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La corona élfica

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El castaño siguió hablando el volumen de su voz le daba un encanto misterioso.

-Hace siglos mis antepasados construyeron este palacio, sin duda ya sabrá que existen caminos secretos dentro de él.

-si, lo sé-el pasar por ellos para llegar a sus lecciones con el rey no le traía precisamente buenas memorias.

-He de confesar que hay ciertos senderos desconocidos incluso para su alteza, de hecho hay lugar que me gustaría mostrarle; claro si

se siente con la suficiente fuerza para hacerlo.

Thranduil lo vio fijamente.

-no es la primera vez que nosotros ni que yo, bueno, estoy bien, me da mucho curiosidad ese lugar del que hablas, me vestiré enseguida.

Después de vestirse con algo sencillo, busco por la habitación a Elrond, él tenia la mala costumbre de ocultarse, asustandolo la mayoría de las veces, pero ahora se había acercado por detrás suyo, abrazándolo, estrechándole suavemente; su cuerpo emanaba un aroma que le parecía lo mas relajante del mundo, siempre le gustaba aprovechar hasta el mas breve instante para disfrutarlo.

-si esta listo, deberíamos irnos ya...o podemos quedarnos así el resto de la noche.

Thranduil sonrió, recargándose un poco mas contra el.

-suena muy tentador, pero ahora que haz despertado mi curiosidad estas obligado a satisfacerla, podemos volver luego.

Elrond le giro con suavidad para darle un beso, a veces resultaba muy inexpresivo, pero a su manera le demostraba que también correspondía esos sentimientos.

-vamos entonces...o me obligara a satisfacerlo en otras formas.

Le acaricio el rostro para luego tomarlo de la mano, llevándolo a través de un pasadizo conocido, pero justo cuando pensaba que seguirían mas adelante, el empujo una lampara, lo que dejo a la vista una pequeña puerta casi oculta por completo en la sombra; entraron con cuidado, esta fue cerrándose y desapareció, el rubio apretó la mano del mayor porque la oscuridad siempre le había causado recelo, pero se dejo llevar, el sendero era largo, mucho mas que ningún otro que hubiese recorrido hasta el momento, un animal paso chillando por sus pies, seguramente una rata, el se abrazo al otro elfo, habría deseado gritar pero no estaba seguro en que parte del castillo estaban y podría resultar peligroso.

-lo lamento mi señor, pero es necesario mantener el camino de esta forma, le prometo que nuestro destino será mucho mejor.

Como respuesta se estrecho aun mas, sintiendo como la mano del otro acariciaba la suya, las manos de Elrond tenían esa textura áspera de quienes se forjaban en el trabajo duro, pero para él no había nada mas reconfortante que su tacto.

El largo pasillo pareció llegar a su fin, sin llevar a ninguna parte, pronto una nueva puerta se distinguió, estaba camuflada casi a la perfección, como siempre el mayor le cedió y el paso, entró confiado, perdiéndose por completo en todos aquellos libros, lamparas y extraños artilugios que llenaban la habitación, la pared estaba llena de mapas, existían a su vez aparatos con lentes de las mas diversas formas, apuntando al firmamento que se podía contemplar a través de un cristal en el techo, a esa hora el cielo era un tapiz de brillantes puntos titilantes, por un momento Thranduil se olvido de todos, de todo, fascinado por una belleza tan simple se acerco, incluso extendió la mano como si le fuese posible tomar un astro de aquellos, solo volteo al sentir una mirada sobre si.

-¿Elrond, que pasa?.

El moreno camino hacia donde estaba, sin quitarle la vista de encima.

-solo pensaba en lo hermoso que se ve bajo la luz de las estrellas.

Podía sentir como una cálida sensación le llenaba el pecho, haciéndole sonreír nervioso, parecía que su acompañante tenia cierta fascinación por hacerle sentir de tal modo.

-yo...

En cualquier caso, ya lo tenia frente a el, de manera que a falta de algo mejor, buscaba sus labios para entregarle un beso, muy distinto a los que brindaba a su rey.

-espero atesore nuestro secreto.

Aquella palabra siempre hacia eco en su ser, a pesar de estar vacía, porque la distancia entre ambos era tan grande, la clandestinidad su única amiga, pero el deseaba tanto al menos tener un lugar en el cual no existiese mas que ambos, sin obligaciones, títulos, rangos, un espacio donde poder cumplir todas las fantasías de su amante.

-este sera nuestro...

Elrond coloco su indice sobre sus labios.

-no debe levantar mucho la voz, estamos aun dentro del castillo y resultaría peligroso si somos descubiertos.

Un suspiro abandono los labios del rubio, estaba equivocado al pensar que podría obtener algo de libertad.

-quisiera que hubiese un lugar donde estar solos y poder decirte todo lo que siento.

El moreno lo abrazo contra su pecho.

-aquí puede hacerlo, con moderación por supuesto.

Se aferro a su cuerpo, no deseando separarse nunca.

-no es suficiente, los amantes deben entregarse por completo, cuando vamos por los jardines puedo ver a las parejas, dedicarse miradas, caminar tomados de la mano, incluso cuando cierta frialdad esta en nuestra naturaleza, pienso que comparten una complicidad apasionada, no es justo, yo quiero estar contigo a solas, pero sin esconderme, desprecio la suerte con la que he nacido, habría deseado ser un elfo normal.

-disculpe que lo contradiga, pero incluso al haber nacido en un estrato diferente, la palabra normal jamás podría definirlo, quizá sea arrogante de mi parte, pero yo estoy satisfecho del curso que mi vida ha tomado, pues hasta el mas nimio de los detalles me trajo hasta usted.

No tenía respuesta para ello, solo podía deleitarse con sus palabras, abandonarse a su presencia y a ese amor, porque le parecía la palabra que mejor lo definía.

-yo...solo deseo estar contigo siempre.

Escuchar el latido de su corazón siempre lo había calmado, pero podría jurar que lo sintió acelerarse.

-yo quiero cumplir cada deseo suyo, si tan solo pudiera llevarlo a mi refugio en el bosque, ahí podríamos estar solos.

Aquella idea renovó la emoción del rubio, le vio curioso, con ese brillo en la mirada de quien desea descubrir mas secreto.

-¿que lugar es?, ¿por que no lo habías mencionado?.

El mayor le acaricio el rostro, encontraba gran placer en contemplarlo de aquel modo.

-Bueno, era otro de mis secretos, un lugar oculto en el bosque, lo suficientemente lejos, aunque podríamos llegar luego de cabalgar un rato, verá...

Thranduil tomo sus manos entre las suyas.

-Lo haremos, iremos a ese lugar, quiero conocer todos los secretos que guardas.

La mirada del otro logro ensombrecerse un poco, a pesar de que continuaba brindándole una sonrisa amable, porque sonaba como algo maravilloso, pero el rey era demasiado posesivo con su amante, jamás lo dejaba alejarse de su lado en los banquetes, mucho menos le permitiría recorrer el bosque, pero por esta ocasión deseo mantener como un buen recuerdo aquella noche con Thranduil.

-eso será después, ahora debemos marcharnos de regreso a la habitación, como bien recordara un camino largo nos espera.

---

Con el paso de los días Thranduil disfrutaba de los encuentros que tenía con Elrond, a veces tan solo permanecían abrazados contemplando las estrellas lejanas, aunque le parecía que la carga del silencio en el que debían permanecer resultaba demasiado pesada, sin embargo la idea del refugio permanecía en su cabeza, aunque por fuera pareciera muy concentrado en sus lecciones, la verdad se la pasaba imaginando aquel espacio de ambos, aún le parecía que sus pensamientos eran muy atrevidos, pero se preguntaba si los gemidos de Elrond serian tan sonoros como los suyos.

-mi señor Thranduil-aquella voz le hizo sobresaltarse un poco-¿se siente bien?, el color a subido a sus mejillas.

Y no era lo único, su corazón también se había acelerado, pero aunque deseaba acercarse para reclamar sus labios, frente a la corte élfica ellos eran dos extraños.

-me siento indispuesto, iré a mi habitación a descansar.

Avanzo con pasos firmes, encerrándose aunque estaba seguro que si Elrond deseara verlo nada se lo impediría, pero en momentos como aquel prefería que lo dejara solo.

Un par de golpes en la puerta lo alertaron, la necedad en su guardia le pareció demasiado molesta, pero al abrir le sorprendió no encontrarlo fuera de su posición habitual junto a la puerta; era otro sirviente quien le entrego un paquete de cartas, informándole que habían llegado desde su tierra natal, la emoción en el rubio fue tal que le agradeció con una enorme sonrisa y enseguida fue a leerlas, abrió la primera con algo de desesperación, dejando las demás sobre la cama, aquella misiva era algo extraña, no estaba sellada apropiadamente, ademas el papel parecía un poco arrugado y sucio como si hubiese sido usado previamente, pero eso poco le importo, quizá las ocupaciones de su padre le impidieron conseguir algo mas adecuado, estaba ansioso de tener noticias suyas, quizá su comportamiento había hecho que olvidara sus errores pasados y tal vez pronto volvería a verlo, sin embargo al ver la descuidada caligrafía, descubrió que no era él quien le había escrito. El texto era muy corto.

"Mi señor Thranduil, siendo un muy humilde sirviente suyo, me permití escribirle ya que su padre nos ha informado que se marchara de estas tierras para no volver, no menciono a donde, pero me tome a la tarea de enviarle las cartas que no llegó a leer, esperando que su majestad las haga llegar a su nuevo destino que estoy seguro tuvo a bien informarle".

No estaba firmada lo cual era lógico, un acto como aquellos seguramente resultaría en una ejecución o al menos varios azotes, el tomarse atribuciones como esas, no era permitido para las clases bajas, pero agradeció el gesto, entonces llevo su mirada hacia las demás cartas, ninguna estaba abierta, pero habían muchas que eran bastante antiguas, llegaron hasta su hogar, su padre estuvo allí pero no quiso leerlas siquiera, no deseaba nada de él.

En sus orbes comenzó a formarse una capa cristalina, sin embargo tomo las cartas, fue hacia su escritorio, para recoger la tinta, las plumas y arrojo todo al fuego de la chimenea. Mientras veía las chispas rojas saltar del papel cuando se consumía comprendió que se había quedado sin familia, pero estaba bien, puesto que ya no se encontraba solo en este mundo, tenía a Elrond y el sería su motivación, en ese momento lo necesitaba mas que nunca, pero su encuentro tendría que esperar.

Un sonido conocido llego hasta sus oídos, era una mezcla de tambores, trompetas y marchas organizadas con perfecta sincronía que se entremezclaban con los vítores de la plebe, desde los balcones podían verse ondear los estandartes con sus colores vivos, y esas hojas que conformaban el escudo de armas de su familia.

El rey tenía cierto interés en volver las celebraciones de su victoria algo memorable, se vanagloriaba en forma desmedida, con esos desfiles suntuosos para las clases bajas y elegantes banquetes para la corte. Pero para el joven elfo aquello significaba una sola cosa, una desmedida obsesión en prolongar su linea sucesoria.

Con rapidez Thranduil se preparaba de la mejor manera, debía ser el primero en recibirlo, sin embargo su orden fue clara, permanecer en su habitación hasta que hiciera su arribo en ella, cosa que generalmente no demoraba mucho.

La puerta se abría de par en par, cerrándose de inmediato tras su entrada, el rubio le dedicaba una reverencia, tratando de mantener su mirada baja, aunque le causaba curiosidad su aspecto, no porque le importara si era herido, o su apariencia en particular, sino por las pistas que pudiera brindarle de los lugares en los que hubiese permanecido, aquellos que todavía soñaba conocer

-puedes levantarte.

El menor se quedaba viéndole, esperando por sus ordenes, fingiendo un interés que no sentía.

-Sea bienvenido mi señor, espero que su viaje resultará satisfactorio.

El rey se acerco para tomarlo de la barbilla, su mirada conservaba ese brillo que siempre interpretaba como la emoción de volver a verlo.

-fue mas que satisfactorio, tenemos mucho que celebrar.

Lo levanto con evidente facilidad, el era muy fuerte, siempre demandante y ansioso, lo empujo contra el lecho, haciéndole sentir el peso de su cuerpo junto con el de su armadura, cerraba sus manos sobre la fina tela de su túnica, arrancándola, sacando una daga para cortarla cuando se desesperaba, entonces el contacto rudo iba directo a su piel que mordía y arañaba, la sensación que le producía era asfixiante, emanaba de su ser el aroma del campo de batalla, una mezcla de humedad, hierbas que para el joven resultaban desconocidas.

Soltó un quejido de dolor cuando mordió su pezón izquierdo el cual enseguida comenzó a succionar, ahora que no tenía puesto el casco, podía ver las manchas de sangre seca sobre su rostro, nunca dejaban de impresionarlo, pero al abrir la boca solo eran gemidos lo que emanaba de sus labios.

Eso parecía incentivarlo demasiado, porque se desajustaba las ropas lo suficiente para liberar su hombría y penetrarlo de forma violenta, sin prepararlo, gimiendo extasiado por entrar en ese cuerpo siempre ofreciendo resistencia, haciéndole sentir un placer inmenso y una necesidad enfermiza por entrar fuerte, profundo en sus entrañas, hacerlo gemir hasta dejarlo sin voz.

-...¡Thranduil!

En respuesta el cuerpo del menor se estremecía con cada embestida, gimiendo entrecortadamente, dolía cada vez, pero su cuerpo también reaccionaba, su miembro friccionado contra el rígido peto de su armadura, le producía una sensación intensa que lo hacia tratar de alejarse, pero el rey lo tomaba por las caderas atrayendolo para clavarse mas profundo, haciendo que placer y dolor se confundieran en su cabeza.

Cerraba los ojos con fuerza, hasta sentirlo golpear una y otra vez en ese lugar, cuando estaba con Elrond no deseaba que parara nunca, pero con Leav, incluso aquello era una tortura placentera que no le dejaba respirar, hablar o pensar, solo hacia que el calor se concentrara en su vientre y que comenzara a gritar con fuerza, tensando el cuerpo para intentar detenerlo, pero no lo hacia.

-¡hazlo!.

No era para cumplir una orden suya, su cuerpo había dejado de pertenecerle, entregándose a ese orgasmo intenso, obligado, uno que no podía disfrutar al.sentirlo ensañarse contra su entrada sensible con mayor ferocidad, haciendo que un leve rocío de gotas de sudor le cayera sobre el rostro.

Sintió sus uñas clavándose y lastimando sus caderas, entonces vio esa expresión, casi al mismo tiempo esa sensación quemando le las entrañas, con tal abundancia que el propio semen parecía querer empujar aquel miembro fuera de su cuerpo.

Él también grito con fuerza su nombre, no porque agradeciera esa clase de atenciones, sino porque sabia que le gustaba y al complacerlo podría conseguir su objetivo mas fácilmente, resultaba tan bajo hacer ese tipo de pagos, pero durante su vida en palacio había aprendido a usar los medios necesarios; el entregarse en apariencia era algo que podía traerle muchos beneficios.

Sintió su peso contra su pecho y llevo sus manos a acariciar sus cabellos, aun lo lastimaba el sentirlo tan dentro, él siempre lo hacia de aquella forma cuando volvía, como si deseaba dejar clara su victoria descargando su adrenalina contra su amante.

-mi señor...

El rey se levanto un poco, su mirada conservaba ese leve brillo lascivo, pero era de cualquier modo fría.

-nada sería mejor que pasar la noche dentro de ti, pero hay asuntos que debemos atender.

El menor tembló ante la idea, sabia como terminaban esas noches con él, pero negarse no era una opción, así que le sonrió tímidamente.

-Entonces debemos tomar un baño, después de la cena si lo desea, puedo atender a mis lecciones debidamente.

Leav delineo la marca de una mordida que le había dejado en el cuello.

-Es una buena idea, he de compensar todo el tiempo perdido, preñarte sin duda que completaría mi victoria.

La sola idea le generaba un desasosiego terrible, pero lo controlaba, bajando la mirada para que su temor se ocultara tras una mascara de vergüenza.

-nada me gustaría mas que complacerlo, mi señor Leav.

---

El rey gustaba de los ornamentos complicados de fina elaboración decorando cada rincón de su palacio, por ende sus habitaciones tenían lo mejor que las manos élficas pudiesen esculpir.

El cuarto de baño era imponente, estaba compuesto por dos cámaras, la primera un gigantesco baño cuyo foco principal era la tina que parecía emerger de la tierra siendo sujetada por gigantescas raíces, el agua caía atraves de una pequeña cascada, siempre con la temperatura perfecta.

Las flores brotaban alrededor en diversas enredaderas por el techo y las paredes, dejando un aroma poderoso en el ambiente. Habían plantas cuyas enormes hojas petrificadas servían como estanterías para una infinidad de jabones, perfumes y lociones traídos de regiones apartadas, sutilezas que solo el soberano podía permitirse.

Thranduil había sido instruido para preparar una extraña mezcla que siempre daba un brillo purpureo al contacto con el agua para luego mostrarse de nuevo cristalina, después debía tomar la bata que él trajera puesta, colocarla con cuidado sobre un perchero, todo aquello mientras permanecía desnudo, al rey le gustaba mirarlo.

-¿como esta el agua de la tina?, revisala.

El menor asentía, le daba la espalda para poder reclinarse y tocar la cristalina superficie, a menudo sentía las manos del rey recorrer sus muslos, tomar sus nalgas y separarlas, deslizando su dedo, haciéndole temblar, le dejaba tan sensible que gemía sin poder evitarlo.

-mi...señor.

Aquello parecía divertirlo bastante, mover sus dedos para estocarle, tomando su miembro con la otra mano, para masturbarlo pues no paraba hasta que lo hacia correrse recargado contra el borde de la tina, llevando sus dedos a sus labios para probar su simiente.

-extrañaba esto, no puedes negar que te trato bien.

El otro intentaba recobrar el aliento, las piernas le temblaban mientras entraba en la tina con él.

-nadie me trataría mejor, majestad.

A Leav le gustaba su cuerpo, exquisito, deseable, las facciones perfectas de su rostro y sobretodo esa sumisión, por eso no le había cambiado por otro amante aun a pesar de todavía no haberle dado un hijo.

Las suaves manos de Thranduil, lo hacían olvidar todo aquello, recorrían sus músculos limpiando su cuerpo a detalle, relajándolo con esas caricias, mientras el extendía la mano y tomaba un pequeño fruto colocandolo en sus labios, el menor se acercaba para degustarlo enmedio de un beso apasionado, su mano hacia entonces que bajara para atender su entrepierna, el color en sus mejillas aumentaba rápidamente.

-mi señor Leav-un leve suspiro era su respuesta, lo conocía bien, ese momento era el indicado-deseo pedirle algo.

La mirada del rey le busco, llevo sus manos a su rostro para obligarlo a mostrar esa mirada esquiva-¿que deseas?, ¿túnicas nuevas, joyas, otra corona quizás?.

El joven elfo movió la cabeza levemente.

-solo quisiera ir a dar un paseo por el bosque, recuerdo que al llegar con mi padre lo recorrí y fue algo maravilloso.

-¿es todo?-el menor asintió mientras el monarca se movía hacia atrás recargándose contra la tina, suspirando molesto pero a su vez moviendo las caderas contra la mano que acariciara su entrepierna para que continuara, el rubio le observaba, sabia que se negaría, pero no pensaba rendirse-no...-sintió un dolor en el pecho ante la respuesta, pero el rey no había dejado de hablar-no iras solo, deberás llevarte al guardia.

Su rostro se ilumino, pero hizo un gesto de disgusto cuando le menciono lo último.

-¿podría cambiar de guardia?.

La voz de Leav ya tenia un tono distinto.

-no, Elrond ha cuidado bien de ti, así que vas con él o considera cancelado el permiso.

Thranduil deseaba gritar de alegría pero contrario a esto pareció resignarse muy de mala gana.

-esta bien, se lo agradezco mucho mi señor-se acerco para besarle, Leav aprovecho para acariciarlo recorriendo su espalda.

-y ya que iras a cabalgar, no te parece bien practicar un poco-le mordió el labio inferior, el menor asintió, metió las manos de nuevo en el agua sujetando su falo endurecido para poder colocarse sobre la punta y dejarse caer, el agua no era el mejor lubricante pero aun así comenzó a moverse, sujetándose de donde pudiera, en ocasiones la pulida superficie provocaba que resbalara, haciendo que la penetración fuese mas profunda, cosa con la que su rey estaba fascinado.

En cuanto a él, trataba de pasar el momento lo mas rápido posible, pronto estaría en ese refugio, con su amante, solos como nunca lo pensó siquiera probable, lo había logrado.