Actions

Work Header

Elentari Lavellan V: El Lobo Rebelde Asciende

Chapter Text

Por la madrugada sentí que golpeaban la puerta de la habitación de Solas. Me pregunté quién sería. Abrí mis ojos y esperé a que volvieran a golpear, para ver si yo no había soñado que "alguien" había venido a buscarlo durante estas altas horas y preguntándome quién lo haría. Por supuesto que todas las inseguridades que solía sentir respecto a él volvieron al instante ¿Y si Solas había estado en pareja con alguien durante estos años que habíamos estado separado? Yo había estado con Cullen, si tenía que ser honesta, lo que significaba que no podría reprocharle nada... Apreté las sábanas entre mis dedos y miré a Solas, que yacía desplomado a mi lado y completamente dormido.

Durante la cena, había tirado hechizos alrededor de su habitación para evitar el ingreso al Más Allá... y debía ser honesta, que Solas evitara su lugar favorito en el mundo, me hablaba de que él no se encontraba nada, pero nada bien. Teniendo en cuenta ello, mis inseguridades me hicieron imaginar que quizás, una amante, había venido a consolarlo, porque podía imaginar el mal momento que estaba atravesando. Y eso me volvía loca... Sabía que él detestaba los celos, pero yo no podía evitarlo... la seguridad que había sentido al lado de Cullen, desaparecía en presencia de Solas... con él... simplemente me sentía desnuda y vulnerable.

La puerta sonó otra vez y yo me hice un pequeño bollo por el arrebato. Había guardado la esperanza de que hubiera sido mi imaginación, pero no. Alguien estaba llamando a su puerta por la madrugada. Miré a Solas, él ni siquiera se movió, dormido como se encontraba. Así que, decidí que vería quién era la persona que reclamaba su presencia.

Me puse de pie con gran sigilo, como lo había hecho cuando acompañaba a explorar a Thengal los alrededores de mi Clan. Rogué a quien fuera dios que Solas no despertara y "quien fuera", pareció oírme. Salí de la cama y avancé en puntas de pie. Oí el golpeteo de nuevo de la puerta y la voz de una mujer riendo abiertamente... Pensé que quizás estaba alcoholizada. Sentí rabia en mi interior y abrí la puerta notoriamente molesta.

Para mi sorpresa me encontré con Mae, sostenida por Toro (y sí, borracha) y Varric al lado de aquellos dos, sosteniendo dos botellas en mano, algo alegre también, riendo con desenfado. - ¡Al fin, Estrellita!

- Hemos traído la fiesta a la habitación – explicó Toro e ingresando a la alcoba de Solas, llevando casi arrastrada a Mae, quien no dejaba de reír. – Como no fueron a cenar, pensamos que quizás necesitaban de nosotros.

- Siiiii... - dejó escapar Mae quien trastabilló y Toro sostuvo con más precisión.

- ¡No! ¡no! – susurré. – Solas duerme, está muy cans...

- ¡¡Solaaas!! – gritó Mae y saltó a la cama, o era que en realidad Toro la había lanzado allí. Toro dio un salto en medio de la cama también, haciendo temblar el tupido colchón y Solas, inevitablemente, abrió sus ojos. Varric y yo estábamos al lado de la puerta, en caso de que tuviéramos que salir corriendo, azotados por algún hechizo o un gruñido rabioso de aquel lobo que acabábamos de despertar.

- ¿Toro de Hierro? – dijo, sentándose y restregando sus ojos. Mae dio vueltas sobre el colchón riendo a carcajadas, chocó contra Solas y se detuvo (sin parar de reír) y él la miró, levantando una ceja. - ¿Qué significa esto? – me miró molesto, yo reí nerviosa y levanté los hombros. Miró a Toro rabioso, pero la respuesta llegó de mi lado.

- Hemos venido a festejar que estamos de vuelta aquí, Risitas. – dijo Varric, que avanzó hacia él con las dos botellas, una en cada mano. Toro le pasó una bellísima copa a Solas, él no la aceptó, así que el Qunari la apoyó sobre el colchón y tomó la almohada que yo había estado usando, la estampó contra la pared y se acomodó, soltando cómodamente aire de sus pulmones y llevando sus brazos sobre su nuca, desperezando su cuerpo.

- Oh, esta almohada es cómoda... - sacudió sus brazos y rio. ¡Ey, Varric! – el enano saltó a la cama y le pasó la botella a Toro. Yo cerré la puerta. – Eso mismo, buen amigo. – dijo el Qunari. - Hacía mucho tiempo no estaba en un colchón tan... alcolchado. 

- Tu capacidad de observación me deja anonadado... - se burló Solas, muy molesto.

- Tu caaajma es muuusho más boniiitha que la mmmjía, Solaassss... - dijo Maevaris. Él resopló y salió de la cama. Por suerte, no habíamos hecho nada más que cenar y dormir, por lo que teníamos ropa encima. Solas llevaba un pantalón holgado de seda muy fina y nada más.

- Los quiero fuera cuando haya vuelto. – rugió y se dirigió al baño, dando un portazo. Yo reí y corrí a la cama con los otros tres. También llevaba un vestido pijama de seda y encaje, con detalles élficos por doquier. El pijama era bellísimo.

- ¿Todavía cree que le tenemos miedo? – murmuró Varric y me pasó una copa, sirviéndome hidromiel en el interior. - No sé cómo lo hacen los elfos, pero esto... Estrellita, ¡es el maldito paraíso! – me dijo. – Es exquisito, delicado y potente... Una gran graduación alcohólica, oculta por sabores que el paladar del mejor catador apreciaría. Así que, lo hemos decidido: esta noche nos emborrachamos todos. Y cuando digo "todos", es todos... - rio.

- Solas no va a querer, ya sabes... El tema del Más Allá y todo eso... - dije.

- Heemmffos venizzzdo dispuesthjos a oblrigaaarlo... - rio Mae, aun tirada sobre el colchón, boca arriba y muy borracha. "Ella no tomará más", me dijo Varric con los labios. Yo reí y bebí de la copa. Vaya, realmente era muy rico lo que estaba probando.

La última vez que me había emborrachado había sido en Wycome y las consecuencias habían sido desastrosas... esperaba que este elíxir que estaba bebiendo, fuera diferente. Por lo menos, esta vez, había cenado...

Sentí el portazo de la puerta del baño cuando Solas volvió a la habitación y, lejos de tenerlos fuera, nos tenía a los cuatro acomodados a lo largo del colchón. Resopló molesto y fue a buscar una bata para ponerse encima. – Quiero que se vayan... ya - advirtió. – O me iré yo.

- No te dejaremos ir sin acompañarnos un trago, aunque sea, maldito mago. – dijo Toro, riendo con malicia. – Oh, ¡vamos! Te hemos acompañado en todo, sé un buen elfo y danos el gusto de festejar con nosotros que estamos de nuevo en el mismo bando, que queremos salvar el maldito mundo y de que nos tienes a tu lado.

- No hay nada que festejar. – sentenció Solas.

- La viiidaaaa tenemos que festejaaarrr... - rio Mae y extendió sus brazos, boca arriba sobre la cama y sacudió sus piernas. Su túnica de maga tevinterana se elevó sobre sus piernas, dejando al descubierto la piel de sus muslos y unas botas divinas, Solas revoleó la mirada.

- Hemos traído esto... - Varric sacudió la botella frente a él. – Athil nos ha dicho que es tu favorito. – Solas pareció algo sorprendido. – Dinos, por favor, que la elfa hija de puta no nos ha mentido.

- De hecho, no, hijo de la piedra. – respondió Solas y se acercó, tomando la botella. – En efecto, es mi favorito. – inspeccionó la bebida con mucha atención, lo cual me sorprendió. – Además, la última vez que bebí hidromiel extraído de adahlen de cerezo había sido en Elvhenan... - murmuró.

- ¿A qué esperas? – invitó Toro y le dio la copa bellísima que habían traído para él. Solas dejó sus ojos sobre el alcohol, supuse que pensando si era lo correcto o no. Yo creía que no había existido mejor momento. Aquella noche, él no quería entrar al Más Allá por nada del mundo... y el alcohol, justamente, lo dificultaba.

Solas subió a su enorme cama con baldaquín y se acomodó al lado de Varric y mío. – De acuerdo... - dijo. – Me vendría bien perder la cabeza... - Toro, Varric y Mae vitorearon con alegría y yo pensé que, con todo lo que le esperaba por la mañana, no era la mejor idea. Pero claro, no me atreví a decirlo. Por una vez en su vida, merecía olvidarse de todas las culpas con las que cargaba... y de ella...

Al final quedamos así: Solas en el extremo izquierdo de la cama, Mae a su lado, totalmente extendida y boca arriba, a su lado, Varric y yo, sentados con las piernas cruzadas arriba de la cama y finalmente, Toro, recostado sobre la pared.

Toro le sirvió y levantó la botella. – Bien... brindemos por Nessara, - me miró y levantó la botella y luego miró a Solas – y Arel, por supuesto... - la mirada de Solas se entristeció. Otras muertes en su camino. Varric levantó la botella y yo la copa que ellos me habían traído. Mae levantó sus manos y dijo: "fffor lossj saaacrriiffficios... Je al fffinal de esta histoooria, zoodos habrrremooos realizaaadooo" ... Los cuatro bebimos, Mae apoyó sus manos sobre los muslos de Solas y Varric y los acarició.

- ¡Por la Victoria de la Rebelión! – dije. – Que la alcanzaremos en Thedas... aunque hayas esperado que fuera de otro modo, Solas... - los cuatro volvimos a beber.

- Por el pescador que nunca se dio por vencido. – dijo Varric y miró a Solas. – A pesar de la soledad, siguió adelante. Porque eso es la vida... Seguir adelante... y soportar... - Solas no dijo nada, otra vez, solo bebió en silencio.

- Por lossj que nnno eshhtán... - dijo Mae. – For Dorian, donnndheee quiieeeerra je esté... y je esté a zalvooo, saaano y fuerthjeee. Hermmmoso yyyy alocaaaado, jomo esss nuestrroooo tevinnnnteraanooo. – Volvimos a beber los cuatro.

Solas suspiró y no dijo nada. Los cuatro lo miramos, esperando algunas palabras. – No diré nada. – dijo. – Pero brindemos... una vez más... porque podemos hacerlo... - en sus ojos había un gran peso, uno que yo no podía interpretar a pesar de haber sido la Inquisidora... Solas había vivido mucho más que todos nosotros y había sacrificado todo... y en aquella mirada celeste se veía la carga que sostenía, año tras año.

- No me negaré a ello. – bromeó Toro y bebimos otra vez los cuatro que teníamos alcohol en nuestras manos. Varric recargó la copa de Solas, Toro la mía.

- ¡Juguemos algo! – propuso Varric. – Verdad o consecuencia. Empiezo yo, elijo a uno de ustedes, que tienen que...

- Conocemos el juego, Varric. – se quejó Toro. – Empiezo yo. Elijo a Elen... ¿verdad o consecuencia?

- Yo no sé jugar. Eso no jugamos los elfos. – me quejé.

- ¿Cómo se divierten? – molestó Varric.

- Aprenderás, es fácil. – dijo Toro. – Elige "verdad", te haré una pregunta y tendrás que decir la verdad y solo la verdad, si no beberás. Si dices la verdad, bebo yo. O, "consecuencia" y yo te diré que hagas algo. Si no quieres hacerlo, te tendrás que sacar una prenda y beberás. Si haces lo solicitado, bebo yo. – Solas sonrió.

- De acuerdo.

- Yo no pienso sacarme nada. – advirtió Fen'Harel.

- Entonces tendrás que decir la verdad o hacer lo que propongamos. – dijo Varric. – Bien, Estrellita. Elige.

- Eh, ¿verdad?

- De acuerdo... - dijo Toro. - ¿Es verdad que te has besado con Dorian? – Mae rompió en carcajadas.

- ¿¡Quueeé!? – dijo riendo. - Pero pennsé je Dojriiian solo essstaba inteeerrresssado por un buen trozo de... peeeneee. – todos reímos, Solas sólo sonrió.

- No sé de dónde has sacado eso. Pero no. – dije riendo. – Dorian y yo nunca nos hemos besado. No que no haya querido, pero ¡él no está interesado! - reímos todos.

- Argh, pero te hubiera encantado ¡lo sabía! – rio Toro. Yo reí también.

- Pues eso sí que sí. – dije, divertida. Solas volvió a sonreír.

- Te toca beber, Toro. – dijo Varric. – Ella respondió. – Toro bebió. - ¿Y de dónde sacaste eso?

- Era una sospecha mía. – confesó el Qunari. – Ya sabes... Con Dorian hemos hablado de la posibilidad de hacer un trío y queríamos incluirla. – rompimos en carcajadas, Solas solo levantó una ceja y no dijo nada. – Oh, lo siento Solas... tengo mucho alcohol encima y ya digo muchas verdades. – se disculpó Toro riendo. – Y tú no estás invitado porque Dorian te detesta.

- Ni hubiera aceptado... - respondió Solas. – Bueno, supongo que es tu turno, Elentari.

- Sí... - dije y pensé a quién quería preguntar algo... - Solas... - él me miró, mis compañeros reían... al parecer habían estado bebiendo desde la cena... - Elige, verdad o consecuencia.

- Consecuencia. – me sonrió con maldad. Claro, jamás elegiría verdad. Sabía que había muchas cosas que yo quería saber y muchas que él no quería compartir. "Uhhhh", escuché que gritaron los otros tres. Yo sonreí, también con maldad. Bueno, si él quería jugar. Yo también jugaría...

- Tienes que darle un beso a Toro. En los labios, por supuesto. – Solas rompió en carcajadas.

- Pues yo acepto. – dijo Toro y dejó la almohada sobre la que estaba recostado, mirando al elfo.

- No sucederá.

- Tendrás que quitarte una prenda... - amenazó Varric. – Y tomar, por supuesto. – Yo reí, alegre. Solas resopló y se quitó la bata y la tiró al suelo. – Oye, eso es trampa.

- Eso es una prenda, hijo de la piedra. – respondió y bebió de su copa. Varric la rellenó. – Bien, elijo a Maevaris... ¿Verdad o consecuencia? – Mae lo miró, desplomada y boca arriba.

- Emmm... ¿verdad?

- Sí, claro. Porque si eligiera consecuencia no podría hacer nada... ni siquiera puede pararse. – bromeó Toro.

- ¿Qué noticias tienes sobre Francesca de la casa Invidus? – yo lo miré con total sorpresa, no me había esperado que él aprovechara la ocasión para seguir recolectando información y mucho menos de nuestros compañeros. Es decir, Maevaris había estado con Solas durante todo este tiempo, incluso en el interior del Templo de Ghilan'nain, pero él había esperado a que estuviera borracha, con las defensas completamente bajas para preguntar algo que, seguramente, había querido preguntarle hacía mucho tiempo y no lo había hecho. Otra vez, Solas me había sorprendido, pero no con admiración, sino preocupación, ¿realmente era despiadado y frío como parecía? Y volví a hacerme una pregunta que me había hecho ya miles de veces: ¿Quién era Solas? Realmente... el verdadero, ¿quién era?

Mae rio sobre la cama y dijo algo sorprendida por la pregunta. – Jon el Effpecdrro Affzul, booor supuesstthooo. – Solas sonrió. Varric y Toro lo miraron, yo no le quitaba los ojos de encima. Solas nos miró y bebió un trago del hidromiel, pues Mae había respondido. La sonrisa sobre sus labios no se borraba. Había obtenido una respuesta que había estado buscando hacía bastante tiempo.

- Oye, ¡eso es trampa, Risitas! No le hagas preguntas que no te respondería sobria.

- No he hecho trampa. – se defendió. – He hecho una pregunta... Tu turno, Mae...

- Eehhh... ¿Qué sabes de Carastes? – Solas sonrió.

- En primer lugar, no has elegido a nadie, Mae. – le advirtió. – En segundo, a quien elijas, debes darle la oportunidad de elegir entre "verdad" o "consecuencia", y en tercer lugar... ¿Me lo has preguntado a mí?

- Pueeezz cljaaarooooo... - respondió a la maga.

- Bien, en ese caso, elijo "verdad". Y te respondo: sé muchas cosas acerca de Carastes. Ahí tienes tu respuesta. – se burló Solas. – No has sido específica, pues mi respuesta tampoco lo ha sido. Bebe... - rio triunfante. Y nadie podía quejarse, no estaba rompiendo ninguna regla, ¡se estaba aprovechando de éstas!

- Eh, nop. – dijo Toro. – No le daremos más alcohol a Mae. Elije, Solas... Tú sigues.

- Bien... - dijo él, completamente a gusto dominando la partida mientras dominaba el escenario. – Te elijo a ti, Toro de Hierro. – Toro lo miró y ambos se sonrieron. - ¿Verdad o consecuencia?

- Oh, contigo y tus preguntillas insolentes, consecuencia... por supuesto. – el elfo revoleó su mirada y me pregunté qué pregunta habría tenido en mente para Toro.

- Bien... Vete de mi habitación con el resto y déjame dormir. – sonrió, Toro rio a carcajadas. Tomó su pantalón, se lo quitó, quedando solo en ropa interior y bebió. Yo lo miré sorprendida, no me esperaba que hiciera aquello. Y debía decir que, Toro tenía un cuerpo eenooorrmeeeee. En todos sus sitios... realmente enormes. Sus músculos eran gigantes, su piel grisácea y con tatuajes parecía convertirlo en un ariete y su miembro... bueno... era enorme también. Además, pude ver que no tenía vellos... era pura piel y músculos, nada más.

- Eh, deja de mirarlo así, Estrellita... - bromeó Varric, yo me sonrojé y solo en ese instante me di cuenta de que lo había inspeccionado completamente. Toro rio a carcajadas y dijo:

- Ya sabes, si Solas no tiene problemas, estás invitada al trío, Elen... ¡Ey, Solas! ¿Te opones?

- ¡Qué vaaaj! Todooos shomoosss lijbres, ¿no, Soolaassss? – molestó Maevaris desde su sitio.

- Es como dice Maevaris. – dijo él, pero me miró. – Sin embargo...

- Eh, eh, eh. – intervino Toro. – "Libertad", caminante de los sueños... Bien, mi turno. Te elijo a ti, Solas.

- Un placer.

- ¿Verdad o consecuencia, caminante de los sueños? – Solas le sonrió, todos sabíamos que no elegiría "verdad", pero si elegía "consecuencia" ... le quedaba solo su pantalón y yo sabía que Solas no iba a estar interesado en quedar en ropa interior... Aunque quizás, en el afán de no responder algo que no quería... finalmente optaría por "consecuencia".

- Verdad, Toro de Hierro. – respondió con una sonrisa, para sorpresa de todos. Y entonces comprendí: yo sabía lo suficiente acerca de él como ser una amenaza con cualquiera de mis preguntas, sin embargo, para Solas, Toro no representaba amenaza y seguramente, él estaba seguro de que Toro preguntaría "¿quién era Francesca?" o "¿quién era el Espectro Azul?".

- ¿El Espectro Azul es agente de Fen'Harel? – Solas y Toro se miraron con complicidad ¡¡Toro sabía quién era el Espectro Azul!!

- Vaya, vaya... - dijo Solas, sonriendo, conforme con la inteligencia de nuestro Qunari. – Veo que, a pesar de ser un salvaje Tal-vashoth, has mantenido contacto con algunos de tus antiguos camaradas... ¿Cómo, si no, sabrías sobre el Espectro Azul? – respondió, luego suspiró y respondió: - No. Aunque me hubiera encantado tenerlo entre mis filas... Pero sabes... es muy reacio a responder a las órdenes de alguien... Aún a las órdenes de Fen'Harel. – Toro y Solas se sonrieron. – Bebe, Toro de Hierro.

- Oh, vaya. – Toro nos miró a Varric y a mí. – Jugar con Solas es entretenido, el maldito hijo de puta me hace recordar a mis épocas de espía qunari.

- ¡Porque te está espiando! – afirmó Varric. Yo ya no sonreía... Solas era realmente un gélido jugador. Toro bebió.

- Varric... - dijo Solas, que era su turno (nuevamente) y le sonrió. - ¿Verdad o consecuencias?

- ¿A mí, Risitas? – respondió el enano, que estaba algo alcoholizado. – Sé que debería decir consecuencia, porque me preguntarás algo importante y yo estoy un poco borracho, pero ¡mierda! Quiero saber cuáles son tus intereses en mí. – Solas sonrió.

- "Verdad", será entonces, maestro Tethras. – dijo y levantó su copa y chocó suavemente contra la botella del enano, en un brindis maquiavélico. – Bien, hijo de la piedra ¿Qué descubrió Alistair cuando, junto a ti, fue a la isla de Seheron? – Varric silbó a su lado.

- No me veía venir eso, ¿y cómo sabes de esa aventura?

- Responde. – pidió Solas y en su voz no hubo cariño. Varric y él se dedicaron una mirada y, finalmente, el enano cedió.

- Te va a doler lo que diré... - Solas esperó, impaciente. – Pero encontramos el Magrallen... - los ojos de Solas se abrieron con gran sorpresa. – Potenciado a través de magia de sangre... Tenía al rey Maric en él y le otorgaba vida. Alistair no pudo tolerar ver el sufrimiento de su padre, así que lo destrozó.

- ¿¡Qué!? – preguntó molesto Solas. - ¿Lo destrozó?

- Así es... Lo destrozó y liberó a su padre, para que pudiera descansar de esta vida, finalmente...

- ¿De qué hablan? – preguntó Toro, Mae se había dormido, Solas y Varric no se sacaban los ojos de encima y yo no entendía nada.

- Sí, ¿de qué hablan? ¿Y por qué otra vez encontramos vestigios de Arlathan en Seheron?

Toro gateó al lado de Solas y le puso la botella en los labios, él se lo quiso sacar, pero el Qunari empezó a reír a carcajadas y acabó por caer encima de él (caer al suelo, con Toro encima), el alcohol de lleno se volcó sobre Solas y Varric y yo rompimos en risotadas. – Yaa estás aburriendo... - dijo Toro, tirándolo el alcohol en la boca. – Hemos venido a divertirnos, no a recolectar información. – jugaba, pero el rostro de Solas no hablaba de juego, así que cuando vi que puso su mano sobre sus sienes, supe lo que vendría a continuación: una explosión mental que desestabilizó a Toro, golpeándose la cabeza sobre la cama de Solas.

Solas se puso en pie molesto, bañado en alcohol. – Oh, lo siento. Toro se ha pasado... - dijo Varric, riendo. – Pero tienes que aguantarnos, somos tus camaradas... venimos incluidos con el paquete. – me señaló. La seriedad en el semblante de Solas no se iba y Toro, lejos de molestarse, no podía parar de reír en el suelo.

- Recordaba que habían sido mejores perdedores en Feudo Celestial. – se quejó Solas, limpiando el alcohol que recorría la piel de su torso, con marcado disgusto. – Bien. No más "verdad" o "consecuencia", entonces... - él extendió su mano y Varric le pasó la botella que Athil le había recomendado. Solas bebió varios tragos seguidos, desde el pico y los tres que quedábamos despiertos nos sorprendimos...

- Vaya, lobo... nunca te vi tan imprudente... - bromeó Toro y se puso de pie, volviendo a su sitio en la cama. Solas dejó de beber, hizo una mueca de desagrado cuando el alcohol quemó su garganta y le pasó la botella a Varric.

- Habíamos dicho "perder la cabeza", ¿no? – asentimos riendo los tres. – Bueno, yo lo necesito. – nos respondió, se giró y caminó hacia unos enormes ventanales (pero después supimos que era puertas). Los empujó y se expuso el bellísimo balcón que tenía en su alcoba. La brisa del incipiente amanecer nos rodeó y él salió fuera. Toro, Varric y yo nos miramos sin saber qué demonios acababa de suceder... ¿Algo de lo que había descubierto? ¿Qué era lo que pasaba por la mente de Solas?

Nos pusimos en pie los tres y salimos allí, para acompañarlo. Lo encontramos con sus manos apoyadas sobre la balaustrada y con la cabeza gacha, pensando en algo. Toro lo rodeó con su gran brazo por el lado derecho, yo tomé su brazo izquierdo y me recosté y Varric se puso a mi lado, dando un largo sorbo a la bebida... Solas dejó que la brisa nos inundara y sus ojos se perdieron en el horizonte. Sin embargo, el simple hecho de que nos permitiera que lo acompañáramos en su silencio... Era más de lo que nos había dado en todos estos años.