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La corona élfica

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La noticia había corrido con rapidez, no solo entre las clases altas, todo habitante de aquel reino e incluso las otras razas con las que comerciaban tenían el enlace del próximo heredero por tema de conversación.

Para la mayoría resultaba íncreible, y los rumores no se hicieron esperar, el joven elfo era atractivo, sin embargo aún con el pasado de su familia, había logrado escalar con rápidez. Sin duda pensaban que se trataba de un arribista, pero se guardaban sus comentarios; si el rey llegaba a enterarse de que tenían tan mala opinión acerca de su favorito, podría tornarse peligroso.

En el palacio la vida se volvió vertiginosa, la preparación de la ceremonia era una labor que ocupaba el tiempo de los mejores artesanos del reino, quienes disponian de los arreglos mas elaborados, las joyas y demas utensilios propios del status debian ser exhibidos en su mejor presentación, ademas este tipo de eventos eran sumamente importantes para los elfos jovenes, pues incluia la visita de dignatarios y sus familias, una oportunidad excelente para convivir con elfos de otros reinos y quizá concertar las bases para tener una ceremonia propia.

La excitación era latente, con la excepción de uno de sus habitantes. Desde que se tomo la decisión, el joven elfo aprendió a usar una mascara que mostraba en ocasiones algo avergonzada, gustosa o emocionada según fuesen las circunstancias de quien preguntaba o le daba sus felicitaciones, pero la realidad era que la situación le hacia verdaderamente infeliz.

No se trataba solo del hecho de contraer nupcias con una desconocida, pues debido a su educación, sabía que los enlaces matrimoniales eran arreglados, de forma que dependían más de acuerdos económicos, o de abolengo, que de cuestiones que involucraran sentimientos.

Lo que lo atormentaba en realidad era el motivo de su enlace, habia pasado tanto tiempo que aunque resultase en castigos o en la mayor verguenza para su familia, secretamente albergaba la esperanza de que todo aquello fuese un enorme malentendido, quiza parte de su ser seguia siendo inocente al pensar que le bastaria con ser un amante obediente para satisfacer al rey, pero llevar en el vientre a su hijo, le provocaba una enorme sensación de angustia, eso sin tomar en cuenta que quiza ese crio fuese de otro padre, del hombre que seguia amando, al que secretamente anhelaba aun estando consciente de que ya no existia mas sobre este mundo.

Pesaban sobre su corazon las palabras de su padre, mas claras que nunca, de tal forma que comenzo a desarrollar una fobia por abandonar sus aposentos, continuamente soñaba que se hallaba expuesto frente a los habitantes del castillo, sentia sus miradas acusadoras, podia ver el asco y desden en esas miradas, pero todo esto no habia sido culpa suya, cuando despertaba, el sentimiento de angustia persistia en su pecho, por ello le parecia mejor evitar a los otros en la medida de lo posible, y su actitud aunque no fuese comprendida por el rey, de igual forma le agradaba, por que Thranduil era solo para él, a pesar de que dada su condición debia abstenerse de tratarle de la misma forma que antes, aunque aun se servia de el para complacerle, despues de todo tenia una boca prodigiosa.

Le resultaba dificil comprender como alguien que no habia sido educado como otros en las artes amatorias, podía hacer que el placer le inundara los sentidos, pues mientras acariciaba esos cabellos rubios, tenia que hacer acopio de sus fuerzas para no arrojarlo sobre el lecho y llenarle por completo, en lugar de ello, terminaba entre los labios que parecian desear devorarle con un hambre absoluta.

-Bien...basta-su voz aun tenia ese matiz agitado mientras le separaba de su entrepierna, acariciando su barbilla y viendole con las mejillas enrojecidas y los labios humedos-pareces muy complacido.

-Me gusta su sabor...mi señor Leav.

Y en parte resultaba cierto, no entendia porque pero ese sabor salado habia dejado de provocarle arcadas, es mas a veces pensaba que realmente lo necesitaba y esa labor le parecia menos molesta.

-¿Y que mas te gusta?, apuesto que tu cuerpo me extraña, solo hay algo que me impide estar dentro de ti por el momento.

Le habia indicado que se sentara sobre au regazo, abriendole la bata que vestia para deslizar esa mano fuerte sobre su vientre, el cual estaba ligeramente abultado. El rubio entrelazaba sus dedos con los suyos y llebaba esa mano contra sus labios para besarla con adoración, haria cualquier cosa por evitar que le siguiera tocando, recordandole su vergonzosa condición.

-Extraño tenerlo entre mis piernas, y gemir para mi señor.

Continuaba con aquellas caricias, como el más entregado de los amantes, aunque no extrañaba ni remotamente sus lecciones nocturnas.

-Ya lo harás, en cuanto mi hijo nazca, pondré muchos más dentro de ti.

La sola idea le parecia repulsiva, pero le sonrio de una forna timida como avergonzado por sus palabras.

-Yo soy suyo, mi señor Leav, estoy para cumplir sus deseos.

Aunque lo cierto es que había un solo elfo por él que habría dado la vida, pero alejaba con rápidez los pensamientos antes que la nostalgia le abrumara.

Uno de los guardias tocó a la puerta, por lo que Thranduil se apartó y ayudo al rey para terminar de vestirse.

-Olvidaba cuan incordiosos pueden ser los preparativos de una boda, asegurate de estar listo, mas tarde vendrán para traer los ropajes que usaras en la ceremonia, tu futura esposa llegará por la mañana justo a tiempo para que la recibas en el altar.

La naturalidad con que hablaba de todo aquello le ponia intranquilo, considerando lo posesivo que habia sido con él, pero le quedaba claro que todo era no más que una fachada para que el rey pudiese ejercer su voluntad, a veces le parecía tan frío.

A lo largo del día las visitas fueron frecuentes, diversos elfos entraban y salían de su habitación, entregando prendas cuyo tono resultaba un poco agresivo a la vista, dada la cantidad de piedras preciosas que tenían, aunque nada comparado con las diversas joyas que contemplaban el conjunto, incluso la corona tenía un entrelazado tal, que si no se tratase de una ocasión tan importante podría caer en lo grotesco, sin embargo todas aquellas extravagancias lograban encontrar su equilibrio con aquel semblante juvenil, denotando por completo las estilizadas y finas formas de su cuerpo, en ningún elfo habrían quedado tan perfectas, así se lo hacian ver, aunque para él resultaba muy desconocido ese joven futuro monarca reflejado en el espejo de su habitación, como la mayoría de los asuntos en su vida, se trataba tan solo de una ilusión.

Luego de tantas horas de preparativos, se sintió agotado, por suerte aquellos triviales asuntos terminaron por agotar de la misma forma al soberano, de modo que al llegar la noche, prefirio que sus manos le recomfortaran durante su largo baño, para despues dormir, aferrado a su cintura, como si temiera que su hijo escapara durante la noche, para Thranduil sin embargo no resultaba placentero y agradeció como nunca que el cansancio propio de su estado le adormeciera.

A la mañana siguiente, todo fue un extraño caos ordenado, de acuerdo a las instrucciones dadas, el joven elfo tomó un baño a muy temprana hora, se colocó la mayoría de las ropas el mismo, siendo asistido solo con la larga capa, joyas y demas ornamentos que complementaban sus atavios, su largo cabello habia sido adornado con algunas trenzas que parecian recorrerlo con la naturalidad con la que las verdes enredaderas trepaban por las paredes, las joyas en su corona acentuaban la profundidad de sus ojos azules.

Acto seguido, debía hacer un recorrido por senderos que corrian paralelamente, aunque separados fisicamente por la multitud de invitados, en el otro lado estaba la novia, quien caminaba con atavios delicados pero mucho más sencillos, debido seguramente a su rango, habría deseado ver al menos su rostro, pero al llegar a donde aquellos caminos corvengen formando uno solo, se encontro que un velo le ocultaba, incluso habian guantes en sus manos, de modo que su vestimenta no mostraba un solo trozo de piel. Su corona sin embargo iba a juego con la suya, podria decirse que era lo mas hermoso de todo su ajuar, algo digno de una futura reina.

Al lado de la joven había un elfo mayor, quien le descubrio el rostro, y ñe coloco un anillo bien diseñado, pero elaborado con una técnica que bien podría considerarse burda para los estandares élficos, despues tomo su mano y la entregó no a Thranduil sino a un elfo de mayor edad que se encontraba frente a ellos, acto seguido se retiro.

La joven era de una belleza cautivadora, sus ojos tenían un verde intenso, como si hubiesen arrancado un trozo del bosque encapsulandolo en ellos, su piel era pálida, sin embargo acunado en sus mejillas existia un tono que lograba acentuar la belleza de sus facciones.

Solo pudo escuchar su nombre cuando aquel elfo anciano unió sus manos, atandolas simbolicamente con una finisima tela cubierta con pequeñas piedras que centelleaban como emulando el fulgor de las estrellas, muy adecuado al nombre de su conyugue.

"Itarille", luz de estrellas.
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Los enlaces élficos, eran mucho más una cuestión social que ritual, despues de la ceremonia propiamente dicha, los ahora esposos agradecían la presencia de los invitados, así como aceptaban sus regalos y buenos deseos. O más bien, la novia se encargaba de hacerlo, Thranduil estaba un poco taciturno, sin mencionar que el olor de los manjares nunca le había parecido tan fuerte, tanto que debía hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para no devolver el estomago ahi mismo.

Sin embargo no era la única razón de su malestar, en tiempos pasados podría decirse de una forma ingenua, imagino una ceremonia sencilla pero significativa, junto a ese guardia que aún seguía tan dentro de su corazón, en su pequeña cabaña, viendose fijamente, bendecidos por la resplandenciente luz de las estrellas, ni logró evitarlo, una lágrima había rodado por su mejilla.

-¿Mi señor Thranduil, se encuentra bien?.

Se reprendió por su estupiedez, ¿qué había hecho?, ceder a su sentimentalismo en un momento como aquel era inaceptable, más aún que uno de los invitados se percatará, tenía que poner alguna excusa de inmediato, sin embargo antes de poder alegar algo en su defensa, la novia se adelantó sutilmente, disculpandose frente al invitado.

-Lamento mucho que nos presentemos así, pero me temo que la alegría del momento nos ha embargado-en efecto lagrimas corrian por sus mejillas, de modo que aquel invitado le ofreció una pañuelo, haciendole entender que la comprendía, y guardando la discreción correspondiente, la novia le dedico un respetuoso saludo y tomó la mano de su esposo para poder conducirlo hacia una terraza donde podían descansar un momento, la brisa fresca hacia que sus cabellos rubios se mecieran al viento.

Thranduil no dijo nada, temía que al estar tan afectado por su sentir, su voz se quebrara, de tal forma que dejo que aquella brisa calmara su corazon, pero solo fue un breve instante, casi enseguida un guardia les informo que el rey les habia mandado llamar.

Como lo dictaba la tradición, el rey debía brindar por la pareja. Leav se levantó, usaba ropas magnificas en un tono rojo oscuro, que hacía parecer su piel más pálida, usaba grandes anillos con piedras preciosas traidas de lugares remotos, su mirada como siempre altiva.

-Esta noche, es muy especial, ya que no solo he tenido el privilegio de presenciar la unión de dos jovenes que representan el futuro de nuestro mundo, sino tambien a quienes llevarán ese legado que fue confiado a mi. Como sabrán, no he sido obsequiado con hijos aún, sigo esperando unirme a la esposa adecuada, sin embargo Thranduil quien lleva la sangre de los greenleaf, esta noche ha dado un paso más en su camino como futuro gobernante, ahora tiene una compañera y espero muy pronto tendrá un heredero, si nos enfrentamos a la probable situación de que mi vida sea tomada en batalla-los invitados mostraron gestos de preocupación, como si la sola idea fuese inconcevible, lo que aumentaba el ego del monarca- la continuidad de nuestro reino esta garantizada-el joven elfo no podía creer la facilidad con la que aquel manipulaba la situación, ¿acaso estaba bien mentirle a sus subditos solo para cumplir su voluntad?-brindemos entonces por los futuros reyes, por Thranduil e Itarille, que la unión formada esta noche sea eterna y prospera.

Los presentes vitorearon el nombre de los esposos, muchas de las copas de fino cristal que tenian en las manos, entraron en contacto con la joyeria de los elfos, formando un tintineo al unisono, que para el joven resultó agobiante.
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Al paso de las horas, las conversaciones fueron mas fluidas entre los invitados, el excelente vino alli servido sin duda resultaba un poderoso alisciente, sin embargo el rey se habia conservado bastante sobrio, sin duda tenía planes para esa noche, así fue, se retiro haciendo una seña sutil que había sido interpretada a la perfección, la joven novia aprovecharia el momento para despedirse de sus familiares, mientras Thranduil acompañaba al rey para que tuviesen una "conversación en privado".

Al haber sido tanto tiempo visto de aquella forma por el rey, debia estar acostumbrado, pero no era asi, en realidad sentía como su corazón se aceleraba, como aguardando un ataque por su parte.

-Te ves muy hermoso así vestido-le sujetaba de la barbilla, acariciandole con las yemas de sus dedos.

-Agradezco sus cumplidos, mi señor Leav.

La otra mano del mayor, le rodeo la cintura, atrayendolo, haciendo que las joyas de sus ropajes chocasen entre si provocando un sonido suave.

-Eres un novio precioso, aunque pienso que todo esto, es innecesario-su mano habia bajado por su cuello, él siempre había tenido una habilidad para despojarle de las prendas que lo cubrieran, sin importar la complejidad de estas, o la cantidad de joyas que interfirieran con sus avances, de tal forma que uno a uno, cada prenda y ornamento fue abandonandole, cayendo al suelo de tal forma que fueron trazando un elegante camino hacia el lecho sobre el cual termino vestido unicamente con sus largos cabellos rubios-Thranduil, sera una pena que tengas que hacer ese largo viaje-lo besaba, tan posesivo que apenas le daba breves momentos para recuperar el aliento, sus manos le recorrian con tal fuerza que dejaban marcas rojizas sobre su piel, es como si deseara marcarlo, quiza ese era su objetivo, porque acto seguido mordio sus hombros con fuerza, arrancandole leves quejidos.

-Mi señor...aah.

Cuanto le fascinaban esos gemidos tomidos y deseosos, ese temblor y sobretodo la estrechez de su interior, habia comenzado a extrañarla.

-Es tu noche de bodas, por eso te brindare un obsequio-la mano que delineba cada espacio en su palida piel subio, para acercarle un par de sus largos dedos a los labios, Thranduil le vio como si no entendiera nada-lamelos, dejalos empapados-el rubio asintio, dedicando especial esfuerzo en lo que le habian pedido, sabia que eso seria lo mejor para el, una vez que el rey parecio satisfecho, los retiro y en poco tiempo los sintio invadir su entrada, estaba muy tenso por estar asi con el, y ademas no le habia tocado desde hace un tiempo, le habia dolido, sin embargo eso no lo detuvo, movia sus dedos con insistencia, haciendo que su cuerpo comenzara a reaccionar y su entrada se mostrase mas dispuesta, comenzaba a sentirse tan ansioso, Leav se acerco para hablarle al oido-los aprietas tan bien, eres tan bueno, por eso tu generoso rey te ha otrogado un largo viaje, para celebrar tus nupcias-empujaba mas los dedos llegando profundo-eso sabran todos, pero enmedio del viaje, se enteraran que tu esposa esta encinta, no sera bueno para ella viajar, deberan esperar a que su hijo nazca y entonces volveran, ¿lo entiendes?-era incapaz de hablar, pero el rey lo motivo, haciendo que a su vez, algo de liquido preseminal le manchara el vientre.

-¡Si!,...aaahhh...mmmm...haré lo que...mi rey ordene.

-Te lo dije eres muy bueno, pero pareces ansioso, descuida, en mi ausencia te permitire hacer esto, aunque no será lo mismo que tenerme dentro, puedes tocarte asi, gimiendo mi nombre,...de otra forma te castigaria lo sabes bien, anda practica un poco-lo solto y sus dedos abandonaron su cuerpo emitiendo un chasquido-vamos, quiero verte.

-...si...-el joven elfo sintio que la sangre se le agolpaba en las mejillas pero de igual forma obedecio, lamio sus dedos hasta dejar una buena capa de saliva y despues trato de emular las caricias del monarca, este ya lo habia dejado bastante sensible, por lo que luego de algunos roces, comenzo a gemir sonoramente-aaah...mi...señor...

-No, no lo haces bien...-retiro esos dedos y volvio a insertar los suyos de un solo movimiento, el rubio dio un respingo apretandolos mas-debes moverlos asi-los empujo para romper esa resistencia, aunque al estar lubricado no era tan doloroso como siempre, el rey parecia conocerlo demasiado bien porque cuando toco ese punto que le hizo temblar, lo golpeo repetidamente, haciendo que esos vergonzosos sonidos llenaran la habitación-cierra los ojos y dilo, vamos pide.

-aaah mi señor Leav-no podia evitarlo, esta vez todo su cuerpo ardia, sentia que solo una cosa podria apagar ese inmenso calor, grito con fuerza mientras sentia esa presion en su parte intima, un nudo que necesitaba liberarse y con el ultimo roce de aquellas dedos que le golpeaban inmisericorde, lo habia desatado, se vino abundante, apretando tan fuerte aquellos dedos que esta vez el monarca fue incapaz de sacarlos, hasta que se relajo luego del orgasmo-...por favor...-respiraba entrecortado sintiendose tan infeliz por aquella petición y al mismo tiempo tan necesitado de aquello-...más...

El rey entonces tomo un pequeño frasco del que dejo salir un liquido con el cual cubrio su hombría, no estaba preocupado en absoluto en el placer de su amante, solo queria garantizar que su futuro hijo no resultara dañado en alguna forma, pero de otra forma no podría contener esa insaciable deseo que sentía por él, penetrarlo de forma tan lenta era un suplicio, pero al estar dentro, sintio que su cuerpo lo apretaba tanto, lo masajeaba buscando estimularlo y todo su autocontrol se perdió, su "conversación" fue tan intensa, que pasaron tres horas hasta el momento en que Thranduil tuvo que tomar un baño para luego poder presentarse en la alcoba nupcial, mientras se preparaba usando una fina bata que le cubria hasta la punta de los pies, esa sensación de las manos recorriendole fue persistente, contrario a otras veces, lo había disfrutado y tal pensamiento lo hacia sentir culpable, perdido, aumentaba sus nervios con cada paso que daba hacia ese sitio.
La alcoba era la misma donde había pasado su última noche, aunque con la enorme diferencia de que al otro lado del lecho, estaba esa joven elfa, ella tambien vestia una bata de color plateado.

Itarille se inclino brindandole un respetuoso saludo, para despues arrojarse sobre su lado de la cama, abrazando con fuerza la almohada y ¿medio rodando sobre ella?.

-¡Es verdad!, las camas de palacio son estupendas-decir que Thranduil le veía estupefacto, era decir poco, nunca había observado ese tipo de comportamiento, su mente nisiquiera sabia de que manera concebirlo, y a la joven parecia que no le importaba lo más mínimo causarle una mala impresión, sencillamente se metio bajo las mantas y se recosto de lado, dandole la espalda-buenas noches mi señor Thranduil.

El heredero al trono se quedó en silencio, avanzó hacia la cama y se recosto con mucho mayor delicadeza que su compañera, por suerte los eventos del día le habían dejado agotado, aunque una pregunta dominaba sus pensamientos.

¿con qué clase de elfa le habían casado?.