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Salvaje.

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La situación en cuestión era la siguiente...

Tanjiro estaba en el suelo, mostrando sus colmillos de Alfa mientras gruñía y se movía violentamente entre los brazos del profesor Rengoku, buscando desesperadamente liberarse mientras amenazaba con su encendida mirada borgoña a Genya, quien estaba a su vez siendo sujetado con fuerza por su hermano mayor para evitar que se lanzara sobre Kamado y comenzar de nuevo una pelea; Sanemi estaba considerando seriamente el noquear al Shinazugawa menor para que dejara de liberar su aroma a diestra y siniestra como si estuviese marcando territorio, tratando de imponerse frente a Kamado. Y no es que Genya odie a Tanjiro, o viceversa. Lo cierto es que ambos son muy buenos amigos, bastante cercanos, que pertenecen al mismo grupo a pesar de estar en clases y salones diferentes en algunas materias.

El problema radica, puntualmente, en que ambos eran Alfas...

Dos Alfas que en ese preciso momento querían poseer al mismo Omega...

Omega que estaba siendo protegido encarecidamente por el profesor Tomioka para que no saliera lastimado en aquella trifulca que habían comenzado ambos Alfas repentinamente, manteniéndolo alejado de la batalla a muerte que casi habían protagonizado de no haber sido por la oportuna llegada de sus profesores gracias a los gritos desesperados e histéricos de Zenitsu al ver que la situación comenzaba a empeorar. Y por mas cercanos que ambos fueran, por más amistad que tuviesen entre ellos, los instintos a veces solían ser muy fuertes, sobre todo cuando ambos eran aún muy jóvenes, estúpidos e inexpertos; el hecho de que Inosuke hubiera entrado en celo inesperadamente, con su atrayente aroma a lavanda esparciéndose por todo el lugar, no ayudaba para nada en su salvaje comportamiento.

—¡Maldita sea Genya! —Y por fin la paciencia de Sanemi se iba por la borda, optando por noquear a su hermano menor para dar fin a todo ese innecesario problema. —¡Rengoku, saca al maldito mocoso de Kamado de mi vista! Suficiente tengo con este cabeza hueca que tengo por hermano como para tener que lidiar con otro Alfa sin cerebro que piensa con el...

—¡De acuerdo! ¡De acuerdo! —Lo cortó Rengoku para evitar que los oídos de los jóvenes fueran corrompidos con el mal uso del lenguaje de Sanemi. —Ya captamos la idea, Shinazugawa.

Kyojuro comprendía que la situación era algo complicada, por lo que aceptó las órdenes de Sanemi y cargó a Tanjiro como si fuera un costal de papas sobre sus hombros, avanzando lo más rápido que podía en esos momentos a pesar de los gruñidos y movimientos del joven Alfa que buscaba liberarse con insitencia. Giyuu seguía rodeando a Inosuke de forma protectora, como lo haría una madre con su cachorro, expectante a lo que su Alfa haría a continuación, tratando de mitigar el aroma del joven Omega con el suyo propio. Podía sentir sin problemas la turbación en el cuerpo del joven Hashibira, y no era para menos, entrar en un repentino estado de celo mientras tenía que presenciar como dos de sus mejores amigos habían reaccionado como animales salvajes no debía ser nada agradable.

—Giyuu. —El mencionado volteó a mirar al albino. Sanemi había colgado a su hermano en su espalda como si la diferencia de altura y peso entre ambos no fuera nada. Una impresionante demostración de fuerza y habilidad, si se lo preguntaban al embobado azabache, quien reprimió un suspiro enamorado al ver los músculos de su novio entrar en acción. —Me voy a llevar a este idiota a casa, procura que el mocoso escandaloso reciba sus correspondientes supresores en la enfermería, de ser necesario pídele a la enfermera que le expida un permiso provisional. No quiero tener que volver a interrumpir mis importantísimas clases para separar a estos dos idiotas que no pueden controlar sus hormonas estando cerca de un Omega en celo.

Giyuu asintió, reservándose sus palabras. Su Alfa no era precisamente la mejor persona para decir ese tipo de cosas tan a la ligera, teniendo en cuenta cómo se comporta el albino cuando el azabache entraba en celo; ese era tema de discusión para otro día, ahora la prioridad de Tomioka era llevar al joven Omega a la enfermería. Inosuke tembló un poco al sentir como el profesor de azulados ojos se separaba un poco de su cuerpo, empujándolo suavemente con la palma abierta e invitándolo a que comenzara a caminar hacia el edificio principal de la institución. Hashibira lo miró con el ceño fruncido, todavía renuente a moverse de su cómoda posición mientras plantaba sus pies firmemente sobre el suelo tercamente. A pesar de estar temblando hace apenas unos minutos, el menor trató de fingir una fuerza y entereza que en esos momentos evidentemente no poseía.

—¡Estúpido Gonpachiro! ¡Estúpido Tenya! ¡Los dos son unos estúpidos Alfas sin cerebro! ¡Todo esto es su culpa! ¡Idiotas! —Habló por fin el menor con la voz un tono más aguda de lo normal. Giyuu imaginó que se debía a la ola de hormonas que atacaban su joven e inexperto cuerpo en ese momento. Sonaba hasta gracioso, pero eso era algo que no pensaba expresar abiertamente, mucho menos con el menor envuelto en ese estado de ánimo. —¡Cuando vuelva a verlos les voy a romper la boca a ambos! ¡Yo no soy el maldito juguete de nadie! ¡No soy una estúpida princesa indefensa! ¡Soy el Rey de la montaña! ¡El Rey! ¡Y ellos deberían arrodillarse ante mi increíble grandeza!

—Inosuke... —Comenzó Giyuu, empujando de nuevo al menor, aplicando un poco más de fuerza e impregnando el aire a su alrededor con un aroma tranquilizante, buscando calmar el repentino ataque de molestia en el Omega más joven o en su defecto, para que por fin obedeciera sus recomendaciones por una vez en su vida. —Tenemos que ir a la enfermería antes de que tu celo comience a empeorar y no puedas siquiera moverte, este no es un lugar seguro y menos para alguien en tu posición actual.

No quería que su tono se escuchara severo, pero estaba consciente que lo que decía era la verdad y una clara advertencia que Inosuke no debía ni podía pasar por alto. Así como Tanjiro y Genya habían reaccionado a su celo, podrían haber otros Alfas, muchos Alfas dispuestos a pelear o querer sobrepasarse con él aprovechando que ahora se encontraba débil por una cuestión meramente biológica. Inosuke era un Omega realmente hermoso, con un rostro bastante femenino, delicado, y a pesar de que aquello contrastaba con su explosiva personalidad, toscos modales y un cuerpo bastante trabajado, no le quitaba lo encantador; Giyuu no dudaba de que no solo su cuñado y su joven alumno se hubiesen fijado en Hashibira. Una razón más para irse rápido a un lugar seguro antes de que ocurriera otro desastre que él no pudiera evitar.

—... Me duele el vientre... —Admitió finalmente, mirando con sus enormes y preciosos ojos esmeraldas a Giyuu. Los orbes azules del Omega mayor parecieron suavizarse por la repentina muestra de sumisión del otro. Su "instinto materno" se activó sin su permiso.

—Ven, te acompañaré a la enfermería. —Con cuidado, pasó su brazo por la espalda baja de su alumno, tratando de darle un poco de soporte mientras ambos comenzaban a caminar. —De ser necesario, tendremos que llamar a tus padres para que vengan por ti, tal vez tendrás que ausentarte por un par de días hasta que tu celo termine, en el peor de los casos.

Inosuke asintió, totalmente hastiado y sin ganas de querer seguir hablando, pero pegándose lo más que podía al reconfortante calor que desprendía el cuerpo de Giyuu. Tampoco le tenía la suficiente confianza a su profesor como para comentar que la situación en su "hogar" no era precisamente la más "adecuada" para él en esos momentos, mucho menos en ese estado. Desde que su madre murió a causa de una enfermedad crónica, él había quedado bajo la custodia de su despreciable y desagradable padrastro por cuestiones de no tener más familia con la que pudiera quedarse. El hombre, excéntrico hasta el hartazgo y de moral bastante dudosa, por no hablar de su torcida ética, solo era el objeto del completo repudio del joven Hashibira; por esa razón siempre buscaba permanecer el mayor tiempo posible lejos de casa, ya sea en casa de sus amigos o hasta tarde en las instalaciones de la escuela.

Giyuu definitivamente notó el repentino cambio en el ambiente, pero prefirió no decir nada y continuar con el tranquilo ambiente que pareció rodearlos de camino a la enfermería.

Del otro lado del enorme edificio, concretamente en uno de los últimos salones del último piso, Rengoku bajó de sus hombros a un más calmado Tanjiro, mirándolo con ojos acusadores y severo semblante, como un padre a punto de regañar a su malcriado hijo por haber hecho una rabieta en la vía pública. El Alfa más joven mantenía la mirada puesta en el suelo, totalmente incapaz de mirar a su apreciado profesor de frente, consciente de sus impulsivas acciones y del comportamiento tan inapropiado que había mostrado, pero en el fondo no se arrepentida del todo puesto que a su parecer había actuado como sus instintos se lo indicaron, para proteger a su preciado Omega. A pesar de que Inosuke en ningún momento aceptó ser su Omega y que el Alfa al que había agredido era uno de sus mejores amigos.

—Bueno, quiero pensar que estás arrepentido del comportamiento salvaje que has demostrado el día de hoy, infringiendo las reglas de la institución al agredir a un alumno más del campus dentro de las instalaciones de uso común. —Fueron las palabras de Rengoku, obligando al joven de cabellos borgoñas encogerse un poco más en su lugar, sintiendo el peso de su arrepentimiento sobre sus hombros. —Ahora, mi deber como profesor titular del grupo es castigarlos severamente, al joven Shinazugawa y a ti, por lo recientemente ocurrido...

Tanjiro asintió, comenzando a sentir un poco de pena por Genya al saber que tendría un castigo doble, de parte del profesor Rengoku y de parte de su hermano mayor. Conociendo lo sádico que llegaba a ser el mayor de los Shinazugawa en sus clases... El joven Kamado realmente sentía lástima por el castigo que le caería a su amigo. Rengoku suspiró sin dejar de lado su semblante amable, pensando en lo que diría a continuación; no podía simplemente mandar a sus mejores alumnos a detención mientras colocaban una enorme tacha roja en sus historiales académicos, mandándoles durante un mes, tal vez más, a realizar trabajos de limpieza por todo el instituto, además de las típicas y necesarias reuniones con sus padres para tratar el tema del mal comportamiento en horario escolar. Tanjiro y Genya no eran malos chicos, no se metían en problemas y realmente tenían un gran sentido de la responsabilidad, además de ser muy amables.

—Pero... También considero que lo que ocurrió simplemente fue un accidente bastante desafortunado. —A pesar de que aquellas palabras no eran precisamente las que deseaba utilizar para categorizar lo ocurrido... —Sé lo mucho que ambos aprecian a Hashibira, además de la gran amistad que tienen entre ustedes, por lo que, a mi juicio y esperando a que la situación se calme un poco... Considero que unas buenas disculpas frente a frente serán más que suficientes. Después de todo se lo deben al joven Inosuke, por la molestia que le hicieron pasar; claramente también tendrán que disculparse entre ustedes. Genya es uno de tus mejores amigos, no sería justo que las asperezas destruyan su buena relación.

Tanjiro asintió efusivamente, sonriendo más tranquilo y prometiendo al profesor Rengoku que en cuanto las clases terminaran, iría a buscar a Genya para disculparse como era debido. Rengoku comenzó a reír con los ánimos renovados, palmeando los cabellos borgoñas de su alumno favorito mientras ambos caminaban hacia la salida del salón, platicando calmadamente. Por desgracia no todos tenían la buena suerte del joven Kamado...

—¡Eres un estúpido! ¡Descerebrado sin una pizca de autocontrol! ¿Cómo es posible que hayas caído tan bajo?! ¡Meterte en una pelea ridícula con el idiota de Kamado por un Omega! —Gritaba Sanemi a diestra y siniestra, moviendo las manos cerradas como puños en dirección a su hermano menor quien estaba sentado en el sofá de la sala, con la mirada puesta en el suelo y los hombros decaídos. —¡¿Tienes idea acaso de la vergüenza pública que me has hecho pasar?! ¡Todo por tus irresponsables acciones de mocoso puberto!

—Lo siento... —Fue lo único que Genya pudo responder ante las acusaciones de su hermano, todavía con la mirada en el suelo, sujetando sus rodillas con fuerza.

—Pues más vale que realmente lo sientas porque en cuanto todo esto termine irás a disculparte con el mocoso escandaloso, con el inutil de Kamado y después vas a pasar horas extras limpiando minuciosamente la escuela, de arriba abajo, de un lado al otro hasta que los malditos pisos queden brillantes, te levantaré el castigo cuando lo considere apropiado o cuando tus brazos te duelan tanto después de limpiar hasta que la escoba y el trapeador se queden inutilizables. —Fue la solemne sentencia de Sanemi, mirando a su hermano como si lo estuviera acribillando con sus ojos. Genya no pudo siquiera replicar frente a las palabras del mayor, sabía que si se quejaba tan siquiera un poco le iría peor y en esos momentos no deseaba tentar la paciencia de su hermano por lo que no le quedó de otra que asentir sumisamente frente al castigo impuesto. —Bien, tengo que regresar a la escuela para comenzar con las clases del segundo bloque, por ahora te vas a quedar en casa pero mañana a primera hora comenzará tu castigo y ni creas que te vas a salvar de no hacer mis ejercicios de matemáticas de este día, te traeré la tarea pero harás el triple de problemas de álgebra lineal y algoritmos cuantitativos.

—Si, hermano... —Y por respuesta, recibió un portazo de parte de su hermano, quedándose por fin solo en casa, permitiéndose relajarse totalmente sin los gritos de Sanemi sobre su persona. —¡Maldición! ¡Maldita sea! ¡Joder! ¡Joder! ¡Joder!

¿Por qué siempre tenía que tener tan mala suerte?

Con desgano, caminó hacia su habitación arrastrando los pies a cada paso, con el cuerpo encorvado y una pesadez casi palpable sobre sus anchos hombros. Nunca fue su intención actuar de esa manera tan salvaje frente a sus amigos, mucho menos meterse directamente en una confrontación con Tanjiro, a quién casi consideraba como a un hermano; jamás quiso molestar a nadie, pero sus instintos hablaron por él en cuanto pudo sentir en su sistema el embriagador aroma de Inosuke haciéndose presente frente a todos. Era algo que simplemente no pudo evitar, su hermano tenía razón en ese aspecto, era un puberto con las hormonas en su máximo esplendor, Inosuke era un Omega realmente bonito y él no era ciego, tal vez solo un poco -demasiado- tímido con las personas realmente bonitas.

Tal vez el problema era que no había querido ver a Inosuke como lo que era realmente, un Omega, un posible compañero potencial, una pareja...

Hasta ahora había visto a Inosuke como lo que era, uno más de su grupo de amigos cercanos, algo ruidoso, algo molesto y bastante competitivo, pero un buen amigo al fin y al cabo. A Genya le gustaba, en el sentido básico de la palabra; le entretenía pelear con el Omega por cualquier tontería, competir hasta por un asiento en el aula de clases o por una bandeja de comida en el comedor. A pesar de todas esas tonterías y de las extrañas manías que solía tener Inosuke, a Genya realmente le gustaba. Era un buen amigo que no dudaba en ayudarte cuando la situación lo ameritaba a pesar de que posiblemente fuera por su culpa que estuvieras en ese embrollo en un principio...

Todas esas cosas hacían un poco más divertidas las horas de clase, por no hablar de la manera en la cual el Omega se dirigía a sus profesores. Genya debía admitir que jamás había conocido a alguien -que todavía estuviese vivo- que pudiera responderle de esa manera tan altanera a su hermano Sanemi, aquella era una de las cosas que admiraba de Inosuke; a pesar de que no terminaba de comprender si el de ojos verdes era demasiado valiente, demasiado estúpido o simplemente un loco suicida por comportarse de esa forma en su día a día. Sea cual sea la opción correcta, eso no disminuye ni un poco el latente gusto que Genya tiene por el Omega. Un simple gusto que el Shinazugawa menor no quería que escalara de intensidad por ningún motivo...

Algo que por desgracia no fue posible y ahora se veía en la terrible encrucijada de pelear por lo que sus instintos consideraban correcto o alejarse para siempre de Inosuke, esconderse vilmente como un cobarde y jamás volver a interactuar con sus mejores amigos de nuevo en lo que le restara de vida, o al menos el tiempo que fuera necesario, tal vez todos sus años de estudiante y poco más. Y en eso seguía, lamentándose profundamente de sus actos, sin darse cuenta que el tiempo avanzaba rápidamente, dejando que la tarde cayera sobre su ventana; abajo escuchó el característico sonido de la puerta siendo abierta, luego dos voces, una más tranquila que la otra, lo que indicaba que Giyuu estaba de visita y que posiblemente pudiera tener alguien en quien escudarse frente a Sanemi.

El joven Alfa dejó que los minutos pasaran hasta que pudo escuchar el grito de su hermano ordenando que bajara al comedor para cenar. El albino y el azabache ya se encontraban sentados en la mesa con la comida sobre la madera, cuando Genya hizo acto de presencia, disculpándose rápidamente por la tardanza y tomando asiento convenientemente cerca de Giyuu. El Omega lo miró condescendientemente, pero sin agregar o decir nada más, algo que Genya agradeció internamente pues solo quería terminar la comida para volver a encerrarse en su habitación, aún y cuando no tuviera hambre realmente. Por desgracia las cosas nunca le salen realmente como desea y antes de que pudiera excusarse para irse de ahí, ya tenía encima a su hermano regañándolo de nuevo.

Mientras Genya sufría de nuevo la ira de su hermano, Inosuke caminaba airado hacia su "hogar", pateando con odio todas las piedras y la basura que tenía al alcance para descargar un poco el enojo que todavía le bullía en las entrañas, subiéndole hasta el esofago. Todavía recordaba la molesta voz de la enfermera preguntarle cosas demasiado privadas, cosas que él jamás hubiera querido ventilar por ningún motivo, sea el que fuere. Por desgracia el profesor Tomioka prácticamente lo amenazó con cooperar de buena manera si no quería quedarse durante toda una semana limpiando la escuela; si había algo que más detestaba era que le impusieran hacer cosas contra su voluntad, pero encontrándose en el estado que ahora estaba, sin ganas de replicar, no tuvo más remedio que acatar las órdenes de Giyuu.

—Estúpidos medicamentos, estúpida escuela, estúpidos todos... —Refunfuñaba con la boca torcida, apretando los dientes con algo de fuerza y los ojos brillando con fiereza y tal vez algo más. —Estúpida biología de Omega...

Y pudo seguir quejándose amargamente durante más tiempo de no ser por un extraño ruido que escuchó provenir de la casa que habitaba con Douma. Las luces de la entrada del pequeño pórtico estaban encendidas, iluminando el corto y descuidado patio delantero; Inosuke chistó con suma molestia, apretando los puños mientras agudizaba el oído para poder escuchar mejor la voces que salían dentro de la casa. Habían, a lo mucho, unas cinco personas ahí adentro, todas riendo a volúmenes escandalosamente altos y charlando de tonterías que ciertamente al menor no le importaban en lo más mínimo. No había que ser un genio para intuir que esas personas se estaban intoxicando descontroladamente con alcohol, y conociendo a Douma como Inosuke lo conocía, posiblemente no fuera alcohol de buena calidad.

—Maldito bastardo alcohólico, desperdicio de oxígeno, pervertido asqueroso... —Se quejaba el Omega, pensando seriamente en lo que debía hacer ahora.

Si entraba como si nada, tenía que pasar a fuerzas por la sala en donde seguramente se toparía de lleno con Douma y sus desagradables amigos, quienes lo verían de pies a cabeza con miradas lascivas que no iban a dignarse siquiera en ocultar. Aquello podía ser un problema bastante gordo pues no estaba seguro que tan fuerte era el alcance de los supresores que la enfermera le había proporcionado, a pesar de que por ahora se sentía más tranquilo, no deseaba quedarse a dormir en una casa con cinco Alfas a tan corta distancia que podrían olfatear su aroma en cuanto tuvieran la mínima oportunidad. Para empeorar la situación, estaba seguro que el bastardo de Douma lo obligaría a quedarse con ellos para servirles las bebidas o por simple sádico entretenimiento.

—¡Que le den por culo a ese bastardo...! —Exclamó con algo de fuerza, pero ya era imposible para él aguantar por más tiempo el enojo. —Me largo de aquí...

No era la opción más inteligente, pero tampoco es que tuviera más opciones realmente. Todavía había la suficiente luz en el cielo como para que pudiera salir a la calle en busca de un lugar para pasar la noche; la desventaja era que su casa se contraba bastante alejada de las demás por lo que mientras caminaba podría agarrarle la noche y algo peor que tener que tratar con Douma y sus amigos era tener que tratar con desconocidos asquerosos que quisieran aprovecharse de su estado parcialmente vulnerable. Sin pensarlo más tiempo, después de haber escuchado algo romperse dentro de la casa, Inosuke emprendió la rápida retirada; si se quedaba pensando las cosas por más tiempo, no iba a poder avanzar hacia ningún lado.

Con su mochila en el hombro, el Omega salió a la calle, dispuesto a llegar a la opción que tenía más cerca:

La casa de Genya...