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La corona élfica

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El resto de la velada paso entre sombras para él, de vez en cuando pasaba disimuladamente la mano por donde estaba seguro el agarre del otro le dejaría una marca amoratada, pero se alegro un poco al ver a su padre charlando tan animadamente, nunca actuaba de esa manera en casa, por lo cual él trataría de aguantar las lecciones del rey lo mejor posible, pero ya se encargaría de ello al día siguiente, por el momento solo se concentro en cumplir las reglas de etiqueta hasta que termino la velada, acto seguido fueron hasta la habitación y se sintió aliviado al quitarse aquella túnica cuyos bordados la hacían un poco pesada, estaba por deshacerse de las joyas y su elaborado peinado cuando su padre lo detuvo.

-Déjalo así, y ponte esto, no necesitas usar nada debajo.

Asintió tomando ese albornoz de seda, era de un tono oscuro similar al vino que habían ofrecido en la velada; se la coloco y pensó en lo peculiares que eran las costumbres en ese lugar, sin duda tendría que adaptarse a muchas cosas.

-Buenas noches padre-inclinó la cabeza, dispuesto a retirarse a descansar.

-No irás a dormir aún, vas a acompañarme y hazlo en silencio.

Thranduil asintió, siguiendo a su padre hasta una sección del castillo que poco a poco fue haciéndose mas solitaria y donde estaba seguro seguían habiendo guardias pero estos no denotaban su presencia, finalmente llegaron hasta un pasillo zigzagueante que parecía no llevar a ninguna parte mas que a una galería donde se encontraban cuadros con la imagen del rey, Eryan se detuvo frente a una de ellas que era casi de escala natural, se giro y acomodo las ropas de su hijo.

-Escucha bien, esta noche vas a obedecer al rey, dejarás que haga lo que desee con tu cuerpo.

El joven elfo clavo su mirada sorprendida en la de su padre, esperaba que le explicara de que estaba hablando,¿que es lo que haría el rey con él?, pero el mayor simplemente toco un par de veces sobre el marco del cuadro y le indico que se acercara, era una puerta oculta que fue cerrada apenas cruzó el umbral.

-Adelante-esa voz pareció llenar la enorme habitación y le hizo adentrarse tímidamente, el rey estaba sentado sobre un extraño mueble cuyos descansabrazos emulaban la cornamenta de un ciervo, llevaba una copa en la mano y ropas tan ligeras como las suyas, aunque mucho menos sencillas; el joven elfo inclinó la cabeza saludándole aunque no dijo nada, porque el mismo no sabía que estaba haciendo ahí-bien-dejó su copa y se levantó haciéndole sentir mucho mas pequeño, aún estaba vívido el recuerdo de su primer encuentro de manera que el tenerlo rodeándolo y observándole como a un cazador a su presa, solo lograba que ese sentimiento de desasosiego se incrementara-¿quieres una copa?.

-Mi padre no me permite beber vino mi señor...-era un torpe, tan distraído estuvo durante el banquete que olvido el nombre del rey, esperaba que el no se molestará por ello, pero parecía estar ocupado en algo más que en las reglas de cortesía, algo que él no podía comprender.

-Suelta tu cabello Thranduil-lo obedeció, retirando cada una de las joyas, deshaciendo el peinado para que su cabellera se deslizará sobre sus hombros en forma de cascada-es cierto que tu belleza podría superar a la de una elfa, pero espero que no seas tan frágil como una-el rey se había puesto frente a él tomándole por la cintura para atraerlo contra su cuerpo, haciendo que el menor le viera algo asustado-vaya...no muchos se atreven a ver directamente a los ojos de su rey, pero tu mirada me satisface mucho-llevo un dedo a retirar algunos mechones de su cabello y luego a delinear sus mejillas bajando hasta sus labios, mientras su otra mano se deslizaba debajo de sus ropas siguiendo la linea marcada al centro de su espalda húmeda debido al sudor provocado por el nerviosismo, deslizo su mano aun mas abajo, separando sus nalgas para meter un dedo con fuerza haciendo que el otro gritara y se estremeciera-no seas ruidoso.

Esa mirada era sombría y al contemplarla recordó la de su padre, sus ordenes mordiéndose el labio inferior, aferrándose a las ropas del otro cada vez mas fuerte para aguantar el dolor que le provocaba al meter otro dedo y moverlos en esa parte tan sensible de su anatomía.

Aquella obediencia sorprendió bastante al rey, por lo que decidió prepararlo un poco más, separándose hasta que sintió como una gota de sangre había humedecido sus dedos.

-Ven a la cama-el joven elfo obedeció, aunque estaba adolorido caminó lo mas rápido posible y se puso junto al lecho, el rey dio un tirón a su albornoz desnudándole y le fue empujando hasta recostarlo, besándolo posesivamente. Thranduil se sentía asfixiado al sentir esa lengua tratando de recorrer cada espacio en su boca, pero no se negó al contacto, nisiquiera cuando sintió como le empujaban las piernas y como algo húmedo rozaba su entrada aún sensible, había mantenido los ojos cerrados pero cuando los abrió fue que cayó en la cuenta que tenía encima de si al rey completamente desnudo, le escucho decir algo que no logró comprender; lo siguiente fue sentir un dolor intenso, mientras aquel enorme miembro entraba inmisericorde en su cuerpo y esta vez no pudo callarse por mucho que lo intento, pero al rey no pareció molestarle, una vez dentro comenzó un vaivén que se intensificó a medida que los gritos de su garganta fueron cambiando por otros sonidos que nunca antes había pronunciado y que trató de acallar-no...hazlo Thranduil, gime para mi-sonrió parando un instante al comprender la situación-¿nadie te había hecho esto?.

-...n...no...

-Eres un elfo joven y ¿quieres que te crea que no te habías tocado aquí?-su mano rodeo su miembro comenzando a masturbarlo con habilidad, el otro era en realidad inexperto, eso solo encendió su deseo y comenzó a moverse con mayor fuerza; había tenido a tantos en su cama, todos instruidos para satisfacerlo, pero él, si que era algo diferente y no dudo en premiarlo con su simiente por haberle hecho pasar tan irreal orgasmo. Nunca antes se había sentido así, le costo algunos minutos reponerse y después salio de su interior, quedándose satisfecho aunque agotado sobre el lecho.

Thranduil estaba en shock, no entendía porque había experimentado todas esas sensaciones, estaba aterrado, avergonzado y tenía miedo de moverse siquiera, mientras sentía sus lagrimas rodar por sus mejillas y ese liquido deslizarse entre sus muslos.

Finalmente Leav se levantó y fue a servirse otra copa.

-ya puedes irte, será tu obligación venir aquí cada noche.

-si, mi señor...

-Leav, el no recordar el nombre de tu rey no es algo que tome a la ligera aunque te haz ganado un indulto esta noche.

Thranduil se levantó del lecho tan pronto como pudo, aunque sentía que le temblaban las piernas, recogió su albornoz cubriéndose lo mejor posible y se encaminó hacía aquella puerta, del otro lado estaba su padre al que vio esperando por una explicación, todo lo que había pasado aún le parecía irreal.

-Él, ¿ha dejado su semilla en ti?.

Esa pregunta le hizo sentir aún peor, el sabía lo que iba a pasar, pero nunca le ordenaba nada que no fuese necesario ¿cierto?.

-Eso creo, dijo que debo volver aquí cada noche.

-Así se hará, es una orden de tu rey, vamos debes asearte, el baño esta preparado.

Por el camino se mantuvo callado, lo mismo al llegar a la habitación, aunque prefirió desvestirse el mismo y entrar a la tina por si solo, lo cual le fue algo difícil, pero en el momento en que se sintió rodeado por la calidez del agua, una lagrima siguió a la siguiente y tuvo que cubrir su rostro para sollozar y solo así logro desahogarse, sería necesario para continuar cumpliendo con sus ordenes, aunque si así lo había hecho, aun no entendía el porque se sintió tan miserable.

Al día siguiente sus obligaciones no fueron tan distintas, pasaba horas estudiando, practicando con la flauta u otros instrumentos, aprendiendo reglas de cortesía, sintiéndose solo aún estando en ese lugar tan inmenso. Sus lecciones nocturnas con el rey continuaron, pero al menos el tener a su padre aguardando por el y esos momentos en que dejaba salir sus sentimientos, protegido por la caricia del agua lo ayudaban, pero aún sentía que le faltaba algo, en el castillo abundaban los elfos de su edad, pero no los conocía, siempre los observaba a lo lejos recorriendo los jardines o departiendo en los banquetes y se preguntaba de que se tratarían esas animadas charlas, ¿que ideas pasarían por sus cabezas?, ¿acaso tendrían que cumplir las mismas obligaciones que él?. Bueno algo era seguro, tenía que averiguarlo, ya habían pasado un par de meses pero nadie se acercaba para hablarle y según se percató, a ellos no les importaba demasiado esta regla tal como a los mayores, era posible que se sintieran ofendidos es cierto pero solo existía una manera para comprobarlo.

Por esas horas debía dirigirse a los salones detrás del jardín principal, pero podría tomar otro camino, uno mas largo, aquel por donde los demás elfos jóvenes se reunían, comprobó con alegría que ellos se encontraban alrededor de una de las hermosas fuentes, aún nervioso se movió dándose cuenta que conforme se acercaba los demás se percataban de su presencia, viéndole con curiosidad, él se detuvo abriendo los labios para dejar salir un saludo, el mismo que murió al momento que una voz detrás de sí resonó primero.

-Thranduil...hijo mío, acompáñame un momento.

Obedeció sin evitar mirar de soslayo al grupo de elfos que fue quedándose cada vez mas lejos. Su padre le llevó hasta un salón privado con una enorme ventana donde el sol les brindaba su calidez; le había ordenado tomar asiento frente a el, lo que era una señal inequívoca de que pensaba reprenderlo.

-Tal parece que no puedo atender a otros asuntos como es debido, la corte élfica es demandante por lo que debía ser mi prioridad y en cambio debo estar cerca para vigilarte porque haz pasado por alto las reglas que por tantos años se te han inculcado-le vio con severidad-¿acaso no te enseñe que jamás debes hablar con otros primero?, mucho menos con quien no haz sido presentado.

-No ha sido mi intención ofenderte padre.

-Pero lo hiciste, estabas a punto de hacerme pasar una vergüenza inmensa. Como protegido del rey es inaceptable que te comportes de esta manera.

-Solo quería hablar con alguien, conocer a los otros como yo.

-Solo necesitas hablar conmigo-Al joven aquello le pareció un reclamo injusto, claro que deseaba hablar con su padre, sentía un gran respeto por él, pero tal como lo había dicho la corte demandaba su presencia y cada vez lo veía menos, así que aprovecharía la ocasión para decirle aquello que se agolpaba en su pecho.

-lo que el rey hace conmigo por las noches, es doloroso, a veces sangro un poco pero el no se detiene.

-Bueno es una incomodidad necesaria que se debe pasar al buscar engendrar un heredero.

-¿engendrar?, no lo comprendo padre.

Eryan se puso de pie, volteando hacia la ventana, observando el paisaje boscoso en la lejanía.

-Eres un elfo de suficiente edad para comprender tu condición, ya es tiempo de que entiendas lo que eres, no digas nada y escucha con atención porque no volveremos a hablar de esto.Hace años, muy poco tiempo después de la injuria contra nuestra familia por la que fuimos injustamente exiliados de la corte, mi esposa, tu madre se enteró que estaba por tener un hijo; eso me pareció una noticia satisfactoria, porque de ese modo podríamos tener una descendencia, la cual esperaba limpiara nuestro nombre y nos llevará de regreso a nuestro sitio legítimo, porque los Greenleaf hemos gobernado durante cientos de años, teníamos grandes planes, pero entonces naciste tú-su mirada se había vuelto a la de su hijo que le veía expectante aún sin comprender-cualquiera se hubiese alegrado de tener un hijo varón, pero afortunadamente tu madre no vivió lo suficiente para ver lo que eras, por fuera es cierto puedes pasar por un joven elfo, pero tu apariencia y tu interior no dejaron dudas, la magia probó que no eres capaz de continuar un linaje, excepto que alguien lo engendre en ti, ¿sabes lo que eso significa?.

-Padre, eso es imposible solo las mujeres pueden tener hijos.

-No es así, los elfos como tú han existido siempre y hablando honestamente habría preferido que fueras una elfa, de esa manera habría conseguido una alianza satisfactoria, honorable, pero en cambio tuve que rebajarme para conseguir esto; aunque admito que fuimos afortunados, el rey te acepto aunque eso no te da ningún beneficio ante nadie, pero las cosas cambiarán cuando lleves a su hijo en tus entrañas, solo entonces podrás limpiar un poco la deshonra que trajiste a nuestra familia, porque los que son como tú son despreciados por los demás, no son mas que una aberración-se había acercado recargándose contra la pequeña mesa, viendo fijamente aquella mirada que lucía tan desconcertada-¿te das cuenta ahora de que no eres como los demás?, creo que comprendes perfectamente que lo que pasa entre el rey y tú debe mantenerse en secreto, ante los otros eres su protegido y nada más.

-Debe ser un error padre.

-Infortunadamente no es así, ahora que ya lo sabes, espero que no tomes las reglas tan a la ligera, tienes el honor de nuestra familia en tus manos y espero que no me decepciones.

Thranduil deseaba que las palabras abandonarán sus labios, pero su mente parecía demasiado ocupada con otras cosas, ahora lo comprendía todo, pero no podía aceptarlo y aún así no se atrevía a desafiar ninguna orden suya.

-No te decepcionaré padre-su voz comenzó a quebrarse, había sido demasiado para él, pero Eryan permaneció tan inmutable como siempre, paso a su lado y abrió la puerta.

-Después de la cena irás solo a tu lección, tengo otros asuntos que atender y creo que recordarás el camino a la perfección.