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Un Cuento de Infidelidad

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Shen Jiu bebió su quinta copa de licor. Odiaba su resistencia al alcohol.

Era buena en la mayoría de los casos, especialmente en su juventud, cuando frecuentaba las cantinas y bares, y muchos buscaban aprovecharse de él en su estado de embriaguez. Su resistencia innata nunca les dio una oportunidad.

Pero en momentos como el actual, donde sólo quería olvidar sus pesares con vino como el resto de las personas, a él no le funcionaba.

Suspiró, agotado del esfuerzo inútil. Estaba por pagar cuando otro hombre se sentó junto a él en la barra. Lo miro de soslayo, se sorprendió de la gran belleza que poseía.

Piel blanca y cabello oscuro, lo suficiente largo para poder sujetarlo en una coleta. Su cuerpo no era robusto, pero Shen Jiu estaba familiarizado con la forma en que la tela se pegaba a su piel y, oh Dios, el reconocía los músculos ocultos en brazos y pecho.

Sí sólo el cuerpo no era suficiente para atraer varias miradas, aquel par de ojos grisáceos sin duda completarían la tarea. O bien, el lunar bajo la pupila izquierda, que adornaba las facciones finas y daban la sensación de hablar con alguien de la realeza.

Un hombre joven, apuesto, fuerte, elegante, probablemente rico, pero, lo más importante, candente, ¿qué lo traería a pasar una agradable noche de viernes a un bar en solitario?

Qué apuesta tan sencilla.

—¿Mal de amores?

El hombre le dirigió su mirada. Sorpresa y melancolía reflejadas. Touché.

No confesó nada, tampoco negó nada, y, aún mejor, no le pidió no entrometerse. Shen Jiu acepto eso como una aprobación para entablar una conversación.

—No deberías de angustiarte. Eres joven y apuesto, encontrarás a otra persona en seguida. Aunque sí desperdicias tus noches en estos lugares no puedo asegurarlo.

—Mh...

¿Así de mal lo dejo la chica?...

—Vamos. No puedes desanimarte por una relación fallida. Relaciones inician y terminan todos los días. Sólo...

—¿Qué sabes? ¿Qué te importa?

Ahí estaba. Al menos el hombre no estaba en tan mal estado para escuchar las palabras de consuelo de un desconocido.

—No me importa— confesó.

El hombre lo miro con recelo ahora. ¿Qué más daba seguir hablando? En serio que no le importaba.

—Simplemente soy un idiota que vino a ahogar su enojo en una bebida. Verás, no eres el único con mal de amores.

Las facciones en el rostro del hombre se ablandaron. Empatía por un compatriota, otro hombre en su situación. Qué espíritu tan inocente e ingenuo.

—Termine con mi novia...

Ah, ahora quería compartir historias. Muy bien, a él realmente no le molestaba. ¿Quién sabe? Tal vez lo haría sentirse menos desdichado.

—Me engaño con un imbécil... Tal vez con más de uno...

Eso no lo hizo sentirse mejor en absoluto...

¿En serio? ¿Era la nueva moda o algo así?

—Debes creer que soy un imbécil. Muchos me lo advirtieron, pero no les creí. No quise creerles. Aún cuando en mi interior lo sabía, todavía quería confiar en ella. Tuve que verlo con mis propios ojos para dejar de negarmelo.

—Un imbécil, eh... ¿Cuánto tiempo llevaban de relación?

—Un año.

—Vaya, entonces no eres tan imbécil

El comentario despertó la ira del hombre, pudo verlo, así que se apresuró a hablar.

—Yo— se señaló— soy el Rey de los Imbéciles.

La curiosidad pareció ganarle a la ira, tras vacilar un poco, finalmente preguntó.

—¿Por qué?

—Desperdicie cinco buenos años de mi vida en una relación tóxica. ¿Con cuántos hombres crees que te haya engañado esa chica? Porque yo estoy seguro de que mi novio me fue infiel desde la primer semana de estar juntos. En este momento debe de estar con alguien más, aún cuando lo termine hace unas horas.

La incredulidad era una emoción que solía ser obvia. El asombro también.

Shen Jiu jugó con su copa vacía, meciendola de un lado a otro. Al final, tal vez ordenará otro trago.

—¿Por qué?...

La pregunta no lo sorprendió, en realidad, la estaba esperando. ¿Por qué alguien permanecería cinco años con alguien que sabes te es infiel sin escrúpulos con cualquier persona que se le cruza?

La respuesta podía ser enmascarada con palabrería romántica, lo amaba, podía responder. Utilizar la misma excusa que su acompañante. Pero él sabía que no era por eso

Al principio, tal vez se negó a creerlo por sentimientos tan tiernos, pero eso debió desaparecer rápido, porque no recordaba la última vez que se dedicaron palabras de amor.

Era fácil para Shen Jiu saber porque no su exnovio no terminó su relación con él para calentar su cama con cuántos hombres y mujeres quisiera sin remordimientos, y no era por un amor retorcido.

Fue simple posesión. Para él, Shen Jiu era algo que le pertenecía y no iba a dejarlo ir. Tan repugnante sentido territorial, como el de una bestia.

En cuanto a porque él no se alejó antes aún sabiendo todo eso, no estaba seguro.

Quizá sólo no le importaba, quizá inconsciente decidió permanecer ciego como su amigo sin nombre, en serio no lo sabía. Aunque sí estaba seguro de una cosa.

—Era muy bueno en la cama.

Shen Jiu soltó una risa divertida al ver la expresión pérdida de su compañero.

Llevaba buen tiempo sin reír, fue refrescante.

—No es divertido.

Sí lo era.

—Bueno, la verdad no siempre es dramática, ni dulce, ni nada. Es la verdad y punto.

Aún cuando parecía querer replicar al respecto, el hombre se rindió de refutarlo.

No sólo tenía razón, sino que no es como sí quisiera hablar sobre eso. No llegó a ese lugar para abrir heridas en un hombre que intentaba superar, así como él.

—¿Qué hombre puede ser tan bueno en la cama para que lo aguantes por cinco años?

Fue un pensamiento suelto. No destinado a ser expresado. Cuando se percató de su lengua suelta, ya era demasiado tarde.

—Lo siento, no debí...

—¿Qué?

El tono sugestivo de la pregunta hizo brincar su corazón.

No había prestado demasiada atención antes, pero ahora, viendo bien, se dió cuenta de la belleza con la que estaba hablando.

Piel blanca, más no pálida; labios rosas y mejillas un poco sonrojadas por los varios tragos de licor ingeridos; ojos verdes oscuros, un tono tan opaco que fácilmente podría confundirse con gris en la oscuridad y café en plena luz solar. Sus facciones y voz delicada, sumadas a su largo cabello café, le daban una apariencia bastante andrógina.

Un hombre tan bello, ¿quién sería tan estúpido para serle infiel por cinco años?

El ligero tono rosado en su compañero reveló sus pensamientos. Shen Jiu estaba contento, era grosero hablar con alguien sin siquiera dirigirle un vistazo.

Acercó su cuerpo al contrario, feliz por la tensión en los músculos que provocó. Apoyó su codo en la mesa del bar, sujetando su mejilla y dirigiendo su mejor mirada provocativa, muy consciente del encanto que poseía.

Su voz sugerente acompañó las palabras atrevidas.

—¿Crees que eres mejor que él?

Percibió el movimiento en la manzana de Adán. Tenía años que no intentaba seducir a alguien, que le fueran infiel y lo supiera no significaba que él también decidiera ir por los mismos hábitos. Tenía dignidad y orgullo.

Ver qué su táctica aún era funcional le sentó bien. Al menos no tendría que mendigar por compañía y calor nocturnos.

—Tal vez.

—¿En serio? Me encantaría ver eso.

_______________

La cabecera golpeaba la pared sin cesar. Los ruidos provocados por el movimiento de la cama parecían imposibles de silenciar.

—¡Ah! ¡Ah, ah, ah! ¡Así! ¡Ahí! ¡Mmm...! ¡Oh, Dios! ¡Más! ¡Tan bueno!

Shen Jiu gemía, y gemía y gemía, y podía escuchar su propia voz resonar en las cuatro paredes de la habitación.

Sus piernas enroscadas en los glúteos de su amante nocturno. Sus manos sujetas al cuello, sus uñas arañando la espalda ancha y fuerte.

Tan bueno, tan fuerte, tan veloz. Su miembro era tan grande y grueso que golpeaba todas sus paredes sensibles. Podía sentir su punto H ser golpeado sin cesar, un hecho que pensó no volvería a ser posible.

Tal intensidad, tal brusquedad, golpes y golpes en su entrada que lo llevaban a delirar de placer. Sus piernas se debilitaban con cada embestida, incapaces de mantener el ritmo de su amante.

Él también pareció notarlo. En un movimiento veloz, Shen Jiu sintió el vacío dentro de él, el reclamo murió cuando su cuerpo fue volteado de su posición original. Su rostro ahora golpeando la textura suave del edredón.

Su cintura fue sujetada por detrás, de nuevo el pene entró y destrozó su cordura.

Las embestidas eran más potentes ahora, deteniéndose y entrando de nuevo con todo el impulso una tras otra.

Sus gemidos fueron acompañados por sollozos y peticiones lujuriosas. La manta pronto se llenó de fluidos eróticos.

Podía sentir las mordidas en su hombro y las manos fuertes que mantenían su trasero en el aire. El abdomen bien definido tocaba su espalda y, ¡maldición! ¡En verdad se sentía morir de tan buen sexo!

Cuando terminó con Luo Binghe, pensó que jamás volvería a tener una noche tan buena de lujuria. Creía que no podía volver a sentir tales sensaciones placenteras.

Era como un hechizo, como sí Luo Binghe lo hubiera hechizado. Haciéndole creer que sólo él podría darle lo que buscaba por las noches.

Pero no podía estar más equivocado.

Sí debía de comparar, Luo Binghe era como un maldito demonio en la cama. Con su insensibilidad y brutalidad, podía hacerlo llegar a su orgasmo tan rápido y aún hacerlo desear más.

En cambio, el hombre del que ni siquiera sabía su nombre era como un Dios. Un Dios de la Guerra. Con su cuerpo y su fuerza, con su habilidad y resistencia. Con su constancia y brutalidad. Masacrando cada una de sus paredes.

No es como sí Luo Binghe no tuviera todo eso, lo tenía, y lo hacía más rápido y fácil el desgraciado; era sólo...diferente

La comparación de Dios y Demonio no era elegido al azar. Luo Binghe lo hacía sentir sucio, utilizado. Sólo otro entre todos los que tenía. Sus manos en su cuerpo, se repudiaba y limpiaba siempre que Luo Binghe se iba.

Pero, está vez... aún cuando las sensaciones eran similares, no se sentía mal, no sentía asco.

Era un hombre libre, ambos lo eran. Aún cuando eran desconocidos, no lastimaban a nadie.

Además, esas manos que se deslizaban sobre su piel, tocando partes sensibles de su cuerpo, buscaban proporcionarle una experiencia grata, no sólo sexo desenfrenado. No pensaba en satisfacerse egoístamente, unilateralmente. Era disfrutar juntos. ¿Cuándo fue su último encuentro con Luo Binghe donde todo fuese más que sólo entrar y salir? Como sí fuera una prostituta sin emociones ni opinión.

Tal vez fue eso lo que lo motivo a terminar esa relación sin sentido. Cuando se dió cuenta que Luo Binghe no sólo dejo de verlo como pareja, sino también de respetarlo como ser humano. Cuando dejó de ser un adorno para pasar a su colección de objetos.

En medio de sus pensamientos conflictivos y un placer bien recibido, Shen Jiu se percató del efecto del clímax que venía a él.

La burbujeante emoción se acumuló en su estómago.

—Yo...No puedo... Ya no puedo... Me voy a...¿Puedo...?

Se sintió estúpido por la última oración. ¡Luo Binghe desgraciado, infeliz, maldito, por hacerle humillarse en cada liberación!

Sí su pareja lo notó, no comentó nada sobre eso.

Su aliento chocaba contra su oreja, los gruñidos y gemidos eran audibles para Shen Jiu. La voz ronca cuando habló le provocó un estremecimiento a su espalda.

—Yo también...

Él también estaba a nada de su orgasmo.

De nuevo los recuerdos nostálgicos lo inundaron. Con Luo Binghe eso dejo de ocurrir muy pronto. Sólo centrado en complacerse a sí mismo, incluso llegó a dejar a Shen Jiu sólo con el desastre de su cuerpo.

En un instante de debilidad, de recuerdos que le dolían aún sí no era su deseo, sujeto la mano que estaba a su lado. Simultáneamente, una gran cantidad de semen fue liberado, manchando aún más las mantas y su pecho.

No consiguió asimilar su propio orgasmo cuando sintió un líquido ser expulsado en su interior.

—Ah...

Aún cuando acababan de tener relaciones, un tono carmín inocente se instalo en sus mejillas.

Nunca le permitió a Luo Binghe correrse dentro de él, siempre tuvieron sexo con protección. Shen Jiu no iba a arriesgarse a contagiarse de alguna enfermedad por culpa de la vida libertina de su novio. 

En ese aspecto podía decirse que era virgen...al menos hasta hace un segundo...

Podía sentir la sustancia caliente recorrer su cuerpo, llenarlo hasta el fondo.

Lágrimas cayeron de sus párpados.

Su acompañante recién se estaba recuperando de su culminación cuando escuchó los sollozos ahogados.

La ansiedad y timidez se apoderó de él.

—Tú...¿Te lastime? Yo...yo... Lo siento, no quería...

Shen Jiu negó repetidamente con movimientos con su cabeza, el presentimiento de que sí se esforzaba en hablar la voz se rompería.

—¿No es eso? ¿Entonces qué...?— calló un segundo, asimilando sus actos—...¿Es por...dentro tuyo...?— al no obtener más respuesta, lo dio por hecho— ¡Lo siento! ¡No debí...! Saldré, saldré ahora mismo. Sólo, deja de llorar...

Se retiró del interior. Un espamo sacudió a Shen Jiu tras el acto. Por alguna razón, eso sólo lo hizo sentir más lamentable.

Era así, de esa misma forma, como Luo Binghe lo dejaba cuando obtenía lo que quería de él.

—Me iré... Me iré sí te molesta, sólo, tomaré mi ropa...

Cuando está por levantarse, Shen Jiu presionó la mano que aún sujetaba.

—Un poco más...— pidió— Quédate, sólo un poco más...

No rogó. Nunca le dio el placer de verlo humillado. Jamás imploro por su permanencia a su lado.

Pero ahora, él necesitaba a alguien. Necesitaba que permaneciera con él, que no se fuera en cuanto terminara. Alguien que no lo tratara como un maldito juguete sexual.

Sabía que esa persona no debía ser un extraño que conoció en un bar, un sujeto al que uso para combatir su soledad y dolor reprimidos por años. Él no tenía esa obligación, en primer lugar, fue Shen Jiu quien lo invito a una noche de sexo, no él. Él no se apuntó para consolar a un hombre con complejos y autoestima destrozada. 

—Esta bien...

Un respingo. Shen Jiu giró su rostro lo suficiente para ver al hombre que aún se encontraba sobre él.

—Me quedaré...

Los sollozos esta vez sonaron con mayor ímpetu.

Shen Jiu sintió al hombre acomodarse a su lado, girarlo para ocultar su rostro en el pecho bien tonificado.

La manta que descansaba en el taburete a lado de la cama fue puesta sobre su cuerpo, cubriéndolo del frío.

Antes de caer en la inconsciencia, Shen Jiu se pregunto sí era así como solía ser una pareja, sí así se sentía ser amado en verdad.

_______________

Cuando despertó, Liu Qingge no encontró a nadie a su lado.

Un sentimiento melancólico se apoderó de él. Meiyin hacía eso a menudo.

Tal vez, por esta ocasión, esperaba despertar con alguien a su lado. Esperaba demasiado.

Las escenas de la noche anterior llegaron a su mente.

Fue...increíble...

Tal vez la mejor noche de sexo que ha tenido en su vida.

Meiyin era fascinante, sus habilidades en la cama eran indiscutibles, pero...siempre que tenían relaciones, se preguntaba con quién había aprendido a hacer todo eso. No fue con él, de eso estaba seguro.

Además, de alguna forma, la sensualidad y actos de Meiying, tan buenos como podían ser, solían resultarle vulgares.

No consideraba que el sexo fuese puro, pero ella lo hacía una actividad tosca y animal. Aún cuando salía ser bueno, no era exactamente del gusto de Liu Qingge.

Esa noche había sido diferente. No fue como esperaba. Su compañero resultó ser como una divinidad en el plano sexual.

Su cuerpo era hermoso bajo todas las prendas de ropa, y, aunque provocativo y audaz, sus movimientos no eran obscenos. Para ser alguien que no abandono a su pareja por el buen sexo que recibía pese a malos tratos, alguien que probablemente realizaba está actividad muy seguido, sus reacciones eran honestas e inocentes, no reflejaban lo experimentado que era, como sí borrará las vivencias pasadas para sentir todo de nuevo con la misma emoción.

El hombre que no lo valoro no podía catalogarse como un imbécil, sino como estúpido en toda la expresión.

No entendía. ¿Por qué serle infiel a quien parece poder darte todo? No sólo por la belleza, tampoco por la compañía en una noche helada. Él parecía ser una buena persona...

Alguien sensible, alguien herido. Un hombre lastimado, un hombre con emociones que lo hacen colapsar.

Él se consideraba estúpido, tonto y dañado la noche anterior. Pero, sí él tenía esa opinión sobre sí mismo, que sólo soporto un año de mentiras y esperanzas autoinfundadas, ¿cómo debía sentirse esa persona?

Cinco años...

Cinco años mintiéndose.

Cinco años hiriéndose.

Cinco años esperando un cambio.

Cinco años deseando ser elegido.

Cinco años ausente del cariño que buscaba.

Sí hubiese sido él, no habría tenido que pasar por eso.

Pero los corazones sinceros no parecen ser atraídos por otros similares.

Al menos espera haber podido aliviar su dolor por una noche, aún sí fue sólo un poco.

Liu Qingge esperaba...encontrarlo de nuevo.

Se levantó de la cama, listo para irse del hotel que hospedó por esa noche.

Un papel que no estaba la noche anterior sobre la cómoda le llamó la atención. Una breve nota escrita con una caligrafía elegante y hermosa.

«No encontré mi pendiente. No tuve tiempo para buscarlo porque debía ir a trabajar. 
Es mi favorito, sí lo encuentras antes de irte, ¿podrías buscarme y regresarlo a mí? 
Te invitaré a comer como recompensa.
Detrás te dejo la dirección.
Espero lo encuentres.

Atte: Shen Jiu»

Trazo con sus dedos el nombre en la carta.

—Shen Jiu...

Una sensación burbujeante se apoderó de su estómago.

—Shen Jiu— repitió, una sonrisa que en una situación normal consideraría tonta se formó en su rostro.

Junto a la nota, un pequeño arete con forma de abanico descansaba en solitario, esperando ser devuelto a su dueño.

_______________

Liu Qingge espero paciente fuera del establecimiento. La nota era precisa, la comida era a las 15:00 hrs., Shen Jiu saldría en ese momento.

Observó el edifico a su espalda.

«Academia Cang Qiong»

Estaba seguro de haber escuchado el nombre, aunque no podía recordar de quién.

Parecía ser un escuela distinguida. Hombres y mujeres; niños, jóvenes y adultos; había visto salir a todo tipo de personas el tiempo que llevaba esperando.

Curiosamente, no parecían llevar el mismo uniforme. Se preguntó por qué era eso.

—¿Te hice esperar?

El susurro le provocó un escalofrío. Se alejó dos pasos y giró su cuerpo. Al girar se encontró con el rostro que lo había perseguido en sus pensamientos desde el momento en que abrió los ojos esa mañana.

Algo así...

Esta vez no se encontraba en ropas casuales. Vestía un hanfu tradicional color verde que se pegaba bien a su cuerpo, remarcando su cadera y figura delgada. Su cabello aún se encontraba suelto, luciendo brillante con los rayos solares. Lo más característico, sin embargo, era el abanico que cubría la mitad de su rostro; sólo dejando a la vista aquel par de ojos que observaban al mundo con coquetería.

Se quedó sin palabras por un periodo de tiempo. Este hombre era hermoso sin importar qué vestimenta utilizará.

—¿Entonces...?

Saliendo del trance, Liu Qingge liberó el objeto que había mantenido con él todo el tiempo.

—Aquí...

Su pendiente.

Imposible de ver, la sonrisa detrás del abanico se ensanchó.

—Lo encontraste. Temía que no lo hicieras.

O bien, temía que decidiera no entregarlo. Que la experiencia permaneciera como algo de una noche.

Tomó el arete ofrecido, su abanico en miniatura. Los dedos rozaron la palma ajena, un toque fugaz e inocente, les calentó el corazón.

—Como prometí, te invitaré a comer en compensación.

—No es necesario.

La confusión atrapó a Shen Jiu. La compresión también.

—¿No?... Ya veo... Lamento la molestia. Me disculpó por hacerte venir hasta aquí.

Una ligera inclinación de disculpa, se giró, listo para entrar de nuevo a Cang Qiong.

—¡Espera!

Una mano lo detuvo, sosteniendo su brazo. La misma mano que recorrió su cuerpo en horas pasadas, que lo inundó de un contacto y deseos que hace años no experimentaba.

—No me refería a eso. ¡Permite que sea yo quien te invite la comida!

La esperanza regresó a Shen Jiu. ¿Invitarle la comida? ¿Cuándo fue la última vez que alguien además de su hermano había hecho eso por él?

—Tú... ¿Cuál es la diferencia? Tú o yo, no importa realmente...

—Importa. Sí importa.

—¿Por qué?

¿Por qué? Liu Qingge no tenía una razón fundamentada, sólo no quería hacerlo gastar. Le parecía inadecuado.

—Yo...Quiero invitarte...

—Esa no es una respuesta.

—Supongo que no...

Ambos se observaron, una risa surgió tras el silencio.

—En ese caso, ¿a dónde me llevarás a comer?— preguntó Shen Jiu, una aprobación implícita.

—¿Algún lugar que recomiendes?

—¿Quieres mi opinión?

—¿Sí? ¿No es lo normal cuando invitas a alguien a salir?

¿Lo era? Shen Jiu ya no lo sabía.

—Hay un restaurante cerca de aquí...

_______________

Liu Qingge descubrió mucho durante esa hora de comida. Shen Jiu era un hombre interesante en muchos aspectos.

Liu Qingge tenía 28 años, pensó que Shen Jiu era menor, pero, aunque su físico parecía rondar por los 25, en realidad ya tenía 30.

Se encontraba en la edad de apogeo de su vida, donde tenía un trabajo estable, un departamento cómodo, buenas amistades y una relación establecida, muchos incluso ya estaban casados en ese periodo.

Pero sólo la parte del trabajo y el departamento aplicaba para él, no conocía a más personas fuera de su área laboral por la posesividad de su antigua pareja, y ahora incluso terminó en una relación fallida.

Era un poco triste, perderse tantas experiencias por culpa de una persona. Al menos para Liu Qingge, a Shen Jiu no parecía importarle.

—Está bien. Además del trabajo, no tengo nada de qué hablar. Soy aburrido, no conseguiría amigos aunque quisiera— dijo.

Resultó ser profesor de Cang Qiong. Al parecer era una Academia de múltiples enseñanzas. 12 secciones diferentes, con exactitud.

Los interesados se inscribían en la clase que más les gustará, cada grupo se identificaba por su uniforme.

En Zui Xian se aprendía el arte de la vinificación; en Qian Cao medicina; en Xian Shu eran lecciones de belleza; en An Ding logística; en Wan Jian la fabricación de herramientas; en Bai Zhan artes marciales; en Qing Jing las cuatro artes; y había otras cinco clases que manejaban programas de enseñanza diferentes, todas supervisadas por el departamento Qiong Ding.

Una academia con gran variedad de aprendizaje, con maestros e instalaciones de calidad. Por eso era tan popular y bien solicitada.

Shen Jiu era el maestro de Qing Jing, que enseñaba las cuatro artes: guqin, go, pintura y  caligrafía.

Liu Qingge pensó que no podía haber mejor puesto para él. Podía imaginarlo en su aula, tocando las cuerdas del instrumento con gracia, creando sonidos melodiosos; sus dedos delgados, ágiles y pacientes sumergir el pincel en la tinta, resultando en palabras hermosas, en bellos paisajes; y su expresión al mover la última piedra en el tablero que señalaba su victoria, satisfecho, arrogante incluso.

Envidiaba sus estudiantes, que podían observarlo en todas estas facetas. Envidiaba sus compañeros, que podían verlo seis días a la semana. Y agradecía al tonto que no valoro lo que tenía, porque él sí planeaba hacerlo. Sí se le permitía, al menos.

Se preguntó cómo haría para mantener estos encuentros, pero, cuando regresó con Shen Jiu a la entrada de la Academia, descubrió que no era necesario pensar en ello a fondo.

—Salgo a las siete.— dijo Shen Jiu, acortando la distancia entre ambos cuerpos. Su voz insinuante resonando en el oído de Liu Qingge— Por sí quieres repetir lo de anoche.

Liu Qingge utilizo todo su autocontrol para mantener su parte íntima tranquila ahora que el recuerdo regresó a su mente.

En un movimiento torpe, Liu Qingge asintió como entendimiento.

Pasos mecánicos lo hicieron retroceder por donde llegó. Sólo la voz de Shen Jiu tuvo efecto en él de nuevo.

—Tú sabes... Aún no me dices tú nombre.

Liu Qingge se detuvo. Un sonrojo entrante. ¡Era verdad! ¡No sé había presentado adecuadamente en ningún momento!

—Liu Qingge...— murmuró, sintiéndose idiota.

—Liu Qingge...— repitió Shen Jiu, saboreando las sílabas. A Liu Qingge nunca le gustó su nombre tanto como ahora— Nos vemos esta noche, Liu Qingge.

_______________

 

El encuentro de una noche se convirtió en muchos más.

Ambos se encontraban por la tarde. Comían, paseaban, charlaban, como dos amigos normales o una pareja primeriza.

Por las noches se poseían. Horas y horas de sexo placentero. Gemidos y gruñidos se escuchaban todas las noches en un solitario departamento.

Al principio esa era la rutina. Se conocían en el día, se comían por la noche.

Con el paso de las semanas, no obstante, la actividad comenzó a variar.

Comenzó con la salida a un restaurante, después al cine, paseos por el parque o centros comerciales.

Le siguieron los regalos; pendientes, ropa, zapatos, libros, poesía, pinceles. No importaba que fuera, sí Shen Jiu lo observaba más de 3 segundos, Liu Qingge lo compraba para él.

Esto despertó la curiosidad de Shen Jiu sobre la procedencia de Liu Qingge. No considero necesario saber nada al principio, tal vez porque pensó que Liu Qingge se aburriría de él pronto e iría a buscar a alguien más interesante. Pero eso no ocurrió. Incluso después de varias noches compartiendo cama, Liu Qingge seguía regresando.

Preguntaba sobre su día, escuchaba toda su palabrería aburrida, sus quejas, sus análisis, comentarios hacía sus compañeros o sus alumnos. Ni siquiera cuando hablaba de sus lecciones parecía cansarse, discutía con él sobre arte o alguna pieza musical.

Y, cuando sus cuerpos se encontraban, lo tocaba como sí no lo hubiese hecho el día anterior. Sin encontrar fastidioso un cuerpo que había explotado antes.

Cuando se dio cuenta... Cuando deseo creer que, tal vez, esto podía funcionar, se sintió obligado a conocer a Liu Qingge.

Como sospecho, era de familia adinerada. El heredero de empresas multinacionales. Dos padres consumidos por el trabajo, una hermana menor que, después descubrieron, recibía clases en Cang Qiong. Él apoyaba a su padre en la gestión de la  sucursal en la ciudad, también cuidaba a su hermana. Al parecer era un buen luchador, había ganado varios campeonatos antes de asumir la responsabilidad de su apellido, y aún continuaba entrenándose, lo que explicaba su cuerpo bien definido.

Se podía decir que, sin querer, Shen Jiu agarró un pez gordo. Y, de nuevo, se preguntó por qué alguien lo dejaría ir. Con belleza, riqueza y una actitud honesta y devota, también era maravilloso en la cama. Sólo una mujer tonta, por lo visto.

Al mismo tiempo, se preguntaba por qué seguía buscándolo. Él, que podía tener a quien quisiera,  encaprichado con Shen Jiu. No sabía cómo sentirse al respecto. Pero...lo que sea que viera en él, no quería que desapareciera.

Se sentía muy bien con Liu Qingge. Se sentía como nunca en cinco años. No sólo por los regalos, o sus grandes habilidades.

Era un pensamiento que surgió tras tener a alguien para escucharlo. Era la dulzura con la que seguía sus movimientos. La emoción de tener a alguien esperando por él cada tarde. La preocupación que mostraba por su comodidad.

Era... Era la forma en que sujetaba su mano con timidez, como lo guiaba para que no le ocurriera nada, la sonrisa que le dedicaba, la forma en que lo besaba.

A Shen Jiu le gustaban sus besos.

La primera vez fue tan inesperado que se paralizó en el acto.

Fue una tarde, regresando de su cita habitual para comer, en frente de las puertas de Cang Qiong.

Se despidieron, como todas las veces anteriores, prometiendo verse en unas horas.

Y Liu Qingge lo beso.

Fue rápido, torpe y cobarde, porque huyo justo después de eso.

Y Shen Jiu no se movió de ahí por varios segundos. Cuando ingreso a su salón de clase, sus estudiantes incluso le preguntaron sí se encontraba bien. Insistían en que su rostro estaba rojo.

Una tarde de lecciones vagas, confusas y erróneas.

Por la noche, cuando Liu Qingge fue a recogerlo, Shen Jiu estaba tan enojado por su pésimo desempeño que lo sujeto del cuello y le enseñó cómo debía ser un beso.

Esa noche pasaron más tiempo besándose en los asientos del auto de Liu Qingge que haciendo cualquier otra cosa en algún otro lugar.

No dejaron de hacerlo por varios días. Siempre que surgía la oportunidad, besos eran robados. Tiernos y fugaces. Atrevidos y candentes. En la boca, cuello, rostro y más lugares que nunca podrían mencionar a nadie.

El vacío de cinco años, Liu Qingge lo lleno en menos de cinco meses.

_______________

 

—¿Y bien? ¿Cuándo nos presentas a tu novio?

La pregunta de Shang Qinghua atrajo la atención del resto de docentes.

—No es mi novio...— negó Shen Jiu.

—Te acompaña todas las tardes, te espera todas las noches, se besuquean en la entrada, y no mencionemos las obvias marcas en tu cuello todos los días. ¿Y no es tu novio?— se burló Qi Qingqi.

—¿Amigos con derechos?— adivinó Mu Qingfang.

—¿Qué amigo con derechos se preocupa por dar regalos tan caros? ¿Por vestir tan presentable y apuesto todos los días?— se burló Wei Wingwei— No los que yo conozco.

—¿Por qué lo sigues negando?— preguntó Shang Qinghua— Tienes una estúpida sonrisa en tu rostro todos los días desde que ese sujeto llegó. Has cambiado en los últimos meses gracias a él, no sólo nosotros nos hemos dado cuenta, también tus alumnos e incluso nuestros chicos.

—No he...

—No lo digas. En serio, no lo digas.— regaño Qi Qingqi— Desde que terminaste con ese imbécil, eres más feliz y no puedes negarlo.

Todos guardaron silencio. Mencionar a Luo Binghe era un tabú desde mucho antes de que rompieran.

—Solías ser tan sombrío...— continuó Mu Qingfang— Siempre te veías triste, solo... Pero, desde que rompiste con él y te encuentras con este otro chico, actúas más animado. Sonríes más, ries más, incluso tus clases tienen más vida que antes.

— Entiendo lo que es liberarse de una relación tóxica y lo aterrador que resulta.— hablo Shang Qinghua— Muchas veces deseé que te dieras cuenta del mal que Luo Binghe te hacía, así como me pasó con Mobei Jun. Ahora que lo hiciste y tienes a alguien que en verdad te valora, quiero conocerlo y advertirle que no te lastime. Somos amigos, ¿no merecemos eso?

Tener el apoyo de sus únicas amistades con su nueva pareja lo hizo sentir agradecido.

Todos esos años, ellos le advirtieron de Luo Binghe. Le insistieron en abandonarlo. Le daban un abrazo cuando no podía decirles qué ocurría.  Aún sin saber realmente nada, ellos continuaron a su lado, esperando a que reaccionara, a qué se alejara de esa relación.

No necesitaba más amistades que las de esa habitación.

—Yo...

—¿Xiao Jiu? ¿Muchachos? ¿Ocurre algo?

La voz gentil capturo la atención. Todos olvidando el tema momentáneamente.

—¡Qi Ge!— Shen Jiu saludo, recibiendo alegre al recién llegado.

—Hmp. No mucho. Tu hermano no quiere presentarnos a su nuevo novio— acuso Qi Qingqi.

—¡Oye!

—¿Xiao Jiu tiene nuevo novio?

Wei Wingwei se atragantó con el sándwich que comía.

—¡Hombre, ¿no te has dado cuenta?!

—La renuncia del maestro de Bai Zhan me ha tenido ocupado, no lo hice. Xiao Jiu, ¿por qué no me lo dijiste? ¿Cuándo terminaste con tu pareja anterior? ¿Ocurrió algo?

Sí alguien nunca se enteró de su infeliz relación, fue Yue Qingyuan. No quería que su hermano se preocupara por él. Ya era suficiente con el control de Cang Qiong, no necesitaba cargar con problemas que no le pertenecían.

—Nada malo...— mintió. Podía sentir las miradas acusadoras de sus compañeros/amigos— Sólo decidí que era suficiente— una verdad a medias.

—Ya veo. Sí así lo creías, debió ser lo correcto.

—Lo fue— eso sí era verdad.

—Entonces, ¿te has visto con otra persona?

—En serio, por más ocupado que estés, ¿cómo no lo has notado? ¡Viene a verlo todos los días!— exclamó Wei Wingwei, quien recibió un codazo de Qi Qingqi.

—Yue Qingyuan es el encargado de toda la Academia. Supervisa todas las clases, es inevitable para él no tener tiempo ni siquiera para comer. ¿Cómo podía darse cuenta?— reflexionó Mu Qingfang.

Yue Qingyuan negó.

—Esa no es excusa. Xiao Jiu, lo lamento. Te he descuidado los últimos meses. Incluso cuando trabajamos en el mismo lugar, apenas y puedo verte. Este hermano mayor se siente avergonzado contigo.

—Tonterias. Estás ocupado, lo entiendo. Tienes un puesto de gran responsabilidad. Cang Qiong ha crecido mucho los últimos años gracias a tu esfuerzo. ¿Cómo me atrevería a monopolizar tu tiempo?

—Aún así... Xiao Jiu, sí no te molesta, ¿puedo visitarte está noche? Me encantaría conocer a tu nueva pareja.

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—¿Tu hermano quiere conocerme?

Shen Jiu asintió. No consiguió convencer a Yue Qingyuan de abandonar la idea.

—No necesitas ir. Puedo decir que te surgió algo. No estás obligado.

—Ire.

Una mano se entrelazó con la suya por sobre la mesa.

—Conoceré a tu hermano.

Un familiar hormigueo en su cuerpo. Toda acción de Liu Qingge lo hacía sentir querido.

—¿Cómo es él?— preguntó— Tú hermano. No lo mencionas mucho. ¿Tienen problemas?

—Ninguno. Él es...un buen hermano. Más de lo que debería serlo. Verás, somos hermanastros.— reveló. Liu Qingge se sorprendió por la nueva información— Su padre abandonó a su madre por la mía, y lo llevo con él. Cualquiera se sentiría molesto por eso, en especial odiaria al nuevo hijo de su padre con una mujer distinta a su madre. Pero él... Nunca fue así. Desde que recuerdo, se preocupa por mí. Cuando nuestro padre y mi madre fallecieron en un accidente, lo hizo aún más. Tomó el proyecto de nuestro padre y lo saco a flote, buscando honrarlo. Me apoyó en mis estudios, con mi orientación, siempre me procuro todo.

—¿Qué pasó, entonces?

—Nada. Me sentí mal por vivir de su cuidado, así que me fui cuando tuve la edad y los ingresos para hacerlo.

—¿Cómo terminaron trabajando en el mismo lugar?

—Él me invitó. Esperaba que pasáramos más tiempo juntos, y había una vacante en Cang Qiong que sería adecuada para mis habilidades. Yo lo extrañaba, así que acepte.

—¿Sólo así?

—Sólo así.

Shen Jiu omitió que fue en ese periodo de tiempo donde conoció a Luo Binghe. Aún cuando Yue Qingyuan estaba cerca de él, el trabajo y su relación les impidió ser los hermanos unidos del pasado.

Ya había olvidado cuándo fue la última vez que cenaron juntos.

Pero, con Liu Qingge a su lado, se sentía lo suficiente e consigo para recuperar su unión con Yue Qingyuan. Sin secretos, sin mentiras, sin miedo a que Yue Qingyuan descubriera su infelicidad. Por fin podía enfrentar su mirada de nuevo.

Por cierto...

—Él...cree que somos novios...

No mentía cuando lo dijo a sus amigos. Hasta el momento no sabía qué tipo de relación tenía con Liu Qingge.

—¿No lo somos?

Su corazón palpitó con la pregunta.

—Tú...nunca lo propusiste...

El apretón en su mano se hizo más fuerte, aunque no lo suficiente para lastimarlo.

—No lo hice...— la voz sonaba perpleja.

A Shen Jiu muchas veces le causaba gracia y ternura lo despistado que Liu Qingge podía ser.

—No. No lo hiciste.

Siguió un silencio incómodo.

En realidad, Shen Jiu estaba esperando que Liu Qingge le propusiera el noviazgo ahora. ¿No era lo más natural en esta situación? Por eso, cuando se disculpó y prometió llegar a su casa más tarde para la cena sin decirle nada, no sólo se sintió confundido, sino abatido.

Al parecer, tendría que corregir a todos al final...

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—Xiao Jiu, ¿esto es...?

No le preguntes, su mente está en blanco.

—Sé... Sé que es repentino...— comenzó Liu Qingge, su voz temblorosa— Pero no somos jóvenes, sabemos perfectamente lo que queremos. Y yo... Yo te quiero a ti.

Observó al hombre arrodillado en la puerta de su departamento. Un anillo en su mano.

—Shen Jiu, ¿serías...mi esposo?

No lo dudo ni un segundo.

—Si.

 

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Observó el anillo en su dedo. Un hermoso diamante decorando el centro.

Él, casarse... Le parecía irreal.

Sus amigos hicieron una gran alboroto cuando se les contó.

Esa noche los secuestraron a él y Liu Qingge para celebrar.

Así como su hermano, tuvieron una seria plática con su prometido acerca de no lastimarlo, peor aún, le prohibieron arrepentirse y abandonarlo ahora que lo hacía tan feliz.

Fuera de las amenazas y juramentos, Liu Qingge encajo muy bien con todos. Al terminar la noche, todos ya eran buenos amigos.

Cuando se enteraron de sus logros y habilidad marcial, incluso le comentaron la vacante que había en Bai Zhan.

No es como sí Liu Qingge necesitará trabajo, pero escuchó con seriedad todos los requisitos para conseguir el empleo. Shen Jiu se preguntó sí en verdad se postularía...

Tampoco es que le molestara. Le encantaría tener a su prometido cerca de él en el trabajo.

Sus amigos lo felicitaron por tan buena elección de futuro esposo cuando se despidieron. Aprobando completamente a Liu Qingge para él.

Yue Qingyuan también estaba feliz por su compromiso. Aunque no esperaba que la cena donde conocería al novio de su hermano se convirtiera en la cena donde conocería a su futuro cuñado...

Aún con el impacto inicial y la vergüenza de ambos por cometer/ presenciar tal escena, Yue Qingyuan y Liu Qingge congeniaron bien.

Estaban unidos por el amor y cariño hacia la misma persona, así que no fue difícil.

Todo se sentía tan hermoso que los últimos años de llanto parecían nunca haber existido.

No. En su mente y corazón, ya no existían. Liu Qingge se deshizo de todo dolor que alguna vez sintió.

Los malos recuerdos fueron desechados hace tiempo, reemplazados con besos, caricias y el amor del hombre que le cambió la forma en que veía al mundo, cómo se veía a sí mismo.

Ahora iría y conocería a su futura cuñada. Después, cuando fuera posible, se presentaría a sus futuros suegros.

Los padres de su prometido. Liu Qingge, su futuro esposo.

El anillo en su mano era tan brillante. No podía apartar la mirada de él.

—Vaya, ¿no es Shizun? Que coincidencia.

Sus pasos se detuvieron súbitamente. Un escalofrío recorrió toda su columna vertebral. De pie frente a él, un rostro horriblemente familiar lo esperaba. Un par de ojos castaños, un efecto carmesí por el sol, lo observaban de pies a cabeza.

—El destino parece querer encontrarnos.

Una rabia tremenda se apoderó de él. Cómo se atrevía a decir tales palabras después de todo lo que le hizo pasar.

No le daría lo que buscaba. Ya no tenían nada que ver uno con el otro.

Reprimió los insultos y continuo caminando. Tenía alguien que lo esperaba, no perdería el tiempo con quién no merecía ni una mirada de su parte.

Una mano capturo su muñeca cuando estaba por pasarlo de largo. No consiguió evitar la mueca de dolor por la fuerza aplicada.

—¿No está siendo Shizun demasiado frío con este antiguo alumno suyo? Después de todo, tenemos una historia juntos.

¡ Jodete !

Deseaba tanto gritarle esas palabras, pero no sé rebajaría al nivel que él esperaba.

Tiro de brazo, buscando liberarse en vano.

—En verdad...¿Shizun olvidó todos los buenos momento que pasamos juntos? Este alumno no lo ha hecho. En realidad, todo es muy aburrido sin Shizun a mi lado. Nadie puede compararse a Shizun, al final.

Shen Jiu quería golpearlo, arruinar esa boca que podía decir palabras tan dulces, que encontraba el engaño tan sencillo.

—Estoy seguro que Shizun tampoco lo ha olvidado. Lo bien que este alumno puede hacerlo sentir. Nadie podría jamás darle a Shizun un placer similar. Así que, Shizun...

Una mano tiró de su cuerpo, la otra atrapó sus mejillas en un fuerte apretón.

—¿No quieres recordar la experiencia con este discípulo?

El sonido de una cachetada resonó por toda la calle. Murmullos se escucharon de los transeúntes.

—¡Aleja tus manos sucias de mi cuerpo!

Las facciones dulces, falsas, de Luo Binghe se transformaron en una expresión sombría.

La mano que lo sostenía levantó su muñeca sin medir la fuerza, claramente sin importarle el bienestar de Shen Jiu.

El anillo en su su dedo anular quedó expuesto a Luo Binghe.

—Mmm... Así que es verdad. Shizun ha conseguido un reemplazo muy rápido.

Ahí Shen Jiu entendió que este encuentro no fue sólo mala suerte.

—Incluso planea casarse tan pronto. Shizun, ¿seguro que no estás desesperado solamente? A este discípulo no le molesta regresar con Shizun. Entiende que cometió un error, todos actuamos por impulsos en ocasiones. Shizun, puedes volver a mi lado. No necesitas mendigar atención.

Palabras tan atrevidas, Shen Jiu no consiguió soportar más.

—¿Quién mendiga a quién? ¿Te crees tan especial? ¿Consideras que nadie es mejor que tú? ¿Que soy incapaz de sentir placer con un hombre diferente a ti? ¡Por favor! ¡No te sientas la gran cosa! ¡Hay un millón de hombres mejores que tú! ¡Ellos sí merecen ser llamados hombres! ¡Un maldito que sólo puede seguir a su pene caliente no es merecedor de esa etiqueta!

El agarre en su muñeca se hizo más fuerte. El dolor lo silencio un momento.

—Vaya. Shizun parece haber sido influenciado por las personas incorrectas. A este discípulo no le importa ayudar a su Shizun con algunas lecciones.

—Deja... Deja de llamarme así... Aceptarte ese día, fue la peor decisión de mi vida...

—Shizun no sabe de lo que habla.

—¡Déjame en paz! ¡Ya me retuviste cinco años! ¡Vete con todos con los que me engañaste! ¡Lárgate y déjame ser feliz!

—Me perteneces.

Esta vez no había palabras enmascaradas.

—Eres mío. No puedes irte con otro.

—Puedo. Lo haré. No tienes ningún derecho sobre mí. ¡Él supo valorarme, algo que tú no intentaste siquiera! ¡Así que jódete! ¡Me voy a casar! ¡Y lo haré con alguien que no me trata como una cosa! ¡Alguien que sí me ama! ¡Alguien a quien amo!

—No lo harás.

—¿Y qué harás para impedirlo?

La voz no pertenecía a ninguno de los dos.

Luo Binghe soltó a Shen Jiu, alejándose en un salto, evitando por poco un golpe a su pecho.

—¡Liu Qingge!

Shen Jiu se apresuró a abrazar a su prometido. Los brazos fuertes lo sujetaron y atrajeron más a su pecho. La seguridad y tranquilidad regresaron con ese gesto.

—Está bien. Estoy contigo. Siempre estaré para ti— prometió.

—Tú...

Luo Binghe sonaba sorprendido. ¿Se conocían?

—¿No eres el exnovio de Meiyin?

Liu Qingge bufo.

—Al menos lo recuerdas.

—¿Liu Qingge?...— la pregunta era obvia.

—Con él fue con quién descubrí la infidelidad de mi exnovia— explicó.

Para Shen Jiu, eso tenía sentido. No había nadie con quién valiera la pena engañar a Liu Qingge. No había ninguna razón para hacerlo. Pero, sí sé trataba de Luo Binghe, a nadie parecía importarle las pérdidas. Tenía esa clase de encanto demoniaco.

La voz de Luo Binghe paso de estar sorprendida a enojada. ¿Quién lo diría? El chico a quien le bajo la novia, le robo a Shen Jiu.

Era el karma.

—La deje hace meses— reveló, como sí esperara que la información provocará algo.

—¿Crees que no lo sé?— se burló Liu Qingge— Me busco en seguida. Pero ella no podría importarme menos ahora.

Atrajo a Shen Jiu más cerca de él, para remarcar la razón.

Con el sol en su punto máximo, las pupilas de Luo Binghe parecían brillar de furia.

—Devuelvemelo— ordenó.

—No es una propiedad. Él me ha elegido a mí, no hay nada que puedas hacer al respecto.

—No puedes darle lo que yo le doy.

—Tienes razón. No puedo darle eso. Yo no me atrevería a despreciarlo como tú lo hiciste.

Los nudillos de Luo Binghe se pusieron blancos. Una gran presión aplicada en ellos.

Se lanzó hacia adelante, listo para golpear a Liu Qingge.

Liu Qingge empujó a Shen Jiu lejos, fuera del rango de ataque.

Recibió el golpe de frente, protegiéndose con sus brazos.

Gritos se escucharon cuando todos se percataron de la pelea que inició entre ambos.

Dos cuerpos intercambiaron golpes a una velocidad sorprendente. Utilizando piernas y puños, fue una pelea de fuerza y resistencia.

Luo Binghe era fuerte, Shen Jiu lo sabía. No por nada había conseguido a muchos seguidores, sus espías en toda la ciudad. De esa forma también atraía a hombres y mujeres a su cama, a todos les atrae un hombre guapo y poderoso.

Pero sus movimientos eran instintivos, animales. No tenían ritmo o estrategia, sólo era la utilización decontrolada de la fuerza bruta.

Para Liu Qingge, que había practicado artes marciales desde una edad joven, que aprendió a utilizar su cerebro y no sólo sus puños durante los enfrentamientos, que era constante en su práctica y entrenamiento; un encuentro como este era una burla para sus habilidades.

Al observar la facilidad con la que Liu Qingge sometía a Luo Binghe, Shen Jiu tuvo de nuevo ese pensamiento de su primer noche juntos.

Le pareció observar a un Dios de la Guerra masacrar un demonio.

Cuando Luo Binghe cayó al suelo, el ganador resultó obvio.

—No vuelvas a acercarte a nosotros.— amenazó Liu Qingge antes de soltar su brazo— No me contendré la próxima vez que lo busques. Él te espero cinco años, y, en todo ese tiempo, tú no lo valoraste como debías, no lo amaste como podías. Ahora no tienes ningún derecho a tratar de recuperarlo. Aprende a perder, porque él se va a casar conmigo.

Luo Binghe no dijo nada, permanecido en el suelo hasta que su antigua pareja y su prometido se perdieron en la distancia.

Una vez de pie, golpeó la pared contigua repetidas veces. Sangre se derramó de su puño.

Se sentía idiota. El tarado más grande sobre la Tierra.

Sabía lo que valía Shen Jiu. Lo supo desde la primera vez que lo vio en ese salón de clase.

Por eso lo sedujo, por eso lo conquisto, y, por lo mismo, porque conocía su valor, se encargó de destrozarlo, de arruinar toda autoestima que tuviera, de eliminar todo su amor propio.

Porque Luo Binghe conocía la joya que era, pero Shen Jiu no debía saberlo o buscaría a alguien mejor que él.

Lo dejo irse porque creía que ya había consumido toda su mente. Pensó que su influencia en Shen Jiu era lo suficientemente grande para hacerlo regresar a él.

¿Quién pudo adivinar? Nunca pensó que alguien se daría cuenta tan rápido del brillo de Shen Jiu. Nunca imaginó que podría pulirlo de nuevo.

Cuando se dio cuenta, ya era demasiado tarde para arrastrarlo al fondo de nuevo.

Ahora, sólo podía lamentarse por no retenerlo a su lado.

 

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Shen Jiu y Liu Qingge se besaron de nuevo, nunca se cansarían de probar los labios del otro.

Oficialmente, estaban casados.

Ahora los dos se pertenecían ante la ley, ante los Dioses. Sus vidas unidas a un futuro en conjunto.

Su historia inicio con una —muchas— infidelidad. Pero, gracias a eso, por esa jugada curiosa del destino, consiguieron encontrarse aquella ocasión.

Los dos disiparon sus tristezas en una noche de pasión y olvidó, un acto con una conexión curiosa que abrió paso a algo más hermoso.

Ahora, en su noche de bodas, aún cuando habían experimentado el lazo carnal muchas veces en el pasado, no se sintió diferente de esa primera vez juntos.

Shen Jiu aún fue sorprendido por los dotes de su marido, y Liu Qingge continuo cayendo en el amor por las reacciones de su esposo.

Esta vez, no eran sólo movimientos sin sentido. Cada toque estaba destinado a una sensación específica. Ambos expertos en el cuerpo de su pareja ahora.

Shen Jiu se sentía bendecido por encontrarse con Liu Qingge esa noche.

Luo Binghe al menos le dio un poco de felicidad, aún sí fue involuntario, ayudo a Liu Qingge a llegar a su vida.

Esos cinco años de soledad y penuria valieron la pena sólo por ser ahora el esposo de Liu Qingge, por tener esos brazos recorriendo su piel, esos labios besando su cuerpo.

Continuaron así hasta que el cansancio los venció, sólo después de horas de entregar sus cuerpos.

Cuando despertaron, Liu Qingge encontró a Shen Jiu a su lado; y Shen Jiu, él no dudaba de que así era como se sentía ser amado.

Un beso, una sonrisa y un saludo.

—Esposo.