Actions

Work Header

Copos de nieve

Chapter Text

Por una vez en su vida, Hermione fingió de buena gana estar bien delante del resto de la familia Weasley. Pero por ella misma. Quería tener el control de su propia situación, había vuelto por su propio pie. No se encontraba bien, no, pero le daba fortaleza pensar y mostrar que sí lo estaba.

Comieron y cenaron todos juntos. Hermione observó un breve entrenamiento de Ginny mientras Ron ordenaba algunas partes de la casa con Harry, bajo orden de Molly Weasley. Aquella carga que la Madriguera generaba seguía allí, pero Hermione ya no se sentía la única sufriéndolo. Se abrió paso a su mente el pensamiento de que su novio podría necesitar una explicación de lo que estaba sintiendo si resultaba que era parecido a lo que había sufrido ella. Era una esperanza de una empatía nueva. Una oportunidad.

Ron y Hermione no durmieron juntos esa noche, a pesar de que la oportunidad para compartir algo de cariño estaba ahí. Ni se lo propusieron mutuamente, simplemente sucedió así. Hermione pensó que era la mejor vía para que los dos pensasen.

A la mañana siguiente, Ron bajó con peor cara. Parecía enfermo.

—Llama a un medimago, Arthur, creo que nuestro niño no se encuentra bien —ordenó Molly, alarmada.

—No, ¡estoy bien! Sólo tengo que descansar. Y tengo cosas en la cabeza que solucionar. Para eso están las vacaciones, ¿verdad?

Molly no se fio un pelo. Dejó lo del medimago y, a cambio, puso la mirada en Hermione. La presión era enorme, pero era justo lo que ella esperaba que sucediera. Quizás el momento de hablar había llegado antes de lo pensado.

—Ron, ¿subimos? —le preguntó discretamente—. Podemos hablar, si quieres.

Éste la miró casi suplicante. Ella sonrió y le acompañó a su habitación. De nuevo, se cerró con delicadeza una puerta Weasley que encerraría un secreto más.

—¿No has dormido bien? —inquirió Hermione, para empezar.

—No he dormido casi nada.

—Mucho que pensar —supuso—. Y que recordar.

—Sí. ¿Cómo vives con esto? Ahora estoy recordando de nuevo todo lo del final de la guerra y ni siquiera tengo ganas de salir de la cama. Lo del funeral fue horrible, ¿y cuantas veces he visitado a Fred y a los demás?

Hermione le puso una mano en la espalda a modo de comprensión. Estaba avanzando.

—Eso se puede solucionar. Te enfrentarás a ello cuando te veas capaz.

Ron asintió, convencido de que podía seguir adelante. Luego su rostro se descompuso un poco más, con los nervios y la duda.

—Luego he ido pensando. Te he… tratado mal —dijo. Hermione estuvo tentada tanto de asentir como de decir que no era exactamente eso, pero Ron tenía que explicarse a su manera—. Has estado distinta casi todo este tiempo. Supongo que es por lo de la guerra también. Últimamente me recordabas a cuando escuchaba la radio esperando no oír los nombres de mis familiares en el recuento de víctimas de entonces. Y ahora que siento todo esto, no sé si puedo volver a aquello.

Hermione empezó a sentir las manos y los pies fríos.

—¿Qué quieres decir?

—No sé cómo puedo ayudarte, no sé… Quiero a aquella Hermione de la que me enamoré.

Y desvió su mirada.

—Sigue estando ahí, Ron. Pero no has querido verlo hasta ahora. —Sentía que su corazón se dividía, pero había algo de esperanza aún—. Pero ahora lo ves. Mírame.

Ron le hizo caso. Hermione hizo un esfuerzo por sonreír, sustentada en la esperanza de que Ron diera un paso hacia una curación que ambos necesitaban. Se acercó un poco más a él.

—Lo que estás sintiendo ahora, con esos recuerdos —continuó ella— es lo que debes sentir. Poder dejar salir todo eso… Yo no he podido hasta ayer mismo. Es una carga enorme. Nos han impedido soltarla. Hemos fingido felicidad.

Ron cambió totalmente su rostro, contrariado.

—No, yo he sido feliz todo este tiempo. ¿Y tú me estás diciendo ahora que no? ¿Que has fingido? —Hermione vio algo romperse ahí, en sus ojos—. ¡Hemos intentado que no sufrieras tanto! ¡Toda la familia, incluso Harry! ¿Por qué no lo decías?

—Me he hartado de decirlo, Ron. Pero la filosofía de tu madre es que al final todos seremos felices así que ¿por qué no empezar desde ya? Eso a mí no me ayuda. A ti sí, pero a mí no. Y no te has dado cuenta. Sólo me has dicho que estoy distinta. —Se le estaba escapando todo de las manos y no encontraba el pedal del freno—. Y ¿quieres que te diga algo? ¿Quieres saber por qué Harry y Ginny están tan bien? Porque se tienen el uno al otro. Porque a ver quién le dice a tu hermana que se fuerce a estar feliz cuando no lo está. Porque Harry lo ve y escucha, igual que Ginny lo ve y le escucha a él. ¿Ha existido alguna vez esto entre tú y yo?

—¡No, si ni siquiera vives aquí! ¡¿Cómo puedo verlo sino?!

—Ron, no hace falta que una pareja viva en la misma casa para saber cuándo uno de los dos está mal y necesita apoyo de verdad. Pensaba que eso sí lo entendiste a lo largo de aquel año horrible.

—Yo… ahora mismo no sé cómo ayudarte. Y necesito encontrar la manera de… ¡no sé! Olvidar lo que pasó en casa de Luna, o hablar con Harry, ¡qué sé yo!

Hermione lo sintió en seguida. Su esperanza desapareciendo de su vista. Se levantó de golpe.

—Ronald Weasley, te lo voy a decir así de claro: he esperado durante años a que tuvieras este momento. A que pudiera compartirte con toda confianza todo lo malo que me pasa, lo malo de verdad, no el día a día. A que tú te abrieras conmigo, te sinceraras, a que compartiéramos el mal día y nos apoyáramos mutuamente igual que Harry y tu hermana. —Respiró hondo. Ron parecía encogido en su sitio—. Y ahora que por fin está sucediendo, que por fin podemos aprovechar la oportunidad para crecer juntos y superar aquella horrible experiencia… ¿ni siquiera me nombras entre las personas con las que hablarías? Siento que me estás echando de tu vida, Ron. —Ni siquiera se dio cuenta de que estaba llorando ya—. ¿Es eso lo que quieres? ¿Lo que necesitas? Yo… no sé, te juro que lo he pensado porque a lo mejor quieres sufrirlo solo, sin que nadie te vea, y podría dejarte que lo hicieras, pero ¿qué quedará de nosotros?

Ron no dijo nada. Boqueó dos veces buscando las palabras, mientras Hermione daba vueltas por la habitación con una mano en la cara.

—¿De verdad me has visto diferente todo este tiempo? ¿O es que ya no sientes lo mismo? —Esa era una pregunta que podría perfectamente hacerse ella misma en ese instante.

—No lo sé. Pero desde que estoy con los aurores… Es todo distinto. Te he sentido en contra de mí. Ahora ni siquiera estoy seguro de que mi trabajo sea el adecuado. Ni qué hacer si lo dejo.

Hermione estaba entendiendo perfectamente lo que había detrás de eso. Las puertas de una presa se habían abierto, igual que con ella, y no conseguía ordenarlo todo. Le estaba sobrepasando.

—Creo… que necesito un tiempo para mí —acabó concluyendo Ron—. Reflexionar. Buscar mi manera de hacer las cosas. No podré darte aquello que necesitas, si no lo he podido hacer hasta ahora.

Hermione se secó las lágrimas con violencia, indignada de lo que estaba escuchando.

—¿Sabes cuál es la prueba de que no has estado en el mundo real durante años? —dijo, con acidez—. Yo venía a confesarte qué pensamiento había vuelto a mí en casa de Luna. Y más cosas incluso. Algunas de las que me avergüenzo. Pero no me han hecho falta ni veinticuatro para darme cuenta de que, una vez más, todo giraría entorno a ti, porque estaba y estoy preocupada por ti, y quiero prestarte atención, y de verdad pensaba que superaríamos esto juntos. ¿Qué me he ganado con ello? Rompes conmigo.

—¡No, sólo es un tiempo separados…! —protestó.

—Ojalá sea sólo eso. Ojalá pase, no sé, medio año, un año, hayas aceptado todo lo que sientes y acudas a mí y yo te siga queriendo. Y retomemos nuestra vida juntos. Pero ya no quiero hacerme ilusiones. —Se levantó, aceptando la final respuesta de Ron, y solamente miró una vez atrás—. Empieza hablando con Harry. Además de tu mejor amigo, es un magnífico apoyo. Créeme.

Lo ha sido para mí.

No quiso añadirlo. Sólo cerró la puerta tras de sí y bajo las escaleras con calma. Quizás en silencio y bien camuflada, porque nadie la recibió, ni siquiera se percató de que salía al jardín. Ya estaba dando pisotones en la hierba en vez de caminar, indignada, enfadada, frustrada. Lo había intentado todo y después de no ser escuchada durante años, acababa fuera de aquella casa. Quizás para siempre. Porque Ron no se había dado cuenta antes.

Qué rabia, qué injusticia, qué manera de silenciarla tan descarada.

Qué alivio. Qué maldito alivio, por Merlín.

Los últimos pasos alejándose de la Madriguera antes de abandonar el lugar eran de absoluto alivio. Se levantaba una parte del peso, que le había dicho durante tanto tiempo «no hables, no llores, no te quejes, tú solo mira adelante». Una tiranía desaparecía de su cuerpo y de su mente.

Era eso. Aquello era lo que había hecho que Hermione besara a Luna. Allí era libre de expresarse, de decir, de abrazar, de todo. Aún tenía que descubrir del todo qué era lo que sentía por Lovegood, pero sabía que no podía cargar con todo el peso de la familia Weasley y un Ron que prefería pasar el mal trago solo a cambio de quererle. Su corazón era resistente pero no tanto.

Quién sabía si volvería con Ron algún día. Quién sabía si viviría allí dentro de unos años, cuando todos hubieran entendido qué era necesario hacer. Y qué más daba. Ron la había dejado ir.

Se desapareció de la Madriguera. Se apareció delante de casa de Luna Lovegood con una nueva mirada. Cruzó el pequeño jardín sin mirarlo y llamó a la puerta tan tranquilamente como su nueva ligereza le permitía.

—¡Hermione! ¡Has vuelto! —chilló Luna, al abrir la puerta. A pesar de ello, se quedó bajo el marco.

—¿Está tu padre? ¿Puedo pasar?

—No, aún no ha vuelto, ¿quieres…?

Hermione no le dio tiempo, dio una zancada, saltando el escalón de la entrada, tomó a Luna del mentón y la besó sin ningún tipo de duda o temblor. Fue solo un momento, pero la rubia tenía una sonrisa curiosa en sus labios cuando se separaron.

—¡Vaya! Esto es distinto… Me pregunto qué criatura te habrá invadido la mente hoy…

Hermione se abrió paso por la entrada y cerró la puerta, obligando a Luna a retroceder. La sorpresiva invitada notó el calor del hogar de Luna de nuevo. Tan distinto. Tan ligero como se sentía ella. Ahora todo cobraba un nuevo color. En su pecho ya no había un toque travieso y agradable intentando ser escondido, había una llama que necesitaba expandirse más.

Le puso las manos en los hombros a Luna, con cuidado de no pellizcarle el pelo, sin dejar de mirarla, pensando por dónde debería empezar.

—Yo… Si te he herido…

—No —susurró, y miró a otra parte por un segundo, mientras le ponía un dedo en los labios. Parecía escuchar algo. Luego cruzó la mirada con ella de nuevo—. No digas nada.

La tomó de la mano y olvidaron la chimenea y los sofás. Se aparecieron en la cama de Luna. El corazón de Hermione empezó una carrera con aquello que ardía en su pecho.

El deseo.

Luna se tumbó y Hermione no pudo evitar ver cierta indefensión puesta a propósito para ella. O quizás era ella, que veía visiones, que había sido tan agresiva, tan directa.

La lógica la abandonó y no quiso esperar más a besarla, sin miramientos, sin ser un cervatillo acobardado. Ya no. Por fin se reconocía a sí misma. Pero aguardó un instante antes de ceder completamente.

—No puedo prometerte nada —le dijo a Luna. Ella ladeó la cabeza como un perrito que busca entender a su amo—. No sé a dónde nos llevará esto, ni puedo decir que esté bien en dos días, ni que me vaya o me quede. No tengo ni idea de nada.

—Nada de eso importa, Hermione —dijo. Recalcó su nombre de una forma que le hizo sentir un escalofrío por toda la columna vertebral—. Todo lo que importa es lo que estoy viendo en tus ojos: arden, son libres, son verdaderos. Mientras sigan así, mientras te sientas libre, todo irá bien.

Hermione relajó un tanto aquella mirada que, aparentemente, era de fuego en esos instantes. Había tantas emociones que vaciar… pero sabía por dónde empezar. Y con quién.

Luna tiró un poco del cuello de su jersey, pidiendo que se cumpliera el deseo que Hermione le había negado hacía solo un día. Y Hermione dejó que su propio deseo mandara.

Libre, al fin.

 

FIN