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Hana no Unmei

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Este capítulo es un pequeño apartado donde escribiré las reglas más básicas y sencillas de este AU creado por mí, tal vez más adelante cree otras guías de niveles más avanzados, pero de momento, esto es lo más básico que se debe saber antes de leer la historia.

Nota: El AU está mezclado con un tipo de omegaverse muy presente en mangas, la principal característica de este omegaverse es que tanto alfas, betas y omegas pueden embarazarse o embarazar. Mi razón para esta mezcla es porque quiero que el uso de la magia varíe según el subgénero, porque la construcción de la sociedad los involucra y porque hay embarazos que serán importantes para la historia.  

Ahora sí, continuando con lo más básico del AU…

Razas: Debido a que el AU tiene mucha inspiración bíblica, las razas tienen características de ese tipo, no hay elfos, no hay ogros, solo equivalentes y razas extraídas de algunas biblias.

  1. Humanos: Habitan en el sur del mapa, no tienen ninguna característica adicional a diferencia de otras razas. Son gobernados por los Sawamura.
  2. Demonios: Tienen alas de murciélago, colas puntiagudas y cuernos, viven al norte del mapa. Son gobernados por los Kyoutani.
  3. Ángeles: Poseen grandes alas emplumadas, son una nación pacífica y con una menor población, habitan al extremo suroeste a un lado del reino humano. Son gobernados por los patriarcas Bokuto Kotaro y Akaashi Keiji.

Razas hibridas: La hibridación entre razas genera seres incapaces de utilizar la magia, pero que poseen una característica distintiva en pos de compensar la carencia de magia.

  1. Nefilim: Híbridos de humanos y ángeles, en tiempos ancestrales se separaron de sus progenitores y huyeron al desierto, donde han mantenido su raza como una única al reproducirse entre ellos; la mayoría de los nefilim poseen cuerpos muy altos y atléticos, pero no es una norma, su sociedad es la más cerrada de mente por estar algo aislados gracias al desierto. Su capacidad especial es poder transformarse en gigantes. Actualmente son gobernados por el patriarca Yasushi Kamasaki.
  2. Regeneradores: Híbridos de humanos y demonios, poseen los mismos cuernos, alas y colas de estos últimos, solo que de un tamaño considerablemente menor, lo cual las vuelve no funcionales, por lo que son incapaces de volar; los demonios los consideran inferiores por tener sangre humana en sus venas, por lo que los obligan a hacer trabajos forzados y ser los peones durante las batallas. Debido a la gran capacidad de regeneración de tejidos que poseen, los entrenan en combate desde que aprenden a andar, además de entrenarlos para soportar todas las escalas del umbral del dolor. No tienen gobernantes, pues son los esclavos de los demonios.
  3. ?????: Se trata de una antigua leyenda que habla de híbridos entre ángeles y demonios, nunca nadie ha visto alguna persona de esta raza y se desconoce su apariencia y el tipo de habilidad poseen.

Contexto histórico: Antes de comenzar la historia, se desarrolló una guerra entre el reino humano y el reino demonio debido a conflictos territoriales; la rivalidad entre los reinos creció tanto que manipularon diferentes aspectos de la sociedad, como la religión, y las treguas no duraron demasiado, por lo que se le considera “la guerra de los 100 años”, a pesar de haber durado unos 92 años aproximadamente. La reina Koto Kyoutani y el rey Daichi Sawamura, al asumir el poder de sus naciones, acordaron un tratado de paz que repartía equitativamente los territorios disputados; la medida no le pareció acertada a algunos miembros del reino demonio, puesto que la reina se ofreció como la encargada de construir un muro delimitante, lo que genera un descontento y sentimiento de “derrota” en algunas personas de su reino, por lo que la tensión de la post-guerra en el reino demonio crece día a día.

Magia: Hay diferentes tipos de magia en el universo de Hana no Unmei, pero su uso varía dependiendo del sub-genero. Los omegas son privilegiados en el uso de magia puesto que son capaces de aprender todos los tipos de magia sin necesidad de usar objetos catalizadores, en cambio los betas y alfas solo pueden aprender y especializarse en un tipo de magia, expulsándola a través de catalizadores como varitas o piezas de joyería. Los alfas en promedio aprenden magia de intensificación y emisión debido a sus cualidades agresivas, pero no es una norma, puesto que siempre dependerá de la persona; los betas normalmente aprenden magia de materialización y manipulación, pero de vez en cuando y en mayor cantidad que los alfas, pueden aprender algunos tipos de magia considerados más útiles.

Tipos:

  1. Intensificación: Este tipo de magia potencia las habilidades cuerpo a cuerpo, como la fuerza de los golpes, la agilidad y rapidez. Puede sonar inútil para algunos, pero los intensificadores son un dolor de cabeza para muchos, ya que sus golpes normalmente rompen huesos al primer contacto y su rapidez es difícil de alcanzar para el promedio.
  2. Emisión: Permite crear elementos orgánicos que el usuario puede usar a su antojo, por ejemplo, bolas de fuego, sacar agua de la nada o tirar rayos.
  3. Emisión en objetos: Es idéntico al anterior, pero a diferencia de la emisión común, esta solo tiene efectos si se utiliza con armas. En palabras simples, un emisor en objetos no puede lanzar una bola de fuego, pero si puede hacer que el filo de su espada esté en llamas.
  4. Manipulación: No debe confundirse con la emisión, puesto que la manipulación consiste en utilizar los elementos orgánicos que ya están presentes alrededor. Por ejemplo, el emisor podrá sacar fuego cuando quiera incluso en un lugar muy húmedo, mientras que un manipulador tendrá que utilizar el agua de su entorno para defenderse.
  5. Materialización: Esta magia permite al usuario crear objetos inorgánicos y controlarlos a su antojo, por ejemplo, sacar muchas espadas y flechas del cielo, o hacer aparecer bloques de metal.
  6. Invocación: Considerada una magia de aristócratas, le permite al usuario invocar a un espíritu protector que lo cuidará.
  7. Curación: Se le suele etiquetar de inútiles a quienes solo pueden hacer magia de curación, sin embargo son capaces de salvarle el pellejo a muchas personas en batalla extrayendo venenos, curando heridas hasta cicatrizarlas etc.
  8. Psíquica: Habilidades como manipular o leer mentes, ver el futuro o el pasado en diferentes magnitudes, telequinesis, transformación, intangibilidad, amnepatia, cronoquinesis, teletransportacion, telepatía, ecolocación, ilusiones, distorsión de la realidad, control del tiempo, son solo algunos ejemplos de lo que puede hacer la magia psíquica. No es nada común, y esto para algunos es una ventaja, porque a pesar de la espectacularidad de estos poderes, podrían ser muy peligrosos en manos equivocadas.

Otros poderes: Existen algunos poderes adheridos a la gente desde su nacimiento, o que pueden ser creados o conseguidos, y que no están englobados en las anteriores categorías.

  1. Transformación: Es muy común en un enorme porcentaje de la población mundial, se trata de la capacidad de transformarse en un animal, es algo que puede ser muy útil en misiones de espionaje, pero se requiere un entrenamiento para aprender a imitar el comportamiento del animal en cuestión. Los demonios de raza pura suelen convertirse en reptiles o mamíferos alados, los ángeles se convierten exclusivamente en aves, y los humanos mayoritariamente se convierten en mamíferos, pero todo depende de la pureza de la sangre y de la ubicación geográfica. Una persona solo puede convertirse en una especie de animal, pudiendo alternar en 3 formas: la forma humana, la forma animal y la forma hibrida. Las sub-razas no poseen esta capacidad.
  2. Regeneración: Exclusiva de la sub-raza de los regeneradores, les permite regenerar tejidos a una alta velocidad, solo se les puede matar si se daña permanentemente un órgano vital, por ejemplo, asfixiándolos o clavando estacas en sus corazones o cerebros.
  3. Gigantismo: Exclusivo de la sub-raza de los nefilim, les permite transformarse en gigantes y controlar el tamaño de su cuerpo a voluntad.
  4. Pócimas y calderos: Gracias a la alquimia y la experimentación con diversos materiales, la creación de pócimas y calderos puede imitar diferentes tipos de magia, pero con un resultado menor y casi mediocre.
  5. Pactos con bestias o yinns: Existen criaturas capaces de conceder deseos, como los yinns (genios) que habitan en la tierra de los nefilim. Dependiendo del nivel de poder de la bestia, el deseo concedido será más increíble e irreal, permitiendo obtener habilidades imposibles para algunos, pero siempre y cuando se pague un precio muy alto y una consecuencia muy grave.

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El florido campo de dientes de león irradiaba una deslumbrante luz amarillenta y blanca en el verduzco pastizal danzante por el viento, ese claro que alguna vez albergó una batalla relucía en vivos colores, cubriendo a medias las sobresalientes piezas de armaduras enterradas en el suelo, cuyo abono fueron los cuerpos de humanos y demonios enfrentados. La paz del valle sólo era momentánea, porque si no se hacía algo pronto, la guerra se reanudaría, y los soldados de cuernos y alas de murciélago volverían a aplastar los dientes de dragón.

Un joven de cabello rubio cubierto por una capucha blanca reflexionaba sobre aquel peligro, el reino de su especie pendía de un delgado hilo, y si todo resultaba como lo que temía, todos los demás reinos peligrarían también. Había que actuar ya, él era un engranaje en ese complejo mecanismo que llamaba destino, los demás engranajes necesitaban de su empujón para poder funcionar y así cumplir sus funciones, pero nada resultaría si él no se ponía en movimiento, algo que le parecía tedioso.

Con ayuda de su gran bastón de madera pudo agachar su atrofiado cuerpo para tomar un diente de león ya maduro y blanco; miró al cielo, los rayos del sol cegaban su vista e iluminaban hasta el punto de la resplandecencia el campo. Y él cerró los ojos, orando para encontrarlos a todos, orando para reunirlos y unificarlos para cumplir la misión que el destino tenía preparado para todos ellos; cuando terminó de pronunciar sus palabras, sopló el diente de dragón, soltando las cipselas, dejándolas seguir su curso a través del viento.

La primera llegó a la persona más cercana a su ubicación, un omega de cabellos pálidos y expresión seria, que daba tijerazos a la cabeza de un niño pequeño, cuyo cabello negro estaba transformándose con un corte de tazón un poco disparejo; el niño se miró en un casco pulido, y luego volteó a ver a su progenitor, reclamándole con la mirada por ese corte. El omega se cruzó de brazos para dejarle claro a su hijo que debía conformarse con lo que podía hacer, estaban en medio de una ciudad en construcción, los soldados y civiles levantaban las maderas para formar cabañas, y ellos aún no tenían una vivienda propia; la “madre” notó la pequeña cipsela posada en las tijeras, y con un chasquido de dedos la retiró para seguir emparejando en cabello de su bebé.

La segunda recorrió los bosques del reino demonio, un lugar hermoso e inhóspito con pequeños surcos de agua brotando de las montañas rocosas y mohosas; se enredó en el perfecto peinado ondulado y corto de un demonio de porte distinguido, cuyas hebras eran de un tono castaño claro al igual que sus ojos. Montaba un unicornio negro, cabalgando cautelosamente en el sendero a la montaña, el arnés del unicornio era principesco al igual que la capa aguamarina que cubría a aquel guapo jovencito, que desfilaba con su dulce olor a omega hasta llegar a su destino.

La tercera y la cuarta viajaron unidas hasta dos demonios de cortos cuernos, uno calvo y otro bajo, que por caminar en tierras humanas con la boca abierta casi se atragantan con las cipselas. La quinta se posó en la armadura de un caballero que caminaba con una enorme espada en su espalda, en dirección al reino humano.

La sexta llegó a las prendas de un atractivo chico de cabellos plateados, sentado en un tejado junto al pequeño campanario, mientras veía el movimiento del pueblo con sus bellos ojos, adornados con un lunar al lado del párpado. La séptima voló al castillo humano, donde un omega de abundantes pecas regaba las flores del patio interno; el muchacho tomó una rosa blanca en la cual se había quedado la cipsela, aspiró su dulce aroma, haciendo que el minúsculo fragmento de diente de león le provocara un estornudo.

La octava entró por la ventana de una humilde casa en la capital humana, llegando al libro abierto de un omega bajito que repasaba concentrado su lectura; no tardó en remover la cipsela de la página para no tener ningún distractor. La novena llegó aún más lejos, al desierto de grandes cañones que encerraban a una tribu de guerreros nefilim; un alfa alto y sin cejas vio volar la cipsela frente a sus ojos, pareció darle más importancia de la que debía, porque sus compañeros lo llamaron para que se apresurara en llevar los dos baldes de agua extraídos de un pozo, que llevaba colgando en una vara posada atrás de sus hombros.

La décima se adentró en un bosque de árboles gigantes, en su centro se encontraban árboles viejos de madera blanca y sin hojas, cuya hueca estructura le había venido de perlas a la raza de los ángeles; su ciudad era fantástica, las enormes ramas eran sus carreteras, los troncos tenían adheridas estructuras como balcones y tejados de madera, ampliaciones para las casas construidas dentro de los árboles. En una de las casas, un joven de ojos azul grisáceos acariciaba la cabeza de su hombre, un alfa de cabellos plateados que reposaba su cabeza en el regazo del chico, sus hebras chocaban con el abultado abdomen que albergaba vida en él, pero aquello no le impidió seguir durmiendo plácidamente.

La desnudez de sus cuerpos apenas podía ser cubierta por las sábanas y sus grandes alas emplumadas, parecían seres celestiales. El chico de los inusuales ojos le sonreía a su pareja, con una mano lo acariciaba, mientras la otra se extendía, permitiéndole a la cipsela posarse en su dedo; y él la miró sonriente, sabiendo que había llegado el momento.

La décimo primera y la décimo segunda llegaron a un lugar cercano al reino demonio, específicamente la frontera, una se quedó adornando el arco de un joven de cabello oscuro, y la otra se estampó en la nariz de un omega de anaranjadas hebras. El joven miró bizco la cipsela en su nariz, y le mostró una sonrisa al mundo, radiante y deslumbrante como el mismo sol.

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Hinata Shouyou era un omega hiperactivo y tenaz, su mayor sueño siempre fue unirse al ejército humano y ser un héroe en las batallas, tal y como su mayor ídolo, un legendario guerrero sin raza conocida, el pequeño gigante, que hacía una década había desaparecido sin dejar rastro después de la penúltima tregua. El muchacho quiso enlistarse en la infantería, pero había sido rechazado por ser un omega, alguien supuestamente más débil, inútil y corriente; mas no se rindió, y continuó enviando su solicitud hasta la edad de 16 años, cuando inexplicablemente fue admitido en la milicia. Estaba muy feliz por esa oportunidad, pero desgraciadamente durante los entrenamientos sus compañeros no lo trataron demasiado bien, era objeto de burlas por estar en un lugar “que no le correspondía”, y tenía que defenderse constantemente para evitar abusos peores.

Sus tres años de acoso dieron frutos cuando obtuvo el título de cabo, aunque tuvo la agridulce suerte de terminar el servicio militar cuando se estaba acordando un tratado de paz. De cualquier forma, aceptó gustoso su primera encomienda: acompañaría a un grupo de soldados a una misión de paz, específicamente para traer de vuelta a prisioneros de guerra, por lo que tendrían que encontrarse con un grupo de soldados demonios en la frontera. Hinata entendía que no debía buscar pelea con ellos, aunque una parte de su alma pedía a gritos algo de acción.

Se alistó el día de su partida con su ropa de soldado, una capa blanca, un cinto de metal en su cabeza y su espada favorita, forjada con hierro y bronce, y con el diseño de una huella humana en su hoja; según su fallecida madre, ese fue el legado que le dejó su padre antes de perderse en una de las guerras. A Hinata únicamente le quedaba su hermana Natsu, una niña de 10 años, de quien tuvo que alejarse por enlistarse en la milicia humana, dejándola al cuidado de una pareja de ángeles que eran sus padres adoptivos desde que su madre murió, cuando Natsu tenía apenas 3 años.

Su viaje hasta el reino demonio hubiera sido más ameno de no ser porque se les unió un chico molesto que Hinata había conocido en el servicio militar, un tal Kageyama Tobio de raza beta que competía mucho con Hinata, y con quién incluso se había peleado a golpes en una ocasión, terminando en un empate sin ganadores. Seguía igual de desagradable, sólo que su carácter era más calmado, pero prácticamente forzaba a Shouyou a que tuvieran aburridas charlas sobre magia, le enseñaba la parte teórica de los diferentes usos de la magia y lo obligaba a practicar uno de ellos día tras día.

Cuando Hinata se escondía para evitar esas clases, de la nada una flecha rozaba su cabeza, Kageyama podía lanzar flechas con diferentes propiedades gracias a su magia de emisión en objetos, las flechas podían ser explosivas, de fuego, de hielo, y solía usar esas últimas para asustar al omega cuando se escondía, y si estaba de malas, usaba una eléctrica. Al llegar a la frontera después de varias semanas, los novatos tuvieron que quedarse a vigilar el campamento que habían instalado en un bosque lleno de ruinas mohosas, arboles oscuros y enredaderas, mientras los superiores hacían el intercambio de prisioneros. Kageyama como todos los días le enseñaba la teoría de la magia a Shouyou y le exigía concentrarse en sus palabras llenas de tecnicismos mientras Hinata bostezaba sentado en una piedra.

-¡Oye! ¡¿Estás prestando atención?! - le gritó y Hinata suspiró desganado.

-Que molesto, tus clases son muy aburridas - respondió desanimado.

-¡No tengo otra forma de enseñar! Ahora presta atención en vez de evitar educarte como un idiota.

-¡Cállate, de verdad intento prestar atención!

-No es cierto idiota, dime en qué consiste la activación de sphaeram por el método ictu y te creeré - dijo Kageyama mirando seriamente a Hinata, que estaba en blanco.

-¿Spha… Qué? - Hinata dio un salto hacia atrás por una flecha de hielo que Tobio había lanzado, y que pasó entre las piernas del omega incrustándose en la tierra, le había transmitido poca energía, por lo que sólo congeló el pasto en un área circular de medio metro - ¡Homicida!

-¡Sphaeram estúpido! ¡Es básico!

-¿Puedes explicármelo otra vez? - pidió Hinata, Kageyama apretó los puños para contener la rabia.

-¡Bien, pero presta atención Hinata idiota! - el beta aclaró su garganta mientras Shouyou miraba disimuladamente hacia el lado - El método ictu consiste en la aplicación de una fuerza violenta intencionada o no intencionada en el nodo principal ubicado entre los omóplatos con un sphaeram ajeno - Kageyama explicaba apasionado la teoría que Hinata no lograba entender, sus ojos estaban cerrados recitando lo que sabía, cosa que Hinata aprovechó para caminar en cuclillas hasta los árboles - de esta forma el sphaeram ajeno activa el propio haciéndolo repartirse por el resto de los nodos ¿Entendiste ahora? - Tobio abrió los ojos, buscó a Hinata volteando su cabeza varias veces, pero no encontró nada - ¿Hinata?

*****

El omega se metió entre los árboles y huyó de su compañero hasta perderse; el verdor de los bosques de la frontera era distinto a los del reino humano, era un color más oscuro y frío, pero seguía teniendo su encanto, se imaginaba que las tierras de los demonios serían más tétricas y horribles, no todo ahí era como se lo habían contado. Empezaba a sentir ansiedad al darse cuenta de que no sabía dónde se encontraba, estaba perdido y probablemente se había metido en el territorio de los demonios; recordó que la reina demonio  había ordenado construir una muralla para delimitar de una vez por todas los territorios del reino humano y el reino demonio, y por un momento maldijo el hecho de que aún no se estaba comenzando la construcción, de esa forma hubiera sabido si estaba en la parte humana de la frontera o no.

Usó el sentido común por un momento y se le ocurrió la idea de buscar un claro en medio del bosque, para quedarse esperando a que sus compañeros lo encontraran, era una idea básica y efectiva para personas con un sentido de la orientación deficiente, como él. Vio fácilmente uno iluminado y resplandeciente por el sol, se alegró mucho de verlo, pero retrocedió en cuanto identificó una silueta en medio de este.

Se sintió más tranquilo al no ver ninguna cola, alas y cuernos en el joven de la pradera, llevaba una túnica blanca con capucha y un gran bastón con orejas de gato talladas, seguro era un curandero humano que buscaba materiales del reino demonio en la frontera. El muchacho se veía muy pacífico sentado en el pasto, Hinata identificó algunos mechones rubios asomándose por la capucha; algo generaba mucho interés y expectativas por saber quién era ese chico, así que corrió en su dirección, apresurado por hablarle.

-¡Oye! ¡¿Qué haces aquí?! - exclamó mientras se le acercaba corriendo, el muchacho dio un respingo y giró su cabeza para verlo, era un omega como Shouyou, sus ojos y cabello eran igual de dorados, el interés de Hinata creció al mirarlo de cerca.

-Esto… Me perdí… - le respondió el chico tímidamente, el otro omega lo miraba curioso, algo en su interior le decía que siguiera la conversación con él, era un deseo hiperactivo de su corazón, así que dio un pequeño salto y terminó agachado en cuclillas junto al jovencito rubio.

-Oh, así que también estás perdido, es bueno saber que no estoy solo, me desoriento fácilmente en lugares así - dijo con un tono amistoso, el omega rubio se veía un poco nervioso, sus energías eran muy distintas.

-Sí, los bosques del reino demonio son muy espesos… - pronunció el rubio, Shouyou se sentó a su lado y continuó hablando.

-Me llamo Hinata Shouyou, soy un soldado de la caballería del sur de Akkad, ¿Cuál es tu nombre?

-Kozume… Kozume Kenma - respondió con inseguridad, Hinata le sonrió, le agradaba la gente tímida aunque no fueran de muchas palabras.

-Si quieres podemos esperar juntos aquí, mis compañeros no tardarán en venir a buscarme.

-¿No están ocupados con los prisioneros? - preguntó Kenma, a Hinata le pareció raro que su nuevo amigo supiera sobre el intercambio de prisioneros.

-No tardarán ¿Cómo sabes de esa misión?

-Los vi antes de perderme… - dijo Kozume con un tono muy inseguro.

-Ya veo, pues, si tardan, podríamos salir juntos de aquí ¿Tienes alguna idea de en qué dirección está tu casa? - preguntó Hinata sin pensar demasiado en que probablemente Kenma también podía tener problemas de orientación.

-Creo que esta hacia allá - Kozume apuntó en dirección contraria al reino humano, Hinata soltó una carcajada cuando hizo eso.

-¿Pero qué dices? Hacia allá viven los demonios. Bueno, será mejor que esperemos aquí, me da un poco de miedo el castigo que me tendrán preparado.

-¿Por qué te castigarían, Shouyou? - le preguntó el omega rubio, Hinata se sintió feliz al ver que su nuevo amigo le hablaba con más confianza.

-Hui de una aburrida clase de magia, todos quieren que aprenda a manejarla, pero es un tedio - respondió Hinata con desanimo.

-Entiendo, yo también hui, mi hermano es muy sobreprotector, no me deja acercarme al reino humano - dijo Kenma, Shouyou se quedó congelado mirándolo, ¿Acababa de escucharlo bien?, su mente trabajó para darle sentido a lo que dijo su nuevo amigo, ¿Acaso no vivía en el reino humano? Solo encontró una explicación para eso.

-¿Eres un…?

-¡¡Kenma!! ¡¡¿Dónde estás?!! - gritó una voz desconocida para Hinata, a lo lejos vio una alta silueta con cuernos, un demonio que venía en dirección al claro donde ellos se encontraban; Shouyou decidió transformarse en un pequeño cuervo, una característica con la que había nacido y que compartía con su hermana Natsu, dejando sus prendas y su arma tiradas junto a Kozume, que las ocultó rápidamente detrás de una piedra. Un demonio alfa, alto y de túnica roja llegó corriendo junto a Kenma, su túnica era una vestimenta característica del ejercito de los demonios, Hinata lo observaba fijamente desde una rama, atento a él y a Kozume.

-Kuroo…

-¡¿Qué diablos haces aquí?! - exclamó el demonio de túnica roja, arrodillándose frente a Kenma para agarrarle los hombros, el omega agachó la cabeza.

-Lo siento Kuroo, me perdí - se excusó Kozume ante ese tipo, Hinata en su forma de cuervo miraba todo con ansiedad, como si quisiera bajar para ponerse del lado de Kenma y darle su apoyo.

-¿Ahora entiendes porque no debes andar solo? Porque pasan cosas como estas, es demasiado fácil perderse en estos bosques - dijo el demonio alfa, luego se levantó y extendió sus dos manos hacia Kenma - ven, te ayudaré a levantarte.

-Está bien - Kenma tomó las manos de Kuroo, se puso de pie con algo de dificultad, su tambaleo hizo que la capucha de su túnica cayera, dejando al descubierto su cabeza; Shouyou se sorprendió al ver dos huesos redondos a los costados de la cabeza de Kozume, los que deberían ser cuernos eran dos simples vestigios de estos, con un corte limpio casi al ras del cráneo del chico, como si alguien se los hubiera cercenado.

-Aquí tienes tu bastón - le dijo Kuroo recogiendo rápidamente el gran bastón de madera y entregándoselo a Kenma, que lo tomó y comenzó a avanzar de forma lenta y extraña, como si le costara mucho dar algunos pasos, necesitando un bastón para avanzar - ¿Quieres que te cargue?

-Así estoy bien Kuroo, puedo hacerlo solo - Kenma avanzó a su ritmo para salir de la pradera, Kuroo volteó la cabeza y miró fijamente a Hinata, poniéndolo muy nervioso y tenso.

-Kenma, ese cuervo no es endémico de estos bosques - dijo Kuroo mirando de reojo a Shouyou.

-Pero si hay cuervos en este lugar - le respondió Kozume, Kuroo seguía mirando a Hinata con desconfianza.

-Las plumas de este no son las mismas que los cuervos de aquí.

-No seas paranoico Kuroo.

-Iré a verlo.

-Como quieras, yo seguiré solo hasta el campamento - le respondió Kenma, avanzando con su bastón, su espalda estaba encorvada y él se quejaba un poco en voz baja al caminar, como si sintiera dolor al hacerlo; Kuroo dio media vuelta y lo siguió corriendo.

-Ni pienses que irás solo, si tu espalda te duele demasiado ¿Quién te cargará hasta el campamento?

*****

Cuando ambos demonios se fueron del claro, Hinata bajó del árbol y dejó su forma animal, quedando completamente desnudo; corrió hacia donde estuvo sentado junto a ese intrigante demonio de cuernos cortados, y encontró su ropa y su espada detrás de una piedra; se vistió rápidamente y comenzó a buscar el cinto metálico que usaba en su cabeza, palpaba el pasto y buscaba bajo las rocas, pero no logró encontrarlo. Una corazonada lo hizo mirar en la dirección que había tomado Kenma, Shouyou podía sentir que el había tomado su cinto y se lo había llevado consigo; no entendía porque un demonio haría eso, pero Kozume seguía llamando mucho su atención, algo en su alma le decía que debían volver a verse, el cinto era una mera excusa para lograr eso.

Los gritos de Kageyama lo sacaron de ese estado pensativo, los superiores habían enviado a Tobio a buscarlo; el recibimiento del beta fue darle un fuerte golpe en la cabeza como castigo por huir y perderse; Hinata siguió a su compañero luego de esa fuerte tunda, sobándose la cabeza y refunfuñando. Cuando llegaron al campamento, los demás soldados lo estaban desmantelando, el capitán había ordenado que viajaran de noche para evitar conflictos fronterizos, así que Kageyama y Shouyou los ayudaron a quitar las últimas estacas y cuerdas de las tiendas de campaña.

Al atardecer emprendieron el viaje de vuelta a la ciudad humana más cercana para sentirse resguardados, Hinata seguía pensando en Kenma, era algo que no podía controlar, apenas lo había conocido ese día, pero, percibía algo extraño en su pecho, como si estuviera conectado de alguna forma con él. Frente a los soldados iba el capitán, alumbrando el camino con una antorcha que levantaba por encima de su cabeza, los demás le seguían las pisadas, el omega miraba a sus pies, la ansiedad lo carcomía, porque su corazón le gritaba que no debía irse, que en cambio debía dar la vuelta y “buscar su cinto”, aunque no le importara perderlo en realidad.

El sonido de la espada de Hinata cayendo y el revoloteo de sus pequeñas alas de cuervo hicieron suspirar con desgano al capitán del grupo, que sin siquiera voltear le ordenó a Tobio que fuera a buscar a Shouyou, que les daban 4 horas para aparecerse o los darían por muertos y regresarían solos a la civilización. Con toda esa presión, Kageyama  tomó las ropas y la espada de Hinata, y se fue corriendo, alumbrando su camino con una flecha de fuego, seria difícil encontrar a Shouyou, pero no podía volver si no encontraba a ese odioso novato.

El omega transformado en cuervo sobrevoló el bosque de la frontera hasta encontrar una hoguera en medio de cinco tiendas de campaña, ahí pudo ver a Kuroo, el demonio que había encontrado a Kenma, hablando con dos demonios más alrededor del fuego, uno era un moreno de cabello muy corto, otro con el centro de su cabeza rubio y los costados negros. Todos eran alfas, se veían muy rudos, así que Hinata descendió sin hacer ruido ni dejar su forma animal, usando sus pequeñas patitas para acercarse a las tiendas sin ser visto por nadie.

En una de las carpas estaban los prisioneros que su grupo trajo consigo, ya liberados y durmiendo plácidamente uno al lado del otro; tres de ellas estaban vacías, así que Hinata asumió que Kenma estaría en la última, cosa que no le hacía demasiada ilusión por sus nervios al estar en territorio enemigo. Con mucho cuidado avanzó hasta la última tienda, rodeando a los demonios alrededor de la fogata, que bromeaban y comían sin preocuparse demasiado por la vigilancia; cuando al fin pudo entrar, se topó con una visión que lo tomó por sorpresa.

Kenma estaba de espaldas a la entrada de la tienda, semi desnudo, tratando de colocarse un camisón para dormir; Hinata se fijó en la espalda de Kozume, tenía dos grandes cicatrices donde debían estar sus alas, y su marcada columna se veía algo curvada, sin duda le causaba dolor. El demonio omega volteó hacia la entrada de la carpa tras fracasar en su intento de ponerse el camisón, topándose de frente con Hinata transformado en cuervo. Shouyou miró el cuerpo de Kenma, era menudo y delgado, sus costillas se notaban un poco, pero no dejaba de parecerle muy lindo; tan pálido y delicado, se veía como si fuera a quebrarse con el más mínimo golpe.

Esa frágil y bella criatura no podía ser un demonio, sus dorados ojos eran deslumbrantes, sus finos rasgos angelicales, sus pechos unos atrayentes y minúsculos bultos pálidos; Hinata se quedó tan embelesado que perdió totalmente su concentración, cambiando su forma de cuervo a su forma humana justo frente a Kenma. Cayó sobre él dejándolo recostado boca arriba sobre su saco de dormir, Shouyou usó sus brazos para poder levantar una parte de su cuerpo, quedando a gatas frente a Kenma mientras se disculpaba; el omega rubio clavó sus ojos en la desnuda entrepierna de Hinata, mirando con sorpresa aquella parte privada del omega humano. En vez  de cubrir sus genitales, a Shouyou se le ocurrió cubrir la boca de Kozume con su mano, para evitar ser descubierto.

-Por favor, no grites - le rogó Hinata, Kenma miraba hacia abajo, su corazón se estaba acelerando, estaba a centímetros de una persona desnuda y eso lo ponía demasiado nervioso; el humano cubrió su entrepierna con parte del saco de dormir cuando se percató de que era lo que tenía tan agitado a Kenma - no vengo a hacerte daño, así que por favor, prométeme que no vas a gritar - Kozume asintió para indicarle que no lo delataría, entonces Hinata respiró profundamente y quitó su mano de los labios de Kenma.

-Sabía que vendrías, Shouyou. Aunque… creí que vendrías, con ropa - fue lo primero que dijo Kenma mientras apoyaba sus palmas para sentarse, luego hizo una mueca de dolor mientras levantaba su cuerpo.

-¿Te encuentras bien?

-Sí… estoy bien, yo puedo sólo - le respondió, una vez sentado y acomodado apuntó algunas prendas tiradas dentro de la tienda - ¿Podrías acercarme mi ropa?

-¿No querías ponerte un camisón? - preguntó Hinata mientras le entregaba la ropa.

-Cambié de opinión, prefiero ponerme mi ropa común ahora - Kozume tomó las prendas y se las colocó lentamente, enderezando a duras penas su atrofiada espalda y aguantando el dolor para no recibir ayuda - ¿Vienes por ese adorno que llevabas en la cabeza? Estaba junto a mi ropa.

-Sí, ya me di cuenta - Hinata agarró su cinto y lo colocó en su frente, era lo único que traía encima.

-¿Es lo único que vienes a buscar?

-No exactamente, pero no estoy seguro… ni siquiera sé porque estoy aquí - el omega humano respondió con sinceridad, Kenma sonrió y tocó el centro del pecho de Shouyou, ambos se miraron, en el fondo Hinata sabía que era lo que Kozume quería decirle.

-¿No sientes… una especie de conexión cuando estamos juntos? - si bien a cualquiera le hubiera parecido extraño, a Hinata le hacían sentido sus palabras.

-Sí, la siento, pero no sé si es el destino o algo más… - admitió Hinata, Kenma retiró su mano del pecho del humano y cerró los ojos, pensando en una manera para contarle la verdad.

-¿Quieres saber quién soy?

-Por supuesto.

-Me llamo Kozume Kenma, tengo 20 años, tenía una vida normal hasta hace un mes, bueno… “normal”, si se puede considerar normal tener discapacidades motoras. El mes pasado tuve un sueño, en el que la deidad protectora del reino humano, el Behemot, me llamaba mientras lo esperaba en la cima de una montaña.

-¿La deidad de los humanos? ¿Por qué no la de los demonios?

-Déjame explicarte. Behemot me encomendó una tarea cuando al fin nos vimos de frente; me dijo que un demonio de mi reino asesinará a la reina y se tomará el poder para continuar con la guerra de los 100 años.

-¿Es en serio? - a Hinata le resultó difícil tragarse esas palabras, a pesar de sentir que eran la verdad.

- Sí, y si eso llegara a pasar, el mundo podría perecer; Behemot no hace distinción entre una raza u otra, por eso, me eligió a mí para detener este apocalipsis, pero me dijo que no puedo hacerlo solo…

-¿Quieres que yo te ayude? Pero ni siquiera entiendo que se supone que tienes que hacer para detener a ese demonio.

-Behemot me explicó que debía reunir a otros 12 elegidos para poder detener a ese tipo, pero para ello, debo salir del reino demonio - al oírlo, Hinata empezó a sentir que algo en su pecho afloraba en un pequeño cosquilleo.

-Quieres decir que…

-Si Shouyou, tu eres uno de los 12… - Hinata observó sus rodillas, la incredulidad no caía en su cabeza, no si estaba percibiendo algo dentro de sí mismo que le decía que todo aquello era verdad.

-Es un poco difícil de asimilar - susurró, luego vio como Kenma erguía la cabeza viendo la entrada de la tienda.

-Kuroo viene hacia acá - avisó el omega demonio, inmediatamente Hinata volvió a su forma de ave y se escondió a tiempo dentro del saco; Kuroo entró en la tienda, encontrándose a Kenma sentado, usando sus ropas habituales.

-¿Aún no logras cambiarte de ropa? Déjame ayudarte - Kuroo gateó hasta Kenma y comenzó a levantar su ropa sin esperar su respuesta.

-No Kuroo, déjame, yo puedo hacerlo sólo - Kenma se resistía, mas Kuroo era demasiado rápido, así que en unos segundos tuvo puesto el camisón para dormir.

-Listo, ya puedes ir a la camita, pequeño gatito - dijo Kuroo frotando los cabellos de Kenma, que se veía algo molesto.

-Te dije que podía hacerlo sólo…

-No, no puedes ¿Qué pasaría si al sobre esforzarte tu columna se lesiona?

-No va a romperse por cambiarme de ropa…

-Todo puede pasar, por eso necesitas ayuda, no tiene nada de malo - dicho esto, Kuroo tomó a Kenma en sus brazos y lo acomodó dentro del saco, casi aplasta a Hinata en el proceso; luego acomodó el saco de manera en que Kenma estuviera completamente envuelto con el - así, bien cobijado, es hora de dormir.

-Aun no tengo sueño…

-No seas testarudo, debes descansar, pequeño Kenma - le respondió el alfa arropándolo un poco más.

-Oye Kuroo…

-¿Qué pasa?

-¿Recuerdas ese sueño extraño que tuve?... - preguntó Kenma, inseguro y cabizbajo.

-Ah, si ¿Todavía te acompleja? Fue sólo un sueño, no le tomes importancia.

-Pero… a veces vuelvo a escuchar su voz estando despierto…

-Es tu imaginación, ese sueño te tiene tan paranoico que crees que escuchas algo. Por favor ya deja de pensar en eso, sólo te angustiaras más, eso no es bueno para tu salud.

-¿Y si te dijera… que ya encontré a algunos de los elegidos? - Kuroo no pudo controlar una pequeña risotada al escucharlo.

-Me gusta que aún tengas la imaginación de un niño, es muy lindo - Kenma arrugó los labios con una frustración tan grande que casi lo hace llorar.

-¿Por qué no me crees?

-Es que es imposible - pronunció Kuroo, pero luego se quedó pensativo - bueno, la parte de un dictador que mate a la reina no es tan descabellada, pero ¿Doce elegidos guiados por…? - Kuroo cerró la boca al darse cuenta que sus palabras podían herir a Kenma - no me refiero a que sea ridículo que tú seas el “mesías” de todos los reinos. No es que seas inútil ni nada, es sólo que…

-Solo dilo…

-Si yo fuera Behemot, escogería a un humano, al humano más poderoso y fuerte de todos… Además, si llegáramos a estar en una guerra civil por la reina y el supuesto dictador, lo primero que haría antes de escoger un bando, sería llevarte al lugar más seguro de la tierra, donde no estés expuesto nunca más al peligro.

-Tal vez... suena más lógico pero...

-Por esa razón, ya no te carcomas la cabeza por culpa de ese sueño - Kuroo besó la frente de Kenma antes de despedirse - duerme bien Kenma, dulces sueños - el alfa caminó hasta la entrada de la carpa, y antes de salir, volteó para mirar una vez más a Kozume - te quiero.

-Y yo a ti… - susurró Kenma antes de que Kuroo al fin lo dejara a solas con Hinata, que salió en su forma de cuervo del saco de dormir y se transformó en un nivel intermedio entre un cuervo y un humano, de la cintura hacia abajo tenia cuerpo de ave, sus brazos eran ahora unas grandes alas, y había plumaje en su pecho y pequeñas plumas en su cuello y detras de sus orejas. Shouyou lucía un poco desanimado, su estado de ánimo cambió después de escuchar la conversación de Kuroo y Kenma.

-¿Él es tu novio?... - preguntó Hinata seria y desganadamente.

-No, él es mi hermano, Kuroo - contestó Kozume, el omega humano se mostró sorprendido y aliviado por esa respuesta.

-Oh, ya veo, lo decía porque no se parecen tanto… - Hinata trató de excusar su cambio de ánimo de esa forma, luego se dio cuenta de que era Kenma quien no se estaba sintiendo feliz en esos momentos, por su expresión evidentemente molesta - ¿Pasa algo?

-Para Kuroo, yo no sirvo ni para vestirme por cuenta propia - dijo Kenma con rencor y tristeza, Shouyou lo observó  apenado - pero tal vez tenga razón, un invalido como yo no puede ayudar a nadie…

-No digas eso, aun si tienes problemas, no creo que eso sea un impedimento para lograr lo que te propones - le animó Hinata, Kozume seguía cabizbajo - todo lo que necesitas es voluntad.

-A veces no sé qué creer Shouyou, la voz de Behemot siempre me dice que nadie más que yo puede cumplir con esta labor, pero… Kuroo, y los demás demonios, nunca me toman en serio, y, yo pienso que es lógico que no puedan hacerlo, porque no puedo caminar bien, no puedo moverme bien ¿Cómo voy a enfrentarme a alguien en estas condiciones?

-Pero no importa lo que otros digan, solo importa lo que tú quieras hacer, además, si dices que es el mismo Behemot el que te llama, entonces debe ser cierto, y si resulta que estás loco, bueno, al menos somos dos locos ¿No? - Hinata colocó su ala sobre el hombro de Kenma, este le sonrió, ambos se miraban de la misma manera, alargando un pequeño silencio entre ambos.

-Tienes razón Shouyou, yo de verdad pienso que lo que soñé fue real… de hecho, tengo una prueba para decir que fue real.

-¿Cuál es esa prueba?

-¿Ves mi cabello? - preguntó Kenma apuntando su cabeza, Hinata se movió para ver desde varios ángulos los rubios mechones de Kozume.

-Esto… ¿Qué tiene de raro?

-Antes de ese sueño, tenía el cabello negro - Hinata abrió los ojos por la sorpresa.

-Espera ¿Cómo que cambio de color? ¿Dices que lo hizo solo?

-Sí, cuando desperté a la mañana siguiente y me miré en un espejo, vi que mi cabello se había vuelto dorado.

-¡¿Qué?! ¡¿Y aun así tu hermano no te cree?!

-Kuroo me llevó a un doctor cuando le dije que cambió de color por sí solo, ese doctor no encontró explicación, dijo que tal vez comí algo que afecto la pigmentación de mi cuerpo. Kuroo se quedó con esa explicación… - dijo Kenma, y Hinata por un momento pensó que el verdadero loco era ese tal Kuroo por negarse a aceptar que si su hermano literalmente de la noche a la mañana cambió de moreno a rubio, era por una razón mística más allá de su comprensión.

-¿De verdad?

-Lo digo en serio, Behemot me explicó que mi cabello muestra la cantidad de poder que me otorgó, me dijo que no lo malgastara - repentinamente Shouyou tomó la cabeza de Kozume con sus alas y la agachó clavando sus ojos al cuero cabelludo del omega demonio.

-Tus raíces también son rubias - pronunció mirando la cabeza de Kenma.

-Shouyou, mis huesos duelen un poco cuando mantienes mi cabeza así…

-¡Lo siento! - el humano soltó la cabeza de Kenma y se apartó de él.

-Oye Shouyou…

-¿Si?

-Tengo que salir del reino demonio para encontrar a otros 9 elegidos…

-¿9, no eran 12?

-Ya contacté a 3, los que se encuentran actualmente en estas tierras, y a ti, todos los demás están repartidos al sur - le respondió Kenma sin asomo de dudas.

-Ahh, entiendo, en ese caso, puedo ayudarte en tu búsqueda, mira - dijo Hinata desplegando sus alas - soy capaz de cargar a dos personas a la vez con esta forma, uno en mi espalda y uno entre las garras de mis pies.

-Gracias Shouyou, no sabía cómo pedirte ese favor…

-Estoy a tus órdenes desde ahora Kenma, tenemos un deber en común ¿No? - Hinata sonreía amablemente, era muy tranquilizante para Kenma el hecho de que fuera tan fácil de convencer; luego de mirarse unos segundos a los ojos, Kozume comenzó a levantar su camisón para desnudarse, Shouyou dio un respingo - ¿Qué haces Kenma?

-Voy a cambiarme de ropa para que salgamos hoy mismo de aquí - le respondió Kenma con naturalidad, mostrando su desnudo torso sin pudor ante Hinata.

-Oh… ¿Ahora mismo?

-Ahora mismo.

-Está bien, si quieres que nos vayamos ahora, entonces nos iremos ahora… - Shouyou miraba a Kenma, más concentrado de lo que debía en el físico del omega demonio.

-Esto… Shouyou… - Hinata no prestó atención, siguió congelado mientras observaba a Kozume; sin quererlo liberó feromonas que llegaron hasta la nariz de Kenma, quien se cubrió los pechos abrazándose a sí mismo, estaba sonrojado y cohibido - por favor no sueltes feromonas, los demás podrían olerte…

-¡Lo siento! - dijo Hinata retomando el control sobre sí mismo - lo siento mucho Kenma...

-No pasa nada… tal vez deberías voltearte…

-Tienes razón - el omega humano se dio la vuelta y esperó a que Kenma se colocara nuevamente su ropa habitual, oía sus pequeños quejidos de dolor, eso lo preocupaba - ¿Necesitas ayuda?

-No, yo puedo solo - le respondió Kozume, Shouyou se quedó quieto, estaba algo avergonzado por haber liberado feromonas frente a Kenma, eso hacía muy evidente la atracción que sentía por él, y también lo hacía ver como un pervertido, le estaba dando una pésima impresión - ya terminé, Shouyou.

-Bien… ¿Cómo saldremos de aquí sin que nos vean?

-Ya pensé en eso ¿Podrías transformarte en pájaro y crear una distracción mientras yo salgo de la tienda?

-Oh, suena lógico.

-Pero por favor, trata de hacer algo de ruido, porque si simulas un ataque, solo lograrías que Kuroo corriera a buscarme para esconderme en alguna parte - aclaró Kenma, Shouyou tomó nota mentalmente de lo que debía hacer.

-¿Cuánto crees que tardarás en salir y meterte al bosque?

-Creo que 5 minutos, eso espero…

-Voy a hacer lo que pueda, cuando te vea en el bosque, te llevaré sobre mis alas ¿No tendrás problemas con sujetarte? - pregunto Hinata, Kozume lo miró seriamente, el omega humano no estaba seguro de porque se molestó - ¿Qué?

-Sí Shouyou, podré sujetarme, no soy tan insignificante como para no saber hacerlo - respondió secamente, Hinata tragó saliva.

-Claro, no sé porque te pregunté algo tan tonto - Shouyou rascó su cabeza y sonrió nerviosamente.

-Bien, ya es hora.

*****

Apenas dieron por terminada su conversación, Hinata se transformó en cuervo y salió caminando de la tienda; se dirigió atrás del campamento para empezar a volar rodeándolo por alrededor de los árboles, llegó planeando hasta una rama y observó a todos los presentes, pensando en una forma de distraerlos. Lo único que se le ocurrió fue planear entre las ramas, golpeándolas para hacer que se movieran y crearan un pequeño ruido; el primero en percatarse fue el hombre moreno de los soldados alrededor de la fogata, que le pidió silencio a los demás.

Hinata se alegró cuando captó la atención de todos, así que planeó una vez más para mover otras ramas; todos se levantaron cuando vieron la rama moverse, primero alzaron la voz para preguntar quién andaba ahí, pero al no escuchar respuesta, el demonio moreno y el de cabello bicolor avanzaron lentamente hacia el bosque; Kuroo seguía de pie, atento, si se trataba de una gran amenaza, se daría la vuelta para proteger a Kenma. A Shouyou le frustró ver que el hermano de Kenma no se movía, lo que hacía más tensa la huida de este; el omega descendió y se metió entre un arbusto, mordiendo una ramita con su pico para agitarlo sin parar; Kuroo entonces soltó una risa y caminó hacia donde estaban sus compañeros, les dijo que probablemente solo era un animal jugueteando.

El demonio se acercó al arbusto, Hinata miró en dirección a Kenma, que con mucho esfuerzo y ayudado por su bastón salió de la tienda a la mayor velocidad posible; entonces Shouyou voló frente a los ojos de Kuroo, que dio un paso atrás por la sorpresa de ver a un cuervo saliendo de un arbusto. Cuando los soldados se voltearon, Kozume estaba detrás de la carpa, tenso y tratando de moverse sin hacer el menor ruido para meterse al bosque; luego de unos minutos logró llegar detrás de un árbol, las carpas tapaban la línea de visión de su hermano y sus amigos, así que no pudieron verlo.

El humano apareció frente a Kenma, transformándose en su forma hibrida, abriendo las alas y agachándose, listo para transportar a Kozume lejos del reino demonio; Kenma se aferró al cuello de Shouyou colocando su bastón entre ambos para que no cayera mientras emprendían el vuelo. Hinata aleteó y corrió con el omega demonio instalado en su espalda, le costaba un poco comenzar a volar cuando llevaba personas sobre su lomo, pero Kozume, al ser tan delgado, no fue demasiado problema para él.

Kuroo se veía pensativo mientras contemplaba la fogata, ese cuervo que vio durante una fracción de segundo le resultaba idéntico al que vio cuando Kenma se perdió, y sabía que no era una especie característica del lugar, eso lo hacía tener una corazonada. Decidió levantarse y caminar hasta la tienda de Kozume para comprobar algo, entonces, al meter la cabeza por la entrada, vio con horror que su hermano no estaba ahí; sacó su cabeza de la carpa y corrió hacia la fogata con una expresión que delataba su extrema preocupación.

-¡¡¡Secuestraron a Kenma!!! - les gritó a sus dos compañeros, que se levantaron inmediatamente, igual de alterados que Kuroo.

-¡Maldición, que jodida distracción más obvia, no puedo creer que cayéramos con eso! - exclamó el tipo rudo de cabello bicolor, mientras sus compañeros se quitaban las túnicas rojas para poder desplegar sus negras alas.

-¡Yamamoto, no te quedes ahí parado y síguenos, hay que encontrarlo! - le ordenó el chico moreno, Kuroo ya había empezado a volar dejándolos unos metros atrás, se veía desesperado.

-¿Teniente Nobuyuki? ¿Qué está pasando? - preguntó uno de los prisioneros liberados, asomándose al escuchar que alzaron las voces.

-Secuestraron al hermano menor de Kuroo, despierta a los demás y hagan una búsqueda por tierra, nosotros lo buscaremos en el aire - ordenó Nobuyuki mientras comenzaba a volar en compañía de Yamamoto.

-Maldición ¿Por qué se llevarían a Kenma? ¿Qué ganan con eso los estúpidos soldados humanos? - dijo Yamamoto mientras volaba a toda velocidad, tratando de seguir a Kuroo por los aires.

-Puede que no sean los soldados, siempre ha habido humanos que trafican demonios - le contestó Nobuyuki, avanzando con dificultad por estar contra el viento - bueno, también hay demonios que trafican humanos…

-¡¿Para qué?! ¡Malditos, en cuanto los atrape los hare trizas! - exclamó Yamamoto con rabia, a lo lejos ya podía ver a Kuroo, que volaba hecho un rayo mirando hacia todos lados, con los nervios de punta.

-Se llevan generalmente a los omegas y mujeres para venderlos a negocios de prostitución, y a los regeneradores los venden para que algún rico sádico tenga alguien a quien torturar de por vida - explicaba Nobuyuki, sacando de su pantalón una varita que usaba para catalizar su magia.

-Eso es horrible… ¡Hay que encontrar a Kenma! - dijo Yamamoto mientras preparaba sus catalizadores, una gran cantidad de piercings repartidos por su cuerpo, enviando energía hasta ellos para hacerlos brillar. Yamamoto se especializaba en la magia de intensificación, lo que le permitía volar a una rapidez hasta 5 veces  mayor que la de sus compañeros, de esa forma voló más lejos que Kuroo, deteniéndose al divisar algo - ¡¡Los veo!!

-¡¡Allá vamos!! - gritó Nobuyuki, tanto el como Kuroo aceleraron el aleteo de sus alas para alcanzar a Yamamoto.

-Ahí están - Yamamoto apuntó a Hinata y a Kenma, que volaban tranquilamente a lo lejos; mas para Kuroo, Kenma no se veía tranquilo, le parecía que iba aferrado a la espalda del humano porque no le quedaba de otra, su hermanito no podía volar al fin y al cabo. Nobuyuki se detuvo y aleteó con su cuerpo en forma vertical para mantenerse quieto, así levantó su varita y la movió, guiando las ráfagas de viento hacia Hinata para inestabilizarlo durante el vuelo.

-¡¡No hagas eso Kai, Kenma podría caer!! - le gritó Kuroo.

-¡Kuroo, lánzale algo de fuego! - propuso Yamamoto.

-¡¡No puedo hacer eso idiota, podría herir a Kenma!!

-¡¡¡Maldición!!! - gritó Yamamoto con rabia, todo dependía de él mismo en esos momentos.

Con sus catalizadores reactivados, Yamamoto  voló a toda velocidad hasta alcanzar a Hinata y ponerse frente a él, Hinata paró en seco, viendo como ese rudo demonio movía su brazo, preparando en cuestión de segundos un golpe recargado que fácilmente podría haberle zafado la quijada si lo recibía; pero antes de que el puño de Yamamoto se estrellara contra su rostro, Kenma puso una barrera luminosa de una transparencia ligeramente dorada sin siquiera moverse, deteniendo el golpe del demonio alfa. Yamamoto salió girando hacia atrás, casi perdiendo el control de su vuelo gracias al retroceso de su fuerte golpe; miró desconcertado a Kenma, no estaba seguro de si él había puesto ese escudo, pero le pareció muy extraño.

Continuaron persiguiéndolos, Kenma estaba atento a Yamamoto, era el más rápido y peligroso, por eso tenía que detener cada embestida y golpe que intentaba dar, lo que fomentaba las sospechas en Yamamoto, la barrera que siempre lo detenía era idéntica a las que podía formar Kenma; en un momento se detuvo, Kai lo reprochó mientras volaba, pues su ayuda era fundamental, pero él se mantenía serio y callado, viendo como cuando Nobuyuki controlaba el viento para desestabilizar, aparecía aquella barrera dorada; lo único que gritó Yamamoto luego de pensar en esa situación fue: “¡¡Eres un traidor!! Sin embargo ninguno de sus compañeros le prestaron atención mientras les gritaba que ni siquiera se esforzaran por salvar a Kozume; continuaron organizándose durante el vuelo, Kai apresuró su vuelo para enviar una ráfaga de viento frente a Hinata, que le dio de lleno en el rostro, volteándolo hacia atrás; Kenma trató de aferrarse a Shouyou para no caer, pero Kuroo lo tomó de la cintura y lo jaló hacia él, separándolo de Hinata.

Después de recuperar a su hermano, Kuroo empezó a atacar al humano sin dar tregua, Kozume trataba de explicarle y decirle que se detuviera, pero Kuroo estaba demasiado furioso como para escucharlo; Shouyou llamaba a Kenma mientras trataba de esquivar las masas de viento que lanzaba Kai para hacerlo caer, y las bolas de fuego de Kuroo que intentaban aniquilarlo; a duras penas Kozume lograba detener el fuego dirigido a Hinata, que se estrellaba contra sus escudos de luz, explotando al contacto. Kageyama levantó la cabeza cuando desde el cielo empezaron a brillar luces anaranjadas, observó detenidamente, un nuevo impacto de fuego alumbró lo suficiente como para que identificara a Shouyou, que estaba metido en un gran apuro.

Se agachó junto a un árbol y preparó una flecha de su arco, dichas flechas eran especiales para alguien que usaba magia de emisión en objetos, cada una era un catalizador, por lo que debía saber muy bien cómo usarlas para no malgastarlas, y si era posible, recuperar cada una de ellas; apuntó desde su posición, pensando detenidamente en la cantidad de flechas que dispararía, dos para ser exactos. La primera sería para el demonio que manipulaba el viento, era necesario deshacerse de él para que Hinata tuviera más espacio para huir, la segunda debía ser para el demonio que emitía fuego, les tenia preparadas flechas de hielo, el objetivo principal era darle a sus alas para que cayeran en picada.

Lanzó la primera con éxito, su flecha de hielo voló hacia el cielo atravesando el ala de Nobuyuki, que gritó de dolor y comenzó a mover su única ala sana, tratando de evitar una inminente caída con desesperación; Yamamoto voló a toda velocidad para atrapar a su amigo antes de que tocara el suelo, y luego regresó hacia arriba, evitando a tiempo una flecha explosiva de Tobio, que se maldijo al no percatarse de la presencia de aquel demonio intensificador, aquel tipo era un problema para él. Yamamoto sujetaba a Kai, que muy adolorido temblaba de frio, sus labios se veían morados, si no removían la flecha a tiempo, su cuerpo seguiría congelándose hasta su muerte; al llegar arriba le advirtió a Kuroo que había un arquero ayudando al humano, por lo que Kuroo cambió de estrategia y eligió dar la vuelta para huir con Kenma a un lugar más seguro.

Kageyama seguía observando desde el suelo, se enrabió al ver que, cuando los demonios dieron la vuelta, Shouyou los siguió en vez de huir, era un fastidio tener que seguir cubriéndole la espalda; Hinata volaba tras ellos gritándoles que esperaran, Kuroo se enfureció al ver que no se rendía, y volteó para seguir lanzando fuego en su dirección, esta vez con tres líneas que trataban de alcanzarlo por todos los ángulos, Shouyou tuvo que planear con maniobras muy bruscas para evitar salir lastimado. Kenma le gritaba a su hermano que se detuviera, pero él hacía caso omiso, veía a aquel humano como una amenaza, cuando los que habían empezado el ataque eran ellos.

-¡¡¿Por qué nunca me escuchas?!! - le gritó Kozume, llorando con frustración; Kuroo se detuvo al sentir un sollozo de Kenma.

-Descuida Kenma, no nos atrapará - le aseguró Kuroo, y Kenma movió sus brazos para golpearlo varias veces en la cabeza.

-¡¡Tienes que escucharme!! ¡¡Él no es ningún enemigo!! - trató de explicarle Kozume, su hermano lo miró con extrañeza.

-¿Qué estás diciendo?

-¡¡Lo sabía, eres un traidor!! - gritó Yamamoto con Nobuyuki al borde de perder la consciencia entre sus brazos.

-¡¿Qué mierda estas diciendo Taketora Yamamoto??! ¡Si dependiera de mí ya habrías sido dado de baja por decir calumnias como esa! - le reprochó Kuroo, Kenma mordía su labio lleno de cólera.

-¡¡Ya déjenme hablar!! - les gritó con rabia, ellos se quedaron callados, no era normal ver a Kozume tan enojado - Kuroo, no fui secuestrado por Shouyou, yo le pedí que me llevara con él.

-¿Shouyou…? Un momento ¿Por qué le pediste a un humano que te llevara con él? Eso es como un suicidio Kenma – preguntó Kuroo tomándolo de los hombros, Kenma pendía entre las manos de su hermano sin sentir vértigo, porque sabía que no lo dejaría caer.

-Ya sabes… es sobre mi sueño… - contestó perdiendo toda la altivez que había ganado por la rabia, Kuroo y Taketora lo miraron desconcertados.

-¡Imbécil, nos pusiste en peligro por ese ridículo sueño, ahora Kai está herido por tu culpa! - lo increpó Yamamoto, todos estaban estáticos en el aire, incluyendo a Hinata, que se encontraba a algunos metros de ellos escuchando todo, y a Kageyama, que miraba expectante desde el suelo, analizando porque todos habían cesado el ataque.

-Kenma… Ese humano se está aprovechando de ti, si le contaste tu sueño y mágicamente quiere ayudarte, no es porque sea una buena persona, no seas ingenuo… - le dijo su hermano lleno de preocupación.

-No lo entenderás nunca… - se lamentó Kozume en voz baja, luego Kuroo lo estrechó contra su cuerpo, abrazándolo y aprisionándolo entre sus brazos.

-No le creas a los humanos… solo mira lo que te hicieron - Kenma cerró los ojos mientras su hermano acariciaba su cabeza de cuernos cortados, no podía dejar de dudar con impotencia acerca de su destino; por su lado, Nobuyuki temblaba y se desvanecía en brazos de Taketora, luchando por mantenerse consciente.

-¡¡Kai!! - le llamó Yamamoto asustado, Kozume los miró, no había dimensionado la gravedad del estado de Nobuyuki.

-Kuroo, acércame a él - pronunció Kenma, Kuroo obedeció, si eso calmaba las ideas peligrosas de su hermano, lo acercaría sin preguntar nada; Kozume y Kai se observaron, el demonio casi congelado vio asomos de compasión en el omega rubio, de cierta forma le daba paz. Kenma extendió su propia mano y dejó fluir fuego por esta para envolverla de flamas doradas y pálidas, con la intención de tocar el pecho de Nobuyuki.

-¡No puedes tocarlo en el pecho idiota! ¡Debes tocar el ala y retirar la flecha para que no siga congelando! - lo regaño Taketora antes de que tocara a Kai.

-Tora, cuando te avise, tú le quitas la flecha ¿Está bien? - propuso Kenma sereno, Yamamoto no dijo nada, sólo asintió con inquietud. Sus nervios crecieron cuando Kozume prosiguió con su ocurrencia de acercar el peculiar fuego al pecho de Nobuyuki, y aunque Taketora temblara, su instinto le decía que debía dejar que el omega siguiera con su loca idea.

La mano envuelta en esas bellas llamas se posó entre los pectorales de Kai, para luego adentrarse fácilmente en su pecho cual si estuviera hecho de agua; no producía ningún daño ni quemadura como el fuego común, era algo que nunca en sus vidas habían visto, una flama que no lastimaba, y que en vez de eso provocaba un agradable calor que recorría el cuerpo de Nobuyuki, calentando sus partes congeladas. Kai miraba asombrado a Kenma, no hallaba ninguna explicación para lo que estaba viendo, mas tembló al ver los dorados ojos de Kozume en absoluta concentración para descongelar todo su cuerpo hasta llegar a su ala herida.

El omega dio la señal, y Yamamoto retiró de un sólo tirón y bruscamente la flecha incrustada, provocando un gran dolor en Nobuyuki; luego de retorcerse, posó nuevamente sus ojos en la mano de Kenma, que se movía lentamente alejándose y arrastrando fuera de su cuerpo una esfera hecha de agua, el agua que era el hielo descongelado de su interior. Kai y Kozume cruzaron sus miradas, el desconcierto en la de Nobuyuki se mezclaba con un sentimiento de dicha, no sabía explicárselo, pero si estaba seguro de que tenía en frente a alguien mucho más grande que ellos, mucho más grande que todo lo que había conocido en la vida.

-Kuroo… debo irme - pronunció Kenma, no lo hizo pidiendo permiso, no lo hizo con inseguridad, simplemente dijo lo que tenía que hacer y lo que terminaría haciendo de cualquier forma si trataba de interponerse.

-Kenma… no puedes… ¿Quién te cuidará si…? - Kuroo calló antes de completar su frase, no tenía sentido que le preguntara quien lo defendería de cualquier peligro, si al fin y al cabo, su hermanito parecía tener más poder de lo que él podría haber aspirado en toda su vida, no podía creerlo.

-Sé que no quieres que nada malo me pase, pero ya no puedes seguir negándolo - Kozume tocó las mejillas de su hermano, Kuroo temblaba con miedo a lo que iba a pasar esa noche; algo que esperaba que nunca ocurriera estaba por ocurrir, y él no estaba listo para algo así - tienes que dejarme ir.

-No puedo… - le respondió, abrazándolo con una fuerza más débil, como si supiera que de nada serviría amarrarlo a él - si te vas, será demasiado peligroso… te prometí que no volverían a dañarte nunca más, por favor no me hagas esto… - le rogó Kuroo, llorando sobre su hombro y abrazándolo suavemente, parecía más indefenso que el mismo Kenma.

-Sí, será peligroso, pero es inevitable - dijo separando lentamente las manos de Kuroo en su espalda, soltándose sin dudar hacia una caída en vertical, no tenía miedo a caer al suelo, pues sabía que al dejarse caer, Hinata se apresuraría volando para detener su caída y llevárselo rápidamente hacia el reino humano. Kuroo miró hacia abajo inmóvil, sin comprender porque estaba pasando todo eso tan de repente, como si no pudiera cumplir uno de sus más grandes propósitos en esa vida.

-Kenma… - le llamó en voz baja, viendo como ese humano se alejaba con Kozume sobre su lomo; el miedo comenzó a inundar a Kuroo al ver a su hermano tan lejos de su alcance, no lo pudo soportar, por ello se lanzó a volar tras ellos, llorando envuelto en pánico - ¡¡Kenma!! - gritó su nombre una vez más, Yamamoto lo miraba preocupado al verlo tan afligido, Kai en cambio voló tras él con mucho dolor a causa de su ala herida. En tierra firme Kageyama volvió a tomar una postura defensiva cuando vio que un demonio seguía a Hinata tan rápidamente después de esa pequeña tregua que tuvieron en el aire.

-¡Kuroo basta, debes dejarlo ir! - exclamó Nobuyuki tomando un hombro de su amigo; Kageyama preparó otra tanda de flechas de hielo, dispuesto a espantarlos o matarlos de ser necesario.

-¡¡Cuidado!! - gritó Taketora volando a toda velocidad, empujando a sus amigos justo a tiempo antes de que una flecha de hielo les diera de lleno; la punta rozó el brazo de Yamamoto y creo una pequeña herida congelada, que a pesar del frío le ardía a Taketora al punto de que tuvo que apretar su brazo por el dolor - ¡¡Tenemos que irnos!!

Kai empujó a Kuroo llevándolo volando al reino demonio, trataba de alejarlo para evitar muchas flechas de hielo lanzadas hacia el cielo, que cumplían la función de ser una advertencia para que no siguieran a Shouyou. Kuroo se dio cuenta de lo injusto que era que Nobuyuki lo llevara a un lugar seguro, cuando él era el herido, con un ala sangrante que agitaba con agotamiento para no caer en picada al suelo; entonces voló y tomó a Kai por debajo de las axilas, huyendo de la lluvia de flechas.

Las flechas cayeron al bosque al no clavarse en ningún cuerpo, estallando con destellos azul claro que llamaron la atención de los prisioneros demonio liberados, uno de ellos gritó: “¡¡Por allí!!”, así que Kageyama hizo un rápido conteo de las flechas que le quedaban. Inmediatamente se dio cuenta de que no eran suficientes, así que echó a correr para no ser encontrado por esos demonios, manteniendo la calma a pesar de ser superado en número con creces.

Hinata y Kenma volaban en silencio, la discusión de Kozume con su hermano había sido un momento incómodo para todos, así que Shouyou no daba opinión, se limitaba a mirar hacia abajo; su vista en su forma híbrida era mucho mejor que en su forma humana, así que se dio cuenta con facilidad que Kageyama estaba huyendo de algo en la pradera donde había estado con Kenma. Descendió rápidamente hasta el claro sin llegar a posarse en él, únicamente bajó para agarrar los brazos de Tobio, para luego levantarlo en el aire y huir mucho más rápido desde el cielo.

Kageyama pataleó y maldijo a Hinata por ponerlo en esa situación, lo insultaba llamándolo idiota una y otra vez; Kenma miraba detenidamente a Tobio, sintiendo una conexión similar a la que tenía con Shouyou; pero no podía arriesgarse, así que sujetó el gorro de su capucha para que el viento no lo echará hacia atrás, y de esa forma ocultar que era un demonio. Volaron hasta que vieron los primeros vestigios del amanecer, descendieron en un camino rodeado por pastizales y árboles cubiertos de rocío, la madrugada aún era oscura así que podrían dormir un par de horas antes de volver a partir; al soltar a Kageyama en el camino, este pudo notar al fin que había alguien más en el lomo de Hinata, un jovencito omega que usaba un bastón para desplazarse, se veía muy frágil.

-Oye idiota… ¿Quién es este chico? - preguntó en voz baja, entregándole su ropa y espada al omega.

-Oh, él es…

-Me llamo Kozume Kenma… estaba perdido en el reino demonio y Shouyou me rescató... - respondió Kenma inventando lo primero que vino a su mente, Hinata lo observó con extrañeza.

-Ya veo… - Kageyama tocó un hombro de Hinata, pero no quito su expresión molesta y sería - nunca creí que diría esto idiota, pero, hiciste lo correcto al separarte del grupo.

-¿Eh? ¿En serio?

-Sí, arriesgaste tu vida para ayudar a un joven perdido en territorio enemigo, eso es lo que haría un verdadero soldado - Hinata se emocionó y llenó de entusiasmo con esas palabras de Tobio, tal vez no había ocurrido exactamente lo que Kenma dijo, pero era la primera vez que recibía palabras de aprobación de parte de otro soldado - deja de poner esa cara de estúpido.

-¡Gracias teniente Kageyama, volveré a perderme si es necesario! - exclamó en una postura recta.

-No idiota, tú sólo sigue órdenes y ayuda a las personas en vez de irte sin rumbo - le reprochó Tobio, después volteó a ver a Kozume, curioso - ¿Por qué llevas ese bastón tan raro? - preguntó sin sutilezas.

-Yo… tengo problemas en mi columna, no puedo moverme y equilibrarme como otras personas, así que mi hermano talló este bastón para mí, fue su idea ponerle orejas de gato…

-¿Estas discapacitado? ¿Qué hacías en el reino demonio? Es muy peligroso andar por esos lugares para personas como tú.

-Oye, no le digas así - dijo Hinata un poco molesto por las palabras poco cuidadas de Kageyama.

-Quería ir a la tierra de los Nefilim, pero creo que me desoriente…

-Sí que lo hiciste, el reino de los Nefilim está hacia el sureste, no hacía el norte de aquí. ¿Ibas sólo? ¿Y dónde está tu hermano? - se cuestionaba Tobio poniendo muy nervioso a Kozume.

-Sí, viajo sólo, mi hermano no está conmigo… - respondió tímidamente, Kageyama agachó la vista, interpretando de otra forma las palabras del omega rubio.

-Lo lamento… - Tobio intentaba verse empático, pero parecía que hacía todo por simple cortesía - nosotros vamos en esa dirección, podríamos llevarte hasta la bifurcación que hay entre Akkad y esa región, no es bueno que alguien en tu estado viaje sólo, y menos si eres un omega.

-Te lo agradezco…

-Cerca de aquí hay una posta donde podremos descansar, comer, conseguir un caballo y enviarle un mensaje a nuestros compañeros de la misión ¿Crees poder caminar hasta allá?

-Sí, sé que podré hacerlo - respondió Kenma avanzando con su bastón, iba tenso y sus piernas no se movían de forma muy coordinada, pero se esforzaba mucho por llevar el ritmo de una caminata normal.

-¿Quieres que te cargue? - preguntó Tobio, Hinata dio un respingo al oírlo.

-Oh no, ni creas que harás eso, Kenma me conoció a mi primero, yo lo llevaré en mis brazos.

-En realidad, prefiero caminar por mi cuenta, los doctores me dijeron que eso me ayudaría - se excusó Kozume, que en realidad no quería hacer ningún movimiento brusco que le quitara la capucha de encima.

-Si así lo quieres… pero iríamos mucho más rápido si te cargáramos - le respondió Kageyama, avanzando atrás del pobre omega que se movía de forma muy rara, le causaba dolor a Tobio con tan sólo verlo.

*****

Al llegar a la posta, Kageyama en vez de dormir se dedicó a escribir una carta a sus compañeros explicando todo lo ocurrido con Hinata, diciéndoles que tardarían mucho en alcanzarlos porque llevaban a una persona invalida hacia el sur; amarró firmemente el papel enrollado a la pata de una paloma mensajera, que volaría hasta la posta de la capital de provincia más cercana, de esa forma sus compañeros se enterarían de todo sin darlos por muertos. Su segunda preocupación era conseguir un caballo para poder llevar a Kenma a un ritmo más rápido, le causó mucha lástima verlo esforzarse para recorrer el camino hasta la posta, así que, como no tenía nada para hacer un trueque y conseguir un caballo, decidió sacrificar parte del dinero que tenía ahorrado para comprar un arco catalizador, que le permitiría gastar todas las flechas que quisiera porque sería el arco el transmisor de magia, no las flechas.

Hinata se había vestido y devoraba compulsivamente un guiso con semillas que era la especialidad de la posta, mientras pensaba en todo lo que había pasado esa noche, sobre todo con Kozume, que por alguna razón le mintió a Tobio. Después de comer, caminó hasta una de las camas de la posta, en ella estaba Kenma, descansando boca arriba con sudor en la frente y un rostro pálido; el omega humano se sentó a su lado, sabiendo que el demonio no estaba durmiendo.

-¿Te duele? - preguntó Shouyou, Kozume abrió los ojos para prestarle más atención.

-Solo un poco… - respondió el omega demonio, Hinata lo observaba compadeciéndose.

-Kageyama está negociando con los propietarios para comprar un caballo, ya no tendrás que esforzarte para caminar mucho.

-No es necesario que hagan eso… porque debo acostumbrarme a recorrer varias distancias a pie, aún me queda mucho que recorrer.

-Mencionaste que tenemos que ir a la tierra de los Nefilim ¿Cómo sabes a donde dirigirte? - preguntó Hinata muy curioso.

-La voz de mi cabeza me dice donde debo ir, me dice que cosas pasaran si no tomo medidas, es como si pudiera saber lo que va a ocurrir…

-¿Puedes ver el futuro?

-No sabría decirte… son más bien instintos, sabía que encontraría a un elegido en ese claro, pero no sabía cómo saldrían las cosas, y sé exactamente donde están los demás elegidos, puedo sentir si están en peligro, pero no puedo ver sus caras… - explicó Kenma, Hinata lo miraba fascinado por ese poder.

-Eso es tan genial ¿Sabes dónde está el próximo elegido?

-Está en esta misma posta… comprando un caballo… - contestó Kenma, Hinata apuntó con su pulgar a sus espaldas, indicando la dirección en donde estaba Tobio, poniendo una expresión incrédula.

-¿Kageyama? ¿Es en serio?

-Sí, Tobio es el elegido más próximo…

-¿Por qué no le contaste acerca de eso?

-Convencerlo será mucho más difícil de lo que fue contigo… Por eso no quiero revelarle que no soy un humano,  al menos no de momento…

-Pero estoy seguro que lo entenderá rápido, seguro se sentirá importante si le dices que es un elegido.

-No es tan simple Shouyou, no todos los elegidos han reaccionado como tú lo hiciste… Si fueran como tú, ya estaría acompañado por otros dos.

-¿Cómo? ¿No creyeron en ti?

-Son dos demonios, contactó con uno luego de tener el sueño, y no pudo creerme, bueno… tal vez sí, pero parecía temer por la seguridad de su familia. Al segundo le envíe una carta, y no sé cómo habrá reaccionado, a ambos les dije que nos reunamos dentro de un año en la tierra de los ángeles, donde se encuentra el último elegido - Hinata escuchaba atentamente todo lo que le decía, era mucha información para procesar.

-Entonces… ¿No querrán ayudarnos?

-No lo sé, Behemot dijo que no me preocupe, porque si no logro encontrarlos a todos, ellos vendrán a mí.

-Ya veo, entonces no hay de qué preocuparse, es un alivio - dijo Shouyou alegremente, Kenma sonrió y se apoyó en sus manos, impulsándose lentamente para estar sentado.

-Es un alivio que hayas creído en mí, Shouyou, ya no me siento tan perdido.

-No me lo agradezcas, acabas de hacer mi vida mucho más interesante, yo debería agradecerte a ti - Hinata tocó la mano de Kozume suavemente, este le mostró su linda y tenue sonrisa.

-Es fácil hablar contigo Shouyou… - pronunció Kenma con la vista hacia abajo, ruborizado y apenado; el omega humano acarició la mano de Kozume gentilmente, luego la deslizó por el brazo del joven demonio, levantando un poco la manga de su túnica en un roce más íntimo, también tomó la mano contraria de Kenma, mantenimiento la mirada en su cohibido y sonrojado rostro.

-Me hace feliz estar a tu servicio - le dijo Hinata, arrodillándose frente a Kenma y tomando uno de sus pequeños y descalzos pies - seré tu fiel servidor, elegido de Behemot - agregó, muy divertido por su propia solemnidad, le encantaba la nueva tarea que le tenía el destino, así que besó la punta del pie de Kozume para jurarle lealtad mientras el demonio suspiraba nervioso, mas no por eso menos cómodo.

-Shouyou...

Chapter Text

4 meses antes de que Kenma encontrara al elegido del fervor…

El sol golpeaba con fuerza en la basta tierra de los Nefilim, un desierto lleno de cañones y rocas tan gigantescas como los habitantes del lugar; la luz se reflejaba en tonos anaranjados sobre los rostros de los lugareños que se encontraban en un pequeño pozo de agua dulce ubicado en medio de los cañones, un pequeño ojo de agua subterránea que emergía en ese lugar, siendo una de las pocas fuentes de hidratación para los Nefilim además de los oasis. Un grupo de hombres betas y alfas llenaban cantaros y baldes con el agua de ese pozo natural, eran liderados por un alfa muy alto que no tenía cejas, y que avanzaba cargando dos baldes que pendían de una vara.

El agua no era precisamente para ellos, puesto que se dirigían a una pequeña aldea compuesta en su totalidad por grandes tiendas y alfombras; allí los esperaban algunas mujeres y niños, muy felices y agradecidos por la repartición del líquido. El alfa sin cejas no tenía ninguna expresión visible, pero pronuncio un educado “de nada” cuando los pequeños le daban las gracias llenos de admiración.

El grupo de hombres regresó por donde vino, caminando bajo el ardiente sol hacia la verdadera ciudad de los Nefilim, la ciudad de Uruk, construida entre las formaciones de roca roja y con edificaciones de barro, mas parte de su arquitectura era muy pintoresca, llena de cúpulas y vidríales coloridos. Debían volver a la zona de entrenamiento al otro lado de la ciudad, algunos de ellos se quejaban por el dolor en sus pies, pero el alfa mantenía la boca cerrada, sin asomo de cansancio; sus compañeros lanzaban comentarios con una mezcla de respeto y envidia por su resistencia sobrehumana.

En la amplia planicie de la zona de entrenamiento los esperaba el entrenador para felicitarlos por cumplir la tarea semanal de proveer de agua a los pueblitos colindantes, los hacía sentir orgullosos cuidar de su gente, aunque uno de los Nefilim presentes ponía una cara de fastidio y aburrimiento, cuestionándose que era exactamente “cuidar de su gente”. Ante la muestra de desprecio de aquel joven beta, el capitán del grupo le ordenó dar 20 vueltas alrededor del campo como castigo por su insolencia, así que el muchacho cumplió el castigo a regañadientes; su cabello castaño que al inicio relucía bajo el sol, se llenó de sudor pegándose a su cabeza.

El alfa sin cejas lo esperó hasta que terminó de cumplir el castigo, se veía agotado, pero parecía demasiado orgulloso como para decir que lo estaba; ambos chocaron sus palmas y se fueron caminando hasta un acantilado cercano; bajaron sin mucho problema por este y se adentraron bordeando las paredes de aquella ladera, encontrando en ella unos pequeños hilos de agua que se deslizaban por las rocas en forma vertical, como una minúscula cascada que usaban para mojar esponjas y lavar sus cuerpos con ellas. Eso fue lo que hizo el chico de cabello castaño, le no le avergonzaba desnudarse frente a su amigo, así que se quitó la camisa para quitarse el sudor de encima, el alfa sin cejas no llevaba camisa por lo que también podría haber optado por limpiarse, pero el sudor en su cuerpo no le parecía particularmente molesto a diferencia de su compañero.

Al terminar volvieron caminando hasta la ciudad para llegar al bar favorito de ambos, un sitio con una fuente muy grande sin barandales, pues estaba enterrada en el piso cual si fuera una piscina; había muchas mujeres danzando en el bar para complacer a los clientes, pero los dos soldados no estaban interesados en el placer que podrían brindarle esas bailarinas, a ellos solo les importaba sentarse en el piso para beber y disfrutar de algunas frutas en un ambiente acogedor como ese. El alfa no pudo disfrutar de su bebida, puesto que un enviado del patriarca entró al local para llamarlo a presentarse ante dicho líder; el joven beta rodó los ojos y vio partir a su amigo afuera del bar, sabiendo que volvería con mas presión sobre sus hombros.

El alfa sin cejas siguió al sirviente del jeque, entrando a una edificación muy grande y hermosamente tallada, la sede del patriarca y sus sabios; dentro del lugar el techo estaba demasiado alto, muchos pilares lo sostenían  y adornaban la inmensidad; por el centro estaba el camino alfombrado, por los lados del camino, dos enormes piscinas que tenían en ellas los pilares rodeaban todo, mostrando la abundancia con la que vivía el consejo de sabios. Entonces llegó al final del camino y se encontró a los miembros del consejo y al patriarca arrodillados frente a una vasija de hierro que echaba humo de incienso al aire; el patriarca ordenó a los sabios que se retiraran para que el joven alfa estuviera menos presionado, así que ambos se quedaron a solas.

-Puedes sentarte si quieres, Aone - le propuso el patriarca; luego se sentaron frente a frente, pero Aone no sabía que decir - asumo que sabes porque te llamé.

-Sí, lo sé…

-¿Y bien? ¿Me darás tu respuesta? - preguntó el jeque, Aone permanecía firme, pero en silencio.

-Aun necesito pensarlo, jefe Kamasaki.

-¿Por qué se te dificulta tomar una decisión? Normalmente eres el soldado más obediente - no obtuvo respuesta, solo más silencio y evasión por parte de Aone - el mejor soldado, querido por el pueblo, admirado por sus compañeros ¿Qué te impide aceptar ser mi sucesor?

-Pienso que aún no es tiempo para que usted decida quien lo relevara, jefe - contestó Aone, el líder lo analizaba con la mirada.

-Me pregunto si ese insolente de Futakuchi  tiene algo que ver en tu decisión…

-¿Qué?

-Ya sabes, no respeta a sus superiores y se rumorea que tiene ideas… extrañas.

-Yo no veo nada extraño en él.

-Algunos de sus compañeros han dicho que se rasura las piernas - comentó el patriarca, Aone mantenía su misma expresión, pero en su frente comenzaron a aparecer gotas de sudor.

-No he notado nada de eso.

-Bueno como esa, pero ¿Entiendes que ese irrespetuoso no es del todo bueno para ti?

-Ya aprenderá.

-Espero que sea así, porque como futuro líder ¿Sabes lo que hay que hacer con los desviados, verdad? - la mueca indescifrable de Aone se vio afectada por esas palabras, miró hacia abajo y mostró al fin un grado de inquietud.

-Sí.

-Ya veo… Es por eso que pienso que no tomas una decisión, por tu apego a Futakuchi - no obtuvo ninguna contestación, eso lo hizo suspirar desganado - debes entender que si ese chico es un desviado, no merece tu compasión. Para ser un buen líder, a veces tienes que tomar decisiones duras y hacer sacrificios.

-Le aseguro patriarca que Kenji no es ningún raro.

-Entonces… ¿Aceptas tomar el cargo cuando yo me retire? - preguntó otra vez, Aone reflexionó un momento, si le parecía un honor tomar una responsabilidad tan grande para su querido pueblo, pero también sentía una gran presión.

-Acepto...

Cuando aceptó el cargo de futuro líder de los Nefilim, Aone Takanobu se retiró de la casa del consejo, sin decir nada volvió al bar y se sentó junto a Kenji; normalmente evitaba demostrar sentimientos para no preocupar a otros, pero su amigo Futakuchi podía saber con facilidad que algo no andaba bien, lo veía en la comisura de sus labios, temblorosa y tensa. Le preguntó que había dicho el “viejo idiota” refiriéndose al patriarca, Aone sólo respondió que lo llamó para volver a preguntarle si quería ser su sucesor; Kenji reflexionó un momento, quería decirle que no  aceptara un cargo tan aburrido y tedioso, pero decidió preguntar algo más preciso: “¿De verdad quieres ser el líder?”.

Aone se quedó completamente callado, tenía grandes líos en la cabeza, porque aunque adorara a su pueblo y considerara que era un honor servirlos, no se consideraba alguien apto para liderar, para ello debía saber dirigirse a muchas personas,  y él era un alfa de pocas palabras. Además, estaba el hecho de que él mismo se consideraba un desviado por algunos pensamientos prohibidos, y si aceptaba el puesto, debería enterrar para siempre esa parte de sí mismo, y eso incluía su amistad con Futakuchi; Kenji al no recibir ninguna contestación supo cuál era la respuesta de Aone, por lo que se respondió a sí mismo: “Eso pensé”.

*****

En la sociedad de los Nefilim estaban prohibidas muchas cosas que en otros reinos eran completamente normales, las mujeres no podían tener derechos básicos como la propiedad, a tomar decisiones políticas, o si quiera a tener un trabajo, y si alguien nacía como un omega, tal vez no se le negaría permanecer ahí, pero tampoco se les darían trabajos dignos, la escapatoria de las mujeres era dedicarse a la prostitución, la de los hombres, mendigar o suicidarse. Nadie podía escoger libremente con quien casarse, la casta de los alfas debía tener familias formadas por un macho alfa y una hembra alfa, lo mismo pasaba con los betas; el aislamiento y el miedo por la hostilidad del desierto los hacia ignorantes en cuanto a sus posibilidades reproductivas.

Otras ideas también estaban prohibidas, como hablar de sexualidad, de avances tecnológicos o de los demás reinos; aparentemente no llegaba información de cómo eran los demás reinos, sólo los mercaderes ambulantes sabían algo, por eso eran constantemente custodiados por los soldados para que no abrieran la boca. Esa entre otras cosas eran tabúes de la sociedad, pero ni siquiera la mente más imaginativa podría haber adivinado el tipo de rareza que era Kenji Futakuchi.

Durante una tarde de su día libre, Kenji y Aone recorrieron el mercado de la ciudad, un caos total lleno de gente, animales, objetos y alimentos; el beta identificaba las tiendas de ropa femenina y se dirigía a ellas, pidiendo como en más de una ocasión que le dieran un par de prendas envueltas como si fueran un regalo. Aone a sus espaldas escuchaba los rumores de la gente, murmullos maliciosos y cotilleos que lo ponían nervioso; para callarlos, pronunció en voz alta varias palabras a pesar de que no era una costumbre suya hablar así: “deberías dejar de regalarle cosas a mujeres de la noche, Kenji”.

Su amigo le siguió el juego y terminaron sus compras, saliendo rápidamente del lugar, ambos tenían la necesidad de ocultarse aunque los rumores desde hacía muchos minutos habían cesado; para ellos, aquellas palabras los seguían hasta en sus pensamientos, Aone sentía culpa, Futakuchi impotencia. Pudieron respirar con tranquilidad cuando llegaron hasta el hogar del beta, una simple casita de barro como muchas otras; Aone retiró algunos alimentos y bebidas mientras Kenji entraba en su cuarto, le gustaba pasar tiempo con su mejor amigo en esa casa, pero cuando lo hacía, no podía dejar de sentir temor por lo que ocurriría si los descubrieran en esa situación.

Aone llevó los alimentos al cuarto de Futakuchi, dejando la bandeja sobre un mueble antes de mirar a su amigo beta; luego posó sus ojos en Kenji, que ya no era el mismo compañero que veía en los entrenamientos, no era un “macho” como debería haber sido. Futakuchi reposaba boca abajo sobre las almohadas de la alfombra que usaba para dormir, leía un libro prohibido, muy concentrado en su lectura; pero no era el libro lo que preocupaba a Aone, sino más bien el atuendo que llevaba su amigo, una gran pañoleta blanca con bordados dorados a modo de falda, una túnica traslucida con los mismos bordados, y múltiples piezas de joyería dorada con piedras verdes, una diadema de perlas y gemas que atravesaba su frente, aretes, pulseras de arnés y tobilleras; se veía radiante con ese conjunto.

-¿Cómo luzco? - preguntó el beta, Aone estaba mudo - por tu silencio asumo que me veo despampanante.

-¿Qué es esa cosa transparente? - preguntó confundido, Kenji sonrió travieso.

-Mercancía especial, no se consigue en el mercado diurno, si fuera así los idiotas de aquí se escandalizarían - contestó el beta, sus glúteos y piernas rasuradas brillaban por unos aceites corporales que usaba, ni la mujer más pretenciosa de la ciudad cuidaba tanto su piel.

-¿Y esas joyas? - preguntó el alfa, Futakuchi respondió con una risita - ¿Las robaste?...

-Claro que no tonto, por las noches viene un mercader… no muy legal, hasta mi casa, se llama Koganegawa, vende de todo, como ya conoce mis gustos sabe que debe traerme ropa, libros, y joyería de bisutería, es más barata.

-¿No son joyas reales?

-Claro que lo son, sólo que están hechas con materiales asequibles; los del reino humano y los ángeles crean muchas cosas inspiradas en nuestra cultura, sobre todo con fines eróticos.

-¿Eróticos? - Aone empezaba a sentirse un cómplice de un delito.

-Si ¿Qué se te hace raro? Aquí la virgen soy yo - dijo Kenji, divertido y con ganas de confundir a Aone.

-Hablas sin vergüenza…

-Es mi casa, y en mi casa puedo hacer lo que quiero - dijo con un tono más pasivo agresivo; luego tomó algunos libros y se los enseñó a su amigo - tú también puedes hacer lo que quieras en mi casa, aquí no hay reglas ni ojos que nos vean.

-¿Son libros prohibidos?

-Sí, y son muy interesantes ¿No quieres echar un vistazo?

-Kenji, estás yendo demasiado lejos.

-¿Por qué? Somos el único maldito lugar atrasado en un milenio, todos los demás reinos no ven nada raro en estos libros.

-Pero tú eres de aquí.

-Como sea, tú te lo pierdes - dijo Futakuchi, ignorando a Aone para seguir con su lectura; el alfa tomó unas copas y sirvió las bebidas, para sobornar a Kenji y así lograr que no lo ignorara más - por cierto, Koganegawa vende unos brebajes que no se encuentran aquí, estimulan mucho la imaginación - el beta aceptó la copa de vino, poniendo su cuerpo de costado; Aone trataba de alejar la vista de su amigo, de sus pezones que podía ver debajo de la prenda traslucida, de sus largas piernas, de la curva de su cintura.

-Oye…

-¿Si?

-¿Por qué te esfuerzas en verte como una mujer?

-Me siento como una, llena de belleza, elegancia, con buen gusto, y pienso con la cabeza. Si, seguro es por eso.

-¿Eh…?

-¿A ti te gustan las chicas verdad? - preguntó, y Aone, mirando involuntariamente el cuerpo de Kenji, sintió como sus manos temblaban gracias a esa pregunta.

-Sí, me gustan.

-¿Y por qué te gustan las chicas?

-No sé cómo contestar eso…

-Pues, por la misma razón por la que las chicas le gustan a los machos, es que yo quiero ser una, son muy lindas y geniales - agregó Futakuchi, Aone lo miraba extrañado, no llegaba a entender su lógica.

-Entonces deberías buscar una mujer para ti.

-No seas tonto Aone, bueno como sea, no vas a entenderlo - Kenji se rindió y continuó ojeando su libro mientras bebía - este libro es tan genial, y ni siquiera es una novela de aventuras.

-¿No lo es?

-Para nada, es un bestiario y un recopilatorio de leyendas, está hecho para aventureros y caza tesoros - dijo el beta, Aone se fijó en el libro, con más curiosidad que antes.

-Si es solo un bestiario ¿Por qué estará prohibido?

-Ni idea, tal vez porque los imbéciles de aquí no quieren que veamos el mundo exterior, es normal que después de leer esto muchos quieran tener una vida errante.

-¿Tú quieres irte?

-Sí, pero, aun no quiero, antes de eso quiero llegar a cierta parte del libro que me llama mucho la atención.

-¿Por qué no cambias de página hasta la parte que te interesa?

-Porque todo lo demás también es interesante, lo leeré todo de forma lineal hasta llegar al capítulo que llamó mi atención.

-Si tú lo dices…

-Lo digo en serio, creo que después de leer ese capítulo sabré a donde dirigirme cuando me vaya de aquí. En el índice lo describen como “la bestia de los deseos imposibles” ¿Quieres que lo leamos juntos? - propuso Futakuchi, el alfa se sintió nervioso, era un libro prohibido, pero por como lo describía Kenji, no parecía tener nada malo.

-Está bien… - Aone se sentó junto a Futakuchi, este enderezó su cuerpo y se sentó a su lado con el libro cerca de la vista de ambos.

-Fuera del desierto también hay bestias letales, pero aquí seguimos teniendo a las langostas de Abaddon, por eso casi nadie se acerca aquí y los mercaderes toman rutas tan largas para llegar a las ciudades, por precaución.

-He escuchado de eso.

-Hasta nos han entrenado para matarlas, pero nadie nunca ha visto ninguna ¿Quieres saber por qué? - Kenji sonaba muy entusiasmado por el conocimiento que había adquirido gracias a ese libro prohibido.

-¿Por qué?

-Porque esas bestias solo aparecen cuando se avecinan tiempos de desastres y guerras, por eso los viejos idiotas del consejo no quieren que sepamos en exceso sobre ellas.

-No quieren asustar al pueblo.

-Pero el pueblo necesita estar preparado para estas cosas ¿Qué pasa si alguien quiere irse al reino humano y se topa con dragones y grifos?

-¿Por qué alguien querría irse?

-¿Por qué alguien querría quedarse?

-Kenji…

-Como sea, sigamos leyendo.

Ambos continuaron con la lectura del libro, Kenji recitaba las paginas en voz alta mientras Aone lo miraba de pies a cabeza sin que se diera cuenta, su apariencia tan reveladora era extrañamente sensual para él; sentir atracción por alguien del mismo sexo estaba prohibido para los Nefilim, por eso Aone a veces miraba con culpa a su mejor amigo, como si creyera que era una tentación, una prueba de la vida para medir que tan digno era para su pueblo. Futakuchi hablaba de la caza de los silfos y hadas para fines relacionados a la creación de pócimas, argumentando que le parecía atroz matar criaturas tan llenas de belleza y gracia para usarlas en elixires; el alfa no prestaba mucha atención, sentía el ferviente deseo de tomar a Kenji entre sus garras y morderlo mientras le hacía el amor, sus instintos clamaban por poseerlo, tener a un hombre, a un beta, a un desviado sin remedio bajo su cuerpo; empezaba a tener miedo de sí mismo por sus pensamientos impuros y sus instintos animales, si no los controlaba a tiempo, podría cometer una locura de la cual se arrepentiría para siempre.

El mismo Futakuchi lo salvó cuando le ordenó que prestara atención, pues ya había llegado al capítulo que buscaba; Aone respiró profundamente, sudando por la cantidad de barbaridades que había imaginado; el beta comenzó a relatar el capítulo, trataba sobre “Duo” una bestia ancestral de apariencia de búfalo, serpiente y humano, lo describían como la maldad encarnada, pero con un gran encanto en sus palabras. La bestia era capaz de conceder hasta los deseos más inimaginables, pero siempre pedía algo a cambio; no quería dinero ni ninguna riqueza, el precio y el modo de pago era un misterio, pero la página decía que no se trataba de nada material y que siempre todo dependía del tipo de deseo que la persona quería pedir.

El capítulo hablaba de muchos monarcas y guerreros que se acercaron a la cueva de la bestia para conseguir poder, luego de eso se decía que habían provocado desastres inconmensurables y grandes guerras que marcaron puntos de inflexión en la historia de los reinos; no volvían a ser los mismos. Había una pequeña nota al pie de página que explicaba un rumor entorno a la leyenda de Duo, se decía que el guerrero humano “el pequeño gigante” había ido hasta su cueva pero nunca más regresó, nadie sabía qué fue lo que pidió y porqué desapareció.

Al final del capítulo se aclaraba que la bestia estaba oculta en la cordillera Nefilim al suroeste del desierto, pero que el mapa de su ubicación exacta se encontraba en el edificio del consejo y hogar del jeque; la forma más ética de obtenerla para los foráneos era hablar con el patriarca y convencerlo de enseñar el mapa, cosa muy difícil de conseguir, por lo que también recomendaban calcar dicho mapa en vez de llevar el original, para evitar ser perseguidos por los soldados Nefilim; robar el mapa original era un suicidio. Aone miraba con desconfianza y miedo aquella información, Kenji lo hacía con fascinación, al alfa no le agradaba que su amigo sintiera tanto interés por ese desconocido y peligroso monstruo.

-¿Qué te parece Aone? - preguntó Futakuchi, se veía muy entusiasmado.

-Es peligroso.

-¿Te parece que lo es? Yo creo que es genial, una criatura que concede cualquier deseo que un yinn no puede cumplir. Quisiera encontrarla para pedirle algo... - dijo Kenji con una voz más tierna y afligida, se notaba que quería manipular a Aone para pedirle un favor.

-Kenji… Puede pedirte tu alma…

-Pero no podemos estar seguros de eso, no perdemos nada con buscar a esa bestia ¿Verdad?

-¿Por qué quieres encontrarlo?

-Quiero pedirle que me transforme en mujer.

-¿Es en serio?

-Lo digo en serio, ese es mi deseo imposible, el único que me lo puede conceder es ese tal Duo - Aone miraba muy seriamente a Futakuchi, como si quisiera regañarlo - ¿Qué me ves?

-Es un capricho.

-No lo es, yo de verdad quiero cumplir ese deseo, no lo llames “capricho”, idiota.

-Es un capricho. Estás bien como un macho.

-¿De verdad te parece que estoy bien así? ¿Haciendo todo a escondidas en un pueblo de imbéciles, sin poder siquiera vestirme como quiero fuera de mi hogar, arriesgándome a que me maten por cosas que en el resto del mundo son normales?

-Entonces no hagas esas cosas.

-Mierda, somos una tribu de involucionados, debería irme de aquí de una sola vez.

-Entonces…

-¿Qué?

-Entonces vete… - cuando Aone dijo aquello, no se esperó que el beta se levantara para abrir la puerta de su cuarto, invitándolo a salir - Kenji… - no hubo respuesta de Futakuchi, sólo apuntaba a la puerta - lo siento… no era mi intención ofenderte.

-Puedes salir - dijo Kenji seriamente, el alfa se acercó a él para abrazarlo suavemente.

-No sé qué te molestó, pero, lo siento mucho…

-¿No te importaría un carajo si me fuera de este lugar?...

-No dije eso.

-Es lo que diste a entender.

-Solo creí que serías más feliz si hacías eso en vez de buscar a esa cosa…

-Aone, si existe la posibilidad de cumplir mi sueño por completo, entonces quiero aprovechar esa oportunidad. Tú no lo comprendes, pero esto es importante para mí - pronunció, el alfa lo abrazaba y acariciaba suavemente, era más cálido que un amigo común; Futakuchi tuvo ganas de llorar, entre los brazos de Aone sentía la libertad para poder descargar sus sentimientos.

-Sí, no lo entiendo, pero quiero que seas feliz, no importa de qué forma - le respondió, Kenji deslizó sus manos por los omoplatos del alfa hasta tocar sus hombros, luego echó la cabeza hacia atrás para que Aone observara sus ojos, esa deslumbrante mirada y las joyas que llevaba hicieron que el alfa comiera de su mano.

-¿Qué debo hacer para que me ayudes a conseguir el mapa? - preguntó el beta, Aone miraba el pecho de su amigo, los pezones de Futakuchi se asomaban pegados al pecho del alfa, una vez más se había vuelto una tentación; Aone se imaginó a si mismo pidiéndole una noche a su lado, pidiendo tener su cuerpo, pidiendo tenerlo todo.

-No te preocupes, trataré de traértelo.

-¿De verdad harías eso por mí? - Kenji sonreía ilusionado, con una gratitud genuina en su mirada; Aone se sintió un bastardo por mirarlo de forma impura.

-Sí, traeré el mapa para ti.

*****

Al otro día Aone pensaba preocupado en lo que le había prometido a Kenji, no sabía en que estaba pensado cuando quiso cumplirle sus caprichos, lo asustaba la idea de que al buscar ese mapa y tratar de calcarlo con un papel especial, lo descubrieran en el acto; eso podría meterlo en un grave problema con el jefe, de seguro pensaría que era el mismo Aone quien compraba libros prohibidos para leerlos, aquello le podría costar la reputación y podría hacer que perdiera su rango en el ejército. Ojeó una vez más el mercado, se le ocurrió revisar las tiendas de joyas, tal vez Futakuchi lo perdonaría por no traer el mapa si le llevaba alguna pieza de joyería hecha con piedras preciosas de verdad; revisó los precios y empezó a sudar por lo costosos que eran los collares de esmeraldas, se preguntó si Kenji se enfadaría si le traía unos simples pendientes de malaquita, seguían siendo caros, pero eran más asequibles que otras joyas.

Luego pensó que no serían una opción lo suficientemente valiosa para su amigo, así que no supo que hacer, trataba de no pensar demasiado en Futakuchi, pero por más que trataba de olvidar su lindo rostro feliz por la posibilidad de obtener el mapa de la bestia, el recuerdo de sus piernas y la fantasía de una recompensa lograban que el alfa volviera a replantearse la promesa. Se sentó bajo una palmera luego de todo un día regateando los precios de la joyería con los mercaderes, su rostro seguía inexpresivo, pero en el fondo se sentía presionado, ideando planes para meterse al edificio del consejo y hallar alguna biblioteca donde pudiera buscar el dichoso mapa; suspiró y cerró los ojos después de entender que sería imposible que no lo descubrieran.  

Una nueva sombra lo cubrió, abrió los ojos para comprobar quien se le había puesto por delante; se trataba de otro de los guardias del jeque, que le dijo que estuvo buscándolo por toda la ciudad porque el patriarca quería verlo otra vez; Aone se quedó algo perplejo por esa pequeña oportunidad, luego se levantó y siguió a ese guardia. Estaba anocheciendo, apenas quedaba algo de luz anaranjada en el horizonte, así que casi todos los de la ciudad se fueron hasta sus casas para resguardarse, pues el desierto tenia climas extremos, un fuerte calor durante el día y noches demasiado frías; Aone entró a la casa del consejo, encontrándose al jefe Kamasaki al final del gran pasillo, este lo saludó amablemente, pero agregó después de su saludo que pensaban invitarlo durante la tarde para decirle lo que querían decirle, pero que al no aparecer, los otros miembros del consejo se habían ido a atender otros asuntos.

Aone se disculpó y Kamasaki prosiguió con su comunicado; tomó una canasta redonda del suelo y la abrió frente a Aone, de ella sacó una botella sellada con una tapa en forma de rombo, le explicó que nadie del consejo la había abierto, porque querían que fuera un presente para el futuro jefe de los Nefilim; Aone ocultó su emoción, aquello que le estaban entregando no era nada más ni nada menos que su propio yinn. Los yinn eran espíritus encerrados dentro de objetos, almas condenadas a vivir su segunda vida en cautiverio gracias a sus malas acciones, concediendo deseos a sus amos; los espíritus heroicos que hicieron grandes cosas podían servir a los que poseían magia invocadora, los yinn en cambio, a pesar de su macabro historial antes de morir, podían ser utilizados incluso por seres sin magia como los Nefilim.

Al destapar la botella, la habitación se cubrió por un humo rojo y espeso, de la botella emergió un yinn de tres metros con cuernos, que se presentó como “Ken”, luego agregó que estaba al servicio de su nuevo maestro; parecía un yinn serio y algo aterrador, le preguntó a Aone si tenía algún deseo que pedirle, el alfa no lo pensó demasiado y le pidió algunas joyas de piedras preciosas. Kamasaki miró desconcertado a Aone y le preguntó porque había pedido semejante cosa, Aone hizo tiempo para pensar una respuesta ordenándole al yinn que volviera a la botella, entonces le respondió que quería hacerle un regalo a una chica que le gustaba; el jeque se echó a reír y le preguntó de qué raza era aquella chica, Aone tuvo que mentir diciéndole que era una chica alfa.

Aone tomó un pequeño baúl con joyas que el yinn había hecho aparecer en la alfombra, pensando que ya podía marcharse; pero el patriarca tenía otros planes, así que rodeó el hombro de Aone con jovialidad y le entregó una llave maestra del lugar, explicándole que a partir de ese momento la casa del consejo también era su hogar, y que podía descubrir cada uno de sus secretos; luego guió a Aone hasta un salón para que comprendiera a que se refería. El alfa se quedó perplejo cuando el jeque lo llevó a una sala alfombrada, algunos miembros del consejo estaban sentados desnudos, bebiendo y riendo sin parar mientras bailarinas exóticas danzaban en el centro; eran diferentes a las del bar, estas enseñaban sus partes íntimas cubriendo de telares y joyas otras partes menos importantes.

Quiso zafarse de esa situación, pero el jeque insistió en que se quedara porque le había reservado algo especial; dos miembros del consejo se levantaron y fueron detrás de unas cortinas, trayendo con ellos a una joven de cabello castaño amarrado en una cola de caballo hacia el lado; tenía una soga atada a las manos, se veía aterrorizada por ser llevada por hombres desnudos; Aone sabía que algo muy malo estaba pasando. Kamasaki explicó que esa chica era una omega de una tribu pequeña al noreste del desierto, que “la habían traído” a la ciudad para que desempeñara la función que estaba viendo, porque en la tribu donde habitaba no estaba haciendo nada de utilidad.

Aone trató de explicar que no estaba interesado en lo que le estaban ofreciendo, pero los del consejo, ebrios y escandalosos, lo presionaban para que hiciera lo mismo que ellos estaban haciendo con las bailarinas; Kamasaki calmó un poco los ánimos, asumiendo que Aone era demasiado tímido para hacerlo frente a todos los demás, así que propuso que se fuera al cuarto aledaño con la omega para divertirse en privado con ella. El jefe guió a Aone a la habitación, mientras los del consejo prácticamente arrastraban a la pobre chica para que se metiera al cuarto con él; los encerraron juntos, la muchacha se arrinconó en una esquina mientras Aone la miraba con impotencia.

Se le acercó lentamente, ella lloraba y le pedía que por favor no le hiciera daño, actuaba como si estuviera entrando en pánico, histérica y aterrada; Aone la rodeó suavemente con sus brazos y le dijo que no le haría nada malo, ella se sorprendió por esa acción y le preguntó si lo decía en serio, él respondió que sí, que no pensaba tocarla de una forma que ella no deseara, así pudo calmarla, abrazándola mientras ella lloraba por todo el miedo que pasó. El nombre de la chica era Mai Nametsu, antes de ser secuestrada fue criada por su padre, en un pueblo donde no la juzgaban por ser omega, y donde en cambio la protegían como si fuera una criatura indefensa; se veía muy agradecida con el alfa por no abusar de ella como lo habían hecho otros hombres de esa ciudad, Aone le aseguró que él jamás le haría algo tan horrible a alguien.

Ambos estaban en un dilema, no podían irse de ahí sin ser descubiertos, si salían los presionarían para tener sexo junto a todos los demás, y ninguno quería que eso ocurriera, Aone tampoco estaba seguro de dejarla escapar, porque eso levantaría sospechas en los miembros del consejo, y seria acusado de traición por dejar escapar a una esclava sexual. La muchacha comprendía que Aone también estaba en una situación difícil, así que le pidió que no pensara mucho en lo que podían hacer, y que solo la acompañara esa noche, para que nadie más le hiciera daño; él aceptó, y ambos se recostaron uno al lado del otro, sin tocarse ni hacer nada extraño, pues Aone había asegurado que no tenía ninguna doble intención con Mai; ambos durmieron tranquilos esa noche, como un hermano cuidando a una hermana pequeña.

Cuando el amanecer alumbró el edificio, Aone abrió los ojos, la muchacha a su lado dormía tranquilamente, pero él decidió despertarla  para decirle que aprovechara el tiempo que tenía para huir; Mai no estaba segura de sí debía huir, por miedo a ser atrapada, sin embargo Aone insistió en que se fuera, diciéndole que el jefe hacia algún tiempo le había dicho que cada habitación personal de ese edificio tenía un pasadizo que servía como salida de emergencia ante ataques. Como no estaba del todo seguro de lo que decía, tanto él como la omega registraron la habitación, hasta dar con una puertecilla en el suelo, cubierta por una alfombra; Aone le recomendó a Mai que tomara toda la fruta de esa habitación y que esperara todo el día escondida en los pasadizos, porque de noche podría escapar con una menor probabilidad de ser descubierta; le regaló también su cantimplora que llevaba todo el tiempo cargada de agua, para que al menos pudiera tener algo con lo que hidratarse cuando saliera de la ciudad.

La omega se lo agradeció de todo corazón, y antes de irse le besó los labios como muestra de aquel agradecimiento; no era la primera vez que el alfa era besado por una chica, de hecho, podía tener relaciones sexuales con estas, pero no le generaba nada en especial, comparaba sus experiencias con el simple hecho de observar y fantasear con su mejor amigo, y la diferencia de sensaciones era abismal. Cuando cubrió bien el pasadizo con la alfombra, decidió salir de la habitación sigilosamente, el patriarca y los hombres del consejo descansaban desnudos en aquella sala, las bailarinas también dormían de la misma forma alrededor de ellos, Aone se sintió algo incómodo por esa vista; caminó sin hacer ruido, buscando algún cuarto que se asemejara a una biblioteca, ya tenía la oportunidad de conseguir el mapa para Futakuchi, así que no la desperdiciaría.

Registró todos los cuartos que pudo, cada habitación de adobe, y no pudo encontrar nada, así que reflexionó un momento, preguntándose donde colocaría él una biblioteca con cosas prohibidas; pensó en dos posibilidades: un subterráneo, o por el contrario, un ático, si es que no estaban ocultos dentro del mismo pasadizo secreto. Subió las escaleras hasta lo más alto y registró el ático, era fácil para el meter la cabeza dentro gracias a su estatura, pero dentro de aquel lugar no había más que algunas ratas y materiales de construcción; bajó hasta el primer piso nuevamente para seguir bajando hasta el subterráneo, con la esperanza de que los libros no estuvieran dentro del pasadizo.

Para su suerte, en el subterráneo había una gran habitación llena de libros, Aone hizo a un lado las cortinas que cubrían aquel enorme lugar, lleno de estanterías, escaleras y libros por doquier, había manuscritos tan antiguos que necesitaban estar en baúles para resguardarse de factores externos que los degradaran más; por una corazonada el alfa pensó que el libro de leyendas que buscaba estaba dentro de alguno de esos cofres, así que comenzó a registrarlos uno a uno haciendo uso de la llave que le habían regalado. Había una antigua biblia con algunas marcas de fuego, como si hubiera sido rescatada de alguna guerra o incendio; ojeó algunos pasajes, había una ilustración peculiar en uno de ellos, era una criatura humanoide enorme, de cuatro alas emplumadas, dos cuernos, cuatro brazos y cuatro piernas, Aone creyó que era un demonio, pero luego vio que sus alas eran como las de los ángeles, y que no tenía ninguna cola puntiaguda, así que no estaba seguro de que era aquello; luego leyó bien, en el versículo se explicaba que esa era la apariencia de Aeternum, el Dios de todos, y que representaba a todas las razas por igual.

Aone se fijó bien en los detalles del dibujo, aquel Dios no era como el que le mostraron alguna vez en las enseñanzas, tenía características de humanos, ángeles y demonios, además de que no era un varón, el alfa estaba muy confundido porque aquella deidad tenia pechos de mujer y un pene, y su rostro no tenía nada que lo ayudara a saber si era un macho o una hembra, parecía una total mezcla de ambos. Aquello lo desconcertó, el Aeternum que le mostraron en su infancia era un Nefilim más grande que todos los demás, un macho, un alfa, no aquella criatura tan extraña; cerró el libro y lo dejó en su lugar, no quería saber más del tema, él estaba ahí para buscar algo en concreto, no revelaciones que él no quería conocer.

Registró otro libro, parecía un diario, así que lo devolvió a su baúl sin desear leer nada que no fuera lo que deseaba encontrar; otro solo estaba ocupado por pergaminos que mostraban la arquitectura y planos de la ciudad, tal vez le sería útil algún día, pero los guardó de vuelta al cofre; empezó a perder la esperanza con los baúles, no estaba teniendo éxito con ellos, pues no había encontrado nada relacionado con mitos y leyendas. Probó suerte con el ultimo que le quedaba, si no era el indicado tendría que registrar libro por libro en todas las estanterías, se sorprendía de sí mismo por perseverar en su búsqueda con el único objetivo de complacer a Kenji, si alguien se enteraba de ello, podría ser su ruina; volvió a recuperar los ánimos cuando vio que en el cofre se encontraba un libro enorme lleno de leyendas sobre su tierra, tenía mapas desplegables de la ubicación de cada lámpara y botella con algún yinn adentro, mapas de tesoros y lugares misteriosos y sagrados como edificaciones entre los cañones más recónditos.

Hasta que al fin la halló, “la caverna de Duo”, era un nombre distinto a “la bestia de los deseos imposibles”, pero sin duda eran lo mismo; evitó leer toda la información de aquella bestia para no perder su motivación de conseguir el mapa para Futakuchi; la ruta a seguir era muy extensa, pero estaba seguro de que a su amigo no le importaría recorrer esa distancia con tal de cumplir con sus caprichos. Aone quiso sacar los materiales que traía en su bolsa para calcar el mapa, pero un ruido lo detuvo en seco; giró la cabeza y vio a Takehito Sasaya, un miembro del consejo, un señor que estaba a un paso de tener el pelo cano como el mismo jeque; lo miraba tan serio y amenazante, que incluso Aone siendo un alfa se sentía intimidado y acabado.

-¿Qué estás haciendo aquí? - le preguntó Sasaya, Aone tenía las palabras en la garganta, quería disculparse y rogar para que no lo castigaran, pero no podía hablar, tenía mucho miedo de la represalia que podía recibir, debía pensar algo rápidamente - respóndeme.

-El jefe… - murmuró inseguro, luego su propia mano se levantó enseñando la llave maestra, en un intento para salvar su pellejo.

-¿Dónde conseguiste esa llave? - pronunció Takehito, con sus ojos puestos sobre el alfa más joven, juzgándolo con la mirada.

-Me la entregó el patriarca…

-¿No la robaste?

-No señor, el también me entregó esto - dijo Aone enseñando la botella de su yinn; Sasaya suspiró y se acercó a Aone.

-Creí que Kamasaki solo te entregaría el yinn, pero por lo visto confía demasiado en ti como para darte la llave - Takehito se sentó en un cofre cercano a Aone para seguir hablando - ¿Cuántos cofres abriste?

-Todos… - el miembro del consejo volvió a suspirar con desgano.

-Eres como un hijo para Kamasaki, así que por favor, te pido discreción con todo lo que acabas de leer.

-Ya lo sé señor… No diré nada, porque ya acepté ser el nuevo líder.

-Bien, me gusta esa respuesta - dijo Sasaya, más relajado por la postura neutra de Aone.

-Señor… ¿Por qué estos libros están en cofres?

-¿A qué se debe esa pregunta, Aone?

-Hay cosas aquí… que no son como las que cree el pueblo, nunca me lo he cuestionado, pero ahora… - Takehito se levantó abruptamente, Aone mantuvo la calma a pesar de su miedo.

-¿Qué quieres decir, Aone?

-Yo solo me pregunto… ¿Cómo pueden guardar estos secretos sin…?

-Quieres decir, que porque seguimos adelante sabiendo que no todo lo que nos contaron de niños era verdad ¿No es así? - Sasaya se veía muy estoico y firme, Aone se sentía tenso, cualquier cosa que dijera podría llevarlo a la tumba.

-Sí, algo así…

-Aone… ¿Tú sabes lo que significan 100 años de guerra? - le preguntó el miembro del consejo, Aone agachó la cabeza.

-Creo que sí.

-No, no lo sabes, porque no has vivido ninguna guerra - explicó Takehito, dando un par de pasos para poder tocar el hombro de Aone - de esta forma me lo explicaron a mí. Yo también fui un joven como tú, que se preguntaba por qué los del consejo le hacían creer algunas cosas al pueblo, que en realidad eran mentiras.

-Entiendo…

-Todavía no lo entiendes. Cuando tenía tu edad y me invitaron a ser parte del consejo, yo estaba molesto con todos, porque todo lo que había creído alguna vez era falso - Sasaya hablaba con nostalgia y algo de rencor, Aone podía verlo en sus ojos - ¿Estás leyendo la historia de Duo, verdad?

-Sí señor.

-Quiero que pienses un momento en esto: los humanos y los demonios tuvieron una guerra de 100 largos años, ninguna tregua duraba lo suficiente como para ser considerada “paz”. Miles de humanos y demonios perdieron a sus familias gracias a ello, ¿Tu padre murió por la edad, no es así?

-Sí, así fue…

-Pues, un enorme porcentaje de las personas de otros reinos son huérfanos de guerra, en cambio, nuestros niños, nuestros jóvenes, incluso nuestros padres, todos crecieron con una familia completa, y segura.

-Lo entiendo señor, pero…

-Por esa razón, no podemos hacer nada que nos haga parecernos a ellos, porque eso significaría empatizar con esos reinos e involucrarnos en sus asuntos, nos arrastrarían a la guerra que ellos iniciaron. Nosotros no tenemos magia, ni con nuestro tamaño podríamos protegernos.

-Pero señor, firmaron un tratado de paz.

-Aone, no durará, créeme. Todo aquel extranjero que ha venido por la leyenda de Duo, ha regresado a sus tierras para crear caos; al principio no le negábamos el mapa a ningún viajero que estuviera dispuesto a pagar, pero las cosas ya no son como antes.

-¿Por qué no son como antes? - preguntó Aone, Sasaya se quedó mudo, aquella postura firme que hacia algunos momentos tenia, se volvió una postura encorvada, temerosa y llena de nerviosismo.

-Hace unos años, algunos demonios visitaron la ciudad en busca del mapa, nosotros se los dimos, pues, creíamos que si pedían algo afectarían solo a los suyos, y el pueblo seguiría estando a salvo. Pero, el último de ellos… nunca había visto un cambio como aquel; cuando se presentó ante nosotros para pedir el mapa, era alguien engreído y con aires de grandeza, pero carismático al fin y al cabo; pero cuando volvió…

-¿Señor?

-Cuando volvió, era otro hombre, su presencia era tan oscura que no pude evitar retroceder, sonreía con cinismo y miraba todo como si le perteneciera; nunca había visto una demencia de esas características, pero tuvimos el presentimiento de que nunca debimos haberle dado el mapa a él…

-¿Quién era ese tipo?

-En un principio, nos dijo que se llamaba Oikawa Tooru, pero al volver, consumido por su locura, nos dijo que su nombre a partir de ese momento era “el rey demonio”. Todos sabíamos que él no era el rey de los demonios, pero, después de verlo actuar tan… extraño, nos miramos por primera vez para preguntarnos si lo que hacíamos estaba bien… ¿Estuvimos contribuyendo con la destrucción de otros reinos todo este tiempo? ¿Teníamos la culpa? Fue la primera vez que nos preocupamos por ello. Es por eso que decidimos guardar bajo llave la leyenda de Duo, para siempre.

-¿Ya nadie puede buscar a la bestia? ¿Ni siquiera un Nefilim?

-¡Ni pensarlo! - exclamó Takehito con los nervios de punta - mucho menos los Nefilim, no permitiremos que nadie de nuestra sangre nos cree problemas, es por el bien del pueblo.

-Pero señor.

-¡¿Te atreves a cuestionarme?!

-Señor, yo… - en ese momento, Sasaya apuntó firmemente a Aone, desafiante; el alfa más joven se sobresaltó.

-Aone, tú serás el nuevo líder, y como líder, tu prioridad es la seguridad de tu pueblo, así que no quiero ver ningún asomo de duda en ti. Como futuro patriarca, debes tomar decisiones difíciles, y una de ellas es mantener la boca cerrada y no exponer al pueblo a ninguna idea ni peligro ajeno a los Nefilim ¿Lo entiendes?

-Si señor…

-No te oigo convencido.

-¡Si señor! - respondió Aone como si Takehito fuera su capitán; una vez el miembro del consejo volvió a guardar la calma, Aone prosiguió con lo que quería decir - oiga señor…

-¿Qué quieres ahora, Aone?

-¿Qué pasaría si… alguien le pidiera a Duo que su pueblo fuera el más grande y fuerte de todos?

-Podría ser el fin para el reino enemigo, fuera el reino humano o el demonio.

-¿Pero… y si el pueblo más inalcanzable y fuerte fuera el Nefilim? - Sasaya miró de reojo a Aone.

-¿Qué pretendes?

-Quisiera pedirle a Duo que nuestro pueblo sea indestructible, para que nunca más vivamos con miedo.

-Suena bien lo que dices, pero hay un gran contra: mientras más grande sea el deseo, más alto es el precio que debes pagar. Así que no digas las cosas sin pensar, Aone.

-Señor, estoy dispuesto a dar lo que sea para cumplir ese deseo - Aone no estaba seguro de si él mismo estaba hablando en serio o solo buscaba excusas para llevarse de una vez el maldito mapa.

-Aone, ¿Estarías dispuesto a dar la vida por tu pueblo?

-Sí señor.

-Y… ¿Estarías dispuesto a dar tu existencia por ello?... - preguntó Sasaya inseguro, incluso algo temeroso.

-Sí, daría mi existencia señor.

-¿Lo juras? - Takehito lo miró a los ojos, Aone trató de no titubear para responder.

-Sí, lo juro.

Sasaya se quedó quieto un momento para pensar, hasta que, luego de convencerse, caminó hacia una mesa llena de papeles, tinta y plumas, trayendo consigo un trozo de papel transparente y un lápiz; sin dar explicaciones tomó el libro y comenzó a calcar el mapa con gran precisión, dándole a Aone una copia exacta del mapa que marcaba la ruta hacia la caverna de Duo. El joven alfa no podía creerlo, se lo agradeció cordialmente cuando Takehito le entregó el mapa en las manos, ni siquiera estaba seguro de cómo había logrado que se lo entregara.

Aone le comentó que había olvidado un pequeño cofre que le había pedido a su yinn en la habitación donde se hospedó esa noche, Sasaya se ofreció a acompañarlo hasta allá, ya no lucía tan serio y aterrador, podía ser amigable al fin y al cabo; cuando llegaron al cuarto, Takehito miró hacia todos lados, preguntándole a Aone donde estaba la chica omega forastera, el alfa más joven le respondió: “no lo sé, estaba dormida cuando me levanté”. Sasaya no dijo más, dio media vuelta y despertó a gritos a los demás miembros del consejo para alertarlos por aquella omega fugitiva; se armó un gran ajetreo, Aone se fue disimuladamente con todas sus cosas para evitar ser interrogado. Lo último que escuchó cuando salió fue al jeque ordenándole a los guardias que buscaran a la chica por la ciudad, porque no podía estar tan lejos como creían; Aone estaba muy tenso, se alejó rápidamente de todo aquello, rogando que no se les ocurriera buscar por los pasadizos y que detuvieran la búsqueda por la tarde.

*****

Luego de volver a su casa y cambiarse de ropa, Aone preparó un bolso para llevarle el mapa, la botella del yinn y el cofre de joyas a Kenji, pasaría la tarde con él y le contaría solo un par de cosas sobre lo que le ocurrió, omitiendo la revelación del Dios o Diosa de todos los reinos; si bien esa información le hubiera fascinado a su amigo, no podía romper el código de silencio de esa forma, ya bastante hacía regalándole el mapa de Duo, si lo descubrían haciendo eso se metería en un gran problema. Salió de su casa y caminó un par de cuadras hasta la de Futakuchi, había algunas diferencias entre su hogar y el de su mejor amigo, por ser un alfa tenía derecho a un espacio más grande, con materiales más pulidos y de mejor calidad; la casa de Kenji era en cambio una choza de barro común y corriente.

Futakuchi le abrió la puerta envuelto en un gran manto, cubría bastante bien su cuerpo semi desnudo y enjoyado; al ver que solo se trataba de Aone, lo invitó a pasar, y en cuanto la puerta se cerró dejó caer la tela que lo cubría, se sentía en confianza para mostrarse así, sin saber que el corazón del alfa se aceleraba cuando hacía eso. En esa ocasión llevaba un brasier rosa durazno y rojo cereza, sin tirantes y hecho con telas muy livianas y delgadas; también llevaba una especie de falda que consistía en dos simples telas largas y separadas, una adelante y otra atrás, dejando ver sus largas y esbeltas piernas con cada paso que daba; Aone respiró profundamente y lo siguió a su cuarto.

-Te desapareciste toda un día ¿Qué te tenía tan ocupado? - le preguntó mientras se recostaba boca abajo en su alfombra, leyendo un libro sobre arte.

-Mira - dijo abriendo su bolsa, decidió mostrarle primero el pequeño cofre que le había pedido a su yinn, entregándoselo en las manos - ábrelo - Futakuchi no tardó ni un segundo en abrir el cofrecito, mirando con los ojos brillantes las valiosas joyas de su interior.

-¿Esto es en serio?... - susurró Kenji mientras veía detenidamente los collares de diamantes, esmeraldas, rubíes y zafiros; luego se colocó las joyas de perlas y rubíes rápidamente, entusiasmado por combinarlas con su atuendo - ¿Cómo conseguiste esto Aone?

-Es por esto - dijo Aone retirando la botella de su bolso; en cuanto la destapó, el humo rojo cubrió la habitación, asombrando a Kenji, que miraba de costado y anonadado como emergía un yinn de la botella de su amigo.

-¿Qué es lo que desea, amo? - dijo el yinn Ken cruzado de brazos, luego miró hacia el lado, descubriendo al bello muchachito vestido de chica sobre una alfombra - wow…

-¡¿Te regalaron un yinn?! - exclamó Futakuchi conteniendo el resto de su emoción, el yinn lo miraba de arriba a abajo, su expresión de sorprendida pasó a ser lasciva, como si disfrutara imaginar al amigo de su amo en situaciones inmorales.

-Sí, al aceptar el cargo de jefe, me dieron un par de regalos ayer por la noche - respondió Aone sin darse cuenta del lenguaje corporal de su yinn, cada vez más parecido a un macho cortejando a alguien.

-Qué bueno que esos viejos de mierda te dan este tipo de privilegios - el beta se levantó para ver de cerca al yinn, que lo miraba con coquetería - tiene cuernos y los ojos ahumados ¿Podría ser que…? No, no creo que sea alguien tan importante, los yinn normalmente fueron homicidas en vida o algo así.

-Mi identidad es secreta, pero, podríamos negociar para que te diga quien fui alguna vez - propuso el yinn Ken deslizando su gran dedo por los labios de Kenji, que apartó el dedo de un manotazo transformándolo en humo - que carácter.

-Sí, me imaginaba que sería alguien desagradable - murmuró Futakuchi, entonces el yinn hizo aparecer un collar de múltiples piedras preciosas frente al beta, que se quedó embelesado por el brillo de la joya.

-Así que para ti eran las joyas ¿Te gustan mucho verdad preciosura? - pronunció el yinn, levantando la joya hasta lo más alto cuando Kenji trató de alcanzarla - oh no, tienes que ganártela primero ¿Qué dices bombón? ¿Quieres que te llene de joyas? - el yinn estiró sus labios, Kenji lo miraba fastidiado, y Aone fúrico.

-Vuelve a la botella - le ordenó sin agregar nada más, en el fondo reprimía las ganas de regañarlo.

-Aguafiestas - dijo el genio antes de encerrarse por completo dentro de la botella.

-Lamento eso, Kenji.

-No pasa nada, los yinn son así de idiotas - Futakuchi volvió a sentarse en su alfombra, Aone también se sentó a su lado, listo para mostrarle la última sorpresa.

-Hay algo más - le dijo Aone, Futakuchi miró curioso el bolso del alfa, y en cuanto sus ojos vieron un papel saliendo de este, su expresión se transformó por la impresión - tengo el mapa - le confirmó su amigo, Kenji sin pensarlo se lanzó para abrazar a Aone poniendo sus brazos atrás de su cuello.

-¡No puedo creerlo! - exclamó Futakuchi contra el hombro de Aone; el alfa quiso corresponder al abrazo, pero antes de que pudiera rodear su espalda, Kenji lo soltó y tomó el mapa para revisarlo - no puedo creer que seas tan buen amigo ¿Cómo puedo pagártelo? - preguntó el beta mientras observaba el mapa detalle a detalle; Aone pensaba en algunas maneras de pago, la mayoría de ellas eran cosas prohibidas e impuras, pero no podía sacarlas de su mente aunque supiera que estaba mal, no era algo que su parte racional quisiera, se trataba de una mala pasada de su subconsciente.

-No te preocupes, no quiero nada a cambio.

Mientras Futakuchi se lo agradecía sin parar, aprovechaba también de mirar todo el mapa y comentar que en todos esos sectores marcados había tesoros y ruinas increíbles, todo aquello lo había leído en su libro; Aone se ruborizó cuando su amigo volvió a colocarse boca abajo para estar más cómodo mientras veía el mapa, el tipo de falda que llevaba dejaba ver parte de sus tonificados y esculturales glúteos, donde no había ni un solo rastro de vellosidad, pues a Kenji le gustaba rasurar todo su cuerpo, le tomó años encontrar una manera de quitarse el vello sin lastimarse. El beta le parecía tan extraño, pero cada vez que lo miraba, Aone también se sentía un raro, en el fondo no eran tan diferentes, uno amaba muchas cosas prohibidas, Aone, solo deseaba una cosa prohibida.

No tuvo tiempo de mirar hacia otro lado, sus instintos ya estaban aflorando gracias a que no podía dejar de mirar todo el hermoso cuerpo enjoyado y delicado de Futakuchi; era muy peligroso que sus instintos de alfa no estuvieran encerrados, porque su cuerpo y su mente reaccionaban a lo que ellos pedían. Con los últimos rastros de conciencia que le iban quedando, solo lograba pensar en la belleza de su amigo, admirándolo con las pupilas dilatadas; antes de entregarse por completo a sus peligrosos instintos, se dijo a si mismo que estaba feliz de haber visto la sonrisa genuina de Kenji, y de haber recibido tantos “gracias” de su parte.

Pero sin desearlo, Aone estaba por poner en riesgo a su mejor amigo; con su mente dominada por su instinto alfa, se acercó gateando a Futakuchi, colocándose sobre él sigilosamente como si lo estuviera acechando; su amigo solo giró la cabeza para verlo en cuanto sintió la respiración de Aone muy cerca de la piel de su espalda; lo estaba olfateando. Kenji le preguntó desconcertado que estaba haciendo, pero Aone no contestó, solo olía su espalda de abajo hacia arriba, para luego apegar su nariz al cuello del beta, su aroma le parecía atrayente; Futakuchi se sobresaltó cuando sintió algo muy duro pegándose entre sus nalgas, pequeños rastros de miedo empezaron a aparecer en su pecho cuando entendió que era ese algo.

Volvió a llamar a Aone, pero este no lo escuchó, en vez de eso, comenzó a besar la espalda de Kenji mientras frotaba su erección contra sus nalgas una y otra vez; Futakuchi le pidió que se detuviera, mas no obtenía respuesta, el alfa estaba encima de su cuerpo provocando una sensación sofocante para el pobre beta. Fue aun peor cuando Aone deslizó sus manos por debajo de Kenji, levantándole el brasier y tomando sus pezones para tirar de ellos; la entrepierna del alfa estaba ardiendo, Futakuchi tenía miedo de lo que iba a pasarle, se sentía tan pequeño y débil bajo alguien más alto, fuerte y más hábil en combate que él, que lo aplastaba con su peso y lo reducía con total facilidad.

Su respiración estaba agitada y su corazón acelerado, ese no era el mismo Aone de siempre, el Aone que conocía era alguien dulce y reservado, no mataba una mosca y no se le cruzaba por la cabeza la idea de dañar a alguien; por eso no podía entender porque estaba pasando eso. El alfa sacó su lengua y la deslizó por el costado del cuello y el hombro de Kenji, ensalivando el área, como si estuviera preparándolo para ser mordido; Futakuchi pudo reaccionar al fin, girando bruscamente su cuerpo y golpeando con su codo el rostro de Aone; aquel golpe fue tan fuerte que el alfa volvió en sí, recuperando su capacidad de pensar, para luego encontrarse a Kenji, parado frente a él con una cara llena de rabia y los ojos llorosos.

-¡¡¿Qué parte de “basta” no entendiste estúpido?!! - le gritó iracundo mientras dos lagrimas recorrían sus mejillas; Aone se sentía confundido, no entendía nada de lo que estaba pasando.

-¿Qué fue lo que…? - murmuró Aone mientras tocaba su cabeza, luego recordó alguna de las cosas que hizo, sintiendo culpa por haber asustado tanto a su amigo.

-¡¿En que estabas pensando maldición?! - volvió a reprocharle Futakuchi, tenía las manos temblorosas y lloraba sin darse cuenta, creyendo que su rostro solo demostraba la rabia que tenía.

-Por favor perdóname…

-No lo entiendo...  se supone que te gustan las chicas, entonces ¿Por qué…? - Kenji se veía tan confuso como Aone, que se levantó del piso mientras sobaba su adolorida cara; al ponerse de pie, posó su vista en los pechos de su amigo, que estaban al aire libre, pues el brasier había sido levantado por el alfa; Futakuchi volvió a colocarlo en su lugar y usó un brazo para cubrirse los pectorales, se veia incómodo.

-Perdóname Kenji, perdí el control…

-¿Por qué? Esto nunca te había pasado antes…

-Yo…

-Por favor vete.

-Kenji por favor, perdóname, no era mi intención, no pude controlarme - se excusó Aone arrodillándose a sus pies para pedir perdón.

-Entonces vuelve cuando aprendas a hacerlo - Futakuchi se veía frio y rencoroso.

-¿Para qué usas esas ropas?... - susurró Aone un poco molesto, Kenji lo miró con aun más furia.

-¡Cuando te invito a mi casa y me muestro como en verdad soy, es porque confió en ti estúpida bestia, es porque asumí que te gustaban las mujeres y que nunca sentirías nada si yo usaba lo que de verdad quiero usar todo el tiempo!

-Pero…

-¡¿Acaso crees que lo que vistan los demás justifica que los fuerces a hacer algo que no quieren?! ¡Por eso odio esta puta sociedad de animales!

-Lo siento… - susurró Aone, levantándose para abrazar a su amigo - no volveré a hacer algo así, por favor, perdóname… - lo rogó temblando, ya no encontraba la forma de justificar sus acciones, él era un estúpido que no tenía derecho a defenderse.

-Aprende a controlarte, no quiero ni imaginar lo que pasaría si no lo haces y cometes un crimen, si lo hicieras, ninguna excusa valdría - Futakuchi lucía frívolo aunque Aone lo abrazara pidiendo su perdón; sin embargo, luego de sentir el temblor de su gran cuerpo, su duro corazón se ablandó - oye…

-No volverá a pasar, no quiero hacerte daño, no quiero hacerle daño a nadie… - dijo Aone mientras lloraba sin ningún sollozo, si sus lágrimas no hubieran mojado los hombros de Kenji, este no habría confirmado que de verdad se sentía muy arrepentido.

-Por un lado, no es tu culpa haber nacido aquí, en una sociedad donde a ti te permiten más que a otros por ser un hombre alfa… Es una suerte que no quieras dañar a nadie con la intención de hacerlo, otros alfas no se habrían disculpado - le dijo tocando su espalda con una mano.

-Aprenderé a controlarme, te lo juro…

-Está bien… te creo.

-Gracias… - pronunció Aone abrazando suavemente a Futakuchi, quien dudó un poco antes de corresponder al fin el abrazo, creía en Aone, así que estaba seguro de que no volvería a dejarse llevar por sus instintos.

-¿Por qué perdiste el control? - le preguntó Kenji mientras se abrazaban, el alfa agachó la cabeza con vergüenza.

-Hace mucho que intentaba reprimir ese instinto, hoy no lo logré… pero no volverá a pasar.

-Creí que te gustaban las mujeres, que eras todo lo que esos viejos de mierda del consejo querían en un ciudadano.

-Por favor no se lo digas a nadie.

-¿Estás loco? Tú no le has dicho a nadie la cantidad de cosas prohibidas que yo he hecho ¿Por qué te delataría?

-Lo siento, fue una pregunta tonta… - le respondió el alfa, Futakuchi se soltó lentamente del abrazo, evitando mirar a Aone a los ojos.

-No me esperaba que te gustaran los machos… Esto fue muy repentino - comentó Kenji, Aone se sonrojó avergonzado.

-No puedo evitarlo… - le dijo como si pensara que para su amigo era decepcionante; el beta miraba hacia otro lado, pensativo.

-¿Podrías irte por hoy? Me gustaría estar solo… al menos por esta noche - le pidió Futakuchi, Aone agachó la cabeza, triste por pensar que Kenji aún no lo perdonaba.

-Está bien, no quiero incomodarte más…

*****

Salió de la casa de su amigo, ya había atardecido y la oscuridad de la noche pintaba las calles de azul oscuro gradualmente; Aone estaba triste y preocupado, Futakuchi había sido sincero con él todo ese tiempo sin ninguna doble intención, y él, por su estúpida mentalidad de alfa casi arruinó su amistad; todo ese tiempo pudo haber sido igual de sincero que Kenji, pudo haberle confesado que le gustaban los machos, pero no lo hizo. No estaba seguro de lo que él mismo quería, no estaba seguro de si deseaba ser el nuevo jeque de los Nefilim, simplemente hacia todo lo que esperaban de él, aceptó el puesto de patriarca, daba todo de sí en el ejército, podía pasar todo un día sacando agua de los pozos y oasis, solo porque le decían que era su deber; sin embargo, las únicas tareas que si lo satisfacían eran la repartición de agua y el haber conseguido el mapa para Kenji, pues la alegría de los beneficiados lo hacía sentir satisfecho.

Mientras pensaba en todo eso, escuchó los shofares, cuernos que emitían un sonido cuando los soldados soplaban, que eran usados para anunciar algo; en aquella ocasión, sonaron 7 veces, aquello indicaba algo que muchos en el pueblo temían: una amenaza para sus vidas, un ataque de algún monstruo descontrolado. Aone corrió rápidamente hacia una de las torres de la ciudad y preguntó qué es lo que veía el vigilante; aquel pobre hombre estaba mudo de pavor, después de unos segundos temblando y tratando de sacar voz, le gritó al alfa cual era la amenaza: langostas de Abaddon.

Aone entonces salió corriendo cruzando las murallas, se quitó la ropa y comenzó a crecer hasta el máximo, ganando una altura de 60 metros; luego corrió haciendo temblar el piso de la ciudad, yéndose en dirección al cañón de la entrada norte de la ciudad de Uruk, la dirección que le había indicado el guardia. Llegó rápidamente, trepando el cañón y saltando sobre él, mirando la gran cantidad de  langostas de Abaddon, de 10 metros aproximadamente, con sus alas de langosta, sus deformados y feroces rostros humanos, y sus peligrosas colas de escorpión, persiguiendo a una pobre muchacha que no tenía tiempo ni espacio para transformarse: Mai.

Aone tomó una piedra del cañón y la lanzo con una gran puntería sobre 5 langostas, que murieron aplastadas contra la arena; otras 10 volaron hacia Aone con la intención de envenenarlo con sus aguijones, con un veneno tan raro que no tenía ninguna cura conocida, que provocaba un dolor tan intenso que la persona envenenada rogaba por la muerte. Aone tomó otras dos grandes piedras con sus manos, lanzándolas contra el grupo de langostas; 5 lograron evadirlas, otras 5 recibieron de lleno el golpe, muriendo aplastadas; el alfa rodó para evitar el ataque de las 5 langostas vivas, y tomó un gran puñado de arena, soplándola para crear una nube de polvo frente a aquellas bestias.

Aprovechó que estaban cegadas para aplastar 2 con sus manos, una intentó atacarlo, pero él le sujetó la cola y se la arrancó, provocando gritos espantosos en la bestia, que solo pudieron ser callados cuando Aone la aplastó con un pie. Lo distrajo por un momento un grito de dolor de parte de la omega, cosa que casi hace que las dos langostas que seguían volando lograran herirlo; él las sujetó de la cola y apretó sus puños triturándolas y dejándolas inutilizables.

Al verse fuera de peligro, volteó a ver a Mai, solo para encontrar 3 langostas más alrededor de la chica, que volaron despavoridas cuando él las miró; Aone redujo su tamaño a 4 metros, arrodillándose junto a la pobre omega, que tenía una profunda herida de aguijón en su estómago, y que se retorcía gritando de dolor; era desgarrador oírla. Aone tomó a Mai con sus manos, se veía tan pequeña, lo conmovía y preocupaba mucho verla sufriendo de esa forma; juntó sus manos curvándolas un poco para que la omega no cayera, y se la llevó corriendo hasta la ciudad, cruzando rápidamente el cañón; aun pensaba que podría hacer algo por ella.

Cuando llegó a las murallas de la ciudad, recuperó su tamaño normal y dejó cuidadosamente a Mai en el piso, para colocarse la ropa que había dejado afuera de las murallas; ella gritaba y lloraba, diciendo que le dolía demasiado, que no podía soportarlo más. Aone le gritó al vigilante que necesitaban un médico, pero cuando lo hizo, todo el consejo de sabios y el mismo patriarca aparecieron ante él, preocupados por la alarma y por haberse enterado de que Aone había enfrentado solo a las langostas de Abaddon.

-¡¿En que estabas pensando Aone?! ¡No debes exponerte así! - le reclamó Kamasaki tomándole los hombros.

-¡¡Por favor ayudenme!! - dijo Mai entre sus gritos de dolor, su cuerpo se retorcía y ella lloraba, Aone se arrodilló para intentar socorrerla; los del consejo miraron su herida con horror, pues sabían lo que implicaba sufrir una picadura de una langosta de Abaddon.

-La omega fugitiva… - susurró uno de los miembros del consejo.

-Está envenenada, ya no hay nada que podamos hacer - dijo Sasaya firmemente, pero su expresión demostraba temor y compasión por Mai.

-¡¡No puedo más!! ¡¡Duele, duele demasiado!! - la omega lloraba de dolor, su llanto estremecía a Aone.

-¡Tiene que haber una forma! - exclamó Aone, tenía la cabeza de Mai apoyada en su regazo, tratando de brindarle tranquilidad aunque él se sintiera desesperado por todo lo que estaba pasando.

-Aone… no existe cura… - susurró el patriarca.

-¡¡Por favor!! ¡¡No puedo soportarlo!! - la omega lloraba y se movía erráticamente, tan llena de dolor que no podía dejar de gritar, ni de pensar en todo lo que no podría volver a ver - ¡¡Padre!! - se oyó entre uno de sus gritos - solo quiero a mi padre… - dijo con un hilo de voz, sus agónicos quejidos le habían gastado la garganta.

-La única escapatoria es la muerte… - Takehito dijo aquello como una sentencia, retirando un cuchillo de su bolsillo y enseñándoselo a Aone.

-¡No obligues a Aone a matarla! ¡Él no está preparado! - el jefe Kamasaki alzó la voz al ver lo que Sasaya estaba haciendo.

-¡Tiene que estarlo! ¡Los líderes deben tomar este tipo de responsabilidades! - exclamó Takehito.

-¡Pero…!

-No puedes pretender que Aone no cumpla, mucho menos si no es tu heredero legitimo - dijo Sasaya, reprochándole a Kamasaki el no haber tenido hijos para continuar con su línea de sucesión; con aquello el jeque se tragó sus palabras y dejó a Takehito proseguir - toma esta daga, Aone.

-Señor, yo no puedo… - Aone se veía asustado, Sasaya lo miró duramente.

-Debes. Solo así acabaras con su sufrimiento.

-No puedo, yo nunca he matado a una persona - decía Aone incapaz de tomar el cuchillo curvo que Takehito intentaba darle.

-¿Cómo esperas ser un buen líder si no puedes hacer lo mejor para tu pueblo? Lo único que salvará a esta omega es la muerte - Sasaya habló con sensatez, pero sin ningún tipo de empatía por Aone, que nunca en su vida había usado un arma contra un ser humano; con la mano temblorosa el joven alfa tomó la daga, mirando a la afónica y desdichada omega, que respiraba con complicaciones por el intenso dolor.

-Yo… - susurró Aone, tenía el pulso agitado, por eso la punta del cuchillo se movía aunque tratara de mantenerlo apuntando el corazón de Mai.

-Hazlo - le ordenó Takehito.

Aone tenía el cuchillo en la parte izquierda del pecho de la chica, su mano temblaba, porque el dudaba, no sabía cómo quitarle la vida a un ser humano, no era algo sencillo y tenía mucho miedo de hacerlo; vio por un momento el rostro de Mai, pálido y empapado en lágrimas, a pesar de que su garganta estaba seca y dañaba, no paraba de emitir quejidos en su agonía. El alfa enterró un poco el cuchillo sin llegar a atravesarle la piel, fue su primer torpe intento de finalizar la tarea que le habían impuesto; miró por última vez la cara de la omega, pidiéndole perdón; apretó los ojos y clavó con todas sus fuerzas la daga en el corazón de la muchacha, sin querer ver lo que estaba haciendo, únicamente percibiendo como el filo atravesaba la carne y las costillas, enterrándose y salpicándole sangre tibia en el puño.

Al abrir los ojos, vio el rostro de Mai, al borde de su inminente muerte la omega lo miraba con dulzura y tristeza, llevando su débil mano hasta la mejilla de Aone para susurrarle sus últimas palabras, un suave “gracias” que se desvaneció cuando ella cerró los ojos. Aone se quedó quieto, casi sin respirar, a su alrededor los sabios del consejo lo felicitaban por haber hecho lo correcto, pero él no escuchaba nada, era imposible, sus oídos bloqueaban todo y su mente estaba en blanco, porque no podía asimilar el hecho de que la primera persona a quien mató, era una chica inocente, una buena persona.

Kamasaki tocó el hombro de Aone, asustado por su silencio, él se levantó sin decir nada y caminó de vuelta al interior de la ciudad,  evitándolos; al entrar en la ciudad miró sus manos ensangrentadas, todo su torso tenia manchas de sangre, incluso su rostro tenia salpicadas algunas gotas; dos fuertes sollozos casi lo dejan sin aliento, él miró el cielo para contenerlos y no romper en llanto. Después observó a su alrededor, algunos ciudadanos estaban afuera de sus casas gracias a la alarma de peligro, y lo miraban con una preocupación que Aone percibía como miradas de enjuiciamiento; tantas personas lo miraban y tanta culpa sentía, que comenzó a correr, huyendo hacia el cañón del lado contrario de Uruk, donde estaba la zona de entrenamiento.

Kenji estaba afuera de su casa, envuelto en su manta y vistiendo bajo ella únicamente sus pantalones, estaba preguntándole a los vecinos que había ocurrido; todos vieron a Aone correr despavorido para atravesar la ciudad, Futakuchi lo llamó, pero él no hizo caso, continuó huyendo aunque supiera que no sería castigado, huía de su propia consciencia. Aone paró de correr al llegar a la cima del cañón, sentándose agotado, para llorar en silencio en un lugar donde no podría molestar a nadie; luego de una hora el beta apareció a sus espaldas, caminando pausadamente hacia él, viendo al pobre alfa llorar lleno de remordimiento; Kenji se arrodilló detrás de Aone y lo abrazó con suavidad y cariño por la espalda, apoyando su frente en la nuca de su amigo.

-Tranquilo… lo malo ya pasó… - susurró Futakuchi abrazándolo con un amor que no le demostraba a cualquier persona.

-Yo… yo hice… - Aone intentaba explicarse, Kenji lo silenció y continuó el abrazo más cálido que podía darle a alguien.

-Lo sé, me enteré de eso… No fue tu culpa - Futakuchi trató de consolarlo besando su cabeza con ternura, aquella muestra de afecto hizo suspirar a Aone; el beta se sentó apoyando su espalda contra la de Aone y colocando su nuca sobre su hombro  - no conocemos la cura de ese veneno, no es tu culpa que esta sociedad no sepa una mierda de medicina.

-Me dijeron algo parecido… - dijo Aone desanimado, Kenji giró levemente su cabeza sobre el hombro de Aone, estirando sus labios para depositarle un beso en el cuello.

-Relájate tonto, piensa que salvaste a esa chica.

-Sé que eso la salvó, pero… yo no quería matarla…

-Cierto, no querías, te obligaron a hacerlo… ¿Nunca has pensado en lo que de verdad quieres? - preguntó Futakuchi, Aone no estaba seguro de que respuesta darle, pero se movió, aquello le dio una señal a Kenji para moverse también y dejar que Aone volteara a mirarlo directamente a los ojos. Ambos hacían contacto visual, luego cerraron sus ojos al mismo tiempo, juntando sus labios para besarse; Aone acarició con una mano el cuello y hombro de Futakuchi, uno de los lados del manto cayó por el hombro del beta, dejando parte de su torso desnudo al descubierto.

-Olvidaste quitarte ese cinturón de piedras… - susurró Aone mirando de arriba a abajo a su amigo.

-Nadie lo notó - dijo Kenji, gateando para sentarse entre las piernas de Aone, besándolo una vez más en los labios - tenía pensado irme mañana de la ciudad, pero, creo que puedo esperar un poco si no te sientes bien.

-¿Te marcharás?

-Es solo temporal, tantearé uno de los puntos de referencia del mapa, quizás encuentre cosas interesantes por el camino - le respondió, Aone acarició una de sus clavículas y volvió a darle un suave y rápido beso.

-¿No tienes deberes que cumplir en la repartición de agua?

-No, no tengo - Futakuchi sonrió ladino, Aone también le sonrió y le dio un beso más largo y profundo.

-Puedes meterte en problemas.

-Ya sabes cuánto me gustan los problemas - el beta lamió los labios de Aone, este se sentía más contento luego de la horrible experiencia.

-Vuelve pronto…

-No te preocupes, no tardaré más de dos semanas en visitar el primer lugar - Aone estaba pensativo, recordando a las langostas de Abaddon.

-Ten cuidado por favor, hay monstruos muy peligrosos en el desierto…

-¿No se te hace raro que hayan aparecido esas langostas?...

-Es demasiado raro…

-¿No te da miedo? - le preguntó Kenji, su rostro estaba muy cerca del de Aone, invitándolo a darle otro beso apasionado en la boca, sintiendo al fin la libertad para poder hacerlo.

-No, no tengo miedo ahora.