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Next to You (It's the Rule) /Traducción

Chapter Text

 

Next to You (It’s the Rule)

Por LunaMyLove.

Traducción por Maya_0196.


 

Nota del autor:

Lancelot está vivo porque nunca debió haber muerto. Morgana sigue escondida y la magia de Merlín fue revelada. Esto ocurre aproximadamente un año después.


Capítulo 1.

Gaius.

.

Arthur y Merlín tienen una relación especial. Siempre lo han tenido, aun cuando no eran más que príncipe y sirviente. Si bien muchos tuvieron dudas cuando lo notaron por primera vez, eventualmente se volvió un entendimiento común en todo Camelot -e incluso entre algunos otros países- que, donde estaba Arthur, estaba Merlín. Y, donde estaba Merlín, estaba Arthur.

Dicho esto, la primera regla que uno debe saber al quedarse en Camelot es que, si el Hechicero de la Corte y el Rey fueron separados por cualquier razón, lo mejor era permanecer alejado del Rey. Especialmente por las mañanas. Él no estará de buen humor y solo se le deben dar los asuntos más importantes. Esto es aún más crucial en las ocasiones en que Merlín atiende asuntos fuera del castillo porque se termina teniendo a un rey preocupado, frustrado y enojado, y del que nadie puede salvarse.


No es secreto que Gaius odia las reuniones del consejo. Él solo asiste cuando es absolutamente necesario porque es un hombre muy ocupado y también es muy mayor y no tiene tiempo para lidiar con informes de granos y disputas entre los miembros del consejo. Han pasado meses desde que asistió a una, pero no pudo escapar de esta debido a una enfermedad que atraviesa la ciudad baja. Decir que no está contento era poco.

Él está mirando al techo, pensando en el ingrediente que necesitaba para una poción cuando la puerta se cierra de golpe detrás de un Gwaine jadeante. El sonido resuena por toda la sala del Consejo, los ocupantes sentados en la mesa redonda en el centro lo miran con poca preocupación. Gwaine siempre está metido en algo. Todos ya se habían acostumbrado a eso desde hace años, incluso Gaius.

—¿Qué pasa ahora, Gwaine? —Elyan suelta, sin apartar los ojos del ajedrez que está jugando con Leon.

—Merlín tuvo que ir a la ciudad esta mañana —dice Gwaine, aun jadeando por aire.

Leon mueve su caballero, robando una de las torres de Elyan. Él nota que Gwaine necesita entrenar más. Toda esa bebida debe estar afectando su resistencia. —¿Él está bien?

Gwaine parece desconcertado. —¿De qué hablas? Claro que Merlín está bien.

—¿Entonces qué es, Gwaine? —Lancelot pregunta, habiendo observado toda la conversación con diversión.

Gwaine los mira como si todos ellos fueran increíblemente estúpidos. Lo eran, en su opinión. —Merlín fue a la ciudad esta mañana. Eso significa que no despertó a Arthur —él dice con lentitud.

La habitación se congela, cualquier conmoción anterior se detiene abruptamente. La mano de Elyan cuelga sobre el tablero de ajedrez, lista para mover a su Reina. Leon observa con un horror que no tiene nada que ver con el hecho de que está a punto de perder el juego. Lancelot deja caer su copa de agua, apenas logrando evitar que se derrame por toda la mesa. Percival mira al cielo como si estuviera rezando. Gwen deja de coser un par de calcetines. Algunos de los miembros del consejo parecen estar listos para salir corriendo. Uno, Lord Francis, se arrastra bajo la mesa.

—¿Cuánto tiempo tenemos? —Gwen logra preguntar.

—Lo último que escuché es que se dirigía desde su habitación hacia aquí. Diría que dos minutos como máximo —advierte Gwaine, feliz de que finalmente hayan comprendido la gravedad de la situación.

Eso pone a todos en movimiento. Gwen mete sus calcetines y agujas en una canasta a sus pies. Elyan y Leon quitan el ajedrez de la mesa, el primero zambulléndose rápidamente cuando una pieza cae al suelo. Lord Bryon le susurra a Lord Samuel que se escondan detrás de las cortinas.

Gaius los mira con una ceja arqueada. —¿Qué les pasa a todos? El Rey Arthur tiene otras personas que pueden despertarlo. Merlín ya no es su sirviente. Lord Francis, salga debajo de la mesa y nada de esconderse detrás de las cortinas, Lord Bryon. Por el amor de Dios, no puede ser tan malo. Estará bien.

Lancelot, quien se supone que es noble y valiente, sacude la cabeza con fuerza. —No, Gaius. No lo estará —suelta, acomodando su copa y luego ayudando a Gwen a esconder su costura entre sus sillas.

Gwaine toma su asiento, que está demasiado cerca del rey en su opinión -a solo dos lugares de distancia- mientras intenta parecer que no hubiera bebido nada esa mañana. Ciertamente lo había hecho, pero lo mejor era que Arthur no lo supiera. —Todos vamos a morir.

—¿No se supone que son valientes? Es Arthur, no el verdugo —dice Gaius, sus cejas no pueden alzarse más.

—Prefiero el verdugo —dice Leon, solemne. Justo cuando Gaius está a punto de volver a hablar, probablemente para regañarlos un poco más, hay un fuerte estruendo fuera de la habitación, algunos gritos y más choques.

—Ya viene —susurra Lord Francis, asomando la cabeza desde debajo de la mesa.

Gwen se sienta con la espalda recta. —Todos compórtense natural. No comenten cómo se ve. No hablen a menos que les hablen. No lo miren a los ojos. Y no miren la silla de Merlín ni hagan referencia a él.

Nadie respira cuando la puerta vuelve a abrirse de golpe, revelando a un Rey Arthur desaliñado y con el rostro enrocejido. Parte de su cabello está pegado hacia atrás, su camisa permanece colgada extrañamente a su lado y un zapato está desatado. —Bueno, ¿qué están mirando? Me parece que todos estaban holgazaneando, esperando a que llegara —espeta, caminando hacia su asiento. —¿Y dónde diablos está mi comida? Le dije a George que lo trajera aquí. ¡¿George?!

George, bendito sea, entra corriendo a la habitación con un plato de comida en una mano y varios pergaminos en otra. —Mis disculpas, su majestad. Tengo su comida.

Coloca la comida frente al Rey y el pergamino a un lado con solo un leve temblor. Arthur mira la bandeja por un momento antes de volver su mirada hacia George, quien retrocede. —No hay galletas en este plato. ¿Por qué diablos no hay galletas en mi plato?

—Disculpe, sire. No sabía-

—¡Merlín lo sabe! ¡Él siempre se asegura que tenga galletas!

—Iré a buscar un poco de inmediato. Elena tiene el vino que ordenó…

—¡Entonces ve! —Arthur grita, viendo como George sale corriendo de la habitación. La doncella, Elena, se adelanta para verter vino en su copa. Arthur toma un largo sorbo antes de volver su atención a los ocupantes de la habitación. —Bueno, sigamos con esto. No tengo todo el día para que todos ustedes se queden sin hacer nada.

Gaius se aclara la garganta, el único lo suficiente valiente para hablar. —Buenos días, sire.  Usted me pidió que asistiera a esta reunión para discutir la enfermedad que se está extendiendo por las ciudades bajas. Creo-

Arthur levanta una mano, rebuscando en los desordenados pergaminos. —No. Para. Mis informes no están en orden. ¿Por qué no están en orden? ¡¿George?! —Cuando George no responde, vuelve a gritar: —¡¿George?! ¿Dónde está ahora?

—Lo envió a las cocinas por galletas, su majestad —responde Gaius. Gaius no parece entender qué hizo mal cuando el resto de la habitación se estremece.

Arthur gira lentamente, la expresión de su rostro hace que Gaius se dé cuente de por qué Gwen dijo que no hablara a menos que le hablaran. Si no lo supiera mejor, pensaría que Arthur estaba a punto de mandarlo a las mazmorras. —Estoy perfectamente consciente de eso, Gaius. Gracias por decir lo obvio como siempre. Sin embargo, ya sea que George me traiga galletas o no, mis informes aún no están en orden y no puedo dirigir esta reunión. Entonces, si no tienes nada importante qué decir, ¡no me hagas perder mi tiempo con balbuceos inútiles!

Por su parte, Gaius nunca permitirá que Merlín vuelva a salir del castillo.

La atención de Arthur no se quedó en él por mucho tiempo, por lo que Gaius está agradecido. El rey gira hacia León, quien se encontraba sentado a la izquierda. —León, cuéntame sobre las patrullas en el sur que mencionaste ayer. Dijiste que tendrías un informe listo para mí hoy —León asiente, hurgando en sus propios informes para encontrar el que necesita. —¡Para antes que envejezca y muera, León! —Leon comienza a divagar sobre los ataques de los bandidos y la cantidad de hombres necesarios. Arthur ignora la comida en su plato, a favor de beber más vino mientras escucha.

León casi ha terminado cuando la puerta se abre por tercera vez. Hay un suspiro audible de alivio cuando Merlín entra, cargando una bandeja de galletas, su propia pila de pergamino y la bolsa que constantemente trae consigo llena de diversos artículos que todos saben que no deben preguntar. Las respuestas nunca valen la pena.

Patea la puerta para cerrarla, levantando una ceja cuando ve a Arthur. —¿Por qué te ves así? Solo salí tres horas y cuando regreso, el castillo está en completo desorden y tú pareces como si hubieras caído de la cama, golpeado el suelo y de inmediato hayas dejado tu habitación. ¿Qué pasó, Arthur?

—¿Por qué yo- que qué pasó? ¡Merlín! ¿Dónde demonios estabas? —El rostro de Arthur estaba nuevamente rojo, pero a Merlín no parece importarle. En cambio, se tomó su tiempo para caminar hasta su asiento, que esta convenientemente ubicado a la derecha del de Arthur.

—Tuve una reunión con Annabelle en la panadería. Te lo dije ayer.

—¡No lo hiciste!

Merlín rueda los ojos. —Lo hice, después de entrenar, de camino a tus aposentos. ¿Recuerdas? —Arthur resopla cuando Merlín coloca las galletas frente a él, lo que significa que Merlín tenía razón.

Merlín se vira hacia el resto de la mesa, asimilando la mezcla de alegría y exasperación presente en los ocupantes. Y un poco de miedo por parte de Lord Francis, quien parecía estar a punto de orinar. —Dennos un minuto —dice, mirando a Arthur. —¿Por qué te ves así? Envié a George.

—No me gusta George —refunfuña Arthur.

Merlín resopla. —Eso quedó bastante claro porque estaba llorando cuando lo encontré con tus estúpidas galletas. ¡Ahora levántate! —Le hace un gesto a Arthur para que se ponga de pie. Arthur lo mira incrédulo. —¡Vamos! No tenemos todo el día. Tengo asuntos más urgentes de los que ocuparme que tus pucheros.

—Yo soy el Rey…. —se ahoga cuando Merlín empuja una galleta en su boca.

—Y yo soy Merlín. Hola. Ahora que hemos cubierto eso, levántate para que pueda hacer que te veas presentable.

Cuando comenzó a tirar de los brazos de Arthur, este soltó un fuerte suspiro más hizo lo que Merlín le pidió. Merlín se pone a trabajar rápidamente.  —No tendría que enviar a George si no hubieras despedido a los diez sirvientes anteriores —Agita una mano para atar el zapato izquierdo con el que está sorprendido que el rey no haya tropezado, y abrocha correctamente la camisa, pasando las manos por el pecho y los hombros de Arthur para enderezarlo.

—Fueron horribles. ¿Qué se suponía que debía hacer? —Arthur dice entre bocados de su bocadillo.

—Se dice que tú eres horrible y me inclino a creerlo. Después de todo, eres un clotpole después de todo. —Cuando termina con la camisa, comienza con el cabello de Arthur. El rubio inclina la cabeza ligeramente hacia adelante para que Merlín pueda alcanzarlo mejor.

—¡Y tú eres un dollophead!

Merlín rueda los ojos. —Hablaré con Sylvia. Ella ve las entrevistas. Me sentaré con ellos y elegiré el siguiente. ¿Suena bien? —Agarra el rostro de Arthur con suavidad, ajustando su cabeza de modo que vuelva a estar de cara a Merlín.

La tensión en los hombros de Arthur se desvanece, una expresión mucho más relajada se posa en su lugar. —Supongo. Intenta no elegir a alguien tan horrible como tú.

Merlín sonríe. —Solo lo mejor para usted, señor —Arthur le devuelve la sonrisa, aunque solo sea porque Merlín está sonriendo.

Merlín se aleja, admirando su trabajo. —Mucho mejor. Ahora sí pareces un verdadero rey.

—Siempre me veo como un verdadero rey porque soy el Rey, Merlín —Arthur toma asiento ante la insistencia de Merlín. Este permanece de pie, su inquietud acaba de comenzar.

—Si eso es lo que te ayuda a dormir por las noches —Saca los informes de Arthur de la mesa, los coloca a su derecha y los reemplaza con el plato de comida antes de poner los ojos en la copa. Sacude la cabeza, la levanta y la aleja de Arthur.

Arthur intenta agarrarlo, pero falla. —¿Qué estás haciendo? ¡Es mi vino!

—No, antes de la cena no lo es —dice Merlín, indignado.

—No puedes-

—Aquí tienes, Gwaine.

Gwaine sonríe. —¡Gracias, Merls!

Arthur gruñe. —¿Por qué él toma vino y yo no?

Merlín mueve la copa vacía y la coloca al frente de Arthur, haciendo un gesto para que Elena la llene. —Solo agua, Elena. Por favor y gracias. Gwaine puede tener su licor en cualquier momento del día. Tú no. Si bebes antes del atardecer, serás un absoluto imbécil y no me ocuparé de eso hoy ni ningún otro día —Arthur lo miro boquiabierto. Merlín vuelve a hacer un gesto hacia el plato mientras toma los informes del rubio. —Come más que solo galletas. No quisiera agregar otro agujero a ese cinturón.

—¡No estoy gordo!

—Continúa comiendo así y no podrás decir eso.

—¡Y tú sigue comiendo así y desaparecerás! En serio, Merlín, ¿comiste algo hoy?

—Lo haré en un momento —murmura Merlín, ya revisando las páginas. —¿Alguien tiene una pluma? Dudo que Arthur se haya acordado de traer la suya —Gwen sonríe, ofreciéndole la suya. —Gracias, Gwen. ¿Estarás libre después de la cena? Tengo algunas cosas que necesito revisar contigo —Merlín toma la pluma y escribe algo en el informe mientras al mismo tiempo clava una salchicha y la empuja al rostro de Arthur.

—Por supuesto, Merlín. Te buscaré cuando termine en las cocinas si te parece —ella responde.

—Eso es perfecto. Gracias.

Arthur le quita el tenedor y se come la mitad de la salchicha más agresivamente de lo necesario antes de empujar la otra mitad hacia Merlín. Merlín lo acepta sin dudarlo, come la otra mitad y le devuelve el tenedor a Arthur mientras continúa escribiendo.

Arthur toma otra salchicha. —¿Qué dijo Annabelle?

—Que es factible, pero necesitaría un par de semanas.

—Eso nos dejaría justos de tiempo.

—Lo sé, por eso le ofrecí el apoyo de Mary e Issac. Dijo que con dos trabajadores más, podría terminar unos días antes —Merlín coloca los primeros informes que terminó frente a Arthur, quien los hojeó mientras le ofrece de nuevo el tenedor a Merlín.

—¿Por qué enviarías a Issac a trabajar en la panadería? ¿No trabaja en el establo? —pregunta Arthur, tomando el tenedor cuando Merlín termina.

—Sí, pero las cocinas solo pueden prescindir de un trabajador y Lady Elanor mencionó antes que Isaac es un panadero experto. Ha estado intentando entrar a las cocinas desde hace un tiempo. Supongo que será una buena prueba.

Arthur tararea, empujando una uva hacia Merlín. —¿Y preparaste la…?

—¿Reunión con los druidas occidentales? —Merlín termina, sin levantar la vista mientras toma la uva y garabatea otra nota. —Sí. Me reuniré con ellos el próximo miércoles. Intentaré liberar tu agenda para que puedas venir.

—Por supuesto que iré —afirma Arthur, ofreciéndole a Merlín un queso y una uva porque sabe que al brujo le gusta la combinación. —Elena, ¿podrías traernos más uvas y queso?

—Claro, su alteza —Elena se inclina, corriendo hacia la puerta.

Merlín mira a Arthur con el ceño fruncido. El rubio resopla. —Gracias, Elena.

Elena se sobresalta, girándose. —Es un honor, su alteza —Se inclina de nuevo antes de salir de la habitación.

Merlín sonríe, metiendo la mano en su bolso para sacar una bolsa más pequeña. Saca cuatro caramelos, los coloca en el plato antes de cerrar la bolsita y volver a guardarla.

Arthur sonríe. —¿Son estos…?

—Tus favoritos. Los conseguí de Annabelle antes de irme. Puedes tomar el resto después de la cena. Un poco más y te dará dolor de estómago. No querrás eso con el entrenamiento más tarde.

Arthur toma uno del plato, ofreciéndole a Merlín otra uva y queso antes de llevárselo a la boca. —¿Qué pasa con la-?

—Tengo una reunión con Audrey para terminar el menú mañana por la tarde. Para mi pesar, claro está.

—Estoy seguro que te irá bien. Escuché que está enamorada de ti —Arthur sonríe.

Merlín lo mira, para nada divertido. —Voy a fingir que no escuché eso. Necesito que lo revises. A ella le gusta tener tu aprobación.

Arthur agita su mano, ofreciéndole a Merlín otro trozo de queso, acercándolo más a él cuando no lo nota en seguida. —Solo dile que lo hice. No sé esas cosas tan bien como tú. Lo que elijas estará bien.

—¿Estás admitiendo que no sabes algo?

—Dije tan bien como tú, no es que no sepa nada. Lo has estado haciendo durante años y no lo reviso. ¿Hiciste…?

—Lo solucioné. Envié un mensaje al primo de Lord Manson. Y él-

—Envié la carta anoche después de que te durmieras. Pasarán al menos dos semanas antes de que tengamos noticias de Lot —Arthur toma un trago de la copa antes de entregársela a Merlín.

Merlín sorbe un poco de agua y la vuelve a dejar. —Tenemos que contactar…

—A Brior. Lo sé. Estoy trabajando en eso. Aunque él es muy desagradable.

Merlín resopla. —Lo sé. Sigo pensando que deberías darle el título a su esposa. Es una dama encantadora y de todos modos dirige la mayor parte de la finca.

—Lo estoy considerando. Es poco convencional, pero…

—Eres el rey y puedes hacer lo que quieras —imita Merlín.

Arthur sonríe. —Exacto. Solo te llevo unos años para entenderlo, Merlín.

Merlín vuelve a rodar sus ojos, una acción común en presencia de Arthur, y le entrega el último paquete de pergaminos. —Allí. Todo está en orden con mis notas. Siento no haber terminado anoche. Lo olvidé antes de quedarme dormido.

Arthur sonríe suavemente. —Está bien. Técnicamente no es tu trabajo. Me alegro que hayas dormido un poco. No has descansado lo suficiente. Ven a sentarte. —Acerca la silla de Merlín lo más posible a la suya, cosa que hace en cada reunión y está empezando a irritarle que alguien siga moviéndola porque Merlín pertenece a su lado. Merlín no comenta, esperándolo, y toma asiento. Arthur empuja el plato y la copa directamente entre ellos, viendo como Merlín finalmente busca algo de comida para sí mismo.

Cuando Merlín parece contento de comer más comida y Elena pone otro plato de queso y uvas entre ellos, Arthur termina de mirar los informes y vuelve a mirar a la mesa. —Sir Leon, si no le importa, volveremos al problema de los bandidos en un momento.

—No hay problema, señor —dice Leon, con una mirada de asombro en su rostro.

Arthur sonríe. —Bien. Gaius, dijiste algo sobre una enfermedad en las ciudades bajas. ¿Cuál es la actualización?

Gaius, que es muy viejo y es un hombre muy ocupado aunque siempre en control, balbucea. Gaius no balbucea. Da expresiones de desaprobación, inspirando miedo en los hombres con solo el poder de sus cejas. Pero no balbucea.

Merlín se detiene a medio camino para alcanzar más queso y mira a Gaius con preocupación. —Gaius, ¿no te sientes bien? Pareces un poco aturdido.

Gaius mira a los demás miembros de la mesa redonda en busca de respuestas. Simplemente recibe encogimiento de hombros y algunas risas escondidas en toses. Sacude la cabeza, llevando su mirada al cielo en busca de piedad, sabiendo que no recibirá ninguna.

—¿Gaius? —Arthur pregunta, paciente. Muy lejos de su actitud de antes.

—Estoy bien. No hay necesidad de preocuparse. Sobre la enfermedad…

El resto de la reunión transcurre sin problemas. Lancelot le susurra a Gwen que deberían comprarle algo especial a Merlín. Gwen asiente con la cabeza, pasando el pensamiento a Elyan, quien lo pasa alrededor de la mesa con Merlín y Arthur ajenos mientras discuten con Lord Misnor sobre el informe del grano.

Cuando termina la reunión, Merlín junta sus manos. —Bueno, esto fue divertido. Arthur, retira a todos para que puedas disculparte con George y prepararte para las audiencias. Tienes entrenamiento después y tengo una reunión con ese hechicero de Caerleon.

—No me voy a disculpar con George.

—Lo harás si quieres más dulces.

Arthur mira la bolsa, suspirando. —Está bien. Pero aún lo odio-

Merlín asiente. —Lo sé. Yo también.

—… y no quiero que te reúnas con ese hechicero sin guardias. Gwaine y Leon te acompañarán —Los mencionados afirmaron de inmediato. —Su reunión es a las cinco. Espero que los dos estén allí con al menos otros cuatro guardias.

Merlín bufa. —Eso es excesivo. Soy el hechicero más poderoso que ha caminado sobre la tierra. Los druidas lo dijeron.

—Te tropezaste con tus propios zapatos anoche y te enredaste en mi bolsa de viaje. Casi te asfixias.

Merlín lo fulmina con la mirada. Arthur lo mira fijo, esperando.

Merlín resopla. —Bien, pero solo porque sé que te preocuparás. Esto no tiene nada que ver con el incidente de la bolsa que prometiste que nunca volverías a mencionar.

Arthur rueda los ojos, sintiendo que está detrás de Merlín en su competencia de ver quién es el que rueda más los ojos —Vas a venir conmigo a la sala del trono para las audiencias, ¿verdad?

—Claro que iré. A la gente no le gusta venir cuando no estoy allí porque dicen que estás gruñón y de mal humor.

Arthur jadea. —¡No lo estoy! Puedo manejarme perfectamente bien sin ti. ¡Soy muy agradable, de hecho, porque no tengo que lidiar con tus interminables balbuceos! —Merlín levanta una ceja. —¡Pregúntales! —Arthur dice, haciendo un gesto hacia el resto de la mesa.

Ellos lo miran en blanco. Gaius vuelve a negar con la cabeza. León tose.

Merlín sonríe. —¡Ajá! ¡Te lo dije! —Arthur se queda boquiabierto, dejando una oportunidad perfecta para que Merlín meta otra galleta en su boca. Se pone de pie, agarrando el pergamino y su bolso. —Vamos, Arthur. Tenemos un día ajetreado y no puedes seguir holgazaneando.

—¡No dije que podías retirarte! —Arthur grita cuando Merlín llega a la puerta.

Merlín mira hacia atrás con una sonrisa. —Nunca lo haces, señor—Sin embargo, Merlín lo espera mientras Arthur se retira de la mesa y lo sigue.

—Eso es porque siempre que no estás en mi presencia, no estás planeando algo bueno, Merlín. ¡Nada bueno! Vuelves con moretones o cortes o quemas mis cosas…

—¡Eso fue una vez!

—¡Fueron demasiadas!

La puerta se cierra detrás de ellos, su discusión se debilita a medida que se alejan. Algunos de los del consejo se escabullen, pero los caballeros se quedan. Y Gwen, que ha vuelto a seguir costurando.

Gaius, quien todavía está confundido por muchas cosas y piensa que debería salir del ala del médico con mayor frecuencia porque parece que a pesar de todo lo que Merlín parece hacer cuando lo visita, no le cuenta nada a Gaius, tratando de decidir si debe o no hacer las preguntas que está pensando o guardárselas para sí mismo e intentar no tener pesadillas esa noche.

—Adelante, Gaius —dice Gwaine, bebiendo el resto de su vino y haciéndole un gesto para que hable.

Parece que tendrá que preguntar. De todos modos, estas son las únicas personas de las que tendrá una respuesta directa. —Estaban compartiendo comida —No es una pregunta, supone, pero parecen entenderlo.

—Lo hacen —responde Percival.

—Nunca en su vida Arthur ha compartido algo —afirma Gaius como si esto fuera un hecho bien conocido. Y lo era.

—Él comparte con Merlín —responde Elyan—. Pero solo Merlín.

Gwaine hace pucheros. —Una vez traté de tomar una de las salchichas de la princesa y él puso su espada en mi cuello.

—Pero, lo estaba alimentando como si estuvieran casados —comenta Gaius, aun confundido.

Lancelot ríe. —Hacen eso todo el tiempo. Casi todos los días, de hecho. Arthur sabe que Merlín es olvidadizo cuando se trata de comer, así que le pidió a las cocinas que siempre le dieran porciones extra para poder alimentar a Merlín a la fuerza.

Gwen sonríe. —Es tan dulce.

Gaius niega. —Siempre ha sido muy olvidadizo —Luego, recuerda sus otras preguntas. —¿Y la silla?

Gwaine se ríe. —Arthur no puede pararse cuando Merlín no está a una distancia de contacto. Hablando de eso, Elena, ¿podrías mencionarle a quien limpia la habitación que no mueva la silla de Merlín? La princesa parecía que estaba a punto de sisear cuando vio que la volvieron a mover. —Elena asiente, llenando su copa con más agua.

Gaius siente que eso en realidad no responde nada y solo hizo que tenga varias preguntas más, pero continua. —¿Por qué Merlín va a las panaderías y supervisa los menús de los banquetes? ¿No son esos las labores de la Reina o, en su ausencia, del Jefe de Familia?

Hay un largo momento de mirada que hace que Gaius se sienta como si fuera una pregunta increíblemente estúpida.

—Gaius, ¿alguna vez sales de tu habitación? —pregunta Gwaine.

El médico bufa. —Le haré saber, Sir Gwaine, que soy un hombre muy ocupado.

—No mientas, Gaius. Sabemos que evitas estas reuniones tanto como sea posible. Esta es la primera a la que vienes en meses.

León interviene antes de que Gaius pueda argumentar que no evita nada, a pesar de que claramente es una mentira. —Merlín ha sido el Jefe de Familia desde la época en que murió Uther. El anterior Jefe de Familia se retiró poco después de su muerte y Arthur nunca nombró a otro. La gente empezó a acudir a Merlín en busca de preguntas para que pueda pasarlas a Arthur, pero nuestro Rey a menudo estaba ocupado, así que se lo dejó a Merlín.

Gaius levanta una ceja. —¿Ha estado haciendo esto por tres años? Aún era el sirviente de Arthur en ese tiempo.

Percival asiente. —Y antes de que Arthur supiera sobre su magia. Pero confía en Merlín y, para ser justos, Merlín hace un trabajo increíble.

—Por eso le decimos La Reina cuando no está en la habitación —sonríe Gwaine.

Gaius elige ignorar eso por su propia cordura. —Pero, ¿pensé que Gwen estaba en estas reuniones porque es la Jefa de Familia?

Gwen levanta la vista de su costura, sacudiendo la cabeza. —No. Ese es Merlín. Todo el mundo lo sabe, Gaius. Soy su mano derecha. Cuando Merlín también asumió el cargo de Hechicero de la Corte, estaba tan ocupado que no dormía. Arthur se enteró y se enfureció. Le dijo a Merlín que me delegara trabajos cuando fuera necesario. Sin embargo, Merlín siempre me pregunta cortésmente, como si alguna vez le dijera que no.

Gaius considera esto. —¿Entonces Merlín es el Hechicero de la Corte, Jefe de Familia, mi aprendiz y el sirviente y consejero a tiempo parcial de Arthur?

—Sí —dice Lancelot—. Por eso siempre le preguntamos si necesita ayuda cuando lo vemos. Sin embargo, no es realmente el sirviente de Arthur. Solo hace algunos de los trabajos, como ayudarlo a vestirse y asegurarse de que le envíen la comida adecuada porque a Arthur solo le gusta cuando Merlín hace esas cosas.

—Hace los trabajos que haría la esposa de Arthur. Entonces, solo decimos que es el Hechicero de la Corte, el Aprendiz de Médico y la Reina en todo menos el matrimonio. Entre los dos gobiernan todo el reino —completa Percival, recibiendo más asentimientos que le muestran a Gaius que todos se lo toman en serio.

—Debería conseguir un nuevo aprendiz —dice Gaius, expresando sus pensamientos en voz alta.

—A Merlín le gusta pasar tiempo contigo —dice Gwen—. Él te diría que no le importa, pero contratar a otra persona sería útil. Tendrás que decirle que aún necesitas su ayuda, pero que no puede asumir el cargo de médico cuando te jubiles, por lo que tendrás que capacitar a otra persona. Si no lo haces, pensará que estás molesto con él y se esforzará demasiado para complacerte.

Gaius está de acuerdo con eso. Merlín es complicado cuando se trata de decirle que está trabajando demasiado.

—Si dejaran de coquetear entre ellos, él sería oficialmente la Reina y sería mucho más fácil para él. Esto se está poniendo ridículo. La tensión sexual está por las nubes. ¿Escuchaste la forma en que llamó a Arthur “señor”?

Gaius mira con tristeza la puerta. —No tienen esperanza.

Lancelot asiente. —No. También son ajenos.

—Son un completo desastre —se ríe Gwen.

Gwaine sacude su cabeza. —Pero, la lección aquí, Gaius, es que es muy importante que Merlín sea quien despierte a Arthur por la mañana. Otros sirvientes lo enfurecen mucho a esa hora del día. No le gusta que nadie más que Merlín lo ayude a prepararse. Así que hacemos todo lo posible, usando nuestros limitados poderes, para asegurarnos que eso suceda.

Hay un momento de silencio y consideración antes de que Elyan hable. —¿Qué deberíamos comprarle a Merlín?

—Creo que necesita un nuevo par de botas de viaje. Estoy seguro que le encantaría eso.

—Muy bien. Todos tienen que poner algo de dinero. Eso te incluye a ti, Francis. No creas que no te vi debajo de la mesa.

—Las dos caras de una misma moneda —murmura Gaius para sí mismo, casi con reverencia. Independientemente, ha aprendido la lección. Nunca volverá a asistir a una de estas reuniones sin la presencia de Merlín.

 


 

A Merlín le encantan las botas y está un poco confundido por el regalo. Arthur, sintiéndose superado, tiene una capa personalizada para él.