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Adora no está

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El portal había sido abierto.

Todo estaba perdido.

Y ahí estaba ella. Consumida y salvada al mismo tiempo por su ira, su despecho, su odio y su dolor. La última persona a la que hubiera esperado ver de nuevo. Ni siquiera Glimmer con toda su obstinación, no se comparaba a la necedad de Catra.

Una Catra que ahora reflejaba su dolor en su aspecto. Era sólo un espectro oscuro de lo que solía ser. Cada palabra dicha con total seguridad, cada frase hecha para dañarla de modo contundente. Porque la conocía mejor que nadie.

—Rompiste el mundo… me rompiste a mí… sino te hubieras ido, esto jamás habría pasado. Sino hubieras regresado por esa estúpida espada, nadie habría podido abrir el portal… ¡todo esto es tu culpa!—

—Si te hubieras quedado conmigo ¡Nada de esto estaría pasando!—

A pesar de que cada palabra era verdad, de que cada frase era un golpe directo a sus peores miedos e inseguridades, no podía dejarla arrastrarla a su juego. No hoy, ya no había más tiempo. Todo el mundo estaba colapsando a su alrededor.

Catra observaba y se deleitaba en su dolor. Disfrutando de cada golpe real y figurativo. Como siempre, sintiendo un agrio y malsano placer cada que tenía la oportunidad de descargar un poco de su propio dolor en la persona que lo representaba todo. La que la abandonó como si no valiera nada, como si todos sus años juntas no importaran, solo porque de pronto descubría que el mundo no era como creía, solo por algunos más que también sufrían.

La punzada de incertidumbre en el pecho de Adora no había hecho más que crecer desde que empezó a sentir que las cosas no estaban bien. Una malsana burbuja de ansiedad y alarma empezó a crecer conforme las cosas no cuadraban en su memoria. Al principio se había dejado arrastrar porque tenía todo lo que recordaba siempre haber querido. Sus amigos estaban con ella. Catra estaba con ella. Pero los sucesos no encajaban. Ahora la burbuja de alarma era verdadera desesperación, después de ver a Scorpia desaparecer, todo Luna Brillante, a Entrapta, que como siempre, tenía la respuesta que estaban buscando, a Bow y Glimmer, los mejores amigos que cualquiera pudiera tener en el mundo, mirándola en paz y llenos de fe.

Y ahora literalmente todo el mundo colapsando a su alrededor para descubrir que la culpable de todo estaba "viva", reclamando, haciendo crecer el dolor y la desesperanza en su corazón. Sí, ella había dejado atrás a Catra ese día que fue por la espada, siempre estaban presentes todos los "si...", pero ya no había más tiempo. Había luchado contra sus compañeros, los había dejado atrás. Pero también había sufrido. No podía dormir, despertaba sobresaltada y el corazón se le rompía siempre un poquito más cada vez que despertaba y miraba instintivamente a los pies de la cama y miraba solo el montón de cojines que usaba para simular el peso y el calor de Catra. Extrañaba desesperadamente saber lo que se esperaba de ella, tener la seguridad del camino trazado y que la incertidumbre no reinará cada día.

Y ahora ya no podía tomar más. Catra había cruzado todos los límites. Ella no la había obligado a hacer nada después de marcharse. Las cicatrices en su espalda ardían como las barras de castigo. Como si ella la hubiera tenido fácil en la Horda. Shadow Weaber le exigía mucho más que a cualquiera, y Adora lograba igualar en fuerza a Rogelio, en velocidad a Catra y superar a todos en combate, su memoria era excepcional y podía enumerar los textos de estrategia y guerra de la Horda a la perfección. Sólo después de muchos prueba y error, su mente era la más rápida para resolver problemas bajo estrés, bajo dolor intenso y bajo el mejor criterio según la Horda. La insolencia de Catra no sólo derivaba en castigos para la gata, sino sobre sí misma por no saber controlarla. Y ella creía firmemente que era su obligación y nunca culpaba a su amiga.

Pero ya no había lugar para eso. Ya no eran cadetes. Eran soldados. Pero no seguían órdenes. Adora había sido educada para mandar y gobernar, para tener criterio y Catra era tan inteligente por sí misma que ahora era la segunda al mando de toda la Horda. Era hora de aceptar la verdad. Adora no podía seguir justificando a Catra. Era hora de tomar las decisiones, por mucho que doliera, por mucho que deseara que las circunstancias fueran diferentes.

Ella no rompió el mundo. Pero podía repararlo y así… con todo, sabía que al final, salvar el mundo, no era más que salvar a Catra. Al final, siempre era por ella. Así la felina no pudiera verlo o no quisiera entenderlo. Adora se encargaría de darle una nueva oportunidad. La que hubiera querido para las dos. No dejaría caer a Catra, ella sabía lo mucho que había sufrido, ahora mejor que nunca. Así que salvaría a todos.

El último puñetazo que al fin puso a dormir a la Catra oscura, casi le abrió la piel de los nudillos. El mundo se fragmento a sus pies y una última vez trató de alcanzar el cuerpo de su Catra. Ya no había más que esconder, sabía que Catra era suya tanto como Adora era de Catra. Lamentaba no haberlo visto antes y dejar que las cosas se complicarán tanto.

No la pudo alcanzar, y con la determinación que en realidad no sentía, se lanzó al vacío, al fin viendo a la espada creando el vórtice donde todo estaba convergiendo y colapsando. Empezó poco a poco a hacerse camino entre las rocas que gravitaban la espada como asteroides, saltando y haciéndose más daño en las manos.

A lo lejos, la reina Angela la estaba viendo, y cuando más allá pudo ver la espada, sabía que Adora intentaba alcanzarla. Ya fuera porque sólo She-ra podría detener este desastre o cualquier otra razón, ella la ayudaría para llegar hasta el arma. Si tan solo el viento y las rocas no le impidieran la trayectoria.

Adora corría y corría, saltaba y escalaba. Dejaba que su cuerpo se contentara con la actividad física y permitió a su corazón alegrarse con los recuerdos de Catra y ella corriendo juntas en la fragua. No había nada más que hacer ya. Sólo unas rocas más y alcanzaría la espada.

—¡Adora! ¡ADORA!—

Estaba tan cerca, pero no la escuchaba. Adora seguía implacablemente. Acercándose cada vez más a la espada al dejarse llevar por el propio vértice.

Justo cuando la reina ya estaba al alcance de Adora y ella reaccionó a un nuevo grito, ya no tuvo tiempo. Le sonrió resignada en la despedida. Angella trató con todas sus fuerzas de llegar, pero no la alcanzó. Adora tomó la espada y desapareció para dar paso a She ra. Pero una She-ra diferente, con su misma coleta mucho más larga. Los detalles en su ropa también cambiaron pero lo único que pudo apreciar fue que ahora usaba un pantalón completo y la capa ya no estaba. She-ra empuñó la espada una vez más, la lanzó lo más fuerte que pudo y todo implosionó.

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La reina estaba flotando de regreso cerca de la Roca Lunar, no entendía nada. Parecía estar todo normal de vuelta. La espada no estaba cerca de ahí, cuando ella claramente la había visto salir volando cerca de ella. La general estaba corriendo hacia ella. Vagamente recordó que el último lugar donde la había visto fue en la habitación en donde retenían a Shadow Weaber y la habían tratado de seguir cuando levantó el vuelo. Tendría que confiar que Glimmer volvería pronto.

Todos en el sanctum de Hordak se levantaron del suelo confundidos. Bow y Glimmer estaban abrazados, se miraron y alrededor y saltaron felices. Catra se sostuvo la cara, recordando a medias su pelea con Adora.

Cuando se estaban recuperando, un destello blanco, cálido y enceguecedor, llenó la habitación. Era un espectro de She-ra, pero era una She-ra diferente. Parecía más grande, la forma de la tiara no era la misma y el cabello no flotaba como una segunda capa, sino que lucía largo y amarrado como una cola. Una She-ra mucho más brillante, como si Adora no terminará la transición. El espectro de luz miró a todos, uno a uno, una fracción de segundo pero no a Catra. Lo podían decir sólo por el movimiento de la figura, ya que ni siquiera había sombras que pudieran darle más familiaridad. Un presentimiento como hielo se instaló en el pecho de Glimmer. ¿Por qué She-ra no terminaba de materializarse? Después de la rápida mirada, la She-ra de luz levantó su espada, una mucho más delgada y estilizada, dio un paso adelante e hizo un desplante, que al fin rompió el portal, pero el rayo de luz de la espada fue tan poderoso que toda la estructura empezó a venirse abajo. En eso llegaron las demás princesas; Frosta, Perfuma y Mermista, listas para pelear y anonadadas ante la escena y el repentino colapso del Sanctum. Catra miró preocupada a su alrededor pero regresó la vista al espectro después de que rompiera la máquina del portal. Sus ojos más adaptables a los cambios de luz, percibían las sombras que los otros no podían. Esta She-ra tenía los mismos rasgos de Adora, llevados al siguiente nivel de belleza y mientras todo se venía abajo, al fin sus miradas se encontraron. Los labios brillantes se movieron pero Catra no fue capaz de escuchar nada. El estómago se le encogió. Algo estaba muy mal. Un gran escombro cayó a su lado y no le importó, al final los labios de luz se fruncieron en una sonrisa beatifica, levantó una vez más la espada y un destello mucho más poderoso llenó el recinto. Cuando el resplandor terminó, solamente la espada de poder estaba en el piso. Glimmer tenía los ojos llorosos. No, no podía ser.

Sus ojos se encontraron con los de Catra, que ya estaba intentando escapar con Hordak ahora que todo estaba derrumbándose mucho más rápido. Y por primera vez en la vida, desde que Catra viera a una princesa real y no a las animaciones exageradas de la Horda, sintió terror de una princesa. Un peso frío se le quedó estancado en la boca del estómago.

— Tenemos que irnos ya — Shadow Weaber los llamó a todos y se miraron confundidos un momento.

—¿Dónde está…? —

— Tenemos que irnos ya, Perfuma… — Bow corrió por la espada abandonada y Glimmer le tendió la mano a la hechicera. Y todos desaparecieron en medio de un vórtice de magia oscura y destellos púrpuras.

Bow no dejaba de llorar y tenía una expresión fría y determinada en el rostro mientras sostenía fuertemente la espada. Glimmer tampoco dejaba de llorar pero no podía dejar de hacer un puchero, intentando no romper en un llanto más desgarrador. La reina vio desde el ventanal del trono la explosión de magia y una vez más salió volando hacia la base de la Roca Lunar. Perfuma no entendía lo que estaba pasando pero una horrible sospecha se le estaba instalando en el pecho y comenzó a llorar calladamente también. Frosta y Mermista habían empezado a celebrar pero al ver la expresión de todos se callaron y miraban pidiendo respuestas. Angella arribó, abrazando a Glimmer antes de aterrizar incluso. Por sus mejillas rodaban lágrimas de alivio que rápidamente se convirtieron en algo más cuando vio a su hija aguantando el llanto.

— ¡Glimmer, estás bien! Todos están… No, no… — Miró a todos los presentes. Bow miraba al suelo con la espada apuntando al piso. Perfuma cada vez más consternada, Frosta haciendo eco de las lágrimas pero sin entender nada y Mermista cada vez más nerviosa, empezando a entender. — ¿Dónde está Adora? — Fueron las palabras que nadie se atrevía a decir. Y Glimmer por fin se rompió y Bow cayó de rodillas azotando el suelo con el puño.

— ¡Mamá, Adora lo hizo, Adora nos…! —

— Adora nos salvó… — La reina estrechó a su hija. Las tres princesas se abrazaron y comenzaron a llorar más.

— Adora… —

— ¡Todo esto es tu culpa! — La reina arremetió contra la hechicera y un destello de luz la mandó a volar, apenas tuvo tiempo de hacer un escudo.

— Adora hizo lo que tenía que hacer — Dijo con la voz fría y quebrada.

— ¡Adora no tenía que hacerlo! — La reina lloraba por la basura hordiana que se había vuelto una segunda hija. Adora podía ser un elemento feroz e implacable en la batalla, para después ser un niño descubriendo el mundo y sonreír maravillada.

— ¡Ella era como una hija para mí, ella hizo lo que tenía que hacer para cumplir con su misión! —

— ¿Una hija? ¿CÓMO TE ATREVES? La educaste solo para seguir órdenes, la torturaste toda su vida y le mentiste acerca del mundo. Sé todo lo que le hiciste pasar. A todos esos niños… — La reina extendió las alas y todos retrocedieron. Glimmer nunca había visto así a su mamá y le tuvo miedo, pero sabía que no era contra ella — General, llévenla de nuevo a su prisión —

— No puedes tenerme ahí por siempre, Angella —

— El concejo decidirá tu destino. Ahora desaparece de mi vista — Su mirada se suavizó y regresó a Glimmer, que se escondía en su pecho y seguía llorando.

— Fue mi culpa, yo la llevé, dejé que Shadow Weaber me convenciera — Dijo con la voz quebrada.

— No es tu culpa… Quiero que me digan todo, pero primero recarga, por favor —

Todos asintieron, y seguían llorando. Bow era el peor. No decía nada, no gritaba. Simplemente las lágrimas seguían corriendo por sus mejillas sin fin. Su mirada se había solidificado y sus ojos negros, no tenían ya ninguna de la calidez que siempre podías encontrar en ellos.

— Nosotros no le creíamos a Adora tampoco… Pero Entrapta ya había descifrado lo que estaba pasando en sus lecturas. La encontramos en Drill, ella nos dijo que la espada era la fuente de poder del portal, si la quitabamos del portal, todo regresaría a la normalidad. Pero nos advirtió que quien la sacara quedaría encerrado dentro del portal, entre dimensiones — Contó Glimmer una vez estuvieron en su habitación todos. Ella estaba envuelta en una manta, sentada sobre los cojines como los demás. Sus lágrimas habían desaparecido por un momento, pero sus ojos estaban rojos e hinchados y su voz era rasposa.

Perfuma seguía llorando en suaves espasmos, se sentía peor que cuando creyeron que Entrapta había muerto. Mermista había recuperado la compostura pero se veía sumamente triste. Y Frosta sollozaba en silencio.

— Adora luchó para que nosotros pudiéramos regresar a la normalidad y tener una oportunidad — Una nueva mirada llena de dolor y determinación brillaba en la reina. — Su sacrificio no será en vano —

Cuando todos terminaron de hablar, se retiraron y dejaron a la reina y su hija a solas. Bow se fue con Perfuma, ya que ella lo llamó. Se daba cuenta de lo afectado que estaba el arquero, no quería que se consumiera.

— Mamá… yo hice que Shadow Weaber nos llevará hasta allá… es mi culpa —

— Glimmer, yo no los escuché. No quise hacer caso… si los hubiera escuchado quizás podríamos haber reaccionado antes… No es tu culpa. No es culpa de nadie… solo de Hordak y sus ansias de poder. Tenemos que detenerlo. Glim… has tenido razón todo el tiempo. He pensado que he estado haciendo lo correcto. Replegandonos. Pero es hora de que eso acabe. No podemos seguir perdiendo a nuestros seres queridos. Tomaremos la ofensiva y entonces Hordak podrá temer de verdad a las princesas. Es hora de ser la reina que debería estar al lado de tu padre — Dijo lo último en un susurro.

Glimmer no podía creer lo que estaba pasando. Por primera vez desde la última Alianza de Princesas, tomarían la ofensiva.

Al siguiente día toda Luna Brillante rindió homenaje a Adora, Princesa del Poder y defensora de Etheria. Los soldados y guardias del castillo dejaban caer estoicos sus lágrimas. Perfuma levantó una estatua de Adora, sonriendo y saludando. Nadie lloraba a She-ra. Todos querían a Adora de vuelta, y sus corazones ardían con ansias de justicia. Aunque algunos más impetuosos, clamaban por sangre y venganza.

En cada reino se guardó luto por Adora y se guardó silencio sobre su destino, para no alertar a la Horda, que parecía estarse reponiendo del último ataque, pues habían permanecido muy quietos.

Más princesas se unieron a la Alianza, respondiendo al llamado de la Reina de Luna Brillante. Spinerella y Netossa no podían creer que no habían estado listas para apoyar en el momento de más necesidad cuando ellas habían creído siempre en la Alianza. Respondieron trayendo tropas desde su reino para apoyar la defensa y futura ofensiva en los Bosques Susurrantes.

Mystacor que se mantenía al margen, se levantó silenciosamente a la orden de la Gran Hechicera Castaspella. Los magos y hechiceros eran activos demasiados valiosos al frente. Las fuerzas se dividieron para que Mystacor pudiera seguir siendo un faro seguro, y lo suficiente para tener sanadores mágicos y efectivos de combate al frente.

La siguiente misión que encomendó la Reina fue recuperar la nave de los primeros perdida en el desierto carmesí. Huntara al enterarse no derramó ni una sola lágrima, pero su semblante se ensombreció con nubes de tormenta que prometían sangre y violencia. Prometió que todo el Desierto Carmesí apoyaría a la Alianza y suministrarán toda la inteligencia que fueran capaces, una vez recuperara el control de su hogar. Y a pesar de todo, la reina logró que Huntara prometiera piedad para todos los desertores que pudieran existir, así como Huntara misma había visto la verdad, así como Adora había tenido su segunda oportunidad.

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Glimmer, Bow, Perfuma y Huntara pusieron rumbo al Desierto Carmesí con semblantes sombríos y escasas risas.

Había pasado tan solo una semana y la Horda no había tenido gran actividad, más que mantener sus territorios y las habituales patrullas. Perfuma usó la fuerza de su dolor para levantar un muro de potentes y gruesas raíces con pinchos en todo el rededor de Plumeria, ya que su reino era el siguiente en territorio después de Luna Brillante que dependía de las defensas que ofrecían los Bosques Susurrantes. Ahora se veían más sombríos y habían empezado a circular rumores de bestias ocultas que acechaban, de presencias que jamás aparecían así voltearas repetidamente sobre el hombro.

También había ayudado mucho a Bow, que había recuperado la calidez en su mirada después de todo un ciclo de meditaciones guiadas. Su dolor era causado por haber dejado que todo recayera en los hombros de su amiga de nuevo.

Nadie había visto a Swift Wind desde ese día y Perfuma tenía dadas órdenes acerca de que cualquiera que lo viera atacando los manzanos lo detuviera para hablar con él. Pero simplemente parecía haberse esfumado. Igual que Adora.

Cuando arribaron al lugar donde debía de estar la nave, descubrieron que ya no estaba. Huntara los guio hábilmente en el desierto hasta dar con un puesto de avanzada de la Horda. Se pusieron a pelear en cuanto los vieron. Los soldados hordianos se replegaron ante la nueva ferocidad de las princesas. Huntara normalmente atacaba para incapacitar pero ahora no se estaba conteniendo para romper huesos y corazas por igual.

Perfuma había descubierto el sistema de raíces de los cactus, que para ella eran igual de fuertes que los lazos de amistad que los unían a todos, y apresaba a docenas de soldados a la vez. Y ella sola estaba logrando ganar el terreno de la pelea para recuperar la nave. Hasta que apareció Catra.

Con sus garras empezó a cortar sin mucho esfuerzo las raíces de Perfuma, en cuanto Bow lo visualizó, su mirada se endureció y advirtió a Glimmer, que con un grito de batalla se lanzó contra la gata, que se mostró sorprendida por la ferocidad con la que Glimmer estaba atacando.

— ¿Hoy estamos enojadas, verdad, Chispitas? —

— ¡Cállate, Basura Hordiana! ¡No te atrevas a decir nada! O serán las últimas palabras que salgan de tu asquerosa boca! — Catra rio con verdadero humor.

— ¿Se despertó del lado incorrecto de la cama la dulce princesita que hoy quiere sangre? — Catra estaba disfrutando mucho la pelea. Por una vez Glimmer le estaba representando un reto. Pero no podía esperar por su verdadera rival — ¡Tráeme un verdadero reto, ya me cansé de jugar! ¿Dónde está su adorada She-ra? —

Los ojos de Glimmer primero se abrieron con sorpresa, pasaron pronto por el shock de dolor y al fin adquirir una determinación sarcástica y cruel, junto a una sonrisa torcida y triste. Bow la estaba apoyando con sus flechas contra Catra, y cuando escuchó el intercambio, no pudo evitar empezar a llorar de nuevo, como no había dejado de hacerlo. Pero Bow no ocultaba sus lágrimas, las llevaba con dignidad y su dolor, no lo volvía impiadoso, pero sí mucho más certero y frío. Catra se confundió con la reacción de los rebeldes.

Y tuvo que saltar con celeridad cuando desde el flanco Huntara arremetía contra ella. La ex hordiana la recordaba bastante bien. La que había secuestrado a Adora para empezar, la que había sublevado a las pandillas del desierto. Varios soldados acudieron a ayudar a su comandante, y fueron abrumados por los músculos de la mujer guerrera y su bastón de combate. Catra vio salir sangre de un casco aplastado por el puño de Huntara.

Todo estaba pasando muy rápido. Perfuma aprovechó la leve distracción de Catra para volver a fortalecer sus raíces y a levantar la nave, con toda la fuerza de la que era capaz.

— ¡No te atrevas a decir su nombre! — Gritó Bow.

— ¡No te atrevas a mencionar a la pequeña! — Rugió Huntara.

Ahora Catra estaba más confundida y lo enmascaró con una mueca de rabioso reto.

— ¡Sé que la última vez no fue la mejor, pero no es para tanto, princesitas! —

— ¿No lo entiendes?— Se rio amargamente Glimmer — La mataste — Dijo con la sangre fría que el vacío interno da. ¿Qué más daba? En su retorcida y malsana manera, Glimmer sabía que la gata sentía algo por Adora, y que ese era un lugar que ni Glimmer ni Bow podrían jamás alcanzar, pero con los meses había parecido que al menos lo podían paliar y ayudar a Adora a concentrarse en otras cosas. A lo mejor, lograban desestabilizar a la Comandante de la Horda.

Una inexpresiva máscara cayó sobre la faz de Catra. Ya no dijo nada más. De unas cuantas patadas y saltos, evadió a todos y se perdió entre los soldados que huían temerosos ante las raíces que estaban desprendiendo cascotes por todo el cañón. En una de las cuasi cuevas aledañas, un dispositivo cayó al piso.

La verdadera Catra se llevó una mano a la boca y con la otra se abrazó a sí misma. Antes de terminar de contener el primer sollozo, ya estaba de rodillas en el piso. No podía ser cierto. Tenía que ser una mentira. Esa estúpida princesa siempre la había odiado, le tenía celos, porque jamás podría usurpar su lugar en el corazón de Adora. Tenía que ser una mentira.

Pero eso explicaría la inteligencia que habían estado recibiendo de las patrullas. Movimiento de tropas, ceremonias, estatuas de She-ra y Adora por todo el territorio Rebelde. La Horda creía que eran debido a que She-ra los había salvado una vez más. Eso explicaría la fría actitud de los soldados rebeldes. También explicaría las lágrimas del chico Flecha.

Mentira.

Todo una mentira.

Mentira.

Para joderla.

Mentira.

Porque sabían que el portal habría sido el final de la Rebelión. Estaban desesperados.

Mentira.

Glimmer se veía todo, menos desesperada.

Mentira.

La obligaría a hablar. Iría a sacar a Adora de su brillante y suave escondite.

Mentira.

Scorpia veía anonadada todo. Murmurando que todo estaba mal, que era un desastre.

Mentira.

El espectro de luz de She-ra. Su recuerdo. Lo último que había visto de ella. ¿Qué decía? Ahí estaba de nuevo. "Te amo… Se feliz." Ahora su propia mente le mentía, dentro de ella sabía que no era mentira. No quiso verlo, no quiso entenderlo.

Mentira.

¿Cómo iba a ser feliz si no existía más su única razón?

Todo, mentira.

El dispositivo seguía dando imagen en el suelo. Fuera de cuadro, pero podía ver como las princesas festejaban su victoria sobre la Horda. ¿Cómo se atrevían a mentirle y después festejar?¿Esa era la famosa integridad de la Rebelión?

¡Mentiras!

— ¡No, Catra, espera…! —

Pero Scorpia no podría jamás detener a un gato asustado y herido.

¡MENTIRA!

Vio a DT correr hacia ella pero ni siquiera lo miró en verdad. Siguió corriendo hasta llegar al cañón principal. La cara llorosa y rabiosa de Catra fue lo primero que vio Glimmer cuando cayó pesadamente al suelo con la gata encima. Sus hombros y antebrazos ardiendo de los rasguños que Catra le había plasmado cuando se le abalanzó. Su mueca confusa pasó a una sonrisa amarga de satisfacción al ver el dolor en la Comandante.

— Estas mintiendo, maldita sea. ¡Es mentira, Glimmer! — Glimmer ni siquiera estaba segura de que Catra supiera su nombre — ¿Dónde está Adora? — y apuntó sus garras a la cara de Glimmer, mientras crecían ante su vista. Pero la princesa Comandante estaba impertérrita.

Gruesas vainas terminadas en punta, el sonido del arco tensando y el sonido del bastón siendo desplegado las rodearon rápidamente. Los tres estaban a la expectativa del siguiente movimiento de Catra. Pero Catra sólo tenía ojos y sentidos para Glimmer. Por primera vez los ojos púrpura y los heterocromaticos se fundían.

A lo lejos Scorpia venía corriendo, muy agitada.

Catra seguía con los ojos clavados en la mirada de Glimmer. Intentaba contener las lágrimas, pero al mantener la mirada, éstas empezaron a caer sin control. Su mueca era un rugido mudo, pero conforme pasaban los segundos, el cruel regocijo de Glimmer se fue suavizando al punto de querer empezar a llorar también, y la furia y negación de Catra empezaron a cambiar al horror y la incredulidad. Su mano que desplegara las garras contra la garganta de Glimmer, perdió su firmeza, las garras se envainaron a una longitud menos preocupante y cuando un sollozo subió a su garganta, la tomó por la armadura y la levantó para encararla.

— Dime que no es cierto — Casi imploró.

Glimmer no dijo nada. Solamente dos lágrimas rodaron.

— ¿Por qué te mentiríamos? — Fue Perfuma la que le respondió, replegando solo un poco las vainas. Scorpia se detuvo solamente a pocos pasos tras ellos, temiendo por su amiga, totalmente rodeada. Al ver la reacción de Perfuma, Bow también aflojó un poco el arco, pero no dejó de apuntar. Huntara no cedió ni un poco. Scorpia preparó las tenazas y la cola plantando mejor los pies.

La voz de Perfuma era suave pero contundente, llena de tristeza.

Catra la miró, jamás habían hablado. Y miró la cara feroz de algo muy parecido al rencor.

— Deberías estar feliz, Catra, al fin lo lograste. Te deshiciste de She-ra… y de Adora — Catra soltó horrorizada a Glimmer ante sus palabras. De nuevo se llevó las manos al rostro y Scorpia bajó las tenazas mientras se le rompía el corazón, en empatía con su comandante.

— Glimmer… — Bow pensaba que eso era demasiado, incluso para Catra.

— ¡Es su culpa, Bow! No puedes defenderla — Catra se alzó y se alejó unos pasos retrocediendo. Entonces Bow acudió a ayudar a Glimmer y Perfuma atrapó en sus vainas a Catra, quien muy tarde intentó escapar. No podía con todo. Cayó de rodillas y Huntara de nuevo apuntó a su garganta con la punta filosa de su bastón.

— Serás llevada a Luna Brillante y serás juzgada por tus crímenes — Estableció la princesa.

— ¡No! — Scorpia reaccionó rápido.

Sin esperar nada más, cargó contra todos, logró picar a Bow, evadir a Huntara y sostener a Catra sobre su hombro, que no le importaba nada.

— Todo estará bien, gata montes — Pero sus palabras no tenían ningún sentido.

La mirada fría e inmisericorde de Glimmer fue lo último que Catra se llevó.

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En cuanto estuvieron a salvo en el esquife, Double Trouble habló sin grandes ánimos.

— Cuando dijeron lo de She-ra, no pude continuar con la interpretación. Todavía no logro establecer tu relación con ella, aunque lo estudié. Por eso tuve que irme — Se quedó mirando a Catra, en estado catatónico — Veo que ninguna de mis suposiciones hubiera sido correcta… De verdad, te importa. Pensé que solo eran rumores de los Rebeldes… — A Catra no le importaba nada.

Scorpia la había liberado de las raíces y la había llevado casi en brazos al esquife.

Su cabeza era un toberllino. Scorpia no dejaba de murmurar cosas, palabras de consuelo seguramente, pero no lograba encontrar sentido a ninguna palabra. Solamente las palabras de Glimmer atacando toda su existencia podían significar algo. Todo por lo que había luchado los últimos años. Sabía que parecía que su existencia era acabar con She-ra. Ni siquiera estaba segura que esa fuera su meta. Lo único que quería era capturar a Adora, demostrarle hasta donde había llegado sola.

Pero ahora ya no está más. Adora no está.

Se dejó caer y dejó que los recuerdos la invadieran, sin importar cuánto doliera recordar. Adora y ella jugando con unas rocas, simulando una fortaleza rebelde para destruirla. Cada una consiguiendo los mejores tiempos en distintas etapas del entrenamiento, en diferentes pruebas. Adora siempre intentando que sus torpes pies lograrán igualar la natural agilidad de la felina. En su mundo solo existía Adora. Ya no estaba el dolor y el trauma generado por Shadow Weaber. Dormir a los pies de la cama de la rubia, porque no podía dormir a su lado cuando se hicieron mayores. No por ninguna razón más que la más sencilla y dura de todas. Dormir al lado y la misma altura que Adora cada vez era más difícil para reprimir sus ganas de besarla. Su amor no hacía más que crecer y crecer.

Y ahora… ¡Ahora dices que tú también me amas!

Apenas notó que estaban llegando a territorio hordiano, saltó del esquife y corrió. Corrió como si el mundo fuera infinito. Como si al correr pudiera dejar todos sus pecados atrás. Había cometido el peor de todos. Corrió hasta que sus garras sangraron y los sollozos le lastimaron la garganta al punto que cada respiración era una agonía. Y aún así, siguió corriendo. Destruyó un raquítico y solitario árbol, lastimando más sus garras, las mismas que habían herido una y otra vez el cuerpo de Adora. Las mismas con las que había jurado protegerla.

Cuando no pudo más, simplemente se dejó caer. Se dejaría morir ahí mismo. Miraba al cielo sucio, con sus lunas inmutables. Las mismas que juntas, Adora y ella, habían mirado una y otra vez, preguntándose que habría mucho más allá. Y cuando lo descubrieron, todo cambió.

Había estado tan ciega. Tan furiosa. Tan herida. No había más que vivido y respirado por la herida los últimos años. Sedienta de que el mundo conociera su propio dolor. Ahora el dolor era mayor, y ya no sentía la necesidad de que el mundo ardiera junto con ella. Ya no tenía vida. No había nada más que hacer. Estaba vacía. Al fin lo había logrado. Adora ya no existía. Adora no está.

Estaba rota.

Las lágrimas caían por sus mejillas hasta la tierra yerma, igual que ella, dejando un camino de suciedad al bajar por el polvo que cubría todo su pelaje y cabello.

Se despertó en su habitación de la Zona del Terror. Había una bandeja con una bebida y unas barras al lado. Arrojó todo y volvió a esconderse debajo de las mantas, apenas recordando a Scorpia y Lonnie llegando por ella en un esquife, había luchado con dientes y garras para que la dejarán morir ahí, sola. Sola. Hasta que Scorpia la picó.

Estaba limpia, cambiada y su corona descansaba en una estantería.

Scorpia había venido a verla. Le había gritado que se largara. La dejó sola, con una mirada que no soportaba. Con lástima. ¿Qué iba a ser? Se quedó dormida. De nuevo encontró unas barras, pero no tenía hambre. No quería comida. Pero la sed era demasiado. Incluso en su estado, la sed era terrible. Lo estaba llevando al extremo. En pocos días la pérdida de peso se hizo notoria, pero no preocupante. Pasaba horas llorando, otras más mirando al vacío, para después soñar y soñar. Los sueños eran una tortura y un alivio terrible. Soñaba con todo lo que fue, y todo lo que nunca podría ser.

La peor pesadilla era ver el espectro de luz, sonriéndole, ahora entendía, llena de amor, repitiendo sus palabras, suaves, como una caricia añorada, resueltas, como una certeza.

"Te amo".

Era el peor castigo posible para su alma mutilada.

Gritaba. Y gruñía. Gemía. Parecía que había perdido la capacidad de hablar. Tampoco era capaz de ronronear.

En casi diez días, sus pómulos arañaban la piel, no es que llevara la cuenta, Scorpia lo hacía, quien había sufrido de nuevo sus garras cuando obligó a Catra a meterse a la regadera, pero no importaba, Scorpia era fuerte. Estaba dormitando cuando la puerta se abrió, en uno de sus periodos catatónicos. No le importaría un carajo que el mismo Hordak fuera el que atravesara la puerta. Una parte de ella se preguntaba cuándo vendría con un escuadrón para matarla o destituirla. Era Lonnie, le traía una nueva bandeja. Recogió la anterior, intacta de no ser por un sorbo menos al agua. Al notar su estado, se atrevió a cambiarle los vendajes de las manos y los pies, pues había sufrido un nuevo ataque de paroxismo al despertar de una nueva pesadilla y ver sus garras llenas de sangre; la sangre de las heridas de She-ra. Había intentado arrancarlas con sus propias garras, y de hecho lo había logrado con tres de la mano izquierda y cinco de los pies, hasta que los gritos habían atraído a Scorpia que la tuvo que sedar de nuevo.

—Eres un desastre… — Susurró no esperando respuesta. Deseando generar una. Y lo hizo. Catra se encogió más sobre sí misma. Lonnie no podía con eso. Nunca habían sido muy amigas, y una parte de ella, sentía también la muerte de Adora, aunque los hubiera dejado atrás, y aunque hubiera luchado contra ellos. Pero en la otra realidad, la realidad del portal, donde habían vuelto a ser un equipo, la única familia que conocían, todos estaban bien de nuevo, y Adora la había intentado llevar con ella esta vez. Se arrepentía de no haberla seguido. — Maldición, Catra… Tú no eres así. Adora no quisiera verte de este modo —

Esta vez la respuesta fue mucho más feroz. Catra la empujó para alejarla de ella y le siseó.

—N No digas… No digas su nombre — Cada palabra era una tortura para su garganta rota.

—No puedes matarte aquí. Adora no lo quisiera. Y tú siempre luchas — Lonnie fue dura.

—Ya nada importa — Catra regresó a su posición encogida.

—Tú sabes mejor que yo las cosas que pasaron, por qué ella se fue, y por qué peleaba… Arregla tu desastre… Es lo que ella haría —

El corazón de nuevo se le estrujo. Lonnie se fue. Habló con Scorpia.

Pasaron tres días más en los que las palabras de Lonnie hacían mella en ella. Tenía razón.

Adora arreglaba el desastre de todos a su alrededor, aunque no fuera su responsabilidad. Catra había jalado la palanca, y ahora Adora no estaba. Había peleado con ella, intentado que fallara, aunque eso le costara todo. Porque no quería seguir viviendo en un mundo donde todos la dejaban atrás. Donde jamás era suficiente. Donde no estuvieran juntas. Y felicidades, lo había conseguido.

Scorpia apareció de nuevo, y tenía el ceño fruncido con el mismo gesto de determinación que Catra solo le había visto cuando decidió que romper el disco de los Primeros era lo más importante para que pudieran escapar en las heladas tierras del Norte.

—Catra, no puedes seguir así. Vas a tomar un baño, vas a comer y vamos a hacer un plan. Sé que estás triste. Créeme, lo entiendo — Ahora no había lástima en la mirada de Scorpia, sino genuina tristeza y compresión. Y contra la voluntad de Catra, hizo las tres cosas ante la mirada atenta de su amiga. La única que le quedaba en el mundo. Y no entendía un carajo cómo era posible.

Scorpia y Entrapta eran las únicas que la habían hecho sentir de nuevo un poco completa. Adora tenía a Brillitos y Bow, y ella tenía ahora a Scorpia y… Entrapta.

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Al fin tenía un motivo. Algo de lo que agarrarse. Tenía que traer de regresó a Entrapta. No de regreso en realidad. Tenía que empezar a hacer las cosas bien. Empezó a comer de nuevo, poco a poco, pero no se ocupó mucho en eso.

Por fin se había enterado cómo es que había podido pasar casi dos semanas encerrada. Lonnie había hecho que Scorpia logrará que DT se hiciera pasar por Catra ante los ojos de la Horda y del propio Hordak. No había nadie en la Horda con la suficiente astucia y ambición para suplantarla, demasiados asustados de sus arranques de ira y sus garras.

Había encontrado que Scorpia no se había desecho de Emily, y comprendía que el robot le tuviera miedo. Lo que no comprendía era cómo un robot podía tener miedo.

—¿Entonces? —

—Suena divertido y la paga es buena. Cuenta conmigo — Le sonrió con picardía — No creí que volvieras a salir de esa celda —

Catra gruñó después de contarle el plan a DT.

Se arregló, se vistió de nuevo en su papel de comandante, se miró a su espejo de aluminio pulido una última vez y miró sus ojos vacíos. Ya no tenía lágrimas para dar. Salió junto a su escuadrón de elite. Nadie la cuestionó. Era bien sabido que eran de sus pocos consentidos. Iba en una misión de reconocimiento, para explorar rumores sobre Plumeria. Catra, Scorpia, Lonnie, Kyle, Rogelio, Roy y un robot de asistencia. Apenas cabían en el esquife.

—Hemos entrado en territorio Rebelde, sino recibes nuevas órdenes en ocho horas, ataca Plumeria con todo lo que tengamos y que arda — Fueron las frías y desapasionadas órdenes de Catra para Octavia, a quien había decidido dejar a cargo en su ausencia. Octavia había tragado duro. Apagó la transmisión.

Todos bajaron del esquife y siguieron en silencio la caminata. Después de caminar un par de horas, al fin llegaron a la parte de los bosques que daba a Luna Brillante. Miraron un momento el paisaje, sin estar lleno de tanques y guerreros cansados, era claramente extraordinario.

—Wow, mi castillo nunca se vio así — Comentó Scorpia.

—Yo seré quien hable, no importa qué — Ordenó Catra.

Todos asintieron y siguieron su camino. En cuanto llegaron a los terrenos propiamente del castillo, todavía pudieron ver las estatuas de lianas, raíces y flores que representaban a Entrapta y Adora. El corazón de Catra se contrajo y cada parte en las cuales se había roto, sangro. También aumentó su culpa y la especie de determinación que había adquirido. Era más un tipo de salvavidas. Lo único que le quedaba para no volverse loca o dejarse llevar por la muerte.

Por fin, una comitiva de sorprendidos guardias los rodeó. Ellos no llevaban armas, ni armaduras, solamente iban en sus usuales uniformes. Se dejaron cachear y atrapar.

—Su Majestad… Creo que tiene que ver esto —

—General, estamos en medio de una importante reunión de Guerra. Lo que sea, puede esperar —

—Alguien solicita su presencia, mi Reina —

—Cualquiera con poder para solicitarme, está ya en esta habitación ¿Quién más podría ser? Que espere —

—Lo siento, majestad… Es la Comandante de la Horda, Catra —

El silencio que cayó sobre toda la habitación era tan denso que hasta Frosta sintió frío. Glimmer no lo podía creer. ¿Cómo osaba? Su madre la vio y comprendió.

—¡No, Glimmer! —

Bow no espero nada más, igual que la reina, en cuanto Glimmer se desapareció corrieron a la puerta y al salón del trono. Todas las demás, después de un segundo, reaccionaron y los siguieron.

Catra estaba contra la pared, con todas las lanzas dirigidas hacia ella.

Glimmer se había materializado, la vio rodeada de los guardias reales, en el centro de su pequeña comitiva. Scorpia y Rogelio a los flancos, seguidos de Kyle y el otro chico, Lonnie más a su derecha y el robot tranquilamente en la parte de atrás. Entonces se salió de su estupor y la atacó. Catra tenía las manos atadas, igual que todos los demás, así que saltó para esquivar, pero Glimmer la atrapó en el aire. Todos se habían movido para ayudarla pero con una mirada de su comandante retrocedieron.

—Glimmer, bájala — La voz de Angella era gélida.

—¿Cómo te atreves a aparecer por aquí, Basura Hordiana? —

Catra no le respondió, en cambio se dirigió a la reina.

—Pido una audiencia en privado con la dirigente de la Alianza de Princesas —

Glimmer no pudo contra su presunción. Además de todo, la ignoraba. ¿Cómo se atrevía? La apretó con más fuerza y de nuevo Scorpia hizo ademán de moverse.

—No te muevas — Le ordenó Catra entre dientes. Y con pesar Scorpia retrocedió.

—Comandante Glimmer, bajé a la comandante Hordiana — Le dolió. Por sus ojos empezaron a correr las lágrimas. Arrojó a Catra al piso, a los pies del trono y la reina contuvo un suspiro. Los guardias obligaron a moverse a los demás hordianos al centro y los amenazaban con las lanzas.

Todos estaban bastante tranquilos, Kyle miraba maravillado todo, medio escondido entre Lonnie y Rogelio. Los guardias los obligaron a arrodillarse cuando estuvieron directamente frente a la reina y Catra se intentó incorporar pero no la dejaron.

—No tienes ningún derecho a venir y exigir nada aquí, comandante —

—No estoy exigiendo nada. Bajo las ancestrales reglas de hospitalidad, pido el derecho de todo etheriano de tener una audiencia ante la princesa que escoja en caso de necesidad — Todas las princesas bufaron, indignadas y algunas incluso tomaron posiciones de combate.

—Ese derecho se te ha revocado en vista de tus acciones y crímenes — Catra no se amilanaba, sabía que esto no iba a ser fácil. Y estaba tan vacía, que una paciencia avasalladora la llenaba, que más tenía que ver con la total indiferencia al paso del tiempo.

—Sólo el concejo en pleno puede juzgarme por mis acciones antes de sentenciar que sean crímenes — Angella estaba impresionada muy a su pesar por la habilidosa lengua de Catra.

—¿Qué te hace creer eso? —

—Su Majestad, usted lo ha dicho. Soy la Comandante de la Horda, y en nombre de la Princesa Scorpia del Ancestral Reino Escorpión, pido audiencia. No soy una civil que pueda ser juzgada por la voluntad real. Mi rango exige al concejo en pleno —

Mermista, Netossa y Glimmer estaban en pie de guerra. Abiertamente hostiles. Pero todas respetaban demasiado a la reina. Frosta se mantenía bastante neutral, como correspondía a una princesa de su calibre y Spinerella y Perfuma miraban sin ánimos de pelea.

—Es obvio porque Hordak te escogió como su Segunda — Catra no lo había pensado. Esa podría ser la impresión que cualquiera pudiera tener. Hordak no la había escogido, ella había llegado hasta su lugar. Sintió que de nuevo no fuera suficiente por sí misma, todos veían a Hordak a través de su habilidad y no su propio nombre. Como si esa rata de laboratorio la hubiera descubierto — De acuerdo, siguiendo las ancestrales reglas de hospitalidad y atendiendo a tu rango, se te concede una audiencia, pero no será privada. Habla ahora, comandante, ante la Alianza en pleno —

Catra decidió que era lo mejor que podría obtener, y era mucho más de lo que esperaba. Estas tontas princesas, dejándose regir por estúpidas y viejas reglas. Todos guardaron silencio.

—Bien— Respiró profundo y miró a Scorpia, que la motivo con un movimiento de la cabeza — Vengo aquí a ofrecer mis servicios a la Alianza, a cambio de su ayuda —

Sus palabras desataron una respuesta furiosa. Las princesas neutrales cada vez podían mantener menos esa postura.

—¿Ayuda? ¿Servicios? —

—Para terminar de una vez y por todas, con esta guerra. Y su ayuda… para rescatar a Entrapta —

—¿Cómo te atreves? ¡Es tu culpa todo lo que está pasando, es tu culpa que Adora…! —

Tenía que ser la estúpida princesa brillosa. No podía llorar en medio de toda la Rebelión.

—Pido que se libere a mis compañeros. Hemos venido desarmados y en paz — No hizo caso de Glimmer pero sus palabras la taladraban. No podía dejarse llevar. Esto no era por ella. Ella misma ya no importaba. Lo que dijeran, lo que creyeran, ya no tenía importancia. Todo era cierto. Pero no los dejaría ver cuánto la afectaba. La reina dio una cabezada y los guardias soltaron a todos. Catra, sin embargo, no se levantó.

—He desertado, y ellos están conmigo. Pueden juzgarme por lo que he hecho, pero ellos solo han cumplido con su trabajo, así como sus guardias. Sin embargo, antes de juzgarme, querrán usarme para derrotar a Hordak —

—¿Por qué crees que te necesitamos para eso? —

—Porque ya no serán necesarias más vidas… tengo un plan — Y le hizo un gesto a Roy para que se adelantara.

Todos los guardias observaban sus movimientos. Cuando se puso al lado de Catra, miró a la reina e hizo una reverencia exagerada y teatral. Cuando se levantó, en vez de parpadear horizontal lo hizo vertical, y la reina dio un paso atrás. Después de un segundo y que una bruma negra rodeara al soldado hordiano, una segunda reina estaba frente a todos. Exclamaciones de asombro llenaron el recinto.

—Su majestad, soy Double Trouble y estaré al servicio de Catra —

—Ellos son leales a mí — Repitió Catra. Lo único que estaba buscando era mantener su posición para poder seguir con vida por lo menos para salvar a Entrapta.

—DT se hará pasar por mí dentro de la Horda. Dará mis órdenes y nos mantendrá al tanto de los planes de la Horda, para poder preparar un ataque y terminar con esto de una vez por todas… —

La reina seguía impresionada. Ahora había dos Catras literalmente junto a ella. Ante un gesto de Catra, DT regresó a ocupar la forma de Roy, pues no estaba dentro de sus planes que conocieran tan pronto su apariencia real.

—¿Por qué estás haciendo todo esto? —

—Ya no tengo nada que perder… —

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DT había vuelto a la Horda, como segundo al mando, junto a Lonnie y Emily. Habían declarado capturados a Scorpia, Rogelio y Kyle. Roy simplemente había despertado en su barraca con un fuerte dolor de cabeza después de una ligera sobredosis de veneno escorpion.

A Catra le habían dado una habitación para ella sola, después de asegurarla con magia. Cuando su nariz se aburrió de oler lo que tenía más cerca, vagó por el pasillo. Y no podía ser cierto. Sus pies la llevaron hasta la puerta, su mano abrió la manija. Tenía que ser una broma. Estaba abierto. Salió al pasillo y solo tuvo que llegar a la siguiente puerta a la derecha para reconocer su olor. No se atrevió a abrir la puerta. En cambio, se hizo un apretado ovillo junto a esta, con la nariz lo más cerca de la rendija de las puertas y dejó que el olor la llenara. Las lágrimas cayeron solas y por una noche, no tuvo pesadillas, pero al despertarse apenas el pasillo empezó a iluminarse, se sintió mucho peor, su inconsciente la había llenado de sueños cálidos y totalmente imposibles, pero despierta, eran cien veces peor que las pesadillas. La añoranza y el amor le quemaban en el pecho. Prefería el aguijón de la culpa y el remordimiento, eran sentimientos con los que podía lidiar, que no la dejaban incapacitada.

Regresó a su propia habitación y se alistó. Hoy comenzaba todo. Tenía que lograr de algún modo que la Rebelión confiara en ella, por lo menos en cuanto a sus intenciones. Preparó su pad con DT y estuvo lista en cuanto sus guardias arribaron por ella. La llevaron hasta el salón del Consejo de Guerra, y fue de las últimas en llegar. Solamente faltaban la Reina y la princesa gobernantes. Scorpia también estaba, flanqueada por un par de guardias reales también. Catra observaba todo con suprema indiferencia, no hacía caso de los obvios susurros. Ella tenía solo una misión, nada más. Ahora todo era un medio necesario en pro de completarla. Cuando todo terminara, podría descansar.

—Bien, comencemos de una vez… Comandante Catra, ¿Cuál es el siguiente paso en los planes hordianos?—

Catra suspiró. Ya no había marcha atrás.

—En la última… Incursión rebelde, se sufrieron significativos daños, las últimas semanas se han utilizado para re organizar las líneas frontales y reparar las fraguas y fábricas, pero los suministros son escasos. El siguiente movimiento es asegurar y abrir un camino hasta Drill, para explotar sus minas y aprovechar sus cultivos—

—Drill se encuentra en manos de los hordianos desde que Entrapta está con ellos— Replicó amargamente Glimmer. Catra paso los ojos sobre ella sin verla. Pero respondió.

—Nominalmente, tal vez. Aunque Entrapta es su princesa, muchos civiles decidieron unirse a la Rebelión por su cuenta, lo que nos representa… Es decir, representa muchos problemas logísticos para la Horda. Dentro de cuatro días, habrá una ofensiva mayor para tomar Drill definitivamente. Necesitamos a Entrapta para detenerlos—

—¿Qué pasó con Entrapta?— Perfuma preguntó, generando la primer respuesta visceral de Catra en días.

—Está… Está en Isla Bestia— Las princesas no retrocedieron ante el nombre como lo hubieran hecho las huestes hordianas. Solamente la Reina y Spinnerella tuvieron alguna reacción más elaborada.

—¿Cómo es que la princesa Entrapta está en ese lugar? ¿Acaso Hordak la envió a buscar más tecnología de los primeros?—

Catra sintió la necesidad de justificarse en este cable que sin querer la reina le lanzaba. Scorpia miraba el suelo apenada. Catra no se lo merecía, lo sabía, Scorpia no la delataría. Todos sus pecados tenían que ser expiados. Ella ya no importaba.

—No. Hordak no la envió… Fui yo— Un jadeó general se dejo escuchar —Antes de activar el portal, Entrapta supo que todo se colapsaría e intentó detenerlo e informar a Hordak. No la dejé y la envié a Isla Bestia. Ahora Hordak está continuando con sus investigaciones y solo ella es capaz de detener a los siguientes robots que serán desplegados, sin que eso signifique sacrificar a las tropas rebeldes—

—Isla Bestia… La Horda no ha mejorado sus castigos desde hace décadas—

—¿Qué es la isla Bestia?— Cuestionó Frosta.

—Es una isla en mitad del océano, mucho más allá de las Salinas, donde los Primeros arrojaban sus experimentos fallidos. Todo en esa isla se ha corrompido a causa de esa tecnología podrida— Contestó Spinnerella.

—Debe ser como un parque de diversiones para la princesa nerd entonces— Mermista se atrevió a hablar. Catra le siseó de inmediato.

—Esa isla está plagada de monstruos e incluso los árboles tienen navajas en vez de hojas—

—¡Y quién la envió ahí en primer lugar!— Glimmer contraatacó. Todas vieron como Catra retrocedía y empezaba a hiperventilar. Clavó su mirada en Glimmer, y la princesa tuvo un ligero punzón en el pecho de escarmiento al ver como la comandante hordiana reaccionaba.

—¿Crees que Entrapta puede seguir viva?— La pregunta de la Reina tomó a todos por sorpresa, que esperaban una confrontación mayor entre las comandantes.

Scorpia se adelantó para rodear con sus tenazas a Catra, sin llegar a tocarla y la gata se ladeó un poco, tratando de controlar su respiración.

—Si alguien puede, seguramente es Entrapta— Declaró la princesa con pinzas.

—Está bien. Pero solo tenemos cuatro días hasta el ataque. No hay modo alguno de que puedan rescatarla y regresar en tan poco tiempo—

Catra estaba intentando tranquilizarse, logró la suficiente compostura para contestarle a la reina, ya que parecía que la estaba escuchando de hecho.

—Entonces lo mejor será simular solamente una defensa representativa de la Rebelión en Drill, para no arriesgar a las tropas y empezar a movilizar a los rebeldes que siguen en territorio de Drill…—

—Majestad, tal vez exista un modo— Bow levantó la mano.

—Puedes hablar, Bow — Y el maestro arquero asintió cortésmente.

—He estado trabajando en la nave de Mara, de los Primeros, creo que es capaz de ir y regresar. Sería muy rápido—

—¿Entonces te ofreces para la misión en Isla Bestia?— Bow tragó duro. Una isla llena de tecnología infectada no era muy tentador.

—Si Bow va, yo también— Saltó de inmediato Glimmer. Y la reina palideció.

—Y yo— Las princesas empezaron a declararse, lo cual sorprendió a Catra. A pesar de que todas la odiaban, a pesar de que Entrapta las había traicionado, aunque no fuera consciente de eso, se estaban pronunciando para ir a salvarla, cuando no existía ninguna garantía.

—Scorpia, Rogelio y yo podemos ir—

—¿Y dejarte sola con la nave de los Primeros? Debes estar bromeando—

Catra prefirió no responder, porque no quería que Glimmer la volviera a atacar. Hasta ahora no se había dado cuenta de lo incisiva y espinosa que era la princesita. La Reina se sobó el puente de la nariz, tenía que pensar rápido. No podía detener a Glimmer, después de Entrapta, Bow era el mejor técnico que tenían, sólo él podía usar la nave. No volvería a cometer el error de no escuchar a su hija. Era la única solución posible

—Está bien. Bow, en cuanto tengas lista la nave, saldrán en una misión de rescate para Isla Bestia. Comandante Glimmer, queda a cargo de la misión. Hagan todo lo necesario para rescatar a la Princesa Entrapta. Serán acompañados por los soldados hordianos— Ahora se dirigió específicamente a Catra —Serás sometida con un hechizo de restricción. No podrás alejarte de la Nave sin estar acompañada por la Comandante Glimmer... si intentas herir a mi hija, el hechizo te incapacitara— Catra tenía que admitir que la reina podía ser tan intimidante como Hordak, lo cual era fascinante, porque no necesitaba recurrir al miedo o al dolor.

La reunión continuó con los pormenores y uno de los hechiceros enviados de Mystacor lanzó la misma runa contra Catra, Scorpia y Rogelio. Kyle se quedaría atrás para ser el puente con Lonnie y Double Trouble. Bow necesitaría todavía un día más para tener a punto la nave.

Los hordianos fueron recluidos todos en su habitación después del Consejo de Guerra. Catra lo único que quería era regresar a ese pasillo infernal y acurrucarse junto a las puertas de su perdición. Ahora un pequeño pasillo interior llevaba de la habitación de Catra a la habitación que estaban compartiendo Rogelio, Kyle y Scorpia, que contaba con sus divisiones personales. Todos estaban intrigados por las raras cosas que los guardias reales les habían llevado a la hora de la cena. Y cuando lo probaron, Kyle estaba llorando, Rogelio emocionado lo había devorado todo con ojos de corazón y Scorpia casi se derretía. Catra no probó un bocado.

Esa misma noche, la gata regresó a sus puertas vecinas. No había nadie otra vez. Se ovilló apretadamente ahí y después de sollozar silenciosamente por un rato, se quedo dormida.

En medio de la noche, Glimmer salió de su habitación, con los ojos hinchados. Caminó tranquilamente hasta el cuarto de Adora y su sorpresa fue mayúscula. Catra era una apretada bola de pelo con la cara vuelta al piso y a la cola rodeándola casi por entero. Iba a despertarla, pero entonces se dio cuenta que en sueños, lloraba, y al mismo tiempo, su expresión era relajada. Se veía casi indefensa. Se acercó a la pared contraria y se dejó escurrir hasta que terminó sentada en el piso. Se quedo viendo a la gata un buen rato, sin qué variará nunca su posición a no ser la cola ocasionalmente. Hasta que se quedó dormida también en medio del pasillo.

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Glimmer se despertó cuando su cabeza azotó contra el piso con un sonido sordo. Catra se inquietó pero no se despertó, la noche aún estaba oscura y Glimmer se levantó sobándose el cuello y la cintura, le dio una última mirada a Catra, su mirada guardó compasión por un segundo, para después tornarse dura de nuevo. Caminó en silencio hacia su habitación.

Con la luz clareando los pasillos, Catra se despertó y regresó a su propia habitación, que era inmensa en su opinión. Su habitación como Segunda de la Horda no tenía ningún parangón con esto. Su ropa de la Horda estaba hecha un desastre, una parte de ella ya no quería nada de la Horda y necesitaba ganarse aunque sea el beneficio de la duda entre las tontas princesas. Miró qué ofrecían los armarios y cajones que esa habitación poseía. Tenía que admitir que la Rebelión era prolija, la Horda no consentía así a sus prisioneros… si es que los tomaban. Había ropas de todo tipo.

Casi todo eran colores claros y pastel, pero había unos pantalones ajustados negros, con una línea dorada corriendo en los exteriores a la cintura. Un jubón bermellón… solo le cortó las mangas y el escote que le gustaba. Decidió que la corona ya no era necesaria y se acomodó y cepilló el largo cabello después de una corta ducha para que algunos mechones cayeran a los lados de su rostro, pues lo sentía muy expuesto. No importaba cómo se sintiera o si es que ya no sentía nada, tenía que demostrar a sus enemigos, y a sus posibles aliados, que seguía siendo la Comandante de la Horda. Volvió a ponerse sus guantes desiguales y su chaqueta del Desierto Carmesí.

Desestimó su desayuno y solo tomó la bebida que le llevaron, demasiado suave para su gusto. Después supo que era un té. Cuando entró al salón del Consejo de Guerra, Mermista le dedicó una mirada especulativa y una sonrisa sardónica antes de desviar la mirada de nuevo a la mesa llena con marcadores del avance hordiano.

Glimmer se mantuvo más callada esta vez, puntualizaba cosas y ya. Toda la reunión se dedicaron a hablar de datos técnicos de la Horda. Cuántos efectivos, robots, puestos de avanzada, maniobras. Catra dio todos los datos de memoria. La Reina y la General seguían preguntando y solamente Scorpia tuvo que corregir dos de los datos, por los cambios ocurridos durante las dos semanas de Catra ausente.

Catra no se desesperaba, respondía todo desapasionadamente, su mirada vacía pasaba sin ver por las caras de los presentes. La Gran Hechicera Castaspella estaba ahora en el lugar de su hermano, y nadie podía negar la cara de disgusto que tenía. Pero la Reina Angella era implacable. No permitió a nadie desviarse del tema de la reunión y cuando obtuvieron toda la inteligencia necesaria, a petición de Catra, realizaron un simulacro de la defensa falsa de la Rebelión en Drill, solo por si su misión se alargaba más. Incluso la General se mostró asombrada ante las tácticas de Catra.

Cuando interrumpieron la reunión para el almuerzo, todas las princesas se replegaron juntas. Pero Frosta se acercó emocionada con Scorpia, que estaba junto a Catra en su habitación, ya que a ella le tocó la guardia.

—Wow, siempre he pensado que tus pinzas son impresionantes. ¿Puedes romper cosas o solo… cortarlas?— Scorpia miró extrañada a la niña y después a Catra, y esta solo le respondió con un movimiento dismisivo de la mano.

—Eh, sí, cortar, romper… creo que todo—

—¡Asombroso! ¡Quiero probarlo!— Entonces Frosta creó unas pinzas de hielo, que eran capaces de abrirse y cerrarse sin que el hielo se rompiera.

Catra se alejó del exaltado par y se acercó a la ventana y miró al vacío con nostalgia. Por simple curiosidad acercó la garra del índice derecho al espacio libre, y apenas a unos centímetros de rozar el "borde", una ligeras chispas hicieron vibrar el aire. Era una solución muy elegante para su encarcelamiento. Frosta permaneció un rato más con ellas pero se retiró para cenar con el resto de princesas.

—Pareces estar mejor, gata montes— Scorpia se acercó a Catra y movía sus pinzas nerviosamente, la gata le respondió con un ligero gruñido —¿Estás lista para ir a Isla Bestia?—

—Seguro—

—Catra… ¿Crees que Entrapta estará bien?—

—Si es una isla llena de tecnología de los Primeros, vamos a tener que arrastrarla fuera de ahí— El comentario llano le sacó una pequeña sonrisa a Scorpia.

—Me gustaría que Emily pudiera acompañarnos— Ninguna dijo ya nada, ambas mirando el vacío. Pero el vacío que miraba Scorpia era otro, mucho más lejano y profundo que la aciaga tarde de Luna Brillante con su cielo insondable; un vacío que le rompía el corazón. Entendía que Catra había muerto junto con Adora. Su rabia, su fuego y su pasión, y con ello, lo mejor y lo peor de la gata.

Después de un rato más sin decir nada, Scorpia se retiró a su habitación, para encontrar a Kyle y Rogelio recostados juntos con nuevas ropas, aparentemente hablando y viendo a Lonnie a través de un dispositivo. Los miró con una mueca añorante y tierna.

Esa noche, Catra se presentó otra vez frente a la puerta y esta vez dudó un poco antes de acostarse en el frío y duro suelo, no porque le importara. Había soportado peores castigos y peores lugares donde dormir en la Horda. Su mano izquierda reposó en el picaporte, del dedo índice al anular, todavía le faltaban las garras, que eran una masa grisácea empezando a formarse de nuevo sobre la carne lacerada. Las garras que le faltaban en los pies seguían el mismo patrón. Cada paso dolía, pero el dolor la confortaba, la hacía centrarse. Al final, bajó la mano sin abrir la puerta y volvió a apretarse en el suelo lo más que pudo contra la rendija.

Glimmer se teletransportó fuera de su habitación, para encontrar a Catra, no sabía si lo esperaba o no. Se acercó en silencio y se sentó en el mismo lugar que la noche previa. La cola era la única parte de Catra que se movía de repente, y a ratos sollozaba, pero jamás se despertaba. Glimmer se sentía acompañada, sabía que Bow sufría también, pero no era lo mismo.

Poco antes del amanecer, Glimmer se escabulló a su propia cama y se dejó envolver en esa calidez durante el poco tiempo que tenía antes de que la llamaran para la misión.

Bow se apareció un rato después, llamando a la princesa brillante para que despertara, él estaba muy emocionado por el viaje en sí mismo. Ya que estaba orgulloso de poder poner a punto la nave de Mara. Glimmer se dejó contagiar un poco de su entusiasmo, irían a una aventura y rescatarían a Entrapta. Su mamá había confiado en ella y era un nuevo día.

Cuando llegaron al salón principal, ahí estaban los hordianos desayunando. El chico lagarto devoraba unos pasteles y el chico rubio se veía divertido.

—Catra, por favor… Gata montes, tienes que comer. Vamos a la misión—

—Por última vez, Scorpia, no quiero nada—

Catra estaba muy delgada y Glimmer no lo había notado. Ni siquiera se molestaba en gritarle a Scorpia, solo estaba más allá del fastidio, una actitud que ni siquiera Mermista podía igualar. Cuando la gata se dio cuenta de quién venía, dejó de "discutir" con Scorpia y solo por hacer algo con las manos, agarró algo de comer y empezó a masticar.

—Ya todo está listo, después del desayuno nos podemos ir, Comandante Glimmer—

—Bien, Maestro Bow— Y el par de mejores amigos sonrieron, con más intenciones en la mirada. Siempre habían sido dos, y ahora les faltaba una. Era ya casi un mes sin Adora.

El cambio de ropa de Catra y los otros hordianos no paso desapercibido pero nadie dijo nada.

Kyle abrazó a Rogelio antes de irse, para quedarse después al lado de Perfuma, a quien le tocaba la guardia.

—Mucha suerte, amigos. Encuentren a Entrapta y regresen sanos y salvos. Estoy segura que el universo nos ayudará—

Después de mucho revisar y analizar la nave, Bow había descubierto el panel principal que la había despertado y puesto a funcionar. Scorpia, Rogelio y Catra ya estaban dentro de la nave. Bow subió y por último Glimmer, quien llevaba a la espalda, una de las recurrentes pesadillas de Catra. Despegaron con algunos inconvenientes y después de unas cuentas sacudidas, la voz ligeramente femenina de la nave, les indicó que ponía rumbo al depósito de desechos denominada Isla Bestia.

—Espero que no pretendas que viajemos así el trayecto completo, Bow— Le increpó Catra en medio de las quejas de todos los demás. Bow se rio nervioso.

—No, todo saldrá excelente—

Una nueva sacudida desmintió sus palabras y provocó que la espada cayera de la espalda de Glimmer y fue cuando Catra la vio.

—¡¿Qué haces con esa cosa!? ¿Por qué la trajiste?— La felina se alejó a la pared más lejana y Scorpia y Rogelio la intentaron cubrir.

—¡Es el arma más poderosa que tenemos todavía, además de que vamos a una isla con tecnología de los Primeros!— Le gritó Glimmer de vuelta.

—¡Precisamente! Esa espada solo crea problemas cuando está junto a la tecnología de los Primeros— Le regresó.

—También nos ha ayudado mucho en otras situaciones— Bow intervino antes de que la pelea se pusiera peor.

Catra la miró con ojos enormes y temblando, trató de esconderse detrás de Scorpia.

—Es tu culpa y lo sabes, lo que estás haciendo no traerá de regreso a Adora— Le increpó Glimmer a la gata con voz queda y venenosa, mientras tomaba la espada para volver a colocársela en la espalda.

Scorpia miró molesta a la princesa Comandante, Catra recuperó el porte solo porque era lo que siempre hacía, nadie debía de ver su debilidad, y mucho menos Glimmer, pero sus palabras siempre eran certeras, duras rocas que daban en el blanco cada vez.

—No tienes porque decir eso, Glimmer—

—¡Bow, por favor! No te atrevas a defenderla— Los tres hordianos escuchaban en silencio. No podían decir nada contra la princesa. —Ella ocasionó todo, y si ahora tenemos que ir a rescatar a Entrapta es porque ella la mandó ahí en primer lugar—

El arquero miró hacia fuera, rascándose incómodo la cabeza.

—Eso es cierto, pero no es el momento. Tenemos que enfocarnos en la misión y trabajar juntos si queremos ser capaces de rescatar a Entrapta… Catra, ¿Qué nos puedes decir sobre Isla Bestia?—

Catra respiró y al fin dio un paso al frente. Debía de admitir que el arquero era demasiada buena persona.

—Todo lo que existe en esa isla intentara matarnos. No confíen en nada de lo que vean—

Siguieron hablando más pero Catra se mantuvo lo más lejos posible de Glimmer y la espada. Scorpia, Bow y Rogelio en cierto punto empezaron a hablar de otras cosas. Scorpia de verdad parecía estar mejor. Iban camino a rescatar a su amiga y Bow, Perfuma, Kyle y Rogelio eran geniales. Frosta había hablado con ella y por Etheria que esa niña era muy sabia para su edad.

Catra solo miraba al vacío desde la ventana. No sentía ningún interés por la plática de los demás y Glimmer estaba sentada sobre la silla del capitán en el puente, tratando de generar runas en el aire que se desvanecían sin ningún efecto.

Cuando al fin arribaron, todos bajaron con precaución. Rogelio y Scorpia sumamente nerviosos y asustados, vestidos con sus uniformes de la Horda de nuevo. Las escamas de Rogelio estaban ligeramente erizadas, lo que le daba un aspecto bastante curioso.

—Vamos, par de cobardes— Ordenó Catra con voz apagada y la siguieron sin cuestionar.

Bow y Glimmer se miraron entre sí. Habían visto a Catra pelear, la habían visto a punto de tener dos ataques de ansiedad, la habían visto furiosa y violenta, pero en realidad jamás la habían visto liderar y pronto se dieron cuenta que sus pasos ligeros eran iguales a los de Adora.

La Adora que surgía en medio de la batalla, que no era torpe ni dudaba, que iba por delante y pensaba fríamente sin importar las dificultades y tomaba las decisiones pertinentes. Con la cola relajada, los hombros ligeramente echados para atrás, y la cabeza girando para observar a su alrededor, podrías superponer una figura de Adora a la de Catra. Y Glimmer sintió un frío pinchazo cuando su cerebro lo hizo.

Era diferente las orejas y la cola y la altura, pero esta era la silueta de una Capitana de la Fuerza y no había ninguna duda. El modo en el que se desenvolvía Catra, los movimientos fluidos, las indicaciones certeras a sus soldados, todo era una copia de Adora. La sonrisa de suficiencia, que indicaba que por mucho que fuera una Isla que hasta a la Horda le daba pesadillas, Catra disfrutaba estar al mando. Era la misma sonrisa de salvaje gozo que se formaba en la cara de Adora antes de una batalla. Y Rogelio y Scorpia se movían fluidamente al lado de su comandante. Habían dejado de temblar y ahora eran cautos y eficientes soldados, extensiones del cuerpo y el cerebro de su oficial al mando.

Y fue cuando Glimmer cayó en cuenta, que si podía reconocer a una Capitana de la Fuerza viendo a Catra, pero no a Scorpia, es que entonces las similitudes no eran porque hubieran recibido el mismo entrenamiento. Era porque Catra y Adora se conocían desde niñas, habían crecido juntas, y seguramente se conocían tan bien como ella misma con Bow. Glimmer podría organizar ataques sorpresa con Bow en medio de la batalla solo con mirarse a los ojos, y sus movimientos eran fluidos y sincronizados porque sabían exactamente cómo se movía el otro. Catra y Adora eran iguales. Jamás podrías adivinar si esa sonrisa ladeada de suficiencia era de Catra o de Adora. ¿Quién le había copiado a quién?

Catra además de todo, movía las orejas, pendiente de los sonidos conforme avanzaban y se adentraban en el bosque amenazante, y fruncía la nariz, claramente olfateando. Rogelio abría la boca de vez en vez y con señas concisas se comunicaba con Catra, que parecía confirmar lo que el lagarto le compartía. Scorpia llevaba la cola bastante arriba, con el aguijón dispuesto.

Bow también era un gran vigia. Glimmer sentía todo los vellos de los brazos erizados. Había algo muy malo en esa isla, algo… malo no era la palabra correcta. Algo perturbado y pervertido. Toda la isla y su naturaleza eran una perversión de sus símiles en tierra firme. Y la magia que corría por sus entrañas era negra y húmeda y se arrastraba, buscando.

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DT estaba aburrido. Ser el Segundo al mando de la horda no era tan divertido como lo había pensado, pero conocer los recovecos de la Horda era algo curioso en sí mismo y sin duda, representar el papel de Catra, era un constante esfuerzo. Saber con certeza que tan duro, hostil y volátil ser, además de seductivo, sarcástico y elocuente. Nadie de los Capitanes parecía darse cuenta de lo que pasaba. Y se sorprendió al descubrir que a pesar de que Catra era hermosa, nadie se atrevía a mirarla, ni al rostro, ni a ninguna parte, más que cuando ella hablaba y ni así nadie se atrevía a desviar la mirada de su rostro.

Su interacción con Hordak era seca y directa, rendía informes y Hordak solo afirmaba. Le parecía alguien tan plano, se preguntaba de verdad cómo es que un ser tan vacío, había logrado derribar al reino Escorpión y a su vez poner al resto de reinos en jaque.

Pero no había juzgado mal la situación, ponerse al servicio de Catra le traería el renombre y la remuneración que alguien de su talento merecía.

Catra sentía las entrañas revolverse a cualquier sonido inusitado, sus soldados la seguían, confiando en su juicio para tomar las decisiones. Aunque no estaba segura que fuera confianza la palabra que debía de utilizar. El entrenamiento y el condicionamiento dentro de la Horda era muy difícil de evadir a partir de cierta edad, y ellos habían pasado esa edad hacía mucho tiempo. El miedo y el respeto a la autoridad era la base de todo el sistema. Si cualquier cadete le gritara a Catra una voz de mando, seguramente ella reaccionaría antes de darse cuenta. Especialmente a las órdenes de "¡Firmes! ¡Saludar! ¡Descansen!", propias de los inicios y términos de los entrenamientos.

Scorpia le había susurrado ya varias veces si es que no había escuchado un extraño murmullo entre los árboles, o un tipo de ligero chirrido. Cada vez, Catra la había mandado callar con un movimiento cortante de la mano.

No tenían que divagar, estaban en constante peligro de muerte. Una avalancha de Pookas los había atacado ante la indiscreción del arquero. Rogelio los destrozaba con sus garras, igual que Scorpia, que además incapacitaba a los que podía con su aguijón, y Glimmer atacaba con presteza utilizando la espada de poder pero los estaban superando, eran demasiados. Catra ocupaba su lucha cuerpo a cuerpo y su látigo para mantenerlos a raya, creando un ángulo con los otros dos hordianos, al ver que estaban superando a los Rebeldes, se movieron para incluirlos en su defensa, pues Bow había sufrido una mordida y no podía pararse bien, la princesa miraba desesperada a su alrededor.

—¿No puedes hacer algo mejor, princesa?— Le escupió Catra en medio de la pelea, los tres hordianos eran grandes guerreros, pero pronto los superarían por simples números y estamina.

—¿Y a dónde quieres ir?—

—¡A cualquier lugar lejos de aquí! ¡No tiene que ser demasiado! ¡Solo tienen que dejar de seguir nuestro rastro!—

—¡Necesito tocarlos a todos! ¿Sabes?— Y Catra recordó que Glimmer necesitaba estar en contacto con lo que fuera a teletransportar.

—¡Ya oyeron a la princesa, muévanse!—

Y entonces se movieron de acuerdo a la orden, cerrándose poco a poco. Bow los ayudó disparando unas cuantas flechas más. Otro pooka alcanzó a Rogelio en un brazo y Scorpia apenas podía mantener su posición y la de Rogelio. Catra estaba en todas partes, pateando, golpeando, batiendo el látigo, pero respiraba pesadamente. Su cuerpo resentía la falta de alimento y ejercicio del último mes, se sentía pesada.

—¡Basura hordiana, tengo una idea, pero necesito unos segundos!— Catra miró con cansancio a Glimmer, apreció la determinación en su rostro y asintió.

—¡Hazlo entonces, Chispitas!—

Bow estaba en el centro, chillando y ayudando como podía, Rogelio gruñía con dolor y atacaba con la cola. Scorpia demostraba su gran valor como peleadora. Glimmer se concentró unos segundos que a todos se les hicieron eternos, su magia brillaba desde sus extremidades hacia su pecho y conforme el brillo se concentraba, ocasionó una esfera de poder que después de absorberlos, explotó. Ellos fueron expelidos unos metros unos de otros, sin embargo los pookas más cercanos a ellos yacían muertos o desmayados, y los más lejanos chillaban escapando sin control pero se estaban reagrupando rápidamente. Catra instaba a todos a moverse rápido.

Scorpia cargó a Bow para llegar con Rogelio, Bow agarró el brazo de Glimmer porque ella sostenía la espada, mientras la princesa le ofrecía su palma abierta y vuelta hacia arriba a Catra, que por un momento dudó. En cuanto tomó la mano de la princesa, se teletransportaron y solo un furioso pooka que se había enganchado a la capa de Glimmer en el último momento, había reaparecido con ellos. Ante la sorpresa y el susto, la pelirosa blandió la espada, sin realmente sostenerla y salió fuera de su mano, yendo directamente en trayectoria hacia Catra, que en el mismo segundo la estaba tratando de esquivar y Scorpia se estiraba para intentar alcanzarla y Rogelio se giraba sobre sí mismo para mandar a volar al pooka con la cola. Justo antes de que la espada atravesara el muslo de Catra, simplemente la golpeó con la parte plana.

Catra estaba segura que la punta de la espada se le iba a enterrar, la pinza de Scorpia no llegaría lo suficientemente pronto y Catra aún estaba cansada como para moverse más rápido

La espada había variado el ángulo solo un poco, lo bastante para golpearla en vez de abatirla.

—Uff, menos mal. Creía que no alcanzaría a llegar… ¿de verdad nadie escucha ese sonido? — Scorpia empezó a hablar y decir más cosas, pero Catra solo le prestó atención a esas palabras. Ella había visto claramente como Scorpia no había ni rozado la espada.

Detestaba este lugar, detestaba la magia, detestaba la perenne sensación de tener a alguien mirando por sobre el hombro, detestaba esa espada y detestaba a Glimmer por haberla traído.

—Ten más cuidado, ¿quieres, princesa?— Solo Catra podía lograr que una palabra fuera un insulto y todavía sonara suave a la vez. Le devolvió la espada y Glimmer la recibió en silencio, ligeramente apenada por su desliz.

Después de atender a los heridos como pudieron, siguieron su camino. Se enfrentaron a unas cuantas bestias más, pero ya no luchaban como dos equipos distintos, sino que empezaron a sincronizar más, presentando una defensa sólida. La felina los guiaba con precisión gracias a sus sentidos, y poco a poco, Bow la obedecía tan bien como Scorpia, y Glimmer simplemente sucumbía a la sinergía del equipo. Incluso en determinado momento, Catra tomó con el látigo a una cosa peluda y con tentáculos, miró a Glimmer y siguió el giro y soltó a la bestia con un giro de muñeca para que Glimmer lo acabara con un puño de brillos.

Se sentían con un poco más de confianza entre ellos a pesar de las heridas. Scorpia había picado ligeramente a Bow en la pierna, que se le había adormecido lo suficiente para que pudiera apoyarla sin sentir mucho dolor. Y el moreno le agradeció con una sonrisa sincera que sonrojó a Scorpia de puro gusto. Pocas veces sus habilidades naturales eran bien recibidas.

Ahora que se movían como un solo equipo, se les presentaba un nuevo obstáculo: tres bichos gigantescos, parecidos a los que resguardaban el Faro, que le hicieron recordar a Glimmer acerca de Light Hope. Eran inmensos y aunque un poco torpes, tenían que moverse rápido, solo las garras de Catra y la espada de poder les hacían daño, así que la gata y la princesa rápidamente sincronizaron ataques. Catra sufría horrible con cada zarpazo al tener todavía tiernas las garras que se había arrancado y los dedos le sangraban, manchando el látigo y sus guantes. Una de las garras de los insectos iba a atravesar a Catra y Glimmer estaba a su lado y aunque había intentado protegerla con la espada, no había sido lo suficientemente rápida, cuando sintió como su mano era llevada más allá por la espada misma y bloqueó el ataque, a costa de su propia defensa, lo que le iba a costar caro.

Un destello y un grito de batalla los distrajeron a todos. Y salvaron a Glimmer. Ante el atacante misterioso y su envite, los insectos retrocedieron. Catra y todos se prepararon, porque desconocían esta amenaza, pero cuando la persona se bajó la capucha de la rudimentaria capa, Glimmer dejó caer la espada y cayó de rodillas al piso con las manos en el rostro. Y el hombre de cabello largo y entrecano, gran musculatura y densas cicatrices, empezó a negar y llorar. Los hordianos bajaron la defensa, confundidos, y fue cuando escucharon a Bow murmurar.

—El Rey Micah… — Y Catra entonces cuadró las imágenes planas de los murales de Luna Brillante con el hombre frente a ellos.

—¿Glimmer?— Él fue el primero en poder hablar.

La princesa al fin recuperó el habla y la movilidad y se lanzó a los brazos de su padre, que seguía llorando.

—¡¿Papá?! Papá! ¿De verdad eres tú?—Sollozaba en sus brazos. No entendía nada y las otras cuatro personas se veían realmente apenadas, incomodas.

—¿Qué haces aquí, mi niña?— Y la volvió a mirar, consternado, confundido, feliz, hecho un caos —¿Cuánto tiempo tuvo que pasar para que seas una mujer tan grande y hermosa?— Dijo con la voz quebrada y llorando más que la propia princesa.

—Ca-casi 20 años, papá— Y Glimmer se apretó más a él.

—¡No puede ser! ¿Y cómo es que estás aquí? — Y reparó en Rogelio y Scorpia, que habían llevado sus uniformes de la Horda porque se sentían más cómodos en campo con ellos.

El rey levantó una mano, de la cual un círculo de magia relampagueó amenazante.

—¡Mi hija no sufrirá lo mismo que yo a causa de la Horda del Mal!—

—¡No, papá, detente!—

—¡Rey Micah, alto!—

Bow y Glimmer se habían puesto frente a los hordianos, protegiéndolos y los tres se miraban nerviosos entre sí, ligeramente a la defensiva. Micah apenas tuvo tiempo de detenerse antes de soltar el hechizo, se detuvo pero sin bajar la mano.

—¡Ellos vienen con nosotros, papá!— Glimmer se llevo una mano al pecho y con la otra los señaló a los tres.

—Pero son hordianos...—

—Es una larga historia, majestad, pero le aseguramos que está bien. Vienen con nosotros— Bow ayudó con su voz tranquila.

—Majestad, soy Catra, Comandante de la Horda, me he puesto al servicio de la Reina Angella y la Rebelión para terminar con esta guerra. Ninguno de nosotros tenía idea de que usted estaba aquí— La gata dio un paso al frente para no dejar que los dos rebeldes los defendieran solos y se inclinó deferente.

—La Comandante… — Rápidos destellos pasaron ante sus ojos y todos pudieron ver como el peso de las palabras calaba en él, pero sin saber en realidad cómo lo estaba afectando.

—Rey Micah, nosotros venimos para rescatar a una amiga, la princesa Entrapta ¿La ha visto?—

—Sí, sí.. la he visto, ella está… se adentró en la parte central de la isla— Dijo no muy convencido.

—Papá… — Glimmer de nuevo corrió a su lado. Las lágrimas no habían dejado de caer por sus mejillas, estaba tan confundida y feliz, atemorizada. Se abrazó a su pecho y lloró un poco más. El Rey también lloraba y parecía cada vez un poco más centrado.

—Mi niña, Glimmer, mi princesa— Adoración y un infinito alivio es lo que llenaba la voz del hombre.

En algún momento tendría que lidiar con todo el peso de estas pocas y asombrosas noticias. La nueva Comandante hordiana, traicionando a la Horda, ¿Eso que implicaba para Shadow Weaber? La maestra que le enseñara todo lo que lo había ayudado a sobrevivir en esta isla infernal, y al mismo tiempo, la culpable de que se hubiera perdido toda la vida de su hija. Y su esposa, por fin, poder verla después de tanto tiempo.

—Tenemos que movernos, estamos expuestos— A Catra le agradaba saber que esta sorpresa no sería un lastre, aunque detestaba que fuera un hechicero también.

—Así que… La Comandante de la Horda, eh—

—Así es, Majestad—Cuando Catra no dijo nada más, Scorpia intervino.

—Estamos para ayudar, Su Majestad—

—Tú me pareces conocida...—

Ya todos habían empezado a caminar y de momento, Bow era el que había tomado la espada y la había metido a su carcaj, porque Glimmer estaba encandilada y colgada del brazo de su padre.

—Quizá conoció a mi… familia. Soy Scorpia—

—¿La princesa del reino Escorpión?—

—Así es… pero en realidad era Capitana de la Fuerza, y ahora estamos junto a la Rebelión— Sonreía y su jovialidad era contagiosa.

Rogelio se les adelantó e hizo un gran discurso lleno de ademanes, gruñidos y exclamaciones. Micah lo miraba asombrado y todos se miraron entre sí extrañados. Incluso Catra y Glimmer compartieron una mirada interrogativa, a la cual Catra se encogió de hombros.

—¡Vaya! No tenía idea ¿Entonces fue tu idea venir, Comandante?—Catra dio un paso atrás.

—¿Lo pudo entender?— La verdad es que hasta Rogelio lucía sorprendido.

—Por supuesto, la mayoría de hechiceros podemos entender el reptiliano sin problema—

—Eh… Sí, tenemos que rescatar a Entrapta para cambiar la situación de la guerra. Y no la vamos a encontrar sino seguimos avanzando—

—Muy bien… vayamos a mi campamento y ahí podremos trazar la ruta—

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Catra estaba impresionada sinceramente por el rey. Era ciertamente raro, comiendo arañas radioactivas o lo que sea, sin embargo era fuerte, era poderoso y su magia simplemente no le ponía los pelos de punta. Lo que agradecía internamente.

Llegaron a una especie de cueva entre las raíces de grandes árboles.

—¿Y entonces ahora están tratando de recuperar a la princesa Entrapta para derrotar a la Horda?—

—Así es, Majestad, Entrapta es la mejor inventora y científica de Etheria—

—Es muy impresionante, la última vez que la vi fue justo antes de la batalla. Es una pena lo que le pasó a sus padres… —Catra prestó atención a su pesar.

Era cierto que la Horda estaba conformada con lo que quedaba de la población del reino Escorpión y en su mayoría civiles capturados y huérfanos adoctrinados. Era díficil pensar en las princesas como huerfanas también, pero Glimmer misma había sido huerfana de padre hasta hace unas horas, Entrapta había perdido a sus padres en la Gran Batalla de Luna Brillante, igual que Scorpia. Y ahí tenían a Frosta, gobernante de su propio reino a la edad de 12 años. Muy poco Catra se había preocupado de pensar en las princesas como personas normales con problemas. Aunque tampoco se había tragado eso de que eran peligrosas instigadoras.

Después de reagruparse y que el rey les ayudará a sanar sus heridas a Bow y Rogelio, avanzaron con la moral más alta que al principio. El rey estaba emocionado y de repente agarraba a Bow por las mejillas y varias veces ya les había preguntado sino eran alucinaciones. Glimmer le juraba que todo era real y no podía esperar a que su mamá se enterara de esto.

— Y entonces el zumbido se hizo tan fuerte que no podía escuchar a los demás y cuando vi, ya estabamos todos rodeados por esas tiernas y aterradoras criaturas—

—¿Verdad que son atemorizantemente lindas?—

—¿Los pookas?—Micah miró con dudas a Bow—Mmma, tal vez, saben muy bien rostizados pero les gusta cazar en grupos inmensos y son difíciles de atrapar... ¿Tú escuchas el sonido?—

—Casi desde que llegamos—

—Esperen ¿De verdad esta ese sonido?— Catra estaba un poco hastiada de tanta plática, habían perdido el buen ritmo de avance por una caminata por el parque.

—¿Qué es?—

—No estoy seguro… pero cada vez lo escuchas más, te llena de incertidumbre y hace que avances al centro de la isla. Nunca me acerco para allá, pero la princesa Entrapta se ha movido cada vez más… el sonido a veces murmura cosas— De pronto la charla animada se desvaneció y el rey Micah adquirió un tono ominoso, perdido, místico en cierto grado.

—Te dice cosas que pueden ser ciertas o no, y no saber la diferencia, hacer caso a las peores posibilidades, es lo que lo hace tan peligroso. La isla sólo quiere hacerte ser parte de ella—

—¡Papá, ya no pienses en eso! En cuanto tengamos a Entrapta, regresaremos a casa. Podrás ver a mamá, y a la tía Casta— Le dijo Glimmer animada, temerosa de que su padre se concentrará en pensamientos negativos.

Él le sonrió, mirando a los demás. Scorpia y Bow le ofrecieron cálidas sonrisas y Rogelio asintió emocionado, diciendo algo. Pero Catra no ayudó mucho. No tenía sonrisas que ofrecer ni ánimo que dar, lo único que podía hacer era fingir no estar tan rota y ofrecer una máscara seria en vez de una de desdén o totalmente hastiada. La seriedad era lo mejor que tenía.

—Entonces lo mejor será que nos apresuremos, Chispitas—

Continuaron avanzando y una especie de serpiente gigante los atacó, entre todos lo pudieron ahuyentar.

—¿Qué es ese sonido?—

—¿Ahora también lo escuchas, Bow?—

Scorpia y Bow estaban asustados, mirando a su alrededor. Rogelio se cubría los oídos y después empezó a gruñir y gemir desesperado a los pies de Scorpia, quien espantada vio que unas lianas la estaban enredando, se las cortó y salió corriendo.

—¡Scorpia, vuelve, demonios!— Catra corrió por ella mientras el caos se desataba.

El rey estaba de rodillas, murmurando rápidamente, Glimmer lloraba intentando liberarlo pero Bow también estaba cayendo presa de las vainas. La princesa tomó la espada, intentando cortar con ella las lianas, pero tan pronto las cortaba, volvían a crecer y más bajaban.

—Nunca encontraremos a Entrapta nosotros solos… la dejamos atrás, no volvimos por ella, se lo debíamos incluso sino lo había logrado… igual que dejamos atrás a Adora… no podremos hacer esto sin ella...—Murmuraba el arquero sin detenerse.

—¿Es todo real? No podré mucho más con las alucinaciones, cada vez son peores… 20 años sin ver a mi familia… no quería creer en las lunas para medir el paso del tiempo… todo lo que perdí… —

—¡No, papá, Bow!— Imploraba Glimmer desesperada, mirando a los dos hombres perder el brillo en la mirada, dejándose consumir por sus peores miedos y tristezas—¡Saldremos de aquí, todo estará bien! Tienen que ser fuertes!—

Rogelio yacía en el suelo, ya casi totalmente cubierto por las lianas. Apagado, inmóvil, con débiles lágrimas rodando por sus escamas.

—¡Por favor, por favor!— Pero la espada se le había escapado de las manos y ahora yacía sobre el regazo de su padre.

De algún modo, era cómodo, recorfortante estar de nuevo con él. Se sentía pequeña de nuevo, pues eran los únicos recuerdos que tenía con él.

—¿Cómo pensamos que podíamos venir aquí y rescatar a nadie sino pudimos ayudar a Adora? Dejamos atrás a Entrapta cuando ella fue a rescatarnos… mi madre tenía razón, todo lo echo a perder… no soy una comandante, solo una niña tonta e impulsiva—

—¡No sabía que eras tan indulgente, Brillitos!—

Catra apareció y empezó a cortar con sus garras las vainas que envolvían al rey y la princesa y a provocar a Glimmer. Scorpia fue por Rogelio, una vez su propia crisis de susto se calmó, cortó las lianas y se lo echó al hombro mientras iba por Bow que también ya estaba casi en el suelo.

—¡Aguanta, amiguito, no te dejaré aquí!—

Las garras de Catra eran un suplicio. Sólo podía cortar bien con la mano derecha, pero estaba tan acostumbrada a ataques combinados que movía la mano izquierda antes de recordar sus heridas, de las que no había dicho nada porque detestaba demostrar debilidad. No podía mantener el ritmo de corte con una sola zarpa, por lo que contra todos sus instintos, tomó la espada de poder del suelo junto a Glimmer y la usó, sin prestar atención al ligero brillo que emitió la piedra rúnica de la espada.

—Vamos, Glimmer. ¡Adora no quisiera ver como te dejas morir aquí, levántate, lleva al rey con tu madre, reúne a tu familia! ¿O eres solo la tonta princesa que esta isla quiere hacerte creer que eres?—

Scorpia tenía ya a Bow y Rogelio, los dos sobre el mismo hombro para poder usar la otra pinza para defenderse si hacía falta. Catra ya había logrado sacar a Glimmer de las lianas pero faltaba el rey, totalmente envuelto.

—¡Maldición, Glimmer, reacciona! ¡Tenemos una misión y tú eres la maldita comandante a cargo!—

El coraje en el pecho de Glimmer reaccionó a los insultos motivacionales de Catra. El brillo de la espada resplandeció con más fuerza y la princesa unida a la Roca Lunar también resplandeció, sus ojos y su cuerpo, con la luz púrpura que Catra ya había visto en otras ocasiones. El resto de las lianas retrocedieron y el paño en los ojos del rey desapareció.

—Rápido, hay que movernos de aquí—

Glimmer después de dejar de brillar, vio la espada en la mano de la gata y como la piedra turquesa seguía brillando un poco. La espada no había hecho nada mágico desde que Adora no estuviera. Y como la gata se la ofrecía, la tomó, todavía un poco en automático. En cuanto la espada se separó del contacto con Catra, dejó de brillar.

—Vamos, jefe, las escamas me pican aquí—

—Sí, para la próxima espero que no salgas corriendo como una cadete primeriza—

—Lo siento mucho… esas lianas me susurraban cosas horribles—

—Como sea, creo que tengo el rastro de Entrapta. Por acá—

La gata empezó a avanzar pero la detuvieron de la muñeca. El siseo que emitió fue instintivo y el despliegue de las garras igual, Scorpia se movió nerviosa, levantando tentativamente una pinza. Glimmer no reaccionó a todo eso.

—Gracias— y la soltó.

Los ojos bicolores solamente se concentraron un momento en la mirada lila.

Estaban avanzando de nuevo, siguiendo el rastro que Catra había detectado, ahora más concentrados en la misión. Todos se agitaron cuando una nueva amenaza se presentó como una vibración continua en la tierra. Tenía que ser algo grande y terrible para producirlas.

Una bestia mecánica, de casi 4m de alto los pasó por encima.

—¡Esa es Trapta!— Gritó Scorpia con todos sus pulmones, lo que despertó a los otros dos sobre su hombro con un sobresalto —¡Entrapta, nena, aquí estamos!— y corrió.

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No había un camino trazado y casi no alcanzaban a Entrapta.

—¿Cómo demonios sabías que esa cosa es Entrapta?—

—Porque es uno de los bocetos de nuevos robots que quería hacer en la Horda— Sonrió nerviosa y después se rascó la cabeza —Bueno, pero estoy segura que ahora será para ayudarnos—

—¡Brillitos!— llamó Catra sin prestar atención a la cháchara de Scorpia. Glimmer ni siquiera se molestó en protestar, la felina no era la Segunda de la Horda por nada.

Glimmer se teletransportó y cayó sobre la cabeza de la bestia, la cual se detuvo intempestivamente y se sacudió sin poder quitarse a la princesa de encima.

—¡Entrapta, detente! ¡Somos nosotros, venimos por ti!— Gritaba tratando de que la inmensa pata no la atrapara.

—¿Quién eres?— Dijo la tecnopata con mucha curiosidad.

La boca de la bestia se abrió y una Entrapta un poco más delgada y con el cabello sucio se dejó ver.

—Entrapta! Por Etheria! Soy Glimmer, la princesa de Luna Brillante, tu amiga—

—¡Entrapta, nena, estoy tan feliz de verte! ¡Oh, estás tan delgada! ¡Te conseguiré un montón de comida pequeña cuando lleguemos! Me alegra tanto que estés bien— Scorpia había atrapado a la princesa en peto con un solo poderoso salto. Entrapta reía feliz de ver a Scorpia.

Todos se veían enternecidos ante la reunión, excepto Catra que se había quedado atrás, tenía las orejas pegadas a la cabeza y la cola se movía nerviosamente de un lado a otro.

—¡Hola, Entrapta!—

—¡Bow! ¡Qué sorpresa! ¿Y tú, quién eres?—

—Soy al que le robaste la comida—

—¡Oh, es cierto! Estaba deliciosa—

—Entrapta, que bueno es verte entera. Él es mi papá, el Rey Micah—

—Mis últimos registros indican que él murió en la batalla de Luna Brillante. ¿Segura que es él?— Glimmer la miró de mala manera, pero respiró profundo.

—Por supuesto que sí, es mi papá—

—Ah, entonces vinieron a rescatarlo—

—¡No, vinimos a rescatarte a ti!—

—¿A mí?—

—Claro, venimos por ti, Entrapta— Le sonrió Bow, y Entrapta se bajó su máscara nueva.

—Pero ustedes se fueron… Me dejaron en la Zona del Terror—

—Eso… Fue un malentendido, nena— Scorpia dio un paso adelante cuando se dio cuenta que ni Bow ni Glimmer respondían rápido. Al escucharla, Catra se abrazó una pierna con la cola y apretó más los brazos —Ahora hemos venido todos por ti, todos tus amigos—

Los susurros empezaron a sonar más fuerte y nítidos en las cabezas de casi todos y se movieron nerviosos.

—Cada vez es peor, debemos de movernos para que las lianas no puedan volver a atraparnos— Fue Bow el que habló esta vez.

—¡Síganme!— Entrapta volvió a cerrar la boca de la máquina y empezó a avanzar.

Glimmer miró cansada a Bow y este solo se encogió de hombros.

—¿Pueden seguirnos? No parecía haber mucho espacio ahí dentro—

—Claro, nosotros podemos seguirlos—Scorpia le respondió.

Glimmer tomó a su papá y a Bow y se teletransportó al interior de la cabina, quedando un poco apretados todos ahí dentro.

—¿A dónde vamos, Entrapta?—

—¡Al centro de la isla! ¡Bow, quiero mostrarte lo que he descubierto! ¡En esta isla está todo lo que alguna vez quise saber sobre Etheria!—

Los tres hordianos empezaron a correr detrás de la bestia mecánica sin mayor problema, cuidando que no fuera a aplastarlos. Todo a su alrededor se movía evitando a la máquina y eso les allanaba el camino increíblemente. Llegaron a una parte donde era imposible ver el cielo de lo apretado que estaban los árboles. Y enfrente de lo que parecía un muro de enredaderas y lianas es donde se detuvo Entrapta.

—¡Hemos llegado!— La cabina se abrió y los cuatro ocupantes bajaron de un salto. Entrapta ya se veía un poco más relajada con ellos.

Bow y Glimmer se habían disculpado mucho y le habían vuelto a prometer a la princesa que no la volverían a dejar atrás, a lo que ella no decía mucho.

—¿Y a dónde hemos llegado?— Scorpia miraba curiosa.

—Espera un segundo— Entrapta se metió entre las lianas, poniendo a todos de nervios, pero no dejaba de hablar y al final un murmullo de maquinaria empezó a mover las enredaderas y lianas cercanas, abriendo un gran portal —¡Bienvenidos!—

Conforme iban avanzando con reverente temor, Rogelio se tapó los oídos de nuevo y empezó a gruñir levemente. Scorpia se quedo a su lado, pero todos avanzaron. Bow miraba maravillado el lugar. Entrapta se adelantó rápidamente caminando con su cabello con excitados chillidos, emocionada y contenta de tener alguien a quien contarle acerca de sus descubrimientos.

—Desde que se abrió el portal, pude comprobar que no vivíamos la misma realidad y aunque todos los datos que recopile se perdieron, recuerdo la gran mayoría y quería contrastarlos con nuestra propia realidad y resulta que todo lo que siempre estuve buscando, estaba aquí y todas mis teorías son ciertas!— Empezó muy emocionada a desplegar pantallas y pantallas, llenas de escritura de los Primeros.

—Esto es un templo de los Primeros...—

—Ellos querían esconder sus secretos en Isla Bestia, pero siguen vivos aquí—

—¿Qué descubriste, nena?— Scorpia nunca entendía todo lo que hablaba Entrapta pero se ponía feliz solo de verla tan emocionada, aunque eso fuera muchas veces causa de explosiones.

—El mayor secreto de los Primeros ¡El Corazón de Etheria! Ellos vinieron aquí por la magia, la extrajeron y concentraron en un gran arma llamada el Corazón de Etheria. ¡Y tú eres parte de ella!— Dijo emocionada volteando a Glimmer.

—¿Cómo puede ser eso posible, la magia del planeta entero?— El Rey Micah preguntó.

—Los Primeros eran una civilización muy avanzada, toda nuestra tecnología es basura comparada con la de ellos. Las piedras rúnicas son parte esencial del Corazón, las princesas son sus portadoras y sus poderes crecerían a niveles extraordinarios si se libera el poder del Corazón—

—¿Cómo lo liberamos?— Glimmer ya estaba más que interesada.

Un diagrama con las cinco piedras rúnicas apareció en la pantalla principal. Cuatro se conectaban con un círculo central. Faltaba una, la roja.

—Las Piedras y sus princesas deben estar en balance, conectadas cada una y entre todas— Entrapta se movía entre las pantallas, digitando y acomodando cables, se notaba que ya había pasado un buen tiempo por ahí.

—¡¿Entonces solo tenemos que reconectar a Scorpia a la Black Garnet y podremos acceder al Corazón de Etheria?!— Scorpia miró insegura y nerviosa a Glimmer. Bow tampoco se veía muy entusiasmado. Catra escuchaba todo pero seguía bastante atrás. Entrapta estaba feliz de que alguien estuviera tan interesada en su investigación.

—¡Ese es solo el primer paso! ¡Justo ahora el planeta no está equilibrado, una vez se cumpla esa condición, necesitamos a She-ra y la Espada de Protección para activar el Corazón, ella es la llave! ¡Adora es la clave…!—Estaba muy emocionada de terminar con su discurso cuando se percató de algo, mientras la pantalla mostraba ahora una animación plana de She-ra levantando la espada al centro de las cinco piedras —¿No estaba Adora siempre con ustedes?—

—¿She-ra? Pero She-ra es solo una leyenda, no ha aparecido en cientos de años, pero es cierto que es importante que las piedras rúnicas estén alineadas con sus princesas, de ese modo conseguirán el cien por ciento de su poder elemental— Micah hablaba desconcertado, sin darse cuenta que Scorpia cruzaba los brazos y negaba con la cabeza.

La emoción de Glimmer se había esfumado como quien sopla un diente de león, tomó la espada de poder entre sus manos, y mientras sus lágrimas caían al piso, ella también caía de rodillas. Bow se arrodilló a su lado, llorando también. El dolor en el pecho de Catra les hacía eco, pero sus ojos ya no tenían lágrimas para estos golpes.

—Adora no lo logró… Entrapta… Adora hizo lo que le dijiste… Ella nos salvó...—

—Ella nos salvó y nosotros la dejamos sola...—

Entrapta ensombreció su mirada.

Rogelio gritó y al siguiente instante también lo hizo Scorpia. Las lianas habían avanzado silenciosamente por el suelo y atraparon a Glimmer y Bow con celeridad. Esta vez Micah y Scorpia reaccionaron más rápido, cortando y quemando las lianas, pero la señal incrementó su fuerza. La defensa primera y última de isla Bestia. El rey no era capaz de comprender porque su hija y su amigo habían decaído tan pronto, al punto de ser consumidos de nuevo. Scorpia era muy sensible y por eso desde el inició la señal la había afectado, pero ahora habían encontrado al viejo rey y a su amiga Entrapta, todo lo que ella podía querer, ya lo tenía y no dejaría que la señal se interpusiera en su camino, protegería a sus amigas, porque su fuerza era para ello.

El rey tomó a su hija y Scorpia tenía a Bow y empezaron a correr, siguiendo a Catra que les habría camino con sus garras junto a Rogelio. Pero Entrapta no venía tras ellos. Scorpia regresó por ella.

—Vamos, Entrapta, tenemos que movernos—

—Está bien. Aquí es donde debo estar. Aquí está todo lo que necesito… y nadie me necesita allá. Todos me dejan atrás, y está bien. Yo no los entiendo y ellos no me entienden a mí. Intenté ser su amiga, y me dejaron atrás, después pensé que en la Horda estaba bien, pero tampoco… —

—¡Entrapta, nada de eso fue tu culpa! Fue mía! Yo te mentí. ¿Está bien? Fui yo!—Catra no podía seguir escuchando todo eso. Le había hecho a Entrapta lo mismo que Shadow Weaber a ella durante tanto tiempo. Mentirle y manipularla. Quizás sus métodos no fueron tortuosos pero estaba claro que el resultado fue el mismo —Yo te dije que ellos te habían abandonado, pero pensaron que estabas muerta, no sabían que estabas bien. Sino esas tontas princesas habrían vuelto por ti. Hay una gran estatua de ti en Luna Brillante. Yo te mandé aquí porque no quería que le advirtieras a Hordak—

—¿Catra?— Scorpia estaba asombrada.

—Nada de eso importa… Aquí es donde está todo lo que una vez quise… Pertenezco aquí— La mirada vacía y la sonrisa de Entrapta helaba la sangre al ser tan opuestas.

—¡Maldición, Scorpia, llevatela!—

La princesa asintió y la cargó para echar a correr detrás de los demás, para encontrarse a Rogelio enredado en el suelo, junto a Glimmer y Bow, apenas siendo defendidos por el rey Micah que peleaba solo contra tres de esas inmensas serpientes con la cabeza cubierta. Catra estaba totalmente frustrada y harta de esta isla. Scorpia se acomodó mejor a Entrapta al hombro y empezó a liberar a Rogelio, pero a medio intento se quedó de rodillas mientras su mirada se empañaba. La señal de la isla los estaba aturdiendo a todos. Sólo Micah permanecía de pie porque tenía que defender a su hija. Catra casi rugió y tomó de la ropa a Glimmer. Sabía que era su mejor opción.

—¿Qué crees que haces, estúpida princesa? Dejándote morir aquí. ¡Tenemos una maldita misión y solo tenemos que regresar para que tengas a toda tu familia junta! ¿Acaso no los quieres ver?—

—¿Qué caso tiene? Solo sirvo para dejar a mis amigos atrás… Adora se fue… Adora no está—

—¡Adora no quisiera verte aquí, dejando perder todo lo que has conseguido!— Catra realmente no quería escuchar ni hablar de Adora pero no estaban para contemplaciones.

—Perdí a Adora… pero nunca la tuve… ella nunca me quiso como a ti… déjame aquí— Catra se río amargamente. No esperaba esa respuesta.

—Pero sigues aquí. ¡Pelea, Glimmer!—De verdad, no quería hacerlo, pero de nuevo tomó la espada y la levantó. La espada resplandecía tenuemente otra vez y Catra sonrió, esa estúpida espada reaccionaba a ella, y sólo a ella. Alguna parte del cerebro de Glimmer lo procesó y más se hundió. —¿Sabes por qué yo no escuchó ese asqueroso zumbido, las voces, sus susurros?— Empuñó la espada y brilló con más fuerza, Catra empezó a atacar todas las vainas. —Sí las escucho, pero no pueden hacer nada contra mí ¡por que todo lo que dicen son tonterías, ya paso lo peor, esto es un juego de niños para mí! ¡Yo maté a Adora! ¿Qué más podrían hacerme? ¡¿Qué más podría perder?! ¡¿En qué más podría equivocarme?!— Una risa casi maníaca se le escapó y Glimmer la miró sorprendida, medio despierta ya, porque estaba pasando algo que nunca creyó ver. Catra, despierta, llorando.

—¡Tú has recuperado a tu familia y aún así estás dispuesta a dejarte morir aquí! Pensé que eras más dura que eso...— Con la respiración agitada por su discurso y el blandir de la espada, los liberó a todos. Glimmer la escuchó, y miró a su padre, quien luchaba ya casi sin fuerzas contra las serpientes. El valor y el amor en su pecho crecieron, respaldados por el brillo de la espada, cuando la princesa volvió en sí y su resplandor alejó todas las lianas, buscó a Catra con la mirada.

—¡Entrapta, venimos en una nave de los Primeros! ¿No quieres verla?— Fueron como palabras mágicas.

—¿Una nave de los Primeros?¡¿Funcionando?!—De inmediato se despertó y recuperó —¡Vamos!—

Silbó y la bestia mecánica apareció pateando traseros de serpientes gigantes.

—¡Volveré por ti, nena, dales duro!—

—¡Vamos, todos!— Y corrieron con Glimmer, quien los llevó hasta la playa y tuvo que descansar un momento.

—¡Eso fue increíble! Eres muy fuerte, Glimmer. ¿También puedes hacer magia?— El Rey Micah podía ser tan obtuso.

—Toma tu tonta espada y vámonos de aquí, ya—

Con la expresión de Catra, nadie se atrevió a decir nada y caminaron hasta la nave.

La princesa de Luna Brillante miró los hombros felinos con una combinación de sentimientos muy difícil de expresar.

Entrapta estaba total y positivamente emocionada en cuanto llegaron a la nave, fue la encargada de poner rumbo a Luna Brillante y todos los demás se acomodaron para descansar en el puente. Catra se fue al rincón más oscuro y reducido que encontró en una de las habitaciones de máquinas. Estaba agotada.

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Cuando regresaron a Luna Brillante era ya de noche, pero no habían ocupado más de un día en ir y regresar aunque casi morían en el intento.

Glimmer estaba feliz, cansada, muy triste, apenada, maravillada y emocionada, perpleja, tantas emociones la embargaban. Todo lo positivo tenía que ver con su padre, imaginar a su madre y a su tía al verlo, todo lo que podrían compartir juntos. Todo lo malo tenía que ver con su desempeño en la misión y con la isla misma. Todo lo de en medio, tenía que ver con Catra.

La gata era la que los había mantenido unidos y centrados. Fue la que no dudó ni un segundo en unir fuerzas cuando los estaban pateando por separado. La que coordinó a todos para exprimir el mejor trabajo en equipo. Y más allá de todo eso, la que los había mantenido vivos y cuerdos, no una, sino dos veces. Por mucho que le doliera, Catra era mejor comandante que ella.

Todas las princesas, la guardia real, la Gran Hechicera y la Reina estaban en la entrada que los llevaba hasta la Roca Lunar, ahí la nave se estacionó. Entrapta ya había empezado a llamarla Darla y era su nueva mejor amiga, aparentemente.

La primera en bajar fue Scorpia junto a Entrapta, que se veía tímida. La princesa escorpión saludaba a todos, principalmente a Perfuma y Frosta. La Reina se veía tranquila, aliviada y orgullosa. Los siguientes en aparecer fueron Bow y Rogelio, quien corrió emocionado al lado de Kyle. Bow saludó con una sonrisa cansada, pero satisfecha. Miró con especial nostalgia a Perfuma para después voltear y ofrecer su mano a Glimmer, quien al ver a su madre, intentó recuperar el porte mientras lágrimas cargadas de emoción se condensaban en su mirada. Angella miró aprensiva a su hija y extendió las alas, insegura un poco de acercarse, no quería hostigar a Glimmer, y mientras lo consideraba, el arquero y la princesa se inclinaron y se alejaron entre ellos para dar paso a una figura extraña, familiar, inesperada, totalmente fuera de lugar. Todos contuvieron el aliento.

Netossa y Spinirella no podían creer a sus ojos. Varios guardias dejaron caer las lanzas, incluso alguien se desmayó. Mano a mano, princesa y rey bajaron, seguidos del maestro arquero. Angella se llevó una mano a la boca, incrédula, a su lado, pudo escuchar y medio ver a su cuñada cayendo de rodillas al piso. La reina buscó la mirada de su hija, quien entre lágrimas, le asintió. Y al fin ojos lilas y negros se encontraron. El mundo entero a su alrededor dejó de existir.

Micah soltó la mano de su hija, alzandola hacia su esposa, no creyendo todavía del todo, pidiendo. Dos pasos más, vacilantes. Grandes alas batiendo.

Bow se acercó a Glimmer y la sostuvo, mientras ella se recargaba en su pecho y miraba cómo sus padres se encontraban, sin separar sus miradas, en una conversación tan íntima, silenciosa y profunda, que el simple hecho de mirarlos, debía ser algún tipo de sacrilegio. Así que cerró los ojos y se dejó envolver en el abrazo. Detrás de ellos, sin que casi nadie la mirara, al fin salió Catra de la nave, justo para ver cómo las grandes alas de la reina la envolvían a ella misma y al rey. Castaspella no tuvo más remedio que esperar en gozoso y expectante silencio, su turno. El resto de los presentes se removió inquieto.

Netossa y Spini se tomaron de las manos y se miraron a los ojos a su vez, imaginando su situación y agradeciendo que jamás se habían tenido que separar así. Perfuma y Scorpia estaban conmovidas hasta las lágrimas y todas las flores alrededor de los presentes florecieron cien veces más hermosas que nunca. Catra bajó en dos grandes saltos, para ponerse al extremo sin llamar la atención, junto a Kyle y Rogelio.

Micah seguía sobre la rampa de Darla, así que su mirada estaba a la misma altura que Angella. Sus ojos decían tanto. Solo existían ellos dos. Las alas los cubrían de todos, y aunque no estuvieran, ellos no podrían prestar atención a nada más. Las lágrimas eran el común denominador. La incertidumbre, la duda, la inexplicable sensación de estar en un sueño dentro de otro sueño.

—Sigues tan hermosa como la última vez que te vi— Fueron las primeras palabras que el rey pudo emitir, llevando su mano al fin al rostro de la reina, quien con una sonrisa tímida, cerró los ojos y disfrutó del áspero y cálido contacto.

—Dime que no es un sueño de nuevo— Micah comprendió exactamente a lo que se refería.

Él había vivido tratando de darle sentido a las visiones, al paso del tiempo, y a la vez tratando de ignorarlo. Así que cuando despertó de pronto al lado de su esposa, en su castillo, fue una visión más que bien recibida. Cuando al final entendió que todo, de algún modo, era real y había regresado a Luna Brillante por unos maravillosos momentos, fue el momento en el que desapareció también. Y cuando reapareció en Isla Bestia como si nada hubiera pasado, se obligó a sí mismo a aceptar que solo había sido un sueño mucho más vivido que los usuales, quizá se había topado con un nuevo bicho venenoso.

—No lo es… De verdad, estoy aquí— Se acercó más a ella. Apesar de sus palabras, también estaba temeroso. Todo era tan extraño, tan repentino. Sentía que en cualquier momento se lo podrían arrebatar de nuevo.

—Micah, lo siento tanto...—

—No importa nada. Estamos juntos de nuevo, Angie—

La reina explotó en suaves risitas. Nadie la había llamado así en mucho tiempo. Ser inmortal tenía sus ventajas y desventajas. De pronto, estaba tan cansada de todo. Ahora lo único que quería, era estar junto al hombre que no había dejado de amar en todos esos largos años.

—Estamos juntos— Lo besó suavemente en los labios —No termino de creer que estés aquí, entero—

—Tú no has cambiado nada— Sus manos descansaban juntas en medio de los dos y sus frentes reposaban juntas. Angella lo volvió a besar y no pudo evitar sonreír aún tímida ante cosas más mundanas.

—Creo que debemos volver al mundo… Y tú necesitas un baño— El rey se rio, un poco inseguro de pronto. Hace mucho que no se preocupaba demasiado de su apariencia o su olor.

—Un baño sería un sueño hecho verdad justo ahora, ¿no?—

—No puedo pensar en nada más perfecto—

—¿Entonces, lista?—

—No realmente, pero no soy la única que quiere verte, seguro—

Con un último beso, se separaron y no dejaron de mirarse mientras Angella abría sus alas y todos se acomodaron y la guardia volvía a cuadrarse.

—¡La Comandante Glimmer no solo ha vuelto con la princesa Entrapta de Isla Bestia… El Rey ha vuelto!—

Una feroz alegría embargó a los presentes y al fin entre vitores, Casta fue al fin capaz de correr y abrazar a su hermano, besarlo y recibirlo. Glimmer esperó unos segundos y se unió también al abrazó, toda la familia reunida.

—Todos deben de estar cansados…—

Sin duda habría mucho que hacer, pero esta noche era de ellos y solo de ellos.

Todos se dispersaron, los guardias estaban escoltando a los hordianos. La reina miró a Catra seguir dócilmente a la guardia, se dio cuenta de sus pasos rígidos y se recordó a sí misma, que esos no eran los únicos hordianos en estar en su castillo. Tarde o temprano tendría que tocar el tema de Shadow Weaber, pero de nuevo, eso era un tema para más tarde.

Después de que los cuatro platicaron un poco más y la reina se aseguraba que su hija estaba completamente sana, ellos también se fueron. Glimmer se fue con Bow y comprendió que sus padres necesitaban tiempo a solas para recuperar tiempo perdido y procesar todo. Como ella misma también lo necesitaba. Tenía que pensar y discernir muchas cosas.

Ahora ya no era su imaginación. Estaba segura que la espada no solo había protegido a Catra contra la garra del insecto, a costa de su portadora, sino que la magia de la espada reaccionaba al toque de la felina. Y como a veces había ocurrido, los poderes de She-ra habían potenciado los de las princesas. ¿Cuál era la verdad tras esto? La espada jamás había demostrado ningún poder sino fuera con Adora. Tampoco era la primera vez que Catra tomaba la espada, estaba la pelea del Norte para demostrarlo, e incluso cuando la misma gata las había dejado escapar de la Zona del Terror. Y estaba segura que Catra también se había dado cuenta de esas cosas. Traía la cabeza llena de estos pensamientos cuando llegó a su habitación con Bow.

Se dejó caer en su cama sin más ceremonias y Bow saltó hasta alcanzarla por las pequeñas plataformas.

—Glimmer, ¿Cómo estás?—

—No estoy segura—

—¿No estás feliz de encontrar a tu papá?—

—Claro que sí, Bow… es solo, son demasiadas cosas—

— Lo sé… Esa isla, no es buena. Ojalá pudiéramos hacer algo para arreglarla—

—Estoy segura que por ahora se puede quedar en dónde está—

—Tienes razón. No es momento para preocuparse por eso. ¿Entonces, qué es lo que te tiene tan desanimada?—

—¿Tanto se me nota?—

—No es eso… Pocas veces te veo tan pensativa—

—No puedo dejar de pensar en todo lo que esa señal susurraba—

—Eran cosas terribles, pero no eran ciertas—

—¿Cómo no, Bow? ¡Dejamos a Adora sola, y ahora rescatamos a mi papá, que ni siquiera sabía que seguía vivo y no puedo dejar de pensar que Adora estaría tan feliz!—

—¡Okey, okey! Necesitas relajarte. Te entiendo, te juro que sí. Pero Adora no quisiera que te perdieras de esto por nada, igual que yo. No es momento de estar triste. Se lo debemos—

Glimmer lo miró con nuevas lágrimas contenidas. Sabía que tenía razón, pero no era lo mismo. Bow era tan maduro. Sabía manejar sus emociones y era todo corazón. La princesa sabía que su amigo sufría… No, que a Bow también le dolía, pero él no sufría como ella. No extrañaba del mismo modo a Adora.

—Catra… Catra dijo lo mismo—

—Lo sé… La escuché, de algún modo— El arquero se miró las manos un momento —Al final, Catra era su mejor amiga, ¿Verdad? ella sabe exactamente lo que Adora hubiera hecho—

No habían tocado mucho ese tópico. Glimmer ni siquiera le había dicho de cómo había encontrado a la gata fuera de la habitación de Adora, durmiendo en el suelo como una desamparada bola de pelos.

—Ella fue la que logró que saliéramos de ahí en una pieza—

—Creo que tú tuviste mucho que ver con eso también— La animó, ofreciéndole la mejor sonrisa que tenía para dar y Glimmer se encontró a sí misma devolviéndola. Bow de verdad era el mejor —Ahora será mejor que descanses, seguro mañana va a ser un día muy ocupado—

—Gracias, Bow—

—Te daré un momento para que te sientas tú de nuevo—

—Eso sería estupendo… Pero no demasiado—

La reina sonrió y dejó al rey solo en el baño. Micah se encontró a sí mismo sintiéndose un extraño en su propio baño, en su propio castillo… en su propio hogar. Incluso en su mismo cuerpo. Tenía mucho tiempo que no se veía realmente en su reflejo. Se desnudó y dejó que el agua caliente le relajara los músculos del cuerpo, se bañó a conciencia, se lavó los dientes, se retocó la barba y el cabello con un hechizo y entonces entró en una de las grandes charcas de agua caliente y se recostó.

Angella estaba tan nerviosa. Esperando. No quería presionarlo. Todo era muy irreal. No tenía idea de lo que estaba esperando. Había tanto que hablar, que contar. Las preguntas saldrían solas. Estaba emocionada y cansada a partes iguales. No solo se tenían que poner al corriente entre ellos, con Glimmer, el propio rey con su hija y con su hermana, sino todos juntos, y además de eso, seguir haciendo frente a una guerra que ya llevaba décadas. Antes de que Hordak apareciera, ni siquiera era una palabra que la gente tuviera presente. La guerra era propia solo de las leyendas de los Primeros.

Después de lo que le pareció un tiempo aceptable, y de haberse cambiado de ropa, entró al gran baño real, que no había compartido ni siquiera con Glimmer. Hacía muchos años que ya no compartía un baño con su hija, siempre presurosa en demostrar que podía hacer las cosas por sí misma. Con el peso de los años y la nostalgia llenando su pecho, se metió en el baño.

Buscó a Micah con la mirada, y encontró la pila de ropa en el suelo y a su esposo más allá metido hasta el cuello en agua caliente. Con cierta reticencia, dejó caer su propia bata de claro color, y con pasos vacilantes se introdujo también en el agua. Micah abrió los ojos y la miró llegando a su lado. Le sonrió, confidente.

—Aún no puedo creer que estés aquí— Murmuró la reina entre lágrimas.

—Yo tampoco. No puedes imaginarte lo que las he extrañado. No quise darme cuenta del tiempo transcurrido—

—Y nosotras a ti. Me he sentido tan insegura sin ti, sin saber si lo estaba haciendo bien con Glimmer, con el reino, con la guerra—

—Glimmer es maravillosa. Es fuerte y entregada y no retrocede en la batalla. Ella fue la que nos salvó— Después de mirarse, se abrazaron y Angella encogió sus alas bajo los brazos de Micah.

—Ella es lo mejor que he hecho—

—Estoy seguro que hay mucho más, pero ella es maravillosa—

—Micah, he tenido tanto miedo— Le dijo entre sollozos entrecortados.

—Ahora estamos juntos de nuevo, amor. Terminaremos por fin con todo esto, y podremos estar en paz, sin temer más por nuestra hija ni nadie más—

—Hay tanto que debo decirte—

—Lo sé, estoy seguro que sí… pero solo hoy, déjame disfrutar de ti— Y Micah la tomó contra sí para besarla.

Angella intentó con todas sus fuerzas concentrarse solo en el momento. ¿Por qué tenía que ser tan aprensiva? Había tanto que hablar con Micah, y ahora estaba más segura de lo que necesitaba, de lo que quería. Lo que no sabía era cómo plantearlo. Pero por Micah, haría un esfuerzo para relajarse, como no lo hacía en años. Así que se dejó llevar por el beso y se mecieron en el agua y se arrullaron con el sonido de las cascadas cayendo. Se unieron escuchando los latidos del otro.

Catra estaba sola en su habitación. Estaba totalmente exhausta. Se preguntaba muchas cosas. Esa tonta espada. ¿Glimmer había estado tan perdida para no darse cuenta? Lo dudaba, pero fingiría no enterarse de nada hasta que no le quedara otra opción. Al próximo día tendría que encarar de nuevo a Entrapta y lograr que trabajará para desmantelar sus propios robots. Probablemente necesitaría engatusarla con algo. No, tenía que dejar de conseguir así las cosas. Necesitaría a Scorpia entonces.

Le dolía todo el cuerpo y por primera vez en muchos días, moría de hambre. Comparó las garras de los pies contra las de su mano izquierda, y francamente las de sus pies lucían bastante mejor, aunque aún le dolían con cada paso. Un poco. Las garras de la mano no existían de nuevo prácticamente y la mano entera le pulsaba desde cada punta de los dedos heridos. Se quitó las ropas sucias y se lavó bajo la lluvia cálida del baño. El agua caliente no estaba tan mal. Y las suaves toallas de Luna Brillante lograban secar por completo todo su pelaje, así que solo tenía que soportar algunos minutos de estar esponjosa.

Salió al pasillo, fiel a su nueva costumbre y después de quedarse un rato mirando el picaporte, decidió que esta noche estaba demasiado cansada, incluso para sentir pena de sí misma.

Por primera vez intentó meterse a la cama de la habitación y acabó hundida hasta las orejas. Después de bufar y lograr salir de esa trampa mortal, amontonó algunos cojines en la alfombra central y ahí se quedó dormida, usando el dolor físico y el hambre para distraerse de sus emociones.

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Glimmer se sorprendió de encontrar comiendo a todos los hordianos juntos, incluyendo a Catra y Entrapta. Las dos se veían bastante más cómodas que la noche anterior entre sí, y el cabello de Entrapta de nuevo tenía su brillo y usaba de momento una elegante túnica morada con pantalones gris claro.

Catra estaba disfrutando de su desayuno mucho más de lo que admitiría. Le dolía la cabeza y el estómago desde que se había despertado y por una vez Scorpia no tuvo que rogarle para que comiera. En especial esa cosa esponjosa y suave de un color amarillo claro. Con lo glotona que era Adora, ahora entendía un poco mejor que se quedara con los rebeldes.

Los reyes estaban al fondo de la mesa, juntos y sin prestarle atención a nadie. Glimmer sonrió feliz y se acercó a sus padres, quienes la recibieron en un gran abrazo al que poco después se acercó Bow. Hoy Micah se veía bastante mejor, limpio, con el cabello amarrado en una coleta baja y ropas reales.

Castaspella también se aproximó y pronto todos reían y platicaban. Catra no podía con tanta brillosidad junta, así que apenas terminó de desayunar, se retiró a sus habitaciones, ya que realmente no podía ir a otro lugar sin que una escolta de cuatro guardias la siguiera y tenía que soportar de repente murmullos que estaba segura, ellos no sabían que ella podía escuchar. Pero era claro, no iba a ser bienvenida entre los rebeldes solo porque había decidido desertar de la Horda. Se preguntaba si Adora había pasado por lo mismo, pero ahora jamás lo sabría. Había estado pensando demasiado en Adora, y aunque le dolía, ya no era tan incapacitante.

Una vez en su habitación, se dedicó a seguir registrando las gavetas y cajones que había en los distintos muebles a su disposición. Su principal curiosidad era el escritorio amplio, con dos lámparas colgando sobre él y con sendos cajones a los lados. Se encontró con todo tipo de materiales para escribir y, posiblemente, dibujar. Nada de solo tinta negra y roja como en la Horda. Todos los colores que podía pensar, ahí estaban, en pinturas líquidas y unos extraños palitos que olían a resinas, palos de madera con una barra de color al centro y unas barras comprimidas de un suave polvo arcilloso de variados colores y en una gran escala de grises.

Y ahí no acababa su fascinación, había hojas de diversos materiales, delgadas que se movían a la más leve brisa que entraba por los amplios ventanales. Gruesas y porosas hojas que se sentían deliciosas en sus yemas, gruesas, suaves y lisas a más no poder. Se entretuvo lo que le pareció a ella horas. No solo comprobando los cajones, sino además empezando a probar todos los materiales que se le ocurrían. Era una pena que le dolieran tanto los dedos de la mano izquierda, le restaba movilidad.

Toda la familia real se encontraba reunida en el Salón de Guerra.

—Por mucho que prefiera recuperar el tiempo perdido, hay asuntos que demandan nuestra atención. No podemos desistir en un momento como este. Por las razones que sean, tenemos al fin la ventaja definitiva para derrotar a Hordak— La reina hablaba de pie —No solo recuperamos a Entrapta, tu regreso nos ha devuelto la esperanza que ya no teníamos—

—No quiero decir que no estoy feliz de estar de regreso, pero no creo que solo la guerra continua te haya hecho perder la esperanza cuando Glimmer fue capaz de ir a Isla Bestia—

—No es la guerra en sí… Sino lo que nos ha acarreado. Ella es Adora— La reina desplego una imagen en tonos rosas que mostraba una imagen de Adora concentrada y seria en batalla —Era la más joven Capitana de la Fuerza que tenía Hordak a su servicio, pero hace poco más de un año, desertó y se unió a la Rebelión, con la sorpresa de que resultó ser She-ra—

Glimmer y Castaspella tenían la mirada baja mientras la reina seguía poniendo al corriente al rey. Ahora se mostraba una imagen de la grandiosa She-ra, con la espada, que el rey reconoció y justo ahora descansaba en la habitación de Glimmer, custodiada por Bow. En realidad, el arquero estaba descansando ahí mientras revisaba sus últimos diseños para mostrárselos a Entrapta.

—Con la ayuda de Adora y la espada de protección, no solo la Rebelión empezó a ganar sus primeras batallas en años, sino a recuperar territorio y logró reunir de nuevo la Alianza de Princesas, que está compuesta ahora por las hijas y herederos de nuestros viejos camaradas. Pero Adora no solo era una guerrera para nosotras… —

—Adora era mi mejor amiga...—

—Ella era una chica tan agradable y buena—

—¿Qué le sucedió? Tú y tu amigo no dejan de entristecerse cada vez que es mencionada— preguntó Micah a Glimmer.

—Hace casi un mes, Hordak logró utilizar un portal— Castaspella y Micah se miraron un momento —El portal, al no estar bien ejecutado, en vez de llevarnos, aparentemente, a otro espacio, universo, o lo que pretenda Hordak, provocó el colapso de nuestra realidad— La voz de Angella era fría. —Entrapta discernió que el único modo de cerrar el portal y regresar todo a la normalidad, era sacando la espada de protección de dentro del portal, que era la clave del portal mismo, pero la persona que la sacara, quedaría… Se iría para siempre— Terminó con la voz quebrada.

Ahora Micah entendía todo. Solo algo de ese calibre era capaz de confundir a un hechicero de su nivel, por eso no se dio cuenta de nada cuando despertó de nuevo en su castillo. Porque el tejido de la propia realidad era lo que había estado comprometido.

—Así que… Esta chica, Adora, fue quien nos salvó a todos—

—Ella era la más valiente de todos—

—Perder a Adora fue un golpe muy duro para nosotros, con ella apenas éramos capaces de contener a las fuerzas hordianas. Tú sabes que Entrapta siempre fue diferente, mucho más apegada al conocimiento mismo que a los modos de conseguirlo, en cierto momento, se integró a las filas de Hordak, y sus avances tecnológicos nos estaban superando, después, sin She-ra, y con la nueva comandante hordiana...—

—¿La chica que iba con ustedes en la nave?— Glimmer asintió y la reina continuó.

—Ella misma. Según Entrapta, con Catra, la segunda de Hordak, la eficiencia de la Horda subió un 400%. Sus ataques eran implacables y estábamos perdiendo todo el territorio recuperado— Glimmer logró desplegar un mapa de Etheria con las distintas fases de avance y retroceso hordiano.

—¿Pero entonces cómo es que estaba con ustedes y la princesa Scorpia?—

—Más sorpresas, cariño. Catra no solo es la nueva Comandante de Hordak, era la mejor amiga de Adora en la Horda. Después de que Adora… Nos salvara, llegó ella junto con sus soldados, sus amigos, diciendo que iba a desertar en nombre de la Rebelión, solo con la condición de que le dieramos ayuda para rescatar a Entrapta en Isla Bestia—

—Y es como llegamos hasta aquí de nuevo— Suspiró el rey.

—Así es—

—Mamá, sino fuera por Catra… No lo hubiéramos logrado—

—¿De qué hablas, Glimmer?—

—¡Qué Bow y yo nos volvimos a equivocar! Se supone que somos los buenos, que confiamos en la gente, y Adora… ella más de una vez nos hizo ver que ella también había sido hordiana y podía cambiar. Bow y yo no estábamos peleando junto a los hordianos, y ellos eran un equipo. Cuando Catra se dio cuenta que Bow estaba herido, nos defendió hasta que pude llevarnos a otra parte de la isla. Ella nos unió para trabajar juntos y ya no teníamos problema, hasta que señal empezó a aturdirnos—

—¿Micah, cuál señal?—

—Creo que es el sistema de defensa de la isla. Te aturde, hace surgir tus tristezas y miedos, para que no intentes escapar, y es así como poco a poco la isla te va absorbiendo… La comandante parecía ser inmune a la señal— Dijo de manera pensativa.

—Ella es mejor comandante que yo… —

—Tal vez, hija— Glimmer la miró sorprendida —Adora y Catra fueron criadas y entrenadas para volverse las mejores armas de Hordak, pero un líder también es aquel capaz de ver sus propios errores y reconocer las virtudes en los demás. Incluso si son hordianos— Ahora su sonrisa era de alivio y gratitud ante las palabras de su madre.

—No es solo eso, mamá… La espada, reacciona con Catra—

—¿Ella tomó la espada?— Angella no lo podía creer.

—Sí, o sea, ella tuvo que usarla para rescatarnos, pero me la devolvió—

—Tenemos que investigar eso cuanto antes. Pero ahora la urgencia es el ataque de Drill—

—¿Sabes que van a atacar Drill?—

—Catra no solo desertó y trajo a su equipo, ofreció una de las ventajas más grandes que tenemos hasta ahora: tiene a su servicio a un cambiaformas, que se está haciendo pasar por ella dentro de la Horda—

—Parece que es muy astuta—

—Adora decía que siempre fue la mejor estratega de las dos...—

—Además… aprendió de la mejor—

—¿De qué hablas, Angie?—

—Será mejor que te sientes, querido—

Micah se había levantando y se paseaba, procesando toda la información que le estaban transmitiendo, no hizo mucho caso y se sentó distraido.

—¿Qué pasa?—

—Adora y Catra no solo eran amigas, las dos fueron criadas por Shadow Weaber—

—Mamá, tal vez… —

—No puede ser… ¿Dónde está esa mujer? ¿Acaso es parte del equipo que trajo la Comandante hordiana?—

—No, cariño. Por favor, déjame explicarte lo demás. Shadow Weaber crío a estas niñas, desde muy pequeñas. En especial a Adora, porque fue traída por el primer portal que Hordak había logrado abrir y ella sintió la magia dentro de la bebé. Tuvimos suerte de que su crianza no logrará apagar la luz dentro de Adora, a Catra, por otro lado… —

—¡Ella la torturaba! ¡Esa mujer es horrible! Las torturaba a las dos. ¿Sabías que por eso Adora no podía dormir sin su daga y cualquier ruido la despertaba? Shadow Weaber la atacaba al azar para que siempre estuviera preparada— Ese era un dato que la reina no conocía. Glimmer estaba furiosa.

—No me sorprende viniendo de ella—

—El punto es que Catra no quiere saber nada de Shadow Weaber. Está prisionera en una de las celdas—

—Espera, ¿qué? ¿Ahora tenemos celdas?— Preguntó Micah.

—Estoy empezando a creer que de verdad hacen falta unos calabozos… solo para que dejen de preguntar. No, me refiero una de las habitaciones de huéspedes—

—Yo misma la encante. No hay modo de romper la barrera desde el interior— agregó Casta.

—¿Y cómo es que la capturaron?—

—Catra logró superarla en su propio juego. La dejo tan mal herida y sin su conexión con la Black Garnet, estaba muriendo. Logró llegar hasta aquí para pedir la ayuda de Adora, de She-ra… Adora nunca dejó de verla como su madre. La salvó, la curó de una muerte inminente. Y después de ayudar a Glimmer a llegar a la Zona del Terror para tratar de impedir de que Hordak activara el portal, se ha dedicado a plantar un jardín en el balcón de su habitación… celda—

—Esto es… —

—Lo sé, Micah. Tranquilo. No tienes que hacer nada justo ahora. Pero es necesario que conozcas toda la situación—

—¿Y cuál es el plan? Entiendo que necesitaran a la princesa Entrapta y por eso fueron por ella—

—Fuimos por ella porque Catra dijo que la necesita para impedir el ataque a Drill—

—Parece que es una chica muy astuta—

—Es desagradable—

—Fue criada por Shadow Weaber. Me sorprende que no siga en la Horda—

—Solo desertó porque siente culpa… — Glimmer miró ceñuda al piso y después con renombrado coraje a sus padres —De no ser por ella, Adora no hubiera tenido que sacrificarse. Estaría aún con nosotros—

—Eso no lo sabemos de cierto. Shadow Weaber asegura que el plan del portal es de Hordak, si es así, con o sin Catra, con o sin espada, Hordak hubiera encontrado el modo de construir y poner a trabajar esa máquina. La ayuda de la Entrapta solo aceleró las cosas—

—Además— Castaspella intervino mirando atentamente a cada uno —El primer portal que dices, de donde esa mujer asegura que apareció Adora, es cierto, y la fecha coincide—

—Casta...— La llamó Micah con intención.

—Ahora yo soy la Gran Hechicera, Micah, puedo hablar de esto con quien yo crea conveniente— Y señaló su corona que indicaba su estatus.

—Lo siento, hermana, tienes razón. No me había dado cuenta. Te felicito, no me sorprende— Indicó al final el rey con una sonrisa genuina.

—¿De qué hablan?—

—Hace casi 20 años, como dijo Shadow Weaber, hubo una gran alteración en las grandes corrientes de magia que convergen en Etheria. Jamás se había visto nada así, y se decretó mantenerlo en secreto, porque además se registro cerca del territorio de la Zona del Terror. Como en apariencia, no hubo más que esa alteración, no se creyó necesario informar a los demás reinos—

—¿Cómo pudieron los hechiceros guardarse esta información?—

—Sabes que Mystacor es muy celoso de sus secretos. Lo siento, cariño. Nuestros juramentos nos atan—

—Entiendo sus razones, pero no son tiempos normales—

—No queremos más hechiceros con conocimiento prohibido vagando libremente por Etheria—

—Está bien— Angella se sobó el puente de la nariz —Entonces eso confirma que Shadow Weaber no está mintiendo sobre los planes de Hordak. Ahora tenemos que interrogar a Entrapta para saber cómo vamos a solucionar el ataque— Lo que la reina no sabía es que Catra ya se le había adelantado.

Mucho antes del desayuno, Catra ya estaba despierta, extrañamente descansada pero adolorida y hambrienta. Sabía que tenía que moverse rápido, simplemente para no perder su utilidad para la Alianza y afianzar mejor su posición. Así que se alistó y se metió al pequeño pasillo interior que conectaba su habitación con la otra que contenía al resto del equipo. De su equipo. Como lo supuso, Entrapta ya estaba despierta. Intrigada por su aparente falta de sueño, le había preguntado si alguna vez dormía. La princesa le había mostrado una serie de gráficas y tablas que avalan que su mejor rendimiento se daba con dos sesiones de sueño de 3 horas cada 14 horas, así que su ciclo de sueño era muy variable, e incluso no siempre cada 14 horas. Podía ser antes o después según lo requirieran sus experimentos.

—Entrapta—

—Buenos días, Catra— La princesa estaba ocupada con un dispositivo y unas herramientas —Bow me dio este dispositivo ayer, la verdad es que ha mejorado mucho sus diseños, pero siempre hay oportunidad para… —

—Entrapta— Llamó de nuevo Catra, con intención.

—Oh, lo siento. Atención— Dejo sus cosas y volteó a ver a Catra, aunque se columpiaba y Catra sabía que tenía que ser rápida.

—Bien… Entrapta, necesito que nos ayudes a...— Scorpia la estaba mirando desde su cama y Catra se cortó un poco, pero Scorpia la animó con un movimiento de cabeza —A desmantelar los nuevos pulsobots— Scorpia levantó una ceja —...Por favor—

—¡Oh, pero son tan bonitos! Y a Hordak le gustaban tanto—

—Entrapta, concentrate— Catra respiró profundo —Ya no estamos con Hordak. Ahora estamos con la Rebelión. ¿Recuerdas, Brillitos y el chico flecha rescatandote?—

—¿Fueron Bow y Glimmer? Scorpia me dijo que había sido tu idea, dejar la Horda y rescatarme porque...— Entrapta se puso su máscara —Adora logró reparar la realidad—

Por una vez, a Catra le hubiera gustado de verdad que Scorpia se quedara callada. Pero no podía ser tan malo dejar que Entrapta supiera que la idea había sido suya, quizás así era más fácil lograr que la ayudara. Kyle y Rogelio todavía estaban roncando, así que podía hablar con cierta libertad.

—Sí, She-ra logró reparar la realidad que la máquina de Hordak casi rompe por completo. Necesitamos que eso no pase para que no traiga al hermano mayor ¿Entiendes?—

—Creía que querías que los ejércitos hordianos llegaran a Etheria—

—Ya no más, ¿Sí? Dejémoslo así. Vamos a recuperar tu tonto reino para la Alianza de Princesas y a terminar con esta guerra de una vez—

—Catra, pero las princesas no... —

—Todas esas princesas estaban dispuestas a arriesgar su brilloso trasero en Isla Bestia para ir a rescatarte. No te van a hacer nada—

—Pero aquí no tengo todo mi equipo. Está todo en la Zona del Terror—

—Te conseguiré todo lo que necesites. Haz una lista—

—Afirmativo. ¿Podré trabajar en la nave de los Primeros? Creo que es susceptible de muchas mejoras y es la mejor muestra de tecnología que he visto—

—Veré que puedo hacer— Scorpia la miraba con una sonrisa enternecida y casi no la soportaba. Ya se estaba dando la vuelta cuando Entrapta empezó a hablar de nuevo.

—Catra, todo lo que dijiste en Isla Bestia, ¿Es cierto?—

—Sí… Todo— La gata no la miraba de frente, porque no le gustaba hacer esto. Se había jurado que jamás se iba a retractar de nada. ¿Y adónde la llevo? A perder lo único que de verdad le había importado en la vida.

—No soy muy buena con la gente, quisiera entender ¿Por qué?—

—Porque no soportaba perder de nuevo. Lo siento… por haberte mentido y haberte enviado a ese lugar—

—Está bien. Te perdono. Creo que puedo entender un poco, además… ¡Gracias a eso pude descubrir y confirmar muchas teorías que tenía acerca de Etheria! ¡Y recabar muchos más datos!¡Ahora solo esperaré que traigas mi laboratorio para hacer nuevos experimentos!— Catra miraba exaltada a Entrapta, que ya había regresado al modo super excitable al saber que iba a tener pronto de nuevo su laboratorio. Confiaba en Catra, si le había dicho que le iba a traer sus cosas, lo haría.

Así que Catra salió al pasillo y cuando alcanzó la entrada principal a ese pasillo, se le unieron dos guardias.

—Hey, necesito algunas cosas para la princesa Entrapta. ¿Tienen tecnología por aquí o todo son brillitos y magia?— Los guardias se miraron entre sí y al final se encogieron de hombros. Esto se salía de sus asignaciones.

—Espere aquí, por favor—

—Como sea—

Uno de los guardias se alejó, buscando a la General. Cuando le planteó el requerimiento de Catra, y ya que era para la princesa rescatada y no tenía órdenes en contra, envió al guardia de regreso con sus instrucciones. Catra había regresado a la habitación y llamado a Entrapta, que ya estaba cambiada.

—Por el momento, aquí puede trabajar la princesa Entrapta. Tendrá que hablar con la reina si necesita algo más—

—Bien—

Entrapta estaba satisfecha para ser el principio. La habían llevado a una habitación que era una especie de laboratorio multiproposito, y había antigua tecnología etheriana, misma con la que había trabajado inicialmente en Drill. Desde entonces había aprendido algunos trucos en la Zona del Terror y de la tecnología de los Primeros, entonces no tendría problemas en mejorar.

—¿Qué tal?—

—No está mal para empezar. ¿Qué necesitas que haga primero?—

—Que desactives los pulsobots como si fuera un error. No quiero que Hordak se de cuenta de que alguien está interfiriendo. Y también necesito un medio de comunicación más eficiente que los pads, que sea fácil de ocultar—

—¿Necesitas que tenga video?—

—No… Creo que no— Catra no estaba segura de esto.

—Genial, tengo algo en mente—

—Si necesitas algo más, dime y lo conseguiré. Necesitamos tener todo listo para mañana, tomaremos el criptocastillo para ti de nuevo—

—Entendido. Ven en un rato y te diré como van los avances—

—Excelente—

Catra había regresado a su habitación para la llamada programada con Lonnie. Tenía que ser fuera de la Zona del Terror, porque Catra no se dejaría ser sorprendida de nuevo por el asqueroso Imp de Hordak. Tenía muchas ganas de hundir sus garras en esa criatura. Después de su mutuo reporte, Catra le dio nuevas instrucciones y un mensaje para DT. Los planes no habían cambiado, el ataque a Drill se realizaría a primera hora de la mañana, por los que las tropas saldrían desde esa misma noche.

Así que después de una mañana bastante ocupada. Catra había mandado a Scorpia a buscar a Entrapta y se fueron al comedor en donde también las demás princesas también estaban desayunando.

Cuando los guardias arribaron por Catra, esta tuvo que pedir un momento para lavarse las manos, pues estaba llena de pintura y demás cosas. El humor le había mejorado un poco. Los reyes estaban esperando junto al resto de princesas en la sala del Consejo de Guerra, pero hablaban en voz baja.

—Entonces ¿Confías en esta chica?—

—No estoy segura de qué pensar de ella, pero hasta ahora… La escuchare, te trajo a mi lado de nuevo— Sonrió.

—Eso debe de darle algunos puntos a favor— Le sonrió el rey de regreso.

—No puedo evitarlo. Jamás soñé con volver a tener a mi familia de vuelta—

—No hubo día que no pensara en regresar a tu lado— Dijo de manera romántica el rey y volvieron a besarse —Algo de ella me es vagamente familiar...—

—Espero que no sean las maneras de Shadow Weaber— Bromeó la reina.

—No, no. Jamás habría adivinado que ella la crió por mi mismo, me refiero a su apariencia—

—Ahora que lo mencionas, no es algo en lo que haya pensado. No he visto a nadie como ella en varios años— La reina hizo un movimiento de la mano, como espantando sus pensamientos —Te he querido preguntar ¿Cómo fue su actuar en la misión?—

—Frío y eficiente— Fue la seca y contundente respuesta del rey.

—¿Confiarías tú en ella?—

—No estaría aquí sino fuera por Glimmer y ella. Le debo por lo menos el beneficio de la duda. Habría que cuestionar sus motivaciones y lo que busca—

—El trato es posponer su juicio hasta que termine la guerra—

—¿Solo eso pidió?—

—Posponer su juicio, con el Concejo en pleno, la amnistía para sus amigos y la ayuda para rescatar a Entrapta—

En ese momento se abrieron las puertas e ingresaron las dos princesas y Catra al frente.

—Muy bien, la Reunión puede ahora empezar. Nos da mucho gusto tenerte entre nosotros de vuelta, Entrapta, princesa reinante de Drill— Habló con gran ceremonia la reina poniéndose de pie —Espero que te encuentres mejor y nos puedas ayudar—

Entrapta saludó a todos quedándose detrás de Catra y al lado de Scorpia, que vestía de nuevo su uniforme de la horda, era la ropa en la que se sentía más confortable. Glimmer notó que Catra se veía tranquila, no indiferente como ya se había acostumbrado a verla. Y el fantasma de una sonrisa se pintaba en su faz, lo que no le agradó del todo a la princesa.

—Ya estamos en eso, Majestad— Se adelantó Catra —Entrapta ya ha logrado entrar en la red de la Zona del Terror y recuperar el control de los bots gracias a la conexión con su propio robot— Un ligero aclaramiento de garganta por parte de Scorpia —Quiero decir, Emily, gracias a Emily hemos logrado tomar el control e ingresar en sus comunicaciones—

—Usando la conexión con Emily como antena, he logrado hackear el sistema de la horda, y a la vez, usandola como repetidor, podremos ver todo lo que los bots vean, ya que están integrados con cámaras. No hay modo de que lo detecten ya que Emily es principalmente un propio robot de la Horda— Explayó Entrapta

—¿Y el ataque de Drill?— Preguntó Glimmer.

—Sigue en pie, las tropas se movilizarán hoy por la noche para atacar antes del amanecer—

—Bien, ayer se empezaron a movilizar a los civiles con ayuda de los rebeldes incógnitos y se usaran solo los efectivos ya establecidos cerca de Drill. Las princesas llegaran solo después de que sea detectado el ataque como se ensayó—

Siguieron hablando de los pormenores de los movimientos y la logistica un rato más, con Entrapta tomando nota de todo para Catra, como acostumbraba. Era muy diferente a como solían trabajar con Adora, a falta de una inteligencia real, tenían que trabajar sobre la marcha, y solo la cooperación y la rápida toma de decisiones de Adora era lo que lograba salvar las misiones, ahora con toda la inteligencia proveída por los hordianos, no había puntos ciegos ni espacio para la improvisación.

—Okey, eso sería todo, a menos que alguien tenga algo más que agregar— Angella estaba bastante cansada pero satisfecha con la reunión. Poco a poco tomaba forma y fuerza dentro de ella una resolución que no se habría tomado en serio si Micah no hubiera regresado, hasta dentro de unos años más, quizás.

—Sí, Majestad, solo una cosa más— Y Catra sacó de su cinturón unas pelotitas que dejó en la mesa a la vista de todos —Estos son los nuevos comunicadores que desarrolló Entrapta. Necesito que todas las princesas los ocupen para poder monitorear la misión—

—¿Quién te puso a cargo de la misión, para empezar?— Le espetó Glimmer. La verdad es que Catra había evitado cualquier confrontación directa con ella, pero quizás sobreentendio su papel, así que no respondió y solo miró a Glimmer y a Angella alternadamente.

—Glimmer, tú estarás a cargo, pero la comandante hordiana te dará soporte remoto. Y no, no hay pero—

Por una vez, Glimmer se quedo callada, porque la expresión de Catra era de disgusto. Está bien, se repetía la gata. Ella lo único que quería era terminar con esto, cualquier cosa para llevarlo a cabo estaba bien.

Las princesas tomaron las bolitas, pequeños comunicadores que podían usar en las orejas, y se dispersaron.

—Comandante hordiana, por favor, quédate— La llamó Micah. Las orejas de Catra se movieron con suspicacia y con una mano despidió a Entrapta y Scorpia, que fueron escoltadas de nuevo al laboratorio.

Catra esperó de pie a que los reyes le dijeran algo, pero ellos esperaron a que todos los demás salieran. La gata tenía los brazos cruzados con las manos sosteniendo sus codos, con los dedos bailoteando. A Micah le llamó la atención el movimiento y fue cuando se fijo en las heridas de las garras de Catra.

Cuando al fin se quedaron solos, Angella se aclaró la garganta.

—Catra, queremos hablar contigo ya que aparentemente sin tí, la misión… No hubiera sido tan exitosa— La gata no dijo nada, pero se adelantó un paso, expectante —Y quiero darte las gracias personalmente por traer de regreso a salvo no solo a mi hija, sino a mi esposo también—

—Yo también tengo que darte las gracias, nos salvaste a todos en Isla Bestia y veo que tú no estás del todo bien— El rey señaló los dedos de Catra y ésta se apresuró a ocultarlos.

—No es nada… La misión era necesaria para traer de vuelta a Entrapta— Angella se daba cuenta que Adora y Catra tenían puntos en común, pero los expresaban y manejaban con mucha diferencia. Entre ellos, la recompensa.

—Y hablando de Entrapta, parece ser que trabaja bastante bien contigo— Catra la miró de manera suspicaz.

—Solo hay que saber cómo enfocarla—

—Entiendo—

Micah las miró un momento y cómo ninguna dijo nada más, se levantó y caminó hasta Catra, quien se quedó quieta.

—En serio quiero agradecerte. Déjame ver esa mano— La cola de Catra dio dos bruscos látigazos, pero al final le enseñó la mano.

—De verdad, no es nada...— Pero los dedos en carne viva decían lo contrario. Catra ahora no se había ni siquiera vendado, porque las vendas llaman la atención innecesariamente.

—Esto no parece nada… Debiste cortar algo sumamente grueso para lastimarte así—

La gata no le iba a decir al rey que sus garras eran capaces de atrevesar el blindaje de un tanque hordiano si estaba de malas, ni tampoco iba a mencionar la pesadilla donde una y otra vez, su versión corrupta, durante la batalla de Luna Brillante, había hundido sus garras sin detenerse ante los gritos de dolor de Adora, ante sus suplicas, ante sus disculpas y sus ruegos porque volviera con ella, sin importar nada. No iba a explicar que se había despertado de la pesadilla viendo sus garras llenas de sangre, de la sangre de Adora, y el miedo y el odio hacia ella misma, no terminar de distinguir la realidad de la pesadilla, la obliteraron al punto de que con su mano derecha, empezó a arrancarse las garras de la mano izquierda y cuando no pudo continuar con esa mano, se siguió con los pies. Que al final lo único lo suficientemente fuerte para dañar sus garras, eran sus propios colmillos y garras. Que el paroxismo, el miedo, la pesadilla, la pena, el delirio, todo había convergido en esa negra noche de su punto más bajo, hasta que Lonnie y Scorpia habían llegado a causa de sus gritos y solo una dosis de veneno la calmó.

No, por supuesto que no iba a decir nada de eso. Jamás.

Antes de que Catra decidiera si tenía que responder algo, el rey dibujó una runa en el aire y la lanzó a la gata, que tuvo que usar todo su autocontrol para no sisear o atacar, pero su cola se duplicó en volumen y sus hombros se encogieron. Y Angella recordó cómo Adora no reaccionaba bien al principio a los abrazos de Bow y Glimmer, siempre se encogía primero.

—Tranquila, esto hará que te sientas mejor—

La runa explotó en destellos al chocar con Catra y ella sintió una fuerte picazón en las puntas de sus dedos, cuando se hizo casi insoportable, unas nuevas garras de un prístino negro relucían.

—Ahora ya puedes volver a cortar las cosas que quieras—

—Bien...—

—De nuevo, gracias por rescatarme—

—Solo hacía mi trabajo, Majestad—

—Y el buen trabajo siempre debe reconocerse, y a veces, agradecerse— Le sonrió Micah.

—Mi esposo tiene razón. Muchas gracias, comandante. Estoy segura que la misión de mañana saldrá según lo planeado—

Y con eso, despidieron a Catra, ella regresó a su habitación seguida de sus guardias y decidió usar sus garras contra una de las columnas. Le satisfacía poder usar ambas manos impunemente otra vez. Recordó cómo estaba de cansada al final de la misión y tomó una nota mental de que tenía que entrenar.

—¿Qué piensas de ella?— Preguntó la reina.

—Que es orgullosa—

—Creo que su actitud va mucho más allá del orgullo—

—Entonces debemos seguir observando—

—¿Ya has recordado a quién se te parece?—

—Es tan improbable, pero no hay ninguna duda: esa runa curativa solo funciona con los Magicats—

Chapter Text

—Los vigías deberían ser capaces de ver las primeras tropas—

Catra estaba sentada en uno de esos elegantes sillones de Luna Brillante junto Entrapta, que traía un pad mucho más elaborado, y Scorpia, que estaba exultante, no cabía en sí de gozo. Cuatro guardias las custodiaban pero eran tan estoicos como los soldados hordianos, algo que Catra tenía que conceder. Entrapta había logrado desplegar unos viejos holos donde veían con cierta estática lo que grababan los pulsobots.

—Muy bien, todas en sus posiciones—

Glimmer y Catra estaban trabajando entre las dos para dirigir la defensa. DT estaba en el campo, dirigiendo sus propias tropas. No era ninguna simulación, Octavia comandaba la segunda fuerza en tierra, la primer oleada de los hermanos de Emily avanzó y empezaron a atacar por sobre el cañón que rodeaba el criptocastillo, y que era a su vez su principal defensa. La siguiente fuerza de ataque eran los pulsobots, lo que hizo que las defensas rebeldes se replegaran y ahí fue cuando entraron los soldados hordianos.

En un segundo holo, había un mapa topologico de Drill desplegado, con la ubicación de cada comunicador, que venía a ser cada princesa y Bow, con un diagrama en 2D como los acostumbraba Entrapta. Muy didáctico. En cuanto entraron en rango, los robots y pulsobots también se mostraron en el mapa. Catra podía jugar con las posiciones como en un juego de guerra de mesa. La sonrisa de disfrute que siempre tenía en batalla, salió a relucir.

Frosta y Mermista se habían adelantado un poco, pero eso no echo a perder la misión. Lonnie incluso le gritó a Perfuma por sus compañeros capturados en Plumeria. Y Catra se sorprendió cuando Perfuma le respondió que estaban bien cuidados en Luna Brillante con una sonrisa salvaje. Glimmer de nuevo blandía la espada de protección, cortando robots como mantequilla. Aún sin la magia de She-ra, era un arma formidable.

DT actuaba con frustración, porque cada vez que parecía que estaban acorralando a alguna princesa, algún robot fallaba y les permitía recuperarse. Entrapta desconectaba robots, les ordenaba perder miembros o incluso autodestruirse en medio de los demás robots si estaban lejos de las defensas y las tropas hordianas. Algunos pulsobots hacían su trabajo, a modo de hacer lo más creíble la batalla.

Poco a poco Catra dejó de utilizar a Glimmer como intermediaria, dando avisos y rotundas órdenes a las princesas directamente, incluso a Bow y Glimmer les resultaba más sencillo trabajar bajo su supervisión. Todos trabajaban bastante armoniosamente, pero con Catra como sus ojos y oídos, duplicó su trabajo en equipo. Enviaba a Perfuma a asistir a Mermista cuando se quedó sin agua, y a Bow a ayudar a Frosta cuando un pulsobot no reaccionó a las órdenes de Entrapta. Mandaba a Glimmer a apoyar a los soldados de la defensa y ayudar a escapar a los últimos civiles que no habían querido o podido evacuar.

Hordak estaba furioso, fuera de sí mismo. El ataque había sido planeado meticulosamente, y sus fuerzas superaban por mucho a la alianza, pero los robots habían fallado, y las fuerzas combinadas de las princesas soprepasaban a sus soldados. Catra (DT) estaba furiosa también, soltando zarpazos, y gritando a las tropas retirada total. Octavia replicaba sus órdenes, temerosa de perder el otro ojo.

Las princesas persiguieron a lo que quedaba de la armada hasta salir del mapa en el holo, Catra dejó que una sonrisa de suficiencia llenara su cara, ver a Hordak fuera de control le mejoraba el ánimo como nada. Aunque los recursos fueran de la Rebelión, le encantaba poder ver a su antiguo amo sufriendo tanto por sus propias decisiones. Ganar se sentía bastante bien. La verdad es que la Horda o la Rebelión, era lo mismo para ella llegados a este punto. Una victoria era una victoria, y se demostraba una vez más que Catra podía hacer maravillas con cualquier tipo de recursos.

Sabía que ahora la Horda tendría muchos problemas para reagruparse y tendrían que replegar fuerzas para saquear pueblos en busca de recursos. Al menos, si ella fuera la comandante de la Horda, es lo que haría ahora.

—Angie… Eso es… Acabo de regresar, y siento que le debo tanto a todos ¿Cómo podría…?—

—Lo sé, lo sé. Pero no los vamos a dejar solos. Siento que es tiempo. Piénsalo, por favor—

—Lo haré, sabes que sí—

—Micah, se que te estoy pidiendo demasiado, pero por primera vez, estoy segura que esto es lo mejor, no solo para nosotros, sino para toda Etheria—

—¿Entonces por qué, un ser angelical como tú, le pregunta a un simple mortal como yo? Si estás segura, y aunque no fuera así, te seguiré—

Los reyes estaban en su cama platicando después de lo que fue un día intenso. Angella había supervisado todo. La batalla presentó muy pocas pérdidas mortales, las cuales eran inevitables en la guerra, pero habían eliminado toda presencia hordiana en Drill y recuperado el castillo. El ejército rebelde estaba recuperando todo lo que podía de las fuerzas robóticas del enemigo bajo las órdenes de Catra, Entrapta necesitaba equipo para trabajar, pero pronto le pediría más materiales y quería estar preparada.

La reina había interrogado a lo largo del día a Rogelio, Scorpia, a la General y a los guardias que habitualmente cuidaban a los hordianos, después de hablar también con Entrapta, y cuando regresaron de su misión, a Glimmer y Bow, con muchas preguntas de vuelta por parte de Glimmer.

Glimmer no se había podido sacar de la cabeza, la información que Entrapta les había dado en Isla Bestia, acerca de equilibrar el planeta y reconectar a Scorpia con la Black Garnet. Estaba segura que sí podían lograr eso, su poder sería lo suficientemente grande como para llegar a la Zona del Terror directamente y arrasarla. Pero su madre no quería saber de nada de eso. Ya verían qué hacer con la Black Garnet una vez la guerra terminara, pero ahora no había ninguna razón aparente para justificar un viaje a la Zona del Terror. Y Glimmer todavía tenía bastante presente el resultado de su última misión sin autorización.

No quería pensar que no fue lo correcto intentar detener a la Horda de abrir su portal, pero el costo del éxito de la misión había sido la muerte de Adora. No quería que nadie más se quedara atrás. Además de que Micah se había opuesto terminantemente a que Shadow Weaber se volviera a acercar a su hija.

Paradójicamente, creía que la vieja hechicera estaba mejor en Luna Brillante que en Mystacor, ya que ahí, tendría acceso a demasiada magia. Por lo menos en Luna Brillante eran pocos, pero leales y poderosos los hechiceros que ahí vivían y como tal, el castillo de Luna Brillante no tenía secretos mágicos que la hechicera pudiera explotar, como sí abundaban en Mystacor. Una ciudad que probablemente guardaba muchos más misterios de los que la misma Shadow Weaber había logrado desentrañar.

Catra había tenido su propia sesión de nuevo con los reyes, y esperaba que el pelaje no se le encrespara de satisfacción… tanto. Recibir los halagos de los reyes resultó ser un plus que no había vislumbrado. Sus antiguos enemigos eran extrañamente justos. Cada vez le costaba más trabajo verlos como viejos cursis. Angella era formidable y atemorizante, y Micah era un hechicero del que no tenía que cuidarse las espaldas. Además de que Catra siempre había tenido cierta debilidad por las figuras de autoridad, y lo que siempre había deseado, era recibir el reconocimiento que sabía se merecía.

Así como los reyes la habían felicitado y preguntado sobre los siguientes movimientos de la Horda, Catra había pedido todo lo que Entrapta había solicitado y le dieron el permiso para que la princesa geek se entretuviera con la nave, bajo la supervisión y ayuda de Bow, quien no podía estar más feliz de poder trabajar con ella.

Pasó rápidamente una semana en la que Catra se encontró extrañamente estable. Sus días se llenaban con las comidas en el comedor cuasi comunal, sesiones de entrenamiento con Scorpia, Rogelio, Bow e incluso con las princesas que tenían que turnarse todavía para custodiarla. Su rival más complicado, era siempre Mermista, quien no dudaba en provocarla, pero Catra a estas alturas era de piedra. Además de sus ahora secretas sesiones de dibujo, se podía perder en medio de los trazos que creaban directamente sus dedos sobre el lienzo, o en la forma en la que estaba aprendiendo a recoger tinta con una garra y usarla como pluma fuente o ya directamente recurrir a los colores y pinceles.

Pintaba y dibujaba todo lo que tenía dentro. Podrías pensar que Adora era el centro de su trabajo, y es cierto que ocupaba una gran parte. Adora de niña, Adora creciendo, Adora de adolescente, Adora siendo la más joven Capitán de la Fuerza, Adora en armadura de combate, Adora sonriendo bajo un rayo de luz, Adora mirándola implacable y molesta, Adora combatiendo, masacrando robots, Adora riendo después de una broma a Kyle, Adora llorando escondida en algún lugar mohoso de la Zona del Terror después de un ataque de pánico, Adora tomando su mano mientras corrían en la fragua, Adora mirando el vacío desde el lugar más alto de la refinería, Adora pidiendo que se quedara con ella en Thaymor, Adora suplicando por su ayuda en el Castillo de Cristal, en el abismo, la espalda de She-ra sangrando después de la batalla de Luna Brillante, She-ra infectada casi matándola, y el espectro de Luz, lo último que había visto de ella, con sus últimas palabras resonando en todo su ser. Sabiendo que eran ciertas. Que Adora una vez más fue más valiente y confesó lo que el corazón de Catra anhelaba. Y a pesar de todo este despliegue de Adora, había unas cuantas pinturas de Scorpia, del Desierto Carmesí, de Entrapta, de Bow. La siguiente gran parte de su trabajo, eran sus pesadillas, no solo Adora muerta de mil maneras diferentes, sino sus castigos de soledad y oscuridad siendo niña, la electricidad roja de la Black Garnet, y Shadow Weaber.

Las sesiones de planeación se habían reducido y eran más eficientes, otros dos ataques por parte de la Horda, de los cuales uno Catra había ordenado dejar ganar a medias, para darle realismo al plan. Todavía estaba terminando de evaluar toda la situación Rebelde, Drill era un caso muy concreto, todavía quedaba toda Etheria por ver. El siguiente gran ataque eran las Salinas, Hordak seguía en su plan y no existía, según DT y Lonnie, tenía un humor mucho peor, pero estaba desarrollando todo un nuevo sistema de robots. DT mientras tanto estaba agudizando su actuación haciéndose pasar por los diferentes Capitanes de la Fuerza, confundiendo sus órdenes, creando rumores y poniendo a todos tensos, recreando el mal humor de Catra, cayendo en espiral junto al de Hordak.

Sus días eran rebosantes, pero sus noches no habían mejorado mucho. Cada noche seguía regresando a la puerta colindante. A veces pasaba eternos minutos mirando el picaporte, quizás se atrevería a poner la mano encima, o simplemente suspiraría para echarse junto a la rendija, aferrándose a las últimas trazas de olor, que cada noche se hacían más tenues, sin sospechar que durante la mayoría de la noche, tendría compañía, unos intensos ojos violetas que la miraban, con un millón de preguntas mudas, y una idea cimentándose y tomando forma lentamente, apenas detenida por una duda fría.

Glimmer y Catra no eran las únicas en tener problemas que no las dejaban dormir bien. Micah se había enfrentado a Shadow Weaber al siguiente día después de la defensa de Drill.

—¡Micah! ¿De verdad eres tú?—

—No puedo creer que de todas las personas, tú estés aquí—

—A mí también me alegra verte—

—No estoy aquí para jugar tus juegos— Micah se acercó otro paso a la barrera mágica —Solo estoy aquí para comprobar tu decadencia y advertirte que no te atrevas a acercarte a mi hija de nuevo—

—Ella tiene más poder crudo incluso que tú, además ¿Qué puede hacer una vieja hechicera si la princesa heredera del más grande de los reinos pide por aprender?—

—Glimmer jamás vendría a ti—

—Ya lo hizo, y sino le das lo que necesita, vendrá de nuevo—

—Sé que fuiste tú la que logró llevarla a la Zona del Terror, era una medida desesperada y Glimmer creyó que no tenía otra opción—

—No había otra opción. Sino hubiéramos ido, ahora no hubieras podido ir a reunirte con tu familia de nuevo. Ni siquiera podría verte yo de nuevo—

—Lo que tú creas no es importante. Ahora Glimmer tiene a sus dos padres para ayudarla—

—Pero no la conoces. Ella quiere crecer, su alma está llena de fuego, y tú sabes lo que pasa cuando un fuego así no es bien cuidado—

—Cállate, no hables de Glimmer como si la conocieras—

—Micah, mi niño, la conozco. He luchado contra ella desde hace dos años, y la he visto crecer. Nunca deje de hacerlo, sabía que sería la siguiente a quien tendría que enfrentarme—

Sus palabras horrorizaron a Micah, apretando los puños volvió a hablar.

—Te repito que no importa lo que creas saber. No volverás a acercarte a mi hija. Y tienes suerte que no te enviemos a las catacumbas de Mystacor— Se dio la vuelta y no retrocedió, incluso ante la risa de la mujer.

—Se muy bien que nunca me enviarían de vuelta a casa— Se terminó de reír la bruja.

Micah necesitó de toda su fuerza para componerse. Pero las palabras de Shadow Weaber eran como una plaga, una vez que las escuchas, se meten entre la piel, entre los pensamientos y se clavan y se reproducen. Micah ahora estaba más que seguro de la idea de Angella. Tendría que acelerarla, porque era cierto que el alma de Glimmer ardía, y él mismo lo había visto, con fuego de justicia, sí, pero también con el fuego del odio y el resentimiento. Era normal, él mismo lo sentía a veces, y temía que esa fuera la razón por la que Glimmer fuera presta a esos sentimientos. Angella era la cauta, la de la cabeza fría. Por eso Glimmer era capaz de detenerse una vez se daba cuenta de sus errores, aunque fuera impulsiva. Micah había tardado décadas en aprender a retractarse.

Así unos días después, habló con Angella de nuevo, seguro ahora de que su decisión no estaba basada en el miedo ni en la premura por culpa de Shadow Weaber.

—¿Entonces estás seguro?—

—Es hora de que la nueva generación ocupe su lugar—

—Entonces iniciare los preparativos. Lo ideal sería que pudiéramos hacerlo antes del ataque a las Salinas en una semana—

—Primero, y solo para estar seguros, quiero hablar de nuevo con la comandante—

—Está bien, haré que la manden traer—

Los guardias reales se presentaron en la habitación de Catra y le pidieron que los acompañara con los reyes, Bow y Glimmer también iban seguidos de unos guardias que los habían llamado, lo que completaba la custodia de Catra que siempre la acompañaba fuera de ese pasillo.

—¿Y ahora para que nos querrán?— Cuestionó Glimmer.

Catra tenía las manos manchadas de pintura, esta vez no había tenido oportunidad de lavarse bien y todavía tenía los ojos brillosos, porque estaba pintado una escena con Adora, un abrazo de niñas, cuando habían hecho su promesa.

—No tengo idea, pero espero que sea pronto porque Entrapta esta con Darla y no quiero perderme de nada—

—¿Ahora tú también?—

—No podíamos llamarla la nave de Mara o de los Primeros para siempre— Se rió Bow.

—No, pero puede ser solo "la nave"—

—Oh, vamos, Darla es un gran nombre—

—Como sea—

Catra los escuchaba molestarse entre sí, y se le retorcía el estómago. No era exactamente lo mismo, porque Adora y ella eran muy diferentes a Bow y Glimmer, pero también se molestaban entre sí y discutían, se reían. Extrañaba tanto a Adora.

Los reyes los recibieron en sus habitaciones privadas, pues no era todavía asunto para el Salón del Trono.

—Hola, jóvenes—

Glimmer corrió a los brazos de sus padres, y Bow sonreía tras de ella, saludando muñeca a muñeca al rey y con una cálida reverencia a la reina. Catra se quedó atrás, con la cola moviéndose nerviosa y las orejas pegadas a la cabeza. Sus brazos estaban desnudos, ya que se había quitado los guantes y la chaqueta para pintar y se sentía un poco extraña, y trataba de no abrazarse a sí misma. Puso su cara más estoica mientras la familia real se saludaba e intercambiaban comentarios banales pero cariñosos. Los guardias reverenciaron y salieron, cuando las puertas se cerraron, la actitud de la pareja real cambió y se fijaron en ella.

—Comandante Catra— Le dijo la reina a modo de saludo —Te mandamos llamar porque necesitamos confirmar algunas cosas, ante importantes decisiones y cambios que se avecinan. Hasta ahora, has cumplido con todo lo que prometiste, y me atrevo a decir que con resultados mucho más allá de lo esperado— Dijo señalando a su esposo, que le sonrió.

—Todo lo que quiero es terminar con la guerra, majestad— Respondió Catra, que se veía más tranquila ahora que los abrazos se habían terminado.

La calidez de las princesas era algo a lo que todavía no se había acostumbrado, aunque Scorpia lo había tomado excelentemente. Perfuma incluso había tratado ya varias veces de platicar con ella e invitarla a su círculo de percusiones. La princesa de las flores pasaba largas horas con Scorpia, platicando y cada vez más Perfuma lloraba o hacía un drama espiritual cuando se enteraba de las condiciones en las que habían crecido los hordianos, no creyendo los horrores de vivir sin abrazos, sin juegos, ¡sin verduras!, sin la refrescante sombra de los árboles. Solo trabajo, entrenamiento, represión y castigos si te salías de la línea marcada.

—Y nosotros también, como dije: has cumplido con todo lo prometido. Y estoy segura que si las cosas siguieran su rumbo, nuestra confianza sería total— Catra volvió a tensarse, no esperaba esto. Debía de conceder que la reina se movía por muchos más caminos de los que pensaba Catra, en serio tenía que dejar de pensar en ellos como viejos cursis. Ahora que convivía entre ellos, había descubierto que las princesas eran mucho más que brillos, magia y colores pasteles. El honor, la confianza, la justicia y la integridad, además de la bondad y la piedad, eran valores que defendían y honraban, así como en la Horda se valoraban el respeto a la autoridad, la lealtad y el orden. —Estoy segura que aceptarías, de estar en mi lugar, que apesar de todo, tengamos ciertas reservas—

—Por supuesto, majestad— Dijo con precaución. No era mentira, por supuesto que tendría sus reservas. Pero ella no era la reina, y jamás tendría que estar en su posición.

—Bow, Glimmer, los hemos llamado para que estén al tanto de esto, porque creemos que tienen la experiencia necesaria. Sin embargo, tienen que guardar silencio— La cola de Catra dio dos bandazos.

—¿Mamá?— Bow y Glimmer estaban bastante confundidos, no comprendían a dónde quería llegar la reina.

—Comandante, para acelerar esa confianza, queremos interrogarte con un hechizo de la verdad— ¿De verdad le estaban preguntando si les permitía interrogarla? —El hechizo es indoloro si dices la verdad—

—¿Y si no contesto?—

—Si no respondes, al no mentir, no te causará ningún dolor, pero si te resistes o mientes, el hechizo empezará a causar daño—

—Bien— Catra de todos modos no tenía nada que ocultar y si esto los dejaba tranquilos, quizá le quitarían la estúpida escolta. Bow y Glimmer se miraron sorprendidos entre sí.

—Entonces ahora procederé— Micah se levantó del sillón donde estaba sentado, al lado de Angella, que no era más que una versión reducida de sus tronos, en un biplaza. Bow y Glimmer permanecían de pie al lado de Angella. El rey dibujó la runa y la lanzó a Catra, que seguía sin poder evitar encogerse ante la magia, por mucho que detestara que vieran su reacción, el pelaje encrespado, la cola rígida, las orejas encogidas, sus hombros caídos. Se daba cuenta que ellos lo veían, por mucho que no tardara en recuperar una postura relajada. Se daba cuenta de su lástima, y los odiaba por eso. Odiaba a Shadow Weaber por hacerle eso.

—Empezaré ahora— Catra no notaba nada diferente en ella, como tampoco había sentido nada con la runa que se suponía que la incapacitaría en Isla Bestia. Sería que jamás quiso dañar a Glimmer —¿Quién eres?—

—Catra, Comandante de la Horda— Y fue aquí que Catra sintió el hechizo, las palabras empujaban por su garganta, tuvo que explayarse —Desertora de la Horda, mejor amiga de Adora y la princesa Scorpia— Muchas más cosas pujaban por salir, pero no las dejaría. El ligero malestar que sentía por no seguir escupiendo las palabras, no era nada para ella.

Glimmer entrecerró la mirada ante la respuesta y Bow asintió con una ligera sonrisa triste.

—¿Por qué has venido a Luna Brillante?—

—Para terminar con la guerra, derrotar a Hordak, rescatar a Entrapta y recuperar el reino de Scorpia— Catra se sorprendió de eso último, sabía que estaba muy al final de sus intenciones, y nunca se lo había dicho a Scorpia. Pero era cierto. De nuevo, muchas más palabras se le atoraban para salir.

—¿Por qué?—

—Estoy cansada de pelear. Porque se lo debía, porque Scorpia es una princesa y se merece lo que por derecho le corresponde— Las preguntas de Angella no ayudaban a lo que de su garganta quería salir.

—¿Cuáles son tus motivos para desertar de la Horda?— Catra permaneció estoicamente en silencio, pero la cola rígida la delataba. —Está bien, lo cambiaré ¿Estás aquí por órdenes de Hordak?—

—No— Los reyes y Bow sonreían. Glimmer prefería quedarse con sus reservas.

—Excelente. ¿Algunos de tus soldados, los amigos que trajiste hasta acá, es nuestro enemigo?—

—No. Ellos están bajo mis órdenes—

—¿Entrapta está trabajando aún para Hordak?—

—No. Ha comprendido que ya no estamos más con la Horda—

—¿Alguna vez has querido dañar a alguien perteneciente a la Rebelión?—

—Sí—

—¿Sigues queriendo lastimar a los miembros de la Rebelión?—

—No—

—¿Crees que la princesa Scorpia y Entrapta aceptarían someterse también a un interrogatorio?—

—Si se los pido yo, sí—

—¿Si algún miembro de la Rebelión lo exigiera?—

—No… No creo. Entrapta tal vez, Scorpia es leal a mí—

—Entiendo— La reina tomó aliento un momento, las ligeras sospechas que quedaban con ella, lentamente disolviéndose. —¿Pondrás todos tus recursos, tus deseos y trabajo en lograr que la Rebelión al fin detenga a la Horda?— Esa era fácil.

—Sí— Angella se sentó, indicando que había terminado. Catra tenía una postura relajada, no estaba guardandose nada. Micah dio un paso al frente.

—¿Tienes alguna relación o alianza con Shadow Weaber?—

—No— Fue la rotunda respuesta de Catra.

—¿Es cierto que ella las crío a ti y a She-ra dentro de la Horda?—

—Ella nos torturó y era nuestra oficial al mando— Catra aprendía demasiado rápido. Ya había visto que si respondía lo que para ella era la verdad, el hechizo no podía dañarla.

—¿No tienes ningún tipo de sentimientos para Shadow Weaber?—

—Odio—

—¿En algún momento, bajo cualquier circunstancia, volverías a trabajar con o para ella?—

—Prefiero morir antes que tener que verla de nuevo. Terminé con ella. Está muerta para mí. Se que la mantienen encerrada por aquí, lo único que pido es no tener que verla ni hablar con ella, si no puedo matarla yo misma— Sus palabras eran frías, pero no desapasionadas.

—La mantendremos encerrada—

—Si llega a estar a mi alcance, la mataré. Ella no pertenece a la Rebelión—

La mirada de todos era ecuánime.

—Gracias por aclarar tu… posición, Catra— La reina se puso de pie, teniendo que confirmar algo de pronto —¿Si Glimmer te da una orden, dentro o fuera de una misión, la obedecerás?—

—Obedeceré a la princesa dentro de las misiones, pero fuera de ellas, tendré que valorar si su orden es adecuada. Pero no haré nada en su contra— La respuesta era demasiado elaborada para su gusto, pero supuso que era razonable.

—Entiendo. Todas tus respuestas han...—

—¿Amabas a Adora?— Glimmer escupió.

—¡Glimmer!— El regañó de la reina los taladró a todos, pero Catra se apretaba el pecho con las dos manos, sus ojos se habían llenado de lágrimas que se reusaba a dejar salir y miraba con auténtico odio a Glimmer. Cayó de rodillas y pequeños quejidos de dolor salían de su garganta.

La verdad la quemaba. Si había pensado que podía manipular el hechizo, no estaba del todo equivocada, pero no cuando era una verdad tan inmensa, tan implacable, tan escondida, que quería salir tan desesperadamente.

—¡Micah!—

—¡Contesta!—

Pero el rey rompió el hechizo y Catra por fin pudo descansar y respirar con calma. La garganta le quemaba, como ese día después de correr hasta que no le quedó nada dentro en los yermos cerca de la Zona del Terror. Bow corrió a ayudar a Catra y a Glimmer le ardió el corazón.

—¿Estás bien?—

—Ahórratelo, Flechitas—

—Es en serio—

—Sí, como sea—

—Catra, nos importa cómo estés—

—Habla solo por ti, Flechitas— Y Catra miró con rencor a Glimmer.

Catra aceptó la ayuda de Bow para ponerse de pie, pero lo rechazó una vez se levantó.

—¿Eso es todo, majestades?— Preguntó lacónica.

—Del interrogatorio, sí— Contestó Micah —Tus respuestas nos han asegurado que no estés trabajando con Hordak para atacar a la Rebelión—

—Bien— Dijo la gata mientras se sobaba la garganta.

—Glimmer… Siempre que pienso que has avanzado y ya no eres tan impulsiva, sales con algo como esto. Pero entiendo tus razones. Así que espero que al saber nuestra decisión, pienses mejor las cosas— Angella miró a su esposo, buscando apoyo.

—Mi niña, sé que es duro… perder a alguien importante. Pero como princesa y futura reina, debes de ver mucho más allá de tus propios sentimientos, aunque debes seguir tu instinto—

Brillitos se cruzó de brazos, no se iba a disculpar de nada.

—Y lo de futura reina, será más pronto de lo que crees—

Glimmer miró sorprendida a su madre, ¿a qué se refería? Miró dudosa a Bow, que seguía cerca de Catra, pero él tampoco sabía nada.

—Lo que tu padre y yo queremos decir, es que hemos decidido que abdicaremos a tu nombre y serás coronada antes del ataque a las Salinas—

Chapter Text

Los reyes habían mandado fuera a Bow y Glimmer y habían pedido a Catra que se quedara con ellos un momento más.

—Por favor, Catra, disculpa a nuestra hija, es impulsiva y de temperamento fuerte, pero no es mala—

—Tiene un modo muy curioso de mostrarlo—

La reina suspiró, sabía que ellas dos tendrían que avanzar, superar cualquier mal entendido que hubiera entre ellas. Aunque no fuera fácil, había cosas más importantes que hacer, más importantes que los sentimientos de dos jovenes. Ella lo entendía perfectamente, pero eran dos de las personas que más podrían influir en todo el porvenir, su posición demandaba responsabilidad y sacrificio, y lo que estaba a punto de ofrecer o pedir, según se viera, era igual de importante que la coronación de Glimmer, quien desde que nació tarde o temprano tendría que afrontar su realidad, pero Catra todavía tenía la opción, y no serían los reyes quienes se la quitarían.

—Te pedimos que te quedaras un momento más porque tenemos algo más que decirte—

—De hecho, son dos cosas. Un ofrecimiento y una pregunta— Corrigió el rey.

Catra no dijo nada, movió la cola solamente.

—Son cosas muy importantes, y aunque no están relacionadas entre sí… puede ser que al conocer una, la otra no te agrade—

—Vayan al grano— Los esposos se miraron entre sí.

—Está bien. Para que sepas que nuestro ofrecimiento es sincero, lo haremos primero, sin importar qué: ahora que Glimmer será coronada, no podrá seguir siendo la comandante… si lo quieres, el puesto es tuyo, Catra—

La gata no pudo evitar retroceder de la sorpresa. No había ningún precedente para ella.

—¿Es… es una broma, verdad?—

—No, Catra. Esto es muy en serio. Hemos entrevistado a tus acompañantes, a las princesas, a todas ellas, incluso a Bow y tus guardias. Glimmer misma fue quien nos confesó que sin tu ayuda, jamás habrían regresado de Isla Bestia— Le respondió la reina.

—Y gracias a ello determinaron que… ¿Soy buena o alguna cursilería por el estilo?—

—Si lo quieres llamar así… sí— Prefirió no profundizar en la respuesta.

—¿Qué pasa si lo rechazo?—

—Seguirás trabajando como hasta ahora… como Consejera de Guerra—

—Sin embargo, sin importar lo que escojas, tú y los tuyos podrán moverse libremente por el castillo. Dentro de una misión, me temo que tendrán que seguir bajo la supervisión de una princesa hasta que todos acepten someterse a un interrogatorio—

—Lo acepto. Pero tendrán que anunciarlo públicamente—

—Por supuesto, no podría ser de otra forma. Será mi última orden como reina—

—Ahora, Catra, nuestra pregunta es: ¿Sabes de dónde vienes?—

Vaya que hoy los reyes estaban bastante sorpresivos.

—Shadow Weaber me encontró en una caja en la Zona del Terror, Adora me vio antes de que me llevara a otra área y fin de la historia— Respondió tratando de que la mención de sus inicios no la alterara.

—Ya veo… ¿Hay más personas como tú dentro de la Horda?—

—Tiene que ser más específico. Hay un montón de huérfanos—

—Me refiero a tus características físicas— Dijo señalando las orejas.

—Hay algunos otros felidae, pero nadie se parece del todo a mí—

—¿El nombre de magicat te dice algo?—

—No— Catra ya se estaba alterando.

—Está bien… Hace muchos años, existía nuestro reino vecino de Media Luna. Su población eran los magicats— Mientras Angella hablaba, el rey Micah presentaba una runa que se extendió y dejo ver un reino con un gran castillo de aspecto más robusto que el de Luna Brillante, tal cual los hologramas en el Salón de Guerra. También mostró dos figuras sin rostro, masculino y femenino —Los Magicats siempre fueron pocos, y con el paso del tiempo, se fueron perdieron y el reino entró en decadencia. Solo quedaban algunas docenas de ellos cuando yo era joven y con el tiempo solo la casa real y algunos guardias y siervos permanecieron. Eran de los pocos reinos neutrales con todos los demás, en parte porque no podrían permitirse una guerra, a pesar de ser poderosos. Uno de sus pocos aliados reales era el Reino Escorpión, junto a Luna Brillante—

—Ellos fueron más rápidos en ver las verdaderas intenciones de Hordak, siempre fueron muy intuitivos, pero la casa real Escorpión no hizo caso de sus consejos y cuando Hordak se reveló al fin, ellos fueron los primeros en atacar, en defender a los demás. Su coraje y valentía casi se ha olvidado, les costó todo lo que tenían—

Catra observaba con ojos hambrientos las figuras que el Rey había invocado. Vestían con túnicas, y era notable el buen tono muscular, masculino y femenino iguales en altura, solo diferenciados por las curvas de sus cuerpos. Andaban descalzos y cuatro gruesas garras salían de cada pata plantígrada*, igual a las de Catra. La forma era casi totalmente humana, a no ser de las orejas y la cola, no como otros felidae que Catra había visto en la Zona del Terror y más profusamente en el Desierto Carmesí, donde los felinos tenían patas con talón elevado, mucho más pelaje y hocicos.

—Hoy de su legado solo quedan las ruinas de su reino, que está construido solo para alguien de sus capacidades físicas y por eso no ha sido reclamado, y algunos híbridos de los que prefirieron juntarse con otras razas para que los magicats no desaparecieran del todo. Pero eso no era una opción para la familia real, así que eligieron ver la decadencia de su Clan a mezclar su sangre—

—¿Por qué me están diciendo todo esto?—

—Porque no eres solo una huérfana más, Catra… Tú llegaste aquí portando un adorno rojo— Apuntó la reina.

—Shadow Weaber me lo dió… pero ya no quiero nada de ella—

—Esa mujer… Quisiera creer que no supiera nada, pero no podemos darnos ese lujo. Me temo que no era más que un oscuro chiste privado— Le dijo Micah.

—Ese adorno, no es más que la corona de los Magicats— Soltó la bomba Angella —No sabemos si eres la descendiente directa de la familia real, pero al ser tan pocos, los guardias eran nobles también y algunas veces los siervos se casaban con los nobles… sea como sea, si eres la última de ellos, te convierte en la heredera de toda una civilización; en la princesa de Media Luna—

Catra no estaba en su habitación, que ya podía dejar de llamar su celda, pero eso era algo que Glimmer no sabía. Era el segundo día después de que supo que iba a ser la nueva reina y quería enfrentar a Catra por una vez y para siempre. No podía dejar que todo esto llegara más lejos. Se teletransportó a la habitación de la felina, y se encontró con que había hecho su cubil en una de las esquinas, colgando largas telas para cerrar el espacio y dejando dentro solo los cojines más planos y solo los necesarios. Era igual que Adora. No soportaba los lugares demasiado abiertos.

Y de nuevo su corazón ardió al ver lo parecidas que eran. Y sus ojos quemaron con nuevas lágrimas al recordar la charla que había tenido con Bow. Le había reclamado, Catra los había ayudado, estaba claro que había renunciado completamente a la Horda, culpa o no, estaba ahí para ayudarlos y Glimmer no lo estaba haciendo más fácil para nadie. Ya era suficiente dolor tener que ver un espacio vacío en cada comida y en cada reunión. Tenía que dejarlo ir.

En parte por eso estaba aquí. Tal vez si de una sola vez sacaba y escupía todo lo que tenía dentro, quisiera Catra escuchar o no, podría calmarse un poco e intentar seguir adelante a partir de ahí. Nunca serían amigas, pero tenían que ser aliadas. A pesar de toda la información que todavía no tenía Glimmer. Ya que no la encontró dormida en su cubil, como esperaba, se acercó al siguiente rincón oscuro que Catra había armado, también con grandes cortinas oscuras rodeando otra esquina de la habitación.

Cual fue su sorpresa y horror al ver las paredes y las cortinas forradas de imágenes de todo tipo, realistas y surrealistas, de Adora. Adora la rodeaba por entero. Su sonrisa, su luz, sus ojos de hielo y cielo, su sonrisa boba, de niña, de adolescente, luchando, riendo, peleando con Lonnie, batiendo a Kyle, saltando sobre Rogelio, sufriendo un castigo. Todo, todo lo que Adora podía ser, estaba ahí. También estaba muerta de mil maneras diferentes, rodeada de destellos rojos, como rayos, de sombras, ahogada, desmembrada, llena de rasguños. Todos despertaban en ella el horror de ver a Adora en tales situaciones, pero las escenas, a pesar de su crudeza, la tristeza era lo que las identificaba. Después de perderse unos momentos en una pintura de una gatita encogida en la lluvia, apegada a unos barrotes que la separaban de la pequeña rubia, que intentaba abrazarla a través de las rejas. Su mirada se perdió en el cuadro más luminoso de todos.

Era Adora, un poco más joven de la primera vez que la habían conocido, sonriendo con tal alegría, y mirando directamente a quien apreciara la pintura, que le caló hasta el alma. Jamás había visto tan feliz a Adora, y si los horrores de sus diferentes muertes no habían hecho llorar a Glimmer, contemplar tanto esplendor, perdido para siempre hacía mucho más tiempo, le arrancó las lágrimas y un sollozo, al comprender que esa sonrisa, esa luz, solo fue para una persona siempre.

Jamás tuvo oportunidad.

Ella no era esa persona.

Escuchó ruidos y desapareció antes de pensar en otra cosa.

Scorpia entró llamando por Catra, pero al encontrar todo vacío, se fue encogiéndose de hombros. Estaba segura de haber escuchado algo. Regresó a su habitación para ponerse a la tarea de terminar de preparar lo que Perfuma llamaba un picnic. Estaba tan feliz. Catra estaba comiendo de nuevo, tenía a sus amigas de vuelta y ahora tenía a muchas más personas a quienes abrazar, como a Perfuma.

Entrapta estaba junto con Bow en Darla. Entre los dos habían encontrado más funciones de la nave, pero para la gran mayoría de los comandos, les negaba el acceso.

—Dices que Darla era de la antigua She-ra—

—Sí, Adora la encendió la primera vez con la ayuda de la espada—

—Entonces necesitamos la espada para poder seguir indagando en Darla—

—Pero ahora la tiene el Rey Micah, se la pidió a Glimmer para estudiarla—

—Está bien, puedo esperar. Aunque Catra quiere que avance lo antes posible en desarrollar nuevas armas para la Rebelión—

—¿Te gusta trabajar para Catra?—

—Ella me ayuda con mis investigaciones. Siempre que necesito algo, ella lo consigue—

—¿Entonces no te importa que te haya mandado a Isla Bestia?—

—No realmente… Catra no es buena con las personas tampoco—

—Me he dado cuenta de eso, pero no me parece tan mala—

—No me refiero a eso. Ni ella ni yo sabemos cómo entender a las demás personas, apenas nos entendemos entre nosotras—

—Oh, vaya… Bueno, lo principal es hablar honestamente, y preguntar cuando no estamos seguros de algo— y Bow tomó de la mano a Entrapta, para tranquilizarla.

—Muchas gracias, Bow, lo tendré en cuenta— El cálido tacto de Bow era una sensación a la que la princesa geek no estaba acostumbrada. Era agradable —¿Cuándo crees que pueda tener la espada para seguir inspeccionando a Darla?—

—Le preguntaré al rey Micah, lo prometo—

—Gracias, Bow—

Siguieron platicando y trabajando, no solo en Darla, sino en los diseños de los robots y en la nueva tecnología de agrandamiento de Bow.

Catra estaba en la sala de entrenamiento de los guardias. No podía dejar de pensar en todo lo que los reyes le habían dicho. No solo en su nuevo título, aún no anunciado, de Comandante de la Alianza de Princesas. Un oscuro placer la llenaba ante este giro de eventos, porque estaba segura que Glimmer todavía no lo sabía, no habría forma que lo dejara pasar. Eso demostraba en parte, que los reyes sabían exactamente la hija que tenían. Según sabía, gracias a la cháchara sin fin de Scorpia y Entrapta, la última orden de un rey o reina, se consideraba ley y el nuevo soberano no tenía la autoridad para descartarlo.

Catra estaba peleando contra los mismos guardias que usualmente la tenían que escoltar, cosa que ya no era necesaria. Tres de ellos apenas la hacían sudar, sin importar de qué forma la atacaran, no podían pararla. Pelear era la naturaleza misma de Catra, así que podía estar en su combate, con la mente vagando libremente por diferentes pensamientos que la llenaban.

¿Ella, una princesa? Seguía sin creerlo. Los reyes no tenían ningún motivo para mentirle. El único modo de comprobarlo, una vez más, era tener que encarar a la reina de las mentiras. Cuando por fin estaba dispuesta a dejar a la bruja atrás, tenía que regresar a ella por respuestas.

La gata siguió su entrenamiento, cuando todos iban a cenar, Scorpia y Entrapta la secuestraron a su propia habitación. Un aroma le llamó la atención, el aroma brilloso de Glimmer. El castillo estaba lleno de ese olor, por supuesto, los pasillos apestaban y casi todas las áreas comunes, pero en su propia habitación era algo extraño. En especial porque desde el desayuno, Catra no había visto a Glimmer, así que no podían ser sus ropas. Antes de que pudiera profundizar en esa idea, se vio abrumada por las princesas. Sus dos mejores amigas.

El super trío de camaradas estaba felizmente reunido y en pro de mejorar el vínculo, Scorpia había preparado un picnic, que hasta donde había entendido, era una bonita reunión entre amigos, donde se sentaban en el piso sobre una tela, compartían anécdotas de buenos momentos, disfrutaban y era acompañada de una variedad de comida y bebida para amenizar más. Básicamente, estaba en lo correcto, y Entrapta estaba más que emocionada de probar un nuevo experimento social, sin embargo, dado que estaban en una habitación cerrada de noche, era una pijamada. Incluso ya se habían cambiado de ropa.

Scorpia había preparado toda la variedad de comida pequeña que había podido, y Entrapta estaba extasiada. También había incluido el huevo revuelto que tanto le había gustado a Catra en el desayuno. Sin duda, era lo que mejor estaba en el menú.

Hace rato que Entrapta y Scorpia se habían quedado dormidas en medio de las mantas y almohadas que habían juntado para el picnic interior de Scorpia, Catra se sentía tentada de no levantarse, pero algo mucho más poderosa que ella la llevó de nuevo a la puerta de Adora. Estaba cuestionandose si debía abrir la puerta o no. En medio de la duda, un montón de chispas la asaltaron. A lo que siseó retrocediendo.

—¿Qué demonios...? ¡Brillitos!—

Glimmer tenía la mirada baja, parecía apenada.

—Catra— Le devolvió el saludo a la gata.

—¿Qué demonios haces apareciendo de la nada?—

—Te estaba esperando—

—¡¿Qué?!—

Pero Glimmer no se molestó en volver a contestar, solamente se hizo a un lado, y abrió la entrada a la habitación de Adora. Catra miró en estupor hacia adentro, dio un paso y dudó.

—Adelante… ¿Quieres verla, verdad? No sé cómo lo supiste… pero esta es la habitación de Adora—

Catra fue atraída al interior como un ratón por una serpiente, el olor de Adora golpeandola como si la tuviera en frente. Las lágrimas peleando por correr por sus mejillas.

—Su olor… Su aroma está aquí— Le respondió la gata en voz baja.

—No creí… No sabía que tuvieras tan buen olfato— Dijo Glimmer por hablar.

Poco a poco, la gata entró a la habitación, mirando todo al principio. Después de unos momentos en los que ninguna dijo nada, pero Glimmer estaba totalmente al pendiente de las reacciones de la gata, se acercó hasta la cama de Adora, ese catre escondido entre cojines y cortinas oscuras.

—Adora no podía dormir en una cama de Luna Brillante, y se sentía expuesta con los ventanales— Explicó.

Catra caminó hacia la cueva de Adora y tocó con reverente suavidad el firme colchón púrpura del catre. Estaba perfectamente tendido y la almohada era plana y no tan suave como las demás. Pensó que a ella también le gustaría uno así. La asaltó una duda repentina, levantó con cuidado la almohada, y ahí estaba una adornada daga, que a pesar de su belleza, se veía aceitada y afilada. Las lágrimas ya no las pudo contener. Adora era Adora, no importaba en donde estuviera. Había estado tan ciega, tan herida.

—¿Por qué? ¿Por qué tú… me has dejado entrar aquí?—

Glimmer desapareció y regresó en un momento, con un papel en las manos. Por sus mejillas también rodaban las lágrimas.

—Porque al fin entendí… que tú eras su amiga también— No sabía si estaba siendo lo suficientemente clara. Le mostró a Catra el dibujo de la más feliz Adora.

La reacción de Catra la tomó por sorpresa.

—¿Qué demonios haces tú con esto, Glimmer?— La voz de Catra era una fría furia. Sus lágrimas se habían detenido.

—Yo… yo… Lo siento, te estaba buscando en tu habitación—

—¿No te enseñaron modales tus padres, así te vas a volver reina, Brillitos?— Catra le había ordenado a Scorpia y los demás que no se acercaran a esa parte de su habitación, y sus palabras eran ley. Y venía Glimmer y osaba profanar con sus manos de princesa la pintura en la que había volcado todos sus sentimientos. Adora sonriendo sólo ante la mera posibilidad de salir electa como Capitán de la Fuerza, solo unas semanas antes del ataque a Thaymor.

—Catra… yo no… de verdad, lo siento—

—Jamás sabrás lo que no es tener privacidad, ni tu propio espacio, ni lo que Adora representaba para nosotros. ¿Crees que ahora solo por qué crees haber entendido, te debo algo?—

—No, claro que no. Catra, lo siento—

—¡No soy Adora! ¡No basta solo una disculpa! ¡No quiero que vuelvas a meterte con mis cosas! ¡No me importa si vas a ser la próxima reina! Quiero que entiendas bien que solo estoy aquí para terminar con la guerra, acabar con Hordak, y matar a Shadow Weaber si tengo la oportunidad. Solo eso, Brillitos—

Glimmer se sentía inesperadamente desesperada. Las palabras de Catra la estaban calando. Nunca había sido su intención invadir sus privacidad, pero entendía que eso es lo que había hecho.

—No tengo idea de lo que crees haber entendido, o de lo que creas saber. No vuelvas a hablar de mi relación con Adora porque jamás la comprendiste. ¿Recuerdas? ¿"No sé cómo Adora podía soportarte"?— Dijo en clara remembranza de la vez que Bow y Glimmer intentaron secuestrarla. Como la criatura de instintos que era, Catra no se detuvo —Tal vez has crecido toda tu vida con Bow, y pienses que eso te puede dar pistas sobre mi relación con Adora. Pero jamás podrás comprender lo que implica crecer en la Zona del Terror, bajo la mirada de Shadow Weaber y qué a pesar de todo eso no pierdas… esto— Dijo mirando su pintura de nuevo.

¿Cómo podía explicarle Glimmer a Catra que apenas empezaba a ver, a través del dolor compartido, todo lo que Adora significaba para la gata y mucho más allá de las acciones negativas de Catra? Que solo con pasar unos días conviviendo con ella, forzadas por la situación, veía tantas cosas de Adora, su sonrisa engreída, su seriedad al pelear, su temple al tomar decisiones, seguía sin poder decidir si Adora se parecía a Catra o viceversa.

—¡No, no lo comprendía, tal vez nunca lo haga! Jamás entenderé porque Adora insistía en protegerte, en disculparte, todo el tiempo hablando de lo maravillosa que Catra es, de todo lo que Catra podía hacer, de Catra siendo la más rápida, la más inteligente, la mejor estratega… ¡Jamás entenderé porque nunca dejo de extrañarte!— Fue el turno de Catra de retroceder.

Las lágrimas de Glimmer eran de estupor, tristeza y coraje. Le dio la espalda a Catra y se dirigió al caótico orden del escritorio de Adora y tomó un volumen encuadernado, sostuvo un sollozo mientras avanzaba las páginas, llegaba casi al final y se lo enseñó a la gata. Una hoja aparte estaba pegada con celo en la página del libro.

—Ella nunca dejó de esperar por ti, a pesar de lo que ahí dice… Ahora lo sé—

"Querida Catra,"

"Eres mi enemiga ahora y siempre lo serás. Ahora entiendo eso. Todo este tiempo, he tenido esperanza. Esperanza de que tú vieras la luz. Esperanza de que te dieras cuenta que Etheria es un hermoso lugar que necesita ser protegido y no destruido."

"No tengo más esperanza ahora, y eso me pone triste. Muy triste. Porque te extraño, Catra, y siempre te voy a extrañar."

"Extraño tu sonrisa. Extraño el brillo en tu mirada cuando me vencías en una carrera durante el entrenamiento. Extraño reír contigo cuando hacíamos bromas a los demás cadetes en las barracas. Incluso extraño tus ronquidos sobre mí."

"Esas son las cosas que recuerdo cuando pienso en ti. Voy a seguir intentando recordar las cosas buenas sobre tí, en vez de las malas. Porque eso me rompe el corazón."

"Siento mucho que las cosas terminaran de esta manera. De verdad lo siento. Pero incluso si pudiéramos volver en el tiempo, no haría las cosas de ningún otro modo."

"Con amor, Adora."

Todavía no terminaba de leer y Catra ya estaba en el piso de rodillas, intentando contener los sollozos y tratando de ver a través de las lágrimas. Junto con el último recuerdo del espectro de luz, que era su memoria más preciosa a la vez que su peor pesadilla, esta carta ahora era su condena. Por supuesto que Adora jamás lo haría de otro modo, porque era lo correcto, a pesar de lo que ella quisiera personalmente. Catra no pudo admitirlo a tiempo. Y ahora aquí estaba sufriendo las consecuencias.

Dejó que el libro cayera al suelo y no pudo reprimir más los gritos que le subían por la garganta. ¿Dónde estaba la ansiada oscuridad? Ahora estaba plena, más fuerte que en muchos días, consciente, lista para que todas las emociones que el shock inicial no le había permitido expresar la atacaran con toda su fuerza. La pérdida, el arrepentimiento, el odio a sí misma, la tristeza, la rabia, la injusticia. Todo quemando al punto de creer que su cuerpo no lo iba a soportar. Llorar no bastaba.

Glimmer estaba pasmada.

Catra se abrazaba a sí misma, tratando de mantener todo junto, amenazando con romperse en otros mil pedazos que tal vez ahora no podría rearmar a nada parecido a una persona. Sus garras se enterraron en sus brazos y la sangre manó, el dolor físico era siempre una buena distracción. Se encogió sobre sí misma.

Glimmer miraba horrorizada las heridas abiertas, la sangre brillante manchando el suave pelaje. Estaba congelada.

Catra empezó a golpear el suelo, se sostuvo el pecho mientras se mecía, presa de todos sus sentimientos. El amor la quemaba. El amor que nunca fue dicho, ahora la consumía en medio de la tristeza y la rabia. Sus garras rasgaron la tela sobre su pecho y empezó a arañarse.

—¡Glimmer! ¿Qué hiciste?—

Bow la había ido a buscar para decirle sobre las ideas de Entrapta sobre la nave y la espada, escuchó por el pasillo los gritos de puro dolor de Catra. La sangre seguía fluyendo de sus heridas, manchando el suelo y algunas gotas descansaban sobre la carta.

—¡Bow, yo no…!—

—¡Te dije que la dejaras en paz!— Glimmer nunca había visto a Bow tan enojado. —¡Catra, tranquila…! Tranquila, ya paso, ya paso— El arquero parecía sinceramente desesperado por la gata. Nunca había visto a nadie así de mal.

Los gritos resonaban ahora más por el pasillo gracias a las dos puertas abiertas de par en par.

Scorpia se despertó de pronto, presa de la ansiedad de escuchar los gritos de Catra y no poder ubicarse gracias a que no terminaba de despertar. Se levantó y trastabilló, solo segura de que tenía que encontrar a Catra. Las pesadillas parecían haber terminado.

Bow la tomó por las muñecas y tuvo que usar toda su fuerza para impedir que Catra se siguiera haciendo daño. Con la túnica burdeos ya desecha podía ver el top interior de Catra, manchado de rojo gracias a los profundos rasguños que se había autoinfligido.

En medio de su forcejeo, Catra alcanzó a arañarle la cara a Bow, quien gruñó por el dolor, pero no la soltó. Las ligeras líneas sobre la nariz y la mejilla del chico moreno que la miraba lleno de compasión, despertaron más dolorosos y lejanos recuerdos en ella. Por fin Glimmer salía de su estupor para ayudar a Bow a retener a Catra, su fuerza era asombrosa, entre los dos no podían retenerla. Las cosas pasaban muy rápido.

—¡No, no! ¡Suéltenme! ¡Déjenme! ¡Qué no ven… No se dan cuenta! ¡No quiero sentir!— Los sorprendió y ella aprovechó para hacerse una nueva herida en el pecho. Se quería sacar el corazón que le ardía.

Scorpia al fin llegó corriendo.

—¡Catra, Catra, tranquila, por favor!— Con lágrimas en la mirada oscura de Scorpia, hundió su aguijón.

Catra no luchó mientras el veneno la aturdía, recibiendo agradecida la oscuridad tan ansiada. Reposó laxa en los brazos de Bow, que estaba mortalmente serio.

—Gracias, Scorpia— Bow llevó a la desmayada gata hasta el catre de Adora y se puso a buscar el botiquín que Adora siempre tenía a mano. Prevención.

—¿Qué pasó?¿Qué le hicieron a Catra?— La voz de Scorpia era fría, estaba molesta y preocupada.

—Lo siento, de verdad lo siento, fue mi culpa, Catra quería ver el cuarto de Adora...—

—¡No es cierto! Ella todavía no estaba lista para hacer eso, lo sé—

A lo mejor Scorpia no era la más inteligente como Entrapta, pero podía sumar dos más dos. Cuando vio a Catra una noche fuera de la habitación, pudo hacerse una idea de lo que pasaba, y no dijo nada. Sabía que Catra lo haría cuando estuviera lista. Glimmer miró al suelo, apenada. Todo había salido lo contrario de lo que quería. Esta no era su idea de confrontar a la gata.

Bow trabajaba serio sobre el cuerpo de Catra. Le quitó con cuidado los harapos que eran ahora la túnica, y empezó a limpiar las heridas de los brazos, que eran las peores. Catra había hundido profundamente las garras, tratando de sostenerse, que el dolor la salvara, pero su cuerpo era muy resistente, o su alma gritaba tanto que no importaba lo que le pasara a su carne. Con las garras hundidas, tiró cada mano y cada garra abrió un canal, de más de un centímetro de profundidad. Al ver la gravedad de las heridas, Bow empezó a buscar aguja e hilo para coserlas. Las heridas del pecho eran más aparatosas pero más superficiales, solo la piel estaba lacerada en el propio pecho y la parte superior de los senos, rompiendo casi el top también.

No le quedó más opción que cortar la ropa y vendar todo el asunto, mientras Scorpia y Glimmer parecían discutir. Dejo a Catra ahí acostada una vez terminó. Se veía tan tranquila.

Fue con Glimmer.

—Te dije que la dejaras en paz, no podemos seguir así. ¿¡Hasta dónde la quieres presionar?! ¿Hasta que se rompa?—

—¡No! ¡Bow, yo no quería que esto pasara! ¡Quería aclarar las cosas! Te lo juro—

—La escuchaste en Isla Bestia, para ella no hay nada peor que enfrentar todo lo que le hizo a Adora—

—¡Bow, por favor! Tú sabes que yo no quería lastimarla así—

—No lo sé, Glimmer. Casi no te reconozco— La mirada de Bow era dura.

Más lágrimas corrieron y Glimmer se fue a su propia habitación.

—Siento mucho que esto haya pasado, Scorpia—

—Yo también… Lo estaba haciendo tan bien. Gracias por ayudarla— Dijo refiriéndose a las vendas que rodeaban su torso y sus brazos.

—No fue nada...— La compasión de nuevo llenaba el semblante de Bow —No puedo imaginar por lo que está pasando. Yo también pensaba como Glimmer, que ella de verdad creía que Adora la había abandonado y ya no le importaba—

—Ojalá fuera cierto… Cuando pensé que podríamos dejar todo atrás y controlar el Desierto Carmesí juntas, ustedes aparecieron, Adora le dijo que Shadow Weaber estaba aquí y todo se salió de control—

—Creo que a todos nos faltó manejar mejor esa situación. Estábamos todos asustados de lo que Shadow Weaber había dicho sobre los planes de Hordak y solo queríamos detenerlo—

—Esa mujer solo genera dolor. Todo lo que toca, lo emponzoña y lo rompe—

—Catra no está rota, Scorpia, solo está triste… Muy triste. Te prometo que estará bien—

—Espero que tengas razón—

—Eres muy buena amiga— Y Scorpia le sonrió radiante.

—Eso es lo que soy. Catra solo necesita a alguien que esté ahí para ella sin importar nada, lo sé—

—Entonces es una suerte que te tenga. Hablaré con Glimmer, esto no se puede repetir— Bow suspiró —¿Por qué no regresas a dormir?—

—Me quedaré aquí con ella—

—Está bien, hay mantas y más almohadas en aquel armario. Todas las que Adora no quiso— Sonrió.

—Gracias de nuevo, por ayudarla—

Scorpia se quedó sola con su comandante. Recogió el libro en el suelo, salpicado ligeramente de sangre y encontró la pintura arrugada. Después de examinarla unos momentos, la dejó al lado de Catra y se entretuvo el resto de la noche entre mirar a la gata dormir y leer el libro. Cuando encontró la carta, entendió porque Catra había explotado de nuevo.

Chapter Text

Los reyes estaban bastante satisfechos con el avance de los preparativos. El castillo y la mayoría de los reinos estaban vueltos locos. No había una celebración así desde la coronación de Frosta, casi 3 años atrás. Y una coronación en Luna Brillante era por fuerza, más pomposa y solemne.

Castaspella estaba revolucionada, no había una coronación en el castillo desde la boda de Micah, hacía 30 años y todo tenía que ser perfecto. Además la coronación podía tardar hasta un año en prepararse y ahora todo tenía que estar listo en sólo cuatro días. Y Glimmer se rehusaba a salir de su habitación. Nada podía estar peor.

Los reyes habían intentado hablar con su hija pero los había echado de la habitación entre gritos y lágrimas. No les quedaba más remedio que mirar como Bow era el único que podía entrar y salir de la habitación pero no les decía nada.

Y del otro lado estaba Catra.

Estaba dormida, un poco en posición supina y le dolían los brazos, pero eso no era extraño. Se sentía muy bien, descansada. ¿Había estado soñando? No lo recordaba, sólo le quedaba la vaga sensación de una pesadilla que había terminado en un buen sueño. Había demasiada luz.

—Adora… deja de jugar. Quiero dormir… —Adora tenía que estarla molestando de nuevo con una lámpara para que despertara.

Esperó, y esperó.

No hubo respuesta.

¿Por qué Adora no le respondía ni se reía? Ahí estaba todo su aroma, envolviéndola, tenía que estar frente a ella.

—Adora… —

Y fue cuando la realidad la golpeó. Adora jamás podría jugarle otra broma. Ni acariciar sus orejas, ni su cola en la forma en la que solo ella sabía. Jamás podrían competir otra vez juntas. ¿Cómo había podido olvidarlo aunque sea por unos segundos? El corazón le sangraba por todas las heridas abiertas que cada vez era más difícil que se cerraran. Respiró profundo, conteniendo el sollozo y el llanto. Le había costado toda su voluntad y la poca sanidad que le quedaba reconstruirse después de que Glimmer le restregara en la cara que había al fin terminado con Adora en el Desierto Carmesí. Glimmer.

Después de Shadow Weaber, Hordak y Adora (lo que había creído malamente de Adora) era muy difícil que Catra odiara a alguien en verdad. Pero Glimmer se estaba ganando su puesto a pulso.

El sonido de las aves y las cascadas eran relajantes para sus oídos. Se concentró en eso un poco más en lo que trataba de recuperar la compostura. Abrió y cerró los puños y los bíceps le dolieron. Al fin abrió los ojos y se encontró en el nido de Adora. Todo su aroma la rodeaba. Sus dedos acariciaron el suave material del colchón. Scorpia estaba salivando al lado de ella, recargada en parte en el catre. Del otro lado estaba su pintura, arrugada y manchada de sangre. Su sangre, recordó. Bajo una de las pinzas de Scorpia estaba el libro. Puro masoquismo la impulsó a sostenerlo de nuevo. Acarició la portada casi con temor.

Adora era tan nerd. Obviamente que había tenido que sintetizar todo lo que había pasado para intentar comprenderlo. Pero solo con las primeras páginas ya estaba llorando de nuevo. Leer ese libro no sería fácil. Pero lo haría. Tenía mucho que aprender y al parecer, había varias partes sobre ella misma. Ella tampoco habría sobrevivido sin Adora en la Zona del Terror. Era lo único que siempre había valido la pena.

Acarició las letras como si de la propia mano de Adora se tratara.

Entonces tomó conciencia de sus heridas. Por eso le dolían los brazos. Se había abierto heridas profundas y se había lacerado la piel del pecho. No era capaz de recordar el dolor de su carne, todo lo que podía recordar era el grito de su alma. Se dio cuenta que las vendas la cubrían y vagamente se preguntó quién la habría atendido. Scorpia no podría ser capaz de un vendado tan eficiente con sus pinzas. ¿Bow, tal vez? No le importaba el hecho de que la viera desnuda, no cuando la privacidad era algo inexistente en la Zona del Terror, sino que ahora le debía algo al arquero y detestaba deber cosas.

Recordó haberlo arañado en la cara. No fue a propósito. Ella no quería dañarlo, solo que la soltara. Los propios movimientos de su forcejeo habían derivado en esos rasguños. Agachó las orejas al sentirse culpable y apenada. Bow siempre era amable con ella e intentaba de verdad hacerle las cosas más sencillas. Y le daba su espacio, algo que agradecía demasiado.

Y aquí estaba una vez más con Scorpia. Se había quedado a cuidarla y una vez más la calmó cuando ella misma no podía. No importaba que fuera con su veneno.

Por la posición de la luz, ya debería de ser pasado medio día. No recordaba la última vez que había dormido tanto de seguido. Alguien tocó a la puerta y Scorpia apenas se inmutó. Catra se limpió las lágrimas, pero no sé atrevió a darle el paso a nadie. Esta no era su habitación. Después de esperar un poco más, Bow se atrevió a asomar la cabeza.

—Eh… Buenos días, Catra— Dijo en un tono moderado cuando vio a Scorpia dormida. Bow tenía la mirada brillante —Por un momento fue como venir a despertar a Adora— Entró a la habitación con paso inseguro.

Catra agachó la cabeza y las orejas ante la mención de la rubia. No le respondió al arquero, que carraspeo incómodo.

—Disculpa… Se que no te gusta hablar de ella— Catra lo miró y al ver los rasguños sobre la piel morena, apretó más las orejas y la cola se enroscó sobre su propia pierna bajo la manta.

—No es eso… Sigue siendo muy difícil de aceptar— Dijo en un tono de voz apenas audible —Lo siento… No quería lastimarte—

Pero Bow le sonrió, comprensivo y se rascó la parte de atrás de la cabeza, casi incrédulo de escuchar las disculpas de la gata.

—Sé que no era tu intención… no tienes que disculparte por eso. Yo… he estado triste también. La extraño. Perdona que dejara que Glimmer llegara tan lejos. Le había pedido que te dejara en paz. Ella solo… también extraña mucho a Adora y está molesta porque siente que es su culpa— Catra solo bufó escéptica. Las palabras de Bow eran bienvenidas en su mayoría, y descubrió que en la pareja de ellos dos, Bow era Adora; dando la cara por Glimmer, defendiendo su buen corazón aunque quemara a todos los de fuera.

Quizás tenía más en común con la princesa de lo que le gustaría aceptar.

—¿Cómo podría ella sentirse culpable si no deja de afirmar que es todo culpa mía? No digo que no lo sea, lo sé bien, pero lo que dices no tiene sentido—

—Eso es porque… Glimmer es orgullosa, Catra, pero Adora era nuestra mejor amiga. No pudimos apoyarla cuando más nos necesitaba y quizá no sea nuestra culpa… pero se siente así de todos modos— Bow tomó la confianza de sentarse en el catre. Y Catra lo miró ceñuda e incrédula. —¡Wow! ¿Tú lo hiciste?—

Los ojos de la pintura de Adora se asomaban por debajo del libro en el regazo de Catra, y ésta se sonrojó. No quería que nadie viera sus pinturas, pero si Glimmer y Scorpia ya la habían visto, no veía porque Bow no. Además, ver esa sonrisa amable y expectante, junto a los rasguños en su rostro, solo la hacían recordar a Adora. Con las orejas lo más aplastadas que podía, sin darse cuenta de tal cosa, le pasó el lienzo a Bow.

La hoja era del material más grueso que había encontrado Catra en su escritorio, de un blanco marfil que absorbía bien las tintas, y le permitía jugar con los tonos.

Con un fondo incierto en naranja y verde opaco, sin duda un verde no orgánico, estaba plasmado un busto de Adora. Su cabello se mecía como si hubiera viento o acabará de voltear a verte, con los ojos brillando y una sonrisa radiante que abría sus labios en una risa muda. La expresión era de regocijo, emoción y pura felicidad.

—Jamás la vi tan feliz… Ni siquiera cuando probó la comida real en Thaymor por primera vez—

Recuerdos de humo y traición llegaron hasta Catra al escuchar ese nombre.

—Thaymor…— Catra apretó los puños.

—Se supone que Adora era nuestra prisionera. A Glimmer se le había terminado la magia peleando contra esas horribles arañas en los Bosques Susurrantes y tuvimos que caminar hasta acá, pero Thaymor estaba de paso y queríamos conseguir comida y noticias… había un festival, tú sabes, una fiesta, y cuando me enteré que Adora no sabía lo que era una fiesta, tuvimos que quedarnos. Nunca había visto a alguien tan emocionado por algo como Adora por la fiesta— Bow se río y una lágrima solitaria rodó por su mejilla, él no hizo ademán de que le importara ni por limpiarla, con la nostalgia brillando en su mirada y la alegría del recuerdo en los labios, siguió narrando, lo que para Catra era la más maravillosa de las historias y se permitió imaginarlo y saborearlo aunque sea unos momentos, alimentada por la alegría de Bow —Ahí conocimos a Swiftty… era solo un caballo más, Adora estaba tan emocionada como cuando Glimmer aprendió a teletransportarme con ella, claro que en ese momento no era Swift Wind… oh, ¡y nunca había visto a nadie romper una piñata de un solo golpe!— La palabra y la idea de que Bow celebrara la idea de romper algo le resultó tan extraña a Catra que tuvo que preguntar, olvidando el hilo de los recuerdos por un momento.

—¿Adora rompió algo y tú te emocionaste?— Le dijo totalmente extrañada. Bow dejó de admirar la pintura para mirarla, confundido —¿Qué es una piñata? ¿Comida?— Y ahí fue cuando Bow abrió los ojos, asombrado de nuevo de la terrible vida en la Horda.

—¿No sabes lo que es una piñata, una fiesta?—

—La única fiesta en la que estuve fue en el Desierto Carmesí…—

—¡No puede ser!— Se levantó melodramático y lanzó una especie de chillido compungido que despertó a Scorpia —¡No te lo puedo explicar, tienes que vivirlo!—

—¡¿Qué pasa, qué pasa?! ¡Estoy lista! ¡Capitán de la Fuerza reportándose!— Scorpia saltó aún medio dormida tratando cuadrarse. Bow estalló en una carcajada nerviosa.

—¡Lo siento mucho por derpertarte así, Scorpia! ¡Pero tengo mucho que preparar, las veré en un rato!— Y salió corriendo por las puertas, para apenas un segundo después volver a asomar la cabeza —Catra, lo siento, Glimmer quería supieras que si quieres, puedes quedarte con la habitación de Adora. Las veo después— y volvió a desaparecer.

—¿Puedes decirme qué es lo que acaba de pasar?—

—Flechitas cree que nuestra es miserable, nada más—

—Awww, estoy segura que Bow no piensa eso. Él es, bueno, como genial y un gran amigo—

—Por lo menos nuestra vida en la Zona del Terror—

—Yo nunca he pensado que lo fuera… Te pude conocer a ti y a Entrapta— Le respondió Scorpia en medio de una sonrisa tímida —¡Por supuesto que ahora todo es mucho mejor, con Perfuma y Mermista y Frosta y todos los demás!—

Ya era demasiado de emociones por un día y si su presentimiento era cierto, Bow iba a preparar algo que no le iba a gustar, pero tendría que soportarlo hasta encontrar el modo de pagarle el favor.

—Vaya, es realmente tarde… Deberíamos desayunar algo… ¡Desayuno en la cama! ¡No te muevas, Gatita Montes! Te traeré algo para que puedas desayunar— Entre Bow y Scorpia, la sobrecargaban. Por lo menos no estaba Entrapta también cerca.

Bow tenía que preparar todo para la fiesta, no podía creer que había olvidado que en la Zona del Terror no tenían tales cosas. En cuanto Perfuma lo vio corriendo de aquí para allá y se enteró de la razón, después de unas lágrimas horrorizadas, se dispuso a ayudarlo y pronto el resto de las princesas estaban ocupadas preparando una fiesta sin razón en uno de los balcones.

Como querían que fuera sorpresa, Perfuma le dijo a Scorpia que necesitaba que trabajara todo el día con Kyle y Entrapta. Para sorpresa de todos, Kyle estaba demostrando cierta habilidad técnica, ahora que no se sentía amenazado todo el tiempo y que estaba en un ambiente tan conciliador, parecía tener más confianza en sí mismo.

Bow, por su parte, para tener ocupada a Entrapta, le había pedido que mejorara el coeficiente de viscosidad de su flecha para que la baba no se rompiera tan fácil. A Rogelio era más fácil tenerlo controlado, ahí donde estuviera Kyle, él estaría, sino estaba haciendo ejercicio o dormitando en los jardines.

A media tarde, Bow volvió a visitar a Catra, que seguía recostada en la cama de Adora, pensando en todo lo que le había dicho el arquero, tentada de volver a abrirse las heridas al recordar la plática sobre Thaymor y todo, todo, lo que sería diferente ahora si tan solo hubiera escuchado a Adora. Pero no podía permitirse a sí misma caer en esa espiral de nuevo. Tenía una misión que cumplir.

—¿Cómo sigues, Catra?—

—¿Por qué haces esto?—

—¿Qué cosa?— Bow se estaba encargando de cambiar sus vendajes de los brazos. Y la gata solo se dejaba hacer, porque cada vez que lo veía a la cara, la culpa y la nostalgia la golpeaban —Creo que todo se ve bien, pero deberías ir a que te vea uno de los sanadores, podrías evitar las cicatrices...—

—Hablo de esto ¿Por qué te preocupas por mi?—

Bow se sentó de nuevo en el catre y guardando las cosas del botiquín, empezó a hablar sin ver a Catra a la cara, porque sabía que así era más fácil para Adora. Eran muy parecidas.

—Para empezar nos ayudaste a traer de regreso a Entrapta, al papá de Glimmer, nos rescataste a todos en Isla Bestia, y apenas puedo empezar a entender lo difícil que fue para ti estar ahí, con tu plan salvaste a todos los civiles de Drill y justo ahora estamos reubicando a la mayoría de pueblos costeros...—

—Y también te tiré por un precipicio y te ataque la primera vez que nos vimos, sin contar la pelea de Luna Brillante—

—Todo está en el pasado, ya no eres esa persona— Esta vez sí la miro directo a los ojos heterocromáticos —Por cierto… Lo que dije en la mañana es cierto, puedes quedarte aquí si quieres, creo que sería… lo adecuado—

Catra miró a su alrededor, había considerado la oferta, pero no estaba segura.

—Y oye, con todo, olvidé darte esto— Bow sacó de algún lugar una figurita de Adora y otra de Catra, todavía con su uniforme de la Horda y su corona. Catra no le había dicho nada a nadie acerca de la verdad que le habían desvelado los reyes. Solo le había contado a Scorpia y a Entrapta su noticia sobre su nuevo puesto en la Rebelión. Sus ojos se aguaron de nuevo —Yo todavía tengo a She-ra, sé que no te caía bien así que por eso...— Ella no dijo nada, solamente tomó el par de figuras —Ahora debo de ir a terminar algunas cosas ¡No comas nada, será grandioso!— Y se fue.

La gatita por fin pudo llorar y abrazar a la pequeña Adora.

Después de un rato, Catra al fin se levantó de la cama, se llevó con ella el libro, su pintura y las dos figuras, cuando iba a entrar a su propia habitación, vio a Glimmer al otro lado del pasillo, solo la miró con cansancio para meterse a la habitación y disfrutar de la soledad. Buscó una muda limpia y se bañó con una esponja para no mojar los vendajes de Bow. Se quedo mirando la corona que había decidido dejar en el olvido, como parte de su pasado en la Horda, pero ahora tenía nuevos significados. Justo cuando estaba decidiendo si tenía que ponersela otra vez o no, tocaron a su puerta. El crepúsculo se dejaba ver por los ventanales.

—¿Catra?— Ah, vaya, era la princesa flor —Bow me pidió venir por ti—

—Terminemos con esto de una vez, florecita— Era muy curioso como Catra usaba palabras que normalmente serían cariñosas para sonar desdeñosa y burlona.

—Excelso, de verdad no puedo creer que en la Horda no hagan fiestas—

—Bienvenida a mi mundo—

—Oh, eres muy amable, Catra. Oh, antes de que lo olvide, toma—

—¿Qué es esto?—

—Es una mezcla ancestral de Plumeria, es un té relajante, y lo otro es un ungüento para tus heridas— Seguramente a Scorpia se le había ido la lengua. Tendría que hablar otra vez con ella acerca de la privacidad.

—Bien— Asintió y dejó las cosas en su mesita auxiliar.

—No sabes lo emocionada que estoy de que todos ustedes puedan disfrutar de esta experiencia, es justo lo que todos necesitamos para celebrar de verdad todo lo bueno y luminoso que ha estado ocurriendo— Catra podría cortarse las orejas, pero mejor se mordió el interior de la mejilla —Scorpia va a estar tan emocionada. Tengo que darte las gracias personalmente por haberla sacado de la Zona del Terror contigo. Es cierto que los antiguos reyes de nuestros reinos no valoraron a la familia Escorpión pero veo claramente que fue un error. Scorpia está llena de luz, nunca había visto un aura como la suya— Y solo ante eso Catra pudo relajarse un poco. Si esto había valido de algo, era por lo menos para ver lo feliz que estaban sus amigos. Solo sentía que tenía que haber mandado de regreso a Lonnie, pero era la única en la que confiaba para el éxito real de la misión.

Si todo iba como hasta ahora, en pocas semanas podría traerla de regreso con sus amigos.

Cuando arribaron al balcón donde Bow había organizado todo, Glimmer estaba terminando de colgar unas lámparas de papel de los altos árboles. Había unas mesas repartidas por el espacio con más clase de comida de la que Catra había visto hasta ahora. No solo estaban ahí las princesas y sus amigos, también había algunos guardias, pero sin sus capas y cascos, algunos faunos y otros híbridos. Algunos tocaban música, otro de los misterios que había descubierto recientemente en Luna Brillante, otros danzaban, otros veían la gesta en escena de un pequeño teatro con sus títeres; ahí estaba She-ra derrotando toda una armada de la Horda.

—¿Qué te parece, gata?— Mermista se veía bastante satisfecha.

—¿Esto es una fiesta?—

—Es más como un festival, pero sí—

—¡Es asombroso!— Y Scorpia le robó las palabras a Catra para abrazar a Mermista, Frosta y Perfuma en el mismo abrazo. Glimmer y Bow se acercaban, sobándose los brazos, demostrando que ya habían pasado por el mismo proceso —¡No puedo creer que hicieron todo esto por nosotros!—

—¡Es para celebrar a la nueva próxima reina, nuestras exitosas misiones y que estamos todos juntos!—

—¡No puedo creer la cantidad de datos nuevos que puedo recopilar, esto es excelente!—

Todos estaban emocionados a su modo.

Catra cayó por la comida, era su mayor debilidad en Luna Brillante. No sabía como podría vivir de nuevo sin la carne.

—¡Hey, chicos! Esto es para ustedes, era la parte favorita de Adora— Catra y los demás se acercaron con recelo hasta una zona donde de unos árboles colgaban una serie de figuras redondeadas y coloridas. Bow tenía un bastón sin pulir en la mano. Varios niños se acercaron hasta ellos gritando emocionados y Catra encogió las orejas ante el ruido pero no dijo nada. Glimmer la miraba intensamente a ratos, pero no era capaz de sostenerle la mirada y tampoco le había dicho nada —Frosta, ¿Quieres hacer los honores?—

—¡Sí!— Dijo demasiado emocionada, pero se recompuso —Es mi honor enseñarlos a nuestros invitados como se procede— Tomó de manos de Bow el bastón y se acerco a una de las muchas piñatas colgadas.

Cuando el arquero vio cuál había escogido, corrió a desanudar la cuerda que la sostenía para poder maniobrarla y empezar a hacer mover la piñata, ante la emoción de los niños y algunos adultos que se le habían acercado, entre ellos Spinerella, Netossa y los propios reyes, que parecían más tranquilos de ver a su hija conviviendo con todos sus amigos otra vez.

—¡Adelante, Frosta!— Los hordianos miraban llenos de curiosidad, en especial Rogelio y Scorpia. La cola de Catra estaba casi recta hacia arriba y solo se movía la mera punta, demostrando lo concentrada que estaba también.

—¡Ah!— Y la princesa de las Nieves se lanzó a la caza de la piñata, que Bow se encargaba de balancear y maniobrar con la cuerda. Los niños gritaban emocionados y hasta Netossa motivaba a la princesa más joven.

Pronto, los hordianos entendieron que el fin de esto era romper la piñata, y el material era lo suficientemente duro para que después de cuatro golpes que Frosta había podido conectar, apenas se estaba cuarteando. Los gruñidos de Rogelio y los gritos de Kyle y Scorpia la animaban y Catra sentía una comezón en las palmas de las manos y algo en el centro del pecho, emoción.

Esto era de ellos. Ellos entendían de romper cosas. Una de sus pocas emociones en la Zona del Terror era hacer explotar metralla rodeada de chatarra y ver quién era el que recibía menos daño. Una vez la piñata se rompió, los niños se abalanzaron por lo que caía de su interior, al parecer, dulces, frutos y juguetes. Esto era maravilloso.

Había dos piñatas para cada uno.

Rogelio fue el siguiente en igualar el logro de Adora de romper de un solo golpe la piñata ante las feroces maniobras de Bow en su segunda oportunidad. Kyle solo rompió una y le dejo la otra a los niños. Catra disfrutó de cazar la absurda bola de colores y aplastarla con el bastón. Scorpia también rompió su segunda piñata de un solo golpe con tal explosión de fragmentos que todos tuvieron que agacharse pero antes de que Scorpia pudiera disculparse y apenarse, los niños corrieron emocionados pidiendo que los alzará en sus hombros. Todos tenían una gran montaña de dulces al acabar.

—No puedo creer que estos sean los mismo soldados que nos estaban causando tantos problemas—

—Creo que la Horda ha hecho más daños dentro de sus fronteras que en batalla—

Era como ver un corro de niños emocionados, presumiendo sus premios, sus músculos y todos relatando sus golpes favoritos. Se dieron cuenta que era una actividad para niños pero los Hordianos no podían estar más emocionados, sintiéndose por primera vez de verdad integrados con todos los demás. Los reyes miraban un poco apartados, lo cual les dio un panorama más amplio.

La actitud mucho más tranquila de Catra con Bow, Bow con sus rasguños en la cara, Glimmer conviviendo lo más alejada posible de Catra y si se llegaban a cruzar, se miraban solo un segundo y se desviaban de inmediato. Fuera lo que fuera, tendría que arreglarlo y pronto.

Chapter Text

Glimmer se había desvanecido de la habitación de Adora para caer directamente sobre su cama, sin dejar de llorar desconsolada. No, ella no quería que las cosas salieran así. Nunca había pretendido dañar a Catra, no por lo menos con esa última plática. Quería cerrar las cosas y tratar alguna enmienda. No entendía en qué momento se la había tomado contra ella. ¿Pero qué esperaba Bow que hiciera? Las acciones de Catra eran lo que habían llevado al portal y por tanto, a la desaparición de Adora.

Ella, que era toda luz, resplandecía más que la propia Glimmer. Aún después de pasar toda su vida siendo criada por Shadow Weaver y viviendo en las mentiras de la Zona del Terror; la bondad, la equidad, la justicia y la empatía habían perseverado en la rubia.

¿Y cómo correspondía su recuerdo? Humillando y dañando a los amigos de Adora, esos que también la extrañan, aquellos que habían dejado todo atrás y ahora los ayudaban a reparar los daños. Hundiendo a aquella que era la única que entendía su dolor.

No importaba lo mucho que le doliera lo que había pasado, tenía que superarlo. Bow ya se lo había dicho. Glimmer misma había sentido el dolor y el odio de Catra, todo dirigido a la gata misma. En Isla Bestia sus peores miedos habían surgido, pero sus últimas culpas eran lo que la había matado. No podía primero con el hecho de haber dejado atrás a Entrapta. Ni siquiera intentaron recuperar el cuerpo, si lo hubieran hecho, habrían descubierto la verdad de su suerte. La habrían rescatado y la Horda nunca hubiera tenido las herramientas para abrir el portal. Lo cual daría como resultado que Adora siguiera con ellos, pero entonces seguirían peleando contra Catra y su equipo de élite, que ahora trabaja para Luna Brillante, y sin duda, habrían perdido el ataque de Drill, y Double Trouble estaría al servicio de la gata y seguramente lo que estaba haciendo en la Horda, lo estaría haciendo en la Rebelión. ¡Y nunca habrían rescatado a su padre!

Todo era tan confuso, y no podía simplemente decidir si una cosa era buena o mala, conforme la guerra se extendía ante Glimmer era cada vez más difícil ver las cosas en blanco y negro; había tantos matices, no podía creer que hace apenas unas semanas creyera que los hordianos no eran capaz de reir, de abrazar, de llorar, de ilusionarse, de necesitar. Era como si Adora jamás hubiera sido hordiana. Para Glimmer eran cosas muy separadas. Además era She-ra. Y ahora dudaba de tantas cosas, recordando la entrega de Scorpia, la lealtad de todo el equipo de Catra, la pura e inocente admiración de Kyle por todo lo que lo rodeaba, el cariño y cuidado de Rogelio al tratar a su amigo, y la chispa con la que cada uno entrenaba y peleaban entre sí. Rogelio incluso había empezado a entrenar a algunos guardias y a medir fuerzas con algunos otros híbridos, como los faunos.

Atacar a Catra era una solución rápida y sencilla contra sus propias culpas y miedos. Un medio cobarde para sentirse mejor. Como si culpando a la gata pudiera borrar sus propios pecados. Lloró hasta que se quedó dormida.

Se despertó temprano en la mañana cuando el rey llamó a su habitación para invitarla a desayunar los cuatro juntos. Glimmer al escucharlo recordó todos sus pensamientos de la noche previa y no pudo más que pedirle en medio de más lágrimas que la dejara sola. El rey estaba francamente apenado, intentó hablar con Glimmer pero ella no lo dejó y lo empujó casi sin fuerzas hasta que salió de la habitación. Micah sabía que era complicado ser joven y que a lo mejor la coronación había sido un tema fuerte del cuál no habían hablado más en profundidad y llegó consternado donde Angella, que al ver su expresión sombría, sintió su corazón encogerse.

—Cariño ¿Qué pasa, todo está bien?—

—Sí… Es decir, no sé. Quería que Glimmer desayunara con nosotros pero… me echó de su habitación— Dijo en medio de un puchero.

—¡¿Qué?! Esa niña no aprende modales… Después de lo último que pasó— Angella se paró al lado de su esposo y le puso una mano sobre el hombro para confortarlo —No te preocupes, Micah, Glimmer es muy temperamental...— Le dijo en medio de una sonrisa que hizo a Micah latir su corazón.
—¿Lo estás diciendo por mí, verdad? ¿Qué es igual que su padre?—Respondió también con una sonrisa.

—Más hija tuya no podría ser, mi amor—

—Entonces has tenido unos años complicados—

—Y maravillosos. Cada día, ver el ímpetu y el corazón de Glimmer me recordaba a ti—

—No hubo día que no pensara en ustedes. Hablaba contigo todo el tiempo, cada noche me despedía de Glimmer—

—Y yo cada mañana acudía a nuestro balcón, deseando que pudieras escuchar, ver a Glimmer crecer estuvieras donde estuvieras—

Las voces de los reyes estaban llenas de sentimiento. La nostalgia poderosa que ahora impregnaba cada una de sus interacciones, sabían que tardarían un tiempo en dejar las remembranzas. Un muy merecido tiempo de ajuste.

—Déjame hablar con ella. No puede seguir con estos berrinches— Angella fue hasta la habitación y tocó la puerta.

—¡Largo!— Pero más que una orden o un grito, era un lamento. La reina perdió todo su enojo y se preocupó. ¿Qué podía haber pasado? ¿Simplemente un mal día para despertar?

—Glimmer, soy yo… tu madre—

—¡No quiero ver a nadie, mamá!—

—Pero… —

Y Bow se asomó por la puerta para la sorpresa de la Reina de Luna Brillante.

—¡¿Bow?!—

—Eh, hola… Buenos días, majestad—

Ella dio un paso atrás para que el chico moreno pudiera salir de la habitación. Su ceño se frunció y Bow levantó las manos en señal de paz.

—Explícate—

—Lo siento, majestad, Glimmer no se siente bien para ver a nadie— El tono de disculpa de Bow era muy sumiso y conciliador. Era obvio que lo hacía porque él acababa de salir de la habitación de Glimmer —Yo solo iba.. A traer algo para que desayune—

—Entiendo, Bow. Gracias por cuidar de mi hija—

—Es mi amiga, majestad— Y con un asentimiento, la reina se retiró.

Desayunó a solas con su esposo y su cuñada en los aposentos privados y sufrió el escuchar todos los preparativos faltantes para la coronación. Quedaban solo tres días y al día siguiente sería el asalto a las Salinas.

Mermista había estado trabajando en unas defensas junto a Frosta bajo indicaciones y sugerencias de Catra.

Esa chica tenía demasiada astucia u Hordak era demasiado tonto. Catra estaba jugando un doble papel, y los dos los llevaba con maestría.

Bow regresó a la habitación de Glimmer con una bandeja con panqueques y chocolate caliente.

—¡Te traje tu desayuno favorito, Glimmer!— Ella se asomó desde su cama, envuelta en varias mantas. Además de todo, el clima se había refrescado y el cielo estaba cubierto de nubes en esa fría mañana. Bow se sentó en el lugar de la ventana, y estaba acomodando todo. La todavía princesa entendió que no le consentiría el desayuno en la cama, por mucho que Bow tuviera experiencia saltando las pequeñas plataformas para llegar a su cama con la bandeja de comida. En medio de un suspiro, Glimmer apareció frente a Bow todavía envuelta en las mantas lilas.

—Tenemos que desayunar ya, hay mucho por hacer estos días— Le dijo con voz tranquila. Estaba tan acostumbrado a sus teletransportaciones que en un ambiente tranquilo como este, no lo podría sorprender.

Glimmer lo miraba en medio de lágrimas sin derramar. Recordaba la mirada dura e implacable de Bow de la noche previa, sus palabras muertas. Y ahora aquí estaba tan cálido y solicito como siempre.

—¿Bow? ¿Por qué?—

—¿Por qué qué?— Inquirió de vuelta mientras acomodaba las cosas en la bandeja para que los dos pudieran desayunar y servía el chocolate de la encantadora jarra.

—¿Por qué estás aquí?—

—Porque tienes que desayunar—

—Pero lo que pasó ayer, lo que dijiste— Bow suspiró. Glimmer era tan ansiosa. La miró directamente, siendo a un tiempo dulce y firme, consolador.

—Anoche pasaron cosas muy intensas, Glimmer. Pero de verdad lo pienso… no te reconozco, no te reconocí en ese momento. Yo conozco a la chica amable, que pelea con la reina porque no te deja defender nuestras villas y aldeas porque sabes lo que es sufrir por la guerra, a alguien que es capaz de recibir un golpe por sus amigos, a la niña que le entregó la espada a una soldado de la Horda por que era lo correcto— El arquero habló con la voz suave, pero sus palabras eran contundentes. Él no quería acusar a Glimmer, él mejor que nadie conocía su corazón de oro, a veces envuelto en capas de inseguridad o de una cabeza demasiado caliente y pronta al conflicto, que con un segundo pensamiento era capaz de rectificar.

La princesa no pudo seguir llorando. Dejó caer sus manos y con ello las mantas también cayeron. Viendo a los cálidos ojos negros de Bow, estaba todo lo correcto del mundo. Su mejor amigo, la persona que la conocía mejor que nadie, aquel que le recordaba lo que ella era en verdad. No ésta persona horrible, dejada por la rabia, el rencor y el dolor. Recordó cada palabra fría y mordaz, sarcástica, lanzada contra la gata y el estómago se le retorció.

Catra casi no había respondido a sus ataques, seguía adelante con la quijada apretada y las orejas agachadas en molestia, los hombros rectos y tensos. Pero ahora ya la había roto dos veces, visiblemente al menos.

Jamás había visto a nadie experimentar tanto dolor como la noche previa con Catra. Su grito fue un grito desde el alma, que desgarraba el corazón. Uno pensó que no tenía la gata. Era innegable que Catra amaba a Adora, más allá de cualquier supuesto que hubiera podido inventarse. Dentro de lo poco que sabía de magia, era que resistirse a un hechizo de la verdad era tan doloroso como quemaduras, que iba aumentando. Y Catra había preferido sufrir eso a hablar.

Era como si a Glimmer se le hubiera quitado un paño de los ojos, del corazón. Había torturado a Catra, no sólo en el interrogatorio, sino desde que le echó en cara la muerte de Adora.

Los rasguños en la cara de su amigo solo ayudaron a aumentar la sensación de vacío y náusea en su estómago. Era su culpa que Bow estuviera herido también. Había tanto por hacer, no sólo la coronación, sino terminar con una guerra misma y Glimmer peleando y usando sus energías en luchar contra sus aliados, esos por los que Adora habría dado la vida felizmente por tenerlos del lado "bueno", ese que Glimmer creía representar a cabalidad. Y eso es exactamente lo que Adora había hecho. El espectro de She-ra no lucía arrepentido ni con miedo, era una luz llena de esperanza y paz la que emitía. Y su última mirada, estaba dirigida al lado opuesto de sus amigos, hacia su enemiga, su amiga, su hermana, su añoranza. Todo. Aquella a la que amaba solamente.

Glimmer tendría que aprender a vivir con eso. Tenía que avanzar. En solo unos días más sería nombrada Reina de Luna Brillante, el reino más poderoso de este lado de Etheria. Sabía que no estaría sola, pero las cosas tendrían que cambiar. Ya no era una niña, no podía dejarse llevar por sus impulsos. Tenía que madurar, ser observadora y objetiva, paciente. Ser más como Angella. Y tan solo le había vuelto a gritar a su madre. ¿Cuándo iba a dejar de equivocarse? ¿De ser tan egoísta?

—Gracias, Bow… —Le dijo con una sonrisa triste y contrita mientras aceptaba la taza de chocolate caliente y dejaba que la bebida le calentara el cuerpo y el corazón —…Por todo—

Después de un apacible desayuno juntos, Bow la tuvo que dejar sola para atender otros asuntos. Bow era tan dedicado, a todos sus amigos, sus obligaciones y sus pasiones. Sabía que él quería ir a checar a Catra.

Glimmer se dedicó a bañarse y consentirse un rato. Se puso los calcetines que le había tejido su tía. En estos momentos necesitaba todo lo que pudiera conseguir para sentirse amada, arropada y segura. Sabía que tenía que salir y ocuparse de sus deberes reales, pero no quería dejar su habitación y enfrentarse al mundo. En especial porque en el mundo estaban Catra, y Scorpia.

La princesa había visto a Scorpia durante las batallas, firme, fuerte, gigante en su fuerza, divertida, emocionada, incluso triste en la batalla en el Lejano Norte, determinada y hasta enternecida cuando se trataba de la gata, pero jamás tan enojada como la víspera. Scorpia estaba tan molesta como Bow, había dañado a su mejor amiga, lo sabía. Si alguien lastimara a Bow, Glimmer lo despedazaría con sus propias manos. Y Scorpia tenía tenazas.

Después de un par de horas y en medio de su indecisión, Bow regresó emocionado.

—¡Glimmer, ya se que podemos hacer para que los hordianos se sientan mejor!—

—¿Acaso no estaban bien?— Eso le bajó un poco los ánimos a Bow.

—Sabes a qué me refiero. Necesitamos algo para que se integren y se sientan cómodos y bienvenidos a Luna Brillante y la Rebelión—

—¿Y qué es?— Glimmer ya no quiso decir otra cosa para no molestar más Bow.

—¿Recuerdas qué es lo que hizo que Adora desertara?—

—¿La comida?—

—¡Sí… No! Quiero decir, el festival en Thaymor. Hasta tú te diste cuenta de lo feliz que Adora estaba ahí ¡y la piñata! ¡Glimmer, Catra no sabe lo que es una piñata y ha tenido más tiempo de estar fuera de la Zona del Terror que Adora! Tenemos que arreglar esto— Bow dispuesto a reparar todas las injusticias del mundo.

Glimmer miraba estupefacta a su amigo. ¿Una fiesta, quería hacer una fiesta? Por supuesto que sí, era Bow.

—Vamos, Glim. Necesito que me ayudes, Perfuma ya se está encargando de los adornos y ya mandó traer algunos artistas de Plumeria, y Mermista se está encargando de la comida y Frosta está viendo las piñatas… creo que está muy emocionada por eso— Le dijo en un tono conspiratorio juguetón. Glimmer no pudo evitar reírse.

—Muy bien, Bow, hagamos que esos hordianos sepan lo que es una verdadera fiesta—

Así fue como Glimmer se encargó de colgar las luces para el festival nocturno y atar las cuerdas de las piñatas lo más enrevesado posible para Bow, además de traer las mesas, preparar el balcón y ayudar a culminar detalles a cada una de las otras princesas. Se vio contagiada del ánimo general y estaba disfrutando junto con todos los demás para tener todo listo.

Cuando vio la mirada de asombro y gozo de los hordianos, se dio cuenta de nuevo que Bow estaba en lo correcto. Las piñatas eran todo un éxito e incluso ella podía ver la emoción en los ojos bicolores.

Glimmer no podía evitar sentir una punzada visceral de culpa cada vez que miraba a Catra, quien usaba sus guantes y su chaqueta sobre una túnica corta gris y los pantalones negros, por lo cual no se veían sus vendajes. La gata la evitaba todo lo posible, se encogían sus orejas si la veía. No sabía si iba a aceptar quedarse con la habitación de Adora. Ahora entendía que era lo adecuado y lo correcto.

Esa noche, Catra no acudió al pasillo, aunque la esperó hasta poco antes del amanecer. Glimmer tomó una ducha, fue a las cocinas y apareció con una bandeja de desayuno frente a la puerta de Catra. ¿Cómo hacía Bow para abrir la puerta y que no se le cayera todo? La tentación de aparecerse dentro la quemó, pero lo resistió. Mientras se debatía, la gata misma le abrió la puerta. No se veía sorprendida, solo molesta y expectante. Entonces la princesa recordó que Catra tenía mucho mejor olfato que sí misma.

—¿Qué quiere… majestad?— Cualquier palabra en labios de Catra podría ser un insulto. La princesa sólo se sonrojó y observó los vendajes de Catra, ya que ahora sólo traía su túnica roja con la ventana del pecho, donde ya cerraban los arañazos sobre su piel, dejando solo el pelaje hirsuto.

—Yo… te traje el desayuno— Sobre la bandeja estaban fuentes de huevo, tocino, jamón, pan, salsa agridulce, té y chocolate caliente.

Catra solamente levantó una ceja y bufó haciéndose a un lado para darle el paso. Scorpia estaba sentada sobre un diván al fondo, y miró con cierto recelo a la princesa.

—Lo siento, no sabía que estabas acompañada—

—No pasa nada, Scorpia ya se iba a ver a Entrapta—

—Claro… ¡Entrapta! Le prometí a Bow que los ayudaría a mover unas cosas— Salió de la habitación por el pasillo interior y le dirigió una última mirada a Glimmer.

La cola de Catra se movía lenta y estudiadamente.

Glimmer aguantó su mirada y se movió con cierta torpeza hasta la mesita con pequeños puffs para sentarse.

—¿Qué pretendes, Brillitos?—

—¿Tienes que cuestionar todo?—

—Cuando algo no es claro, tengo que preguntar— Se sentó en el puff que daba a la puerta, para tener la espalda cubierta, con las piernas cruzadas. Se veía tan altiva como Angella —Solo así puedes ganar—

Glimmer no replicó nada. Se puso a acomodar los platos, tazas y cubiertos bajo el escrutinio de su gatuna acompañante. ¿La mirada de todos los gatos pesaba así?

—Quiero… discul...— Ante la mirada cínica y escéptica de Catra cambió sus palabras —Quiero empezar a disculparme, se que esto no cambia nada. Quiero que sepas que lo que pasó antenoche no era mi intención en ningún sentido— Los ojos bicolor eran duros todavía.

—No importa— Dijo al final Catra —Lo qué tú creas, lo que haya sido, ya no importa. Te lo dije, yo solo estoy aquí para terminar con esta guerra y tomaré cual quier camino para que eso pase, princesa— De nuevo el tono de insulto.

Si Glimmer se sentía en deuda con Catra, podría ser algo de lo que disfrutar mientras durara, probablemente hasta la coronación y el anuncio oficial de ser la Comandante.

Catra había puesto a investigar a Entrapta al respecto: era todo un título, no tan flagrante como en la Horda, pero igual de poderoso. El puesto no solo tenía connotaciones militares, sino civiles y políticas, muy a diferencia de la General, que solo tenía poder militar y le respondía directamente a la Reina y las princesas según el caso, el comandante por otro lado, también rendía directa pleitesía y lealtad a la familia real, pero tenía autonomía en sus decisiones, dato que estaba dispuesta a explotar, y aunque no lo quisiera admitir, le gustaba que la pusiera a la misma altura que el resto de princesas en la cadena de mando. Eso sino recurría a la nueva carta de "yo también soy una princesa". Aunque era un título vacío, como la mayoría de los que había ostentado.

Una Capitán de la Fuerza ya que la original, Adora, no estaba, Comandante solo a través de mentiras y engaños, a pesar de todo su esfuerzo y duro trabajo para conocer todos los mecanismos de la Horda y descubrir que bajo las narices de Shadow Weaber se hacían las cosas solo como era requerido en el momento, si había suministros y demás, era solo por las constantes quejas de los jefes de cada área, pero no porque hubiera procedimientos bien estructurados, que existían, pero Shadow Waeber nunca se había dignado a que se siguieran. Catra descubrió que le gustaba ordenar cosas. Empezó por el correcto flujo de los materiales necesarios para las armas y los ingredientes para las barras, para terminar arreglando toda la logística de la Horda. Y pretendía hacer lo mismo con la Rebelión entera.

El olor pudo con Catra al final. Tenía una debilidad por el huevo y la carne en general, eso era solo porque Mermista les había dicho a todos que si Catra de verdad lograba detener un ataque masivo a la costa, ella misma prepararía el mejor banquete que un gato pudiera soñar.

—Catra… ¿Quieres probar un poco de esto? A Adora casi no le gustaba, prefería el té—

—¿Que se supone que es esto?—

—Se llama chocolate caliente—

Catra lo probó. Quería más. Lo probó con cuidado, pues ya se había quemado la lengua varias veces. No sólo los materiales de la comida la habían fascinado, sino las texturas y las temperaturas. En la Horda las barras siempre estaban a temperatura ambiente. Aquí había comidas calientes y frías, otras que se preparaban con calor pero se comían al ambiente y el sabor cambiaba con cada uno. Quería más chocolate. Casi podía sentir como se derretía una parte de ella, que tenía mucho parecido con la pequeña gatita con más melena que cuerpo. Se recompuso ante la mirada ligeramente divertida de Glimmer.

—Está bien—

—Ya, seguro— La princesa se rio un poco —Es mi favorito—

Después de eso, pudieron desayunar en un silencio menos tenso.

—Catra, en serio, quiero que no podamos trabajar mejor—

—Yo no soy quien ha intentado acusar a nadie todo el tiempo— Glimmer se mordió la lengua y aguantó.

—No es que no sea cierto, gata… Pero creo que ya ha sido suficiente— La princesa se desinfló —Lo siento mucho—

—Yo no pienso disculparme por nada, majestad—

—No esperaba que lo hicieras de todas maneras—

—Bien. Que bueno que nos entendemos. No tengo porque meterme contigo si tu no te metes conmigo ¿Estamos?—

—Como quieras—

Y con eso Glimmer se teletransportó a las cocinas para dejar la bandeja con los restos del desayuno. Catra suspiró. La había sorprendido en gran manera que Glimmer fuera a su habitación, le gustaría estar más tranquila. Ya tenía bastante con su consciencia gritando al fondo de su mente para además tener que aguantar a Brillitos todo el tiempo también, sin embargo, seguiría teniendo cuidado los siguientes días, porque no creía en los cambios mágicos, y tampoco creía que Glimmer fuera a tomarse a bien los anuncios durante la coronación.

Los reyes vieron con cierto agrado que los dos siguientes días, Glimmer por fin se estaba tomando en serio la coronación, estando presente y activa en todos los preparativos, mientras Catra seguía supervisando el ataque a las Salinas en ambos bandos.

Después de que las patrullas hordianas pasaban por cierta zona, los rebeldes procedían a evacuarla y bajo las órdenes de DT, los reconocimientos no volvían a pasar por el mismo lugar, solo con ciertos puntos defensivos, donde se había cambiado la población civil por voluntarios y soldados rebeldes.

Un día antes de la coronación, estaban Catra, Entrapta, Lonnie, Frosta y Mermista en las Salinas, terminando de preparar las defensas. Después de que Adora reparara la Gran Puerta de las Salinas, mucha gente regresó a sus hogares dentro del reino de Mermista, y más se había ido agregando con los meses, según la guerra se iba expandiendo, pues la Puerta ofrecía mucho mejor protección, por lo que movilizar a todo el reino era una tarea que requeriría mucho más tiempo que más de una semana. Catra en vez de perder tiempo y esfuerzo en esa empresa, decidió usar sus números a favor.

Había pedido a Mermista organizar una leva voluntaria, pues Catra sabía bien que los voluntarios engrosarían sus filas y defenderían su hogar fervientemente. Casi la mitad de la población había respondido al llamado de la princesa sirena. Lonnie estaba impresionada por el reino en sí, a ella le gustó mucho más el estilo de las Salinas que el fastuoso aspecto de Luna Brillante, y Mermista disfrutaba de ver a Lonnie trabajando para tener a punto las defensas. Lonnie le devolvió con picardía la mirada, que estaba en una supuesta misión de reconocimiento de avanzada en solitario. Entrapta ya le tenía preparado todo un informe para que DT pudiera presentarlo a Hordak.

Ya casi con la noche encima todos se retiraron, hasta que Catra estuvo satisfecha, solo quedaban pequeños detalles que serían terminados por la Guardia Real de las Salinas y el Capitán de Mermista, el único que se había quedado a su lado cuando la Puerta del Mar estaba deteriorándose.

Al fin la mañana de la coronación. Después de un desayuno frugal en espera del banquete de la tarde, todos se apresuraron a ultimar detalles, incluso Catra ayudó, ya que sus garras eran el complemento perfecto para terminar las facciones de las grandes estatuas de hielo de los reyes y la princesa.

A mediodía, todos corrieron a sus aposentos a enfestarse para el gran evento, que con suerte pasaba solo una vez cada generación o más. Scorpia uso su conocido vestido negro que le hacía una magnifica espalda. Entrapta, solo bajo la atenta mirada de Scorpia, se cambió su usual mono de trabajo por una túnica muy al estilo de Luna Brillante, magenta con detalles de un gris muy claro y en tonos fríos.

Catra pidió a los sastres hacer un traje formal de acuerdo a la moda de los Magicats, en color negro y guinda. Termino con un pantalón ajustado color granate, sus protectores de los pies negros, con un adorno rojo en el dorso con la forma de su corona, la blusa guinda caía por sus caderas, ajustada por un cinturón ancho negro, donde podía colgar su látigo si quería, ajustada a sus brazos, que después de tanta proteína y ejercicio las últimas dos semanas habían recuperado rápidamente su volumen, las mangas eran gris oscuro y envolvían sus manos sin cubrir los dedos, el cuello era ajustado como lo solía ocupar Adora, pero solicitó su abertura favorita en el pecho, donde ya casi no se notaban los rasguños, gracias a su curación natural y al ungüento de Perfuma, todo en ricas telas propias de la casa real.

El punto en la i de su atuendo era la capa, hecha de seda lunar, la misma tela de la capa de Glimmer, resplandecía tenuemente en el exterior, que era el negro más intenso con suaves destellos grises cuando se ondulaba, y el interior de un rojo intenso y oscuro, iridiscente con otros mil tonos de rojo. Le cubría hasta las rodillas y se ajustaba a su cuerpo gracias a tres broches negros en el pecho y tenía una capucha con aberturas para sus orejas y por la parte de atrás, a la altura de su cola, la capa se partía en dos hasta el dinal de la caída para permitir a su cola toda libertad. Gracias a los broches, la podía usar abierta al frente, colocarla de lado, a modo que se ajustara sobre su hombro izquierdo, o que solo reposara sobre sus hombros y espalda como la de Glimmer.

Ya había decidido que ocuparía su lugar entre las princesas, como le correspondía y cuando se puso la corona de nuevo, lo hizo consciente que esto representaba mucho más. Después se encargaría de atar los últimos cabos.

Glimmer fue a buscarla a su habitación una última vez para ofrecer disculpas de nuevo, como había estado haciendo, ante la fría mirada de Catra, que no le decía nada, pero solo encontró a Scorpia terminando de arreglarse, quien usaba sus pinzas para asegurarse que su rapado fuera uniforme y sonreía al espejo coqueta.

—No te quiero interrumpir, perdón—

—Oh, claro, pero ya terminé— Sonrió nerviosa sin esperar tener compañía estos minutos.

—¿Crees… podrías ayudarme con eso?— Scorpia la miró sin comprender —Yo… estaba pensando hace algùn tiempo en cambiar mi peinado y tú pareces muy buena—

—¿En serio… quieres que te corte el cabello, para hoy?—

—Sí, me gustaría mucho— La princesa escorpión resplandecía. Nadie nunca le había pedido hacer algo tan personal, así que procedió con todo el entusiasmo y el cuidado del mundo para no dejar al reino accidentalmente sin reina.

Castaspella se veía tan feliz y satisfecha, todo era perfecto. El Salón del Trono se veía mucho más festivo y magnánimo que nunca, con largas telas adornando los techos, guirnaldas de las más bellas y fragantes flores colgando en las paredes y las columnas, regalo de Perfuma y su reino, grandes caídas de agua conformadas y guiadas por estructuras resplandecientes de hielo.

Los reyes no podían estar más orgullosos, Glimmer vestía la túnica ceremonial de las reinas que había pasado de reina en reina durante milenios. Micah usaba una larga capa azul oscuro de seda lunar ajustada a sus hombros, y Angella un vestido que ocultaba sus piernas pero delineaba su figura. Dos trenzas recogían su cabello en los laterales de la cabeza para terminar en un moño alto que dejaba caer su cabello estelar en ondas suaves.

—Hoy estamos todos reunidos aquí, siendo parte de la historia, para que una nueva líder se alce entre nosotros. Con dicha en el corazón y orgullo en el alma, los reyes de Luna Brillante ceden su turno a la nueva generación— Anunció Castaspella con gran clamor, dando inicio a la ceremonia. Glimmer se colocó al centro y su tía, con reverencia, le bajó la capucha y hubo un suspiro de sorpresa general al ver su nuevo porte. Casta hizo una venia y se retiró a un lado. Una suave música de vientos y cuerdas sonó muy al fondo.

Micah dio un paso y le ofreció una mano a Angella. Los dos caminaron lentamente por el espacio que los separaba de Glimmer, hasta ponerse los dos frente a ella. La miraron y ella les devolvió la mirada y la sonrisa, para volver a bajar la mirada, como correspondía al ritual. Los reyes voltearon para encarar a la multitud.

—El Rey Micah, El Valiente, y la Reina Angella, la Benigna— Anunció un heraldo.

—Hoy, nace una nueva era para todos nosotros. Pero para que algo nazca, es necesario que otra cosa muera. Es el ocaso de nuestro tiempo, de nuestro reinado, y es el amanecer de uno nuevo— Exclamó Micah con gran orgullo.

—Hoy, nosotros abdicamos en favor de la Princesa Glimmer, La Amable, ya que estamos seguros que bajo su liderazgo, no solo su reino, Luna Brillante, si no todos aquellos bajo la protección de la Alianza y la Rebelión alcanzarán su esplendor y obtendremos la paz— Declaró Angella con fervor y convicción.

Todo el salón estaba sumido en un silencio reverente y expectante, al cual la música sólo intensificaba. Catra era presa del hechizo de sus majestades, comprendiendo que la realeza era mucho más que ostentar poder. No eran los únicos. Todas las princesas relucían en sus trajes y vestidos de gala, recordando a Catra que eran más de lo que aparentaban. Que cada una de ellas era gobernante de su propio reino o principado.

Micah dio un paso al frente e invocó su cetro, lo alzó con ambas manos y lo mostró al público. Dio media vuelta y con una rodilla en el suelo, se lo ofreció a Glimmer, que sin levantar del todo la mirada, lo aceptó solemne con ambas manos y lo apoyó con decisión.

—Princesa Glimmer, te ofrezco mi cetro como señal de fuerza y convicción para afrontar cualquier situación sin ceder a la duda—

—Rey Micah, lo acepto con alegría y humildad—

Con las palabras dichas, Micah, ahora sin título, regresó a su lugar anterior y se abrió otro paso al extremo opuesto. Angella entonces procedió a quitarse la corona con una sola lágrima, que la leyenda decía, venía de la misma piedra Lunar, la mostró a la multitud también y ahí todos supieron que lo que estaba pasando era de verdad, ahora ella se volteó a Glimmer.

—Princesa Glimmer, te ofrezco la corona de Luna Brillante como muestra de benevolencia y sabiduría, para que todas tus decisiones sean desde la conciencia y el corazón— Con cuidado y lentitud, Glimmer se arrodilló a los pies de Angella —Levanta la mirada, princesa— Y su madre se inclinó para colocarle la pequeña corona y Glimmer sintió el peso del mundo sobre ella. Angella le sonrió, apoyándola, sin que nadie más lo viera.

Dio un paso atrás y después se giró de nuevo a la multitud, mientras su hija permanecía hincada. Angella también se abrió un paso al extremo contrario a Micah.

—Lord Micah y Lady Angella han ofrecido sus tributos a la princesa Glimmer, quien se alza ahora como nuestra nueva reina— El heraldo anunció, y solo ante sus palabras, al fin la Reina Glimmer se incorporó.

—Acepto la corona de Luna Brillante con la promesa de terminar la guerra, traer paz a Etheria y prosperidad a todos los reinos de la Alianza— Todos los presentes irrumpieron en vítores.

Los nuevos Lores dejaron que el pueblo expresara su gozo unos momentos y solo cuando el clamor empezó a apagarse, Angella avanzó de nuevo al centro y al frente. Sabía que esto era solo el inicio de la ceremonia, para que el poder investido en Glimmer fuera cabalmente suyo, necesitaba completar el rito de la Búsqueda de Reinas, para el cual necesitaba dos testigos, lo que no se daba a entender en su totalidad en el viejo pergamino, es que sus testigos también serían sus compañeros en la búsqueda.

—Ahora, no solo una nueva reina nos es presentada; con el ascenso de la Reina Glimmer, necesitamos a otro comandante. Haciendo uso de mi última facultad como la Reina Angella,— Catra tenía tiesa la cola, era su momento —mi última voluntad y orden, nombró como nuestra nueva Comandante a la Princesa de Media Luna, Catra— La gata avanzó en silencio desde su lugar al lado de Scorpia y Entrapta.

Catra se arrodilló frente a Lady Angella y ella le quitó la capucha. Ahora el silencio era total, hasta los músicos habían callado. Angella no permitió que el silencio se extendiera ni la oprimiera, no era la primera vez que una de sus decisiones no fuera bien recibida por su pueblo, pero su convicción era lo que la hacía fuerte, y seguir sus instintos es lo que la hacía la esposa de Micah. Glimmer ni siquiera era capaz de procesarlo claramente.

—Levántate, Princesa Catra, Comandante de la Alianza y la Rebelión— Ante una indicación suya, un siervo se acercó con un cojín de seda púrpura, sobre el que descansaba un pin de oro con forma de ala —Te ofrezco este símbolo de la Casa Real de Luna Brillante como muestra de amistad y compromiso, así como de tu nuevo puesto—

—Gracias, Majestad. Yo, Catra de Media Luna, como representante de los Magicats, quienes perecieron a manos de la Horda, juró que esta guerra terminará y que Hordak caerá—

Los que eran tan viejos o sabios como para recordar a los Magicats, así como los soldados que habían peleado en Drill, los pobladores de las Salinas y la costa que habían visto trabajar a Catra para su defensa, Perfuma, Entrapta, Scorpia, Kyle y Rogelio gritaron y rugieron para apoyar el juramento de la Princesa perdida. Y Catra se prendió el pin en la camisa sobre el corazón, después de un pomposo movimiento de su brazo para alejar la capa de su pecho.

Chapter Text

Las orejas de Catra se giraron sin pensar hacia atrás, escuchar el gemido ahogado de Glimmer era pura delicia. Ya sabía que sus padres no le habían dicho nada sobre el nombramiento, y la bomba de que fuera la princesa, seguía teniendo su impacto sobre la faz de otras princesas.

Perfuma parecía la menos sorprendida, como regente de Plumeria, el reino más extenso y diverso, tenía gran conocimiento no solo de plantas, sino de los diferentes seres que lo componían, y aunque las palabras de la reina eran ciertas, los magicats llevaban desaparecidos, sino extintos, más de veinte años, era todo un misterio de donde podría haber salido Catra para llegar a la Horda.

La reina Angela, Lady Angella, estaba en todo su derecho de nombrar a quien ella considerara la mejor opción, y era cierto que Catra había demostrado en poco tiempo su enorme valor como estratega. y Scorpia se veía tan feliz, necesitaba creer que esto sería para mejor y que al fin todos los reinos estuvieran en paz.

Catra seguía en su posición un escalón debajo de la antes reina, encarando a la multitud, los vitores apagándose poco a poco. Glimmer no podía hablar, en parte por su propia conmoción y en parte por su conocimiento del ritual de la ceremonia.

—Ahora, para que la Reina Glimmer pueda tomar plena posesión de sus cualidades y responsabilidades, se debe llevar a cabo la Búsqueda de Reinas, a donde deberá llevar a dos testigos— Angella extendió sus alas en un movimiento dramático. —Los testigos serán el Maestro Arquero Bow, y la Comandante Catra, princesa pérdida de Media Luna—

Bow avanzó desde su lugar entre la muchedumbre para ponerse al lado de Catra, quien se dio la vuelta y ahora encaraba a Lady Angella. El arquero le dedicó una sonrisa insegura. Bow sólo podía intuir lo que Glimmer estaba sintiendo. Comprendía los motivos de los reyes, pero le hubiera gustado mucho que Angella no usara la carta de la última voluntad real. Glimmer no se atrevería a romper las reglas más sagradas del reino, pero si hubieran hablado con ella, tarde o temprano hubiera visto la verdad de la decisión de nombrar a Catra la nueva Comandante.

—Que ustedes dos contemplen la luz bienaventurada después del arduo camino— Exclamó las palabras el ser angelical, exactamente como recordaba haber escuchado a su madre antes que ella.

Bow y Catra reverenciaron y avanzaron trás Angella, hasta llegar con Glimmer, quien vio como Bow recibía la lámpara para la búsqueda de manos de su tía Casta, quien con lágrimas en los ojos, les sonreía a los tres y retrocedía de nuevo al lado de su hermano. Glimmer, seguía un tanto shockeada y no importaba lo que estuviera sintiendo, tenía que seguir adelante.

Angella se inclinó, Glimmer hizo lo mismo y entonces Mermista dio un paso al frente, y con gran ceremonia, usó su magia para abrir la cascada detrás de Glimmer ante el asombro de Catra, registrando sin querer toda la información nueva, solo por si acaso. Mermista, inclinada, retrocedió de nuevo mientras los dos testigos seguían a la nueva reina tras la cascada y ésta se cerraba a su paso.

Todo el salón quedó en silencio, y algunos se miraban entre ellos, incluidos los reyes, quienes suspiraron. Pero ahora había que preparar todo para el banquete que se llevaría después de la Búsqueda, que no debía de tardar demasiado. El recorrido no era largo… y el guardián no era nada para un equipo tan capaz.

—¡Muy bien, es hora de buscar! ¡Somos muy buenos en las búsquedas! ¿Verdad, Glimmer?—

Soltó de manera nerviosa Bow.

—¡Mi mamá está loca! ¿Tú, comandante, Basura hordiana? ¡¿Princesa?!

—Uh, sí… me temo que sí, Majestad— Le dijo Catra en el mismo tono de incrédulo insulto.

Glimmer respiró profundo, viendo a la gata reluciendo de satisfacción. Ella lo sabía, claramente.

—¿Desde cuándo?—

—Después del interrogatorio—

—No puedo creerlo, de verdad que no—

—Pues tendrás que hacerlo, Brillitos— Catra se le acercó para encararla —Creí que eras tú la que dijo que ojalá pudiéramos trabajar sin problemas—

—Esto no te da ningún derecho—

—Me da todos los derechos, y una princesa debe de saberlo mejor que nadie. He jurado lealtad a Lady Angella, así que no puedes ordenarme nada, majestad, y dentro de batalla, tendrás que hacer lo que diga— Catra lo estaba disfrutando demasiado.

Glimmer tenía lágrimas de impotencia en los ojos. No debería de sorprenderse que Catra hubiera hecho los deberes. Ahora eran iguales, y como regente de la Rebelión, técnicamente podría levantar a los demás reinos contra Luna Brillante, pero si sus padres habían consentido en esto, era porque confiaban en la gata, y después de respirar muy hondo, para alivio de Bow, Glimmer habló más tranquila.

—Te estaré vigilando a cada paso que des, un solo error y será el último que hagas—

—Yo no tengo ningún error por cometer, Brillitos, deberías saberlo bien. Ahora… ¿Qué es lo que estamos buscando?—

—uh, hum, el viejo pergamino decía que teníamos que encontrar el altar donde la luz sería encontrada para así reposar junto a las estrellas—

—¿Estrellas?—

—¿No sabes lo que son las estrellas, gata?—

—Por supuesto que no—

—Eh, chicas, y si mejor...—

—Bien, hay que terminar con esto para poder comer—

—¿Es en lo único que piensas?—

—No, también pienso que te ves tonta con esa capa— Y Catra empezó a avanzar sin esperarlos, Bow nervioso miraba a Glimmer.Pero la sonrisa de satisfacción de Catra había calado hondo en la reina. Era la misma sonrisa de Adora cuando ganaba, cuando había vencido a Seahawk en Seaworthy. Era la sonrisa cuando She-ra reducía montañas a grava con sus manos desnudas. A Adora le gustaba el poder puro de la espada y lo disfrutaba. Otra vez, ver caminando a Catra, segura, relajada, era ver a Adora una vez más, y el estómago se le retorció en confusión.

—¿Glimmer?—

—Vamos, Bow— Y al fin el par de amigos caminó.

El arquero había mirado nervioso el intercambio de las dos mujeres, y con gusto y asombro vio que no llegaba a más, aunque las palabras no eran amables, por lo menos ya ninguna de las dos se había echado en cara culpas o errores pasados. Eso tenía que ser un avance, ¿verdad? pero lo que lo dejó intrigado, era el brillo indefinido al final en la mirada de Glimmer.

Siguieron el camino descendente de los túneles durante unos minutos, donde Bow intentó hacer plática, sintiendo como la tensión seguía sin reducirse, pero todos sus instintos no pasaban de unos cuantos comentarios secos en respùesta. Ahora Glimmer llevaba la lámpara y Catra iba detrás de los dos, se había detenido un poco antes simulando estar interesada en un viejo grabado, que tenía las mismas líneas sin sentido que había visto en la cripta tecnológica donde Adora entrenaba.

Cuando llegaron a la cueva luminosa donde encontraron literalmente un altar y Glimmer y Bow corrieron alegres a su encuentro, las orejas de Catra se movieron antes de que pensara en otra cosa. Apenas tuvo tiempo de saltar, tomar a Bow y Glimmer de la cintura y saltar de nuevo esquivando al elemental que los atacó.

—¡¿Qué es eso?!—Gritó Catra.

Los tres cayeron sobre sus rodillas ante la fuerza del saltó de Catra y Glimmer se sorprendió de que los pudo cargar como si fuera She-ra. Desestimó la sensación en su estómago.

—¿Bow?—

—¡No lo sé!—

Corrieron y se dispersaron para poder seguir en el juego. Bow usó sus flechas para ralentizarlo y Catra empezó a correr, desprendiendose de la capa, no entendía como She-ra podía pelear con ese lastre. Se sentía poderosa, sí, pero también le restringía los movimientos. La capa mordió el polvo en silencio y tras el cabello de Catra, pudieron ver dos pequeñas alitas bordadas negras, justo como las que Glimmer poseía de verdad en su espalda. No, no se podía distraer en este momento.

—Ehm… ¡Tal vez en el viejo pergamino decía algo de un guardián!—

—¿Y justo ahora te acuerdas?—

—¡Antes redactaban muy raro!—

—¿Por qué siempre hay que pelear contra monstruos gigantes con ustedes?—

Las garras de Catra hacían mella en la piel de la bestia, pero no le representaba daño. Entonces tendría que usar la fuerza. Saltó lo más alto que pudo.

—¡Bow!— Gritó en medio del salto y el arquero escuchó y atendió, lanzó una flecha de red para sostener al elemental, Catra giró sobre sí misma en el aire para golpear en la cabeza al elemental con el talón.

Glimmer corrió por la lámpara que había perdido y después al altar.

—De prisa, Brillitos, esta cosa no tardará en levantarse—

La fuerza de la patada de la gata era asombrosa, Catra estaba sorprendida, ella sabía bien que con ese golpe podía romper rocas y huesos. Le dolía el talón. Glimmer no replicó y se apuro, antes de que el elemental se levantara, pudo poner la lámpara en su lugar en el altar y la bestia dejó de pelear, miró un momento a la reina y se fue en paz.

La cueva se oscureció y del altar emergieron unas bolas luminosas que bailaron frente a ellos unos momentos y un conocimiento instintivo golpeó a Catra. Estrellas. Después de su baile, las luces se concentraron en Glimmer, que brilló toda, sintió el poder y fue elevada hasta el centro mismo de la cámara de las Reinas, dos amplias alas hechas de luz emergieron de su espalda y la rodearon. Catra y Bow miraban asombrados el espectáculo, y la gata tuvo que admitir, que ahora Glimmer de verdad parecía más poderosa. La reina fue depositada por sus alas en el suelo de nuevo, frente al altar, desde el que apareció un holograma de Angella.

Los lores pudieron ver desde el salón del trono, a la salida que daba al pilar de la Roca Lunar, como esta destellaba, aceptando a una nueva dueña. Angella no estaba segura que pasaría con sus poderes, quizás ahora sería ella quien debería de recargar, pero no le importaba. Ya era hora de que Glimmer desplegara todo su poder y ahora con Micah enseñándole hechicería también, sería todo un portento.

—Glimmer, mi niña… Sabía que lo lograrías. Siento mucho haber hecho las cosas como las hice, pero necesitas comprender, que con todo nuestro poder, nuestra responsabilidad es pensar siempre en el bien mayor. Te amo, hija, se que estaras bien. No estás sola, y te he preparado para gobernar, pero siempre has estado lista para liderar. Recuerda lo que hace a un gran líder y todo estará bien— La frustración de Glimmer disminuyó y el amor resonó en su corazón. Confiaba en sus padres. Sus facciones se suavizaron en una sonrisa pacífica que realzaba todos sus rasgos y era tal su sentimiento que no le importó tener a Catra frente a ella junto a Bow. Catra tenía que admitir que esto estaba siendo toda una revelación sobre la princesita.

—Yo nunca he dudado de ti, Glimmer—

—Bow...— Su amiga lo abrazó —Muchas gracias por estar para mí, y a ti… Princesa, gracias por salvarnos—

Las orejas de Catra se calentaron. Sabía que Glimmer la estaba provocando, ¿quería ser una princesa? pues ahora la llamarían por lo que era.

—Nadie se queda atrás, Brillitos—

Glimmer estaba tan feliz que Catra no podría molestarla. La reina avanzó hasta ellos y en medio de un abrazo, los teletransportó hasta la Roca Lunar, no sin que antes Catra recuperara su capa rojinegra. La gata perdió toda su gracia al caer de rodillas y con las manos sostenerse el estómago.

—¿Qué me hiciste, maldita chispitas?—

—ooh jajaja la gatita no puede con un poco de brillos—

—Con el tiempo te acostumbras, Catra—

—No quiero acostumbrarme—

La vez en Isla Bestia estaba tan perdida en sus pensamientos, en el dolor de sus garras y de su corazón que no había reparado en la horrible sensación de vacío y vértigo que procedía a la teletransportación.

Cuando se levantó, lo hizo tambaleándose y el resto de princesas los recibieron a todos con vítores y abrazos, Catra tuvo que permanecer atrás, pues Perfuma y Frosta estaban dispuestas a felicitarla por su nuevo título. Pero la sonrisa nunca le subía a la mirada.

Catra y Glimmer tuvieron que sostenerse cada quien desde su interior, porque dos estatuas gigantes de hielo las miraban, con serena alegría en los rostros esculpidos. Adora a la derecha, amable y firme, y She-ra a la izquierda, implacable y confiada. Spinerella y Netossa estaban entre quienes las querían felicitar a las dos, y la princesa de los vientos tuvo un presentimiento. Todo se había dispuesto espléndidamente para el banquete y todas las princesas y los lores compartían una gran mesa circular, rodeadas de pequeñas otras mesas que la gravitaban para el disfrute de todos los demás invitados.

Una vez la muchedumbre fue satisfecha. Glimmer fue llamada por su tía, ahora debía de ocupar su lugar, antes de compartir y degustar con los demás. Aún con la túnica puesta, el nuevo poder corriendo por sus nervios y bajo la piel, la reina se sentía llena de esperanza por primera vez en semanas.

Invocó de nuevo su cetro y sin que hiciera falta ninguna señal, pues Bow no era el único que había estudiado su parte del pergamino, Catra y la General se pusieron, una a la derecha y la otra a la izquierda de la Reina. Glimmer dejó de sorprenderse, era obvio que Catra era tan determinada con los detalles como Adora a la hora de planear y estar preparada. Y ahí, bajo la mirada de su entrañable amiga, dejo a su corazón recordar el amor, y desde el amor habló.

—Con el poder de la Roca Lunar investido en una nueva Reina, la ceremonia de Coronación al fin ha concluido, ahora nosotros podemos saludar a la nueva monarca—

Toda la muchedumbre reverencio, incluidas las demás princesas y los lores. Glimmer sentía la presión sobre ella otra vez, pero ver a Catra otra vez con la capa, firme al lado y frente a ella, inamovible como lo había estado desde su llegada a Luna Brillante, la ayudó a concentrarse. Ni siquiera la presencia de las estatuas la había amedrentado.

—Con el poder que se me ha confiado, juro proteger, procurar y cuidar de cada Etheriano que confie en la Rebelión y en la Alianza de Princesas. Con la ayuda de cada una de ellas, de cada uno de ustedes, al fin alcanzaremos nuestro objetivo— Respiró profundo —Estamos cada vez más cerca de terminar con esta guerra sin sentido, y la oportunidad es gracias a la Princesa del Poder, Adora, nuestra amiga— Señaló hacia la estatua a su derecha —Su ejemplo de entrega y sacrificio, de deber y amor, permanecerá entre nosotros, dándonos esperanza y fuerza para seguir adelante sin importar las adversidades, pues en su nombre, y en el de cada uno de nosotros, lucharemos hasta ganar—

Con su juramento terminado, todos empezaron a ocupar sus puestos en las mesas. Glimmer al lado de su madre, luego Micah, Casta, Bow al lado de Glimmer y así. Catra se sentó entre las princesas, en medio de Entrapta y Scorpia. Kyle y Rogelio estaban sentados en una mesa a su derecha junto a guardias y personas de cierto relieve.

Catra dejó que el calor de las últimas palabras de Glimmer la calaran. Era cierto, todos estaban reunidos por Adora aquí. Su último y más grande acto, fue de sacrificio, sí, pero no motivado por mentiras y supuestos; fue un acto de amor. Y Catra lo sabía mejor que nadie. Su última mirada, su última sonrisa, sus últimas palabras, todo eran de Catra. De ella eran todas las primeras veces, y también de ella eran ahora todas las últimas. Catra no podía seguir ahí.

Ella no tenía que estar aquí. Adora tenía que estar en su lugar. Liderando la Rebelión, y en el mejor de los escenarios, Catra estaría junto a ella. Peleando lado a lado, por la causa que Adora eligiera, porque lo único que Catra siempre había querido era sostener sus sueños y ayudarla a hacerlos realidad. Cuando Adora se fue, había tomado sus sueños de grandeza en la Horda y los había hecho propios porque pensaba y sentía sinceramente que era lo último que le quedaba, lo único a lo que podía aferrarse. Y ahora ni siquiera podía aferrar el aire a sus pulmones.

Scorpia estaba tan entretenida con Perfuma que no se dio cuenta, Entrapta tan abstraída discutiendo para que le trajeran comida en raciones pequeñas y… Catra se levantó en silencio y se fue. Casi empezaba a correr. Cuando una mano sobre su hombro la detuvo. Era una mano grande, calida, un tacto firme y amable que no reconocía. Cabello magenta y piel rosada la recibió, junto a una sonrisa preocupada y con tintes de disculpa.

—Hola… parece que necesitas respirar un poco. Acompáñame—

Catra jamás había hablado con Spinerella y no esperaba que ésta princesa se le acercara jamás. Sabía que tenía poderes de tormenta y viento, pero solía ser Netossa la que hablaba con ella. Siempre estaban juntas. No era un asunto que le interesara en demasía. Ante el desastre de su mente, se dejó guiar hasta uno de los rincones con árboles, todo a rebosar de flores.

—Soy Spinerella—

—Se quién eres— Catra se recargó en un árbol —Lo qué no sé es por qué estamos hablando—

—He notado… que tienes ciertas reacciones cuando se trata de Adora— Y Catra no pudo evitar poner tiesa la cola y encoger las orejas.

—Eso no te incumbe, princesa—

—Catra… Se que es difícil admitir lo que sentimos— Spinerella la tomó de la muñeca, y aunque Catra enseñó los dientes, no mordió —Solo quería que supieras que si alguna vez quieres hablar, te puedo escuchar— La soltó de la muñeca —Felicidades por tu nuevo puesto— Y al fin se alejó de ella y regresó a su lugar junto a Netossa, que platicaba con Mermista y Seahawk. Pero cuando se sentó junto a la otra princesa, Catra por fin vio algo que la conmovió más allá incluso de lo que el dolor que Glimmer le había provocado.

Un beso entre las princesas, un beso ligero, liviano, dulce, un breve saludo para una breve ausencia. Catra sabía lo que eran los besos, pero los besos entre los reyes, por ejemplo, no le producían más que una insana subida de azúcar. Pero ver a Netossa y Spinerella le dio una nueva dimensión a lo que un beso podía ser. Y después del beso, ver como Spinni juntaba su frente con la de su esposa, con una sonrisa llena de paz y serena satisfacción. La caló muy hondo.

Regresó a su lugar y comió y bebió junto a los demás. Tratando de no ver tanto hacia las esposas, absorbiendo cada detalle. Hasta que pasadas las horas, su pad vibró.

El avance hordiano había empezado, y Hordak tenía una sorpresa.

Chapter Text

Catra.

La princesa Catra.

Media Luna.

Catra, la princesa de Media Luna.

Catra, una magicat.

Catra, la princesa magicat de Media Luna. Princesa y Comandante de la Horda, y de la Rebelión.

Estos pensamientos inundaban la mente de la gata. Desde que había salido de hablar con los reyes, no había dejado de pensar en todo lo que sus palabras implicaban para ella. Lo de nombrarla comandante era sorpresivo y podía entenderlo de todos modos. Pero jamás en su vida hubiera alucinado en estar en el mismo saco que el resto de princesas.

Pero aquí estaba. Tratando de decidir si quería que el resto del mundo se enterara. Al final, los reyes le habían reiterado que no estaban seguros de su ascendencia, aunque fuera sin lugar a dudas una magicat, al ser tan pocos, casi cualquier línea de sangre la ligaría en menor o mayor medida a la Casa Real D'riluth.

La corona solamente complicaba las cosas, o las simplificaba. A Catra siempre le había gustado ver el lado difícil. Estaba tan hiperactiva mentalmente que no le quedaba más remedio que moverse. Usualmente no salía de su habitación más que para el desayuno y las reuniones del Consejo de Guerra.

Tampoco dejaba de pensar en Adora y todas las veces que le había pedido que fuera con ella a la rebelión, todo lo que hubieran descubierto juntas, hecho juntas. Adora seguramente la habría mirado burlona y pagada de sí misma cuando descubrieran, juntas, que Catra era una princesa. Estaba segura. Solo la miraría así, y no diría nada más.

Aun con su escolta, pidió que llevaran a donde Rogelio entrenaba y después de competir contra él un rato, pidió a sus propios guardias que la asistieran. Necesitaba golpear y conocía demasiado a Rogelio como para que la distrajera. Tenía la mente dividida. El reconocimiento de los reyes la hacía esponjarse de gusto, y el descubrimiento de ser una princesa más, la confundía demasiado. Sentía un placer retorcido al saborear el momento en el que Glimmer se enterara que Catra sería la nueva comandante.

No le guardaba ningún celo por su papel de reina. Princesa o cosa similar era algo que Catra jamás había buscado. No le interesaban esos títulos. Vagó por el castillo tanto como lo permitió la escolta y se preguntaba cuánto tardarían los reyes en cumplir esa parte de su oferta. Al cruzar por un pasillo, se dio cuenta de las puertas cerradas y el par de guardias apostados a los lados. Las puertas normalmente estaban abiertas en el día.

—¿Qué hay ahí?— Preguntó solo por distraerse.

—La traidora Shadow Weaver reposa tras esas puertas— Fue la lacónica respuesta de uno de sus guardias. La cola de Catra latigueó sin poder evitarlo. En el tono de voz del guardia escuchaba la desaprobación, pero Catra no sabría decir si la hacía extensible a sí misma. Bueno, la opinión del guardia ni la de nadie más importaba, ahora tendrían que vérselas con la Comandante.

Al siguiente día, Catra no tardó en descubrir que ningún guardia vigilaba el final del pasillo y pudo salir libremente con Entrapta y Scorpia hasta el laboratorio, que tenía un aspecto totalmente diferente. Ahora lucía mucho más como el laboratorio de la Horda, por lo menos en lo que a maquinaria se refería. Porque la luz mortecina y los espeluznantes cuerpos dentro de sus cápsulas por aquí no se veían.

—Hoy pareces de mejor humor, Gata montes—

—Por supuesto, están viendo a la nueva Comandante de la Rebelión— Se había despertado de un humor excelente y para variar, estaba dispuesta a mantenerlo.

—¿En serio? ¡No es cierto!—

—Angella lo hará oficial en la coronación de la princesa brillosa—

—Sabía que solo necesitaban un poco de tiempo para ver lo genial que eres— Y Scorpia la atrapó en un gran abrazo.

—Te felicito, Catra. Esto solo demuestra que los cálculos no mienten— Y Entrapta empezó a soltar todo un estudio de cómo los números en la Horda habían sido igual de satisfactorios. A Catra le complació dejarla hablar.

Trabajaron un rato hasta el desayuno, donde Scorpia se distrajo con Perfuma quien hizo notar que ya no traían su escolta. Scorpia le dijo nerviosamente que la reina ya no lo consideraba necesario. Perfuma consideraba tierno y una de las mejores cualidades de Scorpia el que intentara guardar las apariencias cuando Catra le pedía guardarse algo, así que no insistió en el tema.

Bow llamó la atención de Entrapta. Con una a su izquierda y la otra a la derecha, cada cual con alguien más tomando su atención, Catra desayunó en silencio, disfrutando de la comida mientras su mente divagaba. En cierto momento, se dio cuenta de la situación y al mirar más allá, se encontró a Kyle y Rogelio compartiendo juntos. Se sintió muy sola.

Iba a dejar la mesa y en eso Bow volteó y le hizo una pregunta técnica acerca de los bastones de shock de la Horda y pronto se vio sumergida en la plática de Entrapta y Bow. El arquero quería implementar una mejora en sus flechas, pero no estaba seguro de usar el voltaje. Así Catra se enteró de los avances y dificultades que estaban teniendo con la nave. En algún punto, Glimmer se unió al ambiente general y parecía estar platicando del otro lado con Perfuma y Mermista.

Cuando terminaron, Bow tuvo la osadía de darle un apretón en el hombro mientras se iba con Entrapta a seguir trabajando en Darla. Una parte de Catra que no quería acostumbrarse a sentir, le agradeció el gesto al arquero. Catra no se daba cuenta de lo geek que se estaba volviendo.

Con Entrapta ocupada con Bow y Scorpia con Perfuma, Catra normalmente se retiraría a su habitación, ya fuera a dormir, planear o dibujar. Ahora se dirigió con Rogelio y el lagarto se sorprendió de tenerla con él de nuevo, sin embargo, disfrutó del entrenamiento juntos y con las señas y chasquidos que Catra era capaz de entender, le dijo que le alegraba verla mejor. La gata fingió que no lo entendía del todo y se fue. ¿De verdad era tan transparente?

Catra se daba cuenta que ya no estaba en el pozo negro de hace unas semanas y la desolación se retiraba para dar paso a una tristeza más profunda. Un estado que no la impedía, pero se mantenía como un recordatorio oscuro y gris al fondo de su mente. Había intentado con todas sus fuerzas no pensar en Adora y lo había logrado con cierto éxito y ahora su recuerdo la golpeaba en los momentos menos esperados.

Podía recordarla sonriendo junto a Kyle y Rogelio, podía imaginarla peleando y entrenando contra ella en las instalaciones de Luna Brillante. Anhelaba platicarle tanto las últimas noticias. Quisiera decirle que al fin tenía el coraje de ir con Shadow Waever y no rogar por su aprobación. Con el fantasma de Adora en la cabeza, se dirigió hacia donde el día anterior le habían dicho que estaba la bruja.

—Quiero ver a la prisionera— Los guardias se miraron un momento entre sí, y le abrieron la puerta.

—No atravieses la barrera, porque no podremos sacarte de ahí. La Gran Hechicera es la única y no se encuentra hoy en el castillo—

—No pienso hacerlo—

Entró en silencio y con paso firme a la "celda". No era más que otra de las fastuosas habitaciones, sin mobiliario excesivo, sin cojines y con una burbuja mágica rodeando el fondo de la habitación y todo el balcón, de modo que Catra tenía cierta libertad de movimiento.

—Me preguntaba cuándo vendrías— Shadow Weaver había estado leyendo, con una copa cerca, en un sillón de aspecto sencillo.

—No pensaba hacerlo nunca. No tengo ganas de oler tu peste—

—Oh, esos no son los modales que te enseñe, Comandante—

—Tú no me enseñaste nada— Catra tenía que recordarse mantener la mente tranquila.

—Eso es debatible. Tú no aprendiste nada de lo que intenté enseñarte. Que desperdicio. Pensar que gasté tiempo en ti—

—Cállate—

—Veo que ahora te ves y te portas como toda una princesa. ¿Qué diría tu querida Adora de verte tan cómoda en Luna Brillante? Seguramente estaría radiante—

—Que te calles, maldita sea. Y no te atrevas a poner su nombre en tus asquerosos labios— Quizás con Shadow Weaver era la única persona con la que Catra no tenía que fingir o esconder lo mucho que Adora le importaba y menos en este punto, así que no se molestó en crear ninguna barrera.

—Eres solo una bestia inmunda, no importa cómo te veas. Una bestia que jamás aprendió su lugar. Lárgate, no tengo ninguna gana de verte— Las garras de Catra se enterraron levemente en sus propias palmas. Su corazón estaba mutilado y las palabras de Weaver solamente la encendían. Ya no tenía ningún derecho.

—No eres nadie para hablar así. Y más te vale que me escuches. No importa si estamos en la Horda o en la Rebelión. Te he superado en todo. Ahora soy la Comandante de la Rebelión y tu destino pronto estará en mis manos, así que más te vale comprender tu lugar— La voz de Catra era fría, controlada, carente de cualquier emoción que no fuera un mortal resentimiento.

—¿Solo has venido a restregarme tu éxito a la cara? Que criatura tan lamentable—

—Vieja bruja, no eres capaz de aceptar que las cosas han cambiado. Solo he venido a ti porque eres la única que sabe de dónde vengo—

—¿Así que la rebeldes al fin se dieron cuenta de la pobre bestia que eres?—

—Habla— Catra gruñó la palabra.

—Oh, gran comandante. ¿Qué puede saber esta pobre anciana de un ser exaltado como usted?—

—Deja de burlarte y empieza a hablar— Shadow Weaver entrecerró los ojos un poco.

Catra tenía los hombros tensos, pero no encogidos. La cola la mantenía quieta y solo la punta se movía levemente. Las orejas estaban bien erguidas y un poco hacia atrás, demostrando su molestia. Los puños apretados delataban su enojo, pero no había nada que demostrara el miedo que bien había aprendido a tenerle.

—Ya te lo dije, solo eres una pobre bestia. Un animal. Un asqueroso híbrido como tantos otros que vagan por estas tierras. Era una lástima que tuviéramos que servirnos de ustedes—

—Deja tus trucos y laberintos para alguien que no los conozca. ¿Qué sabes de los magicats?— Ante eso la bruja dejó el libro en el brazo del sillón y se inclinó hacia adelante.

—Una raza impura, que no hizo nada mejor que dejarse matar. Tan inútiles que fueron los primeros en caer ante Hordak—

—Tú me diste la corona. ¿De dónde la sacaste?—

—Si eres tan astuta como promulgas, ya debes de saber de dónde— Catra podía ver como sus ojos se fruncían en una sonrisa.

Así que era cierto.

—¿Por qué yo?—

—Porque necesitaba algo para entretener a Adora mientras yo estaba ocupada. No me parecía adecuado un lagarto inmundo. No, solo una mascota para que aprendiera a entrenarla. Adora necesitaba aprender a estar a cargo, incluso sobre pequeñas sabandijas. Y nada mejor que la sabandija más impura, heredera de la raza más sucia e inútil de este planeta— Eso casi la había hecho retroceder. Casi.

Le había traído cierta calma que no entendía. No era un despojo. Había tenido una familia, y la Horda se la había arrebatado. No era basura olvidada o dejada atrás por unos padres que no la querían.

Confirmar lo que Shadow Weaver había hecho, o quizás la Horda, no le trajo más odio del que ya sentía contra ellos. Solo ayudó a reafirmar su convicción. Y a aumentar el odio que se tenía a sí misma. ¿Cómo había estado tan ciega de esperar que esta mujer en algún momento le demostrara tan solo una migaja de su afecto? El auto odio que se tenía, era un sentimiento con el que sabía lidiar, así que sólo se dio la vuelta y salió con el mismo paso firme.

Quizás por eso había explotado como lo hizo con Glimmer. La injusticia de su privacidad asaltada, era un eco muy pequeño para una infancia robada, una vida y una familia, pero era lo que Catra tenía a mano. Así que se descargó en Glimmer. Todo salió mal cuando Glimmer demostró tener armas más poderosas. Catra, que tenía muy presente que todo el tiempo había estado equivocada y había logrado mantener a raya el odio, el desazón y el arrepentimiento, tratando de no revivir el pasado y no imaginar castillos en el aire, no pudo reprimir la oleada de sentimientos ante la carta de Adora.

El amor era el arma más cruel de todas. La quemaba, provocaba que deseara morir.

Todo el alud de emociones la consumió en una avalancha para la que no estaba preparada.

Y la mañana la sorprendió con una mala broma. Ahora no solo alucinaba a Adora, si no que la olía. Ver la escritura de Adora era un extraño y efímero alivio. Y sentía que quería arrancarse otra vez las garras al ver la cara de Bow. Casi no pudo contener las lágrimas cuando el arquero, en medio de toda su sensiblería, le mostró a la pequeña Adora. Ahora ya no tenía que imaginarla ni soñarla. La podía abrazar, aunque fuera un poco.

Catra bajaba y se estabilizaba y sin que se diera cuenta, tenía pequeños picos, como al romper las piñatas. Pequeños placeres como ese se le iban metiendo bajo la piel.

No quería nada que ver con Glimmer y se sorprendió demasiado cuando captó su efluvio viniendo de la puerta, incluso la escuchó titubear tras la puerta. Tuvo que apreciar el gesto. Dudaba que la princesa volviera a meterse con sus cosas. Por lo menos algo tenía que sacar de esa noche.

Cómo había pensado, tuvo a Glimmer lejos de ella y cuando se encontraban, era solícita y hasta tímida, tendría que agregar. El asunto del chocolate caliente era todo un detalle.

La princesita se mantenía al margen y Catra pensaba que era lo mínimo que podía obtener. Bastante tenía con su propia cabeza.

Ahora que sabía que la corona tenía mucho más significado que lo único que había pensado que alguna vez Shadow Weaver le había regalado sin ninguna otra razón más que tener el gesto, podía seguir usándola, con un nuevo propósito.

—Hey, qué sorpresa—

—¿Dónde estás?—

—En las salas de entrenamiento del este—

—Bien. Necesito que me consigas todos los documentos disponibles de la gestión de Shadow Weaver— Lonnie se sorprendió.

—Tú pusiste en orden todos esos papeles cuando la encerraste, ¿recuerdas?—

—Hablo de los reportes clasificados, no de los tontos reportes de suministros—

—No creo que eso sea lo mejor de hacer a dos noches del ataque— Catra suspiró un momento y Lonnie esperaba que Catra le empezara a gritar solo para que la obedeciera.

—Está bien. Pero más te vale tenerlo listo después del ataque—

—Dalo por hecho, Catra—

—Bien. No olvides todo lo impreso—

—Por supuesto que no—

Catra se desconectó antes de que pudiera decir algo más. Siempre había que tener cuidado con el pequeño espía de Hordak. Entrapta había determinado que la pequeña bestia no necesitaba dormir más que unos minutos cada día. Lonnie miró unos segundos la pantalla oscura de su comunicador de muñeca, regalo de Entrapta. Seguía sin creer del todo el cambio que se estaba operando en Catra.

La morena, después de Adora, era quizá la persona más capacitada para decir todo lo que Catra era y había atravesado y crecido y cambiado.

Terminó su rutina y decidió empezar a dar un vistazo a lo que tendría que investigar, el nuevo capricho de Catra. Se dirigió a las viejas habitaciones de la vieja bruja y encontró que no podía acceder con su pase. Así que necesitaría a Double Trouble. Esos eran los pequeños inconvenientes que había que conocer de antemano al iniciar una misión.

Extrañaba a los chicos. Nunca había pasado tanto tiempo sin ellos y aunque podían hablar por los trackers, no era lo mismo. Se concentró en el trabajo y empezó a buscar en la base de datos los registros que quería Catra, al menos lo que hubiera virtual.

Terminar las defensas en las Salinas había sido un buen respiro.

Catra tenía entre sus manos la fina ropa que los sastres de Luna Brillante le habían suministrado bajo sus especificaciones. Descubría un gusto nuevo e inesperado por la suavidad y riqueza del material. Nada de spandex y materiales sintéticos que oprimían su pelaje, si no telas de hilos finos, tan delicados y resistentes que era un placer vestirlos.

Ayudó a las princesas a terminar con los preparativos de la coronación, e incluso terminó de modelar los rostros de las estatuas de hielo de los reyes que estaban en el Salón del Trono. Observó con cierto asombro la coronación, ocupando su lugar entre Scorpia y Entrapta, que había podido dejar atrás su pad y seguía procesando números.

Glimmer sin dudas no esperaba para nada la pequeña adición de Angella a la ceremonia. No importaba la cara de escepticismo de Frosta, el hostigamiento de Mermista ni el aparente apoyo de Perfuma. La única delicia era la cara estupefacta de Glimmer, le concedía que se recuperó lo suficiente para seguir con la ceremonia. Una parte de ella hubiera disfrutado de exhibirla en un arranque en frente de sus súbditos y guardias.

Lo que nadie sacaba a relucir, y solo Scorpia parecía valorar en estos momentos, era la inmensa lealtad de Catra. Bow poco a poco empezaba a verla, pero todavía no lo entendía. Scorpia la conocía de primera mano. En cuanto alguien entraba en el "círculo" de Catra, no hacía falta más para que la gata lo diera todo, sin jamás demostrarlo abiertamente.

Scorpia lo comprobó por sí misma en su propia persona. Catra la defendió una y diez veces contra Shadow Weaver y Hordak. Jamás dejo de tomar las responsabilidades de sus actos, y si lograba safarse, lo hacía sin dirigir la atención a los otros. Había tratado de mantener apartada a Entrapta de Hordak para que no la lastimara, y era claro que se había sentido un poco burlada cuando Entrapta había demostrado tener sus propias habilidades para ganarse el favor de Hordak. Con aquellas dos bandidas casi anónimas en el Desierto Carmesí, al defenderlas de Tung Lashor. Y ahora de nuevo al defender una y otra vez, proteger a costa de su integridad a Bow y a la princesa que tanto odiaba. Sí, la lealtad era de lo mejor que Catra tenía y todavía mantenía. El error con Entrapta y mandarla a Isla Bestia solo hablaba de lo presionada y herida que se había sentido.

Como decía Perfuma, eso no la excusaba, pero todos tenemos la cualidad de compensar y redimirnos. De hacer las cosas de otro modo, esperando que sea mejor.

Y ahora era la Rebelión entera la que tenía la lealtad de Catra. Vale, quizás Scorpia estaba siendo un poco entusiasta con esa idea. Lo único cierto es que la princesa Magicat tomaría su lugar y su papel en serio y cumpliría su juramento.

Las estatuas de Adora era algo que Catra no había visto al no salir del Salón del Trono durante los preparativos y su parecido y arte eran tales que casi prefería que Glimmer la tomara de nuevo y la teletransportara a cualquier otro lugar. Pero hizo de tripas corazón y mantuvo el tipo durante el juramento de la nueva reina. Ella no sabía que su estoicismo, el "si no me muevo, no me rompo", Glimmer lo estaba tomando como una muestra más de su fuerza implacable. Y que la reina se estaba sosteniendo de esa fuerza.

Durante la comida fue cuando había estado a punto de echar a correr y solo la inesperada intervención de una princesa con la que jamás había tratado había salvado todo su día.

Descubrir el amor que se profesaban esas dos princesas había abierto una nueva dimensión a lo que sentía por Adora. Ahora podía poner un mejor nombre a su necesidad de estar cerca de ella. A sus ganas de tocarla en todo momento. De saltarle encima para que la notara. Sabía de besos y abrazos, y todo lo de en medio y más allá, pero en la Horda eran cosas muy diferentes, eran pasiones a sacar y acallar. Aquí eran mucho más.

Miraba con nueva luz las interacciones de Scorpia y Perfuma, si es que Scorpia se daba cuenta, y una parte de la gata suspiraba aliviada de quitársela de encima en ese aspecto.

Catra no pudo seguir en el dilema porque sonó su pad y recibió un mensaje de DT.

Se puso de pie y fue hasta Glimmer. Quería ser reina, pues que empezara.

—Tenemos que movernos, majestad

—¿Qué te pasa?—

—Double Trouble reporta movimiento de tropas hordianas. Están bajo las órdenes directas de Hordak. Se dirigen a las Salinas—

—¿No debían de salir hasta mañana?—

—Ese era el plan—

Las princesas que estaban lo suficientemente cerca para escucharlas pusieron caras consternadas y Mermista se puso de pie de inmediato. Su mueca prometía tormenta y destrucción a pesar de su magnífico vestido y tocado.

—Vamos al Salón de Guerra—

—No hay tiempo para eso—

El ambiente empezaba a cambiar poco a poco conforme las demás personas empezaban a notar que algo estaba pasando.

—Ya todo esta planeado. Solamente hay que ponerlo en acción—

—Pero...—

Majestad, no hay nada más que hablar. ¿Te vas a quedar ahí?—

Catra no le dio la oportunidad de responder a Glimmer. Simplemente encaró al resto de princesas, principalmente a Mermista.

—La situación se ha adelantado, pero todo está listo. No nos tomarán por sorpresa como creen hacerlo. Todas, tienen 10 minutos para hacer lo que deban y estar en la bahía—

La cara de Glimmer ardía. Ni siquiera había tenido tiempo de estrenar sus nuevos poderes. El alcance de los mismos y Catra ya estaba como pez en el agua ladrando órdenes. Y le dolió ver como el resto de las princesas no se detenían a cuestionar.

Mermista, Frosta y Spinnirela se fueron a sus habitaciones a quitarse sus galas de la fiesta. Netossa, Perfuma y Scorpia se quedaron a calmar a los demás. Netossa se encargó de informar a los lores.

—General, que los vehículos estén listos para las princesas—

—Claro, Comandante— y Juliet la reverenció para ir a dar las ordenes necesarias.

—Entrapta ¿Tienes todo listo?—

—Afirmativo—

—Bien. Nos vamos a Salinas— Entrapta empezó a recitar datos sobre la Puerta del Mar y Glimmer seguía plantada en su lugar.

—¿Vas a ir a las Salinas?—

—Esto no será igual que Drill, Brillitos. Si quieres ir, muévete— Glimmer solo se teletransportó a su habitación para cambiarse.

Chapter Text

El ataque a las Salinas era todo lo que Catra había prometido.

Caos.

No era como el ataque de Drill, aquí simplemente se estaban defendiendo verdaderamente contra un ataque masivo. Catra estaba bastante intensa, instalada junto a Entrapta en una habitación con todo su equipo dentro del palacio de Mermista.

Seguía tanto la línea de acción de la Horda y de la Rebelión, Double Trouble estaba siguiendo sus órdenes y retransmitiendo las de Hordak. Esto no era precisamente el campo de acción del cambiaformas pero estaba haciendo un trabajo bastante fiable. Con cada nueva orden de Hordak, Catra los dejaba ganar cierta ventaja, mientras pensaba en una nueva formación rebelde para detenerlos. Aún estaban mar adentro, en una batalla ciento por ciento naval. Las únicas princesas que se podían desplazar fácilmente en este escenario, aparte de la misma Mermista, eran Frosta y Spinnerela, mientras Netossa y Perfuma tenían que quedarse atrás en los parapetos. Glimmer era un caso particular, porque todavía necesitaba de alguna superficie en donde aterrizar, y Frosta podría crear su propia base donde caer de pie siempre.

La flota de la Horda era más avanzada, por supuesto, con grueso blindaje y fuerte poder de fuego, su única desventaja era la maniobrabilidad que le limitaba su tamaño y que ahora se veía compensada por la fuerza de sus números. Catra tenía planeado un ataque mayoritario y ahora decir que era masivo no era ningún eufemismo.

—Creí haberte dicho que no se mandarían más de tres flotas a atacar— Le estaba reclamando a su doble en la pantalla.

—Y ese era el plan, Gatita. Todo de acuerdo a tus órdenes, pero Hordak finalizó su arma secreta y ordenó usar todas las fuerzas disponibles. De inmediato. Te avise en cuanto fue seguro.

Catra gruñó y observaba las formaciones en su pantalla de nuevo, como ya había pasado en Drill. Glimmer estaba resultando en un arma poderosa. Catra no había tenido en cuenta el factor de la Roca Lunar, ahora que la princesa brillosa tenía su conexión completa, el número de viajes ya no era una limitante y Catra ya la había visto teletransportar un navío entero para esquivar un rayo Hordiano.

Seahawk estaba demostrando que todas sus historias no eran solo historias. Él solo ya había derribado un par de barcos hordianos y capitaneaba con maestría los tres barcos que Mermista había puesto bajo su mando, con ayuda de su timonel, Bow.

Todos los esfuerzos de los rebeldes estaban siendo abrumados a pesar de todo. La flota de Mermista no superaba la treintena de fragatas y solo contaba con dos "acorazados". La armada de la Horda superaba el centenar de naves de crucero, además de destructores y contaba con seis acorazados y dos portaesquifes, que esperaban pacientemente detrás de los acorazados a llegar a la Puerta del Mar para desplegar toda su flotilla de esquifes y soldados de a pie.

Después de hundir cerca de cuarenta cruceros con las fragatas y dos acorazados con el poder combinado de Mermista y Spinnerela, que de verdad entre las dos crearon un huracán, los Hordianos seguían avanzando inexorablemente y ya no quedaban más que una docena de las fragatas.

Catra dirigía las misiones de rescate de ambos bandos y enviaba a Glimmer principalmente a posiciones defensivas para su disgusto. Los soldados hordianos que lograban rescatar de las traicioneras aguas eran llevados a los acorazados y a los porta esquifes. En cuanto la flota principal de la horda estuvo a tiro, empezaron a atacar la Puerta del Mar directamente y las gráficas de Entrapta empezaron a trabajar midiendo los impactos.

—La Puerta no va a durar mucho tiempo con este ritmo de ataque.

Catra gruñó, había contado con hundir más naves enemigas antes de que llegaran tan lejos.

Al menos sus cálculos de la balística de la Horda no habían fallado.

Se dirigió a los micrófonos.

—Es hora: Frosta, Mermista, libérenlos. Glimmer, Spinnirela, que nadie se quede atrás. Seahawk, ¿puedes ver el buque insignia?— Un destructor con tres puentes y cinco torretas donde debía de estar Hordak.

—Entendido.

—Copiado.

Respondieron Mermista y Frosta que fueron con premura hasta sus posiciones un centenar de metros frente a la Puerta.

Spinnirela impulsó las fragatas rebeldes más allá de la marca y Glimmer se encargó de verificar que todos estaban a salvo. Ante una bomba de destellos, Mermista y Frosta usaron toda su fuerza para liberar su última defensa.

Unos metros por debajo del nivel del mar, se escondían muros de hielo y icebergs que Frosta había creado con anticipación y los había sostenido al lecho marino con delgadas columnas que ahora estaba rompiendo.

—No, solo veo el señuelo.

—Double Trouble, ¿dónde está Hordak?

—Justo detrás de los acorazados.

—Bien, maniobra y toma la ola a sotavento.

Mermista conjuró una ola gigante que pasó impune por la Puerta y desplazó con una fuerza aplastante todo el hielo, que hizo estragos contra la armada hordiana, pero no la acabó.

Ante el naufragio de la mitad del resto de sus fuerzas, Hordak explotó. Ordenó que su destructor al fin saliera del resguardo de los acorazados, de los que solo quedaban tres, y un solo porta esquifes. Los soldados trataban de resguardarse en las pequeñas goletas de rescate y ahora las fragatas rebeldes, junto al resto de princesas estaban pescando hordianos para apresarlos bajo las ordenes de Catra.

—¡Princesas! No las dejaré salirse con la suya. Ahora conocerán mi poder— y ante esas palabras, Hordak levantó el cañón de su brazo con un intenso rayo rojo y disparó contra la Puerta del Mar, en conjunto con todos los cañones del destructor y la Puerta cedió.

Mermista no lo podía creer. Su preciosa Puerta. La Puerta que Adora había reparado, era derribada ahora. Su ira no conoció límites.

Un Tsunami se levantó desde las profundidades del mar abierto y barrió con otra parte importante de la armada hordiana. El terror cundió entre los hordianos al ver por una vez el poder avasallador de una princesa, justo como todas sus historias decían. Peligrosas instigadoras de las que había que liberar a Etheria. Las fragatas rebeldes se salvaron sólo gracias a la pronta respuesta de Glimmer y Spinnirela. Era hora de que el segundo ejército atacara.

Gracias al tsunami que Mermista había generado, ahora los números que Catra había calculado estaban más cerca de la realidad después del arranque de entusiasmo de Hordak. Estaban mucho más cerca del pronóstico inicial. Aunque ese nuevo cañón, estaba fuera de las previsiones de Catra.

—Glimmer, lleva a Frosta a la ciudad, rápido.

—Te estoy enviando su ubicación— Dijo Entrapta.

—Entendido. ¡Empieza la segunda fase!—

Glimmer hizo lo que le dijeron y Frosta empezó a liberar las defensas de hielo que habían construido los días previos a la coronación, reforzando la bahía de la ciudad, desde donde ya se podía ver llegar el primer contingente de soldados de tierra. El rugido de las legiones rebeldes también se dejó escuchar. La Guardia del Mar estaba siendo respaldada por la Rebelión y la gran cantidad de civiles que habían decidido quedarse a defender su hogar.

La Horda cerró la pinza desde el mar también. Una docena de cruceros lograron sobrevivir, seguidos de los dos últimos destructores, así como el buque insignia de Hordak, el crucero acorazado donde operaba DT y el único porta esquifes, los cuales normalmente cargaban con dos soldados, ahora iban con cuatro o hasta cinco elementos por la sobrepoblación que se dio de los rescates de los cruceros hundidos. Netossa y Perfuma por fin podían ayudar en la batalla y se adentraron al combate con el corazón alegre.

Glimmer había usado sus poderes sin tregua toda la mañana y todavía se sentía pletórica. Sentía el poder de su piedra rúnica recorriéndola por debajo de la piel sin extinguirse ni consumirse. ¿Era así como siempre se sentían el resto de las princesas? Ardía por comprobar sus límites, si es que los tenía. Usando ataques de luz cada vez más concentrados y potentes, estaba creando importantes daños y distracciones que atraían la atención de las principales artillerías de los Hordianos.

La lucha por la toma de la ciudad era salvaje. Después de la primer oleada de hordianos, los rebeldes estaban logrando mantener el territorio. Todo el resto de la población que no estaba en la batalla estaba resguardada en refugios subacuáticos que Frosta había construido bajo la atenta supervisión de Entrapta.

Catra tenía a su disposición varios edificios en la ciudad de los que podía "prescindir", como unos viejos almacenes y astilleros en el puerto, a donde mandó a DT a que desembarcara el porta esquifes, derribando en el proceso parte importante de las estructuras. Mermista sabía que esto era parte de la defensa planeada por Catra, pero por primera vez se empezaba a cuestionar las razones de que la gata no anunciara abiertamente su renuncia a la Horda. La ira y la tristeza empezaban a crecer en el corazón de la sirena, viendo su ciudad siendo atacada y a su pueblo masacrado.

Los Hordianos atacaban con poder fatal y los shocks de los bastones dejaban quemaduras ahí donde impactaban sobre los cuerpos sin armaduras de la gran mayoría de civiles, muchos eran personas del mar y sufrían en demasía con tales heridas, pero peleaban como si no los afectaran.

Los hordianos avanzaban y mantenían posiciones con ayuda de sus robots y Entrapta de nuevo estaba haciendo su magia, esta vez con mucho más cuidado porque no tenía el repetidor de Emily, sino que estaba entrando directamente a la red de los barcos que controlaban a su vez a los bots.

—¿Cómo es que logran reorganizarse tan rápido?

—Los blasones no son solo para intimidar, Brillitos, también hay un sistema de señales.

—¿Y por qué no lo dijiste antes?

—Porque no quiero que ningún rebelde se adelante a las cosas.

La comunicación entre las princesas era fluida y comandaban sus fuerzas con la presteza que lo requerían, la que sin duda destacaba era Netossa, que resultó ser la más aguerrida de todas. Cuando escucharon en el canal general la respuesta de Catra, sabían que se refería a que en el ataque de Drill, Frosta y Mermista se habían adelantado a las órdenes.

Poco a poco y a lo largo de toda la tarde, la batalla se desarrolló sin dejar ver un claro ganador. Los Hordianos ganaban terreno según DT los apoyaba en la batalla directamente, las armas naturales de Catra resultaban ser aplastantes en combate. Igual que Hordak, que con su cañón del brazo barría con las defensas y los mismos rebeldes. Catra al ver la situación, y viendo el resto de sus opciones, estaba pensando que Glimmer al fin lo enfrentara.

—¡Catra, no podemos seguir así!— Llamó Perfuma, que veía como sus vainas eran consumidas por los disparos del líder hordiano sin problema, mientras intentaba resguardar a un grupo rebelde que buscaba una nueva posición qué defender. Catra gruñó.

—Perfuma tiene razón. Si no se implementa un cambio en el curso de acción actual, tenemos un 60% de posibilidad de que la ciudad caiga— Remarcó Entrapta con cierta preocupación.

Sabía que estaba con los rebeldes, y recordar el destino de Adora a manos de su experimento junto con Hordak la ayudaba a centrar sus prioridades, pero tener que luchar contra la primer persona que la había comprendido y compartido su pasión con ella, era algo muy difícil y confuso. Es decir, ahora tenía a Bow por un nuevo compañero igual de entusiasta y que compartía con ella la idea de que la imperfección era hermosa y eso era lo que hacía a todos especiales, sus propias y particulares imperfecciones, solo que Bow prefería llamarlas cualidades solamente. Se dio unas palmadas en las mejillas y se concentró en seguir saboteando las defensas robóticas de los hordianos.

—Bien. ¿Quieren un cambio de curso? ¡Brillitos! ¿Escuchaste?

—Todo— Glimmer lanzó una mirada furiosa a la nada, ya que no podía mirar a la gata.

—¿Cómo te sientes de energía?

—Nunca he estado mejor.

—Okey. Quiero que vayas con Hordak y lo distraigas, destruye ese cañón si puedes.

—Se va a arrepentir de salir de su sucia cueva— Una sonrisa peligrosa se pintó en la faz de la reina.

—Hazlo entonces— Catra reflejó su sonrisa sin saberlo.

Glimmer terminó de destruir unos bots y ayudar a unos cuantos rebeldes a someter a un escuadrón hordiano que terminó presa de las vainas de Perfuma, que le sonrió y levantó un pulgar para animarla. La reina se teletransportó un par de veces más, lanzando bombas de destellos hasta llegar de manera casi natural frente a Hordak, quien al verla con la corona de lágrima, enseñó una sonrisa desdeñosa.

—Así que tenemos una nueva reina.

—La que te llevará a tu fin, Hordak.

Hordak resultó ser un peleador mejor preparado de lo que Glimmer había pensado y se enfrascaron en una pelea vertiginosa. Glimmer y Hordak se atacaban con saña premeditada. La reina no podía competir contra su fuerza física, por lo que trataba de no quedar a su alcance, pero los ataques de rayos de los dos eran poderosos y tanto rebeldes como hordianos ya se habían alejado lo más posible de su área de combate para protegerse. Glimmer se teletransportaba solamente un segundo antes de que los rayos rojos la alcanzaran, en el afán de medir a Hordak y sus reacciones. Parecía que su nuevo poder por fin estaba llegando a sus límites, mientras que el de piel blanca se veía agitado pero entero. Sus ojos rojos destellaban con la promesa de la victoria.

Catra le habló al oído.

—Ya duró demasiado. Es volátil. Hazlo enojar, aprovecha que eres una molestia natural— Glimmer dio un bufido divertido.

—Mira quien lo dice— Susurró de vuelta para que Catra lo escuchara.

—¡Ni siquiera con todo tu ejército eres capaz de detenernos! ¡Shadow Weaver por lo menos supo cuando dejarte!— Gritó la reina ante el consejo de la gata, viendo la reacción de Hordak a la mención de la vieja hechicera. ¿Es que todos reaccionaban igual a la bruja? —¿No lo sabías? Tu Segunda está ahora con nosotros—

—¡No! Catra la eliminó—

—Eso es lo que cree. Pero está con nosotros, ayudando a Entrapta a terminar con la Horda.

Hordak no dijo nada más, solo rugió molesto, perdida sin retorno la calma, atacó con furia rampante.

Entrapta se encogió un poco ante las palabras de Glimmer y Catra se dio cuenta. Sabía que era una mentira, pero le dolió ver la confusión en la cara de la princesa geek. Glimmer sabía demasiado cómo retorcer las cosas y sin querer una fría admiración llegó a Catra. Le puso una mano en el hombro a Entrapta y ella se encogió más en sorpresa, para ofrecerle una pequeña sonrisa después.

Entrapta sentía sentimientos confusos al ver la pelea y darse cuenta que Hordak todavía usaba sus diseños y el cristal de los Primeros que le había dado. Entendía las razones que Catra le había dado, sus números y lógica eran innegables y ahora podía comprender un poco mejor los límites que su ciencia debía de tener. Para que sus amigos y la propia Etheria no sufrieran las consecuencias. Pero ver a su amigo, seguía siendo doloroso.

Ahora, con un Hordak fuera de control, desesperado, herido, solo queriendo alcanzar a Glimmer, la reina logró al fin romper el cañón de Hordak con un rayo de luz concentrado, lo cual casi deja sin el propio brazo al jefe de la Horda. Double Trouble no estaba lejos, combatiendo eficientemente al lado de Lonnie, quien traía puesta su armadura de combate.

DT llegó pateando a Glimmer y tomó a Hordak para escapar con él. La reina estaba tan concentrada en la pelea que por un segundo creyó que se estaba enfrentando de nuevo en batalla a la gata y solo un disparo mínimo de parte de Lonnie evitó que frieran a DT y Hordak. Escaparon en medio de esquifes que les cubrían y DT ordenaba la retirada total a lo que quedaba de sus fuerzas. Las Salinas había sufrido muchos más daños que Drill, pero era un reino mucho más extenso y poblado también.

—Fascinante.

—¿Qué?

—El poder de Glimmer se incrementó más de un 300% comparado a las demostraciones anteriores a su conexión con su piedra rúnica— Pese a todo, los datos eran los datos para Entrapta.

—Asegúrate de incorporarlo a las siguientes simulaciones.

—Después de esta batalla, creo que es el momento óptimo para atacar la Zona del Terror.

—Esperaremos el momento perfecto.

—Entendido, jefa— Entrapta no dejaba de trabajar mientras dialogaba con Catra, quien estaba bastante satisfecha con el resultado de la batalla.

Hordak, por primera vez en todos su años en Etheria, se sentía derrotado. Se sentía igual que cuando Hordiano Primero lo desterró a morir en el frente. Con más de la mitad de sus fuerzas totales destruidas, no veía claro cómo iba a reponerse de este ataque. Double Trouble hasta sintió pena de él. Hasta que le gritó que se largara de su vista. Lonnie y el cambiaformas se miraron un segundo antes de encogerse de hombros, dar una reverencia renuente y dejarlo solo en su cámara privada del buque insignia.

El resto de sus fuerzas seguían al buque, solo cuidándose de no cruzarse en su estela para no zozobrar. Muchos soldados hordianos habían sido capturados, en un movimiento que las princesas jamás habían manejado antes. Los soldados miraban aterrados a las princesas y como sus camaradas se batían en retirada, tratando de llegar a un transporte, siendo pocos los que se preocupaban de tenderle la mano a algún otro hordiano. Muchos conocieron la decepción y el abandono en ese momento.

Netossa, Perfuma y Frosta estaban excediendo sus fuerzas para contener a los soldados, mientras los rebeldes y el resto de princesas ayudaban a decomisar armas y empezaban a esposarlos y dirigirlos a las prisiones de hielo que Catra había previsto.

—¿Se puede saber para qué es todo esto?— Se apareció de pronto Glimmer para importunar a la gata, que estaba terminando de repasar nuevos números con Entrapta. Lonnie estaba viendo todo desde uno de los monitores. La verdad es que la morena también tenía curiosidad.

—Puede ser más específica, majestad. Esto es para verificar los resultados de la batalla contra las previsiones— Le contestó la gata sin despegar la vista de su tableta.

—Apenas podemos con tantos prisioneros. Las celdas están hacinadas. La Rebelión jamás había tomado prisioneros antes. Es un riesgo para la ciudad tener a tantos hordianos juntos— Explicó con furia Glimmer, mirando a la gata con sus ropas de princesa.

—Son riesgos calculados, Glimmer. El número de capturas excedió las previsiones pero eso solo indica que se minimizaron las pérdidas de vidas. Este es solo el primer paso. La segunda fase comenzará mañana, y te necesitamos. Además, creó que será una gran oportunidad para calibrar debidamente el nuevo alcance de tus poderes— Entrapta le respondió.

Glimmer se sorprendió tanto por su respuesta que se olvidó de estar enojada un momento.

—¿Quieres medir mis poderes?— Catra dejó que las dos discutieran mientras ella se centraba en discutir las nuevas órdenes que tenía para Lonnie.

—Sí, por supuesto. Tus nuevas habilidades fueron fundamentales para combatir las naves y fuerzas extra que Hordak envió al frente ¿No es así, Catra?

—Odio admitirlo, pero los números no mienten. No habría sido lo mismo sin tu conexión con la Roca Lunar.

Glimmer estaba mucho más tranquila, pero al ver a Lonnie en la pantalla, recordó su punto principal.

—Sigo sin entender para qué necesitamos a los prisioneros.

—Por eso ahora yo soy la Comandante, Chispitas. Y está bien, te explicaré. No soy solo la comandante de la Rebelión, sigo siendo la Comandante de la Horda, y necesito ver por todas mis tropas. Y no puedo hacerlo si están bajo las narices de Hordak.

Glimmer no lo podía creer. Catra seguía en el juego, teniendo en cuenta a todos los soldados hordianos.

—Pero son un peligro.

—No tengo tiempo de explicarte todo al detalle.

—Es probable que explicarlo ahora ayude a optimizar el tiempo en las fases siguientes, Catra.

Catra rodó los ojos ante la respuesta de Entrapta. No podía creer que estuviera siendo diplomática.

—Está bien. Reúne a las princesas en el Salón de la Perla, solo quiero hablar de esto una vez.

Debía recordarse que aunque era la Comandante, no era igual a la Horda, donde podía solo dictar órdenes sin que nadie la cuestionara. Acá además debía ocuparse de los rangos y el orgullo de las otras princesas, si quería que cooperaran adecuadamente.

Glimmer se fue y empezó a llevar a todas las que no seguían lidiando con soldados.

—No me mires así.

—Sigo sin poder creer que seas una tonta princesa también.

—Pues formate, no eres la única.

—Lo siento, alteza ¿la insulté?

—Cállate, Lonnie. Espero la información que te pedí para mañana.

—Ya tengo bastante, envía a Emily a medio día para poder transportarla.

—Bien— Y Catra cortó la comunicación.

Las princesas estaban ayudando a los civiles y los voluntarios a apagar fuegos, auxiliar a los heridos y hacer todo lo necesario después de tan larga batalla, a las cuales no estaban acostumbradas.

Todos los prisioneros que lograron capturar ya estaban siendo llevados a la prisión de hielo que Catra había mandado construir, ya que Mermista, igual que Luna Brillante, tampoco tenía nada parecido. Catra tenía planes para todos ellos que la llevarían más cerca del momento perfecto.

—Supongo que le debo un banquete a la gata.

—Tenemos que celebrar que le ganamos a la Horda.

—No celebraré nada hasta que reparen la Puerta del Mar.

—Pero sin la espada… —Perfuma no estaba segura que se pudiera reparar la puerta así como así.

—La gata tiene que encontrar una forma.

—Y hablando de la gata, quiere una reunión— Se apareció Glimmer con ellas.

—¿Sí? ¿Y quién se va a hacer cargo de todos estos soldados?— Preguntó Mermista.

Estaban a las puertas de los refugios subacuáticos que habían construido, que ahora que se estaban desalojando de civiles, servirían como extensión de la prisión.

—Eh, Hola, nosotros estamos a cargo de la prisión— Scorpia saludó, flanqueada por Kyle y Rogelio. Ellos estaban vestidos con pantalones negros con las líneas exteriores moradas y playeras iguales a las de la Horda, solo que en vez de ser blancas con rojo, eran con lila, sus botas ya tampoco eran rojas, sino moradas. Scorpia, por otro lado, vestía un body igual al rojo oscuro de la Horda, solo que negro con morado y filos blancos. Las princesas, que no los habían visto antes con esas ropas, se quedaron en silencio.

—¿Quién los puso a cargo?

—Fui yo, Netossa. Las estoy esperando— Dijo Catra a través de los audífonos.

—¡Hola, chicas!— Llegó Bow corriendo. Él había estado peleando junto con Seahawk cerca a los muelles después de que las fragatas habían dejado de servir para la batalla en tierra.

—¡Hola, Scorpia! Siento llegar apenas—

—Hola, amiguito. Vamos a empezar, no te preocupes—

—¿Qué van a empezar?—

—Glimmer, sigo esperando a las princesas.

¿De qué servía ser reina si tenía que atender a esa basura hordiana?

En rápidos parpadeos, Glimmer se llevó a las princesas y algunos hordianos se asustaron de la cara molesta de la reina. Algunos nunca habían tenido siquiera a una princesa cerca y ahora habían sufrido el poder de todas ellas.

—Vamos, chicos, la misión no se va a cumplir sola.

—¿De verdad crees que esto funcione?— Preguntó Bow a Scorpia.

—Catra lo planeó, así que tiene que funcionar.

—Si lo pones así…

Rogelio gruñó y se encaminó hasta las primeras celdas. Los demás lo siguieron. Las celdas habían estado planeadas para que cupieran hasta seis personas, con sus catres empotrados y una pequeña mesa con bancos al centro. Pero ahora había el doble de personas en los diminutos cuadrados. Miraban en silencio pasar a Kyle, Rogelio, Scorpia y Bow. Algunos los reconocían, en especial a Scorpia, y sabían que habían sido capturados por el enemigo. Pero ahora los veían aquí, libres, vistiendo los colores contrarios. Scorpia sentía sus miradas, algunas frías, otras escépticas, decepcionadas, extrañadas. Esto quizá fuera más difícil de lo que Catra había previsto.

—Bien, empecemos por designar a los cabos de vara.

—¿Qué es eso?— preguntó Bow.

—Oh, son… —

—Son los prisioneros que están a cargo— Respondió Kyle y Rogelio asentía.

—Nosotros no vamos a hacer nada por ustedes, traidores— Dijo un soldado y Rogelio le gruñó más fuerte con saña. El soldado reculó.

—Ya veremos eso, soldado. Ahora estás bajo el mando de la Capitán de Infantería Scorpia, el teniente primero Rogelio y el sargento de ingenieros Kyle.

Catra no los iba a dejar de lado, en cuanto tuvo poder como Comandante, los asignó a sus nuevos puestos. Bow miró impresionado la escena y después de eso siguieron revisando las celdas, haciendo un conteo y requisando toda arma que se les hubiera pasado en la primer inspección. Soldados rebeldes les estaban ayudando.

Glimmer se apareció con el resto de princesas en el borde del salón de la Perla, donde Catra estaba de pie en el centro, esperando. Entrapta estaba a su lado, con su tableta trabajando. Había algunos miembros de la Guardia del Mar en el Salón y reverenciaron cuando vieron a las demás princesas llegar.

—Al fin, Brillitos.

—Catra…

—Comandante Catra para ti. Seguimos en territorio de batalla. No quiero perder el tiempo cuando hay tantas cosas por hacer— La gata calló en seco a la reina, para conmoción del resto de princesas.

—Primero, princesas: esto no es una democracia. Estoy a cargo. Lady Angella ha confiado su juicio a mí— Dijo mostrando el ala que llevaba prendida de la capa —Segundo, ustedes sabrán lo que es necesario para sus misiones en el momento. Un exceso de información solo resulta ser perjudicial. Tercero, Entrapta es mi segunda al mando, así que no quiero ninguna duda si ella da una orden.

—Catra, esto es pasarse de los límites. Ninguna de nosotras te está retando— Empezó Perfuma.

—Lo sé, esto es un recordatorio general. Mientras estemos en batalla espero su entera cooperación.

—Pero ya no estamos en batalla.

—Todo lo que derive de la batalla, sigue siendo batalla. No estoy haciendo nada más que atender el resultado de la misma.

—¿Quieres decir que no nos dirás para qué necesitas a todos esos hordianos?— Preguntó Netossa con los brazos cruzados.

—No. Se los diré.

En realidad Catra hubiera preferido callarse, pero necesitaba atender el protocolo. Las princesas no eran Capitanes de la Fuerza, ni siquiera eran parte del ejército, pero cada una era dueña de sus propias tierras y tropas. Era mucho más complicado que en la Horda, y Catra tenía que ir siempre sobre terreno firme. Las princesas la miraron con diferentes niveles de curiosidad y escepticismo.

—La mitad de los hordianos cree de buena fe que están liberando a Etheria de las princesas opresoras. Por eso luchan. Algunos más solo son leales a la Horda porque no conocen otra cosa, y algunos otros, están ahí solo por la sangre y la gloria. Otros incluso eligieron unirse al verse desplazados por la guerra—

—¿Gloria?— Estalló Glimmer —¿Cuál gloria puede existir en todo esto?—

—La misma gloria que Adora buscaba— Decir el nombre la quemaba, pero ver la expresión de Glimmer valió la pena. Al igual que el resto de princesas.

—Adora de verdad creía que iba a liberarnos de las terribles princesas, y también esperaba la gloria que la batalla le traería. Ustedes también lo sienten. Les gusta pelear—

—No confundas las cosas, nosotras peleamos porque es necesario. Nos estamos defendiendo— Intervino Perfuma.

—¿En serio? ¿Quién ganó la apuesta?— Le regresó Catra.

La expresión molesta de Netossa, Frosta, Spinnirela y Mermista se volvió una mueca apenada. Glimmer las miró sin comprender.

—Ganó Spinnirela, pero solo por dos soldados al final, durante la retirada. Mermista era la de la cuenta más alta— Respondió Entrapta sin despegar la mirada de su pantalla.

—Ustedes hacen deporte de la batalla mientras los civiles ven sus casas derrumbarse— Les reclamó Catra.

Glimmer no lo podía creer. Ella no estaba enterada de tal cosa.

—¿De qué está hablando, Mermista, Frosta?

—Oh, una simple apuesta sobre quién sería capaz de abatir más soldados enemigos— Dijo Catra. A ella en realidad le daba igual, si con eso se motivaban a trabajar más, pero no le iban a venir a reclamar nada con su doble moral. Si la querían intimidar o exhibir, ella les enseñaría. Llevaba jugando este juego desde siempre.

—¿Es en serio? Estamos tratando de traer paz a Etheria y ustedes juegan con los soldados— Exclamó la reina.

—Ese es el punto. Ustedes piensan que todos los hordianos son malvados, monstruos o basura— Catra retomó el ritmo y las palabras que iban dirigidas a todas, golpearon en especial a Glimmer. Recordando sus impresiones de Adora, y todo lo bueno que había visto ahora en Scorpia, Rogelio y Kyle. Ahora todas las princesas parecían apenadas en cierto nivel, las menos afectadas eran Spinni y Perfuma. —Necesito a todos esos prisioneros para enseñarles que existe más fuera de la Horda y que las princesas no son un montón de monstruos que los quieren matar—

—¿Eso… Eso es lo que ellos creen de nosotras?— Pregunto Netossa.

—De cada una de ustedes. Y no es su culpa, es lo que nos dicen a todos en la Horda.

—Yo no tenía idea...—Respondió la misma princesa.

—No tenías por qué. Pero ahora lo saben. Mientras más prisioneros tengamos, son menos efectivos para Hordak y menos enemigos contra los que pelear.

—Pero no podemos dejarlos a todos aquí encerrados. Y menos en calabozos de hielo— Dijo Mermista.

—Ese no es el plan. Trapta— Pidió.

—Los hermanos y hermanas de Emily están construyendo un campamento entre el territorio de Plumeria y Luna Brillante. Los prisioneros serán reinstalados ahí durante los siguientes días— Les mostró las imágenes en su tableta, de los robots excavando, construyendo un gran muro y demás instalaciones —Por eso necesitaremos tus nuevos poderes, Glimmer, es la forma más segura de moverlos hasta allá y evitar cualquier fuga. Una vez ahí, se les desadoctrinara y ellos podrán elegir lo que quieran hacer después, dentro de ciertas opciones—

Perfuma ahora estaba segura que su presentimiento sobre Catra era correcto.

—¡Pero son soldados hordianos, tienen que pagar!— Dijo Glimmer y Netossa y Mermista la apoyaron.

—¡La paz no se va a lograr encarcelando a todos los hordianos!—

—Yo estoy de acuerdo con Catra— Todas voltearon a ver a Frosta. Incluso Catra. No esperaba eso.

De hecho, su último as bajo la manga ya estaba llegando.

—¿Qué dices, Frosta?— Glimmer se sentía atacada a un nivel personal.

—Yo no me uní a la Rebelión solo para pelear. Me uní para defender y proteger a la gente. A toda… Y los hordianos también son personas— Dijo volteando a ver hacia el pasillo, donde el Capitán de Mermista se acercaba, cubierto con vendajes, escoltando a Scorpia y los demás junto con más rebeldes, que custodiaban a casi una treintena de soldados hordianos todavía con los cascos y armaduras puestas. Seahawk también venía con ellos, sin su chaqueta y con una herida abierta en el brazo, pero estaba radiante y Mermista casi olvida parecer hastiada.

Los rebeldes lucían recelosos y se calmaron bastante al ver a las princesas. El contingente de prisioneros se miraba inquieto. Las armaduras negras y grises estaban rotas, arañadas y desgastadas. Los cascos agrietados. Los rebeldes no lucían mejor, pero al menos ninguno tenía heridas visibles.

—El Reino de las Nieves ofrece todo su apoyo a la Comandante de la Rebelión para el programa de desadoctrinamiento hordiano— Dijo Frosta en un pomposo tono formal.

—Plumeria estará más que feliz de ayudar en todo lo que pueda también.

—Mi reino también apoyará en todo lo que podamos— Añadió Spinni.

Mermista y las demás no pudieron decir más, ni siquiera Catra, que no se esperaba esto.

—¡De rodillas!— Ordenó el Capitán de Mermista.

Los hordianos fueron obligados a obedecer. Las princesas se sorprendieron de los nuevos uniformes que vestía el equipo de Catra.

—Evan. ¿Qué es esto?— preguntó la sirena a su Capitán.

—Órdenes de la Comandante Catra, princesa. Hemos traído los prisioneros que solicitó—

—Gracias, Capitán, descanse— Respondió la gata —Esto es para que vean la realidad de la situación… Aunque tal vez no hiciera falta— Murmuró al final.

Cuando se acercó hasta los hordianos, un sonido general de sorpresa se dejó escuchar, porque todos reconocieron a la Segunda de la Horda, dentro del territorio de los rebeldes. Los soldados capturados veían hacia todos lados, seguramente asombrados o sobrecogidos de la magnificencia del Salón de la Perla.

La gata caminó hasta un soldado y le hizo una seña a Rogelio, que fue y le quitó el casco. El resto de princesas se acercó más para ver. Todas retrocedieron, o casi todas, cuando vieron que lo que había debajo del casco, no era un monstruo, ni un montón de basura, ni siquiera alguien con cara de asesino, si no un niño. Un adolescente que apenas debería tener 15 o 16 años a lo sumo. Hasta Catra se sorprendió y un gruñido creció en su garganta. Hordak se había pasado esta vez. Este era un cadete que todavía no terminaba su entrenamiento y ya había salido al campo de batalla y había sido dejado atrás para morir, si es que esas fueran las intenciones de la Rebelión.

—Escoge uno, majestad— Le demandó a Glimmer, quien dio un paso atrás.

—Yo… yo no…

—¡Escoge!— Y los soldados hincados temblaron visiblemente, temerosos y conocedores de lo que Catra era capaz de hacer.

Con la mirada empañada por las lágrimas que quería contener, Glimmer señaló al azar un soldado en la segunda fila por la mitad. Esta vez un rebelde fue hasta el soldado y le sacó el casco. Era otro niño, que temblaba y miraba a Catra y a Glimmer alternadamente con ojos enormes. El rebelde también estaba asombrado. Todos lo estaban. Las princesas. Los guardias del castillo. Los soldados rebeldes. Los únicos fríos eran Catra y Rogelio. Kyle y Scorpia solo estaban tristes. El niño que eligiera Glimmer tenía sangre seca de una herida abierta en el lateral de la cabeza.

—Ahora tú— Le dijo Catra a Mermista. Se miraron un segundo y la sirena señaló al quinto a la izquierda del que escogiera Catra. Rogelio también le quitó el casco. Una niña que estaba llorando asustada, con el cabello revuelto, la cara sucia y manchas de sangre salpicada en sus mejillas claras.

—Escoge— Le ordenó Catra a Netossa, quien con una mueca fría y ecuánime escogió a alguien de atrás.

Otro soldado rebelde fue y le quitó el casco. Ya sabían que era otro lagarto como Rogelio por la cola y las crestas que salían de la armadura. A pesar de su corpulencia, pues pasada la etapa de cachorro crecían más y más rápido que los humanos, ni siquiera le había terminado de crecer el hocico, que era la mitad del de Rogelio. Ninguna de ellas sabían calcular su edad, pero Catra sí, y sabía que ese lagarto no tenía ni 12 años. Sangre le escurría desde los orificios que eran sus oídos y le faltaban los pinchos de un lado de la cabeza.

Obligó a cada princesa a desenmascarar cada una a alguien, y el soldado más grande que vieron, tenía la edad de Catra. Algunos prisioneros no temblaban ni lloraban, manteniendose estoicos a pesar de su corta edad.

—Quitenselos a todos— Ordenó al final. Los treinta soldados eran adolescentes y todos temblaban asustados, incluso cuando Perfuma se acercó a una de las niñas, que no dejaba de llorar para intentar confortarla y solo recibió un llanto más intenso, pero igual de silencioso.

Temblaban en silencio sobre sus rodillas, temerosos de lo que pasaría si se mostraban más vulnerables, todavía confundidos, asustados, le lanzaban miradas inciertas a Scorpia y Catra para volver a bajar la mirada. El corazón de Perfuma y Spinnirela se rompió un poco.

Glimmer recibió un trago amargo de realidad. Ellos eran los buenos. ¿Por qué estaban tan asustados esos niños? Realmente no mucho más jóvenes que varias de las princesas.

—No les pasara nada— Dijo Catra al final —De pie—

Todos los cadetes, porque eso eran, obedecieron a una voz y las princesas se sorprendieron.

—Ahora son prisioneros de la Rebelión, pero yo estaré con ustedes. No se les castigará de ninguna manera— Prometió Catra.

—Comandante— Se atrevió a hablar uno de los cadetes. Parecía de unos 17 años y tenía el cabello verde.

—¿Sí?.

—Cabo Renzo.

—Habla.

—Yo… la vi junto a Lord Hordak. ¿Es un truco de las princesas?

—No. Lo que viste fue una copia mía. La Horda nos ha traicionado. A ustedes los han dejado atrás, para dejarlos morir o a manos de las princesas. Ya no pelearán por la Horda— El discurso de Catra fue recibido con un silencio total.

Catra recibió el pad de parte de Rogelio y comprobó los archivos de cada uno de manera rápida. Las princesas se daban cuenta que estaban frente a un verdadero ejercicio militar y algunas como Glimmer y Frosta se empezaban a dar cuenta de la necesidad de modernizar sus procesos y sus reinos. Cuando la comandante estuvo satisfecha, le regresó el pad a su teniente primero.

—Ahora cada uno de ustedes es cabo de vara. Se les asignará un número de celdas y prisioneros. Obedezcan y no tienen porqué temer nada. Responderán directamente a la Capitán de Infantería Scorpia y al Teniente Rogelio, así como a cualquier miembro en activo de la Rebelión, así sea un simple cabo. ¿Entendido?—

—¡Entendido, Comandante Catra!— Todos los nuevos de cabo de vara, cuyo término comprendían perfectamente, se cuadraron ahora que sabían un poco mejor qué esperar. Catra era terrible para ellos, así se había pintado a sí misma, pero era una cara conocida entre el terror de las princesas, y las princesas se mantenían detrás de ella, lo que solo reforzaba la idea de sombrío poder que ya tenían de ella los cadetes. Además, cada uno de ellos era lo mejor de cada una de sus unidades; obedientes, inteligentes, activos, excelentes soldados, que no estaban acostumbrados a poner en duda las órdenes de su oficial al mando.

Catra los había mandado escoger bajo esas directrices porque sabía que le ayudarían a mantener bajo control a todos los prisioneros. La gata los despidió con un movimiento de la mano y regresó a ver a las Princesas.

—¿Le acabas de dar títulos a Scorpia y Rogelio?

—Scorpia es la única princesa que de hecho entiende de asuntos militares, y los cadetes la conocen. Rogelio es el mejor oficial que podría estar a cargo del campamento.

—Creo que te estás extralimitando— Saltó Glimmer.

—Preséntalo en la siguiente reunión del Consejo— Fue toda la respuesta de Catra. Ella no era la única que se tenía que ajustar a los protocolos. Sinceramente, no tenía tiempo de atender los berrinches de Glimmer. El resto de princesas parecían haber entendido el punto de Catra.

Catra despidió a Rogelio, que se fue con los prisioneros, Scorpia se puso a su izquierda, mientras Entrapta se quedaba a su derecha. Ninguna de las demás princesas sabía que más decir.

—Procuren descansar, porque mañana todavía hay mucho trabajo por hacer. La Horda va a empezar a atacar desesperadamente.

—¿Eso es una amenaza?— Cuestionó Netossa.

—Cariño, no creo que…

—Déjala, Spinnirela. No es una amenaza, es un hecho. Hordak ya ha ordenado reunir recursos.

Siguieron discutiendo unos momentos hasta que todas se cansaron. Catra fue capaz de responder aunque fuera escuetamente a sus preguntas. Cuando al fin la dejaron en paz, regresó al centro de mando que había implementado con Entrapta, acompañada de sus amigas.

Todavía tenía que revisar que los suministros que había inventariado se repartieran entre el campamento prisión, Plumeria, y los pequeños poblados que estaban bajo la protección de Luna Brillante sin realmente formar parte del reino. Otro millar de tareas por el estilo se estaban juntando. No podía creer que la Rebelión estuviera tan desorganizada como la Horda, por lo menos ahora podía contar con la princesa de Drill para ayudarla a poner orden.

Al siguiente día, Catra se paseó por la ciudad de Salinas, comprobando de primera mano los niveles de daño, ayudando un poco en lo que se podía, su fuerza le permitía encargarse de cosas de varias veces su tamaño con cierta facilidad. Recordaba cómo al pasearse por los pasillos de la Zona del Terror después de la Batalla de Luna Brillante y algunas misiones exitosas más, los soldados le abrían paso, la saludaban y se cuadraban sin necesidad de que ella dijera una palabra. Quería de vuelta esa sensación, y no los murmullos que todavía podía detectar en Luna Brillante. A las afueras de la ciudad se estaban encendiendo piras y hogueras para disponer de los cuerpos de los soldados hordianos caídos en batalla.

Después de cumplir con esas responsabilidades, pudo ver cómo Glimmer, Mermista y Spinnirela también andaban por ahí ayudando. Catra no sabía en que momento la habían imitado o si fue por su entera iniciativa de cada una de ellas. Mermista no solo ayudó a su pueblo, sino que se encargó de preparar el banquete que había prometido a Catra, sin que Catra lo supiera siquiera.

Pasado mediodía, se dejaron sentir los resultados de la ayuda de las princesas y de los bots de Entrapta. Ahora Mermista se sentía de mejor humor para celebrar el banquete. Catra se dejo llevar por Bow, Scorpia y Perfuma hasta el Salón de la Perla, ahora engalanado para el banquete. El olor la hizo cambiar de opinión. El pescado y los mariscos le hicieron agua la boca y cuando probó el salmón y los camarones, una mueca de gusto fue la recompensa para Mermista.
Glimmer presidió un brindis para los nobles de Salinas, así como el servicio, la Guardia y los civiles voluntarios que habían destacado en batalla. Habló de la gran prueba que acaban de superar, del poder combinado de las princesas y de la compasión y bravura de las personas del mar. La sirena encontró también unas palabras para enaltecer a su pueblo y logró agradecer a la comandante por su gran previsión y desempeño. Después de eso, Catra hizo su movimiento.

—La Reina Glimmer y la Princesa Mermista son muy gentiles con sus palabras. Es verdad, sin embargo, que ni la mejor previsión podría cumplirse sin el apoyo de todos los involucrados. El pueblo de Salinas, su guarnición y la flota fueron imprescindibles. Por eso ahora, es mi gran honor pedirle al Capitán Seahawk que dé un paso al frente—

Toda la gente guardó un silencio expectante, y el capitán mencionado, de nuevo acicalado, con el bigote recortado y brillante, el brazo herido en un cabestrillo, se levantó inseguro y fue hasta el encuentro de la comandante.

—El Capitán Seahawk demostró bravura, habilidad y temple durante la batalla naval, así que ahora lo nombro, como Comandante de la Rebelión, Comodoro Seahawk— El público ovacionó al capitán, quién miraba pasmado a la gata, y recibía de parte de un pequeño bot, una insignia dorada con la forma de un timón con tres estrellas en la parte de arriba, simbolizando las naves que ahora comandaba.

Mermista estaba muy orgullosa.

—Además, sé que la Puerta del Mar, es la joya y el orgullo del reino de Salinas, por lo que la Princesa Entrapta, ya está logrando repararla— Entrapta no quería que la miraran todos, así que solo saludó y regresó a su lugar sentada al lado de Scorpia y Perfuma.

Después de esos anuncios, el banquete desembocó en una verdadera fiesta, para el desagrado de Glimmer. Catra no era amiga de nadie y aún así había logrado poner de su lado ya a casi toda la alianza. Los celos y el coraje bullían en la reina.

Catra estaba sinceramente agotada. Estaba harta de tener que contener su lengua y su mal genio, por eso se desquitaba con Glimmer siempre que podía.

De regreso en Luna Brillante al día siguiente, Catra estaba con Entrapta y Bow en los terrenos del castillo con Darla, por fin podían tener un respiro de la constante amenaza de la Horda y concentrarse en otras tareas. Catra tenía la cola tiesa mientras los nerds tenían la espada de poder con ellos, que el rey al fin les había devuelto después de analizarla sin ningún resultado palpable. La espada les había dejado acceder a otras funciones una vez la habían insertado en su ranura, entre ellas repetir la grabación de Mara y a la gata se le estrujo el corazón un poco más al comprender mejor la intensidad con la que Adora le había pedido, ordenado y suplicado que no jugara con el portal, y que le ayudara a parar a Entrapta y a Hordak. Más que nunca estaba comprometida con la idea de no permitir que Hordak volviera a activar su máquina.

Emily había logrado pasar las fronteras de la Zona del Terror y los documentos que le pidiera a Lonnie, ya estaban a su disposición, pero entre la reubicación de los prisioneros, las investigaciones de Entrapta y la organización de la Horda, no había encontrado un momento. Posiblemente también estaba poniendo las excusas necesarias. Lonnie le había dicho que de verdad tenía que mirar lo que había encontrado, pero no quiso decir nada más. Y no habían podido comunicarse en tres días, porque ahora Hordak la había nombrado Capitana de la Fuerza y estaba ocupada organizando batidas en la frontera para recuperar un poco de territorio y conseguir suministros.

Y ahora, parecía que la gente, dígase las princesas, estaban olvidando que ella era la Comandante de la Horda, la que abrió el portal, la que había asesinado a Adora. Perfuma intentaba platicar con ella de cosas triviales, o peor, de cosas personales. Bow la incluía en sus pláticas con Entrapta. Scorpia siempre se ocupaba de que hubiera siempre a la mesa sus comidas favoritas. Rogelio procuraba estar en la sala de entrenamiento a la hora que iba Catra a entrenar y tener una ronda con ella.

Glimmer era la única que no olvidaba. Su corazón no le permitía olvidar, y menos ahora que Catra de vez en cuando se le podía mirar sonriendo rodeada de Entrapta y Bow, o comiendo tranquilamente mientras discutía con Netossa y Spinnirela acerca del mundo y el ejército. Menos ahora que Catra podía reír ante un comentario sarcástico por parte de Juliet. No ahora que Catra estaba llenando poco a poco el lugar que Adora dejara disponible en la Rebelión, en el Salón de Guerra, en las misiones, en la vida de sus amigos. No cuando ahora la habitación de Adora, era la habitación de Catra, y junto a la pequeña figura de guerra de mesa de Adora, descansaba una muñeca de She-ra que algún plumeriano le había dado a la gata.

Así pasó rápidamente una semana más, durante la cual, casi la única diversión de Glimmer, fue comprobar el alcance de sus poderes. Podía teletransportar fácilmente a una docena de personas y le divertía la cantidad de prisioneros que caían de rodillas después de aparecer en su nueva celda en el campamento. No podían llevarlos a todos de una vez en el mismo día, porque el número realmente los había sobrepasado, y cuando Catra esperaba dos o tres millares de prisioneros, consiguieron siete mil novecientos. Casi un tercio de la fuerza total de la Horda. Por tanto, los robots estaban construyendo más pisos de los edificios que Entrapta ya había diseñado con ayuda de Kyle.

Gracias a Micah, estaba mejorando su magia también y ahora podía con facilidad generar runas de ilusión, de fuego y hasta una de invisibilidad.

La Reina, en una rara tarde que no tenía que estar teletransportando prisioneros, peleándose con una gata, atendiendo reuniones, firmando documentos y demás, estaba disfrutando de sus poderes por que sí, escalando, pateando, apareciendo y desapareciendo por todo el perímetro del castillo, sin sentirse cansada ni limitada. Con la respiración agitada y el pecho ligero, se detuvo un momento en la parte exterior de una de las más altas torres del castillo, cuando a lo lejos, vio unas figuras extrañas llegar por el río que alimentaba el manantial de Luna Brillante.

Se apareció en una torre de vigía y no podía creer lo que estaba viendo. Una alarma sonó y se sobresaltó. Un conjunto de soldados salió de la entrada principal para atender la alarma y también se acercaron las princesas. Era muy inusual. Ahí estaban todas las princesas, menos Frosta y Scorpia, que estaban en el campamento.

Las diferentes figuras cobraron claridad y todos pudieron ver que eran animales. Unos grandes y otros pequeños. Para el punto, incluso Angella ya estaba sobrevolando para aterrizar. Parecían llegar sobre una pequeña balsa y conforme se acercaban, se dieron cuenta que venían sobre el lomo de una gran criatura.

Catra estaba detrás de todos, sin saber nada de lo que estaba pasando. Por un momento había temido que hubiera olvidado algún ataque sorpresa o algo así.

—Glimmer ¿Qué está pasando?— Preguntó Lady Angella.

—Son unos amigos, mamá— Respondió con una sonrisa.

Los animales llegaron hasta la comitiva que los esperaba después de nadar y saltar de la criatura que los estaba llevando, hasta que no pudo avanzar más por la poca profundidad.

Un hermoso ciervo, con grandes astas como de bronce, casi tan alto como un caballo. Un puma dorado con un anillo negro en la cola. Un pequeño zorro blanco. Un zorrillo. Un gran puercoespín. Y un perezoso que estaba… flotando, llegaron hasta ellos. Genial, más cosas mágicas. Catra ya se estaba dando la vuelta para regresar a su habitación, cuando escuchó una voz grave y melódica saludar.

Todas las princesas, y Bow, se acercaron a los animales, que estaban mojados, para acariciarlos y recibirlos con mimos y sorpresa.

—¡Pero Lily, ¿qué haces aquí?!— Se escuchó decirle Perfuma al zorrillo.

Glimmer, de entre todos, Glimmer estaba saludando y acariciando debajo de la barbilla al puma, que le llegaba un poco debajo de la cadera. Bow estaba saludando al puercoespín. Mermista tenía al perezoso entre sus brazos después de secarlo con un movimiento de la mano. Netossa y Spinnirela alababan al magnífico zorrito blanco de ojos como esmeraldas que parecía estar buscando a alguien. Angella se había acercado interesada hasta el ciervo, que tenía un aire digno y altivo.

Ya habían despedido a los guardias que acudieron y solo se quedaron ellos. Catra seguía esperando encontrar de quién había sido la voz que escuchó. No de ninguno de los guardias, reconocía por el olor a todos los que se habían presentado. El puma ronroneaba gracias a las caricias de Glimmer. El ciervo permitió que Angella lo acariciara, pero su mirada estaba clavada en Catra, con una profundidad llena de anhelo.

—Lo siento mucho, Mehira… Ahora no los podemos entender porque Swift Wind está desaparecido— Escuchó Catra como le decía Glimmer al puma, que al parecer tenía nombre, y de algún modo la reina lo conocía. El puma suspiró y apoyó su cabeza una vez más a la mano de Glimmer, para buscar su caricia. Mehira emitió un maullido bajo, pero Catra escuchó "lo sabemos". La cola se le congeló.

Mermista hizo el favor de secar al resto de los animales y después de sacudirse un poco para acomodarse las pelambreras, se quedaron mirando entre ellos y a las princesas.

—Mamá, ellos son los animales mágicos que encontramos en la isla aquella vez… Después de la Batalla de Luna Brillante— Glimmer miró un poco recelosa a Catra, que de verdad no entendía nada y solo se había quedado ahí parada, sin su capa, cada vez más nerviosa bajo la mirada penetrante del ciervo y con la cola esponjada.

Catra no entendía cómo es que estaba entendiendo hablar al puma. Maullar. Estaba entendiendo el maullido del maldito puma. Tendría que haberse quedado con la Horda.

—Él es Mehira— Presentó Glimmer, Mehira gruñó un poco y Catra escuchó "Hola". La reina siguió señalando a los animales.

Lily era el zorrillo que estaba con Perfuma, Winda el puercoespín con Bow, Felix el perezoso con Mermista, Tajana el zorro blanco, y Treeleaf era el ciervo, que había crecido desde que ellas se habían presentado en la isla de los animales mágicos.

Después de que Angella los saludara, Mehira se acercó a Catra y empezó a olisquearla, y antes de que ella pudiera hacer otra cosa, le siseó.

—No tienes qué ponerte así, solo intentaba saludar— Le siseó de vuelta Mehira a Catra.

—¿Sí? Pues nadie te pidió que vinieras acá...— Todos se quedaron en shock cuando se dieron cuenta que Catra le había respondido al felino.

Chapter Text

Negro.

Eso era lo que Catra percibía.

Negro.

Un espacio inmenso y frío. No lo suficiente para hacerla temblar, pero lo bastante para que lo notara en los huesos. Una contradicción.

Estaba sobre una pequeña isla de piedra, con la cola levantada en señal de alarma y las orejas aplanadas ante su sinsabor. La oscuridad se retorcía, giraba y se encogía, como si toda ella fuera una gigantesca entidad que se hubiera tragado a Catra, quien afilo las garras y mostró los dientes en tensión. Después de mirar a todos lados, explorar su pequeña isla, flotante aparentemente, sentía la ansiedad crecer y reptar dentro de ella. Catra no era capaz de ver más allá de su propia mano. Y exploró con tiento, tratando de aplastar la creciente desesperación. De pronto, por el rabillo del ojo, durante las contracciones de la negrura, creía ver algún destello rojo a lo lejos, pero cuando volteaba, nunca había nada. Sentía el corazón en la garganta, la sangre en las orejas palpitaba, lo único que podía escuchar eran sus propios latidos acelerados. Después de un tiempo que pareció eterno, muy a lo lejos unas pequeñas luces llenaron el vacío. Como si estuviera en una gran cueva o edificio, con diminutas luces encendidas, tan alto y tan lejos que no era capaz de distinguirlas del todo. Junto a los puntos luminosos, unas líneas iban y venían, como gusanos retorciéndose, creciendo y contrayéndose, le recordó Isla Bestia y la desesperación se vio teñida de terror.

Los susurros en Isla Bestia no podían incapacitarla porque eran repetitivos. La misma Catra, la Catra adolescente, la pequeña llorosa, la Catra corrupta, cada versión de ella se turnaba en su día a día para susurrar en su mente todo el daño que le había provocado a Adora, no importaba si no fue intencional. Sólo repetían una y otra vez cada herida, emocional y física, que le había infligido. Pero el dolor existía y estaba aterrada de enfrentarlo por completo. Por eso había logrado segmentarlo y enfrentarse poco a poco con cada parte.

Aquí el dolor fluía por cada vena de su cuerpo, por cada pelo que la cubría. Casi prefería la negrura a esta luminosidad amenazante y pulsante, que parecía respirar lentamente sobre ella. Tenía toda la cola encrespada.

Con cada respiro, las luces parecían hacerse un poco más brillantes, y solo así pudo mirar que lejos de su isla, había otras más, formando un camino flotante. Lo bastante lejos para que tuviera que esforzarse en el salto pero no insalvable. Avanzó con cuidado, sintiendo los destellos rojos más que verlos.

Una luz blanca, pura y nítida, se asomaba a lo lejos. Era tanta su premura por escapar del vacío y las lucecitas, que avanzó con descuido, agitada.

Ya más cerca, pudo ver que la luz era el espectro que tanto temía. She-ra. She-ra en su grandeza. La She-ra extraña que jamás vería nuevamente. Lo que normalmente era su tormento, era también su alivio. She-ra la miraba con una sonrisa limpia, suave y cálida. Lo cual le dolía intensamente, pero la llamaba irrevocablemente a su lado en sus sueños. Esta vez se detuvo en seco. Esta She-ra la miraba como un ente implacable, en busca de terrible justicia. Era hermosa e inamovible. El corazón le dolía. El arrepentimiento la quemaba. Sentía terror de seguir avanzando y encontrarse con su destino, y a la vez la tentación de sucumbir a sus garras era imperativo. Tenía terror de enfrentarse al espectro y terror de quedarse en el vacío, rodeada de nada y negrura. Insegura, dio un pequeño paso hacia la luz, y otros caminos se revelaron.

No se decidía a avanzar por ninguno.

El espectro empezó a avanzar hacia ella, inexorable, apoyando sus pasos en la nada. Ahora que le habían quitado la opción de acercarse por sí sola, el instinto de Catra era huir. Y eso hizo. La cara del espectro era una fría máscara, no variaba su expresión para nada.

Catra se lanzó a un lado y corrió y saltó, con el corazón en la garganta y sin detenerse. She-ra no avanzaba ni lento ni rápido, con sus pasos seguros y firmes, con su cabello destellando danzando a su estela, y cada que Catra volteaba, la veía más cerca. Aceleró hasta que sintió sus pulmones arder.

Ahora los destellos rojos eran mucho más claros pero el pánico puro de Catra no le dejaba pensar en nada más que escapar del espectro que clamaba por su castigo, su justo castigo. She-ra estaba a punto de alcanzarla y aunque Catra tenía plenitud de rocas a las qué seguir saltando, el espectro solo tenía que estirar el brazo y la atrapa. Los ojos se le desbordaban, las garras de los pies le sangraban de tantos sprints. La mano abierta del espectro se acercaba sin dudar y Catra ni siquiera tenía voz para gritar. Ahí estaba, sobre ella, con su faz fría, ni odio ni dolor ni furia, solo determinación. Ni reconocimiento ni amor. No había nada personal en la cara del espectro.

Huyó.

Corrió.

La atrapó.

Gritó.

Y todo se volvió negro.

NEGRO

Catra despertó con la respiración agitada. Estaba en medio de los Bosques Susurrantes. Miraba a su alrededor sin comprender nada. Su cuerpo estaba intacto pero el corazón le iba a mil.

─¡Catra!─ Adora la llamaba.

La gata se levantó y corrió hacia la voz, detrás de unas hojas, se veía su figura. Catra la tacleó y entre lágrimas la llamó una y mil veces.

─Adora, Adora, lo siento tanto─ Cuando se dio cuenta que Adora no hacía ni decía nada, se levantó por fin de su pecho para encontrarse con otra pesadilla. Los ojos de Adora miraban sin ver. Tenía la boca ligeramente abierta. Catra se llevó las manos aterrada a la cara y se echó para atrás, arrastrándose lejos del cuerpo como pudo, sin dejar de verlo. La cara ladeada de Adora tenía unas pequeñas salpicaduras que veían desde su pecho. Y lo que Catra había visto como la chaqueta roja de Adora, era en realidad su camisa blanca, llena de sangre de terribles heridas abiertas en su pecho. Catra siguió retrocediendo hasta que chocó con un tronco. Los Bosques Susurrantes derrochaban vida y magia, pequeñas motas de luz bailoteaban en todo el rededor dejando pequeñas estelas tras de sí, pequeñas flores sobresalían entre el cuerpo de Adora y el resto del pequeño claro, incrementando el horror de Catra. Se fijó en los caminos rojos que la seguían para darse cuenta que sus manos, sus garras, estaban llenas de sangre y carne desgarrada.

Yo maté a Adora.

Estaba temblando, con los ojos enormes, se pasó el antebrazo por la cara y lo vio cubierto de sangre. Se había llenado el rostro con la sangre de Adora. Se abrazó a sí misma y enterró las garras en los brazos y las costillas. No podía seguir viva, no así.

─Adora…

Una figura desconocida y familiar se apareció en el claro. Era Mara, herida como en la simulación. Una tristeza infinita llenó su semblante. Apenas se sostenía en pie.

─Yo no quería que esto pasara. Me sacrifique para que pudieras tener una vida lejos de todo esto… para que nadie más sufriera─ Parecía decir a la nada, pero justo entonces, como si ya supiera que Catra estaba ahí, sus ojos la atraparon, implacables, dolidos ─Pero tú no pudiste escucharla, tenías que hacer que probara tu dolor, todos tenían que ver de lo que eras capaz─ Las palabras llenas de odio de Mara eran mucho peores que sus garras enterradas en su propia carne.

─No… ¡Jamás quise que algo malo le pasara! ¡Lo juro, lo juro!─ Respondió Catra en medio de un llanto que rompía el alma.

─Por tus decisiones Adora tuvo que sacrificarse. Nada de lo que hagas va a borrarlo─ Le decía Mara mientras caía de rodillas, cerca de la cabeza de Adora y con la mano menos lastimada, le cerró los ojos y le acarició el cabello destrozado. Catra era una intrusa, lo sabía, y no quería enfrentarse al juicio de Mara, como pudo, reptó lejos de ahí, sin dejar de llorar, se escondió entre unas rocas y grandes raíces, lejos de la luz, lejos del mundo, ojalá también lejos del dolor, pero ese era enteramente suyo. Lo traía en el pecho y en el alma. Se encogió lo más que pudo, deseando fundirse con su entorno. Nada de lo que hiciera compensaría jamás el hecho de que le había robado a Adora al mundo.

Su peor crimen jamás sería perdonado.

Cerró los ojos deseando morir. Deseando haber sucumbido en las manos del espectro.

Negro.

Todo era negro de nuevo.

La negrura ahora no se removía inquieta, si no que estaba matizada con destellos púrpuras que se desplazaban con velocidad. Buscó a su alrededor, temblando ante lo que podría encontrar ahora. Y lo que encontró la quería volver loca. Se veía a sí misma, destruida, corrupta, intentando aplastar a Adora mientras la realidad misma colapsaba.

NO

Quería ir hasta allá, destruirse definitivamente a sí misma. Ayudar a Adora. Detener todos sus errores antes de que fuera demasiado tarde. Pero era prisionera de una fuerza superior. No podía moverse, solo ver cómo la otra Catra parpadeaba el mundo a su voluntad y le restregaba a Adora todo su dolor, para contemplar como Adora solo se erguía entre lágrimas y ver incluso después de noquearla, como intentaba alcanzarla y el grito de Adora llamandola, era el grito de Catra, al ver como Adora se lanzaba rauda y determinada hacia el fin del mundo.

NO.

Quería gritar, quería pelear, quería llorar, pero solo podía ver como Adora era tragada por el vórtice en medio de una luz cegadora.

Negro.

La oscuridad se retorcía alrededor de Catra. Las sombras la lamían con perturbadora lascivia, le dejaban una sensación de asco en todo el pelaje. Todavía se estaba recuperando del encierro frustrante en su propio cuerpo, de ver sin poder hacer nada como Adora salvaba el mundo. Y ahora era prisionera de las sombras que se cernían sobre ella. Alguna chispa roja la sobresaltaba de pronto, en un repugnante beso.

De entre la oscuridad surgió una túnica roja que bailaba con las sombras.

—Pequeña bestia, no has aprendido nada. No importa todo lo que hagas, mi niña, no lograrás lo que tanto ansías— La voz era melosa, infecciosa.

De la negrura, se distinguía algo más negro incluso, y en el medio, unos ojos blancos, sin vida pero expresivos a la vez. Las sombras, frías, húmedas, repugnantes, viscosas, habían reptado por ella hasta inmovilizarla por completo. Sólo tenía libres las orejas y los ojos. No podía ni hablar. Sólo podía escuchar.

—Mi niña… Mi princesa… Sabes que el mundo nos repudia. Yo solo intenté hacerte fuerte ante este hecho. Nadie quiere a los despojos como nosotras— Seguía la voz melosa, cariñosa, nauseabunda —Jamás serás cómo ellas, nunca encajarás. No vales el tiempo ni la pena, mi pequeña bestia. Eso fue lo que traté de enseñarte todo este tiempo. Adora te tenía lástima, su pequeña mascota, solo eso eras. No importa cuánto intentes… —La voz seguía y seguía, terriblemente familiar.

No había crueldad ni desdén en su tono, si no el horrible aguijón de un cariño mucho tiempo negado, ante el cual su corazón se había herido aún más cuando descubrió que solo eran engaños y palabras dulces para salir de la prisión.

Estaba congelada. Prisionera en más de un sentido.

—Tarde o temprano mostrarán su desdén por ti y solo sufrirás más. Deja de intentar ser algo que no eres. No podrás mantener la farsa mucho tiempo...— Dulce, empalagosa, repelente.

Negro.

El negro la consumió pero siguió escuchando.

Podía sentir las lágrimas derramándose sobre sus mejillas, impedida por las lenguas de sombra.

Perfuma estaba con Entrapta en el laboratorio. Bow le había pedido que ayudara a la princesa de Drill a escoger las plantas más sencillas y nutritivas para que los Hordianos pudieran cultivarlas dentro de los muros de su prisión, como parte del plan emergente de Catra.

Se había sorprendido por partida doble cuando entró al laboratorio y Entrapta (¡Entrapta!) la calló señalando a una bola de pelos en el sillón. Hecha una bola, y bajo su capa, se adivinaba la figura de Catra. Ocupaba solo un cuadro del sillón de tres plazas. La consideración de Entrapta sólo aumentó su compromiso interior de mirar con ojos más amables y empáticos el comportamiento de la princesa científica.

Mientras trabajaban, Catra se retorcía ocasionalmente, se estiraba completa y volvía a encogerse. Una vez, Perfuma la quiso despertar pero Entrapta la atrapó con su cabello y negó, revelando tres cicatrices en su antebrazo. Perfuma le dio una mirada preocupada a Catra, pero siguió trabajando.

Catra temblaba, hacía muecas y se retorcía. Era claro que estaba teniendo pesadillas. Y la energía oscura que sentía venir de ella, a Perfuma la estaba alterando un poco. Hasta que no pudo más pese a la advertencia de Entrapta.

─No, no más… No… Por favor...─ Catra se sintió libre y se defendió.

—¡Ay!

Cuatro marcas de garras se veían en el brazo de Perfuma, eran superficiales pero ardían como el demonio. Las garras tenían el filo tan fino que era como cortarse con papel.

Catra se sacudió el cuerpo, intentando quitarse la sensación de las sombras asquerosas del pelaje. Estaba agitada. Miró a su alrededor y vio a Perfuma. Catra tenía lágrimas atrapadas entre sus pestañas que no habían terminado de caer. Encogió las orejas y se dio cuenta que estaban en el laboratorio. Se había acostado un rato después de terminar de revisar el estado de la prisión.

Entrapta se acercó hasta Perfuma, le revisó el brazo en silencio y le puso un spray antiséptico cuando vio que las heridas no eran graves.

Las palabras de su pesadilla resonaban en su mente.

—Catra… ¿Estás bien?

—No tienes que hacer eso, Florecita— Escupió la gata.

—¿Qué cosa?— Perfuma se acercó hasta ella.

—Fingir que te importa— Catra podía sentir en la piel cada palabra de su pesadilla.

Todas eran pesadillas habituales. Solo la de Mara era nueva. Su inconsciente no perdía el tiempo.

—Pero… Catra, no estoy fingiendo— La gata se levantó del sillón, se acomodó el cabello con las manos y respiró profundo, se puso de tal modo que no encaraba del todo a Perfuma —De verdad me importa lo que te pase—

Catra no dijo nada. Su mente le gritaba tan fuerte que solo eran mentiras. Y su corazón mutilado pedía la pequeña oportunidad de confiar en la sinceridad que derramaban las palabras de Perfuma. La princesa no la presionó, en cambio, fue hasta el pasillo y le pidió a un guardia que mandara traer té con una hierba que ella misma apareció. Y regresó con Catra, que la había mirado con cuidado, sintiendo una punzada al ver las heridas que había causado sin querer, se había terminado de acomodar la ropa y la capa para esconder su inquietud.

Perfuma se acercó con pasos lentos para que Catra tuviera plenitud de tiempo de decidir si se iba. Pero no se movió. Los sentimientos de Catra eran tan contradictorios que para mantenerlos bajo control solamente podía quedarse quieta. Perfuma podía sentir toda la oleada de tristeza y repudio que venía desde el cuerpo de Catra.

—Soy tu amiga, Catra— La mencionada respingó completa.

—¿Cómo puedes decir eso… después de… de todo?— Catra se abrazó a sí misma con un brazo nerviosamente. Quería que su voz se escuchara incrédula y escéptica, pero solo era un murmullo roto.

—Porque necesito creer que todo será mejor. Y tú estás trabajando tanto por lograrlo… — Perfuma se acercó lo suficiente como para que Catra creyera que la iba a tocar, y se odió por desearlo un poco. Al final, Perfuma señaló hacia el trabajo que estaba haciendo con Entrapta, mostrando las plantas y verduras que habían escogido. Entrapta estaba con su máscara baja, capturando datos en silencio —No puedo ni imaginar el cambio que representa para todos ellos y me apena decir, que jamás lo había considerado—

—¿Creer que todo será mejor? ¿Esperanza? ¿Eso es lo que esperabas que mejoraría las cosas?— Catra al fin pudo recuperar un poco de su voz dura. Perfuma le dio una sonrisa triste.

—No solo la esperanza. Me uní a la Alianza y la Rebelión gracias a que Adora me demostró que el universo te ayudará cuando te ayudes— Esas palabras golpearon muy fuerte a Catra, que contuvo su garganta y se alejó hacia las plantas con la cola rígida —Y tú eres la persona con más esperanza que conozco—

—No tienes que venir a...—

—Catra, date cuenta. Cada día sigues intentando cambiar las cosas, a pesar de cómo te criaron, de donde creciste… incluso de lo que hayas hecho— Añadió en voz baja y suave, amable.

Catra no tuvo que contestarle porque apareció una bandeja del té flotando. O eso parecía. En realidad Lily la traía apoyada entre su espalda y su cabeza, tras la pequeña zorrillo se derramaba un dulce olor de lavandas y jazmines. Los ojos de Perfuma brillaron tan solo la vieron. La gata pensaba que la princesa le estaba dando demasiado crédito. Ella solo estaba intentando saldar sus deudas de sangre y darle al mundo lo que Adora quería, solo que bajo sus propias normas. Porque a ella no le ajustaban los brillos, y la esperanza, a ella le había funcionado la planeación y saber mantener su posición para lograr sus metas.

Perfuma tomó la bandeja y acarició a Lily. Le ofreció té a Entrapta en la taza pequeña que el guardia había tenido el detalle de asegurarse que incluyeran en el servicio y después le ofreció con ambas manos una taza a Catra.

—Es un té para relajarse, se llama valeriana y creo que también debemos incluirlo en la lista de cosechas para el campamento— Catra no dijo nada más y tomó la taza y le dio un sorbo a la bebida ligeramente amarga, sin endulzantes. Quería un chocolate caliente. Perfuma se sentó en el lugar donde había estado trabajando con Entrapta y se puso a Lily en el regazo.

—Ciertamente una bebida relajante debería de ayudar a la armonía dentro del campamento. La incluiré en los requerimientos— Comentó Entrapta, más relajada ahora que habían dejado de hablar de sentimientos.

Siguieron trabajando un rato, poniendo al tanto a la comandante.

—Cuando quieras hablar, puedes buscarme, Catra— Ahora sí que la tomó de las manos —Podríamos empezar a trabajar con tus problemas de confianza y abandono— Ofreció con entusiasmo.

—No, no… Gracias, pero paso— Fue capaz de decir en medio de un siseo mientras se soltaba.

Perfuma se retiró con Lily pero no le dieron un respiro a Catra, porque entonces apareció Mehira.

—Ah, aquí estás— Exclamó el puma.

A Catra no le caía bien. Era un consentido, presumido y solo se la paseaba ronroneando cerca de Glimmer y diciéndole lo fuerte, determinada y magnífica reina que era, aunque no lo entendiera. Los maullidos de gusto y su constante frotar eran bastante de todos modos.

—¿Qué quieres?

—Glim te quiere ver, hay un problema en la prisión.

—¿Ahora eres su mandadero?

—Solo me pidió un favor, y como soy su amigo, lo hago con gusto.

—Lamebotas...— Susurró Catra, pero con el oìdo del puma, de todos modos la escuchó.

—Sólo estás celosa de que a ti no te acaricie nadie.

Y el puma salió corriendo antes de que Catra pudiera decir otra cosa. Gruñó y le dijo a Entrapta que iría al campamento. Mehira seguro ya había llegado de vuelta a allá. Su poder mágico era correr a super velocidad, así como el de Lily era emitir aromas florales.

El campamento prisión llevaba ya dos semanas operando y tenía una guarnición combinada de la Guardia del Mar, de la Nieve y de Luna Brillante. Separados en cuatro patios con fozos y defensas interiores, los prisioneros podían ser reasignados en cualquier momento. Entrapta tenía un sistema generando números aleatorios a diario para variar esa situación, a fin de que los prisioneros no pudieran ponerse de acuerdo. Cada patio tenía un sargento diferente y había diez cabos de vara por patio.

Los edificios dormitorios que habían sido contemplados para ser solo de una planta, terminaron siendo de tres para alojar a toda la gente. Catra había supervisado la llegada de todos los prisioneros, teniendo que trabajar muy estrechamente con Glimmer a lo largo de los tres días siguientes al banquete en las Salinas, y lidiar además de todo con los tontos animalitos mágicos.

Ahora tenía que ir a ver qué se le ofrecía a su majestad. Atravesó los terrenos de Luna Brillante hasta la plataforma de transporte donde la esperaba un esquife automático. Entrapta y Bow se habían lucido con este invento. Con demarcaciones con sensores a lo largo de todo el camino desde la prisión hasta Luna Brillante y Plumeria, los nuevos esquifes que habían podido recuperar de la invasión terrestre a las Salinas, los dos amigos geeks habían creado un sistema de transporte autonomo. Era casi un sistema vivo, los sensores se comunicaban entre sí con ondas de radio de amplitud modulada, intercambiando información de su alrededor de los Bosques Susurrantes, que era una parte muy tranquila, nada tan profundo como en donde habían encontrado la espada. Misma que debía de tener Bow porque había dicho que estaría trabajando con Darla.

A Catra no le gustaba mucho porque durante el trayecto no debía ocuparse de otra cosa. Y ni siquiera traía su propio pad para trabajar en algo, pero tampoco tenía ánimos de hacerlo. Después del pequeño despliegue emocional con Perfuma, estaba agotada, pero su cuerpo ya no la traicionaba, no se sentía cansada físicamente.

Cuando llegó al campamento, los guardias la saludaron y dejó que un poco de orgullo vacío la hiciera sentir mejor. Después de que Glimmer había sido casi complaciente después de la intromisión a la privacidad de Catra, ahora, después del nombramiento de la comandante y de la batalla, las cosas habían mutado a una interacción tensa, donde a veces las dos intentaban guardar las maneras, y solo bastaba que a una se le fuera la lengua para estar en medio de una lluvia mutua de comentarios ácidos y sarcásticos. Catra ya no era solo una prisionera intentando ganar puntos, por lo que la actitud estoica que había mantenido ya no le era habitual. El resto de las princesas se daban cuenta que estaban en medio de una constante competición de a ver quién podía más. Catra llevaba cierta ventaja, pero Glimmer no había sido princesa toda su vida para dejarse aplastar sin pelear.

Extrañamente, a Catra le empezaba a gustar este nuevo trato con Glimmer. Como ya no tenía que morderse tanto la lengua, podía descargar un poco de sus emociones en la reina, sin sentirse culpable de hacerla sentir mal, porque Glimmer rara vez la dejaba irse intacta. Pero rumiar los sinsabores con Glimmer era mil veces preferible a dejar que el odio que sentía hacia sí misma se expandiera y dominara su día.

Guiaron a Catra hasta donde estaba Glimmer, con un grupo de guardias y un Cabo de Vara, en el piso estaba esposado y de rodillas un prisionero. A Catra no la impresionó lo rápido que se acostumbraron algunas princesas a este tipo de tratos. Pero Perfuma y Bow estaban totalmente en contra. Spinnirella y Frosta simplemente comprendían la realidad de que los hordianos no iban a someterse sin más. Al lado de Glimmer estaba Mehira, sentado y moviendo la cola tranquilamente.

—¿Qué pasa, Brillitos?— Catra miró mejor al prisionero. Un hombre de unos 30 años, moreno y con grandes cicatrices que le atravesaban la cara y los brazos desnudos. El prisionero y el cabo de vara vestían los mismos uniformes que el resto de los prisioneros, que era una copia de los uniformes que ya se habían estrenado con Kyle y Rogelio, pero los pantalones en vez de ser negros, eran enteramente blancos, las únicas marcas de color, el lila de las playeras y los cinturones negros. La mayoría seguía usando las botas de combate rojas de la Horda, por lo menos hasta que pudieran suministrar nuevo calzado.

—Comandante Catra…— Habló el prisionero, incrédulo.

—Se rehúsa a comer— Informó Glimmer a Catra.

—¿Y cuál es el problema? Un prisionero menos es un problema menos para la Rebelión y toda Etheria— Contestó fría Catra, y miró con sus ojos implacables de felina al hombre que ciertamente parecía haber sido de un tamaño mayor. Glimmer respingo. Esa respuesta estaba fuera de lugar incluso para Catra, pero la gata no estaba de humor —Si no quiere comer, que siga cumpliendo con su rutina.

—¿Qué?— Saltó Glimmer.

—Él no quiere comer, ¿lo vas a obligar? Créeme que es más difícil hacer que alguien coma a que no coma.

—Pero no puedes solo dejarlo morirse de hambre.

Catra miró de nuevo al hombre, que lucía cansado y no luchaba. Adora no lo dejaría morirse de hambre, pero ella no era Adora. Aun así… Esto era para hacer todo mejor.

—Tu nombre e historial, prisionero— Ladró al final.

—Ayden, mi señora. Sargento segundo de la Tercera División Terrestre, incorporada a la Armada para tomar Salinas. Respondía ante la Capitán de la Fuerza Octavia. Tomado prisionero por la princesa de los vientos— El hombre levantó la cabeza solo un poco para responder, pero su mirada nunca se posó directamente en Catra, como le correspondía. Y no podía evitar disfrutar del respeto que desprendía el tono de voz del hombre.

Este era uno de los buenos soldados que le habían entregado su lealtad cuando mejoró el nivel de la calidad de vida en la Horda organizando todo lo que Shadow Weaver dejaba de lado o para último minuto, como conseguir en tiempo los insumos para las barras.

Glimmer achicó los ojos ante el "Mi señora".

—¿Por qué te rehúsas a comer?

—No puedo comer lo mismo que los rebeldes, mi señora.

—Ya no estás en la Horda, Ayden.

—No traicionaré a Lord Hordak, incluso si eso implica morir por inanición— Y Catra que pensaba que era uno de sus hombres.

—¿Lo ves? Solo es un fanático de Hordak más. Ponlo en las excavaciones y veremos cuánto resiste sin probar bocado— La mirada del hombre no varió pese a escuchar cuál sería su destino.

—No podemos hacer eso, Catra. Lo matará, ya lleva diez días sin comer.

—Es su decisión, Glimmer. NO puedes ayudar a alguien que no quiere. Te invito a probar si puedes obligarlo a comer. Y 10 días sin comer no son nada para nosotros ¿Verdad, Ayden?—

—No, mi señora.

—Bien. Mándenlo a las minas de Drill. Entrapta necesita materiales en todo caso.

—¿Entonces solo piensas explotarlo mientras te sea útil?

—Es mucho más fácil, y no necesitamos a gente como él aquí, para que los demás prisioneros crean que pueden hacer lo que quieran.

La mirada de Glimmer era un rotundo no, no dejaría que se llevaran al hombre a trabajar a las minas como trabajos forzados sin comer. Catra bufó.

—Traigan comida rebelde y las barras que encuentren— Ordenó a uno de los guardias —Y consíganme un pad.

—¿Para que lo quieres?— Le cuestionó Glimmer.

—Para enseñarle lo que vale su lealtad a Hordak— Entonces Glimmer le extendió el propio.

Catra manipuló el aparato un poco y le respondió el Capitán de Mermista, Evan.

—Comandante Catra— Saludó el salinense.

—Capitán, necesito hablar con la Capitán Octavia.

—La traeré en un momento— Evan desapareció de la vista y solo quedo en la pantalla el techo de algún cuarto en el Palacio de las Salinas.

Al escuchar el nombre de la cefalópoda, el prisionero se movió inquieto y los guardias le apuntaron con sus lanzas con blasters.

Glimmer tomó del hombro a Catra y se la llevó un poco aparte, ante el disgusto de la gata.

—¿Para que quieres a Octavia?

—En la Horda, tu oficial al mando es absoluto. Hordak es más como… Como She-ra para ustedes. Una leyenda. Muchos ni siquiera lo han visto y temen verlo, porque casi siempre representa cosas malas— Trató de explicarle Catra a Glimmer.

—Comandante, aquí está— Llamó Evan desde el aparato y pudieron ver a Octavia, que ahora usaba un boddy como el de Scorpia, en negro y morado, y en su parche se podía ver el ala dorada que era el nuevo emblema de la Rebelión. Octavia llevaba las manos esposadas y los tentáculos atados.

—Hola, Octavia. Te ves bien— La saludó Catra con sarcasmo. Octavia solamente frunció el ceño y esperó —¿Reconoces a este soldado?— Y la gata mostró al hombre que seguía postrado y que también reconoció a su capitán. Parecía sorprendido.

—Ayden, uno de mis sargentos en la Horda. ¿También fue capturado?

—Sí. Se niega a comer por la lealtad a Lord Hordak— Octavia se río un poco.

La lealtad era importante para ella, pero no tanto como la comida que tenía ahora a su disposición y el trabajo que estaba llevando a cabo bajo las órdenes de Catra. Y sabía que se lo debía a la gata.

—Sargento Ayden, no vale la pena morirse de hambre por eso— El mundo se le cayó a los pies.

—Ya escuchaste a la Capitán de Fragata Octavia, quien está trabajando en las Salinas justo ahora, como prisionera también— Concluyó Catra.

Glimmer frunció el ceño. No sabía que Octavia tenía un título nuevo.

—Gracias, Capitán Evan, puede proseguir— y cortó la comunicación.

Catra avanzó hasta el hombre y se agachó un poco para verlo.

—La Horda te dejo atrás para morir, y ahora tu comandante, tu oficial al mando, quiere que comas ¿Lo harás?— Dijo Catra con un tono de voz que Glimmer jamás le había conocido.

Era un tono de voz muy diferente, una caricia sugerente, que te invitaba a complacer para seguir escuchándola. El hombre no dijo nada pero estaba atrapado por Catra, ver a Octavia le había roto sus creencias.

—Aquí está la comida que pidió, comandante— Anunció uno de los guardias.

—Bien. Come lo que quieras—

Había un cuenco de sopa en la bandeja, una manzana y dos barras cafés de la Horda que habían salvado de los naufragios. Quizás si hubieran sido las grises… Pero el hombre tenía hambre y la sopa, a pesar de estar fría, olía y se veía mucho mejor que las barras cafés.

El hombre tomó el cuenco y se lo llevó directo a los labios. En cuanto empezó a beber, no pudo parar.

—Problema resuelto, alteza— Le dijo altanera Catra a Glimmer.

—Gracias por su tiempo, comandante— Le respondió lo más digna que pudo.

—Comandante, mi señora— Rogó Ayden, Catra lo volteó a ver —Ahora mi vida es suya, mi señora.

—Bien dicho, soldado. Llévenlo a su celda. No dará más problemas ¿No es así?— Dijo en el mismo tono acariciante.

El hombre solo negó mientras probaba la manzana, con las comisuras de los labios todavía sucios de la sopa.

Cuando los guardias se lo llevaron, se quedaron solo el Sargento en turno, Glimmer y Mehira. Catra le devolvió el pad a Glimmer.

—Quiero un reporte de comportamientos similares para mañana, sargento, en todos los patios—

—Entendido, comandante.

—Me voy, Chispitas—

—Espera.

—Tengo más cosas que atender.

—Pues deja que te lleve al castillo— Le respondió la reina y Catra no pudo esquivarla antes de la tomara de la capa y se aparecieran en medio de Luna Brillante.

Glimmer sabía que eso seguía causándole muchas molestias a Catra y no pudo evitar sonreír ante las orejas encogidas de la gata y cómo se había inclinado por las ligeras nauseas. Mehira no sufría para nada con sus teletransportaciones.

—Ya estamos aquí.

—Te odio, Chispitas.

—Fue mi placer.

—¿Qué más quieres?

—Quizás solo saber por qué Octavia es Capitán de Fragata.

—Detesto admitirlo, pero Octavia es buena con las maquinas y capitaneando barcos. Me sorprende que Frosta haya logrado hundirla y capturarla. Además, es fácil de persuadir.

—Tienes que informar al Concejo de estos nombramientos, ya se había hablado de eso en razón a Scorpia.

—Lo sé, será informado en la reunión de mañana, no podía retrasarlo más. Salinas requiere mucho trabajo todavía— Catra desestimó con un movimiento de la mano.

—¿Y a qué te refieres con que es fácil de persuadir?

Catra, que ya se estaba dando la vuelta, se volvió cruzando los brazos, y con la diestra con el índice extendido hizo un gesto señalando su ojo derecho, con una sonrisa ladina.

—Le saqué el ojo cuando yo tenía 10 años.

Como Glimmer no dijo nada, Catra la reverenció y se fue. Al fin podría ir a su habitación a descansar. Tal vez se acurrucaría con la muñeca de Adora. El recuerdo de la pequeña rubia diciéndole a Octavia que era una tonta, era demasiado agridulce.

Glimmer hizo una mueca de incredulidad y escuchó el maullido de inflexión alta que hizo Mehira.

—No creo que fuera broma— Le respondió la reina.

Bow llegó al laboratorio con una bandeja con una sopera y platos para él y para Entrapta.

—¡Saludos, Bow!

—Hola, Entrapta. ¿Cómo ha ido el trabajo hoy?

—Excelente. Ya sabemos lo que pondremos a cultivar a los hordianos y tengo nuevos datos sobre unas lecturas de Etheria— Respondió la tecnopata mientras se instalaba en la mesita junto a Bow.

—Wow. ¿Crees que esas lecturas sean algo importante? Mi dispositivo no ha detectado nada interesante en un tiempo.

—Son lecturas mínimas sobre cambios en las corrientes de energía del planeta, he ajustado los parámetros para que capten mejor los cambios y en 24 horas debería de tener suficientes datos para hacer una comparativa— Entrapta disfrutaba mucho de compartir con Bow. Siempre era entusiasta, amable y solía tener momentos de pensamiento lateral que le encantaban.

—Esperaré entonces. Quizás podamos descubrir nueva tecnología de los primeros para presionar a la Horda. Yo no tuve mucho éxito, Darla no va a cooperar mucho más sin el usuario de la espada— A Bow se le estaba pegando un poco toda la jerga de Darla y Entrapta.

—Ninguna de las princesas ha demostrado tener compatibilidad con la espada… Las únicas personas que han tenido alguna reacción con la espada son Adora y…. —

—Catra— Dijeron los dos al mismo tiempo, Entrapta con una mirada triste y algo preocupada y Bow también con tristeza al recordar a Adora, pero con cierta esperanza al pensar en cómo la espada parecía funcionar un poco con Catra en Isla Bestia.

Chapter Text

Lonnie estaba bastante molesta con la situación en general. Catra no le ofrecía una respuesta concreta de cuándo podrían dejar toda esta farsa y al fin darle el tiro de gracia a Hordak, que a este punto era ciertamente patético. De no ser por las órdenes que Double Trouble daba a las fuerzas, y el propio seguimiento que hacía Lonnie los habrían matado a todos ante la insensatez de su Lord. Mandaba partidas de caza sin planear el camino, ni los efectivos necesarios. Los grupos rebeldes eran capaces de defenderse de sus tropas sin problemas gracias al entrenamiento anti hordiano que Catra les había suministrado y a las nuevas armas y bots de Entrapta.

Hordak era patético, sí, y eso no quería decir que la mitad de la Horda no lo siguiera temiendo más que a la muerte misma, lo que limitaba la actuación de Lonnie para los planes generales de Catra. Hoy por hoy, era la Capitana de la Fuerza más eficiente y sabía que solo lo era porque tenía el panorama completo. Double Trouble no le molestaba como a los demás y no confundía sus órdenes. Además de que su aparente estoicismo frente a los arranques de Hordak y "Catra", le habían dado una reputación temible dentro de las tropas, sus soldados la temían y respetaban a partes iguales.

Ya habían pasado dos semanas desde que Catra le había pedido que buscara esos archivos escondidos y clasificados de Shadow Weaver. Y Lonnie había buscado hasta por debajo de las piedras, más específicamente, hasta por debajo de la cama de la bruja. Y encontró muchas cosas. Cantidad ingente de información clasificada, casi borrada, estaba segura que Hordak no tenía conocimiento de la mitad de todo lo hallado. Y no podía seguir sin hacer nada. No podía seguir esperando. Así que haría dos cosas: le diría a Catra que tenía que revisar esos papeles, sí o sí, que estaba segura los estaba evitando por que la felina sospechaba por donde iba el rumbo de lo que iba a encontrar, que era mucho peor en realidad, e iría a investigar por su cuenta.

Catra estaba cansada, Glimmer ocupaba cualquier excusa para molestarla. De verdad parecía que buscaba nuevas formas de molestarla en su tiempo libre. El propio odio de Catra a los errores y que le dijeran que no podía hacer las cosas bien, la blindaba contra cualquier error calculable y previsible, y el incisivo ataque de Glimmer era un double check para su calidad, pero era estresante.

Sus entrenamientos físicos se habían vuelto más demandantes en su intento por liberar la ansiedad y la rabia que parecía crecer en ella. Estaba ganando. En todo sentido estaba ganando y aún así no era suficiente. Se sentía vacía de una forma nueva, y el vacío la quemaba. Ya no se ahogaba, y ahora quisiera respirar mejor. Por un día, por una hora. Pero no habría paz para su alma, lo sabía.

Y menos con esos ojos profundos y pacientes que la perseguían allá a donde fuera.

Treeleaf era un animal hermoso y que se sabía comportar, igual que el resto de animalitos mágicos que habían llegado a Luna Brillante, lo único que Catra quisiera gritarle es que se alejara de ella. El ciervo parecía tener cierta afinidad con Lady Angella y se pasaba las tardes con ella, con Micah o en los grandes jardines a su disposición y casualmente en los terrenos abiertos donde se daban ahora los entrenamientos.

La tarde que habían llegado los animalitos y todos habían descubierto que Catra podía entender al puma, ella tradujo, solo a petición de Angella. Los animales habían salido de su isla ya que la barrera que Adora había reconfigurado junto a Bow, se había desvanecido y Treeleaf se sentía ansioso y los animales tuvieron un concilio y determinaron viajar y buscar a las princesas ya que algo terrible debía de haber pasado.

Catra se había negado a hablar con el ciervo, con Mehira de intermediario, y en general después de eso ya no les traducía. Los animales tenían afinidad con las princesas y Bow desde que llegaron, después apareció Frosta y el zorro, Tajana, se había enroscado con ella. Si a cada princesa tocaba un animal, Treeleaf debía de ser el que correspondía a Adora, y Catra no se sentía bien con eso. No con la mirada anhelante, paciente y profunda del ciervo. Pese a todo, no podría evitar por siempre hablar con él. Micah estaba trabajando con un hechizo para hacer que todos comprendieran a los animales, pero gracias a sus cualidades mágicas, que no se parecían a nada de lo que había aprendido en Mystacor, le estaba costando mucho más trabajo poner a funcionar el encantamiento.

Ya habían pasado las 24 horas que Catra dijo, por lo que unos guardias le entregaron los reportes que había solicitado sobre comportamientos disidentes o subversivos en la prisión. Estaba revisandolos para evaluar el mejor curso de acción, cuando sonó su pad, lo cual era extraño porque por la mañana ya se había tratado la reunión semanal de las princesas, y después de su encontronazo con Glimmer por nombrar capitana a Octavia, todo había sido muy rutinario. Perfuma compartió su encanto sobre el plan de que los prisioneros cultivaran su propia comida, señalando que reencontrarse con la tierra los ayudaría a reflexionar y unirse a la armonía del universo. Mermista presentó los avances que se estaban teniendo en las Salinas y cómo Seahawk había capturado su segunda nave hordiana en lo que iba de la semana en su papel de Comodoro. Scorpia informó a todos sobre los incidentes y progresos con los prisioneros y cómo los más jóvenes estaban teniendo una mejor respuesta a los programas de reeducación. Frosta reportó que los insumos de su reino habían llegado sin inconvenientes después de enfrentarse contra un escuadrón de avanzada de la Horda.

En general, Angella estaba bastante satisfecha con los resultados de su decisión. Glimmer era dura, pero era el contrapunto perfecto para Catra, a su vez que Catra lo era para Glimmer. La suma practicidad de Catra contrarrestaba el duro moralismo de Glimmer, que a veces venía a recaer en una doble moral que las princesas no habían considerado anteriormente. Ahora era mucho más fácil llegar a consensos que fueran pragmáticos a la vez que dignos.

Aunque era temprano, Catra no esperaba más llamadas por esa tarde, en especial porque le tocaba el cuarto turno en la prisión, después de Netossa. Levantó el pad y se encontró con que la llamada era Lonnie. La Capitana de la Fuerza había aprovechado una partida de patrullaje para salir con su escuadrón y escaparse del alcance de Imp.

—Lonnie ¿Pasa algo?— Catra estaba sorprendida.

—No… No justo ahora— Lonnie prefirió ser directa —¿No has revisado nada de los documentos que me pediste que buscara, verdad?— Catra se sintió atacada.

—No es de tu incumbencia. ¿Solo por eso estás comprometiendo nuestro éxito?

—Si los leyeras, no estarías tan tranquila en tu bonita silla de princesa.

—No estoy solo…

—Catra, sé lo que pasa. Lo entiendo mejor que nadie. Sé que no lo quieres ver, pero tienes que hacerlo. Es jodidamente importante que lo veas. No tengo mucho tiempo. ¿Puedes tragarte tu orgullo y todo lo demás y solo verlo?— Lonnie la cortó porque no tenían tiempo de ponerse a discutir. Era una capitana de la fuerza, pero con todo el caos que Double Trouble estaba creando, el peligro estaba en todas partes.

La mirada dura y apremiante de Lonnie, dejaron a Catra sin una respuesta. Parpadeó tratando de recuperar la compostura y retener las ganas, la costumbre, de solo gritar y esperar ser obedecida. Lonnie era su amiga ¿Verdad? Era de los suyos. Se concentró. Ya no era esa niña loca, enojada y volátil que ni siquiera podía controlarse a sí misma. Ya no era débil. Y más importante, ahora podía ver cuando alguien intentaba ayudarla. La expresión de Lonnie era muy parecida a la expresión de Adora mientras la llevaba atada a una cámara de Darla y la rubia intentaba explicarle que no abrieran el portal.

—Yo…

—Por favor, Catra.

—Lo haré… Lo revisaré hoy mismo— Al final prometió.

Un grito, Lonnie bajó el pad y Catra pudo escuchar como gritaba órdenes a su soldado.

—Hazlo. Todo va según lo planeado— Dijo como despedida y se desconectó.

Catra miró el pad unos momentos y después a la caja con documentos que descansaba a un lado de su escritorio, con la pequeña She-ra de trapo encima. Todavía le quedaban unas horas antes de que tuviera que presentarse al cambio de turno. Suspiró, quitó a la muñeca y agarró un montón de papeles, los que le cabían en la mano, y los puso sobre el escritorio, sobre los reportes de la prisión. En ese momento tocaron a su puerta. El montón de papeles eran tres archivos de distintos gruesos. Se levantó a abrir la puerta y la sorprendieron Bow y Entrapta.

Traían un servicio del té y Entrapta estaba tranquila. Catra sentía que había gato encerrado. Con la ceja levantada, los dejo pasar.

—Hola, Catra ¿Cómo estás?— Soltó Bow y la felina se sentía de nuevo en el túnel debajo del castillo por los nervios en la voz de Bow.

—¿Qué tienes, Flechitas?— Catra tenía otras cosas qué atender justo ahora.

—No, no, n-nada… solo te trajimos chocolate caliente… Tsí… Glimmer me dijo el otro día que te gustó mucho y pensé que— Catra ya no le hizo mucho caso al balbuceó de Bow, un chocolate caliente ni siquiera Glimmer podía arruinarlo.

Quizás era justo lo que necesitaba para calmarse después de ver a Lonnie y centrarse para enfrentarse a los documentos clasificados.

—Lo mejor de todo es que viene en tazas pequeñas— Ofreció Entrapta.

Catra les siguió el juego y se sentaron a la mesita de centro. Bow sirvió y acomodó todo mientras Entrapta comentaba que estaba por concluir el periodo de 24 horas para reunir información con los nuevos parámetros para comparar toda la data que tendría. Era uno de los temas que a Catra no le llamaban la atención en realidad, Entrapta siempre tenía dos o tres proyectos alternos fuera de lo que Catra, y en su momento Hordak, le pidieran. Según la tecnopata eso le permitía refrescarse y a veces mientras atendía un proyecto, un pensamiento o idea acerca de otro la asaltaba y podía cambiar sin problemas, o grabarlo y atenderlo después. Lo que sea mientras le ofreciera resultados a Catra.

Después de la segunda tacita de chocolate para Catra, Bow ofreció información acerca de Darla. Catra tenía sentimientos contradictorios y en su mayoría amargos para con la nave, se trataba de donde había capturado a Adora, lo que había desembocado en su muerte, y era en donde habían rescatado a Entrapta y el único lugar en donde Glimmer alguna vez le había dado una sonrisa limpia y agradecida. No que le importaran las sonrisas de Glimmer.

Bow empezó a decir algo acerca de los pocos avances que habían logrado pese a tener ya la espada de vuelta, la cual estaba en el laboratorio, y lo mucho que les ayudaría el apoyo de Catra en ese aspecto.

—¿Qué?— Hoy era el día de desbalancear a la gata, seguro.

—Sí… según los datos que tenemos, después de Adora, tú eres la única con quien la espada ha tenido alguna afinidad y presentado actividad mágica. Así que es posible que en conjunto con la espada de poder, seas la llave para poder acceder al resto de comandos de Darla. Y creemos que sería una gran adición para el avance de los planes contra la Horda— Enumeró Entrapta.

—Lo que intentamos decir es que de verdad nos ayudarías mucho si pudieras usar la espada en la nave…

—No pienso acercarme a esa tonta espada otra vez. La nave no es necesaria para los planes, y todavía pueden hacer que vuele ¿verdad?— Bow ya se temía esta reacción.

—Catra, por favor, considéralo un poco… los avances serían magníficos… — Siguió Bow.

—Dije que no, Bow. Más les vale no acercar esa cosa a mí— El pelaje de la gata estaba ligeramente erizado y Bow prefirió no seguir en el tema.

Este era solo un fracaso. La ciencia se hacía de continuos fracasos, intentos, cambios de perspectiva y nuevos intentos. Lo conseguirían de alguna forma, Entrapta estaba segura. Solo había que ajustar los valores, volver al punto de partida y volver a avanzar con la información adquirida. Tarde o temprano darían con la adecuada combinación de variables que les daría el éxito.

—Vendré dentro de un par de horas a darte el avance de las nuevas lecturas. Todavía no sé que esperar de estos cambios que Etheria está experimentando pero estoy segura que será algo sorprendente— Entrapta no conocía el desanimo.

—Bien, Trapta. Te… Los veo en un rato— Corrigió la gata ahora que se daba cuenta que últimamente ya no veía a Entrapta del todo sola, casi siempre andaba con Bow, o Bow con ella, dependía del momento del día.

Al fin se marcharon y a pesar de que el chocolate la había relajado, el tópico terminó por acelerarla de una forma estresante. Tomaría un baño. El agua caliente le ayudaría a centrarse de nuevo.

Tardó más de lo esperado. Sabía que era solo su renuencia a enfrentarse con la verdad. Sería por poco, doloroso. La intrigaba la insistencia de Lonnie. ¿Por qué no sólo le decía lo que quería que viera y ya? Se vistió con una blusa negra con motivos dorados y unos leggins gris oscuro que estaba segura en algún punto se le habían quedado ajustados a Adora.

Cuando ya no tuvo ninguna excusa más para seguir retrasando, se sentó en el escritorio y por fin miró el primer archivo. Era el propio. Con una etiqueta con su nombre en el frente, lo abrió y empezó a leer.

Un reporte entero de sus castigos, detalles, supresión de comidas, los escasos logros que escapan al control de Shadow Weaver y sus instructores eran capaces de registrar, como las pruebas de velocidad en las que siempre derrotaba a todo su equipo. Hojas y hojas de sus castigos. Fotografías de sus años creciendo. Era difícil ver como su mirada se iba endureciendo con los años. Su última fotografía fue justo después de ser nombrada Capitán de la Fuerza.

En la parte más atrás, había un sobre con un sujetapapeles, lo abrió y ahí se encontró con fotografías que debían de ser de Media Luna. Luna Brillante era enorme y majestuoso. Media Luna también lo era, además era salvaje y primal. Se veían pocas escalinatas y había puertas y entradas en los lugares más insospechados. Catra no era experta, pero estaba segura que esos saltos podía darlos sin esfuerzos. Con el castillo enclavado en medio de un precipicio, rodeado de los grandiosos árboles de los Bosques Susurrantes. Catra ni siquiera se había molestado en ubicarlo en un mapa. Tendría que estar en algún lugar entre Plumeria, la Zona del Terror y Luna Brillante.

Podía ver torres, estatuas grandiosas y otras estructuras apiladas entre los acantilados y precipicios. Viendo mejor, podía encontrar las pequeñas figuras que tenían que ser los magicats. Un patrón se repetía, tal vez eran los guardias uniformados. Era cierto que no eran muchos.

La última era una fotografía de humo y sombras. Las ruinas después de la batalla. Cuerpos caídos. Se recreó todo lo que pudo con los detalles. Sacó su pad y lo puso a descargar toda la información digital que había conseguido Lonnie. El siguiente archivo era el de Scorpia. Era igual de grueso que el suyo, pero en él constaban los registros del avance en solitario de la princesa despojada de su poder. Había un informe completo de la Black Garnet también. Había pocas menciones importantes, ni castigos ni premios. Scorpia ocupó su puesto como Capitana de la Fuerza al cumplir los 21 años, como si hubiera sido su coronación y desde entonces se había encargado de dirigir misiones menores de reconocimiento, y Shadow Weaver la usaba más como una especie de mensajera interna, sin dejarla mucho tiempo en ningún lugar. Poco a poco comenzó a destacar por las proezas de su fuerza física y trabajó activamente desde entonces en la recolección de minerales y otros materiales para la guerra.

Imágenes de las ruinas del reino Escorpión quedaban para la posteridad. Catra jamás había pensado conscientemente que la Zona del Terror estaba sobre las ruinas de un reino. Del hogar de su amiga, del cual ella le había hablado varias veces. Incluso había una copia de la foto de las madres de Scorpia y también de su abuelo, "el que le dio la Black Garnet a Hordak". Mentiras. Todo eran mentiras. Le daría a Scorpia todos sus documentos y que ella guardara lo que quisiera. La ira empezaba a bullir en su interior.

El siguiente archivo era de Adora. El doble de grueso casi. Lleno de todos sus logros, por nimios que fueran. Casi todos de puño y letra de Shadow Weaver o con comentarios de ella. Otros capitanes también la elogiaban. Había también las fotos de su crecimiento.

Catra comparó la primer foto de Adora, un bebé que ni siquiera podría caminar, contra la primera de ella. Había un cierto desfase. Según las fechas, Catra había sido ingresada a la Zona del Terror, casi dos años después de la foto de Adora. El reino de Media Luna cayó entonces poco más de un año después de que Adora fuera arrastrada por Hordak a la Zona del Terror.

No quiso entretenerse mucho con las fotos ni con las matemáticas de las fechas.

En gran medida ya había confirmado todo lo que los viejos reyes le habían dicho, y lo que el sarcasmo sucio y bajo de Shadow Weaver le había reiterado. Solo faltaría algo que la nombrase como la verdadera princesa de Media Luna, no solo por omisión o por ser la última de ellos.

Vació la caja: había archivos de las princesas, de todo su equipo. De Micah y más gente y nombres que Catra no reconocía. Debían ser viejos enemigos de la bruja u otros soldados viejos de la Horda. Después tendría tiempo de revisar más a profundidad todo el material. El último archivo estaba dentro de una gruesa carpeta rojiza. El pad sonó indicando que ya había terminado de descargar toda la información.

Catra empezó a navegarla un poco distraídamente porque muchas imágenes y registros se repetían contra lo que ya había visto impreso. Había entradas adicionales como comentarios en algunos registros. Capitanes o instructores que habían dado un punto de vista y cosas por el estilo.

La carpeta roja la esperaba y la abrió sin prestar atención, un poco olvidada la ira, la injusticia, las heridas, por los números aburridos, las tablas de datos sin sentido ante sus ojos. Le extrañó que no tuviera un nombre o algo en la carátula como todos los demás. Lo primero era un registro de alimentación básico de prisioneros. Igual al que Catra había tenido que rellenar cuando Shadow Weaver estaba cautiva en las mismas celdas que había ayudado a diseñar.

Lo raro es que no tenía el nombre de nadie, solo figuraba como "Sujeto Uno". El registro era muy escueto, seguramente lo habían puesto a un régimen de castigo. Se rio un poco, sin humor. Glimmer se horrorizaría con estos números. Tendría que ser un lagarto o algún otro híbrido, ningún humano como Lonnie o Kyle aguantaría tantos meses con una dieta tan pobre. El año; el año era el mismo de la caída de Media Luna.

Catra empezó a pasar más rápido los registros. Ninguno tenía nombre, solo estaban numerados del 1 al 59. Y el número decrecía con los meses. Con los años. Los números de celdas no coincidían con ningún reporte que Catra recordara de la prisión de la Zona del Terror. El último registro de alimentación estaba fechado hacía seis meses, cuando Shadow Weaver fue destituida. De 59 sujetos, quedaban registros de 18.

Entrapta estaba tan excitada. La emoción le bullía por el cuerpo. Bow se había ido a dormir, porque después de pasar la tarde en la prisión y después ayudando a Entrapta, se había cansado. Las lecturas bajo espectros de medición más específicos, habían arrojado datos muy interesantes.

Justo ahora Entrapta tenía antenas que le mandaban información desde Isla Bestia, el Lejano Norte, el Desierto Carmesí, la Zona del Terror, las Salinas y la propia Luna Brillante, así como de su propio reino. Había detectado algunos pequeños picos pero no eran anomalías infrecuentes, por lo que no les había tomado mucho importancia. Y más con Catra presionandola para otros asuntos. Cuando los picos empezaron a ser más constantes, les prestó más atención. Ahora sus mediciones las estaba comparando usando una versión menos potente del software de Darla, que estaba intentando copiar y adaptar a su tecnología.

Los flujos mágicos de Etheria atravesaban todo el planeta, creando importantes fosos cerca de las piedras rúnicas. Eran como corrientes marinas, y así como estas las había frías y calientes, los flujos mágicos tenían sus propias leyes, que todavía no acababa de descifrar, lo cierto es que había flujos de entrada y salida. Se unían al interior para formar el Corazón de Etheria, como había aprendido en Isla Bestia.

La magia circulaba lenta y pesada en el área de la Zona del Terror, seguramente gracias a que la Black Garnet no estaba "equilibrada", palabra que usaba como en clave el sistema de los Primeros para definir el fenómeno. El resto de las piedras rúnicas parecían controlar los flujos y reflujos en sus áreas, había grandes picos de actividad que coincidían con las fechas de las batallas más representativas, como en Drill y las Salinas. Pero estos pequeños saltos apuntaban a una acumulación de energía que crecía en mayor medida, aunque seguía siendo mínima, en la Zona del Terror.

Había tenido la escala de medición del uno al diez, y los flujos normales se movían entre el tres y el cinco. La Black Garnet solía oscilar entre el uno y el dos. Durante las batallas, la gráfica se salía a veces hasta el trece, como en las Salinas cuando Mermista provocó el tsunami que subió hasta catorce. Para hacer una comparación, Entrapta cambió los parámetros a una escala de uno a cien.

Sería difícil lograr una buena tesis de esto. Entrapta empezó a manipular los datos. Los restringió a la Black Garnet y empezó a jugar con las marcas de tiempo. Se fue muy atrás, pero no había casi nada. Después, hace tres años, había algunos picos esporádicos pero mucho más notorios en comparación a los tres años previos, además de ser más consistentes. No podía medirlos con tanta precisión. Y los picos crecían en constancia, pero no en fuerza, desde hace poco más de tres meses a la fecha.

Desde seis semanas a la fecha, la Black Garnet había subido su escala de 1-2, a 2-4, seguía siendo bajo en comparación a las otras piedras pero era un cambió bastante interesante. Las piedras respondían a las emociones de las princesas, lo había comprobado varias veces. Y eso podría afectar el flujo. Fascinante.

Shadow Weaver había esclavizado a la Black Garnet con un hechizo perverso, y según Catra nunca había logrado una conexión natural, además de que la hechicera parecía estar bastante estable en su prisión. No explicaría los cambios tan recientes. Otra opción era Scorpia, la princesa original para la Black Garnet, que una conexión débil y manchada por magia ajena había terminado por corromper. Si Scorpia de verdad no tenía ningún lazo con su piedra rúnica, la única otra opción que Entrapta podía vislumbrar era que el Corazón de Etheria se estuviera desestabilizando y pulsando más energía hacía la única salida que tenía.

Cada opción era más fascinante y emocionante que la anterior. Tenía que volver a confirmar su teoría sobre las princesas y sus emociones. Las observaría y registraría los cambios. También le gustaría poder hablar con Shadow Weaver. Ahora tenía todo listo para presentar su reporte a Catra.

Esa habitación solamente había conocido un desastre tal cuando Adora se estaba preparando para el baile de las princesas. Después sufrió al ver a Catra colapsando. Y ahora se estaba cocinando algo mucho más siniestro. Catra había derramado lágrimas de puro estupor. El odio más puro y frío, ese que solo podemos tener por alguien a quien hemos amado con la misma fuerza, la recorría desde su centro hasta la punta de cada pelo. La rabia la empujaba, amenazando con romperla, y la había domado.

El piso estaba tapizado de papeles y fotografías.

Las fotografías detallaban horrores que no dejarían dormir a un hombre durante días.

Cuerpos rotos y llenos de sangre. Vivisecciones. Hechizos. La más brutal y cruda de las hambrunas. Cuerpos famélicos, mutilados. Pequeños y grandes.

Tan solo un momento antes y Entrapta la pudo haber detenido, sin sospechar las consecuencias para sí misma. Pero se encontró con Glimmer de camino a la habitación de Catra y empezó a contar lo que había descubierto para gran asombro e interés de Glimmer. Pues se enganchó al escuchar "Corazón de Etheria".

Catra salió sin rumbo de su habitación pero un deseo oscuro crecía en su corazón. Treeleaf estaba dormido en los establos y un escalofrío lo despertó. Mehira descansaba en una sala junto al fuego y un olor bajo, agrio, amargo le inundó la nariz. Los pasos de Catra pusieron destino a la habitación de la torre norte. Lily se estaba paseando de regresó a la habitación de Perfuma e iba regando aroma de manzanilla y lavanda. Mehira perdió el rastro.

Los guardias se extrañaron un poco por la hora, pero era la Comandante. Ella simplemente entró a la habitación después de que le abrieron las puertas.

Catra veía a Shadow Weaver dormida bajo sabanas suaves de color claro incierto a la luz de las lunas. Sus ojos eran los ojos de la Bestia. Del monstruo que toda la vida aquella que creía una madre le había dicho que era. El odio y la rabia la roían las entrañas y los huesos.

Le había robado, quitado absolutamente todo. Destruyó su pasado, hizo un verdadero infierno su presente y había usurpado su lugar en la Historia y el futuro.

Le había arrancado las raíces para trasplantarla pobremente en cualquier lugar y no dejarla morir, pero apenas viva. Y también la había despojado del único sol que había conocido.

Con una garra, firme, atravesó la barrera mágica. Esperaba sentir algo. No pasó nada. La traspasó por completo.

Sin titubear, levantó una garra y atacó directo en el rostro. La máscara roja salió volando y se escuchó el retumbo del metal. El gemido sorprendido y herido de la bruja.

—¿Así es como te gusta, maldita loca?— Gruñó Catra.

—¡Catra! ¿Qué crees que haces?— Se llevó las manos al rostro, tanto por detener la sangre que le bajaba por la cara, como por la vergüenza que la recorría siempre que estaban expuestas sus cicatrices.

Las garras de Catra se sentían tan bien. La carne era un material tan blando. Ella, que estaba acostumbrada a cortar metal, armaduras, escalar en piedra. Catra abrió bruscamente las sabanas y vio a la bruja solo en una bata negra. Shadow Weaver al fin se dio cuenta de la mirada salvaje y casi psicótica de Catra. El frío fuego de su odio la mantenía lúcida. En su mente se repetían las pesadillas de las fotografías.

—Justo así, ¿verdad?— Repitió con un gruñido.

Catra la tomó de un tobillo antes de que Shadow Weaver tuviera tiempo de escapar, la sacó de la cama con su fuerza prodigiosa y la lanzó contra la pared de la barrera mágica, curiosa. La bruja se retorció entre convulsiones mientras la barrera mágica la atacaba con su magia y Catra se regocijó. Shadow Weaver fue soltada por la magia y cayó al piso miserablemente. Un gemido bajo y lastimero salió de su garganta.

Catra la tomó de la solapa y la levantó. Shadow Weaver no tenía las fuerzas ni para empujarla. Con la otra mano, Catra le acarició la mejilla, sintiendo las cicatrices. Un miedo creciente se dibujaba en sus facciones.

—Recuerdas la lección. No grites, nos pueden escuchar— Dijo Catra con voz dulce y terrible.

Los ojos de Shadow Weaver se abrieron con horror. Esas eran algunas de las palabras que le decía a Catra mientras la castigaba. La caricia de Catra se volvió dolorosa cuando expandió las garras y las dejó marcar la piel gris. A Catra ya no le interesaban las preguntas y las respuestas. Había visto toda la verdad y ahora solo quería compensación. Su justa retribución.

—Catra, espera…— No. No tenía derecho a rogarle. No habría piedad.

En un relámpago, el ojo de Shadow Weaver salió de su cuenca. La bruja se mordió la lengua para no gritar. Ella no suplicaría. No le daría la satisfacción a Catra. Pero eso era justo lo que quería. Más tiempo para jugar con ella.

—Silencio. No quieres que nos escuchen— Repitió con un gruñido bajo.

—¿Por qué…?

—Tuviste que habernos matado a todos…

No. No era posible. Nadie sabía de ellos.

Solo los soldados más inútiles, sin voluntad, doblegados a su magia y mente. Ellos eran los encargados. Nadie podía entrar en su cámara. Se necesitaba el nivel de autorización más alto y Catra estaba aquí. No era posible que consiguiera la información.

—Sujeto 41— Susurró Catra, mientras en su mente veía la foto de una joven magicat gris manchada con un ojo todavía colgando del nervio a la altura de la mandíbula. Lamentaba no medir su fuerza y extirpar el ojo completamente de la bruja.

Shadow Weaver no necesitaba más confirmación. Catra la arrojó contra otro muro, con un sonido seco. Las pesadas puertas de fina madera no dejaban salir estos sonidos tan apagados, y los guardias con sus tontos cascos no tenían el oído tan fino.

Catra fue hasta la bruja que intentaba arrastrarse fuera de su alcance. Le hundió las garras en la pantorrilla mientras la sujetaba sin contemplaciones. La sangre tibia le manchó el pelaje.

Quedaba solo una hora para el cambio de turno y Entrapta quería hablar con Catra antes de que se fuera. Seguía hablando con Glimmer mientras caminaban hasta la habitación. En la mente de Glimmer, una idea que había estado mucho tiempo indefinida, y casi olvidada, ahora tomaba forma, templándose.

Shadow Weaver estaba cubierta de tajos, por todo el cuerpo. La ropa eran solo jirones. Catra la estaba destazando poco a poco, recordando las vivisecciones en el Sujeto 27, un magicat de no más de siete años.

Cuando Catra le empezó a hacer un tajo cruzado sobre otros muchos, Shadow Weaver empezó a quejarse más ruidosamente. Catra le tapó la boca con la mano izquierda mientras dejaba que sus garras crecieran varios centímetros y se le incrustaban en la piel.

—Cállate— Parecía que habían pasado horas pero no llevaban así más de 15 minutos.

La bruja balbuceó algo. El dolor se pintaba en su faz. Se estaba desangrando, sentía el frío morder sus huesos. ¿De verdad Catra la quería matar? Con toda la energía que logró juntar, lanzó un hechizo de los más peligrosos, sin dirección, sin runas, sin palabras, solo la voluntad de hacer magia, que se podía salir de control. Sabía que Catra tenía una asombrosa resistencia a la magia a causa de todos los castigos y hechizos que había usado contra ella, por lo que nada que hiciera ahora la podría salvar. Lo único que le quedaba, era esperar que Micah llegara a tiempo.

Los pelos de las orejas de Catra se estremecieron en un sentimiento que conocía muy bien.

—¿Qué acabas de hacer, maldita? Te dije que quería divertirme contigo mucho más tiempo— Shadow Weaver negó como pudo, pero no iba a engañar a Catra. Conocía demasiado bien la firma de su magia.

Sea lo que fuera, Catra sabía que no le quedaba mucho tiempo. Sin soltarla de la cabeza, amordazada con su palma, y las garras bien clavadas, usó la otra mano para empezar a romperle los dedos. Cada chasquido era una delicia. Shadow Weaver se retorcía, pero la fuerza de Catra era poderosa. Con el puño cerrado, la golpeó en el hombro y vio salir la sangre de entre sus heridas y escuchó romperse los huesos.

Micah se despertó sobresaltado, abrazado a Angella, ella también se despertó.

—¿Qué pasa, amor?— Preguntó ella soñolienta.

—hum…— Una sensación fría, viscosa, le recorrió la espina dorsal y tembló.

—¿Micah?

—Shadow Weaver está intentando escapar.

Los dos saltaron de la cama.

Entrapta tocó a la puerta y esperaron. Glimmer no haría de nuevo una cosa tal como meterse a la recámara de la gata sin autorización. Pero Entrapta no entendía de tales sutilezas. Volvió a tocar y esperar. Otra vez no recibieron respuesta. Entrapta abrió la puerta sin más y entró llamando por su amiga. Glimmer estaba a punto de detenerla, cuando vieron el desorden de papeles. Oh, no, si a Catra le había dado un atasco artístico y había dejado así sus pinturas, no quería ver nada. Entrapta entró a la habitación y recogió el primer montoncito de papeles que encontró, que eran uno de los registros de alimentación de prisioneros, en el nombre ponía Sujeto 27. Su coleta alcanzó una de las fotografías y la miró. Era alguien recostado sobre una mesa de operaciones, cubierto de vendajes sucios y heridas abiertas, parecía una especie de felidae, pero tenía injertada una cola de lagarto y un tentáculo, al parecer.

Después de dudarlo otro segundo, Glimmer entró y miró lo que Entrapta miraba tan fijamente. Se horrorizó.

—¿Qué es esto?— Preguntó consternada.

—Al parecer una operación de vivisección— Sabía que no podía esperar otro tipo de respuesta de Entrapta. ¿Y qué demonios era una vivisección?

Antes de que pudieran ver el resto de papeles y fotografías, Mehira se apareció en la puerta y maulló para que Glimmer lo viera. Ella se le acercó y se dio cuenta de su cara preocupada. Mehira no tenía tiempo. Detestaba a veces que no pudieran comunicarse más directamente. La mordió suavemente para jalarla.

—¿Quieres que vaya contigo?— Mehira asintió sin soltarla, tratando de imponer en su mirada toda la prisa que sentía.

El olor amargo de hace un rato, llenaba este pasillo y ésta habitación.

—Entrapta, vamos— Glimmer jaló de la mano a la princesa de Drill y siguieron al puma, sin soltar la foto ni los registros.

Un pie de Shadow Weaver estaba doblado en ángulo recto a la pierna. No era natural. Catra la seguía sosteniendo de la boca, disfrutando de cada sollozo y grito estrangulado. Pudo escuchar pisadas apresuradas a lo lejos, y si no estaba equivocada, eran las de Micah.

—Así que llamaste a tu pupilo… A él también lo hubieras matado si hubieras podido, como a Adora— Las palabras negras de Catra era un rugido bajo.

Con la otra mano la tomó del cuello y empezó a apretar. Shadow Weaver se retorció e intentó luchar, pero ya no tenía fuerzas, y tenía todos los dedos rotos, era una agonía. El fuego gélido de la rabia y el odio surgieron en Catra como un poder avasallador concentrado en sus manos. El frío dejó de ser una metáfora para empezar a quemar la piel de pergamino de la bruja.

Catra le quitó la mano de la boca para apretar con las dos su garganta y entre gritos ahogados de dolor y desesperación por conseguir aire, la chispa en sus ojos se iba perdiendo.

Los guardias abrieron la puerta y Micah y Angella entraron precipitadamente a la habitación, en la que solo miraban sombras. Se escuchaban sin embargo un siniestro ronroneo y los estertores. Uno de los guardias encendió las luces y miraron con horror la habitación llena de sangre y los dos cuerpos. Catra estaba hincada al lado de Shadow Weaver, con las manos todavía enredadas en su cuello, con la escarcha que se había formado en toda la garganta de la mujer, que extendió la mano destrozada hacia Micah, que no pudo moverse del estupor.

Catra apretó más y se escuchó el crujido del cuello roto.

Mehira llegó corriendo con Glimmer y Entrapta detrás. Las dos se quedaron estupefactas también.

Los guardias no estaban seguros de que hacer. Nadie lo estaba.

Catra no estaba loca. Estaba tranquila. Aliviada de hecho. Un poco sorprendida del hielo. Sus manos ya estaban normales de nuevo, solo manchadas de escarcha roja. Se puso de pie y todos los demás se movieron en respuesta. La seriedad en la cara de Catra contrastaba con lo que acababa de hacer. La cola se movía lentamente.

—¿Por qué?— Preguntó Angella.

—Se lo merecía… —Fue toda la respuesta que dio la gata.

—Guardias… Guardias, arresten a— Empezó a decir Glimmer.

—No te molestes, Brillitos. Haré lo que quieran— Caminó hasta el límite de la barrera, y extendió las manos, envainando las uñas. Tenía un poco manchada la ropa y el pelaje.

Micah conjuró una runa y deshizo el hechizo de Castaspella. Catra dio un paso adelante y los guardias la rodearon con cuidado.

—Llévenla a nuestras habitaciones, y que no salga— Ordenó Angella.

Cuando salieron, Micah se acercó hasta el cuerpo destrozado de la que alguna vez fue su mentora y observó pasmado el daño que Catra había hecho con toda la saña de la que era capaz. Miró la garganta congelada de la mujer. Había una leyenda, de que la familia real magicat tenía poderes corriendo por sus venas y solo podían ser despertados por poderosas emociones o mucho intenso estudio y meditación.

—Qué… ¿Por qué Catra…?— Glimmer ni siquiera podía pensar. No creía capaz a Catra de algo así, no en realidad.

—Creo… Creo que esto lo podría explicar— Dijo Entrapta mostrando la foto que todavía sostenía en su coleta.

Angella la tomó y se llevó una mano a la boca.

—¡Micah, Micah!

Lord Micah también miró la foto y antiguos grabados llegaron a su memoria. Esto era magia terrible. Prácticas tan atroces que llevaban siglos prohibidas.

—¿De dónde sacaron esto?— Glimmer los tomó a todos y los apareció en medio de la habitación de Catra.

Docenas y docenas de fotos y papeles en el piso los recibieron. No parecía haber un orden, pero el ojo experto de Entrapta y su conocimiento de Catra, detectaron el patrón rápidamente.

59 montones esparcidos es lo que había. Uno para cada sujeto.

—Tenemos que convocar a una reunión de emergencia. Esto no es cualquier cosa— Dijo Glimmer.

—Todos estamos alterados. Por la mañana pensaremos mejor— Contestó Angella.

—No voy a esperar a la mañana. Todas las princesas están en el castillo— Y Glimmer se desapareció antes de que los Lores pudieran decir algo más.

—Entrapta ¿Puedes reunir y organizar todo esto?— Preguntó Micah.

—Por supuesto.

—Mandaremos por ti en un rato—

Angella ya no podía gritar y hacerse obedecer por Glimmer, y no podía intentarlo justo ahora si quería evitar una fractura de poder peor de la que Catra había creado. Si la gata se empeñaba en complicar las cosas, podría hacer mucho daño. La antigua reina salió volando por la ventana, segura del destino de su hija.

Lonnie llevaba horas buscando, casi vagando, por las ruinas del Palacio del Horror, metiéndose en cada habitación que podía, rastreando con la ayuda de Emily. Hasta que dieron con unas escaleras que bajaban desde una cámara escondida detrás de los tronos. Bajaron y bajaron hasta que Lonnie sintió frío. Llegaron a una cámara subterránea de la que salían tres pasillos. Lonnie escogió uno mientras encendía una linterna y se adentraba con cuidado. Había gruesas puertas de metal, abolladas, arañadas, manchadas. A lo lejos se escuchaban algunos ruidos inciertos y tenebrosos.

Lonnie se acercó a una puerta, abrió la mirilla corrediza, levantó la linterna para mirar hacia adentro y un par de ojos verdes la recibieron, cuya pupila extendida se achicó al recibir la luz de la linterna. Lonnie se cayó hacia atrás del susto y soltó una maldición. Volvió a asomarse sin molestarse en recoger la linterna y una figura encogida al final de la pequeña celda, y el par de ojos verdes fulgurantes, la veían desde el suelo. Recordaba unos ojos y una figura similar de niña. Los ojos de Catra brillaban así en las noches, mientras la miraba acurrucada a los pies de la cama de Adora, las veces que Lonnie despertaba para ir al baño. No podía ser.

Sacó su pad y maldijo. No había señal. Esperaba encontrar algo. Pero no vida. Corrió hasta el Salón del Horror y llamó a Catra.

Micah y Entrapta saltaron de la sorpresa al escuchar el dispositivo de Catra sonar.

Entrapta contestó y se sorprendió de ver a esa hora a Lonnie.

—¡Catra! ¡Están vivos! ¿Viste…?— Pidió emocionada, desesperada, apurada.

—¿Quiénes están vivos?— Preguntó Entrapta. Lonnie se recompuso un poco.

—¿Qué sucede?— Preguntó Micah.

En las habitaciones privadas de los lores.

—Debe permanecer aquí, comandante— Dijo uno de los guardias.

—Sí, como sea— Y Catra se sentó en uno de los sillones, mirándose las uñas.

Chapter Text

Catra no había pensado fríamente que quería matar a Shadow Weaver.

Necesitaba salir, hacer algo, desacelerar su corazón mutilado. Toda la verdad de su existencia había estado en esa carpeta roja. Su historia, el pasado de su pueblo y las atrocidades a las que los habían sometido.

Después de que cayó el reino Escorpión, cayó Media Luna, y con ello la extinción de los escorpioni y los magicat. Lo único que no sabía, y no necesitaba saber para la resolución que se estaba formando en ella, era por qué.

En los registros constaba que Catra era hija de las monarcas de Media Luna, lo que la hacía la heredera de pleno derecho. De un pueblo extinto y un reino fantasma. Podía con todo eso. Ya lo sospechaba por las burlas de Shadow Weaver. Pero los mató. A todos. No murieron heroicamente en batalla. Algunos sí, pero el resto fueron llevados a calabozos sin nombre para realizar torturas y experimentos en ellos.

Ella no sabía de magia, no sabía si todo aquello tenía algún fin o solamente era para alimentar su placer y sadismo. No importaba, porque la haría pagar sangre con sangre. Antes de que se diera cuenta, ya estaba en la habitación de la bruja. Fue como una experiencia extracorporal. Catra estaba totalmente consciente de su cuerpo, de lo que estaba haciendo, pero estaba mucho más allá de la pena y la piedad. El odio era su motor.

Ahora podía recordarlo y disfrutar de las sensaciones, sin embargo, no quería la sangre de la bruja ni nada suyo contaminando su pelaje. Se levantó, buscó el baño y se lavo todas las manchas de sangre, se quedo en su ropa interior.

Se puso a pensar en cómo podría afectar esto su futuro inmediato. Tendría que haber ido a relevar a Netossa para este momento. Quizás ya le hayan avisado. No pasaba nada si la prisión se quedaba sin una princesa una madrugada. Pensó en la mirada triste de Scorpia. En la mueca incrédula de Bow. Tal vez ahora Glimmer dejara de meterse con ella, ahora que había visto de lo que era capaz. De lo que ni siquiera Catra sabía que era capaz.

Se miró las manos y comprobó por enésima vez en su vida que sus dedos no eran tan finos y rectos como lo habían sido los de Adora, pero era otra cosa que no era su culpa. Shadow Weaver se los había roto uno por uno, primero una mano y después la otra, cuando descubrió su gusto por pintar y empezó a hacerlo en vez de prestar atención.

Y ahora esas mismas manos torcidas y salvajes habían podido devolver el golpe. Ella habría preferido tener durante años a la bruja, presa de su dolor, para una justa retribución. Pero no era algo que pudiera garantizar. Los dolores más intensos que pudiera hacerle de manera rápida, con eso tendría que bastar.

Adora no lo aprobaría, pero lo entendería, al final. Que Catra no podría dejar pasar por alto el genocidio y la tortura. Porque al fin entendía. Sí, Catra al fin comprendía cabalmente. Los monstruos vivían entre ellos y había que exterminarlos.

No era el mesías que liberaría a su pueblo, ni la heroína que los salvaría a todos, tampoco sería la mártir que moriría por ellos, pero sería su juez y verdugo. Sería sus colmillos y garras. Que en ella recayeran todas las deudas de sangre, porque tenía lo que se necesitaba para llevarlo a cabo y no enloquecer en el proceso.

Se había terminado el tiempo de esconderse e ir con cuidado. Barrería con la Zona del Terror, la reduciría a escombros y la borraría de la faz del planeta. Así tuviera que hacerlo ella sola. Para bien o para mal, estaba segura que no estaría sola. Tenía a sus amigos, y tenía aliados. Que Glimmer no se pusiera en su camino o pagaría las consecuencias, aunque siendo sinceros, la quisiera de su lado y dirigir sus poderes para asolar a Hordak y todo lo que representaba.

Catra estaba preparando sus argumentos cuando las puertas se abrieron y Juliet se presentó ante ella. Se sorprendió de verla en interiores y le reverenció. Catra ronroneó.

—Princesa Catra, la esperan en el Salón de Guerra— Eso fue rápido. Juliet se dirigió a un guardia —Que le traigan ropa a la comandante, de prisa— Si Catra no estaba entendiendo mal, tenía incluso a la fuerza militar de Luna Brillante de su lado.

—Vamos, General.

—Podemos esperar a que le traigan su cambio de ropa, princesa— Corrigió Juliet.

—Está bien. ¿Quién está a cargo en el campamento?— Preguntó Catra para matar el tiempo.

—El Teniente Rogelio.

—Bien. ¿Estoy en custodia?

Juliet se inquietó un poco. Había espantosos rumores corriendo entre los guardias y la servidumbre sobre la comandante, y aunque había tenido sus dudas al principio, esta hordiana tenía el visto bueno de la reina Angella y sus acciones les habían traído la racha de victorias más importantes en toda su carrera militar.

—Lord Micah me ha pedido que la escolte hasta la reunión, es todo lo que sé.

—Entiendo, General.

—¿Quiénes están vivos, señorita?— Preguntó Micah a Lonnie, que jamás había hablado con él y Scorpia le había contado con mucho barullo que era el papá de Glimmer, que había estado muerto o algo por el estilo.

—No sé quienes son, pero Shadow Weaver los tenía encerrados en unos calabozos ¿Dónde está Catra? Tiene que saber esto.

—¿No tienes ninguna pista? —Preguntó Entrapta.

—No… Se parecen a Catra, creo.

—Los magicats…— Susurró Micah, que todavía se estaba acostumbrado a toda esta tecnología. Ahora toda la gente podía comunicarse por medio de ilusiones tecnológicas —Señorita, necesito que vaya a confirmar la información sobre lo que encontró y nos diga. Justo ahora es muy importante— Algo en el tono de Micah movió a Lonnie, quien asintió y se desconectó para volver a bajar a los calabozos.

Lonnie se encontró con que Emily ya se le había adelantado, había escaneado y mapeado toda el área, ecolocalizando cerca de cien celdas en las que solo 17 detectaba algún tipo de movimiento. La capitana se dirigió a la misma celda de antes y la recibió ahora un grave ronquido, y los ojos verdes la seguían mirando desde el fondo. Lonnie levantó la linterna y apuntó, la criatura escuálida se apretó todo lo que pudo contra su esquina y el ronquido de su garganta creció. Sus ojos salvajes eran enormes en su cara angulosa y famélica.

El pelaje negro de su cuerpo contrastaba con su cabello oscuro y sus orejas grises, pero estaba tan sucia que a Lonnie le costó trabajo definir los colores. Vestía harapos grises. La celda era de verdad un calabozo, construida tosca directamente en el lecho de roca. No había ninguna fuente de luz. Había una coladera abierta al centro de la celda y pequeños hoyos cerca del techo, no más grandes que un puño. Había restos de huesos en el piso, tan mordisqueados que era imposible saber su tamaño y fuente originales.

—¿Hola?¿Puedes hablar?— Lonnie intentó preguntar con toda la suavidad que pudo.

La figura parpadeó pero no dejo de gruñir. No se veía herida. Lonnie no sabía qué demonios hacer.

—No vengo a lastimarte… No sabía que estarían aquí. Hay otros más…— La criatura no reacciono, pero al menos dejo de gruñir. Lonnie pensó que la comida sería buena idea, aunque fueran las barras. Como Capitana de la Fuerza, por lo menos ahora siempre podía tener de las grises y llevaba un par encima para comer —Mira, solo traigo esto de momento, pero volveré con más— Abrió la pequeña puerta corrediza pegada al suelo, usando toda la potencia de sus músculos porque estaba atascada, y empujó dentro las dos barras que traía y su botella de agua.

Lonnie quería ayudar más, de verdad que sí, pero no tenía ganas de enfrentarse con una criatura con garras que probablemente estuviera loca. No se molestó en volver a cerrar la pequeña compuerta.

Se quedó un momento más, esperando y la criatura variaba su mirada entre la morena y los suministros en el piso. No tenía tiempo que perder. Lo dejó ahí y se fue a ver las celdas que le decía Emily. A medio camino tuvo que parar porque le dieron arcadas. No todas las celdas estaban igual de limpias. Ni todos sus ocupantes igual de enteros. Cuando Lonnie terminó de revisar lo que Emily había encontrado, se quedo con la imagen de 13 criaturas que se movían, le gruñían o le gritaban. Las otras cuatro ni siquiera se molestaron en encogerse o esconderse. O no sabía si podían moverse siquiera. No intentó hablar con ninguna otra y lamentó haber usado dos de sus barras con la primera. Dividió lo mejor que pudo el resto de las barras y las repartió en el resto de las celdas.

Regresó a la superficie, agradecida del aire limpio y la luz de las lunas.

Cuando contacto a Entrapta de nuevo, le mando la foto de la criatura de ojos verdes que tomó y le confirmó la existencia de los demás. La criatura se parecía bastante a Catra pero era imposible decir si era un él o una ella.

Micah miró la imagen y confirmó lo que los archivos que Entrapta le había entregado decían.

La Horda había capturado a poco más de setenta magicats después de la batalla de Media Luna, entre ellos a su joven princesa. De ellos solo sobrevivieron 60, y 59 fueron encarcelados para realizar espantosos experimentos con ellos. Micah reconocía algunos ejercicios de sus tiempos de estudiante avanzado en Mystacor. Había libros prohibidos que se podían ver y estudiar teóricamente y que para llevarlos acabo, necesitabas mucho más que agallas.

Había cosas que Shadow Weaver había llevado demasiado lejos como sus vivisecciones, injertando partes de otros híbridos en los magicats, probando sus límites y sus retorcidas teorías acerca de la impureza y viabilidad de los híbridos, de quienes entre todos, los magicats eran los más resistente, se rumoraba. No por algo eran la única raza en tener la magia en su nombre. Los magicats eran la perfecta unión de la carne y la esencia, de la magia y la naturaleza. Todas sus cualidades físicas estaban respaldadas por una magia primal y ancestral.

De todos sus sujetos disponibles, habían logrado sobrevivir 18, por lo menos hasta hace seis meses, y según la señorita de la pantalla, solo quedaban 17, y quedarían menos si no los sacaban de ahí.

Micah sabía apreciar el sentido común de Lonnie. No intentó sacarlos así como así, era demasiado arriesgado hacerlo para una sola persona sin saber que tan dañados o vulnerables estarían, incluso podía haber hechizos trampa, más allá del riesgo de los propios magicats.

Muy a pesar de las atrocidades que estaba viendo, Micah no pudo si no impresionarse de lo espeluznantemente detallado que estaban los trabajos de Shadow Weaver, y una nota en especial le llamó la atención y pronto todo el trabajo que había estado haciendo para poder usar el hechizo de traducción instantánea en todos los animales mágicos cobró sentido, comprendió sus errores y comprobó con horror que el trabajo de su mentora tenía aplicaciones útiles y hasta valiosas.

A Catra le habían llevado uno de sus ropajes de princesa directo de la lavandería, así que cuando llegó al salón de Guerra, estaba vestida en toda su gloria real, limpia, con la melena tan acicalada como acostumbraba últimamente y tan tranquila que el resto de princesas no entendían cuál era la emergencia.

Estaban ahí todas con aspecto de acabar de despertarse, Frosta, Perfuma y Scorpia incluso iban en pijama. Netossa todavía no llegaba y Spinni estaba preocupada por ella porque la reina no aparecía y Catra tendría que haberla relevado. Spinni estaba vestida y bien despierta porque estaba esperando a su esposa para dormir. Perfuma sintió un escalofrío al sentir la energía que emanaba de Catra.

Micah llegó junto con Entrapta por fin al salón y se puso nervioso al ver que todavía no estaban por ahí su hija y su esposa.

—Glimmer, detente un segundo, por favor. No puedes precipitarte— Pero Glimmer acababa de dar la orden a los guardias de reunir a las demás princesas en el Salón de Guerra. Angella suspiró.

—Mamá… Si no confías en mi juicio no se para que me hiciste reina entonces— Dijo Glimmer con la voz entrecortada.

—Hija, confío en tu buen corazón, y quiero evitar que hagas algo de lo que puedas arrepentirte después. Sin duda lo que está pasando requiere acciones contundentes, pero no precipitadas.

—Parece que apoyaran más a Catra que a su propia hija. Ella la mató, mamá. No en la batalla, si no mientras dormía. Seguramente solo estaba esperando a que nos confiáramos para poder hacerlo— Mordió Glimmer, herida de la aparente predilección de sus padres por la magicat.

—Jamás apoyaremos a nadie más que a ti, Glimmer. No puedes creer eso ni por un segundo. Somos tus padres y te amamos. Y no puedo creer que de verdad pienses que Catra ha hecho todo esto para tener la oportunidad de matar a esa mujer— Angella dio pasos hacia su hija, con los brazos abiertos.

—A veces… No sé que creer, mamá. A veces es tan parecida a…— Se le cortó la voz, mientras aceptaba el abrazo de Angella. Ojalá pudiera ser una niña resguardada del mundo en los brazos de su madre y ya.

—Lo sé… Recuerda que crecieron juntas— Dijo Angella acariciando la cabeza de Glimmer.

—¡Y luego hace esto!— Explotó otra vez sin librarse del abrazo.

—Que crecieran juntas no quiere decir que sean la misma persona. Sería como esperar que seas igual a Bow, pero sin duda él es tan determinado como tú— Angella no estaba segura a lo que quería llegar su hija.

—Quisiera saber qué es lo que haría Adora— Al fin le daba algo claro con lo que trabajar.

—Ella hablaría con sus amigos y las princesas antes de decidir… Me temo que estaría igual de confundida que todos nosotros por las acciones de Catra— Además de terriblemente herida, pensó Angella.

—Creo que tienes razón. Catra había dejado en paz a Shadow Weaver y yo vi lo mal que se puso cuando fuimos a la Zona del Terror para evitar que el portal…— Angella la volvió a estrechar. Su instinto maternal deseó también poder abrazar a Catra, porque en sus mil años, apenas podía imaginar la cantidad de dolor que había tenido que soportar.

Con la cabeza más templada y el corazón dispuesto, madre e hija se dirigieron al Salón de Guerra, donde ya todos las esperaban, pues su charla se había extendido más de lo pensado.

En eso entró Netossa, un poco húmeda porque había empezado a lloviznar.

—¿Alguien puede explicarme porque hay una reunión a media noche?— Demandó con su intensidad usual.

—Cariño, no lo sabemos. Te estábamos esperando para empezar. Me alegra tanto verte— Spinnirela no dudó en demostrar su amor frente a todos al sentir el alivio de ver a Netossa a salvo.

Así como cada vez que Catra las veía, sentía una nueva nostalgia, de contacto, de cariño. De cuidar. Quisiera tanto haber tenido la oportunidad de ponerle un nombre tan exacto a su dinámica con Adora, que era más que su mejor amiga, mucho más que cualquier persona en su vida. Ella sabía que amaba a Adora, el amor no le era ajeno. El concepto de mejor amigo tampoco. Kyle, Rogelio y Lonnie eran mejores amigos entre ellos. Lo que no tenía era el concepto de pareja, de familia, así como lo vivían Spinnirella y Netossa, Micah y Angella. Porque Catra tenía impulsos que iban mucho más allá de lo que quisieras hacer con un amigo con Adora, y por fin tenía nombre.

Juliet estaba detrás de Catra, y dos guardias más la respaldaban. Las princesas miraron a la familia real, Micah y Angella en ropa de dormir, Glimmer un poco desaliñada. Bow la miraba, nervioso, y también miraba a Entrapta, trabajando en el dispositivo de Catra, pero no de la forma alegre compulsiva que solía tener, si no con una seriedad rara en la princesa de Drill.

Glimmer sabía que ella era la que tenía que abrir, solo que ahora ya no estaba muy segura de que decir. Veía a Catra tan tranquila, que no creía que apenas hace un rato la había visto sonreír al romperle el cuello a la mujer que alguna vez había llamado madre.

—Siento mucho haberlos despertado, pero hay algo muy serio que discutir, y no podía esperar, ni siquiera a la mañana— Frosta se puso seria después de volver a tallarse los ojos y Scorpia escondió un bostezo —Catra fue hallada hace un rato… sobre…— Glimmer ni siquiera podía decirlo.

—Maté a Shadow Weaver— Explicó Catra como si le hubieran preguntado que cenó.

Las emociones al rededor de la mesa fueron creciendo. Varias princesas tenían la expresión de que no habían entendido bien lo que escucharon. A todos se les fue borrando el sueño de la faz conforme la verdad los iba calando.

—¿Qué tú que?— Preguntó Netossa.

—Maté a Shadow Weaver— Repitió Catra con la misma calma.

Su actitud relajada enardeció a Glimmer, que había estado dispuesta a escuchar.

—La mataste, y ahora estamos aquí para decidir cuál será tu castigo. Acaba de confesar— Dijo Glimmer con potencia en la voz. Angella suspiró y Micah la tomó de la mano. Como monarcas previos, sus votos todavía valían en el concilio pero no sabían que hacer.

—¿Por qué?— Spinnirela se hizo eco de la pregunta de Angella, y ahora que Catra tenía las ideas más claras, contestó. Aunque la pregunta era más producto de la estupefacción que de la verdadera necesidad de saber.

—Porque soy Catra, hija de Chikane y Nube Oscura, reinas de Media Luna. Shadow Weaver recibió lo que merecía después de exterminar a mi raza… y por la mañana caerá la Zona del Terror— Sus ojos refulgieron y plantó las palmas sobre la mesa, y más escarcha rodeó sus manos.

Chapter Text

Angella y Micah se miraron entre sí, Netossa y Spinnirela entre ellas, eran los únicos a los que esos nombres les resonaban en la memoria.

Normalmente el Baile de las Princesas era un evento de frivolidad, que buscaba unir herederos de todo el planeta para que las relaciones de la realeza siempre se estrecharan, por lo que su principal concurrencia eran nobles en edades casaderas. Sin embargo, Spinnirela tenía tan solo cuatro años cuando sus padres la llevaron a su primera aparición de este baile tan importante. Era de sus primeros recuerdos lúcidos, las luces, la música, el encanto, los vestidos, trajes y toda la gala, la comida. El reino Estrella no había escatimado en gastos. Y recordó a la pequeña comitiva de felinos que reían y bailaban entre ellos, solamente congeniando con la realeza escorpioni.

Las palabras de Catra calaron fuerte en Angella. Chikane y Nube Oscura, tenía tantos años de no escuchar esos nombres… Los enterró muy al fondo, junto a la culpa que la corroía, sepultado bajo su miedo.

—¿Cómo sabes eso?— Lady Angella dio un paso al frente.

—¿Importa?— Dijo Catra.

—Estamos en medio de tu juicio…—

—Aquí primero tienen que decidir si van a enjuiciar a una princesa en su derecho real de ajusticiar a sus súbditos— Habló Catra, interrumpiendo a Glimmer.

—¿Puede alguien explicarnos lo que está pasando desde el principio?— Gruñó Mermista. Ya le estaba doliendo la cabeza. A ella no le importaba si había muerto esa mala bruja.

—Descubrí que Shadow Weaver tuvo prisioneros a varios magicats… Durante años, los torturó y…—La voz de Catra se empezó a quebrar.

—El término es vivisección— Entrapta no se pudo morder la lengua y Catra la fulminó con la mirada.

Scorpia estaba pasmada. No podía procesar todo lo que estaban diciendo.

—Catra…

—Ahora no, Florecita— Calló la gata a la otra princesa y se dirigió a Mermista —Ella los torturó y yo la maté. Todas ustedes tienen el derecho de hacer lo mismo si descubren que alguien a hecho lo mismo con su gente —Dijo mirando a todas las princesas, para detenerse con Glimmer.

Glimmer sentía que se había pisado la cola. Recordó la horrible fotografía que había visto y sabía que Catra tenía razón. Pero ahora tenía que rescatar algo de todo esto.

—No sé donde aprendiste los derechos y obligaciones de las princesas. Eso es algo que no se ha usado en años— Catra bufó divertida. Se dio cuenta que el pad que Entrapta estaba usando era el propio y no el de Entrapta.

—Entrapta, despliega las imágenes que mando Lonnie— Antes de que Micah o cualquiera pudiera hacer algo, Entrapta hizo lo que le pidieron, deseosa de limar el error que había cometido.

En los hologramas que era capaz de desplegar la mesa del Salón, fueron apareciendo las imágenes que Catra jamás se sacaría de la cabeza. Hasta Mermista palideció. Bow tuvo que apartarse para liberar a su estómago de su cena apenas digerida. Spinnirela se encargó de cubrir lo más que pudo a Frosta. Las exclamaciones de todos se dejaron escuchar. Los guardias soltaron sus lanzas y el ruido sobresaltó a todos.

Angella, que tampoco tenía el panorama completo, se acercó hasta la mesa y desechó algunas imágenes hasta que dejó al frente dos fotografías, que eran en realidad pinturas. Dos magicats, una siamesa de pelaje crema, orejas, cabello y cola castañas, con impresionantes ojos turquesas. La otra con líneas pardas sobre un pelaje oscuro, dos líneas creaban diseños en su frente, dos curvas más entornaban sus vibrantes ojos verdes y líneas más delgadas arañaban sus mejillas. Más rayas se dejaban ver en sus poderosos brazos y todo su pelaje era oscuro. Solo tenía un anillo blanco casi en la punta de la esponjosa cola.

—Chikane…— Y Angella pareció acariciar el holograma de la magicat siamesa.

—¡Eso no era necesario, comandante!— Reaccionó Micah.

—Ellas pidieron respuestas— Todo se estaba saliendo de control —Si no van a enjuiciarme, esta reunión no tiene sentido. General, prepare todo… en la mañana atacaremos la Zona del Terror—

—No tienes derecho, Catra— Glimmer se acercó hasta ella, con los ojos llorosos por todas las emociones que estaba viviendo. Se atrevió a tomarla de la muñeca —No tienes que precipitarte así…—

—Tú quisiste, Glimmer. Tú querías atacar, ¿ahora no vas a hacerlo?— Dijo Catra con la voz cargada de emoción.

—Pero no así, tú querías esperar el momento perfecto. Además Entrapta…— Micah pensó rápido. Tenían que salir de esa espiral o todo podía salir muy mal. Glimmer quería hablar de los datos que Entrapta estaba recogiendo de las piedras rúnicas.

—Sí. Comandante, después de lo que paso, una señorita llamó y dijo que los encontró. Están vivos…— La interrumpió Micah.

—¿Qué?— Entrapta se apresuró en poner en la pantalla del pad la foto del magicat de ojos verdes y se la mostró a Catra estirando su coleta. Catra estaba absorbiendo la imagen cuando una llamada entró.

Catra tomó el aparato y esperaba más noticias de Lonnie, pero se sorprendió de ver a Double Trouble con su apariencia real.

—Oh, Gatita. No espere que contestaras tan rápido. Tuve que salir a tomar el aire fresco porque creo que esto… oh, oh ¿por qué la cara larga?— Catra se limpió los ojos antes de ponerse a llorar y gruñó.

—¿Qué quieres, Double Trouble?— El cambiaformas se fijó en el rededor de Catra que podía ver y se dio cuenta que no estaba sola ni en su habitación.

—Oh… Ya veo que estás ocupada. Bueno… Solo quería decirte que Hordak logró reconectar una tal máquina del portal y dejó a la Zona del Terror sin energía un rato— Respondió mientras se miraba las uñas y enroscaba la cola tras de sí.

No podía ser.

Casi todas las princesas y Bow contuvieron el aliento al escuchar las noticias. Por si las cosas no estuvieran suficientemente descontroladas.

—¡Ya lo confirmaste?— No, no, Catra no lo volvería dejar poner a esa máquina infernal en funcionamiento.

—Todavía no hay energía, los repetidores no funcionan, estoy casi en Plumeria para poder avisarte— Contestó con un tono plano. Esto no era divertido. Esperaba sorprender a Catra con esta noticia. ¿De qué se había perdido?

Entrapta sacó su propio dispositivo y después de algunos clicks, confirmó la información. Por fin le daban algo sólido en lo que podía trabajar. Eso de estar hablando con tantas emociones no era lo suyo.

—Double Trouble tiene razón. No hay ninguna señal encendida en la Zona del Terror, solo la de Emily… Pero su dispositivo no se puede conectar al de Emily por alguna razón—

—Por que está fuera de rango, se fue de paseo con tu amiga, la fuerte Capitana, y era más fácil llegar a Plumeria que buscarla.

—¿Dónde está Lonnie? Se supone que tiene… ¡Eso no importa justo ahora!— Explotó Catra, recordando. Se volteó hacia Micah. —Dijo que están vivos… ¿Quienes?— Suplicó.

—Ellos…. los magicats, algunos están vivos— Catra casi se cae de la impresión, de no ser porque Scorpia la sostuvo de un brazo y Entrapta también extendió su cabello.

Catra las miró un momento y pudo recomponerse. La mañana estaba muy lejos. Se irían ahora, con Alianza o sin Alianza. Glimmer vio la decisión en su mirada, la misma que le había arrojado antes del ataque de las Salinas.

El magicat de ojos verdes esperó pacientemente hasta que se dejó de escuchar el ir y venir de Lonnie entre los pasillos. Tenía unas ganas horribles de arrojarse sobre las cosas que había lanzado la desconocida. Meses sin ver ninguna luz y de pronto ese rayo, le habían lastimado la vista. Ya estaba empezando a pensar que la bruja simplemente los había condenado a una horrible y lenta muerte por inanición y a un camino igual de lento a la locura.

Tenía mucho tiempo que no bajaba ningún milpiés o alimaña parecida por los respiraderos. Y la humedad de las paredes no hacía nada por saciar su sed. Ya estaba al borde de beber su propia orina y alimentarse de su sangre, pero eso eran solo medidas desesperadas. El fin estaba pronto. Olió las barras y no había nada sospechoso. Se obligó a comer solo una, despacio. El sabor amargo y rancio, le supo a gloria. Su memoria no era capaz de conjurar nada mejor. Y el agua… Agua limpia, pura, fresca, no lodo revuelto e infestado que podía llegar a caer por los respiraderos. El agua era la vida misma. ¿Podría ser que el viento al fin había escuchado sus ruegos?

Tenía ganas de vaciar toda la botella, mucho más de lo que quería comerse las barras enteras. Se sobrepuso y dejó que su estómago asentara. Esa puertita le estaba inquietando. Dejó la botella y la barra al lado, y poco a poco, empezó a salir por la diminuta abertura. Primero la cabeza y un hombro, se impulsaba con pies y manos. Con medio torso fuera, se estaba lastimando el costillar para terminar de sacar el otro brazo y fue ahí fue donde de verdad tuvo que esforzarse. Se dejó un pedazo de piel para salir pero las piernas fueron juego de niños. Siguió el olor de la desconocida por los pasillos y descubrió a sus compañeros, a sus hermanos de vida y dolor. Susurró un adiós póstumo para el que no sobrevivió los meses de soledad y hambre. Ahora descansaba con el resto de sus ancestros.

Su corazón sufrió y lloró por los hermanos que no respondieron a su llamado pero seguían vivos. Era incapaz de saber si sus cuerpos o sus mentes estaban incapacitados. Apenas tenía fuerzas para andar. La desconocida prometió volver y quería creer en su promesa y en la suavidad de su voz, que no había escuchado nada igual en mucho tiempo… demasiado tiempo. Sin ver el cielo o respirar aire limpio. Sabía que justo ahora hasta la luz de la luna mayor le haría daño. Se estaba muriendo, ni siquiera un magicat podía aguantar tanto tiempo en la oscuridad, el hambre, la sed y la soledad.

La chica había repartido otra poca de esa comida entre el resto de sus hermanos, pero no todas las puertecillas estaban abiertas o no abiertas del todo. Las celdas mismas estaban muy deterioradas, igual que sus ocupantes. Algunos le respondieron quedamente y agradeció por cada uno de ellos. El cansancio podía con su cuerpo mutilado, se hizo un ovillo junto a la puerta de uno de sus hermanos, que estaba lo bastante entero para maullar en respuesta y arrastrarse hasta la puerta también, sacar la cola por la pequeña rendija que estaba abierta en la puertecilla y envolverle. Quisiera poder devolverle el gesto.

Un rato después, se despertó con unos sonidos muy extraños para sus oídos, una especie de chillidos.

—Emily, no hagas tanto ruido…— Escuchó la voz amable de un rato hace.

Lonnie se resbaló de la impresión. Ojos Verdes le estaba devolviendo la mirada desde la mitad del pasillo. El primer impulsó de la criatura fue gruñir de nuevo y el otro magicat en la celda le hizo coro. Lonnie levantó las manos.

—Okey, no sé cómo lograste salirte de ahí, pero no voy a atacarte. ¿Podrían dejar de gruñir?— Dijo la morena con la voz más conciliadora y liviana que encontró —Traigo más comida y agua, mantas… Y más ayuda viene en camino ¿Por favor?—

Ojos Verdes dejó de gruñir, poco a poco. Sus instintos estaban a flor de piel. Lonnie entonces pudo ver las manchas de sangre fresca en el costillar, apenas cubierto con los harapos, ahí donde se había dejado la piel para salir por la pequeña puerta de no más de 30cm de largo. Ojos Verdes se levantó poco a poco, consciente de su debilidad. Emily no tenía contemplaciones, se puso al lado de Lonnie y preparó su láser por si hacía falta.

—Me llamó Lonnie, solo quiero ayudarlos. Si no pueden hablar ¿Puedes asentir?— Ojos Verdes la miró intensamente sin parpadear durante un momento muy largo para después asentir lentamente.

—Si no vas a iniciar el juicio, Glimmer, hazte a un lado—

—Tenemos que votar— Dijo Frosta. Como siempre, todos se sorprendían. ¿Cuándo dejarían de verla como a una niña? Ya tenía casi quince años —Los miembros de la Alianza debemos votar por enjuiciar a la princesa Catra por matar a la hechicera Shadow Weaver, hablen ahora. El crimen ha sido confesado y la defensa presentada— Todos se miraron entre sí. Si por defensa podías tomar la presentación de todas esas fotografías…

—Sí— Netossa fue la primera en pronunciarse.

—No— Dijo Spinnirela, entre las esposas solo se tomaron más fuerte de las manos.

—No— Mermista. A ella no le importaba la bruja y consideraba que estaba mejor muerta.

—Sí— Glimmer estaba convencida de que tenían que detener ahora a Catra, no estaba pensando con la cabeza, solo se estaba dejando llevar por la venganza.

—No— Angella tenía que empezar a pagar la deuda que tenía en sus manos.

—Sí— Micah la comprendía, a él también le ardía la sangre, pero no creía que incluso una princesa pudiera tomarse la justicia por propia mano, por más justificado que pareciera, ¿qué los diferenciaría entonces de Hordak?

—Sí— Frosta creía firmemente que un juicio era necesario. Eran princesas e incluso ellas debían atenerse a los protocolos.

—No— El corazón de Scorpia sangraba. Entendía ahora a medias lo que había provocado a Catra, no creía que estuviera del todo bien pero tampoco estaba equivocada. Y era su amiga.

—No— Aunque tuviera mucho tiempo, Catra tenía razón, cada princesa tenía el derecho de castigar a cualquier que cometiera un crimen contra sus subditos. Esa era la ley escrita para Entrapta.

Catra llevaba minuciosamente la cuenta, y algunos votos la sorprendieron de verdad. Solo faltaba Perfuma. Catra estaba segura que tendrían que irse a otra ronda, donde se eliminaría al azar uno de los elementos para evitar otro empate.

—No— Perfuma no titubeó. Ella creía en las segundas oportunidades. Y que cada quien recibía lo que merecía. Shadow Weaver había labrado su propio destino y Catra solo fue el instrumento del Universo para cumplirlo, lo cual en sí mismo lo consideraba una pena muy pesada.

—La Alianza ha decidido que un juicio no es necesario— Exclamó Juliet.

La princesa de Media Luna se permitió sentir por un momento el alcance de la decisión de la Alianza. De verdad la consideraban en su justo derecho. Pero no tenía tiempo de ponerse sentimental. Aunque sintiera todo a flor de piel justo ahora.

—Terminamos aquí— Exclamó —Entrapta, Scorpia, vámonos…—

—¿A dónde piensas ir?— Saltó Glimmer, todavía roja de la impotencia.

—¿No escuchaste? ¡Hay magicats encerrados hace meses, Hordak sigue trabajando en el portal para traer al Hermano Mayor! ¡Estamos a punto de perder todo lo que hemos avanzado!—

—¡Claro que lo estoy escuchando! ¡Detente por un segundo y deja de escuchar sólo tu propia voz!— Estaban gritándose tan cerca que Catra podía oler el chocolate en el aliento de Glimmer de su cena —Entrapta encontró que la Black Garnet está utilizando más poder, debe ser Hordak usándola para alimentar su máquina— Explicó Glimmer, saltándose todas las sutilezas que Entrapta hubiera estado más que encantada de explicar.

La conjetura de Glimmer era aventurada y ciertamente a Entrapta no se le había ocurrido esa posibilidad porque según los testimonios de los demás, el portal y todo el laboratorio de Hordak había quedado deshecho después del rayo de luz de She-ra. Hordak tuvo que haberlo reconstruido. Aún así… el mecanismo para extraer el poder de la Black Garnet había sobrecargado el planeta entero la última vez. La princesa de Drill dudaba mucho que Hordak tuviera la capacidad de reconstruir su laboratorio, la máquina del portal, el sistema de alimentación de la Black Garnet y además redirigirlo con la exactitud necesaria para alimentar el portal en tan solo unas semanas. Los datos eran insuficientes o estaban errados.

Sin embargo, justo ahora la Black Garnet estaba teniendo un pico de actividad de 44 puntos, cuando todo el día le había arrojado valores entre 25 y 35.

Catra sentía que todo se estaba repitiendo. Hordak estaba a punto de abrir el portal. El mundo se le venía encima ante una verdad horrible y dolorosa. Entrapta parecía haber confiado más en Glimmer, como en Hordak, que en ella. La estaban asfixiando, aplastando. Ella solo quería que todo terminara. Correr a la Zona del Terror y acabar con todo. Ahora no había una posición clara. No era solo abrir o no el portal. Catra no quería que la realidad colapsara en sí misma de nuevo. Ya no tenían otra She-ra para reparar… La espada. La espada estaba en posesión de la Alianza, y esa era la clave para poner a trabajar el portal. Hordak no era lo bastante listo como para pasar ese requerimiento por alto.

—Debemos activar el Corazón de Etheria y terminar con la Horda de una vez por todas— Esa era la intención de Glimmer.

—¿Qué no viste el mensaje de Mara? ¡Nadie va a activar el Corazón de Etheria!— Le regresó Catra. El camino estaba más claro.

—Glimmer, ya viste lo que puede pasar. Adora no quería esto. Light Hope le mintió— Le dijo Bow, consternado.

—¿Bow, no lo ves? ¿No lo ven? Todas seríamos super poderosas. No tendría que ir nadie más a la Zona del Terror. No se repetiría Drill y las Salinas, no habría más pérdidas— Glimmer pedía por compresión.

—¿Y los hordianos? ¿Ellos no cuentan? ¿Sabes siquiera donde están las enfermerías? ¡Hay más de tres mil huérfanos justo ahora que ni siquiera tienen edad para ser cadetes! Ustedes usan sus poderes y creen que no dañan a nadie. ¿Pretendes inundar la Zona del Terror, o levantar espino por todas partes, o congelarla? ¿O arrasarla con tus chispas?

—Activar el Corazón no es una opción, pero atacar intempestivamente la Zona del Terror tampoco lo es— Se impusó Angella, sorprendida como siempre de los números de Catra. Les había dado el número de soldados pero no está información.

—No voy a esperar ni un momento más. Si no van a atacar, yo misma iré— Proclamó Catra levantando los puños cubiertos de escarcha. Le gustaría dejar de producir hielo. Todos lo vieron pero era como si fuera de lo más normal ante lo que estaba pasando.

—Catra… la señal de la Black Garnet sigue subiendo su marca— Le dijo Entrapta con un hilo de voz.

¿De verdad era posible que Hordak lograra saltarse la restricción de la espada?

—No podemos esperar ¡¿Qué les pasa?! ¡Adora se sacrificó para que ustedes pudieran terminar con esto! ¡Ahora es el momento!— Catra llamó a todas, incrédula de su falta de reacción. Pero es que todavía no podían terminar de digerir que Shadow Weaver estaba muerta, que Catra la mató, que la Black Garnet estaba más que despierta, que Hordak estaba logrando avanzar con sus planes pese a todo, que estaban paradas sobre una bomba mágica inestable —Si no van a hacer nada, apártense de mi camino— Se acomodó el cabello mientras se controlaba.

—Catra, Glimmer, las dos tienen que calmarse. Todos estamos del mismo lado— Pidió Bow, poniéndose en medio de las dos.

—Nadie ha dicho que no atacaremos— Añadió Mermista y Glimmer veía derrumbarse sus expectativas.

—Tampoco hemos dicho que sí lo haremos— Contrarrestó Spinnirela.

—Adora no quería que usáramos nada que tuviera que ver con Light Hope. Ni siquiera sabemos si sigue funcionando el Faro— Señaló Bow.

—Todos ustedes solamente están dando vueltas a las mismas cosas. Me voy. Scorpia, Entrapta…

—Espera, Comandante. Todos estos asuntos son muy delicados y no pueden ser tratados a la ligera. No tenemos nada en claro, más que una cosa: los prisioneros de Shadow Weaver, hay que ayudarlos— Micah avanzó hasta Catra y le puso una mano sobre el hombro —Esa es nuestra prioridad.

—...Bien— Levantó su dispositivo y se dio cuenta que Double Trouble seguía escuchando —Ahora ve y consigue exactamente qué es lo que está haciendo Hordak— Que sirviera de algo.

—Así no eres divertida, Gatita. Bonito truco el del hielo ¿Debo integrarlo a mi interpretación?— Dijo señalando la mano de Catra mientras transformaba su cola verde en la cola parda de la gata.

—No. Solo ve y consigue esa información. La quiero lo antes posible— Le cortó la comunicación antes de que dijera otra cosa.

Bow, Micah, Angella y Perfuma respiraron aliviados de que al fin Catra pareciera entrar en razón.

—Me voy a la Zona del Terror… En una misión de rescate— Micah respiró tranquilo —¿En dónde estaba Lonnie?

—La última ubicación de Emily las marca a las afueras de la Zona del Terror, en las ruinas del Reino Escorpión— Dijo Entrapta, que se estaba preparando para irse con ella.

—No, Entrapta. Tú te quedas. Necesito que trabajes en averiguar qué es lo que está haciendo Hordak… Además no creo que nos puedas mantener el paso— La sonrisa de Catra se dibujaba en las comisuras de sus labios.

Ahí estaba de nuevo. Cambiando entre ser una psicópata y una copia de Adora. En un instante, cómo si nada. Saliéndose con la suya. Esto se acaba aquí y ahora, y si no iba a tener el apoyo de sus pares, que así fuera. Podía hacerlo sola.

—Necesitamos estar preparados en cuánto Double Trouble y Entrapta sepan qué es exactamente lo que está pasando. Por fin, Scorpia, vámonos, pasaremos por Rogelio y de ahí continuaremos…

—Catra— Empezó Angella.

—Majestad, con todo respeto, ya hemos perdido demasiado tiempo.

—Yo iré con ustedes. Es hora de que empiece a saldar mis deudas— Catra no entendía de qué estaba hablando pero no iba a empezar otra discusión.

Mientras Scorpia asentía y se despedía de Perfuma, para salir tras de Catra, Angella también se despidió de Micah. No necesitaban decirse nada, con solo mirarse todo estaba claro. Cuando supieran mejor a qué atenerse, Catra podía pedir a Entrapta que mandara un transporte. Bow se acercó con Entrapta para saber qué era todo lo que se había perdido de los nuevos datos de las piedras rúnicas. Las princesas se estaban reuniendo para discutir los detalles que suponía para cada una las decisiones que acababan de tomar e incluso Juliet empezó a moverse para preparar el castillo para la ofensiva. El único que se dio cuenta que Glimmer se desapareció, fue Mehira.

La llovizna que había empezado a caer a la medianoche se intensificó y no parecía que fuera a detenerse pronto.

Catra fue a su habitación a recoger su látigo y ponerse una capa más adecuada al clima. Le mandó un mensaje a Lonnie indicando que iba en camino. Scorpia se cubrió y la esperó en el pasillo. Cuando Catra se volvió a poner su corona, un sentimiento muy diferente la embargó. Tenía que verlos, tenía que ayudarlos. Angella tenía los mismos pensamientos mientras se cambiaba la ropa de dormir y se ponía una capa encima. Tenía años que no salía del castillo, y ver las ruinas de un reino no le sentaría bien. Tendría que ir con el corazón templado.

Scorpia y Catra tomaron el esquife que las llevaría hasta la prisión por Rogelio y de ahí seguirían el camino a pie. Era el modo más seguro de que la Horda no los detectara.

Angella se impresionó. Catra y Rogelio corriendo a cuatro patas podían mantener su velocidad de vuelo y Scorpia había trabajado tanto en su técnica, que compensaba su velocidad con fuerza, con poderosos saltos y zancadas igualaba la distancia.

La actividad de la Black Garnet no decaía y se mantenía firme.

Con la ayuda del láser concentrado de Emily, con mucho cuidado, y la ayuda de Ojos Verdes, Lonnie ya llevaba liberados a otros dos magicats para cuando recibió el mensaje de Catra, mientras ayudaba a un magicat cojo y sin un brazo a recostarse sobre una manta en el Salón del Horror. Los magicats estaban sedientos más que hambrientos y sus ojos se llenaban de sentimientos insondables cuando miraban al cielo oscuro con las lunas. Tan sucios y llenos de cicatrices que era imposible ver el color de sus pelajes. Lonnie sabía que no podía sacarlos a todos, había unos que no dejaban de gruñir, ni siquiera con el suave maullido que emitía Ojos Verdes.

Glimmer ni siquiera se enteró de la lluvia de fuera, porque se apareció directamente en el centro del Faro.

Chapter Text

Los magicats estaban en los huesos. Lonnie no se explicaba cómo seguían vivos. Ojos Verdes se quedaba en las celdas al lado de Emily, ronroneando y maullando para calmar a los otros magicats mientras el robot trabajaba. Las puertas eran el doble de gruesas que el blindaje de un tanque y era una operación lenta cortar una sección lo bastante amplia para que Lonnie pudiera entrar y salir con el magicat.

Los ayudaba a andar si es que podían sostenerse sobre sus piernas, o los cargaba hasta el destruido Salón del Horror en brazos. Eran altos, pero estaban tan delgados… Piel y huesos. Los mechones de pelo se les caía al sostenerlos. Ninguno estaba entero. Les faltaban cualquier parte imaginable del cuerpo, o tenían adiciones extrañas, como uno que tenía la cola y la pinza de un escorpioni en vez de su propio brazo y cola. Lonnie llevaba seis, que yacían recostados o sentados, ante los murales de la familia real Scorpio.

Lo que quedaba del palacio estaba en las bases de las altas torres de la Zona del Terror, y era una zona que estaba tanto en el corazón del territorio como a las afueras, ya que la Zona del Terror se había extendido sin ton ni son a lo largo de los años, y esta parte estaba prácticamente en el olvido.

Catra no había dejado de correr, habían recorrido la distancia en un tiempo récord y solo cuando las ominosas montañas que se cernían sobre la Zona del Terror se dejaron ver, se detuvieron para avanzar con cuidado. Catra se sabía las rutas y horarios de todas las guardias, por lo que no fue tan difícil.

Lonnie estaba ayudando a subir a un magicat que le faltaba la mitad de la cola y un brazo, Emily estaba terminando de abrir la siguiente celda y el magicat de dentro se estaba desesperando. Sus ojos azules estaban desenfocados y Ojos Verdes detectó un olor raro viniendo de su hermano. Antes de que Emily terminara, el magicat se lanzó de cabeza a la puerta rota y logró terminar de romper el metal, abriéndose la cabeza en el proceso. Rodó por el pasillo y salió corriendo hacia la libertad, hacia el aire puro.

—¡Shu, detente!— Gritó con la voz desgarrada por no usarla en tanto tiempo Ojos Verdes.

Pero Shu no le hizo caso, siguió corriendo, Emily salió tras él, pero ese piso de piedra no era el más adecuado para la tracción de sus patas. Lonnie sintió un escalofrió y volteó para la abertura que bajaba a las mazmorras, y pudo esquivar de un salto al magicat, que le gruñía, con la mirada enloquecida y febril. Ojos Verdes obtuvo fuerza de la adrenalina para subir lo más rápido que pudo, que no estaba siendo suficiente.

—¡Para, para! ¡No quiero hacerte daño!— Pedía Lonnie, mientras saltaba y esquivaba. Los otros magicat que ya había liberado gruñían también, intentando detener a su hermano desquiciado.

Lonnie sacó su bastón y lo blandió para defenderse pero el magicat era increíblemente rápido, y Lonnie lo perdió en el forcejeo. El magicat mostró los colmillos, hambriento y desesperado, justo cuando se abalanzaba sobre Lonnie, el látigo lo tomó del cuello y lo mandó a volar al otro lado del Salón. Angella detuvo el vuelo, asombrada de las ruinas de lo que en otro tiempo había sido un castillo tan magnifico como el que más. Catra gruñía profundamente mientras el otro magicat apenas podía moverse después de tal impacto. La gata se agazapó frente a Lonnie con todos los colmillos descubiertos y Ojos Verdes al fin salió de la escalera, con la respiración agitada.

Lo primero que vio fue a Angella, con sus alas levemente destellantes, a sus hermanos en el piso, agitados pero incapaces de ayudar y como un lagarto y alguien más llegaban. No lo podía creer. Angella seguía exactamente igual. Y ahí estaba su salvadora, la joven morena que los había estado ayudando, en el piso, siendo protegida por…

—Catra…— la oreja de Catra se movió ante la voz no reconocida.

Su respiración se calmó, ya que el sujeto que pretendía atacar a Lonnie no se movió de donde había caído. A lo mejor uso demasiada fuerza. No pudo evitar fruncir la nariz. El olor estaba más allá de desechos corporales, suciedad de capa tras capa, incluso de sangre seca y heridas infectadas; eran un coctel demasiado potente para su nariz. Por fin volteó a ver a los cuerpos arruinados que la miraban a ella estupefactos.

Scorpia llegó resoplando y detrás de ella estaba Rogelio, igual de cansado. Ojos Verdes los miró un segundo pero tuvo que regresar su mirada a la joven magicat que ahora estaba ayudando a su amiga a ponerse de pie. Un maullido bajo se le salió de la garganta y todos voltearon a verle.

Angella veía el presente y no comprendía el pasado. El pasado no podía coincidir con lo que estaba mirando. Ojos Verdes tenía la misma altura que Angella. Su pelaje estaba tan sucio y destruido que a la débil luz de las lunas no podía reconocerlo, pero esos ojos verdes cual esmeraldas eran inolvidables. Con sus vetas azuladas, jamás había visto ojos iguales.

—Nube…

Pero Ojos Verdes no tenía ojos para nadie más. Con dificultad, por lo débil que estaba, avanzó hacia Catra, que tenía la cola esponjada y las orejas muy alerta. Ojos Verdes volvió a maullar, llamándola y la reacción de Catra fue luchar contra el instinto que le pedía maullar de vuelta. Catra había pasado toda su vida consciente peleando contra sus instintos, callando sus maullidos y ronroneos, solo compartiendo estos últimos con Adora.

—Catra— Llamó entonces con voz rota y ronca y Lonnie se sorprendió porque pensó que no podían hablar.

La felina no sabía qué hacer. Era demasiado. Creyendo que estaban todos muertos. Después enterándose que Shadow Weaver los retuvo cautivos para sus perversos propósitos, y para que después le dijeran que hay algunos de ellos vivos. Y llega y se encuentra a una criatura a punto de atacar a Lonnie, para darse cuenta que es un magicat maltrecho con media cola. Solo en ese momento Angella se percató de la esencia misma de Catra.

—No creí… Jamás… de verdad, volver a verte— Susurró la magicat, ahora Catra podía reconocerla como una hembra, a pesar de la delgadez extrema, de la falta de curvas donde debían ir —Pero lo pedí cada día— Nadie decía nada.

Todos sabían instintivamente que este momento no debía ser interrumpido. Que la eternidad los había alcanzado.

Ojos Verdes se acercó tanto a Catra que ella le pudo ver cuando alzaba la mano, las falanges que le faltaban en dos dedos, con garras grises. Catra estaba hechizada, no podía moverse.

—Mi vida, mi luna, mi hija… ¿No sabes quién soy, verdad?—

No.

No.

No. No.

No le podían hacer esto al maltrecho corazón de Catra.

Angella tenía el corazón en la garganta. Se tapó la boca para esconder un sollozo.

—Soy Nube Oscura. Tu madre— Decía mientras sus ojos se clavaban en los de Catra y veía todo su dolor a través de ellos. Al fin su mano alcanzó la mejilla de Catra y su pecho quería explotar.

Durante diecinueve años anheló este momento.

Gracias a las lunas, podía ver una vez más a su hija antes de morir. Podía sentirla. Verla convertida en toda una mujer. En todo lo que su raza podía desear. Se veía hermosa, fuerte. Era leal, defendiendo a su amiga de un ataque. Era compasiva y paciente, no atacando a un enemigo caído.

Catra estaba alzando su propia mano para tocar la mano de la magicat frente a ella, cuando se desvaneció.

—¡Nube!— Fue todo lo que pudo decir Angella antes de salir volando para ayudar a Catra a sostener el cuerpo deshecho de su madre.

Light Hope ciertamente había calculado la posibilidad de perder a Adora. Al fin estaban en guerra. Y la gente se muere todo el tiempo en las guerras. Pero era una probabilidad muy pequeña.

Al final fue la propia Adora la que se sacrificó. Igual que Mara. Una especie de bug dentro de la configuración de las dos. Light Hope no podía prever los errores de los bugs.

Por lo menos había logrado que Adora arreglara la antena. Ahora tenía un mayor rango de acción. No estaba en el mismo lugar que la última vez. Necesitaba encontrar a otra persona capaz de conectarse con la espada y traerla a través de Despondos. Su mejor apuesta era la que ya le había traído resultados.

Ahora podía no sólo manipular el portal, si no ayudar a construirlo. No directamente porque su capacidad de creación estaba limitada al Faro y su interior. Poco a poco, podía corregir cálculos y agregar notas, lo que estaba acelerando en gran medida el trabajo de Hordak, que se sentía tan extasiado de su exito después de tan terrible derrota que no se ocupaba de otra cosa más que de seguir trabajando.

Ya no necesitaría ningún ejercito mediocre cuando llegara Horde Prime con el resto de sus hermanos a poner orden a este planeta infestado de tan pobres y caóticas formas de vida. Mientras tanto, "Catra" podía seguir ocupándose de los pequeños problemas que creaba tan ejercito.

Por otro lado, Light Hope también tenía que ocuparse de cómo iba a recuperar la espada. Era una de las piezas claves. La últimas vez solo había tenido que mandar a una de sus arañas a recuperarla, pero ahora la espada estaba custodiada día y noche. Tendría que ingeniárselas más esta vez, y observar con mucha atención.

—Tranquila, Catra. Está bien, solo está desmayada— Intentaba calmar Angella a la princesa magicat.

—Tenemos que sacarlos a todos de aquí— Fue la única respuesta de Catra al ver como débilmente el pecho de aquella magicat seguía subiendo y bajando.

Lonnie extendió otra de las mantas y Catra puso ahí el cuerpo, al lado de los otros magicats maltrechos. La miraban maravillados. En especial la corona que portaba y ahora Catra se preguntaba si no fue un error haberla traído. Después de un momento, los magicats se acomodaron en torno al cuerpo de Nube Oscura, los que podían, la tocaban con sus colas y un coro de ronroneos se extendió. Todos los presentes se sintieron más tranquilos en poco tiempo.

—Rogelio, átalo y ponlo con los otros. Ten cuidado— Ordenó Catra refiriéndose al magicat loco que había intentado atacar a Lonnie. Rogelio gruñó afirmando —Lonnie, llévanos con los demás. Dame los detalles— Catra, Angella y Scorpia empezaron a seguir a Lonnie hasta la entrada de las mazmorras.

Emily ya estaba a punto de terminar de subir, cuando vio a Lonnie y con un pitido molesto, simplemente se dejo rodar al fondo de nuevo.

Catra tendría que esperar más, lo sabía. Siempre tenía que esperar, pero ahora no sería demasiado. Tenía que concentrarse y resolver la situación.

—Hay 18 cuerpos, 17 están vivos, pero cuatro de ellos no responden y no se mueven. Pero las lecturas de calor indican que siguen vivos… Hay ocho ya afuera. Ninguno había hablado… dos parecen agresivos y los estaba dejando para el final.

—Tenemos que seguir con los demás y apresurarnos antes de que algo pase— Dijo Catra.

—Me da gusto que llegaras justo a tiempo— Comentó Lonnie.

Catra no dijo nada mientras seguían bajando y Angella creaba una bola de luz que las seguía mientras avanzaban.

—No tenía idea de que estaba esto aquí— Comentó Scorpia, que sentía escalofríos parecidos a los que se podían sentir en Isla Bestia.

—Creo que ese era el punto de tenerlo aquí abajo, Scorpia— Le respondió la gata con sarcasmo.

Llegaron al fin a una de las celdas que seguía cerrada y todas arrugaron la nariz por el olor. No todos los magicats habían podido mantener el decoro en sus celdas, a algunos ya no les importaba. Los magicats no habían estado en celdas contiguas si no que estaban repartidos en los tres grandes pasillos, para que no pudieran escucharse ni olerse entre sí. Con cada nueva atrocidad, Catra disfrutaba con renovado vigor cada herida infligida a Shadow Weaver.

—Vamos a necesitar un esquife para sacarlos a todos de aquí— Murmuró Catra.

—Afuera está escondido en el que vine con los suministros— Ofreció Lonnie.

Con Emily y Angella trabajando con sus rayos concentrados en unas celdas, así como Scorpia rompiendo la puerta con sus pinzas y Catra cortando, terminaron el trabajo mucho más rápido, mientras Lonnie y Rogelio ayudaban a los magicats. No sin que antes se saludaran y abrazaran. Lonnie de verdad los extrañaba, pero ahora se alegraba de haber permanecido en la Zona del Terror.

Los cuatro magicats que no respondían se veían igual que los demás, de delgados y débiles, simplemente parecían dormidos, sus respiraciones eran superficiales pero constantes. Angella estaba segura que no les quedaba mucho tiempo. Y no sabía si habían llegado a tiempo para ellos. Dejaron para el final a los magicats que no se calmaban. Catra intentó hablar con ellos, pero no dejaron de gruñirles. Mientras Emily cortaba el metal de las puertas, Scorpia esperaba atenta para picarlos antes de que pudieran atacarlos. Entre todos tuvieron a los magicats libres en poco más de una hora y la mañana ya despuntaba.

Entre Scorpia y Rogelio estaban terminando de acomodar lo mejor posible a los magicats en el esquife. Ocupaban poco espacio, pero aún así el esquife no estaba diseñado para tanta gente. Angella los seguiría volando y Scorpia y Catra aguantaban el viaje de regreso con sus propios medios, y ya no irían tan rápido, tenían que evitar movimientos bruscos.

Angella miraba a Catra como si fuera una bomba que pudiera estallar en cualquier momento. Había visto a muchas personas así, que parecían estar bien, y aguantaban y aguantaban hasta que algo que parecía mínimo los rompía en millones de esquirlas. En cierto sentido, sí era el caso de Catra.

La princesa magicat miró a Lonnie cuando ya tenían que irse. Recordó con todo detalle las últimas 12 horas, más o menos, desde que recibiera su llamada. Los archivos habían estado dos semanas al pie de su escritorio. Dos semanas que a lo mejor le habían costado la vida al decimo octavo magicat. Se había rehusado a dejar el cuerpo atrás, que ni siquiera se había descompuesto, lo llevaban envuelto en un sudario hecho de algunas mantas.

—Lonnie… Gracias— Las palabras eran tan pequeñas.

La sonrisa de Lonnie, en cambio, era enorme y sincera. Estaba satisfecha. Se había dejado de sentir traicionada y dolida después de la realidad del portal, cuando había comprendido mejor las cosas. Después de ver sufrir a Catra al punto de no soportar su propio reflejo en el espejo. Sí, porque se dio cuenta del espejo despedazado en su habitación de Capitana de la Fuerza. Ahora sabía lo estaban haciendo mejor.

—Ni que lo digas— Le sonrió.

Rogelio saltó al suelo y rodeó con la cola a Lonnie por la cintura, en un gesto casi casual y Catra se dio cuenta apenas de su relación. No pudo más que alejarse y dejar que se despidieran.

—Le he enviado un mensaje a Micah para que estén listos para recibirnos— Dijo Angella a la gata.

—Todavía estamos en territorio de la Zona del Terror, podrían…

—Tenemos nuestros propios medios, Catra— Acentúo Angella. Y Catra pensó en magia.

Lonnie abrazó a Rogelio y se despidió, pero Rogelio no había aprendido solo a luchar con lanzas en Luna Brillante. Tomó a Lonnie de las caderas, sin ser excesivamente cuidadoso con sus garras y juntó sus frentes. Esto tomó por sorpresa a la morena.

—Rog, ¿Qué…?— Y el lagarto junto sus bocas. Soltó a Lonnie antes de que pudiera decir otra cosa y saltó de regreso al esquife para pilotarlo.

—¡Aww!— Scorpia era toda corazones.

Lonnie no pudo recuperarse ni para decirle a Scorpia que cerrara el pico.

El castillo estaba totalmente revolucionado, no solo por todo lo que había pasado con Catra y la bruja, si no por todos los rumores que se estaban destapando. Todos hablaban de guerra, muerte, extrañas apariciones y que la Horda caería sobre ellos en cualquier momento.

Juliet estaba movilizando a los guardias para reforzar la seguridad y todos tenían ordenes de estar listos para salir en cualquier momento. Micah además estaba ocupado organizando todo lo necesario para los magicats.

Así como había usado un hechizo para curar las garras de Catra que solo funcionaba en magicats, tenía que alistar a los otros sanadores y hechiceros, porque los magicats tenían una constitución muy especial con la magia, además tenía décadas que algunos de ellos no trataban con algún magicat, si no que en su vida hubieran visto a alguno. Los magicats siempre habían sido un reino reservado.

Y la enfermería del castillo estaba lista para tener hasta cinco convalecientes. Estaban alistando todo el pasillo anexo con camillas y otras amenidades. Angella solo le había dicho que estaban en condiciones terribles y que estuviera preparado para todo, incluso para alguna operación de emergencia.

Light Hope se sorprendió cuando descubrió a la intrusa dentro de sus instalaciones, y como no atendió a su advertencia, procedió a activar el protocolo de seguridad. Glimmer no podía decir que no se estuviera divirtiendo. Tendría que venir más seguido a entrenar al Faro. La marabunta de arañas era desafiante pero no abrumante. Después de horas de destruir arañas y lanzar casi frases al azar pidiendo por la atención de Light Hope, ya se estaba cansando.

—¡Solo quiero terminar la guerra! Equilibrar al planeta y regresar la paz a Etheria. Seguir la lucha de Adora y quiero usar el Corazón de Etheria para lograrlo— Explicó, ya desesperada.

Las luces rojas que indicaban el protocolo de seguridad, cambiaron a un amable tono azulado y las arañas dejaron de aparecer.

—Permiso de administrador otorgado a la Reina Glimmer de Luna Brillante— La reina sonrió satisfecha y avanzó por la puerta que se abrió.

Todos los magicats estaban dormidos cuando llegaron a Luna Brillante. Tres de ellos en realidad anestesiados por Scorpia. Los guardias ayudaron a cargar a los felinos hasta la zona que habían acondicionado para ellos, donde ya los esperaban sanadores y hechiceros para evaluarlos. Perfuma y Spinnirela estaban ahí también.

Ni siquiera en los años que llevaban peleando la guerra habían visto cuerpos en tales condiciones. Ningún magicat estaba intacto, y los que podían decirse que tenían completos los miembros, eran porque tenían partes que no eran de ellos. Tenían colas de lagarto, de escorpioni, tenazas, tentáculos y otras adiciones. Estaban tuertos o ciegos, sin ojos. Les faltaban dedos, las orejas completas, colas por la mitad o extirpadas por entero. Cicatrices abultadas y mal cuidadas los cubrían de pies a cabeza, sus pelajes estaban asquerosos y les faltaban mechones de pelo por todas partes, cubiertos de sarna y otras afecciones.

Catra y Angella los siguieron hasta la gran sala llena de tinas con agua tibia. Angella no podía despegarse de Nube Oscura. No podía creer lo que había sobrevivido. Físicamente, era de las que estaban más enteras. De la mano derecha le faltaban las dos falanges del dedo anular y del meñique. De la mano izquierda le faltaba el índice. Tenía rotas las orejas y mal cicatrizadas. Angella la recordaba como una hermosa gata de pelaje gris humo con algunas rayas pardas en los brazos, piernas y rostro, y ahora estaba tan sucia que parecía que era completamente negra.

Angella recordaba que los magicats eran un pueblo reservado y de pocas palabras en general, y ahora se preguntaba si también les habían cortado la lengua, que algunos sí. Otros simplemente se habían olvidado de hablar con los años. Nube Oscura no se había despertado ni una vez, ni siquiera cuando la metieron al agua.

—Angella— Era la primera vez que Catra la llamaba así —¿Podemos… podemos hablar en otro lado?— Pero se dio la vuelta antes de que pudiera responderle y salió al pasillo.

El ser angelical suspiró y pidió a un sirviente que les llevara el desayuno a la habitación de Catra, que supuso era su destino. Cuando Catra vio que la seguía, siguió avanzando y sí, llegaron hasta su habitación en silencio. La magicat sabía que habrían recolectado todo cuando Entrapta mostró las imágenes, de otro modo no lo hubieran sabido. Se sentó en la silla del escritorio y Angella esperó en silencio.

—Dijeron que no sabían si yo era descendiente directa— Acusó Catra —Me sometieron a un hechizo de la verdad— Siguió.

Eran verdades de las que ahora Angella se sentía apenada.

—Catra… Nosotros no sabíamos, te dijimos todo lo que conocíamos. Los magicats siempre fueron muy reservados. Sus cachorros nacen muy pequeños, ellos no acostumbran mostrarlos en público hasta después de que cumplen el año de nacidos. No teníamos idea de que Chikane y Nube Oscura habían tenido una hija— Explicó con prontitud —De haberlo sabido, te lo habríamos dicho junto a lo demás— Catra solo podía escuchar pena y verdad en las palabras de la antigua reina.

—¿Chi… Chikane es alguna de ellos?— Preguntó Catra con un hilo de voz.

—No… Apenas los reconozco, pero no es ninguno de ellos. Catra, por favor… La memoria de mi raza es muy antigua, pero a veces es poco fiable. Vivimos demasiado tiempo y nuestras mentes olvidan detalles, épocas enteras a veces… Fueron años confusos— Angella se estaba tropezando con sus propias palabras —Lo que quiero decir es que… Es mejor que le preguntes a ella directamente— La miró con toda la fuerza de sus mil años.

Pero Catra no se amilanaba tan fácilmente.

—Quiero que me digas todo lo que recuerdas. Desde el principio—

Tocaron a la puerta y era el desayuno, Angella lo recibió y esperó a que lo sirvieran en la mesita de Catra, que había sido de Adora.

"Cuando Hordak apareció, lo hizo cerca del Reino Escorpión, y ellos lo ayudaron. Los rumores corrieron al resto de reinos, pero era otra época, las cosas se movían más lentas. Hordak hablaba de orden, de tecnología, de estrellas y maravillas que solo las viejas leyendas recordaban. Consiguió algunos adeptos."

"Los magicats eran verdaderos amigos de los escorpioni. Solo después de doscientos años de relaciones comerciales, fue que Luna Brillante y Media Luna empezaron a tratarse más cordialmente. Yo fui amiga de Chikane desde que era la princesa y fui la única otra princesa o reina, además de la familia Escorpión, en ser invitada a su coronación, hace casi un siglo."

La cara de sorpresa de Catra fue tan obvia que Angella tuvo que agregar un comentario.

—Los magicats pueden vivir hasta 300 años— Dijo mientras sorbía su té. Catra disimuló mientras se comía su jamón —Micah estaba recopilando una serie de libros sobre tu raza para que los conocieras mejor… están en nuestra habitación y todavía los puedes tener si los quieres— Siguió después de otro trago.

"Según Hordak se iba haciendo más conocido, el Reino Escorpión empezó a invitar a más gente a escucharlo. Los magicats no habían querido tratar con él, pero acudieron a la invitación de sus amigos y a Chikane y a sus padres no les gustó nada de lo que Hordak decía. Chikane me contó como sus padres intentaron advertir al abuelo de Scorpia, al rey Langris, que tenía un corazón como el de Scorpia. No quiso escuchar nada contra Hordak. Chikane habló conmigo y otros más, y ninguno reaccionamos a tiempo."

"La guerra no existía en Etheria, era parte de las leyendas de los Primeros y She-ra. Siempre ha habido criminales y los que se salen del camino, pero la gente era libre de andar por toda Etheria sin temor a verse atrapada en una batalla. No debían preguntarse si su villa sería la siguiente. No debían buscar la protección de las princesas, que se dedicaban a planear el siguiente Baile. No supimos cómo manejar a Hordak, y aunque los magicats nos advirtieron…"

"Lo demás es confuso. Hordak levantó a sus adeptos contra el propio reino que le había dado asilo. El mensaje de ayuda a Media Luna, Plumeria y Luna Brillante llegó demasiado tarde. Nadie tenía protocolos para esta situación. Plumeria ni siquiera tenía guardia. Con el poder de la Flor de Corazón, sus tierras son las más ricas de toda Etheria y solo necesitaban intercambiar su excedente de comida por cualquier cosa que pudieran necesitar, que no es mucho al vivir en paz con los Bosques Susurrantes."

"Cuando llegamos al Reino Escorpión, Hordak ya se había hecho con él y gracias a las montañas que lo protegen, no pudimos acceder a sus caminos. Los magicats son capaces de desplazarse muy rápido por los medios más inhóspitos y mandaron a su guardia a socorrer a los escorpioni, pero la tecnología de Hordak los superó y eso dejó desprotegido a Media Luna, que cayó cuando un tiempo después Hordak los atacó, pero ahora no solo con la fuerza de sus números y sus robots, si no con la ayuda de hechicería."

"Ahora sabemos que Light Spinner se convirtió en Shadow Weaver, y que fue gracias a ella que la Horda ganó tanto poder en tan poco tiempo. En su momento, nadie sabía lo que había sido de Light Spinner y las historias de su paradero eran cada cual más disparatada, los hechiceros esperaban que estuviera muerta. Sin su ayuda, Hordak no habría podido contra toda la Alianza… El tiempo que Hordak tuvo para afianzar su victoria sobre el Reino Escorpión es el tiempo que le tomó a la primera Alianza formarse. En gran medida se lo debemos a Chikane, que habló conmigo y muchos otros monarcas. Muchos no quisieron escuchar, pero otros nos unimos para contraatacar, aunque algunos todavía tenían la idea de poder resolverlo diplomáticamente. Una guerra más que inimaginable, era inconcebible."

"Una de los motivos que nos movió a todos, fue que los magicats no trataban con nadie y ahora estaban mandando a heraldos pidiendo ayuda, incluso su propia reina había salido de su castillo. Uno no simplemente ignora a un magicat. Son de las razas más antiguas de Etheria."

"Para cuando Media Luna cayó, la Alianza apenas estaba en posición de presentar batalla. No es fácil levantar un ejército en tiempos de paz. No cuando nadie cree que sea necesario. Micah se enfrentó directamente a Shadow Weaver, y algunos otros hechiceros de Mystacor ayudaron también en la Gran Batalla de Luna Brillante. Fue cuando lo perdí… Gracias a su sacrificio, la Alianza pudo frenar a la Horda y despertar a los reinos de que la amenaza era real. Muchos perecieron, y por eso la Alianza se rompió, pero al menos quedaron los cimientos."

"Cada reino se hizo consciente del peligro, se fortalecieron y defendieron, así Hordak ya no pudo marchar sobre villas y pueblos desprotegidos, si no que tuvo que luchar contra cada reino independientemente y con lo que quedó de la Rebelión y la Alianza… Hasta que la espada y Adora aparecieron."

Angella ya no se guardó nada, habló y Catra escuchó. La mañana transcurría sin más incidentes. Glimmer estaba dormida en su habitación, agotada, pero satisfecha.

Los magicats estaban siendo atendidos con todo el cuidado que requerían, varios ya habían comido un poco de una papilla de carne y ahora bebían té. Por todo el pasillo en el que estaban se escuchaban sus maullidos y ronroneos. Mehira estaba encantado pudiendo hablar con cada uno de esos felinos.

Nube Oscura despertó cuando la estaban terminando de bañar y su primer impulso fue gruñir y tratar de escapar, porque tenía muy malos recuerdos con el agua. El submarino era una de las torturas favoritas de Shadow Weaver, por su eficiencia. No causaba daño físico pero los efectos emocionales eran inmediatos y terribles. Entre los dos sanadores que la atendieron, la sostuvieron con presteza.

—¡Tranquila, tranquila! Si no te calmas, tendremos que ponerte a dormir de nuevo— Le dijo uno de los sanadores.

Nube Oscura se serenó cuando comprendió las palabras y recordó todo lo que había pasado. Se dio cuenta que esas paredes, esos techos tan altos y esa combinación de colores lilas, azules y grises neutros y fríos, solo era correspondiente a Luna Brillante. De verdad, el viento la había escuchado. Estaban fuera. Miró a su alrededor y pudo ver a sus hermanos siendo atendidos. La llamaron con maullidos bajos y ella contestó igual.

—Catra… ¿Dónde está Catra?— Pidió. Sus sanadores la miraron sorprendidos, no habían escuchado hablar a ninguno de estos seres. La voz de Nube Oscura era melódica y grave.

—La comandante está con Lady Angella. La llamaremos en cuánto estés un poco más fuerte— Le dijo con voz suave un hombre con túnica blanca.

—Está bien— Podía esperar un poco más.

Solo un poco más.

Chapter Text

Nube Oscura había hablado con Micah cuando estuvo seca y vestida. La riqueza de los tejidos era un regalo celestial para su pelaje tan maltratado. Era una sencilla túnica gris claro y encima una capa de seda lunar blanca, para cubrirla mientras se recuperaba y le crecía el pelaje uniformemente. Después de años, podía ver las rayas entre su pelaje gris oscuro, que estaba reluciente.

Intercambiaron solo algunos saludos breves… Nube lo que de verdad quería era ver a su hija y Micah lo entendía perfectamente. Mejor que nadie. Se llevaron en una silla de ruedas a la magicat a una habitación de la planta baja y Micah mismo fue el que avisó a Catra que la querían ver.

—¿Dónde está?— Casi tiró la silla en donde seguía sentada frente a Angella. Catra se detuvo un segundo y se miró. Aunque había usado la capa, se había pasado toda la madrugada corriendo entre los Bosques Susurrantes y la lluvia.

—Déjame ayudarte con eso— Dijo Micah mientras hacía una runa y la lanzaba a Catra, ella solo pudo ahogar un sonido de sorpresa y tratar de que el pelaje no se le esponjara tanto.

Cuando Catra abrió los ojos pudo ver que se veía exactamente como había salido de la ducha la noche anterior. La ropa estaba limpia, su cabello perfecto y se sentía fresca.

—Catra, si me lo permites, yo misma te llevaré con ella— Fueron las palabras de la mujer alada.

Después de besar a su amante esposo, salieron rumbo a una de las habitaciones para invitados menos lujosas, solo porque todas las demás ya estaban ocupadas por el resto de las princesas. Nube Oscura se había negado a hablar con nadie más después de que se enteró de cuál de sus hermanos había fallecido. Asim, un magicat que ya era mayor cuando fueron atacados y que había sobrevivido a 19 largos años de sombras y perdió la pelea contra el hambre. Mehira se le había acercado para conocerla. Nunca había visto a nadie igual.

Micah se había encargado de que la servidumbre supiera a quienes estaban atendiendo. Y quién era Nube Oscura dentro de ellos. También se estaba encargando de otros detalles que Nube le había pedido.

Tocaron a la puerta y Nube Oscura se recompuso un poco. Podía olerla. Era ella, al fin. Tenía un deje del olor a bosque de Chikane. Y venía con Angella. Nube no estaba segura de querer compartir un momento con la vieja reina justo ahora. Su paciencia tenía un límite.

—Adelante— Angella abrió la puerta y dejó que Catra entrara primero.

Tenía las orejas plegadas y eso no le agradó a Nube Oscura. Su ánimo se había ensombrecido pero se recordó que aunque habían perdido mucho, hoy habían ganado.

Era toda una visión para Catra. Terriblemente delgada, la túnica le quedaba demasiado holgada, pero con el pelaje limpio, el cabello reluciente y cepillado, un olor fresco a flores y aceites, vendajes limpios en sus heridas, ya no parecía que se fuera a morir, si no que se estaban recuperando de hecho. La capa de seda descansaba en el respaldo de una silla de la habitación. Su cabello estaba peinado con unas trencitas apretadas que le caían al frente de sus orejas rotas, y algunas más a lo largo de su cabello, pero el resto del mismo estaba suelto. Sus ojos verde azulados eran impresionantes y su pelaje era del mismo color que el cabello y la cola de Catra. Era increíble lo que podía hacer un buen baño y ropa limpia, no solo en su apariencia si no en su ánimo.

Nube estaba cansada, pero no tenía sueño. Había pasado mucho tiempo dormida los últimos meses.

—Catra… Angella, es bueno verte— Saludó.

—Nube… No puedo terminar de creer que estés realmente aquí. Ninguno de ustedes— La magicat de verdad estaba feliz de ver a una vieja amiga pero ahora lo único que quería era que la dejaran a solas con su hija.

—Angella, me encantará ponernos al día más tarde— Mencionó con todo el decoro que una reina debía tener, como si no se hubieran visto solo un par de días y le tuviera que contar los últimos chismes del reino. Angella enrojeció, murmuró algo y salió.

Catra no estaba lista para quedarse sola con Nube Oscura. Su cola se esponjó. Nube sintió como si su cola también se esponjara, pero eran sólo fantasmas. Ella perdió su cola hace mucho tiempo.

—Catra… Yo… No sé qué decir… — Empezó Nube y estiró un brazo hacia Catra. Hacia su hija —Eres tan hermosa y fuerte… Chikane estaría tan orgullosa y feliz de ver en lo que te has convertido— No. No. Eran las palabras por las que Catra siempre había pedido y ahora las recibía, así, sin más. Sin ninguna prueba, sin dudas, sin requisitos.

Sin tener que luchar cada día por demostrar su valía. Sin tener que soportar murmullos y esperar paciente a que vieran lo que podía lograr. Catra trataba de buscar algo, algo que la uniera a esta extraña que sin embargo era más parecida a ella que nadie. Más allá del color del pelo y el cabello, y las rayas en los tríceps, no había nada más. Pero es que Catra tenía el patrón de pelaje de Chikane.

—Yo lo estoy… Se que soy solo una extraña para ti. Pero eres mi hija, y te he visto crecer— Su voz era un arrullo.

—¿Cómo? ¿Qué pasó? ¿Por qué no huyeron?— Catra pudo desatascar su lengua.

—Ven, por favor, Luna mía— Seguía con la mano alzada, pidiendo. Esperando.

La princesa se acercó centímetro a centímetro. Era una lenta agonía. Sus orejas estaban totalmente aplastadas, la cola enredada en su pierna.

—¿Tú huirías?— Catra tuvo que reconocer que no —Nosotros no huimos. Tampoco peleamos. Nosotros esperamos— Lo dijo como una declaración —Pero nos enfrentamos a un cazador mayor que nosotros. No pudimos defender a nuestros amigos y perecimos con ellos.

—¿Qué pasó, por qué terminó así?— La pregunta en realidad era ¿Por qué yo?

—Fue por mi culpa… Lo siento tanto, Catra. Todo lo que te paso, fue mi culpa. No pude defender a Chikane, ni a ti— Empezó a contar Nube cuando Catra al fin le tendió la mano. La miró con todo cuidado, notando las pequeñas cicatrices de años de entrenamiento en la Horda entre el pelaje de durazno, las garras negras destellantes, ni siquiera tenían eso en común. Las garras de Nube eran de un gris oscuro metalizado —Yo debía de protegerlas… Chikane murió intentando salvarte y yo fui capturada junto a los demás. Shadow Weaver te llevó lejos de mí, de nosotros, porque eras una cachorra muy pequeña y no le servías para nada de lo que tenía planeado para nosotros. Con el tiempo, se dio cuenta que nuestro sufrimiento se dejaba sentir en la tierra y nos apartó definitivamente del mundo, para recoger todo nuestro dolor y usarlo para incrementar su magia. En especial el mío. Me mantenía al tanto de tu crecimiento, de tus castigos, solo para recordarme lo impotente que estaba— Nube estaba llorando y Catra recordó las lágrimas de Bow, quien las llevaba siempre con dignidad, sin esconderlas —Pero eso no me traía solo dolor, también me mantenía con vida, con esperanza. Podía verte crecer, lejos de mí, pero verte y esperar lo mejor, una oportunidad. Y esa oportunidad llegó. Nos encontraste al fin— Catra recordó la platica que había tenido con Perfuma acerca de la esperanza. Y de nuevo pensó que estaba sobrevalorada.

—No… Lonnie los encontró. Yo no podía ni siquiera pensar en ver lo que… pero la maté. Justo anoche. La maté. No volverá a dañar a nadie, jamás— Nube Oscura entendió de inmediato a lo que se refería Catra. Su corazón no pudo más que entristecerse al saber que sus errores habían sido enmendados por su hija.

El destino tenía un sentido del humor, o de la justicia, perverso. Y así se cerraba el círculo. Ella no había podido matar a la bruja, porque sus creencias le impedían matar solo por matar y dudó cuando tuvo la oportunidad. La bruja cometió el error de dejar un cabo suelto, y eso la mató.

Catra no veía de qué modo la culpa de su sufrimiento recaía sobre alguien que había vivido encarcelado las últimas dos décadas. Solo ahora caía en cuenta que tanto Angella como Nube Oscura se habían referido a ella como "cachorra", no como bebé. Estaba tan llena de tantas emociones que al parecer no podía sentir la indignación que debería sentir. ¿Esa era de verdad la denominación usual para los bebés magicat? Cachorro. Bestia. El ceño de Catra se frunció un poco ante la molestia y la confusión, y Nube Oscura sonrió, para mayor consternación de Catra.

—Perdona, Catra. Eres idéntica a Chikane… Tus gestos son iguales— Sonrió Nube —Pero tienes los ojos de tu abuelo, el padre de Chikane, Dandelyon. La heterocromía suele saltarse una generación dentro de la familia real. Estoy segura que Angella debe tener alguna imagen de ellos… Chikane era la princesa heredera. Yo soy… Era la capitana de la guardia, de los Bonami— Nube Oscura se detuvo un momento para beber té —Esto es muy bueno, el té de la princesa plumeriana nos está ayudando mucho— Comentó, para darle un respiro a su luna amada.

Catra había pasado de bestia inmunda, a princesa, a comandante del segundo mayor ejército del planeta en el plazo de un par de meses, y ahora había pasado de princesa, a asesina, a hija, a nieta, en solo unas horas. Necesitaba respirar. Miró su mano en la mano sin falanges y otro torbellino de emociones se presentó.

—Angella dijo que ellos no sabían de mí— Catra no pretendía que sonara como un reclamo, pero eso era.

—Oh… —Nube Oscura quisiera saber bajó qué contexto Catra había terminado como Comandante en Luna Brillante, y con tanta confianza con Angella. Lo último que había sabido de ella, fue que fue nombrada Capitana de la Fuerza y Hordak le tenía preparado un castigo ejemplar por no cumplir sus órdenes. Buscó en su memoria un momento. Tenía muy presente el recuerdo de la pequeña Catra entre sus brazos, pero los detalles sociales de la época no formaban parte de su pensar habitual —Nuestros cachorros nacen muy frágiles, casi ciegos y sin pelaje… —Notó cómo el ceño se le volvía a fruncir a Catra ante la palabra "cachorro" —Esperamos hasta que están más fuertes para mostrarlos al mundo. Creemos también que es muy importante que solo convivan con su familia más cercana hasta entonces. Tú tenías solo dos meses cuando nos atacaron. Ni siquiera nuestro pueblo te había conocido— Los ojos de Nube Oscura estaban empañados por los recuerdos.

Catra no sabía qué decir a todo eso. Angella le había comentado lo mismo. Nube Oscura podía oler su descontento. Lo que más quería en el mundo era poder abrazarla, acurrucarla, rodearla con la cola y hacerle saber que tenía un hogar con ella, con su gente. Sus hermanos tenían que saber cuánto antes que su princesa había sobrevivido y los había salvado. Desearía poder platicar con su hija con toda libertad y por tanto tiempo como fuera posible.

Pero no estaba en posición de elegir. Justo ahora, tenían ya un compromiso pendiente. Y era muy triste que el primer acercamiento de Catra con su cultura, fuera un funeral. Pero tenían que hacerlo. Asim merecía descansar en paz junto a la tierra, aunque no fuera junto a sus hermanos.

Tocaron a la puerta. Catra se encrespó y se volteó para sisearle a la puerta, lo que no la dejo ver como Nube se reía un poco. Catra era como una cachorrilla. Tenía todas las maneras de un pequeño magicat, aunque fuera tan seria y controlada aparentemente. Catra abrió la puerta. Un sirviente en túnica blanca la reverenció en cuanto se abrió la puerta.

—Buenos días, Princesa, Majestad— El hombre se inclinó completamente y permaneció con la mirada baja. Era bastante mayor, y su voz tenía una bonita cadencia, tranquilizante y hablaba lleno de respeto —Lord Micah me envía para informar que ha encontrado un lugar que espera sea de su agrado. Si podemos contar con su aprobación, Majestad, los últimos detalles estarían listos en unos minutos— Una oreja de Nube Oscura se movió. Técnicamente, ella no era reina, pero eran sutilezas que el resto de reinos no podían o no querían comprender.

Catra los miró intercaladamente, porque a ella jamás le decían majestad, era un tratamiento exclusivo para la familia real de Luna Brillante. Era lógico. Ella ya sabía que Nube Oscura era monarca de los magicats. Debía esperar que le dieran el tratamiento correspondiente, en especial si había entre esta gente, aparte de Angella, quien los recordara.

—Es muy amable de parte del…— Nube no había caído en cuenta que no llamaban rey a Micah —...De Lord Micah ser tan pronto. Iré en seguida. ¿Catra, podrías ayudarme?— Nube Oscura tendió la mano hacia la capa blanca.

—Sí…— Catra se acercó hasta la capa para tomarla, y ya se estaba acercando hacia la silla de ruedas para empujarla, cuando Nube se puso de pie.

—Será mi honor guiarlas hasta allá, majestades—

Nube era tan alta como Angella, pero la lady acostumbraba usar botas con tacón. Catra le ofreció la capa a la reina magicat, teniendo mucho cuidado de no tocarla. El sirviente se desplazó a un ritmo tranquilo, que Nube Oscura pudo seguir sin dificultades. Catra iba caminando a su lado, preocupándose sin querer de que no fuera a desplomarse. Ese té debía de hacer maravillas.

Avanzaron por el pasillo y llegaron hasta donde tenían las camillas. Se escuchaban maullidos y ronroneos. Olía apetitosamente. Algunos magicat ya estaban repitiendo comida, está vez algo más sustancioso que una simple papilla. Catra podía oler caldo de pescado. Una magicat con el pelaje gris claro y ligeras manchas más oscuras, con un parche en el ojo izquierdo y sin el antebrazo derecho, se les acercó. Catra no podía determinar su edad en sus rostros hermosos. Nube Oscura podía tener cualquier edad entre los 30 o 40 y sus trescientos años de esperanza de vida. Esta magicat se veía ligeramente más suave… más joven. Pero era un dato del que Catra no se podía fiar. Su pelaje era más largo que el de Catra y Nube, al punto de que éste sí pasaba por pelaje y no por piel. Su larga melena empezaba gris plateado y se iba clareando al blanco más prístino, igual al de Scorpia.

¿Es que no podían hablar? Maulló algo y Nube Oscura sonrió, un poco incomoda. La magicat gris, de ojo gris metalizado, tenía las garras de un color marfil adiamantado. Le habían puesto una túnica igual a la de Nube, pero morada. Era alta también, pero no tanto. De altura de Perfuma más o menos. Con su cola, que tenía tres anillos blancos casi en la punta, rodeó el antebrazo derecho de Nube un momento, para después acomodar su cola de regreso a su cintura. La de ojos bicolores miró con malos ojos ese toque. Nadie se acercaba a su cola. Y su cola no se acercaba a nadie. Solo… Adora. No había pensado en horas en Adora.

—Catra, ella es Kaphiri. Phiri… ella es la princesa Catra— Presentó de manera rápida. Catra ya se había acostumbrado a que la trataran de princesa, lo extraño fue el destello de emoción en el ojo gris acero.

Kaphiri hizo una pequeña venia y su cola se agitó. La desenroscó y buscó la cola de Catra, que se movía tranquilamente detrás de ella. Catra no pudo evitar retroceder, sisear y enseñar los dientes. Otros cuatro o cinco magicat que estaban descansando y comiendo voltearon a verlas, igual que los sanadores que los atendían. Kaphiri bajó la cabeza y las orejas y soltó un pequeño gañido. Su cola volvió a su cintura y ahí se apretó bien firme.

—Catra, es solo un saludo, Kaphiri no quería lastimarte— Bien. Ahora Catra se sentía tonta y exagerada. En la Horda solo había recibido dolor de las personas que llegaban a tocar su cola, tan sensible, solo una sabía cómo acariciarla. Y esa persona ya no existía. Sintió el peso de las miradas del resto de magicats.

Desvío la mirada y su cola se enredó en su pierna. Nube no dijo nada más y le puso una mano en el hombro a la peliblanca.

—Está bien, Phiri… por favor, revisa cuántos de nuestros hermanos pueden ayudarnos con Asim. Luna Brillante ya tiene todo listo— La magicat gris asintió y se alejó lanzando una última mirada apenada a Catra. Nube le hizo una señal al sirviente mayor que las guiaba y volvieron a avanzar.

—Por favor, discúlpala, ella está emocionada de conocerte. Estoy segura que todos te querrán conocer en cuanto sepan quién eres. Es un saludo normal entre nosotros entrechocar colas— Le explicaba tranquilamente a Catra, que se sentía totalmente fuera de lugar.

—Creo que tendré que aprender muchas cosas…— Gruñó por lo bajo.

—Tus instintos son correctos. Las colas son muy sensibles y aunque es un saludo normal entre nosotros, no lo hacemos con los demás. Es decir… se puede, pero se reserva para los amigos más especiales— Catra por un lado estaba molesta consigo misma, por otro lado, no quería parar de escuchar.

Salieron a uno de los muchos jardines que tenía Luna Brillante. Este no lo había visto Catra, que se limitaba a estar en su habitación, el comedor comunal, el Salón de Guerra y los campos de entrenamiento. Casi todo era hierba bien cuidada, parterres llenos de flores, un bonito camino empedrado, algunos arcos decorativos y bancas. Muy al fondo se veía uno de los precipicios y unos árboles pequeños como barrera natural. Ahí es donde estaba Micah. Estaba muy elegante, con el cabello recogido en una coleta baja y la barba recién recortada.

El viejo sirviente les abrió el camino y después se marchó.

—¡Nube Oscura! Creo que esté sería un buen lugar— La caída del agua, el canto de algunas aves, el viento fresco. Todo era vigorizante.

—Es hermoso— Catra no entendía nada. Si dos viejos se iban a poner a hablar del tiempo y viejos recuerdos, podría ir a lavarse y dormir un par de horas antes de tener que ir con Entrapta para ver los avances que había tenido. Estaba segura que si ya tuvieran algo, Lonnie, DT o Entrapta ya le hubieran avisado.

—¿Entonces… quieres proceder?— Preguntó alicaído el viejo rey.

—Sí, por favor.

—Mandaré que traigan todo y pondré una guardia para que nadie los moleste— Micah empezó a alejarse para proseguir.

—Micah, te agradecería que todo aquel que quiera acompañarnos, pueda hacerlo— Lo retuvo Nube Oscura.

—Oh, vaya… Yo pensé que esto era muy privado. Pero sí, no te preocupes entonces. Las puertas permanecerán abiertas— Dijo con una pequeña sonrisa.

—Gracias— Nube le dio otro vistazo al lugar y asintió. Luego se volvió a Catra —Te agradezco mucho que trajeras el cuerpo de Asim. Merece descansar en un lugar adecuado— Entonces Catra comprendió de qué iba todo eso.

Vieron a Micah meterse en el castillo.

Ya tenía algunos nombres, Dandelyon, su abuelo. Chikane, su madre muerta en batalla. Nube Oscura, capitana de los "Bonami", su otra madre. Viva. Kaphiri, otra magicat viva, que no hablaba. Y ahora Asim, un cadáver al que podía ponerle nombre.

—No… No podía dejar a nadie ahí abajo.

—Tu corazón es amable, hija mía— Catra inspiró profundo y no pudo encontrar qué decir. Nadie le había dicho nada así.

El silencio que se extendió entre ellas, no era del todo incomodo.

—Tal vez quieres saber algo más en lo que llegan— Propuso después de un momento. Catra lo consideró un momento. Algo sencillo, solo para romper el silencio.

—¿Cuál es tu edad?

—Oh… ¿En qué año estamos?— Catra ya había aprendido el computo de los años de los etherianos, porque para ella estaban viviendo en el año 26 de la gracia de la Horda hasta que decidió salir de ahí.

—Es el año 5614, según Luna Brillante— Respondió Catra.

—Entonces tengo 152 años— Ante la sorpresa, a Catra le tembló una orejita —Chikane tenía 111 años solamente. Veo que no te sorprende demasiado.

—Angella… Ella dijo que los magicats pueden vivir hasta 300 años.

—Eso no es del todo cierto, pero Angella no tiene por qué saberlo. Los más viejos entre nosotros tenían hasta más de 500 años. Angella pudo deducirlo por su contacto con algunos de nosotros, supongo. Los magicats no somos tan longevos como los ángeles, pero mucho más que el promedio de otras razas— Eso quería decir que entonces… ¿sus madres apenas eran jóvenes en su cómputo de vida? —Por cierto, he notado que no llaman rey ni reina a Micah y Angella ¿Qué pasó aquí?

Catra podía asumir este cambio de tema con gusto. Y ya no sentirse como que estaba en un lodo ambiguo.

—Angella— Entonces Catra se dio cuenta que ella misma ya no trataba con deferencia al ser angelical —Abdicó en favor de su hija… Glimmer— Con ese nombre llegó un montón de recuerdos a la mente de Nube.

—¿Glimmer?

—Sí, la princesita de Luna Brillante… Reina.

—No puedo creer que Glimmer ya sea reina— Dijo claramente sorprendida la magicat oscura.

—¿Cómo? ¿La conoces?

—No… Sí… Ella nació unos pocos meses antes que tú. Aunque la guerra se avecinaba, las costumbres de siglos prevalecen. Luna Brillante nos invitó a conocer a su joven heredera. Solo vimos a la bebé esa vez— Y ahora que hablaban de Glimmer, Catra se preguntó en dónde estaría. Ya sería hora de que le reclamara llevar a su madre a un lugar tan peligroso como la Zona del Terror o algo por el estilo. Por supuesto, Glimmer era "bebé" y no "cachorra".

Dos plantas arriba, Bow tocó a la puerta. No recibió respuesta pero entró. Glimmer estaba dormida en su cama elevada.

—¡Glimmer, arriba! Hay grandiosas noticias. Los rescataron. De verdad, los rescataron. Tienes que verlos… están… Glimmer, tenemos que terminar con esto. ¡Pero Perfuma dice que una de ellos es la mamá de Catra!— la reina apenas estaba despertando y no entendía ninguna de las palabras de Bow.

Bostezó mientras le hacía señas a su amigo para que se calmara.

—Bow, Bow, espera ¿De qué estás hablando?— Tomó a Bow de las manos para contener su emoción.

—Catra. Catra y los demás regresaron hace un par de horas. No los vi cuando llegaron— Empezó a explicar con más calma el arquero, con los ojos brillantes de incontables emociones, aunque se notaba que había dormido poco —Estaba dormido… ayude a Entrapta a correr unos análisis… ¡pero eso no importa ahora! Los magicats, Glimmer. Rescataron a los magicats que estaban encerrados en la Zona del Terror y Perfuma dice que la mamá de Catra está con ellos. ¡Vamos, Glimmer! Cámbiate, tenemos que ir a conocerlos.

Magicats. La mamá de Catra. Glimmer no podía procesar esas ideas. A duras penas entendía que la raza de Catra era llamada magicats. Bow veía su desconcierto.

—Sé que las cosas han sido complicadas entre ustedes… Pero, Glimmer, la mamá de Catra ¿Lo puedes creer? Es casi un milagro que sigan vivos. Perfuma dice que son increíbles, que nunca había conocido a criaturas con un espíritu así— Siguió el arquero, mientras bajaba por los escalones y Glimmer sólo lo seguía con la mirada.

Bow empezó a buscar en los cajones y sacar ropa limpia para Glimmer.

—¿Han vuelto?¿Mi mamá?— Bow sonrió. Glimmer apenas estaba despertando. Nunca había sido buena para madrugar y suponía que había pasado la noche llorando su coraje. Se sentía mal por no haberla visitado antes, pero estaban pasando tantas cosas que solo pudo concentrarse en atender las órdenes que dio Catra. Los análisis iniciales de Entrapta habían arrojado un poco de información y las cosas no eran tan urgentes como había hecho parecer DT. Aunque tampoco tenían demasiado tiempo.

—Sí, Lady Angella llegó con todos. Está bien— Bow acomodó la ropa sobre el sillón al pie de la ventana. Glimmer suspiró y se teletransportó al suelo, al lado de Bow.

—No puedo… ¿La mamá de Catra?

—Todavía no sé los detalles, pero Lord Micah le dijo a todos que era la reina de los magicats ¿Tiene que ser la mamá de Catra, no? Perfuma iba a despertar a Scorpia porque están preparando algo para ellos en uno de los jardines, creo que una fiesta de bienvenida o algo así.

—Eso es… increíble. De verdad, no puedo creerlo— La Reina de los magicats. Era una idea totalmente bizarra. Y que Catra tuviera una madre ¡viva! ¡En Luna Brillante! Glimmer seguro seguía soñando algo. Esto no podía ser cierto.

—Anda, alístate. Voy a ver si Perfuma pudo despertar a Scorpia, porque estaba agotada. No sé cómo Catra sigue de pie, está despierta desde su turno en la prisión— Bow hablaba del turno de la gata anterior, no en el que tenía que sustituir a Netossa a medianoche —Bueno, vuelvo en 10 minutos, Glim.

La Reina estaba tan atónita según las noticias se volvían conceptos entendibles en su mente semi dormida. Ella no tenía ninguna expectativa acerca de esto. ¿Qué había pensado cuándo su padre, quien había pasado años perdido en Isla Bestia, había hablado de un rescate? En lo único que podía pensar en la noche era en los datos de Entrapta para después ser consumida por el horror de ver a Catra terminando con la vida de Shadow Weaver tan tranquila como si estuviera aplastando un insecto desagradable. La sangre y el cadáver torcido de la bruja se vio luego replicado en otros tantos cuerpos en las imágenes que desplegara Entrapta.

Siguiendo las indicaciones de Bow, se apareció en su baño y se desnudó para sentir el agua tibia y terminar de despertar. Ver a Catra de aquel modo, había sido como ver a She-ra afectada por el virus de los Primeros. Implacable, sedienta de sangre, para que solo un momento después estuviera tan tranquila.

¿Qué hubiera hecho Glimmer de estar en el lugar de la magicat? Su mamá podía ser un poco obsesiva, pero sabía que era porque se preocupaba por ella y su reino. Y Catra en cuánto supo que Micah era el papá de Glimmer, lo cubrió como a otro más del equipo. La Reina se había distraído mucho porque Bow le tocó a la puerta.

—Glimmer, Perfuma logró llevarse a Scorpia ya. Te espero aquí fuera— Le gritó Bow. La pelimorada terminó de bañarse lo más rápido que pudo, se vistió y salió a la habitación a cepillarse rápido el corto cabello.

—Listo. ¿Dónde están?— Se terminó de acomodar la capa.

—En aquel jardín que da al precipicio con la cascada, en la parte de atrás— Le dijo Bow, que estaba muy emocionado.

—Oh, es uno de los más grandes y bonitos. Seguro es una fiesta importante— Glimmer tomó de la mano a Bow y sintió su calidez. Había algo siempre tranquilizador en el agarre de su mejor amigo.

Últimamente habían estado algo distantes. Con Bow pasando tanto tiempo con Entrapta y Glimmer ocupada con sus deberes reales y tratando de mantener a raya a Catra. Se daba cuenta que ponía mucho de su tiempo y atención en los movimientos de la gata, tratando de prever el siguiente. Tratando de ganarle. Sentía que al fin lo había logrado. Con lo que había conseguido en la noche, pondría fin a la guerra y el juicio pendiente para Catra podría llevarse a cabo. Esas eran sus ideas antes de irse a dormir, y descansó tan bien, que no recordaba concretamente esos pensamientos.

Mientras reflexionaba en eso, y acompañada de la sonrisa morena, se teletransportaron al jardín indicado.

—Catra, lo que viene a continuación es muy importante para nosotros. Tiene 25 años que no se celebra algo igual. Y voy a necesitar tu ayuda— Las dos magicats veían como unos sirvientes empezaban a sacar unas mesas y viandas, así como a colocar unas telas blancas sobre los árboles del borde para crear una pequeña pared y techado.

—¿Qué… Qué necesitas?

—Va a sonar un poco raro… pero necesito un poco de tu sangre— Catra se río un poco.

—Sería la primera vez que me la piden tan cordialmente— A Nube Oscura no le gustó el sarcasmo de Catra, por lo que implicaba. Pero no era momento para ponerse a pensar en eso —Claro, no hay problema— Terminó la princesa.

—Está bien… te indicaré el momento. Y…— En eso, empezaron a llegar el resto de princesas y los sirvientes ya habían terminado. Como Micah dijo, todo fue muy rápido —Cuando terminemos, tengo que decirte dos cosas muy importantes— Otra vez a esperar.

Kaphiri apareció en la entrada, seguida de otros diez magicat. Sólo dos de ellos iban en sillas de ruedas, empujados por los mismos magicats. Uno cojo, se apoyaba en un bastón, y otro al que que le faltaba toda una pierna, se balanceaba con torpeza en unas muletas. Todos vestidos en esas túnicas estándar de Luna Brillante, en diferentes tonalidades. Limpios, vendados, acicalados, ya no daban una impresión tan deprimente.

Se colocaron al rededor de las telas blancas en silencio. Nube los miraba y al resto de personas que estaban llegando. Sus ojos se abrieron con alegría cuando, detrás de Perfuma una mole de músculos en un body rojo, pinzas y cola se apareció.

—¿Ash? ¿ASH? No puede ser, no puede— Sus orejas se levantaron en un gesto que Catra reconoció como alerta placentera y Nube Oscura casi corrió a encontrarse con la escorpión. Se detuvo a un par de metros de ella y se dio cuenta de su error.

Angella y Micah venían detrás y se preocuparon cuando vieron a Nube llorar frente a Scorpia.

—No puedo creerlo… Eres Scorpia. Eres igual a Ash, pero tienes el cabello de Escarlata— Dijo con mucho sentimiento.

Scorpia miró confundida a la magicat, no quería ser grosera o densa, pero no comprendía. Miró a Perfuma y después a Catra buscando ayuda. Angella sentía otra vez cómo la vergüenza la llenaba. No podía creer que no se había tomado un sólo momento en estos meses para hablar personalmente con Scorpia.

Catra pronto unió los puntos.

—Scorp… Creo que se refiere a tus… madres— Dijo Catra que se había acercado.

En eso escuchó como se aparecía Glimmer cerca de ahí.

—Mis… ¿Madres?

—Por supuesto… ¿No… no sabes quiénes son?— La pregunta era para Scorpia pero la mirada era para Angella.

—Yo… sí, claro que sí. Es decir, tengo su pintura y…— Scorpia se entrecortó y ya no emitió sonido alguno. Entrechocó sus tenazas, apenada.

—No te preocupes, Scorpia. Después de esto, tengo mucho que contarte. Tus madres y yo éramos muy amigas— Nube le puso la mano derecha con cuidado sobre una pinza y Scorpia la miró maravillada —Ahora, vamos, adelante.

Scorpia se fue con Perfuma.

Todos avanzaron hasta el jardín, frente a los otros magicats y Glimmer no podía creer que esa gran felina de apariencia salvaje fuera la madre de Catra. Ni siquiera podía ver del todo al coro de otros magicats. De pelaje rayados, manchados o lisos, con las largas y ralas melenas, sin miembros o con miembros que no eran los suyos, como aquel con pinza y cola como Scorpia. Y eso que ni siquiera los había visto en su estado más deplorable como Spinnirella, quien iba llegando ya con Netossa.

Nube Oscura miró otra vez a Angella y supo que tenían una plática pendiente. Nube avanzó hasta el centro del claro y los magicats la miraban absortos y expectantes. Esto no le parecía una fiesta a ninguna de las princesas.

Un grupo de cuatro guardias transportaban sobre sus hombros una especie de camilla, y sobre la camilla iba un bulto alargado cubierto en telas blancas. Lo dejaron con decoro en el suelo entre el resto de los magicats y su reina. Hicieron una pequeña reverencia y se retiraron en silencio.

—Hermanos, princesas de Etheria y habitantes de Luna Brillante, normalmente nuestros ritos se realizan en privado y el resto de los reinos nos han calificado de reservados y elitistas. Nuestro orgullo tal vez así lo hizo, pero fuimos obligados a ver nuestra vulnerabilidad. Ya no nos esconderemos más, pues hemos vivido en las sombras y el silencio demasiado tiempo. Tanto, que nuestro hermano Asim, el guerrero, no pudo soportar un poco más para recibir la ayuda que llegó a nosotros— Muchos presentes contuvieron el aliento.

Mientras Nube Oscura hablaba parecía que el mundo a su alrededor se iba a callando, y ella observaba. A las princesas y sus movimientos, la moda no había variado demasiado y podía ubicar a las jóvenes regentes por sus ropas. Así estaba estableciendo sus dinámicas. Veía a la nueva monarca de Luna Brillante, con todo el cuerpo opuesto a Catra, que sin embargo no dejaba de lanzarle miradas. Su voz resonaba por todo el jardín.

—Hermanos, empecemos— Cuatro magicats se alejaron del resto y con sus garras o pinzas cortaron las mortajas que envolvían el cuerpo de su otro hermano. Consumido por el hambre más atroz, el cuerpo era increíblemente delgado. Estaba limpio y le habían trenzado el cabello con flores. Su pelaje leonado emitía algunos destellos a la luz del día y se notaba como había empezado a encanecer. Conforme iban quitando las telas, la gente podía ver toda la horrible colección de cicatrices. Le faltaba un brazo, una oreja y la cola. Y aún así, en la serenidad de la muerte, parecía dormido.

—El día que cayó Media Luna, nuestro hogar, el más sabio de nuestros hechiceros, lanzó un hechizo que lo consumió, con el fin de proteger nuestras mentes y nuestros secretos hasta que volvieran a pertenecernos. Hoy, no sólo somos libres de nuevo, si no que nuestra princesa está viva y nos vengó, como es su derecho— Las colas de los magicats se agitaban en el aire en vez de ser sostenidas con decoro en sus cinturas. Mientras Nube seguía hablando, hechizando a todos los presentes, los cuatro magicats pusieron el cuerpo desnudo de Asim directamente sobre la hierba. Nube Oscura llamó entonces a Catra con una mano —Mi hija, Catra, nuestra princesa. Contigo de vuelta a nosotros, sellamos nuestra libertad.

La felina color durazno, con ropas negras y guindas, se acercó al centro con la cola inquieta y las orejas un poco aplanadas. Esto no era con ella, no le gustaba ser el centro de atención de esta forma. Sentía la mirada de todos en cada pelo, y en especial era consciente de la mirada pesada de Glimmer.

Nube uso la garra del índice derecho para cortarse la palma izquierda en un tajo profundo y rápido. Le ofreció la mano a Catra y se miraron un segundo, Nube asintió y Catra supo que ese era el momento. Hizo lo mismo y tomó la mano de la Reina.

Los hechiceros presentes sintieron la perturbación del ambiente, seguidamente del viento que se levantó de la nada. En las manos unidas de madre e hija, surgió una runa que se hizo tan grande que tocaba el suelo mientras giraba sobre sí misma lentamente. Era negra con destellos dorados. Sus glifos filosos y curvos no se parecían a nada que Glimmer conociera de magia.

En las gargantas de los magicats se aparecieron otras runas y se rompieron. Ellos empezaron a llorar y sin saber exactamente por qué, muchos de los presentes también. La runa negra gigante se disolvió en la nada, Nube le sonrió a Catra y se soltaron de las manos.

—Está es la primera vez en siglos que alguien aparte de los nuestros observa— Le susurró la reina a su hija.

Todos los magicats se tomaron de las manos y empezaron a cantar. Como, cantar. Realmente cantar. Con palabras y todo. Los que no habían dicho ni pío. Cantaron a la tierra, a la vida, a las estaciones y al viento. Catra estaba estupefacta al igual que el resto de los presentes. Porque la tierra y el viento les respondían. La tierra se empezó a mover alrededor de Asim, abriéndose, por tanto Asim se iba hundiendo más y más en la tierra abierta. Cuando el cuerpo estuvo hundido poco más de medio metro, Nube se acercó hasta Perfuma, se inclinó y le susurró algo. Perfuma asintió entre lágrimas serenas, sus manos brillaron un momento y después le dio algo pequeño a la magicat oscura.

Nube se acercó hasta donde estaba Asim, se arrodilló y dejó caer la pequeña semilla. Los magicats cambiaron el tono de su canción, ahora era más vigoroso. Le cantaron de nuevo a la tierra, a la madera, a la semilla, a la esperanza y al espíritu. Que donde tomaste, te sea devuelto.

Perfuma empezó a brillar con un fulgor verdoso y el suelo se sacudió. La tierra se cimbró para cerrar el hoyo que se había abierto y unos crujidos llenaron el aire, la tierra se movió unos segundos como si estuviera respirando para explotar en verdor y raíces. Un árbol empezó a crecer ante los ojos de todos los presentes, que no estaban maravillados porque eso era justo lo que Perfuma podía hacer solo con levantar un dedo. Los que estaban asombrados eran los que entendían de magia, porque para dar vida a un árbol sin la ayuda de la magia de una piedra rúnica, y sin utilizar ninguna runa, se requería un poder abismal.

Los magicats seguían cantando, con sus voces llenas de melancolía y su dolor conmovía a los otros. Catra jamás había asistido a una ceremonia como esta. En las Salinas y Drill, había visto a la Rebelión juntar los cadáveres e incinerarlos en pilas, a hordianos y civiles por igual, pero no se había acercado a ver de cerca. ¿Hubo alguien que hablara por los muertos? En la Horda solo se hacía una mención de los caídos y se hablaba de la gloria que se habían ganado al dar su vida por la causa. Ni siquiera quería pensar en la disposición de los cuerpos. Los magicats elevaron sus voces hasta que el sauce que hicieron crecer tenía por lo menos seis metros de alto. Algo que hubiera tomado varios años. Perfuma dejó de brillar.

Entrapta, que había estado dormida, se despertó ante los constantes pitidos de su pad. La Flor de Corazón estaba teniendo un pico de actividad hasta el 71. Perfuma debía de estar usando sus poderes activamente, y la Black Garnet había registrado un pico hasta el 53, después de estar tranquila toda la madrugada y la mañana con su actividad usual de 20 a 30. Entrapta lo había atribuido al apagón general de la Zona del Terror, del cual Lonnie le había informado se acababan de recuperar hace un par de horas.

La princesa de Drill seguía sin comprender los patrones de actividad de la Black Garnet.

Los magicats dejaron morir la canción poco a poco y se acercaron al árbol en grupos o individualmente, para tocar su corteza y darle el último adiós personalmente a su amigo. Nube fue la última en hacerlo, y después se volvió a los espectadores.

—La vida alimenta a la muerte, y la muerte nutre a la vida. Es el ciclo sin fin. Amigos, hermanos y aliados, por favor, comed y bebed en nombre de Asim— Todos los presentes guardaron silencio un momento, mientras terminaban de absorber lo que acaban de ver y escuchar. Angella y Micah se estaban acercando a Nube, cuando Glimmer se apareció en frente de ella.

Sus últimas lágrimas brillaban todavía entre sus pestañas.

—En nombre de Luna Brillante, quiero darles la bienvenida y brindarles todo el apoyo que esté en nuestra manos— Dijo solemne la joven reina —Soy Glimmer, la reina— Los lores rodearon a su hija y Nube pudo contemplar a toda la familia real al fin.

—Glimmer… Reina Glimmer. Tus palabras son bien recibidas y las tomaremos, puesto que estamos cansados y no hay mejor lugar para reposar que entre amigos. La última vez que te ví, eras solo una bebé, pero los años han hecho maravillas contigo. Tus padres deben estar orgullosos y felices de ver en lo que te has convertido— Glimmer no se esperaba una respuesta tan elocuente. Esta magicat era amable y asertiva.

La reina de Luna Brillante no veía nada de Catra en Nube. Aunque las dos transmitieran esa sensación de fiereza, parecía algo natural en su raza. La gente a su alrededor se movió y se separó en grupos que empezaron a charlar y comer. Algunos se acercaron curiosos hasta el árbol. Catra no sabía si debía acercarse, pero mejor encaró a Glimmer, hablando con Nube.

—Lo estamos, Nube. Glimmer es todo lo que pudimos desear— En cuanto Catra se acercó, se sintió el choque de energías. La víspera parecía muy lejana ahora, pero reina y princesa hicieron crujir sus dientes.

—¿Cómo puede ser que me conociera?— Preguntó la pelimorada, intrigada, a nadie en específico.

—Tus padres y yo somos viejos amigos, antes de la guerra. Nos invitaron, a Chikane, mi esposa, a mí y algunos otros magicat a asistir a tu presentación real. Puedo reconocer a otras princesas de esa ocasión— Nube se refería a Scorpia, Mermista, Perfuma, Netossa y Spinnirela, que eran otros tantos bebés o niñas en aquella ocasión —Han crecido mucho— Dijo la soberana magicat como si un largo viaje fuera el motivo de su ausencia.

Antes de la guerra. Glimmer ni siquiera podía imaginar un mundo así. Tampoco Catra, para ser sinceros. Catra tenía ligeramente fruncidos los labios, como si en cualquier momento fuera a gruñir. Bow se acercó con timidez.

—Catra, hola. ¿Ella es…?— Antes de que Bow pudiera decir lo que todos sabían que iba a decir, la gata lo interrumpió.

—Nube Oscura, la reina magicat— Tal presentación le dolió un poco. Escondió un suspiro y decidió que tal vez pudiera enseñar a esta nueva generación algunas sutilezas de la cultura magicat, antes de llevarse aparte a Catra, porque necesitaban hablar de temas muy delicados.

—Eso no es del todo cierto— Catra temió por un segundo que la magicat oscura dijera que era su madre —Chikane era nuestra reina, yo solo era la capitana de nuestra guardia, los Bonami. Para nosotros solo es rey el que desciende directamente por línea de sangre de la familia real. Catra es, de hecho, nuestra legítima reina— Ahora desearía que hubiera dicho enfrente de todos que era su madre.

Bow y Glimmer se miraron entre sí con asombro, para después mirar a Catra, que estaba encrespada y miraba intesamente a Nube Oscura. Soltó un bufido, se dio la vuelta y se fue. La magicat de manchas grises estaba atenta a su princesa.

—Nube, creo que deberías saber que a Catra le ha costado mucho trabajo aceptar su papel como princesa— La magicat tenía las orejas caídas, pero ante las palabras de Angella reaccionó con ferocidad.

—Está claro que hay mucho por ponernos al día, Angella… y espero que tú y Micah puedan darme el tiempo necesario para hacerlo, y conocer a mi hija— Tiempo perdido, tiempo por recuperar.

A Glimmer no le gustó que alguien que no conocía se dirigiera así a sus padres, que lucían apenados, pero miró a Catra, que hablaba con un guardia que la interceptó mientras se abrazaba un brazo, con las orejas apretadas. Glimmer había aprendido que ese era un gesto que Catra no podía evitar hacer cuando se sentía vulnerable. Ella había crecido escuchando de su padre tanto de los subditos como de su madre y de su tía Casta. Era natural que lo quisiera cuando todo lo que escuchaba de él procedía de personas que lo habían amado. El castillo estaba lleno de sus murales y pinturas. No podía no reconocerlo. Catra, igual que Adora, había pensado toda su vida que era huérfana.

Catra despidió al guardia, que le pedía que fuera con Entrapta en cuanto estuviera libre. Recibió la noticia con alivio, podría irse de aquí y ponerse a trabajar en algo productivo. Le lanzó una mirada más al gran sauce que había nacido de la magia y un cadaver y ya se disponía a irse.

—Lo siento. Nube, sé que tenemos mucho de qué hablar, y tú con ella, pero también debes de descansar— La magicat respiró profundo y escuchó a su amiga.

—La tierra y el viento hablan. Se están preparando para la batalla. Nosotros no podemos descansar si hay que pelear. Angella, Micah… Reina Glimmer, mirennos, somos lo que quedamos de nuestro pueblo. Y solo por algo nosotros sobrevivimos. Todos somos Bonami— Eso explicaba algunas cosas —Hemos esperado este momento por años. No nos detendremos.

—No te estoy pidiendo que se detengan. Conozco mejor que nadie su ferocidad, pero si no se recuperan aunque sea un poco, tu hija se quedara sola de nuevo— Angella desplegó un poco las alas, en un movimiento nervioso —Tenemos que hablar, y mejor hacerlo cuánto antes si no quieres esperar.

—Bien… te buscaré en un momento. Hay algo que tengo que decirle a Catra— Nube Oscura se dirigió con su hija, que estaba siendo interrumpida justo en ese momento por Kaphiri. Se apresuró.

—Princesa. Princesa— Llamó Kaphiri a su monarca. Su voz era suave y agradable. Contrastaba con su aspecto fiero y hermoso, en su semblante cubierto de cicatrices. Catra se volteó, extrañada por la voz desconocida.

—¿Ahora ya puedes hablar?— Preguntó sin tacto, y estirando bien la cola, lejos de Kaphiri.

—Lo siento mucho, princesa. No quería ofenderla, si no saludarla… Y agradecerle por liberarnos— Catra estaba acumulando presión peligrosamente.

—Yo no fui. ¿Okey? Fue Lonnie quién los encontró y liberó— Gruñó.

—No me refiero a eso… El hechizo de silencio, se rompió gracias a usted— ¿Por eso no hablaban, y Nube Oscura? —Si podemos ver a Lonnie otra vez, todos le agradeceremos personalmente.

—...Lo harán pronto— En el mejor de los escenarios, en un par de días, cuando la Zona del Terror dejara de existir.

—Eso sería muy bueno. Princesa, también quería decir que…

—Phiri, lleva a Shu con los sanadores, por favor. La herida de la cabeza le está sangrando de nuevo— La magicat manchada hizo una reverencia y se marchó en silencio. Catra agachó las orejas y trató de mantener relajada la cola mientras Nube la encaraba —Puedes acompañarme?— Solicitó con voz baja. Catra asintió con un gruñido.

Nube sabía que todos los castillos tenían oídos en todas partes, así que se alejó hasta un borde del jardín, junto al precipicio.

—Dije que tenía dos cosas muy importantes que decir al final de la ceremonia. Y creo que ninguna de las dos te va a gustar.

—¿No te has dado cuenta? No me tienen que gustar las cosas, y por lo general, no lo hacen.

—Y quiero saber por qué. Quisiera tener el tiempo de ganarme tu confianza y cariño, Catra. Pero ya veo que no nos será concedido. El viento trae cantos de guerra, y puedo darme cuenta que tu papel en eso es muy importante. Por eso es todavía más apremiante que sepas esto— Catra no iba a decir abiertamente que ella no quería a nadie. No le gustaba hablar de sentimientos. Ni de la falta de los mismos o si eran buenos o malos. —Esto puede traer la diferencia para la Alianza. ¿Conoces la leyenda de la Princesa de Fuego?

—Esa que destruyó a su propio reino por la traición de su mejor amiga…— Catra no había pensado en eso en mucho tiempo. Adora. Adora se había puesto celosa de Scorpia cuando se dio cuenta cómo interactuaban.

—No es exactamente así… pero veo que conoces del poder de su piedra rúnica.

—Una piedra rúnica falsa. Creada por los Primeros. Inestable.

—No era falsa. Estaba muerta cuando los Primeros llegaron a Etheria y trataron de revivirla con su tecnología y no lo lograron del todo. Pero les dio mucha información. Hace muchos siglos, los Primeros ofrecieron su tecnología a los pueblos que no tuvieran su propia piedra rúnica. Y un antepasado tuyo la aceptó. Los magicats tenemos una.

—¿Qué?

—Si nos das sólo tres días, podemos redirigir el poder del Rubí de Sangre hacia la Roca Lunar y eso le daría un poder inigualable al resto de princesas. Y en especial a Angella y Glimmer.

—Eso… Eso no será necesario— Catra estaba perdiendo su capacidad de asombrarse. Necesitaba unas horas a solas para despejarse —Tenemos todo bajo control. Ustedes no tienen que hacer nada.

—Catra, nosotros somos guerreros. Éramos la guardia de Media Luna. No podemos quedarnos atrás si vas al combate.

—¿Dijiste que soy la maldita reina, no? ¡Pues se van a quedar en Luna Brillante! ¡No voy a llevarlos al frente para que los maten porque no pueden sostenerse en pie!— Al fin Catra explotó. Nube estaba sorprendida. —No sabes nada de mí y te apareces diciendo un montón de tonterías… Ninguno de ustedes va a poner un pie fuera de Luna Brillante— Nube agachó las orejas y Catra sintió más coraje. Esto no era para ella.

Catra no era ni reina ni princesa. Ni hija, ni nieta. Era un soldado. Era una Capitana de la Fuerza. Para eso la habían criado, aunque quien la había criado era un monstruo sin corazón. La habían educado para liderar un ejército a la victoria y eso era justo lo que iba a hacer. Necesitaba ir con Entrapta, quien detestaba tanto hablar de emociones como ella misma y atender datos y hechos. Varias personas las estaban viendo, y Catra los fulminó a todos con la mirada. Incluso a Glimmer.

Se estaba alejando, pero Nube la sostuvo de la muñeca con su mano mutilada. Catra empezó a producir escarcha de nuevo, para sorpresa de su madre, y la soltó. Catra se sostuvo las manos cerca del pecho.

—Aunque no te guste, tengo que decirte lo demás. Y te dejaré en paz. Los magicats… la realeza magicat tiene matrimonios arreglados, Catra. Kaphiri es tu prometida, y ella lo sabe— Glimmer se estaba acercando desde atrás para ver qué era lo estaba pasando y escuchó desde "matrimonios".

Palideció cuando Catra se volteó y la vio, con los antebrazos cubiertos de hielo, se rompió cuando Catra alzó los brazos y los puso sobre los hombros de Glimmer.

—Sácame de aquí— Pidió.

Nube Oscura intentó sostenerla y lo único que obtuvo fue aire vacío.

Chapter Text

Catra se apareció sosteniéndose el estómago, aunque realmente no se sentía tan mal como la vez anterior. Supuso que Bow tenía razón, en algún punto se acostumbraría si seguía haciéndolo. No tenía idea de a dónde las iba a llevar Glimmer, y poco le importaba, la podía meter en una celda de la prisión por lo que a ella le correspondía.

—¿Catra… Estás bien?— Glimmer no se atrevió a tocarla.

—¿Así que así se siente tener padres?— Le dijo Catra con sarcasmo, sin humor y sin mirarla. Mejor miró su alrededor para darse cuenta que estaban en alguna torre. Encima de alguna torre. La vista de la cuenca donde descansaba el castillo era magnífica desde esa altura. Glimmer soltó un bufido divertido, sin humor realmente.

—Y a veces es peor— Catra siempre se había sentido mejor fuera del alcance de los demás, en la altura. Lejos de todo.

Glimmer ya la había visto en lo más bajo ¿Qué más daba si la veía rota una vez más? Se sentó casi en el borde, poniendo de nervios a la reina. Catra se abrazó las piernas con los brazos sin importarle los pedazos de hielo que todavía tenían y la cola y puso su barbilla sobre sus rodillas. Así se veía tan pequeña, con las orejas encogidas, y Glimmer siempre la miraba tan grande.

—Catra… ¿De verdad es tu mamá?— Esas palabras no deberían ir en la misma oración. Catra se encogió un poco más.

—No quiero hablar de eso, Chispitas— Dijo con voz monocorde.

—¿Entonces de qué quieres hablar?— Glimmer se sentó al lado de Catra, pero a una distancia prudencial. Catra no podía alcanzarla con la cola ni los brazos. También recogió sus piernas y puso sus brazos sobre sus rodillas, para recargar ahí su barbilla, mientras las dos miraban al vacío.

La gata estuvo callada tanto tiempo que Glimmer creyó que no le iba a responder.

—¿Ustedes también tienen ceremonias de… funerales?— Catra creía que ese era el término. No era algo habitual dentro de lo que había estudiado para estar a la par que el resto de princesas, pero se mencionaba cuando se trataba de monarcas del pasado.

—Eh, sí…— Glimmer recordó al último que había asistido en toda regla —Por supuesto, pero no son tan… hermosos. Igual de tristes, pero no tan mágicos— Los ojos se le llenaron de lágrimas de nuevo. Escuchó sorber a Catra y la volteó a mirar.

—¿Ella… Adora tuvo el suyo?— Preguntó Catra con un hilo de voz y media cara escondida entre sus brazos y rodillas. Glimmer se rio sin humor.

—Sí… Tuvimos uno por Adora, aquí en Luna Brillante… Yo no quería… No podía aceptarlo. Pero mi mamá insistió. En cada lugar que hay una estatua de Adora o She-ra, se hizo una ceremonia en su nombre— Se volvieron a quedar en silencio.

—Yo no pedí nada de esto, Glimmer. No quería ser comandante, ni princesa, ni reina… Yo nunca me tomé tan en serio las cosas. Creía que si mis padres habían muerto en la Horda, no tenía caso preocuparme por ellos. Nunca le tomé importancia a que no hubiera otros como yo. Nunca me tomé en serio su tonta guerra— La reina escuchaba hipnotizada —No quería nada de esto…— Catra suspiró. Se sentía tan vieja.

—¿Entonces qué es lo que tú querías, por qué?— "¿Por qué peleaste hasta casi destruirnos?"

Catra volteó a ver a Glimmer por primera vez desde que llegaron ahí arriba. Y de pronto fue como si no se hubieran visto a los ojos desde ese aciago día en el cañón del Desierto Carmesí.

Ese momento donde Catra estaba sobre Glimmer, amenazándola de muerte, diciéndole que admitiera en donde se escondía Adora. Ese momento donde Catra vio el retorcido placer de Glimmer al ver el dolor que le estaba causando. Donde Glimmer, pese a todo, no podía regocijarse en el dolor de su enemiga mortal, porque compartían el mismo sufrimiento. Donde Catra fue leyendo segundo a segundo, que Glimmer no la estaba provocando ni engatusando, si no que hablaba con toda la amarga verdad en sus labios. El momento, el justo momento donde Glimmer había visto romperse algo en el fondo de Catra y no lo había comprendido hasta ahora. El instante mismo donde Catra aceptó que Glimmer no le mentía y no había vuelta atrás en sus errores.

Y ahora se estaban comunicando de nuevo.

Ninguna de las dos quería nada de esto. No les habían dejado elegir. Y Glimmer simplemente había tenido una mano un poco mejor de la que le había tocado a Catra. Glimmer siempre había querido ser fuerte. Encajar con el resto de princesas. Salir y defender a su gente. ¿Qué le quedaba sin la guerra? No era como Bow, que tenía otros pasatiempos que lo definían. Ser reina. Era importante, por supuesto. ¿Pero solo sería eso? ¿Una reina, como su madre, que jamás salía del castillo por todos los deberes que tenía que atender? y Catra. Ella solo esperaba el fin de esto para poder descansar. No quería más responsabilidades. No necesitaba más vínculos que la ataran, que la hicieran vulnerable. Las dos estaban tan cansadas. Y por un momento, dejaron de pretender.

—Creo que nunca te dí las gracias por rescatar a mi papá— Catra bufó y regresó a ver el cielo.

—Ni lo menciones… Fue un efecto colateral— Respondió con una media sonrisa.

—Supongo que lo fue. Como sea, gracias por hacerlo— Ahora no eran comandante ni reina. —Sabes, no creo que seas tan mala.

—¿Qué?— Dijo Catra, sin estar segura de haber oído bien a Glimmer.

—Me escuchaste— La Reina respondió, su voz suave —De verdad, ahora, no creo que seas mala, Catra— Aunque sabía que sus palabras sonaban inverosimiles.

—¿Qué quieres de mí?— Catra murmuró, su voz baja y peligrosa.

—No quiero nada de ti— negó Glimmer rápidamente, sus ojos violetas eran suaves y sinceros.

—Entonces, ¿por qué estás siendo amable conmigo?— La voz de Catra tenía una nota de histeria y quería desesperadamente alejarse de Glimmer, pero estaba atrapada bajo la mirada de la Reina.

—No lo sé— dijo Glimmer honestamente —Catra, sobre lo que pasó anoche…— Dijo la reina y la gata pudo relajarse un poco. La muerte de Shadow Weaver y el confrontamiento que habían tenido después, eran temas mucho más livianos.

—No lo arruines, Chispitas.

—No, en serio, escúchame. Dijiste que lo harías si tenías oportunidad, y la oportunidad la tuviste desde que te quitaron la guardia. Lo que quiero decir, es que no creí que de verdad fueras a hacerlo, en algún momento— Glimmer se puso de lado y apoyó una mano en el espacio entre las dos. Catra suspiró.

—Creo que jamás lo hubiera hecho. Pero no podía pasar eso por alto. Ya viste lo que hizo. Lo que les hizo. No había ningún otro camino.

—¿Y no te pesa?— Solo quería entender.

—Glimmer, de verdad, si te cayeras hasta el fondo del precipicio en este momento, me importaría más de lo que me importa eso— Glimmer no pudo evitar reírse, un poquito.

El hielo se estaba derritiendo y goteaba rojo, la reina lo vio y se alarmó.

—Tu mano, está sangrando.

—Ah, eso… No es nada. Haré que Entrapta la vea— Volvieron a quedarse en silencio.

Catra soltó un suspiro y no le importó cuando Glimmer se acomodó y quedó más cerca de ella. Ahora estaba sentada con las piernas cruzadas.

La Reina no era buena para leer en las expresiones más planas de Catra, y estaba segura que Adora sería capaz de saber exactamente cómo se sentía la gata. Pero recordó que Bow le había dicho que no había dormido desde su último turno en la prisión y eso era hacía casi 48 horas ya.

—Deberías dormir un poco.

—¿Por qué? ¿Te importa?— Hubo un breve momento de vacilación.

—La verdad, sí— Catra la volteó a ver —No quiero que maten a nadie porque una comandante incompetente no da bien una orden— Muy a su pesar, Catra sonrió.

—Eso jamás va a pasar, majestad, puedes apostarlo— La cola de Catra dejó de apretar sus tobillos y volvió a moverse en suaves eses tras ella.

—Eso le encantaría a Netossa— Le sonrió.

—Y a la sirena también, seguramente.

—Se llama Mermista, eh— La quiso corregir.

—Por supuesto, la princesa acuática— Ahora Catra le regresó la sonrisa a Glimmer y las dos se rieron un poco.

Catra se dio cuenta que se estaba sintiendo muy cómoda. Eso no era bueno.

—Entonces… Kaphiri… ¿es tu prometida?— Soltó Glimmer y Catra se volvió a enojar, pero también estaba aliviada. La Reina no ubicaba a ningún magicat por nombre. Sólo quería saber.

—Si dices eso otra vez, vamos a tener problemas— Siseó Catra y Glimmer supo que metió la pata.

—¿Todo lo demás era tu forma de jugar o qué?— Contraatacó la Reina sin perder el tono juguetón.

La respuesta fácil y amigable de Glimmer desbalanceó a Catra, porque estaba acostumbrada a tener los nervios tensos en su trato, lista para recibir la mordida de los comentarios agrios y duros de la Reina, no bromas sencillas que la dejaban expuesta sin realmente atacarla. Después de un breve segundo, le regresó una sonrisa ladina marca Catra, princesa de Media Luna.

—Si lo quieres llamar así, princesa— La cola de Catra se movió más vivamente y ya había dejado de tener las orejas aplastadas.

Glimmer pensó que se veía linda.

Glimmer parpadeó.

Entonces Catra se puso de pie, recordando que tenía que ir con Entrapta. Mientras se estiraba, le dio una bonita vista de su trasero a Glimmer, que se sonrojó y desvió la mirada.

—Nos vemos— Catra se asomó al precipicio y volvió a poner de nervios a Glimmer, y antes de que pudiera hacer algo, la gata se lanzó al vacío, y si por accidente o no, una parte de la cola de Catra acarició la mejilla de la reina. Glimmer gateó al borde y se asomó para ver cómo Catra caía varios metros, para girar sobre sí misma en el aire, saltar en otra torre y empezar a bajar entre más saltos como si no pudiera fallar.

Catra giraba y se retorcía, y por un momento, disfrutó de su cuerpo y sentirse viva.

Nube Oscura suspiró y estornudó al absorber algunos de los brillos residuales de la teletransportación de Glimmer. El magicat cojo, cuyo antebrazo izquierdo estaba cambiado por una pinza escorpioni, se acercó hasta ella y levantó su cola mutilada a modo de saludo.

—Parecía tener problemas con la joven princesa, Capitana— Le habló con voz grave y rasposa el viejo magicat, de pelaje naranja y cara blanca, con algunas franjas más oscuras. El pelo de sus orejas era completamente blanco y estaba esponjoso.

—Hola, Chezira. Nada de capitana, ya no existe tal cosa… Y sí. Creo que no se hablar con mi hija— Nube estiró su brazo para que Chezira pudiera enredar un poco su corta cola y saludarse. Los dos se regodearon un poco en el contacto. Nube no sabía si lo peor era el hambre o la soledad.

—Siempre será nuestra Capitana… A menos que quiera nombrar a su sucesora— Dijo Chezira después de soltar el antebrazo de Nube.

—Ni siquiera lo digas en broma. Además, Kaphiri no está lista— Miró al cielo —Las cosas han cambiado demasiado, pero podemos vivir de nuevo.

—Sé que Kaphiri era solo una cachorra en entrenamiento… Sobre la princesa, creemos que le gustaría conocer a los que quedan de su pueblo— Y aquí era cuando Nube se arrepentía de la media verdad que había podido transmitir a sus hermanos.

—Catra está abrumada por todo lo que está pasando, y nosotros también debemos descansar. Ahora debo ir con… Lady Angella para hablar.

—Usted también debe de descansar, Capitana.

—Lo haré en cuanto tenga tiempo— Se despidió de Chezira con un movimiento de la mano y fue hasta Micah y Angella, que hablaban con un magicat enteramente negro, con penetrantes ojos amarillos.

Los demás magicats estaban juntos, recostados o sentados al pie del sauce, sobre la hierba, y algunos sanadores habían acudido a revisarlos. Ahora que podían hablar, los podían atender mejor.

—Angella— Llamó Nube, que estiró su mano otra vez para recibir el saludo de la magicat negra. Eran de la misma altura y ya empezaba a encanecer. —Hola, Musa— Saludó a su hermana.

—¿Por qué no vamos arriba a hablar?— Ofreció el ser angelical, sin saber qué esperar.

—No quiero interrumpirlas— Dijo Nube.

—No se preocupe, Capitana. Solo quería agradecer a Luna Brillante su hospitalidad— Dijo Musa.

—Es lo menos que podemos hacer, después de todo. No hay nada que agradecer.

Intercambiaron otras palabras del estilo, hasta que Musa se disculpó, enredó su cola negra una vez más en el antebrazo de Nube y se fue con el resto de los magicats a retozar bajo el sauce. Angella reparó al fin que su vieja amiga había perdido su cola. No estaba segura de mencionarlo. Micah tenía que quedarse a atender a los magicats que seguían en cama.

—Vamos, Nube.

Avanzaron por los pasillos en silencio.

—Creí que Catra y tu hija no se llevaban bien— Soltó Nube, mientras recorrían los invariables muros que conocía bien. Angella ya sabía que nada de esto iba a ser fácil.

—No lo hacen. Chocan mucho. Pero pueden trabajar bien juntas ¿y cómo es que te diste cuenta?— Preguntó suavemente.

—Por la forma en la que Catra se expresó de ella— Angella sabía que a Catra no le importaba insultar a su hija a la cara, así que no se sorprendió, ni quiso enterarse de los detalles.

—Tu hija es… bastante honesta.

—Brutal, querrás decir.

—Así que ya tuvieron su primer pelea. Quizás es como en los matrimonios— Ofreció Angella intentando ser ligera. Nube suspiró.

—No habría explotado si yo no la hubiera presionado tanto.

—Están pasando demasiadas cosas… Si anoche cuando me fui a dormir me hubieran dicho que descubriría que siguen vivos…

—Sigo sorprendida yo también. Por todo. Y eso es lo que quiero que me expliques, para empezar.

—Te diré todo lo que quieras, y también debes de saber que Catra me ha reclamado porque no sabíamos que era hija de las reinas.

—Es casi lo primero que me dijo. No podía ser de otra forma. Sabes que no compartimos a nuestros cachorros hasta que están más fuertes, y con el ataque de la Horda a Escorpión, creímos que estaríamos más seguros en nuestras montañas y bosques. Pero con la ayuda de Shadow Weaver, no pudimos contra ellos. No sabes cómo me arrepiento de no enviar a Chikane con Catra lo más lejos posible— Las lágrimas se condesaban en la mirada verde. Llegaron a la sala real donde hace unas semanas, Angella y Micah habían interrogado a Catra, entraron y Angella cerró las puertas —Repetiría todo con tal de saber que puedo cambiar solo eso— Continuó Nube, y Angella se atrevió a tomarla de la mano.

—Puedo entenderte un poco, y lo siento tanto. Si hubiéramos actuado más rápido, habríamos podido ayudarlos y quizás…

—No, no, lo siento. No hablemos de los tal vez, cuéntame todo lo que pasó— Pidió Nube, que se sentó en el sillón de Micah. Angella suspiró, sabía que tendría que repetir la historia que acababa de contarle a Catra.

"Cuando llegamos a Media Luna, descubrimos la masacre… los cuerpos quemados y desmembrados. Algunos intentaron hacer un conteo, pero lo dieron por un exterminio total. El cuerpo de Chikane fue identificado solo por su pelaje claro. Los enterramos lo mejor que pudimos, tratando de respetar sus costumbres. Aunque sabes que nadie había visto un funeral magicat en siglos. Desde entonces, cada año algunos van a visitar el lugar."

"Los Bosques Susurrantes han ocultado lo que fue, pero todavía se puede encontrar el lugar donde yace Chikane".

"La guerra siguió y la Rebelión y la Alianza pudieron frenar en gran medida el avance de la Horda en la batalla aquí mismo… la segunda más grande".

"En esa batalla, menos de un año después de la caída de Media Luna y Escorpión, luchamos en pleno y apenas pudimos parar a la Horda. Micah se enfrentó a Shadow Weaver y la dejó mal herida. La explosión de magia entre ellos fue tal que destruyeron medio castillo".

—Fue cuando creí que lo había perdido— Suspiró Angella.

Nube la interrumpió.

—Espera, ¿a Micah?

—Sí… Micah fue secuestrado por la Horda y exiliado a Isla Bestia, un destino horrible para aquellos que Hordak ya no considera útiles. Todos pensamos que había muerto pero milagrosamente sobrevivió a dos décadas aislado ahí.

—Angie… Tengo que ofrecerte disculpas. Al verlos… pensé que ustedes habían tenido la oportunidad de permanecer juntos y a salvo todos estos años, y sentí envidia de tu familia— Angella pensaba que era totalmente entendible.

—No, no, Nube, no tienes que disculparte. No podrías pensar otra cosa… yo ni siquiera entiendo cómo han sobrevivido, ni tú, ni él, ni todos ellos, a todo lo que les ha pasado… y seguir siendo capaces de sonreír y luchar— Angella tomó entre sus manos la mano derecha de Nube. Aquí no eran reinas, eran esposas y madres que habían sobrevivido los horrores de la guerra. Eran amigas que se reencontraban en medio del dolor.

—¿Pero entonces, cómo está aquí?— Nube regresó el apretón de manos con cariño y los ojos brillantes de lágrimas. Angella lanzó una risilla incrédula.

—Del mismo modo que tú… Gracias a Catra— Se acariciaban suavemente las manos —Bueno, déjame llegar hasta ahí.

"Después de la Primer Batalla de Luna Brillante, la primer Alianza se disolvió, Antony quedó lisiado y le cedió el trono a su hija, Mermista, hace seis años. Fue uno de tantos heridos o muertos. Desde entonces todos los reinos se protegieron individualmente, o crearon pequeñas alianzas. Luna Brillante siguió siendo el pilar de la fuerza que lucha contra Hordak".

"Las cosas se alargaron desde entonces. A veces podíamos recuperar algún territorio, pero básicamente era defendernos y resistir. Hasta hace poco más de dos años. Una joven capitana de la Fuerza, los generales de Hordak, desertó y se unió a la Rebelión. Fue Glimmer quien la trajo. Esa hordiana, Adora, resultó ser She-ra."

Nube se sorprendió demasiado, pero decidió seguir escuchando y Angella comprendió sus expresiones.

"Gracias a ella, y Glimmer y Bow, fue que se logró recuperar la alianza, unir a algunos reinos, incluso el Reino de las Nieves, que nunca se había involucrado en estos conflictos. Adora fue criada por Shadow Weaver desde bebé, porque ya sabía que iba a convertirse en alguien poderosa. Cuando Adora se unió a la Rebelión, su mejor amiga se quedó en la Horda. No conozco los detalles… Pero era Catra."

"Ella decidió quedarse allá y ocupó el lugar de Adora. Todo lo que habíamos estado recuperando, lo estábamos perdiendo ante Catra. Logró ganarle su lugar a Shadow Weaver y se convirtió en la Segunda de Hordak."

Nube no podía creerlo. Estaba atónita y solo pudo derramar silenciosas lágrimas. Angella sabía que no podía detenerse ahora. Nube ya sabía que Catra había crecido con los hordianos. Pero nunca se imaginó esto.

"Shadow Weaver escapó de la Horda y llegó a Luna Brillante. Se estaba muriendo y sabía que Adora la podía curar con sus poderes. Ella la curó. Entonces Hordak creó una máquina para traer al resto de su ejército… Eso de lo que hablaba con Langris. Desde otra dimensión. Con la ayuda de Entrapta, su tecnología se volvió mucho más avanzada. Sí… Esa es otra historia interesante también. Adora intentó detenerlos, advertirles que esa máquina sólo traería problemas, si no al propio ejército hordianno en pleno. Entrapta la escuchó, pero Catra la envió a Isla Bestia. Activaron la máquina, un portal, y todo nuestro mundo entró en conflicto, la realidad misma se estaba derrumbando."

"Adora nos salvó a todos."

"Se sacrificó ella misma para desactivar el portal. Solo entonces… Un día apareció Catra, con sus amigos, en nuestras puertas."

Angella no sabía si debía guardarse sus impresiones. O contar las cosas lo más objetivamente posible. Decidió decir lo obvio.

"Catra está aquí solo porque su mejor amiga murió. Llegó con sus amigos y su pasado a cuestas, solo con la promesa de ayudar a la Rebelión si nosotros la ayudábamos a rescatar a la princesa Entrapta de Isla Bestia. Ahí encontraron a Micah, y lo trajo de regresó sano y salvo, junto a Entrapta y mi hija. Ella ha cumplido con creces todas sus promesas sobre la guerra. Nos ha traído la victoria y por eso es comandante de la Rebelión."

"Además, Micah fue el que recordó… Micah se dio cuenta que Catra era una magicat. Era imposible para nosotros creerlo, pero era verdad. Le dimos a conocer la historia de la corona, pero poco más. Micah estaba preparando libros sobre los magicats para Catra, ya que prefiere estudiar por sí sola."

"Todavía no sé cómo se enteró de… ustedes y su situación. La encontramos ayer sobre el cuerpo de Shadow Weaver, la mató antes de que pudiéramos hacer algo. Todo era muy confuso."

—¿Mantenían aquí a la bruja que masacró a mi pueblo y quien torturó a mi hija toda su vida?— La garganta de Nube no podía controlar los gruñidos.

—Nube, te juro que las cosas no eran así, nosotros no sabíamos lo que le había hecho y Catra solo la quería lo más lejos de ella. Ella… crio a Adora y Catra, las dos la veían como su única familia. La manteníamos aquí porque Adora lo permitió, She-ra— La vergüenza llenaba a Angella. No quería decir que Catra y Adora consideraban a la bruja, lo más cercano a una madre —Esto no tiene más que un par de meses. Shadow Weaver llevó a Glimmer y las princesas a la Zona del Terror para poder parar el portal. Catra solo supo que es princesa hace unas semanas. Lo asumió el día de la coronación de Glimmer.

Nube se derrumbó. Empezó a llorar llevándose las manos a la cara. Tenía tantas preguntas. Las cosas eran mucho más complicadas de lo que alguna vez pudo haber creído. Había tanto por asumir y aprender. No comprendía a cabalidad todo lo que Angella le decía. ¿Un portal? ¿La princesa de Drill ayudando a la Horda? ¿She-ra, la leyenda de leyendas? ¿Dimensiones? ¿Catra aplastando a los viejos aliados y amigos de los magicats?

Intentó levantarse y un dolor punzante en la espalda baja la dejó retorciéndose en el piso, Angella entonces pudo ver la deshonra de Nube. Un muñón de un palmo, casi sin pelo, sobresalía entre los pliegues de la túnica. El dolor le borró las lágrimas a Nube y después de un momento, el fuego líquido que le recorría la espalda se dejo de sentir y se levantó con la ayuda de Angella.

—Nube, ¿Quieres que llame a un sanador?— Nube se giró para acomodarse la capa y la túnica y un dolor muy diferente la llenó. El muñón de su cola siempre la lastimaba. Habría preferido perder una mano o ambas piernas, ya puestos a elegir. Y si realizaba un mal movimiento, su cuerpo la traicionaba con dolor y fuego. Ni siquiera podía mover el pequeño pedazo de carne y hueso, quedo totalmente inservible.

—No… No, estoy bien. Es algo a lo que ya me he acostumbrado— El dolor punzante y abrumador era un buen distractor en la soledad de su celda.

—Lo siento tanto.

—No es tu culpa, Angie. No es culpa de nadie…— Volvieron a sentarse, con cuidado —Necesito pensar un momento. Es demasiado— El dolor había barrido su tristeza, su conmoción y le despejó la mente, que amenazaba con abrumarse.

—Toma el tiempo que necesites. Haré que nos traigan té— Angella salió y se puso a buscar a un guardia que para que lo trajeran.

Nube se quedo quieta un momento, con los ojos cerrados, recuperando la calma. Necesitaba escoger cómo hacer esto. El resto de sus hermanos solo sabían que su princesa había sobrevivido a la masacre y escapado al cautiverio. Eso era lo que Nube había pensado, aliviada cuando se los llevaron y encerraron a todos en una gran jaula. Catra era muy pequeña, pero el bosque siempre proveía, y con suerte, los aliados que no lograron llegar a tiempo para ayudar en batalla, la encontrarían. Su horror fue supremo cuando los separaron en otras celdas y a ella la llevaron aparte, atada, amordazada y drogada para que no pudiera mover un dedo.

Shadow Weaver había trabajado con el veneno escorpioni hasta lograr crear diversas e interesantes variantes. Como esta que trabajaba neutralizando los impulsos nerviosos que controlaban los músculos pero dejando despierto y consciente al individuo, que ni siquiera podía mover los ojos.

La bruja le había mostrado imágenes de Catra en la enfermería de la Horda, con otros tantos bebés. Y fue cuando empezó el verdadero tormento para Nube Oscura. Y decidió que el resto de su pueblo no merecía sufrir con ella. Se guardó la noticia. Les dejó la pequeña esperanza que un día su princesa podría liberarlos.

Podía imaginar que los otros magicats pensaban que Catra había crecido entre los muros de Luna Brillante. Y si no se apresuraba a decidir cómo les presentaría las cosas, podían forjarse opiniones que sería difícil cambiar después. Tenía que hacerle las preguntas correctas y necesarias a Angella para poder decidir, y tenía que hablar con Catra también. Se sentía atrapada de un nuevo modo. Su hija no tenía ninguna idea de su pueblo, no sentía nada hacia su madre, y ahora solo había logrado levantar un muro. Pero Catra no podía ir por ahí sin saber.

Y aunque el amor por su hija era irrompible, no sabía cómo expresarlo. Desde que Chikane se había enterado de su embarazo, las dos habían estado felices. Y cuando Catra había nacido, una pequeña bolita rosada de piel tierna y pelaje tan delicado y fino que apenas se veía, sentía que el corazón le iba a estallar de amor. Un mes después, cuando su pequeña cachorra había abierto los ojos al mundo por fin, pudieron ver lo hermosos que eran, iguales a los de su abuelo. Y uno idéntico al color turquesa de Chikane. Nube Oscura no podía estar más feliz. Pero había una sombra inmensa sobre ellas.

Chikane había dejado de salir a los reinos vecinos para buscar su apoyo contra los hordianos tan solo su embarazo se empezó a notar y la mandaba a ella y otros para seguir con la tarea. El Reino Escorpión había caído y aunque Nube Oscura y los Bonami en pleno habían acudido a ayudar, no pudieron hacer nada, y le costó la mitad de sus hermanos guerreros. El día que los vigías divisaron al ejército hordiano, Catra ya podía sentarse y pesaba el doble de lo que pesaba cuando nació. Su pelaje ya había crecido lo suficiente para cubrir su piel tierna y su cabello, cola y orejas no paraban de oscurecerse. Así, parecía la mini copia de Chikane, quien le hacía notar a Nube que Catra tendría algunas de sus rayas, que en ese entonces parecían solo sombras entre el pelaje crema de su cachorra.

Y no debía de preocuparse por Catra solamente, como Capitana de los Bonami, había visto crecer y entrenar a Kaphiri, descendiente de una familia Bonami tan antigua como la que más. Chikane había prometido a su primogénita a esa familia desde muchas décadas antes. Sí, Kaphiri era solo una cachorra cuyas garras apenas empezaban a endurecerse cuando fueron atacados, y a pesar de eso, había logrado sobrevivir a todo, para llegar a este día. De no ser por Catra, la magicat gris sería la más joven de todos ellos. Nube se miró sus propias garras, las que le quedaban, pensando en todo esto.

Era otra prueba más al valor y poder de Catra. A su vez que todo lo que había tenido que pasar. Las garras de los magicats se iban endureciendo y oscureciendo según las utilizaran mientras crecían, hasta sus 25 años, que eran cuando dejaban de crecer y desarrollarse físicamente. Incluso antes de Hordak, no había habido un magicat con las garras tan negras como Catra en siglos.

Cuando los cachorros se enteraban de esto, muchos empezaban a hacer cosas para lograr oscurecerlas mientras tuvieran tiempo. Entre los Bonami era símbolo de estatus y fuerza. Entre los otros magicat representaban habilidad, y había aquellos también que presumían de sus garras blancas o marfiles, demostrando que ellos preferían otro tipo de vida. Podían escalar los duros precipicios de granito y mármol de sus montañas para endurecerlas, luchar entre ellos, cazar grandes presas, afilarlas contra acero, pero eran pocos los que lograban oscurecerlas tanto como Nube incluso. A Catra todavía le quedaban años para terminar de crecer y sus garras ya eran del negro más absoluto.

Entre sus pensamientos, Nube detectó el olor de Catra, mezclado con sangre, entró en pánico y corrió al lugar, que no era más que el baño privado de los antiguos reyes, ahí en el piso estaba el mayón gris y la blusa negra con dorado que Catra había desechado.

—¿Nube?— Llamó Angella.

—Aquí— Susurró.

Angella tocó a la puerta entre abierta y pasó con cuidado. Se encontró con Nube sosteniendo las ropas y recordó lo que era.

—¿Qué hace esto aquí?

—Esa, esa es la ropa que Catra vestía anoche. No sabía que se había cambiado aquí.

—¿Quieres decir que esto es lo que mi hija vestía cuando mató a esa maldita?

—Sí…— Angella le puso suavemente una mano en el hombro —Todo sucedió muy rápido.

—Explícame lo de She-ra. Y la máquina— Regresaron hasta el saloncito donde ya las esperaba un servicio de té.

—Adora encontró la espada de poder en los Bosques Susurrantes y descubrió que podía transformarse en She-ra. Reparó la Puerta del Mar y podía curar las peores heridas. Después descubrimos que fue traída desde otra dimensión por Hordak, era descendiente de los Primeros, por eso solo ella podía usar la espada. Hasta que… Bueno, todo se relaciona en este punto. La espada es la llave para activar la máquina del portal. Gracias a que Catra había logrado capturar a Adora y llevarla de vuelta a la Zona del Terror, junto con la espada, es que Hordak logró activar la máquina— Angella se detuvo un momento y Nube tuvo que tragar duro, escuchando todo lo que su hija había hecho.

—Adora… Yo estaba ahí cuando la realidad se estaba rompiendo. La vi pelear con Catra para después recuperar la espada. Y cuando Glimmer regresó con el resto de las princesas y Shadow Weaver, entendí que para salvarnos, lo había dado todo.

—Suena como… Una buena muchacha— Nube no terminaba de entender el papel de Adora.

—A pesar de crecer en la Horda, Adora era honesta y honorable. Y me parece que jamás dejó de extrañar a Catra— Así que una a una todas las personas importantes para Catra, se habían ido de su vida.

—¿Cuándo pasó… cómo pasó lo de la realidad destruida?

—No lo sé muy bien… La realidad se dobló sobre sí misma, y nos hizo olvidar… Entrapta es quien te puedo explicar mejor eso. O Glimmer, y fue… hace siete semanas.

Nube hizo una nota mental. No sabía hace cuanto tiempo, pero algo después de que el hambre había empezado, es decir, la verdadera hambruna y sed, había soñado un sueño muy vivido, con el resto de sus hermanos, donde parecía estar libre y a salvo de vuelta a Media Luna. Así como vino, se fue el sueño. Estaba tan mal, que lo tomó por otro más de sus delirios en medio del hambre, la soledad y el aburrimiento.

—Anoche después de lo que pasó, Glimmer convocó a una reunión de la Alianza para enjuiciar a Catra— Continuó Angella.

—Si el resto de princesas cree que pueden hacerle algo a Catra cuando estaba en su derecho… — La interrumpió Nube.

—No, no. Tranquila. Se hizo la votación entre los miembros y se determinó que estaba dentro de su potestad. Micah logró tranquilizarla lo suficiente para no marchar directamente sobre la Zona del Terror, en su lugar recibió la llamada de una amiga que sigue en la Horda, la chica que los ayudó, y fue por eso que fuimos por ustedes— Le terminó de decir Angella.

—Tengo mucho qué pensar…— Nube Oscura frunció el ceño al recordar otra cosa —Pero no puedo creer que Scorpia no conozca el nombre de sus propias madres. ¿Cómo has dejado pasar eso por alto?— Angella no estaba segura de sus palabras siguientes.

—Scorpia era Capitán de la Fuerza junto con Catra… Ellas dos llegaron juntas con otros dos hordianos. Nube, seguimos en pie de guerra. Hemos tenido batalla tras batalla. Se que ustedes eran muy unidas, pero nunca fue mi intención ofender su memoria. Scorpia tiene una pintura de ellas ¿Cómo iba a saber yo que no conoce sus nombres? Parece que ha pasado mucho tiempo, pero no es así. Scorpia y Catra llevan aquí solo unas semanas y solo se ocupan de entrenar y trabajar. Hay mucho que hacer… y justo ahora, con las últimas noticias… Hordak está construyendo un nuevo portal, y tú hija en cualquier momento dará la orden de atacar si siente que no tiene otra opción. Por eso el viento te trae noticias de batalla— Angella quisiera tener tiempo de dedicarse a platicar sobre los viejos buenos tiempos. Pero ahora no tenían esa oportunidad. Y ya habían consumido preciosos momentos. —Lo siento mucho, Nube, pero debes estar consciente de todo si quieres participar de las decisiones. Catra es la Comandante de la Rebelión y ha jurado lealtad a Luna Brillante y ella no comparte sus creencias sobre la vida y la muerte— Nube Oscura rugió.

—¡¿Media Luna vasalla de Luna Brillante?! ¡Eso es algo que jamás hubiéramos permitido y tú lo sabes!

—Nunca pretendíamos someter a Media Luna. El juramento de Catra le daba estatus entre princesas con sus propios reinos. Nube, se razonable, por favor. El juramento de Catra sólo la ata hasta que la guerra termine. Y con mi bendición, tiene casi tanta influencia aquí como la propia Glimmer— Angella extendió las alas y Nube no pudo evitar recordar que estaba ante la última de una raza poderosa.

—¿Así que las arrojaste a pelear entre sí?— Angella enrojeció por segunda vez está larga mañana, que ya se extendía hacia el mediodía.

—¡Claro que no!— Respiró profundo —Hay mucho más ahí de lo que se puede ver y son temas que le corresponden a cada una. Chocan en parte por qué son parecidas… y todos nos seguimos ajustando al modo de hacer las cosas de Catra. Ha venido aquí a cambiarlas en poco tiempo— Terminó.

—Creo… tengo que buscarla y hablar con ella, antes de que algo pase.

Catra aterrizó en su cuarto -el cuarto de Adora- y fue hasta la cama -la cama de Adora- en donde la esperaba la figurita de la pequeña Adora, de pie sobre su base al lado de la almohada. La tomó con cuidado entre sus manos, sin reparar en su palma herida y derramó lágrimas entre sollozos.

—Adora… te necesito tanto— Admitió en voz alta y rota, por primera vez para sí misma. Se hizo un ovillo, su cola la cubrió hasta la cabeza y siguió sollozando hasta vaciar su pecho.

Entrapta estaba esperando a Catra hace un rato. Ya había conseguido que le trajeran el desayuno en pequeños bowls y ahora estaba terminando de refinar unos datos, cuando algo totalmente loco y fascinante pasó. En la pantalla que mostraba permanentemente la actividad de las piedras rúnicas, apareció una nueva señal. Súbitamente, con apenas 3 puntos sobre cien. Tenía la forma de una estrella de nueve puntas y dos caras. Su color era un rojo más intenso y menos oscuro que el de la Black Garnet.

Scorpia realmente se sentía mal por todo lo que estaba pasando Catra. Todas las veces que se había ido a esconder a las ruinas de su palacio, jamás se dio cuenta de la entrada que Lonnie había descubierto con la ayuda de los escaneos de Emily. Y los pobres gatitos estaban tan lastimados. Su corazón puro sufría y Perfuma trataba de animarla. Además la falta de sueño no ayudaba.

—Scorpia, no es tu culpa. Ellos estaban bien escondidos. Una niña pequeña no los hubiera encontrado— Perfuma le tomó una de las pinzas a la escorpioni.

—Tal vez… tengas razón. Quisiera poder hacer más— Dijo con la mirada baja.

—Tú ya haces lo suficiente. Trabajas tan duro y con tanto entusiasmo que nos contagias a todos de energía limpia y positiva. Es maravilloso verte trabajar con los hordianos y cómo les enseñas lo que has descubierto del mundo fuera de la Zona del Terror—

Perfuma y Scorpia caminaban por los largos pasillos del castillo hacia el laboratorio, ya que Scorpia quería ver y hablar con Catra. Perfuma estaba asombrada de los magicats, en verdad.

No estaban realmente heridos, hablando físicamente. Fuera de aquel magicat que tenía una herida abierta en la cabeza, y a la que habían identificado como la reina con su falta de pelo y piel en el costillar, el resto lo que tenían era una anemia brutal. No heridas abiertas. Los parásitos en sus pelajes, y la sarna tardarían un poco más en curarse. Los procedimientos a los que los habían sometido eran terribles y habían dejado su huella en forma de cicatrices abultadas y mal cuidadas. Por lo menos no parecía que ninguno fuera a morir ahora que podían recibir cuidados y estar bajo observación.

Perfuma había implementado con los sanadores un té con efectos calmantes y revitalizantes, hecho en base a una infusión de mandrágora y milenrama, que los ayudarían a temperar sus reacciones y a fortalecerse rápidamente, en camino a la recuperación más total que pudieran encontrar.

Bow no estaba seguro de lo que había pasado con Glimmer y Catra, las había buscado en sus habitaciones y estaban vacías. Suponía que tal vez estarían en alguno de esos lugares en donde a Glimmer le gustaba alejarse cuando necesitaba estar sola. Todos esos lugares los podía alcanzar, no sin grandes esfuerzos en su mayoría. Esperaba que no fuera un error dejarlas solas. Con suerte, se gritarían para después darse la espalda e irse cada una por su lado como solía ocurrir.

Decidió ir con Entrapta para seguirla ayudando. Los datos que tenían hasta cuando se había ido a dormir, eran insuficientes, y la pérdida de poder en la Zona del Terror también limitaba los esfuerzos de la princesa de Drill.

—¿Entrapta?— Había un montón de pequeños panqueques y botellas de bebidas dulces y gasificadas en el suelo. Bow se adentró con cuidado en el laboratorio —¿Estás por aquí?

—¡Bow! No sabes los descubrimientos que acabo de hacer. ¡Necesitamos mucha más potencia para poder trabajar! ¡Esto es tan emocionante! ¡Me da gusto que llegaras! ¡Ayúdame a llevar todo esto a Darla, por favor!

Antes de que Bow pudiera hacer algo, Entrapta le llenó los brazos con unas pantallas, una caja con más bebidas gasificadas y cables. La propia princesa tenía dividida sus coletas en varios tentáculos que sostenían más pantallas, una caja con herramientas, cables y una bandeja atiborrada de cupcakes, además de la espada. En sus manos tenía la tableta de Catra y una base elevada para libros. Justo en la entrada puso la base y la tableta.

—¿Qué? ¿Para qué es todo esto, Trapta?

—Para ir a Darla, Bow, te lo acabo de decir. Tienes que poner atención, porque lo que estamos por descubrir es maravilloso— Decía la princesa mientras apretaba la tableta y salía junto con Bow, que la siguió después de un suspiro pero sonrió.

Se toparon con Perfuma y Scorpia en el camino a la salida para ir a donde estaba Darla estacionada. El par de princesas siguieron a los geeks ante el encogimiento de hombros de Bow. Entrapta no parecía querer explicar nada a nadie hasta llegar a la nave.

Ni siquiera con ayuda de Samantha, el sistema hijo de Darla que Entrapta estaba desarrollando, podía con todos los datos. Y todavía no lograba conectar su red a la de Darla. Por eso necesitaba tener un montón de su propio equipo en la nave. Scorpia ayudó gustosa a Bow con las cosas que Entrapta le había dado y se dirigieron a su destino.

Kaphiri estaba con Shu, que se sentía muy avergonzado de haber atacado no solo a su libertadora, si no a su princesa. No podía creer que había cometido tal atrocidad contra el honor de su familia. Mansamente se dejaba atender por el sanador que le estaba cuidando la herida que se le había hecho en la cabeza al rebotar con una piedra cuando Catra lo había mandado a volar con la fuerza de su látigo. El hecho de estar famélico y medio loco por la sed y la soledad y el silencio parecían no importarle.

La magicat manchada tenía sus propias preocupaciones. Kaphiri jamás había visto a Catra, por lo que estaba muy emocionada de conocerla. Los magicats eran capaces de comunicarse rudamente solo con maullidos, gañidos y gruñidos. Era un lenguaje sencillo sin muchos matices, pero nadie fuera de ellos lo entendía, basado fuertemente en el instinto. Pero su joven princesa no lo conocía, así que cuando le había siseado con los dientes desnudos, fue una forma muy tajante de negar, propia solo para alguien que hubiera cometido una falta capital. Y quizás de verdad lo había hecho. Quisiera poder hablar con ella.

La mente de Kaphiri estaba teniendo dificultades para manejar todo lo que estaba pasando. Había sido víctima del hechizo de silencio muy joven. Su entrenamiento tenía realmente poco tiempo de haber empezado cuando los atacaron y miraba con cierta vergüenza sus garras casi blancas. Ningún Bonami que se respetara tendría tan claras las garras. Aunque no hiciera nada más que seguir el entrenamiento reglamentario, sin escalar, sin cazar, sus garras serían de un gris plateado. No blancas como hueso desnudo. Por ahí podía empezar su rechazo.

Catra se sentó en la cama mientras su pecho dejaba de suspirar. Se sentía cansada física, mental y emocionalmente. Se limpió los ojos una vez más, volvió a poner con cuidado a la pequeña Adora junto a su almohada, respiró profundo y se puso de pie. Tenía asuntos qué atender. Fue a lavarse el rostro y mojarse un poco el cabello. La caída libre le había desarreglado el cabello.

Antes de salir de la habitación buscó su tableta y no la encontró, solo para recordar que Entrapta se la había llevado, junto con toda la información de la carpeta roja. Bufó un poco exasperada, pero agradecida al mismo tiempo. Ahora tendría que buscar a Entrapta a la antigua. Solo esperaba que se estuviera quieta en su laboratorio, que no estaba lejos al menos.

Salió con su rumbo en mente. Iba acomodando sus ideas poco a poco. Con los magicats a salvo en Luna Brillante, podía concentrarse en continuar con su plan, después de esta desviación. Los experimentos de Hordak con un nuevo portal la obligaban a actuar más deprisa de lo que quería.

Las ventajas de tener a Double Trouble asumiendo su papel dentro de la Horda eran claras. Pero al final, el hecho de renunciar abiertamente a la Horda era no crear un hueco de poder entre los hordianos. De pasar eso, todo sería más complicado. Porque una vez muerto Hordak, habría más cabecillas que cortar y Catra no quería enfrentarse a una hidra con múltiples cabezas, si no matar a la serpiente de un solo tajo.

La psicología del hordiano promedio era muy sencilla. Saluda a tus superiores, trabaja y aplasta a tus inferiores. Y si tienes la oportunidad de volverte uno de los superiores, tomarla con toda la celeridad posible.

Llegó al laboratorio para encontrarlo vacío, pero por lo menos Entrapta había tenido la decencia de dejar su tableta con un mensaje a plena vista diciendo que la viera en Darla. Catra miró el desastre de botellas de gaseosas y cables y pantallas faltantes. Se acercó hasta uno de los diferentes sets de trabajo que tenía Entrapta y se dio cuenta que era un modelo a escala de Plumeria, reino en el que en realidad nunca había estado. Solo lo reconocía por los mapas topográficos y las imágenes que había visto de la Flor de Corazón y la "ciudad" de Perfuma.

En la maqueta, se veían las tiendas de campaña que se tomaban por casas y centros sociales. Entrapta tenía además modeladas algunas casas y otros edificios que Catra no se puso a diferenciar, pero tenían la mano de obra de Bow por todas partes. Había más planos esparcidos al rededor, y Catra reconoció con cierto gusto que Entrapta tenía muchos proyectos en los cuales distraerse con facilidad. Y aparentemente no se distraía sola con ellos. Catra tomó nota de que tenía que adelantar tropas a Plumeria desde Luna Brillante para movilizarse más rápido hasta la Zona del Terror en cualquier momento.

Gracias a la pared de pinchos y vainas que Perfuma había levantado, era una zona bastante defendible junto a la impenetrabilidad de los Bosques Susurrantes.

Catra llamó a Juliet con el pad de caminó a Darla. Con el gusto que le daba estar en la nave. Le hizo saber que ninguno de los magicat tenía permitido dejar siquiera el castillo para ir a las partes más alejadas de Luna Brillante, ni siquiera a los campos de entrenamiento, y que le dejara bien claro a la guardia que cualquier error sería directamente reportado a la Comandante. Recibió un rápido reporte del estado de la movilización de sus fuerzas y Catra le dijo que estuviera al pendiente de más órdenes en cuanto hablara con la Princesa Entrapta. Colgó y entonces llamó a Rogelio.

—Rog— Pero le contestó Kyle.

—Ho-hola, Catra. Comandante— La saludó nervioso.

—Hola, Kyle— Saludó hastiada —Pásame a Rogelio— Ordenó.

—Él está dormido… Si quieres yo podría…— Catra podía ver detrás de Kyle la habitación que compartía ahora solamente con Rogelio, ya que Scorpia se había mudado a la habitación que era de Catra, en un principio con Entrapta, pero después Entrapta simplemente dormía en el laboratorio o en donde sea que durmiera, Catra no estaba muy segura.

—Necesito a Rogelio, Kyle. Y tú deberías estar en la prisión— Le dijo Catra llanamente.

—Oh… Está bien, deja…— La gata vio la preocupación en la cara de Kyle por su amigo. Rogelio había corrido toda la madrugada al lado de Catra y Scorpia sin desfallecer y a su ritmo. No se había quejado ni una sola vez y después había pilotado de regreso. Se había ganado su descanso.

—Espera, Kyle— El chico había dejado en algún lado la tableta para presumiblemente despertar al lagarto, pero regresó a la vista de Catra —Dentro de una hora quiero que Rogelio me busque en mi habitación— Tal vez no era mucho pero era lo que podía dar por ahora. Si las noticias con Entrapta iban bien, quizás podría llamar de nuevo y darle más tiempo. La faz de Kyle se iluminó.

—Gracias, Catra. Se lo diré— Sonrió el rubio.

—Y Kyle, espero un reporte de tu ausencia en la prisión— Pero le dedicó una pequeña sonrisa. Kyle se sonrojó por no atender directamente sus deberes. Catra cortó la comunicación.

Catra ya estaba por llegar al jardín donde Darla reposaba, solo le faltaba atravesar un último arco y pasar al último par de guardias. Desde un pasillo perpendicular se le acercaba Nube Oscura y la felina apretó el paso.

—¡Catra, espera!— Nube intentó alcanzarla, pero los guardias le cerraron el paso.

Catra ni siquiera se molestó en mirar atrás. Esa salida también daba a los campos de entrenamiento, donde un grupo de rebeldes y guardias sudaban, y por tanto estaba fuera de los límites que les había impuesto a los magicats.

Nube cerró los puños con resignación. No luchó contra los guardias y ellos la dejaron en paz. Nube conocía bien Luna Brillante, para regresar a las principales instalaciones, Catra tendría que volver a pasar por aquí. Tenía que descansar y no tenía otra cosa que hacer. Brincó con cierta dificultad hasta un rellano entre las altas columnas y se dedicó a mirar los ejercicios de los entrenamientos y a su hija alejarse de ella. Los guardias la veían a ratos. No querían sufrir la ira de la comandante y esperaban impacientes por el cambio de turno.

Pudo verla desplazarse hasta el jardín donde se levantaba una extraña estructura de metal, que desplegó una rampa y se tragó a su hija. No pudo evitar inquietarse, pero supuso que era normal porque ninguno de los guardias que miraba hacia el campo de entrenamiento reaccionó.

Catra entró en Darla y caminó hasta el puente, en donde, bajo las instrucciones de Entrapta, Bow y Scorpia ya habían acomodado las pantallas y cables que habían llevado, la princesa de Drill todavía estaba dando algunos ajustes cuando Catra llegó.

—Entrapta, ¿para qué es todo esto?— Pero Entrapta no contestó, siguió trabajando y Catra le lanzó una mirada inquisitoria a Bow, que se aliviaba de verla entera, pero se encogió de hombros.

—No nos ha querido decir nada— Dijo el arquero.

—Gata salvaje, me da tanto gusto ver que estás bien— Dijo Scorpia con genuino placer y abrazó a Catra, que la toleró unos segundos y después luchó por liberarse.

—Sí, bueno, suéltame, Scorpia. Espacio personal— Gruñó.

El indicador de la Black Garnet subió su valor a 56 puntos y Entrapta hizo la anotación sin dejar de trabajar. Sus valores la última hora habían variado entre el 25 y el 40, nada muy alto. La nueva piedra rúnica subía su valor lentamente, ahora estaba en el 17.

—Lo siento, Gatita— Catra le siseó. Con DT llamándola así tenía suficiente. Scorpia no dejó que la afectara porque ese siseó no era en serio, ya lo sabía.

Perfuma había terminado de preparar las bebidas y los bocadillos y las estaba ofreciendo con toda gracia y alegría.

—Saludos y bendiciones para ti, Catra. Déjame compartir contigo que nunca había visto nada igual al funeral de tu pueblo. Fue muy hermoso. Me encantaría hablar contigo y con ellos para conocer más del rito y realizarlo así en Plumeria— Esto no era para nada lo que Catra se había imaginado de venir a hablar con Entrapta.

Le costaba un poco de trabajo ser tan tosca con Perfuma como con las otras porque abiertamente le había dicho que era su amiga. Lo mismo que Bow, que le sonreía confirmando las palabras de Perfuma, igual que Entrapta que podía concentrarse tanto como Catra en las operaciones, o Scorpia, que fuera de sus abrazos sorpresivos, ya se sentía cómoda con ella.

Glimmer se apareció en medio del puente y Catra volvió a sisear y esponjar la cola, ya que no lo esperaba para nada. Por lo menos la libró de responderle algo justo ahora a Perfuma.

—¿Qué haces aquí, Chispitas?

—Oh, Catra…— Recordó el fantasma de la caricia de la cola de Catra y Glimmer retiró la mirada, para la ligera confusión de la gata —Entrapta me mandó un mensaje, pero apenas lo vi y aquí estoy— Dijo al fin.

—Ya que estamos todos ¡Comencemos! He hecho avances importantes en mi investigación de las piedras rúnicas, y Glimmer estuvo muy interesada en mi proyecto anoche, por eso la llamé— Explicó Entrapta y todos le pusieron atención, y Catra le lanzó una mirada exasperada —Además ¡Algo maravilloso sucedió! En los doce años que llevo investigando y recabando datos de las piedras rúnicas, nunca había pasado esto. ¡Apareció una nueva!— Y les mostró la pantalla con la nueva información. Ahora el valor estaba en 19.

—¿Qué?— Dijo Glimmer.

—Explica eso— Pidió Catra, interesada muy a su pesar.

—Hace un par de horas, apareció una nueva piedra rúnica. Simplemente su poder se encendió y el sistema la registró, poco a poco gana potencia. Según mis cálculos, en otras ocho horas estará al nivel del resto de las piedras si se mantiene este ritmo— y les enseñó la estrella de nueve puntas roja.

—¿En dónde está?— Preguntó Catra.

—Oh, claro. Darla, despliega la ubicación de la nueva piedra, por favor.

—Escaneando— Darla mostró una esfera que representaba al planeta y un triángulo que se movía por la esfera —Piedra rúnica encontrada. Denominación: Rubí de Sangre. Ubicación: Reino de Media Luna— Explicó con su voz monótona y amable.

El triángulo se detuvo sobre unas montañas, del lado contrario de los Bosques Susurrantes que Plumeria. No tenía salida al mar y estaba relativamente más cerca de la Zona del Terror que de Luna Brillante, formando un rombo con esos otros tres territorios, siendo Luna Brillante y la Zona del Terror las puntas más distantes entre sí, con Thaymor ligeramente al centro.

—¿Esto tiene que ver con lo que está haciendo Hordak?— Saltó Glimmer.

Todos miraban con diferentes emociones el holograma de la estrella roja.

—No. Esto no tiene nada que ver con Hordak— Cuando esa runa gigante salió de entre Nube Oscura y Catra, además de liberar a los magicats del tal Hechizo de Silencio, debieron despertar también a la piedra rúnica.

—¿Cómo lo sabes?— Preguntó fascinada Entrapta. Ella todavía no estaba del todo segura.

—Porque… Es de los magicats. Tiene que ver con su liberación, no con Hordak— Escupió Catra sin querer entrar en detalles y molesta porque le recordaron su altercado con Nube Oscura —¿Ya podemos dejar de jugar con las piedras? ¿Qué conseguiste sobre el portal de Hordak?— Entrapta se desanimó un poco. Ella quería seguir hablando de las piedras.

—Estuvimos revisando toda la noche, y es cierto que Hordak está construyendo una nueva máquina del portal, pero todavía no la tiene lista. No sé cómo es que ha podido reparar todo tan rápido…— Dijo Bow, que no quería que Entrapta decayera.

—Yo sí— Intervino la princesa de Drill —Seguí trabajando junto con Samantha después de que te fuiste, Bow, y al final pudimos saber la razón por la que Hordak está avanzando tan rápido— Entrapta hizo una pausa porque recibió el cupcake que Perfuma le ofreció con una sonrisa, pues tampoco quería que se desanimara.

—¿Quién es Samantha? Y deja de darle vueltas— Entrapta se puso a teclear y una esfera más pequeña y de color morado apareció junto a la esfera de límites rosas que seguía mostrando la ubicación de Media Luna de Darla.

—Ella es Samantha. Es un sistema que estoy desarrollando tomando de base el sistema de Darla, para usarlo en las comunicaciones y las armas de la Rebelión, además de ayudarme a procesar todos los datos que recopilamos. Aunque todavía no tiene la potencia de Darla, necesito más cristales de los Primeros…

—Trapta, es mejor regresar a lo de Hordak.

—Oh, sí. Gracias, Bow— Y la sonrisa que compartieron el moreno y la princesa de coletas fue una revelación para Glimmer. Tenía que concentrarse —No entendía cómo es que Hordak estaba trabajando tan rápido. Sus cálculos y su tecnología no eran suficientes… Ingresé al sistema de la Zona del Terror en cuanto volvió la energía, y estuve revisando sus fórmulas y apuntes. Alguien más las estaba revisando al mismo tiempo, y corrigiendo poco a poco los errores que Hordak y yo no habíamos visto en el portal anterior. No solo en esos cálculos había correcciones, si no en el trabajo para potenciar la energía que la Zona del Terror es capaz de producir y concentrar. Nuevas aleaciones que nadie en Etheria había descubierto, una variación menor concentrada en los cronones, hodones y fotones para minimizar el recorrido en la cinta invertida de moebius y poder desdoblarla en otra…—

—¡Entrapta, lo estás haciendo de nuevo!— Le dijo Catra —Pero está bien…— Volteó a ver a todos por si alguien más se había perdido —¿Alguien está ayudando a Hordak? Por eso es capaz de avanzar tanto. Ese idiota no puede hacer nada solo, solo balbucear sobre el Hermano Mayor… ¿Quién es¡— Cuestionó Catra, y Glimmer también quería saber.

—No lo sé… Su rastro es tan limpio como el mío… Si no hubiera visto el mismo archivo que yo al mismo tiempo, tal vez no hubiera podido detectarlo. Por eso necesito a Darla, con sus procesadores podremos espiar y atacar a la otra parte desde dos puntos diferentes— La mirada de Catra al principio era de molestia, pero conforme Entrapta revelaba su plan de ataque, una sonrisa peligrosa se pintó en su faz.

—Muy bien… Con los avances que tiene Hordak hasta ahora ¿Cuánto tiempo tenemos antes de que lo intenté otra vez?— Volvió a preguntar Catra.

—Con las estimaciones actuales y los reportes de Lonnie y Double Trouble sobre el estado general de la Zona del Terror…— Decía Entrapta mientras ingresaba datos —Dentro de tres o cuatro días. Tiene que reparar las fraguas y los cables fundidos del intento de anoche.

—Espera, ¿eso quiere decir que puede activar el portal sin la espada?— Esta vez fue Glimmer la que preguntó. La mirada de todos se ensombreció cuando comprendieron las implicaciones.

—Los valores mejorados en las fórmulas de Hordak que la tercera parte está corrigiendo, demuestran que un portal independiente de la espada es posible— Susurró Entrapta.

—¿Pero cómo es posible? Ni siquiera tú y Hordak trabajando juntos pudieron corregir eso…— Bow estaba muy concentrado —Tiene que ser alguien mucho más inteligente, y con grandes recursos para poderse meter en el sistema sin que ni siquiera nosotros lo detectáramos— Siguió el arquero.

Catra estaba tratando de enfocarse solamente en los datos. En la sospecha. Porque no podían de verdad estar hablando de todo lo que había llevado a la muerte de Adora. Entendía que era crucial, pero no podía dejar de lado las últimas consecuencias de esos sucesos. Entonces recordó algo de lo último que había hablado con Hordak.

—Hordak dijo que había logrado enviar un mensaje durante… Que pudo mandar un mensaje al otro lado, y que el resto del ejército hordiano llegaría en cualquier momento— Ese escenario parecía todavía peor —¿Y si… el Hermano Mayor está manipulando la información de Hordak para poder abrir el portal?

Bow abrió los ojos con sorpresa y Entrapta dejó de teclear, considerando las nuevas variables.

—Podría ser posible que desde el otro lado lo estén haciendo, pero…— Empezó Entrapta.

—No importa— Dijo de pronto Glimmer —No importa quien sea, lo único que importa es detener a la Horda de una vez por todas, cortar sus recursos e impedir que construyan esa máquina. De ese modo todo esto terminara— Por una vez, Catra tenía que estar de acuerdo con ella. Aunque odiaba admitirlo, ella quería saber quién había sido capaz de burlar sus planes y potenciar a Hordak, pero eso podría averiguarlo una vez Entrapta pudiera destripar a gusto la Zona del Terror.

—Tres días son más que suficientes. La movilización ya ha empezado. Al amanecer del tercer día, aplastaremos la Zona del Terror— Perfuma y Scorpia se miraron con miedo y pesar. Estaban volviendo al escenario del concilio de anoche.

—Catra, con la ayuda del poder de las piedras rúnicas mañana mismo podríamos atacar—

—Dije que no, Glimmer— De algún modo, al estar Scorpia con Perfuma y Bow con Entrapta, Glimmer y Catra habían terminado cerca una de la otra en un lado del puente, encarando a los otros cuatro. Ahora Catra se volvió a la reina para que la escuchara bien —Nadie se va a acercar a las piedras rúnicas. No vamos a usar el Corazón de Etheria.

—¿Podrías escuchar por una vez en tu vida? ¿Por qué estás tan cerrada?

—¡Porque Adora no quería, y ella tampoco quería abrir el portal en primer lugar! ¡No la escuché y mira lo que pasó!— La tregua entre ellas había terminado. Otra vez eran Comandante y Reina.

Glimmer fue capaz de ver de todos modos el dolor en las facciones de Catra. Sus orejas aplastadas, la cola moviéndose furiosamente, la herida que seguía abierta en su mano, que la movía al gesticular. Glimmer derramó lágrimas por lo que iba a decir.

—Adora ya no está. No puede saber lo nuevo que hemos descubierto. Tenemos que seguir adelante. Si Hordak no está manipulando la Black Garnet para generar energía, como creíamos anoche, eso quiere decir que toda la actividad que está teniendo tiene que ver directamente con la magia. Si no lo reparamos, el Corazón podría estallar en cualquier momento. El planeta no está equilibrado— Glimmer tenía puntos que Catra no podía pasar por alto. Pero no daría a torcer su cola. Ella no se pondría a llorar frente a todos otra vez, no cuando ya se había desahogado en su habitación.

—¿Qué quieres decir con toda la actividad que está teniendo la Black Garnet?— A Scorpia le gustaría mucho que dejaran de hablar de eso. La inquietaba de algún modo.

—Eso es lo que quería decirte anoche cuando iba a tu habitación… Descubrí que la Black Garnet ha tenido mucho más actividad los últimos meses, con respecto a hace un año, y mucha más con respecto a hace cinco años— Entrapta pudo desplegar los valores en una gráfica de barras y puntos, al lado de la gráfica de barras que estaba midiendo todo el tiempo el poder de las piedras. En ese momento la Black Garnet tenía solamente una actividad de 17 puntos, y el Rubí de Sangre ya había subido a 21. La estrella azul que pertenecía a Frosta, era la más activa con 67 puntos, así que seguramente la princesa estaba usando sus poderes.

—¿Y Hordak no la está usando, verdad?— Eso era lo que Glimmer había entendido entre las tecnicidades de Entrapta.

—No, de momento toda la energía que usó proviene de los generadores de la Zona del Terror— Confirmó la princesa de Drill —Pero todavía faltan datos para saber con certeza qué es lo que está provocando la actividad en la Black Garnet— Quiso puntuar Entrapta.

—Pero si Hordak no es el que lo está provocando, hay menos razón para usar las piedras. Nada señala que el Corazón pueda explotar pronto. Si ha estado así durante el último milenio, puede esperar unos días más. Cuando no tengamos encima la amenaza de un ejército que no conocemos, podremos concentrarnos en eso— Decidió Catra.

Glimmer de verdad estaba intentando razonar con ella. Por lo menos ninguna estaba gritándose ya. Se tuvo que morder duro la lengua para no soltar que ella ya había ido con Light Hope y conseguido toda la información que necesitaba. El que Entrapta confirmara que Hordak no tenía nada que ver con los flujos de magia, solo alimentaba las ideas de Glimmer de que tenían que usar el poder concentrado que tenían bajo sus pies.

Así que Glimmer ya no insistió y si Catra no estuviera tan cansada como para notar la fría determinación de la reina, le hubiera parecido extraño que Glimmer se sintiera así cuando parecía que había perdido otra batalla entre las dos.

—Scorpia, necesito que vayas con Perfuma a Plumeria para movilizar las tropas que vamos a enviar para allá…— Catra empezó a dictar órdenes para que las operaciones empezaran y poder ir a dormir mientras los preparativos avanzaran.

Glimmer se quedó para enterarse de primera mano de todas las indicaciones. Y aunque no era su idea principal atacar con sus ejércitos la Zona del Terror, supuso que no estaba mal tener un plan de respaldo. Así que en vez de presentar peros a las indicaciones de Catra, se encontró ofreciendo alternativas. Nadie conocía como ella misma los Bosques Susurrantes, solamente tal vez Bow. Así que entre los dos le estaba ayudando a Catra a planear la ruta de avance y los principales puntos de encuentro a los límites de la Zona del Terror.

La reina estaba un poco más fresca que Catra, y recordaba mejor algunas cifras y puntos críticos que se habían tratado en la reunión del día anterior, no todo había sido su pelea acerca de Octavia. Raciones, insumos, armaduras, números de heridos por atender todavía, eran cosas que Catra sabía, pero su mente nublada no lograba recordar del todo. Tanto Glimmer como Entrapta la ayudaban cuando se atoraba con los datos.

Bow miraba aliviado como parecían estar mejorando las cosas entre ellas.

Chapter Text

 

kaphiri

42 horas para el ataque.

Antes de terminar de organizar los avances, Catra recordó mandarle el mensaje a Kyle y Rogelio pudo recuperar todas sus horas de sueño.

Scorpia se ocuparía de comandar toda la movilización a Plumeria y alrededores. Era una pena que Catra no pudiera disponer libremente de Glimmer. La tendría teletransportando tropas y materiales todo el día. Eso les daría mucha movilidad.

Terminando de ver los planes, debía de admitir que todo iba un poco mejor de lo que creía. Su plan inicial era dejar que la Horda se cayera por su propio peso. Sin recursos, con la Rebelión apretando el bloqueo por tierra y por mar, capturando a las patrullas, ganarían la guerra porque la Horda llegaría a un punto insostenible. Y justo en ese momento, Catra tomaría el control de todas las operaciones, exponiendo a Hordak como un inepto. Un falso líder. Un vende humo. Hordak todavía tenía su propia imagen por perder, era un ególatra fútil. Catra ya estaba mucho más allá de eso.

Lo sumiría en la miseria más absoluta por ser la causa primera de todo lo que estaba pasando.

Y ahora entraba un nuevo jugador en el tablero.

Catra estaba muy molesta por esto. No lo había visto venir de ningún modo.

La estaban obligando a reevaluar sus planes. No perdería de ninguna manera, pero ya no eran al ciento por ciento sus términos.

—Muy bien, entonces está todo listo— Concluyó Catra. Pedía por unas horas de sueño ya —Pasado mañana, al amanecer estaremos a las puertas de la Zona del Terror.

—¿Pasado mañana?— Preguntó Entrapta.

—Sí, dijiste que en tres días…—Le empezó a explicar Catra, bastante extrañada.

—Me refería a empezar a contar desde mañana— Contradijo la princesa.

—Eh… No importa, ya todo está organizado y cuanto antes, mejor— Dijo Catra con calma a pesar de todo. No había tomado en cuenta que Entrapta estaba tomando hoy como el día Cero y no el uno.

Glimmer pensó que Catra iba a reclamarle a Entrapta por su falta de claridad. La princesa de Drill bebió otra bebida gaseosa y siguió tecleando. Catra la miró y después a su alrededor.

—¿Cuántas botellas llevas, Entrapta?—

—¡Veintisiete!— Exclamó después de dar otro trago.

—¿Qué? ¡Eso es demasiado, Trapta!— Le dijo Bow.

—La azúcar es esencial para la correcta actividad cerebral cuando las dopaminas están bajas. Pensar requiere de mucha energía y la comida dulce es eficiente para proporcionarla de la manera más rápida— Explicó sin dejar de trabajar.

Catra la miró con una expresión de incredulidad.

—¿Estás bromeando, verdad?— Entrapta negó con la cabeza.

—No, claro que no. El cerebro consume aproximadamente el 20% de la energía del cuerpo. Para tener suficiente energía para pensar correctamente, es necesario consumir alimentos con un alto índice glucémico. Esto aumenta la producción de glucosa, que es la principal fuente de energía del cerebro.

—Hmmm... ya veo— dijo Catra, todavía sin creerlo y los demás las veían entre curiosos y divertidos. Estaba tan concentrada que Entrapta no se daba cuenta que Catra solo le estaba siguiendo la corriente a ver cuándo comprendía.

—De todos modos, es mejor tener demasiada azúcar que no tener suficiente. No es como si nos fuéramos a beber todas estas botellas—, dijo Entrapta, mirando la pila de botellas.

—Supongo que tienes razón— dijo Catra, aún no convencida. Bow se miró con Glimmer y se rieron un poco. Catra estaba muy cansada, tanto como para sentirse un poco relajada. Si lo pensara un poco, aquí estaban casi todos sus amigos.

Entrapta, Scorpia, Bow, Perfuma. Glimmer era un añadido necesario.

—Además, no es que vayamos a estar trabajando todo el tiempo. Podemos tomar un descanso para comer algo… más— dijo Entrapta, mirando la hora en su monitor. Por un momento pareció que ya había captado.

—Ya son las doce—, dijo Catra, haciendo su propia cuenta de las horas que ella misma llevaba despierta y las que Entrapta debía llevar.

—Hemos estado trabajando durante dos horas. Podemos trabajar otras dos horas y luego tomar un descanso para almorzar—, dijo Entrapta como si solo estuviera contando el tiempo que llevaban trabajando en Darla.

—No estoy segura de poder trabajar por otras dos horas—, dijo Catra, sintiéndose cansada y remarcando el sarcasmo ésta vez.

—Creo que todos necesitamos un descanso— dijo Glimmer, con una pequeña sonrisa, con su mirada le pidió apoyo a Bow.

—Cierto. Entrapta ¿Por qué no vamos a descansar un rato? No has dormido nada ¿verdad?— Dijo el arquero.

—Oh, es cierto… Es que hay tanto por descubrir— Y los ojos le volvieron a brillar al mirar las gráficas de las piedras rúnicas. El rubí de Sangre ya estaba en 38 puntos.

—Vamos, nena, debes descansar un rato y después podrás seguir trabajando— Scorpia se adelantó y trató de tomar a Entrapta, que se escapó con sus coletas.

—Solo necesito diez minutos más para dejar corriendo un nuevo algoritmo con Darla y Samantha— Pidió. Scorpia la vió un poco preocupada.

—Está bien, chicas, yo veré que descanse lo suficiente.

—Gracias, Bow. Vamos, Scorp, tú también tienes que descansar un poco más para poder irnos a Plumeria y te mostraré la Flor de Corazón cuando estemos ahí— Dijo Perfuma con ánimo.

Catra estaba a punto de decirles que no era una visita social y al ver la suave emoción en el rostro de Scorpia, se quedó callada. La escorpioni se sonrojó con gusto ante la propuesta de Perfuma, quien se acercó a ella para empezar a dirigir la procesión fuera de la nave. Bow se había acercado más a Entrapta y ahora hablaban entre los dos. Bow le hacía algunos comentarios a la princesa y su rostro emitía tal dulzura, que Catra tuvo que voltear la mirada.

Glimmer los miraba enternecida. Tendría que preguntarle a Bow en qué momento había pasado esto. Había estado tan preocupada y ocupada con otras cosas, que no se había dado cuenta hasta ahora, que ya era más que obvio.

Catra no dijo nada más y salió unos pasos por detrás de Scorpia y Perfuma. La princesa flor iba de la pinza de Scorpia. Igual que cuando vio la maqueta de Plumeria en el laboratorio, Catra sintió cierto alivio de que Scorpia estuviera encajando tan bien. Solo esperaba no tener que ser ella la que le dijera a su amiga que le gustaba a Perfuma.

Glimmer se teletransportó al salón de guerra para empezar a dictar las nuevas órdenes.

Micah estaba trabajando un momento en el hechizo de traducción. Lo que había aprendido en los terribles archivos de su una vez mentora, era lo que le hacía falta ahora para completar esa runa. Además, seguían esos magicats dormidos. Su pulso y su respiración eran muy leves, incluso su temperatura corporal era baja, siendo que los magicats solían estar casi dos grados por encima de la media en temperatura. Todos tenían algún apendice ajeno a sus cuerpos originales, y no dudaba que tendría que usar esos conocimientos generados de forma tan atroz. Una vez tuvo la runa lista, simplemente la activó. Ahora tenía que buscar a alguno de los animales mágicos para comprobar si había funcionado.

Mientras Scorpia y Perfuma se adelantaban, Catra seguía detrás de ellas, caminando ya casi por pura inercia. Scorpia la miró de reojo cuando ya habían pasado la guardia, se detuvo para esperarla y acompañarla hasta su habitación, y una sombra pasó sobre de ella. Catra se pusó en alerta por instinto y un gruñido creció en su pecho. Los guardias se cuadraron tras ella, pues Nube Oscura estaba muy cerca de la salida. Scorpia y Perfuma se miraron un momento entre sí, inseguras de qué hacer.

—Catra… — Llamó con una súplica Nube Oscura.

—Te dije que me dejaras en paz. No quiero hablar contigo y no tengo tiempo— Scorpia hizo ademán de acercarse y la gata la interrumpió —No, vete con Perfuma— La princesa flor tomó de la pinza a Scorpia y se la llevó. Catra jamás la llamaba por su nombre y entendía que este era un tema privado.

Nube esperó a que se le alejaran y sin dejar de mirar a Catra.

—Por favor, solo un momento… tenemos que hablar— Volvió a pedir la felina oscura.

—No "tenemos" nada. Solo quiero que me dejes en paz— Catra empezó a caminar alejándose de su madre.

—Catra, por favor— Pero no le hizo caso. Nube avanzó tras ella. La cola de Catra latigueó molesta cuando la escuchó seguirla.

—Deja de seguirme. No tengo tiempo de tratar contigo— Se volvió para encararla, ya a una pequeña distancia de los guardias.

—Hi-

—No. No se te ocurra— Se le acabó la paciencia a Catra —No somos nada— Nube volvió a agachar las orejas, y Catra no podía ver sus propios gestos reflejados de esta manera —Mira… Se que no es tu culpa todo lo que pasó, pero llegué aquí yo sola. Y eso no va a cambiar. Yo ya cumplí, maté a la única madre que conocí para vengarlos y no quiero saber nada más de eso— Escupió Catra, rompiendo el corazón de Nube.

Satisfecha hasta cierto punto, la princesa magicat empezó a darse la vuelta para poder ir a su habitación y dormir un poco, pero Nube Oscura volvió a tomarla de la muñeca. Catra jamás había tenido que vérselas con alguien que tuviera sus mismos reflejos y velocidad.

—Yo soy tu madre— Dijo con el brillo de las lágrimas en sus impresionantes ojos verdes —No importa lo que pase, no importa lo que digas, eso jamás va a cambiar. Siempre te esperaré— Catra se quedó congelada —Quiero conocerte, no molestarte. Siempre estaré para ti— Su puño se convirtió en una caricia suave. Su hija se recompuso y quitó la mano.

—Pues ya puedes esperar sentada— Antes de que otra cosa pasara, Catra saltó y salió por una de las altas ventanas.

Subió hasta el siguiente pasillo y ahí siguió su camino hasta su habitación. Se encerró y también cerró las cortinas. Se hizo un ovillo en la cama.

Glimmer estaba hablando con Juliet, explicando el nuevo panorama. No se sorprendió cuando descubrió que Catra ya había hablado antes con ella para empezar los preparativos. Varias unidades ya estaban listas para salir rumbo a Plumeria, solo aguardando la confirmación. Catra no había dejado nada al azar y solo iba a esperar a la hora habitual que veía a Lonnie y DT para darles sus siguientes indicaciones.

Nube tendría que ir y hablar con los magicats, explicarles la situación lo mejor posible. Eran sus guerreros y sabía que toda una vida de disciplina, era difícil de romper. Varios de los magicats eran mayores que ella, pero seguían en la flor de la vida, así que las últimas dos décadas pudieron parecer eternas, pero en sus mentes longevas, 19 años no era tanto tiempo en realidad. El problema venía con aquellos que todavía no tenían ni el siglo de existencia. Siempre mientras más jóvenes pareciera que los años pesan más. Y Kaphiri era el mayor problema de todos. Solo tenía 12 años cuando los capturaron.

El Hechizo de Silencio había apagado la piedra rúnica que estaba conectado a todos ellos por sus lazos de sangre, y con ello, sus mentes. Nebulus, su mago más sabio y poderoso, lo había hecho así para proteger los ancestrales secretos de su raza, también para que la Horda no pudiera acceder al poder del Rubí de Sangre y para proteger la mente de los capturados. Quitándoles su ser más consciente, su "tercer máscara", los había convertido casi en puro sentir, sin pensamientos articulados ni deseos complejos.

La ira de Shadow Weaver fue enorme cuando se dio cuenta que los magicats eran poco más que animales, frustrando así su plan y ansia de apropiarse de sus conocimientos en la magia elemental, se dedicó a extraer todo el conocimiento que pudiera de sus cuerpos y mentes apagadas. Nube Oscura fue excluida del hechizo, gracias a las ataduras mágicas que había entre ella y Chikane, y a través de la sangre de Chikane, Catra también había quedado protegida de tal hechizo. Solo la voluntad y entrenamiento de Nube le impidieron a Shadow Weaver conocer todos sus secretos.

Se preguntaba internamente cuáles serían los efectos de tal hechizo en una mente tan joven como la de Kaphiri, que todavía no terminaba de formarse. Sus esperanzas radicaban ahora en que, aunque en un cuerpo adulto, su mente pudiera seguir creciendo, saliendo de entre las sombras del dolor y el hambre en el que habían vivido, pero sin preocuparse en realidad del por qué.

Le dolía mucho el rechazo de Catra y comprendía a medias que se había extralimitado en la forma de decirle las cosas. Catra parecía estar renuente, y al mismo tiempo abierta a algún tipo de interacción, ahora ya no tenía ni siquiera eso. Ya debía de haberse imaginado por las palabras de Angella que Shadow Weaver era la única madre que Catra había conocido. Angella había sido muy suave al decir que era la única familia que Catra había tenido. Pero si Angella le hubiera dicho eso, Nube no sabía cómo habría reaccionado. Jamás en la vida le había gruñido a alguien más, como un cachorro malcriado, y así le había respondido a la amiga que había ido por ella.

Era claro que estaba alterada. Quizás debiera considerar más seriamente un buen descanso. Lo aplazaría hasta después de hablar con los magicats. Se dirigió con paso lento hasta donde habían enterrado a Asim, para encontrarse con la mayoría de sus hermanos. Estaban recostados sobre la hierba, mientras dormitaban y algunos otros hablaban con los sanadores y otros curiosos que se les habían acercado.

Chezira estaba sentado con la espalda recargada contra el sauce, viendo hacia el precipicio. Él era de los más viejos entre los que quedaron. Poco más de tres siglos.

—Chezira ¿Pasó algo con Elan y Orión… y Musa?— Agregó al contar bien los que faltaban.

—Oh… A Musa la llevaron adentro de nuevo con Shu y Kaphiri, porque se sintió mal. Y los otros… me parece que pidieron ser llevados a una habitación, Capitana— Dijo con intención.

Nube captó la intención y se sorprendió. Ella no había considerado en ningún momento las urgencias de la carne. Aunque era parte de las privaciones que habían sufrido. Entendía que había otros magicats más sexuales que ella. Por lo menos se sentían lo suficientemente bien para realizar esas actividades. ¿Sería muy pronto empezar a pensar en una nueva generación de magicats?

—Vaya— Fue todo lo que atinó a decir.

—Ya que no tenemos ninguna orden, se sintieron con la libertad de usar su tiempo libre— Explicó Chezira.

—Por supuesto, está bien— Nube recuperó su hilo de pensamientos —La única orden es no salir del castillo. Es una orden de la princesa.

—¿Somos prisioneros de Luna Brillante?

—No. Ellos nos están ayudando. La princesa cree que intentaremos seguirla a la batalla— Se explayo Nube.

—Temo que no estamos lo suficientemente bien para ser una diferencia en cualquier batalla, pero eso es lo que haremos si nuestra princesa va al frente.

—Por eso ha ordenado a los guardias no dejar salir a ninguno de nosotros— Nube suspiro un poco mientras se sentaba al lado de Chezira, que hizo ademán de rodearla con la cola —Necesito que le digas eso a los otros.

—Luna Brillante nunca ha sido rival para nosotros.

—Luna Brillante es quien nos ha salvado y nos están dando asilo. No mancharemos nuestro honor atacando a nuestros amigos.

—No son tiempos normales.

—No… y hay mucho qué hacer y aprender. Por eso necesitamos recuperarnos lo antes posible. La guerra podría extenderse.

—¿Cuándo podremos conocer a la princesa? A todos nos gustaría presentarle nuestros respetos y… dadas las circunstancias, se podría coronar oficialmente.

—No habrá tal coronación pronto. No estamos listos para algo así. El Rubí apenas despertó y su poder todavía no está en un buen nivel. Nuestra propia magia es todo lo que tenemos, y debemos de actuar con cuidado. No sabemos cómo… esto— Señaló el brazo con media pinza de Chezira —Nos puede afectar en niveles más íntimos.

—¿Esto? Tengo el privilegio de mantener viva una pequeña parte de nuestros amigos— Comentó el viejo magicat —Puede ser que nos afecte… pero eso no cambiará en nada la lealtad hacia nuestra princesa y quizás no podamos llevar a cabo la ceremonia debidamente, pero todos sabemos que es nuestra soberana. Veo que se mueve con presencia entre el resto de princesas, pero no parece que Luna Brillante haya hecho un buen trabajo enseñándole nuestras costumbres.

Y aquí estaba lo que Nube había temido. ¿Cómo habría podido enseñarle Luna Brillante nada a Catra cuando llevaba escasos dos meses con ellos?

—Chezira… Necesito que escuches esto con el corazón abierto— El resto de los magicats seguían un tanto lejos de ellos, disfrutando de la brisa y la calidez en sus pelajes. Nube no los culpaba de rechazar la comodidad de una cama por la suavidad de la hierba que no habían sentido en décadas —Igual que las circunstancias nos empujaron a esto, igual que te hacen a ti nuestro sabio…

—Capitana, un Bonami nunca ha sido el sabio mayor. Eso crearía… — Pero el magicat no continuo ante el ceño de Nube.

—Si lo crees necesario, puedo desterrarte de la guardia.

—No. Yo no me refería a eso.

—Bien, Chezira, porque somos esclavos de las circunstancias, hasta que no aprendamos todo lo que ha cambiado. Y si nos negamos a los cambios, perderemos mucho más todavía— Se lo decía a sí misma también —Se que el hechicero mayor jamás debía ser un Bonami, pero ahora no hay más opción. Nebulus no está y como el mayor de todos nosotros, te corresponde el título. Ahora… necesito que escuches y atiendas, porque necesito tu consejo también, viejo amigo— El magicat solo asintió está vez —La princesa no creció en Luna Brillante… creció con la Horda. Y llegó muy dentro de la misma— Entonces le contó la historia, y Chezira tenía que creerla porque Nube jamás mentiría.

40 horas para el ataque.

Glimmer al fin había terminado de transmitir las órdenes necesarias para marchar hacia la Zona del Terror. Mermista estaba exultante de que al fin iba a poder devolver el golpe en batalla. Las Salinas y su gente esperaban ansiosos desde el mar. El bloqueo para que los hordianos no pudieran comerciar ni traficar ya se estaba volviendo aburrido. En especial con Catra filtrando toda la información de las rutas que intentaban los Capitanes de la Fuerza. Y con Octavia para contrarrestar a sus viejos aliados era alga comida.

Catra le había dicho a Scorpia que la quería al atardecer en Plumeria. Glimmer sabía que podía abordarla antes. Desde que le había cortado el cabello y se la pasaba junto a Perfuma, a Glimmer le había gustado sinceramente Scorpia, y ahora tenía una razón más para buscarla.

Glimmer se apareció en el pasillo, fuera de la habitación de Scorpia, tocó a la puerta y le abrió Perfuma.

—Hola, Glimmer ¿Qué tal?— La saludó la princesa de Plumeria.

—Oh, hola, Perfuma. Estaba buscando a Scorpia… quería preguntarle algunas cosas.

—Me temo que todavía está descansando. No ha podido descansar mucho y no creo que a Catra le importe si nos retrasamos un rato.

—Entiendo— Glimmer no quería perder del todo la oportunidad —Yo podría llevarlas allá y así podría descansar un rato más.

—¿En serio harías eso por Scorpia?— Era bien sabido que Glimmer podía ser un poco quisquillosa con sus poderes.

—Sí, claro— La reina tenía muchas ganas de hablar con Scorpia, en Plumeria ya vería cómo robarsela un momento a Perfuma, posiblemente con la Flor de Corazón para impresionarla, sería más sencillo hablar con ella.

—¡Muchas gracias! ¿Podrías volver en un par de horas?— Perfuma no pudo evitar quedar impresionada. Fue muy amable por parte de Glimmer ofrecerse a llevarlas allí.

—Vendré por ustedes justo para la cena ¿Qué te parece?— Ofreció Glimmer.

Ya que la reina no podría hablar con la escorpioni justo ahora y seguramente Bow seguiría con Entrapta, decidió que podría darse una vuelta y conocer mejor a sus invitados. Se apareció directamente en el jardín donde ahora reposaba uno de los congéneres de Catra.

Glimmer estaba segura de que si Catra no estuviera tan encerrada en su dolor por Adora, sería capaz de entender los argumentos que daba la reina. No había forma de que la Horda pudiera ser una amenaza con el poder combinado de las princesas, además de todo potenciado por el poder del Corazón de Etheria.

Y ahora qué también Catra tenía su propia piedra rúnica, debería de pensarlo mejor.

Los magicats estaban dormidos, Glimmer se acercó con cuidado, observando sus cuerpos delgados, cubiertos de cicatrices, su falta de miembros o cambios extraños, como aquel con cola y tenazas como las de Scorpia. Estas quimeras eran antinaturales. Los magicats dormían casi encimados, muy juntos unos de otros. Eran a la vez muy parecidos y diferentes de Catra.

En la mañana no los había visto demasiado, maravillada por la ceremonia y por la propia idea de ellos como para mirarlos como individuos, si no más bien como una sorpresiva maravilla de la que no conocía casi nada. Catra era apenas un poco más alta que ella misma, así que también la sorprendía la altura media de ellos. Aunque corto, el pelaje en ellos se notaba mucho más por los patrones rayados o manchados que lucían, además de tonos muy variados, desde uno blanco rayado a excepción de las oscuras orejas, a suaves naranjas.

Conforme Glimmer se acercaba se dio cuenta que dos ellos estaban hablando a la sombra del sauce. Reconoció a una de ellos, a la mamá de Catra, y se cuadró un poco, se suponía que estaba ante alguien que tenía el mismo rango, aunque no estaba segura. Esta magicat debería de tener por lo menos la edad de su papá, podría ser un poco mayor o menor, pero en ella no se veían signos de edad, como sí en el magicat al lado de ella, que estaba entrecano en algunas partes de su pelaje naranja.

Parecían muy serios y Glimmer dudó un poco antes de levantar una mano y acercarse un poco más.

—Majestad— Saludó Nube Oscura.

—H-hola— Glimmer ya no estaba muy segura de querer hablar con esta magicat. Estar cerca de ella era abrumante en cierto sentido, no solo por su altura aunque estaba sentada —Solo… quería asegurarme de que se encuentran bien— Y se fijó también en el otro magicat.

—Estamos lo mejor que se puede, majestad— Respondió Nube poniéndose de pie y haciendo una ligera mueca al sentir su piel estirarse bajo los vendajes de su torso —Es muy gentil de tu parte cerciorarte— Sentía que el otro magicat la miraba con ojo crítico.

—Me alegra saberlo ¿Ya- ya les han mostrado sus habitaciones?

—Ah, sí… todo el corredor de la segunda planta este— Indicó Nube Oscura, el pasillo más cercano con alcobas disponibles de paso a este jardín.

—Aunque es muy agradable estar al aire libre, ¿no es así, capitana?— Intercedió el viejo magicat.

—Ah, majestad, éste es Chezira, nuestro Hechicero Mayor— La ligera mirada de reproche pasó desapercibida para Glimmer.

—Es un honor conocerlo— La reina hizo una reverencia y después estiró la mano y el magicat naranja con cara blanca rodeó la mano de la reina con su media cola, para la mirada extrañada de la pelirosa. Catra era muy celosa de su cola.

—Este es un viejo saludo magicat que solo se da entre nosotros o como muestra de respeto, majestad— Explicó Nube Oscura.

—Ya veo— No pudo evitar buscar con la mirada la otra cola, y cuando se dio cuenta que Nube la miraba, se apenó —Lo siento, no quise ser inoportuna— Murmuró.

—No lo eres, Glimmer. A veces yo también la busco sin querer— Nube Oscura tenía un modo de mirar que hacía a la reina desear estar en otro lugar. Sus ojos verdes eran penetrantes, pero no pesados.

Nadie dijo nada más. Chezira y Nube se miraron un momento, teniendo una silenciosa discusión. Glimmer estaba empezando a abrir la boca para iniciar la retirada cuando por la puerta apareció Kaphiri, venía sola.

Los tres esperaron hasta que la magicat manchada se les unió. Saludó a Chezira enroscando las colas, a Nube en el antebrazo y dudó cuando se detuvo con Glimmer, quien le sonrió y le ofreció la mano derecha.

—Hola, soy Glimmer— que estiró un poco más la mano, demostrando una seguridad que no sentía. Solo no quería que los magicats tuvieran que saludarla como hacían entre ellos solo porque era la reina. Kaphiri le apretó entonces la mano con la única que le quedaba, y su único ojo brilló con gusto.

—Hola, me llamo Kaphiri— Y el escrutinio de la reina se intensificó. Esta era la prometida de Catra.

—Phiri, ella es la joven monarca de Luna Brillante, nuestra anfitriona— Aclaró Nube.

—No hace falta, solo Glimmer está bien.

—Gracias por toda su ayuda, majestad— Y Phiri se inclinó un poco.

A Glimmer le gustaría que no pusieran siempre esta distancia con ella. Mientras la cola de Chezira se enredaba con cuidado en lo que podía sostener de su cintura, la punta con anillos blancos de la cola de Kaphiri se movía un poco, aunque también anudada a su cintura. Esto era raro para Glimmer, que estaba acostumbrada a los suaves movimientos de la cola de Catra.

—¿Cómo está Shu, Phiri?— Preguntó Nube.

—Ya está mejor, señora, pero los sanadores quieren que descanse dentro para poder observarlo. El golpe parece ser más fuerte de lo que pensaron— Explicó la magicat gris claro.

—Gracias ¿Tú estás mejor?

—Sí, gracias— Nube le asintió a Kaphiri con un gesto que a Glimmer le recordó a su mamá. Quizás todas las reinas tuvieran algo en común. ¿Ella podría lucir tan segura? ¿Ser considerada y consciente de todo lo que tenía que cuidar y atender? Eso es lo que estaba intentando al menos.

—¿Hay alguno de ustedes lastimado?— Inquirió Glimmer, preocupada.

—No realmente, majestad. Fue un pequeño incidente cuando salíamos de la Zona del Terror— Todo lo decía Nube como si hubiera sido un paseo. Ya veía que era muy diferente de Catra.

Nube miró con interés a Glimmer. Si la joven reina estaba dispuesta a hablar, podría aprender de Catra de otra forma. Y con todo lo que Angella le había dicho, la opinión de Glimmer quizás fuera dura, pero sincera.

—¿Me acompañarías, Glimmer?— Nube se despidió de los magicats con la mano y avanzó sin realmente darle opción a la reina, quien hizo una reverencia nerviosa y siguió a la magicat.

Chezira y Kaphiri se miraron un momento y fueron junto a los demás. Su capitana realmente no tenía que darles explicaciones. Si ahora Chezira sería considerado el Hechicero Mayor, tendría que empezar a pensar como un igual a Nube Oscura, ella ya le había demostrado su confianza diciendole la verdad acerca de Catra y ofreciendo un panorama de la situación actual.

—Me dice tu madre que no te llevas muy bien con mi hija— La reina se sonrojó sin razón aparente. Era cierto que no se llevaba bien con Catra.

—Nunca nos hemos caído bien— Respondió con sencillez.

—Entiendo que no es fácil confiar en un viejo enemigo— Glimmer no sabía qué tanto podría conocer ya esta magicat.

—¿Sabe todo lo que ha pasado?

—Todo lo que pueda ser aprendido en tan poco tiempo. Temo que son los matices los que se pierden— Explicó Nube con cuidado.

—Catra era una hordiana— Dijo Glimmer como si eso lo explicara todo. Caminaban tranquilamente ya por el interior del castillo, dirigiéndose hacia donde estaba la habitación de Nube.

—Estoy al tanto. También de los últimos acontecimientos: las batallas, el portal, She-ra, el rescate de Micah y la princesa de Drill— Resumió rápidamente Nube, para la ligera consternación de la reina —Angella me dijo que tú serías capaz de explicarme mejor qué es lo que pasó durante el portal. Son conceptos difíciles de digerir— Glimmer escuchó y explicó lo mejor que pudo.

35 horas para el ataque.

Catra se despertó y se alistó para ir al Salón de Guerra. Se sentía un poco mejor y no le molestaría hacerle algunas preguntas más a Nube Oscura, por ejemplo, por qué le salía hielo de las manos. Dando vuelta en el último pasillo para llegar a las puertas dobles, dos guardias la interceptaron con las lanzas en ristre. Catra se puso en guardia de inmediato ¿era esto un juego de Glimmer?

—¿Qué les pasa?— Demandó.

—Princesa.

—Comandante— Soltaron sorprendidos los guardias —Tiene que correr, váyase, ¡rápido!— Gritó uno de ellos sin dejar de empujarla de regreso al pasillo.

Catra entonces vio la pared manchada de sangre y las ropas rotas de los guardias, no podía leer sus expresiones por los tontos cascos, pero la nariz se le inundó con el olor de su miedo. Entonces el cuerpo de otro guardia cayó al suelo al final del pasillo y cuerpos mutilados y famélicos emergieron entre gruñidos y palabras incomprensibles. Garras y colmillos manchados de sangre, con pedazos de piel y tela arrancados ondeando entre sus garras y huesos expuestos.

Los guardias se voltearon entonces para encarar la amenaza y proteger a Catra, que estaba pasmada.

Los magicats salvajes, solo piel y huesos, pelaje manchado, hirsuto, sin mandíbulas, con filosos muñones en vez de manos o pies, avanzaron con torpeza pero determinados hacia ellos. Catra saltó al frente para proteger a los guardias y se quedó congelada cuando reconoció a las magicats que habían caído sobre el otro guardia. Una, gris oscuro con rayas negras, la otra, gris claro con manchas colgándole el ojo izquierdo sobre la mejilla.

Con la cara y las zarpas manchados de sangre, sus miradas se clavaron en ella y dio un paso incierto para atrás. Ellas avanzaron con lentitud a cuatro patas y gruñeron.

—¿Te gusta lo que ves o esto tampoco es de tu agrado?— Gruñó Nube Oscura, entre gorgoteos, porque todas sus cicatrices eran ahora horrendas heridas abiertas y le escurría la sangre entre los labios —Tú nos hiciste esto. No fuiste antes por nosotros— Catra dio otro paso para atrás.

Más magicats seguían apareciendo. Corroídos.

La cola de Kaphiri se agitó en el aire, Catra sintió una mano en el hombro. Los guardias la jalaban hacia ellos, pero no se podía mover. La cola de Kaphiri se estiró todos los metros que la separaban y aprisionó su propia cola. Por fin Catra se pudo mover.

—Ven aquí, princesa, solo quiero saludarte— Le decía con perversión. La cola gris seguía subiendo por su cola hasta empezar a rodearla por la cintura.

—¡Catra, vámonos!— Escuchó a Glimmer gritarle desde atrás, se giró y le tomó la mano a la reina, que se las llevó en un parpadeo.

Catra cayó de rodillas sobre suave hierba. Todavía sujetaba fuertemente la otra mano.

—¿Estás bien?— Preguntó suavemente la voz que más añoraba.

—¿Adora?— Levantó la mirada y su mano sostuvo la otra con más fuerza.

—¿Esperabas a alguien más?— Le decía la rubia con esa estúpida sonrisa mientras la ayudaba a levantarse.

—Es que Glimmer… y… —Las imágenes de los magicats mutilados y locos le parpadearon en la mente.

—¿Glimmer? Pero si tú y ella no se llevan bien ¿Ahora quieres ir con ella?— Adora la provocó juguetona. Catra no le soltó la mano y la acarició con su pulgar.

—No, no. Olvídalo ¿Dónde estamos?— Pero en cuanto lo preguntó, el mundo a su alrededor cobró forma. Era el jardín con el sauce.

—Aquí no lo recuerdo— Mencionó Adora como si solo estuvieran paseando.

—Apenas hoy conocí este lugar.

—Es agradable.

Las dos se quedaron de pie sostenidas de la mano, y Adora le regresaba las caricias con el pulgar a Catra. La escena era pacífica. Adora avanzó hacia el árbol y aunque Catra no estaba segura, se dejó guiar. Se sentaron a la sombra en medio de la hierba y aunque la felina se sentó un poco retirada de la rubia, ésta se acercó. Adora al fin soltó la mano de la gatita, para su instantáneo desconsuelo, para abrazarla y juntar hombro con hombro.

Una tristeza innombrable llenaba a Catra siempre que tenía estos sueños. Sin embargo, los agradecía enormemente, y mucho más si como ahora, se daba cuenta que estaba soñando, porque de otro modo, despertar era demasiado horrible.

Catra dejó que su cabeza descansara en el hombro enfundado en rojo y su cola rodeó la cintura de Adora. Al pensar en su cola, recordó vagamente la sensación perturbada de la cola de la Kaphiri vuelta loca de hambre en su pelaje. Su estremecimiento no pasó desapercibido para Adora.

—¿Pasa algo malo?— Preguntó y le acarició el cabello de la frente a Catra, que no se había dado cuenta que no usaba su corona.

—No. Todo es perfecto ahora— Dijo con un hilo de voz.

Antes de que pudiera darse cuenta, estaba recostada con la cabeza descansando en el regazo de Adora, mirando hacia arriba la sonrisa tranquila de la rubia. En vida, pocas veces la veía tan relajada. Toda la visión de Catra era consumida por el rostro rozagante de Adora, y el halo de verde resplandor que le daban las hojas del sauce sobre ellas. Catra levantó la mano para ver los juegos de luces y sombras entre sus dedos.

—¿Sabes? Algo pasó…—¿Podía decirle? ¿Podía confesar en sus sueños?

Le había dicho a Glimmer que le importaba más que ella se cayera al vacío que lo que le había hecho a Shadow Weaver. Y en general, estaba bien con el acontecer de las cosas. Si alguien algún día debía de ejecutar a la bruja, tenía que ser ella misma, porque a pesar de todo, Catra odiaría corrosivamente a la persona que matara a la bruja en su lugar. Su amor siempre era así, lleno de contradicciones. ¿Es que no podía amar sin odiar? Incluso antes de todo, una pequeña parte de ella odiaba a Adora cuando no se daba cuenta de los castigos que Catra sufría, de los celos por quedar la segunda mejor. Estaba tan jodida desde el principio.

—Te escucho. Sabes que cuentas conmigo siempre— Dijo Adora después de un momento. La Adora de sus sueños siempre era perfecta. Y eso la hacía odiarla un poquito también… porque no era la real.

—Tuve que…— Se detuvo porque no era del todo cierto —Maté a Shadow Weaver— El dolor en la mirada de Adora sí parecía tan real.

—¿Por qué?— Pero ni por un segundo se detuvo de acariciarle el cabello.

—Porque hizo cosas mucho más terribles de lo que yo podía soportar— Catra cerró los ojos y cuando los abrió, la mueca triste de Adora la recibió.

—Entonces ella misma se lo buscó— No, Catra no quería comprensión, quería castigo, alguna reacción. SU Adora, la Adora real, habría llorado, la habría golpeado, le habría gritado y solo quizás después, habría intentado entender. Se puso de pie de un salto.

—Esto no está bien— Gruñó —Se supone que no debo sentirme así, se supone que no debo necesitarte.

—No me necesitas— dijo Adora en voz baja.

—Se supone que no debo estar aquí, contigo.

—Catra— dijo Adora en voz baja, poniéndose de pie también.

—No lo hagas— advirtió Catra, levantando la mano —No me llames así.

—¿Cómo debería llamarte entonces?

—Eres demasiado amable conmigo— acusó Catra sin responder directamente —Maté a Shadow Weaver, torturé a la gente y sigues siendo amable conmigo.

—Por supuesto que lo soy— Dijo Adora, poniéndose de pie y caminando hacia Catra —Tú eres mi amiga y eso nada lo cambiará— Catra quería creerle, pero no podía. Ya no. Adora la miró con el ceño fruncido por la confusión. —¿Qué no está bien?

—Tú— Siseó Catra —Se supone que no puedo tocarte, sentirte. Todo esto está mal.

El rostro de Adora se suavizó y extendió la mano para tocar la mejilla de Catra.

—Lo siento— Susurró —Lo siento mucho.

Catra se apartó y la miró.

—No, yo lo siento, no es lo suficientemente bueno— escupió antes de darse la vuelta y alejarse.

—¿Qué lo es? Dime— preguntó Adora alzando un poco la voz.

—No deberías estar tratando de entenderme, deberías estar tratando de castigarme— Catra sintió que se le cerraba la garganta y las lágrimas empezaron a nublar su visión. —Maté a… alguien, merezco ser castigada.

—Pero yo no puedo hacerlo, Catra… Mírate, tú sola lo estás haciendo— Y Catra miró su propio cuerpo.

Se había abrazado y vuelto hacia Adora y ahora sentía el grito de su carne. Las heridas en los brazos, las heridas en su pecho, sus garras arrancadas en pies y manos, todas las heridas que se había hecho, estaban de nuevo abiertas y sangrantes. Pero la automutilación era muy poco para lo que tenía que pagar.

Se dejó caer de rodillas en el piso y Adora la abrazó.

—Yo siempre voy a estar contigo, Catra— Ella le devolvió el abrazo, incapaz de decir nada más y entonces se despertó.

Catra abrió los ojos y contempló el dosel morado sobre ella. Le quedaban vagos recuerdos del sueño, que poco a poco se desvanecían. El abrazo de Adora permanecía, como un fantasma más. Las caras destrozadas de Nube Oscura y Kaphiri también la perseguirían a partir de ahora. Eran los únicos detalles que podía recordar con claridad.

Se tentó los brazos y comprobó que las heridas estaban cerradas, las cicatrices ni siquiera se notaban entre el pelaje gracias al ungüento de Perfuma. Sus garras estaban perfectas. Su pecho estaba cerrado.

Se levantó después de un momento y se alistó. Todavía tenía un rato antes de los reportes habituales de Double Trouble y Lonnie. Se acercó a su escritorio y notó que el resto de los archivos seguían ahí. Lo único que se habían llevado fue la carpeta roja. No tenía ganas de pensar, pero tampoco de trabajar. Tomó el libro de Adora y se lo llevó a la cama.

Releyó las partes dónde Adora explicaba cómo se sentía, y volvió a pensar lo que de verdad le diría si alguna vez hubieran hablado calmadamente. Catra sabía que la Horda era mala, por supuesto que lo sabía, pero tampoco conocía nada mejor. Y no era tan valiente como Adora para dejar todo lo que conocía atrás. Incluso a su mejor amiga. La carta estaba a buen recaudo en un cajón. Y al final para matar el tiempo, siguió su estudio de la escritura de los Primeros. Adora había sido muy diligente con las indicaciones y lo complicado era conectar los extraños símbolos.

Unos pocos minutos después de la hora acordada, DT y Lonnie la contactaron. Era raro que lo hicieran al mismo tiempo. Catra les informó de los nuevos planes escuetamente y ella escuchó atentamente el reporte.

La Zona del Terror todavía no se recuperaba del todo del apagón. DT había desplazado a casi todos los cadetes y niños a la parte más lejana. Aparentemente Hordak mismo era el que estaba limitando la energía, redirigiendo toda la posible a su laboratorio para seguir trabajando. Al fin que la población de la Zona del Terror había decrecido tanto por las capturas de patrullas por parte de la Rebelión y las propias deserciones, que podían prescindir áreas enteras de energía.

—Así que, Gatita, Lonnie ya me ha contado un poco de tus nuevos amigos— Dijo casi al final DT.

—Sí, Catra ¿Cómo están? Se veían terrible.

No podía no responderle a Lonnie, cuando por ella es que estaban vivos, salvos en Luna Brillante.

—Están mejor. Los han atendido y se ven mucho mejor— Le dijo escuetamente.

—¡Oh, vamos, Catra! Hasta tú tienes que emocionarte por esto. ¿Es tu gente, no?— Catra se sentía mejor después de dormir un rato, y se sentía mucho más relajada con estos dos que con cualquiera, quizá excepto Scorpia, para hablar.

Scorpia ya pasaba tanto tiempo con Perfuma, que Catra tenía ahora la oportunidad de extrañarla, sentimiento que la seguía sorprendiendo a veces y era muy satisfactorio que solo con cruzar el pasillo, o una llamada, pudiera comentarle o preguntarle algo.

—No sé si llamarlos así. Pero son magicats.

—Eso los vuelve tu gente— Dijo Lonnie.

Catra les contó un poco de lo que había pasado con ellos en la mañana y el funeral. Y cuando Lonnie preguntó sobre si podían hablar, también explicó lo que sabía del Hechizo. Hablaron del tema unos minutos más, pero Catra no encontró razón ni valor para mencionar el pequeño detalle de que una de ellos era su madre.

Lo que sí les contó, para que DT comprendiera a cabalidad la seriedad de la situación, era sobre la tercera parte implicada que estaba ayudando a Hordak a resolver los problemas que tuviera para ejecutar otro portal, y todo lo que eso podía traer consigo. Además de quejarse de la insistencia de Glimmer en ocupar el Corazón de Etheria. Como si Catra no supiera los problemas que podía traer juguetear con las piedras rúnicas. Double Trouble se quejó entonces de la cantidad de charlatanería que estaba teniendo el jefe hordiano, y cómo no dejaba hablar de Hordiano Primero y su poder, y cómo barrería con las princesas como si fueran papel.

No harían nada para modificar las patrullas habituales ni reforzar las defensas. Su principal tarea era monitorear a Hordak y evitar que los soldados sufrieran demasiado por la incompetencia del mismo. Catra quería reportes cada seis horas, en lugar de solo dos veces al día.

33 horas para el ataque.

Ahora que había dormido un poco, Catra tenía hambre. Después de colgar con Lonnie y Double Trouble, decidió ir a cenar al comedor. Se puso la capa para que le colgara sin estorbar al frente y volvió a ponerse su corona. Era demasiado familiar para no usarla. Ya había tenido bastante de sus propios pensamientos por un rato. Justo cuando ella iba saliendo, Glimmer se apareció frente a la puerta de Scorpia.

La reina sabía que Catra no estaba en buenos términos con Nube Oscura, y se sintió inquieta sin comprender la razón del todo al ver a Catra acercándose.

—Hola, Catra.

—¿Qué hay, Chispitas?

Glimmer tocó a la puerta.

—¿Qué haces? Se supone que Scorpia y Perfuma ya deberían estar en…— Y Scorpia abrió su puerta con su uniforme rebelde puesto.

—Las voy a teletransportar allá después de la cena, así Scorpia pudo descansar bien, ¿verdad?— Y así le sonrió con apremió a Scorpia.

—Oh, sí, muchas gracias, Glimmer. Perfuma me contó hace un rato. Justo ahora la voy a ver en el comedor… ¿Ustedes también van para allá?— Preguntó la escorpioni con cuidado.

Catra solo achicó los ojos. Glimmer metiéndose como siempre en sus planes. Pero no podía negar que si hubiera sabido que se iba a prestar a llevar a las princesas hasta Plumeria, incluso le hubiera dado más margen a Scorpia.

—Sí— Dijeron las dos al mismo tiempo y se voltearon a ver.

Scorpia soltó una pequeña risita.

—¿No tienes que irte a jugar con tu gato o algo por el estilo?— Le siseó Catra a Glimmer.

—Es cierto, no he visto a Mehira en todo el día— Dijo la reina sin responder a la provocación de Catra.

—Él está abajo con los demás gatitos— Escucharon una voz clara y aguda que se acercaba por el pasillo, y las tres voltearon a ver. Se encontraron con Perfuma, que ya venía por Scorpia para bajar a cenar, con Lily en brazos. Y los magicats no eran "gatitos".

—¿No es maravilloso, chicas? Lord Micah ha logrado terminar su hechizo y ahora podemos entender mejor a nuestros amigos— Anunció Perfuma.

Lo que le faltaba a Catra. Ahora Glimmer escucharía directamente al gato lambiscón.

Las cinco se fueron al comedor mientras platicaban, bueno, menos Catra. Avanzaban en cierta cohesión y estaban muy emocionadas por escuchar al resto de los animales. Glimmer se preguntaba si Bow ya sabía que podría hablar con Winda.

En el comedor se sentaron en una de las grandes mesas dispuestas y los empezaron a atender, ahí estaba Bow, juntando una bandeja con comida pequeña, ya era visto que Entrapta no había querido dejar el trabajo entonces. Pero se emocionó tanto como Perfuma y Glimmer cuando escuchó a Lily saludarlo. Prometió buscar al puercoespín en los jardines en cuanto comiera con Entrapta. Glimmer bromeó con él, y el arquero solo le regresó una sonrisa satisfecha.

Se sentaron de modo que Catra quedó junto a una silla vacía que normalmente ocupaba Mermista y del otro lado Scorpia, Perfuma y Glimmer.

Cuando ya estaban entretenidas comiendo, el comedor se quedó en silencio un momento para hacer revuelo después. Varios magicats entraron, aparentemente escoltando a Nube Oscura, que solo había dormido un rato después de interrogar a Glimmer, entre ellos venía Kaphiri. A Catra se le encogió el estómago al recordar las caras de su pesadilla.

Los seis magicats se sentaron en otro extremo de la mesa, pero Kaphiri antes de sentarse, terminó caminando hasta donde estaba Catra. Varias personas las miraban con curiosidad, entre ellas las otras princesas y en especial la joven reina. Catra sentía las orejas calientes.

Kaphiri no le había hecho nada malo. Ella ni siquiera había mencionado el compromiso, todo lo había complicado Nube Oscura, de quien también podía sentir la mirada.

Los ojos de Nube se abrieron con sorpresa cuando se dio cuenta de lo que Kaphiri estaba haciendo, pero no encontró voz para llamarla. Catra solo le había dicho de manera personal que la dejara en paz, pero no había dicho nada acerca de los demás magicats. A lo mejor ellos tenían más suerte de acercarse a ella.

A la respetuosa distancia de dos pasos, Kaphiri esperaba de pie, Catra la volteó a ver al ojo sano, el izquierdo estaba cubierto por el parche de cuero negro que también le cubría parcialmente esa oreja. No le colgaba desde el nervio por la cara. Kaphiri ofreció primero su cola, con cuidado, como correspondía a alguien de rango inferior, pues quedaba expuesta.

Glimmer vió cómo la cola de Catra se movía en eses lejos de la de Kaphiri para después extenderla y enroscar un poco las dos puntas, con lo cual recordó el leve toque de la cola parda. Kaphiri resplandecía.

Nube no pudo evitar soltar un pequeño suspiro. Después de solo un segundo, Catra retiró su cola y volvió a comer. Kaphiri se fue con el resto de los magicats, quienes para gusto de Catra, se quedaron sentados y se dejaron atender por el servicio del castillo.

Catra terminó de comer en silencio, ya sin participar para nada en la plática de Scorpia y Perfuma sobre su visita a Plumeria. Se levantó y Scorpia le habló.

—¿Te veré mañana, Gata Montes?— Glimmer escuchó atenta.

—Sí, después de mi turno de guardia, iré para allá— Hablaron un poco más. Catra quería irse de ahí, a entrenar o supervisar cualquier cosa, incluso iría con Entrapta aunque siguiera dentro de la nave.

En ese momento llegó Rogelio y Catra lo agradeció internamente. Por fin podría atender sus asuntos con él, aunque seguramente estaba ahí para comer algo.

—Hola, Rog. Ven a verme con Entrapta a la nave después de que termines— El lagarto gruñó un asentimiento y Catra por fin pudo salir, bastante consciente de que Nube la miraba, caminando con todo el garbo del que era capaz.

Llegó hasta el pasillo y volteó al escuchar la puerta abrirse de nuevo. Era Kaphiri. La magicat gris se le acercó con cuidado. Algo en su expresión llegó hasta la memoria de Catra. Ya había visto antes ese rostro. Más joven. Manchado de sangre. Kaphiri era la magicat que Catra tenía en mente mientras le sacaba el ojo a Shadow Weaver.

—Sujeto 41— Susurró.

La cola de Phiri dejó su cintura para moverse nerviosa a su espalda y sus hombros y orejas se encogieron, mientras su única mano se alzaba hasta el parche. Catra de inmediato se sintió mal de haberlo dicho en voz alta.

—No quise decir eso…— Intentó disculparse y se mordió la lengua.

—¿Cómo sabe eso?— Inquirió con un susurro estrangulado la otra magicat.

—Porque…— La puerta se volvió a abrir y salió Glimmer, que venía seguida de Perfuma y Scorpia —Ven— Ordenó y Catra empezó a caminar por el pasillo. Phiri la siguió después de un momento y las princesas y la reina no alcanzaron a decir nada y solo se encogieron de hombros.

Salieron a unas de las terrazas, Catra se detuvo en seco para encarar a Kaphiri.

—Lo sé porque la persona que les hizo esto, lo documentó todo— Dijo con voz plana. La magicat manchada se acomodó un mechón de cabello plateado en un gesto nervioso. Movía los dos brazos en un gesto extraño para Catra. Ni siquiera en la Horda estaba acostumbrada a ver gente con tales lesiones, y el medio brazo de Kaphiri la estaba poniendo nerviosa. De pronto se le ocurrió que tenía un nuevo proyecto para Entrapta, en cuanto terminara el ataque.

—No entiendo muy bien nada de eso, princesa, disculpe, por favor— Habló quedamente.

—No tienes que disculparte por eso— Dijo Catra.

—Tengo que hacerlo porque en verdad no entiendo muy bien— A pesar de la diferencia de altura, Kaphiri parecía mirar hacia arriba a Catra.

—¿Qué es lo que no entiendes?— La gata trató de que no sonara como una acusación, si no como una pregunta legítima.

—Lo que está pasando, lo que nos pasó, el hechizo. Los demás parecen sentirse bien, incluso como si estuviéramos en casa— La agradable voz de la magicat gris titubeaba un poco y hacía unas entonaciones extrañas.

—Sí, creo que ya todos habían estado en Luna Brillante antes— Phiri movió nerviosa la cola tras ella. Catra se preguntaba ahora cómo salir de esta conversación.

—No… Yo nunca había salido de casa— Catra la miró con duda —Lo siento, princesa, de Media Luna— Catra suspiró y se sentó sobre la hierba ahí mismo donde estaba parada. Con una indicación de su mano, Phiri hizo lo mismo. Podían ver el atardecer.

—¿Por qué crees que no entiendes? ¿Qué tiene que ver el hechizo?

—No recuerdo muy bien, solo hay sombras… lo más claro que recuerdo es querer conocerla— Ya está, ya iban a eso —Algo… algo le pasó a mi mente, perdone, princesa. No creo entender muchas cosas pronto. Y mis garras, lo siento mucho también, sé que no son lo mejor para una Bonami pero prometo qué…— Catra la cortó.

—Espera, espera. ¿De qué estás hablando? No tienes que disculparte de nada conmigo ¿Qué hay con tus garras?— Kaphiri la miró confundida. Ninguna de las dos terminaba de entender a la otra.

—Sus garras son tan negras… No querrá a alguien como yo para protegerla— Dijo tímidamente.

Catra se miró sus garras. Nunca se había cuestionado su color, y recordaba que no siempre habían sido tan oscuras pero era un detalle al que nunca le había dado importancia. Las de Kaphiri eran todavía más claras que su pelaje. Catra la miró enteramente. A su cuerpo alto y delgado, las cicatrices que se asomaban entre la túnica morada que no le iba. Las partes sin pelo y la piel clara cubierta de costras por la sarna. Catra no tenía una forma exuberante pero era marcadamente femenina. El cuerpo de Kaphiri era completamente anodino, muy diferente de la figura que le mostrara Micah hace escasas semanas.

—Nadie tiene que protegerme y tus garras no tienen nada de malo— Sentenció.

—¿Qué quiere decir? No entiendo— Kaphiri parecía genuinamente perpleja. Catra tampoco entendía. ¿Qué le pasaba a esta magicat? Con Nube Oscura no había tenido ningún problema técnico de comunicación.

—Ahora, cuéntame sobre tus garras— Pidió para simplificar.

—¿Qué quiere saber?

—¿Siempre han sido así?

—Sí… No tuve tiempo de entrenar lo suficiente para que se oscurecieran— Eso sí llamó la atención de Catra, pero la otra magicat se lo decía con las orejas agachadas y gran vergüenza en la voz.

—Está bien, Kaphiri. No es tu culpa. Solo tengo curiosidad, eso es todo— Explicó Catra. Creyó que al fin entendía un poco lo que pasaba con Kaphiri, ella no entendía que Catra no sabía nada de los magicats, ni su cultura, ni siquiera su físico. —¿Entonces necesitas entrenar para oscurecerlas?— Preguntó no sin cierta reserva por su propia admisión de que no sabía algo así.

—Sí… Debemos entrenar y pelear para endurecerlas— Ahí ya tenía una respuesta concreta. Catra se miró las garras, pues creciendo en la Zona del Terror, donde toda su vida era entrenamiento, peleas y escalar entre el metal, no le sorprendía entonces que fueran tan oscuras.

—Princesa, ¿puedo preguntarle su edad?— Preguntó Kaphiri con gran respeto y sacando de sus pensamientos a Catra.

—Cumpliré 20— Y Catra la vio contar internamente —¿Qué pasa?

—Yo… no estaba segura de cuánto tiempo duró el silencio… el hechizo— Ahora la que encogió las orejas fue Catra. —Creo que yo tengo… tal vez 32 años— Esto estaba escalando demasiado para Catra. No necesitaba saber estos detalles de Kaphiri. Se levantó dispuesta a irse. —Princesa, espere, por favor.

—¿Qué?— Catra se detuvo pero sentía su paciencia adelgazarse.

—Por favor, solo quiero entender. Sé que es mucha información para asimilar, y lamento haberla bombardeado con tantas preguntas, pero no puedo evitarlo. Necesito entender— suplicó Kaphiri.

—Yo no te puedo ayudar. Deberías hablar con los sanadores, los hechiceros, incluso con Nube Oscura. Ella sabía lo que pasaba con el hechizo. Yo no tengo las respuestas que necesitas— Esto era muy extraño para ella. Nadie la buscaba pidiendo consejo. Esto era muy diferente de que la General la buscara para las siguientes indicaciones, por ejemplo.

—He intentado hablar con los otros, pero tampoco entienden. Ellos están bien. Soy yo la que se siente… vacía, no lo comprendo. Solo hay sombras, algunos recuerdos y mucho ruido. Y la Capitana no me dice mucho, sé que ella tiene muchas cosas que resolver… Princesa, por favor, no quiero molestarla, sé que usted debe estar muy ocupada… Solo tengo ésta urgencia de conocerla. Es… casi lo último que recuerdo bien— Sus palabras sinceras y desesperadas tocaron una fibra sensible en Catra.

—Lo siento, Kaphiri— Dijo Catra con cierta rudeza —Desearía poder ayudar, pero no sé de qué estás hablando. Tampoco entiendo el hechizo.

Kaphiri parecía cabizbaja y Catra se sintió culpable por no poder ayudarla. Deseaba poder hacer más, pero simplemente no sabía qué hacer. En su mente se sobreponían las imágenes del "Sujeto 41", de su pesadilla y de la magicat de carne y hueso que tenía en frente.

—No sé qué me pasa. No me siento yo misma. Tengo miedo y no sé qué hacer— Dijo Kaphiri ante el silencio que se extendía y Catra simplemente no podía manejar que alguien le estuviera hablando de este modo tan sincero y vulnerable. Kaphiri tendría que hablar con Nube Oscura, con Perfuma, incluso con Angella, no con Catra.

—Ya veo. Pero no puedo decirte qué te pasa— dijo Catra, cómo si supiera de lo que estaba hablando.

—Por favor, cualquier cosa— Pidió Kaphiri, su mirada suplicante era la de un niño. No tenía nada que ver con la mujer que Catra podía ver.

—Primero, deberías hablar con los curanderos. Ellos podrían ayudarte a descubrir qué anda mal. Segundo, deberías tratar de relajarte y no preocuparte tanto. Cuanto más te preocupes, peor se pondrá. Por último, creo que sería una buena idea que hablaras con la capitana. Ella podría ayudarte a entender lo que está pasando— Soltó tratando de que sonara lo más coherente posible. Tal vez si le daba algo más tangible, al fin Kaphiri la dejaría en paz.

—Gracias, princesa. Haré lo que dice. Lamento haberla molestado.

—Ahora ve y habla con los curanderos. Ellos podrían decirte qué está mal.

Por fin, Kaphiri la reverenció y se fue.

Catra sentía los nervios tensos.

30 horas para el ataque.

Glimmer acompañó a Perfuma y Scorpia por sus cosas después de cenar y las había llevado hasta Plumeria, dónde disfrutaron de un bello atardecer y los plumerianos las recibieron con algarabía y canciones. Scorpia estaba muy impresionada. Fuera de los viajes en esquife para la prisión y algunas misiones dentro de la Horda todavía, y la incursión de la madrugada, en realidad no había estado tal cuál dentro de los bosque susurrantes.

Y todos eran tan amables, menos formales que en Luna Brillante. Los plumerianos confiaban más que ciegamente en su princesa y al verla ser amiga de la escorpioni no habían dudado ni un segundo en integrarla. Además, hasta la misma reina de Luna Brillante la había traído en persona.

Perfuma le mostró con alegría la Flor de Corazón, y Scorpia se dio cuenta de lo muy diferente que era ver a la piedra rúnica, rodeada de naturaleza e insertada en un árbol tan grande y bonito, a la Black Garnet, rodeada de cables y metal, apagada. Glimmer alabó la Flor de Corazón y todo el bien que la piedra rúnica traía a los plumerianos, muy aparte de los poderes de Perfuma. Era también un gran incentivo para la Rebelión tener sus bendiciones, pues les proveía de alimentos.

Scorpia atendía a todas sus palabras con asombro, pues era cierto. Nunca había considerado a las piedras más que la fuente de poder del resto de las princesas. No como una fuente de bienestar para otros seres.

La gran tienda de coloridas lonas donde solía vivir en Plumeria esta perfuma las recibió con los ricos aromas de los panes que los plumerianos solían hornear. Además había toda una selección de nueces y frutas. Scorpia sentía algo diferente en el ambiente, y no solo porque ya no estuvieran en el castillo, hasta el modo de Perfuma de sutilmente echar a Glimmer tenía algo de extraño.

En Darla, Entrapta seguía maravillada de los datos que la tercer entidad estaba introduciendo en las fórmulas de Hordak, que en principio estaban correctas, pero sus valores no eran los adecuados. Al mismo tiempo que se maravillaba de estos descubrimientos, comprobaba que la actividad de las piedras rúnicas. El Rubí de Sangre ya estaba en un decente 51 y el ritmo de crecimiento de su poder se había ralentizado, y la Black Garnet seguía entre sus saltos, sin ningún patrón que Entrapta pudiera prever.

Tan pronto la Black Garnet tenía algún cambio, Entrapta trataba de adivinar el siguiente pico, y siempre fracasaba. Justo ahora se mantenía en un constante 40 a 50. Estaba tan concentrada que no se dio cuenta que Bow llegaba con la bandeja de comida.

—Hola, Trapta— Saludó con suavidad el arquero.

—Oh, Bow… Me sorprendiste— Se despegó un momento de las pantallas.

—Ya es hora de cenar, te traje algunas cosas— Bow se acercó con cuidado y puso la bandeja sobre unas cajas.

—Gracias… por estar al pendiente— Dijo Entrapta un poco apenada. Sabía que a veces se olvidaba de sus propias necesidades.

—Trabajas mucho, y no quiero que te vayas a enfermar— Le sonrió.

—Tendré más cuidado, y haré un programa.

—Está bien— Empezaron a comer —¿Has descubierto algo más?— Preguntó el arquero.

—Sí… La investigación de Hordak está avanzando bien, pero todavía no puede implementar los nuevos cálculos a la máquina porque le falta reparar varias piezas importantes.

—Lo detendremos a tiempo. Antes de que pueda poner a funcionar la máquina. Gracias a ti tenemos la oportunidad de detenerlo— Bow quizás no era tan inteligente como Hordak, pero en cambio Entrapta jamás había recibido una mala palabra de él, jamás le alzaba la voz y siempre era atento, amable y dispuesto a escuchar y aprender y tenía chispas de ideas emocionantes.

Así que cuando Bow tendió la mano para sostener la suya, Entrapta no se sorprendió demasiado del revuelo en su estómago.