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Somos tu y yo

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Jackson sabe que este no es su hogar. Por mucho que Derek gruña, por mucho que Lydia insista, no es capaz de sentir la manada como un hogar. No es hogar cuando Stiles gasta bromas, no es hogar cuando Scott planea alguna salida de la manada, ni siquiera es hogar cuando su alfa le invita a quedarse en el loft, solo es una obligación, algo que tienen que hacer porque saben que Jackson se está descontrolando. Que el Kanima está tomando el control de nuevo. Saben que no le pueden perder de vista, después de todo, Jackson no tiene un ancla a la que aferrarse, no cuenta con alguien o algo que lo ate a la realidad. Solamente tiene su sarcasmo y su arrogancia. Y Jackson no es tan temerario como ellos piensan, porque lo sabe, pero no quiere aceptarlo y tampoco quiere entenderlo.

-¿Por qué no pueden dejarme en paz de una vez?- gruñe más que habla mientras sube las escaleras del loft.

Incluso sus padres biológicos fueron incapaces de aceptarle y quererle, apartándole de sus vidas antes de que fuera capaz de conocer lo que tener una familia significaba. Si no fue suficiente para unos padres que se supone tenían que amarle y protegerle sin importar nada, porque iba a ser suficiente para un grupo de personas que se habían visto obligadas a aceptarle como parte de algo, algo de lo que ni el mismo se sentía parte. ¿Por qué la manada no podía hacer como sus padres y simplemente dejarle en paz?

Las luces están apagadas, pero la luz de la luna se cuela por las ventanas. Su habitación es la primera a la izquierda, en frente de la de Derek y al lado del baño. La puerta del fondo siempre permanece cerrada, incluso ahora que Peter está viviendo con ellos. Nadie quiere tratar con la oveja negra de la familia, o talvez, nadie se atreve. Incluso Derek parece haber tirado la toalla en lo que a su tío respecta.

Una vez en su cuarto y con la puerta firmemente cerrada sus espaldas, se deja caer en la cama como un peso muerto. Solo quiere cerrar los ojos y que el mundo desaparezca por un instante y deje de girar. Que todo se detenga y pueda bajarse, aunque solo sea por un momento. Aunque solo sea para coger una bocanada de aire fresco antes de que la realidad ataque de nuevo.

-¿Estas bien?- pregunta una voz a su derecha.

Suprime un gruñido al darse cuenta de que una vez más su mente ha olvidado que su vida no es como antes. Que su habitación ya no es solo su habitación. Isaac está al otro lado del cuarto, sentado en su propia cama mirándole con esos ojos pálidos que parecen verlo todo. Incluso cuando tú mismo no eres capaz de verlo.

Por un momento se niega a reconocer la presencia del otro lobo, está cansado de las mismas preguntas una y otra vez. no quiere pelear, no quiere empezar una batalla cuando sabe que va a perder. Nunca ha tenido posibilidades de ganar, al menos no contra Isaac.

La voz le sale amortiguada contra la almohada

-No es de tu incumbencia.

Puede sentir a Derek en el piso de abajo, pero sabe que el alfa no va a intervenir, al menos no aún. Su propio orgullo no se lo permite. Sin embargo, su corazón late más rápido de lo habitual y su respiración es forzada. Está esperando por la pelea, preparándose por si necesita subir, por si el Kanima pierde el control. Es una reacción que hasta hace unas semanas era exclusiva para Peter y no sabe si sentirse orgulloso por haber logrado alterar al alfa o asustado por estar incluido en la misma categoría que el lobo. Antes pensaba que no era tan malo ser un Kanima, ahora lo odia. Ni siquiera en eso puede ser normal.

-Estas quedándote en mi habitación, todo lo que hagas me incumbe. - “mi habitación”, no “nuestra”. Y eso que lleva casi un mes viviendo con ellos. Duele, pero se niega a reconocerlo.

No hace ademan de responder, las palabras no quieren salir. Aunque quisieran, no sabría qué decir. No a Isaac. El chico de ojos tristes que vivía en la casa de enfrente, el chico de ojos tristes que siempre parecía estar pidiendo ayuda con los ojos, el chico de ojos tristes asustado de su propia voz. Asustado de las consecuencias.

Gira el cuerpo acercándose a la pared, arrastrándose por la cama hasta que el hormigón frio le hace daño en la frente y en las rodillas. Siente las sabanas moverse al otro lado de la habitación, siente el crujido de la madera en el suelo y sabe que Isaac se ha levantado, pero, sin embargo, no le escucha acercarse. Puede oír sus pensamientos dando vueltas en su cabeza y sabe que está dudando entre disculpa o simplemente abrir la puerta e irse. Pero conoce a Isaac y sabe que la única opción posible es la primera. Es demasiado bueno y su corazón es demasiado grande. Y eso es algo que no se puede permitir, algo que no merece, porque después de todo Isaac tiene razón.

-Vete a jugar a las casitas con tus amigos, a vivir vuestra propia historia feliz… o mejor aún, pídele a tu novio Scotty que te lleve una cita, estoy seguro de que conoce los mejores lugares de Beacon Hills. Además, después de su experiencia con Alison seguro que te da flores y te sujeta la puerta como un auténtico caballero. Y sino, conozco un restaurant que os va a encantar, solía ir con… -la frase muere en sus labios al darse cuenta de que está escarbando en su propia tumba, de nuevo. Parece que últimamente es lo único que sabe hacer, eso y hacer daño a los demás, es experto en hacer daño a los demás. Su relación con Lydia ya no es lo que era. Siguen siendo amigos y se acuestan de vez en cuando, pero todo ha cambiado. Le gustaría poder echar toda la culpa al Kanima por ello, pero la mayoría tiene su propia marca grabada.

-Jackson, yo…

No le deja terminar la frase, no quiere oír lastima en sus palabras. La misma lástima que ahora escucha en la voz de todos.

-¡¡Déjame en paz!! ¡¡Dejadme todos en paz!! ¡Lárgate! – de repente se encuentra de pie, en el centro de la habitación y sabe que está perdiendo los estribos de nuevo y que esto solo le costara otra maldita charla con Derek, pero no puede contenerse. No hay nada más que odie que la lastima, no la necesita. Es el maldito Jackson Whittemore, no necesita a nadie, siempre ha estado solo y puede cuidarse perfectamente bien.

La mirada de Isaac esta clavada en él, no sabe cómo reaccionar ni que hacer. Puede ver los ojos del Kanima reflejados en los azules de Isaac y no puede evitar pensar, que, en una extraña y macabra forma, los irises rasgados tienen algo hermoso. No se sorprende cuando no ve miedo en la mirada del lobo, Isaac ya no se asusta, al menos no de él.

- Jackson, - llama con un pequeño hilo de voz- tranquilízate, respira. - Como el que intenta calmar a un animal salvaje. Sus ojos son grandes, demasiado grandes para su cara y Jackson sabe que está viendo demasiado, que está dejando que Isaac vea demasiado. –No quiero hacerte daño, nadie quiere hacerte daño, Derek solo busca lo mejor para ti.

Sabe lo que viene a continuación y no quiere escucharlo. No quiere volver a oír la misma mentira una y otra vez, como un disco rayado que gira y gira y nadie se molesta en cambiar. No quiere que se sigan riendo de el en su puñetera cara.

-Me voy, tengo que irme de aquí- murmura apresuradamente mientras sus ojos recorren toda la habitación buscando una vía de escape. La puerta está más cerca, pero no puede usarla, no quiere tener que ver a Derek, no ahora. La ventana parece la opción mas factible. Son varios pisos de caída al vacío, pero los soportara, el Kanima se encargará de que sobreviva, al menos, una noche más.

Sabe que Isaac ha visto su plan de huida claramente reflejado en sus ojos, pero antes de que el lobo pueda hacer algo para detenerlo, Jackson ya está en movimiento. Abre la ventana velozmente, arañándose la piel de los nudillos contra el pestillo, coloca los pies en el alfeizar y salta.

Se deja caer, y por un momento, mientras el aire le roza parece que los problemas no existen, que todo está bien de nuevo. Que sus padres adoptivos, son sus padres de verdad, que Lidia sigue enamorada de él, que sus amigos son reales. Pero el suelo le golpea tan fuerte como lo hace la realidad.
El corte en su mano ya ha comenzado a sanar y la torcedura de tobillo tras la caída no parece importante en su afán por escapar. Nada duele, todo queda atrás a la vez que las luces de la ciudad, a la vez que se adentra en el bosque, con la noche y la luna como únicas compañeras.

Aun puede escuchar los latidos del corazón de Isaac, veloces y fuertes, pero al igual que todo lo demás estos van desapareciendo poco a poco, olvidados en la distancia.

Corre hasta que no puede más, hasta que los pulmones le arden y el corazón parece a punto de explotar. Hasta que su mente le obliga parar y le dice que basta, que no puede seguir así, que este camino que parece empeñado en seguir no tiene salida. Intenta callarla, pero esta parece que cada vez sube más de volumen y finalmente solo puede escuchar una única frase, repetida una y otra vez, con distintas voces y matices, a veces más alto otras más bajo, superponiéndose como una cacofonía sin final.

“Somos una manda”

Las voces de Derek y Lydia son las peores, se repiten una y otra vez, más que las demás, más alto, más claro; pero no son las que más duelen, y no lo entiende.

Entonces recuerda esos ojos claros, que le miran detenidamente, como un puzle que por algún extraño motivo necesita resolver.

Ni siquiera es hogar cuando Isaac le mira así, como si de verdad importara.

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El instituto casi se siente como el hogar. De alguna extraña forma, es lo único que se acerca, es parte de la rutina, algo que el Kanima aún no le ha quitado. Todos le tratan como siempre, puede que ya no sea el inalcanzable capitán de lacrosse, pero sigue siendo el inalcanzable Jackson Whittemore. Danny le espera junto a su taquilla, como siempre. Una constante que como todo lo demás, desaparecerá. En el fondo tiene miedo estar solo, pero tiene más miedo a admitírselo a sí mismo, si lo hace, habrá perdido.

Caminan en silencio, hombro con hombro. Danny siempre ha sido el mejor entendiendo su estado de ánimo, la mayoría de las veces ni siquiera necesitan palabras. La voz acalorada de Lydia llega clara desde el fondo del pasillo, parece estar discutiendo con alguien, y no tiene dudas de que ese alguien es Stilinski. McCall tampoco debe de andar muy lejos, no puede vivir separado de su otra mitad. No necesita olerlo ni oírlo para saber que Isaac esta con ellos, después de todo, el lobo parece tener una adoración ciega por Scott. Y por supuesto, eso no le molesta.

-Nos vemos en clase. - y sin esperar respuesta gira en redondo y desaparece dentro del servicio de chicos. Sabe que Danny le ha oído, está acostumbrado a sus cambios repentinos de humor y después de tanto tiempo sabe cómo manejarlos.

Por una vez la suerte parce estar de su parte y el baño está completamente vacío. Apoya las manos en el lavabo y observa su reflejo en el espejo. La persona que está al otro lado parece un desconocido. Ojeras rodean unos ojos que le devuelvan una mirada vacía, sin sentimiento. Piel pálida y amarillenta cubre unas facciones demasiado marcadas y sin vida. El pelo ya no brilla y cae sobre su frente como una cortina apagada. Ya no recuerda cuando fue la última vez que se sintió vivo.

La ropa no ayuda. Es la misma que el día anterior y sabe Isaac no va a ser el único en darse cuenta de ese detalle. Stiles es demasiado listo como para pasar por alto algo así. Incluso si Isaac no les ha contado la escena del día anterior, todos van a saber que algo está mal, o bueno, peor de lo normal. No quiere darles esa satisfacción, no quiere ver sus miradas cargadas de lástima, no quiere oír sus palabras.

La máscara va apareciendo poro a poco sobre su cara. La sonrisa de superioridad aparece sola, los ojos aprenden de nuevo ese gesto de soberbia y aburrimiento y su postura recupera la prepotencia que tanto le caracteriza. Le asusta ser capaz de reconocerse cuando se convierte en Jackson Whittemore, le asusta no reconocerse cuando es simplemente Jackson.

Hay alguien esperándole al otro lado de la puerta y una parte de él solo quiere huir, esconderse lejos y no tener que enfrentarse a las miradas del resto de la gente, esconderse en un lugar muy pequeño, donde ya no pueda sentir nada. Otra parte sabe que no puede hacerlo, que tiene que seguir adelante sin importar qué, que él es más fuerte que todo eso, que no necesita a nadie.

Cuando abre la puerta, tres pares de ojos le observan fijamente.

- ¿Qué quieres Stilinski? Estas estropeando la vista que tengo del pasillo.

El castaño frunce los labios y mira a sus acompañantes, como si estuviera buscando la respuesta a una pregunta que aún no sabe.

-Te lo dije Isaac, está perfectamente. - gruñe encogiéndose de hombros.

El lobo enrojece hasta las orejas y los ojos de Jackson se clavan sobre el sin que pueda evitarlo.

-Gracias por la preocupación Lahey, pero tengo cosas más importantes que hacer que hablar con unos pardillos como vosotros.

No les deja responder, no quiere ver la mirada triste en los ojos de Isaac, la sonrisa socarrona en la cara de Stiles o la mueca enfadada de Scott. Gira sobre sus talones y se abre paso entre ellos, evitando tocarles en la medida de lo posible. El timbre está a punto de sonar y no quiere llegar tarde a clase. La primera hora es con Harris y no quiere empezar la mañana con mal pie.

- ¿Ves? Perfectamente, no sé porque te preocupas.

A pesar de que ya no puede verlos, escucha las palabras de Stiles y apresura sus pasos. Necesita estar lo suficientemente lejos como para que la decepción en la respuesta de Isaac no llegue a sus oídos.

Siente el móvil vibrar en su bolsillo, pero lo ignora. Seguramente sea Derek intentado adivinar donde demonios pasó la noche. Como si de verdad le preocupase su bien estar y no únicamente el de los demás, como si no supiera que los ojos del alfa están vigilándole constantemente.

Cuando entra en clase lo primero que ve es el cabello de Lydia. Es igual que siempre, el mismo color, el mismo estilo, la misma longitud, pero ahora le parece diferente. Menos brillante, menos interesante. Está apoyada en su escritorio, hablando animadamente con Danny. Su sonrisa resplandece y sus ojos parecen tener luz propia, pero todo se apaga en el momento en que la rodea con sus brazos. Su cuerpo se tensa bajo su toque y al momento ella vuelve a estar llena de sonrisas y besos. Si no fuera porque la conoce, por un momento podría pensar que se lo ha imaginado.

-Jackson- ronronea más que habla.

Danny les observa fijamente, como si supiera algo más, algo que ninguno se atreve a decir aún. Últimamente siempre les mira así. Conoce a Jackson demasiado bien, conoce sus muecas, sus miradas, sus gestos. Sabe que algo pasa, que las cosas no van tan bien como siempre, que todo ha cambiado. Lo que aún no sabe es el porqué, y si de Jackson depende, nunca lo sabrá.

-Recuerda que prometiste acompañarme hoy de compras, estoy muriendo por unos zapatos nuevos- lo dice alto, lo suficiente para que todos en clase puedan oírlo.

Ese es su juego. El de los dos. Ante el público todo está bien, todo tiene que estar bien. Por dentro, su relación se está muriendo. Lleva meses muriéndose, incluso antes del Kanima. Ninguno de los dos ha sido capaz de mantenerla a flote, quizá ninguno de los dos quiera hacerlo. Quizás ha llegado ese momento en el que simplemente ambos deberían dejarlo ir, dejar de hacerse daño mutuamente y simplemente aceptar que ya no queda nada entre ellos. Que la costumbre y la obstinación no son los mejores pilares sobre los que construir una relación.

-Por supuesto, nos vemos a la salida del instituto- y con un simple beso en la mejilla Lydia ha desaparecido contoneándose hacia su asiento.

Por un instante su mirada se pierde en el movimiento de sus caderas, en ese cuerpo que después de tanto tiempo, conoce como el suyo propio. Y ya no es lo mismo, no se siente igual. Sus gestos y sus coqueteos ya no le llaman la atención, ya no captan su mirada como antes. Hace mucho tiempo que nadie es capaz de captar su interés, todos son demasiado aburridos y demasiado predecibles. Todos se fijan en la máscara que siempre lleva puesta y nadie es capaz de verle realmente. Y es su culpa, y lo sabe. Pero tiene miedo.

El móvil vuelve a vibrar en su bolsillo, llamado su atención. Tiene dos mensajes esperándole, ambos de Derek. Uno de ellos en una conversación privada y el otro en el chat grupal de la manada.

“¿Dónde dormiste? Estuvimos esperándote toda la noche”

“Estuvimos”, no “estuve”. La implicación de esa sola palabra le asusta y no tiene fuerzas para enfrentarse a ello. No ahora. A lo mejor, nunca las tendrá.

“Reunión a las 17:00 en el loft”

Pretende no entender las palabras o simplemente ignorarlas. No quiere ir, no quiere enfrentarlos una vez más.

Unos pasos apresurados se acercan a la puerta. Stilinski entra el primero, corriendo y derrapando entre las mesas, con esa maldita sonrisa que siempre lleva pegada a todas partes. Justo detrás entra McCall, su mirada deslizándose por toda la clase, buscando algo, o a alguien. Alguien que ya no está. Por ultimo entra Isaac, con los ojos clavados en el suelo, intentando hacerse más pequeño, como si quiera pasar desapercibido y finalmente desaparecer.

Isaac no ha tenido una infancia fácil, ni en casa ni en la escuela. Y muchos de sus compañeros no le dejan olvidarlo, y él tampoco quiere. Tiene su propio mecanismo para lidiar con ello, mantener los ojos bajos y no interactuar con nadie fuera de su círculo de amigos y Jackson lo respeta. Él tiene su máscara, es diferente, pero efectiva.

Los tres ocupan sus asientos antes de que Harris entre por la puerta. Scott y Stiles se sientan juntos desde siempre, es una combinación que no se puede separar, allá donde esta uno, el otro le acompaña. Son más que simples amigos y Jackson lo odia. Odia la relación que tienen, la confianza y la lealtad ciega el uno en el otro.

Siente la mirada de Isaac desde su asiento, detrás de él. Como si fuera capaz de saber lo que está pensando. Se gira, buscando esos ojos que parecen conocerle mejor que nadie, buscando un enfrentamiento. Buscando una forma de hacer que pare. Una vez más, tiene que apartar la vista. Una vez más la máscara parece no funcionar ante Isaac. Esos ojos azules, que parecen verlo todo, que pueden atravesar todas sus paredes, como si de aire se tratase.

 

Como si la máscara no funcionase con esos ojos pálidos.

Por primera vez Jackson no sabe lo que está ocurriendo, por primera vez el resto del mundo parece saber más que Jackson. Danny a su lado no dice ni una palabra, pero su mano entra en su campo de visión y con precisión, como si lo hubiera hecho muchas veces, busca la página que toca y deja el libro de Jackson abierto sobre el pupitre.

Nadie se da cuenta, y si lo hacen parecen ignorarlo. Solo hay unos ojos que permanecen clavados en él, que le siguen mirando detenidamente. Ni siquiera es hogar cuando Isaac le mira así, como si de verdad importara.

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Son los últimos en llegar, las voces se detienen, las palabras mueren en los labios, todos se detienen para observar. Derek insiste que el loft es su casa ahora, pero Jackson nunca se ha sentido tan lejos de su hogar.

-Llegáis tarde- Y Jackson sabe que eso no es lo único que Derek le quiere decir, pero también sabe que no lo hará, al menos no delante de su manada, no puede perder los estribos delante de ellos. No puede permitir que Jackson pierda los estribos delante de ellos.

-Cosas de chicas- murmura Lydia como única respuesta.

-¿Jackson necesitaba una compresa?

-Cállate Stilinski- sus palabras salen solas, sin que pueda pararlas, pero no se detiene a esperar una respuesta, sigue caminando hacia su pequeño rincón seguro en las escaleras, tras los barrotes, protegido de las miradas, seguro. Es el sitio de Peter, pero hace tiempo que nadie le ve. Por un momento se siente como él. Apartado de la manada y obligado a verlo todo desde una posición diferente, lejos, como un espectador, alguien a quien no necesitan, alguien a quien tienen que vigilar.

-Cómo iba diciendo, el departamento del Sheriff ha encontrado dos nuevos cadáveres. Afirman que los culpables son animales salvajes, pero tengo otra teoría. Hace dos días me pareció oler el rastro de un lobo solitario a las afueras de Beacon, no le di importancia, pero estaría bien investigarlo.

- ¿Y ahora nos avisas de eso? Si lo hubiéramos sabido esas muertes…

-No Stiles, un lobo solitario es muy peligroso, nunca sabes cómo va a actuar. Además, aún no sabemos si es el culpable

-Igualmente, ¡tendríamos que haberlo seguido o al menos intentar descubrir que hace aquí!

-Derek tiene razón Stiles, un solitario es muy peligros. No tiene un ancla que le ayude a aferrarse a su humanidad. No tiene control alguno sobre sus acciones ni sobre su lobo, por eso son tan peligrosos. No hay nada que les haga distinguir lo que está mal y lo que está bien, donde está el límite que no deben cruzar.

La voz de Lydia entra en la cabeza de Jackson como una corriente de aire huracanado, golpeando todos sus botones a la vez. Es la descripción de un omega, de un lobo que no tiene manada ni familia, que no tiene ancla, que no tiene nada a lo que aferrarse. Sabe que no están hablando de él, pero no puede negar que es exactamente lo mismo, la misma situación, el mismo peligro.

Puede oír las voces de los demás, sabe que están ideando un plan, preparando una estrategia para hacer frente a la nueva amenaza, pero no les escucha. Su mente está ocupada manteniéndole a flote, manteniendo la máscara.

Se levanta lentamente, intentando no hacer ruido y pasar desapercibido en una casa llena de hombres lobos con sentidos súper desarrollados. Sabe que no lo va a conseguir, que alguno de ellos se dará cuenta de su huida repentina, pero confía en que por una vez le dejen en paz.

Se refugia en su habitación, en su cama, el único lugar del loft que siente como verdaderamente suyo. Las sabanas aun huelen a su antigua casa, la textura y los sentimientos que hay en ellas le recuerdan los buenos momentos que vivió allí. Las tortitas con su madre, ir a pescar con su padre, los cuentos antes de dormir, las mil y una aventuras que vivieron juntos… cuando aún eran sus padres de verdad, no unos extraños a los que les dio pena y decidieron adoptarlo, cuando aún tenía un sitio al que llamar hogar.

Esta vez no se sorprende cuando unos pasos tranquilos se cuelan en la habitación y la puerta se cierra suavemente, como un suspiro. Sabe quién es, solamente una persona seria capaz de moverse con tanta calma. Aun así, esperaba un poco más de tiempo para sí mismo, para poder recomponerse antes de tener que enfrentarse al mundo. Un poco más de tiempo antes de que Derek mandase refuerzos.

-Dile a tu alfa que no se preocupe, que estoy controlado. No necesito un perro guardián las veinticuatro horas del día.

Isaac ni siquiera reacciona ante las palabras y por alguna razón, Jackson no se sorprende.

-También es tu alfa, y él no me ha dicho nada.

Esta vez la mirada de Jackson es la que le busca y cuando finalmente le encuentra no sabe que decir. Esta sentado en su cama, con los ojos sobre Isaac que le observa seriamente desde la puerta, y no sabe que decir. No lo entiende, no entiende porque el lobo está ahí, esperando algo que parece nunca va a llegar.

-No lo entiendo, ¿qué haces aquí?

-Comprobar si estás bien- le responde como si fuera lo más obvio del mundo. Como si fuera normal que alguien se pueda preocupar por él. Las cosas que no entiende empiezan a amontonarse unas encima de otras, y el espacio que ocupan es demasiado grande- Lydia no se refería a ti. No eres un omega.

- ¡Claro que no soy un omega! Ni siquiera soy un hombre lobo. - Y decirlo en voz alta duele, duele más de lo que esperaba. No es como los demás, no es de la manada.

-Da igual, no eres un solitario

La cama chirria cuando se levanta, los tablones de madera crujen a medida que sus pies se acercan al lobo.

- ¿Qué te hace pensar eso? No tengo una manda, no tengo una familia, ni siquiera tengo un maestro. ¡Soy un solitario! Kanima o hombre lobo, ¡soy peligroso!

-No necesitas un maestro, necesitas un ancla. Alguien que te ayude, alguien que te entienda.

Ahora es Isaac el que intenta acercarse, pero Jackson no le deja. Por cada paso que uno avanza, el otro retrocede dos. No le quiere cerca, no lo quiere en su espacio, necesita sus defensas en medio, necesita tenerlo controlado. Isaac es una bola de sentimientos y él no se los puede permitir.

-Claro, y dime Lahey, ¿conoces a algún candidato? ¿Tanto odias a alguien como para querer atarlo a mí? No sé tú, pero la oferta no suena muy tentadora- el sarcasmo es su mejor arma, sabe cómo usarla, sabe dónde apuntar para hacer daño. Pero a Isaac parece no afectarle, pocas veces lo ha hecho.

-Lydia podría hacerlo, vosotros dos…

- ¿Lydia? – intenta evitarlo, pero una carcajada amarga escapa de sus labios, debería haber imaginado que esa sería la solución del lobo. - ¿estamos hablando de la misma Lydia? Ya lo intentamos una vez, y no funciono.

Ambos tenían sentimientos, pero no eran lo suficientemente fuertes. No son lo suficientemente fuertes y Jackson no puede obligarla a ser algo que ella no quiere ser. No después de darse cuenta de que lo que compartían no era lo que el Kanima necesitaba, lo que Jackson necesitaba.

-Pero en el instituto…

-Céntrate Lahey. Esto no es una bobada de instituto, ni un baile de adolescentes o una película de amor. No puedes encontrar un ancla, así como así, no puedes hacer que aparezca alguien con un truco de magia, esto es la vida real.

-Yo… yo podría ser tu ancla

Y eso no se lo espera, y menos aun viniendo de Isaac. Nunca imagino que el lobo fuera capaz de jugar así, incluso con él, pero la seriedad en su mirada le dice otra cosa, una en la que no quiere pensar, que no quiere ni plantearse.

-No es el mejor momento para bromear.

-No es una broma, yo podría ayudarte, podríamos hacer que funcione.

- ¿Y cómo planeas hacerlo? ¿Cuál es tu gran plan? ¿Piensas vivir pegado a mi cadera? ¿Vas a seguirme al instituto, a los entrenamientos de lacrosse, a clase, incluso al baño?

-Si es lo que necesitas, sí. No me separaré de ti ni un momento. Juntos, haremos que funcione.

Y de nuevo, Jackson se queda sin palabras. No sabe cómo reaccionar, no sabe qué hacer. Observa a Isaac, como si lo viera por primera vez, sus ojos, su sonrisa, su nariz, su pelo, todo. Como si fuera una persona distinta la que ahora está parada delante de sus narices. Y no sabe cómo actuar. No conoce a este Isaac. Pero tampoco hace falta que hable, porque este Isaac sí que parece conocerle a él. Y sabe responderle, incluso cuando Jackson aún no sabe la pregunta.

-Porque mereces una oportunidad para demostrar quién eres. No eres esa mascara que siempre llevas puesta delante de los demás. No tienes que esconderte, no de nosotros, somos una…

Y el mundo de Jackson deja de girar. Se detiene por completo, como si alguien hubiera echado el freno. Esas palabras de nuevo, que se repiten una y otra vez dentro de su cabeza. Solo sabe que necesita detenerlo, que tiene que pararle ahora, q no puede huir una vez más.

No es un beso, tan solo es un roce de labios. Una estrategia desesperada por no escuchar esas palabras de nuevo, por no tener que oírlas, por no tener que verlas salir de los labios de Isaac.

Cuando sus bocas pierden el contacto y sus ojos se abren de nuevo ninguno sabe qué hacer. Sus frentes están tocándose, como si no quisieran separarse, como un pequeño hilo que los mantiene unidos. Sus miradas están enfrentadas, pero por una vez, no dicen nada, tan solo de observan, buscando algo que ambos necesitan desesperadamente.

Ninguno es consciente de la mano de Isaac que se desliza por la mejilla de Jackson, o de los dedos de Jackson que se enredan en los rizos de Isaac. Tan solo son capaces de acercarse, de volver a juntar sus labios, de encontrar lo que ambos estaban buscando.

Esta vez es diferente. Es como una caída libre al vacío, un vacío que no sabes cuándo va a terminar. Es como deslizarse por el agujero de Alicia en el País de las maravillas. Es sentirse libre por primera vez, pero a la vez estar completo. Como si la pieza que te falsaste del puzle acabase de aparecer después de horas buscándola. Como si ambos llevasen esperándose mutuamente durante toda la vida.

Cuando se separan, lo hacen despacio. La mano de Isaac sigue en su mejilla, la de Jackson en sus rizos. Sus frentes continúan juntas. Sus ojos no pueden separarse, no quieren separarse.

-Porque tú, también eres importante.

Y entonces la burbuja se rompe, todo explota a su alrededor. La caída termina, el agujero se ha acabado, las piezas se han soltado y vuelve a faltar algo. Vuelve a faltar lo mas importante.

No le da tiempo a reaccionar, ni siquiera a pestañear o respirar. Jackson ha desaparecido por la puerta, escaleras abajo. No se detiene hasta que no está fuera del loft, al aire libre. No le importan las voces de los demás llamándole, los gritos de Lydia o los gruñidos de Derek, solo necesita escapar. Huir de todo y de todos, esconderse, desaparecer, olvidar.

Y por primera vez, Jackson se admite a si mismo que tiene miedo, miedo a que le vuelvan a traicionar, miedo a la lastima, a la pena, miedo a confiar en alguien, miedo a los sentimientos.

Ni siquiera es hogar cuando Isaac le mira así, pero por un momento lo fue, por un momento sus ojos y sus labios se sintieron como el hogar. Por un momento, Jackson se sintió menos vacío, mas completo.

Y ahora, sabe que ha perdido.

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Cuando por fin deja de correr, el campo de lacrosse le da la bienvenida como un viejo amigo. Aun es de día, pero por la posición del sol, no queda mucha luz antes de que la luna haga su aparición. No le da miedo la oscuridad, al menos ya no. Ha aprendido a aceptarla y a tratar con ella. A usarla para sus propósitos.

Observa las gradas, el campo, las porterías. Se deja llevar por la familiaridad y la costumbre. Por las horas practicando sin descanso, por los goles marcados, por esos momentos en los que aún era Jackson Whittemore, en los que aún tenía amigos, una novia, una familia.

Los recuerdos le asaltan y por primera vez no quiere escapar de ellos. O no tiene fuerza para hacerlo. Ya ha perdido, así que rendirse, aunque solo sea por unos segundos, no suena tan mal.

Recuerda el primer año en el campo, la primera prueba para formar parte del equipo, la primera vez que conoció al entrenador. La competitividad por ser el mejor, por ser el capitán, con conseguir que todos se fijasen en él, que todos estuvieran orgullosos. Conocer a personas nuevas, compañeros con los que compartir las victorias y las derrotas, todos listos para pelear por ser los mejores, por un objetivo común.

El primer gol. La euforia por ser el primero. La alegría por compartirlo con tus compañeros, con tus amigos, con Danny. La ansiedad al mirar a la grada, al buscar a esas dos personas que prometieron estar ahí, atentos y listos para celebrar. La decepción al no encontrarlos, al darse cuenta de que una vez más, su ausencia pesa más que cualquier palabra o acción. La aceptación, resignarse a que nunca han estado ahí, a que nunca estarán. Acostumbrarse a ello, esconderlo dentro, ocultar el daño.

Descubrir que realmente no los necesitas. Que no necesitas a nadie. Que puedes ser el mejor a pesar de su ausencia. Que vas a demostrárselo, que no pueden contigo, que no van a poder.

El segundo gol, el tercero, el cuarto, el décimo, el trigésimo cuarto. Nuevas caras en las gradas, nuevas caras en el equipo. Una constante, Danny. Alguien nuevo por el que luchar, Lydia. De nuevo la alegría por marcar un gol, por dedicárselo a tu novia, por tener a alguien en las gradas que te apoya incondicionalmente.

Los recuerdos fluyen sin control ni orden. Pero no hacen daño, son como las olas del mar en la orilla de la playa. Se acercan tímidas, temerosas a ser mal recibidas, pero siempre llegan y te acaban mojando. Es algo que le hace humano, que le hace sentirse como los demás.

Es parte de lo que fue y de lo que es. Igual que el Kanima es parte de lo que será. Parte de su nuevo futuro, por mucho que lo odie, por mucho que quiera evitarlo. Es parte de su vida ahora. Pero eso no quiere decir que tenga que gustarle o que tenga que aceptarlo.

-Nunca he entendido cual es el atractivo del lacrosse. – no le ha oído acercarse, ni siquiera le ha olido.- Lo mío era el baloncesto

No contenta, no sabe cómo. Nunca ha tenido una conversación con Derek que no estuviera basada en gruñidos, gritos y amenazas. Le mira de reojo, parado a su lado, pero a la vez lejos, muy lejos. Como una isla a la que no puede llegar.

-No sé lo que ha ocurrido con Isaac. No ha querido decir nada excepto que es su culpa.

-No he hecho nada- las palabras le salen temblorosas.

-No he dicho que lo hicieras- y no es lo que Jackson espera oír. –No sé lo que ha pasado. Puede que sea un hombre lobo, pero contrario a lo que todos opinan, intento respetar la privacidad de los que me rodean. A diferencia de Stiles. – no lo ve, pero puede sentir la sonrisa en los labios del alfa. - puedo oler las emociones, pero eso no quiere decir que las entienda. Scott es fácil de leer, es como un libro abierto, no sabría esconder sus emociones ni aunque quisiera. Stiles es agotador, siempre rodeado de emociones entrelazadas, nunca sabes que está sintiendo exactamente. Isaac es más tranquilo. Uno pensaría que después de todo lo que ha pasado… pero lo esconde bien.

-No entiendo a dónde quieres llegar Derek. Esto no tiene nada que ver conmigo. - y de nuevo Jackson tiene miedo.

Miedo del alfa que, sinceramente, no es tan diferente. Miedo del lobo que lo ha perdido todo y ha tenido que sobrevivir y aprender a vivir sin ello. Miedo de que alguien comprenda lo que pasa por su cabeza. De que alguien sepa lo que estar solo, ser un omega.

-Tu eres diferente. - Y los ojos verdes se giran y le observan. Como si fuera la primera vez que lo ven o la primera vez que realmente se molesta en ver y no solo en mirar. – No por que seas un Kanima, eso no tiene nada que ver. Tus sentimientos son abrumadores, como si estuvieran gritando hasta quedarse afónicos, y eso lo complica todo. no son fáciles de distinguir, sientes tan fuerte que los hombres lobo a tu alrededor son incapaces de percibirlo. Incluso a mí me cuesta hacerlo

Las palabras resuenan en la oscuridad que ya ha llegado sobre ellos. Se deslizan por el aire, como un eco que nunca se acaba. Jackson no sabe que decir, no sabe cómo contestar ni como reaccionar. Pero Derek no parece estar esperando una respuesta. Sus ojos vuelven a moverse y esta vez se fijan en las gradas de lacrosse, perdidos en un punto que solo él ve.

Jackson no se mueve, no puede. Quiere escapar y olvidar las palabras del alfa. Quiere huir de nuevo, como lo ha estado haciendo toda su vida. Irse y esconderse, esperar hasta que pase la tormenta. No le gusta enfrentarse a las cosas, no se atreve. Nadie le ha enseñado como, nadie se ha preocupado de enseñarle.

-Soy un alfa, pero nunca quise serlo. No era mi responsabilidad, ni mi deber. Pero lo soy. Tú no eres un omega, pero pareces querer serlo. Sé que no quieres oírlo, sé que no estás preparado aún. Pero tenemos razón y en el fondo lo sabes. No estás solo, pero necesitas un ancla. Podemos protegerte y podemos ayudarte, pero no podemos hacerlo solos. Tienes que quererlo y luchar por ello. Y tiene que ser por ti, no por nosotros.

El silencio vuelve a rodearlos, y de nuevo Derek parece entender. No busca una respuesta, ni siquiera espera una.

-Scott y Stiles se han ido a casa. Querían esperar en el loft, pero no sabía si sería capaz de encontrarte, así que los mande a casa. Lydia se fue con ellos. Isaac está en el loft, casi tengo que atarlo para evitar que me siguiese. Cuando decidas volver ambos estaremos allí, esperándote

Le da la espada, de nuevo sin esperar nada, caminando hacia el bosque. Como si la conversación que acaban de tener no estuviera poniendo el mundo del Kanima patas arriba.

-Y Jackson, ni una palabra de esto a nadie. Stiles no me dejaría olvidarlo.

Y con esas palabras desaparece. Sin hacer ruido, sin hacerse notar, tal y como llego.

Si no fuera por las lágrimas que ahora caen de sus ojos, Jackson podría jurar que todo ha sido una alucinación. Pero el nudo en su garganta y el temblor de sus manos impiden esconderse de la realidad. Esta vez no tiene escapatoria.

No es hogar cuando Derek le mira así, aun no. Pero por un momento lo fue, por un momento las palabras de Derek parecieron llegar. Por un momento, Jackson se sintió menos vacío, más completo.

Y ahora, puede que sea el momento de rendirse.