno, la verdad es que por un momento pensé que estaba embarazado de Daniel—los ojos de Katsuki se abrieron con sorpresa pero no duró mucho cuando Izuku puso esa expresión de dolor en sus ojos—. Pero después de unos exámenes me salió que en verdad no puedo tener hijos, soy estéril. Lo siento Kacchan, te enlazaste con un Omega estéril, es normal que te sientas decepcionado. Te engañe, por favor, no me odies. 

 

La expresión de Izuku lo fue todo para Katsuki.

 

—Deku, suéltame—Izuku saltó ante el repentino cambio de voz, temió como nunca y dejó ir los látigos del alfa. En su cabeza pasaron montones de escenarios dónde Katsuki lo dejaba por ser estéril pero esos escenarios crueles se esfumaron cuando el alfa lo abrazó con fuerza y soltó sus feromonas de tranquilidad—. Yo nunca te podría repudiar por algo que no puedes controlar. Izuku, yo tampoco podría odiarte, es imposible para mí hacer algo así. Te amo, eso no cambiará por algo así.

 

—Gracias, Kacchan. 

 

Izuku lloró con fuerza mientras la polla blanda de Katsuki salía de su interior, en ese momento ninguna gota de semilla salió del cuerpo de Izuku pero eso no importaba cuando ambos estaban en los brazos del otro, disfrutando de la pena y al mismo tiempo la sanación de un dolor que poco a poco estaba enfermando el alma. Cuando salieron del mini gimnasio, ambos fueron al baño. Después de una buena limpieza, comieron el almuerzo que Katsuki hizo, al finalizar con los platos limpios en el fregadero, Izuku sabía que debían hablar sobre muchas cosas. Ambos se sentaron en uno de los sillones del alfa, el perfecto silencio parecía perturbar a ambos y el primero en romperlo fue Katsuki. 

 

—Deku, ahora que estamos enlazados hay muchas cosas que debes saber de mí. Maté a muchas personas por la comisión y cuando estaba trabajando con Nora sobre muchos casos de desapariciones infantiles para no hacer sospechar a la comisión sobre mis ideales, muchos niños sufrieron por mi culpa. Debes saberlo—Izuku lo sabía, había visto toda la vida heroica de Katsuki a través de archivos, informes, videos y grabaciones de voz de las víctimas. Entendía todo lo que había hecho y lo mucho que había sufrido haciéndolo, no le iba a recriminar eso. Él también habría hecho lo mismo—. Además, ahora que soy una persona buscada por la comisión, estoy en la mira y seguiré matando a cada idiota que se meta en mi camino, voy a acabar con ellos. Por no mencionar que ahora tengo esta extraña sed de sangre. 

 

—Kacchan, nada de eso me hará cambiar de opinión, te sigo amando. Y te ayudaré en lo que sea necesario, soy fuerte, somos fuertes, podemos con cualquier cosa. Si algo aprendí estos meses que estuve lejos de tí, es que no debemos estar separados. Juntos somos más fuertes, juntos nos complementamos—Izuku tomó con cuidado el rostro de Katsuki, la piel del alfa vibró bajo los toques. Se sentía reconfortante escuchar esas palabras, pero aún quedaba un tema muy importante, Himawari. 

 

—Y bueno, falta el tema de mi bebé, sé que no está en tus papeles ser padre y no estás en la obligación de que ella te agrade porque estamos enlazados, yo soy su padre y es mi responsabilidad, así que si quieres vivir lejos de mi por eso, no me podría enojar. 

 

Izuku negó.

 

—Katsuki, yo amo cada parte de tí, incluso si esa parte es una pequeña de casi tres meses. Dije que te iba a ayudar en todo, y eso incluye a la pequeña Himawari Bakugō. 

 

—No lo hagas por responsabilidad. 

 

—Katsuki Bakugō, te prometo que no lo hago por responsabilidad, te lo prometo por la garrita—Katsuki quería llorar. 

 

—Joder, ¿qué hice para merecerte?—Izuku al borde las lágrimas rió sentándose con suavidad en el regazo del alfa. Estaba feliz, si las cosas seguían así, por mucho que quisieran hacerle daño, nadie realmente podría hacerlo y por eso se sentía imparable, su cuerpo era fuerte, su alfa era fuerte, su alma estaba lista. Suspiró feliz, todo era realmente tan feliz que se sentía extraño.

Chapter Text

"Comencé a trazar líneas en un viejo cuaderno de secundaria, son rosadas y a veces dispersas bajo un pulso casi ebrio. Aún veo tu reflejo en mi cama, lo que tuvimos fue algo tan excepcional que no podría tenerlo de nuevo… Pero quiero sanar y él me está ayudando tanto, él siempre con sus bromas y sonrisas. No se lo digas a nadie pero el secreto que tengo en mi corazón nunca podría contárselo a mi padre, sé que estaría decepcionado de mi al igual que tú."

 

 

 

Que burdo de su parte pensar que podría vivir sin él, era tan absurdo siquiera imaginar en algún escenario que su vida estuviera despojada de su presencia, tan contundente, fuerte en existencia que lo hacía pensar con libertad en aquellos momentos donde todo a su alrededor se sentía oscuro y lúgubre, sórdido de una manera colosal. Estaba a su lado, respirando de una manera suave y pululando su aroma por toda la habitación, destrozada en el vigor de unas horas oscuras y llenas de confidencia. Había cierto color delator en sus mejillas, Katsuki estaba encantado y al mismo tiempo orgulloso de la escena. Izuku no parecía querer despertar temprano, no lo culpaba en lo absoluto. Su cuerpo era la misma sentencia de los acontecimientos, estaba agotado pero su fuerza era más consistente. 

 

Después de unos quince minutos bajo una constante de agua fría, un cuerpo cálido se acercó y dejó ir libre el chorro de agua caliente para nivelar la temperatura. Hora y media se quedaron en el baño ante la visita, noventa minutos donde la aspereza y el solo de los movimientos se hacían mejores entendedores que las palabras. Era un gran día después de todo, iban a ir en busca de Himawari para establecerse con ella en el gran departamento, la habitación de la pequeña beba estaba lista, con su cuna e implementos necesarios para desarrollarse, sin embargo, la ansiedad lograba refinar gran parte de las expresiones de Izuku al salir del baño. Una gran parte de sí mismo sabía que no debía tener ansiedad, que la anormalidad pronto sería parte de su nueva rutina, pero no quería decepcionar a una pequeña beba, no quería volverse en extremo inexpresivo. 

 

Con el desayuno sobre la mesa, decorando una escena suave y mañanera, Izuku se quedó perplejo al notar que su mundo se