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it's a fact that i want to devour you

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El aroma a sangre inunda la habitación y se mezcla con el olor a sexo y miedo que hay en el aire.

Haru suspira pesadamente a la vez que cierra los ojos con fuerza al sentir los colmillos de su contrario enterrarse con fuerza en su piel como ya lo han hecho varias veces durante esa noche.

Daisuke se deja llevar por sus propios instintos mientras la sangre ajena llena su boca a grandes tragos. El sabor metálico le hace perder la poca cordura que le queda y el éxtasis no tarda en recorrer cada parte de su cuerpo en una agradable electricidad que viaja desde su cabeza hasta los dedos de sus pies.

Kambe intenta no perderse en el delicioso placer que baja por su boca, pero la calidez del líquido carmesí no le facilita la tarea de mantenerse calmado. Es un breve momento en el que beber la sangre de Haru le vuela la cabeza y despierta todos sus sentidos. El agradable aroma a hierro y sexo inunda sus fosas nasales y sabe que necesitará saciar otras necesidades cuando haya terminado de beber hasta la última gota de sangre de su víctima.

Katoh intenta no moverse demasiado, pues el más pequeño intento por separarse del azabache le lástima aún más de lo que cualquier objeto de plata le podría provocar. Su cuerpo empieza a reaccionar también, siente su bajo vientre cálido y sus sentidos se agudizan. La luz de la luna llena empieza a iluminar todo lo que hay a su alcance a pesar de que las gruesas cortinas de terciopelo le impiden albergar a los dos amantes con su luz.

Haru sabe que deben parar pronto, pero el sentir una nueva mordida en su ya herido cuello le debilita aún más de lo que el despertar su lado animal le hace sentir vulnerable.

«Este maldito vampiro», piensa el castaño una vez que se atreve a tomar los suaves cabellos oscuros con brusquedad para separar al contrario de su cuerpo. Haru observa esos profundos ojos, ahora teñidos de un penetrante color rojo, mirarle con deseo y lujuria. Cómo si fuera el más caro y delicioso manjar, tal vez eso sea para el azabache.

La falta de sangre en su cuerpo le hace sentir mareado, pero Katoh agradece el que su organismo gaste las pocas energías que tiene en recuperar la sangre perdida y curar las profundas heridas que hay dispersas por todo su cuerpo en lugar de transformarse en un imponente lobo como suele pasar con cada luna llena, así que Haru se recuerda que debe darle una especie de agradecimiento a Kambe por evitarle el dolor de sentir que su cuerpo cambia de forma.

Daisuke no despega su vista del bien formado cuerpo de Haru, fijando su mirada sobre las últimas mordidas que ha dejado sobre su cuello. Kambe lame sus fríos y delgados labios pintados de un tétrico carmín con deseo, y se dispone a dejar pequeños lametones sobre las heridas que él mismo ha hecho sobre el castaño.

Haru intenta con las pocas fuerzas que tiene separar a Daisuke, pero la anemia que experimenta por ese momento le impiden moverse sin sentir que pronto caerá dormido.

Kambe sonríe de lado al saber que, por lo menos, ese día no será regañado por haberse excedido en su cena. Esa noche ha podido disfrutar demasiado, y sabe que Haru también se siente feliz de no tener que soportar la dolorosa transformación en lobo porque su cuerpo apenas si tiene la sangre suficiente como para sobrevivir por la noche.

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Haru despierta cuando la luz del sol logra colarse por entre las gruesas cortinas de fino terciopelo. El aroma a carne quemada es lo primero que su sensible nariz percibe, y Katoh se apresura a cubrir el cuerpo de Daisuke para evitar que el sol siga lastimando su pálida piel.

El castaño se levanta de la cama, y sabe que debe de hacer algo con esas malditas cortinas antes de que se vuelvan a abrir. No quiere que Suzue le regañe por no cuidar de su familiar a pesar de que, en primer lugar, es culpa de Kambe por no meterse en su ataúd para evitar todos los problemas que conlleva exponerse a la menor cantidad de sol.

Daisuke se remueve aun estando dormido. El calor que le provocan las pesadas sábanas que deben usar durante el invierno le hace despertar a una hora poco agradable para alguien de su tipo.

—Deberías de irte a dormir a tu propia cama —regaña Haru, pero no puede evitar notar que el rostro del azabache está lleno de gotitas de sangre, y que su cuerpo está cubierto de grandes mordidas de apariencia canina y profundos rasguños que no han terminado de sanar a pesar de la naturaleza de Kambe. Katoh supone que él también se excedió en la noche al perder el control de su propio cuerpo y lastimar así a Daisuke.

Es entonces cuando Haru también nota que su estado tampoco es el más ideal. Con los brazos y el cuello aún marcados por las mordidas más finas que Daisuke le ha dejado después de darse un festín con su sangre.

Haru siempre había pensado que la sangre de los licántropos es tóxica para los vampiros, pero al conocer a Daisuke se había dado cuenta de que sólo parece afectar a aquellos vampiros que no son de sangre pura o pertenecen a la nobleza. Sin embargo, eso no quita que su sangre sigue siendo casi un veneno para los vampiros, por más nobles o de sangre pura que sean, pues se ha dado cuenta de que la capacidad de regeneración de Daisuke parece disminuir considerablemente después de casi drenar a Katoh durante los frenesís que el hambre le provoca.

El castaño se pregunta la razón por la cual es que Kambe decide que quiere envenenar su propio cuerpo con algo tan dañino como la sangre de un licántropo, pero la respuesta casi siempre es la misma.

«Es un hecho que quiero devorarte».

A veces Kambe dice cosas demasiado vergonzosas y absurdas.