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Crecer (Traducción)

Work Text:

No importa realmente quién fue el primero en pararse en el sello.

(Es Jin Ling. Pero cuando Lan Sizhui lo recuerde después, no le dirá a nadie.)

Pero de verdad, ese no es el punto. Lan Jingyi está justo detrás de él, y Ouyang Zizhen pisandole los talones. Sizhui es el primero en verlo. Pero en su prisa para avanzar y arrear a los 3 fuera, su propio pie queda dentro del borde.

Éste es el momento en el que 3 cosas pasan rápida y sucesivamente. El suelo resplandece, brillante y caliente. Wei Wuxian lo llama. Y 2 manos toman a Sizhui por los hombros y lo empujan a un lado, casi tirándolo.

El claro destella una vez, como un relámpago y se disuelve en blanco.

***

Los oídos de Sizhui dejan de zumbar primero.

“¿Jingyi-xiong?” Susurra Zizhen, en algún lugar a la izquierda de Sizhui. “¿Estás…?”

Un quejido de dolor que Sizhui reconocería en cualquier lugar, el de Jingyi. “Zizhen-xiong, esas eran mis costillas…”

“¿Quién está sobre mi?” Jin Ling está completamente bien a juzgar por el volumen de su voz. “¡Quítate de encima!”

Sizhui siente algo alrededor de él. Aún está en el suelo. Debió haberlo supuesto. Pero entre la luz y el impacto, las manchas brillantes aún obstruyen su visión. El pánico que sigue hace que todo lo demás se le olvide.

“¿Wei-qianbei?” Lo llama. Y cuando no hay respuesta es como caer de nuevo. “¿Vieron que le pasó a Wei-qianbei?”

“¿Wei-qianbei? Él estaba…” Jingyi se detiene, su voz aguda con miedo. “¡Wei-qianbei! ¿Puede oírnos?”

“¡Wei Wuxian!” Jin Ling ladra. “¡Contéstanos!”

“Sizhui-xiong,” dice Ouyang Zizhen. “En el sello…”

Sizhui se pone de pie, sus piernas temblando. El residuo visual del hechizo de ha empezado a desvanecer de su visión y el claro está a la vista. Hasta donde puede ver no está Wei Wuxian. Solo una figura hecha bolita en el sello.

Con el estómago hecho un nudo, Sizhui se lanza hacia adelante. “¿Wei-qianbei, está…?”

La figura se hace hacia atrás.

Sizhui se calma y es entonces que de verdad observa. La persona en el suelo no es de la altura, peso, complexión, ni siquiera la edad de Wei Wuxian. Está viendo a un niño de unos 4 ó 5 años. Sus ojos grises son enormes y están fijos en Sizhui. Su cabello obscuro está suelto, enredado y le llega hasta sus hombros. Su ropa es varias tallas demasiado grande para él, y hay un olvidado listón rojo enredado a su lado

Sizhui se permite 10 segundos de incredulidad. Pero sabe perfectamente bien a quien está viendo.

“Wei-qián…” Sizhui se detiene. El niño parpadea, vacilante pero curioso, y Sizhui baja un poco su voz. “¿Wei Ying?”

El niño hace un pequeño sonido inquisitivo, ladeando su cabeza. Luego susurra “¿Sí?”

Desde el otro lado del claro, Jingyi levanta su mano. “Perdón pero…” dice. “¡¿Qué demonios?!”

***

El primer reporte del demonio de montaña surgió hace como una semana, un poco más río abajo del Descanso de las Nubes.

Los demonios de montaña no son nada inusual, y con solo una pierna no es difícil dejarlos atrás. Pero este demonio, como Wei Wuxian lo puso, no jugaba limpio . De acuerdo con los locales, el demonio preparó sellos malditos en el bosque, apenas visibles. Trampas para dejar a sus víctimas indefensas. 

Eso era lo que estaban buscando esta mañana. Las horas de cacería de un demonio de montaña son mucho más tarde, bien entrada la noche. Pero Wei Wuxian esperaba encontrar y desactivar los sellos primero, y de ser posible, averiguar cómo funcionaban. No había sobrevivientes para contarlo, después de todo. Los únicos rastros que quedaban de las víctimas eran sus huesos.

Sizhui tenía algunas teorías en mente. Ninguna de ellas, al final, estaba siquiera cerca

“Ok,” dice Jingyi, mientras Sizhui pone las piezas juntas en voz alta. “¡Ok! Entonces el demonio ha estado convirtiendo a sus víctimas en niños.”

“Eso creo,” dice Sizhui.

“Para hacerlos presa fácil,” dice Jingyi.

“Sí,” dice Sizhui

“Entonces…” la voz de Jingyi se rompe en este momento, “este niño es Wei-qianbei.”

Wei Wuxian, aún enredado en sus enormes ropas, los ve educadamente desconcertado.

“Si me permiten repetirme a mi mismo,” Jingyi dice. “¿Qué demonios?”

“Jingyi,” dice Sizhui, “no enfrente de Wei-qianbei.”

“¡Es Wei-qianbei!” Se queja Jingyi. “¡Él ya sabe esa palabra!”

“Jingyi-xiong,” dice Ouyang Zizhen, “tranquilísate.” 

“Perdón,” Jingyi dice. “¿Mi terror totalmente justificable te está molestando?”

Ouyang Zizhen le lanza una mirada dura, poco característica de él. “Los niños son muy sensibles a voces altas. ¿Cómo te sentirías tú si fueses así de pequeño, rodeado de desconocidos gritando?”

“¿Cómo sabemos que no nos reconoce?” Jin Ling pone sus manos en su cadera mientras se voltea hacia Wei Wuxian. “¿Ey, sabes quienes somos?”

Wei Wuxian no tiembla, exactamente, pero se encoge. Si expresión aún es neutral, aunque un poco cautelosa, pero Ouyang Zizhen tiene razón. Lo están asustando.

“¿Pueden hacerse para atrás todos?” Murmura Sizhui. “Voy a intentar hablar con él.”

Sizhui se hinca hasta que está casi a altura de los ojos con Wei Wuxian, quien se ha movido a ser una bolita en el centro del sello. El estómago de Sizhui se revuelve. Wei Wuxian rara vez se ve tan pequeño.

Pero también hay algo suave e inquisitivo en en su ceño fruncido, en la manera en la que sigue haciendo contacto visual con Sizhui incluso ahora. Casi como si viese a Sizhui como un adulto, cuando él está intentando hacerse a la idea con un pensamiento solo a medio formar. No está tan asustado como para estar totalmente cerrado. Está viendo que es lo que Sizhui hace.

“Wei..” Sizhui se detiene. Se permite un segundo para reconocer qué tan absolutamente bizarro es esto. Y luego lo llama suavemente, “A-Ying.”

Wei Wuxian inclina su cabeza, solo un poco, de lado. Y después lentamente, se endereza. “¿Gege, me conoce?”

“Oh dioses,” dice Jingyi. “Oh no, te llamó gege. Oh no.”

“No te burles de él, Jingyi-xiong,” dice Ouyang Zizhen.

“No me estoy burlando,” dice Jingyi. “Es tan tierno que me quiero morir.”

Sizhui los ignora, mordiendo su labio. Si sus cuentas son correctas… bueno… Wei Wuxian quedó huérfano al rededor de esta edad. Necesita ganarse su confianza de algún modo. Pero decirle que conoce a sus padres parece cruel. “No recuerdas esto, pero vinimos aquí contigo, A-Ying. Somos buenos amigos tuyos.”

“Oh,” Wei Wuxian… A-Ying… aún está frunciendo el ceño. Pero no parece demasiado sospechoso de eso. “¿No lo recuerdo?”

Sizhui se traba. Pero Ouyang Zizhen lo ayuda de inmediato. “Te cayó una maldición, A-Ying,” dice. Que es una buena idea, y técnicamente verdad. “Debes estar muy confundido ¿verdad?”

A-Ying se relaja aún más con ésto. “Sí,” dice suavemente. Jingyi hace un pequeño sonido tortuoso en su garganta.

“Apuesto a que también estás cansado.” El tono de Ouyang Zizhen es bajo y tranquilizante. “Debe ser difícil caminar con esas ropas tan grandes. ¿Por qué no dejas que ese gege de blanco te cargue? Es muy fuerte.”

A-Ying ve a Sizhui a los ojos de nuevo. Y un pensamiento enteramente no deseado brota en la mente de Sizhui: esa es la segunda vez en su vida que ha visto a Wei Wuxian a los ojos en otro cuerpo.

Es difícil saber si Jingyi notó sus dudas o solamente quiere cargar a A-Ying. Como sea, avanza. “Yo lo haré,” dice. “Ven A-Ying, te tengo.”

“Solo no lo tires,” dice Jin Ling.

“Disculpa ¿A cuantos novatos has llevado a cacerías nocturnas últimamente? Son como perritos. Al final nunca quieren caminar.”

“¿Perro?” A-Ying, quien había estado avanzando cuidadosamente hacia Jingyi en sus enormes ropas, se detiene por completo. Su cara, ya pálida, pierde el resto de su color. “¿Hay un perro?”

“Ah…” Jingyi dice. “No, no me refería…”

Sintiendo el tropiezo de Jingyi, Sizhui se sacude a sí mismo fuera de su aturdimiento. Le lanza una sonrisa reafirmante a Jingyi, quien mueve la boca diciendo ¿Que he hecho? , y cuidadosamente pone una mano en el hombro de A-Ying. “No hay perros aquí, A-Ying.”

“¿Ninguno?” A-Ying voltea a ver a Sizhui desconfiado. Sus ropas, un juego azul obscuro mandado a hacer por Hanguang-jun, le cuelgan pasando los pies. Si Jingyi lo carga así los 2 se caerán.

“Ninguno,” le repite Sizhui. “¿A-Ying, puedo amarrar tu ropa por ti? Así podrás ir a jugar con mi amigo Jingyi.”

Con un hum contemplativo, A-Ying voltea a ver sus piernas como midiendo sus opciones. Sizhui no está seguro de haber visto a un niño más cuidadoso, incluso entre los siempre obedientes novatos Lan. El ver a Wei Wuxian tan inseguro… no le sienta bien en el estómago.

Luego A-Ying sonríe, una sonrisa brillante que apenas le cabe en su carita redonda. “¡Ok!”

En algún lugar detrás de Sizhui, Jingyi hace un agudo sonido entusiasta.

Sizhui guía a A-Ying a la sombra de un árbol cercano, lo que les da a los otros 3 la oportunidad de inspeccionar el sello, y acomoda a A-Ying para que no los vea. No está seguro si A-Ying está nervioso de verlos inspeccionarlo, como probablemente lo estaría el mismo Sizhui a su edad. Pero tal vez Wei Wuxian sería curioso incluso en aquel entonces.

No hay demasiado que se pueda hacer con las ropas. Aún si Wei Wuxian es más bajo en el cuerpo de Mo Xuanyu que en el suyo, sigue siendo relativamente alto, y Sizhui sospecha que A-Ying es pequeño para su edad. Al final, Sizhui ata los extremos de las ropas con cuidado y acomoda el resto alrededor de A-Ying como un nido. Hay un sastre en Caiyi que hace la ropa de los novatos. Debe de tener extras en la tienda.

Tienen que ir a Caiyi, para averiguar qué es lo que harán después. No es seguro para A-Ying aquí, incluso con ellos 4. Pero la idea de salir del bosque sin Wei Wuxian —o al menos el Wei Wuxian que ellos conocen— es más de lo que Sizhui quiere pensar.

Pero Hanguang-jun no está aquí. Wei Wuxian, a final de cuentas, tampoco está. Sizhui es el discípulo líder de Gusu Lan. Y eso significa que debe pensar en ello.

Para el tiempo en el que Sizhui regresa al presente, A-Ying los está viendo fijamente, su cabeza ladeada con curiosidad. Aún con el nudo en su pecho, Sizhui no puede evitar reírse. El cabello de A-Ying le está cayendo en la cara.

“Bueno, tenemos que hacer algo con respecto a eso,” dice. “Quédate quieto un minuto más, A-Ying.”

Sizhui toma el listón rojo de donde había caído, pasando al lado de la discusión susurrada de  Jingyi y Jin Lin… una crisis a la vez, Sizhui se recuerda a sí mismo. A-Ying se sienta obedientemente mientras Sizhui le hace un chongo lo suficientemente justo para que se mantenga pero lo suficientemente suelto para que no le lastime.

Ata el listón, alejándose para revisar su trabajo. “¿Es cómodo, A-Ying?”

“¡Aja!” A-Ying frunce un poco el ceño al moverse para tocar su nuevo peinado. Sus dedos son cuidadosos, casi, como si solo quisiese sentir la forma.

“¿Te gusta?” Dice Sizhui. “Es como mi gege me lo amarraba cuando era pequeño.”

El pequeño sonido tentativo que A-Ying hace es tan educado para su edad, Sizhui se ríe. Sizhui ha viajado lo suficientes veces con Wei Wuxian para saber lo rápido que la gente se le abre. Tal vez también era cierto cuando era pequeño.

Traga saliva. La expresión de A-Ying cambia, se hace inquisitiva. Esa mirada tampoco ha cambiado.

“No creo que me puedas decir que hacer,” Sizhui dice suavemente.

A-Ying hace una mueca de nuevo, y regañándose a sí mismo, Sizhui obliga a su expresión a regresar a una sonrisa. Por la razón que sea A-Ying está observando atentamente el ánimo de Sizhui. Lo que quiere decir que Sizhui debe mantener la calma.

“Nada,” dice Sizhui. “Vayamos con nuestros amigos ¿bien?” Y cuidadosamente levanta a A-Ying en sus brazos.

Para cuando cruza el claro, Jingyi y Jin Ling siguen discutiendo, pero ya ni siquiera cerca de susurrar. Jin Ling se cruza de brazos con mucha más fuerza de la necesaria. El pendiente de jade en forma de loto se columpia, tintineando cuando choca con su cascabel de Yunmeng Jiang. A-Ying se asoma desde los brazos de Sizhui.

“Solo digo que…” Jin Ling se detiene cuando Sizhui se acerca, pero su mirada cae sobre A-Ying, y nota que está viendo su pendiente. Titubea, sus labios cerrados, y luego lo separa para ponerlo en las manos de A-Ying. “Hanguang-jun sabrá cómo arreglar esto. Yo digo que le digamos.”

“¿De veras?” Dice Jingyi. “Porque estás aterrado de Hanguang-jun.”

“¿Quién dice?” Jin Ling se yergue más. “Ahora soy un Líder de Secta. Somos prácticamente iguales.”

Sizhui reacomoda a A-Ying en sus brazos, lo ve trazar los patrones del pendiente de Jin Ling con vacilación nada parecida a Wei Wuxian. Jin Ling está totalmente aterrado de Hanguang-jun. Sizhui no lo menciona.

“Incluso si hicimos que le cayera una maldición a su estúpido esposo,” Jin Ling continua, “no es como si nos fuese a lastimar o algo.”

“Xiaojie,” dice Jingyi serio. “Eso no es lo peor que podría pasar.”

“¿Entonces qué sería lo peor?” Dice Jin Ling.

La cara de Jingyi se ensombrece. Ouyang Zizhen, detrás de él, se ve mareado. “Podría dejar de confiarnos a Wei-qianbei.”

Jin Ling alza sus manos al aire. “¡Él es el maestro!” Grita. “¡Deberían de confiarnos a nosotros con él!”

“Jin Ling,” dice Sizhui preocupado cuando siente temblar a A-Ying. “Volumen.”

Jin Ling voltea hacia él, la cara roja hasta su cuello, su boca ya abierta. Pero cierra sus ojos y, como si le lastimase, toma un audible respiro lento.

“Bien, Lan Sizhui,” dice entre dientes. “¿Qué sugieres que hagamos?”

Sizhui vacila. A-Ying se mueve en sus brazos, aún inspeccionando el pendiente. Jin Ling les dijo alguna vez que era de su madre. Tal vez aún ahora, Wei Wuxian lo reconoce.

“Por favor Sizhui,” dice Jingyi. “Juro que si no podemos resolverlo, iremos con Hanguang-jun. ¿Pero tratemos de solucionarlo por nosotros mismos primero? No puedo verlo a los ojos y decirle que hicimos que le cayera una maldición a Wei-qianbei.”

Sizhui cierra sus ojos, alejando las caras ansiosas que lo rodean. Los errores ocurren. Hanguang-jun se lo ha estado diciendo a Sizhui desde que tiene memoria. Hanguang-jun entendería. Lo haría.

Pero Jingyi no hizo que le cayera una maldición a Wei Wuxian. O Jin Ling, u Ouyang Zizhen. Wei Wuxian estaba en ese sello para sacar a Sizhui. 

“Solo unas horas,” dice Sizhui. “Después vamos con Hanguang-jun.”

La cara de Jingyi se ilumina. “Unas horas,” accede. “Ahorra dámelo, es mi turno. A-Ying, quieres pasar un rato con tu Jingyi-gege ¿verdad?”

Sizhui vacila. Pero A-Ying no parece preocupado por el prospecto de que lo cargue alguien diferente. Ve hacia arriba, como para revisar la reacción de Sizhui, y luego sonríe. “¡Ok!”

“¿Por qué le toca cargarlo a Lan Jingyi ahora?” Dice Jin Ling. “Él es mi tío.”

“Jamás le has llamado tío a su cara,” dice Jinyi tranquilamente, cambiando el peso de A-Ying de los brazos de Sizhui a los suyos.

“Por supuesto que no,” resopla Jin Ling. “Se pondría insoportable.”

“¿Entonces qué hacemos, Sizhui-xiong?” Dice Ouyang Zizhen. “Revisamos el sello, pero no es ninguno que alguno de nosotros haya estudiado.”

Sizhui se decae. Ya se había preocupado por algo por el estilo. “Deberíamos de salir de la montaña primero,” dice. “Jingyi y yo mandaremos un mensaje al Descanso de las Nubes, a alguno de nuestros shidi con experiencia en cacerías nocturnas. Podemos investigar el sello mientras ellos rastrean al demonio.”

“¿Por qué esperar?” Dice Jin Ling. “Sería más rápido si lo rastreamos nosotros mismos. La mayoría de las maldiciones pueden ser rotas matando a quien las lanzó.”

“Líder de secta-xiaojie,” dice Jingyi con la clase de paciencia fingida que debe saber que Jin Ling detesta, “no vamos a llevar a un bebé a pelear con un demonio.”

“No es un bebé,” Jin Ling contesta toscamente.

“Tengo 6,” dice A-Ying útilmente.

“Mi error. Tiene 6,” Jingyi sube a A-Ying más  de su cadera. “Claramente está listo para ir a su primera cacería nocturna.”

“Los demonios de montaña son más activos a la hora hai (entre 9 y 11 de la noche),” dice Sizhui y voltea a ver el sol ya avanzado de la mañana. “Tenemos tiempo. Por ahora, deberíamos ir a Caiyi y conseguirle a A-Ying algunas ropas.”

Un pequeño gruñido acentúa la idea de Sizhui, y Jingyi cambia su posición al sostener a A-Ying para sonreírle. “Y tal vez algo de comida también. Porque la pancita de alguien está hablando.”

Jin Ling frunce el ceño. “Sí recuerdas que ése es Wei Wuxian ¿verdad?”

Jingyi lo ignora despreocupadamente. “¿Qué te parece, A-Ying? ¿Tienes hambre?”

“¿Comida?” A-Ying se endereza en los brazos de Jingyi. Pero sus siguientes palabras son deliberadas, casi cautelosas. “¿Puedo tener un poco?”

Sizhui puede notar por el cambio en el grupo que no fue el único que se dio cuenta de la manera en la que lo dijo.

Ouyang Zizhen es el primero en recuperarse, avanza y le pica la mejilla a A-Ying sonriendo de nuevo. “¿Qué quieres decir con un poco?” Dice con un tono despreocupado. “Vamos a comprar todo lo que quieras ¿ok?”

“Oh,” dice A-Ying. Y esa es otra mirada que Sizhui reconoce de Wei Wuxian. La de cuando no te cree del todo. “¡Ok!”

Jingyi suelta un largo suspiro. “Eres muy bueno con los niños, Zizhen-xiong.”

"Soy el mayor de 3 hermanos," dice. Pero su cara se hace un poco más seria al voltear a ver al grupo. Debió darse cuenta antes que Sizhui, que el resto de ellos son hijos únicos.

“Vayámonos,” dice Sizhui gentilmente. “Le dará frío a A-Ying.”

“Zizhen-xiong,” dice Jingyi. “¿Quieres cargarlo un rato?”

“¿Puedo?” Ouyang Zizhen sonríe.

Jingyi se ríe y lo pone cuidadosamente en los brazos de Ouyang Zizhen. “Claro, le agradas. ¿No es así, A-Ying?”

“¡Síp!” canturrea A-Ying. Ouyang Zizhen hace un sonido parecido al de una tetera.

“De nuevo,” Jin Ling se queja, “es mi tío.”

“No te preocupes, Jin Ling,” Ouyang Zizhen, “puedes cargarlo cuando lleguemos a Caiyi.”

Jingyi deja que Ouyang Zizhen se adelanten un poco, e iguala su paso con el de Sizhui. Las piedras ruedan bajo sus zapatos mientras más se acercan a donde el terreno está más inclinado, de regreso en dirección a Caiyi.

“Ey,” dice acercándose. “¿Estás bien?

Sizhui se endereza un poco. No creyó que hubiera sido demasiado obvio. Pero éste es Jingyi. Jingyi siempre se da cuenta.

“Fui descuidado,” dice suavemente.

“No fuiste nada,” Jingyi dice. “Si no nos hubieras sacado de ese sello, serían tú, Wei-qianbei y 3 niños. Y eso hubiera sido una rama totalmente diferente de divertido para ti. Creo que recuerdas como era yo a los 6 años.”

Sizhui sabe que su sonrisa debe verse cansada. Pero tampoco puede evitarlo. “Al menos así aún tendríamos a Wei-qianbei.”

“Aún lo tenemos, Sizhui.” Jingyi lo empuja con su hombro. “Y para esta hora mañana, estará de regreso a la normalidad. Te lo prometo.”

Sizhui voltea a ver a A-Ying, quien los está viendo sobre el hombro de Ouyang Zizhen.

“¿Crees que esté bien?”

“¿A-Ying? Sí, parece estar bien,” dice Jingyi encogiéndose de hombros. “Es tan bien portado ¿verdad? Y callado. Nunca me esperé eso de un pequeño Wei-qianbei.”

Sizhui hace un sonido ambiguo de asentimiento y los deja caer en silencio. De vez en cuando últimamente, cuando se siente cómodo o no está prestando atención a lo que sale de su boca, Wei Wuxian suelta pedazos de información sobre sí mismo, y Sizhui los recolecta silenciosamente y sin entrometerse. Ahora Sizhui tiene un bosquejo de la historia de Wei Wuxian en su mente, unida por suposiciones. Y si son ciertas, entonces no es su información para compartirla.

Aún así, eso es todo lo que son: suposiciones. Wei Wuxian, igual que Hanguang-jun, mantiene sus problemas fuera del alcance de Sizhui, como si tuviera 3 años de nuevo y no quisiesen que comiese algo tóxico. Aunque eso no impide que Sizhui observe. Sabe que Hanguang-jun mantiene su tristeza en lo más profundo de su ser. Y sabe que Wei Wuxian avanza danzando alrededor de ella como si fuese un campo de vidrios rotos, mientras pretende que no existe.

Pero guarda sus preocupaciones en el fondo de su mente, y sigue caminando. Hay momentos para quedarte en tu propia cabeza… y creeme, me encantan esos momentos , diría Wei Wuxian, si estuviese aquí. Pero la mayor parte del tiempo, necesitas dejar eso de lado y simplemente poner manos a la obra .

Sizhui pone manos a la obra

***

Sizhui nunca ha estado más agradecido por la excelente e intocable reputación de los Lan. Si el sastre tiene algunas preguntas de porqué están trayendo a su supuesto ‘nuevo discípulo’ a la tienda tan de repente, envuelto en un juego de ropas varias tallas demasiado grandes para él, no las hace.

“Sí, creo que tengo algunas muestras en la talla adecuada,” es todo lo que dice. “Solo un momento, Lan-gongzi.”

Así que le confían a A-Ying para que se las pruebe. Y se estancan, como un grupo, en una banca al frente de la tienda.

“Estoy exhausto,” dice Jingyi. “Me duele la cabeza. ¿Cómo sé si estoy teniendo una desviación de Qi?”

“Creo que probablemente lo sabrías,” dice Ouyang Zizhen gentilmente.

“Apuesto a que eso es lo que Nie Mingjue pensó,” dice Jingyi.

“Jingyi,” dice Sizhui. Pero no tiene energía para reprenderlo más allá de eso.

“Sí, no es gracioso,” Jingyi admite de inmediato, recargándose en la pared. Sizhui mantiene su postura propia de un Lan, pero solo apenas. “Al menos es obediente. Es suficientemente difícil seguirle la pista a Wei-qianbei en su tamaño normal.”

“Al menos no tuvimos que convencerlo de venir con nosotros,” coincide Ouyang Zizhen.

Jingyi se relaja, cierra sus ojos. Pero un minuto después, está sentado derecho de nuevo. “Dioses,” dice. “Simplemente vino con nosotros .”

“... sí, es lo que acabamos de decir,” dice Jin Ling.

“No, lo que quiero decir es…” Jingyi hace vagos gestos de angustia. “Solo le dijimos que éramos sus amigos y que no lo recordaba ¿Y nos creyó? ¡Wei-qianbei!”

Sizhui traga saliva. A su lado Jin Ling murmura una oración de agradecimiento a su abuelo materno.

“No podemos dejarlo fuera de nuestra vista,” dice Sizhui.

“Alguien tiene siempre que estarlo vigilando en todo momento,” Jingyi coincide fervientemente. “Antes de que alguien más intente adoptarlo.”

Después de otro minuto de silencio cansado Jin Ling habla. “Creen que recordará esto una vez que regrese a la normalidad?”

“No lo sé. Probablemente,” dice Jingyi. Y luego voltea a ver a la cara de Jin Ling con desconfianza. “¿Por qué?”

“Solo digo…” Jin Ling se mueve nerviosamente. “Hada es muy buena con los niños. Si tuviera mejores experiencias…”

“Xiaojie,” dice Jingyi tranquilamente, “si veo un perro a menos de 10 li (5 Km) de ese bebé, lo voy a mandar a Qinghe.”

Jin Ling se molesta. “Solo era una idea.”

“Disculpen por interrumpir.” Del interior de la tienda, Sizhui oye el correr de la tela antes de que el sastre aparezca, guiando a A-Ying de la mano. “Ya terminamos. ¿Quieren que mande la cuenta a Gusu Lan directamente, como siempre?”

“Cla…” Sizhui cierra la boca. Hanguang-jun revisa las cuentas de Gusu Lan al final de cada mes. Si ve el pago de ropas para un discípulo que no existe… 

Ya sea que Jin Ling sienta su preocupación o que solo quiera terminar el silencio con la primera cosa que se le ocurre, es el primero en hablar. “Por favor mande la cuenta a Lanling Jin, por todo.”

Las cejas del sastre se alzan tan alto que casi se pierden en la línea de su cabello. “Entonces eso es lo que hará este humilde servidor,” dice.

Cuando el sastre regresa a la trastienda, Sizhui finalmente regresa su atención a A-Ying, que se ve mucho mas relajado de tener ropas que le quedaban bien. Es, por supuesto, bizarro en todo un nuevo nivel ver a Wei Wuxian en un uniforme que el mismo Sizhui usó a esa edad, pero esa es otra cosa en la que Sizhui puede pensar después.

“Así está mejor,” dice. “¿Estás más cómodo ahora, A-Ying?”

A-Ying levanta el dobladillo de su ropa para pasar su dedo cuidadosamente por el patrón de nubes. “Qué demonios,” dice, reverentemente.

Afortunadamente para Sizhui, UNA cosa sale bien hoy, y el sastre no lo escucha.

“Lan Jingyi,” Jin Ling refunfuña. “¿Por qué le enseñaste eso?”

“¡No fue mi intención!” Dice Jingyi. “¡Fue el calor del momento!”

“Solo calmense,” dice Ouyang Zizhen. “A los niños les encanta obtener una reacción. Si saben que no deben decir algo, solo van a querer decirlo más.”

“Ok, ok, puedo hacer eso,” dice Jingyi. “Sí A-Ying, que demonios ¿no?”

“Jingyi.” Sizhui cierra los ojos. “Demasiado en la dirección opuesta.”

“Está bien,” le asegura Ouyang Zizhen. “Probablemente lo habrá olvidado para la cena. A-Ying, vayamos a comer ¿bien? Apuesto que tienes hambre. ¿Está bien si el gege en dorado te carga?”

“¡Sip!” Canturrea A-Ying.

“¿Yo?” Dice Jin Ling, al mismo tiempo.

“Llevas quejándote toda la mañana de que no lo has podido cargar,” dice Jingyi.

“Eso no lo hace menos raro,” balbucea Jin Ling. Aún así, un poco incómodo se agacha y extiende los brazos. “Ven W… A-Ying. Vamonos.”

Sizhui le sostiene la puerta a Jin Ling que aún se ve demasiado cohibido para sostener a A-Ying como se debe, y iguala sus pasos. “¿Qué quieres comer, A-Ying?”

A-Ying lo mira por sobre el hombro de Jin Ling. Y Sizhui ve esa extraña vacilación  detrás de sus enormes ojos de nuevo. “¿Querer?”

La inquietud que se ha estado formando desde la mañana cambia, le crecen raíces. “Sí,” dice Sizhui. “¿Cuál es tu comida favorita?”

Ahora la atención de todos se centra en A-Ying, lo que parece no estar ayudándole a poner las palabras juntas. “Me gustan las cascaras de sandia,” logra decir. “A veces como dumplings.”

Sizhui no había visto a Jin Ling ponerse tan pálido desde esa horrible noche en el Templo Guanyin. “Eso…” Jin Ling se detiene, suaviza su voz extremadamente. “¿Eso es lo único que comes?”

A-Ying parpadea, y gira su cuello para ver hacia Jin Ling. “Como otras cosas,” dice pacientemente. “Pero esas son mis favoritas.

Sizhui trata de comunicarles, con una mirada sobre la cabeza de A-Ying, que deben tener cuidado de cómo reaccionan. A Jingyi se le pasa por completo. “Wei-qianbei…” Sus ojos se le empañan.

“Wei-qianbei,” dice Ouyang Zizhen entre gimoteos, “has sufrido tanto…”

Jin Ling mira firmemente a Sizhui sobre la cabeza de A-Ying. Levanta el mentón un poco, como hace cuando quiere verse determinado. “Lan Sizhui,” dice, “también pagaré la comida.”

“Jin Ling,” dice Sizhui, “eso no es n…”

“Lanling Jin puede pagar una comida,” dice Jin Ling. No debería ser posible que alguien se mueva tan inquietamente mientras camina y sostiene a un niño. De algún modo Jin Ling lo logra. “Debería tener algo lindo,” añade por lo bajo.

A-Ying está mirando a lo lejos ahora, como si entendiese que esta conversación no es para él. Está observando el caos controlado de los puestos callejeros, desbordando con color, el aroma de aceite para freír y el tintinear del dinero. Sizhui se pregunta si puede recordar alguno de los puestos de Yiling, adornados con juguetes fuera de su alcance y comida que nunca podía comer. Los puestos por los que vago como un niño, y después vagaría con Sizhui en sus hombros.

Sizhui había sido más jóven de lo que A-Ying es ahora. Pero él tenía a la abuelita y al cuarto tío, a Wen Qing y a Wen Ning. Tenía a Wei Wuxian. Y ellos rara vez lo dejaban darse cuenta de lo que no tenía.

“Conozco un buen lugar, Jin Ling,” dice Sizhui.

Jin Ling se yergue. “Bien,” dice. “Vayamos entonces.”

***

Al final, llevan a A-Ying al lugar favorito de Wei Wuxian, el restaurante familiar que está cerca del río. No es lo suficientemente elegante para el gusto de Jin Ling, pero ni siquiera él se queja cuando ve a A-Ying tan silenciosamente feliz.

Sizhui pide algunos de los platillos favoritos de Wei Wuxian -versiones no tan picantes. Tal vez A-Ying tenga el mismo paladar atrofiado incluso a esta edad, pero Sizhui no está seguro de poder ver a Hanguang-jun a la cara si le da tanto aceite picante a un niño de 6 años.

A-Ying se emociona cuando la comida es puesta en la mesa. Pero incluso ahora con cada uno de ellos asegurándole en turnos que toda la comida en el plato es de él, come lentamente, bocados cuidadosos, viendo de vez en cuando para checar sus reacciones. Incluso después de ser persuadido varias veces, no termina.

A pesar de sus mejores esfuerzos, Sizhui está metiéndose en su propia cabeza. Pero es difícil ver a A-Ying y no pensar. Por supuesto Wei Wuxian no necesita incentivos para comer hasta saciarse ahora. Él sería el primero en decirle eso a Sizhui . Pero hay algo que Sizhui notó hace poco: que sin importar si son invitados en la casa de alguien o estén comiendo en la Jingshi, Wei Wuxian puede tararear exactamente cuanto de comer tuvo, como si estuviese llevando la cuenta.

En algún momento entre meterse en su propia cabeza y salir de ella de nuevo, la incertidumbre de Sizhui se convirtió en determinación.

“Deberíamos ir al Pabellón de la Biblioteca ¿verdad?” Jingyi pregunta mientras Jin Ling paga la cuenta. “¿Deberíamos ir en nuestras espadas?”

Sizhui voltea a la ventana, ve la luz afuera. Aún es temprano, un poco menos de medio día antes de que sean la hora más activa de caza del demonio. Deberían empezar su investigación pronto. Pero… 

“Caminemos. Al menos hasta la base de la montaña.” Ante la ceja arqueada de Jingyi, Sizhui se mueve nerviosamente. “A-Ying parecía interesado en el mercado.”

Así que emprenden su camino de regreso por la calle principal y tomaron un camino largo a través de Caiyi.

Es lento. A-Ying quiere caminar esta vez, y cada pocos pasos su atención se dirige, como si fuese una libelula, de un lado a otro de la calle. Sizhui toma a A-Ying de la mano y se queda al final del grupo, dejando que A-Ying dicte el paso.

Y se da cuenta de que se dejó de preocupar de que Hanguang-jun vaya a fijarse en los gastos del día.

“Sizhui,” Jingyi lo llama sobre su hombro. “Sabes que para mañana será un adulto de nuevo ¿verdad?”

Sizhui, que ya está poniendo la mariposa de papel en la mano de A-Ying, se encoge de hombros felizmente. “Podemos dárselo a alguno de los novatos.”

Ouyang Zizhen le sonríe. “¿Acaso Wei-qianbei te consentía así, Sizhui-xiong?”

“Lo opuesto,” la risa de Sizhui se desborda. “Cuando teníamos que ir a hacer mandados juntos, solía señalar a algún juguete y preguntarme si me gustaba. Cuando yo decía que sí, él me decía ‘también a mí’ y seguía caminando.”

“Wei-qianbei,” Jingyi hace una mueca. “Es demasiado cruel.”

“Intentaba ser pragmático con el dinero,” dice Sizhui. Esas habían sido las palabras de Wen Ning esa noche hace algunos meses, cuando se les había unido para cenar en la Jingshi y habían contado historias de Yiling hasta pasada la hora hai.

Sabía que tendría que explicárselo a Jiejie si no lo era , Wen Ning había dicho. No podía sonreír ampliamente, ya no, pero su voz era tan cálida y firme como una vela.

Tu Hanguang-jun era quien te consentía , había dicho Wei Wuxian tristemente. Solo lo viste una vez en aquel entonces, pero siempre me preguntabas, ‘¿Dónde está el gege rico?’ ‘¿Cuándo va a regresar el gege rico?’

Hanguang-jun, por su parte, los había visto a los 3, sus labios en una línea suave. Es fácil gastar dinero cuando lo tienes , dijo. Tú le diste a Sizhui dicha. Eso era más valioso . Y Wei Wuxian había escondido su rostro en sus manos hasta que Sizhui se había reído y lo había persuadido de que las bajase.

Sizhui mira a A-Ying balancear el juguete en su palma: gentil, apenas tocándolo. Tan cuidadoso como cuando manejas una semilla de loto que apenas está germinando.

“Ok,” su Jingyi. “Sí.”

“No dije nada,” dice Sizhui, aún sonriendo.

“Estabas pensando muy alto,” dice Jingyi. “¡Sí! Supongo que A-Ying necesitará juguetes para jugar mientras averiguamos cómo regresarlo a ser Wei-qianbei.”

“Tú lo hubieses hecho si Lan Sizhui no se te hubiese adelantado,” dice Jin Ling.

“Cállate,” dice Jingyi. “Soy un padre muy estricto.”

Al final a A-Ying no le interesan más juguetes. Está absorto en la mariposa de papel, llevando una conversación unilateral casi inaudible con su palma abierta. Es fácilmente lo más que ha visto hablar a A-Ying en todo el día. Sizhui intenta no escuchar pero de cuando en cuando oye una que otra palabra. “¿Estás cansada?” A-Ying susurra, como reafirmación. “Estaremos en casa pronto.”

Aún así se endereza cuando pasan por un puesto de dumplings, la masa café-dorada brillando con el sol de mediodía. Sizhui siente el jalon de la mano de A-Ying cuando baja la velocidad, parado de puntitas para poder verlas. Sizhui se pregunta distraídamente que tanto se puede sentir al mismo tiempo.

“¿Todavía tienes hambre?” Le pregunta Sizhui.

Pero entonces A-Ying les quita la vista de encima y regresa al suelo. “No,” dice calladamente. No es nada convincente.

Sizhui abre su boca. Pero Jingyi se le adelanta. “Entonces compraremos algunos para después,” dice. “Señorita, 5 de cerdo y col, por favor.”

Jingyi recoge los dumplings, Sizhui sigue observando a A-Ying, quien ahora está mirando a sus pies. Basado en los pedazos de información que Sizhui ha reunido en el último año, A-Ying ha estado sobreviviendo en las calles por algún tiempo en este punto de su vida. La comida no habría sido un recurso constante. Sizhui recuerda lo suficiente de su infancia para saber cómo se sentía, tener un festín después de días de hambruna.

Pero por tercera vez en el día A-Ying parece no estar seguro de si aceptarlo.

Aún está contemplando esto en su mente cuando siente que A-Ying deja de caminar.

Sorprendido voltea hacia abajo. A-Ying está tieso como un animal de presa, sus ojos grandes, su mano temblando violentamente en la de Sizhui. No toma mucho encontrar que es lo que está viendo.

“Chicos,” los llama Sizhui, tan tranquilo como puede, “hay un perro.”

El callejero está en un callejón un poco mas adelanta a la izquierda, buscando entre la basura de uno de los puestos. Es pequeño y flacucho, ni cerca de ser lo suficientemente grande para hacer algo más que morder. Pero tan pequeño como sea, A-Ying es aún más pequeño. Y morderlo es más que suficiente.

Jin Ling se yergue, visiblemente preparándose. “Lan Jingyi,” dice. “Dame un dumpling. Yo me encargaré de él.”

Jin Ling es gentil con el perro, pero innegablemente eficáz. Pausa solo lo suficiente para extender su mano libre para que la huela, rascarlo un poco detrás de las orejas una vez que aceptó que no es una amenaza. Luego saca el dumpling de detrás, deja que el perro vea exactamente que tiene en la mano. “Buen chico,” lo halaga Jin Ling. “Ve por él.”

Lo avienta con un lanzamiento engaños, alto y amplio para que aterrice detrás de ellos. Sizhui siente como A-Ying inhala de golpe cuando el perro los pasa corriendo. Aún después de que se fue, A-Ying tarda en exhalar.

Jin Ling relaja sus hombros mientras regresa. “Wei Wuxian me debe una,” dice sin sentirlo. Ouyang Zizhen le palmea el hombro tranquilizadoramente.

Sizhui se agacha. A-Ying tiene los ojos cerrados ahora, su cuerpo dolorosamente rígido. Hace solo 2 semanas, cuando habían cazado una jauría de yaoguai con puntiagudos hocicos caninos, Wei Wuxian se había envuelto a sí mismo alrededor de Sizhui y temblado, ocultando su cara en el cuello se Sizhui, hasta que se había calmado lo suficiente para darse cuenta que no se estaba aferrando a Hanguang-jun. A-Ying no se arrefa ahora.

“A-Ying,” dice Sizhui suavemente. “¿Puedo cargarte de nuevo?”

A-Ying baja la cabeza una vez, apenas un asentimiento. Sizhui recoge sin resistencia la mariposa de su mano y la guarda en su bolsa qiankun con el resto de las cosas de Wei Wuxian, luego levanta a A-Ying fente a frente. Aún estando así de cerca A-Ying no lo agarra.

“Ya se fue,” dice Sizhui. A-Ying hace un ruido no feliz pero esta vez asiente de verdad.

“¿Está bien?” Le pregunta Ouyang Zizhen.

“Estoy bien,” dice A-Ying en voz baja. Cuando Sizhui se mueve para acomodar el peso, nota que tan sueltos le quedan los zapatos a A-Ying. Un paso descuidado y se pudo haber caído.

“Ah,” dice Sizhui, “esos zapatos son demasiado grandes para ti ¿no? Debe haber sido difícil caminar con ellos.”

A-Ying lo voltea a ver. Sus ojos aún no han perdido el recelo. “Están bien,” dice cuidadosamente.

“A-Ying, tienes que decirnos cuando estés incómodo,” dice Jin Ling. Jingyi abre la boca, pero Sizhui mueve la mano para detenerlo -Jin Ling no lo está regañando. “Si no, no lo sabremos.”

El puño de A-Ying finalmente se cierra en el collar de Sizhui. “¿Eso está bien?”

Sizhui puede sentir el inicio de algo frío como el hielo acomodándose. Comprensión que está más allá de él pero se queda a su alcance, todas las piezas lentamente ensamblandose. “¿Por qué no estaría bien, A-Ying?”

A-Ying solo lo mira por un momento, y Sizhui fuerza su rostro a ser suave, neutral. Puede que no sepa exactamente qué hacer. Pero ha visto a Hanguang-jun toda su vida, lo ha visto con Wei Wuxian ya por un año. Sabe que cuando Wei Wuxian está dándole vueltas a lo que quiere decir, Hanguang-jun no intenta obligarlo a decirlo. Él espera a que Wei Wuxian venga a él.

Sizhui también espera.

“Eso es lloriquear,” A-Ying dice finalmente. Hay algo forzado en su tono. “A nadie le gusta eso.”

Ya han llegado al final de la calle principal, casi a las afueras del pueblo. La estridentes voces del mercado empiezan a atenuarse, dejando solo sus propias inhalaciones como compañía. “¿Quién dijo eso?” Pregunta Sizhui.

“Todos,” dice A-Ying.

Sizhui puede sentir a Jingyi a su lado vibrando con el esfuerzo de permanecer callado. Sizhui está agradecido de que lo haga. Si interrumpen a A-Ying ahora, puede que no vuelva a hablar de esto de nuevo. “¿Qué es lo que todos dicen exactamente?” Pregunta Sizhui.

A-Ying hace ‘hum’ pensándolo. Parece como que está armando las palabras más que intentando recordarlas. Porque cuando habla es claro que las recuerda perfectamente.

“No pidas cosas,” dice. Usa ese mismo tono forzado, y ahora Sizhui recuerda dónde lo ha oído, escuchando a los novatos recitar los preceptos de Gusu Lan. El tono de un niño repitiendo las palabras de alguien más. “No tomes demasiado de lo que te dan. Los niños se ven mejor cuando sonríen. Y, um… no llores. Llorar nunca ayudó a nadie.”

Sizhui creyó que había mantenido su cara tranquila. Como sea, lo intentó. Pero cuando A-Ying lo voltea a ver, titubea. “¿Eso está mal?” Pregunta.

“No,” dice Sizhui demasiado rápido. A-Ying tiembla y Sizhui tiene que respirar antes de intentarlo de nuevo. “No está mal. Cualquier cosa que quieras o que no quieras está bien.”

“Pero queremos saber si algo te duele,” dice Jin Ling a sus pies. “Entonces… la próxima vez dínoslo.”

“Oh.” A-Ying ladea su cabeza, incrédulo pero educado. Pero a la larga dice. “¡Ok!”

Están callados incluso después de los límites de Caiyi. “Alguien tiene ganas de hacer un viaje a Yiling?” Dice Jingyi, radiante e irritado.

“La gente que dijo eso probablemente ya no está,” dice Ouyang Zizhen.

“Sí…” dice Jingyi. “Aunque eso no me hace sentir mejor.”

“Está bien,” dice Jin Ling. “Él… bueno, fue hace mucho tiempo. Wei Wuxian obviamente sabe que es lo mejor ahora.”

Sizhui mantiene su agarre firme pero relajado, lo suficiente que eventualmente A-Ying recarga su cabeza en su hombro. No sabe como poner este sentimiento en palabras. O incluso si es apropiado que lo haga. Todos ellos han visto, al menos una vez, como Wei Wuxian sonríe frente a un insulto, una herida o un recordatorio de las cosas que hizo, afilados como puntas para lastimar. El decirlo en voz alta parece una violación de un secreto. Incluso si es uno que, en el fondo, todos ellos saben.

Aún ahora no sabe qué es lo mejor, son las palabras que Sizhui encuentra eventualmente.

No las dice.

***

Montan sus espadas el resto del camino. A-Ying claramente se está cansando -para cuándo aterrizan en las puertas, está profundamente dormido, su cabeza apoyada en el hombro de Sizhui.

Los centinelas los saludan educadamente, aunque Sizhui nota que están escudriñando la cara no conocida de A-Ying. Pero si alguno de ellos nota que lleva el token de jade de Wei Wuxian sin Wei Wuxian a la vista, ninguno lo dice.

Así entran al Descanso de las Nubes sin incidentes. A-Ying pestañea despertándose a mitad del camino. “Hay un conejito,” dice.

Sizhui sigue su mirada a un pequeño conejo negro cerca de las linternas, detenido a medio masticar. Levanta a A-Ying un poco más alto para que pueda ver mejor.  “Hay muchos conejitos,” dice. “Puedes jugar con ellos más tarde, después de dormir.”

“No estoy cansado,” masculla A-Ying. Después voltea su cara a las ropas de Sizhui y dormita el resto del camino hacia arriba.

El mayor problema, en opinión de Sizhui, va a ser esconder a A-Ying mientras investigan. Podrían notarlos llevándolo al Pabellón de la Biblioteca. Pero si lo dejan en los cuartos de los discípulos, podrían llevárselo a clases con el resto de los novatos, y entonces de verdad lo notarían. En realidad la biblioteca es su única opción. Ahora solo tiene que pensar en cuál es el lugar en el que tienen menor probabilidad de toparse con el Maestro Lan.

Está tan sumido en sus pensamientos que no se da cuenta de que Jingyi esta jalando su manga frenéticamente hasta que Zewu-jun está justo enfrente.

“Sizhui, Jingyi.” La sonrisa de Zewu-jun es cálida hoy, solo un poco tensa en los bordes. Sizhui estaría feliz de verlo tan bien si su corazón no estuviera por salirsele del pecho. “Y Líder de Secta Jin y Ouyang-gongzi, también. No esperaba verlos a todos hoy.”

No es claro si Jin Ling recuerda que Sizhui y Jingyi no pueden mentir o si solamente entra en pánico. Pero cuando suelta, “terminamos pronto,” Sizhui decide dejar que él hable.

“¿Oh?” Dice Zewu-jun. “¿Qué pasó con el demonio de montaña? No, esperen, no me digan.” Levanta la palma de su mano hacia ellos. “Me estaré encargando de los reportes de las cacerías nocturnas, mientras Wangji y Wei-gongzi están en Lanling en la semana. Quiero sorprenderme.”

Sizhui mantiene diligentemente una cara neutral ante la mención de Wei Wuxian. Desafortunadamente no puede decir lo mismo de los otros. Ouyang Zizhen se mueve nerviosamente. Jin Ling traga saliva. Jingyi hace un pequeño sonido que detiene y lo convierte en despejar su garganta ruidosamente.

“Ah,” Zewu-jun observa a los cuatro. “Hablando de Wei-gongzi. ¿No estaba con ustedes?

“Se quedó en Caiyi,” logra decir Jin Ling.

“Está comprando un regalo para Hanguang-jun,” agrega Ouyang Zizhen. Sizhui no se muerde el labio pero casi.

Zewu-jun se alegra de nuevo. “Esos 2 siempre están como de luna de miel,” dice felizmente. “Guardaré el secreto si Wangji pregunta. Estoy seguro que vendrá a buscarlos en cuanto oiga que ya han regresado.”

“Se lo agradecemos, Zewu-jun,” dice Sizhui firmemente. Al menos espera que sea firme. “Nos retiraremos.”

“Por supuesto. Mantengan su buen trabajo.” Pero justo cuando Sizhui se permite un breve, y tonto, momento de alivio, la vista de Zewu-jun aterriza en A-Ying. “¿Quieren que me lleve a este pequeño de regreso a los cuartos de los discípulos? Se ve un poco cansado ¿no es así?”

A Sizhui le vendría muy bien una mentira justo ahora. Así que por supuesto Jin Ling y Ouyang Zizhen están determinadamente viendo en cualquier dirección que no sea Zewu-jun. Sizhui hace una pausa lo suficientemente corta para sonar neutral pero lo suficientemente larga para elegir sus palabras muy, muy cuidadosamente.

“Lo conservaremos con nosotros por ahora,” dice. “Es nuevo, así que está un poco nervioso.”

Zewu-jun vuelve a ver a A-Ying. La espalda de Sizhui empieza a doler por mantenerla tan derecha. “Me preguntaba por qué no lo reconocía,” ríe Zewu-jun. “Hola, pequeño. ¿Te desperté?”

A-Ying voltea para ver bien a Zewu-jun, frotándose los ojos. “Hola,” dice. “No estaba dormido.”

Zewu-jun sonríe más. Distantemente, Sizhui piensa en que tan pacientemente Wei Wuxian ha trabajado para forjar una relación con su cuñado en este año. Si Wei Wuxian hubiese sabido que todo lo que hacía falta era que lo maldijeran, posiblemente lo hubiese hecho mucho antes. Así que probablemente es bueno que no lo supiese.

“Está bien,” dice Zewu-jun. “Pero si te cansas diles a estos gege, por favor. Son muy trabajadores. Puede que estén trabajando por mucho tiempo.”

“Sip,” dice A-Ying. Y después de considerarlo un poco, añade. “Tu listón es bonito.”

“Muchas gracias,” dice Zewu-jun. Aún está sonriendo. No parece haberse dado cuenta de lo que Sizhui y Jingyi notaron al mismo tiempo justo ahora: la frente de A-Ying no tiene nada.

“¡Como sea,” Jingyi dice en voz alta, “no tomaremos más de su tiempo, Zewu-jun! ¡Estos discípulos se marcharán ahora!”

Sizhui apenas termina de inclinarse cuando Jingyi ya está dirigiendo a los 3 hacia el Pabellón de la Biblioteca. A-Ying estira su cuello en los brazos de Sizhui. “¿Estamos corriendo?” Pregunta.

“Correr está prohibido en el Descanso de las Nubes, A-Ying,” canturrea Jingyi. “Estamos caminando muy rápido. Hay una diferencia.”

“¿Creen que se haya dado cuenta que algo no estaba bien?” Dice Ouyang Zizhen.

“¿Quién no se habría dado cuenta contigo respirando tan fuerte todo el tiempo?” Refunfuña Jin Ling. “Sonabas como un jabalí salvaje.”

“Él… no creo que notase que A-Ying no tenía un listón en la frente,” dice Sizhui. “¿Verdar?”

“¿Tal vez sólo asumió que A-Ying es un discípulo externo? Zewu-jun confía en nosotros.” Después de un momento Jingyi corrige. “Confia en ti. No habrá problema.”

“Solo metamoslo,” dice Jin Ling. “Con nuestra suerte, la próxima vez será Lan Qiren.”

Sizhui y Jingyi dejan a Jin Ling y Ouyang Zizhen con A-Ying en una pequeña ala recluida de la biblioteca, y se reúnen con ellos después de algunos minutos con una pila de posibles libros. A-Ying felizmente se puso cómodo en una esquina con su mariposa de papel, cuidadosamente formando algunas pilas de libros.

“¿Qué estás haciendo A-Ying?” Dice Jingyi.

A-Ying parpadea hacia él. “Estamos de cacería nocturna,” susurra. “Pero tenemos que estar callados en la biblioteca.”

Las mejillas de Sizhui se estiran por su sonrisa mientras se sienta de piernas cruzadas en el piso, poniendo un libro en sus piernas. Él también debía de saber de cacerías nocturnas cuando tenía la edad de A-Ying. Es como Zewu-jun le había explicado porqué Hanguang-jun se iba tan seguido. Pero A-Ying lo debe haber aprendido de su madre.

Se permite otro momento de distracción, imaginándolos. Ha oído todo de Cangse Sanren, por supuesto, oyó que Wei Wuxian heredó su ágil mente y su risa abrasadora. Sabe menos de Wei Changze. Pero Sizhui imagina que debió ser alguien amable. Tal vez más callado que su esposa, pero sólido y firme como la tierra. Como Hanguang-jun, tal vez. Como Wei Wuxian es, y pretende que no lo es.

No debe haber sido hace tanto que A-Ying los perdió. Sizhui se pregunta si ya tiene una idea de lo que perdió. Hay cosas que son demasiado grandes para comprender. Que se hacen más fáciles de entender, cuando te haces mayor, pero siempre son más profundas y mucho más vastas de lo que puedes manejar.

Wei Wuxian habla de sus padres a veces, pero no seguido. No recuerda mucho. Y está, en todo momento, extremadamente consciente de que no es el único que perdió a su familia.

Sizhui abre su libro y se acomoda en el piso. Y choca con un par de piernas.

Hace hacia atrás su cara. Y ve directamente a la mirada imperturbable de Hanguang-jun.

“Hanguang-jun,” dice Sizhui sin aliento. Por lo que se oye Jin Ling se está ahogando con nada. “No sabía que estaba…”

Sobre el hombro de Hanguang-jun, Zewu-jun le lanza una sonrisa de disculpa. “Disculpen la interrupción, chicos,” dice. “Pero parece que algo podría estar mal.”

Sizhui se concentra, con todas sus fuerzas, en hundirse en el piso. Tendrá que preguntarle a Wei Wuxian sobre un talismán para eso si es que sobrevive a la pura fuerza de su propia vergüenza.

“Sizhui,” Hanguang-jun dice eventualmente. Pero hay un cambio notable detrás de de sus ojos. Está preocupado. Hizo que Hanguang-jun se preocupase por él . Si es posible sentirse peor, Sizhui lo hace. “¿Pasó algo?”

“Yo…” la garganta de Sizhui se le cierra. Tiene que decirlo. Ya no puede hacer nada más. “Eso… yo…”

La buena noticia es que hay un suave golpe a su derecha, que aleja la atención de todos de Sizhui.

La mala noticia es que es uno de los libros de la escultura que estaba haciendo A-Ying.

“Oh,” A-Ying pone el libro que se cayó de nuevo en su lugar, limpiándolo cuidadosamente. “Shh. Tenemos que estar callados en la biblioteca.”

Hanguang-jun voltea a ver a A-Ying. Y Sizhui respira profundamente, se prepara para una larga caída y dice, “Hanguang-jun… éste es…”

“¿Wei Ying?” dice Hanguang-jun.

Un momento. Luego un torbellino de palabras todas al mismo tiempo: un ¿Wangji? de Zewu-jun, un ¿Cómo supo eso? de Jingyi, un Hanguang-jun nosotros... de Jin Ling, un wow reverente de Ouyan Zizhen. Sizhui es el único callado, congelado. Tal vez es por eso que Hanguang-jun lo ve a el primero.

“Sizhui,” dice. Su voz es completamente calmada. “¿Cómo pasó esto?”

“Yo…” Sizhui respira de nuevo, pasando el nudo en su garganta. Necesita decirlo. Regla 84, habla directamente. “Fue mi culpa. Había sellos, para hacer a los aldeanos presa fácil para el demonio de montaña. No lo vimos. No me moví lo suficientemente rápido, yo…”

Parpadea. Es el discípulo líder. El tiene la culpa. No es él quien tiene la maldición, ni quien tiene un esposo con una maldición. Hay muchas razones por las que no puede llorar aquí. Así que no lo hace.

“Jianhe y algunos otros de nuestros shidi están rastreando al demonio. Tienen instrucciones de avisarnos cuando estén cerca. Nosotros…” señala inútilmente a las pilas de libros. “Estamos investigando el sello ahora. Regresaremos y lo arreglaremos.” Sigue sin llorar. No lo está. Pero daría lo que fuese por recuperar el control de su voz. “Hanguang-jun, lo siento tanto. Este discípulo aceptará cualquier castigo que usted vea apropiado.”

“Hanguang-jun,” Jingyi dice rápidamente, “Sizhui no tiene la culpa. Fuimos nosotros 3 los que no vimos el sello. Sizhui no sacó de él. Por favor, castigueme a mí en su lugar.”

“¡Tiene razón, Hanguang-jun!” Jing Ling exclama.Se ve como si se fuese a caer a pedazos, pero de algún modo logra agregar. “¡No es culpa de Sizhui!”

“¡Hanguang-jun!” Dice Ouyang Zizhen, haciendo una profunda reverencia. “¡La seguridad de su esposo es crucial para este discípulo! Me disculpo sinceramente por haberlo defra…”

“Sizhui,” dice Hanguang-jun. Su expresión neutral no ha cambiado. Pero los 4 se callan al instante. Hanguang-jun nunca interrumpe a nadie.

Voltea a ver a los 4, uno por uno, como para asegurarse que que lo están escuchando. Luego dice, “Supresión o eliminación del demonio debería neutralizar la maldición. Continuen su investigación para estar seguros. Búsquenme una vez que lo hayan confirmado.”

“S… sí,” dice Sizhui. La adrenalina no se ha ido del todo; sus manos están temblando intensamente a sus costados. “Pero Hanguang-jun…”

Hanguang-jun levanta su mano y la pone en el hombro de Sizhui. Su toque es tan gentil, que casi no está ahí. “Está bien,” dice. Y luego cruza la distancia entre él  y A-Ying en 2 pasos y se agacha.

Por su parte A-Ying ha estado observando la discusión cautelosamente desde la esquina, la mariposa de papel descansando en su palma abierta. Se endereza un poco cuando Hanguang-jun se acerca, un gesto que Sizhui reconoce como miedo.

Hanguang-jun también debe reconocerlo porque no se acerca más. Simplemente dice, “A-Ying.”

Ya sea por su voz o por el nombre, A-Ying se relaja notablemente. “Oh,” dice. “¿Tú también eres mi amigo?”

Hanguang-jun se ríe, es corto pero es lo suficientemente alegre que Jin Ling codea a Jingyi y sisea algo que suena como ¿Se ríe? “Sí,” dice Hanguang-jun. “¿Qué estás construyendo?”

A-Ying se relaja aún más. Jingyi tenía razón. Si lo hubiesen perdido de vista, lo hubiese adoptado el primer rostro amigable en la calle. “Éstas son montañas,” dice. “Estamos de cacería nocturna.”

“Ya entiendo,” dice Hanguang-jun muy suavemente.

“¡Ajá!” Canturrea A-Ying, enseñándole su mariposa. “Él es un cultivador. Yo soy su espada.”

“¿Y tu espada?” Dice Hanguang-jun.

A-Ying titubeó, sacando su labio de abajo “No tengo una. Pero está bien.”

“Ya veo.” Hanguang-jun asiente, como considerando algo. “¿Te gustaría montar la mía?”

La cara de A-Ying se ilumina. “¿Puedo?”

“Mn.” Sizhui puede oír la sonrisa en la voz de Hanguang-jun. “Vayamos afuera.”

“Wangji,” dice Zewu-jun cuando Hanguang-jun levanta a A-Ying en sus brazos. “Quizá la maldición debería tener prioridad.”

Hanguang-jun voltea imperturbable por sobre su hombro, con A-Ying sonriente en sus brazos. “Los demonios de montaña son más activos a la hora hai,” dice. “Así que tendremos que esperar.”

Y con eso Hanguang-jun los pasa a los 5 y da la vuelta en la esquina. A la distancia se oye la puerta de la biblioteca abrirse y luego  cerrarse.

Sizhui exhala, convirtiendo el alivio, la culpa y la tensión en un ciclón. Necesita sentarse. De hecho, eso es lo que hará. Cuando se hunde en el piso Jingyi cae a su lado.

“¿Están bien?” Dice Zewu-jun, apenas una pregunta. Sigue sonriendo.

“Eso…” Jin Ling pestañea, sus ojos son enormes en su cara tan pálida como un cadáver. “¿Qué fue eso?”

“Bueno,” dice Zewu-jun. “Si me permiten adivinar: no creo que los vayan a castigar.”

***

Hanguang-jun tiene razón, como siempre. El sello es uno simple, para la cantidad de caos que ha causado. Supresión o eliminación del demonio de montaña revertirán la maldición en cuestión de horas.

Así que dejan la biblioteca después de hora y media, sintiéndose aturdidos y pesados.

“Deberíamos encontrar a Hanguang-jun.” Sizhui parpadea por la luz del sol, sus ojos lagrimeando. Entre la lectura, el estrés de la mañana y el conocimiento de que Hanguang-jun no está, por alguna razón, enojado con él, se siente más líquido que persona.

La culpa aún no se va del todo. No aún. Pero se siente un poco más ligero que antes.

“Dioses,” dice Jin Ling huecamente. “Aún no puedo creer que no me haya matado.”

“De verdad no es tan malo como crees,” dice Jingyi

Jin Ling le lanza una mirada siniestra. “Primero apuñalé a su esposo, luego contribuí a que le cayera un maldición. Eventualmente se le va a acabar la paciencia.”

“¡Ah, Shixiong, Da-shixiong!”

Se dan la vuelta para ver a Lan Xingguo, uno de sus shidi, trotando hacia ellos, apenas lo suficientemente lento para no contar como correr. “¿Están…” jadea, “buscando a A-Yi…em, Wei-qianbei?”

“¿Ya regresaron?” Pregunta Sizhui.

“Desde hace un rato.” sonríe Lan Xingguo. “Da-shixiong, fue tan tierno… algunos de nosotros jugamos con él a las escondidillas en el bosque, pero Wei-qianbei se escondió en un árbol y no podía bajar solo. Hanguang-jun tuvo que bajarlo. Y después estaba…”

“Xinggou,” dice Jingyi.

“Ah, perdón, Shixiong,” dice Lan Xingguo. “Me parece que están en la pradera de los conejos ahora. Hanguang-jun no dijo que si los veíamos debíamos mandarlos para allá de inmediato.”

“Gracias, Xingguo,” dice Sizhui. Su shidi se despide de ellos con una reverencia descuidada. 

Ouyang Zizhen decae cuando empiezan a caminar el camino que se hace entre el pasto. “Nos perdimos las  escondidillas con A-Ying.”

“Zizhen,” dice Sizhui gentilmente. “Si ése fue nuestro castigo somos afortunados.”

“Aún así…” dice Ouyang Zizhen tristemente. “¿Se lo pueden imaginar en ese árbol? Debió haberse visto como una pequeña bellota.”

Jin Ling iguala su paso mientras caminan. “Lan Sizhui,” murmura. Ante el vago sonido que hace Sizhui, ajusta sus hombros, su mirada dirigiéndose a la línea de árboles en la distancia. Finalmente dice, “has estado callado hoy.”

El aire es fresco hoy, la promesa del otoño. Pero Sizhui se siente imposiblemente cálido. La preocupación de Jin Ling es inusual, pero siempre es profunda, sincera y sin reservas. Wei Wuxian siempre se ve un poco a la deriva cuando surge. Sizhui siempre sabe en quien debe de estar pensando.

“Estoy bien, Jin Ling,” dice Sizhui. “Solo pensando.”

“Hum,” Jin Ling accede. “Es…” corta sus palabras, piensa en ello otro segundo. “Jiujiu va a estar furioso de que lo no le haya avisado.”

“Gracias a los dioses que no lo hiciste,” dice Jingyi. Frente a la mirada enojada de Jin Ling, levanta sus manos. “Solo digo. ¿Recuerdan la cacería nocturna del invierno pasado, cuando Wei-qianbei fue herido y estábamos a medio camino entre el Descanso de las Nubes y el Muelle de Loto? Hubiera sido como eso, pero peor.”

Hay un asentimiento arrepentido entre el grupo. Sizhui recuerda bien esa noche. Hanguang-jun ganó esa discusión y los trajo de vuelta a Gusu, pero había sido una discusión fuerte. Si hubieran tenido la oportunidad de competir sobre A-Ying hoy, puede que hubiesen terminado a los golpes.

Encuentran al pequeño grupo en la pradera de los conejos unos minutos después: A-Ying en el centro, pacientemente dándole de comer tallos de diente de león al conejo manchado de blanco y  gris en su regazo. Zewu-jun y Hanguang-jun a su lado, una tetera y 2 tazas colocadas entre ellos, con suaves sonrisas idénticas. El maestro Lan parado un poco alejado al lado, su expresión contraída. Y al lado de Hanguang-jun, viendo absorto a A-Ying, está Wen Ning.

“Wen-shushu” Sizhi dice sonriendo. La presencia de Wen Ning en el Descanso de las Nubes es inusual, aún más el que sea lo suficientemente valiente para sentarse a plena vista del Maestro Lan como ahora. Pero se ve casi relajado, sentado en el pasto.

“A-Yuan.” La pálida cara de Wen Ning se hace cálida. “Lan-er-gongzi me avisó lo que pasó. Pen… pensé que me gustaría verlo por mi mismo.”

Después Sizhui ve al maestro Lan, vagamente consciente de que espera que lo saluden. “Xiansheng,” dice haciendo reverencia. Los otros también murmuran sus saludos.

“Sizhui, Jingyi, Líder de secta Jin, Ouyang-gongzi.,” de alguna manera, aún cuando el Maestro Lan está hablando su boca permanece igual de apretada. “Pensé en venir y ver como Wei Wuxian había traído a esta secta a un punto muerto esta semana.”

Jingyi salta. Sizhui no. Sizhui y Hanguang-jun nunca han hablado abiertamente de los sentimientos de Maestro Lan hacia Wei Wuxian. Pero Hanguang-jun siempre se aseguró de que Sizhui entendiese 2 cosas cuando crecía. Que el Maestro Lan, y de hecho cualquier superior, se puede equivocar. Y que puedes respetar a alguien y aún así ver sus defectos claramente.

Sizhui mantiene al mínimo las discusiones, aún si es sólo porque Wei Wuxian se lo pidió. Pero nunca prometió no discutir para nada.

“Xiansheng,” dice Sizhui, “la alteración la causamos nosotros, no Wei-qianbei. Estos discípulos se disculpan.”

El Maestro Lan entrecierra los ojos. Pero al final sus hombros bajan y suelta un suspiro. “Al menos es bien portado,” concede. “Uno desearía que hubiese sido así de obediente cuando estudió aquí.”

Es, para los estándares del Maestro Lan, un complido en lo que a Wei Wuxian se refiere. Pero las palabras de A-Ying en Caiyi regresan a Sizhui. No pidas nada. No tomes demasiado. Los niños se ven mejor cuando sonríen.

Abre su boca. Hanguang-jun le gana.

“Wei Ying aún es cauteloso,” dice. “Entendible, dadas sus circunstancias.”

Alza su mirada para ver de frente al Maestro Lan, y tienen una larga conversación silenciosa. Sizhui no puede decir cual es el resultado pero el Maestro Lan es el primero en ceder.

“Bien,” dice al final. “¿Entonces tienes esto bajo control, Wangji?”

Hanguang-jun aciente. “Sizhui me informará ahora.”

“Entonces los dejo,” dice el Maestro Lan.

El conejo blanco y gris salta del regazo de A-Ying y empieza a huir. A-Ying se para y lo persigue. “¡Conejito!” Exclama “¡Espera!”

“Wei Ying,” dice el Maestro Lan ya volteandose. “No…”

A-Ying se detiene tan rápido que casi se tropieza. Y cuando sus ojos se encuentran con los del Maestro Lan, pasa algo que Sizhui nunca había visto antes. El Maestro Lan se detiene a media regla.

A-Ying, por lo menos, se ve más confundido que asustado. Pero se inclina en una torpe reverencia de todos modos. “¿Hice algo malo? Lo siento.”

Sea cual sea el debate que hay en la cabeza del Maestro Lan, no hay victorias fáciles. Hace una mueca, y luego con un enorme esfuerzo, su expresión se hace algo ceñido y controlado. Considerando que está mirando a Wei Wuxian podría pasar por placentero.

“No hay necesidad,” logra decir, eventualmente. “Corre si quieres.” Y dándose la media vuelta se aleja.

“Yo también debería regresar,” dice Zewu-jun.

“Xiongzhang,” dice Hanguang.jun. “No es necesario.”

“Uno de nosotros debería tranquilizar a Shufu,” dice Zewu-jun tranquilamente. La fatiga habitual está empezando subir por detrás de sus ojos. Pero su sonrisa cuando se agacha frente a A-Ying es genuina. “A-Ying, muchas gracias por dejarme jugar contigo hoy. Ha pasado mucho tiempo desde que pude pasar tanto tiempo con mi hermano menor.”

“Oh,” dice A-Ying decaído. “¿Gege ya se va?”

“Al menos por hoy,” Zewu-jun de acaricia la cabeza. “Pero no te preocupes. Me verás mañana.” Se yergue, asiente a los juniors y cruza el prado tras su tío.

Hanguang-jun mira hasta que la espalda de Zewu-jun desaparece en la distancia. Luego se voltea a A-Ying, quien aún está estirando su cuello para ver si ve señales de los conejos. “A-Ying,” dice. “Ven a sentarte. Los conejos regresarán si estás quieto.”

A-Ying lo hace obedientemente. Sizhui había pensado, más temprano en el día, que ver a A-Ying usar su antiguo uniforme iba a ser lo más extraño a lo que iba a llegar. Escuchar a Hanguang-jun decirle a A-Ying exactamente las mismas palabras que le decía a Sizhui a esa edad, es muchos niveles más de extrañeza.

“El resto de ustedes también deberían sentarse.” Wen Ning se mueve innecesariamente para hacer espacio para que todos se sienten en un círculo. “¿Wei-gongzi, tienes sed? Hay más té.”

“Wen-qianbei,” se ríe Jingyi, “no necesita seguir llamándolo ‘gongzi’. Tiene 6 años.”

Wen Ning baja la cabeza. Si pudiese sonrojarse lo estaría. “Disculpas, Lan-gongzi. Costumbres.”

Toda la atención de A-Ying está enfocada en Wen Ning ahora, en algún lugar pasando su cara. Está callado tanto tiempo que que Sizhui casi pregunta qué está mal. “Tienes ramas en tu cabello,” dice finalmente.

“Ah, es cierto,” dice Ouyang Zizhen. “¿Wen-qianbei, vino por el bosque de nuevo?”

“Te dijimos que no necesitas hacer eso,” Jin Ling musita hacia el pasto.

“Gracias Líder de secta Jin,” dice Wen Ning. “Pero de verdad no es un problema. Y de ese modo no asustaré a la gente en los caminos.”

Sus rígidos dedos se dirigen a su cabello, listo para tirar de las ramas. A-Ying, que se lanza cruzando el pasto, le gana.

“Yo no haré,” anuncia. Y con su cara llena de concentración, se pone de puntillas para alcanzar el cabello de Wen Ning.

Wen Ning se queda muy quieto mientras los dedos de A-Ying deshacen sus nudos. Algo ilegible llena rápidamente sus ojos. “Gracias, Wei-gongzi.”

“Ajá,” canturrea A-Ying.

Al final, los conejos mantiene su distancia. A-Ying todavía es mucho más reservado en sus movimientos que Wei Wuxian, pero ha ganado confianza que no tenía esta mañana, y con eso viene una curiosidad insaciable. Examina el pasto en la ropa de Wen Ning. Inspecciona cada centímetro de Bichen y cuando Sizhui le saca a Chenqing de su bolsa qiankun, pasa otros 10 minutos probando algunas notas experimentalmente.

(De acuerdo con Hanguang-jun, no hay nada que pueda convocar con su nivel actual de poder espiritual. Ouyang Zizhen se agarra de sus rodillas todo el tiempo de todos modos.)

Pero A-Ying está particularmente cautivado por la ropa de Hanguang-jun, una túnica exterior de encaje posada suavemente sobre la segunda capa azul con un intrincado dobladillo con nubes. A-Ying da al menos 5 vueltas alrededor de Hanguang-jun, quien está sentado meticulosamente en el pasto con sus faldones extendidos en un círculo perfecto a su alrededor, para inspeccionarla.

“A-Ying,” dice Jin Ling, “los conejitos no regresarán si no estás quieto.”

“Déjelo ver.” El rostro de Hanguang-jun está increíblemente plácido. Es una expresión que Sizhui solía ver de vez en cuando. Ahora parece que la ve cada par de días. “¿Te gusta, A-Ying?

“Mmm…” A-Ying pasa su mano sobre el bordado, su expresión igual de maravillada que las primeras vueltas alrededor del dobladillo. “Que demonios.”

Al lado de Sizhui, Jingyi deja de respirar. Hanguang-jun, parpadea una vez, levanta su cabeza para verlos. “Jingyi,” dice. Y está casi imperceptiblemente entretenido. “Está bien. Wei Ying ya sabe esa palabra.”

Jingyi se derrite. “Sí,” se ríe nerviosamente. “Este discípulo será más cuidadoso en el futuro, Hanguang-jun.”

A-Ying empieza su inspección de nuevo, esta vez siguiendo el camino de una cuerda en específico. La siguientes palabras de Hanguang-jun no vienen por un largo rato. “Gracias a todos,” dice. “Lo hicieron muy feliz hoy.”

“No hay necesidad de que nos agradezca, Hanguang-jun.” Ouyang Zizhen, aparentemente se da cuenta de que tan vehemente se oyó, se sonroja y baja su voz. “Quiero decir, es Wei-qianbei. Así que por supuesto…”

“Mm.” Una briza empuja el cabello de Hanguang-jun atrás de su hombro, su adorno del cabello resplandeciente en el sol. Tiene esa misma sonrisa privada, la que tiene en esos momentos mundanos en la Jingshi, cenando con Sizhui y Wei Wuxian, escuchando cómo sus voces se mezclan a la luz de las velas. “Aún así se los agradezco.”

Hay un ruido repentino, luego un tropiezo… A-Ying se tropezó con las tazas de té, y se está cayendo. Hanguang-jun fácilmente se estira para atraparlo. “A-Ying,” dice sin reproche, “ten cuidado.” Luego de repente se paraliza.

Su voz apenas cambia. Pero Sizhui, inmediatamente, sabe que algo no está bien. 

Lo primero que puede ver es que A-Ying se ha puesto pálido, su cuerpo congelado en los brazos de Hanguang-jun. Sus enormes ojos están fijos en un punto en el dobladillo de la ropa de Hanguang-jun, pero Sizhui no ve porqué hasta que se levanta. Una de las tazas con las que se tropezó A-Ying estaba llena, y el té dejó una mancha obscura en la tela.

“A-Ying,” intenta Hanguang-jun. “Está bien. Se puede lavar.”

La cabeza de A-Ying da un tirón, un rápido sacudir abortado. “Perdón,” susurra. “Lo siento, Yo lo…”

“Está bien,” intenta de nuevo Hanguang-jun. Pero A-Ying ya se salió de su suave agarre y está en sus rodillas agarrando un bulto de tela de su propia ropa en un pequeño puño blanco. Lo presiona 2 veces en la mancha, antes de que Hanguang-jun gentilmente detenga su puño.

“Yo lo arreglaré.” A-Ying ve hacia arriba, y para horror de Sizhui, lágrimas le escurren silenciosamente por las mejillas. “Puedo arreglarlo. Tendré más cuidado. Yo… no tienes que…”

En un movimiento fluido, Hanguang-jun toma a A-Ying en sus brazos y lo presiona a su hombro. A-Ying entierra su cara debajo del mentón de Hanguang-jun y se hace bolita temblando, acercándose más con cada sollozo que se le escapa. Como si su llanto fueran llamas que hay que apagar.

“Yo lo arreglaré,” A-Ying susurra. “No lo haré de nuevo, no lo haré… no tienes que hacer que me vaya, yo…”

Hanguang-jun se ve desgarrado. Sizhui está seguro que la misma expresión se refleja en su propia cara. Sus amigos están congelados a sus lados, y detrás de Hanguang-jun, Wen Ning tuerce sus manos en su regazo.

“A-Ying,” murmura Hanguang-jun. Hay un inusual hilo de fragilidad en su voz. “Éste es tu hogar.”

Toma algunas repeticiones para que A-Ying lo escuche, aún tan callado como es. Su temblor se reduce un poco con la palma de Hanguang-jun frotando un lento y tranquilizador círculo es su espalda, e incluso sus sollozos se convierten en silencio.

“Puedo arreglarlo,” susurra miserable.

Hanguang-jun besa un lado de su cabeza. “No necesitas hacerlo.”

“Lo arruiné.” A-Ying es casi inaudible ahora.

“No lo hiciste,” dice Hanguang-jun, mas firme esta vez. “Y aún si lo hubieses hecho, eso no haría ninguna diferencia. Éste seguiría siendo tu hogar de todos modos.”

A-Ying solloza silenciosamente en la ropa de Hanguang-jun. Y Sizhui piensa, de nuevo, en las reglas de A-Ying. No pidas cosas. No tomes demasiado. Siempre sonríe. Nunca llores. Todas rotas hoy. Y Sizhui tiene el terrible presentimiento de que A-Ying también está pensando lo mismo.

“Éste es tu hogar,” Hanguang-jun dice de nuevo. Pero Sizhui se pregunta si A-Ying sabe lo que eso significa.

Hanguang-jun se ve tan perdido. Es una expresión que Sizhui recuerda de su infancia, las primeras veces que había llorado. ¿Ah, reflexionó Wei Wuxian hace algunos meses, en cualquier caso, cómo fue que Hanguang-jun lidiaba con un niño llorando?

Hanguang-jun había soltado una ligera risa. Imaginando qué haría Wei Ying .

"Hanguang-jun," dijo Sizhui de repente, su boca 2 pasos adelantada a su cerebro. "¿Puedo intentar algo?"

"Por favor," dijo Hanguang-jun muy bajo.

Cuidadosamente, Sizhui toma a A-Ying de los brazos de Hanguang-jun, dónde se presiona a sí mismo contra el cuello de Sizhui. Hay un ligero temblor a través de cada centímetro de su cuerpo. Su llanto, al menos, se había detenido. Pero aún cuando Sizhui movió su cabeza, intentando hacer contacto visual, A-Ying se encogió más, manteniendo si rostro oculto.

"Lo siento," masculla de nuevo.

Sizhui inhala, y junta toda la determinación que un discípulo líder debería poseer, y dice. "¿Pueden cavar un hoyo en la tierra? Uno pequeño."

No necesitan que les digan de nuevo. Hanguang-jun usa a Bichen. Wen Ning usa sus manos, pronto seguido por Ouyang Zizhen y Jingyi. Hasta Jin Ling se les une, y hace el show de odiarlo más pequeño que Sizhui haya visto. Al poco tiempo, hay un hoyo superficial a los pies de Sizhui.

Ahora la parte difícil.

"A-Ying," Sizhui murmura. No suelta su agarre, pero se mueve un poco. "¿Puedes voltear a ver a gege un momento? No estás en problemas. Solo quiero enseñarte algo."

A-Ying se queda quieto otro momento. Luego finalmente, se desenrosca solo lo suficiente para ver a Sizhui. Sus ojos están hinchados, y su cara tiene marcas de la ropa de Hanguang-jun y Sizhui, pero está escuchando.

"Muchas gracias por hacer eso," dice Sizhui. "Ahora, te voy a bajar. ¿Escucharás lo que te voy a decir hasta que termine?"

A-Ying no duda está vez antes de asentir. Y tan gentilmente como puede, Sizhui pone a A-Ying en el hoyo.

"La…" empieza Jin Ling. Jingyi le mueve la mano hasta que se calla.

"Bien," dice Sizhui. "Ahora, quiero enseñarte algo."  Cuando A-Ying vuelve a asentir Sizhui señala a Hanguang-jun ya los demás. "Estos gege van a volver a llenar el hoyo. Quédate quieto ¿bien? Eso lo ayudará a funcionar.”

Jin Ling aún no parece convencido. Pero Hanguang-jun toma un puñado de la tierra y la distribuye uniformemente en el regazo de A-Ying, no hace falta convencer a los demás mucho más.

Wen Ning y Ouyang Zizhen ponen gentilmente pequeños puñados; los de Jin Ling son montículos que se desbordan de sus manos. Jingyi le pica una mejilla a A-Ying, dejando una huella de tierra en uno de sus hoyuelos, y por primera vez en el día, A-Ying se ríe. Una cosa pequeñita, solo una semilla de la de Wei Wuxian.

"Ok," dice Sizhui sacudiéndose la manos. "Ahora ya estás plantado"

Toda la atención de A-Ying está en Sizhui ahora. La línea de sus hombros ha dejado de temblar. "¿Soy una planta?"

"Mm," dice Sizhui. "Más o menos. Las plantas y las personas de hecho tienen mucho en común. Todos necesitamos sol, agua… " Recordando el elemento que le falta, toma la otra taza de té y la riega en la tierra lo suficientemente lejos de A-Ying para que no se moje. "...y atención. ¿Sabías que las plantas crecen mejor cuando las personas las cuidan?"

Frente al sonido inquisitivo de A-Ying, Sizhui añade. "La persona que me enseñó eso también me plantó una vez. Dijo que con mucha agua y luz de sol, crecería más alto y tendría muchos amigos con quienes jugar."

A-Ying entrecierra los ojos. "¿Funcionó?"

Puede que estén de regreso en el Descanso de las Nubes. Pero Sizhui nunca se ha sentido más cómodo torciendo un poco la verdad. "Por supuesto," dice. "Tengo tantos amigos ahora. Y soy mucho más alto."

Sizhui no se atreve a voltear a ver a Hanguang-jun. Pero puede sentir su cálida mirada a su lado. Así que continúa.

"¿Sabes que sujeta las plantas a la tierra, A-Ying?" Pregunta.

"Sí." A-Ying se anima. "Tienen pequeñas…" Extiende sus dedos para demostrar.

"Raíces," dice Sizhui.

"¡Sí!" A-Ying dice.

"Exacto." Sizhui se arrodilla hasta que está al mismo nivel que A-Ying. "Cuando las plantas se hacen más altas, también crecen hacia la tierra. Y cuando sus raíces se hacen más fuertes ellas también se hacen más fuertes. Pueden crecer de lado, o volteando al sol. Y sus raíces crecen tan profundo que nadie puede moverlas, nadie puede ni siquiera tocarlas."

Sizhui se inclina hacia adelante solo lo suficiente para limpiarle las tierra de la mejilla con su pulgar. "Y cuando decimos que ésta es tu casa, eso es lo que queremos decir. Queremos que crezcas aquí, cómo quieras. Y que te quedes todo el tiempo que quieras."

Está lo suficientemente callado que se oye la brisa pasando por los árboles. Y de pronto Sizhui es quien está inestable. Tiene que tomar otro respiro antes de preguntar. "¿Eso suena bien?"

A-Ying lo ve con esa misma mirada cautelosa. La que se hace cálida rápidamente para las personas nuevas, que les sonríe sin reservas, pero nunca confía del todo en el suelo bajo ahora pies.

Pero luego pregunta. "¿Tengo que quedarme en la tierra?"

La risa de Sizhui lo toma a él mismo por sorpresa. "No," dice. "No, las personas no son exactamente igual a las plantas. ¿Quieres que te saque ahora?"

A-Ying lo piensa. Sus ojos aún están rojos. Pero se está formando el inicio de una sonrisa brillante. "Hmm," niega. "Voy a crecer un poco más."

Hanguang-jun se hinca al lado de Sizhui. Esa mirada tierna está de regreso en su rostro. "Entonces le traeré más té a planta-gongzi para que crezca más rápido."

A-Ying se ríe de nuevo, y se limpia lo último de sus lágrimas.

Cuando Sizhui se levanta, Jin Ling se está tallando los ojos. "Probablemente arruinamos su ropa," dice pesadamente.

Sizhui ve cuidadosamente a Hanguang-jun, regando innecesariamente la tierra. Lo último de su aprehensión se aprieta un poco. Y luego se libera. "Tenemos más."

***

Para cuando la energía de A-Ying se vuelve a agotar el sol está bajo y brillante, y les da en los ojos. Hanguang-jun lo lleva a la Jingshi para limpiarlo. Wen Ning educadamente se despide y se va de regreso a Caiyi. Y Jingyi, Jin Ling y Ouyang Zizhen se unen a los otros discípulos para cenar.

Sizhui pone 2 raciones en una charola. Y se dirige a la Jingshi.

Cuando Sizhui abre la puerta la luz es tenue y silenciosa. Las cosas de Wei Wuxian han sido sacadas de la bolsa qiankun: Chenqing y Suibian están cuidadosamente puestas sobre su ropa, esperando al regreso de su dueño. Sizhui traga saliva. Debió ser duro para Hanguang-jun tener a su esposo justo ahí, pero no realmente.

Sizhui cierra la puerta detrás de él, dejando que el fresco aire de la tarde se asiente. Y después escucha un suave tarareo.

Hanguang-jun está hincado en el piso junto a la mesa, cerca de la única vela que alumbra la habitación, y está tarareando la canción que Sizhui ha conocido toda su vida… la canción que solo empezó a entender recientemente. A-Ying está hecho bolita en sus brazos con ropa que era de Sizhui, completamente dormido. Se mueve una vez para presionar cabeza más en los brazos de Hanguang-jun, pero a parte de eso está inmóvil.

“Hanguang-jun,” susurra Sizhui. “Traje la cena. ¿Debería despertarlo?”

Hanguang-jun levanta la mirada y niega con la cabeza. “Necesita descansar,” dice. “Pero tu deberías comer.”

Sizhui ronda por la habitación. “No he oído de mis shidi aún,” dice. “Estaba pensando en tal vez ir a la montaña de nuevo.”

“Sizhui,” dice Hanguang-jun. Su voz es tan suave como un roce de telas. “El demonio de la montaña no va a cambiar sus terrenos de caza. Iré yo mismo en cuanto se ponga el sol. Voy a necesitar que cuides a Wei Ying.”

“Por supuesto,” dice Sizhui rápidamente.

“Bien.” Hanguang-jun sonríe, solo un poco. “Entonces deberías comer primero. Wei Ying puede tener mi parte si se despierta.”

“... entonces comeré,” dice Sizhui poniendo la charola en la mesa y luego sentándose. “Gracias Hanguang-jun.”

Hanguang-jun lo observa un momento. En sus regazo, A-Ying se mueve un poco y suspira. “Lo hiciste bien hoy, Sizhui.”

La risa de Sizhui es más bien un suspiro. “En verdad, Hanguang-jun, estaba improvisando como iba avanzando.”

“Wei Ying dijo lo mismo de criarte,” dice Hanguang-jun, sacándole una risa más genuina a Sizhui esta vez. Pero después agrega, “ninguno de los 2 se dan suficiente crédito a ustedes mismos.”

Sizhui baja la mirada y juega con sus manos en su regazo. Siente los ojos de Hanguang-jun sobre él todo el tiempo.

“Fue hace mucho tiempo, Sizhui,” dice Hanguang-jun.

“Algunas de las cosas que nos dijo…” al principio, Sizhui no sabe cómo decirlo. Pero Hanguang-jun nunca lo ha apresurado a hablar. Así que se toma su tiempo. “Me pregunto si aún las cree. Quizá no de la misma manera en la que solía hacerlo, pero…”

“Mm.” Hanguang-jun pasa una mano suave y reafirmante por el cabello de A-Ying. “Lo que sabes de niño son rocas en tus cimientos. Son difíciles de desmantelar por completo.”

Sizhui lo sabe. Lo ha sabido desde el mercado, cuando A-Ying les dijo que los niños se veían mejor cuando sonreían y Sizhui catalogó cada sonrisa de Wei Wuxian en su mente. Ha estado pensando en eso todo el día, rodeado de las personas que lo hicieron, las que sobrevivieron y las que no. Los brazos han sido diferentes, a través de los años, pero Sizhui siempre ha sido sostenido.

“Sizhui,” dice de nuevo Hanguang-jun, trayéndolo gentilmente de regreso al presente. “Wei Ying no recibió mucha bondad. No es algo que espere, aún ahora.

“Sí, Hanguang-jun,” dice Sizhui. También sabe eso.

“Pero,” dice Hanguang-jun. “Sabe que hay personas que creen que se la merece. Personas como tú.”

Sizhui se endereza de inmediato. “Hanguang-jun, yo no…”

“Le mostraste gentileza antes de que lo conocieses de verdad,” dice Hanguang-jun. “Viste su corazón, como lo haces con todos. No es algo sencillo darles a las personas la atención que merecen. Siempre he admirado su determinación para hacerlo. Y la tuya.”

Sizhui puede sentir su cara sonrojarse. Y no hay nada que hacer para detenerlo, solo inclina su cabeza. “¿Y eso es suficiente?”

A-Ying frunce el ceño un poco en sus sueños; Hanguang-jun pasa sus dedos por su cabeza hasta que se relaja de nuevo. “Una vez le dije a Wei Ying que te dio dicha. Hiciste lo mismo por él. Entonces y ahora. Siempre ha sido suficiente.”

Sizhui siente sus ojos llenarse. Pero tampoco hay nada que pueda hacer para detenerlo.

“Y Sizhui,” dice Hanguang-jun, volteando a ver a A-Ying para darle tiempo a Sizhui para limpiarse los ojos. “Sé que te preocupas. Por mi y por él.” Pausa, deja que sus palabras se asienten en el piso como polvo. “Cuando Wei Ying regrese a ser él mismo, te va a decir que es nuestro trabajo preocuparnos por ti. Estaré de acuerdo con él por adelantado.”

Sizhui no se atreve a voltear hasta que su cara está seca y su respiración bajo control. Hasta que sonría y no tiemble. “Trataré de tenerlo en mente, Hanguang-jun,” dice.

Hanguang-jun lo ve por un largo tiempo. Como si él, también, hubiese pasado el día viendo a través de vidrios rotos, el Sizhui de entonces y el Sizhui de ahora lado a lado. “bien,” dice. “Ahora come.”

***

Hanguang-jun se va poco después, en cuanto el sol se ha puesto y dejó a A-Ying arropado en la cama de la Jingshi. A-Ying es prácticamente tragado por la almohada y el enorme edredón. Se hace bolita, hundiéndose en lo que debe ser una suavidad desconocida, y no se vuelve a mover.

Sizhui mueve la vela a su lado y se sienta junto a la cama, con algunos ensayos de sus shidi en las piernas.

Despierta en la obscuridad, un par de brazos rodeando su cintura.

“Ow,” susurra una voz que no ha oído en todo el día. “Perdón, perdón. Eres más alto lo que eras.”

Sizhui parpadea, patea la nada mientras es puesto en algo suave. “¿Xian-gege?”

Hay una suave risa, y un beso presionado en su cien. “Duerme de nuevo, A-Yuan.”

Así que eso hace.

***

De lo primero de lo que Sizhui es consciente es la luz del sol.

Ésta debió ser su primera advertencia. Pero la consciencia aún está llegando lentamente, en etapas. Así que hunde su cara en la almohada para volver a dormir.

“He intentado eso, también,” canturrea una voz a su izquierda. “Nunca parece funcionar.”

Sizhui se sienta tan rápido que se marea. Pero la habitación finalmente se detiene: la Jingshi, la cama debajo de él, es espacio vacío donde se quedó dormido cuidando a A-Ying anoche. Hay platos cubiertos en la mesa., y la habitación huele a arroz, vapor y un poco de aceite picante. Un poco más lejos Hanguang-jun está en una silla, un peine en la mano y una pequeña sonrisa en su rostro. E hincado entre sus piernas, inclinando la cabeza para darle a su esposo mejor acceso a su cabello, está Wei Wuxian.

“Buenos días, Sizhi,” dice Wei Wuxian.

Hanguang-jun junta la mitad del cabello de Wei Wuxian para amarrarlo. “Sí,” dice. “Buenos días.”

“¡Wei-qianbei!” Sizhui casi se abre la rodilla en el filo de la cama en su prisa por pararse. “¿Cómo se siente?”

“Completamente, 100% normal,” dice Wei Wuxian.

“Aún un poco débil,” lo corrige Hanguang-jun.

Wei Wuxian exhala exageradamente, pero su sonrisa no disminuye. Es tan amplia que su nariz se arruga un poco. “Puede o no que tenga la energía espiritual de un niño de 6 años por algunos días más.” Cubre un bostezo con sus manos. “Y la resistencia de uno, aparentemente. ¿Lan Zhan, cómo es que ya estoy cansado?”

“Bien,” dice Hanguang-jun. “Deberías descansar hoy.”

“Aiyo, estoy harto de descansar.” Se ríe. “Ustedes, chicos, casi no dejaron que mis pies tocasen el piso ayer. Tenía 2 piernas perfectamente buenas ¿sabes?”

“Yo no…” dice Sizhui. Aún está aturdido, su mente luchando por ponerse al corriente. “¿Me dejaron dormir?”

“Lo necesitabas,” dice Hanguang-jun simplemente.

“Aunque estábamos a punto de despertarte,” dice Wei Wuxian. “Tus amigos estarán aquí para desayunar en…” ve por la ventana, como si hubiese algo que le pudiese decir la posición del sol, “... muy poco tiempo. Tal vez te quieras cambiar.”

Sizhui voltea a verse a sí mismo sólo lo suficiente para ver el estado de su ropa, manchada de tierra, pasto y un poco de grasa de las empanadas en Caiyi. Luego va al guardarropa al fondo de la Jingshi, solo lo suficientemente lento para que no sea correr técnicamente.

“El cajón de en medio,” dice Hanguang-jun.

“¡Gracias!” Dice Sizhui detrás de la pantalla de privacidad.

Sizhui se apresura a cambiarse la ropa y tallarse la cara solo lo suficiente para sentir que está haciendo algo. Para cuando quita la pantalla de privacidad, Wei Wuxian está hincado a la mesa destapando los 6 platos de congee que sueltan vapor delicadamente. Hanguang-jun cruzó el cuarto, hacia la puerta que se abre.

“Buenos días,” dice.

Sizhui oye a Jingyi, Jin Ling y Ouyang Zizhen antes de verlos, diciendo a coro. “Buenos días, Hanguang-jun” como respuesta. Hanguang-jun se hace a un lado, y los 3 entran educadamente. Después ven a Wei Wuxian y cruzan la habitación en pocos pasos rápidos para reunirse con él alrededor de la mesa.

“¡Wei-qianbei!” Dice Jingyi.

“¿Cómo se siente, Wei-qianbei?” Dice Ouyang Zizhen. “¿Le duele algo? ¿Hubo algún efecto secundario?”

Jin Ling inclina la cabeza fingiendo desinterés, como si no estuviese prácticamente pegado a Wei Wuxian justo en este momento. “Así que ya volviste a la normalidad.”

“Está bien, está bien,” ríe Wei Wuxian. “Estoy bien. Solo un poco cansado. No me duele nada, tomando en cuenta que acabo de tener el estirón más dramático del mundo.”

“¿Recuerda algo?” Dice Jingyi

“Hmm…” Wei Wuxian hace un show tan largo pensando que Sizhui inmediatamente está seguro de que recuerda todo. “Recuerdo a Jingyi enseñándome a maldecir.”

Jingyi escupe fuerte. “¡Usted ya sabía maldecir! ¡Hasta Hanguang-jun lo dijo!”

Wei Wuxian destapa el último plato. “Todos lo hicieron bien,” dice. “Aunque obviamente preferiría que la próxima vez, si hay una próxima vez, no se lo intenten ocultar a Hanguang-jun tanto tiempo. Sí, queremos que aprendan a resolver problemas por ustedes mismos. Pero mientras estemos aquí, no necesitan hacerlo. Digan ‘Sí Wei-qianbei’ .”

“Sí, Wei-qianbei,” dicen los juniors a coro.

“Bien.” Wei Wuxian les sonríe. “Ahora siéntense. Lan Zhan, Sizhui, vengan.”

Obedientemente Sizhui cruza la habitación despacio y se sienta al lado de Wei Wuxian. “¿Qué es…?”

“Pensamos en prepararles el desayuno.” Wei Wuxian pone un plato en frente de Sizhui. “Para agradecerles por cuidar tan bien de mi ayer. En realidad Hanguang-jun lo preparó y yo observé.”

“Eso creí,” dice Ouyang Zizhen. “Si Wei-qianbei lo hubiese preparado, se vería un poco más como…” Señala al rojo volcánico de propio plato de Wei Wuxian, “eso.”

“Los niños de estos días no tiene gusto por las cosas buenas,” dice Wei Wuxian fácilmente viendo su congee. “Mmm, Lan Zhan, esto se ve casi perfecto. Solo voy a ir por un poco más de…”

“Yo lo traeré,” dice Hanguang-jun, levantándose de nuevo. “Quédate ahí.”

“¡Ay, Lan Zhan!” Se queja Wei Wuxian. “Me consintieron todo el día ayer. No puedes consentirme también hoy.”

“Te cayó una maldición ayer,” Jin Ling le responde. “Solo haz lo que te dicen, Da jiu.”

Wei Wuxian señala con sus palillos y empieza. “Tengo fuerza para al menos cruzar la…”

Y luego Sizhui ve el momento exacto en el que las palabras de Jin Ling lo golpean. Wei Wuxian parpadea una vez, después otra. Luego repite. “Da jiu.”

Jin Ling se encoge de hombros agresivamente. Se ha puesto tan rojo como el plato de Wei Wuxian. “Solo come tu comida,” balbucea.

Wei Wuxian está inmóvil cuando Hanguang-jun se inclina junto a él para poner el aceite picante al lado de su plato. Su sonrisa es como algodón de azúcar, transparente y frágil. Luego se expande, “Ok, A-Ling.”

El aroma del aceite picante juntándose con el arroz y los hongos flota sobre la mesa, ahora que el estómago de Sizhui ha alcanzado al resto de su cuerpo, de repente se siente, vorazmente hambriento. Antes de poder tomar un bocado, siente la cálida mano de Wei Wuxian sobre su hombro. “Oh,” dice, “y Sizhui.”

Así que Sizhui levanta la vista. Y cuando lo hace, encuentra a Wei Wuxian tratando mucho de verse severo. Pero detrás de eso, hay algo inseguro, casi tímido. “¿No deberías pensarlo mejor antes de tomar consejos de paternidad de mi?”

Sizhui toma un bocado del congee, deja que la calidez se extienda por cada centímetro de él. Y luego sonríe de oreja a oreja. “¿Por qué lo haría Wei-qianbei?” Dice. “Se lo dije, funcionó.”

Pasarán al menos una hora en la mesa: Sizhui y Hanguang-jun comiendo en silencio, los demás no tanto. Romperán la regla de no hacer un escándalo, y la regla de no comer más de 3 platos, y la de no sonreír ridículamente. Hanguang-jun fingirá no darse cuenta. Sizhui y Jingyi prometerán copiar las reglas de todos modos.

Wei Wuxian se quedará dormido en el hombro de Hanguang-jun. Y cuando los otros se hayan ido, cuando Hanguang-jun haya puesto un edredón sobre su esposo y se prepare para tocarle canciones para un buen descanso, Sizhui le pedirá unírsele. Y Hanguang-jun le dirá que sí.

Y Sizhui se sentará con su guqin… rodeado de las personas que lo hicieron, la casa que lo cubrió, la tierra en la que creció… y se quedará.