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La corona élfica

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Los días le habían pasado entre penumbras, quizá debido al maltrato de su cuerpo, no podía mantener los ojos abiertos, y lo único que hacia era ceder ante quienes le brindaban algo de comida de un sabor extraño, después de lo cual se sumía de nuevo en la inconsciencia. Pasó tanto tiempo que su cuerpo le dolía por estar en la misma posición, pero un buen día, comenzó a sentirse mejor, aunque la pesadez no desaparecía del todo, sí tenía la suficiente fuerza para levantarse, caminar e incluso alimentarse por sí mismo; mas algo era diferente, durante todo ese tiempo le cuidaron con esmero, pero ni un solo momento los guardias y en especial Elrond, entraron a esos aposentos que compartía con el soberano, lo cierto es que solo podía ver aquel brillo metálico de la armadura de su amante cuando algún sirviente abría la puerta al salir, sin embargo con eso era suficiente, le sentía cerca, pero continuaba extrañándole, sin embargo esa breve visión le motivaba para reponerse lo más rápido posible, no podía olvidar sus palabras y la promesa de pasar un futuro juntos, ahora no le parecía un sueño imposible.
-Tiene mucho mejor aspecto, mi señor Thranduil.
Esa sencilla frase inundó su corazón de felicidad, porque a medida que su salud mejoraba, los encargados de cuidarle iban desapareciendo, lo que significaba que muy pronto podría volver a su rutina y tendría la oportunidad de estar entre los brazos de Elrond, por el cumplimiento de sus ideas románticas, todo valía la pena.
Cuando al fin pudo librarse de toda esa incordiosa vigilancia, tuvo un aspecto incluso mejor, aun tenía molestias, pero estas incrementaban por las mañanas y desaparecían por el resto del día, de modo que no le resultó difícil fingir que todo se hallaba en orden.
Esa mañana fue la mejor de todas, le informaron que ya podía reanudar sus actividades, de hecho más tarde su guardia personal vendría para guiarlo hacia sus lecciones. Teniendo esas alegres ideas en la mente, se dirigió hacia el cuarto de baño, preparó la tina con sus esencias habituales, sumergió la punta de sus dedos para revisar la temperatura y acto seguido, entró en la tina, deslizándose hasta sentarse sobre la superficie, cerrando los ojos para poder sentir el abrazo del agua que tan bien le había hecho siempre, sin embargo lo que sintió fue muy distinto, aquel apacible remanso que siempre le acunaba, cambió, se convirtió en un torrente fuerte y violento que lo sumergía, cortándole a ratos el aliento, trayendo a su mente los terribles recuerdos de aquella ocasión en los baños del rey de una forma demasiado real. Levantándose con ímpetu, llenó las frías baldosas con ese líquido, se coloco las manos sobre los labios para contener su grito, sentía el corazón latirle con fiera intensidad, el agua había dejado de ser un refugio, el rey se lo arrebato como tantas otras cosas, pero le quedaba su amante y en ese momento decidió con mayor convicción que lucharía por él con todas sus fuerzas.
Luego de aquella desagradable experiencia, hizo lo posible por tranquilizarse mientras daba el mayor esmero a su apariencia, teniendo cuidado de que no fuese demasiado, estaba seguro que tal visión agradaría mucho al castaño.
No pasó mucho tiempo hasta que un sirviente llamó a su puerta informándole que su guardia estaba esperándolo, al fin llegaba ese momento, se levantó para salir, sin apresurarse demasiado, avanzó atraves de la habitación hacia el pequeño recibidor donde le aguardaba, era una suerte que la túnica que vestía cubriera el hecho de que le temblaban las piernas, ahí estaba él, con su brillante armadura que cubría su cuerpo fuerte, incluso usaba ese casco cuya parte superior siempre le había parecido, emulaba la forma de una semilla, estaba de espaldas y solo el cabello que asomaba podía hacerle ver distinto de cualquier otro, sin embargo, un extraño sentimiento le inundo el pecho cuando el color de aquellos no era castaño sino muy rubio; el guardia giro para saludarle respetuosamente al percatarse de su presencia, entonces sintió una daga helada que le atravesaba el pecho e instintivamente dio un paso hacia atrás.
-Thranduil, ¿ya estas listo?-la voz del monarca le provoco aún más miedo, pero se contuvo para no sobresaltarse, porque tal comportamiento le podría parecer muy sospechoso, de modo que después de saludarlo con la reverencia correspondiente, camino a su lado, como si buscara refugio de aquel hombre desconocido, sabía que tal actitud era del agrado del rey.
-Lo estoy mi señor Leav, me fue informado que mi guardia esperaba.
El mayor tenía un gesto malicioso en el rostro, su mirada no perdía detalle del mínimo cambio de actitud en su protegido.
-Elrond te ha servido bien, por ello he decidido darle un ascenso y regresarle a las filas del ejercito, en su lugar Ediran será el encargado de acompañarte y protegerte.
Thranduil mantuvo el gesto altivo, como si las palabras de su majestad no fuesen más que cualquier noticia vana, volteo hacia el aludido y este repitió un saludo algo torpe.
-será un gran honor su alteza.
El rubio clavo esa mirada fría en aquel elfo, para luego entregarle un libro que traía entre las manos.
-Si cumples con tu deber también serás recompensado-volteo hacia el rey-mi señor Leav, ¿desea conversar conmigo sobre su viaje?, sería una lástima que me marche ahora que recién ha regresado.
La satisfacción del soberano era indescriptible, además Thranduil reconocía ese brillo deseoso en su mirada.
-Hablaremos luego, deseo que atiendas con esmero todas tus lecciones.
-Así lo haré mi señor Leav, ahora con su permiso nos retiramos.
Durante todo el día, Thranduil estuvo bajo la incordiosa vigilancia del guardia, pero le trataba con el mismo desdén y superioridad que los demás veían le dedicaba a Elrond, por fuera parecía el mismo de siempre, pero se mantenía muy atento a las lecciones. No debía demostrarle a nadie el cúmulo de sentimientos que lo atormentaban, el rey era muy cruel, aunque le hubiese dicho aquello, no dejaba de pensar en el cambio de guardia, pero le tranquilizaba que quizá solo se tratasen de los celos de Leav porque de lo contrario estaba muy seguro que ninguno de los dos permanecería con vida.
Sus horas en la biblioteca pudieron darle algo de paz a su alma, más aún cuando al dejar unos volúmenes, encontró una pequeña ventana que parecía dar al campo de prácticas, pero lo descorazono bastante que las ramas de un frondoso árbol cubrieran de un modo tal que solo podía ver muchas piernas haciendo recorridos en una perfecta formación, no logro suspirar pensando en que quizá su gran amor estaba embestido por una de aquellas armaduras.
Sus lecciones fueron arduas para compensar el tiempo perdido, tenía el doble de horas con los tutores y largas noches en la cama del rey, tal como pensó él estaba demasiado interesado en procrear, rara vez le había pedido usar su boca, pero si que llenaba su cuerpo cada noche con su semilla, de forma tal que muchas veces temía los baños no fuesen suficientes. Y mientras pasaba cada noche siendo acariciado por el, sintiendo como sus manos le afianzaban dejándole marcas rojizas, sus besos y mordidas le tapizaban la piel, el imaginaba que todo eso pronto acabaría, aunque cada noche resultaba más difícil, ah pero los dioses a veces son benévolos con los amantes.
Luego de una de las cenas después de la celebración de las estrellas, el rey había terminado en un estado deplorable, siempre bebía demasiado, pero en aquella ocasión lo hizo incluso mas.
-Mi señor, ya estamos en sus aposentos…
El soberano caminaba con torpeza, apoyándose casi por completo en su protegido, era bastante pesado, de modo que a Thranduil le resulto algo difícil poder llevarlo hasta la cama donde aquel cayo pesadamente, sonreía de manera descarada y tenia las mejillas encendidas. El menor se acerco para poder quitarle las botas y las ornamentadas joyas que lo vestían.
-Espera, ven aquí…-el rubio se sentó a su lado, mientras Leav llevaba su mano a recorrer su pierna, subiendo por su pantorrilla-eres precioso, esta noche gemirás para mi más que ninguna otra-siguió con aquel avance y el menor suspiro cuando sintió la caricia sobre su entrepierna.
-Así lo hare mi señor…-su respiración sonaba cada vez mas agitada, sentado a su espalda, la otra mano de Leav torturaba su tetilla atraves de la fina tela de la ajustada túnica que llevaba-…mmmm…
-¿quieres mas?...ya estas poniéndote duro, por mis caricias…
El menor asintió, dejando salir un gemido, tensándose al sentir como un escalofrío, las caricias de Leav tenían ese efecto, siempre rudo, demandante, sin preocuparse realmente por el placer de su amante, sino sabedor del dominio que tiene sobre si.
-si, por favor…mi señor…Leav…
Sus jadeos no podían parar, se sintió tan aliviado cuando libero su hombría de la prisión de sus ropas.
-Mi nombre suena también en tus labios, vamos…tócate, muéstrame lo que has aprendido…
La reacción de Thranduil fue inmediata, tomo su propia hombría, masajeándola con avidez, solo dejando salir un quejido cuando sintió ese par de dedos invadiendo su entrada.
-que bien aprietas…¿te gusto que te lo hiciera antes de la cena?-el menor asintió, tensándose mas en respuesta, pronto su propia semilla junto con un tenue hilillo rojo le mancho los dedos, pero eso no le detuvo.
-si…ah…mucho…mi…señor…
Su voz era cada vez entrecortada y pronto la llegada de su orgasmo le hizo ceder por completo, puede que Leav fuese un salvaje, pero sabia muy bien como tocarlo, como hacer que no lograra contenerse, viniéndose mientras gritaba su nombre.
Nunca dejaba de ser vergonzoso, pero no lo demostraba, en ese punto regularmente Leav lo empujaba contra la cama, arrancándole las ropas para poder penetrarlo, llenándole una y otra vez hasta sentirse satisfecho, pero en esta ocasión, sintió como le dejaba y su peso era mucho mayor, tanto que ambos terminaron recostados contra la cama.
-...Thranduil…mmm…que…buena…puta…me darás…un…hijo…
Su voz fue perdiéndose mientras murmuraba frases inteligibles, incluso se recostó de lado dándole la espalda. Él corazón del menor se acelero al tener una temeraria idea, en ese momento era libre, para salir de allí, y con algo de suerte incluso ver a Elrond, no podía usar las puertas principales claro esta pero si aquel camino secreto. En otro momento se lo habría pensado bien, analizando las probabilidades de tener éxito, pero en ese momento decidió que serian sus sentimientos quienes le guiasen.
Fue lo más cuidadoso posible, se quedó en la habitación un momento para asegurarse de que Leav estuviese dormido por completo, avanzó hasta el pequeño salón contiguo de los retratos y emprendió el camino que tiempo atrás le hubiese mostrado su amante, tuvo que hacer acopio de todo su valor, pues en un esfuerzo por no delatar sus pasos, se había descalzado, de modo que sentía claramente cada grieta en el frío suelo y el pelaje de las ratas que le rozaban los pies al pasar, aquel recorrido le parecía en verdad terrible, su corazón golpeaba con firmeza en su pecho, su garganta dolía debido a los gritos contenidos; pero al llegar a ese viejo salón tan familiar, su cuerpo entero se lleno de toda clase de sensaciones agradables, ahí estaba el, su silueta siendo recortada por la tenue luz de la luna, era aún más apuesto de lo que recordaba, y al verlo le dedico una mirada tan cálida, tan amorosa, que todo lo pasado para llegar a ese lugar, perdió por completo importancia.
Deseaba decirle tantas cosas, pero sabía que en aquel sitio debía reinar el silencio, sin embargo se refugio contra su pecho, sujetándole de las ropas con una fuerza tal que sintió la tela comenzaba a lastimarle los dedos.
Elrond, sin embargo, hizo algo diferente, le tomo de la mano para guiarlo fuera de aquel sitio, tomaron una ruta diferente, hasta llegar a lo que parecía un pequeño almacén donde el castaño se mostró menos reacio a hablar.
-Mi señor Thranduil, estaba muy preocupado por usted, sabía que hacer un acercamiento seria peligroso, por ello he pasado cada instante que podía esperándolo, sabia que lograría venir a mi.
El rubio, le abrazo de nuevo, poniéndose en puntas para alcanzarle y llenarle de besos.
-Elrond, estos días han sido terribles sin ti, tuve mucho miedo, yo creí que no volvería a verte jamás-sus acciones de la noche además de ser osadas eran desesperadas-ya no quiero seguir así por más tiempo, te lo ruego, vámonos, escapemos de aquí amparados por la noche.
El guardia compartía su pasión, estaba seguro que lo amaba, se lo había demostrado ya muchas veces, pero siempre resultaba mesurado en sus acciones, aún así el rubio se sintió decepcionado con su negativa.
-Lo siento, pero en este momento no puede ser, me marcharé pronto con el ejército-el fantasma del pasado regresó para estrujar con fuerza el corazón de Thranduil, de nuevo sería dejado atrás, instintivamente hizo por separarse, pero el castaño le abrazó-quizá ha pasado mucho tiempo dentro del palacio, puede que no lo sepa, pero huir no es tan simple como el solo decidir marcharse, seguro recuerda bien el momento en que llegó, el bosque y todas las fronteras están muy custodiadas, para poder franquearlas es necesario un salvoconducto que solo se consigue pagando un alto precio a los guardias.
El menor estaba dispuesto a decirle que tomara todas sus joyas, tenía tantas de muy alto valor, pero sabía bien que habían sido marcadas como pertenencia para el rey, quien las había mandado registrar meticulosamente.
-Lo entiendo-pero era imposible poder guardar toda la decepción que se le marcaba en el rostro.
-No debe ponerse triste porque tan solo debemos retrasar nuestros planes, he sido escogido para el escuadrón de fuego.
La noticia hizo que Thranduil le viera no con tristeza, sino con una enorme preocupación, incluso le tomó de las ropas como si al hacerle comprender su miedo, fuese capaz de cambiar de idea. Todos conocían la historia del escuadrón, hasta él, para quien la mayor parte del conocimiento del funcionamiento del reino era negado; se decía que la unidad había sido creado por un rey anterior obsesionado por obtener los tesoros ocultos en las entrañas de la tierra, custodiados por Ylir, señor del cataclismo y tempestades, un poderoso dragón. Enviar al escuadrón era una tradición preservada durante generaciones, pero de saberse, los pocos que regresaban con vida, traían a cuestas los cuerpos calcinados de sus compañeros, historias de terror, y quienes no morían a causa de sus heridas, terminaban sucumbiendo a la locura.
-Elrond, no vayas, te lo ruego, no me importa más quedarme aquí, preferiría tener que amarte a la distancia, pero no soportaría el perderte.
-Mi señor, se que lo que ha escuchado sobre las misiones debe ser terrible, pero lo que pocos saben es que quienes logran volver siempre reciben generosas recompensas, quizá las suficientes para el viaje de dos a tierras remotas.
Había tomado esas manos que temblaban para besarlas, su mirada quería hacerle comprender que todo saldría bien.
-No tienes que sacrificarte por mí, yo no deseo que resultes herido por mis deseos egoístas.
¿Qué tenía la mirada de su amante?, nunca lo había entendido, pero con solo perderse en ella lograba calmarse, a pesar de todo sabía que debía confiar en él.
-Mi señor ya se ha sacrificado mucho por ambos, además recuerde que soy un soldado, desde mi mas tierna infancia supe que mi vida quizá seria breve, la mayor parte de mi existencia la he pasado entre barracas, campos de entrenamiento, siempre he seguido ordenes pero ahora sigo la dictada por mi corazón, quizá se quede más tranquilo si le ofrezco una garantía-le soltó y fue por algo que había recargado en una pequeña silla, el rubio no lo podía reconocer aun en la oscuridad, pero al regresar, sintió como Elrond dejaba sobre sus manos el brillante casco de su armadura-hay una tradición antigua, dice que si llevas un grabado que simbolice lo que más te importa, este hará que tengas la buena estrella de regresar a donde lo hiciste-guio los dedos de Thranduil por el frio metal, en efecto en uno de los laterales, ingeniosamente camuflado estaba ese símbolo un par de curvas graciosas que formaban una hoja y unas diminutas e intrincadas runas, el rubio hizo por leerlas pero no lo consiguió.
-¿Qué dicen?.
El mayor por vez primera esbozo lo que podía ser una sonrisa misteriosa, extraña pero también sincera.
-Simboliza lo que más me importa, y las runas en un lenguaje antiguo de enanos dice “pequeña hoja”, es mas efectivo si se usa en esa forma, pero habría estado honrado de poder escribir su nombre-se acercó para besarlo, el rubio se sintió feliz, aunque sus mejillas ardían, claro que aquella demostración de afecto no acallaba sus temores, pero le dejaba clara una cosa, en verdad Elrond estaba tan enamorado como él.
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Al día siguiente, el rey despertó con una terrible resaca, pero su malestar aumento considerablemente cuando no sintió el cuerpo de su protegido a su lado, sin embargo no se había levantado de la cama cuando este apareció, mostrando su desnudez tan solo cubierta por sus cabellos rubios.
-Buenos días mi señor, me disculpó pero no quise despertarle, ahora regreso a su lado-avanzó hasta la cama y Leav le detuvo, viéndole fijamente.
-¿Qué hacías levantado?, estando así podrías arriesgarte a que alguien viese tu cuerpo…y eso no lo puedo permitir.
-Me disculpo mi señor, solo me pareció adecuado preparar el baño, quería estar presentable por si su alteza deseaba continuar con mis lecciones-bajo la mirada avergonzado por tener que hablar de la situación-pasó la noche instruyéndome, dejando su semilla muy dentro de mi.
Leav estaba muy contrariado, no recordaba nada, así que le tomo por las caderas, subiendo su mano por su muslo en una caricia que llego hasta su entrada.
-¿Eso es cierto?, o es que solo quieres complacerme, sabes bien que no tolero las mentiras-su otra mano fue hacia su miembro, rozándolo- quizá te has hecho cargo solo y quieres escapar de tu deber-su mano siguió subiendo por su vientre, rozando sus tetillas, estaban enrojecidas y sensibilizadas, era cierto que le gustaba morderlas hasta dejarlas así.
-mmm…mi…señor…-sin esperar mas, el rey metió un dedo a su entrada, este se humedeció y algo de semen fue resbalando, como siempre acompañado de un leve hilillo carmesí, Thranduil dio un respingo y jadeo, su miembro reaccionaba por las atenciones recibidas.
-Sabia que tu no me decepcionarías, pero creo que seria bueno repetir esas lecciones, anoche puede que no haya sido tan competente.
El rubio se estremecía mientras el otro movía los dedos con fuerza contra su próstata, masturbándolo y haciéndole gemir su nombre, soltándolo solo cuando se vino manchando su vientre, tocarlo así era uno de sus entretenimientos favoritos.
-Ahora los dos necesitaremos un baño, prepáralo enseguida.
Thranduil asintió, se dirigió al baño tan rápido como le fue posible, cerró la puerta para evitar encender más los celos del monarca y cuando se acerco a la tina para comprobar la temperatura, logró ver sobre la superficie del agua un gesto extraño en su rostro, una sonrisa de satisfacción, porque no le había mentido al monarca, le habían aleccionado con pasión e intensidad toda la noche, marcando su cuerpo, su piel con caricias, con mordidas, ¿qué importaba si era la semilla de su ex guardia la que corría por sus muslos?, de ahora en delante le sería más fácil fingir y satisfacer al rey, después de todo era muy probable que fuesen las ultimas veces que le tocase. Pronto viviría una existencia junto a un hombre al que se entregara por elección propia.