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The most beautiful moment in life

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El paisaje escabroso lleno de niebla y motas de nieve cristalina brillan de tonos grises opacos bailando frente a mis pestañas, el lugar profesaba peligro, como todos mis sueños o mejor dicho pesadillas, miré por encima del árbol en el que estaba postrada. Las ramas del mismo contenían hojas otoñales muertas, había viento en todo el lugar pero las hojas no hacían el mínimo movimiento y ni hablar de las ramas flojas que solo me observaban en cada pequeña respiración que hacía. Intenté moverme desesperada, sin embargo mi cuerpo no respondía a mis órdenes. Lancé entre suspiros lastimeros insultos a la nada misma, moviendo inútilmente una y otra vez las articulaciones pequeñas de las manos y los pies, un sollozo de alguien me estremeció todo el cuerpo. Quedé atónita por medio segundo. Quise gritar pero mis labios estaban entumecidos, como si estuviera dormida pero lo suficientemente consciente que estaba despierta. Otro llanto se escuchó, esta vez a unos centímetros de mis hombros. En estos momentos pensé en mi stand, por qué no se manifestaba, tanto proclamó protegerme hasta el fin de mis días luego de embarcarme en una lucha infinita de hace unos meses atrás. Farfullé llorando aunque no logré hacerlo, qué demonios pasaba. De un momento a otro olvidé dónde estaba y qué estaba haciendo. Todo me estaba asustando hasta que escucho una voz familiar susurrando "nos volveremos a ver" y un estrepitoso golpe me levantó de la mesa en donde dormía.

—Otra vez durmiendo en la mesa... —miró el hombre de cabellera rubia indignado por la saliva esparcida en el mueble.

Le respondí observándolo confundida. ¿Otra vez lo soñé? Giré mi cabeza hacia abajo y la vergüenza me inundó al ver que mi saliva estaba entre mis brazos y la mesa. Le devolví una mirada de arrepentimiento mientras veía al rubio buscar un trapo entre los estantes de limpieza. En cuanto intenté retornar a mis interrogantes sentí que algo se estrelló en mi cabeza. Mientras sujetaba el paño que fue arrojado susurré un "Lo siento" audible y comencé a limpiar las gotas de saliva desparramadas en la mesa.

—Que sea tu última vez durmiendo así —dijo clavándome los ojos encima.

—Realmente lo siento, Prosciutto —suspiré derrotada al cabo que trapeaba en círculos el mueble. Una risa familiar me sacó de la concentración, miré de reojo y un hombre rapado lanzaba burlas hacia mí. — Formaggio, pedazo de idiota ¿por qué no me despertaste?

El bastardo se echó a reír el doble por mi elección de palabras. Generalmente en público no las decía por respeto pero en estas situaciones las ameritaba, mis ojos lo miraban con furia.

—Amore, te veías tan tierna durmiendo y babeando... —me señaló sarcásticamente mientras acariciaba mi cabello.
Como si su mano me quemara aparté su brazo rápidamente con un empujón agresivo. Odiaba que me toquen, la última cosa que despreciaba en el mundo era el contacto físico.

— ¡No me toques! ¡No me toques! ¡No me toques! —le repetí con cada fibra de odio en todo mí ser. Pensé que esa reacción lo espantaría pero en cambio siguió riendo. Menudo imbécil.

Tenía ideado lanzarle un puñetazo en la cara, y en ello sentí la mirada amenazadora de Prosciutto detrás de mí. Como si fuera un robot automático me callé y proseguí con mi deber de limpiar los últimos pequeños rastros de saliva.

—Sí quieres trabajar con nosotros aprende a manejar esa ira aquí.

— ¿Y por qué a Ghiaccio no le dices nada? —le cuestioné molesta.

—Ghiaccio a diferencia de ti... no va a enterrarle navajas a alguien que apenas le tocó el brazo. —Antes que lo enfrentara para responderle, él me silenció subiendo el tono de su voz — ¡Recuerda el desastre que hiciste en el metro hace unos días! ¡Maldita sea! ¡Solo te dejé 5 minutos sola y ya estabas golpeando a un anciano, y lo peor que sí no regresaba a tiempo lo ibas a matar!
No dije nada, discerní cómo se masajeaba el puente de la nariz recordando mi accidente de hace un par de días. La verdad fue que no me sentía bien estando en un lugar muy amplio y lleno de personas, se lo había dicho a Risotto desde un principio, ya que todavía no sabía desenvolverme dentro de un bullicio social. Podía adaptarme pero estar sofocada de gente me ahogaba, sucedió que un leve codazo de un señor de la tercera edad me alertara, por consiguiente respondí dándole un empujón, el pobre hombre no entendía lo que sucedía ya que en ello el metro se sacudió impulsando al anciano hacia mi cuerpo tras la sacudida. Obviamente no pensé del todo bien y lo siguiente fue historia para aquel desdichado viejo.

—Está bien, ¿cuántas veces tengo que disculparme por eso? —Le reproché disminuyendo mi voz agresiva, alejé mi mano del trapo terminando de limpiar y bajé la mirada angustiada.

—Ya, no pensé que te pondrías así, mi culpa —interrumpe Formaggio apaciguando la tensión en la sala. Me sentí peor tras escuchar eso, mi problema radicaba que hasta los toques más inocentes me espantaban, lo trabajaba e intentaba mentalizarme que podía cambiarlo. De un instante a otro recordé los golpes que le dejé al anciano y regresé a mi asiento reflexionando mi estupidez. Prosciutto tuvo una enorme paciencia para no matarme ese miserable día, se lo debía todo, casi fallo en la misión y me expuse torpemente por un error tan mediocre.

Suspiré derrotada y lancé una disculpa en dirección al hombre de cabello corto.

—Tiene razón, de verdad lo siento. Lo estoy trabajando mucho en serio y es muy difícil para alguien como yo tratar de cambiar luego de estar literalmente años aislada de la sociedad —Prosciutto torció disgustado sus manos sacando entre sus bolsillos un paquete de cigarrillo— Y no es que me estoy justificando o victimizando de mi situación… es solo que…

—No digas más, entendí. Ya hablamos de esto y no hace falta que me lo repitas. —Deslizó un cigarrillo, encendió el fuego y pude ver sus expresiones estoicas ante mencionar mi pasado. Inhaló y expiró serpenteando un hilo de humo por toda la sala— Solo ten en cuenta que no estás aquí para mejorar mentalmente, te metiste en el lugar mucho menos indicado.

Formaggio notó que el ambiente iba decayéndose más en cuanto vio que mis manos comenzaron a temblar, estaba por soltar algo pero decidí interrumpirle.

—Supongo que no tenía opción, literalmente soy una bebé en pañales aquí. —Capté la atención de Prosciutto tras decir esto, un ligero brillo en sus ojos celestes me hizo sonrojar— No cambia el hecho que le debo mucho a Risotto.
El rubio suelta una carcajada y vuelve al cigarrillo.

—Eres una bastarda con suerte, él y yo te estábamos por sacar hasta la última gota de sangre pero si no hubiera aparecido ese loco a partirte la cara esa noche, ya no estarías aquí, cara —el humo espesaba conforme hablaba y seguía riendo— No niego que cuando sacaste tu stand Risotto pensó en reclutarte a nuestro quipo, incluso yo que, en aquel entonces rechazaba la idea de tenerte aquí, quería que te unieras.

Mis mejillas se tornaban rojizas al escuchar cada palabra que salió de la boca de Prosciutto. Jamás imaginé que diría eso de mí, ni por asomo darme esa idea. Es estúpido, después de todo solo pasó medio año que me uní a la Squadra di Esecuzione y me costaba adquirir todos los conocimientos y entrenamiento para estar al nivel de cada miembro. En cierta parte tenía razón, el primer encuentro con Risotto fue mi lecho de muerte. Tragué con dificultad recordando cómo unos alfileres enterrados en mis tobillos salían de a miles, el dolor punzante y la carnicería de aquel día me recorrió un escalofrío por toda la espalda.

La puerta se abrió interrumpiendo los recuerdos y la conversación. En la sala entró Risotto acompañado de Illuso, Sorbet y Gelato. Busque con la mirada a Ghiaccio y Melone, no obstante, estaban ausentes. Me extrañó, ya que la misión de ayer pudieron completarla antes de lo que pensé.

— ¿Eh? ¿Por qué tan tensos? —Rompió Illuso regalándome una sonrisa ladina.

Hice un gesto exhausto con los brazos mientras me acurrucaba hacia el extremo del sofá para darle más espacio a los recién llegados. El entrenamiento con Formaggio me dejó cansada y repiquetear con el mismo pensamiento que por pequeñas cosas exploto me hace sentir más inservible.

—Nada, problemas de sueño y saliva nada fuera de lo normal. —Respondió Formaggio sonriendo de lado.

Oculté mi rostro colocándome la capucha de mi abrigo. Jodido idiota, mi stand te perseguirá lo prometo.

— ¿AH? ¿Otra vez, bella? —Se burló el hombre con coletas. Por poco logré ver que una mano casi se desliza alrededor de mi hombro, y de la nada recapacitó su acción por lo que Illuso retiró rápido su brazo ante el toque de mi hombro. Sonreí, Illuso fue uno de los pocos miembros coquetos que recibió una sorpresa tras darme una “bienvenida” llevándome al mundo de los espejos.

Sorbet y Gelato luego de tomar asiento en la esquina y tras ver la acción de Illuso se echaron a reír.

—En fin —Solté tratando de alivianar el día de mierda que estaba teniendo— Illuso, tuve ese sueño de nuevo. Yo…

Sentí que una enorme sombra tomaba asiento a mi derecha, tragué con dificultad mis palabras. Había olvidado que en secreto o -casi secreto- contaba mis sueños a Illuso para poder sacar conclusiones de futuras premoniciones o alertas, generalmente cuando charlábamos solían encontrarse presente Formaggio o Ghiaccio como máximo pero a ellos no solían importarle las charlas relacionada de esa temática. De todos los miembros los que menos debían saber del tema eran Risotto y Prosciutto. Maldita sea, necesito improvisar, ya que todos mis sentidos señalaban que Risotto me estaba observando al pronunciar esas palabras.

Podía notar cierta incomodidad en el rostro de Illuso aunque estaba disimulando perfectamente.

— ¿Qué exactamente? —Insistió él fingiendo curiosidad, animándome a continuar.

No solo los ojos de Risotto se clavaban en mí, unos irises celestes me analizaban en cada movimiento. Joder, sí no decía algo posiblemente me interrogarían más adelante. Mordí mi labio inferior y lancé una risa sarcástica.

—Es de aquel día en donde me arrastraste a los espejos. —Murmuré riendo todavía por la expresión que puso esa mañana de verano cuando lo sacudí a golpes, obviamente él sabía defenderse pero nunca esperó esa reacción por parte de mí. Escuché un bufido de enfado proveniente de él y me ahogué en carcajadas a la ligera mención de ese recuerdo. — ¿En serio qué esperabas? Acaso piensas que a las mujeres les gusta que las lleves así de la nada usando tu stand, ugh.

Illuso revolvió mi cabello con rudeza, solté un gruñido cuando sus ásperas manos agitaban mi cabeza, se estaba arriesgando mucho aunque lo hizo a su favor, casi todos estaban aquí y con nuestro jefe a mi lado no tenía muchas opciones que comportarme por más que odiase el contacto físico.

—Sabes que no puedes hablar mucho de eso, cara. Yo en tu lugar mantendría la boca cerrada antes que te de un ataque de ira… —una cuarta voz se agregó a mi lado. Callé un ligero grito de sorpresa al toparme con Melone a mi izquierda. Fruncí el ceño entrecerrando mis ojos a su dirección.

—Odio que hagas eso —bufé molesta.

Melone me dedicó una sonrisa triunfal entre dientes, al parecer su objetivo era asustarme. Examinando la decisión que tomé, me sorprendo de mí misma, mi paciencia era nada a comparación de antes de unirme al escuadrón, y ahora tenía que acostumbrarme a convivir con nueve hombres a mi alrededor. Vaya ironía, sonreí recordando cómo el tiempo cambia con los años.

Unos pasos ruidosos de tacones llenaron la sala de estar, una novena persona se introdujo a la reunión, no alcé mi vista y lo creía insignificante, sin ojear discerní un vestido largo carmesí que llegaba hasta por debajo de las rodillas. La persona saludó alegremente a cada integrante del grupo, excepto a mí, que de su boca salió un refunfuño.

—No puedes parar de hacer escándalos por unos segundos, Arancini. —Una mujer de mediana estatura que destacaba su atención por su suave y corto cabello pelirrojo tomó asiento al lado de Prosciutto. —Adivinaré… de nuevo con tus pleitos. Deberías comportarte como una verdadera dama, no durarías para una misión de espionaje siquiera con ese temperamento—decía mientras sacaba de su bolsillo un espejo pequeño e inspeccionaba las pestañas enmarcadas.

Mordí mi lengua por más leve que fuera su comentario, ¿de verdad quiere arruinar más mi día? No la odiaba para nada, pero su comportamiento, desde que entre al equipo dejaba mucho que desear. Al contrario, me asombraba que hubiera una sola mujer rodeada de asesinos profesionales, según de lo que me enteré tenía más de un año de antigüedad, recuerdo cuando Illuso me presentó a ella y habló de las misiones connotando lo agresivo que era su stand, no pude dejar de admirarla, no era fuerte en combate pero sí en destrucción. El problema es que ella no paraba de acosarme y delatarme por una futura traición o una espía del gobierno. Lo cual es ridículo, tanto Risotto como Prosciutto sabían de mi pasado y cuan peligrosa era mi situación actual trabajando con Passione.

Parpadeé un microsegundo y decidí ignorar sus provocaciones.

—Ese comentario fue innecesario, Panna —le reprochó Prosciutto amenazadoramente a su lado.

— ¿Por qué? Sí es la verdad.

— ¡Panna! —Vociferó Risotto retumbando con su voz grave autoritaria— No voy a tolerar esa actitud tuya otra vez. Ya lo conversamos ayer.

Un brillo de desprecio en sus orbes verdosos me recorrió completamente. Un pequeño tono rojizo adornaba sus mejillas, podía oír en mis pensamientos resonar todas las maldiciones e insultos hacia mí. Los insistentes pleitos de Panna para hacerme quedar en ridículo frente a todos eran exhaustivos y repetitivos, por ende comenzaron a meterse ambos superiores para frenar su infantil comportamiento.

—Bien, como mierda sea, ya me voy. —Se levantó del sofá acomodándose su chaqueta para salir del lugar. En ello, se detuvo y volvió a la sala a pasos acelerados—Ah se me olvidaba, Ghiaccio está enfermo y quería informártelo, Risotto. En fin, no sé para qué más vine. —Rechinó pisando con más fuerza los tacones aguja.

— ¡Espera! ¡Nadie te está echando! —Saltó Prosciutto del sofá— Vuelve aquí ahora —no obstante, la mujer mayor salió azotando la puerta como respuesta.

Prosciutto cayó rendido a su asiento reteniendo su cólera, generalmente fueron muy pocas las ocasiones que lo hice enfadar como hoy, en su rostro se podía observar que en cualquier minuto reventaría.

—Vaya temperamento —escuchaste decir a Melone, colocándose en el asiento libre que dejó Panna.

Prosciutto puso los ojos en blanco. Bufó elevando una leve cortina de humo de su cigarrillo a casi finalizar. Noté las bolsas que adornaban debajo de sus ojos, iniciaba la mañana y apenas me percaté que unas ojeras decoraban su jovial y delicado rostro.

—Es difícil lidiar con mujeres, o por lo menos siempre me resultó complicado desde mi punto de vista—soltó Sorbet jugando con un fino mechón dorado de Gelato.

Una estruendosa carcajada salida de Formaggio hizo al resto girar sus cabezas, yo por mi parte observaba sin entender qué sucedió.

—Eres una asco teniendo suerte, amore.

—Y eso que comencé mi mañana…—dije enterrando mi cabeza entre mis rodillas.

Escuché el suspiro derrotado del Capo desde encima de mí, la mayoría del tiempo no caía en cuenta de lo alto y enorme que era. Excepto aquella pelea en la que me enfrenté contra él y Prosciutto, a veces me cuestiono lo afortunada –o talvez no– que era al no morir a manos de Metallica. Al divagar más en esos recuerdos, deshago el agarre entre mis piernas y sin percatarme, mis manos rozan el brazo de Risotto. Enmudezco y exclamo un débil “lo siento” y él solo asiente en señal de tranquilizarme.

Sorbet y Gelato charlaban acerca del partido de ayer con Formaggio e Illuso, la atención hacia a mí fue reemplazada por los jugadores, renovando el aura de la sala. En cambio Melone estaba inmerso en un libro de anatomía y fisiología que le presté luego de que me insistiera tanto.

—Arancini, si tienes problemas con Panna no dudes ni un segundo en recurrir a mí o Prosciutto. Después de todo, aquí también pasamos por esa etapa—lo miré un poco avergonzada. No los quería preocupar, además tarde o temprano mi compañera tendrá que aceptarme, opción no hay. No pude sostener la mirada de Risotto por mucho tiempo, sus escleróticas oscuras me miraban fijamente, en ellas veía su iris rojo como la sangre, reflejando mi rostro. Una de las cosas que más me impactó de Risotto fue el trato y la preocupación por cada miembro de su escuadrón, él los estudiaba y analizaba en cada convivencia grupal o solitaria, adivinaba sus manías y personalidades. Mi jefe en efecto es un asesino a sueldo de los mejores profesionales, mejores que el propio y nauseabundo gobierno.

Fruncí mis labios preparando bien mis palabras.
—No quiero molestarlo, Capo y no se preocupe, trataré de mejorar mi situación con ella.
Risotto suavizó su mirada emitiendo una respiración tranquila y agitó leve su cabeza afirmativamente. No supe interpretar su mirada, aún menos su expresión.

— ¡Ahí vas de nuevo con eso! ¡Quítate de la cabeza que eres una molestia! —gruñó Prosciutto desechando el cigarrillo al cenicero. — De ser así, Risotto no hubiera perdido el tiempo contigo.

Una sonrisa se dibujó entre mis labios, intenté ocultarlo hasta que el sonido de mi móvil tiritaba con la pantalla de una llamada y un número que desconocía. Me retiré del sofá apartándome del resto, cuando por fin pude ubicarme en un rincón alejado y privado para conversar, pulsé el botón para contestar la llamada.

— ¿Disculpe, hablo con la Sra. Bianco?

— ¡Oh, sí! Ella habla.

—Lamento interrumpirla en sus horas de trabajo pero me veo obligada a recordarle que la presentación para la feria de su pequeña es hoy—decía, me golpeé mentalmente lo olvidadiza que era. Aunque intentaba rememorar además de las cuentas del alquiler, la luz, las facturas del agua y los alimentos, Yume nunca mencionó acerca de la feria y menos un día específico. Maldije para mis adentros—…lamento muchísimo los horarios de trabajo extras que tenga que tomar pero solo quería avisarle, porque estuve revisando las notificaciones en los cuadernos escolares y el de su hermana no figura ninguna firma de autorización desde aquel fin de semana que acampamos hace como un mes.

Largué un suspiro y masajeando mis sientes contuve mis nervios que estaban por explotar a nada.

—Yo de verdad… no tenía idea—dije—supongo que lo habré olvidado o ella se olvidó, mis horarios son algo complicados y no suelo estar demasiado en casa además de cocinar y cuidarla unas horas.

— ¡Créame que la entiendo mucho! Criar a su hermana menor sin ningún apoyo familiar es muy duro, no intento hacerla sentir mal ni nada por ese lado, solo quería hacer llegar este mensaje a usted Signora Bianco...

—Yo iré, solo… me voy a deshacer de unos papeles e iré directo a la primaria. En serio, no puedo creer que esto se me haya pasado.

—Muy bien, nos alegra mucho oír esto. ¡La veré allí Signora Bianco! —terminó con una voz fingida de gentileza.

Ni siquiera sabía si hoy me asignaron una misión, al menos rescatando un aspecto positivo logré aprovechar y entrenar lo suficiente, no obstante… ¿qué tan mierda debería ser mi día hoy? Me cuestionaba con el ceño fruncido. Deslicé mi andar retornando hacia la sala donde se supone debía estar Risotto, aceleré mis pasos con el pensamiento que ya no estuviera allí. Mis dudas no se disiparon hasta ver su figura alta y su sombrero oscuro tan característico de él, por un corto momento mi cabeza se relajó. Ahora lo siguiente es hablarle. Soy novata aun obviamente, y mantener una conversación sin sentirte tímido frente a Risotto era difícil, sumado a que no es muy frecuente encontrarlo para entablar una conversación al azar en su tiempo libre.

Los ojos oscuros de Risotto aterrizaron en mí cuando ya me planteé frente a él.

—Capo, acerca de la próxima misión… ¿cuándo será? Porque necesito aplazar el entrenamiento de ahora y recuperarlo cuando vuelva, trataré de terminar lo antes posible. —su mirada estoica y fría me penetraba, conociéndolo un poco creo que no querrá retrasos en mi evolución, menos sí la misión es una fecha cercana.

Tardó unos breves minutos antes de hablarme con más seriedad.

—Considerando las opiniones de Prosciutto y Formaggio según tus avances, la misión será en dos días —no pude contener la sorpresa en mis ojos tras escucharlo, ¿en dos días? ¿No es muy rápido?—… y viendo este pequeño inconveniente, podrás ir a cambio de quedarte a dormir aquí. No es que lo estés haciendo mal, al contrario, estas mejorando bastante que Melone y Ghiaccio, solo necesito que te acoples lo más rápido posible, puesto que cada misión varía y ésta es especial para que comiences a tener más noción utilizando tu stand.

Mis dientes se enterraron en mis labios, callándome antes de decir algo incoherente a Risotto.

— ¿Alguna duda? —me interrogó, tal parece que notó mi disgusto.

Agité negativamente mi cabeza ante su pregunta. Ahora tendría que pensar con quién dejar a Yume mientras estoy aquí. No quería negarle nada a Risotto, hizo tanto por mí que sería inaudito reprocharle después de darme la mano para salir adelante con mi vida.

— ¡Gracias! Lo recompensaré con el entrenamiento, Capo —articulé con un gesto de agradecimiento.

—Puedes irte, te veré más tarde. —finalizó él sin quitar mi rostro, su mirada me incomodó un poco, casi al salir respondí con un “adiós” en voz alta para despedirme del resto que permanecían sentados en la sala siguiendo con lo suyo.

Mi siguiente preocupación ahora es Yume.

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Mis piernas no paraban de cruzar las avenidas y amplias diagonales llenos de semáforos donde numerosos carros y motocicletas vociferaban en estallidos bocinazos y estruendos de humo inundando mis pulmones. La escuela primaria quedaba muy lejos de donde me situaba. Pasando por un local de espejos pude distinguir mi reflejo, me detuve y comencé a inspeccionar mi aspecto para la presentación. El jean sostenía mi cintura y la parte superior de los muslos, cayendo sin abrazar las rodillas junto al resto inferior de mis piernas, el corte recto final dejaba a la vista mis tobillos llenos de polvo y césped debido al entrenamiento, traía conmigo unas zapatillas deportivas aún nuevas después de meses de comprarlo. Giré analizando sí la sudadera roja era muy inadecuada para la situación, sentía que no era apropiado para este tipo de evento, miré cada ángulo posible e intente remangar para disimular la vestimenta. Prosciutto y Panna fueron los que consiguieron mi ropa, ella no estaba muy feliz con la idea de pasar una tarde de compras con una novata que apenas sabía de cómo adaptarse a la moda, las primeras semanas fueron visitas intercaladas entre Prosciutto y yo a muchas tiendas, evitando llamar la atención de personas indeseables a la vista de sospechas.

No podía quejarme tampoco, subí más las mangas hasta hacer visible parte de mis antebrazos. A simple vista no se veían las diminutas manchas de tierra pero no haría mucho contacto social allí, solo daría aliento a Yume y faltaría pensar con quién dejarla a cargo. Dado que el dueño del alquiler era conocido por tener un genio podrido y ya en varias ocasiones tuve rivalidades, van cinco encuentros que ha intentado propasarse conmigo y dejarla un día sola me aterraba. Mientras inspeccionaba mi cara en el espejo de la tienda y arreglaba mi cabello atándolo con una cola de caballo, mi vista cayó en una cicatriz de mi cuello y una tristeza profunda me gobernó.
Suspiré apartando mi reflejo del cristal y emprendí mi destino a la escuela. No comprendía por qué mi cabeza recapitulaba aquellos días, cómo me enfrenté y sobreviví a casi nada de morir.

.

— ¿Dante? —estreché mi mano ensangrentada y acaricié muy suavemente su delicada mejilla, la cual estaba maltratada y desgarrada. Reprimí un gemido de dolor, no sabía cómo mi tobillo comenzó a sangrar, sin embargo el dolor físico no era lo que más me torturaba sino el estado en el que estaba Dante.

Enterré mi oído en el centro de su pecho, intentando hallar pulsos, sean los más inútiles pero no hubo nada, él murió. Mi visión se nubló, una cascada de lágrimas emergió de mis ojos, mi vista me quemaba y no podía reaccionar que fue asesinado.
— ¡Alcest! —Grité llamándola con furia a pesar del shock emocional. Unas garras puntiagudas y afiladas se materializaron, sosteniendo mi hombro izquierdo con recelo, el enorme cráneo canino y huesudo apareció a mi lado, pegada a mi espalda. — ¡Haz algo, Alcest! ¡Él no puede estar muerto!

Su nítido tronco del cuerpo humanoide, aterrador e imponente temblaba como yo. Mi mente quería creerse la mentira que ella podría sanar a Dante, que volvería a ver sus pardos ojos que se iluminaban alegres a la luz del sol, que me sonreiría a pesar de los malos momentos vividos, me reconfortaría y sobreviviríamos los dos juntos con Yume iniciando una nueva vida fuera de las jaulas del Orfanato.

—Yo… sabes… —murmuraba ella con su voz distorsionada y criptica, tenía una voz de tonalidades mezclada de voces cambiantes, sonaban como hombres y mujeres de todas las edades hasta sí prestabas atención también se asemejaba a los de unos infantes, cualquiera que no estuviera familiarizado conmigo pensaría que la apariencia y voz procedía a un demonio sacado del infierno— Sabes que no puedo hacer eso… —de repente Alcest movió su lánguida cabeza mirando atentamente, no poseía ojos pero en mis primeros encuentros con ella deduje que podía ver a través de sus cóncavos y huecos lugares donde debería residir los mismos— Espera, hay alguien que nos está observando, no es el Doctor Gioia, de eso estoy segura.

No la escuchaba, abracé el cuerpo de Dante, tratando de retener el calor que aún emanaba de su cuerpo. Quizás sí está vivo y pueda salvarlo. Yume está escondida en las cercanías de una cafetería y solo bastaba unas cuadras más para reencontrarnos. Sonreí meciendo y arropando la cabeza de Dante entre mis brazos manchados de sangre.

—Hay que irnos, ¡ahora! —Alcest agitó el cuerpo de Dante tratando de sacarlo de mí— Dante está muerto, ahora concéntrate en Yume —empujé sus huesudas garras de Dante, no quería irme sin él, usó a The Open Door para fugarnos y casi le costó la vida— Somos blanco fácil para él y casi todo el sector de vigilancia nos deben estar buscando…

Gruñí tapando mis oídos cansados, me acurruqué más en la piel ulcerosa y quemada en rojo vivo que sobresalían de él su tejido muscular calcinado.

—Estoy en mi límite —susurraba Alcest pegada a mi columna vertebral, observando cualquier movimiento en falso— Había personas que nos observaban cuando matamos al presidente del...

Mientras protegía fuertemente el rostro que perdía su calidez, sentí que unas punzadas se incrustaban en mi espalda, en cuanto giré mi cabeza Alcest tiritaba inmóvil, cubierta de bisturíes alrededor de sus desnutridos brazos. Traté de levantar a Dante, gemí pensando en qué haría en esta situación y cómo respondería ante esto. Escuché unas pisadas a mi lado, temblando y llorando apoyé su cuerpo contra el mío y analicé cada ángulo posible, sin embargo no visualicé nada a pesar de oír pasos a unos centímetros de mí.

Desde dentro de mí algo no andaba bien, Alcest sacudía sus brazos para sacar los objetos punzantes y a la par me ayudaba a desprender las que tenía en la parte superior de mi espalda. No me percaté que en el trascurso de la noche perdí mucha sangre, puesto que ya no podría cargar a Dante estando en esta situación y mi andar era obsoleto, lo peor es que Yume seguiría esperando a una señal para salir del escondite.

Sumergí mil alternativas para salir rápido de allí, ocultando el cuerpo de Dante o llevarlo conmigo. Nada de esto lo preveía, el shock de verlo tieso sin parpadear, respirar o moverse me generaba más náuseas.

Algo frío y gomoso rodeó mi cuello, su agarre comenzó a presionarme más y más hasta obstruir mi respiración. Jadeé asustada intentando descubrir quién me atacaba, tanteé con mis manos aquella cosa que me sujetaba, unos tentáculos taparon mis ojos y pude oír la respiración cortada de Alcest, al parecer también la estaban estrangulando.

—No sé qué mierda planeabas hacer —reconocí la tonada ambigua de aquella persona, Coltelli. Debía evitar que su poder me inyectara con su droga si no sería mi fin, pese a llegar tan lejos haría lo que fuera con tal de evitar regresar a ese averno —No debiste dar esta pelea por ganada, mia sorellina. Me interesaría mucho oír tu versión de la historia de por qué hiciste esa masacre sin sentido, el problema es que estamos cortos de tiempo—moví mi antebrazo para asestarle golpes entre las costillas, pero lo que conseguí fue una dura patada dirigida a mi espalda, inmovilizándome. Maldije mientras las últimas bocanadas de aire me abandonaban.

—Desde desde que inició nuestro proyecto siempre tuve ese dilema contigo, qué tan diferente somos a pesar de tener poderes similares, aunque es gracioso, te dejaste corromper por Dante —con mis pocas fuerzas pateé su zona abdominal, haciendo que me caiga sobre el suelo. Luego que sus repugnantes tentáculos me soltasen, sus nudillos golpearon mi mejilla hasta derribarme al cemento, escupí pequeñas gotas escarlatas y sus zapatos oscuros me golpeaban en el abdomen, mi cuerpo ya no respondía de todo lo que recibí y el golpe del último me cegó de dolor, dejándome casi a nada de desmayarme— Espero no intestes usar a Alcest, R.E.M te atacará antes que eso ocurra.

Alcest no se había materializado del todo, puesto a que recibí aquella primera patada en mi espina dorsal, ella contrarrestó el dolor suficiente para no caer inconsciente. Ladeé mi cabeza hacia ella e intercambiamos miradas, mis ojos me ardían después de usar casi todo mi poder para matar al grupo de doctores.

« ¿Qué quieres hacer? » —me preguntó ella desde mi mente.

« ¿Hay manera de derrotarlo? » —en cambio veo que me sonríe mostrando los aguzados dientes respondiendo a mi pregunta.
«En caso que R.E.M nos inyecte tenemos un minuto antes de caer en el sueño profundo.»

«No podríamos… evitarlo.»

«Sí es lo que quieres, lo haremos.»

—Deja de ser obvia, ya sé que estas debatiendo con Alcest para evitar a R.E.M —gritaba él caminando hacia mi dirección—Sé tus fallas y ventajas, con esos conocimientos sabré cómo inmovilizarte —fuera de él emergió un ente pequeño, como la altura de un niño, no tenía rostro y su cuerpo adornaba de pequeños tentáculos, en varias de sus extremidades millones de aguijones salía de la punta de cada tentáculo. Por lo que tenía entendido R.E.M no tenía ojos, según Dante, quien robó los documentos del proyecto en los que yo estaba incluida dentro. No obstante, siempre había un desconocimiento a la hora de plasmar por escrito los expedientes, debido a que cada uno de nosotros no quería mostrar el cien por ciento de nuestro poder a esos bastardos controladores.

La noche pasaba lentamente y con ello, las risitas entrecortadas del sujeto hacían eco en cada rincón. El silencio y la oscuridad nos rodeaban el uno del otro, entre la caída del sol y la medianoche siempre fueron una ventaja para Alcest, teniendo esto en cuenta podría contrarrestar sus ataques.

Detallé más mi atención en cada tentáculo que salía mientras R.E.M caminaba, en cuanto pestañé dos de los tentáculos que se extendieron de su pequeño pecho me acorralaron para no escapar. Mandé una señal a Alcest, tensionando los huesos de mi columna para que desapareciera. Volví a toser sangre por la presión ejercida, busqué alguna parte de la extremidad que tuviese visión, antes que acercara cuatro aguijones vislumbré que entre la extraña anatomía de aquel ser, donde debería ser su brazo derecho, el enorme tentáculo ocultaba en la parte posterior un ojo que miraba mis movimientos, en cuanto vio que lo encerraba con mi mirada, el ojo se cerró.

—Ya te diste cuenta de mi pequeña avería, aunque ya es tarde para ti —inclinó su cabeza hacia mi oído, en sus ojos traía consigo lentes especiales de sol. Deslizó su dedo índice desde mi lóbulo, trazando lentamente mi clavícula, luego asestó un segundo puñetazo en mi otra mejilla. Sujetó mi cabello tirándome bruscamente para observarlo— Tu Alcest ya no está… estás débil y tus poderes ya se desvanecieron, mírate ni siquiera puedes abrir bien tus ojos. ¿Unas últimas palabras?

Le regalé una risa y escupí sus lentes.

—Bien, te lo mereces. —Dicho lo siguiente un aguijón seguido del resto me apuntó y antes que llegara a unos pocos milímetros de mi cuello, visualicé materializada Alcest encima de los hombros de Coltelli, R.E.M comenzó a temblar y sus tentáculos se descontrolaron sin dejar caer los aguijones, en las cuencas vacías de ella reflejaba una densa oscuridad, los lentes ya no estaban en el rostro de Coltelli. Mi visión se desgastaba más y la irritabilidad me hizo lagrimear cada vez peor.

— Pensar que el Doctor te prefirió más, y ahora te ves tan patética… —Coltelli estalló en carcajadas mientras R.E.M retiraba los demás aguijones, el pequeño espectro dio unas volteretas a mi alrededor y se unió con su dueño hasta desaparecer.

Cuando los tentáculos se fueron, mi cuerpo colapsó, chocando junto al cadáver de Dante y esta vez no sentía mi espalda, moverme era imposible sin que Alcest estuviera conmigo. Las manos traslúcidas y frívolas me socorrieron, levantándome de a poco para recostarme en la pared más cercana.

— ¿Qué deberíamos hacer con él? —Inquirió ella desapareciendo de mi vista. De un instante a otro sentí que mi columna se reajustaba conectando cada uno los nervios y los huesos se anclaban uno por uno haciéndome tener movilidad.

Con lentitud probé si tenía alguna discapacidad, agité mi cuello y levemente cada extremidad, solo dolía y eso era la respuesta que más deseaba. Mis lesiones eran graves, sumado los golpes de Coltelli.

Coltelli se desvaneció trastabillando contra un basurero, R.E.M desapareció y su cuerpo entró en convulsión. Palpé los moretones que me dejó en el rostro, mordí probando a tientas sí algún diente estaba flojo, aunque no perdí extremidades o dientes durante la pelea, las heridas dolían bastante.

—Solo le daré una cucharada de su propia medicina…

Intente incorporarme y en ello un dolor en una de mis pantorrillas incrementó cada vez más haciéndome caer de nuevo al cemento y pude contemplar horrorizada, que una tijera pequeña desde adentro de mi piel estaba enterrada, como si algo la hubiese colocado debajo. Grité en cuando cortó verticalmente mi piel, saliendo de a montones sangre.

Alcest gritó mientras solté llantos de dolor, su agarre aumentó el doble en mi espalda donde llevaba una extensa cicatriz, bajar la guardia ahora significaría una muerte instantánea.

—Creo saber cuál es tu debilidad —escuché a mi costado.

Alcest gruñó volcando su concentración hacia el lugar donde se oía esa voz. Contuve la respiración al sentir otra vez que algo puntiagudo perforaba la piel de mi espalda, no solo uno sino muchos, caí por completo al lado del cuerpo de Dante, no pude soportar más y derramé más lágrimas. Doblé un poco mi cabeza para ver a Alcest, abrí mis párpados con más sorpresa tras distinguir que cuchillas y enormes clavos estaban enterrados en ella, bajé la mirada hacia el resto de la parte inferior de mi cuerpo y el pavimento se hallaba esparcido de mi propia sangre. Suspiré al borde de caer inconsciente otra vez y con el poco de aliento que me quedaba, arrastré mi brazo y moví mi mano apuñalada de cortes, acariciando la mejilla fría de Dante. Sus pestañas ónix descansaban tan pacíficamente. Mis labios dibujaron una pequeña sonrisa imaginando que las abría.

—Va a ser suficiente con esto —la misma voz de antes apareció encima de mí, no sé cómo ni por qué, de un momento a otro tenía adelante un hombre alto y más atrás de él había otro.

—Te pasaste más de la cuenta —dijo el de atrás.

—Debería haberla matado de haber sabido antes que era usuario de stand —el hombre volteó viendo el cuerpo temblando de Coltelli.

Alcest estaba aún presente, aunque se apoyaba encima de mi cuerpo, opacando cualquier golpe que recibiera mi columna.

— ¿Perché... fare questo? —les miré respirando pesadamente. A estas alturas me costaba abrir los ojos. Lograba verlos solo a través de Alcest.

Una risa burlona reinó entre el callejón, en cuanto enfoqué mejor mi desgastada visión, el hombre de atrás vestido de atuendo elegante completamente blanco y dueño de unos afilados ojos celestes se acercaba más a mi dirección.

— ¿Qué cosas dices?, tú atacaste a los de nuestro equipo. Y mataste muchas personas allí, ragazza stupida.

¿Equipo? ¿Acaso ellos son de una organización? Mierda…

Enmudecí, ya lo recordaba… ellos eran esos hombres que estaban en la puerta principal cuando Dante y yo planeábamos matar al jefe del comité a cargo de nuestro paradero.

—Yo… no intentaba atacarlos a ustedes —gesticulé lo más pronto que pude. El hombre más alto observó con atención cada palabra que salía de mi boca. Sus ojos completamente negros me aterraban lo suficiente para desviar cualquier contacto visual. Ya no podía usar a Alcest, necesitaba de su poder para mantenerme en pie si quería seguir viviendo.

—Entonces a ¿quién?

—No, no puedo decirles —tragué con dificultad, algo en mi interior sabía que esta respuesta los enfadaría más, puesto que mis manos se sintieron pesadas y la poca sensibilidad que tenía, discerní que unas agujas se incrustaban en mis dedos.

—Mi paciencia se agota, niña —dijo el primero, entrecerrando sus ojos con furia— y esta vez no habrá distracciones.
Mis ojos se clavaron en el cadáver de Dante, mi respiración se contrajo y suspiré temblando.

—De todas formas moriré —susurré aun mirando a Dante.

—Cuanto más nos hagas dar vueltas, tus probabilidades de una muerte horrenda son enormes —continuó él con una voz autoritaria.

—Nosotros somos fugitivos del gobierno —comencé, lamentando divulgarlo antes de tiempo— o más bien… somos ratas de laboratorio. La mayoría pierde su identidad cuando son secuestrados, comúnmente los blancos fáciles son los de muy bajos recursos económico… —la atención seguía puesta en mí y logré a duras penas sacar una gran bocanada de aire para proseguir con la explicación— No es nada personal a ustedes, solo que no sé controlar bien mi poder y terminó afectándoles… me disculpo por eso. Nuestro objetivo era asesinar al Jefe del Comité, obviamente no todos nuestros problemas se iban a solucionar pero era de vital importancia darle muerte…

—Tendría sentido por qué había muchos de los informantes de Murolo, Risotto.

Anteriormente me había topado con tres de ellos, solo que el sujeto de cabello blanco nunca creí haberlo visto. No me percaté que ya era muy tarde, el par de sujetos vigilaban cualquier movimiento que viniera de mi o Alcest.

—Risotto, ¿qué haremos con ella? —Preguntó el rubio agachándose, inspeccionando mi estado. ¿Será este mi final?

—Aún le queda algo de hierro en su cuerpo.

« ¿Qué pasará con Yume, la dejarás sola también?» Oía murmurar a Alcest en mi mente.

Oculté mi rostro pegándolo al frío pavimento, mi respiración flaqueaba y mis ojos se volvían a cristalizar de lágrimas. Todo al final, solo quería gozar de ser libre y otorgarle esa felicidad que no tuve a Yume. Pensé entonces, sí ellos eran una organización… tal vez podrían ayudarme, necesito desesperadamente ocultar a Yume, mierda ya no sirvo para pensar coherente la situación.

—Yo… —levanté mi mirada aun llorando hacia el par de asesinos que en cualquier minuto o segundo me darían el golpe final— Ustedes dicen pertenecer a una organización ¿no es cierto?

Ambos fruncieron el ceño y compartieron una mirada cómplice.

—Exactamente, piccolo —contestó el segundo.

Apreté la mano helada de Dante, nerviosa por alguna negativa y no poder salvar a Yume.

—Yo ¿puedo unirme a ustedes?

El rubio río, me miró con sorna creyendo oír una broma de mal gusto.

—Te doy unos treinta minutos para que dejes este mundo, mírate estas jodida, estando en esta condición apenas debes de saber cómo te llamas —entrecerré enfadada mi puño y le dediqué una mirada furiosa.

—Sí me ayudan prometo no ser un estorbo y no me quejaré… yo necesito esto.

El hombre que se llamaba Risotto solo me observaba con mucho detalle.

— ¿Qué estas dispuesta a darnos? —Habló él por fin.

—Risotto, mierda ¡NO! —El rubio gritaba con enfurecimiento— Tener a una fugitiva es la peor cosa que nos puede pasar.

—Técnicamente, yo no existo… —elevé mi voz lo más que pude— no tengo registros, ni nombre, ni edad, la gente no dará conmigo porque nunca estuve en el exterior desde que nací.

El viento comenzó a cambiar de horizonte y el silencio se extendió por un largo momento. Risotto agachó su espalda, colocándose en cuclillas y se aproximó más hacia donde estaba tendida.

—Sigues estando en una posición peligrosa, te persiguen y no pararán hasta dar contigo, aunque nunca vi un stand tan raro y cuyo alcance no es la excepción del resto, me interesa saber qué nos darías a nosotros a cambio de ayudarte —cualquier tonalidad peligrosa y áspera en sus palabras ya no figuraban, ahora usaba una voz más calma sin dejar de ser serio— Sí trabajarás con nosotros debes saber que mi equipo es experto en asesinatos y necesitaras prepararte bien a lo que te enfrentarás todos los días.

El segundo hombre me miraba impaciente y furioso de que ignoraban sus opiniones.

—No estoy segura sí mi respuesta te gustará, en caso que sí, no tengo nada que ofrecer salvo mi lealtad y servicio —tosí sintiendo las costillas rotas y algunas gotas de sangre adornaron en el suelo mientras trataba de proseguir— Incluso sí tengo que matar, lo haré. No necesito ocultar esto, yo… estoy protegiendo a mi media hermana y es lo único que tengo—estreché triste a Dante de su mano— Hasta con el mínimo de dinero que me ofrezcas seré capaz de arreglármelas.

—Alguien que por primera vez sale al mundo y tiene que hacerlo sola sin el mínimo error de que se equivoque, no lo sé —desganó el rubio apático, lo miré con desprecio sin decirle nada.

—Cálmate, Prosciutto —intervino apaciguando la ira de su compañero— ¿Estás segura de esto? Una vez que entres, no hay vuelta atrás.

No dije nada debido al cansancio, hice que Alcest se reincorporara a mi espalda y por último le observé con determinación sus oscuros y rojizos ojos, asintiendo firme en mi decisión.

Prosciutto no dejaba observar disgustado.

Mi cuerpo seguía debilitado, a pesar de todos los golpes y heridas, no sentí nada salvo que algo muy dentro de mi cuerpo me incomodaba, mi espalda y brazos comenzaban a molestarme, noté por el rabillo del ojo que unos ganchos de metal cerraban la herida de mi pantorrilla. Risotto estando arrodillado, me sujetó cuidadosamente con sus enormes manos mis hombros, levantándome y de forma lenta apoyó uno de sus brazos debajo mis piernas para sostenerme. Mis ojos se ponían más llorosos, ardían y la situación empeoraba más tras ver que él me acunaba para examinar mi espalda en busca de fracturas. Mis pupilas divagaron en Dante y mis ojos se nublaron de lágrimas.

—Signore…

—Llámame Risotto —me corrigió, hizo ademán de que continúe.

— ¿Puedo pedirte último favor?

El rubio exhaló una maldición hacia mí.

—De verdad es que te piensas que vivimos estando sin hacer nada…

—Solo pediré esto y nunca más volverás a escuchar esa palabra, lo prometo —juré aun llorando y examinaba con dolor el cuerpo de Dante— ¿Podrías enterrarlo?

En el instante que terminé de formular la pregunta, él me observó apoyando todavía sus cálidas manos en mis hombros. Entonces asintió sin soltar queja alguna, yo enmudecí y aparté sus manos para arrodillarme expresando mi gratitud y susurrar un “grazie”, pero mientras ejecutaba la posición en mis rodillas él me inmovilizó arrastrándome a la posición que estaba anteriormente.

—No lo vuelvas hacer, no quiero que te arrodilles nunca, es una orden —dictaminó molesto como si mi acción lo hubiera ofendido.

.

Un bocinazo estalló cuando caminaba sin rumbo, sacándome de mis recuerdos, como si estuviera soñando despierta sin tener noción de la realidad. No creí que llegaría a este estado de sonambulismo, bueno a decir verdad es un poco exagerado clasificarlo como sonambulismo pero cegarme en un recuerdo ajeno a todo lo que me rodeaba ya es algo alarmante.

— ¡Maledetta stronza, pensi di possedere la città per non rispettare il semáforo! —chillaba un joven y cada palabra fue pronunciada con desprecio. El bramido me resultaba algo familiar y al cabecear al hombre que seguía blasfemando hacia mí, asombrada identifico a la perfección los rizos azules desordenados y el brillo de unos lentes rojos.

—Hola, Ghiaccio —lo saludo sin moverme de su camino.

Él enmudece por unos segundos, luego estrella irritado sus puños contra la palanca de su automóvil. Vuelve a regalarme una de sus características miradas de muerte.

— ¡Eres una idiota, que mierda, casi te atropello! —Escupía con histeria— Es más, ni siquiera te tomas la molestia de ver los putos semáforos… ¿Qué te quedas ahí parada como una lunática? ¡MUEVETE!

Deslicé unos pocos metros mis pies hacia quedar en la diagonal del pavimento donde termina la sector. En ello el semáforo volvió a rojo y Ghiaccio lanzó más maldiciones en voz alta, muchos conductores vecinos lo miraban raro y con desaprobación.

—Como no me quieres ver, adiós —dije despidiéndome para pasar por fin la calle.

— ¡NO! —Volvió a gritar empleando la misma vocalización que cuando me gritó al principio—Vas a traer tu trasero aquí o voy a llamar a Risotto.

—Ja, ya tengo su autorización para irme —le contesté riéndome.

—No lo creo, estúpida —luego que el semáforo volviera a verde volvió a gruñir y me enterró una mirada de ira— ¡SÚBETE AHORA!

—No, tengo asuntos pendientes…

Más bocinas comenzaron a abuchearnos por toda la demora, y podía notar la ira que irradiaba en Ghiaccio. Antes que arremetiera a más gritos, abrí la puerta del asiento del acompañante y la cerré molesta, antes que el semáforo se pusiera rojo de nuevo, Ghiaccio aceleró siguiendo en dirección recta.

— ¿Qué demonios hacías, cazar mariposas en medio de la calle? —Protestó menos ruidoso que al inicio.

—No, aunque suena tentador esa práctica.

— ¡Jodida loca! —Exclama frunciendo más el ceño— Y qué se supone que son esos “asuntos pendientes” de los que dices… Risotto no asigno ninguna misión por ahora.

Apoyo mi cabeza en el asiento ignorando sus maldiciones, delineo con mi dedo índice líneas imaginarias buscando excusas para llegar a la escuela.

— ¡Ghiaccio! ¿Qué hora es? —Una desesperación quemó adentro de mi conciencia que incluso mi nerviosismo lo asombró un poco.

—Apenas las 10:25 —me contesta luego de ver su reloj a mano— ¿A dónde tienes que ir?

—Necesito que me lleves a la escuela primaria que está a unos pasos del Hospital Mental del que Formaggio me hace los mismos chistes cuando lo amenazo.

—Haré una excepción por ahora, no soy el taxista de nadie.

—Ah, y ¿no se supone que estabas enfermo?

—Lo estoy —me responde, tras doblar en una esquina tumultuosa de más autos y frenar con un semáforo, saca sus lentes unos breves segundos para limpiarlos y luego noto que sus ojos estaban más rojizos de lo normal, casi como los míos cuando no duermo lo suficiente.

—Ya veo, ¿conseguiste a un oculista o doctor?

—No es nada preocupante —dice más relajado mientras manejaba— Antes de dejarte allí, quiero creer que no harás nada estúpido.

Lo interrogué furiosa con una mirada irritada. Pensando con honestidad, Ghiaccio, Melone y yo fuimos los más recientes en el equipo. Aunque yo entré primero y por unos días siguieron Ghiaccio y Melone. Me fue más fácil relacionarme con ellos que los más veteranos, sin embargo, Melone tuvo una primera impresión que me dejó descolocada al enterarme de su stand. Incluso en esos días que nos encontrábamos solos en la sala, él aprovechaba para preguntarme cosas íntimas, Alcest me decía que tuviera cuidado y lo ignorara, para lo cual yo respondería que no tenía idea acerca de mis datos personales. Había veces que nos observaba a mí y a Panna con muchas curiosidad, los primeros días no le dirigí palabra alguna salvo los saludos por cortesía pero no pasaban de eso, luego de un par de semanas pude acostumbrarme lo suficiente como para hablar de temas al azar. Por otro lado, Ghiaccio fue más accesible de hablar, a mí no me molestaba su temperamento frágil como el cristal para enfadarse rápido, por lo tanto en un corto tiempo nos llevamos bien.

—Sí tu miedo es que me haga amiga de un vagabundo psicópata planeando abrirme el estómago, no soy tan imbécil —espeté golpeteando el tapiz de la puerta— Estaría interesante saber qué tipo de cuchillo usaría… seguro uno carnicero o una navaja.

— ¡Maldición! No sirves para tranquilizar, veo que Formaggio decía la verdad con mandarte al psiquiátrico, ugh.

—Vamos, si es interesante lo que planteo…

— ¡NO, CÁLLATE!