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MCSM: El origen de un héroe.

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Las grandes puertas del templo les dieron acceso al interior, moviéndose lentamente hacia las direcciones con las que fueron programadas. Mientras caminaba, Jesse sostenía delicadamente el brazo de Alex, guiándola hacía el salón de los tesoros. Se notaba un poco tranquilo y ansioso por presentar a La enviada de los Mojang ante sus seres queridos. Mientras tanto, ella se mostraba nerviosa, pero a la vez, interesada por conocer a los aventureros que cuidaron de su hijo. Así a la par, ingresaron al salón principal del templo, observando a simple vista que estaban todos los integrantes de la orden reunidos, y con rostros de preocupación.

Casi al mismo tiempo en el que las puertas sonaban, la Orden volteó sus miradas hacía dicho ruido, viendo que su líder ya estaba presente con ellos, y acompañado de una persona que no parecía ser de la ciudad. En conjunto, se reunieron con él mientras expresaban frases de desahogo, aliviados de que no le había pasado nada desde que se enteraron de su ausencia.

—¡Jesse! ¡Milagro de que te encuentras bien! — expresó preocupado Radar — Pensábamos que te habías perdido en el bosque o algo así.

—Nos dejaste a todos muy preocupados — tomó el discurso Petra — Y en especial, a tu amiga más cercana.

—No nos vuelvas a dejar así, Jesse — reclamó Lukas — por poco y pensábamos que estabas pasando lo peor … ahí … afuera.

— Chicos, calma, me encuentro bien. Y, disculpen si me fui por la noche. No era mi intención espantarlos. — Comentó apenado — … Oh, con respecto a mi salida imprevista, quisiera presentarles a alguien especial que conocí durante la noche — soltó con cuidado el brazo de su acompañante, para luego, darle espacio suficiente para que se enfocarán en ella — Amigos, ella es Alex: La enviada de los Mojang, y nuestra guiadora hacía las tierras de su mismo apellido.

—Querrás decir “Nuestro apellido”, Jesse — corrigió — Y … Si, soy esa misma que los llevará a ese lugar lleno de maravillas infinitas y de posibilidades sin fin.

—Veo que Jesse por fin conoció a su pariente cercano — comentó Olivia con felicidad.

—Y, por fin nos volvemos a encontrar con usted, señora Mojang. — acompañó Axel con la misma emoción.

—Justo como lo habíamos acordado, ¿No? — habló de nuevo la dama — Noto que guardaron muy bien nuestro encuentro previo.

—Esperen … — interrumpió Petra — ¿Ya se conocían ustedes tres.

—Digamos que si. — respondió Olivia riendo un poco — Ella fue la que nos invitó a reunirnos con ustedes para viajar en conjunto a Mojang.

—Y la misma que nos dijo que pasaremos las mejores vacaciones de nuestras vidas. —

—Que no son vacaciones, Axel — corrigió

—Ups.

—Bueno, véanlo como ustedes quieran, pero si de algo tenemos claro es que todos nos iremos a mis tierras ¿No es así, Jesse?

El chico asintió — Si, así será. Y, ahora que me lo recuerdas; entiendo por qué actuaban tan raro mis amigos en la cena, y con tanto misterio respecto a sus llegadas.

—Era por lo mismo que te había dicho durante el camino: que los había reunido con anterioridad para irnos juntos como “familia” hacía tu antiguo hogar.

—Oh, veo que aquí no paran de hacer complots entre familiares, ¿No? — comentó con cierto disgusto Petra, haciendo que los demás se rieran de su honestidad.

—¡Si, al parecer si! — comentó entusiasmado Jesse — Justo como el que hizo Jessica con Radar, Esmeralda y Lukas antes de que nosotros regresáramos a la ciudad.

Entre risa y risa, Alex paró al escuchar aquellas palabras—¿Que hizo qué?

De golpe, todos dejaron de reír, haciendo que se mirasen entre ellos. Habían creído que la idea de Jessica con respecto al libro y al árbol genealógico estaba igual de planeada que la llegada de la enviada, más sin embargo, eso era una idea paralela a la que hubiesen pensado.

Y, antes de que alguien intentara aclararle el contexto a Alex, la segunda heredera del trono se hizo presente; salvando la horrible tensión que yacía en el salón.

—¿¡Mamá!? ¿Pero que haces aquí? — preguntó desde una de las escaleras del salón.

—¿Mamá? — repitieron los de la orden al unísono, haciendo que sus miradas se fueran a la presencia de la otra.

—¡Si, como escucharon! — bajó de inmediato cada uno de los escalones, y al instante, se encontró reunida con todos sus amigos en el mismo sitio —. Pero … ¿¡Pero cómo mamá!? ¡Si se supone que enviarías a alguien más para recoger a Jesse, no tú! ¡Esto no lo habíamos acordado!

—¡Así como no habíamos acordado que tú harías equipo con los amigos de Jesse para esta reunión!

—¡Pero tuve que hacerlo! — afirmó — Lamento haberlo hecho, pero no tenía la suficiente ayuda para explicarle sobre nuestra familia al pobre de mi hermano. Y eso que no me costó tanto como había imaginado.

—Pudiste haber cumplido tu parte con respecto a explicarle sobre esto, pero el haber involucrado a más gente antes de tiempo no era lo que exactamente tenías de hacer.

Alex estaba enojada con su pequeña hija, mientras que la otra solo se mostraba apenada con lo que hizo. Los demás evitaron interferir en la discusión familiar, y solo se dedicaron a guardar silencio, esperando que entre ellas arreglaran el conflicto que ocasionaron.

—… Solo puedo decir que, lo siento, y lamento haberlo hecho. Pero, en serio que necesitaba ayuda para ello, a pesar de que arriesgué a revelar mi identidad a gente desconocida, pero de la que se podía confiar con totalidad.

—… — Alex se mantuvo callada, con semblante serio, y manteniendo un silencio sumamente estremecedor. A pesar del hecho de no estar de acuerdo con la irresponsable decisión de su hija, sabía que sus intenciones eran buenas, y que no buscaba exponer más de lo debido a su propia familia. Solo le tomó unos segundos comprender que ella no tenía muchas opciones disponibles para contarle la historia a su otro engendro, y que con lo que encontró le sirvió para lo necesario.

Relajando un poco su mirada, al igual que su personalidad, decidió hablarle una vez más —. Tendré que creerte, y perdonarte por lo que hiciste. Pero, para la próxima, ten un poco más de discreción a lo que te mande. No todas las personas son confiables, ¿Entiendes?

—Si, lo entiendo.

—… Ahora, ven a abrazarme, que por reclamar ni me saludaste.

—¡Ay, perdón por eso! — al instante, se unió a un afectuoso abrazo con su progenitora, cargando la incómoda pena de su actitud. La dama tuvo que corresponder al forzado afecto de la niña, envolviéndola en sus brazos tal cual como lo había hecho con Jesse.

Los demás vieron la bella escena entre los familiares, aliviados que la situación no empeoró como habían esperado.

Entre los momentos de paz, Jessica retomó la plática, dándose cuenta de algo que olvidó.— Oww, Ya ni te pude dar tus regalos de bienvenida —

—Ay mi vida, sabes bien que no eran necesarias esas cosas. — dejó de envolverla, dándole espacio para hablar.

—Lo sé, pero realmente quería respetar esa bonita tradición.

—Una que ya hay que olvidar. No hacemos eso desde los tiempos de los Dungeons.

—¿Desde los tiempos de los Dungeons? — Jesse preguntó.

—Oh … creo que no te hablé de ellos, pero eso será después. — Ni ella se había acordado de platicarle sobre aquellos héroes que salvaron su propia isla, aunque, eso lo haría en otra ocasión —. Por el momento, tenemos otras cosas más importantes por las cuales pensar, como el hecho de conseguir el suficiente material para el viaje, y de que consigas a una persona que te cuide la ciudad mientras no estemos.

—Eh … disculpe si interfiero, señora Alex, pero, el asunto de conseguir una persona para que cuide la ciudad sería algo innecesario — habló Radar, siendo respetuoso con la dama, pero sonando temeroso por lo que pudiese decir.

—¿Innecesario? — repitió la palabra.

—Si, innecesario.

—De hecho, no lo es Radar. Mi mamá tiene razón con respecto a buscar a alguna persona — tomó la palabra Jesse, sonando seguro de la idea — Lo estuvimos hablando antes de llegar, y, siendo honesto, tiene razón. Nunca se sabe lo que le pueda suceder a la ciudad mientras no estemos, así que, para no correr riesgos, tomaré la responsabilidad de buscar la persona que tome ese cargo de cuidador.

—¿Seguro que puedes con esa responsabilidad, Jesse? — cuestionó Lukas — No a cualquiera se le puede dejar ese trabajo.

—Y mucho menos, por tanto tiempo — siguió Radar ante el problema.

—Ustedes no se preocupen de quién elegiré. Tendré en mente a esa persona antes del anochecer. Por el momento, y como había dicho nuestra señora Alex, es momento de conseguir los suficientes recursos para el gran viaje.

—Así es muchachos. Su líder, digo, amigo, tiene toda la razón. Es momento de que nos preparemos para partir dentro de … mañana, si nos es posible.

—¿Mañana? ¿No sería muy pronto, señora Alex? — Lukas preguntó asombrado.

—Si, ¿No sería muy pronto para irnos? Casi no nos daría tiempo — opinó Petra ante lo mismo.

—Lamento que tenga que ser así, pero, mientras más rápido nos vallamos, menos problemas tendremos, y, más tiempo les dará a los demás elegir a su nuevo gobernante.

—Al parecer no tenemos otra opción más que apresurarnos. Que bueno que vine preparado desde mucho antes. — Habló Axel confiado.

—Igual yo — acompañó Olivia.

—Qué bueno por ustedes — comentó Radar, casi sin ser escuchado.

—Bueno, ya sé que ustedes no deben de hacer mucho, pero los demás, si. Mientras el resto se apura, tendré que hacerle ciertos ajustes al bloque de ubicación. No serviría de nada que el nuevo cuidador no tenga nada en mano para llamarnos, ¿No? — contó Alex casi al instante.

Los demás la vieron un poco confusos, hasta que lograron captar a lo que se refería. Estaban a nada de olvidar ese pequeño detalle de comunicación entre ellos y el cuidador, y por suerte, no fue así. En lo que ella se encargaba de ese último imprevisto, el resto de la Orden puso manos a la obra para alistar sus materiales y víveres, al igual que otras cosas por si algo les pasaba.

De ahí, lo que quedaba de la mañana y lo que duró de la tarde fue dedicado a esa única tarea. En algunos ratos, Jesse y los demás aclaraban algunos últimos temas con la ciudadanía, así como anunciaban su pronta ida del lugar, de igual modo, checaban que el sistema autónomo funcionara a la perfección, y que no hubiese algún inconveniente antes de que dejaran solos a sus ciudadanos. Al finalizar de esos trabajos, y al filo de la noche, regresaron al templo para descansar, seguros de que no habría problemas dentro de los próximos días; sin embargo, uno de ellos decidió no reposar en su cama, y de nueva cuenta, volvió a salir al bosque, dispuesto a cumplir la palabra que había prometido a sus cercanos y a sus familiares.

 

(...)

 

Pudo haber tenido mejores ideas para lo que pensaba hacer, pero, el ir a visitar a uno de sus amigos a altas horas de la noche era la mejor que tenía en mente, además de la única.

—¡Romeo! Oh, que bueno que te he encontrado aquí.

—¡Jesse!, pero, ¿Qué haces aquí? — dijo susurrando el hombre, quien veía confundido a su amigo entre los arbustos.

—Solo vine a … — sacó una de sus piernas, haciendo que su demás cuerpo escapara del escondite — Vine a verte una vez más.

—Ah, ¿Si? Pero, ¿Tan noche?

—No tuve otra opción, Romeo. Sólo, escúchame con atención, ¿Si? — preguntó bajo, siendo contestado con un asentimiento — Bueno, te cuento rápido ya que no cuento con mucho tiempo: El día de hoy llegó un miembro de los Mojang, o sea, mi mamá. Y, se supone que estaría descansando para irme con ella a su hogar, sin embargo, no la quiero dejar con la preocupación de dejar “descuidada” mi nación durante mi ausencia. Así que, le dije que conseguiría a alguien para que la cuidara, o al menos, me avisara por si algo pasaba …

—Espera, ¿Ella está aquí? — preguntó de repente.

—Si, pero, está en uno de los cuartos del templo, así que no te preocupes — contestó para después continuar con su explicación — Y, como te decía: Le dije que dejaría a alguien a cargo, pero, no dispongo de una persona de confianza … a parte de mis amigos … y de ti.

—¿De mi?

—De ti — contestó bajito — … Y, sé que sonará muy absurda y arriesgada mi idea, pero, me gustaría que fueras aquella persona que le echara un ojo a la Ciudad Faro.

—¿En serio, Jesse? Pero-pero-pero ¿Que hay de tu mamá? ¿Qué dirá si me ve? Más bien, ¿Qué dirán tus demás amigos si se enteran de esta idea? — preguntó alteado.

—De eso no te preocupes. No será necesario explicárselo a los demás, además, dudo que Alex te reconozca con tu nueva apariencia.

—… Es verdad, pero, aún así, siento que sospechará de ello.

—No será así. Créeme. Sólo, sígueme el juego mientras ella dure en mi región, y luego, podrás estar tranquilo. ¿Comprendes?

— ¿Estás seguro?

—Claro que lo estoy, pero, ¿Sí me ayudarás con ello?

—Eh … Yo … creo que … — se quedó pensando por unos segundos, hasta que volvió a reaccionar — … Bueno. Le debo un favor a la Ciudad que alguna vez corrompí, y, lo más que puedo hacer es cuidarla como debía … así que … tendré que aceptar tu oferta, como forma de remediar mi terrible error que cometí hace tiempo.

—¡Perfecto! — expresó alegre —Oh, no sabes el favor que me haces, Romeo … Realmente, no lo sabes. Te esperaré mañana por la mañana, a las afueras de mi ciudad, ¿Vale?

—Vale. Intentaré llegar.

—Ok, estaré al pendiente desde entonces.

 

(...)

 

Desde muy tempranas horas, nuestros aventureros alistaron sus artículos y armas en sus inventarios, al igual que los caballos que los llevarían hacía aquel territorio lejano. Para suerte de Jesse, Romeo pasó de desapercibido ante la mirada de Alex; sin siquiera ser sospechado por su apariencia. Por aquellos momentos de rencuentro, mantuvo el nombre de Albertano, como su supuesta identidad. Se limitó a extender la ligera charla que había entre los dos, y sólo aclaró que cuidaría de la ciudad de cualquier peligro que pudiese pasar. Por parte de Alex, le entregó el bloque de ubicación, modificado para que él pudiese comunicarse con ellos si algo malo pasaba en la región. Una vez arreglado aquel pendiente, Jesse colocó una última pertenencia en su caballo, para después, subirse a él y juntarse a lado de su guiadora.

En cuanto se unió con el resto de la orden, la gran guerrera de los cabellos naranja dio la orden de avance, comenzando así la gran expedición que marcaría la vida de cada uno de los héroes, pero en especial, del heredero. Justo al filo de los primeros rayos del sol, la gran Orden de la Piedra abandonó sus tierras natales, cabalgando hacia el sentido de la luz, y dejando de lado las últimas sombras de la noche.

Al principio, el camino estuvo decorado de hermosos arboles de robles y pastizales verdoso que le daban vida al bioma. Con forme más avanzaban, el entorno igual cambiaba, y entre más atravesaban los variados entornos naturales, la Orden más se maravillaban con lo que observaba.

Los horizontes era adornados por una gran cadena de montañas azuladas, atenuadas de menor a mayor color. El cielo yacía ausente de nubes, y lo único que predominaba sobre él era el resplandeciente sol del mundo. Aquellos elementos predominaron por una gran parte del camino, siendo totalmente notorios en las praderas, los campos y en los desiertos.

Exploraron por una gran cantidad de regiones inexploradas, al igual que por varias aldeas pacificas. Se adentraron por una gran cantidad de bosques de todos los tamaños; enfrentaron extensas regiones gélidas; sobrevivieron a las altas temperaturas de las mesetas; y escalaron cientos de Montes y montañas en las que lograron tocar las nubes.

Por las noches, el recorrido parecía cambiar de forma drástica, y con ello, traía cientos de riesgos que volvían únicos los momentos en familia. Apenas si la luna se dejaba ver por las hojas del los árboles, y la maleza escasamente permitía un pequeño paso por los interiores de las selvas. Era una locura cada vez que llegaban las estrellas, y a duras penas podían escapar de los monstruos que los perseguían. Aún con esas desventuras, disfrutaban de todo lo que pasaban, y de esa manera, siguieron su guiado andar a las tierras destinadas.

Jesse jamás esperó vivir por tantas cosas otra vez. Con cada suceso que ocurría, recordaba las aventuras que compartió a lado de Petra, y los peligros que sobrepasó con su ayuda. El paseo que daba, a pesar de que no lo sentía tan cansado, le generaba una enorme emoción y felicidad. Esta vez, no iría sobre la tierra sin dirección alguna, ahora, estaría en camino a su último destino, y a punto de conocerse a sí mismo por medio de una familia de la que alguna vez fue más que miembro.

Las maravillas naturales duraron alrededor de una semana. Mismo tiempo en el que nuestros viajeros exploraron una gran parte de Overworld, y en la que más se acercaban a Mojang. Durante el tranquilo paso mañanero sobre un sendero bien aplanado, Radar decidió expresar unas palabras que darían como comienzo una pequeña plática entre amistades.

—Se que esto sonará raro, pero … justo hoy soñé que conocía a alguien en mis sueños.

—¿A alguien? — Preguntó Alex desde su posición inicial.

—Si. Fue a una chica, una pelirroja que usaba un traje de hombre.

—Vaya, eso sí que es raro — expresó Petra, quien yacía cabalgando detrás de él.

—Lo sé, pero, lo más raro de todo es que yo estaba usando un vestido de color rosa … hasta con recordarlo me siento incómodo. — sintió un escalofrío que lo hizo temblar sobre la montura.

—¿Una pelirroja, dices? — pronunció Alex pensativa —. Justo en Mojang existen varias pelirrojas que podrías conocer. Tal vez una de ellas es la que apareció en tu sueño.

—Uy, Radar va a conocer a la chica de sus sueños — bromeó Axel, haciendo que el resto le siguiera el juego.

—¡Oigan! ¡no bromeen con eso! — reclamó el chico ante las expresiones de los demás, sin darse cuenta del pequeño rubor que había en su rostro.

—Ay Radar, aún así enojado eres tierno — Jessica dijo, provocando, otra vez, la emoción de los demás.

—Ya chicos, mejor controlen sus hormonas — dijo entre risas Alex, casi despegando la vista del camino —. Pronto ya vamos a llegar, y lo que menos espero es que tengan una mala reputación con los demás familiares.

—¡¿En serio ya vamos a llegar?! — exclamó asombrado Jesse, generando el intereses y nerviosismo de sus amigos.

—Si, ya casi. Así que mejor compórtense como los héroes que son. Parecen niños chiquitos con lo que acaban de hacer.

La Orden río por última vez, intentando no sonar tan fuerte. Apenas controlando las emociones que sentían, continuaron su tranquila marcha sobre aquel camino, sin poder creer que pronto llegarían a las tierras de Mojang. Luego de tantas cosas que vivieron a lo largo de los siete días en los que exploraron el mundo, estas terminarían llegando al final del sendero, pero, darían paso a unas nuevas que cambiarían drásticamente la vida como la habían conocido.

Metros después, llegando a lo último que quedaba del camino, se encontraron frente a frente con unas enormes puertas de roble oscuro; adornadas con varios detalles finos y unidas por un gran logo de color rojo . En ese instante, toda la Orden quedó petrificada, admirando en silencio la imponente entrada que yacía delante de ellos, expresando la posible desconfianza que tendrían una vez adentro, y lo complicado que sería adaptarse a la convivencia de la gente importante que estaría ahí. La única que parecía estar fuera de aquel encantamiento era Alex, quien, al notar las reacciones de los demás, tomó la acción de despertarlos con algunas palabras de confianza, esperando de con ello, pudieran dejar de lado todos esos pensamientos negativos que les hacía temer por el futuro.

—Bueno chicos, hemos llegado al final de nuestra aventura. Sé que pasamos por varias situaciones que nos llevaremos en nuestros corazones, sin embargo, ninguna de ellas se comparará con lo que vivirán dentro de Mojang. Y, viéndolos con detalle, noto que sienten cierto miedo o nerviosismo por conocer lo que oculta esta entrada. Simplemente, les aseguro que estarán bien allá adentro, y que no deberían de sentir temor por conocer gente nueva. Recuerden que ustedes fueron las personas que salvaron más de dos veces al mundo … y que les debemos un gran favor al derrotar a la persona que destruyó nuestra felicidad.

La Orden mantuvo su silencio, mirando con un poco más de confianza a la líder que los trajo hasta ahí. Simplemente, decidieron influirse con aquellas palabras expresadas por la dama, dejando que lo positivo entrara en sus mentes, y alejando los malos pensares que detenían su paso hacia lo nuevo.

Al notar aquel cambio de humor por parte de los héroes, Alex decidió postrar sus verdes ojos sobre el niño que alguna vez educó en su juventud, y el cual, le tocaba pasar por una nueva etapa de su vida que determinaría el destino de su región.

— Y, Jesse … Solo sé tú mismo. No aparentes ser la persona que fuiste alguna vez, demuestra quien eres ahora, y que aún eres digno de mantener el apellido que siempre tuviste sobre ti.

El muchacho solo dejó que sus sentimientos salieran al aire, expresados en una pequeña lágrima que recorría su rostro. En cuanto a ella, lo único que le dio fue una sonrisa; una llena de amor y comprensión que solo una madre le daría a su hijo en una situación complicada.

Una vez que se sintió lo suficientemente preparada para continuar, volteó su vista hacia la gran entrada, demostrando que no sólo ella estaba lista para entrar, sino, que todos estaban dispuestos a conocer el sitio en donde todo comenzó, y en el que iniciaría una nueva etapa sobre la historia de Overworld, protagonizada por el último miembro de la familia, y el futuro gobernante de esta: Jesse Mojang.