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mi corazón se vuelve delator

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Se separan lentamente, Jazmín estaba en blanco, incapaz de reaccionar. Flor se alejó un paso, con los ojos fijos en el suelo, incapaz de conectar con ella. Eventualmente la ansiedad pareció invadirla, y comenzó a dar vueltas por la cocina, soltando agudos resoplidos y gesticulando muchas veces el mismo movimiento de brazos.

“Perdoname. No debí −boluda de mierda-. No te quise incomodar- fue una estupidez, ay.” Jazmín se acercó rápidamente, evitando que empezara a golpear su pecho.

“Tranquila, Flor tranquila. No te golpees” Dijo con tono conciliador, tomó un respiro. “En realidad no es para tanto, es solo que nos ve siempre juntas…”

Flor, aun con la respiración agitada, la miró sin decir nada, a lo que prosiguió.

“Solo tenés que decirle la verdad.” Flor volvió a mirar al suelo. “Dani siempre ha sido inseguro contigo, quizás fue culpa mía en parte. No he sido muy amable con él”

Otro momento de silencio. Flor se quedó en una de las sillas de la mesada mientras que Jazmín silenciosamente se puso en marcha y fue a servir más té para las dos, con las manos temblorosas.

“¿Por qué?”

“¿Por qué de qué?” Dijo mientras rellenaba las tazas.

“Eres así con Dani ¿Pasa algo con él?”

Sí.

“No lo sé. Quizás sea de presencia.” Se dio la vuelta y se topó con la mirada escéptica de Flor. “Vamos, no me mires así, es solo que no me da confianza” Súbitamente Flor se levantó y cerró la distancia, quedando frente a ella.

“¿Y qué debería hacer para tener tu confianza?” Dijo desafiantemente.

Jazmín no estaba, en absoluto, preparada para esta versión de Flor, sentía que algo no estaba captando. Sintiéndose acorralada se alejó unos pasos, ordenó y reordenó platos que estaban perfectamente bien antes. Se aseguró de darle la espalda antes de responder.

“Mérito. Detesto cuando te lastima. Podría hacer penitencia por mil años y aun así pensaría que no te merece” Si ahora sonaba amargada o herida ya no le importaba, ante tanta presión, tarde o temprano iba a explotar.

En qué te estás metiendo, Jaz.

Ambas empezaron un juego peligroso, casi podía sentir en el aire las cosas que ninguna de las dos decía. Pero su lado racional dudaba, y a pesar de todo, no estaba segura de que estuvieran en la misma página.

“¿Pero por qué, Jazmín? ¿Por qué te importa tanto mi relación con él? Te molesta que estemos juntos, me consuelas cuando me tiene mal, y ayudas a reconciliarme con él. No entiendo, no te entiendo−” Su voz se quebró un poco. Y se sorprendió al notar que en ningún momento se le escapó un tic, a pesar de que cerraba sus ojos con fuerza. Jazmín evadió como pudo, casi sin fuerzas para seguir ocultando la verdad.

“No sé de lo que me estás hablando…”

“¿De lo que estoy hablando? ¿Vamos a ignorar esto para siempre acaso?” Flor se acercó un poco más, persiguiéndola casi, y Jazmín no podía pensar en nada excepto en la energía vibrante que parecía emitir, en la atracción que su cuerpo sentía al tenerla cerca.

“¿Esto?”

“Esto” Fue lo que dijo antes de inclinarse, tomar su rostro y juntar sus labios en un movimiento fluido.

Oh, esto.

Finalmente, el beso que esperaba desde hace meses. No, un beso que llevaba esperando la vida entera. Un momento de perplejidad, y luego Jazmín respondió con reverencia, efervescencia, como si fuese un momento tanto frágil como trascendental y Flor… Dios, Florencia besaba tal y como existía, con intensidad, dando todo de sí misma y pidiendo cada vez más.

Sus manos encontraron su cintura, estrechando con delicadeza sus cuerpos y recibiendo de lleno la sensación intoxicante de tenerla por fin en sus brazos.

La euforia y el miedo se mezclaban y Jazmín aprovechó con desesperación cada segundo antes de su inminente final, un cosquilleo recorrió su cuerpo cuando Flor mordió su labio inferior, dejándolo escapar con suavidad, y provocando un pequeño suspiro por su parte.

Se separaron lentamente, recuperando el aliento y la claridad, pero sin querer alejarse por completo.

¿Existió alguien antes que Florencia Estrella?

Porque ahora mismo, después de ese beso, ella misma dudaba de haber existido antes. Dudaba que su corazón hubiese latido con tanta fuerza como ahora, o que alguna vez sus labios se hubiesen encendido y ardido de la misma forma. Completamente rendida ante la mujer que tenía en frente, llegó a la realización de que no importaba lo mucho que lo intentara, no existiría nadie después de ella.

Flor parecía encontrarse en un estado parecido de ensoñación, suspendida fuera del planeta y aun sin poder abrir los ojos.

Pero Jazmín ya había bajado del cielo, la realidad, las dudas y temores pesando en su espalda. Necesitaba una explicación, pero las palabras le fallaban. Necesitaba el porqué, necesitaba el desde cuándo.

“Flor…” La aludida abrió los ojos, y estos lentamente comenzaron a reflejar el mismo pánico que ella sentía en su interior. Flor se alejó como si la cercanía con ella le quemara, y se llevó las manos a la cabeza con dramatismo mientras decía una y otra vez “Ay, no. Ay no, ay no, no qué hice no”

Flor se paseó desesperada por la cocina, y Jazmín se sintió un poco culpable al agradecer ese arranque de nervios, por un lado, ella estaba igual, y por el otro, a una Flor nerviosa ella la podía entender, pero la Flor de vio hace un minuto atrás era desconocida e impredecible.

“No sé qué estaba pensando –concha puta- quise decir− ay, no te quería incomodar con mis cosas.”

“¿Me… me podés explicar un poco?, creo que no te estoy siguiendo.” Dijo Jazmín confundida, con el temor de que todo esto hubiese sido un error. Flor paró de dar vueltas

“Pasa que Dani tenía razón, me pasan cosas contigo…”

Oh

“Oh.”

“Yo… traté de no sentir todo esto que siento por vos. Y lo guardé y lo guardé y lo callé pero estás en todas partes – conchuda −… te veo y me iluminás el día, no puedo respirar si no estoy con vos. Ay, ni siquiera- ni siquiera puedo respirar cuando te tengo cerca pero te prefiero mil veces” Le falló la voz un poco antes de seguir, casi tropezando con sus propias palabras.

“No sé qué es, apenas estoy entendiendo una mínima parte de todo esto, pero lo que sí sé… lo que sé… es que esto es real, que cuando estamos las dos todo lo siento real y si no es con vos no puedo− simplemente no puedo…” Se cortó, incapaz de seguir y se tomó el pecho, como si tratara de obligar a su corazón a latir más lento. Se cubrió el rostro con vergüenza. No vio a Jazmín conteniendo lágrimas de emoción. Ni la vio acercarse antes de envolverla en un fuerte abrazo, mientras susurraba una y otra vez “tranquila, tranquila, estoy acá con vos…”, el cuerpo de flor se estremecía mientras empezaba a sollozar

“Y no podía vivir toda una vida sin saber cómo se sentiría besarte y por un momento pensé que quizás… que quizás podrías sentir algo parecido. Perdoname Jaz, soy la peor−“

“¿La peor? ¿Me estás cargando Flor? Escuchame− Yo te quiero desde la primera vez que te vi.” Depositó pequeños besos en su rostro, tomándolo entre sus manos y limpiando con delicadeza las lágrimas que caían. “Te he amado desde siempre, pensé que a vos no te pasaba nada, que… que no te podrías fijar nunca en mí.” Ahora no sabía cuál de las dos lloraba, pero no se aguantó y la besó nuevamente, esta vez en los labios. Una vez, y otra vez después de esa. Y después de eso tuvieron que salir de la cocina porque Javo estaba cansado de tener que darse vueltas cada vez que pasaba para no interrumpirlas.

Aún tenía demasiadas preguntas que hacer, vacíos por rellenar, ¿En qué momento Flor se dio cuenta? ¿Cuánto tardó en aceptarlo? ¿Cuánto tiempo llevaba guardándose la verdad? ¿Qué pasaría ahora? Se preguntó con preocupación una vez estaban entrando a la habitación de Flor, pisos arriba.

“Dani…” Empezó Jazmín, con un tono lúgubre, casi con lástima.

“Ya lo llamé, vendrá esta noche para hablar” Le respondió seriamente antes de suspirar. “Le debo la verdad, al menos.”

“¿Le dirás?” Jazmín la miró sorprendida.

“Bueno…−hm− él ya está casi seguro. En algún momento, después, nos verá juntas –doble raba−. Es peor que le diga que no pasa nada y luego él mismo lo vea.

Juntas. Jazmín luchó contra el impulso de besarla hasta quedar sin aire, se sentía como una adolescente, con ganas de gritar por las calles de la emoción. Tratando de aguantarse la risa tonta que amenazaba por abrirse paso, las dirigió al borde de la cama y se sentaron, le tomó las manos.

“¿Estás segura? La gente sabrá, tus hermanas, los del hotel. Yo estaré con vos en cada paso que quieras dar… Pero yo no me quiero esconder, Flor. Ya tuve suficiente de esconderme por una vida.” Quería ser lo más clara posible, y estar ahí con ella apoyándola en una etapa nueva, que seguramente la aterraba.

Flor observó sus manos entrelazadas por unos segundos, meditando sus palabras con detenimiento, y justo cuando Jazmín pensó que quizás algo pasaba, Flor dijo:

“Estoy segura. Estoy con vos.”