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SAUDADE

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"Me parezco a esa gran nube donde retumba el trueno. Nadie puede impedirle hacer lo que quiera. Yo también, cuando miro a los pueblos, los hago temblar"

- Shaka Zulú -


Escucha dos corazones retumbar en la clandestinidad de su habitación.

Los latidos rebosan de vida, yacen pletóricos de una intensidad que Jonathan graba celosamente en su cabeza. Olvida por un momento todo el peso que sostienen sus hombros exhaustos, entrega sus más íntimos temores al cielo azul que se despeja tímidamente y saborea el momento con una sonrisa de felicidad ensanchándose en su rostro, con la serenidad surcando hasta su pecho henchido, emocionado de encontrar la verdad ardiendo en esos ojos verdes que le observan ferozmente desde su lecho. 

–Quería confirmarlo antes de decirte – susurra en un tono de voz suave su compañero, quién no disimula el sueño velándole el rostro y las palabras. –Hoy me darían los resultados, pero tu estúpido rostro me da la respuesta que quería encontrar ¿No es así? – 

Los ojos azules recorren el rostro de Damián intentando escudriñar hasta el último secreto que parece ocultar la piel morena de su amante, subyugándose a la felicidad que embarga furtivamente esos labios hinchados y rojizos ávidos de más besos; venerando cada centímetro de ser que es su compañero de vida, su esposo, la madre de sus próximos hijos. 

–Sus latidos son fuertes y demandantes, exigentes como los tuyos. Tan en sintonía con el universo que parece estar concebido en las entrañas del mismísimo firmamento – Su voz trastabilla un poco, como lo hacen sus manos temblorosas explayándose por el vientre desnudo del héroe de Gotham, quién le observa hacer con auténtica atención – Pero tan solo está dentro de un humano, un humano valiente y voraz que carga con los pecados suyos y de otros sin dudar, un humano esculpido de muerte que ahora mismo da vida. Es casi milagroso, Dami – 

–¿Me creerías si te digo que tengo miedo, Jonathan? Solo pensar que podría pasar algo me desespera. Todo me asusta un poco – esos preciosos ojos verdes grisáceos esquivan su mirada insistente, posándola premeditadamente en la ventana abierta de par en par que daba bienvenida a la brisa matutina. Jon conoce el terror por primera vez en su vida, de la mano de Damián y del presagio macabro escrito en su rostro que parece más poderoso que cualquier héroe, dios o criatura inmarcesible transitando por esta tierra.

Pero Jonathan es Superman, el hijo de Kal –El, el protector de este mundo y su gente. La respuesta a miles de plegarias, la esperanza recóndita transmutando en un emblema, en un propósito. 

Un propósito que ahora mismo se revela diáfano e inconfundible frente a sus ojos: Crear un lugar mejor para Damián y su bebé. 

Alguna vez, mucho antes de ser Superman y atestiguar la inmoralidad que calaba al hombre, Jon conoció su fragilidad y la idolatró en una piel morena repleta de cicatrices, la rozó en un cuerpo delgado y roto, la amó con Damián convirtiéndose en el justiciero de Gotham, entregando su humanidad a cambio de un poco de bondad en las personas por las que daba la vida. 

Y cayó larga y tendidamente por esa rebeldía fraguada en los ojos verdes y exóticos de su amante, abandonándose por el pasado díscolo y sedicioso que predecía a Damián, entregándose neciamente a esos brazos que le prometían la culminación de tantos deseos como estrellas en el cielo. 

Jonathan no dudó, se rindió impío a la tentación encarnada en su Robin, y veneró esa idea de sentirse amado, humano y redimido cada vez que Damián le pertenecía.

–Te amo Damián– dijo de repente, como si los sentimientos se le hubieran desbocado desde el pecho hasta los labios. Pero lo observa sin titubear, enfrentándose a la bruma tiñendo esos orbes que por fin regresan a él – Te amo cada día más como si viviera solo para ello, como si todo lo que sintiera por ti no tuviera fin. No conozco realidad en la que no sea tuyo, en la que no me sienta perdido cada vez que no estás a mi lado – 

Sus inmensos ojos azules se beben a grandes sorbos la imagen del ahora Batman, como solo un sediento puede hacerlo en medio de la sequía, como solo un prisionero puede ansiar la libertad – He visto tantas cosas lejos de aquí, he atestiguado imperios derrocados, aliados caídos, galaxias desaparecer… Y nada de eso puede compararse con escuchar tu respiración arrullando mi sueño, o tu voz después de una larga noche en Gotham acallando mis miedos de verte… apartado de mí – 

Damián toma sus manos entre las suyas y besa sus nudillos en una caricia febril, dedicándose paciente a adorar hasta el último resquicio de piel pálida que su esposo abiertamente ofrece para él. Batman usa sus labios para hablar de amor, no a través de palabras superfluas, pero si a través de besos suaves que reposan como fuego ardiendo en su cuerpo invulnerable, en su pecho desnudo que se desvive por su tacto, en cada lunar que adorna la planicie perfecta de su naturaleza. – Tócame Jonathan, no desapareceré. Toma todo de mí que yo aún seré capaz de darte lo que necesites – su boca trastabilla seductoramente hasta su barbilla, para recorrerla maliciosamente con sus dientes, con su lengua; para deleitarse en el hombre maduro y fuerte que la vida trajo de regreso para él. 

–Quiero que tenga tus ojos, y tu nariz. Quiero que tenga tu piel y tu precioso cabello. Quiero que sea igual de hermoso a ti – murmura Jonathan, deslizando el dorso de su mano por el muslo caliente y jugoso de Damián. El contacto de piel con el anillo de matrimonio, le arranca un siseo suave a Batman quien le observa depredadoramente. 

–Basta Cry Boy , aún es muy pequeño para eso – se burla genuinamente Damián, mientras siente como Jonathan sonríe abiertamente y le concede una mueca de auténtica diversión. Su fuerza logra someter fácilmente a Batman que ahora mismo luce una sonrisa arrebatadora, entre las sábanas y su cuerpo grande. – Damián Wayne Al Ghul, eres la criatura más atractiva que he podido ver. Pídeme lo que quieras y te lo daré, no importa que sea… Solo pídemela – 

–Jonathan esto es todo lo que quiero. Una familia, tú, yo y el bebé que viene en camino – susurra Damián, sus ojos destilando fervor, su mirada capturando el momento de la mañana donde su esposo le hará el amor y le susurrará cuánto le desea. – Dame lo que nunca tuve Jon… Dame amor, dame un hogar al cual pertenecer – 

– Un Mundo mejor para ustedes dos, Dami… Eso haré. – 

⋆⋅⋅⋅⋅⋅⋅⋅⊱∘──────────────∘⊰⋅⋅⋅⋅⋅⋅⋅⋆

Hay un golpe que retumba en sus oídos, un golpe lo suficientemente fuerte que destroza la pared de concreto y lo deja con una momentánea sordera. La ventisca abrumadora que deja a su paso la figura alada transfigurándose frente a ellos imponentemente, desarma a Nightwing quién abandona su posición defensiva y se reincorpora sorprendido. 

No espera verlo irrumpir en el interrogatorio, no cuando Damián está luchando por su vida muy lejos de allí, no cuando esos ojos parecen haber renunciado a todo resquicio de humanidad. 

–Nightwing me habló de hombres incorruptibles y yo solo quería comprobar su verdad, Sups – masculla con falsa inocencia el Joker, observando absorto la exhibición de poder manifestándose ante él. Sus ojos vencidos por la maldad se abren estrepitosamente para después escupir una risotada grotesca que funge como despedida, antes de que el puño brutal de Superman atraviese el pecho del payaso y le arrebate la vida.

La mueca compungida de Jonathan contrasta con la expresión de auténtico placer tiñendo el rostro caricaturesco del villano, quien aún con el último aliento de vida le dedica una mirada burlona, una mirada atiborrada de crueldad que le toca y le intoxica la cabeza, que le infesta de una sustancia desconocida, liberadora, adictiva. Y Jonathan se consume finalmente por ella, por la rabia despótica que el Joker inyecta en él como veneno, y a la que se aferra en búsqueda de ser salvado. 

Su garganta se rompe en un bramido salvaje y visceral concebido desde las entrañas del mismísimo dolor que arde perennemente condenándolo a huir del hedor a sangre y muerte que le persigue incansable, ávido de atragantarse con sus más íntimos temores. Extiende los brazos que yacen manchados de pecado y se abalanza a encontrarse con la fantasía que se manifiesta como quimera siniestra para aliviar su subconsciente afligido; una fantasía donde Metrópolis y su familia viven, donde la consciencia de cada habitante no parece una lejana cacofonía extraída de sus arrepentimientos, sino la congregación de la bondad humana.

Dos corazones, escucha repentinamente el palpitar sosegado de dos corazones aplacando cualquier otro sonido en la tierra. 

Cierra sus ojos para reconocerlos de inmediato como si siempre le hubiesen pertenecido, como si cada segmento de su vida debiera converger para atestiguar la extraordinaria mortalidad de la vida humana. Solloza sin poder evitarlo, cuando las pulsaciones ya frágiles se vuelven cada vez más lánguidas y calladas, llamándole amablemente a presenciar el enigma de la muerte revelarse ante sus ojos omnipresentes.  

Y casi como un presagio siniestro cerniéndose sobre él, deja de escuchar el sonido claro y tibio de esos dos corazones, para dar paso a una retahíla de risas infantiles retumbar muy cerca de allí rebosantes de tanta vitalidad que el pecho de Jon se comprime dolorosamente. Es real, la aflicción es real, lo suficiente para que él sienta como la muerte se aproxima en un abrazo amistoso y diferente en el que no siente los rezagos malvados de este mundo hostil contaminándole, un gesto que parece casi más redentor que el mismísimo significado de la vida. 

–Jon... – Murmura Richard como si su instinto siguiera el hilo de pensamientos que mantiene a Superman quieto y abatido, sus ojos ansiando encontrar a Damián vivo en esa mirada rota y llorosa que vela al híbrido – ¿ Están bien? – 

Jonathan oye la voz trémula de Nightwing muy lejos de allí, su mente totalmente estática, aferrada a un ruido blanco que opaca cualquier otro sonido intentando elevarse a su alrededor. La sensación de suplicio escala rápidamente y se desencadena por todo el cuerpo, obligándole a jadear necesitado de aire, obligándole a ser consciente de que el cuarto es muy pequeño para albergar su respiración quebrada.

Necesita salir. 

Camina desesperado por la sala sintiéndose demasiado mareado para dar un paso sin antes no trastabillar o perder el equilibrio. Sabe que ha vociferado algo que evoca a Damián, porque pronuncia su nombre en una solemnidad que conoce y le apremia a buscarlo a través de la vida y la muerte. No obstante, cuando intenta perseguir su aroma y rastrear el vestigio de aliento venerando sus labios aún tibios, las rodillas repentinamente endebles lo arrojan al suelo helado de la sala una o dos veces, frente a un Richard henchido de estupor y lágrimas. 

–Dami – susurra tímidamente al viento, mientras su garganta se fragmenta cada que acaricia el nombre de su amado como mantra religioso. El rostro húmedo colapsa de inmediato contra el cielo brillante y esperanzador antagonizando así la borrasca demoledora que surca los ojos asustadizos del súper hombre. No, no hay rastro del poder o superioridad del héroe, cada movimiento solo habla de un humano vulnerable y aterrado incapaz de proteger las vidas de los que ama. 

Y con esa idea de no haber podido crear un mundo mejor para Damián y su hijo, desaparece de ese cuarto en búsqueda de una razón para no querer morir.

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– Pienso todo el tiempo en ti, desde que me levantó viendo tu rostro sonriente junto al mío, hasta la madrugada después de salvar el mundo. Cada momento te pertenece – no tiene que verle para saber que le escucha desde donde está. Puede sentirlo en la distancia, sin tener poderes o dones inhumanos, Damián es capaz de recibir el dolor que acribilla a Jonathan como fuerza violenta y que lo asesina sin piedad. – La naturaleza es sabia, no comete errores y castiga severamente cuando se intenta huir de su sentencia implacable. Pagué mi condena por querer renunciar a ti, de la peor forma posible: Te vi partir muy lejos de mí y tu veneración para conmigo se desvanecía como arena errante en el desierto. Para un hombre que ha muerto ya, la oscuridad no es tan siniestra como los demás la ven; Jason dice que puede llegar a ser adictiva, liberadora; para mí nunca había tomado un significado tan trascendental hasta que tu abandono fue simplemente imposible de ignorar. La urgencia de mantenerme vivo para ti, y demostrarte que podía ser un buen compañero fue lo único que me permitió no cruzar las fronteras del bien y el mal, de la vida y la muerte. – 

Estira su brazo en medio del cuarto de la mansión, intentando alcanzar el rostro de Jonathan a través del tiempo y el espacio que les separa, sus dedos moviéndose en el aire fluctuante buscando limpiar las lágrimas que probablemente humedecían los mofletes aún adorables de su esposo. 

Pero estaba solo de nuevo, en medio de un rosario de pecados que desembocaban de su boca para liberar a Jonathan de la aflicción y traerlo una vez más ante él. 

– No he sido el ser más probo de la tierra, eso lo sabemos. Hay tanta sangre en mis manos que no hay dios capaz de perdonarme, pero tú jamás me juzgaste por ello. – se detiene para contener las lágrimas solitarias que solo están expectantes de la vorágine de emociones afluyendo muy dentro de su ser frágil, mortal y completamente enamorado – No tengo nada que perdonarte, eres mío y te amo con las faltas y los errores, así como tú lo haces conmigo. Necesito a mi esposo, a mi compañero, necesito al hombre que amo aquí conmigo. Jonathan Samuel Kent, regresa a mí…– 

Los golpes suaves en la puerta cesan la conversación remota que sostiene con su esposo. Sus ojos se permiten viajar nostálgicos hasta el elegante anillo de matrimonio reposando en su dedo anular antes de permitir que alguien invada la habitación. Lo está perdiendo, está perdiendo a Jonathan en esta contienda de héroes y villanos; y la sensación de no volverlo a tener en sus brazos ya no parece lejana, sino demasiado real. – Daría todo lo que tengo y lo que no, por cada uno de tus pensamientos, Damián – 

–Richard – masculla Damián sin verle, completamente ensimismado en el vacío fluctuando en su pecho y desvaneciendo toda fe posible – Mi hijo y mi esposo ya no están conmigo – 

–Damián…

–Quise creer que podía ser bueno y redimirme, pero nada es suficiente para pagar tanto daño que he hecho –.

Richard toma asiento en la silla junto a la cama. Sus ojos azules examinan quietamente el semblante afligido de Damián, quién aún postrado por la melancolía y el dolor luce precioso. Ha dejado de llorar, pero no por falta de motivación sino de lágrimas, puede reconocerlo en la travesía tímida de humedad disipándose desde sus pómulos altos e imponentes hasta el fino mentón. Aprieta sus manos en puños, anticipándose a sus propios deseos de rozarle la piel y susurrarle al oído que todo estará bien, asesinando toda idea de besarle los labios o hablarle de promesas repletas de añoranza. 

No, no puede. No cuando su avecilla está vulnerable y ha elegido a Jonathan sobre cualquiera, no cuando ve un dolor que incluso puede sentir él cada vez que esos grisáceos ojos verdes se doblegan a él como nunca antes lo había atestiguado. Hay tanta derrota en lo que previamente era obstinación y soberbia, que Richard no puede evitar la impotencia que le engulle – Vale la pena creer en ti, vale la pena luchar por tu causa, Damián. Sé que vivo en un mundo maravilloso porque tú perteneces a él, porque he visto cuánta bondad hay en ti y en tus objetivos. Bruce no se equivocó contigo, ni yo lo hago cada vez que pongo mi fe en ti, y creo en tu compasión por cada alma en esta ciudad. – Su voz se apaga un poco para acariciar los nudillos tibios de su Robin, regocijándose en la sensación de su piel contra sus manos, memorizando cada cicatriz, textura y marca que delinean su historia, que lo hacen ser lo que es – Habla con Jonathan, es momento de hacer un duelo y ese viaje catártico deben emprenderlo juntos Damián. Mereces ser feliz, cada cosa buena y mala que ha debido acontecer en el universo para que tu estuvieras en nuestras vidas, siempre la agradeceré – 

– ¿Seré muy egoísta si decido renunciar al manto, Richard? – 

–Tú no le debes nada a nadie, no cuando sacrificas todos los días algo de ti por tantas personas, no cuando gracias a ti, los padres de un niño en Gotham regresan a casa, sanos y salvos. Ya has hecho suficiente y has perdido demasiado por todos nosotros, así que si decides abandonarlo yo te apoyaré – 

–Necesito irme y no habrá nadie más que tome ese manto sino eres tú. Sé cuánto puedes llegar a aborrecerlo – Damián sonríe, pero el gesto no llega hasta esos ojos arrebatadores que tanto Richard venera – Al fin y al cabo, me lo decías frecuentemente en nuestros días gloriosos, cuando yo era tu Robin y tú mi todo en la vida…– 

– ¡Damián despertaste! – la voz alterada arribando a la habitación interrumpe la tensión oscilante en el ambiente íntimo y sobrecogedor que maestro y pupilo mantienen. Su sonrisa sincera y calma, contradice abruptamente la zozobra que el gesto de su mano peinando una y otra vez su cabello transmite. 

Hay algo que no está bien, ambos lo saben 

– ¡Con una mierda! Por un momento creí que te perdíamos. No me preguntes cómo hizo Alfred, porque ni yo sé cómo logró que tu corazón regresara a la vida de nuevo… ¡Ni el infierno te quiere de regreso, enano!... Pero me alegra que estés aquí nuevamente con nosotros – 

– ¿Qué pasa, Jason? – increpa Richard, levantándose de la cama para dirigirse hasta un Red Hood hiperventilado y ansioso. Sus ojos verdes se pasean exacerbados entre el televisor y la figura delgada de Damián, mientras Nightwing solo lee la verdad titilante en los irises preocupados de su hermano.

La situación se agravó desde el ataque involuntario que sufrió Damián a manos de Jonathan. El comportamiento errático de Superman en la sala de interrogatorios donde Nightwing mantenía en custodia al Joker y el posterior exilio que tomó donde incluso abandonó a su pareja quién batallaba contra la muerte en la soledad más absoluta, solamente encendieron las alarmas de la familia. 

Para cuando Damián empezó a presentar mejorías en su delicado estado de salud, Jonathan decidió iniciar una cruzada por el mundo junto a Legión para involucrarse activamente en conflictos bélicos fuera de su jurisdicción, interfiriendo de esta manera en las vastas esferas de poder quienes manifestaron su rechazo contundente a las acciones invasivas del súper hombre a través de ofensivas violentas cada vez más determinantes. 

Sentían miedo y tenían razón en sentirlo.

–Damián enciende el televisor – ordena Dick, despegando sus ojos lentamente de Jason quien maldice entre dientes la habilidad aplastante de su hermano como detective, mientras Damián sin dudarlo sigue la orden de Richard.

La imagen de un Jonathan sobrevolando los aires junto a un líder político atemorizado es lo primero que monopoliza la pantalla frente a ellos. Su presencia usualmente soberbia parece relucir aún más con la postura erguida que exhibe allí flotando sobre el mundo, como si contemplará el destino pequeño e insignificante de cada ser humano con desdén. Damián no tiene necesidad de estar allí en la rueda de prensa para sentirse ínfimo ante el poder que exuda su esposo observando a todos y todo como si fuera un dios. 

Lo es , recuerda Damián furtivamente.

–Hemos fallado, y somos capaces de reconocerlo. No hemos estado a la altura de lo que un emblema heroico representa. Metrópolis, es la prueba de cuán enfermo está el mundo. – sus ojos se enfocan en la cámara que transmite para la cadena televisiva que ahora mismo ve la familia Wayne. Es imposible que Batman no tiemble en su lugar, pero no lo hace movido por un deseo recóndito o la añoranza de volverle a ver. Por primera vez, viendo el azul ultramarino de esos ojos que tan bien conoce, siente anticipación, caos – Mi nombre es Jonathan Samuel Kent Lane, Alfa. Hijo de la periodista Lois Lane y del último heredero de la Casa El, Kal- El de Krypton – 

El revuelo que suscita entre los espectadores que contemplan la declaración en vivo de Jonathan, se replica en la Mansión Wayne, donde Richard y Jason no pueden evitar jadear de la sorpresa. Damián solo puede sentir como un vaticinio macabro se cierne sobre lo que conoce y ama. Jonathan renunciando a la ansiada libertad que le ofrece una identidad secreta, Jonathan poniendo en riesgo la única realidad donde no le debían nada ni a un traje ni a un escudo.  

–Lo que sucedió no puede suceder nuevamente. Los monstruos no deben seguir merodeando entre nosotros, y es obligación mía junta a la Liga de la Justicia y Legión evitar que un destino similar a la ciudad donde nací se repita – uno a uno los miembros del equipo, arriban hasta el podio donde yace Superman impávido, sin embargo, los ojos del actual Batman se enfocan en la figura detestable que desciende de los cielos y se posiciona junto a Jonathan. El gesto comprensivo que Saturn Girl esgrime a la cámara no logra engañar a Damián, quién solo ve arrogancia y ego en ella. – Este hombre que ven aquí, ha puesto sus armas contra su gente y ha permanecido indolente frente a las necesidades del pueblo que clama piedad. Es un criminal y será juzgado como uno, de la misma manera en que lo será cualquiera que hiera a otros. Iré tras cada uno de ustedes – 

El hombre está malherido y golpeado, mientras sus plegarias implorando misericordia son ignoradas vilmente por el hombre que debe proteger a todos por igual. Damián siente en sus entrañas un vago terror desconocido cada vez que se enfrenta al rostro distorsionado, agotado y furioso de su esposo. 

No , de Superman. 

–No me importan sus tierras o sus creencias, no me importa su casta o poder en el mundo, no me importan sus patéticas rencillas. No me importa si es un loco, un presidente, un rey o criminal. No tienen derecho a asesinar personas inocentes. Y deben saber que perseguiré a cualquiera que no entienda esta consigna. – 

–Esto no está nada bien – susurra Jason, leyendo los pensamientos de su hermano quien inmóvil en su lugar solo es capaz de pensar que Jonathan no es suyo, ya no más. Lo ve tan lejano y quimérico, tan ajeno y ausente, que su imagen se desliza foránea, desconocida, irreconocible frente a sus ojos afilados y asustadizos. 

– Impongo un cese al fuego inmediato a nivel mundial. Todas las hostilidades deberán finalizar inmediatamente o yo mismo las detendré. Quién ose a rebatir la orden dada aquí será ajusticiado sin piedad – su dedo señala acusadoramente la cámara que le enfoca y su lenguaje corporal altanero acompaña cada palabra amenazadora que abandona sus labios. Richard rememora la mirada que vio en Jonathan durante la ejecución del Joker y solo piensa nuevamente en que no hay ni un ápice de humanidad velando esos ojos azules.

Superman se retira de la rueda de prensa con un vertiginoso despegue en los cielos, mientras los héroes a su alrededor le siguen poco después. La atónita audiencia se hace eco del discurso intimidante que pone de manifiesto el héroe, mientras las voces se elevan en búsqueda de respuestas. La incertidumbre lucubra a cada persona del público y Damián lo sabe, sabe que esa sensación de confusión y desasosiego es tan solo el comienzo del fin.

– ¿Qué estás haciendo amado mío? – 

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–Joven Kent, debería saber usted que no está bien visto asaltar la manada de otro Alfa y traer gente desconocida consigo. – la advertencia se desliza en un tono calmado y elegante ostentando poco temor reverencial ante la presencia todopoderosa plantada frente a él. No le intimida ni un ápice el dominio y la soberbia que emana el Alfa y los suyos, y no duda en manifestarlo con su mirada incisiva y sosegado semblante – Le avisaré al Amo Grayson para que le permita acceder a la Mansión a usted y a sus amigos – 

– No he venido para que Grayson me dé permiso. He venido por el Omega de mi manada, Alfred –

Hay un punto de inflexión en su tono de voz que provoca el escalofrío colectivo de todos los héroes que acompañan su expedición peligrosa por Gotham. Los testigos se resienten en sus lugares sometiéndose inevitablemente a la superioridad que destila cada palabra y gesto, como si sus instintos salvajes reconocieran en Superman al auténtico Alfa de su manada de guerra.

No obstante, Pennyworth poco puede interesarse en la amenaza implícita serpenteando la voz grave del joven héroe. Ajusta sus pulcrísimos guantes blancos en un movimiento que deliberadamente toma mucho tiempo y paciencia; sus ojos observan mientras tanto a la criatura posada frente a él con una impasibilidad que narra su experiencia viviendo entre justicieros de carne y hueso, que expresa con contundencia que él y nadie más que él, es el alma de esa manada de guerra.

Alfred apenas parpadea en cuánto el olor a duelo penetra su nariz, y a pesar de que es un hombre que no teme a los desafíos dispuestos, tampoco es un insensato que los tome solo para alardear ante una bandada de niños sedientos de poder. 

–No lo repetiré dos veces, joven Kent. Mientras el Alfa de esta mansión no le dé a usted y a estas personas el permiso para acceder a la Mansión, ninguno entrará – 

–Jonathan… No te pensé aquí precisamente – la voz del segundo Alfa al mando se entromete en la conversación, dispersando con su cordialidad el ambiente hostil que mantenían ambos bandos. Su sorpresa de verle allí con tantas personas a su alrededor se atisba en su rostro usualmente concentrado e imperturbable. Timothy tampoco pasa desapercibida la posición defensiva que sostiene Alfred con quién ahora mismo es el esposo de su Batman – Tampoco creí que vendrías acompañado – 

–Lamentamos mucho las molestias, supongo que ante las circunstancias que mantienen en vilo al mundo actualmente, se hace necesario que las manadas permanezcan juntas y fuertes. Lo que menos deseamos es incomodarlos –– la voz calmada de la mujer rubia que ostentaba con su lenguaje corporal ser la mano derecha de Jonathan, logró tensionar más a Alfred, quién reconoció de inmediato en ella a la superheroína que uso sus poderes sobre Damián para regresarlo a la tierra sin recuerdos. – Entendemos la complejidad de la petición que estamos haciendo, pero es urgente poder llevarnos al Omega para terminar el acoplamiento de esta nueva manada. – 

–Comprendo que vengan a revisar el estado de salud de Batman y estaré complacido de que cuando despierte se acople a su manada, pero mientras él esté bajo nuestro cuidado permanecerá en observación hasta que se le dé de alta. Su tranquilidad es la prioridad – su bastón se planta en el suelo, dándole énfasis a su tono de voz hasta ahora conciliador – Eso quiere decir que no se le permitirá entrar a nadie que no sea cercano a él Imra . Lo sabes, ¿verdad? – 

–Por supuesto que sí, los demás permanecerán aquí si lo desean. – Timothy logra entrever como los dedos de la Alfa rozan el antebrazo de Superman en un intento de apaciguar el enojo continuo que parece velar a Jonathan todo el rato, todo el tiempo. – Subiremos Superman y yo. ¿Te parece? – 

–Adelante. Alfred y yo los escoltaremos hasta la habitación de Damián – susurra Red Robin, antes de mirar al mayordomo cavilosamente, anticipándose a la tragedia suscitándose poco a poco por las acciones de Jonathan, leyendo en los sabios ojos de Alfred que esta visita depararía decisiones difíciles para Damián y su familia. 

⋆⋅⋅⋅⋅⋅⋅⋅⊱∘──────────────∘⊰⋅⋅⋅⋅⋅⋅⋅⋆

–Hay intrusos en la mansión – señala repentinamente Richard, sus ojos fijándose con intensidad en el picaporte de la puerta. Puede escuchar los pasos firmes y acompasados aproximándose delatoramente hasta la habitación en la que permanecen – Ambos, detrás de mí. ¡Ahora mismo! – demanda Nightwing a los Omegas, mientras su cuerpo toma una posición combativa listo para atacar, para defender a su manada.

– ¡Pero claro que no DickieBird! Este juego se disfruta en familia siempre – escupe burlonamente Jason apuntando el cañón directamente a la portilla. El mechón blanco que reluce de su cabello azabache toquetea rebelde la frente pálida, y sus tentadores ojos verdes se entrecierran en un gesto de profunda concentración que destila pura decadencia. – No actúes como el Alfa protector que eres Dick, detesto que lo hagas cada vez que la diversión está tan cerca – 

–Damián está aún convaleciente, ¡Cúbrelo Jason! – Richard ordena sin mirar atrás, sintiendo como la sangre transmuta en una llamarada ardiente surcando sus venas que le quema hasta los dedos con los que sostiene fieramente sus bastones. El deseo de mantener a salvo su familia se intensifica mientras los segundos transcurren y la respiración aún débil de Damián acapara cada sonido en su cabeza. 

–Grayson, detente… – 

La voz de su Robin se sincroniza con la aparición súbita de dos súper héroes en el umbral de la puerta. Junto a ellos, la otra parte de la manada Wayne le devuelve la mirada quedadamente, un rastro de incertidumbre custodiando sus semblantes rígidos y ansiosos. 

Mal augurio. 

El silencio escolta la contienda que se lleva allí entre ambos Alfas, y el ambiente se torna denso, como si una tormenta estuviese próxima a arribar en medio de este reposo incómodo y agobiante que toma lugar. 

Richard puede observar la ira llameando en el azul de esos ojos grandes que le escudriñan e intentan intimidarlo. Sostiene su mirada, pero puede entrever como los puños de Jon se tornan blancuzcos soportando en ellos el deseo que alberga de romperle la cara en mil pedazos. 

Su dominio no se amedrenta ni siquiera por el poder que contiene ese muchacho. Aun sabiendo que moriría si ese hombre le planta batalla, Nightwing no permitirá sin antes darle una pelea en sus justas causas, cederle su rol de Alfa protector a un usurpador.

Se ha ganado el derecho de reclamar esta manada como suya y nadie podrá arrebatárselo.

Su lado instintivo irriga hasta el último centímetro de carne y piel, mientras lenguas de fuego acaparan todo su sentido de supervivencia quemándole a cada segundo el vestigio de raciocinio que aún no vela el Alfa dentro de él. El deseo de someter parece hervir desde sus entrañas, y toca con premura ese sistema primitivo que hace tanto yacía enmudecido, pero que ahora mismo le exige poseer y clamar al dueño de unos ojos verdes infestados de pecado y promesas.

 –Richard… Está bien – susurra quedadamente Jason detrás de él. Ni siquiera se atreve a tocarlo, y la chica rubia está en la misma posición, absteniéndose de hacer contacto físico con Jonathan. Incluso ella siendo Alfa siente el inminente peligro que se avecina si se entromete en la pelea que ambas cabezas de familia pugnan. 

Y Nightwing escucha el sonido enternecedor que emana de uno de sus Omegas, incrementando así la interacción con la bestia hambrienta que viciosa solo grita una cosa “Protege a tu manada. Protege a tu Omega”. 

– ¡Ya basta los dos! – grita a su lado una figura frágil tambaleándose torpemente. Su aroma a Haba Tonka reemplazando el hedor a celo de Alfa joven, distensiona las fosas nasales de Richard, quien se intoxica con el rastro de vainilla y canela flotando en el ambiente contaminado. Una mano firme se desploma en su antebrazo, y a pesar del agarre contundente su Alfa se regocija en la sensación que consume su piel desnuda. Lo reconoce como suyo, cada fibra de su ser se arrulla en los dedos fuertes del imponente Omega solicitándole calma. 

Y Lo entiende, a medida que esa bruma animal se disipa, todo parece ser más claro ante sus ojos. 

La reconocía, reconocía esa adoración con la que esos irises misteriosos observaban a Jonathan, como si el mundo iniciara y acabara con el sonido de su voz, con el tacto de sus manos, con la profundidad de una mirada ávida. Leía la veneración impresa en su rostro roto, porque alguna vez fundidos entre las sábanas y el olor a sexo, Damián se la dedicó, dulce y cándida toda su vulnerabilidad. 

Y le fue imposible no sentir la nostalgia que le provocó ser consciente nuevamente que Damián ya pertenecía a otros brazos, a otros labios y a otro cuerpo. 

“Cuando yo era tu Robin y tú mi todo en la vida”

–Necesito hablar con mi esposo ahora mismo – sentenció Damián sin dejar de ver a Jonathan. Su mirada dulce contradecía el tono despótico con el que escupía cada palabra, y Richard subyugó su voluntad al único hombre que era su antídoto y enfermedad. 

–Damián, es necesario que nos escuches. Ahora mismo… –

– ¡Cállate la boca, maldita bastarda! No oses siquiera a dirigirme la palabra – vocifera el joven Batman, mientras sus ojos afilados se aferran al rostro sorprendido de Saturn Girl quién apenas puede retroceder por la sorpresa que le genera la descortesía del anfitrión. 

Instintivamente su cuerpo se refugia detrás del Alfa, lo que provoca que Damián enseñe sus pequeños colmillos marcando territorio frente a la inminente amenaza.

–Si Jon me permitiera estar a solas contigo y disculparme respecto… –

–No ha nacido el primer hombre que me permita o restrinja algo; y el que lo ha intentado sólo ha sido víctima de mi ira por su temeridad – señala Damián lacónicamente, sus palabras escupiéndose en un tono oscuro y orgulloso, ostentando la verdad absoluta que todos conocen y por la que es el Omega de la manada – Soy Batman, el protector de Gotham y su gente, el hijo del Murciélago y el último eslabón del linaje Al Ghul. No me subestimes, no de nuevo porque ni Jonathan podrá interceder por tu miserable vida, Imra . – sin abandonar su mirada de Saturn Girl y sabiendo que su esposo puede escucharle, susurra en un tono de voz casi inaudible – No permitiré que intrusos entren a la base de mi manada y atemoricen o amenacen a mi familia. Aléjalos de mi casa y de mi ciudad o saldré yo mismo a sacarlos de aquí. –

–Damián, no seas infantil… – 

–No lo repetiré, Kent. Me pondré el traje y le romperé el trasero a cada uno de los bastardos que está rondando mi mansión. Y empezaré por Imra . Tú decides – la voz incisiva logra que el Alfa se someta a Damián, quién aún enfermo y débil manifiesta su voluntad como el héroe más poderoso que sus ojos pudieron ver. 

Imra , tú y los demás pueden regresar al Atalaya. Estaré bien. – ordena Superman, su tono firme entremezclándose con la respiración entrecortada de Damián, al cual el dolor ya le está pasando factura. Sus manos se precipitan a tomar entre brazos a un Batman mental y físicamente agotado, que parece desplomarse a cada bocanada de aire que sus pulmones reclaman. 

El muchacho más joven sólo se deja hacer, el cansancio ha postrado tanto su espíritu a menudo invulnerable y desafiante, en una fragilidad que a todos los presentes preocupa y asusta. No es normal ver a un Damián rendido entre los brazos de Superman, luchando por mantener los ojos abiertos, suplicando con sus labios pálidos un sorbo más de vida. 

–Jonathan, pero… – 

– ¡Ahora mismo, Imra! Necesito hablar con mi esposo, por favor – concilia finalmente Jon en una condescendencia que se atisba solo cuando Damián se aferra a su cuello y se marca inconscientemente con su cuerpo grande y protector aún en su precario estado. – Ya escucharon a Damián, todos deben salir de la habitación – 

–Joven Jonathan, por favor cualquier cambio en el estado de salud del Amo, no dude en llamarme – pide respetuosamente el Mayordomo, antes de abandonar el cuarto junto a la familia Wayne. Con un asentimiento claramente honesto, Jonathan responde a la súplica de Alfred para recostar el cuerpo de Damián antes que el sonido de la puerta cerrándose se anteponga hasta en las respiraciones contenidas de ambos muchachos.

–Ven aquí – demanda Batman con voz lánguida y tenue, despidiendo el silencio despótico que colmaba hasta el último rincón de la habitación. Sus palabras se arrastran adoloridas, marchitas, como si ellas tradujeran la miseria que acongoja su corazón, como si ellas cargarán con la tempestad que parece haberse ceñido sobre él desde que nació.

–Desaparecerás de nuevo – 

Damián niega suavemente con su cabeza, sus labios se diluyen en una sonrisa maltrecha. Y aún con la palidez que vela su piel bronceada, y la tristeza reptando los ojos verdes, la imagen le sigue quitando el aliento a Jon, justo como la primera vez que le vio pueril y peligroso en su traje de Robin. Era simplemente precioso.

–No creo ser lo suficientemente fuerte para verte desaparecer de nuevo – 

–Acércate y sal de dudas. Déjame mostrarte que no me iré esta vez – 

El desafío mengua las quejas de Jonathan, batiendo así toda la insurgencia fraguada en la cabeza de Superman. Se acerca lentamente; los pulmones cohibiéndose de expulsar el aire refrenado, el raciocinio disipándose cada cuánto la distancia para llegar a Damián se acorta, sus ojos fijos en el cuerpo tibio que le espera. 

Su hogar le abre los brazos en cuánto toma asiento en la cama junto a él. Huele a canela y vainilla, a una bocanada de aire después del encierro, a sangre fresca y húmeda libertad. 

– He venido todos los días, anhelando volver a ver esos ojos tuyos. Y hoy que ha pasado, simplemente no lo creo – 

Asiente Damián con un sonido de aprobación, mientras su mano se inmiscuye entre las sábanas hasta rozar los dedos largos de su esposo. La sensación es inigualable, y Jonathan buscando zambullirse en el tacto delicioso, solo atina a retirarse el guante en un movimiento rápido. 

Damián sonríe débilmente, pensando que aún Jonathan sigue siendo un chiquillo. Un chiquillo que, sin embargo, ahora lo observa acechado por una muda y lánguida mueca de dolor, ira y culpa. 

–No puedo escuchar tu corazón, pero lo siento. Siento la culpa doblegando tu espíritu. – 

–A no darte un mundo mejor. Me siento culpable de no haber hecho un mundo mejor para ti y nuestro hijo … – 

–Nadie cree que haya sido tu culpa. Mucho menos yo – 

–Escucho su pulso aún; abrazado al tuyo – inhala aire, antes de dejar caer su cabeza en el pecho cubierto de su amante. Sus oídos se regocijan en el sonido acompasado, en la respiración constante, en los ojos verdes que aún en el límite de la inconsciencia le observan ferozmente – Le veo en mis sueños. Corre hacía mí, con sus grandes ojos ansiosos encontrándome entre la multitud y su voz infantil gritando mi nombre. Ahí estás tú detrás, regañándole. Pero sonreímos porque él y yo sabemos que no hablas en serio – su rostro se estampa contra las sábanas, y la voz sale amortiguada por la tela que le contiene el llanto y la tristeza embargándolo ahí mismo – Soy un monstruo. Un asesino. He acabado con la vida de nuestro hijo, te he herido. Te he fallado – 

El llanto copioso se escapa de las sábanas para tomar lugar allí en la habitación. Jonathan se desgarra la garganta llorando, transforma sus sollozos tímidos en lamentos desgarradores que doblega cualquier otro sonido allí. Lágrimas torrenciales descienden a través de sus mejillas y ni siquiera la sábana que mantiene tibio el cuerpo de Damián, salva el pijama y la piel del joven Wayne del desconsuelo convertido en agua salada. 

– ¡Dime Damián! Sólo dime ¿Cómo voy a cuidar de los demás si no puedo cuidar de las personas que amo…? ¿Cómo voy a convencer al mundo de que soy digno para portar este escudo si solo sé fracasar? – pregunta desasosegado, mientras sus manos se aferran a la estructura enfermiza de su esposo, prohibiéndose renunciar a él, aprehendiéndolo como si estuviese a punto de huir. 

Y Damián llora en silencio. Le ha dolido hacerlo siempre, y no entiende si es por las difíciles enseñanzas de su abuelo o porque se ha obligado a evitarlo tanto, que cuando las razones suscitan muy de repente, se le olvida hacerlo. Tal vez sean ambas razones, no lo sabe; solo tiene certeza de cuán profundo ha cavado la nostalgia en su pecho, del tiempo que le ha tomado a la melancolía para por fin reclamarle en campo abierto y sin armas. 

Ha terminado cansado, con la voz rota, perdiendo batallas imposibles para un ser tan débil como él. Su cuerpo frágil empieza a resentir hasta el último golpe que le ha sometido, y la obstinación se le desvanece como viento entre los dedos, desagradecida y libertina, huyendo muy lejos de él. El calor que emana Jonathan y se aferra a él, como solo el río puede hacerlo con la mar, revive su fe recóndita que tiene por Superman, por su benevolencia, por este amor que le quema hasta la garganta y lo mantiene vivo, respirando, creyendo que aún hay salvación para él y los suyos.

–Regresa a mí, Jon… – susurra Damián arrancándose el alma en cada palabra, mirando fijamente al televisor donde le vio y por primera vez sintió miedo de pertenecerle. Los sollozos se apoderan de cada estremecimiento que su cuerpo padece y como si el pequeño niño que se crio bajo las fauces de Ra’s reencarnará en él, lloró airadamente: tembloroso, asustadizo de todo y de todos, vulnerable. 

–Estoy aquí Damián. Nos iremos pronto… No tendrás miedo de que alguien te lastime, nunca más – masculla Jonathan, ahuecando los pómulos altos de Damián, alcanzando con sus palmas abiertas la humedad incontenible que se desliza sin timidez por la piel ajena. Sus ojos se enfrentan a la mirada vacía y herida de su esposo, sin saber que el miedo de Batman se está manifestando ahí mismo frente a él, arrancándole de sus raíces, arrebatándole de sus brazos al hombre por el que cayó, del Jonathan que prefería besarle la boca y hablarle de la bondad de la humanidad, antes que empuñar su fuerza en contra del que juro proteger. 

Damián tenía miedo de perder a su amor, a Jonathan.

–Vuelve a ser mío…. – 

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