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La corona élfica

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Le regaló una pequeña sonrisa para acercarse de nuevo, probando sus labios una y otra vez; perdiendo la consciencia de cuando las ropas fueron desapareciendo y terminaron desnudos sobre la cama del rey. Sus besos abandonaron esos labios, recorriéndole el cuello, entonces le sintió temblar al tiempo que cerraba los ojos con fuerza, vio algunas marcas amoratadas que le hicieron comprender la razón.

-mi señor Thranduil, no tiene que temer, yo no voy a lastimarlo.

El menor abrió los ojos, queriendo confiar en él, pero su cuerpo recordaba todo el maltrato y no dejaba de temblar.

-...siempre duele.

El pelinegro sujeto una de sus manos besándola.

-no tiene que ser así, porque de otra manera no existirían tantos amantes ¿no lo cree?-comenzó a recorrer su cuerpo, besándolo y sintiendo como poco a poco él se dejaba llevar, con tímidos suspiros emanando de sus labios.

Thranduil sentía algo muy distinto ahora, no le importaba nada mas que seguir sintiendo sus caricias, sus besos, sus manos cálidas que recorrían su cuerpo, pero deseaba mas, no sabía exactamente que, pero necesitaba de él.

Un gemido abandono sus labios antes de que pudiera hablar, el moreno estaba con la cabeza entre sus piernas, dando lamidas a su hombría, acariciándole en una forma en que jamás lo habían hecho, incluso sintió su lengua bajar hasta su entrada, esa sensación era tan extraña; pero cuando tomo su miembro entre sus labios, olvido todo lo demás, se aferro con fuerza a las sabanas y tuvo que morderse el labio inferior, sentía su cuerpo arder y la cabeza le daba vueltas, deseaba decir algo, pero solo podía sentir.Dio un respingo al percatarse de un dedo se deslizaba a su interior, su cuerpo se tensó de nuevo, pero nuevas caricias hicieron que el placer fuese ocupando el lugar del dolor.

Se escuchó un leve chasquido cuando Elrond soltó su miembro endurecido, se acerco para verle notando esas mejillas encendidas.

-confíe en mí, por favor sea mi tesoro...¿Me permitiría yacer con usted?.

El rubio no respondió, se incorporo un poco y le dio un beso, Elrond lo continuó mientras le penetraba de forma lenta pero continua, cuando estuvo completamente dentro, se acercó para susurrar a su oído.

-yo soy suyo por completo, por favor sea mío.

-si-esa respuesta fue breve pues no tardo en sentirle moverse, al principio con lentitud, haciendo que el calor se incrementara, pero conforme avanzó el tiempo, las estocadas se hicieron mas intensas y abrió los ojos al sentir como tocaba algo en su interior que estremecía cada fibra de su ser; busco sus labios para acallar ese grito de placer que pugnaba por salir de su garganta. Se aferro con tanta fuerza a sus hombros que las yemas de sus dedos tomaron una tonalidad blanca, se abandono por completo, sintiendo un placer sublime, y por un breve instante su mente se quedo en blanco, sintió que inclusive su corazón había dejado de latir, nunca antes había experimentado lo que era un orgasmo y cuando cayo en la consciencia, busco esos labios para agradecerle; podía sentir aun su enorme falo dentro de sí y su semen caliente marcandole.

-mi señor, ¿esta bien?.

Estaba mejor que nunca, pero le era imposible pronunciar palabra alguna, sencillamente dejo que sus besos le hicieran comprender, y fue así hasta horas mas tarde cuando se quedo dormido contra su pecho, escuchando los latidos de su corazón como notas acompasadas.

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Al día siguiente despertó solo en su cama, se levantó para avanzar por la habitación hasta donde estaba el lecho del rey, en perfecto orden. Se sintió contrariado, ¿que había pasado?, no encontraba una lógica a esos recuerdos que llenaban su cabeza, pero que el cuarto mostraba que jamas habían ocurrido mas que en sueños, la principal razón que lo llevaba a concluir esto era que no estaba adolorido en absoluto y en tal caso, era un pervertido por imaginarse haciendo esa clase de cosas con el guardia, bueno solo había una manera de tener la certeza así que metío la mano debajo de su albornoz para buscar aquella evidencia aunque se detuvo un momento, el rey había yacido con él, pero tomo un baño por lo que solo si esas imagenes y sensaciones fueron reales, podría sentir que los restos de su semilla estuvieran allí.

Suspiro tratando de darse valor para comprobarlo cuando el entró a la habitación, viendole con curiosidad.

-Mi señor Thranduil, si necesita privacidad...

-No...yo, iba a tomar un baño-se desenfado tan rápido como pudo, tan concentrado en evadirlo que al entrar a la tina comenzo a temblar porque el agua estaba helada, pero sentía un inmenso calor apoderarse de sus mejillas, era un idiota, ahora que iba a pensar él y lo más importante, ¿por qué le importaba lo que pensara?.

-De esa manera terminará enfermando.

Esta vez no le reclamó que invadiese el baño, ni pensó en el hecho de que lo viera desnudo, estaba demasiado avergonzado y porque no decirlo decepcionado de que aquellas sensaciones maravillosas fuesen solo una mentira.

Sintió sobre su hombría la mano de Elrond, le acariciaba con habilidad, mientras su rostro se acercaba peligrosamente.

-Le dije que sería suyo, pero me temo que debemos ser discretos-el joven comenzó a removerse, sintiendo como ese calor comenzaba a propagarse deliciosamente en su cuerpo y entonces trato de parar sus avances.

-el...rey...puede venir...-El mayor venció con facilidad esa resistencia, llevando su mano a recorrer desde su vientre, hasta llegar a sus tetillas, delineandolas.

-Se ha marchado luego de su encuentro en la biblioteca.

Esta vez el moreno evadió cualquier respuesta o reclamo, aumentando el ritmo con el que lo masturbaba, haciendo que el otro se mordiera la mano para evitar emitir sonidos que los delataran, cuando pareció controlarse lo suficiente para poder hablar, el ataco sus pezones con sus labios, succionandolos y sintiendo su hombría completamente endurecida. Dejo un camino de saliva a traves de su cuello y su barbilla, su mano había bajado para poder rozar su entrada con la yema de su dedo indice; rozandole apenas, despertando en él ese deseo, para reclamar sus labios al momento de meter aquel dedo; profundizando el beso a medida que lo movia, acariciando sus lengua con la suya mientras su mano podia sentir aquellos leves espasmos que anunciaban su llegada al climax. Thranduil se removía tratando de liberarse de esa prisión placentera, pero sus labios buscaban por mas cuando el pretendía alejarse y sus caderas se movían contra ese dedo invasor; aferrandose a él, mientras terminaba entre sus dedos, sintiendose de nuevo como en un sueño maravilloso.

-mi señor Thranduil

Escuchaba su voz lejana, viendo su rostro entre aquel paisaje brumoso, entonces acercó la mano para acariciar su rostro.

-Elrond

Su leve susurro hizó que el otro le dedicara una muy tenue sonrisa de complicidad.

-lo dejo para que se prepare, no debe entretenerse demasiado o se hará tarde, es mi obligación cuidar que cumpla con sus lecciones.

-eres insufrible-a su vez le dedico un gesto de molestia que de ahora en adelante debía ser creíble frente a todos los demás.

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Con el paso de los días, nuevas ordenes habían llegado, por lo que sus visitas a la biblioteca fueron suspendidas, sin embargo sus deberes aumentaron, por lo que el escritorio de su habitación estaba repleto de gruesos volúmenes, particularmente de otros idiomas, porque como futuro rey debía estar mejor preparado que los demás, pero las runas no eran su fuerte.

-Eso esta mal escrito mi señor, las runas en ese orden hablan del tiempo y no de la distancia, tienen una forma ligeramente distinta, ¿lo ve?.

El joven revisó algunas anotaciones y comprobó que en efecto estaba en un error.

-nunca me imagine que conocieras sobre runas-se corrigió de inmediato-no quise ofenderte, es solo que...

El moreno negó sentándose a su lado.

-Es cierto que a los soldados no se les da la misma instrucción que a las clases altas, pero los libros no son la única manera de aprender, sabe hace tiempo conocí algunos enanos y estos me enseñaron.

El mas joven lo veía mostrando ese brillo de inquietud en la mirada.

-¿En verdad conociste enanos?.

El moreno le sonrió, dispuesto a contarle más acerca de sus aventuras.

-Sí, como algunas otras criaturas, le sorprendería lo diferente de sus costumbres, podría contarle si lo desea.

Como respuesta, el rubio se recargo sobre la mesa, viéndole con gesto soñador; hasta ese momento cayó en la cuenta de que ademas del rey, el guardia era el único elfo con el que podía conversar y le fascinaba su infinita gama de temas; Elrond se había convertido en un aliciente para su vida en palacio, era su compañero, su amigo y por supuesto su amante, quien le protegía, le ayudaba, lo hacía feliz y así entre sus diversas obligaciones y su compañía, los siglos fueron pasando.

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Los latidos de su corazón resonaban fuerte en todo su ser, las finas gotas de sudor corrían por su cuerpo, provocandole un leve escalofrió al contacto con el aire, sus manos firmemente apoyadas en el descansabrazos, mientras su espalda se arqueaba levemente. Echaba su cabeza hacia atrás con los ojos entrecerrados, gimiendo con fuerza, disfrutando de las atenciones a su hombría, sintiendo como el joven aquel succionaba con tal fuerza, como si deseara drenar cada rastro de su semilla.

-...Thran...duil...

Le tomo por los cabellos, señal inequívoca de que estaba cerca del clímax, solo unos segundos mas y sintió ese sabor salado inundar su garganta, lo mismo que el grito de éxtasis lo hizo en el resto de la habitación.

El rey tardó un par de minutos en volver a la realidad.

-vaya...parece que te gustaron mucho las túnicas nuevas.

El rubio levantó la mirada, sintiendo como sus dedos le acariciaban la barbilla en busca de alguna mancha de semen, no había ninguna y eso le gustaba, podía notarlo, con el paso de los años había aprendido que la mejor forma de sobrevivir en palacio era complaciendo a su protector.

-quería expresarle mi gratitud, son exquisitas.

-Deben de ser dignas de quien las porta y tú-le acaricio el rostro, retirando algunos mechones para poder contemplarlo en plenitud-ya no eres mas un mocoso, te haz convertido en un elfo hermoso, me gustas.

Thranduil sonrió un poco.

-Creí que ya le gustaba alteza.

El mayor le indico que se pusiera de pie, haciéndole espacio entre sus piernas, atrayendolo.

-Es diferente ahora; los vinos mejoran con la edad y es lo mismo que ha pasado contigo, al igual que ellos, haz sido preparado, añejado, perfeccionado, todo para mi disfrute.

Mientras hablaba, su mano izquierda subía por sus muslos, el indice de la derecha separo la fina tela de su albornoz, dejando su pecho al descubierto; sus tetillas eran pequeñas bayas rosáceas que el rey disfrutaba degustar, mordiéndole con fuerza, haciendo que emitiera leves quejidos.

-...yo...

La invasión de aquel dedo cambio sus palabras por un gemido sordo, siempre que el lo tocaba, no podía evitar que su cuerpo se tensara, volviéndolo mas doloroso en consecuencia.

-no digas nada...tu cuerpo sera quien hable por ti.

Su mano derecha había tomado su hombría, haciéndole gemir a medida que lo masturbaba.

-...mi...se...ñor...

Leav le soltó, levantándose para estrecharle contra su cuerpo, susurrando a su oído.

-a la cama...

El rubio tembló, esperaba que por esta vez lo dejara tranquilo.

-mi...señor, ya casi debe partir...yo no quiero retrasarlo.

El rey busco sus labios, besandole con aquella posesividad, mientras tomaba sus ropas, arrancándoselas, recorriendo su cuerpo desnudo.

-Tienes razón,...no tenemos tiempo para eso.

Lo empujo contra el escritorio, recostándolo sobre los mapas donde marcaba sus planes de batalla, haciéndole notar su firme erección, nunca había comprendido porque él podía motivarlo de esa manera, quizá sería esa forma suya de gemir mientras lo penetraba, con él no tenía que contenerse, era un manjar dispuesto para que lo devorase, contrario a sus esposas él jamas le pedía parar y podía sentir como su cuerpo apresaba su miembro con mayor fuerza a medida que arremetía con fuerza contra sus entrañas, sus gritos de éxtasis se fundían con los suyos mientras se venía, marcándolo, porque Thranduil era solo suyo.

-...volveré...pronto.

De nuevo le beso, saliendo sin demasiado cuidado, vistiéndose mientras le veía, tendido aun con la respiración agitada.

-...buen...viaje.

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Sus pasos eran algo torpes y resonaban por el pasillo vacío.

-No es bueno el hábito de la inpuntualidad, en especial para un futuro soberano.

El rubio tenía las mejillas encendidas, le había sido muy difícil correr con todos esos libros y lo maltrecho que estaba aun su cuerpo, por lo que le molesto la reprimenda de Elrond, mucho mas que otros días.

Paso a su lado, con esa mirada altanera.

-El rey estaba despidiéndose, seguro que a los tutores no les importa que llegue un poco tarde.

El moreno se puso a su lado, observando su alrededor para asegurarse que estaban solos, aún así susurro.

-me temo que llegara mas tarde, es inevitable.

Le arrastro a una habitación contigua, abrazandole, sabía que lo necesitaba, lo conocía ya bastante bien; busco sus labios y sus manos a su vez se deslizaron por debajo de su túnica, pero el otro se negó, rogándole con la mirada que detuviera sus avances.

-quisiera...asearme antes.

Bajo la mirada avergonzado, pero el moreno le tomo de la barbilla haciendo que le viera.

-¿incluso esta mañana?, es un...

Coloco un par de dedos sobre sus labios.

-Eso ya no importa, si me esfuerzo lo suficiente puede que logre terminar con las lecciones pronto, así estaré listo por la noche.

Elrond siempre le veía de aquella manera, tan distinto a todos, no con deseo lujurioso irrefrenable, hipocresía o lastima, por ello no había nada mejor para su alma que compartir aquella complicidad silenciosa, sin importar lo breve del encuentro.

-No debería demorar, detestaría que me castigaran, es probable que hayas tenido en mi, mas influencia de la que deseara.

Tomo su mano, soltándola en el ultimo instante, como si con ello pudiese alargar aquellos momentos suyos.

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Bajo el amparo de la noche, el palacio ofrecía una perspectiva diferente; los jardines apenas alumbrados por luces rutilantes permanecían en una calma tan inmutable, con el místico perfume emanando de la hojas.

Los pasillos estaban desiertos.Todo permanecía en calma cual si estuviesen bajo un hechizo eterno, incluso los guardias hacían su ronda sigilosos como si no desearan romper tal encanto.

Era prioritario que aquella paz fuera absoluta, inclusive para los amantes.

Thranduil estaba ya bastante acostumbrado a las noches como esas, en las que tenía que conformarse con el placer silencioso, mordiendo con fuerza los almohadones para ahogar sus gritos, enredando la tela de las sabanas entre sus dedos que temblaban mientras recibía gustoso cada embestida brindada por su amante, cada una mas intensa que la anterior, acompañada con una caricia a su miembro, a sus tetillas endurecidas y sensibles, un beso sobre su piel que ardía.

Estaba perdido en esa mezcla infinita de sensaciones, ansiaba mas, que no se detuviera nunca, pero tal como antes, sabía que llegaba al final cuando tenía que usar todas sus fuerzas para contener aquel grito orgásmico, sintiendo como se quedaba sin fuerzas, cuando su cuerpo caía en ese extraño sopor que acompañaba la sensación ardiente de sentirse lleno de su semilla.

El ritmo de su respiración tardaba un poco en recuperarse, todo su cuerpo temblaba, mientras le sentía salir; siempre era cuidadoso y le llenaba de caricias.

-¿esta bien?-su voz llegaba a su oído apenas como un susurro.

El asentía porque aún no podía hablar, se giraba para besarle, abrazándolo, agradeciéndole por todo lo que le hacia sentir.

-mi señor Thranduil, ¿a que se debe esa sonrisa?.

El otro le acaricio el rostro.

-Solo pensaba en cuan feliz soy contigo, te extrañaba-se sonrojo un poco, aún lo avergonzaba toda la situación, realmente le gustaba estar con él, lo hacía sentir diferente, no como una posesión.

-y yo a usted mi señor, me gustaría sin embargo poder ver su rostro mientras yacemos juntos.

El tono de sus mejillas se volvió de un rojo mas intenso.

-me temo que soy demasiado ruidoso, no se como logras contenerte, dime ¿cual es tu secreto?.

-no lo hay, la vida me ha enseñado a ser disciplinado.

Sus manos recorrían su espalda húmeda, cubriéndole con las sabanas.

-hay otra cosa que no entiendo, ¿como haz logrado entrar aquí tantas veces sin ser sorprendido por los guardias.

-Ese si es un secreto, pero estoy dispuesto a compartirlo.