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Harry suspiró, sentado en un banco en King's Cross. Era bastante evidente ahora: nadie vendría a buscarlo.

Abrió su baúl, agradecido de haber obtenido uno que se cerraba con una llave en lugar de magia, y sacó un pergamino, una pluma y una pequeña botella de tinta. Rápidamente escribió una carta y salió de la estación; con el baúl aún a remolque, dejó que Hedwig saliera de su jaula.

—Oye, niña, necesito que le lleves esto a Dumbledore por mí, ¿de acuerdo? —preguntó, entregándole la carta—. Sin paradas, llévaselo lo más rápido que puedas.

Hedwig lo acarició con el pico y despegó, volando hacia Hogwarts lo más rápido que pudo.

Harry volvió adentro y esperó. Seguramente alguien sería enviado después de él. Él era, después de todo, el Niño-Que-Vivió. Dumbledore no querría  que le pasase algo malo, ¿verdad?

 

________________

 

Dumbledore levantó la mirada hacia el impaciente golpeteo en su ventana.

Reconoció el búho de Harry y sonrió. —Harry ya le está escribiendo a la gente, ¿verdad? —burló divertido, abriendo la ventana y tomando la carta.

Él la abrió y palideció.

 

«Querido Profesor Dumbledore,  

Los Dursley nunca vinieron a buscarme. 

Todavía estoy en King's Cross, y creo que alguien tiene que venir a buscarme. 

Dudo que Vernon vaya a venir. A él no le gusto mucho, y estaba en contra de que fuera a Hogwarts.

Por favor, señor, envíe a alguien, a cualquiera, a recogerme. Realmente no quiero pasar más tiempo aquí solo. 

Me preocupa que me secuestren si tengo que quedarme aquí toda la noche.

 

Harry Potter.»

 

Dumbledore palideció. ¡Era casi medianoche!

Lanzó polvo Floo a la chimenea y gritó—: ¡Severus!

Severus salió de su habitación en una bata, frunciendo el ceño ferozmente. —¿Qué, Albus? ¡Estaba a punto de irme a la cama! ¿Qué podra ser lo que posiblemente quieras en este momento?!

Dumbledore suspiró. —Parece que Harry ha sido abandonado por sus parientes. ¿Podrías recogerlo y acompañarlo para que llegue a casa sano y salvo? Por supuesto, te proporcionaré un Traslador a King's Cross —ofreció.

Severus suspiró, pellizcando el puente de su nariz. —¿No podrías imponer al odioso chico a otra persona? ¿Alguien más? —preguntó.

Dumbledore negó. —Severus, eres el único en quien confío lo suficiente para esto. Tienes que ser tú —insistió.

—¡Bien! —espetó Severus—. Dame unos minutos para vestirme y estaré en tu oficina.

Dumbledore sonrió aliviado. —Gracias, Severus.

Severus apretó los dientes. —¡Espero que no me envíen más tareas este verano! —espetó.

—Ya veremos —dijo Dumbledore afablemente. 

 

_______________

 

Severus llegó a la plataforma 9 ¾ y se dirigió hacia la barrera, caminando a través de ella. Miró a su alrededor y vio al niño sentado en un banco con su baúl junto a él y la jaula de lechuza vacía encima.

Se acercó al chico, quien lo miró con resignación.

—Tiene que ser usted, ¿eh? figúrese.

Severus se burló del chico. —Estoy igualmente feliz por la perspectiva de pasar más tiempo en su compañía, se lo aseguro —le dijo—. Vamos a llevarlo a casa para que pueda dormir un poco esta noche —informó, lanzando un encantamiento de peso pluma rápidamente en el baúl que el niño arrastraba detrás de él.

Harry parpadeó sorprendido. —Gracias, señor —dijo.

—No lo mencione. —Severus arrastró las palabras, sacando al chico afuera y alzando su mano con la varita.

Un autobús púrpura de tres pisos apareció y la puerta se abrió. Un anciano vestido con un uniforme morado se adelantó. —Bienvenido al Autobús Noctámbulo, transporte de emergencia para la bruja o mago varado. Solo saca la mano con tu varita, sube a bordo y podemos llevarte a donde quieras ir. Mi nombre es Sidney Shunpike, y seré su guía esta tarde —anunció. Cuando vio quién abordaba, sonrió—. Bueno, hola, Severus. No te he visto en algún tiempo.

Severus asintió. —Absolutamente —estuvo de acuerdo.

—¿Y quién es? —preguntó el hombre, mirando a Harry mientras Severus pagaba su pasaje.

—Harry Potter. Parece que sus parientes olvidaron recogerlo de la estación esta noche —Severus respondió.

Harry se encogió de hombros. —No creo que «olvidado» sea realmente el término correcto. Más bien como «nunca fue su intención» —dijo hoscamente.

—Semántica —Severus siseó.

—Bueno, ¿a dónde? —preguntó Sidney.

Severus suspiró. —Privet Drive, Little Whinging, Surrey —le dijo al hombre, luego jaló a Harry hacia la parte trasera del autobús—. Solo haznos un favor a los dos y mantente callado.

Harry suspiró, pero asintió. Él podría hacer eso. Mantenerse callado era una de las cosas por las que había aprendido a destacarse bajo el cuidado de los Dursley.

Después de un paseo rápido, y algo accidentado, Severus lo instaba bajar del autobús.  Caminaron hasta el número cuatro y Severus golpeó bruscamente la puerta.

—Dudo que alguien esté despierto —murmuró Harry.

Severus le lanzó una mirada. —Bueno, ellos sólo tienen que conseguir levantarse—dijo con firmeza. Tocó de nuevo, más fuerte. Cuando no hubo respuesta, lanzó un hechizo sobre la puerta y golpeó de nuevo.

—¿Qué fue ese hechizo? —preguntó Harry con interés.

—Hará que los golpes sean más fuertes que los disparos, pero solo a oídos de los que están dentro de la casa —dijo Severus, sonando engreído—. Debería despertarlos correctamente ahora.

Harry escondió su sonrisa.

Después de unos minutos más, justo cuando Severus se estaba preparando para tocar de nuevo, Vernon abrió la puerta. —¡¿Qué es todo este alboroto ?! —espetó.

—Parece que olvidaste algo en King's Cross el día de hoy. —Severus arrastró las palabras.

Vernon miró a Harry, luego miró a Severus. —No lo olvidamos, ¡el monstruo ya no es bienvenido! ¡Juramos cuando lo aceptamos que nunca haría nada raro en nuestra casa! Si él va a esa escuela, es tu responsabilidad lidiar con él. ¡Déjanos en paz! —gritó, y luego cerró la puerta en la cara de Severus.

Severus miró a Harry en estado de shock. —Pensé que eras… No importa, aparentemente estaba equivocado. Vamos, vamos a ir a Hogwarts —dijo, acercando al chico y apareciéndoles en las puertas de Hogwarts. Condujo al chico rápidamente por los pasillos y hasta la oficina del Director—. ¡Albus! —gritó, golpeando la puerta—. ¡Levántate y lidia con esto!

Dumbledore apareció en la puerta luciendo tan alegre como siempre, con una bata rosa brillante con estrellas anaranjadas-neón. —¿Sí, Severus? —preguntó, mirando entre Harry y el Maestro de Pociones.

Severus lo fulminó con la mirada. —Se negaron a aceptar al chico. Dijeron que no era bienvenido allí mientras asistiera a esta escuela —explicó.

Dumbledore suspiró. —Bien, entonces. No tenemos más remedio que albergarlo aquí. Desafortunadamente, solo hay un maestro que no se fue para el verano…

—No —espetó Severus rápidamente—. ¡Él no se quedará conmigo ! ¡Me niego!

—Severus, sé razonable-

—¡Dije que no, Albus, y lo dije en serio!

Dumbledore suspiró, cruzando sus manos frente a él. —¿Qué podría lastimar una noche? Lo más probable es que hagamos otros arreglos mañana —dijo el hombre en tono uniforme—. Por favor , Severus. Sabes que no te pediría esto si no fuera necesario —terminó suavemente.

Severus suspiró. —Muy bien, él puede dormir en el sofá. Vamos, Potter, y trae tu baúl infernal —musitó el hombre, volviéndose y dirigiéndose a sus habitaciones privadas.

Harry lo siguió, frunciendo el ceño. Parecía que iba a ser nuevamente el intruso no deseado, ahora en el hogar de otra persona. Se consoló con la idea de que cualquier lugar era mejor que el de los Dursley. 

Severus abrió la puerta con un susurro y se volvió para mirar a Harry. —No se te dará la contraseña de mis habitaciones, así que no lo esperes. Si sientes la necesidad de ir a vagar esta noche, estarás afuera hasta la mañana. Aconsejo no hacerlo.

Harry negó. —No lo haré, señor. Lo prometo —dijo.

Severus dejó escapar un ruido incrédulo. —Dormirás aquí. —Apuntó su varita a una almohada en el sofá, y la convirtió en un edredón de color verde oscuro, extendiéndola sobre el sofá—. Me levanto a las seis cada mañana, y nos dirigiremos a desayunar a las siete —informó con firmeza.

—Sí, señor —respondió Harry, abriendo su baúl y sacando su pijama—. Señor, dónde está-

—El baño está por esa puerta —interrumpió Severus, apuntando con su varita a una de las dos puertas de la habitación—. Esa, —señaló el otro—, conduce a mi habitación. Usted no va a entrar ahí, ¿estoy siendo claro?

Harry asintió, luego huyó al baño para cambiarse.

Cuando regresó, Severus estaba hurgando en el fuego. Se enderezó y miró a Harry críticamente. —Si el fuego baja en cualquier momento de la noche, puedes llamar a un elfo doméstico para que agregue más leña —dijo secamente—. Si se apaga completamente, la habitación se enfriará con rapidez. La manta que he transfigurado para ti debería mantenerte razonablemente abrigado, pero un fuego lo hará mejor.

Harry asintió. No creía que habría necesidad de llamar a un elfo doméstico, lo que sea que eso fuera. Estaba acostumbrado a tener frío, no le molestaría demasiado. Su armario nunca se calentaba mucho, excepto en verano, pero incluso así permanecía más fresco que el resto de la casa.

Severus lo despidió con la cabeza. —Pues buenas noches. Lo veré en la mañana —dijo.

—Buenas noches, señor —Harry se despidió mientras el hombre entraba en su habitación y cerraba la puerta.

Harry colocó sus lentes en la mesa frente al fuego antes de acostarse en el sofá y cubrirse con la manta, dejando que el crepitar del fuego lo adormeciera.

 

_____________

 

Harry se despertó con el sonido de una puerta que se cerró de golpe. Se sentó y extendió una mano para buscar sus lentes. Llegó demasiado lejos y, desequilibrado, se deslizó del sofá al piso de piedra. El fuego aparentemente había sido avivado y ardía alegremente.

Harry encontró sus gafas y las deslizó sobre su rostro, levantándose y doblando la manta que había usado la noche anterior, antes de colocarla en el brazo del sofá.

Se dio cuenta de que la puerta del baño estaba cerrada. «Debe ser eso lo que me despertó» pensó.

Fue a su baúl y lo abrió, haciendo una mueca ante los harapos que tenía que llevar, pero de todos modos sacó un juego de ellos.

Cuando Severus salió, recién duchado y secó, se burló de Harry—: Tiene veinte minutos. Dúchese, vístase y vuelva a encontrarme aquí para que podamos ir a desayunar. No me haga esperar —aconsejó el hombre.

Harry asintió y fue al baño. Se quitó el pijama y encendió la ducha. Veinte minutos eran mucho más de lo que los Dursley le daban, y además se le permitía usar el agua caliente en lugar de quedarse con agua fría. Ya que el agua caliente costaba dinero, los Dursley nunca estaban dispuestos a gastar dinero extra en Harry.

Harry se duchó y se vistió rápidamente, luego salió, secándose el pelo con una toalla.

Severus levantó la vista de su té y se burló. —Pon la toalla en el cesto del baño, hay un encantamiento para secar el cabello. Vuelve y te lo enseñaré.

Harry levantó la vista sorprendido. —Está bien. —Volvió al baño y arrojó la toalla que había estado usando en el cesto. Regresó inmediatamente a la sala de estar.

Severus apuntó su varita a la cabeza de Harry. —Siccesco (1) —lanzó, y el cabello de Harry cayó completamente seco.

Harry corrió al baño para mirar en el espejo. —Oiga, mire, ¡está aplacado! —dijo sorprendido.

Severus se burló de su entusiasmo. —Estoy seguro de que no durará mucho —murmuró; luego le dio a la ropa holgada de Harry otra mueca—. ¿Qué, dígame, son esas excusas horribles de ropa? —preguntó.

Harry se sonrojó. —Son de mi primo. Los Dursley nunca quisieron gastar dinero en mí, así que solo conseguí ropa nueva una vez que Dudley terminó con ellas. Sé que se ven horribles, pero son todo lo que tengo, además de mis uniformes escolares —explicó.

Severus se puso rígido. Había sospechado que al chico no le importaban demasiado cuando llegó a la escuela, ya que era tan dolorosamente pequeño. Inanición, nombres despectivos y humillación. ¿De qué otros pecados fueron responsables los Dursley?

—Coloque su uniforme escolar. Si no va a vivir con ellos, no hay razón por la que no pueda comprar su propia ropa. Lo llevaré al Callejón Diagon hoy. Estoy seguro de que Albus todavía tiene su llave. No hay ninguna razón por la que no puedas tenerla, ya que no regresará con los muggles —le dijo Severus, dejando la taza de té casi vacía.

Harry sacó su uniforme del baúl y corrió al baño para cambiarse.

Cuando volvió a salir, atando su corbata de Gryffindor, Severus hizo una mueca. —Deje eso. No deseo que me recuerden su casa más de lo necesario. El escudo de la túnica me molestará lo suficient —le indicó a Harry.

Harry lo miró con sorpresa, pero puso la corbata en su baúl, sonriendo un poco. —Sí señor. Lo siento.

Severus suspiró. —Bueno, vamos a desayunar entonces —dijo, antes de dirigirse al Gran Comedor, Harry siguiéndolo detrás.

 

_____________

 

—Albus, me preguntaba si todavía tienes la llave de Gringotts de Potter —preguntó Severus.

Dumbledore lo miró por un momento, luego asintió. —Sí, la tengo conmigo en este momento. ¿Por qué? —preguntó.

Severus asintió hacia el chico. —Las únicas ropas que tiene que son aptas para usar son sus uniformes escolares. Podría llevarlo al Callejón Diagon hoy y remediar esa situación, si tuviéramos la llave de su bóveda.

Dumbledore lo miró por un momento. —Pero eso significaría pasar más tiempo con el niño. Seguramente no quieres pasar el día vigilándolo.

—Lo haría para verlo con ropa que le quedara mejor que esos harapos que sus parientes le dieron para que se pusiera —Severus siseó.

—Muy bien. —Dumbledore sacó la llave de uno de sus muchos bolsillos y se la tendió a Severus—. Como no volverá con sus familiares, supongo que sería mejor para él conservar su llave. De esa manera, él la tendrá cuando lo necesite.

Severus asintió. —También pensé en eso —estuvo de acuerdo, deslizando la llave en su bolsillo.

Dumbledore sonrió. —Asegúrate de llevarlo a Fortescue después. Ha tenido un año difícil, y después de la emoción de ayer, creo que se lo merece. Sin duda, también mereces un regalo, Severus —le dijo al hombre.

Severus asintió. —Bien, nos detendremos para tomar un helado. Siempre puedo enviarlo al campo de Quidditch para que trabaje con su nivel de azúcar cuando regresemos.

—¡Ese es el espíritu! —exclamó alegremente Dumbledore.

 

 

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Capítulo II: El Padrino

 

 

—Dame las bolsas de ropa y puedes volar un rato en el campo de Quidditch. Voy a quemar esos trapos que tienes en tu baúl —avisó Severus, tendiéndole una mano.

Los ojos de Harry se agrandaron. —Oh, ¿no puedo ayudarle a quemar la ropa de Dudley? ¡Realmente quiero hacerlo! —preguntó con seriedad.

Severus, burlón, respondió—: Bueno, si eso significa mucho para ti, supongo que puedes ayudar, si aceptas volar después.

Harry asintió. —¡Por supuesto! Me encanta volar, pero realmente me gustaría ver la ropa de Dudley en llamas —le dijo a Severus.

—Ya lo veo —Severus arrastró las palabras—. Bueno, vámonos, entonces —dijo, dirigiéndose hacia las mazmorras.

Llegaron a la habitación de Severus, el hombre una vez más susurró la contraseña antes de dejar entrar a Harry, y Harry corrió a abrir su baúl, sacó las horribles ropas con impaciencia. En poco tiempo, había una pila de ropa en el suelo, y el baúl estaba mucho más vacío de lo que había estado. Harry lo llenó con su nueva ropa, felizmente.

Severus levitó la pila de ropa que no le quedaba bien justo frente al fuego, y Harry se sentó en el lado opuesto a Severus.

—Comienza con la quema —Severus le dijo al niño, quien sonrió y agarró una camisa, la enrolló y la arrojó al fuego. Severus movió su varita, y un par de pantalones cortos se unieron también.

Harry y Severus se turnaron arrojando ropa al fuego, observando con satisfacción cómo la ropa fea, rasgada y manchada se convertía en ceniza. Harry estaba especialmente feliz de ver a los bóxers manchados y sobredimensionados ardiendo; sabiendo que ahora tenía bóxers y calzoncillos(1) que le quedarían bien, y que nadie más los habría usado antes.

En poco tiempo, toda la ropa estaba en la chimenea, ardiendo hasta quedar en nada.

—Ahora —dijo Severus, levantándose y caminando hacia su estantería—, deberías ir a volar. Te veré en la cena —aclaró—. Después de eso, Albus nos dirá qué planes ha hecho para el resto de tu verano.

Harry asintió. —Gracias, por todo, señor. A nadie le ha importado conseguirme ropa nueva antes —dijo, y algo en el pecho de Snape se comprimió dolorosamente ante la admisión. Golpeó demasiado cerca de su realidad para el hombre mayor. Sabía exactamente cómo se sentía el chico acerca de tener cosas nuevas, porque también había sentido lo maravilloso de eso—. Realmente lo aprecio. ¡Nos vemos en la cena! —Harry gritó exuberantemente, luego salió de la habitación, con la escoba en la mano.

Severus dejó escapar un suave sonido de despedida, apartando los incómodos recordatorios de su infancia; agarró un libro para distraerse y se sentó en el sofá.

 

_______________

 

 

Harry y Severus se sentaron en las sillas frente a la de Dumbledore.

Dumbledore sonrió. —¿Caramelo de limón? —ofreció.

Severus negó, pero Harry aceptó el caramelo, se metió uno en la boca y lo chupó.

»Entonces, Harry necesita un lugar para pasar el verano, así como todos los veranos por venir —comenzó Dumbledore—. He hablado con Sirius-

—¡Black solo le enseñaría como ser —más—  un irreprimible violador de reglas, el chico no necesita ese tipo de influencia! —Severus se burló.

 —¿Quién es Sirius? —preguntó Harry.

Dumbledore sonrió. —Sirius Black es tu padrino —le informó al chico—. Estuvo a punto de ir a Azkaban cuando eras más joven, pero abogué por él y cuando se usó Veritaserum en su juicio, se descubrió que él no era la razón por la que mataron a tus padres. —Su atención se desvió al profesor—: Y Severus, estoy seguro de que todo saldrá bien. Después de todo, Sirius es un Auror; ahora, él sigue las reglas —señaló el hombre.

 Severus lo fulminó con la mirada. —Apenas.

—Si tengo un padrino, ¿por qué no estaba viviendo con él desde antes? —preguntó Harry, claramente confundido—. ¿Por qué estaba viviendo con los Dursley?

—Hay un tipo de protección, Barreras de Sangre, que son extremadamente fuertes —explicó Dumbledore—. El hecho de que compartas sangre con Petunia Dursley permitió que esas barreras se colocaran alrededor de su propiedad siempre y cuando siguieras llamando al lugar tu hogar. Esas protecciones te protegieron de los seguidores de Lord Voldemort, manteniéndote oculto de aquellos que te harían daño. 

»Por desgracia, ahora que ya no eres bienvenido ahí, vamos a tener que poner otras medidas para protegerte, y hay algunas opciones, aunque no me fío de ellas tanto como confiaba en las Barreras de Sangre protegiéndote.

Harry asintió. —Pero todavía hay opciones que pueden mantenerme a salvo, ¿verdad? —preguntó.

—¡Por supuesto , mi muchacho! —le aseguró Dumbledore—. Voy a colocar en la residencia de Sirius el encantamiento «Fidelio» cuando vayas a vivir con él, y si Severus prepara una poción de Adopción de Sangre para que Sirius te adopte, podré colocar Barreras de Sangre alrededor de la casa; a pesar de que no van a ser tan fuertes como las que fueron alimentadas por la fuerza del sacrificio de Lily por ti, por supuesto. 

»Sin embargo, estarás a salvo allí, te lo aseguro. —Dumbledore volvió su mirada hacia Severus—. Desafortunadamente, la casa de Sirius no estará lista para Harry por al menos un mes, tal vez un poco más —terminó.

Severus se tensó. —Albus… —su voz tenía una clara advertencia.

Dumbledore extendió sus manos. —Severus, es solo por un corto tiempo, seguramente puedes convivir con el chico por un mes . Piensa en esto como una oportunidad para conocerlo. Él es, después de todo, el hijo de Lily, tanto como lo es de James —Dumbledore le recordó.

Severus apretó los dientes. —Por error pensé que tal vez podría tener un verano que fuera realmente agradable. Supongo que no fue así —respondió con fuerza.

Dumbledore suspiró. —Mi muchacho-

 —¡No «mi muchacho» Albus! ¿No he hecho todo lo que me pediste en los últimos doce años? ¿Cuándo será suficiente para ganarme un respiro? —preguntó Severus.

—Un mes, Severus. Eso es todo lo que te pido —dijo Dumbledore, sonando resignado.

Severus lo miró por un momento, luego dejó escapar un largo suspiro. —Muy bien. Un mes  —aceptó.

Dumbledore sonrió. —Gracias, Severus. Haré que los elfos domésticos agreguen una recámara a tus habitaciones para Harry —dijo ligeramente.

—Perfecto —Severus se burló.

 —Vamos, no será tan malo, Severus. Y, como mencioné antes, me gustaría que prepararas la poción de Adopción de Sangre para Sirius, para proteger aún más a Harry. Estoy seguro de que está dentro de tus capacidades, ¿no es así? —alagó Dumbledore, con los ojos brillantes.

Severus curvó su labio. —La haré, aunque creo que esto es una mala idea —declaró de nuevo.

Dumbledore asintió. —He tomado en cuenta tu opinión, Severus. Sin embargo, siento que todo saldrá lo mejor posible —aseguró—. Ahora, ustedes dos deberían irse a la cama pronto. Harry, tienes tareas que hacer, ¿no? Será mejor que comiences. Tengo la sensación de que este será un verano lleno de acontecimientos —dijo con una sonrisa.

Harry sonrió. —Sí señor.

—Supongo que será mejor que deje que se vayan. Ambos tienen trabajo que hacer —dijo Dumbledore.

Severus se levantó y se volvió para salir de la habitación.

Harry lo imitó. —Adiós, señor —le dijo al director.

Dumbledore sonrió. —Que tengas una buena noche, muchacho —mumuró mientras los dos lo dejaban solo otra vez—. Afortunadamente Severus aprenderá en el transcurso de este mes, que el pasado puede quedar atrás y que todo esto es una segunda oportunidad para conocer al único hijo de Lily —reflexionó.

Fawkes trinó desde su posición, aparentemente de acuerdo.

 

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Severus salió del baño y vio que la puerta de Harry todavía estaba cerrada. Golpeó la puerta y oyó un débil gemido procedente del otro lado.

—Por el amor de Merlín, ¿y ahora qué? —Abrió la puerta y vio a Harry acurrucado en medio de la cama, temblando. Sacó su varita mágica y le lanzó un «Encantamiento de Diagnóstico» al niño, y Harry se sobresaltó, inclinándose sobre el borde de la cama para vomitar violentamente.

El labio de Severus se curvó y miró el pergamino en su mano solo para confirmar su pensamiento inmediato: tenía razón, el chico tenía la gripe del mago.

—Encantador, uno de esos cretinos que nos cruzamos en la calle ayer lo enfermó —murmuró Severus, sosteniendo a Harry en sus brazos; cogió una manta y lo llevó a la sala de estar, regresando de inmediato a la habitación para deshacerse del desastre que había quedado.

Hasta que mejorara, Severus no sería capaz de usar la magia demasiado cerca de él, ya que el uso de la magia causaba náuseas a alguien con la gripe del mago, y muchas veces los hacía vomitar, como lo había hecho su «Encantamiento de Diagnóstico».

Severus revisó el pergamino de nuevo, preguntándose por qué era tan largo, y vio rojo. El niño había sufrido múltiples huesos rotos, ninguno de los cuales había sanado adecuadamente, además de su desnutrición. «Entonces», pensó enojado, «también abusaron de él».

Apretó los dientes, enrolló el pergamino, lo dejó sobre la mesa de la sala de estar y se fue al baño. Conjuró un tazón grande y lo llenó con agua fría, tomando un trapo y colocándolo en este.

Llevó el cuenco a la sala de estar, lo colocó sobre la mesa y con cuidado quitó la manta del niño. Su piel estaba demasiado caliente, y Severus suspiró. —Las necesidades llaman. El chico podrá sentirse avergonzado cuando recupere la cordura, pero al menos no se habrá freído el cerebro con la fiebre.

Severus desabotonó el pijama al chico, lo hizo una bola de ropa arrugada y lo levitó, enviándolo al cesto en el baño; agarró la tela del cuenco, pasándola por la cara del chico antes de sumergirla en el agua otra vez y pasarla por encima su pecho, enfriándolo.

Los ojos de Harry se abrieron y enfocaron aturdidamente, con bastante dificultad, en Severus. —¿Señor? —preguntó confundido.

—Potter —Severus respondió fríamente—. Tienes la gripe del mago. Te cambié a la sala de estar para cuidarte mejor. No te preocupes, sé lo que estoy haciendo. ¿Crees que podrías sentarte?  —preguntó en tono casual, colocando la tela en el cuenco.

Harry asintió y se movió, luego se miró a sí mismo, sus ojos se abrieron de par en par mientras levantaba la manta con un grito ahogado. —Señor, ¡¿dónde están mis pijamas?! —cuestionó con leve alarma, luego gimió, cerrando los ojos, mientras obviamente luchaba contra una oleada de vértigo.

Severus lo miró impasible. —Los quité. Solo obstaculizarán mis esfuerzos por mantener la temperatura baja, y no tienes nada que no haya visto antes. De hecho, si lo tienes, probablemente deberías ser revisado por un profesional médico capacitado —espondió divertido.

Harry se sonrojó. —Correcto. Es solo... Es mi maestro y-

—También soy una de las dos únicas personas en esta escuela con entrenamiento de Sanador. Por supuesto, no tengo tanto como Poppy, pero puedo tratar la gripe del mago con la suficiente facilidad, y tuve la sensación de que preferirías que un hombre te atendiera, ya que debes ser tratado por medios Muggles. Las pociones para reducir la temperatura solo causarán reacciones adversas, al igual que cualquier magia que se use a tu alrededor durante tu enfermedad, excepto la de un elfo doméstico —explicó Severus.

Harry finalmente logró acomodarse en una posición sentada, con la manta sobre su regazo. —Oh. Lamento haber causado problemas, señor. No quise enfermarme.

Severus entró en el baño, hablando por encima del hombro—: Eso es apenas tu culpa, no veo ninguna razón para culparte. Uno de los niños que pasamos ayer, junto con la falta de vacunas mágicas, es lo que indudablemente causó nuestra situación actual —dijo, volviendo a salir con una taza de agua, que le entregó a Harry—. Bebe lentamente, no quiero que vomites de nuevo —ordenó.

Harry dio un sorbo al agua y dejó la taza cuando terminó la mitad. —No me siento tan bien —confesó.

—Recuéstate, es probable que todavía estés demasiado caliente. Haré lo que pueda para mantenerte fresco —murmuró Severus con calma.

Harry se recostó, y Severus recogió el trapo otra vez, haciendo lo que podía para refrescar el cuerpo de Harry. —Potter, tienes varios huesos que se han roto y no se han curado correctamente. La mejor opción sería volver a romperlos y hacer que Poppy los sane. Hay un hechizo que los curará limpiamente, dejándolos como si nunca los hubieran roto, y solo toma un momento. La parte más difícil será volver a romper, pero puedo darte una poción para el dolor o mantenerte dormido con un hechizo para que no duela —le ofreció—. Si no hacemos esto, podría causar problemas más adelante.

Harry se mordió el labio. —Sé qué los huesos no sanaron bien, los Dursley nunca me llevaron al médico —le contó a Severus en voz baja—. ¿Cuántos huesos necesitan ser reparados? —preguntó.

Severus sacó el pergamino enlistando los huesos rotos y rápidamente contó. —Doce —informó a Harry.

Harry hizo una mueca. —Bueno, supongo que no tengo muchas opciones, ¿verdad?

Severus se guardó el pergamino en el bolsillo y continuó limpiando al niño con el agua fría. —Siempre hay una opción, Potter —dijo firmemente—. Es solo cuestión de elegir entre el camino tonto y el sano, desde un punto de vista médico.

Harry asintió, sus párpados empezando a caer. —Correcto. Supongo que los arreglaré. Necesito estar en mi mejor momento, para el Quidditch —apenas murmuró arrastrando los pies, quedándose de inmediato dormido.

Severus rodó los ojos. —De todas las razones estúpidas posibles para hacer esto... ¿eliges Quidditch? —reflexionó, con una pequeña sonrisa en su rostro—. El chico realmente necesita ordenar sus prioridades.

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Severus estaba sentado, leyendo, en el sillón al lado de la chimenea, cuando de repente el fuego se encendió en verde y la cabeza de Dumbledore apareció en él.

—Severus, mi muchacho, ¿está todo bien? Tú y Harry no han ido al Gran Comedor hoy, y el almuerzo ha llegado y se ha ido —preguntó Dumbledore.

Los grandes ojos de Severus miraron a Harry, quien se estaba despertando y gimiendo suavemente. —¡Por el amor de Merlín, Albus! ¡O pasas o terminas la llamada! —espetó.

La cabeza de Dumbledore retrocedió y el hombre atravesó la red.

Harry gimió ruidosamente, vomitando. Afortunadamente, no salió nada.

Severus suspiró. —Esa es la razón por la que no he salido de mis habitaciones hoy, Albus. Harry ha despertado con la gripe del mago —le informó al director.

—Ah, ¡eso lo explica todo! Bueno, supongo que realmente no hay razón para que me quede si tienes todo en orden aquí —exclamó Dumbledore alegremente.

Severus se burló. —En efecto. Informé a Poppy que una vez que esté bien, nos dirigiremos a la enfermería por varias razones. Lo primero y más importante es que necesita sus vacunas, para no empeorar algo más adelante, así como la serie estándar de pruebas que se ejecutan en todos los niños mágicos para conocer sus posibles Herencias Mágicas. También necesita que varios huesos se le rompan y se sanen apropiadamente. Ha tenido fracturas que nunca fueron curadas correctamente, y necesitan ser reparadas.

Los ojos de Dumbledore se agrandaron. —¿Cuántos? —preguntó.

Severus lo fulminó con la mirada. —Doce —espetó—. Y usted es quien lo envió a vivir con esos horribles Muggles así que ¡no espero que esté orgulloso de si mismo!

Dumbledore palideció. —¿Lo golpearon? —preguntó débilmente.

—Obviamente —Severus arrastró las palabras.

—Pensé que favorecerían a su propio hijo, sin duda, pero nunca se me pasó por la mente que hubieran lastimado a Harry. Si lo hubiera sabido, todo esto podría haberse evitado. Debería haberlo enviado a vivir con Sirius desde el principio, como Lily y James querían —murmuró Dumbledore pesadamente.

Severus negó. —Es muy tarde ahora. Déjame cuidar al niño por el momento. Él necesita ayuda, y yo soy capaz de dársela. —Su varita comenzó a sonar—. Y ahora, es tiempo de que lo enfríe de nuevo. Puedes guiarte a la salida, pero tendrás que usar la puerta. No quiero que nada lo vuelva a molestar —dijo secamente, levantándose y caminando hacia donde estaba el cuenco de agua.

Dumbledore asintió, luego salió de la habitación, pensando en lo que se había enterado.

Severus limpió a Harry con la tela, mirando como sus párpados se agitaban. Se abrieron, y Severus esperó hasta que se enfocaron en él. —Hola otra vez, Potter. ¿Puedes sentarte? Deberías intentar beber un poco más de agua.

Harry asintió, sentándose y aceptando la taza de agua cuando le fue entregada. —¿Cuánto dormí? —preguntó.

—En total, unas siete horas, aunque casi te despertaste varias veces en ese tiempo —respondió Severus.

Harry asintió y terminó la taza de agua. —Tengo hambre —dijo en voz baja.

—Eso no me sorprende —dijo Severus—. ¡Pippy!

El elfo doméstico apareció, mirando a Severus con calma.

—Un poco de caldo para Harry, tibio —ordenó.

Pippy asintió y desapareció.

—¿Cómo es que no reaccioné cuando ella apareció? —interrogó Harry con curiosidad.

Severus negó. —Nadie sabe cómo difieren la magia de los elfos domésticos y de los magos, pero los elfos domésticos son capaces de usar su magia alrededor de aquellos con la gripe del mago sin efectos nocivos —explicó.

—Oh. —Harry aceptó eso y se relajó en el sofá.

Pippy apareció con un tazón de caldo y una taza de té.

Severus tomó el té, lo olfateó, y luego asintió. —Muy bien, gracias, Pippy —dijo, dejando el té de menta a un lado para después de que Harry terminara su caldo.

Harry tomó el tazón de caldo y bebió un sorbo, lentamente. Pippy desapareció.

—Cuando termines el caldo, deja que se asiente un poco, entonces puedes tomar el té de menta que trajo para ti. Debería ayudar a calmar aún más tu estómago —Severus instruyó.

Harry asintió, aún sorbiendo el caldo.

Severus se levantó y se acomodó en su silla con el libro en manos. Pasarían unos largos días antes de que Harry volviera a estar saludable nuevamente.

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—¡Quiero levantarme! —se quejó Harry—. ¡Me siento montones mejor!

Severus se acercó a Harry y lanzó un «Tempus», y el niño palideció y tragó, obviamente tratando de no enfermarse. —Aún no estás bien, así que te quedarás allí —dijo el hombre con aire de suficiencia—. ¿Siempre eres así de insufrible cuando estás convaleciente? —preguntó.

 —¿Cuándo estoy qué? —preguntó Harry sin comprender.

Severus rodó los ojos. —Enfermo, Potter. ¿Siempre eres tan molesto cuando estás enfermo?

Harry suspiró. —No usualmente. Tan pronto como comienzo a sentirme mejor, los Dursley comienzan a imponerme las tareas de nuevo. Por lo general, antes de que me apetezca —agregó como una ocurrencia tardía.

—Por supuesto, esos horribles muggles difícilmente se relajarían contigo mientras te estás recuperando. Bueno, no estás con ellos ahora, y te quedarás quieto mientras estés enfermo. Alégrate de que tu fiebre se haya ido, pero los otros síntomas usualmente persisten por un día o dos. Hasta que pueda lanzar hechizos cerca de ti sin arriesgarme a que vomites, no estarás lo suficientemente bien como para someterte a las pruebas mágicas que Poppy necesita ejecutar sobre ti, por lo tanto, no estás bien —Severus le dijo.

Harry resopló, cruzando sus brazos sobre su pecho. —Me siento bien.

Severus regresó a su sillón y tomó su libro. —No quiero que sufras una recaída. Si comienzas a empujar tu cuerpo demasiado rápido, la fiebre podría regresar. Te quedarás allí hasta la cena, luego te bañarás, te pondrás el pijama y te irás a dormir temprano. Mañana estarás de pie otra vez y veremos.

Harry suspiró. —Estoy aburrido.

Severus suspiró ruidosamente y se levantó, caminando hacia su estante de libros. Estudió los libros que tenía y encontró uno que Harry podría disfrutar. —Lee esto —instruyó, entregando el libro al niño.

—¿Una guía para principiantes sobre Magia Mental? —Harry frunció el ceño, leyendo el título—. ¿Qué son las Magias Mentales, señor?

Severus se sentó en su silla y le sonrió a Harry. —El arte de leer la mente de alguien o proteger tu mente de tales intrusiones —respondió.

Harry lo miró boquiabierto. —¿Puede mucha gente hacer eso?

Severus lo miró a los ojos. —Varios pueden, sí. Notablemente, yo mismo, Dumbledore y el Señor Oscuro. Entonces, si quieres tener alguna esperanza de guardar tus propios secretos o los del Director, es mejor que comiences a trabajar en proteger tu mente ahora. Ese libro debería ser lo suficientemente fácil para empezar. Empecé a aprender a tu edad —señaló.

—Entonces, ¿esto me enseñará a leer la mente de alguien? —preguntó Harry con interés.

—Te enseñará lo básico, pero nunca serás capaz de entrar en mi mente, así que ni siquiera lo intentes —le dijo Severus, mientras recogía su libro y lo abría.

Harry abrió el libro. —Genial —dijo en voz baja, leyendo la tabla de contenidos.

Severus sonrió para sus adentros. Había pensado que eso llamaría la atención del niño. Además, si alguien necesitaba aprender a trabajar adecuadamente dentro del escenario mental, ese era el niño profetizado «para vencer al Señor Oscuro.»

 

_______________

 

—Después de que termines de comer, debes tomar un baño y luego ir a la cama. Dormir temprano te hará muy bien —Severus le dijo a Harry mientras Pippy les entregaba la comida.

Harry asintió, sentándose en el piso frente a la mesa mientras Severus llevaba su plato a la silla en la que había estado la mayor parte del día. Había trabajado durante un momento en sus planes de clase para el próximo año, pero le habían servido bien durante años, por lo que probablemente los usaría nuevamente el año que llegaba. No necesitaba cambiarlos muy a menudo.

—Señor, ¿de verdad crees que voy a estar mejor mañana? ¿qué te hace estar tan seguro? —interrogó Harry, lamiendo la salsa alfredo del tenedor.

Severus hizo una mueca de dolor ante el show de malos modales, pero guardó silencio sobre eso. —Has estado descansando todo el día, aunque dijiste que te sientes bien. Descansar tu cuerpo durante los últimos vestigios de una enfermedad te ayudará a recuperarte más rápido, ya que tu cuerpo puede concentrar toda su energía en combatir los efectos persistentes de la enfermedad —explicó—. Así que, sí, creo que mañana estarás bien. Por eso volverás a tu habitación esta noche.

Harry se encogió de hombros. —Bien. ¿Cómo voy a estar despierto a tiempo mañana?

Severus sonrió. —Pon una alarma en tu varita, por supuesto.

Harry frunció el ceño. —Pero se supone que no debo hacer magia mientras no estoy en la escuela —protestó—. Y el periodo de clases ha terminado, ¿no me meteré en problemas con el ministerio?

—Estás pensando como un muggle, Potter. ¿Por qué Hogwarts es tan seguro? —preguntó Severus con paciencia.

Harry ladeó la cabeza. —¿Porque hay barreras alrededor del terreno?

—Barreras, pero sí; esas también bloquean la firma mágica de cualquier persona que realice magia en el terreno. Además, incluso si fuera tu varita mágica, no se puede probar que fuiste tú el que usó un hechizo, y mientras estés aquí, el Ministerio no será alertado de ninguna magia que uses. El trabajo de los adultos es supervisarte mientras estás detrás de las protecciones de Hogwarts —Severus terminó.

Harry parpadeó. —Entonces, ¿podría haber estado usando magia todo el tiempo que estuve aquí?

Severus rodó los ojos. —Sí, los cuatro días desde el fin de clase, si no hubieras estado encarcelado durante tres de ellos. Tu magia estará terriblemente poco confiable mientras estés enfermo.

Harry suspiró. —Bueno, al menos ahora lo sé , supongo.

—Así que pon una alarma para mañana. Si no funciona, lo cual puede ocurrir ya que no estás completamente recuperado, te despertaré cuando me levante. Puede cerrar la puerta con llave, pero ten en cuenta que si no respondes a un golpe mañana por la mañana, voy a deshacer el bloqueo y entrar —Severus le dijo con severidad.

Harry asintió. —Entiendo —dijo antes de tomar otro bocado de pasta—. Señor —hizo una pausa para tragar—, ¿por qué los elfos domésticos no sirven esto durante el año? —preguntó.

Severus hizo una mueca de dolor por la falta de modales que tenía el chico. Pero después de haber sido alimentado indebidamente durante tantos años, ¿podría culparle realmente? —En primer lugar, no hables con comida en la boca, es descortés —advirtió.

Harry se sonrojó y asintió. —Sí, señor. Lo siento, a veces lo olvido.

Severus lo aceptó. —En segundo lugar, durante el año escolar están cocinando para apaciguar el paladar de los estudiantes, así como también al personal. Durante los veranos, cocinan a partir de listas de favoritos elaboradas por los profesores que aún están aquí. El fettuccini alfredo es uno de los míos. Las elecciones de mañana serán de los favoritos de Dumbledore, lo que significa que serán dulces y tendrán poco valor nutricional —dijo Severus con disgusto.

Harry sonrió. —Me gusta lo dulce —murmuró alegremente.

Severus suspiró. —Lo había adivinado. El día siguiente estaremos comiendo las comidas perfectamente equilibradas de Poppy. Todos los demás están actualmente fuera del castillo.

Harry ladeó la cabeza. —¿Incluso Filch? —preguntó.

—Argus tiene un hogar al que acude durante los veranos. Se va casi tan pronto como los estudiantes lo hacen. Regresará el día anterior a su regreso, descansará y se sentirá un poco mejor, hasta que enormes cantidades de pies enlodados atraviesen los pasillos ensuciando los pisos nuevamente —comentó Severus.

Harry suspiró. —Sí, ¿por qué se pone tan molesto por eso? ¿No puede él solo... hacer magia para alejar el desastre? —cuestionó, agitando sus manos frente a él.

Severus negó. —No. Argus es un squib. Dumbledore tiene la amabilidad de emplearlo aquí, y ayuda a los elfos domésticos cuando hay demasiado para ellos. No pueden manejar la limpieza de los pisos, mover las cosas de los estudiantes a sus dormitorios, cocinar y organizar los dormitorios de los primeros años, todo en la misma noche. Argus ayuda fregando los pisos una vez que los estudiantes abandonaron el Gran Comedor, para que los elfos domésticos puedan preparar todo lo que necesiten para la mañana siguiente y logren dormir un poco.

—¿Qué es un squib? —preguntó Harry, comiendo otro bocado mientras miraba a Severus con curiosidad.

—Un niño sin magia nacido de padres magos —Severus le dijo.

Harry hizo una pausa. —Oh. Pensé que la gente mágica siempre tenía bebés mágicos. Eso es triste. Siento pena por él —dijo en voz baja.

Severus negó de nuevo. —No lo hagas. Él odia la pena. Si alguna vez tienes la oportunidad de pasar más de unos minutos en su presencia, solo trátalo como lo harías con cualquier otro adulto aquí —aconsejó—. Y con eso, me refiero a que lo trates con respeto.

Harry asintió. —Lo haré —aseguró—. Usted se lleva bastante bien con él, ¿no? —preguntó—. Ron dijo que hay un rumor de que ustedes son amigos.

—Hablamos de vez en cuando. Él y yo nos llevamos lo suficientemente bien —dijo Severus, inclinando la cabeza.

—¿Cómo es él? Cuando él está de buen humor, quiero decir.

Severus sonrió. —Tiene una lengua tan aguda como yo, y también un toque muy ingenioso. Él puede ser bastante malo, pero ama a su gata, ya que ella lo ama. Tiene una afición por las novelas de detectives y el whisky escocés. Me han visto compartir una bebida con él, generalmente en Navidad; es un hombre leal, una vez que pasas por su áspero exterior.

Harry terminó su pasta y suspiró. —Entonces, ¿cómo se hicieron amigos?

Severus se rió entre dientes. —Escuchó a algunos estudiantes saliendo de mi detención quejándose de cómo les hice fregar calderos sin magia. Al día siguiente me preguntó por qué lo hice y le expliqué que la magia no se combina bien con la mayoría de las pociones, por lo que no podía limpiar las calderos con magia. Él tiene un interés en el tema, y estaba dispuesto a explicar los matices del arte, sin menospreciar su falta de conocimiento. Como ambos tendemos a ser antisociales y vivimos en las mazmorras, nos conocimos bien. Una cosa llevó a la otra, y antes de darme cuenta, estábamos compartiendo una bebida amistosa juntos en Navidad —reveló.

Harry sonrió. —Me alegra que lo tenga por un amigo. Todo mundo debería tener amigos, sé cómo se siente lo contrario y no es una buena sensación. En absoluto.

—¿Cómo sabrías lo que es no tener amigos? Eres un chico extrovertido, seguramente nunca te faltaron amigos —Severus insistió.

Harry negó. —Dudley, mi primo, solía intimidarme en la escuela, y también intimidaba a cualquiera que intentara pasar el rato conmigo. Los niños aprendieron bastante rápido a evitar pasar el tiempo conmigo, así no atraían la atención de Dudley —le dijo al hombre.

Severus alzó una ceja. —Siento escuchar eso. Yo también sé lo que es estar solo. Aunque tuve un amigo antes de comenzar en Hogwarts —reflexionó.

—¿Quién era tu amigo? ¿Otro Slytherin? —preguntó Harry.

—No —dijo suavemente Severus—. Fue tu madre.

Harry lo miró en shock. —¿Eras amigo de mi madre? ¿Cómo era ella?

Severus sonrió. —Hablaremos de ella mañana. Tienes que bañarte e ir a la cama.

—Aww, ¿no puedo quedarme despierto? —suplicó Harry.

 —Hoy no, Potter. Tienes que dormirte temprano para que puedas despertarte a tiempo y mañana sentirte bien otra vez —Severus le dijo, inflexible—. Consigue tu pijama y ve al baño.

Harry suspiró y entró a su habitación a buscar su pijama.

 

____________

 

Severus golpeó a la puerta de Harry.

—¡Estoy levantado! —Hubo algunos sonidos de pies arrastrándose, luego se abrió la puerta y salió Harry, con la ropa en la mano—. ¿Ya se ha duchado? —preguntó.

Severus asintió. —Sí. Dúchate, luego reúnete conmigo aquí —le dijo al chico.

Harry asintió y se dirigió al baño.

Después del desayuno irían al ala del hospital para obtener las vacunas que Harry debería haber tenido cuando era un niño pequeño; así como para descubrir la gran cantidad de herencias que más tarde podrían erigirse sobre su cabeza, en algunos casos bastante feas para el chico. Si Severus sabía lo que vendría antes de que hiciera su aparición, podría hacer algo al respecto.

Cuando Harry volvió del baño, Severus asintió en reconocimiento —Vamonos.

Se dirigieron al Gran Comedor, donde Dumbledore invitó a Harry a sentarse en la Mesa con el resto de su pequeño grupo. Hagrid había regresado de donde había pasado los últimos días, y Harry eligió sentarse entre Poppy y él.

—Llevaré a Harry después del desayuno para sus inoculaciones y pruebas —le informó Severus.

Poppy asintió. —Por supuesto. Debería haber pensado en el hecho de que nunca habría obtenido sus vacunas, habiendo sido criado por muggles, pero sinceramente, la idea nunca pasó por mi mente —dijo, sacudiendo la cabeza—. La mayoría de los niños con al menos un padre mágico se las arreglan para tener todo eso cubierto. Sin embargo, es bueno saberlo ahora. ¡Por qué, con James como su padre, solo piensa en alguna de las Herencias que podría tener! Hay al menos tres criaturas en la historia de esa familia, y esas son solo en las que puedo pensar inmediatamente, ¡además James era un Alfa!

Severus se burló. —No me lo recuerdes —masculló, arrastrando las palabras. Ese hecho había empeorado el pasado turbulento de James y él, sin mencionar que Sirius también había sido un Alfa. Los tres habían empeorado cuando se presentaron, porque en lugar de una mezquina rivalidad entre compañeros de clase, también peleaban por posibles compañeros y territorio.

Al final, James había ganado a la chica que él había querido, a quien Severus también había considerado como su posible compañera, y Severus no tuvo más remedio que retroceder, rechinando los dientes por la injusticia de todo. Lily había sido su primer amiga, su única amiga, antes de Hogwarts, y todavía no había hecho muchos amigos cuando se presentó como Alfa.

 

Por todos los demonios, Harry debería haber sido su hijo con ella. Ella era la única mujer por la que había sentido amor alguna vez, pero al final, Severus tuvo que admitir que, dado que sus intereses tendían más hacia los hombres últimamente, tal vez nunca hubiera sido realmente feliz con ella.

Pero eso no fue ni aquí ni allá. El hecho era que no había conseguido a la chica, James sí. Y luego habían elegido a la persona equivocada para usarla como guardián secreto, y había terminado con los dos muertos, y con Severus cuidando a su precioso bebé.

Severus apuñaló a sus waffles brutalmente.

—Por supuesto, si Harry resulta ser un Omega, se tendrán que hacer otros arreglos, no sería apropiado que se quede con un Alfa sin emparejar-

—Black se lo llevará, tan pronto como su casa esté adecuada para criar a un niño —Severus interrumpió a Poppy.

Poppy abrió mucho los ojos. —Oh, ¡eso difícilmente sería adecuado! Dado que también es un Alfa...

—Voy a elaborar la poción de Adopción de Sangre. Adoptará en sangre a Potter para que Albus pueda crear Barreras de Sangre alrededor de su casa —explicó Severus.

Poppy cerró su boca con un chasquido, luego asintió. —Eso es bueno, entonces. No queremos que el chico esté con alguien que se aproveche de él si se presenta —dijo pragmáticamente.

—No —Severus arrastró las palabras—. No quisiéramos eso.

Poppy ignoró el sarcasmo obvio y sonrió. —Es bueno verte cuidando de él, Severus. Tal vez algún compañerismo humano te ayude a endulzar un poco tu temperamento —añadió.

Severus dirigió una mirada fulminante a la entrometida mujer. —Mi temperamento no es de tu incumbencia —siseó.

Poppy suspiró. —Por otra parte, tal vez solo empeorará las cosas. Oh bien. Uno solo tiene que esperar.

Severus se burló de sus waffles. —De hecho —estuvo de acuerdo, luego comió un bocado. No le gustaban los favoritos de Dumbledore, pero los aguantaba durante los veranos, ya que no tenía muchas opciones.

Harry parecía estar disfrutando de ellos lo suficientemente bien. Estaba charlando animadamente con Hagrid, agitando las manos mientras hablaba, obviamente discutiendo algo sobre lo que estaba muy interesado.

Severus negó con la cabeza y dirigió su atención a su comida. Cuanto antes terminara, antes él y Potter estarían de regreso en sus habitaciones, y podría comenzar a trabajar en la poción de Adopción de Sangre.

 

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Capítulo IV: Leyes Omega

 

 

Poppy llevó a Severus y Harry a la enfermería. Harry inmediatamente fue a la cama que había usado después de salvar la piedra de Quirrell y se sentó.

Poppy se dirigió al armario donde guardaban las pociones médicas y revolvió un poco, saliendo con dos viales. —Honestamente, no pensé que los necesitaría, pero es bueno que los tengamos a mano, después de todo —murmuró, abriendo el primero, que era de un marrón oscuro—. Bebe todo —le dijo a Harry, entregándosela.

Harry bebió la poción, haciendo una mueca ante el sabor. —¡Uf, eso es asqueroso! —exclamó, mientras su estómago daba un vuelco.

Severus se burló. —Agregar sabor a la mezcla hace que sea menos efectiva. Tienes once años, ya no deberías necesitar que te mimen, más —dijo con desdén.

Poppy chasqueó la lengua hacia él. —Severus, en realidad tienen un gusto bastante desagradable, y Harry no está acostumbrado al sabor de las pociones todavía. Seguramente puedes tener un poco de paciencia con él.

Severus suspiró. —Supongo que sí —murmuró.

Poppy sonrió y le dio la otra, una de color naranja, a Harry. —Ahora esta —indicó.

Harry la bebió y sonrió. —¡Esa no estaba nada mal! —dijo sorprendido.

Poppy se rió entre dientes. —Ahora, hay algunos hechizos que necesito lanzar sobre ti. Después de cada uno, dime si sientes algo extraño  —dijo, sacando su varita.

Harry asintió.

—Revealio Sinicum[1] —dijo, agitando su varita sobre Harry, luego lo miró expectante.

Harry negó con la cabeza.

—No es un Sinicus, entonces —murmuró, luego levantó la varita de nuevo—. Revealio Faurae —ella entonó, luego se detuvo.

Nuevamente, Harry sacudió su cabeza.

 —No eres un Fae[2]. No creo que seas un Veela, eres muy moreno para serlo, pero tenemos que comprobar —murmuró—. Revealio Veela.

 Harry agitó su cabeza en negación cuando ella lo miró.

—Correcto. Bueno, verifico si hay otras herencias posibles que puedas obtener, pero como es muy poco probable que un alfa o un omega obtengan una segunda herencia, buscaremos ese gen después —informó, luego se acercó al armario y sacó un vial de un líquido gris. Ella conjuró un alfiler y miró a Harry—. Necesito una gota de tu sangre, en esta poción. 

Harry la dejó pinchar su dedo y lo sostuvo sobre la poción hasta que cayó una gota en ella. La poción se volvió más clara y dejó de cambiar de color cuando alcanzó un tono blanco lechoso.

Poppy levantó las cejas. —Bueno, él no es un Omega, pero sólo apenas. Esta lo suficientemente cerca y todavía podría quedar embarazado sin una poción. Me atrevería a decir que los genes Black añadidos probablemente lo llevarán al precipicio en el que se encuentra, y lo harán un Omega —declaró.

Severus se burló. —Me aseguraré de advertir a Black para que lo compruebe, entonces —le dijo a Poppy.

Ella asintió. —Sí, hazlo. Supongo que eso es todo. ¿O hay algo más?

Severus asintió. —Necesita que varios huesos sean rotos de nuevo y que se sanen adecuadamente. Tengo una lista aquí —alargó el escáner que había tomado de Harry a la matrona.

Poppy entornó los labios mientras leía la lista. —Por supuesto. Esto solo tomará unos minutos. Pongamos al niño a dormir para que no sienta los huesos que se volverán a romper —sugirió. Agitó su varita sobre Harry, y él se deslizó pacíficamente en el sueño.

 

___________

 

Poppy despertó a Harry y le sonrió. —¡Aquí estás, fresco como la lluvia! —anunció—. Te veré cuando venga Sirius, no lo dejes ir antes de hacerte la prueba del gen Omega. Yo le pasaré la nota a Dumbledore, pero ese hombre nunca escucha tazones —murmuró, sobre todo para sí misma, sacudiendo la cabeza.

—Gracias, Poppy. Nos vemos luego —Severus dijo asintiendo.

—¡Adiós! —dijo Harry, saludando mientras seguía a Severus fuera del ala del hospital—. Señor, ¿qué es un Omega? ¿Y un Alfa? —preguntó.

—Son roles de género adicionales en el mundo mágico, más allá del masculino y el femenino. Los Alfas suelen ser hombres, pero son más agresivos y posesivos que la mayoría de los hombres, y protegerán ferozmente lo que ven como suyo, ya sean posesiones, territorio o personas. Los Omegas son sus contrapartes. Por lo general, son mujeres, y dan, confian y nutren la vida. Los Omegas, tanto masculinos como femeninos, son capaces de tener crías, e incluso los Omegas machos pueden alimentar a sus crías sin la ayuda de pociones. Hay más que eso, pero tendrás que aprender el resto tu futuro padre. No soy la persona adecuada para decirte ciertas cosas —informó Severus con firmeza, pensando en los ciclos de celo y en la cuestión del anudado. No, ciertas cosas simplemente no eran su problema, y él no era el indicado para abordar los temas delicados de la reproducción alfa y omega con el niño.

Cuando llegaron a las mazmorras, Severus se volvió hacia Harry. —La contraseña de mis habitaciones es «valeriana». Puedes volar si lo deseas, pero primero le informarás a Pippy a dónde vas. Cada vez que vayas a algún lado, informarás dónde estarás en caso de que necesite encontrarte. Si te encuentro en otro lugar que no sea donde dijiste que estarías, las repercusiones serán severas. La regla está en su lugar para tu protección, te sugiero que prestes atención. Tengo algo que preparar —le dijo al chico, manteniendo la puerta abierta para él.

Harry asintió, dirigiéndose a su habitación. —Esta bien, señor. Voy a volar un poco —dijo, entrando a su habitación para recoger su escoba.

Severus asintió. —Muy bien. Regresa a la hora del almuerzo  —instruyó al niño—. Si no estoy fuera de mi laboratorio para entonces, irás al Gran Comedor sin mí. A veces me quedo atrapado en la preparación, pero eso no es excusa para que te pierdas las comidas —dijo con firmeza.

Harry asintió. —Sí señor.

Severus asintió rápidamente y se dirigió hacia el laboratorio privado para trabajar en la poción de Adopción de Sangre.

 

_____________

 

Harry y Severus se encontraron cuando Severus regresó a su habitación justo antes de la hora de la cena.

 —Hola, señor —saludó Harry desde su lugar en el sofá, donde estaba leyendo acerca de la Transfiguración.

Severus asintió hacia él. —Potter. Veo que has encontrado una forma de entretenerte mientras estoy ocupado —comentó de manera uniforme.

Harry se encogió de hombros. —Bueno, no estudiamos todo del libro, así que he estado buscando lo que no aprendimos y probando algunas cosas —explicó.

—Ya veo —Severus arrastró las palabras—. En cualquier caso, es hora de guardar el libro y lavarse para la cena —le dijo al niño.

Harry cerró el libro con un chasquido y fue al baño.

Después de que ambos se pusieron presentables, se dirigieron a cenar.

El jamón glaseado con miel fue el evento principal, y también hubo manzanas asadas, así como muchas otras cosas, todas con alto contenido de azúcar.

Harry se sentó entre Severus y Poppy esta vez, y comió con hambre. Había volado mucho, tanto antes del almuerzo como después, y volar siempre le daba hambre. Cuando terminó la cena, Severus y Harry volvieron a las mazmorras.

—He terminado de elaborar la poción de Adopción de Sangre, por lo que podrás ser adoptado por Black, pero te lo advertiré ahora: es probable que sea doloroso. Tu magia es inherentemente ligera, mientras que la suya es oscura. La poción probablemente alterará tu magia, lo cual no es una experiencia agradable —Severus le dijo a Harry mientras dejaba al chico entrar a sus habitaciones y lo seguía.

Harry lo miró antes de sentarse en el sofá. —¿Eso significa que voy ser tan malo como Voldemort? —preguntó.

Severus entrecerró los ojos. —Te pediré que no digas su nombre en mi presencia, por favor —solicitó—. Pero no. Simplemente significa que obtendrás una aptitud para la magia oscura, si alguna vez eliges usarla —aclaró.

—Oh —murmuró Harry suavemente.

—No te preocupes demasiado por eso. No cambiará quién eres. La magia no define a una persona —Severus le dijo.

Harry asintió. —Mm, ¿señor? Todavía no me ha contado sobre mi madre —le recordó a Severus.

Severus sonrió. —Cierto. Lo había olvidado. —Sus ojos parecieron ir al pasado al recordar a su primera y más fiel amiga, la única persona que nunca le había preguntado nada sobre lo que no estaba dispuesto a –o no podía– hablar—. Ella era una persona verdaderamente amable. Nos conocimos cuando éramos jóvenes, nueve años, para ser exactos. Sabía desde el principio que ella era una bruja, y se lo dije. Petunia pensó que yo la estaba insultando, y dijo que no era bueno llamar a alguien así, le expliqué que no estaba dándole un sobrenombre, que todas las cosas extrañas que Lily podía hacer eran simplemente parte de su magia accidental.

Harry escuchó, paralizado por la historia que Severus estaba tejiendo para él. El hombre normalmente intocable estaba dispuesto a darle algo que nadie más podría: sus recuerdos de la madre que Harry nunca conocería.

»Nos acercamos bastante, y montamos el tren juntos a Hogwarts, ambos emocionados de verlo por primera vez y por descubrir en qué casa estaríamos. Estaba bastante seguro de que terminaría en Slytherin, ya que mi madre estuvo en ella, y la mayoría de sus antepasados también. Tu madre quedó en Gryffindor, y eso debería haber significado la ruina de nuestra amistad, pero a ella no le importaban las casas y la rivalidad entre Slytherin y Gryffindor. Ella continuó siendo mi amiga, y pasamos la mayor parte de nuestro tiempo juntos. Estuvimos cerca hasta que cometí un error fatal en mi quinto año: la llamé sangre sucia —confesó.

Harry frunció el ceño. —¿Qué significa eso? —preguntó con curiosidad.

Severus hizo una mueca. —Es… una insulto contra aquellos con padres Muggles. Sangre sucia no es exactamente un buen término, y será mejor que nunca te oiga repetirlo. Es una palabra soez, y me arrepiento de haberla usado todos los días de mi vida —terminó suavemente, pero con vehemencia.

Harry inspiró sorprendido. —¿Pero por qué haría eso si era su amiga? —preguntó, horrorizado.

Severus cerró los ojos. —Ella nos abordó a tu padre y a mí en un mal momento. James acababa de hacer algo que todavía no he perdonado u olvidado, y arremetí contra la persona que intentaba defenderme. —Abrió los ojos y miró a Harry con calma—. Debería haberlo sabido mejor, pero ya estaba empezando un camino oscuro, y cuando cortó su relación conmigo por eso, solo me impulsó por ese camino más rápido, y con más convicción que antes.

 —¿Un camino oscuro? —preguntó Harry, frunciendo el ceño—. ¿Qué significa eso?

Severus negó. —No sé si debería decírtelo. No es bonito, y todavía eres muy joven.

Harry frunció el ceño. —¡Oh! ¿Por qué me protegen tanto, incluso ahora? ¡Puedo manejarlo, sea lo que sea! —exclamó fervientemente.

—Muy bien —dijo Severus, clavando su mirada en Harry—. Ya estaba incursionando en las Artes Oscuras, y en la primavera de mi sexto año, me uní a los Mortífagos. Yo era un seguidor del Señor Oscuro —dijo con calma.

Los ojos de Harry se agrandaron. —Pero… usted... —se mordió el labio—. Usted ya no lo es... ¿o sí?

Severus negó. —Cuando me enteré de que tenía la intención de perseguir a tu madre, me tragué mi orgullo y fui a ver a Dumbledore, rogándole que encontrara alguna manera de mantenerla a salvo. Entonces lo intentó, y yo me convertí en su espía en el las filas del Señor Oscuro. Esto debe ser mantenido en secreto, no debes decirlo, ¿entendido? —le advirtió al niño.

Harry asintió. —Ya veo. Gracias por decirmelo, señor.

—Creo que, ahora que sabes mucho sobre mí, probablemente deberías llamarme Severus. Sin embargo, ¡no deberás dirigirte así en clase! —añadió con severidad.

Harry sonrió brillantemente. —Está bien, pero solo si me llamas Harry.

Severus se encontró dándole una pequeña sonrisa al chico a cambio. —Muy bien, Harry.

 

____________

 

—¿Señ-verus?

—¿Cerberus[3]? —preguntó Severus, levantando la vista de su libro—. Espero no parecer un perro de tres cabezas —dijo con burla suave.

Harry bufó. —No lo siento. ¿Um, Severus?

—¿Sí?

Harry ladeó la cabeza. —¿Es algo bueno ser un Omega? —preguntó.

Severus se tensó. —Define «bueno» —dijo, ya con incomodidad. No tenía idea de cuán honesto debía ser con el chico. Si mentía, Harry lo llegaría a saber, y probablemente desconfiaría de Severus para siempre, ya que era, sin duda, una gran mentira, y si decía la verdad, Harry podría muy fácilmente perder esa chispa de vitalidad que llevaba, sabiendo lo que la vida probablemente le depararía.

—Bueno, quiero decir, no he oído hablar de ellos antes. ¿Por qué la gente no habla de ellos? ¿Son raros, o algo así? —presionó Harry.

Severus dejó escapar un pequeño suspiro de derrota. —Más o menos. Un Omega es… Bueno, están a merced de su Alfa, de verdad. Existen leyes anticuadas que no han sido cambiadas y que esencialmente hacen del Omega la propiedad del Alfa. Su Alfa es la ley. Un Omega hará casi cualquier cosa para complacer o tranquilizar a su Alfa, y debido a la naturaleza de su vínculo, el Alfa será el que recibirá castigos o reconocimientos debido a su Omega —le dijo Severus al niño.

Harry se desplomó. —Propiedad —dijo rotundamente—. Seré propiedad.

Severus suspiró. —Legalmente, sí. Sin embargo, la mayoría de los alfas, no todos , pero la mayoría tratan a su Omega como un tesoro de valor incalculable, los guardan celosamente y con fuerza. Además de eso, la mayoría de los Alfas provienen de familias respetables y antiguas, por lo que se tiene la garantía de tener una vida cómoda como Omega. Eso no es algo para burlarse, ¿sabes? La mayoría de las personas te envidiarían solo por esa razón —señaló.

Harry se mordió el labio. —Quería enamorarme y encontrar a alguien que me quisiera por ser yo —dijo en voz baja.

Severus dejó su libro a un lado y se levantó de la silla, sentándose al lado de Harry en el sofá. —No es tan malo como lo estás pensando, Harry. Todavía puedes enamorarte, y sin duda encontrarás a alguien a quién le gustes por lo que eres; alguien que apreciará a su Omega y lo tratará como el regalo invaluable que es. Los Omegas son más raros que los Alfas, por lo tanto, son más valiosos. El hecho de que sea legalmente propiedad no significa que debe ser tratado como tal, o que su vida será insoportable. Si yo tuviera un Omega, me gustaría pasar cada momento de vigilia asegurándome de que está feliz y lo querría desesperadamente. Encontrarás un Alfa así.

—¿Qué pasa si no lo hago? —Harry preguntó en voz baja.

Severus envolvió un brazo alrededor de sus hombros y le dio un apretón tranquilizador. —Si te metes en una mala situación, o te encuentras con un Alfa que te hace sentir indigno, puedes venir a mí. Te protegeré lo mejor que pueda, y puedo ser un enemigo temible cuando necesito serlo —prometió.

Harry lo miró. —¿De verdad? —preguntó.

Severus sonrió. —De verdad. Puedes venir a mí en cualquier momento. No puedo ser más amable contigo en clase, porque el Señor Oscuro lo sabría si él regresa al poder, lo cual Dumbledore cree que sucederá, pero en estas habitaciones, estás bajo mi protección, y yo te defenderé de cualquier Alfa sin escrúpulos que busque hacerte daño.

Harry sonrió. —Gracias, señ-Severus.

Severus se rió entre dientes. —De nada, Harry. Si deseas tener una mejor idea de lo que te espera como Omega, la biblioteca tiene libros sobre el tema —le recordó a Harry.

Harry asintió. —Lo veré mañana —dijo.

 

______________

 

Harry revisó dos libros que había encontrado sobre Omegas. Una era una lectura pesada, que detallaba las leyes sobre los Omegas, y la mayor parte era en jerga legal, lo que dificultaba su comprensión, pero sabía que, si lo preguntaba, Severus lo ayudaría a entenderlo.

La otra era una novela romántica sobre un joven Omega que encontró su Alfa y se enamoró de él. Quizá eso podría ayudar a Harry a pensar positivamente acerca de convertirse en un Omega.

Harry llevó los libros a las mazmorras y abrió la novela romántica, sentándose en el sofá para leerla. Pronto se vio absorto en una historia de incipiente amor que tiró de sus fibras del corazón.

Severus entró cuando estaba a la mitad del libro y miró a Harry, luego volvió a leer el título. —¿No eres un poco joven para leer eso? —preguntó, señalando hacia el libro—. Esos libros no son más que pornografía literaria.

Para ser honesto, Harry había encontrado que era bastante gráfico.

Harry se sonrojó. —Bueno, no había mucho sobre Omegas, así que también recogí esto. Me está haciendo sentir mejor acerca de, probablemente, convertirme en un Omega.

El labio de Severus se curvó. —Lo hace, sin duda. Sin embargo, no es una mirada realista de la vida que probablemente llevarás. Los autores de libros como ese no toman en cuenta las leyes cuando tejen sus caprichosas historias de amor y desamor —le dijo a Harry.

Harry asintió. —Lo sé. También tengo un libro de leyes, pero no puedo entender la mayor parte. Esperaba que pudieras ayudarme con eso.

—Supongo, si es necesario  —dijo Severus, sentándose al lado de Harry y tomando el otro libro—. ¿Éste?

Harry cerró el libro que estaba leyendo y lo dejó en el suelo. —Sí, es ese —confirmó.

 

_____________

 

Severus se aclaró la garganta. —No te leeré esta ley. Es aborrecible —dijo, entregándole el libro—. Sin embargo, es algo que probablemente deberías saber. Ve si puede entenderlo tú mismo. Lo discutiremos cuando termines de leerlo.

Harry leyó el texto, frunciendo el ceño.

 

 «Cualquier acto sexual realizado en un Omega por su Alfa será visto como consensual, independientemente del deseo del Omega o la falta del mismo antes o durante el acto en sí.»

 

—Esto significa… —Harry miró a Severus, mostrando la angustia en sus ojos—. ¡Si me apareo con un Alfa, ¿puede salirse con la suya, incluso violándome?! —preguntó, la voz alzándose una octava por el horror.

Severus hizo una mueca. —La mayoría de los Alfas aceptará la negativa de su Omega a tener relaciones sexuales, pero algunos en lugar de eso, forzarán el acto si desean un alivio lo suficientemente fuerte. Y tienes razón, no podrías reclamar una violación si lo hicieran. Debido al vínculo, no sería visto como una violación. Del mismo modo, existen leyes vigentes que, en un momento determinado de la vida de un Omega, no se puede reclamar la violación, independientemente de las circunstancias. Estas dos leyes te dejan totalmente desprotegido, por lo que debes tener cuidado al elegir a tu Alfa. Asegúrate de que te tratará bien, porque, como se entiende, él no tiene la obligación de hacerlo.

Harry se mordió el labio, mirando el libro. —Yo… creo que estoy listo para ir a la cama, Severus —susurró.

Severus conjuró un marcador y lo colocó en el libro que habían estado trabajando juntos. —Retomaremos un poco más de esto mañana, una vez que hayas tenido tiempo de asimilar la nueva información. Es demasiada para una noche.

Harry asintió y fue al baño a hacer todas sus necesidades, luego entró a su habitación, cerró la puerta y se metió en la cama, tambaleándose

Lloró antes de poder conciliar el sueño y dormido, siguió llorando.


[1] Sinicum, por lo que encontré, viene de Sinicus, que en latín significa “Chino”, de una persona nacida/residente de China. No estoy segura de si se refiere a herencias de origen asiático. La autora no ha podido responderme aún.

[2] Faurae en el original. Creo que se refiere a el reino Fairy o Hada; lo mismo que en la nota anterior.

Edito: respecto a las notas 1 y 2, la autora me comentó que son, básicamente, palabras inventadas. Al igual que las criaturas que llevan esos nombres. Leeré los fanfics que hablan de ellos y prometo que lo explicaré mejor aquí en el futuro, no puedo decir cuando, ¡mil disculpas por eso! 

[3] Es un juego de palabras, Harry comienza diciendo “sir (señor)” y recuerda que Severus le pidió que use su primer nombre, lo que podría confundirse con la pronunciación de “Cerberus” en inglés.

Chapter Text

Capítulo V: Lección Improvisada de Pociones

 

Harry se despertó jadeando, empapado en sudor y temblando de miedo. Se dejó caer sobre las sábanas, sintiéndose ahogado e inmovilizado.

Después de la pesadilla que había tenido de un Alfa sin nombre, sin rostro, abrazándolo y besándolo mientras luchaba por escapar, inmovilizado era la última manera en que quería sentirse. Agarró su varita y lanzó «tempus».

Cinco con treinta y dos.

Rodó fuera de la cama y entró a la sala de estar. Miró cautelosamente el libro de leyes y decidió leer la novela romántica mientras esperaba a que Severus se despertara.

Media hora más tarde, Severus salió de su habitación para encontrar a Harry leyendo la novela romántica, con la cara roja y los ojos muy abiertos. Levantó una ceja al chico, quien se sonrojó aún más, marcando la página y bajando el libro rápidamente.

—¿Um, Severus? —preguntó.

 —¿Sí? —Severus arrastró las palabras, deteniéndose a unos metros del baño.

 —¿Todos los Alfas tienen… la cosa del nudo? —preguntó Harry, suavemente.

Severus sonrió. —¿Aprendimos un poco más de lo que esperábamos de ese libro? —preguntó, luego se puso serio—. Todos los Alfas masculinos lo tienen —respondió.

Harry parpadeó. —¿Qué pasa con las mujeres Alfas? —presionó.

Severus suspiró, frotándose la cara con la mano. —Las Alfas femeninas son incluso más raras que los Omegas masculinos, y son, por desgracia, infértiles —le dijo al niño—. Debido a que carecen del equipo necesario para impregnar a un compañero Omega, así como a los ovarios. Todavía pueden tener relaciones sexuales, pero no niños.

—Oh. —Harry se mordió el labio—. Así que si estuviera interesado en chicas-

—Tendrás muy poca suerte allí, Harry. Los omegas masculinos solo desarrollan genitales masculinos vestigiales. Sus verdaderos órganos sexuales son todos internos, muy parecidos a las mujeres —explicó Severus—. Además, todos los Omegas machos hasta la fecha se han sentido atraídos por los hombres, estoy seguro de que tú también lo estarás.

—Oh. —Harry frunció el ceño—: ¿Qué significa vestigial?

 Severus suspiró de nuevo, pellizcándose el puente de la nariz. —Inútil. Tu pene y tus bolas no crecerán mucho más de lo que ya han crecido, ya que son solo para mostrar. Tus verdaderos órganos sexuales, tu útero y tus ovarios están dentro y son los órganos que usarás cuando te aparees. Además, nunca te crecerá vello en los genitales, aunque es posible que puedas eyacular —le dijo a Harry.

Harry estaba rojo brillante de nuevo, con la boca abierta. —Así que... voy a ser ¡¿pequeño para siempre?! —preguntó.

Severus sonrió. —No te preocupes, a los Alfas les gusta. Nos gusta ser mucho más grandes y viriles que los Omegas. Si encuentras al Alfa correcto, nunca te hará sentir cohibido acerca de tu cuerpo. Él te ayudará a amarlo tal y como es. Justo como debe hacerlo —Severus le aseguró—. Ahora, voy a tomar mi baño —informó.

Harry lo detuvo una vez más. —¿Sir-verus?

Severus se giró para mirarlo con una ceja levantada, comenzando a sentirse ligeramente molesto.

»¿El nudo... lastima al Omega? Suena doloroso —Harry con un hilo de voz.

Severus se rió entre dientes. —El nudo solo entra en juego durante el calor del Omega. En ese momento, el Omega está tan afectado sexualmente que disfrutará el nudo, sin importar cómo se sienta. Comprenderás cuando tengas tu primer celo. Por ahora, no te preocupes por los nudos o calores o lo que será. Eres demasiado joven para preocuparte por cosas como esas —dijo, luego dejó al niño en el sofá mientras entraba al baño para ducharse.

 

_________

 

Harry suspiró cuando vio el desayuno. Era obvio que Madame Pomfrey había planeado las comidas hoy.

Se sentó, recogió su cuchara y comenzó a comer las gachas de avena delante de él. Se pasó la lengua por los labios y sonrió cuando descubrió que había fresas en ella.

Empezó a comerlo con un poco más de gusto, disfrutando del sabor ácido y dulce de la fruta en la avena, mirando las tostadas y las rodajas de naranja que se encontraban en el plato pequeño al lado del suyo. También había un gran vaso de lo que parecía jugo de uva.

Severus también tenía gachas de avena, pero en lugar de fresas, tenía arándanos y tenía un vaso de leche en lugar de jugo.

 —¿Cómo es que no hay fresas en las tuyas? —preguntó Harry, señalando las gachas de Severus.

Severus sonrió. —Solía desvanecer las fresas, pero Poppy lo notó y me hizo poner algo más en su lugar. Nos comprometimos. No me gustan especialmente las fresas, y trato de comer algo más siempre que sea posible —le dijo al niño.

Harry asintió, preguntándose cómo a alguien no le gustaría las fresas, pero aceptándolo como otra cosa que hacía a Severus Snape quien era.

Terminaron el desayuno y volvieron a las mazmorras para leer un poco más sobre las leyes sobre Alfas y Omegas.

 

_______

 

Harry estaba sumido en sus pensamientos mientras Severus cerraba el libro y lo dejaba a un lado.

—¿Qué piensas? —el hombre pidió de manera uniforme.

Harry respiró hondo. —Así que, a menos que me maten; con el enlace, alfa puede hacer lo que quiera, e incluso si me mata, solo recibe una sentencia de cinco años en Azkaban, ¿en lugar de la cadena perpetua por matar a otro persona? —preguntó.

Severus inclinó la cabeza. —Sí. Lamentablemente, ese es el caso —confirmó.

 —Y ellos son mis dueños, como si fuera una especie de mascota —añadió.

Severus asintió. —Sí —dijo, brutalmente honesto. Harry se merecía la verdad, aunque fuera amarga de tragar.

La cara de Harry cayó. —Esas leyes son viles —escupió.

—Lo son —Severus estuvo de acuerdo—. Sin embargo, muchas criaturas lo tienen aún peor. Las leyes de hombres lobo, por ejemplo, ni siquiera les permiten comprar casas ni realizar un trabajo. Se espera que te quedes en casa y cuides a los niños, pero puedes comprar la casa por ti mismo. Simplemente pasará al nombre de tu enlace cuando te unas con un Alfa.

 

Harry frunció el ceño. —¿Qué pasa si no me uno nunca a un Alfa? ¿Qué pasa si me quedo solo, como tú? —preguntó.

Severus negó con la cabeza. —No seas ridículo. Tendrías que sufrir tus calores solo, lo que sería miserable —le dijo al niño.

—Bueno, ¿cómo es eso? —Harry presionó.

—Los alfas no tienen calores, Harry. Y solo entraremos en celo si hay un Omega en él cercano a nuestro olfato. Sin embargo, cuando estés en celo, serás perseguido por cualquier alfa maduro en la escuela y tomado, con o sin tu consentimiento, y como has leído, no existe un recurso legal para un Omega en celo. Así será, debido a que tu aroma durante el calor está diseñado para atraer a los Alfas.

Los ojos de Harry se llenaron de lágrimas. —No quiero eso —susurró, sacudiendo la cabeza.

Severus suspiró. —Entonces toma mi consejo: encuentra un Alfa que puedas soportar antes de tu calor, y pasa tiempo en su presencia siempre que sea posible. Comenzará a formar un enlace preliminar, que te permitirá resistir el tirón a otros Alfas cuando comience tu celo. Con un enlace preliminar, te sentirás atraído por buscar a tu Alfa elegido cuando te llegue el calor, y podrás correr de cualquiera que no hayas elegido. Sin el vínculo preliminar en su lugar, obedecerás cualquier comando que te dé un Alfa, incluso para no correr, una vez que estés en celo —contó a Harry—. El vínculo preliminar te da una pequeña medida de seguridad.

Harry asintió. —Está bien, Severus. ¿Qué tengo que hacer además de pasar tiempo con ellos? —preguntó.

Severus sonrió. —No mucho que aún no hagas. Sé amable con ellos, cortés, y obedécelos. Pasar tiempo con ellos es lo más importante. Tu magia comenzará a formar el vínculo con cualquier Alfa en el que decidas confiar, y asegúrate de dejar que se fomenten los sentimientos que puedan aparecer. Si le gustas a tu elegido, también fortalecerá el vínculo.

—¿No estamos formando un vínculo preliminar? Quiero decir, estuve pasando todo mi tiempo contigo últimamente, y...

—Todavía no eres un Omega, Harry —Severus lo interrumpió—. Estás simplemente en la cúspide. No te preocupes; no estarás atrapado conmigo como tu Alfa en condiciones de servidumbre[1] —le aseguró al chico.

 

Harry frunció el ceño. Sin duda podría pensar en destinos peores.

 

__________

 

Después de unos días de pensar, Harry había llegado a un acuerdo con la posibilidad de ser un Omega.

Todo lo que realmente tenía que hacer era encontrar un buen Alfa y formar un vínculo preliminar con ellos antes de entrar en celo, y Severus le había dicho que Sirius podía explicarle eso cuando Harry se mudara con él.

Harry no estaba seguro si sabía de algún Alfa en su año, pero Severus había explicado que la mayoría de las familias de sangre pura tenían al menos un niño alfa u omega. Con la cantidad de sangre pura que conocía, era posible que uno o más de sus amigos fuera un Alfa o un Omega.

Le había escrito a Ron sobre eso, preguntándole si sabía algo sobre Alfas y Omegas, y esperaba que una respuesta llegara con el correo de la mañana.

Severus golpeó a su puerta y Harry se sentó en la cama. —¡Estoy levantado! Espera un segundo! —Se levantó y abrió la puerta.

—Es hora de ducharte, Harry —dijo Severus con una pequeña sonrisa—. Consigue tu ropa y entra allí —le dijo al chico, señalando el baño.

Harry tomó su ropa y fue al baño a bañarse.

Cuando terminó y se vistió, regresó después de secarse el cabello y sonrió a Severus. —¡Listo para ir! —anunció al hombre.

Severus levantó la vista de su libro y asintió. —Lo estás. Vamos, entonces —dijo, marcando la página y dejando el libro.

Caminaron hacia el Gran Comedor y se sentaron.

El desayuno inglés completo de Severus estaba en oferta hoy, así que Harry agarró un pedazo de tocino de su plato y comenzó a comerlo felizmente.

 

Levantó la vista cuando llegó el correo y sonrió al ver a Hedwig acercarse a él con una carta. Ella aterrizó y él tomó la carta, dándole un poco de tocino antes de que volara lejos.

Harry abrió la carta y comenzó a leer.

 

«Harry,

Sí, he oído hablar de Alfas y Omegas. Charlie es un Alfa, y los gemelos son Omegas. Soy un beta, y también lo son Bill, Percy y Ginny. Mamá es una Omega, sin embargo, y papá es un Alfa.

¿Entonces vas a conocer a Sirius Black? ¿Y a vivir con él? Papá dijo que es Auror y que era muy amigo de tu padre. Eran despiadados contra los ladrones, dijo. Así que supongo que es genial, podrás escuchar todo tipo de buenas historias sobre tu padre.

Sin embargo, lástima que tenías que quedarte con Snape. Eso es rudo; lo siento por ti. Pero ya han pasado tres semanas, así que ya casi estás libre.

Avísame cuando Sirius te recoja, tal vez te deje visitarnos aquí. Sería genial si pudieras pasar unos días aquí, o incluso una semana. A mamá no le importaría, estoy seguro, y todos quieren verte.

Escríbeme pronto,

Ron.»

 

Harry sonrió. Entonces la familia de Ron también tenía Alfas y Omegas. Él no se sentía tan solo ahora. Saber que había otros Omegas en la escuela le ayudó mucho.

—¿Severus? —llamó Harry, mirando al hombre mientras comía un bocado de huevo.

—¿Hm? —murmuró Severus, tragando su sorbo de té—. ¿Sí?

Harry ladeó la cabeza. —¿Sabías que los gemelos Weasley son Omegas? —preguntó.

Severus frunció los labios. —No, no lo hacía y la noticia es más que inoportuna. Conociéndolos, ignorarán todas las señales de su primer calor y terminarán causando un frenesí de calor. No puedo decir que estoy esperándolo. Lo tendrán el próximo año o el siguiente. Oh, alegría. —El hombre arrastró las palabras con disgusto.

Harry se mordió el labio. —¿Un frenesí de calor? —cuestionó.

Severus asintió. —Es lo que sucede cuando uno o más Alphas atrapan el aroma de un Omega en celo. Entran en celo también y si la fuente no se encuentra detrás de Barreras fuertes, los Alfas se enfrentarán para ser el que reclame el Omega —le explicó a Harry.

Harry palideció. —Y el que lo haga comenzará a formar un vínculo con el Omega si no hay un vínculo preliminar en su lugar, ¿verdad? —preguntó.

—Sí —Severus le dijo—. El sexo durante un celo termina con frecuencia con el Alfa y el Omega comenzando el proceso de unión. Afortunadamente, todo lo que tenemos que hacer una vez que entren en celo es llevarlos al Ala del Hospital sin incidentes. Fácil de lograr, por lo general, si se acobardan tan fácilmente como la mayoría de los omegas durante el calor.

Harry asintió. —¿Por qué el ala del hospital? —preguntó.

—Poppy tiene tres cuartos de cuarentena reservados para Omegas que entran en celo durante el año escolar. Están ubicados detrás de los pabellones más fuertes de la escuela, con hechizos en su lugar para evitar que su aroma salga y afecte a los Alfas —explicó Severus.

—¿Qué pasa si se unen? —cuestionó Harry.

Severus negó con la cabeza. —Lo que yo sé es que se les dará una habitación privada en la que pasar sus calores con sus compañeros para poder servirles —respondió.

—Oh. 

Severus se rió entre dientes. —Mientras no estén unidos, Poppy los pondrá a cada uno en una sala de cuarentena y los sedará durante la duración de su celo, que generalmente dura de cuatro a cinco días. La próxima vez, reconocerán las señales de advertencia y podrán ir al ala del hospital por su cuenta tan pronto como comience —le aseguró a Harry.

Harry frunció el ceño. —¿Hay señales de advertencia?

Severus asintió. —Son diferentes para cada persona, pero sí, hay señales de advertencia. No puedo decirte cuáles experimentarás, eso es algo que tendrás que averiguar por ti mismo, pero una vez que aprendas a reconocerlas, puedrás saber cuándo está entrando el calor. Por lo general, recibirás uno o dos días de advertencia. Basta de hablar por el momento. Come tu desayuno. Black te dirá todo lo que necesitas saber sobre esto —dijo firmemente.

Harry asintió y se concentró en comer.

 

__________

 

—Dije picar, no cortar —espetó Severus, quitándole los gusanos flobber a Harry y rescatando lo que el chico no había arruinado irremediablemente todavía.

Harry suspiró. —¡Ese es el problema con la clase de Pociones! ¡Nos dices qué hacer, pero nunca nos mostraste cómo hacerlo! ¿Cuál es la maldita diferencia? —preguntó, tirando el cuchillo sobre la mesa de trabajo y arrojando sus manos al aire.

 —Picar significa cortarlos lo más pequeño que puedas. Cortar es dejarlos en trozos claramente distinguibles, sobre piezas del tamaño de un bocado. No es que quieras comer gusanos crudos, pero ¿entiendes? —preguntó Severus.

Harry frunció el ceño, pero asintió. —Sí, creo que lo entiendo. Gracias señor. Entonces, ¿qué más debo preparar? —interrogó, recogiendo el cuchillo y limpiándolo con la tela que Severus había asentado entre ellos antes de llevarlo al fregadero para asegurarse de que estuviera completamente limpio.

Harry había comenzado a referirse a él como «Señor» tan pronto como se había deslizado claramente en su personaje de Profesor. Severus se estaba convirtiendo en un amigo, pero a Harry todavía no le gustaba mucho el Profesor Snape.

Severus suspiró. —Pica el moscardón para mí. Recuerda, córtalas lo suficientemente pequeñas para que no puedas distinguir qué son, aparte de un trozo de ingrediente —le dijo a Harry.

Harry asintió. —Voy a hacer eso, señor —dijo, sacando las moscas de la botella y comenzando a picarlas cuidadosamente.

Severus miró por unos momentos, luego asintió y comenzó a moler los colmillos de  runespoor. No dejaba de mirar hacia la estación de trabajo de Harry, pero como el chico parecía estar haciendo un buen trabajo al picar, dejó que siguiera trabajando sin interrupciones. «Tal vez debería pasar unas pocas horas para enseñarle la técnica correcta de elaboración del brebaje», reflexionó. «Después de todo, el hijo de Lily no debería estar completamente desprovisto de talento.»

Con la decisión tomada, Severus agarró la piedra lunar que la poción requería y la colocó en un mortero sin usar. Esperó hasta que Harry terminara con las moscas de las crisopas, luego le entregó la mano y le deslizó el mortero. —Haz polvo esto —instruyó, luego observó la técnica del chico.

Harry levantó la mano del mortero y comenzó a golpear la piedra.

—No —Severus lo detuvo—. Coloca el mortero sobre la piedra —dijo, acercándose detrás de Harry y colocando su mano sobre la mano del niño que sostenía el mortero—. Aplica una presión constante y agítala en un movimiento circular. No hay necesidad de golpearla. De esta forma, evitas desperdicios y puedes romper la piedra también. —Ayudó a Harry a aplastar la piedra, luego levantó el mortero—. Esto es lo que debería verse cuando se aplasta. Ahora, vamos a molerlo —dijo, colocando la mano del mortero sobre la piedra lunar aplastada y meciendo la mano del mortero en pequeños círculos. Después de unos momentos, lo levantó y le mostró al niño los gránulos finamente molidos—. Esto es terroso. Observa cómo es más pequeño que aplastado. A continuación, vamos a volverlo polvo. —Colocó la mano del mortero encima de los gránulos de piedra y la sacudió un poco más. Lo levantó y le mostró a Harry el polvo de piedra lunar—. Eso está hecho polvo. Nota las diferencias. Eso ayudará enormemente a tu técnica de elaboración de la poción —aconsejó.

Harry le sonrió. —Gracias, Severus. Eso ayudará mucho —dijo, obviamente complacido.

Severus le dio una pequeña sonrisa. —Repasaremos el resto de las técnicas cuando termine de elaborar el brebaje. Usaremos la mayoría de ellos para esta poción, así que presta atención. No me gusta repetirme.

—Bien. —Harry estuvo de acuerdo rápidamente.


[1] Servidumbre: 5, sujeción causada por las pasiones o afectos que limitan la libertad.

Chapter Text

 

Sirius era ruidoso.

Harry y Severus habían estado leyendo en silencio cuando Fawkes apareció en las habitaciones de Severus con un estallido de llamas; traía una nota para Harry que pedía su presencia en la oficina de Dumbledore y le daba la contraseña.

Harry miró a Severus, quien encontró sus ojos sobre su libro. —Mi relación con Black es malhumorada en el mejor de los casos, homicida en el peor. Yo no te acompañaré —le dijo al niño.

Harry asintió. —Bien.

—Deberías encoger tu baúl y ponerle un encantamiento «ligero como pluma» —aconsejó Severus.

Harry entró en su habitación y empacó su baúl rápidamente, lanzando ambos encantamientos y deslizándolo en su bolsillo.

Severus asintió cuando regresó. —No dudes en visitarme después de las clases o los fines de semana cuando la escuela comience nuevamente. Tu presencia no es insoportable —dijo indiferente.

Harry sonrió. Viniendo de Severus, eso fue básicamente lo mismo que un «te extrañaré». —Me aseguraré de visitarte el año que viene, Severus. Me lo pasé muy bien conociéndote mejor. Creo que podríamos ser amigos.

Severus arqueó una ceja. —También disfruté de tu compañía, sorprendentemente —respondió.

La sonrisa de Harry se iluminó y se fue, dando brinquitos. Se dirigió a la oficina de Dumbledore, preguntándose cómo sería Sirius Black.

Dumbledore había dicho que el hombre era su padrino, por lo que Harry debería haber estado viviendo con él todo el tiempo, en lugar de ser dejado en la puerta de los Dursley cuando era bebé.

Harry le dio la contraseña (Moscas de café con leche) a la gárgola y golpeó la puerta de la oficina de Dumbledore.

—¡Entra, muchacho! —gritó Dumbledore.

Harry abrió la puerta y vio a un hombre sentado en la silla frente al escritorio de Dumbledore.

Tenía barba de chivo y cabello largo y rizado, y parecía sonreír bastante.

Sus ojos se iluminaron cuando cayeron sobre Harry, y sonrió ampliamente. —¡Harry! ¡Oh, Merlín, te ves igual que tu padre! —dijo efusivamente, levantándose y agarrando a Harry por los hombros, sosteniéndolo a los brazos para mirarlo—. ¡Una miniatura de James! Pero con los ojos de Lily. Dumbledore dice que ya te ha explicado todo, ¿cierto? —cuestionó el hombre.

La primera impresión que Harry tuvo del hombre fue que era ruidoso, ante todo. Rápidamente seguido por excitable.

Harry asintió. —Sí, dijo que ibas hacer una adopción de sangre y que íbamos a vivir bajo Barreras de Sangre y el hechizo Fidelius —dijo.

Sirius sonrió ampliamente. —¡Lo haremos, Harry! Vamos al Ala del Hospital ahora y puedes tomar la poción de Adopción de Sangre. Poppy dice que hay una gran posibilidad de que te conviertas en un Omega después de tomarla, así que te haremos evaluar allí antes de que volvamos aquí y Albus nos lleve a casa.

Harry y Sirius se dirigieron al ala del hospital y Poppy le tendió un alfiler a Sirius. —Tres gotas —instruyó, golpeándolo con el alfiler y Sirius sostuvo su dedo sobre el frasco de la poción, dejando que tres gotas de sangre cayeran sobre él mientras Harry se sentaba en «su» cama.

Sirius miró la sangre mezclarse y lo miró críticamente. —Entonces, Harry, ¿cuánto confías en Snivellus? —preguntó en voz baja.

Harry se puso rígido. —¡No lo llames así! —espetó—. Ha estado... Bueno, no es exactamente agradable, ¡pero ha sido bueno conmigo!

Sirius miró boquiabierto a Harry por un segundo, luego asintió. —Está bien —dijo—. Supongo que si estás dispuesto a defenderlo, él no estaría dispuesto a envenenarte, así que aquí tienes. Bebe —solicitó, entregándole a Harry el vial.

Harry respiró hondo, luego bebió la poción naranja rojiza de una sola vez.

El frasco cayó sobre la cama y los ojos de Harry se pusieron en blanco mientras se deslizaba hacia la inconsciencia, cayendo hacia atrás sobre las almohadas.

Poppy se acercó y sacudió la cabeza con un suspiro. —Bueno, es realmente mejor así. Su magia va a cambiar drásticamente, será mejor que duerma a través del cambio —comentó, pasando su varita por su cuerpo—. ¡Oh, mira! —asspiró, viendo como su cabello se alisaba, convirtiéndose en ondas elegantes en lugar del revoltijo de mechones que James le había regalado a su hijo. Sus rasgos cambiaron, sus labios se volvieron más llenos y la nariz se encogió un poco, inclinándose levemente hacia arriba como la de Sirius solía hacerlo.

Sirius sonrió. —¡Oye, parece aún más lindo con mis genes agregados!

Poppy asintió. —Es un niño adorable. Asegúrate de que coma lo suficiente en casa, él necesita comidas nutritivas —le dijo a Sirius severamente—. Sé qué generalmente comes basura, pero él necesita una nutrición adecuada para alcanzar un peso saludable para el próximo año. ¡Está demasiado delgado!

Sirius sonrió y asintió. —Me aseguraré de que coma bien. Supongo que… ¿los waffles para el desayuno todos los días están fuera?

Poppy arrugó la nariz. —Una vez a la semana, tal vez. Pero él no necesita más azúcar que la de las frutas y verduras —añadió—. Está regresando a nosotros —dijo, mirándolo de nuevo.

Harry se movió sobre la cama, luego abrió los ojos. —¿Por qué me duele todo el cuerpo? —preguntó atontado. Inhaló profundamente, oliendo algo que olía fresco y salvaje.

Poppy pasó su varita por encima de él, haciendo una exploración rápida. —Eso sería porque tu magia ha cambiado bastante y creciste dos pulgadas —le informó.

Harry sonrió. —¿Entonces soy más alto? ¡Brillante!

Poppy sonrió por su entusiasmo. —De acuerdo, déjame agarrar algo… —Fue al armario que contenía sus pociones médicas y agarró un frasco de la poción para probar el gen Alfa/Omega—. Necesito una gota de sangre, joven —le dijo a Harry, conjurando una aguja nueva.

Harry le tendió la mano para que la pellizcara. Permitió que una gota de sangre cayera en la poción y observó cómo cambió de su color gris oscuro habitual a completamente claro.

Sirius sonrió. —Entonces él es un Omega. ¡Eso es genial!

Harry volvió a olisquear el aire, luego frunció el ceño. —¿Qué estoy oliendo? —preguntó confundido. Nunca antes había olido algo así.

Sirius sonrió. —Probablemente a mí. ¿A qué huele?

—Algo salvaje —respondió Harry, inclinando la cabeza.

Sirius se rió. —Sip, ¡ese soy yo! —exclamó orgulloso—. Puedes detectar a otros Omegas y Alfas por el olor que emiten. Cada uno olerá diferente, pero los magos normales y las brujas, las betas, solo huelen a jabón y cualquier perfume o aceite que usen. Tienen aromas más ligeros que los Alfas y Omegas —explicó—. Los muggles huelen igual que los betas, pero los squibs también pueden ser alfas u omegas. Es raro, pero sucedió en el pasado.

Harry asintió. —Bien.

 , por otro lado, hueles a polvo de bebé. Todos los Omegas lo hacen antes de que maduren. Los bebés Alfas huelen a pino. Como ahora soy un pariente consanguíneo, seré el único Alfa inmune a tu olor cuando llegues a la edad de criar. Aun así, hueles como a Omega, supongo, pero no como el aroma que me insitaría a arrancar tu ropa y que la mayoría de los omegas emiten —le dijo Sirius con una sonrisa.

Harry se sonrojó y Poppy golpeó a Sirius. —¡Sirius Black ! ¡Controla tu lengua! ¡El chico no necesita escuchar ese tipo de conversación a su edad!

Sirius sonrió tímidamente y se frotó la parte posterior de su cuello. —Cierto, cierto. Lo siento por eso. Realmente no pienso antes de hablar algunas veces.

—Está bien —dijo Harry en voz baja.

—No, no lo está, pero me tomará un tiempo aprender a morderme la lengua, espero, así que ten paciencia conmigo —dijo Sirius, alborotando su cabello—. Entonces, ¿quieres ver cómo te ves ahora? Tus ojos son iguales, pero también luces un poco como yo a tu edad.

Harry asintió. Sirius conjuró un pequeño espejo de mano y se lo dio a Harry.

Harry se miró conmocionado, levantando su mano para tocar sus labios, luego su nariz, luego deslizó sus dedos sobre la curva de su mandíbula. Él se veía tan diferente. «Bueno, ahora Severus no puede decir que me veo exactamente como James nunca más, ¿verdad?» pensó, luego sonrió. —Me gusta —dijo, devolviendo el espejo.

—¡Bien! —Sirius se hinchó de orgullo, desapareciendo el espejo—. Vamos a la oficina de Dumbledore, él tiene un Traslador para llevarnos a casa. ¿Tienes todas tus cosas? ¿estás listo para irnos? —preguntó.

Harry asintió y tomó la mano que Sirius le ofrecía, dejando que el hombre lo guiara hacia la oficina del Director.

Cuando llegaron a la oficina de Dumbledore, el director sonrió ampliamente. —¡Hola otra vez, mis muchachos! Oh, Harry, ¿no te ves guapo ahora? ¡La adopción de Sirius incluso te dominó el cabello! —dijo alegremente.

Harry se acercó y pasó su mano por su cabello, sonriendo. —Sí. Me gusta —dijo.

—Bueno, ahora es el momento de ir a tu nueva casa e instalarte. Tengo un Traslador aquí —comentó, sacando un periódico—. Así que si ambos lo tocan, podemos ir.

Sirius y Harry tocaron el papel y Harry sintió la sensación más extraña, un gancho agarrándose justo detrás de su ombligo antes de que este tirara hacia adelante, volando por el espacio en un torbellino de colores.

Aterrizó en una cocina, tendido boca arriba sobre su espalda. —Ay.

Dumbledore se rió entre dientes, ayudándolo a levantarse. —Sí, a veces los Trasladores son así. Te acostumbras a ellos después de un tiempo y aprenderás a mantener los pies después de usar uno, estoy seguro —le dijo al chico.

Harry asintió, levantándose. —Espero que estén bien.

Sirius sonrió. —¡Vamos, te mostraré dónde está tu habitación! —dijo, y luego se dirigió hacia el piso de arriba—. Después de que hayamos terminado todo aquí, podemos salir a buscar un helado en Fortescue, así como también revisar tus bóvedas. ¡Y no olvidemos que tienes un cumpleaños por venir! ¡Doce es una edad emocionante! ¡Casi un adolescente! —le sonrió a Harry.

Harry lo siguió, mirando a su alrededor mientras avanzaban. La casa no era exactamente brillante, pero estaba limpia y parecía que Sirius había redecorado recientemente, si el nuevo papel tapiz era una indicación.

Sirius lo condujo a una puerta con una pequeña placa que decía «Harry». Abrió la puerta y observó la cara de Harry.

Harry miró a la habitación y sonrió. Era muy rojo, con muebles de roble y una cama con dosel más grande que el dormitorio de Gryffindor, con colgaduras de oro envejecido y un gran edredón rojo con una snitch en él. —Está bien —dijo Harry—. Gracias.

Sirius se rió entre dientes. —Parece un poco desnudo, pero una vez que obtengas algunos carteles e imágenes, el espacio de la pared se llenará rápidamente —le dijo al niño—.  Mientras tanto, tienes una conexión inalámbrica para escuchar el radio en la mesita de noche y el escritorio es para lo que quieras hacer; tarea, dibujar, escribir a tus amigos. Solo relájate y diviértete. Te mostraré el resto de la casa más tarde. Vamos a cambiar el tamaño de tu baúl y puedes guardar tus cosas.

Harry sacó su baúl y lo puso al pie de su cama.

Sirius invirtió los hechizos y volvió a la normalidad. —Bueno, tengo que ir con Dumbledore, y llamar por fuego a Remus, él vendrá y será el guardián secreto del Fidelius para nosotros. ¡Te veré en un momento, pequeño hombre! —dijo, cerrando la puerta detrás de él mientras se iba.

Harry abrió el armario y comenzó a colgar sus túnicas, todavía sintiéndose un poco fuera de lugar. Prefería la gran y silenciosa compañía de Severus al bullicioso espíritu de Sirius, pero tenía la sensación de que Sirius estaba emocionado de conocerlo, por lo que aún podría calmarse a tiempo. Una vez que guardó su ropa, escuchó un golpeteo en la ventana y la abrió para encontrar a Hedwig sentada en el alféizar. Él sonrió y la dejó entrar, sacando la jaula de su baúl para dejarla entrar en ella. —Hey chica. Este es nuestro nuevo hogar, así que espero que tenga tu aprobación —dijo, acariciándola.

Ella soltó un suave ulular y la sonrisa de Harry se amplió. —Supongo que te gusta. Tomará tiempo, pero estoy seguro de que me gustará también, una vez que me instale. 

Se acercó y encendió la conexión inalámbrica, escuchando un poco de todas las estaciones hasta que encontró una que le gustaba. Lo dejó y se acostó en la cama, cerrando los ojos y dejando que la música lo relajara.

Había escuchado tres canciones antes de que alguien llamara a su puerta. Se levantó y lo abrió para encontrar a Sirius parado allí con otro hombre que parecía cansado y un poco demacrado. —Hola —dijo Harry, mirando a Sirius inquisitivamente.

Sirius sonrió. —Oye, Harry, este es Remus. Vendrá con bastante frecuencia, así que es mejor que lo veas ahora. También era amigo de tu padre.

—Oh. —Harry sonrió y tendió una mano—. Encantado de conocerte.

Remus sonrió y le estrechó la mano. —Es un placer. ¿Cómo lo llevas? ¿te gusta tu nueva habitación?

Harry asintió. —Es agradable. —Le gustaba la manera tranquila de Remus. Aquí había alguien con quien podía relacionarse más.

Sirius rebotó de puntillas. —¿Qué dices si vamos a la cocina y nos conocemos mientras tomamos un té? —sugirió—. Ahora que Dumbledore se fue y solo estamos nosotros aquí.

Harry se encogió de hombros. —Por supuesto.

 

______________

 

—…Y luego, él simplemente se desintegró. Sólo por tocarlo —Harry terminó; Sirius y Remus escuchando cada una de sus palabras.

Sirius se recostó en su silla, silbando. —Guau. Eso es algo. Nada de lo que hicimos en nuestro primer año podría superar eso —dijo tristemente—. ¿Puedes pensar en algo, Lunático?

Remus negó con la cabeza. —No. Harry nos tiene vencidos, eso es seguro —concordó.

—Bueno, dado que nuestro Harry tiene un punto débil en nuestro Slytherin favorito, la mayoría de las bromas que hicimos probablemente no van a pasar demasiado bien —dijo Sirius, rellenando las tazas mientras hablaba.

—¿Quién? ¿Severus? —peguntó Remus con curiosidad.

Sirius resopló. —Sí, él —confirmó.

Remus miró a Harry. —Escuché que te estaba cuidando mientras estabas allí. ¿Como fue eso? Él no fue demasiado duro contigo, ¿verdad? —preguntó, sus cejas se juntaron con preocupación.

Harry tomó otro sorbo de té y negó con la cabeza. —No, él fue... Bueno, no puedo decir que fue amable, porque Severus en realidad no lo es, pero no estaba mal. Me explicó mucho sobre lo que significaría ser un Omega para mí, por ejemplo. Y me dio algunos buenos consejos al respecto.

Sirius negó. —Ese es mi trabajo —se lamentó.

Harry lo miró con una ceja arqueada. —¿Entonces querías ser  quien explicara que básicamente no tengo derechos? ¿Qué hay de bueno en ser el portador de malas noticias? —preguntó con frialdad.

—Bueno, no es exactamente así como lo habría puesto —murmuró Sirius.

Remus suspiró. —No tienes que hacerlo, las leyes hablan por sí mismas. Canuto, eres un Alfa, las leyes están diseñadas para beneficiarlos a ustedes, no puedes ni siquiera imaginar lo que Harry tiene en contra. Déjame manejar esto. —Se giró para enfrentar a Harry directamente—. En primer lugar, sé cómo te sientes, las leyes son terribles —dijo con calma.

Harry suspiró. —¿Cómo puedes saber cómo me siento? No eres un Omega, ¿verdad? Hueles como Sirius, simplemente más salvaje.

—Soy un hombre lobo, y hay leyes vigentes que me mantienen tan oprimido como te vas a sentir a lo largo de tu vida. No puedo conseguir un trabajo, comprar una casa o tener la custodia de los niños —explicó—. De alguna manera, lo tengo un poco mejor que tú, no voy a mentir. Nadie me va a poseer, pero casi todo el mundo me mira como un ser inferior en cuanto saben lo que soy. Al menos podrás criar a tus propios hijos sin preocuparte de que alguien se los lleve. Sí, debes tener cuidado con Alfas hasta que te reclamen, pero si logras elegir al Alfa correcto, vivirás una vida tan libre como la tienes ahora —le dijo al chico.

Harry asintió. —Severus me explicó eso, y también dijo que podía elegir un Alfa y pasar tiempo con él para formar un vínculo preliminar, lo que me ayudaría a evitar a otros Alfas que me quieran cuando... cuando empiecen mis calores —Harry murmuró.

Remus sonrió. —Eso es cierto, y esa es la mejor manera de evitar un desastre más adelante. Por supuesto, tendrás que descubrir a alguien que se presente como un Alfa, pero como la mayoría de los Sangre Pura tienen ese gen, probablemente encuentres a alguien en tu año que lo haga, y puedes conocerlos antes de que eso suceda.

—Y si alguien intenta maltratarte, sólo dime y me ocuparé de eso —gruñó Sirius.

Remus lo miró a los ojos. —Ese podría no ser el curso de acción más sabio, Canuto —advirtió—. Tratemos de mantener la cabeza en línea recta, ¿de acuerdo?

Harry escondió su sonrisa en su té. Quizás las cosas saldrían bien para él después de todo. 

Chapter Text

Harry bajó las escaleras y se dirigió a la cocina, encontrándose allí a Sirius, con los ojos somnolientos, estudiando minuciosamente un libro polvoriento y de aspecto viejo.

—¿Qué estás leyendo? —preguntó Harry.

Sirius levantó la vista. —Es un libro sobre criar a un Omega. Está lleno de ideas obsoletas sobre cómo debería enseñarte a actuar, y básicamente dice que deberías ser un felpudo perfecto para cuando tu naturaleza se presente. Es inútil —dijo en voz alta.

Harry miró el libro con inquietud. —No vas a intentar seriamente hacerme así, ¿verdad? —interrogó cautelosamente.

Sirius suspiró y sacudió su cabeza, cerrando el libro. —No. Eres tu propia persona, y no voy a intentar cambiar eso. Harás lo que quieras y, cuando madures, solo espero que encuentres un Alfa que te permita ser tú, sin importar lo que pase.

Harry asintió. —Gracias —mumuró y comenzó a arreglar el té.

—Aún así —la voz de Sirius continuó—, tenemos que hablar.

Harry se apartó de la tetera y ladeó la cabeza. —¿Sobre qué? —preguntó.

Sirius frunció el ceño. —Qué esperar cuando seas mayor. Qué buscar cuando hayas madurado. Por lo general, ocurre aproximadamente al mismo tiempo que comienza tu primer celo, y necesitas estar preparado para ello —dijo sin rodeos—. Lo mejor para ti es que lo oigas joven, así lo estarás esperando cuando suceda y no provocarás inadvertidamente un frenesí de calor.

Harry parpadeó. Severus también lo había mencionado antes. —¿Qué es un frenesí de calor, exactamente? —preguntó.

—Es lo que sucede si un Omega entra en celo en un lugar donde hay Alfas alrededor. Por lo general, solo sucede con los Omegas no unidos, porque los Omegas unidos llevan el aroma de su Alfa, advirtiendo a otros Alfas. Y, generalmente, los protegen durante al menos el primer día de su celo, por lo que tienen tiempo de llegar a su Alfa antes de que nada malo pase; pero para un Omega no unido, el primer calor es siempre el más peligroso. Puede que ni siquiera te des cuenta de lo que sucede hasta que sea demasiado tarde. Tienes que estar atento a cómo se siente tu cuerpo. Por lo que sé, la primera indicación real de calor es que comenzarás con  um…  fugas. Allá atrás —murmuró Sirius, con cara rojo llameante. 

»Y una vez que eso comience, deberías tener tiempo suficiente para llegar al ala del hospital y tendrás que decirle a Madame Pomfrey que necesitas una sala de cuarentena. Tiene tres, eso suele ser suficiente para cualquier Omega que no esté en condiciones de servidumbre. Una vez que termine tu primer celo, realmente necesitas comenzar a buscar un compañero, un Alfa. Esa es la única forma en que realmente estarás protegido durante las primeras horas de cualquier calor, al estar en condiciones de servidumbre. Pero asegúrate de que el Alfa sea bueno, porque-

—Me reconocerán —interrumpió Harry, agarrando la tetera y sirviéndoles dos tazas de té—. Lo sé —dijo sin entusiasmo, sentándose pesadamente y mirando su té.

Sirius hizo una mueca. —¿Realmente es tan malo pensar en eso? —preguntó en voz baja.

Harry levantó la vista y se encontró con los ojos de Sirius. —Sí. Especialmente desde… —Se mordió el labio.

Sirius suspiró. —Lo entiendo. Probablemente esperas terminar siendo propiedad de un estúpido tarado que te tratará como un trofeo, o algo así. No todos los Alfas son así, eso es lo que debes entender. A muchos Alfas les encantaría tener un Omega, y no porque vayan a poseerte, sino porque tendrían a alguien a quien amar. Alguien para proteger, para amar —dijo con fervor—. Quiero que un Omega esté en casa al regresar, incluso contigo aquí, simplemente no se siente bien. Está tan vacío. En mi mente, sé que debería tener al menos tres hijos por ahora. Eres genial, pero en realidad no eres mío, ¿sabes? —suspiró—. Y ahora me estoy deprimiendo.  

—Entiendo lo que dices. Si encuentras a alguien que amas, puedo manejar eso. No soy un niño pequeño que espera toda tu atención. Te puedo compartir con otra persona. —Harry sonrió—. Incluso si tiene que ser otro Omega —señaló pícaramente.

Sirius sonrió y le alborotó el cabello. —Mocoso —dijo con cariño.

Harry le enseñó la lengua mientras intentaba aplanar su cabello.

—De todos modos, debería estar listo para el trabajo. Si necesitas algo, llama a Mipsy. Ella es nuestra nueva elfa doméstica; Dumbledore sintió que necesitábamos uno mejor, entonces el viejo, Kreacher, está trabajando en Hogwarts. Buen viaje, también, odiaba a ese elfo —comentó Sirius, levantándose—. Entonces me voy a ir a duchar y prepararme. Te veré después del trabajo, pequeño.

Harry asintió, bebiendo su té.

Escuchó los pasos de Sirius que se alejaban en la escalera, luego suspiró, apoyó la barbilla en la mesa y miró su té con desaliento. Necesitaba averiguar quién se presentaba como un Alfa en Hogwarts, y tomarse el trabajo de evitarlos o acercarse a ellos, dependiendo de si los quería como pareja o no. Dependía mucho de conocer a las personas adecuadas.

Sus pensamientos se volvieron hacia Severus. « que sería un buen Alfa. Tendría que pasar tiempo con él más que cualquier otro Alfa. Sin embargo, probablemente trataría de detenerme si lo supiera, así que tengo que inventar una historia para explicar porqué paso tanto tiempo con él.»  

Terminó su té y se levantó, dirigiéndose a su habitación y sentándose en el escritorio. Tiró de un pergamino hacia él y comenzó a escribir.

Vertió sus emociones en el pergamino, diciéndole a Severus que estaba bien, pero que echaba de menos pasar tiempo con el hombre. Le contó que era un Omega, y que estaba tratando de aprender a vivir con el conocimiento. Explicó que Sirius era muy ruidoso, y no era a lo que estaba acostumbrado. Le dijo que prefería la compañía de Severus a la actitud descarada del otro hombre.

Con un fuerte suspiro, enrolló el pergamino y lo ató, cerrándolo.

—Hedwig —llamó en voz baja.

 El búho nival abrió los ojos y lo miró solemnemente.

—Tengo una carta aquí, para Severus. ¿Puedes llevársela por mí? No tienes que esperar una respuesta, solo quiero que sepa que lo extraño —dijo.

Hedwig alborotó sus plumas y ululó, extendiendo una pata.

Harry sonrió, atando la carta. —Gracias, chica —murmuró, luego se acercó a la ventana y la dejó salir. La vio alejarse volando y sonrió. Vería a Severus en un mes más.

Tendría que ser lo suficientemente pronto.

 


 

 Harry estaba deprimido. Trató de decirse a sí mismo que no esperaba una respuesta de Severus, pero no estaba engañando a nadie.

Incluso Sirius había notado el cambio en su estado de ánimo, y no paraba de bromear con Harry, tratando de sacar una sonrisa del temperamental preadolescente.

Harry estaba acostado en la cama, escuchando la conexión inalámbrica, cuando sonó un fuerte chasquido en la habitación. Miró boquiabierto al elfo doméstico que estaba al pie de su cama.

El elfo doméstico se inclinó y Harry inclinó la cabeza hacia atrás. —Um, ¿quién eres? No eres Mipsy —dijo innecesariamente. Había conocido a Mitsy el otro día cuando le pidió un bocadillo mientras Sirius estaba en el trabajo. Ella le había hecho galletas.

—Soy Dobby. Dobby el elfo doméstico.

 —Oh. —Harry se sentó en la cama—. Eh, toma asiento, Dobby —ofreció al elfo doméstico.

Dobby comenzó a llorar ruidosamente, y Harry palideció.

—Lo siento, ¡no tenía intención de ofenderte o algo así! —balbuceó Harry, apurado.

 —¡Ofender a Dobby! —se ahogó el elfo—. Nunca le han pedido a Dobby que se siente con un mago como un igual

Harry se levantó y guió al elfo a la cama, sentándose frente a él.

—Entonces, no debes haber conocido a muchos magos decentes —dijo Harry, tratando de animarlo.

Dobby negó con la cabeza, luego se levantó y comenzó a golpear su cabeza contra el poste de la cama de Harry. —¡Malo DobbyMalo Dobby —lloriqueó.

Harry se apresuró a detenerlo. —¿Qué estás haciendo?

Dobby se sentó, un poco bizco, por golpearse la cabeza con el poste. —Dobby tuvo que castigarse a sí mismo, señor. Dobby casi habla mal de su familia.

—¿Tu familia? —preguntó Harry sin comprender.

—La familia a la que sirve Dobby, señor. Dobby es un elfo doméstico, señor, obligado a servir a una casa y a una familia para siempre —explicó Dobby.

La cabeza de Harry comenzaba a doler. —Um, está bien. Sin embargo, ¿nadie puede ayudarte a salir del acuerdo? ¿Puedo ayudarte?

Nuevamente, Dobby estalló en lágrimas. Harry suspiró.

—¡Harry Potter pregunta si puede ayudar a Dobby! Dobby se enteró de su grandeza, señor, ¡pero de su bondad… Dobby nunca lo supo!

Harry parpadeó. —Todo lo que has escuchado sobre mí está mal. Ni siquiera estoy en la cima de mi año en Hogwarts, la primera es Hermione —dijo.

Hermione, que no le había escrito, ni siquiera le había enviado una tarjeta de cumpleaños.

—Harry Potter es humilde y modesto —dijo Dobby con reverencia, con los ojos como de un orbe radiantes—. Harry Potter no habla de su triunfo sobre El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado-

—¿Voldemort? —preguntó Harry.

Dobby se tapó las orejas y gimió. —¡Ah, no diga el nombre, señor! ¡No hable del nombre!

—Lo siento —Harry se disculpó rápidamente—. Sé que a mucha gente no le gusta. Mi amigo Ron… —se detuvo.

Ron tampoco le había enviado nada más este verano, aunque había prometido hacerlo.

—Dobby escuchó decir que Harry Potter conoció al Señor Oscuro por segunda vez, hace apenas unas semanas. Que Harry Potter escapó una vez más.

Harry asintió.

Los ojos de Dobby brillaban con lágrimas. —Ah, señor. —Se secó los ojos con la funda de almohada que llevaba puesta—. ¡Harry Potter es valiente y audaz! ¡Él ya ha desafiado tantos peligros! Pero Dobby ha venido a proteger a Harry Potter, para advertirle, incluso si lo hace tener que plancharse las orejas con la puerta del horno después… Harry Potter no debe regresar a Hogwarts. 

Los ojos de Harry se salieron de su cabeza. —¡Bueno, eso no va a suceder! ¡Tengo que volver! Extraño a mis amigos, y… —Pensó en Severus—. Por supuesto que regresaré

Los ojos de Dobby se agrandaron. —¡Pero hay un complot, señor, un complot para hacer que sucedan cosas aún más terribles en Hogwarts este año!

—Esto no tiene nada que ver con Vol… lo siento, con ya-sabes-quién, ¿verdad? —preguntó Harry.

Dobby negó.

»Bueno, entonces, no hay nadie más que pueda hacer que sucedan cosas malas. Para empezar, tenemos a Dumbledore allí. —Harry ladeó la cabeza—. Sabes quién es Dumbledore, ¿verdad?

Dobby asintió. —Dumbledore es el Director más grande que Hogwarts haya conocido, señor —respondió—. Pero hay poderes que Dumbledore no tiene… Este no es un mago decente… —saltó y comenzó a golpear su cabeza contra el poste otra vez.

Harry lo detuvo. —Bueno, tengo que volver. Tengo amigos allí, al menos, creo que sí ...

—¿Amigos que ni siquiera le escriben a Harry Potter? —preguntó Dobby.

—Bueno, han estado probablemente… —se interrumpió—. Espera un segundo, ¡¿cómo sabes que no han estado escribiendo?! ¡¿Has estado deteniendo mis cartas?! —Harry preguntó.

—Dobby las tiene aquí, señor —dijo el elfo doméstico, sacando un fajo de cartas. Harry vio la escritura limpia y uniforme de Hermione y el desordenado garabato de Ron, incluso la letra astuta de Severus.

—¡Dámelas! —gritó, arremetiendo contra el elfo.

Dobby corrió hacia la puerta, la abrió y luego salió de la habitación.

O, bueno, intentó salir de la habitación. Al parecer, Sirius había intentado bromear con Harry de nuevo, mientras el elfo era izado en el aire por los talones. Soltó las cartas y Harry recogió el montón.

—No lo hagas de nuevo. JamásTomes. Mi. Correo —Harry enfatizó entre silbidos al elfo mientras colgaba en el aire.

Dobby parecía contrito. —Dobby lo siente, señor. ¡Dobby lo hizo por el bien de Harry Potter!

Harry suspiró y negó. —Traeré a Sirius para que pueda desamarrarte.

Pasó rozando al elfo y gritó por el pasillo—: ¡Sirius, ven aquí!

Sirius apareció al final del pasillo unos minutos más tarde, sonriendo ampliamente. —¿Cuál es el problema? No se puede obtener… —Su sonrisa se desvaneció para ser reemplazada por una mirada de confusión—. ¿Quién es ese elfo? —preguntó cautelosamente.

Harry suspiró. —Él dice que su nombre es Dobby. ¿Puedes desamarrarlo?

Sirius revirtió el hechizo y el elfo cayó al suelo. —Dobby, ¿eh? ¿por qué estás aquí?

Dobby permaneció en silencio, mirando a Harry por largos momentos con ojos cautelosos antes de desaparecer con un fuerte crujido.

Harry se encogió de hombros. —Eso fue raro. Él dice que algo malo va a pasar en Hogwarts este año. Él no quiere que regrese —le informó a Sirius.

Sirius frunció el ceño. —¿Qué podría pasar allí con Dumbledore cuidando el lugar? —preguntó.

Harry negó. —Eso es lo que me gustaría saber. De todos modos, acabo de recuperar todas las cartas que había cortado, así que las leeré y responderé. Espero estar ocupado hasta la hora de la cena —dijo, mostrándole al hombre la pila de cartas.

Sirius asintió. —Bueno, te veré entonces, niño —murmuró, revolviendo el cabello de Harry antes de irse.

 


 

Harry leyó y contestó todo su correo, guardando la carta de Severus para el final. Cuando finalmente pudo abrirla, apenas podía contener su emoción.

«Harry,

          Este búho se llama Vinculum, y tiene un temperamento sucio. Sólo parece llevarse bien conmigo. Le he dicho que debe tratarte con cuidado, así que avísame si te muerde o te lastima. Él sabe qué le conviene.

Me alegra saber que lo estás haciendo bien. Black es ruidoso, sí, pero estoy seguro de que tiene buenas intenciones.

          He estado ocupado desde que te fuiste, con mis experimentos y en la fabricación de pociones, pero una carta tuya siempre es una distracción bienvenida. Eso no quiere decir que deseo que me escribas todos los días, pero de vez en cuando está bien.

          No falta mucho tiempo para que el año escolar vuelva a estar sobre nosotros, y recuerda, mi puerta siempre está abierta para ti. Te veré en septiembre.

                             Severus»

 

Harry sonrió. ¿Una carta de él era una distracción bienvenida? ¡Severus estaba feliz de saber de él!

Sintió no haber conocido a Vinculum, pero si las circunstancias lo permitían, lo haría en el futuro.

Le escribió una carta rápida, explicando lo que había pasado con Dobby, y expresando su pesar por no haber conocido al búho de Severus. Sin embargo, tuvo que esperar para enviarlo, ya que Hedwig ya había salido, entregando las cartas a Ron y Hermione. Enviaría a Severus y Hagrid sus respuestas al mismo tiempo, para evitarle a Hedwig un viaje extra innecesario. 

Dejó las dos cartas a un lado y se dirigió a la cocina para encontrar a Sirius allí, poniendo la mesa. —Estaba a punto de ir a buscarte. La cena está lista —dijo felizmente.

—¡Genial! —Harry sonrió con entusiasmo—. ¡Estoy muerto de hambre!

Sirius le sonrió. —Entonces, estás de mejor humor. ¿Qué cambió? —preguntó.

Harry se sonrojó. —Oh, solo… extrañé a mis amigos, y pensé que se habían olvidado de mí. Eso es todo. Ahora sé que no lo hicieron, fue todo culpa de Dobby.

Sirius asintió. —Lo tendré en mente. Cuando Harry está de mal humor, puede ser porque sus amigos lo están descuidando —bromeó.

—Bueno, se comprometieron a escribir, y luego pensé que no lo habían hecho… no era extraño que estuviera, de mala ¿o lo era? —preguntó Harry.

Sirius se rió. —Para nada, pequeño. —Se sentó—. Está bien, Mipsy, ¡estamos listos! —gritó.

Mipsy entró en la habitación, con un plato grande con carne asada, zanahorias y papas a su alrededor, todo arreglado artísticamente. Ella les sirvió y luego se inclinó, dejando la habitación rápidamente.

—Entonces —comenzó Sirius después de probar el asado—, conocí a esta chica en el Ministerio, ella acaba de empezar a trabajar allí, lo cual es poco común, porque es una Omega, pero no huele a nada, y no he visto una marca de reclamo en ella…

Harry escuchó con interés. ¿Sirius tenía una relación en mente?

 

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Capítulo VIII: Noche de Cita.

 

 

—Voy a invitarla a salir mañana —Sirius declaró en voz alta desde la entrada, despertando el retrato de Walburga Black. 

Harry suspiró desde la cocina mientras ella comenzaba a chillar sobre «¡Traidor de sangre! ¡Toda la inmundicia de mis entrañas!» Como solía hacer las pocas veces que Sirius accidentalmente la despertaba.

—¡Piérdete, vieja vaca! —gruñó Sirius, tirando de las mantas sobre su retrato, cerrándolo.

Entró en la cocina y le sonrió a Harry. —Voy a invitarla a salir mañana —repitió.

Harry sonrió. —Felicitaciones. Te deseo la mejor de las suertes —dijo de manera sincera.

Sirius resopló. —¿Quién necesita suerte ? ¡Tengo buen aspecto y rezumo encanto! ¡Ella no podrá resistirse! —aseguró

—Entonces, ¿cómo se llama? —preguntó Harry—. Ya lo has descubierto, ¿verdad? Dime que en realidad hablaste con ella al menos una vez.

Sirius sonrió. —Sí, he conversado un poco con ella hoy. Su nombre es Ruby. Realmente me gusta, tiene una gran sonrisa, un cuerpo curvilíneo en todos los lugares correctos, ¡y huele a cielo! —suspiró, hundiéndose en una silla—. Creo que puedo estar enamorado.

Harry levantó una ceja. —Vaya, Remus tenía razón —comentó.

Sirius entrecerró sus ojos hacia Harry. —¿Sobre qué? —preguntó sospechosamente.

—Tú talento para lo dramático —dijo Harry, riendo y esquivando cuando Sirius trató de agarrarlo. Se levantó de un salto, subió las escaleras y corrió a su habitación, cerrando la puerta detrás de él.

Sirius lo había perseguido a su habitación. —¡Mocoso! ¡Tienes suerte de que respete una puerta cerrada! ¡Pero tienes que salir en algún momento! —exclamó la voz de Sirius detrás de la puerta.

Harry sonrió. —¡Espero que ya lo hayas superado! —regresó juguetonamente.

Sirius se rió entre dientes. —¡Tendremos que verlo! —le dijo al chico.

Harry escuchó sus pasos alejarse de la puerta y se deslizó hacia abajo, riendo sin poder hacer nada. Realmente le empezaba a gustar Sirius. El hombre era muy divertido, y era agradable tener un adulto que todavía supiera cómo jugar. Harry estaba disfrutando la oportunidad de recuperar su infancia perdida.

 

_______________________________

 

Harry entró por la puerta y miró a su alrededor. Vacío. Se arrastró hacia las escaleras y tropezó con nada, luego fue izado en el aire antes de caer al suelo, tendido en el techo, mirando al suelo.

—Está bien, Sirius, ¡tú ganas! ¿Puedes venir a liberarme ahora? —gritó lo más alto que pudo 

Sirius salió de su habitación con una cámara y le tomó algunas fotos a Harry, riéndose.

—Oh, vamos, ¿necesitas evidencia fotográfica ? —preguntó Harry malhumorado.

—¿De qué otra forma se supone que debo demostrarle a Remus lo ridículamente susceptible que eres ante las bromas? —le preguntó el hombre. Bajó la cámara y sacó su varita, deshaciendo los hechizos que había usado y gentilmente dejó a Harry en el piso.

Harry rodó los ojos. —Bien, has obtenido tu venganza. ¿Estamos bien ahora? —preguntó.

Sirius sonrió y le dio un gentil empujón en la espalda. —¡Oh, estamos excelente, sin embargo, tienes que aprender a mirar por donde caminas cuando vives con un merodeador. Nunca vayas a ningún lado sin tu varita, pequeño.

Harry suspiró. —¿De qué serviría? —cuestionó—. No puedo usar mi varita fuera de la escuela.

—De verdad, Harry, estás viviendo con un adulto aquí. No pueden decir quién lanza hechizos, o qué varita lo hizo. 

»Podría agarrar tu varita fácilmente y usarla yo mismo, así que estarás bien si usas tu varita durante el verano. También me tienes viviendo aquí, lanzando hechizos todo el tiempo. Soy esencialmente tu tapadera. Incluso si alguien ejecuta Priori Incantatum en tu varita, nunca podrán demostrar quela usaste mientras estés aquí. Se supone que debo supervisar tu uso de magia, y difícilmente voy a detenerte —explicó Sirius.

Harry parpadeó. —Oh —dijo con leve sorpresa—. No lo sabía.

Sirius se rió entre dientes. —¿Por qué eso no me sorprende? —bromeó—. De todos modos, es hora de cenar. Vamos, vayamos a la cocina.

 

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Sirius tocó a la puerta de Harry.

—Está abierto —gritó Harry, sin apartar la mirada de su carta.

Sirius abrió la puerta y asomó la cabeza. —¿Adivina quién tiene una cita mañana por la noche? —preguntó entusiasmado.

Harry rodó los ojos. —Felicitaciones. ¿Quieres una medalla, o algo?

Sirius soltó una carcajada. —¡Mocoso! Voy a pedirle a Remus que venga y te observe, ¿está bien? —interrogó.

Harry se encogió de hombros. —Por supuesto. Él es agradable. Me gusta.

—Afortunadamente, podrás conocer a Ruby pronto. Creo que ustedes dos realmente se llevarían bien. Ella es graciosa, y realmente agradable —Sirius le comentó.

—Espero con ansias conocerla —dijo Harry.

 —Entonces, ¿a quién estás escribiendo? —preguntó Sirius.

—Ron —Harry respondió—. ¿Puede venir alguna vez? Sé que la escuela comienza de nuevo en tres semanas, pero quiero que vea dónde estoy viviendo ahora. Y también estaba hablando de llevarme a La Madriguera para una visita.

Sirius sonrió. —Te diré algo: ve y pídele que venga la próxima semana, luego puedes pasar la semana siguiente en su casa y regresar a la escuela desde allí. ¿Suena bien? —interrogó con una sonrisa.

Harry sonrió brillantemente. —¡Genial, gracias! —dijo exuberantemente, poniéndose con entusiasmo.

Sirius sonrió. —Te veré más tarde, pequeño —dijo, cerrando la puerta.

 

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—Entonces, me enteré de que un amigo vendrá mañana —comentó Remus, mientras se sentaban a cenar.

Harry asintió. —Sí. Ron Weasley, él está en mi año en la escuela.

Remus sonrió. —Ah, conozco a los Weasley. Son una buena familia Si mal no recuerdo, Molly y Arthur tienen bastantes hijo.

 Harry sonrió. —Siete —dijo emocionado.

—Esos son muchos, especialmente para Sangre Puras. La mayoría de las mujeres de sangre pura tienen problemas para concebir —Remus comentó con sorpresa.

Harry tarareó, con la boca llena de puré de patatas. Tragó saliva y habló de nuevo. —Creo que querían seguir intentándolo hasta que tuvieran una niña. Ginny es la más joven, y ella es su única hija.

—Supongo que tiene sentido —dijo Remus, asintiendo—. Hace que te preguntes cuántos tendrían si la chica deseada nunca llegara, ¿no es así? —preguntó entretenido.

Harry se rió entre dientes. —Ni siquiera quiero pensar en eso —dijo.

Remus sonrió. —Entonces, ¿qué vas a hacer cuando Ron llegue aquí? —preguntó.

Harry se encogió de hombros. —No sé. Hay un parque a unas pocas cuadras, podríamos pasar el rato allí. Me gusta volar, lo extraño, pero no tenemos el espacio para hacerlo aquí, y hay tantos muggles alrededor que no puedo, porque nos verían —dijo, y luego suspiró.

—Tal vez puedas volar cuando llegues a la casa de Ron. Si no mal recuerdo, La Madriguera está bastante aislada; no hay muggles en kilómetros —Remus sugirió.

—¡Eso sería genial! —exclamó Harry con una sonrisa.

—¿Preocupado por oxidarte? —preguntó Remus, sonriendo. Harry les había dicho a Sirius y Remus que había sido puesto en el equipo de Gryffindor como Buscador mientras contaba su primer año. Los dos habían quedado impresionados y orgullosos.

Harry bufó y negó. —Realmente no. Volar es algo natural para mí. Solo lo extraño, es todo —explicó.

Remus sonrió. —Tu padre también era adicto a eso. Le encantaba estar en el aire, y estaba muy contento cuando conseguiste tu primera escoba de Sirius y querías estar en ella todo el tiempo.

Harry sonrió. —¿De verdad? ¿cómo era cuando era bebé? —preguntó.

—Termina tu comida, y podemos hablar en el salón después —insistió Remus.

Harry comenzó a comer rápido, ansioso por escuchar historias de su corto tiempo con sus padres.

 

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—Está bien, es hora de ir a la cama, joven —dijo Remus con firmeza. —Estás cabeceando en tu cacao.

Harry suspiró. —Pero yo no… —se interrumpió, y trató de detener el bostezo, pero de todos modos salió—. Está bien, tal vez estoy un poco cansado —admitió tímidamente.

Remus se rió entre dientes. —Entonces solo duerme un poco y hablaremos de tus padres en otro momento —prometió, levantándose y abrazando a Harry.

—Bien. Buenas noches —dijo Harry, sonriéndole a Remus antes de subir las escaleras hacia su habitación.

Remus sonrió. —Buenas noches, Harry —respondió con cariño.

Caminó hacia el sillón en el que había estado sentado y miró el fuego por largos momentos. Realmente deseaba que las cosas hubieran sido diferentes. Lily y James merecían ver al chico en el que su hijo se había convertido. Era amable, divertido, inteligente y parecía ser realmente un gran niño.

Lily, especialmente, habría estado orgullosa de él por fomentar la amistad que parecía estar desarrollando con Severus Snape. Ella había dejado pasar la mayor parte de las fallas de James, pero siempre había sido rápida en defender a Severus, y había estado trabajando para que Severus y James dejaran de lado sus pasados y aprendieran a llevarse bien.

Tal vez, solo tal vez, el pasado se arreglaría esta vez, y un Potter y un Snape podrían hacerse amigos, aliviando viejas heridas y allanando el camino para un futuro más brillante.

Era algo que Remus podía esperar, al menos.

 

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Harry se despertó con su varita zumbando y se sentó, frotándose los ojos. Se dio cuenta de que Ron vendría más tarde ese día y sonrió ampliamente.

Se levantó de la cama y se puso la bata que Sirius le había ordenado con un gran escudo negro de la familia en la parte de atrás, y el escudo Potter en el hombro derecho delantero en miniatura. Tenía otro que tenía los mismos escudos, pero tenía el Potter en la parte posterior y el de los Black más pequeño en el frente; cambiaba entre los dos con bastante frecuencia, ya que él era tanto Lord Potter como el Heredero Black, al menos hasta que Sirius tuviera un hijo, propio. Sirius había insistido en decirle que este verano iba a comenzar a aprender lo que necesitaba saber para llevar la túnica de Señor. Aparentemente, tenía mucho que aprender, pero Sirius había prometido que irían lo suficientemente lento como para no sobrecargar el cerebro de Harry con la información.

Sonrió mientras bajaba las escaleras y escuchó a Sirius tarareando alegremente mientras leía el periódico, bebiendo una taza de té, vagó por la cocina y se sentó a la derecha de Sirius, el lugar habitual para el Señor del Heredero de la familia.

—¿Y? —preguntó una vez que Sirius lo hubo reconocido—. ¿Cómo fue la noche pasada?

Sirius sonrió ampliamente. —Creo que nos llevamos muy bien. Ella se rió de todos mis chistes, y estaba muy dispuesta a establecer una segunda cita conmigo. Mencionó querer conocerte, pero no será este verano. Ella quiere esperar un tiempo y asegurarse de que nos convenga antes de traer a los niños a la relación, lo que creo que es una buena idea. Si las cosas no funcionan, no queremos que tengas que despedirte de alguien a quien te hubieras encariñado —dijo.

Harry ladeó la cabeza. —Supongo que es una buena idea —dijo de acuerdo—. ¿Remus aún está aquí? —preguntó con curiosidad.

Sirius asintió. —Se quedó la noche pasada, por lo que probablemente baje pronto —le dijo a Harry—. Sabe que el desayuno es a las nueve de la mañana los fines de semana, así que imagino que estará aquí en cualquier momento.

Harry tarareó y miró el periódico. —¿Hay algo interesante ahí hoy?

Sirius se encogió de hombros. —En realidad no. —Lo cerró y se lo tendió a Harry—. Puedes echar un vistazo, ya he terminado.

Harry miró a través de ella cuando Remus entró a la habitación.

—Hola —murmuró el hombre, sentándose frente a Harry y bostezando—. ¿Té? —preguntó.

Sirius convocó una taza y le pasó la olla de té aún caliente. Remus gruñó su agradecimiento y sirvió.

Harry rodó sus ojos hacia el periódico y lo dobló, poniéndolo en el medio de la mesa.

—Entonces, ¿cuál es el plan para hoy? —Sirius le preguntó a Harry mientras Mipsy traía el desayuno.

Harry esperó mientras el hombre se servía algo de comida. —Bueno, estaba planeando ir al parque a unas cuadras de distancia cuando Ron llegase aquí, a menos que me necesites aquí para algo —comentó.

—Nah. —Sirius respondió mientras Harry tomaba su turno para desayunar—. Adelante, diviértete. Mañana, sin embargo, tenemos que conseguir tus útiles escolares. Hazle saber a Ron que será un día aburrido. Solo un viaje a Diagon. Bueno, y vamos a sacar el anillo de Lord Potter de la bóveda, pero eso es todo lo que haremos que sea de interés para jóvenes como ustedes.

Harry sonrió. —Le avisaré —le dijo al hombre.

Dos horas más tarde, Harry estaba rebotando sobre las puntas de sus pies frente a la chimenea de la sala de recepción, esperando impacientemente a Ron.

Sirius negó ante el entusiasmo del chico. —Solo cálmate, él estará aquí en cualquier momento —dijo.

Harry detuvo su rebote. —Lo siento, estoy muy emocionado —explicó, justo cuando el fuego se encendió y depositó a Ron.

Los dos chicos se sonrieron el uno al otro.

—¡Hey, amigo! —saludó Ron alegremente.

—Debes ser Ron —dijo Sirius feliz—. Soy Sirius Black, el padrino de Harry, obviamente. Encantado de conocerte.

Ron le estrechó la mano. —Encantado de conocerle, Lord Black —correspondió.

Sirius sonrió y sacudió la cabeza. —No hay necesidad de llamarme así; Sirius funcionará bien. Según tengo entendido, Harry quería pasar el rato en el parque hoy. Él te mostrará la habitación de invitados más cercana a su habitación, luego los dos podrán irse. Espero que vuelvan a cenar —dijo.

Harry asintió y llevó a Ron arriba.

Ron estaba mirando alrededor con interés. —Gran lugar —expresó—. Un poco sombrío, pero por lo que escuché, la familia Black ha sido oscura y deprimente durante años. Sirius es el único que clasificó a Gryffindor en los últimos cien años, tal vez más.

Harry se rió. —Sí, eso es lo que me dijo —explicó—. Según él, la mayor parte de su familia eran supremacistas de sangre pura del peor tipo. Como los Malfoy, o tal vez incluso peor.

—No le envidio… tener que crecer en una familia como esa —señaló Ron, haciendo una mueca.

Harry negó. —Yo tampoco. Pero el resto de ellos ya no están a su alrededor, así que de lo único que realmente tiene que preocuparse es de los retratos. Y hablando de ellos, hay uno de su madre, cerca de la puerta de entrada. Tratamos de no despertarla. Ella es una bruja vieja y mala —le advirtió a Ron.

Ron asintió en comprensión. —Me quedaré callado alrededor de la puerta principal, entonces. ¿En otros lugares por los que debería tener cuidado? —cuestionó.

Harry meditó y luego negó. —No, eso es todo. Aquí está tu habitación. La mía es la que está justo al lado de esta —explicó, señalando su habitación—. Vamos a conseguir mis cosas de la escuela mañana, Sirius quería que te avisara. Dice que será aburrido, además de recoger el anillo de Lord Potter.

Ron se encogió de hombros. —Bien por mí —dijo con facilidad—. Probablemente tengas que venir con el resto de nosotros cuando vayamos. Todavía no lo hemos hecho.

—Estupendo —bufó con sarcasmo—. Dos viajes.

Ron sonrió. —El  momento es oportuno para todo, me temo —señaló—. El tuyo es simplemente malo.

Harry lo miró sin agrado real y lo empujó a la habitación de invitados. —Solo guarda tus cosas para que podamos salir de aquí —ordenó juguetonamente.

Ron se rió y obedeció. —Oh, Scabbers escapó recientemente. Hace tres días, simplemente desapareció. Es extraño, porque fue justo después de que recibí tu carta invitándome a quedarme una semana. Pero no he podido encontrarlo desde entonces. —Se encogió de hombros.

 —¿Tal vez se fue a morir? —sugirió—. ¿Los animales hacen eso? —preguntó Harry.

Ron asintió. —Algunos lo hacen. Supongo que podría haberlo hecho, él era realmente viejo. De todos modos, salgamos de aquí.

 

 

 

Chapter Text

—¡Espera! ¡Snape te explicó las leyes! Bueno, ¿cómo sabes que él no estaba mintiendo? —Ron presionó.

Estaban en el parque calle abajo de la casa de Harry, pero en vez de jugar estaban sentados en uno de los bancos, discutiendo sobre sus veranos hasta el momento. O, más exactamente, discutiendo las nuevas circunstancias bajo las que vivía Harry.

Harry suspiró. —Estaba leyendo el libro junto con él, Ron, estoy bastante seguro de que  lo que dice, incluso si necesitaba aclarar algunas de las palabras. Además, ¿por qué habría mentido? ¡Es un Alfa, las leyes están escritas para beneficiarlo! —le dijo a Ron, pasándose las manos por el pelo con agitación.

Ron agarró la mano más cercana a él. —Detente, finalmente está ordenado, ¿quieres desquiciarlo? —preguntó divertido—. Bueno, entonces las leyes apestan; ¿quién, de hecho, sigue esas viejas leyes? Mamá y papá no, y han sido compañeros desde Hogwarts. Son una prueba de que puedes ser un Omega y aún así encontrar un buen Alfa que te quiera. No son todos cabezas huecas —señaló.

Harry se encogió de hombros. —Supongo, pero las probabilidades no están realmente a mi favor. ¿Cuántas otras parejas de Alfa/Omega hay que conozcas que todavía estén enamorados? —preguntó.

Ron frunció el ceño, pensando.

Después de varios largos momentos, Harry suspiró. —Estoy esperando —gruñó.

—Estoy pensando —Ron resopló, respondiendo con agitación—. No sé —finalmente admitió—, ¡los Omegas son raros! —agregó, levantando sus manos en el aire.

Harry frunció los labios e inclinó una ceja. —Mi punto. Exactamente —dijo arrastrando las palabras.  

Ron hizo una mueca. —Bien, no tomes ese tono conmigo; suenas igual que Snape —informó con firmeza.

Harry sonrió y se cruzó de brazos. —¿Qué vas a hacer al respecto? —se burló.

—Dejar de hablar de ti y unirme a Sirius. Estoy seguro de que no le importaría ayuda con sus travesuras —Ron sonrió.

Harry palideció, sus brazos cayeron a sus costados. —¡No te atreverías! —exhaló.

Ron se encogió de hombros. —No me des una razón, y no tendrás que averiguarlo —dijo simplemente.

Harry suspiró. —Bien. Tú ganas. ¿Quieres regresar a la casa? —preguntó, saliendo del banco en el que había estado sentado.

—Supongo —dijo Ron suavemente, levantándose también—. Entonces, ¿vamos a ir a algún lugar especial mañana o solo a las tiendas habituales?

Harry se encogió de hombros. —Tenemos que pasar por Gringotts. Sirius quiere que revise mis otras bóvedas y saque el anillo de Lord Potter. Aparentemente, la familia Potter tiene una disposición que dice que en el caso de que ambos padres hayan fallecido, el título se puede pasar al niño que sigue en la línea para heredar a temprana edad. Mis abuelos eran algo viejos cuando finalmente tuvieron a mi papá, entonces cambiaron las reglas de la herencia Potter en caso de que les ocurriera algo antes de que él tuviera diecisiete años —explicó.

Ron levantó las cejas. —Así que eres un Lord —exclamó con asombro—. A los doce —añadió.

—Supongo. No es que realmente sepa lo que eso significa, ni mucho menos —murmuró Harry.

Ron sonrió. —Significa que tienes un asiento en el Wizengamot, por ejemplo —señaló—. Si eliges usarlo —continuó—: tienes derecho a asignar a un apoderado, pero tiene que ser un hombre, preferiblemente un Alfa, que aún no tenga un asiento, por lo que tus opciones son limitadas. Podrías usar a uno de mis hermanos, si confías en que voten de la forma en que lo harías.

Harry se encogió de hombros. —Tal vez. Veremos que pasa. Tengo tiempo para decidir.

 

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—Así que, espera, ¿la familia Potter tenía un señorío, pero no era parte de los Sagrados Veintiocho? —preguntó Harry confundido—. ¿Cómo es que eso funciona? —agregó.

Sirius se rió entre dientes. —Bueno, la persona que se realizó la lista sintió que que Potter era un apellido bastante común incluso en el mundo muggle, la familia probablemente provino de los muggles que inexplicablemente engendraron bebés mágicos. —Se encogió de hombros—. Realmente ya no importa, muchas líneas han sido destruidas o «contaminadas» por los nacidos de muggles —murmuró.

Harry frunció el ceño. —¡Oye! Mi madre era nacida de muggles, ¿recuerdas?

Sirius se encogió de hombros. —Yo no inventé la fraseología, y no la sostengo, pero así es como los Sangre Pura la verán, no hay más formas de hacerlo —explicó.

—¡No todos pensamos así! —dijo Ron en su defensa.

Harry chocó con él. —Es fácil para ti decirlo, tu familia está en la lista! —bromeó.

Ron sonrió. —No puedo evitar ser increíble —dijo a la ligera.

 

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—Entonces, ¿debo referirme a él como «Heredero Malfoy»? ¿Por qué debería ser respetuoso con él? —preguntó Harry con disgusto.

 

Sirius sonrió. —Porque si eres respetuoso con él, tiene que responder de la misma manera. ¡Y solo imagínate cuánto le va a molestar cuando tenga que referirse a ti como «Lord Potter»!

Ron resopló. —¡Hazlo, amigo! ¡Sí que vale la pena! —insistió.

Harry sonrió. —Me gusta tu forma de pensar —le dijo a Sirius.

Sirius se rió entre dientes. —Está bien, así que una vez más, los Sagrados Veintiocho son…

Harry respiró hondo y comenzó a recitar. —Abbott, Avery, Black, Bulstrode…

 

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Harry y Ron reclamaron un compartimiento con Hermione y Ginny, quien parecía estar un poco enamorada de Harry. A ella no parecía importarle que fuera un Omega, y si Harry era bastante sincero, su fascinación por él era más que un poco desconcertante.

Charlaron un poco cuando el tren comenzó a moverse, y después de unos minutos la puerta se abrió. Harry y Ron se miraron a los ojos y compartieron una sonrisa.

—¡Oh, mira, es Potty y la sangre sucia, junto con dos comadrejas este año! —Malfoy se burló—. Te ves diferente, Potter —añadió.

Harry levantó la mirada y se sacudió un poco el pelo de los ojos con la mano izquierda, revelando el sello Potter en su dedo meñique. —Hola, heredero Malfoy —dijo con calma.

Ron mordió su mejilla para ocultar su sonrisa cuando Malfoy notó el anillo y se sonrojó, muy probablemente enojado por el nuevo estado de Potter sobre él. Apretó los dientes y mordió—: «Lord Potter». —Antes de huir de la escena, sus dos compañeros le pisaban los talones.

Ron se retuvo hasta que la puerta se cerró, pero una vez que lo hizo, estalló en carcajadas. —¡Oh, eso fue perfecto! ¿Viste su cara? Parecía tan enojado, ¡parecía que su cabeza iba a explotar!

Hermione incluso sonrió un poco. —Eso fue muy divertido. No sabía que podría ponerse tan rojo, aunque está tan pálido normalmente, no debería haberme sorprendido —añadió—. De cualquier manera, dudo que nos cause problemas por un tiempo.

 

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Después de dos semanas de regreso a la escuela, Harry decidió tomarse un fin de semana fuera de su rutina normal y pasar un tiempo con Severus.

Ron hizo una mueca cuando escuchó el plan de Harry. —¿Nos estás abandonando a Mione y a mí para pasar tiempo con él ? ¿Harry, estás enojado? ¿Quién estaría dispuesto a pasar tiempo con él?

Harry resopló. —Escucha, no espero que lo entiendas , porque sí, es un bastardo sarcástico en clase, y no puedo soportar ese lado de él más de lo que tú puedes, pero hay otro lado de él que es amigable, de alguna manera, y no voy a abandonar la amistad que comenzamos durante el verano. Estoy seguro que él espera que lo haga, y tengo la intención de sorprenderlo gratamente —le informó a Ron—. Esa es mi explicación; tómala o déjala.

Bien. Mione y yo haremos algo sin ti cuando te hayas ido —gimoteó.

Harry sonrió. —Jueguen ajedrez. Ella en realidad podría ser una buena competencia para ti —sugirió.

Se fue y se dirigió a las mazmorras hasta llegar a la entrada de las habitaciones de Severus. Susurró la contraseña, esperando que todavía funcionara, y sonrió cuando la puerta se abrió.

Se asomó para encontrar al hombre sentado en su escritorio, escribiendo en un trozo de pergamino. —Ah, entonces él  me recuerda. Es alentador, aunque dudo que dure mucho tiempo. —El hombre habló, sin levantar los ojos hacia Harry una vez.

Harry sonrió y cerró la puerta detrás de sí, apoyándose en ella. —Entonces, has tenido algo de tiempo para acostumbrarte a mi nueva apariencia; ¿qué piensas? Pomfrey cree que soy el chico más lindo que pisó esta escuela —dijo con aire de suficiencia.

Severus dejó escapar un suave bufido. —Apuesto a que lo hace —dijo suavemente, levantándose y caminando hacia el chico.

Se detuvo a medio metro de Harry y tomó la barbilla del chico entre sus dedos, girando su rostro hacia la izquierda y hacia la derecha, inspeccionándolo a fondo. Luego miró directamente a los ojos de Harry y asintió. —Todavía tienes los ojos de Lily —proclamó—. El resto es aceptable, supongo —dijo, dirigiéndose hacia su escritorio.

—¡Oh, vamos, he venido hasta aquí para pasar tiempo contigo! ¡Háblame! —suplicó—. ¡Por favor, Severus! ¡Quiero que seamos amigos ! —engatusó, luego frunció el ceño—. No estarías tan ansioso por mantenerme alejado si fuera mi madre —añadió—. ¿Por qué debería yo ser diferente?

Severus suspiró y agregó una nota final a su papeleo y se levantó, caminando hacia Harry para unirse al sofá cerca de la chimenea. —¡Ya, ya!. ¿Ahora qué quieres de mí, mocoso odioso?

Harry sonrió. —¡Sabía que te gustaba! —dijo felizmente.

Severus entrecerró los ojos. —Todavía podría echarte de estas habitaciones y cambiar mi contraseña en cualquier momento, si quisiera —ronroneó.

La sonrisa de Harry vaciló. —Sí, pero no lo harás —dijo semiinseguro.

—¿De verdad quieres probar esa teoría? —preguntó Severus con sedosidad.

—Er, no —admitió—. Entonces, ¡adivina qué sucedió este verano después de mudarme con Sirius!

—Mucho, supongo.

Harry se rió. —Sí. Bueno, en primer lugar, soy un Omega...

—Puedo verlo. —Harry frunció el ceño, por lo que Severus aclaró—: puedo olerlo en ti. Lo sé desde que volviste a la escuela, oliendo a polvo de talco. Hueles como un bebé Omega. Los bebés Alfas huelen a pino.

—Oh. —Harry hizo una pausa y olfateó por un momento, tomando el olor de Severus obviamente.

Severus sonrió. —Nunca hagas eso en compañía; es descortés Si necesitas determinar si estás tratando con Alfas o no, hazlo sutilmente. Voy a dejarlo pasar esta vez, ya que no lo sabías.

Harry se sonrojó. —Claro, lo siento. —Severus había olido un poco como Sirius, pero el aroma también estaba mezclado con un olor a tierra, a hierbas.

—No te preocupes por eso —Severus le dijo—. Somos amigos, después de todo, y tú no lo sabías. Es mejor aprender de alguien que no se ofenda en lugar de cometer un error en público en una fecha posterior —explicó.

—Sí, no es broma. ¡Oh! ¡Mira! —levantó su mano izquierda.

Severus entrecerró los ojos. —Ah, el anillo de señorío Potter —murmuró.

Harry sonrió. —Sí. Quiero decir, lo sé y el título irá a mi Alfa cuando me enlace, pero aun así, es mío por un tiempo  —dijo con nostalgia.

Severus sonrió. —Creo que te sorprenderás, en realidad. El título de Señor se transferirá a tu Alfa, pero seguirás teniendo derecho a él y también se te llamará Señor —relató—, además el anillo de sello solo puede ser usado por el  linaje de la familia Potter. Tú o tus hijos. Tu Alfa nunca podrá reclamar el anillo por sí mismo —reveló.

Harry sonrió. —¿En serio? —preguntó alegremente.

Severus inclinó la cabeza. —Ese anillo es verdaderamente tuyo hasta que mueras.

Harry lo miró. —Me alegra oír eso. Realmente nunca obtuve mucho de mi padre. Aún menos ahora que tengo el cabello y las características de Sirius en lugar de las de él. Es bueno saber que también llevo algo que llevaba puesto —dijo en voz baja.

Severus sonrió. —Disfruta la sensación. Una conexión con el pasado es algo que vale la pena retener. El pasado es, después de todo, lo que te hace ser quien eres —le dijo al chico.

Harry encontró sus ojos. —¿Incluso las partes malas? —preguntó en voz baja.

La sonrisa de Severus se tornó un poco triste. —Sí, incluso las partes malas —afirmó.

 

___________________

 

Harry volvió a Ron y Hermione esa noche, de buen humor después de pasar un tiempo con Severus.

 —¿Lo pasaste bien? —preguntó Hermione a la ligera.

Harry asintió. —Sí. ¿Sabías que Severus tiene su propio elfo aquí?

Ron frunció el ceño. —No. ¿Es realmente suyo?

—Sí. Él la recibió como un regalo de Lucius Malfoy para su decimoséptimo cumpleaños. La ha mantenido todos estos años —dijo Harry—. En el papel, ella trabaja para la escuela, pero en realidad, ella solo es leal al Profesor Snape. Es la única elfa en quien realmente confía. Creo que puede ser un poco paranoico, pero estoy seguro de que tiene sus razones —terminó, encogiéndose de hombros.

Ron le imitó. —Lo que sea. ¿Por qué estás tan decidido a pasar tiempo con él, de todos modos? No es como tú —dijo.

Harry se sonrojó. —Bueno… —se mordió el labio, luego miró a Hermione antes de encontrarse con los ojos de Ron otra vez—. ¿Puedo decírtelo más tarde? —preguntó en voz baja.

—Claro —dijo Ron a la ligera.

—¿Qué es tan secreto que no me puedes decir ? ¡También puedo guardar secretos! —Hermione se quejó en voz alta, cruzando los brazos sobre su pecho.

Harry se sonrojó aún más. —Bueno, es algo privado y es vergonzoso, así que solo estoy realmente cómodo contándole a Ron sobre eso, ya que él tiene hermanos que son iguales... No es tanto un secreto como algo de lo que no hablas en conversación educada. Realmente no quiero discutirlo con una chica.  Una especialmente inteligente, porque sé que vas a cavar hasta que descubras todos los detalles vergonzosos —terminó con firmeza.

Ron la miró. —Déjalo estar, todavía está llegando a un acuerdo con eso, ¡no es exactamente algo bueno para él! Sin embargo, si no quiere que decirlo, ni ahora, ni nunca, ¡es su decisión!

Hermione pareció desconcertada, y parpadeó rápidamente un par de veces en estado de shock. —Bien, iré a hablar con Ginny, ¿bien? Ya que necesitas que tu chico hable —se burló, se giró y se dirigió a donde estaba la primer año, estudiando con algunos de sus compañeros de año.

Ron suspiró. —¿Debería sentirme mal? —le preguntó a Harry, preocupado.

Harry negó con la cabeza. —Yo también quería decirlo, no soy tan bueno para gritarles a las chicas. Tienes una hermana, entonces has tenido más práctica. Siempre me hace sentir mal.

—No deberías tener que explicarle cosas si solo te avergonzará. Es un tema delicado —le dijo Ron—. ¿Quieres ir a hablar en el dormitorio? —preguntó.

—Sí —dijo Harry con alivio—. Al menos eso será privado —dijo.

Subieron al dormitorio, cerraron la puerta y luego se sentaron en la cama de Harry.

»Mira —comenzó Harry, luego se mordió el labio—. Bueno, Severus me dio algunos consejos-

—¡¿Te deja llamarlo así?! —Ron preguntó en estado de shock.

Harry frunció el ceño. —Bueno,  . No puedo seguir llamándolo «señor» o «profesor» si vamos a ser amigos, Ron —dijo en tono sarcástico.

Ron se recuperó de su sorpresa y asintió. —Correcto. Por supuesto. Sigue.

Harry sonrió. —De todos modos, Severus dijo que la forma más fácil de mantenerme a salvo de un Alfa cabeza hueca, que me trataría como una propiedad, era pasar mucho tiempo con un Alfa en el que pudiera confiar, y formar un vínculo preliminar con ellos. Y Severus puede ser muchas cosas, pero no es un mal hombre. Él me trataría bien, lo . Confío en él —dijo con firmeza—. Por eso no puedes decirle a nadie lo que estoy planeando —advirtió a Ron—. Si lo haces, él le pondrá fin y es realmente la única esperanza que tengo de obtener un buen Alfa, uno con el que me sienta cómodo y en quien pueda confiar.

Ron hizo una mueca. —Sabes que tendrás que aparearte con él, probablemente durante tu primer celo, para que tu plan funcione, ¿verdad? —preguntó.

Harry se sonrojó. —Lo sé —dijo—. Estoy dispuesto a estar con él de esa manera. No es el hombre más atractivo del mundo, pero tiene muchas cualidades atractivas que lo compensan.

Ron se lamió los labios. —¿Y sabes que el primer calor suele ser con catorce o quince? —presionó.

Harry parpadeó sorprendido. —No sabía que podría ser tan pronto —dijo en voz baja.

Ron asintió. —Bueno, puede serlo , y generalmente lo es . Y si Snape estuviera interesado en hacer... Bueno, eso con alguien tan joven, no trabajaría en una escuela. O no lo hubiera hecho por tanto tiempo, al menos —terminó.

Harry se mordió el labio. —Voy a tener que aferrarme a oler lo suficientemente bien en celo como para dominar su moral. Estoy seguro de que es factible —dijo con confianza—. Al menos, espero que así sea.

Chapter Text

 

Harry miró el catálogo en el que estaba buscando regalos de Navidad, se enfocó más en la sección de pociones. Había un montón de cosas que sabía que Severus podía usar, pero quería conseguirle al hombre algo que no tuviera.

Finalmente se acomodó con un pequeño caldero dorado y una vara revolvente, sabiendo que si Severus tuviera alguno de esos en su laboratorio privado, Harry los habría notado.

Terminó de completar el formulario de pedido, presionó su anillo en el área de la firma y fue a buscar a Hedwig. La encontró en la Lechucería y la envió con el formulario de pedido, luego eligió un búho escolar para enviar a Sirius una última súplica para quedarse en la escuela durante las vacaciones.

Parecía que no iba a lograrlo. Sirius quería que fuera a casa en Navidad para conocer a Ruby, y Harry quería ayudar a Ron y Hermione a descubrir lo que Malfoy sabía acerca de la Cámara de los Secretos, pero no era una razón suficiente para quedarse en la escuela, según Sirius.

Así que Hermione y Ron irían como Crabbe y Goyle una vez que la Multijugos estuviera lista. Hermione había encontrado un hechizo que cambiaría su voz para coincidir con la de Goyle mientras que ella fingía se él, así que solo tenían que preocuparse por llegar a Malfoy.

Harry tendría que contentarse con obtener la historia de ellos cuando regresara de las vacaciones de Navidad, o por medio de una carta.

De cualquier manera, él sería el último en saberlo.

 

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Harry y Sirius tropezaron en la puerta, riendo y temblando de frío, y Walburga comenzó a gritarles.

 —¡Oh, cállate, tú! —gritó Harry, y ella, sorprendentemente, lo hizo. Por un segundo.

 —¿Quién eres, pequeño mocoso? —siseó.

Harry le mostró su mano izquierda. —Lord Potter. Y eres una vieja bruja fea. Encantado de conocerte.

Sirius rió suavemente mientras cerraba las cortinas sobre su retrato otra vez. —Eso fue genial, Harry. Eso sí, no le hables nunca a nadie más así a menos que quieras que te maten, pero ya que un retrato no puede hacer mucho, esta vez estás bien. Muy bien, Harry, Ruby estará aquí en unas horas. Ella está emocionada de conocerte. Solo para que lo sepas, ella sólo tiene veintidós años. No hagas bromas relacionadas con la edad, por favor —Sirius dijo con una sonrisa.

Harry sonrió. —Oh, ¿estás robando la cuna, viejo? —bromeó.

Sirius se rió. —¡No es gran diferencia! —se apresuró a defenderse.

—Supongo que no. —Harry se dirigió hacia las escaleras—. Avísame cuando  ella llegue —le pidió a Sirius.

—Te enviaré mi Patronus —prometió Sirius.

 —Presumido —murmuró Harry. Todavía no podía conjurar un Patronus, no por no intentarlo.

 

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Harry estaba acostado en su cama, escuchando los villancicos navideños en la radio, cuando el Patronus de Sirius entró en la habitación. —¡Ella está aquí, Harry! ¡Ven al salón! —exclamó emocionado.

Harry salió de la habitación y corrió escaleras abajo tan silenciosamente como pudo, luego se deslizó en el salón.

Sirius estaba sentado en el sofá junto a una mujer con rizos marrones y amables ojos azules.

La mujer se volvió cuando Harry entró en la habitación y le sonrió. —Bueno, hola, joven Lord Potter. He oído mucho sobre ti —contó felizmente, extendiendo su mano para estrecharla.

Harry tomó su mano y besó el dorso, inclinándose sobre ella y sonriendo. —Es un placer conocerle, Madame. Solo Harry está bien.

Ruby sonrió ampliamente. —Entonces debes llamarme Ruby —le dijo ella—. ¿He oído que recién te convertiste en un Omega? —preguntó ella.

Harry asintió, inhalando sutilmente, probando su olor. Era dulce, como el pastel de manzana. —Cercano al verano —contó.

Ruby sonrió. —Eso debe ser duro, las leyes aquí son lo que son —dijo con comprensión—. Mi familia se mudó a Francia, donde las leyes son mejores, para que pudiera crecer allí y tener la oportunidad de tener una vida normal. Tomo supresores de calor, que no son ilegales aquí, pero como tengo que obtenerlos de Francia, son un poco caros. Pero hasta ahora, he sido capaz de mantenerme tranquila y soltera, así que vale la pena. Lo entenderás cuando tengas tu primer calor.

Harry hizo una mueca. —No estoy deseando que llegue —se quejó.

Ruby sonrió y le palmeó el brazo. —Si puedes llegar a los veinte años sin estar emparejado, también puedo conseguirte algunos supresores de calor. Tendríamos que ir a Francia y hacer que te vea un médico primero.

—No creo que eso vaya a suceder, pero gracias de todos modos. Es lindo de tu parte ofrecerlo —dijo.

Ruby asintió. —No hay problema. Solo tenlo en cuenta.

—Lo haré —Harry prometió.

 

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Harry suspiró, bajando la carta. Entonces, Malfoy no sabía más que ellos. Bueno, no tenía sentido sentarse por ahí abatido; ¿tal vez Sirius sabía algo? Trabajó como Auror, ¡seguramente esta era su área!

Corrió escaleras abajo, teniendo cuidado de no hacer demasiado ruido. Entró en el salón, donde Sirius y Ruby hablaban en voz baja y jadeó. —Hola, espera, tengo… —Hizo una pausa para respirar hondo varias veces—, una pregunta —terminó, mirando directamente a Sirius.

Los labios de Sirius se torcieron. —¿Ah sí? ¿Y qué pregunta sería?

Harry se sentó en la silla cerca del sofá. —¿Sabes algo sobre la Cámara de los Secretos? ¿O el heredero de Slytherin? —preguntó.

Sirius frunció el ceño. —¿Por qué el interés? —preguntó.

Harry explicó los extraños sucesos en la escuela y las petrificaciones y se mordió el labio por unos minutos, antes de agregar—: Y creo que he estado escuchando a la criatura en las paredes —dijo en voz baja.

Sirius lo miró boquiabierto. —Escuchando a la... ¿Has podido hablar con algún animal o criatura antes? —preguntó.

Harry se encogió de hombros. —Sólo serpientes hasta ahora. Todo el mundo piensa que soy el heredero de Slytherin. —contó tristemente.

 —Eso es ridículo —dijo Sirius con el ceño fruncido—. Todos saben que los Potter son descendientes de Godric Gryffindor, y ningún Slytherin se atrevería a ensuciar así su preciosa línea de descendencia. Tienes sangre de Gryffindor en tus venas, y solo Gryffindor, niño. —Él inclinó la cabeza, haciendo énfasis—. Pero Lengua Pársel... —Sirius sonrió—. ¡Guau, no ha habido un Hablante de Pársel en la línea Black en años! ¡Esto es emocionante! —Saltó y se dirigió a la biblioteca, gritando detrás de sí mismo—: ¡Ustedes dos síganme! ¡Hay algunos libros aquí que Harry puede leer!

Harry y Ruby se miraron, se encogieron de hombros y lo siguieron.

Sirius tenía tres libros en sus manos y sacaba un cuarto cuando lo encontraron en la biblioteca. Puso los libros sobre la mesa. —¿Bien? ¿Puedes leerlos? Si eres un Hablante de Pársel, deberías poder hacerlo —dijo.

Harry los miró. —Sí —dijo, mirando las palabras que estaban en un guión extraño que parecía casi cursivo, pero era diferente—. Este es sobre pociones —lo apartó—, este trata de ver el futuro («Adivinación», lo corrigió Sirius)—. Y este es sobre la creación de hechizos en la Lengua Pársel —frunció el ceño ante el último—. Este es sólo un viejo diario.

La sonrisa de Sirius se desvaneció. —Oh. Bueno, de todos modos, puedes quedártelos durante el tiempo que lo desees, ¡podrían ser útiles! Tú eres el único que puede leerlos, después de todo.

Harry asintió. —Bien. Ahora, acerca de la criatura en la Cámara de los Secretos —retomó.

—Debe ser una especie de serpiente —dijo Sirius, luego entrecerró los ojos hacia Harry—. Si descubres qué es, ¿qué planeas hacer?

Harry sonrió tímidamente. —¿A no cazarla? —preguntó dulcemente.

Sirius negó con la cabeza en clara diversión. —Simplemente que no te maten, niño. Si crees que puedes manejarlo, tómatelo con calma.

—¡Sirius! ¡Él tiene doce! ¡No lo apruebes! —exclamó Ruby con leve alarma.

Harry se encogió de hombros. —En realidad, estamos planeando que Lockhart lo haga —explicó.

Sirius se rió. —¿Ese saco mentiroso? ¡Me gustaría verlo!

Harry frunció el ceño. —No todo puede ser mentira, ¿verdad?

Ruby puso los ojos en blanco. —Es mentira todo lo que dice, no creo que realmente pueda hacer nada contra una amenaza real —le dijo a Harry.

—Supongo que lo averiguaremos —murmuró Harry—. Mientras tanto, me voy a llevar estos a mi habitación —dijo, agarrando los libros de Lengua Pársel y dirigiéndose a su habitación con ellos.

—Sirius, ¡tienes que darle un mejor ejemplo! —Ruby dijo en voz baja mientras salía de la habitación—. De lo contrario, se va a matar uno de estos días.

Sirius dejó escapar una carcajada. —¡Es un «Merodeador», está en su sangre ir a aventuras locas y salvajes mientras está en Hogwarts! Lo hice, su padre lo hizo. Demonios, ¡incluso Remus estaba en eso! ¡Salimos bien!

Ruby se quedó en silencio por un momento antes de que ella hablara en voz baja—: Su padre está muerto  Sirius. ¿Alguna vez pensaste que tal vez su arrogante garantía de que era invencible jugó un papel en eso?

Harry entró a su habitación y cerró la puerta detrás de él.

—Creo que te escuchó —Sirius le dijo.

Ruby frunció los labios. —Bueno, él necesita escucharlo de alguna parte. ¡Él no es invencible, y un día se va a lastimar si sigue así! ¡Me dijiste lo que hizo el año pasado y lo felicitaste por eso!

Sirius la miró como si estuviera loca. —¡Por supuesto que sí! ¡Él mato a Ya-Sabes-Quién! ¡Por segunda vez ! —gritó—. ¡¿Qué se supone que debo hacer, gritarle por salvar a todo el maldito mundo?!

—¡Cuando pone su vida en peligro, ! —gritó Ruby—. ¡Se supone que debes querer que se mantenga a salvo!

Sirius apretó los dientes. —¿Adivina qué, princesa? ¡El mundo no es seguro!  Eso es un hecho conocido ".

Ruby le gruñó, luego agarró su abrigo y convocó su bolsa de viaje, que aún no había desempacado. —¡Madura, Sirius Black! ¡Ya-Sabes-Quién se ha ido y eres responsable de un niño que no necesita ser puesto en peligro para el que no está listo! ¡Espero que te des cuenta de eso antes de que sea demasiado tarde! —gritó, luego se fue.

Walburga comenzó a gritar otra vez, y Sirius bajó las escaleras para calmarla una vez más.

 

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Harry se miró en el espejo y parpadeó, luego se frotó los ojos y entrecerró los ojos, mirando más de cerca. Se tocó la cara y… sí, su nariz había desaparecido.

—¡Sirius! —llamó—. ¡Ven rápido!

Hubo un fuerte golpe en la habitación de Sirius antes de que la puerta se abriera de golpe y el hombre se tambaleara por el pasillo, abriendo la puerta del baño detrás de Harry. —¿Quesh shucede?  —dio un resoplido, luego parpadeó adormilado a Harry—. ¿Dónde está tu nariz? —preguntó, despertándose ante el shock.

—¡No lo ! —se lamentó Harry, hurgando en el lugar desnudo en el centro de su cara—. Acabo de entrar, me miré en el espejo y... —De repente, su nariz volvió a crecer—. Qué demonios… —Y siguió creciendo—. ¡Ahh! ¡Sirius, haz que se detenga! —gritó Harry, mirando fijamente su nariz con horror mientras seguía creciendo.

—Ohh —Sirius se rió—. Cálmate y piensa en cómo quieres que se vea tu nariz. Te obedecerá, no te preocupes —le dijo a Harry.

Harry se calmó y se concentró en hacer que su nariz volviera a la normalidad. —¿Qué está pasando? —preguntó.

Sirius se rió entre dientes. —Tienes un poco del gen Metamorfomago. No te preocupes, parece que el tuyo no es tan fuerte como el de Nymphadora  —le aseguró a Harry.

—¿Qué? —Harry preguntó débilmente.

Sirius sonrió. —Le enviaré un Patronus, a ver si está libre hoy. Creo que los Aurores en entrenamiento tienen el día libre. —Envió un Patronus—. Entonces, apúrate y termina aquí, porque necesito orinar —declaró, luego cerró la puerta.

Harry suspiró. —¡Puedes esperarme! —dijo a través de la puerta.

 

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Sirius, Remus y Harry estaban sentados en un banco del parque esperando a Nymphadora «no me llames Nymphadora» Tonks, y Harry estaba tratando de asegurarse de que su cara no cambiara mientras estaba sentado allí esperando.

Una joven de pelo rosa brillante se detuvo junto al banco. —¡Qué alegría verte, Siri! —exclamó alegremente.

Sirius sonrió y se puso de pie, abrazándola con fuerza. —¡Nym, es genial verte!

—No me llames así. Es Tonks —ella lo corrigió. Se apartó y miró a Harry y Remus. —Entonces, ¿vas a presentarme?

—Este es Remus, ha sido un amigo mío desde Hogwarts, y ahora es mi guardián secreto. 

—¿Guardian de secretos? ¿Por qué?

 —Y este es mi ahijado, Harry Potter. Por eso —dijo con un encogimiento de hombros—. Hasta ahora, está funcionando.

—Ahh. —Tonks asintió—. Lo tengo. Bueno, realmente no podemos hablar libremente aquí afuera, así que, ¿por qué no terminamos con esto?

Remus sonrió amablemente. —La casa de Sirius Black se puede encontrar en el número doce de Grimmauld Place —le dijo—. Ahora podemos irnos.

Se dirigieron de regreso a la casa y entraron, Tonks tropezó con un perchero y puso en pie el retrato de Walburga.

Sirius y Remus cerraron las cortinas sobre el retrato, cortando sus gritos, y todos entraron a la sala.

—¿Así que dijiste algo sobre que Harry era como yo? —preguntó Tonks, mirando a Harry—. Vamos a verlo.

Harry se sonrojó. —Bueno, realmente no puedo controlarlo —dijo.

Tonks sonrió. —Aquí, haz esto. —Ella convirtió su nariz en la de un cerdo—. Concéntrate en lo que quieres que haga tu cara. Concéntrate mucho.  

Harry frunció el ceño y lo intentó. Después de unos minutos, su nariz se aplanó, pero no hizo más que eso.

Tonks se echó a reír. —¡Cerca! Tiene un toque de eso, está bien, ¡pero ni siquiera está cerca del regalo completo!

Harry resopló. —Bueno, enséñame a dejar de perder mi nariz, ¡por favor! ¡Si no puedo controlarlo, no puedo salir en lugares muggles, y vivo en un lugar muggle!

—Cálmate, vamos a resolver esto. ¿Qué tal esto? Trata de que desaparezca por completo, puedes hacerlo, ¿verdad? —preguntó Tonks.

Harry suspiró. —Sí, eso es lo que pasó esta mañana —dijo pesadamente, y lo hizo desaparecer—. Eso y hacerla crecer son fáciles.

Tonks asintió. —¿Qué tan grande puedes hacerla? —preguntó con interés.

Harry frunció el ceño. —No lo sé. —Se concentró en eso, observando cómo crecía y crecía y crecía, finalmente deteniéndose cuando era del tamaño de un globo.

—Genial —dijo Tonks, impresionada—. Ahora vuelve a la normalidad —le instruyó—. Está bien, así que para controlarlo… —ella aplaudió—. Es fácil, solo tienes que encontrar la parte de tu magia que reacciona cuando usas la habilidad, y dividirla, separarla del resto de tu magia. Manterla cerca de tu núcleo, pero no en él. Sácala.

—¡¿Cómo puedo hacer eso?!

Tonks sonrió. —Aquí, meditemos, puedo decirte cómo ver tu núcleo. Es realmente muy fácil. Cierra tus ojos.

Harry cerró los ojos, esperando que esto funcionara. 

 

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—Entonces, ¿cómo fue tu Navidad? —Ron le preguntó a Harry.

Harry le sonrió a él y a Hermione. —Recibí un regalo extra de Sirius que nadie esperaba. ¡Mira esto!  —Hizo que su nariz creciera hasta el doble de su tamaño, luego hizo que se redujera a cero.

—¡Malvado! ¿Eres un Metamorfomago? —Ron preguntó con entusiasmo.

Harry negó con la cabeza. —Lo probamos, y todo lo que puedo hacer es la nariz y cambiar mi color de cabello a rojo y hacer que crezca más. —Lo demostró, y Ron y Hermione se estremecieron.

—Totalmente no es tu color —dijo Hermione, y Ron asintió.

Harry se encogió de hombros y lo volvió de nuevo a negro, dejándolo largo.

—Harry, amigo, te pareces un poco a Snape cuando haces eso —le dijo Ron incómodamente.

Harry rodó los ojos y lo hizo corto. —Deberías acostumbrarte ahora, ya que soy Lord Potter. Sirius dice que los señores deben tener su cabello largo. Él tiene el pelo largo, y también Lucius Malfoy. Me inclino a creer que para los Lords, es solo un hecho —dijo simplemente.

Hermione hizo un ruido de disgusto. —Y si todos los demás Lords saltaran de un puente, ¿lo harías tú también? —preguntó con aspereza.

Harry puso los ojos en blanco. —Sí, pero no por las razones que piensas. Simplemente no tengo mucho por qué vivir, en este momento —dijo rotundamente.

La boca de Hermione se abrió y sus ojos se ensancharon. —¡¿Eres suicida?! Harry, eso es realmente serio, ¡necesitas ayuda! Probablemente tengas depresión, es muy común en los adolescentes, pero hay pociones que pueden ayudar, y puedes hablar con un sanador.

—Está bien, Mione, honestamente. Ninguna poción va a arreglar las circunstancias en las que estoy, pero gracias por preocuparte por mí —dijo de manera placentera.

Hermione frunció el ceño. —Si me dijeras lo que está mal- —Ella comenzó a insistir.

Harry gruñó. —¡Bien! Ve a la biblioteca y busca sobre Omegas y Alfas. Piensa en cómo te sentirías si de repente te convirtieras en un Omega.

—Bien. Volveré más tarde, entonces —dijo Hermione uniformemente.

Harry suspiró ruidosamente, enterrando su rostro en sus manos. —Ella se va a volver insoportable, ¿no es así? —gimió.

Ron se encogió de hombros. —No puedo decirlo, amigo. Ella podría reaccionar de cualquier manera; podría ser realmente un gran apoyo y tratar de ayudar —señaló.

—Su «tratar de ayudar« suele ser exactamente lo contrario de lo que estoy tratando de hacer —dijo Harry.

—Tendremos que esperar y ver qué pasa.

 

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Estaban jugando al ajedrez cuando Hermione regresó y se sentó cerca de Harry.

—¡Las leyes son absolutamente repugnantes y hay que hacer algo! —dijo Hermione en voz alta.

—¡Shh! —Harry siseó, mirando a su alrededor para ver si alguien estaba escuchando—. Vamos, al dormitorio para que podamos hablar en privado —le dijo a ella y a Ron.

Ron suspiró, pero dejó el juego en progreso como estaba.

Todos se sentaron en la cama de Harry. —Entonces, Mione, ¿qué estabas diciendo?"

Hermione continuó—: ¡Esas leyes son horribles! Alguien necesita hablar en contra de ellas, y estoy segura de que si Harry Potter está en contra de ellas y la gente sabe que eres un Omega, ¡las cosas cambiarán! ¡Solo haz oír tu voz y estoy segura de que podrás obtener suficiente apoyo para cambiar esas leyes!

Harry palideció y sacudió la cabeza, frenéticamente. —No. No voy a dejar que nadie descubra lo que soy hasta que esté emparejado y a salvo de Aldas. ¡Viste las leyes, sabes lo que tienen permitido hacer!

—¡Razón de más para hablar! —insistió Hermione—. ¡Alguien tiene que ponerle fin! ¡¿Quién más tiene el poder de hacer eso?! —preguntó ella.

Harry le dio una mirada en blanco. —Dumbledore —respondió.

Los ojos de Hermione se iluminaron. —¡Tienes razón! ¡Voy a hablar con él sobre cómo iniciar un movimiento contra esas leyes! ¡Él escuchará! —dijo ella con vehemencia.

Hermione se fue y Harry y Ron se miraron, luego se encogió de hombros y bajó las escaleras para terminar su juego.

 

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Harry saltó cuando Fawkes apareció en un estallido de llamas delante de él. Tomó la carta que tenía el fénix y la leyó, Ron se acercó a leerla por encima del hombro.

 

Harry,

 

          Su amiga, la señorita Granger, vino a mi oficina hablando sobre el inicio de una revolución en relación con las leyes que han constituido los cimientos de la sociedad mágica durante siglos. Intenté convencerla y explicarle que no estoy dispuesto a reestructurar completamente la forma en que funciona nuestra sociedad, pero ella no se dejaría llevar y me obligó a modificar su memoria con respecto a su nuevo estado. Ella ya no recuerda que usted es un Omega, o lo que es un Omega, y me gustaría mantener las cosas de esa manera.

                   Albus Dumbledore

 

 

Harry y Ron se quedaron en silencio por largos momentos, sabiendo que Dumbledore había tenido que modificar la memoria de Hermione.

—Supongo que sí sería peligroso cambiar las leyes, es la única manera —dijo Ron suavemente, sonando inseguro.

Harry se encogió de hombros. —Supongo que sí. No quería que ella lo supiera en primer lugar, así que no estoy muy molesto por eso. Aunque es extraño que tuviera que hacer algo tan drástico.

Ron asintió. —Bueno, sí, pero es Dumbledore. Estoy seguro de que tiene sus razones.

 —Lo que sea. Hermione es un poco molesta, para ser honesto —dijo Harry.

 —¿Qué estás diciendo? —preguntó Ron.

Harry masculló y se recostó en su silla. —Nada, en serio, supongo. Solo que no me llevo bien con ella tan bien como contigo. ¿Por qué somos sus amigos?

Ron se encogió de hombros. —Porque le salvamos la vida y ella también nos ha ayudado —señaló.

Harry suspiró. —Sí… supongo. Pero Sirius ha estado tratando de enseñarme lo que necesito saber para ser un Señor, y ella ha ido en contra de todo lo que él me está enseñando, de una forma u otra. Se siente como si tuviera alguna esperanza de encajar en el Mundo Mágico, debería dejarla fuera de mi vida. De lo contrario, nadie me va a tomar en serio.

Ron permaneció en silencio por un largo momento antes de decir en voz baja—: Sabes lo necia que se pone cuando está discutiendo con nosotros. Cortarla la haría diez veces peor. ¿Estás dispuesto a soportarlo?

Harry se mordió el labio por unos momentos, luego asintió. —Puedo manejarlo. ¿Puedes?

Ron se encogió de hombros. —Mientras estemos juntos en esto, puedo soportarlo. Solo necesito saber que me cubres la espalda.

Harry sonrió y asintió. —Los mejores amigos para siempre —confirmó.

 —Entonces comencemos a sacar a la sabelotodo —dijo Ron.

 

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Harry terminó su ensayo de pociones y levantó la vista de la mesa. —Oye, ¿Severus?

El hombre hizo un sonido inquisitivo, pero continuó marcando el ensayo que estaba leyendo.

»¿Podrías mirar por encima del mío antes de entregarlo mañana? —preguntó Harry, levantando su ensayo.

Severus sonrió. —No. Sin embargo, lo calificaré temprano, si eso es lo que deseas —le dijo a Harry.

Harry miró su ensayo con nerviosismo. Por un lado, estaba bastante seguro de que tenía un buen conocimiento de la poción en la que trataba el ensayo. Por otro lado, Severus era duro con su calificación, aceptando nada menos que la excelencia.

—Está bien, ¿por qué no? —le entregó el ensayo y Severus comenzó a mirarlo.

Después de diez minutos de lectura, Severus tarareaba y le devolvía el ensayo. —Aceptable —le dijo al niño, haciendo una anotación en su libro de calificaciones.

Harry sonrió. —¡Genial! Ahora necesito ponerme a trabajar en Encantamientos.

Severus asintió. —Haz eso. ¿Vas a quedarte aquí o regresar a tu Torre? —preguntó.

Harry inclinó la cabeza, considerando la pregunta. —Bueno, Ron tiene planes con los gemelos esta noche, los está ayudando a probar cosas y la Torre está obligada a ser ruidosa, así que... ¿Aquí? Si eso está bien contigo, claro.

Severus dejó su pluma y miró hacia arriba. —Bueno, no tienes encantamientos de nuevo hasta el día después de mañana, y está atrapado en todo lo demás… —reflexionó.

Harry se animó. —Sí. ¿Qué tienes en mente?

Severus le dio una pequeña sonrisa, caminando para pararse a su lado. —¿Quieres ayudarme con un experimento? —preguntó.

Harry sonrió. —¿Qué tipo de experimento?

La sonrisa de Severus se ensanchó. —Es secreto, del tipo ilegal —dijo en voz baja.

Un escalofrío recorrió la espalda de Harry al pensarlo; asintió. —Increíble. Estoy dentro —dijo con entusiasmo.

Severus se rió entre dientes. —Pensé que lo estarías. Es Magia de Sangre, por eso es ilegal, pero no es nada oscuro. Solo quiero saber qué propiedades de elaboración tiene la sangre Omega. He probado la sangre alfa y descubrí que puede estimular el sistema inmunológico y aumentar el crecimiento muscular, si se usa como suplemento. Es muy interesante, de verdad —dijo suavemente mientras se dirigían a su laboratorio.

—Genial —murmuró Harry—. ¿Qué crees que hará la mía?

Severus miró a Harry mientras abría la puerta del laboratorio. —Tengo una idea, ya que hay algunas pociones antiguas que usan sangre Omega en ellas. Es decir, pociones de belleza y fertilidad, así que estoy pensando que la sangre aumentará la fertilidad y probablemente reducirá las arrugas, o suavizará la piel áspera. —Comenzó a juntar los viales y los puso frente a Harry—. Hay tres pociones diferentes que detallarán las propiedades mágicas que tiene un ingrediente, así que necesitaré tres viales con un poco de sangre en cada uno —dijo enérgicamente.

Harry agarró su varita e hizo un pequeño corte en su palma, dejando que su sangre goteara en los frascos. —Entonces, ¿por qué estás probando la sangre si es ilegal usarla en una poción? —preguntó conversacionalmente.

Severus se encogió de hombros. —Las mentes inquisitivas quieren saber. Hay mucho que decir sobre el conocimiento, independientemente de si se utilizará o no alguna vez.

Harry dejó escapar una suave risa. —¿Estás seguro de que no eres un Ravenclaw? —bromeó.

Severus sonrió. —El sombrero no me consideró poner en Ravenclaw.  Era demasiado astuto para ellos. Además, tenía miedo a las alturas. No lo habría hecho bien en una torre. Has pasado mucho tiempo en las mazmorras este año. ¿Estás seguro de que no perteneces a Slytherin?

Harry se encogió de hombros. —El sombrero trató de ponerme en Slytherin. Draco y yo empezamos con mal pie, y él ya había ido allí. Le supliqué que me pusiera en otro lugar —le dijo al hombre.

Severus detuvo lo que estaba haciendo y miró a Harry por largos momentos, obviamente pensando en algo. Finalmente asintió, llegando a una conclusión. —Sí, lo puedo ver. Tu pasado te habría convertido en un Slytherin perfecto, con una tendencia a mantener la cabeza baja cuando las cosas parecían inciertas, pero con la ambición de probarte ante todos los que dudaban de ti. Eso podría llevarte lejos en la vida, si no fuera por… —Hizo una mueca—. Otras cosas —finalizó.

Harry terminó de sangrar en los viales, y sanó el corte. —Bueno, terminé en Gryffindor, y Sirius está convencido de que es a donde pertenezco.

Severus se rió ligeramente. —Sirius Black está orgulloso de que hayas clasificado en su casa. Y está tan enamorado de la idea de su ahijado que estar ordenado Slytherin probablemente haría que le gustara mi casa  —le dijo a Harry.

Harry sonrió. —Es un buen hombre. Un poco demasiado celoso en sus emociones, tal vez, pero él tiene buenas intenciones. Y puedo decir que nunca me haría daño. Tú y él comparten tus puntos de vista sobre Omegas, sabes. Ambos son del tipo que trataría correctamente a un Omega —le dijo—. Lo que le da a un Omega como yo esperanza para el futuro. Tal vez las cosas se conviertan en lo mejor, a tiempo —reflexionó, mirando a Severus girar alrededor.

—Tal vez. —Severus permitió—. Pero date cuenta de que para transmitir nuestras opiniones sobre Omegas, tenemos que procrear —señaló—. Y Black ha dejado una serie de mujeres con el corazón roto detrás de él en su juventud, mientras que estoy felizmente casado con mis pociones. Veo muy pocas esperanzas de que alguno de nosotros tenga hijos.

Harry sonrió. —Sirius está en una relación. Bueno, lo estaba , pero él dice que puede recuperarla en su última carta —le dijo al profesor de pociones—. Y no eres viejo. Todavía hay tiempo para que encuentres a alguien.

—No me pongas en contacto con nadie, Potter, será lo último que harás —advirtió Severus.

Harry rio —No te preocupes, no tengo planes de echar a alguien sobre ti que no puedas soportar, sé muy bien eso —le aseguró al hombre.

—Bien —dijo Severus con firmeza, luego extendió una mano—. Sangre.

Harry le entregó el primer frasco. —Por cierto, si tuvieras que elegir entre dos Omegas, un hombre y una mujer, ¿cuál elegirías? —preguntó.

Severus suspiró. —Hubiera dicho  hace diez años que mujer, pero más recientemente, mis gustos se han dirigido hacia los hombres. Deja de curiosear ahora, me niego a responder más preguntas personales —dijo con firmeza.

«Te niegas por ahora» Harry pensó con aire de suficiencia. «Pero no puede durar para siempre».

 

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—Lord Potter.

Harry y Ron levantaron la vista de los libros que estaban usando para escribir sus ensayos y ver a Draco de pie cerca de su mesa.

 —¿Sí, heredero Malfoy? —preguntó Harry con cautela.

Malfoy estaba solo por una vez, lo cual era inusual, y se veía un poco nervioso. —Quería hablar contigo. Solo tú —aclaró, mirando a Ron.

Harry miró a Ron, quien se encogió de hombros. —Te lo está pidiendo como Heredero de un Señorío. No voy a aportar una pequeña rivalidad en algo cuando comienza a interactuar con los títulos. —El pelirrojo le dijo a Harry.

Harry asintió, levantándose. —Sígueme. —Condujo a Malfoy al laberinto de libros y lanzó un hechizo de privacidad por si acaso—. ¿Qué quieres, Malfoy?

Malfoy se mordió el labio y se movió. —Sé algo sobre el monstruo en la Cámara de los Secretos —susurró.

Harry contuvo el aliento. —¿Qué sabes? —preguntó con urgencia.

Malfoy negó, sacudiendo su cabeza. —Primero, quiero algo de ti —dijo con firmeza.

 —¿Qué quieres? —preguntó Harry.

—Protección. Del Señor Oscuro, si regresa. Mi padre es uno de sus seguidores, pero no estoy seguro de que eso sea lo que quiero. Quiero la seguridad de que me ayudarás a darme la oportunidad de elegir  —Malfoy terminó.

Harry asintió, olfateando a Draco a escondidas. Se sorprendió al descubrir que olía a polvo para bebés. Omega inmaduro, entonces. —Te prometo que te mantendré a salvo de él. Solo dime lo que sabes.

Malfoy dejó escapar un largo suspiro. —Mi padre dijo que la criatura es un basilisco. Es una serpiente gigante, y puede matar con una sola mirada, pero solo si te enfrentas a sus ojos. Nadie que lo haya visto lo ha visto directamente ha vivido —susurró.

Harry asintió. —Eso tiene sentido.

Malfoy se movió. —Lord Potter, no pude evitar notar algo en las últimas dos semanas… —se calló.

—¿Si? —Harry insistió.

—¿Están tú y la Comadreja cortando con la sangre sucia? —preguntó Malfoy.

Harry apretó los dientes. —¿¡Qué nombre, heredero Malfoy?! —siseó, mirando al otro chico.

Malfoy se acurrucó bajo la mirada intensa de Harry. —Lo siento. No quise faltarle el respeto…

Harry suspiró. —No mientas —espetó.

Malfoy estaba mortalmente pálido. —No quise enojarte por mi mala elección de palabras. Simplemente se me escapó.

Harry resopló. —Esa es la verdad. De hecho, Ron y yo estamos soltando a Hermione. ¿Por qué?

Malfoy se lamió los labios. —Si alguna vez necesitas mi ayuda para resolver cualquier asunto que requiera que actúes con la parte convincente de Sangre Pura, estoy disponible, por un precio —ofreció.

Harry entrecerró los ojos. —¿Qué precio? —preguntó.

—No lo he decidido todavía —dijo Malfoy a la ligera—. Te lo haré saber cuando lo haga.

Harry se encogió de hombros. —No hay trato hasta que sepa el precio.

Malfoy sonrió. —Lo suficientemente justo. Te veré por ahí.

 

 

Chapter Text

Harry estaba escribiendo su ensayo para DCAO cuando, de repente, se detuvo y dejó escapar un largo y lento suspiro.

La última vez que se había soltado el basilisco, alguien había muerto.

Y Harry y Ron habían conocido a un fantasma que era una adolescente que vivía en un baño.

—¡Está usando la tubería! —Harry dijo suavemente.

Ron lo miró confundido. —¿Qué? —preguntó.

—¡El basilisco! —susurró Harry—. ¡Está usando la tubería para moverse! ¡Myrtle La Llorona es el estudiante que murió la última vez! ¡Estoy casi seguro de eso!

Ron sonrió. —Bueno. ¡Vamos a preguntarle a Myrtle qué vio ella! —sugirió.

Harry abrió el camino hacia el baño.

—Hola Harry. ¿Estás aquí para compartir mi puesto? —preguntó Myrtle La Llorona.

Harry sonrió. —Hoy no. En realidad, tengo algunas preguntas sobre cómo moriste…

 

____________________

 

—¡Y luego Fawkes nos sacó a todos de ahí! —Harry le relató a Sirius a toda prisa, sonriendo ampliamente.

Sirius dejó escapar un largo suspiro, luego habló. —Eso fue muy peligroso, Harry —dijo suavemente.

Harry frunció el ceño. —¡Tenía para salvar a la hermana de Ron ! ¡Eso es lo que hacen los amigos —gritó.

Sirius asintió. —Entiendo que sentiste la obligación de ayudar a tu amigo, pero deberías haber ido a un adulto-

¡Lo hicimos!  Te lo dije, fuimos a buscar a Lockhart…

—¡Un adulto con alguna experiencia real, Harry! Ruby y yo sospechamos que era un fraude, y te lo dijimos —dijo Sirius con firmeza—. Deberías haber hablado con alguien más.

Harry hizo una mueca. —¿Cómo Severus? —gruñó.

Sirius suspiró pesadamente. —Si él es la única manera en que entenderás, ¡! ¡Al menos te mantendría a salvo! Puede que no me guste, pero es un oponente fuerte e inteligente, le confiaría tu vida si fuera la única opción.

Los hombros de Harry se desplomaron. —Sólo estás diciendo esto por Ruby —murmuró con tristeza, mirando a la mesa—. Si no fuera por ella, me dirías lo valiente que soy, ¡que mi padre hubiera estado orgulloso de mí!

Sirius frunció el ceño ante eso. —Es posible que haya dicho eso el año pasado, pero Harry, ¡la verdad es que tu padre se habría enfermado al escuchar esto! ¡No tenías que ir a la Cámara! No era tu responsabilidad, ¡y casi te mueres! —Sirius tenía lágrimas en los ojos, se dio cuenta Harry—. ¡Harry, casi te pierdo! —susurró Sirius—. Y solo nos estamos conociendo, todavía no estoy listo para que te vayas. Me mataría perderte.

Harry se tragó el nudo que se había instalado en su garganta. —No quise asustarte —susurró—. Pero nadie más lo iba a hacer…

Sirius envolvió sus brazos alrededor de Harry. —¿Quieres saber un secreto? —susurró en el oído de Harry.

—¿Qué? —Harry preguntó en voz baja.

—Con mucho gusto perdería a Ginny Weasley en lugar de perderteti. Es egoísta, lo sé, pero no me preocupo por ella como lo hago por ti. Mantente a salvo, Harry. Recuerda, hay alguien esperando que regreses al final de cada año. Tienes un padre ahora. Hazme sentir orgulloso en otras formas, con buenas calificaciones y victorias de Quidditch, al igual que todos los otros niños, no por arriesgar tu vida, ¿bien?

Harry sorbió, limpiándose las lágrimas de su cara. —Está bien —estuvo de acuerdo.

Sirius le dio un último apretón y lo dejó ir. —Puedes ir a tu habitación y hacer lo que quieras, no te molestaré hasta la hora de dormir. Ruby vendrá a cenar mañana —le dijo después de que Harry se retiró.

Harry gimió.

Sirius sonrió. —También Remus —agregó.

—¡Yay! —gritó Harry, despertando a Walburga.

—¡Inmundicia! ¡Viviendo en la casa de mis antepasados!

—¡Sí, madre, lo sabemos! —Sirius se burló, caminando y cerrando las cortinas.

 

___________________

 

—Harry, si ya terminaste, ¿podría hablar contigo en el salón? —preguntó Ruby.

Harry miró a Remus suplicante, y el hombre hizo que se levantara. —Me uniré-

—No —Ruby dijo con firmeza—. Es privado. Sólo negocios omega —dijo firmemente, luego sonrió—. Sin embargo, aprecio que Harry sienta una afinidad contigo, pero la razón por la que quiero hablar con él está directamente relacionada con su género secundario, y podría avergonzarlo si hay alguien más allí. Por favor.

Remus suspiró, pero se relajó en su silla, y Harry lanzó una última mirada suplicante a Sirius antes de seguirla fuera de la habitación.

—A Harry realmente no parece gustarle, ¿es una buena idea dejarla hablar con él? —Remus le preguntó a Sirius.

Sirius asintió. —Ella ya me dijo de qué quería hablar, y es algo que él necesita escuchar. Y no me corresponde decirle cosas así, no me escuchará  —sonrió—. Después de todo, ¿qué sabría yoSoy un alfa.

 

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Ruby sentó a Harry en el sofá y se sentó frente a él, sosteniendo sus manos entre las suyas. —Sé que no soy tu madre, así que no es exactamente mi lugar ser la persona que tenga estas conversaciones contigo, pero no tienes a nadie más, y necesitas estar listo —dijo Ruby suavemente—. Con el tiempo, vas a tener un compañero y niños. Puede que no planees hacerlo ahora, pero eres un Omega, y sucederá . Sirius está en un lugar peculiarmente complicado, sin un compañero, tratando de criar a un niño. Especialmente un niño omega. Tiene que ser tanto el padre criador  como el protector, cuando solo tiene experiencia con un rol, porque siempre esperaba tener un compañero para asumir el primer rol. 

»El mejor consejo que puedo darte es este: no lo hagas demasiado difícil para él. Está aprendiendo, y por las cosas que me contó sobre tu infancia hasta ahora, tú también estás aprendiendo. Eres tan nuevo en tener un padre amoroso como él lo es en ser uno. Va a ser difícil, pero ninguno de los dos tiene que hacerlo solo ahora que estoy aquí —aseguró, con sinceridad.

—Tuve una infancia feliz y saludable que me preparó para el éxito en todos los sentidos, y quiero compartirla contigo, quiero eso más que nada. Pero tienes que encontrarte conmigo a medio camino, Harry, y déjame enseñarte a ser lo que la Sociedad Matriz espera que sea un Omega: quien que cuida a los demás. No me disgustas, y no quiero que me desagrades. Puedo darte todas las herramientas que necesitarás para criar hijos que crecerán felices y bien adaptados, si me lo permites. ¿Podemos acordar intentarlo, al menos? —preguntó ella, apretando sus manos.

Harry suspiró. —Supongo que sí —dijo a regañadientes.

Ruby sonrió alegremente. —Eso no es un no, así que lo tomaré —dijo—. Ahora, en las cosas vergonzosas

—¡¿No fue eso?! —Harry gritó.

—Nop —Ruby dijo con una sonrisa brillante—. Calor —mencionó, apretando de nuevo las manos de Harry.

—Tengo unos años-

—Tal vez —añadió con simpleza—. Tal vez no. Puede afectar por primera vez a cualquier edad, de trece a dieciséis años, aunque es más común en los de catorce y quince años, y se repetirá cada tres meses hasta que estés embarazado, a menos que estés tomando supresores. El síntoma más común es la filtración de... Bueno, tu trasero, en ti —Ruby dijo, sonrojándose—. Además, te sentirás muy caliente, febril al principio, pero empeora cuanto más tiempo pasa, y solo un cierto tipo de poción o un nudo hará que la quemadura se detenga. 

»También hay un picor debajo de la piel, que generalmente comienza antes, pero puede pasar inadvertido, es sutil. Esos son los síntomas que he tenido, podrías experimentar más o no todos, no hay forma de saberlo, ya que todos somos diferentes, pero ahora tienes la oportunidad de ir reconociéndolo cuando suceda. Sé que las leyes son malas aquí, pero…  te deseo la mejor de las suertes, cuando entres en tu primer celo —dijo solemnemente—. Recuerda, si puedes llegar a los veinte, hay otras opciones además de tomar un compañero de inmediato. Una que tu hígado puede manejar, no son supresores, y puedo ayudarte a obtener algunos —relató—. E incluso si tienes una pareja, si están de acuerdo, todavía puedes tomar los supresores para evitar embarazos no deseados hasta que estés listo.

Harry se sonrojó. —Er, sí. Gracias.

Ruby sonrió. —Podemos volver con los demás, si lo deseas —dijo ella, levantándose.

—¿Puedo simplemente volver a mi habitación? —preguntó Harry, agregando mentalmente, «¿y morir?»

Ruby sonrió. —Por supuesto. Voy a darle tus excusas a los demás. Sé que es mucho para asimilar —dijo.

Harry se retiró tan rápido como sus piernas lo permitieron.

Ruby entró en el comedor con una pequeña sonrisa. —Me temo que Harry se ha retirado a su habitación y no volverá a bajar por un tiempo, tal vez toda la noche —informó a los dos hombres.

Remus frunció el ceño. —¿De qué exactamente hablaste? —preguntó.

Ruby sonrió. —De que puedo mostrarle cómo criar niños felices y ser un miembro de la sociedad bien adaptado, si me lo permite. Y qué esperar cuando llegue su calor —dijo ligeramente.

Remus se sonrojó ante la mención directa de un tema tan sensible. —Oh —musitó, nervioso.

Ruby recogió su copa de vino y tomó un pequeño sorbo, luego lo dejó, sonriendo. —Sí, oh, por supuesto —dijo con clara diversión—. Estoy dispuesta a hablar de ello con sinceridad, ya que en Francia el tema no es tan tabú. Los supresores están disponibles, para los adultos que los quieren y que, por lo demás, están sanos, y los trabajos harán concesiones para aquellos que optan por trabajar a través de sus ciclos. Se espera que los omegas tomen empleos más seguros, por supuesto, secretarías, enfermerías y panaderías, pero todavía trabajan mientras crían a sus familias.

Sirius sonrió. —Bueno, me alegro de que hayas dejado Francia, porque no sé qué haría sin ti —dijo.

Ruby se rió. —Te arrepentirías, tratando de educar bien a Harry, y cometerías algunos errores muy grandes, mientras te aseguras de que se convirtiera en una buena persona. Porque incluso si cometes algunos errores, tu corazón está en el lugar correcto  —dijo con ternura—. Cualquiera puede ver eso.

 

____________________

 

Harry abrió la ventana, dejando entrar al gran lechuza negra con un poco de asombro. —Hola —respiró—. ¡Dios mío, eres hermosa! —se dio cuenta de la carta atada a su pierna y se dispuso a quitarla mientras la lechuza lo observaba impasible. Harry sonrió ante el nombre escrito en el frente—. ¡Oh, debes ser Vinculum! —dijo con entusiasmo, reconociendo la escritura de araña de Severus. Harry suspiró—. Probablemente no me dejes tocarte, ¿verdad? —preguntó.

Vinculum lo miró con suspicacia durante un largo momento, luego bajó la cabeza hacia Harry. Hedwig gritó con curiosidad mientras Harry pasaba nerviosos los dedos por la cabeza de Vinculum. Entonces, Vinculum la miró, gritó en respuesta y se fue.

Harry sonrió, viéndolo irse. —Pájaro bonito, ése —le dijo a Hedwig, quien parecía mirarlo con furia—. No tan bonito como , por supuesto —enmendó.

Hedwig agitó sus plumas y procedió a ignorarlo mientras leía la carta de Severus.

 

 «Querido Harry

 

Ruby tiene razón, necesitabas que te dijeran qué esperar, sobre todo para tu propia seguridad, pero también para la seguridad de quienes te rodean. El calor puede llegar tan pronto como el próximo año, y debes estar listo para ello. Es poco probable que sea tan temprano, por lo difíciles que fueron tus primeros años, pero el trauma ocasionalmente acelera en lugar de obstaculizar el proceso, por lo que no hay manera de saber cuándo se presentará hasta que llegue el momento.

Ella tiene razón en que los supresores son legales, pero los únicos disponibles en Gran Bretaña se venden a través del Mercado Negro, y generalmente se mezclan con cosas que. en última instancia dañarán, tal vez incluso destruirán, tus órganos sexuales y casi seguramente te dejarán infértil. Por favor, asegúrame que no comprarás supresores de calor en el país. Los de Francia son seguros, pero no puedes tomarlos hasta que hayas madurado completamente, ya que dañan tu hígado con el uso repetido. Un médico no los recetará para un adolescente, sin importar su estatus de celebridad o la cantidad de ruego.

Finalmente he usado tu regalo de Navidad y tengo algo para ti que enviaré a través de Vinculum en tu cumpleaños. Era una poción delicada que nunca había intentado hacer antes, ya que requiere un caldero de oro para hacerlo, pero ahora he logrado hacer un solo lote y lo recibirás en una semana. Te dejaré hervir con curiosidad hasta entonces.

Con la diversión más profunda, me quedo,

Severus Snape.»

 

Harry suspiró con disgusto, sonriendo a pesar de ello mientras empujaba la carta. —Bastardo presumido —murmuró con cariño.

Hedwig gritó de acuerdo.

—Entonces, quiere que prometa no tomar supresores de calor locales —Harry sonrió—. Puede que piense que solo está cuidando de mí, pero sé la verdad: tiene la intención de hacer un uso de mis órganos sexuales. Él los quiere en condiciones óptimas. Simplemente no lo sabe conscientemente todavía —dijo con satisfacción.

—¡Harry, querido! —la voz de Ruby llamó desde abajo—, ¡tu amigo Ron está en el fuego.

Harry corrió escaleras abajo mientras Sirius luchaba con las cortinas alrededor del retrato de su madre otra vez. Corrió a la sala de recepción y sonrió a Ron. —Hola. ¿Qué pasa?

—¡Tienes que salvarme! —Ron habló con cansancio—. Déjame pasar el día allí. ¡No puedo soportar a Ginny por un segundo más! —suplicó.

Harry frunció el ceño. —¿Siri? —gritó suavemente.

—¿Sí? —Sirius asomó la cabeza en la habitación.

—¿Puede venir Ron por el resto del día? —preguntó Harry.

Sirius se encogió de hombros. —Ron puede venir por el resto del año, es un gran niño —habló más para sí—. Claro, invítalo cuando quieras. Solo déjale saber a Mipsy cuántos estará alimentando, eso es todo —dijo, saliendo de la habitación.

Ron sonrió ampliamente. —¡Gracias a Merlín! —sacó la cabeza del fuego y cruzó.

Harry le dio una palmada en la espalda. —¿Qué pasa con Ginny?

Ron se puso nervioso. —Ahora, no quiero que tomes esto de la manera equivocada, estoy feliz de que hayas salvado a Ginny y todo eso, pero… —se detuvo y se mordió el labio.

—¿Qué? —Harry presionó.

Ron suspiró. —Desde entonces, se ha vuelto insoportable. Se ha convencido a sí misma de que eres su Príncipe Azul, y aunque le dije que eras un Omega, ella todavía cree que algún día se casará contigo. Pase lo que pase.

Harry hizo una mueca. —¡Por favor, Dios, cualquier cosa menos eso! ¡No puedo salir, ocasarme con tu hermanita! No te ofendas, Ron, pero si ella es algo para mí, es una hermana. Una molestia que me sigue por todas partes.

Ron se rió entre dientes. —Pensé que te sentías de esa manera. Ahora sólo tenemos que convencerla.

—De todos modos, subamos a mi habitación, podemos hablar más libremente allá arriba —dijo Harry.

Entraron en la habitación de Harry y se sentaron en la cama de Harry. —Entonces, ¿alguna palabra de Malfoy desde la última vez que te habló? —preguntó Ron.

Harry negó. —No, si ha llegado al decidir el precio por su ayuda, está siendo muy estricto al respecto.

Ron se encogió de hombros. —Podría exigir favores sexuales. Muchos Sangre Puras ven el sexo como una herramienta de trueque —sugirió.

Harry hizo una mueca. —No veo que eso suceda. ¿No puedes olerlo? —interrogó.

—La mayoría de las betas son lo que los Alfas y Omegas llaman «nariz ciega». No recogemos los aromas como tú. ¿Por qué? ¿Es él un alfa? No me sorprendería, su padre lo es —dijo Ron a la ligera, quitándose la pelusa de los pantalones.

—No —Harry dijo suavemente—. Es un Omega.

Ron alzó la vista, impactado. —¡¿Estás seguro?! —preguntó en voz alta.

Harry lo hizo callar. —¡No despiertes a la señora Black! Pero, , huele a polvo para bebés, como hacen todos los omegas inmaduros. Severus dice «bebé», los Alfas huelen a pino, así que sé que no lo es. Además, tus hermanos desprendieron el mismo aroma hasta marzo, cuando se presentó su herencia.

Ron dejó escapar un suspiro. —Guau. Y él piensa que es tan bueno. No puedo esperar a verlo convertirse en la perra de alguien en unos años —dijo con alegría.

—Ron —dijo Harry rotundamente molesto.

Ron lo miró a los ojos y se estremeció. —Oh. Lo siento. Mala elección de palabras.

Harry suspiró. —Está bien. Supongo que necesito acostumbrarme a ello alguna vez —murmuró.

—No de  —mencionó Ron—. Puedo aprender a cuidar mi boca. Yo solo… quiero verlo derribado de unos cuantos escalones[1].

—Yo también —dijo Harry suavemente, luego se mordió el labio antes de continuar—: simplemente como que no. No podría disfrutar desmoralizando a un compañero Omega así. Está mal, no importa qué tan malvados sean.

 


 

[1] En referencia a su estatus.

Chapter Text

El día del cumpleaños de Harry amaneció brillante y soleado, y Harry abrió los ojos para encontrar a dos lechuzas sentadas en el alféizar de su ventana. Abrió la ventana y las dejó entrar.

Errol, cargando el regalo de los dulces de Ron —y algunos artículos de broma que los gemelos habían enviado—, aterrizó en la cama de Harry y lanzó un grito de dolor.

Harry puso los ojos en blanco, dejando que el búho descansara. Vinculum se sentó en el alféizar de la ventana imponentemente, mirando a Harry.

Harry sonrió. —Oye, muchacho. ¿Tienes algo para mí? —preguntó.

La lechuza extendió su pata, y Harry tomó el pequeño frasco con una nota adjunta.

—¿Adivina qué? —Harry dijo suavemente al pájaro, inclinándose hacia él—. Me voy a convertir en el compañero de tu maestro, ¿qué piensas de eso? Dice que no necesita uno, pero creo que sí. Alguien necesita cuidarlo, y él haría bebés maravillosos e inteligentes. No podemos dejar que el cerebro se desperdicie, ¿verdad? —murmuró alegremente.

Vinculum lo miró unos segundos más, luego se inclinó y frotó su cabeza contra la mejilla de Harry, acariciándolo.

Harry se quedó allí, boquiabierto, como la lechuza que Severus había descrito con un «mal genio» se frotaba contra su cara. Acarició el búho unas cuantas veces antes de que el animal se alejara y gritara. —Supongo que lo apruebas, entonces —dijo Harry, desconcertado, cuando Vinculum despegó.

Harry leyó la nota que estaba en la poción:

 

«Harry

Este es el Deseo del Corazón, y es una poción muy difícil de preparar. El frasco que estás sosteniendo debe contener tres sorbos, es decir, tres dosis separadas. Un trago antes de ir a la cama te permitirá vislumbrar cómo sería obtener el mejor deseo de tu corazón en ese momento. Espero que te resulte esclarecedor. Puedes descubrir un deseo que ni siquiera sabías que tenías. 

—Severus.»

 

Harry sonrió ampliamente. Iba a echar un vistazo a lo que era estar emparejado con Severus, ¡estaba seguro de ello! Dejó la poción a un lado para usarla antes de acostarse y luego fue a liberar a Errol de su carga. —Dejaré la ventana abierta para que puedas salir cuando estés descansado. Tengo que bajar a desayunar ahora —le dijo a la lechuza, saliendo de su habitación y bajando las escaleras.

Ruby se había quedado la noche, como la mayoría de las noches, y Harry asintió en saludo mientras tomaba su lugar a la mano derecha de Sirius, frente a ella.

—Buenos días, Harry querido. Feliz cumpleaños. Trece es un gran año. Hay una posibilidad de que puedas presentarte este año —ella le recordó.

Harry hizo una mueca. —Sí, estoy tratando de no pensar en eso —dijo.

Sirius lo miró mientras Mipsy servía el desayuno. —No pareces más viejo —comentó a la ligera—. ¡Todavía! ¡No todos los días un joven cumple trece años! —exclamó alegremente—. ¡Esto requiere un viaje a Diagon!

Harry sonrió. —¿Ya me compraste un regalo o lo compraremos mientras estamos fuera?

Sirius sonrió ampliamente. —¿Te gustaría una mascota? —preguntó.

Harry pensó en eso. —¿Qué sugerirías? —cuestionó suavemente.

—Bueno, podríamos conseguirte un gato, lo que sería aceptable llevar a la escuela… —comenzó a decir Sirius.

Harry hizo una mueca. —No soy parcial a los gatos —dijo, pensando en la señora Norris.

—O —continuó Sirius—, podríamos conseguirte una serpiente. Pero tendrías que esconderla de los maestros. Como eres un Hablante de Pársel, puedes decirle porqué tiene que esconderse. Los estudiantes pueden sentirse un poco incómodos al tener una serpiente en los dormitorios de Gryffindor, pero creo que confían en ti lo suficiente para estar bien con eso. Incluso si es venenosa —Sirius terminó con una sonrisa.

¿De verdad? —murmuró Harry con emoción—. ¡Eso sería increíble!

Sirius se rió.

—Ya veremos. Decidas lo que decidas, seguiremos manteniendo a la mascota aquí si demuestras que no eres lo suficientemente maduro para manejarla correctamente —dijo Ruby con firmeza—.  Pero estoy segura de que puedes manejarla. Demuéstrame que tengo razón —pidió.

Harry sonrió. —¡Lo haré!

—Bien —dijo Ruby alegremente—. Come tu desayuno, o nunca nos iremos.

 


 

Harry se detuvo afuera de los Artículos de Calidad para el Quidditch, mirando fijamente a la escoba más nueva.

La Saeta de Fuego.

Parecía cara, pero era hermosa, y Harry quería esa escoba.

Sirius se detuvo a su lado. —¿Ves algo que te guste? —dijo, mirando la escoba—. Ah, es una belleza, ¿eh?

Ruby suspiró. —Es hermosísima, pero Sirius, Harry ya tiene una escoba, y no ha perdido un partido en ella todavía. Él no necesita la nueva escoba. Vamos, ustedes dos —instruyó, agarrando a Harry por los hombros y alejándolo—, a la tienda de mascotas.

Sirius se inclinó para susurrar al oído de Harry. —Navidad. Quédate en Hogwarts.

Harry sonrió. Podría hacer eso. También le daría la oportunidad de darle a Severus un regalo de Navidad en persona.

Entraron en la Tienda de Animales y Harry se acercó a mirar a los gatitos primero. Eran lindos, pero él estaba más cautivado con los kneazles que tenían. Se agachó para acariciar a uno, y Ruby se rió. —¿Te gustan más de lo que esperabas? —preguntó ella.

Harry sonrió. —¡Los cachorros kneazle son realmente lindos!

Sirius le dio una palmada en el hombro. —Tu madre tenía un kneazle llamado Tambulan, era de un blanco puro. ¡Una vez apareciste en la nevera para llegar a él! ¡Apenas tenías un año! —recordó Sirius, riendo—. James estaba orgulloso como loco, ¡pero tu madre casi tuvo un ataque al corazón! Remus y yo estábamos allí en ese momento, solo pensamos que era muy gracioso.

Harry se rió un poco, pero dejó los kneazles y fue a mirar a las serpientes. Charló con todas ellas, sintiendo sus personalidades mientras Sirius se enorgullecía del raro talento de Harry. Harry finalmente se decidió por una Runespoor ya que, en su mente, tenía tres mascotas en una, ya que todas las cabezas tenían personalidades diferentes.

La Runespoor era naranja con una sola franja negra sobre cada cabeza que se unía mientras viajaba en línea recta por la espalda de la serpiente.

Llamaron al tendero y le explicaron que querían al Runespoor. Palideció y comenzó a ponerse un guante grueso, pero Harry lo detuvo. —La conseguiré —dijo, luego movió la tapa de la jaula y extendió la mano, diciéndole a la serpiente de un treinta centímetros de largo que se envolviera alrededor de su muñeca y brazo.

El tendero casi se desmayó al escuchar a Harry hablar con la serpiente, pero caminaron de regreso a la parte delantera de la tienda y el comerciante pálido les vendió una jaula por la serpiente, explicando que la raza que la tienda vendía era una raza pigmea y la serpiente no crecería más que otros treinta centímetros.

Harry sonrió al escuchar eso. —¡Genial! ¡Es del tamaño ideal para un viaje! —dijo con entusiasmo.

Sirius pagó por la serpiente, luego se volvió hacia Harry. —Vas a crear o encontrar un antídoto venenoso para ella y elaborar lo suficiente para al menos un frasco completo antes de llevar a esa serpiente a la escuela —dijo con firmeza.

Harry frunció el ceño. —Eso suena sospechosamente como tarea —murmuró.

Sirius sonrió. —Se llama pragmatismo. Practícalo —aconsejó.

Harry puso los ojos en blanco.

»Y no pongas los ojos en blanco —añadió Sirius detrás de él.

—¡Ni siquiera pudiste ver mis ojos! —protestó Harry.

—El giro de tus ojos fue evidente en la postura de tus hombros —le informó Sirius mientras Ruby se reía suavemente.

Harry resopló. —Sí, Siri. Prepararé un antídoto —dijo al hombre con cansancio.

Sirius se rió entre dientes. —Te alegrarás de haberlo hecho si alguna vez muerde a alguien.

—La única cabeza que mordería sería la crítica, y solo morderá a un idiota —murmuró Harry.

—¿Qué? —preguntó Sirius.

Harry sonrió. —Nada. Voy a nombrar sus cabezas individualmente. Sinester. —Señaló al planificador, que se pavoneó bajo la atención—. Dexter —señaló a la derecha, que abrió su boca para mostrar largos y malvados colmillos—. Y Centrum —señaló al soñador, que se levantó y le frotó el dedo, buscándolo perezosamente. Sonrió, acariciando la cabeza del medio, que era la única hembra de las tres.

Compraron algunos ratones para alimentar a la Runespoor y salieron de la tienda, dirigiéndose a un punto de aparición.

Tan pronto como llegaron a casa, Harry se dirigió a su habitación. Antes de que llegara allí, Sirius gritó—: ¡He invitado a Ron, a los gemelos y a Remus a cenar esta noche!

Harry aplaudió cuando abrió su puerta y entró. Se sentó y escribió una nota rápida a Severus.

 

«Severus, 

De acuerdo, ¡algo  muy emocionante  acaba de pasar! Sirius me consiguió una mascota para mi cumpleaños!

Solo es una especie de Runespoor pigmeo, y necesito preparar un frasco de antídoto antes de que empiecen las clases o ¡no podré llevarla a Hogwarts conmigo! ¿Puedes ver si hay un antídoto en alguno de los libros que tienes que pueda funcionar? Tú  sabe s que no soy lo suficientemente bueno en pociones para llegar a uno por mi cuenta, ¡y realmente quiero mostrarte la serpiente!

Esperando me puedas ayudar,

—Harry Potter.»

 

Envió la carta con Hedwig y se dirigió escaleras abajo. —Necesito algunos libros de pociones —le dijo a Ruby, antes de buscar en la biblioteca unos cuantos y llevarlos a su habitación para fingir que los miraba.

Después de todo, Sirius nunca había dicho que tenía que idear el antídoto sin ayuda.

 


 

 

—¡Genial! —dijo Fred, inclinándose sobre el hombro de Harry para ver a la Runespoor mejor—. ¿Podemos obtener un poco de veneno para nuestros productos? —preguntó con entusiasmo.

Harry rio. —¡Diablos, no! ¡No voy a meterme en problemas porque ustedes dos decidieron experimentar con veneno de Runespoor! Esa mierda es potente, ¡podrías lastimarte! ¡Me niego a ser la razón por la que otro Omega está muerto! Ya somos pocos de nosotros —declaró.

George suspiró. —Bien. Tratamos de no usar muchos ingredientes fatales, pero a veces las bromas requieren un elemento de riesgo —señaló.

Harry sonrió. —Lo entiendo, pero busca veneno en otra parte. Podría indicarte la dirección de cierto Maestro de Pociones en Hogwarts, si lo deseas —bromeó.

Fred sonrió y puso un brazo sobre su hombro. —Harry, compañero-

George tomó el otro hombro. —Sabes que él es solo…

—Dulce contigo, ¿verdad? —terminó Fred.

George se encogió de hombros. —Él nunca nos daría la hora del día.

Ron resopló. —Eso es solo porque él les tiene tomada la medida.

Fred frunció el ceño. —¡Oi! ¡Se necesita un hombre singular para reconocer la grandeza que hay antes de que llegue!

George asintió de acuerdo. —Eso es lo que hace, Fred. Y Severus puede ser inteligente.

—¡Pero él es solo un genio con pociones, no en los negocios! —terminó Fred.

Ron puso los ojos en blanco. —Bien, lo olvidé. Ustedes son empresarios, ahora.

—¡Joder, correcto! —George estuvo de acuerdo.

Harry se sentó en su cama, mirando a sus amigos deambulando por su habitación. George estaba mirando sus carteles, pinchando a los muggles para intentar que se movieran, y Fred estaba viendo a los Runespoor dando vueltas mientras el planificador (Siniestro) y el soñador (Centrum) discutían qué iban a hacer cuando llegaran A La Escuela, mientras que el crítico (Dexter) hizo comentarios sarcásticos sobre todo lo que dijeron. Ron estaba mirando las fotos que Harry había dibujado. No era muy bueno, pero tenía algo que hacer cuando se aburría.

—Imbéciles sangrientos, los dos —murmuró Ron.

Fred resopló. —No estaría tan seguro de eso, Ronniekins. ¡La gente ya está comprando nuestras cosas, solo necesitamos expandir nuestro mercado, eso es todo!

Harry suspiró. —Entonces, ¿serán los primeros Omegas en iniciar un negocio? —preguntó, con una pequeña sonrisa en su rostro—. Me gusta la idea.

Ron gimió. —No los alientes —rogó.

Harry sonrió. —Vete a la mierda —dijo con cariño, empujando a Ron—. Necesitamos más omegas con negocios y trabajando.

Fred y George aplaudieron y se lanzaron sobre Harry, arrollando por poco al pobre Runespor, que siseó con agitación. —¡Tenemos el respaldo de Harry Potter! ¡Nuestras vidas están completas!

 


 

 

Harry estaba sonriendo alegremente, tal vez incluso un poco tonto, mientras Remus se dirigía hacia la puerta. Le habían permitido una copa de vino con su comida («Es vino, no Whiskey de Fuego». Sirius le había dicho a Ruby cuando protestó), y Sirius pudo haber agregado un poco más a su copa cuando Ruby fue al baño. Harry estaba cálido y ligeramente mareado por el vino, pero Ruby parecía haber renunciado a esa pelea.

—Solo no dejes que beba fuera de la casa —Ruby murmuró contra los labios de Sirius mientras envolvía sus brazos alrededor de su cuello justo en el dintel de la puerta—. Los omegas que están intoxicados están especialmente en riesgo —dijo en voz baja.

Sirius tarareó. —No lo haré. Una bebida o dos con la cena no lo van a matar. ¡Mira, está con el mejor humr que lo he visto en días! —declaró.

Harry zumbó y bostezó. —Estoy cansado. ¡Buenas noches, Siri! ¡Ruby! ¡Nos vemos mañana! —dijo casi arrastrando las palabras, mientras subía las escaleras para ir a la cama.

Agarró la poción de Severus de la mesita de noche y la contempló por un momento, luego la abrió y tomó un sorbo. Volvió a dejarlo y se acurrucó en sus mantas con una sonrisa.

 


 

 

Harry estaba en los aposentos de Severus, haciendo su trabajo escolar. Era consciente de que estaba en un sueño, lo cual era inusual, pero se lo tomó con calma.

Severus salió del baño en nada más que una bata y le sonrió. —¿Ya casi terminaste? Quiero tu cuerpo en mi cama esta noche, y no en las primeras horas de la mañana, cuando todo lo que tienes es ganas de dormir. —El hombre caminó detrás de él, dejando que sus dedos pasaran por la parte posterior del cuello de Harry, causándole escalofríos. Se agachó y susurró al oído del omega—: quiero probarte.

Harry tragó saliva y sintió que se humedecía en lugares donde la humedad no tenía nada que hacer, hasta que recordó: «Oh, cierto. Un Omega adulto puede producir humedad cada vez que se excita». Sonrió. —Esto puede esperar hasta mañana —respondió, dejando a un lado el ensayo y arrastrando a Severus al dormitorio.

Severus gruñó y empujó a Harry de nuevo en la cama. —Desnúdate —ordenó en voz baja, con los ojos devorando ávidamente lo que podían ver de Harry.

Harry sonrió y se quitó la camisa, luego los pantalones. Dudó con sus bóxers, sintiéndose repentinamente muy tímido.

Todo Harry —insistió la voz de Severus.

Harry se sonrojó y se quitó los bóxers, empujándolos fuera del borde de la cama con su otra ropa.

Su pequeña polla estaba erecta, y su agujero estaba mojado. No tan húmedo como probablemente se pondría durante el calor, pero aún así, había una clara humedad allí.

Severus dejó escapar un largo gruñido, inclinándose para oler con bastante obviedad el área de la ingle de Harry.

«¡Oh, Dios, me está oliendo! ¡En la forma en que solo lo hacen los compañeros enlazados 

Harry había leído sobre el concepto de aroma íntimo, pero no era algo con lo que todas las parejas se sintieran cómodas. Era muy, bueno, íntimo, y el libro había dicho que, si bien todos los compañeros se dedicaban a percibir las feromonas de su amante del cuello y las muñecas —lo cual también era realizado por familiares y amigos cercanos, además de los compañeros—, el olfatear en un lugar tan íntimo era algo que muy pocos compañeros hacían.

Harry sintió a Severus agarrar sus caderas y guiarlo sobre sus manos y rodillas. Separó las mejillas de Harry, exponiendo el agujero del omega sus ojos ansiosos. Se inclinó y Harry contuvo el aliento.

Solo para despertar con la brillante luz del sol que entraba por sus cortinas. —¡Maldita-jodida-sea! —murmuró.

Hedwig estaba golpeando el cristal. Harry sonrió y se levantó para leer la respuesta de Severus.

 

Chapter Text

—¿Estaba realmente Remus hablando de enseñar en Hogwarts este año, o lo soñé? —preguntó Harry en el desayuno al día siguiente.

Ruby sofocó una carcajada. —Te dije que no lo dejaras beber, Sirius. Mira lo que pasa.

Sirius también se rió un poco.

Harry se sonrojó. —¿Y bien? —presionó.

—Sí, Harry, va a ir a Hogwarts este año. Como un favor personal para Dumbledore, porque no puede encontrar a nadie más —respondió Sirius.

 —¡Brillante! —declaró Harry, tomando una cucharada grande de avena endulzada con miel—. Entonces, ¿cuándo vamos a comprar los útiles escolares?

Sirius sonrió. —De hecho, tu lista acaba de llegar hoy. Podemos irnos ahora, si realmente quieres.

—Después del desayuno —Ruby amonestó suavemente—. Necesitan comer primero.

Sirius se sonrojó y agachó la cabeza. —Correcto. Después de que comamos.

—Harry —llamó Ruby, volviendo su mirada hacia él, la mano aún apretada con la de Sirius—. Queríamos hablar contigo hace unos días, pero no queríamos arruinar tu cumpleaños hablando sobre asuntos de adultos hasta que pasara. Los últimos días de julio son todos para ti y lo respetamos, pero ahora es agosto y tenemos una pregunta para ti.  Bueno, dos, sinceramente.

Harry asintió. —Bien.

Ruby se sonrojó. —Sirius y yo hemos decidido que es hora de que me mude oficialmente y nos enlacemos. Mordeduras y todo. ¿Estás de acuerdo con eso?  —preguntó ella—. Significaría compartir a tu padre alfa con otro Omega, y eso a veces puede ser difícil, a menos que te guste el otro Omega lo suficiente como para aceptarlo como parte de tu familia sin problemas.

Harry tragó un gran bocado de avena. —No me importa. Aunque no sé si podría aceptarte tan fácilmente como lo acepté a él al principio.

Ruby sonrió. —Para eso es el olor, querido. Los miembros de la familia se olfatean mutuamente como una forma de asegurar que estamos cerca y que cuidaremos de ti. Si queremos saber si esta será una transición fácil o no, tendríamos que perfumarnos mutuamente. 

»Lo ideal sería que oliera como a hogar, y tú olerías como a mi hijo, lo que provocaría que mi instinto maternal se pusiera en primer plano cuando captara tu olor. Los omegas que son padres pueden oler una pizca del verdadero aroma del niño detrás de su aroma antes de la presentación, y eso es lo que estaría buscando —explicó—. Solo se buscaría que obtuvieras seguridad y pertenencia con mi esencia.

Harry asintió. —Está bien, podemos intentarlo.

Ruby respiró hondo. —Y si todo va bien con eso, queríamos saber si te importaría quedarte en Hogwarts durante las vacaciones de invierno. Queremos compartir un calor e intentar tener un hijo, y el mejor momento para eso sería al final de diciembre, ya que el calor no se activará hasta que haya pasado al menos dos meses sin los supresores.

Harry los miró, por una parte feliz por ellos y por otra sintiéndose un poco fuera de lugar. —Oh.

Los ojos de Ruby se suavizaron. —Harry, no estamos tratando de reemplazarte.  Ambos te amamos. Sólo queremos otro niño alrededor. No te quitaremos nada, y aún tendrás tiempo para estar a solas con nosotros ya que uno estará contigo, mientras que el otro cuidará al bebé por un tiempo.

Harry asintió. —Supongo que eso está bien.

Ruby se levantó y extendió los brazos. —¿Te gustaría probar nuestra compatibilidad como familia? —preguntó.

Harry se puso de pie y se movió a sus brazos, sintiendo que ella lo envolvía. Él inclinó su cara hacia su cuello e inhaló, escuchándola hacer lo mismo con él. Olió su cálido aroma a pastel de manzana, y también una pizca de pan horneado, y un sentimiento de pertenencia se apoderó de él mientras lo respiraba profundamente. Harry se relajó en su agarre.

Ella suspiró felizmente. —Puedo olerte —dijo en voz baja, con un sonido de alegría—. Está apenas allí, pero definitivamente eres tú.

Sirius se levantó y envolvió sus brazos alrededor de ambos y Harry sintió que las lágrimas pinchaban sus ojos mientras inhalaba profundamente. «Olía a familia».

 


 

 

Harry entró en el laboratorio con el Libro de Pociones en Lengua Pársel en manos, la nota de Severus con la receta anti veneno escondida dentro.

Instaló un caldero y comenzó a preparar los ingredientes que necesitaría. Revisó la receta por última vez, y comenzó a elaborar el brebaje.

Tenía que concentrarse, ya que la poción era una más complicada, pero un Runespoor pigmeo tenía un veneno muy potente, por lo que, por supuesto, el antídoto sería una mezcla intrincada. Trabajó en aplastar el colmillo de Runespoor mientras se calentaba el agua, y tan pronto como terminó, limpió el mortero y agregó el bezoar que pedía la poción.

Mientras se mantuviera en la tarea, solo tendría que hacer esto una vez para obtener tres viales de anti-veneno. Y la nota de Severus decía que durarían durante un año.

Harry sonrió. Incluso con el trabajo adicional, estaba muy contento de tener la serpiente.

 


 

 

Harry terminó de llenar el último frasco y dejó escapar un suspiro de alivio. —¡Y listo! —se dijo a sí mismo.

Agarró los viales aún calientes y salió del laboratorio. —¡Terminado! —anunció.

Sirius lo encontró al pie de la escalera. —Bueno. Vamos arriba y probemos —dijo.

—¿Probarlo? ¿¡En qué?!  —preguntó Harry, siguiéndolo escaleras arriba.

Sirius sonrió. —¿Qué tan seguro estás de que va a funcionar? —preguntó.

Harry se mordió el labio. Confiaba en Severus completamente, y el hombre había dicho que funcionaría. Harry sabía que lo había preparado perfectamente. —El cien por ciento —dijo con firmeza, cuadrando los hombros.

—Entonces lo probaremos en ti.

—¡¿En mí?! —preguntó Harry con voz más alta de lo normal—. ¡No quiero que me muerda Dexter por la ciencia! —exclamó.

Sirius se rió. —Relájate. —Levantó un frasco—. Este es un anti veneno de uso múltiple, lo compré ayer antes de que te compráramos la serpiente. Ahí era donde estaba yo, mientras que Ruby y tú obtenían helado.

Harry sonrió. —Ahh. Debería haber sabido que tendrías una buena razón para perderte un helado —bromeó.

 

Sirius sonrió. —De todos modos, esto debería funcionar si el tuyo no lo hace, y ya que tu serpiente es una pigmea, tengo tres minutos para administrarlo —dijo, abriendo la puerta de la habitación de Harry.

Harry se encogió de hombros. —Está bien. —Caminó hacia su cama, acariciando a cada una de las tres cabezas a su vez.

Dexter se apartó del toque. —No tengo ganas de que me toquen hoy —advirtió.

Harry sonrió y quitó la mano. —Bien. Puedo aceptar eso.

—Me gusta ser tocada. Acaríciame otra vez. —Centrum se apoyó en el toque cuando Harry le dio otra caricia.

Sinister solo miraba con leve diversión.

¿Te gusta ser acariciado? —Harry le preguntó.

Sinister parpadeó. —No tengo ninguna preferencia —dijo.

Harry se encogió de hombros. —Está bien, entonces. —Respiró hondo, colocando dos ampolletas de antídoto en la mesita de noche—. Dexter —dijo, sonando seguro y confiado—. Necesito que me muerdas.

La Runespoor levantó la cabeza derecha y Dexter lo miró a los ojos con una extraña intensidad. —Necesitas que yo... te muerda —repitió con una ligera incredulidad—. Mi veneno es mortal, ¿te das cuenta? —comprobó.

Harry asintió. —Lo sé. Necesito probar un antídoto, y si no funciona, tenemos una copia de seguridad que definitivamente lo hará. Pero aún así, trata de no usar toneladas de veneno, ¿de acuerdo?

Dexter asintió. —Puedo hacer eso. 

Harry tragó saliva, extendiendo su mano, y Dexter mordió la parte carnosa en la base del pulgar. Harry hizo una mueca. Abrió el frasco de antídoto que aún sostenía y lo bebió cuando una sensación de ardor comenzó a extenderse por la herida de la mordedura.

La sensación de ardor se disipó de inmediato, y Harry sonrió ampliamente. —Funciona —le informó a Sirius.

Sirius inclinó su cabeza. —Supongo que sí —sonrió—. Sabía que eras un niño inteligente. ¡Tu calificación de Pociones mostraba que serías capaz de hacerlo, ¡y lo hiciste! Más rápido de lo que esperaba, incluso —dijo con orgullo.

Harry sonrió. —Bueno, tenía una buena motivación.

Sirius asintió. —Y lo lograste. Voy a volver abajo por un tiempo —anunció.

Harry se tendió en su cama, dejando que la Runespoor se deslizara sobre su mano mientras se dirigía hacia su cara. —Está bien, Siri. Podría tomar una siesta —dijo distraídamente.

Sirius sonrió y cerró la puerta detrás de sí.

Harry tomó la botella de «Deseo del Corazón», mirándola, considerando sus opciones. Solo tenía dos dosis más, y él realmente no quería usarlas todas a la vez, pero realmente quería saber cómo se sentía tener intimidad con Severus, ¡y se había acercado tanto la última vez!

Suspiró y volvió a dejar la botella. «Debería buscar la poción», pensó. «Tal vez ni siquiera sea posible experimentar sensaciones que nunca antes haya sentido bajo los efectos de esa poción». Sabía que algunas pociones que provocaban fantasías o visiones tenían ese efecto.

Se levantó y entró en la biblioteca, buscando la poción del deseo del corazón con el hechizo que iluminaría los libros que contenían esas palabras.

Cuatro libros se encendieron, y Harry bajó «Pociones del Ciervo» y lo abrió. Era un libro más antiguo, pero la poción en sí también era bastante antigua.

Encontró el pasaje de la poción y lo leyó, luego suspiró profundamente. —Maldición —resopló, cerrando el libro.

No iba a poder experimentar ni siquiera el pseudo-sexo con Severus. Cada vez que se aventuraban en un territorio desconocido, se despertaba. La poción podía simular expresiones, emociones y palabras, pero no podía producir nada de lo que no tuviera experiencia, por lo que los vírgenes no podían experimentar el sexo bajo sus efectos.

Resopló de nuevo. —Aprecio el sentimiento, Severus, pero ese regalo es una broma horrible —murmuró, devolviendo el libro y dirigiéndose a su habitación.

Se sentó en su escritorio y comenzó a dibujar a Vinculum de memoria. —Si vuelvo a hacerlo, querré aparearme aún más con Severus, ya que, el vistazo que obtuve parecía muy agradable —murmuró a Hedwig.

Se centró en su dibujo y se desconectó del resto del mundo.

 


 

 

—¡Dos días más para la escuela, dos días para hasta la escuela! —canturreó Harry, bailando alrededor de Sirius mientras abría la puerta para dejar entrar a Remus.

—Harry, realmente, aprecio que estés emocionado, pero este no es realmente el lugar para… —Sirius se cortó cuando Walburga comenzó a chillar de nuevo justo cuando la puerta se cerró detrás de Remus.

—¡Sangres sucia y traidores de sangre ensucian mi casa! —Ella vio a Remus, y gimió de nuevo—. ¡Criaturas invaden mi refugio! ¡¿Qué es lo que sigue en este cruel mundo?!

Sirius gruñó. —Eres un verdadero acto de escolr ¿lo sabías? —le preguntó al retrato mientras tiraba de los cortinas para cerrarlas.

Harry agarró a Remus. —¡Vienes a Hogwarts conmigo! ¡Estoy tan emocionado! ¿Cómo planeas llegar? —peguntó.

Remus se rio entre dientes. —Bueno, estaba pensando aparecerme, directo en las puertas. ¿Por qué?

Harry frunció el ceño. —Supongo que eso tiene sentido —admitió, un poco molesto.

Remus sonrió. —No tengo que tomar el tren, Harry, realmente no hay necesidad. Si hubiera algún peligro presente, estaría en ese tren contigo en un instante. Pero no lo hay.

—Podré visitarte algunas veces después de clases, ¿verdad? —preguntó Harry.

—Por supuesto que puedes —aseguró Remus con una sonrisa—. Me encantaría invitarte a tomar el té o simplemente charlar.

Harry le sonrió, finalmente dejándolo ir para que pudiera moverse de la entrada. 

—¡Genial! También tengo que encontrar tiempo para Severus, su amistad significa mucho para mí, ¡pero realmente disfruto de tu compañía también!

Remus se rio entre dientes. —¿Y Severus sabe que lo llamas por su nombre? —bromeó.

Harry asintió. —Oh, sí —dijo a la ligera—. Fue él quien lo sugirió, cuando me quedé con él. Somos amigos, después de todo. Simplemente tiene sentido.

—Supongo que cuando lo pones de esa manera, lo tiene —dijo Remus, asintiendo.

 —Vamos a comer pastel Shepherd[1] para la cena —dijo Harry con entusiasmo.

Remus sonrió. —Tu favorito —mencionó—. ¿Cuál es la ocasión?

Harry se encogió de hombros. —Mipsy solo me quiere, supongo.

—Porque eres malditamente lindo para tu propio bien, por eso —dijo Sirius, empujándolo en el costado.

Harry sonrió. —¡Eso no es algo malo! —le respondió, divertido.

—Nunca dije que fuera malo, solo que es un hecho —replicó Sirius.

Harry puso los ojos en blanco.

—No hagas eso, un Lord no pone los ojos en blanco — le dijo Sirius.

Este Lord lo hace —Harry apuntó, luego subió las escaleras—. Bajaré en una hora para la cena —avisó, subiendo las escaleras.

—¿Qué acaba de pasar? —Sirius le preguntó a Remus.

Remus se rió entre dientes. —Dejaste que escapara de la conversación. Muy suave. No puedes hacer nada al respecto ahora, solo vamos a tomar algo —dijo con calma, guiando a Sirius a la sala.

 


 

 

Harry y Ron estaban sentados con los gemelos en el tren cuando la puerta fue abierta por un Draco de aspecto inquieto. —Potter, he decidido lo que quiero a cambio de ayudarte a actuar como un Lord apropiado —le informó a Harry.

Harry le indicó que entrara. —Entra, entonces, únete al compartimiento de Omegas y háblame.

Draco se sonrojó ante el recordatorio de lo que era. —Bueno, quiero protección. Hay varios Alfas en Slytherin, y no estoy seguro de querer que ninguno de ellos sea mi compañero—dijo.

Harry frunció el ceño. —Así que quieres que… ¿Qué, exactamente?

—Protección de tu parte cuando llegue mi calor para poder llegar al Ala de Hospital de manera segura. Es un largo camino. Necesitaré una forma de avisarte cuando llegue, para que puedas contactarme.

Harry asintió. —Bueno, puedo preguntarle a Remus si él podría enseñarnos a conjurar a nuestros Patronus. Pueden llevar mensajes de ida y vuelta, y es totalmente seguro —le sugirió al rubio.

—¿Remus…? —Draco frunció el ceño.

—Lupin —Harry respondió—. Es un amigo de la familia, y enseñará en Hogwarts este año. Él podría enseñarnos, y tiene una debilidad por Omegas, por lo que no cuestionará nuestro razonamiento.

Draco asintió. —Bien. Cuando ingreses a la Sala Común de Slytherin, solo necesitaré que me saques y me subas al Ala del Hospital. Una vez que esté en una sala de cuarentena, consideraré cualquier deuda acumulada pagada en su totalidad —dijo—. Después de la primera vez, debería poder decir cuándo vendrá mi próximo calor, o al menos intentar cronometrarlo.  Deberían ser cada tres meses, así que espero que mi ciclo sea fácil de resolver.

Harry sonrió. —Si me necesitas de nuevo, aún podrás llamarme. Los omegas necesitan mantenerse unidos. Estoy dispuesto a ayudarte siempre que lo necesites, siempre y cuando dejes de ser un pequeño imbécil conmigo y con mis amigos —dijo con seriedad.

Draco observó a los pelirrojos que lo rodeaban, luego suspiró. —Bueno, supongo que los Pura Sangre siguen siendo Pura Sangre. Simplemente no añadas más Nacidos de Muggles que no puedan manejar nuestra forma de vida. Eres demasiado poderoso para hacer amigos con personas que quieren cambiar la forma en que vivimos. Funciona para nosotros.

Harry sonrió. —Puedo ver eso ahora. No te preocupes, voy a dejar a Hermione detrás de mí con seguridad.

—Entonces supongo que todos podemos aprender a llevarnos bien, si debemos —dijo Draco con ligereza.

 


 

[1] Pastel de carne de cordero con puré de papas. Es tradicional en celebraciones.

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Harry susurró la contraseña de las cámaras de Severus y se asomó.

—Hola, mi irritante favorito —dijo Severus desde su escritorio—. Veo que has vuelto para plagarme por otro año.

Harry rió y entró, cerrando la puerta detrás de él. —Sabes que me amas.

Claramente no fui informado de este progreso. ¿Amor, dices? —Severus soltó las palabras.

Harry asintió y sonrió ampliamente. —Oh sí. Absolutamente me adoras. Anhelas mi presencia cuando no estoy aquí —le informó feliz al hombre.

Los labios de Severus se curvaron hacia arriba solo un poco. —Ya veo. ¿Cuáles son tus planes para esta noche? Parece que no has traído tu bolso, así que asumo que la tarea no está en la agenda —dijo, levantándose y caminando hacia el sofá.

Harry se sentó a un lado y se quitó los zapatos, acurrucándose arriba sus pies. —No esta noche. ¿Remus dijo que le estarías preparando una poción mientras enseñaba aquí?  —preguntó conversando.

Severus sonrió, sentándose al lado de Harry. —Ah, sí. Casi olvido que él y Black eran amigos. Sí, le estaré preparando la poción de Matalobos mientras él enseñe aquí. Es una elaboración difícil, y debe tomarla todas las noches durante una semana antes de la luna llena, pero esto lo volverá inofensivo durante la transformación, y es probable que solo duerma durante el transcurso de la misma —comentó.

—Me alegra que estés dispuesto a hacer eso por él. Es amable de tu parte —le dijo Harry.

Severus suspiró. —No lo hago por su bien. Es parte de mi trabajo proporcionar pociones a al personal que las requiere —le dijo al niño.

Harry sonrió ampliamente. —Aun así, no todos estarían dispuestos a hacer eso —señaló.

—Lo que sea, Harry. ¿Hay alguna razón por la que estés aquí, además de eso?

Harry asintió. —¡Nunca vas a creer lo que está pasando con Malfoy este año! Llegamos a un acuerdo…

 


 

 

—¡Y él dijo que podía ayudar! —Harry le dijo a Remus con entusiasmo.

Las cejas  de Remus se levantaron. —Me resulta difícil creer que tienes la suficiente habilidad a tu edad para elaborar Matalobos —dijo suavemente.

Harry se encogió de hombros. —Bueno, no, pero puedo ayudar a preparar los ingredientes. Lo que todavía es importante —señaló.

—Lo es. —Remus estuvo de acuerdo—. Mi error.

Harry sonrió. —Si pudiera hacerla yo mismo, la haría, pero Severus dice que es complicada, así que es mejor que no lo intente todavía. Eso se traduciría en problemas.

Remus dejó una taza de té frente a Harry. —Entonces, ¿dijiste algo sobre un favor que querías pedirme? —le recordó al excitado adolescente.

Harry tomó un sorbo de té y asintió. —Cierto. Bueno, mira, Draco Malfoy también es un Omega, y pidió mi protección para cuando su primer calor haga acto de presencia para llevarlo a la enfermería del hospital de manera segura. Pero necesita una forma de contactarme desde donde sea que esté cuando el celo haga acto de presencia, y pensamos que podrías enseñarnos a enviar a nuestros Patronus con mensajes —informó—. Por supuesto, primero tendríamos que aprender a lanzar el Patronus, pero esto es importante, por lo que estamos dispuestos a darlo todo, si estás dispuesto a enseñarnos.

Remus miró a Harry fijamente, y Harry se sentó en silencio mientras Remus consideraba la solicitud. —Bien —dijo finalmente—. Haré mi mejor esfuerzo para enseñarles. Pero ten en cuenta que es magia muy avanzada, y podría ser difícil de aprender —señaló.

Harry asintió. —Lo sabemos, pero creo que ambos seremos capaces de hacerlo. He estado intentando desde que me mudé con Sirius, y estoy mejorando. Puedo producir un escudo  ahora, pero sé que debe tener una forma de animal para llevar un mensaje.

Remus asintió. —Sí, eso es cierto. Bueno, la próxima semana es la que lleva a la luna llena, y supongo que querrás trabajar con Severus.

Harry sonrió y respondió—: definitivamente.

—Así que programaremos nuestra primera lección de Patronus para el fin de semana después de la luna llena. ¿Quieres decírselo al señor Malfoy, o debería hacelo yo? —preguntó Remus.

Harry ladeó la cabeza. —Puedo enviar un búho escolar con una nota para él —mencionó—. Nadie sabrá que fui yo.

—Está bien, hazlo. Nos reuniremos ese sábado, a las siete en punto. Eso nos dará unas horas antes del toque de queda —le dijo Remus.

Harry sonrió. —Gracias, Remus. Realmente aprecio esto —dijo alegremente.

Remus sonrió. —De nada. Estoy feliz de ayudar.

 


 

 

—¿Y tiene que tomar esto por una semana completa antes de la luna llena? —preguntó Harry.

—Todos los días —confirmó Severus, luego le entregó a Harry un mortero con una pequeña piedra lunar—. Muele esto. Finamente —ordenó.

Harry se puso a trabajar, moliendo la piedra en gránulos que eran casi un polvo, pero no del todo.

Deslizó el mortero hacia Severus quien lo miró y asintió. —Buen trabajo. En un momento… —Severus levantó el mortero y observó la poción con cuidado, esperando algo. Tan pronto como la primera burbuja subió a la superficie, Severus tiró la piedra molida en la poción y la agitó siete veces en el sentido de las agujas del reloj, luego sacó la barra de agitación de la poción—. Ahora la dejamos reposar durante tres horas. Después de eso, agregaré el rocío de luna como estabilizador y estará listo para Lupin.

Harry sonrió. —Gracias por hacer esto por él. Estoy muy agradecido —dijo.

—No lo estoy haciendo por ti, presuntuoso cachorro. Lo estoy haciendo por Dumbledore. Como parte de mi penitencia —murmuró, dejando a Harry en sus habitaciones y colapsando en su silla con cansancio, cerrando los ojos.

Harry se sentó en el sofá, mirándolo fijamente.

Después de unos momentos de estar sentado allí con los ojos cerrados, Severus suspiró profundamente. —Puedo sentir tus ojos en mí, Potter. ¿Qué?

Harry se mordió el labio. —Te perdono, ya sabes. Por mis padres. Estoy bastante seguro de que Vol, lo siento, el Señor Oscuro, de todos modos los habría encontrado en algún momento. Y no podías haber sabido que la profecía era sobre mí —terminó, inquieto.

Severus abrió un ojo, extrañamente tocado por sus palabras. —Potter, tu perdón, por mucho que lo aprecie, no me exime de mis pecados. Poseo mucho más que la muerte de Lily y juré pagar por todos ellos. Puede que nunca termine con eso —admitió.

Harry se mordió el labio. —Oh. Bueno, de todos modos, yo no te culpo. Solo quería que lo supieras.

Severus sonrió un poco. —Gracias.

Harry se animó un poco. —Oye, ¿quieres algunos ingredientes valiosos de pociones? —preguntó, teniendo una idea brillante.

Severus se rió entre dientes. —¿No lo hago siempre? Dudo que pudieras ayudar a encontrar los realmente raros, por mucho que te guste pensar que eres increíblemente talentoso —añadió con ironía.

Harry sonrió. —Oh, pero soy increíblemente talentoso —declaró con seguridad—. Y sé dónde puedes conseguir veneno de basilisco, colmillos, escamas y sangre. Nadie más puede hacerlo sin mí, y ¿a quién más le daría la estúpida cosa?  —preguntó.

Severus se quedó inmóvil, mirando a Harry en silencio durante más de un minuto antes de decir—: ¿Estás seguro de que deseas regarlármelo? ¿no preferirías venderlos? Valdrían una fortuna  —murmuró.

—Son míos por derecho de conquista —dijo Harry simplemente—. Sirius me explicó eso después de que se calmó sobre todo el asunto de «arriesgar mi vida», y quiero dártelos, a ti —dijo seguramente.

Severus parecía desconcertado. —Pero… ¿por qué?

Harry se encogió de hombros. —Solo quiero hacerlo. Significas mucho para mí, y los usarás bien. Además, podrías usar el dinero de la venta para algo productivo. Tengo tanto dinero que no puedo gastarlo todo —explicó.

—Harry… no sé qué decir —dijo Severus en voz baja.

Harry le dio una pequeña sonrisa. —«Gracias» sería suficiente para mí —murmuró.

Severus soltó una carcajada. —«Gracias, Harry» —murmuró sedosamente—. No sé cómo expresarte cuánto significa esto para mí.

Harry se encogió de hombros. —¿Cuándo quieres ir a reunirlos? —preguntó.

—¿El sábado estaría bien para ti? —Severus preguntó con entusiasmo.

—Claro, si vamos por la mañana —dijo Harry felizmente—. Necesito regresar a la Torre antes del toque de queda, así que me iré ahora. Volveré el sábado por la mañana a las nueve.

—Estaré aquí —dijo Severus distraídamente. Harry podía decir que ya estaba usando los ingredientes en su cabeza.

 


 

 

—Y simplemente nos deslizamos hacia abajo —indicó Harry alegremente, antes de saltar a la tubería y deslizarse hacia abajo.

—¿Estás seguro de que no hay otra manera? ¿Una forma más limpia, tal vez? —Severus preguntó con disgusto.

—¡No! —Harry lo llamó felizmente—. Al menos, no he encontrado uno todavía —agregó.

Severus suspiró, pero saltó a la tubería, deslizándose hacia abajo. —Eso es asqueroso. —Se arrastró después, hechizando sus túnicas para limpiarlas.

Harry solo negó. —Tendrás que acostumbrarte. Es la única forma de entrar. Ah, y una cosa más: conocerás a mi mascota.

Las tres cabezas del Runespoor salieron del cuello de su camisa. La serpiente estaba envuelta alrededor de su cuello.

—Sus nombres son Sinister, Centrum y Dexter [1] —le dijo Harry a Severus, señalándolos mientras los llamaba.

Severus sonrió. —Oh, muy ingenioso —bromeó.

Harry se sonrojó. —Bueno, necesitaba darles nombres, y Sirius me sigue preguntando latín. ¡¿Me puedes culpar cuando el idioma se me viene a la cabeza primero? —resopló, luego se dirigió hacia el área bloqueada por el derrumbe—. Vamos a tener que mover algunas cosas.

Severus agitó su varita, y el derrumbe comenzó a enderezarse. —O podemos reparar el daño —dijo secamente.

Harry parpadeó sorprendido. —Bueno, sí, ¿pero eso no es mucha magia? —preguntó mientras se dirigían hacia la puerta de la cámara propiamente dicha.

Severus soltó una risa suave. —¿Por un basilisco? Vale la pena —dijo simplemente—. Además, no usaré ninguna magia para recolectar los ingredientes. Tendrá tiempo de reponerse mientras trabajo.  

Harry se encogió de hombros. —Supongo que eso es cierto —coincidió—. Mientras trabajas con la serpiente, voy a explorar, ahora que ya no estoy en peligro de morir.

Severus tarareó. —Bueno, ten cuidado —dijo.

Harry abrió la puerta con una orden en lengua pársel, y entraron.

Severus estaba parado justo en la entrada, mirando fijamente a la serpiente gigantesca. —¡¿Mataste eso?!  —jadeó—.  ¡¿Tú solo?!

Harry se sonrojó. —Bueno, Fawkes lo cegó por mí.

Severus frunció los labios. —Sin ojos. Lástima, pero prefiero tenerte, si tengo que elegir —le aseguró a Harry.

—Me alegra que te sientas de esa manera. También me gusta estar vivo —Harry estuvo de acuerdo—. Entonces, estaré aquí —dijo, caminando hacia la cabeza gigante de Salazar Slytherin—. En caso de que me necesites.

Severus sacó varias cajas de frascos que redimensionó. —Sí, bueno, trata de no meterte en problemas —pidió—. Y si encuentras algo que creas que puede ser peligroso o valioso, llámame antes de intentar tocarlo, ¿puedes hacer eso? —preguntó bruscamente.

—¡Claro que sí! —prometió Harry antes de ir a explorar.

Severus suspiró, sacudiendo la cabeza, antes de ponerse a trabajar, recogiendo ingredientes de la serpiente gigante.

Harry se acercó a la cabeza gigante de Slytherin y examinó la boca, que todavía estaba abierta. Vio un túnel y se dirigió al interior, agachándose para atravesar la puerta inicial, pero encontró el túnel lo suficientemente alto como para que un hombre adulto del tamaño de Severus entrara. Vio varias pieles de serpientes a lo largo del túnel, pero aparte de la sala principal donde el basilisco debe haber pasado su tiempo, no había mucho interés en el túnel, y Harry se dirigió de regreso.

Llamó a Severus—: ¡Hay algunas pieles de serpiente en este túnel!

Severus se detuvo por un segundo, luego continuó ordeñando el saco de veneno restante mientras respondía. —Excelente —dijo felizmente—. También son útiles, pero tendremos que hacer un segundo viaje por ellas. Tendré suficiente en mis manos esta vez.

Harry asintió y se dirigió hacia la oreja de la cabeza de Salazar Slytherin y encontró, para su sorpresa, una puerta allí. Lo abrió y miró.

—¡Severus! —gritó—. ¡Necesito que vengas a ver esto y me digas si hay algo aquí que no pueda tocar!

Severus maldijo. —¡Espera un segundo! Necesito terminar esto antes de poder irme donde estoy. ¡No toques nada! —advirtió.

Harry suspiró pesadamente, parado en la puerta, mirando la habitación. «Debe ser espacio agrandado con magia», pensó. La habitación era mucho más grande de lo que podía explicarse, con el túnel corriendo justo detrás.

Severus se acercó a la puerta y miró dentro. Lanzó hechizos de detección en todo. La mayoría de las cosas brillaban con un gris tenue, pero nada destacaba como diferente. —Todo tiene encantos de preservación, pero aparte de eso, está limpio. No debería haber nada peligroso aquí. Puedes explorar —declaró, y Harry sonrió, frotándose las manos.

—Bueno. Veamos lo que tenemos —dijo, entrando y revisando el escritorio primero. Había papeles por todas partes, en su mayoría detallando cosas llamadas «Horrocruxes» y cómo hacerlos. 

Un documento daba una advertencia de que existía una manera de destruir un Horrocrux sin dañar el objeto del cual estaba hecho (o alojado) y que involucraba un hechizo de purificación de duendes. Se estremeció ante los detalles de cómo se hacían los Horrocruxes, sintiéndose sucio solo por saber lo que eran. —De todos modos, ¡sigamos adelante!

Se acercó a las estanterías y notó que todos los libros estaban escritos en el guión que Sirius había dicho que era pársel. Leyó algunos de ellos. Unos se referían a pociones, algunos a artes oscuras y otros a transformaciones, pero la mayoría, y esto sorprendió a Harry, se referían a la adivinación.

Harry arrugó la nariz. Ya había conocido a Trelawney, y no estaba impresionado. Miró algunos de los títulos.

Uno se llamaba «Abriendo tu tercer ojo». Debajo de él, decía, «transcrito por Salazar Slytherin», y había una fecha en él. Lo abrió y comenzó a leer.

Después de lo que parecieron unos minutos, Severus entró en la habitación. —¿Harry? Es hora de irnos. El almuerzo se servirá pronto.

Harry lo miró sorprendido. —¿De verdad? ¿Ha pasado tanto tiempo?

Severus sonrió. —Mira qué tan lejos has llegado en tu lectura —aconsejó.

Harry miró el libro. Estaba en la página cincuenta. —Oh —murmuró con sorpresa—. Llevaré este libro conmigo —dijo.

Severus lo miró. —Ni siquiera está en inglés. ¿Qué idioma es ese?

Harry sonrió. —Pársel. El libro se llama «Abriendo tu tercer ojo».

Severus miró sorprendido. —Imposible. Ese libro fue destruido en 1708, hasta la última copia. Se consideró demasiado poderoso para existir —jadeó.

Harry miró el libro con un nuevo aprecio. —¿De verdad? ¿Por qué?

—Porque funciona, Harry. Mientras tengas los dos siguientes, «Perfecciona tu segunda vista» y «Profecía y presagios», realmente puedes usarlos para aprender a ver el futuro, si lo deseas —Severus dijo rotundamente.

Harry miró la estantería y asintió. —Sí, esos dos también están aquí —murmuró con ligereza.

Severus dejó escapar un largo y lento suspiro. —Ten cuidado con eso, Harry. Y no intentes nada sin un adulto presente. Lupin o yo seríamos las mejores opciones, pero si Black es la única opción disponible, es mejor que nada —dijo.

Harry asintió. —Correcto. Bueno, vamos al Gran Salón.

Severus suspiró. —Encoge eso y ponlo en tu bolsillo. No le digas a nadie lo que realmente es. Y no lo leas en público —instruyó.

Harry se encogió de hombros. —Bien. —aceptó, luego hizo lo que le dijeron.

 


 

[1] Bueno, es una fortuna que estudie latín, jaja.

Los nombres de la Runespoor son: «Izquierda, Centro y Derecha». N. de T.

Chapter Text

—Entonces, ahora que conocen la teoría, veamos qué pueden hacer ustedes dos.

Harry cuadró sus hombros. —¡Expecto Patronum! —gritó, pensando en el momento en que Ruby y él se habían olfateado, y lo seguro que se sentía después de que Sirius agregó sus brazos a los que lo rodeaban.

Un escudo de plata salió de su varita, pero nada más que eso. Suspiró, hundiéndose un poco.

Draco frunció el ceño. —Aun así, diría que está avanzado. Lo que puedes hacer es bastante impresionante — dijo.

Harry sonrió. —Mejor que nada, estoy de acuerdo. Llevo poco más de un año probando —le dijo al rubio.

Draco frunció el ceño. —¿En serio?

Harry sonrió. —Solo evoca tu recuerdo más feliz y ve por ello —aconsejó al rubio.

Draco respiró hondo, cerró los ojos y lanzó el hechizo.

Nada.

Remus suspiró. —Ambos pueden no ser lo suficientemente fuertes para lograrlo —advirtió.

—¿Hay alguna manera de saber con certeza si podemos manejarlo o no? —preguntó Harry.

—Hay una poción… —comenzó Remus.

Draco se animó. —Puedo hacerla. Lo he hecho antes —dijo alegremente—. Ocupaba caldero de cobre en ese momento, y eso fue el año pasado.

Remus lo miró sorprendido. —¿De verdad? Eso es bastante impresionante. Debes ser un prodigio de pociones. Incluso puedes ser tan bueno como Severus.

Draco sonrió un poco, tímidamente. —Me enseñó lo básico cuando tenía ocho años, y he estado practicando desde entonces. Él es mi padrino, así que trato de hacerlo sentir orgulloso. Incluso si ya no puedo estar orgulloso de él —el Slytherin terminó en un murmullo malhumorado.

Harry frunció el ceño. —¿Por qué no puedes estar orgulloso de él? —preguntó.

Draco suspiró. —Es un mortífago —susurró, mirando al suelo.

—Oh, pero…

Remus negó con la cabeza bruscamente y Harry cambió sus palabras.

»Es un profesor, no puede estar trabajando para Voldemort —dijo el adolescente, dándose cuenta de que hasta que supieran que Draco estaba de su lado, Harry no podía revelar al hombre como un espía.

Draco se encontró con los ojos de Harry. —Es el mejor amigo de mi padre, y hablan mucho de los «buenos viejos tiempos«. Se refieren a cuando Tú-Sabes-Quién estaba en el poder —le dijo al adolescente—. Desearía que pudiéramos confiar en Severus, pero él es un Mortífago y un Alfa. Si se parece a mi padre, es un Alfa que no queremos que esté cerca de nosotros una vez que llegue el calor. Probablemente tomaría una bocanada de nuestro olor y nos perseguiría como un lobo rabioso.

Remus y Harry se estremecieron ante la elección de palabras de Draco.

Draco se lamió los labios. —Él es quien, se supone, debe acompañarme al Ala del Hospital. Pero no puedo confiar en él —susurró.

Harry sintió que su corazón se rompía por Severus, puesto en una posición tan incómoda por su necesidad de mantenerse cubierto. Su propio ahijado creía que era una mala persona y, lo que es peor, un mal alfa.

Harry sintió que su resolución de ver a Draco a salvo se fortalecía. —Bueno, entonces nosotros tenemos que hacerlo bien.

Remus asintió. —Compraré los ingredientes para la poción cuando llegue el próximo fin de semana de Hogsmeade —dijo—. Podemos probar tus fortalezas mágicas con la poción para asegurarnos de que eres capaz de lanzar el hechizo a tu edad.

—Solo una pregunta rápida —le dijo Harry a Remus—. ¿Los recuerdos tienen que ser reales, o podemos usar sueños?

Remus consideró esto por un momento. —Puedes intentar con un sueño, pero no sé cuánto éxito tendrás.

Harry evocó los pensamientos de Severus mirándolo con el deseo brillando en sus ojos y lanzó nuevamente el conjuro.

Obtuvo una forma durante un segundo, aunque era difícil decir qué había sido.

Draco lo miró boquiabierto. —¿Qué sueño estás usando? —preguntó sorprendido.

Harry se sonrojó. —Um, eso es un poco personal —murmuró.

Draco arrugó la nariz. —No importa. No quiero saber —decidió.

Practicaron por unas horas más antes de que fuera hora de regresar a sus dormitorios para el toque de queda.

 


 

—¿Qué tipo de cualidades buscarías en un Omega? —Antes de que Severus pudiera dar su respuesta automática, Harry interrumpió—: si estuvieras buscando.

Severus suspiró, agitándose. —Entonces, estamos haciendo ese tipo de preguntas de nuevo, ¿verdad? De todos modos, ¿por qué estás tan interesado en mis preferencias?

Harry le sonrió. —Eres un alfa. No sé mucho acerca de ustedes que no sea «completo estúpido», y  qué le gusta a Sirius: Ruby. Así que eso te deja para que me ayudes a determinar qué le gusta a los Alphas. Es algo que necesito saber con el tiempo, después de todo.

Severus tarareó, entregándole un pequeño grupo de pétalos. —Tritura estos con dos gotas de bilis de armadillo —instruyó—. Lo que me parece atractivo, ¿eh? Bueno, la inteligencia, por ejemplo. No puedo soportar la estupidez. Al menos la valentía suficiente para defender la moral de uno, aunque tal vez no tanto como para llevar a uno a problemas una y otra vez —bromeó, sonriendo a Harry, quien le devolvió la sonrisa—. La moral y la fortaleza para apegarse a lo que quieren —continuó—. La humildad siempre es una ventaja, aunque se requiere cierto orgullo por uno mismo.

Harry inclinó la cabeza. —Sí, pero mira. ¿Qué encuentran atractivo físicamente los alfas? —presionó con curiosidad.

Severus se lamió los labios. —Hmm, mira. Bueno, me gusta que mis compañeros sean delgados, claro. Tan pequeños que pueda manejarlos un poco en la cama —miró a Harry y luego dijo—: Nada de esta conversación va más allá de esta habitación, ¿verdad?

Harry asintió. —Solo tú y yo. No voy a difundir nada  —prometió.

—Bien —dijo Severus, aliviado—. Así que... Pequeño y delgado. Generalmente me decanté por hombres de cabello oscuro, no sé por qué, solo tengo un poco de preferencia. Los ojos claros son siempre una ventaja. El azul es agradable, pero mi color de ojos favorito siempre ha sido verde, cuanto más brillante mejor —dijo el hombre suavemente.

Harry deslizó la pasta hacia Severus, quien la tomó y observó la poción por unos momentos.

»No me interesan particularmente los músculos voluminosos en el área del pecho, pero una buena definición es una ventaja. Músculos magros, creo que es el término. Los muslos musculosos, por otro lado, son una afición mía. Aquellos que pasan largas horas volando tienden a desarrollar músculos admirables en los muslos. —Añadió la pasta al caldero y se encogió de hombros—. Ten en cuenta que esas son solo mis preferencias personales —le dijo a Harry.

Harry asintió. —Entiendo. No hay dos personas exactamente iguales, después de todo —dijo a la ligera. «Pero tus preferencias son todo lo que necesito», añadió mentalmente.

Severus asintió de acuerdo. —Exactamente. ¿Por qué insistes en hacerme estas preguntas, de todos modos? ¿No hay nadie más a quien puedas atormentar? —preguntó.

Harry se encogió de hombros. —Me gustas, me siento cómodo contigo. Hay muy pocos Alfas sobre los que pueda decir eso, ya sabes —señaló al hombre.

—Lo sé. Los buenos alfas son difíciles de encontrar. ¿Qué pasa con Longbottom? Seguramente él es un buen alfa —sugirió Severus.

Harry hizo una mueca. —Oh, Dios, ¡¿Neville?! ¡No, gracias! ¿Estás seguro de que es un alfa?

Severus se rió entre dientes. —¿No has notado su olor todavía? Has pasado dos años casi con el chico.

Harry suspiró. —No voy a oler a mis compañeros de dormitorio. Tú mismo dijiste que es grosero.

Severus suspiró. —Esa no es razón para no oler a otros sutilmente. Debes saber con qué estás tratando, en todo momento —señaló.

Harry negó con la cabeza. —No puedo imaginarme para siempre con Neville. No, gracias. Es demasiado propio para mí.

Severus sonrió mientras quitaba la poción del fuego. —¿Demasiado atrapado en las trampas de la cultura Sangre Pura?

Harry negó con la cabeza. "Es demasiado propio para soltarse en la cama —corrigió Harry con una pequeña sonrisa—. Personalmente, me gustaría un compañero con un poco de fuego para ello.

Severus se rió entre dientes. —Nunca dejes que tu Padrino te oiga hablar así —advirtió.

Harry resopló. —Tú tampoco le digas —señaló.

—Nunca —Severus estuvo de acuerdo—. No soy el tipo de persona que busca la compañía de tu Padrino-perro

Harry sonrió. —Me alegro de eso, ya sabes. Podemos tener conversaciones reales, ya que no tengo que preocuparme de que Sirius se entere de ellas.

—Si por «real» te refieres a «escandaloso» y «sexualmente precoz», sí, supongo que podemos —Severus susurró con diversión.

—Te encanta, no lo niegues. —Harry lo golpeó en el costado.

Los labios de Severus se contrajeron. —Silencio, mocoso impertinente. Ayúdame a embotellar esto para el Ala del Hospital.

Harry sonrió y tomó un frasco.

 


 

 

Draco se dirigió a la mesa de Gryffindor a la mañana siguiente en el desayuno, sentándose con un suspiro al lado de Harry.

Harry lo miró, debatiendo si quería o no tentar al destino. «Bueno, veamos que pasa», pensó, y habló—: ¿Um, Malfoy?

—Blaise descubrió que te estoy hablando, y, dentro de una hora, todo Slytherin lo sabrá. ¿Por qué tratar de ocultarlo? —Draco se burló a modo de explicación.

Harry miró a su alrededor. La mayoría de la gente se encogió de hombros y volvió a comer.

Neville, sin embargo, estaba mirando directamente a Draco mientras respiraba profunda y calmadamente.

Las fosas nasales de Draco se ensancharon y lo miró sorprendido, mirando a los ojos de Neville. Harry se mordió el labio, viendo como se desarrollaba la situación.

Draco se sonrojó y bajó los ojos a su plato, concentrándose en su comida, y Neville se relajó un poco, todavía mirando a Draco con consideración.

Bueno, ahora todos sabían la herencia de todos los demás, al menos.

—¿No te preocupa que alguien le diga a sus padres dónde estuviste sentado hoy y le cuenten a tu padre? —preguntó Ron.

Draco se encogió de hombros. —Si es solo eso, puedo decirle que estoy tratando de meterme en buenos términos con Harry para traicionarlo más tarde. Le gustará esa idea —explicó ligeramente.

Harry suspiró. —¿Y se supone que no debo estar preocupado escuchando esto? —preguntó.

 —Tú eres el que dijo que los Omegas deberían permanecer unidos. No te des por vencido ahora, cuando las cosas finalmente se vuelven reales —Draco arrastró las palabras.

Ron se encogió de hombros. —Él tiene un punto, amigo. Tú lo dijiste.

Harry suspiró. —¿Puedo retractarme? —preguntó sin poder hacer nada.

—No —dijo Draco con firmeza—. En otro tema, ¿podemos hablar en privado después del desayuno?.

—¿Qué tan privado? —preguntó Harry.

—¿Qué tan bien conoce a Lupin? —regresó Draco, haciendo un gesto hacia Ron.

Harry parpadeó un par de veces antes de que su cerebro se pusiera al día. —Oh . Um, no tan bien —respondió—. Pero Remus dijo que dependía de mí si le decía,  así que…

Draco frunció los labios. —Ahora estoy aún más curioso —murmuró.

Harry se mordió el labio. —Realmente no sé cuánto puedo decirte…

Draco se encogió de hombros. —Suficiente, podemos hablar de ello —dijo suavemente.

Harry suspiró, pero asintió.

 


 

 

—Entonces —Draco cerró la puerta de la Sala de Menesteres detrás de todos ellos y se giró hacia Harry—. ¿Qué pasa con Lupin? Tiene el mismo olor salvaje que emiten todos los alfas, pero es más.

Harry se mordió el labio. —Dijo que podía decirle a Ron, ¿sabes, no a ti —dijo en voz baja—. Y no quiero traicionar su confianza.

Draco frunció el ceño. —Bueno, dime esto: ¿él es un Alfa, o no lo es?

Harry se encogió de hombros. —No exactamente. Sin embargo, tiene muchas tendencias alfa, y aunque no siempre son evidentes, todavía están ahí, justo debajo de la superficie. Pero los Alfas parecen enojarse fácilmente, y solo he visto a Remus enojarse una vez. Por supuesto, una vez fue completamente aterrador y nunca quiero volver a verlo, pero en general es una persona muy agradable y de voz suave —explicó.

Draco se mordió el labio. —Probablemente no podría formar un vínculo con él, pero…

—En realidad, probablemente podrías —Harry soltó.

Draco se detuvo en seco. —¿Qué? ¿Es parte criatura? ¿Que tipo?

Harry se sonrojó. —Um, creo que dije demasiado.

—Bueno, eso es aún mejor. Tal vez pueda encontrar a alguien más, alguien que no sea un Alfa. ¿Crees que pensará que soy demasiado joven si me acerco a él una vez que mi calor se presente? —preguntó Draco.

La cara de Harry ardió. —¡¿Por qué preguntas esto?! ¡No lo sé!

Draco suspiró. —Honestamente, Potter, ¡es porque lo conoces! Eres la persona más probable en saber cómo reaccionará.

—¿Qué pasa con todos los otros Alfas en la escuela? Si no quieres a ninguno de los de Slytherin, ¿qué pasa con Neville? —presionó Harry.

Draco murmuró. —Nada, supongo. ¿Crees que sería un buen alfa?  

Harry asintió. —Siempre ha sido muy amable con todos los que lo son con él. Creo que su abuela lo crió bien.

—Bueno, supongo que no sería horrible ser su compañero. Él es un Sangre Pura de una buena familia, a mi padre le gustaría eso —reflexionó Draco—. Lo consideraré, pero cuando se presente, si huele de la misma asquerosa manera en que lo hacen todos los alfas, no lo haré. No podría vivir con ese horrible hedor en la nariz todo el tiempo.

Ron resopló.

»¿Qué? Solo estoy siendo honesto.

Harry sonrió. —Bueno, de todos modos, necesito saber algo: si un Omega busca atraer a un Alfa, ¿cómo lo hacen?

Draco miró a Harry con una ceja levantada. —Espera hasta el celo y acércate a ellos entonces. No podrán resistirse, y si tienes suerte, entrarán en calor. Los alfas son irreflexivos en él y marcarán primero y harán preguntas más tarde. Es lo que yo haría, al menos. Aparte de eso, simplemente pasar tiempo alrededor de ellos. Y hacer que se sientan fuertes e inteligentes. Alaba su ego. A ellos les gusta.

Harry asintió. —Gracias.

—¿Tienes un Alfa específico en mente? —Draco preguntó con curiosidad.

Harry sonrió secretamente. —Eso solo lo sé yo y no para que lo averigües —dijo burlonamente.

Draco puso los ojos en blanco. —Lo que sea, Potter. Guarda tus secretos. Tengo suficiente de qué preocuparme ahora mismo.

 

Chapter Text

Harry vagó por las calles de Hogsmeade, mirando alrededor. Notó un boticario y se dirigió hacia él. Tal vez podría encontrar el regalo de Navidad de Severus temprano. Entró y miró a su alrededor.

La chica detrás del mostrador se fijó en él y se levantó. —Bueno, hola. ¿Buscando algo en particular? —preguntó con una sonrisa.

Harry negó. —No, sólo paseando. Pero quisiera hacer una pregunta: ¿si estuviera buscando algo para una persona que está muy enfocada en pociones y el dinero no es problema, ¿qué me sugerirías comprar?

La sonrisa de la chica se ensanchó. —Bueno, si el dinero no fuera un problema, te apuntaría hacia esto —ella lo llevó a una exhibición de cajas de frascos enjoyados. Los frascos estaban hechos de piedras preciosas—. Estos viales agregan propiedades a las pociones almacenadas en ellos, y también son bonitos a la vista. En algunos casos, incluso pueden mantener la poción fresca por más tiempo, dependiendo de la poción, por supuesto.

Harry miró las opciones. Un juego tenía tres viales de un cuarto, un rubí, un amatista y un zafiro. Era caro. Valía la pena para Severus, así que lo decidió. —Me quedo con ese set, entonces.

Las cejas de la chica se elevaron. —Realmente no bromeabas con el dinero, ¿verdad? —preguntó ella, cerrando de nuevo la vitrina.

Harry negó de nuevo. —Hay alguien a quien trato de impresionar, estoy dispuesto a gastar mucho en él.

La chica asintió. —Supongo que tiene sentido. Soy Kylie, por cierto.

Harry le sonrió. —Harry.

Sus ojos se clavaron en su frente, y ella parpadeó sorprendida. —Oh. Bueno, eso explica el que no haya problema de dinero, ¿no es así? —ella se echó a reír y le entregó los frascos—. Espero que vaya bien. ¡No pases mucho tiempo sin venir! —añadió.

Harry guiñó un ojo. —Tengo la sensación de que te volveré a ver —dijo alegremente.

 


 

 

—¡Y listo! —exclamó Draco con satisfacción, sacando la barra de agitación de la poción y agarrando la tela cercana para limpiarla.

Remus se acercó y la miró. —Se ve bien —dijo suavemente.

Draco puso los ojos en blanco. —Por supuesto que sí. La elaboré yo —dijo con seguridad, agarrando un frasco y llenándolo. Se lo entregó a Harry—. ¿Recuerdas lo que estás buscando? —comprobó.

Harry asintió. —Sí. Aura dorada o plateada alrededor de mi cuerpo, ¿verdad?

Draco le dio un único asentimiento antes de volverse para llenar otro frasco.

Harry tomó el suyo y observó cómo una luz suave comenzaba a aparecer alrededor de su cuerpo, haciéndose más notoria a medida que se extendía.

Draco tomó su dosis y se alejó del caldero.

La luz de Harry se estaba volviendo dorada, y la miró con sorpresa.

—¿Por qué no me sorprende? —Draco arrastró las palabras, luego se volvió su atención a su propia luz, cada vez más fuerte. Su boca se abrió cuando también se volvió dorada—. ¿Qué? ¡Eso no puede ser correcto!

Remus se rió entre dientes. —Puede que no sea permanente. Como dije antes, tu magia sigue creciendo; experimenta avances y retrocesos. Podría ser que estuvieras teniendo un avance en este momento. En cualquier caso, eso es más que suficiente poder para aprender el hechizo, y deberías mantenerte en esa cantidad por unos meses. Es suficiente para aprender, si te esfuerzas mucho.

—Está bien —Draco asintió—. Entonces, esta poción puede desaparecer. —Lanzó un hechizo rápido sobre ella, deshaciéndose de la porción no utilizada antes de que Remus pudiera detenerlo—. De esa manera no tenemos que lidiar con el resto.

Remus lo fulminó con la mirada. —Draco, eso fue peligroso —amonestó.

Draco lo miró sorprendido. —No, no lo fue —dijo con seguridad—. Ninguno de esos ingredientes, ya sea por separado o combinado, tiene una reacción adversa a la magia que se les aplica. Era perfectamente seguro —dijo como si fuera obvio.

Remus suspiró. —Cuando fui a la escuela, nos enseñaron a no usar magia en pociones a menos que la receta lo pidiera —dijo con cansancio.

—Bueno, por supuesto que no deberías si no sabes si un ingrediente o una combinación de ingredientes podría reaccionar a la magia que se les aplica. Podría ser peligroso; algunas cosas explotan cuando se exponen a ciertos hechizos, siendo el «evanesco» el más frecuente para obtener esa reacción. Los principiantes nunca deben usar magia en pociones. Pero sólo uso magia en ellos cuando que es seguro hacerlo. Además, no soy un principiante  —explicó.

Remus lo miró con una ceja levantada. —¿Y cómo aprendiste que la poción no reaccionaría mal? —preguntó.

Draco lo miró con desdén. —Estudiando las reacciones de los ingredientes en los libros y luego estudiando las reacciones de las diversas combinaciones utilizadas. Nunca lo probé a ciegas —se burló—.  Eso sería estúpido.

Remus parecía impresionado. —Bueno, si realmente pones tanto cuidado en tu educación de pociones está bien, estoy impresionado. Lo siento, te juzgué muy rápido. Estuvo mal de mi parte.

Draco parecía apaciguado. —Está bien —dijo—.  No lo sabías. Sólo pregunta antes de asumir, en el futuro.

—Lo haré —prometió Remus.

Draco asintió. —Tenemos que volver a nuestras salas comunes. ¿El próximo fin de semana, a la misma hora? —preguntó.

—Me parece bien —dijo Harry—. ¿Remus?

—Claro, el próximo fin de semana. Te veré entonces, Draco —Remus dijo mientras el adolescente se iba.

Harry se giró hacia el hombre cuando Draco se fue. —Por lo tanto, tenemos que hablar. Sobre Draco.

Remus se volvió hacia él con una mirada de sorpresa. —¿De verdad? ¿Preocupaciones específicas?

Harry suspiró. —Le gustas —dijo.

Remus sonrió. —También me gusta él —coincidió amistosamente.

—No, «le gustas». Le gustas románticamente —Harry aclaró.

Remus lo miró sorprendido. —Pero tengo… la edad suficiente para ser su padre —jadeó.

Harry resopló. —Eso podría ser parte del encanto. Eres más viejo, sofisticado, capaz de resistir cuando te enfrentas a Alfas —agregó enfáticamente.

Remus hizo una pausa en la recopilación de sus papeles para la noche. —Oh —dijo en voz baja—. Tiene miedo —susurró.

—Sí —dijo Harry—. Pero no de ti . Olió tu pequeño problema peludo en ti, pero no sabe qué estaba oliendo. ¿Puedo decirle? Puedo Obliviarlo si no puede manejarlo —agregó Harry rápidamente.

Remus se mordió el labio. —¿Puede guardar un secreto? —preguntó.

Harry se removió. —Sabía lo que era la criatura en la cámara el año pasado, y sólo me dijo cuando empezaron a hablar sobre el cierre de la escuela. Creo que está comprobado que puede guardar secretos. Además, es un Slytherin. Es algo por lo que son conocidos.

Remus asintió lentamente. —Entonces sí, se lo puedes decir. Oblivialo si tienes que hacerlo, pero intenta evitarlo.

Harry asintió. —Puedo hacer eso. —Caminó hacia Remus y envolvió sus brazos alrededor del hombre—. Gracias por ser tan increíble, Remus —le susurró al hombre.

Los brazos de Remus se acercaron para abrazar al adolescente. —De nada, Harry. Siempre estaré disponible si me necesitas.

Harry se apartó y se dirigió a la puerta. —Te veré en clase el lunes —dijo alegremente, dejando la habitación con un rebote en su paso.

 


 

 

Harry caminó por la mesa de Slytherin a la mañana siguiente, inclinándose para susurrar a Draco—: después del desayuno, Sala de Menesteres.

Draco asintió, sin detenerse de comer, y Harry se alejó para conseguir su propio desayuno.

Ambos comieron rápidamente, y Harry se dirigió a la habitación sólo unos minutos después de que Draco dejara el Gran Salón.

Ron había optado por no ir, habiendo sido informado sobre la condición de Remus días atrás. No necesitaba ver la reacción de Draco, ya que podía preguntarle a Harry qué había sucedido. Harry no tendría razón para mentirle, después de todo.

Harry entró en la habitación y Draco se volvió hacia él. —Entonces, ¿por qué estamos aquí exactamente? —preguntó el rubio.

Harry respiró hondo y lo dejó escapar, lentamente. —Entonces, el secreto de Remus…

El interés de Draco se agudizó ante esas palabras. —Te escucho.

—Él es un tipo de criatura, pero no es una que la mayoría de la gente acepta. Está aún peor que nosotros, legalmente hablando —dijo Harry vacilante, con cuidado de mantener su voz tranquila y evaluando la reacción de Draco.

La mente de Draco funcionó rápidamente, y Harry podía verlo juntando cosas en su cabeza. Vio el momento exacto en que todo hizo clic para el rubio. Su boca se abrió en shock. —¡Es un hombre lobo! —susurró, palideciendo mientras su respiración se aceleraba.

Los dedos de Harry se envolvieron alrededor de su varita en su bolsillo, e hizo ademán de moverla, pero Draco levantó una mano. 

»¡Espera! No se lo diré a nadie, pero debo considerar las cosas más a fondo antes de decidir si quiero perseguirlo después de todo. Déjame tener unos días para investigarlo. Te avisaré si no puedo soportar saberlo en unos días. Seré totalmente honesto al respecto —prometió.

Harry asintió. —De acuerdo. Te daré unos días. Él lo permitió.

Draco se fue a la biblioteca.

 


 

 

Durante los siguientes tres días, cada vez que Draco tenía un momento libre, estaba en la biblioteca, leyendo un libro. No se atrevió a sacar el libro de la biblioteca, para que Pince no se hiciera una idea equivocada, y después de ver el título del libro que Draco había elegido para leer, Harry pudo ver por qué.

«La licantropía y tú: aprendiendo a amarte de nuevo».

Harry suspiró. Draco estaba dispuesto a trabajar a través de un miedo inculcado en él desde su nacimiento para no tener que aparearse con un Alfa. ¿En qué tipo de mundo vivió, dónde alguien de su edad se veía obligado a tomar decisiones como esta sobre su futuro?

Harry se dirigió a la sala común y se sentó junto a Ron cerca del fuego. —Bueno, él está trabajando de la única manera que sabe. Supongo que queda ver qué tan bien le sirve eso al final.

Ron se encogió de hombros. —No veo lo que él ve en Remus, personalmente. Quiero decir, seguro que es agradable e inteligente y todo eso, pero es muy viejo.

Harry se encogió de hombros. —Él tiene la misma edad que Severus —señaló.

Ron le dio una mirada seca. —Y no me hagas empezar con eso —respondió.

—No lo haré —dijo Harry con una sonrisa—. En serio. Sin embargo, todo está en el olor. Él huele lo suficiente a Alfa para que le respondamos como a uno, lo que nos hace sentir cómodos con él, ya que somos capaces de actuar instintivamente. Pero incluso más que eso, es un buen hombre

»Draco conoce muy pocos de ese tipo de hombres, y cuando se trata con malos Alfas —a los que está expuesto— se aprende que la mayoría de los hombres son de la misma manera. Draco nunca llegó a estar cerca de muchos Alfas buenos. En este punto, podría pensar que ni siquiera existen.

Ron hizo una mueca. —Me siento un poco mal por él.

—Sí, yo también —Harry hizo una mueca.

—Aun así, ¿por qué ir tras un profesor? —presionó Ron—. La brecha de edad va a causar problemas más adelante.

—En realidad, no creo que lo haga —dijo Harry con el mismo tono—. Hay una brecha del mismo tamaño entre Severus y yo, y parece que nos llevamos muy bien a pesar de eso. Además, en diez años más o menos, la brecha realmente no importará, ¿verdad? Y no es como si tuviéramos que preocuparnos por la disminución de su fertilidad… sólo los Omegas tienen ese problema, los hombres y Alfas pueden embarazar a alguien mientras puedan tener sexo.

Ron palideció. —No necesitaba esas imágenes, amigo, gracias —murmuró.

Harry rio. —Lo pensaste —afirmó.

¡Lo dijiste! —Ron respondió de nuevo.

 


 

 

—Se supone que debo meditar. Mientras me concentro en mi tercer ojo —explicó Harry.

Severus sonrió. —¿Y esto realmente funciona? Difícil de creer.

Harry se sonrojó. —Bueno, ¡es sólo el primer paso! —se defendió.

—Así es —Severus asintió—. Bueno, puedes usar mis habitaciones. Te vigilaré para que no te hagas daño inadvertidamente, aunque la meditación es una actividad bastante segura.

Harry resopló y asintió, sentado con las piernas cruzadas frente al fuego, cerrando los ojos y ralentizando la respiración.

Severus tomó su asiento habitual en su sillón, sacando el último «Pociones Trimestral» que había llegado, ya que aún no había avanzado mucho en la lectura.

Se sentaron en un amistoso silencio durante una hora antes de que la varita de Harry comenzara a vibrar en su funda. Harry la sacó y la silenció, luego se levantó y caminó hacia el sofá. —Bueno, eso salió bien. 

Las cejas de Severus se alzaron. —¿Algún efecto notable? —preguntó.

Harry sonrió. —Tengo una sensación de hormigueo. Justo aquí —dijo, tocando el medio de su frente—. El libro decía que eso era lo que buscaba. Necesito meditar durante una hora cada noche durante una semana. —Harry frunció el ceño—. El único inconveniente de eso es que el sábado no puedo venir aquí. Tengo el toque de queda justo después de la lección con Draco para el Patronus— dijo.

Severus asintió. —Ya veo. Bueno, siempre puedes pasar la noche aquí, si sientes la necesidad de cumplir con un horario tan estricto —ofreció.

Harry lo miró sorprendido. —¿De verdad?

Severus asintió hacia donde estaba la puerta de la habitación de Harry. —Dumbledore nunca quitó tu habitación, así que todavía hay espacio —dijo con calma—. No me importaría.

Harry sonrió. —Bueno, en ese caso, nunca te desharás de…

—Sólo por una noche —Severus cortó firmemente—. No queremos darle a Dumbledore ninguna razón para desaprobarlo. No podemos doblar las reglas con demasiada frecuencia, pero como él tiene una debilidad por ti, estará bien esta vez —le dijo a Harry—. Además, no podemos dejar que pases demasiado tiempo conmigo —agregó—. Hay que tener en cuenta el asunto de nuestra naturaleza.

Harry resopló. —¡¿A quién le importa eso?! ¡Si termino contigo, que así sea! ¡No me importaría!

Severus lo miró con una ceja levantada. —Me he dado cuenta —dijo con ironía—. Pero no me hago ilusiones cuando se trata de mi conveniencia, ya sea en apariencia o en esencia. Puedes pensar que soy lo que quieres ahora, pero una vez que tu celo se presente, no pasará mucho tiempo antes de que otro Alfa gire tu cabeza. No me interpondré en el camino cuando eso suceda.

Harry frunció el ceño. —¿De qué estás hablando? Tu olor está bien. ¡Hueles muy bien, de hecho! Y si me importara la apariencia, ya estaría persiguiendo a Neville. No me importa, pero me gusta como te ves.

Severus sonrió. —Harry,  tienes un enamoramiento. Un pequeño, colegial y tonto enamoramiento. Pasará —dijo con diversión.

—Lo que sea —Harry gruñó—. Todavía puedo quedarme el sábado por la noche, ¿verdad? —preguntó nerviosamente.

Severus sonrió cálidamente. —Por supuesto —afirmó—. Nunca te dejaría fuera de mis habitaciones, incluso si no nos vemos. Sé que se has convertido esto en tu santuario tanto como yo —le dijo al adolescente.

«No es sólo un pequeño enamoramiento» Harry gruñó en sus pensamientos. «¡Te tendré como mi compañero, Severus Snape, y nada de lo que puedas decir o hacer me detendrá!»

 

Chapter Text

—Puedo manejarlo, y no cambia nada —dijo Draco resueltamente, sentándose junto a Harry de nuevo en el desayuno.

Harry resopló. —Me alegra oírlo. Lo lastimas y te mato —dijo a la ligera.

Draco sonrió. —Es mayor que tú, se supone que no debes protegerlo —bromeó.

Harry negó con la cabeza. —Él significa mucho para mí, la edad no es nada. Aún lo defenderé de todos los interesados. No me importa si tiene treinta y tres o un centenar de años; sigue siendo mi amigo, y yo protejo a mis amigos —dijo con firmeza.

La sonrisa de Draco se desvaneció y miró a Harry por largos momentos. Luego preguntó, en voz baja e insegura—: ¿soy tu amigo?

Harry sonrió y le dio un codazo con el hombro. —¡Por supuesto que lo eres! Ya te ofreciste para ayudarme a encajar mejor en la sociedad Sangre Pura.

Draco sonrió un poco. —Me alegro.

Ron hizo sonidos de arcadas. —Está bien, si las dos chicas han terminado de ser lindas, ¿podría una de ustedes pasar el tocino?

Harry lo fulminó con la mirada mientras pasaba el objeto solicitado. —No tienes que ser grosero solo porque nos estamos aventurando en un territorio emocional. Somos Omegas, Ron, nuestro trabajo es lidiar con las emociones. Así los torpes Alfas no tienen que hacerlo, porque el cielo sabe que arruinarían las cosas —añadió con diversión.

Draco resopló suavemente. —Y esa es la verdad —murmuró.

Ron puso los ojos en blanco. —Lo que sea. Sólo no esperen que me ponga feliz con ustedes, ¿sí?

Harry se rió entre dientes. —No te preocupes, no lo haremos.

 


 

 

¡Expecto Patronum! —Harry lanzó ruidosamente, y sonrió cuando volvió a invocar al animal, aunque solo duró unos segundos. Fue suficiente para decir que era un gato de la jungla, probablemente una pantera, y Draco resopló.

El rubio volvió a intentarlo, consiguió un escudo, y gruñó de frustración.

Harry le sonrió. —Lo estás haciendo muy bien, no te enojes. He estado tratando de evocar un Patronus desde el verano después del primer año, cuando me mudé con Sirius. Has llegado al mismo punto que al tardé meses en llegar, y hemos estado tratando de aprender, ¿por cuánto? ¿Tres semanas? ¡Draco, lo que has logrado es impresionante! ¡Sigue adelante, estás haciendo un gran progreso!

Draco resopló, luego miró con curiosidad la base del cuello de Harry. —¿Qué es eso? —preguntó con curiosidad.

Harry levantó la mano para tocar el área y entró en contacto con la cabeza de Sinister. —¡Oh! —se rio—. Mi runespoor. Son Sinister, Centrum y Dexter y se esconden debajo de la camisa. Por favor no lo cuentes. Se supone que solo mis compañeros de dormitorio lo saben. Podrían quitármela y enviarla de vuelta a casa.

Draco se encogió de hombros. —No me importa. Me gustan las serpientes —dijo con calma, antes de girarse y volver a intentar el hechizo.

Llamaron a la puerta y Remus fue a abrirla. Severus estaba allí con una copa ligeramente humeante.

—Ah bien. Me había olvidado de qué día es —dijo Remus a la ligera, tomando la copa y bebiendo la dosis de Matalobos.

—Tú olvido nos matará a todos un día —murmuró Severus.

Harry miró a Remus y le sonrió alegremente al hombre. —¡Hola!

Severus miró más allá de Remus y notó a los dos estudiantes en la sala.

—Veo que Potter te ha arrastrado a sus salvajes aventuras, Draco —dijo Severus con cautela.

Draco tragó y asintió una vez. —Sí, señor —respondió en voz baja.

Harry notó el olor desagradable que llenaba la habitación. Olía a Draco, pero estaba… apagado.

Remus y Severus también estaban mirando al niño, y Severus parecía dolido. —Me iré, entonces —dijo con pesadez.

Remus le susurró algo, y Severus solo negó. —Está bien —dijo en voz baja, luego se fue.

Draco dejó escapar un suave suspiro, y el olor dejó de aumentar, aunque para entonces ya había llenado la habitación.

 —¿Qué es ese olor? Draco, ¿eras tú? —preguntó Harry.

Draco se sonrojó y cambió su peso de manera culpable. —Lo siento —murmuró.

—¿Qué es? ¿Qué significa? —Harry presionó.

Remus habló desde detrás de Harry. —Era el miedo. Cuando un Alfa u Omega siente una emoción intensa, despiden un olor. A juzgar por la velocidad a la que el olor llenaba la habitación, Draco no solo teme a Severus; está aterrorizado de él  —dijo en voz baja.

Draco tragó nerviosamente. —No podrías entenderlo. Está cortado de la misma tela que mi padre, y las cosas que dijo sobre los Omegas… Si Severus siente lo mismo, es un Alfa muy malo —dijo con temor—. Y si no encuentro a alguien y me apareo con él dentro de los primeros dieciocho meses después de mi primer celo,  padre encontrará a alguien a quien él apruebe para que me entregue. Él puede hacerlo, sabes. —Draco agregó suavemente—. Como mi padre Alfa, tiene derecho a concertar un contrato de matrimonio si permanezco sin pareja durante un año y medio después de la presentación.  

Remus suspiró. —Bueno, estamos haciendo esto para que tengas la oportunidad de elegir a otra persona.

Draco le sonrió. —Gracias.

Remus le devolvió la sonrisa. —Si hay algo más que pueda hacer para ayudarte, con gusto…

—Hay una cosa, pero… es mucho pedir —Draco dijo, mordiéndose el labio.

—¿Qué es? ¿Qué más puedo hacer para ayudarte?

—¿Te enlazarías conmigo? —Draco preguntó tentativamente.

Harry gimió. —Sutil —murmuró, luego negó con la cabeza.

Remus miró a Draco por unos momentos, luego negó con la cabeza. —Draco, yo no podría hacer eso! Necesitas un Alfa para superar los calores, ¡no tengo un nudo! —dijo Remus con fervor.

Harry se arrastró hacia la puerta. —Sólo voy a salir ahora —avisó a los otros dos.

Draco le lanzó una sonrisa. —¿Lo harías? Gracias —dijo, luego se volvió hacia Remus—. Podemos estar juntos incluso si no tienes un nudo. Un montón de Omegas se conforman con los juguetes mientras su Alfa no está cerca, siempre podemos obtener algunos de ellos. Estaría bien con un nudo falso.

Remus suspiró. —Draco, ¡apenas me conoces!

La mirada de Draco se volvió insensible. —Sé lo que eres —dijo rotundamente, y Remus se tensó.

—¿Y qué planeas hacer con ese conocimiento? —preguntó Remus, con un indicio de nerviosismo evidente en sus hombros.

—Demostrar que algunas personas no se preocupan en absoluto por ello. Yo, desde luego, no lo hago. No tengo mucho tiempo para tratar de convencerte de que encajaríamos, pero si no quieres, mi única opción es el frasco de «Honour's End»[1]. Esta descansando en el cajón de mi mesa de noche en casa. Sólo es un último recurso, pero prefiero morir por mi propia mano que vivir bajo el yugo de un Alfa que no me merece. —Draco se dio la vuelta y dio unos pasos hacia la puerta antes de agregar—: sólo piénsalo. Tengo la intención de seguir preguntando hasta que dejes de intentar decir que no. —Luego se fue, cerrando la puerta suavemente detrás de él.

Remus dejó escapar un largo y lento suspiro. —Eventualmente, voy a cometer errores si él sigue preguntando. Es demasiado hermoso para resistirse por mucho tiempo —murmuró, admitiendo ese hecho solo para sí mismo.

Dio vueltas en el salón de clases preparando las cosas para el día siguiente durante el tiempo suficiente para que Draco, si el adolescente estaba recostado en espera fuera de la puerta, se diera por vencido y se fuera.

 


 

 

Harry abrió la puerta y entró, en silencio.

 —Bueno, hola —dijo Severus desde su silla, mirando hacia la puerta como estaba.

Harry sonrió, cerrando la puerta. —¿Cómo supiste que era yo? —preguntó.

Severus se rió entre dientes. —Bueno, te estaba esperando, ¿verdad? Además —su voz perdió su tono burlón y se convirtió en dolor—,  me recordaron hoy que el único otro Omega en esta escuela que dejaría entrar en mi santuario personal no quiere tener nada que ver conmigo en absoluto.

Harry frunció el ceño. —Podríamos decirle —ofreció—, que eres un espía, y todas esas cosas con su padre son un acto.

Severus negó con la cabeza. —No. Hasta que él esté fuera de la casa de su padre, no podemos. Es demasiado arriesgado. Por mucho que me duela que él me tenga tanto miedo, simplemente no hay otra forma en este momento —suspiró—. ¿Por qué no echas un vistazo a tu habitación, a ver si sigue siendo así como la recuerdas?

Harry fue y abrió la puerta, mirando hacia adentro. Su cama todavía estaba allí, cubierta con la misma manta verde oscuro que recordaba. Harry sonrió. —¡Todo es igual! —gritó, encantado. Sacó la cabeza y sonrió a Severus—. Nunca lo tocaste, incluso cuando me fui, ¿verdad?

Severus resopló. —Dumbledore agregó la habitación para ti, por lo tanto, es tuya. Además, sigue siendo útil en esta circunstancia, ¿no es así? —preguntó.

Harry sonrió. —Podríamos haber compartido tu cama —bromeó.

—No empujes tu suerte —murmuró Severus.

—De acuerdo. Lo siento —dijo Harry, cerrando la puerta—. Voy a meditar ahora —avisó, tomando su lugar frente al fuego.

—Buena suerte —le dijo Severus suavemente mientras Harry ya cerraba los ojos.

 


 

 

—Para ser honesto, no estoy seguro de que no deba probar Amortentia —dijo Draco a la ligera mientras se sentaba junto a Harry.

Ron resopló. —¿Sobre él? Mala idea.

—Sí, tendría que matarte —advirtió Harry.

Draco puso los ojos en blanco. —Bien. ¿El Señuelo del Amante?

—¡No si no puedo usarlo! —protestó Harry.

—¿Por qué no puedes? —preguntó Draco.

Harry resopló. —La persona que me interesa es probablemente inmune. No me sorprendería, las inmunidades son fáciles de obtener con eso.

—Tal vez en lugar de pensar en drogar a alguien, deberías buscar amor en otra parte —sugirió Neville en voz baja.

Draco se burló. —¡¿Qué sabrías al respecto?! —espetó.

La mirada de Neville se endureció. —Sé lo suficiente como para saber que el amor no vale la pena si es una mentira. Además, ¿un pequeño Omega como tú? —Neville sonrió—. Tendrías a Alfas en fila alrededor de la cuadra para intentar ser tu Alfa.

Draco puso los ojos en blanco. —No quiero a un estúpido Alfa descerebrado. He visto muchos Alfas ir y venir con mi Padre. Ninguno de ellos era alguien con quien quisiera estar, sin importar las circunstancias —dijo rotundamente.

Neville terminó su avena y se puso de pie, elevándose sobre Draco. —No me dejes caer en el mismo saco de Alfas con el que se asocia tu padre —dijo con frialdad—. Algunos de nosotros tratamos a los Omegas de la manera que merecen. Con respeto —terminó, luego se fue.

Draco tragó saliva.

Harry escondió una sonrisa. —¿Tal vez deberías darle una oportunidad a Neville? Él, sin duda, parece pensar que sí. Además, se puede confiar en él. Si él dice que no te tratará mal, no lo hará —prometió.

Draco se giró para ver al Alfa, que todavía no había madurado. Se mordió el labio por un momento, luego suspiró. —¿Y si cuando mi calor llegue él odia mi olor? ¿O si él madura y no me gusta el suyo? —preguntó con preocupación.

Harry se encogió de hombros. —Entonces lo discuten y deciden otra opción. Creo que vale la pena un arriesgarse. Si estás emparejado antes de que tu padre pueda regalarte, estás libre de él, ¿verdad?

Draco se encogió de hombros. —Esa es la ley, al menos. El vínculo de apareamiento supera cualquier otra cosa. Una Omega no puede ser tomado de su Alfa una vez que se ha apareado.

Harry murmuró. —Me pregunto por qué esa ley es así. Uno pensaría que los lazos familiares tendrían prioridad.

Draco resopló. —No si supieras lo que sucede durante el calor una vez que un Omega se aparea —dijo en voz baja.

—¿Por qué? ¿Qué pasa?

 —Bueno, un Omega en celo que ya se ha acoplado debe estar expuesto a… la eyaculación de su alfa —susurró—. Cada calor, o la fiebre empeorará cada vez más hasta que muera a causa de él —murmuró, con la cara roja brillante.

Harry se sonrojó. —Oh. ¿Expuesto?

Draco gimió. —No puedo creer que estemos discutiendo esto. Una de dos maneras. Ya sea internamente, a través de…  ahí... y… oralmente, en una poción que el Alfa puede proporcionar y que mantendrá la fiebre lo suficiente como para que el calor sea soportable.

Harry parpadeó. —Huh. Muy bien, no lo sabía.

Draco rió suavemente. —No te preocupes, no te criaron en mi casa. Mi madre cree que un Omega debería ser consciente de cómo funciona su cuerpo, y no escatima detalles.

Harry asintió. —Ah, comprendo. Bueno, he terminado.

Draco sonrió. —Yo también. ¿Ron?

Ron asintió, metiendo otro trozo de tocino en su boca. —Sí, podemos irnos.

Los tres se dirigieron a la biblioteca.

 


 

 

—Tu tercer ojo está inusualmente abierto hoy —dijo una chica rubia, sentada frente al trío, que estaba trabajando en sus ensayos de Defensa.

Draco levantó la vista y asintió con la cabeza. —Heredera Lovegood —saludó amablemente.

La niña sonrió y asintió en respuesta. —Heredero Malfoy, Lord Potter. Soy Luna. Entonces, ¿qué has estado haciendo para abrir tu tercer ojo?

Las cejas de Harry se alzaron. —¿Cómo lo sabes ? —preguntó, bordeando la pregunta.

Luna tarareó. —Sé muchas cosas. Y tu tercer ojo es evidente. Justo allí. —Se estiró sobre la mesa y le dio un golpe a Harry en la frente.

Harry sintió un dolor agudo y cubrió el área. —¡Argh! ¡No lo toques! —gritó agitado—. ¡Eso dolió! 

Luna sonrió ampliamente. —Como dije, está abierto —afirmó—. ¿Has estado tratando de ver?

Harry la fulminó con la mirada. —¿Y qué si lo hago?

Luna sacudió la cabeza con un suspiro. —Verás cosas alarmantes. Cosas que no puedes esperar entender todavía —advirtió.

Harry se encogió de hombros. —Bueno, tendré que aprender a vivir con eso, entonces —le dijo—. No voy a detenerme cuando ya progresé tanto.

—Bien —dijo Luna, levantándose—. No digas que no te lo advirtieron —agregó mientras se marchaba.

Harry frunció el ceño. —Eso fue raro —murmuró, frotándose el tercer ojo con cuidado.

Draco se rió entre dientes. —Luna siempre es un poco rara. Pero ella generalmente tiene razón. ¿Qué has estado haciendo?

Harry resopló. —Ejercicios de meditación. Te haré saber si alguna vez funcionan —le dijo al otro adolescente.

Draco asintió con satisfacción. —Lo suficientemente justo. Ahora, volvamos a este ensayo. Tengo un potencial compañero que impresionar —dijo.

 


 

[1] Honour’s End, preferí dejarlo así, pero igual me gustaría. «Muerte con honor».