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La eterna primavera

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3

 

 

Ahuyentemos el tiempo, amor,

que ya no exista;

esos minutos largos que desfilan pesados

cuando no estás conmigo

y estás en todas partes

sin estar, pero estando.

Me dueles en el cuerpo,

me acaricias el pelo

y no estás

y estás cerca,

te siento levantarte

desde el aire llenarme

pero estoy solo, amor,

y este estarte viendo

sin que estés,

me hace sentirme a veces

como un león herido,

me retuerzo

doy vueltas

te busco

y no estás

y estás

allí

tan cerca.

 

OoO

 

Youji, me prometiste que ahuyentaríamos el tiempo. Que nuestra primavera sería eterna, que haríamos el amor por siempre. Para siempre. Juntos.

Pero no es posible. La muerte llega de una forma tan simple, tan cotidiana.

El tiempo no puede ahuyentarse, pero...

 

Kyosuke, basta. Sabes que estoy aquí. Mi cuerpo ya no existe, pero yo sigo aquí. Puedes sentirme en el viento y verme en el sol de primavera. Yo renazco en cada flor que florece en la estación y me encuentro siempre junto a ti.

 

Pero... Ahuyentemos el tiempo, amor.

 

Luego. Ahora debes tomar un avión, ¿no? Debes ir a esa audición. Una película en Hollywood. ¿No dijiste que ibas por el Oscar? Yo me quedaré aquí. Te esperaré en esta habitación, hasta que descubra cómo seguirte más allá de ella. Ahora, por favor, ve. Los dioses te favorecerán, yo lo sé.

 

Youji…
Youji...
Youji...

 

Ahuyentemos el tiempo un poco más, en esta habitación que es ahora el santuario de la eterna primavera.

 


 

Nota final:  El poema “Ahuyentemos el tiempo, amor…” es de Gioconda Belli. Yo lo he modificado para que sea de un hablante lírico masculino y para quitarle el voseo característico de Centroamérica.