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Elentari Lavellan V: El Lobo Rebelde Asciende

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En "Canto Ancestral" hemos conocido parte de la verdad acerca de Mythal y el pasado en Arlathan que involucró a Solas y la creación del Velo.

Durante este recorrido, conoceremos finalmente la historia del joven Solas, la máscara de Fen'Harel y los motivos por los que un grupo de Rebeldes decidieron enfrentar la tiranía de los soberanos del pasado para destrozar la opresión a todo un Pueblo élfico.

Alrededor de Solas existe un misticismo profético que lo ha acompañado durante toda su vida y que, finalmente, volverá a acosarlo en esta parte de la historia para obligarlo a enfrentar quién es y su herencia arcana.

Recorreremos sus penas y temores, así como veremos su crecimiento personal y afectivo hacia los seres de Thedas.

El "Lobo Rebelde Asciende" será el relato a través del que, Solas, será capaz de comulgar con su propia verdad y perdonar sus errores pasados para dar los primeros pasos en el presente y hacia el futuro. 

Por su parte, Elentari deberá encontrar el modo de crecer más allá de la sombra de su amado Solas, quien la tiene deslumbrada desde el primer día que lo conoció. Tendrá que lidiar con su propia obsesión por interpretarlo como una "deidad" y comprender que Solas es quien es y ella debe tomar sus propias decisiones y lidiar con las consecuencias sin esperar su aprobación constante. 

Este viaje será un desafío para ambos, con nuevos descubrimientos y crecimientos personales. 

 

 

 

Ninguna de las imágenes que comparto me pertenecen.

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Era la madrugada y yo no podía dormir ¡Claro que no podía dormir! Sentía el murmullo constante de los comandantes de los ejércitos subterráneos de los engendros tenebrosos enlazar mi consciencia con la de ellos... una y otra vez.

Se habían sucedido quince malditos años desde mi Iniciación y, desde entonces, yo cargaba con la corrupción de la Ruina en mi interior... Así que, estos susurros infernales que deberían estar agobiándome, me resultaban, en realidad, una canción familiar y acogedora. Serenaban mi alma y eso perturbaba mi consciencia.

El taburete sobre el que estaba sentada, daba contra la fría pared de piedra, donde tenía apoyada mi espalda. La mesada frente a mí, actuaba como cómoda para que mis piernas, levemente elevadas y estiradas, descansaran sobre el sucio mármol de la cocina. La leche caliente que había tenido intención de beber, quizás ya se había enfriado, y yo no había bebido una sola gota.

Había venido hasta la cocina bajo la patética excusa de beber un vaso de leche caliente con miel y canela, serenar mi interior y volver a dormir... Como si realmente, hubiera dormido en algún momento durante esta noche, hiciese lo que hiciese.

Sin embargo, al llegar a la cocina y terminar de calentar el jarrón con leche, supe que simplemente me estaba engañando. Jamás había querido leche con miel y canela, jamás quise serenar mi alma. No había forma de encontrar "tranquilidad" en lo que sentía. Y lo que sentía era agobiante: sentía paz en el dulce llamado del Archidemonio... Así que, cuando comulgué con ello, me dirigí a la Gran Biblioteca, tomé un libro con los versos del Cantar de la Luz de Andraste y volví a la cocina... Y lo había estado leyendo desde entonces...

Una y otra vez los versos de Threnodies había recitado en silencio en mi mente. "Has traído el pecado al Cielo, y la condena al mundo entero", había dicho el Hacedor, pero ¿había existido alguna vez un Hacedor? ¿Quién había hablado con Andraste? ¿Quién había murmurado todos estos versos a nuestra Señora? ¿Fen'Harel desde el Más Allá? O, ¿realmente había una fuerza poderosa encerrada en la Ciudad Negra que se había visto ofendida cuando los Magister Siderales del Imperio de Tevinter habían asaltado la Ciudad, antaño Dorada?

Los susurros melodiosos de las órdenes de los comandantes de los ejércitos enemigos volvieron a bailotear en mi cabeza. Me frustré, así que lancé el maldito libro sagrado de mi religión a la mierda y, en el silencio oportuno de la noche, oí la queja de alguien que acababa de ingresar a la cocina y que, claramente, tampoco podía pegar un ojo.

Maldita noche del demonio. – Lo siento. – dije desde mi rincón y conecté con las fuerzas del Más Allá, que me abrazaron de manera tan conocida y destinaron su potencia a mi báculo, haciendo que la piedra de su extremo superior brillara tenuemente con una coloración amarillenta y disipara las sombras que me habían estado rodeando. – Oh, Cullen... eres tú. – el templario se agachó y tomó el libro que lo había golpeado. Miró y noté una sonrisa al reconocer el acto de herejía que acababa de realizar. Mandar a la mierda las santas palabras de Andraste...

- Veo que no te estás creyendo demasiado las palabras susurras del Hacedor a nuestra Santísima Andraste. – bromeó y colocó el libro sobre la mesada. Yo revoleé la mirada: por supuesto que ya no sabía qué mierda creer. Fen'Harel había hecho tambalear los cimientos de mis creencias religiosas.

Él se acercó y tomó el jarrón donde había estado la leche que había calentado. - ¿Cuánto tiempo lleva esto afuera?

- No lo sé. Pero no se echó a perder, descuida. Hace frío y lo coloqué hace un tiempo... pero no lleva días fuera. – suspiré. – Iba a tomar un vaso de leche caliente, pero luego comprendí que era una mentira esperar que eso me devolviera el sueño. Así que... decidí... bueno... buscar ese libro. El Cantar de la Luz, y ¿adivina qué?

- No lograste conciliar el sueño tampoco. – respondió.

- Para nada.

Cullen buscó otro tazón y me miró, esperando que le facilitara fuego para encender las brasas y calentar, una vez más la leche.

En el Círculo de Ferelden solíamos hacer aquello. Cuando un templario tenía buena relación con un mago, era un juego inocente el permitirnos liberar hechizos sin control de los Encantadores Superiores o el Primer Encantador, con ellos a nuestro lado. Era una pequeña forma en la que, los templarios, nos recordaban que, a pesar de ser magos y posibles abominaciones, también éramos libres y en esa pequeña libertad podíamos cometer un inocente acto de rebelión: soltar fuego, una pequeña llama, aunque tan solo fuera para servirles a ellos... A las milicias de la Capilla, a los malditos Templarios...

Levanté mi mano y le facilité el fuego solicitado, porque Cullen nunca había sido un "maldito templario", no al menos conmigo... aunque tenía la sospecha de que, si le preguntaba a algún mago de Kirkwall, la historia podría haber sido diferente.

Él, en silencio, se encargó de calentar otra vez la leche. Lo miré mientras me daba la espalda. Cullen me conocía, sabía que cuando estaba malhumorada era mejor dejarme tranquila, hablarme poco y si quería acompañarme, solo hacerlo con la presencia. Sonreí. Las vueltas de la vida: estaba quince años después con el único templario con el que me había sentido segura en el Círculo de Ferelden... y, podía decir que también me sentía segura en estos momentos...

- Creo que podría aceptar un tazón de leche ahora... - le dije, noté que asintió y agregó más leche a la jarra. Sonreí. Por lo menos, esto evitaría que pensara en engendros tenebrosos o el hermoso cantar de la voz de mi enemigo. Me pregunté si Alistair se sentiría tan a gusto con esta melodía susurrada, o solo me pasaba a mí y tenía que ver con el hecho de que le había dado mi sangre al Arquitecto. Suspiré, compungida.

Mientras Cullen se encargaba de la colación de la madrugada, yo busqué el libro sobre la mesada y volví a mi taburete, adopté la misma posición anterior y recité: - Threnodies, 8. – Sentí que él sonrió y asintió, dispuesto a escucharme. Llevé la mirada sobre los versos del Cantar de la Luz que hablaba del gran pecado que nos valió la corrupción, la ira y el desprecio del Hacedor... Y la Primera Ruina.

Acaricié las letras del viejo libro y suspiré. Luego comencé a leer. – "Sin importar sus poderes o sus triunfos, los Señores de Tevinter fueron hombres y estaban condenados a morir.

> Entonces una voz del interior les susurró en sus corazones, "¿Entregarán sus poderes al tiempo como las bestias a los campos?, ¡ustedes son los señores de estas tierras!, vayan a reclamar el Trono vacío de los Cielos y sean ustedes mismos dioses."

> En secreto, ellos trabajaron magia sobre magia, todos sus poderes y todas sus vanidades pusieron en contra del Velo, hasta que finalmente, éste cedió...

La gran deshonra humana al Hacedor había sido la primera herida al Velo que Fen'Harel había creado... ¿Existía siquiera un Hacedor? Miré a Cullen, él estaba en silencio y el perfil de su rostro me dijo que sentía el mismo desasosiego que yo, la misma ausencia de creencias, las mismas dudas... Se encontraba tan indefenso como yo. Nuestra Fe había sido perturbada y ya no creíamos en nuestro Padre Protector... Solo teníamos la infame verdad frente a nosotros: Fen'Harel había puesto el Velo sobre Thedas. No había sido el Hacedor para separarnos de los primeros hijos: los espíritus del Más Allá. No éramos especiales, no éramos sus hijos, no teníamos padre creador... Éramos... las consecuencias del Velo. De aquel Velo que los maeses Siderales rasgaron por primera vez en la Era Antigua, dando ingreso a la Corrupción a nuestra superficie terrestre.

Inhalé y continué recitando: - Por encima de ellos, un río de Luz. Frente a ellos el Trono del Cielo, esperando. Bajo sus pies, las huellas del Hacedor, y a sus alrededores los ecos del inmenso Silencio. Pero en el mismo instante en el que dieron un paso, resonó alrededor del Trono Vacío el aullido de una grandiosa voz, sacudiendo los mismos cimientos del Cielo y la tierra:

Así se ennegrece la Ciudad Dorada con cada paso que dan en mis salones. – la voz de Cullen completó el cántico de Threnodies que yo leía – Maravíllense ante su Perfección, pues es fugaz. Han traído el Pecado al Cielo y la Condena al mundo entero... - susurró el final y se acercó a mí con los dos tazones de leche. Ambos nos miramos en silencio... El pecado al Cielo y la condena al mundo entero...

Cullen dejó las tazas sobre la mesada, acercó un taburete y recitó: - Con violencia, fueron desterrados, pues ningún mortal debiera caminar físicamente en el Reino de los Sueños; cargaron con la marca de sus Crímenes: llevarían cuerpos mutilados y distorsionados que nadie pudiera ver y reconocer en ellos a hombres.

> A lo profundo de la Tierra huyeron, apartándose de la Luz.

> En la Eterna Oscuridad buscaron a aquellos que los habían incitado al pecado, hasta que encontraron su premio, su dios, su traidor: El Dragón durmiente de Dumat. – Cullen y yo nos dedicamos una mirada solemne. La Primera Ruina, el Dragón del Silencio.

¿Qué implicancias tuvo aquel acto para nosotros, thedestres? ¿A qué dios hicimos enojar? ¿Por qué se nos castigó con la Corrupción de la Ruina? Cullen y yo nos apreciamos en silencio, seguramente pensando lo mismo, o quizás no, hasta que él tomó su tazón y se puso de pie, buscó miel y canela y acercó a la mesada. Yo sonreí y acepté que le pusiera a mi leche aquello. Los revolvió y me pasó mi tazón. Lo tomé y di el primer sorbo.

Llevé mi mirada sobre las viejas hojas y continué leyendo, aunque en realidad, conocía de memoria los versos del cántico de la Primera Ruina, así que, cerré el libro, lo dejé sobre la mesa. Sorbí un trago más y continué: - Su Mancha corrompió incluso al falso dios, y quien le había susurrado al fin, envuelto en pena y dolor, despertó, incitándolos a causar estragos sobre todas las naciones del mundo: la Primera Ruina" ...

- Las palabras del Hacedor, plasmadas en estos versos, como nunca Él se dignó a hablarnos a nosotros, sus hijos. – dijo Cullen, yo asentí y bebí de la taza, en silencio. – Corifeus, durante su ataque en Refugio, dijo a Elentari que una vez había atravesado el Velo en nombre de otros para servir a los dioses antiguos del Imperio en persona. Y cuando lo hizo, encontró solo caos y corrupción, susurros de los muertos y que el Trono de los dioses estaba vacío.

> Miles de años después, decidió que él sería un dios y lo ocuparía. Tomó el Orbe de Solas y con su poder, pretendió desgarrar una vez más el Velo e ingresar al Más Allá, para ocupar el espacio vacío del trono de los dioses y enderezar a este mundo decadente. – Sonreí.

- Cuando resumes los planes de Corifeus de forma tan acotada, me recuerda a los deseos de Fen'Harel en Arlathan, ¿no? Enderezar un mundo decadente...

- Solas no tenía intención de enderezarlo. Solo quería liberar a los elfos... Pero creo que nunca mencionó el deseo de ser un dios. – Cullen bebió de su taza y me miró. –¿Sabes? He estado pensando en eso de ser Guarda Gris... - yo lo miré. No. No quería que él formara parte de la Orden. Era un hombre que tenía mucho por vivir, mucho por dar a Thedas... Y la Orden, a la larga, se llevaba tu cordura. Incluso ya me estaba pasando a mí, que oía el canto de mi enemigo y me regocijaba. Dulce melodía de seducción.

- No, Cullen... - murmuré. – No es tan sencillo ni heroico ser Guarda Gris. – confesé, él me sonrió.

- No lo hago por heroicidades. Lo hago porque es lo correcto.

- ¿Echar a perder tu vida? – me quejé. – Yo amo mi Orden, pero no tuve mucha opción cuando tuve que unirme a ésta. Ya sabes, el problemita con Jowan y todo eso. – él asintió. – Además, ¿qué opciones tenía una maga y elfa, aparte de esa, para salir de la Torre? Muy pocas.

> Mi suerte, nunca ha sido la tuya. Tú puedes ser mucho más que un Guarda... Puedes ser...

- ¿Qué? – preguntó. - ¿Qué más, Praianna? He sido Templario, he defendido un credo falso. He sido incapaz de detener a la Caballero Comandante Meredith en Kirkwall, lo que me transforma en tan responsable como ella de la muerte de los magos. He sido Comandante de las fuerzas de la Inquisición, disuelta por el afán de defender a Solas. He entrenado a templarios en el Santuario de Ferelden, ¿para qué? Para que sean usados por la misma religión de la que descreo. Dime, ¿qué he hecho de forma correcta en mi vida?

- Ser Guarda no cambiará el pasado ni tus errores. Solo te traerá dolores de cabeza. – le dije. – Coquetear con la Mancha, con la Ruina, no es algo grato. – confesé.

- ¿Coquetear? ¿A qué te refieres? – desvié mi mirada y me concentré en esa hermosa melodía corrupta. Él iba a hablar, pero yo levanté mi mano, poniéndola cerca de su boca, para que guardara silencio. Y en el silencio, llegó el canto de la muerte. El canto de los engendros tenebrosos, de mis enemigos... Y me serenó. La Corrupción me daba paz.

- Tenemos que salvar a Thedas de la Sexta Ruina... - murmuré. – A cualquier costo, a cualquier precio.

- Entonces, permíteme formar parte de la Orden. Se necesitarán nuevos miembros para los tiempos que vendrán... - lo miré. Sabía que tenía razón, sabía que rechazar un guerrero como Cullen era una locura. En nuestras filas, sus capacidades serían muy valoradas y eran muy necesitadas también. Pero no quería arruinar su vida. No quería que este fuera su futuro.

Me puse de pie frente a él y dejé el tazón sobre la mesada y le dije, con total seriedad. – Una vez, hace quince años, cuidaste de mí en la Torre de Magos... Hoy, yo cuidaré de ti. – ambos nos miramos desafiantes. – No te aceptaré como miembro de la Orden y soy yo Guarda Comandante y quien reclutará por la mañana. No te atrevas a ofrecerte voluntario, porque no serás parte de nuestras filas. – estuve dispuesta a retirarme, pero él tomó mi brazo y no me lo permitió. Me enfrentó con su mirada y yo lo reté, también.

- ¿A qué le temes? – miré su agarre y me lo quité de un zarpazo.

A la Corrupción, a ser yo misma un engendro tenebroso, a correr a los brazos del Arquitecto y escucharlo como si fuera mi amo, un dios y buscar su aprobación. A perder la capacidad de decidir coherentemente... a perder lo que me mantiene elfa y me aleja de ser un necrófago o un chillido. Le temo a la Ruina, le temo a mi futuro... y le temo a mi muerte. – A la locura, Cullen. – contesté, sin embargo. - A la locura que llega con los susurros del enemigo. A un futuro desconocido.

- Todo futuro lo es.

- A perder la cabeza por culpa del canto de ellos... - mi alma se agitó. No quería hablar más de esto. No me gustaba. Era la primera vez que me pasaba adorar esa melodía... Era la primera vez... - Temo muchas cosas que llegaron solo luego de beber sangre de engendro tenebroso. No dejaré que la bebas. Te estoy haciendo un favor, aunque hoy no lo veas.

- No te pido favores ¿Crees que por capricho pensé siquiera en formar parte de la Orden? ¿Crees que alguna vez lo deseé? ¡Pero estamos atravesando una maldita Ruina, Praianna! ¡No quieres que tema al Llamado que llega con el tiempo! ¡Pero podría morir durante el primer enfrentamiento con la horda de engendros tenebrosos si no soy inmune!

- ¡Es que ese es el tema! ¡Nunca serás inmune! ¡Solo retrasarás la corrupción de tu interior! ¡Pero allí estará! Por siempre, creciendo año tras año... Como un cangrejo, tomándote en sus tenazas y apretando tu cuerpo, ¿de verdad deseas eso? Temer el día que te vuelvas loco. – él rio, incrédulo a mi lado.

- ¿Qué futuro crees que me deparaba el consumo de Lirio como templario? ¿La elocuencia? – lo miré molesta, pero tenía razón. Ese miedo, el de la insania, era también el de cualquier templario. Después de todo, el Lirio acababa por freírles la cabeza. - ¿Y por qué me lo niegas a mí? Pero aceptarías a los demás...

Miré hacia el suelo. Se lo negaba a él, porque a él lo apreciaba. Sabía que Leliana y Dorian nunca se ofrecerían para formar parte de la Orden. El resto, me tenía sin cuidado. – Considéralo un modo de compensar todos los años que fuiste protector conmigo en la Torre de Magos. – le dije. – Considera mi pago por tu buena predisposición a protegerme, cuando otros templarios habrían querido divertirse conmigo.

- Pareciera que me castigas por haberte protegido.

- No lo hago. Solo que tú, no lo comprendes. – le dije y me retiré de la habitación, para no hablar más de ese tema. Estaba decidido: no lo aceptaría dentro de las filas de la Orden. 

 

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POV Solas

El otro mundo. El mundo de los Sueños. Un reino de gran poder y misterio, una fuente de magia inagotable y, para algunos, la fuente de la creación y para mí el jardín del Olvido.

El Más Allá. El sitio donde Fen'Harel camina eternamente para tomar las almas de los elfos que mueren y no permitirles llegar a sus dioses, en la Ciudad Eterna. Esto claro, si el Amigo de los Muertos, Falon'Din, no los guía correctamente... según las creencias dalishanas... Lethanavir, el que todo lo ve, el guía a través de mundos informes y cielos sin aire. 

Sonreí, recordando las ideas erradas que tenían en Thedas acerca de mí. Aunque tenía que darles créditos en algo: solo hacía 5 años que había vuelto caminar en el mundo de los despiertos, así que, haber asumido que Fen'Harel había deambulado en el Más Allá, pues no había sido tan errado... Ahora, que quisiera sus almas, eso sí que había sido una locura... ¿Qué interés podía tener yo en sus almas? Suspiré... maldito pasado, maldito olvido.

Pero lo comprendía, la "Madre Protectora" se había encargado de que mi fama me precediera, ¿no? Ingeniosamente, se había asegurado las eternas alabanzas de los elfos y el odio hacia mi persona. Del mismo modo que lo que había hecho el Elvhenan. Ella siempre era la heroína del Pueblo, su protectora, aquella quien impartía Justicia, mientras el enemigo había sido, primero, Elgar'nan, luego los Pilares de la Tierra y después los Olvidados... El patrón se había repetido una y otra vez y yo, necio, una y otra vez había caído... ¡Qué idiota!

Aquella noche ingresé al Más Allá durante mis sueños, pero con completa consciencia, porque necesitaba serenarme. Miré a mi alrededor y por supuesto que reconocí el sitio que los espíritus habían moldeado. Por supuesto, era mi templo, aquel sitio donde Mythal y yo siempre nos habíamos encontrado seguros, porque nadie nunca lo había perturbado. Solo que ahora era consciente de la causa de aquello: porque yo no era traidor. Porque lo había sido ella... Por ello, nunca habíamos estado seguros en sus Palacios o Templos, porque Mythal había jugado conmigo.

Las informes estructuras de los espíritus me rodearon, al parecer me encontraba tan alterado que los atraía como el imán al metal... Los espíritus intentaban disminuir mis emociones y también podía reconocer demonios: venganza, locura, cólera, deseo; allí estaban todos, esperando que quisiera interactuar con alguno para poder acercarse al mundo de los despiertos. Pero yo era un Caminante de los Sueños, yo era el maldito creador del Velo... Ellos no podrían contra mi voluntad.

Y había sido más... pero lo había borrado... no comulgaba con aquel pasado. No.

Mis ojos miraron hacia aquel punto equidistante a cualquier lugar en el Más Allá, aquel sitio donde Elgar'nan me esperaba con resentimiento: La Ciudad Negra, su Templo. El Templo de Elgar'nan el cual yo, sumido en la desesperación había elevado al Reino de los Sueños y había encerrado, por siempre, aquí...  Y mi Velo, invisible, protegiéndonos de aquellos seres encerrados en la Ciudad Negra y la corrupción, hambrientos por venganza... contra mí. Modificando no solo las leyes de Elvhenan, sino que las del Más Allá, también, pero ¿cómo podría haberlo sabido? ¿Cómo? Si al parecer, ni había sido tan inteligente, ni había sido tan sabio. Al parecer, lo único que había sido fue un juguete... Un idiota útil.

Útil para ella, claro. Porque El Pueblo tenía otra opinión al respecto, y bien que habían hecho... Fen'Harel los había traicionado, los había destrozado... 

... y finalmente, aquí en Thedas, también los había abandonado. Había abandonado mi misión... mi cometido. La condena por mis errores. Había abandonado al Pueblo de Elvhenan.

Sonreí, completamente molesto y un Demonio de la Cólera frente a mí captó la rabia en mi interior y pude ver que liberó el calor de su interior; en respuesta mi sangre hirvió con él y la invitación a dejarme llevar por esta emoción me fue propuesta y realmente yo quería dejarme llevar. Soltar mi maná, atacarlo... hacerlo responsable por lo estúpido que había sido. Matar a este demonio para sentir que la dañaba a ella... como ella me había destrozado a mí.

Desgarradora traición... anhelante venganza.

Miré a mi alrededor y lo comprendí: me encontraba en el Reino de la Cólera. - Dime, Cólera... - le hablé. - ¿Por qué estoy viendo mi Templo? No recuerdo haber sentido ira en él... y ahora estoy en tu Reino, ¿acaso intentas imponer un falso recuerdo en mí?

El demonio se acercó lentamente hasta mí, una criatura de fuego puro, formada por lava amorfa y con ojos como alfileres de luz. Uno de los demonios más débiles, como lo era aquella emoción, la ira. Cólera me atacó, como inevitablemente lo haría, ellos no podían ir en contra de su propia naturaleza, así que yo sonreí y lo ataqué, gustoso, con mis poderes. Fue necesario un simple Helor Invernal, y Cólera fue derrotado. Ni siquiera arrugué mi túnica.

Sabía que había hecho justo lo que el demonio deseaba, que sucumbiera a mi Cólera, y por supuesto, lo ataqué y lo vencí, porque realmente necesitaba matar algo... Cerré mis ojos. Estaba siendo totalmente injusto, Cólera solo se manifestaba así frente a mí porque yo estaba odiado, pero era un espíritu, Mesura o Templanza, a quien acababa de desterrar del Más Allá.

Sentí unos aplausos por detrás, me giré y allí estaba la representación de Mythal... Suspiré y me di cuenta de que no había sido buena idea adentrarme al Más Allá con tantas emociones en mi interior. No las estaba controlando, debía cortar el paseo por este reino... porque no bien la vi, mi cuerpo entero liberó su aura... Quería matarla... quería destrozarla... quería repetir la mutilación a su cuerpo y empalarla a la Plaza del Saber una y otra vez, hasta que mi sed de venganza estuviera saciada... Y comprendí que estaba atrapado en el Reino de Venganza, no de Cólera... era la necesidad imperiosa de vengarme la que estaba jugando con mi cabeza... Aunque también sabía que no era venganza lo que yo quería, sino explicaciones, saber por qué ella (entre todos los seres, "ella") me había usado... quería respuestas. Pero dolía tanto, que me conformaba con vengarme. 

- Queridísima Mythal... - me burlé y le hice una reverencia. - Me alegra que Venganza sea tan delicado en los detalles, te ha representado a la perfección. Cada ángulo de tu rostro es perfecto. - ella me sonrió y continuó acercándose a mí - Y te recuerdo, conozco de memoria cada detalle en tu rostro.

- No tengo dudas de ello, Solas... - finalmente se detuvo frente a mí. - Siempre tuviste una mente prodigiosa. Aún la tienes... - ambos nos miramos. - ¿Y qué me dices de tu Templo? ¿Ha sido bien representado?

- No tanto. Por supuesto... - le sonreí. - ¿No ves la ironía? Tú deberías haber sido "Justicia", y sin embargo, siempre actuaste de acuerdo a "Venganza".

- Las ironías de la vida... Mira nada más lo que me dice "Orgullo", quien tendría que haber sido "Sabiduría". - me guiñó un ojo. - ¿O era por el "Orgullo de Arlathan"? - se burló, yo sonreí.

- Ambos trastocados, ¿no? Ambos representando los propósitos de demonios... ¡Y nos hacemos llamar Soñadores! ¡Debería darnos vergüenza! - me mofé, ella rio. Su sonrisa fue igual de hermosa a la que recordaba... Y dolió. Sentí la puntada traicionera en mi pecho y dejé de reír. Porque dolía... Dolía aún ahora, aunque tan solo fuera un recuerdo, ¿era solo eso?

Demasiadas certezas, demasiada perfección al imitarla. Cada ángulo de su rostro era tal cual los recordaba... Sabía que existía la ínfima posibilidad de que fuera realmente Mythal, porque ambos éramos Soñadores, pero ¿sería tan idiota de enfrentarse a mí en el Más Allá cuando tenía a Urthemiel en mi interior?

- Oh, mira nada más... - Mythal rio con soltura y se acercó a la puerta lateral del Templo y lo abrió. - ¿Recuerdas dónde nos llevaba esta puerta? - en sus ojos vi aquel brillo juguetón que solía percibir en ella. Sabía dónde nos llevaría: a mis aposentos.

Este paseo comenzaba a doler realmente. Debía salir de aquí... - ¿Quieres acompañarme? ¿O el famoso Fen'Harel tiene miedo de sucumbir a un demonio de la Venganza? - Sonreí: apelar a mi Orgullo era tan inocente como creer que no me daría cuenta de que este era el Reino de Venganza. Me había tomado dos minutos comprenderlo.

- Sé que mi nombre habla por sí solo... - respondí. - Pero, ¿de verdad? ¿Apelas a mi orgullo para seducirme? Vamos, Mythal... He sido un idiota todo este tiempo, pero ¡en serio! Ponme a prueba de una manera menos insultante, ¡por favor! - Ella rio con soltura.

- ¿Y dices que no hablas con orgullo, mi querido Solas? Solo oye tus palabras. La perfecta encarnación de éste... Un inteligente elfo orgulloso intentando no acompañar a su primer amor a la cama porque tiene miedo de terminar haciendo el amor como en el pasado. Mmmm - se insinuó. - Suena tan sexy... y la verdad que me vendría bien tenerte encima una vez más... canalizar las fuerzas del Más Allá con tus habilidades y sutilezas... Acrecentar nuestros dominios arcanos.

Guardé silencio y pensé en sus palabras... Era cierto, estaba actuando con orgullo, ¿cómo tendría que actuar para ser Sabio? Camina Sabio, Lobo Rebelde... - ¿Por qué lo hiciste? - Mythal me miró sorprendida, yo no quería verla, pero debía dejar el orgullo de lado; de lo contrario, no saldría de este sitio, así que la miré. Sabía que podría llorar, pero esto era el Más Allá. Había llorado incontables veces en este sitio.

Mythal me miró y volvió a reír, acercándose seductoramente a mí, moviendo sus caderas de forma notoria y con completo control de sus emociones. Su rostro se detuvo cerca del mío. - ¿Por qué hice qué? Tendrás que ser más específico, porque te he hecho muchas cosas. - Sonreí. Al fin oía una verdad de sus labios...

- ¿Por qué me pediste que creara el Velo? - la miré. - Si nunca tuviste intención de salvar a El Pueblo. - ella rio, jovial y genuina, como era el sonido de su risa.

- Oh, Solas... siempre pensando en los asquerosos elfos del Pueblo. Nunca entendiste que ellos eran nuestro combustible. Estaban ahí solo para darnos más poder. Nunca has entendido nada. Lo mejor, después de todo, fue el jardín del Olvido.

- ¿Poder para qué, Mythal? - mi voz sonó desesperada y no hice caso a su último comentario. - ¿Para qué querías más poder? Ya éramos dioses para ellos, ¡maldita sea! ¿Qué más deseabas? - y entonces comprendí... Deseaba ser realmente un ser divino...

Comencé a reír, totalmente desilusionado. - ¿En serio, Mythal? Todo esto solo por la vanidad de alcanzar la inmortalidad...

- Y al parecer, la he alcanzado, ¿o no? - ella dio una vuelta en su sitio y me mostró su cuerpo, yo suspiré. Quería contestarle con mi orgullo, quería decirle que ella no había alcanzado una mierda, todo había sido creación de Dirthamen, pero no. No debía ser orgulloso... Porque si ella realmente era Mythal, no iba a revelarle que había conocido La Clarividencia del Lobo. - Dime, amado Solas... - Mythal se acercó a mí y apoyó su cuerpo sobre mi torso, luego llevó su mano a mis labios y los acarició. - Dime, ¿por qué me has asegurado que nunca tuve intención del salvar al Pueblo? - Ella sonreía y yo comprendí que éste no era Venganza, era Mythal. Realmente era ella, porque Venganza tendría que ser consciente de mis pensamientos, pues estaba en su reino, e intentaría jugar conmigo basándose en las verdades que había descubierto recientemente. Sin embargo, era Mythal intentando saber qué era lo que yo sabía... e intentando saber si yo no era Orgullo, en lugar de Solas...

El maná en mi interior hirvió, pensé en destrozarla... dejarla hecha una Tranquila en Thedas... Quemarla con el poder de la Forja Ardiente de June; apretar su cuello hasta matarla, hasta que su rostro adquiriera el color azulino de la muerte y la fuerza de sus músculos cediera a mi necesidad de venganza... Pero me controlé, estaba en el reino de Venganza, y aquello sería una VENGANZA, justamente lo que el demonio esperaba de mí.

Suspiré, la tomé de la cintura, disimulé como mejor pude. - Morrigan me lo dijo. - mentí y durante un corto segundo pareció que ella se sorprendió. Se tragó la mentira y a mí me dio la certeza de que Morrigan, realmente sabía muchas cosas de los planes de Mythal. - Verás... creo que ella... está del lado de Elentari, aunque te resulte difícil de creer.

- Y tú también, ¿no? Del lado de esa copia barata de mí. - volví a sonreír. Elentari no se parecía en nada a ella.

- Nadie nunca podría parecerse a ti. - le dije. Ella rio y enlazó sus manos detrás de mi nuca, yo la abracé, alrededor de su cintura.

- Tu maná está intranquilo. - me dijo.

- Debe ser algo de ese tema de que tengo a Urthemiel en mi interio, ¿no crees? - le recordé el peligro de jugar conmigo... La superaba en potencia arcana. Ella rio.

- Oh, sí... La esencia de Urthemiel... - sus labios tocaron los míos, pero no me besó. - Dime, Solas, ¿por qué estabas dispuesto a matarme? Si no te hubiera entregado la esencia de Urthemiel, me habrías matado con el afán de liberar a los elfos del sometimiento, de la tiranía en Thedas. - sus ojos relampaguearon y comprendí por qué ella estaba tan enojada conmigo y se había aparecido frente a todos en estos últimos meses, menos a mí... Porque pensaba que quería matarla. Por lo tanto, ella debía creer que yo sabía la verdad respecto a su infame traición... Me temía, porque sabía que podía derrotarla. Pero yo no quería que ella supiera que yo sabía sobre Dithamen, así que... jugué, así como se cansaban de decir que jugaba Fen'Harel... engañando.

- El peso de la culpa me doblegó. Pensé que se los debía... Que era mi responsabilidad. - dije la verdad, parte de ella al menos. - Luego de vencer a Corifeus y abandonar a Elentari para seguir con mi misión me perdí y me encerré en el Orgullo. No me di cuenta. Lo siento.

- Elentari, Elentari, Elentari... - se molestó, yo suspiré y me la quité de encima.

- No entiendo cuál es tu molestia. Nos habíamos visto durante todo el año que estuve despierto en Thedas y no habíamos tenido ningún acercamiento romántico.

- Solas, estaba en el cuerpo de una vieja... - se molestó Mythal. - Podía ver que no tenías atracción sexual por ese recipiente.

- Flemeth era una persona, no un recipiente, Mythal. - ella resopló.

- Siempre dándoles más importancia de la que tienen a los seres vivos.

- Y tú restándoselas. - ella se cruzó de brazos y me sonrió.

- Dime, Solas... ¿Por qué has entrado al Más Allá y has acabado en el Reino de Venganza?

- Dime, Mythal, ¿por qué has entrado al Más Allá y has acabado en el Reino de Venganza? ¿Acaso deseas vengarte de mí?

- ¿Tú de mí? - los dos sonreímos. - ¿Cuándo dejamos de ser aliados, exactamente? - Esa misma pregunta me hacía yo ¿Cuándo, Mythal? ¿En el momento en el que me habías conocido? ¿Después? ¿Acaso cuando me habías nombrado tu "elegido"? ¿Cuándo habías decidido que yo era más útil como juguete que como "individuo"? ¿Cuándo "exactamente"?

- Supongo que dejamos de ser aliados cuando intenté matarte... - cedí, como siempre lo había hecho, para que no sospechara. - Lo siento, en verdad. Estaba abrumado. Pero no hay nada que pueda hacer para remediar mi traición. - ella rio.

- Conozco de memoria tu ironía. Y te conozco a ti, y sé que no aceptarías abiertamente nada de esto si no estuvieras planeando algo.

- Oh, me conoces mejor de lo que yo me conozco, entonces... - me burlé. - Mira Mythal... me alegro de verte, pero debo volver al mundo despierto. No me siento cómodo aquí ni deseo seguir con esta conversación. - ella se cruzó de brazos. - ¿Me permites retirarme por las buenas? - rio con maldad y negó con un movimiento de cabeza. Yo suspiré. Levanté mi mano, hice temblar el Más Allá.

POV Elentari

- ¡Argh! - grité y sentí mi sangre arder en mi interior, pero no era mi maná, era el Áncora de Solas. No comprendí nada, pero la luz verdosa comenzó a salir de la palma de mi mano derecha y no tuve otra opción más que liberar su poder. Un Choque de Velo se liberó y Solas, dormido a mi lado, abrió sus ojos, repentinamente...

Sentí la espada de Toro silbar con velocidad, Varric dio un rápido salto desde donde dormía y se preparó para luchar, al lado de Mae y Morrigan, quienes ya habían liberado sus auras y sostenían sus báculos.

Yo estaba totalmente asustada y respiraba con agitación ¡otra vez no tenía control sobre la Marca! - ¡¡Solas!! - dije y el resto del grupo lo miró. Gateé a su lado y le susurré, aterrada. - Otra vez el Áncora explota sin control.

- Tranquila, he sido yo. - me dijo, también en un susurro. Lo miré extrañada. - Entré a consciencia al Más Allá porque estaba abrumado, esperaba encontrarme con algún espíritu que me serenara, pero por supuesto, acabé en el Reino de Venganza... No podía salir, así que conecté contigo para estimular mi cuerpo dormido en el mundo despierto y arrancarme del Más Allá... Lo siento. Te he obligado a desgarrar sutilmente el Velo, para permitirme salir. Necesitaba un estímulo muy fuerte, porque mis emociones me habían abrazado con intensidad en el reino - lo miré molesta... Ahora Solas podía conectar conmigo a placer y, por lo que veía, hacía lo que se le venía en ganas.

- ¿Qué sucedió? - preguntó Varric, quien nos vio cuchicheando. - ¿Todo bien, Estrellita?

- Sí... - dije. - He soñado que atacaban los demonios a Solas. - lo miré rabiosa, él suspiró y ni siquiera me veía, pero noté la tristeza en el azul de sus ojos y me pregunté qué habría sucedido en el Más Allá.

- Bueno... - Toro se tiró a nuestro lado con un fuerte golpe. - Entonces, a seguir durmiendo, ¿quién hará la guardia?

- La haré yo. - dijo Solas. - Descansen.

Mae y Morrigan volvieron a sus sitios y se acostaron.

- ¿Todo bien? - le pregunté. Él de nuevo no me dirigió la mirada, como no lo hacía desde que habíamos descubierto la verdad, solo se limitó a asentir y darme la espalda.

Ahora solo me miraba cuando deseaba disimular frente al resto del grupo, pero en la intimidad, me esquivaba, me apartaba cruelmente. Y dolía mucho. Pero lo entendía... Yo había hecho lo mismo con mis amigos cuando él me había abandonado. Me había odiado tanto a mí misma, que los había odiado a ellos también... Y esta vez, era yo quien tendría que soportar su destrato por la traición pasada de Mythal. - ¿Quieres hablar de lo que sucedió en el Más Allá?

- No. Gracias. - suspiré.

- De acuerdo... - me acosté destrozada sobre el suelo del Templo de Ghilan'nain y guardé silencio a su lado.

Pasaron muchos minutos, quizás una hora, pero permanecí despierta a su lado, para que supiera que estaba y estaría siempre... hasta que tuviera que entregar mi vida para matar a Mythal. Pero mientras tanto, estaría con él. A su lado. A pesar de todo.

Finalmente, me senté y acaricié su brazo, Solas me miró en silencio y giró su rostro, otra vez. - Necesito espacio, por favor, compréndelo. - alejé mi mano.

- Estás siendo injusto conmigo... Solo fue una caricia... para que supieras que estoy contigo, hasta el final. - Solas sonrió.

- Sí... "hasta el final" ... - murmuró, burlón. Sí, el final. Ese final donde "alguien" tendría que acabar con mi vida.

- Lamento haber bebido del Pozo.

- Yo también lo lamento. - ni siquiera me miró. Era la representación viva del Orgullo frente a mí. Y dolía, muchísimo...

Gateé a su lado, a pesar de su rechazo, tomé su brazo y lo obligué a rodearme por la cintura, Solas me miró molesto por mi intromisión, le sonreí y, compasivamente, hablé: - No puedo dormir si me tratas con tanta frialdad. Por favor, haz el sacrificio de prestar tu brazo y así podré dormir. Por favor. No es difícil lo que te pido. - él suspiró mostrando su molestia, aunque yo deseaba creer que era solo el orgullo de Solas, pero que en verdad mi gesto de compañía lo ayudaba, aunque tan solo fuera un poco.

Finalmente, para mi gran sorpresa, él se recostó contra la pared y permitió que me acomodara a su lado, continuó rodeándome con su brazo, pero no me dedicó una palabra ni una mirada. Fijó sus ojos al frente y allí los dejó. Hizo el sacrificio al complacerme, pero me despreció ignorándome. Dolió... otra vez dolió. Mis ojos se llenaron de lágrimas, pero él no vio, ¡por supuesto! No me dirigía la mirada. Inevitablemente pensé en Cullen. Él jamás me habría tratado de este modo tan doloroso. Jamás.

Sentí casi imposible contener las lágrimas, así que, recosté mi rostro sobre su torso y cerré los ojos. Cayeron unas lágrimas, mi garganta estaba cerradísima pero, de todas formas, me obligué a respirar para que Solas no lo notara. Y al parecer no lo hizo, porque no se movió de aquella posición. Y si lo notó, no le importó.

Fue una noche horrible, esta qua atravesé a su lado. Solas era dolorosamente frío e injusto y pensar todo lo que vendría ahora que se encontraba tan herido era algo que no quería ni siquiera pensar...

Chapter Text

El alba había asomado poco después de que Cullen y yo nos separásemos. Ninguno había pegado un ojo durante la noche, al parecer, pero yo tenía cosas que hacer, así que, así como asomó el Sol en el horizonte, yo me puse encima mi túnica de maga de Guarda Comandante y llamé a un Guarda de la Fortaleza para que ayudara a los nuevos reclutas a cumplir con la primera misión que debían realizar para convertirse, finalmente, en miembros de la Orden.

- Dyren. - Ambos estábamos en el patio trasero que tenía la Fortaleza (gran patio, debía aclarar) - En una hora tendré unos reclutas para ir en búsqueda de sangre de engendros tenebrosos, ¿te encargas de guiarlos? - Dyren era un enano proveniente de Nevarra. Se había unido a la Orden hacía dos años, no conocía el trasfondo de su historia, pero algo con la pena de muerte tenía que ver... Así que, al igual que la mayoría de nosotros no había tenido grandes opciones: Guarda o morir... Y claro, escogió la vida.

- ¡Eeh! ¡Praianna! Pero claro, ¡déjame a esos chavales y yo me encargo de que vengan vivitos y coleando, ¡ya verás! - le sonreí. 

En la Orden de los Guardas Grises sucedía esto... Seres de cualquier raza eran reclutados y se les daba un propósito, un motivo por el que volver a vivir. Se nos decía que teníamos que olvidar nuestra vida anterior (que nunca sucedía, pues siempre teníamos algún ser querido a quiénes habíamos abandonado y luego esos sentimientos nos jugaban en contra, como me estaba sucediendo con Cullen, quien sería un excelente miembro de la Orden, pero a quien no le permitiría ingresar) y olvidarnos de las políticas de los diferentes reinos del Continente. Es decir que, supuestamente, nuestra Orden no se involucraba con política ¡Jah! Eso sería bueno que se lo recordásemos a Alistair que era heredero al Trono de Ferelden con solo decir: sí.

La cuestión era que, los desdichados que ingresábamos a la Orden, de golpe, formábamos parte de un "algo importante" y eso a muchos nos hacía cambiar. Ser más responsables, mas entusiastas e intentar remediar los errores del pasado con buenos actos en el presente. Surgía un anhelo por defender a los demás, a las razas de Thedas, incluso, sacrificando nuestras vidas. Ese había sido el caso de Dyren. La verdad era que no tenía idea de a quién había matado, pero desde que estaba aquí había demostrado ser un enano graciosillo, con una buena pizca de humor negro, aguerrido, brusco y temerario. Siempre decía que sí a todo y siempre finalizaba con éxito cualquier misión que se le diera. Yo lo conocía poco, pero me caía bien.

Los miembros de mi grupo se encontraban frente a mí después de haber desayunado. La brisa matutina, algo fresca aun por el horario, nos rodeó y yo solo miraba a Cullen y él a mí. Intentaba dejarle en claro con mis ojos inquisitivos que no se hiciera el gracioso y contradecir el pedido que le había hecho durante la madrugada. Sería mucho más sencillo que él simplemente no se ofreciera, a que lo hiciera y yo lo rechazara. Luego tendría que estar explicando a los miembros de la Orden el motivo de haber rechazado a una de las mejores opciones de reclutamiento voluntario que habíamos tenido en años.

- La Capilla nos enseña que fue la arrogancia del hombre la que trajo los engendros tenebrosos a nuestro mundo... - comencé a hablar un poco sobre las Ruinas, pues si bien Leliana, Cass y Cullen sabían mucho y, Nolan y Onnär eran expertos en el tema, supuse que quizás Thengal y Briala, no. - Hoy sabemos, sin embargo, que las creencias de la Capilla se alejaron de la verdad por desconocimiento de los hechos y que la Ruina ya había existido, incluso, en el Imperio de Elvhenan. - Onnär y Nolan asintieron. - Sin embargo, para nosotros (habitantes de Thedas), el asalto a la Ciudad Dorada por parte de los Magísteres Siderales del Imperio de Tevinter, fue el acto que trajo la Plaga a nuestro mundo y la presencia de los primeros engendros tenebrosos, que luego, corrompieron a los Dragones Celestiales dormidos, apresados en las profundidades de los Caminos de las Profundidades. - respiré profundamente. La última vez que había reclutado, nada de lo que estaba diciendo en estos momentos había sabido. De hecho, había recitado todo lo que el Cantar de la Luz me había enseñado. - En el año -395 de la Antigua (EA) el Dragón del Silencio, Dumat, fue despertado, guiando a una horda de engendros tenebrosos a la superficie de Thedas para destrozar la vida de las distintas razas. Fue el Dragón Celestial más poderoso y la Ruina más prolongada, que finalizó en el año - 203 EA, teniendo una duración de casi dos siglos sobre la superficie terrestre y poniendo en riesgo la vida de las distintas razas.

> Los reinos de los enanos fueron los primeros en caer. Desde los Caminos de las Profundidades los atacaron una y otra vez, hasta casi aniquilarlos. Mientras los thaigs de los enanos eran destrozados, los engendros encontraron el modo de llegar a la superficie y atacar el Imperio de Tevinter y el resto de los terrestres.

> En el año - 305 EA se fundó la Orden de los Guardas Grises, aquí en Weisshaupt: hombres y mujeres de todas las razas, guerreros y magos, bárbaros y reyes... Los Guardas Grises sacrificaron todo para contener la oleada de oscuridad, y prevalecieron - sentí que, una vez más, como todas las veces que recitaba estas palabras, los vellos de mi piel se erizaban, en profundo respeto por mis hermanos juramentados que habían dado su vida a combatir a estos bastardos... - Hasta que, en el año -203 EA, coordinando ataques estratégicos de masivos ejércitos a lo largo de todo Thedas, los Guardas derrotaron al Archidemonio Dumat en la Batalla de las Llanuras Silenciosas, dando por finalizada la Primera Ruina.

> A partir de ese momento, nuestra Orden ha sido la responsable de vigilar a la espera de engendros tenebrosos. Se han sucedido ya, cinco Ruinas y aún permanecen dos Dragones Celestiales más dormidos, en las profundidades: Razikale, Dragón del Misterio y Lusacan, Dragón de la Noche.

> La última Ruina, la Quinta Ruina, tuvo lugar en el año 9:30 del Dragón, afectando solo Ferelden y con la duración de un año, culminando en la Batalla de Denerim con la derrota del Archidemonio Urthemiel; siendo ésta, la Ruina más corta a la que nos habíamos enfrentado.

- Siendo tú, la Heroína de Ferelden, - interrumpió Dyren - les pateaste el culo a todos esos asquerosos engendros antes de que alcanzaran su máxima diseminación por el resto de los reinos. - bramó. - ¡Jah! Ya decía yo que iba a conocer a la estrella de los Guardas de Ferelden.

- La victoria no fue solo mía. Muchos se sacrificaron para que pudiera asestar el golpe mortal a Urthemiel...

- No tan "mortal". - se burló Nolan, el elfo con vallaslin de Mythal y me sonrió. "No tan mortal", no, porque Urthemiel prevalecía en el interior de Fen'Harel.

- ¿Pero de qué mierda hablas, elfilucho? - se quejó Dyren, que no sabía la verdad sobre Urthemiel, él no era miembro con rango elevado dentro de la Orden, no conocía todos nuestros secretos. - El Urthemiel ese está muertito, muertazo. Ya te digo yo que el que viene es el Razikale. - Nolan solo sonrió, pero no aclaró nada. - ¡Argh! Mi hacha quiere cortar unas cuantas cabecitas de engendros tenebrosos ¡Cabecitas y tripitas! ¿A qué sí?

> ¡¡Las palabras por dentro del culo, Praianna!! ¡Da la orden! ¡Yo quiero ir a mataaar! - le sonreí. Siempre tan entusiasta y temerario, siempre dispuesto a arrancar la cabeza a los engendros. Si tan solo supiera que yo le había dado mi sangre al Arquitecto, ¿qué opinión tendría acerca de "La Heroína de Ferelden" ...?

- Todo aquel que tenga deseo de formar parte de la Orden, primero debe cumplir con una tarea: enfrentar engendros tenebrosos y recolectar su sangre - mostré unos frascos de cristal - Colocarla en su interior. La primera prueba consiste en enfrentar engendros tenebrosos y salir victoriosos. No todos los seres vivos son capaces de enfrentarlos y sobrevivir. La sangre recolectada, será muestra de esa hazaña. - expliqué. - Dyren acompañará a aquellos que deseen formar parte de la Orden - miré a Cullen, él estaba serio, como había estado desde el momento en el que había empezado a hablar. Tan solo esperaba que fuera sensato. - ¿Quién de ustedes está dispuesto a este sacrificio?

Onnär y Nolan se destinaron unas miradas cómplices. Estaba segura de que habían hablado respecto a este tema con anterioridad y de que querían conocer los secretos de la Orden. Nolan asintió levemente y Onnär dio un paso al frente. Fen'Harel no iba a estar contento con su Comandante corrompiéndose con la Ruina, estaba segura. Pero no iba a rechazar semejante guerrero arcano, Mago Soñador. Esperaba que, con el tiempo, lograra tener realmente su lealtad con los Guardas, aunque, a pesar de todo, confiaba en Fen'Harel y prefería a su Agente dentro de mi Orden y no a ese Nolan, que no sabía a quién le daba información.

Luego Thengal dio un paso al frente, como sospechaba que lo haría. Los elfos éramos así: desinteresado por nuestro bienestar y dispuestos a ayudar a todas las razas. Así que, cuando Briala dio un paso al frente, tampoco me sorprendí. Dorian y Leliana ni siquiera atinaron a moverse de sus sitios, como sabía también que lo harían, ellos estaban demasiados involucrados en la política de sus tierras. Cassandra se debatía respecto a qué sería lo correcto, Cullen me miraba completamente serio, pero para mi tranquilidad, respetando mi pedido.

Finalmente, la Lady Buscadora dio un paso al frente. Leliana y Cullen la miraron de inmediato, y la bardo la tomó del brazo. - Cass... No... Si entras en la Orden no podrás restaurar a los Buscadores de la Verdad. Tendrás que olvidar todas tus responsabilidades con el Hacedor.

- Si una Ruina destroza nuestras vidas, tampoco habrá Buscadores de la Verdad en el futuro. - respondió Cassandra. - En cuanto a nuestro Padre y Andraste... Bueno, creo que tampoco sabemos tanto acerca de ellos, ¿no? - Pude ver en el rostro de Cullen un ligero sonrojo, estaba rabioso, quería acompañar a su amiga en el sacrificio. Se debatía entre seguir respetándome o hacer lo que su corazón anhelaba. Me miró una vez más, había dado un pequeño paso al frente, pero para situarse frente a Cassandra, en un intento de detenerla con aquella decisión.

Yo lo miré y negué muy sutilmente con un movimiento de mi cabeza. No, Cullen, no. Por favor, no.

- Cassandra... - insistió Leliana. - Igual los ayudaremos, igual estaremos a su lado. Yo ya fui compañera de Prai durante la Quinta Ruina sin ser Guarda. No hace falta que te entregues a la Orden. Te necesito para restaurar la Capilla cuando todo esto termine... - Cass la miró, pensó en sus palabras. - Si vamos a darle una oportunidad a Solas, necesitamos ocupar puesto de poder en todo lo referente a la Capilla Andrastina, de lo contrario, reclamarán su cabeza. Por favor. Detente. - La guerrera sonrió.

- Lo siento, Leliana. - miró a Cullen y le sonrió. - Es una decisión mía y he decidido llevar adelante este sacrificio. - Cullen suspiró, Cassandra apoyó su mano sobre el hombro de él y dio un paso al frente, dejándolo por detrás. Cerré mis ojos y temí que él también se ofreciera.

- Cullen, ni se te ocurra. - escuché la voz de Leliana. - Elentari te necesita, la Capilla también. - él sonrió, cansado.

- Oh, vamos... Cullen, no. - pidió Dorian, interviniendo por primera vez. - No quiero perderlos y no verlos más después de que pongamos en orden el maldito mundo entero.

- ¡Dejen de mojarse los pantalones, cagoncillos! - se quejó Dyren. - Bastante que Praianna les está dando la opción de elegir, cuando durante el preludio de una Ruina deberíamos usar el Derecho de Llamamiento y nadie debería oponerse ¡¡En el pasado hasta hemos reclutados, reyes, por las tetas de Andraste!! ¿Y qué eres tú? Un señorcito de Tenvinter.

- Soy un magister, enano estúpido. - respondió rabioso el mago. - Mi Nación me necesita para devolver el orden... No puedo sacrificarme por tu Orden porque mi corazón está en Tevinter...

Cullen exhaló, finalmente, y mantuvo su posición al lado de Leliana ¡Gracias al Hacedor! Yo también exhalé cuando lo vi tomar aquella decisión. Luego, miré a los nuevos reclutas: - Acompañen a Dyren... - miré el camino por el que habíamos llegado a la Fortaleza. - Tendrán que descender el Diente Roto, - el rostro de los nuevos reclutas se entristeció, solo Cassandra se mantuvo estoica - y en los páramos desolados de estas tierras serán guiados por Dyren hacia una cueva donde hay actividad de engendros. Lucharán con éstos y volverán con el trofeo en mano... La sangre de engendro tenebroso. - me acerqué a Dyren y le entregué cuatro frascos: tres para los elfos y uno para la humana.




Dorian, Nolan, Leliana, Cullen y yo estábamos en el patio trasero de la Fortaleza, esperando que volvieran nuestros compañeros, cuando la noche se cernía sobre nosotros. Ninguno había estado tranquilo, a excepción, quizás, de Nolan que no hacía más que molestar a Dorian y, dicho fuera de paso, el tevinterano comenzaba a cansarse. - Ya sé que soy hermoso. Deja de alabarme, ¿quieres? - escuché la queja de Dorian, cuando Nolan había dicho "bonito" esto y aquello. El elfo rompió en carcajadas limpias.

- Oye, sí, eres lindo, pero tampoco para que seas tan vanidoso.

- Tú eres demasiado pesado...

Leliana y Cullen se acercaron a mí, mientras los otros dos continuaron discutiendo. - ¿Están tardando demasiado o es lo habitual? - preguntó Lel a mi lado. Yo suspiré.

- Tuvieron que descender la colina... - respondí y miré el cielo, en que iluminaba la luna y las estrellas. - Mañana por la mañana, a primera hora, estarán aquí con suerte.

- Estarán cansadísimos. - dijo Cullen. - Descender el Diente Roto, derrotar engendros y volver a subirlo es mucho esfuerzo... - asentí. - ¿Fue buena idea llevarlos a una cueva atestada de engendros con tanto cansancio encima?

- Dyren está con ellos. Nosotros, los guardas, podemos sentir a nuestro enemigo. Si llega a notar que son numerosos, buscará otro sitio. No será idiota. Descuida, Cullen.

- ¡¡Praianna!! - gritó Dorian y corrió con su báculo iluminando la noche, Nolan por detrás de él, se acercaron al precipicio que se encontraba en el lado contrario donde estaba yo.

Al ver tanto alboroto, por supuesto, me puse de pie y troté hacia aquellos dos, también báculo en mano y también iluminando desde su extremo superior. Cuando me situé al lado de Dorian, noté que, a lo lejos, por debajo de la colina, había un gran número de guerreros con antorchas encendidas por lo bajo. Entrecerré mis ojos e intenté distinguir algún estandarte. - ¿Qué rayos es eso? - preguntó Dorian.

- No lo sé... - respondí. Cerré mis ojos y me concentré en mi interior, en la melodía gloriosa de los engendros... pero no percibí nada. Estaba abrumada. Abrí mis ojos de nuevo.

- ¿Podrían ser engendros? - la voz de Leliana a mi lado dijo aquello que más temía.

- Podría... - respondí.

- Mierda. Si son engendros nuestros colegas están cagados. - dijo Nolan. - Debemos descender a ayudarlos. No podrán contra una horda entera.

- ¿Y nosotros podremos? - se burló Dorian. - Son, al menos, quinientos... y ese número digo por las antorchas encendidas... quizás más.

- Esto no es nada bueno... - dijo Cullen y noté el terror en su voz.

- ¿Ideas? - preguntó Leliana.

- Mierda... - masculló Nolan. - Dorian tiene la mandíbula, pero es Onnär quien conoce los sitios de los Eluvian. Así que, aquí va mi idea: bajamos, buscamos a Onnär y huimos de estas tierras atestadas de engendros. - señaló el ejército a lo lejos - Si esos son enemigos, podemos despedirnos de los habitantes de estas tierras... Son cientos y cientos. - me miró. - Realmente estamos atravesando una Ruina.

Mi corazón se detuvo. - ¡Por el hálito del Hacedor! - dije, finalmente comprendiendo. - ¡¡Vayan descendiendo de inmediato la colina!! Haremos lo que dijo Nolan. Yo debo avisar a los miembros de la Orden para que se unan a nosotros. Me reuniré con ustedes durante el descenso.

- De acuerdo. - dijo Leliana y Dorian apagó su báculo, guardó su energía y comenzó una carrera desesperada en descenso por el camino que habíamos recorrido la primera vez que habíamos subido por la colina. Leliana no esperó más que aquello para tomar su magistral arco y correr. - ¡¡Trae todas las pociones que encuentres y flechas!! - me ordenó. - Si encuentras algún anillo mágico, será un placer...

Nolan me miró e hizo una reverencia. - ¡Por Thedas! - sonrió burlón. - ¡Por los Guardas Grises! - guiñó un ojo y corrió detrás de Leliana y Dorian.

Cullen y yo nos miramos. - ¡Ve! - le dije.

- ¿Qué es lo que harás en la Fortaleza? - me increpó. - Sé que es algo que no quieres que sepamos, por ello nos has pedido que avancemos. - tenía razón.

- Si no quiero que lo sepan, déjame sola.

- No.

- ¿No confías en mí?

- Confío. Pero quiero asegurarme de que llegues con nosotros ¡Vamos! No vamos a perder tiempo discutiendo cuando no lo tenemos. No me apartaré de tu lado.

Cullen tenía razón. No había tiempo. Así que, esta vez, no discutí. Solo corrí a mi cometido.

Chapter Text

Praianna corría incesante delante de mí, bajando escalones en el interior de la Fortaleza y yo la seguía, sin saber dónde se dirigía realmente. Había momentos en los que, simplemente, se lanzaba siete y ocho escalones abajo, chocaba de lleno contra la dura pared de los descansos de las largas escaleras y continuaba bajando. Yo la seguía como podía, en aquella marcha desesperada.

Cada vez que llegábamos a alguna habitación y se encontraba con Guardas, avisaba entre gritos y sin detenerse que estábamos sitiados y que fueran a luchar. Éstos corrían a buscar armaduras y armas y luego, yo ya nos los veía, porque seguía detrás de ella.

Otra vez escaleras, otra vez Praianna se lanzó hacia abajo, pero esta vez, cayó desplomada al suelo y sentí su queja cuando se golpeó. Yo salté a su lado y la puse en pie. - ¡Debes dejar de hacer eso! No llegarás al campo de batalla.

- No llegaremos a las prisiones. – dijo.

¿Prisiones? ¿A quién tenía apresado que deseaba liberarlo? – ella tembló sobre mis manos, liberó algún hechizo (supongo que curativo) y volvió a correr desesperada. 

Cuando finalmente llegamos a las prisiones habíamos perdido cerca de una hora y ambos estábamos empapados por la transpiración, no podía hablar por la falta notoria de aire, pero Praianna corrió un poco más y se desplomó frente a una bestia y yo me paralicé al verlo: un grifo bebé. - ¡Por el hálito del Hacedor! – grité y sonreí ante semejante sorpresa. - ¿Un grifo? – ella sonrió también, asintió y abrazó a la bestia que tenía el tamaño de un mabari adulto.

- Ha ocurrido un milagro hace tres años y nacieron tres grifos. Uno tenemos aquí. Los otros dos en Kirkwall. – me dijo totalmente agitada. – No puedo dejarlo morir. No, de nuevo, Cullen. – el animal, si bien un crío de grifo, era de todas formas grande. Me acerqué a Praianna y tomé al grifo en brazos. El animal cerró sus garras alrededor de mis antebrazos, pero yo tenía armadura pesada, así que solo apresó el metal, de todas formas, el peso de su cuerpo juvenil hizo que tensara toda la musculatura de mi torso y brazos, ¡realmente pesaba! Noté que las patas traseras del grifo escalaron sobre mis botas y luego usaron mi cinturón como sostén. Mi cuerpo renegó de nuevo por el peso.

¡Andraste, bendita! Iba a tener que hacer esta carrera demencial en subida, con armadura pesada, un grifo, escudo y espada

¡Andraste, bendita! Iba a tener que hacer esta carrera demencial en subida, con armadura pesada, un grifo, escudo y espada... para luego descender la colina del Diente Roto y, finalmente, enfrentar a los engendros tenebrosos... - Ten cuidado, Cullen. Los grifos son animales salvajes, indómitos. Ellos eligen su jinete. Este es un crío, pero tiene un carácter de mierda, aunque soportable. Por favor, que no se asuste. – asentí.

El animal siseó, intentó acomodarse sobre mi brazo, pero el espacio era reducido, así revoloteó torpemente y clavó sus garras en cada uno de mis hombros (por suerte estaba envuelto en mi armadura), llevando su lomo sobre mi espalda y dejando mi torso libre. Sentí un peso del animal distribuirse equilibradamente a cada lado de mi espalda y sus patas traseras volvieron a apoyarse sobre mi cinturón (el mismo sitio donde llevaba mi espada, que era pesada porque estaba hecha de Hueso de Dragón). Cuando estuvo sobre mí volvió a sisear, quizás a gusto con su nueva posición. Aunque, claro, era yo el que no se encontraba tan cómodo.

El grifo sacudió su cabeza y luego golpeó mi mejilla con sus plumas. Praianna rio a mi lado con soltura. - ¡Vaya! Le gustas, Cullen. – yo sonreí también y percibí un extraño ronroneo, que recordaba a los felinos, y entonces yo recordé: claro, los grifos tenían parte leonina en su constitución. Sus cuerpos eran de león, pero sus cabezas, alas y garras de águilas.

- Oh, ¿sí? – el grifo siseó una vez más.

El animal tenía unos ojos amarillos penetrantes que se encontraba rodeado por un plumaje intensamente negro en todo su cuerpo, a excepción de sus patas, que eran blancas. Su pico era algo rosado, claro, y uniforme, con bordes astillados, como pequeños dientes. Supuse que nada bueno podrían hacer esas astillas si el animal decidía cerrar su pico alrededor de cualquier parte de mi cuerpo con piel descubierta. Era la cosa más impresionante que había visto. - ¿Cómo se llama?

Telanadas. – me respondió. El grifo levantó sus orejas plumosas al oír su nombre. – Se traduce del élfico como "nada es inevitable" ... - sonrió con ternura. – Como ella... Nada pudo evitar que volviera a la vida.

- Oh, es hembra. – dije, Praianna asintió sonriendo y acarició las garras sobre mi hombro. Telanadas siseó, una vez más, pero luego ronroneó. – También te quiere...

- Me reconoce. Hace tiempo no estoy a su lado. Pero supongo que reconoció mi olor... Y su nombre. – ella me miró y de golpe, volvió la seriedad a su rostro. – Debemos irnos. – se giró rápidamente y corrió a un rincón. – Le pondré su collar. Telanadas lo detesta, se va a enojar, pero no podemos perderla. Ella aun no tiene vuelos seguros y por supuesto, no podría cargar a ninguno de nosotros sobre su lomo.

- De acuerdo. – respondí y Praianna volvió a mi lado con una especie de yelmo para la cabeza del grifo, ¡Andraste me preserve!, más peso sobre mi espalda. Fruncí el ceño, pero comprendí que era la única opción. Así que, adopté la posición de genuflexión frente a Praianna, Telanadas quedó a su altura y ella la tranquilizó con palabras amorosas, el grifo realmente confiaba en Prai. La Guarda colocó el yelmo sobre el animal, Telanadas se quejó, siseó sonoramente dos veces, pero permitió que cerrara los arneses a su alrededor de su cabeza.

- Lo siento tanto, bonita. Pero no podemos dejar que estés sin tu collar. Vamos a ir al campo de batalla. – le explicó. – Cullen va a cuidar de ti. Te lo promete. – me miró. - ¿No? – yo sonreí, con el animal sobre mis hombros, con su aplastante peso, pero sabía desde que la había visto que iba a cuidar de la pequeña grifo.

- Por supuesto, Telanadas. Puedes estar tranquila. 



El camino de ascenso fue notoriamente tedioso para mí. Para cuando salimos finalmente de la Fortaleza y comenzamos a descender por los sinuosos caminos de la colina del Diente Roto, yo ya sentía que mi espalda dolía. No tenía idea de cuánto podría pesar el grifo pequeño, ¿cincuenta kilos? Quizás más... No lo sabía a ciencia cierta. Lo que sí sabía era que estaba agotado, pero Praianna continuaba el descenso sin descanso, así que yo simplemente la seguía.

Telanadas se comportaba adecuadamente. Estaba prendida por mis hombros con sus garras aguileñas y sus patas traseras de león descansaban sobre mi cinturón, sin moverse de aquel sitio. De tanto en tanto siseaba, me preguntaba qué podrían ver sus ojos aguileños en la noche, pero estaba seguro que mucho más que los nuestros.

Aunque, a pesar de todo el gusto que me daba compartir esta aventura con un GRIFO, estaba extenuado. No sabía cómo haría para mantenerla a salvo y enfrentar engendros tenebrosos. – Praianna... - suspiré. – Espera, detente. – ella se detuvo frente a mí y se giró. Creo que solo cuando notó lo cansado que estaba fue consciente de que no podía seguir sin pociones.

- Oh, Cullen, ¡lo siento! – dijo y se acercó a mí, tomó las garras de Telanadas y las soltó de mis hombros, luego me rodeó y tomó el lomo del grifo, poniéndolo sobre el suelo. – Ella puede correr a tu lado. – me pasó las cadenas que estaban sobre el yelmo del animal para que las usara de correa. Giré notoriamente molesto.

- ¿Y me lo dices ahora?

- Lo siento. Tengo tantas cosas en la cabeza que olvidé por completo que estaba reposando sobre ti. Verás, ella es joven, los escalones le cuesta dominar por sus garras aguileñas, pero en el suelo, sobre la tierra quiero decir, se las arregla bien. – Buscó en su cinturón y me pasó una poción de vigor. – Bébela, estás hecho un desastre. – Yo acepté, no había modo de que continuara con este viaje si no era vigorizado. Sequé el sudor de mi frente con el dorso de mi mano y me concentré en recuperar el aire.

- Sí, llevo armadura pesada, escudo y espada sobre mi cuerpo... más Telanadas... realmente fue demasiado peso para mí. – bebí de la poción, agotado, y noté que Prai me miraba totalmente sorprendida. Al instante, sentí que mis músculos dejaban de quejarse por el esfuerzo excesivo... Supongo que había estado llevando más que mi propio peso encima... Sin mencionar que habíamos subido interminables escalones dentro de la Fortaleza y ahora, en la colina, descendíamos empinados escalones viejos y polvorientos, tan empinados que no se podía correr, había que contraer los músculos para descenderlos o ascenderlos, y todo ello con Telanadas sobre mi espalda.

- Oye, lo siento... esto tendrá consecuencias mañana... - me dijo. Lo sabía. Había combatido suficientes batallas como para no conocer el dolor muscular que llegaba con el uso excesivo de la fuerza. Lo sabía muy bien.

- No pensemos en ello. Aún tenemos que defender a nuestros amigos. – Praianna asintió y acarició al grifo a nuestro lado. Volvió a poner su bastón sobre su agarre e iluminó el trayecto completamente oscurecido por la noche que yacía sobre nosotros. Yo miré a Telanadas, el grifo miraba a un lado y otro, pero no nos daba atención. Sonreí y caminé sintiéndome muchísimo mejor que cuando ella estaba sobre mí y llevé su correa. El grifo avanzó con cuidado a mi lado.



Cuando llegamos al pie de la colina casi amanecía. El trayecto de subida y bajada a la Fortaleza era demencialmente alto. Praianna, Telanadas y yo, respirábamos muy agitados y la sangre sobre el suelo que distinguimos rápidamente, nos habló de que allí había luchado alguien.

Sentí el silbido de una flecha, coloqué el escudo frente a Praianna y Tela, y sentí el impacto de la flecha de algún enemigo. Ella gritó asustada, continuaba respirando tan agitada como yo. "¡Cullen nos atacan!", escuché que gritó, aunque no necesitaba que yo le respondiera para saber que era como ella decía. Así que, Prai tomó su báculo y liberó una barrera de espiritual, un escudo mágico frente a los tres. Yo quité mi escudo de nuestra visión y nos encontramos con una horda de engendros tenebrosos luchando contra guardas. De golpe, frente a mis ojos, reconocí humo que flotaba entre los hombres y las bestias oscuras, nuestros enemigos y el color naranja que había supuesto era del Sol que se asomaba tímido por el horizonte, no era en verdad su resplandor, sino las llamas de las hogueras que los engendros iban encendiendo con sus pasos. Los gritos nos inundaron, "¡En la guerra, victoria! ¡En la paz, vigilancia! ¡En la muerte... sacrifiiicioooo!", aullaban los guerreros, mientras se lanzaban sobre sus enemigos y encontraban la muerte a manos de la Corrupción de la Sexta Ruina. Realmente estaba sucediendo.

Al instante, a lo lejos, vimos un destello de energía explotar. Praianna me miró. - ¡¡Tiene que ser alguno de nuestros magos!! – ella conectó una vez más con el Más Allá y liberó un puño pétreo, que destrozó a nuestros enemigos, frente a nosotros. Yo corrí por delante, con Tela a mi lado y, mientras lo hacía, aseguré las cadenas sobre mi cinturón, tomé mi espada con mi mano diestra, el escudo con la otra y ambos corrimos delante de Praianna para permitir que ella tuviera tiempo de ejecutar sus hechizos.

No estoy seguro de cuánto tiempo batallamos ni cuántos engendros tenebrosos destrocé, pero cuando pudimos, ¡al fin!, llegar al sitio del destello, nos encontramos con Dorian, de rodillas y Leliana atacando a los enemigos con una flecha en cada mano, a modo de dagas. Estaban rodeados, por lo que el ataque a distancia no era una opción. Menos mal que había llegado justo a tiempo. Yo rugí y me abalancé sobre los engendros, viendo cómo Leliana caía al suelo, agotada. Praianna corrió sobre ambos y les entregó pociones. Telanadas siseó y revoloteó a mi lado, clavando sus garras sobre la cabeza de un genlock y luego volvió al suelo. - ¿Qué mierda es eso? – escuché la voz de Dorian, casi sin aire.

Telanadas, un grifo. – explicó Praianna y liberó más magia.

Al poco tiempo, un Guarda muerto sobre mis pies se levantó, Dorian lo había usado con su Nigromancia. Otro aliado en el campo de batalla. Detuve el ataque de otro engendro, y contra ataqué. Atravesé mi espada por su cuerpo, que avanzó hacia mí agresivamente, obligándome a retirar mi arma con una patada sobre él y rebanarle desde el cuello. La inmunda sangre se salpicó sobre mi rostro, cerré mis ojos de inmediato y limpié el líquido corrupto que tanto se había empeñado Praianna por mantener lejos de mí. Escuché los gritos de los soldados, y me giré para asistir a los guardas, pero en ese momento fui consciente de que no eran guardas los que habían gritado, sino habitantes de una aldea, una empobrecida aldea olvidada por su soberano déspota. La aldea se había asentado en las cercanías de la Fortaleza de los Guardas, probablemente asumiendo que de ese modo estarían más protegidos... y sin embargo, aquella decisión sería su perdición. Que Andraste los preservara... No podía hacer más, aparte que rogar a nuestra santa que volviera a clamar piedad a un Hacedor inexistente. Levanté mi espada y destrocé a otro engendro.

Continuamos batallando, pero eran tantos los engendros que era imposible derrotar a todos. - ¿¡Dónde están los demás!? – grité. Otro engendro se abalanzó sobre mí, lo frené con el escudo y aproveché el impacto para asestarle con el muro de metal que era mi poderoso escudo. El engendro perdió equilibrio, salté sobre él, le atravesé el cuello y lo corté, solo para asegurarme. El cansancio me consumió, caí de rodillas, sintiendo que las fuerzas me dejaban.

- Allí. – contestó Leliana y me señaló a lo lejos, miré y vi otro destello de magia. Otro mago. Al instante, otro más. Nolan y Onnär, sin dudas. - ¡Están con Cassandra! Debemos ayudarlos. – rogó mi amiga, asentí. Alguien me tomó por el brazo, levanté la espada para defenderme, pero era Praianna. Ella colocó un frasco sobre mis labios y lo bebí de inmediato. El vigor se restauró parcialmente y me puse de pie otra vez. La Guarda Comandante me golpeó amistosamente mi brazo y levantó su báculo para continuar lanzando energía arcana. Llevé mi mirada al cielo y me pregunté cuánta energía eran capaces los magos de extraer del Más Allá, ¿acaso era una fuente inagotable?

- ¡Dorian! ¡Praianna! Liberen una bola de fuego. – solicité. Ambos magos así lo hicieron. Nuestros enemigos se quemaron por la magia y dejaron unos buenos metros de terrenos libre, sobre los que avancé en una carrera desesperada, con Leliana a mi lado disparando flechas e, increíblemente, acertando aun en movimiento. Me había olvidado lo excelente tiradora que era. De golpe, la frívola Divina Victoria o la Maestro Espía de la Inquisición parecieron desvanecerse de mis recuerdos, y volvió aquella letal bardo que había destrozado cientos de engendros tenebrosos al lado del Alistair Theirin y la Heroína de Ferelden... Sentí un poco de la admiración perdida hacia Leliana.

Los magos, detrás de nosotros, continuaron corriendo y tirando poder desde sus báculos, conservando el maná para el próximo encuentro.

Cuando llegamos con Casandra, nos encontramos con Onnär sosteniendo a Nolan con un brazo, gravemente herido, y con el otro usando su báculo y su magia, mientras Cassandra, frente a ellos, les daba tiempo para ejecutar sus hechizos. Ella también estaba herida. Al notarlo, casi salté sobre los engendros, pero sentí un agarre sobre mi brazo, me giré y Dorian casi me obligó a tragar una poción de vigor. Cuando comprendí lo que sucedía bebí. – Ahora sí, Comandante ¡¡Destrózalos!! – gritó Dorian, dándome un fuerte empujón hacia nuestros enemigos y puso su báculo frente a él, liberando una barrera espiritual sobre todos. Solté a Telanadas de mi cinturón y le pasé la correa a Dorian, quien la tomó de inmediato y yo corrí sobre Cassandra, para ayudarla.

Un engendro tenebroso saltó sobre Cassandra y justo cuando pensé que la mordería, Onnär soltó a Nolan (estampándolo contra el suelo) y de su báculo surgió una Espada de Fuego y con una gracia etérea saltó sobre ella y comenzó a enfrentar a los engendros que los habían rodeado con la Espada Espiritual, y recordé que él había sido guerrero, antes que mago, en Arlathan. Me sentí algo más tranquilo, el elfo era un prodigio en el campo de batalla.

El elfo atacaba con la fuerza del guerrero, la ligereza de un elfo y cada tanto liberaba algún hechizo demencial sobre el enemigo, que los dejaba fuera de combate. Era extraordinario verlo luchar. Si los elfos que habían entrenado con Solas, lograban la mitad de los prodigios que Onnär, pues entonces, aún teníamos esperanzas. Sin embargo, su rostro estaba peligrosamente pálido. Estaba agotando su maná interior. - ¡¡Praianna!! – grité para que se ocupara del elfo.

Tomé a Cassandra en brazos y le di una poción de Salud y Vigor. Ella tomó, notablemente cansada y luego se puso de pie. Leliana tomó a Nolan en brazos y le pasó una poción de Salud también y Lirio. Praianna corrió sobre Onnär, liberó un puño pétreo sobre los engendros y le puso una poción de Lirio sobre los labios. Onnär la tomó sin quejas y cayó encima de Praianna, quien lo sostuvo, rápidamente. Dorian, liberó una vez más una barrera espiritual encima de nosotros, para evitar daños. - ¿Cómo estás? – oí que Praianna preguntaba al elfo, él asentía y ella volvía a abrir un frasco azulino y volvía a ponerlo sobre sus labios, él volvía a aceptar. El color de su rostro, iba mejorando con cada trago.

Un niño gritó a lo lejos, Cassandra y yo dirigimos de inmediato nuestra mirada hacia aquel inocente, pero cuando lo localizamos, vimos también cómo un engendro tenebroso lo atravesaba con la espada, una mujer a su lado gritaba desesperada, pero por detrás otro engendro la tomaba de los cabellos y le arrancaba la cabeza. Ver todo aquello, resultaba desmoralizante. Sentí el cuerpo de Cassandra tensarse sobre mis brazos y supe que la excepcional guerrera había vuelto. Se puso de pie frente a mí y corrió sobre aquellos seres para obtener su venganza. Yo corrí a su lado, para cubrirle la espalda.

- ¿Dónde está el Eluvian, Onnär? – gritó Dorian. El elfo ancestral señaló a lo lejos. Cassandra y yo destrozamos seis engendros tenebrosos más. La tomé del brazo y la obligué a verme, justo cuando saltaban más enemigos sobre nosotros, así que yo la cubrí con mi escudo y ella hizo lo mismo con el suyo. – Suficiente, Cass... Debemos ir al Eluvian. – le dije, ella asintió en el interior metálico de protección que habíamos improvisado.

- Yo me ocupo. – dijo Dorian. - ¡Otra poción, por favooor! ¿Alguien? – Leliana le tiró una de Lirio, que el tevinterano la tomó del aire y bebió rápidamente.

- ¿Satisfecho? – gritó Leliana y tensó el arco una vez más, soltando su última flecha. "Esta vez sí, cariño", oí que Dorian contestaba mientras se dirigía al Eluvian para activarlo con la llave. Mientras oía a Lel maldecir, y vi que llevó sus manos a su espalda y extrajo dos letales dagas. Era tan temeraria como con el arco; una sonrisa malévola surcó su rostro y si alguien supiera que aquella despiadada asesina era la Divina Victoria, estaba seguro de que pedirían que no volviera a ocupar el Trono Radiante.

Dorian se detuvo de golpe y llevó ambas manos sobre su báculo, la que tenía la correa de Telanadas, tiró de ella, el grifo se le acercó y se quejó por el movimiento brusco. Al tevinterano no lo importó, conectó con las fuerzas del Más Allá y de golpe todo fue más lento a nuestro alrededor. – Nos hemos acelerado, así que, durante unos minutos veremos todo el campo de batalla enlentecido, pero somos nosotros acelerados ¡¡Vamos!! ¡Hacia el Eluvian! Esquiven al enemigo.

Fue como dijo Dorian, todos nuestros enemigos se movían con una lentitud notoria, así que aprovechamos para correr a través de la horda y llegar a nuestro objetivo. Justo cuando íbamos a alcanzar el sitio del Eluvian, el tiempo a nuestro alrededor volvió a la normalidad. Praianna liberó una tormenta eléctrica y los engendros que se nos acercaron sufrieron daño por electricidad. Sin embargo, nosotros nos encontrábamos dentro de ésta, así que (si bien en menor medida) también recibíamos daño. Corrimos fuera de la tormenta.

Onnär tomó a Praianna por los hombros. - ¡¡Conecta con mi aura, Heroína!! – ordenó, ella miró a la horda que se abalanzaba sobre nosotros, quienes ya estábamos al borde del desmayo. - ¡¡VAMOS!! Quiero lanzar "Resurgimiento" – ella asintió y colocó sus manos sobre los hombros de Onnär y liberó su aura, gritó, Onnär dejó que sus ojos se iluminaran y de golpe, el Velo encima de nosotros pareció adelgazarse en extremo y cuando creí que los demonios descenderían, pude notar la luz divina de seres espirituales sobre el elfo; Praianna gritó otra vez porque el elfo extrajo su vitalidad de forma impetuosa, pero en ese instante nos restablecimos completamente, las heridas sanaron y nuestras reservas estuvieron restituidas por completo. Fue como volver a nacer.

Onnär, Nolan y Praianna se pusieron frente a Dorian. - ¡¡Vamos!! ACTIVA EL PUTO ESPEJO, BONITO – gritó Nolan, ahora de pie luego de semejantes heridas que había cargado. El elfo ancestral con vallaslin hizo vibrar la tierra y liberó el poder del Más Allá, cayeron unas rocas de una pequeña apertura del Velo, y supe que Nolan era mago de las Grietas, como Solas y Elentari. Praianna liberó el poder de la naturaleza sobre los enemigos, colocando una barrera de gruesos troncos y ramas delante de nosotros a modo de escudo, mientras los engendros se amontonaban sobre aquella y los meteoritos los destrozaban. Ella liberó un fogonazo sobre las ramas, que ardieron y quemaron a nuestros enemigos más cercanos.

- ¡¡Ogros!! – gritó Leliana. - ¡¡Vamos, Dorian!! ¿Alguien tiene flechas?

- Ya está, la puta madre. – gritó el tevinterano. – ¡¡Vamos!! A la encrucijada. Vamos, ¡¡por el Eluvian!! – Leliana corrió al interior, Cassandra y yo esperamos a los magos, quienes corrieron en una carrera desesperada al interior también, una vez que nos sobrepasaron, nosotros cuatro, es decir, Cass, Tela, Dorian y yo, atravesamos el interior del Eluvian

¿Estábamos a salvo?

 

Chapter Text

Dentro del Laberinto sentí el respirar agitado de mis compañeros. Algunos de ellos se dejaron caer sobre el suelo y otros se sentaron. Yo me mantuve de pie, rogando bocanadas de aire más efectivas, que pudieran hacer que las pulsaciones de mi corazón se enlentecieran y el calor sobre mi cuerpo me dejara. Vaya, nunca había conocido la maldad de los engendros tenebrosos. Yo había despertado luego de la Cuarta Ruina en Thedas y durante los acontecimientos de la Quinta, había estado en el Norte, lejos de Ferelden. No tenía idea de la maldad de estos seres, no tenía idea de la agresividad y la oscuridad de sus actos. Solo ahora comprendía por qué había sido necesario aniquilar a los Archidemonios: realmente, si no se los detenía, destrozaban todo a su paso.

Sí, sí, en la fortaleza de los Guardas les había mentido a todos. Les había dicho que no tenía idea de cómo se había creado el Velo y de que no era un soñador perfecto, pero bueno... Acabábamos de transitar aquel acto de traición con el Eluvian, no iban a esperar que dijera la verdad. Porque la verdad era que yo sí era un soñador Perfecto y que tenía idea total de cómo se había creado el Velo. Después de todo, había sido edecán de las milicias de los Rebeldes por aquellos tiempos en los que Fen'Harel combatía contra la tiranía de los Evanuris. La posterior muerte de Taroth hizo que fuera Comandante. 

La voz suplicante de la elfa Guarda inundó el silencio del Laberinto: - ¡Por favor! – rogó desesperada. – Debemos salvar a los aldeanos de los páramos... por favor.

- No podemos volver allí, Prai. – la voz pragmática de la Divina Victoria habló. – Has visto cuántos eran. Hemos podido ingresar por pura casualidad. No podemos volver fuera. Nos matarán.

- ¿Y Thengal? – preguntó Cullen. - ¿Y Briala?

- Nos acercamos a la cueva que había mencionado el Guarda, Dyren. – expliqué, algo recuperado después del gasto impresionante de energía. – No bien puso un pie dentro, nos saltaron sobre el rostro los engendros tenebrosos como si se tratara de una ola chocando contra la orilla del mar. Nos arrasaron. – los miré: Praianna estaba de pie, Cassandra sentada y jadeando, Dorian recostado sobre sus rodillas con unas cadenas a su lado en el suelo y la bestia esa a su lado, Nolan sentado, agitado también, Cullen al lado de la lady Buscadora y Leliana de pie, al lado de ellos. – No les puedo afirmar que hayan sobrevivido. Pero por cómo fue el ataque, no creo que lo hayan hecho.

Hubo un prolongado silencio en el grupo.

- Pero, por favor. – insistió la Guarda. – Ayudemos a quienes podamos... algo habrá que podamos hacer por esos aldeanos inocentes y el resto de los guardas. No puedo aceptar que esta será su suerte... algo debemos hacer, ¡por favor!

- ¿Qué propones, Heroína? – quise saber. Ella me miró y noté determinación en su mirada. Extraño, debía admitirlo. Desde que había camino en esta era solo había encontrado sentimientos egoístas y mezquinos, pero ella, Praianna, parecía que realmente estaba dispuesta a morir por la vida de otros. 

- Tú y yo saldremos con magia, buscaremos sobrevivientes y volveremos aquí, a la Encrucijada y los llevaremos a lugar seguro. – me respondió y yo sonreí por su entusiasmo.

- ¿Y cuál es el lugar seguro que propones?

- El único sitio que nunca fue arrasado por engendros tenebrosos ni Qunari es la capital de mi Nación, Minrathous. – dijo Dorian. - Pero no creo que nos abran las puertas...

- ¿Te parece seguro ese sitio, bonito? Tengo entendido que Cullen y tú son considerados enemigos del Imperio. Leliana es la Divina Victoria, quien se escapó de sus garras... No creo que sea el sitio más seguro. - Nolan dijo. - No, no. Realmente no me parece lo más sensato.

- Están los Bosques de Arlathan, ¿no? – propuso el Comandante de la Inquisición. Yo lo miré y sonreí. Claro, ahora necesitaban la ayuda que Solas podía brindar... me molestaba que no tuvieran problemas en maltratarlo, juzgarlo, sin siquiera ser conscientes de quién era él para nosotros, los elfos ancestrales. Lo trataban como a un tirano, un demente, un desquiciado y Solas era la persona más digna de ser seguida... por lo menos, la persona más honrosa que yo había conocido y que más había tolerado a lo largo de toda la historia de Elvhenan y la rebelión. Ellos simplemente no tenían idea de lo que él representaba para nosotros, los ancestrales, lo maltrataban y luego querían su protección.

Había sonreído, sí, pero el gesto había sido por la molestia de la hipocresía del Comandante para con Solas, nuestro líder Rebelde. 

- ¿Qué te hace pensar que nosotros, elfos, daremos alojamiento a los shemlen después de toda la historia de tiranía hacia nuestra raza que tienen? – pregunté – A ustedes los toleramos porque son colegas de Solas, ¿pero a roñosos humanos desprovisto de cualquier utilidad? No. - aclaré. - Además, ¿se olvidan de todo lo que han hecho a los elfos en los Bosques de Arlathan?

- Eso es historia de Tevinter y pasada. - dijo Leliana. 

- Oh, claro, porque la Capilla no ha destrozado a los elfos en Halamshiral... - me burlé. - Oh, vamos, por favor Su Perfección, no sea hipócrita. 

- Estás hablando del mismo modo que hablan ellos de nosotros, Onnär. – se quejó Praianna y me enfrentó. – Somos mejores que los resentimientos de los humanos ¡Vamos, Onnär! Si fuiste tú quien entrenó a los ejércitos de Fen'Harel, ¡¡pues entonces son guerreros extraordinarios!! Podremos protegerlos. – La miré sorprendido porque estaba dispuesta a jugarse la vida por esos roñosos humanos innecesarios, a pesar de ser ella misma una elfa.

- Sí, por supuesto. Pero no olvides que, así como podríamos llevar refugiados a Arlathan, serían nuevas bocas que alimentar, Heroína... y los humanos tienen creencias estúpidas hacia los elfos, ¿crees que podría funcionar? ¿Realmente? – ella colocó sus manos sobre sus caderas y me sonrió, tentadora.

- Nunca lo sabremos si no lo intentamos, ¿no? – sonreí. Un ser tan insignificante como ella, intentando realizar grandes hazañas, ¿quién era yo para negarme?

Thedas realmente era un sitio asombroso. No dejaba de deslumbrarme a pesar de haber caminado por esta tierra durante casi un siglo. Siempre había personas con una locura luminosa sobre ellos, y Praianna era una de esas personas. A pesar de tener un carácter insoportable, estaba dispuesta a defender a los desamparados... Y si debía ser honesto, era lo que siempre habíamos hecho con Solas. Solo que, por supuesto, nunca había sido shemlen los que habíamos salvado, sino a El Pueblo. Pero de nuevo, ya no estaba en Arlathan y Solas nos había pedido que lucháramos por todas las razas. Quizás éste era el momento de ser diferentes. De volver a ser los Rebeldes de antaño, de volver a enfrentar todos los cimientos de cualquier estructura pre establecida.

Ellos renegaban de Solas o Fen'Harel, como cada uno deseara llamarlo, sin ser conscientes de que él, había sido como ellos. Un demente, un rebelde, un entusiasta, un ingenuo, ¡un genio! y un idiota... Pero era el único modo de hacer que las cosas cambiaran... para bien o para mal. Y Solas había sido nuestro defensor y había dado todo por nosotros. Todo.

Durante mucho tiempo había creído que la creación del Velo había sido un error, pero ¿eran un error estos estúpidos seres a mi lado? Salvando una bestia mitad león, mitad águila, luchando contra todos y defendiéndose entre ellos, a pesar de ser el mix más inadecuado de todos: la máxima representación de la Capilla Andrastina: Leliana, La Buscadora de la Verdad, el Templario renegado, el mago de Tevinter, el mago de Arlathan, la Maga de los Guardas... Una locura... y sin embargo, hermanos. 

Así que, accedí: – De acuerdo, Heroína. Escucharé tu plan y, por supuesto, cuentas con mis virtudes arcanas y marciales.

El plan no era muy estratégico, pero las condiciones que nos rodeaban, tampoco lo eran. La primera parte del plan consistía en atravesar el Eluvian, hacer ruido suficiente para llamar la atención de los que nos rodeaban e ir salvando a quiénes pudiéramos: humanos y Guardas... Sin distinción. Las consecuencias, vendrían lugar.

Los magos irían por detrás: Praianna, Nolan, Dorian y yo crearíamos una barrera de energía espiritual alrededor del grupo, enlazando nuestras auras. Cullen, Cassandra, Telanadas y yo, estaríamos el frente, por si la fuerza de los engendros destrozaba la barrera y había que luchar, Leliana estaría al lado del Eluvian, con la mandíbula de lobo, encargándose que ingresaran los refugiados... Íbamos a revelar a los humanos comunes y los Guardas la existencia del Laberinto. Esperaba que Solas estuviera de acuerdo. Pero ya era tarde para arrepentimientos y el mundo de Thedas estaba al borde de la aniquilación. Si todos moríamos, no habría nada de malo en esta revelación...

Y así, ejecutamos el plan.

Atravesamos el Eluvian. Los magos elevamos nuestros báculos y conectamos con las fuerzas del Más Allá, el Velo se adelgazó, los espíritus revolotearon sobre nosotros y yo les pedí su ayuda, ellos accedieron: Fe, Esperanza, Compasión y Justicia se pusieron sobre mí. Los reconocí de inmediato y no era frecuente que espíritus tan benevolentes se acercaran tanto al mundo despierto, pero al parecer, estaban agradecidos con la decisión. Compasión, fue un poco más allá y se materializó en la forma de un joven, Cole, era su nombre, y prestó su servicio a sus antiguos compañeros. – Compasión. Esperanza. Camaradería. Hacen bien en protegerlos.

- ¡Cole! – rio la Buscadora al lado del Comandante. Yo lo saludé con un pequeño asentimiento, mientras la energía espiritual me rodeaba y cuando oímos, "¡AHORA!", que gritó la Divina Victoria, los magos disparamos, cada uno, una bola de fuego sobre el enemigo, logrando un infernal estruendo. "¡BARRERA!", la voz de Leliana nos recordó lo que ya estábamos haciendo: colocando otra vez la barrera espiritual frente a nosotros.

Cassandra y Cullen se miraron y asintieron. Pusimos en ejecución la segunda parte del plan. "¡VAMOS GUERREROS!", rugió Leliana, protegida por la barrera espiritual. Yo corté mi enlace con el aura de los otros magos y liberé una barrera espiritual sobre Cass, Cullen, Telanadas, Cole y yo mismo y mi báculo se transformó en mi Espada Espiritual. – Avancemos, mis queridos Rebeldes... - invité entretenido, sonriendo, y salimos corriendo al encuentro con el enemigo, espada en alto y escudo en mano. – QUE NUESTRA MISMA EXISTENCIA... - grité, eufórico. Hacía demasiado tiempo no luchaba por libertades ajenas. Y la respuesta llegó desde mi espalda, Nolan, Praianna y Dorian gritaron (sí, y Dorian, a pesar de lo mucho que detestaba a Solas): SEA UN ACTO DE REBELIÓN. En respuesta, el grifo siseó. Cass y Cullen solo prestaban atención al campo de batalla, como todo buen guerrero lo haría.

"Yuujuuuu", escuché al idiota de Nolan agregar y las carcajadas del tevinterano a su lado, a las que se sumaron las de la Guarda. Yo sonreí, cuando el pequeño Nolan levantó su voz con entusiasmo. Había pasado mucho tiempo de la última vez que mi amigo y yo habíamos combatido juntos.

El grifo corrió al lado del Comandante, a quien parecía tener en buena estima y revoloteó suavemente, cerca del torso de él.

Destrozamos a unos cuantos, principalmente con el poder de mi espada. Cole brilló sobre nosotros y nos restauró el gasto energético. Wow, el espíritu estaba muy comprometido con la causa. – Ayudar. Desolados, muerte, fuego, gritos. No, no. Estarán a salvo. El lobo es bueno. No quiere morder otra vez. El último verso del Canto Ancestral. Llegará el final de la melodía.

- ¡¡ESCUCHEN!! – rugió el Comandante a todos los seres vivos que nos rodeaban. - ¡¡NOS ESTÁN DESTROZANDO, NO HAY NADA MÁS POR LO QUE LUCHAR!! DEJEN SUS HOGARES, SUS PERTENENCIAS Y DIRÍJANSE HACIA LOS MAGOS A NUESTRAS ESPALDAS, ¡NOSOTROS LES DAREMOS RESGUARDO! – seguimos atacando engendros. Pude ver cómo los guardas que estaban en pie corrieron sobre los desamparados seres indefensos que representaban los aldeanos, los tomaron en brazos, mientras detenían como podían a la horda. Cole no lo soportó, se lanzó, letal, sobre los engendros, destrozándolos magistralmente. Nunca había visto a un espíritu tan involucrado con los problemas de los vivos y con tanta voluntad para poder ir y venir a gusto del Más Allá, en este mundo, claro. Me pregunté cuándo, finalmente, Compasión adoptaría forma permanente en el mundo físico, estaba claro que los vivos se habían robado su corazón.

La lucha fue desastrosa. Vigorizante, sí, pero desastrosa. Para cuando logramos poner a salvo a quienes tuvieron el lujo de llegar a destino, yacían sobre las tierras áridas cientos y cientos de cadáveres, entre guardas y simples campesinos. Y los engendros tenebrosos no hacían más que avanzar y avanzar, salir por cualquier recoveco, y atacarnos. Pero acarició mi alma ayudar, aunque tan solo fuera a unos pocos. En realidad, haberme ido y haberlos dejado, habría sido un error ¿Qué sentido tenía poseer poder si solo lo usaríamos para nosotros mismos? El poder nos daba un compromiso con el débil. Para esto estábamos aquí, para ayudar a los más débiles... O eso era lo que había creído en Arlathan... solo que el tiempo había hecho mi alma amargarse más y más... Hasta que, nuevamente, Solas se había rebelado contra él mismo, y nos había obligado a nosotros, sus Rebeldes, a cambiar nuestras convicciones, una vez más. Como en Arlathan, pero... por Thedas







Una vez dentro del Laberinto, un coro de llantos desesperados nos invadió. Los aldeanos se abrazaban y gritaban, desconsolados. Los Guardas se reagruparon alrededor de Praianna y hablaban con Telanadas entre ellos, dándoles caricias de tanto en tanto al grifo.

El resto de nosotros estábamos juntos, esperando que cesara el drama. – Oye, fue genial... - decía Dorian con entusiasmo y una gran sonrisa en su rostro.

- Te has lucido, bonito.

Leliana sonreía solo un poco, Cassandra estaba agradecida por lo decidido y Cullen miraba de tanto en tanto al grifo, parecía que también quería a la bestia. Cole se había retirado al Más Allá, cuando todo hubo finalizado.

- Bien... y ahora... - Dorian me miró. - ¿Cuál es el plan?

- Ir a los Bosque de Arlathan, por supuesto. – respondí. – Si tan sólo tuviéramos un Eluvian que nos dejara directamente allí, ¡oh, sí! Lo teníamos... pero un mago ostentoso lo rompió en un ataque de ira... - regañé a Dorian, quien hizo un gesto de dolor y rio.

- Lo siento. Para que sepan qué se siente que rompan "parte" de tu hogar.

- Bonito... - Nolan lo miró, pero esta vez completamente serio. – Sabemos de memoria lo que se siente. No te equivoques. – el mago de Tevinter lo miró y comprendió que había elegido mal el juego de palabras.

- Lo siento.

Suspiré. – Bien. Al parecer nuestro hogar será este...

- ¿La Encrucijada? – preguntó Praianna alarmada, yo reí, no pude evitarlo.

- No, Heroína. Thedas... - la miré, ella se acercó a nosotros. – De todas formas. Iremos hasta el Eluvian más cercano a los Bosques... Y de allí, caminaremos, por supuesto. – suspiré... Si no recordaba mal (y yo rara vez recordaba algo de forma equivocada), lo que más cerca nos dejaría de los Bosques serían Los Páramos, situados en los límites de Antiva... Y de allí, tendríamos que caminar o ir a caballo. Todos estos refugiados, bueno, tendrían dos opciones: quedarse en Antiva o acompañarnos.

        

La primera opción era algo complicado, porque Antiva se caracterizaba por ser una plutocracia, es decir que el poder residía en manos de los más ricos y el politiqueo totalmente influenciado por éstos, los príncipes mercaderes        

La primera opción era algo complicado, porque Antiva se caracterizaba por ser una plutocracia, es decir que el poder residía en manos de los más ricos y el politiqueo totalmente influenciado por éstos, los príncipes mercaderes. Aceptar "desamparados de los Anderfels"... Mmm, no estaba seguro de que estuvieran interesados de acogerlos en el interior de la romántica ciudad. Sin embargo, también era cierto que Antiva había tenido un pasado con la Orden de los Guardas Grises durante la Cuarta Ruina y, podía suceder, que les dieran refugio, honrando el pasado. Pero no lo sabía. Los humanos eran muy... cambiantes, por decirlo de algún modo.

- Eeeh... Onnär... - la voz de Dorian interrumpió mis pensamientos. – Estamos esperando respuesta... Hoolaaaa... deja los sueños y despiertaaaa... Gracias... - molestó, Nolan rio. Dorian lo tenía encantado... Yo miré al mago payaso de Tevinter. - ¿Cuál es exactamente ese Eluvian? – preguntó finalmente el galán de Tevinter.

- Oh, lo siento. Me perdí en mi propia voz...

- Como les encanta hacer a los elfos ancestrales... - masculló el tevinterano. Se lo dejé pasar.

- En Los Páramos. – le respondí. - Un terreno llano y yermo, elevado y alejado de la capital antivana y que tiene restos de un Templo de Mythal en su interior, con un Eluvian aún funcionante. Desde allí, tendremos un buen trecho hasta los Bosques... - resoplé. – Será un camino tedioso. Bien hecho, Dorian.

- Oye, lo siento, lo siento. Fue una estupidez. Lo admito.

- Antiva... - Leliana se sumó a la conversación. – Oh, es un reino hermoso. Romántico, divertido... Los mejores vinos están allí, el comercio es activo y próspero... Josephine estaría encantada de visitar sus tierras... - su rostro se entristeció, Cullen se acercó a ella y apoyó una mano sobre su hombro. La pelirroja lo miró y se obligó a sonreírle por el gesto. – Tan solo espero que está encerrada en Minrathous y a salvo. – Dorian rio, aireado.

- Cariño, no tienes idea de lo que deseas. Preferiría que estuviera en las profundidades de... No sé... ¡Los Caminos de las Profundidades!, antes que retenida en mis tierras como una prisionera.

- Cuidado con lo que deseas, bonito... - molestó Nolan, sonriéndole. – Mira que los Caminos, para estos momentos, deben estar atestados de engendros...

- Oh, tienes razón. – Dorian pensó. – Bueno, quizás, por esta vez, sería mejor que esté en Minrathous. Además, Andratus no permitiría que le hagan daño.

- Nada de lo que balbucean ayuda para decidir qué hacer a continuación. – habló Praianna. – Entonces iremos a esos Páramos, perfecto.

- Tienes varios Guardas aquí, Heroína. – le dije. – Podríamos empezar a usar estrategias políticas, ¿no crees? – ella me miró sin comprender, yo le sonreí. – Oh, no creerán que los llevaré a los Bosques de Arlathan, bajo la protección de los elfos que yo mismo he entrenado, sin solicitar algo a cambio, ¿no? Pero, ¡por favor! ¿En qué mundo han estado viviendo? ¿En el país de las hadas? – reí, burlón.

> Ayuda, por ayuda... - aclaré y sonreí. Todos se pusieron muy serios a mi alrededor, a excepción de Nolan, claro. – Lo que quiero decir es que, los elfos de Fen'Harel los protegerán, les darán cobijo y alimentos... Claro. Pero yo debo asegurarme de que, al finalizar todo esto, tendremos un pueblo libre. Los elfos no volverán a someterse a ninguna raza. A menos, por supuesto, que alguno de ellos quiera trabajar como criado.

> Sin embargo, las épocas en las que éramos combustible para magos tevinterano – miré a Dorian con desprecio – o formábamos parte de elferías para lustrar sus botas o coser sus atuendos – miré a Leliana, Cassandra y Cullen – Se han acabado. Los elfos, seremos un pueblo libre. Si no, ¿adivinen qué Velo será destrozado? – bromeé, con maldad. Cullen se cruzó de brazos, igual que Cassandra.

- ¿Qué es lo que propones? – preguntó la Heroína, directa al grano. Me gustaba su estilo. Le sonreí, otra vez, burlón. Nolan dejó escapar una risita a mi lado.

- Tengo entendido que en el año 5:24 de la Exaltada, en la ciudad de Ayesleigh, un Guarda Gris muy famoso, Garahel, sacrificó su propia vida para acabar con Andoral, ¿me equivoco? – Oh, sí... A pesar de que Praianna nos lo había prohibido, en la Fortaleza de los Guardas, yo me había leído uno que otro librito, a escondidas.

- No. No te equivocas. De hecho, eres muy específico con las fechas. – ahora ella se cruzó de brazos y yo le sonreí, otra vez. La elfa era inteligente... ¡Por supuesto! Algo de nuestros genes ancestrales había en su interior, después de todo (y se había dado cuenta de que había hurgado en su biblioteca).

- Bien... Pues... Durante esa Era, todos los nobles fueron destrozados por la horda de engendros tenebrosos que asediaron la ciudad y, por supuesto, la destrozaron también. Pero gracias a tu Orden, rápidamente pudieron elegir nueva nobleza y todo lo que hoy gobierna Antiva, lo hace gracias a ese gran sacrificio del elfo Guarda, ¿no? – Praianna volvió a asentir, totalmente seria. No le agradaba que sacara ventajas de su Orden. – Bien. Pues entonces, adivina ¿qué? – señalé sobre mi espalda. – En el Laberinto, ahora mismo, tengo humanos y Guardas Grises... Algunos de ellos podrían ir a la Ciudad de Antiva y pedir refugio. Contar sobre la Ruina que está comenzando en la superficie y pedir ayuda, como antaño tu Orden se las dio... - la elfa sólo me miraba molesta. – Por supuesto que, serían agentes de Fen'Harel... y claro que... no soy idiota, he jugado estos jugados durante toda mi vida... - me adelanté antes de que alguno abriera la boca. – Sé que ellos no confiarán en Fen'Harel, pero lo harán en ti. Tú nos traerás la información requerida...

> Porque si hemos de vivir en Thedas, les recuerdo: a Solas no tocarán. De lo contrario, yo mismo me encargaré de sacrificar mi vida para destrozar el maldito Velo y les aseguro. Nosotros moriremos, pero ustedes también...  

> Y dicho esto... vayamos juntos a construir nuestro hogar. - guiñé un ojo, Nolan rompió en carcajadas, vino a mi lado y me rodeó los hombros con un abrazo. 

- Lo que él diga. - aseguró el rubio y ambos sonreímos, viendo a los thedestres frente a ambos, sin posibilidades de contrariarnos. 

Chapter Text

Luego de una larga caminata, de nuevo, estábamos en el interior de los Bosques de Arlathan.

El grupo había dejado atrás el Templo de Ghilan'nain luego de que yo supiera la verdad de La Clarividencia del Lobo y recargara el Cetro de Fen'Harel en poder. Aunque claro que, esa arma tanto magistral como ancestral, le correspondía blandir a Elentari, quien llevaba en su interior el Áncora, de modo contrario, la destrozaría el poder que antaño yo había tenido.

Después de salir del templo, habíamos vuelto a la superficie de Seheron y Elentari, de inmediato, había cerrado la Brecha pequeña que habíamos abierto. Luego, habíamos destrozado algún que otro demonio y nos habíamos dirigido al Eluvian que nos dejó en Los Páramos, para finalmente, dirigirnos a los Bosques de Arlathan. Todo este exasperante recorrido se lo debía al idiota de Dorian que había destrozado un Eluvian...

Una vez en el interior del bosque, mis exploradores me recibieron con la misma eficacia con la que sabía, lo harían. Después de todo, habían sido entrenados por elfos ancestrales. – Fen'Harel. – interrumpió uno de los elfos, el primero en acercarse, aunque sobre los árboles, perfectamente ocultos, y por detrás de arbustos, flechas, dagas y lanzas nos apuntaban, por si alguno de los que me acompañaban intentaba alguna locura. – Has regresado.

- Sí. – respondí y levanté mi voz. – Y pueden dejar de apuntarnos. Ninguno de los que me siguen me traicionarán. A excepción, quizás, de Morrigan. A ella sigan apuntando. – Morrigan resopló a mi espalda. Yo ni siquiera la miré. - ¿Cómo están las cosas, Darion?

- El pueblo se encuentra en el Palacio de Elgar'nan y Mythal.

- No lo llamaremos más de ese modo. – Darion asintió y me miró algo extraño. - ¿Qué nombre le pondrías?

- ¿Palacio de la Rebelión? – sonreí.

- Es perfecto, pero los humanos temerán ese nombre. – Athil salió de entre los arbustos y me sonrió con su característica malicia.

- ¿Palacio del Lobo?, quizás ese nombre te guste más, ¿no? – le sonreí.

- Es bueno, pero de nuevo... debemos pensar en el frágil orgullo de nuestros hermanos shemlen. – corregí.

- ¿Hermanos? – se quejó Athil, yo no le respondí. No lo creí necesario. – Bien, ¿y qué nombre propones tú?

- Palacio Enasalin. – interrumpió Elentari, yo no la miré, solo la escuché. – Enasalin se traduciría a "victoria", ¿no? En cierto modo, podríamos decir que es el "Palacio de la Victoria de la Rebelión", sin que los shemlen lo comprendan cabalmente... Aquí nos hemos opuesto al sometimiento de los humanos sobre nosotros.

- Me gusta como suena. – dijo Toro.

- ¿Y por qué se te dio por cambiar el nombre, Risitas?

- Porque hemos decidido dejar el pasado donde pertenece, maestro Tethras, ¿no? Pues... Arlathan pertenece al pasado. Y allí quedará. – respondí. Luego miré a mis agentes. – Palacio Enasalin, será.

> Hagan correr la voz del nuevo nombre y que no quiero volver a oír el anterior. Por favor, encárguense de cumplir mi orden. – Athil asintió, con seriedad. – Bien, tenemos mucho de que hablar... así que, por favor, Athil, quiero a todos los agentes con rangos importantes en Enasalin. Allí nos dirigiremos. – volvió a asentir, hizo una reverencia y se retiró. Luego, Darion hizo lo mismo y se retiró, no sin antes decir en élfico que no le quitaran los ojos de encima a Morrigan. Sonreí.

- Vaya, has sonado algo... autoritario, ¿no crees? – se quejó Varric a mi espalda.

- Lo sé. Lo he sido. – le corregí. – Con mi autoridad he dado una orden, Varric, ¿representa algún problema para alguno de ustedes? – me giré y miré al grupo. Elentari no me quitaba su mirada ambarina de encima, sin comprender mi actitud. Pero no podía actuar de modo diferente, de lo contrario, me derrumbaría.

- No, qué va... Eres el rey de este sitio... - respondió el enano.

- No soy rey de ningún sitio. Solo líder de Rebelión. – le corregí. – Ahora, por favor... vayamos al Palacio. – me giré y avancé, sin mirar que me siguieran.

Atravesamos el Eluvian que nos dejó a las puertas de Enasalin. Las imponentes puertas del Palacio de los Rebeldes sacaron exclamaciones de admiración a mis compañeros, mientras yo continué avanzando sin darles tiempos para que apreciaran su exquisita belleza. Ya tendrían tiempo para ello.

La última vez que había estado aquí, el palacio había sido una ruina y vestigios de su belleza se había apreciado, pero ahora, al atravesar aquellas puertas noté que los elfos libres habían dedicado los últimos días a limpiar los lustrosos zócalos...        

La última vez que había estado aquí, el palacio había sido una ruina y vestigios de su belleza se había apreciado, pero ahora, al atravesar aquellas puertas noté que los elfos libres habían dedicado los últimos días a limpiar los lustrosos zócalos de las salas reales y, en verdad, el sitio comenzaba a lucir como lo había hecho en el pasado...

Me pregunté si lo habían hecho en agradecimiento por la protección que les había brindado en los últimos años o si lo habían hecho, acostumbrados como estaban, por el sometimiento que sentían que les correspondía aceptar... Pues todo esta limpieza y orden, sin lugar a dudas, había sido llevado a cabo por aquellos elfos que, por supuesto, habían realizado durante todas sus vidas estos trabajos.

De todas maneras, yo conocía demasiado bien el largo camino que requería la percepción de la "individualidad", así que, más allá del motivo por el que habían puesto en condiciones el Palacio, me sentí agradecido por el gesto.

Atravesamos una gran puerta y estuvimos dentro de vestíbulo del palacio. Su espacio era demencial, sus zócalos reflejaban nuestras figuras como espejos, y por delante, nos esperaba otra gran puerta, para acceder a la Sala de Audiciencias, dónde me dirigía.

 Su espacio era demencial, sus zócalos reflejaban nuestras figuras como espejos, y por delante, nos esperaba otra gran puerta, para acceder a la Sala de Audiciencias, dónde me dirigía        

Recordar este sitio me destrozaba. Éste había sido el palacio de aquellos dos. Éste había sido el sitio donde creí que habían asesinado a Mythal por mi culpa. Éste había sido un sitio que me había alterado y hoy, era mi refugio. Pero yo lo sentía como mi enemigo. Odiaba cada uno de sus salones, cada una de sus grandes puertas. Aunque también sabía que "realmente" era mi refugio y tendría que aprender a sentir seguridad en este sitio, como nunca la había sentido antes. No, en Elvhenan, pero esperaba que sí, en Thedas.

Esta reliquia había sobrevivido porque estaba situada al Norte de las tierras conocidas del Continente, es decir, aún más lejos de lo que Tevinter había explorado alguna vez.

Estaba en aquellos valles que los thedestres aún no habían tenido tiempo de explorar, inmersos en sus propias guerras y adictos a sus poderíos. El Bosque de Arlathan tenía el Eluvian que nos comunicaba con el Palacio, pero este sitio, en sí mismo, estaba muy alejado de cualquiera de los reinos que los thedestres conocían. Era una ventaja ahora, en tiempos de guerra. Pero si lograba la paz entre las razas, sería una desventaja, por el tema del comercio, a menos que, claro, permitiera el uso de la red de Eluvian a todas las razas... aunque eso estaba por verse.

- Risitas, ¿dónde demonios estaba este gigantesco palacio? ¿Cómo es que nadie ha dado con él?         

- Risitas, ¿dónde demonios estaba este gigantesco palacio? ¿Cómo es que nadie ha dado con él?

- Maestro Tethras. – respondí, mientras una puerta gigantesca se abría frente a nosotros y dos elfos, nos permitían el acceso. – Buenos días. – dije, ellos hicieron reverencia. - ¿Se puede saber quiénes son ustedes? – los elfos no tenían vallaslin sobre sus rostros, eran elfos libres, por supuesto, pero no terminaba de comprender por qué estaban abriéndonos una puerta, como si yo deseara algún sirviente entre mis dominios.

- Buenos días, Fen'Harel. – respondió uno de ellos. Eran dos jóvenes, al parecer, hermanos, puesto que sus rasgos eran muy similares. Incliné mi cabeza, saludando, una vez más e impaciente por obtener mi respuesta. – Somos los chambelanes del Palacio de Elg...

- Eh, eh, eh... - interrumpió Varric, de inmediato. – Aquí, Risitas... - carraspeó. – Quiero decir, Fen'Harel, ha dado la orden de que, este palacio, ahora se llamará Palacio...

Enasalin. – finalizó Elentari.

- Eso mismo. No más el otro nombre. – sonrió el enano y les guiñó un ojo. Los elfos lo miraron con desprecio. – Y ha sido una orden... además.

- El maestro Tethras habla con la verdad. – dije. Los elfos me miraron, una vez más. – El Palacio no volverá a ser llamado por otro nombre más que el ya dicho: Palacio Enasalin. – aseguré. – Y me gustaría que quede claro al resto de los elfos, por favor. – mi voz se dotó de una autoridad glacial,  porque no estaba jugando al pedir aquello.

- Por supuesto, Fen'Harel ¿Qué sucederá con quien incumpla la orden? – preguntó el otro elfo, el que no había hablado primero. Yo levanté una ceja.

- Nada. – dije. – Creo que es suficiente con que sea un pedido formal mío, ¿no te parece? – el elfo pareció palidecer cuando lo enfrenté.

¿A qué demonios se refería? ¿Castigos? ¡Pero por quién me tomaba! Actitudes altaneras como la suya, serían las castigados en mi Rebelión, no estupideces como confundir un simple nombre. – Ahora bien... - continué. Mis compañeros, a mis espaldas, guardaban un educado silencio. Supongo que nunca me habían visto actuar como el soberano que había sido en el pasado y la imagen del elfo apóstata, quizás, no se había borrado del todo de sus recuerdos. Sin embargo, yo había vivido casi toda mi vida dando órdenes. Me salía mejor que ser un elfo errante. – Quisiera saber quién demonios ha dicho que yo necesito "chambelanes". Y más importante aún, ¿quién le has otorgado ese honor, si he de necesitar a alguno de ustedes como tales? – ahora ambos elfos perdieron el color de sus rostros. – Lo que me lleva a la siguiente pregunta... - los miré, totalmente serio. – Ustedes, "chambelanes" ... ¿Qué función pensaban cumplir en mis dominios? ¿O qué funciones les han dicho que deben cumplir? ¿Y quién?

Los dos tartamudearon, no les salieron las palabras. Yo esperé paciente a que se tranquilizaran. Al final, el que primero había hablado, fue capaz de articular una frase: - Eehh... señor Fen'Harel...

- No soy "señor" de nada y nadie. – dije. Volvió a tartamudear.

- Solas, por favor... - pidió Elentari a mi lado. – Déjalos hablar... los has puesto nerviosos.

- Hasta yo me he puesto nervioso, Risitas... - bromeó Varric. Suspiré. Quizás estaba siendo demasiado severo.

- ¿Son hermanos? – les pregunté. Los jóvenes elfos asintieron. - ¿De Elvhenan o Thedas?

- Thedas... se...

- Díganme solo "Fen'Harel... - le aclaré.

- Disculpe, Fen'Harel. – hizo una reverencia.

- Las reverencias al inicio y al final de la conversación. Luego ya no. – volví a instruirlo, asintió asustado. Varric rio a mis espaldas y escuché que le decía a Toro, "imagínalo si es padre".

- Sí, Fen'Harel. – respondió sin reverencias. – Por supuesto.

- ¿Dalishano o de elferías? – volví a preguntar.

- De la elfería de Orlais, Fen'Harel. – asentí.

- Perfecto. Bien, ¿cuáles son sus nombres?

- Mi nombre es Dorath, - dijo el que había hablado primero, al que le salían las palabras. El otro, el que había querido que "castigara" a quiénes se confundieran al referirse al palacio, ya no abría la boca. – y él es mi hermano Thradem, Fen'Harel. – asentí.

- Un gusto entonces, Dorath y Thradem. – dije. – Ahora... Quisiera, por favor, que respondieran las preguntas que les he hecho. Empezando por, ¿quién les ha dicho que necesito chambelanes?

- Athil, Fen'Harel. – típico de esa estúpida. Asentí.

- ¿Qué funciones creen que deben cumplir?

- Athil nos ha dicho que estaremos a cargo de la residencia, involucrándonos en lo referente a abastecimiento de alimentos, limpieza, seguridad, relaciones públicas y en relación al conocimiento de toda aquella persona externa a los dominios de Fen'Harel que quisiera una audiencia con usted, Fen'Harel.

- Ajá. – respondí molesto. – Supongamos que yo deseo un chambelán... - mi voz sonó gélida, los chicos élficos se estremecieron. - ¿Por qué creen que los elegiría a ustedes? Desde mi punto de vista, este debería ser un cargo honorífico y quienes estén a mi lado debieran ser de mi total confianza. Sin mencionar que no pienso tolerar ningún tipo de servidumbre en mis dominios... - di un paso al frente hacia los elfos, amenazante, ellos dieron un salto hacia atrás. La mano de Elentari se situó en mi brazo y me acarició suavemente... Quizás estaba siendo demasiado severo, otra vez. Los chicos me miraban atónitos. Suspiré. – Bien... otra pregunta, Dorath y Thradem... - asintieron atemorizados. - ¿Qué tipo de pago reciben por sus servicios en el Palacio?

Tartamudearon de nuevo. No estuve seguro de si estaban buscando algún invento o no, así que... - ¿Reciben algún tipo de pago por sus servicios? – modifiqué la pregunta.

- Habitaciones, vestimentas, alojamiento, seguridad y comida, Fen'Harel. – respondió Dorath. Asentí.

- ¿Y aceptan esas condiciones para estar a mi lado y ayudarme a llevar adelante la Rebelión? – asintieron asustados. Mmm, no estaba seguro de si respondían que sí porque me temían o porque consideraban el pago como suficiente. – De acuerdo. – respondí. – Esto es lo que haremos... - los chicos estaban paralizados. – Yo no los conozco. Y ustedes tampoco a mí. – asintieron. – Así que, nos dedicaremos el tiempo suficiente a entablar una relación de empleador/empleado, ¿de acuerdo? – asintieron, pero de nuevo, asustados. – Si veo que no son excelsos pensadores, lamentablemente, no podré dejarlos con el cargo de chambelán, pues necesito en ese cargo alguien que me siga con los pensamientos e ideas. - asintieron de nuevo – Del mismo modo, si les resulto poco tolerable... bueno, pues tienen derecho a dejar el cargo cuando lo deseen. – Los chicos se sorprendieron cuando les aclaré que tenían opción de mandarme a la mierda, si les resultaba agobiante sus tareas a mi lado. Sin embargo, asintieron, una vez más. Varric y Toro, rieron a mis espaldas. – Como verán, puedo parecer intimidante... pero claramente no lo suficiente como para que mis colegas dejen de reírse por detrás de mí. – me giré y los miré molestos. Varric y Toro hicieron una mueca tonta y pidieron disculpas. Yo volví a mirar a los jóvenes. – Así que, estaremos a prueba los tres (a ver si nos llevamos bien) durante los próximos seis meses, ¿qué les parece? – asintieron.

> El cargo que hacen el honor de poseer requiere algo fundamental. – continué y los miré, esta vez sí, amenazante. – Lealtad. – dije y mi voz salió casi como un susurro asesino. Acababa de descubrir la traición más infame que jamás había sospechado, pagarían con sus vidas si me traicionaban... Dorath y Thradem, asintieron, asustados. – De mi parte, tendrán mi lealtad. Incluso mi vida. Yo lucharé por ustedes y su libertad y espero la misma lealtad por parte de ustedes...

> Si llego a descubrir algún tipo de traición por parte de alguno... - guardé silencio unos segundos y les dediqué mi mirada penetrante para que supieran que no estaba jugando. – Pueden darse por muertos. – el color del rostro de los elfos desapareció. – Ya están avisados.

> Y bajo estas condiciones... vuelvo a preguntar, ¿aceptan el honorífico cargo de chambelán del Palacio?

- Sí, Fen'Harel. – dijeron al unísono. 

- Bien. – suspiré y me distendí. – Primera orden... - asintieron, asustados. – Quiero que se haga conocer de manera formal a todos los elfos que este sitio se llamará a partir de hoy Palacio Enasalin, ¿de acuerdo? – asintieron. – Segundo... - me miraron nerviosos, otra vez. – No quiero ningún tipo de desprecio a ningún miembro de ninguna raza en mis dominios. – asintieron, otra vez, rígidos como troncos. – He visto cómo han mirado hoy al maestro Tethras, no toleraré ningún tipo de racismo. – asintieron. – Tercero. – Varric rio otra vez y escuché que decía, "los chicos saldrán corriendo, no llegarán a los seis meses", Toro reía. – Quiero una escolta para lady Morrigan. – la señalé. – Porque no confío en ella. – la bruja resopló a mis espaldas. – Cuarto, quiero un sastre en mis aposentos. – asintieron – Quinto, quisiera, por favor, que me mostraran dónde se encuentran mis aposentos... Y que ubiquen a mis colegas. – les sonreí, cordialmente, aunque en realidad me estaba divirtiendo haciéndolos temer. Los elfos asintieron, aún pálidos.

> Y finalmente... - les sonreí. - ¿Tienen alguna novedad para darme antes de que ingrese a la Sala de Audiencias? – mi voz se suavizó totalmente, volvió a hablar el elfo educado y austero. El apóstata.

- Sí, Fen'Harel... – respondió Dorath.

- Quiero escuchar a Thradem. – solicité, Thradem se irguió del susto y me miró. Le sonreí, con poca calidez. - ¿Y bien?

- Thom Rainier se encuentra recuperado, Fen'Harel. – respondió y percibí el temblor en su voz por el susto. – Y Fiona se encuentra en la Biblioteca leyendo los antiguos libros.

- Nadie tiene acceso a esa Biblioteca a menos que yo lo permita, a partir de hoy. – dije. – Esa será mi sexta petición. – asintieron. – Y voy a destinar un elfo para que sea "archivero" en ese sitio.

- Hay un elfo que ha pasado mucho tiempo en la Biblioteca Ancestral todo este último tiempo, Fen'Harel... - titubeó Thradem. Lo miré con curiosidad, ¿quién podría estar hurgando en los secretos de mi pueblo y sin mi permiso? – Su nombre es Elea y creo que ha estudiado en la Universidad de Orlais, becado por la Divina Victoria. – Elentari dio un grito de alegría a mi lado y me sacudió por el brazo.

- ¡¡Solas!! Es el elfo que rescatamos de los esclavistas tevinteranos en Wycome, ¿lo recuerdas?

- Por supuesto. – respondí y la miré. Me fue imposible no sonreír. Recordaba a Elea, claro que lo hacía... Ella se sonrojó al ver que le había dedicado una mirada genuina y no todas las actuaciones que venía llevando a cabo. Inmediatamente, dejé de mirarla. – Bien. Perfecto, me gusta tu propuesta Thradem. – lo alagué, para que comenzara a temerme menos. – Dile a Elea que quiero verlo por la tarde en la Sala de Audiencias, ¿de acuerdo? – Thradem asintió. – Ahora, por favor. Llévenme a mis aposentos y muéstrenles los propios a mis colegas. – los hermanos asintieron.

Dorath y Thradem empujaron las gigantescas puertas frente a nosotros y el interior del Palacio Enasalin se manifestó en toda su extensión. Mis compañeros resoplaron por el asombro, no tenían palabras para describir la belleza élfica del pasado. La Sala de Audiencias frente a nosotros era vasta, bellamente iluminada y una mujer con envestiduras blanquecinas y tintes dorados nos esperaba en su interior.  La reconocí de inmediato.

Los rayos luminosos parecían conferir a la mujer de una divinidad que, por supuesto, no tenía        

Los rayos luminosos parecían conferir a la mujer de una divinidad que, por supuesto, no tenía. Sonreí al verla y me acerqué para saludarla. - ¿Cómo has estado, Dilghalen? – ella me tomó en brazos y me abrazó con alegría.

Dilghalen era una elfa ancestral, por supuesto, que se había encargado en los ejércitos de la Rebelión de comandar las milicias arcanas, a través de las técnicas que habíamos denominado Dirth'ena enasalin, es decir "el conocimiento que trae la victoria". En Thedas, ocupaba el mismo cargo. Es decir que, era una de las pocas elfas ancestrales que conservaban el mismo rango dentro de la facción rebelde. La mayoría de mis amigos dentro de altos rangos habían fallecido. – Solas, ¡has vuelto! – dijo muy alegre. – Espero que hayas conocido a los hermanos Dorath y Thradem. Son unos jóvenes muy capaces y con un pensamiento agudo. Estoy segura de que los apreciarás. Yo mismo los he elegido para el cargo honorífico y se lo he avisado a Athil. – le sonreí y me sentí tranquilo. Si ella los había elegido, pues entonces, tenía que haber visto algo en aquellos dos.

- Los he conocido, sí. – dije y miré a los chambelanes, una vez más. Luego miré el trono que se encontraba al final de la sala. – No esperarás que me siente en ese sitio. – bromeé.

- Por supuesto que no, Solas. – dijo. – Solo lo usarás cuando algún embajador de las otras tierras sea bienvenido en el Palacio...

- Palacio Enasalin, Excelsa Encantadora. – se apuró a decir Dorath a la mujer.

- Oh, es un nombre bonito y acertado. - Dil acomodó mis vestimentas mientras sonreía, aunque no habían estado arrugadas. - También podrás usar el trono cuando lo desees, claro.

- ¿Cómo se encuentran nuestras milicias arcanas? – le pregunté. Ella me sonrió.

- Pues en perfectas condiciones. – dijo. – Lo que sí. Me encantaría contar con colaboración de enanos... Ya sabes... Quisiera poder crear runas, pues nosotros, los magos, no podemos estar demasiado tiempo con Lirio puro, así que, sería bueno comenzar a pensar en alianzas.

- A eso mismo... he vuelto. – le respondí y ambos nos sonreímos.

Me había cansado de jugar en las sombras. Si los elfos íbamos a ser libres... Era hora de comenzar a jugar con las intrigas reales de Thedas. Y yo sería, por supuesto, un gran jugador. 

El ascenso del Lobo Rebelde sería una victoria para mi raza. Ya no más agachar la cabeza y manipular a otros. No, ahora los humanos tendrían que negociar directamente con Fen'Harel, les gustara o no. Y yo me encargaría de que, cualquier visita a mi Palacio de la Victoria de la Rebelión, los dejara con dudas respecto a la decisión de no aliarse a la fuerza de los elfos libres de Thedas.

 

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Luego de ingresar a la Sala de Audiencias y deslumbrarnos por su belleza, Solas cordialmente nos había solicitado que siguiéramos a los jóvenes chambelanes hasta nuestras alcobas. Él se había quedado hablando con la Excelsa Encantadora Dilghalen. Decir que era una elfa rubia hermosa, era poco. Y que, por supuesto, había sentido celos, también.

Dorath me mostró una hermosa alcoba en un tercer piso. Al parecer, todo en esta ala (enorme) estaba compuesta por habitaciones para invitados del soberano del palacio. Así que, Varric, Toro, Mae y Morrigan, también tuvieron sus habitaciones al lado de la mía. Por otro lado, Thradem acompañó a la Bruja de las Espesuras por cada sitio hasta que decidieran quién sería la escolta permanente de Morrigan.

Entré a mi habitación, agradecí a Dorath por la compañía y cerré la puerta sobre mis espaldas. Estaba totalmente molesta con Solas. Sabía que la molestia, escondía en realidad, la tristeza y desilusión de que él no me había invitado a dormir en su alcoba "real", a su lado. Pero bueno, por el momento lo manifestaba con una punzante molestia y enojo.

Recosté mi cuerpo contra la hermosa puerta de madera de Palo de Hierro, trabajada antaño con instrumentos dotados de magia y que hoy, dibujaba unas bellísimas rosas en sus relieves. Suspiré y di tres golpecitos de mi cabeza sobre la madera tallada. Solas se estaba comportando como un idiota conmigo y yo no merecía esos tratos. Había hecho todo por él, abandonado todo... incluso engañado a Cullen... y ante la revelación de la traición de Mythal, me hacía pagar a mí...

Mi garganta se cerró en un fuerte nudo y recordé a mi querido comandante y lo bien que siempre me había tratado. Y yo ni siquiera tenía un cadáver que llorar, una tumba a la que llevar flores. Incapaz de contener las lágrimas, se resbalaron sobre mis mejillas y corrí a la hermosa cama con baldaquines y me tiré sobre ésta, llorando sobre las tupidas almohadas y la seda refinada de sus acolchados reales. Me sentía una extranjera en estos sitios... Una arrimada. Sentía que Solas nos daba la bienvenida por obligación, pero que, más allá de todo, seguía estimando por sobre nosotros a los elfos que habían habitado Arlathan. Me pregunté si él se había sentido de este modo todo aquel año en la Inquisición: un extranjero, un forastero en el mundo de los thedestres. Aunque la diferencia había sido, claro, que yo siempre lo había integrado en todo lo que hacía. Y él solo se dedicaba a alejarme, aquí en Enasalin.

 

Por la tarde, tres elfos risueños dieron golpecitos a mi puerta y cuando les abrí (vanamente esperando que se tratara de Solas, quizás) ingresaron con una modesta reverencia. Dos de ellos tenían el rostro desnudo y el tercero, conservaba su vallaslin. Reconocí de inmediato el símbolo de Elgar'nan. Sabía que Solas no había obligado a nadie a quitarse la pintura de sangre, así que, aquellos dalishanos que se habían unido a Fen'Harel, pero querían conservar su vallaslin, podían hacerlo. – Oh, buenas tardes... - dije algo sorprendida.

- Buenas tarde, Heraldo. – me dijeron y supe que estos tres, eran thedestres. – Hemos venido por órdenes de Fen'Harel para tomar sus medidas para las confecciones de armaduras y atuendos para moverse por el Palacio. – Vaya, Solas sí que no había perdido tiempo en apariencias. Me pregunté que se traería en mano.

No quise ser grosera, así que dejé que hicieran su trabajo. Los noté entusiasmados, como si, por primera vez, estuvieran haciendo algo que ellos habían elegido. Así que, tuve que preguntar: - ¿Ustedes han elegido la sastrería?

Uno de ellos, la mujer, sonrió muy orgullosa: - Sí, Heraldo. Siempre quise coser. Pero en la elfería de Rivain tenía que ser artesana, como mis padres. Sin embargo, mi madre me había enseñado confección de pequeña. – rio contenta. – Yo era la que arreglaba los atuendos de mis hermanitos y mis padres ¡Y me encantaba hacerlo! – sonreí, alegre.

- Bueno, pues qué suerte tienes. – le dije. – Ahora haces algo que te gusta.

- Sí. Y además, ayudamos a la Rebelión. Estamos muy orgullosos. – los tres elfos asintieron. Yo miré al de la vallaslin.

- Y tú, ¿de qué clan provienes? – me interesé.

- Mi Custodio decidió unirse al llamado de Fen'Harel, después de la derrota de Corifeus. – me explicó. – Mi Clan estaba en las afuera de Refugio Celestial, Heraldo. – asentí. – Yo ya era el sastre del Clan y me gustaba serlo, así que aquí decidí hacer lo mismo.

- Pero no creo que solo tres elfos hayan querido ser sastres... - dije. – Es decir... Sylaise siempre nos ha enseñado su arte... tenía muchos que la honraban. – El elfo de vallaslin se hinchó de orgullo cuando escuchó que nombré a la Evanuri y supe que, a pesar del esfuerzo de Solas, ellos aun recordaban a nuestro panteón y adoraban en secreto.

- Sí, es cierto. – me dijo y terminaron de tomar mis medidas. – Pero nosotros tres hemos sido destinados a atender las necesidades del Palacio. Los demás están por el pueblo y otro grupo con las milicias y los magos. – Oh, y lo comprendí. Estos tres debían de ser los mejores. Les sonreí.

- Bueno, me alegra verlos tan animados y a gusto. Mis otros compañeros se encuentran en las habitaciones contiguas. – sonrieron los tres, hicieron reverencia y se retiraron de mi habitación.

Yo me senté sobre mi cama, llevé mis pies sobre el tupido colchón y pensé en lo que estaba sucediendo: Solas estaba jugando a impactar con las apariencias, eso solo podía significar que tenía pensado reunirse con reyes y gobernantes de las demás tierras. Me pregunté si incluso tentaría a Tevinter a asistir al Palacio Enasalin. Si lo conocía lo suficiente (aunque nunca podía estar segura), del mismo modo como nos estaba por vestir con magníficos atuendos élficos, seguramente estaría entrenando con la misma brutalidad a sus ejércitos y los magos deberían estar también practicando su concentración y voluntad con desespero. Porque el poder no solo llegaba con la ostentación y el despilfarro de dinero, sino también con el número de milicia y la tenacidad de ataque.

 

Salí de mi habitación cuando anochecía. Me dirigí directamente hacia la Sala de Audiencias, pues quería preguntar a los chambelanes dónde demonios estaba Solas y pedir permiso para acceder a la Biblioteca Ancestral. Sin embargo, cuando ingresé a la Sala de Audiencias me encontré con Solas portando unas vestimentas magistrales de realeza (que le daban un porte imponente y atractivo), sentado con rostro apoyado sobre su puño, sostenido por el apoya brazos del trono y adoptando una posición desfachatada sobre éste, desplomado en el trono del salón, y un grupo de elfos delante de él, robándole las últimas gotas de paciencia. Me di cuenta de que él no había notado mi presencia, así que, me escondí detrás de una de las altas columnas y escuché y miré lo que sucedía.

- ¿Cuánto tiempo necesitan? – escuché que preguntó Solas cansado.

- Es mucho trabajo el que pides, Fen'Harel. – dijo uno de los elfos. – Todas las imágenes de Mythal y Elgar'nan... es una quimera. Por todo el palacio están representadas estas imágenes, ¿de verdad tenemos que deshacernos de todas?

- ¿Cuándo has visto que bromeo? – lo increpó Solas molesto y se sentó sobre el trono, ahora sí, dejando de lado la posición desfachatada. – Si te he dicho "todas", espero que sepas entender que quiero decir: todas. – el otro elfo resopló. - ¿Necesitas magos para el cometido? Dame un número y te lo destino. Pero tienes una semana para mandar a la mierda cada una de esas imágenes, ¿está claro? – Uh, Solas no estaba bien. Claramente estaba muy afectado por lo que había sido revelado en el Templo de Ghilan'nain.

- ¿Y quieres que disponga una partida de elfos exploradores para buscar el Eluvian en Seheron? – aquella era la voz de Athil. Acerqué mi cabeza sobre el borde la columna y espié. Y sí, efectivamente era Athil la que hablaba.

- Si vas a tener el mismo éxito que has tenido encontrando la localización de Lusacan, preferiría una partida de humanos. – se burló Solas. Hubo un silencio en la sala. Conociendo a Athil, le habría molestado mucho el descaro del Líder de la Rebelión. Sin embargo, el mal trato había sido una cosa, otra lo que había dicho: el mismo éxito que has tenido encontrando la localización de Lusacan... ¿Por qué Solas había estado buscando a Lusacan? – Te he dicho que hay un Eluvian en las profundidades del océano que nos llevó al interior del Templo de Ghilan'nain. Quiero que destines a nuestros exploradores con un pequeño grupo de magos ancestrales y me traigas la localización exacta. No lo he explorado completamente por falta de tiempo, Athil. Pero necesito conocer cada uno de sus secretos y lo necesito ahora. Así que, por favor. Que sea una prioridad.

- De acuerdo. – escuché que la mujer elfa respondía.

El elfo que había hablado primero, el que se tenía que encargar de las imágenes de Mythal y Elgar'nan, volvió a levantar su voz: - ¿Qué haremos con las imágenes de la pareja de Evanuris, Fen'Harel?

- ¿Qué propones? – lo miró rabioso Solas. El elfo estuvo por responder, pero él levantó su mano para que cerrara la boca y suspiró, agotado. – No quiero escuchar una estupidez más. Lo que harás es vender a los orlesianos universitarios para que se deleiten con los detalles de estas obras ancestrales. No las vendas a bajo precio y encárgate de sacar la mejor tajada, ¿de acuerdo? – Vaya, Solas sí que tenía la sangre fría. Orlais había vaciado sus cofres para pagar la guerra en Tevinter contra los Qunari y, aun así, él los instaba a saquearlos. – Advertirte que aquellas esculturas que tengan algún secreto arcano deberán mostrarme con anterioridad, cae por maduro, ¿no?

- ¡Por supuesto! – respondió ofendido el elfo.

- Bueno, lo siento, Marblin. – suspiró Solas. – Sé que estoy insoportable hoy. – varios de los elfos que lo rodeaban suspiraron totalmente de acuerdo con sus palabras. – Pero es que me están preguntando estupideces desde el mediodía que me tienen sentado aquí. Acabo de llegar de la misión, no me han un respiro y estoy realmente fastidiado.

- Pero si hacemos algo que no deseas, te enfadarás después. – se quejó la voz de una mujer que yo no reconocí.

- Lo sé. Lo sé. No he descansado del viaje, es todo. Lo siento. Saben que mañana seré un poco más considerado. Hoy, tendrán que aguantarme. – avisó Solas. Sentí risas de los elfos y comprendí que, a pesar de su mal humor, aquellos elfos lo apreciaban. Me recosté sobre la columna que me escondía y sonreí. Lo apreciaban, así como yo y toleraban cualquiera de sus arrebatos. - ¿Qué otro asunto tenemos?

- ¿Qué quieres que hagamos con el Eluvian que nos da acceso a Enasalin? – escuché una voz desconocida.

- Oh, sí. – Solas suspiró cansado. – Eso también es una prioridad. – dijo. – Quiero que nuestros magos lo rodeen de las mejores protecciones arcanas y lo llenen de trampas. Nadie podrá tener acceso a este Eluvian, de lo contrario, llegarán aquí y aquí está el Pueblo Libre. No podemos arriesgarnos.

> Que nuestros obreros construyan algo... decidan qué, mi cabeza ya no da para pensar más... - aclaró. – Que construyan algún espejismo para cualquier enemigo que se encuentre con éste y en su interior se resguarde con trampas arcanas y terrestres el acceso al Eluvian. Como nunca antes se ha visto. Quiero que las trampas recuerden a las que teníamos en los Mausoleos de los Durmientes Perfectos. – sentí algunas afirmaciones. – Sean letales y cuando esté finalizado, me llamas Dilghalen y quiero probar yo mismo la veracidad de la protección, ¿de acuerdo?

- Perfecto, Solas. Cuenta con ello. – respondió la Excelsa Encantadora. - ¿Y si hacemos justamente eso? – propuso. – Un Mausoleo para nuestros caídos y los humanos temerán semejante arquitectura élfica. Ya sabes que ellos temen al poder de los elfos... Y en su interior, bien oculto, estará el Eluvian, ¿qué te parece?

- Excelente idea. Hazla realidad. – ordenó Solas, abatido, para estos momentos. Luego se puso en pie. – Continuaremos por la mañana. No puedo seguir pensando. – se excusó y fue la primera vez que lo escuché decir aquello. Que Solas no pudiera controlar sus pensamientos era algo novedoso.

Los elfos frente a él hicieron una reverencia, luego lo saludaron amistosamente con golpecitos sobre sus brazos, caricias sobre sus hombros o agarres de manos y sonrisas y se retiraron de la Sala.

Solas se quitó los guantes que llevaba puesto y, resoplando, los tiró sobre el trono. Luego caminó directamente hacia donde yo me encontraba. Sentí sus pasos e intenté achicarme lo más posible. Quizás estaba yendo a buscar a sus chambelanes, pero cuando pensé que no me encontraría sentí su brazo apoyarse a mi lado y una exhalación cansada. – Tienes el poder de mi Orbe en tu interior y desde que he estado conectando tan seguido con mi antiguo poder, puedo sentirte, Elentari. – me dijo, notablemente fatigado. – Sé que has escuchado toda la última parte de la reunión... Por cierto, no te correspondía escuchar nada.

Lo miré algo avergonzada y le sonreí. – Había venido a pedir permiso para acceder a la Biblioteca Ancestral... - dije, sintiendo que me estaban reprimiendo por algo... - Pero cuando vi que estabas reunido... no pude evitar oír.

- Tienes acceso donde quieras. – me dijo. – Lamento mucho todo, vhenan... pero, por favor comprende, no puedo seguir en pie. Necesito ir a dormir. – me ruboricé al oír que volvía a llamarme de ese modo, y lo hacía sin necesidad de que nadie escuchara, es decir, realmente me lo estaba diciendo a mí. Sonreí y pensé que, después de todo, no era tan malo que lo cansaran hasta el hartazgo. Esta situación lo hacía bajar sus defensas y olvidarse de su orgullo, finalmente.

- ¿Has cenado? – pregunté, él negó lentamente y quiso decir que no tenía hambre, pero yo, salí de mi rincón, fui a buscar una bandeja y serví de la mesa (llena de comida, aún era temprano), varios manjares para llevar a su habitación. - ¿Qué me dices de cenar en tu habitación los dos? – sonreí. Solas me sonrió, notoriamente cansado, se acercó a mí y me besó. Yo me paralicé frente a él, no me había esperado aquel gesto.

- Solo cenar, vhenan... - advirtió y yo reí, con alegría.

- Oh, sí. No podría pedirte nada más. A penas te mantienes en pie. – dije y Solas me sonrió. No lo había pensado, pero tener a todos estos elfos estrujándole el cerebro, después de todo, era algo bueno. No le daba lugar a ninguna de sus maquinaciones en las que odiaba a Mythal o sentía terror por el momento en el que tendría que yo morir. Me estremecí al recordar aquello y lo eliminé de mis pensamientos de inmediato. 

 

Chapter Text

Por la madrugada sentí que golpeaban la puerta de la habitación de Solas. Me pregunté quién sería. Abrí mis ojos y esperé a que volvieran a golpear, para ver si yo no había soñado que "alguien" había venido a buscarlo durante estas altas horas y preguntándome quién lo haría. Por supuesto que todas las inseguridades que solía sentir respecto a él volvieron al instante ¿Y si Solas había estado en pareja con alguien durante estos años que habíamos estado separado? Yo había estado con Cullen, si tenía que ser honesta, lo que significaba que no podría reprocharle nada... Apreté las sábanas entre mis dedos y miré a Solas, que yacía desplomado a mi lado y completamente dormido.

Durante la cena, había tirado hechizos alrededor de su habitación para evitar el ingreso al Más Allá... y debía ser honesta, que Solas evitara su lugar favorito en el mundo, me hablaba de que él no se encontraba nada, pero nada bien. Teniendo en cuenta ello, mis inseguridades me hicieron imaginar que quizás, una amante, había venido a consolarlo, porque podía imaginar el mal momento que estaba atravesando. Y eso me volvía loca... Sabía que él detestaba los celos, pero yo no podía evitarlo... la seguridad que había sentido al lado de Cullen, desaparecía en presencia de Solas... con él... simplemente me sentía desnuda y vulnerable.

La puerta sonó otra vez y yo me hice un pequeño bollo por el arrebato. Había guardado la esperanza de que hubiera sido mi imaginación, pero no. Alguien estaba llamando a su puerta por la madrugada. Miré a Solas, él ni siquiera se movió, dormido como se encontraba. Así que, decidí que vería quién era la persona que reclamaba su presencia.

Me puse de pie con gran sigilo, como lo había hecho cuando acompañaba a explorar a Thengal los alrededores de mi Clan. Rogué a quien fuera dios que Solas no despertara y "quien fuera", pareció oírme. Salí de la cama y avancé en puntas de pie. Oí el golpeteo de nuevo de la puerta y la voz de una mujer riendo abiertamente... Pensé que quizás estaba alcoholizada. Sentí rabia en mi interior y abrí la puerta notoriamente molesta.

Para mi sorpresa me encontré con Mae, sostenida por Toro (y sí, borracha) y Varric al lado de aquellos dos, sosteniendo dos botellas en mano, algo alegre también, riendo con desenfado. - ¡Al fin, Estrellita!

- Hemos traído la fiesta a la habitación – explicó Toro e ingresando a la alcoba de Solas, llevando casi arrastrada a Mae, quien no dejaba de reír. – Como no fueron a cenar, pensamos que quizás necesitaban de nosotros.

- Siiiii... - dejó escapar Mae quien trastabilló y Toro sostuvo con más precisión.

- ¡No! ¡no! – susurré. – Solas duerme, está muy cans...

- ¡¡Solaaas!! – gritó Mae y saltó a la cama, o era que en realidad Toro la había lanzado allí. Toro dio un salto en medio de la cama también, haciendo temblar el tupido colchón y Solas, inevitablemente, abrió sus ojos. Varric y yo estábamos al lado de la puerta, en caso de que tuviéramos que salir corriendo, azotados por algún hechizo o un gruñido rabioso de aquel lobo que acabábamos de despertar.

- ¿Toro de Hierro? – dijo, sentándose y restregando sus ojos. Mae dio vueltas sobre el colchón riendo a carcajadas, chocó contra Solas y se detuvo (sin parar de reír) y él la miró, levantando una ceja. - ¿Qué significa esto? – me miró molesto, yo reí nerviosa y levanté los hombros. Miró a Toro rabioso, pero la respuesta llegó de mi lado.

- Hemos venido a festejar que estamos de vuelta aquí, Risitas. – dijo Varric, que avanzó hacia él con las dos botellas, una en cada mano. Toro le pasó una bellísima copa a Solas, él no la aceptó, así que el Qunari la apoyó sobre el colchón y tomó la almohada que yo había estado usando, la estampó contra la pared y se acomodó, soltando cómodamente aire de sus pulmones y llevando sus brazos sobre su nuca, desperezando su cuerpo.

- Oh, esta almohada es cómoda... - sacudió sus brazos y rio. ¡Ey, Varric! – el enano saltó a la cama y le pasó la botella a Toro. Yo cerré la puerta. – Eso mismo, buen amigo. – dijo el Qunari. - Hacía mucho tiempo no estaba en un colchón tan... alcolchado. 

- Tu capacidad de observación me deja anonadado... - se burló Solas, muy molesto.

- Tu caaajma es muuusho más boniiitha que la mmmjía, Solaassss... - dijo Maevaris. Él resopló y salió de la cama. Por suerte, no habíamos hecho nada más que cenar y dormir, por lo que teníamos ropa encima. Solas llevaba un pantalón holgado de seda muy fina y nada más.

- Los quiero fuera cuando haya vuelto. – rugió y se dirigió al baño, dando un portazo. Yo reí y corrí a la cama con los otros tres. También llevaba un vestido pijama de seda y encaje, con detalles élficos por doquier. El pijama era bellísimo.

- ¿Todavía cree que le tenemos miedo? – murmuró Varric y me pasó una copa, sirviéndome hidromiel en el interior. - No sé cómo lo hacen los elfos, pero esto... Estrellita, ¡es el maldito paraíso! – me dijo. – Es exquisito, delicado y potente... Una gran graduación alcohólica, oculta por sabores que el paladar del mejor catador apreciaría. Así que, lo hemos decidido: esta noche nos emborrachamos todos. Y cuando digo "todos", es todos... - rio.

- Solas no va a querer, ya sabes... El tema del Más Allá y todo eso... - dije.

- Heemmffos venizzzdo dispuesthjos a oblrigaaarlo... - rio Mae, aun tirada sobre el colchón, boca arriba y muy borracha. "Ella no tomará más", me dijo Varric con los labios. Yo reí y bebí de la copa. Vaya, realmente era muy rico lo que estaba probando.

La última vez que me había emborrachado había sido en Wycome y las consecuencias habían sido desastrosas... esperaba que este elíxir que estaba bebiendo, fuera diferente. Por lo menos, esta vez, había cenado...

Sentí el portazo de la puerta del baño cuando Solas volvió a la habitación y, lejos de tenerlos fuera, nos tenía a los cuatro acomodados a lo largo del colchón. Resopló molesto y fue a buscar una bata para ponerse encima. – Quiero que se vayan... ya - advirtió. – O me iré yo.

- No te dejaremos ir sin acompañarnos un trago, aunque sea, maldito mago. – dijo Toro, riendo con malicia. – Oh, ¡vamos! Te hemos acompañado en todo, sé un buen elfo y danos el gusto de festejar con nosotros que estamos de nuevo en el mismo bando, que queremos salvar el maldito mundo y de que nos tienes a tu lado.

- No hay nada que festejar. – sentenció Solas.

- La viiidaaaa tenemos que festejaaarrr... - rio Mae y extendió sus brazos, boca arriba sobre la cama y sacudió sus piernas. Su túnica de maga tevinterana se elevó sobre sus piernas, dejando al descubierto la piel de sus muslos y unas botas divinas, Solas revoleó la mirada.

- Hemos traído esto... - Varric sacudió la botella frente a él. – Athil nos ha dicho que es tu favorito. – Solas pareció algo sorprendido. – Dinos, por favor, que la elfa hija de puta no nos ha mentido.

- De hecho, no, hijo de la piedra. – respondió Solas y se acercó, tomando la botella. – En efecto, es mi favorito. – inspeccionó la bebida con mucha atención, lo cual me sorprendió. – Además, la última vez que bebí hidromiel extraído de adahlen de cerezo había sido en Elvhenan... - murmuró.

- ¿A qué esperas? – invitó Toro y le dio la copa bellísima que habían traído para él. Solas dejó sus ojos sobre el alcohol, supuse que pensando si era lo correcto o no. Yo creía que no había existido mejor momento. Aquella noche, él no quería entrar al Más Allá por nada del mundo... y el alcohol, justamente, lo dificultaba.

Solas subió a su enorme cama con baldaquín y se acomodó al lado de Varric y mío. – De acuerdo... - dijo. – Me vendría bien perder la cabeza... - Toro, Varric y Mae vitorearon con alegría y yo pensé que, con todo lo que le esperaba por la mañana, no era la mejor idea. Pero claro, no me atreví a decirlo. Por una vez en su vida, merecía olvidarse de todas las culpas con las que cargaba... y de ella...

Al final quedamos así: Solas en el extremo izquierdo de la cama, Mae a su lado, totalmente extendida y boca arriba, a su lado, Varric y yo, sentados con las piernas cruzadas arriba de la cama y finalmente, Toro, recostado sobre la pared.

Toro le sirvió y levantó la botella. – Bien... brindemos por Nessara, - me miró y levantó la botella y luego miró a Solas – y Arel, por supuesto... - la mirada de Solas se entristeció. Otras muertes en su camino. Varric levantó la botella y yo la copa que ellos me habían traído. Mae levantó sus manos y dijo: "fffor lossj saaacrriiffficios... Je al fffinal de esta histoooria, zoodos habrrremooos realizaaadooo" ... Los cuatro bebimos, Mae apoyó sus manos sobre los muslos de Solas y Varric y los acarició.

- ¡Por la Victoria de la Rebelión! – dije. – Que la alcanzaremos en Thedas... aunque hayas esperado que fuera de otro modo, Solas... - los cuatro volvimos a beber.

- Por el pescador que nunca se dio por vencido. – dijo Varric y miró a Solas. – A pesar de la soledad, siguió adelante. Porque eso es la vida... Seguir adelante... y soportar... - Solas no dijo nada, otra vez, solo bebió en silencio.

- Por lossj que nnno eshhtán... - dijo Mae. – For Dorian, donnndheee quiieeeerra je esté... y je esté a zalvooo, saaano y fuerthjeee. Hermmmoso yyyy alocaaaado, jomo esss nuestrroooo tevinnnnteraanooo. – Volvimos a beber los cuatro.

Solas suspiró y no dijo nada. Los cuatro lo miramos, esperando algunas palabras. – No diré nada. – dijo. – Pero brindemos... una vez más... porque podemos hacerlo... - en sus ojos había un gran peso, uno que yo no podía interpretar a pesar de haber sido la Inquisidora... Solas había vivido mucho más que todos nosotros y había sacrificado todo... y en aquella mirada celeste se veía la carga que sostenía, año tras año.

- No me negaré a ello. – bromeó Toro y bebimos otra vez los cuatro que teníamos alcohol en nuestras manos. Varric recargó la copa de Solas, Toro la mía.

- ¡Juguemos algo! – propuso Varric. – Verdad o consecuencia. Empiezo yo, elijo a uno de ustedes, que tienen que...

- Conocemos el juego, Varric. – se quejó Toro. – Empiezo yo. Elijo a Elen... ¿verdad o consecuencia?

- Yo no sé jugar. Eso no jugamos los elfos. – me quejé.

- ¿Cómo se divierten? – molestó Varric.

- Aprenderás, es fácil. – dijo Toro. – Elige "verdad", te haré una pregunta y tendrás que decir la verdad y solo la verdad, si no beberás. Si dices la verdad, bebo yo. O, "consecuencia" y yo te diré que hagas algo. Si no quieres hacerlo, te tendrás que sacar una prenda y beberás. Si haces lo solicitado, bebo yo. – Solas sonrió.

- De acuerdo.

- Yo no pienso sacarme nada. – advirtió Fen'Harel.

- Entonces tendrás que decir la verdad o hacer lo que propongamos. – dijo Varric. – Bien, Estrellita. Elige.

- Eh, ¿verdad?

- De acuerdo... - dijo Toro. - ¿Es verdad que te has besado con Dorian? – Mae rompió en carcajadas.

- ¿¡Quueeé!? – dijo riendo. - Pero pennsé je Dojriiian solo essstaba inteeerrresssado por un buen trozo de... peeeneee. – todos reímos, Solas sólo sonrió.

- No sé de dónde has sacado eso. Pero no. – dije riendo. – Dorian y yo nunca nos hemos besado. No que no haya querido, pero ¡él no está interesado! - reímos todos.

- Argh, pero te hubiera encantado ¡lo sabía! – rio Toro. Yo reí también.

- Pues eso sí que sí. – dije, divertida. Solas volvió a sonreír.

- Te toca beber, Toro. – dijo Varric. – Ella respondió. – Toro bebió. - ¿Y de dónde sacaste eso?

- Era una sospecha mía. – confesó el Qunari. – Ya sabes... Con Dorian hemos hablado de la posibilidad de hacer un trío y queríamos incluirla. – rompimos en carcajadas, Solas solo levantó una ceja y no dijo nada. – Oh, lo siento Solas... tengo mucho alcohol encima y ya digo muchas verdades. – se disculpó Toro riendo. – Y tú no estás invitado porque Dorian te detesta.

- Ni hubiera aceptado... - respondió Solas. – Bueno, supongo que es tu turno, Elentari.

- Sí... - dije y pensé a quién quería preguntar algo... - Solas... - él me miró, mis compañeros reían... al parecer habían estado bebiendo desde la cena... - Elige, verdad o consecuencia.

- Consecuencia. – me sonrió con maldad. Claro, jamás elegiría verdad. Sabía que había muchas cosas que yo quería saber y muchas que él no quería compartir. "Uhhhh", escuché que gritaron los otros tres. Yo sonreí, también con maldad. Bueno, si él quería jugar. Yo también jugaría...

- Tienes que darle un beso a Toro. En los labios, por supuesto. – Solas rompió en carcajadas.

- Pues yo acepto. – dijo Toro y dejó la almohada sobre la que estaba recostado, mirando al elfo.

- No sucederá.

- Tendrás que quitarte una prenda... - amenazó Varric. – Y tomar, por supuesto. – Yo reí, alegre. Solas resopló y se quitó la bata y la tiró al suelo. – Oye, eso es trampa.

- Eso es una prenda, hijo de la piedra. – respondió y bebió de su copa. Varric la rellenó. – Bien, elijo a Maevaris... ¿Verdad o consecuencia? – Mae lo miró, desplomada y boca arriba.

- Emmm... ¿verdad?

- Sí, claro. Porque si eligiera consecuencia no podría hacer nada... ni siquiera puede pararse. – bromeó Toro.

- ¿Qué noticias tienes sobre Francesca de la casa Invidus? – yo lo miré con total sorpresa, no me había esperado que él aprovechara la ocasión para seguir recolectando información y mucho menos de nuestros compañeros. Es decir, Maevaris había estado con Solas durante todo este tiempo, incluso en el interior del Templo de Ghilan'nain, pero él había esperado a que estuviera borracha, con las defensas completamente bajas para preguntar algo que, seguramente, había querido preguntarle hacía mucho tiempo y no lo había hecho. Otra vez, Solas me había sorprendido, pero no con admiración, sino preocupación, ¿realmente era despiadado y frío como parecía? Y volví a hacerme una pregunta que me había hecho ya miles de veces: ¿Quién era Solas? Realmente... el verdadero, ¿quién era?

Mae rio sobre la cama y dijo algo sorprendida por la pregunta. – Jon el Effpecdrro Affzul, booor supuesstthooo. – Solas sonrió. Varric y Toro lo miraron, yo no le quitaba los ojos de encima. Solas nos miró y bebió un trago del hidromiel, pues Mae había respondido. La sonrisa sobre sus labios no se borraba. Había obtenido una respuesta que había estado buscando hacía bastante tiempo.

- Oye, ¡eso es trampa, Risitas! No le hagas preguntas que no te respondería sobria.

- No he hecho trampa. – se defendió. – He hecho una pregunta... Tu turno, Mae...

- Eehhh... ¿Qué sabes de Carastes? – Solas sonrió.

- En primer lugar, no has elegido a nadie, Mae. – le advirtió. – En segundo, a quien elijas, debes darle la oportunidad de elegir entre "verdad" o "consecuencia", y en tercer lugar... ¿Me lo has preguntado a mí?

- Pueeezz cljaaarooooo... - respondió a la maga.

- Bien, en ese caso, elijo "verdad". Y te respondo: sé muchas cosas acerca de Carastes. Ahí tienes tu respuesta. – se burló Solas. – No has sido específica, pues mi respuesta tampoco lo ha sido. Bebe... - rio triunfante. Y nadie podía quejarse, no estaba rompiendo ninguna regla, ¡se estaba aprovechando de éstas!

- Eh, nop. – dijo Toro. – No le daremos más alcohol a Mae. Elije, Solas... Tú sigues.

- Bien... - dijo él, completamente a gusto dominando la partida mientras dominaba el escenario. – Te elijo a ti, Toro de Hierro. – Toro lo miró y ambos se sonrieron. - ¿Verdad o consecuencia?

- Oh, contigo y tus preguntillas insolentes, consecuencia... por supuesto. – el elfo revoleó su mirada y me pregunté qué pregunta habría tenido en mente para Toro.

- Bien... Vete de mi habitación con el resto y déjame dormir. – sonrió, Toro rio a carcajadas. Tomó su pantalón, se lo quitó, quedando solo en ropa interior y bebió. Yo lo miré sorprendida, no me esperaba que hiciera aquello. Y debía decir que, Toro tenía un cuerpo eenooorrmeeeee. En todos sus sitios... realmente enormes. Sus músculos eran gigantes, su piel grisácea y con tatuajes parecía convertirlo en un ariete y su miembro... bueno... era enorme también. Además, pude ver que no tenía vellos... era pura piel y músculos, nada más.

- Eh, deja de mirarlo así, Estrellita... - bromeó Varric, yo me sonrojé y solo en ese instante me di cuenta de que lo había inspeccionado completamente. Toro rio a carcajadas y dijo:

- Ya sabes, si Solas no tiene problemas, estás invitada al trío, Elen... ¡Ey, Solas! ¿Te opones?

- ¡Qué vaaaj! Todooos shomoosss lijbres, ¿no, Soolaassss? – molestó Maevaris desde su sitio.

- Es como dice Maevaris. – dijo él, pero me miró. – Sin embargo...

- Eh, eh, eh. – intervino Toro. – "Libertad", caminante de los sueños... Bien, mi turno. Te elijo a ti, Solas.

- Un placer.

- ¿Verdad o consecuencia, caminante de los sueños? – Solas le sonrió, todos sabíamos que no elegiría "verdad", pero si elegía "consecuencia" ... le quedaba solo su pantalón y yo sabía que Solas no iba a estar interesado en quedar en ropa interior... Aunque quizás, en el afán de no responder algo que no quería... finalmente optaría por "consecuencia".

- Verdad, Toro de Hierro. – respondió con una sonrisa, para sorpresa de todos. Y entonces comprendí: yo sabía lo suficiente acerca de él como ser una amenaza con cualquiera de mis preguntas, sin embargo, para Solas, Toro no representaba amenaza y seguramente, él estaba seguro de que Toro preguntaría "¿quién era Francesca?" o "¿quién era el Espectro Azul?".

- ¿El Espectro Azul es agente de Fen'Harel? – Solas y Toro se miraron con complicidad ¡¡Toro sabía quién era el Espectro Azul!!

- Vaya, vaya... - dijo Solas, sonriendo, conforme con la inteligencia de nuestro Qunari. – Veo que, a pesar de ser un salvaje Tal-vashoth, has mantenido contacto con algunos de tus antiguos camaradas... ¿Cómo, si no, sabrías sobre el Espectro Azul? – respondió, luego suspiró y respondió: - No. Aunque me hubiera encantado tenerlo entre mis filas... Pero sabes... es muy reacio a responder a las órdenes de alguien... Aún a las órdenes de Fen'Harel. – Toro y Solas se sonrieron. – Bebe, Toro de Hierro.

- Oh, vaya. – Toro nos miró a Varric y a mí. – Jugar con Solas es entretenido, el maldito hijo de puta me hace recordar a mis épocas de espía qunari.

- ¡Porque te está espiando! – afirmó Varric. Yo ya no sonreía... Solas era realmente un gélido jugador. Toro bebió.

- Varric... - dijo Solas, que era su turno (nuevamente) y le sonrió. - ¿Verdad o consecuencias?

- ¿A mí, Risitas? – respondió el enano, que estaba algo alcoholizado. – Sé que debería decir consecuencia, porque me preguntarás algo importante y yo estoy un poco borracho, pero ¡mierda! Quiero saber cuáles son tus intereses en mí. – Solas sonrió.

- "Verdad", será entonces, maestro Tethras. – dijo y levantó su copa y chocó suavemente contra la botella del enano, en un brindis maquiavélico. – Bien, hijo de la piedra ¿Qué descubrió Alistair cuando, junto a ti, fue a la isla de Seheron? – Varric silbó a su lado.

- No me veía venir eso, ¿y cómo sabes de esa aventura?

- Responde. – pidió Solas y en su voz no hubo cariño. Varric y él se dedicaron una mirada y, finalmente, el enano cedió.

- Te va a doler lo que diré... - Solas esperó, impaciente. – Pero encontramos el Magrallen... - los ojos de Solas se abrieron con gran sorpresa. – Potenciado a través de magia de sangre... Tenía al rey Maric en él y le otorgaba vida. Alistair no pudo tolerar ver el sufrimiento de su padre, así que lo destrozó.

- ¿¡Qué!? – preguntó molesto Solas. - ¿Lo destrozó?

- Así es... Lo destrozó y liberó a su padre, para que pudiera descansar de esta vida, finalmente...

- ¿De qué hablan? – preguntó Toro, Mae se había dormido, Solas y Varric no se sacaban los ojos de encima y yo no entendía nada.

- Sí, ¿de qué hablan? ¿Y por qué otra vez encontramos vestigios de Arlathan en Seheron?

Toro gateó al lado de Solas y le puso la botella en los labios, él se lo quiso sacar, pero el Qunari empezó a reír a carcajadas y acabó por caer encima de él (caer al suelo, con Toro encima), el alcohol de lleno se volcó sobre Solas y Varric y yo rompimos en risotadas. – Yaa estás aburriendo... - dijo Toro, tirándolo el alcohol en la boca. – Hemos venido a divertirnos, no a recolectar información. – jugaba, pero el rostro de Solas no hablaba de juego, así que cuando vi que puso su mano sobre sus sienes, supe lo que vendría a continuación: una explosión mental que desestabilizó a Toro, golpeándose la cabeza sobre la cama de Solas.

Solas se puso en pie molesto, bañado en alcohol. – Oh, lo siento. Toro se ha pasado... - dijo Varric, riendo. – Pero tienes que aguantarnos, somos tus camaradas... venimos incluidos con el paquete. – me señaló. La seriedad en el semblante de Solas no se iba y Toro, lejos de molestarse, no podía parar de reír en el suelo.

- Recordaba que habían sido mejores perdedores en Feudo Celestial. – se quejó Solas, limpiando el alcohol que recorría la piel de su torso, con marcado disgusto. – Bien. No más "verdad" o "consecuencia", entonces... - él extendió su mano y Varric le pasó la botella que Athil le había recomendado. Solas bebió varios tragos seguidos, desde el pico y los tres que quedábamos despiertos nos sorprendimos...

- Vaya, lobo... nunca te vi tan imprudente... - bromeó Toro y se puso de pie, volviendo a su sitio en la cama. Solas dejó de beber, hizo una mueca de desagrado cuando el alcohol quemó su garganta y le pasó la botella a Varric.

- Habíamos dicho "perder la cabeza", ¿no? – asentimos riendo los tres. – Bueno, yo lo necesito. – nos respondió, se giró y caminó hacia unos enormes ventanales (pero después supimos que era puertas). Los empujó y se expuso el bellísimo balcón que tenía en su alcoba. La brisa del incipiente amanecer nos rodeó y él salió fuera. Toro, Varric y yo nos miramos sin saber qué demonios acababa de suceder... ¿Algo de lo que había descubierto? ¿Qué era lo que pasaba por la mente de Solas?

Nos pusimos en pie los tres y salimos allí, para acompañarlo. Lo encontramos con sus manos apoyadas sobre la balaustrada y con la cabeza gacha, pensando en algo. Toro lo rodeó con su gran brazo por el lado derecho, yo tomé su brazo izquierdo y me recosté y Varric se puso a mi lado, dando un largo sorbo a la bebida... Solas dejó que la brisa nos inundara y sus ojos se perdieron en el horizonte. Sin embargo, el simple hecho de que nos permitiera que lo acompañáramos en su silencio... Era más de lo que nos había dado en todos estos años.

Chapter Text

POV Elentari:

Por la mañana abrí mis ojos y me encontré desplomada sobre la cama de Solas; Toro, Varric y Mae estaban a mi lado y, por supuesto que él, no

Por la mañana abrí mis ojos y me encontré desplomada sobre la cama de Solas; Toro, Varric y Mae estaban a mi lado y, por supuesto que él, no. Sentí el gusto ácido en mi boca y la sensación quemante de mi estómago por el exceso de alcohol de la noche. No recordaba exactamente cuándo me había dormido, solo recordaba haber ido al balcón con Solas y los chicos y luego... tomar y charlas, reír y volver a tomar y ahora estaba aquí.

Me puse de pie, fui al baño a lavarme el rostro y los dientes, me peiné con mis manos, lavé tres veces mi rostro, los estragos del alcohol se podían ver en mis ojeras y piel deshidratada. Fui a la habitación una vez más, los chicos seguían tendidos y roncando sobre la cama, tomé las ropas con las que había llegado la noche anterior a los aposentos de Solas y me las puse, dejando el pijama que me había dado para la próxima ocasión que durmiera a su lado. Volvió a doler el hecho de que no me hubiera pedido que durmiera a su lado todas las noches... pero era Solas... el elfo más frío que había conocido.

Salí de allí y me dirigí a la Sala de Audiencias, esperando encontrarlo.

Una vez en la Sala, no me encontré con nadie, solo la gran mesa con comida servida y que claramente ya había sido comida en parte, lo que significaba que ya había pasado el mediodía, ¡creadores! ¿Qué hora sería? Aproveché la ocasión, sin embargo, para servir un vaso de agua y lo tomé desesperada. Luego cargué uno más y volví a tomar. Miré los manjares frente a mí y sentí que mi estómago crujía, así que me dispuse a almorzar algo... intentando no pensar en lo sola que me sentía en este gigantesco palacio.

Tomé una porción de pastel (no podía creer que volviera a tener este lujo) y me dirigí en dirección a los grandes ventanales y pude ver a los elfos yendo y viniendo, cumpliendo las órdenes que Solas había dado. Un grupo de ellos, con siete magos, estaban destrozando estatuas que habían representado la grandeza de Elgar'nan y Mythal y podía oír los gritos de uno de los elfos diciendo "¡NO! No las destruyan, tenemos que venderlas en Orlais" y uno de los magos reír a carcajadas y responder "¿Fen'Harel quiere el trabajo finalizado en una semana? El único modo será destrozándolas con magia", a lo que el otro elfo se alteraba y volvía a discutir, diciendo algo así como que hoy estaba peor de lo que había estado ayer. Los estragos del alcohol, pensé pero, francamente, no podía creer que Solas hubiera dado la orden de destrozar aquellas reliquias... No al menos, el Solas que yo había conocido... aquel que había anhelado cualquier retazo de su mundo... Quizás "hoy" no estaba peor que ayer, sino que estaba peor que nunca... Y una vez más, supe que él no estaba bien ¡Por los creadores! ¡¡Anoche incluso había bebido!! ¡ÉL! Que odiaba perder el control... realmente no se encontraba bien. Me pregunté dónde estaría y tuve ganas de estar a su lado para sostenerlo, aunque sabía que él no se dejaría sostener.

Me dirigí al piso superior del palacio y oí unos elfos hablando muy molestos. Lo hacían en lengua antigua, y yo no entendía, pero el conocimiento del Pozo de las Penas sí; así que, me escondí y cerré mis ojos, conectando con el antiguo poder de Mythal y pude escuchar que uno de ellos decía "No sé qué le pasa. Nos ha obligado a todos a quitarnos la vallaslin" y de inmediato recordé que Solas le había dicho a Athil, el día anterior, que hoy a primera hora quería a todos los elfos ancestrales en la Sala de Audiencias, sin excusas ni excepciones. Al parecer, los había obligado a que permitieran que les borrada la vallaslin. Eso no era para nada el estilo de Solas, "obligar a hacer algo".

El otro elfo también habló: "en realidad te ha dado a elegir. O te sacaba la vallaslin o te ibas de sus dominios", el otro elfo, el que estaba molesto, resoplaba y decía "es una sentencia de muerte vagar solo, sin la protección del Lobo y tan cerca de Tevinter"

"Bueno, ya sabes, los centinelas todos están sin vallaslin desde hace tiempo. Ya era hora de que el resto de nosotros también se quitara la vallaslin" ¿Centinelas? ¿Quiénes eran los centinelas? ¿Centinelas como los centinelas que habíamos encontrado en el Templo de Mythal? ¿Como Abelas?

Vaya... ¿Quizás Solas los había obligado porque tenía miedo de que alguno de los elfos ancestrales fuera espía de algún Evanuri? De Mythal, más concretamente, porque no había otro en Thedas... Pero estaba rozando el despotismo. Iba a tener motines si seguía con tanta rigurosidad cambiando las cosas a su alrededor. Estaba segura que, a muchos elfos (los de Thedas, al menos), les dolía ver cómo destrozaba las imágenes de los dos dioses más queridos del panteón: Mythal y Elgar'nan. Sus actos podrían ser malinterpretados... como de tiranía o locura... Solas estaba yendo demasiado lejos y muy rápido. Y sin dar explicaciones, solo órdenes. Otro motivo que me hacía comprender que él no estaba bien...

Pasé todo el día visitando los diferentes lugares del palacio, que era enorme. Había visto, a través de los grandes ventanales, elfos actuales entrenar con generales ancestrales, había visto ejércitos élficos moverse con una precisión envidiable y solo podían ser "ancestrales". Los ejércitos de Solas eran de otro mundo, el deseo de cualquiera... Me preguntaba para qué los quería, con qué objetivo los entrenaba, ¿qué era lo que quería lograr? Decidí que al siguiente día, visitaría las afueras del palacio para ver qué era lo que estaban llevando adelante todos estos elfos.

A Solas no lo había visto una sola vez, ¿dónde había estado? No tenía idea. Pero realmente me sentía desplazada por él. Lo de anoche, había sido una debilidad de su parte (el haber estado a mi lado). Sin embargo, cuando se sentía fuerte, me alejaba cruelmente. Y dolía...

Finalmente, la noche ya caía sobre mí y comenzaba a sentirme cansada de todo lo que había recorrido, los incontables escalones que había escalado y descendido y las maravillas que me habían deslumbrado en el interior de este monumental palacio (que no había tenido oportunidad de visitar completamente). Me faltaba recorrer solo el ala superior y algunos sitios más, pero quizás lo dejara para la mañana.

Cuando estaba a punto de retirarme noté a uno de los chambelanes cerrar una de las grandes puertas de aquella ala superior y dirigirse hacia una puerta lateral y desaparecer. Si el chambelán estaba aquí, lo más probable era que Solas también, ¿qué sitio sería aquel? Y, por supuesto, la curiosidad me ganó y ascendí, cautelosamente, por los escalones hasta situarme frente a la enorme puerta que me separaba de aquel salón desconocido. Accedí al interior y me encontré con un gigante vitral del que atravesaban haces luminosas del color de la luna y refractaban sobre el suelo. Había una silla tirada... me imaginé a Solas cediendo al dolor y empujándola. Y al costado un pasillo.

Escuché un sonido precioso del interior del pasillo, así que me dirigí hacia allí y escuché el sonido de un instrumento musical, parecía sonar como un clavicordio, pero era más bello, los sonidos eran menos metálicos y más dulces y sostenidos        

Escuché un sonido precioso del interior del pasillo, así que me dirigí hacia allí y escuché el sonido de un instrumento musical, parecía sonar como un clavicordio, pero era más bello, los sonidos eran menos metálicos y más dulces y sostenidos. Estaba segura de que el instrumento que estaba oyendo no había sido fabricado en Thedas aún y era otra reliquia de Arlathan...

Me pregunté quién lo estaría tocando, ¿Solas, acaso? Seguí avanzando y oí la voz de él cantando, con muchísimo dolor en cada palabra y no pude creerlo... Yo ni siquiera había sabido que a Solas le gustaba cantar y podía hacerlo. Me di cuenta de que, a decir verdad, había tanto que no conocía de aquel elfo... Entonces, ¿de quién estaba enamorada? ¿Sabía quién era él o solo me había enamorado de quién yo creía que él era?

Su voz era grave, melancólica y entonaba en élfico antiguo, así que, una vez más, usé los conocimientos del Pozo de las Penas para comprender cada palabra... y ¡qué mala decisión resultó ser aquella! Porque Solas le estaba cantando a Mythal... y mi corazón se destrozó.

Es como el telón dentro de mi corazón,

que lentamente se está cayendo.

Y estoy exponiendo todas las manchas y sucesos

que se escribieron en las paredes

antes que nosotros abandonáramos las resplandecientes luces

y los alaridos que van quedando detrás de nosotros, ahora.

Y yo miraré hacia donde tú te encuentras,

mientras tú contemplas... contemplas directamente el cielo.

Dame dos malditos minutos y estaré bien.

Dame dos malditos minutos y estaré bien.

Estas manos están envejeciendo,

se están quedando sin nada que sostener.

Dame dos malditos minutos... y estaré bien.

Sentí un nudo en mi garganta... Aquellas palabras eran para Mythal... Le estaba cantando a ella... a pesar de decir que no la amaba, lo hacía... Y era demasiado doloroso comprenderlo... aceptarlo... Sentí mi visión nublarse, las lágrimas empaparon mi globo ocular, las limpié y volvió a doler: le estaba cantando a Mythal...

El telón en su corazón había caído, ¿qué quería decir con aquello? ¿Qué telón? Quizás se refería al amor por Mythal que lo había dejado y de golpe, Solas se había visto obligado a compartir con nosotros la verdad, "las manchas y los sucesos que se escribieron en las paredes de los templos de los Evanuris antes de que ellos abandonaran su misión", el salvar al pueblo de los elfos. Y miraría hacia ella para verla contemplar el cielo... ¿Qué quería decir todo aquello?

Dame dos malditos minutos y estaré bien... ¡Creadores! Solas aún la amaba...

Sus manos se estaban enfriando, quedándose sin nada que sostener... la estaban perdiendo, a ella... su amada Mythal. Sentí que mi garganta se cerró cruelmente, sollocé y rápidamente, me tapé la boca, para no hacer ruido, por suerte para mí, él estaba cantando, lo más probable era que no me oyera de todas formas.

Si hubiera un lugar en el que pudiera estar ahora mismo

sería de pie en medio, entre él y tú

y enfrentaría a ambos,

lucharía contra ustedes por el resto de los largos días de mi vida.

Pero hoy lo arrancamos, nosotros lo arrancamos,

le mostramos al mundo que existimos.

De todas formas, nunca me gustó demasiado el telón que poseía...

Dame dos malditos minutos y estaré bien.

Dame dos malditos minutos y estaré bien.

Estas manos están envejeciendo,

se están quedando sin nada que sostener.

Dame dos malditos minutos... y estaré bien.

De mis ojos comenzaron a caer lágrimas sin control... Solas quería enfrentar a Elgar'nan y Mythal, quería destrozarlos, quería venganza, pero porque estaba herido... porque a él habían lastimado... Porque hoy se arrancaba aquel telón que había cubierto su corazón... el telón que le había permitido amarla... El telón en sus ojos que no le había permitido ver la traición de Mythal. Hoy se lo arrancaba, y le mostraba al mundo que existía... Que Fen'Harel era real... por ello estaba haciendo todos estos cambios desesperados en el palacio, porque tenía pensando mostrarle al mundo que existía, que los elfos ancestrales existían... y yo sabía que aquello era una locura improvisada. Solas no podía pretender mostrar su poder sin resultar una amenaza para los humanos, menos aún decir que era el verdadero Fen'Harel y que era elfo ancestral. Iba a hacer que lo mataran... pero...

... denle dos malditos minutos y estaría bien. Sonreí y limpié mis lágrimas... Oh, mi amado Solas... necesitarías más de dos minutos para volver a estar bien... Mucho más, porque te habían quebrado.

¿Si soy bueno, volverás?

¿Si soy bueno, volverás?

¿Si soy bueno, volverás... a nosotros?

¿Si soy bueno, volverás?

¿Si soy bueno, volverás?

¿Si soy bueno, volverás... a nosotros?

Dame dos malditos minutos y estaré bien.

Dame dos malditos minutos y estaré bien.

Estas manos están envejeciendo,

se están quedando sin nada que sostener.

Dame dos malditos minutos... y estaré bien.

Sus manos continuaron tocando las teclas, pero él ya no habló... sus manos se habían enfriado.

Escondida, guardé silencio y lloré su tristeza y la mía... porque su dolor y su amor hacia ella también me lastimaba...

POV Solas

Suspiré y mi pecho dolió, fuertemente        

Suspiré y mi pecho dolió, fuertemente. No había vuelto a cantar ni tocar el piano desde que había despertado en Thedas y no pensé encontrar un piano de cola en esta era, pues ellos aún no habían descubierto el secreto para lograr suavizar los sonidos metálicos del clavicordio. No sabían que el secreto yacía en cubrir la madera con cuero para emitir mejores sonidos...

Cerré el teclado y permanecí allí, sentado y sin fuerzas para ponerme en pie. "Dame dos malditos minutos, Mythal... y estaré bien... y rogarás nunca haber existido"... Recosté mi cabeza sobre la madera lisa del piano y cerré mis ojos, mientras mi garganta me asfixiaba... Oh, Mythal... ¿cómo habías sido capaz? Yo te había amado tanto... 

Sentí el Velo vibrar, sentí mi Áncora fluir... Elentari estaba aquí. Me molesté, ¡demonios! ¡También necesitaba dos minutos apartado de ella para estar bien! Respiré algo agitado, sintiéndome invadido... ¡Dos malditos minutos!

Me levanté de golpe y el taburete detrás de mí cayó, pero la ira en mi interior creció. Así que, caminé hacia ella, hacia el poder mi Áncora, en aquella esquina donde estaba oculta. - Elentari... - dije al verla. Estaba escondida, llorando sin consuelo... Supongo que había usado los conocimientos del Pozo de las Penas para comprender lo que acababa de cantar... - ¿Qué haces aquí?

- Lamento muchísimo que te haya traicionado... - me dijo y me miró, empapada en lágrimas. - Ojalá nunca lo hubiera hecho, ojalá pudieran hablar sin ese gusto a traición entre ambos... Ojalá pudieras ser feliz... - sus palabras no me tranquilizaron, por el contrario, me hicieron rabiar... ¿Lamentaba ella que Mythal me hubiera traicionado? ¿Y qué sabía ella del dolor que significaba para mí esta traición? ¿Por qué tenía que saber algo de lo que yo estaba experimentando en estos momentos? No tenía idea de nada, de nada...

*

*

*

"Solas, sabes que te amo, ¿no?" la mano de Mythal descansó sobre mi pecho. 

"Deja a Elgar'nan... Yo me enfrentaré a él... no podrá vencerme. Te lo juro" La sonrisa de ella intentó tranquilizarme, aunque me encontraba desesperado por la situación vivida. 

"No lo entiendes... no puedo dejarlo. Nunca lo entenderás... Quizá algún día puedas ponerte en mi lugar. Aunque preferiría que nunca estuvieras en mi situación, mi amor..."

"Por favor", tomé su mano... "No quiero que siga lastimándote"

"Un soberano debe sacrificar su propia felicidad por el Pueblo, Solas..." me dijo. "Un buen líder es aquel que está dispuesto a sacrificarse por los demás. Espero que nunca tengas que comprenderlo... Esta es mi maldición... y es solo mía. Gracias por estar a mi lado... haces que la cargue sea más liviana..."

Aunque alivianar el peso sobre tu espalda me estaba destrozando día a día... Mythal... 

*

*

*

"Ojalá pudieras ser feliz". Esa maldita frase la había escuchado tantas veces... La miré molesto, Elentari limpió sus lágrimas. Yo no dije nada, no quería hablar sobre el tema.

- No tienes permitido estar aquí. - dije, en cambio. Restándole importancia a su deseo de que Mythal no me hubiera traicionado, como si deseando algo las cosas serían diferentes para mí. - No quiero que vuelvas a entrar al ala superior del palacio. Solo yo tengo acceso. - Elentari me miró estupefacta. No se había esperado aquella respuesta de mi parte.

- Tú me has traicionado y te has redimido... - insistió sobre el tema anterior. - Quizás ella también pueda hacerlo. Solas, quizás aún puedan hablarlo... - la miré con marcado enojo. No quería hablar sobre ese tema. - Yo sé cómo se siente que la persona que amas te clave un puñal en la espalda... - me confesó...

Y comprendí lo que intentaba decir: yo también había traicionado a Elentari... Y era cierto. Yo le había hecho lo mismo que Mythal a mí, salvando ciertas distancias... pero la sensación debió haber sido la misma. Y aún así, Elentari estaba aquí, conmigo, nunca se había dado por vencida. Pero me asfixiaba... no lo entendía, pero necesitaba espacio, ¡¡dos malditos minutos!!

- Lo siento... - le dije. - Nunca pensé en lo doloroso que pudo resultar todo esto para ti... - confesé. - Mis decisiones pasadas y mis actos, quiero decir. - Ella rio entre lágrimas, dejándome claro que no tenía idea... Y no, no la había tenido, pero por primera vez comenzaba a entender lo que ella podría haber sentido... y dolía muchísimo. Aunque no comprendía ni la mitad de lo que yo estaba atravesando, porque no conocía ni la mitad de quién yo era ni de lo que había sucedido en Elvhenan...

Elentari, simplemente, no tenía idea.

De nada.

Yo estaba roto.

Destrozado.

Era insalvable. 

- No te preocupes. Ya no espero que te pongas en mi lugar. - dijo y miró hacia el suelo. Me molestó, me molestó muchísimo su juego de victimización en estos momentos en los que yo no podía, ni siquiera, mantenerme en pie. Ni ella, ni otro thedestre podía comprender las implicancias para el futuro de Thedas, en relación al estado mental en el que yo me encontraba en estos momentos... ¡los sacrificios! ¡La presión! ¡La mentira! ¡La traición!

Había estado tan alterado, que había sucumbido a mis emociones frente a ella... Y además, había hecho lo único que tendría que haber evitado en todos estos años en Thedas: enamorarme. Me había enamorado de ella y eso me estaba desquiciando, destrozando, enloqueciendo... me estaba sintiendo peor de lo que nunca me había sentido, porque deseaba complacerla, pero no sabía si podría... no lo sabía ¡¡porque no había tiempo para ello!! Porque...

... mi deber...

... mi pasado... 

... mi promesa...

- ¿Qué esperas de mí? - ataqué, enceguecido por la rabia. Elentari me miró y a través de sus ojos, pude ver desilusión. - ¿Quién quieres que sea? ¿Qué es lo que buscas en mí? ¡¡Dime quién quieres que sea!!

- Ya no espero nada. - dijo, destrozada. - Realmente ya no espero nada, Solas. Si siempre haces lo que quieres. No te importa nada ni nadie, solo tú. - comencé a reír herido y molesto, en partes iguales. Pero quizás era lo mejor, separarnos, que me dejara solo para pensar con claridad, actuar en consecuencia a quien yo era y a todo lo que sabía que debía hacer aquí, para lo que había despertado... No podía estar jugando a ser su amante para que ella no sufriera, porque yo era Solas... y Fen'Harel... y nadie tenía idea de lo que ello implicaba...

- Al fin has comprendido. - dije, entonces. - Es lo mejor que puedes hacer... - de sus ojos cayeron lágrimas otra vez. - No esperes nada de mí. Porque no hay nada que pueda darte. - me di la vuelta y estuve dispuesto a retirarme, pero ella tomó mi brazo y me obligó a verla y, fue en ese instante, en el que sucumbí al dolor que me destrozaba y como un lobo cuando se siente amenazado, simplemente la ataqué... porque no había otro modo de tolerar todo esto...

- ¿¡Qué quieres decir con eso!? - rogó explicaciones, rompiendo en llanto, otra vez. - ¿Acaso nada de lo que hemos atravesado juntos tuvo importancia para ti? ¿Nada de lo vivido en el Templo? ¿Recuerdas que fuiste tú quien me dijo que necesitaba "ayuda"? - quité mi brazo de su agarre y la enfrenté muy molesto. - ¡Solas! ¿Realmente este es nuestro presente? Todo lo que te esperé, todo lo que deseé tenerte en mis brazos para nunca más separarme, ¿no valió de nada?

- ¿¡Valer!? ¡¡Elentari!! - le grité. - ¿De qué me hablas? ¡¡TENDRÉ QUE MATARTE!! - ambos nos miramos destrozados. - ¿Y me hablas de "nunca" separarnos? NUNCA ESTAREMOS JUNTOS, ¡MALDITA SEA! - ella rompió, otra vez, en un llanto desconsolado. - Tu vida se esfuma de mis manos... - continué vomitando todo el dolor que cargaba dentro de mi corazón. - ¿Puedes entender que, para ti, estos cinco años fueron una eternidad, para mí fue un abrir y cerrar de mis párpados? - mi garganta se cerró. - Tú temes los próximos diez, veinte años... Yo temo los próximos siglos... - no pude evitar y comenzaron a caer lágrimas de mis ojos. - Somos diferentes... nos hemos enamorado, sí, pero somos diferentes... Yo estoy aquí para darle un mañana a este mundo y tú estás aquí para destrozarme... - ella me miró, desconsolada.

- ¿Qué dices?

- ¡¡No me estás ayudando!! - grité, entre lágrimas. - ¡¡Me estás enloqueciendo!! - confesé. - Me presionas y yo ya no soporto más nada... - respiré agitado y sentí vergüenza por estar tan siendo honesto, honesto como nunca, con ella... El orgullo se me cayó... me dejó. Pero estaba destrozado. - No puedo más... - dije. - No puedo. No puedo más... y tú me exiges explicaciones... ¡¡NO TIENES IDEA DE QUIÉN SOY!! - eres la hija de mi mejor amigo... y te estoy destrozando... Oh, por favor... debo detener todo esto... debo detenerlo... 

- ¿¡QUIÉN ERES!? - me gritó desesperada y tomó mi rostro en sus manos, acariándome, en un vano intento de que dejara de llorar. Pero no podía contener más mis lágrimas y tampoco podía ella, porque estábamos heridos. Porque nos amábamos pero nos heríamos en partes iguales... - ¿Quién eres? Dime... dímelo. - Elentari me acarició y trajo mi rostro sobre el suyo. Yo sentí que todo a mi alrededor se derrumbaba un poco más, tomé su rostro también y, entre lágrimas, la acaricié, desesperado por el daño que le causaba... Tan solo quisiera no ser responsable de su llanto... - ¿Quién eres, Solas? - los dos nos abrazamos y rompimos en un llanto, desgarrador. Yo no podía más... no podía más.

- ¿Qué es lo que buscas de mí? - susurré, destrozado, no pude contenerme. - ¡¡Dime!! ¡Ayúdame a entender! ¿¡Qué es lo que quieres de mí!? - ella lloró, agobiada, se tapó su rostro y limpió sus lágrimas. - ¡¡No sé qué esperas de mí!! ¿Qué esperas? ¿Qué quieres? - estaba molesto. Muy molesto con ella y conmigo, porque la estaba lastimando, pero ¿qué quería que hiciera? Que mirara hacia otro lado como si nada de lo que yo había comenzando en Thedas hacía 5 años había sucedido. No sabía qué quería, qué esperaba de mí. Ella simplemente no tenía idea... yo había sido uno de los primeros caminantes de mis tiempos... yo... yo había sido hijo directo de él... Y Elentari no lo sabía, porque no se lo había dicho y no se lo diría. La apreté contra mi cuerpo, llorando e incapaz de contenerme. Oh, Elen... vhenan... no quería hacerte esto... pero no valía la pena... yo... yo no valía la pena...

Ordrel... lo siento. Siempre esperé ser mejor que esto... que lo que soy... Jamás pensé que te pagaría todo lo que hiciste por mí, destrozando a Elentari. Perdóname, hermano mío, perdóname...

> ¡¡Escúchame bien!! - dejé de abrazarla, limpié mis lágrimas y la enfrenté, una vez más. - ¡¡Esto que ves es lo que soy!! ¡¡ESTO!! Esta persona, este demente, este egoísta, este soberbio. No sé quién crees que soy, no sé qué quieres que sea ¡¡ESTO ES LO QUE SOY!!

> ¡Me pediste que fuera sincero contigo! - mi garganta se quebró y casi no pude hablar, tragué la saliva y volví a tomar fuerzas. - Pues aquí está la verdad: NO SABES NADA DE NADA, ELENTARI. - se lo grité y cayeron, otra vez, lágrimas de mis ojos. - ¡¡NO TE HE DICHO LA MITAD DE TODO LO QUE ESTOY HACIENDO EN THEDAS Y NO TIENES IDEA DE LO QUE SIGNIFICA PARA MI LO QUE DESCUBRÍ EN EL TEMPLO DE GHILAN'NAIN!! - las lágrimas comenzaron a caer continuamente de mis ojos, ella seguía llorando, sin poder contenerse... y yo tampoco podía ayudarla, porque allí estaba la verdad... Ella no tenía idea de nada, absolutamente nada.

Y que Mythal... me hubiera traicionado... era más de lo que podía soportar... más... 

... más... Mythal...

- ¿Piensas destruirnos? - preguntó, llorando desconsolada. - ¿Aún quieres destrozarnos, Solas? - lloró desgarrada... - Quieres matarnos... - gimió de dolor. - Oh, quieres matarnos.

- ¡¡NO!! - grité, exasperado. - ¡¡NO!! Precisamente... quiero salvarlos pero no sé si podré ¡¡NO LO SÉ!!

- ¿¡POR QUÉ!? - me gritó ella y las lágrimas saltaron de sus ojos. - ¡¡DIME LA VERDAD DE UNA PUTA VEZ, SOLAS!!

Estas peleas... estos gritos... los insultos... ya los había vivido... en otro mundo, en otra era... en el pasado... ¿Todo volvía a repetirse? ¿Por qué? 

- Porque no sé cómo hacerlo... - confesé. Llevé mi cabeza hacia atrás y respiré, desesperado. Abrí mi boca y comencé a exhalar me faltaba el aire, estaba perdiendo el control de mis emociones. Ella me estaba exigiendo más de lo que podía decir, de lo que podía hablar y la discusión se nos estaba yendo de las manos. No quería volver a sentir que me insultaban entre lágrimas... no quería volver a vivirlo. No otra vez. No... ella... no con Elentari... 

NO.

- ¿QUÉ QUIERES DECIR? - me gritó, tomó mis brazos y me sacudió molesta, por todo lo que nos estábamos gritando. - ¿QUIÉN ERES? - volvió a sacudirme. 

*

*

*

"¿¡Por qué hiciste eso!?" Mythal se sacudió molesta. "¿¡Tienes idea de lo que me haré Elgar'nan esta noche porque destrozaste a los centinelas de su Templo!?"

"Pensé que Fen'Harel estaba para eso, Mythal..." dije. "Debemos detenerlo... No dejaré de liberar elfos... Ya te lo he rogado de mil maneras... Deja a Elgar'nan ¡¡Voy a protegerte!! ¡¡Sabes que puedo!! ¡No ha podido conmigo una sola vez, MYthal! ¿¡A qué le temes!?"

"No lo entiendes... nunca lo entiendes, Solas... DEJA DE PROVOCAR A ELGAR'NAN" ella liberó un hechizo y yo rápidamente me cubrí con una barrera de energía espiritual. Sin embargo, la rabia de Mythal había sido tal, que destrozó la habitación. El espejo sobre mi espalda estalló y los fragmentos se esparcieron... "No entiendes nada..." 

"Entonces explícamelo... " la tomé en mis brazos, llorando otra vez. Ella me empujó... como siempre hacía cuando me trataba de aquel modo. "Explícame para que lo entienda, por favor... ¿por qué debo dejar de atacarlo si acepté ser Fen'Harel para liberar a nuestro Pueblo?"

"Oh, Solas... lo siento tanto... " ella tomó mi rostro y comenzó a besarme, yo intenté liberarme, quería hablarlo... quería entender... pero Mythal era así... cuando las cosas la embargaban necesitaba solucionarlo con sexo... y yo siempre lo aceptaba... porque la amaba... no podía estar lejos de su cuerpo... 

*

*

*

- ¡¡DÉJAME!! - grité y la corrí de mi lado, quitando mis brazos de su agarre. - Tan solo déjame, Elentari ¡¡NO ESTOY BIEN!! - volví a gritar llorando. - ¿NO VES? ¿No ves que no puedo más? - bajé la cabeza y continué llorando, porque ¿cómo se lo explicaba? ¿Por dónde empezaba? ¿Cómo se lo decía? Toda la verdad... y ¿por qué tenía que hacerlo? ¿Quién era ella para tener derecho a saber todo acerca de mí? ¿Por qué? ¿Por qué tenía que volver a confiar? Para que jugara conmigo como lo había hecho Mythal...

- ¿Necesitas que te deje solo o quieres que me vaya de aquí y... simplemente terminemos? - preguntó llorando, también desgarrada.

- Déjame solo. No quiero que te vayas, pero no puedo hablar... - le dije, sin mirarla y sin poder contener las lágrimas. - Necesito tiempo, espacio... no sé qué necesito. Pero quiero estar solo... Quiero acomodar mis ideas...

- ¿Y por qué no puedes hacerlo conmigo?

- ¡¡PORQUE NO QUIERO!! - le grité, destrozado. - ¡¡NO VOY A VOLVER A CONFIAR EN NADIE!! ¿¡NO LO ENTIENDES!? - continué llorando. - ¿Quieres la verdad? Esa es la maldita verdad, Elentari. No quiero volver a confiar en nadie... simplemente quiero cumplir con mi cometido y morir... irme a la mierda de este mundo y punto... existan, hagan lo que quieran... pero sin mí. - respiré desesperado, entre lágrimas, mi garganta que se cerraba y mi corazón que quemaba por el dolor. Ella no sabía qué responder, así que guardaba silencio.

Estiré mi mano y tomé su brazo, la traje sobre mí y la abracé con fuerzas. Elentari no me tocó, dejó sus brazos a su lado, pero no me abrazó. La había lastimado como siempre lo hacía. - Lo siento... - rogué que me perdonara, pero realmente necesitaba estar solo. - Lamento muchísimo el dolor que te causo, vhenan. - ella volvió a llorar y me abrazó. - Pero no estoy bien... no te puedo amar o dar amor si estoy como me encuentro. No lo entiendes, porque no sabes nada... - mi voz tembló. - Pero no te lo puedo decir. No ahora, no mañana. No sé cuándo podré... pero no quiero seguir lastimándote. - ella solo lloraba, creo que entendía que le estaba proponiendo volver a alejarnos. Creo que entendía que quería dejar de lado todos nuestros sentimientos, porque no podía lidiar con lo que sentía por ella y todo lo que vendría... no podía.

Así que, solo nos abrazamos, lloramos y nos dijimos muchas veces cuánto nos amábamos, pero aún así... más allá de todo nuestro amor... yo sabía tendría que matarla... y ese terror, me convertía en un cobarde, incapaz de aceptar la felicidad a su lado mientras pudiéramos estar juntos. Prefería sufrir ahora su ausencia, que después añorarla con desesperación. Sí, era un cobarde...

Había vivido demasiados años y había perdido a demasiados seres amados. Había aprendido a comulgar con la muerte y el dolor de la ausencia de quién se ha ido. Y sabía que podría vivir, finalmente, sin ella... Infeliz, pero vivir sin ella.

Y eso era lo que más dolía ... Que yo estaba tan destrozado por dentro, que ya me habían derrotado hacia tiempo. En el mismo instante en el que había aceptado que todo podría suceder y nada sería inevitable. Telanadas, nada es inevitable.

En el mismo instante en el que había sabido que podría vivir sin ella o sin Mythal. Que podría vivir con amargura, pero vivir... Ese mismo día había muerto, porque había perdido el sentido por vivir... Simplemente viviría, eternamente... Cómo un fantasma.

La abracé con fuerzas, ella lloraba sin consuelo. - Me estás dejando de nuevo... - susurró.

- No me estoy yendo... - le dije. - Estoy aquí, a tu lado.

- En la Inquisición también te quedaste. Pero me hiciste pagar por el camino que decidiste que debías transitar. Y ahora, una vez más, me haces lo mismo, Solas... - Elentari lloraba sobre mis brazos. - Otra vez no me explicas nada y solo me pides que te deje... - lloré sosteniéndola. - Por lo menos ahora no tienes el descaro de mentir diciendo que me dejas para que me concentre en mi enemigo. - sonreí, porque la dejaba para poder concentrarme yo en mi enemigo. Ella me miró: - ¿Eres mi enemigo? - negué con un movimiento de cabeza.

- No, vhenan. Soy el único que puede salvarlos.

- ¿A quiénes? ¿De qué? - rogó, en mis brazos.

- Del pasado... de mis propias acciones... - confesé y volví a llorar. - No lo entiendes... Nunca podrías entender qué se siente vivir con la destrucción de tu propio pueblo por tus propias manos. Nadie nunca podría... - estaba harto de lidiar con mis emociones, pero sabía una cosa: el maldito destino había enlazado a Elentari a mí... Ella tenía el poder del Áncora en su interior y era mi Gran Sacerdotisa... La mujer que amaba y que me hacía vulnerable, cuando yo no quería saber nada de vulnerabilidades... Yo quería vivir en un orgullo permanente, que me permitiera caminar sin dolor, sin culpas. Que me permitiera lidiar con mi consciencia. Pero ella era un espejo que reflejaba la vergüenza por las consecuencias de mis actos pasados. Elentari me obligaba a ser mejor... y ser mejor dolía demasiado, porque era enfrentarme a mis heridas y que volvieran a doler. Aún así, era mi Gran Sacerdotisa, y la necesitaba para el futuro... Ordrel había dejado parte de la clave del éxito en ella... Elentari y yo nunca podríamos estar separados, si queríamos salvar Thedas...

- Deja que te acompañe en esto... - rogó, en un susurro.

- No podría hacértelo a ti. - confesé. - Tú eres... la encarnación de la compasión. No quiero destrozarte del modo en el que me encuentro... - ambos nos miramos, empapados en lágrimas. - Camino Din'anshiral. Solo hay muerte en esta travesía. Me da vergüenza permitirte ver en lo que me puedo convertir...

- Pero yo quiero acompañarte. Quiero cargar con tu dolor.

- No tienes idea de cuánto pesa, vhenan. No tienes idea de lo que duele. - ella acarició mi rostro, mientras los dos seguíamos llorando. - Permite que uno de nosotros se corrompa, y deja que ese sea yo. No puedo involucrarte en mi camino, porque tú eres mucho más de lo que yo jamás seré. - ella lloró con amargura, sus labios temblaron.

- Entonces, ¿me vuelves a dejar, Solas? - mi corazón estaba quebrado. No podía soportarlo más.

- Ojalá pudiera dejarte... - confesé. - Pero estamos destinados, tú y yo. Y creo que, al final, no toleraría vivir sin tí.

- Si quieres que terminemos, dímelo y no volveré a buscarte. - me afirmó. - Estaré a tu lado, seré tu Gran Sacerdotisa, pero no volveré a tocarte, besarte, acariciarte... Te lo prometo. - volví a llorar, porque si la amaba debía aceptar esa oferta y yo lo sabía. Era dolorosamente necesario si quería conservarla pura y a salvo de las consecuencias de lo que vendría. De la corrupción que traía la muerte...

- No sé si puedo hacerlo sin tí... - respondí en cambio. - Estoy enamorado de tí y no sé si puede tenerte lejos... - ella acarició mi rostro y me besó. Yo la abracé y sentí todo el maná de mi sangre fluir, desesperado en mi interior, sentí un poco de paz sobre sus labios y una caricia para lo derrotado que estaba... Tenía mucho miedo de volver a confiar... Pero al final de esta historia, se trataba de mí... Estaba destrozado, pero no lo suficiente como para no sentir pasiones. No lo suficiente como para liberarla de mí. No lo suficiente como para no ser un maldito egoísta.

Y supe, que con dos minutos, no estaría bien. Necesitaba una nueva vida para, finalmente, reponerme.

Y quizá... ni siquiera con otra vida...

Sonó la puerta detrás de nosotros. Elentari y yo nos miramos, destrozados como estábamos, incapaces de disimular el dolor que había entre los dos... Ella miró la gran puerta y guardó silencio. Yo limpié mis lágrimas y me obligué a reponerme, después de todo... Yo era Fen'Harel.

La puerta vibró otra vez, tras los fuertes puños que la hicieron bailar.

La miré, suplicante, que comprendiera que estaba enamorado, pero tenía que atender obligaciones. Elentari asintió con pequeños movimientos de cabeza, intentó no llorar, pero le fue imposible, las lágrimas simplemente se deslizaban por sus mejillas.

La puerta sonó una vez más, pero esta se acompañó de palabras: "Fen'Harel, ¿estas aquí? Hemos tomado prisioneros a un grupo de exploradores Qunari en el interior del bosque de Arlathan", mi rostro cambió notablemente. Las lágrimas se secaron y el lobo volvió a dominar. Limpié mi rostro, apoyé una mano que intentó ser conciliadora sobre su hombro, ella asintió, pero está vez sin dirigirme la mirada, no había gesto o acto que sanara la herida en el corazón de Elentari. 
Yo me alejé, para abrir la puerta.

Rápidamente, limpié mis lágrimas... No había forma que no notaran que había estado llorando, pero las noticias eran más importantes que mi orgullo herido. Así que, abrí la puerta y mi comandante a cargo, Thrandrill me saludó con una mirada severa.

- Lamento venir en un momento inoportuno, Fen'Harel. - se disculpó.

- Ningún momento es inoportuno para estas noticias. - dije, Thrandrill intentó ingresar, pero no sé lo permití. - ¿Qué hacían en el interior del bosque los Qunari?

- Han tomado Ventus. Tienen prisioneros, la mayoría humanos de Tevinter. Han estado talando árboles y se han adentrado al interior del bosque.

- Ventus. Las tierras que pertenecían a Dorian, ¿no? - mi comandante asintió. - Esas tierras que Lukast Bonport pretendió poseer, pero Andratus Galaar no lo permitió, por el momento al menos... - quise confírmalo. La afirmación del elfo ancestral me lo confirmó.

- Hemos observado durante días a los Qunari, hasta que la Viddasala ha llegado con el grupo de exploradores y se ha dirigido directamente al sitio donde solías estar tú. - los dos nos miramos con seriedad. - Tenía información concreta. Te estaba buscando.

- No a mí... - dije, pensativo. Sabía que no era yo quién les interesaba, no en el sentido genuino de sus objetivos. Claro que, si me ponían una mano encima, me torturarían, jugarían con mi voluntad hasta quebrarla e intentarían conocer todos mis planes. Después de todo, hacía muchos años ellos ya buscaban a Fen'Harel. Aunque no sabían que Solas era el mismo... Pero ellos buscaban otra cosa... Algo que yo tenía y nadie sabía con certezas que estaba en mi poder. Algo que, aunque importantísimo para el futuro, lo había obtenido en una subasta... Y ¡vaya que me había resultado caro! - ¿Tienes a la Viddasala? - el elfo asintió, sonreí. - Yo me encargaré de ella, ¿de acuerdo?

- ¿Y con los demás, Fen'Harel?

- Interroga a los prisioneros. Luego... los quiero muertos. - sentí un suspiro sorprendido de Elentari sobre mi espalda.

Lo sentía mucho, vhenan, pero ésta también era una verdad: yo era un asesino despiadado. - Con veneno... que la muerte sea rápida. 

- Sí, señor. 

Chapter Text

Nos encontrábamos en las cercanías del bosque de Arlathan, es decir que, a lo lejos se veían los tupidos verdes boscosos y la inmensidad de aquel sitio invadido por árboles vírgenes y conservados que la guerra entre tevinteranos y qunari no había afectado aún.

De la Fortaleza de Weisshaupt había salido solo con una bolsa cargada sobre mi espalda que llevaba todo el tiempo conmigo. En su interior había, en su mayoría, frascos de cristal con pociones (las que se estaban acabando con rapidez) y un libro. Un libro que me había vuelto loca tiempo atrás, intentando comprender su significado, y que representaba en su interior el dibujo de la mandíbula del lobo de Fen'Harel. 

No sabía por qué, pero por alguna razón los acontecimientos vivenciados durante mi Angustia habían estado dando vueltas en mi cabeza y la palabra "lobo blanco" me hacía pensar en él... en Solas... Sabía que nos estábamos dirigiendo a sus dominios con un grupo de humanos y Guardas Grises (otro grupo se había dirigido a la ciudad de Antiva), pero yo no quería que Fen'Harel pusiera sus manos sobre la mandíbula de Dorian, la quería en mi poder. Por ello, caminé hacia donde se encontraba Dorian y me senté a su lado en la fogata improvisada que habíamos encendido aquella noche. Lel, Cass y Cullen estaban a su lado; por suerte, Onnär y Nolan estaban patrullando, pero yo tenía mis dudas al respecto. Juuusto cuando estábamos cerca del bosque, aquellos dos se alejaban. 

El resto de los guardas y aldeanos, dormían a la distancia, aquella noche.

 El resto de los guardas y aldeanos, dormían a la distancia, aquella noche

- Oye, Dorian... - dije, no bien me desplomé a su lado. Tela siseó cuando me acerqué a ellos, ya que la maldita traidora no se despegaba del lado de Cullen. Al parecer lo había elegido y ni siquiera formaba parte de la Orden. Pero no podía culparla, había hecho una excelente elección. Cullen era un hombre extraordinario... sonreí recordando nuestros inicios en el interior de la Torre de magos... ¿Cullen recordaría todo aquello o ya formaba, también, parte de su pasado? Como del mío... Sacudí mi cabeza y miró al tevinterano: - ¿Piensas prudente entregarle a Fen'Harel la mandíbula una vez en sus dominios?

- Por supuesto que no. Deberíamos tener diferentes personas las llaves. Si las tiene todas él y se las quitan, perdería todas. Solas lo sabe también, no es tonto. - suspiré algo aliviada. - ¿Por qué lo preguntas?

- Es que... Bueno, no me fío de las intenciones de los elfos ancestrales. - confesé casi en un murmullo. - Creo que nos están ayudando, sí, pero por motivos mezquinos. Cosas que desconocemos que los han obligado a tener que poner su atención sobre el resto de las razas. Pero no creo que hayan tenido alguna vez la intención honesta de salvarnos.

- Bueno, en tu caso - dijo Cullen - siempre tuvo intención de salvarte. Ya sabes, eres elfa. - yo lo miré y me sonrojé. Me sentí la misma aprendiz idiota que había sido tantos años atrás, pero recordar un poco de todo lo nuestro me había jugado en contra. Cullen al parecer no alcanzó a notar mi reacción. 

- ¿Pero salvará a todos los elfos o solos los ancestrales? - dije rapidamente para olvidarme de nuestro pasado.

- Supongo que a todos. - dijo Leliana. - No es el estilo de Solas protegerlos para finalmente entregarles una muerte amarga.

- Hay en él mayor virtud que la que ustedes aprecian. - lo defendió Cassandra y la verdad fue que, me sorprendió. No pensé que la lady Buscadora tuviera en alta estima al elfo enigmático.

Tomé la bolsa sobre mi espalda y saqué el libro frente a ellos. Era un libro viejo con hojas amarronadas, quebradizas y polvorientas. En algunas páginas, incluso se podía ver restos de manchas de sangre. - ¿Y eso, cariño? - preguntó el tevinterano. Yo hojeé su interior y finalmente, le mostré las páginas con los dibujos que representaban la mandíbula de lobo. Nuevamente susurré, por si los otros elfos andaban cerca.

- Este libro fue escrito por un Guarda en el año 1:16 de la Divina, es decir, cuando se estaba sucediendo la Segunda Ruina y ya se había sucedido la primera... - les mostré los dibujos. - ¿Pueden ver ese símbolo? Este guarda lo había visto en algún sitio... - dije y los tres se acercaron al libro e inspeccionaron. - "Alguien" durante la Era Antigua y la primera Era de Thedas blandió esta llave ya, por aquellos tiempos. - los miré con seriedad, como ameritaba el tema. - ¿Creen que Fen'Harel nos mintió y estuvo despierto antes?

- No lo creo... - dijo Cassandra, quien parecía la más interesada en defenderlo.

- Miren aquí. - retrocedí el interior del libro, me dirigí a las primeras doscientas hojas en búsqueda de retratos. Encontré por fin lo que buscaba. - Miren esta guerrera. Cabellos largos, pintadas del color del sol... pero lo más importante, una corona con punta superior... Elfos detrás de ella, flechas por delante y ¿tevinteranos enfrentándose a ella, quizás?

 Elfos detrás de ella, flechas por delante y ¿tevinteranos enfrentándose a ella, quizás?        

- Tuvo que ser Andraste... - susurró Leliana, poniendo completa atención en el libro. - ¿Y el de al lado? ¿El elfo? Sosteniendo una mandíbula... - Leliana miró estupefacta otra de las imágenes. - Es como las representaciones andrastinas de Shartan, solo que en aquellas... él sostiene una llave.

(Representación andrastina)

(Representación andrastina)

(Representación andrastina)

(Representación andrastina)

- Una llave... - murmuró Cassandra... - La mandíbula es la llave para activar los Eluvians. Leliana, ¿podría ser que, luego de la invasión humana en los Valles y posterior conquista de Halamshiral, cambiaran la representación de Shartan? Cuando se declaró todo lo referente a "elfos" como herejía para la Capilla. - Cullen y Leliana miraron a Cass. Yo sabía que, en la Era Gloriosa, entre los años 2:10 y 2:20, Orlais había enviado tropas militares de la Capilla para conquistar con una Gloriosa Marcha el segundo hogar que se les había dado a los elfos (el primer hogar había sido Arlathan que, hasta ese entonces, se creía que Tevinter había destrozado; hoy sabíamos que había sido la creación del Velo quien lo destruyó). Conquistaron el segundo hogar de los elfos, que ellos habían llamado Halamshiral, lo que significa "el final del largo viaje". Sitio que, en nombre de Andraste, se había otorgado a mi raza en agradecimiento por la colaboración valiente de Shartan contra la esclavitud del Imperio de Tevinter.

> Sabemos que humanos y elfos unieron fuerzas contra Tevinter en la Era Antigua, - continuó Cassandra - y por la buena relación entre nuestra Sacerdotisa y Shartan los elfos tuvieron sus propias tierras, a modo de agradecimiento, donde ellos volvieron a adorar a su antiguo panteón élfico.

- "Buena relación", no, Cassandra. - interrumpió molesta Leliana, quien era una ferviente defensora de los elfos, yo sonreí, agradecida, porque desde que la había conocido, siempre había sido así. - Shartan no solo tuvo una buena relación con Andraste, fue líder de la rebelión de los elfos esclavizados por los tevinteranos... Le devolvió la libertad a los elfos y luchó al lado de ella para que fueran "iguales" - y de golpe, Leliana cerró la boca, anonadada y nos miró a todos... - "Líder de rebelión de los elfos..." - murmuró sus propias palabras. - En la Era Antigua, justo después de la creación del Velo. Enseñó a los elfos a rebelarse contra sus amos tevinteranos...

- Igual que Fen'Harel en toda su historia... - murmuró Dorian. - Pero es una locura... ¿Solas, despierto en los primeros tiempos de la Era Antigua? ¿No había caído en uthenera?

- ¿No fue, acaso, una locura que él resultara ser Fen'Harel, también? - se molestó Cullen. - Si Solas no cayó en uthenera de inmediato, y caminó por Arlathan durante su destrucción y luego liberó a los elfos de la esclavitud durante la Era Antigua al lado de la mismísima Andraste, bien podría haber sido él quien otorgó la mandíbula, a nuestra Señora... - mostró la imagen de "Shartan" sosteniendo la llave, según representaciones andrastinas, pero una mandíbula, dibujada en el libro de mi orden.

- Solas siempre lo negó. - intervino Cassandra, defendiendo otra vez a Fen'Harel. - Siempre alegó no haber sabido sobre el dolor de los elfos cuando el Velo yació sobre éstos. Dijo haber despertado un año antes de unirse a la Inquisición.

- ¿Y si despertó y no lo recuerda? - preguntó Leliana. - ¿Y si lo hicieron despertar?

- Puras especulaciones. - intervino Dorian. - Lo único concreto es que esta maldita mandíbula tuvo que ver con tu orden, Praianna... - yo di vuelta la segunda página y les mostré otra imagen. - Y Solas nos ha mentido más de una vez. Tampoco lo santifiquemos, Cassandra.

- Miren esta representación de Shartan al lado de Andraste... - les mostré un elfo ungido en armadura dorada, muy similar a la que Fen'Harel había usado durante nuestro último viaje, y Andraste, por detrás de él. - Es muy similar a las que usa Fen'Harel en estos tiempos...

- Pero Solas nunca ha luchado con escudo y espada

- Pero Solas nunca ha luchado con escudo y espada... - susurró Cassandra. Todos guardamos silencio. Nunca se lo había puesto a prueba, a decir verdad.

- Bueno, cuando él y yo nos peleamos en sus dominios... - dijo Dorian. - A pesar de tener contextura más pequeña que la mía, el hijo de puta me demostró tener conocimientos marciales y gran fuerza... Con piñas y patadas me hizo retroceder, no una vez... y muchachos, seamos honestos: yo tengo musculatura formada. No soy liviano. - nos miró. - ¿Creen que sabe "más" aparte de su dominio de la magia?

- Sería una locura... - suspiró Cullen. - Nunca lo vi luchar con espada y escudo. Pero si además de ser un maldito experto en "todo", también tiene habilidades marciales y guerreras... sería el peor enemigo que se puede tener.

Es el peor enemigo que se puede tener... - dijo Cassandra.

- Fen'Harel nos oculta mucho más de lo que nos cuenta. - afirmé. Telanadas se acercó a Cullen y a mí, y se sentó a nuestro lado. Llevábamos un buen tiempo hablando y se había aburrido de no tener caricias, así que él acarició sus negras plumas. Cullen era así, siempre había sido así, cariñoso... ¡Por la gracia de Andraste! ¿Qué demonios estaba sucediendo conmigo?

- Bajo el liderazgo de Shartan, - siguió Leliana con un poco de historia - los elfos libres emboscaron con éxito las fuerzas militares de Tevinter en la Era Antigua y fueron el ejército de Andraste. La victoria de nuestra Señora no llegó de mano de los rezos y cánticos. Fueron los elfos, liderados por El Libertador Shartan, los que le dieron la victoria... - hubo silencio en el grupo. Porque otra vez, en la Era del Dragón, existía un ejército élfico y aparentemente... vuelto a entrenar por ¿el mismísimo Shartan, que hoy se reconocía como Fen'Harel? - La Capilla no desea hablar de los héroes élficos o el papel decisivo que tuvieron en la guerra liberada por Andraste. La mayoría de los creyentes prefieren creer que nuestra Señora cruzó el Mar del Despertar con poco más que canastas con flores y mucha fe, compasión y paz. - nos miró a cada uno de nosotros. - Pero nosotros mismos hemos librados batallas. Sabemos la gran mentira que ello encierra... Más allá de cualquier divinidad que puede considerarse sobre Andraste. - ninguno hablaba, sólo la escuchábamos. - La verdad fue que ella atravesó el mar con un ejército de guerreros élficos a sus espaldas y la derrota del enemigo se lo debemos a los elfos. 

> Por supuesto que las fuerzas de las tribus Alamarri fueron cruciales también, pero el ejército rebelde de Shartan determinó la victoria en los Campos de Valarian.

- ¡Al parecer todo se lo debemos a los malditos elfos! - se exasperó Dorian, al instante, comprendió que yo era una "maldita" elfa, así que se disculpó.

- Shartan fue un esclavo de Tevinter que se convirtió en una leyenda de guerra. - siguió Lel.

- ¿Ves? Eso no cuadra con Solas... él jamás habría aceptado ser esclavo en ningún sitio.

- A menos que formara parte de un plan. - corrigió Cullen a Dorian. - Ya nos ha demostrado que, el elfo, sí que sabe esperar cuando tiene un objetivo en mente.

- Andraste nombró a Shartan Campeón de sus ejércitos y le entregó una espada mística... la de la imagen - nos contó Leliana, volviendo a mostrar la imagen anterior - Dicha espada fue llamada Glandivalis. Incluso se dice que Shartan luchó al lado de Maferath...

- ¿Qué fue de esa espada? - preguntó Cassandra.

- No lo sé.

- ¿Qué se sabe de su muerte? - quise saber.

- Cuando Andraste fue traicionada por su marido, Maferath y quemada en Tevinter, Shartan y un grupo de sus elfos guerreros atacaron la pira, pero fueron asesinados cruelmente por los tevinteranos... - Leliana pareció entristecerse en esta parte de la historia. - Él siempre había querido darle libertad al pueblo de los elfos y murió sin saber que, finalmente sus actos, les valieron su segundo hogar... Halamshiral.

- Para lo que les valió Halamshiral. - me quejé. Si bien yo no era dalishana, las variadas traiciones que los humanos habían hecho a mi raza me molestaban tanto como a cualquier otro elfo. - Nos arrebataron nuestro hogar, una vez más. Construyeron el Palacio del Invierno, sobre los vestigios de nuestras edificaciones élficas... Nos obligaron a ser esclavos... Después de la Gloriosa Marcha sobre los Valles, crearon las elferías...

- Bien, es un tema sensible éste. - interrumpió Cullen. - Lo entiendo, tranquila Prai. Son cosas que ya han pasado. Solas hoy le devolverá la libertad a tu pueblo. - yo lo miré molesta, porque no veía a Fen'Harel como mi líder, sino como un opositor. Pero las palabras de Cullen de golpe me hicieron comprender que quizás, él no era mi enemigo, muy por el contrario, y a pesar del carácter de mierda que tenía, mi aliado. - Lo importante del relato es que nunca se tuvo el cadáver de Shartan en manos, ¿no? - Cullen miró a Leliana.

- Si se le dio entierro o se le permitió purificar su cuerpo terrestre en fuego, nunca se supo. - aclaró la bardo. - Esos conocimientos de la historia, se han perdido.

- Es una locura considerar a Solas como Shartan. - habló Cassandra, que había estado en silencio. - Solas no pudo estar involucrado en toda la historia de Thedas, ¡incluso Andraste! Es una locura... - todos suspiramos y miramos el fuego frente al grupo, que comenzaba a menguar. Como nuestra fe.

- Lo cierto es que la mandíbula de lobo hizo sus contribuciones durante la Era Antigua... - dijo Dorian y mostró el libro de los Guardas. - Y algo relacionó a Andraste y Shartan con ésta... porque lo han dibujado sin siquiera saber que en la Era del Dragón veríamos este libro.

- Este guarda se obsesionó con el tema de los dioses antiguos y la Ruina. - dije. - Se dice que murió envuelto en la locura y que nunca se adentró a los Caminos de las Profundidades para encontrar su honorable muerte. No, porque estaba loco. Deliraba...

- O quizás había dicho muchas verdades que, simplemente, sonaron muy disparatadas para aquellos tiempos... - concluyó Leliana. - Solas siendo Shartan, es otro gran golpe a nuestro credo.

- Y muchas mentiras más hacia nosotros. - se molestó Cullen. - Solas siempre afirmó no haber despertado antes...

- Si Solas fue Shartan despertó después de la Primera Ruina. - dije. - Andraste nació el mismo año que se derrotó al Archidemonio Dumat. En el año - 203 EA. La Segunda Ruina tuvo lugar en la Era Divina, es decir, luego de la muerte de Andraste y Shartan... Fen'Harel siempre afirmó no haber presenciado ninguna Ruina y hasta aquí, podría haber sido cierto, porque Shartan nunca presenció ninguna en primera persona.

> Fen'Harel siempre dijo que no sabía qué despertó a los dioses antiguos, Shartan nunca lo supo tampoco. Solo sabemos que fue un elfo que lideró una rebelión de elfos en Tevinter y luego se unió a una humana para dar paz a su pueblo... Si Shartan fue Fen'Harel, bien podría haber muerto aquel día, defendiendo a Andraste por última vez y, como sabemos, él ha logrado el Perfeccionamiento de los Sueños. Solo era cuestión que algún elfo ancestral de sus tropas tomara su cuerpo gravemente herido, lo llevara a sitio seguro a descansar... como sabemos: la Isla de Seheron y esperara que se recuperara, una vez más...

- Según el Calendario de Tevinter - agregó Dorian - la Primera Ruina tuvo lugar en el año 800 desde la fundación del Imperio.

- No estoy familiarizada con tu calendario, Dorian. - dije.

- Oh, es sencillo. Nosotros, desde que nuestras Capillas se opusieron y tuvimos nuestro propio Divino, - aclaró - volvimos a usar nuestro calendario. El año 1 de nuestro calendario comienza con la fundación del Imperio de Tevinter, todo lo anterior es la Edad Antigua y también se representa con números negativos, como el calendario andrastino al que están acostumbrados.

> Lo importante es que, la Primera Ruina tuvo lugar el año 800 TE (de la formación del Imperio de Tevinter - Tevinter Empire). Es decir que, la caída de Arlathan fue mucho antes... ahora sabemos que nosotros no los derrotamos, sino que ellos ya se habían destrozado. Asumamos, por ejemplo, que quizás un milenio atrás. En ese tiempo se produjo la Primera Ruina. Solas pudo haber estado dormido durante un milenio entero y despertado luego, justo cuando Andraste comenzó la rebelión... Tiene sentido, ¿no? Andraste murió en el año 1025 TE, año en el que asumimos, también Shartan.

> Según nuestro calendario, el Imperio de Arlathan se fundó en el año - 6405 TE, es un estimativo, claro. Sabemos que en Arlathan los Evanuris eran considerados divinidades, así que Solas ya era, por aquel entonces, Divino de la Sabiduría y las Mareas, ¿no? Fen'Harel llegó luego y fue el engaño que hizo a su pueblo. Entonces, 6 milenios antes de la formación del Imperio de Tevinter, tuvo lugar el Imperio de Arlathan, ¿cuándo fue destrozado exactamente? No lo sabemos, porque para nosotros, aún hoy, la causa de la caída de Arlathan somos los tevinteranos. Solo un grupo selecto sabemos la verdad.

- Los Lucerni. - afirmó Leliana.

- Exacto, solo los Lucerni sabemos la verdad. Así que, para cuando el Imperio de Tevinter se fundó, Arlathan debía de tener ya varios siglos caída, lo que nos dio tiempo a nosotros, a crear nuestro Imperio en base a los vestigios de Arlathan...

> Se estima que los humanos exploraron Thedas por primera vez en el año - 1905 TE... Asumiendo que humanos y elfos ancestrales no cohabitaron... bien podríamos decir que cerca de esa época se creó el Velo, ¿no? Después de todo, somos consecuencia de un Velo... - asentimos. - Si es cierto ello, Solas pudo haber permanecido en uthenera después de la ejecución del mayor hechizo de la historia de esta tierra durante más de un milenio, antes de despertar y ayudar a Andraste, si es que él fue Shartan. Luego, como Shartan... ya sabemos, murió y volvió a uthenera, despertando en la Era del Dragón.

- Pero Solas nunca creyó en el valor de este mundo hasta que conoció a Elentari... - intervine. - Si Solas fue Shartan... entonces, tuvo que haber sabido del valor de las distintas razas. Incluso se dice que Shartan fue el amante de Andraste...

- Esas son blasfemias. - interrumpió Cassandra. Dorian rio.

- Sí, blasfemia... tanto como que la Heraldo de Andraste se enamoró de Fen'Harel, ¿no? - todos guardamos un silencio incómodo. Dorian se había olvidado que en este grupo estaba Cullen, actual ¿pareja? de Elentari. - Oye, lo siento. No digo que ahora esté enam...

- No intentes aclarar nada, Dorian. Sé cómo son las cosas. - dijo él. Todos llevamos nuestra mirada a la fogata y guardamos silencio. Por suerte, justo en ese mismo instante Onnär y Nolan vinieron hacia nosotros y se sentaron a nuestro lado contando que no habían visto enemigos y charlando apaciblemente. Rápidamente, nos unimos a ellos, para dejar de lado el tema anterior. 

Sin embargo, yo no podía dejar de ver a aquellos dos. Elfos ancestrales como lo era Fen'Harel, ¿qué sabía acerca del mundo, sus mentiras y sus verdades? Con disimulo, tomé el libro, lo cerré y volví a guardarlo. Yo tampoco quería compartir los secretos de mi orden con ellos...

Malditos elfos ancestrales, ¿acaso todo tenía que girar en torno a ellos?

Chapter Text

Habían pasado dos días desde que Solas y yo habíamos tenido aquella gran discusión. 

Después del evento, simplemente hice como me pidió: lo dejé en paz. Dejé que se ocupara de sus asuntos y yo recorrí el palacio y sus alrededores con Toro, Varric y Mae a mi lado. Decir que estaba complemente destrozada desde lo profundo de mi alma, era poco. Sentía que otra vez nos habíamos separado, otra vez me había dejado. Y me sentía una idiota, porque otra vez yo había caído en sus juegos, le había perdonado, lo había amado y él... ante la primera discusión, me pedía que lo dejara tranquilo. No podía evitar pensar una y otra vez en Cullen, con mucho remordimiento: por lo que yo sabía estaba muerto y ni siquiera había tenido un entierro digno de la persona que había sido. Y yo ni siquiera lo había respetado en vida, lo había engañado, lo había tratado como a un idiota. Lo que más me dolía era que no había buscado a Solas y él ni siquiera se había interesado en preguntar por mí. Hubo ocasiones en las que habíamos coincidido en alguna comida, nos habíamos saludado, charlado trivialidades (principalmente Toro y Varric hacían la charla) y él y yo sólo nos habíamos destinado miradas furtivas. Sin embargo, cada vez que lo volvía a ver, estaba rodeado por elfos (ancestrales estaba segura), que cuchicheaban con el "grandioso" Fen'Harel e iban y venían.

El tercer día de nuestro distanciamiento, uno de los chambelanes (creo que era Thradem) había ido a buscarme porque el "gran" señor del palacio requería mi presencia. En lugar de actuar como una niña, me vestí como cualquier otro día y me presenté ante él. Para mi sorpresa, el "grandioso" Fen'Harel no solo había requerido mi presencia, sino también la de Toro, Varric y Mae. A su lado estaba la Excelsa Encantadora, Dilghalen. La mujer estaba de pie a su lado, él estaba sentado sobre el dichoso trono, sin embargo, cuando nos hicimos presentes, tuvo la decencia de ponerse en pie y evitar que lo tratáramos como la divinidad que siempre se había negado a reconocer que le encantaba parecer.

- Buenos días. - nos dijo, con su semblante serio y sus encantadores modales característicos.

Farsante... traidor... otra vez traicionabas mi amor... Miré hacia abajo y me obligué a controlarme.

- Hola, Risitas. - bromeó Varric.

Solas nos invitó a tomar asiento alrededor de la mesa. Supongo que era un modo de mostrar que nos consideraba iguales, y no por debajo de su "divinidad". Así lo hicimos. - Bien... Creo que es hora de que hablemos sobre algunos temas que nos compete como thedestres y por las razas que cada uno de nosotros representa.

- ¿Thedestres? - intervino Mae, sorprendida por el hecho de que él se hubiera incluido sobre aquella definición.

- Si pretendo vivir en Thedas, debería comenzar a considerarme uno.

- Que te consideres no te trasforma en thedestre, Solas. - dijo la maga, yo estuve de acuerdo. - Tú eres de Elvhenan. Sin embargo, agradezco el intento.

- No discutiremos semántica. - le cortó en seco. Dilghalen trajo una jarra con alguna bebida helada en su interior y la dejó entre nosotros. Luego trajo vasos y los acomodó también, finalmente se sentó al lado de Solas. Vaya, no me había dado cuenta de que él contaba con su prostituta personal. Suspiré. Estaba siendo injusta con la elfa. Simplemente estaba tan enojada con él, y me molestaba con ella. Quizás ni siquiera se habían acostado. Quizás sí. Sentí que mi rostro se enrojecía por la rabia. Varric y Toro se sirvieron lo que fuera que había en la jarra y bebieron, mientras Solas se disponía a hablar.

- Hace unos años - comenzó aquella hermosa voz que me destrozaba - los Qunari decidieron que la magia del Sur requería una intervención del Qun. - miró a Toro. - Luego de la aparición de la Brecha, estuvieron seguros de que en el Sur no se podía controlar de forma segura la magia. - Toro asintió. - Quizás tú podrías esclarecer los pensamientos de aquellos tiempos, Toro de Hierro, puesto que aún formabas parte de la filosofía del Qun.

Toro resopló. Yo sabía que Solas estaba jugando con nosotros. Quería información, por ello nos daría un poco de la que él poseía. Pero primero, quería escuchar una confesión por parte de un verdadero Qunari. Toro no era tonto, pero también sabía que era Tal - Vashoth, así que, más le valía tener de aliado a Fen'Harel, porque la otra opción era morir en esta guerra. - No lo sé, Solas... Es cierto que no soy Qunari, pero hablar de los planes del Qun no me parece correcto.

- Entonces lo diré yo y tú me corregirás si hace falta. - lo interrumpió Solas. - No hace falta que tu corrección acarree la verdad, solo dime si estoy equivocado. Pero no delates las verdaderas intenciones del Qun. - Toro asintió. - Cuando apareció la Brecha en el año 9:41 del Dragón - comenzó él y pude notar la mirada inquisitiva de Varric. El enano estaba intentando prever en qué momento del relato Solas nos mentía o intentaba manipular, puesto que ya no se creía la imagen del pobre elfo forastero que despertó en Thedas: había comprendido (al igual que yo, tres días atrás) que era despiadado. Toro por otro lado, no decía nada con su semblante. Estaba relajado, su postura tranquila. O no creía que Solas fuera capaz de todo, o jugaba del mismo modo que lo había hecho durante sus épocas en el Qun (y era lo más probable); Maevaris, por el contrario, lo miraba fascinada, del mismo modo que lo habíamos visto todos nosotros en un principio. Ella no estaba acostumbrada a escuchar su sabiduría, así que estaba rendida a sus palabras (como nos había pasado a todos, no podía culparla). - los Qunari se vieron obligados a acelerar la decisión de invadir, finalmente, el Sur. - nadie dijo nada, así que él siguió: - No era una novedad para nadie las intenciones de los Qunari de invadir las tierras sureñas en algún momento. La última vez lo que habían hecho fue durante la Era de Acero y duró hasta la Era de la Tormenta, cuando finalmente en Rivain se firmó el Tratado de Llomerryn, mediante el cual se firmaba paz entre los reinos del Centro y Sur y el Qun. Por supuesto que, Tevinter se negó a firmar. Por ello y desde entonces, a través de Seheron y Par Vollen ha habido pequeñas invasiones a lo largo de los años.

> Hablemos con honestidad. La decadencia del Imperio de Tevinter en parte, se debe a las constantes guerras con los Qunari. Situación que ha permitido crecer en poderío al resto del Sur, quienes no han lidiado con los gigantes grises gracias a que Tevinter es la primera línea de ataque. - miró a Maevaris.

- Tienes razón. - dijo la maga tevinterana. - El poderío de estos días en el Sur, se lo deben al Norte.

- Bien. Leliana y su Gloriosa Marcha, o intento fallido de tal contra los Qunari en Tevinter, le habría valido la ruptura del Acuerdo de Llomerryn. Sin embargo, dado los acontecimientos que se sucedieron en Minrathous que ya conocemos, los Qunari nunca llegaron a saber que las intenciones del Sur habían sido faltar al tratado firmado. Para lo que a ellos respecta, el Sur sigue respetando la paz firmada.

> La idea de Leliana había sido asistir a Tevinter, lograr acuerdos cooperativos entre el Imperio y los grandes reinos del Sur contra Hain, Anaris, Fen'Harel y los Qunari, ¿me equivoco? - ahora miró a Varric, quien sabía más sobre aquellos asuntos.

- Vaya, Risitas. No me dirás que estabas al tanto de todas las reuniones secretas que habíamos mantenido con Su Perfección para trazar este plan.

- No sé si he estado al tanto de todas, pero sí de varias. - aclaró. - Ahora, por favor, maestro Tethras, me gustaría que me aclararas las intenciones de Leliana cuando llevó todo el ejército del Sur al Norte sin previo aviso.

- Y quizás podrías decírnoslo, tú. - atacó sutilmente Varric. - Después de todo, nos has dicho en el interior del Bosque de Arlathan que habías estado jugando con Leliana, ¿no? Así que, la desinformación que le has dado, es la que ha traído como consecuencia sus decisiones. Sería un buen momento para que compartieras lo que tú sabes y yo te pudiera corregir, si es que tu red de espionaje te ha dado información errónea. - Solas le sonrió.

- Me parece justo. Solo quiero aclarar que no me hago cargo de las decisiones tomadas por Leliana. - dijo él. - De acuerdo: seré yo quien hable y ustedes me dirán en qué momento me he equivocado con la información recabada con mi red de espionaje... - agregó Solas. - Comenzaré por el principio, para que puedan comprender mis decisiones, acciones y hablemos de posibles consecuencias, ¿qué les parece?

- Que ya era hora de que habláramos sobre esto, Solas. - sentenció, ahora sí, totalmente serio, Toro.

- Totalmente de acuerdo. Estoy impaciente por empezar a trazar el plan para salvar Thedas y teniéndote de aliado. - dijo Varric.

- Lo mismo. Comienza de una vez. - pidió Maevaris.

- Bien. - Solas nos sonrió. Yo no decía nada. Quería dejarme sorprender, una vez más, por su capacidad de manipulación global. - Como ya les he dicho, desperté en Thedas en el año 9:40 del Dragón, es decir, un año antes de la explosión en el Cónclave, la muerte de la Divina Justinia V y la aparición de la Brecha sobre el cielo de Thedas. - asentimos. - Lo primero que hice, luego de desconcertarme por la verdad sobre las consecuencias de la creación del Velo, por supuesto, fue estudiar la historia de este mundo, que ustedes bien la conocen - volvimos a asentir - así que, me limitaré a nombrar los eventos que conciernen a lo que deseo aclarar. - Menos mal que no nos mintió: solo hablaría de aquello que le interesaba que nosotros supiéramos, de sus otras verdades, por supuesto que no.

> Sabemos que se dice que los Qunari llegaron al Continente "a través" del océano pero, ¿cuál es el origen de la raza? Se desconoce.

- ¿Tú lo desconoces, Solas? - interrumpió Toro, y yo sonreí. El Qunari era agudo, Solas no había dicho "lo desconozco", sino "se desconoce". Solas miró al Toro de Hierro.

- Supongo que esperan honestidad de mi parte... - suspiró. - Toro de Hierro... No lo desconozco. Es decir, no podría darte afirmaciones taxativas, pero sí tengo teorías bien respaldadas por mis conocimientos sobre el origen real de tu raza. - todos suspiramos totalmente sorprendidos. Por dos cuestiones: una que Solas ¡¡conocía el verdadero origen de los Qunari!! Y otro, que nos había dicho la verdad. Quizás por primera vez.

- Oh, Solas... dime el origen de mi raza.

- Ya llegaremos a ese punto en otro momento, Toro de Hierro. - lo apaciguó Solas. - Por el momento, no es lo que nos tiene aquí reunidos.

- No puedes esperar que deje pasar esto que nos has confesado.

- Espero que lo hagas y lo harás. - sentenció Solas. - No hablaré del origen de tu raza. No por el momento, al menos.

- Si conoces el origen de los Qunari tiene que estar en relación con Arlathan. - rápidamente Toro razonó todo lo que lo habíamos oído decir a Solas durante años. - Porque tú afirmas haber despertado por primera vez en Thedas en la Era del Dragón, donde ya existíamos nosotros. Cuando te preguntamos acerca de engendros tenebrosos, siempre te excusas diciendo "no existían en mis tiempos, no puedo dar respuestas". Si puedes dar respuesta al origen de mi raza ¡¡se encuentra en relación con la puta Arlathan!

- ¡¡Por ello vimos seres similares a los Qunari en las paredes del Templo de Ghilan'nain!! - exclamó Maevaris. - En la primera sala, donde estaba el Sol Radiante ¡¡Porque existieron ya en tu época!! - Solas resopló y los miró molesto.

- No he venido a discutir el origen de los Qunari con ustedes ahora. - sentenció, rabioso. - Luego hablaremos, Toro de Hierro, cuando lo desees. No ahora...

> Continuando con lo anterior - retomó el hilo relator, Toro suspiró exasperado, pero dejó que siguiera: - En la Era de Acero los Qunari se asentaron en Par Vollen en un gran número y casi lo conquistaron. Luego en el año 6:32 del Acero, invadieron la Isla Seheron y las costas de Rivain y, cerca de esa fecha, comenzó la primera guerra contra los Qunari. - si debía ser honesta, no sabía demasiado sobre la historia de los Qunari, así que, en esta parte del relato, lo miraba embobada del mismo modo que lo hacía Maevaris, aunque suponía que la tevinterana sí que sabía aquella historia. - Cerca del final de esta era, en el año 6:85, Tevinter logró debilitar lo suficiente las tropas Qunari, para forzar una retirada. - Mae sonrió, orgullosa de la historia belicosa de su Nación, como todo tevinterano, a decir verdad. Más allá de que, aquella retirada forzada, significó miles y miles de vidas. - Durante estos períodos de guerras contra los Qunari, sucedió algo poco frecuente: el cisma de ambas Capillas, Imperial y Andrastina, unieron fuerzas para vencer un enemigo común. Provocándose tres Gloriosas Marchas, con el objetivo de derrotar a los creyentes del Qun. - dijo Solas. - Finalmente, ya en la Era de la Tormenta, en el año 7:84, finalizó la Tercera Gloriosa Marcha contra el Qun, obligándolos a retirarse hacia el único asentamiento vigente sobre el Continente... - Solas invitó con la mirada azulina a Toro a nombrar dicho asentamiento.

- Kont-aar. - dijo Toro. - En el norte de Rivain y que actualmente se considera un asentamiento Qunari pacífico. - Solas asintió.

- Así es. Bien, me quisiera detener un poco en este punto. - nos invitó a prestarle un poco más de atención que la que ya le habíamos destinado a Solas. - Durante estas guerras, los Qunari invadieron el Continente a través de sus acorazados, ¿no es así, Toro de Hierro? - Toro asintió. - La flota Qunari es conocida como la mejor en todo Thedas, así que, es temeraria, desde luego. Es decir que el Qun cuenta con superioridad naval sobre el resto de los reinos del Continente. Su flota naval adoptó el nombre Felicisima Armada, ¿no? - Toro asintió una vez más.

> Bien. Más de 300 años atrás, los Qunari invadieron las tierras del Continente pero se encontraron con un gran número de thedestres que le plantaron cara a dicha invasión. Es decir, Norte y Sur, Capilla Imperial y Capilla Andrastina unidas por primera vez (y última vez) para obligarlos a ceder terreno. Pero lo que en verdad les dio ventaja sobre los Qunari no fue solo la igualdad numérica de guerreros, sino algo más... ¿qué fue? - nos miró a cada uno de nosotros, para ver sin contábamos con aquella respuesta. Cuando nadie habló, siguió él: - La magia... - nos sonrió. - Los magos del Continente estaban muchos más desarrollados en temas arcanos que los Saaberas de los Qunari... quienes sabemos, sufren horrendas mutilaciones en el Qun... - todos pensamos en sus palabras. Era cierto, nuestros magos destrozaron con fuego, tormenta, hielo y roca, los acorazados Qunari, y a los mismos gigantes grises. Sin magia, quizás hoy reinaría el Qun en nuestras tierras. - Y teniendo en cuenta esto... Me veo en la obligación de frenar aquí mi relato. - Solas miró a Dilghalen, la elfa le sonrió y nos miró a nosotros.

- Buenos días. - nos habló por primera vez. - Como Solas les ha dicho, mi nombre es Dilghalen, soy una elfa ancestral, es decir que he vivido en Arlathan y he formado parte de la Rebelión de Fen'Harel, comandando sus guerreros arcanos y bajo el rango de Excelsa Encantadora. - todos la miraron con atención. - Por supuesto que, esto, me transforma también, en somniari. - nos sonrió. - Actualmente, ejerzo la misma función que en el pasado. A los magos tanto de Elvhenan como Thedas, les enseño las técnicas de dirth'ena enasalin, es decir, los conocimientos que nos guiarán a la victoria.

> Antiguamente, nuestros magos, denominados también como "guerreros arcanos", sirvieron como guardaespaldas o campeones de los nobles elfos. Imagínense el poder que manejábamos y la seguridad que brindábamos. Recuerden que el Elvhenan, el poder era codiciado por casi todos... y nosotros formábamos parte de la élite de la nobleza. - ella suspiró. - En un mundo sin Velo, nosotros interactuábamos con los espíritus de forma tan íntima, que incluso podíamos burlarnos de nuestro cuerpo físico. Éramos capaces de envidiables hazañas. Pero nunca olvidábamos nuestro honor. Por sobre todo: lealtad y honor.

- Fueron la viva encarnación de la voluntad permitiendo a la mente manifestarse en nuestro mundo. - dijo Solas. Ambos se miraron y noté muchísima confianza en aquella mirada y no pude evitar preguntarme cuán íntimamente se conocían aquellos dos... - Sus mentes moldeaban sus cuerpos y gracias a la íntima conexión con el Más Allá, resultaron el arma perfecta. - la voz de él sonó nostálgica, como siempre que recordaba el pasado. - Por estos días, los remanentes de las técnicas de dirth'ena enasalin de mi pueblo se recuerdan en la especialización de Caballero Encantador... - nos aclaró Solas. - Se dice que aquellas técnicas fueron creadas por los magos de mayor confianza de la Capilla - su rostro se tensó - Fue extraído de mi pueblo... de nuestros guerreros arcanos. Pero no importa, que perdure algo que nos perteneció, aunque fuera de modo tan diferente... es un pequeño consuelo. - afirmó. Luego de un tiempo en silencio, volvió a hablar:

> Actualmente, no podemos lograr semejante sutileza arcanas en nuestros magos, ya saben, por la presencia del Velo, pero lo intentamos. Y lo mejoramos poco a poco. - Solas miró a la Excelsa Encantadora.

- Intentamos quitar los miedos a los magos thedestres respecto al Más Allá, otorgándoles medios seguros para interactuar con los espíritus y aceptar sus fuerzas. Es un trabajo lento y arduo, ustedes temen por sobre todo al Más Allá... pero vamos logrando de a poco apaciguar dicho temor.

> Tengo bajo mi mando algunos Caballeros Encantadores, que me han enseñado el modo en el que interactúan con el Velo y el Más Allá, así que, nos hemos concentrado en buscar un punto medio para lograr excelencia entre nuestras tropas.

- Y no con pocas bajas. - sentenció Solas. Yo lo miré sorprendida. - Muchos magos se someten a la posesión demoníaca. Pero intentamos ayudarlos en todo lo que está al alcance de nuestras manos. - me aclaró. - La idea, es formar un ejército arcano como antaño. Capaz de rivalizar contra los Qunari, - miró a Toro - y por supuesto, nuestro enemigo.

- ¿Los Qunari son considerados enemigos para ti, Solas? - quiso saber Toro.

- Por supuesto. - aclaró él. - Sin embargo, si he de ser capaz de salvar a las razas de Thedas, incluiré en la salvación a tu raza, Toro de Hierro. No te preocupes. - Yo lo miré y repetí sus palabras en mi mente: "si he de ser capaz de salvar a las razas de Thedas" ... él ya me había advertido, entre gritos, que no sabía si sería capaz de salvarnos a todos ¿A qué se refería cuando decía aquello?

- Gracias, Solas.

- Bien, volviendo al tema que nos compete... - Solas inició una vez más su complejo razonamiento. - Sabemos que, durante la celebración del Glorioso Concilio en Halamshiral en el año 9:43, la Inquisición pudo detener el Aliento de Dragón, el plan que la Viddasala pensaba llevar a cabo sobre Thedas para dar inicio a una invasión en Tevinter. - dijo Solas y nos miró, nosotros asentimos. - La idea de la Viddasala había sido explotar el Palacio del Invierno y el Palacio de Denerim usando grandes cantidades de gaatlock, asesinando en consecuencia a Su Perfección, Divina Victoria, por aquellos días y un gran número de nobles de todo el Continente, incluyendo los embajadores de los reinos más importantes, que habían asistido a dicha celebración. Sin dejar de mencionar, por supuesto, a los miembros de la Inquisición. - Solas nos miró. - De ese modo, pretendía sumir el Sur en caos e invadir, finalmente y a gran escala, Tevinter y el resto de los reinos.

> Pensaba hacerlo a través de la red de los Eluvians, que por supuesto, ahora me pertenecen y de ese modo, contar con la posibilidad de mover numerosas cantidades de tropas Qunari hacia el Continente y obligarlos a "unirse" a la filosofía del Qun al resto.

> Sin embargo, al verse sus planes desbaratados, solo pudieron continuar adelante con la movilización de sus tropas a través de sus acorazados, como ya lo habían hecho durante la Era de Acero y de la Tormenta. Aún así, la invasión a Tevinter ya ha comenzado y actualmente Ventus y Carastes, se encuentran bajo asedio Qunari. - Toro y Mae lo miraron completamente sorprendidos. Solas asintió. - Así es. El Imperio de Tevinter se encuentra sumido en el politiqueo y la presencia de Hain sobre sus puertas. Los "engendros tenebrosos" que los invaden de tanto en tanto, suman al alboroto. Aunque yo tengo mis dudas respecto a la naturaleza de estos mencionados "engendros tenebrosos".

- Lo que significa... - invitó Varric a que aclarara sus ideas.

- No creo que se trate realmente de una Ruina. - dijo Solas. - Creo que se trata de Magia de la Ruina, sí, pero no han corrompido ni a Razikale ni a Lusacan, aún. Sin embargo, bien podrían estar tratando con el Arquitecto u otro Magister Sideral corrupto. Recuerden que eran siete y ya hemos tratado con Corifeus. Quien mostró amnesia retrógrada con respecto a su vida pasada antes de asaltar la dichosa Ciudad Dorada... Es decir, jamás mencionó las épocas en las que había sido Sethius Amladaris, solo su recuerdo del asalto a la Ciudad Dorada y los eventos posteriores. Creo que recuerda sus épocas como Corifeus, solamente, aunque son éstas conjeturas.

> De cualquier modo, quiero aclararte, principalmente a ti, Maevaris, que Andratus Galaar, defensor de las puertas de la Capital de Tevinter, se encuentra desaparecido, por lo tanto, la política en el Magisterio se encuentra sumida en el caos. Él había sido responsable de mostrar sensatez sobre las decisiones políticas en el Imperio durante este último tiempo... sin él, temo por Tevinter.

- ¿Andratus está desaparecido? Es decir que ellos no saben que él está en los Caminos de las Profundidades junto con Bianca, ¿no? - Mae miró a Varric. - O por lo menos, aquello nos había dicho Honestidad. Tenemos que ayudar a Andratus. Buscarlo, no sé...

- Sí, lo haremos. - afirmó Solas. - Pero primero necesito que Onnär y la Heroína regresen a mis dominios para poder adentrarnos a los Caminos de las Profundidades.

- ¿¡Praianna está viva!? - exclamó Mae. - ¿Y Dorian?

- Recientemente me he comunicado a través de los sueños con Onnär. - nos comentó Solas. - Para ser más preciso, anoche... - me miró y me pregunté por qué había aclarado que era tan reciente la información que estaba por compartir con nosotros. - Han sobrevivido algunos de nuestros compañeros y están con él. El grupo de sobrevivientes incluye a Cassandra, Leliana, Cullen, Dorian, Praianna, Nolan y Onnär...

- ¿Nolan? - preguntó Toro. - ¿No es el elfo que había engañado a Leliana?

- ¿Cullen? - pregunté yo con sorpresa.

- Sí, en respuesta a ambas preguntas. - dijo Solas. - Se dirigen hacia mis dominios con... un grupo interesante de humanos. - en su rostro vi una expresión de desprecio, no era algo que le había agradado que sucediera. - Después veré cómo lidiamos con humanos entre elfos...

Varric rio. - Si quieres salvar a todos, debes empezar en algún momento.

- Lo mismo me ha dicho Onnär. - susurró Solas. Luego nos miró. - Volviendo al tema de Andratus Galaar. Aparentemente en Minrathous no saben nada de su paradero actual y nosotros solo sabemos lo que Honestidad nos dijo. Así que, la Cámara del Senado se encuentra dirigida por la patética visión de Fostan Driel, lamentable representante de tus tierras. - Yo no tenía idea de quién era ese Fostan, y pensar que había estado en Minrathous durante bastante tiempo y ni siquiera me había molestado en aprender sobre la política, me hacía sentir una idiota. Por aquellos tiempos había estado jugando a coquetear con Solas en el Más Allá y Cullen en el Círculo... Argh, suspiré molesta conmigo misma. - Fostan Driel y la Cámara del Senado ha sesionado para sumir en la esclavitud a Tevinter, como hacía mucho tiempo no se había visto. - aclaró Solas. - Se ha determinado por la "honorable" Cámara del Senado que todos los últimos hijos de los soporatis de Tevinter, en su totalidad, no solo Minrathous, deberán ser comprados por familias altus y maeses. Todo aquel que se oponga a dicha reglamentación, será incinerada la familia entera de soporatis en la Plaza del Dragón... - Yo resoplé con sorpresa, Solas miró a Mae. - Comienzan a parecerse a los Evanuris, tus compatriotas. - Ambos se dedicaron una mirada molesta, pero Mae no podía defender semejante acto deplorable. - Imagina el futuro que me encantaría otorgarles. - se burló Solas. - Por suerte para ellos, no soy un dios... no está en mis manos impartir castigo... - hubo silencio entre todos, por el tono de la voz de Solas, estaba muy molesto.

> Además de semejante reglamentación cobarde y patética - continuó hablando - han determinado que todos los liberatis pierdan su condición lograda y vuelvan a ser comprados para la servidumbre... - hizo una pausa, muy molesto, pero siguió - Han recuperado los documentos pertenecientes a maese Danarius y han comenzado a grabar marcas de Lirio en el cuerpo de los esclavos, como lo hicieron con tu amigo, Varric, Fenris...

- ¡Por las tetas de Andraste! ¿En serio? Fenris lo odiaría.

- De eso ya me estoy encargando yo, no se preocupen. - afirmó Solas.

- Oh, me da miedo, Risitas ¿Qué estás haciendo?

- Nada que tenga por objetivo discutir en esta reunión. - Solas suspiró. - Así que, sí. Me encantaría tener una charla con Fostan... - le dijo a Maevaris. - Por supuesto que, de momento no lo haré, pero quisiera que volvieras a Minrathous y reclames tu posición en el Senado. Actualmente, eres considerada traidora del Imperio, al igual que Dorian, Cullen y Elentari... - me miró. - Pero Gammel aún está allí dentro - Solas la miró - tengo entendido que es Lucerni, ¿no? - Mae afirmó con sorpresa. - Claro que, si llegamos a decidir que volverás a Minrathous lo harás con mi protección. No iré a tu lado, por obvias razones, pero irás con algún guerrero arcano, incluso quizás, nuestro Excelsa Encantadora. No permitiría que te sucediera algo.

- Gracias, Solas. - dijo Mae. - Sí, quiero ir a mi Nación. Y romperle los huevos al idiota de Fostan...

- Maese Amella Pernia del Círculo de Hechiceros de Vyrantium está aliada a Fostan Driel, asumo que lo sabías - Mae asintió - mientras que los maeses Ivanee Krastium y Krager Rinius se mantienen bastantes neutrales en sus opciones. - Solas volvió a mirarla. - Krager Rinius es quien han puesto en tu reemplazo. Si es un hombre sensato, supongo que podría comprender que lo mejor sería hacerse a un lado. Si no, puedo encargarme de otra forma. Sería sencillo para mí quitarlo del medio. En cuanto a la casa Krastium... he oído unos rumores... mmm... - buscó qué palabras usar al respecto - "interesantes" respecto al antiguo maese Revic Krastium.

- Eh, sí... Es una familia excéntrica... muy excéntrica entre los altus en Tevinter... - dijo Mae. - Y sí, Revic falleció después de someter a su mansión a ocho días de espeluznantes sucesos y sus hijos y su esposa no volvieron a ser los mismos desde aquel evento... Ivanee es bastante... sádica... por decirlo de algún modo. En cuanto a Nalia, la hija del medio, pues es considerada una "loca" en el sentido de es "rara", todo el tiempo dedica a estar metida en el jardín de la mansión Krastium y el hijo menor hace años abandonó su hogar. - Pero lo que quiero saber, Solas, es ¿cómo asesinarías a Fostan? - preguntó Mae, yo miré hacia la mesa... me estaba acostumbrado a esta nueva faceta del Solas asesino.

- Es mi problema cómo. Lo importante es que sería totalmente efectivo. Moriría sin grandes escenas, sin sospechas y listo. Tendrías tu honorable puesto libre una vez más...

- Si es necesario, lo haremos, Solas. - dijo Mae. Yo les dediqué una mirada a ambos... y sentí algo de rabia.

- Por supuesto, pero no tengo nada en contra de ese mago y no se debe quitar vidas a la ligera. Solo si necesario, se hará.

- Intentemos no ir asesinando a la gente, ¿no? - pidió Varric.

- Por supuesto, lo intentaremos, maestro Tethras... - aclaró Solas. - Bien, esa es la situación de Tevinter, para que estén al tanto.

- Hay algo que no has mencionado, Solas. - dijo Mae y lo miró, él a ella. - Sabes muy bien lo que el Magisterio sabe acerca de los intereses de Fen'Harel y un ídolo de Lirio Rojo que ha desaparecido. - Solas le sonrió.

- No he venido a discutir el paradero del ídolo de Lirio Rojo con ustedes en estos momentos. - miró a Varric. - Y antes de que hagas preguntas: sí, es el mismo ídolo que volvió loco a tu hermano y la Comandante Caballero Meredith en Kirkwall. - Luego miró de forma muy intimidante a Maevaris. - Lo único que diré - y miró después a Varric - es que ese ídolo es mío... - Mae y Varric lo miraron con gran sorpresa. - Es  ídolo y nadie más pondrá una mano sobre algo que me pertenece.

- ¡Solas! ¡Eso es puta Magia de la Ruina!

- Sé de memoria lo que es, Varric. - dijo Solas. - Pero sea lo que sea en Thedas... Lo necesito.

- ¿Para qué? - quise saber.

- Solas, ¡nada bueno sale de la Magia de la Ruina tú mismo lo has dicho! - se exasperó Varric.

- No me van a enseñar ustedes qué riesgos tomo interactuando con el ídolo. Solo quiero que sepan que ni Tevinter, ni los Qunari ni los espías de Ruiseñor se harán con mí el ídolo, porque me pertenece y es una de las piezas necesarias para salvar este mundo.

- ¿Sabes a quién suenas? - se molestó Varric. - ¡¡A mi hermano!! Obsesionado con ese ídolo, ¿qué es toda esta mierda de mí ídolo, Solas?

- ¿Salvar este mundo? ¿De qué hablas Solas? - preguntó Toro.

- No hablaré de nada más. Damos por finalizada la reunión. - sentenció Solas, poniéndose de pie. - Cuando sea momento, sabrán más sobre mis actos. Por el momento, solo quiero que sepan esto que les he dicho. - miró a Mae. - Cuando estés en el Imperio y vuelvas a ser miembro del Magisterio, diles a tus compatriotas que no pierdan el tiempo con el ídolo.

- ¿Ya está bajo tu poder? - preguntó la maga. Solas asintió y se retiró de la sala, seguido por su Excelsa Encantadora.

Yo me puse de pie y fui detrás de ambos. Estaba molesta con Solas, pero simplemente no podía dejarlo solo, menos aun cuando comenzaba a sonar como un delirante. Y no podía ni podría dejarlo, porque él ya no estaba solo, me tenía a su lado, pasara lo que pasara...

Dilghalen se había prendido de su brazo y le estaba susurrando algo al oído justo cuando los interrumpí. Lo tomé del brazo y él se detuvo. - ¿Me dejas hablar en privado con él? - miré molesta a la elfa, ella asintió, miró a Solas y solo cuando él asintió, ella se retiró. Yo tiré de su brazo y salimos fuera de la Sala. Caminé hacia otra habitación, abrí la puerta y lo obligué a entrar a mi lado.

Solas me miraba molesto, pero al mismo tiempo curioso, no sabía qué locuras estaban cruzando por mi cabeza. Cerré la puerta detrás de nosotros. No tenía idea de dónde había ingresado, parecía una especie de oficina o algo por el estilo. - Solas, ¿qué sucede? - rogué que hablara conmigo. - ¿Por qué actúas de este modo? ¿Qué es eso de interactuar con Magia de la Ruina? Siempre dijiste que era una locura hacerlo, ¿y ahora lo haces?

- No piens... - llevé mi mano sobre sus labios y no le permití hablar.

- Espera. Sé que no quieres darme explicaciones de ningún tipo, sé que me has pedido espacio y tiempo. Y te lo estoy dando y continuaré dándotelo. Pero por favor, sé coherente, sé razonable. No puedes decir que tienes el ídolo de Lirio Rojo y pretender que mi corazón no se destroce. Solas... - lo miré afligida. - Eres importante para mí, no quiero verte cometer errores irreparables, no porque no puedas hacerlo tú o incluso yo. Sino porque temo que no serás capaz de soportar otro error a gran escala. - ambos nos miramos en silencio. Él con mi palma sobre sus labios y yo suplicante... No sabía cómo hacerlo entrar en razón, estaba totalmente enceguecido por un dolor que lo estaba derrotando. - Por favor, camina sabio, Lobo Rebelde... - usé las palabras que había mencionado Honestidad, con la esperanza de que, al recordar a los espíritus, controlara su corazón, aunque tan solo fuera un poco.

Saqué mi mano de sus labios y me lancé sobre él, rodeándolo en mis brazos. Noté su cuerpo tenso, sorprendido por la muestra de afecto a pesar de sus dolorosos esfuerzos por apartarme de su lado. Pero no lo haría: yo ya había estado en su lugar cuando él me había dejado. Ya había gruñido como un halla herida a mis amigos, y ellos me habían abrazado a pesar de los insultos y los malos tratos. Sabía perfectamente cómo se sentía Solas por la traición de la mujer que había amado... El hombre que yo amaba me había traicionado de la misma forma...

Al instante, sentí que él también me rodeó y apoyó sus labios sobre la piel de mi cuello, recostando su cabeza y pude percibir su dolor, su pena, sus lamentos. No me dijo nada, solo permitió que lo sostuviera. - No estás solo en esto, lobo. - le dije y noté que sonrió. - Aunque te encantaría no tener a todo este grupo de thedestres a tu lado, estamos y estaremos. Porque te apreciamos, porque lo vales, porque te queremos. Estaremos en tus aciertos y en tus fallas. Porque eso es la amistad y también la lealtad. - cuando dije aquella última palabra, sentí su cuerpo temblar sutilmente, apretarme en sus brazos un poco más, pero guardar silencio. - No voy a negarte que a veces me haces enojar, - él volvió a sonreír - pero estaré a tu lado a pesar de tus intentos por apartarme. - ahora yo dejé de abrazarlo y lo miré, acariciando su rostro, Solas continuaba sosteniendo mi cintura - porque soy tu Gran Sacerdotisa... - le recordé. - Porque el poder del Áncora yace en mi interior. Porque me necesitas para lo que sea que pretendas hacer.

- Lo sé... - su voz sonó melancólica. - Quisiera poder liberarte de mi camino...

- Tus acciones, determinarán nuestro futuro. Cometas un error o un acierto, yo estaré a tu lado. Y esta vez, el peso de las consecuencias, recaerá sobre ambos. Porque sin mí, no podrás llevar a cabo nada, Solas. - apoyé mi mano sobre su pecho y dejé fluir el poder del Áncora. - Porque yo poseo tu poder ancestral y porque sin él, no lograrás alcanzar la magnificencia pasada.

> Por lo tanto, lobo... camina sabio, porque tus errores serán los míos. Tus decisiones nos salvarán a ambos o condenarán en partes iguales.

- Pero al final... - dijo él. - igual moriré solo. - acaricié su rostro: morir solo. Su mayor miedo. - Lamento mucho todo esto, vhenan. Lamento el daño que te causo. No lo mereces... y yo tampoco te merezco. Te mereces alguien mejor que yo...

- Quizás. - le dije. - Pero no es decisión tuya el que yo siga a tu lado o no. Esa es mi decisión. Y tendrás que respetarla. - dejé de abrazarlo, tomé sus manos sobre mi cintura y me las quité, aun sosteniéndolas sobre las mías. Sentí un fuerte dolor en el pecho, porque en verdad, qué más quisiera yo que besarlo y decirle que todo estaba bien. Pero ya no sería su juguete. Solas me tendría a su lado, pero no aceptaría más sus golpes a mi corazón. Era momento de cuidarme y cuidarlo... pero sin olvidarme de mí misma. - Una vez me dijiste que la forma que adoptan los espíritus refleja las pasiones de este mundo... - apreté sus manos, para que comprendiera que sus propias pasiones, estarían modificando no solo su corazón y su mente, sino también a los mismísimos espíritus del Más Allá. - No vamos a sentir la ausencia de la rabia, el deseo... - lo miré - la desesperación o el arrepentimiento en el mundo despierto... - noté la expresión de dolor en el rostro de Solas, estaba comprendiendo todo lo que le decía. - Por ello no podemos menospreciar la presencia de un espíritu de la Fe, Compasión... - solté sus manos y toqué su pecho - ... o Sabiduría...

Vhenan... - susurró, con un profundo dolor en su voz y tomó mis manos, otra vez.

Me acerqué a sus labios, pero le di un beso sobre su mejilla. Sentí cómo su maná vibró por la cercanía con mi cuerpo. Quizás ambos anhelábamos con ardor besarnos, pero él me había lastimado, una vez más, de forma profunda. Esta vez, no volvería a sus brazos para que volviera a destrozarme, esta vez él tendría que comprender el valor que yo tenía... y si consideraba que yo valía la pena, recuperarme. De lo contrario, sería su amiga, compañera, Gran Sacerdotisa. Pero nada más.

Solas giró levemente su rostro y nuestros labios estuvieron muy cerca, se rozaron, sentí el calor apoderarse de mi cuerpo, el deseo casi incontrolable por besarlo y olvidarme de todo, perdonarlo como si él no me hubiera destrozado, otra vez. Sentí que él me besó, sus labios otra vez sobre los míos y el calor de su cuerpo y su magia sobre mi ser, apreté sus manos, que aún yo sostenía y llevé mi cuerpo sobre él, apoyándole mi abdomen y noté que él intentó liberarse de mis manos para abrazarme, pero no se lo permití. Yo también deseaba abrazarlo, quería fundirme en él y que vivir en otro mundo, otra realidad. Pero recordé sus gritos días atrás y su indiferencia glacial, que llegó después de aquella discusión. Así que fui fuerte, ¡creadores! no tenía idea de cómo lo logré, pero aparté mis labios de los suyos y le sonreí con muchísimo pesar, solté sus manos y aparté mi cuerpo del de él. Ambos nos miramos en silencio y supe que si seguía allí dentro, volvería a correr a sus brazos, así que abrí la puerta, pero antes de salir lo miré. - Cuídate, por favor. Y camina sabio, lobo rebelde. - luego me di la vuelta y salí de allí contrayendo todos los músculos de mi cuello para no girarme a mirarlo, dejé escapar el aire contenido por el momento vivido, cerré mis ojos y me obligué a mover mis pies, uno frente al otro, hasta que, finalmente, me encontré frente a mis amigos.

Ni una sola vez me giré para verlo. Ni siquiera vi si la elfa rubia esa lo estaba esperando...

Chapter Text

La noche estaba avanzada y otra vez no pude conciliar el sueño. Los recuerdos de Arlathan me acechaban sin piedad, una y otra vez ¿Qué había sido mentira? ¿Cuándo habían comenzado? ¿Alguna vez me había querido? ¿Alguna vez me había dicho la verdad? Y lo que más carcomía mi consciencia... ¿por qué? ¿Por qué Mythal me había hecho aquello? ¿Por qué me había usado? Yo... yo... realmente había pensado que me quería... Y... como un idiota... le había entregado mi vida entera. Si mi mejor amiga y amante me había traicionado entonces ¿tenía sentido volver a creer en alguien? ¿Para qué? Al final... nadie valía un centavo... nada valía ya la pena.  

Caminaba en los alrededores del palacio cuando él se acercó a mí. Sentí su presencia de inmediato y lo reconocí. Me giré y allí estaba, con sus cabellos rubios, la camisa mostrando los vellos de su pecho y una sonrisa amistosa, como era la del enano. Varric, si fuésemos amigos ¿también me usarías como todo el resto? ¿O aquello había sido solo una característica de ella? - Mira nada más a quién me encuentro deambulando por la noche. - dijo Varric y levantó un cuaderno que llevaba en su mano y lo agitó frente a mis ojos. - Adivina ¿qué? Estoy escribiendo una novela.

- Ah, ¿sí? Y ¿de qué se trata, maestro Tethras? - no iba a mostrar el dolor que carcomía mi corazón. Iba actuar como el elfo indestructible que todos creían que era...

- No, no, Risitas. No te lo puedo adelantar. Pero cuando lo tenga finalizado, te pasaré el borrador para que compartas conmigo tu opinión, ¿qué te parece? - sonreí cansando ¿Habría tiempo para que Varric terminara su cuento? ¿Estaría yo presente si lo hacía? ¿Seguiría siendo yo o, finalmente, Fen'Harel se adueñaría de mis pensamientos?

- Sería un placer. - respondí, sin embargo.

- Necesito ayuda con una parte del relato, ¿quieres acompañarme y me das una mano? - Sabía que el enano intentaba levantar mi ánimo, sabía que todos ellos lo intentaban y yo simplemente me negaba a aceptar la ayuda. Porque si les permitía, si lo volvía más personal, eso haría que los apreciara aun más e, inevitablemente, confiaría en ellos y cualquier traición dolería tanto como habían dolido las anteriores. Y ya no era capaz de tolerar una más. Ya no.

- De acuerdo, hijo de la piedra. - respondí, en cambio. Porque a pesar de temer apreciar más al enano, ya lo apreciaba lo suficiente como para sentirme a gusto con su compañía.

Caminamos en silencio e iluminados solo por la luz de la Luna y las estrellas. Había pensando que Varric ingresaría al palacio, pero por el contrario, me llevó hacia el interior de un bosquecillo y se sentó sobre la gran raíz de un árbol viejísimo, una hermosa haya. Levanté mis manos e interactué con la sutil belleza del Más Allá, adelgacé el Velo (mi Velo), y unas volutas de energía se presentaron frente a nosotros, tres para ser exactos y nos iluminaron. - Oh, vaya, gracias. Eso es útil.

Me senté sobre otra gran raíz exterior frente a él y contemplé la noche. - Risitas, - Varric acostó el cuaderno de anotaciones sobre su regazo, lo cerró y me miró. Por supuesto, no había solicitado mi ayuda, estaba más interesado en brindármela. - Todo esto que nos afecta... a todos, seres vivos, quiero decir... Entiendo que es un asunto personal tuyo. Tú eres quien tiene el poder de salvarnos, ¿no? - asentí afligido. No tenía más fuerzas para portar la máscara del orgullo esta noche. - No nos compete a nosotros, porque solo estorbamos en tu camino, ¿no? Somos una molestia, más vidas que debes cuidar y si llegaras a sentir afecto por nosotros, serían más vidas que lamentarías haber perdido, ¿me equivoco? - miré a Varric algo molesto. Por supuesto que no se equivocaba, y si lo comprendía, ¿por qué quería que hablara de ello?

- No, tan acertado como siempre, enano.

- Somos el "equipaje innecesario", eso que se puede dejar en mitad del camino cuando se quiere caminar con más ligereza, ¿no es así, elfo?

- Nunca dije eso.

- No lo has dicho con esas palabras. Pero lo has demostrado con tus actos. - dijo el enano. - Cuando las cosas son demasiados peligrosas, Elentari deja de ser alguien de vital importancia, rápidamente quieres que se aleje... Sí, quizás en el afán de protegerla, ¿pero sabes cómo se siente? Como equipaje innecesario. - me reprendió. - Los que retrasamos tu marcha, los que molestamos en el camino. Como te dije, aquellos que puedes dejar allí tirados, y seguir adelante, porque al fin y al cabo: la ausencia o presencia de nuestras vidas, no modifica la tuya ni tu destino. No modifica tu camino.

- No es así, Varric... - dije. - Por supuesto que la ausencia de ustedes a mí me afecta... Pero estén o no estén, debo seguir adelante. Debo cumplir con el camino que he caminado durante demasiados años en mi vida.

- Porque todo esto te afecta solo a ti, ¿no? Nadie te es necesario. Lo único que requieres es tu pena, tu dolor, tu sacrificio. La compañía te molesta, porque te estorba en la marcha. No esperas la ayuda de nadie, pero tampoco te molestas por solicitarla. Además, te gusta estar solo. Porque te has sentido solo la mayor parte de tu vida. - sentí una puntada en el pecho. El maldito enano estaba acertando con cada palabra. - Aunque te tengo que reconocer algo, Solas... - lo miré, molesto... pero en realidad estaba herido, porque estaba tocando las llagas de mi cuerpo, de mi alma... estaba apretando sobre las lesiones de mi consciencia que aun no habían cicatrizado, que estaban expuestas, al rojo vivo. - Tienes un verdadero talento para buscar gente.

- ¿Qué se supone que significa eso, hijo de la piedra?

- Aunque el mundo entero parece preocuparse por ti, tu desprecias a quienes queremos ayudarte, ¡mierda! a quienes te hemos llamado amigo, camarada, hermano. - me enfrentó. - Y aunque nos desprecias, seguimos apreciándote y nos volvemos a preocupar por ti, una y otra vez. Por eso admito, Solas, que tienes talento para buscar personas.

- No necesito ningún consejo de tu parte, Varric. - dije. - Mucho menos escuchar tus reproches.

- Claro que no. No necesitas ni consejos, ni reproches. Porque solo necesitas tu pena y tu misión. Solo te necesitas a ti, ¿no? Con eso es suficiente, porque de ese modo, no lastimarás a nadie, y nadie sufrirá las consecuencias del camino oscuro y sembrado de muerte que transitas, ¿o me equivoco, Solas? Todo solo debe afectarte a ti, ¿no? Porque para eso este es tu camino y de nadie más, y exige que lo realices en solitario. Solo tú. Entonces nadie puede decirte "te estás equivocando" o "me parece que esto no está bien". Total, si estás solo, puedes silenciar tu consciencia... puedes convencerte de que lo que haces es lo correcto... aunque finalmente no lo sea. - hubo silencio entre los dos. Me estaba hablando de la creación del Velo, ¿cómo podía el enano hablar con tantas certezas respecto a mis dudas? Las cuales, como decía, me eran privadas y mías ¿Acaso tan fácil leía a través de mis actos? Porque el maldito enano tenía razón: en Arlathan, cuando había creado el Velo, había dudado. Por ello, Mythal tuvo que "fingir" su muerte para obligarme a hacerlo. Tuvo que crear una situación desesperada para que corriera a cumplir con el objetivo... Pero yo, antes, había dudado de su creación. Luego, lo había creado, y después me había convencido de que era necesario. Y ahora, todo se había derrumbado porque, ¿realmente había sido necesario? - Los riesgos, el dolor, las amenazas, las heridas - siguió golpeándome con la cruda verdad el enano - el esfuerzo, ¡la lucha!, todo debe afectarte solo a ti y nadie más que a ti. Porque es el camino privado y personal de la búsqueda del perdón.

- Pero ¿qué dices?

- Es el castigo que debes sufrir por tus errores. Es el dolor que debes aguantar para ser perdonado. Es la culpa que sientes, la que te obliga a apartarte de quienes queremos permanecer a tu lado, Solas. Es la penitencia que tú mismo te has sentenciado.

> ¡Irónico! ¿no? - rio Varric - Aseguras no ser una divinidad, sin embargo, tú mismo decides cuál es el castigo que requieren tus actos. Y has elegido el camino de la soledad. Y te has mentido, diciendo que lo haces para cuidarnos. Pero no es cierto, Solas. Lo haces para herirte aún más, porque crees que lo mereces, porque crees que es tu merecida penitencia. Por tus errores. - otra vez sus palabras me dolieron. No pude ni siquiera responder a lo que Varric me decía.

> Y claro que semejante pecador, como tú te consideras, no puede permitir que alguien lo acompañe en el camino de la redención, ¿no? Porque si alguien estuviera a tu lado, el dolor sería menor, porque compartirías el peso de la culpa con un amigo o una amante. Y tú no mereces menos dolor que aquel que sientes, ¡por el contrario! Si pudieras sentir aun más sería mejor, porque eres el villano de la historia, eres la encarnación del error. Y tienes que pagar en solitario. 

- No es como dices... - respondí y me sorprendió oír cómo se quebró el sonido de mi voz al salir por mi garganta. Un nudo fuerte me asfixió y solo pude desviar la mirada sobre Varric.

- Porque crees que solo tú tienes deudas que pagar. Solo tú tienes errores que corregir y solo tú estás condenado, ¿no? Pero quiero que sepas algo: la necesidad de redención, de perdón, no son derechos que solo tú puedes poseer. No eres el único que se ha equivocado, ni lo serás jamás. Porque todos cometemos errores, y todos decidimos cómo vivir después de haberlos cometido.

> Tú quieres herirte, quieres flagelarte por lo que has hecho. Perfecto, es tu decisión y eres libre de hacerlo. Pero no creas que eres el único aquí con derecho a cargar con culpas. No creas que eres el único que debe sufrir sus penas.

> Todos tenemos ese derecho, y aislarte, alejarte de nosotros, no te transforme en un héroe... te hace un cobarde, querido amigo. - Tragué saliva y sentí que ya no podía tolerar esta conversación sin llorar. Y por nada del mundo iba a hacerlo. Así que, ataqué.

- Déjame solo con mi redención. - le dije y lo miré rabioso, intentando ocultar mi dolor en el orgullo. - Déjame solo con mi deuda. Porque como has dicho, me pertenece. Y jamás te he pedido ayuda. - Varric me enfrentó, con total seriedad, de esa que pocas veces había visto en el enano. - Déjame solo con mi culpa, pues es mía... Yo no te debo nada a ti.

- Si te dejo solo, como me pides, Solas... estarás en solitario con tu redención, tu deuda o culpa. Si te dejo solo, estarás perdido, querido lobo... Porque tú yaces perdido y sin horizonte. Crees saber cuál es el siguiente paso inteligente para derrotar al enemigo, pero lo cierto es que no tienes ni idea. Porque tú, aunque quisieras, no eres un lobo solitario. Muy por el contrario, eres un lobo líder... pero para ser líder debes tener una manada primero. Y a esa manada, debes proteger. Deja de intentar ser lo que no eres. No eres un ente solitario y pesimista. Eres un maldito realista que fantasea con animarse a soñar un poco más. Pero tienes miedo...

> Tus penas nacen por la culpa del daño que has causado a quienes no has podido proteger, porque eres la encarnación de la entrega al otro. Porque la importancia de tu vida radica en proteger a otros... aun que, en el proceso, te destruyes a ti mismo. - bajé la mirada y sentí mis ojos empaparse de lágrimas, apreté la mandíbula y controlé mis emociones. Mis puños se cerraron con fuerzas y no me atreví a mirarlo.

> Por suerte para ti, yo soy un narrador de historias. Soy un observador de la "gente". Lo he hecho toda mi vida. Y no pienso permitir que te destroces por ser un cabezota. - Sentí que el enano dejó su cuaderno sobre la gran raíz y caminó hacia mí. Apoyó una amistosa mano sobre mi pierna, yo desvié mi mirada, avergonzado por el dolor que me habían causado sus palabras. - Por suerte para ti, te considero un amigo. Y no pienso dejarte solo. Porque yo soy parte de tu manada... así que sí, Solas, ¿adivina qué? deberás protegerme, como a todos los que hemos decidido seguir en este camino rodeado de muerte. Pero aquí nos tienes, a tus amigos, a tu manada, a tus aliados. Aquí nos tienes. Y está bien que sientas miedo de perdernos, eso significa que nos aprecias. Pero quiero que sepas una cosa: el sentimiento es mutuo. Yo te aprecio, maldito elfo arrogante - sonreí, embargado por emociones - te aprecio y no me apartaré. Menos aún cuando más me necesitas.

- Otra vez... - susurré - encontré amigos... - lo dije con nostalgia. Y me animé a mirarlo, a pesar de que mis emociones estaban sobre toda la piel de mi cuerpo. - Otra vez, ¿por qué Varric? Es cierto lo que has dicho. Todo.

- Lo sé, Solas. Lo sé.

- Siento que no merezco que nada bueno me suceda, con todo lo malo que he ocasionado. Dime por qué vuelvo a encontrar personas que me apoyan, me siguen y me aprecian. Si no lo merezco.

- Quizás ese es el error, ¿quién eres tú para saber qué mereces? - me sonrió. - ¿Acaso eres un dios? - se burló y yo reí. Varric acarició mi muslo, pues yo permanecía sentado sobre la gran raíz.

- Varric... - agaché la cabeza una vez más. - Si algo te sucede a ti o a Elentari, Toro de Hierro... por acompañarme... tendré más sentimientos dolorosos por las pérdidas de amigos...

- Entonces prefieres perdernos, en lugar de animarte a transitar tu camino con nosotros a tu lado, ¿no? Pues déjame que te diga una cosa, lobo. Yo elijo seguirte, tú no me lo has pedido, ¿entiendes la diferencia? Te aprecio lo suficiente para estar a tu lado. Como aprecié lo suficiente a Hawke y como aprecio a Elentari. Permanecí al lado de ellas, porque las quería y esa había sido una decisión mía, personal. Y no me arrepiento.

> Hoy, yo elijo acompañarte. A pesar de lo terco y sombrío que eres.

- Gracias...

- ¡Anímate a aceptar alegrías, Solas! Ya sabemos todos los errores que has cometido y sabemos que estás a punto de cometer un montón más. Sabemos que tienes no uno, sino miles de secretos y que no nos cuentas la mitad de las cosas. Y aún así, estamos y estaremos.

> ¡Ja! Pero así es el mundo: todo lo que se construye, se desmorona. Lo que se tiene, luego se pierde para siempre. Y sin embargo, hay que seguir adelante. La opción es deprimirte y llorar o seguir. - rio Varric. - Aunque tengo que pedirte un favor.

- Adelante.

- No dejes que se sepa que nuestro lobo líder de la manada es un idiota lleno de remordimientos sobre su conciencia, nacidos por la incapacidad y el miedo que le genera tomar decisiones porque, aunque proclama no ser una divinidad, se siente como tal y cree que el mundo entero depende de él. - me guiñó un ojo. - Es hora de empezar a vivir como un ser mundano, Solas. Olvídate de las épocas en las que eras el Divino de la Sabiduría.

- Ahí es donde te equivocas, hijo de la piedra. - le dije. - El futuro del mundo depende de mí. - el enano me miró. - Porque se enfrentan al poder de los Evanuris, y solo con uno de nosotros en sus tropas podrían tener chances de sobrevivir.

- ¿Qué quieres decir con eso, Risitas?

- He despertado muy tarde, maestro Tethras. - le expliqué, por primera vez, algo de la verdad a un thedestre. - La Contención se encuentra notablemente dañaba. Los Olvidados han logrado liberarse. Al menos Anaris lo ha hecho, quizás los demás también. Pronto se producirá un episodio astrológico único que dará energía universal al Más Allá y con éste, Elgar'nan, dormido durante eras... volverá a despertar. Con Mythal como mi enemiga... solo podemos esperar una cosa. Que ella busque una alianza con él.

> Elgar'nan, ciertamente, me supera en poder arcano. Por lo tanto... si ellos desean volver y gobernar como antaño... la única esperanza que les queda... es conmigo, Varric. Realmente, no soy una divinidad, solo soy un lobo rebelde que ha decidido cambiar la estrategia del juego y se ha aliado a ustedes. Pero este lobo, es la clave para el futuro de la vida en Thedas.

- Con más razón, lobo. - me dijo Varric. - Con más razón te cuidaremos y estaremos a tu lado. Anímate a recostarte por nosotros, porque sí, podremos parecer indefensos y débiles. Pero nuestra fuerza radica en la unión del clan, de la manada. Elgar'nan podrá contra ti, pero no contra todos nosotros. - me guiñó un ojo y yo lo miré con sorpresa, porque esa perspectiva, jamás había pensado. Quizás era cierto. Quizás yo solo moriría en el enfrentamiento... pero todos juntos... si todos luchábamos uno al lado del otro, ¿podríamos vencer?

De golpe, Varric me devolvió un poco de paz a mi mente turbada. De golpe, sentí la loca necesidad de volver a confiar. De golpe, creí en mis propias palabras... Yo había cambiado la estrategia, del mismo modo en el que lo había hecho Elentari. Había decidido luchar por ellos y, con lo único que no comulgaba era con la posibilidad de morir en el intento, porque realmente, fuertemente, desesperadamente, deseaba que estos seres tan variados y tediosos, pudieran vivir... tuvieran el derecho de hacerlo, como lo habíamos tenido nosotros y lo habíamos arruinado en Elvhenan. Mythal me había traicionado, era cierto... pero mis amigos ancestrales jamás. Ordrel, Onnär, Galadh, Felassan, Taroth, Dil... ellos siempre habían estado, siempre me habían acompañado y jamás habían dejado de sostenerme... 

Le estaba otorgando demasiada importancia a Mythal... ella había sido solo... la mujer que había amado como nunca antes en mi vida... nada más... Y ahora mi enemiga. Era difícil digerirlo, pero podría hacerlo. Tenía que hacerlo. Debía volver a comenzar... por ellos... por Thedas...

- Por favor. - dije. - No escribas un libro sobre mí. - Varric rio.

- ¿Bromeas? Luego de todo esto, serás un héroe como Andraste gracias a mis libros. - yo sonreí.

- No, en serio. No quiero que escribas nada de lo que hemos hablado esta noche.

- En serio, Risitas, ¿crees que no me considero un ser libre? Puedo escribir lo que quiera. - me guiñó un ojo y ambos sonreímos. Gracias, hijo de la piedra... gracias por las palabras que me regalaste esta noche... No tienes idea de cuánto las necesitaba... o quizá, justamente... tenías toda la idea de que las estaba necesitando y por ellos me las has regalado. Muchas gracias... 

Gracias, Varric... - el enano dio unos suaves golpecitos sobre mi muslo. Los dos nos miramos y sonreímos... pactamos amistad y confianza. Con un enano... mi primer amigo enano. Extendí mi mano y Varric me la golpeó, quitándola del camino, se lanzó sobre mí y me abrazó. Los dos sonreímos y lo abracé también. 

- Un placer, Solas... un placer. 

Sentí los sonidos metálicos de alguien envuelto en armaduras acercarse donde Varric y yo estábamos. Me puse de pie, tranquilo, no esperaba enemigos en estos dominios, así que, cuando un soldado élfico se acercó a mí y me hizo reverencia, solo me limité a escuchar. Varric, por otro lado, ya estaba tomando sus anotaciones de la vieja raíz en las que había dejado, por si las cosas se salían de control.

- Fen'Harel... Onnär ha vuelto a los bosques de Arlathan con un grupo de... - miró a Varric. - ... humanos. - dijo finalmente. Ya lo sabía, Onnär me lo había advertido.

- Oh, sí.

- ¿Qué haremos?

- Nada. - dije. - Yo me encargo. Iré a recibirlos. - miré a Varric. - Maestro Tethras, ¿vienes?

- Pensé que nunca lo preguntarías, Risitas... ¡Por supuesto! - respondió con entusiasmo.

Chapter Text

Cuando ingresé a la Sala de Audiencias para desayunar algo rápido antes de buscar a Varric, Toro y Mae para caminar por los alrededores del palacio (una vez más), me encontré con un distraído Dorian llevando unas frutas de estación a la boca. Me paralicé, sentí que mis piernas se debilitaron. Él no me había visto, así que me dio tiempo a recuperar el aliento antes de correr sobre él y abrazarlo con un chillido agudo de alegría. - ¡¡Cariño!! - rio y me sostuvo sobre él, haciendo girar mi cuerpo. - Oh, cariño... anoche llegamos, no te quise despertar porque estabas dormida.

- Oh, Dorian... - yo acariciaba su rostro y las lágrimas recorrían mis mejillas. - Oh, Dorian, solo ayer supe que estabas vivo... - lo abracé con fuerzas y lo sacudí sobre mi cuerpo, besándolo sobre sus mejillas y él rompió en risas genuinas.

- Oye, me ofendes... ¿Quién te crees que soy? No soy fácil de derrotar. - yo reí también, aliviada por volver a tenerlo, por volver a tocarlo, abrazarlo... era mi Dorian, aquí, conmigo ¡Creadores! ¡Cuánto quería a este mago! - Oh, Dorian... creo que te amo. - le dije, él rio otra vez.

- Bueno, eso no es novedad. Es imposible no hacerlo, bella. Solo tu querido elfo oxidado es inmune a mis encantos... - nos miramos los dos. - Hablando de eso... ¿Cómo van las cosas con Solas?

- Mmm... Pésimo, como de costumbre.

- No lo puedo creer. - se burló. - Bueno, ya sabes quién ha vuelto también. - molestó.

Por fin, dejé de asfixiarlo y reí algo nerviosa, porque en ese mismo instante, supe que,como Dorian había insinuado, si él estaba aquí, también estaba Cullen y no sabía en qué sitio nos encontrábamos los dos en estos momentos. Para Cullen, Solas y yo no estábamos intentando nada... Y para mí... bueno, había querido intentar algo pero Solas me había tirado por la borda el deseo.

- Oh, sí... - murmuré. - ¿Sabes una cosa? - lo miré. - ¿Notas la diferencia del Velo aquí, en el palacio? - de inmediato cambié el tema.

- Por supuesto, me ofende que lo preguntes... Hay una fluctuación natural entre las fuerzas del Más Allá y la superficie. El Velo es muy delgado aquí - me dijo. - Supongo que este palacio está en este sitio no solo porque el terreno es vasto, sino porque facilita el uso de magia.

- Puede ser... - dije. - Solas...

- Aquí vamos de nuevo... - suspiró Dorian. - ¿Hablaremos de él? ¡De Solas! ¡Hacedor! - murmuró. - ¿Qué pasa con él? - sonreí, algo avergonzada por la notable molestia de Dorian, había querido decirle que lo notaba extraño, pero pensé que lo mejor sería no mencionarlo.

- Nada. Mejor vayamos a buscar al resto y no hablemos sobre él...

- El resto está fuera del palacio, conociendo el lugar. Ya han desayunado, yo he entrado porque ellos están llevando a cabo cosas de salvajes, ya sabes, de esas que incluyen atuendos estupendos arruinados y mi cabello alborotado. Pero por ti, cariño, podría ir fuera y mostrarte algo que te quitará el aliento. - yo lo miré sonriente.

- Ah, ¿sí? ¿Qué?

- Si te lo digo ahora, no te quitará el aliento, ¿no? - bromeó.



Cuando Dorian y yo salimos del palacio nos dirigimos hacia el sitio donde las tropas de los elfos solían entrenar día y noche, pero esta vez, a diferencia de otros días, había un tumulto de personas reunidas alrededor de "algo" que no podía apreciar desde la distancia. - Vaya, al parecer es todo un espectáculo, ¿no? Ha llamado la atención de todos los elfos... - dije.

Finalmente, Dorian se hizo lugar entre la multitud y me llevó hasta el centro del gentío y para mi sorpresa me encontré ¡¡con un grifo, por todos los dioses!! No pude esconder mi grito de sorpresa y corrí sobre aquella bestia emplumada de color negro como mis cabellos. Cuando iba a tocar al animal, éste siseó y lanzó su pico sobre mí (al parecer me había abalanzado con brusquedad sobre la bestia y la había asustado) - Oye, Tela, tranquila... - escuché la voz de Cullen, que estaba a su lado y mantenía al animal dócil. Él y yo nos miramos de nuevo. Fue como si en ese mismo segundo el tiempo se detuviera entre ambos. Nos miramos, intentando que todo resultara natural entre los dos: yo sin saber qué hacer con él y supongo que él sin saber qué hacer conmigo... El comandante sonreía, acariciaba al grifo y éste parecía sentirse seguro a su lado. Y a decir verdad, ¿quién no lo hacía? Cullen era un hombre único. Él caminó hacia mí, tomó mis manos y me abrazó con cariño, yo enlacé mis brazos sobre él y cerré mis ojos, volviendo a tenerlo a mi lado, a pesar de no saber qué hacer con Solas y la presencia de Cullen otra vez. Pero sentir su abrazo fue un alivio, prefería está confusión que la opción de que estuviera muerto...

- Cullen... Tenía miedo de que te hubieses muerto... No sabía que estabas vivo. Me alegra volver a verte - susurré, él me soltó del abrazo y sonrió, luego habló con naturalidad, para permitir que yo también me sintiera cómoda con la situación incómoda en la que estábamos.

- Elen, ¿cómo has estado? Mira... - Cullen miró al grifo y acarició el cuello de éste, el animal hizo una especie de ronroneo cuando sus manos lo tocaron. - Te presento a Telanadas, - me dijo - es una hermosa jovencita...

- Sí. - escuché la voz de Praianna quien, al parecer, había estado detrás de Cullen o del grifo, noté que apoyó una mano sobre el hombro de él y me habló, desde su espalda. - ¿Y puedes creer que ha elegido a Cullen para que fuera su jinete? - dijo la guarda. - Mmm, debo admitir que tengo envidia y bronca ¡¡Yo calenté su huevo cuando era pequeña!! - bromeó. Cullen y ella se miraron y sonrieron los dos. Vaya, al parecer, el viaje que habían tenido los había unido estrechamente. Me pregunté cuánto... Hasta donde yo sabía, Praianna era pareja de Alistair... pero Cullen había estado enamorado de ella en el pasado...

- Oh, ¿sí? - dije y me acerqué al grifo. - Saludos, Telanadas... - simulé una reverencia al animal, quien siseó. - Mi nombre es Elentari... ¿puedo tocarte? - llevé mi mano sobre su cabeza y Tela quiso apartarse, pero las caricias de Cullen la tranquilizaron, ¿ella sería capaz de saber que yo lo había lastimado? ¿Qué había traicionado a su jinete? ¿Sería capaz de sentir mi nerviosismo por volver a verlo? Pero, si había sentido algo de aquello, no hizo caso, puesto que descendió su cabeza y dejó que acariciara sus plumajes negros. Miré a Cullen y le sonreí, él a mí, Praianna a su lado, que no había soltado los hombros de él y seguía apoyada sobre el comandante.

Dorian se acercó a nosotros. - Esta bestia es la que tiene a todos asombrados. - me dijo. - Cosas de salvajes, sin lugar a dudas.

- Y no es para menos, Dorian... - dije. - Oh, eres la más bella, lo sabes ¿no? - acaricié su cuello.

- Eeeh... si somos honestos... No tiene mucha competencia, ¿no? - molestó Dorian. - Es la única de su especie... así que... la más bella ha de ser... - Praianna y Cullen rieron.

- ¡¡Elen!! - escuché la voz de Leliana, quien empujó a unos cuantos elfos y vino a mi lado, tomando mis manos y sonriendo con calidez. Tela siseó, no le gustó el movimiento brusco de la bardo. Cuando la vi, la tomé en mis brazos y la apreté con fuerzas.

- ¡¡Lel!! - dije emocionada. Cass se acercó sonriendo, con Varric a su lado. Estiré mi mano y la tomé por el antebrazo, obligándola a formar parte del abrazo. Ella aceptó y nos abrazamos las tres. - Me alegra muchísimo verlas...

- A nosotras también, Elen. - dijo genuinamente Cassandra.

- ¡¡Bueno, bueno!! - sentí que alguien aplaudía entre la muchedumbre. Miré y no reconocí a aquel elfo, pero llevaba cabellos rubios y la vallaslin de Mythal. Era muy apuesto, además. - Se terminó el espectáculo, ¡¡vuelvan a trabajar elfos que los quehaceres no se terminarán por sí solo!! - bromeó, dando a entender que los elfos de Fen'Harel eran esclavos. Rio con soltura, pero él solo, nadie lo acompañó. A su lado, Onnär, suspiró.

- Nolan... No seas idiota. Hazme el favor. - escuché que decía. Así que, aquel era "Nolan", el que había desinformado a Leliana durante años. Athil estaba con ellos y dijo algo así como "vamos, Solas te está esperando", pero lo había dicho en élfico antiguo, aunque comenzaba a comprenderlo por todas las veces que había usado los conocimientos del Pozo de las Penas. Los tres elfos ancestrales caminaron al interior del palacio.

Nosotras tres dejamos de abrazarnos. Toro se acercó al grupo también y pasó su gran brazo sobre los hombros de Dorian. - De no creer que tenemos ese grifo.

- De no creer que eligiera a Cullen. - resopló Praianna.

- En realidad, ha hecho una excelente elección. - dijo Cassandra y no pude estar en desacuerdo. Cullen sonrió, Praianna lo miró y sonrió también.

- Demonios, es cierto. - dijo la guarda y volvieron a reír todos. Podía ver que Prai se había ganado el cariño de mis amigos. Así como la confianza de Cullen. Lo notaba en el modo en el que se miraban.

Los elfos a nuestro alrededor, poco a poco, comenzaron a alejarse y otro grupo de ellos, milicias élficas, continuó discutiendo al lado de unos guardas y otros elfos... aunque cuando miré otra vez noté que eran humanos, sonreí. - ¿Ya han decidido qué hacer con ellos? - señalé a los shem, en la distancia.

- Enseñarles donde pueden cagar, desde luego. - bromeó Varric. - Están paralizados por el miedo por ver tantos elfos. Y ya sabes, Solas no se lo ha hecho fácil con aquella voz autoritaria y al haberse presentado como "Fen'Harel". - Dorian, Toro y el enano rieron. Al poco tiempo, Mae se unió al grupo y abrazó a Dorian por la cintura, mientras Toro seguía sosteniéndolo por sus hombros. - Vaya, tienes mucha competencia femenina, Toro. - molestó Varric.

- Femenina y masculina... - bromeó Dorian y, Leliana y Praianna rieron.

- ¿Masculina?

- Oh, sí. - dijo Lel. - Ha enamorado al elfo ancestral, Nolan.

- Ah, ¿sí? - Toro miró a Dorian.

- ¿Te sorprende? Me ofendes... - se quejó el mago. - Pocos son tan bellos como yo...

- Bueno... ya sabes que estoy abierto a propuestas... sexo con dos magos será sensacional. - bromeó el qunari, Dorian rio, algo molesto y no dijo más. - Se lo propuse también a Elen... pero ya sabes que S... - casi dijo Solas, pero en ese mismo instante, rápido como era Toro con los pensamientos se corrigió y el error casi no se notó. - Cullen no querrá formar parte... - yo sentí que mi cuerpo entero se tensó, sin saber si Cullen había oído algo, Mae y Dorian también pusieron semblante nervioso, pero cuando vimos que él levantó la mirada hacia nosotros aun riendo por algún chiste que había hecho con Prai y Cass, supimos que no había escuchado nada.

- ¿Eh? - preguntó Cullen a Toro.

- Oh, nada. - dijo el qunari. - Que decía que con Dorian invitamos a Elen a formar parte de un trío... Y si quieres, estás invitado tú también.

- Más que bienvenido, Cullen. - molestó Dorian. Él se sonrojó un poco y noté que estos dos lo habían puesto nervioso. Reí, volviendo a recordar lo bien que siempre me había hecho sentir aquel hombre. Cullen era... simplemente único. No podía creer que lo dejara escurrirse de mis manos.

- Eh, no... ¡Por el hálito del Hacedor! - tartamudeó. - ¿De qué hablan? - qunari y magos tevinteranos, rompieron a carcajadas.

- No esperaba otra respuesta de tu parte... - suspiró Dorian. - Y es una pena...

- Dorian, por favor. - intervino Cassandra y volvimos a reír. Sentí que mi corazón estaba sinceramente feliz de tenerlos... Thengal no estaba, Viv, Lana, Arel y Nessara tampoco, pero al menos ellos, mis hermanos de la vida, aquí estaban conmigo y yo solo podía ser feliz este día, que los tenía conmigo, una vez más.



Pasaron varios minutos y nuestros compañeros decidieron "casualmente" alejarse para permitirnos a Cullen y a mí tener un momento de soledad. Al final, solo quedó Praianna al lado de él, mientras hablaban sobre el grifo. En un momento, Cullen guardó silencio y al fin la guarda entendió que necesitaba privacidad. Lo miró y se sonrojó por no haberlo notado antes. - Eh, creo que me iré a preguntar a Fen'Harel qué podemos darle de comer a Tela.

- De acuerdo, Prai. Luego iré a buscarte. - aseguró él. No podría negar que sentí un poco de celos.  Ella asintió y así, solo fuimos nosotros tres: él, Tela y yo.

- ¿Luego irás a buscarla? - las palabras salieron de mi interior sin poder contenerlas. Y cuando comprendí lo egoísta que estaba siendo, ya lo había dicho. Cullen me miró algo sorprendido y no supo muy bien qué decir.

- Sí, ella y yo somos buenos amigos.

Nuevamente me puse nerviosa, como una niña. No podía hacerle escenas de celos como si fuésemos pareja o algo por el estilo porque todos en el palacio me habían visto con Solas, él no había disimulado nada frente a los elfos y me sentía mal lanzándome sobre Cullen. Aunque, por otro lado, Cullen no sabía nada de lo que había pasado con Solas...

- Me alegra de verte bien. - dijo Cullen para superar en momento incómodo, aun acariciando al grifo y sin acercarse a mí o hacer nada indebido. - ¿Quieres hablar de algo? - fue directo al tema complicado, como sabía que haría. Yo miré hacia el suelo e intenté hablar, pero solo pude expresar balbuceos. - Mira, Elen... no hace falta que digas nada. Entiendo que necesites tiempo y espacio... - después de aquellas dos palabras, ya no pude escuchar nada de lo que él había dicho. Pero "tiempo y espacio", una vez más, me hizo recordar la pelea con Solas y su pedido de "tiempo y espacio" (precisamente) para seguir con su pena y su dolor y el peso de Din'anshiral, el camino que solo a él le correspondía transitar en solitario.

- No. - dije... sin siquiera haber oído sus otras palabras. - No necesito ni tiempo ni espacio. - lo miré. - Pero... - Cullen dejó de acariciar el grifo, pero mantuvo su mano sobre el plumaje. Era el modo en el que disimulaba no encontrarse tan nervioso como yo. - Pero... - bajé mi mirada de nuevo. Sabía que tenía que decirle que entre Solas y yo sí había pasado algo, pero que había decidido dejarlo de lado... porque de lo contrario, sí que estaría mintiéndole... mucho más que lo que ya había hecho.

Cullen guardó silencio, paciente. No me ayudó a encontrar las palabras adecuadas, aunque habría apostado que ya sabía lo que le diría. - Pero... entre Solas y yo... - no encontraba el modo de hacerlo sonar menos cruel. - ... bueno, me he confundido y... han pasado algunas cosas entre los dos... - lo miré, él solo mantenía su semblante serio, pero no decía nada. - Pero nos hemos dado cuenta de que ha sido un error y hemos decidido que lo mejor sería dejarlo ahí. No forzar nada...

Él suspiró y me di cuenta de que tampoco encontraba las palabras adecuadas para hablar, para hacer "sonar menos cruel" lo que diría. - Puedo comprenderlo, Elen... - dijo finalmente. - Sé que te habías quedado con la necesidad de aclarar las cosas con Solas desde la batalla con Corifeus. - suspiró. - ¿Han aclarado algo o solo se han confundido más? - Nos hemos confundido más...

- Creemos que... lo más sensato es dejar de lado lo que sucedió. - dije. - Seguir juntos en esto, porque soy su Gran Sacerdotisa, pero como amigos. - noté que él miró al grifo y supe que no me estaba creyendo una sola palabra... y lo cierto era que yo tampoco lo creía, porque amaba a Solas, pero quería que sufriera tan solo un poco de lo que me hacía sufrir a mí y había elegido a Cullen para causarle celos. Y también quería dejar de sufrir por Solas.

- De acuerdo... - dijo finalmente. - Me parece bien que se tomen el tiempo necesario para aclarar sus sentimientos... - sentenció, dejándome en claro que no creía que entre los dos hubiera algo terminado. - Pero, sinceramente, creo que necesitan un poco más de tiempo para decidir qué desean hacer con lo que tuvieron. Aún no he visto a Solas a tu lado, pero te estoy viendo a ti frente a mí... y te noto algo confundida aún, si me permites que te lo diga. - yo sonreí. Él siempre era tan... amable.

- No estoy confundida. Solo que no sabía cómo ibas a reaccionar. - Cullen sonrió, algo sorprendido.

- ¿Y qué esperabas que hiciera? ¿Qué gritara? ¿Te insultara o maltratara por lo que sientes? Elen, te respeto lo suficiente como para acompañarte incluso en esto. - y en ese momento sí dio un paso al frente y acarició mi mejilla. Lo miré de inmediato, aliviada por aquella caricia. - Pero lo que yo siento por ti, es real. Y si juegas, va a doler demasiado. - No, yo no quiero jugar contigo. Me encantaría amarte de la misma forma que amo a Solas... pero amarte a ti... No a él. Me encantaría, Cullen. - Por eso creo que, aun necesitas tiempo para saber qué es lo que deseas. - me aclaró, yo lo miré fijamente, sin poder creer lo maduro que era... y yo me estaba comportando como una niña. - Y mientras lo decides, lo mejor será que nosotros también nos comportemos como amigos. - volví a desviar la mirada y sentí su pulgar acariciar, una vez más, la piel de mi mejilla - Sabes que siempre estaré a tu lado. Te lo he dicho antes y te lo recuerdo: tienes mi vida en tus manos cuando la necesites. Porque tú eres más importante para este mundo que yo. Así que, Elen... eres libre de decidir lo que tu corazón necesite. - "eres libre de...", había dicho... dejándome en claro que no éramos pareja, no tenía que preocuparme por besar a Solas o terminar en su habitación por las noches. Porque "era libre". Sentí un nudo en mi garganta y un ardor agudo sobre mi estómago. Libre, libre, libre. Desde que había conocido a Solas todo parecía terminar con aquella palabra. Revas, libertad...

Enlacé a Cullen alrededor de su nuca y lo abracé. Lo sentía tanto... sentía tanto lastimarlo... Él también me abrazó y sentí sus anchas manos acariciar mi espalda, su torso sobre el mío, su ancho cuerpo, sostenerme... y extrañé lo que habíamos tenido. Aquellas épocas en las que él había estado a mi lado para sostenerme, para hacerme sentir segura, para darme seguridad. Para fortalecerme... tan diferente a Solas, que solo me hacía sentir insegura, pequeña, molesta... insignificante. Lo apreté sobre mí y quise llorar... quise llorar porque Solas me lastimaba incluso ahora, que ni siquiera estaba. Incluso ahora...

- Cullen... yo te quiero, lo sabes, ¿no?

- No tengo dudas. - me dijo, aun sosteniéndome. Pero no te amo... y sé que tú lo sabes...

- Gracias por estar siempre a mi lado. - susurré, ocultando mi rostro sobre su cuello, sintiendo su piel y conteniendo mis lágrimas. Él asintió, protegiéndome, como siempre hacía. Quisiera que todo fuera diferente. Quisiera amarte con locura, quisiera amarte desesperadamente...

- Siempre estaré a tu lado. Estamos juntos en esto. Como con el resto del grupo... - aseguró y supe que no mentía... pero yo quería amarlo y olvidarme de Solas... quería que me permitiera curar mis heridas con sus besos y su cuerpo, pero Cullen no me lo permitiría... después de todo, no era Solas... Llevé mis manos sobre su rostro y mis labios rozaron los de él. Cullen cerró sus ojos y sentí cuando suspiró por el deseo. Nuestros labios se unieron en un beso de bienvenida, él me apretó contra su cuerpo pero al poco tiempo me apartó. - No, Elen... - susurró sobre mi boca. - No lo hagas más difícil. Esto ya duele lo suficiente para mí. - acaricié su rostro y le di un beso en la mejilla, volviendo a abrazarlo. Cullen me sostuvo en silencio, luchando contra lo que sentía por mí. Oh, por todos los dioses, ¿por qué no podía amar a este hombre?

Chapter Text

Por la tarde, nos reunimos todo el grupo de viejos compañeros en la Sala de Audiencias del Palacio Enasalin y algunos elfos ancestrales, pero pocos. Nolan no formó parte de la reunión, ni tampoco Morrigan. Solas aún no había llegado. Yo estaba al lado de Fiona, con quien había hablado poco desde que nos habíamos vuelto a ver, pero después de la charla con Cullen, ¡creadores! Necesitaba pensar en qué me sucedía y qué hacer conmigo misma.

- ¿Quién demonios se cree que es para hacernos esperar? - se cruzó de brazos Dorian. Yo lo miré y le sonreí, pero él, molesto como se encontraba, solo miró a Toro, a su lado.

- Dale un respiro... - lo defendió Varric. - Desde que hemos vuelto lo tienen ocupadísimo. Al parecer, realmente, dependen mucho de él.

- Sí, pero si nos cita a un horario, debe estar a ese horario. De otro modo, es una falta de respeto.

- Aquí estoy, Dorian. - se escuchó la voz de Solas, que ingresó, acompañado por Onnär, Athil y Dilghalen. Sentí el maná de mi interior vibrar con aquel sonido, el calor dominó mi cuerpo entero y supongo que mis mejillas se sonrojaron. - Me disculpo por la tardanza. Eso... - miró al tevinterano - si maese Pavus puede consentirlo. - se burló.

- Oh, supongo que puedo permitirlo "rey" Fen'Harel, - simuló una exagerada reverencia al hablarle - ¿o cómo debo llamaros por estos días?

- Solas, por favor. - respondió él sin cortar la pelea con Dorian.

Yo sonreí y miré a ambos, pero solo en ese momento pude notar el rostro cansado en Solas y la palidez en su piel. Me pregunté qué actividades lo habrían tenido tan ocupado por estos días.

- ¡Basta! - intervino Cassandra. - ¿De verdad, Dorian? - luego miró a Solas. - ¿Solas? ¿De nuevo? Ya habíamos superado aquel incidente...

- Eso es cierto. - dijo Dorian. - Sin embargo, haber abierto una grieta en Seheron y prácticamente ahogarnos con un maremoto hizo que reconsidere mi postura.

- Pues yo te veo bastante "vivo", Dorian. - Solas contestó.

- No gracias a ti.

- Por el contrario... - intervino Mae. - Fue justamente gracias a él, Dorian. Déjalo ya. - mi mago favorito resopló y supo que no tenía sentido continuar argumentando en contra de Solas. A pesar de sus formas glaciares, él tenía nuestro cariño y respeto.

Mae había formado parte del grupo que lo acompañó al interior del Templo de Ghilan'nain. Lo había visto llorar por el peso de las culpas, lo había visto caer al suelo derrotado frente a las palabras de Desesperación, y solo se había vuelto a poner en pie porque nosotros lo habíamos levantado. Mae conocía a Solas un poco más que todos los demás y me alegraba saber que lo defendería.

Onnär nos invitó a tomar asiento sobre la rectangular mesa, Solas se sentó en un extremo, dejando de lado el trono que yacía por detrás, como había hecho anteriormente con nosotros también.

Cuando tomó asiento, pude ver la necesidad que había tenido de apoyar el peso sobre sus manos, como si hubiera estado a punto de perder el equilibrio. A su lado, Onnär con gran disimulo, lo sostuvo y lo ayudó a sentar. Mi corazón dolió, ¿acaso estaba herido? ¿Qué era lo que mantenía a Solas apartado del resto del grupo? ¿Qué estaba haciendo? No pude dejar de mirarlo, él, por el contrario, adoptó aquella máscara de buenos modales e inteligencia y nos miró a todos.

- Bien, los he reunidos aquí para forjar una alianza entre los elfos y el resto de los reinos. - comenzó Solas sin grandes preámbulos. Athil resopló, ella odiaba la idea de forjar alianza con humanos... Y yo me pregunté si su falta de tacto tenía que ver con el cansancio que percibía en su rostro y su cuerpo, ¿o simplemente quería hablar de aquellas alianzas sin perder tiempo? - Les haré un resumen corto de la situación actual de Thedas, para situarlos en el momento caótico que atraviesa la política thedestre. - suspiró, preparándose para arrancar lo que sería, sin dudas, una larga charla. - En Tevinter se sufre la ausencia de maese Andratus Galaar, quien se ha encargado en los últimos años de dar al Imperio del Norte una apariencia más conciliadora y propensa al diálogo, por decirlo de algún modo, con el resto de los reinos del Continente de Thedas. Forma parte de la ¿orden secreta? - miró a Dorian - denominada Lucerni, constituido por Andratus Galaar, Gammel Nereo, Maevaris Tilani y Dorian Pavus.

- Nos gusta denominarnos "facción política", Solas. - corrigió Dorian. - Nacimos con el deseo de restaurar nuestra Nación y redimirla en Thedas, logrando estrecha relación con el resto de los reinos.

> Es cierto que Andratus siempre fue la cara visible de la facción, pero nuestra líder es Mae, aquí presente. - ambos se miraron y sonrieron. - Aunque por supuesto que, con la sombra de los Venatori sobre nuestras espaldas y el desastre acontecido en los últimos tiempos, ahora el susurro de la palabra "Lucerni" es sinónimo de traición.

- Como lo son, también, Maevaris, Elentari, Cullen y tú en Tevinter. - aclaró Solas. - Quienes se encuentran declarados enemigos del Imperio. Situación que, por supuesto, deseamos modificar, ¿no? - nos miró a los nombrados. - Para eso estamos reunidos aquí, para comenzar a actuar sobre Thedas, lo antes posible. - Dilghalen se puso de pie, caminó hacia un costado donde había una mesa decorativa con una jarra y la acercó, junto con un vaso. Sirvió la bebida y se la pasó a Solas. Él no tomó de inmediato, porque ante aquel gesto de la elfa, todos pusieron atención sobre Solas, y él no iba a demostrar ningún tipo de debilidad, pero la palidez de su rostro era notoria... Así que, liberé el maná de mi interior y lo uní a su aura, para fortalecerlo. Él lo percibió de inmediato, me dedicó una rápida mirada, pero no hubo reproche en aquellos ojos... estaba claro que se encontraba debilitado.

> Bien. - siguió Solas sin esperar ningún tipo de acotación por parte de ninguno de nosotros por el episodio de la jarra que la Excelsa Encantadora había acercado. - Los Venatori, lejos de ser actualmente una sombra, son un culto de extremistas nacionalistas del Imperio que, se había asumido derrotado durante el año 9:41 de nuestra era, en la época de la Inquisición, pero sus ideas forman parte del pensamiento y la visión de muchos altus en el imperio, por lo que siguieron vivas y tengo la sospecha de que se encuentran reformando la secta, lentamente. Por lo tanto, yo no los considero derrotados, por el contrario, reagrupándose en el Imperio. Si bien, no bajo las directivas de Corifeus, creo que muchas familias altus y, ¿por qué no?, laetanos y soporatis, piensan del mismo modo que lo habían hecho los Venatori.

> Los Venatori, como recuerdan, deseaban ver renacer la grandeza de Tevinter, pero provocando el caos en el resto de los reinos, a través de la adoración a Corifeus, a quien habían considerado su deidad. - Solas volvió a mirar a Dorian - Es decir que, comparten el objetivo final con los Lucerni, solo que los medios implementados de este deseo son diferentes. Un grupo desea relaciones con el Sur, el otro, caos.

- Ja, ja... - se molestó Dorian por el punto en común que resaltó pero, aunque le doliera, tenía razón. Ambos querían restaurar la grandeza pasada de Tevinter. - Hablando de caos en el sur, recuerdo a un elfo lunático que deseaba lo mismo.

- Si te refieres a mí, aquí me tienes... buscando orden, Dorian. - ambos se enfrentaron molestos, aunque Solas estaba visiblemente agotado. - Así que, por favor, si vas a dar aportes, que sean útiles. - sentenció. - De lo contrario, calla...

- Basta los dos. - intervine molesta y más que nada, preocupada por él. Su rostro, había vuelto a tener aquella coloración de una persona sana, vital, por mi magia, que aún le estaba pasando. Solas me miró y asintió, diciendo:

- Me disculpo. Sigamos, entonces. - nos volvió a dirigir la mirada a todos. - Respecto al paradero de Corifeus, no tengo datos actualizados diferentes al que tienen ustedes. Lo asumo muerto o encerrado en el Más Allá. La última vez que supe de él fue en la batalla que libramos con Elentari. - aclaró.

> Respecto al resto de los reinos. Tevinter tomó prisioneros a la embajadora de Antiva, nuestra querida Josephine Montilyet, a la reina Anora de Ferelden, el emperador Gaspard de Orlais y la Divina Victoria. Acerca del paradero de Leliana, no se sabe nada en el resto del continente, así que por el momento se la considera fallecida. - Leliana lo miró con gran interés en esta parte del relato. - Respecto al paradero de Cassandra o Alistair, poco se menciona en el Norte, sin embargo, ya hablaremos de lo acontecido en el Sur, principalmente en referencia a Alistair. - nos aclaró. Praianna fue ahora quien prestó atención a Solas.

> Retomo el tópico referente a la Capilla Andrastina y Divina Victoria en Thedas. - nos dijo. - En Val Royeaux y la Gran Catedral, se convocó a un Gran Consenso que es una reunión "santa", asumo - miró a Leliana y Cassandra - que cuenta con la presencia de los diez Grandes Clérigos de la Capilla Andrastina. En dicho consenso se determinó nombrar a la Reverenda Madre Inés de la Capilla del Santuario de Templarios de Ferelden como nueva Divina, ocupando el Trono Radiante. Actualmente, el líder de la religión andrastina se hace denominar Divina Esperanza. - sonrió burlón, aunque cansado. - Nuestra ingeniosa "Divina Esperanza" ha llamado a una Gloriosa Marcha - Cassandra, Leliana, Praianna y Cullen dieron un suspiro de sorpresa. - sobre el Imperio de Tevinter, declarándolo enemigo del Hacedor y Andraste.

- ¿¿Qué!? - gritaron al mismo tiempo Dorian y Mae.

- Déjenme terminar, por favor. - pidió Solas, exhausto. Creo que todos comenzaban a notar su cansancio y por ello, acotaban poco. El esfuerzo que estaba haciendo era notorio, a pesar de que tenía mi magia revitalizándolo lentamente. No podía usar mucho flujo mágico porque sería percibido por el resto de los magos y yo sabía que Solas no quería que eso sucediera. - No es lo único que nuestra elocuente Divina Esperanza ha hecho. - se burló. - Además de marchar hacia Tevinter con un ejército de fieles exaltados, ha determinado que mi persona, es decir, Fen'Harel, es enemigo declarado del Hacedor y Andraste, por lo que, otorga una recompensa de 100.000 soberanos por entregarme con vida y 50.000 a quien entregara mi cadáver. - suspiré afligida. No había sabido nada de aquello, pero había sido mi mayor miedo: que los humanos reclamaran la vida de mi amado Solas. No. No podía lidiar con ello, no podía concebir defender una raza que deseaba matarlo, no en estos momentos que había sido testigo de su profunda pena. Sentí la mano de Fiona sobre mi muslo y una suave caricia, acompañada de la palabra "tranquila". No tenía idea de qué expresión habría adoptado, pero claramente una muy notoria, puesto que ella había tenido la necesidad de calmarme.

Cuando me tocó, me sobresalté y dejé de pasar magia a Solas. Noté de nuevo su palidez, él cerró sus ojos y tomó el vaso que Dilghalen había dejado, bebió dos tragos y volvió a hablar.

> Sabemos que Inés estuvo con nosotros en el Laberinto, que ustedes llaman Encrucijada, - dijo Solas (yo ya había vuelto a sostenerlo con mi magia) - por lo tanto, conoce mi rostro y conoce que soy Solas y Fen'Harel al mismo tiempo, pues varias veces me nombraron como Solas aquel día. Voy a asumir, que ella lo escuchó en algún momento. De no haber sido así, de todas formas, conoce mi rostro. No tardará en relacionarme. - pareció recordar algo de golpe y sonrió. - ¡Ah! Y también me ha condenado a muerte. La sentencia específica es arder en la pira en la Gran Catedral, como lo hizo Andraste en Tevinter, para purificar mi alma con la misericordia del Hacedor. - rio, burlón. Yo sentí una fuerte puntada en el pecho.

- ¿Cómo se atreve a mancillar de ese modo nuestro credo? - murmuró Leliana, notablemente alterada. - ¡¡Quemar a un enemigo de nuestro Hacedor en la Gran Catedral es un acto deplorable!! - ahora, lejos de ser un murmullo, casi sonó a un grito de rabia.

- Estoy totalmente de acuerdo con Leliana. - se mostró profundamente ofendida Cassandra. - ¿Quién se ha creído para determinar semejante estupidez?

- La Divina Esperanza, elegida en el Gran Consenso, se ha creído. - respondió Solas. - Por lo tanto, mi situación con respecto a la religión andrastina, es esa. He sido declarado enemigo del Hacedor. - luego miró a Cullen. - Respecto a tu colaboración con Fen'Harel y la de Elentari - posó sus hermosos ojos sobre mí - No ha mencionado nada, permite que se te siga llamando Heraldo de Andraste y de ti, Cullen, no ha hecho grandes menciones, se ha referido a ti como Comandante de las Fuerzas Templarias del Santuario de Ferelden. Supongo que asume que están muertos y no quiere dar una "mala imagen" al credo con héroes rebeldes que se habían aliado con el enemigo del Hacedor, Fen'Harel - volvió a sonreír, burlón y agotado.

- ¿Te encuentras bien, Solas? - preguntó Cullen.

- Perfectamente. - contestó molesto Solas.

- ¿Qué propones que hagamos con Inés? - casi lo escupió Leliana del interior, buscando castigo para la mujer. Él desvió su atención a ella, para que todos se olvidaran de la pregunta de Cullen.

- No hablaremos ahora de eso, Leliana. - le dijo. - Déjame terminar de comentar la situación actual de Thedas y luego veremos. De momento no la considero una amenaza para mi existencia... - luego miró a Cassandra. - De momento, porque se encuentra lejos de mis dominios. Cerca, bueno, tiene un ejército templario... - yo volví a sentir que la aflicción se apoderaba de mí. Cassandra asintió en su asiento.

- Algo habrá que podamos hacer, Solas. - intervino Thom, Solas lo miró y asintió.

- Podría ser, Thom. Pero, como he dicho, no es el tema que deseo discutir ahora. - Thom también asintió y guardó silencio.

- Y nosotros ayudando humanos... - murmuró Athil, Onnär la miró rabioso y ella a él, pero cuando quiso contestar Solas la fulminó con la mirada y la elfa prefirió llamarse al silencio.

- Bien. - Leliana se cruzó de piernas, nerviosa y notablemente molesta. - Continúa, Solas, por favor. - podía ver el modo en el que aquellos dos se miraban. Tanto Solas como Leliana tenían respeto por sus habilidades en El Juego. Ella lo escuchaba con manifiesta atención, mientras él la miraba con una atención que no en todos los thedestres destinaba. Ambos eran similares... Quizás Solas, en sus tiempos, había sido Maestro Espía de Mythal... o algo así.

Solas volvió a hablar:

- En Orlais, ante la ausencia del emperador, se reunió el Consejo de Heraldos y determinó que no considerarán como tal la muerte de Gaspard hasta no contar con un cadáver y se harán cargo de la toma de decisiones por el momento. Se eligió al Duque Cyril de Montfort como líder del Consejo, pero el Duque Laurent de Ghislain no tardó en comenzar a trazar su propio juego de intrigas y actualmente, la política de Orlais se encuentra inestable.

- ¡Cómo no! - bromeó Varric.

- En Ferelden el arl Teagan falleció durante el enfrentamiento en Tevinter. - Leliana y Praianna se entristecieron al oírlo. - Alistair Theirin fue rescatado del campo de batalla por la teyrna Oxana Cousland de Pináculo y se lo nombró nuevo arl de Risco Rojo, haciéndose cargo de las tierras de su tío. - Praianna alzó la mirada sorprendida. - Se llevó a cabo una Gran Asamblea donde se determinó que el regente del trono será el teryn Fergus Cousland, en ausencia de la reina Anora, a quien tampoco se considerará fallecida hasta contar con un cadáver.

> Decir que Tevinter se considera enemigo de Orlais y Ferelden, cae por maduro. - aclaró Solas y miró a Dorian y Maevaris.

> Respecto a Kirkwall, - ahora miró a Varric - Bran Cavin continúa haciéndose cargo de tus responsabilidades, maestro Tethras, no hay grandes modificaciones, todo se está llevando a cabo como has dejado pautado. Los gremios de mercaderes y artesanos continúan abasteciendo a casi todos los grandes reinos que han sucumbido al caos político y están llenando los cofres de Kirkwall. Wycome también está dando sus aportes. - luego me miró a mí. - Deshanna prefiere continuar su labor en el Consejo de la ciudad de Wycome y tu Clan Lavellan, continúa apoyándola en las cercanías de los bosques. - otra puntada en mi pecho. No sabía que Solas se había tomado la molestia de vigilar a mi Clan, cuando claramente no le representaban ninguna ventaja táctica, ellos eran algunos de los elfos de Thedas que no se habían unido a su lucha.

Su interés solo podía significar que lo hacía porque era mi Clan. Sentí un nudo sobre mi garganta, ¿cuánto le importaba a él realmente? - Venthal, el hijo de Nessara y Thengal está al cuidado de tu madre, Nindela. - me aclaró y en ese momento sí que la puntada en el pecho fue significativa. Cerré mis ojos al oír aquello. Intentaba evitar pensar en Venthal en todo momento, no podía concebir que el niño había perdido sus padres. -Lo siento. - dijo Solas. Yo lo miré y él me dedicó una profunda mirada azulina, tranquilizando mi aura, lo sentí al instante, había usado su magia para traerme paz a pesar de todo el cansancio que veía en su rostro y su postura. Quizás realmente me amaba, pero sus formas de hacerlo eran tan dolorosas... Hice un sutil movimiento de cabeza, para que dejara que usar su aura para tranquilizar, la mía. Él suspiró, cansado otra vez y asintió, también con sutileza. - Por supuesto que, si es necesario, también contarán con mi protección, Elentari. - me aclaró y dejó de verme, para volver su mirada a todos. Yo lo sentí como una bofetada. Sabía que había mucho más que simple cordialidad en aquel acto de vigilar a mi Clan para protegerlo, pero el modo en el que había desviado su mirada de mí, dolió. Sin embargo, el maná de mi interior continuó dócil, él no había dejado de tranquilizar mi cuerpo. Oh, Solas, me enloquecías... simplemente me volvías loca.

- ¡Claro que Bran hace un excelente trabajo en Kirkwall! El verdadero vizconde siempre ha sido él. - bromeó el enano, trayendo un tono más alegre a la charla, que de golpe se había vuelto funesto. - Además Aveline lo ayuda de maravillas en mantener el orden.

- Ya hablaremos de Aveline Vallen, Varric. - el enano se sorprendió, pero dejó que Solas continuara:

> Respecto al paradero de Josephine se desconoce y lo desconozco. - aclaró. De nuevo, nos afligimos ante esa realidad. - Respecto a Vivienne... - hizo una pausa y le dio una mirada rabiosa a Onnär, quien no se inmutó sobre su asiento. Me pregunté por qué lo había mirada así, claramente había sucedido algo que yo no sabía - ha fallecido, así que no contamos más con ella en el grupo. - dimos suspiros de sorpresas. Si bien Viv era difícil de tratar porque tenía pensamientos diferentes a los nuestros, siempre había sido leal y una excelente maga. Era una pérdida dolorosa.

Miré a Onnär, quien tenía un rostro completamente sereno, pero por la mirada que Solas le había dedicado, sabía que había estado involucrado en algún modo en su muerte. Me molestó pensar en ello. Athil sonreía en silencio al lado del elfo. Me molestó un poco más...

> Bien, esta es la situación actual de los reinos de Thedas para que partieron al norte, en pocas palabras. - dijo Solas. - Como ustedes saben, pretendo dejar el Velo donde está y que las condiciones actuales de vida prevalezcan. - Varric sonrió, al escucharlo hablar con tanta tranquilidad de un tema tan importante como ese y que, meses atrás, había sido el terror de nuestra Inquisición clandestina. - Por lo tanto, debo asegurarme la libertad del pueblo de los elfos en Thedas. Así que, eso es lo que hoy haremos.

- Leliana, Dorian, Mae, Varric, Elentari... ustedes son los que representan, aquí, personajes respetados en Thedas y son con quienes tendremos que cerrar alianzas para obtener ayuda por parte de mis ejércitos élficos. - todos lo miraron, algunos algo molestos, otros simplemente lo escuchaban. - Soy consciente de que necesitan de mis tropas... y para que Dorian no se quede con ganas de decirlo, sé que soy culpable en parte por esta situación. Pero la realidad es esa. Los pocos soldados con los que cuentan sus reinos, se están dirigiendo lentamente a Tevinter en una Gloriosa Marcha. Por ende, el único aliado real con poder militar que tienen, soy yo y los elfos de la Rebelión.

> Leliana. - la miró. - Estoy interesado en establecer un plan de actuación efectivo a través del cual vuelvas a ocupar tu antiguo cargo de Divina Victoria. - le dijo. - Con la promesa de que, por supuesto, una vez en ese cargo, Fen'Harel y Solas, dejen de ser considerados enemigos del Hacedor y no exista sobre mí recompensa alguna ni sentencia de muerte.

- Por supuesto. - ni siquiera lo pensó Leliana. - Si logramos asegurar mi cargo, cuentas con esa promesa. Sin embargo, ¿qué diremos respecto a la creación del Velo, Solas? Sabes tan bien como yo, que esa verdad no será aceptada por los andrastinos.

- No estoy interesado en mentir a la población. - dijo Solas. - Pero tampoco estoy interesado en que visualicen en mí persona la remota presencia de un acto divino, aquí en Thedas. Por lo tanto, de momento, puedo cerrar la boca cuando mencionan la creación del Velo, como obra del Hacedor para separar los espíritus de los despiertos. - Leliana le sonrió y asintió. - Recuerda, sin embargo Leliana, que he dicho "de momento". - aclaró. Ella volvió a asentir. - Perfecto. Por supuesto que, haremos tratados por escrito al respecto. No quedarán solo palabras de esta alianza. - le sonrió Solas. Leliana a él.

- Aprecio tu desconfianza, Solas. - lo halagó. - Estoy de acuerdo con los escritos. Pero serán considerados "secretos de estados".

- No tengo problema.

> Quisiera contar con la información que recibes de tu red de espionaje, ¿es eso posible?

- Podríamos verlo, Solas. - respondió ella, la pierna que tenía por encima, la dejó por debajo, cuando volvió a cruzarse de lado y le sonrió. De todos los presentes, quizás solo Leliana tenía algo que Solas necesitaba para sus planes. - Pero habrá condiciones. - Solas sonrió y asintió.

- Kirkwall... - ahora miró a Varric. - Ya eres vizconde en la ciudad- estado de Kirkwall y cuando vuelvas a tu cargo, no tendrás mayores inconvenientes. Luego, tú y yo, maestro Tethras, quisiera que discutiéramos tratados de comercio con la tierra de los elfos.

- ¿Qué tierra, Solas? Aún no posees tierras para los elfos.

- Ya llegaremos a ese punto. - le aclaró. - A cambio de tratados que resulten beneficios para mi pueblo, prestaré ayuda para rescatar a Bianca Davri del interior de los Caminos de las Profundidades.

- ¿¡Qué!? - intervino Praianna. - ¿De qué hablas, Fen'Harel?

- Contigo no he hablado. - le dijo y la miró molesto. - Sin embargo, Heroína, como has oído. - suavizó su voz. - Bianca Davri y Andratus Galaar se encuentran perdidos en el interior de los Caminos de las Profundidades. Necesitarán mi ayuda para poder rescatarlos. - volvió a mirar a Varric. - ¿Cuento con tu palabra, maestro Tethras?

- Eres un maldito hijo de puta, Solas. - bromeó Toro. - Sabes que tienes a Varric atado de manos cuando se trata de Bianca.

- Oye, cierra la boca. - se molestó el enano.

- Me gustas, Solas.

- Y no me interesa, Toro de Hierro. - respondió Solas. Yo sonreí. Sabía que el "me gustas" de Todo, era una invitación implícita al trío, Solas también lo comprendió, por ello la respuesta que le había dado. - ¿Podremos discutir en un futuro contratos de comercio con Kirkwall, maestro Tethras?

- Claro, Risitas. Confío en ti. - dijo el enano y le guiñó un ojo. - Eso sí, a esa expedición de rescate, me llevas. - él le sonrió y asintió. Pude ver que Solas y Varric tenían una alianza real entre ambos. El enano confiaba en él y Solas en Varric. Me pregunté qué capítulo me había perdido entre aquellos dos.

- Bien, tu Capitana de la Guardia en Kirkwall, Aveline Vallen, partió junto a Alistair Theirin y Oxana Cousland hacia Denerim y finalmente, Risco Rojo, cuando Alistair fue nombrado arl de aquellas tierras. - Varric abrió la boca con sorpresa, claramente la prefería en su puesto. - Sin embargo, actualmente la Guardia se encuentra a cargo de Donnic Hendyr y, tranquilo hijo de la piedra - le sonrió Solas - el hombre es honesto y efectivo como ella.

- ¡Claro! ¡Es su marido! - bromeó el enano. Solas asintió, aparentemente ya lo sabía.

- Heroína... - Solas miró a Praianna. - Estoy dando resguardo, alojamiento y protección a los Guardas Grises de tu nefasta Orden. - ella se cruzó de brazos. - Por supuesto que no será una ayuda gratuita. - le sonrió. - Tus Guardas o tú, deberán acompañar al grupo que decidamos para la expedición. - ella asintió.

- Estoy de acuerdo.

- Oye, Solas... - se molestó Thom. - Sé que no soy un Guarda, pero te pido que seas más respetuoso cuando te refieres a la Orden. - Solas levantó una ceja y lo miró con desprecio, luego suavizó su mirada y asintió.

- Puedo hacerlo. - cedió finalmente.

> Y otra cosa. - miró a Cullen. - Tengo entendido que los grifos eligen a sus jinetes, ¿no? - miró a Praianna, pude ver cómo ella se tensó cuando Solas habló de Telanadas.

- Sí. - dijo. - Pero ella no formará parte de ninguna negociación. - Solas le sonrió en respuesta.

- Sí que lo hará. - dijo. - De lo contrario, ya sabes que esta misma noche los humanos y tus Guardas saldrán de mis dominios. - hubo un silencio abismal entre todos.

- Solas, ¿de qué hablas? - intervine. - No podemos dejarlos tirados cuando no tienen donde refugiarse.

- Por supuesto que eso sería una locura... - me respondió, pero sin dejar de mirar a Praianna. - Por ello, sería sensato saber negociar en estos momentos... - Praianna entrecerró los ojos y lo enfrentó. - Escúchame Heroína, por favor, antes de juzgarme con tanta ligereza... - se burló.

> Destinaré magos ancestrales y magos de los Guardas Grises a estudiar la mejor alimentación que se le puede dar a tu grifo. - comenzó. - Permitiremos un crecimiento adecuado y poderoso y luego, quiero que la Orden de los Guardas Grises, de momento y hasta que determinemos por qué demonios tenemos una incursión de engendros tenebrosos masiva en la superficie, responda a mis órdenes.

- Sabes que los Guardas no van a responder ante ti, Solas. - dijo Praianna.

- Pero sí ante ti. - le sonrió, burlón. - Y tú, ante mí. - aseguró. Antes de que ella pudiera hablar, Solas continuó: - No me temas, Heroína. Por mucho que tu pueblo de elfos de elferías hayan temido a la leyenda de Fen'Harel, no soy como relatan. - la miró con aquellos ojos despiadados los cuales, lejos de generar paz en un corazón turbado, daban miedo. - No abusaré de tus lealtades, ni te obligaré a traiciones. Solo quiero salvar Thedas, pero necesito todas las facciones a mi disposición y sin grandes cuestionamientos, porque nos estamos quedando sin tiempo.

> Es decir que, con estas palabras, te aseguro que aceptar una alianza conmigo no solo será valorada y respetada, sino que tendremos las discusiones correspondientes para hallar el punto medio que nos convenga a ambos. No avasallaré tu liberad ni tus lealtades, y por supuesto que no te obligaré a traicionar tu Orden. Solo necesito que estés dispuesta a confiar en mí y yo comenzaré a confiar en ti ¿Crees que puedes hacerlo? - ambos se miraron durante varios segundos. No estaba seguro de que Praianna pudiera. Y no sabía por qué, pero odiaba que la elfa estuviera a su lado.

- Demasiadas opciones no tengo, si sacarás a mi orden y los humanos de tus dominios.

- Es cierto, pero ¿puedes hacerlo? - insistió.

- Sí. - dijo Praianna y suspiró. - Puedo darte un intento.

- Perfecto. Por favor, que tu Orden no haga ninguna estupidez referente a Archidemonios ni engendros sin que lo sepa. Y cuando digo "por favor", es por favor de momento. No me obligues a ser más severo. No tienen idea de las fuerzas que manipulan y los errores que comenten. - sentenció él y la fulminó con su mirada, que no daba lugar al desacato de autoridad. - Por el momento, me gustaría que, una vez que Telanadas se encuentre adulta y fortalecida, siempre que se lleven a cabo incursiones importantes de los guardas, ella esté presente y volando sobre los cielos. - miró a Cullen. - Supongo que con el Comandante, que es a quien a elegido, ¿o me equivoco?

- Al parecer lo ha elegido. - respondió Praianna. - Pero aún no hemos hecho vuelos con ella... y no sabemos...

- Por eso he dicho "una vez que se encuentre adulta y fortalecida" - sentenció Solas, molesto por la aclaración innecesaria que tuvo que repetir.

- ¿Por qué quieres que el mundo sepa sobre Telanadas? - preguntó Cullen. - ¿No es peligroso?

- No me interesa que el mundo sepa sobre la existencia del grifo. Me interesa la imagen que su presencia puede dar a los elfos en Thedas y a mis fuerzas militares y arcanas... - respondió, luego miró a Praianna. - Lamentablemente para mí, la percepción de poder que provocaría el vuelo de un grifo sobre el resto de los reinos, no solo hará que mi Pueblo se vea beneficiado, sino también tu Orden.

- Pero Fen'Harel... si la ponemos en riesgo... - comenzó Praianna, pero él suspiró.

- Créeme cuando te digo que puedo protegerla. - yo lo miré, eso solo podía significar que tenía tanto poder, que se sentía intocable. No sabía si sentir seguridad o miedo. Sin embargo, en estos momentos, en el los que lo percibía tan debilitado, me preguntaba si era cierta aquella afirmación. - No dejaré que le suceda nada malo. - él volvió a vernos.

> Dicho esto y si aceptas... - Solas continuó. - podrás disponer de mis dominios, mis magos y mis fuerzas militares. A cambio, quiero que tu orden responda a lo que tú y yo decidamos en conjunto. Esta alianza no tendrá carácter permanente, por el contrario, temporal. Hasta que solucionemos los problemas en la superficie, ¿de acuerdo? - ella asintió. - No estoy interesado en verme relacionado con los Guardas... - murmuró, aunque todos lo sabíamos.

- ¿No crees que se trata de la Sexta Ruina, Fen'Harel?

- No. - dijo Solas. - No creo, Heroína. - ella quiso volver a hablar, pero él continuó hablando al resto:

> Dorian y Mae... -Solas miró. - La misma propuesta que al resto. Tendrán a disposición mis fuerzas militares con el objetivo de retomar sus antiguos rangos honoríficos en el Magisterio y, una vez con éstos, dejar en paz a mi raza. - Mae asintió. - Lamentablemente, no podrán esclavizar más elfos. Si desean continuar teniendo esclavos, tendrán que hacerlo con su propia raza. Los elfos no volverán a servirlos. - Mae y Dorian asintieron, aunque noté que estaban algo preocupados, pero opciones no tenían realmente.

> Otra cosa... - los miró - y esto no es una petición, sino una directiva - Dorian resopló molesto - Les advierto que no toleraré que aten ningún tipo de espíritu o demonio en Tevinter - luego nos miró a todos - o cualquier otro sitio. - luego volvió la mirada a los tevinteranos - Si han de ser gobernantes de sus tierras, adviertan la restricción, porque no tendré piedad con ningún mago que ate cualquier ser espiritual. Pertenezca al estrato social que pertenezca.

- ¿A qué te refieres con no tener piedad? - preguntó Cassandra.

- Los mataré. - respondió. - Y no estoy pidiendo permiso a ninguno de ustedes. Estoy advirtiéndoles. - nos aclaró. - Por el momento, seré tolerante... pero solo un poco. - volvió a mirar a Dorian y Mae - Sus compatriotas me tienen harto, y eso queda corto.

> Respecto a la magia de sangre... ya hablaremos de ese tema, luego.

- ¿Por qué? - preguntó Dorian. - Andratus es experto en magia de sangre.

- Porque están sucediendo demasiadas cosas en el mundo, Dorian - dijo Solas - Y lamentablemente, esos actos interfieren con mis posibilidades de salvarlos. Así que, no puedo ser tolerante. No tenemos tiempo que perder. Hay que actuar ahora mismo.

- ¿De qué hablas? - le pregunté.

- Ya hablaremos de esto, luego. - me dijo. - Tú y yo tenemos que empezar a entrenar también, Elentari. Pero lo hablaremos luego.

> Bien... - nos miró a todos. - Mi idea es la siguiente. El Bosque de Arlathan me pertenecerá a través de tratados con los diferentes reinos de Thedas. Sé que ustedes mucho no pueden hacer ahora respecto a ese tópico, excepto quizás Varric, Dorian y Mae, pero ya me encargaré de encontrar con vida a Anora, Josephine y Gaspard para asegurar alianza con Ferelden y Orlais. - miró a Cassandra. - Entiendo, Buscadora, que tu interés por la política de Nevarra continúa siendo inexistente.

- Entiendes bien, Solas.

- De acuerdo. - dijo. - Lo que les diré a continuación está sustento a debate. Son ideas que he tenido en estos días, no es definitivo. - nos dijo. - Bien, pretendo poseer las tierras que constituyen el Bosque de Arlathan y el domino de la red de Eluvians, que como comprenderán, por el momento, esto último no estará sustento a debate. La red, me pertenece. Más adelante, mucho más adelante, quiero decir, cuando los elfos seamos una potencia económica en el Continente, podría ver la posibilidad de compartirla con las demás razas en acuerdo equitativos. Por el momento, los Eluvians, serán mi gran ventaja, hasta que los elfos tengan el respecto de iguales entre los thedestres.

> Negociaré la ayuda militar élfica a las tierras de Tevinter asediada por Qunari y engendros tenebrosos a la Cámara de Senado, entiéndase, una vez que ustedes, Lucerni, vuelvan a ser miembros, con la condición de otorgarme esa extensión de tierras bajo fideicomiso y primogenitura. - Dorian rio.

- ¿Asumo que el rey, serás tú?

- Por supuesto y de momento. - respondió Solas. - El fideicomiso será un acuerdo documentado donde se me otorgará mandato de esa extensión de tierras y la primogenitura no es más que un concepto que incluiré para dejar tranquilos a los tevinteranos, puesto que, en un primer momento, les costará asumir que yo no necesito dejar descendencia para que mi linaje continúe con vida porque tengo milenios encima y los seguiré teniendo en cuanto desee continuar con vida.

- O alguien logre matarte. - dijo Dorian.

- O alguien logre matarme... - afirmó Solas y le sonrió. - ... e invito a que lo intenten...

- Ooohhhh... - molestó Toro, rompiendo en carcajadas. - Ohhh... ahí tienes al puto Fen'Harel siendo un engreído de mierda. - Varric se unió a las carcajadas. Dorian lo miraba con total seriedad y Solas también. Los dos magos no dejaban de detestarse a pesar de todo lo que yo anhelaba que se respetaran, al menos.

- ¿No tendrás reina? - preguntó Fiona a mi lado y yo me enrojecí de inmediato. Dejé caer mis cabellos sobre mi rostro para nadie viera mi expresión.

- Ni siquiera tengo decidido que la envestidura que representaré será la de rey... - respondió Solas. - Así que, no, solo seré yo. - aseguró. Volví a sentir una puntada en el pecho.

> El linaje noble de Fen'Harel, de momento, empezará y terminará conmigo, no necesito primogénito.

- ¿La idea de un condominio no te parece más... pacifista, Solas? - preguntó Mae. Athil resopló muy molesta al oír aquello, noté que Onnär apoyó una mano sobre el antebrazo de ella para que guardara silencio.

- Lo sería, desde luego, pero ¿por qué los elfos deberíamos ser gobernados por un grupo de personas? No, no. Yo no veo reinos humanos donde sus políticas son intervenidas por otras razas. Lo mismo sucederá con los elfos. - se molestó Solas. - Si el orgullo de los humanos es mayor que la sensatez para otorgarme mandato sobre esas tierras que ya están bajo mi poder y continuarán de ese modo, pues entonces, no contarán con la vida de elfos, para salvar sus pellejos. - hubo silencio en la reunión. Claramente, Solas no iba a ceder en ese tópico. - Ya seré harto benevolente con todas las razas y los beneficios que obtendrás de nosotros, los elfos.

> Se trata de mis tropas y las vidas de los elfos libres de la Rebelión. Para mí, son importantes. Llevarlos a defender los mismos humanos de los que han huido, ya es acto suficiente para no considerar un condominio, sí un fideicomiso.

- Solas tiene razón. - dijo Varric.

- ¿Qué religión profesarán tus elfos? - preguntó Leliana.

- No soy míos, Leliana. - aclaró Solas. - Y profesarán la que deseen. Yo no seré visto como divinidad, solo como monarca. Ahora, si deseen alabar a las deidades del panteón élfico. - suspiró con disgusto - No podré oponerme. Solo espero que estos años que dediqué a enseñarles que ni yo ni los demás Evanuris fuimos dioses, haya servido.

> Si tu preocupación es que fueran andrastinos. Lo serán si desean serlo.

- ¿Y si te desean alabar a ti? - preguntó Cassandra.

- No lo permitiré. - respondió ofendido por la pregunta. - No soy divino. Ya lo he dicho hasta el hartazgo. - Cass le sonrió y asintió.

- ¿Cómo controlarán la magia en tu reino, Solas? - intervino Cullen.

- No habrá Círculos en mis reinos, ni fuerzas templarias, Comandante. - dijo. - Será similar al modo en el que practicaron magia los elfos dalishanos. - aclaró. - Sin embargo, - antes de que Leliana y Cassandra alzaran la voz, levantó sutilmente su voz él: - permitiré que sus dichosos círculos me estudien a, como muestra de agradecimiento por la libertad en el manejo arcano del Pueblo.

- ¡¡Vaya Solas!! ¡Quiero ese honor primero! - sonrió Fiona, a mi lado, que era la máxima autoridad del Colegio de Magos.

- En realidad, Fiona, me gustaría contar con todos los elfos en mis dominios. - le aclaró Solas. - Por supuesto que, si no lo deseas, será aceptado. Pero vendrán momentos difíciles para nuestra raza... Hasta que el resto de las razas no comprendan que podemos y vamos a defendernos de sus ataques, lo ideal es tenerlos en mis tierras.

- Pero si todos los elfos dejamos de interactuar con humanos, ¿no será peor? - preguntó Fiona. - Es decir, yo ya tengo un cargo respetado en el Colegio. Si logramos que Leliana vuelva a ser Divina Victoria, no tendría grandes amenazas. Y de todas formas, tú podrías protegernos...

- Podríamos hablarlo luego. - dijo él. - Pero tienes razón. Quizás podríamos intentarlo y ver si los humanos no intentan asesinarte...

> Dicho esto, por supuesto que podrías estudiarme, pero no estaríamos dando el mensaje correcto a las razas ¿Una encantadora élfica estudiando a Fen'Harel? Parecería más una burla que una demostración de paz entre los distintos reinos.

- ¿Hasta qué punto estarías dispuesto que te investiguemos? - preguntó Dorian, Solas lo miró con desprecio.

- Hasta donde lo permita, Dorian. Recuerda que me considero elfo libre.

- ¿Sangre?

- Veremos. - Dorian le sonrió.

- De acuerdo. Me gusta, me gusta. También quiero tenerte entre mis estudios.

- Pues a mí no me hace nada de gracia. - aclaró Solas. - Pero entiendo que debo otorgar algo de gran valor para obtener el beneficio de la libertad de la magia, sin que los representantes de la Capilla quieran llamar a otra Gloriosa Marcha en el afán de destrozar, por segunda vez, los dominios de elfos libres.

> Entiéndase que esto es un acto de buena fe por mi parte, porque ni siquiera lo necesito. Si ustedes quisieran hoy, digamos, atacar mis tierras, los destrozaría sin grandes problemas. Mostrar un poco de "debilidad" de mi parte al negociar, es solo para que sus reyes estén tranquilos. - hubo un gran y prolongado silencio, después de que Solas dijera aquello ¿Con cuánto poder contaba realmente?

Leliana rompió a carcajadas. - Vaya, Solas, eres siniestro. - dijo. - Si permites que los magos te estudien, nadie podrá negarse a tu pedido, porque realmente, cuando sepan de tu existencia, vas a despertar mucha curiosidad. - lo miró, satisfecha. - Me complace la sutileza de tus pensamientos.

- Gracias, Leliana. - respondió Solas. - Lástima que el objeto de estudio seré yo. - noté la severidad en su mirada. A él no le gustaba para nada permitir que lo molestaran, pero lo haría por El Pueblo.

- Bien, parece que lo tienes todo pensado, Solas. - dije. - ¿Qué propones para poner en marcha tus planes?

- Tevinter se encuentra bajo ocupación Qunari en Ventus y Carastes... - miró a Dorian y Mae. - Justamente los territorios de ustedes, ¿no? - ambos magos asintieron. - Propongo recuperar dichas tierras, con mis tropas, por supuesto, y que tengan una entrada triunfal sobre Minrathous. Semejante heroísmo solo puede ser pagado con absolución de la entidad imperial de "traidor". Pues sería considerado un acto de heroicidad para con la Nación, recuperar sus tierras.

- Vaya, me gustas, Solas. - rio Mae.

- Aunque propongo primero localizar a maese Galaar. - dijo Solas. - Él no es enemigo del imperio y si forma parte del grupo que defiende las tierras de ustedes, al retornar a Minrathous tendrían mayores posibilidades de éxito.

- Me parece perfecto. - dijo Mae.

- Actualmente, en Ventus y Carastes el Antaam está actuando sin presencia de Ben-Hassrath... - Toro resopló.

- ¿Y eso por qué? - quiso saber el antiguo Qunari.

- Pues no lo sé, Toro de Hierro. - respondió Solas. - Solo puedo informar que sin el Ben-Hassrath para interrogar a los magos y determinar cuáles podrían haber sido de confianza, han matado a todos los magos. - Solas entrecerró sus ojos. - Han administrado grandes cantidades de qamek y les han destrozado la cabeza... Lamentable.

- ¡¡ESTO ES INACEPTABLE!! - gritó Dorian y dio un fuerte puñetazo sobre la mesa. - ¿¡Cómo hablas de semejante barbarie y ni siquiera te tiembla la voz Solas!?

- Es inaceptable, estoy de acuerdo, Dorian. - dijo Solas, tranquilo. - Como también lo fue cuando destrozaron a los elfos para jugar con magia de sangre en tu Imperio. - ambos volvieron a mirarse con rivalidad. - ¿O es que si se trata de magos tiene más valor, maese Pavus? - se burló.

- Oh, no sé. Dímelo tú que después de crear el Velo DESTROZASTE TODO ELVHENAN.

- ¡¡Basta, Dorian!! - se molestó Mae, Solas resopló.

- ¿Acaso yo voy por todos lados recordándote tus errores, Dorian? - Solas atacó. Oh, no, estos dos no tenían remedio. - ¿Tengo que recordarte que tus conocimientos ayudaron a Alexius a crear el caos que aconteció en Risco Rojo por la magia temporal que estudiaban? ¿Tengo que recordarte el dolor que cargó tu padre por tus decisiones de vida? - Dorian se abalanzó sobre Solas cuando habló de su padre, Mae y Toro lo sostuvieron.

- Suficiente, Solas. - pidió Toro, pero Solas siguió:

- Y no me malinterpretes, no me estoy refiriendo a elecciones personales que me tienen sin cuidado, sino al hecho de haber abandonado Tevinter para unirte a la Inquisición y dejarlos temiendo por tu vida mientras la Brecha, QUE SE CREÓ PORQUE YO PERMITÍ QUE LOS VENATORIS LOCALIZARAN MI ORBE, - aclaró antes de que Dorian lo dijera - era un problema.

> ¿Quieres que hablemos de más decisiones erróneas tuyas?

- Atrévete, Solas. Atrévete. - Dorian volvió a abalanzarse, pero Toro lo sostuvo.

- ¡Basta, ya! - me molesté y miré a Solas. - ¡Basta, Solas! - él me miró rabioso. - Esta vez tú comenzaste la pelea...

- La diferencia entre tú y yo, Dorian, - Solas siguió contra Dorian - radica en que mis errores son de público conocimiento, porque yo se los he confesado en voz alta, ¿cuántos tienes tú que no se conocen? ¿Y por qué los ocultas? Si estás tan dispuesto a recordarme todo el tiempo los míos... - Solas se puso de pie, indignado. - Y yo conozco tus malditos errores, Dorian. Los conozco y puedo ser tan imbécil como eres tú si lo deseo. - Se acercó a Toro y Mae y liberó magia espiritual, una explosión mental, e hizo que aquellos dos fueran despedidos a la distancia, dejando a Dorian frente a él. Lo tomó por las vestimentas, Dorian agarró sus antebrazos de inmediato. - Así que, déjame en paz, Dorian... no quieres tenerme de enemigo.

- Oh, ya eres mi enemigo, idiota. - Dorian lo trajo sobre sí en un brusco movimiento. - ¿Y dime una cosa? ¿En qué más nos has mentido, Solas? ¿Cuándo fue la primera vez que despertaste en Thedas?

- ¿De qué demonios hablas? - Solas y Dorian estaban muy cerca uno del otro, todos estábamos de pie y atentos al momento en el que tendríamos que intervenir para que no terminaran a los golpes como la última vez.

Dorian le sonrió. - A la primera vez que interviniste en la historia de Thedas. La primera vez que liberaste esclavos. - Solas pareció confundido, empujó a Dorian y lo miró.

- No sé a qué te refieres.

- Oh, ¡vamos! Si tú fuiste... - Praianna interrumpió de inmediato.

- ¡No lo puedo creer! ¡¡Parecen dos niños!! - se molestó. - ¡Basta ya, Dorian! - luego miró a Solas. - Fen'Harel y Dorian, si quieren darse unas buenas trompadas, vayan a hacerlo afuera y de una vez por todas ¡¡dejen de pelearse como dos adolescentes!!

- Me tienen harta. - sentenció Cassandra.

- Dorian, Solas tiene razón. - dijo Mae. - Deja ya de volver con los errores de su pasado. Fueron sus errores, le pertenecen a él y nadie es perfecto. Pero está intentando remediarlos.

- ¿Tú estás del lado de Solas? - Dorian la miró indignado. - ¿Te bastó pasar tiempo a su lado para creer en todas sus mentiras? ¡¡Mae!! Por favor, te creía más inteligente.

- Solas no es un villano despiadado... - dijo la maga. - Quizás deberías darle una oportunidad para conocerlo.

- NO. - dijeron Dorian y Solas al mismo tiempo, y ambos se miraron, molestos.

- Suficiente, Dorian. - intervino Varric. - Todos estamos del lado de Solas... Porque somos un equipo, ¿entiendes?

- Argh. - el tevinterano se dio la vuelta y salió de la sala.

- ¡Pero también estamos contigo! - gritó Varric. - Oh, demonios...

Todos guardamos silencio.

- Bueno... creo que damos por finalizada la reunión. - dijo Onnär, complemente serio por el trato que Dorian le había otorgado a Solas, se acercó a él y lo sostuvo y pude ver de nuevo la palidez que había invadido su rostro. - La próxima vez espero más respeto hacia Solas... adviértanselo a Dorian.

- Deja de entrometerte, Onnär. - susurró Solas y se retiró ayudado por el elfo, con el resto de sus elfos ancestrales por detrás. Athil nos miró odiada, pero no dijo más. Solo caminó al lado de los otros tres.

- ¿Qué mierda fue eso? - Varric nos miró. - ¿A qué se refirió Dorian?

- Sí, - miré a Praianna. - ¿Cuándo intervino Solas en la liberación de esclavos?

- Pues, pregúntaselo a él. - dijo la Heroína y noté una rápida mirada a Cullen, quien mantenía la boca cerrada, ¿qué estaba sucediendo aquí? ¿Mas mentiras?

Chapter Text

Me costó horrores comprender cómo era el manejo en este palacio. Al parecer, encontrar a Fen'Harel era una quimera. Lo tenían ocupado en todo momento, yendo y viendo a diferentes sitios. Del palacio al Pueblo, del Pueblo al palacio. Nunca se daba con él.

Se habían sucedido dos días desde que había llegado a este sitio y, después de aquella primera reunión, no lo había vuelto a ver. Aunque estos dos días, había usado para saber que el palacio contaba con los siguientes empleos o servicios: estaba el Capellán, quien tenía como función escuchar a cada uno de los elfos de El Pueblo profesar sus credos y enseñar la Rebelión de Arlathan y la verdad sobre los Evanuris, es decir, la falsa divinidad de éstos. Además, al parecer, era experto conocedor sobre la fe andrastina e imperial del Hacedor. Así como también, conocía un poco de todos los otros cultos de Thedas. Pero como todavía no había en las tierras de Fen'Harel adoradores de otras religiones, no se hablaba demasiado de éstas. Era bueno saber sobre este personaje, porque yo quería conocer un poco más sobre Shartan, próximamente.

Después estaba el Catador, que cuando escuché del cargo no pude evitar reír. Al parecer era el encargado de probar la comida que se serviría en la mesa del monarca, ¿qué utilidad tenía? Pues solo Fen'Harel lo sabría. Suponía, sin embargo, que era un poco de etiqueta para darle imagen de ostentoso poder a los elfos, frente a las otras razas, cuando por fin se supiera sobre la real existencia de Fen'Harel, como líder de los elfos.

Se contaba además con los Chambelanes, que eran dos jovencitos muy interesantes y despiertos, Dorath y Thradem, funcionarios a cargo de la residencia del monarca. Era un puesto de carácter honorífico, y comprendí que aquellos dos eran los indicados para imaginar cuál sería el próximo sitio donde podría encontrar a Fen'Harel. Así que, por supuesto, entablé conversación con ellos. Thradem era más serio, difícil de sacarle información, pero Dorath era más propenso a la risa, le gustaba coquetear con las elfas que le parecían bonitas y siempre intentaba caer bien. En pocas palabras, un cínico, pero a mí me venía genial su cinismo. Y así, charlando con Dorath, supe que Fen'Harel se encontraría en el ala superior del lado oeste del gigantesco palacio por la noche.

Además, supe que Fen'Harel contaba con su Condestable de Castilla, el encargado de hacerse cargo de las ocupaciones del elfo cuando estaba ausente. Para mi sorpresa, ese puesto lo ocupaba un elfo que yo no conocía, un tal Amrahill, de quien conocía nada. Pero tenía una responsabilidad enorme. Pensé que lo mejor sería echar un vistazo a ese elfo luego, para ver que tanto se parecía a Fen'Harel en personalidad o principios.

Dorath me contó que se estaba queriendo incorporar el cargo de Docel, cuyo objetivo sería identificar jóvenes elfos prometedores (hellathen los había llamado) para que pasaran bastante tiempo al lado de Fen'Harel, aprendiendo sus formas y actitudes, para copiarlas e implementarlas en el resto de los elfos. Asumí que era algo así como el cargo de "paje o acompañante del rey", que tenían los humanos con los jóvenes nobles de las principales casas, que eran destinados al palacio para acompañar al rey. Posteriormente, tendrían el objetivo de formar parte del cuerpo Militar élfico. Por ende, estaría destinado a los últimos hijos de futuras familias nobles de los elfos, asumí. Aunque si debía ser honesta, no veía a Fen'Harel soportando semejante molestia, probablemente de ella se encargaría el tal Amrahill.

Había también cargo de Edecán, secretario militar de oficiales militares de alto rango. Sabía que Onnär era oficial de alto rango, así como Athil, así que, seguramente, tenían sus edecanes que los ayudaban en sus tareas.

Luego estaba el cargo de Embajador, el encargado de representar a Fen'Harel en los demás reinos, tenía entendido que aquel puesto aún no estaba ocupado, puesto que el reino era relativamente nuevo. Si éramos honestos, tenía poco más de meses desde que los elfos habían partido de los Bosques de Arlathan hacia el Palacio Enasalin.

Luego estaba el Gran Maestre, la máxima autoridad en las órdenes militares, y la Excelsa Encantadoramáxima autoridad arcana.

Había Secretario de Estado, era el funcionario que tenía la responsabilidad de la programación cotidiana y la correspondencia del monarca. Actuaba como el canal de comunicación entre el soberano y sus gobiernos y asesoraba cualquier cuestión política y gubernamental. Así, como también se encargaba de hacer relaciones con los otros reinos. El peor cargo que se podía tener, siendo Fen'Harel soberano, que tenía un carácter bastante autoritario, a pesar de adorar la libertad. Aunque suponía que, la mayoría de estos cargos, estaría ocupado por elfos ancestrales, que sabían perfectamente cómo había sido la política en Arlathan y ya conocían las formas del monarca.

Además, tenía Archivista, un tal elfo Elea, que se encargaba de controlar la Biblioteca Ancestral, la que actualmente, contaba con acceso restringido. Lo sabía porque había intentado ingresar y no me habían otorgado el permiso. Maldito Fen'Harel.

Contaba también con un grupo de Eruditos, elfos encargados de instruir a los niños elfos. Eso me causaba gracia. Fen'Harel estaba combatiendo todos los problemas del Continente, intentando estabilizar un reino desde sus mínimos cimientos, pero obligaba a todos los niños a estudiar a diario. Tenía que felicitarlo. La educación era libertad, sin lugar a dudas. Y pocos lo comprendían. Cuando todos los elfos de Fen'Harel, en unos años, supieran leer y fueran eruditos, los demás reinos no tendrían mayor opción que copiarlo, porque el conocimiento haría de este reino, uno de los más poderosos. Así que, él sabía perfectamente lo que hacía.

Tenía entendido que, aquellos adultos que quisieran estudiar, también podían hacerlo. Aunque claro que, la mayoría no lo intentaba. Habían llevado toda una vida carente de alimentación apropiada y la incorporación de conocimientos y nuevas ideas era algo tedioso para aquellos que habían perdido la oportunidad de apreciar el valor de la escritura y un buen libro.

Había también Caballerizo, encargado de la superior dirección de caballos, bueyes y hallas. Había una sección especial dedicada al entrenamiento de Lobos de Guerra, similar a los Mabaris de Ferelden, que preparaban a los Lobos para acompañar a sus dueños a la batalla. Moría de ganas por verlos en acción. Simplemente, me fascinaba. Luego de ver con el respeto que se cuidaba a los animales, supe que Telanadas sería respetada, y eso me había dejado un poco más tranquila.

Así también estaba la Partida de caza, un grupo de exploradores y cazadores que se encargaban de la cacería de animales en el interior del salvaje bosque para proveer alimentos a los elfos de El Pueblo y a los miembros del palacio. Al parecer, lo hacían de forma controlada y la caza indiscriminada no era tolerada por el monarca.

Conocí a una elfa de rostro sin edad, Amrita, que era la Botánica de las tierras, una maga salvaje, aparentemente, de esos que nunca habían recibido instrucción en los Círculos. La mujer tenía a su disposición vastos terrenos y era muy gracioso observarlo porque, a través de la magia, imitaba los distintos aspectos climáticos, logrando cultivar la gran mayoría de las hierbas, incluso las más raras. Muchos elfos se habían sentido interesados en sus prácticas y la ayudaban a diario con su labor. Yo solo había hablado con ella un poco, pero había resultado encantadora, parecía un mujer serena y sabia al mismo tiempo, de carácter templado y amor por cualquier tipo de planta.

Por otro lado, también estaba el Cancilier, era la persona encargada de custodiar el sello real del monarca, ¿cuál era éste? No tenía idea. Pero era este sello el que autorizaba los privilegios y cartas reales. Teniendo en cuenta esto, supe que la reunión que habíamos tenido durante aquella tarde con Fen'Harel había sido totalmente informal y él se había tomado aquel tiempo para hablar con nosotros como compañeros y porque así lo había querido; porque de lo contrario, el cancilier, escriba y varios más deberían haber asistido para dejarlo todo por escrito, con firmas y sellos y documentar cada decisión.

Y finalmente, estaba un grupo denominada Secretos Arcanos, que no me habían sabido especificar a qué se dedicaban ni quiénes eran, pero, aparentemente, se encontraban en el ala superior del palacio donde todos teníamos acceso restringido. Y ese era el lugar que, por supuesto, más llamaba mi atención.

Todos estos cargos eran los que había conocido en estos días, quizás había más. Seguramente, había más. Claramente, Fen'Harel había sido rey en Arlathan, porque sabía perfectamente cómo manejarse. 





Era la noche y yo me encontraba en el ala superior del palacio, en el lado oeste, sitio contrario al Ala de Secretos Arcanos. Estaba sentada sobre una de las hermosas sillas del lugar esperando que en algún momento Fen'Harel saliera de este lugar. Ya había pasado demasiado tiempo desde que yo había estado aquí, cuando sentí unos pasos ascender por las escaleras. Me giré para mirar y, para mi sorpresa, me encontré con Thom Rainier, que tenía entendido, había fingido ser miembro de la Orden de los Guardas Grises, ocupando el sitio de Blackwall... Mmmm y eso no me hacía una pizca de gracia.

- Buenas noches, señorita. – dijo el hombre y se detuvo a mi lado. Yo lo miré algo molesta y él lo notó de inmediato. – Oh, quisiera disculparme por haber usado la identidad de uno de tus hombres durante tanto tiempo...

- ... Un honorable hombre. – dije, agresiva. – Y tengo entendido que no se puede decir lo mismo de ti. – pareció que mis palabras dolieron. Lo pude ver en la mínima expresión que adoptó su miraba y cómo sus ojos se entrecerraron por el golpe que recibió al oírme decir aquello. Me crucé de brazos, sin embargo, no iba a sentir piedad por un impostor como Thom Rainier.

La puerta a mis espaldas se abrió y Fen'Harel salió bebiendo un frasco de cristal de Lirio. Me sorprendió realmente, ¿por qué tenía necesidad de beber Lirio como lo hacían los templarios si no había estado usando magia? A menos que... sí que hubiera estado usándola y en grandes cantidades.

Nos miró a ambos, algo sorprendido (también) y guardó el frasco vacío sobre su cinturón, tomó otro y bebió también. Estaba solo, no tenía ningún elfo ancestral a su lado, lo que me sorprendió más, ¿solo y bebiendo Lirio en tantas cantidades?

- Qué sorpresa. – dijo el elfo, cansado. Su rostro estaba pálido, su cuerpo no llevaba aquella postura característica de él, erguido y orgulloso. De pronto, aquel elfo sin edad, parecía comenzar a tenerla y se podía notar que los milenios que llevaba encima realmente le estaban pesando. – Thom, Heroína, ¿qué necesitan?

- Quería hablar contigo, Solas... - habló primero Thom, yo lo miré molesta, pues llevaba demasiado tiempo esperando a "Solas".

- Sí, también he venido a eso y he estado esperándote mucho más tiempo que este shem... - Fen'Harel me miró molesto, lo noté también en la facción de su rostro a pesar de las marcadas ojeras y la palidez de su piel. Sus ojos seguían teniendo la sorprendente vitalidad de siempre y su voz la misma entonación emotiva que lo caracterizaba, rítmica, en cierta forma.

- Ese "shem" fue compañero mío durante la Inquisición. Situación no compartida contigo, por cierto. – me atacó. No pude creer que lo defendiera, y entonces lo comprendí: claro, ambos habían sido unos farsantes, por eso lo justificaba. Sonreí con malicia.

- Oh, ya veo. Le tienes piedad porque se ha comportado del mismo modo en el que lo has hecho tú.

- Explícate, por favor – se burló Fen'Harel – no comprendo a qué te refieres, Heroína.

- A ser un maldito impostor. – dije. - ¿Ahora lo entiendes?

- Oh, por favor, Praianna... - intentó volver a disculparse Thom, pero el que habló fue Fen'Harel.

- Mi gente tenía un dicho, hace tiempo... - dijo. – El Curandero es quien tiene sangre en sus manos. No se puede tratar una herida, sin saber cuán profunda es. No se puede curar el dolor, escondiéndolo. – cuando dijo aquello miró a Thom, él pareció algo avergonzado, pero mantuvo la cabeza en alto, a pesar de sus propias vergüenzas – Debes aceptar... aceptar la sangre, para que las cosas mejoren, finalmente. – luego me miró. – Thom, hace tiempo, llevó a cabo ese primer paso. "Aceptar la sangre" como un Curandero la acepta para tratar una herida severa, Heroína. Y créeme cuando te digo, esa es la parte más difícil.

> Sin embargo, tú vienes aquí, sin conocerlo y lo juzgas ¿Quién te otorga ese derecho? – yo lo miré, guardando silencio. – Asumiendo, por supuesto, que nunca te has equivocado. Siendo perfecta, aun así ¿crees tener derecho de juzgar el error de un hombre que se ha equivocado, lo ha comprendido, ha aceptado, actuado en consecuencia y pagado su sentencia? – no pude responder, era claro que había ofendido a Fen'Harel. Pero esta vez él no me hablaba con altanería u orgullo, percibí en sus palabras una sabiduría ancestral que nunca había tenido la oportunidad de apreciar. El cansancio que traía ni siquiera le dejaba fuerzas para pelear. O era que quizás, lo que fuera que hubiera estado haciendo allí dentro, había serenado su interior. – Si tu desprecio radica en el hecho de que Thom se encuentre libre y no preso en alguna celda, quiero que sepas, para tranquilizar tu enojo, Heroína, que la Inquisición lo juzgó tiempo atrás. Y encontró castigo adecuado la lucha contra Corifeus.

Los tres guardamos silencio durante un tiempo.

> Este hombre ha pagado la sentencia que los líderes de tus tiempos le han otorgado, ¿crees que aún debe pagar más? ¿Crees que tus reproches o rechazos son necesarios? El rechazo propio, créeme, es peor que el tuyo. – en el rostro de Fen'Harel también vi tristeza... - Y tienes razón. La situación de Thomas también se parece a la mía. Y sé, cuando te digo, que el rechazo propio es peor castigo que tu mirada.

> Sin embargo, Praianna – pocas veces me había llamado por mi nombre, lo miré más sorprendida - ¿eres tú perfecta? ¿O es que quizás no has sido capaz de aceptar la "propia sangre" de tus heridas?, quiero decir, ¿sigues escondiendo tus dolores?

Balbuceé cuando intenté responderle, pero no había nada para decir. Fen'Harel tenía razón, me había comportado como una idiota. Miré a Thom y me disculpé. – Lo siento. He sido una idiota. – el hombre por detrás de mí estaba completamente emocionado por la defensa que el elfo le había dado, me sorprendió verlo tan emotivo.

- Gracias, Solas. No hacía falta que me defendieras.

- No hacía falta que te despreciara tampoco. – respondió él. Luego me miró, guardó silencio durante unos segundos y finalmente dijo: – Supongo que podemos hablar de lo que los afecta. Vayamos al interior de la habitación. - Volvió a abrir la puerta por la que acababa de salir con rostro cansado, y los dos ingresamos para mantener una charla con él. Me pareció que para Solas era un gran esfuerzo continuar en pie, pero por algún motivo que se me escapaba, lo hacía ¿Quizás quería mostrarnos que estaba bien? Que no estaba agotado, que su cuerpo no gritaba, en el silencio de aquella actuación de encontrarse perfectamente, que requería descansar de inmediato.

Sentí... algo por él. Que no sabría describir, entre pena, compasión y asombro.

De pronto, la imagen que había tenido sobre Fen'Harel comenzaba a cambiar. El elfo era realmente digno líder de ser seguido. Y yo no podía creerlo. Comprendía por qué había logrado reunir a todos los elfos bajo su liderazgo en las épocas de Andraste, si es que él había sido Shartan, porque cuando comenzabas a conocerlo, daba gusto seguir sus convicciones y nacía una necesidad de protegerlo, convencido de que, a través de él, llegaría la victoria. Y fue ese día, el que comencé a admirarlo.

En el interior de la habitación me encontré con un salón bellísimo y extraordinariamente amplio.

En el interior de la habitación me encontré con un salón bellísimo y extraordinariamente amplio        

- Vaya, Solas... No deja de sorprenderme la belleza de este palacio. – dijo el shem.

- Este había sido el palacio de Mythal y Elgar'nan – nos dijo. – Los Evanuris más poderosos del Imperio. – guardó silencio. – Esta belleza que aprecian, fue construida con millares de vidas élficas y sometimiento de espíritus.

- Lo siento. – dijo Thom.

- Yo también lo siento. – respondió él. – Pero sí, es bellísimo... Aunque tendrían que haber visto los palacios y templos de June.

- ¿Más bellos que esto? – pregunté sin creérmelo.

- Mucho más. Habían sido arte pura. Envidiable... - respondió con nostalgia. – Solo que no tan espacioso como los de Mythal y Elgar'nan.

Caminamos sumidos en el silencio durante largo tiempo, hasta que estuvimos al final del gran salón ¿Para qué usaban este sitio? ¿Y para qué lo habían usado en Elvhenan?

Yo vi una cosa extraña, similar a un clavicordio a la distancia y sobre uno de los costados que dejaban de lado la amplitud impresionante del salón. Me acerqué a esto y escuché que los dos hombres me siguieron. - ¿Qué es esto? – levanté una tapa y vi un teclado.

- Es un instrumento de mi época. – respondió él. – Se llama piano, es una mejora de los clavicordios. – nos dijo.

- ¿Y sabes tocarlo? – pregunté entusiasmada.

- Por supuesto. – me respondió. Yo lo miré, esperando que nos permitiera oír una canción, él me sonrió. Creo que fue la primera vez que lo hizo sin ese hilillo de maldad en su mirada, pero con un cansancio notorio.

- Oh, Solas... No te puedo creer, ¿sabes tocar esta cosa? – preguntó Thom.

- Sí. Amaba tocar el piano. – nos dijo. – Y yo era muy amigo del matrimonio. Pasaba tiempo suficiente aquí, así que... todo lo que me otorgaba comodidad se encontraba en este palacio. – guardó silencio. – Decir "amigo", es una mentira. – nos miró. – Lo saben, ¿no? – Thom asintió.

- Pero de Mythal sí lo habías sido.

- Lo había creído, sí. – respondió él y en su mirada hubo tristeza. Vaya, Mythal y él habían tenido alguna especie de "traición" en el pasado, sus ojos lo expresaban con claridad. Y era algo que le dolía aún ahora.

Fen'Harel se acercó a mí y se sentó sobre el banquillo frente al piano.

- Oh, realmente nos encantaría escucharte. – le dije, agradecida. – Pero te noto tan cansado, que me da pena que lo hagas para complacernos. – él nos miró y sonrió.

- Si les da pena que toque una melodía, deberían dejar que fuera a descansar. – molestó, y esta vez en su sonrisa sí hubo esa malicia, de él. – Sin embargo, no lo hago para complacerlos, lo hago para compartirlo con ustedes... - y con aquellas palabras comenzó a tocar una melodía tranquila, suave, acogedora. Thom y yo nos miramos sin creer que nos había permitido oírlo. Así que, en un silencio cómplice tomamos asiento sobre un sillón situado a un costado del magnífico piano. Decir que su talento nos transportó a otro mundo, quizás Arlathan, sería poco. Thom y yo no podíamos dejar de oírlo, hipnotizados por aquel sonido. No estuve segura de cuánto tiempo pasó mientras él tocaba, pero de lo que sí estuve segura fue de que jamás me cansaría de oírlo.

Finalmente, él dejó el teclado y nos miró, algo más sereno, podía percibirlo en su mirada. La pena por haber mencionado a Mythal ya no estaba y se encontraba renovado, del mismo modo en el que nosotros dos nos sentíamos a su lado. – Bien, ¿de qué querían hablar?

- Solas. Eso fue magnífico. – dijo Thom.

- Creo que podría escucharte toda la noche. – le dije.

- Pues no, Heroína. Debemos descansar los tres. – me corrigió, pero yo seguía bajo aquel efecto de hipnosis. Estaba conociendo al legendario Solas, por primera vez. Porque este elfo era Solas, Fen'Harel era la máscara que se ponía frente al mundo. La máscara de poder y orgullo, el líder de Rebelión, el Lobo Terrible que destrozaría a cualquiera que intentara maltratar a los elfos de El Pueblo. Pero Solas... Solas era este elfo, el artista, el músico, el sabio y solemne Solas...

Estaba maravillada.

- Solas... - habló Thom. – Quisiera que hiciéramos algo respecto a Sera. – dijo. – Ya sabes que ella y yo teníamos una buena relación y me carcome la consciencia no hacer nada para rescatarla ¿Crees que podamos hacer algo?

- No lo sé, Thomas. – le respondió. – La última vez que la visité en el Más Allá, Andruil casi había tomado control sobre su cuerpo. Pero podría intentar conectar con ella, una vez más.

- Por favor.

- Tendré que hablar con la Excelsa Encantadora y ver el modo de protegerme si conecto con Andruil en el Más Allá. Podría llevarme un tiempo, pero podemos intentarlo.

- Te lo agradecería profundamente. Sentir que nos hemos dado por vencidos con ella, no me gusta. Y Sera odiaba todo esto... y la magia, al final, la tomó presa de ese demente y te juro que... - el shem mostró una pena tangible. - ... me destroza.

- Lo haré. – le dijo. – Pero dame tiempo para prepararlo.

- Gracias, en serio. – Solas me miró.

- Y tú Heroína, ¿qué deseas?

- ¿Por qué no me llamas por mi nombre? – le pregunté. – Soy Praianna.

- Lo haré si lo deseas.

- Sí. – dije. - ¿Puedo decirte Solas, en lugar de Fen'Harel?

- Por supuesto. – le sonreí.

- ¿Porque ese es tu nombre? – bromeé y él sonrió, pero un brillo diferente, que no supe interpretar, surcó sus ojos. No me respondió ni "sí", ni "no" ¿Acaso Solas, no había sido siempre su nombre? Aunque si lo pensaba Solas, significaba orgullo, una cualidad... ¿Podría ser que él lo hubiera elegido al despertar en Thedas? ¿O incluso antes? ¿Ya en Arlathan?

Finalmente, obtuve una respuesta afirmativa de su parte, pero no estuve segura de creerlo. Sin embargo, decidí continuar con lo que me había traído hasta él esta noche: - Bien... Entonces, Solas, quisiera hablar contigo sobre Telanadas. – él se dispuso a escuchar. – Ella no es el único grifo que tenemos. – me miró algo sorprendido. – Tenemos dos hermanos más en Kirkwall. – le dije. – Y no lo había dicho antes porque pensé que tus intenciones con ella eran mezquinas, pero he visto el modo en el que tratan a los animales y las bestias en tus dominios y bueno... lo cierto es que he visto amor y respeto. Y creo que, quiero traer a sus hermanos aquí.

- Perfectamente, podrías. – respondió. - ¿Quieres destinar un grupo de Guardas para buscar a los otros ejemplares o prefieres ir con el grupo de la antigua Inquisición?

- Quisiera elegir un grupo e ir a buscar al resto a los grifos. – dije. – Pero hay un tema más. Si más Guardas quisieran venir a tus dominios, ¿lo permitirías? – en su rostro vi algo de incomodidad. – Te prometo que no haré cosas a tus espaldas, en serio. – dije rápidamente. – Puedes confiar en mí.

- ¿De qué número de Guardas estaríamos hablando? Ya me está costando integrar a los que has traído y el resto de los humanos que no quieren acatar órdenes de los elfos. Y los elfos, por supuesto, aún tienen sus reservas con la raza humana. Aun no se reconocen como iguales.

- No lo sé. Ese es el punto... - le dije. - ¿Todos los que fueran posible? – Solas sonrió.

- ¿Eso quiere decir que te sientes protegida en mis dominios, Praianna? – Y ahí estaba de nuevo, el tono burlón de Fen'Harel. Entrecerré mis ojos algo molesta. - Vaya, vaya... Esto sí que es una novedad.

- Claro que me siento protegida. – le dije. – Eres un maldito adicto a los detalles. Piensas en todo y tienes planificado, todo ¿Quién podría no sentirse protegido en tus dominios?

- Espero que mis enemigos no tengan ese sentimiento. – volvió a burlarse. Odiaba cuando lo hacía.

- Bien. Me gustaría tener a los miembros de mi Orden aquí, porque yo he sido testigo de la horda de engendros que nos atacó en Weisshaupt y te digo, eran muchísimos.

- Déjame pensarlo. – pidió. – Luego te daré esa respuesta. En cuanto a los grifos: no hay problemas. – Solas se puso de pie. – Bien... Si no hay nada más que hablar, quisiera ir a dormir. – nos pidió.

- Por supuesto. – dijo Thom y se puso de pie a su lado. Yo lo imité. Miré a aquellos dos y podía ver que también había cierto respeto ¿Acaso todo el mundo lo respetaba? Entonces volví a mirar a Solas... pero lo cierto era que, yo también comenzaba a entender por qué todo el mundo lo respetaba... porque era de otro mundo.

De Arlathan, para ser específicos.

Nos retiramos los tres. Volvimos a dejar atrás el hermoso salón y salimos por aquella puerta. Comenzamos a descender los escalones, yo me adelanté y cuando nos separamos, noté que Thom y Solas permanecieron un tiempo juntos. Yo simulé seguir mi camino, pero cuando no estuve sobre el campo de visión de aquellos dos, escuché la conversación de ambos. – Thomas... - empezó la voz de Solas. - ¿Has pensado en unirte a los Guardas Grises? – me estremecí al oírlo decir aquello, Thom rio a su lado. – Sabes cuál es mi postura con la Orden, pero entiendo que, en el pasado, fue la que te dio rumbo en tu vida y objetivo. Ahora que está aquí la Heroína, ¿lo has pensado?

- Por supuesto que lo había pensado. – respondió él. – Pero hoy estuve a su lado... y la verdad es que no sé si es una líder que quisiera seguir. – sentí vergüenza de mis propios actos.

- Comprendo. – dijo él. – Comunícame lo que decidas. De lo contrario, me vendría bien usar tu experiencia en el campo de batalla con los elfos.

- Oh, vaya, Solas. Cuando lo desees. – dijo. – A mí me vendría bien hacer algo aquí, a decir verdad. – rio. – Luego del tiempo que estuve bajo los cuidados de Fiona para recuperarme de la infección pulmonar severa que tuve... Bueno... estuve mucho tiempo sin hacer nada. Y ya sabes, soy un hombre grande. Necesito estar en movimiento para que mi musculatura recuerde el peso de una espada. – Thom guardó silencio. – Además... por las noches... las torturas vuelven a mis recuerdos... una y otra vez... Es difícil encontrar paz después de aquel tiempo en la Torre Siniestra.

- Lo siento. – dijo Solas.

- Yo también.

- Recuerdo que durante la Inquisición te había gustado entrenar a los jóvenes reclutas... - dijo Solas. – Quizás podrías hacerlo aquí también. Así los elfos comienzan a comprender que no todos los humanos son unos traidores. – Thom rio. – A veces me pregunto si es lo correcto enseñarles a confiar en tu raza.

- Los elfos tampoco han sido los más benevolentes de la historia, por lo que nos cuentas. – le respondió Thom, ahora Solas sonrió. – Y lo cierto es que hoy, tú puedes matarnos a todos. – bromeó.

- Oh, vaya. No puedo discutir con ello. – noté que ambos rieron y comenzaron a avanzar otra vez, así que, aunque quisiera seguir oyéndolos, tuve que huir para que no supieran que los había espiado.

Corrí sin mirar al frente y, de golpe, di de lleno contra el cuerpo de alguien, escuché una queja, con voz de mujer y sentí que ambas caíamos al suelo. Miré al frente y encontré a Leliana aplastada por mí, su mirada completamente perdida, sus pupilas dilatadas, como si la hubieran drogado con algunas hierbas o algún veneno. - ¡¡Leliana!! – la tomé en brazos y sentí los pasos acelerados de aquellos dos, que descendieron las escaleras y se situaron a mi lado.

Solas se agachó y tomó a Leliana en brazos, ella no miraba a ningún sitio en particular y solo repetía con una voz siniestra "Lebennin", "Lebennin", "Lebennin", noté la expresión en Solas, fue de total asombro, consternación quizás al oír aquellas palabras y tuve miedo. - ¿¡Qué sucede, Solas!? – casi grité, pero él no respondió, cerró sus ojos, su aura celeste lo cubrió, noté lo delgado que el Velo se volvió sobre nosotros, tanto, que levanté la mirada al techo del palacio, esperando encontrar una grieta sobre ambos, pero en lugar de ello, brilló con gran intensidad una luz, radiante, enceguecedora. Thom cubrió sus ojos con el antebrazo, yo me vi obligada a hacer lo mismo, hería la visión tanto resplandor, pero mi corazón se llenó de paz y esperanza.

Sentí unos extraños sonidos sobre aquellos dos, y me obligué a mirar, noté que Leliana se sacudía sobre los brazos de Solas, como envuelta en un trance, convulsionaba y una espuma comenzó a salir de su boca. Solas, además, estaba adquiriendo una coloración tan pálida como la muerte, pero la luz sobre nosotros, seguía inundado todo el vestíbulo gigantesco, donde nos encontrábamos, mientras él la abrazaba y recitaba ciertas palabras que desconocía sobre su oído. Aunque Leliana, parecía no escucharlo, no responder al poder de Fen'Harel. Y la paz me abandonó.

Me abalancé sobre él y tomé otro frasco de Lirio de su cinturón, lo abrí y lo llevé a sus labios, Solas bebió, incapaz de seguir modificando el ambiente con una sutileza magistral sin recibir más combustible, parecía que solo una lámina delgada de Velo evitaba que el Más Allá entero cayera sobre nosotros, con sus espíritus y demonios. Y entonces lo percibí: el Más Allá estaba cambiando. No era la misma belleza y sutileza conocida de antaño, no era la familiaridad con la que me había llenado de su poder todos estos años... No, ahora era... incluso más bello, más imponente, más atrapante. Tan bello como el canto de La Llamada.

Apoyé una mano sobre él y liberé mi aura, permitiéndole usar mi vitalidad, de ser necesario y fue en ese instante en el que sentí que mi vida se consumió. El debilitamiento de mi cuerpo fue extremo, tuve náuseas y me mareé. Solas levantó su mano, desgarró el Velo, una grieta contenida se abrió y aquella luz descendió a nuestro lado, tocó a Leliana en la frente y ella cayó dormida. Yo caí rendida al suelo, a punto de perder la consciencia. Solas casi me había matado.

Volvió la paz en el vestíbulo. El silencio de la noche.

Sentí que me tomaban en brazos, era Thom, oía que llamaba a Solas casi entre gritos, pero éste no respondía, abrí y cerré mis ojos, sin entender nada, todo empezaba a oscurecerse. Noté que el hombre estaba alterado, muy alterado, así que giré mi rostro y encontré a Solas y Leliana, sin consciencia sobre el suelo. Quise hacer algo, pero todo se volvió oscuro también para mí.

 

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El dios rebelde

Los dalishanos usan la palabra "harellan" con el significado de "traidor de los suyos", pero el término no aparece en ningún texto élfico anterior a la Era de La Torre. De la antigua palabra raíz derivan "harillen" (oposición) y "hellathen" (pugna noble). Los dalishanos consideran que Fen'Harel es el dios del engaño, pero una traducción más fiel sería la de "dios de la Rebelión".

Contra qué se rebeló exactamente, es una historia que se ha perdido en el tiempo. En las leyendas dalishanas, Fen'Harel sella el destino de los demás por amor al engaño. Si llegamos a entender más del elfo antiguo, quizás encontremos versiones anteriores del Lobo Terrible en que se le da una motivación más variada, aparte del despecho.

- De "Un tratado sobre las costumbres paganas y herejes de los elfos" de Senallen Tavernier, de la Universidad de Orlais, por encargo de la emperatriz Celene.

* Este códice si pertenece a Bioware.

***

POV Elentari

Había estado caminando, una vez más, en las Llanuras Exaltadas, como lo había hecho durante mi época en la Inquisición. Pero todo era más oscuro que lo que recordaba, los haces de luz no lograban atravesar el follaje de los árboles, el aire era frío, gélido y se acompañaba a un aroma de flores, conteniendo la podredumbre de los cadáveres.

Me agité, giré mi rostro rápidamente y no encontré ninguna fosa común, ninguna matanza: pero allí estaba, ese aroma a muerte contenida, a cadáver que comenzaba a transitar la descomposición.

Una rápida imagen surcó mi mente y el paisaje cambió por completo: la Gran Necrópolis, lo supe de inmediato. Nunca había estado allí, nunca había estado en Nevarra, pero aquella ciudad de muerte que había vislumbrado, había sido eso, aquel sitio... aquel lugar. No tenía dudas. Visualicé un grupo de personas en alguna especie de ritual.

De golpe, todo cambió. Otra vez estaba en las Llanuras Exaltadas, caminaba sin nadie a mi lado y de repente me encontré con aquel pequeño altar de Fen'Harel, el mismo que había visto años atrás con Solas a mi lado y él había sido consciente del miedo que despertaba el dios del engaño y la traición en mi mente. El día que Solas me había explicado que Fen'Harel no deseaba alabanzas, pero yo no se lo había creído.

Y allí estaba otra vez yo. Frente al altar. La estatuilla del lobo estaba frente a mí, colocado de la misma manera que Solas lo había dejado y las piedras, aquellas que yo había vuelto a acomodar aquel día por miedo, ahora volvían a yacer esparcidas sobre el suelo, como si mis manos nunca hubieran intervenido en devolverlas a su sitio.

De golpe, el aire se vició y unos rápidos movimientos sonaron a mis espaldas, las sombras y sus espectrales formas se movieron. Yo me giré de inmediato, aterrada. No encontré nada, solo sombras y más sombras, que comenzaban a rodearme y recordé aquella noche que había soñado algo similar y aquella presencia...

... de golpe, detrás de mí sentí la maldad. La muerte misma se acercaba. Me paralicé, detrás de mí había solo silencio y muerte. Lentamente, comencé a girar mi rostro, temblorosa, en pánico por encontrar a Fen'Harel detrás de mí... porque también sabía que era él y me daba muchísimo miedo.

POV Solas

Praianna apoyó su mano sobre mi hombro y liberó su aura. Si accedía a la ayuda que me estaba ofreciendo, sus secretos estarían a merced de mi mente, la elfa no lo había sabido, pero al permitirme el acceso a su ser, su maná, su vitalidad, yo tenía acceso a su mente... En el pasado, Praianna no me había dejado vagar por sus recuerdos y yo me había preguntado por qué... ahora, sin haberlo sabido, ella misma me había dado acceso a su alma... Y no perdería estar oportunidad.

Miré a Leliana, quien una y otra vez nombraba la entidad espiritual, Lebennin... Y lo comprendí: comprendí qué era Leliana.

No podía creerlo... había estado allí. Había estado frente a mí durante todos estos años y yo no lo había notado, no me había percatado. Era ella.

De golpe, mi cuerpo tembló, el Más Allá se oscureció. Su fuerza me aplastó, ¿por qué estaba tan cerca del mundo despierto?

Fen'Harel...

No, no.

Sin pensarlo dos veces, absorbí la vitalidad de la Heroína casi hasta dejarla muerta, ella inmediatamente se descompuso a mi lado. Levanté mi mano, usé el poder de los Mago de las Grietas y abrí una grieta controlada. Sanación descendió y apoyó su fluir mágico sobre Leliana, yo cerré mis ojos y me entregué al Más Allá. Y conocí los secretos de la Heroína... Ella y yo nos debíamos una charla.

POV Elentari

El rugido de un lobo me asustó y cuando iba a girarme para enfrentar a Fen'Harel, el lobo rebelde me tomó en brazos. - ¿¡Qué haces!? - escuché su voz notablemente alterada, molesta y asustada al mismo tiempo. Sus manos me apretaban los brazos como garras y la desesperación entonaba una melodía desesperada.

- Solas... - dije al dirigir mis ojos hacia él y habiendo perdido, una vez más, la oportunidad de ver a Fen'Harel. - ¿Qué sucede? - los ojos de Solas estaban exasperados, estaba enojado, conmigo, pero no sabía por qué... Yo lo tomé de sus brazos y noté que temblaba hasta la punta de mis pies. No había sido consciente del miedo que había tenido.

Fen'Harel... estaba detrás de mí. Lo sentí otra vez. - le expliqué.

- ¿Qué quieres decir con "otra vez"?

- Ya lo había sentido... años atrás... y tú ya me habías despertado.

- Eso es imposible. - me dijo.

- En las Llanuras Exaltadas... Él me había buscado en sueños... cuando yo no sabía que tú eras Él... - y de golpe la realidad me dio un puñetazo de consciencia y lo entendí. Solas y Fen'Harel no eran los mismos. Solas acababa de defenderme de Fen'Harel...

El aire comenzó a faltar en el interior de mis pulmones, mi sangre bailoteó en un ritmo traicionero y sentí que las fuerzas de mis piernas no eran suficientes para sostenerme.

Solas no era Fen'Harel...

Solas no era Fen'Harel...

Él me sostuvo. - ¡Vhenan!

Más mentiras, más mentiras... Seguía mintiéndome. Nunca me decía la verdad. Nunca. Pero no podía pelear, sentía que me perdía, que el mundo despierto tiraba de mí con fuerzas. Noté que Solas tenía su aura sobre su cuerpo. No, no era el mundo despierto el que me despertaba... era él... era Solas... me estaba sacando de aquí.

- No eres Fen'Harel... - pude susurrar... y como un eco casi olvidado, sentí sus palabras:

"Eres la hija del silencio observando piedras. Mira a las estrellas arrojar todos sus fundamentos maravillados a ti y a los tuyos, siempre preguntando por más."

Abrí mis ojos sobre la cama de mi habitación y me senté de inmediato, llevando mis manos sobre mi cuello como si alguien me hubiera quitado todo el aire del cuerpo. Temblaba, temblaba incontrolable: Solas no era Fen'Harel.

¿Quién eres?

Recordé aquellas palabras que Lukast había compartido conmigo: "La inmensidad y la oscuridad formaron la noche y dieron origen a las estrellas gracias a la sangre de Lusacan. Por su sangre vagaba la fuerza de la inmensidad de la noche y el brillo de las estrellas era la esperanza del próximo día.

Solo el oro sería capaz de retener a la noche, pues su color quitaba intensidad a la inmensidad de su negrura y era el tesoro más grande de Urthemiel ¡Ay de nosotros si toman a los hijos de la noche! ¡Ay de nosotros si apagan a las estrellas! ¡No podremos esperar otro mañana si las estrellas quedan aciagas!

Lusacan, protege a las estrellas. Mientras ellas habiten habrá un mañana".

Las palabras que había oído en el Más Allá, volvieron a ser presente: "Eres la hija del silencio observando piedras. Mira a las estrellas arrojar todos sus fundamentos maravillados a ti y a los tuyos, siempre preguntando por más."

¿Hija del silencio? ¿Observando piedras? Piedras como los Titanes... ¿como la Roca adorada por los enanos?

¿Las estrellas arrojando fundamentos maravillados a mí y a los míos? Quienes siempre preguntábamos por más... ¿Qué había sido aquello?

Sentí unas incontenibles ganas de llorar... Solas me seguía mintiendo, a pesar de que yo era su Gran Sacerdotisa. Pero no se lo iba a dejar pasar.

Me levanté y salí de mi habitación en pijamas sin importarme nada. Lo levantaría, aunque fuera la madrugada. Cerré la puerta de forma agresiva y oí un revuelo en el salón de abajo, en el vestíbulo, escaleras abajo. Comencé a descender los escalones, con las cejas enarcadas por la sorpresa de que "algo" estuviera sucediendo esta misma noche en el mundo despierto también. Pero cuando vi que Onnär se acercaba corriendo y Dilghalen descendía del otro lado escaleras, ambos en pijamas élficos y liberaban magia para encender los candelabros del lugar, yo comencé a descender con la misma rapidez que ellos.

Cuando estuve en el vestíbulo me encontré con Thom sosteniendo a Praianna muerta o desmayada, era difícil saberlo porque estaba pálida como la muerte misma, Leliana en el suelo con espuma sobre sus labios, también inconsciente (quise creer) y Solas...

... Solas sin consciencia del mismo modo, sostenido por Athil que gritaba órdenes en élfico.

"¡¡Cierra la maldita grieta!!", escuché que Onnär me gritó, mientras se lanzaba al suelo para sostener el cuerpo de Leliana, inerte. Levanté mi mano, miré sobre mí y noté un trazo firme y delicado en el Velo, perfectamente contenido e intencionado y supe que ese había sido Solas. Había desgarrado con una precisión de cirujano el Velo para no continuar debilitándolo. Por estos tiempos el Velo estaba muy debilitado, después de todo la Era del Dragón había sido denominada de este modo por ser una era de múltiples batallas y rebeliones. Los espíritus y demonios se empujaban sobre el Velo y los cinco Archidemonios derrotados habían debilitado lo suficiente la Contención.

"No lo sé, no lo sé", decía una y otra vez Thom, cuando Dilghalen le preguntaba qué demonios había sucedido.

Yo cicatricé el Velo y corrí sobre Solas y lo tomé en mis brazos, Athil me lo entregó. - Conecta con su interior. Eres su Gran Sacerdotisa, ¡tráelo de vuelta! - ¿Qué? ¿Traerlo de vuelta de dónde?

- ¿Está en el Más Allá? ¿Atrapado? - pregunté sin entender nada.

- Entró en uthenera, no sé a qué fuerza lo obligó a ingresar sin reservas de maná o a qué reino se dirigió, pero su espíritu ha menguado. No lo percibo dentro de su cuerpo. - me dijo. Yo sentí que, en ese instante, mi vida se frenó. Estaba sosteniendo el cuerpo de Solas sin alma... estaba muerto...

Dilghalen que corrió sobre él. - ¡¡Vamos!! - me gritó. - ¡¡Devuélvele la vitalidad!! ¡Trae de vuelta su espíritu!

- ¿¡Uthenera!? - dije sin creérmelo. - ¿Qué? - de mis ojos comenzaron a caer lágrimas. - ¿Cómo lo hago? ¿Cómo lo traigo?

Nolan llegó corriendo también sobre nosotros, junto con otro elfo que yo no conocía. Al poco tiempo otra elfa también se hizo presente. Todos en pijama, habiendo todos sido despertados no sabía por quién y al mismo tiempo.

- Vamos, tenemos que realizar el ritual. Elentari deberá traerlo de nuevo a Thedas. De lo contrario, desgarrarán el Velo y todo habrá terminado para ellos. - dijo esa elfa que yo no conocía.

- ¿Qué demonios sucede? - preguntó Thom, quien aun tenía en sus brazos a Praianna.

- ¡¡Eso responderás tú!! - Nolan se abalanzó sobre él. - ¿Qué demonios le hiciste a Solas? ¿Qué le has hecho? - no sabía que ese elfo apreciaba a Solas como el resto. Había pensado que, al haber tenido vallaslin de Mythal, quizás era un espía, un traidor.

Nunca lo había visto molesto, siempre había notado que era burlón y juguetón con todos, especialmente Dorian. Pero esta noche, su rostro estaba rabioso y solo le gritaba a Thom, que entendía tan poco como yo.

- Nada. - intentó explicar - Praianna encontró a Leliana en una especie de trance y Solas se lanzó sobre ella, diciendo palabras en élfico, intentando sacarla de ese trance. - todos los elfos se giraron de inmediato y en una coordinación perfecta sobre el cuerpo de Leliana, sostenido por Onnär. - Pero no pudo ayudarla, así que llamó a... un espíritu, supongo, porque la luz que salía me dejó ciego... aún así no logró ayudarla. Entonces Praianna le entregó esas cosas que tienen los magos. Su fuerza, no sé qué. Él la tomó en sus brazos y casi la mató. Abrió el Velo, esa luz tomó una forma extraña, tocó a Leliana en la frente y dejó de convulsionar, pero para ese momento, Solas ya no tenía consciencia.

Hubo un gran silencio y de golpe, todos los elfos se giraron hacia esa elfa que yo no conocía, la que había mencionado el ritual.

- Está sucediendo, muchachos. - dijo la elfa desconocida en élfico antiguo. - Nolan, lleva al humano y la guarda a sus habitaciones. Nos vamos a la cámara de los Secretos Arcanos. - volvió a hablar en élfico antiguo.

POV Solas

El Más Allá se presentó ante mí moldeando viejos recuerdos una vez que liberé a Elentari de este sitio. Tan antiguos habían sido estos recuerdos, que presumí haberlos olvidado.

La figura informe de él se presentó ante mí y la complicidad de nuestro poder arcano hizo arder mi interior. - Yanta nunca debió tener lugar... - me habló el retazo de su recuerdo.

- ¿Por qué? - se lo pregunté. - ¿Por qué? Siempre me has instruido que había sido necesario.

- Porque he comprendido que ha sido un error. Ella nació por el mar y tú desde él. Debieron ser fuerzas complementarias, pero lo has olvidado.

¿Olvidado?

- ¿Cómo es eso posible? - pregunté, afligido. - Ella había sido la voz de la razón. La protectora del pueblo.

- Eso es cierto, pero no tendría que haber recorrido el Camino de Yanta.

- Mythal y yo no lo hicimos simplemente por... - guardé silencio de repente antes de terminar lo que había querido decir, porque ¿no lo habíamos realmente hecho por capricho? ¿Cómo estaba seguro? Estaba seguro de que yo no lo había hecho por capricho, pero ¿y ella? - ¿Por qué no me lo dijiste antes?

- Porque yo también me equivoqué. - me explicó el recuerdo. - Porque yo cometí tu mismo error.

- Espíritus y caminantes... - susurré. La estructura informe me oyó. - ¿Cuándo perdió su camino? - quise saber. Necesitaba saberlo, su traición ardía en el interior de todo mi ser. Yo había sido el Protector de Mythal. Yo había luchado todas sus batallas, había seguido todas sus órdenes. Había creído en ella como no había creído en nadie, ¡había elegido mi guía en su razón! Yo... yo la había amado con locura.

- Tarmenel le habló de tu traición y ella se destrozó. En el año 2531 de la Fundación de Arlathan. - me explicó.

- ¿¡Y lo creyó!? - me exasperé. - ¿Creyó que era capaz de traicionarla? ¡La amaba con devoción!

- Lo creyó. Lo creyó por el "realismo dependiente del modelo". - me dijo. - Tarmenel le contó sobre sus profecías y ella pudo creer que todo lo explicado atribuía satisfactoriamente a los acontecimientos que se estaban sucediendo en ese entonces.

- Cuando el modelo explica satisfactoriamente los acontecimientos tendemos a atribuirle, a él y los elementos y conceptos que lo integran, la calidad de verdad absoluta. - recité, recordando aquella definición de "realismo dependiente del modelo". Fuera lo que fuera lo que Tarmenel le había dicho de mí, a Mythal le cuadró y lo creyó... Destrozándola por dentro, del mismo modo que hoy yo me encontraba herido por su traición. Pero eso había sucedido en el año 2531 de la Fundación de Arlathan, lo que significaba que Mythal había creído en mi traición por casi 2500 años antes de que, finamente, creará el Velo... Pero, ¿cómo era posible que lo creyera? Que yo la traicionaría ¡YO! Entre todos los caminantes de Elvhenan.

> Pero yo jamás la habría traicionado. - aseguré, afligido.

- Ya lo has hecho. - me corrigió aquel recuerdo. - Se ha cumplido tu traición, hijo de Fen'Harel. - mi corazón latió con fuerza, tanta, que mi pecho dolió. - Has traicionado a Mythal, solo que no lo haz hecho en las épocas del Imperio, lo has hecho en otro mundo. Uno creado por los deseos de venganza de ella... Donde el lobo asciende, el dragón es derrotado.

No podía emitir palabra. Estaba paralizado.

- ¿Por qué Tarmenel profetizó eventos tan lejanos? ¿Por qué susurró en sus oídos esas palabras? ¿Por qué? - quise saber.

- Porque tenía que pasar...

- Pero ¿¡por qué!? ¿Por qué tenía que traicionarla? - mi cuerpo entero dolió, ¿por qué? - ¿Acaso no existe tal cosa como la libertad? ¿Acaso estamos destinados a cumplir profecías? ¿Por qué, Ordrel? Dímelo. Sabías mejor que nadie con cuánta devoción la amé, ¿cómo es posible que de mi mano hubiera una profecía de traición? ¿Cómo es posible que se me acuse de traición cuando jamás lo he hecho? ¡¡Solo he reaccionado en consecuencia de sus pedidos!!

- Porque nunca tendrían que haber transitado el Camino de Yanta, hijo de Fen'Harel.

- ¿Es un castigo, entonces? - me molesté. - ¿Lebennin y Fen'Harel nos castigaron a los dos por habernos amado? ¿Acaso intentas decirme eso? Que como a un niño ¿¡¡mi padre se tomó la molestia de castigarme por actuar con libertad!!? ¿¿¡Acaso no existe tal cosa como la libertad!?? - rugí, rabioso. - ¿¡A qué juegan exactamente!? - miré a mi alrededor. - ¿QUÉ ES LO QUE ESPERAS DE MÍ? - volví a rugir. - ¡¡VEN, DÍMELO!! - pero Fen'Harel no me respondió. Así que, me volví hacia la estructura informe del recuerdo de mi Gran Sacerdote. - Fen'Harel ha visitado a Elentari, ¿qué significa eso? ¿Acaso de nuevo me he equivocado? ¿Thedas también pagará por mí? ¿Elentari también? ¿Hay alguna profecía de traición aquí que yo no conozca? - la rabia comenzaba a consumirme. - ¡Dímelo ya! Porque si seré recordado también por haber traicionado a Elentari ¡¡exijo saberlo!!

Me giré y miré todo el reino. - ¡¡VEN Y DIMELO FEN'HAREL!! ¡¡VEN A MÍ!!

- Tranquilo, hijo de Fen'Harel. Tus emociones atraerán espíritus y ellos ya están alterados. - me pidió. - No sigamos arrojando piedras a las aguas del Más Allá. Ya se encuentran turbadas.

> Tu libertad ha hecho temblar las estructuras estáticas del mundo entero... - entonces la estructura informe adquirió, finamente, la forma de mi mejor amigo, de mi hermano de rebelión, de Ordrel... Mi corazón dió un brinco... Volver a verlo fue tan doloroso y a la vez reconfortante, no pude evitar y las lágrimas recorrieron mis mejillas. Ordrel me sonrió. - Oh, por favor... ¿No me digas que te has puesto a llorar? - los dos reímos y nos abrazamos con fuerzas.

- No te das una idea de cuánto te necesito, hermano. - susurré. - Jamás te extrañé tanto en toda mi vida.

- Siempre has dependido de mi, Lobo Blanco. - lo apreté contra mi pecho y anhelé que el destino fuera menos cruel conmigo... ¿Por qué me lo había arrebatado? A mí hermano querido...

POV Elentari

Onnär alzó el cuerpo inerte de Leliana y corrió sobre una pared, dijo otras palabras en élfico y un hechizo perfecto de ilusión dejó al descubierto un Eluvian. Cuando hizo esto, Thom y Nolan ya se encontraban varios escalones arriba, estaba segura de que no lo habían visto.

Dilghalen levantó sus manos y dos antorchas encendieron con Fuego del Velo. Unos garabatos élficos se hicieron presentes y pude comprender su significado por los conocimientos del Pozo de las Penas: Nos creían ciegos, sólo habíamos estado parpadeando, recitaban. Athil mencionó aquellas palabras en élfico antiguo y, como una llave, el Eluvian se activó.

La Excelsa Encantadora ingresó y me invitó que lo hiciera, Athil, detrás de mí, sostenía a Solas, junto con el otro elfo, el que no conocía. Yo atravesé el Eluvian y de inmediato me encontré en otro mundo... Di un grito desesperado, pero Dilghalen sostuvo mi brazo, para que me tranquilizara.

Puede ver que estábamos sobre unas escaleras, frente a éstas, otro Eluvian, pero éste estaba frente a una Luna, rodeado de rayos radiantes y a mis costados, el abismo, la nada misma...

Puede ver que estábamos sobre unas escaleras, frente a éstas, otro Eluvian, pero éste estaba frente a una Luna, rodeado de rayos radiantes y a mis costados, el abismo, la nada misma

Temblé. La elfa y el elfo que no conocía ingresaron, Athil por detrás, sosteniendo a Solas y, finalmente, Onnär, sosteniendo a Leliana.

Dilghalen avanzó, Athil tomó el collar de Solas, ese que él nunca se quitaba, y se lo quitó. Mi corazón sintió una puntada al ver que se lo habían sacado, cuando él siempre lo cuidaba con tanto recelo. El elfo que no conocía se lo pasó a la Excelsa Encantadora, que lo apoyó sobre el espejo relampagueante, el cual brilló y al poco tiempo ardió. Las llamas lo rodearon y rayo y fuego se fundió en una sola fuerza poderosa y amenazante. - Ingresen.

Todos lo hicimos y estuvimos en el interior de otro mundo, una vez más. Había agua a nuestro alrededor y frente a nosotros un árbol con múltiples volutas de colores que se reflejaba. - ¿Qué es este sitio?

- Es el inicio, Elentari

- Es el inicio, Elentari. - me explicó Onnär. - O al menos... lo que habíamos pensado que lo era.

- ¿El inicio de qué?

- El inicio de la vida de los caminantes... - lo miré con sorpresa ¿Los primeros caminantes de Thedas? ¿Cómo era aquello posible? ¿O es que se refería a Elvhenan?

- El árbol que les dio la vitalidad para volverse formes, para caminar sobre la superficie. Creado por el deseo protector de los espíritus y la fuerza inquebrantable de los Pilares de la Tierra. - habló el otro elfo, el que yo no conocía. - Mi nombre es Amrahill, y he sido Oráculo en el Imperio de Arlathan.

> Aquí yace el inicio de la vida terrestre. Aquí los Primeros Caminantes adquirieron forma. - mi cuerpo entero tembló ¿Cómo era posible que esto existiera tan siquiera?

- ¿Estamos en Thedas?

- Estamos en el corazón del mundo. - me respondió Dilghalen. - Es el tesoro del Matrimonio Perfecto. - la miré, compungida, ¿a quiénes se había referido? ¿Elgar'nan y Mythal? O ¿Solas... y Mythal?

- ¿Mythal es la Primera Caminante? - mi voz titubeó, Onnär asintió. Yo ahogué un grito de sorpresa.

- Mythal y Elgar'nan fueron los primeros.

- ¿Y Solas?

- Solas surgió entre los Segundos Caminantes. Los Rebeldes, los hijos de la oposición.

- ¿Qué significa eso? - me estremecí. - ¿Qué es "segundo caminante"?

- Nosotros no conocemos a nuestros creadores... - habló la elfa que no conocía, me giré hacia ella. - Mi nombre es Amrita, soy una Vidente. - me explicó. Llevé mis ojos sobre Amrahill, un Oráculo y luego sobre Amrita, una Vidente.

- Tú... - miré a Amrahill. - ¿Te comunicabas con tus dioses? ¿Quiénes eran sus dioses? - los dioses de Solas, ¿quiénes habían sido?

- Nosotros reconocíamos la importancia de respetar la libertad de los espíritus. Ellos y los Pilares de la Tierra nos permitieron existir. - me explicó. - Reconocimos dos entidades espirituales poderosas, a quienes adoramos en un principio. Lebennin y Fen'Harel. - llevé mi mano sobre mis labios, y di un paso hacia atrás ¿Fen'Harel sí que era un dios? Pero yo había sentido tanto miedo cuando lo había stenido sobre mis espaldas... Solas, ¿dónde estabas?

- Lebennin fue la primera entidad espiritual poderosa que permitió la vida de los Primeros Caminantes. - me explicó la Vidente, Amrita. - Su nombre, el que a nosotros nos dijo, significa "cinco ríos" y con su fuerza dotó de vida a Elgar'nan y Mythal, quienes habían estado destinados a dotar de vida los cinco ríos: Falon'din, Dirthamen, Andruil...

- ... y Sylaise y June, los mellizos. - concluyó el Oráculo. - Ellos representaron el propósito de Lebennin: Justicia/Venganza. Ellos fueron sabios y justos... pero el tiempo... los volvió vengativos.

Fen'Harel creó los Segundos Caminantes. - siguió Amrita. - Ayudado por los Pilares de la Tierra. Y nacieron a quien tú conoces por "Solas", Ordrel, Anaris, Geldauran, Daern'thal, Tarmenel.

- Los Olvidados... - susurré. - Los que inspiraron la "Rebelión de Fen'Harel". - Amrita asintió. - Si Lebennin tuvo el propósito de Justicia/Venganza, ¿cuál fue el propósito de Fen'Harel?

- Libertad/Opresión. - respondió Onnär. Yo lo miré y comprendí que, entre los nombrados, ninguno de estos elfos estaba ¿Acaso habían nacido después?

- ¿Cuántos caminantes hay? - pregunté. - Quiero decir, Lebennin creó a los Primeros y Fen'Harel a los Segundos, ¿y los Terceros?

- Ninguna otra entidad espiritual creó hijos. La superficie se pobló entre los primeros y segundos elfos. - mi corazón se detuvo en seco e hice la pregunta que me atormentaba:

- ¿Alguno de ustedes es hijo de Solas?

- Solas no tuvo descendencia. - explicó Dilghalen. - Él estaba unido a profecías. - la miré con sorpresa y, francamente, sin entender nada, ¿profecías?

- Su descendencia traería el caos sobre Elvhenan. La destrucción. Así que, evitó engendrar hijos. - ¿¡Qué!?

- Pero Elvhenan... - tartamudeé. - Fue destruido... aunque Solas no tuvo hijos.

- No comprendimos que la profecía nunca había hecho referencia a un hijo, a una descendencia genealógica, sino que se había referido a su herencia. Su legado: su sabiduría. - habló la Vidente. - Su espíritu de Libertad, fue su herencia para El Pueblo. Es su herencia.

> Solas se ha rebelado contra todo lo preestablecido. En Elvhenan y lo ha vuelto hacer en Thedas. - La miré sin comprender. - Solas es el Rebelde por excelencia... Solas es quien se rebela contra el poder de todos los dioses. No reconoce divinidad en las entidades espirituales.

- Y nosotros sus seguidores. - dijo Onnär. - Aunque conocemos las profecías, lo acompañamos en su error.

- ¿Qué quieres decir?

- Solas debía destrozar el Velo en Thedas. - explicó Amrahill. Yo me giré hacia éste. - Y ha vuelto a rebelarse. Vuelve a transitar el Camino de la Destrucción.

POV Solas

Sobre mis espaldas sentí la presencia de la Bruja. Me giré y Morrigan, soñando, se encontró conmigo en el Reino de la Rebelión.

- Fen'Harel... - dijo la bruja. - El linaje de Andraste... Vivial carga con la espiritualidad para romper con lo infinito.

- ¿De qué hablas? - me acerqué a Morrigan.

- Vuelves a transitar el Camino de la Destrucción. - me explicó, aunque ya lo había comprendido. Había vuelto a ofender a Fen'Harel. Y otra vez por amor... - La traición de Mythal tuvo un error. Busca en la sangre de la descendencia.

- ¿De Andraste? - interrogué. - Mythal ¿dotó a la Sacerdotisa de sus dones? ¿Fue ella quien permitió que Andraste adquiera sus cualidades?

- Justicia. Andraste representó la Justicia de Mythal.

- Y Flemeth es Venganza. - susurré. - ¿El deseo de venganza hacia mí? - pero la esencia de la bruja que se encontró conmigo durante sus sueños, se desvaneció frente a mis ojos. Seguramente, había despertado en el mundo que despierta.

La descendencia de Andraste... Vivial...

POV Elentari

- ¿Me están diciendo que, si no destruye el Velo, igual estaremos condenados? - pregunté, afligida. - Pero si saca el Velo va a destrozar la vida en Thedas.

- No toda la vida. - me corrigió Athil. - Salvará a todos los elfos. - Y entonces comprendí por qué Solas en los últimos días me había que "no sabía si podría salvarlos a todos". Solo tenía certezas de que los elfos serían salvados. No las demás razas.

- ¿Por qué los elfos?

- Porque el hechizo que hemos estado ejecutando durante años en Thedas, puso en marcha fuerzas en el Más Allá y el Abismo que permitirán vivir a todos los elfos. Solas nunca teorizó un hechizo para salvar a todas las razas... - respondió Athil. - Porque no había sabido de la existencia de estas razas cuando teorizó el Velo...

- ... hasta que decidió cambiar sus planes... - interrumpió Onnär.

- ... una vez más. - agregó Dilghalen y pude percibir el cansancio en su rostro. - Y ahora ha decidido encontrar el modo de salvar a "todos".

- Así que ha estado consumiendo enormes cantidades de Lirio y visitando el Más Allá con mayor asiduidad. - habló el Oráculo. - Quiere encontrar el modo de salvar a todos, si el Velo se llega a destruir.

- Porque la Contención está fuertemente dañada. - agregó Amrita, me giré a mirarla y mi cabeza comenzaba a doler. - No sabe si llegará a tiempo. Está desesperado.

- Pero él no quiere que formes parte de todo esto. - dijo Onnär. - No te quiere involucrar. Quiere pagar solo los daños y las consecuencias. No quiere que cargues con lo que vendrá después: éxito o fracaso.

> Él cambió el mundo de Elvhenan... a lo que hoy es Thedas. Puede que cambie Thedas, a lo que será el próximo mundo. - estaba estupefacta, no podía creer lo que estaba oyendo. - Sin embargo, sin tu ayuda. No lo logrará.

- Pero... - susurré. - Transita el Camino de la Destrucción... De una u otra forma... todo saldrá mal.

- Cuando algo se termina... - dijo Dilghalen. - ... algo comienza, Elentari.

- Tú has nacido de Yanta. - habló Amrita, ¿Yanta? - Yanta es el puente entre aquello de debiera permanecer separado.

> Solas y Mythal siguieron el Camino de Yanta, unificando los Primeros y los Segundos. Y eso llevó a la destrucción, pues Mythal había sido destinada de Elgar'nan.

> Elgar'nan transitó el Camino de Yanta, también. Pues se unió a Tarmenel y nacieron Sylaise y June. - ahogué un grito desesperado al oír aquello. Si bien había oído en el folclore élfico de los dalishanos que Sylaise y June habían sido hermanos, nunca había comprendido qué habían querido decir con ello. Hijos de otra madre, una Segunda Caminante.

> Callisdrema y Ordrel han transitado el Camino de Yanta. Tu madre fue la manifestación física de la Voluntad de Compasión y tu padre un elfo, del mundo despierto, Segundo Caminante. - no podía concentrarme en nada. Solo oía, arrasada por tantas revelaciones.

- Y Solas y tú vuelven a transitar el Camino de Yanta en Thedas... - agregó Amrahill. - La unión de Elvhenan y Thedas.

Chapter Text

POV Solas

Llosk  el lobo asustará a la Luna

hasta que vuelva al bosque de la Aflicción;

Tiha  el lobo, del linaje de  Havrid ,

perseguirá al Sol.

Fragmento de una canción de Elvhenan, intentando explicar el fenómeno de los "eclipses"

En el inicio de los tiempos, en Elvhenan, cuando aun formábamos tribus y no habíamos alcanzado la civilización ni la erudición (es decir, el concepto de "individualización" no existía), recuerdo a mis padres haberme contado una leyenda cuando aun yo había sido un pequeño elfo.

La leyenda decía que Llosk y Tiha habían cazado al Sol y la Luna. Cuando los lobos atrapaban a uno de éstos, se producía un eclipse. Entonces, cuando aquello ocurría, los habitantes del mundo despierto teníamos que apresurarnos a rescatar al Sol o a la Luna haciendo tanto ruido como se pudiera, esperando asustar a los Lobos para que los liberaran.

El ruido consistía en fiestas idólatras llenas de estimulantes alucinógenos y bebidas fermentadas que permitían a los elfos primitivos danzar y olvidar cualquier atisbo de pudor durante aquellas noches cerradas y oscuras, sin Luna o aquellos días sin Sol. La anarquía pululaba libremente y el miedo por la osadía de los lobos permitía a los primitivos caminantes ceder a sus instintos más básicos y simplemente existir sin propósito mayor que el terror por perder alguna de aquellas dos bolas luminosas: el Sol y la Luna...

Recuerdo haber sido niño y haber participado en más de una ocasión en aquellos eventos bulliciosos y caóticos. Recuerdo haber visto a más de uno morir o matar, recuerdo haber tenido miedo y recuerdo haberme preguntado por qué se hacía responsable a los lobos de la ausencia de luz... Recuerdo haber mirado el cielo y haberme preguntado por qué necesitábamos adorar a esas dos bolas, si al fin y al cabo, siempre volvían... Las bolas luminosas no nos dejaban ni nos dejarían, independientemente de nuestras alabanzas o nuestros miedos.

Los años pasaron y los lobos continuaron raptando al Sol y la Luna, pero con la repetición de aquel evento, pude notar que había un "patrón" establecido. No solo los lobos raptaban a las dos bolas luminosas, sino que además, lo hacían en intervalos predecibles... Predecibles para cualquier observador del firmamento. Se los conté a mis padres, para que no tuvieran miedo, pero me dijeron que estaba equivocado. Así que, no se lo conté a nadie más.

Así, aquellos días en los que los eclipses tenían lugar, en mi mente surgían las primeras preguntas de rebelión, ¿por qué? ¿Quién nos decía todo aquello? ¿Por qué teníamos que bailar y beber y consumir hierbas potentes para gritar, inundar el día con lastimosos gritos, aullidos salvajes y alaridos desmoralizantes? ¡Los lobos ni siquiera se asustaban! Huían de nosotros avergonzados por nuestros comportamientos insensatos.

Y así, la oscuridad horrorosa que surgía de la ausencia de las dos bolas sagradas para los elfos primitivos, había sido un haz de luz para mi mente rebelde. Surgía el pensamiento y el concepto de individualidad en mí. Comenzaba a verme apartado de aquella naturaleza, pero al mismo tiempo, inmerso en ella. Éramos uno, pero a la vez, diferentes. Yo era "algo" más en la naturaleza, y ésta, era mi hogar... pero yo no era ella.

¿Por qué?

Los años y siglos pasaron y, en una ocasión, tuvimos una catástrofe natural y un ciclón azotó donde nos encontrábamos, destrozando todo a su alrededor. A los tres días, llegó un eclipse Lunar. Los elfos lloraron por el miedo: el ciclón había destrozado toda vegetación y no teníamos frutos para fermentar o hierbas para alucinar. No teníamos estimulantes para gritar a los cielos y que los lobos se asustaran. Entonces, los elfos se asustaron más y se sintieron desamparados. Corrieron a esconderse en cualquier sitio, y aquella noche, no hubo escándalo, sino todo lo opuesto: silencio. Silencio para no ser encontrado.

Y, a pesar del silencio, la Luna, volvió a brillar. Los elfos se maravillaron y por primera vez pensaron que quizás las bolas sagradas no necesitaban de nuestros gritos para asustar a los lobos y poder volver. Quizás las bolas sagradas podían volver por sí solas.

Con el correr de los tiempos, se tuvieron que dar cuenta de que los eclipses no se producían al azar, no era cuestión de los lobos, sino que eran patrones regulares que se repetían. Cada determinado tiempo la Luna o el Sol se tomarían una licencia en los cielos, pero volverían. Siempre lo hacían.

Los eclipses lunares eran más fáciles de ver, y fueron los primeros que pudimos predecir. Los eclipses solares, en cambio, solo fuimos capaces de reconocer y determinar su patrón cuando comprendimos que sólo eran visibles en una franja de la tierra. Pero había algo más. Durante estos eventos el aura mágica que nos rodeaba se intensificaba extraordinariamente y era el momento propicio para llevar a cabo un abuso de las fuerzas del Más Allá. Aunque, claro que este conocimiento, lo usamos a nuestro favor, muchos siglos después.

En toda sociedad primitiva resulta natural adscribir los actos violentos de la naturaleza a un panteón de deidades traviesas o malévolas. O, incluso, a una sola deidad, como sucede en el monoteísmo. Incluso en Thedas, tierra primitiva en relación a los conocimientos alcanzados en Elvhenan, la capacidad de sentirse culpables de los elfos y humanos era tan marcada que siempre buscan maneras de acusarse a ellos mismos por las catástrofes naturales.

Y yo me negaba a creer en ello.

Para mí, la ignorancia de las formas de actuar de la naturaleza condujo a las razas a inventar dioses que dominaban cada uno de los aspectos de la vida ¡Incluso yo había sido uno de ellos! ¡Yo era uno de ellos!

Había dioses para todo: para el amor y la guerra, del sol, de la tierra y del cielo, de los ríos y los océanos, de la lluvia y los truenos, e incluso de los terremotos y los volcanes. Cuando los dioses estaban satisfechos, las razas devotas eran obsequiadas con buen clima, paz y ausencia de desastres naturales. Cuando se enfadaban, en cambio, venían las sequías, guerras, pestes y epidemias.

El Elvhenan yo había sido Elgar'din, Divino de las Mareas y la Sabiduría, en Thedas Fen'Harel, el dios de la traición y del engaño. Y yo simplemente me consideraba un alma libre, si alguno se hubiera tomado la molestia de preguntármelo.

O intentaba serlo.

Pero ahora un recuerdo en el Más Allá me decía que la creación del Velo había tenido consecuencias catastróficas porque había sido un castigo por haber transitado el Camino de Yanta... ¡pero por favor! ¡Me rehusaba a considerarme títere de un dios! Fuera éste una entidad espiritual, Fen'Harel, tan real como yo sabía, o el maldito dios Fen'Harel, creador de los Segundos Caminantes en Elvhenan.

¡No! Toda mi vida me había rebelado contra estas estupideces. No iba a empezar a creer ahora que alguien controlaba mis decisiones.

Morrigan me había dicho "Vivial carga con la espiritualidad para romper con lo infinito" ... ¿Qué era lo "infinito"? Aquello que no tiene comienzo ni fin. La marcha perpetua y el regreso perpetuo. Cada partida es, al mismo tiempo, un regreso, y cada despedida una bienvenida, cada reencuentro una separación. Todo es, al mismo tiempo, principio y final...

Si no tiene comienzo ni fin, ¿cómo era posible romper con ello?

Ese reflejo de Morrigan había jugado conmigo. Había intentando confundirme, llenarme de culpas y dudas. Pero yo había atravesado estos dilemas mucho tiempo atrás y había comprendido que no había dios o divinidad entre nosotros. Solo estábamos nosotros y las leyes de la naturaleza. La causa y el efecto. Y nada más.

Yo no era dios, aunque así lo habían creído. Mythal y Elgar'nan, tampoco lo habían sido. En cuanto al "Cielo" y la "Tierra", habían sido dos fuerzas creadoras de nuestra raza, sí, pero no por capricho divino, sino por leyes físicas que nos permitieron habitar el mundo despierto en aquel momento.

Así como nosotros, elfos, pudimos tener descendencia y habitamos Elvhenan, ¿acaso ese poder creador nos convertía necesariamente en dioses de nuestros hijos? No. Éramos seres capaces de dar vida y crear, pero eso no nos otorgaba divinidad.

Yo sabía muy bien que, para conocer el mundo a un nivel más profundo, era necesario conocer cómo se comportaba ese "mundo", pero también ¿por qué?

¿Por qué hay algo en lugar de no haber nada?

¿Por qué existimos? ¿Existimos por algo?

Las leyes naturales del Más Allá eran casi desconocidas en Thedas, porque le temían. Yo conocía mucho más, porque no tenía miedo.

Las leyes físicas del mundo despierto estaban comenzando a conocerse en Thedas, porque recién ahora comenzaba a encenderse la chispa de rebelión. La venda sobre sus ojos comenzaba a ceder. No había existido Hacedor creador del Velo. Había sido yo ¡¡sumido en la rabia!! Que lo había creado. No había existido dios benevolente que había separado los espíritus de los caminantes despiertos, ¡¡había sido yo y a pedido de ella, quien lo había puesto allí!! Y, aparentemente, no había sido Andraste la humana que rezó con fervor al Hacedor y éste la escuchó, ¡¡había sido Mythal la que había conectado con la santa Andraste!!

Y entonces lo comprendí: allí estaba el paso que tenía que dar para conocer los planes de Mythal: remontarme a la época de Andraste, remontarme a su herencia femenina. Parte de la respuesta estaría allí, porque Mythal había dejado toda su grandeza y poderío en el mundo para volver a caminar sobre la tierra... y lo había hecho convencida de que yo la iba a traicionar, así que la venganza de Mythal contra mí había comenzado incluso cuando nosotros dos habíamos sido pareja... y era la que pondría en peligro la vida en Thedas hoy, si no la detenía. Aquel reflejo de Morrigan me había dado una pista: "romper con lo infinito", era saber sobre Andraste y por ende, Mythal... Y la primera pista yacía en Leliana...

Mythal... mi nuevo enemigo. Si me lo hubieran dicho en Arlathan, jamás lo habría creído.

POV Elentari

Las hierbas que me habían dado hicieron su trabajo de forma efectiva: ingresé al Más Allá. Solas una vez me había dicho este sitio era moldeado por nuestros pensamientos y nuestras emociones. Si mantenía enfocados mis pensamientos hacia dónde quería llegar, probablemente, me llevarían allí. Y yo quería llegar a él: a Solas.

Miré a mi alrededor y no supe en el reino de qué espíritu/demonio me encontraba. Solo sabía que estaba totalmente confundida. Los elfos ancestrales me habían revelado muchísimas cosas y me habían asustado con el Camino de Yanta y el Camino de la Destrucción.

Solas siempre me había dicho que había comenzado a teorizar la formación del Velo cuando los Evanuris comenzaron a someter a ataduras a los espíritus. Había sido un hechizo que había llevado siglos para su confección y, luego del asesinato de Mythal, lo había llevado a cabo sin haber considerado todas las variables, sumidos en el dolor y la rabia por su muerte.

Athil y los demás elfos me habían dicho que Solas había ideado el hechizo del Velo, pero al mismo tiempo, había considerado un hechizo para salvar a todos los elfos de ser necesario eliminar aquel Velo que él mismo iba a crear.

Ahora comprendía qué había significado que no había tenido en cuenta todas las variables: Solas, para el momento en el que asesinaron a Mythal, había sabido cómo crear el Velo, pero no había tenido un plan B, C y/o D, por si todo salía mal, recién estaba trabajando en ellos. Sin embargo, cuando Elgar'nan asesinó a Mythal y burló su cuerpo ante la visión pública de todos los elfos ancestrales en la Plaza del Saber, la mente de Solas se vio nublada por el dolor y la necesidad de imperiosa venganza, por lo que confeccionó el Velo sin pensárselo dos veces. Sin embargo, como todavía no había estado completamente analizado "el todo", él cayó en uthenera y siguió la caída del Imperio de Arlathan. Y uthenera, precisamente, había sido la variable que Solas jamás había considerado... Y la que provocó, en el final, la caída de Arlathan.

Al despertar en la Era del Dragón, se encontró con las consecuencias de su propia creación: Thedas. Intentó incorporarse y conocer este nuevo mundo, pero sintió rechazo inmediato: no había flujo mágico constante y el Más Allá estaba contenido por su Velo. Así que, decidió que lo destrozaría, salvando a los elfos y devolviendo la grandeza de El Pueblo, quienes habían pagado las consecuencias de su acto impulsivo.

Y Solas siempre había sido capaz de esto porque él ya había comenzado a teorizar un hechizo por el cual podría destrozar el Velo y salvar a los elfos. Sin embargo, al despertar, no contaba con su Orbe ni sus Sacerdotes ni su Gran Sacerdote, es decir, no contaba con su poder en máxima expresión. Ya no era el elfo capaz de crear el Velo, era un apóstata poderoso, pero no magníficamente poderoso. Así que, conoció este mundo y supo que el único ser en Thedas con gran poder arcano era un maese corrupto que se hacía llamar Corifeus y que tenía un grupo de seguidores sectarios, los Venatori, bajo su liderazgo. Y pensó que la manera más rápida de desbloquear el poder de su Orbe era sacrificando al ser mágico más poderoso que había encontrado en Thedas: Corifeus. Subestimando a nuestra Era y asumiendo que Corifeus no conocía los secretos de la inmortalidad... como nadie la había conocido en Elvhenan...

... que él supiera.

Y bueno, lo que sucedió después es bien conocido por todos.

Cuando la primera solución a su situación no tuvo éxito, decidió buscar a quiénes harían frente al caos acontecido: una grieta en su Velo. Porque a pesar de querer destrozar su propia creación, no se pudo quedar de brazos cruzados cuando, una vez más, sus actos estaban destrozando inocentes.

Y se unió a la Inquisición.

Allí conoció el valor de todas las razas y allí sus planes comenzaron a tambalear. Pero Solas, desde que había despertado había estado moviendo todos sus recursos en Thedas pra traer de vuelta la gloria de Arlathan, lo que implicaría el retorno de los elfos y la muerte del resto de las razas.

Y en la Inquisición me conoció a mí... y se volvió a enamorar. Y eso cambió todo en su interior, obligándolo a rebelarse, esta vez, no contra Evanuris, sino contra él mismo. Y lo hizo una vez más.

Ahora, luego de transitar este mundo por seis años, había decidido salvar a todos, pero nada de lo que había hecho iba a lograr ese cometido, porque sus actos habían estado destinados a salvar solamente a la raza de los elfos. Tenía que empezar de nuevo, pero el tiempo era traicionero y lo había obligado a correr una carrera desesperada.

Este nuevo Solas, este ser notablemente más debilitado que en Arlathan, debía recuperar su poder. Yo no sabía cuáles eran sus opciones, pero estaba segura de que tenía ideas y planes.

Y también sabía una cosa: Solas desesperado era impulsivo y su impulsividad generaba grandes catástrofes.

A mi alrededor, de golpe, todo mutó y el sitio en el que me había encontrado había abierto un sendero frente a mí, el cual, por supuesto, recorrí.

El sendero estaba bordeado por vegetación exuberante y salvaje, cargado por colores de vivas flores. Claramente, en este sitio, la primavera era una estación permanente. Caminé con paso algo acelerado porque, a pesar de la gran belleza, yo estaba aquí para encontrar el espíritu de Solas, que había dejado su cuerpo. Finalmente, se abrió ante mí el brazo de un arroyo y lo seguí, hasta que llegué en medio de unos barrancos que custodiaban un árbol flotante con grandes raíces flotantes y volutas violetas (como mi aura) a su alrededor, por debajo, una pequeña isla.

 Finalmente, se abrió ante mí el brazo de un arroyo y lo seguí, hasta que llegué en medio de unos barrancos que custodiaban un árbol flotante con grandes raíces flotantes y volutas violetas (como mi aura) a su alrededor, por debajo, una pequeña isla

Puse mis pies en el arroyo y caminé hacia la isla, me situé por debajo del árbol, sentándome y cruzando mis piernas y levanté mis manos, permitiendo a mi aura interactuar con éste.

Las volutas bailaron a mi alrededor y chocaron mi cuerpo con calidez. Sentí un cosquilleo y reí. Cerré mis ojos y volví a liberar mi magia, otorgándole parte de mí a aquel hermoso árbol y el efecto que tuvo fue el de elevarse un poco más. Me pregunté si aquello sería bueno o malo.

Suspiré y me puse de pie otra vez. No estaba aquí para jugar. Volví a pensar en Solas. Debía dar con él.

Vhenan. – escuché la voz de él y levanté la mirada. Por encima de mí, en aquellos trozos de tierra, estaba él, majestuoso e imponente, como siempre resultaba para mis ojos. Él descendió en un salto, de sus manos surgió su aura celeste y sostuvo al aire a su alrededor, para que la caída fuera suave. Cuando sus pies tocaron el suelo, yo corrí sobre él y lo tomé en mis brazos. Sentí que él también me abrazó.

- ¿Qué sucedió? – le pregunté, mirándolo afligida.

- Nada.

- Has dejado tu cuerpo en Thedas. – me miró sorprendido. – Has entrado en uthenera.

- Oh... - fue su respuesta. – Quizás drené las reservas de maná. – me explicó. – Estaba algo débil cuando interactué con Leliana y al abrir la grieta en el Velo, pude haber vaciado casi por completo el maná.

- He venido a buscarte. – expliqué. – Tus colegas han hecho un ritual... me han dado hierbas... - de pronto dejé de abrazarlo. - ¿Eres tú el verdadero Solas? – él sonrió con cierta ternura en su rostro. – Es que... esperaría que estuvieras en peligro...

- ¿Peligro? – preguntó, arqueando sus cejas. – Esto es el Más Allá, vhenan. Lo siento mi hogar mucho más que el palacio... Conozco y comprendo sus leyes y soy bienvenido aquí. – miró a su alrededor. – Los espíritus no me temen y los demonios vuelven a adoptar sus propósitos cuando están a mi lado. Eso claro, si no estoy perturbado.

- ¿Y no lo estás?

- Ahora lo estoy. Pero no abrumado. – me dijo. Estiró sus manos y tomó las mías, acercándome a él. Hacía tiempo Solas no era cálido conmigo... Sabía que era lo que más necesitaba de él pero ¿era realmente el Solas que había venido a buscar? ¿O me encontraba en el reino de Deseo o algo por el estilo? ¿Cómo saberlo? – Vhenan... Has comprendido que... Fen'Harel y yo somos dos entidades diferentes. – lo miré sorprendida por tocar ese tema. – Permíteme que te explique. No te he mentido, dame la oportunidad de aclararlo. – asentí, también necesitaba que lo hiciera.

> En Elvhenan, nuestros elfos tenían sus historias para explicar la creación de la vida y los acontecimientos y sucesos posteriores. – empezó. – Aproximadamente, 8000 años antes de la Fundación de Arlathan tuvo lugar en el mundo, que luego denominamos Elvhenan, un evento energético masivo y surgió la vida de los Primeros Caminantes despiertos. – sabía sobre la existencia de Lebennin y Fen'Harel, pero no se lo diría, quería escuchar qué tenía para decirme.

> Nosotros teníamos nuestro propio calendario, como lo tienen ustedes. El calendario élfico se estableció con la formación de la ciudad de Arlathan, capital del Imperio de Elvhenan, denominando ese año como el 1 de FA (fundación Arlathan). La historia pasada la nombrábamos en números negativos, como ustedes lo hacen. – volví a asentir. – Permíteme que te recuerde que en Arlathan, nosotros ya éramos considerados deidades, por lo que no es sorprende que a partir de ese momento se comenzaran a contar los años. Antes de las deidades y después de éstas. - asentí otra vez.

> - 8000 FA, aproximadamente, estimamos que había comenzado la vida en el mundo despierto. – Vaya... Ocho milenios antes de Arlathan. Nosotros, en Thedas, ni siquiera habíamos transitado el primer milenio de la fundación de la Capilla. – Según nuestras creencias, la vida había surgido de un evento energético violento, una explosión masiva de energía, que había aportado las condiciones naturales adecuadas para la evolución hasta lo que, finalmente, fueron los Primeros Caminantes. – Solas hizo una pausa, esperando que preguntara algo, pero al no hacerlo, continuó hablando. – La conjunción energética se había debido a la fuerza de una entidad espiritual poderosa, denominada Lebennin y la fuerza de los Pilares de la Tierra. Es decir, las fuerzas del Más Allá y del Abismo, unieron sus energías y provocaron las condiciones para la aparición de los primeros caminantes.

- ¿Por qué? – lo interrumpí. - ¿Por qué los Pilares de la Tierra y Lebennin decidieron unir sus fuerzas?

- No lo sé, vhenan. – me respondió. – Muchos querrán pensar que fueron dioses que nos dieron vida. Yo creo que fue la intervención del azar. Tanto los Pilares como el Más Allá, son sitios de extraordinario poder, que posiblemente, por aquellos tiempos rebozaban de energía y se produjo la explosión.

- Eres un escéptico. – dije, Solas sonrió.

- Por supuesto. – respondió. Yo le sonreí. Tomé su mano y lo llevé hasta la isla flotante en el medio de arroyo. Me senté y él me imitó. Acarició mi rostro y tomó mis manos. Esta vez, como quizás muy pocas veces, lo veía sereno. Lo veía en paz... en paz con él mismo. Y no sabía por qué, ¿quizás porque estaba atravesando uthenera?

- ¿Adoraron a Lebennin? – pregunté, él negó con movimiento de cabeza.

- No. – me dijo. – Por aquellos tiempos los Primeros Caminantes eran seres primitivos, carentes de pensamiento formal y avanzado, deductivo. Nos tomó milenios desarrollar el lenguaje y comenzar a cuestionar los fundamentos primigenios del mundo que habitábamos.

> Según nuestras leyendas, los hijos de Lebennin, como más tarde denominamos, fueron Elgar'nan y Mythal, quienes dieron descendencia a Falon'din, Dirthamen y Andruil.

- ¿Es eso mentira?

- Es una simplificación que intentó explicar aquel fenómeno. Lo cierto, creo yo, fue que por aquel entonces, varios elfos fueron creados, solo que Elgar'nan y Mythal fueron los que primero desarrollaron pensamientos elevados.

> Con el tiempo, surgimos los Segundos Caminantes. – me dijo. – Otra entidad espiritual poderosa otorgó su poder a la Tierra, a los Pilares de la Tierra y surgimos nosotros, los segundos. – yo lo miré. – Los Rebeldes. – hizo una pausa. – Geldauran, Daern'thal, Anaris, Ordrel, Tarmenel y yo. Entre otros más. Pero nosotros fuimos los primeros en desarrollar pensamientos elevados, así que fuimos reconocidos como los hijos de Fen'Harel.

- ¿Quién fue Tarmenel? – pregunté, aunque sabía que había transitado el Camino de Yanta junto a Elgar'nan, siendo la madre de June y Sylaise, los mellizos.

- Ella fue una Profetisa de nuestros tiempos. La Gran Vidente. – me dijo. – Madre de June y Sylaise. – asentí, Solas me sonrió y levantó una ceja. – Oye, esta historia ya te la han contado mis colegas, porque no te estás sorprendiendo nada... y tú sueles dar notorias exclamaciones cuando te revelo datos como éste. – Sonreí y asentí.

- Sí, Amrahill me ha contado algo... junto con el resto. Dilghalen, Onnär, Amrita y Athil.

- ¿Querías escuchar qué te decía? ¿Para ver si mentía? – preguntó, burlón. – Vaya, ni siquiera puedo ofenderme, porque he hecho mérito para que dudes de mí. – me miró con seriedad. – Pero vhenan, ¿cómo querías que te contara todo esto? El saber tiene sus tiempos y sus etapas. No habías estado preparada para estos secretos, solo ahora creo que eres capaz de asimilarlos sin temor. – yo lo abracé y lo sostuve sobre mí. Lo amaba tanto, pero tanto... a pesar de todo. Solas me abrazó también y acarició mi espalda. – Lamento todo el daño que te he causado. Nunca fue mi intención.

- Lo sé. – dije y separé mi cuerpo de él, volviendo a tomar sus manos. – Lo sé. Pero ha dolido... mucho.

- Lo sé. – respondió él y me besó suavemente. Yo también lo besé y cualquier duda que había tenido respecto a Cullen o Solas, se disiparon en este mismo instante. Sería siempre él, siempre Solas... aunque volviera a destrozarme, una y otra vez. Yo también quería transitar el Camino de Yanta.

Solas soltó mis labios y acarició mi mejilla. Yo le sonreí. – Continúa, por favor. – él asintió.

- Bien. Durante esos 8000 años pasamos de ser un pueblo primitivo y supersticioso a desarrollar lenguaje y así surgieron las primeras sociedades, también primitivas. Luego llegó la escritura, lo que nos permitió asentar nuestras ideas y conocimientos para todas las generaciones.

- ¿A qué adoraban por ese entonces?

- Éramos animistas, es decir, considerábamos que elementos del mundo natural estaban dotados de alma o consciencia propia. Así, el Sol era un dios, la Luna, una diosa... Así, reducíamos la incertidumbre y el sentimiento de soledad, se solapaba, mientras todos los miembros de las sociedades primitivas se consideraban un "todo colectivo".

- Como los Qunari, en Thedas. – Solas asintió.

- Así es. Cada uno de nosotros, formábamos el todo colectivo y si, todos perseguíamos los mismos objetivos, agradábamos a los dioses. Así que, los alabábamos y adorábamos... para que las sequias no fueran eternas, las lluvias cesaran, la caza no menguara...

- Tan similar a las creencias de mi Clan. – susurré. – Para ti somos seres primitivos.

- Toda historia del saber atraviesa distintos estados, vhenan. Recuerda que tú comenzaste a percibir tu individualidad al dejar a tu clan. El más excelso pensador, puede sentir que pertenece a un grupo, llámese secta, por ejemplo, y ser un erudito, pero tener estos comportamientos que representan mejor a sociedades primitivas.

> Cuando desperté en Thedas lo que más me disgustó fue la falta de magia... el silencio... el canto ancestral de Arlathan había sido silenciado. – me explicó. – Ese silencio, esa carencia de la fluidez del contacto con las fuerzas del Más Allá, fueron lo que me disgustó y alteró. Luego, cuando guiado por mi curiosidad me acerqué a hablar con los elfos dalishanos y escuché todo lo que tenían para decir... sí, por supuesto, sentí desprecio por este mundo. Imagina, que seguían adorando a los Evanuris y yo era el dios de la traición y el engaño... Había sido un golpe fuerte saber que era reconocido de este modo, cuando en Elvhenan a mí me habían llamado "El Orgullo de Arlathan".

- Por eso decidiste llamarte Solas, aquí. – afirmé. – Por eso elegiste ese nombre. Pero no es tu nombre. – él me sonrió. - Lo elegiste porque tú habías sido el orgullo de tu pueblo.

- Muchas veces han considerado que Solas lo elegí porque me dejo embargar por el orgullo con facilidad y muchas veces es la máscara con la que enfrento el mundo.

> Además, el Orgullo es el demonio que surge de la pérdida del propósito de la Sabiduría y, como bien sabes, Sabiduría tocó mi mente, cuando era un elfo primitivo y liberó mi razonamiento para poder comprender y estudiar el mundo de mis tiempos. – asentí. – Mentiría si dijera que la elección de "Solas" no tuvo que ver con esta dualidad: Sabiduría/Orgullo, que me representa a la perfección, además. Pero bien podría haber elegido Halin, hombre sabio, ¿no? En lugar de Solas... Pero yo había sido el Orgullo de Arlathan, así que... cuando tuve que elegir cómo denominarme, finalmente opté por Solas.

- No me dirás tu nombre.

- Mi nombre es Solas. – me corrigió. – Es el nombre que he elegido para mi denominación. – yo lo miré. – Quizás en sus costumbres thedestres, un padre elige el nombre de sus hijos, pero nosotros elegíamos los nuestros. Yo elegí Solas.

- Pero tuviste otro. El que te habían dado tus padres. – él volvió a asentir y supe que no me revelaría cuál había sido, así que, no insistí en el tema. – Me dijiste que en el principio de los tiempos habían sido animistas. – repetí. - ¿Cuándo exactamente comenzaron a pensar en el concepto de individualidad?

- Ya te había dicho que los elfos que en el futuro fuimos denominados "deidades" por El Pueblo, habíamos sido tocados por alguna entidad espiritual que había permitido que expresáramos con mayor ímpetu nuestras cualidades. A mí me tocó Sabiduría, a Mythal Justicia, a Ghilan'nain Creación...

> ¿En qué momento sucedió? Yo no lo sé. Solo sé que sucedió de ese modo y comenzamos a tener una apertura de visión sobre el mundo despierto que los demás elfos no tuvieron. Y así... inmersos en tribus primitivas, cada uno de nosotros, excelsos pensadores, fuimos líderes de los demás. Con los siglos, estos líderes forjamos alianzas unos con otros y constituimos una sociedad.

> En esta nueva sociedad, aparecieron los títulos de nobleza. Y por supuesto, fuimos nobles. Hasta que finalmente, la población se acrecentó y necesitaron reyes y entonces, fuimos reyes de vastas tierras.

> Sin embargo, en el año -4998 FA comenzaron grandes terremotos sobre la superficie del mundo despierto. Y este evento catastrófico para los elfos de El Pueblo, como te conté en el Templo de Ghilan'nain, nos permitió unir nuestra raza para que, finalmente, se fundara Arlathan, casi cinco milenios más tarde.

> La aparición de los terremotos y la amplitud de nuestros conocimientos y apertura de visión se sucedieron casi en las mismas épocas. – me explicó Solas. – No sabría afirmarte si los espíritus tocaron nuestras mentes por la presencia de los terremotos, o al contrario, los terremotos aparecieron en el momento en el que los espíritus nos cedieron entendimiento, a nosotros, caminantes...

- Vaya... Es decir que, de un modo u otro, una de las fuerzas que les permitieron existir, no estuvo de acuerdo con algún acto caótico sobre la superficie; ya fuera éste el tocar sus mentes con el poder de los espíritus o el batir de los cimientos de la tierra, con terremotos.

- Así es. Algo sucedió en medio de ese año que nos permitió a nosotros acrecentar la amplitud de nuestro razonamiento, pero al mismo tiempo, nos enfrentó con la Tierra, los Pilares de la Tierra, a quienes no comprendíamos, puesto que éramos una sociedad primitiva por aquel entonces. Los recuerdos anteriores al momento en el Sabiduría tocó mi mente con confusos vhenan... - me aclaró - y escurridizos. Me provoca jaqueca intentar recuperarlos e incluso, aquí en el Más Allá, no soy capaz de encontrar senderos que me trasladen a tiempos anteriores a la apertura de mi mente... - me pregunté cuál sería el motivo para que Solas no fuera capaz de recordar su pasado primitivo. La voz mi amado volvió a hablar:

> Sin embargo, como sabes, durante milenios nos enfrentamos a los Pilares, hasta que, finalmente, junto a Mythal, logramos derrotar a uno. Y así, fuimos reconocidos como deidades.

> Nuestra grandeza se explicó a través de la divinidad y los años de "paz" que siguieron se construyeron con los jóvenes elfos seducidos por el liderazgo de nuestras fuerzas y el poder que cada uno de nosotros, futuros dioses, representábamos para El Pueblo. Los ancianos cedieron a uthenera, con sus espíritus cansados después de tantos años de batallas y el pueblo joven de elfos fanáticos nos alzó en la grandeza absurda de lo divino.

> Así nació el Imperio de Elvhenan y se fundó su majestuosa ciudad, Arlathan. Dando inicio al primer año de nuestro calendario élfico y con sus deidades creadoras vigentes.

> Los Divinos de la Creación, como nos habían llamado, se sintieron apartados de El Pueblo y superiores a éste, así que comenzaron a construir Palacios y Templos en nombre de cada uno de nosotros. Pero Elgar'nan y Mythal, siempre habían sido los Primeros, pues habían sido, realmente, los Primeros Caminantes. Así que, la gran soberbia de Elgar'nan lo llevó a cometer el primer acto que me costó tolerar. Pero toleré, a pesar de mis propias convicciones... Aunque trazó nuestra legendaria rivalidad.

- ¿Cuál?

- Creó su Templo en el Más Allá. – di un grito de sorpresa. - Es decir, interfiriendo realmente con las fuerzas de las corrientes de los sueños.

- ¿Podían hacer eso? – quise saber. – Es decir, ¿cuánto poder se necesitaba para construir un Templo del mundo despierto en el reino del Más Allá?

- Recuerda que antes no teníamos ninguna barrera entre el Más Allá y la superficie. Así que, con muchos sacrificios de por medio, se podía asaltar las corrientes del reino del Más Allá si se situaba una construcción en sitio adecuado.

> Además, con la derrota del Pilar de la Tierra tuvimos conocimiento de la existencia del Lirio y eso nos dio muchísimo poder, con el que antes no habíamos contado. Y junto con la fundación de Arlathan, se crearon sus mágicas carreteras exteriores, los Eluvianse inferiores Los Caminos Abismales, es decir de Las Profundidades en Thedas. – me dijo. - Los años dorados de mi pueblo, se sucedieron con extraordinarias creaciones.

> Tan bellas y poderosas que los Evanuris comenzaron a creerse la falsa divinidad. Y pudimos ver que las alabanzas de El Pueblo nos otorgaban su esencia vital y nos hacía aún más poderosos. Y así nació la necesidad de obediencia y se sometió a los elfos. Aparecieron las vallaslin y tuvimos nuestros primeros esclavos, nuestro combustible nacido de la gracia del elfo caminante. De su vitalidad, de su fe y de su adoración. – volví a dar un pequeño grito de sorpresa.

- Eso es horrible.

- Lo fue, vhenan. Por eso nos revelamos los Olvidados y yo. – me dijo.

- ¿Los espíritus estuvieron de acuerdo con meter un templo en el Más Allá? – quise saber.

- Ellos nos amaban. Éramos amigos unos de los otros. O eso pensaba yo. Aunque más tarde, el respeto por nuestros hermanos espirituales se perdió y cuando los babosos por el poder, los Evanuris, comprendieron que atándolos obtenían más poder... Ya no lo toleré y di inicio a la Rebelión.

> En el año 1983 FA se creó la Resistencia de la opresión, los Rebeldes éramos Geldauran, líder de las ideas de rebelión; Daern'thal, Anaris, Ordrel y yo. – me explicó. – Sabíamos que necesitábamos los secretos del Abismo y los del Más Allá, para defender a los oprimidos: elfos y espíritus. Así que, trazamos nuestros planes.

> En el año 2055 FA, Mythal y yo recorrimos el Camino de Yanta. – su voz sonó burlona cuando dijo aquello. – Sucumbimos a nuestros sentimientos y fuimos amantes. Yanta significa "puente" – me dijo. Noté que en su voz aun había emociones, aun dolía, aun pesaba. – Aparentemente, cuando cedimos a nuestras pasiones creamos un "puente" entre los Primeros y Segundos Caminantes... - noté que no encontró palabras para explicarse, pero buscó el modo de hacerlo. – Esto... quizás, molestó a las entidades espirituales primigenias, es decir, Lebennin y Fen'Harel, pero yo nunca lo supe... hasta ahora... que un recuerdo de Ordrel me lo ha dicho, aquí en el Más Allá. – yo lo miré sorprendida.

- ¿Recién en ese entonces fueron amantes? Pensé que lo habían sido durante toda la vida... - él sonrió.

- No... No, vhenan. – me dijo. - Ella y yo habíamos sido grandes amigos. Los mejores... - su voz estaba llena de emoción cuando la recordaba. – Por ello nos creyeron durante muchos siglos más que no éramos pareja, porque durante milenios habíamos sido amigos... realmente amigos. Y creo que... Así deberíamos haber continuado.

- Lo siento.

- Yo también. – me dijo.

- ¿Qué te ha dicho el recuerdo de mi padre?

- Que al haber transitado el Camino de Yanta Mythal y yo, provocamos una profecía... - lo miré sin entender, él sonrió. – Yo tampoco lo entiendo demasiado, pero en el año 2531 Tarmenel, la Gran Vidente, habló con Mythal sobre dicha profecía la cual predecía una traición de mi parte... - Solas bajó su mirada con pesar, yo acaricié su rostro.

- ¿Ella lo creyó posible? Por lo que me cuentas, llevaban casi 500 años siendo amantes para ese entonces...

- Lo creyó, sí. – dijo y me miró con gran pesar. – Lo creyó con tanta convicción, que a partir de ese momento comenzó a trazar su venganza hacia mí, vhenan. – mi corazón se partió. Tomé a Solas en mis brazos y lo traje sobre mí, para que supiera que no estaba solo, que sus penas podía llorarlas a mi lado, como lo había hecho siempre con Sabiduría. Él también me abrazó y guardó silencio, pero a pesar de su dolor, no lloró, solo descansó sobre mí.

> No puedo llegar a imaginar lo que habrá sentido. – me dijo, apoyando su rostro sobre mi hombro. – Mythal había sufrido muchísimo al lado de Elgar'nan, que para ese entonces la maltrataba constantemente, haciéndola responsable por todos sus fracasos, penas y disgustos. – él guardó silencio un rato más y continuó confesándose, como nunca lo había hecho, respecto a su pasado con Mythal. – Ella se había apoyado en mí durante todos los milenios que nos habíamos conocido. Yo había sido su protector... - volvió a guardar silencio, para encontrar fuerzas para seguir con el relato. – Escuchar que la traición vendría de mis manos... la transformó en Venganza. Y la fragilidad de su seguridad la hizo creerlo sin cuestionárselo.

- Lo siento tanto...

- Sin embargo, Tarmenel se lo profetizó en el 2531 y yo creé el Velo en el año 4078 FA. – en ese momento su voz sí que tembló, yo lo abracé con más fuerzas. - ¿Sabes lo que eso significa? ... que durante 1547 años estuvo a mi lado, jugando conmigo y planeando su venganza hacia mí. – sentí que su garganta se cerró y no pudo hablar durante un tiempo. Yo lo acaricié y sentí que mi alma se partía. No había nada que pudiera decir... la herida era demasiado profunda. – Mientras yo... - volví a sentir que tragaba saliva para hablar – Mientras yo, por aquellos años, la amaba tanto... que vivía por sus deseos... - no pudo aguantar más y comenzó a llorar suavemente, pero aun llorando me dijo: - Hice todo lo que me pidió... cree el Velo... - me abrazó con más fuerza. – Creé el Velo sin pensar en las consecuencias porque pensé que Elgar'nan la había asesinado... pero todo había sido parte de su venganza... - Yo lo abracé más fuerte y comencé a llorar con él. Oh, amado Solas... Lo sentía tanto... lo sentía tanto... Ojalá hubiera algo en mis manos que pudiera hacer.   

Nota final: Regalito para Cindy, del día del niño jajajaja 🤣

 

Chapter Text

Solas al poco tiempo de sollozar sobre mi hombro volvió a guardar silencio, pero permaneció allí, un tiempo más, hasta que finalmente, se liberó de mis brazos y limpió sus lágrimas. – Estoy cansado de llorar. – me explicó, yo sonreí y acaricié su rostro, pues había pensado que estaba comprendiendo lo que intentaba decirme, pero finalmente, supe que no. – De verdad... comienzo a hartarme. – en el tono de su voz percibí, una vez más, aquel cansancio que comenzaba a ver en él todos los días.

> Creo que los acontecimientos vividos a lo largo de toda mi vida comienzan a pesar demasiado... Son demasiados recuerdos que soportar. Mi espíritu comienza a deteriorarse con rapidez. - lo miré confusa por esta confesión. – Quizás, a tu lado, transite mi último viaje.

- ¿Qué dices? – me estremecí.

- Que después de ti, yo también dejaré este mundo. – dijo Solas y miró a un costado. Supe que se refería a uthenera.

- ¿Qué es exactamente uthenera, Solas? Entiendo que esta práctica se perdió después de la caída de Arlathan, puesto que la inmortalidad de la vida de los elfos menguó y ya no necesitaron aquella práctica.

- Para nosotros había sido un acto de veneración, vhenan. – me dijo. – Los elfos no envejecíamos, es decir, no sufríamos el deterioro de la mente o el cuerpo, pero sí del espíritu. No ocurría con frecuencia, pero los más ancianos llegaban a un punto en el que se cansaban de vivir y, antes de caer en la autocomplacencia, se hacían a un lado voluntariamente para dejar paso a las nuevas generaciones que guiarían a El Pueblo.

- Qué noble.

Uthenera significa "el largo sueño", la paz del viaje en los sueños... - su voz sonó anhelante. Solas deseaba alcanzar aquella paz y mi corazón se estremeció: comenzaba a cansarse del mundo... Semejante ser ancestral, estaba harto de los juegos crueles del mundo despierto. – En la antigüedad, un anciano se retiraba a una cámara que era mitad lecho y mitad tumba. Con una gran ceremonia del clan familiar, el anciano se sumía en un sopor del que no despertaría nunca más. Con el tiempo, el cuerpo llegaba a deteriorarse y el anciano moría realmente. Mientras tanto, la familia seguía visitando la cámara para presentar sus respetos a quien había hecho un sacrificio tan grande. – Solas me miró. – Así se producía la muerte entre los elfos.

> Sin embargo, los soñadores teníamos otras intenciones al practicar la uthenera. – lo miré sorprendida. – Después de todo, nosotros éramos magos capaces de recorrer el Más Allá con voluntad propia. Así que, aquella práctica ancestral para nosotros era entrenamiento.

> Se habían construido Cámaras majestuosas, mausoleos deslumbrantes, repletos de sarcófagos destinado a aquellos soñadores que deseábamos realizar uthenera. Pero nosotros podíamos retornar al mundo despierto. Para nosotros entrar a uthenera era la posibilidad de explorar el mundo de los sueños como ningún otro ser y aquello nos llenaba de energía y vitalidad. Es lo que nos permitió envejecer lentamente aquí, en Thedas... A diferencia del resto de los thedestres.

- Una vez me habías contado que en estos Mausoleos había sirvientes que se encargaban de proteger al elfo en uthenera y lo alimentaban en el mundo despierto con hierbas especiales que evitaban el deterioro de sus cuerpos.

- Así fue. Y había sido un gran honor. – me explicó. – De este modo, los elfos que nos sumíamos en el sopor, éramos alimentados y cuidados por nuestros sirvientes hasta que ya no era necesario hacerlo. Solo aquellos que habíamos alcanzado el Perfeccionamiento de los Sueños, podíamos sobrevivir siglos y siglos en el Más Allá sin requerir alimento terrenal para el cuerpo, porque habíamos aprendido a nutrirnos con sustancias del Más Allá. Los que aún no lo habían logrado, sobrevivían solo si sus sirvientes los alimentaban en la tierra. Porque nuestros viajes podían durar siglos, algunas veces.

> Luego de la celebración del Glorioso Concilio te había dicho que los primeros de mi pueblo no habían sido fáciles de matar, ¿no? – asentí. - Los Primeros y Segundos Caminantes de los elfos habíamos sido diferentes al resto de El Pueblo en muchos aspectos. No solo habíamos desarrollado pensamientos más avanzados, sino que la voluntad de nuestro espíritu era casi inquebrantable y teníamos un índice de fertilidad mucho más elevado también.

- ¿Qué quieres decir con eso?

- Que si bien los elfos podían vivir durante siglos, los años de fertilidad de un elfo del Pueblo era acotado. Superado éste ya no podía engendrar hijos. El cuerpo y la mente eran joven, pero los órganos reproductores perdían fertilidad hasta la esterilidad.

- Vaya.

- No nos pasa eso a nosotros, los primeros y segundos. – me dijo. – Nosotros no solo nos conservábamos con mente y cuerpo sano, sino que además nuestro espíritu no decaía y nuestra fertilidad perduraba. – explicó. – Por ello, fuimos capaces de vivir durante tantos milenios sin sucumbir a los recuerdos y por ello, los Evanuris están atrapados y con vida.

- Si ellos logran salir... ¿podrían engendrar hijos aquí en Thedas?

- Sí. Podríamos. – me dijo. Lo miré algo ruborizada, pero Solas siguió hablando, como si no lo hubiera notado.

> Los soñadores, por decisión propia podemos entrar a uthenera de forma definitiva también. Fue lo que hizo Ordrel. – me explicó. – Tu padre fue Segundo de los caminantes, él no debería haber sido asesinado por medios tan mundanos como guerreros templarios imperiales. No. – Solas me miró. – Lo que me obliga a asumir que fue a tu madre a quien lograron asesinar primero, pues ella había sido la férrea voluntad de un espíritu de la Compasión que había adquirido forma física y, al morir, tu padre decidió dejar este mundo para siempre, también, a su lado.

- Por eso, ellos pudieron engendrarnos a mi hermano y a mí. – le dije. – En esta era. – Solas asintió. – Vaya... - lo miré. – Oye, ¿y tengo más hermanos? ¿Tuvieron otros hijos?

- No. – me respondió. – Cuando vives inmerso en un mundo de traiciones, estrategias, planes y guerras, prefieres no tener hijos para no involucrarlos.

- Mmm... pero el momento que eligieron mis padres tampoco fue el más... calmo. – dije. Solas me miró y pensó en mis palabras. – Después de todo, lo hicieron durante la Era del Dragón... Una era de rebeliones y guerras...

- Es cierto... - murmuró y siguió pensando, pero no compartió conmigo cualquiera de esas ideas que tuviera al respecto.

- No guardes tus emociones, lobo sabio. – le sonreí. – No te hará bien. – Solas sonrió. – Cuéntame qué piensas... - molesté.

- Lamento haberte hablado de Mythal... - yo enarqué mis cejas y tomé sus manos. Me sorprendió el cambio de tema, pero no quería que Solas creyera que me había hecho mal oírlo hablar de ella, por el contrario, me había hecho mejor conocer parte de su pasado.

- No me molesta. – le dije. – Te juro que puedes hacerlo. – él me observó con su mirada azulina que tanto amaba. – He comprendido que, en tu vida, ella y yo, somos totalmente diferentes y representaremos cosas distintas, también.

- Así es. – afirmó. – Tú eres alguien completamente diferente a lo que fue ella. Me alegra que lo comprendas.

- Y pesar de todo lo que nos hemos lastimado, sé que me amas... y yo te amo también. – Solas me tomó del rostro y me besó. Lo hizo con pasión, como hacía tiempo ya no lo sentía. Yo lo abracé, casi desesperada, y tiré mi cuerpo sobre él. Simplemente, lo amaba y había olvidado con cuánta facilidad él se dejaba embargar por sus emociones en el Más Allá.

Ar lath ma, vhenan. – dijo cuando soltó mis labios. – Var lath vir suledin... - sonrió y yo con él y lo abracé otra vez.

- Sí que lo hará. Ya lo verás. – le dije y Solas volvió a abrazarme. No sabía cómo pero nuestro amor iba a sobrevivir a todo esto. De un modo u otro.

Finalmente, me separé de sus brazos y, aun sentada frente a Solas, tomé sus manos y me dispuse a volver con las preguntas. Había cosas que aun quería saber. – Me dijiste que ibas a explicarme por qué no me habías mentido cuando no habías mencionado que tú y Fen'Harel son dos seres diferentes... Aun no lo has hecho – Solas asintió. – Y aun no lo tengo claro. – le sonreí, él también.

> Me dijiste que en el 1983 FA se creó la Resistencia a la opresión – comencé – El líder de las ideas fue Geldauran, pero también formaron parte de ésta Daern'thal, Anaris, Ordrel y tú; pero antes, las veces anteriores que hablaste de ellos también mencionaste a Malvernis...

- Sí. – Solas asintió. – Es cierto. Malvernis se unió más tarde a la Rebelión. Así como Mythal y Callisdrema. Felassan y Galadh. Onnär y Taroth. Mucho más tarde. Pero la Rebelión comenzó con nosotros en 1983 FA, cuando el sometimiento a los elfos ya asqueaba y se comenzaron a practicar ataduras a espíritus y demonios.

- Pensé que sucedió cuando Elgar'nan comenzó a construir su Templo en el Más Allá. – dije. Solas me miró y sonrió.

- Mira, vhenan. Tenemos dos temas para desarrollar: el templo de Elgar'nan por un lado y la historia de la Rebelión, por otro. Empecemos por uno, luego otro, de lo contrario, no lo comprenderás ¿Cuál quieres conocer primero?

- Quiero conocer los dos, pero ya. – dije, sonriendo. – Pero empecemos por el templo...

- Bien. – respondió Solas y acarició mis manos, mientras dejó sus ojos sobre ellas. – Con la fundación de la ciudad del Imperio, conocida como Arlathan, El Pueblo de los elfos enalteció a sus dioses creadores: los Divinos de la Creación. – asentí. – Así, comenzaron años dorados para nuestro pueblo en construcciones, magia, conocimientos, arte... y poder. – me miró. – Los Evanuris contábamos no solo con nuestra fuerza arcana y su potencia, sino también con la amplitud de visión gracias a que ciertos espíritus habían tocado nuestra mente despierta y nos habían otorgado pensamientos elevados. Además, habíamos descubierto la sangre de los Pilares de la Tierra, un combustible magnífico para nuestro poder.

> Así, se decidió que toda Divinidad debía ser alabada, por supuesto, por lo que se comenzaron las construcciones de los templos más bellos que jamás he vuelto en ver en ningún sitio. Incluso, sus recuerdos se pierden en el Más Allá, año tras año, como si se hubiera tratado simplemente de una fábula y no, una realidad.

> Por aquel entonces, los grandes reyes de nuestros elfos eran Geldauran, Anaris y Daern'thal. – yo lo miré pasmada. Los Olvidados habían sido los reyes de El Pueblo. – Ellos eran tan poderosos como nosotros, pero por supuesto, desinteresados de la divinidad. Recuerda que luego fueron la Rebelión. – asentí. – Ellos también habían sido tocados por espíritus y también poseían la apertura de mente. Anaris, rey del Sur, había sido tocado por BenevolenciaGeldauran, rey del Norte, había sido tocado por Amor y Daern'thal, reina del Este, había sido tocada por MisericordiaMalvernis, tiene otra historia que luego te contaré, pero fue tocado por Sanación.

- Vaya. Si ellos habían sido reyes y habían aceptado considerarlos a ustedes Divinos, a pesar de que sabían la verdad, había sido a su pueblo a quienes los Evanuris habían sometido. – Solas asintió. – Ahora comprendo por qué decidieron rebelarse. Eran ellos quienes veían de primera mano cómo liquidaban a sus elfos por sangre, oraciones, y esclavitud.

- Así es. – dijo Solas. – Ellos y yo, por aquellos tiempos, nos llamábamos hermanos, después de todo, éramos hijos de Fen'Harel, Segundos Caminantes.

> Yo, me negué a forzar a mis devotos al sometimiento y mis templos fueron sitios de saber, cultura y arte. – yo sonreí. - pero con elfos libres. Sin vallaslin.

- Por eso pintas, cantas y tocas instrumentos. Eres un amante del arte... - él asintió. – Y encima, ¡con talento! Vaya, te tocaron todos los dones, Solas.

- No... - me miró. – También, aparentemente, todas las maldiciones. – se burló. – En fin. Yo me negué al uso de vallaslin, cuando éstas se utilizaron entre los Evanuris, me negué a la magia de sangre, me negué a la esclavitud, me negué a una adoración desmedida y a la atadura de los espíritus. También me negué a someter una entidad espiritual a una atadura física, en un cuerpo élfico vacío, para obtener, finalmente, mi fiel Gran Sacerdote.

- ¿Todos los Grandes Sacerdotes de los Evanuris fueron espíritus traídos por la fuerza a un envase vacío terrenal? – Solas negó con su cabeza.

- No fueron traídos a la fuerza. Ellos quisieron colaborar con nosotros, porque nos amaban. Confiaban... - su rostro volvió a mostrar tristeza. – Ellos aceptaron someterse a los Evanuris, porque simplemente, nos amaban y creían que éramos razas amigas.

> Así que, a través de un ritual, los sometieron, finalmente, y tuvieron sus Grandes Sacerdotes. Siervos fieles y atados a ellos y sus poderes, pero sin libre albedrío. Es decir, sin la capacidad de rebelarse jamás contra su "dios".

> Mi hermano de la vida, tu padre, - sentí que los vellos de mi cuerpo se erizaban al escucharlo hablar con tanto cariño de mi padre – decidió ser, voluntariamente, mi Gran Sacerdote y ambos, recorrimos el camino del crecimiento de nuestros poderes arcanos con completa libertad de pensamiento. Él siempre me fue leal y yo siempre a Ordrel. No tengo dudas de ello. Éramos hermanos, éramos amigos, éramos Divino de la Sabiduría y las Mareas y mi Gran Sacerdote. – sonrió, recordándolo. – Un elfo arcano con un poder extraordinario, vhenan. Como pocas veces he visto. Un orgullo haberlo tenido a mi lado. – sonreí y acaricié sus manos. - Sin él... te juro que no habría alcanzado la grandeza de la que hice porte...

- Me alegro saber esto. – Solas me miró. - Me hubieras gustado conocerlo... Conozco tan poco de él y Callisdrema que a veces me cuesta pensar en ellos como padres... Ya sabes, mis padres - padres son los dalishanos. 

- Tú no lo conociste. Lo siento. - Solas sonrió y acarició mis manos - Algún día, te contaré todo sobre él... - yo acaricié su rostro y sentí pena por haber perdido la oportunidad de conocer a mis padres de sangre... - Ordrel fue el más grande todos... Más grande que yo, más grande que Mythal. Lo he admirado siempre, vhenan. Y lo extraño cada día... - guardó silencio durante unos segundos, suspiró y retomó la charla:

> Y por ello, porque mi Gran Sacerdote era tan solo un elfo, los Evanuris cometieron el error de creer que mis poderes arcanos no se estaban acrecentando como los de ellos. Y pensaron que yo era débil, en comparación, y solo me dedicaba a vagar por el Más Allá y la superficie, recogiendo conocimientos por amor a la sabiduría, entablando amistades con entidades espirituales y pasando demasiado tiempo de banquetes en banquetes y fiestas alocadas. – yo comencé a reír.

- Es como si hubieras sido considerado un juerguista. – dije. Solas sonrió y asintió.

- Sí. Durante mis años jóvenes había sido bastante... inquieto. – buscó un modo amable de explicar sus andanzas. Volví a sonreír. – Como Divinidad, por supuesto, tuve que mostrar entereza e inclinarme más hacia lo sabio, poético y artístico. Y no tanto, lo impulsivo y descontrolado.

> Con el tiempo... Mis Templos fueron sitios del saber y prodigio y fui venerado como el "Orgullo de Arthalan". Cómo Divino de la Sabiduría y las Mareas yo era llamado "Elgar'din".

- Mmm... - reí. – Me hubiera gustado conocer aquella faceta de tu vida.

- Me has conocido demasiado viejo, vhenan. – rio Solas. - He vivido más de lo que me corresponde, quizá incluso en la autocomplacencia... Debería ser más humilde y adentrarme en uthenera, pero perderte... - Solas acarició mis cabellos y los colocó detrás  de mi oreja - ... sé que es egoísta, pero no quiero perderte, vhenan... - Yo tomé su rostro y lo besé, él me abrazó y recorrió mi boca con aquella pasión que lo había caracterizado siempre. 

Finalmente, separamos nuestros labios, dejando nuestras frentes una sobre otra y nuestros ojos cerrados. Yo tampoco podía concebir la vida sin él... desde que lo había conocido solo había deseado saber quién era Solas y al fin... al fin me lo estaba diciendo...

- Pero si no hacías todo lo que los Evanuris para conseguir poder, ¿por qué eras tan poderoso, vhenan? – ante mi pregunta. Ambos abrimos los ojos y noté un brillo orgulloso sobre los suyos y una sonrisa con aquella sutil maldad que también lo caracterizaba. - Oh, oh... - bromeé.

- Porque yo contaba con una inteligencia que solo se igualaba con la de Dirthamen. Tenía amistades, reales, por todo Elvhenan. Tenía lealtad, de la que carecía el resto. A mí no me adoraban por miedo, me seguían por decisión propia, con convicción. Y además, - me miró sonriendo – no solo los elfos me seguían, vhenan... - tomó mi mejilla y volvió a besarme, al poco tiempo liberó mis labios y separó su rostro... yo había estado estupefacta con la confesión anteriores, pero el beso también me había tomado desprevenida, sin embargo, no iba a dejar de interrogarlo solo por aquello:

- ¿¡Qué!? ¿Contabas con seguidores espirituales? – Solas asintió.

- Yo tenía mi ejército de espíritus y demonios. – explicó. Yo dejé escapar aire, asombradísima. Era lo mismo que Corifeus había buscado durante la Inquisición con la falsa Llamada: un ejército de demonios... - Si alguno intentaba atacarme, no sólo se enfrentaría a mis devotos, los elfos que seguían las enseñanzas del Divino de la Sabiduría y las Mareas, sino que el mismo Más Allá, comandaría mis ejércitos.

> Más aun... yo era el único Evanuri que tenía trato con Fen'Harel. Pero ellos, no lo sabían. – otra vez, dejé escapar el aire de mis pulmones. – Ellos creían que Lebennin Fen'Harel nos habían dado la espalda, luego de la creación. Yo sabía que por lo menos Él, continuaba teniendo tratos conmigo.

> Así que, no. No era débil. Y yo también lo sabía.

- Vaya...

- Elgar'nan, orgulloso y soberbio, como era... - sus ojos se entrecerraron al recordarlo. – Decidió que la mejor manera de mostrar su grandeza como líder de los Divinos, sería construir su Templo Principal en el único sitio de Elvhenan donde las fuerzas del Abismo y del Más Allá chocaban y la superficie de éstas, derrochaba poder arcano.

- ¿Existió ese sitio?

- Sí. Era un sitio exquisito, solemne, casi divino. – dijo Solas y en su voz noté admiración por aquel recuerdo. – Una montaña, altísima. El centro de todo. Incluso con una constelación para ella sola... Que has oído nombrar en tu era...

- Belenas... - dije totalmente sorprendida, habiendo leído sobre ésta en mis viajes con la Inquisición. Solas asintió.

- Por supuesto que, el orgullo de Elgar'nan, no le era característico solo a él. Todos los Evanuris eran orgullosos y soberbios. Así que, no estuvieron de acuerdo con la construcción. Pero él, con gran ingenio y manipulación, propuso crear un Templo tan majestuoso e imponente que nos representara a todos los miembros del panteón. Así, nació la "Ciudad del Sol". Pues su tamaño había sido tal y su ambición tan desmedida que bien podría haber sido una ciudad. – en la voz de Solas había rabia cuando lo recordaba. – Había sido hermosa, única e irrepetible. Y en su interior, nueve enormes puertas con nuestras representaciones divinas para contener en su interior nuestros sarcófagos sagrados, para el día que quisiéramos transitar definitivamente uthernera.

> Entiende esto, vhenan. Para los elfos de Elvhenan, uthenera era tan sagrado y el acto más sublime de veneración y entrega, que los elfos de El Pueblo, sentirían un terror indescriptible ante la idea de que uno de nosotros, sus dioses, decidiera dejarlos y retirar su gracia a los caminantes. Así que, la idea de los Mausoleos de cada uno de nosotros en un templo innecesariamente enorme, la Ciudad del Sol, generaría temor de la pérdida de los dioses y provocaría un estado ferviente de devoción constante y sumisa.

> La idea conquistó de inmediato a todos los Evanuris. Por supuesto, yo alcé la voz, indignado y por aquel entonces comenzaron nuestros problemas con Elgar'nan.

- ¿Cuándo Elgar'nan construyó su templo en el Más Allá?

- Finalizó la construcción en el 2050 FA.

- Vaya... Desde la fundación de Arlathan, Elgar'nan tardó 2000 años en finalizar la construcción de su templo... Durante todo ese tiempo...

- ... sometió a sus fieles. Sometió a El Pueblo.

- ¡Qué horror! – Solas asintió.

Había concluido la construcción del Templo de Elgar'nan y, cinco años después, Solas y Mythal comenzaron su romance, ¿habría tenido que ver aquel episodio? ¿Solas se habría enojado tanto con Elgar'nan que había decidido traicionarlo con su esposa? Pero no le pregunté nada al respecto – Elgar'nan y tú, ¿alguna vez fueron amigos?

- Sí. Fuimos grandes amigos al principio. Recuerda que hasta la fundación de Arlathan se sucedieron, al menos, ocho mil años. En un principio, él había sido un elfo digno de ser seguido, un líder con cualidades enviables y un poder avasallante.

> Hasta que comenzó a meterse con las fuerzas del Más Allá y sus seres. Yo me opuse, por supuesto, y abiertamente.

- ¿En qué año más o menos fueron rivales? – Solas pareció pensar.

- A comienzos del milenio... 1060, 1070, quizás. – respondió.

- Sin embargo, para él tú no representabas una amenaza. – afirmé. - ¿No?

- No. Para él yo era una burla... Porque no sucumbía a la avaricia. No me interesaba levantar Templos ni construir Castillos o murallas. Por supuesto que los tuve. Pero no en exceso. – me explicó. – Así que, para él, yo era débil... cobarde. Un loco... un delirante.

- Pero bien equivocado que había estado. – bromeé. - ¿Sabes que hay una leyenda avvarita de Korth que habla de Belenas? – Solas sonrió y asintió.

- ¿Quieres contar la leyenda de Korth, vhenan? – se divirtió con mis conocimientos, yo le sonreí, algo molesta por su burla.

- Cuenta la leyenda... – comencé a recitar, jugando con él. Solas sonrió y me escuchó - que el Padre de la Montaña, guardaba su trono en la cima de la montaña Belenas, que se encontraba en el centro del mundo y era tan alta que desde ella podía ver todos los rincones del cielo y la tierra. – Solas asintió.

- Cielo y tierra: Más Allá y Abismo. – agregó. - Ese sitio era un lugar de poder único en la superficie...

- Con el tiempo, - continué - los osados jóvenes avvaritas empezaron a retarse para escalar la montaña de los dioses. Al principio, Korth lo encontró divertido, y se complació con lo valeroso de los fallidos intentos de los jóvenes por entrar en su dominio. Y entonces Sindri Rompecielos, el más osado de los héroes de antaño, consiguió escalar hasta la cumbre y entró en el Salón del Padre de la Montaña. Korth, obrando con deportividad, le deparó a Sindri una bienvenida de héroe, y el mortal regresó a la Espalda Helada con historias sobre festines de los dioses y regalos de Korth, y pronto más y más héroes irrumpieron en el salón del Padre de la Montaña exigiendo que se les colmara de honores. Korth empezó a cansarse de celebrar banquetes y los demás dioses a temer su temperamento.

> Así que Korth habló con la Dama de los Cielos, que sacó Belenas de la tierra y la llevó a su reino, donde no podría alcanzarla ni el escalador más intrépido, y ahí vive en paz. – concluí, Solas rio.

- Hay que ver si vive en paz... - se burló. Lo miré sin comprender.

- Es una leyenda, Solas. No es real. La Dama de los Cielos, no movió una montaña gigante, ¡eso sería una locura! – reí, pero él me miró con aquella malicia en sus ojos, otra vez.

- Sí, sería una locura que la Dama de los Cielos lo hiciera, ¿no?

- Oh... Solas... ¿Qué es lo que no me estás contando?

- La Dama de los Cielos, efectivamente, no lo hizo, vhenan... - guardó silencio, esperando que yo comprendiera algo que quería decirme pero que, al final, no iba a comprender...

- No, Solas. Sé claro. No entiendo qué es lo que debo deducir de este cuento. – él sonrió y suspiró.

- Cuando un soñador camina por el Más Allá, todo es mutable, caótico y fluye. Excepto por la Ciudad Negra. – me dijo. – La Ciudad Negra siempre está allí, presente. Es el único punto constante del Más Allá y todo pareciera ser equidistante a ésta... - me miró. – Y eso es, vhenan, porque la Ciudad Negra no pertenece a ese reino. Pertenece al reino de lo tangible, de lo estático, de los caminantes. La Ciudad Negra...

- ... es la Ciudad del Sol. – dije casi en un grito, sintiéndome algo tonta por no haberlo pensado antes... Solas ya me había dicho que Elgar'nan la había construido en el Más Allá. – Pero creí que me habías dicho que la construyó en Belenas, no en el Más Allá. No entiendo.

- La construyó en Belenas... yo la llevé al Más Allá. – Quedé estupefacta. No comprendí qué me había querido decir ¿¡Qué!? – Tranquila, te lo explicaré.

> Cuando creé el Velo, sumido en odio y deseo de venganza por el asesinato de Mythal, arranqué la tierra de la montaña y la incrusté en el Más Allá, recubierta por el Velo. – volví a sentir que la respiración se me cortaba. La voz de Solas era siniestra. – El día que vi el cuerpo burlado de ella, fui hacia Belenas y la partí, levanté con mi voluntad la tierra por debajo de la montaña y la llevé, la impacté sobre el Más Allá y cuando creé el Velo y la Contención y, por supuesto, caí rendido. Había ocupado todo mi maná.

No tenía palabras para expresarme... Era impensado que alguien pudiera hacer aquello y no competir, por lo menos, con el poder de un dios.

- Y así, apareció la Ciudad Negra... siempre oscura, porque nunca fue dorada. – me dijo. – Y como es una porción del mundo que despierta, no es mutable como el resto del reino del Más Allá. Permanece siempre a la vista, - él miró la Ciudad Negra, también visible desde donde estábamos en estos momentos – y es la única referencia constante en este reino maravilloso que fluye con la mente y la creatividad.

> ¿Elgar'nan quería grandeza? – Solas entrecerró sus ojos con rabia. – Pues yo se la di... por siempre apresado en el Más Allá y rodeado por el Velo, donde había tenido intenciones de llegar... - sonrió, maligno. – Le cumplí su deseo al hijo de puta...

- Solas... - él pareció volver a la realidad y me miró.

- Lo siento...

- Si Elgar'nan llega a liberarse...

- Buscará su venganza, sin lugar a dudas. – me dijo. – Él y yo... tenemos cuentas pendientes. La Ciudad Negra es la prisión dónde los encerré al crear el Velo... La Ciudad Negra... Es la Ciudad del Sol que levanté de la mismísima tierra de Elvhenan... Aquella fue mi venganza... Y mi más grave error...

         

 

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POV Elentari

Solas acababa de decirme qué él, cuando creó el Velo, llevó la Ciudad del Sol al Más Allá... pero tenía que haber más en ello. Decirlo era sencillo, pero hacerlo ¡no! ¿Cómo lo había hecho? Era casi imposible creerlo... ¡mucho más llevarlo a cabo! 

– Solas... necesito ayuda aquí. – le dije, mirándolo con total estupefacción. – Explícame cómo fue posible meter una porción del mundo despierto en el mundo que sueña. Parece... imposible... ¡además no pudiste tener todo ese poder! A menos que fueras...

- ¿Divino? – se burló, pero esta vez me molesté. Solté sus manos y me crucé de brazos.

- La verdad es que sí, Solas. – respondí. – Parece un acto de un ser todopoderoso. Y una locura. Un simple mago poderoso no podría hacer semejante acto... si no, otros lo habrían hecho... pero solo tú fuiste capaz, ¿cómo lo explicas?

- Lo siento, vhenan. No quise ofenderte.

- ¡Modificaste las leyes del Más Allá! – dije casi en un grito agudo y noté que él se entristeció.

- Lo sé. – yo exhalé molesta. Intentaba tener paciencia con él, sabía que a Solas le dolía su pasado y todos los errores cometidos, pero ¡por todos los dioses! ¿¡Cómo podía confesarme una cosa así y esperar que lo tomara con tranquilidad!? ¿Quién demonios era Solas para hacer aquello? ¿Y por qué él? ¿Por qué solo él había sido capaz? 

- ¿Y bien? Quiero una explicación, Solas.

> ¿Cómo fue posible? – Solas se puso de pie frente a mí y me tendió una mano para que tomara. Así lo hice y él me levantó. - ¿Qué haces? No dejaré que cambies el tema o huyas. Quiero una explicación, Solas. Y la quiero ahora: ¿en qué consistió la creación del Velo? – aquella pregunta golpeó mi pecho... la pregunta a la que le había temido todo este tiempo. La pregunta que debería traer consigo una respuesta que pondría a Solas al mismo nivel del Hacedor... la pregunta que lo convertiría en un dios...

- Tranquila, vhenan. – él me tomó de la cintura y me acarició el rostro para que me tranquilizara. – Te lo contaré. – respondió y sentí que, en ese instante, dejé de respirar. Mi cuerpo se contrajo por completo en sus manos, porque...

... me lo contaría... el mayor secreto de la magia. Me contaría en qué consistió la creación del Velo...¡por fin!

Solas acercó sus labios a los míos y apoyó su frente sobre la mía, cerrando sus ojos y respirando mi aroma. En ese instante fue que me di cuenta de que él me sostenía, me acariciaba y yo simplemente yacía tiesa frente a él. Me di cuenta de que, otra vez, volvía ese miedo a que veces Solas me provocaba... porque lo comprendía tan poco... noté que mis brazos estaban paralizados en la posición que los había dejado al ponerme en pie a su lado y los músculos de mi abdomen totalmente contraído, así como mi respiración contenida... 

- Lo siento. – dije y tomé sus mejillas y le di un beso sobre los labios. Liberé el aire de mi interior y lo abracé, Solas me apretó sobre su cuerpo y dejó que la cercanía entre ambos me recordara de que era simplemente él... no Fen'Harel, no el dios dalishano de mi pueblo... si no él... Solas... el hombre que había llorado sobre mis brazos, que había caído vencido por las culpas, que me había besado tantas veces, que había hecho el amor conmigo... era Solas... el que conocía... a pesar de toda la inmensidad de su pasado.

- Vuelves a temerme... o temes la respuesta. – aseguró. - ¿A quién temes? – A ti... a ti y tu poder desmedido.

- A la verdad... - dije y apoyé mi frente sobre la de él. Solas me besó y yo a él.

- Me temes a mí, vhenan. – recosté mi oreja sobre su hombro y guardé silencio, porque sí, le temía a él... - Descuida, no te haré daño. No otra vez. Estoy aquí para protegerte, por siempre... 

- Lo sé... es solo que... tu poder... suena a algo de otro mundo. Superior, divino, Solas. Sé que odias que lo diga... pero has realizado hazañas que ningún otro viviente podría.

- En Thedas, quizás. – respondió y alejó su rostro de mí, obligándome a mirarlo, así que lo hice. – Pero te aseguro que en Elvhenan existieron prodigios superiores.

- Pero hasta los espíritus responden a tu liderazgo...

- Eso no me transforma en un dios...

- ¿Qué es ser un dios? Si no es un ser poderoso con potestad sobre el ámbito de la realidad y el destino de los vivos, ¿qué es? Si no un ser al que se le rinde culto, a través de fieles devotos. Solas, en Elvhenan tus rebeldes te adoraban... en el Más Allá... - miré a nuestro alrededor - espíritus y demonios, te siguieron... - él acarició mi rostro, afligido. - ¿Qué es ser un dios? Si no es eso...

- Vhenan, por favor, no me veas de ese modo. – rogó. – No soy un dios. No soy divino. No me veas de ese modo. No tú... - yo lo miré, sintiendo lo incómodo que se él sentía al oírme. Pero era lo que pensaba... Realmente, no alcanzaba a comprender su grandeza sin explicación diferente a la divina. Solas no era de mi mundo... 

- Entonces explícame lo mundano de la creación del Velo. – insistí. Solas asintió, tomó mi mentón y lo acercó a sus labios. Sentí el roce con su piel y mi cuerpo se estremeció. Un ser potencialmente divino, sosteniéndome, rendido a mí... Solas me revelaba su pasado y yo sentía que lo iba conociendo cada vez menos. Aunque también era lógico: lo conocía solo hacía cinco años y él había vivido milenios y milenios. Era lógico que fuera un total desconocido.

Él me besó, yo lo abracé y lo besé también, pero no podía dejar de pensar... de temer. Yo era su Gran Sacerdotisa, ¿qué implicaba eso? ¿Por qué él había igualado en poder a los Evanuris si había tenido un Gran Sacerdote élfico y no espiritual como el resto de ellos? ¿Por qué los espíritus y demonios eligieron seguirlo? ¿Existía un "dios", aquí, en el mundo espiritual que ellos consideraran su dios? ¿O era Solas a quien habían decidido seguir? ¿Lo siguieron solo en aquel entonces o también lo seguían ahora? ¿Por qué Fen'Harel mantenía contacto con él y no otros? ¿Por qué? ¿Por qué? Si era una especie de entidad espiritual suprema, ¿era Solas discípulo de Fen'Harel? ¿Creía en Fen'Harel? ¿Quién era Solas para Fen'Harel que se tomaba la molestia de hablar con él?

Solté sus labios y alejé, instintivamente, mi rostro. Solas abrió sus ojos y me miró, entristecido. – Lo siento... - dije. – Necesito explicaciones, Solas. No, besos.

Él soltó mi cuerpo y asintió. En su rostro volvió aquella inexpresión gélida. – Entiendo. – respondió. – Aún me temes. – y con aquella afirmación, tomó mi mano y caminó conmigo por algún sendero del Más Allá... tan conocido por él. Apreté su mano, porque sí, le temía... pero confiaba ciegamente al mismo tiempo.

Recorrimos nuevamente el sendero repleto en flores y colores, árboles y arbustos y finalmente, él se detuvo frente a un árbol añoso. Apoyó su mano y yo sentí todo mi cuerpo estremecerse, la realidad a mi alrededor mutó, los colores nos invadieron y una luz me encegueció, cerré mis ojos y sentí miedo. Un poder arrasador me invadió, apreté su mano, sentí que él me acercó a su cuerpo y me tomó por la cintura. Abrí mis ojos y ya estábamos en otro sitio.

- Los años en tu clan y las fábulas de Thedas te han vuelto temerosa de las fuerzas del Más Allá, vhenan. – se burló. Me sentí más tranquila de volver a escucharlo sarcástico y no todopoderoso. – Deberás aprender a sentirte protegida aquí. Eres soñadora y mi Gran Sacerdotisa. – me reprendió. – Es hora de que dejes de lado los miedos infundados del credo andrastino... "Heraldo de Andraste". – sonrió con maldad.

- ¡Oye! – reí a su lado. Él volvió a tomar mi rostro y volvió a besarme, sentí mi cuerpo estremecerse, como no me había pasado con el beso anterior, enlacé mis brazos sobre su nuca y dejé mi cuerpo sobre él. Solas me liberó del beso.

- Y deja de temerme. – me sonrió. Yo le sonreí y miré a nuestro alrededor: todo era difuso y podía sentir una fuerte expresión de emociones, miedo, desesperación, incertidumbre. De golpe, yo también me sentí intranquila y abracé a Solas con más fuerzas. – Este recuerdo... - la voz de él sonó profundamente afligida. – Fue la última vez que Mythal y yo hablamos... antes de su muerte, vhenan. – lo miré con gran sorpresa y sentí que volvía a apretarlo contra mí, en un deseo inconsciente de protegerlo del dolor. – Míralo... son mis recuerdos... pero te ayudará a comprender la creación del Velo:

POV Solas

La imagen de Mythal tomada de la mano de Solas y guiándolo por el interior del Palacio de Elgar'nan apareció frente a la pareja de elfos en el Más Allá. Solas y Elentari vieron los recuerdos que él había traído a aquel sitio. 

Aquellos dos, Mythal y Solas corrían tomados de las manos y la desesperación en sus rostros era notoria... se acercaba el final. Habían sido descubiertos... ambos serían condenados por traición. Quedaba tan poco tiempo... los últimos latidos en aquellos corazones desesperados...

- Este día, - le dije – Andruil se había adentrado al interior de mi Templo y había descubierto que los elfos liberados por Fen'Harel de la opresión de los Evanuris se encontraban resguardados allí. – Elentari me miró buscando más explicaciones. Yo tomé su cintura y la hice ponerse frente a las imágenes que teníamos delante de nosotros, de espalda a mí y, abrazándola, la recosté sobre mi pecho. Sabía que necesitaría sentirme con ella, porque este recuerdo, de algún modo, también expresó mi amor por Mythal. – Todavía no te he contado sobre la Rebelión, pero los elfos que Fen'Harel rescató y liberó de la vallaslin, desaparecieron del alcance de los Evanuris durante muchos años y nadie supo nunca dónde estaba escondidos. Así que, cuando Andruil supo que yo los tenía bajo mi custodia, por supuesto que asumió que yo mismo era Fen'Harel.

- Pensé que el ingreso a tu Templo estaba cifrado. Tenía la contraseña que dije durante la celebración del Glorioso Concilio y estaba custodiado por espíritus guerreros. - dijo Elentari.

- Así fue. – le respondí. – Cuando Andruil logró entrar pensé que alguno de los Olvidados le había proporcionado la contraseña, pues para ese entonces ya estábamos distanciados y ella ya había visitado el Abismo y traído a la superficie la Corrupción. – llevé mis ojos hacia la imagen de Mythal. – Ahora me pregunto si no fue simplemente ella, quien se lo dijo. – Elentari, frente a mí, acarició mis manos, que la rodeaban por su cintura. Yo la abracé un poco más. También necesitaba sentirla a mi lado, porque esto era muy doloroso. Pensar que la traición de Mythal no solo fue el engaño para que creara el Velo, sino la manipulación de los hechos para que Elgar'nan la matara, era muy doloroso. Pero sabía que ella podría haber sido capaz... solo ahora lo sabía... aquel día yo simplemente había estado desesperado ante la idea de que alguien le hiciera daño. Jamás había pensado que la matarían...

La imagen del recuerdo que me representaba habló con gran desesperación, mientras seguía los apresurados pasos del recuerdo de Mythal. 

- ¿Estás segura de que los Evanuris se han reunido en la Ciudad del Sol? - retumbó la voz de Solas mientras su frente perlada por el sudor y su respirar agitado continuaban aquella marcha desesperada. 

- Sí, estoy segura. Intentaré apaciguar la ira de Elgar'nan, pero creo que nos declararán traidores de los dioses. Nos quitarán el rango de divinidad. Nos someterán al encierro eterno o el exilio.

> Andruil ha descubierto todo, Solas.

- Sabes que me tiene sin cuidado la divinidad, Mythal. O su pérdida. - rugió el Lobo Rebelde.

Elentari y yo vimos que Mythal y el Solas del pasado comenzaron a correr, sin tener mucho tiempo para discusiones, pues el final estaba sobre nosotros aquel día. No teníamos tiempo...

Recuerdo que por mi mente habían pasado un centenar de interrogantes aquel día... Yo sabía que al final, tendría que crear el Velo y ni siquiera sabía si tendría el poder suficiente para hacerlo...Y en la última etapa, terminé haciendo mucho más... Terminé arrancando de la superficie a la Ciudad del Sol.

- Debemos proteger a El Pueblo, Solas. No podemos perder nuestra divinidad. No digas tonterías... ¡tiene que importarte! Necesitamos nuestro poder para defender a los elfos...

- Mythal. - Solas se detuvo frente a ella y la obligó a hacer lo mismo. Mythal se detuvo algo molesta, tiró de su mano, quería seguir corriendo. El tórax de aquellos dos se expandía con gran rapidez, la falta de aire era notoria porque tenían miedo. 

Solas la tomó por la cintura y acarició su rostro, ella desvió sus ojos celestes del pasillo y miró a su gran amor y mejor amigo. - No somos divinos, Mythal. No necesitamos ningún rango para mantener nuestro poder. 

- Pero no sé si podremos defendernos... - él acercó su rostro a ella. 

- No permitiré que nada te pase. Lucharemos. No me importa si muero defendiéndote. – ella negó con un movimiento de cabeza. – Pero no creo que la creación del Velo...

- No, Solas. – interrumpió Mythal. - Tú no debes morir, debes salvarnos. – dijo y acarició el rostro del elfo. - Solo por tus manos puede resurgir este hechizo... no dudes, mi amor. No dudes. - se podía ver a través del recuerdo de Solas que tenía mucho miedo. Miedo de morir, pero mucho más de perderla. Aquella posibilidad chocaba el horizonte de su mente pero él se negaba a creerla porque, al fin y al cabo, se había tratado de Mythal, la Madre Protectora, ¿quién le haría daño? El Pueblo no permitiría que la mataran o dijeran infamias sobre la evanuri más querida de todos.

> Yo no moriré, te lo prometo Solas. - dijo Mythal y acarició su rostro, sonriendo. - No temas. No dejaré que me hagan daño. Concéntrate solo en crear el Velo. - no dejó que él respondiera y lo abrazó, buscó desesperada su boca y lo besó, liberando su aura... ambos enlazaron sus poderes arcanos mientras, en medio de la desesperación, se acariciaban y sostenían en un intento por convertir aquel momento en eterno. 

La elfa empujó bruscamente a Solas contra la pared, se escuchó la queja de él por el golpe fuerte pero cuando intentó abrir sus ojos, Mythal ya se había lanzado sobre éste una vez más y lo había aprisionado entre besos. Una despedida... un desesperado beso de despedida. 

Me sentí extraño viéndolo otra vez. Recordando aquel día... Incluso en estos momentos, no era capaz de poner en palabras cómo me había sentido en ese entonces ni cómo me sentía ahora. El miedo casi paralizante que había sentido, volvió a mi memoria. Tanto, que ni siquiera había podido pensar con racionalidad nada lo que vendría después. Tanto, que solo me había entregado a mis emociones. Y ahora, volvía a verla jugar conmigo... y era consciente de que, para mí, aquellos besos, aquellas palabras, aquella huida, había sido uno de los momentos decisivos de mi vida. Que me habían cambiado por completo... y para ella, las fases de un plan.

Abracé con más fuerzas a Elentari, ella no decía nada, solo observaba con respeto.

- Déjame ir contigo.- resonó suplicante la voz de Solas, que con esfuerzo se había liberado de los besos apasionados de Mythal. En sus mejillas se podía ver el sonrojo por el calor de ambos. 

- No, mi amor. Lo enfrentaré sola. Me corresponde. - respondió Mythal. - Elgar'nan deberá hablar conmigo respecto al engaño matrimonial... no contigo. 

- Pero también tengo responsabilidad en esto, Mythal. No quiero dejarte sola... No con él... sabes que está loco. - ella sonrió y acarició su rostro. 

- Yo puedo encargarme de él. - dijo. -  Puedo hacerlo sola. No te necesito en cada paso que doy.

- Perra... - murmuró Elentari. Yo sonreí, ella rio sobre mis brazos. – Perdón. – dijo y me miró con picardía. Le di un beso sobre su mejilla y me sentí ¿afortunado? por tenerla a mi lado en estos momentos... Me otorgaba las fuerzas que me faltaban para seguir adelante... estos recuerdos... los había encerrado en el fondo de mi mente, me había rehusado a revivirlos... era la primera vez que aquel pasado tan doloroso que me había marcado a fuego era recordado. Si no hubiera tenido a Elentari sobre mis brazos, ¿habría sido capaz de verlo? No estaba seguro... 

Las imágenes de Mythal y Solas volvieron a correr, tomados de las manos, subieron escaleras y se dirigieron al ala superior del Palacio.

- Solas... Este sitio es el ala superior de Enasalin. – dijo Elentari. – Ese sitio donde todos tenemos el acceso restringido. – asentí. - Oh, bueno... por lo menos veré aquí qué esconden... - bromeó. Yo la abracé con fuerzas y guardé silencio, mirando sobre mis propios recuerdos. 

Mythal abrió la puerta y recitó unas palabras en élfico. Pudimos ver una puerta secreta, protegida por una poderosa ilusión, que se presentó antes las figuras de nuestros recuerdos.

El Solas del pasado se detuvo en seco. Mythal se giró hacia mi imagen y sonrió. - No dudes. – me suplicó. – Ingresemos a la Cámara de los Secretos Sagrados...- mi recuerdo suspiró y, confiando en ella, ingresamos al interior.

- Debemos avanzar, vhenan. – le dije. Elentari también dudó, del mismo modo en el que lo había hecho yo en el pasado. Me dedicó una mirada, pero confió, y avanzó. Tomó mi mano y los dos ingresamos.

En el interior de la habitación se podía ver que era en realidad una cámara mágica. Mythal estaba frente a unos frascos luminosos, custodiados delicadamente por un espíritu del Valor. Mi recuerdo le habló al espíritu y éste dejó aquel sitio. Elentari suspiró con asombro y me miró, para que se lo explicara. – Era un espíritu del Valor, para defender de cualquiera que ingresara a la cámara sin autorización. 

- ¿Por qué respondió a tu comando y no al de ella? 

- No, no. Habría respondido al de ella también. Solo que fui yo quien lo comandó. - le expliqué, noté un gesto sobre su rostro, como si no me creyera y sonreí. - ¿No me crees? 

- Si tú lo dices... - bromeó y acarició mis brazos que la sostenían con fuerza. - Amor, me estás apretando demasiado. - se quejó, yo liberé mi agarre. 

- Lo siento... - solo en ese momento fui consciente de lo tenso que me encontraba. Aquellos recuerdos eran tan dolorosos que me tenían completamente contraído. - Gracias por estar a mi lado... para mí no es fácil todo esto. Lamento mucho que lo tengas que ver. - Elentari se giró sobre mi cuerpo y acarició mi rostro. 

- Yo te agradezco por animarte a compartirlo. Sé que esto es algo demasiado personal para ti y doloroso. Para mí es un gesto hermoso que lo compartas, vhenan. - la tomé en mis brazos y la besé, mientras los recuerdos seguían interactuando.  

- Aquí está lo que me pediste, Solas... La clave para encerrar a los Evanuris en el Más Allá. – escuchamos a Mythal hablar.

> Este es el Palacio de Elgar'nan y Mythal. Responde tanto a mi magia, como a la suya. Podré tomar los talismanes, pero él no tardará en notar la ausencia. Una vez en tus manos, no tendremos tiempo ni oportunidad de volver atrás.

- La clave para crear el Velo. – oímos la voz del Solas del pasado - ¿Magia de sangre? -  Elentari se liberó de mis labios y se giró interesada en los recuerdos, yo sonreí y la apreté sobre mi cuerpo... ella era mi escudo frente a tanto dolor. Sin su presencia no podría haber mirada nada de esto. 

- Aquí yace el dominio de Elgar'nan sobre todos los Evanuris. Excepto tú, que jamás has sometido a Ordrel. - explicó Mythal.

- ¿Elgar'nan domina a todos los Evanuris? ¿Incluida a ti? - el rostro de Solas se mostró molesto. Ella asintió algo decepcionada y él se exasperó ante la verdad. 

- Sabes que los Grandes Sacerdotes son uno con el Evanuri al que están sometido. Si morimos, el Gran Sacerdote puede custodiar nuestra esencia y permitir que exista en otro ser.

> Cuando sometemos a nuestros Grandes Sacerdotes a cada uno de nosotros, también lo hacemos a Elgar'nan. Esto no lo sabe nadie, excepto yo y ahora tú. 

- ¿Cómo fuiste capaz de someter a Callisdrema a Elgar'nan? ¡Y al resto de los Evanuris!

- Conoces de sobra a Elgar'nan, no podría haberme negado.

- ¿Por qué no dejaste que fuera libre, como Ordrel?

- Porque yo deseaba su lealtad incuestionable.

> Custodio demasiados secretos, no puedo dejar nada al azar y lo sabes. Ya hemos tenido esta conversación, Solas. Solo tú eres libre de Elgar'nan.

- ¿Cómo Elgar'nan permitió tener un Evanuri sin control? – interrumpió Elentari, pero en ese momento la imagen de mi recuerdo volvió a hablar:

- ¿Cómo lo permitió? – oímos a Solas preguntar – Tener un Evanuri sin ataduras...

- Mi amado, Solas. Piensa. Tú no tienes vallaslin sobre tus seguidores, él no te ve como una amenaza. Al no poseer vallaslin no nos robas elfos, no compites contra nosotros por esclavos. No practicas ataduras, no practicas magia de sangre, no te has involucrado con el poder de la Plaga... Para él tú eres una burla...

- Oh, bueno. Gracias por la respuesta, Mythal. – dijo Elentari y volvió a poner atención al recuerdo:

- Con estos talismanes... ¿Tendré poder sobre el resto de los Evanuris? - preguntó Solas y llevó su mirada sobre los talismanes. 

- No. – respondió casi de inmediato Mythal. – Las ataduras son hacia Elgar'nan, no hacía quien posea los talismanes. –Solas sonrió, cansado.

- Yo sabía que me había mentido, vhenan. – le dije. – Quien poseyera aquellos talismanes, tendría poder sobre los Evanuris, porque eran ataduras con magia de sangre y, si bien no la practicaba, conocía sus principios y fundamentos.

- ¿Por qué te habría mentido?

- Porque me entregó el talismán de Callisdrema. Tendría poder incluso sobre ella.

- Toma los talismanes. – nos interrumpió el recuerdo de Mythal. - Llévalos al Abismo, déjalo unido a tu voluntad. Llegado el momento, los encerraremos allí y sus cuerpos serán cadenas para los Evanuris.

> Toma. Éste pertenece a mi Gran Sacerdotisa. No la encadenes al destino del resto.

Solas tomó los talismanes y se podía ver la duda en su mirada y su silencio. - Lamento mucho que Lusacan comparta ese destino... - susurró. - Después de todo, la joven ha sido mi discípula. 

- Y es mi hija, Solas. Yo lamento mucho más que tú todo esto... 

Cuídate. Ha llegado la hora. No dudes. No dudes más. Es el único camino. Confía en mí. Nunca te traicionaré.

- Lo sé... - el recuerdo de Mythal se acercó a mi recuerdo y acarició su rostro para darle fortaleza, sonriendo con aquella gran belleza de la que era dueña. El Solas del pasado la miró, idiotizado por aquella mujer...

Mi gran error... haber confiado en ella ciegamente...

- Confía en mí. Jamás te pediría que hicieras algo que no fuera necesario. Es necesario, Solas. Es la única manera de salvar a El Pueblo, los enanos y los espíritus... Es el único modo. No hay otra opción.

- Lo sé. Es solo que... temo las consecuencias.

- Entonces, deja de dudar, mi amor. Si lo sabes, no dudes. Y si confías en mí, tampoco.

- Confío en ti. - Mythal tomó el rostro de mi recuerdo y lo besó.

Yo levanté mi mano y eliminé aquel recuerdo.

Elentari y yo volvimos a estar en el Palacio, pero las imágenes de Mythal y Solas ya no estaban aquí. Sentí un gran vacío en mi estómago. Me había mentido tanto y tantas veces... no podía creerlo... Había jugado conmigo y sin necesidad de hacerlo. Yo la habría seguido hasta el Abismo aún con cualquier verdad... 

- Lamento que hayas visto esto, vhenan. – me disculpé de inmediato. – Pero la presencia de los talismanes fue la clave del éxito del hechizo.

- No te preocupes. – me respondió ella y me miró. – Bien... aún estoy esperando esas explicaciones, Solas.

Chapter Text

Solas me había dicho que necesitaba ver este recuerdo para comprender la creación del Velo. Bueno, perfecto, ya lo había hecho... y no había comprendido ningún secreto... Así que, me encontraba esperando sus respuestas.

- Veo que crees que estoy huyendo a las respuestas. – me dijo. Por supuesto que creía que lo hacía.

- Eeh. Sí. La verdad es que sí, Solas. – respondí. – Así que, por favor... explícame la creación del Velo.

- Como viste en aquel recuerdo... - comenzó él – Los Grandes Sacerdotes estaban atados a sus Evanuris a través de magia de sangre. Sin embargo, aquel acto de confianza por parte de ellos, había sido un acto de traición por Elgar'nan y Mythal, que habían modificado la sustancia de los talismanes, uniendo a los siete Evanuris y sus Grandes Sacerdotes al dominio de Elgar'nan.

Los Evanuris eran seres de la superficie, los Grandes Sacerdotes eran seres espirituales. La creación del Velo tenía dos fases: la Contención y el Velo en sí mismo....

> Para que comprendas la magnitud del hechizo, debes conocer la historia de la Rebelión y los eventos con los Olvidados... - lo miré con curiosidad. Solas caminó hasta una habitación, abrió una puerta y visualicé en su interior una oficia tranquila, bellamente decorada, con un gran escritorio, libros por doquier, candelabros iluminados por Fuego del Velo y fragmentos de piedras arcanas y objetos mágicos. Sin lugar a dudas, ese sitio me recordaba a él. – Ven, por favor.

- ¿Tu oficina? – pregunté acercándome al gran escritorio. Solas asintió y tomó asiento sobre el sillón que allí había. Yo recorrí el sitio, mientras él comenzaba con el relato:

- Con la fundación de la ciudad de Arlathan y el reconocimiento de divinidad en nosotros, se produjo una redistribución geopolítica en las tierras de los elfos. Y se nombraron a los nuevos reyes. – comenzó, siguiéndome con la mirada, mientras yo recorría este recuerdo. – Anaris, rey del Sur, Geldauran, rey del Norte y Daern'thal, reina del Este. El Oeste eran tierras salvajes...

> Los nombres de los Olvidados, por aquellos tiempos no eran estos, ellos tenían otros nombres. Pero durante el exilio a los Abismos, adoptaron los nombres por los que hoy se los recuerda. – me explicó.

- Qué manía con los nombres. – dije y noté frente a mí un fragmento luminoso y me acerqué a éste. Lo tomé en mis manos y me giré molesta hacia él. - ¡Solas! – me miró algo sorprendido por el tono de mi voz. - ¡¡Este es uno de los fragmentos dispersos por Thedas que estuvimos recolectando durante la época de la Inquisición!! – él miró y asintió. - ¿Acaso me hiciste juntar estos malditos fragmentos porque estabas usándome para algo más? ¡Te recuerdo que fueron miles y tuvimos que trepar grandes cantidades de acantilados, montañas, tirarnos por los lugares más recónditos de Thedas por ellos! – Solas comenzó a reír y se puso de pie, viniendo a mi lado. Tomó el fragmento y lo puso en su sitio.

- Sí. Tenían parte del poder de los elementos naturales... - me dijo. – Y te recuerdo que te favorecieron cuando encontramos el Templo del Orgullo en el Oasis Prohibido, ¿o lo has olvidado? Resistencia contra todos los tipos de magia y objetos mágicos.

- Es cierto... pero ¿solo por eso me hiciste buscarlos?

- Vamos, vhenan... ¿No vas a empezar a cuestionarme todo justo ahora? – se molestó. – Estoy aquí, contándote todo. Ven a mi lado y escucha la historia. De lo contrario, volvamos al palacio.

- Oye... no me amenaces con volver. – dije, cediendo. Solas sonrió, negó con un suave movimiento de cabeza, tomó mi mano y me llevó al sofá, donde ambos tomamos asiento. – Y comprende mis dudas...

- No te culpo por ellas. – me dijo. – Pero quiero decírtelo a todo, que conozcas mi pasado. O parte de él, al menos.

- De acuerdo. Siempre quise conocer quién eres en verdad. 

- Oh, un pequeño relato de mi vida no te dirá quien soy en verdad... - molestó. - Pero por lo menos tendrás una idea. 

> Bien. Entonces, nosotros fuimos divinos y los Olvidados reyes, ¿de acuerdo? – asentí. – Geldauran, Anaris y Daern'thal gobernaron a los elfos desde 1 FA a 3018 FA, cuando finalmente se rebelaron en contra de la tiranía de los Evanuris.

- Vaya ¡¡tres milenios!! – dije sin creérmelo. Solas asintió.

- Sí. La Resistencia a la Opresión comenzó, como te he dicho, 1983 FA. Una vez ésta instaurada, decidimos que yo sería la cara visible de la Organización. – me explicó. – Los planes los trazaríamos entre los miembros de la Organización, pero yo sería quien ejecutaría los planes visibles. Por varios motivos, el primero que era un Evanuri, seguramente no sospecharían de mí al principio, a pesar de que Solas como Divinidad, es decir Elgar'din, siempre se había negado a formar parte de los sometimientos. Y, gracias a que siempre lo había hecho, los Evanuris pensaron que compartía principios con Fen'Harel, pero no me relacionaron hasta el final. 

- ¿Qué sucedió, exactamente?

> Ya llegaremos a ese punto. – me dijo y continuó: - Por otro lado, Elgar'din como Evanuri, había sido considerado un loco, un delirante... Como ya te he dicho, un amante del arte, la poesía y la sabiduría. Un ser pacífico y desinteresado en la política. Comprendo que les haya resultado difícil pensar en mí como Fen'Harel. – asentí. En la Inquisición había usado la misma estrategia: el elfo apóstata vagabundo, reservado, coherente y sabio. Ni siquiera Leliana había sospechado que había sido el responsable de la Brecha.

- A ver, como evanuri eras llamado Elgar'din, como forajido y enemigo de los evanuris, Fen'Harel y Solas fue el nombre que elegiste para ti. - él asintió. - ¿Algún otro nombre? - Solas me sonrió y me besó en la frente. 

- Por supuesto, vhenan... pero no complicaremos aún más el relato... - molestó.

> Como verás, la idea del elfo forajido que liberaría esclavos, debía mantener en el anonimato su identidad. Así, surgió la idea de defenderlos cubierto en pieles de lobo, pues, como sabes, entre los elfos los lobos representan protección. Y los elfos comunes, de El Pueblo, contaban con éstos entre sus ejércitos y las familias. Lobo y elfo comían juntos, dormían juntos, mientras el lobo los protegía con lealtad. La lealtad de la manada de los lobos. Guía y protector de los elfos. – me dijo. – Así que, el hecho de que el forajido rebelde hubiera elegido la piel del lobo no era más que una obviedad poética. – sonrió, gozando por el engaño. – Por supuesto que, presentarme como un poderoso mago atraería rápidamente la atención sobre mí, así que, al principio y durante mucho tiempo Fen'Harel fue el "arquero forajido". El descubrimiento de que yo era un extraordinario mago llegó mucho después, en una batalla en la que casi me capturan.

- Oohhh... quisiera oír toda la historia ¿Tú, arquero?

- Sería imposible, vhenan, oír toda la historia. – me dijo. – Fueron siglos y siglos de batallas.

- ¿Eres un arquero experto? – le dije. - ¿Me dirás ahora también que sabes luchar con espada y escudo? – Solas asintió, yo lo miré estupefacta. - ¿¡También!?

- Por supuesto. Como verás, llevo en este mundo los años suficientes como para haber aprendido las artes que llamaron mi atención.

> Cuando fui un elfo joven, un general de ejércitos, fui un dotado guerrero, el Lobo Blanco había sido llamado... Siempre acompañando mis ataques con magia, por supuesto. – me dijo. – Fen'Harel, decidí que sería arquero, porque prefería ataques a la distancia, no quería que supieran que era Elgar'din... lo consideré más prudente. – Sonreí, oyéndolo.

- Oh, imagino a todos los Evanuris pensando que eras un pacifista por las mañanas, juerguista por las noches. Y tú, estabas con arco y flecha destrozándolos. – reí, entusiasmada. – Oooh, realmente me hubiera gustado estar a tu lado en aquellos tiempos ¡¡Seríamos la Rebelión de los elfos!! – volví a reír, Solas también lo hizo a mi lado.

- Es lo que hacemos ahora también, vhenan. – aseguró. – Bueno, con la salvedad de que hemos incluido al resto de las razas. – yo lo abracé a mi lado, sobre el sillón.

- Te escucho y más maravillosa suena la historia de la Rebelión. – le dije. – Estoy orgullosa de ti. A pesar de todas las consecuencias. Nunca te has dado por vencido, ni siquiera ahora... - él sonrió.

- Gracias. Significa mucho... - miró a un costado con pena - ... que digas eso... aunque aún no has oído toda la historia... al final, no sé si te sentirás tan orgullosa. Yo, por mi parte, no lo siento de ese modo, vhenan

- ¡Vamos! No te pongas nostálgico. Sígueme contando de la Rebelión.

- De acuerdo. – volvió a mirarme. – Desde la formación de la Organización Rebelde hasta la inauguración de la Ciudad del Sol, en el año 2050 FA, se fueron propagando los rumores de un loco encapuchado y experto arquero, que aseguraba que las deidades élficas no eran otra cosa que Evanuris, es decir: magos de gran poder. Pero para nada divinos. Este loco hablaba de individualidad, libertad e invitaba a los elfos comunes a unirse a su rebelión.

> Ya conoces un poco de todas mis enseñanzas de libertad. Pues, similares a éstas habían sido. – me dijo.

> Los pocos elfos que, cansados de la tiranía sobre ellos, se acercaban a Fen'Harel, desaparecían de la superficie y no se los volvía a ver. – yo lo miré sorprendida. – Esos elfos, - me explicó rápidamente antes de que pregunte algo – eran llevados a mi Templo, el Templo del Divino de la Sabiduría y el Mar y allí vivían haciendo lo que deseaban y aprendiendo de libertad. No podía permitir que volvieran con el resto porque, claramente, podrían delatarme y no estábamos preparados para enfrentar a nadie por aquellos tiempos.

> Así que, eran instruido y entrenados durante el tiempo necesario y solo pasaban a ser agentes de la Rebelión cuando nos sentíamos seguros de sus lealtades. – Solas guardó silencio. – Los elfos de Fen'Harel se suicidaban si eran capturados por algunos de nuestros enemigos. – yo di un grito de sorpresa. Solas me miró y asintió. – Por ello, durante tanto tiempo, mi identidad fue anónima.

> Con la inauguración de la Ciudad del Sol, comenzaron a llevar a cabo una locura tras otra los Evanuris. Nombrarlas sería imposible. Pero aquella construcción, aquella ciudad divina, era la representación del poder de los Creadores. Era el sitio más sagrado de la superficie, así que con Geldauran y el resto, decidimos que, por el momento, usaríamos a nuestro favor semejante emblema, respetándolo sin ningún tipo de ataque, acrecentando la creencia de su divinidad edilicia hasta el momento adecuado. Por ello, nos dedicamos a atacar todas las otras construcciones sagradas: templos menores, castillos, fortalezas y palacios.

- ¡Vaya! Imagino que los Evanuris estaban odiados contra ti.

- Por supuesto. Más aun porque no podían poner sus manos encima de mí, ni conocer mi identidad. – Solas sonrió. – Sin embargo, toda esta situación hizo a los Evanuris volverse más paranoico y glotones de poder, como sabíamos que sucedería. Pero verlos destrozar a los elfos, había sido doloroso. Y saber que lo hacían por la presión que sentían por mi presencia, aun más. 

> En un principio, no fui nombrado "Fen'Harel", aquella denominación llegó luego, entre los años 2500 y 3000 FA. – me dijo. – Por ello, cuando te digo que no te he mentido, es porque no lo he hecho. Yo realmente fui Fen'Harel para El Pueblo. Y soy Fen'Harel para el folclore de los dalishanos. Y ahora, que me he levantado contra la opresión, una vez más, nuevamente he adoptado ese nombre.

> Soy Elgar'din, Solas y Fen'Harel, a pesar de que una entidad espiritual poderosa del Más Allá, comparte ese nombre. – lo miré durante unos segundos y decidí aceptar su explicación. Era cierto: él era Fen'Harel. - ¿Te resulta satisfactoria mi explicación? – levantó una ceja, yo reí a su lado.

- Sí, sí. – le dije. – Te lo dejo pasar... - bromeé. – Oye, y dime... ¿cuándo los Olvidados se rebelaron?

- En el 2050 FA se une a la rebelión Malvernis. Él fue reconocido entre los elfos de El Pueblo como El Gran Sanador. Había sido un elfo con una sutileza en las artes mágicas espirituales, inigualables. Muy amigo de Daern'thal, así que, con el tiempo, ellos confiaron en él y lo unieron a la Rebelión. Luego, en el 3015 FA, Mythal, Callisdrema, Felassan y Galadh, se unieron también.

- ¡Wow! Se unieron mucho más tarde a la Rebelión. – dije con gran sorpresa. – Pensé que habían estado siempre.

- No. Y nunca pensé esto, pero creo que, con la incorporación de estos nuevos miembros, comenzaron los problemas... Mythal para ese entonces ya había escuchado aquella profecía, así que, ya planeaba su venganza. Haberla incorporado a la Rebelión no había sido una buena idea.

- Lo siento.

- Ya está hecho. – me dijo. – La incorporación de Mythal a la Rebelión tuvo que ver con una estrategia que creímos adecuada. Ese mismo año, es decir, el 3015 FA, Fen'Harel había sido declaro enemigo de los Divinos de la Creación y del Imperio, y comenzaron a preparar ejércitos para enfrentarme.

- Se repite la historia... - dije con un suspiro burlón.

- Lo sé. – sonrió, cansado. – Pero esa Divina Esperanza no me genera nada de miedo. Los Evanuris, por el contrario, tenían mi respeto.

- Recuerda que no eres el poderoso Divino que fuiste en Elvhenan. No cometas el error de subestimarnos... como lo hiciste con Corifeus. – Solas me miró, pensó en mis palabras y asintió.

- Tienes razón. Lo tendré presente. 

> Bueno, como te iba diciendo en el año 3015 FA en el que se me declara enemigo de los Creadores y decidimos que Mythal formara parte de la Rebelión para contar con otro aliado entre los Evanuris, éstos decidieron atar a tres antiguas entidades demoníacas para que comandaran sus ejércitos. Estas entidades eran ancestrales y poderosas. Pero los Evanuris también lo eran, así que, finalmente, lograron atarlas.

- ¿Quiénes habían sido?

- Gaxkang, Xebenkeck e Imshael. – dijo, yo lo miré con sorpresa. Eran las entidades a quiénes conocíamos como los Proscritos ¡Yo había enfrentado a Imshael en Emprise du Lion en el Castillo Suledin! – Sí. Enfrentamos a Imshael en el Castillo Suledin, vhenan. – dijo al ver la expresión en mi rostro.

- ¡¡Vaya!! No lo puedo creer...

- Para nosotros, los Rebeldes, aquel acto, fue deplorable y ya no lo toleramos mucho tiempo más. Así que, tres años después, los futuros Olvidados se autoproclamaron Divinos de la Libertad y negaron reconocer la divinidad de los Creadores. Recitaron las palabras de rebelión de Fen'Harel y rompieron las ataduras de los demonios, los cuales se unieron a la lucha de los Rebeldes, libremente.

> Así, adoptaron los nombres por los que se los recuerda: Geldauran y su Gran Sacerdote Xebenkeck, Daern'thal y su Gran Sacerdote Gaxkang y finalmente, Anaris y su Gran Sacerdote Imshael.

- ¿¡Qué!? – reí nerviosa. - ¿Estás bromenado?

- ¡Por supuesto que no! – respondió ofendido.

- Quiero decir... - sonreí. - ¿Grandes Sacerdotes demoníacos? Wow, aquello fue una locura.

- Recuerda que los Olvidados tenían tanto poder como nosotros, los Evanuris... y lo sabíamos. Así que, cuando liberaron aquellos poderosos demonios ancestrales y éstos decidieron servirlos libremente, rápidamente se los condenó y eso les valió el título de traidores de los dioses y el destierro de sus tierras (recuerda que habían sido reyes) y exilio al Abismo...

> No fueron reconocidos como Divinos de la Libertad, por el contrario, los llamaron Dioses Oscuros. Por otro lado, a las entidades demoníacas las exiliaron, denominándolas Los Proscritos.

- Vaya... - dije totalmente sorprendida e incapaz de asimilar todo en una sola vez. - ¿En qué año me dijiste que fue eso?

- En el 3018 FA, vhenan.

- La Rebelión se formó en el 1983 FA. Los miembros habían sido Geldauran, Anaris, Daern'thal, mi padre y tú. – Solas asintió. – En el año 2050 se unió Malvernis, el Gran Sanador y en el 3015 Mythal, Felassan, Galadh y mi madre. – Solas volvió a asentir. – Pero en el 3018 los reyes de Elvhenan se proclamaron en contra de los Evanuris, liberaron las ataduras de unos demonios ancestrales, se nombraron dioses de la libertad y los demonios aceptaron ser sus Grandes Sacerdotes... ¡Wow! Solas, eso fue demasiado. – dije. – Finalmente, los Evanuris los exiliaron y declararon dioses oscuros... Wooowww...

- En realidad había sido parte del plan. Recuerda que queríamos que los dioses Oscuros fueran olvidados porque necesitábamos conocer los secretos del Abismo y no podíamos hacerlo sin levantar sospechas. Así que, el plan consistió en lograr que los exiliáramos a las profundidades. – me dijo y sonrió: - Imagina aquellos grandes debates, vhenan – otra vez veía en su rostro ese brillo orgulloso por el engaño. – en los que los Evanuris, indignados, se preguntaban qué hacer y Mythal y yo proponíamos, con igual indignación, que lo mejor sería exiliarlos a los Abismos y declararlos enemigos de El Pueblo, dioses Oscuros... nuestros rivales. – Solas se había divertido manipulando a sus iguales.

> La idea también era sacar del foco de atención a Fen'Harel, aunque claro que, aquello, no se logró.

> A partir de ese momento, los dioses oscuros se fueron a los Abismos, y nos olvidamos de ellos. No volvieron a molestar, aunque por supuesto que, de tanto en tanto, volvían a la superficie, pero sin llamar la atención ni generar disgustos entre las deidades. Así que, durante siglos, intercambiamos información.

- ¿Cuándo se produce la pelea entre ustedes? – quise saber.

- No sé qué pasó exactamente entre nosotros. Pero el Lirio Rojo apareció por primera vez en el año 3999 FA, cuando Andruil volvió a la superficie portando armadura y armas de Plaga y Corrupción, por ende, para ese entonces, Mythal ya había atado a Dirthamen al corazón del Pilar.

- Elgar'nan lo había hecho.

- Sí, Elgar'nan a instancias de Mythal. – me corrigió Solas. – Ella es tan culpable como él.

- Entiendo.

- Dirthamen desapareció de la superficie cerca del año 3646 FA y Ghilan'nain comenzó a construir su Templo en las profundidades del océano en el 3648 FA, lo que solo puede significar que por esos años a él se lo unió al corazón del Pilar... - Solas guardó silencio pensando. – Casi cuatro siglos después Andruil volvió a la superficie con armaduras de corrupción, y dijo muchas cosas. Entre ellas, recuerdo que había hablado de una traición a su hermano Dirthamen que involucraba a Elgar'nan, pero todos habíamos asumido que se trataba del castigo que le había dado por un acto de alta traición en Arlathan, que según Mythal y Elgar'nan había sido interferir con hechizos del Padre de la Creación, es decir, Elgar'nan. Así que, éste lo había sentenciado a no poder merodear la superficie con libertad.

> Por ende, cuando no se lo volvió a ver, tampoco fue demasiado llamativo. Dirthamen, después de todo, era un elfo muy reservado y poco dispuesto a las charlas con los demás y reuniones. Razikale, su Gran Sacerdotisa, se había hecho cargo de sus fieles y todo continuó con normalidad. O eso creímos.

> Yo, por mi parte, lo creí. Puesto que Mythal me había asegurado que era como Elgar'nan había dicho.

- Vaya, perra... - dije, otra vez. - ¿Sabes? Comienzo a detestarla. – él no dijo nada, pero yo pensé que disfrutaría arrancándole el corazón con mis propias manos cuando la tuviera frente a mí. Solas podía tener muchos defectos, pero lo que aquella mujer le había hecho no tenía justificación...

- La Rebelión hasta aquellos tiempos, había continuado. Sin embargo, luego de que Andruil volviera a la superficie todo había comenzado a complicarse más y más... y fue entonces cuando comenzaron los problemas internos en la Organización Rebelde... y cuando mi identidad casi fue descubierta... cuando los Evanuris se alzaron contra Fen'Harel con un ejército de seres que yo desconocía hasta ese momento, me tendieron una efectiva emboscada y me tomaron prisionero...

> Fue entonces... cuando todo comenzó a desmoronarse... y finalmente, creé el Velo.

 

Chapter Text

- ¿¡Qué!? ¿Te tomaron prisionero? - dije sin creérmelo, sentada a su lado en el sillón que había dentro de aquella oficina que había pertenecido a Solas, en el Palacio de Elgar'nan y Mythal, ahora llamado Enasalin. - ¿Cómo fue posible?

- Comprende esto, vhenan. Para ese entonces, Fen'Harel, desde las sombras, había sido un gran problema para los Evanuris, tanto, que habían comenzado a organizarse para destrozarlo. El punto débil del plan radicaba en que, Fen'Harel en persona, formaba parte de las reuniones donde se debatía qué se haría con él y cómo se lo detendría. Imagínate que, los Evanuris, corrían con cierta desventaja. - Solas sonrió, complacido. - Fen'Harel parecía estar siempre un paso por delante, y eso los enloquecía. Y, la verdad, no era que pareciese, era que siempre lo estaba, porque yo acudía a todas las reuniones secretas y daba opiniones, puntos de vistas y consejos.

> El "Orgullo de Arlathan" había sido una de las principales voces de la razón en aquellas reuniones, y así, yo movía todas las piezas a mi favor para que hiciesen exactamente lo que les proponía que hiciesen, asegurándome que siempre Fen'Harel tuviese escapatoria en cualquier plan que intentase acabar con su presencia. Y así sucedía... siempre escapaba... logrando que la imagen del Lobo Rebelde solo se hiciera más y más poderosa con el correr de los años para los desprotegidos del Pueblo, porque... si ni siquiera los mismos dioses podían contra él ¿por qué no animarse a buscar la ansiada libertad en manos de un libertador tan poderoso?

- Vaya... ¿Nunca sentiste una pizca de remordimientos? - le pregunté. - Quiero decir, a pesar de sus errores, pasabas muchísimo tiempo con ellos y habías compartido milenios al lado de tus pares arcanos. - Solas me miró algo ofendido por la pregunta.

- ¡Los Evanuris nunca fueron mis pares! Quizás antes de la fundación de Arlathan podrían haber tenido mi respeto, pero luego... ¡el modo en el que jugaron con los elfos y espíritus! - en su voz hubo rabia. - No, vhenan, no. No sentía remordimientos.

- Creías que eran unos idiotas. No tenían nada de valor para ti. - Solas me miró, aun molesto. - Como te sucedió cuando ingresaste a la Inquisición. - noté que él suspiró y revoleó su mirada. Había estado abrazándome, pero cuando dije aquello, se recostó sobre un extremo del sillón y dejó de hacerlo adoptando una postura ofendida y solo dejando al descubierto su terquedad. El suspiro que oí me dejó en claro que estaba cansado de que volviera siempre sobre el mismo tema. No me importó. - Nos usaste y manipulaste sin remordimientos porque nos consideraste unos idiotas... como hiciste con ellos...

- Al principio fue así, aquí... - respondió sin mirarme. Sus ojos estaban clavados sobre el escritorio y tenía su codo apoyado sobre el apoya brazos del sillón y su sien descansaba sobre su mano, muy molesto. - ... luego me demostraron que hay valor en este mundo.

- ¿Y si te equivocaste también con algunos de ellos? - Solas me miró de inmediato cuando oyó aquello y la rabia en su mirada me asustó.

- Pero ¿¡qué dices!? - la voz salió susurrada por la rabia - En un año comprendí el valor que ustedes tienen... con ellos viví milenios y decidí enfrentarlos... Pero ¿quién te piensas que soy?

- Oye, no me respondas de ese modo. - lo ataqué, molesta por el modo en el que me acababa de hablar. - Pero ¿quién te crees que eres ? ¿Acaso no puedes equivocarte? - Solas entrecerró sus ojos y me miró. No estuve segura de qué pensó, pero por su expresión, no fueron cosas buenas. - ¿Acaso eres un dios que todo lo sabe? - sus ojos se entrecerraron más por el sarcasmo. - No, Solas... eres un elfo simplemente. Así que, déjame decirte una verdad: no eres perfecto y puedes equivocarte...

- Oh, de acuerdo. - rio molesto. - De esto se trata, ¿no? Yo te cuento mi historia entonces tú tienes derecho a juzgarme. - Solas se puso de pie frente a mí, sus túnicas danzaron con su movimiento molesto y sin mirarme siguió - Déjame que te diga una cosa: la sentencia por mis errores las pago a diario, Elentari. No necesito otro verdugo, además de mi propia inclemencia. - noté que levantó su mano y tuve que saltar para tomarla y evitar que nos quitara del Más Allá con su magia. "¡¡Espera!!", la voz desesperada de mi garganta resonó allí, en aquel recuerdo. Solas me miró, indignado porque lo había retenido cuando él había tenido intención de abandonar el Más Allá y no compartir más de su propia historia. Los dos nos miramos muy molestos, yo apretando su muñeca y él sosteniendo todo mi peso con su brazo, sin ceder. 

- ¿Qué haces? ¿Ahora no puedo preguntarte cosas que te ofenden? - lo enfrenté. - ¿Cómo es el tema? Solo podemos hablar mientras no cuestione tus actos, de lo contrario...

- ¿Sabes qué sucede? - en sus ojos había rabia y dolor, lo pude percibir de inmediato. - ¿En qué me ayudas juzgándome por un pasado que ya no podré modificar? - cuando me hizo aquella pregunta, el enojo que había sentido hacia él se derrumbó de inmediato. Tenía razón, ¿con qué propósito lo lastimaba? Ni siquiera había acabado de escuchar todo y ya estaba cuestionándolo... quizá había motivos genuinos por los que había actuado de modo tan desleal hacia los Evanuri. - ¡Júzgame si hay algo que puedo hacer al respecto! ¡Hazme entrar en razón, si estoy equivocado! Pero lo que te estaba contando... fueron eventos que marcaron mi vida a fuego... y sobre los que perdí el control hace tiempo. Entonces, juzgándome, no haces otra cosa más que lastimarme.

- Lo siento... - quise tomar su otra mano, pero él quitó ambas. - Tienes razón, no lo vi de ese modo. Lo siento.

- No necesito que me digas qué errores tuve. No necesito consejos ni conjeturas. Todo lo que se te pueda ocurrir, yo ya lo pensé. Cualquier castigo que quieras que recaiga sobre mí, créeme, ya lo he padecido. El único camino que me queda por recorrer, es entregarme a tu Capilla, Heraldo, y que me hagan arder en una pira, como se ha solicitado. La indulgencia, es lo único que me queda....

- ¡Pero ¿qué dices?! - quise volver a tomarlo, pero Solas una vez más se alejó. 

- Si eso es lo que deseas... si es lo que todos consideran justo por mis actos en Thedas... ¡Déjame que te lo aclare! Una vez que los elfos estén protegidos... una vez que sienta que no nos volverán a aplastar como a insectos sin valor... ese día, ¡yo mismo me entregaré a las autoridades y que me destrocen como tanto tú y los demás desean!

- ¡Yo no quiero que nadie te destroce, Solas! - quise volver a tomarlo, pero él me quitó el agarre otra vez. Dio un paso hacia atrás, pero, por suerte, estaba el sillón y no podía huir de mi lado. Así que, lo tomé en mis brazos y lo apreté sobre mí, arrepentida por la reacción que había generado en él. - Nunca quise que sintieras esto, Solas. Lo juro. - él, por supuesto, no me abrazó. Me tomó de mis brazos y me separó de su cuerpo.

- Me queda claro que hasta tú me ves como un asesino despiadado. - me dijo, gélido con su mirada. - Y lo soy, ¡créeme que sé que lo soy! Pero de ti, esperaba otra cosa. - Corrió su cuerpo, rodeó el escritorio y se puso detrás de éste, para que la distancia entre nuestros cuerpos se respetara. - Porque he sido capaz de matar a millares... - me miró indignado, apoyando ambas manos sobre el escritorio y dejando caer levemente su cuerpo hacia adelante, parecía un lobo a punto de atacar un halla (y el halla era yo, por si no quedó claro); sentí un poco de miedo, aunque sabía que él no me haría daño, pero cuando lo deseaba, Solas era tremendamente amenazante. - He matado a millares y estoy dispuesto a matar a miles más... - mi corazón dolió cuando me confesó aquello. - Soy capaz de hacerlo y soportarlo. Vivir con las culpas y los remordimientos... Pero créeme cuando te digo, que cada muerte, cada cadáver que dejo a mi paso, destroza mi espíritu un poco más. - los dos nos miramos en silencio. Aquellos ojos que me cautivaban, en estos momentos, me amenazaban... era el lobo herido, dispuesto a atacar a su oponente por instinto... era lo que estaba haciendo: me atacaba por instinto, porque lo había lastimado.

> ¿Cuánta es la grandeza de mi espíritu? No lo sé, ¿cuándo me volveré incapaz de soportar más dolor? Tampoco lo sé, porque de momento, aguanto... Pero que tú no veas otra cosa en mí, que mi crueldad... me duele más que muchas de mis culpas. - mi corazón se partió al escucharlo, quise decir algo, pero no encontré palabras. - Porque sí, Elentari, no soy compasivo ni misericordioso. Tendré virtudes, ¡porque alguna tendré!, ¿no?

- Tienes muchísimas...

- Pero la misericordia, se me escapa... - me enfrentó con su mirada gélida, más ofendido aún por haberle dicho que tenía muchísimas virtudes. - Y no vengas a llorar o reprocharme luego... cuando asesine centenares. Porque te lo estoy advirtiendo ahora: soy capaz de nuevas matanzas... a grandes escalas... centenares y millares de ser necesarias.

- ¿¡Necesarias para qué, Solas!? - mi garganta comenzaba a cerrarse, sabía que él detestaba que llorara en nuestras discusiones, pero yo era así. No podía evitarlo. - ¡Nunca es necesario matar a millares!

- ¡¡Ese lujo puedes dártelo tú!! Que me tienes en tu bando... - se quejó. - Tú, podrás dejar tus manos libres de sangre. Porque estaré yo para tomar esa sangre.... - entrecerró sus ojos, rabioso. - Pero no me propongas juegos infantiles, Elentari: si queremos que nuestra raza tenga respeto en esta era... muchos tendrán que morir... ¡¡Y yo no permitiré que vuelvan a someter a mi pueblo!! - lo miré, allí, frente a mí, amenazante y protector de los elfos y por primera vez, reconocí al verdadero Fen'Harel, el Lobo Terrible de los elfos. Solas iba a protegernos con garras y dientes... Y del mismo modo en el que hoy enfrentaba mis concepciones infantiles de batalla, había enfrentado a los Evanuris con engaños y traiciones. Solas podía ser muchas cosas, pero lo que lo definía era esa necesidad de proteger a los elfos, para lograr que gozaran de libertad. Lo había marcado durante toda su vida. 

> ¿Qué harás? ¿Seguirás creyendo que este camino se puede transitar con palabras, y tratados de paz? ¿Estás dispuesta a estar de mi lado en Din'anshiral? Porque te recuerdo que tú eres quien ha insistido en acompañarme por el camino de la muerte... La Marcha Final. Mi Marcha Final...

- ¿Solas de qué hablas? - rogué explicaciones, miré molesta el escritorio que nos separaba... quería abrazarlo, serenarlo... - ¿Acaso esto es una misión suicida para ti? - él no me respondió como hubiera esperado, solo dijo:

- Conozco lo maravilloso de tu espíritu, Elentari. Lo conozco porque me ha enamorado, y por eso mismo, te he apartado de mi camino. Tú no eres capaz de soportar la sangre que se vuelca por la responsabilidad de decisiones tomadas.

> Te he dicho que este camino corrompe. Te he dicho que no deseo corromperte, que me permitas sacrificarme solo a mí... y tú has insistido en acompañarme...

- ¿Por qué tiene que ser de muerte, Solas? ¿Por qué no puedes concebir otra visión? - noté que inspiró ofendido ante mi pregunta y entrecerró aun más sus ojos. - Bueno... entonces... ¿solo debe ser el camino de la muerte? ¿No existe otro modo?

- Te contaré toda mi historia, por cruel que sea y más allá de los juicios que recaigan sobre mí después, según tu percepción. - me advirtió. - Y luego de toda la verdad, que tanto has solicitado, - se burló, porque claro, era Solas, al fin y al cabo - plantéate la siguiente pregunta: ¿estás dispuesta a transitar la Marcha Final? ¿Estás dispuesta a caminar sobre los cadáveres que yo voy a dejar a mi paso? Y si no estás dispuesta o consideras que no eres capaz... entre nosotros nada cambiará. - me aclaró. - Yo seguiré con mi deber y tú me acompañarás en aquello que no corrompa tu ser.

> Pero te advierto, una vez más, Din'anshiral solo trae muerte. Así que, por última vez te pido: deja que sea yo quien transite este camino y tú, apártate de él. - me miró, totalmente serio. - No volveré a pedírtelo y si decides caminar Din'anshiral, se consciente de que este hombre que ves en mí hoy, abrumado por remordimientos y aplastado por el peso de las culpas, eso serás tú también. Y yo no me sentiré responsable por tus decisiones.

> Creo que hace tiempo te has vislumbrado "individuo", así que, Elentari, comienza a decidir y vive con las consecuencias.

- Solas. Lo siento... - rogué, al otro lado del escritorio, embargada por inmensas ganas de llorar, pero me contenía. - No quiero que pienses esto. Yo quiero estar a tu lado, más allá de todo.

- La decisión no la tomes ahora. Tómala luego, piénsala... decide. - Solas quitó sus manos del escritorio y se enderezó, frente a mí, cruzó sus brazos y caminó hasta la pared que tenía enfrente. Se recostó, rabioso y me miró, cruzando una pierna por encima de la otra, levemente y me miró. - Pero te pido por favor, sé cauta al decidir juzgarme, porque esto que soy yo... serás tú si me sigues...

El golpe de sus palabras fue certero. Directo a mi corazón. Como siempre.

No le respondí, no había nada que pudiera decirle, al fin y al cabo. Él tenía estas maneras crudas de decirme verdades que yo me negaba a creer y que, con el tiempo, se cumplían, tal como ya me lo había advertido en el pasado. Lo había hecho dos años después de su desaparición después de derrotar a Corifeus. Me había dicho que quería destrozar mi mundo y yo no le había creído. Cuando descubrí todos sus planes para hacerlo, me dolió muchísimo... pero él, ya me lo había advertido y yo me había negado a creer. Y aquí estaba ahora: advirtiéndome que no lo siguiera, pidiéndome que reconsiderara mis opciones... mostrándome qué sería de mí, si seguía sus pasos.

Pero, ¿cómo hacer para no seguir a Solas? ¿Cómo hacer para dejarlo de lado? Yo era su Gran Sacerdotisa, ¿realmente tenía opciones? Si no lo seguía, ¿a qué se vería obligado para alcanzar el poder que yo podía darle? ¿Al Lirio Rojo? ¿A qué locuras? ¿Podría vivir sabiendo que él se había entregado a la Ruina para alcanzar el poder que necesitaba porque yo le había arrebatado la unión a su Gran Sacerdote y el acceso al Áncora?

Al final, Solas otra vez tenía razón: tenía que tomar la decisión de mi vida... y vivir con las consecuencias. Como él ya lo había hecho.

Y en ese momento comprendí que Solas me estaba contado todo esto porque tenía que hacerlo. Algo había cambiado esta noche, algo había sucedido con Leliana y Fen'Harel y Lebennin, "algo", por lo que él tenía que contarme todo porque yo debía conocer el pasado. Lo conocía lo suficiente como para saber que no deseaba contármelo, pero debía hacerlo, y por ello, lo haría. A pesar de su enojo. De lo contrario, él habría vuelto a Thedas y otro día hubiéramos continuado con esta charla. Pero no, Solas sabía que ya no había tiempo para que yo no supiera ciertas cosas, así que nos mantenía en el Más Allá para que termináramos de hablarlo.

Me quedé paralizada frente a él y este descubrimiento: él nunca actuaba sin calcularlo todo. Quizás, la creación del Velo había sido el único acto en su vida llevado a cabo por dolor y desesperación... y sin haber finalizado todos los cálculos pertinentes.

Sentí que volvía a respirar y me desplomé sobre el sillón, sola. Levanté mis ojos y lo miré. Solas seguía recostado contra la pared, de brazos y piernas cruzadas, indignado en su mirada y dispuesto a que lo oyera, más allá de mis juicios posteriores. - Continúa, por favor. - susurré.

- La primera manifestación de "desesperación" que vislumbré entre los Evanuris, - arrancó a hablar Solas con una monotonía en su voz, impropia de él. - y sus decisiones, frente a la amenaza creciente de la sombra de Fen'Harel, fue la estúpida decisión de atar a tres entidades demoníacas primigenias. - me dijo. - Así, en el año 3015 FA declararon a Fen'Harel enemigo de los dioses y ataron a Xebenkeck, Gaxkang e Imshael.

> La respuesta hacia aquella decisión errada fue la rebelión abierta de los reyes de la superficie. Los reyes, quienes debían guiar a los elfos comunes en la sumisión hacia el poder divino de los Creadores, alzaron la voz y afirmaron que los Creadores no tenían una pizca de divinidad, solo eran Evanuris, como lo eran ellos también. Y para demostrarlo, los reyes se autoproclamaron dioses de la Libertad y enfrentaron al panteón divino. - hubiera querido acotar alguna exclamación o algún suspiro al relato, pero estaba tan herida como él, así que, solo desvié mi mirada, y lo escuché. Concentrándome en desanudar la opresión sobre mi garganta y no derramar una lágrima, para no molestarlo...

> Los dioses de la Libertad usaron sus majestuosos poderes arcanos y liberaron a los demonios, generales de los ejércitos de los Evanuris. Aquel fue, el primer acto que burló la divinidad de los Creadores. Y el segundo fue, cuando los demonios, se inclinaron libremente ante los nuevos dioses y fueron nombrados Grandes Sacerdotes por éstos. Así, nacieron los nombres de Geldauran, Anaris y Daern'thal.

> Detallar la batalla que tuvo lugar por aquellos tiempos, no viene al caso. - me aclaró. - Pero fue sanguinaria y acabó por desterrar a los dioses autoproclamados y castigarlos bajo la definición de dioses Oscuros y a los demonios, como Proscritos. Como bien sabes, ya te lo he dicho.

Asentí, pero no dije nada. Noté una sutil expresión en Solas, suavizó la rabia en él, pero nada más. Me pregunté qué habría pasado por su mente, aunque era imposible saberlo.

> Durante los años que siguieron, los Olvidados cumplieron con su cometido. Fueron olvidados y se dedicaron a estudiar los secretos del Abismo. Y yo, en la superficie, me encargué de fortalecer la imagen de Elgar'din, como Divino, por un lado y la Fen'Harel como forajido, por otro, sin que pudieran atar hilos que los llevaran hacia mí como una misma persona.

> Elgar'din, por su parte, en aquellos tiempos se dedicó a derrochar conocimientos y sabiduría. Mis adeptos construyeron las universidades más grandes y buscaron por todos los rincones de Elvhenan los conocimientos más preciosos y codiciados. Así que, con los años, los elfos que me dedicaban alabanzas como Divino de la Sabiduría contaron con las mejores Universidades y las ciudades de mis elfos vivieron de Academias del Saber, eruditos, investigadores prestigiosos y, por supuesto, los mejores eventos artísticos de Elvhenan. Así, fui reconocido como el Orgullo de Arlathan.

Imaginé a Solas siendo un elfo alegre y artístico, cantando y tocando el piano. Pero después de la discusión, dolía demasiado, así que, guardé silencio y solo evité aquellos pensamientos. Sentí que él suspiró, allí donde estaba, y caminó hacia mí. Lo miré, embargada en tristeza y me controlé para no llorar.

Solas caminó frente a mí, por delante del escritorio y se recostó de brazos cruzados. - Lamento algunas de las cosas que dije hace un momento... - me dijo. Sentí que mis labios temblaron y asentí, desviando la mirada. No quería llorar.

- Yo también... - susurré, porque fue todo lo que pude modular.

- Pero no puedo verte así, tan afligida. - escuché que me dijo. Solas me pasó una mano reconciliadora. Yo solo sentía la necesidad de llorar, pero quería controlarlo. Tomé su mano, lo miré y le sonreí, fingiendo estar bien. Él también me sonrió y tiró suavemente de mí para que dejara el sillón. Así lo hice y cuando estuve frente a Solas lo abracé y sollocé, aunque había intentando no hacerlo. Sentí que me abrazó y ambos guardamos silencio. - No tiene sentido contarte mi pasado si estás a punto de llorar con cada anécdota. - me susurró, bromeando - Hace un momento me has herido, por eso te he atacado, vhenan. Perdóname... - asentí, sin mirarlo, porque de mis ojos caían algunas lágrimas. - Pero, aunque haya sido cruel todo lo que dije... 

- Es real... - dije sobre sus brazos, sentí que él asintió. Lo sabía, por eso dolía.

- Piensa en qué deseas hacer. Nada cambiará entre nosotros y si te sirve de algo o te ayuda a tomar la decisión, yo prefiero que te apartes del camino que recorro. - ahora Solas tomó mi rostro, suavemente, e hizo que lo viera. Limpió mis lágrimas y me dijo: - Tú eres la encarnación de la compasión, vhenan. Es lógico que no puedas transitar mi camino. Sigue pura, sigue sana... Deja que sea yo quien se corrompa.

- No puedo dejarte solo. - le dije y volvieron a caer lágrimas. - Sé que... - miré hacia abajo y no quise confesarle lo que sabía. Él me acarició.

- Sabes que a mi lado te perderás del mismo modo en el que yo me he perdido... - dijo él. Y era cierto, era como decía. Si lo seguía en esa marcha mortífera, yo también moriría... Mi espíritu, mis convicciones... mi ética. Así que, asentí. - Por eso te pido que no te unas a mi sacrificio. Es mi deber, me corresponde a mí. No a ti, vhenan.

- Pero no puedo dejarte solo. - le dije, y ahora sí lo miré. - No puedo... - negué con movimientos de cabeza. - Prefiero vivir rota que destrozarme sabiendo que te dejé transitar ese camino sin mí. - noté tristeza en él.

- La decisión, al final, será tuya. - me dijo. - Pero recuerda que yo te pido, que no lo hagas. Si mi opinión cuenta para algo... recuérdala. - asentí y lo abracé.

- Perdóname por lo de hace un rato. - le dije. - Tuviste razón. No tiene sentido que te juzgue por lo que sucedió en Arlathan. Porque no te ayudo y esos tiempos ya se han esfumado de nuestras manos.

- Gracias por comprenderlo. - me dijo. Él besó mis cabellos y me acarició con precisión. - Recuerda que te amo... a pesar de mi carácter. - yo asentí y lo apreté sobre mi cuerpo. - Te amo, vhenan y odio herirte... pero siempre acabo haciéndolo. Perdóname. 

Y ahí estaba la otra versión de Solas. El sabio. Aquel elfo que sabía ser reconciliador y armar puentes entre personas, debatir y alcanzar consensos. Ahí estaba su otra versión, esa que amaba. Solas era malicia y sabiduría en partes iguales... Como Anaris me había advertido hacía tiempo... entre todas sus virtudes... la sutil malicia, era una de ellas.

Solas dejó de abrazarme y se sentó sobre el escritorio. Apoyó sus botas sobre el sillón frente a éste y yo también me senté a su lado, imitándolo. Él me rodeó por mi cintura y me recostó sobre su pecho. Mi cabeza yació sobre su corazón y percibí sus latidos. A pesar de todos los milenios que llevaba vivo, seguía teniendo pasión, seguía teniendo amor... Después de todo lo vivido, no perdía la fe en los demás, no perdía la capacidad de asombro, no perdía la capacidad de amar... - Te seguiré incluso a la muerte, Solas. - le dije. Él guardó silencio durante un momento y me respondió:

- Ojalá mis pasos no conduzcan a tu muerte... - aunque yo tenía que morir para derrotar a Mythal... y ambos lo sabíamos.

- Pero si me condujeran allí... Incluso en la muerte, estaré a tu lado. - Solas acarició mi cadera y guardó silencio a mi lado. 

Din'anshiral sería nuestro futuro.

- ¡Qué destino cruel para un espíritu como el tuyo! - dijo y me miró, yo a él. Solas me sonrió y me sacudió suavemente a su lado para que levantara mi ánimo. De repente, también estaba descubriendo nuevas facetas de él que había desconocido. Solas, por nada había sido el que daba el brazo a torcer en las discusiones, pero esta vez, él había cedido. Y ahora estaba aquí, a mi lado, intentando recuperar mis ánimos. Aquel acto simple, hizo que sonriera, pero de forma genuina, porque me alegró notar su preocupación por mi estado de ánimo.

- Bueno... continúa con la historia. - le dije, trayendo a mi voz algo de su entusiasmo característico cuando él me revelaba secretos. - Cuéntame de tus ciudades... - él sonrió y se acercó a mis labios, me sonrojé y rocé su boca tímidamente, pero él me besó con pasión de inmediato ¡Dioses! Solas era un torbellino de emociones y sensaciones... de la pena absoluta a la lujuria... mi cuerpo iba y venía entre tristeza, alegría y deseo... tomé su nuca y le introduje la lengua, mientras me dejaba embargar por este hombre que a veces comprendía y muchas más no.

Solas liberó nuestros labios y sonrió, acariciando mi cintura (que no había soltado) - A pesar de todo... recuerda que te amo, ¿de acuerdo? - yo asentí. 

- Me dijiste al final de la batalla contra Corifeus que pasara lo que pasara... 

- Lo que sentía por ti había sido real... - terminó él. - Tan real como para que sigamos juntos a pesar de todo ahora, amor. - yo asentí. - Te juro que he intentado apartarte de miles de formas... y no lo he logrado... no porque no te ame, sino porque detesto ser la causa de tus lágrimas. 

- Pero también eres la causa de mi felicidad, Solas... - apoyé mi mano sobre su pecho. - Lo que me haces sentir... solo lo he sentido contigo... 

- Ven aquí... - Solas me abrazó con fuerzas y yo me acurruqué sobre su pecho. - Perdóname por cada lágrima derramada, amor... perdóname por mi carácter y por todo el daño que te he causado. 

- Te he perdonado hace tiempo, mi lobito... - sonreí y sentí que él besó mi frente. - Continúa, quiero seguir con la historia. 

- De acuerdo, vhenan... y gracias por seguir a mi lado, a pesar de todo. - como si pudiera dejarlo alguna vez... Su voz volvió a sonar con su habitual melodía, cuando retomó el hilo del relato: 

>  En Elvhenan, mis adeptos se habían concentrado mayoritariamente en el Sur, es decir, las tierras que habían sido gobernadas por Anaris y que hoy constituyen, principalmente, los reinos de Ferelden y Orlais. - me explicó - Por ello, él y yo teníamos una gran amistad. Entre los Olvidados, Anaris había sido el más propenso a las fiestas, bailes, arte y talento. Así que, estaba encantado con contar con mis elfos entre las ciudades de sus reinos, porque a él divertía todo aquello.

> Por supuesto que, con mis adeptos, también llegaba el amor por el conocimiento y la ciencia, pero aquella característica la habían tenido todos los Olvidados, así que, en última instancia, los elfos que adoraban al Divino de la Sabiduría, habían sido bien recibidos entre cualquiera de los reinos.

> La capital del Reino del Sur, había sido una magnífica ciudad que vivía de la ciencia y del saber, y de todo lo que acompaña al conocimiento y el arte. Allí, de los fragmentos de la teoría nacían la práctica, el interés y los beneficios para el resto de El Pueblo. Los elfos sagaces y llenos de iniciativa la amaban y visitaban asiduamente, consiguiendo transformar los pensamientos libres en teorías, leyes, maravillosos debates y los mejores hechizos se producían entre aquellas tierras... - su voz sonaba completamente nostálgica por aquello que se había perdido.

> Por la mañana, el pensamiento arduo y riguroso reinaba, pero por las noches, los jóvenes entusiastas traían fiesta y diversión, que también la había caracterizado.

> De día y de noche se podía oír música entre sus calles, canto, poesía, el tintinar de las copas, porque, por supuesto, había excesos - sonreímos los dos - y el ambiente era propicio para animarse a dejar volar la imaginación. No existía límite... - Solas guardó silencio, recordando durante algún tiempo - Decir que los espíritus lo adoraban, sería poco. Ellos festejaban al lado de los elfos cada logro, ayudaban desenvueltamente a guardar grandes volúmenes de información y cuando alguien requería alguna cita literaria o un libro, los espíritus archivistas los guiaban con rapidez y ambas razas se desarrollaban, en una unión natural. La unión que considero, al menos yo, natural. - Solas me miró.

- Vaya... suena a algo bellísimo... Algo... que solo podría soñarlo. Pensar que fue realidad en Elvhenan...

- Vir Dithara había sido una de sus grandes Bibliotecas, pero no la principal. - me dijo.

> De todas formas, al final... todo se perdió.

- ¿Cómo es que no encontramos libros o algo más de aquella ciudad?

- Nuestra escritura no era con tinta, como la de ustedes. Lo que era realmente importante, lo escribíamos con las escrituras mágicas, que se revelan con Fuego del Velo y que permiten añadir sentimientos, emociones, olores, gustos...

- Vaya...

- Todos los hijos de nobles habían asistido a estudiar en aquellas Universidad y Academias... el prodigio del pensar estaba allí.

- El Orgullo de Arlathan. - dije, Solas asintió.

- Solo que yo no era ese "orgullo", sino ellos: los elfos; los entusiastas elfos que se habían animado a crear con la mente y la colaboración espiritual...

> Nuestra raza, - Solas mi dedicó una mirada - nuestra raza no es propensa al odio y la matanza. Una vez me preguntaste por qué los humanos nos tratan a los elfos como lo hacen y yo te había dicho que, más certero sería preguntarse qué habríamos hecho nosotros, los elfos, si la situación fuera al revés. Si los humanos fueran considerados inferiores y nosotros domináramos vastos terrenos, ¿qué habría sucedido? Creo que habríamos sido más clementes. Y creo que, en Thedas, lo demostraremos finalmente.

- Recuerdo ese día... - le dije. - Fue camino a Wycome, en la embarcación, por la noche, cuando nos habíamos escabullido de la habitación para hablar, ¿lo recuerdas? - Solas sonrió.

- Lo recuerdo todo, vhenan. - yo sonreí y sentí el calor recorrer todo mi cuerpo al oír aquellas palabras. Recordaba todas nuestras charlas, recordaba nuestras anécdotas, tanto como yo. - Recuerdo tu excusa para tenerme a tu lado. - molestó. Yo rompí en risas.

- ¿Qué pensaste aquella noche? ¿Ya sabías que me habías conquistado? - Solas rio a mi lado.

- Por supuesto que lo sabía. - molestó. - Había sabido de tu interés por mí desde el día que te había enseñado a manifestar tu aura y controlar las temperaturas externas, porque te recuerdo, habías tenido intención de besarme. - reímos los dos.

- ¿Te acuerdas de ese día también? - reí a carcajadas. - Argh, yo morí de vergüenza, Solas... - confesé. - Tú eras tan reservado y culto y yo me había lanzado encima de ti la primera vez que intentabas guiarme en el dominio arcano. - él sonrió. - ¡Quería desaparecer! - reí. - ¿Lo recuerdas? - asintió de nuevo. 

- Y sin embargo, - él acarició mi rostro con la mano que no me rodeaba por la cintura. - Aquí me tienes... confesándote todo. - sus ojos se posaron sobre mí y noté la seriedad con la que había hablado, convencido de compartir su vida pasada conmigo, y a la vez, por el modo en el que me sostenía y tocaba, también me convencía de que me amaba; así que, tomé su rostro y lo besé, pero lo hice con pasión, invitándolo a que fuéramos más allá, aunque estuviéramos en el reino de los sueños, aunque él estuviera sosteniendo las partes de su espíritu pedazo a pedazo, aún sabiendo lo herido que se encontraba. 

- Hazme el amor... - supliqué agitada. Después de todo lo que habíamos descubierto en el Templo de Ghilan'nain, Solas y yo no habíamos vuelto a hacer el amor y para él había tenido un gran impacto emocional todo. Así qué sentir que él respondió del mismo modo a mis caricias, fue un alivio. Me senté encima de su regazo y continué besándolo, apasionada. Haber recordado nuestros primeros pasos en este amor que hoy sentíamos despertó el deseos en mí. Solas me abrazó apasionado, introdujo su lengua en mi boca y acarició mi cuerpo. Noté el modo en que me tocaba, con una desesperación creciente por arrancarme la ropa. Yo sonreí y continué nuestro encuentro romántico, siendo consciente de que, el elfo a quién hoy me entregaba, no era el mismo a quien lo había hecho en el pasado. Había descubierto tantas cosas acerca de él en estos últimos tiempos, que Solas iba modificando la visión que tenía sobre él, paso a paso. Pero todas las visiones, acababan en deseo y ardor por sus manos, su cuerpo, sus besos...

Mientras nos besábamos, ardientes, comprendí un poco más a Solas, al de verdad. Recordé aquellos días en los que este elfo ancestral reservado se había animado a conocer a los habitantes de Thedas y ello, le había permitido conocerme a mí, que hoy yacía sobre él, mientras nuestros cuerpos se agitaban y la pasión nos envolvía. Yo quería conocer más, todo sobre él. El misterio de quién era este rebelde apasionado.

- Necesitaba volver a besarte así, Solas... - dije, él suspiró sobre mis labios agitado,  yo continué disfrutando del calor de su boca, su lengua en mi interior, sus caricias que rozaban mi piel.

- Yo también, vhenan... - dijo mientras no podía dejar de recorrer mi cuerpo. - No puedo seguir adelante sin ti... todo me supera en Thedas... - confesó, fue extraño oírlo decir aquello, principalmente porque no comprendí a qué se refería... pero yo quería sentirlo dentro de mí otra vez, no cuestionarlo por sus palabras, así que comencé a desprender su cinturón, mientras él hacía lo mismo con el mío y lo tirábamos al suelo.

Quizás su secreto para conservar su espíritu joven radicaba en que era un apasionado de la vida. Lo había sido durante su juventud y lo era aún ahora (con mayores reservas), incluso milenios después de haber vivido prácticamente todo lo que un elfo ancestral pudiese vivir. Cosas hermosas y también otras, horrorosas.

Yo empujé su cuerpo sobre el escritorio, él llevó su brazo hacia atrás y tiró los libros y papeles que había allí. Sentí su respirar alterado por el deseo cuando nuestros labios se separaron. - Ven aquí, preciosa - Noté su mano tomar mi nuca y tirar de mí hacia él, una vez más. Sentí sus caricias ardientes y sus besos cálidos, otra vez, la pasión con la que se movía y me besaba, el ímpetu con el anhelaba este encuentro.

Sabía que yo atravesaba una encrucijada cuando se trataba de él. Por un lado, lo veía como alguien extraordinario, por otro, era simplemente él, aquel elfo que me hacía sentir deseo como nunca otro hombre lo había hecho cuando rozaba mi piel. Y finalmente, también estaba ese ser despiadado que había mostrado durante nuestra discusión y que resultaba amenazante en dimensiones inalcanzables. Sin embargo, fuera cualquiera de ellos, o la manifestación de los tres... Yo no podía evitar desearlo. 

Liberé los agarres de su armadura haciendo que las porciones metálica cayeran sobre el suelo y volví a empujar su cuerpo sobre el escritorio, él se sostuvo sobre sus codos, mientras yo continuaba besándolo y le quitaba sus ropas para tener su cuerpo desnudo. Abrí mis ojos y olvidé que estábamos aquí, soñando. Un recuerdo del Más Allá solo resultaba tan fantásticamente real cuando estaba con Solas y las sensaciones física que me embargaban, también se las atribuía a él. En todos mis viajes al reino de los sueños, solo con él parecía absolutamente real el ambiente y no etéreo, como resultaba en las otras visitas. Y agradecí estar aquí, dónde el placer alcanzaba niveles mágicos. Noté sus manos recorrer la piel de mis piernas para buscar mis bragas, y deshacer el exceso de telas en la túnica de mago que llevaba encima. Con sus caricias, noté el dominio que poseía sobre mi maná y mi sangre, noté las corrientes de los sueños que Solas manipulaba para darme un placer exquisito y gemí, por sus roces. Solas liberó un hechizo a nuestro alrededor, como siempre lo había hecho cuando hacíamos el amor aquí, custodiándonos de cualquier peligro, aunque me preguntaba qué podría serlo para él...

Finalmente, recostó su cuerpo sobre la amplia superficie del escritorio y yo me mantuve por encima, agitados los dos, nos deshacíamos de la ropa innecesaria y continuábamos besándonos, entre suspiros, ardientes y entregados al ambiente poderoso y onírico del Más Allá. Yo liberé mi aura y continué besándolo, él también expuso su aura, pero de forma contenida. Sabía que lo había hecho porque a mí me gustaba que lo hiciera. Sin embargo, mi piel entera sí que se iluminaba, porque a su lado sentía pasión desmedida, pero también seguridad para liberar todo mi poder, toda mi esencia mágica, protegida de cualquier peligro del reino de los sueños, porque estaba con Solas a mi lado. Su aura espiritual me envolvió y mientras lo besaba sentí que me embargó por completo... nunca acababa de comprender cómo era que a su lado sentía que mi cuerpo vibraba por completo, quizá era magia, o quizá otra cosa... pero con Solas hacer el amor en el Más Allá era lo más placentero que había experimentado...

Y así, luego de una fuerte discusión, acabamos por hacer el amor y olvidar que en Thedas, Leliana estaba perdida por un evento que no comprendía, Praianna casi había muerto cuando Solas le había absorbido toda su esencia, y yo había ingresado a este sitio para llevarlo de vuelta y habíamos terminado resguardándonos en el Más Allá, como si este fuera el sitio más seguro para los dos. Como si perteneciéramos realmente aquí y todo lo que sucediera en el mundo despierto, fuera problema de otros.

Y entre caricias y pasión, haciendo el amor encima de él, supe con certezas de que prefería recorrer Din'anshiral a su lado... que no recorrerlo. Si el camino de Solas era la muerte misma, pues entonces, hacia la muerte nos dirigiríamos... para que, tras ella, volviéramos a encontrarnos aquí, en este reino, y recorrerlo juntos por toda la eternidad de nuestros espíritus y la pasión que nos profesábamos.

(este dibujo precioso es de soulu_art IG)

Chapter Text

Cuando acabamos de hacer el amor los dos yacíamos agitados sobre el escritorio y abrazados. - Mmm... - dijo Solas, debajo de mi cuerpo, recuperando el aliento. - Necesitaba volver a hacer el amor contigo. - sonreí. - Y que dejemos de discutir...

- Yo también, vhenan. - le dije y le di un beso. - Más que tú, créeme. - bromeé, él sonrió.

- Si continuamos así, nunca acabaré de contarte todo... - bromeó también conmigo, llevando sus brazos hacia atrás, y recostando su cabeza sobre éstos. Lo miré y me pareció un poco más hermoso de lo que siempre apreciaba, pero bueno... desde que lo había conocido estaba enamorada de este elfo... besé su cuello, descendí por su clavícula y sus pectorales, mientras seguía recorriendo su piel con aquellos besos suaves... llegué a su abdomen y lo recorrí con la lengua y los dos reímos mientras seguía descendiendo sobre su piel. - Como he dicho... nunca acabaremos si seguimos así... - yo respiraba agitada y sudorosa mientras jugaba con él, pero tan pocas veces sentía que era mío... tan pocas veces Solas dejaba que sintiera que era vulnerable y algunas de "esas pocas veces" eran durante el sexo, donde el dios, el Evanuri desaparecía y solo estaba él, el hombre a mi lado. 

Me senté sobre el escritorio y acomodé mi túnica, puesto que no había tenido necesidad de quitármela... Una de las ventajas de las túnicas de magos, pensé, sonriendo, mientras me arreglaba, también, mis largos cabellos. Levanté mi mano y liberé una ventisca controlada a nuestro alrededor para descender la temperatura. Solas se sentó a mi lado, mientras yo abanicaba la piel de mi cuello y pechos para aclimatarme, nuevamente, y me dio un beso sobre la piel de mi cuello. - Prefiero una historia lentamente contada, si puedo hacer el amor contigo. - le dije. Él sonrió mientras me acariciaba y tomaba mis pechos, los dos nos agitamos y volvió a besarme en el mismo instante en que lo rodeé con mis brazos y volví a sentarme sobre él. Dioses, era imposible no desear más y más de él...  

- Quítate esa túnica de una vez... - susurró, yo lo envolví en mis besos y Solas comenzó a desnudarme por completo. Hicimos el amor una vez más, los dos desnudos e incapaces de detenernos... el Más Allá era así... pura energía... uno podía volver a estimular y comenzar lo que deseara (siempre y cuando tuviera dominio de las corrientes de los sueños y resultaba que Solas era experto en ello). Comenzaba a notar que cuando hacíamos el amor no solo lo hacía con él, sino que todo el Más Allá respondía a su comando... tener sexo aquí era una sobredosis de placer, era algo que no podía explicar con claridad... me prometí a mí misma que un día le preguntaría a Solas qué era lo que hacía en este sitio y con las fuerzas de los sueños y le pediría que me enseñara por supuesto. Sin embargo, en estos momentos, solo aprovechaba el placer que obtenía y la energía que tocaba cada fibra de mi ser.  

 

 

Después de la segunda vez, estuvimos dispuestos a retomar con el relato. Ahora sí, los dos nos volvimos a poner la ropa encima y nos sentamos sobre el escritorio, una vez más. - Oye, cuando no eras Divino de la Creación, habías sido un mujeriego, ¿no? - Solas revoleó su mirada, mientras terminó de ajustar su cinturón sobre su cintura.

- Mujeriego en el sentido de tener sexo de una noche y no volver a tener contacto con la otra persona, ¿a eso te refieres? O ¿al hecho de haber tenido múltiples parejas sexuales? Porque, te recuerdo que viví casi diez mil años en Elvhenan... por lo tanto... imagina que, efectivamente, he tenido múltiples parejas sexuales...

- ¿¡Diez mil años!? - dije sorprendida, pero sí, claro. No lo había pensado... Había vivido cerca de siete mil antes de Arlathan, y cerca de cuatro mil en Arlathan... y después había permanecido en uthenera unos 4500 años, ¡vaya!

- Sí, alrededor de diez mil años, vhenan... Aunque en verdad, a partir del - 5000 FA empezamos a tener conciencia "real" de todo, quiero decir, habíamos desarrollado mejor nuestros pensamientos y comprendía y reteníamos mejor los eventos. Antes... habíamos sido... muy primitivos. Y lo cierto es que... no tengo recuerdos fijos de épocas pasadas... antes del -5000 FA es todo muy confuso para mí.

- Solas... Tienes como 15000 años... - dije, totalmente sorprendida luego de los cálculos. Él sonrió.

- Soy un ser milenario... - respondió, frente a mi asombro, y acabó por colocarse toda su armadura otra vez.

- Woooww... ¿cómo has hecho para vivir tanto? Sin hartarte.

- Oh, me he hartado, vhenan... - me dijo. - Por eso permanecí en uthenera casi 4500 años... - lo miré sin comprender. - Sí, cuando creé el Velo drené mi maná, pero en uthenera lo que hice fue fortalecer mi espíritu. Recién fui capaz de volver a la vida en el mundo despierto cuando mi espíritu volvió a tener impulso suficiente como para querer vivir entre los despiertos, una vez más.

> Por supuesto que, el hecho de que mis Sacerdotes hubieran cuidado de mi cuerpo terrenal, me permitió volver, de lo contrario... bueno, solo sería una esencia espiritual y nada más. Una leyenda entre los caminantes.

> Respondiendo a tu pregunta... - me dijo. - He tenido tiempo de ser todo, vhenan. He sido mujeriego, sí... cuando fui más joven.

- ¿Cómo eras en tu juventud?

- Oh... ¡qué tema más tedioso! - se quejó. - No estamos aquí para hablar de eso... Mejor sigo con el relato de la Rebelión. - ahora yo revoleé la mirada.

- De acuerdo. Pero vamos al sillón, ya estuvimos demasiado sobre este escritorio. - dije, él sonrió y asintió.

Nos desplomamos ambos sobre el sillón, Solas se recostó sobre un extremo de éste y yo me acomodé a su lado, así que, terminamos, básicamente, casi acostados y abrazados, mientras él me rodeaba por mi cintura y yo abrazaba su agarre. - Me estabas contando que los reinos del Sur crecieron en construcciones, universidades y academias y a ti te denominaron el Orgullo de Arlathan, ¿y Fen'Harel? ¿Qué hacía por aquellos tiempos?

- En los primeros tiempos, cuando inmediatamente los Olvidados habían sido desterrados, Fen'Harel no estuvo mucho tiempo sobre la visión de los Evanuris, porque queríamos confundirlos y hacerles creer que, quizá, Fen'Harel era un Olvidado. Así que, cesaron sus ataques. Eso permitió a Elgar'din, todo lo otro. - asentí. - Luego, cerca de 3850 FA, Elgar'nan descubrió a los enanos de las profundidades... Esos que habíamos protegido con Mythal luego de destruir al Pilar de la Tierra.

- ¿Qué tan protegidos estaban? - quise saber. - ¿Era posible que alguien los descubriera así porque sí?

- Ya sé dónde quieres llegar, ¿si Mythal se lo dijo a Elgar'nan? Pues es tan probable que lo hiciera, como que no. Ya no sé quién fue aquella mujer... - dijo. - Si lo hizo, o no, ya carece de importancia... Que me hubiera traicionado un poco más o un poco menos, no cambia nada.

- Lo siento.

- No, no. - me explicó. - Ya comienza a afectarme menos... - dijo Solas y sus palabras sonaron sinceras, pero a pesar de ello, sentí que necesitó apretarme sobre su cuerpo, como si mi presencia lo protegiera a él del daño que ella le había hecho. - Es como te he dicho: una traición más o una menos, no cambiará la situación entre ella y yo, actualmente. Mythal está convencida de que la traicioné y yo estoy convencido de que ella lo hizo. No tenemos retorno.

- Si Mythal... - me puse de costado y lo miré. - ... si ella se arrepintiera... tú... - Solas sonrió y me besó, yo tomé su rostro y lo besé, acomodándome sobre él, una vez más. Me resultaba imposible que mi cuerpo no lo deseara con cada fibra de mi piel.

Cuando sentí que él soltó mis labios, abrí mis ojos y lo miré, algo agitada, nuevamente. Es que, escuchar sobre él y su pasado, lo volvía más excitante como persona para mí. - Si Mythal se arrepiente de sus juegos... - respondió él - Bien por ella, podrá dormir en paz. No modificará lo que siento por ti... ni lo que siento por ella.

- ¿Qué sientes por ella?

- Me siento traicionado. Y eso no cambiará con un pedido de disculpas. - dijo, pero su voz sonó severa. - De todas formas... no quiero hablar de eso. - sentenció. Yo resoplé y me acomodé a su lado, quitándome de encima de Solas, pero él me abrazó y me llevó sobre su cuerpo una vez más. Sonreímos los dos y nos besamos. 

- Bien. Sigue con el relato. Habías quedado en que Elgar'nan descubrió los enanos... que no me queda claro si eran Sha-Brytol o "enanos", ya sabes... como Varric...

- De acuerdo... - Solas sonrió. - Primero, enanos como Varric, no he conocido nunca. - rio.

- Lo aprecias. Lo noto en el modo en el que lo miras y respetas. - le dije, Solas dejó sus ojos sobre el techo de aquel recuerdo y sopesó mis palabras.

- Sí, lo aprecio. - confesó. Luego guardó un largo silencio. Y, esta vez, sí que sabía lo que significaba: lo apreciaba, incluso, como a un amigo.

- Varric es leal. De esas lealtades que tú temes encontrar en Thedas. - le dije, Solas me miró. - De esas lealtades que no traicionan, de esas que no fallan. De esas que puedes considerar amigos. - asintió, pero no agregó nada. - Dorian es así también. - dije, pero ahora yo miré el techo. - Es una lástima que no logren entenderse. - me acomodé sobre sus brazos, enfrentándolo y recostándome sobre su pecho, mientras él volvía a rodearme por la cintura. 

> Son de esas personas que, aunque te quieran, te van a decir cuando te estás equivocando. Y te van a hacer entrar en razón. - Solas sonrió. - Cullen es así también.

- Mmm... El Comandante... - murmuró y me miró. - Por supuesto que no siento celos de él, - me aclaró antes de que me burlara, yo reí - pero me gustaría saber en qué situación se encuentran ustedes dos. - lo miré con sorpresa. No me había esperado acabar hablando de Cullen.

- Bueno, cuando estuvimos en Seheron, Cullen y yo habíamos sido pareja... - comencé - Luego, en el Templo de Ghilan'nain, bueno ya sabes... Si alguna vez dudé qué deseaba, acabé por comprender que nunca podría amar a alguien con la locura con la que te amo.

- ¿Alguna vez dudaste de qué deseabas? - preguntó con un tono totalmente inocente, pero sabía que era un autocontrol para ocultar cualquier tipo de emoción.

- Pues la verdad que sí, Solas. - dije y él me miró. - Me lastimaste como nadie nunca lo hizo en mi vida. Y Thengal y Cullen, fueron dos compañeros míos en mi camino que siempre me trataron de un modo totalmente distinto a como tú me habías tratado. - Solas no agregó nada. - Así que, sí. Dudé. Pero no porque no supiera cuánto te amo, sino porque me has lastimado demasiadas veces.

- Preferías amar a Cullen... - afirmó. Sí, lo habría preferido.

- Cullen nunca serás "tú" en mi corazón. Aunque intenté obligarme a llenar el vacío que habías dejado con tu ausencia.

- Entiendo. - cedió. - No te culpo. - ambos guardamos silencio. Solas me miró, otra vez. - Pero no me has dicho en qué situación se encuentran.

- Ah, sí. - dije. - Cuando volvió con ese grifo y Praianna, - Solas levantó una ceja al escucharme, pero no dijo nada - hablamos tan solo un poco y me otorgó tiempo para aclarar las cosas contigo.

- "Aclarar las cosas conmigo"... - susurró. Noté que sus músculos se tensaron. - Por lo que, debo interpretar, y corrígeme si me equivoco, por favor - otra vez ese Solas fanfarrón. Algo de lo que había dicho le había molestado y se había puesto su máscara de erudito - cuando hablaron con Cullen tú no le dijiste que estábamos juntos de nuevo. - yo lo miré algo sorprendida, porque según recordaba, él y yo nos habíamos peleado bastante y a los gritos la última vez.

- Ehh... No... - le dije. - ¿O tengo que recordarte nuestra última pelea?

- En la que te dije que no podía dejarte. - atacó y yo me paralicé. Porque si me había dicho aquello, yo lo había pasado por alto.

- ¡Solas! ¡¡Me habías dicho que transitabas Din'anshiral y que no querías destrozarme del modo en el que tú te encuentras!! ¡Que necesitabas tiempo y espacio!

- Sí, - respondió él y se sentó sobre el respaldo que había estado recostado, claramente, molesto y liberándome de su agarre. Yo suspiré, enojada también, y me senté a su lado. Solas y yo no acabábamos de ponernos de acuerdo - es cierto que te dije eso. Pero cuando me preguntaste si te estaba dejando una vez más, recuerdo haberte dicho que no podía hacer todo esto sin ti. - entrecerró sus ojos y comprendí que él estaba más enojado que yo en esta pelea. - Te dije que estoy enamorado y no puedo tenerte lejos...

> Pero al parecer, no fui claro, ¿no? - yo entrecerré mis ojos, también. La verdad era que, de aquella discusión, solo recordaba lo mal que me había sentido. No podía discutir contra lo que me estaba diciendo, porque sí, algo así me había dicho y quizás yo me había quedado con las emociones que había experimentado y no había interpretado sus palabras, o quizás no había sido lo suficientemente claro. - Además, mi interpretación de tiempo y espacio no incluye... Argh, olvídalo. - Solas suspiró molesto y negó con suaves movimientos de cabeza, desviando su mirada.

- ¿No incluye qué? ¿Qué insinúas, Solas?

- Elentari, yo... - buscó las palabras adecuadas para decir lo que vino a continuación: - Mira. Sé que fui amante de Mythal durante mucho tiempo... y quizá... - noté que no encontraba el modo por el cual sonar educado - quizá interpretaste que contigo iba a aceptar el mismo camino, porque ya lo había recorrido...

- ¿¡Qué!? - lo interrumpí. - No, Solas. Nunca pensé en jugar contigo o Cullen.

- Bien. Porque quiero dejarte en claro que no estoy dispuesto a ser tu amante ni de nadie, otra vez. - me miró con total seriedad. - Ya estoy harto de los juegos.

- No estoy jugando contigo, ¡por los Creadores! - él revoleó la mirada y yo comencé a reír nerviosa. - Bueno, ¡por el Hacedor! - jugué. Lo abracé y le di un beso sobre la mejilla. - Perdón, perdón, perdón... Tienes razón, tendría que habérselo dicho. Se lo diré... - en realidad se lo había dicho, pero le había dicho que Solas y yo nos habíamos confundido, pero habíamos decidido ser amigos ¡Creadores! Ahora que lo pensaba había sido una idiota... Solo estaba dolida y buscando venganza... Y al parecer, Solas había esperado otra actitud de mi parte. Recordé el beso de Cullen, mientras mis labios seguían apoyados sobre la mejilla de Solas... ¡Dioses! Había intentado vengarme de Solas a expensas de Cullen... solo ahora me daba cuenta...

- Y quiero que quede claro que no se trata de celos. - dijo y me miró, haciendo que nuestros labios se rozaran, yo enrojecí de inmediato. Él tomó mi mano y la cerró sobre la suya - Solo quiero las cosas claras entre nosotros dos. Si deseas estar con el Comandante, dímelo. Si deseas estar con ambos, dímelo también. Yo veré cuáles serán mis respuestas. - lo miré sorprendida, ¿qué? ¿¡Me decía todo esto sosteniéndome en el modo en el que lo estaba haciendo y rozando mis labios en cada palabra!? ¡¡Como si pudiera negarme a él si me hablaba de este modo!!

- Solas, quiero estar contigo... dioses... - me molesté. - Deja ya de dudar.

- No dudaba... - murmuró. Yo reía molesta sobre su boca, sentí que él apretó mi cintura con su mano y mi mano con la otra.

- ¿No dudabas hasta ahora? ¿Esto intentas decir? - solté su mano y lo empujé desde su pecho, alejando sus labios de los míos.

- Mira, vhenan. Basta de este tema. - pidió. - Entiendo que eres joven y entiéndeme que yo ya no. Solo quiero las cosas claras. Nada más.

- Solas, ¡¡quiero estar contigo!! Solo contigo.

- Bien. Pero si alguna vez, necesitas algo más. Sé honesta conmigo y tan solo dímelo, ¿de acuerdo? Otórgame la posibilidad de elegir... - me crucé de brazos.

- Lo mismo aplica para ti. - le dije. - Si Mythal vuelve y pasan cosas entre los dos, quiero saberlo. - Solas me miró y asintió, pero su mirada fue algo extraña, esquiva. Entrecerré mis ojos... - ¿Has visto a Mythal en estos días?

- No.

- En Thedas "o" el Más Allá. - dije. Solas sonrió. - El Más Allá cuenta, Solas...

- He encontrado un recuerdo de ella en el Reino de Venganza pero no supe si era realm... - suspiró molesto. - No más mentiras, ¿no? - se dijo a sí mismo y me miró.

- No más mentiras, ¡claro! - ahora estaba aumentando mi enojo segundo a segundo...

- En un principio no supe si se trataba realmente de ella, pero luego me di cuenta de que era Mythal. No al principio, luego sí.

- Aja, ¿y? ¿Pasó algo entre ustedes?

- No... - me dijo, sin embargo, por algún motivo, me reservaba el derecho a dudar del dios de la traición y del engaño.

- Bueno, pero si alguna vez necesitas algo más, sé honesto conmigo. Otórgame la posibilidad de elegir... - me burlé, imitándolo. Solas sonrió, comprendiendo.

- Ja, ja. Muy graciosa. - dijo. Volvió a acomodarse sobre el sillón. - Me encantaría terminar esta historia, de una vez por todas. - me miró - ¿podrías escucharme sin interrupciones?

- De acuerdo. - y me acomodé a su lado, de brazos cruzados. Que hubiera cedido en la discusión, significaba que algo tuvo que pasar entre Mythal y él, porque de golpe, que yo no hubiera dicho nada a Cullen había dejado de ser importante... Sentí que volvió a rodear mi cuerpo por la cintura y su voz retomó la historia:

- Cuando derrotamos al Pilar de la Tierra se produjo algo muy llamativo...  que no lo comprendí hasta ahora. - lo miré con sorpresa.

- ¿Ahora en Thedas?

- Ahora en Thedas, sí. Cuando tuve la oportunidad de conocer a los enanos. A la raza.

> Como ya te he dicho en el pasado, el Abismo es el sitio donde habitan los Titanes y los Sha-Brytol. Los Titanes tienen sangre y esa sangre es el preciado Lirio, ellos son los moldeadores de la superficie de nuestro mundo. El mundo que despierta es su arcilla y los Titanes, sus artesanos. Los Sha-Brytol son sus siervos, se alimentan de Lirio y protegen a los Titanes.

> Cuando Mythal y yo derrotamos a un Titán, ese grupo de Sha-Brytol perdió una conexión ancestral con la Roca y aparecieron los primeros enanos, como ya te he dicho.

> Los enanos son el orden devenido del caos por mi intervención y la de Mythal, en el pasado. Aunque, todo esto, por supuesto que no lo supimos cuando generamos aquel caos en el Abismo, derrotando al Titán.

> Sin embargo, cuando los Sha-Brytol fueron libres de la servidumbre del Titán, esos enanos se quedaron sin entidad a quien servir, así que, comenzaron a construir imágenes que representaron a Mythal y a mí. Eso nos enteramos luego, porque lo cierto era que los visitábamos con poca regularidad, ya que habíamos decidido mantenerlos ocultos de los ojos de los demás Evanuris. Además, el acceso al interior del Abismo estaba restringido, y sólo Elgar'nan o Mythal podían dar permiso para recorrerlos. Yo, por supuesto, que no hacía caso a esa ley y los caminaba con regularidad, aunque siempre oculto del resto del panteón. Gozaba con el favor de Mythal, así que cualquier inconveniente se podría solucionar alegando que ella me había otorgado aquel derecho.

> Aunque aquella vez fue distinto, porque para cuando supimos que los enanos nos habían representado entre ellos en agradecimiento, ya había sido tarde. Elgar'nan ya lo había visto con sus propios ojos y sus obras de arte fueron una prueba contundente de que, ella y yo, vagábamos por los Abismos sin conocimientos del resto.

- ¡Qué lío!

- Cuando supe que Elgar'nan había descubierto a los enanos, tuvimos una gran discusión, él y yo. Por aquellos tiempos, había sido, como te dije, 3850 FA.

> El principal problema, había residido en que los enanos habían construido imágenes de Mythal y de mí entre sus hogares, thaigs. No sé si serían "thaigs", por aquellos tiempos... pero aquello, le dio la certeza a Elgar'nan de que ella y yo ya habíamos sabido sobre aquella raza y lo habíamos ocultado al resto de los Evanuris. Además, el Abismo eran tierras para exiliados y donde residían, nada más y nada menos, que los Olvidados. Por lo tanto, aquello, no solo alertó sobre nuestro ocultamiento de información, sino que también dio forma a la idea de que, quizás, manteníamos contacto con los Olvidados...

> Dada la compleja situación de la pareja, - Solas me miró - ya sabes, el temperamento de Elgar'nan; decidí asumir toda la responsabilidad de haber mantenido oculto a los enanos del resto del panteón. Pero la autorización para recorrer el Abismo sí tuvo que asumir Mythal habérmela dado. Por ende, éramos dos Divinidades que habíamos faltado a las leyes impuestas por nuestro líder Elgar'nan.

- ¿Qué dijiste? ¿Cómo justificaste semejante acto?

- Oh, fue sencillo. - sonrió - Le dije a Elgar'nan la verdad. - lo miré con sorpresa. - Que a él no se le podía hablar de una raza con sangre corriendo por las venas, porque lo primero que haría sería usarlos para obtener más poder. - yo reí, porque aquella respuesta era la viva imagen de Solas enfrentando a los opresores.

- Uh, imagino la pelea que habrán tenido.

- No tienes idea. - dijo Solas. - Elgar'nan y yo ya nos habíamos enfrentado abiertamente cuando decidió construir la Ciudad del Sol en Belenas. Luego, cuando descubrió los enanos, discutimos otra vez con gran ímpetu. Lo que involucró gritos, insultos y hechizos.

- Seguro destrozaron el sitio donde estaban. - Solas sonrió.

- Por supuesto que lo hicimos. - confirmó. - Creo que, a partir de ese momento, Elgar'nan comenzó a sentir que yo realmente era una molestia para sus planes.

> Mi ética y moral a él molestaban hacía tiempo, desde luego, pero nunca se habían interpuesto en sus deseos desmesurados de poder. Hasta aquella vez... porque el acto de haber ocultado una fuente de energía vital fue una declaración de guerra contra él; sintió que yo había querido las adoraciones de los enanos solo para mí. Un idiota... - Solas hizo una pausa durante unos segundos, luego siguió:

> Entiende que aquello, había sido una de las pocas veces en las que mis acciones, le había significado una molestia real. Ya sabes, antes, cuando me rehusaba a poner vallaslin sobre mis adeptos, a él no le había molestado. Lo mismo cuando no había practicado magia de sangre o no había atado espíritus o demonios.

> Pero cuando supo que les oculté una raza nueva... empezó a tenerme un desprecio mucho más marcado al que ya me tenía. Yo, por mi parte, ya lo despreciaba lo suficiente, así que, lejos de modificar mi percepción sobre él, la reforzó. - Yo sonreí. Era evidente que hasta la fecha la rivalidad estaba intacta. Era una cuestión de ver quién era, realmente, el más poderoso, aunque Solas lo negara. Y por los sucesos, venía ganando Solas... pero si Elgar'nan salía del Más Allá... mmm... No quería imaginarlo.

> En venganza - Solas entrecerró sus ojos mientras continuó con esta parte del relato - Elgar'nan descendió a los Abismo y tomó tantos enanos como pudo para someterlos. - yo di un grito alarmado, a su lado.

- ¡Eso es horrible!

- Lo fue - afirmó - Los sacó de las profundidades, los obligó a conocer el Sol y me obligó a mí a permanecer a su lado mientras lo hacía... - sentí la rabia en Solas al recordarlo - Ellos temieron, gritaron. No habían comprendido qué sucedía, por qué los elfos los arrancaban de la seguridad de las profundidades y por qué yo estaba allí, visualizando semejante acto deplorable, si antes los había protegido. - Noté el aura de Solas cubrirlo sutilmente y supe que, aún hoy, no había perdonado a Elgar'nan por ello. - Los arrastró impiadoso hasta sus asquerosos templos y los sometió a sus juegos y estudios experimentales... Lo que hizo a quienes tomó, no lo sé, pero la mera idea me genera náuseas. - Todo el cuerpo de Solas brillaba con su aura celeste característica... La rabia que le provocaba era muy real y muy vigente.

Suspiró y me miró:

> Elgar'nan, seamos honestos, a mí no podía obligarme a nada. Yo era el único Evanuri libre, pero había decidido acompañarlo mientras sus adeptos sacaban los enanos porque, en el momento que el hijo de puta se fue y después de la primera camada de enanos que robó, yo me infiltré en el Abismo, junto a Mythal , que me había estado esperando, liberamos nuestra magia, hicimos hervir el Lirio a nuestro alrededor e instamos al resto de los enanos a esconderse del Sol. Y ellos lo hicieron. No volvimos a saber de los enanos.

- Es horrible. - insistí.

- Pero eso no quedó allí. - Solas entrecerró sus ojos de nuevo. - Fen'Harel, luego de aquel acto deplorable, volvió. Y volvió con mucha necesidad de venganza. - Sonrió.

> Por ello, cuando el arquero volvió a atacar, lo hizo directamente contra los templos de Elgar'nan - yo rompí en carcajadas.

- ¿De verdad? ¡Vaya, pero se lo tenía bien merecido!

- No pude tolerarlo. Simplemente, no pude. Haber visto el modo en el que sacudió a los pequeños seres incomprendidos del interior de la Tierra, me llenó de impotencia. Y yo sabía que Elgar'din no era el adecuado para la venganza... pero Fen'Harel... él era otro tema. - sonrió, conforme con su venganza. - Así que, sí. Fen'Harel volvió y atacó tres templos de Elgar'nan. Eso  que fue una declaración de guerra: el arquero forajido no había atacado a ningún dios hasta que volvió y fue directamente contra el Líder de los Divinos...

La voz de Solas de golpe era susurrada, ni siquiera se había dado cuenta de que había cambiado hasta su entonación al recordar a su archienemigo... Y yo comprendí que Solas jamás había perdonado sus errores a Elgar'nan y me preguntó si alguna vez lo haría...

> Estaba tan enceguecido que, sin mediar autorización de los elfos siervos en los Templos de Elgar'nan, los liberé de la vallaslin a todos por igual (lo solicitaran o no) y fueron libres del dominio de Elgar'nan. No tienes idea de qué significó aquella impertinencia por esos tiempos. Fue un golpe certero a la fuerza del Padre de Todo. Y una muestra del gran poder de Fen'Harel y su insolencia, así como su falta de respeto al Divino de la Venganza... 

> Su osadía. Como dije, fue una clara declaración de guerra. De golpe, el poder Fen'Harel podía semejarse a los mismos Evanuris u Olvidados, ya que había atacado a sus templos sagrados y había tenido éxito.

- Vaya... Eras insolente, en verdad. Temerario.

- Sin embargo, mi acto de venganza también trajo consecuencias. - como siempre sucedía con sus actos impulsivos - Los nuevos elfos libres no supieron muy bien qué hacer con una mente propia, así que mis elfos libres, los que estaban en el Templo del Divino de la Sabiduría, tuvieron que correr a buscar a sus hermanos y ofrecerles la protección de Fen'Harel... Y fueron vistos por todos los nuevos elfos liberados de los templos de Elgar'nan, mientras que algunos, muchos, a decir verdad, no quisieron seguirlos y prefirieron seguir adorando al Padre de Todo.

> No los culpo, por supuesto, solo que, esos elfos que se negaron a mi protección, fueron testigos reales de que los elfos libres de Fen'Harel seguían vivos y ocultos en algún sitio en Elvhenan. Hasta ese entonces, habían sido solo rumores, a partir de ese día, fue una certeza.

- Ohh... Más problemas para Fen'Harel y sus elfos libres. - afirmé. Solas asintió.

- Pero sucedió algo más... Algo peor, en verdad.

- ¿Peor? - exclamé y lo miré, esperando explicación.

- De golpe, los acontecimientos que habíamos vivido él y yo hablaban por sí mismos: Elgar'nan y Elgar'din habían discutido fuertemente, y días después Fen'Harel volvió y arremetió con gran osadía a un solo dios. Fue la primera vez que Elgar'nan me relacionó con el arquero. 

> Sin embargo, Mythal, en reuniones, siempre apuntaba que, los enanos eran seres de los Abismos y Fen'Harel, seguramente era un Olvidado, exiliado a los Abismos, que no había tolerado que Elgar'nan los hubiera tomado, puesto que los enanos habían sido sus sirvientes. Así que, Elgar'nan, me otorgó el beneficio de la duda. O simuló hacerlo, por lo menos. Debes comprender, vhenan, que los Evanuris tenían todos pensamiento elevado. No solo yo. Engañarlos, no era sencillo.

- Vaya... empiezo a tener miedo, aunque ya sé que, finalmente, sobreviviste, porque estás aquí, conmigo. Pero... no sé... me genera suspenso. - reí nerviosa, como si existiera la posibilidad de que, al contármelo, se pudiera cambiar el pasado y hacerle daño extra - Continúa. - pedí, totalmente embobada con la historia.

- Como te he dicho, Elgar'nan no era ningún tonto y, si bien la posibilidad de que Fen'Harel fuera un Olvidado existía, también nació en su mente la pequeña posibilidad de que se relacionara conmigo o fuera yo mismo, incluso. Sus sospechas estaban fundadas principalmente en lo que había visto en el Abismo, cuando se encontró con los enanos. Estos pequeños seres habían construido representaciones rocosas de Mythal y Elgar'din... Las representaciones de ella era el dragón, pero las representaciones del Orgullo de Arlathan eran lobos guardianes aullando...

> Que los lobos fueran mi sello, no era novedad. Todos lo sabían, pero cuando Elgar'nan lo vio en las profundidades del Abismo, el impacto que le generó fue tal, que la relación entre Fen'Harel Elgar'din se adueñó de sus pensamientos.

- Claaaro... Fue como si lo hubiera sabido siempre, pero hasta que lo vio delante de sus propios ojos la idea no se formó en la mente de Elgar'nan. Tú, como divinidad, eras el Lobo Protector.

- Así es. - asintió Solas. - De golpe, allí estaba, la Madre Luna y el Lobo Protector... Y esa realidad a él no se le escapó. Así como tampoco la presencia de Mythal. Su presencia a mi lado, si yo realmente era Fen'Harel, significaba traición al resto del panteón por parte de los dos.

> Entonces decidió llevar adelante un plan. Uno que dejaría en evidencia a los dos miembros del panteón de divinidades que podrían estar involucrados con Fen'Harel, si efectivamente, lo estábamos... - suspiré sorprendida y expectante.

> Hasta ese momento, el arquero forajido siempre había estado un paso por delante de los Evanuris. Entonces Elgar'nan decidió establecer una trampa: un plan que solo conocería él y otro miembro del panteón y que engañaría al mismísimo Fen'Harel en uno de sus ataques nocturnos.

> La lógica para él había sido sencilla: si Myhtal o yo estábamos involucrados con el forajido, era lógico que Fen'Harel siempre hubiera estado un paso adelantado, puesto que había tenido espías entre los Divinos. Así que, si se ejecutaba un plan que no todos en el panteón conocieran, podrían suceder dos cosas: que Fen'Harel volviera a tener éxito en su ataque o, por el contrario, fracasara.

> Si el Lobo Terrible volvía zafarse del ataque exitosamente, Mythal y yo volvíamos a tener el beneficio de la duda sobre nosotros, y todos los éxitos del forajido habrían sido consecuencia de sus propias aptitudes. Pero si esta vez Fen'Harel caía en su trampa, significaba que realmente había estado aprovechando información filtrada de algunos de nosotros. 

> Esta vez, al no conocer el plan de Elgar'nan ninguno de los dos, es decir, Mythal y Solas, no habríamos sido capaces de ponerlo sobre aviso. Sería la primera relación fuerte entre Fen'Harel y Elgar'din.

- Oh, ¡¡vamos!! ¡vamos! Cuenta más a prisa ¿Fue la batalla en la que te capturaron?

- Tranquila. - sonrió y me dio un beso sobre mis cabellos, creí que por primera vez no me importó su beso y solo quería que siguiera con la fantástica historia.

- Yaa... sigue con la historia... - pedí, atrapada en el relato, él sonrió.

- Bien. Ghilan'nain se había unido a las Divinidades por su capacidad de creación de armas y bestias, ¿no? - asentí. - Eso ya te lo había dicho. Así que, Elgar'nan acudió a ella en secreto y le pidió que creara un ejército con bestias nuevas, nunca antes vistas en Elvhenan para enfrentar al forajido. Y ella aceptó. - contuve el aire mientras lo relataba. - Esto sucedió en 3861 FA.

> Un hechizo de semejante envergadura requería tiempo, así que, a partir de ese año, Ghil comenzó a preparar el hechizo en completo secreto.

> En el año 3996 FA, nuestra querida Andruil decidió, caprichosamente, que deseaba adentrarse en el Abismo, sitio prohibido para todos los elfos comunes porque era el lugar de exilio para los Olvidados. Nosotros, los Evanuris, solo podía acceder con permisos de Elgar'nan y Mythal, como te dije.

> Así que, Andruil había solicitado una reunión en la Ciudad del Sol a la que todos acudimos. En ésta, ella pidió permiso para adentrarse y buscar a los Olvidados y a Fen'Harel entre ellos. Obviamente, Elgar'nan le negó el pedido porque conocía de memoria a su hija y ella deseaba otra cosa, no eran los Olvidados o Fen'Harel lo que quería.

- ¿Qué quería?

- Andruil deseaba delirantemente adentrarse al Abismo porque ella también quería meter sus glotonas manos sobre los enanos, los cuales, habían desaparecido de la visión de los elfos. Excepto aquellos que Elgar'nan había sometido, esos eran sus esclavos. Al menos, los que habían sobrevivido a experimentos. - me aclaró. - Y Elgar'nan era el único Divino que tenía bajo su servidumbre aquella raza exótica. Y Andruil también quería unas mascotas pequeñas.

- Pero se lo negaron. - Solas asintió.

- Se lo negamos, acertadamente. Aunque, ella no respetó la decisión del panteón. Finalmente, se adentró en el Abismo en 3996 y en el año 3999 FA, retornó a la superficie. Pero no lo hizo como había descendido, no. Lo hizo cubierta por armaduras de Corrupción y armas de Plaga.

- Claaaro. - dije. - Fue la vez que ella trajo la corrupción de la Ruina a la superficie - aplaudí totalmente entusiasmada por la historia. Por primera vez, desde que había leído todos aquellos escritos élficos antiguos, la historia de Arlathan comenzaba a cuadrar por completo.

- Así es. - contó Solas. - Decirte que volvió más delirante de lo normal sería poco. Pero no fue aquello lo que llamó mi atención, sino el Lirio Rojo de sus armaduras y el poder de su magia... Pero algo más, que Mythal me lo recalcó una y otra vez...

- ¿¡El qué!?

- Que ninguno de los Olvidados me había reportado la presencia de semejante sustancia en el Abismo. Y aquella, fue la primera pista para mí de que las cosas entre nosotros, no estaban bien.

> ¿Qué fue lo que sucedió? No lo sé, vhenan. Solo sé que, después de ver a Andruil, por supuesto que me adentré a las profundidades. Me encontré con Anaris y tuvimos una discusión muy fuerte. En primer lugar, por haberme ocultado esta información, a lo que él me afirmó que yo ya lo sabía... Yo no tenía idea de qué hablaba, pero Anaris estaba convencido de mi conocimiento sobre el Lirio Rojo.

> Al poco tiempo, Geldauran se hizo presente y discutimos los tres. Hasta que, finalmente, me confesaron que ellos también estaban haciendo uso de la Magia de la Ruina. Decir que la discusión subió los tonos iniciales, sería poco.

> Nos enfrentamos con ataques arcanos y, por supuesto, acabé mal herido. Si Daern'thal no hubiera intervenido a mi favor utilizando su Magia de la Ruina, habría acabado mucho más lesionado. Después de todo, habían sido Geldauran y Anaris contra mí y con el poder de la Magia de la Ruina. 

> Entre insultos y golpes, acabamos diciéndonos muchas cosas aquel día. La palabra que más sonó fue "traidor", por parte de los cuatro. Daern'thal me había defendido, pero ella también estaba convencida de mi traición a la Rebelión ¿Cuándo yo los había traicionado? Nunca lo supe. Y yo, los había llamado de ese modo también, pero por el hecho de que no me habían informado sobre el Lirio Rojo, lo habían utilizado y, además, me habían atacado con su poder. Habían faltado a los juramentos de lealtad de la Organización de la Rebelión y, a partir de ese día, la Rebelión recayó sobre mis manos y los que estábamos en la superficie. Ellos pasaron a ser hijos del caos.

> Ahora que sé la historia de Dirthamen... Bueno, estoy seguro de que Mythal tuvo que ver con esa sensación de traición que ellos adoptaron, ¿qué les dijo sobre mí? No lo sé. Pero supongo que muchas mentiras.

- Lo siento.

- Yo volví a la superficie herido físicamente y totalmente angustiado. Porque, a pesar del enojo y los insultos, incluso la pelea, ellos habían sido amigos y Anaris un hermano para mí. No comprendía nada. - confesó. - Pero en la superficie, me encontré con Andruil gritando por todos lados que Dirthamen había sido traicionado por su padre y que los Evanuris encontrarían la perdición de la mano de Fen'Harel. Imagínate que, no había tenido mucho tiempo para asimilar qué sucedía con los Olvidados, y me encontré con Mythal en medio de una crisis de histeria por todo lo que Andruil recitaba y yo no quería que sepusieran más atención sobre Fen'Harel tampoco, porque Solas, yo, me encontraba notablemente herido por la batalla. No era momento de buscar a Fen'Harel.

> Así que, una vez más, opté por buscar soluciones para los problemas de Mythal primero, y luego arreglar el asunto con los Olvidados y Fen'Harel. - dijo y sonrió. - ¡Qué idiota había sido! - yo acaricié su rostro, tranquilizándolo. Él continuó con el relato:

> Andruil convencida de un complot contra su hermano, huyó a sus tierras y llevó su locura un nivel por encima de lo que habíamos esperado. Corrompió a sus adeptos.

- ¿¡Qué!? - dije, totalmente sorprendida. - ¡Pero nos dijiste que no conocías a los engendros tenebrosos, Solas!

- No habían sido engendros tenebrosos. - me dijo. - Eran más bien similares a los templarios rojos. - hizo una pausa. - Asumo que los hizo beber Lirio Rojo, o comerlo... No lo sé. Pero ella volvió a la superficie en 3999 FA y, al año siguiente, sus adeptos o habían sido devorados por bestias en sus reinos o estaban corrompidos y vivían de una manera cruel y burda, impropia. Era intolerable. Y no solo eso, sus adeptos habían empezado a atacar a los elfos comunes de El Pueblo y los asesinaban para devorarlos, raptando a las mujeres. Ahora que conozco la existencia de los engendros tenebrosos, asumo, que habían querido formar las primeras Madres de Crías, pero no lo sé. En aquellos momentos, fue caótico.

> Así que, los Evanuris nos reunimos, para tomar medidas en el asunto. A instancias de Mythal, se la declaró insana. Eso implicaba que todo lo que decía eran mentiras. Por lo tanto, las acusaciones contra Elgar'nan fueron consideradas falsas, pero también la predicción sobre la caída de los Evanuris por manos de Fen'Harel, ¿ que de dónde sacó aquello Andruil? No tengo idea. Por aquel entonces, incluso a mí me costaba creer que tendría éxito, porque ni siquiera estaba seguro de querer traer un Velo encima de todos nosotros, y hablar con ella era casi imposible. Deliraba todo el tiempo.

- ¡Qué desastre! Era caos por todos los sitios. - él asintió.

- Finalmente, a Mythal las decisiones adoptadas por el panteón le parecieron insuficientes, así que se enfrentó a Andruil sin el respaldo del resto y sin habernos avisado de su decisión, durante tres días y tres noches y, finalmente, la derrotó.

- ¡¡Claro!! - dije, entusiasma. - ¡El texto élfico del Templo de Mythal que habla de la pelea con Andruil! - sacudí mis manos, muy contenta por atar hilos, finalmente. - ¡Ese que afirmaba que Mythal le había quitado los conocimientos acerca de los caminos del Abismo y no pudo volver a descender, trayendo paz a la superficie!

- Ese mismo. - dijo Solas. - Pero la paz a la superficie llegó cuando destrozamos a todos sus adeptos corruptos. A todos los elfos que Andruil había corrompido. - suspiré con sorpresa.

> Mythal derrotó a Andruil en combate y mientras, los Evanuris marchamos sobre sus tierras con nuestros Grandes Sacerdotes y con nuestras formas celestiales destrozamos a todos los elfos. Todos.

- ¿Marcharon como Dragones Celestiales? - Solas asintió. - ¿Tú puedes convertirse en un Dragón Celestial, Solas? - dije con total sorpresa. - ¡¡Quiero verte!! - casi salté sobre él y apoyé mis manos sobre sus pechos. - ¡Por favor! ¡Seguro eres un hermoso dragón celeste! - él sonrió y me aclaró:

- No. Yo no tenía un espíritu como Gran Sacerdote, tenía un elfo, tu padre. Así que, mi forma celestial me la otorgó Fen'Harel. - levanté una ceja, sin comprender.

- Cuando te ponías la capucha, la capa y agarrabas el arco ¿adquirías tu forma celestial? - bromeé.

- No, vhenan. - me dijo. - Yo puedo adoptar la forma del Lobo Celestial.

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- ¿¿¡Qué!?? – casi me puse encima de él, nuevamente. - ¿Cómo que la forma del Lobo? ¿Un Lobo con el tamaño de un Dragón Celestial? – Solas sonrió y se sentó a mi lado, porque yo lo había hecho con aquel grito.

- Sí. – volví a dar grititos de alegría. – Tranquila, vhenan. – pidió Solas. – Esa forma solo la puedo adoptar en momentos de gran necesidad, pues requiere muchísimo movimiento de maná interior y grandes cantidades de Lirio... con un Velo reteniendo las fuerzas del Más Allá no sé si podría lograrlo en Thedas... - yo apoyé mis manos sobre su pecho y lo miré curiosa porque el resto de los dragones celestiales habían despertado en Thedas como archidemonios, ¿por qué Solas no podría ser un lobito celestial? 

> Para tener estabilidad en el cambio de mi forma, tengo que lograr un flujo arcano continuo contigo, mi Gran Sacerdotisa, puesto que tú y yo, somos elfos. Ninguno es espiritual. La situación es diferente para el resto de los Evanuris, que pueden adoptarla sin grandes problemas. 

- ¿¡Cuándo empezaremos a entrenar!? ¡¡Quiero verte como Lobo Celestial!! – él suspiró.

- La forma celestial no es un juego... - susurró. – De todas maneras, eso no es lo que estamos discutiendo ahora. Sino la historia de la creación del Velo.

- No me importa. - molesté. - Quiero ver ese lobito celestial. - Solas rio y me tomó del mentón, dándome un beso. 

- Cuando hacemos el amor es el momento en el que siento toda tu energía fluir en mi cuerpo... quizá debamos practicar más, vhenan... - me sonrojé porque yo sentía lo mismo que él al hacer el amor... Solas sonrió y volvió sobre el relato. 

> Bien, como te estaba diciendo... marchamos Evanuris y Grandes Sacerdotes con nuestras formas celestiales sobre las tierras que adoraban a Andruil y destrozamos a sus adeptos corruptos. A todos. – él siguió con una pausa, en respeto por aquellas vidas perdidas. – Decirte cuántas fueron, serían imposible. Las tierras de Andruil se tiñeron en rojo y oscuridad y, a partir de aquel día, sus tierras fueron áridas y poco productivas.

> Una vez realizado esto, volvió la paz a la superficie, pero de una cosa estuvimos de acuerdo todos, por primera vez: la Ruina no podía volver al mundo despierto. Así que, los Evanuris, declaramos el Lirio Rojo como prohibido y sellamos los Caminos Abismales.

> Transcurrió una década hasta que volvimos a saber de Andruil.

> En medio de ello, Fen'Harel, por supuesto, siguió hostigando al resto de los Divinos. – sonreí, ¿cómo no?

- ¿Qué hizo Andruil para que vuelvan a saber de ella?

- Volvió a entablar relación con nosotros, los Divinos, con relativa cordura y dejó de mencionar el tema de que Elgar'nan había traicionado a su propio hijo y que de la mano de Fen'Harel llegaría la derrota. Sin embargo, cuando volvió, blandía un asta dorada en su mano y con ella, volvió a reunir a sus seguidores. Nuevos seguidores, por supuesto.

> Un grupo de jóvenes elfos, guiados por profecías de Tarmenel, dijeron que la salvación llegaría de manos de la Diosa del Sacrificio ¿A qué salvación se referían? No lo sé. Pero el grupo de elfos que comenzó a seguir a Andruil fue un grupo de jóvenes violentos y delirantes, que practicaban sacrificios y mucha magia de sangre. Y así, Andruil se alzó en el poder, una vez más.

> Yo me molesté bastante con la nueva situación, así que, los ataques de Fen'Harel aumentaron y ataqué tanto a los templos de Andruil, como a los del resto.

> Ya para el 4050 FA, más o menos, ataqué un Castillo de Ghilan'nain, porque sabía que ella se estaba trayendo algo entre manos desde hacía mucho tiempo. Frecuentaba poco las reuniones de los Divinos y siempre estaba sumida en sus asuntos personales. Cuando vi el asta dorada de Andruil, pensé que Ghily era la responsable de que la Diosa del Sacrificio tuviera semejante arma poderosa sobre sus manos. Así que, decidí visitar el castillo.

> El motivo que me habían llevado a atacar su castillo había sido aquel, jamás supe que las actitudes esquivas y paranoica de Ghilan'nain habían estado en relación a la petición que Elgar'nan le había hecho sobre un ejército para enfrentar a Fen'Harel. Hasta que fue demasiado tarde...

- Oh, al fin llega esta parte... - me entusiasmé, él sonrió y continuó con el relato:

- Así que, una noche en el año 4053 FA, Fen'Harel atacó uno de sus castillos y se encontró con una raza nueva. – otra vez di un suspiro asombrado.

- ¿Raza?

- Sí. Unos enemigos formidables, incansables, poderosos y totalmente violentos. Dispuestos a dejarse abrazar por la locura, consumirse y fortalecerse en ella, y producir actos crueles en el campo de batalla. Sin mencionar la vitalidad que éstos tenían...

- ¿¡QUÉ!? ¿QUIÉNES? ¿Los conozco? – casi grité para que me contara. Solas sonrió.

- Lo que hoy conocemos como qunari.

- NOOO... - dije estupefacta. – NOOO... ¡¡NO!! ¿EN SERIO? – Solas rompió en carcajadas.

- En serio. Después supe que, a través de experimentos (los que no tengo duda de que fueron totalmente crueles), mezcló sangre de dragón y élfica y construyó los futuros qunari. Utilizó las fuerzas del Más Allá y preparó recipientes vacíos de la Tierra. Así, nació un ejército formidable. Demente e incansable, con sed de sangre y poder absoluto.

> Imagina que ese día, mis elfos y yo atacamos el castillo de Ghilan'nain esperando encontrarnos con elfos y, en el peor de los casos, la propia Ghily defendiendo a los suyos (como había sido lo habitual). Pero cuando nos recibieron cientos y cientos de qunari y aaaberas, la sorpresa nos descolocó ¡Ni siquiera sabíamos qué demonios era aquel ejército! - Solas pareció querer olvidar aquel recuerdo. – Nos destrozaron. – noté cierta aflicción sobre su rostro. – Yo había acudido al castillo con mis tropas, los mejores entre los elfos libres... - negó con suaves movimientos de cabeza. – Los destrozaron cruelmente, sumidos en confusión y miedo. Ni siquiera yo fui capaz de defenderlos como se suponía que debía haberlo hecho...

- Lo siento.

- Por aquel entonces, no tenían nombre, no eran llamados qunari y si debo ser honesto eran más... deformes que los qunari y un poco más altos, incluso. Se parecían más a los Ogros... – me aclaró. – Pero llamémoslo "quinari" para facilitar la comprensión del relato, ¿de acuerdo? - asentí - Lo cierto, fue que destrocé a casi la mitad de la tropa qunari, pero eso me significó un daño tremendo. Mis elfos fueron despedazados rápidamente, arrancándoles miembros, partiéndolos por la mitad con mucha facilidad. Mis refuerzos, que siempre acompañaban a Fen'Harel en sus ataques, pasaron a la historia con gran rapidez. Conocimos la fuerza de los futuros qunari. Tienen la gracia élfica del movimiento, pero la fuerza de un dragón y ahora comprendes por qué. – yo no podía emitir palabra alguna ante semejante revelación - Así que, no tuve otra opción que llamar a las fuerzas del Más Allá y continuar la lucha como mago.

> Aquel día, los Evanuris supieron que Fen'Harel no solo era un arquero diestro, sino que era un mago con el poder de un Evanuri. Pero la frutilla del postre estaba por llegar.

- Nooo... ¿Más? Oh, claro, ¡claro! te capturaron... - no me había dado cuenta de que estaba encima de Solas en aquella parte del relato. Si debo ser honesta no sabía en qué momento (en todo mi entusiasmo) había dejado a Solas recostado sobre el sillón y yo me había acomodado sobre él, pasmada. No me importó, tomé sus ropas entre mis manos y lo sacudí suavemente. - ¡Ay! ¡Amo tu historia pasada! - él rio y me sostuvo por la cintura, mientras le rogaba que continuara con el relato.

- Cuando había logrado vencer a los qunari y estaba completamente herido y ensangrentado y pocos de mis elfos libres seguían en pie (en las mismas condiciones que yo), Ghilan'nain y Lusacan se presentaron ante nosotros. Ghil estaba portando armaduras de Corrupción y Lusa a su lado con armaduras magistrales. Ese día, supe yo, que los Evanuris, a pesar de lo que habían dicho, en secreto habían comenzado a usar el poder de la Ruina también.

> El enfrentamiento entre ella y yo duró un poco más. Fue bestial. Cada golpe que ella me asestaba, era un golpe que yo detenía a medias. Mi cuerpo herido, pasó de poseer lesiones moderadas a graves, en muy poco tiempo. Ghilan'nail no solo había sido poderosa, sino que estaba familiarizada con el uso de la Magia de la Ruina, lo podía notar por la efectividad en sus ataques. Mis elfos acabaron por perecer a mi lado y yo sabía que, después del ejército qunari, si vencía a Ghil, aun me faltaría su ejército élfico de la Evanuri. Así que, continué la lucha sin otra opción que transitar el combate hasta el final.

> Ghilan'nain cubierta por armadura de Lirio Rojo y yo, herido como me encontraba, nos enfrentamos en una lucha con grandes desventajas para mí. Así que, cuando ella llamó a sus ejércitos élficos, yo no tuve otra opción que llamar a mi ejército demoníaco.

- ¡NOOO! – volví a dar un grito en el relato. - ¿Cómo que ejército de demonios? ¿De qué hablas?

- Ghilan'nain no tuvo dudas de mi identidad. El único Evanuri que comandaba demonios era yo, y ellos lo sabían.

> Mis demonios fueron despiadados y destrozaron a los elfos de Ghilan'nain. - yo tiré de las ropas de Solas e hice que se sentara frente a mí, ¿¡cómo que ejército de demonios!? Él tomó mis muñecas y siguió hablando: - En medio de la batalla, ella se acercó a mí y me pidió una tregua: ella no diría mi identidad y a cambio, yo tenía que ordenar a mis demonios abandonar el campo de batalla, permitir vivir a sus elfos y ella diría que yo había vencido.

> En realidad, fue un acto de piedad: Ghily sabía que yo estaría de acuerdo con salvar vidas élficas y detendría a mis demonios, pero lo cierto, había sido que aquella noche, si ella se lo hubiese propuesto, me tendría en sus manos para dirigirme directamente frente al resto de los Evanuris y revelar mi secreto. Mi maná estaba consumido, mi cuerpo quebrado, mi concentración interrumpida por el dolor de mis heridas y la pérdida de mis elfos. No quiso hacerlo, esa es la verdad. Porque cuando se acercó a mí, recuerdo que más bien era ella quien sostenía mi cuerpo, mientras yo intentaba volver a estar en pie, escupiendo sangre y rogando por aire. Tenía en sus manos a un Solas destrozado. Tenía en su poder la derrota del legendario Fen'Harel y la humillación del Orgullo de Arlathan. Además, recuerda vhenan, que para ese entonces Dirthamen ya había sido traicionado por Mythal. Yo era su oportunidad de venganza, si quería dañarla, entregándome. Y, sin embargo, no lo hizo. Teniendo todas las piezas a su favor, se acercó a mí y me dio la oportunidad de seguir adelante, de destrozar a los Evanuris. Me dio la oportunidad de mentir sobre este encuentro: decir que Fen'Harel había vencido, cuando en realidad, Fen'Harel, ya no se mantenía en pie.

- ¿Por qué crees que hizo aquello?

- No lo sé. Por aquellos tiempos ella estaba construyendo su Templo... quizás hay más acerca de Ghil que yo no llegué a saber. Quizás hay más en su Templo... tendría que volver a estudiarlo. No lo sé. - Solas soltó una de mis muñecas y acomodó mis cabellos detrás de mi oreja.

> Tampoco lo supe por aquellos tiempos. Pero, por supuesto, acepté la oferta, ¿cómo no? Si no me estaba ofreciendo un trueque, no me estaba pidiendo nada a cambio, me estaba entregando una victoria sin condiciones ni negociaciones. Sin trucos: solo eso, una victoria. Ella quería que siguiera adelante con mi lucha. Ella me lo permitió. Y esa es la verdad. Aquel día, pudo haber sido mi final, pero Ghily evitó que todo terminara.

- No puedo creerlo. Parece... inverosímil todo lo que cuentas. Un ejército despiadado de demonios, Ghilan'nain portando armaduras de corrupción y oscuridad, pero teniendo control sobre sí misma, es decir, no estaba loca, incluso se unió a los Rebeldes, sin siquiera haber sido una devota de la liberad, ¿y si había tenido tratos secretos con los Olvidados? Después de todo, Dirthamen fue el origen del Lirio Rojo... - Solas y yo nos miramos durante unos segundos, luego volví a hablar, cautivada por el relato y la historia de Solas:

> Tú, herido casi hasta la derrota, pero con jugadas extras para desbaratar los ataques de tus enemigos, que te las facilitó una aliada inesperada... Fue increíble, Solas. – él me miró, no supe descifrar qué ocultaron aquellos ojos y finalmente, retomó el relato:

- Esa noche, Ghilan'nain supo la identidad de Fen'Harel, mi identidad y, a pesar de no comulgar con mis principios de libertad, guardó mi secreto. Y no solo eso, sino que me advirtió que Elgar'nan le había solicitado que creara a aquellas bestias y que lo había hecho en total secreto. Aquella confesión a los dos nos significó lo mismo: Elgar'nan sospechaba de un Evanuri y había puesto a prueba al panteón. Yo sabía que sospechaba de mí, puesto que había visto al Lobo Protector en el Abismo y con los enanos. Pero también supe que ella me había dado esa información para que me cuidara, para que extremara las precauciones... Ella quería que siguiera adelante... - Solas hizo una pausa, pero retomó casi de inmediato:

> Y así, Fen'Harel otra vez ganó, y Elgar'nan no pudo confirmar que fuera yo, Solas, el mismísimo Fen'Harel porque, al igual que las veces anteriores, el "arquero" forajido, una vez más, se las había arreglado para huir con vida.

- Pero el "arquero forajido", más que arquero... usó su magia en aquel enfrentamiento. - Solas asintió. - ¿Lo pudieron ocultar?

- La batalla había tenido muchos testigos. Muchos elfos adeptos de Ghily habían presenciado que Fen'Harel había usado magia, así que eso, no pude silenciar. Sin embargo, la parte del ejército de demonios, Ghilan'nain negó con énfasis al resto del panteón élfico, diciendo que Fen'Harel había atado demonios durante la lucha, pero de ningún modo había comandado a alguno de ellos.

> Había dos cosas del relato que al panteón no se les pasó por alto: Fen'Harel era un mago poderoso, por un lado y por el otro, había usado demonios para la batalla sin lugar a dudas. Lo discutible era si los había atado o los había comandado. Yo, Solas, jamás ataría demonios, como Ghilan'nain había afirmado en las reuniones que había sucedido. Pero había elfos que aseguraban que había sido un ejército de demonios y no, unos pocos demonios poderosos bajo ataduras mágicas, y eso solo dirigía la mirada hacia mí, el Orgullo de Arlathan.

- Tu identidad secreta... comenzaba a estar amenazada.

- Así fue. El resto de los Evanuris no pensaron en Elgar'din, por supuesto, no tenían motivos para descreer de Ghily. Pero el Elgar'nan ya tenía demasiadas pistas sobre mí. Sin embargo, no podía acusarme aún abiertamente.

> Además, la batalla a mí me había significado un deterioro enorme, así que tuve que dejar de lado los ataques de Fen'Harel para recuperarme. Comprende, vhenan, que había usado uno de mis últimos recursos: mis ejércitos de demonios. No solo era un movimiento desesperado que evidenciaba que el plan de Elgar'nan casi me había llevado al jaque mate, sino que era una declaración de identidad contundente. Por suerte, Ghilan'nain tenía todavía planes conmigo y Elgar'nan no había contado con la posibilidad de ella también lo traicionara y comulgara con mi lucha (así, como yo tampoco lo había esperado). Aquello, solo podía haber sido intervención del azar, o eso me obligué a pensar por los tiempos que transcurrían en Arlathan, por aquellos días había tanto caos y destrucción, que ya no podía manejar todas las variables. Aunque hoy sabemos, ella había sabido la verdadera historia de Dirthamen, que yo desconocía por aquellos tiempos. Y creo que tuvo que ver con algo de aquello la decisión de traicionar a Elgar'nan a expensas de defender mi identidad de forajido.

- Vaya, esto se pone mejor en cada momento. – reí. – Continúa, continúa.

- Bien, esa batalla sucedió en el año 4053. Y por supuesto que trajo consecuencias... Y las consecuencias, esta vez, estuvieron destinadas a molestar a Elgar'din, porque Elgar'nan, albergaba ya pocas dudas respecto a la identidad de Fen'Harel, pero carecía de pruebas.

> Supongo que no lo decía abiertamente al resto por nuestra legendaria rivalidad. Que yo fuera Fen'Harel, era un golpe fuerte a su soberbia, porque Fen'Harel había burlado drásticamente a los Evanuris y sin piedad, cada vez que había aparecido. Y siempre se las había arreglado para tener éxito.

- ¿Qué consecuencias tuviste que pagar?

- Elgar'nan comenzó a atar demonios y espíritus en forma exagerada y desmedida. Y lo hizo para hacerme enfurecer... y lo logró... claro que lo logró... - Solas entrecerró sus ojos. - Sabía que como deidad del panteón yo era amigo de los espíritus... sabía que aquella me molestaría muchísimo y me estaba poniendo a prueba.

> Sin embargo, más allá de mi rabia, no podía hacer nada realmente, porque la batalla había drenado mis energías y me había lesionado. Así que, hasta el año 4081 FA, Fen'Harel no apareció en escena. Solo los elfos libres de Fen'Harel, los que quedaron después de la última batalla, buscaron y reclutaron hermanos, pero Fen'Harel no realizó ningún ataque. De ese modo y a pesar de mi ira, tuve que contenerme porque no tenía más opción que ocultarme... 

- ¿Qué hiciste en 4081? – pregunté entusiasmada.

- Elgar'nan había comenzado a atar de forma desmedida a los demonios y espíritus. El resto de los Evanuris continuaron con sus vidas de la misma forma que lo venían haciendo a excepción de Falon'din, quien siguió los pasos de su padre. Así que, la venganza de Fen'Harel aquel año fue simple: ataqué los templos y castillos de todos los Evanuris, liberé a los oprimidos, pero destrocé a sus centinelas. – di un grito de sorpresa. – Por lo general, el modo de actuar de Fen'Harel, hasta ese momento, había sido liberar solo elfos oprimidos y matar a quien se interpusiera en su camino y éxito en la misión. Pero ese año, cuando reaparecí, no solo destrocé a quienes se entrometían, sino que me tomé la molestia de buscar a sus centinelas y los destrocé también. – volví a dar un suspiro asombrado y sentí un dolor en el pecho. Era demasiado haber matado centinelas de forma desmedida. Había sido un accionar muy cruel por parte de Solas. – Pero fui selectivo. – siguió contándome sus aventuras, orgulloso por sus actos del pasado. - No maté a todos los centinelas de los Evanuris, sino a unos cuantos en cada templo que había asaltado. Pero en el caso de Elgar'nan y Falon'din, sí, elegí unos de sus mejores templos y en esos dos casos, sí, los destrocé a todos.

> Recuerda que los centinelas eran los custodios de los secretos de los Templo de una Divinidad, como los que encontramos en el Templo de Mythal durante la Inquisición. Para que comprendas, te haré una explicación rápida: los Evanuris teníamos adeptos, estos adeptos eran elfos comunes, nobles y reyes. Después estaban los esclavos que eran los sometidos por las vallaslin. Bien, los esclavos construían Castillos para las Divinidades, allí teníamos nuestras fuerzas militares, después construían Palacios, donde por supuesto, vivía la nobleza, y finalmente, Templos. En los Templos se concentraba la adoración hacia los Evanuris y el máximo sometimiento, dependiendo de cuál de ellos fuera. Elgar'nan, Falon'din y Andruil habían sido los peores. Luego June y Ghily; Sylaise y Dirthamen habían sido bastantes medidos, Mythal y yo éramos los que les dábamos más libertades. Yo, básicamente, todas.

- Así que, atacar los castillos donde estaba la milicia celestial y los templos, donde estaba la fuerza de la adoración de sus adeptos, era una clara incitación a la guerra. – afirmé, maravillada por la malicia de Fen'Harel. Solas sonrió y asintió.

- Así fue. Fue un acto de instigación clara contra Elgar'nan y Falon'din. Y Elgar'nan comprendió el mensaje: era Elgar'din diciéndole "esto te pasa por meterte con los demonios y educa a tus hijos o todos pagarán las consecuencias"; pero Falon'din, no, él se enfureció como un demente pero jamás pensó en mí. Aunque luego volveré sobre el accionar de Falon'din. – Lo miraba totalmente sorprendida. Sí, Solas siempre había hablado de la locura y la avaricia de los Evanuris, pero él no se había quedado atrás con sus ataques, cerca del final de esta historia había sido tan temerario como el resto. Y muy vengativo, ferozmente vengativo. Hasta aquí, Mythal había sido realmente la Evanuri más pacífica de todos...

- Sin embargo, - siguió su relato sin notar mi expresión de total asombro por el elfo que había sido... y que, aunque me asustara, era aun hoy. - y más allá de sus ganas de demostrar mi identidad secreta, las sospechas de Elgar'nan no me transformaban a mí, Solas, en culpable. En última instancia solo en sospechoso. Y todos los Evanuris me apreciaban lo suficiente, no iban a dejar que me llevara a juicio por cualquier estupidez. 

> La rivalidad entre él y yo era conocida por todos por aquellos tiempos, también ya habían comenzado los rumores entre un amorío entre Mythal y yo. Así que, cualquier acusación que Elgar'nan levantara en mi contra, primero, sufriría de gran escepticismo. Y eso él lo sabía.

> Elgar'nan había sido un elfo muy orgulloso y soberbio y jamás iba a permitir que se pensara que se sentía amenazado por mí, Elgar'din. Y yo también lo sabía, por ello, me sentía bastante tranquilo con las pocas posibilidades reales que existían de que Elgar'nan me llamara a juicio.

- Pero, ¿y si lo hubiera hecho?

- Si lo hubiera hecho, la voz de la Justicia era Mythal, solo si ella desfavorecía al acusado, caía en manos de Elgar'nan, y por supuesto que Solas, jamás sería desfavorecido por La Voz de la Razón de Mythal.

Wow... Había manipulado Elvhenan desde todos sus puntos estratégicos. Estaba pasmada. Inevitablemente me pregunté si Solas no había empezado aquel romance con Mythal solo por vengarse de su archienemigo, Elgar'nan. Cada vez, más y más, me quedaba en claro que Solas y Elgar'nan tenían una batalla épica pendiente. Y la verdad, encerrarlo en el Más Allá, sonaba a un acto cobarde por parte de Solas, que sabía que no contaba con la grandeza arcana de Elgar'nan. Sin embargo, a esa parte del relato aún no había llegado, cuando lo hiciera, sería capaz de comprender si el Velo había sido realmente necesario, si lo había creado por manipulación de Mythal o por miedo a Elgar'nan.

- Vaya... eres un maldito genio. – le dije, sin embargo, ocultando mis verdaderos pensamientos. Pero si algo había aprendido de Solas en estos años, había sido a un engañar con pequeñas sutilezas, como él lo hacía. – Y cuando digo maldito...

- Lo dices de verdad. – finalizó Solas. – Lo sé. En aquellos actos hubo venganza, vhenan. Venganza contra ese hijo de puta... No hubo ánimo de justicia ni amor por la libertad. Lo sé. - me sorprendió aquella respuesta. Ni siquiera intentó ocultarlo. Él era tan consciente como yo de que todo aquello lo había llevado a cabo impulsado por el odio... - Simplemente, no pude detener mi propia ira. Lo sé.

Cada vez que oía a Solas hablar de Elgar'nan podía notar el odio latente. Si aquellos dos se enfrentaban, sería una batalla digna de ser vista. Tenían innumerables asuntos pendientes. Pero no estaba segura de que dejaran superficie terrestre intacta si lo hicieran.

> Pero, a mí nunca se me ha podido acusar de ser un tonto. – me aclaró Solas. – Y, más allá de lo cegado que podía parecer por los actos de Elgar'nan y Falon'din, sabía que, si destrozaba solo los templos y castillos de aquellos dos y sus centinelas, estaría encendiendo un faro luminoso sobre Elgar'din, su amor por las entidades espirituales, y su asociación con Fen'Harel. Así que, con todo el dolor de mi corazón, aquel año también ataqué la Universidad del Saber, de los adeptos del Orgullo de Arlathan. Y la destrocé. – otra vez quedé sin aire en mis pulmones. Fue como si mi corazón se hubiera detenido después de oír aquello: atacó a sus propios adeptos para mantener su identidad oculta.

- ¿¡Qué!? ¿Destrozaste la construcción mas preciada entre tus adeptos? ¿¡Cómo fuiste capaz!? ¡Tus elfos habían dedicado siglos y siglos a esas construcciones! ¡Y les daban felicidad en medio de toda la guerra entre ustedes! - no pude evitar y golpeé su pecho con mis puños... molesta, realmente molesta por lo que había hecho. 

- Sí, vhenan. Era un sacrificio necesario. - Solas tomó mis muñecas una vez más y me detuvo, pude ver la tristeza en su mirada... quizá a él le había dolido mucho más hacerlo que a mí oírlo.

- ¿Sacrificio? Solas, eso fue despiadado. 

- Ya te he dicho que no libré una guerra contra los Evanuris sin manchar mis manos de sangre. – otra vez la frialdad en su tono.

- Solas... - dije, ya sin poder ocultar mi asombro. Y pensar que la historia del Velo todavía no me había contado., ¿con qué nueva maldad me saldría?

- ¿Qué? – me miró, algo molesto. – Espera a oír toda la historia y luego júzgame. - los dos nos miramos y percibí el sutil aumento de presión sobre su agarre. No quería lastimarlo yo también... y otra vez. Sí, tenía razón... primero iba a escucharlo... 

- Continúa... - le pedí. - Lo siento, tienes razón.

- Sabía que destruyendo la Universidad del Saber no iba a reducir las dudas de Elgar'nan, que ya estaban prendidas en su cerebro como certezas. Pero alejaba las sospechas del resto de los Evanuris. Y ese había sido el objetivo de aquel acto. Asegurarme que el resto del panteón no imaginara la relación entre Solas y Fen'Harel, para que, el día que Elgar'nan se animara a plantearlo, lo rechazaron de inmediato e interpretaran sus acusaciones como celos o rivalidad. Y falsas, por supuesto.

- ¿Por qué Elgar'nan no te atacaba y ya? – le pregunté. – Si él era el más poderoso y tenía tantas sospechas sobre ti, ¿por qué simplemente no lo hacía? Al fin y al cabo, si morías y Fen'Harel no volvía, ahí estaría su respuesta.

- Porque yo tenía mi ejército de demonios, y él lo sabía. – me explicó. – Además, mi forma Celestial había sido otorgada por el mismísimo Fen'Harel, la entidad primigenia. Siempre habían corrido los rumores de que, llegado el momento, quien guerreara contra mí tendría que enfrentar a Fen'Harel en persona. Incluso se llegó a decir que yo era hijo de Fen'Harel, en el sentido real de la palabra. Me había llamado Príncipe de la Noche – y respondió la pregunta que iba a hacer, antes de que la formulara. – Y no, no soy hijo de Fen'Harel.

- ¿Por qué Fen'Harel te había favorecido tanto entonces?

- Supongo que porque siempre defendí la libertad. - Solas y yo nos miramos y guardamos silencio ¿Era posible que el mismísimo Fen'Harel lo defendiera solo por ello? ¿O había más de Solas que no me decía o incluso... ni siquiera él sabía? 

- Pero el resto de los Olvidados también habían defendido la libertad, ¿no? Y ninguno fue favorecido de ese modo.

- Ellos unieron su existir a tres entidades demoníacas primigenias, también. No sé cómo lo interpretas tú, pero yo creo que también habían sido favorecidos. – respondió.

- Bien, pero si tú habías llegado a ser llamado, incluso, "hijo de Fen'Harel", ¿cómo es que nadie asumió que tú eras Fen'Harel?

- Primero que nada, porque Elgar'din no parecía el tipo de Evanuri que podría ser Fen'Harel. - Solas soltó mis muñecas y me tomó por la cintura para continuar hablando - Y segundo, porque Fen'Harel fue el nombre que ellos eligieron para mí, para el forajido. No es que yo me había presentado y había dicho "llámenme, Fen'Harel". Ellos me llamaron de ese modo porque había usado pieles de lobo, que no era nada extraordinario por aquellos tiempos y porque luchaba por la libertad y hablaba de "rebelión". Sabes que Fen'Harel significa "lobo rebelde", no "lobo terrible", como se ha traducido erróneamente en Thedas. – Asentí.

> Por aquel entonces, Fen'Harel no era la entidad espiritual favorita de los elfos, puesto que los Segundos Caminantes habían sido su obsequio a la superficie y de allí, habían salido los Dioses Olvidados. Elgar'din era la excepción de los errores de Fen'Harel.

> En el panteón, se agradecía y admiraba a Lebennin, por sus acciones, pero Fen'Harel, era más bien, dejado de lado... No era admirado, quizás, incluso temido. Por ello, el llamar "Fen'Harel" al forajido, había tenido por objetivo insultarlo, tanto a él como a mí... y luego, aquel insulto fue una enseña de orgullo que usé a mi favor. El Lobo Rebelde inspiró esperanza en mis amigos y miedo en mis enemigos. Las historias que encontraste en mi Templo, durante la celebración del Glorioso Concilio, como podrás juzgar ahora, fueron benevolentes con mis actos, vhenan. Por aquel entonces, también te lo aclaré. – Solas colocó sus palmas hacia arriba frente a mí y las miró. – Por mis manos, se derramó gran cantidad de sangre. No soy un héroe... soy más bien, un villano. – mi corazón se partió. – Como Athil me llamó una vez: un genocida... - él no podía mirarme, solo miraba sus manos.

- Oh, por todos los dioses... - dije, asombrada, incrédula. – Oh, Solas... no pienses así.

- Interpreto tu asombro como una mezcla de admiración y desprecio, Elentari – seguía sin verme – Y te comprendo, no te juzgo. Yo también he llegado a odiarme. – confesó y sus manos temblaron. – Piensa que todas estas emociones que sientes, las sientes ahora, que ni siquiera has oído la creación del Velo. – ahora sí, Solas me miró. – Si te parece que ya he asesinado suficientes seres... imagina cuántos más cuando puse ese Velo. – dejó de mirarme y negó suavemente con la cabeza. – Imagina cuántos más... - ambos guardamos silencio durante unos segundos. Tomé su rostro y lo acaricié, él llevó su frente sobre la mía y cerró sus ojos, descansando en mi roce. Ambos permanecimos en silencio, respirando sobre nosotros y acompañándonos. El relato comenzaba a doler en la consciencia de Solas y yo solo necesitaba seguir oyéndolo. 

Después de un tiempo corrió su rostro y volvió a hablar, ya repuesto:

- Hubo, por supuesto, una reunión entre los divinos en la Ciudad del Sol, único templo jamás atacado por Fen'Harel; recuérdalo, porque aquello también había sido una estrategia en todo esto. – asentí, no sabía si maravillada o asqueada, o ambas cosas. – Y se debatieron las consecuencias de los ataques del maldito embustero. Elgar'din se quejó abiertamente del forajido y se lamentó profundamente la pérdida del sitio más prestigioso entre sus adeptos. – Y también me sorprendía con la crudeza que no intentaba ocultarme su verdadero ser... ese que tenía aquella malicia tan característica. Al final, Anaris siempre había tenido razón. En Solas había inteligencia, compasión y maldad...

> Decir que ese año fue un año turbado para los espíritus, es poco. Los elfos se sintieron desamparados, no solo porque perdieron templos y castillos, sino también el sitio más importante de Sabiduría... Pero había que hacerlo. – concluyó, Solas. Yo estaba sin palabras, ya casi no acababa de creer el relato, o aceptarlo. No me ponía de acuerdo con mis emociones.

> La respuesta llegó con el tiempo. Falon'din enloqueció de ira hacia Fen'Harel y sus éxitos, así que, tomó venganza con su pueblo, que era lo que el mago forajido protegía: los seres vivos.

- Oh, no... - susurré.

- Así que, comenzó una matanza sistemática de sus elfos y esto generó aires de rebelión entre todos los elfos sometidos a la servidumbre de los Evanuris. Fen'Harel no solo era real y los protegía, sino que, además, los dioses no podían contra él. De repente, los esclavos con vallaslin, no querían que su destino fuera sólo ese, así que comenzaron las rebeliones. Y Fen'Harel tuvo que estar presente en cada motín, liberando elfos, de lo contrario, los Evanuris representados en cada vallaslin, les drenarían la sangre. Fueron años agotadores. Realmente, agotadores.

> Y esta situación llevó a otra locura: los Evanuris buscaron más poder.

- ¡¡Magia de la Ruina!! – dije totalmente enganchada con la historia. Solas asintió. - ¿En qué año estamos?

- ¿En el relato? – asentí. – En el año 4084 FA, vhenan.

- Oh, ¡creadores! ¡¡Tú creaste el Velo en el 4088!! – Solas volvió a asentir. – Oh, ¡¡nos estamos acercando a ese momento!! – aplaudí sin poder ocultar mi entusiasmo. A pesar de todo, era una historia épica. Sentía orgullo, admiración y decepción en partes iguales. – Continúa, continúa...

- Por supuesto que el uso de Magia de la Ruina, una vez más, puso mi grito, el de Elgar'din, sobre el cielo. Pero ellos, desoyeron. El Lobo Rebelde los estaba llevando al borde del jaque mate... ahora a ellos. Así que, Fen'Harel, volvió a atacar. – yo sonreí.

- Sigue, sigue, ¿qué hiciste?

- Indignado como estaba y quedándome ya sin más opciones que, finalmente, ejecutar la creación del Velo, Fen'Harel, como última advertencia atacó los Templos Divinos de todos los Evanuris y soltó las ataduras de todos los espíritus.

- Wooow, ¡eso tuvo que ser una declaración de guerra!

- La guerra ya había sido declarada hacía mucho tiempo. – me dijo. – Pero ellos, lejos de tomar en cuenta las advertencias tanto de Elgar'din como de Fen'Harel, buscaron el modo de contratacar. – Yo comencé a reír, estaba demasiado admirada por la historia y abrumada al mismo tiempo.

- Nooo... Amo tu vida pasada. – cuando vi la seriedad en su rostro, me corregí: - Amo el relato, sé que para ti significó cargar con todas esas muertes. Pero cuando lo cuentas, parece un cuento... bueno, lo siento, fue tu vida... Sigue, sigue. No me interesa otra cosa más que saber qué hicieron los Evanuris.

Vhenan... - Solas hizo una pausa. – Esos últimos años yo destrozaba actuando más bien como un demonio, que como un ser sabio guiado por Sabiduría. Estaba enceguecido, de verdad.

- Lo sé. – dije. – Lo noto.

- Las consecuencias psicológicas de todo aquello... fueron devastadoras para mí. Aquí y ahora, te estoy contando las estrategias de mi lucha, los hechos y los resultados. Pero por las noches, yo no podía dormir ni comulgar conmigo mismo. – de golpe, también me puse seria a su lado. – Las voces de los elfos inocentes que morían en cada uno de nuestros enfrentamientos, eran culpas muy pesadas. Intentaba salvar a todos los que podía, pero siempre morían muchos más. Era caótico, desquiciante... una tortura en vida, vhenan.

> Cuando Falon'din tomó cartas en el asunto contra Fen'Harel porque había atacado sus centinelas, ¿sabes qué hizo? – negué con movimientos de cabeza, asustada por la respuesta que llegaría. – Crucificó a centenares de sus esclavos en una fosa que esos mismos sacrificios habían sido obligados a cavar y creó un mar de sangre. El Mar Rojo de Fen'Harel, lo llamó. – no pude decir palabra alguna. Simplemente, no me salía la voz.

> ¿Y quién crees que no pudo dormir por las noches? ¿Falon'din? – rio molesto. – Yo... no podía vivir sabiendo que aquella atrocidad había sido en respuesta de mis actos. Yo, comenzaba a odiarme en vida.

> Discúlpame que le quite el entusiasmo al relato. Pero yo me convertí en un esclavo de mi propia lucha. Ya ni siquiera era capaz de detenerme a mí mismo. Solo buscaba resultados... y fue lo que, finalmente, obtuve.

- Lo siento, amor... - dije y acaricié su pecho, él miró mis manos y guardó silencio. 

- Yo también lo siento... incluso hoy... - me miró - aún hoy lo lamento... 

- Suena horrible todo esto, Solas. Con razón, después de aquello, los elfos esclavos comenzaron a amotinarse. Era imposible seguir aceptando que los trataran peor que a los cerdos. – Solas asintió.

- Fue horrible. Y a mí me arrebató mi sanidad mental. Había demasiado sobre mis hombros... y yo, simplemente, ya no podía detenerme.

> Y no creas que Fen'Harel solo se enfrentaba a ellos, sin mediar palabras o intentar el diálogo. Al principio había intentado hablar y durante milenios solo había liberado a los elfos. Pero fue en los últimos tiempos, cuando ellos sometían sin control, que comencé a atacarlos.

> Supongo que aquel había sido mi error: contraatacar. Pero ya no lo toleraba más. Estaban destrozando a los elfos y los espíritus... Y todo porque querían poder y más poder.

> Los espíritus que me habían acompañado entre los primeros ataques les habían hablado y les habían pedido que cambiaran su forma de actuar, que la paz entre ellos y yo, llegaría si respetaban la vida de los demás. Pero ellos no cedían. Cada vez que yo no aguantaba más y me vengaba, ellos duplicaban la apuesta. Al final, era una gran tortura. Un mar de sangre y un coro de voces muertas a mi lado, por las noches.

- Lo siento mucho, Solas. No lo pensé de ese modo. – acaricié su mano. Quizás no era tan despiadado como había parecido. Pero claramente era un masoquista. Se dañaba a sí mismo y no era capaz de detenerse.

- Una vez más nos reunimos los Divinos y se dijo en voz alta algo que era obvio. – siguió Solas con el relato y una vez más, supe, que él debía contármelo... porque también era obvio para mí, que ya no quería seguir hablando, pero una vez más y a pesar de que le hacía daño, siguió haciéndolo:

- ¿¡Te acusaron!?

- No, vhenan. Eso solo era obvio para Elgar'nan, para el resto no.

- ¿Hablaron de tu romance con Mythal?

- No... - Solas revoleó su mirada. – Mencionaron que el único sitio que Fen'Harel nunca había atacado había sido...

- ¡¡La Ciudad del Sol!! – me adelanté a responder, como cuando Deshanna había hecho preguntas sobre los dioses del panteón élfico entre los niños elfos del clan (y yo había sido niña, claro) y yo me había adelantado a responder todo.

- Exacto. – me dijo Solas. – Así que, propusieron una estupidez... desde mi punto de vista, claro.

- ¿Qué?

- Propusieron que los Templos de Adoración de todos los miembros del panteón, donde residíamos nosotros como Entidades Divinas, conectaran un Eluvian con la Ciudad del Sol. Con nuestros Mausoleos, para ser más específicos. Aquel sitio donde entraríamos en uthenera, cuando lo deseáramos.

> Por aquellos tiempos, los Evanuris teníamos residencia en los Templos de Adoración principales. Uno donde solo podían ingresar los fieles más puros. A saberse, Gran Sacerdote, Sacerdotes y jefes de Centinelas. Eran sitios prohibidos para el resto de los mortales, e incluso entre nosotros, no teníamos libre acceso y solo quienes teníamos fuertes amistades conectábamos a través de un Eluvian con el Templo de Adoración principal.

> Como has visto, El Templo de Mythal había conectado con mi Castillo Principal. No, con mi templo. Si lo recuerdas, después de visitar el Templo de Mythal durante nuestra época de la Inquisición y luego de que bebieras del Pozo de las Penas, el Eluvian nos había devuelto a Feudo Celestial. Eso fue porque nosotros habíamos estado conectados a través de este. – asentí, sorprendida. – Sin embargo, a mi Templo de Adoración, nadie tenía acceso, excepto a través de la contraseña y el ingreso estaba custodiada por entidades espirituales. Tú conociste los vestigios de mi Templo de Adoración Principal cuando se celebró el Glorioso Concilio y descubriste parte de la verdad de la Rebelión de Fen'Harel. Por ello, aquel sitio había tenido tanto talento y arte en sus paredes, porque allí había estado plasmada el ansia de libertad de El Pueblo, por la expresión artística de los elfos que allí se escondían, bajo mi protección. Los elfos libres habían manifestado su libertad y el agradecimiento por la Rebelión en cada una de sus paredes. Para mí, aquel sitio, había sido tan sagrado como para ellos.

> Comprende, vhenan, que los elfos libres sabían que yo, Solas, era Fen'Harel. Con ellos, no me escondía y a ellos, enseñaba sobre libertad. Eran mis agentes, mis hermanos, mis iguales. Esos elfos realmente habían creído en mi no divinidad. Seguían solo mi liderazgo. Aunque, también, enaltecían mis actos. 

> La sabiduría, no fue  mi guía en mi lucha contra los Evanuris, sino la venganza, el orgullo, la rabia, el odio... Pero eso, no está plasmado en las paredes de mi Templo, porque los elfos libres, no veían mis defectos, solo estaban agradecidos de que alguien con poder los protegiera, en lugar de someterlos, drenarlos, disminuirlos psicológicamente haciéndoles creer que existían solo para fortalecer a los dioses. Por ello, te había dicho, que en las paredes de mi Templo se contó parte de la verdad sobre Fen'Harel, pero no toda. Ahora la estás oyendo... - lo abracé, no supe por qué, pero sentí la necesidad de rodearlo sobre mi cuerpo. Noté su rechazo y supe interpretarlo: no era un rechazo hacia mí... sino desprecio a él mismo. Lo liberé de mi agarre y Solas volvió a hablar, pero sin ser capaz de dirigirme la mirada:

> Cuando sentía que no podía seguir adelante, que la lucha me consumía, caminaba entre ellos y los veía tan felices por gozar de libertad y que nadie los golpeara o sometiera, que me decía a mí mismo "solo un poco más, Solas", "solo un poco más" ... al final, ese poco más hizo volar en mil pedazos Arlathan y mi espíritu. Quizás, si cuando las voces del remordimiento no me habían dejado dormir, me hubiera detenido... la historia hubiera sido distinta, no lo sé, vhenan. – yo apoyé mi mano sobre su muslo y lo acaricié, mientras limpiaba unas lágrimas que había caído sobre mis mejillas, pero él no se había dado cuenta, porque no era capaz de verme. Me di cuenta de que lo había juzgado injustamente, había juzgado sus actos, como todo el mundo lo había hecho, pero no le había preguntado cómo todo aquello le había hecho sentir. La Rebelión había consumido su vida, su felicidad, su espíritu. Había consumido a Solas.

> Solo sé que mis intentos por razonar con los Evanuris siempre fueron fallidos. Como Solas intenté demostrarles que Fen'Harel no los atacaría si no practicaban sometimientos y ataduras, intenté por todos los medios recorrer un camino menos sanguinario, pero, una y otra vez, me encontré frente a una pared cuando hablaba con ellos.

- La creación del Velo fue necesaria, recuérdalo. – él sonrió.

- O fue la mentira que me susurré para poder conciliar el sueño cuando la culpa me despertaba tan seguido... - respondió él.

- Lo siento, Solas... suena terrible lo que soportaste. Pero solo tú podías detenerte... y elegiste no hacerlo.

No podíavhenan. Llegó un punto en el que ya había hecho tanto, que no podía detenerme y convivir conmigo mismo sabiendo que no había valido para nada. – negó con movimientos de cabeza – No. Al final, yo me volví esclavo de mi lucha. Yo perdí mi libertad con la esperanza de que los demás pudieran gozarla.

Los dos guardamos silencio ante semejante verdad. Por lo menos, Solas había aprendido de su error. Aquí, en Thedas, cuando llegó a ese punto en el que comenzaba a perder la capacidad de escuchar a su consciencia, se presentó ante mí en la Encrucijada y me entregó su vida para detenerlo. Ese día, actuó de forma diferente a como lo había hecho en Arlathan. Ese día se detuvo. Ese día me pidió que lo matara.

Sentí otra vez un nudo en mi garganta. Y ese día yo elegí dejarlo vivir, y unirme a su lucha, ¿había sido lo correcto? ¿Había esperanzas para Solas o yacía perdido indiscutiblemente? Pero de una cosa estaba segura, después de todo este relato: Solas se perdía en las batallas y sus deseos de libertad hacia los demás. El futuro de Thedas, estaría en mis manos, no en las suyas. Porque él se enceguecía y perdía el norte. Y yo, su Gran Sacerdotisa, estaba ahora con él y sería su guía... no permitiría que volviera a repetir la historia del pasado. No. El liderazgo, sería mío. Pero solo ahora, lo comprendía...

Agarré sus manos y las enlacé con las mías. – Continúa con el relato, mi amor. – le pedí. Sabía que era su deber hacerlo. Sabía que lo haría.

- Yo, Solas, por nada del mundo quería tener una conexión directa con la Ciudad del Sol, puesto que mi Templo de Adoración era donde tenía a todos los elfos libres. Así que, poner una puerta que conectara con el enemigo, era una estupidez. Por ello, una vez más...

- Te opusiste.

- Así fue. – asintió. – Sin embargo, esta vez, no tenía mucha coherencia que lo hiciera, porque nadie había propuesto dañar espíritus o demonios o elfos. Esta vez, era conectar con nuestros Templos para poder huir si Fen'Harel nos atacaba, incluso en el Templo de Adoración.

- ¿Cómo hiciste para que no comenzara a sospechar el resto?

- Dije que yo no iba a huir como un cobarde si Fen'Harel atacaba mi templo y que moriría por mis elfos. No quería el Eluvian, porque resultaría muy tentador utilizarlo y, en última instancia, el miedo podía hacer que abandonara a los elfos.

Y con aquellas palabras comprendí que la dualidad de Sabiduría/Orgullo, eran Elgar'din/Fen'Harel, en él y aún vigentes en estos tiempos.

Solas me había dicho que había elegido el nombre Solas, porque había sido el "Orgullo de Arlathan", aunque también estaba la dualidad con aquella entidad espiritual que lo había tocado en su juventud, Sabiduría. Pero no, Solas era mucho más complejo que aquella explicación. Él era sabio y orgulloso, de manera extraordinaria. Gran parte de su vida había transitado interpretando dos personajes, y al final, no había sido capaz de saber cuál de aquellos dos era realmente. Pero le resultaba más fácil ser Fen'Harel, porque aceptar a Elgar'din era muy doloroso. Aunque en verdad Fen'Harel hubiera preferido animarse a ser Elgar'din: quedarse con sus elfos y morir defendiéndolos.

Solas, aún hoy, no había decidido quién era. Y yo no sabía si era capaz de decidir, porque cuando se veía abrumado, reaccionaba con impulso, atacaba como un lobo a quien se le ha dado una patada. Y las fauces del lobo, tenían colmillos muy fuertes... y las garras se clavaban sobre su víctima hasta matarla.

Solas aún hoy no sabía si quería vivir sabio y aplacando su poder, o temerario y conquistando a través de éste. Y yo me había dado cuenta de que Solas era el verdadero ser oculto tras la máscara de Elgar'din y Fen'Harel. Me pregunté cómo hacía un hombre para actuar durante toda su vida y conservarse a sí mismo sin perderse en el papel que interpretada. 

- Oh, vaya – dije. – Sería lindo tener reyes que actúen como Elgar'din, ¿no? – toqué su corazón con mis palabras. Sabía que a él le dolía, pero había hecho esa pregunta intencionadamente. Quería que le doliera, quería escuchar su respuesta.

- Con reyes así... no habría tierras que gobernar. – me respondió. – Otros tiranos lo habrían matado a él y a los suyos. – Y ahí estaba mi respuesta: él no era capaz de creer que el camino del diálogo podía cambiar las cosas. Él creía en la fuerza, porque eso era lo que había aprendido en Arlathan.

- ¿Y si te equivocas?

Vhenan, he vivido quince mil años... Adivina cuál es la historia que se repite siempre... - me respondió. – El poderoso somete al débil. Mientras otros miran a un costado. Estoy harto de ello... La historia de la Rebelión, es la historia de un poderoso que le plantó cara a otros poderosos...

> En el medio de ello, se destrozó a sí mismo. – sonrió cansado. – Y paradójicamente, sin obtener las libertades de nadie. Condenando a quiénes había defendido, solo para que los indefensos elfos volvieran a empezar, abandonados y heridos, y se encontraran con otra raza que los sometió del mismo modo que en el pasado. O peor...

El rostro de Solas mostró una aflicción profunda. - ¿Existe la libertad, vhenan? - me miró - ¿Existe el perdón para mí?

- No hace falta que sigamos con el relato, Solas. Duele demasiado. – le dije. Lo puse a prueba. Como él había hecho con los Evanuris, una y otra vez. Quería saber si era capaz de detenerse cuando se hacía daño y si no lo era, pues entonces tendría mi respuesta: Solas me confirmaría que era incapaz de dejar de herirse, aunque le doliera, en favor del deber.

- No puedo, vhenan. Debes conocer la verdad porque nos estamos quedando sin tiempo en Thedas. – me paralicé a su lado. Él solo, sin que preguntara, me estaba contando el motivo por el que seguía con el relato a pesar de todo lo que dolía. No me había esperado aquello. – Debes decidir qué hacer y, en base a tu decisión, debo trazar nuevos planes.

- ¿A qué te refieres, Solas?

- Grandes cambios astrológicos se avecinan, que liberarán fuerzas arcanas sobre la Tierra. – me dijo. – Podría llegar a romperse el Velo y debo tener finalizado un hechizo para salvar todas las razas, vhenan. – me miró. – Tengo el hechizo para salvar solo a los elfos y lo había puesto en marcha, pero ahora me he detenido. – me confesó, yo estaba paralizada. – Porque si queremos salvar a todos... debo presionarme más. Debo encontrar la solución. Y no tenemos mucho tiempo...

> La posibilidad de que se quiebre el Velo es alta. Sin éste, sucumbirán al caos si no tengo el hechizo para salvarlos. Si los salvo, de todas formas, la tierra temblará por la ira de los Evanuris despiertos. – me miró. – Y por lo que estás escuchando... - sentí que el miedo iba invadiendo mi cuerpo. Él sonrió, cansado. – No temas. Si sirve de algo que me entregue a Elgar'nan para que no los destroce. Lo haré.

- ¡NO! – dije, con firmeza. - ¡Jamás permitiré que te entregues a él! Solas, va a torturarte por la eternidad.

- No creo ser capaz de volver a luchar como lo hice en el pasado.

> Te dije que mi espíritu aguanta, pero no sé cuánto tiempo más podrá aguantar las muertes. La cantidad que aguantó en Arlathan, estoy seguro de que no podrá volver a hacerlo. No soy el mismo que fui. Esta vez, estoy dañado y mucho más débil. Ni siquiera tengo el poder de mi Orbe ni la fortaleza del sueño por la libertad. Porque ya he soñado, y he fracaso. Esta vez... esta vez me encuentro cansado, vhenan. Esta vez solo lucho para remediar el daño que le he hecho a nuestra raza. Esta vez, solo me conformaré con elfos libres... nada más. No quiero vengar a Elgar'nan, no quiero destrozar humanos o religiones... esta vez, quiero elfos libres... nada más... Ya no tengo fuerzas para más.

- Esta vez, me tienes a tu lado, Solas. – le dije. – Esta vez, podrás apoyarte por mí, cuando tus piernas flaqueen. Esta vez, soy yo quien tiene locos deseos de soñar con libertades. Esta vez, yo guiaré tus pasos... y si manchamos nuestras manos con sangre, las mancharemos juntos.

> ¿Me oyes? Esta vez. No estás solo.

Solas guardó silencio durante largos minutos, yo estaba sentada frente él, acompañándolo con su pesar. Sentí que, finalmente, acarició mi cadera, la que rodeaba con su brazo y suspiró. – Lamento, vhenan, haberle quitado el entusiasmo a la historia. – dijo, aún mirando el techo. – Pero debemos seguir con el relato. Debes conocerlo. – Me miró y me dio un beso sobre los labios, yo cerré mis ojos, tomé su mejilla y traje su rostro sobre el mío y lo besé una vez más.

Cuando solté su boca, volví a abrazarlo y hablé: - Me habías dicho que Solas se negó a poner el Eluvian en su Templo de Adoración, para comunicar éste con la Ciudad del Sol, porque si Fen'Harel llegaba a atacar a sus elfos, prefería morir con ellos. – Solas asintió y me abrazó. A veces, durante el relato, él se identificaba con su versión Divina, otras con el Rebelde, y otras, despersonalizaba a ambos de quien era él hoy. Y esas palabras y el modo en el que hablaba, me dejaban en claro la confusión que tenía respecto a sí mismo. Ni siquiera él sabía quién era en verdad... - ¿Aceptaron esa explicación el resto de los Creadores?

- El resto de los Evanuris se rieron y aceptaron mi explicación, sí. Elgar'nan, aquel día, no me había quitado los ojos de encima. Demasiados hechos ya apuntaban sobre mí.

> Sin embargo, fuera como fuera, YO había sido el único Evanuri libre del dominio de él, así que, Elgar'nan bien podía gritar y llorar, pero no podía obligarme a poner el maldito Eluvian... y lo sabía.

- Un plan magistral... - dije. – Un plan magistral, Solas.

- Por ese entonces, Falon'din y Andruil eran muy estrechos y detestaban a Fen'Harel con el mismo ardor. Así que, en algún momento de esta historia, Falon'din comenzó a sospechar también de mí, Solas. No sé si tuvo que ver con algo que Elgar'nan insinuara, lo cierto fue que, de un día al otro, tenía a Falon'din siendo mi sombra día y noche. A mí me tenía sin cuidado... o al menos, era lo que aparentaba. – que Solas relatara que "de un día para el otro" su identidad iba viéndose comprometida, a mí me hacía pensar, irremediablemente, que Mythal había sido quien había hecho un caminito de hormigas para que los Evanuris más crueles pusieran su mirada en él. Solas, por el contrario, parecía huir a ese razonamiento.

> En el año 4087 FA, se completó el Templo de Ghilan'nain en las profundidades de los océanos y la diosa hizo una invitación formal solo a un dios: el Divino de las Mareas y la Sabiduría. Alegando que, yo tenía una especial invitación, porque su Templo se había construido en mis territorios: el mar y requería mi bendición. Pero aquello, solo trajo sospechas cada vez más fundadas sobre Elgar'din y la relación con Fen'Harel.

- ¿Por qué?

- Porque el único plan contra Fen'Harel que Elgar'din  no había oído había sido el que se ejecutó en el castillo de Ghilan'nain. Y las leyendas de aquel enfrentamiento, formaron parte de cuentos, canciones y poemas en Arlathan. En muchas de ellas se decía que a Fen'Harel casi se lo había derrotado, cosa que Ghily, negaba, alegando que él siempre había tenido la batalla ganada.

> De golpe, la Divina de la Creación terminaba un templo y me invitaba a mí, ¿acaso éramos aliados en la Rebelión? ¿Acaso los dos trabajábamos para Fen'Harel? ¿Acaso yo era Fen'Harel y ella encubría mi identidad? Por ese motivo, cuando fui invitado, no asistí a la inauguración del templo, ni lo hice después. Había pensado que, lo más prudente, sería dejar correr las aguas bajo mis pies, antes de responder a su invitación. – y eso le dio tiempo a Mythal a actuar manipulando a Solas... estaba segura.

En el escrito élfico que habíamos obtenido durante la época de la Inquisición, se detallaba un acto de alta traición en Arlathan por un "pecador" que pertenecía a Dirthamen y que había adoptado la forma divina perteneciente solo a los dioses y sus elegidos, a instancias de Ghilan'nain, lo que significaría que Mythal podría haber tenido sospechas de que Ghil sabía algo del hechizo de Inmortalidad que Dirthamen había creado para ella. Si Mythal había tenido dudas, la invitación de Ghilan'nain a Solas a su Templo tuvo que haber despertado la paranoia en la Madre Protectora, quien no quería que Solas lo supiera, después de todo, le había dicho a Dirthamen que nadie supiera sobre el hechizo, mucho menos Solas... Y, un año después, los eventos en Arlathan explotaron, obligando a Solas a crear el Velo sin haber valorado todas las variables.

Pensar que Mythal era la que jugaba con él, me molestaba muchísimo. Si había sido ella quien había puesto la pista sobre Solas dándole indicios a Falon'din y Andruil para que lo presionaron aún más, para quebrar la voluntad que le restaba y finalmente, accediera a encerrar a los Evanuris... bueno, pues entonces, Solas podría tener asuntos pendientes con Elgar'nan, pero yo comenzaba a tener mis propios asuntos pendientes con Mythal... Quería respuestas de la elfa... y las buscaría...

- Al decidir esperar antes de visitar el templo, cometiste un error. – dije. - Creaste el Velo sin haber oído la Clarividencia del Lobo. – Solas asintió.

- En 4088 FA, una tarde como cualquier otra, Mythal y yo nos encontrábamos en el interior de mi templo, en mi habitación después de haber mantenido relaciones y, la puerta de mi habitación se abrió, encontrándonos con Andruil, cubierta de armaduras de oscuridad y plaga, Ordrel y Galadh Lasbelin llegando agitados y con sus bastones a detener a la diosa.

> El escándalo que se armó aquel día... fue un dolor de cabeza. Mythal pedía que no la hirieran, pero Andruil nos atacaba, Mythal y yo estábamos envueltos en sábanas... En fin, desastroso... - dijo. Me imaginé la situación, todos contra Andruil que había sufrido un brote y Mythal gritando porque su hija no fuera a decirle a su padre que le estaba siendo infiel con su mayor rival... ¡Creadores! Y todo tenía gusto a planificación premeditada de la maldita elfa...

> Para cuando tranquilicé a Mythal que lloraba, nos cambiamos con armaduras ligeras y fuimos al encuentro de Andruil; Ordrel ya se encontraba gravemente herido y me había dicho que Andruil con un Asta Dorada lo había atacado con inclemencia. Había recorrido el templo y había visto a los elfos libres de Fen'Harel bajo mi custodia. Un verdadero caos. Encima, había huido.

> ¿Quién le había facilitado el acceso? No lo sé, quizás Mythal. Aunque sería bastante... mmm... enfermizo que también hubiera planeado que nos descubriera teniendo relaciones, después de todo, ella era su madre.

> Lo cierto fue que, ese día, comenzó el final de esta historia....