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Internado Baxter-Reid, Washington D.C.

Octubre 13 del 2019.

Mi alarma sonó a las 5:30 a.m. Tan rápido como lo hizo yo la apagué, revisé entre la oscuridad por si veía algún movimiento, pero al parecer todos dormían como troncos, algo que me ayuda en mi misión. Agarré la banda y la maleta para después meterme al baño donde pude ver con claridad. Saqué la camiseta con el logo de la escuela, unos pantalones y mis Vans rojas, acomodé todas las cosas que iba a ponerme metódicamente antes de entrar a la ducha.

Aún no me acostumbro a no sentir mi cabello mojado en mi espalda por lo que me hizo falta algo. Al salir de mi muy corta ducha me empecé a secar el cuerpo y cabello, me puse los bóxer que en realidad eran de mujer pero lo de arriba parecía totalmente de hombre y me puse los calcetines, algo incomoda a la sensación hice una mueca, ya cambiada me fijé en el espejo, no quería maquillarme, me daba demasiada pereza pero algo en la parte trasera de mi cabeza no me dejaba irme del baño sin hacerlo, tardé mucho tiempo decidiendo si hacerlo o no pero llegué a la conclusión de que la mayoría de los hombres no notan esos pequeños cambios sutiles así que la pereza ganó y a las 6:00 a.m. salí del baño a acostarme nuevamente en la cama a escuchar música hasta que sonó la alarma a las 6:30 a.m. Que fue cuando mis compañeros de habitación dieron señales de vida y empezaron a moverse, uno a uno iban entrando y saliendo del baño cambiados listos para las clases, me levante y fui por mi mochila, para que los cuatro fuéramos a las clases que daban inicio a las 7:00 a.m.

Nada interesante pasó, debo aclarar, hasta que dieron las 12 en punto que fue cuando por las bocinas del instituto sonó un anuncio que pedía amablemente a los estudiantes ir al auditorio el cual era un edifico lo suficientemente grande para albergar a todos los estudiantes y alrededor de 50 personas más. Nos sentaron en las gradas por lo que teníamos la cancha de basquetbol enfrente, pero en vez de estar vacías había un podio donde un hombre trajeado, al que identifiqué como el director Michelson, hablaba con una pareja de adultos algo mayores, la señora traía un velo negro tapándole la cara y sollozaba un poco siendo abrazada por el hombre corpulento y de bigote algo abundante que supuse era su esposo, junto a ellos un niño de no más de 6 años veía todo sin comprender. Entre el podio y unas sillas había un retrato de un joven guapo, aunque tenía algo de acné, pero eso no le quitaba esa sonrisa de galán que sin duda te hipnotizaba por un momento y esos enigmáticos ojos plata contrastaban con el cabello castaño oscuro. El director se despegó de la pareja dándole un apretón de manos alentador y subió al podio donde pidió la atención de los desordenados alumnos.

Era vagamente consciente del discurso, algo sobre lo buen estudiante que era Patrick pues mis ojos viajaban por lo que supongo era la familia de Patrick hasta Keith, sentado unas cuantas gradas debajo de mi viendo con dolor la foto de su antiguo compañero de cuarto y con rabia al director, como si algo que él hubiera hecho estuviera mal. Pare un par de veces en la foto de Patrick, el archivo decía que era jugador de americano, un receptor y algunas otras cosas más pero no las recuerdo con exactitud, mi mente estaba perdida en los ojos plata del joven fallecido, ¿cómo alguien tan guapo, digo, joven puede morir así tan repentino? En el expediente no recuerdo haber leído algo malo de él aunque, considerando la razón por la que me encuentro fingiendo ser hombre me debe de dar una idea de lo loca que está la sociedad en estos días. El director ahora hablaba del uso de las drogas y de sus terribles consecuencias cuando escuché un golpe, era Keith que había golpeado con su mano la grada donde estaba sentado, llamando la atención de todos los presentes.

— ¡Usted no sabe nada! ¡No tiene derecho de manchar de esa manera la memoria de Patrick! ¡No sabe nada!

Se levantó de su asiento y salió con un portazo del auditorio. Seguido de él me levanté yo junto con los hermanos Thompson y fuimos detrás de Keith, no lo encontramos hasta que fue la hora de la comida, no hablamos del incidente.

Con el pasar de los días, podía ver como Keith se iba encerrando en su burbuja, tan concentrado en sus pensamientos que le tenías que hablar al menos cinco veces para que te hiciera caso.

— Keith…

— ¡¿Ahora que, remplazo?!

Y cuando por fin lograbas obtener su atención él reaccionaba enojado, sin filtro entre sus pensamientos venenosos y su boca. Como yo era la persona que pasaba más tiempo con él, la mayoría de la mierda que lanzaba era dirigida a mí.

— ¿Me puedes pasar el lápiz que se me cayó a tu lado? —Dije con paciencia, él rodó los ojos y me pasó el lápiz de mala gana.

Las semanas pasaban sin que nadie reprendiera a Keith por su comportamiento, sin importar a cuantos maestros les faltara el respeto, a cuantos alumnos de primer semestre hiciera llorar, en cuantos conflictos se metiera nadie le contradecía. Las palabras de los hermanos Thompson le pasaban por encima y era comprensible. ¿Quién en su sano juicio se metería con el hijo del presidente?

— ¡¿Qué quieres, sustituto de quinta?!

Qué bueno que yo no lo estaba.

— Quiero que cortes la esa actitud de mierda antes de que te parta la boca. — Dije levantándome de mi lugar.

El pelinegro parpadeo unos segundos para después levantarse y encararme. A nuestro alrededor se iban juntando alumnos con miradas sorprendidas y curiosas que iban pasando por el lugar que habíamos ido a estudiar los cuatro.

— Apaga el fuego de tu cabeza, Weasley región 4.

— Chicos…— Dijo uno de los Thompson, no supe cual porque en lo que estaba concentrada era bajarle los humos al pelinegro.

— Baja de tu pedestal un momento y ve el daño que causas con ese veneno, Taylor Swift. No todos nacimos en cuna de oro y tú no tienes derecho a desquitarte con los demás por lo que le pasó a tu amigo.

— ¿La antorcha humana se siente triste? Awww— Keith se acercó aún más a mí, unos centímetros más y nuestras narices se podían rozar. — Pues bienvenido a la realidad, Leonard.

— Keith…— Dijo nuevamente uno de los hermanos Thompson.

— ¿Tienes el sistema digestivo invertido? Porque lo único que sale de tu boca es mierda.

— ¿Con esa boca besas a tu madre? Pobre señora.

Apreté los puños, contrólate antes de que te salgas de control.

— Vámonos Alex…— Dijo Sean jalándome y haciendo que retrocediera unos pasos para atrás.

— No Sean, déjalo, quiero ver si su padre le enseñó a dar golpes… oh, es cierto, nunca lo conociste. — Suspiró— De seguro supo la mierda de persona en la que te ibas a convertir-

No terminó porque le di un golpe en la mandíbula. Keith dio directamente contra el césped. Sentí como unos brazos me jalaban fuera del círculo que se había formado a nuestro alrededor, pero me resistí lo suficiente como para ver como Keith se intentaba levantar.

— Espero que así aprendas a medir tus palabras antes de hablar.

Me dejé llevar por los brazos que me arrastraban, mientras me quitaba un par de lágrimas de los ojos.

(…)

Lugar desconocido.

Octubre 22 de 2019.

La gente se movía con la canción de Sweet Dreams de Eurythmics, aunque no fuera con el ambiente del lugar no se podían quejar, al jefe le gustaba la canción.

Debía de ser un jefe muy severo o amable pues la producción era rápida y eficiente, como una máquina muy bien engrasada.

El hombre corpulento se paseaba por las mesas admirando el trabajo, unos hacían mezcla, otros embolsaban el producto y otros les agregaban su marca distintiva, la Sticker de la rana de esa serie televisiva de finales de los 80’s. Su teléfono empezó a sonar y al tercer timbrazo atendió.

— ¿Cómo fue con tu parte del plan? — Él esperó pacientemente la respuesta por el otro lado del teléfono. Los trabajadores le lanzaban miradas curiosas. — Aquí las cosas marchan al pie de la letra…

Mientras se revolvía su cabello negro caminó a la puerta para tener algo de intimidad.

— Detente, Gizmo, ¿acaso quieres que Beetlejuice te atrape? — Dijo una de las trabajadoras a un chico que se metió un puño de la mercancía al bolsillo. Él solo se rio.

— No te metas en lo que no te importa, chica.

El chico se echó dos puños más a los bolsillos justo a tiempo en que la puerta se volvió a abrir, el hombre entró a la sala con la canción de Africa de Toto. Todos se le quedaron viendo.

— ¿Esperan una invitación para trabajar?

Inmediatamente empezaron a trabajar, el hombre dio un par de vueltas más para después agarrarle la mano a Gizmo mientras este empacaba la mercancía.

— Ten cuidado con tu mano, te puedes engrapar los dedos.

El chico miró con terror a su jefe por unos segundos para después asentir.

— ¿Qué pasa Gizmo?, ¿Algo te molesta?

— N-No, señor.

— ¿Seguro? — Dijo el pelinegro sacando su navaja, el sonido de la cuchilla abriéndose cortó el aire y todos los trabajadores contuvieron el aliento. — Porque he escuchado que las mentiras suelen ser muy pesadas.

Con un movimiento rápido, Beetlejuice pasó su navaja por el traje del muchacho, todas las bolsas que él se había metido cayeron incriminatorias al suelo. El hombre hizo girar a Gizmo para que quedara frente a él, puso le su navaja al cuello.

— ¿Sabes lo que se les hace a los que roban en otros países?

Gizmo sudaba a mares mientras negaba con velocidad. Beetlejuice chasqueó la lengua, colocó la mano de Gizmo en la mesa.

— Con razón estas en donde estas Gizmo, tu intelecto no sobrepasa el mediocre.

Con otro movimiento rápido de parte de Beetlejuice, la navaja ahora se encontraba clavada en la mesa, sosteniendo la manga del ladrón.

— Espero que esto sirva de enseñanza para todos ustedes. No se le roba al Cinema.

El pelinegro se agachó para recoger un martillo del suelo mientras Gizmo jaloneaba su manga tratando de liberarse, pero todo fue en vano. Su jefe dejó caer el martillo en la mano del muchacho y el grito impidió oír el coro de la canción para los demás trabajadores que trataban de ignorar el castigo.

Después de todo, ellos no tenían un jefe amable.