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Mismo Lugar, Misma Respuesta.

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Lo hace de manera constante, más de lo que le gustaría admitir, pero ese lugar siempre le recuerda que debe avanzar a pesar de que tal vez nunca llegue nada glorioso, que siempre debe avanzar sin olvidar quien es, el nunca darse por vencido.

Una promesa que no se pudo cumplir.  

Yang Jinghua termina visitando a menudo aquel lugar donde fue citado pero la persona nunca llego.

Una cita que nunca ocurrió.

Puede que lo piense demasiado, pero aquella nota citándolo fue su salvación aquel día, ese día llego con demasiados sentimientos a ese lugar, pero nada era más grande que sus ansias por ver a esa persona que, sin saberlo, lo salvo.

Conforme pasaban las horas, esa esperanza no dejo de crecer.

Llego la hora indicada en el papel, pero nadie llego.

No dejo que eso lo molestara, siguió esperando con paciencia, su mente llena de las diferentes cosas que podrían hacer juntos, de las palabras que le diría.

El atardecer comenzó, los naranjas llenaban los cielos y el seguía solo.

¿A esa persona le gustarían los dulces? Había visto un puesto con postres al momento de ir, serian perfectos para pasar el tiempo cuando la noche llegara.

La oscuridad junto con las estrellas cubrieron el lugar, los aires frescos le dieron escalofríos pero solo podía pensar que ojala esa persona estuviera abrigada.

No sabía la hora exacta, las calles ya estaban solitarias solo con un carro pasando de vez en cuando. Miro las estrellas en el cielo, por primera vez en el día, ningún pensamiento habitaba su mente, pasaron más horas y de lo único que podía estar seguro era que pasaban de media noche, miro a los lados pero no llegaba nadie.

Con paciencia se levantó, estiro las piernas y dejo salir el aire que sin saber había retenido, miro hacia el cielo nocturno nuevamente, las emociones dentro de él se habían calmado ligeramente. pero, al mismo tiempo, seguían ardientes en su interior.

- Solo puedo esperar que te encuentres bien – Susurro a los cielos, rogando en silencio que sus palabras fueran escuchadas. – Mi salvador, cuando nos podamos ver, te llevare a comer cosas deliciosas y a divertirnos, te mostrare que hay cosas en esta vida que se pueden disfrutar. Has salvado mi vida, mi alma de la perdición, espero que pueda regresarte el favor un día –

Bajo la mirada y tomo una de las flores que se encontraban en el camino, con mucho cuidado, la coloco enfrente de la escultura.

- No es lo mejor, pero, es mi promesa de que espero nuestra cita algún día se lleve a cabo – Susurro, con una pequeña sonrisa.

Esa noche camino a su hogar, mirando muchas veces atrás.

Mientras pasaban los días, encontró sus pasos regresando a ese lugar y esperando por horas cuando podía, sin falta, dejaba una pequeña flor cada vez. 

Algunas veces, hablaba en susurros cuando se quedaba hasta la noche, aun sabiendo que no obtendría respuesta.

- Me pregunto cómo serás ¿Mas alto o más bajo que yo? –

- ¿Tendrás mi edad? ¿Serás más joven? ¿Mayor? Si eres menor me tendrás que llamar “Hermano Mayor”, pero si eres mayor, yo te llamare así –

- Si supieras el problema que a veces tengo con mi cabello, estoy seguro que te ríes de mi -

- Hoy arregle unos equipos bastante raros, pero me pagaron bien. Espero poder llevarte a comer en algunos de los mejores puestos –

En aquella noche, al momento de ver el camión acercarse, supo que su tiempo en este mundo había terminado y solo un pensamiento estaba en su mente.

Perdóname mi salvador, no creo que podamos tener esa cita…